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	<title>Tribuna Libre &#187; Europa</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>El nuevo rumbo de Turquía</title>
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		<pubDate>Tue, 22 May 2012 18:24:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Turquía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Últimamente Turquía ha estado en el primer plano de los debates internacionales de economía y política. Por un lado, a pesar de la crisis económica que envuelve a la vecina Europa, nuestro país sigue siendo la segunda economía de más rápido crecimiento después de China. Por otro lado, casi no hay tema en la agenda mundial -de Irak y Afganistán a Somalia, Irán y la Primavera Árabe, y del desarrollo sostenible a un diálogo entre las civilizaciones- en el que Turquía no tenga un papel visible.</p>
<p>Se trata de un fenómeno bastante nuevo. Hasta hace una década, nuestra nación era &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/el-nuevo-rumbo-de-turquia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Últimamente Turquía ha estado en el primer plano de los debates internacionales de economía y política. Por un lado, a pesar de la crisis económica que envuelve a la vecina Europa, nuestro país sigue siendo la segunda economía de más rápido crecimiento después de China. Por otro lado, casi no hay tema en la agenda mundial -de Irak y Afganistán a Somalia, Irán y la Primavera Árabe, y del desarrollo sostenible a un diálogo entre las civilizaciones- en el que Turquía no tenga un papel visible.</p>
<p>Se trata de un fenómeno bastante nuevo. Hasta hace una década, nuestra nación era vista como poco más que un firme aliado de la OTAN. Sin embargo, esto comenzó a cambiar en 2002, cuando se inició una era de estabilidad política, dando lugar a la visión de una Turquía más fuerte y un firme compromiso con hacerla realidad.</p>
<p>Con este fin, desde el año 2002 los gobiernos turcos han llevado a cabo audaces reformas económicas que allanaron el camino a un crecimiento sostenible y proporcionaron protección frente a la crisis financiera que estalló en 2008. Como resultado, en menos de una década el PIB se ha triplicado, convirtiendo al país en la decimosexta mayor economía del mundo. Lo que es más: el país se beneficia de sólidas finanzas públicas, una política monetaria prudente, una dinámica sostenible de la deuda, un sistema bancario fuerte y el buen funcionamiento de los mercados de crédito.</p>
<p>Al mismo tiempo, hemos ampliado el alcance de los derechos individuales, que por largo tiempo habían estado subordinados a problemas de seguridad. Hemos racionalizado las relaciones cívico-militares, garantizado los derechos sociales y culturales, y prestado atención a los problemas de las minorías étnicas y religiosas. Estas reformas transformaron a Turquía en una democracia vibrante y una sociedad más estable, en paz consigo misma y capaz de ver su entorno externo bajo una luz diferente.</p>
<p>En pocas palabras, dejamos de ver nuestra geografía e historia como una maldición o una desventaja. Por el contrario, comenzamos a ver nuestra ubicación en la encrucijada de Europa, Asia y Oriente Próximo como una oportunidad para interactuar simultáneamente con diversos actores.</p>
<p>Como resultado, comenzamos a tender lazos con nuestros vecinos y países de otras regiones. Hemos buscado ampliar el diálogo político, aumentar la interdependencia económica y fortalecer el entendimiento cultural y social. Y, si bien diez años es muy poco tiempo para realizar una evaluación definitiva de una política tan ambiciosa, no hay duda de que hemos avanzado bastante. Por ejemplo, solo con nuestros vecinos hemos cuadruplicado el volumen de comercio.</p>
<p>En varias ocasiones, también hemos cumplido una función de facilitación de la paz y la reconciliación. Pero lo más importante es que Turquía se ha convertido en un modelo de éxito que muchos países de nuestro entorno ya intentan emular.</p>
<p>Y, sin embargo, hasta un año o dos algunos había analistas políticos que se preguntaban,&#8221;¿Quién causó la perdición de Turquía?&#8221; o &#8220;¿A dónde va Turquía?&#8221;… el supuesto era que Turquía se había alejado de Occidente en la orientación de su política exterior. De hecho, su orientación externa se ha mantenido constante, porque se basa en los valores que compartimos con el mundo libre. Lo que ha cambiado es una mayor firmeza en nuestros esfuerzos por lograr mayores niveles de estabilidad y bienestar humano en nuestra región, evidente en nuestra defensa de la libertad, la democracia y la rendición de cuentas, no sólo para nosotros mismos, sino también para los demás.</p>
<p>Este enfoque se ha reflejado en la Primavera Árabe, que hemos apoyado fervientemente desde el principio. No hemos dudado en ponernos del lado de aquellos que luchan por sus derechos y dignidad. De hecho, somos el socio más activo de países como Túnez, Egipto, Libia y Yemen, que hoy intentan institucionalizar el cambio; compartimos con ellos nuestra experiencia y les proporcionamos ayuda tangible en forma de cooperación económica y fortalecimiento de capacidades políticas.</p>
<p>Por otra parte, en Siria la revolución todavía no ha llegado a buen término, debido a la brutal represión del régimen a sus oponentes. Cada día, decenas de personas mueren allí buscando la dignidad. Turquía está haciendo todo lo posible para aliviar el sufrimiento del pueblo sirio pero, lamentablemente, hasta el momento la comunidad internacional en su conjunto no ha dado una respuesta eficaz a la crisis.</p>
<p>La posición de Turquía sobre el programa nuclear de Irán ha sido igualmente clara: nos oponemos categóricamente a la presencia de armas de destrucción masiva en nuestra región. Los intentos de desarrollarlas o adquirirlas podrían desencadenar una carrera armamentista regional, llevando a una mayor inestabilidad y amenazando la paz y la seguridad internacionales. Por eso siempre hemos llamado al establecimiento de una zona libre de ADM en Oriente Próximo, lo que incluye a Irán e Israel.</p>
<p>Apoyamos el derecho de Irán a usar energía nuclear con fines pacíficos. Sin embargo, su programa debe ser transparente y sus gobernantes deben convencer a la comunidad internacional de su naturaleza no militar. La clave es cimentar vínculos de mayor confianza y allanar el camino para un diálogo significativo. En abril, fuimos anfitriones de la ronda inaugural de las renovadas conversaciones entre la comunidad internacional e Irán.</p>
<p>Seamos claros: este problema no se puede solucionar por medios militares. Una intervención armada no haría más que complicar aún más el asunto, al tiempo que crearía nuevos niveles de conflictos en nuestra región y su entorno.</p>
<p>En este y otros temas, Turquía se esfuerza por actuar como una &#8220;potencia virtuosa&#8221;, lo que nos obliga a alinear nuestros intereses nacionales con valores como la justicia, la democracia y la dignidad humana, y lograr nuestros objetivos de política exterior mediante la cooperación mutua en lugar de la coerción.</p>
<p>El multilateralismo eficaz es un aspecto clave de esta visión. Turquía fue miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el período 2009-2010, y ahora busca un nuevo mandato en 2015-2016. Dada la importancia crucial del desarrollo de los acontecimientos en nuestra parte del mundo, la contribución de Turquía a la labor del Consejo promete ser de gran valor.</p>
<p>Además, en 2015 nuestro país asumirá la presidencia del G-20, y tenemos el compromiso de usar nuestros medios y capacidades para convertirlo en un órgano más eficaz de gobernanza global.</p>
<p>La transformación interna de Turquía en la última década la ha situado en una posición ideal para beneficiar a la región y, por tanto, al resto de la comunidad mundial. Si bien hemos logrado mucho ya, se necesita más de nosotros. Teniendo en cuenta los desafíos de nuestra región y su papel central en los asuntos mundiales, Turquía no se abstendrá de asumir nuevas responsabilidades.</p>
<p><strong>Abdullah Gul</strong> is President of Turkey. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.</p>
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		<title>Ten Reasons for Europe</title>
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		<pubDate>Mon, 21 May 2012 18:14:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>The euro, many now believe, will not survive a failed political class in Greece or escalating levels of unemployment in Spain: just wait another few months, they say, the European Union’s irresistible collapse has started.</p>
<p>Dark prophecies are often wrong, but they may also become self-fulfilling. Let’s be honest: playing Cassandra nowadays is not only tempting in a media world where “good news is no news”; it actually seems more justified than ever. For the EU, the situation has never appeared more serious.</p>
<p>It is precisely at this critical moment that it is essential to re-inject hope and, above all, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/ten-reasons-for-europe/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>The euro, many now believe, will not survive a failed political class in Greece or escalating levels of unemployment in Spain: just wait another few months, they say, the European Union’s irresistible collapse has started.</p>
<p>Dark prophecies are often wrong, but they may also become self-fulfilling. Let’s be honest: playing Cassandra nowadays is not only tempting in a media world where “good news is no news”; it actually seems more justified than ever. For the EU, the situation has never appeared more serious.</p>
<p>It is precisely at this critical moment that it is essential to re-inject hope and, above all, common sense into the equation. So here are ten good reasons to believe in Europe – ten rational arguments to convince pessimistic analysts, and worried investors alike, that it is highly premature to bury the euro and the EU altogether.</p>
<p>The first reason for hope is that statesmanship is returning to Europe, even if in homeopathic doses. It is too early to predict the impact of François Hollande’s election as President of France. But, in Italy, one man, Mario Monti, is already making a difference.</p>
<p>Of course, no one elected Monti, and his position is fragile and already contested, but there is a positive near-consensus that has allowed him to launch long-overdue structural reforms. It is too early to say how long this consensus will last, and what changes it will bring. But Italy, a country that under Silvio’s Berlusconi’s cavalier rule was a source of despair, has turned into a source of real, if fragile, optimism.</p>
<p>A second reason to believe in Europe is that with statesmanship comes progress in governance. Monti and Hollande have both appointed women to key ministerial positions. Marginalized for so long, women bring an appetite for success that will benefit Europe.</p>
<p>Third, European public opinion has, at last, fully comprehended the gravity of the crisis. Nothing could be further from the truth than the claim that Europe and Europeans, with the possible exception of the Greeks, are in denial. Without lucidity born of despair, Monti would never have come to power in Italy.</p>
<p>In France, too, citizens have no illusions. Their vote for Hollande was a vote against Sarkozy, not against austerity. They are convinced, according to recently published public-opinion polls, that their new president will not keep some of his “untenable promises,” and they seem to accept this as inevitable.</p>
<p>The fourth reason for hope is linked to Europe’s creativity. Europe is not condemned to be a museum of its own past. Tourism is important, of course, and from that standpoint Europe’s diversity is a unique source of attractiveness. But this diversity is also a source of inventiveness. From German cars to French luxury goods, European industrial competitiveness should not be underestimated.</p>
<p>The moment when Europe truly believes in itself, the way Germany does, and combines strategic long-term planning with well allocated R&amp;D investments, will make all the difference. Indeed, in certain key fields, Europe possesses a globally recognized tradition of excellence linked to a very deep culture of quality.</p>
<p>The fifth source of optimism is slightly paradoxical. Nationalist excesses have tended to lead Europe to catastrophic wars. But the return of nationalist sentiment within Europe today creates a sense of emulation and competition, which proved instrumental in the rise of Asia yesterday. Koreans, Chinese, and Taiwanese wanted to do as well as Japan. In the same way, the moment will soon come when the French want to do as well as Germany.</p>
<p>The sixth reason is linked to the very nature of Europe’s political system. Churchill’s famous adage that democracy is the worst political system, with the exception of all the others, has been borne out across the continent. More than 80% of French citizens voted in the presidential election. Watching on their televisions the solemn, dignified, peaceful, and transparent transfer of power from the president they had defeated to the president they had elected, French citizens could only feel good about themselves and privileged to live in a democratic state. Europeans may be confused, inefficient, and slow to take decisions, but democracy still constitutes a wall of stability against economic and other uncertainties.</p>
<p>The seventh reason to believe in Europe is linked to the universalism of its message and languages. Few people dream of becoming Chinese, or of learning its various languages other than Mandarin. By contrast, English, Spanish, French, and, increasingly, German transcend national boundaries.</p>
<p>Beyond universalism comes the eighth factor supporting the EU’s survival: multiculturalism. It is a disputed model, but multiculturalism is more a source of strength than of weakness. The continent’s fusion of culture makes its people richer rather than poorer.</p>
<p>The ninth reason for hope stems from the EU’s new and upcoming members. Poland, a country that belongs to “New Europe,” is repaying the EU with a legitimacy that it had gained from Europe during its post-communist transition. And the entrance of Croatia, followed by Montenegro and a few other Balkan countries, could compensate for the departure of Greece (should it come to that for the Greeks).</p>
<p>Finally, and most important, Europe and the world have no better alternative. The Greek crisis may be forcing Europe to move towards greater integration, with or without Greece. The German philosopher Jürgen Habermas speaks of a “transformational reality” – a complex word for a simple reality: divided we fall, whereas united, in our own complex manner, we may strive for “greatness” in the best sense.</p>
<p>Investors, of course, are hedging their bets. Having ventured successfully into emerging non-democratic countries whose frailty they are starting to fear, some, out of prudence, are starting to rediscover Europe. They may well be the wise ones.</p>
<p><strong>Dominique Moisi</strong> is the founder of the French Institute of International Affairs (IFRI) and a professor at Institute d’Etudes Politiques (Sciences Po) in Paris.</p>
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		<title>The euro marriage can be saved</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/the-euro-marriage-can-be-saved/</link>
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		<pubDate>Sun, 20 May 2012 20:33:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Like a marriage in its last throes, the euro appears to be falling apart before our eyes. But does it really have to happen? It&#8217;s worth remembering that the eurozone as a whole is in trade balance – it&#8217;s comfortably solvent, so that settling of accounts could resolve the problem without any financing from the IMF or China. But any solution to the eurozone crisis will need to involve rejecting narratives of resentment and betrayal that can lead parties to inflict terrible damage on each other.</p>
<p>At the moment, the architects of the euro project still find it hard to &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/the-euro-marriage-can-be-saved/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Like a marriage in its last throes, the euro appears to be falling apart before our eyes. But does it really have to happen? It&#8217;s worth remembering that the eurozone as a whole is in trade balance – it&#8217;s comfortably solvent, so that settling of accounts could resolve the problem without any financing from the IMF or China. But any solution to the eurozone crisis will need to involve rejecting narratives of resentment and betrayal that can lead parties to inflict terrible damage on each other.</p>
<p>At the moment, the architects of the euro project still find it hard to forgive being hostage to Greece, whose economy is no larger than the state of Hesse. But the damage of a Greek exit will be out of all proportion to its size, as other dominoes totter, damaging confidence and trade even if they don&#8217;t fall. It&#8217;s the mark of a truly dysfunctional relationship when resentment at being threatened with break-up is the main reason no one will compromise to stop it happening.</p>
<p>Any therapist knows that saving a marriage has to start with abandoning stories of one-sided blame. In an economic union, nowhere is this more important than when creditors and debtors blame each other. Yes, the Greek government has been spectacularly spendthrift. From when it joined the euro at the beginning of 2001 until reality began to sink in at the end of 2009, Greece was the world&#8217;s fourth largest arms importer, buying 70% more than Israel over that period.</p>
<p>But assigning blame becomes harder when you look at who sold Greece the arms. The US was the largest supplier, but France and Germany together delivered over a third of the total – with eager financing from French and German banks. Greek debt received a ratings downgrade as early as 2004 – can anyone remember a French or German politician urging arms suppliers to be more cautious about selling on credit? The euro didn&#8217;t turn Greece into a greedy arms buyer – that had been true for many years, if not to the same extent. But having long-standing money problems is no reason to expect a marriage with your bank manager to be happy, and your bank manager has as much reason to know that as anyone.</p>
<p>Nor will it do to blame the public sector, as if the euro crisis were due to a secret conspiracy of the political classes against the rest of us. Spain (whose fragility is what makes a Greek exit so alarming) had healthier public finances than Germany till 2007. The Spanish debt build-up was a private-sector drama, with French and German banks lending money to Spanish real-estate speculators. There&#8217;s nothing wrong with lending money, provided it&#8217;s used to enhance the borrower&#8217;s ability to repay. Yet remarkably, at a time when higher education has been expanding in many countries, Spain had more than 20% fewer students entering higher education in 2008 than it had 10 years previously – presumably the lure of easy money in real estate was too hard to resist.</p>
<p>Instead of asking why &#8220;they&#8221; let it happen, maybe we should ask why we let it happen. Greece&#8217;s arms binge was no secret; the data from the Stockholm International Peace Research Institute is on the internet. Spain&#8217;s higher education decline can be tracked on the OECD website. Inflating real estate prices animated countless dinner conversations: we steered into disaster wide-awake, like drivers failing to see a spectacular crash looming before them.</p>
<p>The official response to the crisis has been to turn it into a morality play, pitting southern profligacy against northern rectitude. This sends the dangerous message that the citizens of the debtor countries need to suffer badly to signal their contrition. Serious reforms in the indebted countries are inescapable, but the lender countries will have to make a massive contribution too. A solution that accepts a degree of shared foolishness will make that much easier. Otherwise, like crash dieters who think dramatic sacrifices will impress their families and friends, we risk valuing the gesture over the reality. Nutritionists know that crash dieting is inimical to healthy eating in the long run. Therapists know it won&#8217;t save a marriage, either.</p>
<p><strong>Paul Seabright</strong> teaches economics at the Toulouse School of Economics.</p>
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		<title>On Greek economy, who will blink first?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/on-greek-economy-who-will-blink-first/</link>
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		<pubDate>Sat, 19 May 2012 18:58:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Until the rerun of the Greek elections scheduled for June 17, we will witness an unprecedented game of brinkmanship. The game will be played along the following lines.</p>
<p>European political leaders will state unequivocally to the Greek electorate that it is time for them to make a stark choice: Vote for parties that will continue with the agreed reforms (the dreaded austerity) and stay within the European family or vote for parties opposed to the austerity measures and leave the euro and perhaps the European Union.</p>
<p>This clear and concise message was recently voiced by Austrian Finance Minister Maria Fekter. &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/on-greek-economy-who-will-blink-first/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Until the rerun of the Greek elections scheduled for June 17, we will witness an unprecedented game of brinkmanship. The game will be played along the following lines.</p>
<p>European political leaders will state unequivocally to the Greek electorate that it is time for them to make a stark choice: Vote for parties that will continue with the agreed reforms (the dreaded austerity) and stay within the European family or vote for parties opposed to the austerity measures and leave the euro and perhaps the European Union.</p>
<p>This clear and concise message was recently voiced by Austrian Finance Minister Maria Fekter. She declared that if Greece does not stick to the terms of its bailout program, it will not receive further aid from the EU or the International Monetary Fund.</p>
<p>&#8220;One cannot exit from the eurozone, one can only exit from the EU,&#8221; she said. She also noted that Greece would have to reapply for EU membership, with no guarantee of readmission.</p>
<p>Greek politicians, particularly Syriza leader Alexis Tsipras, will probably respond to that message with a different one, which he will transmit back to Brussels, Paris, Berlin and Frankfurt (home of the European Central Bank): Europe cannot afford to let Greece fail and therefore, in the name of solidarity, Europe must continue to do whatever it takes to support Greece. But this time it should not require Greece to take such painful measures. Oh, and Europe will need to give Greece additional funds (in the name of &#8220;growth&#8221;) no matter what combination of political parties enters parliament and forms a new government.</p>
<p>Sounding like a blackmailer, Tsipras has said, &#8220;The eurozone is not in danger because of Greek resistance, but because of the bankrupt policies of the memorandum, of yesterday&#8217;s political system&#8221;; &#8220;if the disease of austerity destroys Greece, it will spread to the rest of Europe&#8221;; and &#8220;the European leadership and especially Mrs. Merkel need to stop playing poker with the lives of people.&#8221;</p>
<p>Perhaps it is fitting that a great test of democracy is taking place in democracy&#8217;s birthplace.</p>
<p>So, who blinks first? In the past three days, we have seen two actors blink immediately: German Chancellor Angela Merkel and Greek and Spanish bank depositors.</p>
<p>The consummate political tactician, Merkel understood that with French President Francois Hollande&#8217;s electoral victory on Sunday, Italian Prime Minister Mario Monti&#8217;s continued public pressure and her party&#8217;s recent electoral loss to the social democrats in the largest German state, the political winds were shifting at home and abroad on growth.</p>
<p>This week, Merkel confessed that she was in fact in favor of identifying additional growth measures when she said she was in a &#8220;high level of agreement&#8221; with Hollande. She noted that for &#8220;stimulus to be pursued for growth in the euro zone, which we could pursue in the interest of Greece, we&#8217;re open for this. Germany is open for this.&#8221; Of course, details and date of delivery of said growth remain a mystery.</p>
<p>Greek and Spanish depositors were the second actor to blink when they removed approximately €700 million (about $890 million U.S.) from Greek banks and €1 billion (about $1.26 billion U.S.) from Spain&#8217;s third-largest and recently nationalized bank, Bankia.</p>
<p>Their actions were indicative of the fear that the game of chicken is getting out of hand. This sentiment was strengthened by European Central Bank President Mario Draghi&#8217;s decision to cut off certain Greek banks from receiving ECB funds and the IMF&#8217;s announcement, earlier Friday, that it would freeze contacts with Greece until the June 17 election.</p>
<p>The ultimate answer to &#8220;who blinks first&#8221; lies in understanding how this crisis has played out over the past two years.</p>
<p>The Greek bailout package has already been renegotiated twice, most recently in March of this year, to address deteriorating economic fundamentals and to force private bondholders to take losses. There have been no less than 17 European summits to &#8220;resolve&#8221; the crisis only to return to crisis shortly thereafter.</p>
<p>Three bailout packages (Greece, Ireland and Portugal); €1.3 trillion ($1.65 trillion U.S.) in cheap, three-year loans to European banks; and a change in government in 10 out of the 17 eurozone countries &#8212; the art of the European muddle-through strategy has been perfected.</p>
<p>It is clear from Tuesday&#8217;s meeting between Merkel and Hollande that Europe will continue to actively pursue this muddle-through strategy until it is no longer able to pursue it.</p>
<p>The treaties, the summitry and the political volatility that define Europe are completely ill-equipped to handle the crisis as it enters a new and potentially determinate end state. Most important, the collateral damage that comes with muddling through for the past two years is taking a significant social and economic toll: Spanish unemployment is at almost 25%; Greek youth unemployment is at 51.5% and a third of the French electorate in the first round of its presidential elections voted for either an extreme left or right party. Is Europe willing to be home to a lost generation in the name of European solidarity?</p>
<p>No one knows how this brinkmanship will come to an end, or even if it will come to an end at all. And certainly no one knows whether it will result in economic Armageddon or a small blip on a trader&#8217;s computer screen. Actions or statements by either side are likely not to be conclusive.</p>
<p>It is more likely that a sudden, unanticipated shock created by either the markets or political actors before June 17 causes an unstoppable chain reaction. Should this be this outcome, in some way it may come as a relief as it is far easier to blame an event than to accept responsibility for Europe&#8217;s actions over the past two years.</p>
<p>This game of chicken is not unique to Europe. Washington had its own bout of brinkmanship last summer regarding the increase in America&#8217;s debt ceiling, and is likely to have it again in a few months. Europe has just upped the level of play.</p>
<p><strong>Heather A. Conley</strong> is director and senior fellow, Europe Program, at the Center for Strategic and International Studies.</p>
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		<title>The Corsican Connection</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/the-corsican-connection/</link>
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		<pubDate>Sat, 19 May 2012 10:08:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Córcega]]></category>
		<category><![CDATA[Crimen organizado]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Marie-Jeanne Bozzi’s killers didn’t just murder her, they butchered her.</p>
<p>One or two 9-millimeter bullets would have been more than enough to bring her down. But on April 22, 2011, in Porticcio, a picturesque Corsican resort town, they fired eight times into her back.</p>
<p>The two hoodlums, who fled on a scooter, had a message to deliver. In Corsica, where men are macho and women are fragile, the massacre of a 55-year-old woman in full view of a shopping center could only promise an implacable vendetta.</p>
<p>Bozzi, dark-haired and plump, didn’t look like a woman living a double life. The &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/the-corsican-connection/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Marie-Jeanne Bozzi’s killers didn’t just murder her, they butchered her.</p>
<p>One or two 9-millimeter bullets would have been more than enough to bring her down. But on April 22, 2011, in Porticcio, a picturesque Corsican resort town, they fired eight times into her back.</p>
<p>The two hoodlums, who fled on a scooter, had a message to deliver. In Corsica, where men are macho and women are fragile, the massacre of a 55-year-old woman in full view of a shopping center could only promise an implacable vendetta.</p>
<p>Bozzi, dark-haired and plump, didn’t look like a woman living a double life. The afternoon of her death, she bought cigarettes at a local shop and walked leisurely to her Mercedes, where the gunmen were waiting. As a former mayor of Porticcio, she never rushed: She had too many people to say hello to.</p>
<p>But the woman had a past. First elected in 2001, Bozzi was forced to resign in 2002 after she was convicted of running a prostitution ring. She moonlighted as the madam of the Pussy Cat, a bar belonging to one of her brothers, Jean-Toussaint Michelosi, and of César Palace, a nightclub owned by her husband, Antoine Bozzi. When they searched her handbag for evidence of her side business, the police found receipts for the activities of eight call girls scribbled on the back of grocery lists.</p>
<p>Using the deputy mayor as her strawman, Bozzi proved so efficient at pulling strings that she was re-elected in 2005 with 75 percent of the vote. Convicted two years later for fraud (she couldn’t resist cheating on her taxes), Bozzi convinced her constituency next to elect her daughter, Valérie, as mayor in her place.</p>
<p>The sins for which Bozzi was upbraided in court hardly justified an assassination, however. Her death was a vengeful response to her suspected involvement in a gang war that has rocked Corsica since 2006. It started with the death of Jean-Baptiste Jérôme Colonna (known as Jean Jé), the godfather of southern Corsica, who, strangely enough, died of natural causes: a heart attack while driving. Since then, all the mob’s upstarts have fought for control of Jean Jé’s hidden treasures.</p>
<p>Bozzi’s murder was the seventh of the 22 that disgraced Corsica in 2011 — a slow year compared to 2010 (40) and 2009 (44). In 2012, violence is already picking up. As of May, there have been nine killings.</p>
<p>Killings come in all shapes: honor killings by cuckolded husbands; business competition effected by bullets instead of discounts; fights for parking spaces gone wrong. In 2009, the body count included at least 17 mafia “terminations.” According to the French weekly L’Express, this made Corsica, with a population of just over 300,000, the “bloodiest” region in Western Europe. (Sicily, with more than five million inhabitants, saw only 19 mafia killings that year).</p>
<p>Corsica is thought by many to be the most beautiful island in the Mediterranean. Called the “mountain in the sea,” it is famous for its 2,700-meter summits, pine forests and ski trails. In the summer, its sandy coves attract more than two million tourists. But Corsica is just as famous for its bloody anarchy.</p>
<p>The roots of violence are deep and varied. Historically, Corsica — which didn’t become French until 1768 (one year before the birth of Napoleon, its most famous son) — has a long tradition of savage resistance to invasions stretching from the Roman empire through World War II. Politically, the scenes turned ugly in the 1970s, when nationalists seeking independence drifted into terrorism. In 1998, they killed Prefect Claude Erignac, the French government’s highest representative on the island.</p>
<p>Acquiring beach-front real estate is the fastest way to make millions, so there is great temptation to accelerate the signing of leases with strong-arm tactics. Culturally, there is no loyalty to the state, only to one’s clan. Yvan Colonna, Prefect Erignac’s alleged killer, managed to hide out for four years without anyone betraying him to the police. And because omertà has precedence over the law, few mafia murders are solved.</p>
<p>It doesn’t help that Corsicans love weapons. There are as many as 30,000 registered weapons on the island — one for every 10 inhabitants. There are also thousands of clandestine guns and just as many hunting knives, including the one used in 2005 to decapitate Joseph Vincensini, a restaurateur who was owed €50,000 in poker debts. His killers — an unlikely threesome that included a bankrupt bar owner, a nationalist terrorist-cum-doctoral candidate in archaeology and an angry ex-girlfriend — disposed of his corpse by feeding it to pigs. Fearing that Vincensini’s head wouldn’t be edible, however, they cut it off. The three are now serving jail sentences ranging from 7 to 30 years.</p>
<p>Since practically everyone on the island is related, Corsican “freedom fighters” can join forces with neighborhood thugs to secure fatter returns for the “patriotic tax” they levy on all businesses. Jurors are pressured to go soft on sons who became hooligans, while uncles entice police officers to turn a blind eye to their nephews’ shenanigans.</p>
<p>Meanwhile, the authorities in Paris have no compunction about making deals with shady characters to deter would-be terrorists from blowing up foreigners’ villas or police stations. Charles Pasqua, a Corsican who served for many years as interior minister in conservative French governments, was highly adept at this game. To no avail: In ever-changing alliances, gang bosses and self-proclaimed guerrilla leaders alternatively share the government’s bribes or fight over them.</p>
<p>Immune to legal restraints, Corsican mafiosi infiltrate the remotest corners of the world, establishing profitable partnerships with diamond smugglers in Russia or cocaine traffickers in Bolivia. At the height of his powers, Jean Jé was denounced in Washington as one of the founders of the “French Connection.” This international influence is rooted in the tight solidarity of a diaspora that, originating with poor immigrants a century ago, produced not only casino owners in Africa and drug lords in Asia but two elected presidents in Venezuela: Raúl Leoni in the 1960s and Jaime Lusinchi in the 1980s.</p>
<p>Indeed, Corsicans display an astonishing talent for politics. French presidents across the political spectrum have relied on Corsican advisers and their networks of legitimate experts (scores of senators, ambassadors and generals) and cold-blooded enforcers. Under the last president, Nicolas Sarkozy, the two most visible Corsicans were Xavier Musca, secretary general of the Élysée Palace, and Bernard Squarcini, the chief of France’s domestic and police intelligence service. Nicknamed “the Shark,” Squarcini is an old hand at the twisted fight with his island’s outlaws.</p>
<p>Bozzi’s family laid claims to Jean Jé’s legacy early on, but competition soon proved fierce. Ange-Marie Michelosi, another of Bozzi’s brothers and a close friend of Jean Jé, was assassinated in July 2008. The Bozzis decided to retaliate, targeting the man they believed to be behind Michelosi’s death: Alain Orsoni, then 53, a former nationalist militant who had recently returned from years of voluntary exile in Latin America. Although Orsoni was officially back in Corsica to assume the presidency of Ajaccio’s soccer team, both the police and the Bozzis suspected him of conspiring to take Jean Jé’s spot.</p>
<p>For once, the police intervened before any shots were fired. But after a brief and uneasy truce, hostilities resumed in January 2009, when Thierry Castola, a young associate of the Bozzi clan, was killed in Bastelicaccia, near Ajaccio. Again, the Bozzis sought revenge against Orsoni. And again, the police stopped them in the nick of time. Marie-Jeanne Bozzi was sent to jail but was soon released due to lack of evidence. Her husband, Antoine, spent six months behind bars, while her brother Jean-Toussaint was sentenced to five years.</p>
<p>Despite their inability to establish a link between Orsoni and Ange-Marie’s death, the police took Orsoni into custody. They accused him of having organized Castola’s murder, while Guy Orsoni, Alain’s 26-year-old son, who had fled to Spain, was charged as an accomplice. Alain Orsoni was released after 10 months for lack of proof. Guy, arrested in Madrid in 2011 and extradited to France, remains in prison.</p>
<p>In interviews and in a recent book, Orsoni insisted that he is not a ruthless executioner but merely the victim of a bad reputation. He claims he was forced to flee Corsica in the 1990s to escape disputes between nationalist leaders who wrongly suspected him of embezzling part of the “blood money” disbursed by the French government (bundles of cash spread evenly between rival independence organizations to buy peace prior to ministerial visits). Once in Latin America, Orsoni swears, he made an honest living as a representative of a slot-machine company.</p>
<p>The war for Jean Jé’s loot is not the only one staining Corsica with blood. When Francis Mariani, 59, was blown to smithereens in 2009 by a bomb concealed under his car, he left a considerable fortune built on bank heists and racketeering. As the head of the “Sea Breeze” gang — named after his favorite bar — Mariani was to northern Corsica what Jean Jé was to the south: its undisputed godfather. According to rumor, the gang’s biggest coup was the looting in 1990 of a UBS bank in Geneva: 220 kilos of bank notes amounting to 31 million Swiss francs. Since Mariani’s death, corpses have been piling up in the north just as fast as in the south.</p>
<p>In 2012, it’s the Shepherd Gang that has been getting the biggest headlines. Descending from their mountains and eager to take over Mariani’s former turf, they have the reputation of shooting first and asking question afterwards. This past winter, the police launched raids to clear the gang from nightclubs on mainland France.</p>
<p>Corsica is only 160 kilometers from the coast of France — the “continent,” as they call it on this tiny island of 8,600 square kilometers. But Corsicans live in a different world. At her funeral, Bozzi was praised by her fellow mayors as a generous servant of the people. She was eulogized by her parish priest for her tireless devotion to church and family. None of the orators had the poor taste to suggest that this dedicated mother of two might also have been the godmother of a pack of gangsters.</p>
<p>A year after Bozzi’s death, both her assassins and the boss who hired them remain unknown. As for Thierry Castola’s killer, nothing is known except that he must have had particularly sharp eyesight. Despite the shadows of a winter dusk, Castola was felled by a single bullet in the heart from across Bastelicaccia’s central square. As usual, the police found no witnesses. According to Corse Matin, the local newspaper, a maverick burst of fog had suddenly blanketed the square — making it impossible to see anything.</p>
<p><strong>Charles Lambroschini</strong> was the deputy editor, and before that bureau chief in Washington and Moscow, of the French daily Le Figaro.</p>
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		<title>In Europe, time for true austerity</title>
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		<pubDate>Fri, 18 May 2012 21:53:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Talks to form a coalition government in Greece collapsed again this week as a result of the country&#8217;s belt-tightening backlash. The country now faces an unpleasant dilemma: agreed-upon austerity measures in exchange for bailout funds, or a messy default and exit from the Eurozone. Greece&#8217;s deteriorating situation raises many questions about whether austerity is the right path for other struggling European nations trying to avoid this same fate.</p>
<p>For several years now, European governments have tried versions of austerity — usually understood as an attempt to reduce the ratio of government debt to gross domestic product — in hopes of &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/in-europe-time-for-true-austerity/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Talks to form a coalition government in Greece collapsed again this week as a result of the country&#8217;s belt-tightening backlash. The country now faces an unpleasant dilemma: agreed-upon austerity measures in exchange for bailout funds, or a messy default and exit from the Eurozone. Greece&#8217;s deteriorating situation raises many questions about whether austerity is the right path for other struggling European nations trying to avoid this same fate.</p>
<p>For several years now, European governments have tried versions of austerity — usually understood as an attempt to reduce the ratio of government debt to gross domestic product — in hopes of reviving the continent&#8217;s flailing economies. But not only have their efforts failed, we&#8217;re now told, they have actually made things far worse.</p>
<p>According to one naysayer, former Obama administration chief economic advisor Larry Summers, austerity efforts are &#8220;counterproductive&#8221; to growth. In a recent Bloomberg TV interview, Nobel laureate and economist Paul Krugman said, &#8220;I wish I&#8217;d been wrong for the sake of the world&#8221; about his prediction that &#8220;Austerians&#8221; pushing for fiscal retrenchment would destroy Europe. This sentiment is echoed in countries such as the Netherlands, among others, which have announced they will start spending again. And newly elected French President Francois Hollande&#8217;s victory was pegged to his absolute rejection of austerity measures.</p>
<p>There are two basic problems with this growing anti-austerity backlash. First, where spending was actually reduced, the cuts have been relatively small compared to the size of the problem and meaningful structural reforms were seldom implemented. Second, to the extent declining Europe countries pursued austerity, it has mainly been through large tax increases. If the economies of Spain, France, Britain and other European nations are suffering, it&#8217;s not because of &#8220;savage&#8221; spending cuts. It&#8217;s because small spending cuts are overwhelmed by tax increases.</p>
<p>Consider Britain, where supposed austerity measures represent a &#8220;stunning failure of policy,&#8221; according to Krugman in his New York Times column. In 2009, British Prime Minister Gordon Brown promised he would reform social programs and dramatically cut spending and taxes. Instead, he increased the top marginal income tax rate shortly before he left office. When David Cameron replaced him in 2010, he promised to pursue the same austerity measures. However, in 2011-12, spending increased from $1.15 trillion to $1.2 trillion, and public pensions have yet to be reformed. Instead, the government increased the capital gains tax, national insurance tax and value-added tax along with other fees and duties.</p>
<p>In Spain, the conservative party raised the retirement age from 65 to 67 in January 2011, but it has failed to implement comprehensive structural reforms. It was, however, successful in pushing through higher personal income and property tax rates in an attempt to balance its books. This year, the government has proposed reducing the deficit by $35.2 billion through a combination of tax increases ($16 billion) and spending cuts ($19.2 billion). But the spending reductions, even if implemented, won&#8217;t be enough to compensate for an overly optimistic growth rate. Although the increase of the corporate income tax will be real, so will the increase in public pension and unemployment benefits.</p>
<p>Then there are the French, who elected a Socialist president for the first time since the 1980s. Hollande wants to replace what he calls austerity with &#8220;pro-growth&#8221; policies. But there is nothing austere about France&#8217;s spending, which rose by $33.4 billion between 2009 and 2010 and an additional $29.5 billion in 2011. French public spending already equals 56% of GDP. Hollande&#8217;s own wishful projections show total tax receipts rising from 45% of the economy to 47% in five years thanks to his plan to impose a 75% top marginal income tax rate for those earning more than $1.3 million and an increase in the corporate income tax. If this is pro-growth, then garlic breath is pro-romance.</p>
<p>If the critics of austerity can&#8217;t find contemporary examples of where it&#8217;s been successfully implemented, they can look at history. Research consistently shows that successful attempts to reduce government debt ratios follow a single-minded devotion to actually cutting spending rather than just talking about it.</p>
<p>In a 2009 paper, Harvard economists Alberto Alesina and Silvia Ardagna looked at 107 examples in developed countries over 30 years and found that successful austerity packages — defined by a reduction in debt to GDP greater than 4.5% after three years — resulted from making spending cuts without tax increases. They also found that this form of austerity accompanied by the &#8220;right policies&#8221; (easy monetary policy, liberalization of goods and labor markets, and other structural reforms) is more likely associated with economic expansions rather than with recessions. This makes intuitive sense: Austerity based on spending cuts signals that a country is serious about getting its fiscal house in order in a way that taxing and spending certainly does not.</p>
<p>On the other hand, they found that the so-called balanced approach — typically a mix of spending cuts and tax increases — is a recipe for failure. It fails to stabilize the debt, and it is more likely to cause recessionary economic contractions. And when it comes to plans such as Hollande&#8217;s that would explicitly increase spending and taxes, they find little chance of either economic expansion or debt reduction.</p>
<p>As Britain slips back into recession, the Cameron government might want to remember that lesson. That&#8217;s what Italy is doing. After years of failing to cut spending, Italian Prime Minister Mario Monti has taken steps to reform the pension system, and he recently pledged to make $5.5 billion in spending cuts over the next six months to avoid a hike of the national sales tax from 21% to 23% in October. That decision came after Italy&#8217;s ministers tied the country&#8217;s deepening recession to the mainly revenue-driven $38.4-billion debt package adopted in December.</p>
<p>If the Italians actually want to revive their economy, they — and other Europeans — should hurry past the talking stage and abandon the so-called balanced approach to their situations. They must start actually cutting spending and reforming their bloated governments. They have nothing to lose but their debt.</p>
<p><strong>Veronique de Rugy</strong> is a senior research fellow at the Mercatus Center at George Mason University.</p>
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		<title>Comment un parti néonazi s’est hissé jusqu’au parlement grec</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 18:35:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>La fulgurante ascension du parti néonazi grec n’a rien de surprenant: elle est résultat d’une application stricte de formules qui ont fait leur preuve dans la première moitié du XXe siècle. Organisation quasi militaire du parti, parades improvisées, encadrement des quartiers sensibles, intimidations de journalistes, opérations punitives contre des immigrés. Tout caricatural qu’il soit, l’adoption par le parti Aube dorée du code de conduite de l’activisme nazi des années 20 semble avoir porté ses fruits. Reste que pour trouver un écho dans la société, les singeries politico-médiatiques des hommes en noir ont besoin d’un terrain fertile: un certain racisme irréfléchi &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/comment-un-parti-neonazi-sest-hisse-jusquau-parlement-grec/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La fulgurante ascension du parti néonazi grec n’a rien de surprenant: elle est résultat d’une application stricte de formules qui ont fait leur preuve dans la première moitié du XXe siècle. Organisation quasi militaire du parti, parades improvisées, encadrement des quartiers sensibles, intimidations de journalistes, opérations punitives contre des immigrés. Tout caricatural qu’il soit, l’adoption par le parti Aube dorée du code de conduite de l’activisme nazi des années 20 semble avoir porté ses fruits. Reste que pour trouver un écho dans la société, les singeries politico-médiatiques des hommes en noir ont besoin d’un terrain fertile: un certain racisme irréfléchi et populaire, aggravé par la crise.</p>
<p>La place Agios Panteleimon, à Athènes, était jusqu’à présent célèbre pour sa grande église. «La plus grande des Balkans», selon le vendeur de journaux du coin. Elle sera désormais connue comme le quartier d’Athènes d’où s’est déployé le mouvement d’extrême droite néonazie. C’est ici qu’ont débuté en 2009 les expéditions contre des immigrés menées en plein jour par des milices de l’Aube dorée. Cela est parti de rassemblements de «riverains excédés», décidés à chasser les étrangers, souvent clandestins, qui y avaient trouvé refuge. Sont venus s’ajouter des activistes de gauche pour soutenir les étrangers, puis la police antiémeute aux côtés des «riverains excédés», membres du parti ultranationaliste pour la plupart, venus de loin afin de «nettoyer» le quartier.</p>
<p>Après plusieurs nuits de bataille rangée où la place est passée successivement des gauchistes aux ultranationalistes, la mairie a décidé de fermer l’objet de la discorde: l’aire de jeux destinée aux enfants.</p>
<p>Car bien plus que les clandestins qui se prélassaient sur les marches de l’église, ce sont les petits Pakistanais sur les balançoires qui révoltaient les riverains. A Athènes, les aires de jeux sont en majorité fréquentées par des enfants d’immigrés. Les Grecs préfèrent garder les leurs chez eux ou les parquer dans des espaces de jeux privés et sécurisés.</p>
<p>Les écoles, les parcs et les squares témoignent de l’évolution de la composition ethnique de la société. Le pays, réputé homogène dans les années 90, compte aujourd’hui plus de 20% d’étrangers. C’est la dernière vague qui semble avoir fait déborder le vase: des sans-papiers pakistanais, irakiens, nord-africains, qui s’entassent pas dizaines dans des appartements insalubres du centre-ville.</p>
<p>La crainte des étrangers est renforcée par une aggravation sans précédent de la situation sociale dans les quartiers du centre historique. Clandestins et héroïnomanes forment un dangereux cocktail qui rend certaines rues impraticables. Ajoutez à cela un traitement médiatique subtilement xénophobe quand il n’est pas ouvertement raciste, et vous avez l’explication de l’abandon par les Athéniens des espaces publics. Aux places où résonnent des cris d’enfants allochtones, les Athéniens préfèrent les centres commerciaux des faubourgs: des îlots climatisés auxquels ils se rendent en voiture.</p>
<p>La Grèce s’apprête à ouvrir plusieurs centres de rétention pour clandestins dans des camps militaires désaffectés. Le premier, a été inauguré en grande pompe une semaine avant les élections. Des maisons préfabriquées de la protection civile ont été réquisitionnées pour constituer en urgence le premier centre de rétention administrative du pays.</p>
<p>Il est probable que les attroupements de sans-papiers dans le quartier central d’Omonia prennent fin. Ce qui sera plus difficile à éradiquer, c’est une certaine xénophobie «innocente et répandue», que rien ne contrarie, si ce n’est la peur d’être un jour qualifiée de raciste par «l’Europe».</p>
<p>La crise ne fait qu’aggraver ce ressentiment. Non seulement l’Etat ne fait pas assez pour protéger les minorités et intégrer les étrangers, mais il maintient en vigueur des lois discriminatoires en totale contradiction avec la législation européenne.</p>
<p>Le «petit» racisme populaire et viscéral ne peut réellement exister que s’il est secondé par un racisme institutionnel, tout aussi irréfléchi, pas encore politique, mais sur le point de le devenir. C’est le racisme des files d’attentes kafkaïennes auxquelles sont confrontés les demandeurs d’asile; celui des cartes de séjours d’un an systématiquement livrées avec des dates de validité périmées. Celui encore des milliers de jeunes apatrides, nés, scolarisés et devenus majeurs en Grèce, à qui l’Etat refuse pourtant la moindre reconnaissance.</p>
<p>Signe de lâcheté d’une administration qui n’ose pas contrer ouvertement des revendications xénophobes, la décision en 2009 d’interdire l’accès à l’aire de jeu pour calmer les «riverains excédés» fut le feu vert pour le déploiement dans l’espace public des milices de l’Aube dorée. C’est depuis ce jour que leur présence insolente n’a cessé de croître. Protecteurs autoproclamés des personnes âgées face à toutes sortes de menaces réelles ou imaginaires, les hommes en noir ne se cantonnent plus à la place Agios Panteleimon. Ils interviennent partout où le devoir les appelle. Reste l’aire de jeu tristement scellée, rappel pitoyable du coup monté qui les aura portés au parlement.</p>
<p><strong>Christophe Catsaros</strong>, rédacteur de la revue «Tracés»</p>
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		<title>Grecia debe abandonar el euro</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 18:17:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Ya está cerca el desenlace de la tragedia griega del euro: es muy probable que este año o el que viene, Grecia declare la cesación de pagos de su deuda y abandone la eurozona.</p>
<p>Posponer la salida para después de la elección de junio, con un gobierno nuevo comprometido con alguna variante de las mismas políticas que ya fracasaron (austeridad recesiva y reformas estructurales), no restaurará el crecimiento y la competitividad. Grecia está atascada en un círculo vicioso de insolvencia, pérdida de competitividad, déficits externos y una depresión cada vez peor. La única forma de cortar este círculo es iniciar &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/grecia-debe-abandonar-el-euro/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya está cerca el desenlace de la tragedia griega del euro: es muy probable que este año o el que viene, Grecia declare la cesación de pagos de su deuda y abandone la eurozona.</p>
<p>Posponer la salida para después de la elección de junio, con un gobierno nuevo comprometido con alguna variante de las mismas políticas que ya fracasaron (austeridad recesiva y reformas estructurales), no restaurará el crecimiento y la competitividad. Grecia está atascada en un círculo vicioso de insolvencia, pérdida de competitividad, déficits externos y una depresión cada vez peor. La única forma de cortar este círculo es iniciar un default con abandono del euro, en forma ordenada y con coordinación y financiación del Banco Central Europeo, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (la “troika”), de modo de minimizar los daños colaterales para Grecia y el resto de la eurozona.</p>
<p>El último paquete financiero otorgado a Grecia con supervisión de la troika redujo el endeudamiento del país mucho menos de lo que se necesitaba. Pero, incluso con una reducción de la deuda pública considerablemente mayor, Grecia no puede volver a crecer si no recupera rápidamente la competitividad. Y si no vuelve a crecer, la carga de la deuda seguirá siendo insostenible. Pero todas las alternativas para recuperar la competitividad demandan una depreciación real de la moneda.</p>
<p>La primera alternativa, una devaluación abrupta del euro, difícilmente se producirá; esto se debe a la fortaleza de Alemania y a que el BCE no sigue una política agresiva de flexibilización monetaria. Igualmente difícil es una reducción rápida del costo laboral unitario por medio de reformas estructurales que aumenten el crecimiento de la productividad por encima de los salarios. A Alemania le llevó diez años recuperar la competitividad de esta manera, y Grecia no puede seguir deprimida una década. Asimismo, una deflación veloz de precios y salarios, lo que se conoce como “devaluación interna”, llevaría a cinco años de agravamiento de la depresión.</p>
<p>Si ninguna de estas tres alternativas es viable, el único camino que queda es la salida de la eurozona. El regreso a la moneda nacional y una devaluación abrupta restaurarían rápidamente la competitividad y el crecimiento.</p>
<p>Por supuesto, el proceso sería traumático, y no solamente para Grecia. El problema más importante sería la pérdida de capital para las instituciones financieras principales de la eurozona. El pasivo externo en euros del gobierno, los bancos y las empresas de Grecia se dispararía de un día para el otro. Pero estos problemas se pueden superar: Argentina lo hizo en 2001, cuando “pesificó” sus deudas en dólares, y Estados Unidos hizo algo similar en 1933, cuando depreció el dólar un 69% y abandonó el patrón oro. Aplicar una “dracmatización” similar a las deudas en euros es necesario e inevitable.</p>
<p>Las pérdidas que sufrirán los bancos de la eurozona no serán inmanejables, siempre que se los apoye con una recapitalización adecuada y decidida. Pero para evitar un derrumbe del sistema bancario griego después de la salida, tal vez haya que adoptar algunas medidas transitorias que prevengan una corrida descontrolada de los depositantes; por ejemplo feriados bancarios y control de capitales. El Fondo Europeo de Estabilidad Financiera o el Mecanismo Europeo de Estabilidad (FEEF/MEE) deberán ser los encargados de realizar la necesaria recapitalización de los bancos griegos por medio de inyecciones directas de capital. En la práctica, los contribuyentes europeos estarían tomando el control del sistema bancario griego, pero sería una compensación parcial por las pérdidas impuestas a los acreedores por la dracmatización.</p>
<p>Además, Grecia tendrá que volver a reestructurar y reducir su deuda pública. Respecto de las obligaciones de Grecia con la troika, no hace falta reducir el valor nominal, pero sí extender su vencimiento una década más y reducir el interés. En cuanto a los acreedores privados, se necesitarán también más recortes, empezando con una moratoria del pago de intereses.</p>
<p>Hay quienes dicen que si Grecia abandona la eurozona, la caída de su PIB real será mucho mayor que la que se produciría en lo peor de una deflación. Pero es un argumento viciado: aun con deflación, el poder adquisitivo real se reduciría y el valor real de las deudas aumentaría (deflación de deuda) conforme se produjera la depreciación real. Además, y esto es más importante, la opción de abandonar la eurozona restauraría el crecimiento de inmediato a través de la depreciación nominal y real, con lo que se evitaría una década de depresión. Y las pérdidas comerciales que sufra la eurozona por la depreciación del dracma serán limitadas, ya que Grecia solamente representa el 2% del PIB de la eurozona.</p>
<p>La reintroducción del dracma conlleva el riesgo de una depreciación cambiaria superior a la necesaria para recuperar la competitividad, lo cual tendría efecto inflacionario y aumentaría las pérdidas derivadas de la dracmatización de la deuda externa. Para minimizar ese riesgo, las reservas de la troika que ahora se dedican al rescate de Grecia se deberían usar para evitar dicha sobredevaluación (el control de capitales también puede ayudar).</p>
<p>Los que afirman que la partida de los griegos provocaría un contagio y arrastraría a otros países a la crisis también se niegan a ver la realidad. Si hablamos de sostenibilidad de la deuda y pérdida de competitividad, otros países periféricos ya tienen problemas similares a los de los griegos. Por ejemplo, es posible que en algún momento Portugal deba reestructurar su deuda y abandonar el euro. Y otras economías con problemas de liquidez pero potencialmente solventes, como Italia y España, necesitarán ayuda de Europa independientemente de si Grecia abandona la eurozona o no; de hecho, sin una provisión de liquidez, es probable que el temor a una corrida contra las deudas públicas de Italia y España se convierta en una profecía autocumplidora.</p>
<p>El importante aumento de recursos oficiales con que cuentan ahora el FMI y el MEE (junto con la liquidez del BCE) se podría usar entonces para proteger a estos países y a los bancos de otros lugares de la periferia de la eurozona en problemas. Sin importar lo que haga Grecia, hay que recapitalizar ahora y rápidamente los bancos de la eurozona, para lo cual se necesita un nuevo programa de inyección directa de capital que abarque a toda la UE.</p>
<p>La experiencia de Islandia y de muchos mercados emergentes a lo largo de los últimos 20 años muestra que la depreciación nominal y la reestructuración y reducción ordenadas de la deuda externa permite volver a una senda de sostenibilidad de la deuda, competitividad y crecimiento. Como en estos casos, los daños colaterales que sufriría Grecia como consecuencia del abandono del euro serían importantes, pero contenibles.</p>
<p>Igual que en un matrimonio condenado al fracaso, es mejor tener reglas que, llegado el inevitable divorcio, reduzcan el costo de la separación para ambas partes. No nos llamemos a engaño: un abandono ordenado del euro por parte de Grecia producirá un daño económico importante. Pero mucho peor sería sentarnos a mirar el derrumbe lento y caótico de la economía y la sociedad griegas.</p>
<p><strong>Nouriel Roubini</strong>, a professor at NYU’s Stern School of Business and Chairman of Roubini Global Economics, was one of the few economists to predict the recent global financial crisis. Traducción: Esteban Flamini.</p>
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		<title>Let sleeping Germans lie</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 09:54:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>The newly elected French Socialist president, Francois Hollande, is warning Germany that Mediterranean ideas of &#8220;growth,&#8221; not Germanic &#8220;austerity,&#8221; should be the new European creed. No surprise there &#8211; reckless debtors often blame their own past imprudence on greedy creditors, especially if the latter are supposed to be guilt-ridden over causing two world wars.</p>
<p>All over Europe, the gospel is that tight-fisted Germans are at the root of the European Union meltdown: They worked too hard, saved too much, bought too little and borrowed not at all. All that may be true, in theory. But, in fact, faulting thrift and &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/let-sleeping-germans-lie/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>The newly elected French Socialist president, Francois Hollande, is warning Germany that Mediterranean ideas of &#8220;growth,&#8221; not Germanic &#8220;austerity,&#8221; should be the new European creed. No surprise there &#8211; reckless debtors often blame their own past imprudence on greedy creditors, especially if the latter are supposed to be guilt-ridden over causing two world wars.</p>
<p>All over Europe, the gospel is that tight-fisted Germans are at the root of the European Union meltdown: They worked too hard, saved too much, bought too little and borrowed not at all. All that may be true, in theory. But, in fact, faulting thrift and industry is a prescription for incurring anger and guaranteeing backlash &#8211; especially in the case of the Germans, who are now asked to provide even more capital to help other European economies to recover.</p>
<p>There is one general rule about the history of the modern state of Germany since its inception in 1871: Anytime Germany has been both unified and isolated, armed conflict has inevitably followed.</p>
<p>We often scoff at such quaint historical laws &#8211; forgetting that World War I followed from the inability of the French to harness German nationalism after the Franco-Prussian War. World War II was a result of the inability of the victorious allies either to dismantle the unified German state or incorporate a defeated Germany into some sort of continental alliance.</p>
<p>After World War II, the allies swore that they had at last come up with a novel tripartite solution: Germany would be split apart. West Germany was to be a member of both NATO and, eventually, the new European Union. France, Great Britain and the United States would be nuclear powers, but not so Germany, where nuclear physics and rocketry were born.</p>
<p>Seventy years of peace followed &#8211; an abnormality in two millennia of Western civilization in Europe. But now, insidiously, the World War II-era constraints are eroding. Germany is united and very rich. The rest of the European Union is quite poor and beginning to crack apart. A ragtag NATO is confused by the new &#8220;lead from behind&#8221; America.</p>
<p>Yet the catalysts for the German wars were not just Europe&#8217;s inability to contain and surround a naturally powerful German state. German fears and emotions counted, too.</p>
<p>There were lots of causes of the First World War. But one was German propaganda that France, Britain and Russia were thwarting a growing imperial Germany&#8217;s natural right to expand and colonize.</p>
<p>Who knows all the sick reasons why desperate Germans turned to nutty ex-corporal Adolf Hitler in the 1930s? But among them was that ancient paranoia that the Allies once more had rigged the European system to keep Germany divided, weak, poor and on the defensive.</p>
<p>In other words, serially hurt pride and a loss of deterrence seemed to have been keys to the outbreak of three German wars. And now? The very thought of an armed, powerful &#8211; and increasingly exasperated &#8211; Germany, furious at its neighbors for a fourth time, seems silly, especially given its success and security.</p>
<p>But Germans certainly think that they have played by all the postwar rules. They paid $2 trillion for their own reunification without asking for handouts. The European Union turned into a Ponzi racket, in which poorer southern members cooked their books to get German cash &#8211; only when caught, to blame their indebtedness on German mercantilism and callous, export-driven profit-mongering. Perpetual war guilt decreed that Germans must be apologetic about their own success and discreet about the reasons for others&#8217; failures.</p>
<p>Beneath the recent election of a Socialist president in France and the rise of various extremists in southern Europe is a common theme. After four years of austerity, no poor European country still thinks that it can &#8211; or should &#8211; sacrifice to pay back much of what it borrowed from a far wealthier Germany, which supposedly undermined the European Union by not spending and borrowing more.</p>
<p>Of course, the EU always claims it will survive. Of course, all 21st-century Europeans know that nationalism and military preparedness are the fossilized notions of more primitive peoples.</p>
<p>But let&#8217;s wait and see what happens when Europeans not only default on lots of German-backed loans, but also defiantly announce that they should not have been given them in the first place &#8211; and thus should not have to pay them back at all. Injury for Germany is one thing; insult on top of it might be quite another.</p>
<p>History is quietly whispering to us in our age of amnesia: &#8220;I would not keep poking the Germans unless you are able to deal with them when they wake up.&#8221;</p>
<p><strong>Victor Davis Hanson</strong> is a classicist and historian at Stanford University&#8217;s Hoover Institution.</p>
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		<title>The glory that was Greece</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 08:04:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>When Germany&#8217;schancellor, Hannelore Kraft, met France&#8217;s president, Francois Hollande, in a sunny Berlin earlier this week, they agreed on a compelling strategy to save the Eurozone. With no elections due in any Eurozone country for the next two years, they were able to stretch the austerity timeline for Greece, Spain and Italy, add some elements of growth stimulus but also keep up the essential pressure for fiscal discipline and structural reform. As a result, even devastated Greece began to glimpse light at the end of the tunnel.</p>
<p>In our dreams, fellow Europeans, in our dreams.</p>
<p>In reality, as Hollande and &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/the-glory-that-was-greece/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>When Germany&#8217;schancellor, Hannelore Kraft, met France&#8217;s president, Francois Hollande, in a sunny Berlin earlier this week, they agreed on a compelling strategy to save the Eurozone. With no elections due in any Eurozone country for the next two years, they were able to stretch the austerity timeline for Greece, Spain and Italy, add some elements of growth stimulus but also keep up the essential pressure for fiscal discipline and structural reform. As a result, even devastated Greece began to glimpse light at the end of the tunnel.</p>
<p>In our dreams, fellow Europeans, in our dreams.</p>
<p>In reality, as Hollande and Chancellor Angela Merkel met under thunder and lightning-torn skies, there was capital flight from Greece, fear and trembling in the markets, self-reinforcing talk of Greek exit from the euro and another month of uncertainty until another election in Athens. And everywhere, all the time, there is that tiresome old Greek invention called democracy.</p>
<p>Even if Kraft, the Social Democratic victor in Sunday&#8217;s North Rhine-Westphalia elections, were federal Chancellor Kraft, there would still be the problem of an election imminent somewhere in Europe, and the chronic difficulty politicians find in telling home truths to people whose votes they are courting.</p>
<p>Britain&#8217;s untold home truth is that it cannot have its cake and eat it, being a semi-detached member of the European Union while enjoying all the economic benefits of membership.</p>
<p>France&#8217;s untold home truth is that it is no longer an equal partner of Germany.</p>
<p>Germany&#8217;s untold home truth is that it is going to pay for this mess anyway, one way or another. Many of Greece&#8217;s bad debts have already been socialized via the European Financial Stability Facility, the International Monetary Fund and the European Central Bank. Germany has a major share of each of them, but particularly of the last. If Greek default had a knock-on effect on other weaker Eurozone countries, Germany would have to reach into its pocket to shore them up — directly or indirectly — or face wholly unpredictable consequences.</p>
<p>Greece&#8217;s untold, or only half-told, home truth is that its only alternatives now are bad, worse or worst. Worst is clearly an unplanned, chaotic exit from the euro. That may still happen. If it doesn&#8217;t, then Greek voters have a month to work out which they think is bad and which worse: a planned, careful departure from the euro or remaining in on the best terms Hollande can help them squeeze out of Germany.</p>
<p>I am not ready to join the chorus of commentators confidently urging Greece to jump one way or the other. I don&#8217;t know which would be better for Greece. I&#8217;m not an economist — and, by the way, economists don&#8217;t know either. And I&#8217;m not Greek. There is no European demos, therefore no proper EU-wide democracy, so the Greeks have to work out what is good for the Greeks.</p>
<p>Their May 6 election was a howl of anguish at the suffering the country has been put through. It involved a majority rejection of the two main parties that have dominated the country&#8217;s politics for decades and of those parties&#8217; support for the so-called memorandum, the agreement on austerity in return for a European bailout.</p>
<p>The next election will be a moment of truth: in or out. Should the country gamble that after the initial shock and losses of &#8220;Grexit,&#8221; its economy could grow again with the help of devaluation? Or should the new government negotiate the best deal it can get inside the Eurozone, taking hope from the impact of Hollande and others? Merkel trailed her coat a little this week, telling CNBC, &#8220;If Greece believes that we can find more stimulus in Europe in addition to the memorandum, then we have to talk about that.&#8221; Yet even the best possible deal would mean a long, painful slog out of the valley of despair.</p>
<p>These alternatives need to be placed as honestly as possible before Greek voters. Then they have to decide. Actually, that was the extraordinary idea people came up with in Athens about 2,500 years ago. Free citizens gathered in the place of assembly. &#8220;Tis agoreuein bouletai,&#8221; cried the herald: &#8220;Who wishes to address the assembly?&#8221; Then any free man (yes, it was only men) could make the best case for his policy choice.</p>
<p>The future of the Eurozone now de pends on the choice to be made in Greece, the future of Europe on that of the Eurozone, and that of the West to a significant degree on that of Europe. So with slight hyperbole, we can say that the future of the West now depends on the birthplace of the West. Is it too much to hope that, in such a moment, Greek politics will rediscover some of the grandeur and simplicity that was present in Athens at the creation of democracy? Probably it is.</p>
<p><strong>Timothy Garton Ash</strong>, a contributing writer to Opinion, is a senior fellow at the Hoover Institution at Stanford University and professor of European studies at Oxford University.</p>
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		<title>If the eurozone is serious about growth, it can have it</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 07:42:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>In the recent elections in <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/greece">Greece</a> and <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/france">France</a>, voters voted loudly for politicians who argue that with record levels of unemployment, poverty and despair, only a growth plan will prevent Europe disintegrating politically, economically and socially.</p>
<p>The new emphasis on &#8220;growth&#8221; is due to the failure of austerity, in all countries, to kickstart a post-crisis recovery (or even reduce debt levels), and the failure of quantitative easing in achieving much but bailing out the banks that are now rich enough to start speculating again. Healthy banks in a sick economy: a bad mix. Yet this new emphasis on growth &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/if-the-eurozone-is-serious-about-growth-it-can-have-it/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>In the recent elections in <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/greece">Greece</a> and <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/france">France</a>, voters voted loudly for politicians who argue that with record levels of unemployment, poverty and despair, only a growth plan will prevent Europe disintegrating politically, economically and socially.</p>
<p>The new emphasis on &#8220;growth&#8221; is due to the failure of austerity, in all countries, to kickstart a post-crisis recovery (or even reduce debt levels), and the failure of quantitative easing in achieving much but bailing out the banks that are now rich enough to start speculating again. Healthy banks in a sick economy: a bad mix. Yet this new emphasis on growth is hardly a consensus.</p>
<p>Economists, since the time of Adam Smith&#8217;s 1776 work, <a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/The_Wealth_of_Nations">Wealth of Nations</a>, have debated what causes growth. Indeed, some economists have long insisted that growth occurs precisely through thrift – that is, austerity. And in recent weeks we have heard many economists argue that growth in the eurozone will come from &#8220;structural reforms&#8221; that will make it easier to collect taxes, reduce red tape, and easier to hire and fire workers.</p>
<p>But growth requires investment. Companies invest to make profits and grow. Evidence shows those which invest more in new technology, human capital and research and development, and are located in countries where public spending in these areas is high, are able to produce more competitive and better value products.</p>
<p>Italy has not grown for the last 10 years, mainly because its public and private sector did not make key investments in factors that increase productivity. Its debt-to-GDP ratio rose because its growth rate was so much lower than the interest it paid on its debt. And Greece grew in the 90s not because it was making smart investments but because badly directed European structural funds allowed it to get away with not making them. Once those funds expired, so did the false growth.</p>
<p>And structural reforms without investment don&#8217;t produce growth. When <a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Telecom_Italia">Telecom Italia</a> was privatised in 1997 (to spur growth) it cut its research and development spending, and is now much less innovative and competitive than <a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/France_T%C3%A9l%C3%A9com">France Télécom</a>, which remained partly public and continued to invest. Scandinavia, with its large welfare state and stringent labour laws, has been one of the most crisis-resilient regions because it invests in innovation.</p>
<p>Yet through its moralistic and deflationary stance of &#8220;do what the Germans did&#8221;, pressure from Germany is not allowing the weaker eurozone countries to do just that. German competitiveness is not due only to its lower unit labour costs (which are not low when welfare benefits are included), but to its strategic investments in research and development, vocational training, state investment banks that create &#8220;patient&#8221; finance, and its recent emphasis on greening the economy. Similarly, the engineering group Siemens did not win a UK contract for fast green trains because of low wages, but because of its innovation investments, which have made it one of the most competitive companies in the world.</p>
<p>The eurozone will grow only once weaker countries are allowed to make the strategic investments Germany has. There is much talk about the need for internal rebalancing, to increase the competitiveness of the deficit-burdened south relative to the surplus-blessed north, but this is a limited view. What is required is not that wages fall in Portugal, Italy, Greece, and Spain, but that they make investments that increase their productivity – an impossibility with austerity-driven policies.</p>
<p>And the lack of these investments only makes Germany more competitive relative to its southern neighbours – but without a strong EU, Germany will not be able to compete with China and Brazil in emerging sectors and technologies.</p>
<p>A critical player, the <a title="" href="http://www.eib.org/">European Investment Bank</a>, could encourage productive investments across Europe, generating a real rebalancing. The EIB could become the financial arm of what should be, but is not, Europe&#8217;s equivalent of the <a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/American_Recovery_and_Reinvestment_Act_of_2009">American Recovery and Reinvestment Act</a>. Applying the principle of the &#8220;<a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Multiplier_%28economics%29">Keynesian multiplier</a>&#8220;, the current proposal is to increase its capital by a modest €10bn, unleashing €60bn in co-financing projects which will then (hopefully) multiply to as much as €180bn of European Union output.</p>
<p>But to render this a systematic mechanism for European economic solidarity, more is needed. Under the present law, EIB investments need to be co-financed by member states; and the weaker ones have no cash for this. Only if European Central Bank bonds can co-finance EIB bonds – which Germany resists – will EIB investments allow Greece, for instance, to grow through investment in renewables, putting its sunshine to better use than just tourism. And, in the process, create the desperately needed dynamic &#8220;spillovers&#8221; in technology, research, education, and training.</p>
<p>So if growth is really on the agenda, the focus should be on the productive investments needed to rebalance Europe, and mechanisms that allow that to happen. It is far too easy for David Cameron to say &#8220;get your house in order&#8221; and then work against such mechanisms. The eurozone will rise when new economic thinking wins over static ideology.</p>
<p><strong>Mariana Mazzucato</strong>, economist and RM Phillips professor in science and technology policy at the University of Sussex, is the author of <em>The Entrepreneurial State</em>, and co-author with William Lazonick of <em>Risks and Rewards: Understanding the Innovation-Inequality Relationship</em>. Her website is <a href="http://www.marianamazzucato.com/">marianamazzucato.com</a></p>
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		<title>Cold winds from Moscow</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 07:36:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Relaciones Transatlánticas]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>The decision by Russian President Vladimir Putin not to attend the NATO summit and the G-8 summit is a blow to the Obama administration&#8217;s hopes of building closer ties to Russia and underscores that the effort to &#8220;reset&#8221; relations with Russia is likely to be slow and fraught with difficulties.</p>
<p>Putin&#8217;s excuse — that he was too busy with the formation of the new Cabinet — is hardly credible. Prime Minister Dmitri Medvedev has the responsibility to nominate the Cabinet, not Putin. But Medvedev will be in the United States attending the G-8 summit. So the prime minister, who is &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/cold-winds-from-moscow/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>The decision by Russian President Vladimir Putin not to attend the NATO summit and the G-8 summit is a blow to the Obama administration&#8217;s hopes of building closer ties to Russia and underscores that the effort to &#8220;reset&#8221; relations with Russia is likely to be slow and fraught with difficulties.</p>
<p>Putin&#8217;s excuse — that he was too busy with the formation of the new Cabinet — is hardly credible. Prime Minister Dmitri Medvedev has the responsibility to nominate the Cabinet, not Putin. But Medvedev will be in the United States attending the G-8 summit. So the prime minister, who is in charge of forming the Cabinet, can go to the summit. But Putin, who does not have the main responsibility in this matter, cannot.</p>
<p>Putin presumably intends to send two important messages through his absences. First, to underscore that Putin is the <em>Voshd</em> — Numero Uno — even in matters that constitutionally fall to the prime minister. This is hardly news. It was clear when Putin was prime minister that he was the real power behind the throne. Now that he is again president, Putin was just making it clear, lest anyone wondered.</p>
<p>The second — and more important — message was that Putin was not ready to fly off to the United States simply for a photo-op and handshake with President Barack Obama. There had to be substantive progress on reducing areas of disagreement on key issues, particularly on missile defense. He was not prepared to come to Chicago to be a bit actor in a play endorsing NATO&#8217;s missile defense plans. This was a task for Medvedev, who would be associated with decisions that were not seen to have benefits for Russia.</p>
<p>This does not mean that under Putin, relations with Russia are likely to revert back to the Cold War. Putin would like better relations with Washington — on his terms. The Putin camp believes Russia received few benefits from the Obama administration&#8217;s reset policy. They want a more &#8220;balanced&#8221; relationship — one that takes into consideration more forcefully Russian interests. They believe Medvedev as president was not tough enough with the Obama administration. They want a more equal relationship.</p>
<p>At the same time, the internal situation in Russia makes a reset with Moscow more difficult. For one thing, the economic situation in Russia is far less advantageous now than it was during Putin&#8217;s first two terms, when a dramatic rise in oil prices allowed Russia to recover more quickly than many Western observers had anticipated.</p>
<p>In addition, Putin faces a much more restive and assertive Russian middle class than in his first two terms. While some of the energy that fueled the protests before Putin&#8217;s election in March has fizzled, the rallies continue to draw large crowds, and discontent with Putin&#8217;s rule remains strong among the urban middle class.</p>
<p>The continued protests and calls for greater internal reform ensure that democracy and human rights issues will be important items on the U.S.-Russian political agenda in a way they were not in Putin&#8217;s earlier tenure as president. This is likely to complicate the U.S.-Russian dialogue and make resolution of other issues, particularly missile defense, more difficult.</p>
<p>Putin&#8217;s decision to withdraw from the G-8 meeting, for instance, appears in part to have reflected irritation over the Obama administration&#8217;s statements about the protests during Putin&#8217;s inauguration.</p>
<p>Another sore point has been pending legislation in Congress that seeks to punish Russian officials linked to human rights abuses. This has complicated the administration&#8217;s efforts to repeal the Jackson-Vanik amendment, passed during the Cold War, which imposed sanctions on Moscow because of its restrictions on emigration of Jews. Since the collapse of the Soviet Union, successive American administrations have waived the sanctions. But Moscow feels that the Obama administration has not been assertive enough in pressing for the abolition of the legislation.</p>
<p>Putin also has been irked by what he perceives as efforts by the administration to undermine his political authority. In December, he publicly accused Secretary of State Hillary Rodham Clinton of promoting &#8220;regime change&#8221; in Russia. The Russian press has also sharply attacked Michael McFaul, the U.S. ambassador in Moscow, viewed as one of the main architects of the administration&#8217;s policy aimed at democracy promotion.</p>
<p>These attacks underscore the way in which internal and external policy have become more closely fused of late. Until these issues are sorted out, the prospects for a serious improvement in U.S.-Russian relations will remain dim.</p>
<p><strong>F. Stephen Larrabee</strong>, who holds the distinguished chair in European security at the nonprofit RAND Corp., served on the National Security Council staff in the Carter White House.</p>
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		<title>Who is Responsible for the Greek Tragedy?</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 22:40:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Greece is following the road taken by several other crisis-ridden emerging economies over the past 30 years. Indeed, as I argued earlier this year, there are stunning similarities between this once-proud eurozone member and Argentina prior to its default in 2001. With an equally traumatic implosion – economic, financial, political, and social – now taking place, we should expect heated debate about who is to blame for the deepening misery that millions of Greeks now face.</p>
<p>There are four suspects – all of them involved in the spectacular boom that preceded what will unfortunately prove to be an even more &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/who-is-responsible-for-the-greek-tragedy/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Greece is following the road taken by several other crisis-ridden emerging economies over the past 30 years. Indeed, as I argued earlier this year, there are stunning similarities between this once-proud eurozone member and Argentina prior to its default in 2001. With an equally traumatic implosion – economic, financial, political, and social – now taking place, we should expect heated debate about who is to blame for the deepening misery that millions of Greeks now face.</p>
<p>There are four suspects – all of them involved in the spectacular boom that preceded what will unfortunately prove to be an even more remarkable bust.</p>
<p>Many will be quick to blame successive Greek governments led by what used to be the two dominant political parties, New Democracy on the right and PASOK on the left. Eager to borrow their country to prosperity, they racked up enormous debts while presiding over a dramatic loss of competitiveness and, thus, growth potential. Some even sought to be highly economical with the truth, failing to disclose the true extent of their budgetary slippages and indebtedness.</p>
<p>Having borrowed far too much after joining the eurozone in 2001, New Democracy and PASOK let their citizens down when adjustments and reforms were needed after the 2008 global financial crisis. An initial phase of denial was followed by commitments that could not be met (indeed, that some argued should not be met, owing to faulty program design). The resulting erosion in Greece’s international standing amplified the hardship that citizens were starting to feel.</p>
<p>Hold on, I hear you say. For every debt incurred there is a credit extended. You are right.</p>
<p>Greece’s private creditors were more than happy to pour money into the country, only to shirk their burden-sharing responsibilities when the artificial boom could no longer be sustained. The over-lending was so widespread that at one point it drove down the yield differential between Greek and German bonds to just six basis points – a ridiculously low level for two countries that differ so fundamentally in terms of economic management and financial conditions.</p>
<p>Overeager creditors willingly underwrote this absurd risk premium. Yet, when it became abundantly clear that Greece’s debt burden had been taken to insolvency levels, creditors delayed the moment of truth. They dragged their feet when it came to the critical agreement on orderly burden-sharing (that is, acceptance of a “haircut” on private-sector claims on Greece). And the longer they did that, the more money left Greece without any intention of returning.</p>
<p>But neither the Greek government nor its private creditors acted in a vacuum. Both took comfort from the political cover provided by the European unification effort – an historic initiative aimed at securing the continent’s well-being through closer economic and political integration on the basis of credible rules and effective institutions.</p>
<p>On both counts – rules and institutions – the eurozone fell short of what was required. Remember, the large core economies (France and Germany) were among the first members to breach the budgetary rules that were established when the euro was launched. And European institutions proved toothless when it came to enforcing compliance. All of this served to sustain the fantasy world that both Greece and its creditors happily inhabited for far too long.</p>
<p>Europe also failed to react properly when it became obvious that Greece was starting to teeter. European government counterparts failed to converge on a common assessment of the country’s problems, let alone cooperate on a proper response. While they grudgingly loosened their purse strings to support Greece, the underlying motives were too shortsighted, and the resulting approach was strategically flawed and abysmally coordinated.</p>
<p>Finally, there was the International Monetary Fund, the institution charged with safeguarding global financial stability and being a trusted adviser to individual countries. It appears that the IMF succumbed too easily to political pressures during both the boom and the bust. Political expediency seems to have trumped analytical robustness, undermining both the Fund’s direct beneficial role and its function as a policy and financial catalyst.</p>
<p>On the surface, each of the four suspects has an individual case for arguing that the finger of blame should be pointed elsewhere. They could even argue that, at worst, they were uninformed accomplices. But that is not really right.</p>
<p>None of the four can avoid the reality that Greece’s collapse would not have occurred had they not been complacent during the boom and, subsequently, fulfilled their responsibilities during the bust so poorly. They sucked each other into a sense of false prosperity, only to trip each other up during the inevitable downturn. Now, one hopes, all four will be held properly accountable by their stakeholders and undertake serious self-evaluation.</p>
<p>Most likely, they will end up getting off too easy, especially compared to the real victims of this historic tragedy – the most vulnerable segments of the Greek population, who will become much worse off, today and for many years to come, as jobs disappear, savings evaporate, and livelihoods are destroyed. And they may not be alone. Millions of others may experience collateral damage, as financial contagion risks spreading to other European countries and to the global economy as a whole.</p>
<p>In a fairer world, these vulnerable citizens would be entitled to claw back the salaries, official privileges, and bonuses that the four parties to blame enjoyed for too long. In the world as it is, they are a compelling lesson for the future.</p>
<p><strong>Mohamed A. El-Erian</strong> is CEO and co-Chief Investment Officer of the global investment compamy PIMCO, with approximately $1.4 trillion in assets under management.</p>
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		<title>En la maraña de la historia</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 21:22:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Comunismo]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>
		<category><![CDATA[Rumanía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Las ciudades rumanas de Ploiesti y Bucarest fueron bombardeadas durante la II Guerra Mundial por soviéticos, ingleses, estadounidenses y, después, por alemanes. “No una semana, tampoco un mes ni un año, sino años enteros”, escribe en sus memorias Raúl S-W Berg, el personaje que protagoniza la <em>Enciclopedia B-S</em> (Periférica), donde el historiador argentino José Emilio Burucúa reconstruye los avatares del siglo XX siguiendo los pasos de una familia judía centroeuropea. La Rumanía de Antonescu se situó desde el principio al lado del Eje. El 23 de agosto de 1944, sin embargo, el rey Miguel dio un golpe de Estado y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/en-la-marana-de-la-historia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las ciudades rumanas de Ploiesti y Bucarest fueron bombardeadas durante la II Guerra Mundial por soviéticos, ingleses, estadounidenses y, después, por alemanes. “No una semana, tampoco un mes ni un año, sino años enteros”, escribe en sus memorias Raúl S-W Berg, el personaje que protagoniza la <em>Enciclopedia B-S</em> (Periférica), donde el historiador argentino José Emilio Burucúa reconstruye los avatares del siglo XX siguiendo los pasos de una familia judía centroeuropea. La Rumanía de Antonescu se situó desde el principio al lado del Eje. El 23 de agosto de 1944, sin embargo, el rey Miguel dio un golpe de Estado y su país empezó a combatir en el bando de los aliados. En el cielo cambiaron las banderas de los aviones, pero las bombas siguieron cayendo con puntualidad matemática y con más o menos puntería.</p>
<p>En uno de esos ataques los alemanes fueron particularmente certeros. Tras una acometida inicial se impuso la calma, así que Raúl abandonó el refugio y regresó a casa para recoger a <em>Muqui,</em> su perrita. Aprovechó entonces para afeitarse y en esas andaba cuando los aviones retomaron su rutina destructiva. Arrojaron nueve bombas en su calle, desde el número 1 al 17, y una de ellas cayó exactamente sobre el 11, su casa. Raúl y <em>Muqui</em> sobrevivieron sorprendentemente, pero la perrita quedó paralítica. Cuando regresó al refugio para dar noticias de que aún vivía, su mujer le puso un espejo delante: “Me miré; tenía todo el pelo blanco”.</p>
<p>“La brutalidad del comunismo rumano ocultó en gran medida la del nazismo anterior”, escribe José María Ridao en <em>Radicales libres</em> (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). Se ha detenido ahí, en Bucarest, porque está contando lo que pasó con algunos de los grandes intelectuales de aquel país durante ese periodo. Mircea Elíade y Emile Cioran formaron parte de la Legión de Hierro, la sanguinaria organización que permitió a Antonescu imponer en su país medidas parecidas a las que aplicó Hitler en Alemania. Eugène Ionesco y Mihail Sebastian, en cambio, prefirieron distanciarse de sus excesos.</p>
<p>A Raúl se le quedó el pelo blanco de puro espanto. Y ese espanto es una de las marcas del siglo XX, que ocupa seguramente el lugar central de ese libro de Ridao en el que ha reunido una colección de piezas —notas de lectura, apuntes de viajes, reflexiones sobre episodios puntuales de la actualidad, referencias a películas o a encuentros personales— que no parecen tener entre sí conexión alguna pero que terminan, acopladas una detrás de otra de manera cronológica, por proponer una escalofriante panorámica de cuanto les ocurre a hombres y mujeres cuando son atrapados en el torbellino de la historia. Algunos son seducidos por los reclamos de los poderosos, otros padecen sus delirios. Lo que José María Ridao procura es iluminar la “otra cara”, aquella de la que queda apenas rastro, la que atraviesan esos “seres solitarios avanzando en dirección contraria a la multitud, radicales libres”.</p>
<p>El recorrido empieza en el Egito faraónico, se detiene en el teatro romano de Bosra, pasa por las confesiones de San Agustín o el martirio de Santa Juliana, asiste al tratado de Tordesillas de 1494 o a las Capitulaciones de 1491, observa las infames maniobras de los Médici en la Florencia de Lorenzo el Magnífico, da cuenta de los viajes de Gulliver que contó Jonathan Swift. De Balzac recoge su desafío, con el que pretendió emular a Napoleón: “Lo que él comenzó con la espada, yo lo alcanzaré con la pluma”. Luego entra en Tocqueville y en Richard Burton para constatar como la aventura colonial en África comparte buena parte de sus presupuestos ideológicos con los totalitarismos del siglo XX, y se detiene en <em>La avenida Sydenham,</em> el cuadro que Claude Pisarro pintó durante su forzada estancia en Londres cuando huía de la guerra francoprusiana de 1870. Dostoievski, Turguénev, Ibsen, la invención del cine por los Lumière, la fascinación por la ciencia de Julio Verne, las aventuras de Tarzán, el compendio de sabiduría que arman Bouvard y Pécuchet de la mano de Flaubert.</p>
<p>Ridao entra en el siglo XX de la mano de Kafka y su muralla china. De Italo Svevo recoge un diagnóstico sobre el clima que se vive cuando la Gran Guerra —18 millones de muertos— está a punto de estallar: “Un presente en que el miedo se ha adueñado de la vida cotidiana”. Cuando analiza la obra de Sebastian Haffner sobre la revolución alemana de 1918-1919 apunta que el nazismo se ha estudiado más como una patología capaz de inspirar acciones criminales que como el resultado de decisiones políticas concretas. El testimonio de un viaje de André Gide en el verano de 1936 le sirve para mostrar la deriva totalitaria de la revolución soviética: “Lo que se quiere y lo que se exige es la aprobación de cuanto hace la URSS”, escribió el escritor francés, “lo que se busca, que esta aprobación no obedezca a la resignación, sino a la sinceridad, incluso al entusiasmo. Lo más sorprendente es que se consigue”.</p>
<p>Es imposible sintetizar <em>Radicales libres</em> pues cada pieza tiene vida propia y agarra a su manera los sucesos y las experiencias de momentos muy concretos. Baste señalar, acaso, dos corrientes que fluyen por sus páginas. Una de ellas abunda en una inquietante paradoja: que las democracias debieran parte de su victoria sobre el totalitarismo en la Segunda Guerra Mundial a un régimen totalitario. La otra, que Ridao aborda cuando muestra que no todos los actos de la Resistencia fueron irreprochables o cuando se refiere a la matanza de 22.000 oficiales polacos por parte del Ejército soviético en los bosques de Katyn, le permite subrayar que “lo que importa es recordar que la victoria no puede ser una justificación retrospectiva de todas las acciones que la propiciaron, como la destrucción planificada de Alemania&#8230;”.</p>
<p>Avanzar en dirección contraria a la multitud, dice Ridao de su tarea, y por eso se ocupa de desmontar los mitos que consagran un mundo en blanco y negro y que esquivan la complejidad con buenas intenciones. Las piezas de su libro son una invitación a mirar con coraje la infamia a la que tantas veces conducen las grandes causas, pero también a celebrar la valentía de cuantos se negaron a aceptar la versión establecida y pelearon por acercarse a la verdad. Tras la II Guerra Mundial, Ridao avanza a lo largo del siglo, y se sumerge en el laberíntico conflicto de Oriente Próximo, recoge el final del Che Guevara en la selva boliviana, habla del terrorismo de la Baader Meinhof o analiza la guerra de Irak, entre otros asuntos.</p>
<p>La informe maraña de la pasada centuria que Burucúa ha atravesado siguiendo la vida de una familia judía y que Ridao, en una parte de <em>Radicales libres,</em> ha rastreado a través de sus lecturas, la aborda Tony Judt en una larga conversación con Timothy Snyder en <em>Pensar el siglo XX</em> (Taurus). En este caso, el historiador se niega a aceptar la versión oficial que de cuanto pasó fue solo “un lamentable historial de dictaduras, violencia, abuso autoritario del poder y supresión de los derechos individuales”. También hubo mejoras de la condición humana en general, dice. Así que se embarca, como Burucúa y Ridao, en la colosal empresa de volver a los hechos, a las vidas corrientes, a esas políticas concretas que se aplicaron en momentos concretos. “Lo primero es enseñar a la gente lo que son los árboles”, le dice Judt a Snyder. “La gente no debería aventurarse en los bosques, ni siquiera en bosques con las sendas marcadas, si no saben lo que es un árbol”.</p>
<p>Es necesario observar, por ejemplo, como hace Ridao, las distintas respuestas que dieron el general Paul Tibbets y el piloto Claude Eatherley a un experiencia que compartieron: arrojar sobre Hiroshima la primera bomba nuclear de la historia. Tibbets estaba convencido de que la bomba había ahorrado muchas vidas humanas y proclamo que “en las mismas circunstancias, volvería a hacerlo”. Eatherly, en cambio, no pudo ya conciliar el sueño y en un momento de extremo pesar, “valiéndose de un listín telefónico, redactó centenares de cartas que dirigió a otros tantos habitantes de Hiroshima escogidos al azar, y en las que simple y angustiosamente solicitaba su perdón”.</p>
<p><strong>José Andrés Rojo.</strong></p>
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		<title>The Greek people now face a stark choice: in or out?</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 20:07:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>When Germany&#8217;s chancellor Hannelore Kraft met France&#8217;s president François Hollande in a sunny Berlin earlier this week, they agreed on a compelling strategy to save the eurozone. With no elections in any eurozone country for the next two years, they were able to stretch the austerity timeline for Greece, Spain and Italy, add some elements of growth stimulus, including increased demand in Germany itself, but also keep up the essential pressure for fiscal discipline and structural reform. As a result, even devastated Greece began to glimpse light at the end of the tunnel.</p>
<p>In our dreams, fellow Europeans, in our &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/the-greek-people-now-face-a-stark-choice-in-or-out/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>When Germany&#8217;s chancellor Hannelore Kraft met France&#8217;s president François Hollande in a sunny Berlin earlier this week, they agreed on a compelling strategy to save the eurozone. With no elections in any eurozone country for the next two years, they were able to stretch the austerity timeline for Greece, Spain and Italy, add some elements of growth stimulus, including increased demand in Germany itself, but also keep up the essential pressure for fiscal discipline and structural reform. As a result, even devastated Greece began to glimpse light at the end of the tunnel.</p>
<p>In our dreams, fellow Europeans, in our dreams. The reality is different. While <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/2012/may/15/francois-hollande-angela-merkel-summit">François Hollande and Angela Merkel</a> – not Kraft, the Social Democratic victor in last Sunday&#8217;s <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/2012/may/13/angela-merkel-north-rhine-westphalia">North Rhine-Westphalia elections</a> and possible candidate for chancellor in 2013 – meet under thunder and lightning-torn skies, there is capital flight from Greece (more than €5bn since the 6 May election), fear and trembling in the markets, self-reinforcing talk of Greek exit from the euro and another month of uncertainty until another election in Athens. Meanwhile, back in Berlin, Germany&#8217;s finance minister <a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Wolfgang_Sch%C3%A4uble">Wolfgang Schäuble</a> still preaches the gospel of <a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ordoliberalism"><em>Ordoliberalism</em></a> as if it were revealed truth. And everywhere, all the time, there is that tiresome old Greek invention called democracy.</p>
<p>I recently heard a line attributed to the former Luxembourg prime minister Jean-Claude Juncker, now the head of the euro group, to the effect that &#8220;we know exactly what we should do; we just don&#8217;t know how to get re-elected if we do it&#8221;. It&#8217;s not entirely clear that Merkel and Schäuble do know what is needed, since their economic doctrine is flawed. But even if they did, or if it were already federal chancellor Kraft, there would still be the problem of an election imminent somewhere in Europe, and the chronic difficulty politicians find in telling home truths to people whose votes they are courting.</p>
<p>Each country has its own home truth that its politicians are failing to tell. Britain&#8217;s untold home truth is that it cannot have its cake and eat it, being a semi-detached member of the EU while continuing to enjoy all the economic benefits of membership. France&#8217;s untold home truth is that it is no longer an equal partner of Germany.</p>
<p>Germany&#8217;s untold home truth is that it is going to pay for this mess anyway, one way or another. Many of Greece&#8217;s bad debts have already been socialised via the European Financial Stability Facility, the IMF and the European Central Bank (ECB). Germany has a major share of each of them, but particularly of the last. <a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/TARGET2">&#8220;Target 2&#8243;</a> may not yet be a household phrase in Germany, but it should be.</p>
<p>Through the ECB&#8217;s so-called target 2 liquidity system, Germany had – at the end of last month – some €644bn of claims on other eurozone central banks, a sum equivalent to roughly a quarter of German GDP. If Greece exited the euro, what would happen to its central bank&#8217;s target 2 liability to the ECB, and through the ECB to Germany? Nobody knows, but in all probability, the ECB would just write it off. That wouldn&#8217;t break the bank, but Germany would end up footing part of the bill. If Greek default had a knock-on effect on other weaker eurozone countries, Germany would have to reach into its pocket to shore them up – directly or indirectly – or face wholly unpredictable consequences.</p>
<p>Greece&#8217;s untold, or only half-told, home truth is that its only alternatives now are bad, worse or worst. Worst is clearly an unplanned, chaotic exit from the euro. That may still happen. If it doesn&#8217;t, then Greek voters have a month to work out which they think is bad and which worse: a planned, careful departure from the euro or remaining in on the best terms Hollande can help them squeeze out of Germany.</p>
<p>I am not ready to join the chorus of commentators confidently urging Greece to jump one way or the other. I simply don&#8217;t know which would be better for Greece. I&#8217;m not an economist – and, by the way, the economists don&#8217;t know either. I&#8217;m also not ready because I&#8217;m not Greek. Democracy means people working out what government and policies are best for them. There is no European demos, therefore no proper EU-wide democracy, so the Greeks have to work out what is good for the Greeks.</p>
<p>Their 6 May election was a howl of anguish at the suffering the country has been put through. It involved a majority rejection of the two main parties that have dominated the country&#8217;s politics for decades and of those parties&#8217; support for the so-called &#8220;memorandum&#8221; – the agreement on austerity in return for European bailout.</p>
<p>The next election will be a moment of truth: in or out. Should the country gamble that after the initial shock and losses of &#8220;Grexit&#8221;, its economy could grow again with the help of devaluation? Or should the new government negotiate the best deal it can get inside the eurozone, taking hope from the impact of Hollande and others? Merkel trailed her coat a little , telling CNBC: &#8220;If Greece believes that we can find more stimulus in Europe in addition to the memorandum then we have to talk about that.&#8221; Yet even the best possible deal would mean a long, painful slog out of the valley of despair.</p>
<p>These alternatives need to be placed as honestly as possible before Greek voters. Then they have to decide. Actually, that was the extraordinary idea people came up with in Athens about 2,500 years ago. Free citizens gathered in the place of assembly. &#8220;<em>Tis agoreuein bouletai</em>?&#8221; cried the herald – &#8220;Who wishes to address the assembly?&#8221; Then any free man (yes, it was only men) could make the best case for his favoured policy choice, with democracy and free speech being seen as two sides of the same coin.</p>
<p>The future of the eurozone now depends on the choice to be made in Greece, the future of Europe on that of the eurozone, and that of the west to a significant degree on that of Europe – so, with slight hyperbole, we can say that the future of the west now depends on the birthplace of the west. Is it too much to hope that, in such a moment, Greek politics will rediscover some of the grandeur and simplicity that was present in Athens at the creation of democracy? Probably it is.</p>
<p><strong>Timothy Garton Ash</strong> is a historian, political writer and Guardian columnist.</p>
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		<title>La tentación extremista</title>
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		<pubDate>Tue, 15 May 2012 07:36:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[Procesos electorales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Uno de los resultados de las elecciones francesas más comentado por los medios y los analistas ha sido el ascenso del Front National hasta obtener un porcentaje de voto que ha sido calificado de histórico, de ruptura de su techo político o de aldabonazo electoral. Lo cierto es que, si comparamos el 17,9% de los sufragios que ha obtenido en estas elecciones con el 10% de 2007, el avance parece merecer tales calificativos.</p>
<p>Sin embargo, si ampliamos la perspectiva, podemos comprobar que el panorama cambia considerablemente ya que ese 17,9% no queda tan lejos del 14% de 1988, del 15% &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/la-tentacion-extremista/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los resultados de las elecciones francesas más comentado por los medios y los analistas ha sido el ascenso del Front National hasta obtener un porcentaje de voto que ha sido calificado de histórico, de ruptura de su techo político o de aldabonazo electoral. Lo cierto es que, si comparamos el 17,9% de los sufragios que ha obtenido en estas elecciones con el 10% de 2007, el avance parece merecer tales calificativos.</p>
<p>Sin embargo, si ampliamos la perspectiva, podemos comprobar que el panorama cambia considerablemente ya que ese 17,9% no queda tan lejos del 14% de 1988, del 15% de 1995 o el 17% de la primera vuelta de 2002. Un ascenso que se reduce a una exigua décima si lo comparamos con el 17’8% de la segunda vuelta de aquella convocatoria y que queda definitivamente en entredicho si consideramos que en 2002 el FN se presentaba tras la escisión del grupo de Bruno Mégret y que la suma de ambos superaría el 19% de los sufragios. Así pues, ante lo que estamos no es ante un histórico salto adelante sino ante un innegable, pero mucho más modesto, buen resultado.</p>
<p>Pese a ello, lo cierto es que estas elecciones sí que han sido un éxito histórico para el FN, pero lo que justifica tal afirmación no es tanto el porcentaje de votos como la nueva ubicación que este partido ha logrado alcanzar dentro del sistema político francés. Efectivamente, el partido de Marine Le Pen ha roto los márgenes que anteriormente lo limitaban y, como veremos, no tanto por méritos propios como por decisiones ajenas.</p>
<p>Hace dos decenios, Jean Marie Le Pen señaló que su objetivo no era tanto ganar una presidencia imposible de alcanzar como quebrar el dominio que, en su opinión, mantenían los valores izquierdistas y el discurso “sesentayochista” en la política y la sociedad francesa. Así pues, la estrategia se dirigía a ganar lo que Le Pen denominó “la batalla de las ideas”, a alcanzar la hegemonía cultural e imponer su agenda, especialmente entre la derecha francesa.</p>
<p>Lo cierto es que la tarea no era sencilla para un partido heredero directo de Vichy y partidario de la Argelia francesa, en una república que construyó su identidad contra el colaboracionismo, y a la que De Gaulle llevaría pronto por la vía de la descolonización. El propio prestigio del general, como figura clave de la república y referente de la derecha francesa, hacía prácticamente imposible todo acercamiento a un FN que representaba exactamente el negativo de los mitos fundacionales de la República.</p>
<p>Es esa caracterización del FN lo que, durante cuatro décadas, ha posibilitado el establecimiento de un <em>cordón sanitario</em> que, hace apenas siete años, aún encontraba un firme defensor en el propio Jacques Chirac, y que condenaba al FN a los márgenes del sistema político. Un efectivo dique de contención que, y éste ha sido el mejor resultado del FN en estas elecciones, ha saltado por los aires debido a la estrategia de acercamiento y apropiación de su discurso liderada por Nicolas Sarkozy y la UMP.</p>
<p>Si tuviésemos que definir lo que los expertos en comunicación política denominan el marco de referencia del FN, sin duda estaría compuesto por el eje inmigración-identidad-inseguridad. Ése ha sido también uno de los marcos preferidos por un Sarkozy que apenas esperó un mes desde su investidura para convertirse en el primer Presidente en abrir las puertas del Eliseo a Jean Marie Le Pen.</p>
<p>Basta recordar sus referencias a la “inmigración descontrolada”, a la “delincuencia de los rumanos” o de los inmigrantes de Comores en Marsella. Unas referencias que encuentran una filiación directa con el “gran debate sobre la identidad nacional” que lanzó durante su presidencia, o con la defensa por parte de algunos de sus colaboradores del derecho de sangre como única vía de acceso a la ciudadanía. Son ideas que recogen buena parte de la obsesión identitaria del FN, pero que se alejan, y mucho, de la idea republicana de ciudadanía cívica para apostar decididamente por la ciudadanía étnica.</p>
<p>También en esa misma línea se orienta el ataque a una Europa y una mundialización que amenaza “con diluir a Francia debilitando el espíritu nacional”, o la alusión que el candidato-presidente haría, con ocasión del 1º de mayo, a un Hollande que “desfila tras la bandera roja” mientras él y los suyos presentarían “una marea de banderas tricolores” organizando una “verdadera fiesta del trabajo” con claras reminiscencias petainistas. Reminiscencias que aún eran más pronunciadas, casi exculpatorias, al señalar que “al fin y al cabo Francia no inventó la solución final”.</p>
<p>El partido heredero de la Argelia Francesa también debe haber encontrado especialmente satisfactorio escuchar al Presidente de la República hacer “un balance positivo de la colonización”, afirmar que “no todas las culturas tienen el mismo valor” o manifestar su “comprensión” hacia la idea de “preferencia francesa”, emanada directamente del argumentario frontista.</p>
<p>En 1987 Michel Noir, ministro y figura destacada de la derecha francesa, repudiaba los votos del Front National por representar lo contrario de los valores republicanos y apuntaba que “es preferible perder unas elecciones que perder el alma”. La tentación extremista parece haber sido demasiado fuerte para un Nicolas Sarkozy que se ha jugado esa alma y, sin embargo, ha perdido las elecciones. Ese ha sido el verdadero éxito del FN en esta campaña y así lo reconocía, agradecida, una Marine Le Pen que se felicitaba “por la victoria ideológica que he obtenido cada día y cada vez que Nicolas Sarkozy ha utilizado mi proyecto”.</p>
<p>El FN es el referente principal para buena parte de la extrema derecha europea, sus estrategias y sus ideas son seguidas y mimetizadas a lo largo y ancho de todo el continente y, sin duda, sus correligionarios extraerán las oportunas lecciones. Pero también el resto de los partidos, muy especialmente los de la derecha europea, pueden extraer alguna lección de este resultado.</p>
<p>La primera es que generalmente los electores prefieren el original al sucedáneo, y en este caso no ha sido diferente. La estrategia de Sarkozy no le ha servido para ganar las elecciones, pero deja un partido derrotado y sin un liderazgo claro, también un <em>Front National</em> que ha dado un paso de gigante en su “batalla por las ideas” y que ya se plantea hegemonizar ideológica y políticamente la derecha francesa.</p>
<p>La segunda lección, quizás la más importante, es que, especialmente en una época de dificultades y descontento que castiga duramente a los partidos mayoritarios, la tentación extremista se vuelve muy poderosa, pero esa es una puerta que sólo se puede abrir desde dentro y quizás a los dirigentes políticos les convenga pensárselo dos veces antes de hacerlo.</p>
<p><strong>Miguel Ángel Simón</strong> es doctor en Ciencia Política e investigador en el Instituto de Estudios Políticos de París.</p>
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		<title>Francia: una alegría contenida</title>
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		<pubDate>Tue, 15 May 2012 07:25:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[Procesos electorales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>La elección presidencial ha revelado algo latente en Francia: una profunda crisis de confianza de la mayoría del pueblo ante las elites que lo representan. Más allá de la victoria de François Hollande, que no es una victoria del programa del Partido Socialista, y de la derrota de Nicolas Sarkozy, que es sobre todo un rechazo a su persona, debemos extraer tres lecciones. En primer lugar, la emergencia, en la primera vuelta, de un voto <em>de protesta, tribunicio,</em> que recuerda a los años 50, 60 y 70 del siglo pasado, cuando el Partido Comunista Francés representaba a toda una parte &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/francia-una-alegria-contenida/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La elección presidencial ha revelado algo latente en Francia: una profunda crisis de confianza de la mayoría del pueblo ante las elites que lo representan. Más allá de la victoria de François Hollande, que no es una victoria del programa del Partido Socialista, y de la derrota de Nicolas Sarkozy, que es sobre todo un rechazo a su persona, debemos extraer tres lecciones. En primer lugar, la emergencia, en la primera vuelta, de un voto <em>de protesta, tribunicio,</em> que recuerda a los años 50, 60 y 70 del siglo pasado, cuando el Partido Comunista Francés representaba a toda una parte de las clases populares explotadas sin esperanza alguna de acceder al poder. Esta vocación fue utilizada con mucha inteligencia política por François Mitterrand con el proyecto de Unión de la Izquierda, que permitió, a la vez, reconstituir el Partido Socialista, integrar al electorado del Partido Comunista en una perspectiva realista de acceso al poder y, a continuación, destruir la influencia ideológica y política comunista tras la victoria de la izquierda en 1981. Es útil recordar esta experiencia para comprender, en un contexto del todo diferente, lo que probablemente sucederá ahora con el Frente Nacional.</p>
<p>Este voto de protesta es colérico, determinado: o se reviste del progresismo del Frente de Izquierda (alianza de fuerzas socialistas, militantes de extrema izquierda y restos del Partido Comunista que han invertido toda su habilidad y su aparato de movilización en esta batalla) o representa a una constelación de fuerzas de extrema derecha y derecha xenófobas, gente sin ideología concreta pero desorientada ante los estragos de la crisis europea y de la globalización liberal. Estos dos “extremos” son, en realidad, cada vez más importantes en Francia. Se han hecho oír con fuerza en la primera vuelta, ya que representan aproximadamente a más del 30% del electorado.</p>
<p>En segundo lugar, y éste es un fenómeno nuevo, la extensión del voto en blanco y nulo y de la abstención (24, 59 %), que supera ya los dos millones de electores. Cifra importante, dada la politización de los ciudadanos franceses y de la elección presidencial, vivida tradicionalmente como un escenario refundador del vínculo nacional y republicano. Este fenómeno tiene un significado no solo simbólico sino también político: constituye una estrepitosa desaprobación por parte de ciudadanos formados, políticamente educados (sobre todo los votos en blanco y nulos), de los programas de partidos políticos centrales (la UMP y el PS).</p>
<p>En tercer lugar, esta elección pone en evidencia un dato cruel que no debemos negar: <em>la izquierda es minoritaria en Francia.</em> En la primera vuelta, <em>toda</em> la izquierda no supera el 44% de votos; no es sino por la adhesión de una parte del electorado centrista y de una delgada franja del electorado del Frente Nacional que ha podido superar el 50%. Esta es una realidad que, por lo menos, tiene dos significados estructurales: por un lado, sociológicamente, la izquierda no ha podido recuperar la influencia que tenía en los años 80 en el seno de las clases populares y medias bajas (¡el Frente Nacional, de extrema derecha, se ha convertido así en el primer partido <em>obrero</em> del país!); por el otro, la alianza electoral del PS y del Frente de Izquierda solo podrá esperar una victoria en las próximas elecciones si se abre al centro o logra dar de nuevo esperanza a quienes han votado en blanco, nulo o se han abstenido. La apuesta de Dominique Strauss-Kahn, ese liberal de “izquierda” que tanto gustaba al electorado de las clases medias, era la apertura al centro. En esta elección, Hollande se definió más a la izquierda; le resultará difícil construir un puente entre el centro y la izquierda de la izquierda. Porque, en la cuestión de la lucha contra la crisis, existe una divergencia insuperable entre ambos campos. François Bayrou, dirigente de un centro débil, representa en realidad al centro derecha, es decir, las clases medias altas y la burguesía liberal, que aceptan la política de austeridad y quieren sobre todo una fuerte liberalización del mercado laboral. Sus tropas tenderán pues a ir hacia la derecha. El Frente de Izquierda pondrá como condición para su apoyo al PS la obtención de un grupo propio en la Asamblea nacional, lo que le permitirá pesar en futuras orientaciones de la política presupuestaria y económica. Hollande no está cerca de resolver estas contradicciones, porque cosechó un pobre resultado en la primera vuelta de las presidenciales y no ha podido movilizar a los indecisos en la segunda.</p>
<p>Resumen del cuadro político el día después de esta elección: decepción ante los partidos clásicos, ascenso de los extremos, debilidad estructural de la izquierda. La campaña electoral, a pesar de los esfuerzos de los medios para “calentarla”, desarrollada en un ambiente moroso y, al menos en la izquierda, con menos entusiasmo que en las primarias organizadas en el Partido Socialista, ha conducido ciertamente a la victoria de François Hollande y a la derrota personal de Nicolas Sarkozy pero no, fundamentalmente, a la derrota de la derecha. Es por ello que en las próximas elecciones legislativas el problema de las alianzas volverá a ser central con unas fuerzas políticas que han sido silenciadas en la segunda vuelta de las presidenciales.</p>
<p>En la derecha está claro que un problema ya histórico debe ser resuelto: el Frente Nacional se ha convertido en <em>una realidad permanente</em> de la escena política nacional. No nos desharemos de él ni con facilidad ni con rapidez. Dos evoluciones son posibles: o desintegra a la derecha tradicional, como proclama oficialmente Marine Le Pen, aunque ésta es una hipótesis poco plausible de momento; o evoluciona de manera progresiva influyendo ideológicamente a la derecha, compartiendo con ella cada vez más valores (la puerta ha sido abierta de par en par por Sarkozy), y se convierte en un partido de una derecha populista “respetable”, a imagen del partido neofascista de Fini en Italia y, por tanto, un aliado necesario y aceptable de la derecha clásica. Esta es la evolución más probable, por la que trabaja Marine Le Pen. Situación que, por otra parte, confirma la evolución sociológica e ideológica hacia la derecha de la sociedad francesa. <em>La paradoja es pues que la izquierda ha ganado las elecciones en un contexto de derechización de la sociedad francesa y europea.</em> Y este resultado se debe en buena medida al rechazo a la persona de Sarkozy, que nunca ha entendido nada de la identidad profunda de esta sociedad.</p>
<p>En la izquierda, el problema principal es el de la reconquista del electorado popular, que ya no está encuadrado por el Partido Comunista y ha sido abandonado por el Partido Socialista, que quiere ser en primer lugar el partido de las clases medias. Este electorado se ha perdido en provecho del Frente Nacional desde mitad de los años 90. De él depende la renovación de la izquierda. Esta no tiene ni la ideología ni la estrategia capaz de hacerlo volver a su seno: ya no tiene capacidad utópica para ofrecer un futuro mejor al pueblo ni estrategia de terreno capaz de encuadrarlo, como hacía antes el Partido Comunista. De otra parte, no hay que olvidar que todo el éxito de antaño del Partido Comunista estaba basado en su vocación de ser un partido identitario, mientras que la izquierda de hoy aparece más bien como una fuerza de poder electoral sin identidad bien afirmada. Es esencialmente liberal en el plano identitario, lo que no empuja al electorado popular a reconocerse en ella. En realidad, la única vía que permitiría a la izquierda regresar a la centralidad entre esas clases es la vía republicana, que concilia de manera equilibrada a la vez derechos y deberes de los ciudadanos. Pero por mucho que lo quiera y comprenda, el Partido Socialista aún está lejos de tomar esta vía por su gran alejamiento del pueblo en nombre de la ideología democrática liberal de estos últimos 20 años. Las próximas elecciones legislativas no serán fáciles para la izquierda. Deberá volver a dar confianza al pueblo. Es un desafío, porque, como ha subrayado el profesor Javier de Lucas en un reciente debate en la SER, la alegría con que se ha acogido su victoria ha sido, a decir verdad, una alegría “contenida”.</p>
<p><strong>Sami Nair</strong> es profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Traducción de M. Sampons.</p>
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		<title>Cómo reequilibrar la eurozona</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 19:22:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>La crisis de la eurozona se desarrolló principalmente como una crisis de deuda soberana que, en su mayor parte, afectó a países de la periferia meridional de Europa. Estos países se encontraron con que para emitir bonos soberanos debían pagar tasas de interés que por momentos llegaron al 6 o 7 por ciento, en el caso de Italia y España, o a valores todavía más altos para otros países. Como los bancos de la eurozona tienen una parte importante de sus carteras de activos constituidas por bonos de países de la eurozona, la crisis de deuda soberana se convirtió en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/como-reequilibrar-la-eurozona/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La crisis de la eurozona se desarrolló principalmente como una crisis de deuda soberana que, en su mayor parte, afectó a países de la periferia meridional de Europa. Estos países se encontraron con que para emitir bonos soberanos debían pagar tasas de interés que por momentos llegaron al 6 o 7 por ciento, en el caso de Italia y España, o a valores todavía más altos para otros países. Como los bancos de la eurozona tienen una parte importante de sus carteras de activos constituidas por bonos de países de la eurozona, la crisis de deuda soberana se convirtió en una crisis bancaria en potencia, agravada por el hecho de que los bancos ya habían sufrido otras pérdidas originadas, por ejemplo, en el derrumbe de los precios inmobiliarios en España. De modo que uno de los desafíos más importantes que es preciso encarar para resolver la crisis de la eurozona es reducir la carga de la deuda para los países del sur de Europa.</p>
<p>La variación del peso de la deuda de un país refleja la relación entre el volumen del saldo fiscal primario (el saldo una vez deducido el pago de intereses) y el PIB, así como la diferencia entre el costo de tomar prestado y la tasa de crecimiento del PIB. Cuando la diferencia entre el costo de financiación y el crecimiento se torna demasiado grande, el superávit fiscal primario que se necesita para evitar que la deuda siga creciendo se hace inalcanzable. En la práctica, se prevé que el crecimiento de los países del sur de Europa será próximo a cero o incluso negativo durante los dos próximos años, y aun después de eso, no se espera que supere un 2 o 3 por ciento.</p>
<p>Los titulares de prensa no siempre dejan entreverlo, pero una causa subyacente de la crisis de la eurozona (y que ahora también es un obstáculo para el crecimiento del sur) ha sido la divergencia que se creó entre los costos de producción de los países periféricos, notablemente los del “sur” (en concreto, Grecia, España, Italia y Portugal), y los del “norte” (para simplificar, Alemania); divergencia que se desarrolló durante la primera década que siguió a la introducción del euro. Entre 2000 y 2010, el costo laboral unitario en los países del sur aumentó un 36%, 28%, 30% y 25%, respectivamente, mientras que en Alemania dicho aumento fue menor al 5%. Esto produjo para fines de 2010 una divergencia acumulada de más del 30% en relación con Grecia y más del 20% para Portugal, Italia y España.</p>
<p>El costo laboral unitario se relaciona con el nivel salarial y con la productividad, de modo que un aumento de la productividad puede compensar un aumento de los salarios. Entre 2000 y 2010, no hubo grandes diferencias de productividad entre los países del norte y los del sur de Europa: de hecho, la tasa anual media de crecimiento de la productividad fue mayor en Grecia (1%) que en Alemania (0,7%). Pero en el sur, el costo laboral creció a un ritmo mucho más veloz; esto produjo un aumento del diferencial de costos, que mientras la unión monetaria siga existiendo, no se podrá resolver con una devaluación.</p>
<p>En tanto y en cuanto esta divergencia interna se mantenga, no habrá una solución completa de la crisis del euro, porque el déficit de cuenta corriente, la falta de crecimiento o ambas cosas a la vez seguirán acosando a los países del sur de Europa, lo que perpetuará los temores relacionados con la deuda pública y la situación de la banca comercial.</p>
<p>En este contexto, el aumento de la productividad (sea por medio de avances técnicos, mejor asignación de los recursos o mayor inversión productiva) es para las economías del sur de Europa una variable tan importante como lo es la contención salarial. De hecho, es previsible que una deflación salarial excesiva tenga efectos negativos sobre la productividad, ya que probablemente acelerará la emigración de mano de obra calificada; y la combinación de austeridad extrema, deflación de precios y altos niveles de desempleo (con el consiguiente riesgo de tensión social) no es precisamente la mejor manera de fomentar las inversiones, la innovación o la movilidad de la fuerza laboral.</p>
<p>Asimismo, si bien la reducción del nivel de empleo es un modo de impulsar la productividad, implica altos costos macroeconómicos en términos de pérdida de ingresos y aumento del gasto social. Sin olvidar lo más importante tal vez: ninguna política económica debería destruir la confianza de las sociedades en sí mismas, porque eso que los economistas llaman “espíritus animales” [las motivaciones y expectativas emocionales] debe ser tal que permita a la gente abrigar esperanzas respecto de su futuro.</p>
<p>Por todo lo dicho, tanto el exceso de austeridad como la deflación podrían ser contraproducentes y hacer que las “reformas” necesarias para aumentar la competitividad de los países del sur de Europa sean imposibles de implementar. La solución correcta habrá de combinar un grado razonable de contención salarial y tasas de inflación bajas (pero no negativas), junto con políticas microeconómicas que alienten el aumento de la productividad.</p>
<p>Además, es evidente que los países del norte de Europa pueden hacer algo para ayudar a cerrar más rápidamente la brecha de competitividad: estimular un aumento más rápido de sus propios salarios. De hecho, la insistencia de los funcionarios occidentales en persuadir a las autoridades chinas de que permitan una mayor apreciación de su moneda resulta sorprendente, considerando que el superávit de cuenta corriente de Alemania como porcentaje del PIB ya es mucho mayor que el de China.</p>
<p>Así pues, para revertir las grandes diferencias de costo laboral unitario que aparecieron durante la primera década de existencia del euro será necesario no solamente contener los salarios e implementar reformas que aumenten la productividad en los países del sur, sino también un mayor aumento salarial en el norte. Una simulación permite demostrar que si los salarios alemanes crecieran al 4% anual (en vez del 1,5% de la última década) y el crecimiento de la productividad en España se acelerara hasta el 2% anual (en ambos países estuvo cerca del 0,7%), en cinco años España podría revertir el diferencial de costo laboral unitario acumulado desde 2000 en relación con Alemania, con una tasa anual aproximada de aumento salarial en España del 1,7%.</p>
<p>Este supuesto no debería ser impracticable. Demandaría contención salarial en España, donde entre 2000 y 2010 los sueldos crecieron a un ritmo anual del 3,4%, y un esfuerzo decidido para acelerar el crecimiento de la productividad. Pero no requeriría reducción salarial ni una deflación de precios significativa: un crecimiento anual del 1,7% para los salarios y del 2% para la productividad serían compatibles con una inflación cercana a cero. En Alemania, el 0,7% histórico de aumento de la productividad y un crecimiento salarial del 4% serían compatibles con una inflación ligeramente superior al 3%.</p>
<p>En síntesis, se puede lograr un ajuste interno de la eurozona sin necesidad de una deflación importante en los países del sur, siempre que estos aumenten su productividad más rápido y que los países del norte los ayuden alentando un aumento salarial ligeramente más veloz que el actual. Estas medidas reducirían el superávit de cuenta corriente de los países del norte, pero incluso esta reducción debería ser bien recibida. Si el norte insiste en mantener la lentitud de crecimiento salarial del período 2000–2010, para lograr el ajuste interno serán necesarios niveles considerables de desempleo y deflación en el sur, algo más difícil e incluso políticamente imposible de lograr.</p>
<p><strong>Kemal Derviş</strong>, a former minister of economics in Turkey, administrator of the United Nations Development Program (UNDP), and vice president of the World Bank, is currently Vice President of the Brookings Institution. Traducción: Esteban Flamini.</p>
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		<title>No nos salvarán con viejos métodos</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 11:33:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Hace unos días hablé ante un público formado sobre todo por jóvenes europeos en una pequeña, antigua y deliciosa ciudad holandesa que está empezando a sentir cierta inquietud por el sitio que ocupará en los libros de historia. Se trata de Maastricht.</p>
<p>Al repasar la historia de cómo se negoció el Tratado de Maastricht que desembocó en la eurozona actual, me encuentro con una lección fundamental. El marco de las políticas económicas europeas ha cambiado por completo en los últimos 20 años, pero la manera de decidir esas políticas, no.</p>
<p>Hoy, como entonces, los acuerdos más importantes los negocian unos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/no-nos-salvaran-con-viejos-metodos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días hablé ante un público formado sobre todo por jóvenes europeos en una pequeña, antigua y deliciosa ciudad holandesa que está empezando a sentir cierta inquietud por el sitio que ocupará en los libros de historia. Se trata de Maastricht.</p>
<p>Al repasar la historia de cómo se negoció el Tratado de Maastricht que desembocó en la eurozona actual, me encuentro con una lección fundamental. El marco de las políticas económicas europeas ha cambiado por completo en los últimos 20 años, pero la manera de decidir esas políticas, no.</p>
<p>Hoy, como entonces, los acuerdos más importantes los negocian unos cuantos dirigentes nacionales y sus asesores a puerta cerrada, a menudo mientras degustan una rica comida y un buen vino. Entonces fueron el presidente francés François Mitterrand y el canciller alemán Helmut Kohl, más el importante papel que desempeñó el primer ministro italiano Giulio Andreotti. En esta ocasión será François Hollande, el primer presidente socialista de Francia desde Mitterrand, quien haga su peregrinación inicial a ver a Angela Merkel en Berlín, y habrá un papel destacado para el actual primer ministro italiano, Mario Monti. De un François a otro: <em>plus ça change, plus c’est la meme chose</em>.</p>
<p>Hoy, con la ayuda de los documentos publicados y las investigaciones periodísticas y académicas, podemos saber con exactitud cómo se coció el pastel de Maastricht. O, mejor dicho, como se quedó a medio cocer: es decir, con una unión monetaria pero sin la unión fiscal necesaria para sostenerla. He aquí, por ejemplo, lo que escribió Mitterrand a Kohl en diciembre de 1989: «Bajo las presidencias de Irlanda e Italia, los ministros de Economía y Finanzas pueden refinar las sugerencias para la coordinación de los presupuestos». ¡La coordinación de los presupuestos nacionales! Tomen fuerzas y ríanse a carcajadas, porque es para llorar.</p>
<p>Y ahora fijémonos en aquellos dos viejos zorros, Andreotti y Mitterrand, cuando se reunieron en un hotel a las afueras de Maastricht, la tarde anterior a la cumbre de diciembre de 1991, para resolver, mientras cenaban, cómo convencer a Kohl de que aceptara un calendario para la unión monetaria cuya intención evidente era sujetar a la Alemania recién unificada (cosa que les tenía alarmados) a un marco europeo más estricto. Respuesta: haciendo que la entrada fuera automática, siempre que se cumpliesen ciertos requisitos rigurosos y germánicos, como unos déficits inferiores al 3% del PIB y una deuda pública por debajo del 60%. Vuelvan a reír para no llorar.</p>
<p>Espero vivir lo suficiente para leer las actas oficiales redactadas por franceses y alemanes sobre la conversación de dentro de unos días entre Hollande y Merkel en Berlín, además de los relatos de primera mano de los comensales presentes en la negociación. Los líderes europeos conseguirán, mediante los métodos de siempre, alcanzar un acuerdo que consistirá con toda probabilidad en el Pacto de Crecimiento de Hollande, bajado de tono y luego adornado, para complementar el Pacto Fiscal de Merkel, con los fondos europeos, los bancos y los llamados mecanismos como elemento añadido de estímulo.</p>
<p>No recuerdo si en 1991 la gente hacía bromas sobre <em>Kohlrrand</em> o <em>Mitterohl</em>, como hace todo el mundo hoy sobre <em>Merklande</em>, que va a suceder a <em>Merkozy</em>. Pero habrían podido hacerse, aunque, para ser exactos, entonces deberían haber hablado de <em>Kohlrrandeotti</em>, igual que hoy quizás habría que decir <em>Merkhollti</em> (la competencia de Monti como economista, su integridad y su aparente influencia en la canciller alemana merecen que se incluyan al menos una o dos letras).</p>
<p>Pasando a cosas más serias, el aspecto político esencial de este proceso de toma de decisiones no ha cambiado. Desde Maastricht, el Parlamento Europeo ha adquirido más poderes, pero eso no ha hecho que la política europea determine la economía europea. Estamos hablando, hoy como entonces, de líderes nacionales, que defienden unos intereses nacionales definidos por sus propias clases dirigentes nacionales y justifican su conducta ante unos de medios de comunicación que siguen siendo mayoritariamente nacionales. Las elecciones importantes son las nacionales, como las recientes en Francia y Grecia. Incluso algunas de ámbito subnacional —como las de Renania del Norte-Westfalia-— pueden ser más importantes que las europeas.</p>
<p>Sin embargo, lo que sí ha cambiado desde los tiempos de Maastricht es la voz de los pueblos de Europa. Siempre hubo una pizca de verdad en la crítica de que la UE se había construido gracias a una &#8220;conspiración de las élites&#8221;, pero solo una pizca, porque, en la mayoría de los países, esas élites podían apoyar sus políticas proeuropeas en un sólido consenso, aunque fuera pasivo, en el seno de sus respectivas poblaciones. Ya no es así. El pueblo griego acaba de gritar &#8220;basta ya&#8221;. Corremos peligro de que, como consecuencia, la eurozona sufra una desintegración caótica.</p>
<p>Si, gracias a una actuación eficaz de <em>Merkhollti</em>, no ocurre tal cosa, aun así habrá que convencer a los ciudadanos europeos de que seguir adelante con la integración merece la pena. Incluso en la firmemente proeuropea Polonia, donde ahora me encuentro, existen cada vez más dudas. Y eso me lleva de nuevo a los jóvenes europeos con los que hablé el otro día en Maastricht. Uno de ellos se me acercó al terminar y me dijo, más o menos: &#8220;Estoy de acuerdo con casi todo lo que ha dicho usted, pero cómo voy a convencer a mi padre, un trabajador de una pequeña ciudad alemana, que no entiende por qué tiene que pagar dinero para rescatar a unos griegos irresponsables&#8221;. Una respuesta es: si piensas que Europa es una causa digna, tienes la obligación de convencer a tu padre. Y, más difícil todavía, de convencer a ese uno de cada dos jóvenes españoles que está hoy en el paro.</p>
<p>A la hora de la verdad, las políticas para salvar la eurozona y, con ella, el proyecto europeo, seguirá elaborándolas un puñado de dirigentes nacionales durante una cena. Ahora bien, para que tengan éxito, necesitamos la participación de millones de europeos, en sus propias lenguas, sus propios medios de comunicación y su propia política nacional, en sus pubs, sus bares y sus cafés. Sin eso -—y de momento no se ven demasiados indicios de ello-—, el rescate fracasará y el nombre de Maastricht ocupará un lugar desdichado en los libros de historia.</p>
<p><strong>Timothy Garton Ash</strong> es catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford,e  investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Su último libro es <em>Los hechos son subversivos: ideas y personajes para una década sin nombre</em>. (<a href="http://www.almendron.com/tribuna/hollande-and-merkel-cant-save-the-eurozone-by-old-methods-alone/" target="_blank">Versión en inglés</a>)</p>
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		<title>¿Son incompatibles las reglas de equilibrio presupuestario del nuevo tratado europeo con el Estado del Bienestar?</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 09:38:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Política social]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=42176</guid>
		<description><![CDATA[<p>¿Cómo afecta el establecimiento de reglas fiscales al Estado de bienestar? En este documento analizamos la nueva regla de oro de equilibrio presupuestario contenida en el Pacto Fiscal, recientemente firmado por la mayoría de países de la Unión Europea. Valoramos en qué sentido las reglas fiscales limitan la capacidad de acción de los gobiernos para impulsar la actividad en un contexto de crisis y para establecer políticas acordes con un Estado de Bienestar, interpretado aquí como la capacidad de mantener políticas de gasto social significativas.</p>
<p>Describimos las restricciones que generan las reglas y las exenciones permitidas por la normativa legal &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/son-incompatibles-las-reglas-de-equilibrio-presupuestario-del-nuevo-tratado-europeo-con-el-estado-del-bienestar/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Cómo afecta el establecimiento de reglas fiscales al Estado de bienestar? En este documento analizamos la nueva regla de oro de equilibrio presupuestario contenida en el Pacto Fiscal, recientemente firmado por la mayoría de países de la Unión Europea. Valoramos en qué sentido las reglas fiscales limitan la capacidad de acción de los gobiernos para impulsar la actividad en un contexto de crisis y para establecer políticas acordes con un Estado de Bienestar, interpretado aquí como la capacidad de mantener políticas de gasto social significativas.</p>
<p>Describimos las restricciones que generan las reglas y las exenciones permitidas por la normativa legal en relación a su cumplimiento. El texto pone de manifiesto dos conclusiones. En primer lugar, cómo la regla refuerza el papel estabilizador de la política fiscal, al exigir un esfuerzo de austeridad en las épocas de expansión económica que crea un margen que podrá utilizarse en épocas de recesión. Para ello, realizamos un ejercicio contra-factual sobre cómo hubiera sido de restrictiva la regla de oro para la determinación del déficit fiscal de España, de haber estado en vigor desde el inicio de la democracia.</p>
<p>En segundo lugar, presentamos evidencia en Europa poniendo de manifiesto cómo los países escandinavos, con niveles muy elevados de Estado de Bienestar, habrían sido los principales cumplidores en relación a la Regla de Oro. Es decir, presentamos evidencia de que la regla es compatible tanto con niveles reducidos como elevados de gasto público, éstos últimos asociados con un Estado del Bienestar desarrollado. Adicionalmente, mostramos cómo el signo ideológico de los gobiernos en Europa no es una variable relevante para conocer su capacidad para mantener unas cuentas públicas saneadas.</p>
<p>Leer <a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2012/ZoomEcon_01.pdf" target="_blank">artículo completo</a> (PDF).</p>
<p><strong>Raimon Baiges</strong> es MSC en Economía y Finanzas por el CEMFI y Licenciado en Economía por la UAB. <strong>Aleix Pons</strong> es MSC en Economía y Finanzas por el CEMFI y Licenciado en Economía por la UPF.</p>
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		<title>Socialismo + Europa</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 06:41:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Sostengo que resulta imprescindible diferenciar lo que ha sido la experiencia socialdemócrata en Europa durante la segunda mitad del siglo XX de aquello que denominamos socialismo democrático. Aunque suena igual y lo primero parece casi una derivada o abreviatura de lo segundo, no es lo mismo. Y no lo es porque mientras el socialismo es una corriente de pensamiento que viene de lejos, cuyo eje central es la idea de igualdad como principio y objetivo, la socialdemocracia, en cambio, no es propiamente una ideología. Debemos entenderla como la realización en un momento determinado de los valores de progreso y justicia &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/socialismo-europa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sostengo que resulta imprescindible diferenciar lo que ha sido la experiencia socialdemócrata en Europa durante la segunda mitad del siglo XX de aquello que denominamos socialismo democrático. Aunque suena igual y lo primero parece casi una derivada o abreviatura de lo segundo, no es lo mismo. Y no lo es porque mientras el socialismo es una corriente de pensamiento que viene de lejos, cuyo eje central es la idea de igualdad como principio y objetivo, la socialdemocracia, en cambio, no es propiamente una ideología. Debemos entenderla como la realización en un momento determinado de los valores de progreso y justicia del socialismo en perfecta simbiosis, eso sí, con el liberalismo político y la defensa de la democracia como un fin en sí mismo.</p>
<p>Por eso creo que es importante separar ya lo uno de lo otro. Separar en el doble sentido de diferenciar y de dar importancia. No me cabe ninguna duda de que la experiencia socialdemócrata ha sido muy prolífica: conoció un gran éxito durante tres largas décadas, hasta mediados de los años 70 del siglo XX, y alcanzó un consenso enorme, hasta el punto de que incluso los conservadores británicos anteriores a Margaret Thatcher no tenían ningún reparo en hacer vivienda protegida. Por otro lado, es justo reconocer que, si bien el socialismo democrático (enfrentado ya al comunismo) fue el ingrediente fundamental de la fórmula socialdemócrata europea, hacia ella convergieron también otras culturas políticas, como la liberalprogresista o la democristiana.</p>
<p>Como es sabido, el consenso socialdemócrata ha ido rompiéndose hasta hacerse añicos. Primero fue la constatación de que la crisis económica de los 70 no podía solucionarse a corto plazo estimulando la demanda desde el importante sector público, sino que había problemas de productividad de la economía europea que exigían innovación y mejoras tecnológicas. Segundo, porque los conservadores vieron en la crisis, el paro y las protestas sindicales una ocasión de oro para frenar el dominio ideológico y cultural de la izquierda, muy marcado hasta entonces. Empezó, pues, una ofensiva contra el excesivo papel del Estado, al que se descalificó como agente regulador, mientras iba in crescendo un elogio de los mercados y de la iniciativa privada. Tercero, el fin de la guerra fría y el hundimiento de la URSS marcó una frontera decisiva, el final del corto siglo XX. Con la desaparición del bloque soviético se produjo el triunfo del capitalismo anglosajón, del modelo norteamericano como referencia universal, y se inició el llamado consenso de Washington: las políticas neoliberales fueron impuestas en todo el mundo, y poco a poco también llegaron a Europa, exigiendo mercados laborales flexibles, desregulación y la disminución del Estado del bienestar. Y cuarto, a finales del siglo XX la globalización económica se intensificó y el crecimiento de los mercados financieros alcanzó proporciones incontrolables. Desde entonces y hasta hoy, el retroceso de las posiciones socialdemócratas ha sido una constante, incluso contando con los intentos de adecuación que impulsaron en los años 90 Tony Blair y Gerhard Schröder.</p>
<p>En resumen, la izquierda reformista abrazó de una manera demasiado acrítica el capitalismo de la globalización, legitimó cambios fiscales que debilitaron la lógica redistributiva y perdió su identidad: la cultura transformadora. Frente a la agresividad ideológica neoliberal que exhibían los partidos conservadores, la izquierda cayó en la trampa de la llamada ley de Hotelling, conforme a la cual conviene siempre desplazarse hacia el centro para capturar votos del adversario. A corto plazo es cierto, pero a la larga es suicida porque a medida que parecen esfumarse las diferencias el votante de izquierdas pierde motivación. En este escenario era muy difícil que el estallido de la crisis financiera en EEUU en el 2008, que rápidamente se extendió a todo el mundo, nos acabase devolviendo a esquemas socialdemócratas. De manera que, pese a la evidencia de que el capitalismo debía ser refundado, las derrotas electorales de la izquierda continuaron en toda Europa, pues su credibilidad estaba muy dañada. Está por ver si la victoria de François Hollande es ya la señal de un cambio o solo una excepción ligada a variables locales.</p>
<p>Estoy convencido de que el relanzamiento del proyecto socialista se producirá, pero sobre unas nuevas bases, porque el mundo que hizo posible el consenso socialdemócrata ya no existe. Avanzamos hacia un capitalismo hiperglobalizado que pone en cuestión la democracia política. La izquierda europea necesita hoy una nueva narrativa. Primero, porque la lógica económica no es inexorable, como tampoco lo es la globalización a ultranza ni el imperativo de unos mercados cada vez más libres. Y segundo, porque la construcción política y social de Europa es lo único realmente importante y decisivo, tal como nos recordaba Martin Schulz. El proyecto europeo ha de ser la divisa de los socialistas y los liberalprogresistas sobre el que fundar otro consenso: el único que garantiza un futuro con dignidad a la sociedad europea.</p>
<p><strong>Joaquim Coll</strong>, historiador.</p>
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		<title>We agree about Europe</title>
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		<pubDate>Sun, 13 May 2012 18:55:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>
		<category><![CDATA[Reino Unido]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>The coming months are critical for the future of Europe. Jobs and business investment – in Britain and across the euro area – depend on Europe&#8217;s leaders choosing the right course.</p>
<p>The risk is that Europe gets locked into a false choice between growth and deficit reduction. The truth is that we need the right combination of both – action now to get Europe&#8217;s economies growing and creating jobs, tough medium-term action to get public finances back into shape and a long-term strategy for increasing the continent&#8217;s productivity and skills base.</p>
<p>It is true that the two of us disagreed &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/we-agree-about-europe/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>The coming months are critical for the future of Europe. Jobs and business investment – in Britain and across the euro area – depend on Europe&#8217;s leaders choosing the right course.</p>
<p>The risk is that Europe gets locked into a false choice between growth and deficit reduction. The truth is that we need the right combination of both – action now to get Europe&#8217;s economies growing and creating jobs, tough medium-term action to get public finances back into shape and a long-term strategy for increasing the continent&#8217;s productivity and skills base.</p>
<p>It is true that the two of us disagreed on the case for British membership of the single currency. We agree, however, that the single currency needs to survive and succeed – and we are worried that Europe has so far identified only half the solution. There is a real danger that binding countries into ever larger cuts and tax rises to meet the new structural deficit and debt targets will become self-defeating, economically and politically.</p>
<p>A collective strategy that is choking off demand is compounding Europe&#8217;s problems – just as it has done in Britain, where our economic recovery has stalled. Investors are now worrying that the policy mix has become unbalanced, to the detriment of economic recovery. We need a new strategy that permits a more sustainable approach to debt reduction through growth and long-term fiscal responsibility.</p>
<p>Growth needs the demand that comes with reviving confidence. Many European companies and consumers are struggling under a heavy burden of debt and <a title="Oxford Dictionary" href="http://oxforddictionaries.com/definition/deleveraging?q=deleveraging">deleveraging</a>. But many also lack the confidence to spend and invest, because they see an uncertain future.</p>
<p>Countries cannot duck tough decisions on tax and spending, but nor can they ignore the vital need for economic growth if deficits are to be brought down successfully and in a fair way. That is why Europe now urgently needs a plan for growth.</p>
<p>At the heart of Europe&#8217;s problems is the fact that the eurozone does not have the institutions or political machinery to project confidence in its own future. So, first, it needs a new political settlement.</p>
<p>It needs a European central bank that is willing explicitly to stand in the way of sovereign contagion from the periphery. It needs an active European stability mechanism that can meaningfully support short-term sovereign liquidity and the recapitalising of the European banking system. And it needs a system of collective economic decision-making among eurozone countries that ensures everyone plays by the rules. That is why we have both argued that some form of greater fiscal union is now inevitable.</p>
<p>But those rules need to recognise that Germany&#8217;s persistent current account surplus undermines the currency bloc as much as Greece&#8217;s debts and political stalemate or Spain&#8217;s current account deficit. And it needs a clear acceptance by Germany that it faces a period of above-eurozone-average wage rises and inflation in order to fix the imbalance. This means challenging a basic view of the eurozone in Germany, but the German finance minister, <a title="Financial Times" href="http://www.ft.com/cms/s/0/49e9e708-9abe-11e1-94d7-00144feabdc0.html#axzz1ulbap015">Wolfgang Schäuble</a>, is already recognising this must happen.</p>
<p>Second, Europe needs to boost public investment in the demand that will help to drive growth, as the European commission is now urging. A serious capital lift for the <a title="EIB" href="http://www.eib.org/">European Investment Bank</a> is desirable, to help to provide fresh sources of infrastructure investment, as are infrastructure bonds, which help to counter a failing private appetite for large-scale project finance. Unused structural funds must also be recycled into new programmes, and into investment projects that help the weaker eurozone states to connect better with the large markets of northern Europe.</p>
<p>Third, in the longer term, growth will depend on structural reforms, so that struggling eurozone countries become more competitive. Europe needs to raise economic participation rates, make it easier for businesses to grow and take on workers, improving competition in some product markets, and improve its skills base.</p>
<p>These reforms were set out in the Europe 2020 plan. They need to be genuinely owned by European governments who – like the best and most innovative of the American states – should be watching and learning from each other in testing new approaches and defining best practice.</p>
<p>And Britain&#8217;s role and place in this process? It should be at the centre, bringing its own experience in banking reform and labour and product market reform to the table, irrespective of the fact that it is not in the eurozone. The reality is that there is no bad outcome for the eurozone that is not a bad outcome for Britain. So this is a perilous time for the British government to be increasingly isolated and politically disengaged.</p>
<p>Britain should be influencing the debate on the future of Europe, not locked out of the room where the big decisions will inevitably be taken on issues that directly affect our economic interests. We would not simply be doing our European neighbours a favour by making the case for sustainable growth and playing our part in a revived European economy. We would be securing our own economic future.</p>
<p><strong>Ed Balls</strong> is the former secretary for children, schools and families and MP for Morley and Outwood. <strong>Peter Mandelson</strong> is a British Labour party politician who has previously been first secretary of state; secretary of state for business, innovation and skills; and president of the board of trade</p>
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		<title>¿Un consenso de Berlín?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/un-consenso-de-berlin/</link>
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		<pubDate>Sun, 13 May 2012 16:11:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Un viaje que hice hace poco a Berlín me trajo recuerdos de una visita anterior en el verano de 1967, cuando era un pobre estudiante que se maravillaba ante el muro que dividiría y devastaría toda una sociedad por otras dos décadas. Berlín hoy es una ciudad vibrante y rejuvenecida, que ha sido reconstruida gracias al trabajo duro y la voluntad de los pueblos alemanes por unificar el país. Por lo mismo, era un lugar adecuado para celebrar la conferencia del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico (INET), a la que había viajado como participante.</p>
<p>El tema de la conferencia &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/un-consenso-de-berlin/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un viaje que hice hace poco a Berlín me trajo recuerdos de una visita anterior en el verano de 1967, cuando era un pobre estudiante que se maravillaba ante el muro que dividiría y devastaría toda una sociedad por otras dos décadas. Berlín hoy es una ciudad vibrante y rejuvenecida, que ha sido reconstruida gracias al trabajo duro y la voluntad de los pueblos alemanes por unificar el país. Por lo mismo, era un lugar adecuado para celebrar la conferencia del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico (INET), a la que había viajado como participante.</p>
<p>El tema de la conferencia era &#8220;El paradigma perdido&#8221; y reunió a más de 300 economistas, politólogos, analistas de sistemas y ecologistas para repensar la teoría económica y política ante los retos y las incertidumbres que plantea la creciente desigualdad, el aumento del desempleo, el desorden financiero global y el cambio climático. Casi todos coincidieron en que el viejo paradigma de la economía neoclásica ya no sirve, pero no hubo acuerdo sobre lo que pueda reemplazarlo.</p>
<p>El premio Nobel Amartya Sen atribuyó la crisis europea de cuatro fracasos: político, económico, social e intelectual. La crisis financiera mundial, que comenzó en 2007 como una crisis de los préstamos hipotecarios de alto riesgo en EE.UU. y creció hasta convertirse en una crisis de la deuda soberana (y la banca) europea, ha planteado interrogantes que no podemos responder, debido a la sobreespecialización y la fragmentación del conocimiento. Y, sin embargo, no se puede negar que el mundo se ha vuelto demasiado complejo como para que una teoría simple y general pueda explicar los intrincados cambios económicos, tecnológicos, demográficos y ambientales.</p>
<p>En particular, el ascenso de los mercados emergentes ha desafiado la lógica deductiva e inductiva occidental tradicional. La inferencia deductiva nos permite predecir los efectos si conocemos los principios (la regla) y la causa. Según el razonamiento inductivo, si se conoce la causa y los efectos, podemos inferir los principios.</p>
<p>Por el contrario, el pensamiento oriental ha sido abductivo, pasando del pragmatismo a adivinar los pasos siguientes. La inferencia abductiva es pragmática y se centra solo en los resultados, intentando adivinar la regla e identificando la causa.</p>
<p>Al igual que la historia, la teoría de las ciencias sociales la escriben los vencedores y es moldeada por el contexto y los retos de su tiempo. El pensamiento de libre mercado evolucionó a partir de teóricos anglosajones (muchos de ellos escoceses) que emigraron y colonizaron territorios, lo que llevó a algunos afortunados a suponer que no hay límites para el consumo. El pensamiento europeo continental, en respuesta a la urbanización y la necesidad de orden social, hizo hincapié en el análisis institucional de la economía política.</p>
<p>Por lo tanto, el surgimiento de la economía neoclásica en el siglo XIX estuvo muy influenciado por la física newtoniana y cartesiana: pasó del análisis cualitativo a cuantificar la conducta humana, dando por supuesta una conducta racional y excluyendo la incertidumbre. Este pensamiento de un &#8220;equilibrio predeterminado&#8221; (reflejado en la opinión de que los mercados siempre se corrigen a sí mismos) condujo a una parálisis de políticas hasta la Gran Depresión, cuando ganó fuerza el argumento de John Maynard Keynes a favor de la intervención del gobierno para abordar el desempleo y las brechas de la producción.</p>
<p>En la década de 1970, la escuela neoclásica del equilibrio general &#8220;secuestró&#8221; la economía keynesiana a través de modelos del sector real que suponían que &#8220;la financiación es un velo&#8221;, volviéndose así ciegos a los efectos desestabilizadores de los mercados financieros. En gran medida, se hizo caso omiso a economistas como Hyman Minsky, que trató de corregir esto, al tiempo que Milton Friedman y otros lideraron el empuje de la profesión hacia los mercados libres y la mínima intervención del gobierno.</p>
<p>Pero entonces la tecnología, la demografía y la globalización plantearon nuevos y dramáticos desafíos que el enfoque neoclásico no podía prever. A pesar de que los países avanzados del mundo consumían en exceso mediante el apalancamiento de los derivados financieros, unos cuatro mil de los siete mil millones de habitantes del planeta comenzaron a entrar en la clase media, ejerciendo una enorme presión sobre los recursos mundiales y planteando el problema de la sostenibilidad ecológica.</p>
<p>Es necesaria una nueva forma de pensar para dar respuesta a estos cambios masivos y sistemáticos, así como la integración de gigantes como China e India al mundo moderno. Un cambio de mentalidad que es preciso no sólo en Occidente, sino también en Oriente. En 1987, el historiador Ray Huang explicó el caso de China:</p>
<p>&#8220;A medida que el mundo entra en la era moderna, la mayoría de los países bajo presiones internas y externas deben reconstruirse mediante la sustitución del modo de gobierno basado en la experiencia agraria con un nuevo conjunto de reglas basadas en el comercio&#8230; Esto es más fácil de decir que de hacer. El proceso de renovación podría afectar a las capas superiores e inferiores e, inevitablemente, es necesario reacondicionar los vínculos institucionales entre ellas. La destrucción completa es a menudo el orden, y puede tomar décadas llevar el asunto a su finalización &#8220;.</p>
<p>Mediante este marco macro-histórico podemos ver la deflación japonesa, la deuda europea e incluso la primavera árabe como fases de cambios sistémicos dentro de estructuras complejas que interactúan unas con otras en un nuevo sistema global multipolar. Estamos siendo testigos de un proceso de convergencia global (la reducción de los ingresos, la riqueza y las brechas de conocimiento entre países) y divergencia local (las ampliación de las diferencias de ingresos, la riqueza y el conocimiento dentro de países) simultáneas.</p>
<p>Los sistemas adaptativos luchan con el orden y la creatividad a medida que evolucionan. Como el filósofo Bertrand Russell lo expresara proféticamente: &#8220;La seguridad y la justicia requieren un control centralizado de gobierno que debe extenderse a la creación de un gobierno mundial para ser eficaz. El progreso, por el contrario, requiere el máximo de iniciativa personal que sea compatible con el orden social &#8220;.</p>
<p>Está en marcha una nueva ola de lo que el economista Joseph Schumpeter llamó la &#8220;destrucción creativa&#8221;: incluso cuando los bancos centrales luchan por mantener la estabilidad, inundando los mercados con liquidez, se está reduciendo el crédito a las empresas y los hogares. Vivimos en una era de temor simultáneo a la inflación y la deflación, de prosperidad sin precedentes en medio de una creciente desigualdad, y de avances tecnológicos y agotamiento de los recursos.</p>
<p>Mientras tanto, los sistemas políticos actuales prometen buenos puestos de trabajo, un sólido gobierno, un medio ambiente sostenible y armonía social sin sacrificios: un paraíso de polizontes que se cuidan de sus propios intereses y que solo puede sostenerse a costa de sacrificar el medio ambiente natural y el bienestar de las generaciones futuras.</p>
<p>No podemos posponer por siempre el dolor del ajuste con la impresión de dinero. La sostenibilidad solo puede lograrse cuando los que tienen estén dispuestos a sacrificarse por los desposeídos.</p>
<p>El Consenso de Washington de reformas de libre mercado para los países en vías de desarrollo acabó hace más de dos décadas. La conferencia INET de Berlín mostró la necesidad de uno nuevo: un consenso compatible con el sacrificio en aras de la unidad. A Europa le podría venir muy bien.</p>
<p><strong>Andrew Sheng</strong>, presidente del Instituto Global Fung.</p>
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		<title>Greek Tragedy</title>
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		<pubDate>Sun, 13 May 2012 09:28:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>As I follow the modern Greek tragedy unfolding in Europe, I flash back to the 18 years I spent in Athens, walking to school in Plaka (the old part of the city), on the same streets that have recently been filled with protesters and violent clashes.</p>
<p>When I was growing up, my family was a tiny microcosm of the current Greek economy. We were heavily in debt; my father’s repeated attempts to own a newspaper ended in failure and bankruptcy. Eventually, my mother took my sister and me and left him. We all lived in Athens and we continued to &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/greek-tragedy/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>As I follow the modern Greek tragedy unfolding in Europe, I flash back to the 18 years I spent in Athens, walking to school in Plaka (the old part of the city), on the same streets that have recently been filled with protesters and violent clashes.</p>
<p>When I was growing up, my family was a tiny microcosm of the current Greek economy. We were heavily in debt; my father’s repeated attempts to own a newspaper ended in failure and bankruptcy. Eventually, my mother took my sister and me and left him. We all lived in Athens and we continued to see my father, though we had our own one-bedroom apartment. (It wasn’t the bankruptcy that got to my mom in the end, but the philandering; “I don’t want you interfering in my private life,” my father had told her when she complained.)</p>
<p>Further austerity was coming, but my mother was clear about one thing: she would cut back on everything except our education and good, healthy food. She owned two dresses and never spent anything on herself. I remember her selling her last pair of little gold earrings. She borrowed from anyone she could, so that her two daughters could fulfill their dreams of a good education — me at Cambridge, and my sister at the Royal Academy of Dramatic Art in London. At the time, Greek girls still offered dowries to be married. My mother used to tell me, “Your education is your dowry.”</p>
<p>As I contemplate the statistics — especially the 54 percent unemployment rate among young Greeks — I think of all the stories behind this appalling data. All the dreams dashed. All the promise unfulfilled. And all the guilt, shame and fear that so often go hand in hand with intractable unemployment and little hope for a better future.</p>
<p>The punitive path of austerity and relentless economic contraction is, not surprisingly, likely to lead to further stagnation in 2013 and cannot be allowed to continue. And as last week’s election results show, the Greek people are not going to allow it to continue; they will instead demand change through either the ballot box or violence in the streets — or some combination of both.</p>
<p>The dangers of violent protest are obvious. But there are dangers in the ballot box, too: an extreme right-wing anti-immigration party received almost 7 percent of the vote, while Pasok, the establishment party of the left, lost 119 seats in Parliament in a humiliating third-place finish. If the European Central Bank does not abandon its destructive obsession with austerity, Greece will have few options but to leave the euro zone. This would be fraught with its own dangers, of course, but the European Union has left Greece with few sustainable alternatives.</p>
<p>Argentina, which defaulted and restructured beginning in 2001, offers a point of comparison. The austerity crowd warned that Argentina would collapse if it stopped pegging the peso to the dollar and defaulted on its debt. There are many differences between Argentina and Greece. But Argentina’s default was followed by a few short months of economic crisis and then many years of steady economic growth — a dramatically different direction than the one Greece is now taking toward a potentially endless path of contraction that is destroying millions of lives and crippling the indomitable Greek spirit.</p>
<p>Yes, the Greeks acted irresponsibly before the economic collapse — the same way my father had acted irresponsibly in his private and professional life. But that is not reason to punish the children, to destroy their future as part of a remedy for a past for which they bear no responsibility.</p>
<p>I spent many nights last summer in Syntagma Square, directly across from the Greek Parliament. The protesting crowd was mixed, full of young people and old, self-employed, unemployed, activists, pensioners. Millions of outraged Greeks — who famously relish connection, expansiveness, intimacy — used social media to connect with the rest of the country and the world; those in the square itself connected and organized the old-fashioned way, face-to-face.</p>
<p>Everywhere waiters, taxi drivers, salespeople, storekeepers, people at the table next to you at dinner, were talking about the same thing. They were — and still are — giving voice to a desire for more say in their own future, a future with more choices than those on offer from the European Central Bank.</p>
<p>When George Papandreou, who was prime minister at the time but resigned last November, visited The Huffington Post newsroom, he expressed the same feelings: “People think they’re being punished unjustly, because they feel they weren’t to blame for this crisis,” he said.</p>
<p>Greece, like my mother, has always been devoted above all else to its children. When the future of those children is diminished, the future — and life — of the country will be diminished, too.</p>
<p>My favorite picture from the protests shows a young man pumping his fist at a line of riot police officers while his mother stands beside him, holding his jacket, to make sure he doesn’t catch a cold. If Greece stays on its current dead-end path of austerity-fueled recession, the children will revolt, and the parents will be right there beside them, cheering them on and watching protectively over them.</p>
<p>And if having a future means leaving the euro, that’s most likely what the Greeks will choose. They invented democracy, and now it’s time to rekindle that Greek spirit of innovation and ingenuity — before economic trouble generates further despair and its dangerous progeny in the streets and in the ballot box.</p>
<p><strong>Arianna Huffington</strong> is president and editor in chief of The Huffington Post Media Group and author, most recently, of <em>Third World America</em>.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Russia’s U.N. power play</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/russias-u-n-power-play/</link>
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		<pubDate>Sat, 12 May 2012 13:39:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>A revitalized Russia is flexing its muscles at the United Nations. In addition to periodically blocking Western initiatives by threatening to use its veto in the Security Council, Moscow appears to be working through a proxy to prevent Lithuania from holding the presidency of the U.N. General Assembly.</p>
<p>The presidency is largely ceremonial but bestows international prestige on its holder, and more responsibility has been vested in the position in recent years. Duties involve chairing the annual gathering of world leaders in New York each September and other prominent U.N. events.</p>
<p>Traditionally, the presidency rotates every 12 months among the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/russias-u-n-power-play/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A revitalized Russia is flexing its muscles at the United Nations. In addition to periodically blocking Western initiatives by threatening to use its veto in the Security Council, Moscow appears to be working through a proxy to prevent Lithuania from holding the presidency of the U.N. General Assembly.</p>
<p>The presidency is largely ceremonial but bestows international prestige on its holder, and more responsibility has been vested in the position in recent years. Duties involve chairing the annual gathering of world leaders in New York each September and other prominent U.N. events.</p>
<p>Traditionally, the presidency rotates every 12 months among the five regional groups of U.N. member states. The 67th session of the General Assembly is to be chaired by a representative of the Eastern European Group of countries. Lithuania applied for the post in 2004 and remained the sole candidate for seven years. Early in 2012, however, Serbia’s foreign minister, Vuk Jeremic, announced that he would run — a move immediately backed by Russia. The full 193-member assembly is expected to vote in June.</p>
<p>It is extremely rare for the full General Assembly to vote directly on this position. Such an election is likely to heighten divisions among U.N. member states, weakening the future president, and most U.N. members prefer to follow the usual regional rotation. Some have called for the matter to be resolved within the Eastern European Group. But Belgrade and Moscow are unlikely to back down, as they are maneuvering to achieve specific political objectives.</p>
<p>Moscow is determined to undermine the solidarity among its former satellites in Central and Eastern Europe, in whatever forum in which they play a leading role. These countries no longer take instructions from Moscow. So Russia has bestowed its diplomatic backing on Serbia to weaken the EEG members’ ability to resolve the issue on their own and to prevent Lithuania from enhancing its international standing.</p>
<p>Russia wants to humiliate Lithuania over a statement it found embarrassing at a May 2010 U.N. session commemorating the 65th anniversary of the end of World War II. Lithuania’s permanent representative to the United Nations, Dalius Cekuolis, remarked that in contrast to what a large part of Europe experienced, the end of the war did not bring freedom to Lithuania but annexation by another totalitarian power, the Soviet Union.</p>
<p>Cekuolis’s reference to Russian occupation — and he was being diplomatic — reportedly sparked outrage in the Kremlin. The regime of newly inaugurated (again) Russian President Vladimir Putin has spent the past decade trying to disguise the fact that the Soviet Union was Nazi Germany’s collaborator and supplier of resources during two crucial years at the start of World War II, when the Third Reich overran Europe and launched the Holocaust. Stalin’s regime was a willing accomplice of Hitler then, seeing him as the major tool for the destruction of Western capitalism. Putin seeks to promote Russia’s dubiously glorious history to restore its position as a global power. Efforts to silence Lithuania are part of a broader strategy to discredit Moscow’s former dominions.</p>
<p>Meanwhile, by raising its own profile in the United Nations, the Serbian government hopes to minimize further recognition of the statehood of Kosovo, its former province, and to gain reciprocal diplomatic favors from Moscow over the coming year.</p>
<p>The irony is that Serbia’s foreign minister is benefiting from Russia’s backing against Serbia’s European partners at a time when his country is striving to move closer to the European Union. The results of Serbia’s May 6 general elections suggest widespread public support for E.U. membership. Yet if Serbia’s aspirations for E.U. accession are damaged by the U.N. dispute, this will also serve Moscow’s ambitions in aiming to divide Europe.</p>
<p>Jeremic has lost a great deal of credibility in his government over the past year because of setbacks to Serbia’s Kosovo policy. Ninety members of the U.N. General Assembly have recognized Kosovo as a new state despite Jeremic’s globe-trotting in an effort to delegitimize Kosovo. Many European officials dislike his arrogance. And Jeremic’s heavy-handed approach includes threatening to retaliate against Lithuania via diplomatic avenues if its refuses to withdraw its bid for the General Assembly presidency. Lithuanian officials have accused Belgrade of preparing a campaign to block Lithuania’s bid for a two-year seat on the U.N. Security Council starting in 2014.</p>
<p>Much more is at stake here than a symbolic diplomatic post. The tug of war over the General Assembly presidency illustrates the escalating campaign a resurgent Russia is waging against former satellites that are now an integral part of the European Union and NATO and dependable allies of the United States.</p>
<p><strong>Janusz Bugajski</strong> is a senior associate in the Europe program at the Center for Strategic and International Studies.</p>
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		<title>El lado oscuro de la modernidad europea</title>
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		<pubDate>Sat, 12 May 2012 12:57:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>La historia de Europa, la de los pueblos, ha ignorado, incluso ocultado y tergiversado, si no siempre, al menos desde hace siglos, la de uno de sus componentes, el pueblo gitano. <em>Gitanos, tsiganes, romanichels, zíngaros, gypsies, nómadas</em>, el único nombre que los gitanos se dan a sí mismos es el de <em>rom</em>, que significa «hombre» en hindi. El término <em>gitano</em> y el inglés <em>gypsy</em> proceden del siglo XIX, de la llegada de este pueblo a Grecia para establecerse al pie del Monte Gype. Todos estos nombres, con sus infinitas variantes en cada país, reflejan, más que la dificultad &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/el-lado-oscuro-de-la-modernidad-europea/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La historia de Europa, la de los pueblos, ha ignorado, incluso ocultado y tergiversado, si no siempre, al menos desde hace siglos, la de uno de sus componentes, el pueblo gitano. <em>Gitanos, tsiganes, romanichels, zíngaros, gypsies, nómadas</em>, el único nombre que los gitanos se dan a sí mismos es el de <em>rom</em>, que significa «hombre» en hindi. El término <em>gitano</em> y el inglés <em>gypsy</em> proceden del siglo XIX, de la llegada de este pueblo a Grecia para establecerse al pie del Monte Gype. Todos estos nombres, con sus infinitas variantes en cada país, reflejan, más que la dificultad de asumir una identidad común, la voluntad más o menos consciente de ocultar esa identidad, de marginarlos. ¿Marginarlos de qué? De una Europa cuna de la civilización occidental, de la modernidad y el progreso. De una Europa en la que se construyen las naciones, con su corolario de ostracismo y rechazo. El problema es viejo, pero también actual. Recordemos la expulsión de los roma llevada a cabo en Francia a pesar de las leyes europeas sobre libre circulación de personas en Europa, los diversos atentados contra sus libertades y sus derechos, la degradante situación de los roma en Rumanía y los zíngaros en Hungría, la precariedad y la hostilidad que con frecuencia acompañan la vida de los gitanos en España.</p>
<p>El artículo publicado en la revista alemana Eurozine por Klaus-Michael Bogdal, profesor de Ciencia literaria en la Universidad de Bielfeld, que resume su libro <em>Europa erfindet die Zigeuner. Die dunkle Seite der Moderne</em> [Europa inventa los gitanos. El lado oscuro de la modernidad] (Suhrkamp, 2011), analiza las diferentes políticas por siglos y por regiones y los enfoques científicos, sociológicos, antropológicos y etnológicos del tema, que resume en el subtítulo de su libro: El lado oscuro de la modernidad.</p>
<p>El primer problema, al interesarse por la historia de los gitanos, es que se trata de una historia escrita por otros. Pasó a primer plano por el genocidio nazi, pero en realidad se extiende a lo largo de 600 años de historia europea. Los gitanos, la mayor parte del tiempo nómadas, sin literatura ni cultura escrita, no han escrito su propia historia. Su cultura y sus costumbres, sus identidades múltiples &#8211;más o menos cambiantes según los países&#8211;, incluso su propia pluralidad de nombres, son atributos descritos o incluso asignados por otros. «Inventados», dice el profesor Bogdal : «La invención del <em>gypsy</em> es la otra cara de la autoinvención del sujeto cultural europeo como agente del progreso civilizador en el mundo».</p>
<p>Llegados alrededor de 1400 a una Europa repartida entre los germanos, los galos, los sajones y los romanos, es decir, grupos relativamente definidos por su origen y sus mitos fundacionales, los roma no explicaron ni su origen territorial (¿tal vez Egipto, como parece evocar el nombre <em>gypsy</em>?) ni sus raíces lingüísticas, que fueron durante mucho tiempo un misterio, ni los motivos de su vida nómada. Su religión tampoco estaba clara: cristianos sin sacerdotes ni iglesias, con frecuencia se les acusó de duplicidad y de estar dispuestos, según Martín Lutero, a recibir varios bautismos distintos, en función de los intereses y la situación de cada momento. De ahí a acusarlos de magia, ritos satánicos e incluso canibalismo&#8230; Por otra parte, como nunca tuvieron un territorio definido, estos «vagabundos», estas gentes de ninguna parte, que llegaban de no se sabía dónde y desaparecían con el mismo misterio, turbaban y siguen turbando a los ciudadanos anclados en su tierra y sus sólidas convicciones.</p>
<p>Las mujeres, en especial, han suscitado numerosas fantasías sexuales en la cultura de los distintos países de acogida. El Romanticismo supo presentar una versión del erotismo y la sexualidad que fuera aceptable para la burguesía utilizando los rasgos de la mujer gitana y sus danzas desenfrenadas. La gitanilla de Cervantes, con sus cantos, sus bailes y su feminidad «salvaje», y la popular Carmen de Bizet, hechizan a los hombres y son objeto de brutal deseo. Pero las bellas gitanas nunca se casarán con los hombres del país. Y esa no es la mejor manera de contribuir a su integración. «Pronto predominó un romanticismo gitano pseudofolklórico, y sus iconos, el violinista húngaro y el flamenco andaluz, se convirtieron en un fructífero tema de investigación», escribe el autor.</p>
<p>Su imagen fue relativamente valorada por los antropólogos del Siglo de las Luces, para quienes su posible origen indio, es decir, indogermánico, era señal de que tenían raíces arias. Se intentó sedentarizarlos, por medios más o menos brutales, con intención de integrarlos, a costa de perder su lengua, que, conservada desde hacía siglos pero jamás escrita, siempre fue objeto de desprecio por ser una «hija degenerada del sánscrito», del mismo modo que se sospechaba que los roma procedían de una de las castas más bajas de la India, tal vez incluso la de los intocables. El fracaso del proyecto de integración y su consecuencia de ostracismo hizo que, siempre con esas mismas buenas intenciones, la sociedad de la Ilustración considerase que los gitanos eran incapaces de tener un auténtico desarrollo.</p>
<p>Con el ascenso de los nacionalismos en toda Europa en el siglo XIX, los etnólogos apasionados por la organización social abordaron esta sociedad oral más como una tribu que como un pueblo. «Una sociedad tribal, no ya pre-moderna sino pre-civilizacional, que vivía en un estado natural, como los <em>indios</em> y los afroamericanos». Empujados a la periferia de las ciudades y los pueblos, a menudo en descampados insalubres y carentes de agua, a los márgenes de las autopistas y bajo los puentes, perseguidos y rechazados, en general, por alcaldes y responsables regionales, sin autorización para trabajar dentro de la organización económica del país (todavía hoy, en Francia y algunos otros países europeos), estos nómadas no tienen ninguna posibilidad de integrarse en los lugares en los que viven. Las cifras son incontestables: solo el 40% de los hijos de los 10 millones de roma que viven en Europa está escolarizado (frente al 97% de media general).</p>
<p>La etnología de la época creó, pues, «un pueblo marginal en las periferias de la alta cultura europea». Es lo que el autor llama la «segunda deseuropeización de los roma», después de la primera, la de la antropología de la Ilustración. Fue la reducción definitiva del pueblo nómada a la condición de Otro. «La ciencia caracterizó la presencia física, el pensamiento y el comportamiento de los roma de tal manera que su ‘singularidad’ adquirió perfiles aterradores. En Europa no había sitio para ellos. La limpieza étnica empieza siempre sobre el papel», escribe Bogdal. Que es el paso que dieron los nazis. «No cabe la menor duda de que el destino de los gitanos en Europa cuadra con la definición de la ONU sobre la Prevención y Castigo del Crimen de Genocidio».</p>
<p><strong>Nicole Muchnik</strong> es periodista y escritora.Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.</p>
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		<title>El socio indispensable</title>
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		<pubDate>Sat, 12 May 2012 12:49:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Política Exterior]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Relaciones Transatlánticas]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Está de moda en Estados Unidos hablar de decadencia y eso se refleja en libros recientes de autores tan populares como Fareed Zakaria y Zbigniev Brzezinski. Tras la implosión soviética que puso fin a un periodo de 50 años de equilibrio nuclear forzado por la certeza de una destrucción mutua asegurada, el fin de siglo parecía anunciar la hegemonía indiscutida de Washington en un mundo unipolar. Incluso, con cierta prepotencia, se hablaba del fin de la Historia con el triunfo por goleada de la economía de mercado y la democracia liberal ante la carencia de otros modelos con vis atractiva.&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/el-socio-indispensable/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Está de moda en Estados Unidos hablar de decadencia y eso se refleja en libros recientes de autores tan populares como Fareed Zakaria y Zbigniev Brzezinski. Tras la implosión soviética que puso fin a un periodo de 50 años de equilibrio nuclear forzado por la certeza de una destrucción mutua asegurada, el fin de siglo parecía anunciar la hegemonía indiscutida de Washington en un mundo unipolar. Incluso, con cierta prepotencia, se hablaba del fin de la Historia con el triunfo por goleada de la economía de mercado y la democracia liberal ante la carencia de otros modelos con vis atractiva.</p>
<p>Poco duró el espejismo. Si la Europa en la cumbre de su poder colonial fue incapaz de acomodar a una Alemania con pretensiones imperiales y se enzarzó en dos guerras mortíferas que pusieron fin a su hegemonía, ahora Estados Unidos podría correr la misma suerte tras desaprovechar la última década del siglo XX y la primera del XXI para asentar un poder que hace apenas 20 años nadie parecía disputarles. Pero en lugar de ello se distrajo metiéndose en guerras contra un terrorismo sin rostro que son imposibles de ganar y que han sangrado su economía. Como dice Robert Cooper, “la última década ha puesto de relieve la debilidad del poder y el fracaso de las reglas” en el sentido de que el poder militar no produce influencia política en ausencia de la legitimidad que otorga la norma. Nadie cree ya que EE UU sea la nación “escogida por Dios y encargada por la historia para ser un modelo para el mundo”, como afirmó George W. Bush hace apenas 10 años.</p>
<p>Vietnam marcó los límites del poder imperial en el mundo bipolar. Ahora las experiencias de Irak y de Afganistán muestran que esos límites siguen siendo infranqueables en ausencia de la URSS y ponen de relieve la imposibilidad de escribir la historia en solitario. El estilo de Obama —que es convicción a la vez que necesidad— se muestra en la salida de Irak, en el repliegue afgano, en la forma de encarar la crisis libia, en la doble vía —descartada la de la simple contención— para enfrentar la nuclearización de Irán, o en la enorme prudencia con la que analiza la situación siria.</p>
<p>No es que el poder militar americano se debilite en términos absolutos pues con el 4,8% del gasto nacional dedicado a Defensa, Estados Unidos continúa siendo la “nación indispensable” que decía Margaret Albright en el sentido de que si no lo pueden hacer todo, al menos nada se puede hacer en su contra y muy difícilmente sin su participación o luz verde. Pero Washington sabe que necesita apoyos en un mundo interdependiente y globalizado en cuya marcha hay otros países decididos a intervenir, países respaldados por pujantes economías, clases medias en imparable crecimiento y una fuerte confianza en su destino que oculta fragilidades no menos ciertas. Son los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) que representan más de la cuarta parte de la superficie del planeta, el 40% de su población, el 24% del PNB y el 15% del comercio mundial.</p>
<p>Por eso, Estados Unidos necesitará cada vez más a Europa. Que Europa necesita a EE&lt;TH&gt;UU es evidente desde hace un siglo cuando la intervención americana acabó las dos grandes guerras en favor de unas democracias que no las podían ganar por sí solas. Una Europa envejecida, sin apenas fuentes de energía, hedonista, más preocupada “por su seguridad social que por su seguridad nacional” (como dice Brzezinski evocando de nuevo la confrontación entre Marte y Venus de que nos hablara condescendientemente Robert Kagan hace una década) y en plena crisis económica, necesita del músculo americano para garantizar su propia seguridad como nos han demostrado las sucesivas crisis balcánicas. También voces europeas —Steiner y Torreblanca— se interrogan sobre nuestra decadencia y la “fragmentación del poder europeo”. No nos engañemos, la crisis que atraviesa Europa está provocando un cambio estructural y de largo alcance en el reparto mundial del poder y Europa corre el riesgo de quedar al margen de los foros donde se decide la marcha de la Historia. Está claro que necesitamos a los americanos, nos guste o no. La alternativa es hundirnos mientras la orquesta sigue tocando, como en el <em>Titanic.</em></p>
<p>Pero también los americanos nos necesitan a nosotros, aunque algunos aún no lo sepan, porque tienen que hacer frente a un tiempo a sus problemas económicos internos (que se agravarán si empeoran los de Europa), a un sin fin de crisis regionales irresueltas (desde Irán hasta Corea, pasando por Siria, Oriente Medio y el “despertar árabe”), a problemas globales como la proliferación o el calentamiento del planeta, al logro de un acomodo con una Rusia crecientemente nacionalista y a la emergencia de China como gran potencia, algo que merece un comentario especial porque ningún gran país ha entrado en el escenario de la Historia con ambición protagonista sin afectar a los intereses de los actores que ya estaban en él y eso es algo que está comenzando a suceder a pesar de la exquisita prudencia de los dirigentes chinos con sus políticas de “despertar pacífico” y de “armonía global”. Para enfrentar todos esos escenarios los americanos necesitan a Europa.</p>
<p>Uno de los fracasos de la diplomacia occidental de los últimos años es no haber sabido encontrar un encaje geopolítico y securitario a la Rusia postsoviética, país con un liderazgo conocido y con una sociedad en cambio acelerado, y este es otro de los campos en que europeos y americanos podemos trabajar juntos pues si para Washington Rusia es un problema estratégico, para Europa es además una cuestión de vecindad reforzada por ingentes suministros energéticos.</p>
<p>El área euro-atlántica constituye el mayor espacio económico del planeta: con el 12% de su población, acumula más de 50% del PIB y el 33% del comercio mundial, sumando intercambios de tres billones de euros que dan empleo a 14 millones de personas. Hay tanta inversión norteamericana en Alemania como en China, Brasil, India y República Sudafricana juntos. Los americanos han invertido en Irlanda el doble que en China y en Brasil la mitad que en España y, por eso, europeos y norteamericanos nos beneficiaríamos mucho de la supresión de tarifas arancelarias y de la mayor homologación regulatoria que implicaría la creación de una zona de libre cambio en la cuenca atlántica.</p>
<p>Europa y Norteamérica han formado la más formidable alianza defensiva de la historia —la OTAN— que muestra vitalidad y capacidad de adaptación a un mundo en rápido cambio y por eso sigue habiendo países que siguen deseando guarecerse bajo su paraguas protector mientras extiende sus competencias a nuevas áreas geográficas (Afganistán) y nuevos retos (ciberseguridad). Estados Unidos no se desenganchará de la OTAN pero reducirá su presencia militar en nuestro continente y ello nos exigirá un mayor compromiso con nuestra propia defensa.</p>
<p>Pero, por encima de todo, Europa y Estados Unidos aportan hoy conjuntamente el 80% de la ayuda mundial al desarrollo y comparten unos valores que no son necesariamente los de las potencias emergentes, herederas de otras tradiciones culturales que fueron arrinconadas durante el apogeo del colonialismo. La primacía del grupo sobre el individuo, el sentido confuciano de la autoridad, el papel de la mujer en algunas sociedades son algunos ejemplos claros. Nuestros valores, bueno es señalarlo, son compartidos por los países de América Latina a los que habrá que incorporar un día al proyecto trasatlántico. Si creemos en principios como el buen gobierno, el imperio de la ley, la democracia participativa, la igualdad de género, la libertad de expresión, los derechos humanos, la economía de mercado&#8230;mejor que nos preparemos a defenderlos porque no todos hoy en el mundo piensan igual y crece a diario el peso económico y político de los que los matizan o que tienen distintas concepciones sobre ellos.</p>
<p>De manera que si Estados Unidos sigue hoy siendo “la nación indispensable” también Europa puede ser el “socio indispensable” que Washington precisa para defender una cosmovisión que se bate en retirada a principios del siglo XXI ante el ascenso imparable de otros actores y otros valores. Los americanos nos necesitarán como compañeros en esas trincheras porque no encontrarán a otros. Pero para ello es preciso que antes solucionemos nuestros problemas económicos y reforcemos nuestra integración política para hablar hacia el exterior con una sola voz. Mientras eso no suceda los americanos seguirán sin “ver” a Europa y continuarán tratando bilateralmente con Berlín, Londres y París, como ocurre ahora.</p>
<p><strong>Jorge Dezcallar</strong> es embajador de España. Hasta ayer lo fue en Estados Unidos</p>
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		<title>Ciudadanos contra la austeridad</title>
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		<pubDate>Sat, 12 May 2012 12:19:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>La austeridad no es una necesidad, sino política envuelta en ideología de ordeno y mando. Estaba impuesta por el irresistible Merkozy, becerro de chatarra ante quien se postraron Zapatero y Rajoy. Liquidado Ozy, Merk se aferra a no sé qué y se permite permitirle al presidente electo de Francia poner “un acento” en el intocable tratado de austeridad. La Comisión Europea dice que no cambia nada. El BCE erre que erre. Cameron reafirma la bondad de un tratado que no firmó. Rajoy aprovecha para lograr un plazo de Bruselas para cuadrar presupuesto declarándose a favor de todo sin comprometerse a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/ciudadanos-contra-la-austeridad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La austeridad no es una necesidad, sino política envuelta en ideología de ordeno y mando. Estaba impuesta por el irresistible Merkozy, becerro de chatarra ante quien se postraron Zapatero y Rajoy. Liquidado Ozy, Merk se aferra a no sé qué y se permite permitirle al presidente electo de Francia poner “un acento” en el intocable tratado de austeridad. La Comisión Europea dice que no cambia nada. El BCE erre que erre. Cameron reafirma la bondad de un tratado que no firmó. Rajoy aprovecha para lograr un plazo de Bruselas para cuadrar presupuesto declarándose a favor de todo sin comprometerse a nada. Mientras interviene la Bankia de sus rivales Rato y Aguirre desvelando fisuras de un sistema bancario en situación dudosa pese a las continuas (in)seguridades que asevera el inefable gobernador del Banco de Espada. Menos mal que tenemos un Tribunal Supremo por encima de toda sospecha.</p>
<p>Se afanan políticos, expertos y medios en calmar temores sobre la eurozona (que se lo cuenten a las bolsas mundiales) sosteniendo que Alemania y Francia se tendrán que entender porque sólo siendo razonables se mantiene el sistema, sin rupturas traumáticas. Se adelanta la cumbre europea para inventar el crecimiento austero. Que todo cambie para que todo siga igual. Pero hay un pequeño olvido en ese esquema de realpolitik: los ciudadanos europeos. Mientras los políticos usan su descontento para desmontarse los unos a los otros, los franceses propulsan a un socialista a la presidencia por primera vez en 24 años, con apoyo indispensable de la izquierda, mientras Le Pen liquida a Sarkozy para proyectarse en un gobierno de extrema derecha; los holandeses se aprestan a nuevas elecciones porque los xenófobos quieren más poder; Merkel apenas tiene un 38% de apoyo electoral, mientras piratas y verdes descabalgan coaliciones de centroderecha en los parlamentos regionales; los conservadores pierden las municipales en el Reino (des)unido (por lo de Escocia); las municipales parciales en Italia hunden a las mesnadas berlusconianas y norteligadas, mientras sube el Partido Democrático, los antimafia conquistan Palermo y las Cinco Estrellas del movimentista Beppe Grillo quintuplican votos y lideran Parma y Génova, entre otras. Antipolítica, dice Monti, honesto y apolítico tecnócrata que confunde la política podrida de La Casta con la nueva política ciudadana. Los ciudadanos emiten su veredicto, a menudo contradictorio, una vez vivido el contenido de la austeridad.</p>
<p>En España, con elecciones recientes, el Gobierno pierde popularidad por momentos y si el PSOE apenas remonta es porque la gente recuerda que fue él quien constitucionalizó la austeridad al dictado de Merkel. Es evidente que, según formas propias a cada país, los ciudadanos han tomado la palabra, a veces apoyando a la izquierda, otras a la extrema derecha, en algunos casos reivindicando nuevas formas de política y cada vez más expresándose en la red, en calles y plazas porque el corsé de la democracia condicionada ya no se aguanta. En unos días ha cambiado el clima político en Europa y la inevitable austeridad se ha convertido en una palabrota que hay que diluir en un mejunje pro crecimiento que nadie entiende porque sin inversión no hay crecimiento y, para que haya inversión, tiene que haber demanda previa que sólo puede generar el gasto público (de dónde sale es cuestión de otro artículo, lo prometo). De nuevo se plantea la cuestión de quién sirve a quién: ¿el euro a Europa o Europa al euro? Y es probable que la respuesta a esta pregunta se esté fraguando en el eslabón débil de la fragilizada UE: Grecia.</p>
<p>En Grecia, el 66% de los ciudadanos ha dicho no a las políticas de austeridad aceptadas por su gobierno bajo chantaje y amenazas de la Merkel, incluida la sugerencia, retirada ante el escándalo que causó, de nombrar un procónsul germano para fiscalizar el presupuesto griego. Sabemos los datos. Los socialistas del Pasok se han deshonrado aceptando cualquier cosa para seguir en el poder. Los conservadores también han caído en picado, aunque la inicua ley electoral los reflota en escaños, aunque no suficiente para gobernar ni siquiera en contubernio con los socialistas. El segundo partido es ahora Syriza, surgido de los antiguos eurocomunistas aliados con una parte del movimiento y en el que ser anarquista no es un estigma. Su carismático líder,tsipras, aporta un rostro a una coalición unida en su rechazo a la austeridad, aunque no al euro con condiciones. Los comunistas pata negra siguen donde estaban: en el mausoleo de Lenin. Pero con más votos que esos neonazis de los que todo el mundo habla. ¿Conspiración mediática? ¿Es sólo porque es más escabroso hablar de criminales (muchos de los candidatos nazi son expresos) que reinvidican el holocausto que de un movimiento en busca de nueva política? ¿O es que interesa asimilar en un mismo pelaje siniestro a todos los que se oponen a la austeridad necesaria y a una democracia atada y bien atada? En todo caso, ni siquiera con una alianza con los Griegos Independientes y grupúsculos extremistas pueden llegar al Gobierno. A menos que creen las condiciones para un golpe militar. Improbable, pero no impensable. Queda Izquierda Democrática, más asequible para un pacto fiscal atenuado. Puede aportar los 2 diputados que faltan a la coalición de centroderecha. Y si no, elecciones en cinco semanas. Con Syriza intentando ser primer partido y recibir la prima de escaños que le permitiría gobernar en coalición. Oponiéndose al pacto fiscal. Aunque el chantaje puede dar un gobierno opuesto al sentir profundo de los griegos. El banco Citi evalúa ahora en un 75% la posibilidad de que Grecia salga (la echen) del euro. Si eso sucede, los mercados harán el resto.</p>
<p>O Merkel acepta que no puede imponer austeridad a los ciudadanos de Europa o no habrá euro. Afortunadamente, le quedan sólo unos meses de vida política. Pero puede morir matando. Se acabó la austeridad en la mente de los ciudadanos. El resto es cuestión de tiempo. Y de sufrimiento inútil.</p>
<p><strong>Manuel Castells</strong></p>
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		<title>An Inauguration on the Morning After</title>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2012 21:55:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Bielorrusia]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>The inauguration of Vladimir Putin as president for the third time had the air of a bad Russian hangover. On one side there was the tolling of the Kremlin bells, the parade, the gilded halls, the secret transfer of the nuclear suitcase, the blessing of the Patriarch, the ringing applause — like a slap to the face — of the courtiers, lackeys and international lobbyists; on the other side, a gloomy day after a ruthless, bloody fight.</p>
<p>For the first time in perhaps all Russian history, the installation of the principal leader came the day after a brutal crackdown, as &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/an-inauguration-on-the-morning-after/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>The inauguration of Vladimir Putin as president for the third time had the air of a bad Russian hangover. On one side there was the tolling of the Kremlin bells, the parade, the gilded halls, the secret transfer of the nuclear suitcase, the blessing of the Patriarch, the ringing applause — like a slap to the face — of the courtiers, lackeys and international lobbyists; on the other side, a gloomy day after a ruthless, bloody fight.</p>
<p>For the first time in perhaps all Russian history, the installation of the principal leader came the day after a brutal crackdown, as the police dispersed Putin’s opponents. Only once before, in 1825, was there anything remotely similar, albeit on a far greater scale, when the revolutionary gentry arose in protest against the accession of Nicholas I.</p>
<p>This time the inauguration on Monday took place to the echoes of the screams of peaceful demonstrators beaten in police buses. On Sunday, tens of thousands of people had gone out to march against Putin. It turned into a massive clash with the police: 450 arrests; tear gas; scores injured, including some police officers. After the bloodless winter demonstrations, it was a sharp turn toward violence, toward a rejection of compromise by the state.</p>
<p>We may still end up weeping nostalgic tears for little, helpless Medvedev, for his feeble thaw &#8230;</p>
<p>The demonstrators demanded the cancellation of the inauguration, regarding Putin as a K.G.B. impostor. The December elections for the Duma and the presidential election in March were marked by large-scale fraud, which undermined the legitimacy of the authorities and triggered unprecedented protests.</p>
<p>The authorities were at first frightened, but then saw the meekness of the boundless hinterlands and calmed down, moving ahead to the inauguration. Yet Putin will have to rule from the Kremlin a Moscow that did not give him even half its votes. How comfortable will he be surrounded by the hostility of the capital? A recent suggestion by one of his ministers to move the capital to somewhere in Siberia sounded like a joke, but a loyal one.</p>
<p>Putin, who last winter cursed the demonstrators with foul words, is not likely to talk with a street opposition consisting of the most modern, European-minded people in Russia. By his nature a leader not given to dialogue, he will instead seek to create the appearance of a two-party system (the conservative United Russia, now headed by Dmitri Medvedev, and perhaps the liberal party being developed with the Kremlin’s approval by the oligarch Mikhail Prokhorov). In general, Putin’s third reign will be built on appearance: The appearance of modernization, the appearance of cooperation with the West, the appearance of resolving major social problems. The reality will be a policy of isolation from the West under a Eurasian concept of the future of Russia, which never before saw any hope in the East.</p>
<p>The pompous, royal inauguration spoke of a strengthening of a class system, in which the role of nobility is played by corrupt bureaucrats and the role of serfs by everyone else. The ceremony was broadcast on all the main television channels, and showed a stern-looking Putin who likes power and is not likely to be limited to a six-year term. Otherwise, he might have to swap places not with the loyal Medvedev, but with his enemy Khodorkovsky, since the bloodied opposition now demands that Putin be brought to justice.</p>
<p>For now Putin will cope with the opposition. It may be broad, but it is not the whole people, and it is fragmented. If it wants to survive and become an influential force, the opposition must create a powerful union, something like Poland’s Solidarity.</p>
<p>In contrast to the winter demonstrations, Sunday’s was led by the most radical opposition leaders, who hoped to turn it into an Orange Revolution-like protest. The authorities, who gave their permission for the demonstration, saw through the deception and unleashed special police units, resembling big black cockroaches.</p>
<p>Will Putin pardon the new Decembrists or will he order a series of show trials? We can only hope that the czar will not turn savage. But the public peace for which Putin’s supporters are appealing in the name of Great Russia can only end up as a fatal stagnation.</p>
<p>How long Russia can survive in a state of stagnation between furiously developing China and Europe will be decided by the price of oil and the patience of provincial Russia, largely indifferent to everything and trusting of nothing. For now, the country, divided into those who recognize, half-recognize and do not recognize the new President Putin, already resembles a limping invalid.</p>
<p><strong>Victor Erofeyev</strong> is a Russian writer and television host. This article was translated from the Russian by the IHT.</p>
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		<title>Why Europe needs Greece</title>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2012 21:48:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>
		<category><![CDATA[Procesos electorales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>The clear <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/2012/may/08/erozone-crisis-greek-bailout-deal?newsfeed=true">winner of the recent Greek elections is Syriza</a>, a coalition of leftwing organisations active for several years. The fascist Golden Dawn party has also made stunning gains but its rise, disturbing as it might be, is neither the main outcome of the elections, nor yet a major threat to Greek society. Political momentum belongs to Syriza. If it gets its act together, it could help resolve the crisis and give a boost to the European anti-austerity movement.</p>
<p>The two staple parties of Greek government – Pasok and New Democracy – have been trounced for bringing the country &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/why-europe-needs-greece/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>The clear <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/2012/may/08/erozone-crisis-greek-bailout-deal?newsfeed=true">winner of the recent Greek elections is Syriza</a>, a coalition of leftwing organisations active for several years. The fascist Golden Dawn party has also made stunning gains but its rise, disturbing as it might be, is neither the main outcome of the elections, nor yet a major threat to Greek society. Political momentum belongs to Syriza. If it gets its act together, it could help resolve the crisis and give a boost to the European anti-austerity movement.</p>
<p>The two staple parties of Greek government – Pasok and New Democracy – have been trounced for bringing the country to this pass over four decades, and for implementing the bailout agreements. The Greek electorate has clearly stated what it does not want: old politics and the so-called rescue by the troika of the EU, the International Monetary Fund and the European Central Bank.</p>
<p>During the past two years a parade of mediocre Greek politicians have pretended to negotiate with the troika, while decrying their own country as &#8220;corrupt&#8221;. They were backed by technical experts terrified at the thought of displeasing the lenders to Greece. Some of the politicians and experts were people who had also handled the disastrous Greek entry into European monetary union. The result was <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/business/2012/mar/30/greek-pm-papademos-third-bailout">two bailout agreements, in May 2010 and March 2012</a> – monuments to bad economics and social callousness. By the end of 2012 austerity will have led to contraction of the Greek economy by 20%, a jump in unemployment toward 25%, a full-blown humanitarian crisis in the urban centres, and a completely unmanageable public debt. Greece is dying on its feet. Meanwhile its old political class twitters on about participating in the European &#8220;game&#8221; and making structural reforms that will bring growth in the future.</p>
<p>Syriza has caused an earthquake by denouncing March&#8217;s bailout. It has called for a moratorium on debt payments, an international commission to audit Greek debt, aggressive debt write-offs, deep redistribution of income and wealth, bank nationalisation, and a new industrial policy to rejuvenate the manufacturing sector. These measures are exactly what the Greek economy needs. Implementing them depends entirely on rejecting the recent bailout and stopping payments on the debt.</p>
<p>Syriza believes that the measures can be introduced while the country remains within the eurozone. It has been unwilling to call for Greek exit, thus increasing its appeal to voters who worry about the aftermath of exit and believe that the euro is integral to the European identity of Greeks. In my view, and that of many other economists, it would be impossible for Greece to stay in the eurozone if it went down this path. Moreover, exit would be both necessary and beneficial to the economy in the medium term, and remains the most likely outcome for Greece. If Syriza really wanted to contribute to solving the crisis, it should get itself ready for this eventuality.</p>
<p>Nonetheless, the pressing issue at the moment is to free the country from the stranglehold of debt and austerity. As long as Syriza is prepared to take action to achieve these aims, and the Greek people wish to give it the benefit of the doubt on the euro, its role can be positive. At the very least, it offers a chance for Greece to avoid a complete disaster that might truly lead to the rise of fascism.</p>
<p>The <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/business/2012/may/09/eurozone-crisis-greek-euro-exit-fears">current round of domestic political negotiations</a> is unlikely to lead to a government being formed, especially one that could continue to implement the terms of the bailout. There will probably be new elections in the near future and <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/business/2012/may/10/eurozone-crisis-greece-elections">Syriza stands every chance of winning decisively</a>, thus forming a coalition government of the anti-bailout forces. But for this, Syriza should realise its own limitations, and actively seek to create the broad political front that Greece needs.</p>
<p>It is important to seek unity at all times, avoiding both gloating and the ancient factionalism of the Greek left. Syriza will need the active co-operation of the rest of the left if it is to muster sufficient forces to deal with the storm ahead. It is equally important to improve its appeal to experienced and knowledgeable people across society, for it will need many more in its ranks.</p>
<p>Finally, if there is a new government led by Syriza, it will rely on the support of people across Europe to tackle the catastrophe inflicted on Greece by the eurozone crisis. The first major battle against austerity is about to begin in Greece, and all European people have an interest in winning it.</p>
<p><strong>Costas Lapavitsas</strong> is a professor of economics at the School of Oriental and African Studies, University of London.</p>
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		<title>The Choice That Wasn’t</title>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2012 20:37:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>
		<category><![CDATA[Procesos electorales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Forty-Five years ago, on April 21, 1967, a right-wing group of colonels seized power in Greece. Tanks rolled into the center of Athens; politicians, artists and journalists were arrested; and the ensuing military dictatorship lasted for seven years.</p>
<p>Decades after the restoration of democracy, we are again hearing echoes of the junta and its aftermath. Nationalistic slogans are uttered by right and left. The rising phoenix — the colonels’ emblem — has been featured on some candidate posters for the far-right-wing party Golden Dawn, and its leader, Nikos Michaloliakos, has glorified the period. It would be easy to dismiss him &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/the-choice-that-wasnt/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Forty-Five years ago, on April 21, 1967, a right-wing group of colonels seized power in Greece. Tanks rolled into the center of Athens; politicians, artists and journalists were arrested; and the ensuing military dictatorship lasted for seven years.</p>
<p>Decades after the restoration of democracy, we are again hearing echoes of the junta and its aftermath. Nationalistic slogans are uttered by right and left. The rising phoenix — the colonels’ emblem — has been featured on some candidate posters for the far-right-wing party Golden Dawn, and its leader, Nikos Michaloliakos, has glorified the period. It would be easy to dismiss him as a fringe voice were it not for the fact that his party gained parliamentary representation in last weekend’s elections for the first time. It gathered votes from the traditional supporters of the junta and the political right, but it was also the second most popular party among young voters.</p>
<p>It’s clear that Greeks — derided throughout the Continent as lazy and corrupt, hobbled by the bailout deal’s austerity measures and humiliated by the troika (the European Central Bank, European Commission and International Monetary Fund) — have put their trust outside the mainstream.</p>
<p>Evangelos Venizelos, the head of the Socialist party Pasok, which until last weekend was one of Greece’s dominant parties, said that this election would be the most important since democracy was restored under Prime Minister Kostas Karamanlis in 1974. In the immediate post-junta period, the phrase was “Either Karamanlis or the tanks.” The left later criticized the prime minister for his alignment with the West, demanding that he choose between “the people and the imperialist superpowers.” It’s just the kind of logical fallacy politicians have always employed to simplify an issue in times of fear. Recall George W. Bush after 9/11: “Either you are with us, or you are with the terrorists.”</p>
<p>But an election usually asks: who, or what, are you for? Not this one. If voters were given any choice, it was this: either accept the austerity measures or be forced to leave the euro zone. A double bind, this either-or option is unable to give expression to the complexity of both yes to Europe and no to austerity. Just before the vote, the German finance minister issued a warning: If Greek voters did not elect a government that would abide by the terms of the deal, “then Greece will have to bear the consequences.” But the consequences are unclear. Vote correctly, or else. Or else what?</p>
<p>I have always understood why Germany might not want to pay for Greece’s mismanagement, corruption and years of living on borrowed money. But some things are irreversible, and no amount of penance will change them. To continue to insist on punishment will only leave Greeks devastated, unable to articulate anything but rage.</p>
<p>“Are you for or against?” asked the Greek poet Manolis Anagnostakis in his cold-war-era poem “The Decision.” “Either way, answer with a yes or a no.” The question asked and the recommended responses are surreal and irreconcilable.</p>
<p>The parliamentary election we just witnessed was a rejection of the terms. Greeks felt punished by the choices they were given, which were not really choices at all. Alexis Tsipras, head of the Coalition of the Radical Left (called Syriza), which won the second highest number of votes, claims it “was not an angry vote; it was a mature and conscious decision.” Yet more than 4 in 10 Greeks said their vote was one of punishment, not confidence. The vote wasn’t necessarily about political party or ideology but the means to express what should have been settled by a referendum.</p>
<p>Last fall, in a surprising twist that was either political brilliance or political suicide, George A. Papandreou, then the prime minister, proposed just such a referendum, in which Greeks could vote on whether to accept the terms of the debt deal and austerity measures. It never happened. Some said by then it was too little, too late. But had the Greeks been given a voice then, perhaps they would not have felt that they had to take this choice to the election.</p>
<p>At the time of this writing, there is no coalition government. If this stalemate continues, there will most likely be a new election next month. The Greeks have voted against the absence of solutions and against solutions themselves. They have rejected the options.</p>
<p>Long ago, Mr. Karamanlis, who founded New Democracy, the party that gained the most votes last weekend, was famous for saying that Greece belonged to the West. Andreas Papandreou, who founded Pasok, retorted that Greece, actually, belonged to Greeks. And Greeks will recognize the common question asked when trying to establish someone’s origin: Tinos eisai? To whom do you belong? Now Europe is asking that question of Greece, and Greeks are asking it of themselves.</p>
<p>Either way, as the poet wrote, answer with a yes or a no.</p>
<p><strong>Natalie Bakopoulos</strong> is the author of the novel <em>The Green Shore</em>.</p>
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		<title>Italie : le défi de Mario Monti</title>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2012 16:14:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Italia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Dès son arrivée au pouvoir, le 12 novembre 2011, l&#8217;objectif de Mario Monti était explicite et s&#8217;articulait autour du triptyque : rigueur budgétaire, croissance et équité. Réussira-t-il à relever le défi ?</p>
<p>Mario Monti a succédé à Silvio Berlusconi alors que la défiance des investisseurs vis-à-vis de l&#8217;Italie ne cessait de croître, comme en attestaient le creusement de l&#8217;écart de taux obligataire avec l&#8217;Allemagne et la forte augmentation des prix des CDS.</p>
<p>Pour remplir son premier objectif de rigueur budgétaire, l&#8217;une des premières mesures du gouvernement a été l&#8217;adoption d&#8217;un plan d&#8217;austérité en décembre 2011, chiffré à 63 milliards d&#8217;euros &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/italie-le-defi-de-mario-monti/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dès son arrivée au pouvoir, le 12 novembre 2011, l&#8217;objectif de Mario Monti était explicite et s&#8217;articulait autour du triptyque : rigueur budgétaire, croissance et équité. Réussira-t-il à relever le défi ?</p>
<p>Mario Monti a succédé à Silvio Berlusconi alors que la défiance des investisseurs vis-à-vis de l&#8217;Italie ne cessait de croître, comme en attestaient le creusement de l&#8217;écart de taux obligataire avec l&#8217;Allemagne et la forte augmentation des prix des CDS.</p>
<p>Pour remplir son premier objectif de rigueur budgétaire, l&#8217;une des premières mesures du gouvernement a été l&#8217;adoption d&#8217;un plan d&#8217;austérité en décembre 2011, chiffré à 63 milliards d&#8217;euros sur 3 ans. Ce plan, le troisième de l&#8217;année, portant le nom évocateur de Salva Italia (Sauver l&#8217;Italie), a pour but de revenir à un quasi-équilibre des finances publiques dès 2013.</p>
<p>Quant au deuxième objectif, celui de restaurer la croissance et de renforcer la compétitivité du pays, il apparaît dans le plan &#8220;Croissance de l&#8217;Italie&#8221; (Cresci Italia) adopté par le Conseil des ministres le 20 janvier 2012 dans des conditions houleuses. Outre une simplification des procédures administratives (procédures d&#8217;appels d&#8217;offre, création d&#8217;entreprises, passage au numérique, &#8230;) et des libéralisations dans les professions réglementées, l&#8217;énergie, les transports, et les assurances, ce plan prévoit des réformes complémentaires, concernant notamment la flexibilité du marché du travail. Autant les mesures de rigueur ont été adoptées facilement, autant ce deuxième plan a été assez mal accueilli, notamment les discussions autour des modifications de l&#8217;article 18 du Code du travail qui confère aux employés et aux ouvriers dans les entreprises de plus de quinze salariés une protection contre les licenciements.</p>
<p>Enfin, sur le plan de l&#8217;équité, les progrès sont encore timides, notamment en matière de lutte contre l&#8217;évasion fiscale et contre l&#8217;économie souterraine.</p>
<p>La population sait que les mesures seront douloureuses : le quotidien économique Il Sole 24 Ore a ainsi annoncé que l&#8217;augmentation annuelle des impôts pour une famille moyenne vivant en Lombardie atteindrait 1 500 euros par an, et presque 2 000 euros pour une famille du Latium. Pourtant la population italienne a jusqu&#8217;à présent fait montre d&#8217;un grand sens de l&#8217;intérêt national, acceptant avec résignation la cure d&#8217;assainissement budgétaire. Quant aux marchés financiers, ils ont dans un premier temps relâché la pression sur le pays, l&#8217;écart de taux publics à long terme avec l&#8217;Allemagne passant de 530 à 280 points de base entre début janvier et mi-mars 2012. L&#8217;action de Mario Monti n&#8217;est pas la seule explication : grâce au rachat de titres obligataires fin 2011 et aux deux opérations de refinancement du système bancaire à 3 ans (LTRO) pour un montant total de 1 000 milliards d&#8217;euros, dont ont largement profité les banques italiennes, la BCE a activement participé à cette détente des taux. En outre, la réussite du plan d&#8217;échange de la dette grecque avec les créanciers privés a également contribué à détendre les taux.</p>
<p>La situation n&#8217;en demeure pas moins fragile et volatile : il a suffi que l&#8217;Espagne montre des signes de faiblesse budgétaire pour que l&#8217;Italie pâtisse de la méfiance, que l&#8217;écart de taux publics à long terme avec l&#8217;Allemagne se creuse à nouveau, atteignant 400 points de base début mai 2012 et que les primes sur CDS se remettent à progresser (graphique).</p>
<p>Quelles sont donc les perspectives pour les deux années à venir ? Après une récession entamée en 2011, avec deux trimestres de croissance négative, l&#8217;Italie devrait connaître une année 2012 difficile, avec une forte contraction du PIB de 1,7 %, conséquence des trois plans de rigueur votés en 2011. Cet effet se poursuivrait en 2013, avec une nouvelle contraction du PIB de -0,9 %. En l&#8217;absence de mesure de rigueur supplémentaire, elle réduirait son déficit, mais moins qu&#8217;escompté en raison de l&#8217;effet multiplicateur : le déficit atteindrait 2,8 % du PIB en 2012, et 1,7 % en 2013, soit un rythme de réduction des déficits inférieur à son engagement qui prévoit de revenir à l&#8217;équilibre en 2013.</p>
<p>Par <strong>Céline Antonin</strong>, département analyses et prévisions, pour l&#8217;OFCE</p>
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		<title>Pacto de crecimiento sólo si Merkel tiene miedo</title>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2012 14:16:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Con Hollande en el Eliseo, las economías de Alemania y Francia en fuerte desaceleración, la periferia de la zona euro al borde del abismo y gente tan cauta y autorizada como Martin Wolf diciendo que le da al euro un 50% de probabilidades de sobrevivir durante la próxima década, empieza a hablarse en serio de cambiar la política económica en Europa.</p>
<p>Pero no nos hagamos demasiadas ilusiones. Hace ya bastante tiempo que hay señales de que la estrategia de la austeridad (sin crecimiento) impuesta a la zona euro (ZE) por Alemania no está dando resultado, pero eso no ha hecho &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/pacto-de-crecimiento-solo-si-merkel-tiene-miedo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Con Hollande en el Eliseo, las economías de Alemania y Francia en fuerte desaceleración, la periferia de la zona euro al borde del abismo y gente tan cauta y autorizada como Martin Wolf diciendo que le da al euro un 50% de probabilidades de sobrevivir durante la próxima década, empieza a hablarse en serio de cambiar la política económica en Europa.</p>
<p>Pero no nos hagamos demasiadas ilusiones. Hace ya bastante tiempo que hay señales de que la estrategia de la austeridad (sin crecimiento) impuesta a la zona euro (ZE) por Alemania no está dando resultado, pero eso no ha hecho cambiar de opinión ni a la Canciller Merkel ni al Banco Central Europeo (BCE). Además, lo que Hollande ha dicho es que quiere renegociar el nuevo Pacto Fiscal impulsado por Merkozy, pero todos sabemos que lo que está ahogando hoy el crecimiento de en la ZE no es este Pacto (que todavía no se está aplicando), sino el calendario del ajuste fiscal negociado en Bruselas (que es imposible de cumplir) y la negativa del BCE a actuar de forma consistente como prestamista de última instancia, no tanto para los bancos sino para los países.</p>
<p>Por lo tanto, a no ser que Hollande resulte ser un encantador de serpientes capaz de convencer a los conservadores alemanes, finlandeses y holandeses de que modifiquen la actual estrategia, es poco probable que veamos cambios sustanciales. El Consejo Europeo extraordinario de mayo podría impulsar algunas modificaciones cosméticas que acaparen los titulares, como el lanzamiento de una difusa y limitada agenda de crecimiento impulsada por el Banco Europeo de Inversiones (algo que, por cierto, ya ha ocurrido en distintos momentos durante el último año sin después materializarse en nada), pero poco más que eso.</p>
<p>Ello se debe a que, por desgracia, lo único que puede hacer cambiar de opinión a Alemania es el miedo a una ruptura del euro. Y ese miedo solo puede venir de un renovado ClubMed de países del sur (incluida Francia) que explique a las autoridades alemanes y al BCE que si a cambio de las reformas y los ajustes no hay ningún tipo de concesiones, por mucho que seamos los disciplinados alumnos que nos exige el eje Berlín-Frankfurt, terminaremos “forzados” a salir del euro por la presión de los mercados. Si eso llegara a suceder el BCE se quedaría sin trabajo y Alemania sería la gran perjudicada ya que su moneda se apreciaría, sus exportaciones se derrumbarían y sus bancos (los grandes acreedores de la ZE) caerían como piezas de dominó.</p>
<p>Una buena batería de argumentos técnicos es imprescindible para que Alemania entienda por qué su estrategia de austeridad autoritaria nos está acercando a ese apocalíptico escenario; es decir, por qué debería comenzar a tener miedo. Lo bueno es que dicho argumentario no es demasiado sofisticado. Su versión teórica está en cualquier manual de introducción a la economía y su versión práctica en la experiencia de los últimos treinta años de crisis financieras en países emergentes.</p>
<p>Primero, las políticas fiscales procíclicas son una mala idea. Hacer una política fiscal contractiva cuando la actividad económica está cayendo, no hay crédito y no se puede devaluar la moneda, agudiza la recesión. Keynes explicó hace setenta años que la política fiscal debía ser contracíclica y hay muchos estudios que demuestran que no existe eso que los alemanes llaman “ajuste fiscal expansivo” porque los llamados efectos no keynesiados de la política fiscal requieren, entre otras cosas, que el tipo de cambio sea flexible, algo que no sucede en la ZE. Por lo tanto, insistir, como se hace con España, en que se haga el mayor ajuste fiscal de la historia de un país desarrollado cuando el PIB está cayendo cerca de un 2%, los bancos no pueden financiarse en el mercado y la tasa de paro se acerca al 25% es un suicidio. Eso no significa que no sea importante tener un plan creíble de consolidación fiscal a medio y largo plazo. De hecho, tampoco hay evidencia empírica alguna de que no ajustar las cuentas públicas sea bueno para el crecimiento. Pero el ajuste debe ser más lento y centrarse en el saldo estructural, no en objetivos nominales. De lo contrario, las caídas en la recaudación generadas por la recesión y los aumentos del gasto (resultado tanto del mayor coste del servicio de la deuda como de las mayores prestaciones de desempleo) harán imposible estabilizar el ratio de deuda sobre PIB, conduciendo inevitablemente al <em>default</em>. Si tienen dudas miren a Grecia.</p>
<p>Segundo, los bancos centrales deben ser prestamistas de última instancia. Si bien es cierto que en condiciones normales su principal función es mantener la estabilidad de precios, en momentos de elevada inestabilidad financiera deben asegurar la supervivencia de la moneda de la que se ocupa. En una unión monetaria, eso exige, además de prestar a los bancos cuando los mercados están cerrados para evitar pánicos, comprar deuda soberana de quienes sufran ataques especulativos con el fin de evitar que países con problemas de liquidez (como España o Italia) puedan terminar volviéndose insolventes por una profecía auto-cumplida. Además, suele ser una buena idea no elevar los requisitos de capital a la banca en medio de una restricción de crédito y aceptar que un poco de inflación no sólo no es el fin del mundo, sino que puede ser la única fórmula para acelerar el desapalancamiento de hogares, empresas, bancos y países, así como de reducir los salarios nominales en los países con déficit de balanza de pagos, lo que es un sustituto (imperfecto) de una devaluación. Todo ello sugiere que el BCE debería actuar de forma más agresiva, debería dejar claro a los inversores que no se puede hacer negocio apostando contra la deuda de los países periféricos de la ZE y haría bien en confiar un poco más en que la voluntad reformista de los países del sur es clara, por lo que no hay nada de malo en dar un balón de oxígeno a poblaciones (y gobiernos) acorralados.</p>
<p>Al margen de estas soluciones de libro de texto, pueden plantearse otras más radicales y heterodoxas. Por ejemplo, Wyplosz ha abogado recientemente por un <em>default</em> parcial y preventivo de la deuda de los países de la ZE (incluida Francia y posiblemente Alemania). Sostiene que lo que desincentiva a los inversores a comprar deuda pública de la ZE es que creen posible que haya quitas en el futuro. Por ello, aboga por reestructurar la deuda lo antes posible para despejar las dudas, lo que permitiría romper el círculo infernal que hace que la crisis de la deuda soberana y la bancaria se retroalimente. Naturalmente, habría que analizar quién soportaría esas pérdidas y si sería capaz de hacerlo (o quebraría), pero es evidente que se trata de una idea valiente que tal vez haya que explorar.</p>
<p>Será difícil que Merkel acepte que se ha equivocado con su estrategia para estabilizar la ZE. A nadie le gusta reconocer sus errores. De hecho, es muy posible que la falsa narrativa que ha construido sobre cómo hemos llegado a esta situación (simplemente por falta de disciplina fiscal de los países del sur) impida a Alemania aceptar que debe modificar su posición. De ser así, por mucho que Hollande no sea Sarkozy, el eje Berlín-Frankfurt no aceptará reducir la velocidad del ajuste fiscal, se seguirá oponiendo a una mayor expansión monetaria para generar un poco de inflación y depreciar el euro, no abogará por un aumento del gasto público en los países que tiene margen para hacerlo (lo que permitiría aumentar las importaciones de estos países y reducir los desequilibrios de balanza de pagos dentro de la ZE) y, por supuesto, no querrá ni oír hablar de reestructuraciones de deuda preventivas. Pero, tal vez, si empieza a ver las orejas al lobo y se da cuenta de lo que significaría una desmembración del euro, modifique su posición.</p>
<p><strong>Federico Steinberg</strong> es Investigador Principal de Economía Internacional del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.</p>
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		<title>La nueva ultraderecha acechante</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 16:38:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Los buenos resultados de Marine Le Pen en la primera vuelta de las presidenciales francesas, que con su posterior voto en blanco influyó en el hundimiento de Nicolas Sarkozy; la caída del Gobierno holandés al negarse el islamófobo PVV de Geert Wilders a apoyar los recortes exigidos por la Comisión Europea, y la entrada del nazi Amanecer Dorado, de Nikolaos Mijaloliakos, en el fragmentado Parlamento griego son una muestra del ascenso y la capacidad de influencia de la extrema derecha xenófoba en Europa. Esta extrema derecha no solo aumenta en votos en los distintos países, sino que incrementa su capacidad &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/la-nueva-ultraderecha-acechante/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los buenos resultados de Marine Le Pen en la primera vuelta de las presidenciales francesas, que con su posterior voto en blanco influyó en el hundimiento de Nicolas Sarkozy; la caída del Gobierno holandés al negarse el islamófobo PVV de Geert Wilders a apoyar los recortes exigidos por la Comisión Europea, y la entrada del nazi Amanecer Dorado, de Nikolaos Mijaloliakos, en el fragmentado Parlamento griego son una muestra del ascenso y la capacidad de influencia de la extrema derecha xenófoba en Europa. Esta extrema derecha no solo aumenta en votos en los distintos países, sino que incrementa su capacidad de influencia en los gobiernos conservadores pese a que ahora rompa con ellos al discrepar de las políticas de ajuste.</p>
<p>Salvando todas las distancias, dado que es impensable que la nueva extrema derecha, ahora llamada identitaria, desease acabar con el pluripartidismo, se da un paralelismo con los factores que favorecieron en los años 20 y 30 el ascenso del fascismo en Europa. Muchos países, igual que la Alemania de aquel periodo, sometida al pago de unas indemnizaciones de guerra que asfixiaban su economía, padecen unas condiciones financieras foráneas difíciles de cumplir que empobrecen más y más a la población, generándose una deslegitimación de los partidos tradicionales, que ahora, como entonces, no son capaces de detener el deterioro. Quienes imponen hoy condiciones draconianas son las instituciones políticas y financieras europeas y los dictados económicos de Francia y Alemania al tambor de las agencias de calificación, algunas vinculadas a quienes provocaron la crisis. Y gran parte de Europa, de la misma manera que la de los años 30 padeció las consecuencias de la crisis de 1929, ahora sufre las consecuencias de la crisis financiera iniciada en EEUU.</p>
<p>Si para los fascistas de entonces los judíos y su banca eran los culpables de todos los males y en Alemania se culpaba a las indemnizaciones imposibles de pagar, en la actual coyuntura europea son los inmigrantes, sobre todo los musulmanes, las instituciones financieras y una Unión Europea que coarta la soberanía los responsables de la crisis a juicio de la nueva extrema derecha. Lo dejó muy claro Le Pen cuando anunció su voto en blanco y su deseo de que Sarkozy no fuera reelegido: «Ha cortejado sin pudor a las élites mundiales, ha hecho explotar la inmigración, destruido y precarizado millones de empleos, ha defendido siempre el poder de los bancos y el dinero y ha renunciado a la soberanía nacional. Un hombre así no puede ser el presidente del pueblo».</p>
<p>Defender la soberanía nacional frente a Europa, salir del euro, castigar al poder financiero, recuperar las fronteras y expulsar inmigrantes son las recetas de esta extrema derecha, ahora autodefinida como identitaria, que intenta desbordar a la derecha y la izquierda con propuestas económicas y financieras que podría parecer que se asemejan a las de cierta izquierda. Como hicieron los nazis con los judíos y la banca extranjera, culpabiliza de todo a los musulmanes y a las instituciones financieras.</p>
<p>Esta nueva extrema derecha europea no es homogénea. La flamante Amanecer Dorada griega no oculta su admiración por las ideas del nazismo. El Jobbik húngaro mantiene el antisemitismo, recupera los uniformes y los desfiles de la nazi Cruz Flechada y culpabiliza de todo a la minoría gitana y a las instituciones europeas. En Holanda, el Partido por la Libertad de Wilders se centra en la islamofobia y no ha sido hasta hace unas semanas, al provocar la caída del Gobierno conservador, que ha dado el giro en lo económico. En Austria y Alemania, dada la imposibilidad legal de rememorar el pasado nazi, el Partido de la Libertad de Austria del fallecido Jorg Haider y el alemán La Libertad centran su ideario en la islamofobia. En Italia ha abanderado este espacio la Liga Norte con su xenofobia. Y las fuerzas de esta índole en Suecia, Dinamarca y Noruega hacen del no a la inmigración musulmana su bandera.</p>
<p>Le Pen ha sabido esconder el antisemitismo de su padre y sustituirlo por la islamofobia y el antieuropeísmo. Pero mientras ella forma parte de la Alianza Europea por la Libertad junto al partido ultra austriaco, uno de los dirigentes históricos del Frente Nacional, Bruno Golnisch, que niega el Holocausto, preside la Alianza Europea de Partidos Nacionales junto al Jobbik húngaro. Sarkozy, estas últimas semanas, asumió con matices muchas de las consignas en inmigración y seguridad de Le Pen, con lo que en el fondo le daba la razón.</p>
<p>En las próximas legislativas Le Pen confía en crecer en el actual contexto de hundimiento de la UMP, a la vez que se enfrentará a Hollande con su discurso social y antieuropeo. Las propuestas de Le Pen no aportan nada, pero abren el camino a una extrema derecha que nadie sabe a dónde va y que obstaculizaría el giro que quiere impulsar Hollande en Europa poniendo fin a los actuales recortes y a una falta de inversión que solo genera más recesión.</p>
<p><strong>Xavier Rius</strong>, periodista.</p>
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		<title>¿Qué crecimiento? ¿Qué austeridad?</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 16:17:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>El debate sobre el binomio austeridad/crecimiento ha ido ganando impulso. Tras críticas continuadas de una parte, no pequeña, de la profesión y de los mismos mercados sobre las negativas consecuencias de la austeridad alemana, primero fue François Hollande el que insistió en la necesidad de articular políticas de crecimiento. A él se sumó el gobernador del Banco Central Europeo, Mario Draghi, que demandó la elaboración de un compact de crecimiento que complementase el de consolidación fiscal, y poco después Mario Monti elevaba su voz en el mismo tono. Los resultados electorales de Francia, y también los de Grecia, parecen avalar &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/que-crecimiento-que-austeridad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El debate sobre el binomio austeridad/crecimiento ha ido ganando impulso. Tras críticas continuadas de una parte, no pequeña, de la profesión y de los mismos mercados sobre las negativas consecuencias de la austeridad alemana, primero fue François Hollande el que insistió en la necesidad de articular políticas de crecimiento. A él se sumó el gobernador del Banco Central Europeo, Mario Draghi, que demandó la elaboración de un compact de crecimiento que complementase el de consolidación fiscal, y poco después Mario Monti elevaba su voz en el mismo tono. Los resultados electorales de Francia, y también los de Grecia, parecen avalar la necesidad de una reorientación de las políticas en el seno del área del euro y de la Unión Europea. De hecho, el triunfo de Hollande, según el tono de los editoriales de la prensa española y, por descontado, de la francesa, parecía alumbrar el nacimiento de una nueva era en Europa. E incluso dentro del partido del señor Rajoy ya ha habido quien ha salido poniéndose delante de la manifestación postulando que fue el Partido Popular el primero que lanzó la necesidad de ese giro en la política europea.</p>
<p>Pero ¿de qué estamos hablando exactamente? ¿A qué crecimiento nos estamos refiriendo? ¿Y a qué austeridad? Déjenme comenzar por esta última. En España se postula, como si fuera un hecho irrebatible, que han sido las políticas de austeridad las responsables de que nos encontremos, de nuevo, en recesión. Y se hace la misma lectura de las terribles cifras de desempleo y destrucción de ocupación de los tres primeros meses del 2012. Además, desde la prensa anglosajona se insiste una y otra vez en el círculo vicioso en el que ha entrado nuestro país: austeridad, caída de la actividad, caída de los ingresos, dificultad de control del déficit, mayor austeridad¿ Y vuelta a empezar. No voy a ser yo el que niegue la existencia de este teórico círculo vicioso de adelgazamiento. Pero siempre hay que contrastar las ideas. Y la verificación del ajuste hasta la fecha en España no avala la tesis de que ha sido la austeridad la que ha conducido al país a esta segunda recesión. Ni tampoco se sostiene que la caída del crecimiento europeo de la segunda mitad del pasado año esté vinculada directamente a los procesos de consolidación fiscal.</p>
<p>Para empezar, ¿pueden calificarse de austeros unos Presupuestos españoles que, en los últimos cuatro años, han añadido cerca del 35% de deuda pública -es decir, unos 370.000 millones de euros de mayor gasto- adicionales al estoc existente en el 2007? ¿Puede atribuirse al recorte del déficit desde el 9,2% del 2010 al 8,5% del 2011 la contracción en la actividad que emergió a finales del pasado ejercicio? Y en el caso alemán, ¿fue su rigor presupuestario el que llevó al país desde el crecimiento anual del 6% en el primer trimestre del 2011 a la contracción en el último cuarto del ejercicio? Y la misma pregunta podría hacerse para otros importantes países del área del euro.</p>
<p>El colapso del crecimiento europeo a partir del pasado verano fue el resultado del dramático choque sobre la confianza en Europa y el resto del mundo que la crisis de la deuda, en Italia y España, había generado. ¿Qué decisión económica se toma si lo que se debate es si mañana existirá el euro o la peseta? Ninguna que implique compromisos. Lo que sucedió el segundo semestre del 2011 no es más que el tremendo impacto de un ataque sobre el euro, que ponía en cuestión su continuidad y que hundió la confianza aquí, en EEUU o en China. Y no fue hasta el Consejo Europeo de diciembre y las decisiones del BCE del mismo mes cuando quedó claro que Alemania continuaba comprometida con el futuro del euro. La recesión en la que nos encontramos no es, todavía, el resultado del choque de la austeridad, que sin duda llegará. Al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.</p>
<p>Y ¿qué crecimiento? También existe confusión ahí. Desde España y el sur, cuando se habla de un compact de crecimiento se está pensando en impulsos desde la demanda pública (bien reduciendo impuestos, bien aumentando el gasto). Olvídenlo. Entonces, ¿qué medidas podría impulsar Hollande? No que el Fondo de Estabilidad se convierta en banco y pueda pedir prestado al BCE para intervenir en los mercados. No que el Fondo de Estabilidad sea la primera puerta a la que llamen países con bancos en problemas, sin pasar antes por los mercados. No que el BCE compre masivamente deuda. No los eurobonos. Todas estas propuestas ya las hizo Sarkozy, y sabemos la respuesta de Merkel: nein.</p>
<p>¿Qué queda? Queda un impuesto sobre transacciones financieras, que podría aportar hasta 50.000 millones de euros, para promover inversiones paneuropeas, o que sea el Banco Europeo de Inversiones quien las financie. Y queda lo que interpretan Merkel o Draghi cuando hablan de crecimiento, es decir, reformas que lo estimulen (laborales, de competitividad, de liberalización de mercados), pero no un mayor déficit público. Tras el pánico del año pasado, este melón no se volverá a abrir.</p>
<p><strong>Josep Oliver Alonso</strong>, catedrático de Economía Aplicada (UAB)</p>
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		<title>Hollande and Iran</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 13:16:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Próximo-Medio Oriente]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[Irán]]></category>
		<category><![CDATA[Procesos electorales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>In the run-up to the French presidential election, the Iranian newspaper Tehran Emrooz wrote that “emphasis must be given to the advantages of a victory by François Hollande.”</p>
<p>Widely reported in the French press and blog world, the comment came from a publication described as run by the mayor of Tehran, who is reportedly close to the supreme leader, Ayatollah Ali Khamenei.</p>
<p>Some French bloggers treated it as Loony Tunes stuff from Mullahland. But the editorial had a matter-of-fact, non-hysterical tone.</p>
<p>“A victory will lead to a softening of Paris’ policies toward Iran,” it said. “France under Sarkozy was the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/hollande-and-iran/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>In the run-up to the French presidential election, the Iranian newspaper Tehran Emrooz wrote that “emphasis must be given to the advantages of a victory by François Hollande.”</p>
<p>Widely reported in the French press and blog world, the comment came from a publication described as run by the mayor of Tehran, who is reportedly close to the supreme leader, Ayatollah Ali Khamenei.</p>
<p>Some French bloggers treated it as Loony Tunes stuff from Mullahland. But the editorial had a matter-of-fact, non-hysterical tone.</p>
<p>“A victory will lead to a softening of Paris’ policies toward Iran,” it said. “France under Sarkozy was the strong voice in the European Union against Iran. Hollande’s victory will bring nuances to this approach.”</p>
<p>That’s bang-on correct about Sarkozy.</p>
<p>He was the hand holding the prod that pushed Europe toward enacting sanctions on Iranian oil scheduled to take effect July 1. And he took pride in policies repeatedly jabbing at what France maintained were the Obama administration’s illusions and foot-dragging concerning Iran’s drive for nuclear weapons.</p>
<p>While Sarkozy was president, a bipartisan French National Assembly report took a shot at President Obama for frittering away a whole year in the nuclear countdown with his failed “outstretched hand” initiative. The French proposed an Iran oil embargo at the United Nations only to have it shelved for a softer, embargo-less American proposal.</p>
<p>No country had a tougher stance. France believed that the best way to head off an Israeli attack on Iran’s nuclear sites was by intensifying sanctions, wary diplomacy, and an unyielding interpretation of the constraints placed by the U.N. Security Council on the mullahs’ atomic ambitions.</p>
<p>But what about Hollande?</p>
<p>Will there be nuances in his approach — exactly what the Iranian commentary expected to see — that dilute the hard French line on nonproliferation and sanctions?</p>
<p>France had considered the Iranian history of trickery and noncompliance as so profound that it was willing to stand alone in saying there could be no concessions in bargaining with Tehran. In view of talks with the Iranians, it rejected any possible deviation from the Security Council’s demands of suspension of <em>all</em> Iranian uranium enrichment, and access “without delay” for International Atomic Energy Agency inspectors to every site it designates as suspect.</p>
<p>Now, the broad issue comes quickly to hand with a new French government. On May 23, the Security Council’s five permanent members plus Germany meet with Iran in Baghdad.</p>
<p>The question of whether France will continue to stand up as driver of sanctions and a bulwark of disbelief concerning Iran’s intentions to renounce its nuclear program challenges in significance Hollande’s woofing about renegotiating the E.U.’s debt and deficit consolidation program.</p>
<p>You can take it to the bank that the Europeans will come together (belatedly and insufficiently) on producing some growth-related measures without tearing up their austerity compact.</p>
<p>But France agreeing to offer Iran the right to keep uranium enriched to 3.5 or 5 percent — the Obama administration reportedly wants to propose this as bait in seeking a deal with Iran — could be portrayed as a French surrender of its traditional antiproliferation culture.</p>
<p>Not many here would believe that the West could get as a quid pro quo a concession of total freedom for I.A.E.A. inspection teams in Iran. Besides, under Sarkozy, the French also have been saying that Iran’s five stockpiled tons of 3.5 percent enriched uranium (theoretically convertible with additional processing into several nukes) would be next to impossible to control.</p>
<p>The contradictions in the situation and its implications for French reliability and independent action are great.</p>
<p>Jean-Yves Le Drian, who is apparently Hollande’s choice as defense minister, told small groups in Washington more than a month ago that a Socialist presidency would mean no basic change in French Iran policy.</p>
<p>But this week, I spoke to a man who had just talked to Hollande about Iran. My friend’s unequivocal impression was that the Socialist president will be closer to Obama’s line than Sarkozy’s.</p>
<p>Obama’s future may hang on the Iran issue through election day in November, but Hollande’s does not, and he might easily prefer a recognizant friend in the White House to a Republican.</p>
<p>This was not at all confirmed in a first interview with Hollande on Iran by Jean-Marie Colombani, a former editor of Le Monde, for the political Web site <a href="http://Slate.fr" target="_">Slate.fr</a>.</p>
<p>In it, Hollande said he had no criticism of Sarkozy’s “firm position” on Iranian proliferation. Indeed, he said he would “confirm it with the same force and willpower,” and that sanctions “must be reinforced for as long as necessary.”</p>
<p>He added: “I believe it is still possible to achieve the desired goal through negotiations.”</p>
<p>Considering the circumstances, that’s a circumlocution from a man practiced in imprecision worthy of the mullahs’ negotiators.</p>
<p>Whatever Hollande’s final position becomes, it will be impossible for the French, so clear for so long on Iran, to fog over a change of policy with a spray of ambiguity that would fundamentally alter — or soften, as the Tehran Emrooz editorial called it — the way the world approaches Iran’s nuclear threat.</p>
<p><strong>John Vinocur</strong> is senior correspondent at The International Herald Tribune.</p>
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		<title>Tras la caída de Sarkozy</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 06:55:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[Procesos electorales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>En política, el investigador de las causas de los eventos ha de dividir su tiempo casi en partes iguales entre la anécdota y la categoría. En el caso de la caída de Nicolas Sarkozy, la incoercible personalidad del derrotado presidente saliente ha permitido una gran explotación de la cantera de la anécdota, con lo que quizá sea más útil ocuparse un poco de la categoría, que aquí estaría representada por la forma de gobierno francesa.</p>
<p>Según observó un autor italiano, la constitución de la V República, en su versión genuinamente gaullista (es decir, la aprobada en 1958 y corregida en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/tras-la-caida-de-sarkozy/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En política, el investigador de las causas de los eventos ha de dividir su tiempo casi en partes iguales entre la anécdota y la categoría. En el caso de la caída de Nicolas Sarkozy, la incoercible personalidad del derrotado presidente saliente ha permitido una gran explotación de la cantera de la anécdota, con lo que quizá sea más útil ocuparse un poco de la categoría, que aquí estaría representada por la forma de gobierno francesa.</p>
<p>Según observó un autor italiano, la constitución de la V República, en su versión genuinamente gaullista (es decir, la aprobada en 1958 y corregida en 1962), estaba basada en la apuesta de que coincidirían dos mayorías surgidas en dos momentos distintos: el de la elección presidencial y el de las elecciones parlamentarias. Si la apuesta se perdía, es decir, si el presidente de la república se veía enfrentado a una mayoría parlamentaria hostil, entonces el motor constitucional entraba en un régimen distinto: el de la cohabitación. En la cohabitación, el presidente, que apoyado en una mayoría parlamentaria amiga era más poderoso que un primer ministro británico, pasaba a ocupar una posición solo un poco más relevante que la del presidente de una república parlamentaria. De esta posibilidad de transformación viene el nombre de «Rey-Proteo» que Maurice Duverger daba al jefe de Estado francés.</p>
<p>Como es sabido, el socialista François Mitterrand tuvo que cohabitar con dos primeros ministros de centro-derecha, Jacques Chirac (1986-1988) y Édouard Balladur (1993-1995); y el propio Chirac, tras una imprudente disolución de la Asamblea nacional en 1997, cayó en una cohabitación de cinco años con el socialista Lionel Jospin de primer ministro. ¿Cabe encontrar alguna regularidad en este conjunto de elecciones parlamentarias que han ido convirtiendo al presidente de la república de máximo dirigente nacional en simple poder moderador? Sí: desde 1978, los franceses han enviado en cada elección a la Asamblea nacional una mayoría de color político opuesto al anterior. Es decir, que, elección tras elección, se ha ido produciendo una alternancia de mayorías conservadoras y socialistas con la perfecta uniformidad de la serie de casillas blancas y negras en una columna de tablero de ajedrez. Hasta 2007 no consiguió una mayoría parlamentaria (que en este caso fue conservadora) obtener un segundo mandato.<br />
Al menos una conclusión se impone inmediatamente: el electorado francés de los últimos treinta años es un cliente difícil. En un informe de principios de 2010, el llamado Médiateurequivalente francés de nuestro Defensor del Pueblo se inquietaba sobre la fatiga psíquica y la gran tensión nerviosa de la sociedad francesa. Sobre este fenómeno y sus causas se ha reflexionado mucho en Francia. Entre otras explicaciones, se ha dicho que los franceses son especialmente sensibles a los estruendos y los conflictos de la globalización. En este sentido, el ex primer ministro Alain Juppé decía no hace mucho que sus conciudadanos tenían «una angustia sorda y no expresada con los trastornos del mundo».</p>
<p>En todo caso, este cuerpo electoral tan doliente y descontento es muy proclive al voto de castigo y, como se ha visto, lo ha venido ejerciendo en las elecciones parlamentarias durante casi tres décadas. Sin embargo, hasta la elección de Sarkozy, el presidente de la república estaba bastante protegido de las inclinaciones punitivas del electorado francés. Esta protección se debía a que la elección presidencial y las elecciones legislativas tenían calendarios distintos: al presidente le correspondía un mandato de siete años y la Asamblea nacional se elegía cada cinco, salvo que hubiera sido disuelta antes por el propio presidente. El desdoblamiento del calendario electoral daba a los electores franceses dos oportunidades para lanzar su voto de castigo, y, por regla general, nuestros vecinos han preferido utilizarlo en las elecciones legislativas. Es cierto que Giscard no consiguió mantenerse en el Elíseo en 1981, pero en cambio tanto Mitterrand como Chirac fueron elegidos para un segundo mandato (en 1988 y 2002, respectivamente); y esta relativa facilidad de la reelección presidencial contrasta sin duda con la gran dificultad de las mayorías parlamentarias para renovar su mandato. En síntesis, hasta ahora los franceses reelegían a sus presidentes, sin perjuicio de, llegado el caso, capitidisminuirlos en sede parlamentaria.</p>
<p>Pero la descrita situación terminó en el 2000, año en que una reforma constitucional ampliamente respaldada por las fuerzas políticas redujo de siete a cinco años el mandato del presidente de la república, unificando así el calendario electoral y eliminando en gran medida el riesgo de cohabitación. En 2002 Chirac fue reelegido (ya por un quinquenio) y en la Asamblea nacional una mayoría conservadora sustituyó a la anterior mayoría socialista. Por último, en 2007 fue elegido Sarkozy y, excepcionalmente, el centro-derecha mantuvo su mayoría en el Parlamento, sin duda gracias al impulso del nuevo presidente. Y así llegamos a la convocatoria de 2012, en la que los electores franceses han recobrado su vieja afición por el voto de castigo, pero con una diferencia decisiva: al haberse unificado el calendario electoral, ya no disponían de otra ocasión para ejercerla, con lo que el castigo se ha concentrado sobre el presidente saliente. En el sistema anterior a la reforma de 2000, el centro-derecha habría sin duda perdido las elecciones legislativas en este año de 2012, pero en cambio Sarkozy habría tenido una alta probabilidad de ser reelegido en 2014, coincidiendo con un nuevo giro de la rueda del descontento.</p>
<p>Tras la caída de Sarkozy, ¿qué reflexiones cabe hacer sobre el futuro de la forma de gobierno francesa? ¿Qué nuevas transformaciones le esperan al Rey-Proteo de Duverger? Si el electorado francés sigue actuando como hasta ahora, hay dos escenarios posibles. En el primero de ellos, el presidente de la república es consciente de la extrema dificultad de su reelección, pero aun así se compromete e intenta ejecutar un programa político, con la ayuda del primer ministro, que acabará probablemente sucediéndole a la cabeza del partido político de que se trate. Este que podemos llamar «modelo mejicano» es el que ha seguido Sarkozy. François Fillon, su primer ministro, ha acabado siendo el «tapado» de la UMP y ahora es el candidato natural para convertirse en líder de ese gran partido conservador francés. En el «modelo mejicano», el presidente de la república se transforma, porque su reelección queda casi descartada; y el primer ministro gana en importancia, porque en el sistema anterior rara vez accedía después de cesar al liderazgo de su movimiento político.</p>
<p>Un segundo escenario podría ser inaugurado por el nuevo presidente, François Hollande. En su debate televisivo con Sarkozy, Hollande insistió en que sería un presidente «normal», respetuoso con los ciudadanos y las instituciones, y que nunca se referiría al primer ministro como «mi colaborador», como lo había hecho el hiperpresidencialista Sarkozy. Todo ello suena a una aproximación a la presidencia arbitral y moderadora propia de las repúblicas parlamentarias. Pero habrá que ver si esa tendencia se confirma y se mantiene. Nunca hay que subestimar los efectos que sobre cualquier hombre, por normal que se crea, puede tener la subida de la escalinata del Elíseo, mientras en su mente retumban ya los acordes de «La Marsellesa», que al poco rato sonarán en el parque del palacio. Y es que, a veces, la anécdota se come a la categoría.</p>
<p><strong>Leopoldo Calvo-Sotelo Ibáñez-Martin</strong>, profesor del Instituto de Empresa.</p>
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		<title>¿Rusia duerme de nuevo?</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 06:51:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>En tan solo seis meses, desde fines de septiembre de 2011 a marzo de 2012, Rusia cambió. La gradual descomposición del estado –sus degenerados valores y actitudes de búsqueda de beneficios y apropiación de los bienes públicos– finalmente empujó a los ciudadanos rusos, en particular a la joven clase media poscomunista, a las calles. La deferencia de la era soviética a los líderes paternalistas dio lugar a la autoconfianza y el recelo de la autoridad establecida.</p>
<p>¿O no? Vladimir Putin y su régimen, sorprendidos por las masivas protestas del invierno pasado, se encontraban al borde del pánico. Pero, luego de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/rusia-duerme-de-nuevo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En tan solo seis meses, desde fines de septiembre de 2011 a marzo de 2012, Rusia cambió. La gradual descomposición del estado –sus degenerados valores y actitudes de búsqueda de beneficios y apropiación de los bienes públicos– finalmente empujó a los ciudadanos rusos, en particular a la joven clase media poscomunista, a las calles. La deferencia de la era soviética a los líderes paternalistas dio lugar a la autoconfianza y el recelo de la autoridad establecida.</p>
<p>¿O no? Vladimir Putin y su régimen, sorprendidos por las masivas protestas del invierno pasado, se encontraban al borde del pánico. Pero, luego de que la elección presidencial del mes pasado devolviese a Putin la presidencia, la ola de protestas disminuyó rápidamente. Las manifestaciones se redujeron a la décima parte de su tamaño anterior. Cuando las expectativas de éxito inmediato no se cumplieron, el impulso romántico se marchitó. Estaba claro lo que había que hacer al enfrentar el fraude electoral; el curso de acción posterior, después de la derrota, no lo está. Los líderes de las protestas no pueden formular nuevas metas y eslóganes.</p>
<p>Además, entre las elecciones parlamentarias de diciembre pasado y la presidencial en marzo, las autoridades comenzaron a tomar la iniciativa. El títere presidencial de Putin, Dimitri Medvédev, propuso reformas políticas e inició reuniones con los representantes de los partidos de la oposición, que también tuvieron un efecto desmovilizador.</p>
<p>Las autoridades sin duda percibieron el descenso en la actividad en las calles como una victoria, que buscaron consolidar inmediatamente empleando las fuerzas de seguridad para suprimir futuras protestas. Las cortes que recibieron acusaciones de resultados falsificados de las elecciones por lo general ignoraron claras evidencias de violaciones legales. Para muchos el movimiento de protesta había sido derrotado.</p>
<p>Pero no hubo una victoria real para la élite que detenta el poder en el país; ni la sociedad fue derrotada. La protesta reflejó cambios irreversibles. La sociedad rusa se ha convertido en una turbera seca, que espera la chispa que la encienda.</p>
<p>Por supuesto, las reformas anunciadas por el gobierno fueron las típicas simulaciones que han constituido uno de los ingredientes principales en el gobierno de Putin. Pero, incluso cuando las autoridades intentan diluir sus propias iniciativas –por ejemplo, la reanudación de las elecciones de gobernadores regionales, la remoción de barreras a la creación de partidos, o el establecimiento de la televisión pública independiente– han proporcionado nuevas oportunidades para la participación política.</p>
<p>Pero lo que está sucediendo en la sociedad rusa es más importante. En Moscú, la elección presidencial coincidió con la elección de los líderes municipales. Quienes estaban en el poder, preocupados por alienar a los votantes, buscaron cada vez más ocultar su afiliación con el partido Rusia Unida de Putin. Y las elecciones municipales, anteriormente objeto de una indiferencia generalizada, atrajeron a personas jóvenes activas y educadas –la primera «generación sin latigazos» en la historia rusa–, quienes no solo desafiaron a los líderes en ejercicio, sino que los derrotaron.</p>
<p>Este proceso de democratización es invalorable para el futuro ruso. Y Moscú no es el único ejemplo. En muchas ciudades rusas, la oposición ganó elecciones en las intendencias. En Astracán, donde el candidato de la oposición perdió debido a un generalizado fraude electoral, la escala de las protestas callejeras se multiplicó por diez, y el país entero se conmocionó por el escándalo. Hoy día, los líderes de la oposición, moscovitas y de todo el país, viajan a otras ciudades y se unen a las protestas o se convierten en fiscales electorales.</p>
<p>Esa actividad debe continuar. Cuando se le preguntó en una entrevista reciente a Medvédev, ahora primer ministro, sobre el destino del régimen Putin-Medvédev, dijo: «Es hora de calmarse, porque el tándem se quedará aquí por mucho tiempo». Pero mientras el «tándem» continúa señalando su principal logro como «estabilidad», lo que ahora significa es la habilidad del régimen de mantenerse en el poder «por un largo tiempo».</p>
<p>Para garantizar su comprensión de la «estabilidad», el tándem contrapone las continuas protestas de la clase media con una ola de demostraciones orquestadas por el régimen. Como resultado, el país está infectado con todo tipo de fobias –contra las minorías sexuales, contra la así llamada «propaganda del sexo» entre las personas jóvenes, contra los críticos de la Iglesia Ortodoxa y, como siempre, contra Occidente.</p>
<p>Es difícil predecir el destino de un régimen con miras tan estrechas. Lo que podemos asegurar es que solo una Rusia democrática será capaz de sobrevivir dentro de las fronteras actuales del país. La alternativa es el colapso, impredecible y despiadado. Afortunadamente, el despertar de la sociedad rusa, el crecimiento geográfico de la oposición política, y la llegada de una nueva generación libre de los hábitos mentales y de comportamientos soviéticos han dado al país la oportunidad de una reforma democrática genuina, una reforma daba la sensación de haber sido sepultada por los doce años del gobierno de Putin.</p>
<p>Pero Rusia no solo elegirá entre putinismo y democracia. Al intentar garantizar la estabilidad, el régimen está despertando fuerzas que no será capaz de controlar. El nacionalismo y la homofobia que Putin y Medvédev han movilizado contra la ola liberal es más peligroso para ellos –y su plan de intercambiar puestos entre sí indefinidamente– que los liberales e izquierdistas.</p>
<p>Rusia puede elegir entre tres caminos: la democracia, que preservará al país y brindará prosperidad a sus ciudadanos; el callejón sin salida del putinismo; o una orgía de oscurantismo nacionalista. Cualquiera de estos últimos dos escenarios aumentará dramáticamente la probabilidad de la eventual desintegración de Rusia.</p>
<p><strong>Georgy Satarov</strong>, director de Indem, un gabinete estratégico en Moscú</p>
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		<title>Nuestras elecciones en Francia</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 06:43:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Las elecciones francesas del pasado domingo (y también, en negativo, las griegas) han tenido para Europa un significado distinto a todas las anteriores elecciones nacionales: han sido, en cierto modo, unas elecciones europeas. Quizás muchos franceses han votado sólo en clave nacional. Pero seguro que buena parte de los europeos hemos considerado estas elecciones como propias: no éramos ya observadores externos sino que en ellas nos jugábamos intereses que nos afectaban directamente. Han sido, de alguna manera, elecciones nacionales.</p>
<p>Ya sé, por supuesto, que desde hace muchos años las elecciones europeas propiamente dichas son aquellas en las que elegimos diputados &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/nuestras-elecciones-en-francia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las elecciones francesas del pasado domingo (y también, en negativo, las griegas) han tenido para Europa un significado distinto a todas las anteriores elecciones nacionales: han sido, en cierto modo, unas elecciones europeas. Quizás muchos franceses han votado sólo en clave nacional. Pero seguro que buena parte de los europeos hemos considerado estas elecciones como propias: no éramos ya observadores externos sino que en ellas nos jugábamos intereses que nos afectaban directamente. Han sido, de alguna manera, elecciones nacionales.</p>
<p>Ya sé, por supuesto, que desde hace muchos años las elecciones europeas propiamente dichas son aquellas en las que elegimos diputados al Parlamento Europeo. Pero mi sensación es que en las pasadas presidenciales francesas hemos tenido mucha más consciencia de que podían ser determinantes para el futuro de Europa que en todas las parlamentarias europeas que hasta ahora han sido. Todo ello me parece un síntoma claro de que la presente crisis económica, contra lo que se suele opinar, está reforzando la unidad europea porque estamos viendo claro que los 27 estados de la UE viajamos en el mismo barco.</p>
<p>La integración política de Europa tiene un recorrido que históricamente resulta bastante inédito. Hay ciertas semejanzas con el desarrollo de Estados Unidos aunque los supuestos de partida son muy distintos: allí se trataba de incorporar un inmenso territorio casi despoblado, sin apenas estados, a partir de las famosas trece colonias de la costa Este. Probablemente es más parecida a la unificación alemana iniciada tras la ocupación napoleónica y finalizada con el II Reich en 1871, pasando por el Zollverein, una unión aduanera, preludio del libre comercio instaurado por el mercado común de la Comunidad Europea. Tengamos en cuenta que después de Napoleón, lo que hoy es Alemania estaba constituida por 39 reinos, ducados, principados y ciudades libres, todas ellas de matriz feudal, sin más unidad que el recuerdo de un antiguo mito imperial y el alemán como lengua común. Los alemanes hubieron de recorrer un largo y complicado trecho, lleno de incertidumbres, interrupciones, marchas hacia delante y hacia atrás. Pero al fin consiguieron unirse.</p>
<p>Un itinerario semejante es el que está recorriendo la UE desde el modesto tratado de la CECA en 1951 hasta hoy. Desde esta perspectiva de sesenta años, lo conseguido ha sido enorme a partir de unos objetivos a largo plazo muy ambiciosos, nada menos que una federación europea, pero modestos y realistas en el corto plazo, caminando hacia la unidad paso a paso.</p>
<p>El primer gran ideal de la unidad europea fue la paz: nunca más una guerra civil entre europeos. El instrumento: crear intereses económicos comunes en las industrias del carbón y el acero. Con un visionario pragmático clave: Jean Monnet. Después el Mercado Común y el tratado de Roma en 1957: la Europa de los seis. Tras ello una larga interrupción, debido sobre todo a la idea gaullista de la Europa de las naciones, hasta la ampliación a Gran Bretaña y a los países de su área económica, a la que se añadieron después Grecia, España y Portugal. A partir de ahí, el gran cambio del Acta Única de 1986 seguida del tratado de Maastricht de 1992: a la unidad económica vamos añadiendo la política y social.</p>
<p>Estamos ya en la Europa de los derechos civiles, democráticos y sociales, la desaparición de fronteras, los fondos de cohesión, y la ampliación hacia el centro y este de Europa. Con unos protagonistas que, por un lado, son las instituciones de la Comunidad, en especial la Comisión y el Parlamento Europeo y, sobre todo, el Tribunal de Justicia de las Comunidades, el órgano más olvidado y que ha sido el creador de la arquitectura jurídica comunitaria desde los años sesenta. Además de algunos nombres clave: Spinelli, Jacques Delors, Helmut Schmidt, Kohl, Felipe González, entre otros. Y con un aspecto clave: el euro como moneda única en gran parte de la UE. En efecto, todos los esfuerzos actuales van encaminados a la consolidación del euro como moneda de referencia, imprescindible si pretendemos que Europa sea un actor global.</p>
<p>Mercado común, derechos, democracia y moneda. Esta es la fase en que estamos. Y en el futuro inmediato –es decir, ahora mismo– para mantener el euro se necesitan políticas fiscales y laborales homogéneas y una política económica común que precisa de un banco central con todos los poderes que le son propios, no sólo el mero control de la inflación. Estamos en ello: no otra cosa es, por ejemplo, la estabilidad fiscal y financiera que debe introducirse en las constituciones nacionales por mandato comunitario, como inició Alemania en el 2009 y a la que ha seguido España en septiembre pasado al reformar el artículo 135 de nuestra Constitución.</p>
<p>Alemania y Francia son los pivotes sobre los que se ha construido la unidad europea desde sus comienzos e inevitablemente deben seguir siéndolo. Por esto las elecciones francesas –y el año próximo las alemanas–- son también nuestras elecciones: de ellas depende buena parte de nuestro futuro.</p>
<p><strong>Francesc de Carreras</strong>, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.</p>
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		<title>Les universités, moteur de la croissance européenne</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 06:11:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>La croissance économique est la priorité de tous les gouvernements européens, mais celle-ci ne se manifeste pas suffisamment ­rapidement. Comment les universités peuvent-elles leur venir en aide?</p>
<p>Les universités de recherche européennes contribuent déjà fortement à l’économie de manière évidente. Nous formons la main-d’œuvre du futur, nous effectuons les recherches pour lesquelles les gouvernements, les sociétés et l’industrie nous mandatent. Nous faisons des découvertes et proposons des inventions qui sont commercialisées par le secteur privé afin de générer des recettes économiques grâce à ce que l’on appelle depuis quelques années le «transfert de technologie».</p>
<p>Voici un exemple au sein de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/les-universites-moteur-de-la-croissance-europeenne/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La croissance économique est la priorité de tous les gouvernements européens, mais celle-ci ne se manifeste pas suffisamment ­rapidement. Comment les universités peuvent-elles leur venir en aide?</p>
<p>Les universités de recherche européennes contribuent déjà fortement à l’économie de manière évidente. Nous formons la main-d’œuvre du futur, nous effectuons les recherches pour lesquelles les gouvernements, les sociétés et l’industrie nous mandatent. Nous faisons des découvertes et proposons des inventions qui sont commercialisées par le secteur privé afin de générer des recettes économiques grâce à ce que l’on appelle depuis quelques années le «transfert de technologie».</p>
<p>Voici un exemple au sein de mon université: en 1960, deux diplômés de l’Université de Cambridge créèrent une société du nom de Cambridge Consultants, ce qui amorça la création d’un parc scientifique et technologique autour de l’université. Cette tendance selon laquelle des scientifiques à la fibre entrepreneuriale créèrent des start-up afin de tirer profit de la proximité d’une grande université de recherche ou d’autres start-up fut, par la suite, baptisée le «phénomène Cambridge». Tout autour de la ville, nous dénombrons aujourd’hui plus de 1400 sociétés de haute technologie et de biotechnologie, des récentes TPE (très petites entreprises) issues des laboratoires universitaires aux succursales de multinationales, telles que Microsoft. Onze sociétés qui ont vu le jour dans le parc scientifique et technologique de Cambridge sont aujourd’hui estimées à plus de 1 milliard d’euros.</p>
<p>Ce qui semble moins évident, et même contre-intuitif, c’est que la contribution des universités à l’économie est efficace précisément parce que ce n’est pas leur objectif principal. La productivité économique est en réalité un produit dérivé de l’enseignement et de la recherche. Si la productivité économique était notre priorité, si les universités devenaient la section de recherche et développement de l’industrie, notre contribution si caractéristique serait alors perdue. Le «phénomène Cambridge» n’était pas prévu et était, à bien des égards, inattendu: il est difficile d’imaginer qu’il aurait rencontré un plus grand succès si l’Université avait délibérément cherché à créer cet effet économique.</p>
<p>L’une des raisons à cela est que les découvertes ayant un impact économique important proviennent bien souvent de la recherche théorique, fondamentale, et non de la recherche appliquée, en lien direct avec l’industrie. Si une société pharmaceutique confiait aux universités la mission d’améliorer l’efficacité d’un médicament spécifique par exemple, le résultat aurait un impact économique et social positif, mais limité. La recherche aurait d’ailleurs certainement été plus efficace si elle avait été menée au sein même de la société.</p>
<p>En revanche, un projet plus fondamental, tel que l’identification d’une nouvelle molécule cible donnerait de bien meilleurs résultats s’il était réalisé au sein d’une grande université de recherche multidisciplinaire. Un chercheur universitaire se lance dans un premier temps, par simple curiosité, dans la découverte du fonctionnement d’un processus biologique fondamental avant d’obtenir des résultats qui peuvent s’avérer révolutionnaires.</p>
<p>C’est d’ailleurs ce qu’ont fait Francis Crick et James Watson dans les laboratoires Cavendish de Cambridge en 1952: leur découverte de la structure de l’ADN a eu un effet sur la vie de tous (et, pour en revenir au profit économique, a généré des milliards d’euros de bénéfice grâce aux produits dérivés).</p>
<p>Ces deux exemples sont ­évidemment liés: la recherche pharmaceutique d’aujourd’hui s’appuie sur la recherche fondamentale d’hier. Bien que l’application de la recherche fondamentale soit un processus de longue haleine (des études montrent qu’il faut compter près de 17 ans dans certains domaines), il est évident que ce cheminement ne doit pas être interrompu; la recherche de base que nous effectuons aujourd’hui sera appliquée par nos successeurs dans les années à venir. Nous ne devons pas les laisser sans ressources. George Porter, ancien président de la Royal Society, allait même plus loin en insistant sur le fait que la recherche fondamentale et la recherche appliquée sont, au fond, la même chose: «Il existe deux types de recherche: la recherche appliquée et la recherche qui n’a pas encore été appliquée.»</p>
<p>L’Europe a la chance d’avoir des universités de recherche fiables qui sont en mesure de relever ces défis. Beaucoup d’entre elles sont membres de la Ligue des universités européennes de recherche (LERU) dont on fête le 10e anniversaire cette année. A cette occasion, une conférence invitera à la réflexion sur ce à quoi ressemblera l’université de recherche de demain. C’est une question qui tombe à point nommé, étant donné que l’Union européenne définit actuellement les contours de son futur cadre de financement de recherche, «Horizon 2020», un programme qui prévoit l’investissement de 80 milliards d’euros sur sept ans dans la recherche et l’innovation en Europe. Ces sommes importantes peuvent influencer la manière dont les universités européennes se développent.</p>
<p>Nos universités doivent-elles uniquement se concentrer sur la recherche fondamentale, plus théorique, et laisser la recherche «appliquée» et l’innovation aux instituts de recherche et aux laboratoires en R&amp;D du secteur privé? L’exemple du «phénomène Cambridge» démontre bien le contraire: l’Université de Cambridge peut offrir aux sociétés du parc scientifique et technologique l’accès à un large spectre de recherches allant de la recherche fondamentale à la recherche appliquée mais également aux services d’assistance qui vont avec (bureaux de transfert de technologie, parcs scientifiques et incubateurs, financement de démarrage). Séparer la recherche «appliquée» de la recherche «qui n’a pas encore été appliquée» ne serait certainement pas raisonnable et même très probablement impossible.</p>
<p>Ainsi, il est important que les universités soient le lieu de tous types de recherches, et ce notamment parce qu’elles sont les dernières institutions capables d’intégrer les connaissances de nombreuses sources et disciplines différentes.</p>
<p>En élaborant le programme «Horizon 2020», l’UE devra donc reconnaître que c’est bien la recherche universitaire, qu’elle soit appliquée ou «pas encore appliquée», qui génère la croissance durable dont l’Europe a tant besoin.</p>
<p>Il est intéressant de se demander pourquoi les universités désirent se voir confier de si lourdes responsabilités. La réponse est au cœur même de notre mission: servir la société. Si l’académie fut pendant un temps en décalage par rapport au «monde réel», cette période est aujourd’hui bel et bien révolue. Etre au service de la société est au cœur de nos préoccupations.</p>
<p><strong>Leszek Borysiewicz</strong>, vice-chancellor de l’Université de Cambridge</p>
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		<title>Ces Européens qui se révoltent</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 06:07:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Les Français se révoltent, les Grecs aussi. Il était temps. Les élections qui ont eu lieu ce week-end dans les deux pays étaient en réalité des référendums sur la stratégie économique actuelle de l’Europe: tant l’un que l’autre ont dit clairement non. On est loin de ­savoir comment ces votes vont ­apporter de réels changements d’orientation, mais il est clair que le temps n’est plus à la guérison par la cure d’austérité. Ce qui est une bonne chose.</p>
<p>Inutile de préciser que les apôtres de l’orthodoxie budgétaire ont tenu un tout autre discours à l’approche des élections. C’était d’ailleurs plutôt &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/ces-europeens-qui-se-revoltent/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Les Français se révoltent, les Grecs aussi. Il était temps. Les élections qui ont eu lieu ce week-end dans les deux pays étaient en réalité des référendums sur la stratégie économique actuelle de l’Europe: tant l’un que l’autre ont dit clairement non. On est loin de ­savoir comment ces votes vont ­apporter de réels changements d’orientation, mais il est clair que le temps n’est plus à la guérison par la cure d’austérité. Ce qui est une bonne chose.</p>
<p>Inutile de préciser que les apôtres de l’orthodoxie budgétaire ont tenu un tout autre discours à l’approche des élections. C’était d’ailleurs plutôt drôle de les voir peindre le doux et prudent François Hollande en figure menaçante. Il est «plutôt dangereux», déclarait l’hebdomadaire The Economist, observant que le candidat «croit sincèrement à la nécessité de créer une société plus juste». Quelle horreur!</p>
<p>Il est certain que la victoire de Hollande anéantit le «merkozysme», l’axe franco-allemand responsable de la politique d’austérité depuis deux ans. Un régime qui serait bel et bien «dangereux» s’il avait la moindre chance de fonctionner. Ce qui n’est pas le cas. Il est donc temps d’aller de l’avant. Les électeurs européens se sont finalement montrés plus sages que les plus brillants esprits du continent.</p>
<p>Qu’y a-t-il de faux dans cette potion de coupes budgétaires censée soigner les maladies européennes? D’abord, la bonne fée confiance n’existe pas: l’idée de sabrer dans les dépenses du gouvernement pour encourager en quelque sorte les consommateurs et les entreprises à dépenser davantage a été totalement contredite par l’expérience des deux dernières années. Couper les dépenses dans une économie en dépression ne fait qu’aggraver la dépression.</p>
<p>Mais de plus, il semble qu’il y ait peu, voire rien à gagner à la peine. Prenons l’Irlande, qui s’est comportée en bon soldat pendant la crise, imposant une cure encore plus sévère que ce qu’on exigeait d’elle pour regagner la faveur des marchés obligataires. L’orthodoxie actuelle dit que cela doit marcher. Or la volonté d’y croire est si forte que l’élite dirigeante européenne continue de proclamer que l’austérité irlandaise fonctionne, que l’économie du pays a repris du poil de la bête.</p>
<p>Ce qui n’est pas le cas. On le sait peu par la presse, mais les taux d’emprunt irlandais restent bien plus élevés que ceux de l’Espagne ou de l’Italie, sans parler de l’Allemagne. Alors, que faire?</p>
<p>Une solution – moins déraisonnable que ce que presque tout le monde ne veut admettre – serait de mettre fin à l’euro. Si la Grèce avait encore ses drachmes, l’Espagne ses pesetas, etc., l’Europe ne serait pas dans ce pétrin. Ces pays auraient à leur disposition un outil efficace pour retrouver leur compétitivité et donner un coup de fouet à leurs exportations: la dévaluation.</p>
<p>A l’inverse de la triste histoire irlandaise, voyons l’Islande, véritable «ground zero» de l’économie mondiale en 2008. Elle sut réagir en dévaluant sa couronne (et laissant courageusement ses banques endettées faire faillite). On peut dire sans crainte que l’Islande est en train de vivre la convalescence que l’Irlande est – à tort – supposée vivre.</p>
<p>Toutefois, casser l’euro serait extrêmement perturbant et signerait une immense défaite du projet européen – cet effort de longue haleine d’installer la paix et la démocratie par l’intégration. Alors, y a-t-il un autre chemin? Oui, certainement. Et les Allemands ont eux-mêmes montré la voie. Hélas ils ne savent pas tirer les leçons de leur propre expérience.</p>
<p>Les leaders d’opinion allemands aiment à rappeler que leur économie était en rade au début de la décennie, mais qu’ils sont parvenus à redresser la barre. Ils n’aiment pas reconnaître que cette reprise provenait d’un énorme excédent commercial de l’Allemagne vis-à-vis des autres pays européens – en particulier ceux qui aujourd’hui sont en crise – lesquels étaient en plein boom et connaissaient une inflation au-dessus de la normale grâce à des taux d’intérêt bas. Les pays touchés aujourd’hui pourraient imiter le succès allemand s’ils bénéficiaient de conditions aussi favorables. C’est-à-dire si c’était le reste de l’Europe et l’Allemagne qui vivaient à leur tour un peu de ce boom inflationniste.</p>
<p>Le cas allemand n’est donc pas un argument pour une austérité unilatérale dans l’Europe du Sud, mais plaide en faveur d’une politique monétaire bien plus expansionniste. C’est en particulier un argument pour détourner la Banque centrale européenne de son obsession de l’inflation et la ramener à une politique de croissance.</p>
<p>Evidemment, ni les Allemands ni la BCE n’aiment cette conclusion. Ils s’agripperont à leur conte de la prospérité par la souffrance, et persisteront à affirmer que leur stratégie faisandée est la seule voie responsable. Toutefois, il semble qu’ils n’auront plus le soutien inconditionnel de l’Elysée sur ce point. Et cela, croyez-le ou non, signifie que l’euro et le projet européen ont à présent de meilleures chances de survie qu’il y a quelques jours.</p>
<p><strong>Paul Krugman</strong>, économiste de tendance keynésienne et chroniqueur au «New York Times»</p>
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		<title>To Russia, with love</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 21:45:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Armas]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Consider this absurdity.</p>
<p>You live in a tough neighborhood and fear your neighbors, so you do the logical thing — you buy a new lock for your front door.</p>
<p>But learning of this your neighbor is outraged and says: &#8220;How dare you. If you install that lock, I will be forced to break into your house to protect myself.&#8221;</p>
<p>Say what? Absurd, if not downright crazy, right?</p>
<p>But such is the dynamic we now enjoy with Russia, our former Cold War foe that is cyber-rattling again.</p>
<p>Specifically, when Russia learned last week that NATO was proceeding with its missile defense &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/to-russia-with-love-2/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Consider this absurdity.</p>
<p>You live in a tough neighborhood and fear your neighbors, so you do the logical thing — you buy a new lock for your front door.</p>
<p>But learning of this your neighbor is outraged and says: &#8220;How dare you. If you install that lock, I will be forced to break into your house to protect myself.&#8221;</p>
<p>Say what? Absurd, if not downright crazy, right?</p>
<p>But such is the dynamic we now enjoy with Russia, our former Cold War foe that is cyber-rattling again.</p>
<p>Specifically, when Russia learned last week that NATO was proceeding with its missile defense system in Europe, Russia&#8217;s military chief of staff responded that &#8220;a decision to use destructive force preemptively will be taken if the situation worsens.&#8221; Then, to back up their threats, Russian officials showed computer modeling of nuclear missiles hitting the East Coast.</p>
<p>Yes, Russian officials essentially threatened a nuclear attack on America because NATO is building a shield to protect itself from such very attacks.</p>
<p>Let&#8217;s review.</p>
<p>NATO — led by the United States — has been working on a missile defense shield for some time. Two words should stand out in that sentence: defense and shield.</p>
<p>Even if your knowledge of weapons is no greater than superhero cartoons, you can understand that a shield is meant to stop — not launch — things. In this case, the shield is meant to stop incoming missiles from Iran or Russia into Europe.</p>
<p>Call me naive, but Russia (and Iran) should only be troubled by this if they plan to lob missiles into Europe.</p>
<p>Just as I am not threatened or insulted if my neighbor installs a lock on her door, so, too, Russia shouldn&#8217;t be insulted or threatened by the defensive shield.</p>
<p>And come to think of it, don&#8217;t the Russian threats only reinforce the necessity for a defensive shield?</p>
<p>To show that it holds no ill will, NATO has even invited the Russians to participate in the system. And more amazing, because we are so worried about hurting the Russians&#8217; feelings, we actually assured them that the shield cannot intercept Russian missiles targeting the United States. Specifically, Madelyn Creedon, U.S. assistant secretary of defense, said that NATO interceptors would be &#8220;simply in the wrong place&#8221; to counter Russian missiles.</p>
<p>Phew!</p>
<p>How crazy is it that we need to assure the Russians that the shield won&#8217;t get in the way of any missiles they launch our way. If anything, such a response by Russia makes me think we need a second shield as well, one for us.</p>
<p>Finally, to show we are not hypocrites and that the shield is only meant for defensive, peaceful purposes, perhaps NATO should tell &#8220;new&#8221; Russian President Vladimir Putin this: If you want to install your own defensive shield along your border to protect Russia from incoming European missiles, go for it.</p>
<p>We don&#8217;t oppose it and won&#8217;t be offended for one simple reason: We have no desire to shoot missiles at you.</p>
<p><strong> William Choslovsky</strong> is a Chicago attorney.</p>
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		<title>Hollande and Merkel can&#8217;t save the eurozone by old methods alone</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/hollande-and-merkel-cant-save-the-eurozone-by-old-methods-alone/</link>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 19:57:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>This week I talked to an audience consisting mainly of young Europeans in an ancient and delightful Dutch city that is becoming a little worried about its place in the history books. It&#8217;s called Maastricht. Looking back over the story of how the Maastricht treaty that led to today&#8217;s eurozone was negotiated, I find a vital lesson. The framework of Europe&#8217;s economic policies has changed fundamentally over the past 20 years, but the way in which those policies are arrived at has not.</p>
<p>Now, as then, the crucial deals are thrashed out between a few key national leaders, and their &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/hollande-and-merkel-cant-save-the-eurozone-by-old-methods-alone/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>This week I talked to an audience consisting mainly of young Europeans in an ancient and delightful Dutch city that is becoming a little worried about its place in the history books. It&#8217;s called Maastricht. Looking back over the story of how the Maastricht treaty that led to today&#8217;s eurozone was negotiated, I find a vital lesson. The framework of Europe&#8217;s economic policies has changed fundamentally over the past 20 years, but the way in which those policies are arrived at has not.</p>
<p>Now, as then, the crucial deals are thrashed out between a few key national leaders, and their advisers, in negotiations behind closed doors, often over good food and wine. Back then it was France&#8217;s François Mitterrand and Germany&#8217;s Helmut Kohl, with an important role played by the Italian prime minister, Giulio Andreotti. Next week it will be François Hollande, France&#8217;s first Socialist president since Mitterrand, making his post-inauguration pilgrimage to Angela Merkel in Berlin, with a significant role played by today&#8217;s Italian prime minister, Mario Monti. From François to François: plus ça change, plus c&#8217;est la même chose.</p>
<p>Today, with published documents augmented by journalistic and academic research, we can see exactly how the Maastricht cake was baked. Or, rather, half-baked: that is, the monetary union made without the fiscal union necessary to sustain it. Here, for example, is Mitterrand writing to Kohl in December 1989: &#8220;Under the Irish and Italian presidencies, the economic and finance ministers can refine the suggestions for the co-ordination of budgets.&#8221; Co-ordination of national budgets! Hold your sides and laugh out loud, otherwise you&#8217;ll have to cry.</p>
<p>And now glimpse those two old foxes, Andreotti and Mitterrand, getting together at a hotel outside Maastricht on the evening before the December 1991 summit, to work out over dinner how they will pin Kohl down to a timetable for a monetary union that was clearly intended to bind a newly (and, for them, alarmingly) united Germany into a tighter European framework. Answer: by making entry automatic, provided certain rigorous German-style conditions are met, such as budget deficits under 3% of GDP and public debt under 60%. Hold your sides again, and laugh so as not to cry.</p>
<p>I hope to live long enough to read the official French and German records of next week&#8217;s conversation between Hollande and Merkel in Berlin, and first-hand accounts of the relevant conspiratorial dinners. By these well-tried methods, Europe&#8217;s leaders will reach a compromise. It will probably involve a watered-down but then dressed-up Hollandesque &#8220;growth pact&#8221; to complement Merkel&#8217;s fiscal pact, with European funds, banks and so-called mechanisms allowed to provide an added element of stimulus.</p>
<p>I don&#8217;t recall whether back in 1991 people quipped about Kohlrrand or Mitterohl, as everyone now does about Merkozy giving way to Merde. But well they might have, although Kohlrrandeotti would have been more exact then, and perhaps Merkhollti today. (The economic competence, integrity and reported influence on the German chancellor of Mario Monti merit at least a letter or two.)</p>
<p>More seriously, the fundamental politics of this decision-making have not changed. Since Maastricht, the European parliament has gained more powers, but that has not produced European politics to shape European economics. Now, as then, these are national leaders, pursuing national interests, as defined by their own national elites. They justify their conduct to still overwhelmingly national media. The elections that matter are national ones, most recently in France and Greece. Even some sub-national elections – such as Sunday&#8217;s in North Rhine-Westphalia – can be more important than the European ones.</p>
<p>What has changed since the days of Maastricht, however, is the voice of Europe&#8217;s peoples. There was always a grain of truth in the jibe that the EU was built by a &#8220;conspiracy of elites&#8221; – but it was only a grain, not a loaf, because in most countries those elites could base their pro-European policies on a solid, if largely passive, consensus in their populations. Now no longer. The Greeks have just cried &#8220;enough is enough&#8221;. There is a danger that the eurozone could fall apart chaotically as a result.</p>
<p>If, thanks to effective action by Merkhollti, it does not, the people of Europe still need to be persuaded of the case for continued integration. Even in solidly pro-European Poland, where I am now,, doubts are growing. And that brings me back to the young Europeans I just spoke to. One came up to me afterwards and said roughly this: &#8220;I agree with almost everything you said, but how am I going to persuade my dad, who&#8217;s a German worker in a small town, and doesn&#8217;t see why he should pay to bail out feckless Greeks.&#8221; To which one answer is: if you think Europe is worth it, it&#8217;s your job to convince your dad. And, harder still, to persuade the one out of every two young Spaniards who are now unemployed.</p>
<p>The actual policies to save the eurozone, and with it the European project, will still be shaped by a handful of national leaders over dinner. But for them to succeed will now need the engagement of millions of other Europeans, in their own national languages, media and politics, in their pubs, clubs and cafes. Without that – and there is not much sign of it at the moment – the rescue will fail, and then the name of Maastricht will take an unhappy place in the history books.</p>
<p><strong>Timothy Garton Ash</strong> is a historian, political writer and Guardian columnist. (<a href="http://www.almendron.com/tribuna/no-nos-salvaran-con-viejos-metodos/" target="_blank">Versión en español</a>)</p>
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		<title>Spring Will Come to Russia</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 13:32:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>The inauguration of Vladimir Putin on Monday for a third term as president of Russia represents the culmination of the Kremlin’s “managed democracy,” under which the political process remains arbitrary but the outcome is pre-determined.</p>
<p>But this time Putin faces a different domestic political climate. Even he cannot prevent the arrival of a Russian Spring if reform is permanently stifled. The West must also be ready and willing to play its part in pressing for change.</p>
<p>The day after the March 4 presidential election, officials in European capitals and in Washington busied themselves drafting congratulations for Putin, while tens of &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/spring-will-come-to-russia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>The inauguration of Vladimir Putin on Monday for a third term as president of Russia represents the culmination of the Kremlin’s “managed democracy,” under which the political process remains arbitrary but the outcome is pre-determined.</p>
<p>But this time Putin faces a different domestic political climate. Even he cannot prevent the arrival of a Russian Spring if reform is permanently stifled. The West must also be ready and willing to play its part in pressing for change.</p>
<p>The day after the March 4 presidential election, officials in European capitals and in Washington busied themselves drafting congratulations for Putin, while tens of thousands of people stood in Pushkin Square in Moscow demanding their rights.</p>
<p>I was there as Russian people called for new, free and fair elections and the registration of political parties currently outlawed by the regime. I was there as Russian people called for justice in the cases of Mikhail Khodorkovsky and the late Sergei Magnitsky and Anna Politkovskaya. I was there when Russian people were bused in and generously rewarded for attending the political farce of a pro-Putin election rally.</p>
<p>In the aftermath of the biggest demonstrations in the history of modern Russia, outgoing President Dmitri Medvedev committed himself to political reforms, revision of electoral laws, greater political freedoms and direct elections of regional governors.</p>
<p>What could have been a legacy of the Medvedev presidency turned out to be futile. Putin has ruled out the possibility of holding new free and fair elections; limits have been placed on gubernatorial elections, and electoral bloc building has been banned. What was sold as a package of political reforms was in fact a further tightening of the screws on political opposition.</p>
<p>The Kremlin retains considerable leeway in deciding which parties to disqualify. The changes to the existing party system benefit only United Russia, the ruling party, at a time when its base is shrinking rapidly.</p>
<p>The country Putin will preside over this time is different from the one he handed over to Medvedev in 2008, or from the one he tried to persuade to vote for United Russia in parliamentary elections last December.</p>
<p>Promises of modernization and a rule of law were empty gestures as the already crumbling political system, corrupted to its core, continued to falter. A stagnant economy, an uncertain business climate, degraded infrastructure and social sector, an unrealistic and inflationary budget and a pension system funded largely by exorbitant oil prices do not constitute a solid basis to advance the country in a sustainable way.</p>
<p>Moreover there is now a revived civil society, a vibrant Russian middle class, educated Muscovites and a political opposition from left to right that refuses to remain passive.</p>
<p>So what should we expect as the country looks back to the future? Can a leopard change its spots?</p>
<p>Transformation in Russia is both necessary and inevitable, and it is as much in the interest of the West as of Russia itself. There are no alternatives to serious reforms of the political system and judiciary, separation of business and government, rationalization of the federal model, drastic reduction of bureaucracy, a genuine fight against corruption, and replacement of the old Soviet social security system. Russia needs a complete reboot of the system. But the changes need to come from within, and they will only be credible if they are legitimate in the eyes of the Russian people.</p>
<p>What can be done to push Russia in the right direction? So far our policy of polite appeasement has not worked. Russia needs access and respectability in the outside world more than the outside world needs Russian gas or raw materials. If we genuinely believe, as I do, in a democratic future for Russia, the European Union and the United States should pursue a united approach and use their leverage on Russia to push for reforms, free and fair elections and real political competition.</p>
<p>First, there should be no more summits that discuss modernization without discussing democracy, human rights and the rule of law.</p>
<p>Second, the adoption of similar laws on both sides of the Atlantic to block visas and freeze the assets of those Russian officials, and their immediate families, involved or complicit in the murder of Sergei Magnitsky, the lawyer who died in jail after alleging widespread tax fraud by officials, would have a sobering effect.</p>
<p>Third, reviving the Helsinki process for democracy, human rights and the rule of law in Russia could be an effective tool to promote change. Based on the Helsinki accord of 1975, the international community should unite in its efforts to support Russian civil society.</p>
<p>Russia is a proud country with a proud people. The international community should speak out plainly and act firmly. But ultimately change must and will come from within. Watch out Putin, spring is coming.</p>
<p><strong>Guy Verhofstadt, </strong>former prime minister of Belgium, is leader of the group of Liberals and Democrats in the European Parliament.</p>
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		<title>Echar al entrenador</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 10:02:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Procesos electorales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>La derrota de Nicolas Sarkozy muestra que la crisis económica en Europa tiene malas consecuencias tanto para los gobiernos de izquierdas como para los de derechas. El hecho es que los partidos de gobierno están perdiendo elecciones con mayor frecuencia que en periodos anteriores. En nuestro análisis de 63 elecciones en 29 estados-miembros y candidatos oficiales de la Unión Europea desde enero de 2004, los resultados electorales del partido del jefe del gobierno aparecen claramente relacionados con los resultados económicos inmediatamente antes de la elección, medidos por las tasas de crecimiento y de desempleo. En el conjunto del periodo, el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/echar-al-entrenador/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La derrota de Nicolas Sarkozy muestra que la crisis económica en Europa tiene malas consecuencias tanto para los gobiernos de izquierdas como para los de derechas. El hecho es que los partidos de gobierno están perdiendo elecciones con mayor frecuencia que en periodos anteriores. En nuestro análisis de 63 elecciones en 29 estados-miembros y candidatos oficiales de la Unión Europea desde enero de 2004, los resultados electorales del partido del jefe del gobierno aparecen claramente relacionados con los resultados económicos inmediatamente antes de la elección, medidos por las tasas de crecimiento y de desempleo. En el conjunto del periodo, el partido del jefe del gobierno ha visto reducido su porcentaje de votos en cinco puntos, como media, en relación con la elección anterior. Pero desde que la crisis se hizo más visible con la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008, la pérdida media de votos es de 7,3 puntos porcentuales.</p>
<p>Las derrotas de los gobiernos se pueden explicar sobre todo por la situación económica en que se encuentran, más que por su ideología. Los partidos de izquierdas, que han sido derrotados con una frecuencia relativamente alta, han competido por su reelección en unas condiciones económicas relativamente malas. Queda abierta, sin embargo, la discusión sobre si la peor situación económica en la que se han encontrado se debe en parte a su previa gestión gubernamental.</p>
<p>Este tipo de tempestades no es completamente nuevo. En las democracias modernas las nuevas crisis financieras siempre han tendido a provocar alternancias de gobierno, con un punto alto durante la Gran Depresión del decenio de 1930. También la crisis de los noventa y el aumento paralelo de la integración europea concurrieron con el fin de largos periodos de dominancia de ciertos partidos, como los socialdemócratas en Suecia o los cristianodemócratas en Italia. Pero no fue inmediatamente evidente que la actual recesión perjudicaría a los partidos en el gobierno de turno. Hace solo unos pocos años algunos conjeturaron que la dimensión internacional de la crisis podría generar un giro a favor de los gobiernos, ya que los votantes podrían considerar que, dada su impotencia, no merecían ser castigados y buscarían refugio en los gobernantes como en otras situaciones de emergencia. Así, se podría haber esperado una reacción parecida a la que se observa con los desastres naturales, los ataques terroristas o las agresiones externas.</p>
<p>Pero contrariamente a esta hipótesis, los electores europeos parecen estar reaccionando a la frustración de unas expectativas largamente acumuladas acerca de los beneficios de la gestión gubernamental. En el periodo más reciente la creciente transnacionalización de las relaciones económicas ha debilitado aun más la capacidad de los gobiernos estatales de hacer frente a las dificultades económicas. Al mismo tiempo, los partidos tienden a converger en sus políticas económicas, en gran parte como resultado del poder creciente de las instituciones de la Unión Europea sobre los gobiernos estatales. Todo ello hace que las elecciones a nivel estatal sean cada vez menos relevantes para la decisión de políticas públicas y erosiona la confianza y el apoyo de los votantes a los gobiernos y a los partidos.</p>
<p>En esta situación los votantes europeos, en vez de refugiarse en lo malo conocido, parecen estar aplicando la táctica de echar al entrenador típica de los clubes deportivos tras las derrotas en partidos y campeonatos. Como se analiza en la emergente disciplina de la economía del futbol, el entrenador tiende a ser tomado como un chivo expiatorio. Los directivos, socios y seguidores de un club deportivo, como los electores a nivel estatal en nuestro caso, pueden ser conscientes de que el mal desempeño del equipo o de la economía se debe a múltiples factores que no pueden ser justamente reducidos solo a la mala gestión. Pero los entrenadores y los jefes del gobierno son castigados ritualmente precisamente porque los votantes ya no pueden creer en las promesas de futuro y el funcionamiento democrático regular requiere que los gestores y gobernantes den cuentas de sus resultados y alguien pague por las culpas.</p>
<p>Como suele ocurrir en los deportes cuando el fichaje de un nuevo entrenador produce solo un golpe de efecto, las elecciones de nuevos jefes de gobierno no parecen estar cambiando los resultados económicos en la mayor parte de los países europeos. De hecho, una mayor inestabilidad política puede incluso añadir un nuevo elemento de desconfianza y perturbación a los numerosos factores de la recesión económica y el alto desempleo. En muchas elecciones en los países europeos en los últimos años los electores han ofrecido al jefe del ejecutivo en sacrificio ritual. Pero si los cambios de partidos en el gobierno no mejorasen la capacidad gubernamental de hacer frente a la crisis de un modo efectivo, las ulteriores decepciones podrían aumentar aún más la frecuencia de las alternancias y la inestabilidad política e institucional.</p>
<p><strong>Josep M. Colomer</strong> es catedrático visitante Príncipe de Asturias en la Universidad de Georgetown, en Washington, y <strong>Pedro Magalhaes</strong> es catedrático visitante de la Fundación Luso-Americana en la misma universidad.</p>
<p>El estudio al que se hace referencia en este articulo puede consultarse <a href="http://works.bepress.com/josep_colomer/40" target="_blank">en internet</a>.</p>
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		<title>Europa depende de los europeos</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/europa-depende-de-los-europeos/</link>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 07:41:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>EL 9 de mayo conmemoramos el día de Europa. Hace un siglo Paul Valery escribió: «¿Europa llegará a ser lo que en realidad es, es decir, una extremidad del continente asiático? ¿O bien continuará siendo lo que parecía que era, es decir, la parte más preciosa del universo terrestre, la perla del globo, el cerebro de un cuerpo gigantesco?».</p>
<p>Lo que a continuación van a leer son dos noticias de ficción que muestran cuál podría ser, en 2050, la respuesta al interrogante planteado por el poeta francés. He aquí dos posibles variantes.</p>
<p>(La Unión Europea existe)</p>
<p>El presidente de la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/europa-depende-de-los-europeos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EL 9 de mayo conmemoramos el día de Europa. Hace un siglo Paul Valery escribió: «¿Europa llegará a ser lo que en realidad es, es decir, una extremidad del continente asiático? ¿O bien continuará siendo lo que parecía que era, es decir, la parte más preciosa del universo terrestre, la perla del globo, el cerebro de un cuerpo gigantesco?».</p>
<p>Lo que a continuación van a leer son dos noticias de ficción que muestran cuál podría ser, en 2050, la respuesta al interrogante planteado por el poeta francés. He aquí dos posibles variantes.</p>
<p>(La Unión Europea existe)</p>
<p>El presidente de la Unión Europea, Santiago Subirats Jarzembowski, llegó a mediodía de ayer a París, junto con el resto del gobierno de la Unión, para participar en los actos conmemorativos del centenario de la Declaración Schuman. El mandatario había presidido a primera hora de la mañana la reunión del Consejo de Ministros, la cámara territorial de la Unión, donde había explicado el resultado de sus negociaciones con el presidente de Asia para la explotación de los acuíferos de Marte. Llega a París en su mejor momento de popularidad tras el éxito obtenido en Pekín. Subirats Jarzembowski presidió el desfile militar que condujo al Ejército europeo, comandado por el general Schultzenmeier, por los Campos Elíseos hasta terminar en el Arco de Triunfo.</p>
<p>El ministro de Economía de la Unión, Nick Gleddon, fue el primero en intervenir en los discursos del acto que tuvo lugar a continuación. Recordó que tras la Declaración Schuman se puso en marcha la CECA, la primera Comunidad que supuso el arranque de un siglo de brillante desarrollo económico. Partiendo de un mercado común se llegó al mercado único y a la adopción de nuestra moneda, el euro, en todas las comunidades que componen la Unión. Con su implantación en Gran Bretaña, hace tan sólo tres años, concluyó un largo ciclo. «No se entendía muy bien que el euro llevara treinta años siendo la moneda financiera en la City pero no circulara aún en la calle. Menos mal que por fin solventamos esa extraña anomalía tan típicamente británica», manifestó el ministro de la primera economía mundial.</p>
<p>A continuación, el presidente evocó el enorme significado político que tuvo en su día la Declaración de Robert Schuman: «Supuso la primera piedra en la fundación de la Unión Europea, nuestra patria común. Aunque a alguno le parezca ciencia-ficción, hace tan sólo cien años nuestra hermosa patria era un conglomerado de países independientes que acababan de enfrentarse en la más siniestra de las guerras. Ese catastrófico episodio significó el comienzo de la construcción de nuestra preciada unión política. Entonces Europa estaba fragmentada como un puzle; para pasar de una comunidad a otra eran necesarios pasaportes y largas colas en las fronteras, había incluso embajadas interiores. Entonces no existían instituciones comunes, ni un gobierno común, ni el grado de democracia del que gozamos hoy en día. Los europeos sólo hablaban la lengua de su país, nuestros ciudadanos no estaban protegidos por una Carta de Derechos Fundamentales, ni podían trabajar fuera de su propia comunidad y el comercio estaba lastrado con pesados gravámenes. ¿Pueden siquiera concebir ustedes las dificultades con las que habían de convivir los ciudadanos europeos hace un siglo?».</p>
<p>El presidente concluyó los actos de homenaje con la renovación del juramento a la Constitución europea y la tradicional ofrenda floral al mausoleo de los padres fundadores.</p>
<p>ABC, 10 DE MAYO DE 2050 (La Unión Europea no existe)</p>
<p>Soplan vientos de guerra en la Alianza del Norte. El presidente de Francia, Jean-François Al-Mulladey, ha llamado a consultas a su embajador en Berlín y desplazado varias divisiones de carros de combate en la nueva línea Maginot, mientras que cazabombarderos de las fuerzas aéreas alemanas invadían el espacio aéreo francés en clara provocación. Se han suspendido los vuelos comerciales entre ambos países y las fronteras permanecen cerradas.</p>
<p>Recordemos que el conflicto comenzó anteayer, cuando el presidente galo fue retenido, durante ocho horas, en la frontera con Alemania a su paso por Alt-Saarbrucken cuando se dirigía a respaldar a los trabajadores franceses arrestados en la cuenca del Ruhr como respuesta a lo que el canciller alemán llamó la «Gran Traición».</p>
<p>Según Hans Müller, que los chinos se hayan hecho con el Deutsche Bank, la última empresa de capital cien por cien alemán, relegando la economía de este país del puesto 50 al 75 en el ranking mundial, se debe a hábiles maniobras de los especuladores franceses vendidos a los asiáticos. La agencia de calificación «Poorys» rebajó el bono alemán a la categoría de bono inmundicia y el ministro de Economía se ha visto obligado a devaluar nuevamente el marco propiciando una inflación galopante. Un bretzel, que se vendía a ocho millones de marcos hace un mes, cuesta ahora veinticuatro millones y se espera que siga subiendo. La población corre a los supermercados a abastecerse y en varios länder se ha agotado la cerveza. Baviera, la mayor región productora de bratwurst, se ha declarado autogestionaria y se niega a exportar a las demás regiones.</p>
<p>A última hora de ayer la tensión entre ambos países era máxima y los franceses ya habían amenazado con romper la coalición que mantienen con alemanes, holandeses, belgas y austríacos, y adherirse al Eje del Sur. Según la prensa germana se trata de una maniobra que llevaban planificando hace mucho tiempo y, en concreto, desde que hace más de una década las economías del sur superaran ampliamente a las del norte. Este agravio es, además, interpretado como una afrenta personal por parte del canciller teutón después de que el Eje del sur expulsara hace tres años a los últimos colonos alemanes de Mallorca.</p>
<p>Esta es la crisis más grave que padece nuestro continente tras la caída del euro en 2014, la desaparición de los partidos políticos tradicionales y el auge de los populismos que devinieron en autoritarismos. Los neo-nacionalistas provocaron la desintegración de la Unión Europa dos años después. Nuestro continente se dividió en la Alianza del Norte, el Eje del Sur y la EFTA reconstituida, con el consiguiente restablecimiento de las fronteras físicas y arancelarias arrastrando a Europa a la mayor depresión económica jamás conocida.</p>
<p>Asimismo, ayer, unos cuantos nostálgicos fueron detenidos mientras hacían un llamamiento a la paz desplegando las ilegales banderas de la extinta Unión a ambos lados de la frontera. Acudieron tres mil manifestantes llegados de toda Europa según la asociación convocante, la Unión Paneuropea, y apenas treinta octogenarios según la Policía.</p>
<p>Ambas noticias son fruto exclusivo de la fantasía del autor pero, como el destino que tome Europa no está escrito en el regazo de los dioses, el curso de los acontecimientos dependerá de nuestras convicciones, nuestra ambición y nuestra determinación. Y solo de nosotros mismos.</p>
<p><strong>Íñigo Méndez de Vigo</strong>, secretario general para Unión Europea.</p>
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		<title>Aglutinador y tranquilizador</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 06:52:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[Procesos electorales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Los sondeos no se equivocaron. François Hollande fue elegido el domingo presidente de la República Francesa con el 51,62% de los votos frente al 48,38% de Nicolas Sarkozy, quien consiguió recortar la desventaja que llevaba pero no lo suficiente para lograr su objetivo de ganar en la foto finish.</p>
<p>La victoria de François Hollande no ha sido masiva pero permite a la izquierda francesa enviar un segundo presidente al Elíseo después de los fracasos obtenidos en 1995, 2002 y 2007. Una victoria que, según los sondeos de la lógica institucional (es el presidente quien da el tono de la vida &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/aglutinador-y-tranquilizador/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los sondeos no se equivocaron. François Hollande fue elegido el domingo presidente de la República Francesa con el 51,62% de los votos frente al 48,38% de Nicolas Sarkozy, quien consiguió recortar la desventaja que llevaba pero no lo suficiente para lograr su objetivo de ganar en la foto finish.</p>
<p>La victoria de François Hollande no ha sido masiva pero permite a la izquierda francesa enviar un segundo presidente al Elíseo después de los fracasos obtenidos en 1995, 2002 y 2007. Una victoria que, según los sondeos de la lógica institucional (es el presidente quien da el tono de la vida política), debería verse confirmada en las elecciones legislativas de los próximos días 10 y 17 de junio.</p>
<p>François Hollande ha querido ser aglutinador y tranquilizador. Nicolas Sarkozy ha sido duro y ha querido jugar con los miedos: miedo a la crisis internacional, a la crisis de la deuda en Europa y, sobre todo, miedo a la inmigración y al islam. Se presentaba como el único que podía proteger a Francia frente a estas amenazas oponiendo su estatus de jefe de Estado a la inexperiencia internacional de su contrincante.</p>
<p>Nunca, durante la V República, una campaña electoral se ha basado tanto en la estigmatización del miedo. En su propio campo, mucho se le reprocha a Sarkozy por haberse sobrepasado con el miedo al islam. Pero Nicolas Sarkozy perdió el reto. Su campaña, centrada en temas sociales cercanos a la extrema derecha, no logró aplastar al Frente Nacional en la primera vuelta ni tampoco consiguió asegurarle una cantidad de votos suficientes en la segunda. Por el contrario, hizo creíbles los temas de este partido de extrema derecha que amenaza con ocasionar un serio revés a la formación de Sarkozy en las elecciones legislativas. Cuando llegó al poder, en el año 1936, Léon Blum declaró: “Es ahora cuando empiezan las dificultades”. François Hollande podría decir lo mismo. En efecto, hereda una situación extremadamente difícil puesto que la crisis económica está lejos de haber sido resuelta. Francia tiene un nivel de paro superior al 10% y son numerosas las empresas que habían aplazado el anuncio de planes de despidos de trabajadores a la espera de las elecciones.</p>
<p>Pero sobre todo la sociedad francesa está atrapada por las dudas y los temores y la campaña electoral sin duda dejará sus huellas. La reconciliación de los franceses, el final de la estigmatización de los musulmanes y detener el círculo vicioso de los miedos recíprocos son urgencias de este momento.</p>
<p>El voto de los franceses ha sido más un voto de rechazo a Sarkozy que un voto de adhesión a Hollande. Este, que creía en su destino presidencial desde hace muchos años, incluso cuando pocas personas veían en él a alguien con la madera de un presidente, debe ahora afirmarse a los ojos de los franceses y del resto del mundo.</p>
<p>No se han creado esperanzas desmesuradas como en 1981, cuando la izquierda llegó al poder por vez primera con el ambicioso eslogan “Cambiar la vida”. Ahora, los franceses quieren simplemente salir de la crisis. Hollande debería, a expensas de revisar el reciente tratado europeo, pedir a sus socios de la Unión Europa que no se obstinen con los planes de austeridad y que acepten planes de relanzamiento del crecimiento. La idea ya no es un tabú, puesto que los europeos están viendo que no pueden salir de la crisis únicamente con austeridad.</p>
<p>El voto griego –por el que los partidos en el poder que pusieron en marcha un muy severo plan de ajuste han sido ahora castigados– va en el mismo sentido.</p>
<p>Otra oportunidad internacional que se acerca es la cumbre del G-8 y la de la OTAN de los días 20 y 21 de este mes. Hollande debería ser menos acomodaticio con Washington que Sarkozy. Anunciará que acelera la retirada del contingente de soldados franceses en Afganistán y debería aprovechar para criticar el programa de defensa antimisiles que el presidente Obama defiende pese a todo.</p>
<p>François Hollande está más presionado por la política interior, por la economía, por los problemas sociales que por los temas estratégicos y diplomáticos. Sucedió lo mismo con François Mitterrand (con quien Hollande trabajó y que era su modelo), que luego se reveló como un gran diplomático y estratega.</p>
<p>La función crea el órgano. El presidente francés dirige y determina la política exterior. François Hollande probablemente le cogerá el gusto y querrá dejar su huella sobre el papel de Francia en el mundo. Despertará la curiosidad del mundo exterior y querrá responder positivamente.</p>
<p><strong>Pascal Boniface</strong>, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París.</p>
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		<title>Ayúdenos a configurar Europa</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 06:15:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa a debate]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Los cambios en la Unión Europea siempre han venido desencadenados por cataclismos políticos. La caída del telón de acero reforzó la voluntad política de estrechar los vínculos entre las naciones y los pueblos de Europa. Las fronteras han dejado de existir; en cambio, y gracias a sus derechos comunes, los ciudadanos de la UE pueden residir, viajar, estudiar, trabajar, comprar o disfrutar de la jubilación en cualquier lugar de ella. Hemos creado una moneda común y acogido a nuevos miembros de Europa Central y Oriental. En tiempos de cambios históricos, los europeos han sumado sus fuerzas: han apostado por Europa &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/ayudenos-a-configurar-europa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los cambios en la Unión Europea siempre han venido desencadenados por cataclismos políticos. La caída del telón de acero reforzó la voluntad política de estrechar los vínculos entre las naciones y los pueblos de Europa. Las fronteras han dejado de existir; en cambio, y gracias a sus derechos comunes, los ciudadanos de la UE pueden residir, viajar, estudiar, trabajar, comprar o disfrutar de la jubilación en cualquier lugar de ella. Hemos creado una moneda común y acogido a nuevos miembros de Europa Central y Oriental. En tiempos de cambios históricos, los europeos han sumado sus fuerzas: han apostado por Europa y han salido victoriosos.</p>
<p>Hoy la situación no es distinta. Juntos hemos tomado medidas rigurosas para luchar contra la crisis. Las lecciones aprendidas han sido duras, pero gracias a algunas decisiones severas nuestro hogar europeo podrá resistir las tormentas que puedan desencadenarse. Ahora ha llegado el momento de consolidar lo que hemos construido y analizar de forma realista, con imaginación y optimismo, las futuras posibilidades que se abren ante nosotros.</p>
<p>Transcurridos 20 años de la creación de la ciudadanía europea en la pequeña ciudad fronteriza de Maastricht, debemos revitalizar el proyecto europeo. Y lo haremos con la ayuda directa de nuestros ciudadanos. La razón de existir y el objetivo de la UE no es otro que servir a sus ciudadanos. Desde la unión, nuestro continente solo podrá prosperar y ganar fortaleza si logramos escuchar y atender sus necesidades. Recientemente, los políticos y los partidos han concentrado sus esfuerzos en la necesaria respuesta a la crisis, sin dedicar demasiado tiempo a pensar en la Europa que estamos construyendo, en cómo hacerlo entre todos y en lo que quieren los ciudadanos. ¿Cuáles son los problemas y las necesidades concretas que los ciudadanos deben afrontar en la Europa actual? La población espera de Europa resultados concretos, no solo palabras, y es bueno que así sea. Y más en momentos de grandes retos económicos; necesitamos una visión que nos muestre cómo tirar adelante.</p>
<p>Desde que asumí mis funciones como primera comisaria responsable de Ciudadanía, he colaborado con el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, y con todos mis compañeros con el fin de impulsar acciones concretas para que los ciudadanos puedan ejercer en su vida cotidiana los derechos de la ciudadanía europea. Desde la Comisión Europea hemos mejorado los derechos de las víctimas de delitos, reforzado los derechos de los consumidores y facilitado la obtención de asistencia sanitaria o la matriculación de vehículos en otro país europeo. Este año, los europeos harán más de mil millones de viajes en el territorio de la UE. Más de 12 millones de ciudadanos de la UE viven en un Estado miembro distinto al suyo. Cerca de 40 millones de ciudadanos compran on line en otros países europeos. No obstante, muchos siguen enfrentándose a distintos obstáculos al ejercer sus derechos como ciudadanos europeos.</p>
<p>Podemos hacerlo mejor. Y lo haremos, con su ayuda. La ciudadanía europea nos llega con derechos y obligaciones que van más allá de nuestra ciudadanía nacional. Aún así, mucha gente sigue teniendo problemas a la hora de ejercer sus derechos como ciudadanos de la Unión. ¿Alguna vez ha intentado lograr una beca estudiantil en el extranjero? ¿O matricular su coche en otro estado de la UE? ¿O comprar un producto con su tarjeta de crédito en una tienda on line de otro país? Puede ser difícil. Por todo esto queremos y debemos saber de usted. A lo largo de los tres próximos meses, la Comisión recabará su opinión sobre sus derechos y el tipo de Unión Europea en la que quiere vivir.</p>
<p>Hoy, con ocasión del Día de Europa, hemos puesto en marcha la mayor consulta jamás realizada en la historia de la UE para que los ciudadanos nos digan qué deberíamos hacer por ellos desde Bruselas. Europa no es solo «Bruselas», Europa es el lugar donde usted vive, ya sea Barcelona o Alcoi. Por eso queremos conocer los problemas que puede afrontar cuando se desplaza por la UE, ya sea para trabajar, estudiar o por vacaciones, o cuando trata de comprar on line o presentarse como candidato a las elecciones en otro país de la UE. Queremos que nos diga cómo podemos hacer mejor nuestro trabajo, escuchar sus ideas sobre cómo debería ser la UE en el 2020.</p>
<p>Incorporaremos sus ideas y respuestas al próximo Informe sobre la Ciudadanía de la UE que la Comisión presentará en el 2013. Usted puede ser parte del proceso. ¡Eliminemos los obstáculos que impiden a los ciudadanos ejercer sus derechos, para que todos puedan beneficiarse de una verdadera Europa sin fronteras! El 2013 es el Año Europeo de los Ciudadanos. Ayúdenos a entablar un debate franco, en su ciudad y su país de origen, con sus amigos y sus representantes políticos a escala local, nacional o europea, para configurar la Europa del futuro. La UE es un continente fuerte y unido de 500 millones de ciudadanos. Y Europa puede hacerse aún más fuerte si usted la hace suya. Exprese su opinión aquí: http://ec.europa.eu/your-rights-your-future.</p>
<p><strong>Viviane Reding</strong>, vicepresidenta de la Comisión Europea</p>
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		<title>No need to panic over European elections</title>
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		<pubDate>Tue, 08 May 2012 18:22:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Procesos electorales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Suddenly, Europe is talking about growth and not just austerity.</p>
<p>The French and the Greeks have followed voters in a series of other European countries in rejecting a pro-austerity government. The Greeks just denied their ruling parties a majority vote in the parliamentary elections, throwing into question the country&#8217;s commitment to structural and fiscal reform. And the French elected Francois Hollande, who will be France&#8217;s first Socialist president in 17 years.</p>
<p>America has a large stake in European prosperity. Twenty-two percent of U.S. exports are sent to Europe and the two economies are stitched together with cross-border investments, interdependent capital &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/no-need-to-panic-over-european-elections/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Suddenly, Europe is talking about growth and not just austerity.</p>
<p>The French and the Greeks have followed voters in a series of other European countries in rejecting a pro-austerity government. The Greeks just denied their ruling parties a majority vote in the parliamentary elections, throwing into question the country&#8217;s commitment to structural and fiscal reform. And the French elected Francois Hollande, who will be France&#8217;s first Socialist president in 17 years.</p>
<p>America has a large stake in European prosperity. Twenty-two percent of U.S. exports are sent to Europe and the two economies are stitched together with cross-border investments, interdependent capital markets and a shared view of global economic governance. Our mutual dependence has grown to the point that when either economy catches cold the other one risks more than a mild sniffle.</p>
<p>The European elections add a degree of uncertainty for American companies thinking about investing in slow growth economies. But the impact is likely to be short-lived. As Europe goes through the process of finding a way to combine some growth with long-term deficit reduction, U.S. exports are likely to suffer.</p>
<p>As expected, the Hollande victory and the political upheaval in Greece triggered strong reaction from markets around the world. European banks that have been harboring reserves are likely to be even more cautious going forward. And again, there is talk of Greece having to leave the eurozone.</p>
<p>But for some time now, calls for growth have been heard from Ireland to Italy. The Dutch government suffered recently as it failed to heed calls for policies to foster growth. The new emphasis on growth reflects both a political and economic necessity. Greece has already plunged into high rates of unemployment. In Spain, the overall unemployment rate is approaching 25%. Almost half of younger Spaniards are out of work. Adding austerity to the mix is simply politically unsustainable in mature democracies, as the election results in France and Greece demonstrate.</p>
<p>Moreover, short-term austerity policy does not revive economic growth. Just take a look at Britain. There, the fiscal deficits have grown rather than shrink.</p>
<p>The French government will be looked over carefully by international investors. If France was to adopt short-term tax cuts or increases in spending, it will likely be met by investors demanding higher interest rates on government bonds, which would constrain the government in its ability to promote growth. If France pursues a stimulus package, investors will want to see not only how much money is spent but also how the money is spent. For example, investments in infrastructure, technical education and scientific research should produce very different results than traditional policies of tax cuts and added unemployment compensation.</p>
<p>What the struggling European countries should really do is learn some lessons from Germany, which has extended the retirement age, made adjustments to the social safety net and kept a tight rein on fiscal deficits. But it&#8217;s not easy to emulate the Germans.</p>
<p>As France and its neighbors craft out new policies, slow growth in Europe will reduce some pressure on global commodity markets, particularly oil. That could be a plus for the United States. But, a decline in U.S. exports to Europe will drag down an already anemic job market at home.</p>
<p>Economic and financial trouble in Europe is not good for the American economy. Neither is the political turmoil caused by too much austerity imposed too quickly. Traders will do well with a period of volatility caused by the changes in governments. Longer-term investors in Europe or the United States will be fine as long as they keep their eyes on economic and corporate fundamentals.</p>
<p>The leaders of France and Germany are expected to meet next week, shortly after Hollande takes office. They have every reason to pursue reasonable policies that will benefit everyone.</p>
<p><strong>Kent H. Hughes</strong> is the director of the Program on America and the Global Economy at the Woodrow Wilson International Center for Scholars. He served as associate deputy secretary at the Department of Commerce under President Bill Clinton.</p>
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		<title>Greek politicians, don&#8217;t destroy your nation&#8217;s future</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/greek-politicians-dont-destroy-your-nations-future/</link>
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		<pubDate>Tue, 08 May 2012 18:16:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>
		<category><![CDATA[Procesos electorales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Sunday&#8217;s parliamentary election in Greece delivered a crushing blow to New Democracy and Pasok, the two dominant parties that have ruled the country for the last 37 years. In the coming weeks, expect uncertainty, shifting alliances and growing frustration as a new political landscape struggles to emerge from the wreckage of the old.</p>
<p>As the main backers of Greece&#8217;s second bailout and the harsh austerity measures that accompanied it, New Democracy and Pasok saw their combined share of votes plunge, as angry voters punished them for two years of wage and pension cuts and rising taxes. Pasok, in particular, which &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/greek-politicians-dont-destroy-your-nations-future/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sunday&#8217;s parliamentary election in Greece delivered a crushing blow to New Democracy and Pasok, the two dominant parties that have ruled the country for the last 37 years. In the coming weeks, expect uncertainty, shifting alliances and growing frustration as a new political landscape struggles to emerge from the wreckage of the old.</p>
<p>As the main backers of Greece&#8217;s second bailout and the harsh austerity measures that accompanied it, New Democracy and Pasok saw their combined share of votes plunge, as angry voters punished them for two years of wage and pension cuts and rising taxes. Pasok, in particular, which won a landslide election in 2009 and made the fateful decision to seek the financial assistance of euro zone partners and the International Monetary Fund in 2010, saw its support collapse.</p>
<p>Coming in second at the polls was Syriza, a left wing party fiercely opposed to privatization, public sector spending cuts and labor market reform. The other four parties that garnered enough parliamentary votes, ranging from the unreconstructed Communists to the pro-Nazi thugs of Golden Dawn, are also opposed to further austerity.</p>
<p>What will happen next will depend on the ability of the frontrunners to form a coalition government made up of pro-European forces that will meet the conditions set by Greece&#8217;s official creditors for the disbursement of further funds.</p>
<p>These conditions include the adoption of spending cuts worth 11.5 billion euros for 2013-2014 by next month, as well as quick progress in privatization and the opening up of closed professions, two areas in which neither the former nor current prime minister made any significant headway.</p>
<p>Antonis Samaras, head of New Democracy, said initially that his party was willing to lead a coalition government with the aim of keeping Greece in the euro zone and amending the policies of the loan agreement so that they could promote growth. But he has relinquished the mandate to form a government after talks broke down with the leaders of other parties, including Syriza, Pasok and the Democratic Left.</p>
<p>Syriza, the real winner in the election, has made it clear that it plans to reject the new loan agreement and come to a new understanding with Greece&#8217;s euro zone partners. This position makes it hard for it to take part in a national unity government that would include New Democracy or Pasok.</p>
<p>At this point, it appears more likely that the parties will fail to form a coalition and Greece will be led down the treacherous path to new elections in June. This would entail a delay in the adoption of a new package of spending cuts, which in turn will mean that the next installment of the loan, due in August and worth up to 29 billion euros, will also be set back.</p>
<p>A political stalemate will delay both recapitalization of the Greek banks and repayment of more than 6 billion euros owed by the government to private contractors. The consequence is that Greek businesses, including healthy ones, will be deprived of much-needed oxygen.</p>
<p>In a country that is in its fifth consecutive year of recession and with an economy expected to shrink by more than 5% this year, this mess will cause any green shoots of recovery to wilt and die.</p>
<p>However, the victory of Francois Hollande in the French presidential election has sent a breeze of hope throughout the euro zone. Many expect, perhaps too optimistically, that France&#8217;s new leader will convince Angela Merkel of Germany to temper her obsession with austerity in the European economy. It is hoped that she may give her consent to the issuing of euro bonds to promote infrastructure investment, complement the recently agreed fiscal compact with pro-growth measures and perhaps, less realistically, accept a plan to allow the European Central Bank to lend directly to fiscally troubled countries.</p>
<p>From Greece&#8217;s vantage point, these are positive developments. But they will all be for naught unless the Greek political system can form a viable government that will implement the commitments it has undertaken &#8212; properly amended in ways that Greece and its lenders can agree on &#8212; and set the foundations for the transformation of the Greek economy to allow it to benefit from any improvement in Europe&#8217;s prospects.</p>
<p>It is a tall order. And Greek politicians have shown little evidence of their ability to shoulder it. But the future prosperity of Greece, as well as the stability of the European Monetary Union, depends on their success.</p>
<p><strong>Yannis Palaiologos</strong> is a journalist in Athens, Greece. <strong>Theodore Pelagidis</strong>, a professor of economics at the University of Piraeus, is the co-author of <em>Understanding the Crisis in Greece: From Boom to Bust</em>.</p>
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