Por Alfredo Conde, escritor (EL PERIÓDICO, 26/03/09):
Es ahora, transcurrido casi un mes, cuando empieza a tener contestación la pregunta que no pocos gallegos reciben de sus no pocos amigos catalanes. ¿Por qué el bipartito perdió las elecciones? Es ahora cuando está emergiendo la respuesta. Ahora es cuando Touriño las está ganando. Ahora cuando la opinión pública está dando el giro que compensa el de las urnas y se resitúa en el lugar donde estaba.
La sociedad, sobre todo la sociedad, pero también los partidos políticos como representación esencial de las ideas que se agitan en ella, deberán aprender la lección que estos días se está dando con la (tardía) entrada en campaña del ya ex líder del PSG-PSOE.
En reciente comparecencia ante los medios, el presidente del Gobierno gallego en funciones, según afirmó, “harto de demagogia”, reveló que la Xunta solo tiene los 32 Audi que dejó Fraga; que el primero de los Audi blindados fue comprado por Fraga y que el segundo, comprado también por él en el 2002, costó 331.000 euros; que ambas operaciones se hicieron sin dotación presupuestaria previa, como ocurrió en julio del 2004 con la adquisición de un Volkswagen Tuareg resuelta sin el procedimiento preceptivo, práctica que conlleva la de la aprobación colegiada del Gobierno.
TODAVÍA MÁS: que Feijóo circuló en esos Audi por el país en su condición de vicepresidente en plena campaña electoral. A mayores, parece ser que todavía hoy Fraga circula en un Audi que debería haber devuelto a la finalización de los dos años transcurridos desde su sustitución como presidente gallego.
Las afirmaciones de Touriño no son baladíes. Hasta el último momento las encuestas no definieron quien se habría de alzar con el triunfo electoral. Tuvieron que ser las urnas las que lo hiciesen, por un pelo, es decir, por un diputado. ¿Quién se tiró la canita (demagógica) al aire? Indudablemente, el jefe de campaña del PP, secundado por todo el aparato del partido.
Las acusaciones realizadas a Touriño por cuenta de los fabulosos A8 no tuvieron (¿la debida?) repuesta. Tampoco las del mobiliario que orna la sede del Gobierno. Interpelado a este respecto, el presidente en funciones respondió que sí, que a la vista de lo sucedido quizá debió de haberlo hecho; pero que cada uno tiene una función en la vida y que la suya no es la de “enlodar”, que traducido viene siendo algo así como revolcarse en la ciénaga.
En una situación electoral en la que unas pocas decenas de miles de votos deciden, los comentarios sobre los coches, las fotografías del vicepresidente Quintana a bordo de un lujoso velero, celosamente guardadas desde el año 2005, desviaron demagógicamente esas decenas de miles de votos que permitieron el triunfo del PP. Sin duda, a lo largo de la legislatura el bipartito cometió errores que lo ayudaron, pero también sin duda que fue la campaña la que decidió en último extremo.
Touriño está ganando ahora el crédito personal necesario y devolviéndole a su partido el favor de la opinión pública, pero también haciendo bueno el principio que aconseja que “en la guerra como en la guerra”. La caballerosidad, el civismo, la dignidad del comportamiento habitual deben ser sometidos, también sin duda, a revisión. ¿Se deberá aceptar, sin más, que esas prácticas deban ser olvidadas en las campañas electorales? Es una pregunta dura porque lo más probable es que a la vuelta de cuatro años nadie se acuerde del giro que se comenta y se pueda volver a las andadas.
Hasta llegar allí restan elecciones europeas, municipales y legislativas en las que el esquema se puede volver a repetir cuando no ha sido únicamente lo comentado la causa del vuelco. Durante los meses que precedieron a las elecciones, el bilingüismo, en el que hasta entonces se había conducido con placidez extrema la sociedad gallega, fue debidamente agitado desde concretos y determinados medios de prensa hasta hacerlo derivar en un conflicto lingüístico importante que convulsionó la sociedad gallega, fracturándola. El idioma fue hábilmente convertido en un arma arrojadiza que enfrentó a la sociedad, da toda la impresión que para la simple obtención de un beneficio partidario. La torpeza de una izquierda radical que, en víspera de elecciones, le hizo el juego a los (“inteligentes”) postulados de la derecha dura al reventar en la ciudad de Santiago una manifestación convocada a favor del castellano, que al parecer peligra en Galicia, determinó no pocas posiciones. Y así ad nauseam.
RECORDANDO que la libre interpretación del 11-M todavía colea, que el desmontaje del GAL pudo ser otra cosa distinta de la que nos contaron, que todavía se canonizan mártires del 36, pero no se pueden exhumar cadáveres de quienes no han de ser nunca canonizados por muy firme que fuese su fe; que si en su momento Rouco quiso firmar un Concordato con la Xunta y la reforma del Estatuto se le atraganta ahora al PP, o que si Aguirre se puede vestir con un jersey que es la bandera madrileña pero es mejor ni imaginar la que se armaría si Montilla apareciese en el Parlament con un jersey cuatribarrado, visto lo visto y que la ley del embudo todavía funciona, mejor sería que la izquierda se empezase a ajustar los machos y preparando para campañas que puedan hacer que la pasada habida en Galicia se ofrezca como propia de unas hermanas carmelitas, esas que siempre nos llevan de excursión… al monte.
