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Tras los reiterados intentos por parte de la DGT de convertir en asesinos y psicóptas a cualesquiera que circule a mayor velocidad de la permitida, de sembrar las carreteras de radares y de asociar causalmente velocidad y accidentes, la lectura del informe realizado por la Asociación Técnica de Carreteras nos permite situar la cuestión en sus justos términos. Las pretensiones de dicho informe, elaborado por El Comité Técnico de Carreteras Interurbanas y Transporte Integrado Interurbano, son las siguientes:
- Aclarar la relación entre la velocidad y los accidentes de circulación, evitando las opiniones poco fundadas.
- Proponer unas soluciones técnicas que ayuden a establecer un límite de velocidad adecuado para cada tramo de carretera, según sus características técnicas (eventualmente mejoradas) y las circunstancias meteorológicas y de circulación en cada momento concreto.
Curiosamente, donde menos accidentes ocurren es justamente en las vías donde se puede circular más rápido. ¿Por qué será? [Vía El Mundo].
No, no es ninguna broma. En la campaña del mes de agosto se podía leer la siguiente barbaridad: «Se pide al conductor la máxima atención, sobre todo en cruces, curvas y adelantamientos en cambios de rasante». Al parecer no se han enterado que, según el apdo. 1 del artículo 36 de la Ley de Seguridad Vial, está prohibido adelantar «en las curvas y cambios de rasante de visibilidad reducida». Por cierto, el enlace no apunta a la página de la DGT porque, como pueden comprobar, la mayoría de los enlaces de la sección “Normativa” están rotos.
Desde hace varios años, las campañas para reducir tanto el número de accidentes como el de muertos se han basado exclusivamente en criminalizar al conductor, presentándolo como un sujeto inmaduro e inconsciente. Al parecer, cuestiones como el lamentable estado de muchas carreteras o la deficiente señalización no se consideran variables importantes para reducir la siniestralidad. Eso sí, si uno es famoso, conduce sin permiso, atropella a una persona y la mata, y después la abandona a su suerte, tan sólo le esperan tres años de cárcel (reales, dos o tres meses).
Para colmo, la DGT nos presenta una página con estadísticas burdamente manipuladas. Basta acudir al INE y hacer unas cuantas sumas para encontrarse con unos resultados totalmente distintos. He aquí la prueba (creo que los gráficos se explican por sí mismos y no necesitan de mayores comentarios):


Fuente: elaboración propia a partir de los datos ogrecidos por el INE.
Cuando se reanude la liga de fútbol el próximo mes de septiembre, me convertiré en un delincuente. A las siete de la mañana de cada domingo, cuando coja el coche para ir a jugar a Zuera y enfile la Avenida de los Pirineos, una vía urbana con tres carriles en cada sentido, me convertiré en un delincuente. Poco importará que no tenga en la sangre ni una sola gota de alcohol, que no me hayan multado desde hace veinte años, que respete siempre los semáforos, los stops y los cedas al paso, que no haya a esas horas alma viviente ni moviente por allí y que, por supuesto, no haya provocado accidente alguno; bastará un descuido —por ejemplo, estirar un cambio de marcha mas de la cuenta— para superar los fatídicos 90 Km/h y ser detenido y encarcelado. Eso, señores míos, es lo que ha aprobado nuestro “talentoso” gobierno. Como afirma Carlos Rodríguez Braun en su artículo La libertad por puntos, «Naturalmente, no podemos criticar: como el objetivo del Gobierno es bueno, si criticamos al Gobierno en realidad somos unos perversos que no compartimos el objetivo. Para colmo, el poder, comprensivo y abnegado, no nos arrebatará de entrada todos los puntos que deberíamos perder, y no nos tratará todo lo cruelmente que podría: ¡deberíamos darle las gracias!». ¡Me olvidaba! La retirada de puntos no puede recurrirse.
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