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LA CAVEA |
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| Si algo hemos dicho del entorno que en aquella época podía existir por el lado norte del teatro, nada sabemos en
cambio de lo que rodeaba el gran semicírculo de la cávea [Figura 1] [Figura 2], y sin embargo,
es de la única fachada de la podemos hacernos una idea cabal. Estaba estructurada al menos en dos pisos, posiblemente tres si se añadió un pórtico in summa gradatione
(con estas características hemos calcula- do una altura hipotética de unos 22 m en la parte de la cávea). Estos pisos eran galerías corridas de arcos de medio punto que,
comparados con otros de edificios similares, tenían una proporción entre anchura del pilar y luz del arco que resultaba más favorable al vano que al macizo. Es muy posible
que el arco central estuviera singularizado arquitectónicamente, puede que también decorativamente, al tener mayor luz que los demás y ser el inicio de una entrada fundamental,
que ponía en comunicación directa el exterior y el centro de la orchestra [Figura 3]. Esta entrada es poco común en otros teatros,
que se bastaban con los tradicionales aditus laterales. Traspasada la fachada por cualquiera de sus 29 arcos, nos encontraríamos en el interior de una galería anular que sigue la curva de la cavea [Figura 4]. Es el origen de todos los caminos que llevan a todas las partes del graderío, y a la orchestra. Este espacio, lugar de encuentro entre el abierto y luminoso exterior y los oscuros interiores, estaba cubierto por una alta bóveda anular, y tenía por límite interno otra teoría de arcos, que se corresponde con la de la fachada, y por cuyos vanos se daba acceso a cámaras que en unos casos eran ciegas, en otros contenían escaleras para ascender a la media cavea y, por último, otras eran pasillos descendentes que enlazaban con la galería interior (crypta), dispuesta en la zona media del teatro y concéntrica a la exterior [Figura 5]. Debían de ser significativas desde el punto de vista espacial, las tres rampas que atravesaban de parte a parte el interior del edificio uniendo el exterior con la orchestra, especialmente la central, que partía ambas galerías en dos secciones. Sólo la galería exterior, naturalmente también la que se le superponía como segundo piso, y los aditus laterales estaban alzados en sillería, aunque con toda seguridad sus bóvedas eran de hormigón; obra pétrea que estaría en manifiesto contraste con las paredes y bóvedas de las cámaras, de la crypta y de la vía central que mostraban el hormigón desnudo de la obra. Como ya hemos dejado entrever, conforme se adentra uno en el edificio se va descendiendo, de forma que la galería exterior se encuentra a mayor altura que la central, y ésta, a su vez, más elevada que la orchestra. Esta disposición condiciona necesariamente las pendientes de las pasos trasversales de comunicación, que son descendentes cuando unen las dos galerías, o llegan directamente a la orchestra, horizontales cuando no tienen la pretensión de comunicar dos espacios diferentes, y ascendentes cuando son escaleras que unen el interior del edificio con las praecinctiones, pasillos entre gradas que diferencian las secciones de la cávea. Las cámaras mencionadas se sitúan entre la galería exterior y la interior, tienen una disposición radial, y por ello, aun tendiendo al rectángulo, son algo más anchas en su inicio que en su final; los muros que las separan son los muros radiales, que junto a los otros anulares, constituyen el armazón de todo el teatro y el soporte de gran parte del graderío. Seis de estas cámaras son pasillos que comunican las dos galerías semicirculares. Están distribuidos de forma regular, de manera que cada uno se encuentra abocado a una escalera que arrancaba desde la crypta y desembocaba en la praecinctio. Así pues, para alcanzar directamente una determinada sección de la parte baja del graderío, ima cavea, había que atravesar un determinado arco del porche exterior y la galería, y descender por una rampa hasta la crypta, desde la que partían las escaleras ascendentes de los vomitorios [Figura 5], a cielo abierto, hasta la praecinctio, desde donde se podía ya descender a las gradas que se encontraban por debajo de ella. Las bóvedas de estas cámaras-pasillo eran de medio cañón, pero abocinadas y rampantes, en consonancia con su suelo. También atravesando un arco determinado de la galería exterior se podía acceder a los sectores de la media cavea, mediante las escaleras alojadas en cuatro de las cámaras repartidas a lo largo del porche, abarcando cada una toda la anchura del departamento. El ascenso concluía por encima de la bóveda anular de la crypta, donde se situaba la praecinctio que estaba por encima de las gradas de la media cavea. Lógicamente estas cámaras se cubrían también con bóvedas rampantes que mantenían una inclinación menor que la de la escalera, de forma y manera que la altura del espacio iba disminuyendo a lo largo del ascenso [Figura 6]. Desde estas escaleras, cuando en su ascenso superaran la altura de los trasdoses de las bóvedas de las cámaras contiguas, se debía acceder girando a izquierda o derecha, o en ambos sentidos, al segundo piso de cámaras que se superponían a las inferiores que no alojaban escaleras. En ellas se encontrarían los ramales de escalera de ascenso al piso superior de la galería externa, semejantes pero en sentido contrario a las precedentes. Y desde esta galería alta, posiblemente por escaleras adosadas a la pared interior, se llegaría a la praecinctio superior, que dominaba y daba acceso a las gradas de la summa cavea, la sección más elevada del graderío. Desde esta praecinctio, y con el mismo tipo de escaleras, se alcanzaría, de existir, la porticus in summa gradatione y las gradas de madera que se alojaran en el pórtico. En realidad nada nos ha llegado del segundo y tercer piso del teatro, pero tal como lo hemos descrito parece ser la única forma de entender la circulación de las partes superiores. Los dos arcos del extremo y el central del porche marcaban el inicio de los ejes más señalados del edificio, los aditus. Eran largos corredores que por medio de rampas, descansillos y algún tramo de escalones, unían directamente el exterior con la orchestra. Los laterales [Figura 7] se encontraban en el diámetro de la estructura y discurrían entre paredes de sillería, al contrario que el central [Figura 3], que mostraba el hormigón visto. Los tres se cubrían con bóveda de cañón rampante de hormigón, que concluía antes de alcanzar el espacio abierto de la orchestra, cuando sus trasdoses llegaban a igualar la altura del graderío. Desde ese punto, el resto del camino discurría a cielo abierto, y desde allí la entrada central también tenía sus flancos de sillería. Los tres aditus tenían comunicación con la crypta, el central atravesándola y creando un cruce de vías y un espacio perfectamente definido, manifestado no tanto en las bóvedas, pues el eje axial concluía y volvía a iniciarse mediante arcos abiertos en los muros dejando a la bóveda anular todo el protagonismo, como en el suelo, donde realmente se establece la singularidad del espacio, quedando aquí claro el dominio del aditus; por su pendiente impone la necesidad de un rellano cuadrado, algo más bajo que el piso que en todo su ándito mantiene la crypta, y desde el cual se salvan los desniveles hacia los cuatro lados por medio de escalones. También la progresión de las rampas de los aditus laterales se debía ver interrumpida por rellanos en sus confluencias con la crypta, con mayor altura de suelo, diferencia de niveles que se salvarían con escalones. Podemos imaginar como la luz, gradualmente, era la encargada de definir y articular el espacio interno del teatro, pasando matizada desde el exterior a través del filtro del pórtico, que actúa como un diafragma, hasta las cámaras, y más tenuemente, por un número de vías limitadas, hasta la crypta, iluminada también por los pozos de luz en que se transforman los vomitorios. Los aditus juegan un papel trascendental al ser ejes visuales que ponen en comunicación directa los espacios y luces de la orchestra con los del exterior del edificio. Pero si bien esta percepción es inmediata, queda aminorada en parte porque sus trazados no permiten ver desde el exterior, pongamos como ejemplo el caso del aditus central, más allá del pavimento de la orchestra, quedando oculta por las bóvedas la arquitectura escenográfica del fondo. Ningún elemento tenemos que pueda atribuirse a la decoración de la fachada, que la podemos imaginar como una superposición de órdenes con sus basamentos, columnas, entablamentos, arcos y molduras; tampoco ha quedado nada de la decoración, si es que la tuvo, de la arcuación interior de esta galería, y podemos seguir con esta ausencia aplicada a los arcos de salida de los auditus. Conocemos que en una primera época las cámaras ciegas, por lo menos, tenían un pavimento de piezas de cerámica, pero hoy aún no sabemos si este pavimento fue afectado por la reforma. Poco hemos de decir del graderío, del que sólo nos ha quedado el hormigón escalonado de una parte de la ima cavea. Sabemos que estaba dividido por las praecinctiones en las tres secciones habituales: ima, media y summa cavea. Pero no sabemos en cambio la terminación final de las gradas que, por algunos indicios, hemos llegado a pensar que serían de sillares de alabastro, en los que estarían talladas las escaleras para moverse por cada una de las secciones. Si todo esto resulta convencional, no lo es, y ya lo hemos dicho, el corte central que dividía en dos partes la ima cavea dada la existencia excepcional de un aditus central [Figura 3] |
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