Archivo categoría «Civilizaciones»
El mayor obelisco de todos los esculpidos por la mano del hombre, iglesias excavadas de una sola pieza en la roca, un rey con la lengua colgante, embarcaciones de papiro que parecen surgir de los tiempos remotos del antiguo Egipto, guerreras medievales enterradas en posición de orantes… Estas son algunas de las imágenes e historias insólitas de Etiopía, a través de las cuales nuestros lectores podrán descubrir, en este número, diversas facetas de la asombrosa cultura de este país.

Castillo de Fasilides
Fuente: http://flickr.com/photos/distant_trails/450665234/
Autora: Vázquez Hoys, Ana Mª
Lugar y fecha de edición: Córdoba, 2008
Editorial: Almuzara Ediciones
Páginas: 230
ISBN(13): 9788488586902
En la Península Ibérica ya se utilizaba la escritura miles de años antes que los fenicios aparecieran por sus costas. Esta innovadora tesis viene avalada por los estudios aportados en esta obra. En el Museo de Huelva (España) se encuentran expuestos dos útiles prehistóricos, encontrados en sepulcros megalíticos, con evidencia de escritura. No son las únicas muestras, existen otras en el sur peninsular. Debemos poner en duda lo que hasta ahora se consideró como verdad irrefutable, el que fueran los fenicios quienes nos enseñaron a escribir. ¿Y si, en realidad, hubiera ocurrido lo contrario? ¿Y si esos pueblos del mar que toda la mitología del Mediterráneo Oriental sitúa en la Península Ibérica, hubieran enseñado, en verdad, a los fenicios? ¿Escribirían los fenicios sus propios Anales en una escritura de Occidente? Los fenicios, al llegar a la Península Ibérica a finales del II milenio a.C., encontraron gentes que ya usaban un torno rápido para pulir el oro y que escribían signos lineales. El geógrafo griego Estrabón se refirió a los turdetanos como un pueblo que tenía leyes escritas en verso de seis mil años de antigüedad). Una golondrina no hace verano. Las escrituras de Huelva no están solas en la penumbra de la Prehistoria: Numerosos signos de escrituras «prehistóricas», fechadas a partir del 7 000 a.C. aparecen en Europa y en las islas del Mediterráneo. Son ya muchas las aves que acompañan el vuelo de las golondrinas de Tartessos.
La exposición S.P.Q.R pretende acercar al público la cultura de la antigua Roma y de su Imperio, desde su inicio en el siglo I a.C. hasta la época del Emperador Constantino, en el siglo IV d.C. Ninguna otra cultura de la Antigüedad ejerció un dominio tan duradero y tan extenso en términos geográficos como la romana. Roma fue fundamental por la huella que dejó en la mayoría de los pueblos que ocupó, especialmente en los ámbitos de la cultura, el derecho, la política, la ingeniería, … Su legado se puede en la arquitectura, en las artes plásticas, en las instituciones políticas y sociales, etc.
Las más de 500 piezas elegidas para la exposición, procedentes 30 instituciones prestadoras, entre las que se cuentan los museos y colecciones más importantes de España, Italia y Francia, permiten conocer y contextualizar las características de la civilización romana , explicando esos 300 años de historia que, en definitiva, nos sitúan en la antesala de nuestra propia cultura.
¡Albricias! No llega a la altura de otras exposiciones en línea pero por algo se comienza.
Corre el año 320 d.C. y el Imperio Romano es gobernado bajo la fórmula de la diarquía en las cabezas de Licino y Constantino; los cristianos han visto, por el Edicto de Milán, reconocida su religión y ahora, tras años de persecuciones, tienen libertad para profesar su credo. Roma, aunque pronto cederá su puesto a la renovada Constantinopla, conserva su esplendor y en sus edificios se amontonan un millón de almas. Resulta harto difícil imaginar como se conjugaban grandes templos, casas particulares, comercios, burdeles, tabernas, almacenes, … Las nuevas tecnologías nos pueden echar una mano: vean, si no, la versión 1 de Roma Reborn.
La ciudad de Bílbilis está emplazada en un lugar singular muy cerca de Calatayud (Zaragoza), sobre un peñón de 711 m. de altura que domina una gran extensión de terreno, y se encuentra rodeada por dos ríos, el Jalón y el Ribota, que confluyen a sus pies por el lado Norte.
Los bilbilitanos formaban parte de la tribu de los lusones y estaban emparentados con los belos y los titos (todos ellos celtíberos citeriores), y con lazos un poco más lejanos, con los arévacos (celtíberos ulteriores).
A partir del siglo I a.C., Bílbilis acogió en su seno a colonos itálicos que fueron moldeándola hasta convertirla en la población más romanizada de la zona. Pasó de simple núcleo indígena a Bilbilis Italica y, en época de Augusto, a Municipium Augusta Bilbilis. Tras su esplendor en el siglo I, Bílbilis va perdiendo fuelle hasta llegar a la decadencia definitiva a partir del siglo IV. Con la llegada de los musulmanes en el año 714 y la fundación de Calatayud en 716, la suerte de la ciudad está echada: se convertirá en fácil cantera a la que acudir para obtener materiales con los que construir la nueva ciudad. Esta rapiña continuará hasta el mismo siglo XIX; la construcción de la actual plaza de toros de Calatayud (finales del XIX), todavía llegó a emplear para su estructura los últimos bloques aprovechables de piedra bilbilitana. La ciudad salió definitivamente de su letargo en el año 1971, cuando, tras varios años de prospecciones y trabajos previos, se iniciaron periódicas campañas de excavación.
Izquierda: vista general del centro de la ciudad, con el teatro en primer plano, y el foro al fondo.
Derecha: vista general de las termas.
El Foro (mediados del siglo I):
El espacio ciudadano por excelencia en toda población romana es el foro. El de Bílbilis se hallaba en la zona central de la ciudad, justo el la parte superior del montículo. Su construcción no fue nada fácil porque, además de las dificultades derivadas de la propia orografía, el terreno estaba ocupado por construcciones preexistentes (época preagústea). El foro se articulaba en torno a dos espacios bien delimitados, uno de ellos reservado al templo, que se erigió en la parte más alta, dominando el conjunto, y otro destinado a una gran plaza a sus pies, rodeada de pórticos y construcciones públicas. Como puede verse en las fotografías, sólo subsisten vestigios parciales.
De izquierda a derecha :: cara norte :: cara sur :: casas protoaugusteas en la base del foro ::
El Teatro
El teatro de Bílbilis se sitúa en un profundo barranco entre el montículo de Santa Bárbara, ocupado por el foro, y el Cerro de Bámbola. El trazado de este edificio de espectáculos cuenta con un diámetro orquestal de 20 m. y un desarrollo de 180º completos desde el límite del graderío bajo.. El graderío posee un diámetro de algo más de 73 m. y su planta es estrictamente semicircular, desde el eje de simetría del edificio hasta la galería existente entre las zonas baja y media, lugar en el que se retare 21º —una de las caraterísticas singulares de esta obra— para adaptarse a los pórticos laterales del foro en ese lado, ya que había que fusionar una estructura rectilínea, la del foro, con la curva correspondiente al teatro. Un pequeño templo, dedicado a la imagen divinizada de un miembro de la familia imperial, coronaba el conjunto. En cuanto a la capacidad del teatro, se calcula que tuvo un aforo de 4.622 espectadores, que se podían distribuir en treinta gradas, cantidad que no deja de sorprender si se compara con la de otros teatros peninsulares de ciudades más importantes.
De izquierda a derecha: Vista general :: Cavea :: Scaneae Frons :: Aditus ::
Las Termas:
La ciudad contó con un establecimiento para baños de carácter público, lo que no excluye la existencia de algún otro, dado el tamaño de los conocidos y la recuperación aislada de materiales de construcción atribuibles a este tipo de edificaciones. Estuvieron ornamentadas, como otros muchos ejemplos conocidos, con pavimentos musivos o de ladrillos de pequeño tamaño, que formaban decoraciones de motivos geométricos, entre otros en espina de pez. Las paredes y techos se cubrieron con pinturas polícromas de temas diversos y gran calidad. El conjunto estuvo en uso desde la época de Augusto hasta el siglo II; posteriormente fue modificado y utilizado para otros fines.
De izquierda a derecha: vista posterior :: piscina y vestuario :: taquillas ::
Texto: Martín Bueno, M., Bilbilis Augusta, CAI, 2000
Fotografías: Miguel Moliné Escalona.
Aprovechando que hoy era fiesta en Zaragoza —la Cincomarzada—, nos hemos ido de excursión a Calatayud donde, no muy lejos, se encuentra la ciudad romana de Bilbilis. Como ya es tarde, dejo tan sólo dos imágenes del yacimiento y mañana subiré el resto con las oportunas explicaciones.
Izquierda: vista general del centro de la ciudad, con el teatro en primer plano, y el foro al fondo.
Derecha: vista general de las termas.
El periódico El Comercio informa, en su edición de ayer, del descubrimiento de veinte tumbas (PDF) correspondientes a otros tantos habitantes de Sicán en el Santuario Histórico Bosque de Pomac (Perú). De todas ellas, destaca la de un personaje de alto rango:
«El individuo fue colocado sentado, con las piernas cruzadas y se trataría de un gobernante porque se le halló una corona metálica, ofrendas de cerámica de singular colorido, un pectoral de cuentas de chaquira (Spondylus), un kero y dos tumis elaborados con tumbaga (una aleación de cobre, plata y oro).
Lo sensacional de este hallazgo es que uno de los cuchillos ceremoniales mide 35 centímetros y tiene labrada la representación del dios Sicán o Naylamp sentado. Esto constituye un nuevo hito porque se trata de un objeto de similares características al conocido tumi, que fue saqueado de un sitio arqueológico conocido como huaca Las Ventanas del mismo Santuario Histórico Bosque de Pomac hace unos 70 años.»
Al amparo del mar Mediterráneo se desarrolaron tres de las más importantes civilizaciones de la Antigüedad — Egipto, Grecia y Roma — que, ahora, gracias al Glenbow Museum podemos descubrir de forma sencilla y amena aunque, eso sí, en inglés. La exposición virtual Egypt, Greece and Rome: Art of the Ancient Mediterranean World consta de varias galerias y apartados —geografía, política y estructura social, religión y creencias, arte y cultura, …— para cada civilización. Incluye guía sonora.
Dentro del conjunto de pueblos que habitaban Hispania cuando los romanos llegaron a ella hay un grupo de ellos, los denominados galaicos, que presentan una organización sociopolítica propia que los distingue de los restantes pueblos del área indoeuropea y, por supuesto, de los del área ibera, tanto en época prerromana como en los primeros tiempos de la época romana.
Las fuentes literarias, salvo algunas menciones fragmentarias en el Periplo de Avieno y en otros autores greco-latinos, ofrece poca información sobre el territorio que los romanos denominaron Gallaecia. La arqueología, por contra, nos proporciona un panorama bastante unitario que hace pensar en una cierta uniformidad de todos los pueblos, al mismo tiempo que los identifica y los separa de los demás. A este panorama arqueológico se le conoce como cultura castreña: un hábitat concentrado en núcleos más o menos grandes, que son los castros, habitados por grupos de población que no eran completamente independientes entre sí, sino que había una especie de comunidades más amplias que incluían dentro de ellas a los habitantes de un grupo de castros. Estas comunidades aparecen en las fuentes literarias y en la epigrafía con los nombres de populi y civitates: Albiones, Cabarcos, Cilenos, Interamicos, Límicos, Seurros, Célticos Supertamaricos, etc.
Se cree que este tipo de organización fue sustituido a partir de la segunda mitad del siglo I d.C. por las estructuras político-administrativas romanas porque, entre otras razones, desaparece de la epigrafía la mención a los castros.
Enlace relacionado: e-Castrexo (publicación electrónica para la divulgación de la cultura castreña y galaico-romana)
Castro de Santa Tecla. Fotografías: Fernando. Más imágenes.
La Cultura Mochica no deja de deparar gratas sorpresas y hallazgos sorprendentes. Al descubrimiento de un templo donde se realizaban sacrificios, se unen ahora los datos proporcionados por la momia de una mujer que vivió hace 1.600 años entre los mochica. Según el arquólogo Régulo Franco, se podría tratar de una soberana pues se la sepultó con honores dignos de un reina. Su cuerpo, por ejemplo, fue untado con cinabrio, envuelto con tela de algodón y enterrado debajo de varios estratos de adobe.
El buen estado de conservación de “La Señora de Cao” —así se le ha bautizado— ha permitido a los especialistas proporcionar información preliminar acerca de la vida de este personaje. Hasta la fecha, se sabe que su edad al momento de la muerte oscilaba entre los 25 y 30 años de edad y que tuvo un hijo. La buena preservación de su piel ha permitido apreciar una serie de tatuajes en sus antebrazos, tobillos y dedos con representaciones de serpientes y arañas. Además, los especialistas realizaran los análisis correspondientes a los otros individuos hallados junto al entierro principal, con la finalidad de conocer las características de la vida (en cuanto a dieta, filiación genética, actividades que realizaron, etc.) y las causas de la muerte de estos individuos [Seguir leyendo en Arkeos].
Enlaces relacionados: El mausoleo de la gobernante (Fuente: El Comercio) :: El Señor de Sipán ::
Fuente imágenes: Spiegel.





















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