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ESPAÑA Y LA GRAN GUERRA
 

 
 

LA NEUTRALIDAD

LA REFORMA MILITAR

TRABAJO POR LA VICTORIA

LA INTELECTUALIDAD DEL 14

TEXTOS

BIBLIOGRAFIA
 
 

LA REFORMA MILITAR QUE NUNCA EXISTIO: ASIGNATURA PENDIENTE

 
 

TABLAS

JEFES Y OFICIALES DE LA ESCALA ACTIVA Y PROPORCION CON LOS CORONELES

    La transformación suscitada por la guerra del 14 fue la eterna asignatura pendiente del estado. El liberalismo en el poder jamás se consideró bastante fuerte para emprenderla. Desde 1917, en que la necesidad de cambios era mayor, se inició un retroceso general. Y lo mismo ocurrió con la posibilidad de reformar el ejército. La última, y ya imposible, oportunidad la tuvo el gobierno García Prieto (7-XII-1922), con Romanones, en Gracia y Justicia, y Alcalá Zamora en Guerra. Pero el gabinete adoptó una política vacilante e incapaz ya de reformar nada; Alcalá Zamora dimitió y ocupó el cargo el general Aizpuru.
     Primo de Rivera fue también un reformista a su modo. Obviamente enfrentado a las ideas de reformismo político en el ejército, deseó llevar acabo la reforma técnica atascada desde siempre. En el ejército se notaba su necesidad. En 1926 escribía el coronel Franco: La reorganización de nuestro ejército y el perfeccionamiento de sus cuadros ha llegado a ser un imperativo de los tiempos presentes (Reformas necesarias, en Revista de tropas coloniales, noviembre, 1926). Pero la dictadura no podía hacerla sin malquistarse con el ejército. Como la clave estaba en la reducción del cuerpo de oficiales, estudió dos proyectos, que no osó poner en práctica. Igualó el sistema de ascensos en todos los cuerpos, lo que enfrentó a los artilleros, y poco más.
     El impacto provocado por la guerra del 14 quedó congelado. Aún en 1930 el comandante Vicente Montojo planeaba en Ejército moderno una reforma técnica inspirada en la Gran Guerra y propugnaba la organización del servicio de información, la defensa antiaérea, la guerra química y las unidades de tanques, que aquélla había producido y no existían en España.
     Cuando cayó la monarquía, Manuel Azaña formaba parte del Comité Republicano. Por sus antiguas aficiones a lo castrense, en 1918 fue designado ministro de la Guerra. Entonces puso en marcha sus proyectos de trece años antes. Las viejas ideas liberales, activadas al reflujo de la Gran Guerra, alumbraron la reforma militar de la Segunda República.
     La reforma de Azaña fue ingenua, tímida y vivió poco. Socavada en 1934 por Diego Hidalgo y en 1935 por Gil Robles, murió en 1936. Otra vez, el viejo reformismo quedó en nada.
 
     

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