Por Abdulreza Tajik, periodista iraní. Traducción: Rima Sheermohammadi (EL PERIÓDICO, 26/12/09):
En una época en la que se atenta contra los derechos de los ciudadanos en el nombre del islam, una persona que ha fomentado el conocimiento de esta religión desde la erudición, el ayatolá Hossein Alí Montazeri, lleva hoy el nombre de Luchador por los Derechos Humanos. A pesar de que el fundamentalismo islámico conlleva la pérdida de derechos ciudadanos, un entendimiento profundo obtenido de las fuentes de la erudición y el pragmatismo defiende «el derecho y la dignidad de las personas». La última iniciativa de quien toda su vida ha participado activamente en la aplicación de los derechos humanos desde la perspectiva del islam ha sido la afirmación de que la respuesta dura y violenta contra el pueblo iraní en su protesta por el resultado de las últimas elecciones es contraria a los principios del islam.
Por esto, los defensores del statu quo en Irán han intensificado recientemente los ataques que eran ya comunes en los últimos 20 años. Sin embargo, esas agresiones y humillaciones no consiguieron que el clérigo dejara de plantear sus dudas. Él siguió firme, ignorando los acontecimientos que en el pasado le obligaron a retirarse de todos los asuntos políticos y gubernamentales y le mantuvieron durante años en arresto domiciliario, alejado de la docencia por prohibición y soportando violentas diatribas provenientes del Gobierno. No obstante, mantuvo su postura crítica ante lo que él consideraba injusto.
Por todo ello, el Premio Luchador por los Derechos Humanos, otorgado anualmente a una persona que «ha luchado para establecer los derechos y principios humanos, desprendiéndose para ello de su integridad física, sus bienes materiales y su posición», ha recaído en el 2009 en Montazeri.
El pasado 10 de diciembre, un grupo de miembros de la Organización de Defensa de los Derechos Humanos (ODDH), una oenegé fundada y presidida por la premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi, y sus invitados llegaron a la casa del ayatolá Montazeri con la intención de entregar el premio en el día del 61° aniversario de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, los organizadores de la ceremonia, en su viaje entre Teherán y Qom, lugar de residencia del clérigo, tenían una sola preocupación: que los responsables de la seguridad del Gobierno de Mahmud Ahmadineyad evitaran que se llevara a cabo la ceremonia. El año pasado, las autoridades policiales y militares cerraron la oficina de la ODDH con el consiguiente boicot a la ceremonia de entrega del premio a Taghi Rahmani.
A pesar de todas las dificultades, el ayatolá Montazeri pudo recibir su premio. A mediodía, justo en la clausura de la ceremonia, el ayatolá dijo: «El país debe ser gobernado según la opinión y el voto de las personas». Escuchar esas palabras de la boca de una de las personas considerada como el creador y mayor conocedor de la interpretación del concepto de Velayate-faghieh (adecuación de la política a los principios del islam, base teórica de la Revolución Islámica), es algo que merece una reflexión. Dirigiéndose a los que están en el poder en Irán, el ayatolá dijo también: «¿Quién os ha autorizado a golpear a la gente? La gente ya no os quiere. ¿Es porque no os aceptan? Pues que no os acepten. ¿Acaso sois Dios o su profeta? Lo que estáis haciendo en nombre del islam mancha el nombre de la religión».
El ayatolá Montazeri ocupó un escaño en el Parlamento tras la victoria de la Revolución en Irán en 1979. Entre sus responsabilidades estaba la de participar en la redacción de una nueva Constitución.
Shirin Ebadi, la única mujer musulmana ganadora del Premio Nobel de la Paz, se dirigió al ayatolá Montazeri en estos términos: «En 1998, cuando un gran número de presos políticos en Irán caminaban hacia el cadalso, sin poder contar con una defensa y un juicio justo, sus protestas eran la única voz clara y rotunda que devolvía al corazón y al alma de las personas inocentes la esperanza en una justicia y les mantenía vivos».
La defenestración del ayatolá Montazeri de su puesto en 1999 y la intensificación de las presiones y coacciones no detuvieron las actividades de este influyente erudito, que mantuvo sus actividades pacíficas en pos de fomentar una reforma de la situación actual. En ese sentido, a la vez que instaba a sus seguidores a continuar luchando para conseguir la justicia y la democracia, siempre insistía en que debía hacerse por medios pacíficos.
La ODDH ha tratado desde su fundación en el 2000 de aplicar los derechos humanos en Irán. Lo que la oenegé ha querido premiar son las iniciativas prácticas del ayatolá «en contra de las ejecuciones de los años 1981 a 1988, y en contra de la dureza del Gobierno con los ciudadanos». Por eso, Rahmani, que sufrió 15 años de prisión, rogó al ayatolá Montazeri que mantuviera, firme y valiente, su espíritu crítico, ya que esto alentaría el espíritu del pueblo iraní. Pero, 12 días después de recibir ese premio, mientras continuaba con sus críticas contra el orden político, falleció en la ciudad de Qom a los 87 años.
