mar 06 06

El discurso del pasado

Por Javier Pérez Royo. Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla (EL PERIÓDICO, 06/03/06):

No había espacio para la sorpresa. El contenido y el tono de la convención del PP celebrada este fin de semana en Madrid estaban predeterminados. Una vez finalizados los trabajos de la Comisión de Investigación del 11-M, el presidente del PP, que había estado al margen de los mismos, ya que no era miembro del Gobierno en el momento en que el atentado se produjo, podía haber intentado rectificar el discurso político del primer año de la legislatura. Mariano Rajoy podía haber argumentado que, mientras estuviera abierta la comisión, el PP no podía tener otro discurso que el de José María Aznar, Ángel Acebes y Eduardo Zaplana, ya que eran los tres dirigentes del partido implicados directamente en la gestión del 11-M, cuya conducta estaba siendo analizada por la comisión. En consecuencia, el partido no podía, no ya abandonarlos, sino ni siquiera distanciarse de ellos en un momento como ése, pero, una vez cerrada la comisión de Investigación, había llegado el momento de olvidarse del pasado y pensar en el presente y el futuro, lo que exigía construir un discurso diferente.
Pero o bien no quiso, o no pudo, o no supo cómo hacerlo. El caso es que dejó pasar esa oportunidad de cambiar el rumbo y de imprimir un sello propio a la tarea de oposición. El curso de los acontecimientos desde entonces ha conducido a que sea cada vez más prisionero de ese discurso del pasado, del discurso de Aznar, que no le deja margen de maniobra en la forma de orientar el trabajo de oposición al Gobierno.
Hemos tenido ocasión de comprobarlo en múltiples ocasiones a lo largo del último año. La tarea de oposición entendida como una guerra sin cuartel permanente, en la que no se podía descansar ni de día ni de noche, como la definió expresamente Aznar en el mitin que cerró el homenaje que su partido le tributó tras la derrota del 14-M, ha llevado al PP a meterse en todos los charcos, saliendo a la calle del brazo de quien hiciera falta a propósito de lo que fuera: la ley que posibilitaba el matrimonio homosexual, la ley de educación, los papeles de Salamanca, la repulsa de la política antiterrorista del Gobierno por la AVT. No ha habido acto de agitación en el que el PP no haya estado presente, aunque eso le condujera a quedarse cada vez más solo. ¡Hasta la FERE lo llegó a pasar por la izquierda en el debate sobre la ley de educación!
Esta manera de hacer oposición se ha llevado hasta el límite tras la aprobación por el Parlament de Catalunya de la proposición de ley de reforma del Estatut, y la vuelta de tuerca adicional que la dirección del PP le ha dado a la política antiterrorista como terreno en el que hacer oposición.

Y DIGO hasta el límite porque dentro de los límites del régimen constitucional no se puede ir más allá de hasta donde ha ido el PP. Un paso más es hacer suyo el discurso del general Mena Aguado en la Pascua Militar del 2006 y solicitar, en consecuencia, la intervención directa de las Fuerzas Armadas. Políticamente, no se puede ir más allá del discurso de la incompatibilidad del Estatut con la unidad de España, que es el que puso en circulación el PP desde el día siguiente a la aprobación de la reforma por el Parlament. Políticamente, tampoco se puede ir más allá de la acusación al Gobierno de que está “traicionando a las víctimas del terrorismo”, que se “ha arrodillado y está mendigando una tregua” de ETA, que “está más próximo de ETA y BATASUNA que de las víctimas”. Las citas son puramente ejemplificativas.
Quiero decir que, una vez que un partido se identifica ante los ciudadanos mediante un discurso como éste, sin matices y bombardeado por tierra, mar y aire, su capacidad de rectificación desaparece. En política las palabras comprometen más que la conducta. Se puede rectificar la conducta, pero, a partir de un determinado momento, no se puede cambiar de discurso, porque la propia credibilidad está ligada al discurso mismo. El PP no podía rectificar antes de la convención en lo relativo a su política sobre la estructura del Estado o en su política antiterrorista. Con tonos distintos es lo que han venido a reconocer José María Aznar en su discurso de inauguración y Mariano Rajoy en su discurso de clausura.

PERO LO grave no es que no haya podido rectificar antes de la convención. Lo grave es que ya no puede hacerlo en lo que queda de legislatura. El PP se ha condenado a sí mismo a ir a las próximas elecciones con un programa centrado en la estructura del Estado y en la política antiterrorista, tal como habían sido definidas por el Gobierno anterior. Cualquier otro mensaje sobre cualquier otro tema no va a llegar a la ciudadanía, como ha ocurrido con la convención, de la que únicamente sabemos la posición del PP en torno a estos dos asuntos.
La propuesta no puede ser más arriesgada. Si el Estatuto de Autonomía de Catalunya es aprobado y se incorpora al bloque de la constitucionalidad, ¿qué es lo que va a decir el PP en su programa electoral? El PP se lo juega todo a que el Estatut descarrile y no sea aprobado. ¿Y si no es así?
Lo mismo le ocurre en política antiterrorista, en la que se queda en manos de ETA. El Gobierno tiene un límite para su política en este terreno, que es la resolución del Congreso de los Diputados sobre el abandono definitivo y verificado de las armas por parte de la organización terrorista, límite con el que está de acuerdo casi el 80% de la sociedad española y del que, en consecuencia, el Gobierno no puede moverse. ¿Qué margen le queda al PP en un programa electoral?
El discurso del pasado se ha convertido en la política de futuro del PP. Está en su derecho de hacerlo. Pero…

España/Aspectos Generales , Imprimir Versión PDF