Archivo «Martes, 12/jun/2007»
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Corre el año 320 d.C. y el Imperio Romano es gobernado bajo la fórmula de la diarquía en las cabezas de Licino y Constantino; los cristianos han visto, por el Edicto de Milán, reconocida su religión y ahora, tras años de persecuciones, tienen libertad para profesar su credo. Roma, aunque pronto cederá su puesto a la renovada Constantinopla, conserva su esplendor y en sus edificios se amontonan un millón de almas. Resulta harto difícil imaginar como se conjugaban grandes templos, casas particulares, comercios, burdeles, tabernas, almacenes, … Las nuevas tecnologías nos pueden echar una mano: vean, si no, la versión 1 de Roma Reborn.
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