feb 06 21

Advertencia ciudadana

Por Jordi Sànchez. Profesor de Ciencia Política de la UB (EL PERIÓDICO, 21/02/06):

Nadie duda de que los motivos que llevaron a muchos miles de ciudadanos a participar en la masiva movilización nacionalista del pasado sábado fueron diversos. El cansancio por la crispación sistemática que el PP introduce contra Catalunya y las aspiraciones a reformar el marco del autogobierno catalán es uno de los principales, pero no el único. La sensación que el proceso de reforma estatutario se está cerrando en falso, tanto por el proceder como por los contenidos de los acuerdos políticos alcanzados hasta hoy, es otro de los motivos que a buen seguro animaron a muchas familias enteras a tomar –literalmente– la calle durante unas horas.
Sin embargo, la mayoría de los partidos políticos han atribuido el éxito de la misma sólo como consecuencia a la crispación generada por los populares en los últimos meses. La mayoría de los partidos políticos han querido llamar la atención sobre esta cuestión como si omitiendo las otras razones que podemos encontrar en las causas del éxito de esta manifestación éstas dejaran de existir. Algunos políticos españoles, como el diputado socialista López Garrido, han querido desautorizar el impacto político de la manifestación sobre la negociación del Estatuto que en estos momentos se está realizando en la Comisión Constitucional del Congreso, afirmando que el lema de la convocatoria era tan genérico que del mismo no se podía desprender, ni de lejos, una desautorización a las negociaciones actuales del pacto estatutario.
Negar que en el sentir de las decenas o centenares de miles de manifestantes había una profunda decepción por el bajo alcance de la reforma estatutaria es negar la realidad. Nada tiene que ver si el Estatut que se está cocinando en estos últimos meses será el mejor de la historia autonómica catalana con la frustración que el no reconocimiento de la realidad nacional catalana ha generado ya en muchos ciudadanos de este país.
La manifestación del sábado puede ser un problema en muchos sentidos para la mayoría de las formaciones políticas. Lo cierto es que algunas pueden leer el éxito de la movilización incluso como una desautorización abierta sobre la forma con la que han abordado el pacto político del Estatut, y en particular pienso en CiU. Pero mucho peor es imaginar qué puede ocurrir con el referendo al que el texto estatutario debe someterse dentro de unos meses, una vez el Congreso de los Diputados vote el nuevo Estatut. Si no se consigue modificar el estado de opinión pública que hoy existe, hay motivos para pensar que la consulta popular será una de las situaciones políticas más difíciles y contradictorias vivida en la historia política contemporánea en Catalunya.

EL MARGEN de maniobra que queda para modificar este estado de ánimo no es mucho. Y es evidente que la incorporación de ERC es imprescindible para ello. El problema es que el éxito de la movilización soberanista aleja a ERC del acuerdo o para decirlo de manera más correcta la fija en sus posiciones más críticas tras el acuerdo entre Zapatero y Mas. En verdad sólo el presidente del Gobierno español tiene la posibilidad de modificar esta situación, recuperando cuestiones que hasta la fecha han quedado al margen del acuerdo político.
Es difícil imaginar que esto pueda suceder, entre otros motivos porque la situación política que se está viviendo en Catalunya no es ni tan sólo un problema para el Gobierno español. Todo indica que tras el acuerdo entre Zapatero y Mas, en el cual se limitaba el alcance de la reforma estatutaria que el Parlament aprobó el pasado septiembre, el presidente del Gobierno español ha mejorado su valoración entre la opinión pública española. Una revisión de aquel acuerdo al alza, incorporando por ejemplo el reconocimiento explícito de la realidad nacional catalana o dotando mejor el sistema de financiación hasta ahora acordado, podría acarrear una nueva crisis no sólo en el PP, sino en su propio partido, el PSOE.
La posición de ERC no es, sin embargo, idílica. Los republicanos pueden morir de éxito si no saben medir muy bien los nuevos pasos a dar. En parte, el éxito del sábado los limita enormemente en su capacidad de decidir sobre cómo condicionar un apoyo al Estatut. Pero cada día que transcurre el margen para maniobrar parece ser más estrecho. Hace unos días, en la Moncloa, y entre los partidos catalanes, se tenía la sensación de que a los republicanos había que darles tiempo para incorporarlos de nuevo al pacto. Hoy, el tiempo que ERC puede necesitar ya no se puede hacer compatible con el tiempo que la tramitación parlamentaria puede ofrecer.

TRAS LA manifestación del sábado, ERC necesita mucho más que tiempo. Y el problema es que no hay quien le pueda ofrecer mucho más. Con este escenario nos tenemos que preparar en Catalunya para vivir situaciones políticas de mucha mayor intensidad que las vividas en los últimos tres años. El Estatut llegará, pero corremos el riesgo de que lo que dejará tras de sí será muy importante. Será el mejor Estatut que hemos tenido, como decía ayer el conseller Saura, pero el problema es que una parte de la ciudadanía puede no interpretarlo de esta manera.
Ahora estamos recogiendo los frutos de un proceso de negociación absurdo, mal llevado, donde los tacticismos de partido –de la mayoría de ellos– ha ido siempre por delante de los intereses nacionales y sobre todo de la dignidad institucional que un acuerdo del Parlament de Catalunya merece. Nunca se debieron admitir las negociaciones bilaterales entre los partidos catalanes con el Gobierno español para pactar el alcance del nuevo Estatut. Ahora algunos ven las consecuencias. Pero esto queda ya para inventario.

España/Estado de las Autonomías/Cataluña Imprimir Versión PDF