Por Baudilio Tomé Muguruza, diputado por Zaragoza y coordinador del Estudios y Programas del PP (EL MUNDO, 18/12/09):
En toda crisis hay oportunidades. La clave está en interpretar el momento histórico que se vive, saber anticipar el futuro deseable y tomar las medidas para hacerlo posible. Así lo hizo, a principios de los 80, Ralf Dahrendorf, el célebre sociólogo y político germano-británico cuando tituló unas reflexiones sobre el futuro del liberalismo Las oportunidades de la crisis. Reivindicó entonces la fuerza de la libertad para hacer frente a la crisis social, política y económica que entonces vivía Europa. La recesión que vive España es más compleja y va más allá de la dramática situación de nuestra economía. Estamos en medio de una crisis económica, financiera y de empleo. Nos enfrentamos también a una grave crisis fiscal que está comprometiendo la capacidad de las administraciones para financiar nuestro estado de bienestar.
Nuestro país pierde posiciones en las clasificaciones internacionales y corremos el riesgo de quedarnos abajo en un largo período de estancamiento. Nuestro sistema educativo es calificado, evaluación tras evaluación, como muy deficiente. Ante una recesión, no hay nada más paralizante que fiarlo todo al albur del ciclo económico y esperar a que sean otros los que nos saquen del atolladero. La actitud correcta, en cambio, es la que propuso Dahrendorf: aprovechar las oportunidades de la crisis, apoyándonos en la fuerza de la libertad. Los españoles ya hemos demostrado que sabemos, ante situaciones políticas y económicas difíciles, marcarnos objetivos ambiciosos, hacer los sacrificios necesarios, impulsar y asumir cambios y reformas.
Así fue posible la Transición cuando en apenas 30 meses España se convirtió en una democracia europea normal, superando fracasos y conflictos que nos habían lastrado durante siglos, y se abrió el periodo más fecundo de nuestra historia. Ahora el reto no es ponerse al nivel de otros países europeos que nos llevaban 30 años de ventaja, sino ganar una posición de fortaleza en la globalización y hacer posible el bienestar de las generaciones presentes y futuras. El momento es crítico, ante cambios tan profundos como los que se están viviendo a nivel mundial no caben complacencias ni décadas pérdidas. La crisis hace más urgente abordar las grandes tareas pendientes de la sociedad y la economía española.
Hay desafíos nuevos y otros antiguos, tareas mal atendidas en los últimos 30 años y en los últimos 200. No todo estaba hecho, ni hecho para siempre, por más que la política de Zapatero nos haya apartado del camino que la sociedad española venía recorriendo desde la Transición. Hace falta un gran impulso reformista para una nueva agenda de modernidad que marque objetivos a corto, medio y largo plazo y en torno a la que sea posible generar un amplio consenso social, incorporando las aportaciones que desde la sociedad, el mundo académico y económico se están haciendo. Las tareas ineludibles, en mi opinión, se podrían agrupar en cuatro grandes áreas: educación, competitividad, fortalecimiento y coordinación institucional, mejora y sostenibilidad de los servicios públicos.
La educación es el factor esencial de competitividad. Si no abordamos la mejora de nuestro sistema educativo las nuevas generaciones corren el riesgo de vivir peor que sus padres.
La modernización definitiva de nuestro sistema económico precisa superar viejos intereses corporativistas que todavía lastran nuestra regulación económica y laboral.
Es imprescindible que nuestra administración de justicia, nuestros órganos constitucionales y organismos regulatorios recuperen prestigio e independencia y que cuenten con medios para dar una respuesta rápida. No puede haber justicia ni competitividad si los tribunales tardan años en resolver lo que en otros países sólo se tarda meses, ya sea en el orden constitucional, penal, familiar o mercantil. Otro desafío urgente va a ser el refuerzo de los instrumentos jurídicos y políticos para asegurar que el Gobierno pueda dirigir la política interior y exterior. La naturaleza de la crisis en España exige recuperar, como se hizo en la Transición, un proyecto nacional de futuro respaldado por una amplia mayoría social. Hoy hacen falta objetivos ambiciosos y renovados para hacer de la crisis una gran oportunidad.
