Por Ernest Abadal, profesor de la Facultad de Biblioteconomía i Documentación de la UB (EL PERIÓDICO, 02/07/06):
Como en el caso de otras polémicas culturales, el grito de alarma fue lanzado por los franceses. En enero del 2005, Jean-Noël Jeanneney publicaba en Le Monde un combativo artículo titulado Quand Google défie l’Europe. ¿Qué ocurría? ¿Cómo podía una empresa privada desafiar a todo un continente? En el artículo se alertaba de los peligros de una iniciativa de Google de digitalización de libros que podía suponer un atentado contra la diversidad cultural.
Se trataba, en concreto, de Google Books, un proyecto presentado en agosto del 2004 como un servicio que facilitaría el acceso al texto completo de unos 15 millones de libros digitalizados procedentes, básicamente, de bibliotecas norteamericanas y britá- nicas.
Esta iniciativa suponía que, en un plazo de tiempo no muy largo, se contaría con un voluminoso depósito cultural utilizado por usuarios de todo el mundo, en el que el inglés sería el idioma mayoritario y la cultura anglosajona, la predominante. Esto comportaría, por lo tanto, un desequilibrio cultural notable y una pérdida de presencia del patrimonio cultural y de las lenguas del viejo continente.
En estos momentos, GoogleBooks es consultable y permite acceder de forma simple y transparente al contenido de miles de libros, es decir, que puede escribirse cualquier palabra y el sistema nos muestra todos los libros que la contienen. Los documentos que son de dominio público pueden verse en su totalidad y, por otro lado, sólo se muestran fragmentos de los que todavía se encuentran bajo explotación comercial. Como es sabido, Google llegó a acuerdos posteriores con varios grupos editoriales que se quejaron de que el proyecto, en algunos casos, vulneraba los derechos de autor, por lo que limitó el acceso al contenido del texto completo, añadiendo un enlace hacia la propia editorial u otras librerías virtuales por si el usuario quería adquirir el libro.
CON EL FIN de contrarrestar el proyecto de Google y hacer que los contenidos culturales europeos estén presentes en la web y sean accesibles a usuarios de todo el mundo nació, en marzo del 2005, la Biblioteca Digital Europea (European Digital Library). Se trata de una iniciativa promovida por la Comisión Europea y de la que algunos países, como es el caso de Francia, hacen una lectura más política, ya que entienden el proyecto, además, como la defensa y la afirmación de la identidad europea frente a la hegemonía cultural angloamericana.
En la actualidad, el portal ya es consultable y cuenta con unos primeros fondos digitalizados de varios países, entre los que destaca la colección Gallica (Biblioteca Nacional de Francia). La previsión es contar, en el 2010, con unos seis millones de libros. España va a colaborar por medio de la Biblioteca Nacional, que coordina varias iniciativas españolas entre las que cabe destacar la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, promovida por la Universitad de Alicante, y que quiere recoger las obras más destacadas de la tradición literaria española, en sentido amplio.
Como vemos, en el trasfondo del impulso a la Biblioteca Digital Europea está el eterno debate sobre qué medidas deben tomarse para preservar la diversidad cultural que ya se ha hecho presente en otros ámbitos, como los medios de comunicación, el cine o la televisión.
Como es sabido, hay algunos gobiernos que, para defender este principio, han adoptado medidas –ya sea estableciendo cuotas de pantalla para la exhibición de cine europeo o sufragando proyectos como el de la BDE– para potenciar la producción cultural propia frente a productos extranjeros con un soporte comercial muy potente a sus espaldas. Pero estas situaciones a veces han sido denunciadas por otros países como proteccionistas y obstaculizadores del libre comercio, pese a que de momento no ha sido el caso de la BDE.
Como conclusión, hay que destacar que GoogleBooks ha tenido el acierto de desencadenar la reacción de los poderes públicos, despertar su interés por este ámbito y llevarlos a invertir en él los recursos necesarios. Hay que tener en cuenta que se trata de proyectos para los que se debe contar con considerables aportaciones econó- micas, ya que hay que sufragar los costosos procesos de digitalización de los libros impresos y también de reconocimiento óptico de los caracteres que contienen, algo que no ocurre cuando se quiere facilitar el acceso a la información que ya nace en formato digital (las páginas web, por ejemplo).
Así es que, dejando a un lado polémicas culturales y si las motivaciones de su nacimiento son políticas o económicas, lo cierto es que tanto Google Books como la Biblioteca Digital Europea son dos iniciativas del máximo interés que ayudarán a preservar el patrimonio documental de la humanidad y que, además, lo pondrán al alcance del público interesado de forma libre y gratuita.
