Días después de la masacre del día 7 y tras otro atentado fallido, la policía londinense disparó a matar contra un individuo sospechoso de portar una mochila con explosivos. Dicho individuo -Jean Charles de Menezes- recibió siete balazos en la cabeza a consecuencia de los cuales falleció al instante. El problema es que De Menezes no era un suicida y no llevaba bomba alguna. Sin embargo, los ingleses -según las últimas encuestas- apoyan mayoritariamente la medida de disparar a matar cuando se sospeche que se trata de un terrorista suicida. Para abrir el debate he seleccionado el punto de vista de Haim Watzman: Cuando te toca disparar primero. (Publicado en THE NEW YORK TIMES el 28/07/05 y reproducido por EL MUNDO al día siguiente).
Cuando te toca disparar primero (por Haim Watzman):
En el verano de 1984, mientras vigilaba en el puesto de observación de una colina durante mi primer periodo de servicio militar de la reserva en las Fuerzas de Defensa israelíes, escuché una terrible historia de un amigo al que llamaré Eldad. Al igual que la del policía que acabó con la vida de un inocente en la estación de metro de Stockwell, la pasada semana, en Londres, tenía elementos que despertaron mis principios liberales. Se supone que las democracias occidentales defienden al individuo contra el poder del Estado. Por esta razón, los gobiernos democráticos establecen estrictos límites en el uso de la fuerza por parte de sus agentes (ejecutivos, jueces, miembros de las fuerzas militares y legales). Cuando alguien muere a manos de uno de estos agentes, los ciudadanos se justifican preguntando: ¿Cumplió con la ley el asesino? ¿Eran verdaderos y honestos sus motivos? ¿De verdad que la única opción era la muerte? Con demasiada frecuencia, la respuesta es no.
La historia de Eldad tuvo lugar en el Líbano, donde él y yo servíamos en el batallón de nuestro Ejército antes de graduarnos para las reservas. El estaba destinado en un control del sur de Beirut.Un coche irrumpió, tres hombres saltaron de su interior y comenzaron a ametrallarle a él y a sus compañeros. En décimas de segundo, los israelíes devolvieron el fuego, y antes de poder pensar qué estaba ocurriendo, dos de los agresores cayeron muertos. El tercero se encontraba en el suelo, gravemente herido pero consciente.
«Me acerqué a él, levanté el rifle y lo puse en automático», me contó Eldad. «El levantó las manos como para esquivarme, o tal vez para rogar clemencia, pero yo apreté el gatillo y le llené el cuerpo de plomo.» Objeté a su narración, afirmando que había matado a un hombre herido y desarmado, algo que va en contra de las órdenes y de la moral militar.
«Pero él podía utilizar las manos, y tal vez tenía una granada», insistió. «De todas formas, iba a morir, y además se lo merecía.» Esas dos razones de Eldad resultan engañosas, no hay forma de saber hasta qué punto estaba herido el hombre, ni Eldad estaba autorizado a imponer su propio juicio.
«Tú habrías hecho lo mismo», me dijo, mientras me miraba fijamente. No sé si habría hecho lo mismo, quiero pensar que no. Pero en ese momento me di cuenta de que, si no lo hubiera hecho, habría cometido un error. El herido podía mover las manos, y tal vez tenía un arma mortal oculta.
El viernes ocurrió algo fatídico en Londres. A causa del método de trabajo, Jean Charles de Menezes, un electricista brasileño de 27 años, fue perseguido por policías que le consideraban sospechoso.Cuando tropezó y cayó al suelo, los oficiales no hicieron pregunta alguna, ni siquiera le avisaron. Uno de ellos le disparó ocho balas directamente a la cabeza y los hombros, y ahí acabó todo. A primera vista, es una acción mucho más grave que la de Eldad, porque éste se encontraba en medio de un ataque cuando disparó y mató a un hombre, que además estaba armado. Pero Menezes no le había hecho nada a nadie. Por otro lado, era un cebo fácil. La policía vio a un hombre con abrigo largo, algo fuera de lugar en un caluroso día de verano, que saltaba el molinete de la estación del metro y corría hacia un tren abarrotado. Tampoco se detuvo cuando se le ordenó que lo hiciera.
Tan sólo dos semanas antes de su muerte, cuatro terroristas suicidas hicieron explotar varias bombas en líneas de metro y autobús en Londres, y un día antes, hubo signos de otro posible ataque coordinado. La policía tenía razones para pensar que los suicidas aún rondaban por la ciudad. El abrigo largo en un día de verano es el tipo de pista que la policía había recibido órdenes de vigilar, dado que numerosos terroristas suicidas han utilizado este camuflaje en los últimos años para ocultar cinturones de explosivos amarrados a la cintura. Y lo que es más, la policía había recibido órdenes expresas de disparar a la cabeza si pensaban que alguien podía cometer un atentado suicida con bombas ocultas.
Las cargas suicidas suelen estar diseñadas de tal forma que se activan con un simple movimiento del dedo del terrorista, que podría encontrarse herido, tumbado en el suelo, rodeado por todo un ejército de hombres armados y aun así hacer explotar su carga. Es cierto que el policía que acabó con la vida de De Menezes hizo algo terrible. Pero también hizo algo muy correcto. Una de las tragedias de esta era de terrorismo suicida, de hecho algo presente en todas las guerras, es que los actos correctos son a veces terribles. Los terroristas suicidas cometen atrocidades gratuitas, pero nosotros las cometemos únicamente cuando son necesarias para evitar que ocurran otras aún peores.
Haim Watzman es autor de Compañía C: la vida de un ciudadano americano como soldado en Israel.


#46 por Jesus - Domingo, 07/08/05 a las 09:51
Hola de nuevo, he estado desconectado asi que no he podido ver como seguian los comentarios. En cuanto a añadir una nueva controversia yo lo enfocaría desde esta otra perspectiva: “manipulación de las personas haciendo uso a los buenos sentimientos”. Y aquí incluyo tanto gobiernos (defensa de la democracia y la libertad, el “patriotismo” – que según cómo se mire puede ser considerado buen o no tan buen sentimiento -,…) como a las ONGs o a las religiones,… Supongo que aquí entra el factor de lo que acaban haciendo los dirigentes de grandes organizaciones (veánse países, regiones, ONGs, religiones,…) para mantener su poder e influencia una vez que han conseguido un apoyo importante de un grupo de gente haciendo uso del reclamo de esos “buenos sentimientos”. ¿Qué elección hacen esos dirigentes en caso de “conflicto de intereses” entre lo que decían y lo que la realidad les pone delante? ¿Es mejor mentir a tu grupo de apoyo manteniendo el discurso por el que te apoyaron y hacer lo contrario, o es mejor exponer la nueva situación y las posibles soluciones que pueden ir contra alguno de los principios iniciales aunque eso suponga perder parte o todo el apoyo inicial? En definitiva, ¿en qué momento los que “llevan el cotarro” deciden que tienen suficiente poder y privilegios como para poder desligarse de su grupo de apoyo actuando como les da la gana pero manteniendo el discurso que les llevó al poder? Y, creo, que después de tanto rodeo he llevago al punto clave: el poder de la propaganda y su uso por parte de los grupos dirigentes (incluyendo, gobiernos, ONGs, jerarquías religiosas,…).
Por supuesto, cualquiera de las propuestas hechas por Miguel me parecen interesantes. Por ejemplo, ¿es la sociedad de consumo válida a nivel mundial?¿Es necesario que haya alguien más pobre que tú para que tú puedas vivir mejor? ¿es la sociedad de consumo la más justa o es simplemente la que consigue que el que lleva la carga de mantenerla (los millones de currit@s) se sienta más cómodo, o puede que sea la que necesita de menos “intervención” para que se mantenga? ¿hasta que punto es “estable” la sociedad de consumo?
En cuanto a la “ayuda internacional” también hay puntos interesantes como la forma en la que debe hacerse, ¿debe ser gubernamental o particular? En el caso de ser gubernamental, ¿debe estar condionada algún criterio político? En países con millones de necesitados y gobiernos totalitarios y salvajes ¿cómo puede llevarse a cabo para que las ayudas no se conviertan en armas del gobierno local contra el pueblo? ¿cuáles pueden ser los efectos no deseados de una ayuda dada sin más?
Bueno, creo que ya me he enrollado demasiado. Miguel, espero no estar abusando demasiado de tu bitácora para desfogarme
Estaré un tiempo desconectado así que no penseis que después de tanta divagación voy y desaparezco así de buenas a primeras.
Saludos !!
#47 por et in Arcadia, ego - Domingo, 07/08/05 a las 15:22
En referencia al comentario 30.
Sr./Sra. EFA: Curioso que las metáforas ajenas le parezcan graves y las suyas propias flores de pitiminí. Compruebe Vd. quién ha utilizado el término fascista. Se sorprenderá.
(Pero como no es mi estilo permanecer impasible ante las propias incorrecciones, no tengo el mínimo inconveniente en disculparme con Vd. si, en medio del fragor del lenguaje, me he permitido alguna ironía inadecuada.)
Seguiremos batallando.
#48 por EFA - Lunes, 08/08/05 a las 15:17
Bien, yo creo que, como dice Jesús, hay innumerables ejemplos de gente aprovechándose de los buenos sentimientos de los demás. Desde Lula (corrupto demagógico por antonomasia) hasta las cajas de ahorro. También Estados Unidos, sólo que estos son ya tan criticados que siempre he preferido volcar mis iras hacia otros que, injustamente, son considerados héroes y en realidad son unos chorizos, cuando no directamente tiranos (Kofi Anan o Arafat serían ejemplos claros de uno y de lo otro). La cuestión es si el ser humano puede realmente aspirar a ser mejor de lo que es. Alguien dijo que cada vez que el hombre ha buscado el paraíso, ha creado el infierno. Y puede que esa sea la clave de todo. Es posible que, como destino trágico, cada vez que el hombre quiere cambiar el mundo, jugar a ser Dios, provoque el desastre y la barbarie. Siempre el peor pecado, incluso el pecado original, fue la soberbia, así nos lo contaron los judíos y los griegos y yo pienso que hay que hacer caso a la tradición. Así que quizás la humildad, buscar un cambio, pero aceptando la naturaleza humana, sea el camino.
Coincido en que el Capitalismo es el sistema que puede sostenerse con mayor eficacia, porque, al contrario que dictaduras y tiranías en general, sus mecanismos coercitivos y de opresión son mucho más sutiles y, por supuesto, mucho más satisfactorios para las “víctimas”, es decir, todos, o casi todos. Sobre si es necesario que haya pobres para que nosotros vivamos bien, me extendería demasiado, y no profundizaré en el tema, pero yo diría, teniendo muy pocos conocimientos de economía, que no tiene por qué ser así.