LA INSTITUCION LIBRE DE ENSEÑANZA

 

II.- LA ESCUELA DE LA INSTITUCION

INTRODUCCION

DEFENSA DE LA LIBERTAD

LA INSTITUCION SE AFIANZA

POLARIZAR INQUIETUDES

LA REPUBLICA

 

 

 

 

 

Gurmersindo de Azcárate

 

     Giner y la I.L.E. saben polarizar, a finales del XIX y principios del XX, un haz de inquietudes que el país está viviendo con particular angustia. La sombra del desastre, como así se llamo a la pérdida definitiva de las colonias de Ultramar, planeaba hacía tiempo sobre la sociedad española. Y también la convicción de que su causa estribaba en la falta de preparación intelectual, técnica y científica, e incluso, aunque ésta no abiertamente confesada, en la falta de preparación moral. Así no es extraño la atracción que ejerce Giner sobre sus coetáneos.
     Joaquín Costa alza su voz tonante con el programa Escuela y Despensa, exigiendo para ello la figura del Cirujano de Hierro. Pero para quien las posibles soluciones no pasan por métodos más o menos autoritarios, no queda sino seguir trabajando en pos de aquel ideal que, si bien se mira, no ha cambiado tanto desde los tiempos de Sanz del Río y que, por supuesto, trasciende lo puramente pedagógico.
     Esta etapa, que podríamos llamar de labor personal de los institucionistas, puede darse por finalizada alrededor de 1907. Los trabajos individuales o en grupos pequeños se han revelado tremendamente costosos, agotando las fuerzas y energías de quienes los realizaban. En el año 1907, el Ministerio de Instrucción Pública -otro logro de Giner, el Ministerio específico- aprueba la Junta de Ampliación de Estudios, nombrando secretario a José Castillejo. Esta Junta, con una serie de instituciones anejas, merece capítulo aparte por la importancia que alcanza en el desarrollo de la vida intelectual de nuestro país. A partir de este momento la acción externa de la I.L.E. se canalizará a través de la Junta: la Residencia de Estudiantes, el Centro de Estudios Históricos, el Instituto Escuela, etcétera, serán logros y realizaciones que trascenderán, con mucho, el ámbito de la acción institucionista, para convertirse en algo propio de toda la sociedad española.
     También por estos años se da un cambio en la mentalidad de los hombres más allegados a lo que, ya en términos muy amplios, y como mero punto de referencia, seguimos llamando krausismo. Se trata de la pretensión del cambio del «alma popular», que va apareciendo ante sus ojos como más y más idealista. Cuando en 1915 muere Giner y en 1917 Azcárate, desaparece con ellos el vestigio de esta idea. A cambio se hace cada vez más patente la necesidad de un cambio de gobierno que posibilite el cambio social.
     Cuando en 1897 Salmerón disuelve su partido en busca de la reunificación de los distintos partidos republicanos, surgen dos corrientes: la radical de Lerroux y la reformista de Melquiades Alvarez. El grupo krausista, antes unido por Salmerón, se divide entre estas dos opciones. Pero ahora, ya comenzado el siglo XX, miembros cualificados del grupo institucionista van a dirigirse, primero lentamente y después con mayor rapidez, hacia la corriente de pensamiento socialista, hacia el P.S.O.E., modificando la inspiración profundamente liberal que inspiró siempre a los hombres de la Institución. Julián Besteiro y Fernando de los Ríos son los principales representantes de este nuevo rumbo.
     La Liga para la Educación Política Española, que nace como sección del Partido Reformista en 1913, si no tiene nada que ver estructuralmente con la I.L.E. recoge, sin embargo, todo el pedagogismo que se desprende de sus intenciones y filosofía. La Liga, formada por la práctica totalidad de los intelectuales liberales de la época: Azcárate, Ortega, Azaña, Fernando de los Ríos, García Morente, Pablo de Azcárate, Américo Castro, Pérez Galdós, Melquiades Alvarez, etcétera, es el último intento colectivo de regeneración del país a través de la educación.
     El fracaso en la consecución de la meta propuesta es lo que inclina a algunos de sus miembros a la renovación de las estructuras de poder, sobre todo las económicas, y a entrar en el P.S.O.E. De hecho, y durante muchos años, la doctrina socialista de estos intelectuales será objeto de recelo por parte de las bases del P.S.O.E., por la evidencia de los esquemas y programas que éstos arrastran de la Liga.
     Cuando el 13 de septiembre de 1923 el general Primo de Rivera anuncia su golpe de Estado, comienza una nueva fase de represión para los intelectuales españoles: Unamuno es desterrado a Fuerteventura y clausurado el Ateneo de Madrid. Renuncian a sus cátedras Fernando de los Ríos, Ortega y Gasset, Jiménez Asúa, García Valdecasas y Sánchez Román. Parece comenzar de nuevo la historia.
     Mientras tanto, la I.L.E. ha seguido su curso sereno de colegio de primera y segunda enseñanza. Desde la muerte de Giner, incluso, ha ganado en tranquilidad. Giner era el «maestro» de toda una generación. Manuel Bartolomé Cossío, su sucesor en la dirección de la I.L.E., es el amigo y compañero. Por ello el trasiego es mucho menor.
 
     

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