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	<title>Tribuna Libre &#187; Asturias</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>Asturias en conserva (2)</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Dec 2011 14:59:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Partidos Políticos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 03/12/11):</p>
<p>Quien conozca un poco el percal asturiano habrá llegado a la conclusión de que pocos lugares de España ofrecen un plantel de ofertas electorales tan singular, y al tiempo tan representativo de la vida política española, como Asturias. Lo tenía todo, como en botica, que se decía antes. Y por si fuera poco, la casualidad había programado La flauta mágica en el teatro principal de la comunidad para la mismísima tarde de reflexión. Que fuera a coincidir el sábado de vísperas con la representación de la ópera de Mozart en el Teatro Campoamor de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38949/asturias-en-conserva-2/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 03/12/11):</p>
<p>Quien conozca un poco el percal asturiano habrá llegado a la conclusión de que pocos lugares de España ofrecen un plantel de ofertas electorales tan singular, y al tiempo tan representativo de la vida política española, como Asturias. Lo tenía todo, como en botica, que se decía antes. Y por si fuera poco, la casualidad había programado La flauta mágica en el teatro principal de la comunidad para la mismísima tarde de reflexión. Que fuera a coincidir el sábado de vísperas con la representación de la ópera de Mozart en el Teatro Campoamor de Oviedo, te lo ponía a huevo. Asturias en conserva el mismo fin de semana que caducaba el escabeche.</p>
<p>Si alguien tiene la humorada de ir a Asturias para despedirse de los últimos gozos de esos puentes festivos, auténticos acueductos, tan de otra época como los romanos, le sugiero que pase por Avilés y visite ese monumento único en su especie, que es el Niemeyer. Tiene hasta el 15 de diciembre, luego ya será otra cosa, o quizá nada. No hay comunidad autónoma que se libre de monumentos a la grandilocuencia y la frivolidad, pero lo del Centro Niemeyer de Avilés tiene algo que lo distingue de los aeropuertos sin aviones, los museos sin contenido y los polideportivos para la tercera edad. Es una gran obra arquitectónica dedicada a la inanidad; a lo que usted guste mandar y pagar. Me explico.</p>
<p>El conjunto monumental Niemeyer nace de una idea un tanto peregrina, pero eficaz: constituirse en el Museo de los Premios Príncipe de Asturias. Como no fue posible colar el suculento embolado a las arcas del Estado, un tipo avispado cuyo mayor mérito es saber inglés y encantar serpientes, por buen nombre, Natalio Grueso, consideró que los contactos con el ancianísimo arquitecto brasileño Oscar Niemeyer –que dudo mucho sepa por dónde cae Asturias– consentían un proyecto estilo Guggenheim. El síndrome Bilbao-guggenheim será estudiado como una paranoia hispana de amplio espectro. Pero como habría que empezar diciendo que Avilés no es Bilbao, sino más bien todo lo contrario, y eso nos llevaría mucho espacio, quedo aquí remitiéndome a otra de las estupideces más notables de los estudiosos locales de todos los tiempos: la referencia a las “Atenas del Norte” para designar a grupos de paisanos ilustrados que elevaron el nivel cultural, ínfimo, de unas provincias abandonadas en manos de la Iglesia y los conventos.</p>
<p>Pero el meollo del asunto trasciende cuando se termina la obra majestuosa y hay que plantearse qué se hace con ella. El Niemeyer es aparente por fuera y vacío por dentro, y muchos ciudadanos de Avilés lo consideran una gloria local porque además de servir para pasear por sus holgados 40.000 metros cuadrados, ha recibido visitas de Woody Allen, Brad Pitt y Kevin Spacey con un Shakespeare al parecer memorable. A mí me hace mucha gracia cuando aparece en los medios de comunicación, comprados a buen precio, la coletilla de que los grandes artistas mediáticos hacen tal o cual cosa “gratis”. En general se ocultan los gastos de representación; un avión privado de Woody Allen que le traslade a él y a su troupe de Venecia a Asturias, por ejemplo, puede costar 40.000 euros. Entendámonos, es gratis para ellos, pero no para el que invita. Y así estamos, en una Asturias que lleva al borde del colapso desde hace décadas, asistiendo impertérrita a la cartelera de estrellas que le costaría pagar a Nueva York.</p>
<p>El Niemeyer de Avilés es una de esas estafas culturales que encandilan a ciertas comunidades ciudadanas, en la misma medida que tu vecino, hoy en la ruina, se preguntaba hace un par de años por qué no se podía comprar un coche de alta gama. ¿Acaso no tengo derecho? La serie de derechos inconsútiles es una de las aportaciones de la posmodernidad. Cuando Álvarez Cascos ganó de manera contundente las elecciones autonómicas asturianas, entre las primeras cosas que exigió estaba saber dónde demonios terminaba el pozo sin fondo del Niemeyer, y los responsables, muy puestos, le negaron las cuentas y así seguirán hasta el 15 de diciembre, constituidos en Fundación Autónoma. Un lío provinciano de esos que envenena al vecindario de Avilés que quiere ser Bilbao e incluso París. ¿Acaso no tenemos derecho?</p>
<p>El fantasma del Niemeyer, su espíritu, ha sobrevolado unas elecciones generales que en Asturias han llevado al límite lo ocurrido en el resto de España. En primer lugar el fenómeno Álvarez Cascos. Que este curtido dirigente del PP se haya visto obligado a presentarse por su cuenta, fundar un partido –Foro Asturias–, ganar arrolladoramente unas elecciones autonómicas con los votos transversales de populares y socialistas, dice mucho sobre el nivel de hartazgo de la ciudadanía asturiana. Y que lo haya hecho con la malquerencia enfermiza del principal diario astur – La Nueva España– cuyo comportamiento, contado por lo menudo, avergonzaría a un gremio, el periodístico, que acumula tal cantidad de basura como para no darse por aludido.</p>
<p>En Asturias se ha vivido, hasta las últimas elecciones, una situación a la siciliana, donde el poder político se comparte entre dos formaciones aparentemente adversarias que se llevan muy bien en sus variadas corruptelas. Con el descaro que otorga la impunidad han tenido la desfachatez de presentar como candidatos, tanto del PSOE como del PP, a los personajes más corruptos y despreciados de la ciudadanía, quizá porque no había otros quizá porque da lo mismo. El resultado fue óptimo, tanto, que ninguno se ha dado por aludido. Los socialistas han perdido en lugares históricos de la izquierda como Mieres o Avilés, pero sin inmutarse.</p>
<p>El voto conservador es de piñón fijo y menos frágil que el de la izquierda, que cuando se harta se queda en casa, o vota a la contra, o se exhibe, tan digna como inútilmente, con el voto en blanco. Derrotados los socialistas y los populares, aunque venciendo estos por quiebra del adversario, el panorama asturiano ha tenido dos novedades, muy discretas, que apenas empañan el escenario habitual. Los comunistas de Izquierda Unida recuperan un escaño, gracias a la personalidad de su candidato, Llamazares, más que a su atractivo como coalición, y Álvarez Cascos y su Foro Asturias consigue colocar un diputado en Madrid.</p>
<p>El caso de Cascos bien merecería un análisis particularizado, quede para otra ocasión. ¿Cómo ha sido posible que el hombre que suscitó tantas esperanzas en las autonómicas redujera en casi la mitad sus votantes? Cuenta la polarización del voto, eso que cabría denominar el piñón fijo de intereses fraguado entre socialistas y populares asturianos, pero también la soberbia del protagonista. Administrar las victorias es tan difícil como encajar las derrotas, y a veces ocurre que quien es capaz de obrar una hazaña, porque tal fue la victoria de Cascos en las autonómicas, se le va la mano al planificar las siguientes batallas.</p>
<p>Álvarez Cascos pertenece a un tipo de profesional de la política que sabe vencer, pero tiene limitaciones a la hora de convencer. Su actitud ante las generales fue tan torpe, que uno se pregunta si los virreinatos no desvarían a los líderes locales. Plantearse hacer campaña en Madrid fue como un chiste de mosca cojonera y resentida, que le quita prestancia al profesional de la política que es Cascos. Una cura de humildad parece siempre la inevitable purga a la que debe someterse la generación de Aznar cuando triunfa brillantemente. Cuando van sobrados, la joden.</p>
<p>Y qué fue La flauta mágica en el Teatro Campoamor de Oviedo. La constatación de que se ha terminado ese mundo del Mozart maduro, animoso precursor de la mejor Revolución Francesa, con su Libertad, Igualdad y sobre todo Fraternidad. La chabacana representación tenía algo de anuncio de lo que nos espera; un escenario vulgar con disfraces idóneos para la ópera de Honolulu, una orquesta menos que mediocre y unos cantantes modestos. Al final del primer acto, Pamina anima a su querido para que cumpla con el único programa posible: “Decir la verdad, aunque sea delito”.</p>
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		<title>El laboratorio asturiano (y 3)</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Feb 2011 13:20:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Corrupción]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 26/02/11):</p>
<p>Que nadie crea que en Asturias se va a decidir algo en los próximos  meses. Nada de nada. Pero hay cosas que están sucediendo allá que  merecen quizá una reflexión. La primera, el agotamiento de los partidos  existentes. No confundir con el sistema de partidos, cosa imprescindible  mientras no se invente algo menos malo. Los tres partidos que se  reparten el territorio &#8211; en partes muy desiguales-no son capaces ni  siquiera de robar y distribuirse el botín con las normas que ellos  mismos se dieron. No dan abasto para alimentar a su clientela, cada &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33756/el-laboratorio-asturiano-y-3/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 26/02/11):</p>
<p>Que nadie crea que en Asturias se va a decidir algo en los próximos  meses. Nada de nada. Pero hay cosas que están sucediendo allá que  merecen quizá una reflexión. La primera, el agotamiento de los partidos  existentes. No confundir con el sistema de partidos, cosa imprescindible  mientras no se invente algo menos malo. Los tres partidos que se  reparten el territorio &#8211; en partes muy desiguales-no son capaces ni  siquiera de robar y distribuirse el botín con las normas que ellos  mismos se dieron. No dan abasto para alimentar a su clientela, cada vez  más voraz. Más desvergonzada también, porque la impunidad vuelve  soberbia a la gente.</p>
<p>Un país para viejos tiene dos grandes  oportunidades: dar mucha seguridad al dinero inseguro, es decir,  blanquear tan eficazmente como las islas Caimán, o convertirse en  balneario de lujo. Falla el clima; todo muy guapo, pero llueve y hay  días grises, como en Holanda. Asturias adopta formas que exigen un  Saviano local &#8211; ya lo he escrito-, espécimen infrecuente porque a la  fauna y a la flora autóctona les falta oxígeno. La autonomía de los  medios de comunicación fue apenas un chispazo en la transición y en  provincias ni siquiera llegaron a dar la luz.</p>
<p>Siempre recordaré  lo de aquellos periodistas de Cantabria que lanzaron una revista y  escribieron claro y rotundo sobre la corrupción urbanística. Un juez, de  esos muy profesionales y muy independientes, les puso una fianza para  banqueros, y cerraron.</p>
<p>Desde hace un mes la vida social y  política asturiana está detenida. Por ninguna razón contemplativa,  sencillamente hierve como una olla, pero no busque usted análisis agudos  sobre lo que está ocurriendo. Nada de eso. La gente espera. ¿Y a qué  espera?</p>
<p>Pues a que alguien le diga quién va a ganar de verdad y  quién va a perder irremisiblemente, y como esta es labor de zahoríes de  la política, una especie felizmente extinguida, el común comenta, brama,  blasfema, incluso hace chistes. Asturias es una fábrica permanente de  chistes. Baste decir que el más notable de los humoristas asturianos,  Jerónimo Granda, se ha quedado sin trabajo. No le contrata nadie. En  provincias, caballeros, todavía existe esa costumbre de preguntar, antes  de contratarte, sobre quién van a ir los chistes.</p>
<p>Escribir  sobre Asturias en un diario barcelonés tiene algo de arcaico, casi como  la visita a un zoológico. ¡Fíjate tú, qué cosas pasan por allí! Yo soy  de la opinión de que al desprestigio de los zoológicos contribuyó la  vulgarización del pensamiento de Freud. Cuando se descubrió que en cada  casa había una jaula y en cada jaula una familia y en cada familia una  colección distinta de animales salvajes, no sólo primates, ahí empezó a  decaer el atractivo por los animales enjaulados. La defensa de los  animales y todo lo demás fue un recurso para escapar al drama. Quizá por  eso sientes algo de rubor al contar estas intimidades locales, como de  familia.</p>
<p>El secreto sumarial tiene sobre ascuas a todos los  implicados. El ex consejero de Educación Riopedre, la representación  genuina de la abnegación militante, el socialista modelo, está en la  cárcel. Y enfermo.</p>
<p>Saldrá en los próximos días tras pagar una  fianza de cien mil euros. Contar esto para catalanes curtidos después  del fregado del Palau de la Música parece burla, pero es así. La juez  llevó a la cárcel a tres altos responsables políticos en la  Administración asturiana, y parece que no existieran más que llantos y  crujir de dientes de los abogados defensores, de los colegas del  gobierno, incluso de la militancia. Asturias es un poco mayor que  Líbano, por tanto nadie tendría por qué extrañarse.</p>
<p>El deterioro  de la vida política asturiana, su imagen pública, está alcanzando unos  niveles inquietantes. Para un país donde los embutidos (de cerdo) tienen  un valor casi identitario, el que los profesionales de la política  pasaran por chorizos no tenía nada de especial. Pero la categoría de  grupo mafioso es un salto cualitativo. Socialistas, populares y los  restos de Izquierda Unida se enfrentaban al dilema de cómo abordar las  próximas elecciones autonómicas en la conciencia de que las perderían  todos pero sacarían lo suficiente para repartirse el botín.</p>
<p>Los  más interesados en el reparto, los socialistas locales, que arriesgan  más porque se llevan la parte sustancial de la ganancia, acosados por la  crisis y los recortes, se inventaron un candidato, alguien más nuevo  que el viejo Tini Areces. Otra generación pedía paso y cuota. Un tal  Fernández, perito, que se decía antes, un mozo que creció amamantado en  las fecundas ubres de los Fondos Mineros. La cúpula madrileña de los  Pepiño y las Pajín decidió que había que abrir la espita por abajo  porque el negocio se resentía. Y así fue. Literalmente, echaron a  Areces, como quien liquida a Don Vito, y le sustituyeron por el  representante de Atlantic City, valga la metáfora. Pero no queda ahí la  cosa, porque los tiempos nuevos no se distinguen porque se hagan cosas  nuevas, sino porque se llevan hasta los límites las formas más  despreciables de las viejas.</p>
<p>Un hombre no ya sin atributos, que  diría el gran Musil, sino sencillamente un chico que siguió el  corrimiento de escala, esa fórmula que utilizaban los militares  españoles desde las guerras africanas. Si no hay batallas, ni hazañas ni  héroes, nos jubilaremos de tenientes coroneles. Colocaron a un tipo  imposible. Sin atributos, ni carisma, ni nada que no fuera fidelidad a  los jefes. Y yo mismo lo escuché, no me lo han contado: Fernández había  sido llamado por Zapatero para ser ministro, pero no quiso y prefirió  quedarse en Asturias, por fidelidad a su tierra. No hace falta ser  adivino para intuir quién fue el inventor de esta genialidad: nuestro  Rubalcaba, convertido por necesidades del guión en el Andreotti de  nuestro tiempo. El hallazgo de que Fernández había rechazado una cartera  ministerial en Madrid tuvo tanto éxito que hasta el propio Zapatero lo  hizo suyo. No hay nadie en Asturias, incluidos los íntimos del tal  Fernández, que abrigue la más mínima duda de que si le llegan a ofrecer,  no un ministerio, sino una dirección general, hubiera salido corriendo  por Pajares para no volver más que a la fiesta socialista de Rodiezmo.</p>
<p>Así  estaban, tan felices, pensando que lo habían hecho todo tan cojonudo  como para que siguiera igual, cuando una juez de Gijón agarró el hueso  del ex consejero Riopedre y sus dos colaboradoras, y un par de  empresarios. Y hasta sus obreros han salido a defender los puestos de  trabajo, ¡nos ha jodido!, y alegan que, con tantas críticas a la  corrupción, los negocios se los van a llevar los vascos y los catalanes, por ese orden. Textual.</p>
<p>Decir  que en esto llegó Álvarez-Cascos parecería una salida literaria. Pero  es verdad, ahí está para quedarse este colmillo retorcido de la  política, un vicioso de la cosa pública, imagino, porque meterse en este  berenjenal y no necesitarlo para comer exige más que ganas, incluso  cierta ansiedad por la venganza hacia los Rajoy y las Cospedal,  inefables. Y todo se vino abajo. No se lo han contado, por supuesto,  pero hay alcaldías del PP en Asturias que están de saldo &#8211; se han pasado  a Cascos-y localidades que han tenido que sustituir a sus concejales con  sorteos entre la arrugada militancia. El Foro Asturias de Cascos  amenaza con ganar y el tejido mafioso ha respondido con un boicot tan  escandaloso que hasta a mí, que creo haber visto de todo, me parece un  gesto berlusconiano.</p>
<p>Una sociedad no se inventa la opinión  pública. La va creando durante muchos años. No es el Watergate lo que  liquidó a Richard Nixon, un veterano gángster de la política, sino la  opinión pública norteamericana. Y esa conciencia de opinión pública que  otorga la sociedad a los medios de comunicación tras habérsela ganado a  pulso y púa es la que consiente entender por qué Berlusconi gobierna, por  qué Fèlix Millet sigue en su casa y por qué Asturias, laboratorio  social de la quiebra española, ni siquiera aparece en los papeles.</p>
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		<title>Asturias necesita un Saviano (2)</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Feb 2011 13:41:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Corrupción]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por<strong> Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 19/02/11):</p>
<p>La belleza, ah, la belleza. Hay que empezar siempre por la belleza,  porque si no la gente se enfada y te tachan de injusto. Los verdes  prados, las vacas que pastan, los paisanos sobrios y trabajadores. Los  pueblos y ciudades, limpios, relucientes, tranquilos. Y sobre todo, no  olvidarse de decir que &#8220;en Asturias se vive muy a gusto&#8221;.</p>
<p>Ahora está de moda preguntarse, como Varguitas, &#8220;cuándo se jodió el  Perú&#8221;. Nada que ver, Asturias no se jodió nunca, siempre fue igual. Como  dice la tonada, &#8220;pequeñina y galana&#8221;, y el que diga lo contrario &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33594/asturias-necesita-un-saviano-2/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por<strong> Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 19/02/11):</p>
<p>La belleza, ah, la belleza. Hay que empezar siempre por la belleza,  porque si no la gente se enfada y te tachan de injusto. Los verdes  prados, las vacas que pastan, los paisanos sobrios y trabajadores. Los  pueblos y ciudades, limpios, relucientes, tranquilos. Y sobre todo, no  olvidarse de decir que &#8220;en Asturias se vive muy a gusto&#8221;.</p>
<p>Ahora está de moda preguntarse, como Varguitas, &#8220;cuándo se jodió el  Perú&#8221;. Nada que ver, Asturias no se jodió nunca, siempre fue igual. Como  dice la tonada, &#8220;pequeñina y galana&#8221;, y el que diga lo contrario quita  méritos a la inveterada autoestima: heroicos desde don Pelayo, dignos en  los momentos de tribulación, sobrios siempre.</p>
<p>Si será así, que tenemos un himno que recuperamos de los borrachos de toda España.</p>
<p>¿Blasfemos? Bah, habladurías, qué más quisieran los otros que una  bandera azul con una cruz inmensa, la de la Victoria, la misma que  Franco alzó con sus manos y también la misma que un quinqui creyó que  era joya de verdad y cuando lo pillaron se le dio por idiota. Aún  estamos en los albores de que la nueva historiografía nos explique que  &#8220;Asturias patria querida&#8221; ya lo cantaban los monjes de Valdediós &#8211; nada  como la religión para dar consistencia al pasado-.Por tanto, &#8220;tengo de  subir al árbol para coger la flor y dársela a mi morena&#8221; no es otra cosa  que la traslación del amor místico hacia la Virgen, metáfora audaz y  muy sentida. Y difícil, porque subir a los árboles para coger flores no  lo puede hacer todo el mundo.</p>
<p>Podría seguir así y probablemente  me alabarían el estilo, quizá irónico sin ser faltón, y sobre todo con  esa pretensión intelectual que deben tener los escritores de opinión en  los diarios de postín. Sé agudo, incisivo incluso, pero no cites a nadie  que no sea para bien. Así es que yo digo: la entrada más hermosa en  Asturias debe hacerse por oriente. Una ojeada a Colombres, pueblo gentil  que pudo ser morada de don Porfirio Díaz, dictador mexicano, cuya  mansión cabe admirar hoy con el nombre de &#8220;Archivo de Indianos&#8221;, y luego  seguir por una hermosa carretera que bordea el mar, atisbando  espléndidos parajes de pueblos y bufones &#8211; nada de polisemia ni mala  leche, bufones son agujeros excavados en la roca por el mar-y acercarse a  Llanes. No hay foráneo que no se quede prendado de Llanes, sobre todo  si es la primera vez; qué casas, qué comercios, qué puerto, qué terrones  de hormigón pintados de modo tan vistoso. Y luego seguir, un paseo, por  las playas de Po, Celorio, Barro y Niembro, qué delicia de arena, qué  belleza del mar, qué alegría de sus gentes. Y así hasta Posada, donde  hay un mercado de lo más racial, los viernes.</p>
<p>Ya está, ya he  cumplido como un intelectual, y he logrado sortear, si no con brillantez  al menos con cierta dignidad todo lo que alguien con rigor intelectual  no tendría por qué decir, ni nombres ni desaguisados. Por ejemplo, que  la entrada por oriente constituye el mejor cursillo acelerado sobre la  corrupción administrativa. Debe saber que el &#8220;Archivo de Indianos&#8221; ni es  archivo ni hay indianos, sino que es un comedero que se montó el PSOE  de antiguo para festejar a los amigos de acá y de allende los mares, y  que es muy visitado durante el verano por las parejas con niños que no  saben dónde carajo meterse los días que llueve, que son bastantes. Y si  echa una ojeada por el pueblo se preguntará cómo es posible que tan poca  villa tenga tanto adosado y quién se embolsó la parte suculenta de esta  ruina.</p>
<p>Pero siga, siga y no se detenga. La carretera que  bordea el mar hasta Llanes, una veintena de kilómetros, lleva haciéndose  tanto tiempo que habrá sacado de la pobreza, e incorporado a la clase  media establecida, a un buen montón de profesionales de los más diversos  gremios. Aún quedan tantos años para que se pueda ver terminada la  autovía que hay quien asegura que algún promotor podrá entrar en la  cárcel y cumplir la condena, y cuando salgo aún tendrá tiempo de asistir  a la inauguración. Si tuviera espacio para contarlo, narraría las  aventuras de los pájaros de todo tipo que lograron cambiar el trazado y  de cómo echaron a vecinos, cortaron pueblos y vaquerías, que luego no  utilizarían nunca, más que como territorio urbanizable. Es difícil  concretar en tan poco terreno tanta basura legalizada.</p>
<p>Pero  siga, siga y no se detenga, pase por delante de los destrozos que al  socaire de una autovía de veinte kilómetros ha hecho ricos a muchos y  aún seguirá. Y entre en Llanes. Si es usted postinero y con influencia  le recomiendo solicitar audiencia con la alcaldesa, Dolores  Álvarez Campillo. Nadie como ella le podrá explicar cómo ha logrado hacer  legal todo lo que ha aportado su familia y allegados, desde las  baldosas hasta las oficinas de turismo. Llanes guarda un prodigio: desde  la transición no ha tenido un plan urbanístico legal; todos, desde  1976, han sido declarados ilegales. Supera pues a Marbella, con  operación Malaya incluida, pero sin jeques árabes, ni pititas, ni  palmeras.</p>
<p>En estos tiempos en los que trajes confeccionados a  mano, como los de Camps, han logrado titulares de gran escándalo, ¿cómo  ha sido posible legalizar todos los chanchullos que han convertido  Llanes y cercanías, desde hace décadas, en una metáfora calabresa? El  Tribunal Supremo acaba de declarar fuera de la ley el último plan de  urbanismo, el enésimo, en un silencio informativo sólo roto por un  informador local, Ramón Díaz, que los dioses protejan como especie en  extinción. Todo es ilegal, pero todo está delante de sus narices.</p>
<p>Pero no se arrepienta usted del viaje y asuma las gratificaciones de la  ruta. Tras esas playas donde usted se puede encontrar en traje de baño a  Rubalcaba o a Lissavetzky, o al profesor Elías Díaz discurseando &#8211; y  más que se podrían citar, como en las crónicas de sociedad locales-,y  así acercarse hasta Posada, villa hermosa un tanto ajada de tanto  blanqueo y replanteo. Le sugiero que le enseñen la mansión de Pérez  Simón, revoloteando sobre la colina de Niembro, con su jardín en caída  sobre la ensenada, salpicado de esculturas firmadas por los más  reputados artistas. ¡Oh, lo he dicho! He citado a Juan Antonio Pérez  Simón sin reverencia. Me corrijo. ¡Qué sería de la vida y de la hacienda  y de la cultura de los socialistas de Asturias sin ese gran indiano que  salió pobre de Posada, hacia 1942, ¡nada que ver con exilio, por Dios,  sólo hambre!, y se hizo algo más que multimillonario en México. Musitan  los posmodernos que sus fiestas convocan para una jornada a Julio  Iglesias o Shakira. ¿Qué no hará por el arte?  Su colección pictórica  causa pasmo. No menos pasmo me causó a mí cómo se compraron inmensos  terrenos de zona rústica que gracias a su mano maestra, y la  colaboración desinteresada de alcaldes y concejales, se convirtieron en  edificables.</p>
<p>Desconozco cuáles son los baremos a partir de los  cuales se puede considerar que una autonomía, una ciudad, una zona se  rige &#8220;con ley propia&#8221; En Italia lo llaman territorio de arbitrariedad  mafiosa, porque la mafia es una forma de hacer negocios, no una forma de  matar. El crimen aparece cuando se pone en peligro esa forma de hacer  negocios. Conviene explicarlo. ¿Saben lo que dijo la máxima  representación del PP en Asturias cuando se enteró el otro día de que el  Tribunal Supremo había declarado ilegal el plan urbanístico de Llanes?:  &#8220;Vamos a seguir el tema muy de cerca&#8221;. Definitivo.</p>
<p>Asturias  tiene todas las posibilidades de ser declarada primera narcozona de  España. Las dos fuentes impulsoras de la gran estafa de los últimos años  fueron el ladrillo y el blanqueo de capitales, ambas una mina para una  Asturias que había renunciado a que los mineros se tiñesen de carbón.  Mejor el polvo blanco, de cal o coca. Con un paro juvenil superior al 50  por ciento, habiendo perdido más de un tercio de sus jóvenes en los  últimos veinte años, con el tráfico y consumo de droga más alto de la  Península, hay quien espera al Roberto Saviano que haga la crónica.  Candidatos mayores de cincuenta y con hipotecas, abstenerse. Cabe  preguntar dónde lo publicará.</p>
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		<title>¿Tan lejos queda Asturias? (1)</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Feb 2011 21:17:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Partidos Políticos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 12/02/11):</p>
<p>Después de discutir de política con gente avezada en Sevilla, Madrid y  Valencia, estoy un tanto perplejo. Y es que puestas en claro las  conversaciones, pasadas a limpio las notas, me encontré con una  sorpresa. Nadie me preguntó en ningún momento por Catalunya. Ni para  bien ni para mal. De haber sido yo tertuliano, de los de aquíode los de  allá, hubiera debido sentirme acomplejado. Deteriorada mi autoestima,  por los suelos mis aspiraciones de analista.</p>
<p>Ocurre que la gente  que sabe eso de usar la dialéctica y el análisis político no encuentra  razón alguna &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33502/tan-lejos-queda-asturias-1/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 12/02/11):</p>
<p>Después de discutir de política con gente avezada en Sevilla, Madrid y  Valencia, estoy un tanto perplejo. Y es que puestas en claro las  conversaciones, pasadas a limpio las notas, me encontré con una  sorpresa. Nadie me preguntó en ningún momento por Catalunya. Ni para  bien ni para mal. De haber sido yo tertuliano, de los de aquíode los de  allá, hubiera debido sentirme acomplejado. Deteriorada mi autoestima,  por los suelos mis aspiraciones de analista.</p>
<p>Ocurre que la gente  que sabe eso de usar la dialéctica y el análisis político no encuentra  razón alguna para debatir sobre Catalunya, ni a favor ni en contra,  sencillamente porque lo de aquí les parece atado y bien atado. El  tripartito dejó las cosas tan obvias como un erial indefendible, y por  poco esfuerzo que estos caballeros hagan, se consolidan. Como hoy no  toca, vamos a dejarlo aquí a la espera de mejor ocasión.</p>
<p>El  problema autonómico en España no es tanto del café para todos, que es  algo que cada cual hubiera debido asumir a su modo. La cuestión está en  lo del café con leche, porque ocurre que el café es un producto  administrable, exquisito y para tomar en proporciones adecuadas. El  conflicto surge con la leche. No hay lugar de España donde tomar un café  con leche no exija precisiones muy curiosas que alcanzan hasta el  chiste; en algunos sitios basta que usted pida un café para que le  sirvan un café con leche. La semiótica del café &#8211; solo, cortado o con  leche, y sus variantes-es de una complejidad hispánica digna de estudio.  Y el lío siempre está en la leche. No hace falta decir que detesto el  café con leche y sin embargo me costaría vivir sin café &#8211; confío en que  al gobierno de turno no le dé por prohibirlo en público o en presencia  de los niños-y además adoro la leche; pertenezco a la generación de  proustianos de aldea que gozábamos con la leche recién ordeñada,  caliente de vientre de vaca, espumosa, que dejaba los labios  embadurnados de nieve y un bigote de payaso infantil.</p>
<p>La  concepción del café con leche para todos lleva implícita una confusión  basada en la irresponsabilidad. Mientras se trata de café, se está  hablando de recursos y administración, pero si se añade la leche  entramos en otro mundo. Nadie le da especial valor a la leche, y así  pasa que un día se descubre que el café con leche es un despropósito  basado en la costumbre.</p>
<p>Las metáforas las carga el diablo, les  ocurre como a las armas; en ocasiones se parecen. Digan lo que digan los  charlatanes de las barricadas radiofónicas, las autonomías resultan un  sistema caro e incómodo, pero no tienen vuelta atrás. No hay sistemas  baratos y cómodos. Nadie, ni el espantajo del Aznar hirsuto que nos  sacan de vez en cuando para asustarnos, puede amenazarnos con un  retroceso. El centralismo no está muerto, pero carece de futuro, lo que  sucede es que la frivolidad tampoco está muerta y aún tiene futuro.  Somos nuevos ricos muy venidos a menos, y quiero dejarlo aquí porque el  tema tiene su aquel, su fuste y su intrahistoria. Otro día.</p>
<p>Por  diferentes razones, las autonomías que tienen peso en la política no son  históricas, sino cíclicas. Sube Euskadi, baja Catalunya, se mantienen  Madrid y Valencia; mañana puede ser diferente. Pero cuando nos referimos  al poder no hay autonomía que valga; el poder y la política, si  hablamos en propiedad, es el Estado, de ahí que las polémicas  autonómicas, por más nacionales e identitarias que parezcan, son  limitadas porque no abarcan todo el poder real. Por eso mismo mencionar  Asturias es como referirse a Andorra en los debates de Davos sobre la  economía mundial. La única diferencia es de autoestima, y es verdad que  puestos a buscar un elemento común entre Catalunya y Asturias, el único  que encuentro es el de la autoestima. Son sociedades que tienen un  egregio concepto de sí mismas.</p>
<p>En similar medida a que usted  puede debatir sobre la situación política española y apenas mencionar  Catalunya, ¿qué le voy a decir de Asturias? Asturias es a la política  española lo más parecido a Cerdeña en la política italiana. Proveedora  de liderazgos políticos, institucionales y empresariales, sin exagerar  tampoco, pero muy por encima de su escaso millón de habitantes. Pero  allí ha ocurrido algo insólito, excepcional, tan raro que llevaban  décadas barrutándolo y aún no acaban de creérselo, porque los asturianos  son de natural descreídos y blasfemos &#8211; sólo Navarra y La Rioja superan  en blasfemias a los asturianos, aseguraban hace años un equipo de  expertos-.¿Sabían ustedes que las blasfemias no existen en euskera y son  muy limitadas en Catalunya, a menos que se castellanicen?</p>
<p>En  Asturias, y en un mes, se han encabalgado dos acontecimientos que tienen  un valor que trasciende la región y que iluminan ángulos ocultos de  nuestra vida política. Primero la presentación de Álvarez-Cascos como  candidato de un nuevo grupo, creado para la ocasión, pero temible de  futuro, denominado Foro Asturias. Para quien no conozca al personaje, y  muy especialmente en Catalunya, donde existe cierta confusión  sacristanesca entre convicciones y comportamientos: Francisco  Álvarez-Cascos es un profesional de la política en un país que en  general tiende al amateurismo.</p>
<p>Me admira &#8211; lo reconozco-cómo ha  sabido medir los tiempos, los contactos, los silencios y hasta los  apoyos. No votaré a Álvarez-Cascos en mi vida, pero eso no tiene la más  mínima importancia. Hay que introducir la figura de Álvarez-Cascos en  nuestra efímera memoria política. Hace ya algunos años dediqué una serie  de artículos a su valoración de la figura de Jovellanos, convertido hoy  Jovino en una especie de Prat de la Riba de la cultura asturiana, si es  que fuera posible hacer tal símil, jugando con dos siglos y dos  personalidades tan radicalmente diferentes. Yo tengo en escasa estima  intelectual al prócer Jovellanos, lo reconozco. Pero resulta que Cascos  es un profesional de la política sin el cual no sería posible entender  la derrota del PSOE, la conformación del Partido Popular como  alternativa y sobre todo la resistible ascensión de Aznar. Lo que viene  luego es otra historia. La soberbia de la victoria. Cascos es  suficientemente soberbio para alimentar la suya en solitario. Habría que  contar cómo el hombre que decidió, uno a uno, los pequeños líderes de  un PP en ascenso, de pronto se encontró fuera. Los partidos, al menos en  España &#8211; y sospecho que más o menos en todas partes-se parecen a los  bancos en vísperas de la quiebra, carecen de memoria.</p>
<p>La presentación de Álvarez-Cascos  con su Foro amenaza radicalmente un curioso statu quo entre el PSOE y  el PP en Asturias, hasta el punto de hacer planes juntos para  conjurarlo. Y cuando creían que el peligro estaba de momento controlado,  una juez de Gijón, Ana López Pandiella, levanta una esquina de la  alfombra, sin conciliábulos ni mediaciones, y lleva a la cárcel, entre  otros, a José Luis Iglesias Riopedre, una leyenda de la izquierda  asturiana. Leyenda posmoderna, porque las leyendas históricas caducaron  allá hacia 1964. Ex dominico, ex comunista, ex profesor y, sobre todo,  ex consejero de Educación durante un montón de años y dirigente  socialista hasta anteayer que le suspendieron de militancia  fulminantemente.</p>
<p>Pero se pararon los relojes. Álvarez-Cascos  inventa un partido &#8211; Foro Asturias, al que los sondeos conceden mayoría  absoluta en las inminentes autonómicas-y el más honrado, hay quien dice  que el único, de los iconos de la izquierda asturiana &#8211; siempre mixta,  transversal, social y comunista-,en la cárcel por cinco delitos:  prevaricación, cohecho, tráfico de influencias, fraude y negocios  prohibidos para funcionarios.</p>
<p>¿Qué ha pasado para haber llegado  hasta aquí? El paraíso natural de los anuncios convertido en un vistoso  vertedero; lentamente, de manera consensuada. Para ti Gijón, para mí  Oviedo. Baste decir que la persona más involucrada en la descomunal  burla de bienes públicos goza de la peculiaridad de ser alto cargo  socialista y esposa de candidato popular. ¡Quién dijo que el matrimonio  no tenía futuro!</p>
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		<title>&#8216;Cascos Party&#8217;</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Jan 2011 22:59:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Asturias]]></category>
		<category><![CDATA[Partido Popular]]></category>
		<category><![CDATA[Partidos Políticos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando Sánchez Dragó</strong>, escritor y columnista de EL MUNDO (EL MUNDO, 13/01/11):</p>
<p>Allá por octubre, quizá en septiembre, publiqué en este periódico una columna cuyo título era <em>¡Cascos y cierra Asturias!</em> La candidatura de ese prohombre a la presidencia del Principado estaba  entonces en el alero. ¿Alero? A una persona así, por mucho que sus ex  correligionarios lo intenten, no ha nacido el guapo que le corte las  alas. Rajoy se ha metido con botas de pocero, maracas de perdigones,  chaleco de camuflaje y gorro de tirolés en un charco que mojará la  pólvora de su fusil de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32994/cascos-party/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando Sánchez Dragó</strong>, escritor y columnista de EL MUNDO (EL MUNDO, 13/01/11):</p>
<p>Allá por octubre, quizá en septiembre, publiqué en este periódico una columna cuyo título era <em>¡Cascos y cierra Asturias!</em> La candidatura de ese prohombre a la presidencia del Principado estaba  entonces en el alero. ¿Alero? A una persona así, por mucho que sus ex  correligionarios lo intenten, no ha nacido el guapo que le corte las  alas. Rajoy se ha metido con botas de pocero, maracas de perdigones,  chaleco de camuflaje y gorro de tirolés en un charco que mojará la  pólvora de su fusil de juguete si no tiene los reflejos necesarios para  reponer a Cascos en el lugar que por edad, saber, valor y justicia le  corresponde.</p>
<p>Mi columna terminaba con una exhortación y un consejo, que  entonces sólo era, por mi parte, pensamiento volitivo, pero que ahora  suena a profecía: «¡Honor y fuerza, Paco! Y si, pese a todo, te  ningunean, rompe la baraja, saca la navaja y funda en Asturias otro  partido. En ti <em>we trust</em>».</p>
<p>Pues bien: los idus del apuñalamiento de Rajoy, y no sólo de  él, porque en el punto de mira de la algarada hay otros gerifaltes de la  tropa, no han esperado a marzo, aunque será, si es que es, allá por  mayo cuando la falcata astur del nuevo Brutus con ribetes de Fletcher  Christian se hunda en el costillar de quienes hasta el jueves habían  puesto oídos sordos a los augurios y se habían tomado su cafelito de  sobremesa sin consultar los posos.</p>
<p>Ya no podrán hacerlo. La encuesta publicada ese día por EL  MUNDO es un aldabonazo que atruena en todos los despachos, ovales o no,  de la casa madre de Génova y de las sedes autonómicas de sus  procónsules. Ignorarlo sería suicida. Los maricomplejines del PP  engatillados allí son ahora conejillos trémulos con las orejas  enhiestas. Su antiguo general en subjefe, como otrora lo hiciesen  Pelayo, cuando los moros, y tras la guerra civil no pocos de sus  paisanos, se ha enrolado en el maquis, ha roto la baraja, ha empuñado la  navaja justiciera y aguarda en el corazón del bosque a que los suyos se  le unan para liderar la rebelión y liberar la región.</p>
<p><em>¡Insh&#8217;Allah! </em>¿Cuántos asturianos caben en ese 36&#8217;5%  que los sondeos computan? Serán legión. ¿Y fuera de Asturias? Ésa es la  incógnita, pero ahí está el busilis.</p>
<p>Lo digo pensando en los muchos españoles de centro y de  derecha que no saben a quién votar. Rajoy es, como Zapatero, un  socialdemócrata, aunque más solvente y de fiar, qué duda cabe, y mucho  menos sonado, quemado y amortizado que el leonés, por lo que, si no  surge otra opción, terminará recibiendo en 2012 el voto resignado y, hoy  por hoy, dubitativo de quienes no tienen más remedio que dárselo para  expulsar a los socialistas de La Moncloa y poner fin, pechando con lo  que sea, a la pesadilla en la que se ha convertido esta legislatura. Lo  contrario sería una catástrofe de tal magnitud que más vale no  mencionarla ni siquiera a título de hipótesis. El futuro, en este caso,  ya ha sido escrito por sondeos tan terminantes que su margen de error a  la baja, si se diera, no cambiaría el resultado, que seguiría siendo de  goleada.</p>
<p>El PP, acabe como acabe el motín de Oviedo y pase lo que pase  en el resto del país, ganará holgadamente todas y cada una de las  elecciones que se avecinan, incluyendo las generales. Para ello cuenta  en su haber con un activo de valor inestimable: Zapatero. Si yo fuese  Rajoy, le impondría la medalla de oro del partido que acaudilla. Es su  mejor aliado.</p>
<p>Ahora bien… Pese a la evidencia de que la buena suerte del PP  está echada y la de su actual líder, a no ser que un congreso  (deseable) o unas primarias (improbables) lo derriben, también, creo que  la iniciativa de Cascos y su sonoro <em>non serviam</em> es el suceso  político y, sobre todo, cívico más importante de la legislatura, pues  abre la posibilidad de que las horcas caudinas de la partitocracia  imperante -lentejas socialdemócratas: plato único, servido a los  comensales de las urnas en puchero de Génova o de Ferraz- dejen de ser  el único cauce por el que a duras penas, reducida a hilillo de estiaje,  fluye en nuestro país (y en tantos otros) la democracia.</p>
<p>¿Es la hora de los disidentes? Puede que sí. Tenemos ya tres  casos muy significativos: Rosa Díez, Antonio Asunción y Álvarez Cascos  (quizá, también, Joaquín Leguina). Cabe la posibilidad de que sean  ejemplos fugaces y, por ello, anecdóticos, pero también podrían ser  síntomas anunciadores y propiciatorios de un fenómeno de alcance  mundial: el de la aparición de personas y grupos, procedentes de la  sociedad y no de la endogamia, compadreo y autismo de los parlamentos,  que denuncien la vergonzosa y vergonzante incompetencia de una clase  política que está a punto de hacer mutis para siempre entre la rechifla  de quienes la auparon, brinden a las gentes del común la posibilidad de  decir en voz alta lo que muchos dicen en sordina y desencadenen un  maremoto acompañado por un vendaval que arrastre los muebles viejos,  lave con salitre y lejía la degradación del mundo y oree el olor a tigre  de las cancillerías.</p>
<p><em>Yes, we can do it</em>.</p>
<p>En Estados Unidos ha sucedido: es el <em>Tea Party</em>, que  lleva trazas de convertirse no en té para dos, como dice la canción,  sino en tablón de náufrago para millones de personas hastiadas,  defraudadas e indignadas. En ello andan ya, a juzgar por la fase de  cuarto creciente electoral de los partidos políticamente incorrectos,  países como Holanda, Francia, Alemania, Italia, Austria, Dinamarca y  Suiza. No son los únicos. Ese fantasma -el del padre de Hamlet- recorre  el mundo occidental, y España, que hasta ahora era excepción, empieza a  dejar de serlo.</p>
<p>¿Cómo será la partitura en cuyo papel pautado tendrán que  alzar la voz, y sostenerla, los futuros líderes? La resumo: no  ideologías, sino ideas; no control, sino libertad; no Estado, sino  sociedad; no colectivos, sino personas; no intervencionismo, sino <em>laissez faire</em>;  no heterogeneidad dispersa, sino amistosa homogeneidad; no  multiculturalismo y relativismo, sino tradición; no corrección política,  sino librepensamiento; no consignas ni doctrinas, sino valores (las  viejas palabras de Machado que han de volver a sonar); no moralinas  institucionales, sino libertad de costumbres; no estado de bienestar,  sino de responsabilidad.</p>
<p>Lo que da o podría dar relevancia histórica al  pronunciamiento de Cascos no es, en función de lo dicho, lo que suceda  en Asturias, donde con él (bajo su férula) o sin él (haciendo  equilibrios) gobernará el ideario socialdemócrata del centro derecha y  repicarán los populares, sino la posibilidad de que ese Cid Campeador  cruce Pajares, baje a la llanura, salte Despeñaperros, vadee el Estrecho  y rinda viaje en los Presidios de África. Sus antepasados lo hicieron.  Esa cuenta atrás, o adelante, con o sin Cascos, ya ha empezado. Si él no  lo hace, otros lo harán.</p>
<p>Cruzo mi Rubicón… Lo que, en definitiva, y sin medias  palabras, espero, deseo y propongo como españolito de corazón helado por  la deriva de su país es que Cascos ponga en marcha un <em>Tea Party</em> a  la española para que quienes, como yo, están asqueados por el proceso  de putrefacción en marcha tengan, por fin, algo y alguien por lo que  votar sin titubeos y con la firmeza que da la convicción de que no lo  hacen a la contra, como suele suceder en España, sino porque se sienten  razonablemente  identificados con un proyecto que, en última instancia,  sólo es el de ese sentido común que Obama, en el Imperio, y la casi  totalidad de los líderes europeos (amén de algunos, como los japoneses,  que no lo son) parecen haber perdido.</p>
<p>Ése, y ningún otro, es el hueco existente en el actual  espectro político para que irrumpa en él el viento de la novedad, la  reacción, la regeneración y la esperanza. Ése es el único horizonte que  se abre ante Cascos para que su gesto, nobilísimo y valentísimo, no se  quede en anécdota, en nota a pie de página en los manuales de historia  y, si acaso, lo que no es mucho, pero es algo, en capitulillo de la  trayectoria de una minúscula, aunque musculosa, región de España.</p>
<p>No hablo por hablar. También yo manejo mis propias encuestas. Me muevo en  círculos de gentes que no votan, que lo hacen por Rosa Díez o el PP, que  votaron, en su día, por Aznar, que no han votado ni votarán nunca a los  socialistas y menos aún a los nacionalistas (lo de Izquierda Unida no  se contempla) y que no desean votar a Rajoy, aunque muchos de ellos, si  no hay alternativa, lo harán.</p>
<p>Pasemos lista: Rosa Díez, Antonio Asunción, Álvarez Cascos y,  ya puestos a soñar, Aznar (resurrecto), Zaplana, Vidal Quadras,  Pizarro, Ripoll, algunos de los <em>arísteguis</em> y, sobre todo,  Esperanza Aguirre, que es la gran perjudicada y arrinconada por el  despotismo, el ombliguismo y la ceguera de Rajoy. He ahí, incompleta,  pues seguro que faltan nombres, por mí conocidos o para mí desconocidos,  la nómina y el cartel de lujo de lo que podría ser un <em>Tea Party</em> o fabada con sidra<em> for everybody</em> a la española. <em>In them we trust</em>,  y yo, de momento, también en Cascos. Si fuese asturiano o estuviera  empadronado ahí, le votaría. No estándolo, lo haré en Madrid por  Esperanza y en las generales por Rosa. Bien está que el voto <em>pueda</em> ser secreto, pero cosa bien distinta es que <em>deba</em> serlo.</p>
<p>Hace muchos años, cuando las huelgas de los mineros de  Asturias dieron jaque no mate al franquismo, Chicho Sánchez Ferlosio  compuso una canción que en días como éstos se me viene a las mientes.  Una de sus estrofas decía: «Hay una lumbre en Asturias / que calienta  España entera / y es que allí se ha sublevado / toda la cuenca minera».  Minero, Álvarez Cascos, no es, pero ingeniero sí. La copla de Chicho  añadía: «¡Hale, asturianos, / que están nuestros destinos / en vuestras  manos!».</p>
<p><em>Just so</em>. No es poco.</p>
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		<title>¿Y a mí quién me paga las pitas? (y III)</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Sep 2007 10:26:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Asturias]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 29/09/07):</p>
<p>Asturias es un país pequeño donde hay demasiada gente que se cree muy grande, y ahí está la base de un rasgo cómico e identitario. Porque lo identitario siempre va más cargado de comicidad que de cualquier otra cosa. A ese rasgo característico de la asturianía se le denomina <em>grandonismo</em>.Es cierto que ha habido asturianos importantes &#8211; hasta un premio Nobel, suelen añadir los más burros del lugar, ya que es principio de ley que cuanto más bellota más patriota-, los ha habido e incluso los hay, pero el secreto consiste en que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/17020/%c2%bfy-a-mi-quien-me-paga-las-pitas-y-iii/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 29/09/07):</p>
<p>Asturias es un país pequeño donde hay demasiada gente que se cree muy grande, y ahí está la base de un rasgo cómico e identitario. Porque lo identitario siempre va más cargado de comicidad que de cualquier otra cosa. A ese rasgo característico de la asturianía se le denomina <em>grandonismo</em>.Es cierto que ha habido asturianos importantes &#8211; hasta un premio Nobel, suelen añadir los más burros del lugar, ya que es principio de ley que cuanto más bellota más patriota-, los ha habido e incluso los hay, pero el secreto consiste en que desde don Pelayo, que estaba por desasnar, las lumbreras del país, tampoco tantas como para desatar campanas, han redimido al resto y hasta les han proporcionado una cantidad de autoestima tan enorme que se hace en ocasiones insoportable y en general, patético.</p>
<p>Para aquellos que vivimos en un va y ven constante entre Asturias y Catalunya sería divertido hacer un cuadro comparativo de genialidades sobre la sensibilidad o la idiotez de los pueblos pequeños que se sienten grandes. Bastaría un apunte genérico, basado en una vieja historia que Pepe Bergamín gustaba de contar en los últimos años de su exilio interior en Euskadi: los vascos y muy en concreto los de Herri Batasuna, decía él, son los más españoles de todos. Y yo añado: los vascos, sumados a los asturianos y los catalanes. Las tres comunidades constituyen un condensado patriótico de esta cosa indefinible, nueva rica y abrumadoramente mediocre, que llamamos España. Dicho esto, al asturiano modo declamativo y para evitar malentendidos, sigo.</p>
<p>El grandonismo es una manifestación de carácter típicamente asturiana y tiene multitud de variantes. Desde la afirmación urbi et orbi del día exacto en que termina la posmodernidad, expresado por Juan Cueto en Gijón una tarde de septiembre, a la dedicación de un monumental edificio como es la vieja Universidad Laboral para industria de la artes, con despacho incluido del presidente de la comunidad, don Tini Areces, valorado en un millón y pico de euros. Recuerdo una polémica en el Parlamento asturiano donde una diputada ardorosa denunciaba: &#8220;Estamos haciendo el ridículo ante el mundo&#8221;.</p>
<p>Ahí es nada, ¡el mundo! Porque el grandonismo consiste en disimular la realidad cubriéndola de retórica y proyectar planes por encima de las posibilidades reales, forzándolas hasta tal punto que estén abocadas a la quiebra. Los premios Príncipe de Asturias, por ejemplo, son una muestra clarísima de grandonismo con final feliz. Nadie en su sano juicio y con los mimbres económicos que puede tender Oviedo por sí solo podría haber conseguido un eco y una proyección como la actual, pero llegó un momento en que el simbolismo de los premios obligó al Estado a asumir lo que Asturias no estaría en condiciones de encajar. O a lo grande, o no merece la pena. Podría citar una docena de proyectos culturales en la Asturias de la transición que fallaron por exceso de pretensiones. La modestia no es consustancial al modo de hacer de Asturias en las últimas décadas.</p>
<p>Y hay que precisarlo: éste es un fenómeno reciente, nada que ver con la historia y con don Pelayo, ni Covadonga, ni la Independencia, ni las huelgas y revoluciones. Es algo nacido en la posguerra franquista. Todo en Asturias, hasta que llegó el franquismo, respiraba sencillez, localismo y ambición de buen hacer, empezando por la gastronomía que compensaba su modestia con la contundencia del material; la casualidad convirtió la palabra <em>Modesta </em>en sinónimo del buen comer en Asturias gracias a un restaurante hoy desaparecido, Casa Modesta.</p>
<p>La supuesta marca identitaria del grandonismo es como todo el patriotismo, fructífera invención del presente. Si uno contempla la historia de Asturias, la modesta historia de Asturias encuentra que sus momentos de grandeza está vinculados a cosas muy obvias de puro humildes. Las grandilocuencias que apostillan hechos gloriosos como la guerra contra Napoleón, el pobre Riego, las modestísimas y valiosas aportaciones culturales, desde el padre Feijoo, las limitaciones intelectuales de Jovellanos, la voluntariosa extensión universitaria de la Institución Libre de Enseñanza en Oviedo, hasta la huida de Pérez de Ayala y de Fernando Vela y Valentín Andrés Álvarez y de Gerardo Diego &#8211; profesor en Gijón- y de tantos otros, por referirme sólo a los momentos anteriores a la guerra civil, todo fue sencillo, sin <em>rebomborio </em>ni grandilocuencia. Incluso la revolución del 34, el levantamiento minero, su impresionante gesto no tiene nada de <em>grandón </em>sino de natural; una clase obrera muy politizada que cree fervientemente en sus jefes revolucionarios, unos incompetentes irresponsables. Luchan porque son fieles a las ideas que encarnan sus dirigentes en la confianza de que ellos sabrán lo que se hacen. Hasta en eso son simples y humanos, porque si hubieran sido curtidos guerreros los hubieran corrido a gorrazos hasta el exilio mexicano. Y no fue así. Eran gente muy sencilla ymuy valiente en su rebelde naturalidad.</p>
<p>El grandonismo astur es de posguerra, es heredero del franquismo y de los vencedores de la Cruzada. Pero lo impregnó todo, entre otras cosas porque los hijos de los vencedores coparon la hegemonía tanto de la derecha como de la izquierda en Asturias. Eso es lo que explica la confusión en la que estamos metidos y el arte de prestidigitación a la que buena parte de esa izquierda se está dedicando al echar la vista atrás. Quien fuera alcalde socialista de Oviedo en la transición, Antonio Masip &#8211; otro compañero de pupitre colegial- ha hecho recientemente unas declaraciones en su condición de actual eurodiputado socialista. Evocando su infancia ha recordado a su padre como &#8220;un gran orador con acento cristiano&#8221;. Lo peculiar del grandonismo es la transformación de la realidad en grandilocuencia, en exceso. Decir que el alcalde de Oviedo en los años sesenta era <em>un orador cristiano </em>con veleidades monárquicas y casi liberales es grandonismo y desvergüenza, y hasta camelo, porque la base del grandonismo es <em>el cuentu</em>,que dirían en Asturias. Vamos a bajarnos de la peana y a hablar natural.</p>
<p>El antiguo alcalde de Oviedo, don Valentín Masip, padre del actual dirigente socialista Antonio Masip, era un gran franquista, posiblemente con mucho acento cristiano, me es indiferente lo que pensara en su fuero interno. La historia de la izquierda en Oviedo, y por ampliación en Asturias, está marcada por muchas cosas, entre otras el hecho de que figuras notables de esa izquierda real y radical durante la primera transición fueran hijos de quienes dirigieron, avalaron y aplaudieron la brutal represión sobre los mineros asturianos en las huelgas de 1962 y 1964.</p>
<p>Los hijos del alcalde de Oviedo, el del gobernador civil Marcos Peña Royo &#8211; actual presidente del Consejo Económico y Social y militante socialista tras una breve estadía en el PCE-, y del jefe de Policía, Mourenza, cuyos hijos militaron y con notable valor y audacia en el PCE desde los años sesenta, para desesperación paterna. Se podrían citar más y sobresalientes.</p>
<p>Hay que asumir la singularidad de que la decadencia de Asturias coincide con el franquismo. Pero en eso ocurre como en Catalunya. Asturias perdió la guerra, pero un buen puñado de asturianos, y de catalanes, la ganaron. Hay una reflexión soberbia, casi diría un retrato de época y de casta, y de grandonismo, que protagonizó el barón de Grado, don Martín González del Valle, personaje importantísimo en la economía y la política, en Asturias y fuera de ella. La contó él mismo en un libro no venal titulado <em>Vivencias y semblanzas </em>dedicado a sus 34 nietos, para que supieran algunas cosas del abuelo y de sus hazañas. Ahí narra la visita que le hizo a un Franco ya terminal, en 1973. Se conocían desde agosto de 1936, en Sevilla, cuando su padre, Marqués de la Vega de Anzo, se presentó al Generalísimo, que apenas empezaba, con sus dos hijos, José María y este Martín, vestidos ya de militares para la Cruzada. Las palabras del barón de Grado a Franco ¡en 1973! deberían figurar en Asturias, y muy especialmente en Oviedo, con la misma fuerza que les da Lampedusa en la Sicilia moderna. Dirigiéndose al Caudillo, imagino que con voz cargada de emoción por la trascendencia, le espetó: &#8220;Mi general, quiero que sepa que nosotros somos los de siempre&#8221;.</p>
<p>A partir de ahí es posible entender muchas cosas y situarse en un mundo moderno con un peso de la tradición brutal, teñido de melancolía y de retórica. Por eso uno se queda perplejo cuando escucha las cuitas de un paisano de Mieres, que al ir el primer domingo de septiembre a dar de comer a sus gallinas (pitas) se encontró que de las catorce que tenía, diez estaban muertas y cuatro desaparecidas. Gallinas de la raza asturiana <em>pita pinta</em>,¡un respeto! El buen hombre se vio de pronto metido en un lío, porque había que decidir quién le había liquidado el gallinero. Sin esa condición no había posibilidades de que le indemnizaran. Si fue un <em>raposu </em>(zorro, en bable) se lo ha de pagar el coto de caza; si las mataron los lobos, hay que reclamar al Gobierno del Principado, y si fueron perros asilvestrados, la responsabilidad es del Ayuntamiento. Yel hombre, con esa conciencia campesina de que todo está pensado para complicarte la vida, exclamaba a quien quisiera oírle, &#8220;¿Y a mí, quién me paga les pites?&#8221;.</p>
<p>Asturias se mueve entre el <em>nosotros, los de siempre </em>y la astucia que dificulta saber quién pagará las pitas. En el fondo y en resumen, a <em>nosotros los de siempre </em>les importa un carajo quién mató las pitas.</p>
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		<title>Los comederos de la inteligencia (II)</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Sep 2007 18:11:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 22/09/07):</p>
<p>Nos acostumbramos a pensar bien. No es fácil imaginar lo que supondría acostumbrarnos a pensar mal. Que el primer golpe de vista hacia las cosas y las personas y las instituciones fuera la desconfianza. Imagínese a sí mismo tomando el café con leche de la mañana, convencido de que el café es bueno y la leche también; y no será cierto. Lo más probable es que el café no sea café sino un sucedáneo infecto y la leche haya salido de una probeta más que de una ubre. Y luego cuando baje la escalera &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16932/los-comederos-de-la-inteligencia-ii/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 22/09/07):</p>
<p>Nos acostumbramos a pensar bien. No es fácil imaginar lo que supondría acostumbrarnos a pensar mal. Que el primer golpe de vista hacia las cosas y las personas y las instituciones fuera la desconfianza. Imagínese a sí mismo tomando el café con leche de la mañana, convencido de que el café es bueno y la leche también; y no será cierto. Lo más probable es que el café no sea café sino un sucedáneo infecto y la leche haya salido de una probeta más que de una ubre. Y luego cuando baje la escalera y se encuentre con su vecino, al que dará los buenos días, pensará que por supuesto no tiene nada contra usted. Y se equivoca, porque está tramando cómo denunciarle por el más estúpido de los motivos. En fin, que cuando cruce la calle y pase por delante de <em>la tienda del chino </em>que le saludará ritualmente, nada le hará pensar que se trata de un miembro de <em>la triada </em>con varios crímenes en su haber. Como ven, si en vez de estar acostumbrados a pensar bien nuestra inclinación fuera la contraria, la vida sería más incómoda. Yo conozco a gente capaz de pensar mal desde que posan un pie, al salir de la cama. Y apenas se les nota, pero son casos singulares, hasta tal punto que se les denomina líderes políticos, financieros o mediáticos.</p>
<p>Yo pasaba por delante de un edificio en Colombres, un hermoso pueblo asturiano arrasado por el ladrillo, y nunca había pensado que escondía un timo. Un edificio esplendoroso, rodeado de árboles. Se lo conoce como <em>Quinta Guadalupe</em>.Lo construyó el que fuera más importante indiano astur que conocieron los tiempos, don Iñigo Noriega Laso, una inmensa fortuna amasada en el México de Porfirio Díaz, y que se fue al traste con la llegada de la Revolución de Pancho Villa, Zapata y compañía. Varios años paseé por el parque colombrino de la Quinta Guadalupe e incluso alguna vez visité el edificio convertido, tras lujosa reconstrucción, en un modesto <em>Museo de la Emigración</em>. Como nos acostumbramos a pensar bien, jamás me detuve en el membrete que se fija en sus paredes <em>Archivo de Indianos</em>. Me conformaba con el parquecillo y los magnolios, hasta que un día, hace ya algunos años, me dio por saber más de ese tal Iñigo Noriega, personaje descomunal en todo, en su pobreza natal, en su astucia para trepar por el México del XIX, en su fecundidad de semental, en su insaciable rapacidad y en su cándida megalomanía que le llevó a proponer al dictador desterrado, don Porfirio, que optara por la mansión de Colombres y no por un <em>pavillon </em>en los parisinos Campos Elíseos.</p>
<p>Mi acceso al Archivo de Indianos, o más exactamente, los vericuetos funcionariales que hube de driblar para llegar a verle la cara al director y penetrar en lo que yo suponía sancta santorum de la documentación de Indianos, darían para un cuento de Gogol. El tal director, enterado de mi presencia, pasaba por delante de mí, y me observaba, en la completa seguridad de que yo no le conocía. ¡Cómo iba yo a conocer al ínclito intelectual local don Santiago Romero! Aún hoy es una sombra con bigote, uno de esos tipos sórdidos, de profesión <em>sus labores</em>,lo que consiste en hacerle la pelota a los que mandan, gracias a lo cual es al mismo tiempo director de dos museos tan absolutamente incompatibles en cualquier lugar que no fuera Asturias, como el Museo de la Minería y el Museo de la Emigración, distantes en kilómetros y universos. Ahí empecé a preguntarme cosas. Por qué había tantos museos en Asturias; yo he contabilizado un centenar y me aseguran que me quedo corto, porque no cuento los nuevos inventos de <em>pesebre cultural</em>, las denominadas <em>aulas de interpretación</em>, donde al parecer <em>te interpretan </em>una iglesia del prerománico, un castro perdido o catorce huesitos del paleolítico. Por supuesto que a los tres días de visitar la precariedad, abandono y desidia del supuesto Archivo de Indianos me sugirieron que me marchara y dejara de molestar la tranquilidad de aquellos probos empleados, perplejos ante la visita de un extraño. Ahí aprendí varias cosas sobre el estado de la inteligencia asturiana.</p>
<p>La primera y fundamental, que nada es lo que dice ser. La cultura es un instrumento que puede servir de ariete pero que resulta una fuente inagotable de recursos políticos. ¿Qué importa que ese Archivo de Indianos no sea archivo de nada, si es el lugar más idóneo para celebrar sucedáneos de espichas &#8211; fiesta asturiana ligada a la sidra y al condumio racial- con tambor y gaita? E incluso está muy bien pensado que el mismo director lleve al tiempo el Museo de la Minería y el de la Emigración, porque el primero depende del PSOE de las cuencas mineras &#8211; controlado por el conseguidor Fernández Villa- y el de la Emigración, a su vez, resulta una cantera de votos y fondos para el corrupto socialismo astur, enquistado en la autonomía. Y un corolario: no hay ninguna posibilidad de abrirse paso en el mosaico de intereses plasmado por los centenares de culos incrustados sobre la cultura.</p>
<p>Verbigracia. Si yo, tras el descubrimiento de la verdadera naturaleza golfa del Archivo de Indianos, escribo una carta al periódico local, jamás se publicará, porque la fraternidad de intereses convierte en opaca a la realidad. En otras palabras, que todo amigo metido en un comedero intelectual siempre está en condiciones de compensarte, pero si rompes la <em>omertá</em>, te arriesgas a ser castigado sin palo ni piedra ni presupuesto. Esta misma semana, sin ir más lejos, Daniel Gutiérrez, al que no conozco de nada, recién nombrado Director para el teatro de la Laboral, un centro faraónico de la época franquista convertido en cementerio de inversiones culturales para los amigos del Presidente de la comunidad, acaba de dimitir por un motivo tan divertido como insólito: le nombraron para un cargo que ya le habían dado antes a otro, más amigo del Presidente que él. Los asturianos se desternillarán y hasta le dedicarán un chiste brillante y un apodo, porque para eso son muy dados, pero no pasará de ahí, porque es muy arriesgado romper la rueda de la dependencia.</p>
<p>Pero así estamos, espectadores de un singular torneo amañado en el que el Oviedo <em>de toda la vida</em>,por cierto que dirigido por un <em>parvenu</em>,el alcalde Gabino de Lorenzo, ha decidido apostar por la luminaria de Gustavo Bueno &#8211; riojano, escolástico, gran sofista- y regalarle una Fundación, enfrentito de su casa, una sede amplia y bien engrasada de fondos, lo cual le convierte en el personaje de moda del Oviedo de siempre, con gran éxito de crítica y público. La derecha de Oviedo ya tiene un filósofo. Tuvo escritores a los que despreció, damas postineras imparables, una pianista bajita, peluqueros melómanos, un puñado de filarmónicos aguerridos con querencia hacia la ópera, rokeros asilvestrados, deportistas corajudos, tipos célebres que nunca celebraron nada, algún profesor de probada inutilidad, un engominado economista del fascio falangista, pero filósofos, en Oviedo, no recuerdo ninguno que merezca la pena recordar. Gustavo Bueno es el primero desde los timoratos pensadores de la Institución Libre de Enseñanza que ramonearon por la Universidad sin demasiada fortuna. Oviedo, o es de derechas o no es.</p>
<p>Frente a los pensadores subvencionados por el Ayuntamiento de Gabino de Lorenzo y la derechona ovetense, la izquierda del torto con caviar, muy venida a menos, plantó sus reales en Gijón y aledaños. Juanin Cueto &#8211; permítanme el diminutivo, por eso del colegio-, Pedro de Silva, Ignacio Quintana&#8230;, las estrellas del pensamiento fino y comprometido, se amparan en el poder autonómico que detenta un personaje sin pedigrí conocido que llegó al poder por exclusión y tras la quiebra de la dirigencia socialista, Tini Areces. En Asturias siempre fue muy importante el pedigrí, piensen que la inteligencia local se asienta en el pedigrí tanto más que en la obra, por lo demás discreta. Tanto Juan Cueto como Pedro de Silva, promotores con talento y escritores perezosos, descienden de otras tantas luminarias, inmarcesibles, de la cultura astur, ¡y universal!, que dirían en el Principado. El primero Juan Cueto y Alas, de las Alas de Clarín, sobrino nieto, o algo así, del autor de <em>La Regenta</em>, el Umberto Eco local, no porque escribiera nada sobre la rosa sino porque supo distinguir, en un momento crucial de su carrera, la diferencia entre ser apocalíptico o integrado. El otro, Pedro de Silva y Jovellanos, de los Jovellanos y Jovellanos de toda la vida, ejerció con brevedad y buen talante, quizá por eso, de Presidente de la Comunidad Asturiana, tataranieto, si es que esto existe, de aquel Gaspar de Jovellanos, <em>Jovito </em>para los íntimos, que gozó de buena voluntad, peor pluma e infame suerte; su descendiente fue autor de <em>un novelo </em>picantón, ¡ay Gijón!, y de numerosos artículos, breves y sensatos.</p>
<p>Y ahí están enfrentadas las dos galaxias. La del Partido Popular, concentrada en Oviedo. Y la de Gijón, cantando loas a la sensibilidad artística del Presidente Tini Areces, que ha tenido a bien ponerles a su disposición la vieja Universidad Laboral, mausoleo cultural del viejo régimen, para ensayar a precios suculentos que cien mil flores aparezcan y que lo disfruten del presupuesto. De momento el choque de culturas está parado. Tratan de asumir el momento que se vive, o lo que es lo mismo, la trascendencia histórica de la frase rotunda, astur, milenaria: &#8220;la posmodernidad terminó el día 11 de septiembre de 2001&#8243;. Lo dijo Juanin Cueto, en Gijón, a media tarde del martes de la pasada semana.</p>
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		<title>Asturias. La gozosa decadencia (I)</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Sep 2007 09:57:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 15/09/07):</p>
<p>Asturias está de moda y las sobredosis de autoestima se pueden medir, como suele ocurrir con estas cosas, por la manipulación y la ocultación de la verdad; eso que no es exactamente la mentira aunque sí la antesala de ella. Nos enteramos de que el Dr. Luis Andrenio, de Gijón, ha sido sancionado por obcecarse en tratar a sus enfermos más allá de los cinco minutos que marcan las normas de la medicina pública asturiana. Pero el pequeño detalle es que nos enteramos de eso porque el galeno, en un gesto tan caro &#8211; &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16842/asturias-la-gozosa-decadencia-i/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 15/09/07):</p>
<p>Asturias está de moda y las sobredosis de autoestima se pueden medir, como suele ocurrir con estas cosas, por la manipulación y la ocultación de la verdad; eso que no es exactamente la mentira aunque sí la antesala de ella. Nos enteramos de que el Dr. Luis Andrenio, de Gijón, ha sido sancionado por obcecarse en tratar a sus enfermos más allá de los cinco minutos que marcan las normas de la medicina pública asturiana. Pero el pequeño detalle es que nos enteramos de eso porque el galeno, en un gesto tan caro &#8211; no de querido, sino de costoso- como inaudito, puso un anuncio de pago en un diario local. (Sospecho que este pequeño detalle debe estar estudiándose en más de un departamento publicitario de los grandes periódicos, porque imagínense que fuente de ingresos monumental el que los ciudadanos agraviados o jodidos tras un suceso, pusieran su recuadrito de dos módulos, o mejor de tres, con un ligero descuento, y luego lanzáramos a los audaces reporteros a seguir el tema; una noticia, doble rentabilidad). Por supuesto que el asunto sigue su curso; es decir, un puñado de gente se solidarizó con el médico represaliado, pero ni autoridad alguna, ni político en ejercicio, ni asociación mafiosoprofesional de postín, ha exigido una rectificación. El poder en Asturias es impune e implacable con la disidencia.</p>
<p>Da lo mismo que sea presidente de la Comunidad que alcalde de pueblo; el poder en Asturias es inaccesible a los mortales de a pie. O para ser más exactos, la arbitrariedad del presidente de la Comunidad se traslada, como muestra de ejercicio del poder, a todo alcalde de pueblo que se precie. Por ejemplo, los nombramientos se hacen en función de asegurar que los amigos del presidente no se queden fuera de la pomada y así se acaba constituyendo una red clientelar, de fidelidad lacayuna; yo te aseguro el condumio &#8211; y como es sabido en Asturias el condumio es abundante- y tú me eres fiel. ¿Cómo se aplica esto a los alcaldes? Pues a su escala y nivel; la industria del ladrillo se ha convertido en fuente nutricia de muchos ayuntamientos asturianos, lo que consiente que se enriquezca el primer edil y reparta suertes entre los suyos y sus familias. Se podría hacer un listado de nombres y lugares, pero no tendría mucho sentido aquí. Lo que sí creo que lo tiene son las formas que adquiere la impunidad. Un médico sancionado por exceso de celo hacia sus pacientes debe poner un anuncio en los diarios, pero un as del volante como Fernando Alonso puede obtener de los diarios asturianos hasta ¡un editorial! El periódico más leído e influyente de Asturias dedicó un indignado editorial &#8211; &#8220;Alonso, víctima de una cacicada&#8221;- para denunciar no sé qué decisión de los organizadores internacionales de las carreras de coches que perjudicaba al piloto ovetense. ¡Un editorial para denunciar la conspiración del mundo mundial contra el joven corredor! No creo que haya otro precedente de este ejercicio de orgullo patriótico y de autoestima patética que aquel otro, atribuido a un diario extremeño hacia 1945, cuando el editorialista, indignado por la escasa atención que le prestaba el lejano Japón imperial en guerra con los Estados Unidos, empezó así su alegato. &#8220;Si el Almirante Tojo hubiera leído nuestro editorial de ayer&#8230;&#8221;.</p>
<p>Tiene que haberse deteriorado mucho el ejercicio de la profesión periodística y el papel generador de opinión pública de la prensa para que un diario local, el más influyente con mucho de toda Asturias, incluya cinco fotos, cinco, y en cinco diferentes páginas, con obvia presencia en la primera y a varias columnas, del señor presidente de la Comunidad, Tini Areces, viejo conocido mío por lo demás, y que nunca me hizo mal ni bien (esto es obligado ponerlo en Catalunya, porque en cierta ocasión y en este mismo diario donde escribo, un tan conocido como mediocre político catalán, Felip Puig, llamó a un directivo para preguntarle qué me había hecho él a mí, como si lo de escribir de un zafio incompetente fuera tarea de amigos y enemigos, como en los juegos de niños). No estoy hablando de período electoral, ni de folleto publicitario a insertar, sino del diario <em>La Nueva España </em>del pasado miércoles, 12 de septiembre. Cinco fotos, cinco, portada incluida. ¡Así cualquiera!</p>
<p>Y si cito a un diario en concreto, donde por cierto tengo &#8211; o tenía hasta ahora- un buen puñado de amigos, es porque no hay otra forma donde pueda expresarse la opinión pública. ¿Dónde podrían hacerlo? En ninguna parte fuera de pagarse un anuncio publicitario. Lo primero que hace un presidente autonómico impune para garantizarse una cierta eternidad en el cargo es inventarse una televisión autonómica. Asturias acaba de inaugurarla, para vanidad de su presidente y despilfarro de la comunidad. ¿Y qué hace la oposición? Si hay algo ajeno a la opinión pública ciudadana son los partidos políticos asturianos, los que conozco, desde el PSOE, auténtica troupe siciliana encabezada DA LO MISMO QUE SEA el presidente de la Comunidad que alcalde de pueblo; el poder en Asturias es inaccesible a los mortales de a pie ASTURIAS ESTÁ ABOCADA a convertirse en un gran parque temático, pero ocurre que la autoestima crea algunas asintonías de difícil solución por los Fernández Villa y familia, seguida de los Areces y familia, los Trevín y familia, y los Fernández a secas, formándose como familia&#8230; Pasando por Izquierda Unida, que es lo más parecido a la sección de Coros y Danzas locales, defensores de todos las tradiciones, desde el traje astur con montera picona a himnos y banderas, hasta el punto que cabría decir que los comunistas asturianos &#8211; los que no salieron corriendo hacia el PSOE, como hizo la mayoría- son la primera organización conservadora del Principado; parecen personajes salidos de una novela de Palacio Valdés.</p>
<p>Los conflictos de familia en el PSOE asturiano podrán llegar hasta el escándalo, pero pase lo que pase, jamás de los jamases cabe en cabeza de asturiano alguno que pueda ser vencido por el Partido Popular, a menos que traigan a alguien que supere el panfilismo de los populares locales. Es curioso cómo el Partido Popular en Asturias, desterrado Álvarez Cascos por exceso de celo y desinterés en la cosa, es lo más parecido a la página no escrita por Darwin a propósito de las especies torpes que ocupan huecos biológicos, donde se enquistan, como los pingüinos. Asturias está dominada por el clientelismo del PSOE, con una reserva para indios de lujo con pedigrí derechista, <em>de toda la vida</em>,Oviedo, donde confío detenerme con mayor hondura en el segundo capítulo de esta breve serie.</p>
<p>Asturias está abocada a convertirse en un gran parque temático, pero ocurre que la autoestima crea algunas asintonías de difícil solución. La primera y fundamental es la conversión del orgulloso espécimen astur &#8211; vacilante heredero, convicto y confeso, de Don Pelayo y sus bárbaras mesnadas; no olvidemos que a la sazón la cultura era musulmana, ¡una putada del maligno!-. Difícil tarea convertir ese tipo, al que alguien engañó hace ya muchos años &#8211; y él feliz de que le engañaran y que además le dieran tortos de maíz- diciéndole que debía medirse con el mundo. La verdad es que el mundo llegaba a Pimiango por Oriente y a Los Oscos por Occidente, pero resulta duro decirle que debe adaptarse a ser camarero. Camarero indolente, y hasta farruco, faltón si se quiere, pero camarero. Esta es la gran verdad que el mundo astur, sus líderes, sus padres putativos y patrióticos, su autoestima kilométrica, no pueden aceptar. ¿Nosotros, camareros? De eso nada, los traeremos de Latinoamérica o de Rumanía o de donde cojones sea, pero nosotros camareros nunca. Todo lo más, jefes de camareros, pero camarero de tropa, jamás. Y así estamos, adviniendo lentamente a la condición de camareros jefes. Liquidaron la extracción minera, la producción lechera, y están en trance de hacer lo mismo con el vacuno, la ganadería en general y por supuesto la agricultura. Cuando escucho la emoción de los catalanes y catalanas haciéndose mieles de la hermosura del paisaje astur me da un vahído. Los prados abandonados a la espera del constructor que los pague bien para construir adosados, los paisanos discutiendo sobre si el lobo hay que marginarlo, incorporarlo a la vida rural o ponerle heladerías por la montaña para que no se aburra. Aseguran que la cadena de supermercados &#8220;Alimerka&#8221; tiene más empleados que cualquier otra empresa. Un parque temático precioso, donde si al final se animan los de Izquierda Unida, los paisanos asumirán con orgullo y autoestima patriótica &#8211; ¡puxa Asturies, borracha y dinamitera!- que deberían recibir a los turistas vestidos de porruanos o de vaqueiros de alzada, y las mujeres con los trajes de moza y la enagua bien planchada, que dice la tonada.¡Qué bien se muere Asturias! La gente se va y vuelve en el verano, porque el gran publicitario de la España sin complejos, un leonés, Zapatero, ha afirmado este verano cuando llegó a Los Oscos, en helicóptero, porque de haberlo hecho por carretera aún estaría llegando, &#8220;a Asturias siempre se vuelve&#8221;. Genial. Ser asturiano está de moda y sus políticos aseguran que son la sal de la tierra. Tienen una princesa, un piloto de excepción, un paisaje para gozar, una comida de primera calidad, unos premios tan cosmopolitas que incorpora a Bob Dylan &#8211; nadie ha osado recordar que el promotor fue el miembro del jurado don Rodrigo Uría, recientemente fallecido y con bufete en New York-, unos políticos que se desviven de asturianía y unos ciudadanos atigrados a los que alimentan con mentiras, como a los animales esclavos.</p>
<p>Lo primero que hay que hacer a una sociedad complicada y en pleno y absoluto proceso de decadencia es caparla. Cortarle todas las vías de solución broncas &#8211; reconstruir su fuerza de antaño, por ejemplo- y domesticarla asegurándole que son la sal de la tierra y que todos en España les tienen mucho miedo. ¡Uf, la Asturias del 34 y la del 36! Y no digamos la valiente del 62 y del 64, antes de que de aparecieran los Fernández Villa y los Alfonsos Guerras para crear la Sagrada Familia del Sindicalismo sin obreros. ¡Qué miedo nos tienen! La verdad es que ninguno, y eso ha permitido que Asturias pasara de ser un lugar histórico y hasta legendario de la izquierda transformadora a un parque temático donde te cobran la entrada por ver a los tigres de antaño convertidos en contadores de historias y aparcacoches en Covadonga. Nadie es dueño de sí mismo si le subvencionan.</p>
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