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La Corona española hizo un gran esfuerzo humanitario para paliar los desastres de la Gran Guerra. En la ilustración, la reina Victoria Eugenia, presidenta de la Cruz Roja e iniciadora de
varias cuestaciones en favor de los heridos en la contienda (dibujo de Gamonal) |
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Para proteger y fijar el nivel de
comercio, los gobiernos anglosajones y francés habían establecido en París
una comisión interaliada de compras en España (noviembre de 1917).
Amén de los torpedeamientos, la falta de medios de transporte era la
preocupación principal de los beligerantes: la red de comunicaciones
estaba poco desarrollada en la zona pirenaica. En los años veinte se
terminarán muchas carreteras y los ferrocarriles pirenaicos.
Mediante visitas, conferencias, distribuciones de
folletos y libros, los aliados intentaron contrarrestar la influencia
alemana, encaminada a desviar a los españoles de la aceptación de ayudar a
los aliados. Las guerras de las filias enseña superficialmente que
los medios puestos al servicio de los aparatos de propaganda fueron
importantes. Pese a su derrota en 1918, Alemania no perdió simpatías en
España, tanto más cuanto Francia, al finalizar la guerra, se mostró dura
frente a la pretensión diplomática hispana de incluir a Tánger en su zona
de protectorado y cambiar el régimen comercial del modus vivendi.
Además, la agitación autonomista en Cataluña despertó el interés de
círculos franceses en los años 1919-1923. Sin olvidar que el viaje de
Romanones a Paría - oficialmente para ver a Wilson - fue un fracaso y que
Francia, con sus aliados, rechazó la presencia de los países neutrales en
la mesa de la Conferencia de la Paz (España fue, sin embargo, uno de los
miembros fundadores de la Sociedad de Naciones).
Romanones, presidente del Consejo, en un discurso en
las Cortes el 21 de enero de 1919, consideró el periodo de neutralidad
como un paréntesis en la política exterior del país; éste debía proseguir
el camino de colaboración con Francia e Inglaterra iniciado en 1900 (con
la firma del convenio acerca de los territorios de Africa occidental). Los
disgustos en Marruecos (Anual en 1921, estatuto internacional de Tánger en
1923) forzaron la inevitable alianza militar con los franceses. Eso no
oculta el carácter profundamente imperialista del expansionismo francés
que, sin embargo, había perdido muchos intereses económicos en España,
sacrificados en gran parte al reembolso de la deuda contraída durante la
Primera Guerra Mundial.
Pese a las manifestaciones de amistosa vecindad
celebradas en 1919 (Semana Española en París, en mayo y visita del rey a
París y Verdún, en octubre) y 1920 (Semana Francesa en Madrid), Francia
quería seguir manejando a España, y los militares hispanos se agotaban en
el infierno rifeño. El homenaje del pueblo francés a la actitud
humanitaria de Alfonso XIII no logró erradicar la serie de prejuicios
mutuos que los asuntos marroquíes y comerciales alimentaban sobradamente.
El juicio del embajador Fernando León y Castillo, en
1916, pone de relieve los elementos de desconfianza frente a Francia, que
parecía querer una España sometida en vez de una España amiga. Sin
embargo, no puede ocultarse la importancia - provisional, pero excepcional
- que Francia otorgó a España en aquel período. Con la exigencia de la no
complacencia y las más amplia documentación posible, el historiador debe
reconocer mérito a estas actitudes interesadas, sin duda, que dieron tan
felices resultados. |
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