Mar 06 06

Estados Unidos se acerca a la India

Por Marco Vicenzino, analista de diversos diarios internacionales y director del Proyecto de Estrategia Global (EL MUNDO, 06/03/06):

En los últimos años, han pasado por la India la mayor parte de los principales jefes de Gobierno y los directivos de las grandes multinacionales, así como un gran número de delegaciones de alto nivel del sector público y el privado. Es obvio que esto constituye el reconocimiento del papel que está empezando a adquirir la India como protagonista político. La nueva amistad EEUU-India quedó sellada en julio de 2005 con el viaje histórico del primer ministro Singh a Washington. Para el presidente Bush, que goza en la India de una popularidad bastante significativa, la devolución de la visita supone una consolidación de los vínculos existentes en un momento en el que en casa se le acumulan los problemas.

La India es el segundo país más habitado del mundo, después de China, y el hogar del segundo mayor contingente de musulmanes. Ha reducido a la mitad la tasa de pobreza desde que en 1947 se independizó del Reino Unido y en los próximos años se prevé que su crecimiento económico se mueva entre el 7% y el 10% anual.Teniendo en cuenta su inmenso tamaño y la compleja diversidad que le proporciona el ser la democracia más populosa del mundo, la relativa estabilidad de la India y el vigor de su sociedad civil continúan resultando un logro monumental. Su población es hindú en más de un 80% y, sin embargo, su presidente es musulmán, su primer ministro, sij y el jefe de la coalición gobernante, italiano de nacimiento. A pesar de todo, no ha desaparecido el sectarismo y sigue acechando la posibilidad de retornos puntuales de la violencia, como quedó demostrado a comienzos de 2002 en la masacre de Gujarat, una espiral de represalias que se llevó la vida de 2.000 personas, muchas de ellas mujeres y niños.

Ahora que el siglo XXI está trasladando a Asia el centro de gravedad geopolítico, la India descubre que se halla en una posición estratégica en el corazón del sur del continente, donde se cruzan el Extremo Oriente económicamente explosivo, el Oriente Próximo rico en fuentes de energía y las repúblicas de Asia central. Aunque la eclosión de la India era algo inevitable, forma parte de un reajuste realista de la geopolítica en el que Asia está reivindicando el lugar que le corresponde por naturaleza y por Historia en la economía global, después de dos siglos de dominación occidental.

Como consecuencia de esta situación, la India está intentando llevar a cabo una política de pragmatismo estratégico, explotando con habilidad su estatus de potencia emergente para forjar relaciones de conveniencia que satisfagan sus intereses y necesidades básicas; particularmente en el sector energético, que marcará el ritmo y definirá el alcance de su crecimiento a corto y largo plazo.Estando la India rodeada de vecinos en posesión de armas nucleares como China y Pakistán, dicha política pragmática adquiere una importancia aún más capital.

Entre las muchas cosas que comparten Estados Unidos y la India se encuentran el sistema democrático, la lengua oficial, el aprecio por los negocios, la confianza en el futuro, la preocupación por el terrorismo y las armas de destrucción masiva así como el deseo de expandir su poder. Sin embargo, en Washington existe cierta tendencia a sobrevalorar la «carta india», especialmente cuando se interpreta como una forma de intentar contrarrestar el poder creciente de China y su influencia sobre Asia y otras regiones. Por mucho que la tentación de creerlo parezca a veces tener fundamento, lo cierto es que el nuevo protagonismo de la India se encuentra aún en una fase temprana y no le conviene involucrarse en ningún juego por el equilibrio de poderes como el que se dio a finales del siglo XIX. Si bien muy pocos se atreverían a discutir el potencial que tiene la India para convertirse en gran potencia, el camino que tendrá que recorrer para alcanzar dicho estatus será largo y vendrá jalonado por desafíos enormes, aunque tampoco insuperables.

A tenor de su nueva colaboración con la India y del decisivo papel de Pakistán en la guerra contra el terrorismo, parece claro que Estados Unidos está tratando de equilibrar sus relaciones con estos dos miembros de facto del club nuclear. El apoyo yihadista a los separatistas de la provincia en disputa de Cachemira puede verse como otro frente importante de la «lucha global por el islam». El énfasis que la India ha puesto históricamente en la necesidad de una resolución bilateral del conflicto y su recelo tradicional a cualquier interferencia ha convertido la negociación entre bastidores en un aspecto esencial de la relación triangular.En los últimos años, la India y Pakistán han intentado dar pasos simbólicos y reducir la retórica de hostilidad y enfrentamiento.Sin embargo, estos progresos no han tenido luego continuación en una discusión de los elementos capitales del conflicto.

La colaboración entre Estados Unidos y la India se está adentrando en un campo de minas parlamentario en este año electoralmente decisivo, que podría deparar que los republicanos perdieran la mayoría en el Congreso. Podría constituir un problema la tendencia cada vez más proteccionista del Congreso en relación con la externalización de muchos servicios, especialmente por lo que se refiere al riesgo, real o no, de que se pierdan empleos del sector en EEUU en favor de países como la India. Máxime cuando a mitad de año podría no quedar renovada la autoridad del presidente para promover el comercio. Además, no está en absoluto garantizado el apoyo del Legislativo al acuerdo nuclear que firmó el presidente Bush con la India, sobre todo con las acusaciones de doble rasero que se han producido al compararse con la posición de EEUU y Europa ante el incipiente programa nuclear de Irán. Si el Congreso no ratificara el tratado nuclear, no está claro que el apoyo indio a los planteamientos estadounidenses fuera a seguir siendo tan inequívoco como hasta ahora. De hecho, el proyecto de construir un oleoducto de Irán a la India a través de Pakistán continúa siendo un escollo entre ambas partes. La imagen que EEUU tiene de Irán como un Estado malvado que patrocina el terrorismo y la proliferación nuclear contrasta con la de la India, que lo ve como una fuente de energía importante en sus pretensiones de alcanzar un mayor crecimiento y desarrollo.

China comenzó su proceso de liberalización económica bajo el gobierno de Deng Xiaoping en 1979 mientras que la India inició su apertura en 1991 como una reacción necesaria a las dificultades financieras. El crecimiento astronómico que ha experimentado China en los últimos 25 años ha quedado claramente grabado en el imaginario colectivo indio y convirtió el deseo de pillar a China en una obsesión nacional.

China también se ha mostrado más exitosa en la competencia por los recursos energéticos. Un memorando para el entendimiento entre China y la India que se suscribió hace no mucho tiempo trataba de mejorar la cooperación en este ámbito, pero, siendo realistas, el acuerdo prometía combinar el músculo diplomático de ambos países siempre que sea necesario imponer términos que convengan a los dos a terceros estados que reciban inversiones en el sector energético. Y tales casos es probable que sean más la excepción que la regla. La competencia en el frente energético continuará mientras China y la India sigan apostando por el crecimiento económico.

Pese al crecimiento espectacular de China en este cuarto de siglo y las notables ventajas económicas y materiales que posee sobre la India, ésta conserva una ventaja política a largo plazo que no puede calibrarse con facilidad en el corto. Las reformas económicas indias, aunque se apliquen con lentitud, tienen lugar en un marco democrático, lo que significa que las instituciones de la sociedad civil se están desarrollando y fortaleciendo mientras se produce el cambio económico. Dados el tamaño, la población y la diversidad de la India, su experimento reformista se mostrará poco a poco como un logro sustancial, especialmente a la vista de que se abre paso un consenso en torno al buen gobierno entre los distintos partidos políticos.

China está intentando potenciar la transparencia y la responsabilidad en las administraciones locales para reducir la corrupción, sobre todo en lo que respecta a proyectos de desarrollo de infraestructuras que afectan a la vida cotidiana de los ciudadanos, y también para acortar la brecha entre las regiones urbanas y las rurales y entre las costeras y las interiores. Sin embargo, esto no emana de una apuesta voluntaria por las reformas, sino más bien del miedo a la amenaza de la inestabilidad doméstica, a que se produzcan protestas violentas que puedan degenerar en el desorden civil y la división. Las noticias de las miles de protestas que se han registrado en las zonas rurales chinas han azuzado aún más estos temores.

Ya hace tiempo reconocida como una posibilidad de futuro, la población enorme y en constante crecimiento de la India ha pasado a ser considerada un activo económico que se dispone a adelantar a China como país más habitado del planeta. La población de China disminuirá en el futuro como consecuencia de los años de políticas rigurosas de control demográfico.

Para muchos actores del negocio internacional, China es en el mundo la cadena de montaje de cuello azul y la India, la de cuello blanco. Sin embargo, la realidad es que ambos países están intentando mejorar todas sus capacidades; esto es, China pretende mejorar su sector de tecnología de la información y la India prefiere centrarse en la mejora de su agricultura y sus manufacturas.En cualquier caso, estos progresos se verán limitados en tanto no se profundice en la desregulación y se realicen inversiones masivas en el desarrollo de infraestructuras, principalmente en el sistema de transportes. Actualmente, China gasta en infraestructuras nueve veces más que la India.

En conclusión, uno de los intereses mutuos de China y la India a largo plazo, así como de toda la comunidad internacional, es que ambos países continúen estrechando lazos, cultivando su relación e incrementando la cooperación en todos los frentes, de cara a asegurar un crecimiento económico pacífico e ininterrumpido y la estabilidad global.

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