nov 06 28

El vínculo entre Europa y Norteamérica, al servicio de la paz / Europe must shoulder its share of the Nato burden

Por Jacques Chirac, presidente de la República francesa. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 28/11/06 – THE GUARDIAN, 28/11/06):

La paz no puede nunca considerarse garantizada, y la primera responsabilidad de todo Gobierno es la seguridad. Ésa es la razón por la que Francia quiere contribuir a una organización política internacional destinada a conjurar los peligros. Quiere contribuir al ejercicio de una responsabilidad compartida dentro de unas instituciones internacionales fuertes, legítimas y aceptadas, especialmente a través de la reforma de la ONU y del Consejo de Seguridad. Trabaja en favor de una globalización controlada que esté al servicio del hombre, en armonía, justicia y solidaridad. Colabora en la construcción de una Europa política capaz de asumir sus responsabilidades internacionales al servicio de la paz.

La Alianza Atlántica ocupa un lugar central en este proyecto. Por eso, en la cumbre de la OTAN que comienza hoy en Riga, reafirmaré la importancia del papel de la Alianza Atlántica como organización militar, garante de la seguridad colectiva de los aliados y lugar en el que los europeos y los norteamericanos pueden conjugar sus esfuerzos al servicio de la paz.

La amenaza de guerra generalizada en Europa ha desaparecido, y la OTAN ha vivido una profunda renovación y adaptación. Se ha abierto a las nuevas democracias. Está construyendo una relación de confianza con Rusia, que debemos consolidar sin cesar, porque preservar la paz en el continente europeo consiste, ante todo, en evitar nuevas líneas de fractura. Con ese mismo ánimo tratamos de construir una relación de socios entre la OTAN y Ucrania, y deseamos que la Alianza acepte, cuando estén listos, a los Estados candidatos de los Balcanes occidentales.

Como vivimos en una época llena de promesas, algunos creen que ha llegado el momento de recoger los dividendos de la paz. A mi juicio, eso sería un grave error. Bajar la guardia equivaldría a olvidar las amenazas del terrorismo, los nacionalismos agresivos y la voluntad de algunos Estados de llevar a cabo políticas de fuerza, en violación de sus compromisos internacionales. Hoy, como ayer, necesitamos una Alianza fuerte, solidaria y adaptada.

La primera exigencia de la Alianza es la credibilidad de su herramienta militar. De ahí la transformación que hemos iniciado para adquirir más eficacia y más capacidad de reacción. En Riga se declarará plenamente operativa la Fuerza de Reacción de la OTAN. De ese modo, la Alianza dispondrá de un instrumento multinacional sin precedentes.

Es preciso que cada Estado miembro contribuya con unos esfuerzos de defensa apropiados. Los europeos llevan demasiado tiempo apoyándose en sus aliados estadounidenses. Deben asumir su parte de la carga y aprobar un esfuerzo nacional de defensa que esté a la altura de sus ambiciones para la Alianza Atlántica, pero también para la Unión Europea. Es una señal de la solidaridad entre las dos orillas del Atlántico. Es lo que hace Francia, uno de los primeros contribuyentes a la Alianza, a través de su Ley de Programación Militar, que persigue la modernización permanente de la Fuerza Estratégica -en un espíritu de estricta autosuficiencia-, y el equipamiento, la capacidad de reacción y la de despliegue de sus fuerzas convencionales.

Lo mismo ocurre con operaciones en beneficio de la paz y la seguridad internacionales. Me refiero, ante todo, a Afganistán. Francia está presente allí desde 2001 y tiene a su cargo la región de Kabul. Para crear allí unas condiciones de éxito es preciso que inscribamos nuestras acciones en el contexto de una estrategia global, un proceso político y económico reafirmado. Es necesaria la creación de un Grupo de Contacto que agrupe a los países de la región, los principales países involucrados y las organizaciones internacionales -como existe ya en Kosovo- para dotar a nuestras fuerzas de los medios necesarios para triunfar en su misión de apoyo a las autoridades afganas y volver a centrar a la Alianza en la dirección de las operaciones militares.

Este diálogo ampliado y estas consultas no deben apartarnos de la misión central de la Alianza. Debe seguir siendo un diálogo caso por caso y centrado en situaciones que puedan necesitar la intervención militar de la Alianza y sus socios. El único foro político con vocación universal debe ser Naciones Unidas.

Adaptar la Alianza es también tener en cuenta la nueva realidad de la Unión Europea, la mayoría de cuyos miembros pertenece también a la OTAN. La Europa de la defensa ha avanzado más desde la cumbre de Saint Malo que en los últimos 50 años. Me satisfacen hechos como que los europeos estén colaborando para tener equipos comunes, como el A 400 M y el helicóptero Tigre, o que estemos trabajando con el Reino Unido en un proyecto de portaaviones común. Se perfilan avances en el aprovechamiento mutuo de nuestros medios, sobre todo en el transporte estratégico y la formación de oficiales. Debemos pensar ya en asignar una dimensión permanente a nuestros instrumentos colectivos de mando y dirección de las operaciones, con el Centro de Operaciones creado dentro de la Unión Europea.

Esta evolución es necesaria, porque el compromiso de la Unión Europea al servicio de la paz va a ser cada vez más intenso. Una Europa de la defensa más fuerte, más eficaz y más segura de sus medios refuerza la capacidad de la Alianza en su conjunto y contribuye al equilibrio del mundo. Entre ella y la OTAN se establece una complementariedad que beneficia a ambas. En los casos en los que Europa está en mejor situación para intervenir -por motivos geográficos, históricos, o por el carácter de la intervención-, la Unión asume, como es debido, su parte de responsabilidad.

Por ejemplo, a la Unión Europea le corresponde desempeñar un papel de dirección en los Balcanes occidentales, a los que se ha ofrecido una perspectiva de integración. La Unión ha relevado a la Alianza en ARYM y Bosnia-Herzegovina, y se dispone a enviar a Kosovo una misión de policía en un periodo crítico en el que se juega el futuro de la provincia. En Líbano son los europeos los que forman -a petición de la comunidad internacional- el esqueleto de la nueva FINUL, cuya credibilidad es esencial para prevenir una nueva escalada de la violencia.

Esta evolución exige un diálogo político y estratégico más intenso entre Estados Unidos y la Unión Europea que suponga la continuidad de la cumbre de febrero de 2005 en Bruselas. Supone también, sin duda, un fortalecimiento de las relaciones entre la OTAN y la UE. Francia está dispuesta, desde luego, pero desea que la voz de la Unión se haga oír dentro de la Alianza. Lo cual quiere decir especialmente la posibilidad de que sus miembros establezcan dentro de ella una forma específica de concertación.

Esta evolución contribuirá a una Alianza cada vez más fuerte y solidaria, en la que los aliados norteamericanos y europeos puedan definir objetivos en común y seguir trabajando juntos por la paz y la seguridad internacionales, con arreglo a los principios y objetivos de la Carta de Naciones Unidas.

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Peace can never be taken for granted, and the first responsibility of any government is security. That is why France wishes to contribute to a political structuring of the world that averts perils. It wishes to help in the exercise of shared responsibility within the framework of strong, legitimate and accepted international institutions, particularly through reforms of the UN and the security council. It is working to build a political Europe capable of meeting its international responsibilities in the service of peace.

The Atlantic alliance has a central place in this project. For 10 years France has been involved in the effort to adapt it to the new realities while preserving its original mission. That is why, at tomorrow’s summit in Riga, I shall reaffirm the pre-eminent role of Nato, a military organisation, guarantor of the collective security of the allies, and a forum where Europeans and Americans can combine their efforts to further peace.

The threat of generalised war in Europe has disappeared; Nato has been profoundly adapted and enlarged to include the new democracies. It is building a trusting relationship with Russia, one we must constantly strengthen because preserving peace means first avoiding the creation of new fault lines. In this same spirit, we want a partnership between Nato and Ukraine, and we hope that Nato will welcome candidate states from the western Balkans once they are ready.

Lowering our guard would be to ignore the threats of terrorism, aggressive nationalism and certain states’ desires to engage in power politics in violation of their international commitments. Now, as in the past, we need a strong, mutually supportive and adapted alliance.

The first imperative of Nato is the credibility of its military assets.

The Europeans have relied on their American allies for too long. They have to shoulder their share of the burden by making a national defence effort commensurate with their ambitions for Nato and also for the EU. This is a mark of the solidarity which links the two sides of the Atlantic. This is what France, one of the leading contributors to the alliance, is doing through its Military Estimates Act. The aim is to ensure the ongoing modernisation of its strategic force – in compliance with the principle of strict sufficiency – as well as the equipment, rapid-response capability and deployability of French conventional forces.

Adapting the alliance also means enabling it to work smoothly and on an equal footing with other international organisations whose mission, sphere of competence and means are clearly established, without needless duplication.

Adapting means providing a political framework. France welcomes in this regard the adoption of a global political directive which sets out the transformation for the next 10 to 15 years.

The same goes for operations the alliance is engaged in to further international peace and security. In Afghanistan, France has been present since 2001 and currently commands the Kabul region. To bring about the conditions for success, we must act in the framework of a comprehensive strategy, a reaffirmed political and economic process. The establishment of a contact group encompassing countries in the region, the principal countries involved and international organisations along the lines of what exists in Kosovo is, I think, necessary to give our forces the means to succeed in their mission in support of the Afghan authorities, and refocus the alliance on military operations.

Adapting means strengthening Nato’s capacity for joint action with other powers. But these expanded consultations in individual situations must not distract us from Nato’s central mission. Such dialogue must remain focused on situations that may require military intervention by the alliance and its partners. The UN must remain the sole political forum with universal authority.

Adapting, lastly, means taking into account the new reality of the EU, most of whose members also belong to Nato. European defence has made greater progress since the St Malo summit than in the past 50 years. I am pleased that the Europeans are beginning to go for joint equipment such as the A400M and Tiger attack helicopter and that we are working with Britain on a joint aircraft-carrier project. There is progress in the pooling of our assets, particularly strategic transport and officer training. We must now think of giving a permanent dimension to our collective command and operations instruments through the Operations Centre set up in the EU.

This development is necessary because the EU’s involvement in peace support is growing. A stronger European defence, more effective and more certain of its assets, enhances alliance capability as a whole and contributes to global equilibrium. We are seeing European defence and Nato complementing each other to the benefit of both. Where Europe is better placed to act for geographical or historical reasons, or because of the nature of the action, the EU is taking on its share of the responsibilities as it should.

It is right that the EU should play a major role in the western Balkans, to which it has offered the prospect of membership. The EU also took over from Nato in the Former Yugoslav Republic of Macedonia and Bosnia-Herzegovina. In Kosovo, it is preparing – as an initial step – to send a police mission that will constitute a key component in the international presence at a critical period, when the future of the province is at stake. In Lebanon, the Europeans, at the UN’s request, are the backbone of the new Unifil.

This development calls for a more substantive political and strategic dialogue between the US and the EU following on from the February 2005 Brussels summit. It probably also implies closer relations between Nato and the EU. France is naturally ready for this but wishes the EU’s voice to be heard within the alliance. That implies in particular the possibility of EU members consulting between themselves within the alliance. Such a development will contribute to an ever-stronger and mutually supportive alliance in which North American and European allies will be able to formulate their objectives together and continue to work, side by side, for international peace and security in accordance with the principles and objectives of the UN charter.

 

España/Aspectos Generales :: Internacional/ONU - OTAN Imprimir Versión PDF