Por Francisco de A. Escudero y María Pilar Galve. Ayuntamiento de Zaragoza.  

INTRODUCCION

     Caesaraugusta se asentó sobre un terreno bastante llano a orillas del Ebro y no muy lejos de la desembocadura del Huerva, río que la contorneaba por todo su costado oriental y por parte de! meridional, si bien a distancia, posiblemente por el miedo que podían representar sus crecidas. En esta situación, la mayor parte del solar tenía un suave declive hacia el Ebro, que también existía en la zona sur hacia el Huerva, en sentido contrario al anterior, creándose un dorso elevado que hacía de divisoria de aguas. En este dorso, que se corresponde con la calle Verónica, es donde se levantó la parte posterior de la cavea sobre cámaras abovedadas [Figura 1] y [Figura 2]. Sus potentes cimentaciones se hunden en el terreno natural, y sus pavimentos exteriores se asientan sobre los aterrazamientos realizados en parte con restos de casas preexistentes. Pero no todo el edificio se había construido sobre una superficie uniforme, pues, buscando una economía constructiva, el terreno natural del centro de la cávea, y de la parte norte del teatro, fue rebajado para apoyar directamente sobre él el graderío, evitando complejas estructuras.
     Esta disposición condiciona necesariamente los volúmenes interiores del teatro, de los que son sólo espacios diáfanos el pórtico exterior, el pasillo de circulación interior, o crypta, y las cámaras situadas entre ambos. Por otra parte, obliga también a que las vías que se dirigen a la orchestra sigan un trazado descendente.
     El teatro se empezó a erigir durante el principado de Tiberio -momento en que se construyeron los edificios más representativos de la colonia- sufriendo una reforma bastante considerable a finales del siglo I -en época de la dinastía flavia-, de la que aún no llegamos a comprender todo su alcance, aunque con seguridad tuvo como objeto aumentar su grandiosidad y apariencia. Llegó a afectar a algunas partes estructurales, quedando modificados considerablemente los aditus, rehaciéndose completamente la orchestra y la frons pulpiti, suponemos que la parte inferior del graderío y su apariencia general, el hyposcaenium, y el pulpitum, y no hay que descartar que también lo fuera la escena. El área porticada septentrional fue también objeto de esta reforma.
     El teatro tiene 105 m de diámetro de cávea, quedando por definir aún el límite septentrional del gran pórtico yuxtapuesto al postscaenium. Tenía éste planta rectangular o cuadrada, y galerías de doble crujía. El hallazgo en el límite norte de la excavación, en el espacio libre del pórtico, del extremo de una cimentación de notables dimensiones que lo centraba, obliga, se interprete como se interprete lo que sustentaba, -templo, edículo...- a considerar todo el conjunto como de notables dimensiones (si este pórtico fuera cuadrado el teatro tendría una longitud total en torno a los 138 m). Tal como vemos hoy las cosas, es seguro que el teatro era la pieza central de una unidad urbanística monumental, donde los posibles jardines hallados al este de la plaza de San Pedro Nolasco y las grandes termas públicas de la calle de San Juan y San Pedro se situaban, respectivamente, al este y al norte de este pórtico.
     Estaba construido básicamente en hormigón (opus caementicium), y sólo sus fachadas, además de los muros de las vías que limitan, y el cuerpo de la escena eran de sillería de alabastro, si bien también cimentadas en hormigón. La piedra no duró mucho en el edificio, pues a finales del siglo III le fue arrancada para construir la muralla que entonces se erigía. Así, desde ese momento, la obra apareció descarnada y disminuida, y perdió radicalmente su aspecto original y sus funciones.
     Para quien contemplara Caesaraugusta desde el sur a comienzos del siglo II, cuando ya el teatro había adquirido su aspecto definitivo, su enorme masa, aligerado por el color claro de su piedra y las arcuaciones de sus galerías, había de ser el elemento definidor de un paisaje sustancialmente llano a diferencia de lo que sucedía en otras ciudades hispanas, en las que sus teatros permanecían recostados en mayor o menor medida en laderas. Nada había de sobresalir tanto del tejido urbano, formado por casas de una sola planta, dos a lo sumo, como este gran edificio, tanto más cuanto que los demás monumentos de la ciudad, templos y foro, se erigieron en su zona más baja, ya muy cercanos al río. La muralla romana, que fue un símbolo distintivo de la ciudad desde su construcción hasta finales de la Edad Media, no debía existir en ese momento, pues cabe la posibilidad de que la colonia estuviera desprotegida hasta avanzado el siglo III, cuando precisamente su edificación, fue la causa del expolio del teatro.