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	<title>Tribuna Libre &#187; Social</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>Metamorfosis de una imagen</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 22:56:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Serafín Fanjul</strong>, catedrático de Literatura Árabe (ABC, 23/01/12):</p>
<p>Si repasamos la prensa española de los ochenta encontraremos respecto a conceptos como «árabes» o «islam» una confusión notable dominada, en líneas generales, por la desconfianza y el desconocimiento, cuando no por la animadversión. No se trata de criminalizar a estas alturas a periodistas y empresas informativas, sino de dejar constancia de lo que había. Nos centramos en la prensa escrita del tiempo por ser más fácil de analizar que las emisiones radiales o de televisión, o en la prensa digital por el evidente motivo de que a la sazón &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39884/metamorfosis-de-una-imagen/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Serafín Fanjul</strong>, catedrático de Literatura Árabe (ABC, 23/01/12):</p>
<p>Si repasamos la prensa española de los ochenta encontraremos respecto a conceptos como «árabes» o «islam» una confusión notable dominada, en líneas generales, por la desconfianza y el desconocimiento, cuando no por la animadversión. No se trata de criminalizar a estas alturas a periodistas y empresas informativas, sino de dejar constancia de lo que había. Nos centramos en la prensa escrita del tiempo por ser más fácil de analizar que las emisiones radiales o de televisión, o en la prensa digital por el evidente motivo de que a la sazón no existía. En términos amplios, el ambiente era poco propicio y amistoso. Latía, en la izquierda, el recuerdo de «los moros que trajo Franco», de la guerra del Rif y de la «tradicional amistad» del Caudillo con el Mundo Árabe, dado que los árabes constituían uno de los dos puntales retóricos de la diplomacia española, carente de otros mejores. La derecha, por su parte, seguía manejando con más o menos convicción la imagen de la España de la Reconquista, de la unificación política de los Reyes Católicos y del peso que en el imaginario colectivo conservaba —y conserva— la memoria del moro asaltante, taimado y ladrón, independientemente de lo adecuadas y justas que puedan ser, o no, esas ideas. Más preocupados como estábamos por otros conflictos internos, se manifestaba la inquietud del pueblo español en Cartas al Director provocadas por la invasión de la Costa del Sol de dinero árabe —que se quedaba con clínicas, terrenos, voluntades—; acerca de la negación de protección a Ceuta y Melilla de la OTAN; o en noticias sobre incipientes muestras de «racismo» (rigurosamente entrecomillado) protagonizadas por este o aquel alcalde.</p>
<p>Presidía el escenario un trasfondo de información deficiente y escasa intención de abordar esos campos de forma seria y bien documentada; para bien o para mal, pero sobre buenas bases de elementos sólidos (la mayor abundancia, en la actualidad, de datos y canales informativos no ha mejorado el panorama; por el contrario, lo ha enturbiado más). Podíamos leer que «Saddam Husein es un sunita, es decir, un musulmán flexible» (El Independiente, 13/08/1990), cuando se preparaba la primera guerra contra Irak; que un Javier Valenzuela redujese a siete los imanes chiíes o que el mismo pendolista confundiese abbasíes con baazistas y se quedara tan fresco (El País, 14/05/1986); o que un Pedro Crespo glosara en términos ambiguos la coba de munícipes andaluces a los dudosos príncipes saudíes que ocupaban sus pueblos («lo malo no vino con los árabes rubios de ojos azules, con la saga de los omeyas, sino con sus acompañantes africanos» (La Voz de Galicia, 03/09/1981). Posturas como la de Alfonso Grosso representaban bien la actitud dominante, al afirmar hallarse «más cerca de Israel que de los países árabes y es, creo, claramente prooccidental , proeuropeo (…) diez años más de administración árabe de Jerusalén hubieran terminado con todos los fundamentos arquitectónicos y paisajísticos de nuestra cultura judeo-cristiana» (El País, 27/11/1980). En la misma dirección se expresaba por extenso Pedro José Ramírez en su artículo «España y los árabes» (Diario 16, 22/06/1981), en el cual abogaba por el establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel (pretensión razonable), entreverando el asunto con un listado casi exhaustivo de los choques, rivalidades y sangrías habidos entre España y «los árabes» (así, en bloque) a lo largo del último siglo.</p>
<p>Sin riesgo de generalizar, puede afirmarse que la sociedad española en su conjunto no era proárabe a principios de los años 80, o en las postrimerías del régimen de Franco. Más bien abrigaba una vaga atracción folclórica muy superficial en cuanto rozaba con el moro mítico de tal o cual lugar —sobre todo en el sur— que a un tiempo servía de envoltorio y máscara para ocultar desconfianza, repulsión, miedo, sentimientos de superioridad y, en el mejor de los casos, un paternalismo concesivo que encontraba su espacio en la pachanga nacional como uno más de sus ingredientes secundarios. Nada más. No obstante, si entre 1972 y 2002 se abriera y cerrara un paréntesis en blanco —por ejemplo, el despertar a la vida de alguien en coma durante treinta años— la sorpresa podría ser grande al abrir el diario ABC (07/07/2002) y leer una singular noticia: «El Castillo de Niebla albergará las “Veladas Andalusíes”. Huelva. La antigua alcazaba árabe del Castillo de Niebla acoge hoy la primera de las “Veladas Andalusíes”, un programa de cenas amenizadas con música, danza y teatro de al-Andalus, que tienen como objetivo reproducir y recrear la cultura islámica que dominó la Península Ibérica durante ocho siglos. Las veladas, que cuentan con el apoyo del ayuntamiento de la localidad, incluyen en su edición de este año cuatro menús diferentes, omeya, almorávide, almohade y nazarí…». Soslayando ese chistoso «teatro de al-Andalus», puede asegurarse que todas estas reconstrucciones circulan entre el pastiche, la guardarropía de baja estofa y la tomadura de pelo. Y no merece la pena extenderse más sobre el asunto: ahora mismo, un restaurante madrileño que dice servir comidas medievales prepara la adafina judía con ¡patatas!<br />
Noticias así parecen mostrar un amoroso interés, de estado de opinión pasado al extremo contrario y de aceptación normalizada de comunidades humanas anteriormente en entredicho. Y hasta de exaltación feliz. En principio y en abstracto sería para felicitarse, si no surgieran de inmediato varias preguntas incómodas: ¿se ha hecho arabófila la sociedad española; y, en caso afirmativo, qué papel han desempeñado los poderes políticos y medios de comunicación en el prodigioso fenómeno?¿Han desaparecido las causas de resquemor en los órdenes cultural, religioso y político que alimentaban la desconfianza?¿Qué factores han entrado en juego para llegar al presente panorama de exaltación acrítica? ¿Hasta qué punto conveniencias coyunturales —de estricto interés oportunista de partidos, personas o grupos económicos y de información— han favorecido la irrupción de esa imagen tierna y blanda inencontrable con anterioridad? ¿Han operado efectos benéficos/odiosos (según se mire), y en qué sentido, en la psicología de las masas españolas los grandes acontecimientos mundiales como el alza del petróleo, el terrorismo islámico, la explosión demográfica de los musulmanes?</p>
<p>Son muchos interrogantes, cada uno de los cuales requiere una amplia respuesta por separado, pero es obvio que los árabes de hace cincuenta años no representaban peligro serio para Occidente, por hallarse, amén de divididos (aspecto similar en nuestros días), aún sometidos a diversas formas de colonización, o recién salidos de tutelas y protectorados. Por añadidura, la natalidad galopante ha duplicado, triplicado y hasta cuadruplicado la población (Egipto, de veinte millones de almas a ochenta), con las consiguientes tensiones internas, búsqueda de alimentos y desbordamiento sobre otros países, musulmanes o no.</p>
<p>En el lejano 1957, compañías occidentales mantenían el control del petróleo de Arabia, Kuwait, Argelia, Irak, Libia, y el precio del crudo no alcanzaba los tres dólares por barril, precio que se comenzaría a disparar durante la crisis de octubre de 1973, sin que hasta el momento se haya detenido. El incremento de los precios ha obrado una doble consecuencia sumamente negativa para nuestros pueblos occidentales: el uso del petróleo como arma política y militar contra nosotros y la disposición de ingentes recursos económicos por parte de regímenes y gentes que en ningún caso, con primaveras o sin ellas, pueden calificarse de democráticos. Paradójicamente, la materialización de las amenazas a gran escala (en los setenta ya existían grupos terroristas, como Septiembre Negro, pero todavía incipientes) ha generado en Europa corrientes de pavor disfrazadas de conciencia autocrítica, que dificultan por sus excesos de buenismo entreguista una relación normalizada y justa con las naciones árabes, por supuesto mucho más allá del problema terrorista, y aunque nosotros —españoles— veamos todo deformado por el prisma que nos impuso Rodríguez durante ocho años, con su Alianza de Civilizaciones, sus rendiciones preventivas y el odio a cuanto signifique España. En el momento en que escribimos solo podemos hacer votos para que Mariano Rajoy no se equivoque y sea capaz de enderezar el entuerto heredado, también en este campo.</p>
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		<title>¿Adónde van los ‘indignados’?</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2012 20:39:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[15-M]]></category>
		<category><![CDATA[Indignados]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Castells</strong> (LA VANGUARDIA, 21/01/12):</p>
<p>El movimiento de indignados surgido en el 2011 en España, Europa y Estados Unidos es una bocanada de aire fresco en un mundo que huele a podrido. Plantearon en redes sociales y en acampadas lo que muchos piensan: que la crisis la crearon bancos y gobiernos y la sufre la gente, que los políticos sólo se representan a sí mismos, que los medios de comunicación están condicionados y que no hay vías para que la protesta social se traduzca en verdaderos cambios porque en la política está todo atado y bien atado para que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39819/adonde-van-los-indignados/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Castells</strong> (LA VANGUARDIA, 21/01/12):</p>
<p>El movimiento de indignados surgido en el 2011 en España, Europa y Estados Unidos es una bocanada de aire fresco en un mundo que huele a podrido. Plantearon en redes sociales y en acampadas lo que muchos piensan: que la crisis la crearon bancos y gobiernos y la sufre la gente, que los políticos sólo se representan a sí mismos, que los medios de comunicación están condicionados y que no hay vías para que la protesta social se traduzca en verdaderos cambios porque en la política está todo atado y bien atado para que sigan pagando los de siempre y cobrando los de siempre. Por eso durante meses decenas de miles de personas participaron en asambleas y manifestaciones y por eso la mayoría de la ciudadanía (hasta el 73% en España) compartió sus críticas. Y todo ello de forma pacífica, excepto la violencia resultante de cargas policiales excesivas, que han llevado a sus responsables ante el juez. El movimiento tuvo la madurez de levantar las acampadas cuando sintió que las ocupaciones se cocían en su propia salsa y que a las asambleas diarias sólo asistían los activistas.</p>
<p>Pero no desapareció el movimiento, sino que se difundió por el tejido social, con asambleas de barrio, acciones de defensa contra injusticias, como la oposición a desalojos de familias, y extensión de prácticas económicas alternativas tales como cooperativas de consumo, banca ética, redes de intercambio y otras tantas formas de vivir diferente para vivir con sentido.</p>
<p>Aun así, el acoso mediático, policial y político que ha sufrido el movimiento, que en algún momento llegó a asustar a las élites dirigentes por su posibilidad de contagio, ha conseguido crear la impresión de que el movimiento ha quedado limitado a algunos jóvenes idealistas o unos pocos exaltados. Basta con cerrarse en banda y dejar que se cansen. Los partidos de izquierda pensaron pescar en río revuelto para realimentar sus menguantes huestes, pero lo dejaron al ver que los nuevos rebeldes ya tienen claro que por ahí no va el cambio por el que luchan. Pese a la hostilidad de los poderes fácticos, el movimiento ha continuado, ha mantenido su deliberación en asambleas, comisiones y por internet, y sigue contando con respaldo popular cuando surgen iniciativas concretas donde sale a la superficie el trabajo cotidiano de quienes no se resignan a que todo siga igual.</p>
<p>Aun así, la determinación de crear nuevas formas de acción transformadora sin liderazgo formal y sin organizaciones burocráticas conlleva dificultades considerables en el desarrollo del movimiento. Por un lado, no valía la pena llegar hasta aquí para volver a reproducir un modelo de activismo que ya ha fracasado repetidamente. Por otro lado, lo esencial es un vínculo entre la deliberación y acción en el movimiento y la conexión al 99% que el movimiento quiere representar. Buscando nuevas vías, en el 15-M se está planteando un debate en profundidad sobre cómo mantener a la vez la acción y la innovación de formas de organización y elaboración estratégica del propio movimiento. El 19 de diciembre pasado, tras una discusión en asamblea, la Comisión de Extensión Internacional de la Puerta del Sol de Madrid decidió suspender su actividad y declararse en reflexión activa indefinida. “El espacio público que habíamos redescubierto ha vuelto a ser sustituido por una suma de espacios privados&#8230; El éxito del movimiento depende de que seamos de nuevo el 99%. Aunque no tengamos la respuesta de qué tiene que venir después, qué forma puede tomar el reinicio que necesitamos, entendemos que el primer paso para escapar de una dinámica equivocada es romper con ella: parar, detenerse y tomar perspectiva”, fue la argumentación.</p>
<p>Aunque esta actitud no necesariamente refleja el sentir de otras asambleas y comisiones del 15-M, es significativa porque evidencia la capacidad de autocrítica y autorreflexión que caracteriza este movimiento. Sólo así puede construirse un nuevo proceso de cambio que no desnaturalice sus objetivos de democracia real en las formas de su existencia. Porque adónde se llega depende de cómo se hace para llegar, cualesquiera que sean las intenciones. Si la cuestión es cómo se conecta con el 99%, ¿cómo se opera esa conexión? Lo esencial en todo movimiento social es la transformación mental de las personas. El poder imaginar otras formas de vida, el romper la subordinación a la manipulación mediática, el sentir que muchos piensan como uno mismo y en perder el miedo a afirmar sus derechos y sus opiniones. En ese sentido, hay múltiples indicaciones de que la gente está cambiando, de que el 15-M hizo visible la indignación y alimentó la esperanza, y que aunque haya menos participación en las asambleas de activistas, muchas personas en su ámbito están ocupando su espacio cotidiano y tratando de buscar vínculos con otras experiencias similares. Tienen claro que el cambio no pasa por elecciones como estas. El triunfo del PP, magnificado por una ley electoral no representativa del voto, no fue tal (400.000 votos más que en el 2008), sino una debacle socialista que ejemplifica el hastío con los supuestos representantes de intereses de los de abajo. Y también se tiene claro que la crisis va a peor sin que nadie sepa gestionarla. Frente a eso, la gente busca sus propias soluciones. Contando con redes de solidaridad cada vez más numerosas. Y apoyando acciones reivindicativas allá donde surgen. Esa transformación mental y esos múltiples cambios cotidianos pueden activarse a niveles más amplios, en formas todavía por descubrir, conforme se vaya quebrando la normalidad. No se trata del viejo mito comunista del súbito desplome del capitalismo, sino simplemente de saber que la economía europea se hunde en la recesión, que la cobertura social se diluye, que la política se enroca y que los ciudadanos siguen indignados y son cada vez más conscientes.</p>
<p>El 15-M existe en esa conciencia. Y, como el agua, irá encontrando sus propias vías hasta hacerse torrente conforme la situación se haga crítica. Afortunadamente, porque la alternativa a esa protesta pacífica y constructiva es una explosión violenta y destructiva.</p>
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		<title>Un copago poco equitativo</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 15:59:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pendiente clasificar]]></category>
		<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Dependencia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Júlia Montserrat</strong>, economista (EL PERIÓDICO, 18/01/12):</p>
<p>Estar afectado de una dependencia física o psíquica significa un sobrecoste por la necesidad de recibir ayuda de otros para realizar las actividades básicas de la vida diaria (levantarse, aseo personal, caminar, ayuda para comer, entre otros). La mayor parte de las personas dependientes tienen más de 80 años, y casi el 70% de las ellas cobran pensiones por debajo de los 1.000 euros al mes, y la mayoría no tiene rentas complementarias. Estos ingresos no alcanzan para pagar el precio de una residencia, un centro de día o un servicio de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39748/un-copago-poco-equitativo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Júlia Montserrat</strong>, economista (EL PERIÓDICO, 18/01/12):</p>
<p>Estar afectado de una dependencia física o psíquica significa un sobrecoste por la necesidad de recibir ayuda de otros para realizar las actividades básicas de la vida diaria (levantarse, aseo personal, caminar, ayuda para comer, entre otros). La mayor parte de las personas dependientes tienen más de 80 años, y casi el 70% de las ellas cobran pensiones por debajo de los 1.000 euros al mes, y la mayoría no tiene rentas complementarias. Estos ingresos no alcanzan para pagar el precio de una residencia, un centro de día o un servicio de ayuda a domicilio si tenemos en cuenta que en los dos últimos casos, además del servicio, la persona necesita hacer frente a los gastos del hogar y a su propia subsistencia.</p>
<p>La ley de la dependencia abrió una brecha de esperanza, ya que garantiza el derecho a recibir unas prestaciones adecuadas a las necesidades, pero, a diferencia de otros servicios esenciales (sanidad, educación), introdujo el copago en la utilización de los servicios. Si bien es cierto que esta ley está ayudando a mucha gente dependiente -en Catalunya, 118.000 personas son beneficiarias de estas prestaciones-, en cambio el modelo de copago de tarifa plana como el que aplica la Generalitat en las prestaciones especializadas de la dependencia (residencias y centros de día) hace que este no sea equitativo y resulten desfavorecidas las personas con rentas medias-bajas.</p>
<p>El modelo de tarifa plana significa cobrar la misma cuota a todos con independencia de su nivel de renta. Sin embargo, de acuerdo con el espíritu social de la ley, para aquellas personas que no puedan pagar la tarifa establecida el copago será el equivalente de su renta menos un importe fijo denominado garantía de ingresos. El resultado es que las personas con una renta inferior a 1.335 euros aportan la totalidad de su pensión menos 132,8 euros al mes de dinero de bolsillo. Las rentas por encima de la cantidad mencionada pagan la tarifa fija de 1.202 euros al mes, y la renta residual aumenta a medida que los ingresos son mayores.</p>
<p>Gracias a esta ley, muchas personas pueden disfrutar de servicios residenciales, lo que sería impensable en otra situación. Pero este modelo de copago supone una presión económica para las rentas medias-bajas y el dinero de bolsillo garantizado es insuficiente para poder satisfacer un conjunto de gastos personales necesarios y no cubiertos por ningún otro sistema de protección social, como son gafas, audífonos, dentaduras, ropa y otros.</p>
<p>Si bien es cierto que ninguna persona beneficiaria de la ley queda excluida en función de sus ingresos, el modelo de tarifa plana supone un agravio comparativo entre los usuarios, haciendo que aquellos con rentas medias-bajas paguen una cuota elevada y su esfuerzo económico sea superior a aquellas otras que tienen una renta más alta. Por ejemplo, el copago en una residencia para personas con dependencia grave, para un usuario con una renta de 700 euros al mes, le supone el 80% de sus ingresos, mientras que a aquel con una renta tres veces mayor (2.100 euros más) le supone un 57% de los ingresos. El esfuerzo económico que representa el copago disminuye a medida que aumenta la renta.</p>
<p>La ventaja comparativa que supone un modelo de tarifa plana para las rentas medias-altas aumenta por el hecho de establecer precios bonificados (bonificación del módulo social en el modelo catalán) o topes en el copago, de acuerdo con lo establecido en la ley de la dependencia, lo que implica que el precio de referencia del servicio público sea aún más bajo que el precio del mercado. Esto representa un beneficio para aquellas personas que, teniendo capacidad económica suficiente para pagar una residencia privada, en cambio pueden disfrutar de un precio reducido como es el precio público establecido mediante el copago.</p>
<p>La manera de hacer más equitativo el copago no es poniendo barreras de acceso según la capacidad económica de las personas -hay que recordar que la ley establece la universalidad de las prestaciones-, sino estableciendo un sistema progresivo de copago, de forma que el importe a pagar fuera un porcentaje del precio de referencia en función de la renta. De esta manera, las rentas más bajas podrían disfrutar de una renta residual más elevada, y el peso del gravamen se distribuiría de manera más equitativa entre los usuarios.</p>
<p>Ahora que se está debatiendo la introducción del copago o tasa de los productos farmacéuticos, hay que recordar la existencia del copago en los servicios sociales y que afecta sobre todo a las personas con dependencia. Pagar impuestos, más el copago por cada servicio que se utiliza, al final hace que la presión fiscal para las personas de clases medias y bajas aumente de forma significativa. Si no hay más remedio que pagar dos veces, al menos que el copago sea lo más equitativo posible. No es justo que en aras de la sostenibilidad del sistema el peso de la carga la acaben soportando siempre las capas más desfavorecidas. En la atención a la dependencia, otro modelo de copago es posible.</p>
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		<title>La emigración desde España, una migración de retorno</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 20:25:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Inmigración]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Carmen González Enríquez</strong>, investigadora principal, Demografía, Población y Migraciones Internacionales, Real Instituto Elcano (REAL INSTITUTO ELCANO, 17/01/12):</p>
<p><strong>Tema:</strong> La gran mayoría de los que emigran desde España son migrantes que retornan a su país de origen.</p>
<p><strong>Resumen:</strong> El aumento del número de españoles residiendo en el extranjero refleja la salida de nuestro país de miles de inmigrantes nacionalizados, junto con el crecimiento de la cifra de latinoamericanos de origen familiar español, nacionalizados españoles en sus países en aplicación de la Ley de la Memoria. La salida de españoles autóctonos hacia otros países es pequeña y queda superada con &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39722/la-emigracion-desde-espana-una-migracion-de-retorno/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Carmen González Enríquez</strong>, investigadora principal, Demografía, Población y Migraciones Internacionales, Real Instituto Elcano (REAL INSTITUTO ELCANO, 17/01/12):</p>
<p><strong>Tema:</strong> La gran mayoría de los que emigran desde España son migrantes que retornan a su país de origen.</p>
<p><strong>Resumen:</strong> El aumento del número de españoles residiendo en el extranjero refleja la salida de nuestro país de miles de inmigrantes nacionalizados, junto con el crecimiento de la cifra de latinoamericanos de origen familiar español, nacionalizados españoles en sus países en aplicación de la Ley de la Memoria. La salida de españoles autóctonos hacia otros países es pequeña y queda superada con creces por la migración hacia España.</p>
<p><strong>Análisis: </strong>En los últimos meses los medios de comunicación se han hecho eco con frecuencia de un movimiento migratorio de los españoles que algunos asemejan a la gran emigración de los años 60, cuando alrededor de millón y medio de españoles se trasladaron a la Europa más rica e industrial, con la diferencia de que en la actualidad la salida del país estaría protagonizada por los jóvenes más formados. Las quejas sobre la pérdida de “cerebros” y capacidades acompañan estos reportajes y la publicidad dada a la oferta alemana de contratación de jóvenes ingenieros españoles ha ahondado esa alarma. En el tono sombrío que caracteriza desde hace algunos años la visión de los españoles sobre su realidad y su futuro, estas noticias sobre la emigración de los jóvenes cualificados vienen a confirmar los más negros diagnósticos sobre la profundidad de la crisis.</p>
<p>Sin embargo, estos reportajes suelen pasar por alto un dato: la gran mayoría de los que están saliendo del país son inmigrantes que llegaron en la ola migratoria de 1998-2007, muchos de los cuales han conseguido la nacionalidad española –que los latinoamericanos pueden solicitar tras dos años de estancia legal en nuestro país y que les permitirá regresar si las condiciones de nuestro mercado de trabajo mejoran–. Sin duda, esto no contradice la frase “los españoles están emigrando”, puesto que efectivamente hay muchos ciudadanos españoles entre los que se van, pero sí afecta a su interpretación.</p>
<p>Las fuentes que nos permiten conocer las cifras de migración hacia el extranjero son la Estadística de Variaciones Residenciales (EVR) y el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE), ambas del INE. En los dos casos es posible diferenciar entre “nacidos en España” y “nacidos en el extranjero”, lo que hace posible analizar por separado a los españoles autóctonos y a los inmigrantes nacionalizados. Por otra parte, el INE elabora y publica Estimaciones de la Población Actual en las que incorpora información mensual sobre emigración e inmigración de extranjeros y españoles, aunque en este caso los datos que ofrece el INE no permiten diferenciar a los autóctonos de los nacionalizados.</p>
<p>De acuerdo con estos datos, a pesar de la crisis económica, España ha seguido siendo hasta finales de 2010 un país con más inmigración que emigración, con un saldo neto en ese año de 90.489 personas (inmigrantes menos emigrantes). El continuo descenso de llegadas desde el inicio de la crisis y el más suave aumento de las salidas ha producido en 2011 por primera vez un cambio de signo del saldo migratorio. Durante los primeros nueve meses de ese año, las salidas superaron a las llegadas en 55.626 personas.</p>
<div id="attachment_39723" class="wp-caption aligncenter" style="width: 492px"><img class="size-full wp-image-39723  " title="emigracion1" src="http://www.almendron.com/tribuna/wp-content/uploads/emigracion1.gif" alt="" width="482" height="289" /><p class="wp-caption-text">Gráfico 1. Evolución de la inmigración a España y la emigración desde España. (*) Los datos de 2011 se refieren sólo al período comprendido entre enero y septiembre. Fuente: Estadística de Variaciones Residenciales y Estimaciones de la Población Actual, INE.</p></div>
<p>Pero hay que resaltar que ambos flujos migratorios, el de entrada y el de salida, están protagonizados por extranjeros mientras que los españoles –y especialmente los autóctonos– juegan aquí un papel muy pequeño. Sólo un 8% de los que emigraron desde España en 2009 eran españoles autóctonos (nacidos en España), un porcentaje que se redujo al 7% en 2010: 26.675 personas sobre un total de 373.954 emigrantes. Los datos publicados por el INE no permiten hacer este desglose para 2011, pero no hay razón para suponer que la distribución entre autóctonos y el resto sea diferente a la de años anteriores.</p>
<div id="attachment_39724" class="wp-caption aligncenter" style="width: 492px"><img class="size-full wp-image-39724 " title="emigracion2" src="http://www.almendron.com/tribuna/wp-content/uploads/emigracion2.gif" alt="" width="482" height="289" /><p class="wp-caption-text">Gráfico 2. Total de emigrantes y emigrantes autóctonos. Fuente: Estadística de Variaciones Residenciales, INE.</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que los inmigrantes sean los protagonistas principales de la salida migratoria desde España es consecuencia clara de la especial dureza con que el desempleo les está afectando. Según datos de la última EPA disponible (tercer trimestre del 2011), el 32,7% de los extranjeros en España está en paro, frente al 19,5% de los españoles. Estas cifras encubren además una gran diferencia según orígenes nacionales, con un desempleo muy superior en algunos grupos. Así, por ejemplo, el desempleo alcanza al 50% de los inmigrantes marroquíes.[1] Por otra parte, el desempleo entre los inmigrantes se traduce en peores condiciones de vida que las producidas por el paro entre los autóctonos: sólo una pequeña parte de los inmigrantes en desempleo ha cotizado a la Seguridad Social el tiempo suficiente como para tener derecho a cobrar el subsidio de desempleo y pocos inmigrantes cuentan en España con una red familiar con ingresos suficientes para sostener a adultos en paro.</p>
<p>Si el análisis se concentra en los “españoles nacidos en España”, la serie estadística muestra que su número está aumentando de forma continuada desde el año 2004, en plena etapa del <em>boom</em> económico y de empleo español, lo que parece indicar que su salida tiene menos que ver con la crisis actual que con el deseo de encontrar trabajos mejor remunerados, experiencias laborales más interesantes o, simplemente, con el deseo de vivir en otro país. En cualquier caso, el número sigue siendo modesto: en 2010 llegó a 26.675 personas.</p>
<div id="attachment_39725" class="wp-caption aligncenter" style="width: 477px"><img class="size-full wp-image-39725" title="emigracion3" src="http://www.almendron.com/tribuna/wp-content/uploads/emigracion3.gif" alt="" width="467" height="251" /><p class="wp-caption-text">Gráfico 3. Autóctonos que emigran. Fuente: Estadística de Variaciones Residenciales, INE.</p></div>
<p>En el caso del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero los datos muestran que el número de los españoles que residen fuera ha aumentado en algo más de 230.000 personas entre enero de 2009 (la primera cifra disponible) y enero de 2011, pero de éstos sólo 7.372 son nacidos en España, es decir, españoles autóctonos. Un aumento de 7.000 personas en dos años no parece justificar una alarma migratoria, sobre todo cuando el número de extranjeros que ha emigrado a España en ese período es mucho mayor. El aumento de las cifras del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero se debe en su mayoría a los países de América Latina, por la combinación de la migración de retorno de los que se han nacionalizado en España y el efecto de la Ley de Memoria. Así, excluyendo a EEUU y Canadá, en el continente americano el número de españoles ha pasado de 791.973 en 2009 a 958.431 en 2011, un aumento de 166.458 personas. En términos relativos a su población, el cambio más importante se ha producido en Cuba, donde el número de españoles se ha casi duplicado en aplicación de la Ley de la Memoria. El bajo número de éstos que nacieron en España corresponde a emigrantes españoles que llegaron a Cuba antes de la revolución castrista o bien a españoles destacados por empresas turísticas españolas en la isla.</p>
<div style="float: left; margin-right: 25px;">
<p><strong>Tabla 1. Número de españoles residentes en el extranjero</strong></p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top"></td>
<td style="text-align: center;" valign="top"><strong>2009</strong></td>
<td style="text-align: center;" valign="top"><strong>2011</strong></td>
<td style="text-align: center;" valign="top"><strong>Aumento 2011/2009</strong></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top">Total</td>
<td style="text-align: right;" valign="top">1.471.691</td>
<td style="text-align: right;" valign="top">1.702.778</td>
<td style="text-align: right;" valign="top">231.087</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top">Nacidos en España</td>
<td style="text-align: right;" valign="top">633.750</td>
<td style="text-align: right;" valign="top">641.122</td>
<td valign="top">7.372</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Fuente: Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero, INE.</p>
<p><strong>Tabla 2. Número de ciudadanos de nacionalidad española en Cuba</strong></p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top"></td>
<td style="text-align: center;" valign="top"><strong>2009</strong></td>
<td style="text-align: center;" valign="top"><strong>2011</strong></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" height="22">Total</td>
<td style="text-align: right;" valign="top">42.592</td>
<td style="text-align: right;" valign="top">75.433</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top">Nacidos en Cuba</td>
<td style="text-align: right;" valign="top">39.808</td>
<td style="text-align: right;" valign="top">72.939</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top">Nacidos en España</td>
<td style="text-align: right;" valign="top">2.659</td>
<td style="text-align: right;" valign="top">2.359</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Fuente: Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero, INE.</p>
</div>
<p>Respecto a la temida salida desde nuestro país de jóvenes talentos, no hay ningún dato estadístico que lo confirme. Los datos del Padrón no muestran ninguna disminución de la población joven española, más allá de la mínima reducción producida por la mortalidad habitual en esa edad. La publicitada oferta alemana para la contratación en su país de profesionales españoles se ha saldado hasta ahora con cifras modestas, básicamente por las carencias de los españoles en el idioma alemán.[2]</p>
<p>De hecho, a pesar de la crisis, todavía son más las entradas de migrantes a España desde los países europeos más ricos (entre ellos Alemania) que las salidas desde nuestro país hacia ellos. Así, en el año 2010 migraron a España 8.015 personas extranjeras desde Alemania y sólo 2.458 españoles hicieron el camino inverso. Y no se trata sólo de jubilados o prejubilados alemanes: la mitad de los que emigraron de Alemania a España en el año 2010 estaban entre los 25 y 54 años, en plena edad activa.</p>
<p>Algo semejante ocurre respecto al Reino Unido y Francia. En 2010 se desplazaron a España 15.498 extranjeros desde el Reino Unido, de ellos 6.711 entre los 25 y los 54 años de edad, mientras que sólo 4.520 españoles emigraron al Reino Unido. En el caso francés los datos de 2010 indican una llegada desde Francia de 7.838 inmigrantes (la mitad entre 25 y 54 años) y una salida de españoles hacia ese país de 3.674 personas. La misma regla se aplica a EEUU, de donde emigraron a España en 2010 4.280 personas, mientras que sólo 3.169 españoles hicieron lo contrario.</p>
<div id="attachment_39726" class="wp-caption aligncenter" style="width: 492px"><img class="size-full wp-image-39726" title="emigracion4" src="http://www.almendron.com/tribuna/wp-content/uploads/emigracion4.gif" alt="" width="482" height="289" /><p class="wp-caption-text">Gráfico 4. Inmigración de extranjeros hacia España y de españoles hacia estos países, 2010. Fuente: Estadística de Variaciones Residenciales, 2010.</p></div>
<p><strong>Conclusión: </strong>La emigración que se está produciendo desde nuestro país está protagonizada por inmigrantes que retornan a sus países de origen porque ya no encuentran en España las oportunidades laborales que vinieron buscando. Esta salida de población estuvo compensada hasta finales del 2010 por la superior entrada de nueva inmigración que, pese a la crisis económica, ha seguido llegando, básicamente por la vía de la reagrupación familiar, aunque su número se haya reducido de forma continuada desde el año 2007. En 2011 el signo se invirtió y las salidas superaron a las llegadas, siempre protagonizadas en su inmensa mayoría por extranjeros o inmigrantes nacionalizados. El aumento de españoles en el extranjero que reflejan las estadísticas se debe básicamente a esa migración de retorno de inmigrantes nacionalizados españoles y al aumento de ciudadanos españoles por la aplicación de la Ley de la Memoria en países americanos.</p>
<p>No hay pruebas estadísticas de que se esté produciendo una salida significativa desde nuestro país de población autóctona y los datos señalan que hay muchos más alemanes, británicos y franceses en edades activas emigrando a España, que españoles haciendo el camino contrario. Podría estar ocurriendo que los registros estadísticos (el Padrón y el PERE) no reflejasen el movimiento de salida en su magnitud real porque los españoles que emigran tienen pocos incentivos para darse de baja en el Padrón en España o para darse de alta en el Consulado del país de destino. Habrá que esperar al Censo, ahora en elaboración, para comprobarlo, pero esta duda no puede sustentar una alarma que confunde la migración de retorno con las salidas de españoles autóctonos. Por otra parte, que algunos miles de jóvenes españoles encuentren trabajo en otros países europeos es una buena noticia en cualquier circunstancia, porque ese trabajo fuera de nuestras fronteras es especialmente enriquecedor en términos de aprendizaje y de establecimiento de redes y esa movilidad laboral contribuye a formar valiosas experiencias vitales y profesionales que en definitiva benefician a sus protagonistas y al país en conjunto. Por último, esa movilidad laboral intraeuropea favorece al conjunto de Europa, cuyas instituciones intentan desde hace tiempo crear un auténtico mercado laboral interno, por ahora todavía muy débil.</p>
<p><strong>Notas:</strong></p>
<p>[1] Colectivo Ioé (2010), “<a href="http://www.casaarabe-ieam.es/" target="_blank">El impacto de la crisis económica en la situación laboral de los inmigrantes marroquíes en España</a>”, Notas Socioeconómicas de Casa Árabe, nº 11/2010.</p>
<p>[2] La red Eures, que agrupa a los servicios públicos de empleo nacionales y regionales europeos, gestiona un <a href="http://www.sepe.es/contenido/empleo_formacion/eures/convocatorias_ofertas/index.html" target="_blank">programa de colaboración entre España y Alemania</a> a través del que se canalizan las ofertas de trabajo para españoles en este país véase.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>La parálisis del paro</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39711/la-paralisis-del-paro/</link>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 19:28:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Mercado Laboral]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39711</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Oriol Alonso Cano</strong>, docente de Filosofía y Epistemología en la UOC e investigador de la Facultad de Filosofía de la UB (EL PERIÓDICO, 16/01/12):</p>
<p>En una de las ingentes charlas informales con mi admirado Rafael Argullol, salió a relucir la recurrente temática de la actual forma de pensamiento que impera en la sociedad contemporánea. Para Argullol, como ha destacado en múltiples contextos y ocasiones, el actual imaginario colectivo se mueve por la pura finalidad, dejando de lado los aspectos culturales y humanistas. Expresado en sus propios términos, se ha sustituido la lógica del por qué para transitar exclusivamente &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39711/la-paralisis-del-paro/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Oriol Alonso Cano</strong>, docente de Filosofía y Epistemología en la UOC e investigador de la Facultad de Filosofía de la UB (EL PERIÓDICO, 16/01/12):</p>
<p>En una de las ingentes charlas informales con mi admirado Rafael Argullol, salió a relucir la recurrente temática de la actual forma de pensamiento que impera en la sociedad contemporánea. Para Argullol, como ha destacado en múltiples contextos y ocasiones, el actual imaginario colectivo se mueve por la pura finalidad, dejando de lado los aspectos culturales y humanistas. Expresado en sus propios términos, se ha sustituido la lógica del por qué para transitar exclusivamente por la del para qué.</p>
<p>Este fenómeno, en el que el individuo se ve impelido única y exclusivamente por la pura finalidad de los acontecimientos y el pragmatismo de sus acciones, no se observa simplemente en aspectos someros de la vida de los ciudadanos, sino que, más bien, se ha inoculado en su manera de ser, en su pura mismidad, tal y como diría Ortega y Gasset, hasta el punto de que hoy en día puede afirmarse sin ambages que el sujeto humano es un ser que se define, principalmente, por ser sujeto pragmático.</p>
<p>Si el individuo se define a la sazón por estos parámetros, es harto evidente que las relaciones que establece con los demás se hallarán mediatizadas por esta lógica pragmática y teleológica. Un ejemplo diáfano de este hecho puede observarse en la elocuente y magnífica obra de Manuel Cruz Amo, luego existo, en la que se exhuma el carácter productivo y competitivo que imbuye las actuales relaciones de pareja. Dicho en otros términos, la lógica del puro pragmatismo que, no lo escondamos más, provoca la asimilación de los patrones capitalistas, por parte del sujeto, y empapa todos sus ámbitos existenciales.</p>
<p>Y si las relaciones con el prójimo se forjan en la pura finalidad, la relación que el individuo mantiene consigo mismo tampoco escapa de esta problemática. Toda persona se caracteriza por tener una consideración de sí mismo -es lo que se conoce como autoconcepto-, la cual se ve influida por un ingente número de factores (reconocimiento por parte del prójimo, experiencias pasadas&#8230;). Pues bien, incluso el propio autoconcepto se halla mediatizado por los parámetros finalistas. Para dilucidar este punto, que podría parecer algo alambicado e intrincado, vamos a penetrar en la relación que el sujeto establece con su propia situación de desempleo.</p>
<p>Si dirigimos la atención a los diferentes estudios materializados a partir de la década de los 30, hallaremos que se pone de manifiesto el fuerte impacto negativo que tuvo el desempleo, sobre la salud mental de los sujetos. Por ejemplo, los estudios de Eisenberg y Lazarsfeld, en 1938, observaron, en sus muestras experimentales, cómo el desempleo hacía al sujeto más inestable emocionalmente (mayor ansiedad y nivel de sentimiento depresivo, menor grado de satisfacción con la vida y nivel de autoestima).</p>
<p>Para explicar cómo el desempleo genera dicha inestabilidad psíquica, Jahoda, en 1987, impulsó la tesis de que la ausencia de trabajo debía verse como la privación de las categorías de experiencia básicas que proporciona todo empleo (desaparición de la estructura temporal, contactos sociales, ausencia de participación en metas comunes, así como de los recursos económicos que proporciona el empleo asalariado).</p>
<p>Por consiguiente, lo esencial de estas conjeturas estriba en que el desempleo provoca malestar psicológico, al verse privada la persona de unas condiciones materiales, económicas y sociales que son básicas para garantizar una existencia digna en nuestro mundo actual. Sin embargo, tal y como se destacó con anterioridad, esta situación es algo propio de nuestra sociedad neocapitalista. Dicho en otros términos, la lógica del sistema capitalista ha penetrado de tal forma en el sujeto que, en el momento en que no es una pieza funcional para el engranaje del sistema, irrumpe un hondo malestar que lo embarga en toda su complejidad.</p>
<p>El desempleo, en la antigua Grecia, verbigracia, era visto como una oportunidad para poder dedicarse a las tareas más elevadas del sujeto: la dialéctica, la retórica, la lógica, la matemática&#8230; Por consiguiente, el empleo se consideraba como un lastre del que había que desprenderse, de la manera que fuese, para dar rienda suelta a las virtudes más elevadas del sujeto. Algo de esto se está produciendo hoy en día (con el auge de la formación de los desempleados), pero lo que ha cambiado es su consideración: al no tener más remedio, se inicia un grado medio, superior o una carrera universitaria que habilite a ser, de nuevo, funcional, para el sistema, y para nosotros mismos.</p>
<p>No se trata aquí de decir que el parado debe aceptar con estoicismo su lamentable situación, y gozar de las actividades formativas que inicie, sino que lo que se pretende es mostrar cómo la concepción que el sujeto tiene de su propia persona, y de sus actividades, ha variado a lo largo de la historia, y se halla empapada -por no decir determinada- por la lógica del sistema imperante.</p>
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		<title>Valores relativos</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39664/valores-relativos/</link>
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		<pubDate>Fri, 13 Jan 2012 15:37:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Andrés Ollero Tassara</strong>, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (ABC, 13/01/12):</p>
<p>La exhibición de los precios puede considerarse como un índice de civilización. Hay países en los que se exige que su presentación vaya siempre acompañada de la cantidad adicional destinada al impuesto; en otros se oculta la imposición indirecta, como si se diera por supuesto que solo pagará impuestos quien no sepa que lo hace. Rimando con ello proliferará la venta sin factura, salvo que alguien la necesite tanto como para estar dispuesto a pagar el IVA. Un escalón más bajo lo ocupará el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39664/valores-relativos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Andrés Ollero Tassara</strong>, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (ABC, 13/01/12):</p>
<p>La exhibición de los precios puede considerarse como un índice de civilización. Hay países en los que se exige que su presentación vaya siempre acompañada de la cantidad adicional destinada al impuesto; en otros se oculta la imposición indirecta, como si se diera por supuesto que solo pagará impuestos quien no sepa que lo hace. Rimando con ello proliferará la venta sin factura, salvo que alguien la necesite tanto como para estar dispuesto a pagar el IVA. Un escalón más bajo lo ocupará el precio sometido a solicitud de rebaja o, no digamos nada, el fijado tras un laborioso regateo fiel trasunto del juego de las siete y media. En estas versiones siempre será el mismo el que engañe a otro y nunca será fácil saber a qué atenerse. Al final todo acabará costando lo que el incauto de turno esté dispuesto a soportar.</p>
<p>No muy distinta es la situación en el ámbito de los valores, sin que me refiera ahora a los que cotizan en Bolsa. Se afirma con no poca frecuencia que sufrimos una crisis de valores, que sería incluso la causante de la catástrofe económica; todo ello como resultado de una auténtica dictadura del relativismo. Mi escepticismo al respecto es difícilmente superable.</p>
<p>Parece obvio que todo un mundo de valores tradicionalmente imperantes se va desmoronando con estrépito. Hablar de valores objetivos o, si alguien se atreve, absolutos es condenarse a un drástico anatema. Es tal desplome lo que tiende a achacarse al relativismo; pero este, tomado en serio, equivale a suscribir que nada es verdad ni mentira, bueno ni malo. ¿Conoce el amable lector a alguien que afirme que nada de lo que dice es verdad, ni nada de lo que hace es bueno? Mala suerte debo de tener, porque, a estas alturas, no me he tropezado aún con ningún relativista. Una cosa es que te oculten o discutan el precio, y otra, bien distinta, que te regalen la mercancía. A la hora de la verdad, el presunto relativista se limita a negar verdad y bondad a lo que proponga cualquier otro; pero jamás admitirá que lo suyo no sea verdadero o bueno. Cómo, si no, podría defenderlo… Si lo del relativismo prospera será porque, como en todo timo que se precie, quien lo sufre va de listo por la vida.</p>
<p>Ese relativismo bizco, que no se apoya en otra dictadura que la del candor de sus víctimas, es el que alimenta algo que, no contento de presentarse como objetivo, acaba operando como absoluto: lo políticamente correcto.</p>
<p>El presunto relativismo nos instalaría en el reino de la libertad. Si nada es bueno ni malo se podrá optar por cualquier cosa; si nada es más verdadero que falso cada cual podrá sostener lo que le peta. Por otra parte, qué mayor libertad que la ausencia de poder&#8230; Todo poder público se asentaría sobre la más estricta neutralidad, utilizando como cimiento rocoso los cascotes de los viejos valores absolutos.</p>
<p>A la joven ministra Ana Mato no le han dado ni cien días de respiro para recordarle que lo políticamente correcto no se decide en las urnas. Para eso hay colectivos que se autoencargan de discriminar dogmáticamente qué términos reúnen o dejan de reunir tan preciada homologación. Por mucha mayoría absoluta que se consiga, lo primero es ser bien hablado. Cómo se le ocurre a la ministra ignorar, a estas alturas, que «familiar» se ha convertido tiempo ha en palabrota que huele a franquismo y curas. Si no pasa por el aro del género, le montarán un número; todo un caso… Viva el relativismo.</p>
<p>En aras de lo correcto habrá que reinventar la urbanidad; nada de palabras malsonantes. ¿Qué es eso de hablar de «aborto»?, con sospechosa a de asesinato, cuando es bien sabido que es una minucia, un mero desecho de todo un derecho: la salud reproductiva, con s de sálvese quien pueda.</p>
<p>A unos legendarios grandes almacenes les han reprochado —en nombre de la neutralidad, por supuesto— que se comporten como si el índice de libros prohibidos hubiera desaparecido; deberían tener constancia de que en realidad solo se les han cambiado las tapas. Los colectivos en cuestión no parecen muy leídos, porque la traducción al español del libro vetado lleva en el mercado más de siete años; pero algo habrá que hacer para catequizar correctamente al personal.</p>
<p>El denostado relativismo no es sino la sustitución de unos valores objetivos por otros, defendidos con el dogmatismo que merece lo absoluto; asunto distinto es que no se dé argumentalmente la cara, disfrazándolos de neutralidad, buen rollo y algún que otro toque litúrgico. A ver quién es el guapo que argumenta contra lo no argumentado. Me asombró la gallardía de Luis Prieto Sanchís, poco sospechoso de franquismo y clerecía; en ocasión para mí digna de recuerdo, afirmó sin cortarse un pelo que esa ética pública de que hablan los heraldos de la Educación para la Ciudadanía no es menos privada que la suya. El inefable Luis XIV de «L’Etat c’est moi» se ha visto sustituido por otros, no menos orondos, que con aire de frustrados preceptores de príncipes afirman: «La Ciudadanía soy yo» y se quedan tan anchos. Mucho presumir de laicismo para acabar pretendiendo imponer otra religión; presuntamente civil, solo por ser la suya.</p>
<p>Reducir todo a la aviesa tarea de algún que otro lobbycon apoyo en medios de comunicación sería demasiado simplista. La imposibilidad de ir por la vida prescindiendo de lo verdadero y lo bueno no deja de afectar también a los poco dados a la comedura de coco. El vacío valorativo acabará llenándose por defecto, por recurrir a la jerga informática.</p>
<p>El principal sucedáneo de los valores que venían sustentando nuestra sociedad no son ni por asomo los antojos de los políticamente correctos. Demasiado poco para sustituir a la libertad, la igualdad y la fraternidad, por no remontarnos más lejos. Una libertad que, ajena a la verdad y al bien, degenera en arbitrariedad. Una igualdad incapaz de detectar cuándo comienza realmente la discriminación; porque para eso, según nuestro Tribunal Constitucional, hay que contar con un fundamento objetivo y razonable, impensable sin verdad y bien. Una fraternidad de la que, si se huye de lo religioso, podemos acabar huérfanos de noticia. El auténtico sustitutivo es una ética objetiva, privada y pública, con bastantes siglos a las espaldas, que no necesita de argumentos porque se refugia en el cálculo: el utilitarismo.</p>
<p>Se ha puesto de moda, y no sin razón, sugerir que la crisis económica puede acabar trayendo consigo algunos bienes: poner fin al despilfarro de un aeropuerto en cada manzana, o a reivindicaciones autonómicas hasta ahora irrenunciables desde lo políticamente correcto. Quién nos iba a decir que llegaría a plantearse, desde la periferia, la resistencia a asumir competencias; o que se amagara incluso con su devolución. De ahí a ignorar que la crisis puede acabar suponiendo, también en el plano de los valores, un alto coste va un buen trecho.</p>
<p>La mayoría absoluta que ha salido de las urnas resulta bastante elocuente. Achacarla sin más a la crisis económica sería por parte de los socialistas, si se lo tomaran en serio, un craso error. Ningún ciudadano ignora que la crisis va para largo y a nadie se le va a ocurrir exigir al nuevo Gobierno que la solvente en un plis-plas. Se dan por hechos duros ajustes y todo parece indicar que la ciudadanía está dispuesta a asumirlos, si la seriedad de los nuevos gobernantes deja espacio abierto a la esperanza. Lo que situó al Gobierno anterior en caída libre no fue la crisis, sino que su absurda negación se viera acompañada de una frivolidad en los objetivos básicos de política interior y exterior que no podía sino acabar con la afición. Cuando la bolsa suena, el utilitarismo convierte los valores éticos en poesía y anima a mirar hacia otro lado; cuando deja de sonar, los desvaríos no encuentran fácil perdón.</p>
<p>El problema ahora es que el economicismo utilitarista pueda convertirse en nueva religión civil, insensible incluso a la necesidad de desmontar los ridículos ídolos de la etapa anterior. Por supuesto que lo primero es lo primero; pero habría que pararse a pensar si un mero utilitarismo estaría en condiciones de identificarlo. Lo que está por resolver es qué no es lo primero…</p>
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		<title>Las mayúsculas de la Igualdad</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39619/las-mayusculas-de-la-igualdad/</link>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 21:31:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad de género]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Carmen Calvo</strong>, doctora en Derecho, profesora titular de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba y exministra de Cultura (EL PAÍS, 10/01/12):</p>
<p>¿Por qué no hemos alcanzado la Igualdad? Tal vez esta interrogante no se formula tan abiertamente porque de ese modo nos ahorramos asumir las responsabilidades de la respuesta. La igualdad entre hombres y mujeres no llega porque requiere previamente la conmoción de algunos de los pilares en la estructura de todo el orden social establecido. Si la igualdad está éticamente residenciada en la moral y moralmente, en la política de los valores, no basta solo con &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39619/las-mayusculas-de-la-igualdad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Carmen Calvo</strong>, doctora en Derecho, profesora titular de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba y exministra de Cultura (EL PAÍS, 10/01/12):</p>
<p>¿Por qué no hemos alcanzado la Igualdad? Tal vez esta interrogante no se formula tan abiertamente porque de ese modo nos ahorramos asumir las responsabilidades de la respuesta. La igualdad entre hombres y mujeres no llega porque requiere previamente la conmoción de algunos de los pilares en la estructura de todo el orden social establecido. Si la igualdad está éticamente residenciada en la moral y moralmente, en la política de los valores, no basta solo con las arduas decisiones legislativas, y con los compromisos políticos, sino que necesita de la convicción profunda de que no es democracia plena y verdadera sin nosotras.</p>
<p>Por todo esto, es fácil entender que no es tarea sencilla, pero también es difícil aceptar que, tras más de 30 años de democracia, esta cuestión central de la vida de la política vaya tan lenta. Sospechosamente lenta. Los datos lo demuestran.</p>
<p>Dicho todo esto, creo que la primera respuesta a la antedicha pregunta es otra pregunta: ¿por qué el otro lado de esta lucha por la igualdad no se acaba contundentemente de activar? Ese otro lado es básicamente el que tendrían que haber movilizado más y mejor los varones demócratas. Otra pregunta intrínseca es: ¿Por qué los varones demócratas creen que pueden serlo, y al mismo tiempo no considerar que es su obligación principal esta tarea de transformación? o ¿cómo puede un varón demócrata, por ejemplo, usar la prostitución, y no pensar que tiene un problema gravísimo en materia de derechos humanos, que al fin y al cabo son la razón de existir de la democracia? Podríamos seguir encadenando preguntas y respuestas y con todas ellas ir entrando en la esencia del gran y central asunto.</p>
<p>Es obvio que el orden de los factores que componen la arquitectura de la agenda política de la democracia se inicia por la economía y la producción de las cosas, y es, el capitalismo y sus componentes, desgraciadamente la única fórmula organizadora de esta sociedad. Esta ha sido también la construcción patriarcal y masculinista, que olvida políticamente que la vida no arranca en el mercado, sino en el paritorio. Mala cosa, porque la propia realidad indica lo contrario: la maternidad y la reproducción de la especie son el hecho primigenio de nuestro mundo, y diremos categóricamente que no es un hecho privado. Otra cosa es que el machismo ambiental lo haya convertido en un acontecimiento interno de la vida más de las mujeres incluso que de los hombres, habiéndolo reducido a unas circunstancias que lo despojan de la gran proyección política que tiene. El sentimiento maternal investido de poder es una fuerza femenina aún sin explorar que el mundo necesita para su equilibrio.</p>
<p>Si miráramos la vida con rigor colocaríamos el hecho del nacimiento, al menos, a la altura del mercado, lo que nos permitiría una mirada justa y equilibrada sobre las vidas verdaderas de hombres y mujeres. No siendo así, todas las estadísticas cantan la multitud de problemas que acumulamos las mujeres por el hecho de serlo en</p>
<p>siguientecualquier lugar del mundo, incluidas las democracias y economías desarrolladas.</p>
<p>Este <em>modus operandi </em>de la sociedad machista hace que los problemas de las mujeres estén muy disminuidos como problemas sociales o políticos, no siendo priorizados nunca en la &#8220;gran agenda&#8221; de la política. Con lo que las democracias viven en una contradicción mayúscula, al pretender no mirar en firme y a fondo los mayores problemas acumulados, no por un colectivo, sino por más de la mitad de sus correspondientes poblaciones, que somos las mujeres de todo el mundo. La mayoría absoluta natural del planeta.</p>
<p>Esta incomprensible situación rompe incluso con el principio elemental democrático de la regla de la mayoría y de este modo alargamos irracionalmente las expectativas de las mujeres y la resolución de sus problemas, consiguiendo que ni siquiera exista una gran conciencia colectiva a veces de las propias mujeres para avanzar.</p>
<p>Continuaremos preguntando: ¿Ha llegado el momento de movilizarnos las mujeres por nosotras mismas más y mejor? Me refiero a pensar en serio y con la experiencia democrática que ya tenemos si hemos tocado techo en las posibilidades de acelerar los cambios de la mano de las estructuras tradicionales de los partidos, incluidos los de izquierdas, que son sin duda aliados de la igualdad.</p>
<p>Se trataría de empujar el encuentro de las mujeres para la conciencia política y en la dirección de encontrar salida a sus situaciones y problemas. La crisis, la tan presente crisis, puede y debe propiciar nuevas miradas sobre viejas realidades sobre todo en un terreno libre y democrático abonado para trabajar de otro modo, tras más de 30 años de experiencia democrática.</p>
<p>El tiempo y su paso no dejan nada inalterado, tampoco la impaciencia e incomprensión que nos produce a los verdaderos demócratas todo esto, y su órdago mayor, que son los asesinatos de tantas mujeres al cabo del año, -cada año sin falta-, y que la sociedad no parece asumir como una realidad frente a la cual levantarse con la contundencia como lo ha hecho, por ejemplo, contra el otro terrorismo, me refiero al de ETA.</p>
<p>El equilibrio de condiciones de vida, de igualdad de derechos y asunción de la diversidad de hombres y mujeres ni es un eslabón más ni uno de tantos de la cadena moral de la Igualdad. Es alfa y omega. Dicho de otro modo, la discriminación de las mujeres es la pieza que abre, cierra, y amontona todas las demás injusticias que acumula la desigualdad en cualquier ser del planeta. Por ello, no es un atajo, ni un anexo de la gran política, sino la verdadera gran política de transformación y avance de la humanidad a través de las fórmulas democráticas.</p>
<p>Quizás ha llegado el momento de concentrarnos valientemente en ello todas las mujeres, frente a aquellos que a duras penas lo aceptan, frente a aquellos que lo boicotean subrepticiamente, frente a aquellos que lo niegan, e incluso frente a aquellas mujeres en posiciones de influencia que son instrumentos útiles de esta profundísima contradicción política de la democracia, por no decir instrumentos perfectos para la coartada de tantos varones.</p>
<p>Qué podemos esperar de una derecha política que históricamente ha colaborado poco a la lucha por los derechos formales de igualdad de hombres y mujeres, que en estos últimos ocho años ha recurrido prácticamente todas las leyes de igualdad de género. Pero, sin ambages, también deberíamos decir que quizás la izquierda tradicional ha tocado techo.</p>
<p>No se trata solo de hacer bandera política del feminismo en la izquierda en general y en el socialismo. No es una cuestión de asumir los postulados de las mujeres. Es dejar que ellas, de forma directa, transformen y protagonicen otra política, otras respuestas. Una parte capital de la socialdemocracia por venir en Europa estará en los contenidos del feminismo político y en las energías creativas de muchas mujeres del mundo que conocen la realidad desde abajo, donde la realidad no es objeto ni de teoría ni de especulación.</p>
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		<title>Los &#8216;millennials&#8217; y sus padres</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Jan 2012 19:51:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pablo Salvador Coderch</strong>, catedrático de Derecho Civil en la Universitat Pompeu Fabra (EL PAÍS, 08/01/12):</p>
<p>Los demógrafos llaman<em> millennials</em> a los nacidos entre 1982 y 2000. Nosotros, los denominados <em>baby boomers,</em> somos sus padres y llevamos tiempo batiéndonos en retirada. No deberíamos.</p>
<p>Muchos <em>millenials</em> creen que el paro es su primer problema vital. No es así: nosotros lo somos. El excepcional dividendo demográfico que benefició a nuestra generación, cuando había mucha gente adulta pero pocos abuelos, se ha agotado y no volverá.</p>
<p>En España, la diferencia entre el número de las personas nacidas en 1952 y en 1982 &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39594/los-millennials-y-sus-padres/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pablo Salvador Coderch</strong>, catedrático de Derecho Civil en la Universitat Pompeu Fabra (EL PAÍS, 08/01/12):</p>
<p>Los demógrafos llaman<em> millennials</em> a los nacidos entre 1982 y 2000. Nosotros, los denominados <em>baby boomers,</em> somos sus padres y llevamos tiempo batiéndonos en retirada. No deberíamos.</p>
<p>Muchos <em>millenials</em> creen que el paro es su primer problema vital. No es así: nosotros lo somos. El excepcional dividendo demográfico que benefició a nuestra generación, cuando había mucha gente adulta pero pocos abuelos, se ha agotado y no volverá.</p>
<p>En España, la diferencia entre el número de las personas nacidas en 1952 y en 1982 es de 77.000 a favor de las primeras. Pero la que media entre los nacidos en 1970 y en 2000, respectivamente, es de 266.000. Así, habrá cada vez más <em>baby boomers</em> jubilados o dependientes a cargo de menguantes cohortes demográficas de <em>millennials.</em></p>
<p>Por ello, habremos de retirarnos más tarde de lo que previmos, algo que todavía muchos europeos de nuestra generación se niegan a aceptar, pero que cualquiera de nosotros que no tenga un empleo extenuante debería asumir. La burbuja demográfica ha estallado y no tenemos ningún derecho a hacer pagar las consecuencias a nuestros propios hijos.</p>
<p>El desempleo es ciertamente el segundo problema de los <em>millennials,</em> particularmente en España, donde la tasa actual de paro es entre dos o tres veces mayor que en Europa Occidental: los españoles contamos con menos del 15% de la población de la eurozona, pero tenemos el 30% del paro.</p>
<p>De nuevo, nosotros los <em>baby boomers</em> hemos de dar ejemplo, pues quienes tenemos un trabajo creemos que es para siempre, y bloqueamos el acceso al empleo a quienes carecen de él. No soy diputado a Cortes, solo funcionario, pero algo puedo proponer para desbloquear mi plaza vitalicia: dejo aquí y ahora constancia de que mañana mismo renunciaría a mi cátedra en propiedad si me ofrecieran la posibilidad de concursar a otra por contrato y los concursos fueran a basarse exclusivamente en el mérito y la capacidad. Algo habré de dejar hecho por mis propios hijos.</p>
<p>Ahora bien, parte del esfuerzo habrá de provenir de ellos mismos. Están, desde luego, mucho mejor educados de lo que lo estuvimos nosotros, pero en su formación se observan dos brechas: la primera, el elevado nivel de fracaso escolar en la educación obligatoria; y la segunda, el reducido número de titulados en enseñanzas profesionales de grado superior si se compara con el de estudiantes universitarios por 1.000 habitantes, superior en España al de casi todos los países europeos más desarrollados.</p>
<p>Los profesores de universidad de mi generación, desfachatados <em>baby boomers,</em> cometimos pecados sin cuento y tan pronto como se puso de manifiesto la caída demográfica en las nuevas matrículas de estudiantes y aterrados ante la posibilidad de que se amortizaran nuestras plazas de profesor, forzamos grados de Bolonia de cuatro años, tumbando los de tres, que hacían mucha más falta.</p>
<p>Tampoco acertaron nuestras débiles autoridades educativas a la hora de entusiasmar a empresas y centros de enseñanza para ofrecer conjuntamente ciclos formativos superiores atractivos. Ahora los recursos se han de destinar a combatir precozmente el fracaso escolar caso por caso y a reeducar a nuestros adultos sin empleo. Si en los próximos 10 años conseguimos rescatar a la mitad de quienes se han quedado en puertas de la empleabilidad, la generación de los <em>millennials</em> triunfará.</p>
<p>Y lo hará, seguro. Hay motivos para el optimismo. Uno es que, como ha escrito un <em>baby boomer,</em> Bill Gates, nunca antes en la historia había habido tanta gente joven tan bien formada, tan capaz de innovar y de romper por tanto con la línea plana de tendencia que nos deprime: los cambios llegarán. Otro lo verán si emprenden un viaje imaginario: cuelguen un mapa de Europa Occidental en la pared, aléjense unos metros y arrojen un dardo sobre él. Vean entonces cuál es la ciudad más próxima al blanco. Es una ciudad maravillosa, dotada de unas infraestructuras excepcionales y de una calidad de vida envidiable. Repitan la experiencia sobre el resto de los continentes y comprobarán que los aturdidos europeos de hoy en nada tenemos que envidiar a casi nadie: 25 de las 50 mejores ciudades por calidad de vida, según el afamado <em>ranking</em> de Mercer Consulting, se encuentran en Europa. Madrid y Barcelona están ahí y Valencia figura como una de las 10 ciudades preferidas por la guía Lonely Planet. Los <em>millennials,</em> hijos nuestros, saben que Berlín está a 150 euros de Madrid en avión. El mundo quiere ser como Europa y Europa despertará gracias a los <em>millennials.</em> Sed bienvenidos.</p>
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		<title>El derecho a no ser molestado</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Jan 2012 17:16:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Contaminación]]></category>
		<category><![CDATA[Intimidad]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Marc Carrillo</strong>, catedrático de Derecho Constitucional, UPF (EL PERIÓDICO, 07/01/12):</p>
<p>La prensa se ha hecho eco de la noticia protagonizada por una pianista a causa de la contaminación acústica y las lesiones psíquicas causadas por el permanente sonido del instrumento en la persona de la vecina del piso adyacente. Seguramente, la trascendencia mediática del asunto responde a que en el proceso judicial iniciado por la víctima del constante ruido, la fiscalía ha pedido una pena de siete años de prisión.</p>
<p>El caso es que la estudiante de piano ejercía su labor diariamente, sin tomar la precaución de insonorizar &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39584/el-derecho-a-no-ser-molestado/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Marc Carrillo</strong>, catedrático de Derecho Constitucional, UPF (EL PERIÓDICO, 07/01/12):</p>
<p>La prensa se ha hecho eco de la noticia protagonizada por una pianista a causa de la contaminación acústica y las lesiones psíquicas causadas por el permanente sonido del instrumento en la persona de la vecina del piso adyacente. Seguramente, la trascendencia mediática del asunto responde a que en el proceso judicial iniciado por la víctima del constante ruido, la fiscalía ha pedido una pena de siete años de prisión.</p>
<p>El caso es que la estudiante de piano ejercía su labor diariamente, sin tomar la precaución de insonorizar su casa, haciendo caso omiso de las quejas recibidas para paliar la situación. Al parecer, los hechos se iniciaron en el 2003 y no fue hasta el 2008 cuando, tras diversos requerimientos, la pianista y sus padres decidieron trasladar el piano a otro lugar. Vaya por delante que la pena solicitada es un exceso fuera de toda proporcionalidad jurídica y que, probablemente, la vía del Derecho Penal no es la más adecuada para depurar en términos jurídicos los hechos relatados.</p>
<p>Ahora bien, la responsabilidad de la pianista y de los padres por los daños causados es palmaria y grave por la reiteración -¡cinco años!- de su comportamiento, que pone de manifiesto, con un incívico egoísmo en la práctica de su actividad musical, un notorio desprecio por la libertad de los demás, en especial del derecho a la intimidad de las personas que vivían en su entorno físico más próximo, como era el caso de su infortunada vecina.</p>
<p>Porque el derecho fundamental a la intimidad de la persona permite rechazar cualquier intromisión en aquel ámbito privado de la persona que es inaccesible a los demás, si no es bajo su propio consentimiento. Se trata de uno de los derechos clásicos de la personalidad, cuyo reconocimiento por el constitucionalismo liberal democrático debe mucho a la aportación hecha por los juristas norteamericanos Samuel Warren y Louis Brandeis en 1890 con su ensayo <em>The right to privacy</em> (<em>El derecho a la intimidad</em>), que después ayudaría a entender el alcance de la Enmienda IV de su Constitución, que acoge el derecho a estar solo y que también puede ser concebido como el derecho a no ser molestado (<em>the right to be let alone</em>). Porque lo íntimo se opone a lo público, a todo aquello que es proclamado por todos; lo íntimo se relaciona con la soledad o con lo restringido y lo reservado; en definitiva, con aquel núcleo de relaciones que la persona selecciona sin dar acceso a nadie más que quien ella decida.</p>
<p>Hoy, el derecho a la intimidad es reconocido como parte integrante de la dignidad y la libertad de la persona. La Constitución española lo hace en su artículo 18, como un derecho de la personalidad que conforma el estatuto de las libertades del ciudadano libre, habilitándole para disponer de su ámbito privado como lo crea más oportuno, en el ejercicio de su libre albedrío. Naturalmente, este derecho a gestionar su círculo privado no es absoluto, porque la persona, aunque lo niegue o intente hacerlo, vive inserta en un contexto social y es posible que, ocasionalmente, aspectos de su vida íntima puedan resultar de interés público y, por tanto, el derecho a la información puede en ocasiones prevalecer. La intimidad tampoco es un derecho absoluto, porque su defensa en ningún caso puede hacerse a costa de los derechos de otras personas.</p>
<p>Pero en el caso de la vecina víctima de la contaminación acústica producida por los ensayos de la estudiante de piano, su derecho a gestionar su ámbito privado, por ejemplo, a través del necesario silencio ambiental que es propio de personas civilizadas, se veía diariamente lesionado por la omnímoda voluntad de la pianista de ir a lo suyo.</p>
<p>La libertad para vivir en su propio domicilio en paz ambiental, por ejemplo, para comer, pensar o practicar la lectura, para comunicarse con su familia, o simplemente para gozar del silencio, no hay duda de que quedaba constreñida por los constantes sonidos emitidos por el teclado del piano. Ya fuese este un Steinway, un Pleyel, un Schimmel o cualquier otra marca del instrumento más bello de música. Como también es absolutamente indiferente que las notas fuesen de una sonata de Beethoven, de las variaciones Goldberg de Bach o de los suaves nocturnos de Chopin.</p>
<p>Lo únicamente importante en este caso es la desconsideración por la libertad de los otros y la ausencia de civismo convivencial, mostrados por la pianista y su entorno familiar. Y, por tanto, lo que jurídicamente ha sido objeto de un daño que -más allá de los efectos irreversibles ya producidos- debe ser reparado es el derecho a la intimidad de la vecina, que además lo ha padecido en el domicilio, que es allí donde de forma mayoritaria -aunque no únicamente- desarrollan su intimidad las personas. Sin que, no obstante, la evidente lesión de relevancia constitucional que se ha producido sobre el derecho a la intimidad se extienda también al derecho a la inviolabilidad del domicilio, conclusión a la que erróneamente llegó el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en un caso relativamente similar de contaminación ambiental (Caso López Ostra /España de 1994).</p>
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		<title>El desnudo ofensivo</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Dec 2011 22:06:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Miguel de Oriol e Ybarra</strong>, doctor arquitecto. Académico de número de la Real de Bellas Artes (ABC, 28/12/11):</p>
<p>EN el reino animal, es el macho el que se luce ante la hembra a la que pretende conquistar. Repaso —porque me gustan especialmente sus colores, sus quiebros en vuelo y exhibiciones prenupciales— la familia de las anátidas: el pato real con cabeza de verde aterciopelado acollarada y rizos presumidos en su cola; la hembra, en cambio, sobria y de un pardo contenido, salvo en las alas listadas de azul, réplica modesta de las del padre; el colorado macho, ¡qué &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39429/el-desnudo-ofensivo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Miguel de Oriol e Ybarra</strong>, doctor arquitecto. Académico de número de la Real de Bellas Artes (ABC, 28/12/11):</p>
<p>EN el reino animal, es el macho el que se luce ante la hembra a la que pretende conquistar. Repaso —porque me gustan especialmente sus colores, sus quiebros en vuelo y exhibiciones prenupciales— la familia de las anátidas: el pato real con cabeza de verde aterciopelado acollarada y rizos presumidos en su cola; la hembra, en cambio, sobria y de un pardo contenido, salvo en las alas listadas de azul, réplica modesta de las del padre; el colorado macho, ¡qué cabeza coronada!; los porrones, común, pardo y moñudo, este con sus moños bien marcados; el silbón; el rabudo, qué elegancia en su cuello largo y su cola de lanza; el friso; el paleto —cómo planea vertiginoso—; las cercetas, común, carretona —guapas— y pardilla o roseta. Nos visitan también los tarros, blanco y canelo, intensamente tostados, y se zambullen las malvasías. Pero los machos de avutarda son los que de verdad presumen cuando encrespan sus barbas y despliegan sus colas. En todas las aves la humildad de la hembra —de colores apagados— excita la arrogancia del macho; hay casos —el somormujo lavanco— en los que la parada nupcial es singularmente esplendorosa.</p>
<p>Todos los caballos, los árabes, los españoles y los llamados purasangres ingleses —producto de cuidados cruces— se pavonean en alardes espectaculares y se engallan antes de penetrar a sus pudibundas hembras.</p>
<p>Los leones yerguen sus melenas en el éxtasis amatorio. Los astados machos presentan cuernos ornamentales, trofeos, muy superiores en dimensión y crestería a los de ellas, mochas en su mayoría. Los guapos, y no lo dudan, son los que padrean.</p>
<p>Culmino con el pavo real, cuya cola, en increíble abanico divinamente coloreado, aturde a la pava que se escabulle azarada en su amor, y lo contrasto con el comportamiento amatorio de los humanos, tan sorprendente y opuesto al de la animalia descrita.</p>
<p>El Perseo —Cellini— y el David —Miguel Ángel— se muestran pasivos desde su apostura viril y escultórica; sus pupilas incoloras, neutras, no convidan. En cambio, Klimt, en su «Judith y H.», y Zuloaga, en «La Condesa Anna de Noailles» (Connaissance Des Arts, Dic. 2011), inspirados en la gloriosa sinfonía pictórica del pavo real logran que las miradas activas de sus modelos seduzcan desde la profundidad de su embrujo. (Estas líneas van dedicadas a la insigne ecóloga M. F. AEYUO., de cuya sensibilidad disfruto a diario).</p>
<p>La mujer no solo mira y deja ver sus deseos a través de sus ojos; tiene, además, la piel más fina y la melena más rica, no conoce la calvicie y, cuando quiere ser fertilizada, rezuma gracia, salero. Su reacción positiva, aquiescente, se debe más a lo que oye (pensamiento, inteligencia) y a lo que siente ante la caricia que a lo que ve. Charles Laughton o Fernandel triunfaban tanto o más que Gary Cooper. Y Alain Delon, bonito, duró medio tiempo. Las guapas son ellas. El atractivo en el hombre está en lo que inventa, en lo que sueña, en lo que se le ocurre, en lo que siembra.</p>
<p>Él se entrega a la vista. Le encandilan la belleza, la gracia, la insolencia —justo lo contrario a la humildad de la hembra animal—. Aunque a la larga lo que realmente le enamora es la certera inteligencia femenina, el sentido común. Él vive obsesionado por su idea, su vocación, su semen creativo. Ella, más lista, por convertir en realidad, por fertilizar, las utopías, tanto viriles, la mayoría, como algunas propias.</p>
<p>Está claro que hoy, liberada, la mujer gobierna, contenta y prolífica, parte del mundo de la literatura, de la política, de la interpretación musical, y queda para el hombre, casi en exclusiva, el empeño obsesionante y creativo de las composiciones musicales, pictóricas, escultóricas y arquitectónicas, siempre abiertas a singularidades femeninas. La complementariedad es, creación y actualización, evidente.</p>
<p>Así que, si lo que insinúo osadamente es verdad, importa mucho que la mutua atracción se acrezca; que la reciente libertad y cercanía entre los sexos —cien años— no disminuya la emoción apasionada; que si los cuerpos se abrazan, distintos como son, en el amor, sumen sus diferencias positivas para el florecimiento de la vida.</p>
<p>El desnudo se ha posesionado del paisaje habitado y ha desterrado la curiosidad imaginativa. Hoy se ve lo que antes se adivinaba. Y los protagonistas de la desveladura son los modistos de gusto equívoco. A mí me sigue atrayendo —soy viejo— la «Venus del Espejo» de Velázquez, auténtico canon femenino, sin un hueso a la vista, y su carne, qué bien repartida; cómo quiebra la cintura sin un pliegue; cómo se luce la voluptuosidad de sus bellísimas piernas.</p>
<p>Recuerdo que (estudiando el ingreso de Arquitectura) frecuentábamos, para practicar el dibujo al carbón, la Escuela de Bellas Artes, en la que posaban modelos femeninos que debían cumplir algunas reglas. Entre ellas, una muy especial: de pie y erectas, debían ser capaces de sostener tres monedas de plata entre las piernas: la primera entre los muslos, otra entre las rodillas y la tercera entre las pantorrillas.</p>
<p>Hoy las modelos que pasean los diseños tienen un hueco tremendo —sí, tremendo— entre las piernas, que nacen separadas allí arriba para hacer imposible la amistad entre los fémures tristemente despojados y, por lo mismo, distantes.</p>
<p>Además, la moda parasitaria ha impuesto la falsa longitud de las piernas, real en algunas rusas o nórdicas, pero totalmente absurda para la proporción ejemplar de las meridionales. Y, vestidas o desnudas, las calzan con unos tacones desmesurados que las hacen caminar a saltitos. ¡Qué pena! Con lo maravillosamente que se mueven sobre bailarinas.<br />
Pero la cosa va más allá.</p>
<p>Sobre los torsos anoréxicos, de costillas aparentes, ha proyectado pechos artificiales de desproporción evidente, calzados o quirúrgicamente recrecidos, impropiamente bamboleantes.</p>
<p>Los griegos y, después, los romanos esculpían bellezas femeninas jóvenes, de senos contenidos sin la mínima caída. La estética no ha sido superada. El argumento estaba y, claro, seguirá estando en los pezones, que, si son auténticos, responden a la caricia.</p>
<p>Lo que seduce al hombre es la mirada, lo que cuentan unos ojos que interpretan el alma, el alma capaz de ordenar, de cuidar, de ayudar, de gobernar el ámbito, el propio y el del varón, que obseso por conseguir, se pierde, si vive solo y triste, si no le dicen «te quiero» aunque…</p>
<p>Hoy, cuando la mujer ha salido a la vida pública y demostrado su talento tan necesario, particular y diferente del viril; cuando su mirada clarividente emana de su faz, de su cabeza bien colocada, resulta improcedente que se comercie con su desnudo, con su cuerpo esquelético, con su servidumbre a unas pasarelas degradantes.</p>
<p>La emocionante victoria sobre el pudor recatado ha pasado a la historia. La mujer, que inevitablemente quiere a sus hijos, debe saber imprescindible el atractivo de su dignidad y apariencia natural para lograr el emparejamiento creativo, el que siembra estirpe y futuro.</p>
<p>Les he contado como si supiera, desde una seguridad de la que carezco, pero quiero transmitir lo que siento.</p>
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		<title>Dios rompió su silencio</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39368/dios-rompio-su-silencio/</link>
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		<pubDate>Sat, 24 Dec 2011 15:16:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Gomá Lanzón</strong> (ABC, 24/12/11):</p>
<p>Cuentan los evangelios que, cuando Juan bautizó a Jesús, descendió una paloma sobre este, se abrieron los cielos y una voz dijo: «Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco». Bajo el ropaje de la alegoría, se adivina en esta escena una decisiva intuición, por parte de Jesús, de Dios como Padre. Tras el bautismo, Jesús inicia su ministerio anunciando la llegada del reino. La revelación de la paternidad de Dios y el comienzo de su actividad pública se hallan, pues, estrechamente entrelazados.</p>
<p>Mientras que el Antiguo Testamento muy raramente y solo con &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39368/dios-rompio-su-silencio/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Gomá Lanzón</strong> (ABC, 24/12/11):</p>
<p>Cuentan los evangelios que, cuando Juan bautizó a Jesús, descendió una paloma sobre este, se abrieron los cielos y una voz dijo: «Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco». Bajo el ropaje de la alegoría, se adivina en esta escena una decisiva intuición, por parte de Jesús, de Dios como Padre. Tras el bautismo, Jesús inicia su ministerio anunciando la llegada del reino. La revelación de la paternidad de Dios y el comienzo de su actividad pública se hallan, pues, estrechamente entrelazados.</p>
<p>Mientras que el Antiguo Testamento muy raramente y solo con muchas precauciones se refiere a Dios con la palabra Padre, Jesús hizo de ella su designación favorita. Más aún, lo invocó como Abba, voz aramea que denota confiada proximidad a Dios, un tratamiento demasiado atrevido y familiar para el judaísmo antiguo. Jesús anuncia al Dios bíblico, pero también a un Dios diferente. No el Dios de justicia que bendice a los santos y maldice a los impíos —todavía el del Bautista—, sino un Padre que se compadece de sus hijos, justos o injustos, y siente una inmensa preferencia por pobres y pecadores.</p>
<p>Jesús, un hombre ya maduro, tiene la experiencia suficiente para constatar el doloroso contraste existente entre la paternidad del Abba benevolente y la cruel injusticia del mundo con sus hijos, que sufren y mueren sin esperanza. Su Padre pronuncia un «no» radical a ese triste, trágico destino de los hombres. Es esa insoportable discordancia entre el Dios compasivo y la realidad del mundo injusto la que impulsó al galileo a formarse la convicción inquebrantable de que Dios iba a intervenir de forma inminente en socorro de los hombres. Predica el reinado de Dios, una transformación apocalíptica de las estructuras del viejo mundo para acomodarlo a la naturaleza bondadosa de Dios. Mientras sus palabras se remiten al reino futuro, sus acciones muestran sus efectos operando ya en el presente. Las parábolas hablan de la proximidad de un nuevo cielo y una nueva tierra para los cansados y agobiados de este mundo; pero este acontecimiento futuro se anticipa ya mediante la praxis actual de Jesús con enfermos y pecadores: a los primero los cura aliviándoles el dolor; a los segundos los recibe en su mesa; hay que tener en cuenta que la comensalidad, en Oriente, vale por toda una declaración de fraternidad sin necesidad de perdón explícito. El Espíritu que había hablado por los profetas hacía ya siglos que permanecía mudo y el pueblo judío lamentaba la larga lejanía. Ahora iba a actuar de modo definitivo. «El tiempo se ha cumplido y está llegando el reinado de Dios» (Mc 1, 15) son las primeras palabras que se han conservado de la predicación del profeta de Galilea.</p>
<p>Ahora bien, el reino no llegó como Jesús predijo, coinciden los exegetas, ni tuvieron lugar los anunciados acontecimientos apocalípticos (Mc 13). Vemos cómo en el huerto de los olivos, presa de angustia, todavía imploró la intervención de Dios con su afectiva invocación de siempre, recordándole que, además de bueno, es poderoso: «¡Abba! Todo es posible para ti. Aparta de mí este cáliz» (Mc 14, 36). Y, sin embargo, el Dios omnipotente no actuó, no intervino, no lo salvó. Al desmentido histórico de su anuncio le acompañó el aparente fracaso de su misión: Israel rechazó su oferta de gracia. Y en el colmo de la desolación, su Padre lo desautorizaba a la vista de los hombres dejando que muriera joven en una forma ignominiosa para la ley judía: «Maldito de Dios el que cuelga del madero» (Dt 21, 23).</p>
<p>Es como si lo que Jesús hubiera aprendido en el bautismo constituyera solo la primera parte de una lección y le faltara todavía la segunda, que solo se le reveló instantes antes de morir: que Dios es compasivo, pero también silencioso y oculto. Y así el hijo, que en su juventud «iba creciendo en sabiduría, en estatura y en aprecio ante Dios y ante los hombres» (Lc 2, 52), en su madurez «aprendió sufriendo a obedecer» (Heb 5, 8). En la agonía de la cruz, el profeta gritaría ese porqué interrogante que todavía despierta un eco en los corazones de todos los hombres: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Más que nunca, Jesús fue entonces un ecce homo, figura corporativa de la humanidad doliente.</p>
<p>Dios es Dios y el mundo es el mundo. El mundo es mundano, y esto quiere decir que tiene sus reglas autónomas que Dios no altera. Este es el gran descubrimiento de la secularización, un venturoso fenómeno moderno que proporciona indudables ventajas para la imagen de Dios porque la exonera de ese sobrenaturalismo inflacionario que quiere ver en casi todas las vicisitudes de la experiencia, desde la victoria militar en las guerras hasta la recuperación de un botón perdido en casa, la intervención de la mano providente de Dios. Dios actúa en el corazón del hombre, no en los hechos mundanos de la experiencia. Dios no intervino en Auschwitz simplemente porque nunca interviene en la exterioridad material del mundo, ni siquiera para salvar del patíbulo a su hijo predilecto. Esta conclusión libera a Dios del reproche de arbitrariedad respecto de un comportamiento que, según la hipótesis inflacionaria, interfiere unas veces sí y otras no en el orden de la experiencia aplicando en ello un criterio de todo punto incomprensible y hasta ofensivo para las víctimas de la injusticia del mundo.</p>
<p>La palabra que describe el estilo de Dios en su relación con el mundo es «desconcertante»; ¿quién no ha sentido esto alguna vez? Moisés guió hasta la tierra prometida a los judíos, pero después Israel fue sometida por los imperios vecinos; Jesús proclamó un gran cambio escatológico, pero el mundo sigue aparentemente igual: los hombres sufren y mueren como antes.</p>
<p>Unamuno solía citar a Senancour: «Si nos está reservada la nada, hagamos que esta sea una injusticia». La muerte de un hombre es siempre una injusticia; la de un hombre bueno, una injusticia lacerante; la del galileo —un hombre tan perfecto como solo un Dios puede serlo—, una injusticia absolutamente insoportable para el Padre, una contradicción consigo mismo. Y, por eso, en un momento culminante de la historia, ese Dios desconcertante rompió su silencio y, por fin, actuó: removió la piedra del sepulcro y despertó a su hijo de entre los muertos. Una acción, conviene destacar, no dentro del mundo, sino a continuación del mundo. Desde entonces, el mundo visible ya no tiene el monopolio de la realidad porque, allende sus fronteras, Dios ha creado para los hombres una esperanza: si ha impedido que se perdiera en la nada el mejor de nosotros, los demás de la especie esperamos seguir algún día su mismo destino. Una nueva providencia para este mundo se hace posible, una que más que alterar el curso de los hechos los convierte (por tristes y trágicos que sean, incluyendo la propia muerte) en ocasión de más esperanza dentro de nuestro corazón. Esta es la Navidad que hoy celebramos. Nuestro viejo mundo, lector perplejo, sigue sin tener solución, pero ahora tiene salida.</p>
<p>Irónicamente, Alfred Loisy escribió: «Jesús predicó el reino y vino la Iglesia». No es cierto. Jesús predicó el reino y vino la resurrección, consumación definitiva del reino.</p>
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		<title>¿Nace Jesús en las pantallas?</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Dec 2011 15:57:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Religión]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Mandianes, </strong>antropólogo del CSIC y escritor. Autor del blog <em>Diario nihilista</em> (EL MUNDO, 23/12/11):</p>
<p>El posmoderno piensa que la realidad está compuesta de fragmentos e instantes, y de pequeños relatos, metaforizados por los mil relatos de internet, una especie de relato invisible. «No hay nada en que creer» es su dogma principal. La cultura, falta de toda autoridad moral y un centro ideal, está hecha de frases dichas por alguna celebridad, a base de píldoras de sabiduría circunstancial que remplazan los viejos refranes pero sin su fundamento de miles de años. El futuro, lleno de incertidumbre, se ve &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39383/nace-jesus-en-las-pantallas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Mandianes, </strong>antropólogo del CSIC y escritor. Autor del blog <em>Diario nihilista</em> (EL MUNDO, 23/12/11):</p>
<p>El posmoderno piensa que la realidad está compuesta de fragmentos e instantes, y de pequeños relatos, metaforizados por los mil relatos de internet, una especie de relato invisible. «No hay nada en que creer» es su dogma principal. La cultura, falta de toda autoridad moral y un centro ideal, está hecha de frases dichas por alguna celebridad, a base de píldoras de sabiduría circunstancial que remplazan los viejos refranes pero sin su fundamento de miles de años. El futuro, lleno de incertidumbre, se ve como una amenaza y provoca miedo. Aquí se considera el lado espiritual de películas comerciales occidentales de las últimas temporadas.</p>
<p>El mundo moderno, organizado según la lógica del mercado, es el vaciamiento de la creencia compartida. Cada existencia es un grito desnudo en el desierto de la especulación. Como bien se ve en <em>Medianeras</em> -película de Gustavo Taretto-, estamos solos. El reconocimiento del otro sólo es aceptable en la medida en que no resta ninguna posibilidad a la realización del yo y, más aún, en la medida en que éste puede utilizar a aquél para sus planes. De ahí la proliferación de oportunistas que escalan poniendo a los demás por escabel de sus pies aunque, en ocasiones, tengan ellos que tenderse como alfombras para que pase quien puede repartir prevendas. «Lo que causa placer a quienes cometen ultrajes es que piensan que el portarse mal les hace superiores», dice Aristóteles.</p>
<p>El ser humano está invadido por la tristeza y el miedo, con frecuencia trasformados en desesperación, que no sabe de dónde le vienen. Todo es fruto del azar, todo es deseo irracional, instinto frente al dominio de sí mismo, desarraigo, vacío y desilusión frente al idealismo. En su interior, mucha gente está convencida de estar viviendo un fiasco espiritual, sin privacidad, anterior y mucho más profundo que la simple crisis financiera, como <em>Mercado de futuros </em>deja ver. La ibertad no es más que una palabra porque vivimos y estamos determinados por el influjo de los astros. El mundo se parece a un abismo o un caos que no está en ningún lugar ni tiene márgenes. La atracción del abismo encarna el mal absoluto.</p>
<p>«Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno», dice un personaje de Borges. Sólo sufrirá desilusión quien se ilusione porque no hay ninguna razón para hacerlo. Los griegos llamaron <em>hybris</em> a la actitud de la voluntad humana que pretende equipararse y revelarse contra los dioses. Existen grupos, castas y clases que quieren tomar completa posesión de su existencia y de la de los demás y se creen al margen y a salvo de todo. Cuanto mayor es su influencia y su impacto, menor es su visiblidad. ¿Quién decide sobre el mercado y las agencias de evaluación? En <em>Melancolía</em> un personaje dice: «La vida es nada».</p>
<p>Para escapar del vacío brutal y abismal de sí mismo, los protagonistas de <em>Leaving Las Vegas</em> se entregan al alcohol y a la autodestrucción. El viaje en busca del amor resulta ser un viaje a los infiernos. No huyen de la muerte, la consuman como cifra del amor imposible. Occidente mira hacia la ventana vacía a través de la cual debería aparecer el Santo Padre -<em>Habemus Papam</em>-, esperando que algo surja de la nada.</p>
<p>La Humanidad tiene necesidad de afianzarse, de hacer pie en tierra firme; no puede aguantar el desfondamiento social ni individual. Películas y series de ciencia ficción y de terror buscan fuera del yo y del presente una referencia que falta en la vida normal. En <em>Godzilla</em>, el mal, encarnado en el monstruo, viene de un país lejano más poderoso que ningún otro. En <em>The village</em>, una comunidad llega al bosque escapando de la ciudad y de la civilización, que son la personificación del mal, para vivir en medio de la naturaleza, símbolo de la pureza. <em>Avatar</em> escenifica la dialéctica y la lucha entre el bien, la naturaleza pura, y el mal, la civilización occidental. Como sustituto de la religión, promueve el culto a la naturaleza, metáfora del paraíso terrenal, y un cierto politeísmo, en línea con una serie de movimientos que tratan de recuperar el paganismo de antaño. Muchos locutores de diferentes medios quieren obligar a sus seguidores a prescindir del mundo oculto detrás de los espejos cuando les ordenan: «Sea usted feliz».</p>
<p>Como muestra <em>Verbo</em>, no sirve de nada querer abrazar el optimismo olvidando el vacío y la angustia vitales porque vivimos en un mundo <em>sin salida</em>. La ciencia reducida a la tecnología y la verdad reducida a medidas y hechos precisos no resuelven los profundos dilemas con los que se enfrenta el ser humano porque los problemas propiamente humanos son técnicamente insolubles. El bien y el mal, el odio y el amor, el rencor y el perdón, el ángel y la bestia, como se ve en <em>La cinta blanca</em>, <em>La vida de los otros</em>, <em>Un dios salvaje</em>, <em>Pa negre</em> y otras muchas películas. Son constitutivos e integrantes esenciales de la naturaleza humana herida y arrojada fuera del paraíso terrenal al que no puede volver porque a su entrada hay vigilantes insobornables.</p>
<p>Un canto al amor desinteresado e incondicional, y un rayo de luz y de generosidad sobre las tinieblas que lo envuelven todo, despuntan en <em>Another year</em> y <em>El niño de la bicicleta</em> en las que sobrevuela una cierta nostalgia de lo absoluto sin ninguna referencia expresa a la religión. A pesar de un guión trufado con citas y referencias bíblicas, la ausencia de Dios está siempre presente en <em>El árbol de la vida</em>, que busca respuestas al origen y al significado de la vida pasando de lo íntimo y doméstico a los límites infinitos del espacio y del tiempo.</p>
<p>El ser humano se ha dado a lo largo de la Historia muchos modelos e iconos. Entre los más recientes podríamos contar Marx, Mao, el Che, Jobs, un cantante, un futbolista y algunos gurús de éxito que han suplantado a los filósofos. Pero antes y después, y por encima de todos ellos, para creyentes e incrédulos, está Jesús, que no es el autor de la catástrofe actual, ni de obras faraónicas buscando votos para perpetuarse en el poder; ni de productos tóxicos; ni siembra dudas sobre el futuro ni busca impunidad a sus acciones.</p>
<p>Para el creyente, el nacimiento de Jesús es un acontecimiento histórico extraordinario que no puede ser explicado por la lógica. Dios en Cristo se hace fragilidad, transitoriedad, mortalidad, abraza todas las debilidades humanas menos el pecado: el verbo se hizo carne y plantó su tienda entre nosotros. «¡Qué misterio máis fondo!», exclama C. E. Ferreiro. La respuesta del hombre ante el pesebre no puede ser más que el sobrecogimiento, el anonadamiento, el asombro y la contemplación en silencio del silencio de Dios. Sólo guarda silencio quien tiene algo que decir; los demás callan.</p>
<p><em>Million Dollar Baby, Gran Torino</em> y otras suponen la existencia del Dios cristiano; en la última, el protagonista, como un redentor, se entrega a la muerte para salvar a los más débiles. Por amor, fortalecido por la fe, y contra la voluntad de su hija y de otros muchos, la madre y heroína de <em>The conspiration</em> decide dejarse ahorcar antes que denunciar al hijo.</p>
<p>«Caminante no hay camino, se hace camino al andar», dijo Machado. No hay un modelo de vida cristiana aunque hay muchos ejemplos de entrega a los demás. El acontecimiento surge allí donde cada uno se lanza en pos de aquello que se oculta detrás de la angustia y la provoca. El caminante incorpora a su vida lo que le sale al encuentro y lo desoculta y hace su despejamiento de Jesús al caminar.</p>
<p>La crisis de fe, que sitúa al hombre en el ámbito de la trascendencia, no se vence con reformas, pero hay que exponer sus contenidos con palabras inteligibles a los hombres y mujeres de hoy. Hay cristianos que tienen iglesia, que puede guiarles, orientarles y marcarles pautas. A veces, la maraña tan espesa de creencias, dogmas e instrucciones con que las iglesias envuelven el mensaje no lo deja ver con nitidez. El cristiano sin iglesia debe caminar solo. La caridad es el guía inequívoco de todo cristiano. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.</p>
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		<title>La Navidad de la crisis</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Dec 2011 15:41:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Arias</strong> (EL PAÍS, 23/12/11):</p>
<p>En Europa esta Navidad no será particularmente alegre. Será forzosamente triste para aquellos a los que la crisis económica ha dejado en la cuneta de la pobreza y de la desesperación del empleo. Triste para los que aun no habiendo sufrido el zarpazo de la bestia, no deberían dejar de sufrir por las víctimas del sistema que crearon los financieros sin escrúpulos.</p>
<p>Aunque a veces lo olvidemos, sobre todo en los tiempos de bonanza, la Navidad tiene raíces históricas y culturales nacidas del cristianismo. No debería por ello ser la fiesta del despilfarro, de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39376/la-navidad-de-la-crisis/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Arias</strong> (EL PAÍS, 23/12/11):</p>
<p>En Europa esta Navidad no será particularmente alegre. Será forzosamente triste para aquellos a los que la crisis económica ha dejado en la cuneta de la pobreza y de la desesperación del empleo. Triste para los que aun no habiendo sufrido el zarpazo de la bestia, no deberían dejar de sufrir por las víctimas del sistema que crearon los financieros sin escrúpulos.</p>
<p>Aunque a veces lo olvidemos, sobre todo en los tiempos de bonanza, la Navidad tiene raíces históricas y culturales nacidas del cristianismo. No debería por ello ser la fiesta del despilfarro, de la locura del asalto a los supermercados, de la angustia de los regalos forzados o de las alegrías desmedidas que olvidan el llanto de los mil millones de personas que aún pasarán hambre en esta Navidad.</p>
<p>Todos tenemos el derecho a unos días de paz y más este año en el que la crisis ha quitado a tantos el sueño y las ganas de vivir. Sin embargo, se me ocurre que justamente este año nuestra Navidad, la europea sobre todo, podría ser diferente.</p>
<p>Si la palabra, a veces vacía, pero la más pronunciada, cantada y escrita estos días navideños es la palabra paz, este año podríamos sustituirla o añadirle otra no menos importante: esperanza.</p>
<p>No es fácil la esperanza cuando nos aprietan injustamente los poderes que nos hacen más pobres a costa de hacerse ellos más ricos. Sin embargo, la esperanza tiene que echar raíces precisamente en las noches de la desesperanza.</p>
<p>Hay un texto significativo en los escritos del que dicen ser el fundador del cristianismo, el profeta Jesús de Nazareth a quien mataron en una cruz por el delito de haber predicado la esperanza a los pobres, hambrientos y lisiados. La pronunció ante una misión que había llegado de Grecia. Los griegos eran amantes de la belleza corporal, de la estética, de las apariencias.</p>
<p>Jesús les recuerda que en la vida natural, la semilla para dar frutos tiene que pudrirse debajo de la tierra. Cuando parece muerta, oculta, abandonada a su destino es cuando resucita en una nueva planta llena de vida. Es la metáfora de la esperanza.</p>
<p>El mejor regalo que esta Navidad podríamos darnos y ofrecer los unos a los otros sería la palabra esperanza escrita en las palmas de nuestras manos, junto al nombre de la persona querida, del amigo que no se olvida. Una palabra como talismán para no perdernos en la fosa de la crisis, para seguir esperando contra toda desesperanza.</p>
<p>Una amiga mía propuso en su blog que estas Navidades nadie diera regalos clásicos sino simbólicos: un libro que sabes que le va a gustar a tu hijo o a tu amigo, un poema que le emocione, un simple trozo de papel en el que lleve escrita la palabra que sabe que más ama quien la va a recibir, una fotografía antigua como memoria de un día feliz. O un twitter con un &#8220;gracias por existir&#8221;, o un mensaje en el móvil de &#8220;no te rindas&#8221;.</p>
<p>El profeta nazareno fue siempre un provocador. Y el cristianismo original es todo él una provocación, pues enseña el amor al enemigo. Más aún, pide que se haga el bien al que te ha hecho del mal. Locura. Ese mismo profeta condenó las ambiciones terrenales de sus apóstoles recordándoles que en vez de acumular inútilmente, mirasen a los lirios del campo y a los pájaros del cielo que no tejen ni tienen graneros y nunca les falta ni vestido ni comida. Metáfora también de la esperanza.</p>
<p>Entre las exigencias del profeta figuraba la ausencia de templos suntuosos como el de los judíos o las enjoyadas catedrales cristianas. A la mujer del pozo que lo provocaba alardeando de que el templo de los samaritanos -enemigos de los judíos- era mejor que el de Jerusalén, Jesús la provocó con estas palabras: &#8220;Mujer, llegará el día en que los creyentes no necesitarán orar en este templo o en aquel, sino en espíritu y en verdad&#8221;.</p>
<p>Con el Vaticano, la Iglesia oficial, los cristianos que se rindieron al poder romano, le hicieron oídos sordos y le crearon miles de lujosas catedrales, lugares más turísticos que de oración. Y para sustituir la fiesta pagana romana del culto al Sol, crearon la fiesta de la Navidad porque no se conocía el día en que Jesús había nacido. Navidad que se ha convertido las más de las veces en fiesta pagana de nuevo, no de culto al Sol sino al mercado, a lo superfluo, a la fraternidad a veces forzada de las familias más rotas que unidas.</p>
<p>El cristianismo no es pasividad ni tolerancia frente a la injusticia. Es dinamismo y lucha a favor de la justicia y de la libertad. Es lucha. El 15-M y todos los movimientos que este año han llenado las plazas del mundo pidiendo libertad eran de alguna forma una Navidad anticipada de lucha por la democracia.</p>
<p>Cristiana es la lucha a favor de los derechos humanos y cristiana es la virtud de la esperanza, el no ceder al desencanto, el no negar una sonrisa al que pasa a tu lado, aunque en ese momento te apriete el alma.</p>
<p>Ah, sí, una sonrisa podría ser esta Navidad un regalo nuevo, original, diferente y, además, gratis.</p>
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		<title>Tiempo de conciencia</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Dec 2011 15:12:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando García de Cortázar</strong>, director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad (ABC, 23/12/11):</p>
<p>La conmemoración del nacimiento de Jesús, el arranque de su caminar de hombre, coincide con el final de un año. Y, como siempre sucede en los momentos de llegada a una cumbre, desde la que se atisba un futuro brumoso y aún informe, mientras yace un pasado que ya nos ha puesto a prueba, es el momento de realizar nuestro propio camino hacia el interior, despeñándonos en un vía crucis no exento de remordimientos por todas aquellas veces que no hemos estado &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39367/tiempo-de-conciencia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando García de Cortázar</strong>, director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad (ABC, 23/12/11):</p>
<p>La conmemoración del nacimiento de Jesús, el arranque de su caminar de hombre, coincide con el final de un año. Y, como siempre sucede en los momentos de llegada a una cumbre, desde la que se atisba un futuro brumoso y aún informe, mientras yace un pasado que ya nos ha puesto a prueba, es el momento de realizar nuestro propio camino hacia el interior, despeñándonos en un vía crucis no exento de remordimientos por todas aquellas veces que no hemos estado a la altura de lo que creíamos que éramos. Preguntarnos por lo que somos y por nuestro destino en esta apuesta crucial que es la vida siempre implica hablar de un juego en el que participan muchos y en el que tenemos que considerar cómo competimos: en un esfuerzo fraterno por el trabajo común, o en un ceñudo enfrentamiento en el que tratamos de hacernos con las fichas de los demás. No contemplamos un montón de imágenes rotas donde golpea el sol, como escribió Eliot, sino la verdadera faz del ser humano cuando queremos descubrir la razón de nuestra vida aquí.</p>
<p>El nacimiento de Jesús supone un inmenso aletazo que el aliento de su humanidad asesta en la conciencia del mundo. Nada podrá ser igual después de ese humilde inicio, porque el ejemplo de su vida instituyó un principio moral del que solamente hemos salido cuando hemos querido edificar el paisaje deforme de las catástrofes. Tal principio es el carácter sagrado de cada una de las personas y la vinculación de todas, unidas por un mismo lazo universal, que establece por vez primera la unidad del género humano. La decisión de Jesús de hablar para todos, y no sólo para una ínfima parte de la Humanidad que se decía el pueblo escogido, permitió que su mensaje se convirtiera en camino de una verdad sin fronteras, lejos de la arrogancia imperial de los vencedores y los vencidos, de la Roma central y la expoliada periferia. Permitió que agnósticos y creyentes compartieran la angustia y la alegría del regalo de la vida, venga de la evolución, del diseño de Dios o de las dos cosas al mismo tiempo. Una vida que se sostiene sobre la esperanza de que la sociedad avance como lo ha hecho, reconociendo la dignidad radical de todos los seres humanos, con inmensos retrocesos, pero también con la caritativa o justiciera preocupación por la suerte de todos aquellos que comparten nuestra peregrinación por la Tierra.</p>
<p>Que llore el alba no es mucho/ que es costumbre en su belleza/mas ¿quién hay que no se admire/de que el sol lágrimas vierta?Es difícil retratar mejor que la poetisa sor Juana Inés de la Cruz la conmoción del mundo ante el nacimiento de Jesús y el supremo dolor que su decisión le va a traer consigo. La Encarnación incluyó ser hombre del todo, sin hacer uso de los ejércitos de ángeles que sus enemigos le reprochaban, dispuesto a morir de una forma atroz por esa Verdad que era la de la dignidad humana, devastada por quienes mantenían criaturas de nuestra condición en la esclavitud, asolada por quienes se permitían arrojarlas a la tortura de un circo o al dudoso servicio de un crimen de masas para honrar al imperio y a su divina jefatura.</p>
<p>No fue Jesús el revolucionario que enarbolaba la bandera de una transformación social destinada a la captura del poder por los humillados. Un objetivo demasiado modesto, el plantearse la redención de un pueblo sojuzgado o la llegada de los pobres al gobierno institucional. Su ambición era más alta: la liberación solo podía llegar para todos, incluso para quienes, víctimas de una conciencia podrida, se sentían incapaces de reconocer el dolor de sus hermanos y se solazaban en la opulencia o revolcaban en el resentimiento. Jesús anunció por vez primera en la Historia la libertad más honda del ser humano, aquella que procedía de su propia condición y no de las concesiones que pudieran hacérsele desde el poder o del lugar obtenido por una revolución. A partir de entonces, lo que nos hace libres no es la aceptación de la existencia de Dios, sino la aceptación de un sentido para nuestra propia existencia en la que debemos tomar decisiones morales. La vida iba en serio, como decía Gil de Biedma, al llegarle la edad en la que Dante descendió al infierno porque solo así podía llegar al paraíso.</p>
<p>Esa libertad esencial, inseparable del hecho de ser hombre, le llevó a Jesús a la muerte. Una muerte escenificada con la majestad que le correspondía, firme ante un Pilato receloso de todo lo que no fuera pragmatismo y oportunidad política y torpe para entender un mensaje tan original que inauguraba una nueva era de la Humanidad. Sufrió su muerte, como debía ser, en público. Una pasión ejemplar no se ejerce en el espacio clausurado de la intimidad. Tenía que sufrir ante los hombres sin querer hacerlo por placer ni frivolidad, sino a sabiendas de la tremenda resistencia que su cuerpo atemorizado de hombre vivo y frágil le otorgaba. Y el sufrimiento ante todos, destinado a la burla y la humillación, quedó grabado en la Tierra como una vivificante semilla, como un clamor universal en defensa de la equivalencia de los seres humanos y de su esperanza permanente en que la vida solo podía justificarse por un destino que forjamos con nuestros actos.</p>
<p>Ese dolor lo mostró como hombre, porque la divinidad decidió que así fuera, no de otro modo. Solo mediante la humanización el mensaje divino pudo encarnarse y mostrarse en la vinculación más honda entre el creador y la criatura: siendo uno de los nuestros. Su muerte fue lección de vida porque no trajo el fin ni la desesperación, sino el principio y la esperanza. La persistencia de aquel mensaje que se resumía en el amor y en el respeto a lo que llevamos dentro, empezando por el respeto a nuestra propia vida, demuestra algo más que una simple potencia eclesiástica o el poder milenario de una institución. Muestra la coincidencia entre lo que el hombre es y lo que debe ser.</p>
<p>Son multitud a los que les importa poco el Concilio de Nicea y mucho la andadura de Jesús y el seguimiento de su mensaje a través de un largo periplo de lucha por comprender la esencia de todos los seres humanos en la Tierra, a través de lo que los hace equivalentes y no de lo que los diferencia, hasta el extremo de considerar que algunos se han ganado el desahucio definitivo de nuestra especie. El que no dudó en elegir la naturaleza humana deseó que nuestra vida fuera defensora furiosa del derecho a este mundo, a esta brevedad en el tiempo, de nuestra bondad y de nuestras miserias en una balanza con la que peleamos constantemente.</p>
<p>En estos tiempos que son los del nacimiento de Jesús, cuando la conciencia divina sabía cómo acabaría todo, celebramos esa pausa del tiempo de nuestra vida, en la que podemos echar la vista atrás para contemplar nuestros actos y nuestra responsablidad, mientras el futuro nos espera, preparado ya para nuestra irrupción esperanzada. Mientras, en estos días en que se celebra la llegada de aquel cuya vida iba a cambiar la luz y la sombra del mundo y de la historia —el niño divino que está cansado de llorar en la tierra por su descanso, sosegar quiere un poco del tierno llanto, ¡oh excelso Lope!— podemos encontrarnos con los seres más próximos, y buscar en ellos nuestra primera realización en la alegría de vivir honestamente. No será un descanso, sino unas fechas de plenitud. Quizás aquellas en las que podremos apreciar de qué forma se nos regaló a los hombres no solo la vida, sino su sentido. No solo la existencia, sino la libertad.</p>
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		<title>La figura del emprendedor</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 19:54:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Minguijón Pablo</strong>, sociólogo (EL PERIÓDICO, 05/12/11):</p>
<p>Si hay algún lugar común al que estamos acostumbrándonos desde que empezó la crisis es la apuesta general por el apoyo a los emprendedores. En un momento como este, con el paro disparado y en el que la capacidad por parte de la administración pública para impulsar la economía se encuentra muy limitada, la salida de la crisis tiende a dejarse en manos del sector privado, dentro del cual, la figura del emprendedor emerge como la única capaz de generar riqueza y, por ende, empleo.</p>
<p>El carácter emprendedor es consustancial al &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39031/la-figura-del-emprendedor/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Minguijón Pablo</strong>, sociólogo (EL PERIÓDICO, 05/12/11):</p>
<p>Si hay algún lugar común al que estamos acostumbrándonos desde que empezó la crisis es la apuesta general por el apoyo a los emprendedores. En un momento como este, con el paro disparado y en el que la capacidad por parte de la administración pública para impulsar la economía se encuentra muy limitada, la salida de la crisis tiende a dejarse en manos del sector privado, dentro del cual, la figura del emprendedor emerge como la única capaz de generar riqueza y, por ende, empleo.</p>
<p>El carácter emprendedor es consustancial al ser humano. La capacidad para detectar necesidades y expectativas insatisfechas y la asunción de un cierto grado de riesgo para poner en marcha proyectos que las satisfagan, siempre ha sido elemento clave del progreso y desarrollo de las sociedades humanas, por lo que no es una novedad en nuestra historia. De hecho, siempre he pensado que el carácter emprendedor no solo es propio del titular de negocios privados. También son emprendedores aquellas personas que lanzan una iniciativa social o aquel alcalde de un pueblo pequeño que se esfuerza por atraer empresas y mejorar los servicios del municipio y el nivel de vida de sus habitantes.</p>
<p>CUANDO ABORDAMOS la figura del emprendedor tenemos que dirigir nuestras reflexiones necesariamente a los líderes sociales, económicos, culturales y políticos que, a diferentes niveles, diseñan, impulsan y desarrollan proyectos de todo tipo en Aragón. Sobre ellos, que conforman lo que técnicamente se ha denominado como &#8220;clases creativas&#8221;, descansa gran parte del futuro que nos espera. En la sociedad compleja y globalizada en la que nos encontramos, la riqueza y el empleo se sustentan principalmente en un conjunto de iniciativas que se enmarcan bajo el concepto de sociedad del conocimiento, en la que cada uno de los ámbitos comentados va a tener relevancia.</p>
<p>Por ello, es necesario que seamos capaces de desbordar los planteamientos actuales que manejamos sobre el emprendimiento, que se basan en abordarlo como si se tratase de una variable independiente, es decir, como si su desarrollo o declive dependiese fundamentalmente del entorno y, en concreto, de las medidas y apoyos que se le prestan desde diferentes sectores, especialmente desde lo público. Así, actualmente casi todas las propuestas y reflexiones van en la línea de aprobar una serie de medidas encaminadas a mejorar su fiscalidad, a reformar la legislación laboral, a reducir los trámites y plazos para generar nuevas actividades empresariales y un largo etcétera. Aparte de estas cuestiones, es preciso que nos planteemos igualmente y con seriedad preguntas en torno a la capacidad de nuestros emprendedores para dar respuesta a los retos que les plantea el mundo globalizado e hipercompetitivo en el que nos encontramos. El inmovilismo, la quietud y la escasa capacidad para adaptarse y amoldarse a los avatares y retos que la crisis ha hecho emerger, se ha traducido en que gran parte de ellos, salvo una selecta minoría, se hayan visto abocados a cerrar o a reducir significativamente su campo de actividad. Este hecho los diferencia significativamente de los emprendedores de otros países, especialmente los de cultura anglosajona, que demuestran disponer de unas bases más sólidas para aguantar y mantenerse erguidos ante la crisis, esforzándose por introducir innovaciones y por iniciar consistentes estrategias de internacionalización que les abran las puertas de los países emergentes.</p>
<p>La situación descrita se explica fundamentalmente en virtud de razones culturales y educativas. Culturales en el sentido de que en nuestro país todavía arrastramos una conciencia colectiva que minusvalora la figura del empresario y, por derivación, del emprendedor. Todavía está muy extendida la idea que asimila empresario con explotador, con persona movida por intereses particulares y centrada en obtener el máximo beneficio a costa de lo que sea. No hemos sido capaces de hacer comprender a la ciudadanía que el emprendedor es fundamentalmente un individuo que presta servicios a la comunidad, más allá de que igualmente contribuya a la generación de riqueza y empleo y de que busque el beneficio para apuntalar la viabilidad de su proyecto.</p>
<p>HABRÍA QUE preguntarse sobre la trascendencia del espíritu emprendedor en la educación. Y no me refiero exclusivamente a la universidad. Habría que fomentar la actitud emprendedora en la escuela, tanto desde la perspectiva del currículo explícito, como del currículo oculto, promoviendo que los alumnos y las alumnas diseñen y desarrollen iniciativas autónomas, adaptadas a sus capacidades y no necesariamente vinculadas a las materias que trabajan a lo largo del curso. Experiencias tenemos muchas, principalmente procedentes de los países anglosajones: elaborar un periódico sobre el centro, organizar unas jornadas solidarias, o unos actos de celebración o conmemoración con ocasión de cualquier fecha señalada, implicarse en la organización de eventos deportivos, etc., son oportunidades para que los más pequeños vayan tomando conciencia de sus capacidades creativas, de cómo se pueden superar las adversidades, de cómo se eleva su productividad si trabajan de forma cooperativa, y hacerles conscientes sobre las posibilidades que atesoran de desarrollar iniciativas futuras.</p>
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		<title>Horarios y tiempos, una herencia franquista</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Dec 2011 20:14:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Xavier Martínez Celorrio</strong>, profesor de Sociología (EL PERIÓDICO, 04/12/11):</p>
<p>El martes celebramos una festividad laica (la Constitución) que enaltece y nos hace recordar el origen del actual sistema democrático. El jueves celebramos una festividad sagrada (la Inmaculada) en honor de la patrona de España según el calendario católico y la tradición desde 1644. Solo unos pocos habrán planificado un macropuente de una semana. Otros habrán cuadrado sus agendas laborales y escolares para disfrutar de un tramo de puente. Otros muchos ni siquiera eso, atenazados por la crisis. Mientras, los cinco millones de parados siguen otras coordenadas de tiempo. &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39005/horarios-y-tiempos-una-herencia-franquista/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Xavier Martínez Celorrio</strong>, profesor de Sociología (EL PERIÓDICO, 04/12/11):</p>
<p>El martes celebramos una festividad laica (la Constitución) que enaltece y nos hace recordar el origen del actual sistema democrático. El jueves celebramos una festividad sagrada (la Inmaculada) en honor de la patrona de España según el calendario católico y la tradición desde 1644. Solo unos pocos habrán planificado un macropuente de una semana. Otros habrán cuadrado sus agendas laborales y escolares para disfrutar de un tramo de puente. Otros muchos ni siquiera eso, atenazados por la crisis. Mientras, los cinco millones de parados siguen otras coordenadas de tiempo. El macropuente abre así la polémica sobre la legitimidad y adecuación del calendario laboral y de los tiempos.</p>
<p>El presidente de la CEOE, Juan Rosell, ha declarado que este macropuente &#8220;es un escándalo&#8221; y que los dos festivos deberían trasladarse a lunes y martes. Si se hiciera así quedaría rota y truncada la línea de conmemoración histórica de los 6 y 8 de diciembre. De nuevo, la lógica del tiempo capitalista trata de usurpar y colonizar el festivo asentado en la tradición civil y sagrada. A su vez respetada por patronal y sindicatos.</p>
<p>Es cierto que España es el país europeo con más días festivos sin contar los domingos (14), mientras que Alemania está en la media europea (10) y el mínimo lo marca Holanda (5). España cuenta con menos vacaciones retribuidas (22), a distancia de países como Alemania o Dinamarca, donde cuentan con 30 días pagados de descanso. No es porque sean países más ricos. Es porque han contado con poderosos sindicatos que han conquistado ese derecho. En total, Alemania suma 40 días de no trabajo (entre festivos y días retribuidos), y en España son 36.</p>
<p>El problema de la eficiencia y productividad radica, no obstante, en la pauta horaria anómala de España. Nuestro huso horario no se ajusta a la posición geográfica de la Península. Hasta 1940, España seguía el horario atlántico (una hora menos), como Canarias, Portugal, Gran Bretaña o Marruecos. De hecho, Galicia está encima de Portugal pero no resta una hora como el país luso.</p>
<p>Franco es el origen de todo el desajuste horario que sufrimos. Las posteriores consecuencias negativas que siguen sin resolverse (ineficiencia, conciliación familiar, doble jornada femenina, etcétera) cabe atribuirlas a las élites políticas, patronales y sindicales que en los últimos 30 años no han sabido o querido revocar una orden franquista. Suena fuerte, pero miren a Garzón.</p>
<p>En 1940, Franco cambió el huso horario español para ajustarlo al de la Europa central (países al este del meridiano de Greenwich). Solo para complacer al régimen nazi de Hitler y al fascista de Mussolini.En lugar de ajustarnos al horario atlántico seguimos siendo el país donde más tarde amanece. Ello supone entrar más tarde a trabajar, comer en una larga sobremesa y salir más tarde del trabajo. Hasta 1940 se entraba antes a trabajar, se comía sobre la una de la tarde y se salía antes, teniendo tiempo para la vida familiar, la asociativa y política o para uno mismo. Los economistas podrían calcular la ineficiencia histórica acumulada que nos dejó el dictador y que nadie se ha atrevido a revocar ni cuantificar. El pacto sobre los horarios y tiempos es uno más entre otros muchos consensos que la democracia española debería tener ya resueltos. La lista de malas inercias es muy larga. Los daños de esta crisis habrían sido menores si se hubiesen afrontado antes.</p>
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		<title>Los nuevos pobres</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/38808/los-nuevos-pobres/</link>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 22:39:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Irlanda]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jordi Soler</strong>, escritor. Sus últimos libros son <em>Diles que son cadáveres y Salvador Dalí y la más inquietante de las chicas yeyé, </em>Mondadori (EL PAÍS, 28/11/11):</p>
<p>Hace 10 años Irlanda era un país rico. Dublín era una ciudad con una cantidad insólita de Mercedes Benz circulando por las calles y una gran oferta de restaurantes sofisticados, de las más diversas cocinas del mundo, que eran muy caros, estaban siempre llenos, y eran un claro síntoma de la pujanza económica de esa ciudad donde, hasta hacía muy poco tiempo, se comía esa típica cocina irlandesa, que corría en una &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38808/los-nuevos-pobres/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jordi Soler</strong>, escritor. Sus últimos libros son <em>Diles que son cadáveres y Salvador Dalí y la más inquietante de las chicas yeyé, </em>Mondadori (EL PAÍS, 28/11/11):</p>
<p>Hace 10 años Irlanda era un país rico. Dublín era una ciudad con una cantidad insólita de Mercedes Benz circulando por las calles y una gran oferta de restaurantes sofisticados, de las más diversas cocinas del mundo, que eran muy caros, estaban siempre llenos, y eran un claro síntoma de la pujanza económica de esa ciudad donde, hasta hacía muy poco tiempo, se comía esa típica cocina irlandesa, que corría en una línea monótona que iba del <em>irish stew</em> al <em>fish and chips.</em> En aquella ciudad había una desmesurada bolsa de trabajo, con un sueldo mínimo que en otros países se hubiera calificado como sueldo decoroso y una cantidad de empleo que permitía a los dublineses cambiar de trabajo cada mes, por motivos baladíes como el hartazgo o el aburrimiento. El destino de una serie de televisión, llamada <em>Bachelors walk,</em> ilustra perfectamente aquella estentórea bonanza: tres jóvenes que vivían en un céntrico pisito, a orillas del río Liffey, buscaban trabajo, sin éxito, capítulo tras capítulo. El programa tenía muchos elementos para funcionar, los actores eran atractivos y la historia tenía bastante miga, pero le faltaba el elemento fundamental: la veracidad. Nadie en aquella Irlanda rica de hace 10 años entendía por qué esos jóvenes no encontraban trabajo, en un país donde sobraban las oportunidades. La serie duró unos cuantos capítulos y luego fue retirada del aire.</p>
<p>Yo vivía en Dublín hace 10 años, por razones que no viene al caso contar aquí, y veía con asombro esa riqueza; los artistas, por ejemplo, que son un bien de rango nacional que enorgullece a los irlandeses, tenían unas subvenciones que parecían el sueldo de un ministro; y el chófer de la institución donde yo trabajaba, tenía un salario que superaba por mucho el de los mileuristas. La explicación de las ayudas de la Unión Europea, y de que Irlanda, gracias a sus fábricas de cacharros electrónicos se había convertido en el Silicon Valley europeo, parecían insuficientes para explicar esa riqueza que, como se vería muy pronto, era un castillo de naipes.</p>
<p>La dureza con que la crisis económica ha golpeado a Irlanda acabó con ese fulgor que le daba la riqueza súbita, y dejó al descubierto el Dublín de toda la vida, esa ciudad que inmortalizó Joyce en su novela <em>Ulises,</em> y en <em>Dublineses,</em> su fabuloso libro de relatos: una ciudad que respira con normalidad, sin la neurosis que aportaban los nuevos ricos, con su gente que trabaja para ganarse la vida, con sus vagabundos y sus ricos de siempre, con sus poetas, sus músicos y sus borrachines de pub. A Dublín la ha abandonado aquella riqueza súbita, pero también la neurosis que provocaba esta riqueza, aquella tentación de vivir como ricos, que estaba al alcance de cualquiera, y que aupaban los Mercedes Benz que abarrotaban las calles. Se ha ido la bonanza y con ella la neurosis, y ha quedado a la vista el Dublín de siempre, como he ido comprobando cada año, cada vez que regreso a aquella ciudad, cumpliendo con el mandamiento que me impone la orden de caballería a la que pertenezco, la irlandesa orden de los caballeros del Finnegans.</p>
<p>Después de vivir en Dublín, hace casi una década, vine a vivir a España, cuando este era un país rico, con una bonanza distinta a la irlandesa, sin tanto Mercedes Benz por la calle, pero con una neurosis similar: todos vivían como ricos, es decir, cualquiera, aunque no tuviera el dinero suficiente, podía salir a cenar a restaurantes varios días a la semana, irse tres semanas de vacaciones en agosto, tener un coche y una casa propia. A aquella riqueza aparente, igual que le pasó a la irlandesa, se la ha llevado la crisis, y en esa vuelta de golpe a la normalidad empieza a construirse la España del futuro, donde se irán de vacaciones y comprarán casas y coches los que tengan el dinero suficiente, y los demás iremos tirando y sobreviviendo como ha pasado toda la vida en los países que no son ricos.</p>
<p>La crisis económica es una desgracia en toda regla, pero no conviene perder de vista los elementos positivos que también tiene. Por ejemplo, nos ha puesto ya frente a los ojos los fundamentos de la España que viene, que será un país muy distinto de este, al que han liquidado el tsunami de la economía mundial, la torpe gestión política, la desvergonzada rapiña de los nuevos ricos y el pasmo, la abulia y la involuntaria complicidad, con los que el ciudadano común ha asistido a esta debacle. La clave de la España que viene está ahí, en el ciudadano común que ya no será el mismo, que ha pasado en unos cuantos meses de nuevo rico a nuevo pobre y que ya desde ahora, porque no le queda otro remedio, vigilará con lupa la gestión de sus diputados, de su alcalde y de su presidente, y estos funcionarios, con semejante vigilancia, no podrán conducirse como lo hacían antes, tendrán que irse con cuidado y esto se lo debemos, precisamente, a la crisis.</p>
<p>Como también le debemos que nos ha obligado a situarnos en un nuevo espacio social, a vernos dentro de una colectividad de personas que son capaces de organizarse y de pelear codo con codo por un objetivo común. Nuestra nueva pobreza ha puesto de relevancia la solidaridad, que es un valor que se enrarece, cuando no desaparece, en las épocas de bonanza económica. Sí, la crisis es una calamidad, pero nos ha puesto en guardia, nos ha obligado a revisar la sociedad que tenemos y a pensar en una sociedad más acorde con el futuro al que nos arrojan cada día la tecnología y las redes sociales. La crisis, al poner a la clase política contra las cuerdas, nos ha enseñado con mucha claridad que necesitamos políticos distintos, otro tipo de gobernantes porque los que tenemos ahora pertenecen al milenio anterior; son impermeables a la realidad diversa, polimorfa, multirreferencial e hiperconectada que promueven los nuevos medios de comunicación. La ineficiencia de nuestros políticos no tiene tanto que ver con los colores de su partido, sino con que se han quedado a la zaga, son hombres y mujeres forjados en el milenio anterior, sin instrumental para lidiar con la modernidad que les está pasando por encima. Y a esto hay que sumar la velocidad con que informan hoy en la Red los medios de comunicación, y la indiscreción inmediata, casi obscena, de las redes sociales, que transparentan la cotidianidad de políticos y gobernantes y los dejan sin esa zona opaca donde tanto, y con tanto éxito, se trabajaba en el pasado. Hoy sabemos muchas más cosas de ellos, están permanentemente expuestos en las pantallas de los ordenadores y de los teléfonos móviles, y ahora que la crisis los ha dejado sin margen de maniobra, tendrán que construir su discurso desde esa transparencia.</p>
<p>Hace unos meses, cuando la ciudadanía española despertaba de su letargo, llamada por los indignados que tomaban las plazas públicas, empezó a configurarse el porvenir, y dentro de aquel relato lleno de aire fresco, de ideas estupendas y de alguna que otra obviedad, surgió una solidaridad muy sintomática entre los indignados de Madrid y Barcelona. Ya se sabe que entre los compañeros de desgracia surge con frecuencia la empatía; sin embargo aquella sintonía, aquella solidaridad explícita, escrita en pancartas y gritada en consignas, entre una y otra ciudad, es un indicador de lo lejos que están los gobernantes, y los políticos en general, de la gente; esta sintonía, que es también obra de la crisis, nos vino a decir que hay otro país distinto del que nos han pintado durante años los políticos madrileños y catalanes, que avivan o desinflan la rivalidad entre Madrid y Barcelona según convenga a sus intereses, según qué haya que destacar o qué sea imperativo ocultar.</p>
<p>La crisis está acabando con la inmigración, otra desgracia para un país con bajos índices de natalidad. Los trabajadores extranjeros que venían a España en busca de una oportunidad buscarán otro país con menos problemas económicos. Lo mismo pasará con muchos españoles, que tendrán que emigrar a otros países a buscar una oportunidad; pero algunos de ellos regresarán cuando pase la tormenta financiera, y aportaran su visión nueva, global y cosmopolita que les habrá dado esa vuelta obligatoria por el mundo y que será imprescindible en los años que vienen. La crisis ha acabado con el espejismo, se ha llevado a la España de ficción, al país donde todos éramos ricos, y nos ha dejado instalados en la España de verdad. ¿Hay un mejor punto de partida? ¿No será momento de buscarle la gracia a la desgracia?</p>
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		<title>¿Y la obra social de las cajas?</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Nov 2011 13:38:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Banca]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>R. Valls Riera</strong>, director de Zohar Consultoria &#38; Markting Social. Profesor colaborador de la Fundació Universitària del Bages (LA VANGUARDIA, 13/11/11):</p>
<p>La respuesta es un no rotundo, al menos no tienen un futuro que se parezca a su pasado reciente. Sin embargo, las cajas de ahorros y sus obras sociales han sido un modelo internacional: por su cuota de mercado, ya que llegaron a suponer el 54% del sector financiero, mientras Alemania o Francia no llegaban al 25%, y también por su modelo de obras sociales, al que han destinado una media del 27% de los beneficios en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38280/y-la-obra-social-de-las-cajas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>R. Valls Riera</strong>, director de Zohar Consultoria &amp; Markting Social. Profesor colaborador de la Fundació Universitària del Bages (LA VANGUARDIA, 13/11/11):</p>
<p>La respuesta es un no rotundo, al menos no tienen un futuro que se parezca a su pasado reciente. Sin embargo, las cajas de ahorros y sus obras sociales han sido un modelo internacional: por su cuota de mercado, ya que llegaron a suponer el 54% del sector financiero, mientras Alemania o Francia no llegaban al 25%, y también por su modelo de obras sociales, al que han destinado una media del 27% de los beneficios en los últimos años, 2.200 millones de euros sólo en el año 2009, su mejor cosecha. No hablaremos de su gobierno corporativo, ya que ahí es donde se fraguaron los problemas actuales.</p>
<p>Las obras sociales tienen un doble modelo de gestión: la obra propia, en la que gestionan sus inversiones en edificios culturales, como el Cosmocaixa, la Pedrera o La Casa Encendida, junto a un conjunto de servicios asistenciales, desde residencias de mayores hasta bibliotecas. En el 2010, la obra propia de las cajas supuso 965 millones de euros, el 66% del total de su presupuesto. La otra parte es la obra en colaboración, que ha permitido financiar una variedad de proyectos de entidades sociales, culturales, de investigación y medioambientales: que en el 2010 se situó en 496 millones de euros, ya con un recorte del 24%. La obra social en colaboración ha sido esencial para el desarrollo de la sociedad civil y es la que ahora ya se da por muerta.</p>
<p>La bancarización de las cajas y la entrada del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) tienen un efecto de dilución de la propiedad de las cajas, ya que sus beneficios se distribuirán a sus nuevos accionistas en porcentajes que van del 20% en La Caixa hasta cifras muy superiores en Bankia y Banca Cívica. Este reparto de beneficios supone una disminución proporcional de la obra social. Cuando el nuevo accionista es el FROB, la situación es mucho peor; por el porcentaje de propiedad que asume –el 90% en Catalunya Caixa, hasta el 99,99% en Unnim– y porque además el FROB prioriza el destino de los beneficios a la devolución de su aportación frente a la obra social.</p>
<p>En estos casos no hay margen: la obra social subsistirá con aportaciones con cargo a beneficios menguantes, a unas inciertas reservas, o con los ingresos generados por la propia obra social, que en el 2010 fueron el 7,5% del presupuesto de todas las obras sociales: al final serán los turistas de la Pedrera los que van a mantener parte de la obra social. Aquellas que implantaron el “gratis total” en sus servicios no podrán mantenerla si siguen actuando como ahora. Visto ahora, la reforma de las cajas italianas de los años noventa acabará siendo un modelo que ha permitido mantener sus obras sociales capitalizadas, como es el caso de los 5.000 millones de euros de la Fundacione Cariplo.</p>
<p>No todas las obras sociales son iguales: La Caixa y las cajas vascas van a poder seguir con un modelo muy parecido al actual, aunque con menos obra en colaboración, más selectiva y con más eficiencia. El resto de las obras sociales debería repensar su futuro si quieren seguir existiendo, ya que hoy mirar al retrovisor sirve de poco. Qué acaben siendo las obras sociales va a depender de su capacidad de generar valor, bien sea porque el ciudadano considere que los servicios que ofrece merecen mantenerse y pagar un precio por ellos, bien sea por su capacidad de transformarse en un nuevo actor con una función diferente de la actual.</p>
<p>Para ello las obras sociales deberían tomar consciencia de que ya no son el actor principal, que otras partes de la sociedad también contribuyen al interés general: los más de 3,5 millones de personas que hacen donaciones a las organizaciones sin fin de lucro por un importe de más de 780 millones de euros en el 2010, otras fundaciones privadas por más de 150 millones anuales y las donaciones de empresas de cerca de 100 millones.</p>
<p>A corto plazo todos deberemos contribuir para mantener, en lo posible, un modelo de sociedad que hemos creado y que ya no podemos pagar: las obras sociales, en la medida en que mantienen su vinculación al territorio, una red y una infraestructura notables podrían actuar como dinamizadoras de una sociedad que deberá ayudarse más a sí misma de lo que lo ha hecho hasta ahora. Este ha sido el modelo en el norte de Italia, pero aquí, en algunos casos, deberán empezar por recuperar una confianza ahora diluida.</p>
<p>Las obras sociales también deberían superar el discurso de los ajustes: hacen falta nuevos instrumentos financieros para generar innovación social que permita gestionar los servicios de la sociedad del bienestar de manera más eficiente y sostenible.</p>
<p>De no optar por escuchar, pensar y compartir, las obras sociales tendrán un mal fin, que, sin embargo, nos incumbe a todos. Hay que poner imaginación y evitar que el FROB no sea más que el enterrador de un modelo de obra social y de cajas cuya estrategia en tiempos de bonanza llevó a la actual situación terminal.</p>
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		<item>
		<title>¿Quién necesita ser solidario?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/38133/quien-necesita-ser-solidario/</link>
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		<pubDate>Mon, 07 Nov 2011 12:19:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=38133</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ricard Zapata Barrero</strong>, profesor de Ciencia Política de la UPF (EL PERIÓDICO, 07/11/11):</p>
<p>El Govern ha anunciado que está trabajando para promover un «movimiento social potente» que sensibilice al país de la importancia de ayudar a los más necesitados. Los medios audiovisuales ya han comenzado la campaña. Mi pregunta es: ¿a quién va dirigida?</p>
<p>Recogiendo las ideas de K. Manheim, existen periodos de tiempo que propician determinados comportamientos, y ayudan a entender por qué las personas y las instituciones piensan de ciertas maneras; existen tiempos históricos que propician más una ideología que otra. Es palpable que el nuestro &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38133/quien-necesita-ser-solidario/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ricard Zapata Barrero</strong>, profesor de Ciencia Política de la UPF (EL PERIÓDICO, 07/11/11):</p>
<p>El Govern ha anunciado que está trabajando para promover un «movimiento social potente» que sensibilice al país de la importancia de ayudar a los más necesitados. Los medios audiovisuales ya han comenzado la campaña. Mi pregunta es: ¿a quién va dirigida?</p>
<p>Recogiendo las ideas de K. Manheim, existen periodos de tiempo que propician determinados comportamientos, y ayudan a entender por qué las personas y las instituciones piensan de ciertas maneras; existen tiempos históricos que propician más una ideología que otra. Es palpable que el nuestro es conservador en ideología, pero cada vez más anárquico en lo social.</p>
<p>Este contexto de crisis está afectando a nuestras actitudes cotidianas, especialmente las de índole consumista (es decir, casi todas). También está teniendo un efecto sobre nuestras formas de pensamiento y la capacidad de definir nuestro futuro en general. La sostenibilidad es la principal lógica de acción que también orienta las instituciones públicas. Los líderes políticos tienen también esta fuerza motriz como única justificación de sus decisiones.</p>
<p>La fuerza explicativa de la crisis va más allá de lo cotidiano, institucional y político. Se está introduciendo en nuestra gramática social. Estamos en un periodo que nos obliga no solo a modificar los significados de algunas categorías sociales -¿cómo explicamos hoy <em>derecho social</em>?-, sino también nuestra forma de conceptuar las nuevas dinámicas sociales. Por ejemplo, estamos paulatinamente incorporando nociones como dignidad humana, en lugar de calidad de vida para evaluar nuestra sociedad; estamos pasando del concepto de pobreza a la noción de miseria, que hace bien poco era casi una excepción social. La necesidad ya no es la causa de la exclusión social, sino al revés, la exclusión social provoca una vida de necesidad. Quienes serán asistidos son familias que hace unos años vivían con dignidad y les animaba la mejora de su calidad de vida. Que una parte creciente de la población arranque de los contenedores la ropa usada sin que medien sus distribuidores, puede ser un preludio para una consternación incontrolada hacia nuestras instituciones democráticas y hacia edificios financieros. Hay que prevenir.</p>
<p>Hoy todo está cambiando y estamos pasando, recogiendo el vocabulario de <strong>Marx,</strong> de una lógica de acción orientada por la libertad a una lógica guiada por la necesidad. Nuestro más preciado valor liberal está en peligro. Estamos en un periodo más identificado con la segunda mitad del siglo XIX, donde el sistema capitalista naciente gestó una clase bien descrita por la literatura de <strong>Victor Hugo</strong> como la de <em>Los miserables</em>, que no solo se definen por sus efectos como los excluidos, sino también por sus causas como aquellos que han caído, por culpa del sistema, fuera de nuestras más básicas reglas sociales. Lo que Durkheim, años más tarde, denominó la anomia o la incapacidad de la estructura social de proveer a su población lo necesario para lograr las metas de la sociedad. En este contexto estamos.</p>
<p>La crisis no es solo económica, sino social, y puede muy rápidamente afectar nuestra gelatinosa cohesión y estabilidad, requisitos básicos para una democracia. La población tiene cada vez más razones para salir a la calle, porque ya no tiene nada que conservar, o bien, simplemente, por un profundo sentimiento de justicia social por querer comprometerse con el destino de los otros (mi definición de solidaridad). El perfil del indignado ya no es solo el joven antisistema, sino el de los padres de familia que padecen por el presente desorientador y el futuro incierto de sus hijos. La situación es única, de involución histórica, y nuestras instituciones democráticas pueden dejar de funcionar porque están perdiendo su base legitimadora.</p>
<p>Aunque puede ser bien intencionada, la campaña de la Generalitat para concienciar a la población de la situación tiene una inquietante dimensión manipuladora. La gente no necesita de políticos que la conciencien, ya lo está. La campaña está mal enfocada, y se equivoca de público objetivo. Ahora más que nunca se debe exigir a los que detentan las finanzas que cesen de formar parte del problema, aporten soluciones y rebajen sus presiones para detener este goteo de noticias tan profundamente amenazante. Si hay un actor histórico que tiene la clave del progreso, ya no es la izquierda tradicional, sino el Estado financiero. Solo este puede detener esta tendencia hacia la inestabilidad y hacia un potencial caos social que nadie desea. Ellos son los que necesitan campaña política para que lideren la solidaridad y la justicia social. Aunque sean ahora los capitanes del barco, no están llevando el rumbo hacia una dirección preventiva, sino hacia un sinsentido social.</p>
<p>Algo hay que hacer. Mi más profundo apoyo a aquellas personas y familias que salen a la calle. Hay que pedir al Govern que desvíe su campaña de concienciación hacia los que realmente lo requieren. Ahora es el momento de exigir solidaridad social a los que han provocado esta situación, no a los que la padecen.</p>
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		<title>La osadía de Eduardo Rincón</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Nov 2011 21:13:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 05/11/11):</p>
<p>Se podría decir que esta es una historia optimista, aunque sólo sea porque acaba bien. El protagonista tiene 87 años, pero se conserva entero; unos ojos claros y una mirada limpia, lo que no es moco de pavo cuando ha pasado por lo que ha pasado; tiene el pelo blanco, tupido en los flancos, como para marcar el territorio de una calva bien aireada. Eduardo Rincón es músico, compositor de eso que ya empieza a desaparecer de nuestra cultura mediática, porque ha ido perdiendo hasta el nombre. Compone música clásica, lo que en puridad &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38018/la-osadia-de-eduardo-rincon/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 05/11/11):</p>
<p>Se podría decir que esta es una historia optimista, aunque sólo sea porque acaba bien. El protagonista tiene 87 años, pero se conserva entero; unos ojos claros y una mirada limpia, lo que no es moco de pavo cuando ha pasado por lo que ha pasado; tiene el pelo blanco, tupido en los flancos, como para marcar el territorio de una calva bien aireada. Eduardo Rincón es músico, compositor de eso que ya empieza a desaparecer de nuestra cultura mediática, porque ha ido perdiendo hasta el nombre. Compone música clásica, lo que en puridad resulta una cursilada de expresión, pero es la única forma de entender que no hace rock, ni jazz, ni country, ni sardanas, ni habaneras, ni fondos para los anuncios publicitarios. Compone música de cámara y sinfonías y muchas otras cosas que por supuesto están fuera de la clasificación habitual de los “modelnos” de nuestra crítica musical.</p>
<p>Eduardo Rincón es un músico antiguo que vive en una casa antigua de un pueblo del Empordà antiguo. Torroella de Montgrí. A mí me gusta la música de Eduardo Rincón, y encuentro en ella ecos del maestro Heitor Villa-lobos y un toque del estudioso que es de la obra de Henze, al que dedicó una docena de programas radiofónicos para la Clásica de Radio Nacional, que casi nadie escuchó. Pero Rincón es uno de esos personajes que han hecho historia y por lo tanto que la han sufrido, pero que nadie osa meterlos en ella. Acaba de publicar sus memorias – Cuando los pasos se alejan (Ediciones La Bahía)– que no son otra cosa que el relato de su histórica osadía. Al tiempo, su música empieza a escucharse en las salas de conciertos. Aunque sólo fuera por eso, ya se podría decir que estoy escribiendo una historia que acaba bien.</p>
<p>¿Y cómo se cuenta el principio? Y lo demás. Eduardo Rincón entró en la cárcel a hostias y con riesgo de su vida en septiembre de 1939, exactamente el día que empezaba la II Guerra mundial. Tenía 15 años. Una familia asentada, de Santander, republicanos, padre pequeño empresario que tuvo el honor y la dignidad de ser el representante del gremio de eso que ahora llaman “emprendedores”. ¿No se dan cuenta que “emprendedores” somos todos los que nos levantamos de buena mañana, dispuestos a comernos el mundo, y que llegamos a la noche hechos unos zorros, con pocas ganas de escuchar las mentiras del último telediario? A Eduardo Rincón le detuvieron en Santander en el mismo grupo doloridamente famoso en el que andaba metido José Hierro, el poeta, dos años mayor que él. Uno 15 y el otro 17. Y por si fuera poco, los ciegos. Siete ciegos que sumaron a la redada. Rojos y ciegos. Los fusilaron a todos, según el principio de que estar ciego no atenúa el delito de ser republicano. Ninguno de los que estuvo allí, en Santander, a finales de 1939, olvidará aquello.</p>
<p>¿Cómo olvidarlo? Luego Madrid, Convento de Comendadoras, cárcel implacable, y recorrer la España cañí de trullo en trullo. José Hierro nunca quiso hablar de aquello, cuentan que sólo una vez tuvo una debilidad, cuando alguien le recordó la historia de Antón Villar, el maestro poeta, que cuando le iban a sacar para fusilarle, llevó aparte a Hierro y le dijo lo más hermoso que puede escuchar un poeta: “Te necesito para que conserves mis versos”. Pepe Hierro tenía una memoria poética prodigiosa. Y allí, el tal Villar, a punto de marchar al paredón, le recitó los dos sonetos alejandrinos –hoy alta cultura, saber qué es un alejandrino, 14 sílabas; nosotros, que nos quedamos sin desasnar, lo dábamos en 4.º de bachillerato–, y Pepe Hierro lo recordó y los recitó del tirón, cuando ya habían pasado veinte años, y lloró tanto que nadie volvió nunca a pedirle que los repitiera.</p>
<p>Hay que joderse, Eduardo Rincón, aquel chaval que paseaba sus 15 años por cárceles y penales, quería ser comunista y músico. Dos cosas imposibles, porque ni el PC admitía adolescentes en aquellos años del cólera, ni estaba el horno para solfeo, armonía y contrapunto. Las páginas de esas memorias – Cuando los pasos se alejan– dedicadas a aquel tiempo feroz dejan huella. Pero lo consiguió, comunista y músico, al menos aprendiz de ambas cosas. Cuando salió de la cárcel sintió que tenía una responsabilidad, la de hacer que aquella gente que se quedaba en prisión pudiera liberarse. Y además componer música. Marchó a París, y allí, en el ambiente de los franceses, otra galaxia, avanzó en los estudios de composición. Pero le animaron a volver, esta vez de clandestino, y además a Asturias. Tocaban finales de los 50 y le pillaron en Gijón, en el 61, vísperas de las grandes huelgas mineras. Le dieron tantas hostias que se cansó de contarlas. El que dirigía la tortura se llamaba “C. R.”; así figura en las memorias de Rincón por consejo del abogado de la editorial, no vaya a ser que algún heredero, o el mismo canalla –los criminales de Estado son longevos– le meta una querella por su honor afectado. La gente “modelna” no entiende lo que tiene de humillación ese subterfugio. Se llamaba Claudio Ramos, comisario de la policía política en Asturias. La hez del pasado que aún condiciona la historia del presente.</p>
<p>Primero la cárcel de Oviedo, luego Burgos ¿Qué tal escuela es un penal para ejercitarse de músico? Cuenta Eduardo Rincón que logró un trío notable, aunque un tanto irregular: saxo, tuba y clarinete. Tocaban, asegura, con cierto garbo la “marcha de las águilas” de Wagner, o “Perdona a tu pueblo, perdónalo, Señor”, y pasodobles y, en ocasiones, acompañaban en la misa, obligatoria. El saxo era un preso común que había matado a su suegro y troceado a su mujer. El del clarinete, ¿o era la tuba?, un asesino que al enterarse de que su sobrina se había quedado embarazada de él, le propuso suicidarse juntos, y primero la mató a ella y luego él se tomó una pastilla de jabón, el muy jeta; como instrumentista era mediocre; uno no puede ser excesivo en todo. Los políticos del penal de Burgos tenían pocas habilidades musicales; sólo el catalán Jordi Conill tocaba el piano, pero eso, fuera del armonio de la capilla, no servía.</p>
<p>Los presos políticos del franquismo en la primera mitad de los sesenta agradecieron la intercesión del Espíritu Santo, que consintió el fallecimiento del Papa, un Concilio festejable y los XXV años de Paz. En total un puñado de indultos cicateros que aliviaron penas. Cuando Eduardo Rincón salió de la cárcel, bien avanzados los sesenta, ya estaba curtido en la composición, sólo le faltaba aire, aire libre. Pero le volvieron a detener por una delación en Asturias, el fantasma de Claudio Ramos, el torturador de Asturias, reaparecía. Consiguió a duras penas salir del asunto con la ayuda de santanderinos influyentes, Pancho Pérez y Jesús Polanco, entonces Taurus y Santillana y muchas cosas más, y medio traduciendo y sobreviviendo, recuperó la capacidad para volver a hacer música.</p>
<p>Llegaba la edad de las enfermedades y su mujer se iba muriendo de cárceles, penas y tuberculosis. Encontraron el Empordà y aquí se quedaron, hasta que ella murió y él siguió trabajando con ese entusiasmo imposible de los derrotados que se niegan a admitirlo. Volvía a su Santander, pero ya nada era lo mismo, salvo él, que seguía siendo músico y un revolucionario escamado tras los desastres del 68. París apenas existió en la cultura comunista, pero la invasión soviética de Checoslovaquia marcó a varias generaciones.</p>
<p>Ahora vive en Torroella de Montgrí en una casa hermosa, con una mujer tranquila e inteligente, veterana del teatro y los títeres, que tiene probablemente el nombre más bonito que existe en catalán –Dolça–. Y él compone en esa soledad imposible del que ha escogido los caminos tortuosos de nuestra historia, haciendo verdad los versos demoledores que escribió a la manera quevedesca, Pepe Hierro, y que tituló Vida, como si fueran el lema de una generación derrotada y humillada: “Qué más da que la nada fuera nada, después de tanto todo para nada”.</p>
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		<title>Sonrisa a las diez y diez</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Nov 2011 21:07:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Wagensberg</strong>, director científico de la Fundació La Caixa (EL PERIÓDICO, 05/11/11):</p>
<p>En general, las costumbres perseveran mientras son útiles y se abandonan cuando dejan de serlo. Por ello, en rigor, una costumbre siempre es buena (el pan con tomate). Cuando es mala es porque hay un malentendido con su presunto beneficio, ya sea porque en el fondo resulta que no es tal (fumar), ya sea porque el beneficio propio ni siquiera se plantea la posibilidad de un perjuicio ajeno (colarse en el autobús).</p>
<p>Según esta definición, habría que usar otra palabra para nombrar a un hábito que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38016/sonrisa-a-las-diez-y-diez/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Wagensberg</strong>, director científico de la Fundació La Caixa (EL PERIÓDICO, 05/11/11):</p>
<p>En general, las costumbres perseveran mientras son útiles y se abandonan cuando dejan de serlo. Por ello, en rigor, una costumbre siempre es buena (el pan con tomate). Cuando es mala es porque hay un malentendido con su presunto beneficio, ya sea porque en el fondo resulta que no es tal (fumar), ya sea porque el beneficio propio ni siquiera se plantea la posibilidad de un perjuicio ajeno (colarse en el autobús).</p>
<p>Según esta definición, habría que usar otra palabra para nombrar a un hábito que persevera sin utilidad alguna. Llamémosle, digamos, tradición. La costumbre persevera por buena. La tradición solo por tradición, como si el hecho mismo de ser una tradición ya fuera un argumento a favor de la persistencia.</p>
<p>En ocasiones las tradiciones son superfluas y no tienen efectos colaterales graves (los tres o cuatro botones cosidos a sus respectivos ojales en las mangas de las chaquetas de los trajes), pero en muchos casos suponen una auténtica resistencia a la innovación o al progreso moral (el cuerno de rinoceronte como remedio tradicional contra la disfunción eréctil). Por ello las disciplinas más creativas son también las que sueltan su lastre tradicional con más desparpajo. La publicidad comercial es sin duda un gran ejemplo, tanto es así que a sus creadores se les reserva el término genérico de <em>creativos. </em>Sin embargo, este oficio tiene algunos tics que parecen persistir por encima del espacio y el tiempo. Paso a comentar tres ejemplos: uno de perfumería masculina, otro de agua embotellada y otro de relojes.</p>
<p>En general, el rostro humano que anuncia algo para vender sonríe ampliamente, sea ese algo un mueble, un automóvil, una herramienta o un aparato de gimnasia. Pero existe, como mínimo, una excepción turbadora: los modelos que anuncian fragancias masculinas están siempre serios. Es como si el interés, el misterio o el poder de seducción de un varón se le fuera a escapar por la sonrisa. A principios del siglo pasado nadie sonreía mirando a cámara. Hoy esta costumbre se ha reemplazado por la contraria y los fotógrafos incluso tienen trucos para lograr un cien por cien de sonrisas en la toma.</p>
<p>Las etiquetas en las botellas de agua mineral recurren casi siempre a una imagen de montañas nevadas. Es un mensaje de frescor, de pureza, de virginidad y de salvaje naturalidad. Es como si no hubiera otra manera de convocar y evocar todas estas nobles propiedades del agua en un solo símbolo. Hace unos años, llegué a reunir más de 200 etiquetas de todo el mundo con montañas de todas clases: realistas o geométricas, escarpadas o redondeadas, con vegetación o sin ella&#8230; Hay muy pocas excepciones, tan pocas que ya hace tiempo que me deshice de la colección y ahora he pasado a lo que tiene mérito: etiquetas en las que no aparece ninguna alusión a la alta montaña.</p>
<p>En las fotografías de la publicidad de relojes, se puede observar que estos marcan obsesivamente la misma hora: las diez y diez. La regla se cumple en más de un 90% de los casos (¡!). Es como si las diez y diez fuese una solución única. A veces algún creativo, en un alarde de originalidad revolucionaria, propone las diez y nueve o las diez y once. Pero eso es todo. Si afinamos hasta el minuto, existen 720 posiciones distintas. ¿Por qué entonces siempre las diez y diez?</p>
<p>Intentemos comprender la bondad de esta costumbre. Todas las posiciones se dan dos veces al día, pero muchas de ellas introducen confusiones intolerables. Por ejemplo, las doce horas (o todas aquellas en las que las agujas se superponen): ¿se ha caído una de ellas?, ¿se han enganchado? Las doce y media (o cualquier hora que presente las dos agujas alineadas) tampoco es aconsejable por una razón parecida. Las agujas dividen la esfera en dos sectores y para que ambos estén en armonía (lejos de la superposición y del alineamiento) se diría que la mejor proporción entre ambos es de un tercio de círculo frente a los dos tercios restantes. Ya quedan menos soluciones. Y aún quedan menos si prescindimos de todas las posiciones que hacen predominar la mitad izquierda sobre la derecha o viceversa (molestosas asimetrías dextrógiras o levógiras). Ahora toca escoger entre el arriba o el abajo. Y escogemos el arriba, claro, porque así es como hay que invitar a ver el futuro para predisponer a una compra: alegría y optimismo.</p>
<p>En efecto, las diez y diez está más cerca de la euforia, las ocho y veinte está más cerca de la depresión. Además, las diez y diez en la esfera del reloj evoca una sonrisa, mientras que las ocho y veinte más bien recuerda un rostro quejoso y malhumorado. Ya solo queda elegir entre las diez horas y diez minutos o las dos horas menos diez minutos. Pero ya sabemos que menos es menos que más, por lo que, no hablemos más y si hay que detener los relojes detengámoslos para siempre a las diez y diez. Es posible que algún genio encuentre un día una hora más original, pero se duda de que sea más comercial.</p>
<p>¿Tradiciones o costumbres? ¿Soluciones obsoletas o únicas? Lo único que no vale la pena innovar es la perfección, pero la perfección siempre es una tesis, no una hipótesis.</p>
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		<title>Muertes de perro. El poeta (1)</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Oct 2011 14:25:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 15/140/11):</p>
<p>Le cortó el cuello un marroquí a las 6,20 de la mañana –como se hace con los corderos, pero sin mirar a La Meca–, cuando trataba de recuperar una bicicleta que le habían robado. Sucedió en Barcelona, a la puerta del número 12 de la calle Palma de Sant Just, a unos pasos de la plaza Sant Jaume, centro político de Catalunya y de la ciudad. Empezaba el último jueves de septiembre y se acababa un poeta de 33 años, tres libros y probablemente tres vidas. Es posible que haya tantos poetas en Catalunya &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37531/muertes-de-perro-el-poeta-1/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 15/140/11):</p>
<p>Le cortó el cuello un marroquí a las 6,20 de la mañana –como se hace con los corderos, pero sin mirar a La Meca–, cuando trataba de recuperar una bicicleta que le habían robado. Sucedió en Barcelona, a la puerta del número 12 de la calle Palma de Sant Just, a unos pasos de la plaza Sant Jaume, centro político de Catalunya y de la ciudad. Empezaba el último jueves de septiembre y se acababa un poeta de 33 años, tres libros y probablemente tres vidas. Es posible que haya tantos poetas en Catalunya que por eso no llame la atención, y en el mejor de los casos la gente dirá que al fin y al cabo es como el joyero anónimo asesinado, o la vieja pensionista tironeada, o al parado atracado; otra víctima del destino aciago de vivir en ciudades donde mucha gente se gana la vida a costa de la vida de los otros. Todos son iguales, es cierto, pero el poeta es un además.</p>
<p>Salvador Iborra había nacido en Valencia, escribía poesía en catalán, publicaba donde podía y escribía donde le dejaban. La vida de un poeta es un milagro, porque si hay algo que está fuera de toda convención en el mundo que sufrimos es la de ser poeta. Desarrolla una especie de doble vida, vista desde un ángulo más oscuro que cualquier perversión sexual, y es que sin estar ilegalizada, aparece como una contravención a las reglas más obvias de una economía de mercado. Siempre he tenido cierta reticencia hacia la poesía de Muñoz Rojas, no sólo porque me parece un poeta menor sino porque su categoría de hombre con gran fortuna, le convierte en una referencia. Como si le gente dijera, “fíjate, es rico y poeta”. Una paradoja que obliga a preguntarse si lo importante es lo primero o lo segundo.</p>
<p>¿Y qué decir de Wallace Stevens? ¡Cómo es posible ser directivo de una casa de seguros y al mismo tiempo poeta mágico, sensible hasta la minucia! Un agente de seguros tierno es como un boxeador con puños de cristal. Casi un oxímoron, que decimos los pedantes. Verdaderamente el mundo de los poetas es diferente al nuestro. Viven con nosotros pero emiten en otra onda. ¿De qué vive un poeta? Es la única profesión que jamás ha podido comer de lo que produce; nunca, ninguno. Podría ilustrarlo con dos casos hispanos muy dispares y jugosos en lo cotidiano, Juan Ramón y Alberti. ¿Cómo sobrevivieron sin hacer otra cosa que lo suyo? Juan Ramón, gracias a la paciente e industriosa Zenobia. Alberti, literalmente, del sablazo.</p>
<p>Han matado a un poeta y no sabemos nada. Ni de su vida ni de su muerte. Que estudió Filología Catalana, que buscaba trabajo como todos, que iba a entrar de interino de una escuela de Cerdanyola del Vallès, que había conseguido un par de premios, uno dotado por el Ayuntamiento de Arenys de Munt y otro en Badalona, gracias a los cuales logró publicar sin empeñar la dentadura. He buscado sus tres libros y me han asegurado que sólo quedan tres ejemplares; uno en Mataró, otro en Tarragona y el último en Alicante. ¿Qué habrán editado, cien ejemplares? ¿Doscientos? Probablemente lo reeditarán, porque los poetas tienen el fúnebre privilegio de que triunfan, algunos, cuando mueren; otra diferencia con el resto de los mortales.</p>
<p>Y de su muerte, qué sabemos. He caminado por la Palma de Sant Just, una de esas callejas del hoy llamado Barrio Gótico de Barcelona, hermosa, mucho; imagino que más de día que de noche. Empieza en una plaza recoleta, la de Sant Just, y se adentra en quiebra apenas dos manzanas y media, terminando en una pared. Sospecho que no lo es mismo pasearla que vivir en ella. El número 12, donde vivía y se desangró, no guarda recuerdo alguno, ni una pintada, ni una flor, nada. Volví una y otra vez, pensando que mi vista cansada ya no distingue los ecos de las voces. ¡Pero no hay alguien que plante ahí un grito tras el crimen! Pensaba en esas velas y flores que retrataron; los servicios municipales son implacables con los recuerdos y benévolos con la basura. Es sabido.</p>
<p>¿Y qué sucedió? Que estuvo con un amigo que venía en bicicleta, que la dejó a la puerta sobre la una de la mañana, que cuando salieron se la habían volado, que la estuvieron buscando sin éxito, y que ya de retirada volvió a su casa, pasadas las seis, y descubrió que la había robado su vecino, el del entresuelo primera, un marroquí instalado de extranjis, y la reclamó y entre el marroquí y su amigo debieron llamarse a andanas y por un quítame allá esa bicicleta, uno de ellos le abrió el cuello. Barcelona no es una ciudad para noctámbulos sin limusina</p>
<p>Y aquí llega la nota de color, el detalle posmoderno. Los dos delincuentes, con más antecedentes por robo con violencia que un sicario colombiano, a diferencia de Colombia y hasta de México, aparecen nominados para el óscar del anonimato. El muerto se llamaba Salvador Iborra, pero ellos, para preservar su honor y los honorarios de sus abogados, se llaman Saodi M. y Zakari X. M.. Al primero lo pillaron horas después, imagino que a partir de los testimonios de los vecinos que debieron de oír, a su pesar, los gritos y hasta el espanto de un hombre cuando le cortan la yugular y nada tiene ya arreglo. Al otro lo buscaron en Mollet del Vallès. Ni una foto, ni siquiera del poeta muerto, fuera de una en las páginas locales de El País de Cataluña, donde se le puede contemplar de perfil, fumando, en un escorzo que trasluce una cierta timidez arrogante.</p>
<p>Hay dos cosas en las que estamos a la cabeza del mundo; somos los mayores consumidores de cocaína del planeta y el único país donde los delincuentes tienen el derecho a ser anónimos. Recientemente el Tribunal Supremo ha librado de un buen puro a un diario gallego porque reprodujo el nombre y la foto de un maltratador, juzgado y condenado, que consideraba afectada su honra al aparecer nominado en el periódico. En Asturias un tipo le metió su buena docena de puñaladas a su mujer porque no estaba de acuerdo en ver el programa de televisión que él quería. Y sigue tan pancho, llamándose Manolo R. P. ¡Vaya anuncio que se ha perdido la cadena elegida! Imagínense un spot que dijera “por ver este programa un marido metió 12 cuchilladas a su esposa”.</p>
<p>Un poeta ha muerto en Barcelona por una bicicleta que ni siquiera era suya. Y mucha gente dirá que eso debe traducirse en que no debes meterte en líos, y que veas lo que veas, haz como que no te enteras. La Sicilia del pizzo. No te impresiones por nada, no hagas nada que pueda ser interpretado como un rechazo; compórtate como en la vida normal: si roban, es porque todo el mundo lo hace; si matan a un vecino, pregúntate qué habrá hecho.</p>
<p>Otra singularidad dentro de esta alucinante historia del poeta degollado es que sus amigos le recuerdan, lógico, y que pensaban hacerle un homenaje el próximo día 13, en un bar, pero como todos están muy afectados lo han retrasado hasta que se recuperen del trauma. No sé en qué sociedad vivimos, ni si tiene algún sentido escribir sobre estas cosas, pero a mí me parece que la muerte de un poeta, tanto más que la de tantos anónimos crímenes que ya no aparecen en los diarios, es un síntoma. Nos pueden ir matando a todos, que al final ocurrirá como en México, que el poder, el presidente, el alcalde, las autoridades oficiales, encontrarán una fórmula perfecta según la cual nosotros somos culpables, por estar donde nos mataron.</p>
<p>Ya oigo los claros clarines de quien se pregunta, ¿qué persona normal puede ir en bicicleta a altas horas de la madrugada? Bastaría con eso para pararnos un momento, sencillamente eso, y preguntarnos si las guerras en las que estamos metidos, las protestas, los indignados, las miserias de los parados, importan un carajo cuando es posible que se muera un poeta por recuperar una bicicleta que le han robado a su amigo y que caiga abandonado como un perro. Si eso es posible, lo demás es obvio. De lo poco que sé de Salvador Iborra me impresionó el título de su último libro. Els cossos oblidats. Premonitorio, porque tanto el castellano como el catalán admiten la audacia de traducir “los cuerpos” como si fueran “los cadáveres”.</p>
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		<title>Encuentros entre víctimas y terroristas</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Oct 2011 21:20:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Víctimas terrorismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><strong>Francisca Lozano</strong> es psicóloga y mediadora. Firman también este artículo: <strong>Concha Sáez,</strong> secretaria judicial; <strong>Margarita Martínez Escamilla,</strong> catedrática de Derecho Penal de la UCM, y <strong>Eduardo Santos,</strong> abogado, mediador y profesor de la UPNA (EL PAÍS, 14/10/11):</p>
<p>La verdad se erige como una de las necesidades más importantes de la persona que ha sufrido un delito extremadamente grave. No se agota en lo descrito como hechos probados en la sentencia de condena al culpable, pero gracias a esta se permite establecer el reconocimiento formal y público del crimen, así como etiquetar jurídica y socialmente a cada partícipe. Es el tiempo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37528/encuentros-entre-victimas-y-terroristas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Francisca Lozano</strong> es psicóloga y mediadora. Firman también este artículo: <strong>Concha Sáez,</strong> secretaria judicial; <strong>Margarita Martínez Escamilla,</strong> catedrática de Derecho Penal de la UCM, y <strong>Eduardo Santos,</strong> abogado, mediador y profesor de la UPNA (EL PAÍS, 14/10/11):</p>
<p>La verdad se erige como una de las necesidades más importantes de la persona que ha sufrido un delito extremadamente grave. No se agota en lo descrito como hechos probados en la sentencia de condena al culpable, pero gracias a esta se permite establecer el reconocimiento formal y público del crimen, así como etiquetar jurídica y socialmente a cada partícipe. Es el tiempo de la necesaria justicia formal.</p>
<p>La paz necesita, además, otra verdad más totalizadora, personal, emocional y profunda, expresada ante la víctima por un actor concreto: el terrorista causante de sufrimiento injusto e inútil. La coincidencia de víctima y terrorista en el mismo espacio no es sencilla, pero existe un método: encuentros y diálogos restaurativos o, expresado sintéticamente, en la denominación convencionalmente admitida, mediación autor-víctima. Supone un proceso de comunicación que descansa sobre la responsabilidad y la autonomía de los participantes, basados en la vivencia del otro, la comunicación, la reciprocidad y la humanidad compartida.</p>
<p>La entrada del terrorista en el proceso no puede ser de cualquier manera ni en cualquier momento. Es necesario un tiempo, que transita entre la obcecación con unas ideas y el seguidismo de unos métodos violentos e infames en el momento del crimen y el que le permite llegar a un punto de crecimiento personal y maduración humana para hacerse cargo de su propia responsabilidad generada por el grave daño causado, acallando las voces autoexplicativas y exculpatorias. Sabremos que el agresor, condenado y cumpliendo la pena, está en ese tiempo cuando haya abandonado emocional y formalmente el grupo criminal en el que cometió terribles delitos; cuando pueda calificar los hechos como atrocidades sin sentido; cuando sea capaz de sentir que no sirvió para nada, solo para destruir vidas, incluida, quizás, la propia; cuando recorra el camino inverso que le condujo al crimen: cuando devuelva a la víctima el rostro de ser humano que un día le negó cuando la cosificó como mecanismo de autodefensa para agredirla brutalmente. Esta experiencia vital aparece con frecuencia tras el cumplimiento de varios años de cárcel. Los muros penitenciarios llenan su tiempo de soledad, duda y cuestionamientos radicales en la búsqueda del sentido de la vida; el encuentro con la propia humanidad rota y la de otros permite el cambio. Esta verdad, mucho más palpable y real para las personas que la derivada del proceso judicial, una vez expresada, posibilita devolver a la víctima y sus familiares la parte del reconocimiento del que aún se encuentran terriblemente faltos: el de quien con sus manos arrancó una vida y cambió terriblemente la de los familiares.</p>
<p>Quien ha sido víctima también necesita su tiempo vital; puede no coincidir con el judicial, ni con el político, ni con el social. Es un tiempo de libertad para participar en un diálogo, sin ningún tipo de presión. Tiene que estar preparada para escuchar la verdad relatada no por terceros sino por el agresor.Verdad desnuda y honesta (sincera) que le responda a las preguntas que nadie pudo ni supo contestar; verdad que le ayude a conocer, si lo necesita, los más precisos detalles del crimen sufrido; las más íntimas motivaciones personales del agresor, su pensamiento el día de los hechos, el proceso de su selección como <em>objetivo</em>, la condena sufrida, su ser actual, etcétera. La víctima tiene que estar preparada para expresarse, enfrentando la mirada del agresor que en ese diálogo se encuentra desprovista ya de la careta de la indiferencia con la que siempre cubrió su rostro. Ese poder para manifestar, bien directamente a través de la palabra dicha, bien a través de la palabra escrita, las consecuencias emocionales, sociales, laborales y físicas, propias y de la familia que ha sufrido puede, además de suponer una liberación para quien lo expresa, permitir al agresor, desde su atenta y respetuosa escucha, un proceso de reflexión moral.</p>
<p>Esta verdad constituye para algunas víctimas el final de un proceso, hasta entonces incompleto, de reconocimientos personales, familiares, jurídicos, políticos y colectivos. Un recorrido en el que faltaba un reconocimiento personal más íntimo que no se puede suplir por ningún otro. Con él la víctima tiene todos los elementos y datos para iniciar o continuar su proceso de desetiquetamiento, seguir cerrando sanamente su duelo y, quizás, si absolutamente libre, quiere y puede perdonar, para continuar la vida sin un muro hasta entonces infranqueable. Hay experiencias reales de cómo esta verdad desanuda el vínculo que une al agresor y a la víctima; se trata de ataduras emocionales tan profundas que se mantienen a pesar de que el Estado y los tribunales hayan intervenido y se esté expiando el crimen con años de prisión. Pero perdonar no supone cambiar la opinión sobre la deuda jurídica del culpable, ni defender su inocencia, ni esperar su impunidad; el veredicto formal de condena permanece y la culpa personal también. El perdón tampoco es el objetivo de los encuentros restaurativos; perdonar es un poder y un privilegio absolutamente libre exclusivamente en manos de la víctima.</p>
<p>¿Por qué iba la víctima a querer participar en este escenario de doloroso cambio? Conscientes de que existirá un amplio espectro de motivaciones personales, la más fuerte reside probablemente en el reconocimiento de que una vida anclada en hechos terribles del pasado constituye una hipoteca perpetua para el futuro. Un planteamiento basado exclusivamente en el infinito deseo de venganza, enrocado en una imposible marcha atrás en el tiempo será siempre incapaz de compensar el daño causado. Vivir apegado al dolor y en el recuerdo permanente de la agresión injusta, siendo muy legítimo, es algo que no debería condicionar el proceso vital de ningún ser humano. Por eso, la participación para la víctima puede basarse en el intento de lograr equilibrio personal y un cierto grado de serenidad en la vida, además de la responsabilidad ética que se puede sentir en la colaboración por la paz en un nivel ciudadano. No implica olvidar el pasado, pero sí poder calmar su parte más dolorosa y paralizante.</p>
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		<title>Contra la violencia, más ciencia</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2011 05:49:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Lia Daichman, </strong>presidente de la International Network for the Prevention of Elder Abuse (EL MUNDO, 10/10/11):</p>
<p>¿será el siglo el más violento de la Historia de la Humanidad? Los expertos creen que hay argumentos para pensar que, a las habituales formas de violencia, se le unirán otras nuevas que precisan de instituciones punteras que se adelanten al problema.</p>
<p>Aunque se ha avanzado mucho en el estudio de las diversas formas de violencia (en la familia, en la escuela, en la sociedad) y ahora se tiene más en cuenta a sus víctimas (niños, mujeres, personas mayores, personas con discapacidad&#8230;), es &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37457/contra-la-violencia-mas-ciencia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Lia Daichman, </strong>presidente de la International Network for the Prevention of Elder Abuse (EL MUNDO, 10/10/11):</p>
<p>¿será el siglo el más violento de la Historia de la Humanidad? Los expertos creen que hay argumentos para pensar que, a las habituales formas de violencia, se le unirán otras nuevas que precisan de instituciones punteras que se adelanten al problema.</p>
<p>Aunque se ha avanzado mucho en el estudio de las diversas formas de violencia (en la familia, en la escuela, en la sociedad) y ahora se tiene más en cuenta a sus víctimas (niños, mujeres, personas mayores, personas con discapacidad&#8230;), es imprescindible seguir en el camino de la ciencia. La única forma de entender y prevenir la violencia (para aquellos que realmente estén interesados) es investigar su alcance, origen y dinámica de forma seria y honesta, sin interferencias políticas, para después informar y extender los resultados entre los profesionales y también entre los políticos. Ellos son los que, finalmente, tienen que adaptar sus acciones a lo que la ciencia dice si no quieren fracasar (y que fracasemos todos) en su prevención y en la consecución de una sociedad más pacífica y tolerante.</p>
<p>A este objetivo se dedican algunas instituciones a escala internacional. La mayoría de ellas se centran en tipos concretos de violencia, principalmente la doméstica. Sólo una minoría analiza el fenómeno de forma global y pluridisciplinar, lo que hace de ellas pequeñas joyas a las que acudir para tener una mirada más profunda del fenómeno. Por su naturaleza, abordan los problemas en toda su complejidad y, por ello, son capaces, por ejemplo, de comparar perfiles de agresores (el de una mujer con personalidad psicopática con el del terrorista, por citar un caso) o la influencia que sobre los niños tiene ser testigo del maltrato a su madre.</p>
<p>El Centro Reina Sofía, de Valencia, es una de esas joyas a las que aludía. Hay otros centros de estas características, como el Center for the Study and Prevention of Violence, de la Universidad de Colorado (Estados Unidos) o el Center for the Study of Violence and Reconciliation, de Sudáfrica. No es casualidad que la OMS, que tiene un grupo dedicado específicamente a la problemática de la violencia (Violence and Injury Prevention and Disability, VIP) haya contado con el Centro Reina Sofía para elaborar su último informe European Report on Preventing Elder Mistreatment.</p>
<p>Pero, ¿realmente los políticos quieren acercase al fenómeno de la violencia? Desgraciadamente, en un periodo de crisis, no sólo económica sino de valores, hay personas e instituciones que consideran que investigar sobre violencia, formar a los profesionales para que aprendan a detectarla y a intervenir cuando aparezca, no es un asunto prioritario. El ejemplo lo tenemos en el Centro Reina Sofía. En sus 14 años de vida ha llevado a la práctica más de 200 acciones de formación, sensibilización e investigación en los que han participado los mayores expertos a escala internacional y talleres prácticos en los que se abordaban terapias punteras o protocolos de actuación para víctimas de violencia. Además, ha mostrado su amplitud de miras. Baste decir que ha prestado atención tanto a los asuntos domésticos como a las niñas víctimas de las redes de tráfico sexual de Nepal o a la salud sexual y reproductiva de las mujeres angoleñas. También ha ayudado a mejorar con sus estudios la situación de las mujeres extranjeras maltratadas en España o a indagar sobre los signos a los que los padres deben atender si sospechan que sus hijos sufren acoso en la escuela.</p>
<p>Su intensa labor investigadora se ha definido en 15 libros y 18 informes que han servido a los profesionales que tratan asuntos tan difíciles como el abuso sexual infantil, los feminicidios a manos de la pareja o el maltrato de personas mayores -estudio único en España y uno de los pocos existentes en el mundo sobre la temática- y ha puesto en marcha el fondo bibliográfico más amplio del país en temas de violencia.</p>
<p>Pues bien, pese a todo ese trabajo, se encuentra hoy abocado a la desaparición debido a que el Gobierno valenciano no va a cumplir con el compromiso que en su día adquirió de hacerse cargo de su financiación.</p>
<p>Retomo ahora la pregunta de si realmente hay interés por acercarse al fenómeno de la violencia. Si la respuesta dependiera de mí, que he dedicado muchos años a la concienciación y a la lucha contra el maltrato de personas mayores como presidenta de la mayor red internacional de prevención del maltrato de personas mayores, animaría a los gobernantes a contestar que SÍ lo hay. Un sí con mayúsculas porque en esta era de internet las mayúsculas equivalen a un grito; un grito, en este caso, en contra de la injusticia y en pro de los derechos de tantas personas que están siendo ahora mismo víctimas de violencia y que merecen y necesitan que las instituciones inviertan en recursos para ayudar a preservar sus derechos y en evitar que otras personas sufran en un futuro.</p>
<p>Es posible que vivamos tiempos de crisis, sí, pero no podemos permitir que eso comporte la desaparición de una de las pocas entidades que dedican sus esfuerzos a una causa tan noble como la lucha contra la violencia. Sigamos luchando contra todo tipo de violencia y con todos los medios que tengamos al alcance porque así conseguiremos un mundo mejor. Como dice el lema del Centro Reina Sofía, «es posible un mundo sin violencia».</p>
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		<title>Notas feministas</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Oct 2011 17:29:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Igualdad de género]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>A. Serra Ramoneda</strong>, presidente de Tribuna Barcelona (EL PERIÓDICO, 09/10/11):</p>
<p>Ha producido malestar entre los y las feministas la sentencia de un juez que no considera un insulto grave que el marido tache de zorra a su mujer. Al contrario, lo considera un elogio habida cuenta de la astucia que, según los fabulistas, caracteriza al citado animal. Ni considera una amenaza que asegure que le va a construir una caja de madera. Según el magistrado, no tiene por qué ser un ataúd. En un país donde la violencia de género cuesta anualmente la vida a un elevado número &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37432/notas-feministas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>A. Serra Ramoneda</strong>, presidente de Tribuna Barcelona (EL PERIÓDICO, 09/10/11):</p>
<p>Ha producido malestar entre los y las feministas la sentencia de un juez que no considera un insulto grave que el marido tache de zorra a su mujer. Al contrario, lo considera un elogio habida cuenta de la astucia que, según los fabulistas, caracteriza al citado animal. Ni considera una amenaza que asegure que le va a construir una caja de madera. Según el magistrado, no tiene por qué ser un ataúd. En un país donde la violencia de género cuesta anualmente la vida a un elevado número de mujeres, parecería conveniente no frivolizar con las palabras que pueden ser un indicio de posibles derramamientos de sangre.</p>
<p>La otra cara de la moneda es el guiño que el candidato Rubalcaba ha hecho al electorado femenino al prometer que, de salir victorioso de la contienda del 20 de noviembre, impondrá una cuota de mujeres en los órganos de gobierno de las grandes empresas, visto el escaso peso que aún tienen en ellos. Es curioso, pero este compromiso coincide en el tiempo con la polémica que se ha levantado en Estados Unidos tras el nombramiento de Chelsea Clinton, la única hija del expresidente y de la actual secretaria de Estado, como consejera de IAC/Interactive Corp, un importante conglomerado de medios de comunicación. El hecho de que solo cuente con 31 años y todavía curse estudios universitarios ha suscitado dudas sobre su idoneidad para ocupar el puesto y, en consecuencia, percibir 300.000 dólares al año más incentivos en forma de opciones sobre acciones. Un diario tan serio como The New York Times ha dedicado espacio a comentar la designación y discutir si en la decisión han pesado más el apellido y las relaciones que conlleva que los conocimientos de la joven. El artículo cita un estudio llevado a cabo por tres especialistas que, después de analizar los nombramientos de 700 celebridades en sendos consejos de administración, llega a la conclusión de que esta práctica incrementó, durante un periodo de tres años, el valor de mercado de las respectivas compañías. Mayor visibilidad de la entidad y el uso de las conexiones del fichaje fueron las razones de este efecto positivo. Pero el periodista no parece muy convencido del acierto del nombramiento, aunque tampoco lo descalifica. Sí recuerda que la compañía que ha originado la noticia está mal calificada por Governance Metrics International, una entidad que se dedica a puntuar la calidad de la gobernanza de las grandes empresas. Su dictamen es que en su consejo de administración apenas hay vocales independientes y que sus remuneraciones no están bien alineadas con los resultados de la compañía. ¿Logrará el nombramiento de la señorita Clinton mejorar esta opinión?</p>
<p>También en Francia el feminismo está en combate. Ya se ha abierto oficiosamente la batalla que debe desembocar en la elección del próximo presidente de la República. Parece que los sondeos no son favorables al actual ocupante del Elíseo. Si añadimos a la factura de la crisis económica los errores cometidos durante su mandato, es lógico que tenga difícil la reelección, aunque en el lado socialista aún no tengan un candidato claro y reconocido para disputarle la contienda. Pero los golpes bajos ya han hecho acto de presencia. Parece que la actual compañera de François Hollande, con casi toda seguridad el futuro cabeza de lista socialista, ha sido objeto de espionaje. Es de suponer que con la intención de descubrir secretos de alcoba para dañar la imagen del más que probable candidato. Ya se sabe: cherchez la femme. Pero más interés tiene un libro recientemente aparecido con el expresivo título, debidamente traducido: Palabras de mujer sobre estos machos que nos gobiernan. Libro que es un compendio de anécdotas que dejan en entredicho el comportamiento de algunos de los más ilustres nombres masculinos de la política francesa. Como es de imaginar, no falta un jugoso capítulo dedicado a las hazañas del priápico Strauss-Kahn y su condescendiente esposa. Y otro a las fantasías sexuales de un secretario de Estado, ya dimitido, empeñado en masajear los pies, y quizá algo más, de sus subordinadas.</p>
<p>Pero no siempre las anécdotas tienen este carácter picante. Una se refiere al bello Dominique de Villepin. Cuando era ministro de Exteriores, le organizaron un importante viaje a Japón. Sus diplomáticos prepararon con todo cuidado la expedición. Su esposa, que formaba parte de la expedición, recibió un documento donde le detallaban las distintas recepciones a las que debería asistir, para que pudiera meter en el equipaje los atuendos más adecuados para cada una de ellas. Pero lo curioso es que al final, como nota a pie de página, figuraba la siguiente petición: «Por favor, señora, vigile el estado de los calcetines de su esposo». Se ve que en alguna ocasión anterior algún diplomático había descubierto, horrorizado, unos conspicuos tomates entre los zapatos y los bajos de los pantalones de su jefe. Una mancha indecorosa para el prestigio de la France por culpa del descuido de su esposa. ¡Que se los zurza él!</p>
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		<title>La vida en serie</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Sep 2011 17:31:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Televisión]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Lynch</strong>, escritor (EL PAÍS, 27/09/11):</p>
<p>El auge de las series de televisión <em>(Los Soprano, Mad Men, The wire</em>, etcétera) -que no son tales sino megalargometrajes y se suelen ver a través de Internet- es un síntoma en el que concurren unas cuantas pautas características de los nuevos hábitos culturales de nuestro tiempo.</p>
<p>El primero -el más obvio- es que estas series muestran que tenemos mucho tiempo para dedicar a actividades improductivas, como seguir interminables sagas de episodios de situaciones humanas más o menos dramáticas o sugestivas que, pese a que pueden resultarnos muy conmovedoras y trepidantes, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37111/la-vida-en-serie/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Lynch</strong>, escritor (EL PAÍS, 27/09/11):</p>
<p>El auge de las series de televisión <em>(Los Soprano, Mad Men, The wire</em>, etcétera) -que no son tales sino megalargometrajes y se suelen ver a través de Internet- es un síntoma en el que concurren unas cuantas pautas características de los nuevos hábitos culturales de nuestro tiempo.</p>
<p>El primero -el más obvio- es que estas series muestran que tenemos mucho tiempo para dedicar a actividades improductivas, como seguir interminables sagas de episodios de situaciones humanas más o menos dramáticas o sugestivas que, pese a que pueden resultarnos muy conmovedoras y trepidantes, tenemos conciencia comprobada de que son meras historias que tarde o temprano habrán de terminar porque así lo mandan los contratos de sus respectivas producciones y no la lógica de sus tramas. La continuidad de <em>Mad Men</em> (o sea, el destino de Don Draper, verdadero <em>remake</em> de Julien Sorel recreado en los años sesenta) se ha comprobado que no dependía de ninguna <em>moira</em> o cualquier otro sentido trascendente sino de algo tan banal como el caché de su guionista, Matthew Weiner; y no estuvo reasegurada hasta que este escritor -que no tengo inconveniente en juzgar de la talla de Shakespeare- no hubo conseguido los 20 millones de dólares que reclamaba de los productores.</p>
<p>Por añadidura, las series requieren muchas, muchísimas horas de dedicación exclusiva que restamos a otras actividades o que -más bien- tenemos en blanco o tan muertas como los recreos en el patio de una prisión o el tiempo de espera en la consulta del médico y en las que necesitamos imperiosamente ser entretenidos. Uno diría que este hábito no muestra una renovada disposición para una especie de vida &#8220;contemplativa&#8221; (pese a que seguir una serie consiste literalmente en mirar algo que pasa) que no tiene nada que ver con la de los místicos pero sí revela lo tediosas que son nuestras vidas, ni más ni menos aburridas que la cotidianidad de las criadas del siglo XIX, cuyo tedio sirvió para implantar la novela o la de los proletarios del siglo pasado que hicieron la fama de los cómics, las radionovelas, las telenovelas y los folletines de Corín Tellado o de Danielle Steele. Un tedio, en suma, tan vulgar como el aburrimiento que sufren los adolescentes de todas las épocas y que es preciso mitigar a toda costa. En la medida en que en la factura de la serie está implícito el propósito de atrapar la atención del espectador, lo único que estas ficciones requieren de él es voluntad de escapar como sea al tedio y sobre todo <em>tiempo,</em> puesto que ya se sabe que la escopofilia es consustancial a la naturaleza humana.</p>
<p>Un segundo factor de importancia que explica el auge de las series son las máquinas que usamos para seguirlas, sin las cuales este hábito tan extendido no podría tener lugar. En efecto, se puede apagar o encender el televisor a discreción pero no ocurre lo mismo con el ordenador que, si lo tienes, lo has de usar y si lo usas, no tienes más remedio que mirar lo que hay en él. No hay nada tan angustioso como un ordenador apagado. El ordenador es la prótesis perfecta del solitario y las series, el género idóneo para paliar esa soledad (que, por cierto, no es lo mismo que gozar de la compañía de alguien pero que, en contrapartida, tiene la ventaja de que no impone ninguna obligación ni compromiso). Con el añadido significativo de que una parte importante de los espectadores de series lo son porque pueden acceder a ellas a través de algún procedimiento irregular o ilegal, de forma gratuita, en cualquier momento del día y tanto tiempo como se lo propongan. ¿Me espera un fin de semana desdichado? Me doy una panzada de varios capítulos de <em>Perdidos</em> <em>(Lost)</em> y ya está resuelto. ¿Tengo una hora boba entre compromisos? Miro una sesión de <em>En terapia (In treatment)</em> y me sumerjo en las intimidades de individuos semejantes a mí, mirando por el ojo de la cerradura una obscena sesión de psicoterapia. Alberto Cardín, que fue un pionero de esta manera de consumir productos mediáticos hace ya casi un cuarto de siglo, solía usar los desaparecidos VHS y los Betamax para ver un pasaje cualquiera de alguna película, mientras se preparaba unos huevos revueltos en la aplastante soledad en que vivió durante su corta vida.</p>
<p>Un tercer factor de sugestión es el contenido propio de las series -me refiero, como es obvio, a las que tienen manifiestas pretensiones cinematográficas y no se contentan con servir de entretenimiento-, o sea, que no suelen ser de acción y violencia o vulgares melodramas (o sí, pero solo subsidiariamente) sino que pormenorizan sobre los conflictos humanos y, hasta cierto punto, llevan a cabo una (re)educación sentimental de los espectadores. La extensión de las narraciones permite -dícese- que los guionistas ahonden en los caracteres de las historias y que investiguen sobre todos los matices de una personalidad, lo que brinda al espectador la posibilidad de conocerlos mejor y explorar los vericuetos de las relaciones que se traban en la trama episódica. Se multiplica así el potencial mimético que ha sido propio y característico de las ficciones y, a medida que uno avanza en la serie, tiene la impresión (falsa) de que cada vez sabe más acerca de sí mismo y de los demás.</p>
<p>Pero no nos engañemos, esto no es lo nuevo que introduce el género puesto que esa había sido la función de todos los géneros narrativos tradicionales, desde la tragedia clásica hasta <em>Tarzán, Rey de los Monos</em> en la novela radiofónica de la tarde, pasando por la ópera y el <em>vaudeville</em> y la cualidad que hizo grandes a Sófocles, a Wagner o a los pingüinos de Walt Disney. Lo novedoso de las series no está en lo mucho que transmiten y lo profundo que calan en la naturaleza humana sino en el tiempo vívido que nos permiten compartir con esa, nuestra propia naturaleza, mientras construyen inadvertidamente una nueva intimidad, un tiempo tan largo que abre un espacio de vida subsidiaria <em>-A second life</em> o, mejor dicho, una <em>surrogate activity,</em> como seguramente denunciaría el Unabomber con la típica lucidez de los psicópatas- para el alma desesperanzada del espectador.</p>
<p>Con el correr de los episodios y la sucesión de &#8220;temporadas&#8221; durante semanas y meses, uno llega a sentirse <em>en convivencia</em> con los personajes y sus situaciones y poco a poco llega a habitar un mundo enteramente determinado por la ficción. Y no es la trama de esas ficciones -tan inabarcable como la genealogía de <em>Cien años de soledad</em> o como las vicisitudes de una novela de Grossman- lo que importa: lo que seduce al espectador es el tiempo que pasa absorbido por ella, puesto que la serie es un dispositivo para el tratamiento de unas horas que ya no pueden ser recicladas por la lectura o el juego. (Y, por cierto, si la serie no es una novela ni una película tradicional, el llamado <em>videojuego</em> tampoco es un juego, aunque no tengo espacio para explicarlo).</p>
<p>Por último, la propia extensión de las series muestra que nada se juega en ellas, nada se revela o se desentraña en sus historias sino que, en rigor, todo se repite. ¿Hay alguien capaz de encontrar un sentido en la vida de Tony Soprano o en los amoríos del detective irlandés alcoholizado de <em>The wire</em> en medio de la corrupción de la ciudad de Baltimore? Lo significativo de las series es que no tienen desenlace ni resolución; terminan, sí, pero como todo acaba en nada, no puede decirse que terminen en realidad. En este sentido, son como la vida misma. Mejor dicho, como los problemas de todo el mundo. Las series son dispositivos de ejemplificación o, mejor dicho, de reiteración que nos permiten asomarnos a vidas que, por fuerza, han de parecerse a las vidas nuestras, pero -eso sí- sin darnos ninguna clave que pueda explicarlas, mientras llenan el tiempo vacío que deja la vida verdadera (si es que existe algo semejante).</p>
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		<title>Retozar a gusto, pero sin alamedas</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Sep 2011 07:19:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Sexualidad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=37100</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Alfredo Conde</strong>, escritor (EL PERIÓDICO, 27/09/11):</p>
<p>Deambuló este verano por los circuitos habituales y por alguna cadena de televisión la visión de una torre del castillo navarro de Olite. Torre de la que no se aclara si será o no la del homenaje, pero que merecer, merecería serlo. El ojo del espectador, gracias a los del no se sabe si avispado o avisado cámara aficionado, tropieza, en pocos segundos, a través de murallas y otras torres interpuestas, con la redonda y almenada torre en la que un señor calvo y no se diría que orondo, aunque parecer pudiera &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37100/retozar-a-gusto-pero-sin-alamedas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Alfredo Conde</strong>, escritor (EL PERIÓDICO, 27/09/11):</p>
<p>Deambuló este verano por los circuitos habituales y por alguna cadena de televisión la visión de una torre del castillo navarro de Olite. Torre de la que no se aclara si será o no la del homenaje, pero que merecer, merecería serlo. El ojo del espectador, gracias a los del no se sabe si avispado o avisado cámara aficionado, tropieza, en pocos segundos, a través de murallas y otras torres interpuestas, con la redonda y almenada torre en la que un señor calvo y no se diría que orondo, aunque parecer pudiera parecerlo, con absoluta serenidad y calma, sin apasionamientos previos, pero eficaz y a todas luces concienzudamente, sin especificación ninguna acerca de la hora en la que se esté llevando a cabo la faena, a plena luz del día, eso sí, está haciendo bueno el ripio de que sean o no las cinco en este mismo instante te la hinco.</p>
<p>¿Quién es y a quién se la hinca? El señor no será capitán, pero sí debe ser un trueno a juzgar por la serenidad pasmosa con la que afronta el trance, y ella no será Sigrid, pero es rubia y se debruza entre dos almenas. A ella se la hinca mientras ella gesticula, ora como si rezase, ora como si clamase al cielo, aunque, hay que decirlo, sin excesivos aspavientos. Se ve que no son del país. Nadie lo diría, al menos en un principio. Permanece él en pie, además de adarga en ristre y ayuno de galgo corredor, mientras le ofrece ella la popa, en posición que incita a navegaciones bajo superficie y se apoya, como ya se dijo, en el vano existente entre dos almenas de la torre.</p>
<p>Sigrid, quiere decirse, la recipiendaria de los afanes del señor ya que no orondo sí calvo, ya que no capitán sí algo trueno, es la alcaldesa de un ayuntamiento belga con mayoría flamenca. El polvo, muy flamenco, si no fue de altura -que sí lo fue si consideramos dónde fue llevado a cabo, allá arriba los encaramados-, lo está siendo. Alguien colocó en internet el vídeo tan furtivamente filmado y sus imágenes están dando la vuelta al mundo, ante la hilaridad de no pocos y la hipocresía de bastantes.</p>
<p>Según los más, se trata de un escándalo y la alcaldesa debiera dimitir de sus funciones. Echando mano de las palabras finales de un conocido texto gallego que le valió la excomunión a su autor y que libremente se traduce para ustedes: «…si este es el mundo que Yo hice, ¡que el diablo me lleve!». Nadie, que sepa y al menos hasta el momento, ha condenado al hijo de mala madre que sorprendió a la pareja en situación tan íntima y que, en vez de apartar la vista con discreción y mirar para otro lado, ha inducido al <em>voyeurismo</em> a una parte importante de la doliente humanidad.</p>
<p>Hasta ahora, cuando un mirón que no lo era sorprendía a alguien haciendo el amor en una junquera, robledal, playa o insólito lugar en el que le pillasen esas ganas que todos conocemos y que, cuando aprietan, lo hacen de verdad , de forma que ni los más sagrados lugares se respetan, miraba discretamente hacia otro lado y como mucho decía «huy, perdón» en voz muy baja y mientras se alejaba. Ahora no. Ahora lo graba y lo emite en internet para que todo el mundo pida que la alcaldesa dimita. El mundo está cambiado.</p>
<p>A mayor abundamiento, en una localidad andaluza andan los ciudadanos buscando soluciones y no se les ha ocurrido mejor cosa que pintar el pueblo de color rosa y proclamarse, en caso de aprobación por referendo, la primera ciudad gay del mundo en franca competencia con urbes que no será necesario citar por ser de todos conocidas. Hasta ahí pudiera ser de recibo el asunto de albergar amores hasta hace poco considerados aberraciones, porque está visto que no tenemos remedio. El problema es, pudiera serlo, que, en el paroxismo del deseo y de la imaginación desbordada se ha visto en televisión a un señor muy serio exponiendo el diseño de la nueva realidad que surgiría: aquí la Alameda Oral, la Alameda Anal allá, la Alameda del 69 acullá, y así sucesivamente denominados los bucólicos y arbolados lugares en los que poder retozar a gusto. ¿Será mucho pedir una torre del homenaje en la que los que se teme que pronto empiecen a ser discriminados en razón de su heterosexualidad puedan retozar sin que ningún mamón los filme? No se sabe si el mundo está muy mal, pero sí se puede convenir, al menos, en que sí está muy cambiado.</p>
<p>El árbol ya está en la semilla, dicen los textos ocultistas. Cabe preguntarse qué semillas se están sembrando y qué sistema de valores empieza a florecer sin que nos estemos dando cuenta. Retocen a su gusto hetero y homosexuales, háganlo sin alardes, como se ha venido haciendo desde que el mundo es mundo, salvo en conocidas y constatables excepciones, pero evítense las alamedas. Salvo casos de intoxicación etílica o de otra índole, nadie se pone a orinar en medio de la calle, sino que, en caso de extremo apuro, se echa a un lado, busca una esquina o un muro algo apartado y da allí rienda suelta a sus fluidos corporales. ¡Follar en lo alto de una torre! ¡Hay que j…! Y que eso sea noticia al tiempo que la de la propuesta de las alamedas orales, anales y excuso decir fecales, pues los cropófilos también echarán su cuarto a espadas y son igualmente criaturillas del Señor, es señal de que ya no tenemos nada mejor que decir o, lo que sería peor, que ya está dicho todo. A no ser que, claro, haya sido cosa del verano.</p>
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		<title>Palabras bajo sospecha</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Sep 2011 12:29:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando García de Cortázar</strong>, director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad (ABC, 26/09/11):</p>
<p>Cada vez me resulta más aburrido soportar el que, cuando abordo distintos temas de interés general, bien sea la inmersión lingüística en Cataluña o el franquismo, surjan réplicas agresivas fundamentadas no en mi argumentación sino en mi condición de jesuita. Algo que podría rozar la inconstitucionalidad pues no parece respetar el espíritu y la letra del ordenamiento de 1978 que en su artículo 14 prohíbe el señalamiento o la discriminación por razón de religión o creencias. Y es un verdadero ataque a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37085/palabras-bajo-sospecha/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando García de Cortázar</strong>, director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad (ABC, 26/09/11):</p>
<p>Cada vez me resulta más aburrido soportar el que, cuando abordo distintos temas de interés general, bien sea la inmersión lingüística en Cataluña o el franquismo, surjan réplicas agresivas fundamentadas no en mi argumentación sino en mi condición de jesuita. Algo que podría rozar la inconstitucionalidad pues no parece respetar el espíritu y la letra del ordenamiento de 1978 que en su artículo 14 prohíbe el señalamiento o la discriminación por razón de religión o creencias. Y es un verdadero ataque a la sociedad laica, que muchos defendemos, el que en el debate se cuele la condición religiosa del opinante como si ésta fuera su mejor desautorización o un factor de distinción entre quienes tienen derecho a hablar y quienes no lo tienen.</p>
<p>Hace unos días un periodista me obsequiaba pródigamente con el histórico apelativo de «gran inquisidor» y, deduzco, que al atribuirme ese papel, él aceptaba gustoso el del hereje, que nadie le había atribuido. Más allá de la peripecia personal ya saldada, el incidente merece un comentario porque expresa una de las patologías que sufre un país donde tantas veces la historia se ha padecido más que realizado, una España que durante años ha estado al margen de lo que Occidente ha considerado normal. Creíamos que el franquismo nos iba a dejar indemnes, o que una guerra civil iba a pasar al olvido o a la historia, y nos damos cuenta de que su presencia no es sino el resultado de que las actitudes de entonces, necesariamente ajustadas a las condiciones de ahora, se repiten en lo que constituye ya una forma de ser español en los comienzos del siglo XX: el no querer serlo o el serlo de forma trágica. Que seamos el único país europeo que se encuentre en estas condiciones, salvo los desdichados restos del «socialismo real», dice mucho al respecto.</p>
<p>La referencia a la Inquisición rememora uno de los aspectos más vergonzosos de la historia que no tiene que ver con el catolicismo ni con el protestantismo —¡cuánto se olvida a Miguel Servet&#8230;!— sino con la pretensión de organizar un mundo atento a una verdad, cuya no aceptación conduce a la muerte física o a esa otra muerte que asestan de modo distinto, reduciéndote a la nada en el mundo en el que tratas de expresarte. La Inquisición es la impunidad permanente de un poder que ejerce la violencia contra quienes ponen en peligro la única forma de pensar posible. Esa ha sido la tragedia en el mundo de los intelectuales desde que se inició la modernidad, como lo es del mundo popular el escándalo de la miseria y la opulencia conviviendo a los ojos de los hombres.</p>
<p>La Inquisición es esa violencia que se ha hecho siempre en nombre de alguien que nunca está presente. En nombre de Marx se encarcelaba a los comunistas disidentes o a los campesinos díscolos en el Gulag. En nombre de Jesús se estableció el derecho a torturar a quien no sólo no creyera en él, sino que no creyera en la forma en que la Iglesia había decidido que debía hacerse. La Inquisición es un insulto arrojado, como el último escupitajo del suplicio que acabó en la cruz, a Jesús de Nazaret. Que se busque en el relato de su vida un solo episodio en que pretenda imponer por la violencia sus creencias o en que proclame que debe hacerse de este modo. Su mensaje es la primera gran revolución universal de la humanidad, el credo liberador que decretó la igualdad de los hombres muchos siglos antes que la Enciclopedia francesa. La Verdad os hará libres, del Evangelio de Juan, significa también que sólo se podrá alcanzar esa Verdad por el camino de la libertad. Y vulnerar ésta significa poner en peligro aquélla. La dinámica torturador/torturado nada tiene que ver con la defensa de la fe, sino con un escenario en el que se demuestra la necedad dolorosa de los hombres, que buscan ejemplificar la permanencia de su poder absoluto sobre otros.</p>
<p>Vincular la condición de católico o cura a la Inquisición —nadie se atreve a hacerlo con el islamismo— es un nauseabundo juego que pretende ser ingenioso, o que confunde el ingenio con la inteligencia, lo cual haría que Chiquito de la Calzada y Kant compartieran páginas en un texto de filosofía. Nada tiene que ver con el cristianismo ni como mensaje de libertad y fraternidad ni como ejemplo de vida de una persona que quiso ser hombre hasta el final, demostrando que sólo sería creíble si compartía hasta el paroxismo el sufrimiento de sus hermanos crucificados y torturados. Nada habría sido del cristianismo si se hubiera tratado solamente de un libro comunicado a los siglos posteriores. Pero tampoco habría sido nada si Jesús hubiera despreciado la vida: su mensaje tiene validez porque no deseaba sufrir ni morir de aquel modo atroz. Y en esa reivindicación de la vida, que escapa a cierta necrofilia ritual que la Iglesia no consigue superar, se encuentra la relación de muchos creyentes y también agnósticos con el personaje a través de tantos siglos. Su miedo lo humaniza y lo acerca, su angustia en Getsemaní lo convierte en alguien demasiado parecido a todo hombre.</p>
<p>En tiempos de cinismo, esa coherencia que lleva a la cruz nos puede parecer tan increíble que necesite de los designios de Dios y de cierta indiferencia de Cristo ante el sufrimiento para ser aceptado. Sin embargo, esa resistencia, esa rebeldía de su cuerpo angustiado, es lo que permite que su ejemplo lo sea de verdad. La defensa de los valores que vertebran una cultura cristiana es indispensable, porque el relativismo moral se convierte en la carencia de principios, no en la tolerancia mutua, y esa es la gran trampa de nuestro tiempo. Pero esta firmeza de convicciones nada tiene que ver con la Inquisición. Nada tiene que ver ésta ni con Jesús ni con el cristianismo. Lo mismo, nada, imagino, que tiene que ver el Estado moderno con la capacidad de matar en la Gran Guerra, de permitir la muerte de seres indefensos en el África subsahariana o de tolerar que niños trabajen desde los cinco años escarbando en las basuras de los arrabales de Bogotá. ¿Qué tiene que ver la fe con la Inquisición? Lo mismo que declararse liberal y tener que aceptar todas y cada una de las cosas que se han hecho en nombre de una civilización abusona, cretina y cruel.</p>
<p>En épocas de incertidumbres —y la nuestra lo es—, la literatura ha denunciado el miedo que atenaza las seguridades humanas. Y lo hizo Dino Buzzati en su estremecedora novela<em> El desierto de los tártaros</em>, publicada en el fragor de la II Guerra Mundial. Los enemigos, los míticos tártaros, siempre están por llegar y a esa espera de lo que nunca ocurre, a ese espejismo entrega su vida, encerrado entre los muros cuarteleros de una fortaleza, el teniente Giovanni Drogo.</p>
<p>Abundan en España los defensores de fortalezas contra enemigos invisibles, pero existen también quienes desean tocar las trompetas de la libertad para que los muros de esta Jericó de hipocresía pasen a ser las avenidas de una ciudad que merezca el nombre del que se derivó uno de los más hermosos de nuestro tiempo: ciudadano. Somos muchos los que rechazamos el que se nos asigne el papel de ese enemigo exterior al acecho, pero también el de un Giovanni Drogo que sólo cree digna la muerte en la lucha por defender una fortaleza contra un adversario inexistente. Nuestro lugar está allí donde se pretenda acabar con las fortificaciones alzadas frente al diálogo, donde se cubran las trincheras cavadas contra el entendimiento, en el espacio donde el estrépito de las consignas huecas sea silenciado en favor de las palabras.</p>
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		<title>Más que un acto de generosidad</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Sep 2011 19:19:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Donación de órganos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Raúl Olivares</strong>, médico ginecólogo, director médico de Barcelona IVF (LA VANGUARDIA, 25/09/11):</p>
<p>Donar (del latín donare). Dicho de una persona viva: Ceder voluntariamente su sangre, algún órgano, etcétera, con destino a personas que lo necesitan. Si nos atenemos a la definición de la RAE vemos que la donación de óvulos implica una cesión voluntaria de los mismos a una persona que los necesita para generar una vida, para tener un hijo. Posiblemente no haría falta decir más, porque no se me ocurre una mejor justificación para animar a aquellas mujeres en edad fértil a donar sus óvulos. ¿Qué &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37069/mas-que-un-acto-de-generosidad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Raúl Olivares</strong>, médico ginecólogo, director médico de Barcelona IVF (LA VANGUARDIA, 25/09/11):</p>
<p>Donar (del latín donare). Dicho de una persona viva: Ceder voluntariamente su sangre, algún órgano, etcétera, con destino a personas que lo necesitan. Si nos atenemos a la definición de la RAE vemos que la donación de óvulos implica una cesión voluntaria de los mismos a una persona que los necesita para generar una vida, para tener un hijo. Posiblemente no haría falta decir más, porque no se me ocurre una mejor justificación para animar a aquellas mujeres en edad fértil a donar sus óvulos. ¿Qué puede ser mejor que ayudar a crear una vida?</p>
<p>Sin embargo hay cosas que explicar, ya que la donación de óvulos ha estado sujeta a fariseísmos morales y a mitos científicos que merecen unas palabras aclaratorias.</p>
<p>La donación de óvulos es un tratamiento cada vez más necesario por el retraso en la maternidad debido a los cambios sociales y familiares que han tenido lugar en esta generación. En resumen, consiste en que una mujer entre 18 y 35 años siga una estimulación hormonal para producir varios óvulos en lugar del único que produce cada mes. Cuando los óvulos están maduros la donante se somete a una punción ovárica para extraerlos. Estos óvulos son donados a una paciente que, o bien no puede producirlos, o los que produce no tienen calidad para dar lugar a un hijo. Los óvulos son fecundados con el semen de la pareja o de un donante, y los embriones resultantes se transfieren al útero de la paciente receptora.</p>
<p>No deja de ser curioso que haya habido tanto rechazo a la donación de óvulos y se la haya tachando de mercantilista haciendo referencia a una pretendida explotación de la mujer, cuando los bancos de semen en España funcionan desde hace décadas, siempre compensando económicamente al varón que aportaba su esperma. Y doy fe de que la donación de óvulos, seguramente impregnada del instinto maternal que aún hoy poseen muchas mujeres, tiene una base mucho más solidaria, moral y espiritual que la de semen. No obstante, no se puede negar que en tiempos de crisis la compensación económica pueda ser un incentivo (compensación justificada y cuantificada de forma oficial por la Generalitat), pero lo que es innegable es que en nuestro país existe una cultura de la donación que abarca todos los ámbitos de la misma (sangre, órganos, médula ósea y, por supuesto, óvulos) y que nos sitúa como país líder a nivel mundial en este campo.</p>
<p>Tampoco voy a negar que la donación de óvulos sea un proceso que entraña ciertos riesgos, pero la realidad es que la técnica ha ido ganando en seguridad con los años. Los nuevos protocolos de estimulación son muy seguros y minimizan el riesgo de complicaciones como la hiperestimulación.</p>
<p>Hay suficiente evidencia científica que demuestra que el uso de hormonas para estimular no aumenta el riesgo de cáncer ginecológico ni compromete la futura fertilidad de la donante ni adelanta la edad de la menopausia.</p>
<p>Las punciones ováricas se realizan en quirófanos equipados, bajo sedaciones ligeras de las que las donantes se recuperan rápidamente. También la mejora en los procedimientos de los laboratorios de reproducción permite estimular menos a las donantes sin que eso afecte a las tasas de embarazo, ya que con menos óvulos se consigue la misma cantidad de buenos embriones. Sin duda supone hoy un riesgo mayor para una joven salir de copas un sábado por la noche en coche, aunque no beba, que someterse a este proceso.</p>
<p>Finalmente querría hablar del anonimato de las donantes, obligatorio por ley en nuestro país. Mucho se habla del derecho del hijo nacido de una donación de conocer la identidad de la donante. A mí me parece una actitud equivocada que quiere comparar donación con adopción, cuando hay grandes diferencias en el origen de ambos procesos. En la adopción existe el abandono de un hijo, la donación es un acto de generosidad que permite a esa madre concebir un hijo. Es lógico pues que se protejan los derechos de aquellas que donan sus gametos. Sin embargo, lo más justo sería que fuera posible preguntarle a una donante si para ella es un problema revelar su identidad, permitiendo así crear una lista de donantes no anónimas para satisfacer a quienes deseen poseer esa información. No hay que olvidar que en los países en los que el anonimato desapareció el número de donantes disminuyó drásticamente, y que recientes estudios revelan que no hay mucho interés por parte de los hijos nacidos en conocer la identidad de los donantes. En Suecia, el país que primero eliminó el anonimato en los donantes de semen, sólo el 2% de los hijos concebidos con semen de banco solicita información sobre los donantes.</p>
<p>Esto no hace más que demostrar que en realidad no es padre o madre quien generosamente dona sus cromosomas, sino quien los pare, cuida, protege, educa y riñe durante toda una vida.</p>
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		<title>Los &#8216;méritos&#8217; de don Isaac</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Sep 2011 12:18:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Corrupción]]></category>
		<category><![CDATA[Político]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Dobaño</strong>, periodista (EL PERIÓDICO, 16/09/11):</p>
<p>Escudriñando en los recovecos en los que se agazapa el disco duro de la memoria, recuerdo que, hacia finales de la década de los 50 del pasado siglo, por primera vez tuve noticias de don Isaac Vila, un aprendiz de maestro, creo recordar, procedente de una aldea de la comarca orensana de A Limia. Empezó a impartir clases a los alumnos de los primeros cursos de bachillerato en el colegio-academia Santa Mariña de Xinzo de Limia. Por aquel entonces, yo ya enfilaba el tramo final de la enseñanza secundaria, por cuya razón &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36991/los-meritos-de-don-isaac/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Dobaño</strong>, periodista (EL PERIÓDICO, 16/09/11):</p>
<p>Escudriñando en los recovecos en los que se agazapa el disco duro de la memoria, recuerdo que, hacia finales de la década de los 50 del pasado siglo, por primera vez tuve noticias de don Isaac Vila, un aprendiz de maestro, creo recordar, procedente de una aldea de la comarca orensana de A Limia. Empezó a impartir clases a los alumnos de los primeros cursos de bachillerato en el colegio-academia Santa Mariña de Xinzo de Limia. Por aquel entonces, yo ya enfilaba el tramo final de la enseñanza secundaria, por cuya razón apenas tuve la oportunidad de tratarlo personalmente.</p>
<p>A la sazón, las lenguas de doble filo contaban que don Isaac había sido seminarista, un peaje que tuvo que pagar por ser sobrino de un cura, vínculo familiar de sospechoso prestigio que ha proliferado en la patria de Breogán. Además de su etapa como docente, me cuentan que don Isaac consiguió un empleo en el Banco Pastor y que, años más tarde, se adentró exitosamente en el ámbito empresarial. En su persona se reunían, pues, todos los requisitos necesarios para medrar en la vida y, sobre todo, para ser bien visto por los poderes fácticos que secularmente han configurado el caciquismo galaico, un selecto y exclusivo lobi que aún sigue rigiendo vidas ajenas.</p>
<p>Para coronar sus ambiciones personales, don Isaac se metió en política y, tras un camaleónico tránsito de siglas (UCD, CG y PP), consiguió ser alcalde de mi villa natal (Xinzo de Limia), cargo en el que se mantuvo durante varias décadas, hasta que fue procesado e inhabilitado por el Tribunal Supremo por seis años, acusado de exprimir a su favor la siempre tentadora y pecaminosa ubre de la cosa pública. Pero los méritos de don Isaac no acabaron aquí. Siguió medrando y medrando, hasta que también se hizo con el acta de senador.</p>
<p>Recientemente tuve la oportunidad de leer en la prensa gallega una noticia que textualmente titulaba que el exalcalde de mi pueblo «declara tres millones de euros en distintas participaciones en empresas». Don Isaac también dice poseer un solar en Ourense, una vivienda con plaza de garaje en esta misma ciudad, una casa unifamiliar, tres fincas y depósitos bancarios por 105.000 euros. Como el que no quiere la cosa, en el lote también se incluye un Mercedes Benz S320 y un Suzuki Swift 1.3.</p>
<p>Hay quien piensa que, entre lo que se ve y lo que se adivina, es demasiado patrimonio para el modesto sobrino de un cura, pero así consta en la declaración de bienes que ha hecho don Isaac en la Cámara alta, al igual que el resto de diputados y senadores, por vez primera. ¡Manda carallo!, que dicen por allí. Ni el mismísimo don Manuel Fraga -pasando por Zapatero y Rubalcaba- ha declarado tanto patrimonio. A esto se llama ejercer la política con el riñón bien blindado. Mi pregunta, sin embargo, es la que se hacen muchos ciudadanos a raíz de hacerse públicas las declaraciones patrimoniales de los insignes padres de la patria: ¿acaso nadie piensa investigar cómo se han enriquecido algunos?</p>
<p>La tridimensional condición de empresario, bancario y político de don Isaac le permitió, por una parte, afrontar con solvencia una costosa separación matrimonial (he leído que se vanagloria de haber pagado por ello la mitad de su patrimonio) y, por otra, casarse de nuevo con joven compañera. Menos mal que oportunamente consiguió vender su participación en la empresa Vidriera del Atlántico, que endosó a un grupo portugués dos años antes de que cerrase la fábrica.</p>
<p>Escribir esta crónica desde la distancia que supone la ausencia de más de medio siglo de mi tierra seguramente me ha obligado a dejar en el tintero alguna notable omisión acerca de los muchos méritos contraídos en esta vida por don Isaac, que se resumen en el siguiente malintencionado comentario que me ha llegado vía internet: «Todos nos imaginábamos que el abuelo no perdería el tiempo. La cosa es que si Xinzo de Limia creciera al ritmo de su patrimonio, a buen seguro que sería una villa muy diferente, al menos sin esa bruma decadente que ciega a muchos&#8230;»</p>
<p>También tiene tela marinera la otra noticia que recientemente he cazado de mi tierra gallega: «Centenares de personas han podido ver ya cuál será la cobertura especial que prepara la edición digital de La Voz de Galicia en relación con el funeral de Manuel Fraga». Una prueba de la portada del obituario del expresidente de Galicia que prepara ese periódico ha salido a las redes sociales pese a que el senador aún se encuentra vivo y coleando.</p>
<p>&#8216;Galicia, de luto&#8217;, era el titular de la noticia que destacaba ese rotativo, que incluía varias fotos del político popular en momentos clave de su trayectoria como jefe del Ejecutivo gallego. A primeros de este mes, don Manuel, de 89 años, declaró que no pensaba volver a presentarse como candidato al Senado en las elecciones generales. No obstante este anuncio, en diversos medios de comunicación ya empezaban a trabajar los expertos encargados de las necrológicas. ¿Astracanada o esperpento, don Ramón María? Yo creo que ambas cosas a la vez. La noticia de la muerte anticipada de don Manuel a lo mejor me anima a escribir la crónica de una muerte anunciada, la mía propia, para que nadie me la manipule.</p>
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		<title>Mujerismo y feminismo</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/36989/mujerismo-y-feminismo/</link>
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		<pubDate>Thu, 15 Sep 2011 12:14:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad de género]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Lidia Falcón</strong>, abogada (EL PERIÓDICO, 15/09/11):</p>
<p>Una de las consecuencias de las últimas elecciones ha sido que el número de mujeres elegidas en las listas del PP en las comunidades autónomas y en los ayuntamientos supera al de las del PSOE. Este fenómeno, que apenas ha sido comentado, se explica con orgullo por el partido conservador por su actuación de promoción de las mujeres más dotadas sin tener que recurrir a la artificiosidad de las cuotas. Es sabido que los partidos de derechas pueden situar algunas mujeres en las cúpulas de su dirección, así como llevarlas hasta la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36989/mujerismo-y-feminismo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Lidia Falcón</strong>, abogada (EL PERIÓDICO, 15/09/11):</p>
<p>Una de las consecuencias de las últimas elecciones ha sido que el número de mujeres elegidas en las listas del PP en las comunidades autónomas y en los ayuntamientos supera al de las del PSOE. Este fenómeno, que apenas ha sido comentado, se explica con orgullo por el partido conservador por su actuación de promoción de las mujeres más dotadas sin tener que recurrir a la artificiosidad de las cuotas. Es sabido que los partidos de derechas pueden situar algunas mujeres en las cúpulas de su dirección, así como llevarlas hasta la presidencia de un Gobierno, como fue el caso de Margaret Thatcher, siempre que sean absolutamente fieles a los planteamientos del partido. Lo que no pueden explicar desde las filas de las mujeres socialistas es cómo después de años de implantación de cuotas femeninas en el partido, de haber hecho de sus señas de identidad la aprobación de las leyes de igualdad y de paridad, de la creación durante un tiempo de un Ministerio de Igualdad y el mantenimiento ahora de una Secretaría de Igualdad -aparte de la campaña continua de sus afiliadas presumiendo de la promoción de mujeres en puestos de dirección política-, en la actualidad la proporción femenina de presidentas de comunidad, de diputadas y de concejalas sea inferior a la de un partido de derechas.</p>
<p>La explicación se encuentra en la forma en que pretendiendo la igualdad se ha rehuido el feminismo. La estrategia socialista, desde hace más de una década, se ha centrado en llevar más mujeres a la política independientemente de su adscripción ideológica, considerando que con aumentar el número estaba resuelta la evidente diferencia de participación femenina en todos los estratos de la política. Mientras, los partidos feministas planteábamos que es imprescindible exigir a quienes nos representen en las instituciones la conciencia de lucha y el compromiso con las reivindicaciones fundamentales del feminismo, ya que de lo contrario lo único que se consigue es duplicar el voto de derechas. Al negarse que la ideología es el eje de toda actividad política y social, se despolitizó la lucha por el aumento de representación femenina en todos los estamentos sociales, que se convirtió, en consecuencia, en un argumento para que también las conservadoras lo hicieran suyo.</p>
<p>Recuerdo que en 1999, cuando una coalición feminista formada por el Partido Feminista de España, el de Catalunya y el de Euskadi nos presentamos al Parlamento Europeo y participamos en un acto electoral en Barcelona, las socialistas y las populares hicieron un frente único femenino que se centraba casi únicamente en exigir a los hombres la corresponsabilidad en el trabajo doméstico. Y siendo este un problema que pesa sobre las mujeres desde tiempos inmemoriales, no es posible reducir el feminismo a la limpieza y el cuidado de niños. El feminismo no es una cuestión biológica, no se es feminista por el azar de haber nacido con ovarios y matriz. Esta condición anatómica será en todo caso el argumento de la sociedad patriarcal para destinar las mujeres solo a la reproducción, pero el pensamiento y la acción para cambiar tal reparto sexual del trabajo y de la sociedad es producto de una reflexión profunda, de una teoría que se ha elaborado en el curso de más de 200 años, de un compromiso sincero y valiente con las luchas transformadoras, que comporta múltiples peligros y marginaciones. Compromiso que, como sabemos, pocas mujeres, y hombres, contraen, mientras una mayoría sigue las normas establecidas, se somete a su papel secundario e incluso lo defiende.</p>
<p>El feminismo es una ideología transformadora de la sociedad para acabar con todas las injusticias -las de clase, las de sexo, las de raza- y a la que, por supuesto, pueden adscribirse todos los seres humanos y sin la que resulta inocuo, cuando no perjudicial, plantear únicamente el frente hombre o mujer.</p>
<p>Recuerdo el rechazo de Dolors Renau y de Anna Balletbó, con otras de sus compañeras, cuando dije que prefiero un hombre socialista a una mujer del Opus, precisamente cuando en la mesa, y después en Bruselas, se sentaba una dirigente de Unió de pública adscripción a la Obra a la que, al parecer, deseaban sumar a su estrategia, a la que me referí como mujerismo en contraposición al feminismo. Plantearse que solo por el hecho de ser mujer se poseen y defienden los valores feministas no solo es equivocado, sino, lo que es peor, enemigo del feminismo, ya que las mujeres que se han colocado en las instancias públicas por las formaciones de derechas están defendiendo la involución en todos los derechos que habíamos logrado implantar, con tanto esfuerzo, desde el movimiento.</p>
<p>La defensa del mujerismo ha servido para que en los parlamentos autonómicos y los ayuntamientos aumente el número de derechistas y opusdeístas que se oponen a la ley de aborto, a la del matrimonio homosexual -ambas recurridas por el PP en el Tribunal Constitucional- y a la inversión económica en los servicios sociales que son fundamentales para que las mujeres puedan entrar en el mercado de trabajo, solución bastante más eficaz y socialista que el reparto privado de las tareas domésticas.</p>
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		<title>El regreso de la pobreza</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Sep 2011 12:35:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Pobreza]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Michel Wieviorka</strong>, sociólogo, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (LA VANGUARDIA, 14/09/11):</p>
<p>En el momento del nacimiento de la sociedad industrial en Europa, el tema de la pobreza –miseria, se la llamaba entonces– estaba aún muy presente, y las principales respuestas que suscitaba eran de orden caritativo y a menudo obra de las Iglesias. A continuación, se desarrolló la idea de que la cuestión social no era tanto la de la pobreza como la de una relación de dominación donde se oponían los obreros y los dueños del trabajo. La explotación de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36995/el-regreso-de-la-pobreza/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Michel Wieviorka</strong>, sociólogo, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (LA VANGUARDIA, 14/09/11):</p>
<p>En el momento del nacimiento de la sociedad industrial en Europa, el tema de la pobreza –miseria, se la llamaba entonces– estaba aún muy presente, y las principales respuestas que suscitaba eran de orden caritativo y a menudo obra de las Iglesias. A continuación, se desarrolló la idea de que la cuestión social no era tanto la de la pobreza como la de una relación de dominación donde se oponían los obreros y los dueños del trabajo. La explotación de los trabajadores se convirtió entonces en el gran asunto. La transformación quedó ilustrada de forma espectacular en la respuesta dada por Karl Marx a Joseph Proudhon, que publicó a media dos del siglo XIX Filosofía de la miseria y fue objeto de la réplica de Marx en un libro titulado <em>Miseria de la filosofía</em>. Ya no era el momento de tratar sobre la pobreza; de hacer caso a Marx, lo que había que hacer era aplicarse a desarrollar un conocimiento concreto y crítico del movimiento histórico y acabar con la “crasa ignorancia” y el carácter “pequeño burgués” del proceder de Proudhon.</p>
<p>En efecto, el siglo XX hasta la década de 1980 dio más bien la razón a Marx, al menos sobre ese punto. Dejando de lado un desempleo a menudo residual o las épocas de crisis, las sociedades industriales incluyeron a los obreros; y, si estos se movilizaron, fue más para denunciar la injusticia, incluso la brutalidad de las relaciones de producción, que la miseria o la pobreza. Los obreros podían definirse como proletarios, el discurso político podía hablar de su pauperización, pero el corazón de la cuestión social ya no se encontraba ahí: estaban ante todo dominados y explotados, privados del control que consideraban legítimo sobre las herramientas de producción, los frutos de su trabajo y, de modo más amplio, las orientaciones generales de la vida colectiva. El movimiento obrero no pedía tanto librar a los obreros de la pobreza como asegurarles la dirección de la historicidad, el control de la inversión, el gobierno de la sociedad. Y, si había que aportar respuestas a las dificultades propiamente económicas de la población, estas no se esperaban tanto de las organizaciones caritativas como del Estado, que se suponía que debía asegurar la redistribución y contribuir a la justicia social (el Estado-providencia o Estado de bienestar). Por su parte, las capas medias, esa “pequeña burguesía” tan a menudo vilipendiada por los marxistas, se analizaron casi siempre a partir de una idea de polarización, pensando que oscilaban o vacilaban entre los dos campos del conflicto estructural, llamado por muchos de clase.</p>
<p>Entonces llegaron las décadas de 1980 y 1990, la salida de la época industrial clásica y con ella el declive del movimiento obrero, pero también la exclusión, la relegación en barrios que se volvían miserables y una no relación social que ocupaba el lugar de las relaciones de producción. El Estado de bienestar se fue destruyendo a medida que se desarrollaban las ideologías liberales y luego neoliberales que acompañaron ese movimiento de conjunto para justificarlo mejor. Se extendió el desempleo y, con él, la precariedad. Varios países occidentales conocieron entonces disturbios urbanos, se habló de guetos, se crearon o reforzaron organizaciones humanitarias para ayudar a mantener la cabeza fuera del agua a unas poblaciones en situación desesperada.</p>
<p>A partir del 2008, la crisis financiera y económica ha amplificado esta evolución hasta el punto de poder decir que hoy el principal drama social consiste en no ser explotado, estar sin trabajo o muy precarizado. En los países occidentales, no se percibió de forma inmediata que esas transformaciones ponían en entredicho de un modo fundamental la estructura social, quizá debido a que las instituciones encargadas de la redistribución o de la seguridad social fueron capaces de evitar lo peor.</p>
<p>Sin embargo, esa ya no es la situación. En todas partes, en Europa y fuera de ella, los informes presentan la misma constatación: la pobreza progresa masivamente, incluso en el seno de los países septentrionales. Lo medido en esos países es relativo, y el cálculo consiste por lo general en considerar los ingresos medios. La pobreza se sitúa en Europa a partir del momento en que una persona gana menos del 60 por ciento de tales ingresos. En otras palabras, hablar de pobreza es hablar de desigualdades. Y decir que aumenta la pobreza es decir que se incrementan las desigualdades. En toda Europa se impone hoy la misma constatación: los ricos son más ricos que antes, y los pobres, más pobres.</p>
<p>Y, en semejante contexto, quienes se encuentran en medio, las capas medias, se inquietan: ¿no están también ellas amenazadas, sobre todo en estos tiempos de crisis, y no corren también el riesgo de quedar atrapadas en la espiral de la caída social? Los que tienen más edad se preguntan por el futuro de sus hijos, que vivirán peor que ellos; y es también en el seno de esas categorías intermedias donde se encuentran con frecuencia los actores más activos en los movimientos de indignados.</p>
<p>Los años de neoliberalismo triunfal han engendrado desigualdades crecientes, una clase cada vez más numerosa de pobres que son también cada vez más unos excluidos, una clase de ricos muy reducida, y sin relación alguna que los vincule y oponga al mismo tiempo unos con otros, y unas capas medias inquietas. El capitalismo fabrica hoy miedo, rabia, repliegue, o también pulsiones nacionalistas y xenófobas o racistas; es mucho menos que ayer una relación social de dominación organizada en el trabajo, las fábricas y los talleres. Y las capas medias, tradicionalmente activas en términos políticos y culturales, se sienten también ellas abandonadas, rezagadas o al borde de la movilidad descendente.</p>
<p>En contra de lo que ocurría cuando una relación social fundamental estructuraba la vida colectiva a partir de una relación antagónica entre el movimiento obrero y el capital, ya no buscan en sentido de su acción junto al primero, que ya apenas existe, ni del segundo, que se ha alejado considerablemente de ellas. Se está insinuando una nueva estructura social marcada por fuertes desigualdades, la ansiedad de las capas medias y la ausencia de un principio central de conflictualización. Es lo que viene a decir, en última instancia, la constatación actual acerca del incremento de la pobreza.</p>
<p>La historia dirá si se trata sólo del final del proceso de descomposición de la antigua sociedad o del nacimiento de una nueva.</p>
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		<title>Fútbol, dinero y poder</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Sep 2011 21:13:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Deporte]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Mandianes, </strong>antropólogo del CSIC y escritor. Autor del blog: &#8216;Diario nihilista de un antropólogo&#8217; (EL MUNDO, 13/09/11):</p>
<p>Hoy, la mejor carrera es ser futbolista, según dice la gente. «Algunos deportistas, en cuestión de años, se hacen ricos. Se colocan muy arriba en la lista de la gente más rica de su país», se argumenta.</p>
<p>Las grandes ligas del continente europeo destinaron el pasado invierno 491 millones de euros en refuerzos en tiempo de crisis aguda. Y las cifras de los fichajes de Zidane, Ronaldinho, Maradona o Torres son mareantes y han sido objeto de las primeras páginas del &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36933/futbol-dinero-y-poder/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Mandianes, </strong>antropólogo del CSIC y escritor. Autor del blog: &#8216;Diario nihilista de un antropólogo&#8217; (EL MUNDO, 13/09/11):</p>
<p>Hoy, la mejor carrera es ser futbolista, según dice la gente. «Algunos deportistas, en cuestión de años, se hacen ricos. Se colocan muy arriba en la lista de la gente más rica de su país», se argumenta.</p>
<p>Las grandes ligas del continente europeo destinaron el pasado invierno 491 millones de euros en refuerzos en tiempo de crisis aguda. Y las cifras de los fichajes de Zidane, Ronaldinho, Maradona o Torres son mareantes y han sido objeto de las primeras páginas del <em>Financial Times</em> o de <em>The Wall Street Journal</em> y <em>El Mundo</em>, por citar sólo unos cuantos. Queda claro, por tanto, que las grandes estrellas del fútbol ganan mucho más dinero que los científicos, que los escritores o que los médicos. Aunque su aportación al bienestar de la Humanidad no se pueda comparar.</p>
<p>El Gobierno español aprobó la Ley concursal en 2004 para impedir que los clubes que debieran dinero a sus jugadores pudieran ascender de categoría. Pero, hecha la ley, hecha la trampa. Y, así, la ley se convirtió en una pirueta interpretativa para evitar la temida suspensión de pagos y, por tanto, evitar un descenso de división por impago. A los equipos, entonces, les basta únicamente con abonar la mitad de los sueldos.</p>
<p>El 81% de los ingresos del club se va en pagar los sueldos de los jugadores. Tal vez, establecer un tope salarial ayudaría a supera la crisis acuciante de muchos clubes que no pueden pagar los salarios a sus jugadores; motivo por el que éstos han hecho huelga durante la primera jornada. Y es que los clubes adeudan a los futbolistas unos 50 millones de euros.</p>
<p>Pero la pasión deportiva atrapa a las mayores fortunas del mundo. Los estadounidenses Paul Allen, la familia Glazer, DiBenedetto y la rica heredera Paris Hilton, entre otros; el italiano Berlusconi, el ruso Abramovich, el indio Mukesh Ambai, el ucraniano Rinat Akhmetov, la familia real de Dubai&#8230; Todos son magnates multimillonarios en los más diversos negocios y dueños o grandes accionistas de clubes de fútbol y otros deportes. O directamente invierten en eventos deportivos. Por ejemplo, el mexicano Carlos Slim invierte a través de su empresa de telecomunicaciones Telmex en la escudería homónima para la formación de pilotos de automovilismo. Y también hay grandes empresas dedicadas exclusivamente al mundo deportivo, como el Boston Intenational Group o el New England Sports Ventures. Elkam, administrador del grupo Fiat que posee la familia Agnelli, quiere comprar la Fórmula 1. Parece ser que su compañero de viaje será James Murdoch, el hijo del magnate de los medios. Y el banco JP Morgan también anda metido en estos negocios, al poseer el 20% de Formula One Group.</p>
<p>Los equipos de fútbol no producen bienes ni servicios pero venden imagen social y estilos de vida. A veces se oye preguntar: «¿Qué ganan los patrocinadores de los eventos deportivos?». Son apuestas publicitarias para lograr la internacionalización de la empresa. Las carreras de Fórmula 1, los grandes encuentros de fútbol o los famosos torneos de tenis movilizan a miles de personas y provocan nuevas tendencias sociales. El éxito social, en este caso, lleva consigo el éxito económico. «Cuando me abracé a Guardiola le dije: &#8216;Somos grandes y viva Cataluña&#8217;», dijo Mas después de que el <em>Barça </em>ganara una copa. Las grandes marcas de coches, televisores y demás aprovechan los acontecimientos deportivos para lanzar sus productos. Las grandes empresas deportivas y de productos deportivos, en especial la FIFA, tienen necesidad de acontecimientos deportivos a nivel mundial. Por eso, unas y otras se vuelcan a la hora de su organización.</p>
<p>Los grandes clubes son auténticas máquinas de hacer dinero, aunque la mayoría de ellos estén empeñados. La venta de camisetas, entre otras mercadurías, representa un ingreso voluminoso. El <em>licensing</em> es una forma de negocio que desarrolla, tras la firma de un contrato de licencia, productos concretos vinculados a una marca. Por ejemplo, el LIMA (Licensing Industry Merchandiser´s Association) movió 224.000 millones de euros el año 2003. Los profesionales del sector estimaron que este tipo de licencias alcanzó el 30% del mercado de productos licenciados en España ese mismo año. Las camisetas de uno de los grandes equipos de fútbol es uno de los escaparates mejores y más caros para exhibir una publicidad por su capacidad de resonancia. Y las webs de los grandes clubes son de las más visitadas de internet. «Sólo la venta de camisetas [del Barcelona] llega a representar hasta el 50% de su ingresos». Los deportistas han ensanchado el firmamento de las estrellas y han cambiado su concepto.</p>
<p>La FIFA es una empresa con intereses planetarios, que rige y gobierna los destinos del fútbol mundial. La comercialización a nivel mundial del fútbol desde 1950, fecha del inicio de las copas europeas, es lo que la caracteriza. Los flujos económicos se deben a los 44.000, cuarta arriba cuarta abajo, profesionales que son la parte visible del planeta fútbol. Los medios de comunicación se concentran sobre esos profesionales. Las estrellas ejercen como estandartes. El poder de la FIFA proviene de su monopolio sobre los eventos que ella organiza. Esto comienza con la elección de la sede para la organización. Conseguir la sede de unos Juegos Olímpicos es una estrategia de diplomacias a nivel de la UNESCO, de la ONU, de parlamentos, de gobiernos. Las comisiones evaluatorias son recibidas y tratadas a cuerpo de rey, con las mejores galas; sus componentes son llevados en palmitas. Las sedes de los Juegos Olímpicos, por tanto, se deciden en aras de motivaciones políticas.</p>
<p>La audiencia en televisión y radio y cualquier otro medio de comunicación se traduce en dinero y los partidos de interés público prenden al televisor más espectadores que ningún otro acontecimiento. La semifinal del Campeonato de Europa de 2007 pulverizó todos los récords de audiencias hasta entonces registrados. La final se convierte en el partido más visto de la historia de España. Cuando el árbitro pitó el final del partido, 17.690.000 de pares de ojos estaban colados a las pantallas de televisión. Como la mayoría de los ingresos se deben a los derechos que pagan las cadenas de televisión por la retransmisión de los partidos, de ahí el interés de los clubes más poderosos en crear su propia cadena de televisión. A la inversa, se aprecia cada día más el interés de ciertos grupos de comunicación multimedia por adquirir equipos de fútbol.</p>
<p>muchas veces, marcas y empresas, cuando ven futuro, invierten en la formación de estrellas del deporte; de ahí las escuelas de fútbol distribuidas por el planeta, patrocinadas por grandes firmas. El fútbol es un juego entre la exaltación atlética y el beneficio económico, entre el poder y el dinero. Cruyff fue la columna vertebral de la operación <em>Elefant Blau </em>y quiere resucitarla aunque sea con otro nombre y por otros motivos. El holandés, como hombre bien informado, debe saber muy bien cómo se maneja el dinero del fútbol y sorprende que ahora nos venga con escrúpulos porque el <em>Barça</em> lleva en su camiseta el nombre de Qatar Foundation. Me imagino que, en el fondo, su actual conflicto con el <em>Barça</em> se reduce a que quiere como presidente del club a un amigo suyo y, según todos los indicios, Rosell no lo es. Si de preocupación por la pureza de la imagen del <em>Barça</em> se tratase, el holandés debería haber llamado la atención a algún anterior presidente amigo suyo.</p>
<p>«Ser presidente de un gran club es más que ser ministro», dijo el presidente de un club español. Una estrella del deporte tiene más influencia que muchos políticos, y presidentes de Estado y grandes hombres de negocios se rinden sus pies. «De fútbol a secas sólo hablan los profanos; los que entienden hablan del negocio del fútbol», me dijo un millonario. Hace años, una editorial me encargó un libro que se podría haber titulado: <em>El dinero del fútbol</em>. Un amigo bien informado sobre el tema me dijo: «¿No crees que hay temas de tu competencia que te puedan interesar más?». Le agradecí la confidencia y desistí.</p>
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		<title>Ser o no ser mujer-cuota</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Sep 2011 12:37:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad de género]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gabriela Cañas</strong> (EL PAÍS, 03/09/11):</p>
<p>Una pastora radical y feminista es asesinada en el norte de Suecia. Ha generado en vida tanta animadversión entre los hombres del pueblo que el párroco Bertil Stensson prefiere sustituirla por un hombre para mantener &#8220;la calma en la casa&#8221;. El policía al que confiesa sus intenciones se muestra crítico y le pregunta: &#8220;¿Lo hará aunque el sustituto esté menos cualificado para el puesto?&#8221;.</p>
<p>Este pasaje perteneciente a la novela <em>Sangre derramada,</em> de Asa Larsson, produce cierta hilaridad. Es creíble que en una fría aldea se asesine a una mujer (hay homicidios en cualquier &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38940/ser-o-no-ser-mujer-cuota/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gabriela Cañas</strong> (EL PAÍS, 03/09/11):</p>
<p>Una pastora radical y feminista es asesinada en el norte de Suecia. Ha generado en vida tanta animadversión entre los hombres del pueblo que el párroco Bertil Stensson prefiere sustituirla por un hombre para mantener &#8220;la calma en la casa&#8221;. El policía al que confiesa sus intenciones se muestra crítico y le pregunta: &#8220;¿Lo hará aunque el sustituto esté menos cualificado para el puesto?&#8221;.</p>
<p>Este pasaje perteneciente a la novela <em>Sangre derramada,</em> de Asa Larsson, produce cierta hilaridad. Es creíble que en una fría aldea se asesine a una mujer (hay homicidios en cualquier lugar del mundo), pero resulta altamente inverosímil que alguien ponga en duda el mérito de un candidato masculino por el mero hecho de que, <em>a priori,</em> el género sea una condición indispensable.</p>
<p>El guiño de Larsson resulta efectivo porque es un espejo inverso del debate de las cuotas femeninas, en el que dudar del mérito de las candidatas es todavía un argumento omnipresente. Desde una óptica meramente racional les asiste la razón a quienes rechazan las cuotas en favor del mérito. Imponer a un candidato una condición ajena a la capacitación que se requiere para cubrir un puesto es una medida arbitraria que puede impedir optar por el más idóneo.</p>
<p>Sin embargo, dado el alto nivel de preparación de la población femenina de nuestras sociedades y su, sin embargo, pobre presencia en los núcleos de poder, tal reticencia parece más fruto del prejuicio que del apego a la justicia y el mérito y abre, de hecho, dos interrogantes: por qué se admiten sin discusión el resto de las cuotas que se adoptan tradicionalmente y por qué los que están contra las femeninas dan por hecho que la mejor posición de los varones se debe en exclusiva a su cualificación profesional en mercados laborales dominados por la cooptación y no el meritoriaje.</p>
<p>Las cuotas más extendidas en nuestras democracias son las territoriales. Como es sabido, los candidatos sorianos al Congreso de los Diputados apenas sí necesitan 20.000 votos para salir elegidos, mientras que los de Madrid deben sumar 100.000 papeletas para lograr el mismo escaño.</p>
<p>No se discute tal disparidad, incluso aunque exista la costumbre de traicionar el principio de territorialidad que la alienta para colocar a políticos relevantes en listas de provincias que les son ajenas y, evidentemente, nadie osa desconfiar de la capacitación del diputado soriano, favorecido por el sistema, y sí se desconfía ofensivamente de la mujer seleccionada por una regla similar.</p>
<p>Las numantinas resistencias a otorgar a las mujeres el derecho que por cualificación ya se merecen son la razón principal de la necesidad de establecer cuotas tanto en la política como (ahora se abre camino) en la iniciativa privada, como pretende la Comisión Europea, y ya han establecido por ley para los consejos de administración de las empresas Italia, Holanda, Francia y Bélgica, además de los países nórdicos.</p>
<p>Hay quien, como el Partido Popular, prefiere catapultar a mujeres sin necesidad de optar por las cuotas, una política de hechos que, por cierto, a veces deja en evidencia a los partidos de izquierda. Pero los resultados allá donde se aplican las cuotas están demostrando que hoy por hoy las mujeres solo están siendo reconocidas socialmente a escala aceptable mediante la reserva de un mínimo de puestos para ellas. Son partidarios de este sistema la mitad de los hombres españoles y el 60% de las mujeres españolas. De no establecer cuotas obligatorias, advierte la Comisión Europea, la igualdad costará todavía 50 años en Europa. Y para entonces millones de profesionales bien preparadas habrán sepultado cualquier expectativa de ver recompensados sus méritos y miles de empresas habrán seguido en manos de gestores que cerraron el paso a otros y otras mejor preparados para hacerlo. Para entonces, se habrá seguido perpetrando una flagrante injusticia social.</p>
<p>La desigualdad es fruto, entre otras cosas, de las abusivas cuotas masculinas del pasado (a veces hasta del 100%) que se aplican todavía en una gran parte del mundo (ante el silencio cómplice del resto) y que han vetado a las mujeres tanto en el ámbito educativo como en el profesional. Dado que los prejuicios impiden restituir a las mujeres los derechos de los que han sido históricamente despojadas, las cuotas son una idónea herramienta correctora que, por cierto, no debería ser percibida como un demérito como pretenden los que han encontrado en esto un nuevo motivo de escarnio contra las mujeres en lo que no es más que la penúltima trampa del machismo.</p>
<p>Es un juego perverso: las mujeres no son promovidas y las que lo consiguen resultan ser, con toda la carga peyorativa posible, mujeres-cuota. &#8220;Yo fui una mujer-cuota. Matilde Fernández y yo entramos en el Gobierno en 1988 como cuota&#8221;, me dice Rosa Conde sobre ello. &#8220;Nunca lo vi como algo negativo, sino como resultado de una lucha por la igualdad que dio mayor visibilidad a las mujeres&#8221;.</p>
<p>Y 23 años después, con el 97% de las empresas europeas en manos de gestores masculinos, es demasiado pedir que las mujeres sigan esperando a que la igualdad caiga por su propio peso.</p>
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		<title>Auto-indignarse</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Sep 2011 09:03:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Indignados]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Alfonso Pinilla García</strong>, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura (EL MUNDO, 02/09/11):</p>
<p>Con tanto indignarse por los excesos de la banca y la manirrota clase política, olvidamos la indignación más sana, aquella que se dirige contra uno mismo. Sí, porque usted y yo también formamos parte de ese sistema tan continuamente criticado y del que -ay, la contradicción humana- nos aprovechamos sin renunciar a nuestra cómoda vida burguesa. Yo tampoco estoy de acuerdo con una Ley Electoral injusta; con la corrupción y la confusión de los poderes ejecutivo y judicial en nuestra maltrecha democracia; con &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38900/auto-indignarse/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Alfonso Pinilla García</strong>, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura (EL MUNDO, 02/09/11):</p>
<p>Con tanto indignarse por los excesos de la banca y la manirrota clase política, olvidamos la indignación más sana, aquella que se dirige contra uno mismo. Sí, porque usted y yo también formamos parte de ese sistema tan continuamente criticado y del que -ay, la contradicción humana- nos aprovechamos sin renunciar a nuestra cómoda vida burguesa. Yo tampoco estoy de acuerdo con una Ley Electoral injusta; con la corrupción y la confusión de los poderes ejecutivo y judicial en nuestra maltrecha democracia; con la naturaleza perversa del capitalismo desaforado y su injusta distribución de la riqueza, etc. Sin crítica no hay mejora y sin ésta no cabe el progreso, pero ya es hora de mirar hacia los adentros y denunciar nuestras propias actitudes, ésas que tanto hemos ignorado a pesar de constituir un complejo entramado de vigas entre nuestros párpados.</p>
<p>Vivir por encima de lo que uno necesita tiene sus riesgos. Vivir más preocupado por la apariencia que por la esencia es un peligro, porque si fiamos nuestra felicidad a la posesión material de bienes fugaces -y toda materialidad es fugacidad- no ha de extrañarnos luego que cuando la riqueza se marchite lo haga con ella nuestra inconstante sonrisa. Todo bien material es flor que fenece, inexorable, con el paso del tiempo y del viento.</p>
<p>En sus cotas de mayor perfección y triunfo -esas mismas que preceden al colapso y la caída- el capitalismo nos ha conducido a la loca espiral del consumo voraz, donde la satisfacción de las necesidades básicas que constituyen el concepto de «vida digna» -comida, vestido y casa- se han sustituido por necesidades psicológicas, creadas por la publicidad y los medios de comunicación masiva, donde la comida se disfraza de gastronomía, el vestido muta en moda y la casa en decoración de interiores y confortabilidad último modelo. Y al vivir en esta sociedad donde lo importante ni siquiera es «tener», sino «aparentar que se tiene», daba igual el dinero disponible si uno podía pedir al banco la cantidad necesaria para satisfacer el caprichito de turno. El banquero, ese monstruo tan odiado ahora, fue codiciado partenaire de nuestras ambiciones en su día, y por eso caíamos en sus brazos como un Ulises cualquiera, entregado a los cantos de sirena del Euribor y ajeno a las futuras tempestades financieras.</p>
<p>Nuestra ambición por la apariencia se complementaba con su ambición por la ganancia, y entre ambiciones andaba el juego, así que la indignación contra quienes prestan no resulta creíble sin la indignación contra quienes pedimos prestado. Y en este último grupo nos hallamos casi todos los privilegiados componentes de la, cada vez más delgada, clase media.</p>
<p>No quiero quitar con ello un ápice de responsabilidad a la élite gestora que nos ha conducido a esta debacle, pero insisto en que el sistema somos todos y si esa élite es la mano que mueve las piezas del ajedrez, nosotros asumimos durante demasiado tiempo el papel de inanes peones en esta farsa de fuegos artificiales.</p>
<p>Responsabilidad es asunción de las consecuencias provocadas por nuestras propias acciones. Es necesario pedir responsabilidad a los poderes económicos y políticos que influyen en nuestros destinos, pero también resulta un deber inexcusable evaluar cómo han incidido nuestras decisiones en la emergencia de los actuales problemas. Si hacemos este ejercicio, sin duda muy duro en términos intelectuales, pues toda autocrítica es tan dura como incómoda, podrá llegarse a la conclusión de que esta crisis no es tanto económica cuanto moral. La vida que se centra en la satisfacción de necesidades psicológicas basadas en la posesión de fugaces bienes materiales -llámese «consumo masivo»- nos ha conducido a este callejón sin salida. Sólo una vuelta a la espiritualidad, donde la esencia prime sobre la apariencia y el fondo sobre la fachada, podrá hacernos disfrutar de lo que realmente importa: el tiempo compartido a manos llenas con nuestros seres queridos. Que ese tiempo transcurra en una mansión o en un pisito es lo de menos.</p>
<p>Por eso, indígnate contra el mundo, sí, pero después de haberte indignado contra ti mismo.</p>
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		<title>La fiesta y la cruzada</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Aug 2011 10:18:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Mario Vargas Llosa</strong>. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011 (EL PAÍS, 28/08/12):</p>
<p>Bonito espectáculo el de Madrid invadido por cientos de miles de jóvenes procedentes de los cinco continentes para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud que presidió Benedicto XVI y que convirtió a la capital española por varios días en una multitudinaria Torre de Babel. Todas las razas, lenguas, culturas, tradiciones, se mezclaban en una gigantesca fiesta de muchachas y muchachos adolescentes, estudiantes, jóvenes profesionales venidos de todos los rincones del mundo a cantar, bailar, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36708/la-fiesta-y-la-cruzada/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Mario Vargas Llosa</strong>. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011 (EL PAÍS, 28/08/12):</p>
<p>Bonito espectáculo el de Madrid invadido por cientos de miles de jóvenes procedentes de los cinco continentes para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud que presidió Benedicto XVI y que convirtió a la capital española por varios días en una multitudinaria Torre de Babel. Todas las razas, lenguas, culturas, tradiciones, se mezclaban en una gigantesca fiesta de muchachas y muchachos adolescentes, estudiantes, jóvenes profesionales venidos de todos los rincones del mundo a cantar, bailar, rezar y proclamar su adhesión a la Iglesia católica y su &#8220;adicción&#8221; al Papa (&#8220;Somos adictos a Benedicto&#8221; fue uno de los estribillos más coreados).</p>
<p>Salvo el millar de personas que, en el aeródromo de Cuatro Vientos, sufrieron desmayos por culpa del despiadado calor y debieron ser atendidas, no hubo accidentes ni mayores problemas. Todo transcurrió en paz, alegría y convivencia simpática. Los madrileños tomaron con espíritu deportivo las molestias que causaron las gigantescas concentraciones que paralizaron Cibeles, la Gran Vía, Alcalá, la Puerta del Sol, la Plaza de España y la Plaza de Oriente, y las pequeñas manifestaciones de laicos, anarquistas, ateos y católicos insumisos contra el Papa provocaron incidentes menores, aunque algunos grotescos, como el grupo de energúmenos al que se vio arrojando condones a unas niñas que, animadas por lo que Rubén Darío llamaba &#8220;un blanco horror de Belcebú&#8221;, rezaban el rosario con los ojos cerrados.</p>
<p>Hay dos lecturas posibles de este acontecimiento, que EL PAÍS ha llamado &#8220;la mayor concentración de católicos en la historia de España&#8221;. La primera ve en él un festival más de superficie que de entraña religiosa, en el que jóvenes de medio mundo han aprovechado la ocasión para viajar, hacer turismo, divertirse, conocer gente, vivir alguna aventura, la experiencia intensa pero pasajera de unas vacaciones de verano. La segunda la interpreta como un rotundo mentís a las predicciones de una retracción del catolicismo en el mundo de hoy, la prueba de que la Iglesia de Cristo mantiene su pujanza y su vitalidad, de que la nave de San Pedro sortea sin peligro las tempestades que quisieran hundirla.</p>
<p>Una de estas tempestades tiene como escenario a España, donde Roma y el gobierno de Rodríguez Zapatero han tenido varios encontrones en los últimos años y mantienen una tensa relación. Por eso, no es casual que Benedicto XVI haya venido ya varias veces a este país, y dos de ellas durante su pontificado. Porque resulta que la &#8220;católica España&#8221; ya no lo es tanto como lo era. Las estadísticas son bastante explícitas. En julio del año pasado, un 80% de los españoles se declaraba católico; un año después, solo 70%. Entre los jóvenes, 51% dicen serlo, pero solo 12% aseguran practicar su religión de manera consecuente, en tanto que el resto lo hace solo de manera esporádica y social (bodas, bautizos, etcétera). Las críticas de los jóvenes creyentes -practicantes o no- a la Iglesia se centran, sobre todo, en la oposición de ésta al uso de anticonceptivos y a la píldora del día siguiente, a la ordenación de mujeres, al aborto, al homosexualismo.</p>
<p>Mi impresión es que estas cifras no han sido manipuladas, que ellas reflejan una realidad que, porcentajes más o menos, desborda lo español y es indicativo de lo que pasa también con el catolicismo en el resto del mundo. Ahora bien, desde mi punto de vista esta paulatina declinación del número de fieles de la Iglesia católica, en vez de ser un síntoma de su inevitable ruina y extinción es, más bien, fermento de la vitalidad y energía que lo que queda de ella -decenas de millones de personas- ha venido mostrando, sobre todo bajo los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.</p>
<p>Es difícil imaginar dos personalidades más distintas que las de los dos últimos Papas. El anterior era un líder carismático, un agitador de multitudes, un extraordinario orador, un pontífice en el que la emoción, la pasión, los sentimientos prevalecían sobre la pura razón. El actual es un hombre de ideas, un intelectual, alguien cuyo entorno natural son la biblioteca, el aula universitaria, el salón de conferencias. Su timidez ante las muchedumbres aflora de modo invencible en esa manera casi avergonzada y como disculpándose que tiene de dirigirse a las masas. Pero esa fragilidad es engañosa pues se trata probablemente del Papa más culto e inteligente que haya tenido la Iglesia en mucho tiempo, uno de los raros pontífices cuyas encíclicas o libros un agnóstico como yo puede leer sin bostezar (su breve autobiografía es hechicera y sus dos volúmenes sobre Jesús más que sugerentes). Su trayectoria es bastante curiosa. Fue, en su juventud, un partidario de la modernización de la Iglesia y colaboró con el reformista Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII.</p>
<p>Pero, luego, se movió hacia las posiciones conservadoras de Juan Pablo II, en las que ha perseverado hasta hoy. Probablemente, la razón de ello sea la sospecha o convicción de que, si continuaba haciendo las concesiones que le pedían los fieles, pastores y teólogos progresistas, la Iglesia terminaría por desintegrarse desde adentro, por convertirse en una comunidad caótica, desbrujulada, a causa de las luchas intestinas y las querellas sectarias. El sueño de los católicos progresistas de hacer de la Iglesia una institución democrática es eso, nada más: un sueño. Ninguna iglesia podría serlo sin renunciar a sí misma y desaparecer. En todo caso, prescindiendo del contexto teológico, atendiendo únicamente a su dimensión social y política, la verdad es que, aunque pierda fieles y se encoja, el catolicismo está hoy día más unido, activo y beligerante que en los años en que parecía a punto de desgarrarse y dividirse por las luchas ideológicas internas.</p>
<p>¿Es esto bueno o malo para la cultura de la libertad? Mientras el Estado sea laico y mantenga su independencia frente a todas las iglesias, a las que, claro está, debe respetar y permitir que actúen libremente, es bueno, porque una sociedad democrática no puede combatir eficazmente a sus enemigos -empezando por la corrupción- si sus instituciones no están firmemente respaldadas por valores éticos, si una rica vida espiritual no florece en su seno como un antídoto permanente a las fuerzas destructivas, disociadoras y anárquicas que suelen guiar la conducta individual cuando el ser humano se siente libre de toda responsabilidad.</p>
<p>Durante mucho tiempo se creyó que con el avance de los conocimientos y de la cultura democrática, la religión, esa forma elevada de superstición, se iría deshaciendo, y que la ciencia y la cultura la sustituirían con creces. Ahora sabemos que esa era otra superstición que la realidad ha ido haciendo trizas. Y sabemos, también, que aquella función que los librepensadores decimonónicos, con tanta generosidad como ingenuidad, atribuían a la cultura, esta es incapaz de cumplirla, sobre todo ahora. Porque, en nuestro tiempo, la cultura ha dejado de ser esa respuesta seria y profunda a las grandes preguntas del ser humano sobre la vida, la muerte, el destino, la historia, que intentó ser en el pasado, y se ha transformado, de un lado, en un divertimento ligero y sin consecuencias, y, en otro, en una cábala de especialistas incomprensibles y arrogantes, confinados en fortines de jerga y jerigonza y a años luz del común de los mortales.</p>
<p>La cultura no ha podido reemplazar a la religión ni podrá hacerlo, salvo para pequeñas minorías, marginales al gran público. La mayoría de seres humanos solo encuentra aquellas respuestas, o, por lo menos, la sensación de que existe un orden superior del que forma parte y que da sentido y sosiego a su existencia, a través de una trascendencia que ni la filosofía, ni la literatura, ni la ciencia, han conseguido justificar racionalmente. Y, por más que tantos brillantísimos intelectuales traten de convencernos de que el ateísmo es la única consecuencia lógica y racional del conocimiento y la experiencia acumuladas por la historia de la civilización, la idea de la extinción definitiva seguirá siendo intolerable para el ser humano común y corriente, que seguirá encontrando en la fe aquella esperanza de una supervivencia más allá de la muerte a la que nunca ha podido renunciar. Mientras no tome el poder político y este sepa preservar su independencia y neutralidad frente a ella, la religión no sólo es lícita, sino indispensable en una sociedad democrática.</p>
<p>Creyentes y no creyentes debemos alegrarnos por eso de lo ocurrido en Madrid en estos días en que Dios parecía existir, el catolicismo ser la religión única y verdadera, y todos como buenos chicos marchábamos de la mano del Santo Padre hacia el reino de los cielos.</p>
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		<title>Indignación y política de influencia</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Aug 2011 18:45:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[15-M]]></category>
		<category><![CDATA[Indignados]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jesús Casquete</strong>, profesor de Historia y Sistemática de los Movimientos Sociales en la Universidad del País Vasco. Es autor de <em>El poder de la calle. Ensayos sobre acción colectiva</em> (EL PAÍS, 19/08/11):</p>
<p>Una democracia robusta requiere del compromiso permanente de sus ciudadanos con la cosa pública. La concurrencia periódica a las urnas es uno de los modos de canalizar la participación, pero en modo alguno el único para insuflar vitalidad al sistema. En la medida que es fiel reflejo de sociedades civiles dinámicas, en sistemas democráticos el recurso a la política de calle es un mecanismo adicional a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36454/indignacion-y-politica-de-influencia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jesús Casquete</strong>, profesor de Historia y Sistemática de los Movimientos Sociales en la Universidad del País Vasco. Es autor de <em>El poder de la calle. Ensayos sobre acción colectiva</em> (EL PAÍS, 19/08/11):</p>
<p>Una democracia robusta requiere del compromiso permanente de sus ciudadanos con la cosa pública. La concurrencia periódica a las urnas es uno de los modos de canalizar la participación, pero en modo alguno el único para insuflar vitalidad al sistema. En la medida que es fiel reflejo de sociedades civiles dinámicas, en sistemas democráticos el recurso a la política de calle es un mecanismo adicional a disposición de los ciudadanos.</p>
<p>Si el ámbito resolutivo de la política se muestra obstinadamente incapaz de dar curso a las demandas ligadas al interés público sentido por una parte más o menos amplia de la sociedad, entonces a los ciudadanos les asiste el derecho de movilizarse en la esfera pública. Siempre, eso sí, que esa forma de comunicación entre ciudadanía y autoridades discurra por medios pacíficos, porque de lo contrario estaríamos hablando de una intolerable vocación por torcer la voluntad política mediante la violencia, desvirtuando en el tránsito las reivindicaciones en cuestión.</p>
<p>Desde el ideal democrático, pues, la intervención subpolítica de la ciudadanía autoorganizada es un síntoma de salubridad y riqueza, por más que siempre haya quien prefiera ver las manifestaciones y otras formas de ocupar el espacio público como un factor de desestabilización del sistema.</p>
<p>Desde estos parámetros, el movimiento de los indignados es un elemento oxigenante para la democracia en momentos de zozobra. Las movilizaciones en plazas y calles de las ciudades españolas sostenidas prácticamente de forma ininterrumpida desde mediados del mes de mayo han convulsionado la vida política del país. Constituyen el reflejo de un profundo clima de insatisfacción con la situación de crisis económica que arrostra el país, y también, de forma imposible de disociar en la práctica, con la gestión que los principales partidos políticos están haciendo de ella. Sus protagonistas son los sectores precarizados de la sociedad (jóvenes con magras perspectivas de futuro, trabajadores explotados, desempleados, pensionistas&#8230;) que, tras un golpe colectivo de &#8220;no hay derecho&#8221; sobre la mesa, ponen en práctica eso que tanto aprecio cosecha entre los valedores de una política liberal: el disenso.</p>
<p>La juventud figura en primera fila de las movilizaciones. Les llaman <em>perroflautas,</em> y no lo son. Forman parte más bien de esa minoría ciudadana bien pertrechada para interpretar la situación y luchar de forma pacífica por su suerte, que, todo apunta, en ningún caso será más halagüeña que la de sus progenitores. Jóvenes o no tan jóvenes, al contemplar la realidad con lentes de otro color, los indignados ponen a disposición del conjunto de la sociedad una mirada más rica y compleja de sus entresijos, de sus mecanismos de funcionamiento y de sus fallas, y desde ahí hilvanan propuestas de solución.</p>
<p>Puede que su batería de medidas para atajar las crisis (la económica y la política) no haya adquirido hasta el momento unos perfiles tan claros como desearía un sector de las autoridades deseoso de tener enfrente una tabla reivindicativa susceptible de ser procesada, algo de lo que, por lo demás, rara vez disponen los movimientos sociales en su fase de gestación. La ruta habitual en estos actores políticos suele pasar más bien, parafraseando al poeta, porque se haga programa al andar. No obstante, conviene no olvidar que la indefinición programática puede ser un activo fundamental para movimientos que intentan dar cauce a sentimientos como la indignación, la impotencia, el miedo o la desesperanza. Estos sentimientos son susceptibles de concitar el apoyo de energías plurales cuando lo que prevalece es el plano difuso de la negatividad. La concreción propositiva resulta, por el contrario, potencialmente divisoria. Para tapar de gente las calles y plazas resulta más operativo tirar de la rabia que presentar propuestas detalladas. Ahí radica la fortaleza mostrada desde su irrupción por el movimiento, al mismo tiempo que un factor de su vulnerabilidad a medio plazo.</p>
<p>Ese camino por andar, ese programa alternativo todavía por cuajar, está abriéndose paso en el debate social y en la agenda política mediante un modo legítimo de intervención en toda política democrática, cual es el ejercicio de influencia. A la luz de la incapacidad de un sistema de partidos esclerotizado, deslegitimado socialmente y, en cualquier caso, sin la cintura suficiente para canalizar las demandas ciudadanas al ámbito resolutivo de la política, una parte significativa de la sociedad ha decidido intervenir en su futuro colectivo.</p>
<p>Si la democracia es el sistema que pone (potencialmente) la política al alcance de todo el mundo, pocas dudas caben del marchamo democrático del movimiento de los indignados. El movimiento está interviniendo en la esfera pública, estimulando el debate y apuntando que otra gestión de la economía y otro funcionamiento del sistema político son posibles.</p>
<p>La toma de la calle es el último recurso de un actor sociopolítico que pretende hacer oír sus propuestas de forma sostenida (salvo episodios puntuales), no violenta y, en todo caso, guiado por el interés público. El sistema de autoridades, Gobiernos y partidos políticos, haría bien en escuchar lo que le tienen que decir. ¿Hay alguien ahí?</p>
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		<title>Noticias de la ferragosto</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Aug 2011 16:44:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Goytisolo</strong> (EL PAÍS, 18/05/11):</p>
<p>1. -Tras la expulsión de los indignados que la ocupaban, Esperanza Aguirre tiene su Puerta del Sol limpia como una patena. Los jabalíes laicos apriscados en Lavapiés no perturbarán con sus gritos el periplo madrileño de Su Santidad. La Jornada Mundial de la Juventud, que acogerá a más de un millón de peregrinos conforme el organigrama del cardenal Rouco Varela, cuenta no solo con la preciosa ayuda de las autoridades que la han declarado &#8220;de interés nacional&#8221; sino también la de un voluntariado muy amplio compuesto por numerarios de la Obra de Dios, legionarios &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36318/noticias-de-la-ferragosto/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Goytisolo</strong> (EL PAÍS, 18/05/11):</p>
<p>1. -Tras la expulsión de los indignados que la ocupaban, Esperanza Aguirre tiene su Puerta del Sol limpia como una patena. Los jabalíes laicos apriscados en Lavapiés no perturbarán con sus gritos el periplo madrileño de Su Santidad. La Jornada Mundial de la Juventud, que acogerá a más de un millón de peregrinos conforme el organigrama del cardenal Rouco Varela, cuenta no solo con la preciosa ayuda de las autoridades que la han declarado &#8220;de interés nacional&#8221; sino también la de un voluntariado muy amplio compuesto por numerarios de la Obra de Dios, legionarios de Cristo Rey, kikos y miembros de la Fundación Benéfica Virgen del Carmen, cuya fundadora recibió ultimamente 376 visitas de una Virgen ingrávida junto a la copa de un fresno (¡una verdad como la copa de un fresno!, dicen sus fieles). Los frutos anímicos y materiales que aportará Benedicto serán lluvia del cielo en estos tiempos duros de crisis económica y sobre todo espiritual.</p>
<p><strong>2.</strong>- El recorrido en papamóvil del aeropuerto a Cibeles, la misa de bienvenida en la tribuna de honor bajo un hermoso árbol de diseño y una suave atmósfera de agua micronizada colmarán de dicha a decenas de millones de telespectadores que, como yo, no puedan asistir en persona a los fastos de tan magno acontecimiento. Las mochilas de peregrino y &#8220;Mi foto con Benedicto&#8221; se venden como panes. Como muestra del inmenso amor de la Iglesia por los desamparados, varias organizaciones caritativas proyectan el envío de pantallas gigantes para transmitir las tres misas y el viacrucis a los chabolistas de Cañada Real y a los fieles castigados por la hambruna del Cuerno de África.</p>
<p><strong>3.</strong>- Coincidiendo con la visita papal, la inscripción de bienes comunales a nombre de la Iglesia ha desatado la ira de los devastadores de la viña del Señor -seguidores rezagados de Martínez Marina en las Cortes de Cádiz y del funesto Mendizábal un cuarto de siglo después- esa pandilla ignara de las resoluciones conciliares Lateranense, Constantinense y Basiliense, resoluciones que desmienten sus alegaciones malignas e infundadas. Escucha, lector, las sabias palabras de mi admirado Menéndez Pelayo: &#8220;Teniendo la Iglesia derecho, recibido de Dios, para existir sobre la Tierra como cuerpo real sacerdotal, tiene también derecho inconcuso de participar de los bienes temporales y acrecentar su patrimonio como cualquier individuo, colegio lícito, sociedad o congregación grande o pequeña, sin que, una vez adquiridos, pueda nadie despojarle de ellos sin ir contra el precepto natural y divino&#8221;.</p>
<p>El griterío no callará verdades tan sencillas e imbuidas de santa doctrina.</p>
<p><strong>4.</strong>- Se habla mucho en estos tiempos de los pillajes provocados por los recortes presupuestarios, nivel de desempleo, tijeretazos salariales, falta de porvenir de los jóvenes. Pero ¿quién denuncia el saqueo impune de los tesoros espirituales guardados en nuestros corazones por los que quieren expulsar a Dios de nuestra vida y conciencia y convertir el alma del hombre en un recipiente vacío? ¿No te das cuenta del doble lenguaje, querido lector? Si las pérdidas materiales del vandalismo urbano son calculables, ¿con qué vara medir las que arrasan el santuario espiritual de una sociedad vuelta de espalda a la ley divina y a las enseñanzas de nuestra Santa Madre Iglesia? Acude a la misa de la Almudena, al vía crucis de Recoletos, confiésate en los portátiles instalados en las carpas y tu confianza en el futuro renacerá.</p>
<p><strong>5.</strong>- Si las festividades grandiosas de la visita papal no te convencen, ¡oh insensible y perezoso lector!, ¿a dónde irás? Corren tiempos muy recios y la elección no es fácil.</p>
<p>En mi última visita a Barcelona, un señor de mi edad se acercó a mi mesa en un restaurante vecino a La Rambla. Habíamos compartido aula en el colegio religioso en donde nos adoctrinaron, pero desde entonces no le había vuelto a ver.</p>
<p>&#8220;¿Vas a seguir viviendo en países árabes con fanáticos, terroristas y talibanes (<em>sic</em>)? ¡Mira lo que pasó en Marrakech! A mi edad yo solo busco la tranquilidad. Mi mujer y yo nos hemos apuntado a un crucero de verano en Noruega y pasaremos luego unos días de descanso en un hotelito precioso del Soho a dos pasos de Oxford Circus y de Hyde Park&#8221;.</p>
<p>¡Seguir las misas y el viacrucis de Benedicto <em>es la mejor solución</em>!</p>
<p>6.- Desde una extraterritorialidad onírica asistía a una conferencia de prensa de Anders Breikiv, con su fusil automático y uniforme de policía. Un grupo de Auténticos Finlandeses lo aclamaban como a un héroe. Estábamos en una carpa gigante con delegaciones de Auténticos escoceses, serbios, corsos, vascos y catalanes. Todos exhibían sus certificados de Autenticidad y me miraban con recelo. Mi camiseta de Emporio Armani Authentic era a todas luces falsa. ¿Qué hacía allí en estos tiempos de crisis identitaria y de retorno a los valores refugio? Exhibí mi tarjeta y mochila de peregrino y me dejaron en paz.</p>
<p>Al despertar, advertí que las agencias calificadoras de riesgo seguían con su baile endiablado de cifras.</p>
<p><strong>7.</strong>- ¿Quién inventará el fármaco que calme de una vez la ansiedad y el nerviosismo de los mercados?</p>
<p>A falta de científico, médico o curandero, no nos queda otro remedio que rezar.</p>
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		<title>El triunfo del resentimiento</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Aug 2011 20:03:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Populismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona. Fue premio Espasa de Ensayo 2010, por su libro <em>Amo, luego existo</em> (EL PAÍS, 10/08/11):</p>
<p>Hace ya unos cuantos meses publicaba Josep Ramoneda en estas mismas páginas un artículo <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32222/la-construccion-cultural-del-fascismo/" target="_blank">(La construcción cultural del fascismo,</a> EL PAÍS, 17 de noviembre de 2010) en el que analizaba el lugar y la función ideológico-política que, a su juicio, desempeña en la esfera pública un personaje tan popular de nuestra televisión como Belén Esteban, a la que, resumiendo un tanto abruptamente el texto, el autor veía como la encarnación de un &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36207/el-triunfo-del-resentimiento/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona. Fue premio Espasa de Ensayo 2010, por su libro <em>Amo, luego existo</em> (EL PAÍS, 10/08/11):</p>
<p>Hace ya unos cuantos meses publicaba Josep Ramoneda en estas mismas páginas un artículo <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32222/la-construccion-cultural-del-fascismo/" target="_blank">(La construcción cultural del fascismo,</a> EL PAÍS, 17 de noviembre de 2010) en el que analizaba el lugar y la función ideológico-política que, a su juicio, desempeña en la esfera pública un personaje tan popular de nuestra televisión como Belén Esteban, a la que, resumiendo un tanto abruptamente el texto, el autor veía como la encarnación de un populismo fascistoide que, lejos de representar y dar voz a las clases populares, como los promotores del personaje gustan de proclamar, las enardece para que sigan calladas.</p>
<p>No voy a fingir que desconocía hasta ese momento la existencia de Belén Esteban (aunque un intelectual de cejas altas como Dios manda sin duda lo haría): precisamente uno de los rasgos más característicos de nuestra sociedad de consumo es la imposibilidad -casi metafísica- de ignorar quiénes son determinados personajes muy característicos de ella, los denominados famosos. Pero sí reconozco que el artículo de Ramoneda llamó mi atención acerca del calado que podía tener esa figura pública, lo que despertó mi curiosidad por conocer algo más acerca de sus rasgos más propios, en la confianza de que ello me permitiera determinar las causas que me explicaran, aunque fuera un poco, su considerable notoriedad.</p>
<p>Lo primero que me llamó la atención fue el carácter no sé si decir agrio o avinagrado del personaje. Belén Esteban es alguien que, en lo sustancial, siempre cuenta desgracias. El tamaño de las mismas varía, como no podría ser de otra manera, pero lo significativo es que tiene permanentemente a disposición del espectador un amplio surtido de ellas: desde las más frecuentes (y, por ello, ya menos valiosas por aquello de la oferta y la demanda), como la última vez en la que el padre de su hija incumplió con alguno de sus deberes de tal, hasta las más llamativas, como la temprana infidelidad de su marido, pasando por la muerte de su padre, una amenaza por parte del Defensor del Menor de quitarle la custodia de su hija o sus cuitas con una diseñadora de moda que se negaba a confeccionarle el traje de novia (por aquello de no ver asociado su prestigioso nombre como creadora al poco glamuroso de la presunta <em>princesa del pueblo).</em></p>
<p>Alguien que haya seguido con más atención y desde hace más tiempo que yo sus apariciones en televisión acaso podría contraargumentar que también en ocasiones -menos abundantes en número, pero no por ello carentes de importancia- Belén Esteban se alegra por algo. Es cierto, pero incluso en esos momentos la alegría siempre se muestra coloreada con una tonalidad sombría, atravesada de una carga de negatividad que parece consustancial al personaje. Así, resulta llamativo que en las escasas oportunidades en las que protagoniza una noticia gozosa, de inmediato aprovecha la situación para pasarle su alegría por la cara a alguien, como si fuera incapaz de vivir su contento de otra forma que no fuera <em>contra</em> otra persona (por lo general, contra aquella o aquellas con las que tiene cuentas pendientes). De ahí las frases con las que se suele adornar en tales situaciones: &#8220;para que se entere&#8230;&#8221;, &#8220;para que luego digan que&#8230;&#8221;, etcétera, como si se complaciera más en la rabia que supone va a provocar en sus enemigos la buena noticia que en la buena noticia misma.</p>
<p>Pero, a la vista de sus reacciones, me atrevería a afirmar que lo que para esta mujer parece constituir el más genuino motivo de alegría es precisamente el mal ajeno. Resulta espectacular -casi en el límite de lo escandaloso- la impudicia con la que se relame ante las desgracias de otros, especialmente ante aquellas que le sobrevienen a la actual esposa del torero y padre de su hija, a la que siempre denomina como <em>la Campanario.</em> Cuando ello ocurre, ni siquiera parece capaz del mínimo gesto compasivo o piadoso (aunque sea para guardar las formas o para simular una magnanimidad de espíritu de la que, sin duda, no está dotada). Lejos de eso, proclama a grandes voces su profundísima satisfacción, mientras condena, maldice, se ríe con saña, e incluso llega a dirigir contra quien acaba de padecer algún daño sonoras pedorretas, habitualmente premiadas con una entusiasta ovación por parte del público presente en el plató, tan fiel al personaje como obediente a la menor indicación del regidor.</p>
<p>Tal grado de exasperación alcanza la disposición amarga, quejosa, dura, del personaje que incluso cuando alude a lo que debería ser su registro más tierno, entrañable y dulce, esto es, el amor hacia su hija, también él viene doblado de una tonalidad negativa y sombría. Hasta el punto de que su frase más reiterada, su famosa <em>&#8220;yo, por mi hija, ma-to&#8221;</em> (publicitada por la cadena en la que trabaja a la manera de un eslogan comercial o de una consigna política) convoca, en el mismo sintagma, al amor y a la muerte, como si quien lo enuncia fuera incapaz de experimentar un sentimiento puro, limpio, positivo sin más, como si le resultara sospechoso o como si -la peor de las posibilidades- se sintiera culpable por ello.</p>
<p>No han faltado quienes, creyendo que de esta forma la defendían, han subrayado que en Belén Esteban no hay diferencia entre la persona y el personaje, y que ella es tal como se muestra en pantalla, a saber, totalmente <em>espontánea.</em> Ciertamente, con defensores así no hacen falta fiscales. Ya sabemos que cualquier cesto se elabora con mimbres preexistentes. Lo importante de veras es en qué medida quienes tienen poder para hacerlo han construido, frankensteinianamente, un monstruo a la medida de una supuesta demanda mediático-sentimental, monstruo al que luego han inducido a un comportamiento que solo puede terminar en la autodestrucción. Que la <em>persona real</em> haya aceptado el juego para el que se la ha programado, o incluso se sienta cómoda en él, resulta a estos efectos perfectamente irrelevante.</p>
<p>Pero dicho juego, más allá de llevar inscrito en el dorso la fecha de caducidad, tiene sobre todo mucho de siniestro. Lo acabamos de apuntar: es un secreto a voces el futuro de juguete roto que, de manera inexorable, aguarda al personaje. Pero ello no debiera distraernos de percibir que el juego consiste precisamente en que el juguete se vaya rompiendo en público, a la vista de todos (la imparable ruina de su rostro constituye, en ese sentido, una devastadora metáfora del proceso). Cuando llegue su final, cuando el mecanismo del juguete se pare de forma definitiva, quien ha hecho lema y bandera de su falta de compasión y de piedad, de su absoluta carencia de empatía (como diría un <em>autoayudólogo),</em> no podrá implorar para sí compasión ni piedad alguna.</p>
<p>Belén Esteban representa una obscenidad casi enfurecida, la conversión de la totalidad de elementos de la propia vida -con los más presuntamente íntimos y secretos en un lugar muy destacado- en materia prima para el programa sobre su vida. Su devenir personal y la programación del canal de televisión en el que actúa coinciden absolutamente: ha materializado, con la permanente exhibición de su privacidad, la fábula cinematográfica descrita en <em>El show de Truman,</em> esto es, la retransmisión en directo de la propia existencia hasta en los menores detalles.</p>
<p>Además del populismo fascistoide, señalado por Josep Ramoneda, el personaje de Belén Esteban simboliza el triunfo de la sentimentalidad capitalista, que no solo promueve un consumismo de emociones banalizadas, de mercadillo, de usar y tirar, sino que, sobre todo, introduce en el ámbito de los sentimientos la misma lógica competitiva, feroz, de descarnada lucha por la vida, que rige ya en todos los demás ámbitos de nuestra realidad. Con la cuota de crueldad que ello comporta: quien ha alardeado sin el menor recato de vender su vida, con toda probabilidad no tendrá a quien acudir cuando su vida no venda.</p>
<p>Pero reparemos, para terminar, en lo que todo este espectáculo deja en evidencia: caducó la vieja engañifa romanticoide -que por lo visto la propia Belén Esteban se llegó a creer- de que el amor podía ser el único ascensor social al alcance de los (y, sobre todo, las) desfavorecidos. Cuando ella lo intentó con un torero tales fantasías pertenecían ya irremediablemente al pasado. Ahora ese mismo ascensor viene representado por el odio o, en su defecto, por el resentimiento. De momento, funciona: Belén Esteban está <em>triunfando</em> a base de explotarlo. Definitivamente, la historia avanza por su lado malo.</p>
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		<title>El 15-M ante Europa</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/36173/el-15-m-ante-europa/</link>
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		<pubDate>Tue, 09 Aug 2011 20:21:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[15-M]]></category>
		<category><![CDATA[Indignados]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Barón Crespo</strong>, presidente de la Fundación Europea para la Sociedad de la Información (EL PAÍS, 09/08/11):</p>
<p>Los indignados han emprendido el camino de Bruselas tras concluir su manifestación en Madrid con la <em>Oda a la alegría.</em> Recuperan como símbolo europeo la gran coral de Beethoven, lamentablemente apeada del Tratado de Lisboa. Practican la democracia participativa consagrada en el mismo, eso sí como complemento y no como alternativa de la representativa. Ahora, se va extendiendo su dimensión europea, con un curioso éxito en Israel. Vasto programa en el que tendrán que medirse con populismos nacionalistas e insolidarios.</p>
<p>A &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36173/el-15-m-ante-europa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Barón Crespo</strong>, presidente de la Fundación Europea para la Sociedad de la Información (EL PAÍS, 09/08/11):</p>
<p>Los indignados han emprendido el camino de Bruselas tras concluir su manifestación en Madrid con la <em>Oda a la alegría.</em> Recuperan como símbolo europeo la gran coral de Beethoven, lamentablemente apeada del Tratado de Lisboa. Practican la democracia participativa consagrada en el mismo, eso sí como complemento y no como alternativa de la representativa. Ahora, se va extendiendo su dimensión europea, con un curioso éxito en Israel. Vasto programa en el que tendrán que medirse con populismos nacionalistas e insolidarios.</p>
<p>A la vez, los pacíficos &#8220;indignados&#8221; gritaban contra el Pacto del Euro, no a favor de volver a la peseta. Tampoco en Grecia se pide la vuelta al dracma. Aunque tardía y contradictoria, la solidaridad europea está impidiendo naufragios inevitables si cada país hubiera estado solo bajo la galerna especulativa.</p>
<p>Mientras tanto, el euro sigue creciendo. Gorbachov valora como acontecimiento europeo del año el ingreso de Estonia en el euro, país que era una república soviética hace 25 años, y Polonia, que protagoniza la actual Presidencia del Consejo convertida al europeísmo, se prepara activamente para entrar.</p>
<p>La cuestión clave es si se está creando una escena política europea cuando el rescate griego o el diferencial del bono propio con el alemán están tan presentes en las noticias como el tiempo. El Consejo Europeo se configura como un Gobierno europeo con ritmo de reunión mensual aunque con riesgos por el desplazamiento del método comunitario por el intergubernamental, oportunamente denunciados por Mario Monti al señalar que el problema real &#8220;es la insana cortesía entre los Estados miembros y la excesiva deferencia hacia los grandes&#8221;.</p>
<p>Frente a una visión apocalíptica y negativa, el mejor método para medir los estados de ánimo de los ciudadanos europeos es el Eurobarómetro.</p>
<p>En el último Eurobarómetro, la UE es la institución más valorada para salir de la crisis, con el 45% de españoles y europeos que la califican como eficaz para mejorar la situación económica, luchar contra el desempleo, ayudar al fomento empresarial y el crédito. La opinión de los españoles sobre la economía en la UE supera en siete puntos a la propia. Los objetivos para 2020 merecen un apoyo del 60% de la opinión pública europea.</p>
<p>Parece que en España no se está produciendo el repliegue nacionalista que convierte a las instituciones comunitarias en chivos expiatorios. Actitud coherente con la mantenida desde la transición democrática de considerar la apuesta europea como la mejor para el futuro del país.</p>
<p>En estos términos, defender que es mejor más Europa no es un acto de fe del carbonero. El debate sobre el próximo marco financiero 2013-2020 se abre ahora.</p>
<p>Para España supone hacer cuentas con un exitoso cuarto de siglo europeo, en el que la solidaridad comunitaria bien utilizada ha sido un aporte clave. Una tesis materialista sostiene que en el momento en que un país pasa a ser contribuyente neto (contestable definición) se vuelve cuando menos eurotibio. De ahí la necesidad de crear un nuevo relato que sea sugestivo para las nuevas generaciones con Europa como parte de nuestra vida cotidiana y destino compartido.</p>
<p>La respuesta a la crisis del euro no es solo un debate entre países, también se plantea en la escena europea, y cabe preguntarse si las familias políticas europeas funcionan. La cuestión de su coherencia europea se plantea sobre todo al PPE, que acumula poder al máximo nivel en la Comisión y el Consejo más el tándem Merkel-Sarkozy. Cuando sus líderes europeos apelan a la solidaridad, sus socios portugueses, griegos o españoles van a lo suyo, dejando que sus primeros ministros socialistas se encarguen de hacer el trabajo sucio frente a la crisis y les dejen el poder lo más despejado posible.</p>
<p>La protesta contra el Pacto del Euro se plantea en esencia contra el desigual reparto de las cargas en una crisis provocada por la especulación de casino de un capitalismo financiero globalizado sin control. El nuevo marco multilateral del G-20 plantea cuestiones esenciales en lo industrial, comercial y financiero tanto a Europa, como a Estados Unidos y China, con la mayor potencia comunista convertida en el prestamista principal de la mayor potencia capitalista.</p>
<p>Si se ponen en común la bolsa y la vida como se decidió al crear la UE con la moneda única y la ciudadanía común, a la larga la escena política se sitúa a ese nivel. Eso es lo que está ocurriendo con el paquete de gobernanza económica (supervisión financiera, control de fondos de riesgo, coordinación presupuestaria, política industrial). Temas tan tabú desde el Tratado de Maastricht como la creación de un responsable económico o la emisión de eurobonos se plantean con urgencia.</p>
<p>La mejor aportación para el futuro de la UE es trabajar juntos para salir de la crisis. Para hacer frente al desafío del cambio climático, tener peso en el futuro comercial y monetario del mundo globalizado con posiciones de vanguardia en lo digital, energético y, sobre todo, en la formación de capital humano, preparar juntos 2020 es esencial. También para los indignados europeos, siguiendo a su europeísta inspirador, Stéphane Hessel.</p>
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		<title>Legalizar el trabajo del sexo</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/36077/legalizar-el-trabajo-del-sexo/</link>
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		<pubDate>Sat, 06 Aug 2011 09:54:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Prostitución]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Luis Antonio de Villena</strong>, escritor y colaborador de El Mundo (EL MUNDO, 06/08/11):</p>
<p>Suele decirse que los puritanos de izquierda son más duros que los puritanos de derechas. Parece que el dicho lleva razón, pues fueron ministras socialistas las que hace muy poco se zambulleron en espinosos temas de contenido moral sin hacer los pertinentes distingos y matizaciones. Por ejemplo: ¿son todas las prostitutas <em>esclavas</em> y por ende significaría la prostitución (en bloque) <em>tráfico de carne humana</em>, como con durísimo gesto decía Bibiana Aído, hasta no hace mucho ministra de Igualdad?</p>
<p>Yo hice hasta hace un año &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36077/legalizar-el-trabajo-del-sexo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Luis Antonio de Villena</strong>, escritor y colaborador de El Mundo (EL MUNDO, 06/08/11):</p>
<p>Suele decirse que los puritanos de izquierda son más duros que los puritanos de derechas. Parece que el dicho lleva razón, pues fueron ministras socialistas las que hace muy poco se zambulleron en espinosos temas de contenido moral sin hacer los pertinentes distingos y matizaciones. Por ejemplo: ¿son todas las prostitutas <em>esclavas</em> y por ende significaría la prostitución (en bloque) <em>tráfico de carne humana</em>, como con durísimo gesto decía Bibiana Aído, hasta no hace mucho ministra de Igualdad?</p>
<p>Yo hice hasta hace un año un programa en RNE-5 titulado <em>Las aceras de enfrente</em>. Duró dos temporadas y en él tuve varias ocasiones de entrevistar a mujeres (sobre todo transexuales) y chicos que se presentaban, abierta y voluntariamente, como <em>trabajadores del sexo</em>. Me dijeron -a ningún marginado le asusta la expresión abyecta- que no temían la palabra <em>puta </em>o <em>chapero</em>, pero la denominación que ellos mismos utilizaban era esa: <em>trabajadores del sexo</em>.</p>
<p>Estaban de acuerdo en el nombre y también en que la calle no es el lugar ideal para la prostitución; al contrario, sostenían que eso era feo, sucio y podía molestar a quienes no quisieran… Y es que tanto para prostitutas como para clientes, hablamos de un asunto íntimo y voluntario, sin la menor coacción. Los entrevistados y yo coincidíamos en que el proxenetismo era perseguible y condenable, pero según sus datos y los de la asociación Hetaira el 80% de las mujeres que ejercen la prostitución dicen hacerlo voluntaria y libremente, así es que prefieren trabajar con su cuerpo (alquilar su sexo) antes que ser camareras o limpiadoras, por ejemplo.</p>
<p>Sólo un 20% de las encuestadas preferiría otro trabajo mejor de haberlo. Pero si no lo había, como era el caso, se quedaban con la prostitución, porque ganaban más que como empleadas de hogar, por ejemplo. A un trabajo voluntario, ¿se le puede llamar <em>esclavitud</em> cuando las partes están de acuerdo y la remuneración es elevada respecto al trabajo medio? Ni aunque se tratara de prudente sadomasoquismo sería esclavitud, pero en esa deriva no voy a entrar. Las y los trabajadores del sexo que yo entrevisté y con los que hablé estaban conformes en que la calle es mala no sólo por falta de higine sino, como ya he apuntado, porque el servicio puede ser visto por gente que no quiere ver e incluso por niños, que deben quedar aparte. No querían ejercer en la calle, pero sabían que los pisos, <em>las casas</em> (incluso un chalé aislado), resultaban en teoría ilegales…</p>
<p>Una vieja axiología de evidente origen religioso otorga diferente valor a las partes del cuerpo humano: trabajar con las manos es <em>noble</em> -aunque sea en un trabajo tan insalubre como picador minero- pero trabajar con el sexo es <em>abyecto </em>aunque se haga voluntariamente y a nadie se obligue. Se dice, por contra, que nadie es de vocación vital prostituta. Quizá no, aunque tengo mis dudas y antes de negar la premisa preguntaría a algunas de las ahora llamadas <em>famosas</em>.</p>
<p>Pero supongamos que efectivamente la prostitución no es una vocación, sino un trabajo al que te llevan las necesidades o irregularidades de la vida. Pregunto entonces: ¿es vocacional picar carbón bajo tierra, con la insalubridad y peligro del grisú? Incluso más: ¿es una vocación ser taxista, o es simplemente una dignísima manera de ganarse la vida cuando no tienes otra cosa mejor? Parece que por ahí van los tiros.</p>
<p>Pero vocación o circunstancia, lo que nos interesa aquí es que quienes realizan cualquiera de esos trabajos lo hacen libremente. El ideal de las trabajadoras del sexo es la plena legalización de su oficio. Piensan que así se evitaría la calle, la presencia de proxenetas o de menores ejercientes o simplemente que miran, y al tiempo mismo habría garantías de higiene y salubridad en todos los ámbitos y hasta ell@s podrían cotizar a la Seguridad Social y tener los derechos y deberes de cualquier otro trabajador, como un horario laboral de máximo ocho horas y el derecho a vacaciones remuneradas. Ahora mismo no tienen nada de eso. Los horarios (obviamente es un exceso) a menudo son de 24 horas.</p>
<p>El concepto de liberalismo moderno no nos pide ser partícipes de lo que aprobemos, sino aprobarlo porque muchas personas necesitan esa forma de sexo, de culto o de hábito. Naturalmente, igual que se regula la presencia en calles y plazas de prostitutas se pueden regular los necesarios anuncios (que pueden ser discretos y claros sin necesidad de mostrar tetas y culos) en los periódicos y en internet, donde el tema es masivo. No hace falta más que darse una vueltecita por la Red para dar la razón sin ningún género de dudas a un informe norteamericano que aseguraba, hace unos meses, que casi el 60% del dinero que se mueve en internet tiene como referente el sexo, sea pagado o gratis. Porque hay chicos y chicas que se masturban o manipulan su sexo con una <em>webcam</em> a solas y luego venden el vídeo a una red sexual. Ni ellos ni ellas son prostitutos, pero venden sexo; hacen pornografía, que es también un negocio muy floreciente.</p>
<p>qué debe hacer un legislador, un político liberal? ¿Prohibir o legalizar? Legalizar es lo que permite, siendo coherente con la idiosincrasia de la libertad, controlar el tema y que no haya excesos o maldades de ningún género evitable. Aunque no haya por qué acudir siempre a los ejemplos clásicos, recordemos que Pompeya y Herculano (ciudades de ocio junto a Nápoles) abundaban en burdeles. Y algunos de alta calidad. La prostitución no era un problema. Y es lo que hoy buscan las trabajadoras del sexo, que quien no quiera no lo vea ni por supuesto le fuercen, pero que quien lo quiera tenga garantías de salubridad, discreción, higiene y derechos laborales. Nada de calle ni parques nocturnos al albur de cualquiera. No. Dignidad, respeto. Porque si entendemos que el sexo no es malo, si hablamos de la vida sexual de ciertos famosos casi <em>ad nauseam</em>, trabajar con el sexo no tiene por qué ser un mal, si se hace libre y voluntariamente.</p>
<p>Fuera del integrismo religioso (dentro, pues, de una sociedad civil y civilizada), me cuesta trabajo entender por qué no se dignifica el trabajo sexual y se prefiere el <em>como puta por rastrojo</em>. Los griegos contaban que Zeus ganó y poseyó a Dánae convirtiéndose en lluvia de monedas doradas… Escribió en un dístico epigramático el celebrado Estratón de Sardes: «¿Pides cinco, doy 10, aunque tendrás a tu disposición 20./ ¿Te conformas con oro? También se conformó Dánae». ¿Somos más lerdos que los helenos antiguos?</p>
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		<title>¿Por qué no reformar los mercados?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/36033/por-que-no-reformar-los-mercados/</link>
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		<pubDate>Thu, 04 Aug 2011 18:46:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Santiago Carrillo</strong>, ex secretario general del PCE y comentarista político (EL PAÍS, 04/08/11):</p>
<p>Algunas actividades que se atribuyen al 15-M han promovido ya discusión en los medios políticos y periodísticos, en los que se habla como si indignados en este país estuvieran solo los jóvenes que han hecho acampadas en las plazas públicas y se manifestaron ante edificios oficiales.</p>
<p>Pero el problema es bastante más grave: aunque todavía no se manifiesta en la calle, la indignación está igualmente viva en gran parte de los afiliados de los partidos políticos existentes, personas que han votado, que no acaban de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36033/por-que-no-reformar-los-mercados/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Santiago Carrillo</strong>, ex secretario general del PCE y comentarista político (EL PAÍS, 04/08/11):</p>
<p>Algunas actividades que se atribuyen al 15-M han promovido ya discusión en los medios políticos y periodísticos, en los que se habla como si indignados en este país estuvieran solo los jóvenes que han hecho acampadas en las plazas públicas y se manifestaron ante edificios oficiales.</p>
<p>Pero el problema es bastante más grave: aunque todavía no se manifiesta en la calle, la indignación está igualmente viva en gran parte de los afiliados de los partidos políticos existentes, personas que han votado, que no acaban de entender la política que hacen sus dirigentes, pero que han perdido confianza en ellos aunque se resisten a romper con los partidos que han guiado desde siempre su vida. Y la razón es lógica: la crisis y la política que la UE está imponiendo a los Gobiernos elegidos que, por ejemplo en España, se empeña en que los trabajadores y las clases medias acepten unas condiciones tan indignas de vida, que ni el franquismo pudo perpetuar.</p>
<p>Todo empieza con la política de intentar resolver la crisis arañando en los recursos de los trabajadores y las clases medias y las arcas semivacías de los Estados, las cantidades necesarias para reponer las deudas de los bancos contraídas por la irresponsabilidad y la falta de sus ejecutivos, que ellos sí nadan en la riqueza.</p>
<p>De golpe, el porvenir que se ofrece a los ciudadanos es la liquidación del Estado de bienestar, la sanidad pública gratuita, la educación pública, las pensiones, el derecho al descanso. Es decir la vuelta a las condiciones de vida del siglo XIX anulando el progreso alcanzado en más de 100 años de lucha y que han sido la base de la democracia moderna.</p>
<p>Y por el momento, un desempleo brutal que afecta ya gravemente también a aquellos que aún tienen un trabajo que conservar cediendo a las exigencias de los empresarios; la puesta en cuestión de progresos como la negociación colectiva, la reducción de salarios; la precariedad de los empleos; la disminución del sueldo de los funcionarios y la reducción de su número; y los desahucios; la falta de crédito para las empresas, etcétera.</p>
<p>Todo esto es la causa de que la indignación cunda incluso dentro de los partidos que se disputan el poder y hace que el 15-M no sea más que la superficie de un oculto iceberg, que puede hacerse insostenible.</p>
<p>El caso es que llevamos un tiempo largo aplicando esa política y que la situación empeora cada día más; que se nos amenaza cada día con más austeridad, más recortes, más sacrificios, por Gobiernos que se han puesto a disposición de los mercados, vale decir, del capital financiero, los mismos que deberían estar purgando sus castigoscomo responsables de la crisis.Figuras importantes de la ciencia económica están ya lanzando advertencias.</p>
<p>José Borrell, político y economista español, desde su Observatorio del Instituto de Estudios Europeos de Florencia escribía en <em>El Siglo:</em> &#8220;Pero los planes de rigor impuestos por los mercados financieros y los otros países del euro a los Estados con fuertes déficits y endeudamiento público están provocando una contestación social cada vez mayor&#8230; y porque no dan los resultados que de ellos se esperaban, los déficits no se reducen y el ratio de endeudamiento con respecto al PIB aumenta porque esas medidas han acabado de matar el crecimiento&#8221;.</p>
<p>Muchos comentaristas, economistas y políticos, están llamando la atención sobre el peligro de las políticas que los &#8220;mercados&#8221; están imponiendo a Europa y advierten que va a ser imposible que obtengan resultados. Los bancos están pidiendo lo imposible.</p>
<p>En nuestro país las reformas y ajustes que nos ha impuesto Europa han sido un fracaso, aunque otra cosa digan los dirigentes políticos. Todas las medidas tomadas disminuyendo los ingresos de los ciudadanos no han disminuido el paro. El &#8220;éxito&#8221; que se adjudica el Gobierno y se ha convertido en su objetivo fundamental es que todavía no nos hayan &#8220;rescatado&#8221;. Pero ¡a qué precio! Y la marcha de la crisis, su agravación en otros países europeos, ¿hasta cuándo va a evitar nuestro rescate?</p>
<p>No hace falta ser un experto en la materia para saber que la política de la UE y los mercados es exactamente la contraria de lo que hace falta para crear empleo, porque reduce con medidas brutales la capacidad de los ciudadanos de activar la demanda. Mientras los ciudadanos pierdan cada día capacidad de compra, las empresas no tendrán posibilidad de aumentar la producción y no contratarán más personal por muy barato que sea el precio de la mano de obra. ¡Elemental! Cuando hacen falta medidas keynesianas se hace exactamente lo contrario, se alarga la crisis, que se hace insoportable para muchas gentes.</p>
<p>A la larga resultaría imposible conservar el Estado democrático y realizar una política que los pueblos de Europa no puedan soportar. El enfrentamiento entre los pueblos y los poderes públicos será inevitable y los Gobiernos de derecha encontrarán así justificación para reducir las libertades públicas y reforzar el carácter represivo del Estado.</p>
<p>La aparición de un movimiento como el 15-M es un síntoma serio. La gente empieza a perder ya la confianza en los partidos democráticos tradicionales, que se han rendido ante los mercados. El 15-M es solo un comienzo. Si esta situación que agrava, la pobreza se prolonga un año o dos, en unos cuantos países europeos la batalla se planteará en las calles. Y puede terminar en amplios alzamientos populares que podrían convertirse en auténticos movimientos revolucionarios. ¿Por qué no harían los pueblos europeos lo que han hecho los árabes? Máxime cuanto han conocido una vida mejor que lograron luchando.</p>
<p>En el fondo este asunto se está convirtiendo en un grave conflicto entre los &#8220;mercados&#8221; y la sociedad internacional, aunque sean los políticos -Gobiernos y Parlamentos- los que visualmente están colocándose frente a sus pueblos que se niegan a ser los paganos únicos de una crisis que ellos no causaron.</p>
<p>Hasta aquí sobre todo en los dos últimos decenios, los &#8220;mercados&#8221; han actuado como un oscuro poder mundial, que decide el destino de todo. Es verdad que poseen la llave del crédito y tener esa llave en una sociedad en que todo marcha a crédito, supone demasiado poder tanto como para poner a Gobiernos y Parlamentos a sus pies.</p>
<p>Se ha creado la ficción de que los mercados son ellos mismos el sistema capitalista. Pero esto es falso. El capitalismo puede subsistir en la economía productiva, en la industria, la agricultura, el comercio, los servicios, desapareciendo los &#8220;mercados&#8221;. La transformación del sistema financiero -los &#8220;mercados&#8221;- en un servicio público, a cargo de los Estados y en el plano global de los organismos adecuados, bajo el control de la comunidad internacional, aseguraría el crédito, sin su acompañamiento actual, la especulación. El sector productivo es el que crea la riqueza real.</p>
<p>Yo llegué a pensar que cuando, al principio de la crisis, políticos como Sarkozy hablaban de &#8220;refundar&#8221; el capitalismo se referían a una reforma de esta naturaleza.</p>
<p>Sin duda es una reforma difícil, porque tendría que hacerse de manera global. Un país solo, ni dos, ni tres, no podrían hacerlo porque el dinero emigra a otros sitios a la velocidad de la luz.</p>
<p>Pero lo que está sucediendo con los &#8220;mercados&#8221; y la crisis es demasiado serio. Estamos avanzando a pasos rápidos hacia una situación en que el viejo mundo político, los partidos, se alejan de sus pueblos que les consideran vendidos y en que puede surgir una crisis política social que barra todo lo viejo. El capitalismo es cada vez más un disparate, como dice un amigo mío que se proclama conservador de todo lo que merece la pena conservar.</p>
<p>Quiero creer que en este planeta todavía quedan figuras políticas, intelectuales, científicas de izquierda, incluso de derecha, con talento, coraje y suficiente independencia para elevarse sobre la estulticia y coger el toro por los cuernos.</p>
<p>El capitalismo podría provocar grandes catástrofes si no se reforma. Hoy, esa es la cuestión.</p>
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		<title>El discurso del odio</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jul 2011 19:01:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Inmigración]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Francesc de Carreras</strong>,  catedrático de Derecho Constitucional de la UAB (LA VANGUARDIA, 27/07/11):</p>
<p>A primeros de julio pillé un taxi en  el centro de Barcelona para que me llevara al aeropuerto. Tras comentar el posible aumento de carteristas, el taxista comenzó a desarrollar un discurso que fue adquiriendo un beligerante tono racista y antimusulmán, atribuyendo todos los robos callejeros a los inmigrantes norteafricanos. Tras decirme que vivía en un barrio de una ciudad cercana a Barcelona, progresivamente ocupado en los últimos años por marroquíes, pasó a informarme de una conspiración de los países árabes con el objetivo de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35841/el-discurso-del-odio/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Francesc de Carreras</strong>,  catedrático de Derecho Constitucional de la UAB (LA VANGUARDIA, 27/07/11):</p>
<p>A primeros de julio pillé un taxi en  el centro de Barcelona para que me llevara al aeropuerto. Tras comentar el posible aumento de carteristas, el taxista comenzó a desarrollar un discurso que fue adquiriendo un beligerante tono racista y antimusulmán, atribuyendo todos los robos callejeros a los inmigrantes norteafricanos. Tras decirme que vivía en un barrio de una ciudad cercana a Barcelona, progresivamente ocupado en los últimos años por marroquíes, pasó a informarme de una conspiración de los países árabes con el objetivo de dominar Europa, dirigida por los poderosos reyes y emires que controlan el mercado del petróleo.</p>
<p>Me mostré algo escéptico ante tal posibilidad pero, más preocupado por no perder el avión que por rebatir los argumentos del taxista, dejé que se explayase y comprobé que alguien le había adoctrinado mediante un guión minuciosamente elaborado. En este plan maquiavélico por dominar todo el continente, España y, en concreto, Barcelona, habían sido escogidas como el país y la ciudad por donde empezar la reconquista europea dado que eran el eslabón europeo más débil, con los gobernantes más abiertos en materia de inmigración y con un rey y un presidente del Gobierno sobornados por los petrodólares árabes.</p>
<p>Mi interlocutor no cesaba de suministrar detalles y cifras sobre los avances de este imaginario plan. Incluso, ya llegando al aeropuerto, trajo a colación la vieja polémica sostenida a mitades del siglo pasado entre los historiadores Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz: el primero estaba equivocado, según el taxista, al considerar que las raíces identitarias de España provenían de un cruce cultural entre cristianos, musulmanes y judíos; el segundo acertaba, por supuesto, al sostener que las raíces culturales españolas son cristianas.</p>
<p>Por su manera de expresarse, mi conductor no parecía ser un hombre intelectualmente preparado. Así pues, las teorías que me explicaba no eran el fruto de una reflexión propia sino la simple repetición de propaganda panfletaria. Alguien, en consecuencia, está inoculando en personas escasamente formadas el veneno del odio contra los inmigrantes musulmanes, convertidos actualmente en los nuevos judíos: del antisemitismo hemos pasado al antiislamismo, la nueva modalidad de racismo en la Europa de principios del siglo XXI. Al enterarme de la tragedia noruega, el relato del taxista me vino inmediatamente a la memoria. No porque en tal conversación se invocara la necesidad o la conveniencia de acciones terroristas sino porque tales acciones suelen suceder cuando previamente existe un determinado caldo de cultivo.</p>
<p>En efecto, ante la tragedia de la semana pasada, caben dos posibilidades: o bien se trata de un loco aislado que decide matar indiscriminadamente para así intentar resolver sus problemas psicológicos; o bien se trata de una persona, sin duda también alterada mentalmente, que emprende tan salvajes acciones con el objetivo de trasmitir un mensaje a la sociedad sabiendo que una parte de la misma está esperando escucharlo.</p>
<p>Por lo que parece, el asesino noruego pertenece al segundo grupo como muestran sus antecedentes políticos en las actividades de la extrema derecha. En este sentido, el cuadro político europeo es inquietante. Crece la insatisfacción con el funcionamiento de los mecanismos democráticos de los distintos estados, especialmente con los cargos políticos y con los partidos, además de con una Unión Europea que no sabe encontrar soluciones a la crisis económica. Ello se traduce en un aumento del voto a formaciones antieuropeístas, nacionalistas y de extrema derecha, ideológicamente contrarias a los valores de la democracia liberal, es decir, a la igual libertad de todas las personas. Así, partidos de esta naturaleza han obtenido recientemente resultados significativos: 23% en Noruega, 19% en Finlandia, 17,5% en Austria, 16,7% en Hungría, 15% en Holanda, 13% en Dinamarca.</p>
<p>Todos estos partidos se basan en un nacionalismo xenófobo en el que se mezclan la necesidad de preservar una supuesta identidad cultural y cerrar el paso a la inmigración, en especial la proveniente de países musulmanes. Si a ello añadimos, como ha reivindicado el asesino de Oslo, la vuelta a un fundamentalismo cristiano, estamos ante la posibilidad de que estalle una tormenta perfecta, especialmente si tenemos en cuenta que la crisis económica no ofrece signos de remitir ni hay perspectivas de que a medio plazo disminuya la inmigración.</p>
<p>Todos estos factores de crisis &#8211; económica, social y política- estaban también presentes en los años veinte en Alemania. Fueron el caldo de cultivo en el que triunfó el nazismo. En aquella ocasión, además, los judíos fueron considerados el enemigo interior, los traidores a la patria por estar al servicio de grandes poderes económicos extranjeros. Hoy el cuadro europeo general empieza a parecerse a aquella Alemania de entreguerras y los inmigrantes musulmanes han pasado a ocupar el lugar de los judíos. El discurso de mi taxista, el discurso del odio, lo explicaba muy bien.</p>
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		<title>El robo del banco</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jul 2011 20:56:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Banca]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Argullol</strong>, escritor (EL PAÍS, 22/07/11):</p>
<p>No se trata, a pesar del título, de que un banco haya sido asaltado o de que cualquier ciudadano haya sido expoliado por un banco -noticias, ambas, a las que ya estamos acostumbrados-, sino de la desaparición de un banco de los utilizados por los viandantes para sentarse de vez en cuando. Era un banco de los denominados, creo, románticos, de esos constituidos por tiras de madera, los más cómodos y sencillos de nuestras vías públicas. El banco al que estoy aludiendo había estado, &#8220;toda la vida&#8221;, a un lado de la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35772/el-robo-del-banco/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Argullol</strong>, escritor (EL PAÍS, 22/07/11):</p>
<p>No se trata, a pesar del título, de que un banco haya sido asaltado o de que cualquier ciudadano haya sido expoliado por un banco -noticias, ambas, a las que ya estamos acostumbrados-, sino de la desaparición de un banco de los utilizados por los viandantes para sentarse de vez en cuando. Era un banco de los denominados, creo, románticos, de esos constituidos por tiras de madera, los más cómodos y sencillos de nuestras vías públicas. El banco al que estoy aludiendo había estado, &#8220;toda la vida&#8221;, a un lado de la calzada central de la rambla de Catalunya, una de las calles más conocidas de Barcelona y de las más concurridas por los paseantes. Se esfumó, de la noche a la mañana, sin dejar rastro. No puedo asegurar cómo ocurrió, pero hay una hipótesis bastante plausible que, más o menos, contemplaría un repetido proceso de transformación urbana. A la altura del banco diluido había un conocido local, mitad librería y mitad galería de arte, en el que se vendían libros italianos y se enmarcaban primorosamente cuadros. Cuando pasó la época en que era necesario enmarcar primorosamente cuadros y vender libros italianos, y se llegó a nuestros días, el local cesó y, tras un interregno de un par de años, se reabrió convertido en lo único en lo que se convierten casi todos los locales del centro de Barcelona: un restaurante de los llamados &#8220;de tapas y platillos&#8221;, destinado a las muchedumbres turísticas, aunque un poco más pretencioso de lo corriente. Como es habitual, supongo que con el consentimiento del Ayuntamiento, los promotores del restaurante se apoderaron de unos 100 metros cuadrados de espacio público para construir una densa terraza, repleta de mesas y sólidamente vallada por una estructura metálica que impide el acceso a los que no son clientes y camareros. El pobre banco quedó atrapado en el nuevo torbellino de paellas y fritos. Y una noche se desvaneció.</p>
<p>Ustedes pueden preguntar: ¿qué importa un miserable banco? Ya pondremos otro en otro lugar, y basta. No obstante, sí importa. Yo mismo me había sentado en ese banco muchas veces, y ahora lo echo a faltar. Además, recuerdo que mi padre también se había sentado en el extirpado banco, y no me extrañaría que asimismo mi abuelo tuviera esa costumbre. A ellos no les gustaría ver que el banco ya no está, y no porque fueran unos nostálgicos resistentes contra la modernidad sino por la injusticia que significa que un bien público sea tranquilamente expoliado, y por la absurdidad de que una ciudad, mientras hace grandes alardes de amor a sí misma, eche por la borda todas sus fuentes de memoria. Cada uno de esos bancos de apariencia tan humilde es un depósito de milhistorias, algunas de decisiva importancia. A los incrédulos les recomiendo la lectura del relato <em>Primer amor,</em> de Samuel Beckett para que se hagan una idea de la importancia de los bancos (para sentarse) en el transcurso de la humanidad.</p>
<p>Un día le pregunté por el banco al que me pareció el encargado del restaurante, aunque también podía ser el portero. El hombre me miró con una mirada que se ha transformado en normal en nuestras relaciones sociales, y que viene a ser un combinado con varios ingredientes: &#8220;¿por qué tengo que contestarle?&#8221;; &#8220;¿a quién le importa el maldito banco?&#8221;; &#8220;¿para qué sirve lo que no me sirve a mí?&#8221;. Era evidente que el tipo no ofrecía demasiadas facilidades. Ese mismo día, preocupado por el banco errante, me encontré, acontecimiento bien extraño, con un policía municipal. Pensé que era el interlocutor adecuado para reclamar el mueble urbano desaparecido, pero desistí al comprobar que era el mismo agente con el que, un año atrás, en la misma calle había tenido una conversación digna de aparecer en un libro de Gógol.</p>
<p>En aquella ocasión el policía y yo nos hallábamos, esperando que cambiara el color de un semáforo, junto a una gran señal recién pintada en la calzada en la que se recogía la prohibición de circular bicicletas. Mientras, las bicicletas y alguna que otra moto, circulaban a gran velocidad, precisamente por encima de la señal. Indagué la opinión del guardia urbano sobre aquella circunstancia y el hombre me explicó pacientemente que, si bien aquella era la señal de prohibición, él no podía actuar con respeto a la misma pues, en realidad, era ilegal pintar señales en el suelo y, en consecuencia, si él procedía contra los transgresores podía, con posterioridad, ser acusado de prevaricación. El agente hablaba incansablemente, al tiempo que el semáforo iba cambiando de color y las ruedas infractoras pisaban con frenética alegría la señal de prohibición. Un año después no me pareció el confidente más idóneo para compartir la añoranza del banco.</p>
<p>De modo que este es un tema de difícil solución pues ahora sospecho que otros bancos han sido engullidos con igual voracidad en el momento de ceder el espacio público al uso privado. No sé qué pensaría en la actualidad Le Corbusier de una calle como la Rambla de Catalunya que, en su día, juzgó la mejor del mundo para el disfrute del paseante. De entrada vería que el espacio para el paseo ha sido reducido drásticamente mientras se multiplicaba el número de aspirantes a pasear. Después debería sortear los múltiples artefactos rodantes, desde motos a patinetes, que siembran el pánico en la calzada. Y a continuación tendría que taparse los oídos, para defenderse de los ruidos, y la nariz, para no aspirar el olor a comida barata que lleva ya tiempo venciendo al aroma de los tilos. Por último, en caso de estar cansado después de la caminata, ¿encontraría Le Corbusier un banco para sentarse y así resarcirse de los peligros del paseo?</p>
<p>Desde luego, amamos el progreso y la modernidad, pero esto ¿necesariamente significa sancionar el expolio de la memoria? La más grave confusión de Barcelona actualmente -y también, quizá, sea el caso de Madrid- es la de dar prioridad a la ciudad de los visitantes sobre la de los habitantes. ¡Qué magnífica ciudad para ser un extranjero de visita! Un gran clima, una buena arquitectura, una inigualable oferta en comida y bebida, una tolerancia sin límites, una ignorancia completa de las miserias políticas locales. El visitante no sabe, ni tiene por qué saber, dónde se hallan las fuentes de la memoria. Y, no obstante, para el habitante esas fuentes son imprescindibles. Un cambio de alcalde es un buen momento para pedir, o reclamar: ¡Que no nos roben los bancos!</p>
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		<title>Fuerza y violencia</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jul 2011 16:40:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aspectos Generales]]></category>
		<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[15-M]]></category>
		<category><![CDATA[Indignados]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José María Ruiz Soroa</strong>, abogado (EL PAÍS, 21/07/11):</p>
<p>La actuación de los genéricamente denominados &#8220;indignados&#8221; suscita, una vez transcurrido más de un mes de su comienzo, una serie de reflexiones.</p>
<p>La primera y más llamativa (aunque quizás no sea la más importante) es la de que se están confundiendo tanto en el discurso como en la práctica dos ideas no equivalentes: las de violencia y fuerza. La actuación de los indignados se reclama como esencialmente pacífica o no violenta, lo cual es cierto pero insuficiente. Porque puede no ser violenta y, sin embargo, estar utilizando la fuerza (o &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35755/fuerza-y-violencia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José María Ruiz Soroa</strong>, abogado (EL PAÍS, 21/07/11):</p>
<p>La actuación de los genéricamente denominados &#8220;indignados&#8221; suscita, una vez transcurrido más de un mes de su comienzo, una serie de reflexiones.</p>
<p>La primera y más llamativa (aunque quizás no sea la más importante) es la de que se están confundiendo tanto en el discurso como en la práctica dos ideas no equivalentes: las de violencia y fuerza. La actuación de los indignados se reclama como esencialmente pacífica o no violenta, lo cual es cierto pero insuficiente. Porque puede no ser violenta y, sin embargo, estar utilizando la fuerza (o a &#8220;las vías de hecho&#8221;, como se dice gráficamente), y de esta manera estar siendo ilegal. Ocupar sin autorización espacios públicos, realizar colectivamente cencerradas o abucheos, o impedir en masa el cumplimiento de decretos judiciales legítimos es usar de la fuerza, por mucho que no sea violenta. Y conviene decirlo, porque la fuerza no es un argumento aceptable en democracia salvo cuando la utiliza la autoridad legítima.</p>
<p>La fuerza encarnada en la multitud tiene un atractivo poderoso. Hay en nuestra cultura una especie de atavismo genético que lleva a apreciar a una multitud como algo necesariamente bueno y justo, sobre todo cuando se trata de personas jóvenes y humildes. La reunión física en público de muchas personas suscita un sentimiento de comunión real de espíritus y cuerpos que subyuga tanto al participante como al observador. Probablemente, porque convierte una comunidad meramente imaginada (la sociedad) en un ente palpitante y real.</p>
<p>Por el contrario, la idea de que varios millones de personas han acudido un mismo día a realizar el repetitivo acto de votar de manera ordenada no despierta en nuestra mente sino una sensación de rutina aburrida. Mientras que ver y oler a 200.000 personas en las calles nos maravilla e ilusiona, porque nos parece que es el pueblo (nada menos que el pueblo) el que pasa en persona por la calle. Nuestra cultura política adolece de nostalgia de pueblo o, dicho de otra manera, de inmadurez democrática.</p>
<p>Una cosa es la prudencia, otra el <em>goût démocratique.</em> Probablemente es prudente no disolver por la fuerza convocatorias colectivas (tolerancia), pero no es democrático ensalzarlas y ver en ellas un valor superior al del ciudadano que se queda en su casa y se limita a votar a sus representantes. Si la ciudadanía toda ocupase la calle y se pusiera a discutir y reclamar allí sus derechos, descubriríamos de inmediato que así no funciona, y tendríamos que inventar reglas, estructuras, jerarquías y rutinas para que la voluntad del pueblo se realizase. Es por eso por lo que resulta estúpido reinventar la democracia a estas alturas. Y jalearlo.</p>
<p>Tampoco se compadece la democracia bien entendida con el persistir durante mucho tiempo en la presencia masiva en las calles sin proponer al mismo tiempo reivindicaciones concretas que puedan ser procesadas por el Estado de derecho. Una de dos: o se efectúan peticiones concretas que sean reconocibles y tratables por los cauces democráticos instituidos (la reforma), o se sitúa uno fuera de esos cauces y se reclama la ruptura del sistema (la revolución).</p>
<p>Lo que no cabe es un tercer género, en el que se ocupa la calle con unas reivindicaciones que de puro genéricas son improcesables por el sistema político y se pretende al mismo tiempo que ese sistema proporcione respuesta al movimiento. Así lo único que se hace, en realidad, es socavar la legitimidad del sistema mismo aunque sin el coste de proponer un recambio, lo cual es la vía fácil del populismo.</p>
<p>Deconstruir un Estado de derecho poniendo de relieve sus fallos es fácil, pero constituye una irresponsabilidad el hacerlo si al mismo tiempo no se propone algún remedio concreto para su reconstrucción.</p>
<p>Hace dos siglos que un perspicaz pensador político observó que, en un régimen liberal, la reivindicación de grandes principios o abstractos ideales (justicia, libertad, fraternidad, etcétera) no lleva sino a la destrucción irreparable de la democracia. Porque esta no tiene respuesta para una petición tan general y grandilocuente.</p>
<p>Si se pretende pasar revista al sistema completo a la luz de la justicia absoluta, por ejemplo, el sistema democrático se hunde en el descrédito, porque ningún sistema imperfecto por definición puede soportar ese examen. Por eso, decía Benjamín Constant, en democracia sólo cabe reivindicar &#8220;principios intermedios&#8221;, es decir, metas limitadas y concretas que puedan ser perseguidas por las instituciones sin poner en cuestión el sistema mismo. Vamos, que es mejor no pedir &#8220;justicia&#8221; u &#8220;otro mundo&#8221;, sino la modificación de la Ley Hipotecaria.</p>
<p>Por eso, y a pesar de que suene a conservador, al movimiento de los indignados hay que recordarle que está obligado a concretar sus reivindicaciones, en lugar de recrearse de manera un tanto infantil en su capacidad de presencia callejera o en su indignación. Que está obligado a transformar este sentimiento en propuestas procesables por la democracia. De lo contrario, no conseguirá una &#8220;democracia real&#8221; (sea eso lo que sea), sino empeorar un poco más la que existe. Y no hay otra.</p>
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		<title>Resetear</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Jul 2011 19:18:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[15-M]]></category>
		<category><![CDATA[Indignados]]></category>
		<category><![CDATA[Internet]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Carlos Rodríguez Ibarra</strong>, ex presidente de la Junta de Extremadura de 1982 a 2007 (EL PAÍS, 20/07/11):</p>
<p>Cualquier internauta sabe que, en ocasiones, el ordenador se bloquea y deja de realizar las funciones que esperábamos de él. Se queda <em>colgado,</em> en la jerga digital. En esos casos, la solución no consiste en tirar el aparato a la basura o cambiar de sistema, sino en <em>resetear,</em> esto es, apagar el sistema y volverlo a encender para que todo empiece de nuevo. Eso es lo que hacemos cuando volvemos a arrancar la CPU de una computadora. Todo está adentro, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35735/resetear/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Carlos Rodríguez Ibarra</strong>, ex presidente de la Junta de Extremadura de 1982 a 2007 (EL PAÍS, 20/07/11):</p>
<p>Cualquier internauta sabe que, en ocasiones, el ordenador se bloquea y deja de realizar las funciones que esperábamos de él. Se queda <em>colgado,</em> en la jerga digital. En esos casos, la solución no consiste en tirar el aparato a la basura o cambiar de sistema, sino en <em>resetear,</em> esto es, apagar el sistema y volverlo a encender para que todo empiece de nuevo. Eso es lo que hacemos cuando volvemos a arrancar la CPU de una computadora. Todo está adentro, no se busca nada nuevo, pero empieza otra vez; sería, entonces, una especie de recomienzo.</p>
<p>¿No les parece que, después de varias semanas, visto lo visto y oído lo oído, los jóvenes indignados de la Puerta del Sol y de tantas plazas españolas lo que han hecho ha sido <em>resetear</em> la democracia, el sistema que ampara nuestra Constitución, que han desenchufado por completo el sistema con el ánimo de volverlo a encender para que todo empiece de nuevo? Parecería que quieren recomenzar, que pretenden arrancar con la democracia, sabiendo que todo está adentro, pero que quieren que empiece de nuevo para eliminar los virus que han prostituido el sistema. Los jóvenes del 15-M han <em>reseteado</em> el sistema y están a la espera de que el aparato vuelva a reiniciarse de acuerdo con las especificaciones originales, eliminando los vicios adquiridos.</p>
<p>Habían comprado un programa llamado &#8220;democracia&#8221;, en el que la soberanía nacional reside en el pueblo y en el que el voto de los ciudadanos vale lo mismo cualquiera que sea su condición. Cuando han empezado a usarlo han visto que el programa se había <em>colgado</em> y que no era cierto lo de la igualdad del voto. Un virus se ha colado y el sistema se ha dislocado, siendo el resultado diferente del inicial. Consideran que se encuentran ante un error del sistema y han <em>reseteado.</em> Y esperan que cuando el proceso que impulsaron el 15 de marzo haya devuelto el fluido eléctrico al sistema y aparezca de nuevo el programa, funcione de acuerdo con esa máxima de una persona un voto, es decir, su concepción primitiva. Y si el Parlamento no se hace eco del intento, esperan que algún partido político esté dispuesto a <em>resetear</em> la democracia con ellos para que el sistema se reinicie según las especificaciones de fábrica.</p>
<p>Otro programa que les vendimos era aquel que señalaba las diferencias entre izquierdas y derechas, entre liberales y socialdemócratas, entre conservadores y progresistas. Cuando han iniciado el juego, han descubierto que el programa está bloqueado y que aparece un anuncio parpadeante que dice &#8220;manda el mercado&#8221;. Y han <em>reseteado</em> para ver si al recomenzar se puede jugar a lo previsto por los que configuraron el progra</p>
<p>ma y es,de nuevo, la política la que recobra el protagonismo y el control sobre la economía, las finanzas y el mercado. Se decía en el básico que se elegía a los gobernantes para gobernar no solo sobre los ciudadanos, sino, también, sobre los mercados.</p>
<p>Nacieron cuando se creó Internet, pero ellos no lo inventaron, lo hicimos nosotros, la generación anterior a la suya, y ahora nos lamentamos de que quieran utilizar el descubrimiento que nosotros pusimos a su disposición. Por eso no llegan a entender que el programa llamado &#8220;educación&#8221; siga siendo predigital. Se sentaron en un pupitre a los tres años y se levantaron de otro a los 25, después de pasar por la primaria, la secundaria, el bachillerato, el grado, el pos-grado, el master y el doctorado, y comprobaron que buena parte de la enseñanza recibida, basada como antes en la acumulación de información, les conduce a una caja de Mercadona, a unas oposiciones de conserje o, directamente, a las oficinas del Inem. Y <em>resetearon.</em> Y esperan que cuando se reinicie el programa, la educación que reciban sirva, sobre todo, para ayudar a descubrir la pasión, la vocación, la aptitud de cada alumno, y que las enseñanzas recibidas se adapten a la nueva sociedad y no consistan en la mera transmisión de información, porque esa información ya está disponible en una cosa que se llama Internet y que no tiene rival, cualquiera que sea el enseñante que compita con él en cuanto a la transmisión de datos. Y piensan que cuando el programa educativo reaparezca, no tendrán que seguir rompiéndose las muñecas en las aulas tomando absurdos apuntes que, con toda seguridad, deberían estar colgados en la Red, a disposición de los estudiantes, junto a un millón de páginas que cuentan lo que dicen esos apuntes y, en muchos casos, de una manera más amena, más atractiva, más inteligible y más didáctica. Y esperan que los conocimientos adquiridos los puedan transformar en valor, en riqueza para ellos y su país, porque, según las instrucciones del programa, se apuesta por la innovación, por la imaginación, por la iniciativa y por el riesgo, pero observan que el sistema está dañado, porque cuando cliquean sobre esas cuatro palabras, el sistema se bloquea.</p>
<p>El programa de la &#8220;globalización&#8221; también se ha bloqueado. La crisis se originó en el contexto europeo y mundial y el resultado que nos ofrece la pantalla es que cada país se las tiene que ver en solitario después de haber achicado las arcas del Estado para salvar el sistema financiero. Esperan que cuando vuelva el programa se puedan afirmar posiciones exigentes ante los órganos de la UE para prohibir cualquier tipo de rescate o inyección de capital a entidades bancarias; para elevar los impuestos a la banca de manera directamente proporcional al gasto social ocasionado por la crisis generada por su mala gestión; para exigir la devolución a las arcas públicas por parte de los bancos de todo capital público aportado; para prohibir la inversión de bancos españoles en paraísos fiscales; para regular sanciones a los movimientos especulativos y a la mala praxis bancaria.</p>
<p>Especialmente, el programa &#8220;políticos&#8221; no responde al diseño de los programadores. Y parece que el de &#8220;ciudadanos&#8221;, tampoco. Han <em>reseteado</em> y esperan que cuando se reinicie se pueda ver que <em>político</em> es aquella persona que cuando la hace la paga, y que los responsables de eliminar los virus de sus listas no permitan que el sistema se bloquee constantemente, al estilo de lo que viene ocurriendo con tanta frecuencia últimamente, hasta el punto de que los usuarios del sistema consideran que ese programa es el que da más problemas, después del titulado &#8220;paro&#8221; y del que lleva por nombre &#8220;crisis económica&#8221;. No faltan quienes piensan que ya va siendo hora de que los programas incorporen un apartado llamado &#8220;ley antilibelo&#8221; que permita que cualquier ciudadano se defienda cuando se vea calumniado, difamado e injuriado ante la pasividad de quienes tendrían la obligación de proteger sus derechos, que, por el momento, son más importantes que la imagen del pepino.</p>
<p>Esto, y algunas cosas más, esperan conseguir los jóvenes que han <em>reseteado</em> el sistema. No importa si al final triunfan o fracasan en sus intentos de volver a empezar. Lo importante no será el final, sino el principio y el proceso seguido. Es posible que no consigan sus objetivos; no importa. Lo significativo es que se ha hecho un experimento apagando y encendiendo. Si vuelve a fallar como antes, pronto nos arrepentiremos por no haber intentado volver al principio y reiniciar con ellos. El programa llamado &#8220;15-M&#8221; también comienza a ser atacado por los virus, como se puso de manifiesto con las acciones vandálicas en el Parlamento de Cataluña. Los que allí estaban no querían <em>resetear,</em> sino tirar el sistema por la ventana. Eso ya es cosa de ignorantes.</p>
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		<title>Identidades, imposturas e Internet</title>
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		<pubDate>Sun, 17 Jul 2011 19:06:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Internet]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Gabriel Vásquez</strong>, escritor. Su novela <em>El ruido de las cosas al caer</em>ha ganado el Premio Alfaguara 2011 (EL PAÍS, 17/07/11):</p>
<p>Ahora lo sé porque lo he vivido, y por eso puedo decir que hay pocas experiencias tan intensas como la primera vez que alguien se hace pasar por uno. El año pasado, mientras yo asistía con fascinación a las artes que se da Dick Whitman para robar la identidad de Don Draper en <em>Mad Men,</em> un agente comercial de Iberdrola llenaba un contrato a mi nombre, inventaba mi fecha de nacimiento, firmaba con firma inventada ese &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35685/identidades-imposturas-e-internet/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Gabriel Vásquez</strong>, escritor. Su novela <em>El ruido de las cosas al caer</em>ha ganado el Premio Alfaguara 2011 (EL PAÍS, 17/07/11):</p>
<p>Ahora lo sé porque lo he vivido, y por eso puedo decir que hay pocas experiencias tan intensas como la primera vez que alguien se hace pasar por uno. El año pasado, mientras yo asistía con fascinación a las artes que se da Dick Whitman para robar la identidad de Don Draper en <em>Mad Men,</em> un agente comercial de Iberdrola llenaba un contrato a mi nombre, inventaba mi fecha de nacimiento, firmaba con firma inventada ese contrato y firmaba además dos cartas en las que yo anunciaba a mis proveedores de servicios que me daba de baja con ellos para, por supuesto, irme con Iberdrola.</p>
<p>Mucho después, cuando me di cuenta del fraude, pedí que me enviaran prueba de mi consentimiento, y recibí el contrato con mi firma falsa y con los datos biográficos inventados (y con el alegato insolente de que todo se &#8220;ha hecho de forma correcta&#8221;). Y aunque sé bien que la prosaica realidad de un comercial corrupto y de la guerra sucia entre proveedores tiene poco que ver con la dignidad de las grandes imposturas -el conde de Montecristo, el talentoso Mr. Ripley-, la situación me ha impresionado de una forma que no había previsto, y he llegado a pensar que lo único comparable a la primera vez que te roban la identidad es el descubrimiento de la muerte que hace un niño: la misma sensación de vulnerabilidad y de impotencia, de que allá fuera hay poderes que no controlamos y que nos pueden dañar en cualquier momento. Y esa epifanía, quién lo iba a decir, se la debo a Iberdrola.</p>
<p>La identidad ha sido siempre nuestra posesión más frágil, pero en estos tiempos su fragilidad se ha acentuado, quizás porque también se ha acentuado su importancia: mucho depende en el curso de un día cualquiera de que podamos probar -con un carnet, con una tarjeta de la Seguridad Social- que somos quienes decimos ser. Es en este sentido que Internet se ha vuelto la encarnación de nuestros peores miedos, el lugar donde nuestra vulnerabilidad es total y es total nuestra impotencia.</p>
<p>Hace unos meses, el escritor argentino Rodrigo Fresán recibió la noticia de que Rodrigo Fresán estaba en Twitter. Ante el primer amigo que le habló de sus opiniones en 140 caracteres, Fresán negó cualquier autoría. &#8220;Pero ahí dice que eres tú&#8221;, le dijo el amigo. &#8220;Y hasta tiene tu foto&#8221;. Y Fresán: &#8220;No soy yo&#8221;. Y el amigo: &#8220;Pues ya me parecía. Es que dices cosas tan absurdas&#8230;&#8221;. Relatando el episodio en su columna de <em>Página 12,</em> escribe Fresán: &#8220;Y yo me quedo pensando por qué será que los impostores y los falsificadores siempre son peores que el original&#8221;. (También la firma que el agente comercial de Iberdrola había inventado para mí era de una simpleza tosca: &#8220;Juan G&#8221;, escribió el majadero).</p>
<p>El escritor colombiano Héctor Abad es otra de las víctimas de la impostura en Internet. &#8220;Hace unos años&#8221;, contaba recientemente en su columna de <em>El Espectador,</em> &#8220;el escritor Efraím Medina suplantó las identidades de otros jóvenes escritores colombianos y empezó a mandar, a nombre de ellos, ataques contra mí a varios medios colombianos. Yo estaba bastante asombrado por estos ataques emprendidos por personas que consideraba, incluso, buenos amigos&#8221;. Al cabo de los días, Medina se vio obligado a reconocer la grosera suplantación; pero siguió insultando a Abad -llamándolo, por ejemplo, &#8220;mediocre escritora&#8221;-, y la sutil represalia de Abad, contada como la cuenta en la columna, es la otra cara de la impostura, o bien la impostura puesta a servicio de un objetivo noble como es noble derrotar con sus propias armas a un ladrón de identidades: Abad se hizo pasar por una joven escritora residente en Canadá y comenzó a escribirle a Medina seductores correos, con el resultado de que Medina le declaró su amor y Abad tuvo que darle a su personaje ficticio un final inesperado. &#8220;Al cabo del tiempo, y mirándolo con cabeza fría&#8221;, escribe Abad, &#8220;yo creo que uno tiene derecho a hacerse pasar por otro que no existe, pero hacerse pasar por otro que vive, y escribir a nombre de él, es un delito&#8221;.</p>
<p>Lo cual no quiere decir, desde luego, que los perpetradores de las imposturas respondan como deberían responder, y así el carácter de Internet, que favorece el anonimato y la arbitrariedad y la impunidad y la cobardía, ha convertido la Red en el hábitat natural de los ladrones de identidades.</p>
<p>Hace poco un lector se me acercó a felicitarme por las valientes denuncias que había hecho en una serie de correos colectivos. El objeto era alguno de los ejércitos ilegales que pululan en mi país, no recuerdo cuál, pero sí recuerdo que aquel hombre se decepcionó cuando supo que no era yo el osado escritor de esos <em>e-mails.</em> Le dije que yo, cuando quería meterme en problemas, lo hacía en mi propia columna, y en todo caso en un medio impreso, pero no dejó de sorprenderme la facilidad con que alguien puede estar usurpando mi nombre y mi cara en cualquier momento: esos rasgos que yo, con imperdonable inocencia, había creído intransferibles.</p>
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		<title>Lo que va de ayer a hoy</title>
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		<pubDate>Sun, 17 Jul 2011 18:47:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Familia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Lluís Sáez Giol</strong> , sociólogo y profesor de Esade, Universitat Ramon Llull (LA VANGUARDIA, 17/07/11):</p>
<p>¿Nunca se han preguntado cómo en los países más pobres las familias tienen tantos hijos, si les va a costar alimentarlos? Hay dos razones para ello. Una es que la mayor mortalidad infantil no permite garantizar que todos sus hijos lleguen a la edad adulta. Pero la razón principal es que tener hijos es una inversión de futuro. En países donde no hay Estado del bienestar, ni mucho menos un sistema público de pensiones, tener muchos hijos es la principal garantía del sustento de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35683/lo-que-va-de-ayer-a-hoy-2/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Lluís Sáez Giol</strong> , sociólogo y profesor de Esade, Universitat Ramon Llull (LA VANGUARDIA, 17/07/11):</p>
<p>¿Nunca se han preguntado cómo en los países más pobres las familias tienen tantos hijos, si les va a costar alimentarlos? Hay dos razones para ello. Una es que la mayor mortalidad infantil no permite garantizar que todos sus hijos lleguen a la edad adulta. Pero la razón principal es que tener hijos es una inversión de futuro. En países donde no hay Estado del bienestar, ni mucho menos un sistema público de pensiones, tener muchos hijos es la principal garantía del sustento de la familia, ya que se les pondrá a trabajar bien temprano, y cuando llegue la senectud, serán ellos el sustento económico de sus padres (en sociedades donde aún perdura el que los hijos vean como un deber el mantener a los padres, claro). Así pues, en este tipo de culturas tener una familia numerosa es poco menos que una bendición del destino.</p>
<p>Hubo un tiempo en que en nuestra sociedad ser familia numerosa era también una inversión de futuro. Pese a las estrecheces de los primeros años que pasaban las familias humildes, a medida que los hijos iban creciendo se les ponía a trabajar (buena parte de nuestros abuelos/ as empezaron a hacerlo a los 12 años o incluso antes), y con sus sueldos contribuían a la economía familiar. Además, se maximizaba el ahorro apurando las economías de escala y reciclando (¡eso sí que era reciclaje!) ropa, libros y demás de hermano a hermano.</p>
<p>Eso lo sabrán bien muchos de los que fueron hermanos menores, condenados a nunca estrenar nada. Aunque vivieron tiempos en que la vida no fue fácil para casi nadie, lo cierto es que con sus estrategias cotidianas, el ser familia numerosa permitía un cierto alivio económico a medida que los hijos se hacían mayores. Incluso en épocas de crisis, puesto que si uno no trabajaba, el otro sí lo hacía, y entre unos y otros conseguían formar un mínimo &#8220;colchón&#8221; familiar.</p>
<p>Mucho ha cambiado desde aquellos tiempos. De entrada, porque hoy las familias numerosas de antaño son un fenómeno en extinción. Y es que, si no se tiene una situación económica muy desahogada, hay que ser muy valiente para aventurarse a tener muchos hijos. La razón es que lo que antes podía ser visto como un recurso, hoy puede convertirse en un suicidio económico. En primer lugar, porque para que los hijos puedan trabajar habrá que esperar a los 16 años como mínimo, y pueden ser más si deciden cursar estudios superiores. Y en segundo lugar, porque han cambiado mucho las pautas culturales de las familias.</p>
<p>Han cambiado en relación al consumo. En los tiempos del llamado hiperconsumo, el nivel de gasto (y endeudamiento) de las familias se ha disparado, y se han roto algunos hábitos cruciales: la individualización del consumo hace que los hijos quieran &#8220;heredar&#8221; cada vez menos cosas de los hermanos mayores, y piénsese en cuantos hogares tienen dos o tres aparatos de televisión, cuando antes el televisor era de uso común por excelencia. Si además se quiere ir a la moda en tiempos en que las modas duran (se hacen durar) menos que nunca, peor lo ponemos, ya que entonces los hijos se convierten virtualmente en un &#8220;bien de lujo&#8221;. A todo ello debemos añadir los gastos de ocio de los adolescentes, y otro cambio cultural: que pocos jóvenes destinan siquiera una parte de su sueldo a contribuir a la economía familiar. Más bien al contrario: con su sueldo se pagan una parte de &#8220;sus&#8221; gastos (que no son pocos, al contrario que antes), y la otra parte la sufragan &#8211; como pueden-los progenitores.</p>
<p>Es verdad que ahora en la mayoría de los hogares trabajan los dos cónyuges, y aumenta el ingreso familiar. O que sigue habiendo jóvenes que ayudan a sus padres en cuanto tienen empleo (sobre todo en familias que lo necesitan). Pero eso ocurre en tiempos de bonanza económica. En tiempos de crisis, como sucede ahora, el paro golpea a las familias, y entonces debe recordarse que el paro más alto es el de los jóvenes, que a su vez afrontan unas condiciones de empleo particularmente precarias (contratos temporales, sueldos de miseria, etcétera.). También es verdad que hay más ayudas a las familias, pero ni están especialmente dotadas, ni muchas veces son conocidas por quienes realmente las necesitan. En resumen, si al consumo desaforado de nuestros días sumamos el retraso de la edad de entrada al primer empleo, el paro galopante y la escasez en las ayudas a las familias, es fácil deducir por qué hoy en día ser una familia numerosa (en especial si los hijos son menores de edad) deviene un factor de altísimo riesgo ante situaciones de crisis. Lo que nos debería dar que pensar sobre lo mal que lo deben estar pasando ahora estas familias, y sobre qué hábitos actuales son en realidad muy malos hábitos.</p>
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		<title>Los adioses del embajador de Israel</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jul 2011 18:12:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Goytisolo</strong>, escritor (EL PAÍS, 16/07/11):</p>
<p>En lo que parece ser una carta de despedida a los españoles <em>(Perspectiva y paciencia,</em> EL PAÍS, 2-7-2011), el embajador de Israel en Madrid, Raphael Schutz, nos descubre el Mediterráneo. Desde el decreto de expulsión de los Reyes Católicos de 1492, nos dice, &#8220;a diferencia de lo que sucedió en otros lugares de Europa, que en España no hubo convivencia con judíos de carne y hueso durante siglos&#8230; El desconocimiento personal del judío hizo que proliferaran los estereotipos. Se puede deducir hasta qué punto estos están enraizados por el hecho de que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35679/los-adioses-del-embajador-de-israel/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Goytisolo</strong>, escritor (EL PAÍS, 16/07/11):</p>
<p>En lo que parece ser una carta de despedida a los españoles <em>(Perspectiva y paciencia,</em> EL PAÍS, 2-7-2011), el embajador de Israel en Madrid, Raphael Schutz, nos descubre el Mediterráneo. Desde el decreto de expulsión de los Reyes Católicos de 1492, nos dice, &#8220;a diferencia de lo que sucedió en otros lugares de Europa, que en España no hubo convivencia con judíos de carne y hueso durante siglos&#8230; El desconocimiento personal del judío hizo que proliferaran los estereotipos. Se puede deducir hasta qué punto estos están enraizados por el hecho de que hasta hoy día expresiones como <em>hacer judiadas</em> son comunes y corrientes en el discurso español, así como por los elementos manifiestamente antijudíos en las procesiones religiosas de Andalucía y de otros lugares&#8221;.</p>
<p>Si a primera vista las cosas sucedieron tal como las pinta el embajador, su reducción simplista a conocidos giros y refranes o a vagas referencias a la piedad popular de nuestro folclor deja de lado aspectos fundamentales del tema. Los judíos no desaparecieron sino aparentemente de la sociedad peninsular incluida la de Portugal. Aunque encubierta y rodeada de todo tipo de precauciones en razón del acoso de la Inquisición, la elite judeoespañola siguió siendo parte de nuestro paisaje cultural. Los cristianos nuevos que recibieron a la fuerza el &#8220;bautismo de pie&#8221; y sus descendientes de sangre &#8220;manchada&#8221; compusieron al revés la verdadera elite intelectual de la Península al punto que, como dijo un historiador, ya fueran secretamente judíos, ya racionalistas -esa línea de pensamiento que va de Fernando de Rojas a Spinoza, pasando por Uriel da Costa, tan bien estudiada por Révah-, ya cristianos embebidos en la mística hebrea, crearon en gran parte la espléndida cultura española de los siglos XV, XVI y XVII mientras que los españoles de sangre &#8220;limpia&#8221; se encastillaban en su búnker antisemita. La llamada Edad Conflictiva por Américo Castro y los dramas provocados por la obsesión enfermiza de la pureza de sangre han sido analizados por intelectuales de la talla de Castro, Domínguez Ortiz, Julio Caro Baroja, Márquez Villanueva, José Jiménez Lozano, etcétera, que quizá no sean unos desconocidos para Raphael Schutz, y por otros que ha leído sin duda como Benzion Netanyahu, Ierushalmi (cuya obra de referencia reseñé hace años en <em>L&#8217;Express),</em> el ya citado Révah, Samuel Armistrad, Silverman&#8230;</p>
<p>El antisemitismo sin judíos -que no es una triste singularidad nuestra sino también de algunos países del Este europeo como Polonia- se prolongó a lo largo de los siglos XVIII, XIX y primera mitad del XX. El magnífico estudio de Gonzalo Álvarez Chillida, <em>El antisemitismo en España. La imagen del judío (1812-2002),</em> que tuve la satisfacción de prologar, examina atentamente los prejuicios y clichés que salpican la obrade autores tan diversos como Alarcón, Bécquer, Balmes, Vázquez de Mella, Emilia Pardo Bazán, Pío Baroja, González Ruano o Vicente Risco. Las bien meditadas réplicas a dicha malquerencia de José Amador de los Ríos, Adolfo de Castro, Ángel Pulido y Rafael Cansinos Assens, amén del filosemitismo de figuras como Espriu o Josep Pla, podrían apuntalar con mayor firmeza la paticoja exposición del señor embajador.</p>
<p>Igualmente le aconsejaría la lectura de la antología de <em>Literatura fascista española</em> de Julio Rodríguez Puértolas que, frente al odio visceral al moro de los poetas y escritores del bando republicano durante la Guerra Civil -odio fomentado por la utilización de míseros mercenarios rifeños por los militares franquistas-, presenta en opuesta y perfecta simetría las soflamas antijudías de los agrupados tras la bandera de la Falange y el credo nacionalcatólico. ¡Un revelador homenaje de la barbarie a la llamada España de las Tres Culturas!</p>
<p>Sí, señor Schutz, el antisemitismo persiste en España después de tres décadas de democracia. Diversas estadísticas indican que en el palmarés de la infamia de los prejuicios raciales, el judío imaginario ocupa el tercer lugar después del gitano, pese a su probada españolidad desde hace siglos, y, naturalmente, del moro. Pero deducir que este &#8220;telón de fondo histórico dicta la actitud de los españoles hacia Israel&#8221; es dar un salto muy peligroso en la medida en que pasa por alto algo tan claro como que ser judío, ser sionista, ser israelí y ser extremista religioso del orden de los que imponen su ley en los territorios ocupados de Palestina son cosas distintas, y que esa amalgama no conduce a esclarecer el problema sino que lo complica.</p>
<p>Fuera de un puñado de antisemitas puros y duros, nostálgicos de la cruz gamada y de la Falange, la clase política conservadora de España, tradicionalmente antijudía, sostiene hoy la postura de Netanyahu y la ocupación de Cisjordania -vayan de ejemplo el expresidente Aznar y el vivero de pensadores de la FAES, para quienes Israel es el centinela de Occidente frente a la marea negra islámica-, y son muchos los projudíos de izquierda que sin dejar de serlo critican, por las mismas razones éticas que les condujeron a apoyar la creación del Estado israelí, el implacable <em>apartheid</em> impuesto por este a los palestinos y reclaman una paz justa y duradera entre dos Estados soberanos basada en las fronteras internacionalmente reconocidas.</p>
<p>Raphael Schutz se lamenta de que &#8220;los españoles en general se informen sobre Israel a través del prisma de los medios de comunicación y por ello no conocen el verdadero Israel&#8221;. Ahora bien, fuera de la quimérica posibilidad de ofrecerles una masiva visita guiada a su país, ¿cómo quiere el embajador que se informen si no por medio de la prensa, televisión, radio, Internet, etcétera? Los veinte y pico representantes de los distintos periódicos y canales televisivos, afirma, no cubren el auténtico Israel de la diversidad cultural, la vanguardia tecnológica, el éxito económico y el florecimiento literario: &#8220;Un español que <em>conozca</em> Israel solo a través del material visual que llega aquí podría pensar que en aquel país viven únicamente dos tipos de habitantes: los ultraortodoxos y los soldados&#8221;.</p>
<p>Pero la implícita acusación de maniqueísmo a nuestros corresponsales no tiene en cuenta un factor elemental que vale tanto para Israel como para el resto del mundo: el contenido informativo de los hechos, lo que es noticia. Nadie o casi nadie duda de que los israelíes gozan de derechos democráticos y han alcanzado un nivel educativo y cultural digno de aplauso, pero esos derechos y valores ¿se extienden a los palestinos que sufren su ocupación militar? ¿Qué tiene mayor contenido informativo: la Operación Plomo Fundido, o la exposición visual de la vida apacible de una familia israelí de clase media, con buenos conocimientos tecnológicos y abierta a las redes sociales del mundo moderno? Si, por poner un ejemplo, los corresponsales de este periódico, desde Ferrán Sales a Juan Miguel Muñoz y Enric González, han centrado su atención en los ultraortodoxos y los militares o, mejor dicho, en la creciente influencia de ciertos grupos de los primeros en los segundos, es porque dicha situación revela la inquietante militarización mental de una gran parte de una sociedad que era décadas atrás liberal y laica, y el devastador influjo en ella de un extremismo religioso que poco tiene que envidiar al de los grupos radicales árabes que niegan su existencia. La promesa bíblica de la tierra de Judea y Samaria a las tribus de Israel no es un contrato de propiedad avalado ante notario que autoriza a desahuciar de su suelo a quienes nacieron y viven en él. Este es el fondo del drama que no se resolverá mareando a la perdiz durante décadas como pretenden Benjamín Netanyahu y los suyos, sino con el cumplimiento de las resoluciones de la Asamblea General de la ONU de 1948 y 1967.</p>
<p>Olvídese el señor Schutz de las teorías conspirativas y supuestas &#8220;coaliciones del odio&#8221; como aquella en la que me metió sin pararse en pelillos en compañía de Chomsky, Saramago (cuya desafortunada comparación de Cisjordania con Auschwitz me dejó literalmente sin habla y estropeó mi viaje a Ramala) y, como guinda de tan extraño cóctel, Antonio Gala, y no incurra en amalgamas y descalificaciones similares a las que denuncia. El antisemitismo es una monstruosidad que toda persona digna rechaza. Pero hay que poner las cosas en su lugar y llamar una colonización ilegal con su verdadero nombre: un régimen de <em>apartheid</em> que tarde o temprano, y el porvenir de Israel le va en ello, Tel Aviv tendrá que liquidar.</p>
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		<title>Comportamiento gregario</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Jul 2011 18:45:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>A. Serra Ramoneda</strong>, presidente de Tribuna Barcelona (EL PERIÓDICO, 10/07/11):</p>
<p>Cuando las ovejas que pacen dispersas oyen aullidos que indican la vecina presencia de lobos, tienden inmediatamente a formar un compacto rebaño. Lo mismo ocurre, tal como hemos visto en muchas películas del Oeste, cuando los vaqueros disparan al aire sus revólveres y lanzan gritos para atemorizar a las reses y conseguir que formen una manada que luego puede ser fácilmente conducida al rancho. Un biólogo, Hamilton, sostiene que en tal proceder no hay altruismo alguno, sino el afán de cada animal de interponer a otro miembro del &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35571/comportamiento-gregario/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>A. Serra Ramoneda</strong>, presidente de Tribuna Barcelona (EL PERIÓDICO, 10/07/11):</p>
<p>Cuando las ovejas que pacen dispersas oyen aullidos que indican la vecina presencia de lobos, tienden inmediatamente a formar un compacto rebaño. Lo mismo ocurre, tal como hemos visto en muchas películas del Oeste, cuando los vaqueros disparan al aire sus revólveres y lanzan gritos para atemorizar a las reses y conseguir que formen una manada que luego puede ser fácilmente conducida al rancho. Un biólogo, Hamilton, sostiene que en tal proceder no hay altruismo alguno, sino el afán de cada animal de interponer a otro miembro del colectivo entre él y el potencial depredador. Todos, a empellones, pugnan por ponerse en el centro del grupo para así conseguir la máxima protección. Quienes se quedan en el exterior corren mayor riesgo.</p>
<p>Este comportamiento gregario también se da entre los humanos. Los economistas ven en él una de las razones de la formación de burbujas especulativas. Se cuenta que en una de las más sonadas, conocida como la <em>South Sea Bubble,</em> que tuvo lugar en Inglaterra en el siglo XVIII, nada menos que Isaac Newton también participó de la locura colectiva -la exuberancia irracional, que diría Shiller- al invertir y perder 20.000 libras esterlinas en la compra de unas acciones que resultaron ser papel mojado. Al comprobar el fracaso, el famoso físico manifestó: «Puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente».</p>
<p>Son numerosas las personas que en España alegan ahora que en su día sostuvieron que el disparatado ritmo de la construcción inmobiliaria y el consiguiente endeudamiento masivo de familias y bancos era insostenible. Pero fueron muy pocas las que se atrevieron a proclamar en voz alta sus temores. Y a reclamar medidas que cambiasen el peligroso rumbo de la economía. Mantenerse dentro de la manada es mucho más cómodo. Esta puede equivocarse en sus decisiones, pero a ninguno de sus miembros se le puede individualmente imputar el error.</p>
<p>Este comportamiento gregario se da también en las organizaciones donde discrepar de la opinión predominante, y sobre todo de la del superior jerárquico, es muy peligroso. La prensa económica norteamericana ha publicado diversos casos de ejecutivos de instituciones bancarias que osaron poner en duda la ortodoxia de los criterios aplicados en el cálculo del riesgo de los sofisticados títulos que iban a emitir. Fueron despedidos sin contemplaciones ante las sonrisas de sus colegas que se embolsaban millones en primas por colocarlos a incautos ahorradores. A la larga los hechos les dieron la razón. Pero nunca se les rehabilitó en el cargo ni se les compensó por los perjuicios ocasionados, mientras que quienes habían seguido a la manada pudieron disfrutar de sus millones a pesar del daño que para su consecución habían inferido. Claro que lo mismo, pero agravado, le ocurrió a Galileo. Al final, los hechos le dieron la razón, pero nadie desde el Vaticano intentó el milagro de tornarle la vida.</p>
<p>Un comportamiento gregario de un grupo humano significa que hay unas creencias y unas preferencias compartidas. Eso tiene aspectos positivos, pues facilita los intercambios y la cooperación incluso cuando sus miembros actúan por motivos egoístas. Pero llevado demasiado lejos, si se castiga en exceso la desviación respecto de la conducta predominante, tiene inconvenientes. El primordial es la pérdida de información privada que puede ser relevante para el grupo. De haber temido Galileo el castigo que sufrió, seguramente no habría revelado una verdad de trascendental importancia para el progreso de la humanidad. De haber sido más numerosos quienes elevaron la voz para dejar claro el peligro del rumbo de nuestra economía, quizá se hubieran tomado medidas que ahora nos harían más dulce la crisis.</p>
<p>En el cuento es un niño quien se atreve a denunciar una evidencia: el rey está desnudo. Seguramente fue su ingenuidad la que le impulsó a dar este paso. Es evidente que todos los adultos que contemplaban el cortejo veían la misma escena, pero alguna razón, tal vez la fuerte pena a la que se exponían, les mantenía la boca cerrada. Caso extremo de comportamiento gregario pero que aún hoy se da en ocasiones. Sería contraproducente conducir al ostracismo en Catalunya a quienes no fueran incondicionales de un triunfante club de fútbol, suscriptores de un diario siempre comedido, clientes de una potente entidad financiera o de un pujante bufete jurídico ni estuvieran claramente identificados con el partido en el poder. Todo coto cerrado empobrece. Aceptar la discrepancia, fomentar la individualidad, reducir los costes de defender otras opciones, enriquece a la colectividad. No al gregarismo, que no somos ni ovejas ni reses.</p>
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