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PARTE II |
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| ...viene de la página anterior. Por otro lado, el material más moderno recuperado en los estratos fundacionales de cimentación consiste en terra sigillata Aretina, concretamente en una estampilla del ceramista Sextus Annius, cuya producción se inicia en el 15 a.C. El edificio cordobés se concluyó, pues, durante los 20 años que median entre el 15 a.C. y el 5 d.C. En cualquier caso, el proyecto habría sido planteado desde el mismo momento de la deductio colonial, reservándose el espacio necesario para su construcción en la ampliación urbana meridional augustea, una vez desmontado el periclitado lienzo sur de la muralla republicana (LEÓN, 1999; VENTURA, 1999). El teatro estuvo en uso durante casi 300 años hasta que, en el tercer cuarto del siglo III d.C. (250-275 d.C.), un terremoto lo dañara seriamente (VENTURA- MONTERROSO, 2002). Las excavaciones han documentado derrumbes y amplias grietas provocadas por el seísmo, que afectan al graderío de la ima cavea e incluso al terreno geológico sobre el que ésta se apoya. A partir de entonces comenzó un lento proceso de expolio, que abarcaría toda la Antigüedad Tardía. Comenzaron saqueándose los elementos arquitectónicos y ornamentales marmóreos, a lo largo del siglo IV d.C. Posteriormente (siglo V d.C.) el edificio se convirtió en cantera, siendo despojado de los sillares de piedra calcarenita que componían las potentes substrucciones de opus quadratum de la media y summa cavea, hasta sus mismos cimientos. Por último, se documenta un horno de cal con el que se «reciclaron» un buen número de gradas marmóreas durante el siglo VI d.C. Después el espacio se urbaniza y adquiriere un carácter residencial que ha perdurado desde la Alta Edad Media hasta nuestros días. La cavea se orienta hacia el sureste [Figura 2], en contra de las disposiciones vitruvianas a este respecto (Arch. V, 3), sin duda porque influyeron en mayor medida imperativos topográficos y urbanísticos. En efecto, el edificio se asienta sobre un desnivel natural correspondiente a la terraza cuaternaria del río Guadalquivir. Así lo indica la propia toponimia de este sector de «Córdoba la llana», pues el yacimiento está delimitado hacia el E. por la calle «Cuesta de S. Benito», y atravesado por la denominada c/ «Cuesta de Pero Mato». El entorno del edificio se urbanizó, al mismo tiempo, con un conjunto de plazas aterrazadas, pavimentadas con grandes losas de piedra caliza y comunicadas entre sí mediante escalinatas; las más cercanas a la cavea de planta curvilínea (gradus) [Figura 3]. Tales terrazas, articuladas en cinco niveles, bordean por completo la fachada del teatro, con una disposición simétrica al este y al oeste de la cavea. En la denominada «Terraza Superior 1 Oriental» se han documentado los restos de un recinto que albergaba un altar monumental (MARQUEZ-VENTURA, 1997, 176-180). El conjunto presenta un aspecto escenográfico que recuerda complejos religiosos helenísticos o santuarios laciales republicanos (MARQUEZ, 1998 c). Paralelos para esta articulación se encuentran, a pequeña escala, en el teatro de Tusculum (DUPRÉ et alii, 1999), y en el de Verona a escala similar (FUCHS, 1987); al tiempo que se sospechan para el caso hispano de Carthago Nova (RAMALLO, 20Ó2, 105). El subsuelo, de naturaleza arcillosa, no permitió labrar en él las gradas, por lo que el edificio, a pesar de insertarse en una pendiente, debió ser alzado sobre substructiones, como si de un llano se tratase. Sólamente la ima cavea se apoya sobre el terreno. Éste fue recortado mediante una galería anular de circulación de la que parten 5 vomitoria radiales hacia la orchestra, que dividen el graderío en 6 cunei espaciados 30° cada uno [Figura 3] [Figura 5a]. Esta distribución, que se ajusta al trazado modulador del teatro latino propuesto por Vitruvio (Arch. V,6), se documenta en el teatro hispano de Zaragoza, aunque en éste sólo comparece el vomitorio axial, habiéndose sustituido los otros cuatro por scalariae (AA.VV 1993, 96). El terreno, una vez recortado de esta manera, fue «forrado» con paramentos de opus quadratum para conformar una especie de «cajetones» macizos que, coronados por una cama de opus caementicium en forma de plano inclinado, sostenían las gradas. Estas destacan por su morfología y materia prima: todas son piezas de mármol blanco labradas en forma de cuña. Efectuadas mediciones sobre un centenar de ejemplares, todos se ajustan al canon vitruviano (Arch. V; 6), pues miden entre 65 y 75 cm de «huella» (2-2,5 pedes) y entre 37 y 43 cm de «alzado» (1 palmipes -1,5 pedes). Dentro del ámbito de excavación se conservan dos filas de gradas in situ pertenecientes a la ima cavea (filas nums. 9 y 10), así como las «camas» de tres filas más [Figura 4]. Este tipo de grada encuentra su paralelo en un edificio paradigmático: el Coliseo de Roma (VENTURA, 1999, Figura 7-8). En él, la forma «triangular» de las gradas tiene la función de aligerar el peso que debían soportar las bóvedas inclinadas de sostén. Pero en el caso de Córdoba, incluso se disponen con esta morfología sobre el terreno natural. Tampoco cabe argumentar que esta peculiaridad responda a un intento de ahorrar el preciado mármol: los bloques paralelepípedos originales no se aserraron por el plano diagonal para obtener dos gradas de cada uno, sino que fueron toscamente desbastados y los desechos de labra, abundantísimos, empleados como caementa del mortero de base. Opinamos que, descartadas razones tectónicas y económicas, la morfología de las gradas debe explicarse por motivos ideológicos. Quizás se esté emulando en Colonia Patricia el modelo de grada del Teatro de Marcelo, hoy por hoy desconocido. Media y summa caveae se levantan sobre substructiones, que constan en planta de tres galerías abovedadas de circulación, anulares y concéntricas, ubicadas a diferente altura: la ya mencionada galería inferior, excavada en el terreno; una galería intermedia, sin acceso directo al graderío y destinada, fundamentalmente, al drenaje de aguas freáticas; y el ambulacro de fachada, en el que se abren las puertas de acceso desde la Terraza Media. Las tres galerías aparecen trabadas entre sí por potentes muros radiales de opus quadratum [Figura 5a]. Estos muros radiales enmarcan cajas de escaleras que, debidamente cubiertas por bóvedas inclinadas, permiten la comunicación entre galerías, o bien constituyen vomitoria que desembocan en la cavea, o bien ascienden a un cuarto ambulacro anular, ubicado justo encima del ya citado de la fachada para, desde aquí, acceder a la summa gradatione y su porticus [Figura 5 b-c]. Esta superposición de ambulacra perimetrales se corresponde a la superposición de órdenes en la fachada, articulada mediante el «Theatermotiv». En la Terraza Media se abre el mayor número de puertas de ingreso. Constituye, por tanto, el punto de vista principal de la fachada, donde se observa un «Theatermotiv» canónico, aunque de aspecto tosco, parecido al del teatro de Sabratha (CAPUTO, 1959) [Figura 6]: tres arcadas superpuestas enmarcadas por órdenes ficticios decorativos (dórico, jónico y corintio), sostenidos por pequeñas pilastras (40 cm. de anchura) y labrados en los sillares de piedra calcarenita que componen el alzado. Cada orden mide, desde la basa a la cornisa, 6 m. de altura. Añadiendo el correspondiente ático sobre el orden corintio, para anclar en él los postes del velum -cuya presencia viene asegurada por las ménsulas o «Pfanenkonsolen» de piedra caliza micrítica gris recuperadas (GRAEFE, 1979)- tendríamos una altura de unos 22 m. A ello cabe añadir el desnivel remanente hasta la Terraza Inferior (6 metros más), donde se abrían los accesos al aditus maximus, resuelto en la fachada externa a modo de podio por debajo del orden dórico, como se documenta por ejemplo en el Teatro Grande de Pola (FISCHER, 1996, 165-172). Desde el interior, dado que la ima cavea se encuentra excavada 3 m por debajo del nivel de suelo de la Terraza Inferior, la diferencia de cota entre la orquesta y el ático de la cávea alcanza los 31 m, dimensiones comparables a los 32,6 metros de altura total del Teatro de Marcelo (FIDENZONI, 1970, 43). El proyecto teórico de esta fachada consta de 47 arcos, espaciados 3,75°, en cada orden [Figura 3]. Tal proyecto se vio modificado por la configuración aterrazada del entorno, que limita y articula al mismo tiempo los accesos a través de las arcadas abiertas de los órdenes dórico y jónico [Figura 6]. Por contra, los arcos del nivel superior corintio serían ciegos, pues tal orden constituye el muro de fondo de la porticus in summa gradatione. Las 47 puertas internas del ambulacro perimetral con acceso desde la Terraza Media conducen, de manera diferenciada, a los distintos maeniana (discrimina ordinum). Por lo que se refiere al graderío [Figura 5c], a partir de los elementos supérstites cabe restituir una orchestra de unos 35 m de diámetro, dentro de la cual se ubicarían los asientos de la proedria. Tras ella, y separada por balteus y praecinctio, una ima cavea que consta con seguridad de 6 cunei y 14 filas de gradas, ajustándose por tanto a las disposiciones al respecto de lex Roscia y la lex Julia Theatralis (EDMONDSON, 2002). La media cavea constaría de 20 filas de gradas, divididas mediante scalariae y vomitoria alternos en 12 cunei. Más arriba es posible restituir una summa gradatione sobre podio con 6 filas de gradas, similar a la del teatro de Leptis Magna (CAPUTO, 1987). Son destacables las escalerillas anulares documentadas para acceder a la praecintio externa de la ima cavea, solución que proponemos, también, para el acceso a las gradas de la summa cavea, siguiendo el paralelo del Teatro de Marcelo y el más cercano de Málaga (AA.VV., 1993, 192). Por último, la cavea se cierra con un pórtico de coronación -del que se han recuperado fustes, capiteles y cornisas marmóreos-, tal vez ocupado por matroneo, a juzgar por las inscripciones de reserva de asiento con nombres femeninos recuperadas en su perímetro (VENTURA, 1999). El graderío así organizado tendría una capacidad de entre 10.000 Y 15.000 espectadores. Tamaño y estructura de la cavea, permeabilidad absoluta de ésta mediante pasillos radiales y galerías anulares, jerarquización de los accesos, organización de la fachada con órdenes superpuestos, detalles ornamentales como una clave de arco decorada con máscara (MARQUEZ, 1998 a-b), graderío completamente marmorizado desde el principio,...: todas estas características diferencian y hacen destacar al teatro patriciense respecto a los demás ejemplares hispanos, al tiempo que remiten directamente al Teatro de Marcelo en Roma (FIDENZONI, 1970). La precocidad con que se emula el paradigma urbano, así como la participación de maestranzas locales que utilizan técnicas edilicias arcaicas para su ejecución (opus quadratum en lugar de caementicium), explican las desviaciones respecto al modelo, apreciables sobre todo en el aspecto macizo y achatado de la fachada [Figura 7], el mayor número de arcos de que consta y la tosquedad de su decoración arquitectónica. |
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