¿Diario de Huesca?
(c 1911)

 

Individuo y conciencia social  
     Pero en las últimas décadas del XIX, como por otra parte parece que suele suceder siempre, la difusión de las ideas y de los autores más influyentes supuso también su adulteración. Por eso el anarquismo pudo combinar la defensa tenaz del individuo con una aguzada conciencia social. Si había entonces un cuerpo ideológico variado y poliédrico por definición era el del anarquismo, donde el polifacético Acín encontró pronto su acomodo ético. Desembocaban ahí el vitalismo e individualismo de entonces -que tanto debían a Nietzsche- a la vez que el legado histórico de las luchas sociales de los últimos tiempos. Con todo, el anarquismo finisecular se hacía capaz de otorgar respaldo ideológico al descontento a la vez que concedía un amplio margen para la búsqueda personal a quien se instalaba en sus parámetros. Hubo así en los años de entresiglos un anarquismo literario y artístico en el que concurrieron escritores como Azorín o julio Camba, que poco más tarde se acomodarían en el conservador ABC.
     El anarquismo que heredan Acín y los de su generación está ya tamizado por el filtro sindicalista de la CNT, nacida entre 1910 y 1911, pero no cabe pensar que el cuerpo de doctrina hubiera cambiado mucho en tan pocos años. Por otra parte, para Acín, como decíamos, no parece que arte y vida fueran asuntos muy distintos. Y si eludía los materiales nobles en sus manufacturas y buscaba formas de vanguardia accesibles a todos, el arte de vivir se impregnaba en su caso de ética y de pedagogía. Y si quiso hacer de su vida una obra de arte no parece que anduviera muy lejos de lograrlo a tenor de los testimonios que han perdurado. ¿Cómo se entiende si no que un conocido y combativo anarcosindicalista fuese apreciado en su Huesca natal lo mismo por obreros y campesinos que por los próceres de la urbe? ¿Cómo se explica que un temprano y ejerciente militante de la CNT, delegado sindical en congresos y órganos de decisión, mantuviera estrecha amistad con el germanófilo «Silvio Kossti» (Manuel Bescós) o con los nada radicales López Allué o Ricardo Compairé, el excepcional fotógrafo y farmacéutico? Así, a través de la mirada de sus coetáneos, tal vez se pueda perfilar algo más la ya bastante definida y reconocida silueta de Ramón Acín. Varios de sus correligionarios y amigos nos han legado testimonios reveladores para este propósito.
     Como otros aragoneses de su hornada, Acín empezó a palpitar políticamente con el impulso del regeneracionismo finisecular y en especial con el halo radical y mítico que desprendía, sobre todo en Aragón, el último Costa. Si D. Joaquín (1846-1911) encauzó su descontento final frente al sistema de la Restauración en un republicanismo-grandilocuente y casi levantisco, Acín y sus jóvenes amigos iniciaban su protesta donde había concluido la del Grande Hombre(1). Poco después de la muerte de Acín en el inicio de la guerra civil, el que fue probablemente su amigo más fiel a lo largo de los años y sin duda uno de los más intensos, Felipe Alaiz, escritor anarquista de Belver de Cinca, evocaba el radicalismo juvenil que habían compartido:
«Ramón Acín con Bel, Samblancat, Maurín y yo formamos en el Altoaragón desde 1915 a 1920 una guerrilla con todas las características de alianza antifascista (...).
Gil Bel, Samblancat y él [Maurín] editaron una revista en Huesca que se titulaba Talión. ¡Ojo por ojo, diente por diente! Ramón Acín y yo estábamos poco quietos. Yo andaba saltando fronteras y Acín también (...).(2)»

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Notas:
  1. Vid. José Dueñas Lorente, Costismo y anarquismo en las letras aragonesas: El grupo de "Talión" (Samblancat, Alaiz, Bel, Maurín), Zaragoza, Publicaciones del rolde de Estudios Aragoneses, 2000, 360 págs.
  2. Felipe Alaiz, Vida y muerte de Ramón Acín, París, Umbral (s.a.), págs. 15-16, 1ª edic. 1937.
   
 

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