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	<title>Tribuna Libre &#187; A Debate</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>Estado de bienestar o fractura social</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 20:34:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel de la Rocha Vázquez</strong>, miembro de la Fundación Alternativas (EL PAÍS, 09/02/12):</p>
<p>Desde la segunda guerra mundial en Europa se ha tejido un modelo social específico, definido a través de un gran pacto, que permitió a la clase trabajadora aceptar las reglas del mercado a cambio de un papel importante del Estado en la regulación de la economía y en la provisión de servicios públicos básicos. Sobre estos principios se construyó el modelo social europeo, asentado en la solidaridad de ricos con pobres, de jóvenes con ancianos, de unas generaciones con otras.</p>
<p>Con el reciente predominio neoliberal, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40066/estado-de-bienestar-o-fractura-social/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel de la Rocha Vázquez</strong>, miembro de la Fundación Alternativas (EL PAÍS, 09/02/12):</p>
<p>Desde la segunda guerra mundial en Europa se ha tejido un modelo social específico, definido a través de un gran pacto, que permitió a la clase trabajadora aceptar las reglas del mercado a cambio de un papel importante del Estado en la regulación de la economía y en la provisión de servicios públicos básicos. Sobre estos principios se construyó el modelo social europeo, asentado en la solidaridad de ricos con pobres, de jóvenes con ancianos, de unas generaciones con otras.</p>
<p>Con el reciente predominio neoliberal, valores esenciales para el pensamiento socialdemócrata como el de la solidaridad están siendo sistemáticamente cuestionados. Un número mayor de ciudadanos auto-identificados como clases medias, azuzados por partidos conservadores y ciertos medios al servicio de los poderes económicos, se ha vuelto escéptico de las formas actuales de solidaridad pública, como son los mecanismos de redistribución del Estado de bienestar. Estos ciudadanos se ven como los <em>paganinis</em> de esos servicios, que a menudo no utilizan, cuyos abusos deploran y de cuya necesidad no se sienten responsables. Lo anterior se traduce en crecientes apelaciones a limitar los servicios públicos universales y reducir las burocracias que los gestionan. El resultado: demandas de reducciones de impuestos, que colocan a los Gobiernos en una difícil encrucijada para el mantenimiento del Estado del bienestar.</p>
<p>En una sociedad justa y solidaria los impuestos deben ser progresivos, de forma que los que más tienen, más aporten. Si el sistema funcionara bien, los más opulentos estarían financiando en gran medida el Estado del bienestar, pero esto no es lo que ocurre en muchos países. Como se ha visto con el hachazo fiscal de Rajoy, los sistemas tributarios <em>castigan</em> especialmente a las rentas del trabajo, al ser las nóminas un instrumento cómodo de control para los Gobiernos. Algo va mal en sociedades donde los ricos, cada vez más ricos, pagan menos que los asalariados. El propio Warren Buffet ha reconocido que paga menos impuestos que su secretaria, mientras en países como Alemania y Francia ricos solidarios reclaman unos sistemas fiscales más justos. En España, en cambio, nuestros supermillonarios no se han sumado a esta llamada.</p>
<p>Las razones detrás de estas tendencias son variadas. Junto a justificaciones de abusos y problemas de eficiencia pública, se esconde la consolidación del individualismo y consumismo imperante. Tres décadas de machacona ideología neoliberal encapsulada por Margaret Thatcher en su famosa afirmación: <em>&#8220;La sociedad no existe, solo los individuos&#8221;</em>, ayudan mucho a entender lo que pasa. El debilitamiento de la identidad comunitaria en sociedades cada vez más heterogéneas está socavando las condiciones sociológicas para la solidaridad colectiva e individual.</p>
<p>Aunque las causas sean conocidas, no deja de sorprender la enorme miopía y pobre comprensión de las implicaciones que conlleva el desmantelamiento de los servicios públicos para las mismas clases sociales que lo reclaman. El aclamado Tony Judt lo expresa magistralmente: &#8220;Gracias a medio siglo de prosperidad y estabilidad, en Occidente hemos olvidado el trauma social y político que representa la inseguridad económica de las masas, y en consecuencia no recordamos las razones que llevaron en primer término a la creación de los Estados del bienestar de los que hoy disfrutamos&#8221; (Judt<em>: Reappraisals: reflections on the forgotten 20th century</em>).</p>
<p>He ahí la gran paradoja de nuestro tiempo: el éxito de los Estados del bienestar de economía mixta radica en haber logrado estabilidad e integración social, desarmando las ideas más extremistas y violentas; pero al mismo tiempo, ha llevado a generaciones posteriores a dar por sentada esa misma estabilidad y moderación ideológica, y en consecuencia a demandar la eliminación de los &#8220;impedimentos y molestias&#8221; asociados con los bienes colectivos: impuestos, subsidios, regulaciones, etc. A base de repetirlo incesantemente, el sector público se asocia con lentitud, burocracia y, en general, con menor dinamismo económico. Es bastante discutible que una buena regulación económica o los servicios públicos universales sean obstáculos para el crecimiento y la eficiencia económica; numerosos ejemplos lo desmienten. Ahora bien, como afirma Judt, &#8220;lo verdaderamente sorprendente es la medida de nuestra incapacidad para ni siquiera concebir la política más allá de un estrecho economicismo. Hemos olvidado completamente cómo pensar y reflexionar políticamente&#8221;.</p>
<p>Pese a todo, los ejemplos escandinavos demuestran que una mayoría de ciudadanos pueden aceptar impuestos elevados a cambio de obtener unos servicios públicos de calidad, acompañados de claras limitaciones y penalizaciones a su abuso. Pues muchas personas entienden que si los mecanismos de solidaridad colectiva se resquebrajan, el resultado final será el incremento enorme de la desigualdad, y a medio plazo exclusión y fractura social con todas sus consecuencias. No hay que engañarse, el auge del individualismo, el debilitamiento de la cohesión y el aumento del populismo y xenofobia son todas caras de la misma moneda.</p>
<p>Sobre estas bases, los partidos socialdemócratas van a tener que adaptar sus ideas para definir mejor los límites a la responsabilidad del Estado y del ciudadano en el mantenimiento de los bienes colectivos. La preservación del Estado del bienestar pasa inevitablemente por un reforzamiento de los principios de solidaridad y cohesión social, pero acompañado de esfuerzos igual de vigorosos para mejorar la eficiencia, minimizar los gastos sociales no redistributivos, eliminar todo despilfarro y denunciar cualquier fraude; así como mayores niveles de exigencia de responsabilidad individual y de reconocimiento de la contribución de cada persona.</p>
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		<title>¿Una política transatlántica?</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Feb 2012 18:58:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Relaciones Transatlánticas]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Norman Birnbaum</strong>, catedrático emérito de la Universidad de Georgetown. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 08/02/12):</p>
<p>La situación política actual en Estados Unidos está tan polarizada que los esfuerzos para lograr un consenso nacional, ya sea en la legislación o en el lenguaje, parecen quijotescos. Muchos ciudadanos se defienden contra lo que consideran intromisiones utilizando la palabra <em>política</em> como término despectivo. Piensan que gran parte de lo que ven y oyen es irrelevante para la marcha general de la sociedad y su propio destino dentro de ella. Los debates de los candidatos presidenciales republicanos permiten pensar &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40052/una-politica-transatlantica/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Norman Birnbaum</strong>, catedrático emérito de la Universidad de Georgetown. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 08/02/12):</p>
<p>La situación política actual en Estados Unidos está tan polarizada que los esfuerzos para lograr un consenso nacional, ya sea en la legislación o en el lenguaje, parecen quijotescos. Muchos ciudadanos se defienden contra lo que consideran intromisiones utilizando la palabra <em>política</em> como término despectivo. Piensan que gran parte de lo que ven y oyen es irrelevante para la marcha general de la sociedad y su propio destino dentro de ella. Los debates de los candidatos presidenciales republicanos permiten pensar que tal vez tienen razón. El propio presidente ha abandonado su imagen anterior de alguien que resolvía problemas y estaba por encima de las disputas, si bien su nuevo entusiasmo por dar al Gobierno una función económica positiva y por el Estado de bienestar está muy contenido. Aun así, le critican duramente por intentar europeizar Estados Unidos e importar su <em>socialismo</em>. Al decir <em>socialismo</em>, sus adversarios se refieren muchas veces a los mínimos requisitos de cohesión y decencia que exige cualquier Estado moderno: servicios educativos, sanidad, atención a los jubilados, cierta regulación de la economía, un sentido de que debe buscarse el bien común en la esfera pública. Su ignorancia del pasado y el presente de Europa es total. Tanto católicos como protestantes desprecian la democracia cristiana y su tradición de solidaridad social. Es curioso que el socialismo europeo, que en Europa está luchando para recuperar su importancia, florezca de tal modo en la imaginación de sus enemigos estadounidenses.</p>
<p>Pero los republicanos, sin quererlo, han dado con algo. Ha habido un movimiento transatlántico en favor de la socialdemocracia. Se remonta al siglo XIX, a la Guerra de Secesión, que se libró por la libertad de los esclavos trabajadores. El ascenso del capitalismo en Estados Unidos a finales del XIX y principios del XX llevó a decenas de millones de europeos a Norteamérica, muchos de ellos cargados de ideas y sensibilidades socialistas. La codicia sin fin y la capacidad de destrucción social del capitalismo estadounidense contemporáneo podrían provocar un renacimiento del equivalente americano al socialismo europeo, el progresismo estadounidense en la tradición del <em>New Deal</em>. Eso es lo que muchos de los que ahora se sienten decepcionados esperaban de Obama, hasta que empezó a ignorar a los sindicatos y los intelectuales críticos, los alcaldes de las grandes ciudades y los gobernadores de los Estados industriales, para rodearse de tecnócratas formados en el servicio al capital. Está por ver hasta qué punto el presidente, movido por necesidades electorales, recuperará el legado social de los demócratas. Tampoco está claro, si gana una elección que va a estar muy igualada, qué hará con su victoria.</p>
<p>Los socialistas europeos podrían tomar en serio a los republicanos en un aspecto. Si el socialismo occidental revive, será internacional. Los republicanos tienen razón al intuir, aunque sea vagamente, que una Europa integrada socialmente es una amenaza para ellos. En el apogeo de la prosperidad y el compromiso de clases de posguerra, entre 1945 y 1975, Europa occidental trabajaba con un Estados Unidos en el que dominaban la política de Franklin Roosevelt y las ideas de Keynes. La salida de capital estadounidense al extranjero abre la posibilidad de que surjan nuevas formas de cooperación entre el sector público y el privado en nuestro país. El debate actual, aparentemente técnico, sobre un nuevo régimen regulador es quizá la primera batalla de una guerra nueva y mal articulada para dar a luz un nuevo modelo social norteamericano. El hecho de que el presidente Obama haya aplazado su decisión sobre la construcción del oleoducto Keystone desde Canadá es prueba de la insistente presencia del movimiento ecologista. Y esa también es una vía hacia un futuro diferente, con más conciencia social, para Estados Unidos.</p>
<p>Mientras tanto, los partidarios de la reforma social en Estados Unidos y los socialistas europeos se enfrentan a la ideología de mercado de las últimas décadas armados con el argumento de que, cuanto más empeño haya en seguir adelante, más desastrosas serán las consecuencias. Una posibilidad es trasladar el debate a un terreno nuevo. En lugar de la conocida oposición entre mercado y Estado, los estadounidenses y los europeos podrían centrarse en proyectos locales y regionales. Eso podría reanimar las alianzas interclasistas que a los partidos socialistas europeos tanto les ha costado llevar a cabo, movilizando a los ciudadanos en programas de desarrollo económico y social. En Estados Unidos, derivaría en un federalismo socialmente constructivo. En Europa, podría otorgar nuevas dimensiones a la Unión Europea.</p>
<p>Existe una objeción frecuente: el movimiento de capitales que salen de Estados Unidos y Europa pone a ambas sociedades a la defensiva en el terreno económico, y eso deja escasos recursos y poca energía para experimentos sociales. Es cierto que el desarrollo económico de Asia y Latinoamérica (y pronto de África y Oriente Próximo) proporciona cientos de millones de trabajadores nuevos y más baratos. Las tribulaciones de las economías de Europa y Estados Unidos hacen que sea necesario recurrir a una planificación social y económica a largo plazo. Sus avances científicos y tecnológicos han beneficiado a ciertos fragmentos de sus poblaciones, mientras que el resto ha vivido de la redistribución de esos beneficios. Los grandes proyectos de mejora educativa tienen sentido desde el punto de vista económico y contribuyen a la integración social. El desempleo no siempre produce protestas como las de los indignados y el movimiento <em>Occupy Wall Street</em>. A veces puede derivar en xenofobia, tanto en Europa como, en una variedad muy violenta, en Estados Unidos, y lo hace independientemente de las generaciones.</p>
<p>La idea de que el socialismo puede sobrevivir como un ideal de ciudadanía compartida sin un nuevo enfrentamiento con el capitalismo es falsa: la arrogancia y la estupidez de las agencias de calificación son una agresión no solo contra el Estado de bienestar sino contra la propia democracia. Y eso forma parte de un problema más amplio. El Partido Demócrata y los partidos socialistas europeos prometen formas cada vez más especiales de representación de intereses. No han sabido, por más que hagan proclamaciones retóricas y ceremoniales, desarrollar una nueva concepción del bien público en una época de enorme diferenciación social y económica. Una nueva generación de líderes tendrá que redefinir la esfera pública.</p>
<p>Marx dijo irónicamente que Rousseau pretendía pasar del sujeto humano al ciudadano, cuando el problema consistía en crear las condiciones para una nueva humanidad. En nuestro caso, una nueva idea de ciudadanía ya sería revolución suficiente. Una nueva <em>Déclaration des droits de l&#8217;Homme et du Citoyen</em> exigiría la eliminación de la riqueza como patente de nobleza. Sería el principio de la lucha por la auténtica igualdad política. Los griegos, reducidos casi a la nada en su existencia cívica y material, son los nuevos ilotas, los nuevos esclavos. La lucha por los derechos en Europa es la expresión de una crisis europea tan profunda como la desmoralización y la despolitización de gran parte de la vida en Estados Unidos. Por desgracia, las vulgaridades provincianas de los republicanos tienen ciertas connotaciones universales. El senador Kennedy dijo en una ocasión que, si los europeos pudieran votar en Estados Unidos, él habría sido presidente. El hecho de que los republicanos denigren a Europa y expresen su miedo a la empresa pública y a la igualdad económica y social debería servir para que los europeos recuerden los mejores aspectos de sí mismos.</p>
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		<title>Abocados a la Europa de Hamilton</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 14:15:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Domingo Oslé, </strong>catedrático de la Universidad de Navarra e investigador del Straus Institute de la Universidad de Nueva York (EL MUNDO, 03/02/12):</p>
<p>La grave crisis política, económica e institucional que está atravesando la joven Unión Europea recuerda en muchos aspectos a la que sufrieron los Estados Unidos de América poco después de aprobar su todavía hoy vigente Constitución de 1787. Superado un primer momento de euforia revolucionaria y mesianismo político -encarnado en la persona de George Washington-, y asumida ya como una cuestión de hecho la independencia de las 13 colonias, los ciudadanos americanos tuvieron que decidir, completamente &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40009/abocados-a-la-europa-de-hamilton/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Domingo Oslé, </strong>catedrático de la Universidad de Navarra e investigador del Straus Institute de la Universidad de Nueva York (EL MUNDO, 03/02/12):</p>
<p>La grave crisis política, económica e institucional que está atravesando la joven Unión Europea recuerda en muchos aspectos a la que sufrieron los Estados Unidos de América poco después de aprobar su todavía hoy vigente Constitución de 1787. Superado un primer momento de euforia revolucionaria y mesianismo político -encarnado en la persona de George Washington-, y asumida ya como una cuestión de hecho la independencia de las 13 colonias, los ciudadanos americanos tuvieron que decidir, completamente endeudados por el alto precio de la Revolución, cuál iba a ser el modelo político y económico más propicio para construir una nación democrática integrada por un puñado de estados totalmente diferenciados.</p>
<p>Se inició por entonces un intenso debate público al respecto protagonizado por dos grandes colosos de la política: Thomas Jefferson, autor de la Declaración de Independencia americana, y Alexander Hamilton, gran defensor de la Constitución y arquitecto de la estructura económica y financiera de la flamante nación. Las vidas de ambos <em>founding fathers</em> fueron selladas por la Revolución Americana. Sin esta, Jefferson y Hamilton hubieran pasado del todo inadvertidos. Sin ellos, la Revolución, de seguro, no hubiera gozado de la potencia intelectual y atractivo político que la marcó desde sus inicios.</p>
<p>Ambos admiraron, con distinta intensidad y matiz, al inefable comandante en jefe George Washington y ambos lo tuvieron, de por vida, por el verdadero hacedor de la nueva nación. Ambos formaron parte de su primer gabinete: Jefferson, como secretario de Estado; Hamilton, como secretario del Tesoro. Y fue entonces precisamente cuando Jefferson y Hamilton comenzaron a rivalizar y a considerarse enemigos políticos defendiendo visiones totalmente opuestas sobre el desarrollo constitucional e institucional de los Estados Unidos. Sendos programas políticos fueron el germen del Partido Federalista, liderado por Hamilton, y el Partido Republicano, dirigido por Jefferson.</p>
<p>El debate político entre federalistas y republicanos ha ejercido un impacto tan profundo en la historia americana que todavía, en cierta manera, continúa estando presente y dividiendo a los propios ciudadanos. Y es que se trata de un debate que afecta a la misma identidad de la nación y que, por tanto, no puede perder vigencia en una democracia bien constituida. De ahí que pueda tener también una actualidad extraordinaria en nuestra tambaleante Europa.</p>
<p>Hijo de la unión no matrimonial de un mercader escocés venido a menos y una muchacha divorciada descendiente de hugonotes franceses, Alexander Hamilton había nacido en Charlestown, la capital de la isla de Nieves, una colonia británica ubicada en las Antillas, probablemente en 1757. Abandonado por su padre y huérfano de madre, el joven Alexander comenzó a trabajar en una empresa de exportación hasta que pudo costearse el viaje para <em>hacer sus Américas</em>. Su profundo sentido del honor, su extraordinaria capacidad intelectual y su ambición política pronto llamaron la atención de George Washington, que lo nombró ayudante de campo en 1777. Desde entonces y hasta la muerte del general en 1799, Hamilton fue uno de sus más leales colaboradores.</p>
<p>Ávido lector de Hobbes y Montesquieu, amante de la eficiencia, el realismo político, el orden y la organización, al no estar vinculado por nacimiento a colonia alguna, Hamilton representaba mejor que nadie la necesidad de un poder federal centralizado y fuerte, así como la defensa de los intereses mercantiles e industriales de los puertos marítimos y la importancia de las grandes ciudades, como su querida Nueva York.</p>
<p>Hamilton deseaba emplear, y de hecho lo consiguió, toda la potencialidad del poder federal para modernizar la joven nación americana. Soñaba con una nación industrializada, que ocupara un peso específico en el concierto de las naciones del orbe. Por eso, como primer secretario del Tesoro del presidente Washington, Hamilton apostó por el apoyo a las industrias nacientes, por el establecimiento de tarifas arancelarias moderadas, por las restricciones a la importación y por el fomento de las relaciones comerciales con Gran Bretaña.</p>
<p>Hamilton diseñó un eficaz sistema de crédito nacional con el fin de garantizar el desarrollo industrial, la actividad comer- cial y las operaciones del gobierno. Para Hamilton, el interés general y la creatividad humana eran los verdaderos garantes de toda economía: «La deuda nacional, si no es excesiva, será para nosotros una bendición nacional», repetía una vez y otra con palabras que escandalizan, entre otros, a su colega Jefferson.</p>
<p>En efecto, muy poco tiene que ver con lo descrito hasta ahora la figura del autor de la Declaración de Independencia y tercer presidente de los Estados Unidos. De insaciable curiosidad intelectual, amante de la libertad política y del cultivo de las virtudes republicanas, de su querida Virginia y de su preciosa finca en Monticello, Thomas Jefferson era unos cuantos años mayor que Hamilton. Aristócrata ilustrado, con la vida ya resuelta desde su primer aliento y casado con una joven viuda rica, Jefferson representaba el poder de los estados coloniales en defensa de una república agraria descentralizada.</p>
<p>Como secretario de Estado del presidente Washington, Jefferson no cuestionaba la importancia de un gobierno central fuerte en las relaciones exteriores, pero no quería en modo alguno trasladar ese esquema a la política interna de los Estados Unidos. Jefferson advertía a sus paisanos que no era amigo de un gobierno federal «con mucha energía», y aborrecía cualquier idea que pudiera sonar lo más mínimo a tiranía. Por origen, trayectoria, ideología y carácter, el choque entre Jefferson y Hamilton era constante, por más que Washington intentara mediar.</p>
<p>Cuando Hamilton presentó su proyecto de ley para establecer un banco nacional, Jefferson se opuso firmemente. Erigido en representante de los defensores de los derechos de los estados, Jefferson afirmó que la Constitución expresamente enumeraba todas las competencias del gobierno federal reservando las demás a los estados. En ninguna parte se decía que alguien estuviera facultado para establecer un banco nacional.</p>
<p>Hamilton defendió una posición contraria basada en una interpretación de la norma constitucional más elástica y flexible, acomodada a las necesidades políticas y sociales. Y fue la que prevaleció, marcando un importante precedente en la interpretación constitucional expansiva de las competencias del gobierno federal. Gracias a su aprobación por el Congreso, las medidas adoptadas por Hamilton alentaron y estimularon el comercio y la industria, y sirvieron para poner las bases del espléndido desarrollo económico de los Estados Unidos como potencia mundial. De haber seguido la política democrática jeffersoniana, otro hubiera sido el camino recorrido por esa gran nación americana. Muy otro, sin duda.</p>
<p>La profunda crisis que nos aflige es un momento privilegiado para preguntarnos seriamente por el modelo de Europa que deseamos. Ese modelo condicionará por decenios la política económica y financiera que deba llevarse a cabo desde la Unión Europea. Y también nuestras democracias. La respuesta es compleja, tanto técnica como políticamente. Pero si algo no cabe es una respuesta esquizofrénica, como la actual.</p>
<p>No se puede soñar con la Europa de Hamilton aplicando la política de Jefferson: no se puede aspirar a una Europa institucionalmente fuerte, desempeñando un papel importante en nuestro orbe globalizado, defendiendo, al mismo tiempo, la plena soberanía de los estados miembros de la Unión. Pero tampoco se puede soñar con una bucólica Europa jeffersoniana, si queremos salir de la crisis económica a corto o medio plazo.</p>
<p>A estas alturas, se quiera o no, estamos abocados a la construcción de una Europa hamiltoniana, es decir, al establecimiento de un modelo económico y financiero sólido sobre el que se puedan apoyarse las instituciones democráticas europeas y los estados miembros de la Unión. Y una respuesta hamiltoniana exige medidas hamiltonianas. El precio político y social que hay que pagar es muy alto: cesión de soberanía estatal en un marco de ausencia de legitimidad democrática por falta de responsabilidad política. Pero, aunque me cueste decirlo porque mi corazón es jeffersoniano, no hay otra salida. Dos siglos después, Hamilton sigue venciendo a Jefferson. También en Europa.</p>
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		<title>El miedo ha salvado quizá el euro</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39926/el-miedo-ha-salvado-quiza-el-euro/</link>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 19:23:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Su último libro es <em>Los hechos son subversivos: ideas y personajes para una década sin nombre.</em> Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 30/01/12):</p>
<p>Angela Merkel llegó a Davos el miércoles 25 de enero y, en un discurso construido con tanta solidez como un Mercedes, volvió a asegurar a los líderes económicos del mundo que el euro se va a salvar. Esta vez, sin embargo, existe una diferencia: parece que hay más gente que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39926/el-miedo-ha-salvado-quiza-el-euro/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Su último libro es <em>Los hechos son subversivos: ideas y personajes para una década sin nombre.</em> Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 30/01/12):</p>
<p>Angela Merkel llegó a Davos el miércoles 25 de enero y, en un discurso construido con tanta solidez como un Mercedes, volvió a asegurar a los líderes económicos del mundo que el euro se va a salvar. Esta vez, sin embargo, existe una diferencia: parece que hay más gente que se lo cree. Y eso suscita de inmediato dos preguntas: aunque se salve la eurozona, ¿dónde está la estrategia de crecimiento? ¿Y dónde deja ese rescate del euro a la política europea en general?</p>
<p>A propósito del euro, noto un cambio de ánimo considerable. Hace seis meses, los líderes políticos y empresariales no estaban convencidos de que Europa en general, ni Alemania en particular, fueran a hacer lo que era necesario. Una acumulación gradual de medidas pragmáticas individuales -muy al estilo de Merkel- ha cambiado esa sensación. Está la decisión de acelerar la implantación del Mecanismo de Estabilidad Financiera el próximo verano, pisando los talones al Instrumento Europeo de Estabilidad Financiera ya existente. Está el papel muy activo del FMI, otro método indirecto que tienen los Gobiernos europeos para ayudar (e imponer condiciones) a otros Gobiernos europeos. Están los &#8220;dos Marios&#8221;. Hace poco oí a un destacado banquero calificar la iniciativa de Mario Draghi de conceder generosos préstamos a tres años del Banco Central Europeo a los bancos como &#8220;la forma europea de FC (flexibilización cuantitativa)&#8221;. El programa pedagógico de Mario Monti para Italia también ha recibido elogios. No se trata de un &#8220;gran bazuka&#8221; al estilo de China o Estados Unidos; la versión europea consiste en un despliegue de bazukas pequeños y medianos.</p>
<p>Dado que la realidad de los mercados es cuestión de percepciones, y que los seres humanos que forman &#8220;los mercados&#8221; tienen una sólida representación aquí, en Davos, podemos decir que esa percepción es también un elemento de realidad. El ánimo podría volver a cambiar, incluso en cuestión de días, si no se resuelve el aparente punto muerto en el que se encuentra la situación de la deuda griega. Pero cada vez se oye más decir que Grecia es un caso especial. En caso de una bancarrota griega, la eurozona tendría que actuar muy deprisa para demostrar que no iba a dejar que Portugal siguiese el mismo camino. Pero, de conseguirlo, ese podría ser también un punto de inflexión muy positivo. Significaría haber trazado una línea.</p>
<p>Supongamos, pues, que, de aquí a seis meses, se salva la eurozona. Surgen dos problemas. El primero: ¿de dónde va a venir el crecimiento? La receta alemana de austeridad -sobre la que Merkel cree que necesita convencer a los reacios votantes</p>
<p>alemanes (con unas elecciones nacionales en el horizonte, el próximo año), el Bundesbank y el Tribunal Constitucional alemán- no da una respuesta clara.</p>
<p>Como advirtió George Soros en el discurso pronunciado en Davos el miércoles, si Europa no tiene una estrategia de crecimiento, corre peligro de caer en una &#8220;espiral de deuda deflacionaria&#8221;. Si las economías se contraen y los ingresos fiscales disminuyen, el peso de la deuda -la ratio de la deuda acumulada respecto al PIB- aumentaría. A principios de semana, el FMI hizo pública una previsión revisada en la que hablaba de una contracción de la economía de la eurozona del 0,5% en 2012; por supuesto, a algunos países les irá mucho peor que a otros, y Reino Unido se verá arrastrado.</p>
<p>Lo cual nos devuelve a la política. Si los mercados se mueven por percepciones y emociones, también lo hacen las democracias. Los primeros dependen de las de unos cuantos, y las segundas, de las de muchos. Y los sentimientos en Europa son muy negativos. Lean los periódicos, vean la televisión, observen las encuestas de opinión, sigan los debates en los Parlamentos nacionales, vean las manifestaciones en las calles: encontrarán pocas muestras de lo que Merkel llamó el otro día &#8220;la felicidad de poder construir cosas juntos&#8221;.</p>
<p>Existen enormes resentimientos entre unas naciones y otras: los griegos contra los alemanes y los alemanes contra los griegos; los europeos del norte contra los del sur; los británicos contra casi todos y casi todos contra los británicos. Existe una crisis general de confianza en el proyecto europeo. Y existe un escepticismo e incluso cinismo generalizado sobre los políticos, tanto nacionales como europeos.</p>
<p>Si lo que estamos presenciando es la salvación del euro, es un triunfo del miedo, no de la esperanza. Otros grandes momentos del proyecto europeo -la implantación del mercado único, 1989, las sucesivas ampliaciones, el lanzamiento del propio euro- se produjeron gracias a la esperanza. Hoy, es el miedo el que ha llevado a Alemania y otros a hacer lo mínimo necesario: el miedo a que los costes de la bancarrota sean más altos que la desagradable y antipática alternativa de &#8220;rescatar&#8221; a los países en dificultades.</p>
<p>Si la eurozona no recupera el crecimiento, o si solo lo hace en unos cuantos países mejor situados, estos resentimientos se multiplicarán. Aunque salga adelante, la crisis dejará legados de rencor. Cada vez más personas en la UE se preguntarán: &#8220;¿Así que para esto es para lo que de verdad sirve Europa?&#8221;. (Recordemos que la unión monetaria europea se concibió no solo como una medida económica sino también, quizá incluso más, como una medida política). Esta pregunta tiene buenas respuestas, que es preciso articular con urgencia. Son soluciones que tienen que ver con nuestra capacidad de negociación en el mundo del siglo XXI, un mundo de gigantes emergentes, no occidentales, como China e India; desafíos globales como el cambio climático; la <em>primavera árabe,</em> la serie de acontecimientos más esperanzadora de esta década; y la defensa (con la ayuda de la crucial inmigración del mundo árabe, bien administrada) de los logros internos del último medio siglo, incluida cierta mezcla europea de prosperidad relativa, calidad de vida, justicia social y seguridad.</p>
<p>Sería una insensatez creer que el euro ha sido el camino mejor y más recto para alcanzar esos objetivos. Si el euro no existiera, no sería necesario implantarlo todavía durante un tiempo. Pero existe, con todos los defectos de diseño que ahora se ven. Tenemos que partir desde donde estamos. Ahora sería peor volver atrás que seguir adelante. Por difícil que sea, los europeos deben corregir esos defectos sobre la marcha, trabajar dentro de los necesarios límites que les imponen las democracias nacionales y añadir una estrategia de crecimiento.</p>
<p>Y, sobre todo, tenemos que reconocer que salvar el euro no puede sustituir al proyecto político general cuyo núcleo y catalizador se suponía que debía ser. La política del miedo quizá ha salvado el euro. Necesitamos una política de la esperanza para dar con una respuesta europea a la <em>primavera árabe.</em></p>
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		<title>Héroes de la idea</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Jan 2012 18:49:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando García de Cortázar</strong>, director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad (ABC, 29/01/12):</p>
<p>Hace más de siglo y medio, cuando Chateaubriand evocaba el regreso de Luis XVIII a París, recordaba el desprecio en la mirada de los veteranos del ejército napoleónico al presentar sus armas ante el monarca que había sustituido al emperador de los franceses. La pompa sin gloria de aquel retorno de la monarquía legítima por el que tanto había luchado, encarnada en un anciano que parecía llevar en su apariencia toda la decrepitud del antiguo régimen, le permitía referirse al tiempo recién &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39919/heroes-de-la-idea/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando García de Cortázar</strong>, director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad (ABC, 29/01/12):</p>
<p>Hace más de siglo y medio, cuando Chateaubriand evocaba el regreso de Luis XVIII a París, recordaba el desprecio en la mirada de los veteranos del ejército napoleónico al presentar sus armas ante el monarca que había sustituido al emperador de los franceses. La pompa sin gloria de aquel retorno de la monarquía legítima por el que tanto había luchado, encarnada en un anciano que parecía llevar en su apariencia toda la decrepitud del antiguo régimen, le permitía referirse al tiempo recién inaugurado, en el que la desaparición de los grandes hombres dejaría paso a la soledad poco heroica de los acontecimientos. No era Chateaubriand persona que se dejara perder en el laberinto de las emociones. Por el contrario, sus Memorias de ultratumbaestaban destinadas a elogiar el regreso de una política que no exigiera el sacrificio masivo de los hombres, ni su perpetuo cautiverio en las profundidades excitadas de los abismos revolucionarios.</p>
<p>Pero esa defensa de la normalidad gris, de la prudencia, del derecho a la seguridad de las personas, contenía también las pavesas de unas ilusiones perdidas, las cenizas de algunos sueños de juventud, vividos en las inmediaciones de la Revolución francesa. Antes de que el Terror le empujara a desear el regreso del orden pretérito y el repudio de los principios de 1789, Chateaubriand se sintió ligado a algo que recordó, melancólicamente, cuando todo había terminado. La grandeza de las ideas y de los hombres y mujeres que las encarnan. La calidad de un tiempo en el que la representación política iba aparejada a la más alta captación de las líneas maestras de una época. Chateaubriand no podía ya reivindicar a los grandes personajes cuya deriva sufrió tan a fondo, cuando la idea de la libertad no ardía en los mismos altares que se alzaron en su nombre: se limitó a indicar las débiles palpitaciones, la arritmia ideológica de unos tiempos que confundieron el realismo con la mediocridad.<br />
El siglo XX nos ha blindado con un sano recelo ante las monstruosas criaturas de los sueños de la razón. Y la reflexión sobre el desvarío humano, las guerras civiles, los campos de exterminio o el sacrificio de una generación europea llevó a una ruptura integral con el mundo anterior a 1945, aquel estercolero en el que se depositaron las esperanzas y utopías trastornadas de la época de entreguerras. A quienes creen que la política debe ostentar el rango de la intolerancia, de las comunidades exclusivas, de las identidades acérrimas, debería recordarse más a menudo que nuestro territorio moral se constituyó precisamente sobre la negación del vivir peligrosamente, el miedo a perderlo todo y el rechazo al afán adolescente de aventuras. Sobre el descubrimiento de la indigencia del mundo se asienta nuestro impulso ético. En él se fundamenta nuestra rectitud, nuestra cordura y el recinto más íntimo y precioso de nuestra participación en el destino de la humanidad.</p>
<p>Sin embargo, nuestro tiempo no sólo debe exhibir esa lección bien aprendida, siempre conveniente para cerrar la boca a quienes pronuncian discursos abismales que resuenan cuando el sufrimiento social turba el sentido común y amenaza con desvelar nuestra infinita capacidad de destrucción. Porque la experiencia de aquella época terrible no fue vencida con el relativismo moral, la ironía estilística, el desguace de las ideas y la reducción de la política a las amistades peligrosas y las clientelas con derecho a dietas. Ni tampoco con ejemplos obscenos del inventario de Talleyrand que confesaba haber sido comprado por muchos para acabar vendiéndolos a todos.</p>
<p>Los años que siguieron a la segunda guerra mundial fueron la hechura de una generación de líderes nacionales que deseaban comprender en qué había consistido la catástrofe de Europa y trenzaron su atroz experiencia personal con una voluntad de reconstrucción del humanismo europeo. Llevaban en su corazón el significado de Europa en la historia, olvidado hasta la extenuación por aquel eclipse de nuestra cultura que culminó en la gran masacre de 1939. Procedían de la estirpe de quienes resistieron en los cenagales del nacionalismo totalitario y del comunismo, movimientos para los que la vida del hombre era menos importante que el robustecimiento de la Historia. Su triunfo no fue fácil, pero les otorgó un carácter singular. Su moderación no procedió de la flaqueza de sus ideas, sino de un duro aprendizaje en la necesidad de preservarlas. Su amor a la libertad no fue fruto de la indolencia, sino de un penoso esfuerzo por recuperarla.</p>
<p>Hombres como De Gaulle, De Gasperi, Adenauer, Churchill, Schuman, Mendès France, entre tantos otros líderes de la posguerra,… tenían ideas y vivían en creencias. Como lo hizo Blas de Otero pidiendo la paz y la palabra, porque sobre una se construye y en la otra se convive. Disponían de principios y sólo comprendieron su labor en relación con éstos. Para ellos, cada una de sus naciones y Europa entera no eran territorios asépticos, sino los lugares que habían proporcionado al mundo los valores esenciales de la modernidad y el imperativo moral de su defensa. Valores que sólo podían recuperarse ejerciendo un liderazgo que no se limitaba a una delegación formal de la voluntad de los ciudadanos expresada en las urnas, sino que tenía que practicarse sobre la solidez de unas convicciones.</p>
<p>La nuestra es una crisis económica pero que se acompaña de la desconfianza de los ciudadanos por sus representantes, de la carencia de puntos de orientación que modulen de nuevo el carácter de una cultura. La política parece haberse convertido en menudeo, cálculo infinitesimal, longitud de pasillos y anchura de salas de espera para el medro. La corrupción desalienta a los ciudadanos, mientras la falta de ideología se exhibe como pintoresca virtud del gobernante. Europa dice unirse, pero ha olvidado las fechas y los motivos profundos de su constitución, cuando unas pocas e inmensas personalidades tiraban de ella hacia la superficie de la libertad, de la responsabilidad y de la política digna de ese nombre. Los gobiernos se prueban en los problemas y en las crisis, pero a veces los pueblos necesitan que los gobernantes no sean solo genios de la administración sino también héroes de las ideas. Hoy sabemos que con aquellos hombres se fue el último fulgor de Europa y el mundo dijo adiós a cuanto hasta entonces había significado el viejo continente. En este invierno de nuestra orfandad, recordamos lo que recuperaron para todos nosotros hace setenta años. Y nos preguntamos si, para salir del callejón al que nos han conducido la insensatez, la incompetencia y el desprecio por las ideas, sabremos entender el mensaje que aún parecen transmitirnos aquellos que levantaron su voz sobre los despojos de una Europa en ruinas. Si sabremos distinguir entre el desacuerdo y el antagonismo, entre la opinión propia y la deslegitimación de la contraria, entre la convicción serena y la colérica afirmación de una certeza despiadada.</p>
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		<title>La verdad sobre la negociación</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 18:48:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Alexios Arvanitis</strong>, investigador de la Universidad Panteion de Atenas (LA VANGUARDIA, 28/01/12):</p>
<p>Cuando la gente y los países negocian, suelen referirse a sus intereses como si fueran las únicas cuestiones que podrían propiciar un acuerdo. Al emitir su veto en la cumbre de la UE en diciembre en Bruselas, el primer ministro británico, David Cameron, dijo: “Lo que se ofrece no está dentro de los intereses de Gran Bretaña, de modo que no lo acepté”, como si el acuerdo hubiera dependido exclusivamente de si se satisfacían o no sus intereses.</p>
<p>Tal vez alcanzar un acuerdo nunca fue el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39910/la-verdad-sobre-la-negociacion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Alexios Arvanitis</strong>, investigador de la Universidad Panteion de Atenas (LA VANGUARDIA, 28/01/12):</p>
<p>Cuando la gente y los países negocian, suelen referirse a sus intereses como si fueran las únicas cuestiones que podrían propiciar un acuerdo. Al emitir su veto en la cumbre de la UE en diciembre en Bruselas, el primer ministro británico, David Cameron, dijo: “Lo que se ofrece no está dentro de los intereses de Gran Bretaña, de modo que no lo acepté”, como si el acuerdo hubiera dependido exclusivamente de si se satisfacían o no sus intereses.</p>
<p>Tal vez alcanzar un acuerdo nunca fue el objetivo de Cameron. Si bien los resultados “donde todos salen ganando” cada vez más se consideran el objetivo máximo de toda negociación, ¿qué sucede si las partes negociadoras plantean un resultado donde todos ganan pero que, en realidad, afecta a quienes no participan en las conversaciones o va contra la ley? ¿Qué pasa si el resultado es beneficioso pero contrario a los principios de las partes negociadoras?</p>
<p>Imaginemos que estamos en una mesa de negociación y queremos que la otra parte esté de acuerdo con nosotros. Una estrategia que podría funcionar sería resaltar que el resultado es beneficioso para todos los involucrados. Pero el resultado que proponemos tal vez no sea justo, o realista, o quizás mintamos de manera consciente. Así las cosas, aunque esté basada en intereses, una propuesta de estas características no será aceptada fácilmente.</p>
<p>De hecho, cuando analizamos cuántas cuestiones hay que considerar, resulta obvio que la negociación es un tipo de comunicación que implica mucho más que intereses. Los principios, la moralidad y el simple respeto por la verdad guían un acuerdo tanto como los intereses.</p>
<p>Algunos dirían que los negociadores exitosos requieren sólo tacto –la capacidad de usar principios para ocultar los verdaderos intereses propios–. Si esto fuera así, EE.UU. estuvo acertado cuando declaró la guerra a Iraq a partir de la amenaza planteada por el régimen de Sadam Husein. Pero hoy la opinión generalizada sostiene que la manera en que Estados Unidos negoció entrar en guerra fue un error –un error que le costó una enorme credibilidad como socio negociador.</p>
<p>Por cierto, EE.UU. suele defender principios elevados, como la libertad y la democracia, y los incorpora exitosamente en su política exterior. Al defender la ayuda económica a Europa tras la Segunda Guerra Mundial, el general George C. Marshall, entonces secretario de Estado, ofreció un discurso inspirador en el que sostenía que la política estadounidense no está dirigida contra “ningún país o doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos”. El plan Marshall tenía que ver tanto con los principios como con proteger los intereses estadounidenses.</p>
<p>Aunque la retórica del Gobierno de Cameron parezca estar centrada en “intereses”, sus posiciones de negociación también reflejan principios más elevados, como sucede con las de otros países. La ONU y otras organizaciones dan testimonio del compromiso de los países con los principios de justicia y solidaridad, y con su voluntad de dejar de lado sus agendas acotadas para servir a causas más nobles. La negociación debería abordar estas causas tanto como los intereses.</p>
<p>Nada de esto pretende negar que los intereses, después de todo, efectivamente tienen un papel en las negociaciones, o que los intereses puedan afectar la moralidad. Emmanuel Kant opinaba lo contrario –que la moralidad debería estar libre de intereses no universales–. Pero Jürgen Habermas sostiene que las normas morales son válidas siempre que la gente las acepte libremente después de haber considerado las consecuencias de su puesta en práctica para satisfacer intereses. Por supuesto, la consideración de intereses significa simplemente eso: se deben tener en cuenta; no se tienen que satisfacer en su totalidad.</p>
<p>En algunos casos, la defensa de intereses por sí sola podría parecer apropiada –por ejemplo, en ciertas transacciones comerciales–. Cuanto más complicada una negociación, más difícil resulta ignorar cuestiones complejas como valores y normas o la importancia de ser sincero. Como decía Aristóteles: “Aquello que es verdad y mejor naturalmente es siempre más fácil de demostrar y más factible de persuadir”. El no ofrecer argumentos y razones apropiados para una posición negociadora podría llevar a una interrupción de la comunicación entre las partes.</p>
<p>Si las negociaciones necesitan una argumentación apropiada de este tipo, seguramente tiene sentido que muchas diferencias se resuelvan fuera del contexto de las negociaciones. De la misma manera, ciertas negociaciones no son en absoluto negociaciones, sino que se las entiende mejor como procesos de extorsión y chantaje.</p>
<p>En el mundo globalizado, la verdadera negociación es necesaria. Los países y los pueblos forman una red interconectada de intereses que no se pueden desentrañar fácilmente ni satisfacer de modo aislado. Resolver las disputas requiere principios aceptados mutuamente que guíen el modo en que interactúan individuos y países. La negociación es el camino hacia una resolución exitosa de los conflictos, pero se debe hacer según las reglas básicas de una comunicación verdadera y abierta.</p>
<p>Los países y los pueblos deberían dejar de debatir los intereses que suelen dividirlos y empezar a discutir los principios que los unen. Siempre que la comunicación se lleve a cabo de manera sincera y con respecto por los valores, las normas y los hechos objetivos, las negociaciones podrán alcanzar un consenso y un acuerdo.</p>
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		<title>L&#8217;Union est morte ? Vive l&#8217;Union !</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 11:39:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Anthony Giddens</strong>, sociologue britannique, professeur émérite à la London School of Economics and le théoricien du concept de &#8220;Troisième voie&#8221; qui a porté Tony Blair au pouvoir en 1997. Traduit de l&#8217;anglais par Gilles Berton (LE MONDE, 25/01/12):</p>
<p>La crise européenne est une crise existentielle. Il s&#8217;agit de savoir si l&#8217;Union européenne parviendra à survivre en tant qu&#8217;entité identifiable. Je m&#8217;exprime en proeuropéen. L&#8217;Union a réconcilié un continent divisé après la seconde guerre mondiale et la chute de l&#8217;URSS. Le marché unique a permis d&#8217;accroître le volume des échanges. L&#8217;UE a initié des projets humanitaires dans le monde &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39890/lunion-est-morte-vive-lunion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Anthony Giddens</strong>, sociologue britannique, professeur émérite à la London School of Economics and le théoricien du concept de &#8220;Troisième voie&#8221; qui a porté Tony Blair au pouvoir en 1997. Traduit de l&#8217;anglais par Gilles Berton (LE MONDE, 25/01/12):</p>
<p>La crise européenne est une crise existentielle. Il s&#8217;agit de savoir si l&#8217;Union européenne parviendra à survivre en tant qu&#8217;entité identifiable. Je m&#8217;exprime en proeuropéen. L&#8217;Union a réconcilié un continent divisé après la seconde guerre mondiale et la chute de l&#8217;URSS. Le marché unique a permis d&#8217;accroître le volume des échanges. L&#8217;UE a initié des projets humanitaires dans le monde entier. Ses adversaires affirment que les pays qui la composent ont sacrifié des pans entiers de leur souveraineté. On peut cependant objecter que dans un monde en voie de globalisation, la mise en commun de certains domaines de souveraineté permet à chaque pays d&#8217;avoir un meilleur contrôle sur ses propres affaires qu&#8217;il n&#8217;en aurait sans cela.</p>
<p>Dans des circonstances aussi sombres que celles qui prévalent aujourd&#8217;hui, quel espoir y a-t-il de voir l&#8217;UE non seulement survivre, mais continuer à prospérer ? Les causes de cette crise sont nombreuses. Certaines débordent largement le cadre de l&#8217;Union elle-même, tandis que d&#8217;autres sont dues à un défaut d&#8217;évolution de ses institutions. Ces causes sont : 1. Le tarissement du crédit après une période où les prêts ont été consentis avec beaucoup trop de laxisme par les banques et les établissements de prêt hypothécaire dans la plupart des pays industriels ; 2. La structure institutionnelle de l&#8217;UE, qui évolue trop lentement et n&#8217;est pas apte à réagir à des problèmes exigeant une réponse rapide ; 3. Le fait que l&#8217;euro a été instauré sans appui budgétaire et sans prêteur de dernier recours &#8211; les règles de discipline prévues par le pacte de stabilité et de croissance ont été régulièrement enfreintes ; 4. La convergence économique censée se réaliser entre pays aisés et pays plus pauvres n&#8217;a pas eu lieu. L&#8217;agenda de Lisbonne, conçu pour rendre l&#8217;économie européenne <em>&#8220;la plus compétitive du monde&#8221;</em>, a été ignoré par les pays qui en avaient le plus besoin &#8211; notamment ceux du Sud. Au lieu par exemple de réformer les retraites ou le marché du travail, les gouvernements se sont contentés d&#8217;emprunter pour honorer leurs engagements.</p>
<p>Quelles sont les raisons d&#8217;espérer ? Elles résident pour une bonne part dans le choc même provoqué par la crise. Chacun voit bien que le statu quo n&#8217;est plus tenable et qu&#8217;il faut ouvrir une nouvelle voie vers l&#8217;avenir. Une telle situation incite à envisager des innovations beaucoup plus radicales et immédiates qu&#8217;on ne le ferait dans des périodes plus calmes. Une réponse efficace et rapide aux affres de l&#8217;euro est nécessaire, mais elle devrait être une passerelle vers un changement à plus long terme, ainsi qu&#8217;un encouragement à imaginer des solutions nouvelles.</p>
<p>Il est possible que l&#8217;euro ne survive pas, car stabiliser la monnaie suppose non seulement de s&#8217;engager dans une intégration plus grande et une discipline budgétaire plus stricte, mais aussi de résoudre les problèmes d&#8217;un système bancaire en difficulté. Supposons toutefois que l&#8217;euro &#8211; grâce peut-être à un soutien extérieur &#8211; s&#8217;en sorte, ce qui semble le plus probable. La meilleure issue à ce stade, contrairement à ce que beaucoup soutiennent, serait que la zone euro se renforce et conserve l&#8217;ensemble de ses dix-sept membres. Cela pourrait être en réalité le seul moyen de mettre en oeuvre les réformes dont les pays en difficulté ont besoin.</p>
<p>Une étude récente réalisée par Euro Plus Monitor indique que la convergence qui n&#8217;a pas eu lieu au moment de la mise en place de l&#8217;euro s&#8217;opère désormais très rapidement. L&#8217;étude classe les pays de la zone euro selon leur situation économique d&#8217;ensemble et la rapidité avec laquelle ils ajustent leur économie. Les pays regroupés sous le sobriquet désobligeant de PIGS (Portugal, Italie, Grèce et Espagne) se retrouvent dans les six premières places en raison du rythme soutenu des réformes. La Grèce arrive dernière sur le plan de la situation économique générale, mais se place au deuxième rang du point de vue du degré d&#8217;ajustement en cours dans son économie.</p>
<p>Les auteurs de l&#8217;étude insistent à juste titre sur la nécessité urgente de ne pas centrer le débat européen uniquement sur l&#8217;austérité budgétaire à court terme, mais d&#8217;envisager des réformes à long terme capables de promouvoir la création de richesse. A partir de l&#8217;exemple grec, ils affirment que le soutien extérieur comme la restructuration interne devraient s&#8217;attacher à créer des opportunités d&#8217;investissement et ouvrir de nouveaux marchés. Ils concluent en observant que, même s&#8217;ils devront en passer par une période douloureuse, les pays de la zone euro pourraient sortir de l&#8217;épreuve plus forts que les Etats-Unis et le Japon, lesquels n&#8217;ont pas entrepris de telles réformes.</p>
<p>Mais où en est la démocratie ? On assiste à une forte résistance des populations à l&#8217;égard des réformes imposées d&#8217;en haut. Le philosophe allemand Jürgen Habermas a exprimé son amertume devant la corruption des processus démocratiques et l&#8217;aggravation du &#8220;déficit démocratique. M. Habermas a raison. Pourtant un nouveau débat se fait jour sur la façon dont les limitations traditionnelles de l&#8217;UE &#8211; son manque de leadership politique comme de légitimité démocratique &#8211; pourraient être surmontées.</p>
<p>Le club de réflexion Council for the Future of Europe, dont je fais partie, débat par exemple de la possibilité d&#8217;élire directement les dirigeants européens ; de la création d&#8217;un système similaire à celui de la Confédération helvétique, avec présidence tournante ; ou encore de la transformation du Conseil européen en un Sénat qui représenterait les pays membres au sein d&#8217;une fédération. Discuter de ces questions et de nombreuses autres possibilités &#8211; ainsi que de leur faisabilité &#8211; constituera un élément indispensable de la refonte à long terme de l&#8217;Union.</p>
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		<title>&#8216;Costa Concordia&#8217;: ¿el naufragio de Europa?</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jan 2012 17:46:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jordi García-Soler</strong>, periodista (EL PERIÓDICO, 24/01/12):</p>
<p>A menudo la realidad supera a la ficción. El trágico naufragio del crucero Costa Concordia ante la pequeña isla italiana de Giglio enlaza con una ficción cinematográfica reciente, la de la que, por ahora, es la última película del veterano director franco-suizo Jean-Luc Godard, Film socialisme. Y es que la primera parte de esta larga película fue rodada hace poco más de un año, en el 2010, precisamente a bordo del Costa Concordia.</p>
<p>Film socialisme fue presentada en el Festival de Cannes del 2010, en la sección Un certain regard. Como suele &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39849/costa-concordia-el-naufragio-de-europa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jordi García-Soler</strong>, periodista (EL PERIÓDICO, 24/01/12):</p>
<p>A menudo la realidad supera a la ficción. El trágico naufragio del crucero Costa Concordia ante la pequeña isla italiana de Giglio enlaza con una ficción cinematográfica reciente, la de la que, por ahora, es la última película del veterano director franco-suizo Jean-Luc Godard, Film socialisme. Y es que la primera parte de esta larga película fue rodada hace poco más de un año, en el 2010, precisamente a bordo del Costa Concordia.</p>
<p>Film socialisme fue presentada en el Festival de Cannes del 2010, en la sección Un certain regard. Como suele ocurrir desde hace tiempo con las obras de Godard, las reacciones que Film socialisme provocó en Cannes fueron muy contradictorias: desde la exaltación entusiasta de unos pocos críticos hasta el desinterés total del resto. Y es que las obras de Godard hace ya muchos años que quedan lejos del gran impacto causado por su primer largometraje, aquel mítico À bout de souffle que hace más de medio siglo, en 1960, marcó el nacimiento de la nouvelle vague, el movimiento de renovación del cine francés en el que Godard coincidió, entre otros, con François Truffaut, Eric Rohmer, Claude Chabrol y Jacques Rivette.</p>
<p>Con más de 80 años de edad y una producción que, entre largometrajes, cortometrajes, documentales y series, abarca ya cerca de un centenar de títulos, desde hace cerca de medio siglo Godard es un cineasta muy politizado. Film socialisme, la película rodada en parte a bordo del Costa Concordia, es un ejemplo. Lo son también otras películas suyas como La chinoise, Loin du Vietnam, Simpathy for the devil o Pravda, por ejemplo.</p>
<p>Godard tiene una concepción «políticamente militante» del cine: «Algunas veces -ha dejado dicho-la lucha de clases es la lucha de una imagen contra una imagen y un sonido contra un sonido. En un filme es la lucha de una imagen contra un sonido y un sonido contra una imagen». Film socialisme se inscribe en esta línea de cine políticamente militante, muy discursivo y siempre polémico. Con su lenguaje cinematográfico tan singular y característico, desconcertante, muy críptico y a menudo caótico, Godard se plantea una reflexión implacable sobre la actual decadencia de Europa.</p>
<p>Formalmente, Film socialisme es un documental, pero en realidad contiene muchos elementos de ficción y cuenta con la participación de diversos actores, entre otros la cantante estadounidense Patti Smith y el filósofo marxista francés Alain Badiou, que de hecho se autointerpretan.</p>
<p>Film socialisme se convierte en una profecía catastrofista sobre el final inexorable de Europa. La primera parte, la que, bajo el título Cosas así, fue rodada a bordo del Costa Concordia, es un episodio que recoge imágenes de un crucero por el Mediterráneo hecho con este barco, durante el cual varios personajes -un policía de Moscú, un criminal de guerra, un filósofo francés, una cantante norteamericana, un embajador palestino y un exdoble agente- conversan entre ellos. Los otros dos episodios, Nuestra Europa -un par de niños que convocan a sus padres en un nocturno tribunal de su infancia y les pasan cuentas sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad- y Nuestras humanidades -una visita a media docena de lugares, entre ellos Barcelona, ​​que son o han sido escenarios de leyendas verídicas o falsas-, completan los más de 100 minutos de la película.</p>
<p>Está claro que el naufragio del Costa Concordia no tiene nada que ver con el contenido del último filme de Godard. Pero no deja de ser curioso que este grave accidente marítimo, con toda su carga trágica de muertos, heridos y damnificados, y también con todos sus elementos de aparente incompetencia e insensibilidad, así como de solidaridad y sacrificio, haya ocurrido precisamente en el mismo barco a bordo del cual Godard iniciaba su largo y demoledor discurso sobre la actual decadencia de una Europa en crisis.</p>
<p>El mundo de los cruceros, hasta hace pocos años reservado solo a pasajeros acaudalados, es ahora un producto turístico de gran consumo. Lo es porque ahora hay unos grandes barcos que, como el Costa Concordia y otros, transportan miles y miles de pasajeros -más de 3.000, en este caso-, con gran numero de tripulantes -más 1.000, en este caso-, en gran parte trabajadores inmigrantes mal pagados. Todo el lujo artificioso y efímero de un gran crucero se convierte en una metáfora de la Europa falsamente opulenta de antes de la crisis. Y el reciente naufragio del Costa Concordia, con las aparentes muestras de incompetencia profesional e insensibilidad humana de su capitán, todos los esfuerzos hechos por muchos de sus tripulantes inmigrantes que hicieron posible el salvamento de muchos pasajeros, el lento e inexorable hundimiento del barco y sus previsibles consecuencias negativas para el medio ambiente y sobre todo para todas sus víctimas, enlaza con las palabras dichas por una joven pasajera a bordo del crucero en el filme de Godard: «Pobre Europa, no purificada, sino humillada por el sufrimiento».</p>
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		<title>O ganamos todos o perdemos todos</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Jan 2012 18:38:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Martin Schulz, </strong>presidente del Parlamento Europeo. Fue elegido por mayoría absoluta el pasado 17 de enero (EL MUNDO, 20/01/12):</p>
<p>Por primera vez desde su creación, se baraja como hipótesis real el fracaso de la Unión Europea. Desde hace meses, la UE se precipita de una cumbre a otra para hacer frente a la crisis, mientras aumenta el nivel de pobreza en muchos países y el desempleo ha alcanzado niveles desastrosos, sobre todo entre los jóvenes. Éstos protestan en las calles de Europa contra un sistema económico en el que unos pocos se embolsan los beneficios, mientras las pérdidas se &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39778/o-ganamos-todos-o-perdemos-todos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Martin Schulz, </strong>presidente del Parlamento Europeo. Fue elegido por mayoría absoluta el pasado 17 de enero (EL MUNDO, 20/01/12):</p>
<p>Por primera vez desde su creación, se baraja como hipótesis real el fracaso de la Unión Europea. Desde hace meses, la UE se precipita de una cumbre a otra para hacer frente a la crisis, mientras aumenta el nivel de pobreza en muchos países y el desempleo ha alcanzado niveles desastrosos, sobre todo entre los jóvenes. Éstos protestan en las calles de Europa contra un sistema económico en el que unos pocos se embolsan los beneficios, mientras las pérdidas se endosan a la colectividad; un sistema en el que unas anónimas agencias de calificación en Nueva York parecen más poderosas que los gobiernos y los parlamentos elegidos democráticamente.</p>
<p>Esta crisis de confianza en la política y en sus instituciones amenaza también la confianza en la construcción europea. Son muchos los que siguen nuestro trabajo con recelo, desde el momento en que las decisiones que nos afectan a todos están siendo adoptadas por los jefes de Gobierno a puerta cerrada. Una vuelta atrás en la forma de hacer política europea, que yo consideraba ya limitada a los libros de Historia.</p>
<p>La Europa surgida tras la guerra se basa en la lúcida constatación de que nuestros intereses ya no pueden separarse de los de nuestros vecinos, en la comprensión de que la UE no es simplemente un juego de suma cero, en el que uno tiene que perder para que el otro gane. Es exactamente lo contrario: o perdemos todos o ganamos todos. Y la fórmula básica para ello es el método comunitario, el que involucra a todas las instituciones: El Parlamento Europeo, la Comisión, el Consejo de la UE representando a todos los gobiernos&#8230; ¡No se trata de un término técnico, sino del alma misma de la Unión Europea!</p>
<p>El proyecto comunitario se ha visto perjudicado estos últimos meses. La toma de decisiones cada vez más frecuente en cumbres y el exceso de reuniones de jefes de Gobierno excluyen como consecuencia a la única institución de la Unión elegida directamente -el Parlamento Europeo-. En esto, los parlamentos nacionales no salen mejor parados.</p>
<p>El resultado de esta política, insuficientemente legitimada a nivel parlamentario, es percibido por la ciudadanía como un dictado de Bruselas. Y el precio lo paga la Unión Europea en su conjunto: éste es el caldo de cultivo de los resentimientos antieuropeos.</p>
<p>Considero que, como presidente recién elegido del Parlamento Europeo, debo oponerme a ese flagrante déficit democrático, a la tendencia a decidir en cumbres y renacionalizar las políticas europeas. Me propongo contribuir a la visibilidad de la Eurocámara como foro democrático y espacio para un verdadero debate con opiniones -a menudo encontradas- sobre la dirección que debe tomar la política de la UE.</p>
<p>No seré un presidente cómodo, sino un presidente que exigirá, cuando sea necesario, el respeto que el Ejecutivo debe al Parlamento. Un presidente que defenderá los intereses de la ciudadanía cuando se vean amenazados y que representará a diputadas y diputados fuertes y comprometidos con los intereses de los votantes. En definitiva, alguien que lo dará todo por recuperar la confianza perdida de la ciudadanía en el proceso de unificación europea. Y desde aquí reto a cualquiera que pretenda defender la posibilidad de construir más Europa con menos democracia parlamentaria.</p>
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		<title>Comment redonner le désir d&#8217;Europe ?</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Jan 2012 17:28:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39757</guid>
		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Danielle Rapoport</strong>, psychosociologue, directrice de DRC (études des modes de vie et de la consommation) (LE MONDE, 20/01/12):</p>
<p>Deux articles parus quasi simultanément dans la presse posent des questions, dès lors qu&#8217;on les relie et les mette en miroir.</p>
<p>Dans celui du <em>JDD</em>, Christine Lagarde évoque <a href="http://www.lejdd.fr/Economie/Actualite/L-analyse-de-la-crise-economique-par-Christine-Lagarde-443782/" target="_blank">l&#8217;actuel blocage politique européen</a>, <em>&#8220;…la montée des égoïsmes nationaux&#8221;</em>, et le <em>&#8220;chacun pour soi&#8221;</em> collectif qui gagnerait du terrain. L&#8217;article des <em>Echos</em> évoque quant à lui la montée d&#8217;une économie du <em>&#8220;lending&#8221;</em>, ces prêts d&#8217;individus à individus qui concernent les besoins de la personne et dans sa  vie quotidienne. &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39757/comment-redonner-le-desir-deurope/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Danielle Rapoport</strong>, psychosociologue, directrice de DRC (études des modes de vie et de la consommation) (LE MONDE, 20/01/12):</p>
<p>Deux articles parus quasi simultanément dans la presse posent des questions, dès lors qu&#8217;on les relie et les mette en miroir.</p>
<p>Dans celui du <em>JDD</em>, Christine Lagarde évoque <a href="http://www.lejdd.fr/Economie/Actualite/L-analyse-de-la-crise-economique-par-Christine-Lagarde-443782/" target="_blank">l&#8217;actuel blocage politique européen</a>, <em>&#8220;…la montée des égoïsmes nationaux&#8221;</em>, et le <em>&#8220;chacun pour soi&#8221;</em> collectif qui gagnerait du terrain. L&#8217;article des <em>Echos</em> évoque quant à lui la montée d&#8217;une économie du <em>&#8220;lending&#8221;</em>, ces prêts d&#8217;individus à individus qui concernent les besoins de la personne et dans sa  vie quotidienne. Cette solidarité est une des résultantes de la prise de distance critique, de la défiance vis-à-vis des institutions collectives, incapables de jouer leur rôle de protection et surtout de porter un projet à la fois rassurant et désirable. Il est intéressant de noter que cette prise de distance des individus – consommateurs, citoyens… – s&#8217;est amorcée vers la fin des années 1980 et s&#8217;est traduite sous diverses formes jusqu&#8217;à aujourd&#8217;hui. Dans ces années-là, l&#8217;Europe dessinait ses contours et l&#8217;espoir de la construction européenne traversait les nations concernées.</p>
<p>Doit-on en déduire, par cet effet de balancier de la confiance inter-personnelle et de la méfiance vis-à-vis du collectif, que l&#8217;accès des uns et des autres à une parole, un langage, un dialogue, est si difficile qu&#8217;il ne peut tisser de liens de crédibilité, de croyance et de confiance ? Le politique, la politique, seraient-ils à ce point en faillite et en déserrance, pour déconstruire le &#8220;désir d&#8217;Europe&#8221; par des tactiques politicardes vouées à redresser les potentiels de présidentiabilité des uns et des autres ?</p>
<p>Je me souviens, lors d&#8217;enquêtes réalisées sur les perceptions des Français face à l&#8217;arrivée de l&#8217;euro et la construction européenne, avoir recueilli trois grands thèmes à revisiter aujourd&#8217;hui.</p>
<p>Le premier était motivationnel et basé sur des registres de valeur. Les gens avaient un désir d&#8217;Europe qui donnait du sens : force, grandeur, fierté, face aux grands puissances, USA et Chine. Ils attendaient cependant que cette ouverture des frontières, parfois vécue comme anxiogènes leur soit bénéfique, en termes d&#8217;échanges, de travail, d&#8217;harmonisation fiscale, de mobilité entre les nations. Ils étaient surtout curieux des autres, voulaient connaître leurs modes de vie, leur façon de se nourrir, et s&#8217;ouvrir pour grandir et faire grandir la France. Et ce autant chez les plus jeunes que les plus âgés. Il y avait de l&#8217;espoir dans l&#8217;air.</p>
<p>Le second était le lien indéfectible entre l&#8217;euro et l&#8217;Europe. Pas de sens de l&#8217;euro qui ne s&#8217;adosse au projet européen. Ils ne voyaient ni l&#8217;intérêt, ni l&#8217;envie de faire l&#8217;effort de changer de monnaie avec ce qu&#8217;ils supposaient de difficultés au quotidien : confusion des prix, problèmes de repérage, d&#8217;apprentissage de la &#8220;valeur&#8221; des produits, si l&#8217;Europe n&#8217;existait pas… Mais si des règles communes préservaient des prix justes, si les acteurs économiques faisaient l&#8217;effort de ne pas les augmenter, si l&#8217;euro était leur allié, ils seraient partants pour à l&#8217;aventure. L&#8217;Europe acquérrait une identité, légitimée par l&#8217;ensemble de ses citoyens et leur adoption de l&#8217;euro.</p>
<p>Le troisième thème, relié au précédent, montrait déjà, au fur et à mesure des enquêtes dans le temps, le risque du délitement du désir et de la confiance. Comment rêver d&#8217;Europe, s&#8217;identifier à une Europe qui n&#8217;en finissait pas de ne pas exister ? Où était sa défense ? Quels étaient ses projets autres qu&#8217;économiques, plus tournés vers le bien des individus ? Qui la gouvernait ? Quels visages pouvait-on accoler à cette nébuleuse technocratique ? Et en regard, l&#8217;euro était-il au final &#8220;bon pour eux&#8221; ? N&#8217;était-il pas &#8221;élitiste&#8221;, &#8220;pour les riches&#8221; ? Les eurosceptiques devenaient plus nombreux, les &#8220;europhoriques&#8221; laissaient place aux attentistes… Le plaisir d&#8217;avoir une nouvelle monnaie était réel, mais partagé par ceux qui se déplaçaient… Et quand les Français relevèrent les yeux de leur porte-monnaie où ils s&#8217;appliquaient à payer &#8220;juste&#8221;, ils virent que les prix l&#8217;étaient moins, et l&#8217;euro, sans soutien d&#8217;Europe, devint leur bouc émissaire de ces augmentations de prix devenues légion.</p>
<p>La mécanique réciproque de la confiance ne fonctionne pas depuis longtemps. En contrepartie, chaque individu invente, trouve des stratégies de maintien du pouvoir d&#8217;achat, troque ses rêves par de petits bonheurs et plaisirs plus accessibles. Et creuse cependant un fossé avec les politiques. Ce qui est à la fois logique et triste car c&#8217;est une question de survie. Mais les citoyens ont néanmoins besoin de pôles de confiance et de croyance, dans un système d&#8217;inter-dépendance et de reconnaissance réciproque, qui permettrait de s&#8217;adosser à des instances légitimes et accompagnantes.</p>
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		<title>¿Hay algo más impopular que la UE?</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 20:27:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>César Antonio Molina</strong>, escritor y exministro de Cultura (EL PAÍS, 18/01/12):</p>
<p>Inservible en sus medios de comunicación, incapaz de crear una opinión pública europea, una sociedad repleta de secretismos, &#8220;alambrada infranqueable&#8221; en su lenguaje incomprensible, impopular por su ingente burocracia, con una megalómana manía reguladora, opaca en su composición, incapaz de penetrar en el interés social, jerga de siglas, impotente para sustituir a los funcionarios nacionales por los comunitarios y evitar duplicidades, almacén de políticos molestos e inservibles, dictadura de la economía sobre la política y, finalmente, la última de las sospechas: ¿es una institución democrática? Estas son &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39743/hay-algo-mas-impopular-que-la-ue/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>César Antonio Molina</strong>, escritor y exministro de Cultura (EL PAÍS, 18/01/12):</p>
<p>Inservible en sus medios de comunicación, incapaz de crear una opinión pública europea, una sociedad repleta de secretismos, &#8220;alambrada infranqueable&#8221; en su lenguaje incomprensible, impopular por su ingente burocracia, con una megalómana manía reguladora, opaca en su composición, incapaz de penetrar en el interés social, jerga de siglas, impotente para sustituir a los funcionarios nacionales por los comunitarios y evitar duplicidades, almacén de políticos molestos e inservibles, dictadura de la economía sobre la política y, finalmente, la última de las sospechas: ¿es una institución democrática? Estas son algunas de las duras y pormenorizadas críticas que Hans Magnus Enzensberger vierte sobre la Unión Europea en su último ensayo o panfleto, <em>El gentil monstruo de Bruselas</em> (Anagrama). Un libro breve, claro, rotundo, bien informado, irónico y a veces también mordaz e inquietante. ¿Escrito por un antieuropeísta? dirán quienes quieran descalificar al autor de <em>El hundimiento del Titanic.</em> Enzensberger no ha estado nunca en contra de los principios básicos de la UE, pero discrepa y da la voz de alarma sobre cómo se está construyendo este &#8220;monstruo&#8221; a espaldas y al margen del ciudadano europeo. Los europeos hoy circulamos sin complicaciones aduaneras, tenemos una moneda común, estudiamos en diferentes idiomas en distintas universidades y los Estados individuales, débiles para enfrentarse a las grandes multinacionales, lo hacen ahora con mayor seguridad a través de los órganos de la UE. Pero si bien se ha avanzado mucho, todavía nos quedan otros asuntos sometidos a los intereses individuales, por ejemplo, el control único del espacio aéreo que ahorraría costes y tiempo, la energía atómica y sus residuos, así como la triste cultura de las subvenciones.</p>
<p>¿Sirve para algo gastarse más de 25 millones de euros en los medios de comunicación europeos que tienen un seguimiento menor que muchos de nuestros vituperados canales autonómicos? ¿Quién ve Euronews, quién escucha Euronet, o el soporífero Canal del Parlamento? Su ineficacia se demuestra por la incapacidad en conformar una opinión pública europea. Y tanto es así, que han caído en la tentación de asumir como necesaria la tarea de conformar esa opinión pública. Es decir, &#8220;el juicio personal o sentimiento que la mente se forma acerca de las cosas o las personas&#8221;, según lo definía Pulitzer, mediante encuestas por lo general siempre favorables. El Eurobarómetro es el gran suplantador de la opinión pública que, sin embargo, no ha podido, a pesar de sus resultados triunfalistas, explicar por qué cada vez hay menos europeos que consideran beneficiosa la pertenencia a la UE. ¿Contribuye a este estado de ánimo el secretismo de muchas de las decisiones de Bruselas y la &#8220;alambrada infranqueable&#8221;, como denomina Enzensberger al lenguaje incomprensible del Tratado de Lisboa y de la mayoría de las normas jurídicas? El autor de este ensayo está convencido de que los redactores de estos mandamientos son conscientes y responsables de ese &#8220;escarnio del lenguaje y de la inteligencia&#8221;. ¿Cuántos europeos han leído el Tratado? El representante de Irlanda ante la Comisión afirmó que en su país (más de cuatro millones de personas) apenas 250 lo habían leído y que ni siquiera 25 lo habían comprendido. Creo que Enzensberger no es del todo justo pues ¿cuántos europeos han leído sus respectivas Constituciones y las han entendido?</p>
<p>¿Hay algo hoy más impopular en Europa que la propia UE? La reputación del Consejo de Ministros, la Comisión, el Tribunal de Justicia y de los miles de funcionarios deja mucho que desear. Mala fama en torno al dispendio económico, los privilegios y los horarios. La impopularidad también podría provenir de la opacidad de su gestión económica. La manía reguladora desmedida también ha provocado grandes conflictos, incluso esa &#8220;cláusula de flexibilidad&#8221; mediante la cual la UE puede autorizarse a ampliar sus competencias sobre asuntos sobrevenidos. En este sentido, Enzensberger hace una reflexión que yo comparto porque así la viví. Estoy hablando de lo siguiente: &#8220;De su intromisión sin tregua en la vida cotidiana de los europeos solo queda a salvo un campo: el de la cultura. La UE nunca le ha prestado excesiva importancia. La cultura molesta por el mero hecho de ser difícilmente homogeneizable. Es coherente, pues, que la Comisión haya encomendado la cartera al menos avisado de sus miembros. Basta con echar un vistazo al presupuesto que destina a ese apartado para entender a qué se debe esto: asciende a 54 millones de euros y se sitúa así en un ínfimo tanto por mil; para ser exactos, es de 11 céntimos anuales por cada ciudadano de la UE&#8221;. Enzensberger compara este presupuesto con el de cultura de su ciudad, Múnich, de 161 millones de euros. Y esta despreocupación por la cultura europea se contradice con lo que se acordó en el Congreso de la Haya de mayo de 1948.</p>
<p>¿Cuántos europeos conocen los nombres de los presidentes, vicepresidentes, comisarios? ¿Cuántos europeos han visitado las sedes de Bruselas, Estrasburgo o Luxemburgo? Por otro lado ¿cuántos españoles conocen los nombres de sus ministros o han visitado la sede de nuestro Parlamento o Senado? Estoy seguro de que esto mismo sucede en cada uno de los países europeos. Quizá el desinterés colectivo provenga de esa extendida opinión de que los diputados enviados a Bruselas son políticos que resultan molestos. Además, el poder de esta representación elegida democráticamente, es menor que el poder ingente de los <em>lobistas</em> que se calculan en más de 15.000 personas. ¿El presidente del Consejo Europeo es igual que el presidente del Consejo de la UE? ¿Cuántos ciudadanos podrían responder a esta sencilla pregunta? ¿Por qué no hay una materia común en todos los bachilleratos sobre la UE? Enzensberger enumera todo un bosque de siglas imposible. ¿Alguien sabe lo que es el OSHA, un organismo que se encarga de la seguridad y la salud en el trabajo y que pese a no tener más que 64 empleados cuenta con 84 consejeros? También el Servicio Europeo de Acción Exterior es un derroche. ¿Son necesarias las embajadas y consulados entre los países de la Unión?</p>
<p>Lo más complejo de estas meditaciones podemos resumirlo en dos asuntos vitales. ¿La economía se entronizará definitivamente sobre la política? y ¿puede la democracia, tal cual la conocemos, funcionar a un nivel supranacional? La economía, en cambio, se revela como esa fuerza mayor a la que nada puede cerrar el paso, y menos las tradiciones de los países europeos. Una economía global sin sentimientos ni compasiones. Enzensberger acusa a la UE de, a sabiendas, haber acogido en su seno a países que habían falsificado sus cuentas.</p>
<p>Uno de los padres de la UE, Jean Monnet, prefería, según es conocido, las decisiones de élite tomadas por consenso, en las que poco tenían que decir los Parlamentos y los ciudadanos. Rechazaba los referendos y las consultas del pueblo. Era tecnócrata e intervencionista, poco populista. Las dudas de Enzensberger son muchas y el escritor austriaco Robert Menasse lo ayuda a respaldarlas, por ejemplo, con respecto a la división de poderes. &#8220;En la UE&#8221;, dice, &#8220;la división de poderes está suspendida. Aunque el Parlamento es elegido, no tiene ningún poder de iniciativa legal (o, después de Lisboa, solo uno indirecto): lo tiene la Comisión. Pero la Comisión es una institución en la que la legitimación democrática queda anulada: trabaja en ella un aparato no elegido e indestituible plebiscitariamente que ha suspendido la división de poderes. Desde el punto de vista político-democrático, esa tríada formada por el Parlamento, el Consejo y la Comisión produce un agujero negro en el que desaparece lo que entendemos por democracia&#8221;. ¿Es el déficit democrático una enfermedad crónica de la UE? ¿La comunidad está incapacitando políticamente a sus ciudadanos? ¿Es cierto que el Consejo de Ministros y la Comisión &#8220;acordaron&#8221;, ya en el momento fundacional de la Comunidad Europa, que la población no tendría ni voz ni voto en sus decisiones? Largo asunto que debería ser discutido en profundidad.</p>
<p>Patrocinado por la Fundación Sonning, de Copenhague, y el Prix de Littérature Européenne, en Cognac, este &#8220;panfleto&#8221; no es ni antieuropeísta ni ha sido pagado por <em>lobbies</em> antieuropeos. Tampoco deriva del euroescepticismo, sino que expresa la preocupación que tantos defensores de la UE tenemos por la marcha de su conformación en tiempos difíciles, para los cuales se necesitan políticos preparados y honestos.</p>
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		<title>La grave crisis política europea</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Jan 2012 00:43:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pascal Boniface</strong>, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París (LA VANGUARDIA, 14/01/12):</p>
<p>El acuerdo suscrito el pasado diciembre en Bruselas entre los veintiséis países europeos para salir de la crisis no convenció a los mercados. Las agencias de calificación ejercen siempre su dictadura. Hacen pesar una espada de Damocles sobre la cabeza de prácticamente todos los países europeos. Algunos de ellos se preguntan si no son ellas las que han tomado el poder. ¿Acaso no llevaron a la caída de los gobiernos de Grecia y de Italia? Se evoca igualmente un déficit democrático en el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39691/la-grave-crisis-politica-europea/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pascal Boniface</strong>, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París (LA VANGUARDIA, 14/01/12):</p>
<p>El acuerdo suscrito el pasado diciembre en Bruselas entre los veintiséis países europeos para salir de la crisis no convenció a los mercados. Las agencias de calificación ejercen siempre su dictadura. Hacen pesar una espada de Damocles sobre la cabeza de prácticamente todos los países europeos. Algunos de ellos se preguntan si no son ellas las que han tomado el poder. ¿Acaso no llevaron a la caída de los gobiernos de Grecia y de Italia? Se evoca igualmente un déficit democrático en el que la voz de los electores ya no cuenta tanto respecto al peso de los mercados. Resulta una explicación tentadora pero que no refleja toda la realidad.</p>
<p>Todos los gobiernos son designados por los Parlamentos, siendo estos a su vez elegidos por los ciudadanos. Los mercados y las agencias de rating tienen, ciertamente, un considerable peso, pero este peso es sobre todo reflejo de la debilidad de los gobiernos, que no son capaces de fijar un objetivo claro y hacer que sea aceptado por sus conciudadanos. Efectivamente existe una grave crisis política en Europa, un abismo entre los dirigentes y los ciudadanos, y el aumento de los movimientos populistas y de extrema derecha es un reflejo de ello. El ascensor social parece estar averiado y en la mayor parte de países europeos el paro aparece fijo en el paisaje y las diversas alternancias políticas no consiguen hacer cambiar la situación.</p>
<p>Los gobiernos pasan, la situación social y económica sigue siendo sombría, los jóvenes creen que no tienen perspectivas de futuro, los padres y los abuelos están preocupados por su progenie. En los países emergentes los ciudadanos creen más en el futuro y piensan que su situación personal mejorará y, todavía más, que sus hijos conocerán una vida mejor que la suya. Ese sentimiento ya no existe en Europa.</p>
<p>Existe un riesgo importante de estancamiento económico en Europa este año 2012, el fantasma de un decenio perdido, y hay quien recuerda que eso ya sucedió en Japón en los años noventa.</p>
<p>Alemania vive obsesionada por el temor al regreso de la inflación. La memoria colectiva alemana sigue marcada por la hiperinflación de los años veinte y treinta, que para muchos fue el origen de la llegada de Hitler al poder. ¿Pero acaso la recesión o el estancamiento generalizado no son un peligro aún mayor para la estabilidad democrática de las sociedades europeas?</p>
<p>El primer ministro polaco acaba de declarar que, por primera vez, tiene más miedo a la inactividad de los alemanes que a su actividad. Los alemanes se estarían volviendo euroescépticos. Pero Alemania no puede pasar de Europa. Es Europa la que absorbe gran parte de sus exportaciones. Como subrayó hace poco el ex canciller alemán Helmut Schmidt, siempre muy respetado en su país, “los déficits de los países europeos son también nuestros excedentes”.</p>
<p>La pareja Merkel-sarkozy consiguió llegar a un acuerdo en la cita de Bruselas. Sin embargo, no es una pareja paritaria, como ocurre en las familias modernas. Quien lleva los pantalones es la señora Merkel. Pero Alemania tiene interés en transmitir una imagen de pareja con Francia para que no se crea que es demasiado dominante y que quiere hacer una Europa alemana. La colaboración con Francia, en su momento opción una fundamental y consciente de los alemanes, es hoy en día sobre todo un vestido destinado a esconder el poderío alemán para no irritar a los otros países.</p>
<p>El episodio libio ha dejado jirones en la relación entre Merkel y Sarkozy. La canciller todavía recrimina al presidente francés que reconociera unilateralmente al Consejo Nacional de Transición la víspera de una reunión de ministros de Asuntos Exteriores europeos convocada para abordar ese tema, así como que Sarkozy permitiera a parte de su entorno criticar la ausencia de liderazgo por la laxitud alemana sobre la cuestión.</p>
<p>Los británicos han decidido quedarse fuera. David Cameron ha ganado a corto plazo, ya que la opinión pública británica le sigue y le agradece que haya salvado los intereses de la City. Pero si el tratado a veintiséis se concluye, Gran Bretaña habrá perdido todo papel en el proceso de decisión y se encontrará marginada. La vieja y permanente estrategia británica era estar dentro del tren europeo para controlar mejor su marcha y su orientación. Al saltar del tren en marcha, ha perdido esta capacidad.</p>
<p>Italia hubiera preferido que los británicos se quedaran dentro para no quedarse muy aislada respecto a la pareja francoalemana. En cuanto a España, viviendo todavía su transición política postelectoral, de momento está ausente.</p>
<p>Pero por lo menos se ha producido un progreso para la gobernanza europea: con un tratado a veintiséis, las cooperaciones reforzadas tienen mejores perspectivas.</p>
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		<title>Del déficit democrático a la bancarrota política</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 21:54:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Josep M. Vallès</strong>, catedrático emérito de Ciencia Política UAB (EL PAÍS, 12/01/12):</p>
<p>Hablar del déficit democrático de la Europa unida no es novedad. Pero este déficit crónico amenaza ahora con efectos próximos a una bancarrota política. Desde siempre se ha reprochado a las instituciones europeas que no hayan adquirido la calidad propia de un sistema indiscutiblemente democrático. Es todavía muy remota la participación ciudadana en la designación de sus autoridades. Y tampoco existe una vía clara para exigirles responsabilidades políticas por su actuación. Estamos ante una clara anomalía democrática que se traduce en déficit de reconocimiento y legitimidad: &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39678/del-deficit-democratico-a-la-bancarrota-politica/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Josep M. Vallès</strong>, catedrático emérito de Ciencia Política UAB (EL PAÍS, 12/01/12):</p>
<p>Hablar del déficit democrático de la Europa unida no es novedad. Pero este déficit crónico amenaza ahora con efectos próximos a una bancarrota política. Desde siempre se ha reprochado a las instituciones europeas que no hayan adquirido la calidad propia de un sistema indiscutiblemente democrático. Es todavía muy remota la participación ciudadana en la designación de sus autoridades. Y tampoco existe una vía clara para exigirles responsabilidades políticas por su actuación. Estamos ante una clara anomalía democrática que se traduce en déficit de reconocimiento y legitimidad: la ciudadanía tiene escaso conocimiento de cómo se decide en el ámbito de la UE y tiene poca conciencia de lo mucho que estas decisiones influyen en sus vidas. De ahí la baja participación en las elecciones europeas y la limitada atención que la opinión popular ha prestado generalmente a la política comunitaria.</p>
<p>Pero algo está cambiando. Tres años de crisis sin fin han revelado con crudeza un cuadro político alarmante. Se hace más perceptible para la ciudadanía que los Estados y sus Gobiernos ya no pueden sortear los obstáculos que se oponen a un modelo socioeconómico trabajosamente construido en Europa en los últimos 50 años. Escuchan a menudo que este modelo ya no puede ser eficazmente protegido por las instituciones de sus Estados. Porque estas instituciones están a merced de lo que determinan transacciones poco transparentes entre los poderes financieros y un núcleo reducido de líderes europeos estrechamente condicionados por esos mismos poderes. Cuando aquellas transacciones se formalizan como decisiones de las instituciones europeas, se debilita todavía más la sintonía entre estas instituciones y una ciudadanía que no entiende por qué el salvamento de un sistema financiero que ha dado pruebas escasas de competencia -y todavía más escasas de otras virtudes- tiene prioridad sobre la protección de un conjunto de derechos personales y colectivos conseguidos con gran esfuerzo y formalmente reconocidos en solemnes textos constitucionales.</p>
<p>No entro en el debate sobre si las medidas de austeridad impuestas por aquellas transacciones son las más adecuadas para conseguir el crecimiento pretendido, ese crecimiento que serviría en principio para saldar las deudas pendientes y rehacer con el ahorro de todos la posición de unos actores financieros privados de quienes depende el flujo crediticio. No pocos expertos sostienen que esta medicina hará poco o nada para sanar al enfermo.</p>
<p>Lo que me interesa señalar aquí es que cada vez está más claro para gran parte de la opinión europea que este circuito de decisiones, su contenido y sus inmediatas consecuencias no concuerdan con legítimas expectativas ciudadanas y contradicen los derechos que legitiman la existencia misma de una autoridad política europea. El viejo déficit democrático de la Unión avanza así peligrosamente hacia una declaración de quiebra, para seguir con metáforas mercantiles. Y de una quiebra se sigue fatalmente la liquidación de la entidad.</p>
<p>La quiebra se produce cuando el activo -un legado histórico de afirmación democrática y de progreso socioeconómico equilibrado- se ve superado por el pasivo. Es decir, cuando se evapora la posibilidad de que las obligaciones contraídas sean cumplimentadas. Las obligaciones contraídas por la UE en sus textos fundacionales han sido la preservación de valores políticos básicos: justicia social, protección de las libertades, participación ciudadana, responsabilidad efectiva de sus dirigentes. En este momento, hay datos para dudar de que estas obligaciones sean satisfechas: aumenta la desigualdad económica, se limitan libertades ciudadanas, se obstaculiza la participación popular y se hace cada vez más remoto el control sobre unos gobernantes que se amparan en el dogma tecnocrático. Parece como si las obligaciones financieras con los &#8220;mercados&#8221; fueran prioritarias y debieran anteponerse a las obligaciones políticas para con la ciudadanía.</p>
<p>En estas condiciones, el crédito de la Unión Europea ante sus acreedores principales -los ciudadanos- se está agotando. Lo señalan las encuestas y la emergencia de corrientes euroescépticas o claramente antieuropeas. Es el resultado de la desigual atención que los dirigentes europeos han prestado a las urgencias de los &#8220;mercados&#8221;, por un lado, y a las exigencias de la democracia, por otro. Mientras se empeñaban en reducir a cualquier precio el déficit financiero, han ignorado el aumento de un déficit democrático que puede conducir a una quiebra de legitimidad en todo el edificio de la Unión. Mal negocio sería, pues, para los ciudadanos si el más que dudoso éxito en lo financiero se viera acompañado finalmente por una bancarrota política.</p>
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		<title>El discurso de un europeísta</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 08:21:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Francesc de Carreras</strong>, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB (LA VANGUARDIA, 12/01/12):</p>
<p>Aunque muchos ahora critiquen el excesivo protagonismo de la canciller Merkel y del presidente Sarkozy, los problemas importantes de la integración europea siempre los han resuelto franceses y alemanes: sin su decidido empuje nunca habríamos llegado adonde estamos ahora.</p>
<p>Recordemos. Todo empezó en 1950 con Schumann y Adenauer (y Jean Monnet al fondo) llegando a un acuerdo sobre el carbón (francés) y el acero (alemán) que condujo, con naturalidad, hasta la creación de la CEE en 1957. Después, en otro período crucial, Pompidou y Willy &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39655/el-discurso-de-un-europeista/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Francesc de Carreras</strong>, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB (LA VANGUARDIA, 12/01/12):</p>
<p>Aunque muchos ahora critiquen el excesivo protagonismo de la canciller Merkel y del presidente Sarkozy, los problemas importantes de la integración europea siempre los han resuelto franceses y alemanes: sin su decidido empuje nunca habríamos llegado adonde estamos ahora.</p>
<p>Recordemos. Todo empezó en 1950 con Schumann y Adenauer (y Jean Monnet al fondo) llegando a un acuerdo sobre el carbón (francés) y el acero (alemán) que condujo, con naturalidad, hasta la creación de la CEE en 1957. Después, en otro período crucial, Pompidou y Willy Brandt empezaron a coordinar las políticas monetarias mediante la famosa serpiente; continuaron Helmut Schmidt y Giscard d’estaing creando el Sistema Monetario Europeo; para desembocar en Kohl y Mitterrand que prepararon las bases del tratado de Maastricht aprobado en 1992 (con Jacques Delors al fondo) que fue la base legal del euro.</p>
<p>De modo que la pareja MerkelSarkozy es una más en la historia de la Unión. Ciertamente, tras Maastricht y los sucesivos cambios posteriores hasta llegar a Lisboa, las instituciones europeas (el Parlamento, la Comisión, la nueva Presidencia) podían haber madurado y pasar a convertirse en protagonistas. Pero, por el momento, no ha sido así: la UE sigue siendo primordialmente la Europa de los Estados, no la de los ciudadanos.</p>
<p>En este contexto de críticas a la situación europea, cabe destacar últimamente la voz sabia y sensata de un viejo europeísta, el antiguo canciller socialdemócrata alemán Helmut Schmidt, un hombre independiente de indiscutible autoridad moral e intelectual. Las reflexiones contenidas en su discurso del pasado 4 de diciembre ante el congreso de su partido tienen gran interés: analiza los problemas del presente a la luz de la historia y advierte de algunos peligros futuros.</p>
<p>En primer lugar, recuerda Schmidt que la UE surge para poner fin a los enfrentamientos militares que asolaron Europa, desde la Guerra de los Treinta Años en el siglo XVII a las dos guerras mundiales del siglo XX, y en los cuales Alemania siempre ocupó un lugar central. Los principales hitos de la integración europea, desde sus comienzos hasta el euro, son fruto del justificado “recelo latente” respecto de Alemania por parte de sus países vecinos. Pero tal integración no sólo es beneficiosa para estos, sino también para la propia Alemania: nos sirve a los alemanes –sostiene Schmidt– para conjurar nuestros particulares demonios históricos basados en nuestra pretendida superioridad y es “una garantía contra la posibilidad de que los alemanes se dejen seducir, una vez más, por la política de la fuerza”. Y concluye tajante: la integración en Europa es necesaria “¡también para protegernos de nosotros mismos!”.</p>
<p>Pero, en segundo lugar, Schmidt sostiene que desde la creación del euro han sucedido numerosos cambios en el mundo que han transformado la relación de Alemania con Europa: auge de los países emergentes, interdependencia en virtud de la globalización y un poder incontrolado de los mercados financieros. Producto de todo ello, Europa envejece demográfica y económicamente. Sin embargo, Alemania, debido sobre todo a su potencial tecnológico y a su capital humano, ha experimentado un gran crecimiento económico.</p>
<p>Ahora bien, Alemania no debe olvidar que su superávit financiero y comercial es consecuencia del déficit de otros países, especialmente europeos y, por tanto, el resto de Europa necesita a Alemania tanto como Alemania necesita al resto de Europa. El crecimiento económico alemán, dice Schmidt, “no se ha conseguido sólo por nuestros propios medios”, también por mérito de nuestros vecinos y, en consecuencia, “los alemanes tenemos motivos para estarles agradecidos”. El interés estratégico alemán –prosigue Schmidt– “radica en no aislarse y en no dejarse aislar”, un interés que está “claramente por encima de los intereses tácticos de cualquier partido político”.</p>
<p>Por tanto, la solidaridad financiera alemana con el resto de países europeos beneficia tanto a estos como a la propia Alemania: “¡Es cierto –dice Schmidt– que Alemania ha sido un pagador neto durante décadas! Podíamos permitírnoslo y lo hemos hecho desde la época de Adenauer. Y, por supuesto, los receptores netos siempre eran Grecia, Portugal o Irlanda. Hoy en día la clase política alemana no es suficientemente consciente de esta solidaridad”.</p>
<p>En Alemania los impulsos nacionalistas y aislacionistas son fuertes: ¡los europeos, especialmente los del sur, viven a cuenta nuestra! Así piensan muchos alemanes y algunos, incluso entre los socialdemócratas, pueden caer en la tentación de hacerles caso. Schmidt advierte así a los suyos: “La socialdemocracia alemana es desde hace siglo y medio favorable al internacionalismo en mucha mayor medida que generaciones de liberales, conservadores o nacionalistas. Nosotros, los socialdemócratas, nos hemos aferrado tanto a la libertad como a la dignidad de cada ser humano. (…) Estos valores fundamentales nos obligan hoy en día a la solidaridad europea”.</p>
<p>Dicho esto, y ante el asombro de la nutrida concurrencia, el anciano estadista de 93 años encendió un pitillo y se puso a fumar. A sus anchas.</p>
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		<title>El peligro de una Europa ensimismada</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 17:13:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ana Palacio</strong>. Fue ministra de relaciones exteriores de España y vicepresidenta sénior y responsable de asuntos jurídicos en el Banco Mundial. Traducción: Esteban Flamini (Project Syndicate, 11/01/12):</p>
<p>Mientras el mundo aguarda con ansiedad el clímax del drama de la eurozona, el comportamiento de sus líderes parece el equivalente político de lo que los físicos llaman “movimiento browniano”, con funcionarios que van de aquí para allá entre una consulta bilateral crucial o una cumbre europea vital y la siguiente. Un día se hacen declaraciones tajantes, que supuestamente resolverán los problemas de la unión monetaria, y al día siguiente ya &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39635/el-peligro-de-una-europa-ensimismada/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ana Palacio</strong>. Fue ministra de relaciones exteriores de España y vicepresidenta sénior y responsable de asuntos jurídicos en el Banco Mundial. Traducción: Esteban Flamini (Project Syndicate, 11/01/12):</p>
<p>Mientras el mundo aguarda con ansiedad el clímax del drama de la eurozona, el comportamiento de sus líderes parece el equivalente político de lo que los físicos llaman “movimiento browniano”, con funcionarios que van de aquí para allá entre una consulta bilateral crucial o una cumbre europea vital y la siguiente. Un día se hacen declaraciones tajantes, que supuestamente resolverán los problemas de la unión monetaria, y al día siguiente ya casi no tienen ningún efecto.</p>
<p>Entretanto, infinidad de diagnósticos y recetas –a cuál más pesimista- pugnan por atraer nuestra atención. Pero casi todos ellos se concentran en los aspectos económicos de la crisis del euro, lo cual es en sí mismo parte del problema; porque esta crisis es, ante todo, reflejo de debilidades profundamente arraigadas en las Instituciones Europeas y en el tejido social Europeo. Si no fuera así, lo que comenzó como una crisis de deuda marginal  (agravada por la indecisión política en Grecia y en la totalidad de la Unión Europea) no se habría convertido en semejante momento existencial decisivo para el proyecto europeo.</p>
<p>Son tres los problemas distintos que aquejan a Europa. En primer lugar, todavía es incapaz de adaptarse a las realidades de un mundo cuyo centro de gravedad se ha desplazado definitivamente hacia el Pacífico, atrayendo hacia sí la atención de los Estados Unidos. En segundo lugar, los europeos están, hoy más que nunca, absortos en sí mismos, mientras cierta actitud arrogante se une a un escepticismo que todo lo invade (una combinación que llega hasta los niveles más altos de la Unión y de los gobiernos nacionales de Europa).</p>
<p>Al mismo tiempo, en momentos en que la ley fundamental de la Unión Europea (el Tratado de Lisboa) necesita reformas, la Unión entera está paralizada por la actitud de una Alemania ensimismada, incapaz de olvidar recuerdos ingratos de lo que le ocurrió hace 90 años a la desdichada República de Weimar. Allí está el problema: el proceso de toma de decisiones en el que se basó gran parte de la construcción de la UE (y que fue sumamente eficaz durante la Guerra Fría, cuando se sentaron los cimientos legales e institucionales de la Unión) sigue casi intacto, y eso impide a Europa hacer frente a los desafíos actuales.</p>
<p>Fundada en la estabilidad del orden internacional bipolar durante la Guerra Fría, la UE tenía a su disposición todo el tiempo del mundo para deliberar respecto de cada nuevo ladrillo añadido a su edificación. Tan pronto como se colocara un componente nuevo, habría allí agentes de una mayor integración listos para infiltrar la estructura ya creada y establecer las bases para el crecimiento futuro de la UE.</p>
<p>De hecho, algunas de las iniciativas principales de la Unión (de las que la Unión Económica y Monetaria es un claro ejemplo) se prepararon durante años antes de ver la luz del día. La UEM, implementada en 1999 con la introducción del euro, tenía el sello del Comité Delors, que en 1988 sentó las bases para la moneda común. No han faltado críticos que pusieran reparos a la naturaleza incompleta de la estructura original del euro, que hasta el día de hoy permanece inalterada. Pero estos críticos olvidan que el error de cálculo más grande fue basarse en un supuesto de estabilidad, en el mismo momento en que Europa se asomaba al borde de una transformación sistémica impregnada de volatilidad.</p>
<p>La crisis actual de Europa nace de una pérdida. Las amarras que la ataban a buen puerto durante la época bipolar de la Guerra Fría se cortaron, y la marejada del mundo globalizado la arrastró, dejándola imposibilitada de encontrar su posición y su rumbo. Y lo que es más grave, Europa conservó sus viejos instintos y su <em>modus operandi</em> durante demasiado tiempo, mientras a su alrededor la esfera de los asuntos internacionales se transformaba.</p>
<p>Y todavía los conserva. Por eso, enfrentada a la prueba más difícil de su historia, Europa parece como ausente: sus líderes proyectan confusión e indecisión; sus ciudadanos rezuman una mezcla de complacencia, indiferencia e inseguridad; y sus instituciones están trabadas en batallas territoriales y empantanadas en la observancia de trabajosos protocolos y procedimientos.</p>
<p>Esto también sirve para explicar, en parte, por qué los mercados no dejan de asediar a la eurozona. Lo que perciben los inversores no es la debilidad de los fundamentos económicos, sino la debilidad de los fundamentos <em>políticos </em>de Europa: la ausencia de una estructura de gobernanza investida de poder real, y dispuesta a aplicar ese poder a la resolución de los problemas. Para que Europa se adapte a las exigencias de este nuevo “mundo del Pacífico”, no basta con hacer pequeños ajustes, lo que se necesita es un diseño nuevo.</p>
<p>La UE es una estructura política basada en el Estado de Derecho. Por eso, no puede permitirse el lujo de ignorar la necesidad imperiosa de actualizar sus elementos procedimentales. En un nivel más básico, los europeos deben renunciar a esta inseguridad melodramática (y totalmente infundada) y adoptar en cambio el orgullo y la determinación que corresponden al ejemplo de democracia y prosperidad que da el continente. Y, más en lo inmediato, es hora de que Alemania deje de mirarse el ombligo y empiece a actuar en conjunto con el resto de Europa.</p>
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		<title>Un parto difícil en Europa</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 16:12:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39668</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Martín Ortega Carcelén</strong>, profesor de Derecho Internacional en la Universidad Complutense de Madrid (EL PAÍS, 11/01/12):</p>
<p>Hasta los especialistas encuentran complicado entender lo que está ocurriendo en la Unión Europea. Para expresarlo en términos simples, hay dos problemas relacionados: quién manda y quién paga las deudas. Primero, estamos ante una transición entre dos formas de gobernar la economía europea: una manera formalista, producto de un proceso constituyente en los años 2000 que buscaba una componenda institucional para una Unión muy numerosa, y otra forma más realista, basada en el poder económico, donde solo quedarán unos pocos en el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39668/un-parto-dificil-en-europa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Martín Ortega Carcelén</strong>, profesor de Derecho Internacional en la Universidad Complutense de Madrid (EL PAÍS, 11/01/12):</p>
<p>Hasta los especialistas encuentran complicado entender lo que está ocurriendo en la Unión Europea. Para expresarlo en términos simples, hay dos problemas relacionados: quién manda y quién paga las deudas. Primero, estamos ante una transición entre dos formas de gobernar la economía europea: una manera formalista, producto de un proceso constituyente en los años 2000 que buscaba una componenda institucional para una Unión muy numerosa, y otra forma más realista, basada en el poder económico, donde solo quedarán unos pocos en el puente de mando. De hecho, en la historia, los grandes momentos de la integración europea se hicieron a partir de la iniciativa de unos cuantos líderes visionarios. Vamos hacia ese modelo y, probablemente, en el futuro, el órgano decisorio principal será una versión ampliada del llamado Grupo de Frankfurt, con Alemania y Francia, el presidente del Consejo, la Comisión, y los presidentes del Eurogrupo y del Banco Central Europeo. Es muy importante que España intente expandir ligeramente ese directorio en ciernes para participar en él.</p>
<p>Tanto en el plano europeo como en el mundial, el problema más grave que aqueja a las relaciones internacionales es la falta de instituciones y mecanismos de gobernanza. Existen evoluciones muy rápidas en las finanzas, el comercio, el medio ambiente, las comunicaciones o la demanda popular de más democracia, mientras que no tenemos los medios para gestionar esa avalancha de acontecimientos. Pero la necesidad crea el órgano, como ocurre en biología. Ante la crisis financiera, se improvisó la formación del G-20 en noviembre de 2008, y frente a los problemas europeos se están creando grupos de decisión informales, donde las realidades de poder cuentan. Sin embargo, ni el G-20 ni los directorios europeos muestran todavía la eficacia que sería deseable para hacer frente a los graves desafíos que afectan la estabilidad mundial.</p>
<p>La consolidación del nuevo directorio en Europa es un parto doloroso porque debe superar la vieja idea de la igualdad soberana de los Estados y la idea más nueva pero igualmente ilusa de que cuantos más países participen, mejor. La verdad es que las estructuras de la Unión ya han dado pasos importantes para superar la igualdad y su gemela la unanimidad; por ejemplo, en el Consejo, el número de votos de cada Estado miembro se pondera de acuerdo a la población y en el Parlamento los países más grandes tienen más escaños, aunque no ocurre otro tanto en la Comisión, donde cada Estado designa un comisario. Ahora ha llegado el momento de avanzar más, reconociendo el poder económico cuando se trata de decidir sobre asuntos de hacienda y tesoro. Elesquema supranacional según el cual las instituciones de Bruselas ejercen un poder fuerte no ha funcionado (la Comisión fue incapaz de embridar los déficits de Alemania y Francia), por lo que hay que ir a un enfoque intergubernamental realista, en el que los representantes de los países grandes compongan sus posiciones para decidir sobre el conjunto de la Unión.</p>
<p>En cuanto a la dimensión continental, se da por supuesto que el nuevo acuerdo abarcará a los actuales 17 países del euro, más otros que no lo son, pero aceptan la disciplina presupuestaria. Sin embargo, el resultado final también puede ser más reducido. Si llegamos a buen puerto tras las tormentas, dentro de una Unión Europea como la actual habrá probablemente un núcleo duro más integrado política y fiscalmente, que fijará las reglas de una moneda común bien sustentada. Si esto ocurre, es una magnífica oportunidad para que España se vincule a la locomotora europea. Reino Unido ha optado por quedarse fuera e Italia tiene el lastre de una gran deuda; por tanto, España puede convertirse en un socio crucial de Alemania y Francia.</p>
<p>Va a ser muy difícil poner todo eso por escrito en un tratado. Los que pensaban que, después del proceso constituyente de la última década, había llegado la calma con el Tratado de Lisboa estaban equivocados porque la integración europea es una aventura pionera en la historia y se está haciendo al tiempo que ocurren cambios extraordinarios en el resto del planeta. Ante la imposibilidad de fijar el nuevo acuerdo en tratados, pudiera ser que los directorios existiesen de manera consuetudinaria, sin base contractual. Pudiera ser también que el proceso de reforma, pilotado por los grandes, fuera más rápido que los anteriores. En cualquier caso, mientras esos nuevos órganos de gobernanza se consolidan, es preciso reclamar mejor calidad de liderazgo. Cuando Delors, González, Kohl y Mitterrand se ponían de acuerdo, no formaban parte de ningún <em>caucus</em> institucional, pero sus decisiones apuntaban en la buena dirección.</p>
<p>Y aquí entra el segundo problema: quién paga las deudas. Los economistas más autorizados (O&#8217;Rourke, Stiglitz, Véron, entre otros) tienen serias dudas sobre la solución acordada en el Consejo Europeo de diciembre y, de manera más fundamental, sobre los instintos económicos de Angela Merkel, que impuso el acuerdo. Cuando el Consejo decidió que la reforma más importante es establecer un límite legal al gasto público en los Estados, muchos pensaron que eso es como instalar un nuevo sistema antiincendios en una casa que está ardiendo pasto de las llamas. Los líderes siguen negando la evidencia de una deuda que no puede pagarse, mientras aplican mayor presión sobre los países endeudados, que son los eslabones más débiles. Es obvio que estos países están condenados a un gran descenso del nivel de vida mientras que deben trabajar más, pero también es verdad que los países ricos deberían mostrar solidaridad si desean mantener el euro y evitar un colapso de la Unión. La necesidad de emisión de deuda europea para calmar a los mercados y permitir el crecimiento es un grito clamoroso de los expertos. Está por ver si Alemania, Holanda y otros saben mostrar la suficiente grandeza de miras y aceptan pasos así hacia la solución de la deuda y la integración económica. Si, por el contrario, persisten en mantener su crecimiento y nada más, probablemente se romperá la baraja, una situación de consecuencias imprevisibles para la que no estamos preparados.</p>
<p>El paso de un sistema de gobernanza superficial e ineficaz a otro más integrado supone que los países pequeños deben aceptar que su vieja soberanía tiene un valor simbólico y cultural pero escaso contenido económico. Por su parte, los grandes que quieren tomar el control deben comprender que adquieren una grave responsabilidad. Si Merkel (con la acción moderadora de Sarkozy y, esperemos también, Rajoy) quiere decidir sobre el destino de griegos, irlandeses y portugueses, entre otros, debe actuar como mandataria europea y no solo como presidenta de los alemanes.</p>
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		<title>La crisis del euro desde la política y la ética</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Jan 2012 21:12:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Santiago Petschen</strong>, profesor emérito de universidad (EL PAÍS, 09/01/12):</p>
<p>En política, la mayoría de las veces, la ética solo funciona cuando coincide con los intereses. Cuando no coincide se vuelve estéril. Para comprobar lo que acabamos de decir, debemos prestar atención a ciertos elementos, piezas clave del método analítico. Son los condicionamientos.</p>
<p>Al final de la década de los cuarenta, los Estados de Europa Occidental, se vieron afectados por tres realidades condicionantes. Los desastres de la II Guerra Mundial con una Alemania preocupada por su postración. La existencia de un comunismo agresivo convencido de las posibilidades de su &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39609/la-crisis-del-euro-desde-la-politica-y-la-etica/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Santiago Petschen</strong>, profesor emérito de universidad (EL PAÍS, 09/01/12):</p>
<p>En política, la mayoría de las veces, la ética solo funciona cuando coincide con los intereses. Cuando no coincide se vuelve estéril. Para comprobar lo que acabamos de decir, debemos prestar atención a ciertos elementos, piezas clave del método analítico. Son los condicionamientos.</p>
<p>Al final de la década de los cuarenta, los Estados de Europa Occidental, se vieron afectados por tres realidades condicionantes. Los desastres de la II Guerra Mundial con una Alemania preocupada por su postración. La existencia de un comunismo agresivo convencido de las posibilidades de su éxito. Y la presión protectora de Estados Unidos a favor de la unidad europea para responder mejor al desafío de la guerra fría. El triple condicionamiento fue tan fuerte que dio a luz una ética profunda basada en la apreciación empírica de lo común. Los exponentes más elevados de dicha ética se dieron en los padres de Europa: &#8220;Servir a la humanidad es un deber igual a aquel que nos dicta nuestra fidelidad a la nación&#8221; (Robert Schuman). &#8220;En cualquier parte del mundo, lo que divide a los hombres puede llegar a serles común&#8221; (Jean Monnet). Y Konrad Adenauer, llegó a afirmar que se sentía más europeo que alemán. La afirmación de Adenauer elevaba el interés político de sacar a Alemania del hoyo a una gran altura moral.</p>
<p>La unión del interés y del valor ético de lo común, consiguió enormes frutos: la CECA, el mercado común e interior, la ciudadanía europea, la cultura, las regiones, los fondos estructurales y de cohesión, la moneda única, la política exterior común, la cooperación en asuntos de justicia e interior.</p>
<p>Después del Tratado de Maastricht los condicionamientos variaron. El recuerdo de la II Guerra Mundial se desvaneció. El comunismo sufrió en Europa la severísima derrota de su destrucción. Los Estados europeos comenzaron a sentir el cansancio de ser dominados desde fuera y quisieron poner un freno a lo que consideraron indeseables recortes a su soberanía. Declaraciones como las citadas antes de los padres de Europa desaparecieron de nuestros dirigentes. De esa actitud nacieron: <strong>1.</strong> Textos ilusorios: &#8220;Europa está en camino de convertirse en una gran familia&#8221; (Laeken). <strong>2.</strong> Textos poco sinceros como que al presidente de la Comisión lo elige el Parlamento Europeo o sobre la excelencia de los partidos políticos europeos cuando los 199 partidos que forman el Parlamento Europeo son partidos nacionales. Y sobre todo: <strong>3.</strong> Textos ausentes, pues como se ha visto en la crisis del euro aquello sobre lo que el Tratado de Lisboa no legisló fue más necesario que aquello sobre lo que legisló. La historia de la unión de Europa, desde la profundidad moral quelleva consigo su construcción, queda dividida en dos periodos: antes de Maastricht y después de Maastricht.</p>
<p>La reticente actitud de los Estados con respecto a la unidad propició abundante caos. La inutilidad de lo legislado sobre cooperaciones reforzadas, la contradictoria presencia de los Parlamentos nacionales en el organigrama de la Unión, la feroz división de los Estados en política exterior. Con la actitud individualista que caracterizaron las negociaciones y sus consecuencias durante todo el comienzo del siglo XXI, los Estados, al llegar la crisis económica del 2008, se hicieron automerecedores de un fuerte castigo. Las dos instituciones para mantener al euro (el Banco Central Europeo y el Pacto de Estabilidad) resultaron insuficientes. Tuvieron que añadirse el Pacto por el Europlus y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Y a pesar de que se ampliaban sucesivamente soluciones como la del aumento del Fondo, el problema crecía. A la crisis griega le siguió la de Portugal y a la de Portugal, la de Irlanda. El peligro alcanzó a España y a Italia. Y afectó también, incluso, a Francia. Hubo no solo un contagio cuantitativo, sino un hundimiento cualitativo hasta necesitar Grecia, la condonación del 50% de su deuda. La antigua Comunidad Europea que desgraciadamente cambió su nombre y su realidad por el de Unión Europea siguió evolucionando hasta llegar a ser el marasmo europeo.</p>
<p>El castigo de los Estados, no fue un castigo recibido de fuera como el que sufrieron aquellos navegantes convertidos en cerdos por la diosa Ceres. Fue su independiente y desordenada acción la que les convirtió en empresas ruinosas. Aumentaron los agobiantes intereses de los bonos en grave perjuicio de los ciudadanos. La liebre de los problemas siguió corriendo más que el galgo de las soluciones. Y así como el caos político pone a una sociedad en manos de un dictador, el caos de la desunión económica en una misma zona monetaria, ha puesto a nuestros Estados bajo la dictadura de los mercados.</p>
<p>Tres luces, sin embargo, aparecen en el marasmo. La primera es la existencia de un potente condicionamiento a favor de la unidad. La segunda, la presencia de una zona núcleo. La tercera, la inicial vuelta a los valores.</p>
<p>El condicionamiento a favor de la unidad es la unión monetaria con su extraordinaria fuerza motivadora. Ahí están los grandes esfuerzos de los Estados poderosos y la cooperación sacrificada de los Estados débiles. Tiene tanta fuerza para la unidad este condicionamiento, que nadie quiere repetir lo que se hizo con el Sistema Monetario Europeo; abandonarlo.</p>
<p>La segunda luz es el influjo direccional de Alemania entre los Estados de la Unión Europea. El teórico de las Relaciones Internacionales, Ernst B. Haas, dice que uno de los factores decisivos para la formación de una unión de Estados es la existencia de una zona núcleo. Algo muy demostrado. España para unirse tuvo el núcleo de Castilla. Alemania el de Prusia. Italia el del Piamonte. La OTAN el de Estados Unidos. Y así, un largo etcétera.</p>
<p>Si en la actualidad, Alemania fuera un país como Italia o como España ¿qué quedaría de la unión monetaria? Probablemente, nada. Pero Alemania, como núcleo de la zona euro, es más. La comparación entre Bismarck y Merkel es posible. No buscando si Merkel tuvo un amor parecido al de Bismarck cuando se fue en un transatlántico con aquella rubia inglesa que tanto le fascinó, sino constatando que así como Bismarck se encontró con la invitación histórica de unir a Alemania con los instrumentos bélicos propios del siglo XIX, Merkel se encuentra ahora con la invitación histórica de unir a Europa, en parecidas convulsiones, con los elementos financieros y políticos propios del siglo XXI. No se trata tanto de discutirle contenidos como de experimentarla como posible líder que tantos años decimos que necesitamos en Europa.</p>
<p>Es entonces cuando aparece la tercera luz. El ideal de lo &#8220;común&#8221; de Schuman, Monnet y Adenauer rebrota tenuemente en los dirigentes. Pero como he dicho al principio, en los políticos, la ética, para que sea operativa, tiene que coincidir con los intereses. Las numerosas diferencias técnicas partidistas que nos agobian cada día no deben ir por encima de la ética (unión) y de la política fundamental (zona núcleo). Hay que reinterpretar las instituciones para que los más altos dirigentes puedan y quieran pasar a Europa desde sus Estados grandes, como con mucha presteza, Barroso y Van Rompuy pasaron a Europa desde sus Estados pequeños. Y podamos con nuestro voto hacerle llegar algo a Merkel y no quedarnos marginados, en elecciones europeas, al Rajoy y al Rubalcaba de turno. Querer intervención completa del Banco Central Europeo y Tesoro europeo (formas de Superestado negado por Laeken, la Convención y Lisboa), sin aceptar formas genuinas de partidos políticos europeos, es éticamente engañoso y políticamente, engañoso también.</p>
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		<title>Europa y el déficit de lo político</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Jan 2012 17:43:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39562</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Michel Wieviorka</strong>, sociólogo, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (LA VANGUARDIA, 06/01/12):</p>
<p>¿Dónde se hallará Europa dentro de un año? Hacer pronósticos, tanto en política como en muchos otros terrenos, es un ejercicio arriesgado que suele revelar más sobre quien pronostica que sobre el contenido de lo que dice. Resulta más conveniente hacer balance de la situación actual. Como en estas fechas se trata de todos modos de proyectarse hacia el porvenir, resultará también más conveniente intentar definir mejor los términos susceptibles de propiciar el progreso o el éxito.</p>
<p>La situación ha &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39562/europa-y-el-deficit-de-lo-politico/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Michel Wieviorka</strong>, sociólogo, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (LA VANGUARDIA, 06/01/12):</p>
<p>¿Dónde se hallará Europa dentro de un año? Hacer pronósticos, tanto en política como en muchos otros terrenos, es un ejercicio arriesgado que suele revelar más sobre quien pronostica que sobre el contenido de lo que dice. Resulta más conveniente hacer balance de la situación actual. Como en estas fechas se trata de todos modos de proyectarse hacia el porvenir, resultará también más conveniente intentar definir mejor los términos susceptibles de propiciar el progreso o el éxito.</p>
<p>La situación ha rozado el desastre. Se ha evitado lo peor; al menos de momento. En otoño del 2011, cuando Grecia se aproximaba a la posible suspensión de pagos, muchos observadores barajaron la posible descomposición de Europa y el derrumbe de su moneda. El fantasma no ha dejado del todo de rondar a Europa, tan sólo se ha alejado un tanto. Ahora sabemos que el problema no es sólo la crisis financiera, tal como se experimentó a partir del 2008, cuando aún parecía que los países relativamente capaces de actuar podían hacer frente a una situación atribuida a las instituciones bancarias y financieras. No, el problema es en primer lugar la crisis política, la incapacidad de Europa a la hora de resolver problemas que exigen la adopción de decisiones que sólo pueden tomar los poderes públicos, empezando por las relativas a las competencias y la actuación del Banco Central Europeo, el BCE.</p>
<p>Tal dimensión esencial de la crisis actual sólo hallará solución, como coinciden en afirmar la mayoría de los analistas, si Alemania modifica de manera significativa su posición y acepta que el BCE juegue un nuevo papel, más amplio; a lo que se opone, principalmente, por temor de que surja de nuevo la inflación y afloren los derroteros que condujeron a la república de Weimar al nazismo.</p>
<p>¿Será testigo el 2012 de un cambio de postura de Alemania? Cabe recelar que no, porque las elecciones que podrían acabar con el Gobierno de Angela Merkel e inaugurar nuevas perspectivas, con un regreso de la socialdemocracia, no tendrán lugar hasta el año 2013.</p>
<p>Grecia e Italia han presenciado, en pocas semanas de intervalo, cómo jefes de Estado elegidos democráticamente, uno a la izquierda (Papandreu) y el otro a la derecha (Berlusconi), han dado paso, en ambos casos, a un experto, persona considerada como especialista en los mercados financieros y la banca, como si el carácter dramático de la situación griega o italiana demandara una subordinación de lo político a la gestión técnica. Europa, en orden a su supervivencia y, acaso mañana, de su reactivación, creó así un modelo especialmente inquietante, en cuyo marco los países más poderosos imponen a los más débiles la dejación de lo político en aras de una lógica pretendidamente racional, situada por encima de las contingencias políticas. Sacudido por los mercados todopoderosos, parece que el poder, en Europa, sólo puede ejercerse rogando a la ciudadanía (desde luego, de forma temporal) que confíe la soberanía nacional a protagonistas no políticos. ¿Recuperará la política en el 2012 todos sus derechos y a todos los niveles, regional (Europa), local y nacional? Aquí no cabe el optimismo y hay que temer, más bien, que las dinámicas actuales, de seguir prevaleciendo, alimenten el rechazo puro y simple de la política o bien los impulsos populistas por un lado a la izquierda de la izquierda pero, sobre todo, a la derecha de la derecha, en beneficio en tal caso de movimientos nacionalistas, xenófobos, racistas y claramente antieuropeos.</p>
<p>Contrariamente a lo que había prevalecido en años precedentes, la política no puede invocar la ideología neoliberal, de modo que la cuestión de la intervención del poder público, ya sea de tipo keynesiano u otro, muestra renovado vigor, al menos en teoría. La opinión, los medios de comunicación, los políticos en sus discursos parecen convencidos de que Europa sólo cobrará impulso si pone a punto, más allá de sus expertos en la materia, una capacidad de promover políticas públicas. Y ello es de aplicación en todas las áreas.</p>
<p>En consecuencia, cabe afirmar que la Europa social está por construir, dado que el rechazo actual a la democracia liberal y neoliberal resulta propicio para avanzar en este terreno. Asimismo es necesario que los principales países europeos sean gobernados por autoridades abiertas, a su vez, a las cuestiones sociales y guiados por la intención de despliegue de una intervención pública, una regulación de las medidas y una política redistributiva, cuestiones más propias de la izquierda. Las próximas elecciones en Francia y Alemania podrían tener efectos decisivos en esta cuestión, colocando gobiernos de estilo socialdemócrata en ambos países. La negativa de David Cameron a involucrar a Gran Bretaña en el nuevo tratado de la UE debatido en diciembre del 2011 en Bruselas no hace más que reforzar esta hipótesis: al intentar proteger a la City y aislar a su país en una ideología antieuropea pero también muy liberal, David Cameron, de alguna manera, ha prestado un servicio a aquellos para quienes Europa ha de ser social y estar abierta a las políticas públicas sólidas e intervencionistas. Sin embargo, para impulsar efectivamente el proyecto de una Europa social, antes debe solucionarse la crisis actual que domina todos los demás problemas y motiva que resulten de menor rango o apremio: es poco probable que el 2012 sea propicio a grandes avances en el terreno social europeo.</p>
<p>Lo propio cabe decir en materia diplomática e incluso militar, a pesar de los cambios en el mundo árabe y musulmán susceptibles de constituir una fuente de estímulo para Europa. La dinámica de los movimientos de democratización en el mundo árabe y musulmán de poner fin a los regímenes autoritarios o de cuestionarlos dista de haber finalizado, pero puede animar a Europa a reaccionar de manera constructiva e influir en el sentido de la paz y la democracia y también del desarrollo económico en los países de referencia, sobre todo en relación con el conflicto palestino-israelí. Se da una oportunidad histórica, que Europa debe aprovechar para ejercer una influencia geopolítica de acuerdo con sus valores humanistas y para actuar como verdadera potencia militar y diplomática, especialmente en África o en relación con el Mediterráneo. Sin embargo, una vez más, sólo serán posibles progresos importantes si se sanea una situación económica que más bien favorece la acción de fuerzas devastadoras, reacias a cualquier tipo de intervencionismo, incluso en el seno de Europa: ¿cómo podría Europa promover un nuevo rumbo diplomático en el exterior cuando se afana en afirmar y mantener su propia unidad?</p>
<p>No faltan cuestiones importantes –el medio ambiente, el clima, el desarrollo sostenible o el modelo de consumo– que abordar. Pero todo pende de la forma en que Europa pueda salir de sus dificultades financieras. Mientras persista el paro, el cierre de empresas y las mermas de ingresos de amplios sectores, mientras el crecimiento esté en vía muerta y la economía al borde de la recesión, hablar de otra cosa que no sea la solución de la crisis será, en el mejor de los casos, inaudible y, más probablemente, causa de extravíos antidemocráticos y antieuropeos. Cumbre tras cumbre, Europa en el 2011 ha dado la sensación de ser capaz de evitar lo peor o de retrasar la hora límite. Cabe esperar y desear que en el 2012 inicie la reconstrucción política que le permita cobrar renovado impulso.</p>
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		<title>The new old Europe</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Dec 2011 21:23:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Victor Davis Hanson</strong>, a classicist and historian at Stanford’s Hoover Institution (THE WASHINGTON TIMES, 29/12/11):</p>
<p>Nearly 10 years ago, Secretary of Defense <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/donald-h-rumsfeld/">Donald H. Rumsfeld</a> provoked outrage by referring to “old Europe.” How dare he, snapped the French and Germans, call us “old” when the utopian <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">European Union</a> was all the rage, the new euro was soaring in value, and the United States was increasingly isolated under the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/george-w-bush-administration/">George W. Bush administration</a>!</p>
<p>Yet the more things change in Europe, the more they stay the same.</p>
<p>The island of <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/britain/">Britain</a> usually is, and is not, a part of &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39446/the-new-old-europe/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Victor Davis Hanson</strong>, a classicist and historian at Stanford’s Hoover Institution (THE WASHINGTON TIMES, 29/12/11):</p>
<p>Nearly 10 years ago, Secretary of Defense <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/donald-h-rumsfeld/">Donald H. Rumsfeld</a> provoked outrage by referring to “old Europe.” How dare he, snapped the French and Germans, call us “old” when the utopian <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">European Union</a> was all the rage, the new euro was soaring in value, and the United States was increasingly isolated under the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/george-w-bush-administration/">George W. Bush administration</a>!</p>
<p>Yet the more things change in Europe, the more they stay the same.</p>
<p>The island of <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/britain/">Britain</a> usually is, and is not, a part of Europe &#8211; carefully pulling out when things heat up, terrified that it will be pulled back in when things boil over. British Prime Minister <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/david-cameron/">David Cameron</a> knows the old script well, as he adamantly and publicly insists that <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/great-britain/">Great Britain</a> is still a part of the crumbling <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">European Union</a> while privately assuming it is not.</p>
<p>No need to mention the German “problem”: Whether the year was 1870, 1914, 1939 or 2011, Europeans always have feared a united <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/germany/">Germany</a>, whose people, for a variety of cultural reasons, produce more wealth than the nation’s size might suggest.</p>
<p>In that regard, the more <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/france/">France</a> talks of the glory of Gallic culture, the more it seeks to restrain its too-powerful next-door neighbor or, in humiliating fashion, seeks to appease <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/germany/">Germany</a>. It’s no surprise that French President <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/nicolas-sarkozy/">Nicolas Sarkozy</a> seems to be pursuing both tracks simultaneously.</p>
<p>For centuries, Mediterranean Europe &#8211; the original, dynamic birthplace of Western civilization &#8211; has stagnated in comparison to the north. The sunny south’s greater vulnerability to nearby militant Ottomanism and the lack of Atlantic ports that looked out on the New World long ago relegated the Mediterranean nations to comparative stagnation. <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/greece/">Greece</a>, <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/italy/">Italy</a>, <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/portugal/">Portugal</a> and <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/spain/">Spain</a> were always considered nice warm places to vacation or retire, but not places in which to work, live and raise a family. That stereotype is as alive in 2011 as it was in 1880.</p>
<p>The squabbling European family has always feared two great rivals, <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/russia/">Russia</a> and radical Islam. From 1453 through the 18th century, Europe lived in fear of the Ottomans, who twice reached the gates of Vienna. Huge European armies invaded <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/russia/">Russia</a> twice, and both <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/napoleon-bonaparte/">Napoleon</a> and <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/adolf-hitler/">Hitler</a> destroyed their own empires in their failed attempts at pre-emption. <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/russia/">Russia</a> occupied half of Europe for almost a half century and now tries to leverage with gas and oil what it used to with missiles and tanks. Europe is as dependent on the oil of Muslim nations as it is terrified of millions of new Islamic immigrants.</p>
<p>Jews have always been smeared by ambivalent Europeans, discriminated against as too clannish in their creed, without ancestral landholding lineages and aristocratic status. Once again, Jews are beginning to feel as unwelcome in Europe as they did in the 1930s &#8211; or in 1543, when Martin Luther wrote his “On the Jews and Their Lies.” Jewish academics are sometimes shunned at international conferences in Europe. Some suburbs in Paris and Rotterdam are no longer safe for Jews to walk about. Europe is largely anti-Israel and probably always will be.</p>
<p>After the Revolutionary War, Europeans both flocked to America and damned it as uncouth and crass, even as they looked to it for money and military help. Nothing has changed much in that regard, either, despite the utopian pronouncements of the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">European Union</a> and the reset policies of the Obama administration.</p>
<p>Most European grandees recently felt that the American cowboys had gotten what they deserved in Iraq and during the financial panic of 2008. Then they blamed their own fiscal meltdown on imported Wall Street viruses, only to appeal for bailouts when Southern European defaults threatened to destroy the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">European Union</a>. In response, we habitually declare our independence and isolation. We promise never again to get involved in their squabbles and wars &#8211; only to find ourselves drawn knee-deep into them.</p>
<p>Like clockwork every few decades, some self-described European “visionaries” swear that the Continent can either live in peace under utopian protocols or, more darkly, be united under one grand &#8211; and undemocratic &#8211; system, willingly or not. But for all the noble pretensions of the Congress of Vienna or the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">European Union</a> &#8211; or the nightmarish spread of <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/napoleon-bonaparte/">Napoleon</a>’s Continental System and the Third Reich &#8211; and for all the promises of European-born fascism, communism and socialism, the result is always the same: disunion, acrimony and infighting.</p>
<p>That schizophrenia is what we should expect from dozens of cultures and histories squeezed into too small a continent full of lots of bright &#8211; and quite proud &#8211; people. Every new Europe always ends up as old Europe.</p>
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		<title>Une Europe &#8220;gothique&#8221; ?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39423/une-europe-gothique/</link>
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		<pubDate>Wed, 28 Dec 2011 21:13:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39423</guid>
		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Jacques Keller-Noëllet</strong>, ancien directeur général adjoint du Conseil de l&#8217;UE et <strong>Luuk van Middelaar</strong>, philosophe (LE MONDE, 28/12/11):</p>
<p>Le dernier sommet de Bruxelles a débouché sur une de ces décisions dont l&#8217;Europe semble avoir le secret. Pour certains, l&#8217;Union européenne se serait <em>&#8220;refondée&#8221;</em> grâce au nouveau pacte budgétaire, tandis que pour d&#8217;autres il ne s&#8217;agit que d&#8217;un travail de <em>&#8220;façade&#8221;</em>.</p>
<p>Afin d&#8217;y voir plus clair, prenons au sérieux ces métaphores architecturales et considérons ce moment précis de l&#8217;Europe &#8211; depuis toujours un mélange de construction et de conviction &#8211; sous le jour d&#8217;une cathédrale gothique. Non &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39423/une-europe-gothique/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Jacques Keller-Noëllet</strong>, ancien directeur général adjoint du Conseil de l&#8217;UE et <strong>Luuk van Middelaar</strong>, philosophe (LE MONDE, 28/12/11):</p>
<p>Le dernier sommet de Bruxelles a débouché sur une de ces décisions dont l&#8217;Europe semble avoir le secret. Pour certains, l&#8217;Union européenne se serait <em>&#8220;refondée&#8221;</em> grâce au nouveau pacte budgétaire, tandis que pour d&#8217;autres il ne s&#8217;agit que d&#8217;un travail de <em>&#8220;façade&#8221;</em>.</p>
<p>Afin d&#8217;y voir plus clair, prenons au sérieux ces métaphores architecturales et considérons ce moment précis de l&#8217;Europe &#8211; depuis toujours un mélange de construction et de conviction &#8211; sous le jour d&#8217;une cathédrale gothique. Non seulement l&#8217;Europe économique et sociale s&#8217;inspire de plus en plus du modèle germano-rhénan, mais tout comme l&#8217;art gothique en son temps, elle se trouve obligée de recourir à des techniques de construction innovatrices&#8230;</p>
<p>Au Conseil européen du 9 décembre, le Royaume-Uni, poussant toujours plus loin la logique insulaire, a profité de la règle de l&#8217;unanimité avec son potentiel de chantage pour obliger ses partenaires à rechercher leur salut en dehors des traités européens. C&#8217;est un peu comme si au lieu d&#8217;être eux-mêmes chassés du temple, les marchands en avaient chassé les fidèles !</p>
<p>Ce faisant, le Royaume-Uni a empêché l&#8217;Union européenne d&#8217;emprunter la démarche classique en pareil cas, consistant à bâtir à l&#8217;intérieur de l&#8217;édifice principal des chapelles particulières pour permettre aux Etats plus zélés de pratiquer un culte plus exigeant et des oeuvres plus ambitieuses dans l&#8217;intérêt bien compris de la communauté (Euroland, Schengen et autres formes de coopérations renforcées).</p>
<p>Ne pouvant utiliser le traité pour cause de veto britannique, la seule issue possible pour les dix-sept pays de la zone euro et leurs adeptes était de couler leurs résolutions (&#8220;règle d&#8217;or&#8221;, discipline budgétaire et gouvernement économique) dans un traité distinct, à côté du traité de Lisbonne. Pour poursuivre la métaphore architecturale, les chefs d&#8217;Etat et de gouvernement, empêchés d&#8217;aménager l&#8217;intérieur de l&#8217;édifice, ont choisi de bâtir à l&#8217;extérieur.</p>
<p>Exactement donc comme les maîtres d&#8217;oeuvre gothiques, bloqués dans leur ambition de dresser la nef toujours plus haut, ont imaginé les arcs-boutants, c&#8217;est-à-dire des constructions perçues comme étrangères au vaisseau principal tout en lui conférant plus de solidité, plus de lumière et plus d&#8217;élévation que ne le permettaient les lourds murs romans.</p>
<p><strong>EQUILIBRE DES POUSSÉES</strong></p>
<p>A quelles conditions cette innovation architecturale capitale pouvait-elle pleinement jouer son rôle ? Essentiellement deux. D&#8217;une part l&#8217;arc-boutant, pour remplir sa fonction, doit d&#8217;évidence s&#8217;appuyer sur le mur de la cathédrale, c&#8217;est-à-dire faire corps avec elle. D&#8217;autre part, pour des raisons d&#8217;harmonie et de continuité, l&#8217;arc-boutant doit être fait des mêmes matériaux et dans le même style que le bâtiment principal. Transposés au niveau politique des nouveaux plans pour l&#8217;Union actuellement en discussion, ces principes architecturaux ne peuvent avoir qu&#8217;une signification.</p>
<p>Premièrement, le traité envisagé doit clairement se placer dans le prolongement des traités actuels, inscrit dans une construction d&#8217;ensemble homogène. Deuxièmement, il doit respecter l&#8217;esprit et les méthodes de la construction communautaire telle qu&#8217;elle s&#8217;est développée jusqu&#8217;ici. Toute autre approche ne saurait conduire qu&#8217;à la confusion des genres et à une construction baroque qui signifierait la fin d&#8217;une aventure unique et cohérente commencée il y a soixante ans.</p>
<p>L&#8217;art gothique se fonde sur la symétrie et l&#8217;équilibre des poussées. Face à l&#8217;arc-boutant de la discipline budgétaire, un contrefort symétrique axé sur la promotion de la croissance doit être mis en place pour contrecarrer les effets réducteurs de la nécessaire rigueur et offrir aux citoyens des raisons d&#8217;espérer. Ainsi, puissamment flanquée de deux soutiens extérieurs &#8211; mais étroitement reliés au vaisseau central que représentent l&#8217;UE et ses institutions -, l&#8217;Europe pourra continuer à progresser vers la réalisation de ses ambitions&#8230;</p>
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		<title>Créons une Europe des citoyens !</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 19:12:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Ulrich Beck</strong>, sociologue et philosophe. Traduit de l&#8217;allemand par Valérie Bonfils (LE MONDE, 27/12/11):</p>
<p>L&#8217;Europe a déjà accompli une fois un miracle : celui d&#8217;avoir transformé des ennemis en voisins. Face à la crise de l&#8217;euro, la question cardinale se pose aujourd&#8217;hui différemment : comment l&#8217;Europe peut-elle, dans l&#8217;avalanche de risques d&#8217;un monde globalisé, garantir paix, liberté et sécurité à ses citoyens ? Pour cela, il ne faut rien moins qu&#8217;un second miracle : passer de l&#8217;Europe de la bureaucratie à une Europe des citoyens.</p>
<p>Il fut un temps où, après la restructuration de la dette grecque, chacun &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39403/creons-une-europe-des-citoyens/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Ulrich Beck</strong>, sociologue et philosophe. Traduit de l&#8217;allemand par Valérie Bonfils (LE MONDE, 27/12/11):</p>
<p>L&#8217;Europe a déjà accompli une fois un miracle : celui d&#8217;avoir transformé des ennemis en voisins. Face à la crise de l&#8217;euro, la question cardinale se pose aujourd&#8217;hui différemment : comment l&#8217;Europe peut-elle, dans l&#8217;avalanche de risques d&#8217;un monde globalisé, garantir paix, liberté et sécurité à ses citoyens ? Pour cela, il ne faut rien moins qu&#8217;un second miracle : passer de l&#8217;Europe de la bureaucratie à une Europe des citoyens.</p>
<p>Il fut un temps où, après la restructuration de la dette grecque, chacun poussa un soupir de soulagement et se prit à espérer : l&#8217;Europe est vivante et peut-être même suffisamment forte et habile pour surmonter ses problèmes. Puis le premier ministre grec Georges Papandréou annonça qu&#8217;il voulait consulter son peuple sur une question qui engageait son destin. C&#8217;est alors qu&#8217;apparut une réalité cachée, l&#8217;envers du décor : celui qui, dans cette Europe si fière de sa démocratie, veut la pratiquer, devient une menace pour l&#8217;Europe ! Papandréou se vit contraint de renoncer à la démocratie.</p>
<p>Nous avions espéré avec Hölderlin que là <em>&#8220;où est le péril, croît le salutaire aussi&#8221;.</em> Force est de constater qu&#8217;une tout autre réalité se profile : là où est le salutaire, croît le risque aussi. En tout cas, une question angoissante vient se nicher furtivement : ce qui est censé sauver l&#8217;euro va-t-il abolir l&#8217;Europe démocratique ? L&#8217;Union européenne &#8220;sauvée&#8221; ne sera-t-elle plus l&#8217;Union européenne telle que nous la connaissons, mais un Empire européen dominé par l&#8217;Allemagne ? Cette crise sans fin va-t-elle accoucher d&#8217;un monstre politique ?</p>
<p>Il n&#8217;y a pas si longtemps, il était encore fréquent de médire de la cacophonie de l&#8217;Union européenne. Subitement, l&#8217;Europe a un numéro de téléphone. Il se trouve à Berlin. Angela Merkel en est l&#8217;actuelle propriétaire.</p>
<p>Hier, il semblait que la crise soulevait la vieille question de la finalité de l&#8217;Union européenne. L&#8217;Europe doit-elle devenir une grande nation, une confédération d&#8217;Etats, un Etat fédéral, une simple communauté économique, des Nations unies indépendantes, voire quelque chose d&#8217;historiquement nouveau, à savoir une Europe cosmopolitique, fondée sur un droit européen, et qui coordonne politiquement des Etats nationaux européanisés ? Tout cela ressemble soudain à un folklore issu de temps révolus.</p>
<p>&#8220;Quelle Europe voulons-nous ?&#8221; Cette question donne faussement à penser qu&#8217;après le sauvetage de l&#8217;euro, on pourrait encore avoir le choix. Il semble qu&#8217;il soit trop tard, au moins pour les Grecs, les Italiens et les Espagnols. Le gouvernement grec, celui qui doit exiger le plus de ses citoyens, est de fait placé sous tutelle et se trouve dos au mur face aux troubles que connaît le pays. On fait appel à des professionnels de la liquidation, comme Mario Monti ou Lucas Papadémos. Car les plans d&#8217;économies se sont révélés suicidaires pour les dirigeants des Etats endettés qui ont dû céder leur place. Ce fut tout d&#8217;abord le cas en Irlande et au Portugal, puis en Grèce, en Italie et en Espagne.</p>
<p>Ce n&#8217;est pas seulement la structure du pouvoir qui a durablement changé, mais c&#8217;est une nouvelle logique de pouvoir qui émerge. Voici à quoi ressemble la nouvelle <em>&#8220;Europe de Merkel&#8221;(Der Spiegel</em> du 31 octobre) : le pouvoir obéit à une logique d&#8217;empire, non pas militaire mais économique, qui établit une différence entre pays débiteurs et pays créanciers (c&#8217;est pourquoi, il est absurde de parler de<em> &#8220;IV<sup>e </sup>R eich&#8221;</em>). Son fondement idéologique est ce que j&#8217;aimerais appeler l&#8217;euronationalisme allemand, soit une version européenne du nationalisme du deutschemark.</p>
<p>C&#8217;est ainsi que la culture allemande de la stabilité est élevée au rang d&#8217;idée européenne dominante. La stabilisation du pouvoir hégémonique repose sur l&#8217;assentiment des pays européens indépendants. Comme Adenauer en son temps, certains croient que le modèle allemand exerce une force d&#8217;attraction magnétique sur les Européens. Il est plus réaliste de se demander sur quoi repose le pouvoir de sanction. Angela Merkel a décrété qu&#8217;une perte de souveraineté était le prix à payer pour un endettement démesuré.</p>
<p>Les pays qui n&#8217;ont pas adopté l&#8217;euro se sentent exclus des processus de décision qui déterminent le présent et l&#8217;avenir de l&#8217;Europe. Ils se voient rabaissés au rang de simples observateurs et n&#8217;ont plus voix au chapitre politique. La Grande-Bretagne, qui est entraînée vers une position insignifiante en Europe, en est l&#8217;exemple le plus évident.</p>
<p>Pourtant au sein des pays de la zone euro, le nouveau centre de pouvoir, secoué par la crise, connaît également une division dramatique, cette fois entre les pays qui sont ou seront bientôt sous perfusion du fonds de sauvetage et ceux qui financent celui-ci. Les premiers n&#8217;ont plus d&#8217;autre issue que de se plier aux exigences de l&#8217;euronationalisme allemand. Ainsi, l&#8217;Italie, sans doute l&#8217;un des pays les plus européens, est-elle menacée de ne plus jouer aucun rôle dans les choix décisifs de l&#8217;Europe d&#8217;aujourd&#8217;hui et de demain.</p>
<p>Le multilatéralisme devient ainsi unilatéralisme, l&#8217;égalité hégémonie, la souveraineté retrait de souveraineté, la reconnaissance de la dignité démocratique d&#8217;autres nations dépossession de cette reconnaissance. Même la France, qui a longtemps dominé l&#8217;Union européenne, doit à présent suivre les préconisations de Berlin parce qu&#8217;elle craint aussi pour son triple A.</p>
<p>Cet avenir, qui germe dans le laboratoire du sauvetage de l&#8217;euro, dont il est pour ainsi dire un effet secondaire intentionnel, ressemble effectivement, j&#8217;ose à peine le dire, à une variante européenne tardive de l&#8217;Union soviétique. L&#8217;économie planifiée centralisée ne consiste plus ici à élaborer des plans quinquennaux pour produire des biens et des services mais pour réduire la dette. Leur application est confiée à des <em>&#8220;commissaires&#8221;</em> qui, sur la base de <em>&#8220;mécanismes de sanction&#8221;</em> (Angela Merkel), sont habilités à tout mettre en oeuvre pour détruire les villages Potemkine de pays notoirement endettés. On connaît le destin de l&#8217;Union soviétique.</p>
<p>Pourquoi avons-nous à présent une Europe allemande malgré les mises en garde insistantes de Thomas Mann dans le passé ? L&#8217;Allemagne ne peut pas être allemande sans l&#8217;Europe. Déjà la réunification des deux Allemagnes n&#8217;a été possible que grâce à la pacification de l&#8217;Europe. Dans la crise de l&#8217;euro, ce qui est &#8220;allemand&#8221; et ce qui est &#8220;européen&#8221; (ou doit le devenir) est de nouveau également tissé d&#8217;une manière nouvelle. L&#8217;Allemagne est trop souveraine, trop puissante, trop européenne et impliquée dans l&#8217;économie mondiale pour pouvoir s&#8217;offrir le luxe de ne pas sauver l&#8217;euro. Un éléphant ne gagne pas la confiance en se faisant passer pour un pauvre moineau. Le chemin vers l&#8217;empire européen est donc de nouveau pavé de bonnes intentions européennes. Comme toujours, le mot <em>&#8220;pouvoir&#8221;</em>, tabou en Allemagne, est remplacé délibérément par <em>&#8220;responsabilité&#8221;</em>, le mot préféré des Allemands.</p>
<p>Angela Merkel décline la <em>&#8220;responsabilité européenne&#8221; s</em>elon les maximes du pouvoir de l&#8217;euronationalisme allemand. Il s&#8217;agit donc de chercher des réponses allemandes à la crise européenne, et même, en fin de compte, de faire de la culture de la stabilité allemande la réponse passe-partout cette crise. Il en résulte un mélange d&#8217;engagement européen réel et de nationalisme authentique, d&#8217;engagement européen plus ou moins feint vis-à-vis de l&#8217;étranger mais aussi de nationalisme plus ou moins feint face au scepticisme croissant des Allemands à l&#8217;égard de l&#8217;Europe. Le pouvoir tente ainsi, de manière pragmatique, de concilier l&#8217;inconciliable, c&#8217;est-à-dire, dans un climat anti-européen en Allemagne, de sauver l&#8217;euro et l&#8217;Union européenne et de remporter des élections.</p>
<p>La chancelière procède à un partage national des valeurs européennes. A l&#8217;intérieur : la démocratie ; à l&#8217;extérieur : <em>losers can&#8217;t be choosers</em> (&#8220;Les perdants ne peuvent pas être ceux qui choisissent&#8221;). La formule magique de l&#8217;Allemagne d&#8217;après-guerre, la <em>&#8220;politique de stabilité&#8221;</em>, implique, pour les autres, de renoncer à nouveau à la liberté politique.</p>
<p>Dans un mélange, digne d&#8217;Angela Merkel, d&#8217;assez grande confusion, d&#8217;hypocrisie, de rigueur protestante et de calcul européen, le gouvernement Merkel, y compris l&#8217;Européen Schäuble, érige l&#8217;euronationalisme allemand en ligne directrice d&#8217;interventions politico-économiques dans les pays de la zone euro qui ont péché. Il ne s&#8217;agit rien moins que de civiliser un Sud trop dépensier, au nom de la <em>&#8220;raison économique&#8221;</em>, de <em>&#8220;l&#8217;Europe&#8221;</em> et de <em>&#8220;l&#8217;économie mondiale&#8221;. </em>Notre politique financière est d&#8217;autant plus allemande qu&#8217;elle est européenne : telle est la devise.</p>
<p>Toutefois, cette structure hégémonique ne pourrait-elle pas receler la possibilité de lever les blocages de l&#8217;Union européenne ? Je dis bien &#8220;pourrait&#8221;. En effet, comment gouverner cet énorme espace de 27 Etats membres s&#8217;il faut, avant chaque décision, convaincre 27 chefs de gouvernement, conseils des ministres et Parlements ? La réponse est contenue dans la question. Contrairement à l&#8217;Union européenne, l&#8217;empire européen est de facto une communauté à deux vitesses. Seule la zone euro (et non l&#8217;Union européenne) jouera à l&#8217;avenir un rôle avant-gardiste dans l&#8217;intégration européenne. Ne serait-ce pas là une chance alors qu&#8217;il est urgent d&#8217;imaginer de nouvelles institutions ?</p>
<p>Il est question depuis assez longtemps déjà d&#8217;un<em> &#8220;gouvernement économique&#8221;</em>. Ce qui se cache derrière cette notion doit être précisé, négocié et expérimenté. A plus ou moins court terme, les euro-obligations, très controversées, seront vraisemblablement mises en place. Wolfgang Schäuble, le ministre des finances allemand, plaide d&#8217;ores et déjà pour l&#8217;introduction d&#8217;un impôt sur les transactions financières auquel, au sein de l&#8217;Union européenne, la Grande-Bretagne opposerait assurément son veto.</p>
<p>Cependant, cette voie vers une Europe des apparatchiks, avec un Politburo à Bruxelles ou à Berlin, parachève la malformation congénitale de l&#8217;Europe et pousse à l&#8217;extrême le paradoxe d&#8217;une Europe qui existe bel et bien sans Européens. Plus encore, les citoyens des pays financeurs se sentent dépouillés et ceux des pays débiteurs mis sous tutelle. L&#8217;Europe devient l&#8217;ennemi. Au lieu d&#8217;avoir une Europe des citoyens, on assiste à un mouvement de colère des citoyens à son égard.</p>
<p>Le président américain John F. Kennedy a autrefois étonné le monde entier en proposant la création des Peace Corps. Pourquoi la nouvelle Européenne qu&#8217;est Angela Merkel ne pourrait-elle pas à son tour étonner le monde en soutenant la mise en oeuvre de l&#8217;idée suivante : la crise de l&#8217;euro n&#8217;est pas seulement une question d&#8217;économie ; il s&#8217;agit aussi d&#8217;engager par le bas l&#8217;européanisation de l&#8217;Europe ; il s&#8217;agit de diversité et d&#8217;autodétermination, d&#8217;un espace politique et culturel dans lequel les citoyens ne peuvent plus continuer à se sentir ennemis avec, d&#8217;un côté, les mis sous tutelle et, de l&#8217;autre, les dépouillés. Créons l&#8217;Europe des citoyens, maintenant !</p>
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		<title>Europe : la démocratie ou rien</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Dec 2011 19:21:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Bernard Barthalay</strong>, président de <a href="http://www.puissanceeurope.eu/" target="_blank">Puissance Europe</a>; <strong>Enrique Barón Crespo</strong>, ancien président du Parlement européen; <strong>Emma Bonino</strong>, ancienne commissaire européenne, vice-présidente du Sénat de la République italienne; <strong>Babette Nieder</strong>, ancienne secrétaire générale de l&#8217;<a href="http://www.ofaj.org/" target="_blank">Office</a><a href="http://www.ofaj.org/" target="_blank"> franco-allemand de la jeunesse</a> (LE MONDE, 26/12/11):</p>
<p>Cela devient une mode de dénoncer les défauts de l&#8217;Europe en les imputant à des erreurs des gouvernements passés. Ils n&#8217;ont pas achevé le marché unique, leur Banque centrale n&#8217;était pas complète, une union économique manque à l&#8217;union monétaire, la soi-disant constitution n&#8217;était qu&#8217;un traité, il aurait fallu un gouvernement de l&#8217;économie européenne.&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39385/europe-la-democratie-ou-rien/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Bernard Barthalay</strong>, président de <a href="http://www.puissanceeurope.eu/" target="_blank">Puissance Europe</a>; <strong>Enrique Barón Crespo</strong>, ancien président du Parlement européen; <strong>Emma Bonino</strong>, ancienne commissaire européenne, vice-présidente du Sénat de la République italienne; <strong>Babette Nieder</strong>, ancienne secrétaire générale de l&#8217;<a href="http://www.ofaj.org/" target="_blank">Office</a><a href="http://www.ofaj.org/" target="_blank"> franco-allemand de la jeunesse</a> (LE MONDE, 26/12/11):</p>
<p>Cela devient une mode de dénoncer les défauts de l&#8217;Europe en les imputant à des erreurs des gouvernements passés. Ils n&#8217;ont pas achevé le marché unique, leur Banque centrale n&#8217;était pas complète, une union économique manque à l&#8217;union monétaire, la soi-disant constitution n&#8217;était qu&#8217;un traité, il aurait fallu un gouvernement de l&#8217;économie européenne.</p>
<p>Tout ceci peut s&#8217;expliquer. A coup d&#8217;insuffisances de la méthode communautaire, d&#8217;échecs de la méthode intergouvernementale. On dira même que la méthode fédérale, pour une banque sans Etat, était prématurée. Au delà des langues de bois des uns et des autres, on peut tout démontrer : chacun a sa part de responsabilité. La seule vraie certitude, c&#8217;est que les fondateurs avaient d&#8217;abord voulu construire une grande démocratie européenne, et qu&#8217;on a dû, à cause de l&#8217;échec de la communauté de défense, à laquelle était attachée une communauté politique, emprunter une autre voie. Celle de l&#8217;Europe économique. Et ce n&#8217;est pas un échec, un marché de 500 millions de consommateurs, une monnaie forte et stable. Et partout dans le monde, l&#8217;attente, pour l&#8217;instant déçue, d&#8217;une Europe puissance, facteur d&#8217;équilibre.</p>
<p>Cette certitude a son corollaire : au long du long chemin de l&#8217;intégration, l&#8217;oubli croissant des peuples. Non que l&#8217;Europe économique ait été voulue contre eux, mais elle a avancé sans eux et, parfois, malgré eux. On a commencé par le marché, sans créer dans nos territoires les conditions de l&#8217;égalité des chances pour tous les Européens ; on a ajouté des politiques de cohésion et des stratégies pour la compétitivité et l&#8217;emploi sans gouvernement pour les conduire ; on a créé l&#8217;euro mais il est maintenant victime d&#8217;une répartition inégale de l&#8217;activité dans l&#8217;espace européen sans frontières, et de l&#8217;endettement excessif qui s&#8217;en est suivi.</p>
<p>L&#8217;euro ? Passera pas l&#8217;hiver, entend-on. Les gouvernements et les institutions communes font ce qu&#8217;ils peuvent, avec l&#8217;héritage qu&#8217;ils ont reçu. La crise leur révèle cependant ce dont les inventeurs de l&#8217;euro avaient clairement conscience : une union monétaire n&#8217;est pas viable sans union budgétaire, c&#8217;est-à-dire sans unité politique. L&#8217;erreur des gouvernements d&#8217;aujourd&#8217;hui, c&#8217;est de ne pas le dire. Et quand ils prétendent qu&#8217;une union budgétaire peut être gouvernée par dix-sept gouvernements ou plus, ils nous mentent.</p>
<p>Des gouvernements tombent et tomberont, d&#8217;autres se formeront à cause de la crise de la zone euro. Le marché unique lui-même est ébranlé. La question européenne, qui peine à trouver sa place quand il s&#8217;agit d&#8217;élire le Parlement européen, sera au cœur des prochains scrutins nationaux. Des candidats perdront ou gagneront sur l&#8217;euro. Le moment est venu de remettre l&#8217;Europe sur ses pieds. En la re-fondant sur le politique, en la continuant par une stratégie de sortie de crise. Le moment est venu d&#8217;une nouvelle bataille pour l&#8217;unité politique, pour une Europe démocratique, où l&#8217;union budgétaire n&#8217;aboutira pas à une concentration de pouvoirs entre les mains des exécutifs aux dépens des Parlements nationaux, mais à une division claire des pouvoirs entre les représentations nationales et une représentation européenne, sur une base constitutionnelle nouvelle, fédérale.</p>
<p>Il y a trois choses à faire qui ne sont pas dans l&#8217;accord de Bruxelles : annoncer l&#8217;unité politique, protéger l&#8217;union monétaire, préparer l&#8217;union budgétaire. Dire à quoi doit ressembler la fédération dont on a besoin, offrir de toute urgence les garanties nécessaires pour dissiper les doutes sur l&#8217;avenir de l&#8217;euro, créer un institut budgétaire et fiscal, à l&#8217;image de l&#8217;Institut monétaire européen qui prépara la banque, pour écrire la feuille de route d&#8217;un Trésor européen, première pierre de l&#8217;administration fédérale. Etats-Unis d&#8217;Europe : maintenant !</p>
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		<title>¿Deben separarse Reino Unido y la UE?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39378/deben-separarse-reino-unido-y-la-ue/</link>
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		<pubDate>Sat, 24 Dec 2011 15:47:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Reino Unido]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford e investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 24/12/11):</p>
<p>Si va por una carretera y ve que se bifurca, ¡siga adelante! Gran Bretaña lleva 60 años siguiendo el consejo de Yogi Berra en sus relaciones con Europa. Pero, al terminar 2011, la pregunta es: ¿puede seguir tomando las dos carreteras al mismo tiempo? Si no, ¿cuál debe escoger?</p>
<p>En el debate británico actual, existe una postura euroescéptica minoritaria que puedo respetar, aunque esté totalmente &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39378/deben-separarse-reino-unido-y-la-ue/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford e investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 24/12/11):</p>
<p>Si va por una carretera y ve que se bifurca, ¡siga adelante! Gran Bretaña lleva 60 años siguiendo el consejo de Yogi Berra en sus relaciones con Europa. Pero, al terminar 2011, la pregunta es: ¿puede seguir tomando las dos carreteras al mismo tiempo? Si no, ¿cuál debe escoger?</p>
<p>En el debate británico actual, existe una postura euroescéptica minoritaria que puedo respetar, aunque esté totalmente en desacuerdo con ella, y una postura euroescéptica mayoritaria que no puedo respetar, porque se basa en el autoengaño.</p>
<p>La postura minoritaria dice: la independencia de Reino Unido, su soberanía y su libertad de maniobra, en un mundo cambiante y cada vez más posoccidental, son muy importantes para nosotros. Reconocemos que, al apartarnos de la línea central de la integración europea, perderemos influencia, incluso ante Washington y Pekín. Reconocemos que esta actitud inglesa respecto a la Unión Europea puede acelerar la escisión de Escocia. Pero es un precio que estamos dispuestos a pagar. ¿Que seremos una Noruega sin el petróleo? ¿Una Suiza en el mar? ¿Por qué no? Los ingleses somos un pueblo duro e imaginativo y encontraremos una forma de capear el temporal del siglo XXI.</p>
<p>Por el contrario, la postura euroescéptica mayoritaria, con la que David Cameron está fundamentalmente de acuerdo, dice: podemos repicar y andar en la procesión. Aunque nos mantengamos al margen de los proyectos centrales de la integración europea, nuestra influencia en Europa y el mundo no disminuirá. &#8220;Voy a decir algo sobre la influencia de Reino Unido en Europa&#8221;, explicó el subsecretario de Exteriores Henry Bellingham ante la Cámara de los Comunes la semana pasada. &#8220;La decisión de no seguir adelante con un tratado para 27 no afecta a nuestra situación dentro de la Unión Europea&#8221;. Eso es ridículo. Todo el mundo, tanto en Bruselas como en Washington y Pekín, sabe que no es verdad.</p>
<p>De hecho, esa decisión se tomó precisamente porque Reino Unido se había marginado en Europa. El plan de Cameron no era acabar 1 contra 26. La retórica criptochurchilliana de &#8220;pues muy bien, lo haremos solos&#8221; fue una forma de presentar la situación <em>a posteriori.</em> Cameron pensó que tenía un trato con Angela Merkel para dar Reino Unido las disposiciones especiales sobre servicios financieros que deseaba. Calculó mal. Al final, Alemania se puso del lado de Francia. Cuando Cameron hizo su apuesta, a primera hora de la mañana del viernes, con todos los que estaban en la mesa conscientes de que los mercados financieros mundiales iban a abrir pocas horas después, se encontró solo.</p>
<p>Dado que Reino Unido no es miembro de la eurozona, dijeron sus miembros, &#8220;¿quiénes sois vosotros para pararnos?&#8221;. Es importante tener en cuenta que en la mesa no apareció ninguna reserva de buena voluntad como la que suele mostrarse a la hora de ayudar a un miembrodestacado a abordar una dificultad política interna. Como Cameron decidió, hace tiempo, sacar a los conservadores del Grupo del Partido Popular Europeo (PPE) en el Parlamento Europeo, no estuvo presente en una reunión crucial de sus líderes -incluidos Merkel y Nicolas Sarkozy-, justo antes de la cumbre de Bruselas. Si hubiera estado, quizás habría conseguido lo que quería. Cuando uno se margina, los demás le marginan también.</p>
<p>Otra variante del autoengaño euroescéptico es la que dice: muy bien, puede que perdamos influencia en Europa, pero no en el mundo. &#8220;¿Aislados? No. Ahora, nuestro límite es el mundo entero&#8221;, afirma el titular de un ejemplo típico de este género, escrito por el columnista de derechas Simon Heffer. Liberada de las esposas de &#8220;la increíblemente idealista, esclerótica y corrupta familia europea&#8221;, Reino Unido puede dedicarse ahora a comerciar alegremente con India, China y Brasil. Y Estados Unidos no por eso dejará de tomarnos en serio. Es cierto, reconoce Heffer, que algunos estadounidenses tienen una extraña concepción de Europa como una especie de Estado federal como el suyo, pero &#8220;uno de los objetivos de nuestra política exterior debe ser el de reeducar a nuestros primos americanos para quitarles esas ideas&#8221;. Primo Barack, prima Hillary, quedáis advertidos. Preparaos que os vamos a reeducar.</p>
<p>Es una forma asombrosa de engañarse a sí mismos. Seamos sinceros. Todos los Estados miembros de la UE tienen que hacer concesiones. Claro que se pierde algo de soberanía e independencia. A cambio, se gana en influencia, escala, poder y, por consiguiente, la capacidad de garantizar una libertad, una seguridad y una prosperidad más <em>reales</em> para los ciudadanos. El propio David Lidington, secretario de Estado para Europa, recordó la semana pasada en los Comunes: &#8220;Una voz que representa a 500 millones de consumidores se oye mejor en Pekín, Delhi y Brasilia que 27 voces separadas&#8221;.</p>
<p>Es muy probable que este momento de aparente claridad -¡la separación!- se difumine en la confusión habitual el próximo año. La eurozona no se ha salvado. Es posible que Nick Clegg y el Foreign Office, con la ayuda de algunos Estados miembros liberales y comprensivos, consigan que Reino Unido vuelva a la mesa. Muchos otros Gobiernos tienen sus propios intereses especiales que proteger. Todo ello es, como dijo un diplomático, &#8220;un lío del carajo&#8221;, y se supone que a los británicos se les da muy bien resolverlos.</p>
<p>¿Pero estamos verdaderamente dispuestos los británicos a seguir arreglándonoslas como podamos durante otros 10 o 20 años? Supongo que las dos partes del debate británico sobre Europa estarán de acuerdo en que, en algún momento de los últimos 60 años, cometimos un gran error, aunque no estemos de acuerdo en cuál fue.</p>
<p>Quienes pensamos que los intereses nacionales de nuestro país exigen que sigamos siendo miembros de pleno derecho de la UE pensamos que ese error histórico fue el hecho de permanecer al margen cuando nació en los años cincuenta. Si Reino Unido hubiera estado presente en su creación, habría sido una UE diferente. Quienes creen lo contrario pensarán que el error histórico fue entrar, con retraso, en los años setenta, y después seguir adelante con toda la integración.</p>
<p>En cualquier caso, Reino Unido no se puede permitir otro gran error. Mi pesadilla -que me parece bastante probable- es que el circuito cerrado del Parlamento, el Gobierno y la prensa de Westminster sigan confundiendo a este país (o lo que quede de él cuando se vaya Escocia) hasta empujarlo a los márgenes de Europa. Cuando los ingleses descubran, de aquí a cinco o 10 años, que Heffer, Bellingham y compañía se equivocan de medio a medio; cuando la automarginación del país empiece a dañar su prestigio en Washington, su capacidad de proyectar sus intereses en China, India y Brasil, y a la City de Londres, entonces, Inglaterra -ya solo Inglaterra, quizá en todo caso con Gales- volverá arrastrándose para pedir, por favor, que le dejen entrar, como hizo Reino Unido en los años sesenta. Y entonces los franceses, croatas y escoceses decidirán si responden <em>oui</em> o <em>non.</em></p>
<p>Esa es una visión digna del fantasma de las Navidades futuras de Dickens.</p>
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		<title>Técnicos</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Dec 2011 19:57:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Mercedes Monmany</strong>, escritora (ABC, 18/12/11):</p>
<p>Cuando los europeos nos habíamos acostumbrado a ese vértigo de imágenes, absorbidas sin un respiro y delirantemente contrapuestas, que iban desde pasearse agarrado de la mano de un feroz dictador de Oriente Medio y, al día siguiente, bombardearlo sin apenas pestañear —«Silvio, ayúdame», parece que le clamó en una carta a su antiguo amigo el «rais» depuesto desde el aire—, de repente, cambiamos de registro, igualmente sin pestañear y sin descomponérsenos el semblante, para sustituir a tan pintorescos personajes, hoy bufones casi innombrables, por un equipo de «dottori». Es decir, por técnicos que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39275/tecnicos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Mercedes Monmany</strong>, escritora (ABC, 18/12/11):</p>
<p>Cuando los europeos nos habíamos acostumbrado a ese vértigo de imágenes, absorbidas sin un respiro y delirantemente contrapuestas, que iban desde pasearse agarrado de la mano de un feroz dictador de Oriente Medio y, al día siguiente, bombardearlo sin apenas pestañear —«Silvio, ayúdame», parece que le clamó en una carta a su antiguo amigo el «rais» depuesto desde el aire—, de repente, cambiamos de registro, igualmente sin pestañear y sin descomponérsenos el semblante, para sustituir a tan pintorescos personajes, hoy bufones casi innombrables, por un equipo de «dottori». Es decir, por técnicos que se pondrían al mando de naciones endeudadas y al borde del abismo o, dicho en otras palabras, de naciones a punto de caer de la colapsada cama de agua que había insuflado a miles de aficionados al parapente presupuestario sus sueños más letales y cotidianos. Sometidos todos a la política del «aún peor», al caos de un orden y valores, si no perdidos, sí totalmente enajenados o extraviados; acostumbrados a eso que Adorno llamaba «el shock catastrófico» en su libro «Minima Moralia» —su gran testamento de «ciencia melancólica», publicado tras la Segunda Guerra Mundial—, un shockque se traduce en la falta total de impresionabilidad, en la ausencia de reacciones por parte de individuos habituados a hechos inasumibles e inconmensurables, entonces, en ese momento sin aparente retorno, llegaron seres apáticos, austeros en sus gestos, sin carisma ni apenas semblante, sin promesas estrambóticas ni insensatas, para hacerse cargo de nosotros.</p>
<p>¿Quiénes son estos técnicos? Para muchos ciudadanos corrientes y estupefactos, que habían presenciado tan anómalo cortocircuito democrático de traspaso de poderes de urgencia, los técnicos, hasta hacía poco, eran esos especialistas, tan respetados, que habitan en el mundo menospreciado y poco brillante de la utilidad y de lo práctico y que componen máquinas y organismos en mal funcionamiento. Expertos cualificados y competentes, que van desde los que practican complicadas operaciones de cirugía cardiovascular en hospitales hasta los, no menos necesarios, que arreglan atascos en las tuberías de las viviendas o que detectan —y detienen, en su calidad de policías informáticos en su lucha contra el Mal— todo tipo de virus y hackers criminales, vilmente dirigidos a arruinar ordenadores y sistemas pacíficamente volcados en sus tareas rutinarias.</p>
<p>Cuando la alegría budgetariaque algunos, dependiendo de los países y del optimismo, cifran bien desde los años 70, bien desde los 80 hasta nuestros mismos días, había hecho perder literalmente la cabeza a una cadena de estamentos difícil de desglosar, hoy entregados a la innoble tarea de echarse mutuamente los trastos a esa poco juiciosa mollera —desde gobiernos ineptos, bancos desacreditados, finanzas tóxicas o gestores irresponsables de todo pelaje, enfermos todos de ceguera voluntaria y de avidez, ya fuera de dinero como de votos, por los medios que fueran— entonces, de repente, caídos del cielo, llegaron un equipo de aguafiestas a decretar que el jolgorio se había acabado. Aunque no hay que olvidar el eslabón último de la cadena, como siempre el más pillado de sorpresa y por lo tanto el más castigado: esos ciudadanos sin cesar alentados y contagiados por una euforia que parecía una «marca de los tiempos», por una obligación de ser felices en paraísos de un consumo y de unos bienes sin fin, legítima y democráticamente alcanzados, de los que nadie quería quedarse al margen. Tampoco nadie, después, se sentiría responsable de haber soñado y deseado con tanto ahínco y vehemencia. Una constante, el no responsabilizarse de nada lo hecho, que venía de antiguo, de la noche de los tiempos, aplicado a cualquier momento y situación. Si Elena Ceausescu le dijo a sus captores —que simbolizaban en ese momento todo un pueblo— «yo os quería como a mis hijos», Gadafi, por su parte, les diría a sus enfurecidos ejecutores «¿por qué me hacéis esto?». También parece ser que se lo dijo Bujarin, el camarada bolchevique de los primeros tiempos, a su amigo Stalin, antes de ser liquidado en las famosas purgas del Partido a finales de los años 30: «¿Koba, qué necesidad tienes de matarme?». Otros, en cambio, como ha sucedido recientemente con el filósofo alemán Habermas, abandonando momentáneamente su mesa de trabajo por el imperativo de «salvar la idea de Europa de sus dirigentes políticos incapaces y del poder oscuro de los mercados», clamaría por esta «corresponsabilidad» de todos en no dejar hundir el barco.</p>
<p>Los técnicos venían a contrarrestar los desperfectos pero también la visión única y frenética de aquella alegre etapa que se tradujo tan sólo en una quejumbrosa letanía posterior de «yo no he sido». Algunos comentaristas de la prensa europea han resaltado como una «pequeña revolución cultural» la llegada de Monti y su equipo a un país en el que expertos y sabiosnormalmente son muy poco considerados. Poco aficionados a pasearse por frívolos platós de televisión, escasamente invitados a debates —en su calidad de «profesores» que arrastran con ellos la diabólica sospecha de «aburridos»— hasta ahora habían cedido la palabra, como norma, a políticos y periodistas largamente curtidos y experimentados en esos menesteres.</p>
<p>El paisaje después de la batalla no podía ser más desolador. Una vez que se quedó desnudo el emperador del reino imaginario del Más Allá de la Felicidad impuesta por el puro y obligado «aire de los tiempos», también se quedó patéticamente desnudo todo el país, como si se tratara de un triste decorado de películas del spaguetti westernque ya nadie quería producir: esqueletos de casas sin acabar, tranvías que no llevaban a ninguna parte, aeropuerto sin tráfico ninguno de aviones y mucho menos de pasajeros, gigantescos museos sin nada que exponer en sus no menos descomunales paredes o faraónicos complejos de viviendas y urbanizaciones totalmente vacías, donde sólo se oía ulular el viento del desierto entre hierbajos de algo que una vez tenía que haber sido un parque o, en su defecto, jardines copiados de alguna imagen, extraída de Internet, de Abu Dabi.</p>
<p>¿Y qué pasaba con la cultura, normalmente considerada, a ojos de los políticos profesionalesy de los técnicos serios de otras disciplinas, como una especie de hermana o pariente pobre, ociosa, sin demasiado cerebro, pero pasablemente presentable y decorativa en según qué caso? La cultura, más que nunca, requiere y requerirá de gestores responsables y especializados, en absoluto arbitrarios, caprichosos y derrochadores, como muchas veces ha sucedido en esa fábrica de los sueños permanentes o nube en la que se vivió hasta ahora. Como patrimonio inmaterial, con presupuestos que se tendrán que calibrar al milímetro, tendrá que recaer, con el enorme peso simbólico que representa —nada más ni nada menos que la imagen de cada país y la imagen de Europa en su conjunto— en manos sensatas y cualificadas. En gente respetada y poco intercambiable. Así lo expresaba, refiriéndose a uno de los mayores males de nuestra época —la falta de cualificación— Giorgio Agamben, en su reciente y magnífico libro, «Desnudez». Hablaba el filósofo italiano de la «confusión» de nuestros tiempo en cuanto a «oficios, vocaciones, identidades profesionales y roles». Todos ellos venían personificados, en cualquier momento, por un «figurante» cuya arrogancia era directamente equivalente a la temeridad del hombre actual que se cree «capaz de todo». Un hombre que inquietantemente repite —añadía Agamben— un jovial «no hay problema» y un irresponsable «puede hacerse». Todo ello pronunciado al borde del abismo, cuando la cama de agua hace tiempo que ya se había visto desinflar.</p>
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		<title>¿Existen los europartidos?</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Dec 2011 22:25:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Partidos Políticos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Cesáreo Rodríguez-Aguilera</strong>, catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona (EL PAÍS, 16/12/11):</p>
<p>En medio de la peor crisis vivida por la UE, se ha señalado -probablemente con acierto- que no es posible el keynesianismo en un solo país: en este caso, la única respuesta viable frente al neoliberalismo hegemónico debería tener una dimensión paneuropea. Para poner en marcha una estrategia neokeynesiana a nivel europeo haría falta, en primer lugar, que el centro-izquierda recupere el Gobierno en algunos de los principales Estados de la UE (Alemania, Francia e Italia) y, a continuación, que el <em>conjunto</em> de las &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39254/existen-los-europartidos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Cesáreo Rodríguez-Aguilera</strong>, catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona (EL PAÍS, 16/12/11):</p>
<p>En medio de la peor crisis vivida por la UE, se ha señalado -probablemente con acierto- que no es posible el keynesianismo en un solo país: en este caso, la única respuesta viable frente al neoliberalismo hegemónico debería tener una dimensión paneuropea. Para poner en marcha una estrategia neokeynesiana a nivel europeo haría falta, en primer lugar, que el centro-izquierda recupere el Gobierno en algunos de los principales Estados de la UE (Alemania, Francia e Italia) y, a continuación, que el <em>conjunto</em> de las izquierdas -moderadas y radicales (socialdemócratas, verdes, poscomunistas y comunistas demócratas)- se coordine a fondo y propugne recetas de aquel tenor sin medias tintas.</p>
<p>¿Cómo hacerlo? Pues utilizando un instrumento hoy virtual que podría ser rellenado de contenido: dar vida a los europartidos formalmente presentes en el Parlamento Europeo. Si en los sistemas nacionales pluralistas los partidos son el actor protagonista de los procesos políticos, habría que proyectar esta dinámica a toda la UE para sacarles el máximo rendimiento paneuropeo frente a los famosos <em>mercados</em> (que no conocen fronteras), y esta es una perspectiva que nunca se ha explorado.</p>
<p>¿Alguien sabe si el Partido de los Socialistas Europeos, el Partido de la Izquierda Europea o el Partido Verde Europeo tienen alguna estrategia mínimamente elaborada? ¿Para cuándo grandes convenciones de los mismos a fin de articular respuestas coordinadas supranacionales ante la actual crisis? No deja de ser llamativo que para abordar la tan grave situación iniciada en 2008 se persista -en lo esencial- en aplicar recetas similares a las que la originaron. La actual coyuntura debería haber sido un revulsivo para el relanzamiento masivo de estrategias neokeynesianas y, sin embargo, las izquierdas ni se han recuperado ni han propuesto fórmulas opuestas a las que impone la troika (el BCE, la Comisión y el FMI), lo que revela su resignación y debilidad. En realidad, es incongruente ceder constantemente ante el fundamentalismo de mercado y las presiones políticas de las derechas, ya que sus recetas ortodoxas impuestas a ultranza (la obsesión dogmática por la austeridad, el control del déficit y la estabilidad de los precios) están dificultando posibilidades de crecimiento y recortando la redistribución.</p>
<p>En suma, no es congruente que los pocos Gobiernos de centro-izquierda que subsisten en algunos países de la UE hagan políticas gratas a las derechas. Por tanto, la cuestión es la de invertir la actual correlación de fuerzas en toda la UE y no seguir a remolque de los intereses conjuntos de los <em>mercados</em> y los partidos de las derechas. En otras palabras, entre el original y la fotocopia los electorados prefieren lo primero (por eso castigan al centro-izquierda) y tampoco es de recibo el argumento de que no hay más remedio que aplicar las políticas económicas mayoritarias en la UE, eso sí, con más <em>moderación.</em></p>
<p>O la socialdemocracia -en particular, como principal opción progresista- renuncia definitivamente a políticas de <em>tercera vía</em> (Blair, Schröder) y se atreve a recuperar su tradición (no adelgazar el sector público, regular estrictamente las transacciones financieras, mantener un fuerte gasto social, elevar los impuestos a las grandes fortunas) o la hegemonía de las derechas y los <em>mercados</em> no dejará de aumentar.</p>
<p>Para intentar salir de esta situación, habría que convocar convenciones de los europartidos de las izquierdas para que vayan perfilando programas de corte neokeynesiano y -sobre todo- tengan voluntad práctica de aplicarlos en caso de llegar al Gobierno en varios países. Ello tendría dos ventajas: <em>1)</em> configuraría por fin una alternativa progresista paneuropea y <em>2)</em> reforzaría un instrumento hoy virtual (los europartidos) para profundizar en la lógica federalizante europea. Solo así cabría movilizar de nuevo a electorados desencantados y derrotar a las derechas que hoy gobiernan en la mayoría de los Veintisiete y controlan las instituciones comunitarias.</p>
<p>Es cierto que cada vez habrá más movilizaciones sociales al margen de los partidos (en la senda de los indignados) -y esto es algo que incomoda a los partidos de las derechas-, pero si todo ello no tiene presencia institucional, su incidencia es menor. Por supuesto que las movilizaciones pueden parar y cambiar algunas decisiones institucionales, pero sin partidos que articulen las alternativas será difícil revertir la actual hegemonía neoliberal. Desde luego, el actual panorama de las izquierdas europeas -en todas sus familias ideológicas- no es muy entusiasmante, pero no hay otro. En consecuencia, hay que presionar a este espectro para que ofrezca otras recetas para salir de la crisis económica y social y, a la vez, amplíe la calidad política de la democracia.</p>
<p>En conclusión, no hay que seguir enrocados en inútiles visiones nacionales, ya que la estrategia de la alternativa debe ser paneuropea para potenciar los europartidos de las izquierdas, lo que implica renovar a fondo cuadros dirigentes y programas. Esto solo será posible con una presión social sostenida para que no se diluyan con el tiempo los mensajes de auténtico cambio de rumbo y -en caso de victoria electoral- incluso con mayor intensidad para que cumplan con programas de corte neokeynesiano, mucho más equitativos para el conjunto de los ciudadanos.</p>
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		<title>L&#8217;auto-isolation britannique est néfaste pour l&#8217;Europe</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Dec 2011 22:07:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Reino Unido]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Anne-Marie Le Gloannec</strong>, directrice de recherche, CERI-Sciences Po (LE MONDE, 16/12/11):</p>
<p>Certains se réjouiront des déconvenues britanniques. Le gouvernement britannique a causé son propre isolement, sans prendre soin de nouer des alliances ni de limiter ses exigences de la dernière heure face à des chefs d&#8217;Etat et de gouvernement pour le moins surpris. Il n&#8217;empêche : l&#8217;auto-isolation du Royaume-Uni est porteuse de conséquences néfastes, y compris pour le continent. La carte de l&#8217;Europe et la nature de l&#8217;Union européenne (UE) risquent d&#8217;en être modifiée.</p>
<p>La première conséquence, c&#8217;est que la Grande-Bretagne elle-même en souffrira durablement. Le veto de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39245/lauto-isolation-britannique-est-nefaste-pour-leurope/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Anne-Marie Le Gloannec</strong>, directrice de recherche, CERI-Sciences Po (LE MONDE, 16/12/11):</p>
<p>Certains se réjouiront des déconvenues britanniques. Le gouvernement britannique a causé son propre isolement, sans prendre soin de nouer des alliances ni de limiter ses exigences de la dernière heure face à des chefs d&#8217;Etat et de gouvernement pour le moins surpris. Il n&#8217;empêche : l&#8217;auto-isolation du Royaume-Uni est porteuse de conséquences néfastes, y compris pour le continent. La carte de l&#8217;Europe et la nature de l&#8217;Union européenne (UE) risquent d&#8217;en être modifiée.</p>
<p>La première conséquence, c&#8217;est que la Grande-Bretagne elle-même en souffrira durablement. Le veto de David Cameron n&#8217;apaisera pas ses troupes eurosceptiques alors même que son allié libéral-démocrate s&#8217;en prend au premier ministre. Affaibli, celui-ci ne saura pas résister à une surenchère eurosceptique, à une demande de renégociation que les 26 ne pourront accepter, voire à un référendum, longtemps repoussé. Un référendum pourrait faire éclater le Royaume-Uni, tiraillé entre une Angleterre décidément hostile à l&#8217;UE et une Ecosse désireuse d&#8217;y rester – même si pour l&#8217;instant, le martelage de propos anti-européens laisse des traces dans l&#8217;opinion écossaise. N&#8217;oublions pas toutefois que l&#8217;Union européenne donne une prime aux petits Etats : l&#8217;éclatement de la Tchécoslovaquie et celui de la fédération serbo-macédonienne démontrent que ceux-ci y gagnent une indépendance confortable, assurés d&#8217;un marché de 500 millions d&#8217;habitants et de l&#8217;appartenance à une &#8220;communauté de sécurité&#8221;.</p>
<p>Quoi qu&#8217;il en soit, c&#8217;est évidemment la fin de l&#8217;Europe de la défense, deuxième conséquence de l&#8217;auto-isolement britannique. Certes Londres n&#8217;avait pas mis beaucoup du sien pour la construire. Malgré l&#8217;accord de Saint-Malo de 1998 qui avait levé, au moins théoriquement, l&#8217;hypothèque grevant une défense européenne, en affirmant que les Européens se doteraient de capacités autonomes, et malgré aussi le traité de 2010 portant sur la création d&#8217;une force commune et la mutualisation de capacités, Londres n&#8217;a cessé de bloquer la constitution d&#8217;un quartier général européen, bloquant les avancées. Cela n&#8217;a pas empêché Français et Britanniques de s&#8217;engager de concert en Libye et de présenter de concert des propositions sur les dossiers syrien et iranien. Mais à cela rien d&#8217;Européen : il s&#8217;agit d&#8217;une collaboration entre deux puissances militaires, détenant – encore – un siège permanent et un veto au Conseil de sécurité.</p>
<p>L&#8217;Europe de la défense reste ce qu&#8217;elle est, limitée, conduisant des opérations au mieux circonscrites dans le temps et dans l&#8217;espace, au pire chaotique et inconséquente. C&#8217;est dire que l&#8217;Union européenne est faite de quelques Etats qui, pour des raisons différentes, regardent le monde : la France et le Royaume en ont une vision stratégique, sans oublier que Londres est la première place financière, l&#8217;Allemagne une vision géo-économique, la Suède une approche diplomatico-humanitaire… mais, prise comme ensemble, l&#8217;Union européenne est une sorte d&#8217;empire austro-hongrois, continental, en décalage dans un monde en mutation.</p>
<p>La troisième conséquence, c&#8217;est que le traité proposé sera à 27-, dans le meilleur des cas : il ne peut s&#8217;inscrire dans le système à 27. Non que David Cameron s&#8217;y oppose : ce serait une déclaration de guerre. Il faudrait cependant que les juristes usent d&#8217;imagination, voire d&#8217;artifices, pour faire en sorte que les parties au traité intergouvernemental recourent aux institutions communautaires, Commission et Cour de justice. A prime abord, le scepticisme est de mise. C&#8217;est bien l&#8217;intergouvernementalisme et non le fédéralisme qui l&#8217;emporte – même si tout est dans tout et qu&#8217;<em>in fine</em> l&#8217;integergouvernementalisme ne consiste pas simplement en une simple addition des opinions des uns et des autres. En somme Nicolas Sarkozy triomphe sur Angela Merkel, on en revient au compromis de Deauville, grâce à… David Cameron. Il n&#8217;y a pas de quoi s&#8217;en réjouir.</p>
<p>La Commission est déjà largement affaiblie, notamment du fait que son président est, aux yeux de tous, déconsidéré. Plus qu&#8217;à déterminer le &#8220;bien commun&#8221;, ce qui serait bon pour l&#8217;ensemble, la Commission devient un pool d&#8217;experts, source d&#8217;information et d&#8217;expertise, surveillant, appréciant, voire dictant, sous l&#8217;œil du conseil, ce que les parties souscrivant au traité et aux différentes obligations devront faire. La Commission abaissée, qui peut dire ce qu&#8217;est le &#8220;bien commun&#8221; de l&#8217;UE ? Il reste deux acteurs en jeu : la Banque centrale européenne, qui le fait certes, mais dans un domaine limité de compétences, et le président du Conseil, Hermann van Rompuy, qui vient d&#8217;essuyer un camouflet en formulant des propositions destinées à éviter un nouveau traité en acérant les traités existants.</p>
<p>Or une Europe inter-gouvernementale est une Europe des Etats plus que du bien commun, donc une Europe des plus forts, une Europe franco-allemande qui a peut-être le mérite d&#8217;aller de l&#8217;avant, mais peut fortement se tromper sur la voie de sortie. Cela, l&#8217;isolationnisme de la Grande-Bretagne et l&#8217;intergouvernmentalisme triomphant auront contribué à le forger.</p>
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		<title>El retorno de Alemania</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Dec 2011 18:26:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39232</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Nathan Gardels</strong>, director de <em>New Perspectives Quarterly</em> y de la Global Viewpoint Network de Tribune Media Services International. © 2011 Global Viewpoint Network; distribuido por Tribune Media Services. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 15/12/11):</p>
<p>Cuando han pasado más de 20 años desde el final de la guerra fría, una sensación de <em>déjà vu</em> vuelve a plantear asuntos que parecían resueltos. En Moscú, los manifestantes vuelven a llenar las calles para exigir el fin del poder autoritario; en esa ocasión, su blanco es Vladímir Putin, en vez del Partido Comunista. En Europa, la resolución de la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39232/el-retorno-de-alemania/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Nathan Gardels</strong>, director de <em>New Perspectives Quarterly</em> y de la Global Viewpoint Network de Tribune Media Services International. © 2011 Global Viewpoint Network; distribuido por Tribune Media Services. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 15/12/11):</p>
<p>Cuando han pasado más de 20 años desde el final de la guerra fría, una sensación de <em>déjà vu</em> vuelve a plantear asuntos que parecían resueltos. En Moscú, los manifestantes vuelven a llenar las calles para exigir el fin del poder autoritario; en esa ocasión, su blanco es Vladímir Putin, en vez del Partido Comunista. En Europa, la resolución de la crisis de la deuda soberana de acuerdo con las condiciones de Berlín ha servido para recuperar la &#8220;cuestión alemana&#8221; del basurero de la historia.</p>
<p>Tardaremos un tiempo en ver qué sucede a continuación en la versión rusa de la <em>primavera árabe</em> impulsada a través de Facebook. Pero la dominación alemana de Europa ya es suficientemente real como para haber movido al primer ministro británico, David Cameron, a renunciar a cualquier papel en el futuro de una Unión Europea dirigida por Alemania que limitaría la soberanía de Reino Unido.</p>
<p>Hace mucho tiempo que Margaret Thatcher vio el reto que iba a afrontar Cameron. En una discusión llena de franqueza sobre la unificación alemana, celebrada al final de la guerra fría con François Mitterrand, George H. W. Bush y Mijaíl Gorbachov y que se publicó en la revista <em>New Perspectives Quarterly (NPQ</em>) en 1995, Thatcher no se mordió la lengua: &#8220;Yo me opuse a la unificación alemana desde el principio por razones obvias. Unificar Alemania iba a convertirlo en el país dominante dentro de la comunidad europea. Los alemanes son poderosos y eficientes&#8221;, afirmó entonces.</p>
<p>Y continuó con unas palabras dirigidas a Bush y Gorbachov: &#8220;El presidente Mitterrand y yo lo sabemos. Hemos estado en la mesa de negociaciones muchas veces. Alemania utilizará su poder. Aprovechará el hecho de ser el mayor contribuyente a Europa para decir: &#8216;Yo doy más dinero que nadie, así que debo salirme con la mía en lo que yo quiera&#8217;. Se lo he oído en varias ocasiones. Y he visto cómo los países pequeños se mostraban de acuerdo con Alemania con la esperanza de obtener determinadas ayudas. El Parlamento alemán no estaba dispuesto a ratificar el Tratado de Maastricht si el banco central de la divisa única no se establecía en su territorio. ¿Qué dijo la Unión Europea? Muy bien, lo tendréis&#8221;.</p>
<p>Después, Thatcher dijo lo que seguramente piensa hoy Cameron: &#8220;Todo esto va directamente en contra de mis ideales. Algunos dicen que hay que sujetar Alemania a Europa para evitar que esas características vuelvan a salir a la superficie. Pues bien, lo que han hecho no es sujetar Alemania a Europa, sino Europa a una Alemania en una nueva posición dominante. Por eso la llamo la Europa alemana&#8221;.</p>
<p>En la discusión de 1995, ni Bush ni Gorbachov compartieron la alarma de Thatcher. &#8220;Yo pensé que la unificación alemana beneficiaría los intereses fundamentales de Occidente&#8221;, dijo Bush. &#8220;Me pareció que había llegado el momento de confiar más en los alemanes, dado todo lo que habían hecho desde el final de la II Guerra Mundial&#8221;.</p>
<p>La Unión Soviética, a pesar de su oposición inicial a la unidad alemana, acabó aceptándola. Como dijo Gorbachov: &#8220;El presidente Bush tenía razón sobre Alemania. Los alemanes habían aceptado los valores democráticos. Se habían comportado de forma responsable. Habían reconocido su culpa. Habían pedido perdón por su pasado y eso era muy importante. Por tanto, aunque fuera difícil de aceptar, era inevitable que la dirección soviética tomara unas decisiones coherentes con esa realidad&#8221;.</p>
<p>La respuesta que más contradice la preocupación histórica de Thatcher es la de Polonia, el país que más sufrió a manos de Alemania. Para el actual ministro de Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, la fortaleza alemana es un ancla muy beneficioso para Europa ahora que tiene que hacer frente al mercado mundial de bonos y el espectro de un crecimiento cada vez más lento.</p>
<p>&#8220;El mayor peligro para la seguridad y la prosperidad de Polonia&#8221;, dijo hace poco Sikorski, &#8220;no es el terrorismo, ni los talibanes, ni los carros de combate alemanes, ni los misiles rusos, sino la bancarrota de la eurozona&#8230; Es probable que yo sea el primer ministro polaco de la historia que dice esto, pero lo voy a decir: tengo menos miedo al poder alemán que a la inactividad alemana. Os habéis convertido en la nación indispensable para Europa. No tenéis más remedio que dirigir&#8221;.</p>
<p>Tanto Thatcher como Sikorski tienen razón; sus opiniones son la cara y la cruz de la misma moneda de euro. Una Europa en la que Alemania es la nación indispensable es, sin duda, una Europa alemana.</p>
<p>Pero una Alemania gobernada como lo está hoy, con una rectitud democrática que Thatcher admiraría, en vez de la temeridad obsesiva del Reich, es precisamente el sostén que necesita Europa.</p>
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		<title>Europa prosaica</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Dec 2011 15:53:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Rupérez</strong>, embajador de España (ABC, 14/12/11):</p>
<p>Son varias las crisis de crecimiento por las que ha atravesado el proceso de construcción europea desde sus inicios, allá en los años inmediatamente posteriores a la II Guerra Mundial, y todas ellas han venido acompañadas de grandes palabras y conmovedores arrebatos líricos: Europa «se hace a golpe de crisis», decían muchos, y siguen diciendo algunos; la respuesta siempre es «más Europa», afirman conmovidamente otros; «Europa es siempre la solución», mantienen los más aguerridos de los europartidarios. Y sin pretensiones de arrebatar el impulso bienintencionado y poético de esas y parecidas &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39218/europa-prosaica/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Rupérez</strong>, embajador de España (ABC, 14/12/11):</p>
<p>Son varias las crisis de crecimiento por las que ha atravesado el proceso de construcción europea desde sus inicios, allá en los años inmediatamente posteriores a la II Guerra Mundial, y todas ellas han venido acompañadas de grandes palabras y conmovedores arrebatos líricos: Europa «se hace a golpe de crisis», decían muchos, y siguen diciendo algunos; la respuesta siempre es «más Europa», afirman conmovidamente otros; «Europa es siempre la solución», mantienen los más aguerridos de los europartidarios. Y sin pretensiones de arrebatar el impulso bienintencionado y poético de esas y parecidas expresiones, lo cierto es que los avances en la construcción europea tienen, desde hace al menos dos decenios, bastante menos del gran aliento europeísta de los padres fundadores y de sus inmediatos sucesores y más de las necesidades de articulación de un conglomerado que, al adquirir su propia coherencia, y sin renegar de las grandes y buenas intenciones que lo vieron nacer, necesita cada vez más de articulaciones técnicas, económicas y políticas que mejoren sus posibilidades y la eficacia de sus propósitos.</p>
<p>La laboriosa respuesta ofrecida por la reciente cumbre de la UE a la crisis económica y financiera por la que atraviesa el mundo occidental, y muy en particular el europeo, se inscribe en esa perspectiva: esta no es la hora de los líderes carismáticos, sino de los robustos, o robustas, gestores de las malbaratadas cuentas públicas del sistema, receptores de una doble y difícil tarea: recuperar el perdido sentido de las proporciones y hacerlo en un marco unificado. Veintiséis de los veintisiete miembros de la Unión han comprendido, adecuadamente, dicho sea de paso, que cualquier otra alternativa encerraba horizontes imprevisibles y seguramente catastróficos para el conjunto, para sus miembros individuales y para el conjunto de la economía occidental, incluyendo la de los Estados Unidos y Canadá. Lo notable de la respuesta reside en la situación que la genera y en la fórmula encontrada para conjurarla: a diferencia de momentos anteriores, esta no es una decisión motivada por necesidades o convicciones surgidas del interior del sistema, sino forzada por factores exteriores; y en la propia lógica del momento está el que la dirección que se apunta exija una mayor integración en las políticas económicas y fiscales de los países miembros, a la que de una manera evidente convocaba el euro desde el primer momento de su existencia. En el fondo, los euroescépticos británicos, que son muchos y aguerridos, tenían razón en sus reticencias frente a la moneda única: en su misma existencia germinaba un proceso unificador al que esta crisis ha terminado por dar un importante aliento. ¿Podremos en algún tiempo decirnos «o felix euro» como decimos «o felix culpa»?</p>
<p>Todos tenemos razón al expresar nuestra queja y perplejidad ante la longitud del proceso, sus incertidumbres, la deficiente geometría de la maquinaria de toma de decisiones e incluso ante la calidad de sus gestores, comunitarios o nacionales. Pero en el último recodo del camino, como ya se venía dibujando en los últimos meses, existe una voluntad dominante traducida en un liderazgo contundente y encarnado en la República Federal Alemana de la canciller Angela Merkel. Su figura y el papel jugado por su país, ya presentido desde hace años en este y otros terrenos de la política internacional, introducen un significativo reparto de nuevas cartas en el tablero mundial: Alemania como potencia hegemónica europea y referente imprescindible de la Unión en su proyección global. El tantas veces repetido «mantra» de la falta de liderazgo en la UE hoy ya no tiene cabida. Menos la añoranza de los duopolios o de los directorios.<br />
Esta nueva Europa germanizada, que algunos no dejarán de lamentar, adquiere, si se quiere de manera inesperada, algunos de los perfiles que harían las delicias de los europeístas «enragés»: estamos hoy un poco más cerca de los Estados Unidos de Europa que tantos pusieron como culminación de sus anhelos; y consiguientemente nos vemos de nuevo obligados a reflexionar en profundidad sobre las tensiones entre las soberanías nacionales y la Unión. De nuevo aquí no parece ya posible imaginar una incómoda y extendida cohabitación de los opuestos: la fuerza de las circunstancias nos empuja hacia formas perfeccionadas de integración, que en la lógica de las cosas acabara por implicar también aspectos políticos y de seguridad. ¿Para cuándo el momento en que Francia y el Reino Unido renuncien al puesto que ya tienen en el Consejo de Seguridad y Alemania abandone sus pretensiones de adquirir el suyo, de manera que la Unión como conjunto pueda ocupar esa responsabilidad? ¿Para cuándo el momento de comenzar a hablar en serio de la integración de los sistemas defensivos de las naciones europeas?</p>
<p>Bien que muchos lo pongan en duda, y dejando de lado sus evidentes y lógicas vacilaciones, Alemania y su canciller han sabido dirigir este último y doloroso giro de tuerca con un sentido que, de mantenerse, podría acreditar la calidad de su orientación: no ha perdido Berlín de vista los intereses globales del conjunto, la necesidad de mantener el proceso unificador europeo y la vinculación esencial que para la historia alemana significa permanecer fielmente uncida a ese carro. Todo ello, y alguna cosa más, podría garantizar al nuevo hegemoneuropeo lo que los Estados Unidos de América han mostrado en lo mejor de su historia: una capacidad para planear por encima de sus propios intereses nacionales para ofrecer su poder y su inspiración a la estabilidad del conjunto. En el que, naturalmente, y según las calidades y habilidades de cada uno, habrán de entretejerse las soberanías más o menos residuales del resto de los integrantes. Incluyendo, por supuesto, la alemana.</p>
<p>Que estos son los tiempos de la Merkel y no los de la Thatcher lo demuestra la patética manera en que el Reino Unido ha quedado descolgado de un proceso que inevitablemente tendrá a la unión económica como referente en el futuro inmediato. Tanto cultivar la excepcionalidad y el euroescepticismo producen estos frutos: Londres queda al margen de lo que seguramente constituirá el impulso unificador europeo más significativo desde la firma del Tratado de Maastricht en 1992. Al final se impone la cordura sobre la habilidad: no era sano ni comprensible, y a la postre tampoco posible, que la diplomacia británica pudiera imponer sus prioridades a un conjunto cuya evolución la inquietaba tanto que había convertido en rito la práctica de su vigilancia. El patetismo es doble si se repara en que, a diferencia de otros momentos, hoy los Estados Unidos prefieren la «relación especial» con la Europa de Merkel que con el Reino Unido de Cameron. Cuando el euroescepticismo coincide con el aislamiento, algo ha dejado de funcionar en la acreditada escuela de los discípulos de Castlereagh. Pena. ¿Tanto trabajo para leer a Shakespeare desperdiciado en los nuevos esfuerzos para comprender a Goethe?</p>
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		<title>A United States of Europe?</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2011 23:15:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Bruce Ackerman</strong>, a professor of law and political science at Yale and the author of <em>We the People: Transformations</em> (LOS ANGELES TIMES, 14/12/11):</p>
<p>Are we witnessing the birth of the United States of Europe?</p>
<p>There are uncanny similarities between the current round of wheeling and dealing and the founding of the United States of America. The Philadelphia Convention of 1787 represented America&#8217;s second try at continental union. In 1781, the 13 states had come together behind a treaty-constitution that broadly resembles present European arrangements.</p>
<p>America&#8217;s first effort was the Articles of Confederation. Like the European Union treaties, it &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39203/a-united-states-of-europe/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Bruce Ackerman</strong>, a professor of law and political science at Yale and the author of <em>We the People: Transformations</em> (LOS ANGELES TIMES, 14/12/11):</p>
<p>Are we witnessing the birth of the United States of Europe?</p>
<p>There are uncanny similarities between the current round of wheeling and dealing and the founding of the United States of America. The Philadelphia Convention of 1787 represented America&#8217;s second try at continental union. In 1781, the 13 states had come together behind a treaty-constitution that broadly resembles present European arrangements.</p>
<p>America&#8217;s first effort was the Articles of Confederation. Like the European Union treaties, it guaranteed each citizen&#8217;s right to move throughout the confederation and exercise all the economic privileges of home-staters. It also created a weak unicameral Congress and a judiciary for resolving inter-state disputes. But it did not grant the confederation independent powers of taxation, preventing it from guaranteeing the large war debts issued by each of the states. Because many states were in shaky financial condition, their bonds had dramatically depreciated in value, undermining the confidence of European investors in New World projects.</p>
<p>This was one of the problems motivating the movement &#8220;for a more perfect union.&#8221;</p>
<p>The Constitution of 1787 granted new powers to impose taxes and set up an analogue to the Bank of England. Once it came into effect, the federal government moved quickly to create a national bank and to pay the depreciated state debt. This ended the credit crisis and established the credibility of the infant republic in European financial markets.</p>
<p>But before all this could happen, the founders confronted a threshold problem: So long as they were living under the laws of the confederation, it would be impossible to get their new Constitution ratified. Like the current European Union treaties, the Articles of Confederation explicitly required unanimous consent to any revision of its terms, and it was perfectly obvious that no such consent would be forthcoming.</p>
<p>Rhode Island was the Britain of its time — this small trading state was unwilling to give up its sovereignty to the federal colossus. It refused to send delegates to the Philadelphia Convention, denouncing it as an illegal secessionist assembly, which is precisely what it turned out to be. After a summer of secret sessions, the Philadelphians went public with a document proclaiming that, despite the articles&#8217; requirement of unanimous consent, the new Constitution would spring to life when only nine of the 13 states ratified.</p>
<p>Confronting this revolutionary change in the rules of the game, Rhode Island simply refused to play, as did North Carolina. When the first Congress met in 1789, there were 11 states in the union. The dissenting states caved under pressure — with Rhode Island entering in 1790 only when Congress began threatening to impose tariffs on its trade unless it abandoned the veto solemnly granted to it by the Articles of Confederation.</p>
<p>These embarrassing facts have long been forgotten, even by most serious students of the U.S. Constitution. But they put the current crisis in a new light.</p>
<p>The members of the new Eurozone treaty won&#8217;t bludgeon Britain into Rhode Island-style capitulation. But if British Prime Minister David Cameron stands firm, his veto will likely lead to the ultimate exclusion of his nation from the EU. The projected treaty will create a large bloc whose interests systematically diverge from other members, but which will depend on a steady flow of supportive decisions by EU institutions to maintain the Eurozone&#8217;s credibility.</p>
<p>Given these dynamics, Cameron is simply fooling himself if he really believes &#8220;that the EU institutions — the court, the commission — [would] work for all 27 nations&#8221; when this would compromise the euro bloc&#8217;s fundamental interests. When Britain tries to undermine ongoing support for the Eurozone, it will predictably provoke a constitutional crisis — in which the euro bloc will eject Britain to prevent its continuing acts of sabotage.</p>
<p>This is a time for some serious diplomacy from the Obama administration. The United States should help bridge the gap between the Continent and Britain&#8217;s divided coalition of conservatives and liberals, encouraging both sides to return to the bargaining table. If left unchecked, the current institutional dynamics will generate a United States of Continental Europe at an unacceptable price, gravely weakening the West for a very long time to come.</p>
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		<title>Laisser la Grande-Bretagne s&#8217;éloigner de l&#8217;Europe est aussi périlleux que désinvolte</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39179/laisser-la-grande-bretagne-seloigner-de-leurope-est-aussi-perilleux-que-desinvolte/</link>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2011 21:27:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Reino Unido]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Sir Peter Mandelson</strong>, ministre britannique entre 1994 et 2010 dans les gouvernements travaillistes. Traduit de l&#8217;anglais par Gilles Berton (LE MONDE, 13/12/11):</p>
<p>On commence à appréhender dans toute leur ampleur les conséquences de la décision historique de David Cameron de séparer la Grande-Bretagne du reste de l&#8217;Europe. Non seulement nous nous sommes exclus d&#8217;une Europe à deux vitesses, mais notre pays s&#8217;est engagé dans une autre direction. Si l&#8217;énorme déception qu&#8217;éprouvent les dirigeants européens à notre endroit ne s&#8217;apaise pas et si le populisme anti-européen gagne du terrain en Grande-Bretagne, cela pourrait avoir des conséquences dramatiques sur l&#8217;appartenance &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39179/laisser-la-grande-bretagne-seloigner-de-leurope-est-aussi-perilleux-que-desinvolte/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Sir Peter Mandelson</strong>, ministre britannique entre 1994 et 2010 dans les gouvernements travaillistes. Traduit de l&#8217;anglais par Gilles Berton (LE MONDE, 13/12/11):</p>
<p>On commence à appréhender dans toute leur ampleur les conséquences de la décision historique de David Cameron de séparer la Grande-Bretagne du reste de l&#8217;Europe. Non seulement nous nous sommes exclus d&#8217;une Europe à deux vitesses, mais notre pays s&#8217;est engagé dans une autre direction. Si l&#8217;énorme déception qu&#8217;éprouvent les dirigeants européens à notre endroit ne s&#8217;apaise pas et si le populisme anti-européen gagne du terrain en Grande-Bretagne, cela pourrait avoir des conséquences dramatiques sur l&#8217;appartenance même de notre pays à l&#8217;Union européenne (UE) et, par conséquent, sur notre avenir économique.</p>
<p>Il importe de bien comprendre ce qui vient de se passer. Les dispositions prises en vue de gouverner &#8211; sans la Grande-Bretagne &#8211; la zone euro conféreront, si elles sont appliquées, un pouvoir croissant à Bruxelles. L&#8217;institution essentielle qu&#8217;est la Commission européenne, dans laquelle les gouvernements britanniques avisés ont, jusqu&#8217;ici, toujours investi pour contrebalancer le couple franco-allemand, s&#8217;efforcera de préserver sa prééminence. Il est tout simplement ridicule de croire que l&#8217;influence de la Grande-Bretagne est intacte, comme le clame le gouvernement.</p>
<p>L&#8217;affirmation selon laquelle, en opposant son veto au traité européen, le premier ministre aurait sauvé la City de Londres d&#8217;une dangereuse menace est tout aussi fantaisiste. La régulation financière de l&#8217;UE sera décidée à la majorité, et cette majorité exigera des règles vigoureuses visant à limiter les activités de ceux qui, selon elle, ont tout fait pour exacerber la crise de la zone euro. L&#8217;instauration d&#8217;une taxe sur les transactions financières portera tort à la City et nous ne pourrons l&#8217;empêcher. Vu la façon dont le gouvernement britannique a traité ses partenaires européens à Bruxelles, pourquoi l&#8217;Union ferait-elle le moindre geste pour nous aider sur ce point, comme sur d&#8217;autres ?</p>
<p>Il est stupéfiant que le premier ministre ait allumé cette mèche avec une telle désinvolture. Ce faisant, il a fait passer la politique avant l&#8217;économie et jugé moins dangereux de sacrifier la place de la Grande-Bretagne en Europe plutôt que de risquer de perdre le soutien de parlementaires conservateurs rebelles. Je ne pense pas qu&#8217;il ait anticipé, et encore moins voulu, le schisme qu&#8217;il a provoqué. Pendant un déplacement à Bruxelles, il m&#8217;avait dit que sa tâche en tant que dirigeant conservateur consistait à apaiser les déchirements de son parti sur l&#8217;Europe. <em>&#8220;Dès que vous mettez deux députés tories dans une même pièce, ils s&#8217;écharpent à propos de l&#8217;Europe </em>&#8220;, se plaignait-il alors. Comme tous les dirigeants européens, la crise de la zone euro l&#8217;a fait tomber dans un guet-apens.</p>
<p>Face aux faiblesses de la zone euro, cruellement mises à nu par la crise de la dette souveraine, M. Cameron a dû faire un choix. Soit il participait à l&#8217;approfondissement de l&#8217;intégration européenne afin de sauver l&#8217;économie européenne &#8211; et britannique -, ce qui impliquait qu&#8217;il réduise au silence les plus virulents de ses parlementaires eurosceptiques, soit il amadouait ses opposants au sein du parti en souscrivant à la nécessaire intégration, mais sans que le Royaume-Uni prenne place à la table commune.</p>
<p>En choisissant la seconde option, il a privé la Grande-Bretagne de toute influence sur l&#8217;orientation que prendra l&#8217;Europe pour résoudre la crise, avec toutes les implications que cela aura sur une économie britannique étroitement liée au destin de la zone euro. En dépit des applaudissements de ceux qui ont salué sa combativité toute britannique, M. Cameron a en réalité opéré un choix qui marque une rupture non seulement avec les décisions de tous les gouvernements britanniques précédents, mais aussi avec celles de tous les premiers ministres conservateurs jusqu&#8217;à présent.</p>
<p>Depuis l&#8217;entrée de la Grande-Bretagne dans l&#8217;UE, l&#8217;un de nos principes fondamentaux a été de ne jamais renoncer à exercer une influence sur la politique européenne ; donc à ne jamais nous retirer d&#8217;une table où doit être prise une décision susceptible d&#8217;affecter les intérêts britanniques. Edward Heath a posé cette règle, Margaret Thatcher l&#8217;a bétonnée et John Major l&#8217;a résolument mise en oeuvre à Maastricht. David Cameron, au contraire, l&#8217;a abandonnée, non parce que c&#8217;était son désir, mais parce qu&#8217;il lui manque l&#8217;autorité politique au sein de son propre parti pour la faire respecter.</p>
<p>Il ne reste plus au gouvernement qu&#8217;à espérer, comme l&#8217;a suggéré le chancelier de l&#8217;Echiquier, Lord Osborne, que l&#8217;on croie que la Grande-Bretagne continue d&#8217;exercer une influence en Europe, et non qu&#8217;elle est en train de s&#8217;éloigner d&#8217;elle. Mais c&#8217;est pratiquement impossible. La colère contre Londres est presque palpable chez les hommes politiques du continent. Depuis plus de quarante ans, nos partenaires ont fait preuve d&#8217;une grande patience. Appréciant, malgré tout, que la Grande-Bretagne fasse partie de l&#8217;Union, ils se sont accommodés des ambivalences britanniques. Le gouvernement britannique vient de leur renvoyer leur bonne volonté à la figure.</p>
<p>Le gouvernement doit à présent faire preuve de la plus grande prudence. Il devrait prendre toute initiative encore possible pour contribuer à améliorer la liquidité de la zone euro et mettre en place le pare-feu destiné à protéger la monnaie européenne. Il faut également identifier d&#8217;urgence les domaines politiques et les mesures permettant de mettre en valeur nos engagements européens.</p>
<p>Si, au contraire, le gouvernement choisit de laisser filer les choses et, pire encore, voit un intérêt politique à alimenter le sentiment anti-européen en Grande-Bretagne, il ne pourra pratiquement plus résister à la demande visant à faire figurer un référendum définitif sur l&#8217;adhésion de la Grande-Bretagne à l&#8217;UE dans le prochain manifeste conservateur. Dans cette hypothèse, la Grande-Bretagne devra livrer un combat majeur pour pouvoir rester dans l&#8217;Europe. C&#8217;est cette longue mèche que vient peut-être d&#8217;allumer David Cameron.</p>
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		<title>De la crise à la relance de l&#8217;intégration ? L&#8217;indispensable débat</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39178/de-la-crise-a-la-relance-de-lintegration-lindispensable-debat/</link>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2011 21:23:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39178</guid>
		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Thierry Chopin</strong>, directeur des études de la Fondation Robert-Schuman et chercheur associé au CERI-Sciences Po (LE MONDE, 13/12/11):</p>
<p>La crise de la dette de certains Etats membres de la zone euro, a replacé la question de l&#8217;intégration européenne au coeur des débats. Des Cassandre, notamment américaines, se sont empressées de prédire l&#8217;éclatement de la zone euro. D&#8217;autres analystes ont au contraire souligné que c&#8217;est dans les crises que la construction européenne avait le plus progressé. Qui croire ?</p>
<p><strong>LA FIN DE L&#8217;EUROPE ?</strong></p>
<p>La zone euro peut-elle endiguer la crise de la dette ? La question s&#8217;est brutalement &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39178/de-la-crise-a-la-relance-de-lintegration-lindispensable-debat/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Thierry Chopin</strong>, directeur des études de la Fondation Robert-Schuman et chercheur associé au CERI-Sciences Po (LE MONDE, 13/12/11):</p>
<p>La crise de la dette de certains Etats membres de la zone euro, a replacé la question de l&#8217;intégration européenne au coeur des débats. Des Cassandre, notamment américaines, se sont empressées de prédire l&#8217;éclatement de la zone euro. D&#8217;autres analystes ont au contraire souligné que c&#8217;est dans les crises que la construction européenne avait le plus progressé. Qui croire ?</p>
<p><strong>LA FIN DE L&#8217;EUROPE ?</strong></p>
<p>La zone euro peut-elle endiguer la crise de la dette ? La question s&#8217;est brutalement reposée lorsqu&#8217;il est devenu évident que l&#8217;accord sur les divers plans d&#8217;aide à la Grèce ne parviendrait pas à stabiliser les marchés. Le pessimisme des analystes s&#8217;est sensiblement accru : la contagion à des pays aussi importants que l&#8217;Espagne et l&#8217;Italie menace. Face à une telle situation, les Etats membres et la zone euro semblent impuissants, réagissant toujours avec un temps de retard. Une surenchère aux accents millénaristes annonce la fin de l&#8217;euro, le démantèlement de l&#8217;Union européenne, bref la faillite du continent.</p>
<p>Il est clair que la crise actuelle et ses conséquences, tant économico-financières que politiques, doivent être prises très au sérieux : crise bancaire ; risque de récession ; diminution de la solidarité intra-européenne ; risque de &#8220;détricotage&#8221; des politiques communes dans la perspective d&#8217;un budget européen qui pourrait être réduit ; développement de nouvelles formes d&#8217;isolationnisme et de protectionnisme portées par les forces politiques populistes défendant une vision défensive et fermée des sociétés nationales européennes, etc. <em>In fine</em>, maints observateurs – là encore souvent venus d&#8217;outre-Atlantique –, pointent le risque d&#8217;une &#8220;renationalisation&#8221; de la vie politique européenne.</p>
<p>Il ne faut pas pourtant succomber à la tentation de noircir le tableau à l&#8217;envi et rappeler ce que l&#8217;Union européenne a construit et consolidé depuis soixante ans, et qui a bien résisté à la crise que nous vivons depuis quatre ans : un marché unique (le plus grand marché mondial) couronné par une monnaie unique que l&#8217;Allemagne et la France s&#8217;emploient en ce moment à sauver des périls qui la menacent. Par ailleurs, dans un contexte de retour des discours protectionnistes, il n&#8217;est pas inutile de rappeler que l&#8217;Union européenne reste le principal acteur de la mondialisation : elle est la première économie mondiale (20 % du PIB, pour 19 % pour les Etats-Unis et 14 % pour la Chine) et le principal acteur des échanges commerciaux comme des flux d&#8217;investissements. Dotée de bonnes infrastructures et de systèmes d&#8217;éducation solides, l&#8217;Union européenne reste en effet le premier bénéficiaire des investissements directs étrangers dans le monde. De surcroît, la zone euro dispose d&#8217;une monnaie internationale crédible, l&#8217;euro constituant la deuxième monnaie de réserve dans le monde. La valeur élevée de la monnaie unique par rapport au dollar montre que la zone euro n&#8217;est pas au bord du gouffre ; comment expliquer, si tel était le cas, la remarquable stabilité de l&#8217;euro face au dollar au cours des derniers mois ? Ce que l&#8217;on qualifie abusivement de &#8220;crise de l&#8217;euro&#8221; est en réalité d&#8217;abord une crise des politiques budgétaires nationales et des divergences de compétitivité entre les Etats membres de la zone euro.</p>
<p>Si l&#8217;Union européenne constituait un ensemble réellement intégré politiquement et économiquement, la situation de la zone euro et de l&#8217;Union européenne ne créerait pas tant d&#8217;inquiétude. Mais les divergences économiques et politiques apparues au cours des dernières années, la lenteur et le manque de simplicité d&#8217;un système de décision caractérisé par l&#8217;absence de leadership clair, enfin les infractions répétées aux règles collectives ont limité la crédibilité des engagements européens. L&#8217;incertitude qui en résulte se nourrit des doutes sur la capacité des décideurs européens à prendre les mesures d&#8217;assainissement et de solidarité nécessaires.</p>
<p><strong>UN STATU QUO INTENABLE </strong></p>
<p>Face à ces défis, le statu quo n&#8217;est pas une option viable. Le décalage entre le mode de fonctionnement actuel des institutions européennes et les exigences de la crise est de plus en plus criant. Le temps des négociations diplomatiques est trop lent. Il a fallu des mois pour négocier un plan d&#8217;aide à la Grèce début 2010 et au cours de cette période, Athènes a cessé d&#8217;avoir accès à des sources de financement privé, multipliant l&#8217;ampleur et le coût de l&#8217;aide nécessaire. S&#8217;est progressivement développé le sentiment que l&#8217;Europe était toujours en retard d&#8217;une crise.</p>
<p>Par ailleurs, ce mode de fonctionnement est fortement anxiogène : l&#8217;issue des négociations est toujours incertaine, les positions des différents gouvernements semblent régulièrement soumises aux calendriers électoraux, les décisions prises par les gouvernements peuvent ensuite être remises en cause au niveau national – surtout dans le contexte actuel où de nombreux gouvernements sont fragilisés dans leurs pays. L&#8217;incertitude qui en résulte accroît fortement la perception du risque économique par les investisseurs et réduit la crédibilité des engagements européens.</p>
<p>En dernier lieu, le mode de fonctionnement actuel de l&#8217;Union, qui donne notamment la primauté au Conseil sur le parlement de Strasbourg, pose un problème de lisibilité et de légitimité pour les citoyens européens. Les décisions européennes sur les réponses à apporter à la crise ne font pas l&#8217;objet de débats, notamment sur les sujets du fédéralisme budgétaire et de la politique économique (mesures d&#8217;austérité et réformes structurelles notamment).</p>
<p>Tout ceci a un coût politique et économique. Les partis populistes progressent en Europe tandis que les Indignés dénoncent les faiblesses de la démocratie (notamment au niveau européen) et rejettent le système politique et économique actuel. Sur le plan économique, les tensions sur les marchés financiers fragilisent les banques et les Etats, freinant l&#8217;investissement et la croissance en Europe.</p>
<p>Tout ceci conduit in fine au sentiment général que le statu quo est de plus en plus difficile à tenir et qu&#8217;il ne pourra donc être maintenu longtemps. Même le Merkozysme est menacé par les échéances électorales à venir (2012 en France et 2013 en Allemagne).</p>
<p><strong>L&#8217;INDISPENSABLE DEBAT DEMOCRATIQUE </strong></p>
<p>La crise actuelle met en évidence l&#8217;état inachevé de la construction européenne et plus singulièrement de la zone euro. Ses Etats membres sont au milieu du gué, ayant quitté les rives des politiques monétaires et des marchés nationaux sans pour autant rejoindre l&#8217;autre rive, celle de l&#8217;intégration budgétaire et d&#8217;une voix commune incarnée dans un leadership politique clair disposant d&#8217;une légitimité démocratique forte. Comme l&#8217;avait anticipé Tommaso Padoa-Schioppa, dans un tel contexte, un risque et une opportunité se présentent simultanément à l&#8217;Europe : le risque peut conduire à l&#8217;éclatement de la zone euro et au démantèlement de l&#8217;Union, l&#8217;opportunité à compléter le projet d&#8217;intégration sur le plan budgétaire et politique.</p>
<p>Or que constate-t-on ? D&#8217;un côté, par une sorte de ruse de l&#8217;histoire, la crise actuelle est en train de pousser à une fédéralisation croissante de la politique économique européenne : création du Fonds de stabilité financière ; renforcement du rôle d&#8217;une institution de nature fédérale – la Banque centrale européenne –, dont seul le rôle de prêteur en dernier ressort semble de nature à rassurer les marchés. Enfin, les Etats membres, sous la pression de la crise, ont posé les bases d&#8217;une supervision macroéconomique et financière élargie.</p>
<p>Pourtant, si nécessaires soient-ils, ces éléments ne paraissent pas suffisants pour restaurer la confiance. Pire, de nombreux citoyens – mais aussi la Cour constitutionnelle allemande – estiment que l&#8217;intégration européenne est marquée par un déficit démocratique. Ce déficit alimente d&#8217;ailleurs aujourd&#8217;hui la défiance à la fois contre les politiques d&#8217;austérité (&#8220;imposées de l&#8217;extérieur&#8221; aux Etats fragilisés par la crise) et les politiques de solidarité (dont les citoyens des Etats sollicités pour leur aide craignent qu&#8217;elles créent des effets d&#8217;aubaine et incitent les &#8220;autres&#8221; Etats au laxisme).</p>
<p><strong>UNE RÉFORME FONDAMENTALE DES INSTITUTIONS EUROPÉENNES</strong></p>
<p>Si les citoyens continuent de penser que les problèmes politiques, économiques et sociaux ne peuvent être débattus et résolus par leurs démocraties, ni au niveau des Etats ni au niveau de l&#8217;Union, alors celles-ci vont continuer de s&#8217;affaiblir et laisser le champ libre aux populismes et aux extrêmes. Si l&#8217;on ne peut que se réjouir du fait que la crise conduise à une fédéralisation croissante de la politique économique, la poursuite de l&#8217;intégration de l&#8217;Europe ne peut se contenter d&#8217;avancer à marche forcée, sous le seul empire de la nécessité. Un tel projet doit se faire avec un dessein préalable et avec une légitimation politique suffisante.</p>
<p>Si l&#8217;on veut redonner du sens à la politique européenne, il faut alors remédier sans tarder à cette absence de colonne vertébrale et oser débattre publiquement du contenu à donner aux formes que pourrait prendre le projet européen. Ceci suppose une réforme fondamentale des institutions européennes dans le sens d&#8217;un renforcement du rôle des parlements (nationaux et européens), c&#8217;est-à-dire de la légitimité démocratique des décisions européennes.</p>
<p>Les Européens sont-ils prêts à animer ce débat ? C&#8217;est aux responsables politiques européens et nationaux et, au-delà, à tous les acteurs qui le souhaitent, de relever un tel défi. Mais la question se pose aussi de savoir si les leaders politiques européens se montreront à la hauteur de l&#8217;enjeu, et, si c&#8217;est le cas, s&#8217;ils seront suivis par une opinion publique échaudée par la crise.</p>
<hr />
<p>Une <a href="http://www.robert-schuman.eu/question_europe.php?num=qe-219" target="_blank">version longue de ce texte</a> (co-écrit avec J.-F. Jamet) est parue dans la série des Questions d&#8217;Europe de la Fondation Robert-Schuman.</p>
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		<title>Cameron debilita a la Unión Europea</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Dec 2011 22:00:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39155</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 10/12/11):</p>
<p>Este es el día en el que Europa se unió y en el que Europa se dividió. Para salvar el euro, 26 miembros de la UE van a firmar un pacto fiscal y a someter las competencias fiscales y de gasto del Estado a mutua supervisión. Si se hace realidad, la crisis de la unión monetaria les habrá empujado a una unión política que no habrían alcanzado en caso contrario. Pero igualmente trascendental es la decisión británica &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39155/cameron-debilita-a-la-union-europea/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 10/12/11):</p>
<p>Este es el día en el que Europa se unió y en el que Europa se dividió. Para salvar el euro, 26 miembros de la UE van a firmar un pacto fiscal y a someter las competencias fiscales y de gasto del Estado a mutua supervisión. Si se hace realidad, la crisis de la unión monetaria les habrá empujado a una unión política que no habrían alcanzado en caso contrario. Pero igualmente trascendental es la decisión británica de quedarse al margen. Puede que uno o dos países más se unan a Gran Bretaña, pero eso no sería más que una división entre una unión formada por la gran mayoría y una periferia pequeña y dispersa.</p>
<p>El comunicado de Bruselas que anuncia &#8220;una arquitectura reforzada para la Unión Económica y Monetaria&#8221; no es precisamente una declaración jeffersoniana que recitarán los futuros escolares. Ahora bien, detrás de la enmarañada jerga europea, hay un hecho extraordinario. Al menos 23, y quizá 26 de los 27 Estados miembros de la UE, aceptan vincularse legalmente para equilibrar sus presupuestos, bajo la jurisdicción del Tribunal Europeo de Justicia y con unos programas de reducción de déficit que tendrán que acordar con la Comisión Europea. Y para los 17 miembros de la eurozona habrá sanciones automáticas si el déficit supera el 3%. Bienvenidos a una Europa alemana. A cambio, hay más dinero para rescates y se da a entender que el Banco Central Europeo (BCE) intervendrá de forma más activa en los mercados. Alemania corre con los gastos. Sobre el papel, eso equivale a un gran paso hacia la unión fiscal y de transferencias para los miembros actuales de la eurozona y otros ocho decididos a entrar en el futuro. Es un paso de la confederación a la federación.</p>
<p>Como el primer ministro británico, David Cameron, ha dicho que no, todo esto se va a hacer mediante &#8220;un acuerdo internacional que se firmará en marzo o antes&#8221;. Lo irónico es que el veto de Cameron a que se cambie el tratado hace que existan más probabilidades de que la reforma se realice deprisa. Es posible que Irlanda convoque un referéndum y los irlandeses digan no. Es posible que los daneses o los checos se indignen. Un cambio del tratado de la UE tendría que ser unánime, pero en este caso el resultado será solo uno o dos países menos dentro y uno o dos más fuera.</p>
<p>Todavía existen grandes incertidumbres sobre este viaje continental hacia lo desconocido. Comparado con lo que ha hecho la Reserva Federal, este no es ningún &#8220;gran cañón&#8221;. Tal vez la medicina alemana no produzca el crecimiento económico con el que reducir la deuda pública y privada europea a largo plazo. La dureza de la disciplina fiscal puede empujar a los ciudadanos de Grecia o Portugal a la revuelta. Un destacado analista del mercado de bonos me dice: &#8220;Con las arterias de la zona euro obstruidas y su corazón a punto del infarto, el BCE ha dicho que no está capacitado para practicar un <em>bypass</em> y los Estados miembros han prometido morirse de hambre&#8230; Me sorprende que los mercados no tengan una reacción más negativa, y creo que la tendrán&#8221;. Es decir, a la eurozona le quedan todavía muchas crisis. No hago predicciones. Pero, si sobrevive y se fortalece, entonces, poco a poco, con grandes esfuerzos, surgirá una unión más profunda de 26 Estados, sin Gran Bretaña.</p>
<p>El <em>no</em> de Cameron no es solo un momento aciago para Reino Unido. Es un mal momento para Europa. La ambivalencia británica sobre Europa data de varios siglos. Ya en 1937, y escribiendo sobre 1789, el historiador R. W. Seton-Watson decía: &#8220;El deseo de aislamiento y la conciencia de que es imposible son los dos polos entre los que continúa oscilando la brújula británica&#8221;. Después de permanecer al margen en los años cincuenta, mientras Francia, Alemania, Italia y el Benelux empezaban a formar una comunidad europea, Gran Bretaña decidió que tenía que estar presente para defender sus intereses, que siempre han incluido la necesidad de conservar el equilibrio de poder con el continente. Durante casi 40 años, incluso con Margaret Thatcher, eso es lo que los Gobiernos británicos han intentado hacer en lo que ahora es la Unión Europea.</p>
<p>Pero este año, con un vuelco casi inadvertido en la política europea del país, Cameron cedió a los rebuznos de sus propias bases euroescépticas y dijo algo nuevo: Queridos amigos de la eurozona, salvadla vosotros. Nosotros aplaudiremos desde la orilla. Cuando preguntaron en la BBC a un parlamentario <em>tory</em> euroescéptico, Mark Reckless, si el veto del viernes nos convertía un poco en Suiza, dijo que sí, y que le parecía muy bien. Qué imprudencia.</p>
<p>Cameron alega que ha defendido los intereses nacionales de Gran Bretaña. A corto plazo, en el punto concreto de la regulación de los servicios financieros, quizás; a la larga, por supuesto que no. Diga lo que diga la letra pequeña, si las cosas siguen adelante, Gran Bretaña perderá influencia, incluso en las reglas del mercado único. Eso lo ve hasta un niño pequeño. Si hay un club en el que 25 o 26 miembros quieren ir en un sentido y uno o dos en el otro, ¿quién ganará? Sobre todo, si los 25 o 26 han creado su propio club dentro del club.</p>
<p>Esto es malo para el Reino Unido y para Europa. Una cosa es Suiza, y otra muy distinta Gran Bretaña. A Europa no le conviene que una de sus mayores economías y la que alberga su principal centro financiero, se quede al margen. Con dos estructuras paralelas en una UE ya laberíntica, habrá disputas sin fin sobre quién tiene derecho a hacer qué cosa. No puede existir verdadera política exterior y de seguridad europea sin Gran Bretaña. Ante China y Estados Unidos, Europa sale debilitada. Un gran día para Europa, pues, pero no un motivo de celebración.</p>
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		<title>Hacia la necesaria refundación de la Unión Europea</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39154/hacia-la-necesaria-refundacion-de-la-union-europea/</link>
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		<pubDate>Sat, 10 Dec 2011 21:53:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio López-Istúriz</strong>, secretario general del Partido Popular Europeo (ABC, 10/12/11):</p>
<p>Acaba de concluir una nueva y larguísima Cumbre de Bruselas, primero de la «zona euro» y después de todos los países de la Unión Europea (UE), con resultados positivos pero sin duda insuficientes ante la crisis económica y política que arrastramos ya desde hace varios años y que últimamente ha dejado en el alero la supervivencia misma del euro, uno de los proyectos más revolucionarios de esta Unión.</p>
<p>Pero además de lo más urgente en estos momentos, que es lo que discutimos en estas cumbres periódicas de Bruselas &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39154/hacia-la-necesaria-refundacion-de-la-union-europea/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio López-Istúriz</strong>, secretario general del Partido Popular Europeo (ABC, 10/12/11):</p>
<p>Acaba de concluir una nueva y larguísima Cumbre de Bruselas, primero de la «zona euro» y después de todos los países de la Unión Europea (UE), con resultados positivos pero sin duda insuficientes ante la crisis económica y política que arrastramos ya desde hace varios años y que últimamente ha dejado en el alero la supervivencia misma del euro, uno de los proyectos más revolucionarios de esta Unión.</p>
<p>Pero además de lo más urgente en estos momentos, que es lo que discutimos en estas cumbres periódicas de Bruselas y en los encuentros previos de los jefes de Gobierno del Partido Popular Europeo (PPE), creo que convendría ir también más allá y reflexionar en la medida de lo posible acerca del proyecto de la UE que queremos construir, porque la resolución de la crisis económica se está complicando sobremanera por la evidente parálisis e indefinición política que el proyecto lleva sufriendo desde la segunda mitad de la pasada década.</p>
<p>La introducción del euro y las ampliaciones de 2004 y 2007, que prácticamente multiplicaron por dos el número de países de la UE (de 15 a 27), supusieron un impulso sin duda importante al proyecto europeo. Pero la difícil digestión de ambos hechos, algo por otra parte previsible dada la envergadura de esos cambios, demuestra que la UE y sus gobiernos están abocados a responder —y creo que cuanto antes lo hagan mejor— algunas preguntas cruciales.</p>
<p>Entre ellas, adónde queremos llegar y cuáles son los objetivos de este proceso de integración de nuestros países y de nuestras sociedades, y por tanto a qué grado de cesión de soberanía están dispuestos los gobiernos nacionales de los 27 en favor de las instituciones de la UE y particularmente de la Comisión en su papel de Ejecutivo comunitario.</p>
<p>En sus más de cincuenta años de historia, los países de la UE han ido progresivamente cediendo soberanía —o comprometiéndose a tomar decisiones conjuntas— porque había un interés común tan potente que superaba los intereses puramente nacionales. Primero fue el interés básico de la paz, de evitar de nuevo en Europa guerras tan horribles como las dos que han marcado el siglo XX. Después fue el desarrollo económico; el bienestar, la estabilidad y la seguridad.</p>
<p>Si lo vemos con perspectiva histórica, en todos estos ámbitos se han hecho avances sustanciales, como la libertad de movimientos consagrada en Schengen o la propia existencia del euro como moneda común en 17 países y para más de 300 millones de europeos.</p>
<p>Pero creo que pese a estos éxitos estamos llegando al agotamiento de una etapa, que en algunos ámbitos competenciales es realmente difícil avanzar más y que la crisis económica ha destapado la necesidad de responder a esas preguntas, en particular la de decidir cuál es el final de este proceso y de marcarse metas concretas por las que trabajar en lugar de avanzar sin una dirección clara (algo que por otra parte ha provocado un desinterés creciente de los ciudadanos, como se comprueba en las elecciones europeas cada cinco años).</p>
<p>Creo, por ejemplo, que el euro es válido, que puede ser salvado pese a las actuales dificultades y que será un instrumento positivo a medio y largo plazo si conseguimos ese objetivo. El euro no debe tener marcha atrás porque es el mejor instrumento con el que contamos para competir en este mundo globalizado frente a las economías emergentes.</p>
<p>Pero a la larga solo será útil como fuente de estabilidad y riqueza si va acompañado de una política fiscal y monetaria coherente y decidida en la que los países se impliquen convencidos de que esa moneda única es responsabilidad de todos los que quieran participar en ella.</p>
<p>Debemos decidir, más allá de poner parches que duran poco, y por plantear solo algunos de los interrogantes principales, hasta qué punto armonizamos los sistemas fiscales y si realmente queremos establecer normas comunes y fuertes (que no sean evitadas a las primeras de cambio como ocurrió en su día con el Pacto de Estabilidad) en términos de déficit, deuda pública, etcétera.</p>
<p>Las posibles respuestas a todos estos interrogantes vuelven al final a esa pregunta básica que tenemos planteada: cuál es el límite de la cesión de soberanía de los gobiernos a unas instituciones europeas que son elegidas por todos ellos, pero que ninguno controla totalmente. Debates como el de la creación de los eurobonos, tan en boga estos días, o el que vamos a vivir en breve sobre los presupuestos europeos para el periodo 2014-2020 reflejan el difícil equilibrio entre la voluntad integradora y de avanzar juntos y la de la defensa de intereses puramente nacionales.</p>
<p>Una respuesta clara a esa pregunta sustancial y sin duda compleja resolvería problemas y nos ahorraría tiempo y dificultades. Quizá sería también la hora de replantearse si es positivo que Bruselas tenga competencias casi omnipotentes que le llevan a regular incluso detalles de la vida cotidiana de los ciudadanos, en lugar de concentrarse en aquellos aspectos generales donde podría ser más eficiente.</p>
<p>Los ejemplos citados en torno al euro y la economía se pueden aplicar además a muchas otras cuestiones fundamentales. Se acaba de firmar la adhesión de Croacia a la UE. Es una excelente noticia para toda Europa y por supuesto para los ciudadanos croatas. Pero deberíamos también plantearnos cuáles queremos que sean las fronteras físicas de la UE y si es razonable y positivo tener permanentemente abierto un proceso de ampliación que puede acabar generando frustración en nuestros vecinos —véase el caso de Turquía— e incertidumbre en los ya miembros de la UE.</p>
<p>En definitiva, creo que debemos plantearnos una refundación a fondo de la UE —y no solo del euro, como se comenta estos días— para conseguir que esta Unión de casi 28 países siga siendo un espacio exitoso de desarrollo económico, libertad y seguridad.</p>
<p>Creo además que el Partido Popular Europeo puede liderar esta necesaria refundación de la UE gracias a su condición de partido mayoritario en Europa (sus dirigentes gobiernan ya en 17 de los 27 países de la UE).</p>
<p>En lo económico, líderes del PPE como Nicolas Sarkozy, Angela Merkel, Jean Claude Juncker, Herman Van Rompuy, Mariano Rajoy, Donald Tusk o Jyrki Katainen ya están liderando la salida del laberinto en el que se encuentra el euro.</p>
<p>Lo acabamos de comprobar esta semana en el exitoso Congreso del PPE celebrado en Marsella, donde preparamos el camino para la decisiva Cumbre de Bruselas de ayer.</p>
<p>Creo que estamos a tiempo de superar la difícil situación que vivimos, si la refundación del euro va acompañada también de una refundación política de la UE que permita actualizar su proyecto y refrescar sus objetivos y valores fundamentales para garantizar que siga siendo una historia de éxito en la que, estoy seguro, España, dirigida por su nuevo presidente, Rajoy, va a desempeñar a partir de ahora un papel protagonista.</p>
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		<item>
		<title>Europa: ¿hay alguien ahí?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39152/europa-hay-alguien-ahi/</link>
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		<pubDate>Fri, 09 Dec 2011 20:56:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39152</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ruben Herrero de Castro</strong>, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid (EL PERIÓDICO, 09/12/11):</p>
<p>Declaraba recientemente Angela Merkel que Europa está viviendo sus momentos más difíciles desde la segunda guerra mundial. Y razón, desde luego, no le falta. La crisis económica que estamos padeciendo amenaza con socavar los fundamentos políticos y económicos de la Unión Europea.</p>
<p>Respecto a los primeros, no hay mucho que socavar, pues nunca fueron especialmente sólidos. La unión política ha sido el cuento de nunca acabar, ya que todos los estados miembros han mostrado sus reticencias a la hora de ceder &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39152/europa-hay-alguien-ahi/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ruben Herrero de Castro</strong>, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid (EL PERIÓDICO, 09/12/11):</p>
<p>Declaraba recientemente Angela Merkel que Europa está viviendo sus momentos más difíciles desde la segunda guerra mundial. Y razón, desde luego, no le falta. La crisis económica que estamos padeciendo amenaza con socavar los fundamentos políticos y económicos de la Unión Europea.</p>
<p>Respecto a los primeros, no hay mucho que socavar, pues nunca fueron especialmente sólidos. La unión política ha sido el cuento de nunca acabar, ya que todos los estados miembros han mostrado sus reticencias a la hora de ceder soberanía en el terreno de la política, la defensa y la seguridad. Ello explica el papel secundario de la Unión Europea en los asuntos globales más allá de sus fronteras e incluso dentro de las mismas. La Comunidad Económica Europea nació bajo la perspectiva económica de paz a través de la prosperidad, ante la imposibilidad de crear una auténtica unión política. Por ello, se optó por mantener la diversidad nacional vinculada a un concepto amplio de identidad europea, que descansaba y descansa sobre un vínculo de interdependencia económica capaz de satisfacer y unir a los estados miembros. Pero estos, desde los seis iniciales hasta los 27 actuales, no se fían políticamente los unos de los otros y todos veían hasta ahora ser parte de la Unión como una posibilidad para mejorar de forma individual, pero no colectiva. No olvidemos que Alemania, un país eminentemente exportador, se ha beneficiado notablemente hasta la fecha de las dinámicas económica y política de la Unión Europea. Pero sus privilegios se dejaban pasar por alto, dada la prosperidad en la que vivía la Unión, especialmente desde los años 90. Si bien, para ser justos, no podemos olvidar que Alemania es el más importante de los contribuyentes netos y que, en calidad de locomotora política y económica de la UE, ha provocado avances significativos del proyecto europeo y ha contribuido de forma relevante al desarrollo de la periferia europea. La fórmula política pasa por otorgar más poder político a las instituciones europeas y por reducir la burocracia. No son de recibo, por ejemplo, las diversas sedes del Parlamento con su correspondiente gasto corriente y de traslado de material entre ellas, cuando todo el trabajo podría desarrollarse en una. Los estados deberán reflexionar cómo desean afrontar esta crisis y sus consecuencias. Las soluciones no son solo económicas y, desde una perspectiva política, tendrán que elegir entre retener soberanía o europeísmo.</p>
<p>En relación con los fundamentos económicos de la Unión, estos están realmente pasando su prueba de fuego. El euro y la política monetaria, que hasta hace nada representaban el mayor de los éxitos conseguidos por la UE, hoy se tambalean cada vez que una agencia de calificación emite sus informes y valoraciones. El euro ha pasado de ser fuente de compromiso y colaboración a ser fuente de conflicto, y parece que nos olvidamos de todo lo bueno que ha aportado y lo mucho que puede aportar si damos continuidad al proyecto económico. De nuevo tiene razón la cancillera Merkel cuando dice: «Si fracasa el euro, fracasa Europa». Y realmente no podemos permitirnos que fracasen ninguno de esos conceptos. Ahora bien, ¿qué pasos económicos habrían de darse en líneas generales? Otra vez, es una cuestión de cesión de soberanía. Es cierto que en el área económica los estados miembros, especialmente los de la eurozona, sí han cedido mayores cuotas de poder económico a la Unión Europea. Pero no es suficiente. La crisis ha puesto sobre el tapete una disparidad de criterios, opiniones y acciones con resultados diversos, poco eficaces, que han llevado al final a un agravamiento de la crisis que afecta a casi todos los componentes de la Unión. La unidad de mercado y acción debe prevalecer sobre intereses particulares de los estados de la UE. Estos han de acordar una integración de sus políticas económicas, así como una armonización de sus políticas fiscales. Además, todos han de ejercer un control absoluto del déficit presupuestario, incorporando severas sanciones económicas para quienes violen este principio. Ahora bien, ¿quién le pone el cascabel al gato? Esto es, quién debe liderar estos cambios. Se habla de Alemania. Partiendo de la base de que todos somos socios en este proyecto y no hay de primera o segunda, sí creo que el país que se ha mostrado más eficiente en la gestión de la crisis debería ser el que dibujara las líneas maestras del nuevo diseño económico-político de la Unión Europea y lo impulsara. Por supuesto, en estrecha colaboración con el resto de sus socios europeos.</p>
<p>Este proyecto debe ser en clave de más Europa, y cuando alguien pregunte si hay alguien ahí, esta responda con una sola voz. Podemos tratar de salir de la crisis, cada uno por sus medios, pero dada su magnitud estará condenado al fracaso quien lo intente o, lo que es peor, al rescate, si es que volvemos a ver alguno, porque no hay dinero. Vamos, que no es tan difícil, si lo dicen en <em>Barrio Sésamo</em>: solo no puedo; con amigos, sí.</p>
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		<title>¿Se ha acabado el sueño europeo?</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Dec 2011 21:31:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ian Buruma</strong>, profesor de Democracia y Derechos Humanos en el Bard College y autor de Taming the Gods: Religion and Democracy on Three Continents. Traducido del inglés por Carlos Manzano (Project Syndicate, 08/12/11):</p>
<p>¿Estarían en lo cierto los euroescépticos, a fin de cuentas? ¿Fue el sueño de una Europa unificada –inspirado por los temores a otra guerra europea y sostenido por la esperanza idealista de que los Estados-nación eran algo superado y cederían el paso a unos europeos ejemplares– un callejón sin salida utópico?</p>
<p>En la superficie, la crisis actual de Europa, que, según predicen algunos, romperá la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39096/se-ha-acabado-el-sueno-europeo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ian Buruma</strong>, profesor de Democracia y Derechos Humanos en el Bard College y autor de Taming the Gods: Religion and Democracy on Three Continents. Traducido del inglés por Carlos Manzano (Project Syndicate, 08/12/11):</p>
<p>¿Estarían en lo cierto los euroescépticos, a fin de cuentas? ¿Fue el sueño de una Europa unificada –inspirado por los temores a otra guerra europea y sostenido por la esperanza idealista de que los Estados-nación eran algo superado y cederían el paso a unos europeos ejemplares– un callejón sin salida utópico?</p>
<p>En la superficie, la crisis actual de Europa, que, según predicen algunos, romperá la Unión Europea, es financiera. Jacques Delors, uno de los arquitectos del euro, afirma ahora que su idea de una moneda única era buena, pero que su “ejecución” fue defectuosa, porque se permitió a los países más débiles endeudarse demasiado.</p>
<p>Pero la crisis es fundamentalmente política. Cuando los Estados soberanos tienen sus propias divisas, los ciudadanos están dispuestos a aceptar que se transfiera el dinero de sus impuestos a las regiones más débiles. Es una expresión de solidaridad nacional, la sensación de que los ciudadanos de un país están unidos y, en una crisis, están dispuestos a sacrificar sus propios intereses por el bien colectivo.</p>
<p>Incluso en los Estados-nación, no siempre resulta evidente. Muchos italianos del norte no entienden por qué deben pagar por el sur, más pobre. A los opulentos flamencos de Bélgica no les gusta nada tener que mantener a los valones desempleados. Aun así, del mismo modo que los ciudadanos de los Estados democráticos toleran al gobierno que ganó las últimas elecciones, suelen aceptar, en conjunto, la solidaridad económica como parte de su nacionalidad.</p>
<p>Como la UE no es ni un Estado-nación ni una democracia, no hay un “pueblo europeo” para ayudar a la UE a superar los tiempos difíciles. Los alemanes y los holandeses ricos no quieren pagar por el embrollo económico en que se encuentran ahora los griegos, los portugueses o los españoles.</p>
<p>En lugar de demostrar solidaridad, moralizan, como si todos los problemas de la Europa mediterránea se debieran a la pereza o al carácter corrupto de sus ciudadanos. A consecuencia de ello, los moralizadores corren el riesgo de hacer caer el techo común sobre la cabeza de Europa y haber de afrontar los peligros nacionalistas que la creación de la UE estaba destinada a prevenir.</p>
<p>Se debe reparar a Europa políticamente, además de financieramente. Es un tópico –pero no por ello deja de ser cierto– que la UE padece un ”déficit democrático”. El problema estriba en que la democracia sólo ha funcionado dentro de los Estados-nación. Éstos no tienen por qué ser monoculturales ni monolingües siquiera. Piénsese en Suiza o la India. Tampoco tienen por qué ser democracias: China, Vietnam y Cuba nos vienen al pensamiento. Pero la democracia sí que requiere que los ciudadanos tengan una sensación de pertenencia.</p>
<p>¿Es eso posible en un órgano supranacional como la UE? Si la respuesta es negativa, puede ser mejor restablecer la soberanía de los Estados-nación europeos particulares, abandonar la moneda común y renunciar al sueño que amenaza con convertirse en una pesadilla.</p>
<p>Eso es lo que piensan los euroescépticos más radicales de Gran Bretaña, por no haber compartido nunca el sueño de la UE, para empezar. Resulta fácil desecharlo como un patrioterismo británico típico: la actitud insular de un pueblo que vive en un espléndido aislamiento, pero, dicho sea en defensa de Gran Bretaña, sus ciudadanos han tenido una historia democrática más larga y lograda que la mayoría de los europeos continentales.</p>
<p>Sin embargo, aun cuando el desmembramiento de Europa fuera posible, tendría un costo enorme. El abandono del euro, por ejemplo. destrozaría el sistema bancario del continente, lo que afectaría tanto a Alemania y al norte opulento como a los países del Sur, presa de las dificultades, y, si las economías griega e italiana afrontan una difícil recuperación dentro de la zona del euro, piénsese en lo difícil que sería pagar las deudas denominadas en euros con unos dracmas o unas liras devaluados.</p>
<p>Aparte de los aspectos financieros, habría un auténtico peligro de echar a perder los beneficios que ha aportado la UE, en particular desde el punto de vista de la posición de Europa en el mundo. Aislados, los países europeos tendrían una importancia mundial limitada. Como unión, Europa sigue contando en gran medida.</p>
<p>La opción substitutiva del desmantelamiento de la UE es la de fortalecerla: mancomunar la deuda y crear un tesoro europeo. Sin embargo, para que los ciudadanos europeos lo acepten, la UE habrá de ser más democrática, pero eso depende de un decisivo sentido de solidaridad europea que ni los himnos, ni las banderas ni otros reclamos ideados por los burócratas de Bruselas aportarán.</p>
<p>Para empezar, hay que convencer a los opulentos europeos del norte de que el fortalecimiento de la UE redundará –como así será, en efecto– en su beneficio. Al fin y al cabo, son los que más se han beneficiado del euro, que les ha permitido exportar, sin grandes costos, a los países europeos del sur. Aunque corresponde a los políticos nacionales argumentarlo, hay que acercar más a los ciudadanos europeos las instituciones rectoras de la UE de Bruselas, Luxemburgo y Estrasburgo.</p>
<p>Tal vez los europeos podrían votar a los miembros de la Comisión Europea y los candidatos deberían hacer campaña en otros países y no sólo en el suyo. Tal vez los europeos podrían elegir a un Presidente.</p>
<p>La democracia puede parecer un sueño imposible en una comunidad de 27 Estados-nación y tal vez así sea, en efecto, pero, a no ser que se esté dispuesto a abandonar la idea de construir una Europa más unida, no cabe duda de que vale la pena examinar esa posibilidad.</p>
<p>¿Y quién puede decir lo que es o no posible? Piénsese en los clubes de fútbol, las instituciones más insulares, tribales incluso, del mundo. Hace treinta años, ¿quién habría imaginado que dos de los clubes más populares de Londres –el Arsenal y el Chelsea– tendrían un entrenador francés y uno portugués, respectivamente, y jugadores de España, Francia, Portugal, Brasil, Rusia, Servia, República Checa, Polonia, México, Ghana, Corea del Sur, Holanda, Bélgica, Nigeria y Costa de Marfil? Ah, sí, también tienen uno o dos de Gran Bretaña.</p>
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		<title>Por un nuevo contrato social europeo</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Dec 2011 10:17:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Firman este artículo: <strong>Ignacio Fernández Toxo,</strong> secretario general de CC OO; <strong>Cándido Méndez,</strong> secretario general de la UGT; <strong>Michael Sommer,</strong> presidente de la DGB (Alemania); <strong>Susanna Camusso,</strong> secretaria general de la CGIL (Italia); <strong>Bernard Thibault,</strong> secretario general de la CGT (Francia); <strong>François Cherèque,</strong> secretario general de la CFDT (Francia); <strong>Anne Demelenne,</strong> secretaria general de la FGTB (Bélgica), y <strong>Claude Rolin,</strong> secretario general de la CSC (Bélgica) (EL PAÍS, 07/12/11):</p>
<p>La Unión Europea está atravesando la más profunda crisis de su historia. Es financiera y económica, con graves consecuencias sociales. Pero es, también, una crisis política de la propia UE. La &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39073/por-un-nuevo-contrato-social-europeo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Firman este artículo: <strong>Ignacio Fernández Toxo,</strong> secretario general de CC OO; <strong>Cándido Méndez,</strong> secretario general de la UGT; <strong>Michael Sommer,</strong> presidente de la DGB (Alemania); <strong>Susanna Camusso,</strong> secretaria general de la CGIL (Italia); <strong>Bernard Thibault,</strong> secretario general de la CGT (Francia); <strong>François Cherèque,</strong> secretario general de la CFDT (Francia); <strong>Anne Demelenne,</strong> secretaria general de la FGTB (Bélgica), y <strong>Claude Rolin,</strong> secretario general de la CSC (Bélgica) (EL PAÍS, 07/12/11):</p>
<p>La Unión Europea está atravesando la más profunda crisis de su historia. Es financiera y económica, con graves consecuencias sociales. Pero es, también, una crisis política de la propia UE. La situación, de auténtica emergencia, se caracteriza por la aparición de problemas muy serios de financiación en varios Estados, que pueden producir una reacción en cadena y la recaída en una nueva recesión generalizada. Hace dos años hubiera sido impensable que tantas voces, algunas cualificadas, juzgaran que la ruptura del euro es una posibilidad. Hay que ser conscientes que dicha ruptura llevaría a la completa desnaturalización, si no a la destrucción, del propio proyecto europeo, sin duda una de las construcciones políticas más importantes del Siglo XX.</p>
<p>¿Cómo es posible haber llegado a esta situación? La responsabilidad de los políticos que dirigen las instituciones europeas y las principales naciones es muy grande. Tras dos años de reacciones tardías, contradicciones constantes y políticas erróneas, el problema original —la crisis financiera de Grecia, cuyo PIB es el 2% de la UE— sigue sin resolverse. La crisis de la deuda se ha contagiado a numerosos países: Irlanda y Portugal han sido intervenidos y/o rescatados, y hoy el ataque de los especuladores se cierne sobre Italia y España, que no pueden ser &#8220;rescatadas&#8221; y cuya situación sería difícilmente enmendable a través de créditos de ayuda, dado el tamaño de sus economías, y comienza a afectar a Bélgica o Francia entre otras naciones.</p>
<p>El giro político radical del Consejo Europeo, el 9 de mayo de 2010, se justificó para recobrar la confianza de los mercados financieros y permitir que sus agentes financiaran a los Estados europeos a tasas de interés razonables. Desde esa fecha, el Consejo, la Comisión y el BCE han promovido, o han impuesto, políticas de austeridad, basadas en el recorte del gasto público, y las llamadas &#8220;reformas estructurales&#8221; que han sido consagradas en el Plan de gobernanza económica y el Pacto por el euro plus. La próxima Cumbre del Consejo Europeo, del 9 de diciembre, iniciará el debate sobre una reforma del Tratado de Lisboa, para hacer de estas políticas el núcleo de un modo de gobierno económico reforzado de la Zona Euro.</p>
<p>Pero estas políticas han fracasado. En el terreno económico, la crisis de las deudas soberanas está más extendida y es mucho más aguda que antes, el crecimiento ha caído bruscamente en casi todos los Estados, y el desempleo ha aumentado allá donde los recortes presupuestarios han sido más fuertes. Las consecuencias sociales de la disminución de los salarios y las pensiones y de los recortes en los gastos de protección social, educación y salud son evidentes: más pobreza y desigualdad, aumento de la precariedad, y una fuerte erosión de la cohesión social. Al tiempo, se está debilitando la solidaridad entre las naciones, cemento imprescindible de todo proyecto europeo. Sectores cada vez más amplios de la ciudadanía lo rechazan o desconfían de él. Los viejos tópicos y clichés negativos que oponen a las naciones y a sus habitantes entre sí vuelven a reaparecer.</p>
<p>Se está promoviendo, desde las instituciones europeas, una erosión profunda del modelo social cuyos valores y principios son seña de identidad y elemento de vertebración de la UE. Nunca antes había sucedido esto. Los políticos que hoy gobiernan Europa tal vez no sean conscientes de un hecho muy grave: se está quebrando, por las instituciones europeas y en muchas naciones, el pacto social que, después de la Segunda Guerra Mundial, permitió construir los Estados de bienestar europeos y el proyecto común que ha desembocado en la Unión Europea.</p>
<p>La propuesta sindical</p>
<p>El sindicalismo europeo, agrupado en la Confederación Europea de Sindicatos (CES), ha rechazado con firmeza estas políticas y se ha movilizado contra ellas, en el ámbito europeo y en el de numerosos Estados. Por el momento no ha sido escuchado, a pesar de que los hechos están dando la razón a sus análisis y propuestas. Pese al profundo desencanto europeo de muchos trabajadores, seguimos diciendo que no hay otra solución que la profundización del proyecto europeo, pero con políticas muy distintas a las fracasadas e injustas que los actuales responsables políticos europeos nos están imponiendo. No es tiempo de Gobiernos de tecnócratas, sino de dar más terreno a la democracia social y política y a la participación ciudadana.</p>
<p>¿Qué proponemos para salir de esta crisis económica y política de la UE?</p>
<p>En primer lugar, acabar con los mecanismos de la especulación y asegurar la capacidad financiera de todos los Estados miembros, resolviendo de una vez la crisis de la financiación de los Estados .¡Cómo es posible que Estados Unidos, con los principales indicadores peores que los del conjunto de la UE, y Japón, con una deuda pública del 225% de su PIB, pueda emitir sus bonos a 10 años a intereses inferiores al 2% y algunas naciones de la Zona Euro deban pagarlos al 7%! La respuesta es sencilla: porque no se actúa como una verdadera Unión. El solo anuncio creíble de una garantía absoluta de las deudas de los Estados pararía la especulación en los mercados. Los instrumentos de esa garantía son la emisión de eurobonos y la conversión del BCE en garante de último recurso.</p>
<p>La estabilidad de las finanzas públicas también preocupa, y mucho, al sindicalismo europeo. Pero los objetivos de reducción de los déficit y las deudas no se pueden alcanzar hundiendo las economías. El reto, posible, es alcanzarlos en plazos realistas al tiempo que se toman medidas, europeas y nacionales, para promover el crecimiento económico y la creación de empleo. Resulta asombroso que ante el alto riesgo de recaer en la recesión, los responsables políticos europeos sigan sin decir nada sobre crecimiento y empleo y los obvien en sus propuestas sobre reforzamiento de la gobernanza económica. La recuperación no va a venir de unas reformas estructurales cuyo núcleo duro son los recortes sociales, una concepción de la competitividad basada en la deflación de los costes laborales y el debilitamiento de la capacidad de negociación colectiva y la fuerza contractual de los sindicatos.</p>
<p>Basándonos en lo aprobado en el último Congreso de la Confederación Europea de Sindicatos (Atenas, mayo de 2011) pensamos que hoy, más que nunca, es necesaria una nueva política monetaria, económica y social, aplicada por un gobierno económico en el marco de una gobernanza económica fuerte de la Zona Euro, coordinada con la que se aplique junto con el reforzamiento de la gobernanza económica en la UE27, pero con contenidos muy diferentes de los que nos proponen los gobiernos. La política fiscal, empezando por los impuestos de sociedades y sobre las rentas del capital, debe ser común, en muchos aspectos, en la Zona Euro y estar armonizada en el conjunto de la UE. Necesitamos un tratamiento coherente de las dimensiones económicas, medioambientales y sociales del crecimiento. Junto con la industria, la energía y el medio ambiente, el gobierno de la economía europea debe dar prioridad a las políticas que promueven más empleo y de mejor calidad. Esto no es posible con un exiguo presupuesto inferior al que apenas representa el 1% del PIB. Es necesaria una institución financiera europea emisora de deuda y no sólo un Banco Central con la única función de controlar la inflación.</p>
<p>El Consejo Europeo, el 9 de diciembre, debería resolver lo inaplazable sobre deuda y crecimiento y establecer orientaciones claras en la perspectiva que proponemos. El movimiento sindical europeo no está defendiendo una posición de parte: creemos que al hablar así estamos defendiendo los intereses generales y contribuyendo a buscar soluciones a la gravísima crisis política de la UE. Los políticos europeos deberían ser conscientes de que no pueden marginar por más tiempo las opiniones y propuestas constructivas de quienes representamos el principal factor para la creación de la riqueza: el trabajo.</p>
<p>Es necesario establecer un nuevo contrato social y económico con la activa participación de los interlocutores sociales. Un nuevo contrato social europeo que sustituya al histórico, cuyos grandes capítulos deberían ser, entre otros: el empleo, los salarios —respetando la autonomía de los interlocutores sociales en la negociación colectiva—, las pensiones, la protección por desempleo, la educación y la salud.</p>
<p>El pacto fiscal, las políticas redistributivas de la riqueza y el derecho laboral y la negociación colectiva han sido los cimientos del más prolongado periodo de prosperidad y democracia en Europa. Fueron como el cemento que fraguó unas relaciones de trabajo modernas con una gran implicación de los trabajadores a través de sus organizaciones, en la vida de las empresas. Solo apoyándonos en estos valores y principios democráticos, que han definido el modelo social europeo, podremos salir antes y de manera más justa de la crisis, y garantizar la supervivencia, hoy gravemente amenazada, de la propia Unión Europea.</p>
<p>Exigimos que una futura revisión de los Tratados se haga integrando una dimensión social de igual valor, y que se establezca una convención que prepare dicha modificación. Necesitamos una cláusula general de progreso social que promueva un “paquete plan de rescate social”, y vuelva a colocar a Europa en la vía del progreso social. Los derechos sociales fundamentales, en particular el que concierne a la negociación colectiva, deben ser respetados y fomentados en todas las medidas anticrisis.</p>
<p>Frente a quienes quieren reformar los Tratados solo para reforzar el Pacto de Estabilidad, pensamos que la modificación de los Tratados, incluso limitada, no puede tener como únicos objetivos ejercer una presión constante sobre los presupuestos nacionales y el reforzamiento de la austeridad.</p>
<p>El progreso de la Unión Europea tiene que basarse en la cohesión social y la solidaridad en el interior de sus Estados y en la solidaridad y la cohesión política entre ellos. Para lograrlo, en estos momentos tan difíciles, hay que actuar en el ámbito común europeo y, también, reforzar el diálogo social, Por eso, realizamos estas propuestas, exigiendo que no se margine a los trabajadores en las soluciones y manifestando la voluntad de movilizarnos en el ámbito europeo para conseguirlo.</p>
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		<title>Vers la constitution d&#8217;un espace partisan européen ?</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Dec 2011 19:15:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Nicolas Leron</strong> et <strong>Barbara Revelli</strong>, président et vice-présidente d&#8217;EuroCité (LE MONDE, 06/12/11):</p>
<p>La crise des dettes souveraines que traverse la zone euro annonce – peut-être – l&#8217;imminence de l&#8217;épreuve de vérité démocratique pour la construction européenne. Le processus historique d&#8217;intégration entre Etats souverains semble enfin toucher la limite de légitimation de toute construction fonctionnelle. Les gains réels ou supposés générés par l&#8217;entreprise de mise en commun supranationale de compétences étatiques justifient-ils le double évidement formel et substantiel de l&#8217;Etat ?</p>
<p>Evidement formel d&#8217;abord, car la souveraineté juridique, symbole de l&#8217;intégrité identitaire de la communauté politique nationale, a été au &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39056/vers-la-constitution-dun-espace-partisan-europeen/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Nicolas Leron</strong> et <strong>Barbara Revelli</strong>, président et vice-présidente d&#8217;EuroCité (LE MONDE, 06/12/11):</p>
<p>La crise des dettes souveraines que traverse la zone euro annonce – peut-être – l&#8217;imminence de l&#8217;épreuve de vérité démocratique pour la construction européenne. Le processus historique d&#8217;intégration entre Etats souverains semble enfin toucher la limite de légitimation de toute construction fonctionnelle. Les gains réels ou supposés générés par l&#8217;entreprise de mise en commun supranationale de compétences étatiques justifient-ils le double évidement formel et substantiel de l&#8217;Etat ?</p>
<p>Evidement formel d&#8217;abord, car la souveraineté juridique, symbole de l&#8217;intégrité identitaire de la communauté politique nationale, a été au mieux réduite à l&#8217;ultime essence – l&#8217;option de sortie – ou au pire subrepticement captée par la Cour de justice de l&#8217;Union européenne, maîtresse de l&#8217;interprétation de la ligne de partage des compétences entre Union et Etats membres. Evidement substantiel ensuite, car l&#8217;Etat ne saurait être Etat s&#8217;il ne possède et assure un noyau dur de politiques publiques essentielles.</p>
<p>Telles sont du moins les données du problème posé par la Cour fédérale constitutionnelle allemande dans sa décision du 30 juin 2009 sur la constitutionnalité du Traité de Lisbonne. Les juges de Karlsruhe exigent que soit tranchée la question de la finalité de l&#8217;intégration européenne selon une logique binaire : le saut fédéral (souveraineté européenne) ou l&#8217;association d&#8217;Etats (souveraineté nationale), mais pas d&#8217;entre-deux. Du coté des peuples, le consensus permissif des premiers temps semble irrémédiablement enterré. Les rares occasions d&#8217;accès à la parole ont été sans équivoques. Ainsi le principe démocratique est-il aujourd&#8217;hui une limite tant politique que juridique à l&#8217;avancée de l&#8217;intégration européenne, alors que les solutions majeures à prendre requièrent justement plus d&#8217;Europe. La construction européenne semble être arrivée au pied du mur : franchir le seuil qualitatif de la démocratie européenne, ou mourir.</p>
<p>L&#8217;instauration d&#8217;une véritable démocratie européenne implique l&#8217;émergence d&#8217;une forme de communauté politique à l&#8217;échelle du continent, c&#8217;est-à-dire la constitution d&#8217;un espace de solidarité entre citoyens. Cela inclut entre autres la traçabilité de la responsabilité politique, du vote du citoyen à l&#8217;acte législatif. La politisation de l&#8217;Union européenne est alors invoquée comme dernier remède.</p>
<p>Le président de la Commission européenne devra être le leader de la formation politique victorieuse aux élections européennes, ce qui devrait cristalliser un clivage gauche/droite et donner ainsi plus de lisibilité et d&#8217;intérêt à la politique européenne. Plus encore, d&#8217;aucuns, revigorés par le vent frais des primaires citoyennes françaises, s&#8217;empressent de parler de primaires européennes comme nouvelle panacée. Mais ne nous y trompons pas : la démocratie européenne ne sortira pas d&#8217;énièmes montages juridico-institutionnels au niveau européen. Car ceux-ci, aussi sophistiquées soient-ils, ne chapeautent qu&#8217;un vide, celui de l&#8217;absence d&#8217;un espace public européen.</p>
<p>Il faut se situer dorénavant dans une approche socio-politique. L&#8217;espace public européen n&#8217;éclora pas de lui-même, au gré d&#8217;une conjoncture historique – la sanctuarisation nationale du débat autour de la Constitution européenne le démontre – ou d&#8217;une innovation institutionnelle astucieuse. Il naîtra de la structuration socio-politique des enjeux socio-économiques européens. Cela passe nécessairement par la mise sur pied d&#8217;un système partisan européen, non pas entendu comme système de partis politiques au niveau de l&#8217;Union européenne mais comme système partisan de l&#8217;espace européen incluant et articulant les niveaux partitiques local, national et européen.</p>
<p>Seul existe actuellement une étroite sphère publique au niveau européen composée d&#8217;individus en prise directe avec l&#8217;Europe, par métier ou par intérêts et engagements personnels. Ce qui fait structurellement défaut, ce sont des canaux de circulation entre le niveau européen et le niveau national, entre les partis européens et leurs partis nationaux, entre un militantisme européen et le militantisme local quotidien. Les débats européens s&#8217;arrêtent aujourd&#8217;hui aux portes de l&#8217;arène nationale. Les partis nationaux leur en ferme l&#8217;accès, par désintérêt – l&#8217;Europe ne fait pas vendre – ou par crainte – l&#8217;Europe divise. Les partis nationaux ont ainsi une responsabilité première dans la carence d&#8217;un espace public européen, tout comme ils portent en eux la possible solution. Ils sont le chaînon manquant de la démocratie européenne.</p>
<p>La constitution d&#8217;un espace partisan européen nécessite à la fois un relâchement du lien hiérarchique liant les partis européens à leurs partis nationaux et un renforcement de la relation de travail programmatique et militant entre ces deux niveaux partitiques. Le Parti socialiste européen (PSE) et les partis socialistes et socio-démocrates nationaux qui le compose viennent de faire un pas déterminant en ce sens, lors de la convention PSE qui s&#8217;est tenue à Bruxelles les 24, 25 et 26 novembre. Le PSE, qui avait acté l&#8217;année dernière le principe d&#8217;un candidat commun pour la présidence de la Commission lors des prochaines élections européennes de 2014, vient d&#8217;adopter le processus de désignation de son candidat et d&#8217;élaboration du programme commun.</p>
<p>Il ne s&#8217;agit toutefois que de la moitié du chemin. Il faudra en effet que les partis socialistes et socio-démocrates nationaux jouent loyalement le jeu commun de l&#8217;Europe, c&#8217;est-à-dire qu&#8217;ils portent pleinement la campagne du candidat PSE et du programme politique commun. Les élections européennes de 2009 avaient montré une fois de plus que cela n&#8217;avait rien de naturel, la structure nationale du champ politique tendant objectivement aux stratégies nationales solitaires.</p>
<p>Selon la logique même de l&#8217;intégration européenne, il faudra que les partis politiques nationaux dépassent leurs propres intérêts en transférant de manière volontaire une partie de leur pouvoir politique à leur parti européen. Cela ne découlera pas d&#8217;un effet mécanique induit par la dynamique intégrative de la construction européenne, mais de la volonté de certains acteurs politiques nationaux aux postes stratégiques qui, appuyé par une base de militants engagés pour l&#8217;Europe, sauront forcer par ruse mais aussi par un rapport de force les portes européennes de leur parti national.</p>
<p>C&#8217;est ainsi que ce joue au sein des partis nationaux une lutte – pour l&#8217;instant sourde – pour intégrer la politique européenne dans leur sein, d&#8217;un point de vue statutaire (élection par les militants des délégués nationaux au congrès du parti européen), organisationnel (création d&#8217;un secrétaire national entièrement dédié aux questions européennes et aux liens avec le parti européen), militant (penser et organiser le militantisme européen au niveau local) et programmatique (intégration de la politique européenne dans la réflexion nationale et participation nationale à la réflexion européenne).</p>
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		<title>El despotismo ilustrado y la Unión Europea</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 17:20:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Mora Benavente</strong>, diplomático experto en asuntos europeos (EL MUNDO, 01/12/11):</p>
<p>El despotismo ilustrado fue una creación genuinamente europea. Su principio inspirador es conocido. Una élite, alrededor de un monarca absoluto, interpretaba desde la razón qué era lo más conveniente para el pueblo, por supuesto sin preguntarle. Este grupo albergaba dos convicciones inquebrantables: la razón proporciona todas las respuestas; y preguntar al pueblo es inútil, pues se guía por aspiraciones, sentimientos o temores, todos ellos irracionales. La historia de la Unión Europea ha sido, en gran medida, un nuevo episodio de despotismo ilustrado. El objetivo, recordemos, era poner &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38880/el-despotismo-ilustrado-y-la-union-europea/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Mora Benavente</strong>, diplomático experto en asuntos europeos (EL MUNDO, 01/12/11):</p>
<p>El despotismo ilustrado fue una creación genuinamente europea. Su principio inspirador es conocido. Una élite, alrededor de un monarca absoluto, interpretaba desde la razón qué era lo más conveniente para el pueblo, por supuesto sin preguntarle. Este grupo albergaba dos convicciones inquebrantables: la razón proporciona todas las respuestas; y preguntar al pueblo es inútil, pues se guía por aspiraciones, sentimientos o temores, todos ellos irracionales. La historia de la Unión Europea ha sido, en gran medida, un nuevo episodio de despotismo ilustrado. El objetivo, recordemos, era poner fin a la pesadilla recurrente de una guerra por generación. En el inicio, una federación o comunidad de pueblos europeos era impensable. Por una parte, los horrores de la guerra estaban todavía a flor de piel; por otra, la Europa de Estados soberanos surgida de Westfalia seguía siendo el principio inspirador de cualquier posible nuevo orden político. Era inevitable que los proyectos considerados más políticos, «la Federación Europea», «la Comunidad de Defensa», fracasaran.</p>
<p>Los padres fundadores de la Unión rompieron este nudo gordiano con una idea genial: pongamos en común intereses, sobre todo económicos y, poco a poco, surgirá un demos europeo, un sentimiento común de pertenencia a una entidad superior. Este método, llamado funcionalismo, ha inspirado el proyecto europeo durante 50 años. Se fueron poniendo en común las producciones de carbón y acero primero, la agrícola después y más adelante todas las necesarias para ir construyendo un mercado único. No se preguntaba a las opiniones públicas. Éstas habían aceptado, ¡cómo no iban a hacerlo! La necesidad de la reconciliación y el trabajar juntos como mejor manera de alcanzar ese objetivo.</p>
<p>Más allá de esa difusa legitimación política, un cuerpo de funcionarios en Bruselas se encargaba de los detalles. La alianza, curiosamente, también funcional aunque el término tenga aquí un significado distinto, entre la élite política y la burocrática empezó, como suele suceder, a generar su propia narrativa de construcción europea, cada vez más alejada de los ciudadanos. Cierto que cuando se les preguntaba, éstos manifestaban un rechazo difuso pero evidente. Esto se asignaba a «causas internas que explican el descontento de ese o aquel electorado» o, en los pasillos de Bruselas, a la «miopía, cuando no ceguera, que incapacita a los ciudadanos para valorar el proyecto europeo en toda su grandeza». Voltaire no lo hubiera expresado mejor, aunque quizá sí de forma más elegante.</p>
<p>La elección directa del Parlamento Europeo, como método para resolver este llamado déficit democrático, fue una huída en la dirección equivocada. Una Cámara, supuestamente más legítima &#8211; olvidando que la legitimidad sigue siendo local, nacional, no europea- entró salvajemente en el juego institucional de Bruselas de ganar influencia a costa de las demás instituciones. Un juego necesariamente de suma cero -las competencias están fijadas- que consume tiempo y capital político, incomprensible para los ciudadanos. Así, el Parlamento Europeo es ahora parte del problema y no de la solución. Lo mismo sucedería con un presidente de la Comisión elegido por sufragio universal como ha propuesto el partido de la canciller Merkel, la CDU. La Comisión no es un Gobierno, es un órgano de propuesta, vigilancia y supervisión, la guardiana de los Tratados. Dar a su presidente otra supuesta legitimidad democrática no aumentaría su eficacia pero sí la tentación de convertirse en el Estado número 28.</p>
<p>La crisis del euro es la metástasis de este modelo de construcción europea por el pueblo pero sin el pueblo. Los creadores de la moneda única sabían perfectamente que el euro necesitaría una política monetaria, una fiscal y una económica. De las tres, la más fácil -la menos política- era la monetaria. Y en la mejor tradición europea echaron a andar, llenando de euros el bolsillo de unos ciudadanos a los que nadie explicaba las consecuencias, si finalmente el diseño de las tres políticas no se completaba. La crisis ha sido el momento de llevar a cabo esa tarea. Pero la política fiscal implica redistribución de rentas. Y no hay nada más político que redistribuir rentas. Y no hay nada más difícil que hacerlo cuando se han hecho más exiguas. Los ciudadanos alemanes o finlandeses, legítimamente, se han negado. Y el modelo ha colapsado.</p>
<p>El despotismo ilustrado se ha agotado. Es ilustrativo recordar cómo llegó a su fin en el siglo XVIII. La burguesía, la parte más dinámica de ese populacho al que no había qué preguntar, reclamó su papel en el gobierno apoyándose en que los recursos que lo hacían posible salían de su bolsillo y, sobre todo, al proclamarse portadores de una nueva razón, la del mercado, a sus ojos mucho más natural y racional que la de una élite aristocrática desconectada de la realidad.</p>
<p>¿Y ahora qué? La primera tarea es, evidentemente, resolver la crisis del euro. Cualquier solución pasa por un modelo fiscal que implique pérdida de soberanía para todos los Estados de la Eurozona. Si no se avanza, y rápido, en esa dirección, que implica todas las soluciones parciales que se han escrito (eurobonos, tesoro europeo, super comisario económico dependiente de Comisión y Consejo, etcétera) el colapso de la moneda única es inevitable.</p>
<p>Pero más allá de la imperiosa necesidad de salvar la moneda única, el reconocimiento de la realidad, de los límites democráticos de la construcción europea, va a marcar el futuro de la Unión. Las soluciones parciales de este último año y medio están ya teniendo profundas consecuencias en los equilibrios internos de la Unión y anticipan el modelo futuro. Es perceptible ya una mayor influencia de los gobiernos en detrimento de las instituciones comunitarias. Esto es lógico si tenemos presente que se está dirimiendo, como antes se señalaba, uno de los problemas más políticos a los que se enfrenta una sociedad: cómo distribuir la riqueza. El peligro de este cambio en el equilibrio interno es que la debilidad de la Comisión se extienda a áreas ya consolidadas y que funcionan correctamente como el mercado único o la política de competencia.</p>
<p>Está hundiéndose también la ficción de que todos los Estados miembros son iguales. Nunca funcionó en realidad, pero, ¿alguien cree ahora que Grecia o Portugal tienen derecho de veto en nada? En política exterior, el repliegue de la Unión sobre sí misma buscando la solución del problema se ha traducido en una sensible pérdida de proyección exterior, precisamente en el momento en que el Tratado de Lisboa había creado los mecanismos para reforzar esa proyección. En el orden interno, se está abriendo un foso entre los Estados miembros del euro y los que no lo son. Cualquier solución a la crisis tendrá necesariamente que aumentar esas diferencias con consecuencias también inciertas para el futuro.</p>
<p>Pero la ruptura más dramática, y la más difícil de recomponer en el futuro, es el resurgimiento del nacionalismo definido, en el más puro estilo histórico europeo, no ya como plasmación de una identidad sino como afirmación frente al otro. Basta leer la prensa griega o alemana u holandesa para darse cuenta de la dimensión que está alcanzando esta tendencia. No olvidemos que la principal magia de la construcción europea fue precisamente hacer olvidar esa afirmación yuxtapuesta de identidades.</p>
<p>Si queremos recuperar esa magia, la Unión Europea debe centrarse en proporcionar los bienes públicos que la gente necesite y acepte. La Unión ha buscado su legitimación de dos maneras. En primer lugar, por la eficacia, sirviendo a los ciudadanos mejor que sus Estados; en segundo lugar, mediante la narrativa de un futuro maravilloso de ilustrados, visionarios del futuro. Esta narrativa está muriendo, el sueño europeísta se está convirtiendo en una pesadilla que hace a la gente más pobre. Pero nos queda un sueño mejor: construir una Europa que proporcione a sus ciudadanos lo que sólo ella puede darles: un punto de referencia ante la globalización y una palanca para incorporarse plenamente a un mundo globalizado; un espacio vital sin fronteras mayor, más diverso y más rico.</p>
<p>Corremos el riesgo de convertirnos políticamente en lo que somos geográficamente: una pequeña península de Asia. Sólo una Unión, sin narrativas fantásticas, puede evitarlo y devolvernos el legítimo orgullo de ser europeos.</p>
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		<title>Créons d&#8217;urgence les Etats unis d&#8217;Europe !</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Nov 2011 19:25:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Laurence Parisot</strong>, présidente du Medef (LE MONDE, 30/11/11):</p>
<p>L&#8217;Europe est prise dans des turbulences dont la dangerosité ne fait plus aucun doute pour personne. Pourtant, même si beaucoup pressentent une menace sourde et proche, la plupart avouent n&#8217;y rien comprendre.</p>
<p>Que se passe-t-il ? Une conjonction inédite de cinq facteurs.</p>
<p>1. Des Etats européens presque tous très endettés. Rétrospectivement, la complaisance à l&#8217;endettement est stupéfiante. Ce qu&#8217;il aura fallu de naïveté, de court-termisme, de déni et au total d&#8217;irresponsabilité pour emprunter toujours plus sans se préoccuper de la création de richesses en regard apparaît aujourd&#8217;hui choquant et inacceptable.&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38841/creons-durgence-les-etats-unis-deurope/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Laurence Parisot</strong>, présidente du Medef (LE MONDE, 30/11/11):</p>
<p>L&#8217;Europe est prise dans des turbulences dont la dangerosité ne fait plus aucun doute pour personne. Pourtant, même si beaucoup pressentent une menace sourde et proche, la plupart avouent n&#8217;y rien comprendre.</p>
<p>Que se passe-t-il ? Une conjonction inédite de cinq facteurs.</p>
<p>1. Des Etats européens presque tous très endettés. Rétrospectivement, la complaisance à l&#8217;endettement est stupéfiante. Ce qu&#8217;il aura fallu de naïveté, de court-termisme, de déni et au total d&#8217;irresponsabilité pour emprunter toujours plus sans se préoccuper de la création de richesses en regard apparaît aujourd&#8217;hui choquant et inacceptable.</p>
<p>Mais, pour étendre notre Etat-providence encore et encore, que n&#8217;aurait-on pas fait ? On s&#8217;endetta donc, au risque d&#8217;entrer dans un cercle vicieux terrifiant. Car, à un certain niveau d&#8217;endettement, le remboursement du capital et des intérêts devenus très lourds prive les pays des ressources qu&#8217;ils ne mobilisent plus pour investir. La croissance faiblit. Plus la croissance est faible, plus il faut recourir à l&#8217;endettement pour faire fonctionner l&#8217;ensemble du système public. C&#8217;est la crise de l&#8217;Etat-providence, la spirale infernale est enclenchée.</p>
<p>2. Des prêteurs méfiants et des spéculateurs agissants. Face à des Etats désemparés et affaiblis, les investisseurs évoluent. Investisseurs, prêteurs, spéculateurs : en fait souvent les mêmes intervenants – on l&#8217;ignore trop – mais à des moments différents. Comme on ignore trop qu&#8217;entre emprunteurs et prêteurs, c&#8217;est d&#8217;abord une relation humaine. Ceux qui prêtaient aux Etats européens en étant sûrs de rentrer dans leurs fonds et au-delà doutent soudain de notre fiabilité, de notre capacité à rembourser.</p>
<p>Ils nous regardent comme la Grande-Bretagne des années 1970 ou l&#8217;Argentine des années 2000. D&#8217;ores et déjà, certains ne veulent plus prêter, d&#8217;autres si, mais à des taux exorbitants. Spéculer signifie réfléchir, anticiper, investir, parier… y compris à la baisse, en quittant toutes les positions européennes et en achetant ailleurs. <em>&#8220;Sell off !&#8221;</em>, écrit le <em>Wall Street Journal</em>. La crise devient une crise de confiance.</p>
<p>3. Un pouvoir exécutif européen erratique, multiple et chaotique. De nombreuses voix parlent en toute légitimité au nom de l&#8217;Europe sans être toujours en harmonie. Les structures et les procédures sont peu lisibles, au point que l&#8217;on s&#8217;y perd et que l&#8217;Europe ne peut pas ne pas avoir un temps de retard face aux défis protéiformes et quotidiens. Ses réponses sont techniques et minimalistes là où l&#8217;investisseur voudrait un souffle et une ambition : c&#8217;est une crise politique.</p>
<p>4. Une opinion publique tenue à l&#8217;écart, inquiète et ignorante à la fois. Le taux d&#8217;inquiétude atteint un paroxysme en France et en Allemagne (91 % et 87 % d&#8217;inquiets). Pourtant, seule une minorité (24 % et 31 %) souhaite qu&#8217;on abandonne l&#8217;euro. L&#8217;opinion est inquiète de voir l&#8217;agitation ou l&#8217;affolement alentour, perplexe de ne pas en comprendre toutes les causes, et troublée par son impuissance à peser sur le cours des choses.</p>
<p>Les gouvernements décident, mais hésitent à l&#8217;associer à travers un vrai débat. Supposant à l&#8217;opinion publique des intolérances ou des rejets, et s&#8217;autolimitant, ils l&#8217;empêchent de se structurer autant que si elle participait clairement au débat. L&#8217;opinion devient alors un acteur paradoxal de la crise – informé et passif.</p>
<p>5. Des enjeux géopolitiques sensibles, des rapports de force inédits entre l&#8217;Europe et les Etats-Unis, entre l&#8217;Europe et les pays émergents. Citons des événements récents : la campagne anti-Europe et anti-euro orchestrée depuis le mois d&#8217;août par les médias américains ; la réprobation des pays émergents car l&#8217;Europe freinerait leur croissance en ne réglant pas ses problèmes ; la création de la plus grande zone de libre-échange du monde, entre les Etats-Unis et les pays du Pacifique, annoncée par Barack Obama dès le lendemain d&#8217;un G20 pourtant on ne peut plus réussi.</p>
<p>Tout ce que nous avons construit depuis cinquante ans se trouve ébranlé de l&#8217;intérieur et de l&#8217;extérieur par des attitudes qui laissent prise à la spéculation : nos propres doutes, nos lenteurs, nos difficultés à nous accorder sur un compromis politique convaincant et tonique.</p>
<p>Déjà les menaces planent. Les fleurons de nos entreprises deviennent des proies potentielles rachetables à bas prix. Lorsque l&#8217;Américain Warren Buffett parle d&#8217;un <em>&#8220;défaut majeur de la construction européenne&#8221;</em> et émet des doutes sur la solidité de nos banques, il peut ajouter non sans cynisme : <em>&#8220;Il y a bien une dizaine de sociétés européennes attrayantes.&#8221;</em> Tout est dit…</p>
<p>Difficile néanmoins de se représenter quelle figure précise prendrait alors le pire. Le démantèlement de l&#8217;euro et le délitement de l&#8217;Union européenne provoqueraient en tout cas pour les peuples européens des décennies d&#8217;appauvrissement. Chacun garderait le fardeau de sa dette, qui par le jeu des dévaluations probables deviendrait plus lourd encore, et tous perdraient la facilitation des échanges et la puissance de négociation avec l&#8217;extérieur. Pire, nous risquerions d&#8217;entrer dans une course, entre nous, à la dévaluation compétitive, ce qui fut le cas dans les années 1930 et contribua à la guerre.</p>
<p>La solution existe. Elle est audacieuse. Elle s&#8217;appelle Etats unis d&#8217;Europe, fédéralisme européen, délégation de souveraineté. Elle offrirait enfin aux Européens un projet, une ambition, une fierté.</p>
<p>Mais elle nous oblige à changer nos habitudes, à conférer une responsabilité politique plus grande aux institutions européennes, à considérer d&#8217;emblée à leur échelle européenne les questions sociales, et pas seulement budgétaires et fiscales. Il faut vouloir avancer vers un territoire reconfiguré, vers une nouvelle patrie, vers l&#8217;an I d&#8217;une véritable pratique de notre histoire fédérale.</p>
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		<title>Europe&#8217;s crisis is an opportunity for democracy</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 22:59:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Ulrich Beck</strong>, professor of sociology at Munich&#8217;s Ludwig-Maximilian University and the London School of Economics, and author of <em>World at Risk</em>. He and Edgar Grande are co-authors of <em>Cosmopolitan Europe</em> (THE GUARDIAN, 28/11/11):</p>
<p>Europe already accomplished a miracle once before: enemies became neighbours. In the light of the euro crisis, the cardinal question must be confronted once again: how can Europe guarantee its citizens peace, freedom and security in the risk-storms raging in the globalised world? This calls for nothing less than a second miracle: how can the Europe of bureaucracy become a Europe of citizens?</p>
<p>Once &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38823/europes-crisis-is-an-opportunity-for-democracy/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Ulrich Beck</strong>, professor of sociology at Munich&#8217;s Ludwig-Maximilian University and the London School of Economics, and author of <em>World at Risk</em>. He and Edgar Grande are co-authors of <em>Cosmopolitan Europe</em> (THE GUARDIAN, 28/11/11):</p>
<p>Europe already accomplished a miracle once before: enemies became neighbours. In the light of the euro crisis, the cardinal question must be confronted once again: how can Europe guarantee its citizens peace, freedom and security in the risk-storms raging in the globalised world? This calls for nothing less than a second miracle: how can the Europe of bureaucracy become a Europe of citizens?</p>
<p>Once upon a time, after the Greek debt had been devalued, people began to breathe easily and to draw hope: Europe had survived and was perhaps even strong and agile enough to overcome its problems. Then the Greek prime minister, Giorgios Papandreou, announced that he wanted to put this fateful question to the Greek people in a referendum. Suddenly, the hidden, inverted reality came to light. In Europe, which is so proud of its democracy, someone who practices democracy becomes a threat to Europe! Papandreou was forced to call off the democratic referendum.</p>
<p>Whereas just a short time ago we had hoped, to quote the German poet Hölderlin, that &#8220;Where there is danger, salvation grows too&#8221;, now a new counter-reality is appearing on the horizon: where there is salvation, danger grows too. At any rate, the anxious question has suddenly wormed its way into people&#8217;s heads: Are the measures introduced to rescue the euro abolishing European democracy? Will the &#8220;rescued&#8221; EU cease to be a European Union as we know it and instead become an &#8220;EE&#8221;, a European Empire with a German stamp? Is this never-ending crisis giving birth to a political monster?</p>
<p>Not long ago it was commonplace to speak in disparaging terms about the cacophony in the European Union. Now all of a sudden Europe has a single telephone. It rings in Berlin and for the moment it belongs to Angela Merkel.</p>
<p>Yesterday it seemed as if the crisis was raising the old question of the <em>finalité</em> of European unification: should Europe become a nation writ large, a confederation, a federal state, a mere economic community, an informal UN, or something historically new: namely, a cosmopolitan Europe founded on European law that performs the role of politically coordinating Europeanised nation-states?</p>
<p>All of that suddenly looks like folklore. Even asking &#8220;Which Europe do we want?&#8221; is to act as though one could still choose after rescuing the euro. The train seems to have already left the station – at least for Greece, Italy and Spain.</p>
<p>Not just the power structure has undergone a permanent shift. Instead, a new logic of power is taking shape. The Merkel-Europe&#8217;s grammar of power conforms to the imperial difference between lender and borrower countries. Thus it is not a military but an economic logic. (In this respect, crucially, any talk of a &#8220;Fourth Reich&#8221; is wide of the mark.) Its ideological foundation is what I would like to call German euro-nationalism: that is, an extended European version of Deutschmark nationalism. In this way the German culture of stability is being elevated to Europe&#8217;s guiding idea.</p>
<p>Some Germans do believe their model exerts a magnetic power of attraction on the people of Europe: <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/business/2011/nov/15/eurozone-crisis-britain-germany-tension">Europe is learning German</a>, they say. But it is more realistic to ask: what is the basis of the power of enforcement? <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/2011/nov/22/is-angela-merkel-europes-problem?newsfeed=true">Angela Merkel</a> has dictated that the price for debt without restraint is loss of sovereignty.</p>
<p>The consequences are the splitting of the EU. This is reflected, first, in the new internal conflict between the eurozone countries and the EU countries outside the eurozone. Those who do not have the euro find themselves excluded from the decision-making processes which are shaping the present and future of Europe. They are losing their political voice – most apparent in Britain&#8217;s case, which is sliding into European irrelevance.</p>
<p>However, a dramatic split is also occurring in the new, crisis-torn centre of activity of the euro countries, a split between the countries that already or will soon depend on the drip feed of the rescue fund and the countries financing the rescue fund. The former have no other option but to submit to the claim to power of German euro-nationalism. Italy, perhaps one of the most European countries, is threatened with playing no further role in shaping the present and future of the continent.</p>
<p>The basic rules of European democracy are being suspended or even inverted, bypassing parliaments, governments and EU institutions. Multilateralism is turning into unilateralism, equality into hegemony, sovereignty into the deprivation of sovereignty, and recognition into disrespect for the democratic dignity of other nations. Even France, which long dominated European unification, must submit to Berlin&#8217;s strictures now that it must <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/business/2011/nov/15/debts-france-threaten-credit-rating">fear for its international credit rating</a>.</p>
<p>This future taking shape in the laboratory of the euro rescue as an intentional side-effect resembles – I hesitate to say it – a belated European variant of the Soviet Union. A centralised economy no longer means having to draw up five-year plans for the production of goods and services, but five-year plans for debt reduction. The power to implement them is being placed in the hands of &#8220;commissioners&#8221;, authorised by &#8220;rights of direct access&#8221; (Merkel) to stop at nothing in tearing down the <a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Potemkin_village">Potemkin villages</a> erected by notorious debtor countries. We all know how the USSR ended.</p>
<p>But could there be opportunity amid the crisis? In fact, the question of how this enormous space comprising 27 member states should be governed if, before every decision, 27 heads of government, cabinets and parliaments have to be convinced, has answered itself. In contrast to the EU, the eurozone is de facto a community of two speeds. In future only the eurozone (not the EU) will belong to the avant-garde of Europeanisation. This could represent an opportunity for the urgently needed institutional imagination.</p>
<p>There has long been talk of an &#8220;economic government&#8221;. What is behind this needs to be fleshed out, negotiated and tested. Sooner or later the highly controversial <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/business/2011/nov/22/eurobond-plan-barroso-merkel">eurobonds</a> will also be introduced. The German finance minister, Wolfgang Schäuble, is already arguing for the introduction of the <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/business/2011/sep/28/european-union-tobin-tax">tax on financial transactions</a> that, in the larger EU, would founder on Britain&#8217;s veto.</p>
<p>John F Kennedy once astonished the world with his idea to create a <a title="" href="http://www.jfklibrary.org/JFK/JFK-in-History/Peace-Corps.aspx">peace corps</a>. By analogy, the neo-European Merkel should dare to surprise the world with the insight and initiative that the euro crisis is not just about the economy but about initiating the Europeanisation of Europe from below, about diversity and self-determination, about a political and cultural space in which the citizens no longer confront each other as enemies who have been disenfranchised or fleeced. Create the Europe of the citizens now!</p>
<p>Any talk of &#8220;enlargement&#8221; and &#8220;deepening&#8221; would thereby acquire a new meaning. What would have to be enlarged and deepened is democracy in Europe. The rule of law and the market are not sufficient. Freedom needs a third pillar if it is to become secure; its name is European civil society or, in more concrete terms, doing Europe or European civic activity. Such an autonomous civic practice, providing basic funding for Europe&#8217;s unemployed youth, would doubtlessly cost a pile, but just a fraction of the zeros which have been, and are probably going to be, swallowed up by the rescue of the banks.</p>
<p>We should have no fear of direct democracy. Without transnational opportunities for interventions from below, without European referendums on European themes that send a shudder through the ocean liner Europe, the whole enterprise will fail. Why not have the president of the European commission directly elected by all European citizens on the same day, which would thus for the first time be European in the strict sense?</p>
<p>It might also make sense to appoint a new constitutional convention which this time would confer democratic legitimation on another Europe – let us name it the &#8220;European Community of Democracies&#8221; (ECD). That would be a beginning, not the answer to the European crisis. We have to speak of the Europe of the <em>citoyen</em>, the <em>citizen</em>, the <em>burgermaatschappij</em>, the <em>ciudadano</em>, the <em>obywatel</em>, etc, thus of the antagonisms hidden in the unifying formula &#8220;Europe of the citizens&#8221;. For each of these national cultural key concepts stands for a different path to political modernity.</p>
<p>How is a European democracy possible without disenfranchising the national parliaments? Assuming one recognises that implementing democratic rights involves and requires many paths, can the democratic empowerment of a cosmopolitan Europe be accompanied by a strengthening of its national democracies in the member states?</p>
<p>The answer has to be that new Europe would not follow the model of German euro-nationalism but would be an emerging European Community of Democracies. And sharing sovereignty becomes a multiplier of power and democracy.</p>
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		<title>EU’s democratic deficit</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Nov 2011 22:59:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>John R. Bolton</strong>, a former U.S. ambassador to the United Nations, a senior fellow at the American Enterprise Institute and author of <em>Surrender Is Not an Option: Defending America at the United Nations and Abroad</em> (THE WASHINGTON TIMES, 26/11/11):</p>
<p>The crisis of the euro, the common currency of 17 <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">European Union</a> members, continues unabated. Because of massive, sustained budget deficits by several eurozone countries, some could default on their sovereign debt obligations, or the euro itself might disintegrate, profoundly affecting the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a>’s political and economic future.</p>
<p>Very little media attention, however, is focused on a very different, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38744/eu%e2%80%99s-democratic-deficit/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>John R. Bolton</strong>, a former U.S. ambassador to the United Nations, a senior fellow at the American Enterprise Institute and author of <em>Surrender Is Not an Option: Defending America at the United Nations and Abroad</em> (THE WASHINGTON TIMES, 26/11/11):</p>
<p>The crisis of the euro, the common currency of 17 <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">European Union</a> members, continues unabated. Because of massive, sustained budget deficits by several eurozone countries, some could default on their sovereign debt obligations, or the euro itself might disintegrate, profoundly affecting the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a>’s political and economic future.</p>
<p>Very little media attention, however, is focused on a very different, but even more important, <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> problem, namely its “democratic deficit.” This large, growing gap between remote <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> institutions in Brussels and citizens of its member states dramatically highlights the rising frustration and impotence felt by individual voters. To combat the euro crisis, <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> elites are ignoring or overriding popular opposition to harsh austerity measures and imposing on fellow democracies the policies demanded by leaders of other, more powerful <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> countries.</p>
<p>Even if the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a>-wide remedies and the requirements imposed on countries such as <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/greece/">Greece</a> and <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/italy/">Italy</a> ultimately prove to be correct financially, they come with an enormous, corrosive cost to basic concepts of representative government throughout the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a>. Whether this widening of the democratic deficit ultimately will weaken the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> itself remains uncertain, but there is no doubt populist resentment is smoldering in many <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> countries.</p>
<p>One of the most persistent criticisms of the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> is its lack of democratic legitimacy. Its basic institutions are bureaucratic and opaque, with decisions either made by unelected <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-commission/">European Commission</a> bureaucrats or negotiated by <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> member governments. These outcomes typically are binding on <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> members, with no opportunity for independent judgment or meaningful dissent in national legislatures. The only popularly elected <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> body, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-parliament/">European Parliament</a>, has minimal power and is widely regarded as inconsequential.</p>
<p>Whereas national parliaments are elected directly by actual people, the intergovernmental <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> process is not democratically accountable either to the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a>’s population as a whole or at the national level. Thus, the growing shift of decision-making power to Brussels inevitably means further distancing from ordinary citizens and the declining importance of national legislatures. British Prime Minister <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/david-cameron/">David Cameron</a> has estimated that 50 percent of <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-parliament/">Parliament</a>’s significant economic actions simply rubber-stamp what <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> negotiators or bureaucrats already have decided.</p>
<p>In 1776, Americans decided they had had enough of remote, unaccountable government and took matters into their own hands. While Europe does not yet face armed uprisings, it confronts the dramatic question of whether the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> and the eurozone will survive in their present forms. No one knows the endgame, but one point is clear: Having some countries dictate outcomes to others is causing massive tension inside the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> and adding to its democratic deficit.</p>
<p>In <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/greece/">Greece</a>, for example, former Prime Minister George Papandreou, after agreeing to harsh financial austerity measures to secure <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> aid to meet his country’s sovereign debt obligations, suggested a national referendum on the final deal. Howls of outrage from German Chancellor Angela Merkel and French Prime Minister Nicolas Sarkozy squashed the foolish idea that the people might actually have a voice. <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> leaders even insisted that the main opposition party, New Democracy (a quaint name in present circumstances), also sign the deal, rather than vote freely in Greece’s parliament.</p>
<p>In <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/italy/">Italy</a>, there was a veritable <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a>-led coup d’etat against Prime Minister <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/silvio-berlusconi/">Silvio Berlusconi</a>. While many had long seen his personal behavior as an embarrassment, and his successive governments had done little to halt <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/italy/">Italy</a>’s slide into crisis, he and his coalition partners had, inconveniently, won the last election. Because <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/silvio-berlusconi/">Mr. Berlusconi</a> and the voters who supported him were in the way, Italian President Giorgio Napolitano, following German-French orders, appointed Mario Monti “senator for life” to become prime minister when <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/silvio-berlusconi/">Mr. Berlusconi</a> resigned. Even if <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/silvio-berlusconi/">Mr. Berlusconi</a> was likely to fall in any case, Mr. Monti’s “technocratic government” would never have come to power without outside interference in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/italy/">Italy</a>’s political system.</p>
<p>In Britain, the eurozone’s turmoil persuaded opponents of the increasing centralization of power in Brussels to push for restructuring London’s <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> ties. Some propose a referendum on Britain’s future in the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a>; others favor renegotiating the basic <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> treaties, returning key “competencies” to members (or at least to London) or providing more opt-outs for <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> members to decide what powers they cede to Brussels and what they keep. Other skeptical <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> members, such as Denmark, Sweden and several Eastern and Central European states, might join the United Kingdom in this effort. Once again, <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/germany/">Germany</a> is objecting, demanding that the euro crisis should be resolved without considering fundamental changes to existing <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> agreements, institutions and practices. This controversy remains in flux.</p>
<p><a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> advocates for harsh austerity measures say they are entitled to impose stringent economic and political conditions on the financial assistance being extended in order to prevent the fiscally irresponsible countries from simply continuing their profligate policies far into the future. There is considerable merit in arguing that German taxpayers and others providing bailouts deserve assurances they will not be endless sources of financial largesse.</p>
<p>But in a more profound sense, the extraordinary depth of the crisis underscores graphically how flawed are the essential structures of the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> itself, and particularly the entire euro project. If rescuing the euro requires dramatic constrictions of political dissent and democratic debate, there surely is something existentially wrong with the underlying precepts.</p>
<p>If democracy can be supplanted easily when “big issues” are at stake and actual voters are allowed to select governments only for unimportant questions, the vitality and longevity of democracy itself are at issue. Europe may survive its financial crisis without major disruptions to the euro or other <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> institutions, but there is no doubt that the democratic deficit will have widened considerably in the process. That outcome cannot be conducive to either legitimacy or stability in Europe for decades to come.</p>
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		<title>Escenas de la lucha de clases en la UE</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Nov 2011 21:02:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Carnero</strong>, embajador en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea (EL PAÍS, 22/11/11):</p>
<p>Una de mis películas favoritas es <em>Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills,</em> dirigida en 1990 por Paul Bartel: inteligente, elegante, divertida. El título con el que fue estrenada en España tiene su gracia: somos tan mojigatos que, dicen, cambiaron el original en inglés porque resultaba muy fuerte que se llamase aquí <em>Escenas de la lucha de clases en Beverly Hills.</em></p>
<p>Nos pasa un poco lo mismo con la crisis o con la Unión Europea: parecemos incapaces de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38602/escenas-de-la-lucha-de-clases-en-la-ue/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Carnero</strong>, embajador en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea (EL PAÍS, 22/11/11):</p>
<p>Una de mis películas favoritas es <em>Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills,</em> dirigida en 1990 por Paul Bartel: inteligente, elegante, divertida. El título con el que fue estrenada en España tiene su gracia: somos tan mojigatos que, dicen, cambiaron el original en inglés porque resultaba muy fuerte que se llamase aquí <em>Escenas de la lucha de clases en Beverly Hills.</em></p>
<p>Nos pasa un poco lo mismo con la crisis o con la Unión Europea: parecemos incapaces de llamar a las cosas por su nombre y de analizar lo que ocurre desde un punto de vista socioeconómico, teniendo en cuenta, como ha recordado el multimillonario Warren Buffett, que sigue habiendo lucha de clases, y la están ganando los ricos.</p>
<p>Ni la UE ni el euro van a desaparecer. Afirmarlo solo forma parte del tremendismo que se ha apoderado de buena parte de la opinión pública. Pero es verdad que la UE ha conseguido enredarse en su propio rompecabezas de acuerdos y desacuerdos, con el consiguiente despiste de la ciudadanía y de los propios responsables políticos. Desde que empezó la crisis, la UE ha tomado muchas y buenas decisiones. Las últimas, en la Cumbre de la Eurozona sobre la recapitalización bancaria, la quita privada de la deuda griega y la ampliación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera a un billón de euros.</p>
<p>Entonces, si la UE ha avanzado mucho en instrumentos y procedimientos de toma de decisiones económicas y financieras desde el comienzo de la crisis, ¿por qué seguimos temiendo que cada momento (el último: máxima agudización de las crisis políticas y de la deuda en Grecia e Italia) sea el final, en el peor sentido de la palabra? La explicación no hay que buscarla ni en un análisis estático de la Europa de los Estados ni en el perfil psicológico de los gobernantes: ese simplismo ya aburre.</p>
<p>Pero un análisis social y dialéctico de lo que está pasando sí nos puede llevar a conclusiones válidas, empezando por la fundamental: el laberinto europeo está provocado, por un lado, por la incapacidad de la mayoría conservadora del Consejo y la Comisión para fijar un objetivo global que dé coherencia a las múltiples decisiones adoptadas -más allá de sus intereses a corto plazo en el marco de cada frontera nacional y de su empeño ideológico en el ajuste por el ajuste, haciendo pagar a los trabajadores el coste del mismo- y, por otro, por los denodados esfuerzos del capital financiero radicado en Wall Street y la City por trasladar el foco de la crisis a la zona euro.</p>
<p>Ya es hora de plantear, por tanto, que la solución europea a la crisis no pasa por el paradigma neoliberal (constatado su evidente fracaso) defendido a capa y espada por la derecha europea hoy hegemónica, sino por poner en marcha políticas keynesianas de crecimiento y empleo financiadas no por mayor gasto público basado en la deuda (que se ha demostrado una trampa mortal), sino en mayores ingresos provenientes de la mejora de la imposición progresiva, en el nivel nacional y en el europeo, creando nuevos impuestos (como la <em>tasa Tobin),</em> haciendo que paguen más quienes más tienen, acabando con las deducciones y exenciones que privilegian las rentas del capital frente a las del trabajo y poniendo coto al fraude y los paraísos fiscales. Y ello requiere necesariamente un cambio de orientación en la mayoría política de la UE.</p>
<p>Hace falta una nueva mayoría política progresista, capaz de plantear el predominio de la inversión pública frente a la desregulación neoliberal -a la vista de que esta solo ahonda la crisis y el desempleo- y de culminar la unión política federal europea con un gobierno económico y social comunitario que responda a lo que somos: una economía social de mercado con un Estado de bienestar indiscutible, tanto por justo como por eficiente.</p>
<p>Una mayoría política de la izquierda europeísta que sustituya la carencia conservadora de horizonte para establecer uno viable y compartido por la ciudadanía: una unión económica que incluya un Tesoro comunitario, un Banco Central que mantenga la estabilidad de precios pero colabore al tiempo con la política económica de la Unión -como hace la Reserva Federal norteamericana-, eurobonos, mayor presupuesto (el 1 % de la Renta Bruta de la UE como tope máximo del mismo es una broma pesada), armonización fiscal, agencia independiente de calificación de deuda y una Europa social tan importante como el mercado único.</p>
<p>Alguien podría pensar que también en la izquierda hay contradicciones y que conformar la mayoría citada será complicado. ¡Desde luego! Pero mucho menos que antes de la crisis a la vista de la creciente coincidencia de propuestas entre partidos con cultura de gobierno como los socialdemócratas alemanes, los socialistas franceses y españoles o los laboristas ingleses. De hecho, si hay un partido europeo que desde 2008 está avanzando propuestas útiles y con horizonte que luego se han convertido en realidad o tienen visos de hacerlo a corto plazo, ese es el Partido Socialista Europeo: así ha sido en el caso de los mecanismos de estabilidad financiera, de la <em>tasa Tobin</em> o de los eurobonos, entre otros ejemplos.</p>
<p>El coste en tiempo, dinero y credibilidad es demasiado elevado como para seguir manteniendo un título ficticio en esta película y no modificar la mayoría que la interpreta en las instituciones europeas. Ya es hora.</p>
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		<title>El contrapunto británico-alemán</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/38557/el-contrapunto-britanico-aleman/</link>
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		<pubDate>Mon, 21 Nov 2011 19:43:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=38557</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 21/11/11):</p>
<p>Ella dice más Europa. Él dice menos Europa. ¿Cancelamos todo? Hace unos días, los dirigentes de Alemania y el Reino Unido ofrecieron sus respectivas soluciones a la que es sin duda una crisis existencial del proyecto europeo posterior a 1945. El viernes, se reunieron en Berlín con la intención de salvar sus diferencias, en busca de un milagro en el río Spree.</p>
<p>Durante su discurso en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38557/el-contrapunto-britanico-aleman/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 21/11/11):</p>
<p>Ella dice más Europa. Él dice menos Europa. ¿Cancelamos todo? Hace unos días, los dirigentes de Alemania y el Reino Unido ofrecieron sus respectivas soluciones a la que es sin duda una crisis existencial del proyecto europeo posterior a 1945. El viernes, se reunieron en Berlín con la intención de salvar sus diferencias, en busca de un milagro en el río Spree.</p>
<p>Durante su discurso en un banquete ofrecido por el alcalde de Londres, David Cameron evocó una Europa &#8220;con la flexibilidad de una red, no la rigidez de un bloque&#8221;. &#8220;Los escépticos&#8221;, afirmó, &#8220;tenemos razón en un aspecto fundamental. Debemos mirar los planes grandiosos y las visiones utópicas con escepticismo&#8221;. Esta crisis ofrece una oportunidad, &#8220;en el caso de Reino Unido, para recuperar poderes, en lugar de ver cómo siguen alejándose&#8230; y para que la Unión Europea preste atención a lo que verdaderamente importa&#8221;. En resumen: menos Europa.</p>
<p>&#8220;La tarea que debe cumplir nuestra generación&#8221;, dijo Angela Merkel en la conferencia de su partido en Leipzig, &#8220;es completar la unión económica y monetaria en Europa y crear, paso a paso, una unión política&#8221;. Si a Europa no le va bien, a Alemania no le puede ir bien, y Europa se encuentra &#8220;tal vez en su momento más difícil desde la II Guerra Mundial&#8221;. La respuesta debe ser &#8220;no menos Europa, sino&#8230; más Europa&#8221;. Alemania debe dirigir el camino hacia esta &#8220;política interior europea&#8221; con medidas que incluyan las sanciones automáticas para los miembros de la eurozona que no puedan o no quieran mantener sus asuntos fiscales en orden. Ah, sí, y además un impuesto sobre las transacciones financieras, &#8220;al menos en la zona euro&#8221;.</p>
<p>Hay que dejar muy claro que Alemania no ha buscado este papel de líder. Cuando se mira desde la estación central de Berlín hacia la Cancillería Federal y el Reichstag se ve, en un edificio situado entre ellos, la bandera suiza. Es una casualidad histórica (el edificio es la Embajada suiza, que se negó cortésmente a trasladarse después de la unificación alemana), pero también un símbolo muy adecuado. Lo que quieren hoy los alemanes, en su mayoría, es que les dejen en paz para hacerse ricos y vivir su vida; en otras palabras, ser una Gran Suiza.</p>
<p>Y aquí llega lo irónico. La unión monetaria europea, cuyo objetivo (sobre todo por parte de Francia) era mantener a la Alemania unificada atada al resto de Europa, es la que ahora prácticamente obliga a Alemania a imponerse y decir a otros países europeos lo que tienen que hacer. Porque los alemanes alegan una cosa razonable: si vamos a rescataros (a Grecia, Portugal, Italia, quizá, dentro de no mucho, Francia), sacándolo de los superávits que tanto nos ha costado acumular, entonces tenemos derecho a imponeros condiciones. Si no, nos arrastraréis a una ciénaga de deuda, déficit e inflación.</p>
<p>En alguna ocasión he oído a la propia Merkel explicar el dilema alemán en relación con Europa de la siguiente manera: si no dirigimos, nos acusan de falta de compromiso con Europa; si lo hacemos, nos acusan de ser unos mandones. Merkel lleva dos años soportando la primera acusación; ahora se enfrenta a la segunda. Haga lo que haga, nadie va a estar contento.</p>
<p>Así que agradezco que haya presentado ahora una visión alemana de hacia dónde tiene que avanzar Europa. Lo malo es que esa visión tiene dos problemas: uno de estilo y otro de sustancia. El problema de estilo se debe, no a Merkel, sino a otros miembros de su partido. Algunos hemos podido comprobarlo en conversaciones privadas, y ahora lo hemos oído en público, en un discurso pronunciado por el líder parlamentario de los democristianos, Volker Kauder, el día de clausura de la conferencia de su partido. No es extraño que la noticia llegara a las primeras páginas de los periódicos británicos del miércoles. El periódico de masas <em>The Daily Mail</em> publicó un gran titular: &#8220;¡Europa habla alemán!&#8221;, que completaba con la obligada referencia a Goebbels en una página interior.</p>
<p>Si quieren, pueden ver el discurso entero en <a href="http://www.youtube.com/watch?v=eUeuCIe9vkQ" target="_blank">YouTube</a>. Para ser justos, hay que advertir que es un discurso de los de &#8220;arengar a los fieles&#8221;, que es siempre un género muy grandilocuente. Aun así, su tono es insufrible. Después de soltar esa frase de la que seguramente acabará arrepintiéndose -&#8221;Ahora todos hablan alemán en Europa, no de palabra, sino mediante la aceptación de los instrumentos por los que Angela Merkel lleva luchando tanto tiempo&#8221;-, Kauder continúa dando lecciones, con una arrogancia y una superioridad moral extraordinarias, e intimidando a británicos, franceses, griegos (¡nunca deberían haber entrado en la eurozona!) y turcos (da muestras de mala educación al referirse al primer ministro turco llamándole solo &#8220;Erdogan&#8221;). En alemán, tonterías se dice <em>Kauderwelsch,</em> pero ahora nos hace falta una nueva palabra, <em>kaudern,</em> &#8220;Kauderear&#8221;, que signifique llevar el lenguaje propio de una juerga nocturna a la escena política europea.</p>
<p>Este tono ya sería de por sí malo si la receta política de Alemania para salvar la eurozona fuera totalmente acertada. Pero es que además no lo es. Solo tiene razón en un 70%, un porcentaje que, en un mundo de pánico en los mercados, puede convertirse de pronto en un 100% de error. En una reunión del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores celebrada en Varsovia la semana pasada, varios oradores llegados de todos los rincones del continente se levantaron para explicar lo que están diciendo prácticamente todos los economistas de fuera de Alemania. Si Berlín pretende salvar la eurozona, debe mostrar más flexibilidad y permitir al Banco Central Europeo que ayude a los Gobiernos en dificultades (aunque solo sea de manera indirecta, prestando al nuevo instrumento europeo de estabilidad financiera) y el uso, al menos provisional, de eurobonos garantizados individualmente y por separado, tal como sugiere el propio consejo de asesores económicos de Alemania. Si no, es posible que no quede ninguna eurozona que salvar.</p>
<p>Aun así, por lo menos Merkel ofrece una versión articulada de una &#8220;Europa alemana&#8221;, cuyos defectos podemos señalar. ¿Qué visión tiene Cameron de una &#8220;Europa británica&#8221;? Por el momento, pura palabrería. Denuncia las &#8220;visiones utópicas&#8221;, pero no dice cómo funcionaría su propia visión utópica de una &#8220;Europa en red&#8221;. Uno de sus partidarios más elocuentes, Daniel Finkelstein, escribe en <em>The Times</em> que esta Europa sería más parecida a Microsoft que a los sistemas cerrados de Apple. ¿Qué demonios quiere decir? ¿Cómo defendería esa &#8220;Europa en red&#8221; las ventajas que Reino Unido quiere mantener, sobre todo las del mercado único? ¿Cómo se relacionaría la &#8220;Europa en red&#8221; con una eurozona más integrada? ¿Quién sería la voz de la &#8220;Europa en red&#8221; en unas negociaciones con China?</p>
<p>Por eso estoy de acuerdo con el veterano euroescéptico Charles Moore cuando escribe en el semanario británico conservador <em>The Spectator</em> que Cameron debería aprovechar este momento para detallar sus ideas sobre Europa. De no hacerlo, todos los europeos pensarán que el líder británico, en realidad, no tiene estrategia más que para Reino Unido, un país en el que, según un sondeo de ICM, el 49% de sus ciudadanos quiere salirse de la UE. O pensarán que tiene algo todavía más restringido: una mera táctica para evitar que su coalición tripartita (demócratas liberales, conservadores y euroescépticos) se deshaga por culpa de &#8220;Europa&#8221;.</p>
<p>Propongo, pues, una modesta idea para animar la próxima reunión del Consejo Europeo, el 9 de diciembre. Durante la cena, que Merkel presente su visión de la Europa alemana (para ser más diplomáticos, la visión alemana para Europa). Que Cameron presente su Europa británica. Luego, que los demás líderes decidan, en votación estrictamente secreta, de cuál preferirían formar parte. Después, como es natural, habría que filtrar el resultado; pero de que se filtrará, incluso en estos tiempos de incertidumbre, podemos seguir estando seguros.</p>
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		<title>El hundimiento de Europa</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Nov 2011 19:35:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Michel Wieviorka</strong>, sociólogo, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (LA VANGUARDIA, 21/11/11):</p>
<p>Al principio, la crisis era mundial y financiera. Ahora es sobre todo europea y política, lo que no impide que siga siendo financiera y tenga implicaciones mundiales.</p>
<p>Lo más visible de la crisis es lo relativo a las dificultades que atraviesa Europa. Esta, en lugar de aparecer como una aventura formidable, un proceso con la vista puesta en el futuro y auspiciada por ciudadanos entusiastas, se encuentra a la defensiva hasta el punto de que cabe preguntarse si sobrevivirá a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38555/el-hundimiento-de-europa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Michel Wieviorka</strong>, sociólogo, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (LA VANGUARDIA, 21/11/11):</p>
<p>Al principio, la crisis era mundial y financiera. Ahora es sobre todo europea y política, lo que no impide que siga siendo financiera y tenga implicaciones mundiales.</p>
<p>Lo más visible de la crisis es lo relativo a las dificultades que atraviesa Europa. Esta, en lugar de aparecer como una aventura formidable, un proceso con la vista puesta en el futuro y auspiciada por ciudadanos entusiastas, se encuentra a la defensiva hasta el punto de que cabe preguntarse si sobrevivirá a la crisis. En lugar de unida y conformada por países que se respetan los unos a los otros, Europa aparece como dominada por la pareja franco-alemana y, en realidad, por Alemania, y no han pasado inadvertidas las actitudes humillantes de Nicolas Sarkozy y Angela Merkel respecto a los jefes de Gobierno griego e italiano. En algunos países se trata sobre todo de acabar parcialmente, o del todo, con el euro. Otros desarrollan la idea según la cual la crisis sería saludable y sugieren sacar partido de ella para salir con más fuerza y reforzar la integración europea. Pero la mayoría de los observadores rechazan ese optimismo desmesurado y consideran que, con Grecia e Italia, hemos estado a dos dedos de la catástrofe. Tienen razón: los problemas de fondo siguen sin estar arreglados.</p>
<p>La crisis no sólo ha hecho aparecer los límites de la acción de los estados europeos frente a un capitalismo que es el de los mercados financieros. También ha sacado a la luz una degradación profunda de los sistemas políticos en Europa.</p>
<p>En varios países las fuerzas políticas en el poder se han visto obligadas a tomar medidas de austeridad impopulares, lo que las ha debilitado considerablemente. En cuanto a las oposiciones, dudan: ¿deben prometer también austeridad, lo que vende sensación de seriedad pero no seduce más que a un electorado limitado? ¿Pueden anunciar políticas de relanzamiento del crecimiento, lo que implica necesariamente más déficit presupuestario, a riesgo de ser acusados de imprudencia o de demagogia electoralista?</p>
<p>Así, la oposición clásica derecha/izquierda se debilita ya que mantenerse o acceder al poder se ve condicionado no ya por programas, proyectos, valores que están en un campo o en el otro, sino por el fracaso de aquellos que, encargados de la gestión, no tienen más remedio que aplicar una impopular política económica de austeridad o dimitir. Lo hemos visto claramente con los gobiernos que se han formado en Grecia y en Italia y que representan, más allá de las disputas partidarias habituales, la garantía y la credibilidad de una gestión financiera, monetaria y económica rigurosa y de conformidad con las indicaciones de Bruselas y, con ello, la esperanza de una salida de la crisis.</p>
<p>El peso de la crisis es tal que impone a los actores políticos sobre todo posicionarse con relación a ella. Lo esencial es lo que dicen, hacen o proponen ante la crisis en una situación cambiante donde a diario importantes acontecimientos económicos y financieros generan nuevas inquietudes. Y así otros grandes temas son o bien abordados en función de las implicaciones de la crisis en las cuestiones afectadas, o dejados de lado y minimizados en el debate público. Los problemas culturales o religiosos, especialmente, no hallan espacio para ser tratados más que con el formato del escándalo y de la emoción, y si conseguimos que se hable de educación, sanidad o vivienda es para preguntarnos sobre ellos en función de la crisis y las dificultades económicas, y no poniendo por delante las perspectivas constructivas y con la vista en el futuro.</p>
<p>En este contexto, los problemas sociales no son abordados, las desigualdades siguen siendo considerables y las lógicas de caída, de movilidad descendente, de exclusión y de precarización que afectan a bolsas enteras de la población siguen produciendo sus efectos de desmoralización y encierro en uno mismo por parte de algunos y de violencia e indignación por otros. Estos efectos, estos temores, estas dificultades son capitalizadas por las fuerzas políticas situadas en los extremos y, especialmente, en la extrema derecha. Así ganan terreno los partidos nacionalpopulistas en diversos países europeos, aprendiendo a conjugar sus tradicionales referencias a la nación, su rechazo a la inmigración y al islam, con temas sociales y propuestas violentas de desmundialización, de salida de Europa o de liquidación del euro.</p>
<p>Y así se forja una imagen nueva e inquietante de los sistemas políticos europeos, que cada vez están menos estructurados por el conflicto entre la izquierda y la derecha y cada vez son más permeables a otro tipo de grupos: los dos primeros pertenecen al sistema clásico pero sus orientaciones se encuentran en los dos campos, en la izquierda y en la derecha. Uno de ellos está formado por los defensores de la austeridad, de Europa, de la razón; el segundo reúne a los partidarios del crecimiento y, por tanto, del déficit presupuestario; el tercero, exterior al sistema de los partidos, habla en nombre de los que quieren acabar con la actual situación promoviendo el cierre de fronteras, el proteccionismo, el retorno de la nación y el final de la Europa política y económica. Y quizá habría que añadir también un cuarto conjunto, formado por aquellos que se sitúan fuera del sistema político, se abstienen de votar y se vuelven invisibles, unos por exasperación, otros por resignación o desespero.</p>
<p>En algunos casos un movimiento social coloca en escena a estos invisibles, pidiendo el regreso del Estado providencia (Israel), preocupándose por el impacto social de las medidas de austeridad impuestas desde el exterior a un país sobreendeudado (Grecia), ocupando Wall Street para criticar el capitalismo financiero (Estados Unidos), criticando el funcionamiento del sistema universitario (Chile) o indignándose (España). La distancia que separa a estos colectivos de los partidos políticos es casi siempre abismal, como si la democracia se hubiera fragmentado, con los actores políticos tradicionales y sus preocupaciones sobre todo económicas por un lado, y en el otro lado algunos colectivos de la sociedad civil. En otros casos es la violencia la que se abre camino con el trasfondo del racismo y la discriminación, desencadenando graves disturbios (Gran Bretaña), también muy alejados de lo que pueden abordar políticamente los partidos clásicos.</p>
<p>De este modo, por todas partes de Europa la descomposición de los sistemas políticos clásicos tiene lugar en beneficio de una recomposición inquietante, definida sin referencias a visiones de futuro o a orientaciones políticas. ¿Qué debates de fondo podemos esperar de actores políticos que se dividen entre rigoristas proeuropeos sin perspectivas, proteccionistas que prometen crecimiento sin tener los recursos para financiarlo, y demagogos populistas? Esta sombría perspectiva se ve exacerbada por la corrupción y los escándalos que a veces asoman y que provocan la indignación de la ciudadanía. Esos escándalos ponen en entredicho a los responsables políticos. Mientras se configuran los grandes equilibrios geopolíticos y cobran fuerza países como China, India o Brasil, la vieja Europa parece hundirse en una crisis total, financiera, económica, social pero también política y moral.</p>
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		<title>Europe&#8217;s odd couple</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Nov 2011 22:10:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Timothy Garton Ash</strong>, a contributing editor to Opinion, a senior fellow at the Hoover Institution and professor of European studies at Oxford University. His latest book is <em>Facts are Subversive: Political Writing from a Decade Without a Name</em> (LOS ANGELES TIMES, 17/11/11):</p>
<p>She says more Europe. He says less Europe. Let&#8217;s call the whole thing off? At the beginning of this week, the German and British leaders gave their responses to what is clearly an existential crisis of the post-1945 European project. On Friday, they meet in Berlin to see if they can bridge the gap. If they &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38468/europes-odd-couple/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Timothy Garton Ash</strong>, a contributing editor to Opinion, a senior fellow at the Hoover Institution and professor of European studies at Oxford University. His latest book is <em>Facts are Subversive: Political Writing from a Decade Without a Name</em> (LOS ANGELES TIMES, 17/11/11):</p>
<p>She says more Europe. He says less Europe. Let&#8217;s call the whole thing off? At the beginning of this week, the German and British leaders gave their responses to what is clearly an existential crisis of the post-1945 European project. On Friday, they meet in Berlin to see if they can bridge the gap. If they succeed, it will be a miracle on the Spree.</p>
<p>Speaking at the Lord Mayor&#8217;s Banquet in London, David Cameron evoked a Europe &#8220;with the flexibility of a network, not the rigidity of a bloc.&#8221;</p>
<p>&#8220;We skeptics&#8221; he averred, &#8220;have a vital point. We should look skeptically at grand plans and utopian visions.&#8221; This crisis offers an opportunity &#8220;in Britain&#8217;s case, for powers to ebb back instead of flow away … and for the European Union to focus on what really matters.&#8221; In short: less Europe.</p>
<p>&#8220;The task of our generation,&#8221; Angela Merkel told her party conference in Leipzig, &#8220;is to complete the economic and monetary union in Europe and step by step, create a political union.&#8221; If Europe is not doing well, Germany cannot do well, and Europe finds itself in &#8220;perhaps its most difficult hour since World War II.&#8221; The answer must be &#8220;not less Europe but … more Europe.&#8221; Germany should lead the way toward this &#8220;European domestic policy&#8221; with measures that include automatic sanctions on Eurozone members that cannot or will not keep their fiscal houses in order. Oh yes, plus a financial transactions tax, &#8220;at least in the euro area.&#8221;</p>
<p>It needs to be said clearly that Germany did not seek this leadership role. What most of today&#8217;s Germans want is to be left alone to get rich and live life in their own way: in short, to be a Greater Switzerland.</p>
<p>So here&#8217;s the irony. It is the European monetary union, which was intended (especially by France) to bind united Germany into Europe, that now almost compels Germany to stomp around telling other European countries what to do. For the Germans reasonably enough say: If we&#8217;re going to bail you out (Greece, Portugal, Italy, maybe soon France) by digging into our hard-earned surpluses, then we have the right to set conditions for our help. Otherwise you&#8217;ll drag us down into a swamp of debt, deficits and inflation.</p>
<p>I have in the past heard Merkel characterize the German dilemma in relation to Europe like this: If we don&#8217;t lead, they charge us with lack of European commitment; if we do, they accuse us of throwing our weight around. For two years, she&#8217;s been confronted with the first charge; now she faces the second.</p>
<p>So I welcome the fact that she has now spelled out a German vision of where Europe should go. Unfortunately, there are two problems with it: one of style, one of substance. The problem of style arises not with Merkel herself but with other members of her party. Some of us have had a taste of this in private conversations. Now, in a speech delivered by the Christian Democrats&#8217; parliamentary leader, Volker Kauder, at that party conference, we hear it in public. Unsurprisingly, this made the front page of British papers. The mass-circulation Daily Mail ran the banner headline &#8220;Europe Speaks German Now!&#8221; — plus the obligatory reference to Joseph Goebbels on an inside page.</p>
<p>It must in fairness be noted that this is obviously a &#8220;rallying the party faithful&#8221; number, always a bombastic genre. That said, his tone is insufferable. Having delivered the line that he will surely live to regret — &#8220;now all at once German is spoken in Europe, not in the language but in the acceptance of the instruments for which Angela Merkel has fought so hard&#8221; — Kauder goes on, with extraordinary self-righteousness and arrogance, to lecture and hector not just the Brits but also the French, the Greeks (should never have been allowed into the Eurozone!) and the Turks.</p>
<p>This tone would be bad enough if the German policy prescription for saving the Eurozone were 100% right. But it isn&#8217;t. It&#8217;s only about 70% right — which, in a world of panicking markets, can suddenly become 100% wrong. At a meeting of the European Council on Foreign Relations in Warsaw last week, speakers from all corners of the continent got up to explain what virtually every economist outside Germany has been saying: If it is to save the Eurozone, Berlin must show more flexibility in allowing the European Central Bank to support struggling governments and at least the temporary use of joint-and-severally guaranteed Eurobonds, as suggested by Germany&#8217;s own council of economic advisors. If it doesn&#8217;t, there may be no Eurozone left to save.</p>
<p>Still and all, at least there is an articulated version of a &#8220;German Europe,&#8221; so we can point out its flaws. What is Cameron&#8217;s vision for a &#8220;British Europe&#8221;? At the moment, purest waffle. He denounces &#8220;utopian visions&#8221; but says nothing about how his own utopian vision of a &#8220;networked Europe&#8221; would work in practice. How exactly would a &#8220;networked Europe&#8221; preserve the benefits Britain does want to keep, especially those of the single market? How would a &#8220;networked Europe&#8221; relate to a more integrated Eurozone? Who would speak for a &#8220;networked Europe&#8221; in negotiations with China?</p>
<p>If Cameron does not spell out his ideas for Europe, everyone else in Europe will conclude that he only really has a policy for Britain. Or something narrower still: just a tactic to avoid his tripartite coalition (Liberal Democrats, Conservatives, Euroskeptics) tearing itself apart over &#8220;Europe.&#8221;</p>
<p>So here&#8217;s a modest proposal to liven up the European Council meeting in December. Over dinner, let Merkel present her vision of German Europe. Let Cameron present his British Europe. Their fellow leaders should proceed to vote, in a secret ballot, on which they would rather be part of. Then, of course, the result has to be leaked. Even in these uncertain times, that we can still rely on.</p>
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		<title>Une Europe antisociale</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Nov 2011 21:36:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Gérard Raulet</strong>, philosophe, germaniste et traducteur (LE MONDE, 17/11/11):</p>
<p>L&#8217;aggravation constante du déficit des Etats européens est due à la conception initiale de l&#8217;Europe comme une zone de libre-échange économique. Le traité de 2004 a constitutionnalisé le libéralisme économique, auquel les parties I et II font référence avec une insistance obsessionnelle.</p>
<p>Au lieu de préfigurer un gouvernement économique qui aurait dû acquérir une légitimité démocratique, la Commission a été l&#8217;instrument d&#8217;une régulation de la dérégulation au service du néolibéralisme. L&#8217;art. I-4, le préambule de la partie II, les articles 146, 156, 157 et 314 de la partie III &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38460/une-europe-antisociale/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Gérard Raulet</strong>, philosophe, germaniste et traducteur (LE MONDE, 17/11/11):</p>
<p>L&#8217;aggravation constante du déficit des Etats européens est due à la conception initiale de l&#8217;Europe comme une zone de libre-échange économique. Le traité de 2004 a constitutionnalisé le libéralisme économique, auquel les parties I et II font référence avec une insistance obsessionnelle.</p>
<p>Au lieu de préfigurer un gouvernement économique qui aurait dû acquérir une légitimité démocratique, la Commission a été l&#8217;instrument d&#8217;une régulation de la dérégulation au service du néolibéralisme. L&#8217;art. I-4, le préambule de la partie II, les articles 146, 156, 157 et 314 de la partie III constituent des blancs-seings à une circulation incontrôlée des capitaux et donc à la spéculation. L&#8217;article 314, contre lequel l&#8217;économiste Maurice Allais avait protesté dans <em>Le Monde </em>daté 15-16 mai 2005 sous le titre &#8220;Aveuglement&#8221;, radicalise l&#8217;article 131 du traité de Rome en y ajoutant <em>&#8220;la suppression progressive des restrictions aux investissements étrangers directs&#8221;</em>.</p>
<p>Les marchés financiers se sont substitués à la régulation politique. Or, la façon dont on est en train d&#8217;essayer de sortir de ce mauvais vaudeville ne tranche pas dans le vif. On se contente &#8211; j&#8217;approuve l&#8217;analyse de Jürgen Habermas &#8211; de <em>&#8220;transférer les impératifs des marchés aux budgets nationaux sans aucune légitimation démocratique propre&#8221;</em>. La situation n&#8217;est pas sans issue, si l&#8217;Etat profite de la nécessité de recapitaliser les banques pour les contraindre à affecter leurs profits à un renforcement de leur capital et non au versement de dividendes. C&#8217;est aussi la seule façon d&#8217;empêcher l&#8217;entrée massive de fonds souverains chinois ou moyen-orientaux dans leur capital.</p>
<p>Par contre, il suffit de consulter la partie II du traité pour constater que les questions sociales ne font pas partie des droits fondamentaux (les droits-créances sont réduits à des <em>&#8220;droits d&#8217;accès&#8221;</em> &#8211; à la Sécurité sociale par exemple -, le <em>&#8220;droit de travailler&#8221;</em> se substitue au droit au travail, qui a sa place, en revanche, dans la Constitution française). Mieux encore : l&#8217;article III-210-2 interdit aux Etats membres de prendre des mesures allant dans le sens d&#8217;une harmonisation sociale.</p>
<p>Tandis que, pour la théorie des systèmes, il y a crise <em>&#8220;lorsque la structure d&#8217;un système social affronté à un problème admet moins de possibilités de solutions que le système n&#8217;en réclame pour se maintenir&#8221;</em>, Jürgen Habermas insistait dès 1973 sur l&#8217;irréductibilité du social à cette vision fonctionnelle. Elle est, me semble-t-il, au coeur de la crise.</p>
<p><strong>Perte de confiance</strong></p>
<p>Cette dernière ne constitue pas seulement une crise de rationalité, elle débouche sur une crise de légitimité pour le projet européen tout autant que pour chacun des Etats impliqués. L&#8217;histoire de la citoyenneté n&#8217;est pas l&#8217;histoire de droits civiques désincarnés mais celle d&#8217;une reconnaissance à la fois civile, politique et sociale. L&#8217;entrée dans le <em>&#8220;monde post-politique&#8221;</em> n&#8217;est pas seulement un événement politique ; c&#8217;est un événement social, ou si l&#8217;on &#8220;préfère&#8221; antisocial. L&#8217;affaiblissement des dispositifs régulateurs qui encadraient le capitalisme industriel des deux décennies d&#8217;après-guerre est la conséquence directe de la fin de ce mode de reproduction du capital.</p>
<p>Les problèmes de justice distributive ne doivent pas être conçus comme de vieilles lunes car ils ne s&#8217;ajoutent pas à la citoyenneté, ils la fondent. Une convergence des développements économiques et sociaux est pour cette raison la condition sine qua non d&#8217;un espace public européen. Et c&#8217;est pourquoi le néolibéralisme est par nature incapable de fonder une Europe politique.</p>
<p>La gouvernance économique coercitive que les dirigeants européens sont en train de mettre en oeuvre en imposant des mesures d&#8217;austérité qui ne seront jamais à la hauteur des déficits à combler va détruire ce qu&#8217;il reste d&#8217;Etat-providence.</p>
<p>Hélas, tout cela sans pour autant relancer la croissance nécessaire pour que le &#8220;plan de sauvetage&#8221; ait des chances de réussir. Dans le meilleur des cas, elle sauvera les banques en évitant la perte de confiance dans leurs débiteurs, c&#8217;est-à-dire les Etats. Mais elle ne sauvera pas ces derniers d&#8217;une crise de légitimité qui s&#8217;étend aussi au projet européen.</p>
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		<title>Elaborons une nouvelle Constitution</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Nov 2011 21:28:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Dominique Rousseau</strong>, professeur de droit constitutionnel à Paris-I-Panthéon-Sorbonne (LE MONDE, 17/11/11):</p>
<p>Les marchés plus forts que les &#8220;indignés&#8221;. Ce que les sit-in, les manifestations, les grèves, les défilés, les cocktails Molotov n&#8217;ont pu faire, les marchés l&#8217;ont obtenu : la démission des premiers ministres. De l&#8217;Irlandais Brian Cowen en février, du Portugais José Socrates en mars, de José Zapatero en juillet, d&#8217;Iveta Radicova en octobre, de Georges Papandréou et de Silvio Berlusconi en novembre.</p>
<p>Karl Marx, qui était accusé de caricaturer le fonctionnement des républiques bourgeoises, doit sourire aujourd&#8217;hui de voir que la réalité dépasse ses analyses.</p>
<p>Que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38456/elaborons-une-nouvelle-constitution/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Dominique Rousseau</strong>, professeur de droit constitutionnel à Paris-I-Panthéon-Sorbonne (LE MONDE, 17/11/11):</p>
<p>Les marchés plus forts que les &#8220;indignés&#8221;. Ce que les sit-in, les manifestations, les grèves, les défilés, les cocktails Molotov n&#8217;ont pu faire, les marchés l&#8217;ont obtenu : la démission des premiers ministres. De l&#8217;Irlandais Brian Cowen en février, du Portugais José Socrates en mars, de José Zapatero en juillet, d&#8217;Iveta Radicova en octobre, de Georges Papandréou et de Silvio Berlusconi en novembre.</p>
<p>Karl Marx, qui était accusé de caricaturer le fonctionnement des républiques bourgeoises, doit sourire aujourd&#8217;hui de voir que la réalité dépasse ses analyses.</p>
<p>Que voit-on ? Que les marchés délèguent la gestion politique des sociétés à des hommes politiques ; que ces hommes, parce qu&#8217;ils sont élus par le peuple, croient être libres de leurs décisions ; que, tant que ces décisions ne portent pas atteinte à leurs intérêts et restent compatibles avec leurs projets, les marchés les laissent gouverner ; que le jour où ces hommes politiques prennent des décisions qui les contrarient, ils les licencient sans ménagement ; et, ce que Marx n&#8217;avait même pas osé imaginer, que les marchés remplacent les hommes politiques élus par Lucas Papadémos, ancien vice-président de la Banque centrale européenne (BCE), et par Mario Monti, ancien commissaire européen à la concurrence.</p>
<p>Magnifique, comme dirait Michel Drucker ! Limpide aussi. La république parlementaire est une forme politique : elle a une apparence, la responsabilité des gouvernants devant le Parlement et le peuple ; et une réalité, leur responsabilité devant les marchés. En clair, il s&#8217;agit de plouto-républiques ! Dans cette conjoncture politique et si l&#8217;exigence démocratique a encore un sens et un avenir, il n&#8217;est d&#8217;autre réponse que d&#8217;en appeler à l&#8217;unité des peuples européens. Le souverainisme, la défense de l&#8217;Etat nation ne sont pas des réponses ; au mieux des nostalgies, au pire des erreurs politiques. La crise en fait la démonstration. Un peuple seul n&#8217;est pas légitime pour imposer sa volonté à l&#8217;ensemble des autres peuples.</p>
<p>Il n&#8217;est pas normal que le peuple allemand décide par l&#8217;intermédiaire de ses parlementaires de la validité ou non de l&#8217;accord de Bruxelles ; il n&#8217;est pas davantage normal que le peuple grec décide seul par référendum de cette validité. Ce sont les peuples européens ensemble qui doivent en décider<strong>.</strong> Sinon, les marchés gagneront toujours. Ils sont, eux, intégrés au niveau européen (voire au niveau mondial) ; tant que le politique restera, lui, plombé au niveau national, ils ne risqueront rien. Un marché unifié, des peuples divisés : qui gagne ? D&#8217;où l&#8217;urgence d&#8217;un acte politique fort. En 1788, pour répondre à la crise des finances du royaume, Louis XVI convoque les Etats généraux qui, en 1789, s&#8217;autoproclament Assemblée nationale et, par l&#8217;écriture de la Constitution, elle transforme les peuples qui vivaient sur le territoire de la France en peuple français.</p>
<p>Au Parlement européen, aujourd&#8217;hui, d&#8217;avoir la même audace. Il est la seule institution issue du suffrage universel et cette légitimité lui donne la capacité de s&#8217;autoproclamer Assemblée constituante et de proposer au vote des peuples européens une Constitution qui s&#8217;ouvrirait par <em>&#8220;Nous, peuple européen…&#8221;</em> et qui attribuerait à la future Assemblée européenne élue par ce peuple un pouvoir de décision sur toutes les questions intéressant les finances publiques européennes.</p>
<p>Et sans attendre, l&#8217;actuel Parlement européen pourrait prendre l&#8217;initiative de réunir à Strasbourg l&#8217;assemblée des commissions de finances des Parlements nationaux et du Parlement européen pour délibérer des solutions financières et budgétaires de sortie de crise. Car, au bout de toute cette histoire, ce sont les contribuables européens qui vont payer. Et les payeurs doivent être les décideurs. Elémentaire !</p>
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		<title>La Alemania europea en una Europa unida</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Nov 2011 17:32:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Guido Westerwelle</strong>, ministro alemán de Relaciones Exteriores. <strong>Hans-Dietrich Genscher, Klaus Kinkel y Walter Scheel</strong> ocuparon ese mismo cargo en el Gobierno Federal con anterioridad (EL MUNDO, 16/11/11):</p>
<p>Europa está atravesando duras turbulencias. De repente, la política estatal de endeudamiento practicada durante años ha resultado ser literalmente insostenible, debido a las cargas adicionales de la crisis financiera y bancaria. Las dudas acerca de la calidad crediticia de deudores estatales y la resquebrajada confianza en la determinación y capacidad de actuación de la Europa unida son las consecuencias fatales de todo ello.</p>
<p>La situación es grave. Pero precisamente por ello &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38439/la-alemania-europea-en-una-europa-unida/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Guido Westerwelle</strong>, ministro alemán de Relaciones Exteriores. <strong>Hans-Dietrich Genscher, Klaus Kinkel y Walter Scheel</strong> ocuparon ese mismo cargo en el Gobierno Federal con anterioridad (EL MUNDO, 16/11/11):</p>
<p>Europa está atravesando duras turbulencias. De repente, la política estatal de endeudamiento practicada durante años ha resultado ser literalmente insostenible, debido a las cargas adicionales de la crisis financiera y bancaria. Las dudas acerca de la calidad crediticia de deudores estatales y la resquebrajada confianza en la determinación y capacidad de actuación de la Europa unida son las consecuencias fatales de todo ello.</p>
<p>La situación es grave. Pero precisamente por ello requiere de una especial seriedad y responsabilidad en la decisión sobre el camino que se debe seguir en el futuro. Algunos desconfían de la solidaridad practicada con los estados de la zona euro que tienen dificultades de pago. La confianza de los ciudadanos en el proyecto comunitario se ha visto afectada. Crece el anhelo de una solución sencilla, de un supuesto corte claro, pero una cabeza fría es siempre mejor consejera.</p>
<p>Observemos los intereses de Alemania. Se ha convertido en una moda enfrentar los intereses alemanes a los europeos, como si se tratara de dos cosas distintas, a veces incluso opuestas. Si bien es cierto que no todo lo que se piensa y se propone en Bruselas merece una conformidad inmediata y unánime, la cuestión principal sigue siendo que precisamente la mesa común de Bruselas, alrededor de la que se sientan en igualdad de condiciones y equilibran sus intereses hasta llegar a un compromiso justo los 27 estados miembros, va en el particular interés de Alemania. La máquina de compromisos de Bruselas es la que garantiza a la gran Alemania en el corazón del continente la confianza y la amistad de sus muchos vecinos y socios europeos. Este inestimable bien es tan o más valioso que el inmenso mercado interior común de 500 millones de ciudadanos europeos, del que nosotros como nación exportadora nos beneficiamos especialmente.</p>
<p>Cuando en 1957 fueron firmados los Tratados de Roma, en el mundo había 3.000 millones de personas. A día de hoy la población mundial ha superado la barrera de los 7.000 millones, pero en Alemania la población está cayendo y el peso de los estados nacionales disminuye poco a poco en el mundo globalizado. Ningún país, tampoco Alemania, tiene por sí solo el peso suficiente para influir en las decisiones de importancia capital de la política y la economía. Es muy importante que, como economía puesta en red en todo el mundo y que vive del libre comercio, tengamos reglas comunes en y para el mundo de mañana. Por nuestro propio interés debemos codiseñar la globalización: por el libre desarrollo de la personalidad, por el respeto de los derechos irrenunciables de cada individuo, por el libre comercio. Sólo de forma conjunta los europeos tendremos la oportunidad de influir en todo ello, en colaboración con los nuevos centros de fuerza de este mundo. Y se trata tanto de nuestros valores como de nuestros intereses. La cuestión de si entre nuestros vecinos hay democracias o dictaduras repercutirá en nuestra seguridad. No hay respuestas nacionales al cambio climático, los flujos migratorios y la escasez de materias primas. Las normas y los criterios globales para la e-movilidad del futuro también decidirán sobre el futuro de nuestra industria automovilística.</p>
<p>Así pues, la base de la política exterior alemana continúa siendo el proyecto comunitario. Pero se encuentra en una fase de graves desafíos y requiere de un especial sentido de la responsabilidad, tanto de Alemania como de nuestros socios europeos. Queramos o no, los alemanes tenemos una particular responsabilidad debido a nuestro pasado.</p>
<p>En los pasados 18 meses hemos hecho grandes logros para anclar más sólidamente en la Eurozona los principios alemanes en gobernanza económica. Y esto es positivo. Junto con la necesaria reforma de los tratados europeos, ello allanará el camino hacia una auténtica unión de estabilidad, en la que la disciplina presupuestaria y la competitividad tengan un valor más alto que hasta la fecha. La moneda única requiere de una acción común también en las políticas fiscal y económica. Pero la disciplina fiscal no es sólo un interés particular de Alemania, que tiene su origen en la experiencia histórica de la hiperinflación. Una firme gestión presupuestaria va en interés de toda Europa. Los valientes pasos reformadores de muchos países del euro, como la implantación de frenos nacionales a la deuda, demuestran que también en otros lugares se ha comprendido la gravedad de la situación. No habrá una solución rápida. Aún pasarán años hasta que Europa se haya consolidado y haya fortalecido su competitividad conjunta.</p>
<p>Es importante que Alemania avance por este camino junto con Francia. Es importante que impliquemos estrechamente a Polonia, cuando hablemos de una cooperación cada vez más estrecha entre los estados de la Eurozona. En interés alemán, la Europa de mañana necesita como socios en el núcleo a Francia y Polonia. Pero asimismo debemos tomar en serio los intereses y las miradas interrogantes de otros países vecinos y socios. La confianza de nuestros aliados en Alemania y la confianza de Alemania en Europa son dos caras de la misma moneda. No debemos permitir que Europa se convierta en una sociedad de la desconfianza; no con nuestras palabras ni con nuestra actuación. Lo decisivo es la voluntad política de llevar conjuntamente hacia el éxito el proyecto de unificación. No sólo debemos comprobar lo que no funciona, sino que hemos de avanzar activamente en la vía hacia una unión de estabilidad. Necesitamos un nuevo debate en toda Europa sobre el futuro de la UE. Se trata de nuestro futuro orden constitucional europeo. Se trata de una constitución que cree las condiciones institucionales de la creciente integración también en los ámbitos de política económica y financiera bajo el control del Parlamento Europeo.</p>
<p>El acuerdo interestatal ayuda a actuar rápida y decididamente a la vista de la crisis. Pero el método de la Comunidad ha creado confianza en Europa. A todos les da asiento y voz en la mesa. Debe determinar de nuevo la actuación de Europa a largo plazo.</p>
<p>No perdamos la orientación en las tormentas de la actual crisis. Nuestro objetivo sigue siendo una unión política de Europa, de fronteras abiertas, de una atractiva forma de vida europea, de atractivo cultural, de dinamismo económico y carácter democrático. Para ello hoy debemos unir sabiamente la solidez y la solidaridad.</p>
<p>Nuestro país no tendrá un buen futuro sin la unificación europea. Nuestros vecinos no tendrán un buen futuro sin una Alemania europea. Ésta no es sólo la lección de los tiempos de la Guerra Fría, sino que aún hoy sigue siendo de actualidad. Y también mañana debería señalar nuestro curso en política europea.</p>
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		<title>La crisis, el sirviente y la cinta blanca</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Nov 2011 17:23:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Gil Calvo</strong>, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (EL PAÍS, 16/11/11):</p>
<p>Por una compleja coincidencia de múltiples causas, todas ellas contingentes y fortuitas, Europa vuelve a hallarse ante una incierta encrucijada histórica, que metafóricamente cabe simbolizar con el concurso de dos películas como <em>El sirviente</em> (Joseph Losey y Harold Pinter, 1963) y <em>La cinta blanca</em> (Michael Haneke, 2009). Un parteaguas que en el caso de España se condensa en el clímax de unos comicios tan decisivos como los del 20-N, destinados a reestructurar de raíz nuestro entero sistema político. Pero algo análogo ocurre en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38436/la-crisis-el-sirviente-y-la-cinta-blanca/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Gil Calvo</strong>, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (EL PAÍS, 16/11/11):</p>
<p>Por una compleja coincidencia de múltiples causas, todas ellas contingentes y fortuitas, Europa vuelve a hallarse ante una incierta encrucijada histórica, que metafóricamente cabe simbolizar con el concurso de dos películas como <em>El sirviente</em> (Joseph Losey y Harold Pinter, 1963) y <em>La cinta blanca</em> (Michael Haneke, 2009). Un parteaguas que en el caso de España se condensa en el clímax de unos comicios tan decisivos como los del 20-N, destinados a reestructurar de raíz nuestro entero sistema político. Pero algo análogo ocurre en los demás países europeos, que con distintos calendarios electorales también se están enfrentando al mismo dilema trágico. Y esa encrucijada se produce por la superposición en tiempo presente de cuatro cambios de ciclo que se realimentan en un mismo plano para entrar en resonancia circular.</p>
<p>¿A qué cuádruple cambio de ciclo me refiero? Ante todo, al cambio de ciclo de la crisis económica, que de ser una crisis de endeudamiento privado ha pasado a ser una crisis de deuda soberana, lo que ha supuesto la súbita inversión de la correlación de fuerzas entre los Estados deudores y los mercados acreedores (a lo que ya me referí aquí en otra ocasión). Una reversión de las relaciones de poder entre el Tesoro público y los intereses privados que resulta perfectamente representada por la película de Pinter y Losey antes citada: lúcida y ácida ilustración de la dialéctica del siervo y el señor imaginada por Hegel, que narra cómo un mayordomo se apodera de la voluntad de su aristocrático amo estimulando y satisfaciendo sus más bajas pasiones. La mejor parábola de cómo nuestro mayordomo, el mercado financiero, se ha apoderado de la voluntad de su señor: nuestros Gobiernos democráticos.</p>
<p>En segundo lugar, al cambio de ciclo estratégico en las relaciones de poder entre los Estados europeos, que desde junio del año pasado han dejado de estar presididas por el principio soberano de no injerencia, consagrado por la paz de Westfalia hace 363 años, para pasar a regirse por el derecho de intervención que se arroga la potencia financiera hegemónica, que hoy es la Alemania de Merkel: la nueva canciller de hierro capaz de imponer a todos una contraproducente política de austeridad fiscal, que ha estrangulado el potencial de crecimiento de los demás países para condenarles a la insolvencia, al desempleo y al empobrecimiento. Esto determina que ya no estemos gobernados por nuestros representantes electos, tampoco por los mercados financieros como se nos deja creer, y ni siquiera por el eje París-Berlín como finge aparentar Sarkozy, sino por la camarilla de Fráncfort que domina el Banco Central Europeo desde el Banco Central alemán.</p>
<p>En tercer lugar, y como consecuencia de todo lo anterior, al cambio de ciclo en las relaciones de confianza recíproca entre gobernantes y gobernados, que han comenzado a invertir su signo para pasar a estar presididas por una creciente desconfianza mutua entre las cada vez más desautorizadas e impotentes autoridades y los cada vez más defraudados e indignados ciudadanos. Pues no se sabe muy bien a quién desprecia más la ciudadanía europea actual, si a las élites económicas que están aprendiendo a sobrevivir a la crisis a costa del sufrimiento popular o a las élites políticas que son sus cómplices en tanto que ejecutoras necesarias, aceptando hacerles el trabajo sucio del ajuste duro en un inútil y patético intento de sobrevivir hasta su próxima pero segura debacle electoral. De ahí la sorda marea de insumisión civil que está emergiendo desde el fondo del océano social europeo, perfectamente ejemplificado por el movimiento español del 15-M cuyo contagioso activismo no ha hecho más que empezar, pudiendo hacer eclosión en cuanto se olviden las mieles del triunfo electoral del Partido Popular.</p>
<p>Y en cuarto y último lugar, pero también como consecuencia de todo lo anterior, al ciclo político de la alternancia electoral, por el cual una nueva hegemonía liberal-conservadora va a sustituir al largo predominio socialdemócrata y cristianosocial que hasta ahora venía gobernando en Europa occidental. Pero no me refiero con ello al ciclo electoral de corto plazo, que arroja mayorías alternantes de signo opuesto, sino al ciclo cultural de largo plazo, que está haciendo emerger por toda Europa una nueva cultura política de neto predominio ultraconservador. El caso español lo ejemplifica muy bien, dado el seísmo electoral que supone el desplome del PSOE y el brutal ascenso del PP. Un PP que todavía presume verbalmente de respetar los derechos sociales, de acuerdo a su origen más autoritario que democratacristiano, pero que bajo su piel de manso cordero comienza a apuntar maneras de austera ferocidad neoliberal. Lo que no es más que un caso ilustrativo de la epidemia de conservadurismo antisocial que está imponiendo su predominio por toda Europa, tras reducir a la insignificancia a la vieja cultura socialdemócrata que mantuvo la hegemonía durante décadas.</p>
<p>Y cabe preguntarse cómo se explica que los electorados europeos, que en las encuestas se declaran progresistas y de centro-izquierda, mostrándose favorables a la igualdad de oportunidades y las políticas de protección social, estén optando hoy por llevar al Gobierno a partidos conservadores, cuyas políticas de austeridad, ajuste fiscal y recortes sociales solo redundan en un crecimiento desmesurado de la desigualdad social. De entre los varios factores que podrían explicarlo, destaca el clima de pánico social ante el alarmismo mediático derivado de la crisis, que induce reflejos condicionados de huida hacia la privacidad del conservadurismo posesivo (&#8220;virgencita que me quede como estoy&#8221;) o de caída en el populismo xenófobo con deserción insolidaria de todo compromiso cívico. Es la <em>salida</em> <em>(exit)</em> que teorizó Hirschman: un egoísta e incivil sálvese quien pueda que conduce a votar a la defensiva al poder que parezca más fuerte, por injusto que sea o cómplice que se muestre con los verdaderos causantes de la crisis, de acuerdo al cobarde masoquismo del síndrome de Estocolmo. Y un segundo factor evidente es el derrumbamiento del poder de convicción que un día tuvo la socialdemocracia, pero que hoy ha perdido por completo tras traicionarse a sí misma en su completa rendición ante su victorioso rival neoliberal, batiéndose en retirada hacia el precario refugio del elitismo tecnocrático mientras abandona a su suerte a sus cada vez más empobrecidas bases electorales de clase media y asalariada.</p>
<p>Pero aquí quiero apuntar otro factor mucho más insidioso, que puede ser simbólicamente ilustrado por la película <em>La cinta blanca</em> antes citada. Ambientada en la campiña prusiana de hace 100 años, en ella se narra el proceso de domesticación terrorista de unos escolares campesinos que están sometidos al disciplinario ascetismo de un intransigente pastor protestante, y así es como los niños del coro aprenden a modo de perros de Pavlov a caer en las peores bajezas morales, en un anticipo simbólico precursor de los futuros crímenes nazifascistas. Pues bien, algo parecido a esa arbitraria disciplina pastoral es el régimen de espartana austeridad fiscal que los banqueros protestantes de Fráncfort están imponiendo a las clases populares europeas (especialmente a las más pobres, como la griega, irlandesa o portuguesa), marcándolas a modo de metafórica cinta blanca con el estigma colectivo de la insolvencia crediticia. Y así es como el pueblo europeo, sometido a tan estricta disciplina prusiana, está aprendiendo a comportarse con un cierto fascismo cotidiano aunque sea de baja intensidad, lo que conduce a abrazar el conservadurismo posesivo mientras se descarga todo el peso del sacrificio sobre la espalda de los que están más abajo en la escala europea actual.</p>
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		<title>Et si l&#8217;Italie de Mario Monti sauvait l&#8217;Europe ?</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Nov 2011 16:52:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Italia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Sylvie Goulard</strong>, députée européenne, Alliance des libéraux et des démocrates pour l&#8217;Europe (LE MONDE, 16/11/11):</p>
<p>La relation franco-allemande est aussi indispensable qu&#8217;elle est devenue insupportable. Tel est le paradoxe qui, en ce moment, tétanise la zone euro. Le poids des deux pays et leurs divergences récurrentes devraient conduire les autres Européens à apprécier les efforts de chancelière Angela Merkel et du président Nicolas Sarkozy pour rapprocher leurs vues.</p>
<p>Si cette corde de rappel se rompait, le coup serait fatal. Leur coopération n&#8217;a cependant pas permis d&#8217;éviter la contagion, ni de rassurer les marchés. Les autres Européens se sentent &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38430/et-si-litalie-de-mario-monti-sauvait-leurope/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Sylvie Goulard</strong>, députée européenne, Alliance des libéraux et des démocrates pour l&#8217;Europe (LE MONDE, 16/11/11):</p>
<p>La relation franco-allemande est aussi indispensable qu&#8217;elle est devenue insupportable. Tel est le paradoxe qui, en ce moment, tétanise la zone euro. Le poids des deux pays et leurs divergences récurrentes devraient conduire les autres Européens à apprécier les efforts de chancelière Angela Merkel et du président Nicolas Sarkozy pour rapprocher leurs vues.</p>
<p>Si cette corde de rappel se rompait, le coup serait fatal. Leur coopération n&#8217;a cependant pas permis d&#8217;éviter la contagion, ni de rassurer les marchés. Les autres Européens se sentent exclus de décisions qui engagent leur destin. Nous ne pouvons pas continuer sur cette voie. Mais comment sortir de l&#8217;impasse ?</p>
<p>Une solution pourrait venir d&#8217;Italie si &#8211; ce qui n&#8217;est pas encore sûr &#8211; le président du conseil désigné, Mario Monti, était en mesure de former un gouvernement d&#8217;unité nationale.</p>
<p>En raison de sa taille, l&#8217;Italie porte une responsabilité particulière. Sans un assainissement de la troisième économie de la zone euro, la monnaie unique ne serait pas viable. Des aides concevables pour des pays périphériques ne peuvent pas être étendues à un Etat qui représente 17,4 % du PIB de la zone euro, soit à peine moins que la France (19,4 %), selon les chiffres fournis par Eurostat en avril. D&#8217;où l&#8217;importance du programme drastique de réformes que les Italiens sont appelés à mettre en oeuvre.</p>
<p>Après les années Silvio Berlusconi, la tradition européenne de l&#8217;Italie n&#8217;est plus dans les mémoires, mais elle mérite d&#8217;être rappelée, du plan germano-italien des ministres Hans-Dietrich Genscher et Emilio Colombo au légendaire Conseil européen de Milan, où, en 1985, ce n&#8217;est pas le tandem franco-allemand mais la présidence italienne qui a aidé Jacques Delors à braver l&#8217;opposition de Margaret Thatcher pour ouvrir la voie à l&#8217;Acte unique.</p>
<p>Le président Giorgio Napolitano s&#8217;inscrit dans cette lignée, comme l&#8217;a rappelé son discours à Bruges à la fin du mois d&#8217;octobre. Jusqu&#8217;à Romano Prodi inclus, l&#8217;Italie a toujours joué la carte de l&#8217;Europe communautaire, éprise de solidarité, bâtie sur des institutions chargées de l&#8217;intérêt général et soucieuse de faire cohabiter sans heurts les Etats de toutes tailles. Elle était alors proche de l&#8217;Allemagne fédérale. C&#8217;est exactement l&#8217;Europe dont la France s&#8217;est toujours méfiée.</p>
<p>En devenant plus &#8220;gaulliste&#8221;, ces dernières années, la chancelière a privé le moteur franco-allemand d&#8217;une de ses dialectiques les plus fécondes. Si elle revenait à une vision plus fédérale, comme elle a semblé l&#8217;indiquer à Leipzig (Allemagne) le 14 novembre, c&#8217;est la France qui serait isolée. Car la crise est en train d&#8217;opérer un retour de balancier. Pour reprendre la formule d&#8217;un autre grand Européen italien, Tommaso Padoa-Schioppa, elle révèle l&#8217;impuissance du Conseil européen quand, transformé en <em>&#8220;cartel des nationalismes&#8221;,</em> il défend des intérêts nationaux définis à courte vue. Et les Européens aspirent à un débat démocratique.</p>
<p>C&#8217;est une crise de nature politique à laquelle, à ce jour, les Français et les Allemands, tout comme la Commission européenne, ont apporté des solutions trop techniques. Le retour actif de l&#8217;Italie dans le jeu européen ne ferait sûrement pas des miracles, mais il pourrait accélérer un changement de méthode. L&#8217;Europe est avant tout un état d&#8217;esprit. Giorgio Napolitano, ancien président de commission au Parlement européen, et Mario Monti, ancien commissaire européen, possèdent une expérience communautaire précieuse dont peu de membres du Conseil européen peuvent se prévaloir.</p>
<p>Enfin, le caractère non partisan du gouvernement italien &#8211; si&#8230; les partis ne le tuent pas dans l&#8217;oeuf &#8211; pourrait sans doute contribuer à décrisper certains affrontements. Dans ses nombreux articles du <em>Corriere della Sera</em> ou du <em>Financial Times</em>, Mario Monti a toujours prôné des politiques économiques équilibrées sans s&#8217;enfermer ni à droite ni à gauche : farouchement attaché à la concurrence (pour briser les rentes de situation dont souffre tant la jeunesse) et au marché (pour favoriser la croissance économique), il n&#8217;a pas hésité à proposer la mise en commun de la dette européenne (les euro-obligations) ou encore l&#8217;harmonisation fiscale.</p>
<p>En mai 2010, il a remis au président José Manuel Barroso un rapport sur le marché unique qui défendait les services publics comme l&#8217;émulation par le biais de la compétition. Une troisième voix respectée pourrait aider le Conseil européen à surmonter des divergences dites &#8220;franco-allemandes&#8221;, par exemple à propos du rôle de la Banque centrale européenne (BCE).</p>
<p>Celles-ci sont en réalité des divergences de fond qui transcendent les frontières. Le niveau approprié pour en débattre est la zone euro entière, pas le huis clos germano-français, ni même l&#8217;enceinte hermétique du Conseil européen, où, pour chaque pays, seule la majorité actuelle s&#8217;exprime. Le temps est venu de débats publics sur l&#8217;avenir de l&#8217;euro, au Parlement européen et dans les Parlements nationaux.</p>
<p>Il faut souhaiter que l&#8217;expérience italienne en cours réussisse. Non seulement parce que son échec aurait sur nous tous de terribles répercussions, mais aussi parce qu&#8217;elle offre une chance unique d&#8217;enrichir la nécessaire coopération franco-allemande d&#8217;un apport précieux, en redonnant tout son sens à la construction communautaire.</p>
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