Archivo «Jueves, 02/jun/2005»
Entre las numerosas cifras que estos días corren de periódico en periódico, destacan las que desglosan en función de la ideología las cifras del ‘no’: el 67% de los electores de la izquierda y la extrema izquierda, el 90% de los electores de extrema derecha y el 25% de los electores de centro y derecha se han opuesto a la Constitución europea. Por otra parte, una gran mayoría de cronistas coinciden en otorgar al paro, a la última ampliación hacia el Este y al posible ingreso de Turquía un papel preponderante en la victoria del ‘no’. No nos engañemos, en Francia no ha triunfado el lema ‘Por otra Europa’ sino un rancio nacionalismo conservador y defensor del Estado francés en el sentido que Hegel le dio al término: El estado es la voluntad divina, en el sentido de que es el espíritu presente en la tierra, que se despliega para convertirse en la forma y organización real de un mundo. Es cierto; necesitamos otra Europa pero no la que pretenden los franceses: necesitamos una Europa capaz de superar el concepto de Estado y el miedo al ‘fontanero polaco’ y esto no se consigue apelando a los sentimientos sino a la razón y a la justicia social y económica.
Buena noticia en términos absolutos que sigue escondiendo lo que veníamos comentado días pasados. Desde hace ya demasiados años el empleo en este país presenta dos graves problemas: la alta temporalidad de los contratos y la alta tasa de desempleo de las mujeres. Los últimos datos conocidos mantienen la misma tendencia: sólo el 9,4% de los contratos son indefinidos y el 61% del paro registrado corresponde a mujeres. Ni entendía la euforia del PP en este campo ni entiendo la del PSOE ahora. Con el primero bajó la tasa de desempleo y con el segundo se mantiene dicha tendencia pero todavía falta mucho por hacer y, desde luego, no se pueden echar las campanas al vuelo: las mujeres tienen enormes problemas para acceder al mercado de trabajo y los empleos creados no son precisamente de calidad.


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