Archivo «Lunes, 11/jul/2005»
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He recogido del archivo algunos argumentos que, a mi modo de ver, muestran claramente la escasa correlación entre la «pobreza en la Tierra» y el terrorismo islamista.
Son los siguientes:
- Antonio Elorza, catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense de Madrid: «El terrorismo es, consecuentemente, cabría deducir, una forma de violencia brutal cuyo único origen posible reside en la pobreza de millones y millones de hombres, en esa injusticia provocada por la desigualdad. Lo que sucede es que tal pensamiento es plenamente equivocado y hará luego inevitable la confusión en la línea política a adoptar. ¿Qué situación de pobreza está detrás de ETA?, ¿son Bin Laden y Al Zauahiri prototipos de jornaleros desamparados?, ¿es la revuelta palestina, y en su seno el terror, producto de la explotación económica, o más bien del sentimiento de encontrarse políticamente aplastados por Israel? Hay excepciones que confirman la regla, caso de Sendero Luminoso en Perú, pero incluso entonces el motor del desencadenamiento del terrorismo reside en la adaptación de la ideología maoísta. En una palabra, los movimientos terroristas no son la expresión de la injusticia económica, aunque eso suene muy bien y nos exima a continuación de pensar, sino formas de violencia vinculadas a una concepción radical de la lucha política y a unos fundamentos doctrinales que legitiman su estrategia. Otra cosa es el apoyo social que luego recaben. No entender esto y refugiarse en el populismo fácil es tanto como errar de medio a medio el camino a seguir».
- Joseph S. Nye, ex subsecretario de Defensa estadounidense y decano de la Kennedy School of Government de Harvard: «Los partidarios [de la ayuda al desarrollo para combatir el terrorismo] afirman que es una herramienta crucial para “drenar los pantanos”. Pero los escépticos dudan de que la pobreza esté en la raíz del terrorismo. Señalan que la mayoría de los terroristas que atacaron Estados Unidos en septiembre de 2001 eran ciudadanos de clase media, procedentes de un país relativamente rico. Si tenemos que esperar a que la ayuda al desarrollo saque al mundo de la pobreza para responder al terrorismo, para entonces estaremos todos muertos». El mismo autor, no obstante, subraya que los grupos terroristas «están guiados por pervertidos sin problemas económicos que (como Osama Bin Laden) señalan las injusticias del mundo para reclutar seguidores».
- Javier Elzo, catedrático de Sociología en la Universidad de Deusto: «Aun manteniéndose la correlación entre pobreza y terrorismo, los terroristas no provienen de las capas sociales más desfavorecidas. Además, su nivel de formación académica es incluso superior no sólo al de los demás delincuentes (lo que basta con preguntar a los que conocen la realidad de las cárceles, las nuestras incluidas), sino también al de la media poblacional. La correlación entre pobreza y terrorismo es, incluso, más débil que la que hay entre terrorismo y ausencia de Estado de derecho en general y libertad de expresión en particular».
- Inocencio Arias, diplomático, ex embajador de España ante la ONU y presidente del Comité contra el Terrorismo de Naciones Unidas: «es cierto que la comunidad internacional debe eliminar las injusticias que se arrastran desde hace décadas, pero es también ilusorio encontrar en la pobreza la causa principal del terrorismo. Hay países paupérrimos del planeta que no lo sufren y otros ricos que lo padecen desde hace años. El origen de los autores del 11 de Septiembre no casa con esa afirmación: son procedentes de familias desahogadas y bastantes de ellos de un país próspero».
- Gustavo de Arístegui, diplomático y diputado del PP por Ciudad Real: Para aquellos que se empeñan en afirmar, con un simplismo ciertamente alarmante, que con resolver los problemas de desigualdad y pobreza, así como el conflicto árabe-israelí, se habrían cerrado las fuentes que alimentan de irritación y de odio al islamismo, ignoran que hay muchos otros factores que tienen el mismo o mayor peso que éstos en la conformación de la violenta ideología islamista radical. Los factores tienen peso distinto en función de cada país. No parece lógico pensar que al monstruo que asesinó a 200 personas en Bali le importase mucho lo que ocurre en los Territorios Ocupados».
- Xavier Sala i Martín, profesor de economía en la Universidad de Columbia (EEUU): «Está de moda entre los expertos de nuestro país concluir que, para erradicar el terrorismo islámico, hay que “entender sus raíces” y de que, entre ellas, la más importante es “la pobreza económica que impera en Oriente Medio y norte de África (OMNA)” [...]. Ni sus economías son las más deterioradas del mundo ni los niveles de pobreza que tienen son los más alarmantes. Su renta per cápita es muy superior a la de, por ejemplo, el África subsahariana. Es más, las prácticas islámicas del “zakat” y “sadaqa”, que inducen a los ricos a dar un porcentaje de su riqueza a los pobres, proporcionan unas redes de seguridad que no sólo hacen que las desigualdades sean mucho menores que enel África subsahariana o América Latina, sino que las tasas de pobreza también sean inferiores. Menos del 1% de los ciudadanos de OMNA viven con menos de un dólar al día (4% en América Latina y 50% en el África subsahariana). Es más, la tasa de pobreza ha bajado del 10% al 1% en OMNA desde 1970. Todo un éxito si lo comparamos con América Latina, donde se mantenía constante, o África negra, donde subía del 35% al 50%. La lógica conclusión es que si la pobreza fuera el elemento decisivo, los terroristas vendrían de Malawi, Lesotho o Haití. Pero no. Resulta que vienen de una región mucho más rica del mundo: el OMNA. ¿Cómo puede ser?, se preguntarán ustedes. Pues seguramente porque la causa última que lleva a los locos de Al Qaeda a matar indiscriminadamente no es la situación económica de los ciudadanos. Con eso no quiero decir que debamos dejar de luchar contra la pobreza en el mundo o a favor del progreso económico del OMNA. ¡Ni mucho menos! Esas luchas deben continuar, pero por humanitarismo, no para satisfacer a Bin Laden».
- Edurne Uriarte, Catedrática de Ciencia Política Universidad Rey Juan Carlos:«Dado que a estas alturas se da por supuesto un mínimo de conocimiento sobre Al Qaeda, la teoría de las causas es sorprendente por lo que tiene de ignorante. Porque se refiere a la pobreza y a la opresión y sugiere que Al Qaeda es el producto de sociedades pobres y de gobiernos opresores. Pasa por alto que dos países centrales en la creación de Al Qaeda, Egipto y Arabia Saudí, ponen en cuestión la tesis de la pobreza, y que el problema de los gobiernos dictatoriales de los países árabes y musulmanes es que, en opinión de Al Qaeda, son demasiado liberales. Los defensores de la teoría de las causas parecen desconocer por completo los discursos y textos de los líderes del terrorismo fundamentalista. Porque éstos no se construyen alrededor del concepto de desigualdad o de opresión política, ni mucho menos reivindican la democracia y la libertad. Al Qaeda nació y emprendió lo que considera la guerra santa porque desea construir sociedades basadas en estrictos principios islámicos en los que la influencia occidental haya sido completamente erradicada. Por eso sus enemigos son los propios sectores aperturistas y liberales de las sociedades musulmanas y los países occidentales que tienen alguna presencia, política, económica o cultural, en esos países».
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