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LA ORCHESTA |
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| A través de los numerosos accesos descritos, los espectadores llegaban a sus asientos desde donde podrían contemplar
ante ellos un recinto luminoso, espacialmente acotado. Cualquiera que fuera el lugar al que dirigieran su mirada, encontrarían un perfecto espacio semicircular, cerrado
por delante por una fachada de alrededor de veinticinco metros de altura, que mayoritariamente estaría construida en alabastro, espléndidamente decorada. De su alzado
nada ha perdurado, si se exceptúan algunas piezas decorativas y escultóricas de las que luego hablaremos. No obstante, si descendían con la vista hacia la orchestra
semicircular, llamaría su atención una sucesión de estructuras concéntricas. En primer lugar una praecinctio, o pasillo, que recorría por el exterior la orchestra,
comunicando la salida de los tres aditus. Este pasillo discurría entre la primera grada y un pretil (balteus) que impedía el paso hacia el centro, salvo
donde desembocaban los aditus. El balteus era ancho, con su base (lo único conservado) formada por sillares de arenisca predominantemente rojizos, y algunos
grises, que con seguridad habían formado parte del balteus original; porque hay que decir que todo lo que ahora estamos describiendo pertenece a la reforma flavia.
El balteus limitaba por el exterior la proedria, amplio arco de losas de caliza gris (de 2,6 m de anchura) dispuestas algo inclinadas hacia el centro, que
constituía el lugar donde se disponían los asientos de los principales de la ciudad y de los visitantes ilustres. El colorido oscuro y la textura de las piedras, tanto
de la proedria como del balteus habían de resaltar más los tonos claros del mármol pulido que pavimentaban el semicírculo interior. La zona interna de la orchestra, pavimentada en mármol, calizas y brechas marmóreas recibía también los asientos de espectadores honorables cuando no era utilizada para el desarrollo de las representaciones teatrales. Este suelo estaba compuesto por placas rectangulares (opus sectile) de diverso tamaño, dispuestas de forma ortogonal en función del lado recto de la orchestra. Apenas puede intuirse el dibujo que podrían formar, ya que lo conservado es escaso y se ciñe casi exclusivamente a los extremos del semicírculo, faltando la zona central y la próxima al escenario. Precisamente era en estos espacios donde este tipo de pavimentos alcanzaba más complejidad en su composición. En el centro de nuestra orchestra parece que se habían colocado las placas más grandes, algunas de las cuales son mármoles como el «giallo antico» (Túnez) de tonalidad amarillenta dorada, el de Carrara (Italia) de color blanco, el de «portasanta» (isla de Quíos, Grecia) de color gris-rosado, el de Afyon (Turquía) de color blanco y violeta y el «broccatello» (Tortosa, España) de color jaspeado violáceo, entre otros, mármoles en general más cotizados que el resto. La calidad de las piezas y la vivacidad de su colorido, además de su ordenada disposición, ofrecerían sin duda un espléndido panorama a esta superficie, la más profunda de todo el teatro. Al fondo de la orchestra se encontraba el muro llamado frons pulpiti, que debería elevarse desde el suelo de aquélla metro y medio aproximadamente. Su parte superior marcaba la altura a la que se encontraba el escenario (pulpitum) y resaltaba el desnivel entre la orchestra y la plataforma de madera que formaba el pulpitum. Ha llegado hasta nosotros completamente arrasado y sólo en algunos puntos quedan leves huellas de salientes rectangulares, que quizá enlazaran con entrantes curvos. Nada de lo hallado en la excavación puede relacionarse con la espléndida decoración con que solían estar dotados estos frontales. A partir del frente del púlpito, la tarima de madera, verdadero escenario, soportaba las idas y venidas de los actores, y los veía salir y entrar por las puertas situadas en el frente escénico (valvae) y en los laterales (versurae). El púlpito era un potente entarimado sustentado por delante en la frons pulpiti, por detrás en la plataforma escénica y en el centro en unos pilares situados en el hyposcaenium (espacio bajo el escenario, o pulpitum). Para descender al interior del hyposcaenium, el entarimado solía presentar trampillas que se utilizaban para llegar a la maquinaria de la tramoya y permitir el funcionamiento de los telones. Del pulpitum nada se ha conservado, lo cual no es de extrañar dado que era de madera, sí en cambio alguno de sus soportes de piedra. |
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