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La retirada de Madrid resucita a BCN

Por Martí Perarnau, periodista (EL PERIÓDICO, 14/01/10):

Jordi Hereu nunca agradecerá suficiente la persistencia en el error de Alberto Ruiz-Gallardón, pues si los sueños olímpicos de Barcelona han resucitado se debe a la desaparición, por inanición, de la candidatura de Madrid. En su momento ya advertimos de que no había sido Jacques Rogge, presidente del COI, quien había engañado a Madrid en su imposible pelea contra Río de Janeiro, sino una mezcla de desmedida ambición política, sordera ante los consejos realistas y erróneo cálculo estratégico del alcalde capitalino. Madrid jamás pudo conquistar los JJ OO del 2016, pero podría haber sido la gran favorita para el 2020. Habría bastado comparecer en Copenhague encajando la derrota con deportividad y lanzar de inmediato la apuesta potente por la siguiente edición. No fue así y desde entonces siguió una carrera de despropósitos culminada ayer con el anuncio de Barcelona-Pirineus, una precandidatura que nace porque Madrid se ha diluido. Como el gas, Hereu ha ocupado el espacio que Gallardón ha dejado disponible.

Más que cualquier otra, la gran fuerza que puede tener el proyecto barcelonés reside en que Europa posee una alta probabilidad de albergar los Juegos blancos del 2022. Recordarán lo ocurrido con Río 2016 y las lecciones de geoestrategia política que dejó el COI hace unos meses en Copenhague. Para comprender algunas de esas claves, repasemos las últimas citas olímpicas: Sydney acogió los JJ OO del 2000; Salt Lake City, los invernales del 2002; Atenas, los de verano del 2004; otra ciudad europea, Turín, los de invierno del 2006, y Pekín, los recientes del 2008. El ciclo muestra que los anillos olímpicos han viajado la última década de Oceanía a Norteamérica pasando por Asia y recalando dos veces consecutivas en Europa, pero alternando la modalidad Verano-Invierno. Lo interesante es analizar que el ciclo se repite milimétricamente en esta próxima década que acabamos de inaugurar: en cuatro semanas se disputarán los Juegos invernales de Vancouver; los de verano del 2012 serán en Londres; a continuación, otra ciudad europea, la rusa Sotchi, recibirá los de invierno del 2014; Río de Janeiro acogerá los del 2016, y apuesten con fuerza que la edición blanca del 2018 será para la ciudad surcoreana de Pyeongchang (no confundir con Pyongyang, capital de Corea del Norte). Así, las ediciones de esta década repetirían ciclo: Norteamérica, Asia, dos veces consecutivas Europa (de nuevo, Verano-Invierno) y Suramérica como nuevo gran jugador del panorama mundial, supliendo a Oceanía.
¿Qué nos dicen estos ciclos? Que muy probablemente Europa acogerá dos ediciones consecutivas: la de Verano en el 2020 y la de Invierno en el 2022, continuando la década con África en el 2024 (con Suráfrica, cabría matizar), Estados Unidos en el 2026 y una ciudad asiática en el 2028, 20 años después del exitoso Pekín. Por tanto, el 2020 y el 2022 son las grandes opciones europeas. De ahí el grave error de Madrid, donde ya ni existe unanimidad política para optar a una tercera candidatura. En palabras de un alto cargo deportivo, «el momento de Madrid ya ha pasado; esto se ha deshinchado». El presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, ha renunciado a un gran proyecto para ayudar a Gallardón a decidirse: albergar en Valencia la Sesión del COI del 2013, una asamblea histórica pues significará el adiós de Rogge, la elección de su sucesor y la elección de los Juegos del 2020. Solo había un problema: el país que alberga una sesión no puede presentarse a los JJ OO que se eligen. España tenía ganada dicha sesión, pero Blanco se retiró hace dos semanas para no perjudicar a Madrid 2020. El sacrificio del COE ha sido respondido por Gallardón con un silencio que equivale a un entierro.

Desentendido Madrid del olimpismo, el tablero queda en manos de París o Berlín y eso acota las opciones para las candidaturas invernales del 2022. A priori, la gran rival de Barcelona-Pirineus sería Múnich… a menos que Berlín conquiste los Juegos de verano del 2020 y desaparezcan de un plumazo todas las opciones de la ciudad bávara. Múnich posee un proyecto muy sólido, en el que se han fijado los rectores barceloneses: una candidatura con dos clusters, uno situado en el propio Múnich, con los deportes de hielo; y el otro, en Garmisch Partenkirchen (la estación donde se disputan los saltos de trampolín el primer día de cada año), apenas a 75 kilómetros, perfectamente enlazada por carretera y tren y con unas magníficas instalaciones de nieve. Un proyecto que teóricamente debe perder los JJ OO del 2018 para ganar los del 2022, salvo que se interponga una carambola paradójica: que el error de Gallardón retirando a Madrid de la que era su gran opción (2020) cuele por esa rendija a Berlín y elimine de una tacada la opción invernal de Múnich aupando la de Barcelona-Pirineus. Para ello, primero habrá que cuajar un proyecto competitivo, con instalaciones serias que cumplan unos requisitos nada fáciles en materia de nieve y reparar también las heridas producidas en Zaragoza-Jaca, 20 años en la lucha y avisada por la prensa de que tiene un rival.

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