Por Eugenio Bregolat, ex embajador de España en China y Rusia (LA VANGUARDIA, 05/11/09):
Veinte años después de la caída del muro de Berlín, el símbolo máximo de la guerra fría, principio del fin del Pacto de Varsovia, de la URSS y del comunismo en ellos vigente, sigue habiendo división de opiniones sobre el porqué de aquella revolución geopolítica, que nadie supo anticipar. Al papa polaco, a la guerra de las galaxias de Reagan, a Bin Laden y los muyahidines (apoyados por la CIA) se ha apuntado la victoria en la guerra fría.
Todas esas razones influyeron, pero la principal fue el desistimiento de Gorbachov, seguido de los despropósitos de Yeltsin, empeñado en apartar a aquel del poder como fuera. Más que ganar alguien la guerra fría, fue Rusia quien la perdió. Si Gorbachov hubiese enviado los tanques a Varsovia o a Berlín, como sus antecesores en 1956 a Budapest o en 1968 a Praga, ni las divisiones del papa polaco, ni la guerra la de las galaxias de Reagan, ni los efectos de la derrota soviética en Afganistán habrían prevalecido.
La actitud de Gorbachov ha merecido juicios muy diferentes. Muy positivo en Occidente: The Economist lo llamó “zar liberador”. Más aún en Alemania, que vio como permitía la unificación cuando Mitterrand y Thatcher, en un primer momento, se oponían a ella. No deja de ser extraordinario que la obra de Bismarck siga en pie, tras perder Alemania las dos guerras mundiales. La prepotencia de Stalin, que alentó el nacimiento de la República Federal y de la OTAN, y la benevolencia de Mijail Gorbachov lo explican en buena medida.
Lo que en Occidente se aplaude como altura moral, o benevolencia, de Gorbachov al haberse negado a emplear la fuerza y a provocar el derramamiento de sangre para evitar la desintegración del bloque soviético, y después de la propia URSS, en Rusia es criticado acerbamente como pusilanimidad, que supuso la renuncia a las conquistas acumuladas por Moscú durante tres siglos. Si la voluntad política, de la que careció Gorbachov, hubiese faltado a Lincoln, Estados Unidos habría dejado de existir. Otros líderes rusos, anteriores y posteriores a Gorbachov, no habrían actuado como él lo hizo. Putin consideró la desintegración de la URSS el principal desastre geopolítico del siglo XX. La gran mayoría de los rusos comparte esta opinión. En su momento, todos los dirigentes occidentales (el primer Bush, Mitterrand, Thatcher, Kohl, González) se opusieron a la disolución de la URSS; Bush lo hizo ante el Parlamento de Kiev en el famoso discurso chicken Kiev. Ni las repúblicas soviéticas arrancaron su independencia a Moscú, ni las potencias extranjeras la exigían. Denuncia Gorbachov que fue la sed de poder de Yeltsin la que le llevó, en el acuerdo de Bieloviezhsk con Ucrania y Bielorrusia, a liquidar la URSS para borrarlo a él, que era el jefe del Estado soviético, del mapa.
No sólo Rusia cedió su imperio, exterior e interior, sin ser derrotada en el campo de batalla, cosa insólita, sino que, además, Gorbachov se queja amargamente de cómo las promesas que se le hicieron de no ampliar la OTAN, por Kohl y Baker, eran olvidadas. No sólo ingresaron en la OTAN los ex miembros del Pacto de Varsovia, sino también algunas repúblicas ex soviéticas. A los rusos les cuesta comprender que Gorbachov no exigiera, al menos, un compromiso escrito de no ampliación de la OTAN. La consecuencia de todo ello es que la liquidación de la URSS y su esfera de influencia no se cerró de forma aceptada por Moscú, lo que introduce un factor de inestabilidad en la relación de Rusia con las antiguas repúblicas soviéticas, y de paso, con Occidente.
A la larga, el sistema de economía planificada estaliniano, por su rotunda ineficacia, condenaba a la URSS. Pero el ejemplo de China demuestra que no era imposible salir del marasmo económico en forma positiva. Naturalmente el modelo de transición económica chino no servía para Rusia, sino que esta, partiendo de una comprensión cabal de su propia realidad, debía haber encontrado una fórmula “con características rusas”. De haber conseguido Gorbachov asegurar el desarrollo económico rápido de la URSS, como hizo China, en vez de liarse con una reforma política que se la llevó por delante, la historia se habría escrito de otra manera.
