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La pobreza de un debate

Por Antoni Serra Ramoneda, presidente de Tribuna Barcelona (EL PERIÓDICO, 05/03/08):

Parece que no ha batido las marcas de audiencia, este segundo debate entre los candidatos de los dos grandes partidos que luchan por sentar sus reales en el Palacio de La Moncloa. Aun así, no solo fueron muchos millones los espectadores que desde sus hogares en territorio español lo siguieron como si fuera una final de un campeonato balompédico de campanillas, sino que incluso algunas cadenas de televisión extranjeras de prestigio se dedicaron a retransmitirlo, por considerarlo de suficiente interés allende nuestras fronteras. El resultado de tan discutido partido no causó excesiva sorpresa. Cualquier ciudadano avezado sabía qué periódicos y qué emisoras de radio darían como vencedor a cada uno de los dos candidatos, cualesquiera que fueran los argumentos que respectivamente aportaran. La fidelidad a los colores no solo se da entre los forofos de los equipos de fútbol que compiten en nuestra Liga.

EL DESÁNIMO que siento nace de mi condición de economista que comprueba el escaso éxito que han tenido las muchas facultades que imparten esta disciplina en difundir su conocimiento cuando menos entre nuestros gobernantes. Comprendo que en temas como el mapa autonómico y la distribución de competencias entre territorios los sentimientos puedan llevar a predicciones catastróficas o angelicales, se- gún el color del cristal con que se mire. Son cuestiones en las que los sentimientos, las heridas aún no cicatrizadas de recientes historias familiares, las emociones priman sobre la racionalidad, por lo que es muy difícil que el debate sea desapasionado y se asiente en datos objetivos. Otro tanto puede ocurrir en cuestiones relativas a la familia, el aborto o los matrimonios homosexuales, en los que son los valores y creencias los que inducen a adoptar una u otra postura. Pero que a estas alturas aún se tergiversen y manipulen los datos económicos como si fueran el resultado de decisiones instantáneas del político de turno en el poder que, por arte de birlibirloque, puede borrar de un plumazo los efectos de la coyuntura mundial o los antecedentes que nos han llevado a la actual situación me parece una desfachatez.
Porque no nos engañemos. Uno y otro partido, cuando han tenido las riendas del poder, han aprovechado el viento que soplaba de popa y apoyado con fuerza un desarrollo económico basado en la construcción y el turismo, presentando ufanos como logros la creación de empleo y el crecimiento de la renta per cápita sin siquiera mencionar que se trataba de un modelo que tenía un vencimiento. Su fecha no era conocida, y no se sabía cuál sería el partido en el poder cuando llegara, cada uno esperando secretamente que le tocara al otro. Era un modelo que se apoyaba en unos tipos de interés con la anomalía insostenible de ser negativos en términos reales, que implicaban un endeudamiento exterior de nuestro sistema financiero, que suponían un crecimiento exponencial e indefinido de la demanda de viviendas y segundas residencias a un ritmo que asombraba a nuestros vecinos, países más sensatos y más inclinados a actividades menos especulativas.
Ahora ha llegado la fecha de caducidad. Un candidato que hasta ayer se enorgullecía del crecimiento que habían conocido las autonomías donde gobernaba su partido gracias a una utilización intensiva del modelo de por sí ya exagerado de la economía española, ahora culpa a su contrincante de las dificultades que tiene nuestra banca para refinanciar los vencimientos de la deuda contraída en el exterior y que en parte está superando gracias al Banco Central Europeo y de la subida a niveles algo más normales de los tipos de interés.
Por lo visto, este, a su juicio, inepto contrincante tampoco ha sabido erigir un muro protector que nos aísle de un fenómeno que afecta a la mayoría de la humanidad, y desde luego a todos los europeos, como es la subida del precio del petróleo o de las materias primas. Es el Spain is different que nos lleva a épocas pretéritas en las que se creía que los Pirineos y la omnipotencia de nuestros gobernantes nos protegían de la malévola influencia extranjera, siempre dispuesta a erosionar los valores hispanos. Quizá para evitarla se ha dejado en el tintero enlazar nuestras líneas ferroviarias de alta velocidad con las que cubren el resto de la UE a la que algunos dicen que pertenecemos, pero a la que nuestros dos candidatos han ignorado olímpicamente en sus debates.

EL OTRO candidato muestra orgulloso los datos de la creación de empleo que se han registrado en sus cuatro años de mandato, y considera que la caída de estos últimos meses es circunstancial. No menciona, claro está, en qué sectores se ha producido el fenómeno y el influjo que sobre nuestro crecimiento ha tenido la afluencia de fondos europeos de origen público. Ni con qué cuidado ha evitado cualquier medida fiscal que pudiera haber frenado la disparatada promoción inmobiliaria que asolaba nuestras costas y que ahora será tan difícil de digerir. No nos enga- ñemos: el modelo ahora en crisis ha sido apoyado y bendecido por ambos partidos. Mientras el viento soplaba a favor todos se querían apuntar el tanto. Pero los marineros saben cómo cambia el color del mar y la placidez de la navegación cuando el viento rola y súbitamente viene de proa. Y no vale ahora echar todas las culpas a quien circunstancialmente se encuentra en el timón cuando toda la tripulación ha participado en la elección del rumbo.

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