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Día tras día. El del maestro. Ramón Acín (Diario de Huesca, 8-II-1916) | ||||||||||||
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lágrimas por ti, maestro, pero nuestras lágrimas son de cocodrilo. Nacen de
nuestras órbitas de ciego y asoman por nuestros lagrimales de plañidera y se
deslizan por junto a la nariz y las mejillas y dan un brinco en nuestro
belfo sin acariciar nuestro corazón y se evaporan antes de llegar a nuestros
zapatos, sin besar la tierra, vuestra tumba, maestro Costa. Lágrimas son éstas en tu muerte, de la misma traza que fueron nuestros cantos en vida tuya. Los fabricaban nuestros pobres sesos y los disparaba nuestra gastada laringe, sin que antes las tamizase el corazón. Lágrimas de cocodrilo son las nuestras que habrían de afligirte si otras más humanas y mejor nacidas no te llorasen. Son las aguas del Esera que, junto a tu celda de Graus, entonaban su cantinela plena de salud. Son las aguas del Gallego que llevan en su verdor el color de los cebadíos en Mayo y en sus tonos amarillentos el tinte de los trigales segaderos. Son las aguas del Canal Imperial que trazó Pignatelli con la contera de su bastón, milagroso como la vara de Moisés. Son las aguas del Ebro las que te lloran; ese Ebro que tú decías tenía delta como el Nilo, era glorioso como el Tíber, como el Támesis navegable; ese Ebro con reflejos de bien templado acero que fue antemural de las invasiones del septentrión, que detuvo a las huestes de Cario Magno y a los . ejércitos de Napoleón. Son esos ríos, son todos los ríos, maestro, los que te lloran; esos ríos alegres que asoman su sonrisa en los frutos de los ganados, como una fresca boca luciendo dientes de rubí. Esos ríos que son cantores y pulsan por arpas los viejos pinares. Esos ríos que son pródigos y nos dan a brazados el fruto divino de los trigos, fruto de nieve encerrado en molde de oro. Esos ríos amables que muestran sus lágrimas en el fruto dulce de los parrales. ¿Qué te importarían, maestro, nuestras lágrimas de cocodrilo, sí te lloran sinceros esos ríos, más humanos que nosotros, que tienden sus brazos con amor por las tierras pobres a la diestra y siniestra de sus cauces? ¿Qué te importarían, maestro, nuestras lágrimas que nacen junto a la nariz y cerca de nuestros pobres sesos, y asoman a falta de lagrimales de macho en nuestros lagrimales de plañidera? ¿Qué valen nuestras lágrimas junto a las de los ríos que nacen de unos copos de nieve, albos, albos y puros como Espíritus Santos que fueron posándose en la cima de unos picachos altos? |
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