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	<title>Tribuna Libre &#187; Reflexiones</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>Cien años de &#8216;Campos de Castilla&#8217;</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Feb 2012 18:48:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ian Gibson</strong>, escritor (EL PERIÓDICO, 08/02/12):</p>
<p>En abril (esperemos que sea de aguas mil) se va a cumplir el centenario de la publicación, en Madrid, de<em> Campos de Castilla</em>. El aspecto físico del pequeño tomo era sobrio. En su cubierta se representaba un paisaje con algunos pinos que habían logrado arraigar entre rocas. Todo ello de un modesto color pardo que hablaba, como los demás elementos, de la adustez mesetaria. Su autor no era conocido del gran público (quizá un poco más su hermano Manuel).</p>
<p>En la Fundación Juan Ramón Jiménez de Moguer se conserva un ejemplar &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40056/cien-anos-de-campos-de-castilla/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ian Gibson</strong>, escritor (EL PERIÓDICO, 08/02/12):</p>
<p>En abril (esperemos que sea de aguas mil) se va a cumplir el centenario de la publicación, en Madrid, de<em> Campos de Castilla</em>. El aspecto físico del pequeño tomo era sobrio. En su cubierta se representaba un paisaje con algunos pinos que habían logrado arraigar entre rocas. Todo ello de un modesto color pardo que hablaba, como los demás elementos, de la adustez mesetaria. Su autor no era conocido del gran público (quizá un poco más su hermano Manuel).</p>
<p>En la Fundación Juan Ramón Jiménez de Moguer se conserva un ejemplar del librito. Su dedicatoria manuscrita reza: «Al gran poeta Juan Ramón con el entrañable afecto de Antonio. Soria, 1 mayo 1912». Lo sorprendente es constatar que, en la parte inferior del lomo del mismo, consta la indicación: «Segunda edición». ¿Se vendió tanto el poemario nada más estrenarse que su editor, Gregorio Martínez Sierra, decidió encargar enseguida otra tirada? ¿O se trataba, quizá, de un truco para afianzar su éxito inicial? Lo llamativo, de todas maneras, era la extraordinaria acogida otorgada a <em>Campos de Castilla</em> desde el momento mismo de su aparición. Antonio Machado ya no era solo el poco renombrado poeta intimista de <em>Soledades</em> y de <em>Soledades. Galerías. Otros poemas</em>, sino, para la crítica -con Miguel de Unamuno a la cabeza-, la voz lírica más señera, más pura, de la generación bautizada por Azorín como «del 1898». La generación del «Desastre».</p>
<p>Aquella primavera Leonor Izquierdo pudo hojear en su cama, orgullosa, el primer ejemplar de <em>Campos de Castilla</em> cuando, aunque ella no lo supiera, ya no había esperanza. Esperanza que todavía no se había perdido del todo -o que no se quería perder- en los versos de <em>A un olmo seco</em>, escrito poco antes y que Machado no hubiera podido incluir en el libro por no hacer sufrir a su moribunda esposa. Se trata de uno de los más conmovedores poemas del idioma, perfecto en su contención, en la minuciosa especificidad del viejo árbol herido por el rayo, medio podrido, pero que no obstante, con la ayuda del sol y de la lluvia, ha logrado, quizá por última vez, poner unas hojas nuevas. Los versos elegíacos escritos poco después en Baeza, cerca de las riberas del joven Guadalquivir, pero con el pensamiento puesto obsesivamente en las del alto Duero, guardadas por sus álamos cantores «entre cerros de plomo y de ceniza», son de una hermosura que los eleva a la categoría de las obras de arte sin las que no se puede seguir viviendo.</p>
<p>No hubo segunda edición ampliada de <em>Campos de Castilla,</em> que se incorporó, con añadidos sucesivos, a las <em>Poesías completas</em> de 1917 y posteriores. Sería de desear que, en este año del centenario, algún avispado editor tuviera el detalle de ofrecérnoslo, para nuestro disfrute y provecho, en facsímil.</p>
<p>La efeméride debería propiciar no solo una reconsideración, muy necesaria, de <em>Campos de Castilla</em>, sino de la obra total de Machado y, especialmente, así me parece, dada la situación actual del país, de <em>Juan de Mairena</em>. No hay que olvidar nunca que el poeta-filósofo fue alumno de la Institución Libre de Enseñanza, alumno cuya gratitud hacia Francisco Giner de los Ríos quedó plasmada en otro gran poema elegíaco, el consagrado al maestro fallecido en 1915, con su énfasis sobre la ética del trabajo bien hecho y la responsabilidad personal, pilares de la ILE («Yunques, sonad; enmudeced campanas»). Machado practicó con sus propios alumnos de instituto, allí hasta donde cabía dentro del sistema estatal, los métodos docentes utilizados por Giner, Cossío y sus compañeros. Hay numerosos y a menudo emocionantes testimonios al respecto (Soria, Baeza, Segovia, Madrid). Sobre todo -y ello se refleja en <em>Juan de Mairena</em>- trataba de ayudar a sus discípulos a razonar por sí mismos, a dudar metódicamente de las certezas y dogmas de los demás y hasta de sus propias dudas. Una instrucción pública así entendida, libre del «lazo de hierro» clerical que desde hacía siglos la asfixiaba, era la única solución para el avance del que consideraba el pueblo «más desdichado de Europa». Para Machado, lo específico del cristianismo es el amor fraternal. Todo lo demás sobra y estorba, empezando con el hipotético dios castigador de las religiones monoteístas.</p>
<p>Para uno de sus compañeros más íntimos de Segovia, el poeta tenía dos vertientes esenciales: «Un escepticismo agudo y una bondad extraordinaria». Creo que fue así.</p>
<p>LOS ÚLTIMOS días, como se sabe, fueron atroces: la larga y penosa caminata desde Barcelona a la frontera, los desvaríos de la anciana madre («¿Ya llegamos a Sevilla?»), el convencimiento de que la República se hundía sin remedio&#8230; y el escalofrío del poema premonitorio, escrito 30 años atrás, con su nave que nunca ha de retornar. ¿Qué pensaría Antonio Machado del Estado español actual, casi cuatro décadas después de la muerte del tirano y todavía sin buscar a sus cientos de miles de asesinados de la guerra y la posguerra? Me atrevo a pensar que no sería, para nada, de su agrado.</p>
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		<title>Dickens sigue diciendo la verdad</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Feb 2012 18:36:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Benjamín Prado</strong>, escritor (EL PAÍS, 07/02/12):</p>
<p>Algunas personas mueren y otras solo desaparecen. El novelista Charles Dickens, por ejemplo, dejó este mundo en 1870 pero sigue estando aquí. Y no solo porque obras suyas como <em>David Copperfield, Cuento de Navidad, Oliver Twist</em> o <em>Historia de dos ciudades,</em> entre otras muchas, sean clásicos imprescindibles en cualquier biblioteca que intente ser tomada en serio, sino también porque la mayoría de sus temas característicos, como la lucha de clases, la explotación infantil o la ineficacia de la justicia, siguen de actualidad y porque sus personajes continúan entre nosotros, con nombres diferentes &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40049/dickens-sigue-diciendo-la-verdad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Benjamín Prado</strong>, escritor (EL PAÍS, 07/02/12):</p>
<p>Algunas personas mueren y otras solo desaparecen. El novelista Charles Dickens, por ejemplo, dejó este mundo en 1870 pero sigue estando aquí. Y no solo porque obras suyas como <em>David Copperfield, Cuento de Navidad, Oliver Twist</em> o <em>Historia de dos ciudades,</em> entre otras muchas, sean clásicos imprescindibles en cualquier biblioteca que intente ser tomada en serio, sino también porque la mayoría de sus temas característicos, como la lucha de clases, la explotación infantil o la ineficacia de la justicia, siguen de actualidad y porque sus personajes continúan entre nosotros, con nombres diferentes pero con los mismos problemas. ¿O es que no podrían estar dentro de <em>Oliver Twist,</em> junto a los niños callejeros que la protagonizan, esos otros niños reales que hoy son abandonados en las calles de Grecia por sus familias, con la esperanza de que alguien los alimente? ¿No nos recuerdan los convictos de <em>La pequeña Dorrit,</em> presos en la cárcel de Marshalsea, a orillas del río Támesis, por no poder pagar sus deudas, a los desahuciados que aquí y ahora, en la España del siglo XXI, arrojan a la miseria los bancos cuando ya no pueden pagar la hipoteca salvaje que tenían con ellos? ¿No nos hacen pensar muchos de los métodos y teorías del neoliberalismo a los del usurero Scrooge en <em>Cuento de Navidad</em> o a los del avaro Uriah Heep en <em>David Copperfield?</em> Dickens fue uno de los abanderados del realismo, junto a Balzac, Tolstói, Stendhal o Benito Pérez Galdós, y un escritor social que denuncia en sus libros las desigualdades que se producían en la Inglaterra victoriana y especialmente el modo en que se explotaba a los trabajadores para conseguir la industrialización del país. Su contemporáneo Carlos Marx dijo de él que &#8220;en sus libros se proclamaban más verdades que en todos los discursos de los políticos y los moralistas de su época juntos&#8221;. Y sin ninguna duda, el autor de <em>Grandes esperanzas</em> es la mejor prueba de que Balzac estaba en lo cierto cuando dijo que las buenas novelas son la historia privada de los países. Hoy se cumplen 200 años de su nacimiento y nuestro mundo, por desgracia, se parece en demasiadas cosas al suyo. Para comprenderlo, no hay más que leer el principio de <em>Historia de dos ciudades:</em> &#8220;Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación&#8221;.</p>
<p>En <em>Tiempos difíciles,</em> Dickens critica ácidamente las lamentables condiciones de vida de los obreros ingleses y la desproporcionada distancia que había entre su existencia y la de los ricos del país. Hoy, en plena crisis, con la Bolsa en números rojos, los impuestos por las nubes y los sueldos por los suelos; con los Gobiernos de Europa intentando llenar con dinero público el pozo sin fondo del sistema financiero y las cifras del paro creciendo en nuestro país hasta el borde del abismo, es muy posible que el lector se asombre al ver cómo esa novela publicada en 1854 describe la actualidad. ¿O acaso el desequilibrio entre las miserables casas de los proletarios que dibuja Dickens, frías, oscuras y casi sin muebles, y las lujosas mansiones de los capitalistas, que consideran a sus empleados simples bestias de carga, no es comparable al que hay entre los salarios de los mileuristas y los sueldos astronómicos que se ponen a sí mismos los directivos de los bancos, hoy día? La única diferencia entre aquellos privilegiados y estos es que entonces se llamaban utilitaristas y hoy se llaman neoliberales, y que unos citaban a Stuart Mill y otros a Milton Friedman, pero nada más.</p>
<p>Cuando Dickens retrata en <em>Los papeles póstumos del club Pickwick, David Copperfiel</em> o <em>La pequeña Dorrit</em> a unos seres sin escapatoria y de la familia de los pícaros españoles, el <em>Lazarillo de Tormes, Rinconete y Cortadillo</em> o <em>El buscón,</em> sabía de qué hablaba, porque él mismo había sufrido en su infancia los latigazos de la miseria, cuando su padre estuvo tres meses encerrado en la prisión de Marshalsea, por una deuda con un panadero que hoy equivaldría a 3,50 euros y que hizo que él fuese enviado a trabajar en una infernal fábrica de betún. Su batalla contra la injusticia ya anticipaba el fracaso de un sistema que se basara en la explotación, aunque sus advertencias a los poderosos fuesen voces en el desierto: &#8220;¡Oh, economistas utilitarios&#8221;, escribe, &#8220;comisarios de realidades, elegantes incrédulos&#8230; si seguís llenando de pobres vuestra sociedad y no cultiváis en ellos la esperanza, cuando hayáis conseguido arrancar de sus almas todo idealismo y ellos se encuentren a solas con su vida desnuda, la realidad se convertirá en un lobo y os devorará&#8221;. Se equivocó, y no hace falta más que volver una vez más los ojos hacia la Grecia de hoy, verá que los dos extremos siguen en su sitio: las televisiones hablan de niños que a media mañana se desmayan en los colegios a causa del hambre y los diarios dicen que mientras el país solicitaba un rescate de la Unión Europea, sus potentados se llevaban a Suiza más de 200.000 millones de euros. En el fondo, y como demuestran de forma brutal las colas ante las oficinas del Inem y en los comedores de beneficencia de nuestras ciudades, las novelas de Charles Dickens son una constatación de hasta qué punto el capitalismo ha fracasado en su búsqueda del famoso Estado de bienestar.</p>
<p>Otra de las obsesiones de Dickens es la lentitud, ineptitud y en ocasiones impureza del sistema judicial, que tiene su mejor expresión en <em>Casa desolada,</em> donde se refleja la mezcla de incompetencia y prepotencia de una Corte de la Cancillería que a algunos les podrá hacer pensar en ciertos magistrados y causas de nuestra Audiencia Nacional y nuestro Tribunal Supremo. O en <em>Oliver Twist,</em> donde se puede ver la forma en que la ley es cuidadosa con los fuertes y abusiva con los débiles por el modo en que el juez Fang insulta y castiga con desproporción a su desventurado protagonista. O, una vez más, en <em>Tiempos difíciles,</em> donde el escritor se burla de la incompetencia del sistema y de su invento más perverso, la burocracia, un laberinto sin salida simbolizado en un supuesto Departamento del Circunloquio cuya función es &#8220;hacer lo que sea necesario para que no se pueda hacer nada&#8221;. En un país como España, donde solo el 27% de los ciudadanos opina que los medios que el Estado destina para garantizar la defensa jurídica son suficientes y la gran mayoría piensa que funciona mal, está anticuada y es ininteligible, los libros de Dickens siguen contando la verdad: nuestro mundo no ha sabido mantenerse a flote porque no ha sabido ser ni solidario, ni ecuánime, ni flexible, y al final se ha quedado sin respuestas.</p>
<p>En junio de 1865, Dickens viajaba en un tren que sufrió un accidente terrible cuando cruzaba un puente en obras. Los siete vagones que precedían al suyo se despeñaron por un precipicio y él pasó horas atendiendo a los heridos hasta que llegaron las ambulancias y pudo ocuparse de regresar a su asiento y recuperar el manuscrito, aún sin acabar, de su penúltima novela, <em>Nuestro común amigo.</em> No hay que tener una gran imaginación para ver en esa escena una metáfora de esta Europa que hoy descarrila poco a poco, primero Grecia, luego Irlanda, después Portugal&#8230; Tal vez el derrumbe se detenga a tiempo, y los que nos conducen a la catástrofe recuperen el sentido común igual que lo hizo el tacaño señor Scrooge en <em>Un cuento de Navidad,</em> que al ver el negro porvenir que le anunciaban los espíritus del Pasado, el Presente y el Futuro, donde podía verse una tumba con su nombre y sin ninguna flor encima, supo cambiar a tiempo y convertirse en un hombre generoso. Es una parábola que, hoy más que nunca, merece la pena no olvidar.</p>
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		<title>No se quedaría callado, desde luego</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 19:03:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ignacio García de Leániz Caprile, </strong>profesor de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá de Henares (EL MUNDO, 07/02/12):</p>
<p>Hace hoy 200 años que el más leído de los novelistas ingleses, Charles Dickens, nacía en Portsmouth para llevar una vida tan dickensiana como sus obras, plena de sinsabores y felicidades, con infancias robadas e inocencias incólumes y un cáustico escepticismo inseparable de una ilusión sonriente, como leemos en la más autobiográfica de sus obras: <em>David Copperfield</em>. Todo ello hilvanado por una virtud que me temo hace mucho que perdimos: una inmensa ternura por el desdichado. Por eso a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40053/no-se-quedaria-callado-desde-luego/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ignacio García de Leániz Caprile, </strong>profesor de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá de Henares (EL MUNDO, 07/02/12):</p>
<p>Hace hoy 200 años que el más leído de los novelistas ingleses, Charles Dickens, nacía en Portsmouth para llevar una vida tan dickensiana como sus obras, plena de sinsabores y felicidades, con infancias robadas e inocencias incólumes y un cáustico escepticismo inseparable de una ilusión sonriente, como leemos en la más autobiográfica de sus obras: <em>David Copperfield</em>. Todo ello hilvanado por una virtud que me temo hace mucho que perdimos: una inmensa ternura por el desdichado. Por eso a su muerte, alguien pudo escribir anónimamente como epitafio sucinto: «Amó al pobre, miserable y oprimido».</p>
<p>Y su vida y obra no fueron en absoluto estériles: gracias a sus novelas por entregas que iba publicando semanalmente en periódicos como <em>Household Words</em> y <em>All the Year Round</em> con sus miles de lectores londinenses, Inglaterra fue tomando en sus diversos estamentos conciencia crítica de los graves excesos de la Primera Industrialización en el plano social, laboral y medioambiental. Y los mecanismos correctores que los dramas tragicómicos de Dickens solicitaban, hicieron que a la postre fallara la profecía de Marx sobre que Inglaterra sería la pionera y adalid de la revolución proletaria. Pocas veces una literatura tan llena de buenos sentimientos como conocedora del mal en todas sus formas y siempre ligada a la realidad, ha tenido tanta dimensión política y transformadora. Y ello a través de un periodismo que le daba eco y que se iba convirtiendo en un cuarto poder sin el cual no se puede comprender el gran secreto social y político de Inglaterra. Para Dickens, en cierta manera, la buena literatura era la política por otros medios, esta vez impresos.</p>
<p>Así las cosas, cabe preguntarnos en este bicentenario que cae en tiempos poco vivideros qué podría enseñarnos el autor de <em>Grandes esperanzas</em>, a sabiendas de que ente él y nosotros media una diferencia difícilmente salvable: la que hay entre un autor medularmente cristiano y un mundo nuestro tan secularizado. No obstante ello, creo que nuestro común amigo nos diría, ante nuestro <em>Desastre del 12</em>, algunas cosas muy necesarias sobre las nuevas formas de desdicha laboral y la podredumbre de nuestro sistema financiero, por ejemplo. Al fin y al cabo, como escribió en <em>La pequeña Dorrit</em>: «Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender».</p>
<p>Sobre la desdicha en el mundo del trabajo, que aparece encarnada en su inocencia y desamparo en Stephen Blackpool y Rachael, la pareja de operarios en los telares de Coketown en <em>Tiempos difíciles</em>, o en Lizzie Hexam, la hija del pescador de cadáveres del Támesis en <em>Nuestro común amigo</em>, Dickens se quedaría estupefacto ante nuestra calamidad laboral. Y lo primero que nos plantearía a la vista de nuestra tasa de desempleo y ese fatídico horizonte de seis millones de desempleados, es si realmente nos percatamos de que el número de desempleados en la Alemania de Weimar de 1932 era de cinco millones de alemanes sobre una población estimada de 67 millones de habitantes. Sería uno de esos golpes de realidad implacables tan dickensianos que nuestro autor nos espetaría como aviso a los navegantes y uno de esos <em>hechos</em> («<em>facts, facts</em>») incontestables que quería el ideal empírico de la escuela de Mr. Gradgrind según el memorable comienzo de <em>Tiempos difíciles</em>. No fuera a ser que nos estuviéramos acostumbrando a no querer ver la verdadera dimensión -y amenazas larvadas- de la tragedia de nuestro mercado de trabajo (?), que coincide, además, con una grave crisis institucional.</p>
<p>También nos destacaría cómo el fenómeno de la desdicha -«siempre pagamos los mismos», exclamará resignado el viejo Stephen al ser despedido- se traslada ahora desde el puesto de trabajo a la ausencia del mismo, de la fábrica al domicilio del desempleado. En la desintegración y atomización del parado, desgajado de los arraigos sociales que confieren los grupos de trabajo y que hacían la vida mínimamente vivible incluso en los arrabales de Coketown, vería nuestro autor una cristalización del nuevo perfil del desdichado. El cual resulta invisible para nosotros -seres con trabajo- pues está donde no esta nadie, retraído de la esfera pública laboral. De ahí que nos resulte bien difícil tomar conciencia de la «desdicha desempleada» y poder seguir así el postulado de Simone Weil -tan dickensiana ella- cuando escribe: «Aquellos que son desgraciados no necesitan nada en este mundo salvo gente capaz de darles su atención». Y el trabajo es una forma específica y eminente de atención: justo lo que se le niega.</p>
<p>Por eso mismo, creo que si Dickens reviviera escribiría con toda su empatía y ternura la gran novela sobre el desempleo con su nueva forma sutil pero sumamente doliente de desdicha, en este nuevo «<em>struggle for life</em>» que él tanto temía por su vivencia en carne propia del darwinismo social londinense. Y desde luego que se rebelaría contra la reducción a meros números y estadísticas de los desempleados, tal y cómo hace nuestra burocracia y discurso político dominantes como si siguieran al pie de la letra la caracterización de Mr. Gradgring, símbolo del Utilitarismo de Stuart Mills, que se nos muestra al comienzo del capitulo segundo de <em>Tiempos difíciles</em>: «Soy un hombre de realidades. Un hombre de hechos y cálculos (…) listo para pesar y medir cualquier parcela humana y de decirle exactamente hasta dónde llega (…) Es una simple cuestión de cifras, un caso de pura aritmética». Dickens sabía muy bien que la estadística era una forma refinada e indolora de borrar la desdicha.</p>
<p>Pero no menor sería -me temo- su arrebato contra nuestro <em>establishment </em>financiero. Nunca cejaría de recordarnos, frente a quienes dan la batalla del olvido con la dormidera de la Liga de Fútbol o de la Fórmula 1, que el origen de nuestra crisis y de tantos dolores se ha debido en parte sustancial a la catastrófica e inmoral gestión de nuestro sistema financiero, que se reputaba como sólido y admirable. Exactamente con la misma respetabilidad y reputación con que se nos presentaba el banquero Bounderby en la primera parte de <em>Tiempos difíciles</em>, hasta que el lector descubría capítulos después su verdadera calaña, impericia y sentido sensual del dinero.</p>
<p>Nuestro autor se documentaría al respecto de lo sucedido con nuestros bancos y cajas; esto es, de sus 800.000 millones de euros de deuda, los 120.000 millones recibidos (12% del PIB en diciembre último), los sueldos y planes de jubilación de sus directivos, el escándalo cotidiano de las <em>participaciones preferentes</em>, los Eres previstos, etcétera. Y por supuesto no se quedaría mudo. Y sospecho que diría exasperado que por aquí todo ha sido un inmenso Lehman Brothers, y que la actual jactancia y negarse a reconocer los hechos por parte de los Consejos de Administración no es sino la réplica exacta de su personaje financiero en <em>Tiempos difíciles</em>, Josiah Bounderby, que no se rendía ni ante la evidencia: y así le fue. Justo lo que acaba de recordarnos Willem Buiter -economista jefe de Citigroup- cuando en páginas vecinas (29/01/12) resaltaba que la verdadera situación y toxicidad de los bancos y cajas han sido «un área de negación para las autoridades españolas durante años».</p>
<p>Tras lo cual, escribiría nuestro autor con mucha ironía sobre el espectáculo que han dado hace bien poco los presidentes de los dos grandes bancos españoles al presentar sus respectivos balances (que por supuesto ya nadie se cree) y decir ambos que están sin problemas, mientras el <em>Pepito Grillo</em> de sus cotizaciones bursátiles les dejaba en pura evidencia. No, desde luego que Dickens no se callaría.</p>
<p>En un rincón de la abadía de Westminster, en el <em>Poets&#8217; Corner</em>, se encuentra una lápida con esta inscripción: «<em>Charles Dickens: Born 7th february 1812. Died 9th june 1870». </em>Uno añadiría como epitafio de nuestro gran hombre aquel bello final de <em>Tiempos difíciles</em>, donde, tras enumerar algunas esperanzas muy deseables, nos interpela cordialmente: «¡Querido lector! Será responsabilidad tuya y mía si, en nuestros respectivos campos de acción, ocurren o no cosas semejantes. ¡Hagamos que sucedan! Nos sentaremos ante la chimenea de nuestro hogar con el corazón más ligero, mientras de manera inevitable los rescoldos de nuestro fuego se convierten en cenizas grises y frías». Para eso me parece que escribía y sigue escribiendo Dickens: para que nos demos por aludidos.</p>
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		<title>Dickens v. Lawyers</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Feb 2012 21:32:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Joseph Tartakovsky</strong>, a law clerk at the United States Court of Appeals for the 10th Circuit (THE NEW YORK TIMES, 06/02/12):</p>
<p>Tuesday is the bicentenary of the birth, in Portsmouth, England, of Charles Dickens, literature’s greatest humanist. We can rejoice that so many of the evils he assailed with his beautiful, ferocious quill — dismal debtors’ prisons, barefoot urchin labor, an indifferent nobility — have happily been reformed into oblivion. But one form of wickedness he decried haunts us still, proud and unrepentant: the lawyer.</p>
<p>Lawyers appear in 11 of his 15 novels. Some of them even resemble &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40029/dickens-v-lawyers/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Joseph Tartakovsky</strong>, a law clerk at the United States Court of Appeals for the 10th Circuit (THE NEW YORK TIMES, 06/02/12):</p>
<p>Tuesday is the bicentenary of the birth, in Portsmouth, England, of Charles Dickens, literature’s greatest humanist. We can rejoice that so many of the evils he assailed with his beautiful, ferocious quill — dismal debtors’ prisons, barefoot urchin labor, an indifferent nobility — have happily been reformed into oblivion. But one form of wickedness he decried haunts us still, proud and unrepentant: the lawyer.</p>
<p>Lawyers appear in 11 of his 15 novels. Some of them even resemble humans. Uriah Heep (“David Copperfield”) is a red-eyed cadaver whose “lank forefinger,” while he reads, makes “clammy tracks along the page &#8230; like a snail.” Mr. Vholes (“Bleak House”), “so eager, so bloodless and gaunt,” is “always looking at the client, as if he were making a lingering meal of him with his eyes.” Most lawyers infest dimly lighted, moldy offices “like maggots in nuts.” (No, counselor, writers dead since 1870 cannot be sued for libel.)</p>
<p>Dickens knew whereof he spoke. At 15, he was hired as an “attorney’s clerk,” serving subpoenas, registering wills, copying transcripts; later he became a court reporter. For three formative years he was surrounded by law students, law clerks, copying clerks, court clerks, magistrates, barristers and solicitors who (reborn in his fiction) uttered cheerful sentiments like “I hate my profession.” His portraits of nearly every London court — Chancery, Divorce, Probate, Admiralty, etc. — are so accurate that one scholar wrote a lively book called “Charles Dickens as a Legal Historian.” At 32 he filed his first suit against a pirate publisher. Dickens told a friend afterward that “it is better to suffer a great wrong than to have recourse to the much greater wrong of the law.”</p>
<p>Who can disagree, at least in his portrayal? Jarndyce v. Jarndyce, from “Bleak House,” grinds on for generations as wigged pedants spend entire careers “groping knee-deep in technicalities.” In the “Pickwick Papers” trial — one of the great comic scenes in literature — innocence is irrelevant, the lawyers are thugs, and the judge is asleep. Yes, Dickens hated lawyers for the same reason your neighbor does: every lawsuit leaves (at least) one side unhappy — yet the bar always wins. He invoked every known indictment of the profession: sorcerers who command the law to harm others, nitpicking complicators of life (“red tape,” in Dickens’s time, still bound legal papers), chicaners who exploit procedure to free the guilty, and prolix corrupters of the English tongue.</p>
<p>But before we resign our bar licenses in shame (and I only got mine in November), let us call, for the defense, Judge Jed S. Rakoff of the Federal District Court in Manhattan. He tells me lawyers are scorned because “they think there are two sides to most stories, while many people think there is just one side: theirs.”</p>
<p>Are attorneys just amoral mouthpieces? Samuel Johnson, the great critic who himself once hoped to enter the bar, knew better: “A lawyer has no business with the justice or injustice of the cause” — that is “to be decided by the judge.” The best means we have of discovering truth is to take opposing sides and let them tango. If a lawyer had to believe in the client’s cause, most people would go undefended.</p>
<p>Besides, much has improved since Dickens: more disciplined trials; delays measured in months, not lifetimes; fewer openly inebriated judges. Unshaken is the perception that we worship an object called the Fee. Yet the essayist Joseph Epstein, another man of letters who eyed the path of law, thinks lawyers only appear “worse because the nature of their work requires them to be better.” Without our role as officers of the court, commissioned to uphold the moral grandeur of the law, we’re just a “used-car dealership without the burden of inventory.”</p>
<p>Dickens himself enrolled as a law student in 1839 and, in 1846, inquired about work as a magistrate. His biographer Claire Tomalin hints that Dickens, like David Copperfield, didn’t pursue a legal education in part because he could not afford the 100 pounds needed. (Incidentally, of his 10 children, only Henry was successful — as a lawyer.)</p>
<p>Yet in a way Dickens <em>did</em> become a lawyer — in the court of public opinion. John Forster, his biographer and his closest friend, wrote that the suffering children in his works were “his clients whose cause he pleaded with such pathos and humour, and on whose side he got the laughter and tears of all the world.”</p>
<p>Isn’t it true that for both lawyers and novelists, whoever tells the best story wins? The difference is that lawyers (one hopes) take facts as they exist instead of inventing them. Dickens, for all his genius and wrath, was himself unable to undertake reforms, or protect clients, or draft fairer rules. He needed lawyers to achieve his vision of a just society. Even the inimitable novelist would agree that the two old trades must go hand in hand, together improving the noble system that, for all its Dickensian farce, makes us civilized.</p>
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		<title>El canon económico de la vida</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Feb 2012 17:24:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jordi Soler</strong>, escritor. Sus últimos libros son <em>Diles que son cadáveres</em> y <em>Dalí y la más inquietante de las chichas yeyé</em>, Mondadori (EL PAÍS, 05/02/12):</p>
<p>Todo el mundo está obsesionado con el crecimiento, pero bien mirado, en un organismo maduro todo crecimiento se corresponde en esencia con un tumor&#8221;. Esto lo dice Walter, uno de los personajes de <em>Libertad,</em> la fabulosa novela de Jonathan Franzen que ha sido saludada por la crítica estadounidense, y por buena parte de la española, como la novela más importante del año pasado. Walter explica a la familia de su novia, en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40019/el-canon-economico-de-la-vida/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jordi Soler</strong>, escritor. Sus últimos libros son <em>Diles que son cadáveres</em> y <em>Dalí y la más inquietante de las chichas yeyé</em>, Mondadori (EL PAÍS, 05/02/12):</p>
<p>Todo el mundo está obsesionado con el crecimiento, pero bien mirado, en un organismo maduro todo crecimiento se corresponde en esencia con un tumor&#8221;. Esto lo dice Walter, uno de los personajes de <em>Libertad,</em> la fabulosa novela de Jonathan Franzen que ha sido saludada por la crítica estadounidense, y por buena parte de la española, como la novela más importante del año pasado. Walter explica a la familia de su novia, en una bochornosa escena que se desarrolla en un restaurante de Manhattan, en los años setenta, los pormenores del informe <em>Los límites del crecimiento,</em> que promovía entonces el Club de Roma.</p>
<p>La escena resulta bochornosa porque a nadie le interesa lo que ese joven intelectual, preocupado por el destino del planeta, se empeña en contar; la familia de su novia está más bien por beber vino y repetirse los chistes verdes de costumbre y la cuñada, después de la esforzada intervención de Walter, pregunta: el Club de Roma. ¿Eso es como un Club Playboy italiano?</p>
<p>La obsesión por el crecimiento, sobre la que sin ningún éxito ensaya Walter en esa cena de novela, y sobre todo el cuestionamiento de si todo lo que crece va necesariamente a mejor, viene muy a cuento en estos tiempos en los que el ciudadano común vive expandiéndose, cada vez con más frenesí, en ese territorio fragmentado, vasto y resbaladizo, que son las pantallas electrónicas. Como si todos estuviéramos capacitados para ello, nos entregamos a la multiplicación de las tareas que nos ofrece toda la gama existente de instrumentos electrónicos, y a ir consumiendo la información multiplicada, multifragmentada, que estos nos brindan, como si eso fuera, en efecto, una manera de crecer y de expandirse.</p>
<p>Un reciente estudio publicado por la Universidad de Stanford, nos cuenta que los estudiantes multitarea, esos que hacen los deberes mientras envían <em>e-mails,</em> o SMS o revisan su <em>timeline</em> en Twitter, &#8220;reducen su capacidad y efectividad, pierden concentración y tiempo, y terminan haciendo distintas cosas a medias&#8221;. Además de que tienen dificultades para distinguir la información relevante de la que no lo es.</p>
<p>Vamos a obviar la parte en que esa obsesión colectiva por el crecimiento y la expansión desemboca en la virulenta crisis económica que ahora nos carcome, sin olvidar la exagerada atención que últimamente, y llevado de la mano por los medios de comunicación, está obligado a poner el ciudadano común en el crecimiento de la economía de su país. Los indicadores de este fenómeno se han convertido en el nuevo barómetro: cuando hay crecimiento económico del país, la gente sale contenta como si le hubieran pronosticado un día de sol, y cuando no lo hay parece que el hombre del tiempo hubiera pronosticado una borrasca. Desde la suspicacia podríamos pensar en lo mucho que conviene a los Estados tener en vilo al ciudadano con las noticias sobre el crecimiento o decrecimiento de la economía; el estrés que generan termina facilitando la implantación de medidas correctivas, de recortes, despidos e impuestos que la población, debidamente amedrentada, aceptará sin rechistar.</p>
<p>Las noticias sobre el pulso diario de la economía no solo han venido a amargarnos la existencia, también han consolidado esa idea de que lo que crece está bien, muy vivo y con mucho futuro, y en cambio lo que no crece adolece de algo, está enfermo y con un pie fuera de este mundo. Este planteamiento puede ser cierto pero no siempre ni en cualquier circunstancia, porque en un organismo ya crecido el crecimiento significa, como bien apunta Walter en la novela de Franzen, un elemento que perturba la vida en lugar de hacerla más rica.</p>
<p>Veamos lo que sucede en el ámbito cotidiano y doméstico, con ese crecimiento a partir de la multiplicación de una serie de actividades que hasta hace muy poco no existían: hoy una persona normal puede ir conduciendo su coche, con la radio de fondo, mientras habla por teléfono con el manos libres y, con la mano izquierda, vigilando con el ojo derecho que no lo mire un policía, escribiendo un tuit. La multiplicación de estos actos aparentemente mínimos afecta todos los estratos de la vida. Los niños, que ya han nacido con el chip de la multitarea, hablan entre ellos mientras juegan al FIFA en la PSP y simultáneamente ríen los gracejos de Bob Esponja en la televisión.</p>
<p>Por ejemplo, una actividad tan simple como oír música, que antes consistía en poner un disco, servirse un trago y sentarse en un sillón a escuchar, hoy ha sido arrollada por la multitarea, todos la oímos enchufados a unos audífonos mientras nos desplazamos de un lado a otro ejecutando otras actividades. La música ha dejado de ocupar la parte central, ahora es un fondo, un ambiente, un elemento más del paisaje frenético que nos rodea.</p>
<p>Practicando la multitarea se tiene la impresión de estar haciendo muchas cosas cuando, en realidad, se hacen muchos fragmentos de cosas, y en este frenesí de la expansión, nos encontramos con casos como el del blog: hasta hace muy poco, para publicar una idea por escrito, primero había que escribirla y después buscar un espacio donde publicarla. Hoy este orden ha sido subvertido, lo primero que se consigue es un espacio para publicar, y después se escribe lo que se puede, si es que se puede, para rellenar ese espacio. Cualquiera posee el instrumental para hacer público un texto, una idea, un ensayo, un cuento o una novela, el paradigmático <em>know how</em> está al alcance de todos, aunque este con frecuencia se vea anulado por el <em>nothing to say.</em></p>
<p>El crecimiento, la expansión, el ejecutar tareas múltiples por la simple razón de que puedo hacerlas, mirados con un poco de distancia, son pulsiones que tienen que ver con la ambición, con la desmesura y la soberbia, con la vieja <em>hýbris</em> griega. El frenesí por el crecimiento y la expansión conecta, por lo que tiene de inmodestia y de supuesta rentabilidad, con la obsesión por la vida saludable, con la educación de los hijos en jornadas histéricas llenas de cursillos para que sean mejores, más crecidos y expandidos que los demás, o con la fatigosa corrección política, esa inmodesta pretensión de gustarle a todos, que en algún caso termina promoviendo, igual que estas otras ambiciones, el crecimiento, el beneficio, el rendimiento, el dividendo, la utilidad, el rédito, los intereses y las ganancias, es decir, el canon económico de la vida, que es el punto al que quería llegar.</p>
<p>Se impone pensar al margen de este sistema que lo envuelve todo las 24 horas del día y que nos invita ininterrumpidamente a tener más; hay que bajarse un momento de este viaje frenético y preguntarse, ¿necesito tantos aparatos?, ¿me hace falta tanta información?, ¿para qué sirve acumular tanta salud?, ¿no será que tanto cursillo no deja ser niños a los niños?, ¿será que tanta expansión, que esta apasionada multitarea, es más que crecer un proceso tumoral que me está conduciendo a la superficialidad, a la frivolidad, a la realidad alternativa y a la distopía?</p>
<p>Esto no es un alegato contra la tecnología, ni un suspiro nostálgico por ese mundo sin pantallas ni enchufes que se nos ha ido para siempre. Todo tiempo pasado, sin duda, ha sido peor. Sin embargo, habría que vigilar ese canon que nos ha impuesto la violenta irrupción de la economía en la cotidianidad. Hace una década ¿a quién le importaban las páginas de economía de los periódicos?, ¿o la sección de economía de los noticiarios? Le importaban a los economistas, a los banqueros y a los empresarios; no a los carniceros, ni a las porteras, ni a los novelistas, como nos importan ahora. Hay que hacer un alto, poner a raya la multitarea, privilegiar el pensamiento, hacer un esfuerzo por concentrarse en una sola cosa, hacer actividades que no representen ninguna ganancia, ya no expandirse ni crecer y quitarle a la vida esa nueva connotación dineraria que nos impele todo el tiempo a crecer y a multiplicarnos. Hay que parar de vez en cuando las máquinas, sentarse a no hacer nada y desde ahí pensar, sin pantallas alrededor, qué hacemos con la vida y con la crisis. Hay que generar ese espacio de silencio, de disponibilidad frente a la existencia, que más pronto que tarde será llenado por una idea genial.</p>
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		<title>Incómodo pasado</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Feb 2012 17:15:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Memoria Histórica]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Político]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Julián Casanova</strong>, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza (EL PAÍS, 05/02/12):</p>
<p>La muerte de Manuel Fraga y el juicio al magistrado Baltasar Garzón por la investigación de los crímenes del franquismo han sacado de nuevo de la oscuridad a los fantasmas del pasado. Por un lado, la constatación de lo difícil que resulta en la sociedad española tener una mirada libre hacia las experiencias traumáticas del siglo XX, recordar para aprender. Por otro, la incomodidad que produce a muchos el recuerdo de la violencia franquista, ejercida desde arriba, durante 40 años, por el nuevo Estado &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40018/incomodo-pasado/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Julián Casanova</strong>, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza (EL PAÍS, 05/02/12):</p>
<p>La muerte de Manuel Fraga y el juicio al magistrado Baltasar Garzón por la investigación de los crímenes del franquismo han sacado de nuevo de la oscuridad a los fantasmas del pasado. Por un lado, la constatación de lo difícil que resulta en la sociedad española tener una mirada libre hacia las experiencias traumáticas del siglo XX, recordar para aprender. Por otro, la incomodidad que produce a muchos el recuerdo de la violencia franquista, ejercida desde arriba, durante 40 años, por el nuevo Estado surgido de la sublevación militar y de la Guerra Civil, que puso en marcha mecanismos extraordinarios de terror sancionados y legitimados por leyes hasta la muerte del dictador. Más de un año después, allí estaba todavía el Tribunal de Orden Público (TOP), disuelto finalmente por un decreto ley de 4 de enero de 1977.</p>
<p>Con la muerte de Manuel Fraga la mayoría de los medios de comunicación nos regalaron la vista y el oído con unas cuantas horas de música celestial. El disco solo tenía cara A: hombre de Estado, político extraordinario, uno de los más importantes del siglo XX español, padre de todo lo bueno que puede exhibir la derecha actual en el poder. Pocos hicieron sonar la cara B, la otra cara del mismo disco, inseparable, compuesta con anterioridad, cuando la música tenía un solo director. Puede verse en los libros de historia, aunque únicamente en aquellos que no usan y abusan de ella para conformar o legitimar el presente a su gusto.</p>
<p>Fraga fue ministro de Franco, desde 1962 a 1969, y ministro del Gobierno de Arias Navarro que se formó tras la muerte de su caudillo, desde el 12 de diciembre de 1975 hasta el 1 de julio de 1976. Nunca fue ministro con la democracia. Su autoridad nació de la dictadura y tuvo después en sus manos durante unos meses, como ministro de Gobernación, todo el aparato represivo intacto, ese que cargaba en las calles contra los manifestantes, detenía y encarcelaba de forma arbitraria y sin garantías, torturaba en los cuarteles y comisarías y, si hacía falta, disparaba mortalmente a los trabajadores, como en Elda, Tarragona, San Adrián de Besós, Basauri o en el asalto policial a la iglesia vitoriana de San Francisco de Asís, una masacre que dejó cinco muertos y decenas de heridos. Y todo ello en apenas medio año, donde quedó al descubierto el talante reformista de los franquistas sin Franco, cómo trataban a opositores y huelguistas, &#8220;desórdenes callejeros&#8221; los llamaban, y la impunidad de las fuerzas armadas.</p>
<p>La historia de Europa del siglo XX proporciona abundantes ejemplos de políticos que transitaron desde las dictaduras a las democracias. Ocurrió en los países dominados por los fascismos hasta 1945, por el comunismo hasta 1989 y en Grecia, Portugal y España tras 1974-1975, los únicos lugares del continente donde seguían en pie dictaduras salidas del firmamento político de la ultraderecha.</p>
<p>Fraga no fue, por lo tanto, un caso excepcional ni caminó solo por la pedregosa senda que conducía del autoritarismo a la libertad. Y como otros muchos compañeros de viaje, tampoco tuvo que quitarse el caparazón franquista para distanciarse de los sectores más inmovilistas y participar en el cambio político.</p>
<p>En noviembre de 2005, 30 años después de la muerte del dictador, o 27 desde la aprobación de la Constitución, de la que dicen que fue uno de los padres, en una entrevista publicada en <em>Corriere della Sera,</em> hacía una desaforada defensa de Francisco Franco y de su régimen político, recordando a los italianos las excelencias del que fue durante tanto tiempo su jefe y los enormes beneficios que su sistema de gobierno (&#8220;ni fascista, ni totalitario&#8221;) dejó a todos los españoles.</p>
<p>Una explicación de ese tipo puede causar sonrojo, cosas de don Manuel, del hombre de Estado. Ocurre, sin embargo, que se refiere a una historia real de asesinatos, tortura y violación sistemática de los derechos humanos, que destruyó a familias enteras e inundó la vida cotidiana de miedo, humillación y castigo. Y todo eso, además de las circunstancias de la muerte y paradero de decenas de miles de víctimas, es lo que intentó investigar Baltasar Garzón, juzgado ahora por la Sala Penal del Tribunal Supremo, ante la indiferencia y el desprecio de muchos, hacia él, hacia las víctimas y hacia todos aquellos que quieren honrarlas.</p>
<p>Fraga tenía poderosas razones para pensar eso de la dictadura de Franco, antecedente necesario de la democracia, a la que él tanto dio, como nos ha recordado la música orquestada por sus seguidores ideológicos y de partido. Y así, a través de imágenes autocomplacientes, libres de zonas oscuras, jaleadas por los medios de comunicación más afines, dicen que esa historia, no otras, ya es pasado y hay que mirar al futuro. Mientras tanto, el <em>Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia</em> insiste en que el régimen franquista, tenía razón don Manuel, no fue &#8220;fascista ni totalitario&#8221;. Y las políticas de gestión de la historia y memoria de ese pasado violento desaparecen con la excusa de la crisis, arrinconadas por los nuevos gobernantes. Y Garzón en el banquillo.</p>
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		<title>James Bond cumple sesenta años</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Feb 2012 13:37:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Lucena Giraldo</strong>, historiador e investigador del CSIC (ABC, 04/02/12):</p>
<p>Una mañana de 1952 cierto periodista británico de mediana edad y residente en Jamaica, que bebía una botella de ginebra y fumaba setenta cigarrillos diarios, empezó a escribir su primera novela. Era un caso de libro, nunca mejor dicho, de «bloqueo del escritor». Su nombre era Ian Fleming. A pesar de que había intentado convertirse en militar o diplomático, como estaba predestinado por la elevada posición social de su familia, hasta que no se dedicó al periodismo no halló su destino. Arrogante, políglota, melancólico y seductor, fue corresponsal &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40007/james-bond-cumple-sesenta-anos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Lucena Giraldo</strong>, historiador e investigador del CSIC (ABC, 04/02/12):</p>
<p>Una mañana de 1952 cierto periodista británico de mediana edad y residente en Jamaica, que bebía una botella de ginebra y fumaba setenta cigarrillos diarios, empezó a escribir su primera novela. Era un caso de libro, nunca mejor dicho, de «bloqueo del escritor». Su nombre era Ian Fleming. A pesar de que había intentado convertirse en militar o diplomático, como estaba predestinado por la elevada posición social de su familia, hasta que no se dedicó al periodismo no halló su destino. Arrogante, políglota, melancólico y seductor, fue corresponsal en Moscú y banquero en Londres antes de servir como oficial naval y espía durante la Segunda Guerra Mundial. Ampliamente dotado para la fabulación, se especializó en operaciones de engaño, dos de ellas vinculadas a España. La exitosa «Carne picada» alejó a los alemanes de Sicilia, donde tendría lugar el desembarco aliado, mediante el «hallazgo» en Huelva de un cadáver con supuestos planes secretos. La prevista pero nunca ejecutada «Ojo dorado» estaba preparada para el caso de que Franco optara por la entrada en el conflicto a favor del Eje y la comunicación con Gibraltar quedara interrumpida. La posguerra fue aburrida para Fleming, siempre a la sombra de su hermano Peter, exitoso escritor de viajes, pero la revancha llegó hace ahora sesenta años. Al día siguiente de contraer matrimonio con su amante desde hacía tiempo, la muy rica y devota Ann Charteris, lady Rothermere, se puso a escribir de manera compulsiva y en dos meses acabó «Casino royale». Fue la primera de la saga Bond, formada por doce novelas y dos volúmenes de historias cortas, publicadas entre 1953 y 1966, dos años después del fallecimiento de su autor a causa de un infarto propiciado por su nada saludable estilo de vida. James Bond, icono de la cultura popular global a causa de la explotación cinematográfica de sus historias, debe su nombre a una serie de casualidades hilarantes. Fleming, aficionado a la contemplación de aves, se había recluido en la pintoresca casa «Goldeneye», situada en la localidad de Oracabessa (del español oro-cabeza), en la costa norte de Jamaica. Según propia confesión, se «estrujaba el cerebro» en busca de un nombre para su protagonista, el agente 007 al servicio de su Graciosa Majestad, «con licencia para matar». Debía ser «breve, carente de romanticismo, anglosajón y muy masculino». Sus ojos se posaron sobre la «Guía de pájaros de las Indias occidentales» del naturalista James Bond, que se hallaba sobre la mesa. De inmediato se dio cuenta de que el libro poseía los rasgos de su personaje. Se trataba de un superviviente del conflicto mundial, que seguía en activo en plena guerra fría y se las apañaba como podía. El carácter de ese Bond literario, una mezcla de rasgos de distintos espías que Fleming había tratado en sus años de servicio activo, correspondía a «un tipo irrelevante, carente del menor interés, como un cuchillo sin filo, al que simplemente le pasan cosas». Resulta difícil exponer de manera más adecuada el horizonte de la Europa de los años cincuenta, claramente reactivo, en plena liquidación imperial y con un poder mundial dilapidado tras dos brutales conflictos. «Pasaban cosas» y parecía que poco o nada se podía hacer para evitarlas. De ahí que Fleming fuera, por encima de todo, un escritor de la nostalgia imperial británica. El éxito arrollador de 007 fue el de una ficción consoladora para toda una generación, que se sentía perdida en un mundo ajeno. A pesar de la victoria lograda en la guerra, ya no les pertenecía. Lo que Fleming narró en sus novelas fue el final de Gran Bretaña como poder mundial. La invención del superagente «con licencia para matar» no fue una atrevida concesión, sino una confesión de impotencia. En el mundo postimperial regido por soviéticos y norteamericanos las reglas de caballeros (británicos y europeos por extensión) no servían. La caricatura que propuso resulta evidente. Bond está obligado a rendir cuentas a la superioridad (no es un aristócrata, vive de un sueldo del Estado) y depende con demasiada frecuencia de incompetentes. Sus jefes son tan irascibles como indulgentes. Forzado por los hechos, pretende mantener la superioridad por la vía de la tecnología y de la experiencia acumulada. Sus exuberantes vicios y dudosas virtudes remiten a un elemento clásico, el disfrute salvaje e inmoral de la vida, propio del hedonismo postimperial. Desde los romanos, la decadencia se caracteriza por el brutal materialismo y una insaciable avaricia, reflejos de la pérdida de la virtud política. El humor resulta una condición para sobrevivir. Bond es el héroe propio de un mundo crepuscular y por eso es también un tipo patético y un pícaro, al modo de Tristan Shandy o nuestro Lazarillo de Tormes. Incapaz de formar parte de equipos o de integrarse en esfuerzos colectivos, sobrevive a toda clase de peligros por una mezcla única e irrepetible de experiencia y encanto. Reflejo de una educación victoriana como la que recibió Fleming en sus años juveniles, Bond es un caballero con sus iguales, un déspota con los inferiores y un mentiroso arribista con las mujeres. Hacia ellas, como han mostrado diversos trabajos de perspectiva feminista, vive una fantasía de dominio que se cumple también en sentido opuesto, pues las «chicas Bond» lo poseen y se contagian de su aura poderosa: ellas representarían novedosas instancias de poder y capacidad física y mental. Por otra parte, la tan difícil como paternalista convivencia de 007 con los espías de la CIA estadounidense, personajes menores que llegan cuando el trabajo duro está hecho, es otro elemento clave.</p>
<p>Expresa la «relación especial» entre Estados Unidos y su antigua metrópoli, un pacto que, con todas sus ambigüedades, e incluso un claro reflejo en la cultura popular (en las películas de Hollywood los malos tienen acento inglés, y en los seriales televisivos británicos los millonarios caprichosos y prepotentes hablan como texanos), ha garantizado a los súbditos de Isabel II una lenta y bien administrada decadencia, aún vigente. La exhibición de esta alianza, eficiente sin duda, alcanzó en los años ochenta, durante las presidencias de Ronald Reagan en Estados Unidos y los períodos de Margaret Thatcher como premieren el Reino Unido, su penúltima expresión. Pero Bond también guarda, literalmente, una caja de sorpresas. La tecnología que exhibe es de pura tradición británica. El recurso permanente a ella en trances de vida o muerte constituye una operación de propaganda encubierta dirigida al mercado de lujo y la creación de marca de enorme éxito, en especial tras el éxito apabullante de las versiones cinematográficas protagonizadas por Sean Connery, de «Dr. No» (1962) a «Los diamantes son para siempre» (1971). Trajes, mecheros, camisas, coches, llaveros, relojes, armas, todo lo que toca Bond se convierte en objeto de deseo. Desde sus célebres cócteles con el Vodka Martini como enseña, hasta el perfume «Floris» de Jermyn Street, cuyos fabricantes enviaron a Fleming sus productos como agradecimiento por la publicidad gratuita. Objetos cuya posesión fetichista ratifica, en suma, que todo tiempo pasado fue mejor, pero el presente tampoco carece de atractivo.</p>
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		<title>How Facebook could remake the entertainment industry</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 22:45:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nuevas Tecnologías]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Internet]]></category>
		<category><![CDATA[Propiedad Intelectual]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Fred Vogelstein</strong>, a contributing editor for Wired magazine (THE WASHINGTON POST, 03/02/12):</p>
<p>Two years ago, Hollywood talent agent Ari Emanuel made a remarkable statement about the future of media. He said he could see a time when certain movies premiered on Facebook instead of in theaters. “For the $150 million movie, you’ll still need to go to Warner Brothers, but for the $25 million movie, probably not,” <a href="http://www.web2summit.com/web2010/public/schedule/detail/15442">he said at a San Francisco conference</a>.</p>
<p>After a decade of war with Silicon Valley, big chunks of Hollywood’s establishment are thinking about technology differently. Instead of freaking out about &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39999/how-facebook-could-remake-the-entertainment-industry/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Fred Vogelstein</strong>, a contributing editor for Wired magazine (THE WASHINGTON POST, 03/02/12):</p>
<p>Two years ago, Hollywood talent agent Ari Emanuel made a remarkable statement about the future of media. He said he could see a time when certain movies premiered on Facebook instead of in theaters. “For the $150 million movie, you’ll still need to go to Warner Brothers, but for the $25 million movie, probably not,” <a href="http://www.web2summit.com/web2010/public/schedule/detail/15442">he said at a San Francisco conference</a>.</p>
<p>After a decade of war with Silicon Valley, big chunks of Hollywood’s establishment are thinking about technology differently. Instead of freaking out about how high-tech companies will drain their pockets, Hollywood executives are increasingly looking at deals with firms such as Facebook, Google, Apple and Amazon as a way to line them. As we spend more time online — almost as much time as we spend watching television, <a href="http://www.morganstanley.com/institutional/techresearch/pdfs/MS_Internet_Trends_060710.pdf">according to Morgan Stanley</a> — these companies are becoming TV networks for the digital age. They are hugely valuable advertising and distribution engines for Hollywood content.</p>
<p>The <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-srv/business/documents/facebook-ipo-filing.html">initial public offering documents</a> that Facebook filed this past week reveal just how big an advertising and distribution juggernaut it has become. The company said that last year it made <a href="http://www.washingtonpost.com/business/technology/facebook-ipo-how-does-facebook-make-its-money/2012/02/01/gIQAL03yiQ_story.html">$1 billion on $3.7 billion in revenue</a>, making it more than twice as profitable as Google was when it went public in 2004 and almost as profitable as the CBS television network is today.</p>
<p>Facebook’s reach turned out to be even bigger than previously thought — it has 845 million monthly active users (more than a third of the Internet), 483 million daily active users and more than 37 million fan pages. Most of the top-ranked fan pages are for celebrities such as Lady Gaga, but there are companies on the list, too. The firm with the largest number of Facebook fans, after Facebook, YouTube and Coca-Cola? Disney — with nearly 32 million.</p>
<p>Going public is a seminal moment for a company. It means the world gets to see once-private financial statements. Employees and investors who have been paid largely in stock or some other illiquid compensation finally can turn that into cash. And most important, the company can suddenly buy things previously out of its reach. Not only does a firm raise cash in an IPO, it gains a currency — its stock — which is often as legitimate as cash.</p>
<p>Facebook has $1 billion in cash now. It will have at least $6 billion when its IPO is complete later this year. And it’s not hard to imagine where some of that money is headed: content deals with Hollywood. Almost from the day he started Facebook, founder and chief executive Mark Zuckerberg has talked about it as a next-generation media company. It’s no accident that two of his six board members are media executives — Netflix founder and chief executive Reed Hastings and The Washington Post Co.’s chairman and chief executive, Donald Graham.</p>
<p>Already, Zuckerberg has signed up Netflix, Hulu and the music service Spotify as content-sharing partners. Meanwhile, studios have been cozying up to the social networking site for more than a year. Facebook has <a href="http://online.wsj.com/article/SB10001424052748703386704576186913491751144.html">launched a movie-rental application with Warner Bros., </a>debuting last year with “The Dark Knight.”<a href="http://www.thewrap.com/movies/column-post/jackass-facebook-jackass-29559">Paramount has made its “Jackass” films available</a> for rental on the site. And last month, Lionsgatemade its 2011 movie <a href="http://www.pcmag.com/article2/0,2817,2399043,00.asp">“Abduction” available to rent on Facebook</a>.</p>
<p>But that’s probably just a glimpse of Zuckerberg’s ambitions. Even for a company with Facebook’s massive distribution, true content deals with Hollywood don’t get done without hundreds of millions of dollars changing hands. As a private company, Facebook didn’t have that kind of money. As a public company, it will have it in torrents. Competitors <a href="http://www.washingtonpost.com/business/technology/ces-2012-google-tvs-from-samsung-lg/2012/01/06/gIQAbqc1eP_story.html">Google </a>and <a href="http://www.washingtonpost.com/blogs/innovations/post/how-disruptive-is-apple-tv/2010/12/20/gIQAKMczYP_blog.html">Apple </a>are already hard at work on TV offerings. Expect Facebook TV — or whatever Zuckerberg ends up calling it — sometime soon as well.</p>
<p>It’s ironic that Facebook’s IPO announcement came only a couple of weeks after the flare-up of hostilities surrounding Hollywood’s <a href="http://www.washingtonpost.com/business/technology/sopa-action-delayed/2012/01/20/gIQAFxYhDQ_story.html">online piracy bills</a>. Pundits and even a few Hollywood executives have been openly worrying about a return to the bad old days of a decade ago, when the recording industry <a href="http://www.wired.com/thisdayintech/2009/12/1207riaa-sues-napster/">sued Napster out of existence</a> and when top executives at Disney and Intel screamed at each other during a 2002 congressional hearing.</p>
<p>It is misplaced hand-wringing. Silicon Valley, with its social networks and mobile devices, has enabled consumers to profitably access entertainment content in places that media moguls could once only dream about — in line, on the bus, in the elevator, in the back of a car and even in the restroom, as well as in a movie theater and in front of the living room TV. The world’s eyeballs are increasingly online. It is where Hollywood — or anyone who wants their content to be widely seen — will go as well.</p>
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		<title>Supporting the Arab Awakening</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 09:00:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Próximo-Medio Oriente]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Catherine Ashton</strong>, the High Representative of the European Union for Foreign Affairs and Security Policy (THE NEW YORK TIMES, 03/02/12):</p>
<p>Reactions in Europe to the Arab Awakening have veered too wildly between optimism and pessimism. As the initial euphoria gives way to the inevitable doubts, we need to stay the course and reaffirm our commitment to the emerging democracies.</p>
<p>Our starting point should be that democracy — everywhere — can be awkward: thrilling, inspiring and liberating, but also messy, turbulent and unpredictable. Short-term upsets are inevitable. But history, not least the history of our own continent, tells us &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39972/supporting-the-arab-awakening/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Catherine Ashton</strong>, the High Representative of the European Union for Foreign Affairs and Security Policy (THE NEW YORK TIMES, 03/02/12):</p>
<p>Reactions in Europe to the Arab Awakening have veered too wildly between optimism and pessimism. As the initial euphoria gives way to the inevitable doubts, we need to stay the course and reaffirm our commitment to the emerging democracies.</p>
<p>Our starting point should be that democracy — everywhere — can be awkward: thrilling, inspiring and liberating, but also messy, turbulent and unpredictable. Short-term upsets are inevitable. But history, not least the history of our own continent, tells us that once deep democracy sets down roots, with the rule of law, human rights, gender equality, impartial administration, free speech and private investment, as well as honest elections, countries prosper and seek to live in peace with those around them.</p>
<p>That is why I am an optimist. And what has happened in the past 12 months is truly remarkable. We have witnessed free and fair elections in Tunisia, Egypt and Morocco. Some have fretted over the Islamist successes at the ballot box. Others are asking for time in order to observe how this new political situation will unfold.</p>
<p>In Tunisia, Ennahda has entered into a coalition government with the secular political forces. In Morocco, an important chapter of “cohabitation” has been opened between the king and the prime minister from the Party of Justice and Development. A recent Gallup poll shows that while most Egyptians affirm the importance of Islam in their lives, they want religious leaders to be limited to an advisory role to the government authorities.</p>
<p>In Egypt, the first democratically elected Parliament in 60 years has had its first historic session. Of course, building real and deep democracy demands sustained effort and commitment. Egyptian civil society must be allowed to play its crucial role as a pillar of democracy and it is important that the state of emergency be lifted completely and the transfer to civilian rule takes place as early as possible.</p>
<p>I also hope Libya will build a democracy that will benefit all Libyans. We are fully engaged. Together with the United Nations, the European Union is organizing a workshop with our Libyan partners to speed up our support. Our concern is not confined to North Africa. The newly discovered rights apply whether you are from Syria, Yemen, or for that matter from Jordan, Bahrain and the other Arab monarchies. And with rights come responsibilities. That is why we look to the Libyan authorities to leave no stone unturned in investigating recent allegations of torture.</p>
<p>I have heard skepticism about whether “we” can trust these new political groups, who inspire themselves from various strands of Islamism. Some are worried and argue that it is not in the interest of Europe to support and assist the Arab Awakening. I disagree. We have a moral duty as well as a practical need to help our neighbors secure democracy and prosperity. We are not “spectators.” We have committed ourselves to engage, work and discuss with all the governments, parliaments and organizations with whom we share our commitment to democracy.</p>
<p>So let me address the issue of trust directly. It goes both ways.</p>
<p>A question the Islamists often raise is whether “they” can trust us? I think there is an acute need for getting beyond this mutual suspicion and for getting to know each other better. Lumping all Islamists into one and the same category is misleading and unhelpful.</p>
<p>We realize the need for more first-hand knowledge. Each political party and movement has to be understood and appreciated according to its own merits, just as they need to be judged by their concrete actions and deeds. These are political movements that are learning and changing before our eyes and we have taken note. They are eager to learn and government responsibility and public office will now give them the opportunity to translate their commitments into concrete laws and policies. The more we do to understand them, and help them to understand us, the better.</p>
<p>That is why we need mutual trust as the basis for the engagement with the new political leadership. This can only be done through direct dialogue. We will show humility in front of this huge task.</p>
<p>I am delighted that the prime minister of Tunisia, Hamadi Jebali, has accepted our invitation and chosen Brussels for his first official visit abroad. This visit this week is as symbolic as it is important. It shows the new government wants a close relationship with the E.U.</p>
<p>With Tunisia, we held a successful joint task force in September to inject direction and joint ownership into our support for the transition. We were able to bring together the international community, E.U. institutions, multilateral financial institutions, and crucially, private sector companies with one objective: backing the transition and making sure that together we become a catalyst for quicker and more effective assistance.</p>
<p>Now, one year after the Tunisian people decided to take the future in their own hands, the visit of Prime Minister Jebali shows that the E.U. and Tunisia want to work together to respond to the hopes of all Tunisians.</p>
<p>Elections are an important part of democracy. But building deep democracy is about much more. It is about the next election, about defining the ground rules and then sticking to them. It is about delivering on one’s promises, and it is about drafting constitutions that are inclusive and protect citizens’ rights, particularly with regard to women. Governing is also about providing jobs, and about being pragmatic in the face of the many social and economic challenges.</p>
<p>Pulling together in broad coalitions is a promising start. The journey will not be easy. But the E.U. is committed to staying the course: navigating the bumps along the way and quietly helping the demonstrators who toppled tyrants to live their dream.</p>
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		<title>Internet y el control de calidad</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 21:43:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Internet]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Evgeny Morozov</strong>, profesor visitante en la Universidad de Stanford y profesor en la New America Foundation. La edición española de su libro <em>El desengaño de Interne</em>t será publicada por Destino. Traducción del inglés de Juan Ramón Azaola (EL PAÍS, 02/02/12):</p>
<p>Desde sus comienzos, la Red ha sido imaginada como una central de información global, un nuevo tipo de biblioteca, con la suma total del conocimiento humano al alcance de nuestros dedos. Y todo eso ha sucedido, con un detalle adicional: además de los elementos existentes ofrecidos en sus vastas recopilaciones, los usuarios también podemos depositar en ella &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39989/internet-y-el-control-de-calidad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Evgeny Morozov</strong>, profesor visitante en la Universidad de Stanford y profesor en la New America Foundation. La edición española de su libro <em>El desengaño de Interne</em>t será publicada por Destino. Traducción del inglés de Juan Ramón Azaola (EL PAÍS, 02/02/12):</p>
<p>Desde sus comienzos, la Red ha sido imaginada como una central de información global, un nuevo tipo de biblioteca, con la suma total del conocimiento humano al alcance de nuestros dedos. Y todo eso ha sucedido, con un detalle adicional: además de los elementos existentes ofrecidos en sus vastas recopilaciones, los usuarios también podemos depositar en ella nuestros propios libros, folletos o garabatos sin ningún, o muy poco, control de calidad.</p>
<p>Tal reunión de información así democratizada -cuando está dotada de inteligentes ajustes institucionales y tecnológicos- ha sido tremendamente útil, dándonos Wikipedia y Twitter. Pero también ha diseminado miles de sitios web que socavan el consenso científico, invalidan datos firmemente acreditados y promueven teorías conspiratorias. ¿No habrá llegado ya el momento de establecer algún sistema de control de calidad?</p>
<p>La gente que niega el calentamiento global, se opone a la versión darwiniana de la evolución, rechaza la relación entre el VIH y el sida o cree que en el 11-S hubo complicidad del Estado, ha encontrado en Internet una gran utilidad. Inicialmente, Internet les ayudó a encontrar y reclutar a personas de ideas afines y a promover actos y peticiones favorables a sus causas. Pero han procedido a la manipulación de motores de búsqueda, o a editar entradas en Wikipedia, hostigando a los científicos que se opongan a cualesquiera de las caprichosas teorías en las que se dé el caso que crean y acumulando migajas digitalizadas de &#8220;pruebas&#8221; que presentan orgullosamente a sus potenciales neófitos.</p>
<p>Un reciente artículo en la revista médica <em>Vaccine</em> arroja luz sobre las prácticas <em>online</em> de uno de esos grupos, el movimiento global antivacunación, consistente en una difusa coalición de falsos científicos, periodistas, padres y famosos que creen que las vacunas pueden originar trastornos como el autismo, afirmación que ha sido rigurosamente desacreditada por la ciencia moderna.</p>
<p>Aunque el movimiento antivacunación no es algo nuevo -las primeras reacciones religiosas a la vacunación se produjeron a comienzos del siglo XVIII- la facilidad de autopublicación y de búsqueda facilitadas por Internet le ha proporcionado un impulso significativo. Así, Jenny McCarthy, una actriz norteamericana que se ha convertido en el rostro público del movimiento, ha admitido abiertamente que buena parte de lo que sabe acerca de los males de la vacunación procede de &#8220;la universidad de Google&#8221;. Un &#8220;conocimiento&#8221; que comparte con cerca de su medio millón de seguidores en Twitter. Ese es el tipo de influencia <em>online</em> con el que los científicos ganadores de Premios Nobel solamente pueden soñar. Richard Dawkins, quizá el científico más famoso en activo, tan solo tiene 300.000 seguidores.</p>
<p>El artículo de <em>Vaccine</em> contiene varias aportaciones importantes. Primero, el seguidor de la antivacunación es un blanco móvil: cuando los científicos atacan la vinculación entre autismo y mercurio (presente en algunas vacunas), los activistas abandonan su teoría del mercurio y en su lugar apuntan al aluminio.</p>
<p>En segundo lugar, no está claro que los científicos puedan <em>desacreditar</em> por completo las falsas afirmaciones del movimiento: sus miembros son escépticos acerca de lo que los científicos tengan que decir, debido a que sospechan que hay conexiones ocultas entre el ámbito académico y las compañías farmacéuticas que fabrican las vacunas. (Lo que no deja de ser irónico: en 2006 el periodista de investigación Brian Deer reveló que el científico británico que en 1998, en un artículo publicado en la revista <em>The Lancet,</em> <em>demostró</em> memorablemente la conexión entre vacunación y autismo, fue generosamente compensado por abogados litigantes que se disponían a demandar a los fabricantes de vacunas).</p>
<p>En otras palabras, la mera exposición del estado actual del consenso científico no convencerá a los oponentes a ultranza de la vacunación. Están demasiado interesados en mantener sus teorías contra corriente; algunos se juegan perder consultorías y conferencias mientras que otros simplemente disfrutan de la sensación de pertenencia a una comunidad, por extravagante que sea.</p>
<p>De este modo, los intentos de impedir que determinados grupos adopten seudociencias o teorías conspirativas mediante expertos independientes (o, lo que es peor, funcionarios del Gobierno) que se incorporen a ellas no funcionarán. Además, como nos muestra el estudio de <em>Vaccine,</em> los blogs y foros asociados al movimiento antivacunación resultan ser agresivos censores dispuestos a suprimir cualquier comentario que defienda los beneficios de la vacunación.</p>
<p>¿Qué hacer, entonces? Bien, quizá haya llegado el momento de aceptar que muchas de esas comunidades no van a perder a sus miembros por mucha ciencia o por mucha evidencia con que se les inunde. En vez de ello, los recursos deberían emplearse en desbaratar su crecimiento teniendo como objetivo a sus miembros potenciales más que a los ya existentes.</p>
<p>Hoy, cualquiera que busque en Google temas como &#8220;¿es real el calentamiento global?&#8221; o &#8220;riesgos de la vacunación&#8221; o &#8220;¿quién causó el 11-S?&#8221; está a pocos clics de entrar en una de esas comunidades. Dado que la censura existente en esos motores de búsqueda no es una opción atractiva, ¿qué se puede hacer para asegurarse de que los usuarios sean conscientes de que todo el asesoramiento seudocientífico con que probablemente se van a encontrar podría no estar respaldado por la ciencia?</p>
<p>Las opciones no son muchas. Una es la de capacitar a nuestros navegadores para que señalen la información que pueda ser sospechosa o cuestionada. Así, cuando una afirmación como &#8220;la vacunación causa autismo&#8221; aparezca en nuestros navegadores, esa frase podría estar marcada en rojo, lo que nos aconsejaría consultar una fuente más autorizada. La clave es conseguir una base de datos de afirmaciones polémicas que se corresponda con el consenso más actualizado posible de la ciencia moderna, todo un reto que proyectos como Dispute Finder están abordando decididamente.</p>
<p>La segunda opción, no excluyente de la anterior, es la de ir haciendo que los motores de búsqueda asuman una mayor responsabilidad con relación a sus índices y ejerzan un control más riguroso al presentar los resultados de búsqueda de temas tales como &#8220;calentamiento global&#8221; o &#8220;vacunación&#8221;. Google ya dispone de una lista de solicitudes de búsqueda que envían mucho tráfico a sitios que contienen falsa ciencia y teorías de la conspiración: ¿por qué no tratarlos de modo diferente a las solicitudes normales? Así, cada vez que los usuarios reciban unos resultados que les van a remitir a sitios en manos de seudocientíficos o de teóricos de la conspiración, Google podría simplemente desplegar un amplio <em>banner</em> en rojo pidiendo a los usuarios que sean cautos y consulten una lista previamente establecida de fuentes autorizadas antes de formarse una opinión.</p>
<p>En más de una docena de países Google ya hace algo parecido con los usuarios que buscan términos como &#8220;modos de morir&#8221; o &#8220;pensamientos suicidas&#8221;, al proporcionarles una vistosa nota instándoles a llamar al correspondiente teléfono rojo para la prevención del suicidio. Lo cual puede parecer paternalista, pero es el tipo de paternalismo no intrusivo que pudiera estar salvando vidas sin interferir con los resultados de búsqueda.</p>
<p>Por desgracia, la reciente adopción por parte de Google de la búsqueda social -mediante la cual los vínculos compartidos por nuestros amigos de la red social de Google de repente adquieren prominencia en nuestros resultados de búsqueda- hace que la compañía se mueva en la dirección contraria. Es razonable pensar que los negacionistas -del calentamiento global o de los beneficios de la vacunación- sean amigos <em>online</em> de otros negacionistas. Por consiguiente, encontrar información que contradiga los propios puntos de vista será aún más difícil. Esta es una razón más para que Google expíe sus pecados y garantice que los temas dominados por la seudociencia y las teorías de la conspiración sean objeto de un tratamiento rigurosamente documentado y socialmente responsable.</p>
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		<title>Un delito sísmico</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 21:15:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Naturaleza]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Desastres naturales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Joel E. Cohen</strong>, profesor de Demografía de la Universidad Rockefeller y la Universidad de Columbia. Traducción de Kena Nequiz (Project Syndicate, 02/02/12):</p>
<p>Pocas personas fuera de Italia saben que seis sismólogos y un funcionario público están siendo enjuiciados en la pequeña ciudad de L’Aquila. Sin embargo, la cuestión tiene implicaciones para los científicos, ingenieros, administradores y sistemas jurídicos de mucho más allá de las fronteras italianas.</p>
<p>Los terremotos de 1461 y 1703 destruyeron en gran parte L’Aquila. La ciudad fue reconstruida y su población creció a más de 73,000 habitantes, y permaneció estable durante más de 300 años &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39982/un-delito-sismico/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Joel E. Cohen</strong>, profesor de Demografía de la Universidad Rockefeller y la Universidad de Columbia. Traducción de Kena Nequiz (Project Syndicate, 02/02/12):</p>
<p>Pocas personas fuera de Italia saben que seis sismólogos y un funcionario público están siendo enjuiciados en la pequeña ciudad de L’Aquila. Sin embargo, la cuestión tiene implicaciones para los científicos, ingenieros, administradores y sistemas jurídicos de mucho más allá de las fronteras italianas.</p>
<p>Los terremotos de 1461 y 1703 destruyeron en gran parte L’Aquila. La ciudad fue reconstruida y su población creció a más de 73,000 habitantes, y permaneció estable durante más de 300 años –hasta octubre de 2008 cuando empezaron de nuevo los temblores. Del primero de enero al 5 de abril de 2009, se informó que hubo 304 temblores más.</p>
<p>La comisión nacional italiana para la predicción y prevención de riesgos mayores, en la que participaban los siete individuos que ahora están en juicio, se reunió en L’Aquila durante una hora el 31 de marzo de 2009, para evaluar el enjambre sísmico. Según consta en las minutas, a Enzo Boschi, presidente del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología, se le preguntó si había precursores de un terremoto como el de 1703. Su respuesta fue la siguiente: “Es improbable que haya un terremoto como el 1703 en el corto plazo, pero no se puede excluir del todo la posibilidad.”</p>
<p>El 6 de abril de 2009, un terremoto de 6.3 grados sacudió L’Aquila y poblaciones cercanas, y dejó un saldo de 300 personas muertas y más de 1,500 heridas. También destruyó aproximadamente 20,000 construcciones con lo que desplazó temporalmente a 65,000 personas.</p>
<p>Más de un año después, en julio de 2010, el fiscal, Fabio Picuti, acusó a los miembros de la comisión de homicidio involuntario y negligencia por no prevenir al público del riesgo inminente. El juicio comenzó en septiembre pasado y se prevé que dure meses o incluso años.</p>
<p>Después de que Picuti hiciera públicas las acusaciones en junio de 2010, Alan Leshner, editor ejecutivo de la revista <em>Science, </em>envió una carta abierta de protesta al presidente italiano, Giorgio Napolitano, a nombre de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia. Explicó que las “acusaciones en contra de esos científicos son injustas e ingenuas….[N]o existe un método científico aceptado de predicción de terremotos que se pueda utilizar de manera fiable para avisar a los ciudadanos de un desastre inminente.” La Unión Estadounidense de Geofísica y miles de científicos más también protestaron.</p>
<p>Picuti supuestamente respondió: “No estoy loco. Sé que no pueden predecir terremotos. Las acusaciones no se sustentan en que no lo hayan predicho. Como funcionarios del Estado tenían determinados deberes que les imponía la ley: evaluar y clasificar los riesgos presentes en L’Aquila.”</p>
<p>En 1989, un informe del Consejo Nacional de Investigación de los Estados Unidos, <em>Improving Risk Communication, </em>recomendó que la comunicación unilateral de expertos hacia no expertos se sustituyera con un “proceso interactivo de intercambio de información y opiniones.” El informe indicaba que la comunicación sobre el riesgo solo es efectiva si los interesados consideran que se les está informando debidamente sobre los asuntos relevantes, teniendo en cuenta los límites de los conocimientos disponibles. Sin embargo, dicho intercambio de información sigue siendo un problema –y no sólo en Italia- más de veinte años después.</p>
<p>Las interacciones entre la ciencia, la tecnología y la ley se están haciendo cada vez más complejas. Las evaluaciones de riesgos y el diálogo entre los científicos y los gobiernos tienen que adaptarse a medida que avanzan las tecnologías y la ciencia. Ambas partes tienen que determinar continuamente, antes de que ocurra un desastre, si las leyes en vigor ofrecen a los científicos y funcionarios normas realistas y claras para sus análisis y para la comunicación pública. De lo contrario, los científicos y funcionarios mejor calificados podrían tener temor de participar.</p>
<p>En 2011, el Consejo Nacional de Investigación y el Centro Judicial Federal de los Estados Unidos publicaron la tercera edición, de 1016 páginas, del Manual de Referencia sobre las Evidencias Científicas (<em>Reference Manual on Scientific Evidence). </em>Si bien su objetivo es ayudar a los jueces y abogados a entender la base científica de la que se derivan las evidencias jurídicas, en su índice no figuran los terremotos. Además, en el manual apenas se hace mención de la comunicación del riesgo, en el contexto del testimonio médico.</p>
<p>Ante tales deficiencias, se deben incluir cursos de ciencia e ingeniería y sus aplicaciones sociales en la formación fundamental y en la educación continua de abogados, funcionarios públicos y aquellos que participan en las decisiones gubernamentales.  Los legisladores, fiscales y jueces, en particular, tienen que entender los alcances y limitaciones de las ciencias naturales, las ciencias sociales y la ingeniería.</p>
<p>Asimismo, los expertos de las ciencias naturales tienen que prepararse mejor para trabajar efectivamente con ingenieros, funcionarios públicos y científicos sociales (por ejemplo, economistas, demógrafos y sicólogos) a fin de comunicar las consecuencias de los descubrimientos científicos, en especial cuando hay riesgos graves de por medio.</p>
<p>Dichos riesgos no desaparecerán. En febrero de 2011 murieron cerca de 200 personas debido a un terremoto de 6.3 grados que sacudió Christchurch, Nueva Zelanda. El siguiente mes, en el terremoto de Tōhoku, Japón murieron casi 16,000 personas. A medida que se acerca el 11 de marzo, aniversario de ese terremoto, los investigadores japoneses pronosticaron en enero de 2012, que existe una probabilidad del 70% de que para 2016 otro gran terremoto sacuda la región del sur de Kanto, incluido Tokio. El mayor de ellos algún día sacudirá California. ¿Estaremos preparados?</p>
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		<title>Le monde arabe est-il vraiment en &#8220;hiver&#8221; ?</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 11:51:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Peter Harling</strong>, directeur des activités de l&#8217;International Crisis Group en Egypte, en Syrie et au Liban (LE MONDE, 01/02/12):</p>
<p>Si le <em>&#8220;printemps arabe&#8221;</em> suscitait l&#8217;enthousiasme aux beaux jours, le pessimisme est désormais de saison. Dans les médias, un glissement sémantique s&#8217;est opéré du thème révolutionnaire vers un registre à connotations négatives, où le triomphe des islamistes, les dynamiques de guerre civile, la désillusion et l&#8217;impuissance figurent en bonne place. Aussi les commentaires donnent-ils la part belle aux clivages identitaires, au retour en force des réactionnaires, aux ingérences étrangères jugées nécessaires ou désastreuses, ou encore à des processus de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39962/le-monde-arabe-est-il-vraiment-en-hiver/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Peter Harling</strong>, directeur des activités de l&#8217;International Crisis Group en Egypte, en Syrie et au Liban (LE MONDE, 01/02/12):</p>
<p>Si le <em>&#8220;printemps arabe&#8221;</em> suscitait l&#8217;enthousiasme aux beaux jours, le pessimisme est désormais de saison. Dans les médias, un glissement sémantique s&#8217;est opéré du thème révolutionnaire vers un registre à connotations négatives, où le triomphe des islamistes, les dynamiques de guerre civile, la désillusion et l&#8217;impuissance figurent en bonne place. Aussi les commentaires donnent-ils la part belle aux clivages identitaires, au retour en force des réactionnaires, aux ingérences étrangères jugées nécessaires ou désastreuses, ou encore à des processus de réforme en trompe-l&#8217;œil.</p>
<p>Il n&#8217;y a rien d&#8217;étonnant à ce que le moment fulgurant des révolutions éclairs, en Tunisie et en Egypte, cède le pas à une grande confusion. Presque partout dans le monde arabe, nous assistons à une renégociation, plus ou moins ambitieuse et violente, de tout un contrat social. A la complexité des cas individuels s&#8217;ajoutent leurs fortes corrélations, dans une région en ébullition, où le <em>&#8220;modèle tunisien&#8221;</em> est discuté jusqu&#8217;au fin fond des campagnes syriennes.</p>
<p>L&#8217;articulation de crises domestiques profondes et d&#8217;enjeux stratégiques cruciaux, renvoyant à la place de l&#8217;Iran et d&#8217;Israël sur la scène internationale. Enfin, face à des bouleversements historiques, dont l&#8217;ampleur et la nature ne nous seront intelligibles qu&#8217;a posteriori, les acteurs sociaux et politiques – y compris les plus rationnels et les plus dangereux – en sont réduits à l&#8217;improvisation, faisant de leurs erreurs de jugement un inquiétant facteur d&#8217;incertitude.</p>
<p>Ce qui est frappant n&#8217;est pas tant le désordre qu&#8217;un désir de le clarifier. Un an après la fuite du président Ben Ali, beaucoup aimeraient que l&#8217;heure des bilans ait déjà sonné. Au lieu de tirer des conclusions au moment où il est plus que jamais difficile de le faire, il s&#8217;agit plutôt de s&#8217;arracher à une temporalité journalistique – qui, quand elle ne réduit pas des processus historiques à des crises, est prompte à les qualifier d&#8217;impasse.</p>
<p>Ce qui rend les transitions en cours impossibles à juger, c&#8217;est qu&#8217;elles font apparaître d&#8217;innombrables tensions latentes au sein des sociétés de la région, au moment même où elles font disparaître les moyens traditionnels de leur gestion, puisque les procédés habituels des régimes sont très exactement ce que leurs sujets ne tolèrent plus. L&#8217;enjeu de ces renégociations consiste justement à recréer des mécanismes de règlement des conflits sociaux, sur des bases nouvelles elles-mêmes source de conflits. Il n&#8217;est dons pas surprenant de les voir susciter des désaccords, voire des violences. Le véritable point d&#8217;interrogation porte sur l&#8217;apparition de systèmes politiques accordant une importance centrale à la légitimité populaire, dans une région qui en a jusqu&#8217;à présent été dépourvue.</p>
<p>Dans l&#8217;ère postcoloniale, les pouvoirs en place dans le monde arabe ont mobilisé trois formes de légitimité, à savoir stratégique, clientéliste et autoritaire. Tout d&#8217;abord, ils se sont établis dans un certain rapport avec le jeu des grandes puissances, en tant que garants de leurs intérêts ou, au contraire, symboles d&#8217;émancipation et de résistance. Dans un cas comme dans l&#8217;autre, de cette posture dérivait des ressources (alliances politiques, soutien financier, fournitures d&#8217;armes) indispensables à la perpétuation des régimes.</p>
<p>Ensuite, ils ont assuré une meilleure répartition des ressources disponibles au sein de leurs sociétés, après des siècles de concentration des richesses entre les mains d&#8217;une élite circonscrite et de pillage par des puissances extérieures. Enfin, et dans le prolongement d&#8217;une tradition coloniale bien ancrée, tous ont justifié l&#8217;autoritarisme comme le seul ciment de sociétés fragiles, menacées de régression et d&#8217;éclatement par des forces obscurantistes, de l&#8217;islamisme au tribalisme en passant par les clivages communautaires. L&#8217;Etat s&#8217;est ainsi construit comme un appareil de redistribution et de contrôle, à l&#8217;encontre de toute notion de citoyenneté.</p>
<p>Les rares expériences démocratiques tentées ces dernières décennies, susceptibles d&#8217;introduire un nouveau rapport à l&#8217;Etat, ont toutes été sabordées. Au Liban et en Irak, l&#8217;institutionnalisation du partage communautaire des prérogatives politiques, sous le mandat français et l&#8217;occupation américaine réciproquement, enferme les électeurs dans un système qui renforce les fractures ethniques et confessionnelles. En Algérie et en Palestine, les tentatives d&#8217;ouverture du jeu politique à la participation populaire ont fait long feu suite au rejet brutal du vote islamiste, débouchant dans les deux cas sur des affrontements laissant des séquelles durables.</p>
<p>Les transitions qui se jouent aujourd&#8217;hui reflètent naturellement cet héritage. Les régimes, mis au défi des mobilisations populaires, n&#8217;ont pas hésité à jouer sur les registres habituels : ils appellent leurs alliés au secours et crient au complot étranger ; paternalistes, ils distribuent avantages et concessions ; et ils agitent la peur du chaos, en se référant notamment à l&#8217;Algérie et à l&#8217;Irak. Ils répriment certes, mais ils tentent surtout de saborder les expressions de citoyenneté que sont des manifestations non violentes et socialement transversales en tâchant de réintroduire les clivages dont ils ont toujours su jouer. Les sociétés, elles, tentent instinctivement de les dépasser, travail ardu compte tenu des anxiétés profondément ancrées et des structures (sociales, religieuses, médiatiques, politiques) qui tendent traditionnellement à les enraciner.</p>
<p>Ce n&#8217;est donc pas un hasard si les questions identitaires – notamment les relations intercommunautaires, les particularismes régionaux, et le rôle de l&#8217;Islam dans l&#8217;Etat – sont déterminantes dans les transformations enclenchées à travers la région, qu&#8217;il s&#8217;agisse de révolutions ou de réformes. Car ces tensions régimes les exacerbaient, les manipulaient et les maîtrisaient tout à la fois. Aujourd&#8217;hui au moins, une chance se dessine de voir émerger des systèmes politiques n&#8217;excluant pas tout sentiment de citoyenneté. Déjà, un foisonnement d&#8217;initiatives citoyennes fourmille dans toute la région. C&#8217;est le versant caché de l&#8217;histoire, occulté par la violence de la répression, le triomphe électoral des islamistes et les grands enjeux stratégiques.</p>
<p>Pour l&#8217;heure, les sociétés se trouvent mises à nu, transparentes à elles-mêmes et au reste du monde, et pour la première fois contraintes de faire face à leurs propres démons. Plus moyen d&#8217;ignorer le quasi-apartheid qui s&#8217;est instauré à Bahreïn entre minorité sunnite au pouvoir et majorité shiite. Le sécularisme de l&#8217;Etat et des élites tunisiennes va bien devoir s&#8217;accommoder d&#8217;une société conservatrice longtemps méprisée. Le caractère pluriel de la société syrienne exige de repenser le pacte social plutôt que de miser, qui sur le prétendu garde-fou que constituerait le régime actuel, qui sur une mythique convivialité intercommunautaire que le régime serait le seul à menacer. En Libye, l&#8217;absence d&#8217;un Etat, et même d&#8217;un centre autour duquel il pourrait s&#8217;organiser, n&#8217;est plus escamotée par l&#8217;utopie d&#8217;un tyran. Et l&#8217;Egypte, où la société aime tant s&#8217;imaginer homogène et consensuelle, ne pourra résoudre ses conflits – sur la place à accorder à l&#8217;armée, à l&#8217;Islam et aux Chrétiens notamment – sans d&#8217;abord accepter leur existence de plus en plus flagrante. Les lignes de faille des sociétés arabes sont désormais béantes et manifestes ; il s&#8217;agit maintenant de les reconnaître et de les assumer.</p>
<p>En Occident, l&#8217;obsession de l&#8217;islamisme continue à orienter les perceptions de ces changements pourtant complexes. Le succès de tout processus de démocratisation reposera pourtant sur sa capacité à produire une image relativement fidèle et nuancée de la société. Accepter le produit de décennies d&#8217;islamisation insidieuse des sociétés arabes, encouragée par la fermeture des systèmes politiques et exploitée comme justification du statu quo, en fera partie, à moins de précipiter des conflits qui se feront au détriment de toute démocratie. Dans la recherche d&#8217;une représentation plus juste des sociétés, il est du reste absurde de se référer à la seule aune de l&#8217;Islam. De graves déséquilibres géographiques (entre la côte et l&#8217;arrière-pays tunisien par exemple) pourraient être réparés. Par endroits, la résurgence des élites urbaines (en Libye et en Syrie notamment) s&#8217;articule avec la réaffirmation des masses populaires, dans une région où leurs relations ont généralement été antagoniques. Et le rapport des diasporas à leurs pays d&#8217;origine, longtemps dominé par l&#8217;exode économique et l&#8217;exil politique, voit naitre un sentiment nouveau de fierté et de destinée partagée.</p>
<p>Ces processus de renégociation profonde du pacte social ont la particularité d&#8217;être profondément intuitifs. Bien qu&#8217;ils subissent un lourd héritage du passé, ils se distinguent par une étonnante absence de modèle à suivre pour tracer l&#8217;avenir. Ils se déroulent en effet dans une ère post-idéologique, définie par l&#8217;effondrement successif des grands paradigmes politiques et économiques. Même l&#8217;<em>&#8220;islamisme&#8221;</em>, en tant que projet de transformation de l&#8217;Etat, porte les stigmates de ses nombreuses impasses (de l&#8217;Algérie à l&#8217;Afghanistan en passant par l&#8217;Arabie Saoudite et l&#8217;Iran) et tend à se recentrer autour de questions de bonnes mœurs, jusque dans la <em>&#8220;bonne gouvernance&#8221;</em>. Or sans grande vision à offrir, point de figures populistes de leadership, d&#8217;intellectuels chargés d&#8217;élucider le monde, ou de médias se contentant de propager le dogme. Les positionnements individuels tendent à se nourrir de multiples influences, dans un foisonnement dont on n&#8217;a aucune idée, au fond, de ce qu&#8217;il produira à terme.</p>
<p>Pour les acteurs politiques, s&#8217;adapter à de telles incertitudes pose problème, évidemment. Pour l&#8217;instant, une règle fort simple semble s&#8217;appliquer : ceux qui ont le moins à perdre y réussissent le mieux. De tous les mouvements islamistes, le parti tunisien al-Nahda est le plus en phase avec l&#8217;air du temps : de retour d&#8217;exil dans un pays où ses structures avaient été éradiquées, il avait toute liberté de se couler dans le jeu démocratique émergent, en mobilisant cadres, militants et électeurs autour d&#8217;un discours inclusif et d&#8217;un programme de gouvernement. Par contraste, l&#8217;immense mécanique des Frères Musulmans égyptiens, enracinée de longue date, continue sur sa lancée – avec des structures dirigeantes opaques, un discours ambigu, un projet de prédication plus qu&#8217;une vision politique. Cela ne les a pas empêché de faire un score spectaculaire aux élections, mais ce triomphe ne fait qu&#8217;accroître les attentes d&#8217;une population qui exige des progrès rapides et concrets – et pas simplement davantage d&#8217;Islam.</p>
<p>Sur le plan stratégique, une même distinction reste valide. La Turquie a su surfer sur la vague de l&#8217;opinion publique parce qu&#8217;elle n&#8217;était encombrée d&#8217;aucune des pesanteurs qui paralysaient les Etats-Unis et l&#8217;Europe : la sécurité d&#8217;Israël, la peur des islamistes, et la stabilité des monarchies pétrolières du Golfe. Le Qatar, régime richissime et <em>&#8220;hors sol&#8221;</em>, puisque sans véritable peuple, n&#8217;avait pas à s&#8217;inquiéter  d&#8217;un possible effet de contagion, à la différence de ses voisins, notamment saoudiens. L&#8217;Iran et le Hizbollah, pour leur part, ont applaudi les mobilisations populaires tant qu&#8217;elles déstabilisaient les suppôts de l&#8217;Occident mais s&#8217;arrêtaient aux frontières de l&#8217;axe de la résistance ; au-delà, tout n&#8217;était forcément que complot. Hamas, qui a depuis longtemps fait le pari de l&#8217;opinion publique arabe, qui considère son musèlement comme le principal obstacle à la promotion de la cause palestinienne, et qui était de plus en plus embouti dans une bande de Gaza assiégée, avait plus à espérer qu&#8217;à craindre d&#8217;une redistribution des cartes à l&#8217;échelle de la région. Bien sûr, Israël ne pouvait que faire le calcul inverse.</p>
<p>Que <em>&#8220;ceux qui ont le plus à perdre changent le moins&#8221;</em> soit un truisme, soit, mais c&#8217;est aussi une clef de compréhension des points de fixation à attendre parmi des bouleversements initiés par ceux, justement, qui pensent avoir si peu à perdre qu&#8217;ils sont disposés à descendre dans les rues au sacrifice de leur vie. En Egypte, où la scène politique est moins morcelée que dominée par deux acteurs hégémoniques et rivaux, l&#8217;armée et les Frères Musulmans, leur acceptation du processus politique à condition qu&#8217;il valide leurs ambitions de contrôle risque de compliquer toujours davantage la transition.</p>
<p>Sur la scène régionale, les principaux acteurs des grands conflits stratégiques, après une forme de trêve liée à leur confusion initiale, ont progressivement durci leurs positions. Aujourd&#8217;hui, les Etats-Unis soutiennent Israël plus aveuglement que jamais, font monter la pression sur l&#8217;Iran, voient dans le renversement du régime syrien l&#8217;occasion d&#8217;affaiblir le Hizbollah, et font mine de rien lorsque leurs alliés du Golfe répriment toute dissension. Les ennemis de Washington ne se privent pas, naturellement, de lui donner le change. Sous une forme ou sous une autre, les perspectives de guerre, en Iran, en Syrie, au Liban ou à Gaza hantent de nouveau la région. Ces tensions vont probablement peser de plus en plus lourd sur le cours des évènements. Elles pourraient constituer une source de régression possible, en détournant l&#8217;attention ou en influençant l&#8217;issue des conflits domestiques qui perdurent.</p>
<p>Mais dans une période de recompositions sociales et politiques de grande amplitude, le plus sûr est d&#8217;admettre que nous n&#8217;en savons rien. La conduite la plus rationnelle, face à un niveau d&#8217;incertitude déroutant pour une zone si explosive, serait de calmer le jeu, en essayant de dissocier autant que possible les crises nationales des grands enjeux stratégiques. C&#8217;est ce que les mouvements de protestation, dans l&#8217;ensemble, ont fait instinctivement, en mettant de côté les questions traditionnellement mobilisatrices de politique étrangère. Mais celles-ci reviennent en force, pour le meilleur et pour le pire, dans une gigantesque aventure où tout ce que l&#8217;on croyait connaître de la région pourrait être remis en question.</p>
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		<title>States of repression</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39998/states-of-repression/</link>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 22:59:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Comunismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39998</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>J.T. Young</strong>, who served in the Treasury Department and the Office of Management and Budget and as a congressional staff member (THE WASHINGTON TIMES, 31/02/12):</p>
<p>The only thing &#8220;new&#8221; in North Korea&#8217;s new year is that their hell is under new management. &#8220;The great leader,&#8221; Kim Jong-il, has been replaced by Kim Jong-un, &#8220;the great successor,&#8221; but the state that causes incomprehensible misery for its unfortunate inhabitants continues tyrannically along.</p>
<p>Under communism, the state is supposed to wither away; instead, it becomes ubiquitous. Why? The answer is economics.</p>
<p>Frederick Engels, who should know a thing or two about &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39998/states-of-repression/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>J.T. Young</strong>, who served in the Treasury Department and the Office of Management and Budget and as a congressional staff member (THE WASHINGTON TIMES, 31/02/12):</p>
<p>The only thing &#8220;new&#8221; in North Korea&#8217;s new year is that their hell is under new management. &#8220;The great leader,&#8221; Kim Jong-il, has been replaced by Kim Jong-un, &#8220;the great successor,&#8221; but the state that causes incomprehensible misery for its unfortunate inhabitants continues tyrannically along.</p>
<p>Under communism, the state is supposed to wither away; instead, it becomes ubiquitous. Why? The answer is economics.</p>
<p>Frederick Engels, who should know a thing or two about communism, wrote, &#8220;the state is only a transitional institution &#8230; as soon as it becomes possible to speak of freedom the state as such ceases to exist.&#8221;</p>
<p>The reason Karl Marx and Engels believed this is because they saw all preceding history as one of class conflict. Capitalism was the final conflict, with communism its ultimate resolution. Once workers gained ascendancy, the communist society would end all class conflict through complete equality. Thus, the state, heretofore a tool for repressing the subservient class, would no longer be needed.</p>
<p>That was the theory. The practice has been &#8211; and continues to be &#8211; entirely different. Instead of capitalism producing communism as Marx theorized, communism can exist only by suppressing capitalism.</p>
<p>For the most part, mercifully, communist states are mere remnants from the past century and based on an outdated ideology. Those that have existed have lasted for only relatively short durations. The longest-lived, the former Soviet Union, survived only about seven decades. North Korea is only about 60 years old.</p>
<p>Comparatively young, existing communist states have persisted long enough for generations to have been born into them, knowing no other society. Far from withering away, these states have remained strong and repressive. The one thing communist societies generally do well is repress.</p>
<p>For Marx, the driving force of history was economics. It is paramount now, too &#8211; only not as Marx had hoped. Capitalism, the most efficient economic system the world has ever seen, has still not been supplanted. Little wonder, then, that it is so pervasive &#8211; not only across the globe, but throughout societies in which it is allowed to exist. Absent barriers to economic freedom, capitalism is the natural state of economic relations.</p>
<p>Rather than being the end of economic conflict, communism is in constant conflict with the laws of economics. Communism, therefore, only exists in conflict with the desire of the majority of the citizens it rules. Because of capitalism&#8217;s pervasive nature, the state seeking to stop it must be equally pervasive and invasive as well.</p>
<p>Communism&#8217;s effort to undo the laws of economics is akin to trying to reverse the law of gravity. It cannot be done, any more than Isaac Newton&#8217;s apple should fall upward. Communist states&#8217; only hope &#8211; and constant effort &#8211; is to try to keep the apple suspended, forever tying them to the tree.</p>
<p>Communists themselves are fully aware of the difficulty of their task. Engels clearly declared the state would continue to exist in communist society. The rest of the earlier quotation reads, &#8220;so long as the proletariat still uses the state, it does not use it in the interests of freedom but in order to hold down its adversaries.&#8221;</p>
<p>The problem is that communist states can never evolve past this. At odds with the laws of economics, they become equally at odds with the wishes of their citizens. The state continues to become more pervasive, invasive and repressive to the degree it seeks to refute the laws of economics.</p>
<p>Well after everyone else in a communist society has lost all illusions about the nature of the system, the state seeks to continue to enforce the mirage.</p>
<p>The result becomes a caricature that no one believes but few dare contradict. As Anne Applebaum wrote in her book &#8220;Gulag<em>: </em>A<em></em>History&#8221;: &#8220;The communist era proverb, &#8216;They pretend to pay us, and we pretend to work,&#8217; could once be heard in most of the languages of the old Warsaw Pact.&#8221;</p>
<p>As so many communist societies collapse, rather than disappear, the state as a repressive apparatus is all that remains.</p>
<p>The left have been very evasive about communism itself &#8211; for the reason that it sympathizes with many of its goals. Yet leftists have been even more evasive when it comes to the lesson the communist state provides about economics and personal freedom. Under communism, the suppression of economic freedom has led to repression.</p>
<p>The greater the desire to deviate from the laws of economics, the greater is the force needed to preserve the deviation, and the greater will be the need to restrict personal freedom. This is a lesson not limited to communist societies &#8211; it is one we would do well to remember in our own.</p>
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		<title>Save us from the politics of science</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 22:25:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Naturaleza]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Dennis Byrne</strong>, a Chicago writer who blogs in The Barbershop <em><a href="http://www.chicagonow.com/">chicagonow</a>.com </em>(CHICAGO TRIBUNE, 31/01/12):</p>
<p>It&#8217;s bad enough when politicians and true believers distort scientific findings for their own purposes. But when scientists do it, we&#8217;ve reached a dangerous point in intellectual discourse.</p>
<p>Such is the case with the widespread belief that evidence of global warming is incontrovertible. Thankfully, some scientists courageously have decided to publicly challenge this numbing, politically correct dogma.</p>
<p>Among them isNobel Prize-winningphysicist Ivar Giaever, who recently resigned from the American Physical Society because he couldn&#8217;t accept the group&#8217;s policy statement that the &#8220;evidence is &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39950/save-us-from-the-politics-of-science/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Dennis Byrne</strong>, a Chicago writer who blogs in The Barbershop <em><a href="http://www.chicagonow.com/">chicagonow</a>.com </em>(CHICAGO TRIBUNE, 31/01/12):</p>
<p>It&#8217;s bad enough when politicians and true believers distort scientific findings for their own purposes. But when scientists do it, we&#8217;ve reached a dangerous point in intellectual discourse.</p>
<p>Such is the case with the widespread belief that evidence of global warming is incontrovertible. Thankfully, some scientists courageously have decided to publicly challenge this numbing, politically correct dogma.</p>
<p>Among them isNobel Prize-winningphysicist Ivar Giaever, who recently resigned from the American Physical Society because he couldn&#8217;t accept the group&#8217;s policy statement that the &#8220;evidence is incontrovertible: Global warming is occurring …&#8221; and mitigating action must be taken immediately to avert certain ruination. He asked, &#8220;In the APS, it is OK to discuss whether the mass of the proton changes over time and how a multiuniverse behaves, but the evidence of global warming is incontrovertible?&#8221;</p>
<p>He might as well have added, &#8220;Give me a break.&#8221; Basically that&#8217;s what an international group of 16 eminent scientists said Friday in The Wall Street Journal (&#8220;No need to panic about global warming.&#8221;).</p>
<p>&#8220;In spite of a multidecade international campaign to enforce the message that increasing amounts of the &#8216;pollutant&#8217; carbon dioxide will destroy civilization, large numbers of scientists, many very prominent, share the opinions of Giaever. And the number of scientific &#8216;heretics&#8217; is growing with each passing year. The reason is a collection of stubborn scientific facts.&#8221;</p>
<p>Among them is the absence of global warming for more than 10 years, acknowledged in private emails by climate alarmist Kevin Trenberth. That absence is troubling because the model on which global warming is based predicted otherwise.</p>
<p>These scientists observed that &#8220;although the number of publicly dissenting scientists is growing, many young scientists furtively say that while they also have serious doubts about the global-warming message, they are afraid to speak up for fear of not being promoted, or worse.&#8221; When scientists are cowed by media-fueled public opinion, you know that we&#8217;re in trouble.</p>
<p>Another example of dangerous groupthink were warnings that the BP oil spill was the worst environmental disaster ever, one that would permanently damage the ecosystems and economies of the Gulf Coast. Ocean currents, it was predicted, would sweep &#8220;plumes&#8221; of noxious and toxic pollutants around the tip of Florida and up the East Coast and my God, who knows where else! The rest would hang around and haunt the Gulf Coast for years and years.</p>
<p>Except that it didn&#8217;t happen. More than 4 million barrels of petroleum and 200,000 tons of methane … vanished, as early as September 2010, just months after the spill. A federally funded study published recently in the Proceedings of the National Academy of Sciences concluded that naturally occurring and gluttonous bacteria devoured the nasty stuff. Swirling currents, it turns out, kept the mess bottled up in the Gulf until it disappeared.</p>
<p>Not all scientists agree; they&#8217;ll test the evidence, keeping an open mind, which is more than one can say about the climate alarmists.</p>
<p>Politically and ideologically inspired minds are not so objective about the evidence concerning the role that induced abortions may play in breast cancer. Some scientific and professional organizations have circled the wagons to fend off any evidence and possible conclusion that could dent the dogmatic belief that induced abortions are perfectly safe, safer than childbirth.</p>
<p>The Hoffman Estates-based Coalition on Abortion/Breast Cancer has for years carried on a courageous effort to educate the public about the possible relation between abortion and breast cancer. The group recently pointed to a study co-authored by researchers from the Johns Hopkins School of Public Health and the University of Pennsylvania School of Nursing that reported a nearly tripled breast cancer risk for post-abortive women.</p>
<p>By simply mentioning this study, eyes will spiral and heads will spin, accusing me of anti-choice fascism, or something. To that, I will admit to not being a scientist or capable of launching a detailed defense of or attack on such complex studies.</p>
<p>But, that&#8217;s why science should be kept free of political and ideological groupthink, the kind that is muddying such important issues as climate change, environmental &#8220;disasters&#8221; and breast cancer. As laymen, we don&#8217;t get to vote on what is scientifically accurate and credible. Nor should scientists, not if we want to get to the root of our problems.</p>
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		<title>El invierno del miedo</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 07:28:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Democracia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Joaquín Estefanía</strong> (EL PAÍS, 31/01/12):</p>
<p>Entre los años 1978-1979 Gran Bretaña vivió el <em>invierno del descontento.</em> El paro había subido a la entonces astronómica y desconocida cifra de 1,6 millones de personas. El laborista James Callaghan, sucesor del mítico Harold Wilson, no supo medir la magnitud de lo que se venía encima y la prensa se burló de él titulando <em>¿Crisis, qué crisis?</em> una de sus declaraciones en la que quitaba importancia a las dificultades de la gente. Los sindicatos convocaron una serie de huelgas que finalizaron con la convocatoria de elecciones generales que ganó una conservadora radical como &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39934/el-invierno-del-miedo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Joaquín Estefanía</strong> (EL PAÍS, 31/01/12):</p>
<p>Entre los años 1978-1979 Gran Bretaña vivió el <em>invierno del descontento.</em> El paro había subido a la entonces astronómica y desconocida cifra de 1,6 millones de personas. El laborista James Callaghan, sucesor del mítico Harold Wilson, no supo medir la magnitud de lo que se venía encima y la prensa se burló de él titulando <em>¿Crisis, qué crisis?</em> una de sus declaraciones en la que quitaba importancia a las dificultades de la gente. Los sindicatos convocaron una serie de huelgas que finalizaron con la convocatoria de elecciones generales que ganó una conservadora radical como Margaret Thatcher, bajo el principio del rigor económico y dirigentes fuertes, seguros de sí mismos.</p>
<p>Si hacemos una analogía con la España del presente, aquí ya se habría producido el cambio político con la victoria arrolladora del Partido Popular (PP) el pasado mes de noviembre. Cuando los ciudadanos españoles conocieron el pasado viernes, aterrados, las catastróficas cifras de desempleo que deja como herencia la Administración socialista, miraron a su Gobierno para que les diera una cierta esperanza, algo de sosiego, para conocer tal vez un plan de choque extraordinario contra la tasa de paro insoportable, pero solo se encontraron con una respuesta automática de la vicepresidenta (el presidente no consideró oportuno comparecer en ese momento ante cifras tan dramáticas y generadoras de alarma social): las reformas son la respuesta.</p>
<p>Pero algunas de esas reformas van en la dirección contraria a crear puestos de trabajo a corto plazo. Es más, los destruirán masiva y rápidamente, como muestra lo ocurrido en los últimos meses en las Administraciones públicas. A largo plazo todos muertos, decía Keynes. ¿Por qué se toman esas medidas, esas reformas, si adquieren el rumbo opuesto al sentido común y desgastarán políticamente a quien las protagonice? Porque son una exigencia de Bruselas, el FMI, el Banco Central Europeo, y un compromiso de nuestros gobernantes con esas instituciones.</p>
<p>Ello plantea, de nuevo, el tradicional equilibrio entre democracia y mercados, o entre democracia y capitalismo, como se conocía hasta ahora. En 2012 se cumplen 70 años de la publicación de un libro seminal para la teoría política y la teoría económica: <em>Capitalismo, socialismo y democracia,</em> del austriaco Joseph Schumpeter, uno de los economistas más influyentes de la anterior centuria. El texto contiene básicamente tres ideas fuerza: si podrá sobrevivir el capitalismo, si habrá de funcionar su antagonista, el socialismo, y cómo serán las relaciones entre el capitalismo y la democracia, que es la que aquí nos interesa. Desde que se asentó la globalización se han medido dos tesis antagónicas: la mayoritaria, que plantea la complementariedad entre ambos conceptos, que se reforzarían mutuamente, y otra, hasta hace poco muy minoritaria, que opinaba que la extensión de la esfera del mercado conllevaba una limitación de la democracia. El aumento de las dificultades económicas, el hecho de que en ningún otro momento de la historia contemporánea excepto en la Gran Depresión, hayan sido tan grandes las disfunciones de la economía en términos de desempleo, exclusión, desigualdad, extensión de la pobreza en el seno de las sociedades ricas, dificultades en la lucha contra el cambio climático, etcétera, no puede dejar indiferentes a los demócratas.</p>
<p>Este dúo, democracia y mercado, ha entrado en dificultades mayores con la Gran Recesión. La economía y la política se confrontan en una tensión entre dos principios, el individualismo y la desigualdad por una parte, y el espacio público y la tendencia a la igualdad por la otra, lo que obliga a la búsqueda permanente de un compromiso entre ellos. Aunque la jerarquía de valores exija que en última instancia el principio económico esté subordinado a la democracia, y no al revés. Esto es lo que se ha desequilibrado en las últimas décadas y lo que explica que se haya producido un &#8220;retroceso pacífico&#8221; de la democracia a favor de los mercados, en palabras del economista francés Jean-Paul Fitoussi <em>(La democracia y el mercado,</em> Paidós).</p>
<p>La democracia, al impedir la exclusión de los ciudadanos por parte del mercado, aumentaba la legitimidad del sistema económico, mientras que el mercado, al paliar la influencia de lo público sobre la vida de la gente, permitía una mayor adhesión a la democracia. Cada uno de los principios que regía las esferas política y económica encontraba su limitación en el otro. ¿Desde cuándo ello no es así? La gente expresa mayoritariamente su opinión, en cualquier encuesta, de que ya no son la política y el derecho sino los mercados quienes gobiernan la sociedad. Las sensaciones de incertidumbre, inseguridad y miedo prevalecen en los interrogados. La autonomía de la economía y las coerciones que la misma impone a las decisiones políticas reducen el campo de la seguridad colectiva que representa la democracia.</p>
<p>Se habla de &#8220;impotencia de la política&#8221; ya que los cambios (recortes) en el Estado de bienestar, en los sistemas de protección, en las políticas sociales, no proceden de las decisiones tomadas por los representantes del pueblo sino de la coerción exógena que se impone a la democracia. Fitoussi ha hecho pública una alegoría en la que los ganadores de la globalización y de la crisis dicen a los perdedores de las mismas: &#8220;Lamentamos sinceramente el destino que habéis tenido, pero las leyes de la economía son despiadadas y es preciso que os adaptéis a ellas reduciendo las protecciones que aún tenéis. Si os queréis enriquecer debéis aceptar previamente una mayor precariedad. Este es el contrato social del futuro, el que os hará encontrar el camino del dinamismo&#8221;. Al tiempo, esos ganadores ya no quieren participar en el sistema de protección social ni, en general, en la financiación de los gastos públicos pagando más impuestos (los del capital son sensiblemente inferiores a los que gravan las rentas del trabajo). Lo que este periodo ofrece, como antaño <em>la belle epoque,</em> es el baile de los perdedores y los ganadores, donde a veces las ganancias de estos últimos son tan grandes que se vuelven imaginarias, más del orden del concepto que de la realidad. ¿Cómo entender que la fortuna de un puñado de privilegiados sobrepase la renta de países poblados por decenas de millones de habitantes?</p>
<p>Esta ruptura del anterior contrato social es lo que el sociólogo alemán Ulrich Beck denomina &#8220;estado de excepción económica&#8221;, o lo que alguien tan poco sospechoso de izquierdismo como el economista jefe del FMI durante los años de arranque de la Gran Recesión, Simon Johnson, califica como &#8220;golpe de Estado silencioso&#8221;. En los últimos tiempos, uno de los economistas más en forma intelectual, el catedrático de Economía Política de Harvard Dani Rodrik, que ha venido estudiando las relaciones entre la democracia y el futuro de la economía, ha desarrollado <em>(La paradoja de la globalización,</em> Antoni Bosch editor) lo que denomina &#8220;el trilema político de la economía mundial&#8221;, que afirma que las sociedades no pueden disfrutar simultáneamente de mercados completamente integrados internacionalmente (la globalización), un Gobierno democrático (entendido como aquel en el que las decisiones políticas relevantes han de gozar de un apoyo social mayoritario), y que estas decisiones se tomen en el marco de una estructura política nacional (el Estado nación). Y hay que elegir. En el fondo, lo que está en juego es si se permite que una democracia determine sus propias reglas y pueda cometer sus propios errores, y no solo de escoger entre la <em>cola-cola</em> y la <em>pepsi-cola.</em></p>
<p>La globalización realmente existente está chocando con la democracia por la sencilla razón de que lo que busca no es mejorar el funcionamiento de esta última sino ponérselo fácil a los intereses comerciales y financieros que buscan acceder a los mercados a bajo coste. Por la contradicción generada, el consenso intelectual que era el fundamento del modelo actual de globalización ha empezado a evaporarse. Con cuatro años y medio de profundas dificultades económicas, la seguridad de quienes animaban a la globalización de los mercados y de las finanzas ha desaparecido y ha sido sustituida por dudas, preguntas, un elevado escepticismo y el miedo a que nuestros representantes políticos no puedan arreglar los problemas comunes porque los centros en los que se decide la vida cotidiana de los ciudadanos cada vez están más alejados de los Parlamentos y de los lugares propios de la democracia, tal como la conocemos.</p>
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		<title>Al Qaeda pierde, los hermanos ganan</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 07:20:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Fidel Sendagorta</strong>, diplomático (ABC, 31/01/12):</p>
<p>EL año 2011 ha sido testigo de dos acontecimientos con hondas repercusiones sobre la evolución de las relaciones internacionales: la caída de Bin Laden y las revoluciones árabes. Ambos han recibido, por separado, una gran atención en los medios de comunicación, pero no se ha insistido lo suficiente en las poderosas conexiones entre el uno y el otro. La eliminación del líder yihadista simboliza el fin de esta guerra de los diez años que tiene su origen en el agresivo desafío lanzado por Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001 en pleno &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39931/al-qaeda-pierde-los-hermanos-ganan/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Fidel Sendagorta</strong>, diplomático (ABC, 31/01/12):</p>
<p>EL año 2011 ha sido testigo de dos acontecimientos con hondas repercusiones sobre la evolución de las relaciones internacionales: la caída de Bin Laden y las revoluciones árabes. Ambos han recibido, por separado, una gran atención en los medios de comunicación, pero no se ha insistido lo suficiente en las poderosas conexiones entre el uno y el otro. La eliminación del líder yihadista simboliza el fin de esta guerra de los diez años que tiene su origen en el agresivo desafío lanzado por Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001 en pleno corazón de la superpotencia norteamericana. Una década después, Al Qaeda solo conserva ya su fuerza en ciertos territorios marginales fuera del control de estados débiles en el Sahel, Yemen y Somalia. Pero a pesar de estos coletazos, se puede afirmar que Al Qaeda ha sido derrotada en tanto que la principal amenaza para la seguridad mundial en la que se había convertido. Y esta derrota ha sido desde luego militar y policial, a manos de los Estados Unidos y sus aliados. Pero quizás sea aún más relevante el hecho de que la derrota haya sido también ideológica y política como consecuencia de los cambios revolucionarios registrados hasta el momento en Túnez, en Libia y, sobre todo, en Egipto. Estas transformaciones, de un alcance histórico difícil de exagerar, han liquidado los regímenes que habían surgido de las independencias árabes en los años 50 y 60, y han abierto procesos de democratización que han alcanzado también a monarquías reformistas como la marroquí. Y las elecciones convocadas en los últimos meses en estos países han dado la victoria a partidos islamistas directa o indirectamente emparentados con los Hermanos Musulmanes. Su llegada al poder de la mano de un amplio apoyo popular significa, ni más ni menos, que éstos han vencido a los yihadistas en el pulso para ganarse los corazones y las mentes de los árabes.</p>
<p>Es cierto que el conflicto sangriento entre Occidente y Al Qaeda de los últimos años ha opacado esta otra pugna de naturaleza más ideológica que tenía lugar en el interior del movimiento islamista, enfrentando a los partidarios de la yihad global con los que defendían la transformación de los regímenes árabes por vías exclusivamente políticas. En realidad, la Asociación de los Hermanos Musulmanes, fundada en Egipto en 1928, fue durante mucho tiempo la casa común de todos los islamistas. Pero ya en los años 70 se produce una bifurcación ideológica en el movimiento que podemos ilustrar con el itinerario de dos egipcios que compartieron militancia en la cofradía. El primero de ellos es Ayman el Zawahiri, un médico de 60 años que dejó a los Hermanos para unirse al grupo terrorista que acabaría asesinando a Sadat. Años después se convertirá en el líder de Al Qaeda tras la muerte de Bin Laden. El otro personaje es Mohamed Badie, un veterinario elegido en 2010 como Guía Supremo de los Hermanos Musulmanes. A diferencia de su antiguo correligionario, Badie nunca abandonó la paciente apuesta por aumentar la influencia religiosa, social y política de la cofradía en Egipto.</p>
<p>Los yihadistas, en cambio, no solo consideraban que esta larga espera era inútil sino que criticaban duramente a los Hermanos por participar en el juego político de los estados «impíos», prestándoles así su legitimación. Para ellos, la situación estaba madura para pasar a la ofensiva y conseguir la adhesión de los musulmanes en todo el mundo mediante la realización de atentados espectaculares contra el imperio y sus aliados. Podría parecer un planteamiento utópico, pero la victoria en Afganistán frente la URSS, toda una superpotencia mundial, les dio alas para pensar que la relación de fuerzas estaba cambiando a su favor. De ahí surgen los planes para el 11 S y los choques de esta última década. Lo cierto es que durante unos años esta doctrina guerrera despertó en muchos jóvenes de la región un fuerte atractivo, muy superior al que inspiraban las grises políticas posibilistas de los encorbatados Hermanos. Sin embargo, son estos los que viven ahora el momento dulce de la victoria popular.</p>
<p>Y desde nuestra perspectiva se podría pensar que es también la hora del triunfo intelectual de Huntington sobre Fukuyama. En efecto, la llamada primavera árabe parecía anunciar una nueva extensión de la democracia liberal, que se sumaba así a las oleadas anteriores en Europa del Este, Asia, América Latina y el sur de Europa. Tras los éxitos electorales islamistas, esta manifestación de optimismo liberal, que asociamos con la obra de Fukuyama, daba paso a una interpretación más huntingtoniana en la que los valores no son ya universales sino que proceden de civilizaciones que marcan aún más sus diferencias para dar respuesta al deseo de pertenencia que provoca la globalización.<br />
Ahora bien, a pesar de sus méritos respectivos, ninguno de estos dos grandes relatos de las relaciones internacionales dan plena razón de los desafíos que se viven en esta parte del mundo. Por el contrario, Arnold Toynbee se adelantó a ambos autores al ofrecer algunas claves culturales que conservan plena vigencia para desentrañar los actuales dilemas árabes. En efecto, el historiador británico se refiere a las diferentes reacciones en la sociedad judía de principios de nuestra era ante los avances del imperio romano, para explicar de forma más general cuáles son las diferentes estrategias que puede desarrollar un pueblo ante el reto planteado por una cultura extranjera más potente y dinámica que la propia. Una primera respuesta sería la de los zelotes, encerrados en un meticuloso cumplimiento de la tradición que se combina con una insurrección violenta que algunos han visto como un antecedente remoto del terrorismo. La otra opción sería la defendida por los partidarios de Herodes el Grande, que propugnaban una adaptación al poder dominante de los romanos hasta aprender de ellos lo necesario para fortalecer a la cultura judía. No sería difícil encontrar analogías con ambas visiones en la actual relación entre los países árabes y Occidente: los yihadistas serían un trasunto islámico de los zelotes, mientras que los regímenes surgidos de la independencia habrían desarrollado pautas propias de los herodianos. Sin embargo, Toynbee considera que ninguna de estas alternativas es la adecuada para enfrentarse con un desafío semejante. En su opinión, la respuesta más prometedora vendrá de la búsqueda de una síntesis entre la cultura dominante extranjera y la cultura local que quiere seguir siendo ella misma.</p>
<p>¿Dónde situar a los Hermanos Musulmanes en este dilema que viven los países árabes? Pues bien, esta cuestión está todavía abierta, pero lo cierto es que en el movimiento islamista conviven los zelotes integristas con otras tendencias que reflexionan, con todas las contradicciones que se quiera, sobre cómo impulsar procesos de modernización política y económica a partir de categorías propias. Por el momento hay no pocos interrogantes sobre el papel que los Hermanos reservan a la mujer y también incertidumbre sobre cómo se vaya a aplicar una concepción de la democracia que no es necesariamente liberal. Y allí donde existe, la minoría cristiana contempla con aprensión la posibilidad de una creciente islamización de la sociedad bajo la presión añadida de los salafíes. El camino no será fácil, pero otros países musulmanes como Turquía e Indonesia han demostrado que la síntesis cultural es el enfoque con un mayor potencial para encontrar fórmulas viables de modernización.</p>
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		<title>La socialdemocracia perdida, otra vez</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 19:46:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Cazorla Sánchez</strong>, catedrático de Historia de Europa, Trent University, Canadá. Su último libro es <em>Fear and progress: ordinary lives in Franco&#8217;s Spain, 1939-1975, </em>Oxford, 2010 (EL PAÍS, 30/01/12):</p>
<p>En su magnífica historia de la II Guerra Mundial <em>(All Hell Let Loose),</em> Max Hastings cuenta el comentario de un ama de casa británica que se sorprendía de que su Gobierno tenía en 1939 todo el dinero necesario para hacer la guerra cuando hasta entonces había estado diciendo que no podía endeudarse para reactivar la economía, o para ayudar a los pobres. Liderado por el laborista Ramsay MacDonald (entre &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39928/la-socialdemocracia-perdida-otra-vez/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Cazorla Sánchez</strong>, catedrático de Historia de Europa, Trent University, Canadá. Su último libro es <em>Fear and progress: ordinary lives in Franco&#8217;s Spain, 1939-1975, </em>Oxford, 2010 (EL PAÍS, 30/01/12):</p>
<p>En su magnífica historia de la II Guerra Mundial <em>(All Hell Let Loose),</em> Max Hastings cuenta el comentario de un ama de casa británica que se sorprendía de que su Gobierno tenía en 1939 todo el dinero necesario para hacer la guerra cuando hasta entonces había estado diciendo que no podía endeudarse para reactivar la economía, o para ayudar a los pobres. Liderado por el laborista Ramsay MacDonald (entre 1931 y 1935), el National Government que gobernó Reino Unido durante toda la década de los treinta fue una coalición de los principales partidos británicos, pero en realidad estuvo controlado por los conservadores. Este fue el Gobierno de la Gran Depresión, que hizo cortes en el gasto social para preservar el prestigio de la libra y reducir el déficit. El resultado fue que el sufrimiento de la Depresión fue para los parados. Muchos de los que conservaron su trabajo y los que tenían rentas de capital de hecho mejoraron su poder adquisitivo. Dicho con otras palabras: la sociedad británica se fraccionó aún más bajo un líder laborista que hacía políticas de derechas.</p>
<p>La socialdemocracia de hoy, como el laborismo resignado de MacDonald, ha abrazado la ortodoxia para combatir la crisis. Como explicación / justificación a menudo se dice que los supuestamente neutrales &#8220;mercados&#8221; han ganado a la política, a toda la política. No es verdad. Los que han ganado son la derecha pura y dura y el capital especulativo. Los &#8220;mercados&#8221; -o más bien las agencias de calificación, la City, Wall Street, los <em>hedge funds</em> y otros- no se han lanzado a aniquilar a los Gobiernos que los han tratado tan bien, a base de salvarlos de la ruina, no pedirles responsabilidades, darles impunidad para seguir haciendo daño y beneficios fiscales. Los &#8220;mercados&#8221; no han atacado a los Gobiernos de Cameron u Obama, a pesar de sus déficits abultados, muy altos niveles de deuda y la impresión masiva de moneda. Les han pedido y obtenido más, eso es todo. Los &#8220;mercados&#8221; no han ganado a la &#8220;política&#8221;, sino a las políticas progresistas.</p>
<p>Lo malo es que la socialdemocracia europea les ha ayudado mucho. Porque a ella y a lo que quede de la democracia-cristiana reformista (los impulsores del milagro económico y social de posguerra) les han fallado la memoria y los reflejos desde mucho antes de que la crisis estallara. Desde los años noventa, dejaron de reflexionar seriamente sobre en qué beneficiaban a la sociedad y a la economía real la desregulación por la desregulación, la moneda única, que el sector financiero aumentase porcentualmente varias veces por encima del crecimiento de la economía real, y, especialmente en España, la especulación inmobiliaria (que los Gobiernos y alcaldes de izquierdas apoyaban tanto como los de derechas). Para colmo, dejaron que se diseñase a la Unión Europea cada vez más a partir de los intereses del dinero que de los del conjunto de la sociedad, confundiendo a &#8220;más Europa&#8221; con una Europa más progresista. Ahí está para probarlo, por ejemplo, cómo se ha decidido que funcione el Banco Central Europeo.</p>
<p>Cegada por las estadísticas del PIB en los años de bonanza, la socialdemocracia se olvidó de que el crecimiento sólido y armónico, no el espectacular-especulativo, y la participación en condiciones de igualdad de los agentes sociales, son los que crean estabilidad económica y capital social; en suma, los que garantiza el verdadero progreso. En cierto modo, la socialdemocracia abrazó una caricatura de la Tercera Vía: riqueza para todos a base de crecer mucho sin mirar muy bien de dónde venía esa riqueza ni adónde iban los valores sociales. Sus políticas se basaron a menudo en dejar que la riada del crecimiento por el crecimiento, a menudo especulativo, nos fecundase, como el Nilo de los faraones, a todos. Se crearon o se improvisaron programas sociales financiados con dinero fácil y barato, pero dentro de un trato que implicaba permitir que el capital fuese libre para saltar fronteras y regulaciones. En el proceso, las reglas de juego establecidas en la posguerra europea se tornaron contra los productores -empresarios y trabajadores- que no cruzamos fronteras como el dinero sino que vivimos en una casa, en una familia y en una comunidad. En suma, la izquierda gobernó usando una tarjeta de crédito prestada por los &#8220;mercados&#8221;, cuya cuenta, inflada por los intereses, pagamos ahora.</p>
<p>Lo malo es que no tenía que haber sido así, porque ya sabía la socialdemocracia que esto podía suceder, y cómo evitarlo. Mucho de lo que estamos viviendo ya pasó durante la Gran Depresión. Entonces y ahora, los desequilibrios financieros y la especulación causaron la crisis; y la derecha la administró, en beneficio del capital, mientras que la izquierda no sabía qué hacer. Los socialdemócratas de entreguerras se negaron a desafiar la ortodoxia económica que precisamente trajo la crisis primero y luego causó que esta se extendiese y se acentuara. El resultado fue que, en los años treinta, la socialdemocracia casi desapareció del mapa (como hoy está en la oposición en casi todos los países de Europa) atrapada entre el miedo a los mercados y la falta de alternativas creíbles. En Reino Unido, por ejemplo, el único político laborista de peso que desafió a la ortodoxia económica fue Oswald Mosley (ignorado, acabó fundando la British Union of Fascists). La excepción a este panorama desolador, para la sociedad y para la democracia, fue Suecia, donde los socialistas adoptaron políticas que luego se conocerán como keynesianas. Lamentablemente, el valor y la imaginación de los socialdemócratas suecos, que les valió estar en el poder durante décadas, contrasta con la amnesia autodestructiva de los socialdemócratas europeos de hoy, y, por supuesto, los españoles, que hace unos meses expulsaron a Keynes de nuestra Constitución.</p>
<p>Nadie sabe hoy cómo o cuándo vamos a salir de la crisis. Pero, como en la Gran Depresión, la socialdemocracia europea o está muda o repite sin convicción que va a gobernar con fórmulas que en realidad no piensa aplicar. Nadie se cree, por ejemplo, que las medidas de un hipotético Gobierno de Rubalcaba hubieran sido muy distintas de las de Rajoy. Lo que sí sabemos es que ya tampoco valen alternativas estrictamente nacionales como la sueca en los años treinta y que la solución tendría que ser, como mínimo, europea. Desgraciadamente, Merkel y Sarkozy, los dos líderes que quizás puedan decidir más o menos cómo salir del laberinto de la deuda y del marasmo económico, no parecen tener el talante valiente y heterodoxo necesario. Son políticos de derechas muy convencionales que se niegan a oír propuestas diferentes que economistas de prestigio, e incluso <em>The Economist,</em> llevan meses pidiendo a gritos. Ambos líderes por un lado, van a remolque de los &#8220;mercados&#8221; y, por otro, han renegado de las mejores tradiciones reformistas y solidarias de la democracia cristiana que salió de la última guerra mundial. En consecuencia, ni retan a las causas profundas de la crisis ni ofrecen más alternativa que la del sufrimiento. Pero mientras que oímos repetidamente su monólogo, lo que no se oye es la voz unida y disonante de la socialdemocracia.</p>
<p>La socialdemocracia europea está pagando el precio político de haber olvidado sus valores fundacionales de ética, comunidad y sobriedad, y por ellos carece de un modelo alternativo al impuesto por los &#8220;mercados&#8221;. Más grave aún, parte de sus bases electorales potenciales está pagando un alto precio personal de miseria y desencanto. No es sorprendente que no vayan a votar, o que, en medio de la creciente fractura social, muchos lo hagan por la derecha, que por lo menos parece honesta en su oferta de sufrimiento e individualismo. Tristemente, esto, y otras cosas peores que puedan venir, ya se han visto antes. Pensemos, por ejemplo, en el éxito creciente de la demagogia ultraderechista.</p>
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		<title>Mundo aparte</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 19:01:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Eugenio Trías</strong>, filósofo (ABC, 30/01/12):</p>
<p>La actividad de Francis Coppola se centró sobre todo en lo que siempre sintió como su mayor don: la capacidad creadora. En sus mejores películas se dedicó a plasmar sujetos creadores en los más distintos y extraños ámbitos de intervención.</p>
<p>Mundos perturbados que requerían un demiurgo genial para producirse. Mundos alternativos mafiosos (en la Trilogía El Padrino, 1972, 1974, 1990). Mundos en regresión al paleolítico, espoleados por la locura, en pleno corazón de la selva vietnamita (Apocalypse Now, 1979).</p>
<p>Mundos de invención ingenieril (Tucker, el hombre y su sueño, 1988), con la creación &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39920/mundo-aparte/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Eugenio Trías</strong>, filósofo (ABC, 30/01/12):</p>
<p>La actividad de Francis Coppola se centró sobre todo en lo que siempre sintió como su mayor don: la capacidad creadora. En sus mejores películas se dedicó a plasmar sujetos creadores en los más distintos y extraños ámbitos de intervención.</p>
<p>Mundos perturbados que requerían un demiurgo genial para producirse. Mundos alternativos mafiosos (en la Trilogía El Padrino, 1972, 1974, 1990). Mundos en regresión al paleolítico, espoleados por la locura, en pleno corazón de la selva vietnamita (Apocalypse Now, 1979).</p>
<p>Mundos de invención ingenieril (Tucker, el hombre y su sueño, 1988), con la creación de un automóvil que se revela demasiado bueno para ser aceptado por las Grandes Compañías. O el mundo aparte de los jóvenes rebeldes, que halla su genialidad, lindando con el desvarío, en «el chico de la moto» (Mickey Rourke), líder indiscutible de todas las bandas juveniles en Rumble Fish, La ley de la calle, 1983.</p>
<p>La acción demiúrgica, la gestación de un mundo mejor, más perfecto que el existente —pero que puede ser mucho peor, más nefasto o más terrible— se ve imposibilitada por las exigencias de las compañías automovilísticas (en Tucker), por las Majorscinematográficos (en la propia experiencia biográfica de Coppola con su productora independiente Zoetrope).<br />
Cinco o seis familias mafiosas compiten con la de Vito Corleone (Robert de Niro) y su heredero Michael (Al Pacino), en ese mundo donde el negocio y el crimen se dan cita. Kurtz (Marlon Brando), en pleno enloquecimiento, crea un mundo alternativo, conformado al horror y a los más hondos latidos de la selva, alrededor de un templo desde el que preside y gobierna a una tribu primitiva, esparciendo por doquier cadáveres colgados y cabezas cortadas.</p>
<p>Las profesiones, sobre todo las más raras, tienden a configurar también mundos aparte. Así los ingenieros de sonido que se encuentran en una convención de espías comerciales, duchos en pinchar teléfonos, o expertos en colocar dispositivos para escuchar lo que sucede detrás de las paredes de las casas. En ese mundo de fisgones profesionales descuella por sus hallazgos e invenciones Harry Caul, que oficia de lobo estepario en La conversación(1974), una de las películas más extraordinarias de Francis Coppola.</p>
<p>El mundo aparte por antonomasia es el que desafía el límite de la muerte al gestar el universo de los No-muertos, que convoca la ayuda de todas las alimañas de la noche, lobos, vampiros, bestias temibles, en esa genial recreación de la gran novela de Bram Stocker, Drácula(1992), en sorprendente giro ultra-romántico, uno de los máximos éxitos comerciales de Francis Ford Coppola (1992).</p>
<p>Muchas películas de Coppola se desarrollan al modo de una investigación y búsqueda itinerante —una Quête— la que tiene en la novela de Chretienne de Troyes, Perceval, su paradigma, con la historia del Rey Pescador, herido en un muslo, que clama por un salvador que pueda curar su dolencia.</p>
<p>Se trata de transformar, en modo metafórico, el yo vetusto, sedimentado en estratos de podredumbre, por un yo transformado y transfigurado. Un rayo atraviesa al yo doliente, de manera que pueda emerger —como en la iniciación chamánica— un yo salvífico, o pueda elevar su vuelo mágico el aprendiz de chamán, elegido en su tribu como experto en curaciones y hechizos.</p>
<p>Se trata, en términos míticos, de suplantar al viejo y tétrico rey guardián del lago Nemi, cerca de Roma, responsable del Árbol de la Vida (con su rama dorada), siempre alerta para impedir que algún esclavo fugitivo le desafíe con un puñal y le usurpe un reino que sólo puede ser relevado por este sanguinario procedimiento (Sir George Frazer, La rama dorada).</p>
<p>Todo este complejo mítico confluye en el recorrido que emprende Williard, en Apocalypse now, a la busca y captura del inquietante Kurtz, un coronel del ejército fugitivo que ha creado, en el corazón mismo de la selva, un mundo aparteterrorífico. Su misión consiste en terminar con su vida tras su encuentro con él. Y poner fin a ese Emporio del Horror (en repetición ritual de la ceremonia sacrificial del lago Nemi).</p>
<p>Willard sigue el trazado de un Vía Crucis de pruebas similar al recorrido homérico, pero en registro grotesco. El episodio del Cíclope, con el teniente coronel Bill Kilgore (Robert Duval); el episodio de las sirenas, con las chicas Play Boy ante la soldadesca; hasta llegar al límite mismo del remonte del yate en dirección a los dominios de Kurtz, como si Scilla y Caribdis presidieran la etapa final del trayecto, cerca ya de Ítaca, sólo que en clave de pesadilla.</p>
<p>Vito Corleone es mucho más que un agente de la Cosa Nostra. Intuye algo mejor, en la onda de Robin Hood, pero en sabia combinación de métodos generosos y benévolos con acciones punitivas letales (sin escatimar asesinatos, si es necesario, como manda el rito del lago Nemi). Se gana el favor de sus convecinos en la «pequeña Italia» neoyorquina, porque sabe ayudarles en lugar de extorsionarles, como sucedía con el engreído matón Fanucci y su banda de La Mano Negra. Lleva a cabo el ritual relevo: lo mata y se convierte en el nuevo guardián de Little Italy. De modo muy inventivo cancela la extorsión de La Mano Negra, y la presión rufianesca y amenazadora de Fanucci, sustituyéndolo por una buena praxis de ayuda a los necesitados, de manera que se ganó el respeto de los suyos. Y funda así mismo, con el comercio del aceite con Sicilia, el emporio de los Corleone.</p>
<p>Su hijo Michael seguirá —sobre todo en El Padrino III(la más intensa de todo el tríptico)— la búsqueda de su más auténtico yo y el enjuague de sus numerosas culpas. A punto está de reconciliarse consigo, con su mujer, con el mundo, cuando un desenlace trágico hace todos esos trabajos de amor perdidos.</p>
<p>Cuando quiere cubrirse con un manto de respetabilidad en su colaboración con el Banco Vaticano se da cuenta, en trágica ironía, de un fondo de malversaciones y de crímenes que esparcen su miasma por toda Italia, y de las ambiciones y codicias que el banco de la Santa Sede ha despertado.</p>
<p>Harry Cault, Tucker, Vito Corleone, Michael Corleone, Kurtz (y su doble Williard), el Conde Drácula (y Elisabetha/Mina, su esposa suicida, y su reencarnación londinense), todos ellos son —cada uno en su estilo— demiurgos.</p>
<p>Gestan mundos propios, mundos aparte, el cosmos de los «fisgones del sonido», con su convención anual; el mundo de la nueva mafia que nace y crece en Little Italy, y que va evolucionando en el devenir de la familia Corleone; el mundo de los No-muertos, donde impera el reino de la noche del Conde Drácula, con su ejército de alimañas chupa-sangre; el mundo caótico y despiadado de Kurtz, en pura regresión simultánea al paleolítico y a la locura.</p>
<p>El mejor mundo de Coppola constituye un canto a la creación artística (remedo de la demiurgiacósmica). Sus grandes películas lo atestiguan. Sus personajes, aun los más sombríos, son la mejor prueba de esa magnífica inclinación.</p>
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		<title>A grandes males&#8230;</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Jan 2012 19:02:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Agustín García Calvo</strong>, catedrático emérito de Filología Clásica de la Universidad Complutense de Madrid (EL PAÍS, 29/01/12):</p>
<p>¿Grandes remedios? ¡No, por Dios! Eso sería sumamente peligroso: podría llegar a atentar contra el propio mal, y entonces ¿qué iba a ser del régimen del bienestar?</p>
<p>Estoy hablando de lo que todo el mundo habla: de la actualidad política, o séase económica, de nuestros Estados, inquietante ciertamente, por no decir que desastrosa: es la que durante largos años se ha venido llamando crisis, que últimamente toca entre nosotros a las exigencias de la unión económica europea para con los países &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39921/a-grandes-males/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Agustín García Calvo</strong>, catedrático emérito de Filología Clásica de la Universidad Complutense de Madrid (EL PAÍS, 29/01/12):</p>
<p>¿Grandes remedios? ¡No, por Dios! Eso sería sumamente peligroso: podría llegar a atentar contra el propio mal, y entonces ¿qué iba a ser del régimen del bienestar?</p>
<p>Estoy hablando de lo que todo el mundo habla: de la actualidad política, o séase económica, de nuestros Estados, inquietante ciertamente, por no decir que desastrosa: es la que durante largos años se ha venido llamando crisis, que últimamente toca entre nosotros a las exigencias de la unión económica europea para con los países menos educados o bien regidos, y que en todo caso afecta justamente a los Estados desarrollados, sean los europeos, los unidos de América o el Japón, de tal modo que se trata evidentemente de un mal inherente al régimen del bienestar en que ha venido a parar el desarrollo.</p>
<p>Me paro aquí a hacer notar, por si hacía falta, la enorme desproporción (numérica, dineraria) de las medidas que políticos, financieros y economistas proponen, imponen a sus poblaciones y hasta ponen en práctica como buenamente pueden, frente a la magnitud de las faltas, necesidades, estropicios o agujeros que en la economía de los Estados se producen. Otros, más estudiosos que yo de las grandes cuentas y cifras, tienen que haberles hecho saber, aunque sea tímidamente, esa desproporción: que, sumados todos los importes de esos remedios que se han propuesto o aplicado, no podrían montar más que a una mísera fracción de los que las nuevas necesidades y desajustes de Estados, bancas o cualesquiera finanzas representan.</p>
<p>Sin cifras, el mero sentido común descubre que estas medidas o remedios que les sacan hoy los dirigentes son los mismos que se recordaban como propios del antiguo régimen: restringir gastos, apretarse, como decían, el cinturón, y hasta ahorrar, remedios ridículamente impropios para el régimen actual, que se mueve por una circulación dineraria sumamente alejada de las cosas palpables y por el despilfarro y producción de objetos no pedidos ni dirigidos a más consumo que su compra. De manera que, si algo de humor le dejaran vivo a la gente, se reiría de esas medidas y remedios como de una cataplasma aplicada a un cáncer.</p>
<p>Está claro, salvo para quien tenga interés en no verlo, que el mal pertenece al propio régimen actual del mundo desarrollado, el del poder entregado al movimiento del dinero.</p>
<p>Sería una buena ocasión de reconocer que este régimen, con todo su enorme éxito y por la calidad de su éxito justamente, era en su estructura y programa mismo una insensatez, una de las grandes insensateces que jalonan la historia de los seres ilusos que somos: pretender que eso de la vida que podía vivirse se puede cambiar tranquilamente por una dedicación de las personas (y las cosas) a venderse y comprarse unas a otras, y pretender que lo que pasa, está pasando o pueda pasar, se reduzca todo a tiempo, a futuro (que es lo solo con que el dinero sabe trabajar), y que ese futuro contado se tome como un sustituto de la vida y las posibilidades. Esa insensatez, por cierto, no se puede atribuir a ningún economista o mentes preclaras que la hayan inventado y la manejen: así como hoy día no pueden los entendidos en economía y finanzas dar razón de lo que le pasa al dinero (no entienden lo que pasa porque se creen que sí), así tampoco podemos achacarles la fundación ni dirección del régimen del dinero: es más bien el dinero el que, con sus ideas y teorías, los toma a su servicio para hacer de las suyas, esto es, para realizar las funciones que a él solo le corresponden.</p>
<p>Que los males que dan lugar a tantas quejas, arreglos y diatribas pertenecen al régimen mismo del dinero, el sentido común lo dice.</p>
<p>Sería poco amable pensar de mí que con esto estoy proponiendo como sola cura un cambio radical de régimen, un abandono del dinero. No es así. Pero eso no quita para que tenga sentido intentar que mucha gente del común reconozca que los remedios del mal con que los agobian y aburren son una ilusión, engaño y triste divertimiento.</p>
<p>Es cierto que este diario y los demás medios tienen que dedicar larga atención y espacio a esas medidas ilusorias y discusiones consiguientes: al fin y al cabo, la información es seguramente la industria más importante del régimen del bienestar, la que más capital mueve. Pero que ello no quite que, por algún resto vivo de imperfección y duda, se le pueda en este o los otros medios dedicar al sentido común un rinconcito.</p>
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		<title>La novela en los tiempos líquidos</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 20:31:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ricardo Cano Gaviria</strong>, escritor colombiano, residente en España. <em>La puerta del infierno</em> (Igitur) es su última novela (EL PAÍS, 28/01/12):</p>
<p>Parece una exageración, pero por desgracia no lo es: actualmente, cualquier contenido que aspire al gran público difícilmente puede sustraerse a la tentación de la novela. Y es que uno tiene la impresión de que hoy, para ser novelista, ni siquiera se precisa ser un buen lector de novelas: no en vano, son cada vez más abundantes los abogados, políticos, músicos, etcétera, que deciden probar suerte con el género, sin ninguna ceremonia previa en relación con la Literatura, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39915/la-novela-en-los-tiempos-liquidos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ricardo Cano Gaviria</strong>, escritor colombiano, residente en España. <em>La puerta del infierno</em> (Igitur) es su última novela (EL PAÍS, 28/01/12):</p>
<p>Parece una exageración, pero por desgracia no lo es: actualmente, cualquier contenido que aspire al gran público difícilmente puede sustraerse a la tentación de la novela. Y es que uno tiene la impresión de que hoy, para ser novelista, ni siquiera se precisa ser un buen lector de novelas: no en vano, son cada vez más abundantes los abogados, políticos, músicos, etcétera, que deciden probar suerte con el género, sin ninguna ceremonia previa en relación con la Literatura, esa criatura extraña a cuyo paso nos quitábamos antes el sombrero. La literatura, ¿pero qué diablos es la Literatura? Una convención surgida a comienzos del siglo XVIII, diría Foucault con frialdad de arqueólogo, mientras que Conrad invocaría presumiblemente, como ya hizo en su introducción a <em>El Negro del Narciso,</em> la capacidad de interpelar el sentido del misterio que envuelve nuestras vidas, considerada por él una de las cualidades menos obvias y superficiales del lector.</p>
<p>En el ámbito de la novela española se tuvo prueba de dicha capacidad en el caso de <em>Tiempo de silencio</em> del psiquiatra Martín Santos, un clásico de la novela española que sirvió también de clave interpretativa de la España de Franco, a juzgar por el contenido del artículo de José María Castellet &#8220;Tiempo de destrucción para la literatura española&#8221;. Aunque el título aludía a una obra póstuma del novelista muerto prematuramente, transmitía también la imagen del obligado silencio de los españoles durante el franquismo que acabaría rubricando la obra de Martín Santos, de Sánchez Ferlosio, de García Hortelano, de Juan y Luis Goytisolo, de Marsé; luego serviría también de matizada transición hacia la obra literaria de un ingeniero de puentes, compañero de aventuras literarias de Martín Santos y uno de los novelistas más originales de la moderna literatura española: Juan Benet. Pues bien: actualmente la capacidad de estremecimiento de la literatura que animó a Martín Santos y Benet brilla por su ausencia en los que, venidos de otras profesiones, echan mano del género novela, y empieza incluso a escasear en los propios novelistas profesionales. ¿Acaso porque el asalto a la novela desde otras profesiones es tan solo el síntoma de algo cuya raíz parece más fácil de describir que de esclarecer?</p>
<p>Resulta muy sensato pensar que, siendo ciertamente la novela el espejo que recorre un camino, no pudiese menos que reflejar las turbulencias de los tiempos que corren, sometidos a una creciente sensación de inseguridad, transitoriedad y desarraigo institucional, en fin, de liquidez, según la pertinente metáfora de Zygmunt Bauman. Y ciertamente podría afirmarse que, mientras en muchos novelistas se detecta una creciente contaminación del género por la marea de la vida líquida que, lejos de hacerlos creadores de novelas iceberg, como hubiera querido Hemingway, los convierte en simples <em>portadores</em> de contenidos culturales, una minoría ha logrado oponer una resistencia sorprendente; así, el norteamericano Philip Roth, cuyo doble Nathan Zuckerman, en una de las últimas novelas del autor, sale lanza en ristre en defensa de la Literatura, o el español Vila-Matas, un novelista crecido a la sombra de Borges, príncipe de los narradores metaliterarios, especie protegida si las hay en la era de la narrativa &#8220;cultural&#8221;&#8230;</p>
<p>En efecto, puesta en circulación en EE UU en los ochenta del siglo pasado, poco antes de que Alvin Kernan anunciara la muerte de la Literatura y la desaparición de las Humanidades en la Universidad, una nueva noción de cultura, ya no concebida como una escala de valores, eliminó de la novela el reclamo de la estética. Versión norteamericana de los <em>Cultural studies,</em> desde entonces esta visión ha venido hipnotizando y sojuzgando de forma progresiva las temáticas de la novela hispanoamericana (narconovela, inmigración, violencia, <em>apartheid)</em> hasta el punto de que hoy podría pensarse que, antes que los premios a la calidad estética, serían más apropiados para ella, como ya ocurre en el cine -así y todo más capaz que la novela de sobreponerse a los lastres temáticos-, los premios a la diversidad cultural. Más o menos camuflados en ese carrusel multiculturalista cabalgarían la conciencia ecológica y el pensamiento políticamente correcto que inspiran lo que hoy podría llamarse novela comprometida de evasión, mientras que la simbiosis nacida a ambos lados del océano entre novela policiaca y denuncia política, pero sobre todo la novela que en España se inspira en la memoria histórica heredera de la Guerra Civil, no participarían por suerte en tales festejos. Celebrados en los extramuros de la Literatura, bajo la tutela prioritaria de un pragmatismo cada vez más embriagado por las cifras de ventas, cumplen gustosos con la función que les encomienda la invisible y astuta racionalidad cultural de los tiempos líquidos: no defraudar el &#8220;horizonte de expectativas del lector&#8221; (en el lenguaje de los teóricos de la recepción) como base de cualquier éxito literario.</p>
<p>Tal noción de cultura justifica la alusión de Bauman en su <em>Vida líquida</em> a una afirmación de Hannah Arendt sobre la palabra belleza (la belleza como meta de la cultura), elegida por ella por ser el epítome mismo que desafía toda explicación racional/causal. Que un sociólogo invoque de tal forma la estética arrojada por la borda por los propios estudiosos de la novela, adquiere relevancia especial en un momento en que, por otro lado, el silencio de la crítica (véase la muy oportuna &#8220;radiografía&#8221; de la misma publicada recientemente en <em>Babelia),</em> no revela sino que también ella forma parte del problema. Bien porque tiene miedo de redefinir su papel en un sistema que en el fondo querría suprimirla -lo que la condena a la mala fe-, bien porque no hace nada ante la agonía del lector sólido, aquel que necesitaba sentir bajo sus pies la tierra de esa &#8220;condición humana&#8221; cuya palpitación sentíamos hasta hace poco entre nosotros, se tiene la impresión de que ni siquiera quiere salir en apoyo del novelista cuando, como en el caso de Eduardo Mendoza, este se decide a dar la voz de alarma: &#8220;La novela no ha muerto, sino el lector de novelas&#8221; (declaración del escritor catalán que Vargas Llosa glosó afirmando su inquebrantable fe en la supervivencia del género, expresada ya en 1972 a quien esto escribe en <em>El Buitre y el ave Fénix).</em> ¿Ahora bien, si se acepta que en efecto hay una crisis del lector de novelas, motivada por la entronización de un lector lobotomizado, incapaz ya de detectar valores literarios, qué se puede hacer?</p>
<p>En última instancia, solo caben dos posturas: una, la del <em>laissez faire</em> que hace tabla rasa de la teoría literaria, la estética y la propia tradición humanística que las inspira, a favor de esa especie de &#8220;mano invisible&#8221; que regularía la industria cultural de la novela, para decirlo en sintonía con los propios valores de la trituradora o, mejor, licuadora neoliberal. Otra, la de los que, como los llamados teóricos de la recepción, saben que entre la masa de los lectores siempre hay, desde que existe la novela, un lector especial, que está en el origen de todo novelista; y que si se anula la diferencia básica para la supervivencia de la Literatura entre el lector que solo será receptor y el lector &#8220;indignado&#8221; que más tarde será también productor, no habrá para la novela una segunda oportunidad sobre la tierra. Lectores presentes, leed como si os fuerais a convertir en novelistas, futuros novelistas, empezad por ser buenos lectores, como lo fue siempre el indignado Gustave Flaubert, que una vez le recomendó a una de sus amigas lo siguiente: &#8220;Pero no lea como leen los niños, para divertirse, ni como lo hacen los ambiciosos, para instruirse. No, lea para vivir. Bríndele a su alma una atmósfera intelectual compuesta por la emanación de todos los grandes espíritus&#8221;.</p>
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		<title>Son sus datos y usted los controla</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 17:52:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nuevas Tecnologías]]></category>
		<category><![CDATA[Internet]]></category>
		<category><![CDATA[Intimidad]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Viviane Reding</strong>, vicepresidenta de la Comisión Europea (EL PERIÓDICO, 28/01/12):</p>
<p>¿Se ha preguntado alguna vez qué sucede con sus datos personales cuando se conecta a internet para reservar un vuelo? ¿Puede borrar realmente una foto que en su día subió usted a una red social? ¿Sabe quién puede ayudarle si han robado sus datos o los han utilizado incorrectamente?</p>
<p>Muchos europeos se hacen las mismas preguntas. A pesar de que aceptamos la creciente importancia que tiene internet en nuestra vida diaria, un 72% (71% en España) de los usuarios de internet son conscientes de que proporcionan demasiados datos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39909/son-sus-datos-y-usted-los-controla/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Viviane Reding</strong>, vicepresidenta de la Comisión Europea (EL PERIÓDICO, 28/01/12):</p>
<p>¿Se ha preguntado alguna vez qué sucede con sus datos personales cuando se conecta a internet para reservar un vuelo? ¿Puede borrar realmente una foto que en su día subió usted a una red social? ¿Sabe quién puede ayudarle si han robado sus datos o los han utilizado incorrectamente?</p>
<p>Muchos europeos se hacen las mismas preguntas. A pesar de que aceptamos la creciente importancia que tiene internet en nuestra vida diaria, un 72% (71% en España) de los usuarios de internet son conscientes de que proporcionan demasiados datos personales. Solo algo más de la cuarta parte de los usuarios de las redes sociales (26% en la UE, 23% en España) e incluso menos en el caso de los compradores en línea (18% en la UE, 21% en España) creen tener un control absoluto sobre sus datos personales.</p>
<p>En las redes sociales, en los teléfonos inteligentes que nos dicen dónde encontrar restaurantes en nuestra ciudad y en las tarjetas inteligentes que guardan información sensible sobre la asistencia sanitaria que recibimos dejamos rastros digitales cada vez que damos un paso. En este nuevo y desafiante mundo de los datos necesitamos dotarnos de un conjunto sólido de normas sobre protección de los mismos. En Europa, la directiva sobre protección de datos de 1995 constituyó un hito en el camino para garantizar nuestra intimidad y la protección efectiva de nuestros datos personales. Sin embargo, las diferencias en la manera en que los países han aplicado la ley han provocado lagunas jurídicas en esa protección, que varía en función de dónde vivamos o dónde compremos bienes y servicios. Es preciso modernizar las normas actualmente vigentes, que se remontan a una época en la que solo una pequeña parte de nuestros datos circulaba por internet y en la que el fundador de Facebook tenía 11 años.</p>
<p>Para proteger de manera más eficaz los datos personales, la Comisión Europea acaba de proponer una reforma global de esas normas. Con las nuevas normas tendrá usted un mayor control sobre sus datos personales y podrá acceder más fácilmente a ellos. Además, estará usted mejor informado de lo que sucede con sus datos si decide compartirlos. Las propuestas están pensadas para garantizar que sus datos estén protegidos con independencia del lugar al que se envíen o en el que estén almacenados, incluso si se mandan o almacenan fuera de la UE, como suele suceder en internet.</p>
<p>¿Qué cambiará concretamente para usted? Habrá un único conjunto de normas sobre protección de datos en los 27 estados miembros de la UE. Las normas de la UE se aplicarán cuando las empresas manejen datos personales fuera de la Unión o cuando ofrezcan servicios a los ciudadanos de la UE. Podrá acceder más fácilmente a sus datos personales y podrá transferirlos de un servidor a otro. Sus fotos, vídeos y contactos le pertenecerán a usted, no a la empresa que haya elegido para poner su perfil en la web. Si solicita sus datos, le serán devueltos en un formato usado habitualmente, lo que facilitará la elección de otro servidor. Se trata de una cuestión de competencia leal.</p>
<p>El <em>derecho al olvido</em> le ayudará a gestionar mejor los riesgos de la protección de datos en línea. Cuando ya no quiera que se traten sus datos y no haya motivos legítimos para conservarlos, podrá eliminarlos. Imagine que ha colgado una foto comprometedora en su página en una red social y tiene una entrevista de trabajo al día siguiente, por lo que desea eliminarla. Con arreglo a las nuevas normas, este derecho será una realidad y no un mero principio. Gracias a ellas, todos nosotros podremos controlar nuestros datos. Esto no significa que podamos borrar las noticias sobre nosotros que hayan aparecido en los periódicos o que podamos limitar la libertad de prensa. Las nuevas normas también dejarán claro que cuando usted autorice el tratamiento de sus datos, este deberá hacerse de forma explícita y con su conocimiento. En caso de que sus datos se roben, pierdan o pirateen, se le deberá informar de ello cuanto antes, no transcurrida una semana.</p>
<p>Por lo que se refiere a las empresas, las nuevas normas se traducirán en menos burocracia y mayor seguridad jurídica. En la medida de lo posible, se eliminarán las obligaciones de información exigidas a las empresas que resulten superfluas. Las organizaciones solo tendrán que tratar con la autoridad de protección de datos del país de la UE en el que tengan su sede principal.</p>
<p>Los ciudadanos podrán navegar por la red con seguridad y aprovecharse de las ventajas de comprar en línea y de las nuevas tecnologías, así como compartir información con amigos en todo el mundo. El lugar en el que se viva o en el que se encuentre el servidor o la sede principal de una empresa no dará pie a diferencias, lo que reforzará la confianza en el mercado interior y contribuirá a dar un mejor servicio a los consumidores en toda Europa, cuyos datos personales serán tratados de manera más segura y con menos gastos. En los complicados tiempos que vivimos, esto es lo que Europa necesita.</p>
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		<title>Patt Morrison Asks: The Internet Archive&#8217;s Brewster Kahle</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 16:14:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nuevas Tecnologías]]></category>
		<category><![CDATA[Internet]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>LOS ANGELES TIMES, 28/01/12:</p>
<p><em>This interview was edited and excerpted from a longer taped transcript. Interview archive: <a href="http://www.latimes.com/news/opinion/la-columnist-pmorrison,0,1429581.columnist">latimes.com/pattasks</a></em></p>
<p>Brewster Kahle has the gleeful air of a man who has just found something wonderful and wants to tell his friends all about it. And his friends are the 2 billion people, and counting, who are on the Internet every day.</p>
<p>What he has found &#8212; or more accurately, crafted &#8212; are the means and the mechanisms to preserve the human record, the whole human record, in its many media, so other humans can get to it with a tap or a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39899/patt-morrison-asks-the-internet-archives-brewster-kahle/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>LOS ANGELES TIMES, 28/01/12:</p>
<p><em>This interview was edited and excerpted from a longer taped transcript. Interview archive: <a href="http://www.latimes.com/news/opinion/la-columnist-pmorrison,0,1429581.columnist">latimes.com/pattasks</a></em></p>
<p>Brewster Kahle has the gleeful air of a man who has just found something wonderful and wants to tell his friends all about it. And his friends are the 2 billion people, and counting, who are on the Internet every day.</p>
<p>What he has found &#8212; or more accurately, crafted &#8212; are the means and the mechanisms to preserve the human record, the whole human record, in its many media, so other humans can get to it with a tap or a mouse click, on <a href="http://www.archive.org/">www.internetarchive.org</a> and <a href="http://openlibrary.org/">www.openlibrary.org</a>.</p>
<p>For a geek who made his fortune in cutting-edge search engines, Kahle sure does love books and print. He taught his kids geometry out of a 19th century volume of Euclid and does hand-set letterpress printing in his basement.</p>
<p>Thanks to Kahle&#8217;s Wayback Machine &#8212; a search engine named in homage to a cartoon on &#8220;The Rocky and Bullwinkle Show&#8221; &#8212; you can follow the history of vanished Web pages. At the archive&#8217;s website, download a book that&#8217;s in the public domain or borrow one &#8212; electronically &#8212; that&#8217;s not.</p>
<p>Kahle&#8217;s home base is a onetime Christian Science church in San Francisco. Where the week&#8217;s hymn numbers were once posted, there are now two canonical tech-world numbers: the golden ratio, and pi. Everybody sing!</p>
<p><strong>You love libraries, Web pages, pretty much all forms of information, but you worry about preserving it all.</strong></p>
<p>What happens to libraries is that they burn. And they get burned by governments. The Library of Congress was burned once; it was burned by the British.</p>
<p>So let&#8217;s design for it. If the folks at the [ancient] Library of Alexandria had made a copy and put it in China or India, we would have the works of Aristotle, the other plays by Euripides.</p>
<p>Wouldn&#8217;t it be great if you could put all the published works online? The Internet Archive is trying to become useful as a modern-day digital library. We&#8217;re trying with [today's] Library of Alexandria [among others].</p>
<p><strong>The Alexandria, in Egypt, right?</strong></p>
<p>Yes. They have this gorgeous building; you walk in, turn to your right and [there is] the running Internet Archive. They&#8217;re scanning their books for it. We have [such] agreements with five or six [libraries] around the world.</p>
<p>Let&#8217;s not have the Library of Alexandria, version two, burn this time. [Let's be prepared for] when Iron Curtains go up or down, when governments say, “We&#8217;re not really interested in this library thing anymore.”</p>
<p>The Internet Archive started [by] collecting all the Web pages, a copy of every page from every website every two months. We collected, collected, collected. Then we made the Wayback Machine.</p>
<p>Then we started collecting television — 20 channels worldwide since the year 2000, mostly news.</p>
<p>The book collection — we&#8217;re digitizing 1,000 books every day [in] 29 scanning centers in six countries. There&#8217;s a room in the Library of Congress and they keep bringing us maybe 100 or 200 books a day [to scan].</p>
<p>We get a couple of million people a day to see these collections.</p>
<p><strong>One of the ways your collection of current books differs from Google&#8217;s quest to record all books is that you&#8217;ve structured yours like a lending library &#8212; people check out a book virtually and return it virtually.</strong></p>
<p>We started by scanning public domain books and now have about 2 million available [to download] free. [We get books] from around 500 great libraries. The California state library participates. The libraries, or some foundation, [pay] to have them scanned. The national library of Spain [has] us collect all Spanish websites.</p>
<p>It costs 10 cents a page; about $30 a book. We can do it all in about one hour.</p>
<p>But we wanted to get more modern books [too], so we came up with the lending library system at <a href="http://openlibrary.org/">openlibrary.org</a>.</p>
<p><em>[He pulls up the site on his laptop and demonstrates.] </em>&#8220;Mr. Popper&#8217;s Penguins&#8221; &#8212; it probably has some rights issues, so I can take this book for two weeks. Anyone else who wants to borrow it, they&#8217;ll have to wait until I return it. OK, so now I&#8217;m going to return the book &#8212; ta da!</p>
<p><strong>How do writers get paid? And will all libraries be online affairs?</strong></p>
<p>All this is in transition. We&#8217;re starting to see a few companies really suck the air out of the room [with] central points of control: Google, Apple, Amazon. Let&#8217;s find an [open] alternative.</p>
<p>We see libraries [online], buying ebooks as they buy books today: Buy them and lend them out. [Some] publishers are not selling ebooks to libraries, but if the $3 billion to $4 billion that libraries currently spend on publishers&#8217; products [still goes] to publishers and authors, then there is a future for all concerned.</p>
<p><strong>Slate called you an evangelical librarian. Do librarians like you?</strong></p>
<p>Yes; we&#8217;re doing things they wish they could be doing.</p>
<p><strong>You sound like a liberal arts major!</strong></p>
<p>Nah, I just read all these books. My background really comes from geekdom and the idea of building a smart machine. If we&#8217;re going to build a smart machine, let&#8217;s have it read good books.</p>
<p><strong>So when you went to the library as a kid, you thought, we can do better than this?</strong></p>
<p>Oh yeah &#8212; [the library] is all romantic, but it&#8217;s super-slow. Answering questions in a physical library with books &#8212; that&#8217;s the sort of thing we expect to do like that [he snaps his fingers] on the Net now.</p>
<p>The problem is the Net doesn&#8217;t have [enough of] the good stuff yet. It&#8217;s shallow. The way most people are learning these days is through screens, so let&#8217;s make sure they have as good a [screen] library as [the kind] we grew up with.</p>
<p>My kids are 14 and 17; the books of the 20th century are not at the fingertips of my children, and the 20th century was pretty impactful. If we don&#8217;t [change] that, we&#8217;re going to end up with a generation that&#8217;s going to learn only [from] corporate stuff or Wikipedia.</p>
<p><strong>I read you have 40 billion Web pages from 50 million websites. Do you lie awake at night and think there are millions more being created at this very moment, how do we catch up?</strong></p>
<p>Yes, absolutely. And the Web is changing. It&#8217;s more difficult to [keep up], but that&#8217;s our challenge.</p>
<p>With the early websites from the 1990s, a lot of [things] didn&#8217;t work out but at least we have copies of them. And next time, let&#8217;s go back and make sure our technology can support those dreams better.</p>
<p>What&#8217;s [the Web] going to become? I&#8217;m hoping [it] isn&#8217;t just the next glorified television.</p>
<p><strong>You do ephemera like seed catalogs and political brochures too?</strong></p>
<p>A lot of ephemera, old computer magazines, people love that stuff.</p>
<p><strong>And you&#8217;ve got a “book ark.”</strong></p>
<p>We don&#8217;t want to destroy the books we&#8217;re scanning. We love books! So we said let&#8217;s get good at storing books. Libraries spend a lot of money storing books. We [do it for about] one-tenth of what libraries spend.</p>
<p>We do it much more densely. We put them in boxes, then on pallets, then in modified shipping containers. We know where everything is. It&#8217;s not meant to be a circulating library. It&#8217;s collection-oriented.</p>
<p>If you&#8217;re wondering [if] “1984” by George Orwell has been changed [in a new edition], can we check the original? We&#8217;re a place to do that. It&#8217;s the original testimony of the artifact. Is this level of protection the ultimate? I don&#8217;t know. But it&#8217;s another shot at it.</p>
<p><strong>Do you read on a Kindle?</strong></p>
<p>No, I like books.</p>
<p><strong>How close are you to getting it all digitized?</strong></p>
<p>When we started, we were thought of as crazy; it was impossible. Or if you could do it, you wouldn&#8217;t want to. We don&#8217;t hear that anymore. People are saying, glad you&#8217;re there; I&#8217;ve used it; it&#8217;s helped me out. So in 15 years &#8212; somewhat because of us doing it and showing it&#8217;s valuable — we&#8217;ll use the Net as the library. By being a library, we&#8217;re able to remember and live a civic role that existed before the Internet.</p>
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		<title>Philanthropy is the enemy of justice</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39898/philanthropy-is-the-enemy-of-justice/</link>
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		<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 22:45:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Ayuda humanitaria]]></category>
		<category><![CDATA[Filantropía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Robert Newman</strong>, British stand-up comedian, author and political activist (THE GUARDIAN, 27/01/12):</p>
<p>It&#8217;s strange that at this week&#8217;s <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/business/2012/jan/27/davos-2012-day-3-world-economic-forum?newsfeed=true">World Economic Forum</a> the designated voice of the world&#8217;s poor has been Bill Gates, who has pledged £478m to the Global Fund to fight Aids, Tuberculosis and Malaria, telling Davos that the world economic crisis was no excuse for cutting aid.</p>
<p>It reminds me of that dark hour when Al Gore, despite being a shareholder in Occidental Petroleum, was the voice of climate change action – because Gates does not speak with the voice of the world&#8217;s poor, of course, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39898/philanthropy-is-the-enemy-of-justice/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Robert Newman</strong>, British stand-up comedian, author and political activist (THE GUARDIAN, 27/01/12):</p>
<p>It&#8217;s strange that at this week&#8217;s <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/business/2012/jan/27/davos-2012-day-3-world-economic-forum?newsfeed=true">World Economic Forum</a> the designated voice of the world&#8217;s poor has been Bill Gates, who has pledged £478m to the Global Fund to fight Aids, Tuberculosis and Malaria, telling Davos that the world economic crisis was no excuse for cutting aid.</p>
<p>It reminds me of that dark hour when Al Gore, despite being a shareholder in Occidental Petroleum, was the voice of climate change action – because Gates does not speak with the voice of the world&#8217;s poor, of course, but with the voice of its rich. It&#8217;s a loud voice, but the model of development it proclaims is the wrong one because philanthropy is the enemy of justice.</p>
<p>Am I saying that philanthropy has never done good? No, it has achieved many wonderful things. Would I rather people didn&#8217;t have polio vaccines than get them from a plutocrat? No, give them the vaccines. But beware the havoc that power without oversight and democratic control can wreak.</p>
<p>The biotech agriculture that Lord Sainsbury was unable to push through democratically he can now implement unilaterally, through his Gatsby Foundation. We are told that Gatsby&#8217;s biotech project aims to provide food security for the global south. But if you listen to southern groups such as the <a title="" href="http://home.iae.nl/users/lightnet/world/indianfarmer.htm">Karnataka State Farmers of India</a>, food security is precisely the reason they campaign against GM, because biotech crops are monocrops which are more vulnerable to disease and so need lashings of petrochemical pesticides, insecticides and fungicides – none of them cheap – and whose ruinous costs will rise with the price of oil, bankrupting small family farms first. Crop diseases mutate, meanwhile, and all the chemical inputs in the world can&#8217;t stop disease wiping out whole harvests of genetically engineered single strands.</p>
<p>Both the Gatsby and the <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/bill-and-melinda-gates-foundation">Bill and Melinda Gates foundations</a> are keen to get deeper into agriculture, especially in Africa. But top-down nostrums for the rural poor don&#8217;t end well. The list of autocratic hubris in pseudo-scientific farming is long and spectacularly calamitous. It runs from Tsar Alexander I&#8217;s model village colonies in 1820s Novgorod to 1920s Hollywood film producer <a title="" href="http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,744698,00.html">Hickman Price</a>, who, as Simon Schama brilliantly describes in <a title="" href="http://www.amazon.co.uk/American-Future-Professor-Simon-Schama/dp/1847920004">The American Future</a>, &#8220;bought 54 square miles of land to show the little people how it was really done, [and] used 25 combines all painted glittery silver&#8221;. His fleet of tractors were kept working day and night, and the upshot of such sod-busting was the <a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Dust_Bowl">great plains dustbowl</a>. But there&#8217;s no stopping a plutocratic philanthropist in a hurry.</p>
<p>And then there is the vexed question of whether these billions are really the billionaires&#8217; to give away in the first place. When Microsoft was on its board, the American Electronics Association, the AeA, challenged European Union proposals for a ban on toxic components and for the use of a minimum 5% recycled plastic in the manufacture of electronic goods.</p>
<p>AeA took the EU to the World Trade Organisation on a charge of erecting artificial trade barriers. (And according to the American NGO Public Citizen, &#8220;made the astounding claim that there is no evidence that heavy metals, like lead, pose a threat to human health or the environment&#8221;.)</p>
<p>Now, the EU is big enough and ugly enough to have fought and won the case. But many an African country lacks the war chest for such a fight, and so will end up paying for the healthcare of those exposed to leaky old PCs&#8217; cadmium, chromium or mercury, instead of embarking on, let&#8217;s say, a nationwide anti-malaria strategy. Bill Gates himself may not indeed have known about what the AeA was doing on Microsoft&#8217;s behalf, but the fact remains that if a philanthropist&#8217;s money comes from externalising corporate costs to taxpayers, and that if Microsoft is listed for its own tax purposes as a partly Puerto Rican and Singaporean company, then the real philanthropists behind these glittering foundations might be a sight more ragged-trousered than Bill and Melinda.</p>
<p>Free marketeers will spring to the defence of billionaire philanthropists with a remark like: &#8220;Oh, so you&#8217;d rather they spent all their money selfishly on golf courses and mansions, would you?&#8221; To which I reply: &#8220;Oh, you mean that trickle-down doesn&#8217;t work, after all?&#8221; But the point is that the poor are not begging us for charity, they are demanding justice. And when, on the occasion of his birthday, a sultan or emperor reprieved one thousand prisoners sentenced to death, no one ever called those pardons justice. Nor is it justice when a plutocrat decides to reprieve untold thousands from malaria. Human beings should not have to depend upon a rich man&#8217;s whim for the right to life.</p>
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		<title>Nuestra resistencia al Holocausto</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 16:27:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39902</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Isaac Querub</strong>, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, y de la Asociación de Amigos Yad Vashem-España, y <strong>Álvaro Albacete</strong>, embajador de España para las relaciones con la comunidad judía y director general de Sefarad-Israel (EL PAÍS, 27/01/12):</p>
<p>El 27 de enero es el día establecido por Naciones Unidas para la conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto. En esa fecha, en 1945, el Ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, Auschwitz-Birkenau.</p>
<p>Este campo representa hoy una metáfora del mal inconcebible y monstruoso. Allí, a partir de septiembre de 1941, el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39902/nuestra-resistencia-al-holocausto/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Isaac Querub</strong>, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, y de la Asociación de Amigos Yad Vashem-España, y <strong>Álvaro Albacete</strong>, embajador de España para las relaciones con la comunidad judía y director general de Sefarad-Israel (EL PAÍS, 27/01/12):</p>
<p>El 27 de enero es el día establecido por Naciones Unidas para la conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto. En esa fecha, en 1945, el Ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, Auschwitz-Birkenau.</p>
<p>Este campo representa hoy una metáfora del mal inconcebible y monstruoso. Allí, a partir de septiembre de 1941, el asesinato en masa se convirtió en rutina diaria. Se mató a más de un millón de personas, y 9 de cada 10 eran judíos. Las víctimas llegaban en vagones de carga de tren, la mayoría proveniente de guetos y campos en la Polonia ocupada, pero también de casi todos los países de Europa occidental y oriental. Al llegar se separaba a los hombres de las mujeres y los niños. Se obligaba a los prisioneros a desvestirse y a entregar todos sus objetos de valor y se les metía en las cámaras de gas que estaban camufladas de duchas y se les asfixiaba con monóxido de carbono. La minoría seleccionada para realizar trabajos forzados quedaba expuesta a la malnutrición, epidemias, experimentos médicos y brutalidad. Muchos murieron de esta manera.</p>
<p>Más de medio siglo después, el horror de la Shoá sigue constituyendo un enigma indescifrable para el ser humano. La persecución y asesinato sistemático de seis millones de judíos por parte del régimen nazi, que se realizó con la ayuda activa de colaboradores locales en muchos países y con la aquiescencia o indiferencia de millones de personas.</p>
<p>Pero hubo también resistencia.</p>
<p>Hubo resistencia en casi todos los campos de concentración y guetos, en especial en el gueto de Varsovia entre abril y mayo de 1943, pero también en los de Vilna y Bialystok, o en Sobibor. Hubo resistencia institucional en áreas ocupadas por los nazis fuera de Alemania, como la que se produjo en Dinamarca en el otoño de 1943, donde, con el apoyo de la población local, se rescató a casi toda la comunidad judía de ese país escondiéndoles en un dramático viaje en barco hasta la segura y neutral Suecia. El recientemente desaparecido Jorge Semprún representa bien esa resistencia en áreas ocupadas por los nazis; una resistencia en la que participó activamente y por la que fue apresado por la Gestapo en 1943 y enviado al campo de concentración de Buchenwald. Fue marcado en su uniforme de preso con el número 44904.</p>
<p>Y hubo resistencia de individuos de otros países que arriesgaron sus vidas para salvar a los judíos y a otras personas perseguidas por los nazis. Uno de ellos fue Ángel Sanz Briz, diplomático español destinado en Budapest en 1942, que salvó la vida de entre 5.000 y 6.000 judíos en 1944, incluyendo la evacuación a Tánger de 500 niños judíos. Ángel Sanz Briz ha sido reconocido con el título de Justo entre las Naciones, que concede el Estado y el Pueblo de Israel a los no judíos que arriesgaron su vida para salvar a los judíos del Holocausto.</p>
<p>Y junto con esa resistencia activa, hubo una llamada resistencia espiritual contra la opresión nazi en los campos y guetos. La creación de instituciones culturales judías, la continuación de prácticas religiosas, y la voluntad de recordar y contar la historia de los judíos fueron intentos conscientes de preservar la historia y vida comunal del pueblo judío a pesar de los esfuerzos nazis de erradicarla.</p>
<p>La permanencia de esa voluntad de recuerdo representa hoy la resistencia más sólida a un Holocausto futuro. Su recuerdo, la educación sobre su significado histórico, y la acción prospectiva son esenciales si queremos que la historia no se repita. Debemos hacerlo a escala internacional, porque esa fue la escala del Holocausto, con el concurso de diplomáticos, expertos, científicos, educadores, comunidades judías, y de la sociedad en su conjunto. Y muy especialmente, siguiendo las recomendaciones del Protocolo de Ottawa para combatir el antisemitismo (noviembre de 2010), hemos de hacerlo comprometiendo tanto a las instituciones gubernamentales como a nuestros representantes en el Parlamento. Esta es la misión que más de 30 países hemos asignado a la Organización Internacional para el Recuerdo del Holocausto, de la que España forma parte desde el año 2008, y en la que participa de forma activa sobre todo a través de iniciativas orientadas al ámbito de la educación.</p>
<p>Nada nos garantiza que las generaciones futuras vayan a tener sensibilidad hacia sus minorías. Trabajemos pues con ellos, con la infancia, con la juventud. En Sefarad-Israel y la Federación de Comunidades Judías de España estamos convencidos de que la educación es clave para combatir el antisemitismo todavía latente en parte de la sociedad española. No se trata de intentar borrar la identidad del otro, sino de conocerla y comprenderla, poniendo de manifiesto la riqueza que representa la diversidad de nuestra sociedad e inculcando actitudes positivas ante la misma.</p>
<p>El poeta catalán Salvador Espriu decía a sus hijos: &#8220;Habré vivido para salvar estas pocas palabras que os dejo: el amor, la justicia, la libertad&#8221;. El verdadero valor del patrimonio de nuestro legado no es tangible, como demostraron las resistencias espirituales durante el Holocausto. Es, ante todo, una tarea de enseñanza, a conocer y a hacer, a ser y a vivir juntos.</p>
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		<item>
		<title>¿El fin de la dictadura del &#8216;culturetado&#8217;?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39887/el-fin-de-la-dictadura-del-culturetado/</link>
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		<pubDate>Thu, 26 Jan 2012 11:20:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Propiedad Intelectual]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Ángel Mañas</strong>, escritor (EL PAÍS, 26/01/12):</p>
<p>Uno de los que ha descrito con mayor plasticidad el estado actual de los artistas ha sido el escritor Agustín Fernández Mallo: &#8220;A veces los creadores somos como osos de Alaska a quienes se les derrite el hielo bajo los pies. Gritamos, pero eso no evitará que el hielo siga derritiéndose&#8221;. No podía estar más de acuerdo. Pero no olvidemos que los osos saben nadar.</p>
<p>La imagen me parece un buen punto de partida para reflexionar sobre las incómodas circunstancias en las que se encuentran actualmente los artistas y sobre su &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39887/el-fin-de-la-dictadura-del-culturetado/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Ángel Mañas</strong>, escritor (EL PAÍS, 26/01/12):</p>
<p>Uno de los que ha descrito con mayor plasticidad el estado actual de los artistas ha sido el escritor Agustín Fernández Mallo: &#8220;A veces los creadores somos como osos de Alaska a quienes se les derrite el hielo bajo los pies. Gritamos, pero eso no evitará que el hielo siga derritiéndose&#8221;. No podía estar más de acuerdo. Pero no olvidemos que los osos saben nadar.</p>
<p>La imagen me parece un buen punto de partida para reflexionar sobre las incómodas circunstancias en las que se encuentran actualmente los artistas y sobre su problemático encaje en el siglo XXI, que será -lo podemos decir ya- el siglo de la información. He leído en alguna parte que, si apilásemos CD con toda la información que hemos ido acumulando durante los últimos años en Internet, el conjunto daría para llegar de aquí a la Luna. Hay pocas cosas ciertas en este inicio de milenio, pero una de ellas es que nunca antes en la historia de la humanidad se había acumulado tanta información.</p>
<p>Y, curiosamente, en esta era de la información los artistas están sufriendo como hacía bastante que no sufrían. Hay que decir que durante el siglo pasado estuvieron mal acostumbrados. Por primera vez en la historia habían conseguido entrar en las instituciones. Su pasado, hasta que aterrizaron en los Estados de bienestar, había sido otro. Durante muchos siglos, el arte fue el privilegio de las clases adineradas. A menudo, los artistas eran, en realidad, una suerte de bufones. Alguien como Quevedo debió de ser una curiosidad para la corte de Felipe IV. Mozart, un capricho de la corte de Viena. Literatura y música no eran sino pasatiempos de las clases altas, a quienes, como es lógico, les correspondía ejercer de mecenas. Y raro era el artista que mordía abiertamente la mano que le daba de comer.</p>
<p>En el siglo XIX, sin embargo, los bufones dejaron de ser tan simpáticos. Con el auge del Romanticismo, la figura del artista se transforma y nace el bohemio enfrentado a la sociedad burguesa. Esta es la imagen del creador que más ha calado. Desinterés material y amor intransigente por el arte, inconformismo, liberalidad sexual, genialidad y locura, son algunos de los atributos de un personaje decimonónico que aún hoy subsiste en el imaginario colectivo. Baudelaire se pintaba de verde el pelo para epatar a sus contemporáneos, Larra se pegó un tiro por amor y Van Gogh se cortó una oreja.</p>
<p>Por su parte, el XX fue el siglo de las guerras mundiales, de la televisión, del cine y de la cultura popular. Durante la primera mitad del siglo la figura del artista se politiza. El creador se compromete, se echa a la calle, se hace de izquierdas. Muchos mueren en la Guerra Civil española, otros parten al exilio. También Europa mira hacia Moscú. Alberti, Neruda, Brecht, Camus, Sartre, Moravia. La lista es inacabable y la tendencia tan poderosa, que durante un tiempo pareció que ser intelectual y de derechas fueran dos cosas incompatibles. Ahí empezaron los problemas históricos que han tenido, desde hace casi un siglo, los partidos conservadores con la cultura.</p>
<p>La situación evolucionó al mismo tiempo que la realidad social europea y así, en la segunda mitad del XX (una circunstancia que dura hasta la fecha), la intelectualidad occidental entró en las instituciones y pasó a ocupar puestos de una novedosa responsabilidad política. Personalidades como Malraux y Semprún se convierten en ministros de sus respectivos países y la cultura pasa a ser uno de esos dispendios lujosos de un Estado de bienestar que asume, entre sus tareas, la de subvencionar a sus creadores y poner el arte al alcance de todos.</p>
<p>Es la situación de la que salimos y en la que ha irrumpido con fuerza un elemento con el que pocos contaban: la cibercultura o el internautismo, llámese como se quiera. Los internautas más beligerantes, con su filosofía libertaria y sus teorías del procomún y de la copia libre, llevan ya unos años enfrentándose con virulencia a los adalides de los derechos de autor y del intervencionismo estatal. No entraré en los argumentos que se están esgrimiendo desde las trincheras de ambos campos en lo que quizá sea el debate intelectual más apasionante del último lustro. Me parece que no es el momento y hace tiempo que asumí que estoy entre los perdedores: las minas tradicionales se están cerrando y yo me cuento entre quienes luchan para defender un anacrónico medio de subsistencia.</p>
<p>Lo que sí quería resaltar es la curiosidad de que, por primera vez en la historia reciente, el colectivo de artistas, vamos a llamarlos clásicos, se han encontrado en una situación descaradamente retrógrada y reaccionaria. Y eso, para quienes están acostumbrados a ser la vanguardia cultural de nuestras sociedades, es una situación insólita e incómoda, de la que no saben cómo salir. Yo sospecho que será con los pies por delante. Así que vayamos entonando un réquiem y esperemos que los vencedores se muestren piadosos. La batalla, tal y como está planteada en estos momentos por los <em>culturetas,</em> está perdida de antemano.</p>
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		<title>El arte, misteriosa industria</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Jan 2012 01:01:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Miguel de Oriol e Ybarra</strong>, doctort artquitecto y académico de número de la Real de Bellas Artes (ABC, 26/01/12):</p>
<p>Uno de los cien grandes empresarios españoles del siglo XX, elegidos por la publicación de LID, dirigida por Eugenio Torres, contaba, en versión que verifiqué, su visita a la sede recién inaugurada de una importante industria de la que fue cofundador.</p>
<p>El negocio crecía con brillantez (la Gran Guerra despertó una avidez extrema en el mercado), así que tanto el solar de producción como el edificio administrativo, impropiamente fundido al de representación, debieron actualizar sus escenarios. A ritmo parejo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39885/el-arte-misteriosa-industria/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Miguel de Oriol e Ybarra</strong>, doctort artquitecto y académico de número de la Real de Bellas Artes (ABC, 26/01/12):</p>
<p>Uno de los cien grandes empresarios españoles del siglo XX, elegidos por la publicación de LID, dirigida por Eugenio Torres, contaba, en versión que verifiqué, su visita a la sede recién inaugurada de una importante industria de la que fue cofundador.</p>
<p>El negocio crecía con brillantez (la Gran Guerra despertó una avidez extrema en el mercado), así que tanto el solar de producción como el edificio administrativo, impropiamente fundido al de representación, debieron actualizar sus escenarios. A ritmo parejo se planteó una cuantiosa ampliación de capital. Y él, de personalidad singular, fue a cumplimentar al presidente en su despacho recién inaugurado, para oficializar su fundamental contribución. Al verse rodeado de tapices y pinturas de gran calidad, ya en el vestíbulo, se volvió por donde había venido y retiró su anunciada participación.</p>
<p>Creía saber, como creador independiente, arquitecto, que los espacios donde se desarrollan el trabajo de producción y el administrativo deben rendir culto generoso a la eficacia, pero de ningún modo vestirse con las prendas del muy costeado Arte adquiridas gracias al éxito económico derivado del tecnológico y del comercial (la molicie ambiental, precisamente allí, solo estaba justificada por la codicia social, germen implacable de los grandes ocasos empresariales). Cuando su emplazamiento apropiado estaba en los hogares de quienes habían arriesgado, y en su debida proporción.<br />
Consideraciones que no desautorizaban el placer que afloraba en su expresión cuando mostraba la colección —en gran parte heredada— de joyas escultóricas, pictóricas y paisajísticas primorosamente presentadas en su casa. Es decir, era partidario de ubicar al Arte allí donde se disfruta y no donde de él se ufana quien lo ignora. Europa es un gran museo reunido a lo largo de milenios por quienes lo alimentaron con su trabajo. El goce visual y auditivo resultante ha creado un mercado —el turístico— de rendimiento superior a cualquier negocio funcional.</p>
<p>Él, entonces, analizaba los escenarios creativos: «La influencia del clima en la acción justifica los aprovechamientos laborales noreuropeos superiores a los meridionales. En sentido contrario, la inspiración artística —histórica— del Sur culto es gloriosa en su soleada fertilidad de bellezas luminosas y distintas. Hoy, las Galerías Nacionales del Norte las exhiben pródigas y orgullosas, mientras las Colecciones mediterráneas se saben básicamente autoabastecidas».</p>
<p>Él, arquitecto, recordaba su período universitario a finales del XIX, cuando dedicaba el invierno frío y grisáceo a preparar las asignaturas matemáticas y geométricas —ciencias— para, al llegar el buen tiempo, volcarse en dibujos, presentaciones y proyectos que se inspiraban y lucían al sol. Brillo que alegraba las solanas y convertía en sobresalientes sus calificaciones. El ambiente resultaba capital en el tipo de producción.</p>
<p>Ya metido en años, le interesaba desentrañar los enigmas estéticos que orientaban la creatividad. Sus tertulianos más sabios, los que valoraban las Artes como inversión de rendimiento máximo, se referían exclusivamente a aquellas cuyo objetivo autosuficiente es la belleza visual, táctil o auditiva, aclaración hoy necesaria, ya que en cualquier tiempo anterior hubiera sonado gratuita, por supuesta y sabida. Descalificaban cualquier otra que se enmascarara tras una utilidad justificadora o se apoyara en una pura sorpresa inesperada. La fealdad, si extravagante, se estaba poniendo de moda, y la indumentaria ajada o rota, provocadora, se oponía a la elegancia. Despistes de Occidente.</p>
<p>En este punto me incorporo a nuestro tiempo para comentar la teoría concurrente que expone Ricardo Aroca en su trabajo «La historia secreta de los edificios». En él aboga por la eficiencia en la Arquitectura como herramienta vividera, para describir después, laudatorio, entre obras respaldo de sus tesis, otras cuyo prestigio histórico se debe a la grandiosidad en su génesis —Cueva de Menga— o a la exquisitez visual —La Alhambra— y sus tesoros. Celebra en estas las sensaciones telúricas, estéticas o místicas que surgen, admiradas por su singularidad. Aroca, inevitablemente artista —«La Arquitectura es Arte Mayor»— señala, precisamente en ellas, sus valores, arqueológico y estético, más emocionales que industriosos, más artísticos que escuetamente útiles (los mocárabes de La Alhambra puramente decorativos, no estructurales, persiguen con descaro el maquillaje de arcos clásicos, no de herradura, y de bóvedas occidentales). Es decir, su inteligente análisis pone las cosas en «su sitio»: el Arte es lo más. Y debe dejarse ver allí donde no hay distracciones ocupacionales.</p>
<p>Hoy Europa, muy guapa y lujosa, sirve como escaparate donde se exhibe la recreación artística de su vieja y propia riqueza patrimonial. Todo el continente es sede, más museo que industria rompedora.</p>
<p>Los EE.UU., inmensa fábrica, nos han superado en eficacia administrada en sus oficinas verticales; sus potentados vienen a disfrutar de nuestro gran salón, a comprar la inmortalidad de sus bellezas acumuladas cuando éramos los mejores.</p>
<p>Tanto la China como la India se aprestan para el relevo. Les va a llevar un tiempo.</p>
<p>Europa, en cambio, pasiva, sumida en su hedonismo, torna en descreída; sustituye el acercamiento al Ser Supremo imán activador —y suple su bendición— por el contacto con el poder eurótico. Sus habitantes quieren ser ricos. A Giscard, como europeo, arrugado y encogido, no le gusta rezar. La Madeleine está silenciosa y vacía. Obama, en cambio, cada vez que asoma invoca a Dios, sí, al Dios inspirador.</p>
<p>Hoy, los creadores de una idea lúcida, capaz de acercar a los hombres entre sí (sea en la comunicación física por tierra, mar y aire; visual, televisiva; auditiva, telefónica o correo-electrónica) obtienen una retribución dineraria menor que los gestores comerciales, expertos en «contactos situados», y solo los materializadores virtuosos del chispazo —la ideación— consiguen una sustancia líquida —la pasta— considerable. Es decir, la creación no está convenientemente apreciada.</p>
<p>De ahí que las sucesivas generaciones afluentes se especialicen en vender, jugando el papel de políticos, comisionistas o comerciantes en lugar de idear, descubrir, inventar o conocer.</p>
<p>Resulta ilustrador asistir a coloquios de altura donde los filósofos son los que arrollan porque, informados y baqueteados por la vida, exponen lo que de ellos aflora con sabor propio. En contraste, los que, fieles a su formación académica, no se han autoexigido genuina aportación se duelen cuando alguna de las ofertas frescas y espontáneas de sus interlocutores contradice algo que ellos —como profesores— consideran parte de su asignatura, la que no saben defender. El pensamiento joven que ha saltado a escena, por original, ha resultado seductor y ganador.</p>
<p>Quizás Europa deba darse cuenta de que el Maybach y el Rolls son mejores que el Cadillac y el Lincoln, aunque son solo joyas del pasado. Si aspira a seguir puntera debe aislar los espacios industriales y competitivos de su impresionante salón cultural. Los diseñadores italianos carrozan el Audi, R8, cuyo motor es alemán. Pero Klimt y Schiele siguen en los museos.</p>
<p>Los americanos mandan a sus hombres a la Luna, pero los que pueden compran el Lamborghini, de motor germano. Nuestro continente, tan vario en su milenaria ambientación, especializa cada día más sus espacios creativos para extraer el máximo de sus cerebros consecuentemente diferenciados. ¿Puede, si se atreve a creer, recuperar la gloria?</p>
<p>La producción y la belleza podrían entonces convivir.</p>
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		<title>La desmilitarización de la política de los gobiernos musulman</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 21:54:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Fuerzas Armadas]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Shahid Javed Burki</strong>, ex Ministro de Finanzas de Pakistán y Vicepresidente del Banco Mundial, y actualmente  presidente del Instituto de Políticas Públicas, con sede en Lahore. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos (Project Syndicate, 25/01/12):</p>
<p>¿Pueden los gobiernos musulmanes liberarse de los poderosos ejércitos de sus países y establecer control civil comparable al que se encuentra en las democracias liberales?  Esta pregunta es ahora de suma importancia en países tan dispares como ser Egipto, Pakistán y Turquía.</p>
<p>Entender el pasado de la región ayuda a predecir cómo se desarrollará esta lucha. Desde la fundación del Islam en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39852/la-desmilitarizacion-de-la-politica-de-los-gobiernos-musulman/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Shahid Javed Burki</strong>, ex Ministro de Finanzas de Pakistán y Vicepresidente del Banco Mundial, y actualmente  presidente del Instituto de Políticas Públicas, con sede en Lahore. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos (Project Syndicate, 25/01/12):</p>
<p>¿Pueden los gobiernos musulmanes liberarse de los poderosos ejércitos de sus países y establecer control civil comparable al que se encuentra en las democracias liberales?  Esta pregunta es ahora de suma importancia en países tan dispares como ser Egipto, Pakistán y Turquía.</p>
<p>Entender el pasado de la región ayuda a predecir cómo se desarrollará esta lucha. Desde la fundación del Islam en el siglo VII, se ha mantenido una tradición de profundo compromiso de participación de los militares en la política y la gobernabilidad. De hecho, el aumento de la capacidad militar del Islam ayudó a que éste se extienda rápidamente por todo el mundo.</p>
<p>El ejército fue el responsable de la implantación del Islam en todo el Oriente Medio, así como en Persia, el sur de Europa, y el sub-continente indio. Además, una vez que un estado musulmán se establecía en las tierras recién conquistadas, el ejército se convertía en parte integral de su gobierno.</p>
<p>La incorporación de los militares en el estado fue más prominente en el Imperio Otomano, cuyos gobernantes crearon un nuevo tipo de fuerza militar que reclutó a sus miembros, en su mayoría, de las partes de Europa gobernadas por el Islam. Estos jenízaros (jóvenes cristianos reclutados para servir en las unidades de infantería otomana) o eran reclutados en Europa o eran secuestrados de los países que estaban bajo control otomano.</p>
<p>A los Jenízaros no se les permitía casarse o tener bienes propios, lo que evitaba que desarrollen lealtades fuera de la corte imperial. Pero, después de que se levantaron estas restricciones en el siglo XVI y hasta su exterminio en el siglo XIX, los jenízaros se convirtieron en un grupo extremadamente poderoso en Estambul (e incluso establecieron su propia dinastía en Egipto).</p>
<p>El dominio militar en los países musulmanes sobrevivió hasta la caída del Imperio Otomano a principios del siglo XX. Las potencias coloniales que llenaron el vacío dejado por este imperio en decadencia tenían sus propios ejércitos, y por lo tanto no necesitan las fuerzas locales para gobernar. Sin embargo, cuando los europeos se retiraron del mundo musulmán en el siglo XX, estas fuerzas se apresuraron a regresar para capturar el control de la política.</p>
<p>Los militares llegaron al poder en Egipto, Pakistán y otros países árabes a principios y mediados del siglo XX. En Turquía, los militares se proclamaron los guardianes de la República laica de Turquía, fundada en el año 1923 por Mustafa Kemal Atatürk, quien, también, era militar.</p>
<p>Hoy en día, las revoluciones que desestabilizan gran parte del mundo musulmán están plagadas del pasado militar del Islam. En la primera fase de estos levantamientos populares, aquellos que habían sido excluidos política y económicamente  comenzaron a exigir inclusión y participación. Ahora, una segunda fase está en marcha, esta fase está marcada por un esfuerzo serio por despojar a la antigua clase militar de su poder. Esta lucha se manifiesta de diferentes maneras en Egipto, Turquía y Pakistán.</p>
<p>En Egipto, la toma de control por parte los militares de la transición política tras el derrocamiento del ex presidente Hosni Mubarak no es aceptable, tanto para las fuerzas musulmanas como para las laicas. La mayoría de los egipcios quiere que los soldados abandonen la política y regresen a sus cuarteles.</p>
<p>Essam el-Erian, cuya Partido Islamista Libertad y Justicia ha ganado recientemente la mayoría de los escaños en las elecciones parlamentarias de Egipto, dijo recientemente que los hermanos musulmanes (a los que el partido está estrechamente vinculado), no esperan que los gobernantes militares abandonen el poder voluntariamente. Se tendrá que persuadir a los militares para que abandonen el poder, y si eso no funciona, deberán ser obligados a abandonarlo. En última instancia, el primer paso del parlamento para la eliminación de los militares sería defender la autoridad que tiene dicho parlamento tiene para elegir a los miembros de una Asamblea Constituyente de 100 personas que ya ha sido planificada.</p>
<p>Mientras tanto, en Turquía, el Partido Justicia y Desarrollo, que tiene fuertes raíces en la tradición islámica del país, en la actualidad está tratando de limitar el rol que desempeñan los militares. Las fuerzas armadas, sin embargo, reclamar un mandato constitucional para proteger las tradiciones laicas de la República. Y, los generales de Turquía han intervenido en la política en varias ocasiones para defender al kemalismo – la ideología laica de modernización de Atatürk que condujo a la Turquía islámica hacia un liberalismo de estilo europeo.</p>
<p>Sin embargo, de los tres países, Turquía es el país que ha tenido más éxito en la desmilitarización de su política. El carismático primer ministro, Recep Tayyip Erdoğan, tras haber ganado tres elecciones consecutivas, ha sido capaz de ejercer su autoridad sobre los militares. De forma polémica, ha encarcelado al general de más alto rango del ejército, İlker Basbug, a quien los fiscales turcos han acusado – según la opinión de muchos de manera inverosímil – de conspirar para derrocar al gobierno.</p>
<p>Finalmente, el ejército de Pakistán, que ha gobernado el país durante la mitad de sus 64 años de historia, está luchando enérgicamente por retener su influencia sobre la formulación de políticas. Humillado por su incapacidad para controlar las operaciones militares de Estados Unidos, incluyendo la que mató a Osama bin Laden, el ejército está tratando de tener participación en el actual desarrollo de las relaciones del país con India y los EE.UU. Sin embargo, temerosos de provocar una hostilidad generalizada, los líderes militares recientemente han indicado que no tienen ninguna intención de intervenir en la política.</p>
<p>Desde que comenzó la Primavera Árabe, cuatro regímenes establecidos desde larga data han sido removidos del poder, mientras que otros están bajo creciente presión; todo ello da esperanzas a los árabes de a pie sobre que sus demandas ya no serán ignoradas, y que aquellos que los gobiernan estarán atentos a las necesidades de los ciudadanos. Pero eso – la verdadera revolución – sucederá sólo cuando los verdaderos representantes de los ciudadanos, en vez de los militares, sean quienes empiezan a fijar el rumbo de la política de sus países.</p>
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		<title>Fraga y la coherencia</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 17:48:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Político]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Marçal Sintes</strong>, periodista (EL PERIÓDICO, 25/01/12):</p>
<p>Han pasado unos días desde la muerte de Manuel Fraga y, lógicamente, la discusión sobre su trayectoria pública ha ido quedando atrás. Podríamos resumir afirmando que han conseguido condicionar el debate las voces que buscaban condenar al franquista que fue Fraga y aquellas que elogiaban floridamente la contribución de don Manuel a la democracia. Como otras veces, los intentos de introducir matices y de ir más allá han quedado en segundo plano, prácticamente inaudibles. Las posiciones de blanco o negro y la superficialidad suelen revelarse imbatibles cuando determinados asuntos irrumpen en la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39855/fraga-y-la-coherencia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Marçal Sintes</strong>, periodista (EL PERIÓDICO, 25/01/12):</p>
<p>Han pasado unos días desde la muerte de Manuel Fraga y, lógicamente, la discusión sobre su trayectoria pública ha ido quedando atrás. Podríamos resumir afirmando que han conseguido condicionar el debate las voces que buscaban condenar al franquista que fue Fraga y aquellas que elogiaban floridamente la contribución de don Manuel a la democracia. Como otras veces, los intentos de introducir matices y de ir más allá han quedado en segundo plano, prácticamente inaudibles. Las posiciones de blanco o negro y la superficialidad suelen revelarse imbatibles cuando determinados asuntos irrumpen en la actualidad. Es una lástima.</p>
<p>Manuel Fraga fue franquista y estaba en el Gobierno cuando se dictaban sentencias de muerte y se perseguía duramente a los que no comulgaban con el régimen. Igualmente, es cierto que el expresidente de Galicia jugó un papel valioso y constructivo en los delicadísimos momentos de la transición a la democracia y, después, como dirigente de la derecha española. Pero no es aceptable, me parece, como han hecho muchos estos días, coger la parte, sea la parte peor o la mejor de la larga biografía de Fraga, para confundirla con el todo y construir un discurso sesgado y con pretensiones moralizadoras. Un discurso que no tiene como meta la aproximación a la realidad histórica y a su sentido, sino, sencillamente, fabricar combustible para impulsar unas determinadas posiciones ideológicas, por otro lado legítimas. Mientras unos reprochaban a Fraga no haber pedido nunca perdón por su participación en la dictadura, otros replicaban que Santiago Carrillo -otro héroe de la retirada como él, si empleamos la expresión de Javier Cercas- tampoco lo había hecho por Paracuellos o por obedecer ciegamente las órdenes de Moscú.</p>
<p>Del tira y afloja sobre Fraga y su pasado lo que no quisiera dejar de comentar, sin embargo, es el uso intensivo que estos días se ha hecho de la idea de coherencia. En ello han coincidido tanto los enemigos como los admiradores. Para unos y otros, Fraga fue coherente. Para los primeros, porque en el fondo nunca dejó de ser un franquista. Para los segundos, porque siempre aspiró a un país democrático, por el que habría trabajado calladamente desde el interior del régimen dictatorial. La apelación a la coherencia es uno de los recursos más usados cuando de lo que se trata es de escribir el obituario o evaluar a alguien, sea quien sea. El término se visita y revisita constantemente, hasta el agotamiento y la banalización.</p>
<p>Si consultamos los diccionarios, nos daremos cuenta de que la coherencia se da cuando una acción presenta una continuidad lógica con las acciones precedentes, es decir, con el pasado. Si decimos que no nos gustan las cerezas y, un minuto después, o cinco días, nos tragamos un puñado, estamos siendo incoherentes. Pero, además de lo dicho y hecho, la coherencia puede tener como referentes los principios, es decir, las normas o reglas que guían las acciones y los comportamientos de las personas. Por eso, términos como ética o valores -u otros similares- chispean al abordarse el asunto de la coherencia. Si cogemos esta acepción más profunda de coherencia, que es a la que se alude muy a menudo al hablar de Fraga, nos adentramos irremediablemente en el terreno de los valores y, por lo tanto, del alma humana, dicho sea en su sentido laico. ¿Cuáles eran realmente los valores de Manuel Fraga?</p>
<p>¿Los que le endilgan sus enemigos? ¿Los que le atribuyen los admiradores? ¿Los que proclamó en un momento o en otro de su vida? ¿O sospechamos que los ocultó y simuló o se los guardó para él? Es difícil decirlo. ¿Quién puede conocer el alma humana?</p>
<p>Fíjense que al hablar de principios o valores estamos asumiendo, implícitamente, que en el individuo estos son permanentes, inmutables a lo largo de su vida. Y este es un grave error. Los principios y los valores de la gente, su manera de ver el mundo, cambian a partir de la experiencia. Se transforman poco, bastante o mucho. Y es positivo que sea así, son los militantes del sectarismo y los que sufren desórdenes psicológicos los que permanecen totalmente insensibles a la realidad, ajenos a la experiencia surgida de la relación con el entorno. Nuestros principios y valores son modelados por el enriquecimiento que proporciona nuestro itinerario vital.</p>
<p>¿Dónde se halla la coherencia, entonces? Como decía, la más auténtica, seguramente encerrada en el interior de cada hombre o mujer. Pero suponiendo que conozcamos los principios de un individuo, la coherencia la tendríamos que constatar, al menos desde mi punto de vista, en la correspondencia entre estos principios y sus acciones, considerando que, cuando cambian los principios -y lo normal es que lo hagan-, no solo pueden, sino que también deben, cambiar los comportamientos, tanto en el ámbito público como en los demás ámbitos.</p>
<p>La coherencia no tendría carácter estático, sino evolutivo y sincrónico, toda vez que iría adoptando formas distintas. Quizá habría que hablar, pues, de coherencias, de correspondencias entre principios y actuaciones que el tiempo va modelando.</p>
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		<title>Alegato en defensa de la ayuda a los más pobres</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39877/alegato-en-defensa-de-la-ayuda-a-los-mas-pobres/</link>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 07:10:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Pobreza]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Bill Gates</strong>, cofundador de la Fundación Bill &#38; Melinda Gates. El texto completo se puede leer en la página web de la <a href="http://www.gatesfoundation.org/" target="_blank">Fundación Gates</a>. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo (EL PAÍS, 25/01/12):</p>
<p>Mi carta anual de este año es un alegato en defensa de la ayuda a los más pobres, para que avancen hacia la autosuficiencia.</p>
<p>Sirviéndonos de los medios más modernos -por ejemplo, de semillas, vacunas, medicamentos contra el sida o anticonceptivos-, hemos hecho avances asombrosos. Sin embargo, si no difundimos al máximo esos éxitos no generaremos los compromisos de financiación necesarios para seguir avanzando y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39877/alegato-en-defensa-de-la-ayuda-a-los-mas-pobres/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Bill Gates</strong>, cofundador de la Fundación Bill &amp; Melinda Gates. El texto completo se puede leer en la página web de la <a href="http://www.gatesfoundation.org/" target="_blank">Fundación Gates</a>. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo (EL PAÍS, 25/01/12):</p>
<p>Mi carta anual de este año es un alegato en defensa de la ayuda a los más pobres, para que avancen hacia la autosuficiencia.</p>
<p>Sirviéndonos de los medios más modernos -por ejemplo, de semillas, vacunas, medicamentos contra el sida o anticonceptivos-, hemos hecho avances asombrosos. Sin embargo, si no difundimos al máximo esos éxitos no generaremos los compromisos de financiación necesarios para seguir avanzando y salvar vidas. Están en juego las perspectivas de futuro de 1.000 millones de personas.</p>
<p><em>Prioridad a la investigación agraria.</em> El éxito del mundo en conjurar hambrunas condujo a la autocomplacencia. Con el paso del tiempo, los Gobiernos, tanto de países desarrollados como subdesarrollados, han ido dando menos prioridad a la agricultura. La ayuda a este sector pasó del 17% en los países ricos en 1987 a solo el 4% en 2006. Durante los últimos 10 años, la demanda de alimentos se ha incrementado&#8230; Pero no al mismo ritmo que la oferta, lo cual ha generado un aumento de precios.</p>
<p>Entretanto, la amenaza del cambio climático está quedando más patente. Estudios preliminares demuestran que solo el incremento de la temperatura mundial podría reducir la productividad de los principales cultivos en más de un 25%. El cambio climático también aumentará el número de sequías e inundaciones que pueden acabar con todo un periodo de cosechas. Mientras la población se encamina hacia los 9.700 millones de personas que indican las proyecciones, cada vez hay más gente que vuelve a llamar la atención sobre la posibilidad de que el mundo futuro no sea capaz de sustentarse.</p>
<p>Creo que esos funestos pronósticos también pueden ser erróneos. Podemos ayudar a los agricultores pobres a incrementar de forma sostenible su productividad para que puedan alimentarse ellos y sus familias. De ese modo mejorarán la seguridad alimentaria mundial. Pero eso solo ocurrirá si damos prioridad a la innovación agrícola.</p>
<p><em>Inversión en vacunas.</em> La organización responsable de ayudar a las comunidades pobres a utilizar vacunas que salvan vidas se llama Alianza GAVI. El pasado verano, GAVI organizó una reunión para recabar compromisos de pago de países y organizaciones donantes. El objetivo era reunir por lo menos 3.700 millones de dólares en cinco años, y sabíamos que no era el momento ideal para pedir tanto dinero. Pero GAVI acabó recibiendo compromisos de pago por valor de 4.300 millones de dólares.</p>
<p>Gracias a ese dinero los niños más pobres del mundo comenzarán a recibir las mismas vacunas que los de los países ricos. Gracias a la generosidad de los donantes y a la considerable reducción de precios aplicada por los fabricantes de vacunas, ahora GAVI puede sufragar dos vacunas relativamente nuevas, la del rotavirus (para prevenir la principal causa de diarrea) y la del neumococo. En 2015 esas vacunas evitarán 190.000 muertes por diarrea y 480.000 por dolencias respiratorias (además de mejorar la salud general de cientos de millones de niños). En 2015 la cantidad comprometida anteGAVI salvará cuatro millones de vidas.</p>
<p>Por eso me parece que el 13 de junio de 2011, fecha de la conferencia de donantes, es un día histórico para la equidad sanitaria mundial. Para mí y Melinda fue muy emocionante. Lo que más nos emocionó fue que tantos aliados compartieran nuestra idea de un mundo equitativo y que, incluso en estos tiempos difíciles, estuvieran dispuestos a respaldarla monetariamente.</p>
<p><em>La lucha contra el sida y el éxito del Fondo Mundial.</em> Los avances también han sido asombrosos en la difusión de los tratamientos contra el sida. Ello se debe principalmente al Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, y también al proyecto PEPFAR estadounidense, el Programa Presidencial de Emergencia para la Lucha contra el sida. En la actualidad, más de 6,6 millones de personas están vivas gracias a los antirretrovirales. Hace 10 años, parecía que casi todas ellas iban a morir porque solo los países ricos disponían de esos medicamentos.</p>
<p>En vista de los países en los que trabaja el Fondo Mundial, no es sorprendente que parte del dinero se haya desviado a fines ilícitos. Sin embargo, el propio Fondo Mundial detectó esos problemas y cambió su forma de gestionar las ayudas a la formación, principal foco de corruptelas.</p>
<p>Nuestra fundación, principal patrocinador no gubernamental del Fondo Mundial, le ha entregado a lo largo de los años 650 millones de dólares por la increíble influencia que tienen sus fondos.</p>
<p><em>Cómo alimentar a 9.000 millones de personas</em>. Las proyecciones indican que en los próximos 40 años la población mundial solo crecerá un 8% anual. Según la media de estimaciones de las Naciones Unidas, acaba de superar los 7.000 millones y llegará a los 9.700 en torno a 2050. No obstante, las poblaciones de gran parte de los países pobres, las que más sufren para alimentarse y educar a sus ciudadanos, en ese año habrán superado más de dos veces su tamaño actual.</p>
<p>En todo el mundo hay más de 200 millones de mujeres que, aunque declaran que no quieren tener hijos en los próximos dos años, no están tomando anticonceptivos. Si las familias que quieren espaciar más el nacimiento de sus hijos o tener menos pudieran acceder a los medios adecuados, pasarían dos cosas: la primera, que les costaría menos enfrentarse a los desafíos de la pobreza; la segunda, que al ir bajando paulatinamente los índices nacionales de crecimiento demográfico, los Gobiernos podrían responder mejor a las necesidades de todos sus ciudadanos.</p>
<p><em>Conclusión.</em> La inversión en los más pobres (ya sea mediante la lucha contra plagas agrícolas, los tratamientos contra el sida o el suministro de la vacuna del sarampión a niños de zonas apartadas) marca una gran diferencia. Por desgracia, mucha gente cree lo contrario, que el dinero destinado al desarrollo es un desperdicio o que no logra resultados duraderos. El año próximo, Melinda y yo vamos a dedicar mucho tiempo a explicar por qué se equivocan. La cantidad de dinero relativamente escasa que se ha gastado en desarrollo ha mejorado las perspectivas de futuro de miles de millones de personas, y puede hacer lo mismo para miles de millones más si decidimos seguir invirtiendo en innovación&#8230; estamos seguros de que si la gente escucha historias vitales que ellos mismos han ayudado a mejorar, querrán hacer más, no menos.</p>
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		<title>How to Integrate Europe’s Muslims</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jan 2012 21:15:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Política Inmigración]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Jonathan Laurence</strong>, an associate professor of political science at Boston College and the author of <em>The Emancipation of Europe’s Muslims: The State’s Role in Minority Integration</em> (THE NEW YORK TIMES, 24/01/12):</p>
<p>Two weeks ago, dozens of cars were set alight in the French city of Clermont-Ferrand after a 30-year-old truck driver, Wissam El-Yamni, was roughed up and then died while in police custody. The uproar underscored the hostility of young minority men toward authority across communities in Europe, an antipathy that has at times led to deadly violence.</p>
<p>The failure of Islamic integration in Europe is often attributed &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39866/how-to-integrate-europes-muslims/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Jonathan Laurence</strong>, an associate professor of political science at Boston College and the author of <em>The Emancipation of Europe’s Muslims: The State’s Role in Minority Integration</em> (THE NEW YORK TIMES, 24/01/12):</p>
<p>Two weeks ago, dozens of cars were set alight in the French city of Clermont-Ferrand after a 30-year-old truck driver, Wissam El-Yamni, was roughed up and then died while in police custody. The uproar underscored the hostility of young minority men toward authority across communities in Europe, an antipathy that has at times led to deadly violence.</p>
<p>The failure of Islamic integration in Europe is often attributed — especially by right-wing parties — to an excess of tolerance toward the large-scale Muslim immigration that began in the mid-1970s. By recognizing Muslim religious requirements, the argument goes, countries like France, Britain and the Netherlands have unwittingly hindered assimilation and even, in some cases, fostered radicalism. But the unrest in gritty European suburbs stems not from religious difference, but from anomie.</p>
<p>Europeans should not be afraid to allow Muslim students to take classes on Islam in state-financed schools and universities. The recognition and accommodation of Islamic religious practices, from clothing to language to education, does not mean capitulation to fundamentalism. On the contrary, only by strengthening the democratic rights of Muslim citizens to form associations, join political parties and engage in other aspects of civic life can Europe integrate immigrants and give full meaning to the abstract promise of religious liberty.</p>
<p>The rise of right-wing, anti-immigrant parties has led several European countries to impose restrictions on Islamic dress, mosque-building and reunification of families through immigration law. These policies are counterproductive. Paradoxically, people for whom religion is otherwise not all that important become more attached to their faith’s clothing, symbols and traditions when they feel they are being singled out and denied basic rights.</p>
<p>Take, for example, the French debate over whether to recognize the Jewish Day of Atonement, Yom Kippur, and the Muslim festival of Eid al-Adha as official holidays. Yes, the French state clings to the principle of “laïcité,” or secularism — but the state’s recognition of Easter and Christmas as official holidays feels, to some Jews and Muslims, like hypocrisy. It is Islam’s absence in the institutions young European Muslims encounter, starting with the school’s calendar, classroom and canteen, that contributes to anger and alienation.</p>
<p>In the last few months, there have been some signs that the right-wing momentum has slowed. A French bill to ban headscarves from day care centers was killed in committee. The Dutch Parliament voted down a bill to outlaw Islamic animal slaughter. And Germany’s most populous state helped offset a judicial ban on school prayer by announcing equal access to religion courses for Muslim students.</p>
<p>European countries could use a period of benign neglect of the Islam issue — but only after they finish incorporating religion into the national fabric. For too long, they have instead masked an absence of coherent integration policy under the cloak of “multiculturalism.” The state outsourced the hard work of integration to foreign diplomats and Islamist institutions — for example, some students in Germany read Saudi-supplied textbooks in Saudi-run institutions.</p>
<p>This neglect of integration helped an unregulated “underground Islam” to take hold in storefronts, basements and courtyards. It reflected wishful thinking about how long guest workers would stay and perpetuated a myth of eventual departure and repatriation.</p>
<p>In Britain, for example, race-based equality laws protected Sikhs and Jews as minorities, but not Hindus and Muslims, since they were still considered “foreign.”</p>
<p>Institutional exclusion fueled a demand for religious recognition, and did much to unite and segregate Muslims. Islamist organizations became the most visible defenders of the faith. It is crucial now to provide the right mix of institutional incentives for religious and political moderation, and the most promising strategy for doing that is for governments to consult with the full range of law-abiding religious institutions that Muslims have themselves established.</p>
<p>The French Council for the Muslim Faith, the German Islam Conference, the Committee for Italian Islam and the Mosques and Imams National Advisory Board in Britain — all state-sanctioned Islamic organizations set up in the past decade — represent a broad cross-section of mosque administrators in every country. They have quietly begun reconciling many practical issues, from issuing mosque permits to establishing Islamic theology departments at public universities to appointing chaplains in the military and in prisons.</p>
<p>Ultimately, however, elected democratic institutions are the place where the desires of individual Muslims should be expressed. Ever since 1789, when a French legislator argued that “the Jews should be denied everything as a nation, but granted everything as individuals,” Europeans have struggled to resolve the tension between rights derived from universal citizenship versus group membership.</p>
<p>Over the next 20 years, Europe’s Muslim population is projected to grow to nearly 30 million — 7 to 8 percent of all Europeans — from around 17 million. Granting Muslims full religious freedom wouldn’t remove obstacles to political participation or create jobs. But it would at least allow tensions over Muslims’ religious practices to fade. This would avoid needless sectarian strife and clear the way for politicians to address the more vexing and urgent challenges of socioeconomic integration.</p>
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		<title>El final del poscolonialismo</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 22:26:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Michel Wieviorka</strong> (LA VANGUARDIA, 23/01/12):</p>
<p>Uno tras otro, los post que tuvieron tanto éxito a partir de los años setenta pierden su razón de ser. Primero fue el tema de la sociedad postindustrial el que conoció el éxito a partir de dos libros aparecidos con el mismo título y en el mismo momento, después de 1968, escritos por la pluma americana de Daniel Bell y la francesa de Alain Touraine. Uno y otro querían dar cuenta de la salida de la era industrial clásica y de la entrada en una nueva era, a la que no se sabía llamar &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39827/el-final-del-poscolonialismo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Michel Wieviorka</strong> (LA VANGUARDIA, 23/01/12):</p>
<p>Uno tras otro, los post que tuvieron tanto éxito a partir de los años setenta pierden su razón de ser. Primero fue el tema de la sociedad postindustrial el que conoció el éxito a partir de dos libros aparecidos con el mismo título y en el mismo momento, después de 1968, escritos por la pluma americana de Daniel Bell y la francesa de Alain Touraine. Uno y otro querían dar cuenta de la salida de la era industrial clásica y de la entrada en una nueva era, a la que no se sabía llamar de otra manera que como post, es decir, que venía después de la fase histórica precedente, desmarcándose de ella aunque sin diferenciarse completamente. Luego vinieron los llamamientos a un contenido más clásico, y se habló, por ejemplo, de la sociedad de la investigación, con Manuel Castells, o de la sociedad de la comunicación, de la información, intentando priorizar el dar cuenta del sentido y características principales de las nuevas formas de vida social sobre el hecho de llamarlas simplemente como la que sigue al periodo anterior. La expresión sociedad postindustrial tenía pretensión universal, cuando, en realidad, sólo podía aplicarse a algunos países de Europa y de Norteamérica, y en ningún caso al mundo soviético o a los países de Asia, que en aquel momento se estaban industrializando. Luego vino el entusiasmo literario y filosófico por la posmodernidad, con la idea de que salíamos de la modernidad pero también sin poder dar nombre a aquello que la sucedía. Estudios posmodernos, como los de JeanFrançois Lyotard, insistieron en el agotamiento de la idea de progreso, en la fragmentación del derecho y la razón con las emociones, las pasiones, las tradiciones, las convicciones religiosas. Pero en diez años la moda, lanzada en el campo de la arquitectura, ha pasado, las tesis posmodernas han quedado en desuso a favor de las corrientes partidarias de dar un contenido, una imagen de lo que supone, por ejemplo, el protagonismo de las identidades culturales y las religiones o la puesta en duda del marco de la vida colectiva que ofrece el Estado nación. Adiós, pues, a la posmodernidad.</p>
<p>En este mismo contexto, otros post han tenido un éxito más limitado. Jürgen Habermas intentó dar fuerza al proyecto de un mundo posnacional, desembarazado, si no de la idea de nación, al menos de las derivas nacionalistas a las que ha podido conducir. Ronald Inglehart popularizó la idea de valores posmaterialistas, formulados por ejemplo en términos de comunicación, de consumo de música y otros bienes inmateriales, que serían más decisivos que los bienes materiales, de modo que los conflictos sociales se dirimirían cada vez más alrededor de problemas culturales y simbólicos. Estas categorías, sin embargo, tuvieron un limitado impacto sobre el debate público.</p>
<p>Por el contrario, desde los años ochenta, el adjetivo poscolonial se ha venido imponiendo, incluida su acepción literaria. Se refiere, por un lado, a las antiguas colonias, ahora independientes pero todavía muy marcadas por el pasado colonial, y, por otra parte, a las antiguas potencias coloniales, también marcadas por el pasado colonial y que además, a menudo, acogen a emigrantes provenientes de sus ex colonias.</p>
<p>Así aparecieron en el mundo anglosajón los postcolonial studies, especialmente críticos respecto a los antiguos poderes coloniales y a la huella cultural que dejaron en sus ex colonias, especialmente en términos de identidad. Según estos estudios, aquí el prefijo post significa no tanto después, como se puede creer espontáneamente, sino más allá, y dibuja una ruptura que implica, especialmente, otra visión de la historia. Las tesis poscoloniales tuvieron un estallido fulgurante en los años ochenta y noventa. Pero el término poscolonial resulta hoy inaplicable.</p>
<p>Por un lado, porque un cierto número de antiguos países colonizados no pueden ser ya imaginados a partir de la experiencia colonial. Ello resulta evidente, sobre todo con India, que fue la cuna de intelectuales, entre ellos los más influyentes, que dieron importancia a las ideas poscolonialistas. Estas ex colonias se han convertido en países emergentes, reafirmando su autonomía, su capacidad para producir su propia existencia económica, social, política y cultural sin tener que referirse continuamente a su pasado colonial; han hallado su lugar en la globalización, invierten, ejercen un papel financiero. Tienen sus actividades investigadoras y contribuyen de un modo efectivo a la innovación, sin estar a la cola intelectual o científica de las potencias llamadas occidentales. La referencia a la colonización es para ellas, ahora, superflua y ya no resulta útil pensar en ellas en términos de poscolonialismo, ya que han entrado completamente en la modernidad contemporánea. Y por otro lado otros países colonizados, sin ser verdaderamente emergentes, han puesto punto final a la cadena de errores políticos que siguió a su independencia. Ello está ocurriendo, especialmente, en las sociedades del mundo árabe y musulmán, que se desembarazan de los regímenes autoritarios y apuestan por la democracia y la justicia social, saliendo así de la era poscolonial. Estos países, si se permite la expresión, se vuelven normales, intentan acceder a la autonomía, se definen en sí mismos y por sí mismos, rechazan la alienación que sigue a la descolonización, con su corrupción y su violencia. Son países que pertenecen a una modernidad alejada del pasado colonial e incluso a la dramática época de la descolonización.</p>
<p>De repente las ex potencias coloniales también deben pensar en sí mismas como poscoloniales. Y les resulta difícil, pues no siempre ha digerido bien el pasado, la pérdida de influencia y de recursos de los tiempos coloniales, así como las violencias de la descolonización. Y, sobre todo, porque siguen recibiendo importantes contingentes de emigrantes que vienen en gran parte de sus ex colonias y que tienen la tentación de rechazar bajo parámetros más o menos racistas. El poscolonialismo está hecho por un lado por una mezcla de nostalgia, resentimiento, rechazo de la alteridad y racismo por parte de la sociedad de acogida, y por otro lado de incentividad y aporte cultural por parte de los emigrantes. Pero esta mezcla cada vez tiene menos que ver con el pasado colonial y más con la copresencia, en el seno de estas sociedades, de poblaciones e orígenes variados y no todos ligados a la antigua colonización.</p>
<p>La emergencia actual en Asia (China, India, Indonesia, sin hablar de los dragones de la anterior fase industrial), en América Latina (Brasil, Chile, etcétera) y, mañana, en África, y las revoluciones en los países árabes y musulmanes, sea cual sea su evolución, dibujan un mundo nuevo que ya no puede ser entendido en referencia a su pasado colonial, aunque este haya dejado en él su huella. Salimos del momento poscolonial.</p>
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		<title>Flora, Now in English</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 21:21:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Naturaleza]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>James S. Miller</strong>, the dean and vice president for science at the New York Botanical Garden (THE NEW YORK TIMES, 23/01/12):</p>
<p>Botanists long thought the tallest trees on Madagascar all belonged to only three species of the genus Canarium, but two scientists have now determined that there are actually 35 species of the genus there, of which 29 are new to science.</p>
<p>To make this startling discovery, Douglas Daly of the New York Botanical Garden and his Malagasy colleague Jeannie Raharimampionona hiked through rainforests for months in 2006 and then toiled in scientific collections to sort out all &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39868/flora-now-in-english/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>James S. Miller</strong>, the dean and vice president for science at the New York Botanical Garden (THE NEW YORK TIMES, 23/01/12):</p>
<p>Botanists long thought the tallest trees on Madagascar all belonged to only three species of the genus Canarium, but two scientists have now determined that there are actually 35 species of the genus there, of which 29 are new to science.</p>
<p>To make this startling discovery, Douglas Daly of the New York Botanical Garden and his Malagasy colleague Jeannie Raharimampionona hiked through rainforests for months in 2006 and then toiled in scientific collections to sort out all of the species. Only then did they start the laborious process of formally describing each of the new species in Latin for publication in scientific papers, a requirement for making a new species public.</p>
<p>Considering all the work involved, perhaps it’s no wonder that, despite centuries of research and exploration to create a complete inventory of the world’s plant life, there may be as many as 100,000 plant species that are not yet known to science, waiting to be cataloged — if we can find and describe them in time.</p>
<p>The requirement to use Latin — which has been in place, officially, since 1908, and in practice since the 18th century — doesn’t make this process any faster. At a time when deforestation, the spread of invasive species and climate change are putting as many as one-third of all plant species at risk of extinction in the next 50 years, we don’t have time for traditions like these. That’s why, as of Jan. 1, the International Code of Botanical Nomenclature no longer compels botanists to provide a <a href="http://blogs.nature.com/news/2012/01/revised-rules-for-botanical-taxonomy-take-effect.html">Latin description</a> of a new species. Perhaps even more significant, the code now recognizes publication in online academic journals as equally valid as print publication. Both changes will help to speed up the race to catalog the world’s plant life.</p>
<p>No longer will botanists have to write sentences like: “Arbor usque ad 6 m alta. Folia decidua; lamina oblanceolata vel elliptica-oblongata, 2-7 cm longa,” as I did in 2009, describing a new species from Mexico. Instead, I could simply write that Bourreria motaguensis was a six-meter-tall tree with deciduous leaves that were 2 to 7 centimeters long.</p>
<p>Simplifying the process for describing and publishing new species will undoubtedly help, but cataloging all our planet’s plant life will require much more than that. Plants are a vital source of materials and medicine; they are the basis of the food chain; they produce the oxygen we breathe. If a species becomes extinct before it is found — a phenomenon known as “anonymous extinction” — there is no way to explore its potential. We must prevent that from happening.</p>
<p>That will take concerted efforts to conduct research expeditions to the parts of the tropics that still remain unexplored, to generate financial support for the scientists needed to do the work and to train a new generation of botanists. They will have enough to do without having to memorize Latin declensions.</p>
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		<title>Corruptores y corruptos</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Jan 2012 22:28:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Corrupción]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Argullol</strong>, escritor (EL PAÍS, 22/01/12):</p>
<p>No hago mucho caso de las cartas que circulan por Internet, pero estos días una de ellas llama la atención. Su encabezamiento es &#8220;Ley de Reforma del Congreso&#8221;, y el remitente, como sucede a menudo, pide el reenvío del texto a conocidos que pudieran estar de acuerdo con el contenido. En sustancia se trata de proponer un cambio constitucional que delimite estrictamente el estatuto del diputado, modificando múltiples aspectos de la condición actual. El propulsor o propulsores de esta idea quieren que el &#8220;representante del pueblo&#8221; deje de tener unos privilegios y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39828/corruptores-y-corruptos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Argullol</strong>, escritor (EL PAÍS, 22/01/12):</p>
<p>No hago mucho caso de las cartas que circulan por Internet, pero estos días una de ellas llama la atención. Su encabezamiento es &#8220;Ley de Reforma del Congreso&#8221;, y el remitente, como sucede a menudo, pide el reenvío del texto a conocidos que pudieran estar de acuerdo con el contenido. En sustancia se trata de proponer un cambio constitucional que delimite estrictamente el estatuto del diputado, modificando múltiples aspectos de la condición actual. El propulsor o propulsores de esta idea quieren que el &#8220;representante del pueblo&#8221; deje de tener unos privilegios y excepciones que -se considera implícitamente- han tenido consecuencias nefastas para la democracia. En lo fundamental se defienden medidas que limitarían draconianamente los juegos de intereses económicos en los que pueden verse inmersos los representantes de la ciudadanía. Se exige una radical transparencia. También el fin de la impunidad de los diputados, los cuales, durante su mandato, deberían responder ante los tribunales, como cualquier otro ciudadano, de aquellos delitos cometidos durante el ejercicio de su cargo. Se recuerda, por último, que el servicio democrático a la ciudadanía no es una profesión, de la cual deba sacarse rendimiento, sino una función honorable que debe ser ejercida con dignidad y siempre provisionalmente, es decir, con una fecha de caducidad que dé paso a nuevos representantes.</p>
<p>Curiosamente, me encontré con esta carta -bien redactada, concisa, clara- una tarde en que estaba releyendo el libro de C. M. Bowra <em>La Atenas de Pericles,</em> un estudio esencial sobre la génesis de la democracia ateniense en el que no dejan de encontrarse paralelismos con el presente. También Pericles, hombre culto y de elevados ideales, al que acompañaba una justa fama de incorruptible, advirtió tempranamente que la corrupción era el enemigo por antonomasia de la nueva libertad. Pericles quería que los representantes populares exhibieran una estricta honradez, ya que, precisamente, la deshonestidad y la codicia habían abortado los anteriores intentos de instaurar una democracia en Atenas. Quería, asimismo, que los elegidos en las votaciones pudieran ser juzgados en caso de transgresión y, él mismo, pese a su prestigio, no escapó a las críticas y a las multas por conductas, no deshonestas pero sí desacertadas.</p>
<p>Pericles intuyó lúcidamente lo que la carta sobre la &#8220;Ley de Reforma del Congreso&#8221; denuncia 2.500 años después: el desmoronamiento de la honorabilidad pública de los políticos ha sido catastrófico para la democracia y ha facilitado el advenimiento de una oligarquía que, en nuestra época, se enmascara en el burdo, y a la vez enigmático, dominio de El Mercado. Es inquietante, en el actual escenario, que los salvadores que tienen que rescatarnos de los desmanes y de las incompetencias de los políticos elegidos democráticamente sean tecnócratas que, como banqueros, estuvieron asociadosa los grandes especuladores que provocaron el colapso financiero de hace unos años. Esto, al menos, sucede en Grecia, Portugal, Italia y, si las informaciones de los periódicos son ciertas, también parcialmente en España.</p>
<p>En el llamativo caso de Italia, El Mercado ha conseguido echar al hombre más rico del país, el incombustible Berlusconi, frente al que la impotente oposición italiana había fracasado siempre. Inservible ya para los nuevos intereses, el corrupto Berlusconi ha sido sustituido por el tecnócrata Monti, del que se espera que sea honrado pero que procede del mundo de la alta especulación de Wall Street. La oscura paradoja está servida: hundida la honestidad de la clase política, juzgada corrupta en una mayoría alarmante de países, se ofrece la tarea de salvación a los corruptores, o a los que trabajaron al servicio de los corruptores. Atrapada en este círculo vicioso, no es posible la supervivencia de la democracia.</p>
<p>Esta, creo, es la advertencia que nos hace llegar la carta sobre la &#8220;Ley de Reforma del Congreso&#8221;. Y el fármaco que ofrece, con el cual estoy por completo de acuerdo: únicamente restaurando la honorabilidad y confianza de los políticos democráticos podría romperse aquel círculo vicioso. Los corruptores nunca nos librarán de los corruptos, pero si lográramos acabar con los corruptos entonces, quizá sí, podríamos hacer frente a los corruptores. La solución, hoy, solo puede ser drástica y -aunque sea un ferviente admirador de Atenas- espartana. Los representantes del pueblo, los diputados y los integrantes de otras instancias, deben ser alejados, por ley, de toda imagen de privilegio, de toda percepción de corruptibilidad por parte de la ciudadanía. Sea como sea, hay que instaurar una nueva silueta del delegado popular, alguien al que se respete por su idealidad -independientemente de su ideología- y al que se reconozca la grandeza democrática de oponerse a los corruptores. Democracia u oligarquía de los mercados.</p>
<p>La tarea no solo no es fácil sino que roza con lo imposible, especialmente en países como España, particularmente cobardes en el momento de mirarse en el espejo de la historia y hacer autocrítica. Sin grandes traumas judiciales y sin restitución de los bienes robados hemos asistido, con notable apatía, a toda la gama posible de la corrupción. Se ha gritado mucho en las tertulias y se ha sido escasamente eficaz en las instituciones. En la tragicomedia no falta, casi, ninguna pieza. Hemos tenido directores de la Guardia Civil ladrones; presidentes de instituciones musicales, estafadores; capos autonómicos que expoliaban el patrimonio a la vista de todos; y, últimamente, como es sabido <em>ad nauseam,</em> un representante de la Familia Real que se ha dedicado presuntamente a cobrar durante años un impuesto revolucionario (o &#8220;monárquico&#8221;) a quien se le pusiera por delante. Sin embargo, esto no sería nada, casos aislados que representarían el peaje que, a veces, hay que aceptar por la libertad, si no fuera por el clima de sospecha que se ha consolidado y que, en determinados países, entre ellos España, ha colocado a los políticos (democráticos) en lo más alto del listón de las preocupaciones ciudadanas.</p>
<p>Lamentablemente, la sospecha está fundamentada. Los principales partidos que aún rigen el país han albergado y amparado en sus huestes asombrosos casos de corrupción que casi nunca han denunciado con suficiente energía; como no denunciaron durante largos lustros la especulación inmobiliaria y bancaria que abrió las puertas de la catástrofe económica. El ciudadano sospecha con razón cuando ve el destino económico de tantos antiguos representantes del pueblo: bancos, consejos de administración, jubilaciones milagrosas, cátedras nacidas por generación espontánea, cargos fantasmales en fundaciones no menos fantasmales. Y se pregunta: ¿qué servicios se están pagando?, ¿qué informaciones se están cobrando? Incluida la pregunta más delicada: ¿dónde está la frontera que separa a corruptos de corruptores?</p>
<p>Tenemos que responder a esta vieja pregunta que, de algún modo, ya se hizo Pericles. Los tecnócratas o los que sirvieron a la corrupción nunca salvarán la democracia. Únicamente podemos salvarnos a nosotros mismos dando la espalda tanto a corruptos como a corruptores. Si no podemos, para que nos representen, elegir a los mejores -que sería, desde luego, lo conveniente-, elijamos, cuando menos, a los dignos. Y como ya no podemos ser ingenuos debemos dotarnos de leyes implacables que, al ahuyentar a los mercenarios de la política, aseguren tal dignidad.</p>
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		<title>Corrupción y transparencia</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Jan 2012 20:24:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Corrupción]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Garrigues Walker</strong>, jurista (ABC, 22/01/12):</p>
<p>Tres ideas básicas sobre uno de los problemas más graves que hoy afronta la Humanidad:</p>
<p>La corrupción daña gravemente el crecimiento económico y perjudica de manera especial a las clases menos favorecidas y a los países más pobres. Es, según el Banco Mundial, «uno de los mayores obstáculos al avance económico y social». Esta es, sin duda, la idea clave.</p>
<p>La corrupción no está descendiendo. Aumenta sin cesar, tanto en los países más desarrollados como en los emergentes. El mapa mundial de la corrupción que publica anualmente Transparencia Internacional demuestra gráficamente el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39822/corrupcion-y-transparencia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Garrigues Walker</strong>, jurista (ABC, 22/01/12):</p>
<p>Tres ideas básicas sobre uno de los problemas más graves que hoy afronta la Humanidad:</p>
<p>La corrupción daña gravemente el crecimiento económico y perjudica de manera especial a las clases menos favorecidas y a los países más pobres. Es, según el Banco Mundial, «uno de los mayores obstáculos al avance económico y social». Esta es, sin duda, la idea clave.</p>
<p>La corrupción no está descendiendo. Aumenta sin cesar, tanto en los países más desarrollados como en los emergentes. El mapa mundial de la corrupción que publica anualmente Transparencia Internacional demuestra gráficamente el dramatismo del problema.</p>
<p>Siempre habrá algún grado de corrupción, pero su dimensión actual podría reducirse sustancialmente, incluso a corto plazo, con medidas relativamente simples y sencillas. Bastaría con superar —y son superables— algunos obstáculos y actitudes perversas en el mundo político y sobre todo las resistencias de grupos financieros.</p>
<p>Una institución pública, el Banco Mundial y una organización privada, Transparencia Internacional, lideran la lucha contra este fenómeno, y en ambos casos su mensaje es muy claro y muy firme: la transparencia no elimina radicalmente la corrupción, pero la vigila y la dificulta grandemente. Hay que lograr, por ello, que todas las instituciones internacionales y nacionales, que todas las comunidades autónomas, todos los ayuntamientos, todas las asociaciones y empresas públicas y privadas, todas las organizaciones sindicales y empresariales y, desde luego, todos los medios de comunicación y todos los partidos políticos ofrezcan la máxima transparencia en cuanto a organización y funcionamiento. Los ciudadanos deben tener, no ya la posibilidad, sino un auténtico derecho a conocer cualquier dato de esas entidades, incluyendo retribuciones y salarios, compras o ventas de bienes y servicios, transacciones significativas y, en general, cualquier información que pueda interesarles, sin otro límite que el que se derive de temas de seguridad o protección justificada de la privacidad.</p>
<p>En este terreno España tiene que afrontar todavía muchas e importantes asignaturas pendientes, y entre ellas destaca la ausencia de una «ley de transparencia y acceso público a la información» que está en vigor desde hace tiempo en la práctica totalidad de los países europeos. Existe, en principio, una voluntad política positiva para implantar esa ley en nuestro país, pero el tema se ha ido demorando sin ninguna justificación clara. Es todo un ejemplo de pereza política irresponsable.</p>
<p>Los partidos políticos, que se han convertido desde hace tiempo en el tercer problema de preocupación nacional, son también en este aspecto una verdadera rémora. Gozan magnificando la corrupción de sus adversarios, minimizando o ignorando la propia y culpabilizándose unos a otros, pero el hecho es que han sido incapaces de alcanzar pactos mínimamente eficaces en la lucha contra la corrupción, tanto la externa como la interna, permitiéndose incongruencias como la de incorporar a sus listas electorales a personas procesadas por este delito que además suelen alcanzar resultados positivos al amparo, entre otros factores, del sistema de listas cerradas.</p>
<p>El informe Greco (Grupo de Estados contra la Corrupción) y el informe ENIS (Sistemas Nacionales Europeos de Integridad) ponen de manifiesto la opacidad creciente y cada vez más sofisticada de las cuentas de los partidos políticos españoles y la necesidad de reforzar su democracia interna —entre otras cosas eliminando las listas cerradas y desarrollando el sistema de primarias— no solo para vitalizar y garantizar el dinamismo político y evitar la oligarquización, sino también para promover y facilitar la transparencia y la integridad.</p>
<p>Los partidos políticos españoles tienen que cambiar el «chip». La condescendencia y la tolerancia tienen su límite. La desafección ciudadana podría alcanzar niveles peligrosos y poner en cuestión el vigor y el sentido del propio sistema democrático. El Partido Popular ha obtenido una amplia mayoría absoluta que le permite actuar con fuerza y con decisión en los grandes temas nacionales, aunque también le obliga —aún más que si no tuviera esa mayoría— a buscar consensos ejerciendo sin cesar el instrumento decisivo del diálogo. Está, en todo caso, en condiciones ideales de promover un pacto serio —es decir no «de boquilla»— con los demás partidos políticos para combatir la lacra de la corrupción, pacto al que podrían incorporarse empresarios, sindicatos y medios de comunicación. En estos momentos de crisis un acontecimiento como este generaría un clima de confianza en el futuro y mejoraría decisivamente la imagen del estamento político, que no es ciertamente un tema menor.</p>
<p>Es incluso posible que este pacto pudiera poner en marcha un proceso auténtico de regeneración ética, tema que siempre aparece en determinados momentos en nuestra historia. Se podría pensar que el momento es favorable para ese proceso. Lo ético parece estar de moda. El número de centros académicos y no académicos dedicados a este tema crece sin cesar, y lo mismo sucede con los ensayos, seminarios y debates sobre el mismo. Pero detrás de tanta palabra no hay nada realmente serio. Es, en efecto, una moda, que acaba defendiendo una ética aparente y formal. Una ética demasiado «light» para poder cambiar actitudes, conductas y hábitos muy arraigados.</p>
<p>Necesitamos un tratamiento terapéutico más intenso.</p>
<p>Por causas diversas —secuelas de la borrachera económica, vulgaridad abusiva en los medios, desprecio o menosprecio de valores positivos, sectarismo fanático, generalización de la doble moral, etc.— hemos creado un clima en el que la convivencia se hace cada vez más incómoda porque crecen sin control el pesimismo, la desesperanza y, sobre todo, la indignación ciudadana, un sentimiento que no debe minimizarse porque tiene raíces y fundamentos sólidos y podría alcanzar niveles inquietantes. Hay que ir por otros caminos. En una época de crisis —en la que nadie en el mundo conoce con certeza la solución segura— es necesario reforzar ciertos principios básicos: la solidaridad, la unidad de acción en temas decisivos, la positividad, la energía moral y sin duda el esfuerzo colectivo. Ahí está —y todos sabemos que está— la solución. La creación de un clima psicológico adecuado es más importante que las recetas técnicas.</p>
<p>De esta crisis —que tiene su origen en un proceso de corrupción financiera, aún básicamente impune, en el mundo anglosajón— tenemos que aprender al menos tres cosas: que no se puede gastar más de lo que se tiene; que todas las burbujas explotan; y que sin ética no hay sostenibilidad, no hay futuro. La lucha decidida en favor de la transparencia y en contra de la corrupción —incluyendo la lucha, tantas veces anunciada en falso, contra el fraude fiscal— tiene que ser la clave de esta nueva época. Y el liderazgo puede y debe asumirlo el Gobierno actual. Es el momento y es su momento. Y lo hará.</p>
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		<title>Do Drones Undermine Democracy?</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Jan 2012 16:03:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Armas]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto armado]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Peter W. Singer</strong>, the director of the 21st Century Defense Initiative at the Brookings Institution and author of <em>Wired for War: The Robotics Revolution and Conflict in the 21st Century</em> (THE NEW YORK TIMES, 22/01/12):</p>
<p>In democracies like ours, there have always been deep bonds between the public and its wars. Citizens have historically participated in decisions to take military action, through their elected representatives, helping to ensure broad support for wars and a willingness to share the costs, both human and economic, of enduring them.</p>
<p>In America, our Constitution explicitly divided the president’s role as commander in &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39816/do-drones-undermine-democracy/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Peter W. Singer</strong>, the director of the 21st Century Defense Initiative at the Brookings Institution and author of <em>Wired for War: The Robotics Revolution and Conflict in the 21st Century</em> (THE NEW YORK TIMES, 22/01/12):</p>
<p>In democracies like ours, there have always been deep bonds between the public and its wars. Citizens have historically participated in decisions to take military action, through their elected representatives, helping to ensure broad support for wars and a willingness to share the costs, both human and economic, of enduring them.</p>
<p>In America, our Constitution explicitly divided the president’s role as commander in chief in war from Congress’s role in declaring war. Yet these links and this division of labor are now under siege as a result of a technology that our founding fathers never could have imagined.</p>
<p>Just 10 years ago, the idea of using armed robots in war was the stuff of Hollywood fantasy. Today, the United States military has <a href="http://fpc.state.gov/documents/organization/180677.pdf">more than 7,000 unmanned aerial systems</a>, popularly called <a title="More articles about unmanned aerial vehicles." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/subjects/u/unmanned_aerial_vehicles/index.html?inline=nyt-classifier">drones</a>. There are 12,000 more on the ground. Last year, they carried out hundreds of strikes — both covert and overt — in six countries, transforming the way our democracy deliberates and engages in what we used to think of as war.</p>
<p>We don’t have a draft anymore; less than 0.5 percent of Americans over 18 serve in the active-duty military. We do not declare war anymore; the last time Congress actually did so was in 1942 — against Bulgaria, Hungary and Romania. We don’t buy war bonds or pay war taxes anymore. During <a title="More articles about Wold War II." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/subjects/w/world_war_ii_/index.html?inline=nyt-classifier">World War II</a>, 85 million Americans purchased war bonds that brought the government $185 billion; in the last decade, we bought none and instead gave the richest 5 percent of Americans a tax break.</p>
<p>And now we possess a technology that removes the last political barriers to war. The strongest appeal of unmanned systems is that we don’t have to send someone’s son or daughter into harm’s way. But when politicians can avoid the political consequences of the condolence letter — and the impact that military casualties have on voters and on the news media — they no longer treat the previously weighty matters of war and peace the same way.</p>
<p>For the first 200 years of American democracy, engaging in combat and bearing risk — both personal and political — went hand in hand. In the age of drones, that is no longer the case.</p>
<p>Today’s unmanned systems are only the beginning. The original Predator, which went into service in 1995, lacked even GPS and was initially unarmed; newer models can take off and land on their own, and carry smart sensors that can detect a disruption in the dirt a mile below the plane and trace footprints back to an enemy hide-out.</p>
<p>There is not a single new manned combat aircraft under research and development at any major Western aerospace company, and the Air Force is training more operators of unmanned aerial systems than fighter and bomber pilots combined. In 2011, unmanned systems carried out strikes from Afghanistan to Yemen. The most notable of these continuing operations is the not-so-covert war in Pakistan, where the United States has carried out more than 300 drone strikes since 2004.</p>
<p>Yet this operation has never been debated in Congress; more than seven years after it began, there has not even been a single vote for or against it. This campaign is not carried out by the Air Force; it is being conducted by the C.I.A. This shift affects everything from the strategy that guides it to the individuals who oversee it (civilian political appointees) and the lawyers who advise them (civilians rather than military officers).</p>
<p>It also affects how we and our politicians view such operations. <a title="More articles about Barack Obama." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/o/barack_obama/index.html?inline=nyt-per">President Obama</a>’s decision to send a small, brave Navy Seal team into Pakistan for 40 minutes was described by one of his advisers as “<a href="http://www.politico.com/news/stories/0511/54128.html">the gutsiest call of any president in recent history</a>.” Yet few even talk about the decision to carry out more than 300 drone strikes in the very same country.</p>
<p>I do not condemn these strikes; I support most of them. What troubles me, though, is how a new technology is short-circuiting the decision-making process for what used to be the most important choice a democracy could make. Something that would have previously been viewed as a war is simply not being treated like a war.</p>
<p>The change is not limited to covert action. Last spring, America launched airstrikes on Libya as part of a NATO operation to prevent Col. Muammar el-Qaddafi’s government from massacring civilians. In late March, the White House announced that the American military was handing over combat operations to its European partners and would thereafter play only a supporting role.</p>
<p>The distinction was crucial. The operation’s goals quickly evolved from a limited humanitarian intervention into an air war supporting local insurgents’ efforts at regime change. But it had limited public support and no Congressional approval.</p>
<p>When the administration was asked to explain why continuing military action would not be a violation of the <a title="More articles about the War Powers Act of 1973." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/subjects/w/war_powers_act_of_1973/index.html?inline=nyt-classifier">War Powers Resolution</a> — a Vietnam-era law that requires notifying Congress of military operations within 48 hours and getting its authorization after 60 days — the White House argued that American operations did not “involve the presence of U.S. ground troops, U.S. casualties or a serious threat thereof.” But they did involve something we used to think of as war: blowing up stuff, lots of it.</p>
<p><a title="First drone strike in Libya" href="http://nationaljournal.com/first-u-s-drone-strike-occurs-in-libya-20110423?sms_ss=digg&amp;at_xt=4db3326ba46c3eb4%2C0">Starting on April 23</a>, American unmanned systems were deployed over Libya. For the next six months, they carried out at least 146 strikes on their own. They also identified and pinpointed the targets for most of NATO’s manned strike jets. This unmanned operation lasted well past the 60-day deadline of the War Powers Resolution, extending to the very last airstrike that hit Colonel Qaddafi’s convoy on Oct. 20 and led to his death.</p>
<p>Choosing to make the operation unmanned proved critical to initiating it without Congressional authorization and continuing it with minimal public support. On June 21, when NATO’s air war was lagging, an American Navy helicopter was shot down by pro-Qaddafi forces. This previously would have been a disaster, with the risk of an American aircrew being captured or even killed. But the downed helicopter was an unmanned Fire Scout, and the story didn’t even make the newspapers the next day.</p>
<p>Congress has not disappeared from all decisions about war, just the ones that matter. The same week that American drones were carrying out their 145th unauthorized airstrike in Libya, the president notified Congress that he had deployed 100 Special Operations troops to a different part of Africa.</p>
<p>This small unit was sent to train and advise Ugandan forces battling the cultish Lord’s Resistance Army and was explicitly ordered not to engage in combat. Congress applauded the president for notifying it about this small noncombat mission but did nothing about having its laws ignored in the much larger combat operation in Libya.</p>
<p>We must now accept that technologies that remove humans from the battlefield, from <a href="http://www.militaryperiscope.com/weapons/aircraft/rpv-dron/index.html">unmanned systems</a> like the Predator to cyberweapons like the <a title="More articles about Stuxnet." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/subjects/c/computer_malware/stuxnet/index.html?inline=nyt-classifier">Stuxnet</a> computer worm, are becoming the new normal in war.</p>
<p>And like it or not, the new standard we’ve established for them is that presidents need to seek approval only for operations that send people into harm’s way — not for those that involve waging war by other means.</p>
<p>WITHOUT any actual political debate, we have set an enormous precedent, blurring the civilian and military roles in war and circumventing the Constitution’s mandate for authorizing it. Freeing the executive branch to act as it chooses may be appealing to some now, but many future scenarios will be less clear-cut. And each political party will very likely have a different view, depending on who is in the White House.</p>
<p>Unmanned operations are not “costless,” as they are too often described in the news media and government deliberations. Even worthy actions can sometimes have unintended consequences. Faisal Shahzad, the would-be Times Square bomber, was drawn into terrorism by the very Predator strikes in Pakistan meant to stop terrorism.</p>
<p>Similarly, C.I.A. drone strikes outside of declared war zones are setting a troubling precedent that we might not want to see followed by the close to 50 other nations that now possess the same unmanned technology — including China, Russia, Pakistan and Iran.</p>
<p>A deep deliberation on war was something the framers of the Constitution sought to build into our system. Yet on Tuesday, when President Obama talks about his wartime accomplishments during the <a title="More articles about the State of the Union address." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/subjects/s/state_of_the_union_message_us/index.html?inline=nyt-classifier">State of the Union address</a>, Congress will have to admit that its role has been reduced to the same part it plays during the president’s big speech. These days, when it comes to authorizing war, Congress generally sits there silently, except for the occasional clapping. And we do the same at home.</p>
<p>Last year, I met with senior Pentagon officials to discuss the many tough issues emerging from our growing use of robots in war. One of them asked, “So, who then is thinking about all this stuff?”</p>
<p>America’s founding fathers may not have been able to imagine robotic drones, but they did provide an answer. The Constitution did not leave war, no matter how it is waged, to the executive branch alone.</p>
<p>In a democracy, it is an issue for all of us.</p>
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		<title>El conocimiento en la Red, en peligro</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39825/el-conocimiento-en-la-red-en-peligro/</link>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2012 21:20:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad de expresión]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford e investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Su último libro es <em>Los hechos son subversivos: ideas y personajes para una década sin nombre. </em>Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 21/01/12):</p>
<p>El lunes 23 de enero, el Senado francés votará un proyecto de ley que pretende penalizar la negación del genocidio armenio de 1915, además de otros sucesos caracterizados como genocidio en las leyes francesas. La ley ya ha superado la Asamblea Nacional, la Cámara baja del Parlamento francés. El &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39825/el-conocimiento-en-la-red-en-peligro/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford e investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Su último libro es <em>Los hechos son subversivos: ideas y personajes para una década sin nombre. </em>Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 21/01/12):</p>
<p>El lunes 23 de enero, el Senado francés votará un proyecto de ley que pretende penalizar la negación del genocidio armenio de 1915, además de otros sucesos caracterizados como genocidio en las leyes francesas. La ley ya ha superado la Asamblea Nacional, la Cámara baja del Parlamento francés. El Senado debería rechazarla, en nombre de la libertad de expresión, la libertad de investigación histórica y el artículo 11 de la pionera declaración francesa de los derechos del hombre y el ciudadano proclamada en 1789 (&#8220;la libre comunicación de ideas y opiniones es uno de los derechos más preciados&#8230;&#8221;).</p>
<p>La cuestión aquí no es si las atrocidades cometidas contra los armenios en los últimos años del Imperio Otomano fueron terribles, ni si deben ser reconocidas en la memoria turca y europea. Lo fueron y deben serlo. La cuestión es: ¿debe ser un delito, en virtud de la ley francesa o de otros países, poner en duda que aquellos terribles acontecimientos constituyan genocidio, un término utilizado en el derecho internacional? En el pasado, sin quitar importancia al sufrimiento de los armenios, el famoso especialista en el Imperio Otomano Bernard Lewis ha refutado precisamente ese punto. ¿Y está preparado y autorizado el Parlamento francés para erigirse en tribunal de la historia mundial y dictar veredictos sobre el comportamiento pasado de otros países? La respuesta es: no y no.</p>
<p>Para complicarlo más, la ley penalizaría no solo la &#8220;negación&#8221; del genocidio armenio, sino su &#8220;minimización escandalosa&#8221;. Como destaca Françoise Chandernagor, de la campaña <em>Libertad para la historia,</em> ese matiz introduce un concepto vago incluso para lo normal en las leyes de la memoria. Si los cálculos turcos de la cifra de armenios fallecidos son de unos 500.000 y los armenios de alrededor de 1,5 millones, ¿qué sería minimización? ¿547.000? ¿Y habría que detener al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, por esa &#8220;minimización&#8221; en su próxima visita oficial a Francia? (El proyecto de ley prevé una multa de 45.000 euros y un año de prisión).</p>
<p>Si tenemos una opinión benévola de la naturaleza humana en general, y de la política francesa en particular, podríamos decir que se trata de un torpe intento de hacer realidad un noble propósito. Pero eso sería una ingenuidad. Existe una correlación llamativa entre la aparición de estas propuestas en el Parlamento francés y la proximidad de las elecciones nacionales, en las que aproximadamente medio millón de votantes de origen armenio desempeñan un papel importante. Las leyes francesas reconocieron oficialmente que lo que les sucedió a los armenios era un genocidio en diciembre de 2001, justo antes de las elecciones presidenciales y parlamentarias. En la Cámara baja se aprobó (la Cámara alta lo rechazó) un proyecto de ley similar al actual en 2006, en vísperas de las elecciones de 2007. ¿Y qué va a haber este año? Elecciones.</p>
<p>No todos los dirigentes del partido de Nicolas Sarkozy, la UMP, han apoyado el proyecto de ley propuesto por uno de sus propios parlamentarios. El ministro de Exteriores, Alain Juppé, se opone. Pero eso es porque le preocupan las repercusiones en las relaciones de Francia con Turquía. La reacción del Gobierno turco ha sido vehemente, como era de esperar. Retiró a su embajador como protesta, y el primer ministro Erdogan dijo que &#8220;aproximadamente el 15% de la población de Argelia sufrió una matanza a manos de los franceses a partir de 1945. Eso es genocidio&#8221;.</p>
<p>Es decir, una tragedia que debería ser materia de una conmemoración seria y un debate histórico en libertad, en el que se presentaran incluso las hipótesis más extrañas para confrontarlas con las pruebas existentes, queda reducida a un instrumento de manipulación política, las palabras hirientes de un político. El recuento de cadáveres de ayer interviene en el recuento de votos de mañana. Si tú me acusas de genocidio, yo te acuso también a ti.</p>
<p>Mientras tanto, los intelectuales turcos que -como el escritor y premio Nobel Orhan Pamuk- se han atrevido a decir que lo que hicieron con los armenios fue genocidio, corren peligro de ser procesados en su país. Lo que es una verdad oficial en Francia es una mentira oficial en Turquía.</p>
<p>Pero estos son actos simbólicos, más que reales. En un país como Francia, y, con muchas más dificultades, en Turquía, Internet permite a la gente encontrar esas opiniones prohibidas de todas formas. Basta con apretar un par de veces el ratón.</p>
<p>En realidad, este no es más que el último ejemplo de un problema mucho más amplio. ¿Qué límites debe tener la libertad de expresión en la era de Internet? ¿Qué normas deben regirla en un mundo interconectado? ¿Y quién debe fijarlas? Estas son algunas de las preguntas que se abordan en un proyecto denominado Debate sobre la Libertad de Expresión, Free Speech Debate (www.freespeechdebate.com), que acabamos de poner en marcha en la Universidad de Oxford. Entre los 10 borradores de principios que proponemos para debate, crítica y revisión, hay uno que tiene especialmente que ver con la controversia del genocidio armenio. Es el que dice que &#8220;no permitimos tabúes en la discusión y la difusión del conocimiento&#8221;.</p>
<p>Es evidente que las leyes de la memoria como la que se ha propuesto en Francia no superan esta prueba; pero no son el único caso. En Reino Unido, el escritor científico Simon Singh tuvo que defenderse en una prolongada querella por libelo a propósito de sus críticas de lo que afirmaban los impulsores de los tratamientos quiroprácticos. La Iglesia de la Cienciología utiliza sus derechos de propiedad sobre las inmortales palabras de L. Ron Hubbard para impedir que la gente vea los supremos secretos del Thetan (si les interesa, busquen en Internet <em>Operation Clambake).</em> El miércoles 18 de enero, la versión en inglés de Wikipedia permaneció en negro durante 24 horas para protestar contra el proyecto de ley contra la piratería en Estados Unidos, SOPA, que, en la versión que está ahora en el Congreso tendría unas cosecuencias desastrosas para la libre difusión del conocimiento en Internet.</p>
<p>Existen otros casos mucho más difíciles. A finales del año pasado, el Consejo Asesor Nacional de Ciencia y Bioseguridad de Estados Unidos pidió a las revistas <em>Science</em> y <em>Nature</em> que no publicaran los detalles de un estudio sobre una forma fácilmente transmisible del virus H5N1, el de la gripe aviar, por temor a que los bioterroristas pudieran hacer uso de él.</p>
<p>¿Y qué decir de los que niegan las causas del sida? Cuando el presidente sudafricano Thabo Mbeki habló en apoyo de esa postura, el resultado bastante directo fue la muerte de cientos de miles de personas que, en caso contrario, habrían podido recibir el tratamiento debido. Es complicado sostener el principio de &#8220;no permitir tabúes&#8221; ante casos tan delicados.</p>
<p>Ahora bien, el oportunista y mal concebido proyecto de ley de Francia no tiene nada de caso delicado. Aquí, la cosa está clara. El Senado francés debe dar ejemplo al Congreso de Estados Unidos en la defensa de la libertad intelectual.</p>
<p>(Vean a Jimmy Wales, de Wikipedia, en conversación con Timothy Garton Ash en <a href="http://www.freespeechdebate.com" target="_blank">www.freespeechdebate.com</a>).</p>
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		<title>Más y más cosas, pero menos importantes</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2012 20:32:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Lectura]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Goytisolo</strong>, escritor (EL PAÍS, 21/01/12):</p>
<p>En los últimos meses han caído en mis manos tres textos sumamente incentivos, con enfoques diversos pero de materia común: educación, instrucción, lectura y enseñanza de Humanidades en el <em>alma mater.</em> Me refiero a la obra de David Ulin, <em>The Lost Art of Reading.</em> <em>Why Books Matter in a Distracted Time</em> que un exestudiante mío de Boston tuvo la amabilidad de enviarme, a <em>Adiós a la universidad.</em> <em>El eclipse de las Humanidades</em> de Jordi Llovet y al ensayo de Francisco Márquez Villanueva, <em>Educación y sociedad.</em> El tema es candente, dada la actual &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39823/mas-y-mas-cosas-pero-menos-importantes/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Goytisolo</strong>, escritor (EL PAÍS, 21/01/12):</p>
<p>En los últimos meses han caído en mis manos tres textos sumamente incentivos, con enfoques diversos pero de materia común: educación, instrucción, lectura y enseñanza de Humanidades en el <em>alma mater.</em> Me refiero a la obra de David Ulin, <em>The Lost Art of Reading.</em> <em>Why Books Matter in a Distracted Time</em> que un exestudiante mío de Boston tuvo la amabilidad de enviarme, a <em>Adiós a la universidad.</em> <em>El eclipse de las Humanidades</em> de Jordi Llovet y al ensayo de Francisco Márquez Villanueva, <em>Educación y sociedad.</em> El tema es candente, dada la actual y vertiginosa revolución tecnológica que compite victoriosamente con el libro con el que hemos convivido desde la infancia, y he hallado ecos de él en la prensa en papel a mi alcance: &#8220;¡Guillotina para Gutenberg!&#8221; de Jesús Ferrero, respuesta de Vicente Molina Foix a Jorge Volpi y las sarcásticas e incisivas páginas de Rodrigo Fresán en el número de noviembre de <em>Cuadernos Hispanoamericanos.</em></p>
<p>Antes de abordar una modesta reflexión en el asunto quiero dejar bien clara mi situación personal ante él. La de un patético o socarrón Neandertal que no perdió el tren en marcha en el siglo XX sino en el XIX. La de alguien que escribe a mano y no ha tecleado nunca una Olivetti ni una Remington. Que tacha, reescribe y tacha de nuevo con un vulgar bolígrafo. Que no tiene la menor idea de lo que es iPad, Wii, Xbox o Mac Book Avi. De un indígena de las islas polinesias o de las comunidades indoamericanas anteriores a la llegada de las luces salvíficas del Progreso y la Ciencia. De un ochentón al que sus ahijados marrakchís, poco dados a la lectura, pero al tanto de los últimos artilugios de la tecnología, contemplan con cariñosa conmiseración.</p>
<p>El dilema que se plantea a quienes sostienen posiciones tildadas de anticuadas, por no decir de supervivientes de un universo cognoscitivo amenazado, como la defensa del libro en papel, la lectura como elemento esencial en la formación del espíritu humano o la preservación en cada uno de nosotros del acervo cultural de un pasado lo más amplio y diverso posible frente al conocimiento instantáneo y efímero que nos brinda la continua innovación tecnológica, me retrotrajo a la experiencia de los años en que presidí al jurado de la Unesco para la elaboración, con un grupo de antropólogos e historiadores, del concepto de Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Allí se discutió también con vehemencia del contenido y alcance de los términos instrucción y cultura que, lejos de ser sinónimos, difieren y a veces se contraponen. Recuerdo la fuerte impresión que me produjo la lectura de un ensayo del historiador anglo-hindú de las artes tradicionales, Ananda K. Coo-moraswany, titulado <em>La ilusión de la instrucción</em>. Para este gran defensor de las lenguas cultas pero sin alfabeto y de las milenariastradiciones orales, no solo del subcontinente indostánico y Ceilán sino asimismo de otras partes del planeta colonizado por las potencias europeas en razón de nuestra presunta civilización superior y ecuménica, la instrucción supuestamente educativa &#8220;no es nunca creadora, sino un arma de doble filo, siempre destructiva, ya sea de la ignorancia, ya del conocimiento&#8221; e &#8220;imponer nuestra instrucción a un pueblo culto pero iletrado equivale a destruir su cultura en nombre de la nuestra&#8221;. Basándose en su vasta experiencia -precursora de la de René Guénon y Claude Lévi-Strauss-, del avasallamiento de las culturas juzgadas inferiores por el progreso tecnocientífico de Europa y Estados Unidos, lamentaba el olvido forzado de numerosas lenguas de Asia, África, Oceanía e Indoamérica, lenguas cuyo vocabulario de uso cotidiano ascendía a más de 3.000 vocablos, por un inglés estándar de 500 o 600 palabras, en su mayoría de una o dos sílabas. Esa <em>lingua franca</em> que es el norteamericano utilitario de hoy fue definido hace ya más de medio siglo por Margaret Head &#8220;como una lengua unidimensional, orientada hacia la descripción de aspectos exteriores del comportamiento y pobre en matices&#8221;. Dicha estrategia, al servicio de unos intereses económicos que conducirían a la presente &#8220;globalización&#8221;, no garantizaba en absoluto, como sabemos, la capacidad de leer una página impresa (no ya de Shakespeare sino de Kate Morton), sin entender las ideas que contiene y expresa. La conclusión de Ananda K. Coomoraswany es inquietante: sabemos hoy más y más cosas, pero cada vez menos importantes.</p>
<p>Quienes nos esforzábamos en salvar lenguas y tradiciones desamparadas en una batalla perdida tal vez de antemano, no podíamos sospechar que la era Gutenberg, que extendió nuestra civilización por el planeta, en su doble vertiente destructiva para unos y creadora para otros, iba a sufrir pronto una sacudida que golpearía sus cimientos, y que los nuevos náufragos del conocimiento e ilustración que encarnaba podríamos ser nosotros. La rauda sucesión de portátiles y tabletas cada vez más ligeros, que ponen la totalidad del saber al alcance de la mano -lo mismo en la de un culto que en la de un ignaro: basta con saber manejar la última y más astuta innovación-, ¿van a arrinconar el libro y la prensa en papel, las bibliotecas y librerías, como predican tanto los optimistas ingenuos del progreso continuo como muchos pesimistas marginados por él? El hecho incontestable de que el amor a la lectura ha bajado entre los jóvenes, que el nivel del estudiantado decae paulatinamente en los últimos 20 años, que numerosas librerías cierran y, mientras en la planta de cualquier FNAC donde se expone la infinita gama de ordenadores, artefactos de comunicación virtual y video-juegos rebosa de un público curioso y ávido, la de los libros en papel atrae tan solo a un puñado de personas interesadas en su mayor parte por el último superventas de tema policiaco-esotérico o por los libros de cocina, como comprobé en Barcelona, Madrid y Casablanca, enciende una lucecita roja y debe hacemos reflexionar.</p>
<p>Si la ciencia y el progreso industrial de Occidente avasallaron en los pasados siglos las culturas &#8220;atrasadas&#8221; del llamado despectivamente Tercer Mundo, imponiendo en sus élites un lenguaje de comunicación rápido que empobrece el saber de los iletrados y lo reemplaza por una jerga común a las personas de una misma profesión al servicio de sus intereses comerciales y estratégicos, hoy el cambio afecta -salvando las distancias existentes entre un caso y otro- a la juventud &#8220;conectada&#8221; de todo el planeta, a la que el saber no rentable, excepto para una minoría, ha dejado de interesar. ¿Para qué partirse la cabeza leyendo a Joyce o Kafka, si Google te procura en un instante el catálogo de todas las obras y autores habidos y por haber? Repasar las páginas de <em>En el jardín de los senderos que se bifurcan</em> (&#8220;sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará&#8221;) deja en el lector de Borges un sabor agridulce. Nadie podrá pasear por &#8220;ese hermoso jardín que es un armario lleno de libros&#8221; (Sahrazad <em>dixit),</em> husmear sus estanterías, escoger un ejemplar y hojearlo en el Kindle. Las bibliotecas no interesan sino a una tenaz cofradía de doctos y estudiosos. Para quienes conectan con el mundo virtual, la conciencia de tener el saber condensado a su alcance les dispensa de perder el tiempo en la lectura. El resultado de ello, analizado por Ulin, Jordi Llovet y Márquez Villanueva, lo resume Rodrigo Fresán en su ya citado artículo: &#8220;La pérdida de la capacidad de concentración que procura la lectura larga y tendida (ha sido) suplantada por la voraz disposición para consumir telegráfica y espasmódicamente frases de 140 caracteres y por la cada vez menor capacidad de hacer memoria, porque disponemos de un cerebro exterior y eficiente, llamado Google&#8221;.</p>
<p>Sí, sabemos hoy más y más cosas, y cada vez menos importantes. El dios Mercado se arroga el papel de principal educador: ha sustituido al profesorado en su tarea gracias a una publicidad omnímoda que subyuga a niños, adolescentes y jóvenes superconectados con la Red y ha reducido su vocabulario a una serie de sintagmas abreviados como los del GMS, en el idioma estándar con el que se comunican millones de usuarios de los renovados prodigios de la alta tecnología. Ciertamente, las Humanidades y el estudio de las lenguas clásicas son poco rentables en un mundo en crisis, pero no creo con todo en las predicciones sombrías sobre el fin del libro y la prensa en papel. A diferencia de las frágiles tradiciones orales a las que antes me refería, el potencial cognoscitivo del cerebro humano ligado a aquellos tiene raíces más sólidas. Son millones las personas que no se resignan a perder la memoria activa de lo creado en el presente y los pasados siglos. Ochentones como yo, pero también gente de todas las edades, como aquella hermosa joven que leía, subrayaba y anotaba a mi lado, en la sala de espera de un aeropuerto, las páginas de la biografía de Sor Juana Inés de la Cruz, de Octavio Paz. Su interés apasionado por el libro me emocionó, y pensé que mientras existieran personas como ella, la Biblioteca borgiana no desaparecería.</p>
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		<title>A new generation of political Islamists steps forward</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2012 16:18:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Partidos Políticos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Olivier Roy</strong>, a professor at the European University Institute in Florence and the author of <em>Holy Ignorance</em> (THE WASHINGTON POST, 21/01/12):</p>
<p>Everywhere, the Muslim Brotherhood is benefiting from a democratization it did not trigger. There is a political vacuum because the liberal vanguard that initiated the Arab Spring did not try, and did not want, to take power. This was a revolution without revolutionaries. Yet the Muslim Brothers are the only organized political force. They are rooted in society, and decades of opposition against authoritarian regimes gave them experience, legitimacy and respect. Their conservative agenda fits a conservative &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39806/a-new-generation-of-political-islamists-steps-forward/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Olivier Roy</strong>, a professor at the European University Institute in Florence and the author of <em>Holy Ignorance</em> (THE WASHINGTON POST, 21/01/12):</p>
<p>Everywhere, the Muslim Brotherhood is benefiting from a democratization it did not trigger. There is a political vacuum because the liberal vanguard that initiated the Arab Spring did not try, and did not want, to take power. This was a revolution without revolutionaries. Yet the Muslim Brothers are the only organized political force. They are rooted in society, and decades of opposition against authoritarian regimes gave them experience, legitimacy and respect. Their conservative agenda fits a conservative society, which may welcome democracy but did not turn liberal.</p>
<p>Under these circumstances, the ghost of a totalitarian Islamic state is raised, with the specter of imposing sharia and closing the short democratic parenthesis. But such an outcome is unlikely.</p>
<p>The Islamists have, in fact, changed: They are more middle-class “bourgeois,” and they benefited from the liberalization of local economies during the last decades of the 20th century, especially in countries with no oil rent. The Islamists have also drawn lessons from the failure of ideological regimes and from the success of Turkey’s AKP party. They are no longer advocating jihad and understand geostrategic constraints, such as the need to maintain peace, even a cold one, with Israel. Realism is the starting point of political wisdom.</p>
<p>The Islamists have been elected with a clear agenda: stability, good governance and a better economy. If they have been able to reach a larger constituency than the hard-core supporters of sharia, it is precisely because they can combine such a reformist agenda while talking about religion, values, identity and tradition. The Nahda party won the majority of the votes cast at the Tunisian consulate of San Francisco, although Tunisian expatriates in Silicon Valley are not known for their Islamic fundamentalism.</p>
<p>This mix of technocratic modernism and conservative values is their brand, and to turn their back on multipartism and legalism would alienate a large portion of their constituency, at a time when they have no means to confiscate power. They have neither military forces nor oil wealth to bypass the people: They have to negotiate and deliver. Their electorate wants stability and peace, not revolution.</p>
<p>They are stepping into a new political landscape: a democracy, although a fledgling and fragile one. The only way to maintain their legitimacy is through elections. Even if their pristine political culture is not democratic, they are formatted by the democratic landscape, much as the Roman Catholic Church ended up accepting democratic institutions. But it will take time.</p>
<p>Another important change, if we refer to the “revolutionary” period of the 1970s and 1980s, is that the Muslim Brothers do not monopolize Islam in the public sphere. In fact, the religious revival that has engulfed Arab societies led to a diversification and an individualization of the religious field. Religious state institutions such as Al Azhar, so recently discredited, are regaining autonomy after so recently being discredited. Al Azhar’s dean, <a href="http://english.ahram.org.eg/%7E/NewsContent/5/35/31392/Arts--Culture/Stage--Street/Grand-Sheikh-of-Azhar-declares-support-for-persona.aspx">Sheikh Ahmed Al-Tayyeb</a>, openly spoke in favor of democracy and of separating religious institutions from the state. A new phenomenon is the decision of the Salafis, an ultraconservative Sunni sect, to establish political parties. On the one hand they will push for a more Islamic agenda, trying to outbid the Muslim Brothers on Islam, but this will force the Brotherhood to clarify its own position and to find a way to distance itself from the call for sharia.</p>
<p>To do that, the Muslim Brothers have to turn purely Islamic norms into more universal conservative values — such as limiting the sale and consumption of alcohol in a way that is closer to Utah’s rules than to Saudi laws and promoting “family values” instead of imposing sharia norms on women.</p>
<p>In the coming months the hot issue in Egypt, beyond the status of women, will be religious freedom. Not in the sense that <a href="http://www.washingtonpost.com/national/coptic-christians-fear-persecution-if-extremists-take-power-in-egypt/2011/02/03/ABcCIbE_story.html">Coptic Christians</a> will have less freedom to practice — there were a lot of limitations under the so-called secular dictatorship of Hosni Mubarak — but in defining religious freedom as not merely a minority right but an individual human right, implying the right to convert from Islam to Christianity.</p>
<p>The issue is institutionalizing democracy, not promoting liberal policies. Democracy could take hold only if it is based in well-established values. Liberalism does not precede democracy; America’s Founding Fathers were not liberal. But once democracy is rooted in institutions and political culture, then the debate on freedom, censorship, social norms and individual rights could be managed through freedom of expression and changes of majorities in parliament. However, there will be no institutionalization of democracy without the Muslim Brothers.</p>
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		<title>Manuel Fraga, ese museo&#8230;</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39820/manuel-fraga-ese-museo/</link>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2012 15:41:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Político]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 21/01/12):</p>
<p>Nuestra historia contemporánea cambia a tal velocidad, que a cada muerto egregio que enterramos deberíamos abrirle un museo. Como los tiempos no están para salas y gastos, propongo que sea virtual. Esto permitiría que cuando se muera un animal político como Manuel Fraga Iribarne se discuta cuánto había de animal y cuánto de político, sin que el personaje se transforme en algo tan irreconocible que te dan ganas de felicitar al muerto. ¡Gracias, don Manuel, por morirse, porque ha ganado mucho! Yo, que le sufrí en vida, no reconozco al personaje en el que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39820/manuel-fraga-ese-museo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 21/01/12):</p>
<p>Nuestra historia contemporánea cambia a tal velocidad, que a cada muerto egregio que enterramos deberíamos abrirle un museo. Como los tiempos no están para salas y gastos, propongo que sea virtual. Esto permitiría que cuando se muera un animal político como Manuel Fraga Iribarne se discuta cuánto había de animal y cuánto de político, sin que el personaje se transforme en algo tan irreconocible que te dan ganas de felicitar al muerto. ¡Gracias, don Manuel, por morirse, porque ha ganado mucho! Yo, que le sufrí en vida, no reconozco al personaje en el que se ha transformado. Somos los reyes del embalsamamiento histórico. Acabaremos creando escuela. ¡Taxidermistas del mundo, aprended!</p>
<p>Fraga es un museo con dos apartados; el de los errores y el de los horrores. Nunca entendí por qué se lanzó contra el Opus Dei, que era su socio en el Gobierno desde 1962, y consideró que podía derrotarles con un asunto como el de Matesa. ¿Echarle un pulso a Carrero Blanco? El poder casi omnímodo que había gozado durante casi siete años le hizo perder el sentido de la realidad. Uno de sus defectos más acusados: la soberbia de su inteligencia. Más llamativa aún, dada la mediocridad de sus adversarios.</p>
<p>No asumió que su padrino era José Solís, el más sabio de los franquistas, el que le hizo entrar en el Régimen gracias a la Familia, el primer gran cargo de Fraga. Era tan presuntuoso que pensaba que sus méritos venían de la tradición de Ramiro de Maeztu, y de ensamblarlo con Carl Schmitt, que acababa de salir del campo de concentración donde le habían recluido los norteamericanos por algo peor que ser nazi, por enseñar a los nazis cómo manipular el derecho. Lo presentó él mismo en la sociedad de futuros liberales, que entonces se denominaba Instituto de Estudios Políticos del Movimiento. Nadie recuerda ya aquel Fraga, ofendido y humillado, que vuelve a su cátedra de la Universidad de Madrid tras el varapalo de su cese en 1969. La rechifla de los estudiantes, algunos de ellos hoy en el PP, le hizo pedir protección al coronel San Martín, el de los Servicios de Carrero Blanco, el genio luego del 23-F del 81.</p>
<p>Se hizo cervecero. ¡Miserables taxidermistas, habéis olvidado al director general de Cervezas El Águila! Carrero Blanco le perdonó, Franco ya no estaba para embelecos, porque el Caudillo a partir de 1970 era anciano sumergido en el mundo ideológico de la cabra de la Legión. Pero Carrero voló y Fraga pasó a ser un valor en alza; entre “don Manuel, el del Futuro en su cabeza” y “Manoliño, el de Villalva”, que encargaba el capón en el legendario mercado navideño. Nacía un nuevo Fraga, embajador en Londres, con bombín, y que hablaba un inglés tan incomprensible y apelmazado como el castellano.</p>
<p>¿Cuánto dinero se gastó en él la derecha española? Sin excepciones. La de Catalunya, con Santacreu a la cabeza; la vasca, con Olarra; la madrileña con los Fierro y Polanco-santillana, preparando el terreno para el desembarco del Gran Líder de la Reforma. Pero Franco no se moría y nadie se atrevía a matarlo. La creación de El País es impensable sin Fraga; él designará al director, Juan Luis Cebrián. Y las revistas, que efímeras y abrillantadas como la primavera, estaban engrasadas, apoyadas, alimentadas por Fraga y su gran equipo mediático. El desembarco desde Londres emularía Normandía.</p>
<p>No entendió nada, o más exactamente se negó a entender, porque tonto no era, pero le cegaba la soberbia. Que Carlos Arias Navarro, primero, y Adolfo Suárez, después, le llevaran del ronzal, le trastornaba. La formación de Alianza Popular y los Siete Magníficos fue el comienzo de un final largo, a trompicones, donde no acertaba con nada. ¿Los quieren jóvenes y del sur? Promovió a Hernández Mancha, gracioso como un cantaor por soleares. ¿Quieren mujeres de rompe y rasga? Ahí estaba Isabel Tocino, con tacón alto y medias sin costuras. Cuando le pusieron a Aznar, lo intuyó y le mandaron a casa, a Galicia, donde la gente es tranquila y no se cree lo que dices sino lo que haces, y pronunció aquella frase inolvidable, “aquí no hay tutelas ni tu tías”.</p>
<p>No era capaz de asumir la imposibilidad de que representara al centro. Jamás sería visto como un político centrista, siempre aparecería como el genuino representante de la derecha. Porque la derecha era el franquismo, y a él debía su formación, su espíritu, su todo. Constituían su galería de horrores, a los que no sólo no renunciaba sino de los que se mostraba orgulloso. Por eso le gustaba tanto al macizo de la raza hispano. Un hombre así, con ese brío, era su líder. Pero además quería ser centrista, convencido de que Franco lo había sido. Y ahí pasamos del error al horror.</p>
<p>No es que defendiera a los torturadores que destrozaron a los modestos y casi anónimos dirigentes mineros asturianos del 62; que lo hizo. Sino que además se burló de sus mujeres, detenidas y rapadas, con frases inolvidables sobre lo mucho que lo merecían. ¿Y Julián Grimau?, ¿qué decimos en estos tiempos de revisionismo reaccionario? Fue más que un error político, fue un asesinato, cometido en abril de 1963, al que Fraga prestó el aparato de intoxicación y basura que había creado su cuñado, egregio superviviente de todas las derrotas, Carlos Robles Piquer. Ellos dirán, con razón, que cumplían con su deber de altísimos funcionarios de un Estado totalitario. Pero ¿y el celo?</p>
<p>¿Nadie, en estos momentos de taxidermistas, recuerda a Pepe Bergamín? El terror le obligó a buscar asilo en la embajada de Uruguay. El documento contra las torturas. Como país totalitario, se castigó a los firmantes. Es verdad que todo ya lo había inventado el anterior ministro de Información y Turismo, inefable Arias-salgado, incluso los Paradores Nacionales, pero fueron Fraga y su cuñado, Robles Piquer, los que convirtieron el trabajo sucio en brillante operación de Estado. ¿Quién ha olvidado los “XXV Años de Paz”?</p>
<p>Guardo dos momentos estelares del personaje. El primero fue el pregón de Sant Jordi del año 1964. La fiesta del libro tuvo en el ministro Fraga al portavoz más efusivo y brillante. Barcelona entera se inclinó ante aquel talento plurilingüe. Si reprodujera las crónicas, las fotos y los editoriales de los diarios catalanes de entonces considerarían que estoy provocando. Los Pío Moa de la barretina, esos revisionistas del catalanismo subvencionado, aprenderían mucho si leyeran el mitin de Fraga, y sus citas, y sus datos sobre la producción de libros en catalán. Incluso del autor del discurso, probo personaje de la catalanidad. Habría que empezar por el ministro Fraga oficiando el Sant Jordi de 1964. Levantar la alfombra y asumirlo.</p>
<p>Y para cerrar, la sesión de Madrid. Fraga y Carrillo. El tongo entre dos aspirantes fracasados que se homenajeaban a sí mismos, con gran éxito de crítica y público. Yo estuve allí, no me quería perder la escena de Fraga presentando, ante la derecha de toda la vida, a Santiago Carrillo Solares, “un comunista de cuidado”, afirmó don Manuel. Eran dos perdedores que se jaleaban mutuamente. Habían perdido la transición, el poder con el que soñaron, y como niños frustrados, allí estaban, en los salones de un lujoso hotel madrileño, explicando a los suyos que la democracia era eso. Aceptaron la Constitución porque no tenían más remedio. La gente ha olvidado los apartados constitucionales que no aprobaron ni Fraga ni sus avezados magníficos.</p>
<p>Los taxidermistas convirtiendo en estadista a quien fue solamente un animal político al servicio del poder. Vitoria, 5 muertos, y otros dos en Montejurra. Un profesional, eso sí, en un país de amateurs. Detrás de Fraga, de su figura, están los secretos, los límites y las frustraciones de la transición. ¡Qué felices se han sentido los protagonistas con su muerte! Venga, chicos, haced un buen trabajo y dejad al muerto reposando para la eternidad. ¿Se acuerdan de aquella escena de El Padrino, cuando don Vito pide al de pompas fúnebres que le adecente el cadáver del hijo? “Para que lo pueda contemplar su madre”, dice. Como nosotros.</p>
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		<title>La democracia permanente</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 18:17:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Albert Solé</strong>, periodista y cineasta (EL PAÍS, 19/01/12):</p>
<p>Mucho se ha hablado ya de la pérdida de los signos de identidad básicos de la socialdemocracia para explicar la acumulación de derrotas electorales de estos tiempos convulsos en los que el miedo y la apatía parecen haberse unido con mano de hierro. El miedo ha sido tradicional aliado de los conservadores desde el principio de los tiempos. Sin embargo, creo que no hemos analizado suficientemente un elemento que daña especialmente el discurso complejo de la izquierda: el poder letal de la indiferencia. Dicho de otro modo, la antipolítica es &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39771/la-democracia-permanente/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Albert Solé</strong>, periodista y cineasta (EL PAÍS, 19/01/12):</p>
<p>Mucho se ha hablado ya de la pérdida de los signos de identidad básicos de la socialdemocracia para explicar la acumulación de derrotas electorales de estos tiempos convulsos en los que el miedo y la apatía parecen haberse unido con mano de hierro. El miedo ha sido tradicional aliado de los conservadores desde el principio de los tiempos. Sin embargo, creo que no hemos analizado suficientemente un elemento que daña especialmente el discurso complejo de la izquierda: el poder letal de la indiferencia. Dicho de otro modo, la antipolítica es profundamente reaccionaria, por más que muchos de quienes la practiquen se digan progresistas.</p>
<p>Creo que en la nueva era que se está abriendo bajo nuestros pies, la izquierda lucha en <em>La guerra de las galaxias</em> con espadas de madera. Me refiero a los instrumentos de creación de opinión. La simplificación del pensamiento político lleva a la pérdida de calidad de la cultura democrática auténtica, aquella en la que el individuo se convierte en un ciudadano activo y conoce bien los entresijos del pacto social que establece con sus gobernantes, en la que siente, en definitiva, como propia la construcción del espacio público.</p>
<p>La discusión acerca del modelo de convivencia que queremos parece haber desaparecido bajo un manto de lemas vacíos de contenido, consignas en 140 caracteres y mensajes simplistas de digestión y borrado inmediatos, que obedecen más a estrategias de mercadotecnia que a fomentar el debate político. Un debate que parece haberse convertido en una confrontación de monólogos sin intercambio de ideas, sin pacto, griterío que a menudo me recuerda a esos programas de chillones absurdos con los que muchas cadenas privadas de televisión inundan sus parrillas.</p>
<p>Y es que aquí tenemos una parte del problema. De tanto privatizar el espacio comunicativo sin exigir responsabilidad a cambio, hemos acabado cayendo en la lógica mercantilista del pensamiento convertido en bien de consumo: los mercados nunca han querido pensadores, quieren consumidores y punto. Ceder sin garantías al capital la responsabilidad de hacernos más cultos es tan venenoso como dejar la educación en manos de la Iglesia. La privatización de la cultura, a la que asistimos impotentes, nos lleva al empobrecimiento intelectual. La ausencia de regulación que imponen los grandes grupos industriales que se enriquecen en la nueva era nos deja desprotegidos en la jungla de Internet. Y a eso le llamamos modernidad.</p>
<p>En este juego, la izquierda siempre saldrá perdiendo. Las consecuencias, a la vista están. La derecha ha obrado milagros, eso no se le puede negar, el principal de los cuales ha sido extender por todo el país el síndrome de la Marbella de Gil y Gil: la corrupción que les tiñe en tantos sitios no solo no les penaliza, sino que posiblemente da votos porque ya no se cuentan los valores, sino simplemente la visibilidad del candidato en los medios. Su otro gran mérito ha sido conseguir venderse como bomberos contra un fuego que ellos causaron en gran medida con su modelo económico de ladrillo e ingeniería financiera. El objetivo es conseguir votantes acríticos, y eso se consigue con herramientas forjadas en esa mezcla de populismo y periodismo de barricadas tan característica de los medios conservadores españoles. Creo que nadie definió mejor el problema que El Roto en una viñeta publicada hace unos meses en estas mismas páginas: el votante de derechas no vota, ficha.</p>
<p>Del lado socialista, sin duda, han demostrado una falta de cintura importante en la capacidad de creación y difusión de ideas, respuestas y mensajes. Considero que uno de los principales errores del mandato de Rodríguez Zapatero fue alentar la guerra entre grupos de comunicación afines.</p>
<p>Dentro de este panorama de adormecimiento intelectual ha surgido una luz potente e inesperada, la de los indignados y sus plazas llenas de debates e inquietudes nuevas. Imposible no coincidir con la mayoría de sus reivindicaciones, como me resulta también imposible reconocerme en el mensaje antipolítico que a menudo emana de ese movimiento. Negar las fronteras entre derecha e izquierda y creer que la abstención acabará con el sistema son auténticos regalos para el neoliberalismo.</p>
<p>A esta visión simplista del sistema ha contribuido poderosamente la indefensión crítica con la que a menudo nos enfrentamos a todo lo que viene por la Red. La sobresaturación de información y la desaparición de los líderes de opinión tradicionales la convierten a menudo en una constelación de ecosistemas comunicativos cerrados sin reglas, de ahí la deriva anarquizante de muchos de estos colectivos que sueñan con revoluciones imposibles. Y ya que hablamos de revoluciones: León Trotski definió su idea de revolución permanente como un proceso en evolución constante, un camino al que no se llega nunca, pero hacia el que hay que ir avanzando siempre. En nuestro sistema democrático, tan imperfecto como se quiera, la única revolución es participar día a día en su mejora, fortaleciendo la sociedad civil, enriqueciendo el debate político, el conocimiento y defendiendo el espacio de lo público. Diría que contra las nuevas armas de la ofensiva neoliberal la única revolución posible y deseable es la democracia real permanente.</p>
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		<title>El salón de &#8216;madame&#8217; Seseña</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 18:14:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Vicente Molina Foix</strong>, escritor (EL PAÍS, 19/01/12):</p>
<p>&#8220;Tendrías que haber sido francesa&#8221;, le dijo una noche en Madrid Jaime Gil de Biedma a Natacha Seseña, para mi asombro: tenía yo entonces a nuestra común amiga por <em>anglosajonizante</em> más bien, y no sólo en razón de su primer vínculo conyugal y su largo currículo como alumna, profesora y coordinadora de estudios, tanto en España como en Estados Unidos, de algunas prestigiosas universidades del noreste americano. Unas semanas después de la muerte de Natacha, ocurrida el pasado 31 de octubre, mientras oía la conferencia que Benedetta Craveri dio en la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39770/el-salon-de-madame-sesena/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Vicente Molina Foix</strong>, escritor (EL PAÍS, 19/01/12):</p>
<p>&#8220;Tendrías que haber sido francesa&#8221;, le dijo una noche en Madrid Jaime Gil de Biedma a Natacha Seseña, para mi asombro: tenía yo entonces a nuestra común amiga por <em>anglosajonizante</em> más bien, y no sólo en razón de su primer vínculo conyugal y su largo currículo como alumna, profesora y coordinadora de estudios, tanto en España como en Estados Unidos, de algunas prestigiosas universidades del noreste americano. Unas semanas después de la muerte de Natacha, ocurrida el pasado 31 de octubre, mientras oía la conferencia que Benedetta Craveri dio en la Fundación Juan March sobre <em>Los salones galantes,</em> entendí plenamente lo que Gil de Biedma quiso decir aquella noche de 1984. Por su cultura versátil y su <em>esprit de finesse,</em> por su talento histriónico (que ella se tomaba muy en serio, como veremos), por su humor cáustico y su <em>alma bella,</em> Natacha Seseña habría brillado con luz propia en ese mundo de los salones cultivados que Craveri evocaba en su conferencia y reconstruye de modo magistral en <em>La cultura de la conversación</em> (Siruela, 2007, traducción de César Palma). Un mundo primordialmente femenino que pobló el París del <em>Grand Siècle</em> de unas damas mordaces y sabias, atrevidas de gesto y de actitud, infinitamente ocurrentes y siempre dispuestas a resistir a la estupidez con el arte de la palabra.</p>
<p>Tratando asiduamente a Natacha en esa década de los ochenta y después, más de una vez le oí repetir con cierto orgullo no exento de ironía el lema que las Damas Negras de Saint-Maur, el colegio madrileño de monjas francesas en el que se educó, inculcaban a las niñas: <em>Simple dans ma vertu, forte dans mon devoir.</em> Natacha creció agnóstica y se mantuvo siempre librepensadora, pero si bien no puedo decir que sus muchas virtudes fuesen todas simples, la fortaleza de su carácter, en el dolor y en el gozo, me consta. Tuvo además, por instinto y por decisión propia, las herencias morales de la Institución Libre de Enseñanza (continuada en su muy querida Residencia de Estudiantes), de la Asociación Española de Mujeres Universitarias, de la que fue presidenta, y de otras agrupaciones similares que prolongaban valerosamente en la España franquista el espíritu laico y progresista, así como una natural sintonía con lo mejor del exilio republicano, frecuentando en sus años norteamericanos a gente de la talla de Jorge Guillén, Laura de los Ríos, Pilar de Madariaga, Joaquín Casalduero, Solita Salinas y Juan Marichal.</p>
<p>Como tantas <em>preciosas</em> del XVII francés y muchas de sus continuadoras del siglo de las luces anteriores a la Revolución (pienso en Madame de Staël y en Madame du Deffand), NatachaSeseña fue una escritora de libros aplicados -llenos siempre de ingenio- sobre un tema en el que era experta, la cerámica popular y el arte de la porcelana, pero brilló igualmente en otra faceta que apenas queda registrada, la de activadora de redes sociales muy distintas a las actuales. Hubo una <em>Seseña pública</em> e importante en sus años de directora de artes plásticas de la Fundación Banco Exterior, con pioneras exposiciones de rescate, por ejemplo, de Esteban Vicente y Remedios Varo, y una privada <em>Natacha oral</em> que se dejaba oír cuando invitaba en su casa, tanto la de Madrid (donde podía mezclar a don Julio Caro Baroja con Fernando Vijande, el galerista español de Warhol) como la del pueblo turolense de Calaceite, en el que fue parte esencial, mientras duró, de esa pequeña y exquisita colonia de <em>expatriados</em> literarios formada por José y Pilar Donoso, Mauricio Wacquez, Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate, entre otros.</p>
<p>Tuve el privilegio de pertenecer a la compañía de cómicos aficionados que, gracias sobre todo al impulso de <em>la Seseña</em> (primera actriz y gran diva) y la disponibilidad escénica de la casa de Juan Benet en la calle Pisuerga de Madrid -con sus dos salones contiguos separados por una corredera de vidrio que hacía las veces de telón-, ofreció a lo largo de unos cuantos años un buen número de representaciones improvisadas aunque pundonorosas, todas gratuitas. Encargado yo, como galán (entonces) joven de la compañía, de los papeles de petimetre, soy, y me duele decirlo, el único vivo de aquel elenco, compuesto, en la rama masculina, por Benet, que prefería siempre el rol del hombre avinagrado (le salía redondo el de factor de la Renfe), y Juan García Hortelano, que en una de las piezas más solicitadas del repertorio, <em>La familia argentina en España,</em> hacía incongruente pero convincentemente de hijo mío; cercano ya a los sesenta, Hortelano me decía entre bastidores, mientras se ponía para rejuvenecerse una pañoleta anudada en la calva, que el secreto estaba en aplicar a su inverosímil interpretación el método del Actors Studio. El reparto podía reforzarse en funciones de mayor rango, como una que dimos, con motivo de un cumpleaños de Jaime García Añoveros, en un restaurante de la zona norte de Madrid, y única que contó con una reseña escrita de Ángel Sánchez Harguindey en este periódico. Fuimos de madrugada ansiosos, como se hacía en Broadway en la edad de oro, a leer en un VIPS la primera edición de EL PAÍS; Harguindey nos dejaba bien. Aquella noche habíamos tenido un <em>guest star</em> muy apreciado por crítica y público, Jaime Salinas, descollante sobre todo en el entremés <em>dreyeriano</em> del cese súbito de un ministro que inventamos minutos antes de salir a escena. Salinas, que hacía de edecán del dignatario cesado, lo encarnó con la impasible circunspección de los actores nórdicos. Natacha Seseña era la única mujer de la compañía, y estaba, por tanto, obligada a prodigarse; la recuerdo ahora, además de como protestona esposa mía y madre de Hortelano en el <em>sketch</em> argentino, haciendo de <em>Morena Clara,</em> nuestra única incursión en el sainete español. Natacha, que tanto se lucía imitando el acento porteño en la evocación de los veraneos de Punta del Este, nos dejó a todos boquiabiertos hablando un andaluz fluido que a Benet, intérprete con sombrero cordobés y fajín del Tío Regalito, le costaba más.</p>
<p>El poeta Ángel González, otro buen amigo de Natacha, prologó <em>Falso curandero,</em> el libro de poemas que ella anunciaba desde tiempo inmemorial y algunos desconfiaban que hubiera escrito, ignorando que las leyes de las <em>salonnières</em> exigen a menudo la reticencia. Salió en 2004, y era estupendo, tanto en los sarcasmos (&#8220;Me enseñaba un camino / ¡jamás el de Escrivá!&#8221;) como en sus versos de aliento amoroso (&#8220;Tómame, amor, / que te merezco&#8221;). El prólogo de González era un homenaje a la socarronería que Natacha y él compartieron, entre tantas copas: &#8220;No se nace poeta, como no se nace tuberculoso (&#8230;). Natacha Seseña, cuya predisposición a la lírica vengo yo observando desde hace mucho tiempo, no tomó las debidas precauciones (&#8230;).</p>
<p>Por un pudor que está justificado tanto en tuberculosos como en poetas, trató de ocultarlo durante años (&#8230;). Pero el tiempo, ese falso curandero, no hizo más que agudizar el mal, y al fin no tuvo más remedio que hacerlo público&#8221;.</p>
<p>Lírica y pícara, impetuosa y melancólica, sentimental con pavor a la sensiblería, Natacha se dejó infectar por los mejores <em>males</em> de un siglo en el que mujeres como ella hablaron en voz alta, sin querer callar, dejando para el tiempo de hoy un eco de civilidad y cordura que ojalá nunca deje de oírse.</p>
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		<title>Sobre la desigualdad</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 18:09:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José María Carrascal</strong>, periodista (ABC, 19/01/12):</p>
<p>Una de las mayores y más frecuentes críticas que se hacen al capitalismo de mercado hoy imperante es que amplía la diferencia entre las clases sociales. Una realidad que se aprecia sobre todo en las grandes ciudades, donde el lujo más ostentoso, y a menudo de mal gusto, convive con la miseria más abyecta, con una clase media, esa base de la democracia, cada vez más estrecha y atemorizada. Dicho de manera mucho más cruda: que en vez de convertirse la clase baja en media, como venía ocurriendo hasta ahora, es la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39768/sobre-la-desigualdad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José María Carrascal</strong>, periodista (ABC, 19/01/12):</p>
<p>Una de las mayores y más frecuentes críticas que se hacen al capitalismo de mercado hoy imperante es que amplía la diferencia entre las clases sociales. Una realidad que se aprecia sobre todo en las grandes ciudades, donde el lujo más ostentoso, y a menudo de mal gusto, convive con la miseria más abyecta, con una clase media, esa base de la democracia, cada vez más estrecha y atemorizada. Dicho de manera mucho más cruda: que en vez de convertirse la clase baja en media, como venía ocurriendo hasta ahora, es la media la que se está convirtiendo en baja.</p>
<p>No voy a ser yo quien niegue tal realidad, avalada por estadísticas que arrojan cómo un segmento insignificante de la población ve multiplicarse sus ingresos, mientras el resto ve disminuir los suyos, con un número creciente de ciudadanos incapaces de cubrir sus necesidades más elementales. No hay duda, ese capitalismo agresivo está haciendo a los ricos cada vez más ricos y a los pobres cada vez más pobres. Aunque, siempre hay un aunque, esa presunción puede ser también producto de nuestro limitado punto de vista y de nuestros prejuicios ideológicos, porque si alzamos la vista de las grandes urbes occidentales para dirigirla al mundo en general nos encontramos con un panorama bastante distinto. Lo primero que vemos es que grandes extensiones del planeta, hundidas en la miseria y viviendo de hecho en la Edad Media, progresan a una velocidad insospechada, al tiempo que crean una clase media antes inexistente, ya que los distintos socialismos que habían ensayado no les habían permitido alcanzar ese nivel de vida. Y lo están alcanzando gracias al capitalismo adaptado por sus gobiernos. El mismo capitalismo que nos está destrozando a nosotros. En Nueva York ya no son noticia los turistas chinos, y espero que pronto no lo sean en Madrid o Barcelona, con ganas de comprar y dinero para pagarlo, aunque advierto que son los más rudos de todos los visitantes, según los comerciantes. E incluso sin ir tan lejos: en nuestros pueblos, donde no hace tanto reinaba la miseria más absoluta, las condiciones de vida han mejorado de forma tan espectacular que apenas hay ya diferencia entre la casa «del rico», pues había sólo uno, y las de los pobres, que eran todos los demás. Sin que allí se haya producido la divergencia que se acusa en las grandes ciudades. O sea, que mucho cuidado con las generalidades, que suelen llevar a conclusiones erróneas, no debiéndose descartar que estemos asistiendo, entre otras muchas cosas, a un trasvase de riqueza desde los hasta ahora llamados «países<br />
desarrollados» hacia los que ya se conocen como «emergentes». Aparte de lo que pueda influir esa actitud tan humana de clamar contra la desigualdad cuando nos daña, pero no queramos oír hablar de ella cuando nos favorece.</p>
<p>Pero que, espoleada por la crisis, la desigualdad crece en nuestra sociedad con un empobrecimiento general paralelo a la aparición del súper-rico no puede negarse, y quien lo niegue sólo tiene que acercarse a los comedores de Cáritas para comprobar lo equivocado que está. Es una tendencia que no augura nada bueno para Occidente, al representar una amenaza a su estabilidad social. Ir de menos a más es muy fácil, demasiado fácil. Pero ir de más a menos resulta difícil y doloroso, por aquello de que donde no hay harina todo es mohína. Aunque —de nuevo el dichoso aunque— echar todas las culpas de lo que nos ocurre al «capitalismo salvaje» es como echar la culpa de los muertos en carretera a que haya cada vez más coches y sean cada vez más potentes. La culpa de los muertos en carretera es, en la inmensa mayoría de los casos, de los conductores, que no respetan las normas de tráfico ni las del sentido común.</p>
<p>Del mismo modo, las causas de la divergencia creciente de ingresos en Occidente puede también deberse, al menos en buena parte, a la deriva tomada por su propia sociedad. Un estudio realizado por los economistas Jon Bakija, Adam Cole y Bradley Heim en Los Ángeles, Boston, San Francisco, Seattle, Dallas, Houston, Washington y Nueva York arroja que, en efecto, el uno por ciento de su población obtiene tantos ingresos como el 99 por ciento restante. Sin embargo, un 31 por ciento de ese uno por ciento de privilegiados no ha obtenido su fortuna por herencia o actividades especulativas, sino por su propio esfuerzo. Está compuesta por un 16 por ciento de médicos, un 14 de ejecutivos, un 8 de abogados, un 5 de ingenieros y un 2 de deportistas, actores y periodistas, de TV principalmente. Los ingresos de todos ellos han crecido de forma desproporcionada y desconocida hasta hace pocos años, siendo la formación académica uno de los principales factores de tal promoción. De forma general puede decirse que, mientras que en 1979 el ingreso medio de un graduado universitario norteamericano era un 38 por ciento más alto que el del simple graduado escolar, hoy la diferencia es del 75 por ciento, casi el doble. Una diferencia, advierten los autores del estudio, que ya no causa embarazo social. Ganar veinte millones de dólares al año en 1970, aparte de raro, no estaba del todo bien visto. Hoy no asusta a nadie, aunque sí asusta que los ingresos de la clase media y baja sigan descendiendo.</p>
<p>Aunque —todavía el dichoso aunque— sería temerario decir que esta disparidad se debe a que los privilegiados estén oprimiendo al resto, como ocurría bajo el feudalismo o el capitalismo primitivo. Se debe más bien a que ese uno por ciento ha sabido aprovechar las oportunidades que ofrece una sociedad técnica que avanza a un ritmo desconocido en la historia, junto con unas normas morales mucho más laxas que las imperantes en la sociedad tradicional. Mientras, el 99 por ciento que van quedándose atrás no han sabido aprovechar tales oportunidades, mecidos en la cuna del «Estado providencia» y la relajación de las nuevas costumbres. La diferencia de ingresos, concluyen los tres autores del estudio, debe atribuirse principalmente a la diferencia de preparación, de aplicación, de aspiración, de ambición y, en general, de actitud ante la vida, mucho más rigurosa e insaciable entre los súper-ricos que entre los demás. Aquellos suelen ser individuos que han destacado en sus respectivas profesiones, innovadores en las mismas, alcohólicos del trabajo y con una vida familiar relativamente estable. Piénsese en los pioneros de la electrónica. El resto, por el contrario, se ha contentado con utilizar tales innovaciones, seguir los caminos trillados y elegir las soluciones más cómodas. La tendencia que ha habido en las últimas décadas hacia las artes liberales, sin tener en muchos casos capacidad para ellas, el desprecio de la técnica, el esperar que el Estado nos resuelva los problemas, la inhibición de responsabilidades personales, la «cultura» del narcisismo y de la gratificación instantánea han traído inestabilidad en las relaciones personales y aumento del nacimientos fuera del matrimonio, que se convierte luego en decenas de millones de niños que no terminan los estudios primarios, futuros parados o empleados con sueldos raquíticos. Ahí está una de las principales causas de la desigualdad social, que se aprecia no sólo en los ingresos, sino también en la salud y las<br />
condiciones físicas de los más pobres. El citado estudio arroja que conforme se va bajando en la escala social aumenta el número de fumadores y de personas con sobrepeso, con todos los perjuicios que eso causa. Es incluso muy posible que la excesiva ambición de esa minúscula minoría encuentre en la laxitud de la inmensa mayoría el campo abonado para ensanchar la diferencia.</p>
<p>Ese uno por ciento de súper-ricos resulta preocupante. Pero bastante más preocupante resulta esa masa creciente que, por una causa u otra, no tiene oficio, beneficio ni apenas posibilidad de tenerlos, al faltarle la preparación y disciplina requerida en la nueva era que empieza. Si de lo que se trata es de acabar con la desigualdad, empezar por abajo es mucho más urgente y eficaz que empezar por arriba. Sobre todo, con los chinos a la puerta.</p>
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		<title>Pasión por el poder</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 18:01:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Político]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Francesc de Carreras</strong>, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB (LA VANGUARDIA, 19/01/12):</p>
<p>Tras las laudatios necrológicas de estos días sobre Manuel Fraga Iribarne, este pretende ser un mero artículo de opinión en recuerdo de su trayectoria y personalidad. Fraga ha ocupado durante sesenta años cargos políticos, la mitad de su vida en dictadura y la otra mitad en democracia, dos sistemas diametralmente opuestos. En las primeras elecciones de 1977 ya contaba con 55 años, parecía tener más pasado que futuro. Su paso por el franquismo no puede ser borrado de su biografía, menos contradictoria de lo que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39767/pasion-por-el-poder/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Francesc de Carreras</strong>, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB (LA VANGUARDIA, 19/01/12):</p>
<p>Tras las laudatios necrológicas de estos días sobre Manuel Fraga Iribarne, este pretende ser un mero artículo de opinión en recuerdo de su trayectoria y personalidad. Fraga ha ocupado durante sesenta años cargos políticos, la mitad de su vida en dictadura y la otra mitad en democracia, dos sistemas diametralmente opuestos. En las primeras elecciones de 1977 ya contaba con 55 años, parecía tener más pasado que futuro. Su paso por el franquismo no puede ser borrado de su biografía, menos contradictoria de lo que aparenta.</p>
<p>Durante la dictadura, Fraga fue un franquista al estilo de Franco, es decir, tenía unas convicciones difusas que se iban adaptando a las necesidades del momento con una única finalidad muy clara y concreta: alcanzar y conservar el poder a todo precio. Esa fue su obsesión, que mantuvo también después en democracia. Su moral fue la del superviviente: cómo y dónde debo colocarme para mandar y seguir mandando. Pasión por el poder, Maquiavelo en estado puro.</p>
<p>Perteneciente desde muy joven a los altos cuerpos de la administración pública, entró muy pronto en política apuntándose sucesivamente a las dos corrientes predominantes del franquismo de los años cincuenta: primero a los propagandistas católicos y después, tras el cese del ministro Ruiz-giménez, al descafeinado falangismo del Movimiento entonces representado por José Solís Ruiz. Esta laxitud ideológica, esta acomodación al mando sea quien fuere, además de su desbordante capacidad de trabajo, probablemente fueron las palancas que le ayudaron para que Franco lo designara en 1962 ministro de Información y Turismo: contaba sólo cuarenta años.</p>
<p>En una dictadura el ministro de Información siempre es el ministro de Propaganda, es decir, aquel que controla y degrada las ideas contrarias e impone las propias. Fraga se aplicó a esta tarea con encomiable dedicación. Por ejemplo, en las protestas de intelectuales por las huelgas mineras de Asturias, en la reunión de parte de la oposición en Munich (a la que se calificó de “contubernio”, nombre con el que ha pasado a la historia), en la justificación de la pena de muerte al comunista Julián Grimau tras un proceso sin las mínimas garantías procesales, en la campaña de los “25 años de Paz” en 1964 que el abad de Montserrat Aurelio Escarré calificó certeramente de “25 años de Victoria”.</p>
<p>Sólo un punto a favor de Fraga: la ley de Prensa de 1966 que suprimió la censura previa por parte de su ministerio y la encomendó a los directores de periódicos. No era, por supuesto, una ley que garantizara la libertad de expresión pero permitió configurar una opinión pública de pluralismo limitado que contribuyó a crear un caldo de cultivo decisivo más tarde en los años de la transición. Naturalmente estos límites al pluralismo los fijaba el ministro y así fueron las cosas: la libertad existe o no existe, no caben términos medios. La aplicación de la ley fue un nido de problemas para el régimen (suspensiones y clausuras de periódicos y revistas, procesos a directores) y nuestro hombre cayó en desgracia.</p>
<p>Pero Fraga, como hemos dicho, tiene mentalidad de superviviente y sabe que la muerte de Franco, previsiblemente próxima, cambiará las condiciones políticas: designado embajador en Londres comienza a cultiva una imagen de reformista moderado. Afortunadamente, tras la muerte del dictador, el Rey tuvo el acierto de escoger a Adolfo Suárez y no a él como presidente del Gobierno. El monarca pretendía convertir a España en una democracia europea, no reformar el franquismo.</p>
<p>Pero el superviviente Fraga plantó cara. Confiando en que España era todavía mayoritariamente partidaria de una derecha cerril, se presentó a las elecciones con una Alianza Popular formada por nostálgicos del franquismo –la de los “siete magníficos”– que hizo el ridículo frente a la UCD. La estupenda serie de televisión Cuéntame ha reflejado perfectamente cómo en aquellos años el franquista medio se convirtió en centrista: en meses pasó de hacer cola ante el féretro de Franco a votar a Suárez.</p>
<p>Fraga, el superviviente, inició ahí su segunda etapa política y tuvo la suerte de colarse en la ponencia constitucional donde desempeñó, por primera vez, un papel positivo para la democracia: fue él quién más renunció a sus puntos de partida en aras del consenso democrático general. Tras desintegrarse UCD, intentó modernizar a su formación política sin conseguirlo: quien lo impedía, sobre todo, era él. Entonces tuvo la grandeza de reconocer que su imagen representaba el pasado y renunció al liderazgo, cediendo ante una generación más joven, conservadora pero moderada, más sucesora de UCD que de AP. Desde el feudo gallego al que fue confinado –al fin, superviviente en su tierra– Fraga prestó allí un segundo servicio a la democracia: legitimó ante la derecha el Estado de las autonomías. Pero había dejado de ser ya un factor importante en la política nacional, donde se limitó a ejercer, con discreción y acierto, el papel de reina madre de la derecha española.</p>
<p>Hay políticos con pasión por las ideas y valores, otros con pasión por el mero poder. Fraga ha sido un claro ejemplar de los segundos.</p>
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		<title>Las tendencias del islam</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39766/las-tendencias-del-islam/</link>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 17:58:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Said K. Aburish</strong>, escritor y biógrafo de Sadam Husein, autor de <em>Nasser, el último árabe</em>. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 19/01/12):</p>
<p>Es hora de empezar a llamar a las tendencias u orientaciones musulmanas por su nombre. Al fin y al cabo, algunas cuentan con millones de seguidores y otras controlan gobiernos enteros cuya influencia abarca extensos territorios.</p>
<p>La razón para llamar a los grupos musulmanes por su nombre es obvia: no tienen las mismas creencias u objetivos y algunos de ellos mantienen incluso buenas relaciones con cristianos y judíos. Tomemos, por ejemplo, el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39766/las-tendencias-del-islam/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Said K. Aburish</strong>, escritor y biógrafo de Sadam Husein, autor de <em>Nasser, el último árabe</em>. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 19/01/12):</p>
<p>Es hora de empezar a llamar a las tendencias u orientaciones musulmanas por su nombre. Al fin y al cabo, algunas cuentan con millones de seguidores y otras controlan gobiernos enteros cuya influencia abarca extensos territorios.</p>
<p>La razón para llamar a los grupos musulmanes por su nombre es obvia: no tienen las mismas creencias u objetivos y algunos de ellos mantienen incluso buenas relaciones con cristianos y judíos. Tomemos, por ejemplo, el caso de los wahabíes, la familia que gobierna Arabia Saudí con sus singulares enseñanzas. Los wahabíes forman una comunidad cuya doctrina constituye una de las interpretaciones rigoristas del sunismo y muestra puntos de vista extremos. No obstante, hay que esforzarse para establecer estos rasgos y para demostrar quién está detrás de ellos en cada caso.</p>
<p>Los wahabíes son suníes hanbalíes ( Ahmad ibn Hanbal, 780-855) y el viento sopla a su favor a fin de lograr la conversión de más personas y de difundir la doctrina y enseñanzas wahabíes, de dos siglos y medio de antigüedad. El viento sopla a su favor, pues Qatar y Arabia Saudí son los dos países más ricos del mundo en términos de reservas de petróleo y gas y ambos siguen la doctrina wahabí sin que nadie parezca oponer objeción.</p>
<p>La segunda escuela o doctrina que experimenta un despertar es la tendencia o doctrina musulmana chií, por una razón obvia: controlan un país entero, Irán, y nada les satisface en mayor medida que poner los recursos de ese país rico en petróleo a disposición de su estamento religioso. El chiismo antepone la organización religiosa que guía a la administración que controla y supervisa el gobierno. El líder de los musulmanes chiíes ocupa un rango superior al del Gobierno iraní. Se trata de un líder que dice cómo han de emplear su dinero los cien millones de creyentes en esta doctrina; dice, además, cómo deben gobernar los países que controlan.</p>
<p>El chiismo musulmán es básicamente antioccidental. Fuertemente controlado por el estamento religioso, que usa turbantes de distintos colores para indicar su rango, es una religión totalmente contraria a la adopción de costumbres occidentales, comprometida con la misión de perpetuar las palabras del profeta Mahoma. No tolera la mala interpretación o una nueva interpretación del islam susceptible de permitir el diálogo con el mundo occidental.</p>
<p>También se diferencia de otras tendencias, como el sunismo, que tolera la discrepancia y la reinterpretación del Corán de acuerdo con la voluntad del pueblo. El funcionamiento del chiismo, en esencia, guarda cierta similitud con el de la Iglesia católica en Occidente. El poder de la Iglesia para guiar al pueblo depende de la palabra y doctrina de la cabeza de la Iglesia y no de cualquier otra institución o cambio provocado por el paso del tiempo. Es una religión, en tal sentido, “testaruda”.</p>
<p>Debe mencionarse, asimismo, la escuela jurídica del hanafismo, la más flexible de las escuelas suníes, que propicia un discurso destinado a evitar un enfrentamiento entre los musulmanes y Occidente.</p>
<p>Pero el hecho relevante que debe subrayarse es que los musulmanes chiíes creen en un choque inevitable con Occidente, mientras que el sunismo parece propiciar el intercambio de criterios y el cambio.</p>
<p>El wahabismo controla Arabia Saudí a través de la Casa de Saud. Sin embargo, tal circunstancia no resulta evidente para todo el mundo, pues libra constante batalla con el sunismo. El apoyo de Occidente ya sea a los musulmanes chiíes o bien a la escuela wahabí del islam suní es vital para el éxito de cualquier tendencia de la noble religión. Por ejemplo, el islam chií controla totalmente Irán y el islam hanbalí controla Arabia Saudí, mientras que algún tipo de inclinación por parte de Estados Unidos hacia una de estas tendencias del islam garantiza probablemente su éxito contra la otra.</p>
<p>Los wahabíes de Arabia Saudí no son capaces de dirigir un país por sí mismos y, en consecuencia, dependen del apoyo de Estados Unidos en materia militar, de seguridad e incluso enseñanza. Pero, sobre todo, el wahabismo es intolerante con relación a otras tendencias o doctrinas de la religión musulmana, hasta el punto de prohibir que los chiíes accedan a la educación superior en la universidad. De hecho, un chií, a ojos del wahabismo, es un hereje que debería eliminarse.</p>
<p>Teniendo en cuenta que los chiíes representan el 15% de la población de Arabia Saudí, es de resaltar que quien pidió su eliminación no fue otro que el Consejo de los Ulemas. Es como si el secretario de Estado de la Santa Sede defendiera la eliminación de todos los protestantes. Como el 15% de Arabia Saudí es chií, el llamamiento a su eliminación y la prohibición de su ingreso en la universidad o alistamiento en las fuerzas armadas es un notable indicio de la intolerancia de esta orientación religiosa. Sin embargo, poco se oye hablar de ella, porque Arabia Saudí y Estados Unidos son aliados contrarios a ideas avanzadas a quienes incomoda el auge del chiismo. Conviene señalar que Osama bin Laden era un wahabí (pertenecía a la misma tendencia musulmana que la Casa de Saud). Tal circunstancia no se difundió excesivamente en la prensa, radio y televisión de Occidente. La Casa de Saud se vería perjudicada y esto no es ciertamente lo mejor tratándose de un país que posee el 20% de las reservas mundiales de petróleo conocidas.</p>
<p>El chiismo se opone a la difusión o publicidad de sus actividades, ya que Occidente considera que tanto la decapitación de personas como la detención sin motivo son inaceptables. Los mismos factores que provocaron disturbios en las calles de las ciudades de Irán están presentes en Arabia Saudí, bajo otra etiqueta; sin embargo, metemos al islam en el mismo saco y lo consideramos como si todos defendieran lo mismo.</p>
<p>Se gasta mucho dinero hoy día en el fomento de una tendencia del islam sobre otra, más de lo que se gasta en educación o formación técnica. Aún es la hora en que el chiismo ha de aprobar el uso de la corbata, que juzga “obra del demonio occidental”.</p>
<p>Todo esto es tan confuso como efectivamente parece. Estados Unidos apoya al grupo de musulmanes más radicales, los wahabíes, debido a razones políticas más que ideológicas. Arabia Saudí posee de hecho más petróleo que los países bajo control chií. Al propio tiempo, Qatar y Estados Unidos son aliados por la misma razón. Nada se dice sobre el wahabismo radical. Pese a todo el jaleo que arman los chiíes y las amenazas explícitas de su orientación islámica, EE.UU. sigue favoreciendo a los wahabíes más que a los chiíes. Las políticas de Estados Unidos no dependen de la doctrina, pero dependen de la amistad de los países que controlan grandes reservas de petróleo. Las cosas en Oriente Medio no son como parecen y la materia prima más estratégica del mundo es importante, al menos por el momento; en cualquier caso, tendremos ocasión de oír de ellos en el próximo futuro.</p>
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		<title>Los &#8216;baby boomers&#8217; y nosotros</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 20:42:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ramón González Férriz, </strong>editor de Letras Libres (EL MUNDO, 18/01/12):</p>
<p>En un estudio reciente sobre el estado de la demografía en el mundo, el <em>Financial Times</em> afirmaba que «tanto en la Unión Europea como en EEUU está creciendo la ansiedad ante la idea de que la política esté cada vez más dominada por las luchas por los recursos entre generaciones: los jubilados pelearán por mantener los generosos programas sociales y los jóvenes sentirán resentimiento por la carga fiscal que deberán soportar». ¿Es ese el mundo en el que estamos entrando?</p>
<p>Los países anglosajones llevan mucho tiempo discutiendo sobre los &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39747/los-baby-boomers-y-nosotros/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ramón González Férriz, </strong>editor de Letras Libres (EL MUNDO, 18/01/12):</p>
<p>En un estudio reciente sobre el estado de la demografía en el mundo, el <em>Financial Times</em> afirmaba que «tanto en la Unión Europea como en EEUU está creciendo la ansiedad ante la idea de que la política esté cada vez más dominada por las luchas por los recursos entre generaciones: los jubilados pelearán por mantener los generosos programas sociales y los jóvenes sentirán resentimiento por la carga fiscal que deberán soportar». ¿Es ese el mundo en el que estamos entrando?</p>
<p>Los países anglosajones llevan mucho tiempo discutiendo sobre los llamados <em>baby boomers</em>, la privilegiada generación de hombres y mujeres nacidos aproximadamente entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y mediados de los años 50. Desde todos los puntos de vista, la mayoría de ellos -y fue una generación excepcionalmente populosa- han tenido una vida envidiable: no sólo gozaron de los avances tecnológicos y materiales propios de una época cuya riqueza apenas tiene precedentes en la Historia, sino que además lograron abrir espacios para la libertad -política, sexual, cultural- que a sus padres les habrían parecido imposibles. Sumado a eso, ahora que están en la última etapa de una vida de estabilidad tienen a su servicio un Estado del Bienestar todavía generoso, con sistemas sanitarios públicos y pensiones que, aunque indiscutiblemente van menguando, todavía les permitirán tener una vejez relativamente segura y probablemente larga. Ahora bien, después de esta prolongada y feliz trayectoria, ¿cuál es el mundo que dejan a sus hijos? Muchos creen que un mundo catastrófico: con una gran crisis medioambiental, una pirámide demográfica temible y, por encima de todo, un montón de deudas por pagar. David Willetts, el actual ministro de universidades del Reino Unido, cree que, al acumular tanto bienestar para sí mismos, los <em>baby boomers</em>, simplemente, le robaron el futuro a sus hijos.</p>
<p>Sin duda, en esta afirmación puede haber algo de resentimiento conservador contra una generación especialmente beneficiada por la libertad posmoderna pero aún muy protegida por el viejo Estado benefactor. Sin embargo, no es difícil ver también lo mucho que hay de verdad en ella: se mire donde se mire, parece evidente que los jóvenes de hoy van a tener una vida materialmente más inestable que la de sus padres. No sólo parecen haberse desvanecido los trabajos para toda la vida, sino que la noción de seguridad de la que gozaron nuestros mayores -el sindicato pactaba, la empresa transigía, el Estado proveía- es o será en poco tiempo un privilegio raro para el trabajador medio. Y algunas cosas dadas por sentadas, como los aceptables subsidios de desempleo, la sanidad pública con atenciones casi ilimitadas, la jubilación temprana y las pensiones decentes serán un bonito recuerdo.</p>
<p>Las causas de todo ello son enormemente complejas, y entre ellas está sin duda la globalización, con la aparición de nuevos competidores, y las ya mencionadas crisis demográfica y de deuda. Pero en cualquier caso, parece normal que un joven desempleado o mal pagado se sienta estafado al recordar la promesa tácita que le hicieron sus padres: que toda generación vive mejor que la anterior y que los jóvenes son el mayor capital de un país. En contra de esta idea, los sindicatos parecen defender sólo a los relativamente privilegiados -los funcionarios, los trabajadores industriales de mediana edad-, los políticos se comprometen a garantizar las pensiones pero no hacen demasiado por mejorar el terrible desempleo juvenil, y buena parte de las instituciones públicas -la universidad, para empezar- están mucho más preocupadas por el estatus de los <em>insiders </em>que por las oportunidades de los que aspiran a serlo. Si uno tuviera la ambición de renovar el credo marxista, podría decir que la lucha de clases, en efecto, ha sido sustituida por la lucha de generaciones.</p>
<p>Sin embargo, pese a todo esto y lo augurado por el estudio del <em>Financial Times</em>, no parece ser así. Al menos, no en la España actual. Las reivindicaciones de la izquierda española no mencionan, en ninguna parte, este injusto desequilibrio entre los beneficios que el sistema otorga a los mayores y los que niega a los jóvenes. Hay, en principio, una buena razón para ello: los coetáneos de los <em>baby boomers</em> en España no sólo tuvieron que soportar una dictadura, sino que su vida ha estado más marcada por la memoria de tiempos pobretones y el deseo de dar a los hijos lo que nunca tuvieron en su juventud que por la diversión sesentera. En parte por ello, creo, nadie parece oponerse a la forma de solidaridad intergeneracional -devolvemos a nuestros padres por intermediación del Estado parte de lo mucho que nos dieron- en la que se basa nuestro sistema. Pero además de eso, me temo que la falta de conflicto en este asunto se debe básicamente a un equívoco muy incrustado en España: el de los derechos adquiridos. No hay reproches a nuestros padres debido a que creemos que la Historia es siempre un proceso de mejora, y que si ellos tuvieron derecho a todo eso, nosotros debemos recibir, por lo menos, lo mismo. No importa que las circunstancias cambien, no importa que lo hagan las costumbres y las decisiones -y nuestras costumbres y decisiones son muy distintas de las de nuestros padres-: todo bienestar existente se percibe como un derecho adquirido que no puede ser modificado en función de la realidad. No es que quienes gobernaron para nuestros padres calcularan mal y exageraran en lo que estos podían recibir, es que lo hicieron muy bien y quienes gobiernan para nosotros deben seguir así. En ese sentido, el mensaje último de la izquierda española actual es que quiere para los jóvenes lo mismo que tuvieron sus padres. Parece complicado, visto lo que ha cambiado el mundo. Parece imposible, a juzgar por cómo ha gestionado esos cambios.</p>
<p>Espero de veras que no se produzca esta guerra entre generaciones. Por mucho que sea lo que podamos reprochar a nuestros mayores, estos se limitaron a tomar del mundo lo que éste les ofrecía sin pensar en las consecuencias a largo plazo. Es lo que solemos hacer los humanos. Y por lo demás, y pese a lo dicho, la realidad que nos legan no es para nada despreciable: nos han dejado una democracia asentada, una sociedad razonablemente tolerante y una cultura abierta. Pero creo que si las luchas por nuestro bienestar siguen centrándose en tratar de repetir la seguridad de nuestros antecesores inmediatos, en imitar su experiencia, van a fracasar. Es una idea difícil de aceptar en un mundo hecho tan a la medida de esa generación y que ha convertido la juventud en un momento superficialmente rebelde, pero en el fondo terriblemente conservador.</p>
<p>Sin embargo, me temo que habrá que echarle imaginación y coraje: de vez en cuando los herederos de un mundo en ruinas se ven obligados a inventarse nuevas fórmulas si quieren salir del hoyo. Por mucho que haya razones, cargar contra los mayores es una pérdida de tiempo. Tratar de repetir su vida y aferrarse a lo que ya es inviable, un error incluso más grande.</p>
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		<title>Educación, crisis y mercado</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 20:31:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Fabricio Caivano</strong>, periodista (EL PERIÓDICO, 18/01/12):</p>
<p>Lo que expongo en estas líneas es (demasiado) sencillo: hoy las sociedades no parecen ya capaces de regularse y gobernarse a través de su representación política ante la creciente invasión de la lógica nihilista de los mercados, ese «gran casino» global en palabras de Zygmunt Bauman. Y en consecuencia desfilamos marcialmente hacia una radical mutación de valores de consecuencias catastróficas para la formación y convivencia de los humanos. Hoy la esperanza se deposita otra vez en la educación. ¿Pero es imaginable una Educación capaz de poner al Mercado en su sitio si &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39753/educacion-crisis-y-mercado/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Fabricio Caivano</strong>, periodista (EL PERIÓDICO, 18/01/12):</p>
<p>Lo que expongo en estas líneas es (demasiado) sencillo: hoy las sociedades no parecen ya capaces de regularse y gobernarse a través de su representación política ante la creciente invasión de la lógica nihilista de los mercados, ese «gran casino» global en palabras de Zygmunt Bauman. Y en consecuencia desfilamos marcialmente hacia una radical mutación de valores de consecuencias catastróficas para la formación y convivencia de los humanos. Hoy la esperanza se deposita otra vez en la educación. ¿Pero es imaginable una Educación capaz de poner al Mercado en su sitio si los Políticos no osan hacerlo desde su legitimidad democrática? Me refiero a la Educación en mayúscula, imaginativa, no a dar un hora más o menos de catalán o de matemáticas o si añadimos un curso al bachillerato. Eso es volver a marear a la pobre perdiz pedagógica. Estar escolarizado ya no equivale hoy a ser educado.</p>
<p>Hoy abundan los signos de regresión en la calidad y eficiencia de la educación. Estamos ante un proceso acelerado de involución educativa que se refuerza por la pérdida de sentido y de valor, para los jóvenes, del esfuerzo de educarse. También la burbuja educativa ha explotado porque solo un mañana fuerte da sentido al presente. El mal llamado fracaso escolar es un signo más de la paradójica extensión de la ignorancia en las llamadas sociedades del saber y de la información. Como advirtiera Hanna Arendt, y más recientemente Peter Slöter-dijk, hemos desprestigiado la autoridad y exculpado cualquier inhibición en nombre de la libertad y del deseo individual. El resultado es que sus contrarios, el antiautoritarismo narcisista y la banalización del mal, se proponen como el estilo de vida moderna, un delirio que la publicidad se encarga de divulgar en las conciencias en formación. Vamos camino de una sociedad consumida y enferma, literalmente desalmada, donde dignidad y compasión cotizan a la baja. ¿Qué puede hacer la educación?</p>
<p>Algunos funcionarios del optimismo, de letras o de ciencias, aseguran que estamos ante un mero traspié económico o un simple déficit emocional curable con ingeniosas terapias cerebrales. Pero las tecnologías son cada vez más inteligentes y los humanos lo parecen cada vez menos. La educación institucional sigue con su liturgia organizativa y curricular del siglo XIX; no ha sabido reinventarse ante los enormes cambios sociales ni canalizar la fuerza vital de los jóvenes y aprovechar positivamente su energía, que puede ser creativa o destructiva. Sabemos que sin tradición ni autoridad la educación no es posible, como advirtieron algunos cuando la exaltación pedagógica individualista declaró inaugurada la era de la fiesta permanente y el fin de la autoridad. Sin embargo, la palabra autoridad tiene -tenía- también una connotación neutra: la facultad de mandar sobre otros. La autoridad se ejerce en tanto que virtud, mientras que autoritarismo supone un poder absoluto. Toda dictadura se basa en una autoridad que mata la responsabilidad tanto individual como colectiva. Pero la ausencia de autoridad moral y la permisividad educativa llevan a un igualitarismo letal o a una excelencia clasista.</p>
<p>La enseñanza se ve arrollada por una sistemática deformación de masas que erosiona los objetivos de la instrucción pública, proponiendo como virtudes públicas toda una gama de conductas, actitudes y valores muy poco edificantes o abiertamente demoledores. La escuela recibe en su seno los efectos cognitivos, de conducta y morales de esa intensa contaminación mediática que moldea al consumidor y anestesia al ciudadano. Si nadie manda, nadie obedece. El tener ha ganado la partida al ser y el capital ha derrotado al trabajo. ¿Quién puede educar?</p>
<p>El gran mecanismo regulador de la vida económica y cultural es el Mercado, con sus sofisticados instrumentos de evaluación y sus tribunales de calificación de personas y estados, una autoridad planetaria hoy incontestada. Este condicionamiento nihilista, en pocos años ha ido jibarizando el perfil ético y competencial del ser humano educado. Hoy el ciudadano cuenta solo como visitante solvente del gran bazar. El éxito más sutil del ultraliberalismo desregulador ha sido la conquista de los sentimientos y las pasiones y su materialización en mercancías de uso. Pensemos en el alegre delirio consumidor sin mesura en tiempos de vacas gordas, un suicidio anunciado que nos ha llevado a la Gran Recesión. Ahí va otra simplificación: la madre de todas las mercancías es el Dinero; no huele y tiene la prolífica capacidad conejera de criar más y más dinero. El capitalismo financiero, su hijo predilecto beatifica la Avaricia, la gramática del Dinero que expresa en tiempo hiperreal sus volátiles amores y odios. Su impecable objetividad contable se hace más y más autónoma de los gobiernos de la polis, ese frágil espacio colectivo para la cría de los humanos.</p>
<p>¿Quién pone el cascabel a ese tigre de papel moneda? ¿Qué puedo hacer Yo? ¡Ah, amigos¡ Lo de siempre: luchar con dignidad y sin miedo con las armas fundacionales del ser humano: la palabra, la reflexión y la fuerza moral del Nosotros. No hay otra.</p>
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		<title>Fraga y la libertad: una pasión tardía</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 20:21:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Político]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Elorza</strong>, catedrático de Ciencia Política (EL PAÍS, 18/01/12):</p>
<p>Manuel Fraga fue el prototipo de una personalidad autoritaria. Cuando el relato de su vida destaca la sucesión de posiciones políticas en apariencia contradictorias, desde su lealtad al franquismo y a Franco, que nunca desmentirá, a su implicación sincera en el proceso de incorporación de la derecha a la democracia, es necesario tener en cuenta que siempre hubo un hilo rojo explicativo de su conducta: una adhesión sin reservas al orden establecido, del cual derivaba la autoridad legítima, frente a cualquier tipo de subversión, la de la oposición democrática &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39741/fraga-y-la-libertad-una-pasion-tardia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Elorza</strong>, catedrático de Ciencia Política (EL PAÍS, 18/01/12):</p>
<p>Manuel Fraga fue el prototipo de una personalidad autoritaria. Cuando el relato de su vida destaca la sucesión de posiciones políticas en apariencia contradictorias, desde su lealtad al franquismo y a Franco, que nunca desmentirá, a su implicación sincera en el proceso de incorporación de la derecha a la democracia, es necesario tener en cuenta que siempre hubo un hilo rojo explicativo de su conducta: una adhesión sin reservas al orden establecido, del cual derivaba la autoridad legítima, frente a cualquier tipo de subversión, la de la oposición democrática hasta 1976 o la del 23-F. Firme en sus lealtades, Fraga fue un hombre siempre seguro de sí mismo, escasamente dispuesto a admitir que alguien frente a él pudiera tener la razón. Su adscripción a los principios de autoridad y jerarquía era manifiesta en todos los órdenes de la vida, no solo en la política, sino también, para quienes fuimos sus alumnos, en la universitaria, y por los datos disponibles, sin que ello afectara al sentimiento, en la familiar. De ahí el gran acierto de Aznar al poner en sus manos una carta de dimisión al ser nombrado al frente del PP: nada podía ser más grato a Fraga que tal reconocimiento pleno de su <em>auctoritas.</em></p>
<p>Esa vocación dominadora no era secreto alguno para quienes siguieron sus cursos en Políticas y Económicas, en vísperas de su ascenso en 1962, cuando ya los estudiantes le montaban escenas jocosas sobre su ambición, presentando en el Paso del Ecuador a una señora Friega y Barre sobre la cual &#8220;no hay secreto, no hay misterio, va buscando un Ministerio&#8221;. Su ya notoria puntualidad tenía el coste de ser llamado &#8220;el abominable hombre de las nueve&#8221;, hora en que cerraba la puerta al llegar a clase, incluso al estudiante que llegara a sus espaldas. (Aquí había algo de trampa, porque la clase acababa a las diez menos cuarto, pero no para tarea oficial alguna, sino para acudir a un gimnasio en la calle Casado del Alisal). Pero por encima de eso era respetado. Sus clases eran milimétricamente precisas, apoyadas en torres de fichas, con su texto pronunciado con la mirada puesta a la intersección de la pared frontal y el techo. En mi tiempo, chicos y chicas separadas. Su libro de referencia, <em>La crisis del Estado,</em> como admirador de Carl Schmitt, resultaba indigesto, pero las clases eran muy informativas. Cumplía a fondo con su tarea docente.</p>
<p>Ministro entre 1962 y 1969, Fraga concebirá primero su papel como puesta en marcha de un reformismo fiel al régimen. En 1965 declara al <em>Times</em> que el futuro de España sería monárquico, después de una transición reformadora impulsada ¡desde el Movimiento Nacional! Y en ese juego va a instalarse, no dudando como ministro de Información en implicarse a fondo al avalar decisiones represivas, frente a intelectuales, sindicalis</p>
<p>-tas, comunistas, con la ejecución ilegal de Grimau como momento culminante. Nunca renegará de esa conducta, prolongada luego hasta la declaración del estado de excepción y la siniestra manipulación del asesinato del estudiante Ruano. No creo tampoco que los demócratas deban perdonárselo. Paralelamente, amén de su eficacia en la racionalización del turismo, ahí está la Ley de Prensa, que hoy puede parecer limitada y contradictoria, que incluyó políticas de persecución como la llevada a cabo contra <em>Ruedo Ibérico,</em> pero al mismo tiempo hizo posible entre zigzags comprar periódicos legibles como <em>Madrid,</em> que muchas veces pasara <em>Le Monde</em> y que pudieran llegar libros y autores hasta entonces condenados. Y también gotas del nuevo cine, en salas &#8220;de arte y ensayo&#8221;.</p>
<p>Siempre entre explosiones. Cuando en una arriesgada presentación pública de la ley en el Paraninfo de la Complutense los estudiantes ridiculizaron su imagen como paladín de la libertad -había permitido que Conchita Montes dijera <em>furcia</em> en una comedia de Achard-, su estallido de ira solo tuvo comparación con el monumental pateo recibido. Un ejemplo entre muchos. Su capacidad de aguante era mínima.</p>
<p>Entre la política de autoridad a ultranza del régimen, que defendía, y la exigencia de modernización, algo de lo cual era muy consciente, Fraga intenta entonces la transformación de la dictadura, cargada de residuos totalitarios, en un auténtico régimen autoritario, que el franquismo, por mucho que escribiese Linz, no era. A Fraga le gustaba la Baviera de Franz Josef Strauss. Pero ni Franco ni su entorno estaban dispuestos a admitir la transformación. Las iniciativas de cambio desde dentro fracasan, lo cual en definitiva viene bien a la imagen de Fraga. Así, cuando el régimen entre en un callejón sin salida agónico, desde su Embajada en Londres podrá aparecer como la solución de cambio conservador: <em>Fragamanlis,</em> un Caramanlis español.</p>
<p>No obstante, Fraga seguía encerrado con su juguete preferido: la autoridad. En 1973 dirige y prologa la serie de estudios <em>La España de los 70:</em> su introducción es inequívoca en cuanto a ver en la democracia la precondición para que se afirmen los procesos de modernización. Sin embargo, llegado a hablar de España, las reformas propuestas eluden la política. Hasta en su etapa de ministro de Gobernación en 1975-1976, cuando introduce la referencia a Cánovas, siempre ve el cambio como algo que desde su poder tendrá unos límites por él trazados; más allá solo está la inevitable represión. En las declaraciones como ministro a <em>The New York Times,</em> de enero de 1976, dibuja con perfiles precisos esa concepción: &#8220;La libertad tiene que estar establecida por un hombre fuerte&#8221;, dispuesto a &#8220;hacer cosas no agradables&#8221; y a no admitir presión alguna. De cara a la transición democrática, seguía pensando lo mismo que en su condena de las utopías del 68. Y así fue, con la mortífera represión de Vitoria. Solo faltó para aislarle otra entrevista al mismo diario americano, en junio de 1976, aceptando a medio plazo una legalización del PCE, con lo cual se enajenó a la derecha franquista. Autoritarismo y realismo político en oscilación pendular. Las posibilidades de Fraga como líder nacional habían acabado.</p>
<p>Paradójicamente, la democracia le vino bien, una vez privado de toda posible actuación gubernamental. Ahora era el sistema político el que le imponía los límites y podía entrar en juego la capacidad política de Fraga, con su sentido de la realidad y un dinamismo organizativo donde se asociaban firmeza y eficacia. Al veterano franquista le encantó participar en la redacción de una ley fundamental democrática y, tras superar muchos obstáculos, forjar desde los residuos del franquismo un partido conservador de gobierno. Luego vino el importante premio de consolación, con la presidencia de su amada Galicia. En sus últimos años, Fraga pudo ser políticamente feliz. Nunca se arrepintió de aquello de que hubiera debido arrepentirse.</p>
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		<title>Manuel Fraga Iribarne, un hombre de bien</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 20:19:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Político]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Marcelino Oreja Aguirre</strong>, presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (ABC, 18/01/12):</p>
<p>Así quiso que se le recordara y pienso que responde a lo más profundo de su personalidad. Su honradez, su competencia, su trabajo constante, su sentido de la responsabilidad, su entrega a la vida pública, su defensa de valores y principios, su idea de España hacen de él uno de los hombres públicos más relevantes de nuestra reciente historia.</p>
<p>Le conocí hace más de cincuenta años como miembro de mi tribunal de oposiciones a la Carrera Diplomática. Ya entonces era una figura eminente &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39740/manuel-fraga-iribarne-un-hombre-de-bien/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Marcelino Oreja Aguirre</strong>, presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (ABC, 18/01/12):</p>
<p>Así quiso que se le recordara y pienso que responde a lo más profundo de su personalidad. Su honradez, su competencia, su trabajo constante, su sentido de la responsabilidad, su entrega a la vida pública, su defensa de valores y principios, su idea de España hacen de él uno de los hombres públicos más relevantes de nuestra reciente historia.</p>
<p>Le conocí hace más de cincuenta años como miembro de mi tribunal de oposiciones a la Carrera Diplomática. Ya entonces era una figura eminente en los medios políticos y académicos: catedrático, diplomático, letrado de las Cortes españolas, autor de numerosos libros y de innumerables conferencias.</p>
<p>No es tarea fácil seleccionar una parte de su rica personalidad. Voy a elegir la de precursor excepcional de numerosas realizaciones a lo largo de este último medio siglo, entre las que destaca sobre todo su capacidad para intuir los cambios por los que debía transcurrir la vida política para alcanzar la convivencia entre los españoles.</p>
<p>Precursor, en su función de director del Instituto de Estudios Políticos cuando creó en torno a las revistas que en él se editaban un espacio de discusión y diálogo entre personas que procedían de distintas laderas ideológicas y que contribuyeron a preparar el futuro con trabajos de alto valor intelectual y de indudable influencia, no sólo en el marco académico y universitario, sino también en el social y político.</p>
<p>Precursor, como ministro de Información, al promover la Ley de Prensa, que eliminó la censura previa y fue un paso irreversible hacia la modernización. Como dijo él mismo, «la cuestión capital es la reforma y apertura del régimen y la Ley de Prensa crea circunstancias dinámicas sin las cuales todo hubiera sido diferente».</p>
<p>Precursor como ministro de Turismo, que desarrolló nuestra gran riqueza nacional y al mismo tiempo abrió a los españoles el mundo desarrollado y democrático. Y hablar de Turismo es hablar de paradores nacionales visitados por millones de turistas españoles y extranjeros, recuperar viejos castillos y palacios en toda la geografía nacional y construir nuevos edificios aprovechando paisajes y lugares estratégicos. Y también desde el Ministerio Manuel Fraga creó el primer Instituto de Opinión Pública.</p>
<p>El día de su cese declaró: «No he tenido más amigos ni más enemigos que los del Estado». Y en su Memoria breve de una vida públicadejó escrito: «La cuestión capital fue la reforma y apertura del régimen. Es indudable que nuestra tarea, que empezó tarde (diez años antes todo hubiera sido más fácil), se enfrentó con el empecinamiento de los inmovilistas, con la intransigencia de los rupturistas y con las maniobras de los que querían el mando por el mando». Poco después de su salida del Gobierno —en 1970— Manuel Fraga pronunció numerosas conferencias entre las que cabe destacar —también por su carácter premonitorio— la del local de los Padres Dominicos de Madrid. Se refirió a «la España rica y plural en la que tiene que haber tensiones y matices y posiciones ideológicas y no es posible basar nuestros esfuerzos en la desideologización de la mayoría». Una idea que reiteraría en la conferencia pronunciada en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas con el título «Cambio social y reforma política».</p>
<p>Y Manuel Fraga, otra vez precursor, fue también quien intuyó la importancia del centro, ni conservador ni revolucionario, sino reformista, y así lo desarrolló en diversas intervenciones defendiendo el espacio de centro para lograr una transformación selectiva y evolutiva, es decir, progresiva y sin violencia.</p>
<p>Su paso por la Embajada de España en Londres fue su contribución como profesional de la diplomacia a un acercamiento entre los dos países y un esfuerzo por explicar las posibilidades de un futuro de España abierto a los signos de los tiempos.</p>
<p>En unas declaraciones al Correo Catalán, se definió como hombre de centro y afirmó que la mayoría de los españoles rechazaban lo mismo la ideología triunfalista del inmovilismo y del statu quoque las utopías revolucionarias marxistas o anarquistas.</p>
<p>En 1974 redactó un borrador para una asociación política proponiendo un Parlamento con una cámara designada por sufragio universal, la incorporación de los derechos civiles fundamentales del mundo occidental, libertad sindical y separación cordial Iglesia-Estado. Y en una conferencia en Guadalajara declaró «ha llegado el momento no sólo del perdón mutuo sino del olvido, de ese olvido generoso del corazón que deja intacta la experiencia». En un artículo de ABC, el 12 de noviembre de 1975, manifestó que «la arena política debe abrirse a las mismas fuerzas que la comunidad española respeta y que a su vez respeta dicha sociedad. Fuerzas que coinciden precisamente con los límites electivos de las fuerzas políticas de la Europa actual».</p>
<p>En el primer Gobierno del Rey fue nombrado vicepresidente para Asuntos de Interior y ministro de la Gobernación e inició contactos con líderes de la oposición, aún clandestina. Se entrevistó con Marcelino Camacho, Felipe González, Tierno Galván y animó la creación de la plataforma política «Reforma Democrática», que se convirtió en un importante grupo político de reformistas, con un proyecto moderado y progresista para el futuro de España.</p>
<p>Después de la elección de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, Manuel Fraga decidió dar un nuevo giro a su partido político, que se convertiría a los pocos años en la alternativa al Partido Socialista, integrando las fuerzas del centro derecha o liberal conservador y al que en 1989 nos integramos hombres y mujeres que habíamos militado en UCD, lo que constituyó la refundación de AP con el nombre de Partido Popular. Se logró así la deseable unidad a la que siempre aspiró, la mayoría natural. En su etapa parlamentaria fue un brillante miembro del equipo de políticos autores de la Constitución de 1978 y prestó, con su experiencia y buen criterio, una valiosa contribución a la concordia y la reconciliación entre los españoles.</p>
<p>Manuel Fraga dejó la presidencia del Partido para quedar como presidente fundador, y volvió a Galicia como presidente elegido por mayoría absoluta durante cuatro legislaturas. Allí transformó la Comunidad, modernizó sus infraestructuras, promovió su cultura, creó puestos de trabajo, instauró una era de bienestar y progreso, que dio en unos años el salto más espectacular de su historia. Recorrer Galicia con él era un verdadero privilegio y lo era también escucharle hablar del Camino de Santiago y las raíces cristianas de Europa.</p>
<p>Al terminar volvió a Madrid como senador representante de la Comunidad Autónoma de Galicia, y siguió trabajando sin descanso por Galicia y por España, contribuyendo con publicaciones y conferencias a marcar caminos e iniciativas, respetadas por un amplio espectro del arco parlamentario y por buena parte de la sociedad española. A él se debe el intento de un sistema de racionalización administrativa para lograr un sistema de autonomías verdadero, afrontando las consecuencias de una de las más importantes reformas de la Constitución: el paso del Estado unitario y centralizado a un Estado compuesto y con comunidades de autonomía real y autogobierno.</p>
<p>A lo largo de los años colaboró muy activamente en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, en la que ingresó en 1962 y era actualmente el académico más antiguo.</p>
<p>Su discurso de ingreso se tituló «La guerra y la teoría del conflicto social». Le contestó don José de Yanguas Messía, quien destacó la brillante formación del nuevo académico, su larga lista de cargos —ya entonces—, y destacó cómo, junto al vigor y el empuje, existía en él equilibrio y moderación, y puso de relieve su constante esfuerzo por la convivencia.<br />
Fueron muy numerosas sus intervenciones a lo largo de los años sobre «Europa y España», «La Convención europea», «La Constitución vista hoy». Pero quiero subrayar sobre todo su fidelidad a la Academia, su puntual asistencia, su participación constante, su interés por cuanto pudiera relacionarse con nuestra corporación.</p>
<p>Concluyo con las palabras que encabezan estas líneas recogidas de una entrevista en la que le preguntaban cómo quería que se le recordara. Fue sin duda alguna «un hombre de bien» en el más alto grado, fiel a sus valores y principios a los que siempre sirvió y marcaron toda su vida. Pero fue también precursor de muchos de los cambios más significativos de la sociedad española en este último medio siglo. Sus compañeros de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la que era su decano, le recordaremos siempre con admiración, respeto y cariño.</p>
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		<title>Una evaluación de la primavera árabe</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 17:37:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Wadah Khanfar</strong>, exdirector general de Al Jazeera y en la actualidad presidente de The Sharq Forum, una ONG que promueve reformas en todo el mundo árabe. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen (Project Syndicate, 18/01/12):</p>
<p>Los acontecimientos del año pasado en Egipto y Túnez bajaron la cortina de un orden viejo y tambaleante y abrieron la mayor parte del mundo árabe a una era nueva y largamente esperada. Cómo lucirá esa nueva era es una pregunta abierta, si tenemos en cuenta los numerosos desafíos que los países de la región siguen enfrentando.</p>
<p>El viejo orden que ha &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39738/una-evaluacion-de-la-primavera-arabe/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Wadah Khanfar</strong>, exdirector general de Al Jazeera y en la actualidad presidente de The Sharq Forum, una ONG que promueve reformas en todo el mundo árabe. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen (Project Syndicate, 18/01/12):</p>
<p>Los acontecimientos del año pasado en Egipto y Túnez bajaron la cortina de un orden viejo y tambaleante y abrieron la mayor parte del mundo árabe a una era nueva y largamente esperada. Cómo lucirá esa nueva era es una pregunta abierta, si tenemos en cuenta los numerosos desafíos que los países de la región siguen enfrentando.</p>
<p>El viejo orden que ha comenzado a desaparecer se extiende más allá de los regímenes anteriores. Se está transformando todo el sistema de valores de la región: una cultura política forjada en la autocracia. Los hombres y mujeres árabes se han deshecho de la sensación de humillación e inferioridad que el despotismo les había impuesto, generando desesperación, ira, violencia e insularidad.</p>
<p>Esta transformación, aunque lejos de ser completa -de hecho, es muy posible que tome años- ha comenzado a dar sus frutos. Si no hubieran ocurrido los levantamientos de 2011, ahora estaríamos presenciando un año más de autocracia, con más tratativas sobre sucesiones dinásticas. Y más humillaciones para la gente común, que sobrelleva el peso de la creciente corrupción, al tiempo que los funcionarios del gobierno y sus compinches capitalistas  hubieran seguido desviando fondos públicos.</p>
<p>Los medios de comunicación árabes seguirían alabando acríticamente a los presidentes de la región y sus familias, al tiempo que los programas de desarrollo continuarían siendo saqueados por ellos. La educación seguiría estancada y las sociedades árabes, que se dividen las líneas sectarias, tribales y regionales, continuarían viviendo crecientes niveles de represalias y violencia. Los infames &#8220;barcos de la muerte&#8221;, en los que cientos de jóvenes del norte de África arriesgan sus vidas cada año en busca de empleo y una vida mejor en el extranjero, continuarían entregando a los que sobrevivían el viaje a las poco acogedoras costas de Europa. Y la rabia de los árabes alcanzaría niveles sin precedentes, causando caos y destrucción totales.</p>
<p>Los jóvenes árabes han rescatado al mundo árabe de este destino. Su conciencia e integridad han restaurado la confianza del pueblo en si misma. Los opositores al antiguo régimen han demostrado valentía sin temeridad y diferencias de opinión sin fanatismo.</p>
<p>De hecho, hemos visto islamistas, liberales e izquierdistas juntos de pie y en actitud de desafío. Hemos visto musulmanes y coptos protegerse entre sí en El Cairo. En Yemen, hemos visto las tribus locales seguir a una mujer ganadora del Premio Nobel de la Paz, Tawakel Karman, en la lucha por la libertad. Y hemos visto los medios de comunicación árabes fomentar un debate maduro sobre la democracia, el constitucionalismo y el papel del Islam en el Estado moderno, en lugar de dispensar desinformación y propaganda burda.</p>
<p>Pero la transformación no debe detenerse aquí. Las fuerzas políticas nuevas y antiguas deben iniciar un diálogo para crear un consenso sobre las reglas de la participación política. A medida que las personas se convierten en sus propios amos, quienes no formen parte de este proceso finalmente se verán sin poder político.</p>
<p>Otros países de la región, y más allá de ella, deben abrazar la primavera árabe. En particular, los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) deberían abandonar su reticencia a apoyar a los gobiernos post-revolucionarios. En última instancia, los cambios ocurridos en el mundo árabe contribuirán a la prosperidad económica y la estabilidad política de toda la región.</p>
<p>Hoy en día, Túnez y Egipto viven graves crisis económicas. Antes de la revolución de Túnez, por ejemplo, 500.000 personas de su fuerza laboral de 3,6 millones se encontraban sin empleo, y la cifra ha aumentado a 700.000. Egipto ha perdido unos $ 9 mil millones por fuga de capitales en los últimos meses. Pero, según el primer ministro de Egipto, Kamal al-Ganzouri, los países árabes &#8220;hermanos&#8221; han entregado solamente $ 1 mil millones de los $ 10,5 mil millones en ayuda y préstamos que habían prometido.</p>
<p>Más aún, Túnez ni Egipto no han recibido hasta el momento ninguno de los $ 35 mil millones de dólares prometidos por los países del G-8. Y, dada la actual crisis económica mundial, no es probable que los fondos lleguen en un futuro próximo.</p>
<p>Las nuevas democracias de la región necesitan con urgencia una iniciativa árabe que se parezca al Plan Marshall, un programa para atraer inversiones a gran escala en la infraestructura, la industria y la agricultura (y en la riqueza de la región de conocimientos técnicos desaprovechados), aumentando con ello el empleo. La iniciativa también debe fomentar la libre circulación de bienes y personas dentro de la región, mediante el levantamiento de restricciones aduaneras y complejos procedimientos que obstaculizan el comercio bilateral y multilateral. La creación de bancos regionales de desarrollo y la construcción de un tren expreso del Mediterráneo, desde Alejandría a Rabat contribuirían a este objetivo.</p>
<p>Sin embargo, las inversiones a largo plazo no van a resolver la crisis inmediata. Egipto y Túnez necesitan depósitos en efectivo y donaciones de inmediato, y sus nuevos dirigentes electos no deberían verse forzados a recurrir a la mendicidad. En el pasado, los países del Golfo han apoyado a Egipto y Túnez. Ahora va en el interés superior del CCG apoyarlos una vez más a medida que avanzan en su transición a la libertad.</p>
<p>Mientras tanto, Estados Unidos y Unión Europea deben reconocer la naturaleza y profundidad de los cambios en desarrollo. El público árabe es plenamente consciente de la estrecha alianza que existía entre Occidente y los regímenes despóticos ahora extintos; sin embargo, no ha mostrado deseos de venganza o represalia.</p>
<p>Ya es hora de que Occidente acepte la voluntad del pueblo árabe y deje de exagerar las repercusiones del cambio. Occidente debe apoyar una verdadera democracia en el mundo árabe. Si la primavera árabe fracasa, el resultado no serán dictaduras leales a Occidente, sino más bien un tsunami de rabia que no perdonará a nadie. No hay nada más peligroso que los sueños abortados, sobre todo cuando pueden ser la última oportunidad para el cambio.</p>
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		<title>Don Manuel</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 21:16:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Político]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Albero Ruiz Gallardón</strong>, ministro de Justicia (ABC, 17/01/12):</p>
<p>Hay dos figuras en la vida de un hombre que lo marcan para siempre, que lo moldean y lo caracterizan de modo irreversible. Una es el padre. La otra es el maestro. Generalmente el padre es también maestro, y a veces el maestro, cuando falta el padre, puede convertirse sin saberlo en algo que se le parece. De mi padre no es necesario que hable demasiado, porque no ha pasado un día, desde que le perdí, en que haya dejado de referirme a su huella en mi vida y en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39730/don-manuel/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Albero Ruiz Gallardón</strong>, ministro de Justicia (ABC, 17/01/12):</p>
<p>Hay dos figuras en la vida de un hombre que lo marcan para siempre, que lo moldean y lo caracterizan de modo irreversible. Una es el padre. La otra es el maestro. Generalmente el padre es también maestro, y a veces el maestro, cuando falta el padre, puede convertirse sin saberlo en algo que se le parece. De mi padre no es necesario que hable demasiado, porque no ha pasado un día, desde que le perdí, en que haya dejado de referirme a su huella en mi vida y en mi carrera. Y acerca de mi maestro, que estuvo junto a mí cuando mi padre faltó, es de justicia que yo recuerde hoy no solo cuánto me ha influido, sino también la difícil senda que él hubo de recorrer para modernizar la derecha española y para servir a su país hasta verlo convertido en una democracia moderna y respetada.</p>
<p>El servidor público que ante todo fue Manuel Fraga se mostró fiel a su vocación modernizadora desde muy temprano, abriendo resquicios de libertad en un sistema que se preciaba de hermético. La famosa Ley de Prensa, o el impulso dado al turismo, prefiguran lo que será la progresiva apertura del régimen, y hacen de él un precursor de la Transición, que hubiera sido mucho más difícil sin el concurso de hombres dispuestos a transformar las instituciones desde dentro. Pero además de por motivaciones prácticas, naturales en un reformista, Fraga busca la democracia por un deseo de concordia, que, como buen conservador, intuye como el requisito imprescindible de toda sociedad estable. A comienzos de los años setenta afirma: «Toda legitimidad ha de nacer hoy de un plebiscito permanente de convivencia», removiendo así las bases de un orden que no había dejado de invocar la victoria sobre los vencidos en la guerra civil como su fundamento principal. Pero la suya no es una personalidad meramente declarativa. Así que se mueve en esa dirección, buscando un medio de expresión democrática para la derecha española: funda Godsa y Reforma Democrática, antecedentes remotos de lo que luego será Alianza Popular. El resto es Historia: consigue que la derecha acepte emprender la senda constitucional, la representa como ponente durante la elaboración de la Carta Magna, obtiene una discreta presencia parlamentaria, y desde ahí, a ritmo lento pero inexorable, va convocando a los elementos más valiosos de la derecha y el centro, equilibrando progresivamente lo que de otro modo hubiera sido una absoluta hegemonía de la izquierda.<br />
Por decirlo con sus propias palabras, «conseguir que, fuera de los extremos más extremos, entrase en la democracia una gran parte de la derecha y entrase, incluso, aceptando que los primeros tiempos no iban a ser para ella, no es ningún servicio pequeño». Es, de hecho, un logro más que notable, que con todo no se detiene ahí. Porque, una vez logrado, Fraga permite que la alternativa que él ha construido evolucione, y entrega el relevo a una nueva generación que culmina la evolución hacia el centro reformista. Siempre será consciente, a este respecto, del delicado equilibrio que esa línea requiere, quizá porque él mismo soportó en el pasado presiones que hoy resulta difícil imaginar, de modo que cuando alguna vez se ha tratado de empujar al partido, desde fuera de éste, hacia un rumbo radical, Fraga no ha dudado en reafirmar su naturaleza: «Centro reformista, ésa es la palabra. Lo que pasa es que algunos no lo ven y se empeñan en tirar de él hacia la derecha, o enemigos que quieren acusarlo de eso. Pero es un partido de centro reformista; como tal lo fundé yo, y como tal estoy orgulloso de eso».</p>
<p>Es cierto que no siempre tuvo éxito. Pese a los reiterados intentos, no alcanzó la Presidencia del Gobierno. Ese fracaso, que es solo relativo, por cuanto que lo que importa es el triunfo de sus ideas, y éstas demostraron toda su fuerza a partir de 1996, pesa menos que la autoridad moral que los años fueron sedimentando en torno a su figura. Su paso fecundo por el Palacio de Rajoy supuso, por lo demás, la puesta en práctica de sus ideas, en un ejercicio revelador de su carácter inconformista. La profunda modernización que impulsó en su tierra natal dio confianza a los gallegos en sus posibilidades, y convirtió a Galicia en una región políticamente relevante, con una presencia creciente. Sirvió además para proponer un camino atractivo y útil por el que todas las Comunidades Autónomas pueden transitar: desarrollo socioeconómico, apuesta por la modernidad y, al tiempo, respeto por los valores tradicionales de cada región y un amor sincero por una identidad no excluyente ni disgregadora de lo español.</p>
<p>Hasta ahí la obra. Pero, ¿sobre qué pilares de personalidad se asentaban estos logros? Hay una clave fundamental: solidez en los principios, flexibilidad en los detalles. Fraga es un pragmático, un realista, hecho en el contacto con la realidad, en la gestión, en la negociación, en la batalla diaria de lo posible frente a lo ideal. Por eso es capaz de conciliar unas convicciones conservadoras con una actitud abierta a dialogar con personas de ideas diferentes. Porque, en última instancia, su conservadurismo es solo aparente, y más teórico que práctico. En las distintas circunstancias históricas y políticas que le tocó lidiar siempre quedó atemperado por una permanente necesidad de cambio y renovación, que él solía ser el primero en advertir. Su gran aportación consistió en adelantar las fórmulas necesarias para que la derecha española se acompasara al ritmo de los tiempos, y esa contradicción entre conservadurismo ideológico y praxis flexible es la que le hizo aparecer a veces como político heterodoxo. Pero solo es tal el que falla en el terreno de los hechos, de la acción, el que sacrifica el interés general a las exigencias de la doctrina. De modo que el Fraga adalid de la simplificación administrativa, el que presentó a Carrillo en sociedad con no poco escándalo, el que viajó al encuentro de la comunidad gallega de Cuba o el que apostó por Obama en la gran encrucijada americana, no era un Fraga necesariamente provocador o extemporáneo, sino, antes al contrario, el genuino hombre de su tiempo que adivinaba ya el que estaba por venir.</p>
<p>Hoy puedo decir que el magisterio de Manuel Fraga, junto a la memoria de José María Ruiz-Gallardón, han sido determinantes en mi sentimiento de reconocimiento y admiración por todos aquellos que, desde cualquier ámbito ideológico, han consagrado sus vidas a la modernización política e institucional de España durante las últimas décadas. Pero más allá de la emoción personal, creo que ponderar justamente a figuras como estas supone contribuir a un ejercicio de comprensión entre generaciones más necesario que nunca. Frente al salto al vacío que ha tratado de imponer la llamada memoria histórica, que prefiere imaginar un estado ideal de cosas antes que escuchar el testimonio directo de los protagonistas, el diálogo intergeneracional supone una transmisión de experiencia y conocimiento a la que no podemos renunciar. Así nos lo demostró a muchos quien, por ser el fundador del moderno moderantismo español, nos enseñó valores de rigor, entrega e inconformismo como parte de una misma manera de buscar el progreso desde una reforma continua de la realidad. Para nosotros, su ejemplo vive a diario en esos principios, así como en el recuerdo inolvidable del hombre bueno y cabal a quien llamábamos Don Manuel.</p>
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