Por César Pérez Toledo, presidente de AJEPLE-EUBE (EL CORREO DIGITAL, 06/09/09):
Cuando escribo estas líneas se cumplen 113 años de la muerte por atropello de la londinense Bridget Driscoll. Esta mujer de 44 años, tuvo el dudoso honor de convertirse en la primera víctima mortal de un accidente de tráfico, frente al Crystal Palace de Londres. Fue atropellada por un vehículo que iba «a gran velocidad», según afirmó un testigo. Posiblemente fuera a 8 millas/hora (12,8 km/h), cuando debía respetar un límite máximo de 4 mph. Durante la investigación, el instructor encargado afirmó: «Esto no debe volver a ocurrir nunca más».
Desde entonces, cerca de cincuenta millones de personas han muerto a causa del tráfico rodado. En la actualidad, en las carreteras del planeta azul, más de un millón de muertes y unos cincuenta millones de heridos o minusválidos anuales.
En España, los accidentes de tráfico constituyen actualmente la quinta causa más frecuente de muerte, sólo por detrás de las enfermedades cardiovasculares, las neoplásicas, las respiratorias y las digestivas. En el año 2002, se registraron 5.347 víctimas mortales en nuestras carreteras.
Así las cosas, el 40% de las minusvalías que se producen en España están causadas por estos accidentes, que constituyen la primera causa de lesión medular como consecuencia de un traumatismo y también de incapacidad laboral entre la población joven. Se calcula que cada año aparecen 500 nuevos casos de paraplejia en España por traumatismo de tráfico y el 75% de éstos se producen entre jóvenes.
En los primeros siete meses de este año la cifra de muertos en España ha sido de 1.113 mientras que en el mismo periodo del año pasado fueron 1.282. Un descenso del 13%. Hay que decir que si en 2004 se bajó por primera vez de los 4.000 muertos, este año estamos en disposición de bajar de 2.000. La mitad de muertes, fruto de una sobresaliente política en materia de seguridad vial que conjuga la prevención, esto es, las campañas de sensibilización, la educación vial, la adecuación de las vías, la mejora de la señalización y la mejora de elementos de seguridad en los vehículos con el ‘palo y tente tieso’ de los radares, el carné por puntos, las multas y el control y vigilancia de los agentes encargados del tráfico. Zanahoria sí, palo también.
También tienen su mérito la aportación de las comunidades autónomas, las cuales mediante planes estratégicos de seguridad vial se marcan objetivos que, en principio, parecen inalcanzables pero que se están materializando año tras año, gracias al esfuerzo de los diferentes representantes de las administraciones y otras asociaciones privadas que aportan y colaboran en el diseño de las políticas para la reducción de la siniestralidad vial.
Así, desde 2003 los principales descensos de la siniestralidad los presentan Asturias y el País Vasco con más de un 60% de reducción de víctimas mortales en las carreteras, quince puntos mayor que la media estatal, mientras que las que menos la han conseguido reducir han sido Illes Balears y Extremadura con un 36%, nueve puntos menor que la media.
Quince millones de hombres y diez de mujeres poseemos en España permiso para conducir vehículos y en nuestra mano está gran parte de la posibilidad de seguir reduciendo tragedias familiares diarias. La velocidad y el consumo de alcohol previo a la conducción son dos factores básicos para la producción de accidentes. Si nosotros también tomamos nuestras medidas y no sólo nos dejamos llevar por la acciones de la Administración, que no es poco, reduciremos la siniestralidad con más rapidez y solidez. Como dice la DGT, ésta no puede conducir por nosotros.
Estoy convencido de que en cuatro años estaremos bajando de 1.500 muertos anuales, una cifra tan imposible si nos lo cuentan hace diez años, como los 9,58 segundos del reciente récord mundial de 100 metros de Usain Bolt.
