Por Wifredo Espina, periodista y ex director del Centre d’Investigació de la Comunicació.
Las encuestas no pintan bien para los “populares”. Ni las oficiales, ni las de la oposición. Nuevamente, pueden sacar muchos votos, pero insuficientes tanto en las elecciones locales y autonómicas como en las generales. Problemas de liderazgo, se dice con frecuencia. Incluso se afirma que Zapatero da por descontado que Rajoy será relevado antes de las generales. Es correr mucho. Pero casi nadie duda de que si Rajoy pierde los comicios generales del próximo año, se ha acabado Rajoy.
¿Qué le pasa a Rajoy? No es un mal líder. Es un gran parlamentario. Inteligente, culto, con una ironía demoledora. Algunos de sus discursos son de antología. En todo esto le pasa muchos pueblos a Zapatero, pero éste es más astuto, más maquiavélico. Él, o los que le rodean. A Rajoy se le ve más “de una pieza”, más íntegro, quizás por esto menos político, en el mal sentido, pero con frecuencia eficaz, de la palabra político.
Rajoy se ha hecho presa de sus propias contundencias. Lo cual es extraño en un gallego. Lo cual hace pensar que estas contundencias, tanto en el discurso político como en la forma de exponerlo, más que suyas, son del entorno, de un entorno del que no ha podido o sabido desprenderse. De un entorno, muy comprometido en los errores del pasado –también en los aciertos- , que es un gran lastre para que pueda ser el mismo, el Rajoy que con frecuencia apunta y aflora, pero no acaba de manifestarse y menos imponerse. Y esto le perderá, y perderá a su partido. El Rajoy abierto, dialogante, liberal, humano y con criterios políticos claros sigue ocultado por quienes componen su inmediato entorno y que echarán a perder todas sus posibilidades de buen líder político. Si no logra soltar lastre, imponerse y así centrar su imagen pública y la de su partido, Rajoy tiene una clara fecha de caducidad.
O Rajoy cambia su equipo –agradeciéndole todos los servicios prestados (y los no prestados) que quiera- y da un golpe de timón a su formación política y se presenta como su regenerador, o el maquiavelismo zapateril volverá a poder con él. Y, entonces, los suyos propios se rebelarán. O Rajoy cambia o le cambian.


#1 por Manfrío - Lunes, 23/04/07 a las 11:41
Me pasa un poco como a Merche. No le veo la gracia a que un ciudadano corriente y moliente “tome la palabra” cuando se supone que hay gente especializada en el oficio…, aunque sean periodistas. Prefiero que alguien que sepa de sanidad pregunte conm conocimiento de cusa sobre política sanitaria “en general”, y no que me venga un seó a hablar de sus “concretos” juanetes, por mi interesantes que sean (los juanetes) para quien los sufra. Vaya, que prefiero los debates despersonalizados, en contra de lo que suele defenderse. Aparte, no me acabo de fiar sobre la posible “cocina” que pueda habe detrás de todo ello, y no me refiero a ninguna mano negra porque supongo que Rubalcaba también descansa y no habrá tenido tiempo de preparar las cien preguntas.
Conclusión: lo mejor de la nocha fue sin duda “Anatomía de Grey”, paradigma del culebrón estilizado. Obviamente, no vi la enterevista porque yo estaba siguiendo las peripecias de los cirujanos.
Respondo a la encuesta de Fino estilista. Por un lado, es cierto que se trata de retribuciones sufragadas por los fondos públicos y, en consecuencia, debieran ser transparentes. Por otro, entiendo no obstante el pudor de Rajoy. Si una señora te dice que cobra 300 €, es un poco fuerte responderle que tú cobras más de 6.000. Me pareció elegante la respuesta: bastante más que la cifra a la que usted hizo refeencia. Lo digo sin ironía y admito que debo de ser marciano porque me pareció bien justo la respuesta que más se ha criticado.