Archivo «Miércoles, 19/jul/2006»

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Como muchos otros ciudadanos, anoche me levanté a las cinco de la mañana pero, a diferencia de la gran mayoría, no fue para ir a trabajar sino para apuntar a mi hijo pequeño a una actividad deportiva a desarrollar durante el próximo curso escolar, en concreto a natación. Se preguntarán ustedes por qué ese madrugón. La respuesta es muy sencilla: los responsables de gestionar los recursos deportivos de esta ciudad han tenido la peregrina idea de habilitar un sólo día —17 de julio a partir de las 9,00 horas— para que los sufridos padres podamos inscribir a nuestros hijos en la mencionada actividad. Mañana o pasado mañana se ufanarán de los resultados obtenidos —todas las plazas cubiertas— y dejarán constancia de los pocos niños que han quedado fuera. Esto último no me extraña porque los requisitos eran muy exigentes:

  1. No encontrase disfrutando de unos días de descanso fuera de la ciudad. Lo sentimos mucho pero su hijo no tiene derecho por ser ustedes tal malos padres y cogerse las vacaciones en fechas tan poco apropiadas.
  2. Poner el despertador entre las cuatro y las cinco de la mañana. Para los niños inscritos el año pasado la renovación es automática y, por tanto, el número de plazas libres es muy reducido. Ya lo dice el refranero: a quien madruga, Dios le ayuda. Ya comprenderán ustedes… es preciso hacer las paces con la Iglesia.
  3. No trabajar ese día por la noche o por la mañana, o tener un jefe amable que le permita ausentarse unas cuantas horas. En caso contrario, lo sentimos. Su obligación es trabajar y su país se lo agradece.
  4. Si se recurre a la familia (abuelos, por ejemplo), preparar una silla y algo de almuerzo para que no sufran mucho durante la espera. Eso suponiendo que sus condiciones físicas les permitan pasar cinco o seis horas esperando en la calle a que se abran las puertas del Pabellón Príncipe Felipe, el lugar donde se inscriben a los niños. Los del ayuntamiento han prometido que el próximo año se activará una UVI móvil por si algún anciano necesita asistencia médica. Hemos pedido también bocadillos y café y han dicho que se lo pensarán. ¡Qué majetes, verdad?

Bromas aparte, el sistema actual no es justo porque no todas las personas pueden acceder a esta iniciativa con las mismas oportunidades. Hace algunos años se sorteaban las plazas libres tras un período de diez o quince días en el que se podían inscribir a los niños incluso a través del correo electrónico. Desconozco por completo por qué se cambio de procedimiento pero, en cualquier caso, el actual es vergonzoso e injusto se mire por donde se mire. Según la revista Ciberp@is, el portal municipal de Zaragoza se sitúa entre los mejores de España, pero de qué me sirve eso si al final debo guardar cola durante más de cinco horas para que mi hijo pequeño pueda practicar deporte. De nada, aboslutamente de nada.

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