El cheque escolar (Por A. Espinosa):
Nadie, o prácticamente nadie, discute que una de las principales responsabilidades del estado moderno es la educación y que éste debe procurar su universalización, es decir, que la educación llegue a todos sus ciudadanos.
Donde se suscita el debate y la controversia es en la conciliación del derecho a la educación y el derecho a la libertad de enseñanza. Mientras la izquierda pone más énfasis en el derecho a la educación, la derecha hace hincapié en la libertad de enseñanza. Históricamente, la izquierda rechazaba la posibilidad de subvencionar la enseñanza privada con fondos públicos, mientras que la derecha defendía la libertad de enseñanza y de elección de centro por parte de la familia., lo cual implicaba subsidios públicos para que este derecho pudiera ser realmente efectivo. Durante la transición democrática, todos los partidos de izquierda defendían la idea de una escuela pública, única y laica y rechazaban los conciertos. Por otra lado, la Iglesia Católica, los partidos de centro y derecha (incluidos los nacionalistas) y la Confederación Católica de Padres de Alumnos (CONCAPA) defendían el principio de libertad de enseñanza, entendido no sólo como la capacidad de crear centros privados con un ideario propio, sino como la libertad real de elección de los padres, la cual implicaba la necesidad de subvencionar la educación privada para que pudiera ser gratuita.
El debate constitucional y la necesidad de consenso sobre las cuestiones fundamentales de la convivencia democrática empujaron a los principales partidos a un acuerdo básico: la aceptación, por parte de la izquierda, del principio de libertad de enseñanza y de financiación con fondos públicos de los centros privados concertados y, por parte de la derecha, del principio de participación de los padres, profesores y alumnos en la gestión y control de todos los centros sostenidos con fondos públicos y de la libertad de cátedra incluso en los centros con ideario propio.
En la LODE (1985) se plasman tres principios. Primero, los centros que reciben la subvención no pueden cobrar por la enseñanza a sus alumnos. Segundo, los centros concertados han de tener un sistema de admisión de alumnos igual al de las escuelas estatales, es decir, en caso de exceso de demanda, han de prevalecer como criterios de admisión la proximidad al domicilio, el menor nivel de renta y la presencia de hermanos en el colegio. Finalmente las escuelas concertadas tendrán que tener un consejo escolar representativo de la comunidad educativa (titulares del centre, profesores, padres, etc.), con funciones similares a las existentes en los centros públicos.
Este modelo permite la libertad de elección del centro por parte de las familias y se garantiza el principio de igualdad, impidiendo que sean los colegios los que elijan al alumno. No obstante, en la práctica, en los centros concertados todavía se da una cierta selección del alumnado. A pesar de la gratuidad de los centros concertados, actividades extraescolares caras, material escolar caro, etc., son mecanismos económicos que actúan como barreras o filtros de entrada para los hijos de familias de clase baja. De esta manera, los centros concertados, por término medio, mantienen un alumnado de un estatus socioeconómico y cultural un poco más alto que los que van a los centros públicos.
Con sus ventajas e inconvenientes, el sistema de conciertos está funcionado con un cierto grado de aceptación por parte de los diferentes sectores implicados en el sistema educativo, pero las discrepancias ideológicas de fondo continúan aflorando con regularidad. El cheque escolar vuelve a traer a primer plano las diferencias de modelo educativo y de enseñanza.
La idea del cheque escolar tiene una larga historia, con antecedentes en la obra de Thomas Paine y de John Stuart Mill. En su versión moderna fue plateada por primera vez en 1955 por Milton Friedman y posteriormente elaborada por el mismo autor y por Friedrich von Hayek.
Ambos autores admiten que la educación básica se puede establecer con carácter obligatorio y que ha de ser financiada por el estado, porque de ello se derivan importantes beneficios para el conjunto de la sociedad. No obstante, los dos autores consideran mucho más discutible que la enseñanza deba estar organizada directamente por el poder público. Para ambos, es preferible que haya una amplia pluralidad de escuelas que satisfagan las diferentes preferencias de las familias.
Coinciden ellos en que para que la elección sea real, y ninguna escuela tenga privilegios sobre las demás, la formula más adecuada es el cheque escolar: un bono por un valor determinado que podría ser utilizado para pagar la matricula escolar (total o parcialmente) en la escuela preferida por los padres, siempre que se cumplan unos mínimos requisitos que tendrían que ser homologados por el estado. Según los autores este sistema mejoraría la calidad y la eficiencia del sistema educativo en dos aspectos fundamentales. Por un lado, rompería el casi monopolio que durante décadas ha ejercido el estado en la provisión de la enseñanza, de manera que es más fácil que cada familia pueda encontrar la escuela que mejor se adecua a sus preferencias y valores. Por otro, el sistema educativo pasaría a ser un mercado, donde las escuelas mas eficientes obtendrían más recursos (serian más demandadas) y las menos eficientes tendrían más problemas para sobrevivir, por falta de demanda. Eso constituiría un poderoso incentivo porque las escuelas buscarían mejorar su calidad, como forma de asegurarse su cuota de mercado.
Una variante es la planteada por John Chubb i Ferry Moe. Para ellos, se trataría de distribuir los fondos públicos no a los padres mediante cheque, sino distribuirlos entre todo tipo de escuelas en función de su capacidad de atracción de alumnos. Lo que es fundamental es que cada escuela reciba dineros públicos en función de los alumnos matriculados y tenga independencia para llevar a cabo sus propios programas educativos. Cada escuela podría, así, buscar su posición en el mercado, mediante la especialización en un determinado tipo de enseñanza o, incluso, en una orientación religiosa o filosófica.
Planteado en cualquiera de estas dos modalidades, ¿se preserva el equilibrio necesario entre libertad de elección e igualdad de acceso al servicio público de enseñanza? ¿Suponen estos modelos una mejora en la calidad educativa? Mi respuesta a ambas interrogantes es no. Voy a intentar argumentarlo.
En primer lugar decir que el sistema educativo es un mercado especial, porque la escuela plantea una oferta extremadamente rígida. En este mercado, lo más probable es que la demanda se concentre en unas pocas escuelas de gran calidad, que pronto cubrirían sus plazas, ya que no pueden ampliar la oferta. Así, muchos demandantes no pueden acceder al producto deseado. ¿Cómo se escoge a los que entran? Es la escuela la que decide, la que escoge, generalmente en función de las características sociales y académicas (que como sabemos están muy condicionadas socialmente) de los demandantes. En la práctica, en un sistema de libre elección de escuela, es la escuela la que tiene verdadera libertad de elección, no las familias, que sólo pueden aspirar a ser parte de los elegidos. Es muy probable que formen parte del grupo de escogidos los hijos de las familias de clase media y alta y aquellos que no tienen ningún tipo de discapacidad, es decir, los que serán más fácilmente socializados e integrados en la escuela.
En segundo lugar destacar que muchas familias, cuando eligen educación privada, están comprando en realidad lo que algunos consideran segregación social y otros llaman un medio social mas homogéneo con su origen social, y no tanto mejores profesores ni currículum. Por este motivo la política de cheques generalizada no funcionaria, porque las escuelas de calidad no estarían dispuestas a admitir muchos estudiantes de estatus bajo, y, si se vieran forzadas a hacerlo, el alumnado de clase media y alta abandonaría la escuela, como ya se ha podido constatar en EE.UU.
En relación con la mayor calidad educativa de los centros privados en respecto a los públicos, no existe una constatación empírica sobre tal cuestión. Hay estudios que muestran que los resultados de pruebas de matemáticas y de lectura entre alumnos de las escuelas privadas y estudiantes equivalentes de las escuelas públicas, no mostraban diferencias significativas.
Desde mi punto de vista la capacidad de elección es positiva, no sólo por la libertad de enseñanza que significa, sino también por los elementos de competitividad que introduce, pero no debe colisionar con el principio de equidad e igualdad de oportunidades que ha de regir el sistema educativo.


#1 por A. Espinosa - Viernes, 27/10/06 a las 13:59
Amigo miguel te ruego que al final del párrafo que se inicia con: “En la LODE….” añadas: en los centros públicos.
#2 por vitruvi - Viernes, 27/10/06 a las 16:08
… vaya, en esto estamos bastante de acuerdo. Sin duda la propuesta de los cheques no ha sido bien meditada y tendria un difícil encaje en nuestros sistema de tres vias (pública – concertada – privada). Probablemete sólo busca atraer votantes de clases populares con la ilusión de que sus hijos irán a una escuela de “élite”. Por suerte, cómo dice Espiniosa, en España no hay escuelas de élite gracias a que el nivel (académico) de la escuela pública es más que competitivo, y muchas veces está a la vanguardia de la pedagogia de este país.
saludos
#3 por El Protestón - Viernes, 27/10/06 a las 20:37
Coño, vitruvi, ni en temas que no tengan que ver con Cataluña nos vamos a poner de acuerdo
¿El nivel académico de la escuela pública es competitivo? ¿Comparado con qué? ¿En la vanguardia de la pedagogía? ¿Usando métodos obsoletos que ya han fracaso en otros países?
Estudié el CAP hace un par de años y no me resultó muy difícil comprender el por qué de la enorme bajada de nivel educativo desde mis tiempos de estudiante hasta ahora. Lo del aprendizaje significativo, la escuela comprensiva y todo eso queda precioso en el papel; en la práctica, no funcionaría salvo teniendo un profesor por cada dos o tres alumnos que se adapte a su ritmo y a sus deseos de aprender. Si éstos no son conflictivos, claro. Pretender que un solo profesor le dé un nivel adaptado a cada uno de sus alumnos para que cada uno vaya a su ritmo cuando éste no es ni mínimamente homogéneo, es de idiotas, por muy formado y voluntarioso que sea el maestro.
La moderna psicopedagogía le ha hecho más daño a nuestro sistema educativo en 15 años que los palmetazos y la memorieta en 80. La pregunta que ningún ministro de educación o consejero del ramo se atreve a contestar es: ¿por qué el nivel educativo era muy superior en los años 70-80 con ratios de 50 alumnos por clase (y sin ordenadores, psicopedagogos, profesores de apoyo, adaptaciones curriculares y todo eso), que ahora con un ratio de veintitantos y todos esos recursos y algunos otros que no tengo ganas de citar?
Respecto al escrito del señor Espinosa, desde el respeto a sus argumentos, planteo: ¿qué se se puede hacer por los derechos de los padres que queremos llevar a nuestros hijos a un colegio religioso y no podemos, por no estar en zona o porque tenemos delante en la lista con ingresos presuntamente más bajos pero que no tienen el menor interés por el ideario del colegio? Si no es el cheque, ¿qué, si uno no puede pagar un colegio privado?
#4 por konde - Sábado, 28/10/06 a las 06:00
> ¿qué se se puede hacer por los derechos de los padres que queremos llevar a nuestros hijos a
> un colegio religioso y no podemos, por no estar en zona o porque tenemos delante en la lista
> con ingresos presuntamente más bajos pero que no tienen el menor interés por el ideario del
> colegio?
Yo creo que el Estado debería obligar a la Iglesia Católica a bajar los precios de sus centros privados para que sus fieles más pobres puedan mandar a sus hijos a cursar sus estudios en ellos si así lo desean. Porque no es de recibo que vayan predicando el amor al pobre pero luego, al hijo del pobre, lo dejen tirado o abandonado en un colegio público. ¿Es que acaso esos pobres niños no tienen derecho a recibir una educación penosa (salvo en honrrosas excepciones) pero tener un expediente inflado como los demás niños ricos? Estas cosas es que lo indignan a uno.
#5 por A. Espinosa - Sábado, 28/10/06 a las 14:22
Protestón, si estamos de acuerdo en que no es función del estado crear y gestionar colegios religiosos.
Si compartes conmigo la tesis del artículo de que con el cheque escolar el nivel de capacidad de elección real del conjunto de las familias disminuye a favor del aumento de la capacidad de elección de los colegios; y que sólo se benefician unas familias, aquellas escogidas por los colegios por su estatus socioeconómico, y no el conjunto de las familias.
Tendremos que coincidir en que la única solución posible es que la oferta de colegios religiosos concertados aumente. Ya sea mediante la incorporación de colegios privados actualmente sin concierto o bien que se creen a través de la iniciativa privada, incluyendo la posibilidad de cooperativas de padres, nuevos colegios concertados.
Otra posibilidad seria establecer un mecanismo de cheque que mantuviera algunas de las características del actual concierto. Al tratarse de financiación pública, los poderes públicos no pueden renunciar a establecer criterios de admisión lo más generales, justos e igualitarios posible.
#6 por Julián - Sábado, 28/10/06 a las 19:03
Este es uno de los temas que menos me gusta debatir. Pero cuesta resistirse a ello.
Yo no soy partidario, en principio, con ninguna fórmula de financiación pública a la escuela privada. No obstante, creo que la escuela pública sin una reforma muy intensa y costosa no es capaz de gestionar una oferta educativa suficientemente amplia. En estas condiciones tanto los conciertos cono otras fórmulas “novedosas” del tipo cheque escolar mue parecen una alternativa viable.
Eso sí, si hay financiación pública que haya control público. Eso de colegios concertados en los que es imperativo pagar cantidades importantes en forma de falsa donación a las fundaciones del colegio (y, que gracia, además deducibles fiscalmente) precisa de un control severo.
Sobre la calidad de enseñanza y el nivel de ésta hay literatura para todos los gustos. Donde hay una mayor coincidencia (no creo que sea unanimidad, pero…) es en que en el coste de un buen colegio privado o “concertado” además de un buen equipamiento, instalciones y servicios educativos, el paquete incluye un par de puntos en la media del expediente que pueden marcar la diferencia a la hora de elegir una carrera universitaria (vamos, que Konde acierta en lo que sin duda es lo más importante del asunto). Este cascabel debía investigarse a fondo, porque aquí es donde se pueden estar jugando con los derechos fundamentales de los ciudadanos favoreciendo a quienes más poder adquisitivo tienen. ¿De qué sirve a un chaval que venga de la pública tener el mismo nivel que otro que lo haga de la privada si su expediente lo dejará fuera de la facultad que desea?.
Saludos.
#7 por El Protestón - Domingo, 29/10/06 a las 01:08
Julián y Konde: niego la mayor. Yo he estudiado en un colegio religioso hasta el BUP, y nadie me infló el expediente. Es más, fui el primero de mi clase 8 años y lo seguí siendo en el instituto público al que luego pasé, y no lo digo para tirarme el pegote sino por “homologar” el nivel. Mi mujer estudió en colegios dos diferentes, ambos religiosos, hasta la Universidad e ídem de lo mismo. En su caso, los jesuitas y las monjas de la Sagrada Familia; en el mío, los agustinos.
Si hay piñas por entrar en los colegios concertados es precisamente porque su educación, en general, no tiene nada de penosa. En cualquier caso, sea penosa o no, de lo que se trata es que si yo quiero un ideario religioso para la educación de mis hijos y no me cae ninguno en la zona no tengo nada que hacer, no puedo ni plantearme el intentarlo en otra zona a no ser que sea privado. Como estoy seguro que vosotros querréis colegios laicos para vuestros hijos, un problema menos que tenéis. Lo que yo digo es que yo querría el dinero que cuesta una plaza para que me lo descuenten de allí donde pueda encontrar el tipo de enseñanza que quiero. Por cierto, hay multitud de colegios privados que no son religiosos. Así que, Konde, las mordacidades demagógicas te las puedes guardar donde mejor te quepan.
Sr. Espinosa, no sé cómo será en otras CC.AA, pero Andalucía las directrices de la consejería de Educación es evitar a todo trance el aumento de plazas concertadas. Hay muchos colegios que sólo están esperando el permiso para hacer las obras pertinentes y no se lo dan, figúrese el abrir nuevos centros; es más, conozco casos donde las obras de ampliación se hicieron tras la conformidad de la Junta y una vez hechas se la retiraron. Eso sí: los peces gordos de la Junta llevan sus hijos a estos colegios, incluso modificando la zona de influencia de un año para otro (sería prolijo de contar pero valga a modo de resumen). Por tanto, si hay demanda, ¿por qué no se limitan las autoridades a permitir que los colegios que la tienen amplíen la oferta? O si tanto les gusta la enseñanza pública laica, ¿por qué no meten a sus hijos en colegios públicos y dejan las plazas libres? Al menos, para dar ejemplo.
#8 por konde - Domingo, 29/10/06 a las 03:07
Estimado Protestón,
Los Agustinos son una de esas honrrosas excepciones de las que hablaba. Yo estudié en ellos y, al igual que tú, puedo certificar que su nivel era excelente (siempre en comparación con otros centros públicos y/o privados de la misma ciudad) pero también puedo certificar que no era la norma. Zaragoza es una ciudad pequeña y así como los Agustinos y la Sagrada Familia, concertados ambos, tenían en mis tiempos buena fama otros tenían otra muy diferente. No llames mordacidad demagógica a lo que tú sabes, porque yo también lo sé, que es cierto: los colegios privados inflan el expediente académico.
Y no me vengas con cuentos de ideología. ¡Por favor, eso sí que es demagogia! Si quieres que tus hijos estudien catolicismo los llevas a la parroquía o les explicas tú mismo el Evangelio en casa. Si los quieres llevar a esos colegios es porque sabes que su nivel/profesorado/instalaciones/etc… son mejores que los de uno público o porque sabes que les inflan el expediente académico, que les ponen sobresaliente por no hacer nada. El deseo de los padres de querer lo mejor para sus hijos es legítimo y comprensible pero el pretender que el Estado les pague una plaza o parte de ella en un privado, religioso o no, no lo es. Así que, te lo voy a decir clarito: si eres pobre te jodes, haber nacido rico. Y esta es una de esas grandes verdades que te puedes meter, tú también, por donde mejor te quepa.
Salud!
#9 por El Protestón - Domingo, 29/10/06 a las 13:37
Estimado Konde:
Si el argumento de “si eres pobre te jodes” en el tema que nos ocupa no te parece demagógico y sí una gran verdad, entonces no tenemos nada de lo que hablar. Por cierto, “meter” y “guardar” son cosas diferentes y también diferentemente ofensivas. En lo que a mí respecta, creo que mi frase no fue afortunada, pero tu tono para mi gusto tampoco lo era.
Como no creo que seas telépata, te lo diré otra vez: dado que sé en qué consiste la enseñanza en un colegio religioso – y no tiene nada que ver ni con los materiales ni con las instalaciones, al menos en mi caso – estoy en mi derecho de desearla para mis hijos sin que eso me convierta en sospechoso de nada. No conozco personalmente ningún colegio religioso donde inflen las notas, y, como comprenderás, en mi entorno tengo gente que ha estado en otros diferentes a los que he citado (cosas de estar en una parroquia). Si tú conoces algún colegio donde pongan sobresalientes por no hacer nada, lo dices. Es más, no deseo para mis hijos un colegio donde saquen buenas notas sin dar palo, sino todo lo contrario, y ese es uno de los motivos por los que desconfío de la actual enseñanza pública (tengo muchos amigos en la educación y podría contarte algunas cositas sobre aprobados generales, por ejemplo).
A ver si lo pillas: no quiero que mis hijos “estudien catolicismo”, efectivamente para eso están las parroquias. Quiero que se eduquen en un colegio con ideario cristiano, que es algo bien diferente, y si has estudiado en los agustinos deberías saber de lo que te hablo. Es más, precisamente en los agustinos de Sevilla ni las instalaciones eran buenas, ni los medios audiovisuales, ni las excursiones fueron más allá de ir a la fábrica de coca-cola, que cogía cerca. Así que hazme el favor de no presuponer lo que yo quiero o dejo de querer para mis hijos ni por qué lo quiero.
Y otra cosita más: de los colegios privados prestigiosos que conozco en Sevilla, sólo uno es religioso. Tú estas igualando colegio privado = colegio religioso y eso no es verdad, y estás presuponiendo que la mayoría de los colegios religiosos (que son concertados, no privados) inflan las notas. Bueno, pues no a lo primero y no a lo segundo. Hasta donde yo sé. Y, caso de ser una realidad extendida que yo ignore, desde luego bien mi cuidaría de meter a un hijo mío en un colegio así. El motivo por el que la gente se da de piñas por entrar en los agustinos, los jesuitas, los padres blancos, etc., es básicamente porque saben que el nivel académico y la disciplina son mejores. Por eso los padres falsificna el domicilio familiar, se inventna enfermedades crónicas de los nenes y se ponen detectives unos a otros (tal cual).
En mi caso, ni siquiera el nivel académico me resulta lo más importante, sino el entorno educativo y el tipo de valores que me gustaría que mis hijos recibieran. Por tanto, no veo justo que todo dependa de la zona y de la tendencia política de los consejeros de educación. Aunque como no soy rico, me joderé. Gracias por tu amable consejo.
Saludos.
#10 por A. Espinosa - Domingo, 29/10/06 a las 22:40
Protestón, en Cataluña no conozco casos en que se haya obstaculizado el proceso de conversión de un colegio en concertado.
Los políticos que lo impiden, creo que no comprenden que la escuela concertada forma parte de sistema público de enseñanza igual que una pública y que añade libertad, pluralidad y competitividad al sistema. Lo mejora.
Lo único (que no es poco) que hay que exigir a la administración es que sea vigilante con el cumplimiento de la legislación.
Exigirle que impida el establecimiento de las “sutiles” barreras económicas de acceso que yo mismo denunciaba en el artículo, o las donaciones denunciadas por Julián.
Exigirle que vigile e impida el inflado de expedientes académicos denunciado por Julián y Konde, cuya veracidad parece dificil negar, pero del que no se libran los colegios públicos. La administración tiene medios para detectarlo y corregirlo. Para la administración es fácil hacer un seguimiento de los resultados de la selectividad de los alumnos de diferentes colegios y compararlos con la nota media del bachillerato de esos mismos alumnos. Los poderes públicos pueden, si quieren, cambiar el valor relativo del examen de selectividad en relación con el valor de las notas de bachillerato para el acceso a la universidad y acabar así con la “compra de buenos expedientes en bachiller”.
Desde la igualdad y no discriminación, el sistema público de educación debe procurar ofrecer la misma o superior calidad, pluralidad y libertad que el sistema privado. Sólo así se garantiza la igualdad de oportunidades y la permeabilidad social.
#11 por El Protestón - Domingo, 29/10/06 a las 23:39
Sr. Espinosa, esa ventaja que tienen en Cataluña. Como ya he dicho, yo desde luego en Sevilla no conozco casos del “inflado de notas” y, como bien dice usted, las autoridades tienen recursos sobrados para asegurarse de que eso no ocurra. En cualquier caso, el problema que están empezando a tener las universidades es de falta de alumnos, aunque ciertas carreras y facultades estén más demandadas. No creo que eso sea un problema a medio plazo, dada nuestra natalidad.
Y ya que estamos: ¿se puede estudiar o no en castellano en Cataluña? Creo recordar que antiguamente había varios modelos, según la lengua básica en la que se impartían las clases, pero sé que hay padres que han acabado en los tribunales por no poder tener enseñanza en castellano. También vi unas declaraciones de Artur Mas diciendo que el que quisiera enseñanza en castellano tenía que irse a colegio privado igual que los que la querían en japonés. ¿Es eso cierto? Es que yo de los medios de comunicación con el actual nivel de crispación no me fío un pelo y me resultó un tanto extraña la noticia.
#12 por konde - Lunes, 30/10/06 a las 02:57
Estimado Protestón,
Sea meter o sea guardar si vos la retiras yo también.
Entiendo que quieras darle a tus hijos la educación que creas mejor siendo el colegio privado religioso o no pero vuelvo a mi nada mordaz primer correo. Los colegios privados son indecentemente caros intuyo que más por poner una barrera económica, como menciona el Sr. Espinosa, que por costar tanto realmente. ¿Por qué el Estado debe pagar ese elitismo? Conozco los colegios con “ideario cristiano” y, en fin, no quiero entrar en detalles pero los idearios, a la postre, los hacen los padres, no los colegios y cuando la APA es un grupo de subnormales engreidos con más dinero del que saben contar el cristiano en general suena a chiste malo. Yo mismo acabe tan encantado con dicho ideario cristiano que desde entonces soy otro ateo anticatólico rabioso más. ¿Por qué no te parecen válidos los idearios de los colegios públicos?
#13 por Luis Rull - Lunes, 30/10/06 a las 03:46
En Andalucía, la adjudicación de plazas de los centros públicos y concertados se hace en el mismo proceso, en igualdad de condiciones. Los colegios concertados deben aceptar la lista de alumnos que la Junta les manda. No pueden poner ninguna barrera ni aceptar ningún alumno fuera de esa lista.
#14 por vitruvi - Lunes, 30/10/06 a las 09:37
Las escuelas subvencionadas no deberian tener más ideario que los valores universales i/o constitucionales. Y en principio, este es un estado aconfesional. El ideario en casa de cada uno, y los servicios del estado universales y laicos. Se imagina que se subvencionaran escuelas con ideario de la iglesia de la cienciologia? O hospitales concertados con ideario de los testigos de Jehová o nacionalista?
#15 por El Protestón - Lunes, 30/10/06 a las 09:55
Buf, me llueve el trabajo:
Konde: no es que no me parezcan válidos los idearios de los colegios públicos, es que me gusta más el de los colegios católicos (siempre, por supuesto, sobre la base de lo que yo recuerdo de mi paso por los agustinos). De hecho, yo estudié el BUP y COU en un INB público que me encantó, pero eran otros tiempos, los mismos profesores hoy día cuentan películas de miedo. Evidentemente la diferencia no tiene por qué ser muy grande entre un centro laico y uno religioso, pero en el entorno educativo se “respira” de forma diferente y me gustaría para mis hijos ese “aire”. Aunque no lo exijo, porque asumo que vivimos en un país laico. Siento tu mala experiencia, aunque no entiendo qué relación hay entre la subnormalidad de la APA y el ateísmo.
Luis Rull: las condiciones en Andalucía no es que sean diferentes entre los concertados y los públicos, es que son más estrictas para los concertados (por ejemplo con la cuestión de los ratios). pero que la Junta no está mínimamente interesada en que el número de plazas concertadas aumente, es un hecho, y es una mera cuestión política.
Vitruvi: el estado subvenciona educación nacionalista en ciertas regiones. No veo por qué no habría de subvencionar enseñanza confesional siempre que sea compatible con los valores constitucionales, los cuales me alegro que cites; ese nbo sería el caso de un colegio de los Testigos de Jehová ni una madrassa islámica. Que mi colegio tenga ideario cristiano no implica que me vayan a hacer ir a Misa todas las mañanas ni que me tenga que confesar para que me aprueben, sino educarte en un cierto ambiante que puede ser de mi gusto y aborrecible para otros.