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	<title>Tribuna Libre &#187; Social</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>Dickens sigue diciendo la verdad</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Feb 2012 18:36:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Benjamín Prado</strong>, escritor (EL PAÍS, 07/02/12):</p>
<p>Algunas personas mueren y otras solo desaparecen. El novelista Charles Dickens, por ejemplo, dejó este mundo en 1870 pero sigue estando aquí. Y no solo porque obras suyas como <em>David Copperfield, Cuento de Navidad, Oliver Twist</em> o <em>Historia de dos ciudades,</em> entre otras muchas, sean clásicos imprescindibles en cualquier biblioteca que intente ser tomada en serio, sino también porque la mayoría de sus temas característicos, como la lucha de clases, la explotación infantil o la ineficacia de la justicia, siguen de actualidad y porque sus personajes continúan entre nosotros, con nombres diferentes &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40049/dickens-sigue-diciendo-la-verdad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Benjamín Prado</strong>, escritor (EL PAÍS, 07/02/12):</p>
<p>Algunas personas mueren y otras solo desaparecen. El novelista Charles Dickens, por ejemplo, dejó este mundo en 1870 pero sigue estando aquí. Y no solo porque obras suyas como <em>David Copperfield, Cuento de Navidad, Oliver Twist</em> o <em>Historia de dos ciudades,</em> entre otras muchas, sean clásicos imprescindibles en cualquier biblioteca que intente ser tomada en serio, sino también porque la mayoría de sus temas característicos, como la lucha de clases, la explotación infantil o la ineficacia de la justicia, siguen de actualidad y porque sus personajes continúan entre nosotros, con nombres diferentes pero con los mismos problemas. ¿O es que no podrían estar dentro de <em>Oliver Twist,</em> junto a los niños callejeros que la protagonizan, esos otros niños reales que hoy son abandonados en las calles de Grecia por sus familias, con la esperanza de que alguien los alimente? ¿No nos recuerdan los convictos de <em>La pequeña Dorrit,</em> presos en la cárcel de Marshalsea, a orillas del río Támesis, por no poder pagar sus deudas, a los desahuciados que aquí y ahora, en la España del siglo XXI, arrojan a la miseria los bancos cuando ya no pueden pagar la hipoteca salvaje que tenían con ellos? ¿No nos hacen pensar muchos de los métodos y teorías del neoliberalismo a los del usurero Scrooge en <em>Cuento de Navidad</em> o a los del avaro Uriah Heep en <em>David Copperfield?</em> Dickens fue uno de los abanderados del realismo, junto a Balzac, Tolstói, Stendhal o Benito Pérez Galdós, y un escritor social que denuncia en sus libros las desigualdades que se producían en la Inglaterra victoriana y especialmente el modo en que se explotaba a los trabajadores para conseguir la industrialización del país. Su contemporáneo Carlos Marx dijo de él que &#8220;en sus libros se proclamaban más verdades que en todos los discursos de los políticos y los moralistas de su época juntos&#8221;. Y sin ninguna duda, el autor de <em>Grandes esperanzas</em> es la mejor prueba de que Balzac estaba en lo cierto cuando dijo que las buenas novelas son la historia privada de los países. Hoy se cumplen 200 años de su nacimiento y nuestro mundo, por desgracia, se parece en demasiadas cosas al suyo. Para comprenderlo, no hay más que leer el principio de <em>Historia de dos ciudades:</em> &#8220;Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación&#8221;.</p>
<p>En <em>Tiempos difíciles,</em> Dickens critica ácidamente las lamentables condiciones de vida de los obreros ingleses y la desproporcionada distancia que había entre su existencia y la de los ricos del país. Hoy, en plena crisis, con la Bolsa en números rojos, los impuestos por las nubes y los sueldos por los suelos; con los Gobiernos de Europa intentando llenar con dinero público el pozo sin fondo del sistema financiero y las cifras del paro creciendo en nuestro país hasta el borde del abismo, es muy posible que el lector se asombre al ver cómo esa novela publicada en 1854 describe la actualidad. ¿O acaso el desequilibrio entre las miserables casas de los proletarios que dibuja Dickens, frías, oscuras y casi sin muebles, y las lujosas mansiones de los capitalistas, que consideran a sus empleados simples bestias de carga, no es comparable al que hay entre los salarios de los mileuristas y los sueldos astronómicos que se ponen a sí mismos los directivos de los bancos, hoy día? La única diferencia entre aquellos privilegiados y estos es que entonces se llamaban utilitaristas y hoy se llaman neoliberales, y que unos citaban a Stuart Mill y otros a Milton Friedman, pero nada más.</p>
<p>Cuando Dickens retrata en <em>Los papeles póstumos del club Pickwick, David Copperfiel</em> o <em>La pequeña Dorrit</em> a unos seres sin escapatoria y de la familia de los pícaros españoles, el <em>Lazarillo de Tormes, Rinconete y Cortadillo</em> o <em>El buscón,</em> sabía de qué hablaba, porque él mismo había sufrido en su infancia los latigazos de la miseria, cuando su padre estuvo tres meses encerrado en la prisión de Marshalsea, por una deuda con un panadero que hoy equivaldría a 3,50 euros y que hizo que él fuese enviado a trabajar en una infernal fábrica de betún. Su batalla contra la injusticia ya anticipaba el fracaso de un sistema que se basara en la explotación, aunque sus advertencias a los poderosos fuesen voces en el desierto: &#8220;¡Oh, economistas utilitarios&#8221;, escribe, &#8220;comisarios de realidades, elegantes incrédulos&#8230; si seguís llenando de pobres vuestra sociedad y no cultiváis en ellos la esperanza, cuando hayáis conseguido arrancar de sus almas todo idealismo y ellos se encuentren a solas con su vida desnuda, la realidad se convertirá en un lobo y os devorará&#8221;. Se equivocó, y no hace falta más que volver una vez más los ojos hacia la Grecia de hoy, verá que los dos extremos siguen en su sitio: las televisiones hablan de niños que a media mañana se desmayan en los colegios a causa del hambre y los diarios dicen que mientras el país solicitaba un rescate de la Unión Europea, sus potentados se llevaban a Suiza más de 200.000 millones de euros. En el fondo, y como demuestran de forma brutal las colas ante las oficinas del Inem y en los comedores de beneficencia de nuestras ciudades, las novelas de Charles Dickens son una constatación de hasta qué punto el capitalismo ha fracasado en su búsqueda del famoso Estado de bienestar.</p>
<p>Otra de las obsesiones de Dickens es la lentitud, ineptitud y en ocasiones impureza del sistema judicial, que tiene su mejor expresión en <em>Casa desolada,</em> donde se refleja la mezcla de incompetencia y prepotencia de una Corte de la Cancillería que a algunos les podrá hacer pensar en ciertos magistrados y causas de nuestra Audiencia Nacional y nuestro Tribunal Supremo. O en <em>Oliver Twist,</em> donde se puede ver la forma en que la ley es cuidadosa con los fuertes y abusiva con los débiles por el modo en que el juez Fang insulta y castiga con desproporción a su desventurado protagonista. O, una vez más, en <em>Tiempos difíciles,</em> donde el escritor se burla de la incompetencia del sistema y de su invento más perverso, la burocracia, un laberinto sin salida simbolizado en un supuesto Departamento del Circunloquio cuya función es &#8220;hacer lo que sea necesario para que no se pueda hacer nada&#8221;. En un país como España, donde solo el 27% de los ciudadanos opina que los medios que el Estado destina para garantizar la defensa jurídica son suficientes y la gran mayoría piensa que funciona mal, está anticuada y es ininteligible, los libros de Dickens siguen contando la verdad: nuestro mundo no ha sabido mantenerse a flote porque no ha sabido ser ni solidario, ni ecuánime, ni flexible, y al final se ha quedado sin respuestas.</p>
<p>En junio de 1865, Dickens viajaba en un tren que sufrió un accidente terrible cuando cruzaba un puente en obras. Los siete vagones que precedían al suyo se despeñaron por un precipicio y él pasó horas atendiendo a los heridos hasta que llegaron las ambulancias y pudo ocuparse de regresar a su asiento y recuperar el manuscrito, aún sin acabar, de su penúltima novela, <em>Nuestro común amigo.</em> No hay que tener una gran imaginación para ver en esa escena una metáfora de esta Europa que hoy descarrila poco a poco, primero Grecia, luego Irlanda, después Portugal&#8230; Tal vez el derrumbe se detenga a tiempo, y los que nos conducen a la catástrofe recuperen el sentido común igual que lo hizo el tacaño señor Scrooge en <em>Un cuento de Navidad,</em> que al ver el negro porvenir que le anunciaban los espíritus del Pasado, el Presente y el Futuro, donde podía verse una tumba con su nombre y sin ninguna flor encima, supo cambiar a tiempo y convertirse en un hombre generoso. Es una parábola que, hoy más que nunca, merece la pena no olvidar.</p>
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		<title>No se quedaría callado, desde luego</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 19:03:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ignacio García de Leániz Caprile, </strong>profesor de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá de Henares (EL MUNDO, 07/02/12):</p>
<p>Hace hoy 200 años que el más leído de los novelistas ingleses, Charles Dickens, nacía en Portsmouth para llevar una vida tan dickensiana como sus obras, plena de sinsabores y felicidades, con infancias robadas e inocencias incólumes y un cáustico escepticismo inseparable de una ilusión sonriente, como leemos en la más autobiográfica de sus obras: <em>David Copperfield</em>. Todo ello hilvanado por una virtud que me temo hace mucho que perdimos: una inmensa ternura por el desdichado. Por eso a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40053/no-se-quedaria-callado-desde-luego/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ignacio García de Leániz Caprile, </strong>profesor de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá de Henares (EL MUNDO, 07/02/12):</p>
<p>Hace hoy 200 años que el más leído de los novelistas ingleses, Charles Dickens, nacía en Portsmouth para llevar una vida tan dickensiana como sus obras, plena de sinsabores y felicidades, con infancias robadas e inocencias incólumes y un cáustico escepticismo inseparable de una ilusión sonriente, como leemos en la más autobiográfica de sus obras: <em>David Copperfield</em>. Todo ello hilvanado por una virtud que me temo hace mucho que perdimos: una inmensa ternura por el desdichado. Por eso a su muerte, alguien pudo escribir anónimamente como epitafio sucinto: «Amó al pobre, miserable y oprimido».</p>
<p>Y su vida y obra no fueron en absoluto estériles: gracias a sus novelas por entregas que iba publicando semanalmente en periódicos como <em>Household Words</em> y <em>All the Year Round</em> con sus miles de lectores londinenses, Inglaterra fue tomando en sus diversos estamentos conciencia crítica de los graves excesos de la Primera Industrialización en el plano social, laboral y medioambiental. Y los mecanismos correctores que los dramas tragicómicos de Dickens solicitaban, hicieron que a la postre fallara la profecía de Marx sobre que Inglaterra sería la pionera y adalid de la revolución proletaria. Pocas veces una literatura tan llena de buenos sentimientos como conocedora del mal en todas sus formas y siempre ligada a la realidad, ha tenido tanta dimensión política y transformadora. Y ello a través de un periodismo que le daba eco y que se iba convirtiendo en un cuarto poder sin el cual no se puede comprender el gran secreto social y político de Inglaterra. Para Dickens, en cierta manera, la buena literatura era la política por otros medios, esta vez impresos.</p>
<p>Así las cosas, cabe preguntarnos en este bicentenario que cae en tiempos poco vivideros qué podría enseñarnos el autor de <em>Grandes esperanzas</em>, a sabiendas de que ente él y nosotros media una diferencia difícilmente salvable: la que hay entre un autor medularmente cristiano y un mundo nuestro tan secularizado. No obstante ello, creo que nuestro común amigo nos diría, ante nuestro <em>Desastre del 12</em>, algunas cosas muy necesarias sobre las nuevas formas de desdicha laboral y la podredumbre de nuestro sistema financiero, por ejemplo. Al fin y al cabo, como escribió en <em>La pequeña Dorrit</em>: «Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender».</p>
<p>Sobre la desdicha en el mundo del trabajo, que aparece encarnada en su inocencia y desamparo en Stephen Blackpool y Rachael, la pareja de operarios en los telares de Coketown en <em>Tiempos difíciles</em>, o en Lizzie Hexam, la hija del pescador de cadáveres del Támesis en <em>Nuestro común amigo</em>, Dickens se quedaría estupefacto ante nuestra calamidad laboral. Y lo primero que nos plantearía a la vista de nuestra tasa de desempleo y ese fatídico horizonte de seis millones de desempleados, es si realmente nos percatamos de que el número de desempleados en la Alemania de Weimar de 1932 era de cinco millones de alemanes sobre una población estimada de 67 millones de habitantes. Sería uno de esos golpes de realidad implacables tan dickensianos que nuestro autor nos espetaría como aviso a los navegantes y uno de esos <em>hechos</em> («<em>facts, facts</em>») incontestables que quería el ideal empírico de la escuela de Mr. Gradgrind según el memorable comienzo de <em>Tiempos difíciles</em>. No fuera a ser que nos estuviéramos acostumbrando a no querer ver la verdadera dimensión -y amenazas larvadas- de la tragedia de nuestro mercado de trabajo (?), que coincide, además, con una grave crisis institucional.</p>
<p>También nos destacaría cómo el fenómeno de la desdicha -«siempre pagamos los mismos», exclamará resignado el viejo Stephen al ser despedido- se traslada ahora desde el puesto de trabajo a la ausencia del mismo, de la fábrica al domicilio del desempleado. En la desintegración y atomización del parado, desgajado de los arraigos sociales que confieren los grupos de trabajo y que hacían la vida mínimamente vivible incluso en los arrabales de Coketown, vería nuestro autor una cristalización del nuevo perfil del desdichado. El cual resulta invisible para nosotros -seres con trabajo- pues está donde no esta nadie, retraído de la esfera pública laboral. De ahí que nos resulte bien difícil tomar conciencia de la «desdicha desempleada» y poder seguir así el postulado de Simone Weil -tan dickensiana ella- cuando escribe: «Aquellos que son desgraciados no necesitan nada en este mundo salvo gente capaz de darles su atención». Y el trabajo es una forma específica y eminente de atención: justo lo que se le niega.</p>
<p>Por eso mismo, creo que si Dickens reviviera escribiría con toda su empatía y ternura la gran novela sobre el desempleo con su nueva forma sutil pero sumamente doliente de desdicha, en este nuevo «<em>struggle for life</em>» que él tanto temía por su vivencia en carne propia del darwinismo social londinense. Y desde luego que se rebelaría contra la reducción a meros números y estadísticas de los desempleados, tal y cómo hace nuestra burocracia y discurso político dominantes como si siguieran al pie de la letra la caracterización de Mr. Gradgring, símbolo del Utilitarismo de Stuart Mills, que se nos muestra al comienzo del capitulo segundo de <em>Tiempos difíciles</em>: «Soy un hombre de realidades. Un hombre de hechos y cálculos (…) listo para pesar y medir cualquier parcela humana y de decirle exactamente hasta dónde llega (…) Es una simple cuestión de cifras, un caso de pura aritmética». Dickens sabía muy bien que la estadística era una forma refinada e indolora de borrar la desdicha.</p>
<p>Pero no menor sería -me temo- su arrebato contra nuestro <em>establishment </em>financiero. Nunca cejaría de recordarnos, frente a quienes dan la batalla del olvido con la dormidera de la Liga de Fútbol o de la Fórmula 1, que el origen de nuestra crisis y de tantos dolores se ha debido en parte sustancial a la catastrófica e inmoral gestión de nuestro sistema financiero, que se reputaba como sólido y admirable. Exactamente con la misma respetabilidad y reputación con que se nos presentaba el banquero Bounderby en la primera parte de <em>Tiempos difíciles</em>, hasta que el lector descubría capítulos después su verdadera calaña, impericia y sentido sensual del dinero.</p>
<p>Nuestro autor se documentaría al respecto de lo sucedido con nuestros bancos y cajas; esto es, de sus 800.000 millones de euros de deuda, los 120.000 millones recibidos (12% del PIB en diciembre último), los sueldos y planes de jubilación de sus directivos, el escándalo cotidiano de las <em>participaciones preferentes</em>, los Eres previstos, etcétera. Y por supuesto no se quedaría mudo. Y sospecho que diría exasperado que por aquí todo ha sido un inmenso Lehman Brothers, y que la actual jactancia y negarse a reconocer los hechos por parte de los Consejos de Administración no es sino la réplica exacta de su personaje financiero en <em>Tiempos difíciles</em>, Josiah Bounderby, que no se rendía ni ante la evidencia: y así le fue. Justo lo que acaba de recordarnos Willem Buiter -economista jefe de Citigroup- cuando en páginas vecinas (29/01/12) resaltaba que la verdadera situación y toxicidad de los bancos y cajas han sido «un área de negación para las autoridades españolas durante años».</p>
<p>Tras lo cual, escribiría nuestro autor con mucha ironía sobre el espectáculo que han dado hace bien poco los presidentes de los dos grandes bancos españoles al presentar sus respectivos balances (que por supuesto ya nadie se cree) y decir ambos que están sin problemas, mientras el <em>Pepito Grillo</em> de sus cotizaciones bursátiles les dejaba en pura evidencia. No, desde luego que Dickens no se callaría.</p>
<p>En un rincón de la abadía de Westminster, en el <em>Poets&#8217; Corner</em>, se encuentra una lápida con esta inscripción: «<em>Charles Dickens: Born 7th february 1812. Died 9th june 1870». </em>Uno añadiría como epitafio de nuestro gran hombre aquel bello final de <em>Tiempos difíciles</em>, donde, tras enumerar algunas esperanzas muy deseables, nos interpela cordialmente: «¡Querido lector! Será responsabilidad tuya y mía si, en nuestros respectivos campos de acción, ocurren o no cosas semejantes. ¡Hagamos que sucedan! Nos sentaremos ante la chimenea de nuestro hogar con el corazón más ligero, mientras de manera inevitable los rescoldos de nuestro fuego se convierten en cenizas grises y frías». Para eso me parece que escribía y sigue escribiendo Dickens: para que nos demos por aludidos.</p>
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		<title>El canon económico de la vida</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Feb 2012 17:24:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jordi Soler</strong>, escritor. Sus últimos libros son <em>Diles que son cadáveres</em> y <em>Dalí y la más inquietante de las chichas yeyé</em>, Mondadori (EL PAÍS, 05/02/12):</p>
<p>Todo el mundo está obsesionado con el crecimiento, pero bien mirado, en un organismo maduro todo crecimiento se corresponde en esencia con un tumor&#8221;. Esto lo dice Walter, uno de los personajes de <em>Libertad,</em> la fabulosa novela de Jonathan Franzen que ha sido saludada por la crítica estadounidense, y por buena parte de la española, como la novela más importante del año pasado. Walter explica a la familia de su novia, en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40019/el-canon-economico-de-la-vida/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jordi Soler</strong>, escritor. Sus últimos libros son <em>Diles que son cadáveres</em> y <em>Dalí y la más inquietante de las chichas yeyé</em>, Mondadori (EL PAÍS, 05/02/12):</p>
<p>Todo el mundo está obsesionado con el crecimiento, pero bien mirado, en un organismo maduro todo crecimiento se corresponde en esencia con un tumor&#8221;. Esto lo dice Walter, uno de los personajes de <em>Libertad,</em> la fabulosa novela de Jonathan Franzen que ha sido saludada por la crítica estadounidense, y por buena parte de la española, como la novela más importante del año pasado. Walter explica a la familia de su novia, en una bochornosa escena que se desarrolla en un restaurante de Manhattan, en los años setenta, los pormenores del informe <em>Los límites del crecimiento,</em> que promovía entonces el Club de Roma.</p>
<p>La escena resulta bochornosa porque a nadie le interesa lo que ese joven intelectual, preocupado por el destino del planeta, se empeña en contar; la familia de su novia está más bien por beber vino y repetirse los chistes verdes de costumbre y la cuñada, después de la esforzada intervención de Walter, pregunta: el Club de Roma. ¿Eso es como un Club Playboy italiano?</p>
<p>La obsesión por el crecimiento, sobre la que sin ningún éxito ensaya Walter en esa cena de novela, y sobre todo el cuestionamiento de si todo lo que crece va necesariamente a mejor, viene muy a cuento en estos tiempos en los que el ciudadano común vive expandiéndose, cada vez con más frenesí, en ese territorio fragmentado, vasto y resbaladizo, que son las pantallas electrónicas. Como si todos estuviéramos capacitados para ello, nos entregamos a la multiplicación de las tareas que nos ofrece toda la gama existente de instrumentos electrónicos, y a ir consumiendo la información multiplicada, multifragmentada, que estos nos brindan, como si eso fuera, en efecto, una manera de crecer y de expandirse.</p>
<p>Un reciente estudio publicado por la Universidad de Stanford, nos cuenta que los estudiantes multitarea, esos que hacen los deberes mientras envían <em>e-mails,</em> o SMS o revisan su <em>timeline</em> en Twitter, &#8220;reducen su capacidad y efectividad, pierden concentración y tiempo, y terminan haciendo distintas cosas a medias&#8221;. Además de que tienen dificultades para distinguir la información relevante de la que no lo es.</p>
<p>Vamos a obviar la parte en que esa obsesión colectiva por el crecimiento y la expansión desemboca en la virulenta crisis económica que ahora nos carcome, sin olvidar la exagerada atención que últimamente, y llevado de la mano por los medios de comunicación, está obligado a poner el ciudadano común en el crecimiento de la economía de su país. Los indicadores de este fenómeno se han convertido en el nuevo barómetro: cuando hay crecimiento económico del país, la gente sale contenta como si le hubieran pronosticado un día de sol, y cuando no lo hay parece que el hombre del tiempo hubiera pronosticado una borrasca. Desde la suspicacia podríamos pensar en lo mucho que conviene a los Estados tener en vilo al ciudadano con las noticias sobre el crecimiento o decrecimiento de la economía; el estrés que generan termina facilitando la implantación de medidas correctivas, de recortes, despidos e impuestos que la población, debidamente amedrentada, aceptará sin rechistar.</p>
<p>Las noticias sobre el pulso diario de la economía no solo han venido a amargarnos la existencia, también han consolidado esa idea de que lo que crece está bien, muy vivo y con mucho futuro, y en cambio lo que no crece adolece de algo, está enfermo y con un pie fuera de este mundo. Este planteamiento puede ser cierto pero no siempre ni en cualquier circunstancia, porque en un organismo ya crecido el crecimiento significa, como bien apunta Walter en la novela de Franzen, un elemento que perturba la vida en lugar de hacerla más rica.</p>
<p>Veamos lo que sucede en el ámbito cotidiano y doméstico, con ese crecimiento a partir de la multiplicación de una serie de actividades que hasta hace muy poco no existían: hoy una persona normal puede ir conduciendo su coche, con la radio de fondo, mientras habla por teléfono con el manos libres y, con la mano izquierda, vigilando con el ojo derecho que no lo mire un policía, escribiendo un tuit. La multiplicación de estos actos aparentemente mínimos afecta todos los estratos de la vida. Los niños, que ya han nacido con el chip de la multitarea, hablan entre ellos mientras juegan al FIFA en la PSP y simultáneamente ríen los gracejos de Bob Esponja en la televisión.</p>
<p>Por ejemplo, una actividad tan simple como oír música, que antes consistía en poner un disco, servirse un trago y sentarse en un sillón a escuchar, hoy ha sido arrollada por la multitarea, todos la oímos enchufados a unos audífonos mientras nos desplazamos de un lado a otro ejecutando otras actividades. La música ha dejado de ocupar la parte central, ahora es un fondo, un ambiente, un elemento más del paisaje frenético que nos rodea.</p>
<p>Practicando la multitarea se tiene la impresión de estar haciendo muchas cosas cuando, en realidad, se hacen muchos fragmentos de cosas, y en este frenesí de la expansión, nos encontramos con casos como el del blog: hasta hace muy poco, para publicar una idea por escrito, primero había que escribirla y después buscar un espacio donde publicarla. Hoy este orden ha sido subvertido, lo primero que se consigue es un espacio para publicar, y después se escribe lo que se puede, si es que se puede, para rellenar ese espacio. Cualquiera posee el instrumental para hacer público un texto, una idea, un ensayo, un cuento o una novela, el paradigmático <em>know how</em> está al alcance de todos, aunque este con frecuencia se vea anulado por el <em>nothing to say.</em></p>
<p>El crecimiento, la expansión, el ejecutar tareas múltiples por la simple razón de que puedo hacerlas, mirados con un poco de distancia, son pulsiones que tienen que ver con la ambición, con la desmesura y la soberbia, con la vieja <em>hýbris</em> griega. El frenesí por el crecimiento y la expansión conecta, por lo que tiene de inmodestia y de supuesta rentabilidad, con la obsesión por la vida saludable, con la educación de los hijos en jornadas histéricas llenas de cursillos para que sean mejores, más crecidos y expandidos que los demás, o con la fatigosa corrección política, esa inmodesta pretensión de gustarle a todos, que en algún caso termina promoviendo, igual que estas otras ambiciones, el crecimiento, el beneficio, el rendimiento, el dividendo, la utilidad, el rédito, los intereses y las ganancias, es decir, el canon económico de la vida, que es el punto al que quería llegar.</p>
<p>Se impone pensar al margen de este sistema que lo envuelve todo las 24 horas del día y que nos invita ininterrumpidamente a tener más; hay que bajarse un momento de este viaje frenético y preguntarse, ¿necesito tantos aparatos?, ¿me hace falta tanta información?, ¿para qué sirve acumular tanta salud?, ¿no será que tanto cursillo no deja ser niños a los niños?, ¿será que tanta expansión, que esta apasionada multitarea, es más que crecer un proceso tumoral que me está conduciendo a la superficialidad, a la frivolidad, a la realidad alternativa y a la distopía?</p>
<p>Esto no es un alegato contra la tecnología, ni un suspiro nostálgico por ese mundo sin pantallas ni enchufes que se nos ha ido para siempre. Todo tiempo pasado, sin duda, ha sido peor. Sin embargo, habría que vigilar ese canon que nos ha impuesto la violenta irrupción de la economía en la cotidianidad. Hace una década ¿a quién le importaban las páginas de economía de los periódicos?, ¿o la sección de economía de los noticiarios? Le importaban a los economistas, a los banqueros y a los empresarios; no a los carniceros, ni a las porteras, ni a los novelistas, como nos importan ahora. Hay que hacer un alto, poner a raya la multitarea, privilegiar el pensamiento, hacer un esfuerzo por concentrarse en una sola cosa, hacer actividades que no representen ninguna ganancia, ya no expandirse ni crecer y quitarle a la vida esa nueva connotación dineraria que nos impele todo el tiempo a crecer y a multiplicarnos. Hay que parar de vez en cuando las máquinas, sentarse a no hacer nada y desde ahí pensar, sin pantallas alrededor, qué hacemos con la vida y con la crisis. Hay que generar ese espacio de silencio, de disponibilidad frente a la existencia, que más pronto que tarde será llenado por una idea genial.</p>
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		<title>Philanthropy is the enemy of justice</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 22:45:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ayuda humanitaria]]></category>
		<category><![CDATA[Filantropía]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39898</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Robert Newman</strong>, British stand-up comedian, author and political activist (THE GUARDIAN, 27/01/12):</p>
<p>It&#8217;s strange that at this week&#8217;s <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/business/2012/jan/27/davos-2012-day-3-world-economic-forum?newsfeed=true">World Economic Forum</a> the designated voice of the world&#8217;s poor has been Bill Gates, who has pledged £478m to the Global Fund to fight Aids, Tuberculosis and Malaria, telling Davos that the world economic crisis was no excuse for cutting aid.</p>
<p>It reminds me of that dark hour when Al Gore, despite being a shareholder in Occidental Petroleum, was the voice of climate change action – because Gates does not speak with the voice of the world&#8217;s poor, of course, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39898/philanthropy-is-the-enemy-of-justice/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Robert Newman</strong>, British stand-up comedian, author and political activist (THE GUARDIAN, 27/01/12):</p>
<p>It&#8217;s strange that at this week&#8217;s <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/business/2012/jan/27/davos-2012-day-3-world-economic-forum?newsfeed=true">World Economic Forum</a> the designated voice of the world&#8217;s poor has been Bill Gates, who has pledged £478m to the Global Fund to fight Aids, Tuberculosis and Malaria, telling Davos that the world economic crisis was no excuse for cutting aid.</p>
<p>It reminds me of that dark hour when Al Gore, despite being a shareholder in Occidental Petroleum, was the voice of climate change action – because Gates does not speak with the voice of the world&#8217;s poor, of course, but with the voice of its rich. It&#8217;s a loud voice, but the model of development it proclaims is the wrong one because philanthropy is the enemy of justice.</p>
<p>Am I saying that philanthropy has never done good? No, it has achieved many wonderful things. Would I rather people didn&#8217;t have polio vaccines than get them from a plutocrat? No, give them the vaccines. But beware the havoc that power without oversight and democratic control can wreak.</p>
<p>The biotech agriculture that Lord Sainsbury was unable to push through democratically he can now implement unilaterally, through his Gatsby Foundation. We are told that Gatsby&#8217;s biotech project aims to provide food security for the global south. But if you listen to southern groups such as the <a title="" href="http://home.iae.nl/users/lightnet/world/indianfarmer.htm">Karnataka State Farmers of India</a>, food security is precisely the reason they campaign against GM, because biotech crops are monocrops which are more vulnerable to disease and so need lashings of petrochemical pesticides, insecticides and fungicides – none of them cheap – and whose ruinous costs will rise with the price of oil, bankrupting small family farms first. Crop diseases mutate, meanwhile, and all the chemical inputs in the world can&#8217;t stop disease wiping out whole harvests of genetically engineered single strands.</p>
<p>Both the Gatsby and the <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/bill-and-melinda-gates-foundation">Bill and Melinda Gates foundations</a> are keen to get deeper into agriculture, especially in Africa. But top-down nostrums for the rural poor don&#8217;t end well. The list of autocratic hubris in pseudo-scientific farming is long and spectacularly calamitous. It runs from Tsar Alexander I&#8217;s model village colonies in 1820s Novgorod to 1920s Hollywood film producer <a title="" href="http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,744698,00.html">Hickman Price</a>, who, as Simon Schama brilliantly describes in <a title="" href="http://www.amazon.co.uk/American-Future-Professor-Simon-Schama/dp/1847920004">The American Future</a>, &#8220;bought 54 square miles of land to show the little people how it was really done, [and] used 25 combines all painted glittery silver&#8221;. His fleet of tractors were kept working day and night, and the upshot of such sod-busting was the <a title="" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Dust_Bowl">great plains dustbowl</a>. But there&#8217;s no stopping a plutocratic philanthropist in a hurry.</p>
<p>And then there is the vexed question of whether these billions are really the billionaires&#8217; to give away in the first place. When Microsoft was on its board, the American Electronics Association, the AeA, challenged European Union proposals for a ban on toxic components and for the use of a minimum 5% recycled plastic in the manufacture of electronic goods.</p>
<p>AeA took the EU to the World Trade Organisation on a charge of erecting artificial trade barriers. (And according to the American NGO Public Citizen, &#8220;made the astounding claim that there is no evidence that heavy metals, like lead, pose a threat to human health or the environment&#8221;.)</p>
<p>Now, the EU is big enough and ugly enough to have fought and won the case. But many an African country lacks the war chest for such a fight, and so will end up paying for the healthcare of those exposed to leaky old PCs&#8217; cadmium, chromium or mercury, instead of embarking on, let&#8217;s say, a nationwide anti-malaria strategy. Bill Gates himself may not indeed have known about what the AeA was doing on Microsoft&#8217;s behalf, but the fact remains that if a philanthropist&#8217;s money comes from externalising corporate costs to taxpayers, and that if Microsoft is listed for its own tax purposes as a partly Puerto Rican and Singaporean company, then the real philanthropists behind these glittering foundations might be a sight more ragged-trousered than Bill and Melinda.</p>
<p>Free marketeers will spring to the defence of billionaire philanthropists with a remark like: &#8220;Oh, so you&#8217;d rather they spent all their money selfishly on golf courses and mansions, would you?&#8221; To which I reply: &#8220;Oh, you mean that trickle-down doesn&#8217;t work, after all?&#8221; But the point is that the poor are not begging us for charity, they are demanding justice. And when, on the occasion of his birthday, a sultan or emperor reprieved one thousand prisoners sentenced to death, no one ever called those pardons justice. Nor is it justice when a plutocrat decides to reprieve untold thousands from malaria. Human beings should not have to depend upon a rich man&#8217;s whim for the right to life.</p>
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		<title>Alegato en defensa de la ayuda a los más pobres</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 07:10:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Pobreza]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Bill Gates</strong>, cofundador de la Fundación Bill &#38; Melinda Gates. El texto completo se puede leer en la página web de la <a href="http://www.gatesfoundation.org/" target="_blank">Fundación Gates</a>. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo (EL PAÍS, 25/01/12):</p>
<p>Mi carta anual de este año es un alegato en defensa de la ayuda a los más pobres, para que avancen hacia la autosuficiencia.</p>
<p>Sirviéndonos de los medios más modernos -por ejemplo, de semillas, vacunas, medicamentos contra el sida o anticonceptivos-, hemos hecho avances asombrosos. Sin embargo, si no difundimos al máximo esos éxitos no generaremos los compromisos de financiación necesarios para seguir avanzando y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39877/alegato-en-defensa-de-la-ayuda-a-los-mas-pobres/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Bill Gates</strong>, cofundador de la Fundación Bill &amp; Melinda Gates. El texto completo se puede leer en la página web de la <a href="http://www.gatesfoundation.org/" target="_blank">Fundación Gates</a>. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo (EL PAÍS, 25/01/12):</p>
<p>Mi carta anual de este año es un alegato en defensa de la ayuda a los más pobres, para que avancen hacia la autosuficiencia.</p>
<p>Sirviéndonos de los medios más modernos -por ejemplo, de semillas, vacunas, medicamentos contra el sida o anticonceptivos-, hemos hecho avances asombrosos. Sin embargo, si no difundimos al máximo esos éxitos no generaremos los compromisos de financiación necesarios para seguir avanzando y salvar vidas. Están en juego las perspectivas de futuro de 1.000 millones de personas.</p>
<p><em>Prioridad a la investigación agraria.</em> El éxito del mundo en conjurar hambrunas condujo a la autocomplacencia. Con el paso del tiempo, los Gobiernos, tanto de países desarrollados como subdesarrollados, han ido dando menos prioridad a la agricultura. La ayuda a este sector pasó del 17% en los países ricos en 1987 a solo el 4% en 2006. Durante los últimos 10 años, la demanda de alimentos se ha incrementado&#8230; Pero no al mismo ritmo que la oferta, lo cual ha generado un aumento de precios.</p>
<p>Entretanto, la amenaza del cambio climático está quedando más patente. Estudios preliminares demuestran que solo el incremento de la temperatura mundial podría reducir la productividad de los principales cultivos en más de un 25%. El cambio climático también aumentará el número de sequías e inundaciones que pueden acabar con todo un periodo de cosechas. Mientras la población se encamina hacia los 9.700 millones de personas que indican las proyecciones, cada vez hay más gente que vuelve a llamar la atención sobre la posibilidad de que el mundo futuro no sea capaz de sustentarse.</p>
<p>Creo que esos funestos pronósticos también pueden ser erróneos. Podemos ayudar a los agricultores pobres a incrementar de forma sostenible su productividad para que puedan alimentarse ellos y sus familias. De ese modo mejorarán la seguridad alimentaria mundial. Pero eso solo ocurrirá si damos prioridad a la innovación agrícola.</p>
<p><em>Inversión en vacunas.</em> La organización responsable de ayudar a las comunidades pobres a utilizar vacunas que salvan vidas se llama Alianza GAVI. El pasado verano, GAVI organizó una reunión para recabar compromisos de pago de países y organizaciones donantes. El objetivo era reunir por lo menos 3.700 millones de dólares en cinco años, y sabíamos que no era el momento ideal para pedir tanto dinero. Pero GAVI acabó recibiendo compromisos de pago por valor de 4.300 millones de dólares.</p>
<p>Gracias a ese dinero los niños más pobres del mundo comenzarán a recibir las mismas vacunas que los de los países ricos. Gracias a la generosidad de los donantes y a la considerable reducción de precios aplicada por los fabricantes de vacunas, ahora GAVI puede sufragar dos vacunas relativamente nuevas, la del rotavirus (para prevenir la principal causa de diarrea) y la del neumococo. En 2015 esas vacunas evitarán 190.000 muertes por diarrea y 480.000 por dolencias respiratorias (además de mejorar la salud general de cientos de millones de niños). En 2015 la cantidad comprometida anteGAVI salvará cuatro millones de vidas.</p>
<p>Por eso me parece que el 13 de junio de 2011, fecha de la conferencia de donantes, es un día histórico para la equidad sanitaria mundial. Para mí y Melinda fue muy emocionante. Lo que más nos emocionó fue que tantos aliados compartieran nuestra idea de un mundo equitativo y que, incluso en estos tiempos difíciles, estuvieran dispuestos a respaldarla monetariamente.</p>
<p><em>La lucha contra el sida y el éxito del Fondo Mundial.</em> Los avances también han sido asombrosos en la difusión de los tratamientos contra el sida. Ello se debe principalmente al Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, y también al proyecto PEPFAR estadounidense, el Programa Presidencial de Emergencia para la Lucha contra el sida. En la actualidad, más de 6,6 millones de personas están vivas gracias a los antirretrovirales. Hace 10 años, parecía que casi todas ellas iban a morir porque solo los países ricos disponían de esos medicamentos.</p>
<p>En vista de los países en los que trabaja el Fondo Mundial, no es sorprendente que parte del dinero se haya desviado a fines ilícitos. Sin embargo, el propio Fondo Mundial detectó esos problemas y cambió su forma de gestionar las ayudas a la formación, principal foco de corruptelas.</p>
<p>Nuestra fundación, principal patrocinador no gubernamental del Fondo Mundial, le ha entregado a lo largo de los años 650 millones de dólares por la increíble influencia que tienen sus fondos.</p>
<p><em>Cómo alimentar a 9.000 millones de personas</em>. Las proyecciones indican que en los próximos 40 años la población mundial solo crecerá un 8% anual. Según la media de estimaciones de las Naciones Unidas, acaba de superar los 7.000 millones y llegará a los 9.700 en torno a 2050. No obstante, las poblaciones de gran parte de los países pobres, las que más sufren para alimentarse y educar a sus ciudadanos, en ese año habrán superado más de dos veces su tamaño actual.</p>
<p>En todo el mundo hay más de 200 millones de mujeres que, aunque declaran que no quieren tener hijos en los próximos dos años, no están tomando anticonceptivos. Si las familias que quieren espaciar más el nacimiento de sus hijos o tener menos pudieran acceder a los medios adecuados, pasarían dos cosas: la primera, que les costaría menos enfrentarse a los desafíos de la pobreza; la segunda, que al ir bajando paulatinamente los índices nacionales de crecimiento demográfico, los Gobiernos podrían responder mejor a las necesidades de todos sus ciudadanos.</p>
<p><em>Conclusión.</em> La inversión en los más pobres (ya sea mediante la lucha contra plagas agrícolas, los tratamientos contra el sida o el suministro de la vacuna del sarampión a niños de zonas apartadas) marca una gran diferencia. Por desgracia, mucha gente cree lo contrario, que el dinero destinado al desarrollo es un desperdicio o que no logra resultados duraderos. El año próximo, Melinda y yo vamos a dedicar mucho tiempo a explicar por qué se equivocan. La cantidad de dinero relativamente escasa que se ha gastado en desarrollo ha mejorado las perspectivas de futuro de miles de millones de personas, y puede hacer lo mismo para miles de millones más si decidimos seguir invirtiendo en innovación&#8230; estamos seguros de que si la gente escucha historias vitales que ellos mismos han ayudado a mejorar, querrán hacer más, no menos.</p>
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		<title>Sobre la desigualdad</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 18:09:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José María Carrascal</strong>, periodista (ABC, 19/01/12):</p>
<p>Una de las mayores y más frecuentes críticas que se hacen al capitalismo de mercado hoy imperante es que amplía la diferencia entre las clases sociales. Una realidad que se aprecia sobre todo en las grandes ciudades, donde el lujo más ostentoso, y a menudo de mal gusto, convive con la miseria más abyecta, con una clase media, esa base de la democracia, cada vez más estrecha y atemorizada. Dicho de manera mucho más cruda: que en vez de convertirse la clase baja en media, como venía ocurriendo hasta ahora, es la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39768/sobre-la-desigualdad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José María Carrascal</strong>, periodista (ABC, 19/01/12):</p>
<p>Una de las mayores y más frecuentes críticas que se hacen al capitalismo de mercado hoy imperante es que amplía la diferencia entre las clases sociales. Una realidad que se aprecia sobre todo en las grandes ciudades, donde el lujo más ostentoso, y a menudo de mal gusto, convive con la miseria más abyecta, con una clase media, esa base de la democracia, cada vez más estrecha y atemorizada. Dicho de manera mucho más cruda: que en vez de convertirse la clase baja en media, como venía ocurriendo hasta ahora, es la media la que se está convirtiendo en baja.</p>
<p>No voy a ser yo quien niegue tal realidad, avalada por estadísticas que arrojan cómo un segmento insignificante de la población ve multiplicarse sus ingresos, mientras el resto ve disminuir los suyos, con un número creciente de ciudadanos incapaces de cubrir sus necesidades más elementales. No hay duda, ese capitalismo agresivo está haciendo a los ricos cada vez más ricos y a los pobres cada vez más pobres. Aunque, siempre hay un aunque, esa presunción puede ser también producto de nuestro limitado punto de vista y de nuestros prejuicios ideológicos, porque si alzamos la vista de las grandes urbes occidentales para dirigirla al mundo en general nos encontramos con un panorama bastante distinto. Lo primero que vemos es que grandes extensiones del planeta, hundidas en la miseria y viviendo de hecho en la Edad Media, progresan a una velocidad insospechada, al tiempo que crean una clase media antes inexistente, ya que los distintos socialismos que habían ensayado no les habían permitido alcanzar ese nivel de vida. Y lo están alcanzando gracias al capitalismo adaptado por sus gobiernos. El mismo capitalismo que nos está destrozando a nosotros. En Nueva York ya no son noticia los turistas chinos, y espero que pronto no lo sean en Madrid o Barcelona, con ganas de comprar y dinero para pagarlo, aunque advierto que son los más rudos de todos los visitantes, según los comerciantes. E incluso sin ir tan lejos: en nuestros pueblos, donde no hace tanto reinaba la miseria más absoluta, las condiciones de vida han mejorado de forma tan espectacular que apenas hay ya diferencia entre la casa «del rico», pues había sólo uno, y las de los pobres, que eran todos los demás. Sin que allí se haya producido la divergencia que se acusa en las grandes ciudades. O sea, que mucho cuidado con las generalidades, que suelen llevar a conclusiones erróneas, no debiéndose descartar que estemos asistiendo, entre otras muchas cosas, a un trasvase de riqueza desde los hasta ahora llamados «países<br />
desarrollados» hacia los que ya se conocen como «emergentes». Aparte de lo que pueda influir esa actitud tan humana de clamar contra la desigualdad cuando nos daña, pero no queramos oír hablar de ella cuando nos favorece.</p>
<p>Pero que, espoleada por la crisis, la desigualdad crece en nuestra sociedad con un empobrecimiento general paralelo a la aparición del súper-rico no puede negarse, y quien lo niegue sólo tiene que acercarse a los comedores de Cáritas para comprobar lo equivocado que está. Es una tendencia que no augura nada bueno para Occidente, al representar una amenaza a su estabilidad social. Ir de menos a más es muy fácil, demasiado fácil. Pero ir de más a menos resulta difícil y doloroso, por aquello de que donde no hay harina todo es mohína. Aunque —de nuevo el dichoso aunque— echar todas las culpas de lo que nos ocurre al «capitalismo salvaje» es como echar la culpa de los muertos en carretera a que haya cada vez más coches y sean cada vez más potentes. La culpa de los muertos en carretera es, en la inmensa mayoría de los casos, de los conductores, que no respetan las normas de tráfico ni las del sentido común.</p>
<p>Del mismo modo, las causas de la divergencia creciente de ingresos en Occidente puede también deberse, al menos en buena parte, a la deriva tomada por su propia sociedad. Un estudio realizado por los economistas Jon Bakija, Adam Cole y Bradley Heim en Los Ángeles, Boston, San Francisco, Seattle, Dallas, Houston, Washington y Nueva York arroja que, en efecto, el uno por ciento de su población obtiene tantos ingresos como el 99 por ciento restante. Sin embargo, un 31 por ciento de ese uno por ciento de privilegiados no ha obtenido su fortuna por herencia o actividades especulativas, sino por su propio esfuerzo. Está compuesta por un 16 por ciento de médicos, un 14 de ejecutivos, un 8 de abogados, un 5 de ingenieros y un 2 de deportistas, actores y periodistas, de TV principalmente. Los ingresos de todos ellos han crecido de forma desproporcionada y desconocida hasta hace pocos años, siendo la formación académica uno de los principales factores de tal promoción. De forma general puede decirse que, mientras que en 1979 el ingreso medio de un graduado universitario norteamericano era un 38 por ciento más alto que el del simple graduado escolar, hoy la diferencia es del 75 por ciento, casi el doble. Una diferencia, advierten los autores del estudio, que ya no causa embarazo social. Ganar veinte millones de dólares al año en 1970, aparte de raro, no estaba del todo bien visto. Hoy no asusta a nadie, aunque sí asusta que los ingresos de la clase media y baja sigan descendiendo.</p>
<p>Aunque —todavía el dichoso aunque— sería temerario decir que esta disparidad se debe a que los privilegiados estén oprimiendo al resto, como ocurría bajo el feudalismo o el capitalismo primitivo. Se debe más bien a que ese uno por ciento ha sabido aprovechar las oportunidades que ofrece una sociedad técnica que avanza a un ritmo desconocido en la historia, junto con unas normas morales mucho más laxas que las imperantes en la sociedad tradicional. Mientras, el 99 por ciento que van quedándose atrás no han sabido aprovechar tales oportunidades, mecidos en la cuna del «Estado providencia» y la relajación de las nuevas costumbres. La diferencia de ingresos, concluyen los tres autores del estudio, debe atribuirse principalmente a la diferencia de preparación, de aplicación, de aspiración, de ambición y, en general, de actitud ante la vida, mucho más rigurosa e insaciable entre los súper-ricos que entre los demás. Aquellos suelen ser individuos que han destacado en sus respectivas profesiones, innovadores en las mismas, alcohólicos del trabajo y con una vida familiar relativamente estable. Piénsese en los pioneros de la electrónica. El resto, por el contrario, se ha contentado con utilizar tales innovaciones, seguir los caminos trillados y elegir las soluciones más cómodas. La tendencia que ha habido en las últimas décadas hacia las artes liberales, sin tener en muchos casos capacidad para ellas, el desprecio de la técnica, el esperar que el Estado nos resuelva los problemas, la inhibición de responsabilidades personales, la «cultura» del narcisismo y de la gratificación instantánea han traído inestabilidad en las relaciones personales y aumento del nacimientos fuera del matrimonio, que se convierte luego en decenas de millones de niños que no terminan los estudios primarios, futuros parados o empleados con sueldos raquíticos. Ahí está una de las principales causas de la desigualdad social, que se aprecia no sólo en los ingresos, sino también en la salud y las<br />
condiciones físicas de los más pobres. El citado estudio arroja que conforme se va bajando en la escala social aumenta el número de fumadores y de personas con sobrepeso, con todos los perjuicios que eso causa. Es incluso muy posible que la excesiva ambición de esa minúscula minoría encuentre en la laxitud de la inmensa mayoría el campo abonado para ensanchar la diferencia.</p>
<p>Ese uno por ciento de súper-ricos resulta preocupante. Pero bastante más preocupante resulta esa masa creciente que, por una causa u otra, no tiene oficio, beneficio ni apenas posibilidad de tenerlos, al faltarle la preparación y disciplina requerida en la nueva era que empieza. Si de lo que se trata es de acabar con la desigualdad, empezar por abajo es mucho más urgente y eficaz que empezar por arriba. Sobre todo, con los chinos a la puerta.</p>
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		<title>Los &#8216;baby boomers&#8217; y nosotros</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 20:42:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ramón González Férriz, </strong>editor de Letras Libres (EL MUNDO, 18/01/12):</p>
<p>En un estudio reciente sobre el estado de la demografía en el mundo, el <em>Financial Times</em> afirmaba que «tanto en la Unión Europea como en EEUU está creciendo la ansiedad ante la idea de que la política esté cada vez más dominada por las luchas por los recursos entre generaciones: los jubilados pelearán por mantener los generosos programas sociales y los jóvenes sentirán resentimiento por la carga fiscal que deberán soportar». ¿Es ese el mundo en el que estamos entrando?</p>
<p>Los países anglosajones llevan mucho tiempo discutiendo sobre los &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39747/los-baby-boomers-y-nosotros/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ramón González Férriz, </strong>editor de Letras Libres (EL MUNDO, 18/01/12):</p>
<p>En un estudio reciente sobre el estado de la demografía en el mundo, el <em>Financial Times</em> afirmaba que «tanto en la Unión Europea como en EEUU está creciendo la ansiedad ante la idea de que la política esté cada vez más dominada por las luchas por los recursos entre generaciones: los jubilados pelearán por mantener los generosos programas sociales y los jóvenes sentirán resentimiento por la carga fiscal que deberán soportar». ¿Es ese el mundo en el que estamos entrando?</p>
<p>Los países anglosajones llevan mucho tiempo discutiendo sobre los llamados <em>baby boomers</em>, la privilegiada generación de hombres y mujeres nacidos aproximadamente entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y mediados de los años 50. Desde todos los puntos de vista, la mayoría de ellos -y fue una generación excepcionalmente populosa- han tenido una vida envidiable: no sólo gozaron de los avances tecnológicos y materiales propios de una época cuya riqueza apenas tiene precedentes en la Historia, sino que además lograron abrir espacios para la libertad -política, sexual, cultural- que a sus padres les habrían parecido imposibles. Sumado a eso, ahora que están en la última etapa de una vida de estabilidad tienen a su servicio un Estado del Bienestar todavía generoso, con sistemas sanitarios públicos y pensiones que, aunque indiscutiblemente van menguando, todavía les permitirán tener una vejez relativamente segura y probablemente larga. Ahora bien, después de esta prolongada y feliz trayectoria, ¿cuál es el mundo que dejan a sus hijos? Muchos creen que un mundo catastrófico: con una gran crisis medioambiental, una pirámide demográfica temible y, por encima de todo, un montón de deudas por pagar. David Willetts, el actual ministro de universidades del Reino Unido, cree que, al acumular tanto bienestar para sí mismos, los <em>baby boomers</em>, simplemente, le robaron el futuro a sus hijos.</p>
<p>Sin duda, en esta afirmación puede haber algo de resentimiento conservador contra una generación especialmente beneficiada por la libertad posmoderna pero aún muy protegida por el viejo Estado benefactor. Sin embargo, no es difícil ver también lo mucho que hay de verdad en ella: se mire donde se mire, parece evidente que los jóvenes de hoy van a tener una vida materialmente más inestable que la de sus padres. No sólo parecen haberse desvanecido los trabajos para toda la vida, sino que la noción de seguridad de la que gozaron nuestros mayores -el sindicato pactaba, la empresa transigía, el Estado proveía- es o será en poco tiempo un privilegio raro para el trabajador medio. Y algunas cosas dadas por sentadas, como los aceptables subsidios de desempleo, la sanidad pública con atenciones casi ilimitadas, la jubilación temprana y las pensiones decentes serán un bonito recuerdo.</p>
<p>Las causas de todo ello son enormemente complejas, y entre ellas está sin duda la globalización, con la aparición de nuevos competidores, y las ya mencionadas crisis demográfica y de deuda. Pero en cualquier caso, parece normal que un joven desempleado o mal pagado se sienta estafado al recordar la promesa tácita que le hicieron sus padres: que toda generación vive mejor que la anterior y que los jóvenes son el mayor capital de un país. En contra de esta idea, los sindicatos parecen defender sólo a los relativamente privilegiados -los funcionarios, los trabajadores industriales de mediana edad-, los políticos se comprometen a garantizar las pensiones pero no hacen demasiado por mejorar el terrible desempleo juvenil, y buena parte de las instituciones públicas -la universidad, para empezar- están mucho más preocupadas por el estatus de los <em>insiders </em>que por las oportunidades de los que aspiran a serlo. Si uno tuviera la ambición de renovar el credo marxista, podría decir que la lucha de clases, en efecto, ha sido sustituida por la lucha de generaciones.</p>
<p>Sin embargo, pese a todo esto y lo augurado por el estudio del <em>Financial Times</em>, no parece ser así. Al menos, no en la España actual. Las reivindicaciones de la izquierda española no mencionan, en ninguna parte, este injusto desequilibrio entre los beneficios que el sistema otorga a los mayores y los que niega a los jóvenes. Hay, en principio, una buena razón para ello: los coetáneos de los <em>baby boomers</em> en España no sólo tuvieron que soportar una dictadura, sino que su vida ha estado más marcada por la memoria de tiempos pobretones y el deseo de dar a los hijos lo que nunca tuvieron en su juventud que por la diversión sesentera. En parte por ello, creo, nadie parece oponerse a la forma de solidaridad intergeneracional -devolvemos a nuestros padres por intermediación del Estado parte de lo mucho que nos dieron- en la que se basa nuestro sistema. Pero además de eso, me temo que la falta de conflicto en este asunto se debe básicamente a un equívoco muy incrustado en España: el de los derechos adquiridos. No hay reproches a nuestros padres debido a que creemos que la Historia es siempre un proceso de mejora, y que si ellos tuvieron derecho a todo eso, nosotros debemos recibir, por lo menos, lo mismo. No importa que las circunstancias cambien, no importa que lo hagan las costumbres y las decisiones -y nuestras costumbres y decisiones son muy distintas de las de nuestros padres-: todo bienestar existente se percibe como un derecho adquirido que no puede ser modificado en función de la realidad. No es que quienes gobernaron para nuestros padres calcularan mal y exageraran en lo que estos podían recibir, es que lo hicieron muy bien y quienes gobiernan para nosotros deben seguir así. En ese sentido, el mensaje último de la izquierda española actual es que quiere para los jóvenes lo mismo que tuvieron sus padres. Parece complicado, visto lo que ha cambiado el mundo. Parece imposible, a juzgar por cómo ha gestionado esos cambios.</p>
<p>Espero de veras que no se produzca esta guerra entre generaciones. Por mucho que sea lo que podamos reprochar a nuestros mayores, estos se limitaron a tomar del mundo lo que éste les ofrecía sin pensar en las consecuencias a largo plazo. Es lo que solemos hacer los humanos. Y por lo demás, y pese a lo dicho, la realidad que nos legan no es para nada despreciable: nos han dejado una democracia asentada, una sociedad razonablemente tolerante y una cultura abierta. Pero creo que si las luchas por nuestro bienestar siguen centrándose en tratar de repetir la seguridad de nuestros antecesores inmediatos, en imitar su experiencia, van a fracasar. Es una idea difícil de aceptar en un mundo hecho tan a la medida de esa generación y que ha convertido la juventud en un momento superficialmente rebelde, pero en el fondo terriblemente conservador.</p>
<p>Sin embargo, me temo que habrá que echarle imaginación y coraje: de vez en cuando los herederos de un mundo en ruinas se ven obligados a inventarse nuevas fórmulas si quieren salir del hoyo. Por mucho que haya razones, cargar contra los mayores es una pérdida de tiempo. Tratar de repetir su vida y aferrarse a lo que ya es inviable, un error incluso más grande.</p>
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		<title>Matrimonio en Bombay</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Jan 2012 19:57:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Mario Vargas LLosa</strong>. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2012. © Mario Vargas Llosa, 2012 (EL PAÍS, 15/01/12):</p>
<p>Roberto es un peruano de Lima y Nus una india de Bombay. Ambos estudiaron en Estados Unidos y trabajan para una compañía de publicidad transnacional. Se conocieron en Nueva Delhi, se enamoraron en Shanghái donde fueron a hacer una campaña publicitaria y ahora residen en Nueva York. Allí tomaron la decisión de casarse. El matrimonio se celebrará en Bombay, residencia de la familia de la novia. Como Roberto es hijo de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39709/matrimonio-en-bombay/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Mario Vargas LLosa</strong>. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2012. © Mario Vargas Llosa, 2012 (EL PAÍS, 15/01/12):</p>
<p>Roberto es un peruano de Lima y Nus una india de Bombay. Ambos estudiaron en Estados Unidos y trabajan para una compañía de publicidad transnacional. Se conocieron en Nueva Delhi, se enamoraron en Shanghái donde fueron a hacer una campaña publicitaria y ahora residen en Nueva York. Allí tomaron la decisión de casarse. El matrimonio se celebrará en Bombay, residencia de la familia de la novia. Como Roberto es hijo de unos amigos muy queridos, Patricia y yo hemos venido a acompañarlos y, con nosotros, más de un centenar de forasteros de medio mundo, sobre todo, peruanos.</p>
<p>Este enlace y estos amores son un producto de la globalización, no hubieran sido posibles unos años atrás. Nus es la primera persona de su extenso linaje que se casa por amor. Hasta ahora, en su familia los matrimonios fueron siempre arreglados, como sigue ocurriendo en innumerables hogares indios, y, principalmente, entre las familias de religión musulmana que, como los progenitores de Nus, pertenecen a la secta Bohri, de un millón de prosélitos, caracterizada por su fidelidad a la tradición.</p>
<p>Cuando Nus informó a sus padres que quería casarse con Roberto, aquéllos se alarmaron. Su madre le propuso un muestrario de pretendientes, pero ya que la muchacha no daba su brazo a torcer, la familia aceptó conocer al exótico joven procedente del Perú -y, encima, de familia nazarena- que aspiraba a desposar a su hija. Roberto vino a Bombay, se las arregló para pasar el examen y seducir a sus futuros parientes políticos, los que, finalmente, consintieron a la boda.</p>
<p>Ésta durará cuatro días y constituirá una obra sutil de equilibrio religioso, musical, sociológico, diplomático e idiosincrático. El primer día consta de una ceremonia privada a la que asisten sólo las familias. Se firma el contrato matrimonial y el abuelo de Nus la &#8220;entrega&#8221; simbólicamente a su novio. Los otros tres días consisten en fiestas y cenas copiosas, con bailes, canciones, espectáculos y manjares donde se alternan la tradición y lo moderno, el oriente indio, la América gringa e hispánica y fogonazos del resto del mundo.</p>
<p>El Hotel Taj Mahal Palace, ya restaurado en su antigua magnificencia de los estragos que le infligieron unos terroristas venidos de Pakistán, que destrozaron sus instalaciones y las sembraron de sangre y de cadáveres, es el escenario de la ceremonia llamada Mehndi. A los invitados hombres nos enturbantan y a las damas unos diligentes diseñadores les bordan en las manos y en los pies los delicados encajes <em>henna,</em> portadores de buena suerte, con una tintura que irá desvaneciendo el paso de los días. Las guayaberas y las chaquetas se entreveran con los blusones y las camisolas, las sandalias y pantuflas con los zapatos, así como los <em>saris</em> delicados con atrevidas minifaldas occidentales. De acuerdo a las instrucciones, se evitan los atuendos en blanco y en negro. Hay un colorido espectáculo de bailarinas, cantantes y músicos de Rajastán y una comida estrictamente vegetariana, de misteriosa factura y ardiente como el fuego. Que no se sirva gota de alcohol no es obstáculo para que los jóvenes, la gran mayoría de asistentes, se lancen a bailar las danzas locales y formen al poco rato una algarabía frenética, haciendo figuras, rondas, trencitos, en torno a los novios que presiden la fiesta en estado de trance. Yo resisto hasta la medianoche pero aquello se alarga hasta el amanecer.</p>
<p>La fiesta del día siguiente, llamada Sangeet, es informal y más latina que india. La terraza del Hotel Intercontinental, que mira al Mar de Arabia, ha sido transformada en una explanada caribeña -uno se creería en Santo Domingo, Cartagena o Jamaica- y la música que atruena la noche son merengues, cumbias, mambos, huarachas, románticos boleros y, por fin, las indescifrables danzas modernas norteamericanas. Se brinda con vino, champagne, whisky, y los indios, ahora en franca minoría ante los latinos, toman el desquite cuando los amigos y amigas de los novios presentan un número de danza inspirado en los melodramas musicales de Bollywood, la más fecunda productora de películas del mundo -cerca de 1.000 al año y en 30 lenguas distintas- que tiene sus desarrapados estudios en las afueras de Bombay. Es divertido, cómico, simpático, y acaba de romper las barreras de idiomas, creencias y costumbres y confundir a todos los jóvenes en un jolgorio de sincretismo exaltado y glorioso. Cuando me arrastro hasta mi hotel, aquello sólo está empezando.</p>
<p>La ceremonia del último día, Walima, es la más bonita y llamativa. En ella no se bebe alcohol ni se bailan danzas modernas, se desfila por la calle y luego, en un hermoso jardín vecino al Paseo Marítimo, se felicita y despide a los novios, mientras se degustan las especialidades culinarias de la comunidad Bohri preparadas por la familia de Nus. El atuendo indio prevalece y muchos extranjeros llevan también <em>salwaar kameez,</em> blusas y faldas <em>lehenga,</em> <em>saris,</em> chaquetas Nehru, turbantes y babuchas. El desfile callejero, desde el Trident Hotel, dura varias cuadras. Los novios van en lo alto de una carroza decorada con flores y tirada por caballos, mientras a su alrededor parientes y amigos cantan alabanzas y hacen votos de buena fortuna para los recién casados. Una pequeña orquesta con cornetas, tambores y platillos escapada de una película de Fellini preside el cortejo.</p>
<p>La gente de las veredas y los autos sonríe, saluda, envía buenaventuras y, de pronto, descubro que, también aquí, entre las bellas muchachas envueltas en sedas, los caballeros elegantes y las damas que lucen sus joyas, se han entreverado los mendigos: ancianos, hombres y mujeres, niños que apenas han aprendido a andar, con las manos estiradas, luciendo sus harapos, su ceguera, sus muñones, su delgadez esquelética, su desamparo. Son la presencia brutal de la realidad en este cuento de hadas.</p>
<p>Las estadísticas dicen que la India, la más grande democracia del mundo, viene dando una formidable batalla contra la pobreza, creciendo desde hace 15 años a un promedio parecido al de China -entre un 9% y 10% anual- y que cada año millones de pobres dejan de serlo y se incorporan a las pujantes clases medias. Todo ello es cierto. Pero las verdades estadísticas no dicen nunca toda la verdad. Lo que ocultan (y esto vale también para China, Brasil y todos los nuevos gigantes) es que, a pesar de ese admirable progreso, decenas y, acaso, centenas de millones de indios han quedado atrás, varados, y no tendrán ya la oportunidad de salir del infierno de miseria y desesperanza.</p>
<p>Eso es lo que nos recuerdan los mendigos de esta fascinante y estremecedora ciudad cuyas calles atestadas parecen salidas de las parábolas de Borges sobre el infinito y la vertiginosa eternidad. Están por todas partes, callados, pacíficos, terribles: a las puertas del Museo Nacional y sus hermosas colecciones de pinturas nepalesas y tibetanas; en torno a la desvencijada mansión victoriana Mani Bhavan, donde vivió el asceta Mahatma Gandhi que con su limpia palabra y sus ayunos derrotó al Imperio británico; al pie de la Puerta de la India y en los andenes y escalinatas de la Victoria Terminus Station, tan presente en las historias de Rudyard Kipling, parecida a la estación St. Pancras de Londres, pese a las capas de mugre que recubren sus relojes, lampadarios, balcones, asientos y techos, ventanales y paredes de falso gótico, y están también en el embarcadero donde los turistas suben a los barquitos que los llevarán a la isla de Elefanta, a ver las monumentales esculturas de Shiva excavadas en las grutas.</p>
<p>Están allí porque en Bombay, a diferencia de lo que ocurre en Lima, Madrid, México o Río de Janeiro, la pobreza y la riqueza no tienen sus barrios acotados para que aquella no turbe ni asuste a quienes disfrutan de una vida digna. No, en esta ciudad ricos y pobres andan mezclados de manera inextricable y, por ejemplo, la casa-rascacielos del multibillonario Ambaní, uno de los hombres más ricos del mundo, levanta hacia los cielos sus 300 habitaciones desde una barriada donde deben apiñarse las familias más menesterosas de la ciudad.</p>
<p>Roberto y Nus, claro está, no pueden pensar en este momento en estas cosas tristes. Allí están, jóvenes, apuestos, ella bellísima en sus gráciles sedas, maquillada con arte impecable, y él, desenvuelto como si hubiera llevado toda la vida ese atuendo oriental. Reciben las felicitaciones con alegría y esperan el instante final, el de &#8220;los zapatos nuevos&#8221;, que, al ser entregados por la madre del novio a Nus, marcarán el término de la boda.</p>
<p>¿Serán felices? Para casarse han tenido que vencer enormes obstáculos, un excelente comienzo. Un matrimonio feliz es una empresa común y exige tanta dedicación, fervor, paciencia e insistencia como una gran novela. Gentes de cinco continentes y una veintena de países hemos venido aquí a exigirles que sean felices. No deberían defraudarnos.</p>
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		<title>Turismo siniestro</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Jan 2012 00:55:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Luis Pardo</strong>, filósofo. Su último libro es <em>El cuerpo sin órganos. Presentación de Gilles Deleuze, </em>Pre-Textos (EL PAÍS, 14/01/12):</p>
<p>Quienes conozcan la obra de Michel Foucault sabrán de la importancia que el pensador atribuía a la llamada penitenciaría del Estado de Pensilvania (Filadelfia), construida en 1829 por el arquitecto John Haviland como paradigma de cárcel moderna, con pretensiones de reforma moral de los reclusos y según un modelo que sería imitado en todo el mundo. Allí se documentaron Dickens o Tocqueville y, entre otros huéspedes ilustres, Al Capone vivió entre sus góticas paredes. Aunque se basaba en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39695/turismo-siniestro/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Luis Pardo</strong>, filósofo. Su último libro es <em>El cuerpo sin órganos. Presentación de Gilles Deleuze, </em>Pre-Textos (EL PAÍS, 14/01/12):</p>
<p>Quienes conozcan la obra de Michel Foucault sabrán de la importancia que el pensador atribuía a la llamada penitenciaría del Estado de Pensilvania (Filadelfia), construida en 1829 por el arquitecto John Haviland como paradigma de cárcel moderna, con pretensiones de reforma moral de los reclusos y según un modelo que sería imitado en todo el mundo. Allí se documentaron Dickens o Tocqueville y, entre otros huéspedes ilustres, Al Capone vivió entre sus góticas paredes. Aunque se basaba en el sistema de aislamiento (debido a la creencia en que, obligados a convivir únicamente consigo mismos, los condenados reflexionarían sobre su pecaminoso pasado y se convertirían en honrados feligreses), en lo que hoy queda de ella puede verse aún, algo desvencijada y ruinosa, la en otro tiempo amenazadora torre central que permitía a los centinelas tener bajo vigilancia visual todo el entorno de la prisión: su alargada sombra nos lleva a pensar inmediatamente en el Panóptico, esa invención genial de Jeremy Bentham en la que Foucault vio el emblema de unas sociedades, las modernas, caracterizadas por un ejercicio del poder político apoyado en un análisis sistemático y exhaustivo de los espacios urbanos controlables. Los inabordables muros del edificio y las gruesas paredes de las celdas, con su despiadada rigidez separadora, obedecerían, según Foucault, al mismo principio que durante los siglos XIX y XX, &#8220;analizó&#8221; el espacio interior de las viviendas populares, creando habitaciones diferenciadas -el cuarto de los niños, la alcoba conyugal, el baño, la cocina, el comedor, la sala de estar- donde hasta entonces no había más que un espacio único en el que coexistían todas las tareas, personas y funciones del hogar. Esta misma maciza solidez analítica habría organizado los demás &#8220;espacios&#8221; de la ciudad moderna: hospitales, escuelas, fábricas o cuarteles, según un régimen ideal de visibilidad y divisibilidad que garantizaría la eficacia de las operaciones, la claridad y distinción de las instituciones y la sumisión de los individuos a sus leyes.</p>
<p>Mucho podría decirse, sin duda, de la siempre excesiva distancia que separa los ideales de sus realizaciones, pero quizá sería vano hacerlo ahora, cuando de los unos y de las otras quedan solo los escombros. El caso es que la prisión de Filadelfia, obsoleta entre otras cosas debido a la superpoblación de encarcelados, cerró sus puertas en 1971, como anunciando la llegada de otros tiempos, y hoy es algo parecido a un museo. Si se recorre en un día apropiadamente nublado de noviembre -como yo tuve no sé si la suerte o la desgracia de hacerlo- es posible aún sentir algún escalofrío al pasar por las celdas de castigo, por el corredor de la muerte (la expresión inglesa, <em>Death row</em> -los que hacen cola para ser ejecutados- siempre me ha parecido más precisa y horrible) o por la barbería, pero las húmedas y desconchadas galerías son ahora frecuentadas por unas multitudes bien distintas, las que practican eso que ha dado en llamarse <em>turismo siniestro</em> y que son la otra cara de las que llenan la Capilla Sixtina o el Museo del Louvre; si estas últimas buscan la belleza (o la foto autentificadora que, como decía Walter Benjamin, tritura el aura sagrada que en otros tiempos recubría a las obras de arte multiplicando su imagen y difundiéndola hasta el infinito), es difícil saber lo que buscan las primeras (¿La foto grotesca de la fealdad? ¿El alimento de la buena conciencia diciéndose lo brutales que eran nuestros antepasados frente a nuestro refinado humanismo?). Si uno tiene menos suerte, la visita puede coincidir con alguna instalación artística (pues la vieja cárcel también es una galería de arte: sobre esta curiosa convergencia se puede leer la novela de Fernando Sánchez Pintado <em>Performance,</em> en Ed. Barataria); y, si es Halloween, hay un espectáculo llamado <em>Terror tras los muros</em> que, supongo, hace las delicias de los más jóvenes, habituados a jugar a asustarse como los turistas siniestros y, también como ellos, a convertir el pasado histórico en ocio programado. En cualquier caso, el asunto mueve a preguntarse si hay que ver en un cambio de esta clase -ruina, &#8220;cultura&#8221; y diversión donde antes hubo disciplina, miedo y poder- un signo sintomático de nuestra época, en la que, como advertían Marx y Engels y hoy remacha el sociólogo Zygmunt Bauman, todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado se profana y todo lo rígido se derrite, igual que en otro tiempo se fundían las vajillas metálicas del Imperio Austro-Húngaro para alimentar la producción de cañones bélicos, aunque hoy día se trate más bien de los cañones de proyección para ordenadores con <em>Power Point,</em> cuya imagen líquida devora todo lo que alguna vez fue visión o palabra y lo regurgita incansablemente como hacen los monos en el Zoológico con las cortezas que mastican, según la imagen que Josef Winkler suele utilizar para designar el &#8220;lenguaje universitario&#8221;.</p>
<p>Sería, en verdad, absurdo y miserable experimentar nostalgia ante una modernidad sólida que a menudo se forjó con las cadenas de un infernal encierro, como el que sufrían los reclusos sometidos al aislamiento; pero sería igualmente pretencioso e ingenuo creer, como creen los turistas de lo siniestro, que la levedad y la fluidez de nuestra vida social actual es más civilizada o más humana que la de nuestros padres o abuelos. Los Dickens y los Tocquevilles que hoy están en ciernes, sin duda, ya se deben estar documentando en otras clases de infiernos propios de nuestro tiempo, que ha elevado la comunicación al mismo nivel de superstición salvadora que tuvo ayer el aislamiento (como si las virtudes ciudadanas emanasen de la fibra óptica), y que va poco a poco sustituyendo la antigua vigilancia de los poderes públicos -hoy tan erosionados como la torre de Filadelfia- por la penetración de los privados. Pues si hay una violencia en la &#8220;separación&#8221; de espacios y habitaciones que constituyen las viviendas, no es menos angustioso el modo como las nuevas casas, las verdaderamente adaptadas a nuestro tiempo, prescinden de paredes, muros y distinciones rígidas, dejando al inquilino en la indefinición de un espacio tan completamente descualificado y abstracto como el dinero en el que se cuenta su valor y, como él, perfectamente intercambiable por cualquier otro espacio. La privatización, la despolitización, la miniaturización, la deslocalización, la flexibilización o la impermanencia que definen los nuevos estilos de vida que se van imponiendo entre la resignación y el entusiasmo, ¿son en verdad procesos ilimitados? ¿Hasta qué punto es posible externalizar los servicios de una empresa o de una familia sin que deje de ser una empresa o una familia? ¿Hasta qué punto se pueden reducir las dimensiones de un empleo sin que deje de ser un empleo? ¿Hasta qué punto puede un Estado ceder su soberanía a terceros sin dejar de ser un Estado soberano? ¿O bien no hay límite alguno, y ni siquiera la injusticia, el sufrimiento o la muerte pueden poner obstáculos a este proceso mundial de fluidificación? Es posible que llegue un día en el que unos grupos de turistas morbosos recorran las ruinas de nuestras ciudades desurbanizadas como hoy recorremos nosotros la penitenciaría de Pennsylvania, sintiendo una mezcla de compasión por quienes vivíamos en ellas y de satisfacción porque ellos ya no tendrán que hacerlo.</p>
<p>Mientras esperamos ese momento, dejemos que los niños sean los únicos que se crean que el terror está solamente al otro lado del muro, y aprendamos a mirar a nuestra época con más piedad por nuestros semejantes -los que nos acompañan en el viaje sin que quede una isla del diablo en donde depositar a los que sobran-, con menos complacencia antropológica, porque no se trata de adaptarnos a las circunstancias a cualquier precio y de cantar las alabanzas de cada novedad como si fuese una tierra prometida, a veces las circunstancias son inmundas y tenemos el deber de decirlo y de intentar cambiarlas; y con mayor exigencia crítica, con mayor atención a los nuevos miedos y las nuevas penas generadas por la ausencia de rigidez y la flexibilidad. Porque, así como ahora nos parece increíble que se viera en aquellas cárceles decimonónicas un monumento a la virtud, quienes más ridículos resultarán para los futuros turistas de lo siniestro serán los que hoy ven en la fluidez ilimitada la salvación de todos los males, empezando por aquellos que son radicalmente irremediables.</p>
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		<title>Por qué la ayuda para el desarrollo no basta</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39634/por-que-la-ayuda-para-el-desarrollo-no-basta/</link>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 17:06:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ayuda al Desarrollo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Erik Solheim</strong>, ministro de Desarrollo y Medio Ambiente de Noruega. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen (Project Syndicate, 11/01/12):</p>
<p>La pobreza no es sólo no tener suficiente dinero. Tiene que ver también con la explotación y la opresión, y con los conflictos armados y las guerras que hacen imposible llevar un negocio, visitar al médico o enviar a los hijos a la escuela. En resumen, la pobreza es un problema político y tiene directa relación con la necesidad de idear soluciones políticas a sus causas subyacentes, lo que implica más que dar dinero.</p>
<p>El mundo ha cambiado &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39634/por-que-la-ayuda-para-el-desarrollo-no-basta/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Erik Solheim</strong>, ministro de Desarrollo y Medio Ambiente de Noruega. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen (Project Syndicate, 11/01/12):</p>
<p>La pobreza no es sólo no tener suficiente dinero. Tiene que ver también con la explotación y la opresión, y con los conflictos armados y las guerras que hacen imposible llevar un negocio, visitar al médico o enviar a los hijos a la escuela. En resumen, la pobreza es un problema político y tiene directa relación con la necesidad de idear soluciones políticas a sus causas subyacentes, lo que implica más que dar dinero.</p>
<p>El mundo ha cambiado mucho desde 2000, cuando la comunidad internacional adoptó la Declaración del Milenio y los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Se ha producido un importante cambio de orden geopolítico, en que países que anteriormente eran considerados lo suficientemente pobres para recibir ayuda se han transformado en mercados emergentes que dan impulso a la economía mundial. El poder también ha cambiado en el escenario político global, en que la crisis financiera mundial ha catalizado el surgimiento del G-20.</p>
<p>Si la lucha contra la pobreza se ha de basar en nuestro camino de crecimiento tradicional con altas emisiones de gases de carbono, las consecuencias climáticas serán devastadoras, incluso si las partes más ricas del mundo se deshicieran de todas las emisiones actuales. El resultado serían inundaciones, sequías, una marcada baja en la producción de alimentos, y una gran pérdida de nuestra preciosa biodiversidad. Todo esto, obviamente, llevaría a un aumento dramático de la pobreza en todo el mundo pero, como siempre, los países más pobres serían los más afectados.</p>
<p>Sin embargo, no combatir la pobreza es tal vez una peor opción. No permitir el acceso a la energía significaría no sólo negar a mil millones de personas la satisfacción de sus necesidades y derechos básicos, sino también que se talará más madera para obtener leña, dando como resultado deforestación y desertificación.</p>
<p>El compromiso de los países ricos con la lucha contra la pobreza mundial se ha basado siempre en la justicia y un imperativo moral. Sin embargo, nuestra experiencia durante esta primera década del siglo XXI ha dejado claro que para lograr un futuro seguro es también necesario luchar contra la pobreza.</p>
<p>Como ministro de Noruega de medio ambiente y desarrollo desde el año 2007, me reúno con ministros de otros países con ambas carteras, y me ha sorprendido ver cómo ambos grupos llevan vidas tan distintas. Cada uno tiene su propio conjunto de objetivos importantes, su propio análisis de los retos del futuro, sus propios planes estratégicos y, literalmente, su propio lenguaje. Mientras que cada uno reconoce la importancia de los objetivos del otro, a menos que hablen y actúen, ninguno alcanzará sus objetivos.</p>
<p>Mientras tanto, las negociaciones del clima mundial &#8211; hoy por hoy el principal foro mundial de reunión de expertos y autoridades del desarrollo y el medio ambiente- han demostrado que ha pasado la era de la hegemonía global de Occidente. El llamado mundo en desarrollo contiene algo que queremos: grandes bosques vírgenes que son vitales para nuestra existencia futura.</p>
<p>Estos países pueden elegir un camino diferente para el crecimiento tecnológico, basado en estrategias de bajas emisiones de carbono y principios ecológicos. Es un camino que necesitamos desesperadamente que elijan, pero que también significa un poder de negociación de los países más pobres mayor que el que nunca hemos visto. Será un reto, pero tal vez también un ejercicio saludable para nuestro futuro común.</p>
<p>Las cantidades de dinero necesarias para el desarrollo, el mantenimiento de la paz, la adaptación al cambio climático y la mitigación del mismo serán enormes, y hemos estado debatiendo durante años el nivel apropiado de ayuda. Pero, si bien ésta es importante, la financiación pública de los países desarrollados nunca será suficiente, incluso si cumpliéramos todos nuestros compromisos.</p>
<p>A lo largo de la última década, el financiamiento innovador se ha convertido en el nuevo término de moda, y no sólo para el desarrollo. Como parte de las negociaciones sobre el clima, se han sugerido nuevos mecanismos para la movilización de fondos, de los cuales quizás los más conocidos son los gravámenes sobre el transporte aéreo y los impuestos a las transacciones financieras. La gran innovación de tales esquemas de financiación es que pagarían las personas más ricas, sin importar la posición económica de sus respectivos países.</p>
<p>Pero el más importante de todos los flujos financieros son los fondos ilícitos que salen de tantos países en desarrollo, que la Red de Justicia Fiscal estima en alrededor de diez veces la ayuda al desarrollo que reciben. Gran parte de este dinero proviene de operaciones financieras transfronterizas vinculadas a actividades ilícitas, de las cuales las ganancias del crimen organizado y el tráfico de drogas, armas y seres humanos constituyen una parte sustancial. Por otra parte, mientras que grandes sumas de dinero desaparecen a través del fraude, la corrupción, el soborno, el contrabando y el lavado de dinero, la mayor parte de los flujos financieros ilícitos está relacionado con transacciones comerciales, a menudo dentro de empresas multinacionales, con el propósito de evadir impuestos.</p>
<p>Estos flujos han sido posibles principalmente por los paraísos fiscales, por lo que la lucha contra la pobreza mundial debe ser también una lucha contra ellos. Los paraísos fiscales hacen más rentables los delitos económicos, y la única manera de luchar contra ellos es la adopción de acuerdos mundiales en materia de transparencia en las transferencias financieras, que deben englobar también a las empresas sobre una base de país a país.</p>
<p>Debemos tener cuidado de no engañarnos a nosotros mismos con la creencia de que los ODM se puedan alcanzar únicamente a través de ayuda al desarrollo. Las políticas más amplias de lucha contra la pobreza se deben situar al tope de la agenda internacional, junto con los tres factores más importantes para el desarrollo: el clima, los conflictos y el flujo de capitales.</p>
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		<title>The age of Lionel Messi</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Jan 2012 22:59:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Deporte]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Richard Williams</strong>, chief sports writer for the <em>Guardian</em> (THE GUARDIAN, 08/01/12):</p>
<p>David Beckham was in the news again last week, the world&#8217;s most famous footballer announcing his decision to spend another year in Los Angeles where his family are happily ensconced, rather than accepting a lucrative offer to return to Europe. But being the world&#8217;s most famous footballer is not the same as being the best. Despite being amusingly nicknamed Goldenballs by his wife, Beckham has never won the real Golden Ball: the <a title="" href="http://www.fifa.com/ballondor/playeroftheyear/index.html">Ballon d&#8217;Or</a>, the venerable award presented to the player of the year, which is &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39598/the-age-of-lionel-messi/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Richard Williams</strong>, chief sports writer for the <em>Guardian</em> (THE GUARDIAN, 08/01/12):</p>
<p>David Beckham was in the news again last week, the world&#8217;s most famous footballer announcing his decision to spend another year in Los Angeles where his family are happily ensconced, rather than accepting a lucrative offer to return to Europe. But being the world&#8217;s most famous footballer is not the same as being the best. Despite being amusingly nicknamed Goldenballs by his wife, Beckham has never won the real Golden Ball: the <a title="" href="http://www.fifa.com/ballondor/playeroftheyear/index.html">Ballon d&#8217;Or</a>, the venerable award presented to the player of the year, which is almost certain to be given, for the third year in a row, to Lionel Messi, the little Argentine who plays for Barcelona, currently the world champion club.</p>
<p>It is the measure of <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/football/lionel-messi?INTCMP=SRCH">Messi</a>&#8216;s greatness that no one ever talks about how much he is paid, or about the women he goes out with. Any conversation on the 24-year-old maestro will be so occupied with his feats on the pitch that there is no room for gossip. For the past half-dozen seasons the entire world of football has been beguiled by the way this little man skips, dances, wriggles and scuttles between defenders, scoring beautiful goals from all angles and any range. And when he celebrates, it is with the same modesty that he appears to conduct his life off the pitch.</p>
<p>Only one other player – Michel Platini, the epitome of French artistry in the 1980s – has won the Ballon d&#8217;Or on three consecutive occasions. Until 1995 the award was restricted to European players with European clubs, which means that it was never presented to Pelé and Diego Maradona, generally reckoned to be the two best players of all time.</p>
<p>Messi arrived in Europe with his parents at the age of 13, troubled by a hormone deficiency that was retarding his physical growth. Barcelona pledged to fund an expensive course of treatment which no club in Argentina could afford, and eventually he grew to a height of 5ft 6½ inches: an inch and a half taller than Maradona, an inch and a half shorter than Pelé. The <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/football/barcelona">Catalan club</a> built a team in which he could express his gifts, and their fans have been enjoying an avalanche of trophies.</p>
<p>When he first appeared on the big stage, aged 17, his pageboy haircut and childlike smile made him look like the missing fifth member of the Monkees. Nowadays the demands placed on the young millionaires of the major clubs are so unrelenting that a grim, abrasive determination is the prevailing mood at all levels, but the dazzling inventiveness and impish joy that characterised Messi as a teenager remain intact, his play a throwback to the days when players could enjoy themselves on the pitch and share that warmth with their audience. Although he was sent off two minutes into his senior international debut, back in 2005, for allegedly headbutting a Hungarian defender who had been pulling his shirt, his name has otherwise been a byword for impeccable behaviour and grace under pressure.</p>
<p>Already he is being groomed for a place on the all-time podium alongside Pelé and Maradona. Like them, he was a prodigy who turned the ball into a personal possession. Unlike them, however, he has yet to impose himself on the biggest tournament of all. Pelé won the World Cup on three occasions, each time as the spearhead of an exceptional team. Maradona won it once, more or less single-handed. Messi featured briefly in 2006 and more extensively in 2010, without making the expected impression. Some in Argentina wonder if, having spent almost half his life in Spain, he has a full emotional commitment to the national team.</p>
<p>There can be few lovers of football who would not like to see him, so clearly a force for good in the game, achieve that grandest of triumphs. It may come in time, since the other trait he shares with Pelé and Maradona is an ability to place his individual genius at the service of his team. Given luck with fitness (and despite his early problems, he now seems resilient enough to brush off the few ferocious tackles he cannot evade), he will figure in at least two more World Cups.</p>
<p>In the meantime a generation of boys and girls can enjoy the thrill of wearing a replica Barcelona shirt with his name and number on the back. One day, like those of us who reminisce about his great predecessors, they will know the pleasure of telling their grandchildren that they were around in the age of Lionel Messi.</p>
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		<title>Seeing the Building for the Trees</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Jan 2012 13:58:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Arquitectura]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Sarah Williams Goldhagen</strong>, the architecture critic for <em>The New Republic</em> who is writing a book about how people experience the contemporary built environment (THE NEW YORK TIMES, 08/01/12):</p>
<p>A revolution in cognitive neuroscience is changing the kinds of experiments that scientists conduct, the kinds of questions economists ask and, increasingly, the ways that architects, landscape architects and urban designers shape our built environment.</p>
<p>This revolution reveals that thought is less transparent to the thinker than it appears and that the mind is less rational than we believe and more associative than we know. Many of the associations we &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39581/seeing-the-building-for-the-trees/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Sarah Williams Goldhagen</strong>, the architecture critic for <em>The New Republic</em> who is writing a book about how people experience the contemporary built environment (THE NEW YORK TIMES, 08/01/12):</p>
<p>A revolution in cognitive neuroscience is changing the kinds of experiments that scientists conduct, the kinds of questions economists ask and, increasingly, the ways that architects, landscape architects and urban designers shape our built environment.</p>
<p>This revolution reveals that thought is less transparent to the thinker than it appears and that the mind is less rational than we believe and more associative than we know. Many of the associations we make emerge from the fact that we live inside bodies, in a concrete world, and we tend to think in metaphors grounded in that embodiment.</p>
<p>This metaphorical, embodied quality shapes how we relate to abstract concepts, emotions and human activity. Across cultures, “important” is big and “unimportant” is small, just as your caretakers were once much larger than you. Sometimes your head is “in the clouds.” You approach a task “step by step.”</p>
<p>Some architects are catching on to human cognition’s embodied nature. A few are especially intrigued by metaphors that express bodily experience in the world.</p>
<p>Take the visual metaphor of a tree as shelter. Most people live around, use and look at trees. Children climb them. People gather under them. Nearly everyone at some point uses one to escape the sun.</p>
<p>Recently, architects have deployed tree metaphors in many different settings. At the <a href="http://iwan.com/photo_Junya_Ishigami_Kanagawa_Institute_of_Technology.php">Kanagawa Institute of Technology</a> in Japan, Junya Ishigami created an elegant “forest” out of slender, white-enameled metal saplings that congregate in clusters and open into clearings of vocational work spaces. In Seville, Spain, a German architect, Jürgen Mayer H., gave definition and shade to the city’s Plaza de la Encarnación with his <a title="Jurgen Mayer H.’s Metropol Parasol" href="http://www.jmayerh.de/19-0-Metropol-Parasol.html">Metropol Parasol</a>, a lilting, waffled construction of laminated timber.</p>
<p>Such projects follow earlier, very different tree-inspired buildings, like Toyo Ito’s well-known <a title="Toyo Ito’s Tod’s" href="http://www.arcspace.com/architects/ito/tod/tod.html">Tod’s</a>, a retail store in Tokyo, and the <a title="Toyo Ito’s Mediatheque" href="http://www.archdaily.com/118627/ad-classics-sendai-mediatheque-toyo-ito/">Mediathèque media library</a>, an exhibition space and cinema in Sendai, Japan, which is so well supported by irregular, hollowed-out, sinuous “trunks” (housing elevators and staircases) that it survived the enormous earthquake last March.</p>
<p>Why should tree metaphors appeal to architects? Why should they be useful, even good, for people? In the Seville project, tree imagery helps construct a distinctive public place that offers shelter and areas to congregate. As under spreading trees, the boundaries defining these spaces are permeable; easy to enter and exit, they offer nature’s spatial freedom yet help people to feel more firmly rooted where they are. And tree metaphors, deployed architecturally, simultaneously lament nature’s absence and symbolically insert its presence.</p>
<p>Tree metaphors also refer to the experience of living in a body on earth. Trees are static, stable objects. Someone connected to a community is “rooted” there; a psychologically sturdy friend’s feet are firmly “planted” on the ground. We use trees to describe human bodies and souls: the area from our neck to pelvis is our “trunk”; someone reliable is “solid as an oak”; someone exploring a new area of inquiry is “branching out.”</p>
<p>Buildings aren’t nature, of course. Tree metaphors like the branching-out facade of Mr. Ito’s Tod’s surprise people. But because the surprise comes along with the implied reassurance of structural integrity (they’re trees, after all), it prompts us to focus on the built environment, perhaps to reconsider its role in our everyday lives.</p>
<p>Architects may also like tree metaphors because a tree’s overall structure is regular, while its fine-grained composition, its tangles of branches, are irregular, an arrangement conducive to the kind of design experimentation offered by new digital technologies.</p>
<p>But the design opportunities that tree metaphors present fail to explain their appearance in such a diverse range of buildings. Trees are familiar. Tree metaphors allow for an architectural inventiveness that stretches people without estranging them.</p>
<p>Trees are just one of the growing number of embodied metaphors used in contemporary architecture: Zaha Hadid builds <a title="Zaha Hadid’s Fluid Designs" href="http://www.nytimes.com/slideshow/2011/07/06/arts/design/hadid.html?ref=zahahadid">riverlike spaces</a>, while the Japanese firm Sanaa offers up a habitable mountainscape of a <a title="Sanaa’s Student Center in Lausanne" href="http://www.arcspace.com/architects/sejima_nishizawa/rolex/rolex.html">student center</a> at the École Polytechnique Fédérale in Lausanne, Switzerland.</p>
<p>How many designers are clued in to the ongoing cognitive revolution and its potential for the built environment is unclear. But this collection of architects and projects herald more than just another stylistic or pyrotechnic, technology-driven trend. They point toward how the built environment could — and should — be radically reconceptualized around the fundamental workings of the human mind. We need, and are ever more in a position to create, a richer built environment, grounded in the way people actually experience the world around them.</p>
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		<title>Too much Holocaust?</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Jan 2012 22:59:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Rafael Medoff</strong>, director of the David S. Wyman Institute for Holocaust Studies in Washington (THE WASHINGTON TIMES, 05/01/12):</p>
<p>England’s former secretary of education, <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/kenneth-baker/">Kenneth Baker</a>, ignited a controversy last month by proposing that the Holocaust be removed from school curricula, lest it cause students to think badly of modern-day <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/germany/">Germany</a>.</p>
<p>Ironically, during the Holocaust itself, British and American officials likewise worried that too much focus on the mass murder of the Jews would cause political or other problems.</p>
<p>For example, officials of the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/foreign-and-commonwealth-office/">British Foreign Office</a> in August 1942 prevented a member of Parliament from transmitting &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39555/too-much-holocaust/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Rafael Medoff</strong>, director of the David S. Wyman Institute for Holocaust Studies in Washington (THE WASHINGTON TIMES, 05/01/12):</p>
<p>England’s former secretary of education, <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/kenneth-baker/">Kenneth Baker</a>, ignited a controversy last month by proposing that the Holocaust be removed from school curricula, lest it cause students to think badly of modern-day <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/germany/">Germany</a>.</p>
<p>Ironically, during the Holocaust itself, British and American officials likewise worried that too much focus on the mass murder of the Jews would cause political or other problems.</p>
<p>For example, officials of the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/foreign-and-commonwealth-office/">British Foreign Office</a> in August 1942 prevented a member of Parliament from transmitting a report about the killing to Jewish leaders in the United States on the grounds that it might, as they put it, “annoy the Germans.” On another occasion, a <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/foreign-and-commonwealth-office/">Foreign Office</a> official worried that publicity over the slaughter would compel his colleagues “to waste a disproportionate amount of their time in dealing with wailing Jews.”</p>
<p>Officials of the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/franklin-d-roosevelt-administration/">Franklin D. Roosevelt administration</a> were concerned that too much emphasis on the persecution of the Jews would increase pressure on the United States to take action to help them. Thus, at Gen. <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/dwight-d-eisenhower/">Dwight D. Eisenhower</a>’s insistence, all references to Jews were omitted from a leaflet dropped over Europe in 1944, warning civilians not to collaborate with the Nazis. President <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/roosevelt/">Roosevelt</a>’s 1944 statement commemorating the anniversary of the Warsaw Ghetto revolt &#8211; a rebellion by Jewish fighters &#8211; did not mention Jews. Allied leaders meeting in Moscow in 1943 threatened postwar punishment for Nazi war crimes against “French, Dutch, Belgian or Norwegian hostages … Cretan peasants … [and] the people of <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/poland/">Poland</a>,” but not Jews.</p>
<p>A desire to push aside the Holocaust affected even the Allies’ postwar policies.</p>
<p>In his study of the British government’s attitude toward punishing Nazi war criminals, professor Arieh Kochavi found that Foreign Secretary Anthony Eden favored prosecuting only a limited number of Nazis, for fear of “a situation in which trials might drag on for years and thus delay the return to a peaceful atmosphere in Europe.” The U.S. high commissioner in postwar <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/germany/">Germany</a> from 1949 to 1952, John J. McCloy, pardoned numerous Nazi war criminals in the hope of strengthening U.S.-German relations.</p>
<p>In more recent times, the desire to downplay the Holocaust has made for some strange bedfellows. Indeed, one would be hard pressed to find any other issue on which such disparate figures as the Rev. <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/jesse-jackson/">Jesse Jackson</a> and <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/the-new-york-times/">New York Times</a> columnist <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/thomas-l-friedman/">Thomas Friedman</a> could find common ground.</p>
<p>“I’m sick and tired of hearing about the Holocaust,” the Rev. <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/jesse-jackson/">Jesse Jackson</a> reportedly complained in 1979. He said he resented “having America be in put in the position of a guilt trip.” Given <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/jesse-jackson/">Mr. Jackson</a>’s own list of accusations about America’s behavior at home and abroad, one may suspect his problem with the Holocaust was that it was drawing attention away from his own pet causes and preferred victims.</p>
<p><a href="http://www.washingtontimes.com/topics/thomas-l-friedman/">Mr. Friedman</a>, for his part, charged in his Pulitzer Prize winning book, “From Beirut to Jerusalem,” that “Israel today is becoming Yad Vashem with an air force.” He claimed that an excessive focus on the Holocaust among Israelis is to blame for, among other things, their impatient driving habits, unethical business dealings, meek acceptance of high taxes, and reluctance to make more concessions to the Arabs.</p>
<p>The good news, though, is that the American public, at least, does not seem to share such narrow-mindedness. Movies with Holocaust themes continue to attract substantial audiences and critical acclaim. The book “In the Garden of Beasts,” which deals largely with the persecution of Jews in Hitler Germany in the 1930s, has been on <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/the-new-york-times/">the New York Times</a> best-seller list for more than six months, and Miklos Nyiszli’s memoir, “Auschwitz,” has been an e-book best-seller for more than four months.</p>
<p>It seems that ordinary Americans understand &#8211; far better than some partisan grumblers &#8211; that there is still value in studying the Holocaust and the world’s response to it.</p>
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		<title>Un viento helado</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Jan 2012 21:46:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Racismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Nicole Muchnik</strong>, periodista y escritora. Traducción de Juan Ramón Azaola (EL PAÍS, 05/01/12):</p>
<p>Hay como un viento helado que sopla sobre Europa, pero del que no se sabe muy bien si viene del Norte, del Este, del Oeste&#8230; Se abate sobre un antiislamismo latente cuyas raíces se confunden a menudo con determinadas políticas, más o menos proteccionistas o torpemente racistas.</p>
<p>Después del atentado de Oslo se escribió mucho tratando de minimizar las motivaciones del crimen en el que perdieron la vida 68 jóvenes del partido laborista noruego. &#8220;No se trata de inmigración&#8230; No se trata en realidad de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39542/un-viento-helado/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Nicole Muchnik</strong>, periodista y escritora. Traducción de Juan Ramón Azaola (EL PAÍS, 05/01/12):</p>
<p>Hay como un viento helado que sopla sobre Europa, pero del que no se sabe muy bien si viene del Norte, del Este, del Oeste&#8230; Se abate sobre un antiislamismo latente cuyas raíces se confunden a menudo con determinadas políticas, más o menos proteccionistas o torpemente racistas.</p>
<p>Después del atentado de Oslo se escribió mucho tratando de minimizar las motivaciones del crimen en el que perdieron la vida 68 jóvenes del partido laborista noruego. &#8220;No se trata de inmigración&#8230; No se trata en realidad de ideología o de religión. Se trata de este individuo&#8230;&#8221;, dice el alcalde de Londres. &#8220;La tragedia noruega no es nada más que eso, una tragedia&#8230; Un hombre tan perturbado es algo tan excepcional que solo tiene interés para la criminología y la neurología, pero no para la política&#8221;, escribe un periodista del diario <em>The Guardian.</em></p>
<p>Pero investigadores, periodistas y sociólogos han ido más lejos en la búsqueda de las raíces profundas de ese crimen aberrante que pretendía masacrar a jóvenes &#8220;socialistas&#8221; noruegos en nombre de la antiinmigración y del antiislam, agitando el fantasma de una Europa que estaría en vías de perder su identidad. La cosa parecía tan paradójica que uno podría preguntarse cuál de las dos categorías, islam y socialismo, era su objetivo. Para sembrar un poco más de confusión, se ha subrayado el hecho de que Breivik es prosionista, luego no precisamente antisemita, lo que haría de él un individuo muy alejado del nazismo. Sin embargo, tanto el odio de Breivik contra el multiculturalismo como su nacionalismo exacerbado los encontramos de idéntica manera en todas las publicaciones neonazis actuales. Basta con sustituir el viejo antisemitismo por antiislamismo para tejer los nuevos ropajes de la nueva extrema derecha europea.</p>
<p>De hecho la extrema derecha europea sigue obsesionada con el racismo más puro. La enfermedad es la misma, tan solo ha cambiado el chivo expiatorio. Todo es legítimo con tal de proteger a los pueblos de la contaminación extranjera, y los culpables, o simplemente cómplices, de la invasión de Europa por el islam deben ser eliminados. Breivik llega incluso a hacer una estimación del número de &#8220;traidores&#8221; en cada país, a saber, 1.010 por cada millón de habitantes. Para salvar a Europa, por tanto, sería preciso ejecutar a un escaso medio millón de personas. Una cantidad de la que formaban parte los jóvenes laboristas noruegos.</p>
<p>Sin entrar en ese delirio, conviene en cualquier caso examinar los programas de los partidos europeos de derecha y de extrema derecha. En Noruega la comunidad islámica constituye solo el 1,6% de la población y, sin embargo, el Partido del Progreso hizo de la campaña contra &#8220;la islamización galopante&#8221; un aspecto central de su programa. En Dinamarca se propagan prejuicios antiislamistas de parecido corte por el Partido del Pueblo y el Gobierno liberal-conservador ha aprobado severas leyes contra la inmigración. Tanto el Partido de los Demócratas de Suecia, cuyo eslogan es <em>Mantengamos una Suecia sueca,</em> como el Partido de los Verdaderos Finlandeses accedieron recientemente a sus respectivos parlamentos, este último con cerca del 20% de los votos.</p>
<p>Tanto el programa del Partido de la Libertad (PVV) holandés de Geert Wilders como el de la Liga Norte en Italia están trufados de declaraciones antiislamistas, y varios miembros de primera fila de la Liga han llegado a defender a Breivik. En Francia, las campañas en favor de la identidad francesa puestas en marcha por el Gobierno, así como las medidas de control de la inmigración y de devolución de inmigrantes <em>sin papeles,</em> han propagado un clima más que malsano.</p>
<p>En Gran Bretaña, el <em>Spectator</em> introduce el término &#8220;Eurabia&#8221;. Para el editorialista Boris Johnson &#8220;el islam es el problema&#8221;&#8230;, puesto que es &#8220;la más brutalmente sectaria de todas las religiones&#8221;. En Alemania es en <em>Die Welt,</em> el periódico más leído, y en <em>Der Spiegel</em> donde se expresa Henryk Broder -el cual es citado en varias ocasiones por Breivik en su manifiesto-, mientras Thilo Sarrazin, antiguo político socialista, publica el libro contra la inmigración <em>Alemania se suprime a sí misma.</em></p>
<p>En Estados Unidos, el National Socialist Movement (NSM 88, siendo cada ocho la octava letra del alfabeto, HH = Heil Hitler) en el que &#8220;tan solo son aceptados los no-judíos heterosexuales de descendencia europea&#8221; -lo cual no deja de dotar de originalidad a la extrema derecha norteamericana-, presentará un candidato a la investidura republicana para la elección presidencial de 2012. Se moviliza contra &#8220;un Gobierno federal que esclaviza a su pueblo y pisotea sus valores fundacionales en nombre del multiculturalismo&#8221; y habla de su &#8220;raza&#8221;, que está en vías de desaparición. &#8220;Por segundo año consecutivo, la extrema derecha explota, motivada por los cambios demográficos y la frustración ante la manera con la que el Gobierno gestiona la crisis económica&#8221; estimaba el Southern Poverty Law Center (SPLC).</p>
<p>Con la intención de ir más allá en la investigación de las raíces de este extremismo nacionalista y racista, algunos se han sumergido en el análisis de las 1.500 páginas del manifiesto de Breivik. Stefan Steinberg, del <em>World Socialist Web Site,</em> subraya sus profundas afinidades con la ideología fascista: &#8220;su odio contra la clase obrera organizada y el socialismo, expresado en sus abundantes peroratas contra la izquierda y el marxismo cultural, constituye el capital de ideas de todos los fascismos&#8221;. Laurent Chambon, cofundador de Minorités, abunda en ese sentido: &#8220;Generalmente se piensa que la nueva extrema derecha europea tiene un problema con el islam&#8230; Pero se trata de un error de análisis. Reducir su proyecto político al odio hacia el islam nos impide comprender la naturaleza real de su proyecto político común. Cuando uno mira más allá de sus obsesiones&#8230; se da uno cuenta de que el verdadero blanco -literalmente- de la nueva extrema derecha son las élites europeas&#8221;.</p>
<p>Ya que ¿quiénes serían los responsables del marasmo económico en el que están inmersos todos los países occidentales; del desigual reparto de las rentas; de la privatización de los beneficios y de la nacionalización de las pérdidas; de la corrupción -plaga de la mayoría de las democracias europeas- ; del laxismo y de la &#8220;decadencia&#8221; de las costumbres occidentales; del feminismo corruptor de las costumbres y causante del abandono de nuestros hijos; de la estructura política anquilosada de los Estados; de la crisis de identidad, consecuencia directa de la islamización de Europa; de la desaparición del tejido social e incluso de la crisis ecológica, sino las élites intelectuales occidentales más o menos contaminadas por un viejo ideal de izquierda? Si hoy en día Occidente está en crisis tiene que haber un responsable, un culpable. Para Eildert Mulder, del periódico progresista cristiano holandés <em>Trouw,</em> citado por Laurent Chambon, el &#8220;delirio&#8221; sanguinario de Utoya no es sino la puesta en funcionamiento de un fantasma colectivo que existe desde hace tiempo en el seno de la extrema derecha europea para la que la responsabilidad de las élites de izquierda en la &#8220;decadencia&#8221; occidental solamente puede resolverse mediante su eliminación.</p>
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		<title>The First Killings of the Holocaust</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39519/the-first-killings-of-the-holocaust/</link>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2012 15:51:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Timothy W. Ryback</strong>, author of <em>The Last Survivor: Legacies of Dachau</em> and <em>Hitler’s Private Library: The Books That Shaped His Life</em> (THE NEW YORK TIMES, 04/01/12):</p>
<p>On the brisk winter Tuesday of Jan. 20, 1942, 15 Nazi officials assembled at a lakeside villa on the Wannsee near Berlin to deliberate on the “final solution.” This month, the world marks the 70th anniversary of the Wannsee Conference, one of the pivotal moments in Holocaust history. It provides an appropriate occasion not only for reflecting on the origins and implications of this horrific event, but also on one particular moment &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39519/the-first-killings-of-the-holocaust/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Timothy W. Ryback</strong>, author of <em>The Last Survivor: Legacies of Dachau</em> and <em>Hitler’s Private Library: The Books That Shaped His Life</em> (THE NEW YORK TIMES, 04/01/12):</p>
<p>On the brisk winter Tuesday of Jan. 20, 1942, 15 Nazi officials assembled at a lakeside villa on the Wannsee near Berlin to deliberate on the “final solution.” This month, the world marks the 70th anniversary of the Wannsee Conference, one of the pivotal moments in Holocaust history. It provides an appropriate occasion not only for reflecting on the origins and implications of this horrific event, but also on one particular moment when it could have been prevented and, I would posit, almost was.</p>
<p>The extermination of European Jews may have been formally outlined seven decades ago this month, but it began nearly nine years earlier, during Easter Week 1933, a few minutes after five o’clock in the afternoon on Wednesday, April 12, when four Jews — Arthur Kahn, Ernst Goldmann, Rudolf Benario and Erwin Kahn — were executed in precisely that order at a Nazi camp in the obscure Bavarian hamlet of Prittlbach.</p>
<p>These four killings framed the constituent parts of the genocidal process formalized at the Wannsee Conference: intentionality, chain-of-command, selection, execution. In the years to come, the process was refined, the numbers expanded monstrously, but the essential elements remained.</p>
<p>Even Prittlbach retained its central role. The hamlet was so small that the Nazis named their camp after the neighboring town of Dachau, which had access to a rail line. The boxcars rolled into Dachau, but the victims were marched to Prittlbach.</p>
<p>The Konzentrationslager Dachau in Prittlbach became the prototype for Nazi atrocity. It boasted the first crematory oven, the first gas chamber, and, on that sun-splashed spring day in April 1933, the first Jewish victims.</p>
<p>A Holocaust survivor once told me, and repeated to many others with equal conviction, that the trail of blood that began in Dachau ultimately led to Auschwitz. But it also almost ended there before it barely began.</p>
<p>On that same April evening in 1933, Joseph Hartinger received a call that four men had been shot attempting to flee the recently erected detention facility. As a local prosecutor, it was Hartinger’s job to establish a commission to investigate all deaths resulting from “unnatural causes.”</p>
<p>The blood was still damp on the ground when Hartinger arrived. He sensed immediately that something was horrifically wrong. “My reasons were based not only on the physical circumstances but in particular on my assessment of the personalities I encountered in the camp and especially on my evaluation of the nature of the camp commandant Wäckerle, who made a devastating impression on me,” Hartinger recalled. “I also had to include in my deliberations the fact that those who had been shot were all Jews.”</p>
<p>When Hartinger reported that a serial killing of Jews had taken place, his superior responded unequivocally: not even the Nazis would do that. The investigation was terminated.</p>
<p>But as killings continued to mount, Hartinger persisted. On June 1, 1933, he issued indictments against the camp commandant and three other SS men. It was a brazen act of legal defiance to the regime. Hartinger was not naïve. He knew the Nazi capacity for violence. That evening, he told his wife, “I just signed my own death sentence.”</p>
<p>The murder indictments had a surprising impact. The commandant was removed. The killings stopped. Hartinger had hurled a legal wrench into the Nazi bureaucracy and singlehandedly paralyzed its homicidal impulse.</p>
<p>For several weeks in the summer of 1933, the killings stalled as Nazi officials attempted to understand the implications of the Hartinger indictments. Solutions were found. The killing was renewed. Miraculously, Hartinger survived. The Nazis had deliberated on murdering him. Instead, he was transferred to another jurisdiction.</p>
<p>Recently, I came across the 40-page unpublished memoirs that Hartinger wrote in 1984 shortly before his death at age 91. Along with many technical details already familiar to scholars, Hartinger outlined an extraordinary plan for dismantling the emerging system in the Dachau Concentration Camp.</p>
<p>He understood that the Nazi regime, just a few months in power, was still sensitive to international opinion. It was his intention to use the murder indictments to expose publicly the atrocities in Dachau, force the government to evict the SS guards and replace them with trained police or military units familiar with the laws governing the proper detention and treatment of prisoners. It was a seemingly quixotic plan, but Hartinger understood the key decision makers within the government and sought to play them against one another.</p>
<p>He almost succeeded. “These were not fantasies,” Hartinger recalls in his memoirs. “As I later learned, there were conversations in exactly this direction except that the ‘good spirits’ did not prevail.”</p>
<p>But his indictments confounded the Nazi legal bureaucracy. In the end, the only recourse was to lose them. They were locked in a desk and forgotten.</p>
<p>After the war, the abandoned indictments were discovered by a U.S. intelligence unit and returned to German prosecutors who used them to convict the surviving perpetrators.</p>
<p>The Hartinger memoirs show us in nuanced detail the political, legal and emotional dynamics that led to the first serial killing of Jews in Nazi Germany. Equally important, they show us that tenuous phase of an emerging genocidal process when intercession could have disrupted and derailed the horrific and now seemingly inevitable outcome.</p>
<p>Clearly, no single man could have prevented the Holocaust, except Hitler himself, but had there been more Germans like Hartinger to hold individual Nazis personally accountable for their excesses, including President Paul von Hindenburg, who possessed the constitutional authority to dissolve the Nazi government at will and dismiss Hitler as chancellor, the course of history could have taken a very different turn.</p>
<p>The Hartinger memoirs make this fact abundantly clear, preserving for us that ineffable substance of the human soul — faith, hope, fear and courage — that shapes individual decisions and ultimately determines the course of actions, both large and small, that constitute the chain of events we know as history.</p>
<p>Hartinger may have lacked the aristocratic bearing of Raul Wallenberg. He certainly possessed neither the charm nor wiles of Oskar Schindler. He was little more than a middle-aged civil servant with a wife and five-year-old child at home. But like these two legendary figures of Holocaust rescue, Joseph Hartinger demonstrated the potential of personal courage, intelligence and determination in a time of collective human failure. He also provides further proof of the transcendent and enduring power of justice.</p>
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		<title>2012, ¿El año de las realidades?</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jan 2012 19:40:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José María Carrascal</strong>, periodista (ABC, 03/01/12):</p>
<p>¿Hemos cambiado de año, de siglo, de edad? Ni siquiera sabemos eso, tan grande es nuestro desconcierto. Sabemos sólo que se ha producido un cambio brutal en nuestro planeta, hasta el punto de que algunos están buscando otro parecido al que mudarse, dadas las desagradables perspectivas de éste. Les señalo cuatro razones poderosas para tanta alarma:</p>
<p>— Pese a deberse la crisis a los excesos capitalistas, el socialismo no está sacando provecho de ello. Es más, el socialismo duro, el comunismo, se ha hundido, y el blando, la socialdemocracia, retrocede. En todas &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39508/2012-el-ano-de-las-realidades/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José María Carrascal</strong>, periodista (ABC, 03/01/12):</p>
<p>¿Hemos cambiado de año, de siglo, de edad? Ni siquiera sabemos eso, tan grande es nuestro desconcierto. Sabemos sólo que se ha producido un cambio brutal en nuestro planeta, hasta el punto de que algunos están buscando otro parecido al que mudarse, dadas las desagradables perspectivas de éste. Les señalo cuatro razones poderosas para tanta alarma:</p>
<p>— Pese a deberse la crisis a los excesos capitalistas, el socialismo no está sacando provecho de ello. Es más, el socialismo duro, el comunismo, se ha hundido, y el blando, la socialdemocracia, retrocede. En todas partes se ensayan fórmulas económicas más o menos conservadoras. Lo malo es que ni las fórmulas conservadoras ni las estatalistas dan resultados. Ni Keynes, con su intervencionismo gubernamental, ni Friedman, con su libre mercado, sirven para remontar esta crisis bipolar, de déficit y paro. Ante lo que sólo cabe atacarla con recortes por un lado para controlar el déficit e incentivos por el otro para crear empleo. Eso que en el mundo del motor llaman «hacer el trompo»: apretar el freno y el acelerador al mismo tiempo, para girar en redondo y salir disparados en dirección contraria. Pero se trata de una maniobra arriesgada, que sólo dominan los muy expertos, y será la prueba de fuego de Rajoy: demostrar que sabe manejar tanto el freno como el acelerador, los recortes como los incentivos.</p>
<p>— El vuelco en la escena mundial es evidente. Han surgido nuevos protagonistas, como revelan un par de cifras: China es hoy la mayor propietaria de deuda norteamericana y Brasil acaba de sobrepasar al Reino Unido en PIB. Pero no sabemos si tal potencia es sólida ni cómo van a utilizarla. Ni ellos mismos parecen saberlo, con la cantidad de problemas internos que tienen por resolver. Hay detalles inquietantes, como que los mayores compradores de apartamentos en Miami sean hoy brasileños. ¿Lo serán mañana los chinos? Sobre todo: ¿eso es bueno o malo, tranquilizador o intranquilizador?</p>
<p>— La familia, que había experimentado en las últimas décadas el mayor acoso de la historia, hasta el punto de que en los países más desarrollados la mitad de las parejas son «de hecho» y la mitad de los hijos son naturales, está resultando el mejor de los bastiones frente a la crisis, proporcionando refugio a aquellos que un «Estado de Bienestar» en bancarrota no puede ya darles.</p>
<p>— Los «indignados» que aparecen en calles y plazas protestando con toda la fuerza de sus pulmones. Aunque los de la Puerta del Sol no son los de la Plaza El Tahrir. Ni siquiera piden lo mismo. En Sol, como en Wall Street, piden mantener el Estado de Bienestar, una vuelta al ayer. Son conservadores sin saberlo. Mientras en Tahrir y otras plazas árabes piden cambios revolucionarios, aunque a la hora de la verdad quienes más provecho están sacando de sus revoluciones son los islamistas, que piden un Estado basado en el Corán. O sea, una vuelta a anteayer.</p>
<p>Y no crean que tal desconcierto afecta sólo a políticos y economistas. Afecta también a aquellos que por su profesión poco tienen que ver con los vaivenes diarios: los científicos. Ahí los tienen, desde hace cuarenta años buscando el bosón Higgs, la partícula inicial del universo, sin acabar de encontrarla. Cuanta más energía inyectan al gigantesco acelerador de Ginebra, más fragmentos de ellas encuentran, hasta el punto de que algunos ya se preguntan preocupados: ¿Y si no lo encontramos? ¿Y si no existe? Porque, si no existe, la entera estructura de la materia diseñada el último siglo se vendrá abajo y habría que empezar de cero. Algo que no hay que descartar. ¿Acaso no han creído ver un neutrino que sobrepasa la velocidad de la luz, cuando se creía que ésta era el límite de nuestro universo, sobre el que descansan su masa, su espacio, su tiempo?</p>
<p>En cuanto al arte, mejor no hablar. Más por curiosidad que por afán de aprender, y no digamos ya de gozar, sigo metiéndome en las galerías de campanillas, aun sabiendo lo que voy a encontrarme en ellas: una versión elegante y carísima de los trastos viejos que se dejan en la acera al anunciarse el paso del camión de recogida. Nada de extraño que alguna señora de la limpieza las haya tomado por tales y tirado a la basura, como ocurrió en la Tate Gallery londinense y en un museo de Stuttgart. Mientras la gente se pelea por entrar en exposiciones como la actual de retratos prerrenacentistas en el Museo Metropolitano de Nueva York, donde la delicadeza de Sandro Botticelli se da la mano con la firmeza de Andrea Mategna. Detrás de la moda que se devora a sí misma, hay hambre de realidad y de poesía. De solidez y de sutileza.</p>
<p>Tengo para mí, y adelanto que puedo equivocarme al advertirnos la experiencia de que existen muchas más probabilidades de las imaginadas, que termina una época no marcada en los libros de texto, pero que señaló claramente el final de un ciclo histórico y el comienzo de otro. Me refiero a la Ilustración. La Ilustración fue el clarinazo que anunció la sustitución del conocimiento divino por el humano, de los Libros Sagrados por la Enciclopedia, de la revelación por la razón. Algo así como la proclamación del hombre como rey de la naturaleza, la victoria de la ciencia sobre la fe. Desde entonces, hemos asistido a una auténtica galopada en todos los terrenos, políticos, económicos, sociales, técnicos. Sobre todo, técnicos, hasta el punto de que nos hemos atrevido a salir de nuestro planeta y explorar el universo. Pero está resultando que cada problema que resolvemos trae otro nuevo. U otros. Como cada nuevo terreno que descubrimos se convierte en un enigma. Piensen en lo que les decía del bosón de Higgs: los científicos que lo buscan nos piden creer en algo que no puede verse ni siquiera con los más potentes microscopios. Todo lo más, sentirse por sus efectos en las partículas vecinas. ¿No es eso la fe, creer lo que no vemos, lo que sentimos?</p>
<p>No estoy montando un alegato contra el progreso al estilo de los muchos en curso actualmente. Creo en el progreso por haberlo visto y vivido. El mundo de hoy es bastante mejor que el de mi infancia. Pero eso no significa que el progreso traiga la felicidad ni que sea lineal. Junto a notables comodidades, trae más inquietudes y, con ellas, más angustias. Aparte de que su avance es irregular, incluyendo retrocesos —piensen en el periodo entre las dos guerras mundiales del último siglo—, que suelen servir de trampolín para grandes saltos posteriores. Suelen.</p>
<p>La razón incluye irracionalidades o, para decirlo como el poeta, «hay razones del corazón que el cerebro no entiende». Aunque tampoco hay que descartar que tales irracionalidades sean racionalidades en otra dimensión, que somos incapaces de entender, al menos de momento. Es un tema sobre el que volveré en otra Tercera, pues en ésta me queda sólo espacio para señalar que el progreso indefinido sobre el que la izquierda ha montado su sistema ideológico en pos de la utopía, sencillamente, no existe. Y no existe porque la utopía es un sueño de la mente humana. Un sueño de la razón. Y ya lo dijo Goya: el sueño de la razón produce monstruos. Pero los sueños de la razón sólo se combaten con la razón de los sueños, quiero decir, con realidades. ¿Marca 2012 el comienzo de una era de duras, firmes, fecundas realidades? Porque si lo marca, iniciamos una era conservadora, tras habernos indigestado de izquierdismo desde la Revolución Cultural de 1968. Y la realidad suele ser de derechas. Suele.</p>
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		<title>The Streets of 2012</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Dec 2011 22:58:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Naomi Wolf</strong>, a political activist and social critic whose most recent book is Give Me Liberty: A Handbook for American Revolutionaries (Project Syndicate, 30/12/11):</p>
<p>What does the New Year hold for the global wave of protest that erupted in 2011? Did the surge of anger that began in Tunisia crest in lower Manhattan, or is 2012 likely to see an escalation of the politics of dissent?</p>
<p>The answers are alarming but quite predictable: we are likely to see much greater centralization of top-down suppression – and a rash of laws around the developed and developing world that restrict &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39450/the-streets-of-2012/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Naomi Wolf</strong>, a political activist and social critic whose most recent book is Give Me Liberty: A Handbook for American Revolutionaries (Project Syndicate, 30/12/11):</p>
<p>What does the New Year hold for the global wave of protest that erupted in 2011? Did the surge of anger that began in Tunisia crest in lower Manhattan, or is 2012 likely to see an escalation of the politics of dissent?</p>
<p>The answers are alarming but quite predictable: we are likely to see much greater centralization of top-down suppression – and a rash of laws around the developed and developing world that restrict human rights. But we are also likely to see significant grassroots reaction.</p>
<p>What we are witnessing in the drama of increasingly globalized protest and repression is the subplot that many cheerleaders for neoliberal globalization never addressed: the power of globalized capital to wreak havoc with the authority of democratically elected governments. From the perspective of global corporate interests, closed societies like China are more business-friendly than troublesome democracies, where trade unions, high standards of human-rights protection, and a vigorous press increase costs.</p>
<p>All over the world, the pushback against protest looks similar, suggesting that state and corporate actors are learning “best practices” for repressing dissent while maintaining democratic facades. In the United Kingdom, Prime Minister David Cameron routinely impugns human-rights laws; the Metropolitan Police have sought authority to use baton rounds – foot-long projectiles that have caused roughly a dozen deaths, including that of children, in Northern Ireland – on peaceful protesters; and a police report on the threat of terrorism, distributed to “trusted partners” among London businesses,<strong> </strong>included updates about Occupy protests and referred to “suspected activists.”</p>
<p>The UK has stringent internal-security legislation, but it never had a law like the United States Patriot Act. After anti-austerity protests in early 2011, followed by riots in major cities in August, the Metropolitan Police claimed powers to monitor private social-media accounts and smartphones. And, under the guise of protecting this summer’s Olympics against terrorism, the British military is establishing a massive base in London from which SAS (special forces) teams will operate – a radical departure from Britain’s traditional civil policing.</p>
<p>In Israel, <em>Ha’aretz</em> reports that Occupy-type protests have been met with police violence, including a beating of a 15-year-old girl, and threats of random arrest. Israel, like Britain, has seen a push, seemingly out of nowhere, to enact new laws crippling newsgathering and criminalizing dissent: a new law makes it potentially a crime to donate to left-wing organizations, human-rights laws have been weakened, and even investigative reporting has become more dangerous, owing to stricter libel penalties. <em>Ha’aretz</em> calls the push “the new feudalism.”</p>
<p>Finally, in America, the National Defense Authorization Act, enacted by Congress in December, allows the president to suspend due process for US citizens, detain them indefinitely, and render them for torture. One should not be surprised to see similar legislation adopted in democracies worldwide.</p>
<p>Not only are laws criminalizing previously legal dissent, organizing, and reporting being replicated in advanced democracies; so are violent tactics against protesters, backed by the increasing push in countries with long traditions of civil policing to militarize law enforcement.</p>
<p>Indeed, increasingly sophisticated weapons systems and protective equipment are being disseminated to civilian police officers. In the US, the federal government has spent an estimated $34 billion since the September 11, 2001, terrorist attacks to arm state and local police forces with battlefield-grade hardware. Investigative reporting has also revealed cross-pollination of anti-protest training: local police from cities like Austin, Texas, have been sent to Israel for training in crowd control and other tactics.</p>
<p>The globalization of mercenaries to crack down on dissent is also proceeding apace. Mercenaries are important in a time of global grassroots protest, because it is easier to turn a foreigner’s guns or batons against strangers than it is to turn the military or police against fellow citizens. Erik Prince, the head of the most infamous outfit, Academi (formerly Xe Services, formerly Blackwater), has relocated to the UAE, while Pakistani mercenaries have been recruited in large numbers to Bahrain, where protesters have been met with increasingly violent repression.</p>
<p>But this apparently coordinated pushback against global protest movements is not yet triumphant – not even in China, as the people of Wukan have shown. While the outcome of the villagers’ protest against the local government’s confiscation of their land remains uncertain, the standoff reveals new power at the grassroots level: social media allows sharper, coordinated gatherings and the rapid dissemination of news unfiltered by official media. The Internet is also disseminating templates of what real democracy looks like – instantly and worldwide.</p>
<p>Not surprisingly, people use this technology in ways that indicate that they have little interest in being cordoned off into conflicting and competing ethnicities, nationalities, or religious identities. Overwhelmingly, they want simple democracy and economic self-determination.</p>
<p>That agenda is in direct conflict with the interests of global capital and governments that have grown accustomed to operating without citizen oversight. It is a conflict that can be expected to heighten dramatically in 2012, as protesters’ agendas – from Occupy Wall Street to Occupy Moscow – gain further coherence.</p>
<p>Much is at stake. Depending on the outcome, the world will come to look either more like China – open for business, but closed for dissent – or more like Denmark.</p>
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		<title>Honoring All Who Saved Jews</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Dec 2011 16:07:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Eva Weisel</strong>, who lives in Los Angeles and she is retired from the banking industry (THE NEW YORK TIMES, 28/12/11):</p>
<p>In December 1942, when I was 13 years old, German troops occupied my hometown. Within days, our house was commandeered as an officers’ mess hall. I soon had a yellow star on my dress, setting me apart from many of my childhood friends. The men of our family were ordered into forced labor. My happy life had vanished.</p>
<p>Luckily, an influential local man knew of our difficult straits and generously offered his protection. One night, he ferried the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39416/honoring-all-who-saved-jews/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Eva Weisel</strong>, who lives in Los Angeles and she is retired from the banking industry (THE NEW YORK TIMES, 28/12/11):</p>
<p>In December 1942, when I was 13 years old, German troops occupied my hometown. Within days, our house was commandeered as an officers’ mess hall. I soon had a yellow star on my dress, setting me apart from many of my childhood friends. The men of our family were ordered into forced labor. My happy life had vanished.</p>
<p>Luckily, an influential local man knew of our difficult straits and generously offered his protection. One night, he ferried the women, children and old men in our family to a farm he owned about 20 miles outside of town. There, he said, we would be safe. Though the stables he provided us for lodging were modest, with just a drape across the door to protect against the elements, we were relieved to be behind the thick, high walls of his property. We were deeply grateful.</p>
<p>As luck would have it, however, a German unit arrived in the area not long after we did. Our host told us to get rid of our yellow stars, stay inside the farm walls and keep far away from the main house. He had his own strategy for dealing with the Germans. A bon vivant and world traveler, he invited German officers for evenings filled with food and drink. While nearly two dozen of us were hiding in one part of the farm, he protected himself from the prying eyes of the Germans by entertaining them on the other side of the farm.</p>
<p>Our host’s strategy worked well, until the night a couple of drunken German officers wandered away from the main house.</p>
<p>In the courtyard outside the stables, they started banging on the courtyard door and shouting, “We know you are Jews and we’re coming to get you!”</p>
<p>My grandmother started screaming “Cachez les filles!” — “Hide the girls!” I remember being shoved under the bed, trembling and sobbing as I tried to hide under a blanket.</p>
<p>At that moment of unspeakable fear, as our hearts pounded and tears poured from our eyes, a guardian angel came to the rescue. Out of nowhere, our host appeared. A strong, powerful man who projected authority and commanded respect, he stopped the Germans and managed to lead them away.</p>
<p>The next day, our host came to the stables. We rushed to express our thanks to him, but he was more eager to apologize to us. He said he was sorry that we had to face the terrifying ordeal of the Germans’ threats, expressed relief that he had intervened in time to prevent a horrible tragedy, and promised that it would never happen again. We never found out how he fulfilled his promise — perhaps he bribed the Germans — but he did. We passed the rest of the German occupation at our host’s farm, without incident.</p>
<p>During the horrors of the Holocaust, non-Jews saved many thousands of Jews from death and depravity at the hands of Germans and their allies. Yad Vashem, Israel’s official Holocaust memorial museum, has recognized more than 23,000 of these brave men and women as “The Righteous Among the Nations.” Our family’s rescuer deserves to be among that number. And in his case, the impact of recognition would have powerful reverberations, striking a blow against Holocaust denial in a part of the world where such denial is widespread.</p>
<p>That is because my hometown is Mahdia, on the eastern shore of Tunisia, and our rescuer, Khaled Abdul Wahab, was an Arab Muslim. (He passed away in 1997.)</p>
<p>So far, however, Abdul Wahab has been denied the recognition he deserves. Nearly five years ago, in January 2007, the Department of the Righteous at Yad Vashem nominated him to be a “righteous,” the first Arab ever to be formally considered for this honor. This nomination was based on witness testimony from my late sister, Anny Boukris. In March of that year, however, the official Commission for the Designation of the Righteous, a body presided over by a retired Israeli judge and created by Israeli law to decide who merits recognition as a “righteous,” voted to reject the nomination. That decision was kept secret for two years.</p>
<p>In 2010, that same jurist, Justice Jacob Tuerkel, sent the Abdul Wahab file back to the commission for a second review. This time, the case was bolstered by two fresh testimonies — a video interview of my cousin Edmee Masliah, who was with me at the farm and now lives outside Paris, and a notarized letter I wrote recounting my own experience. Yad Vashem now had three firsthand accounts of the story. But to my complete dismay, the Commission for the Designation of the Righteous once again voted to reject the nomination. Abdul Wahab was a noble man, I was told by Yad Vashem, but his actions did not rise to the statutory level required to merit the “righteous” designation — that is, he didn’t “risk his life” to save Jewish lives.</p>
<p>While that may be the wording of the law, I am told by experts that Abdul Wahab would not be the first rescuer of Jews not to have suffered physical harm, let alone life-threatening danger. Many in France who have won that designation were honored because they acted to save Jews without knowing for sure what fate would await them if they were caught. In addition, some of the famous diplomats honored as righteous were never arrested, injured or threatened with death for aiding Jews.</p>
<p>I refuse to believe that Yad Vashem has one standard for “righteous” in Europe and another for “righteous” who performed their sacred duty on the other side of the Mediterranean, in an Arab country.</p>
<p>Sixty-nine years after pinning a yellow star to my chest in my native land, I know that I was able to enjoy a long, full life because Abdul Wahab confronted evil and saved me, as he saved other fortunate members of my family. I hope that Yad Vashem reconsiders his case before no one is left to tell his story.</p>
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		<title>The Power of China’s Powerless</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Dec 2011 13:03:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Político]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Ma Jian&#8217;s</strong>. His most recent novel is <em>Beijing Coma</em> (Project Syndicate, 23/12/11):</p>
<p>No sooner had I finished reading an article that eulogized Václav Havel, the playwright turned dissident turned peaceful revolutionary turned president who had just died, than two subsequent news stories set Havel’s extraordinary career in context: the death of Kim Jong-il, North Korea’s pornography-addicted and nuclear-armed supreme leader, and the peaceful protests against land expropriation by the villagers of Wukan in Guandong province, southern China.</p>
<p>If Havel ever had any moments of doubt about his lasting positive impact on the world, I hope he was able &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39353/the-power-of-china%e2%80%99s-powerless/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Ma Jian&#8217;s</strong>. His most recent novel is <em>Beijing Coma</em> (Project Syndicate, 23/12/11):</p>
<p>No sooner had I finished reading an article that eulogized Václav Havel, the playwright turned dissident turned peaceful revolutionary turned president who had just died, than two subsequent news stories set Havel’s extraordinary career in context: the death of Kim Jong-il, North Korea’s pornography-addicted and nuclear-armed supreme leader, and the peaceful protests against land expropriation by the villagers of Wukan in Guandong province, southern China.</p>
<p>If Havel ever had any moments of doubt about his lasting positive impact on the world, I hope he was able to see reports from Wukan before he died. In that fishing village of 6,000, the “power of the powerless” that Havel promoted as a means to undermine totalitarian rule was demonstrated anew, and with such enormous dignity and discipline that it has galvanized China like no protest since those in Tiananmen Square in the spring of 1989.</p>
<p>Kim, in a sense, was the anti-Havel, lacking not only moral scruples, but even the usual dictatorial concern for how a country is managed. His death made me recall that of Mao Zedong, with all the mass hysteria – real and feigned – that accompanies the demise of a self-anointed god.</p>
<p>But Mao’s death did at least end the era of caesarism in China. Because he had no son to succeed him, Mao appointed a five-person politburo to do the job. Its members, which included his nephew, Mao Yuanxin, his mistress, Zhang Yufeng, and Jiang Qing, his last wife – were as incompetent at governing as Kim, but, following the disaster of the Cultural Revolution, antagonism to them in the military and other state institutions was too widespread for them to last. They, and the Gang of Four (of which Jiang Qing was a member), were soon ousted.</p>
<p>China’s transit from caesarism to despotism, and then from Marxism to capitalism, has been fortunate for China’s citizens. North Korea’s bad luck is that, despite his incompetence, Kim Jong-il seems to have managed to bequeath the dynasty he inherited to his youngest son, Kim Jong-un. Given other North Korean institutions’ apparent indifference to the mess that the Kims have made of their country, there seems scant chance of any serious change of course being initiated from within. A fight for power, however, might yet spell the end of the regime.</p>
<p>North Korea is a kind of looking-glass world to Havel’s dictum that, to survive under totalitarianism, one must live in truth. Fortunately for Havel, Czechoslovakia’s small-minded communist rulers were also small-minded in their lies. But when every aspect of society is built, as in North Korea, on a Big Lie, and then an Even Bigger Lie, it is probably hard to maintain one’s sanity, let alone the ability to live in truth.</p>
<p>In any case, Kim Jong-un’s reign is unlikely to last or be as certifiably crazed as those of his father and grandfather. Communism, thanks to the lure of successful market economies and the example set by people like Havel, has put the system under such external strain that Kim III has nowhere to turn for effective help. Indeed, even the two regimes most eager to maintain the Kim dynasty – China’s and Russia’s – are feeling pressure from their disaffected but, it now seems, not-so-powerless populations.</p>
<p>In Wukan, simple villagers were unafraid to challenge the might of the local party and police when officials stole their land for a development project. In Henan, policemen have gone into the streets demanding that human rights be protected. In Dalian, hundreds of thousands of people protested against the construction of petrochemical plant.<strong><em> </em></strong>Unlike what has happened so far in Wukan, the Dalian protest was crushed, but it – like the tens of thousands of other protests across China last year – signaled to the ruling party that ordinary Chinese are no longer interested only in the politically passive pursuit of material gain.</p>
<p>In Russia, Prime Minister Vladimir Putin’s situation is much the same. Following the sham elections in early December, massive protests erupted in Moscow and Saint Petersburg. And those marching were not the usual impoverished rabble-rousers, but Russia’s new middle classes. Like the villagers of Wukan, they have simply had enough of official dishonesty.</p>
<p>North Koreans have suffered coercion for a long time, and although they are brainwashed to be docile and loyal to Kim’s dynasty, you just cannot imagine how they will remain at the beck and call of Kim Jong-un, who has no credentials, military or otherwise, to rule. Given its increasingly isolated international position in Asia, if North Korea’s internal conflicts become acute, China may find it difficult to behave toward Kim Jong-un with anything but cold and anxiety-ridden indifference.</p>
<p>And recall that it was indifference to the non-reforming East European communist regimes on the part of Mikhail Gorbachev and the Soviet Union that ultimately sealed  their fate and delivered Havel from a prison cell to Prague Castle. Havel, of course, was a beneficiary of such indifference, but he never practiced it, remaining a fighter for truth and freedom throughout his life.</p>
<p>For Chinese concerned about how to live in truth, Havel remains our exemplar. The Charter 77 movement that he founded provided the template for men like the imprisoned Nobel laureate Liu Xiaobo, who helped to found Charter 08, which proclaimed that Chinese, too, could live in dignity and freedom.</p>
<p>Kim Jong-il’s demise reminds us that all people are equal before death. Havel’s passing reminds us that the value of life will eventually gain respect.</p>
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		<title>El molesto factor humano</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Dec 2011 15:56:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Argullol</strong> es escritor (EL PAÍS, 17/12/11):</p>
<p>En la primavera pasada oí una conversación en un <em>pub</em> londinense que me ayudó a comprender lo que está ocurriendo en la actualidad mucho más que las herméticas páginas económicas de los periódicos o los confusos discursos de tantos políticos. Era un <em>pub</em> situado en la City, a dos pasos del Támesis, y la animada conversación tenía como protagonistas a tres jóvenes ejecutivos, de no más de 30 años, que consumían cervezas sentados en taburetes improvisadamente colocados en la acera, sin duda con el ánimo de gozar de la calidez inusual de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39270/el-molesto-factor-humano/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Argullol</strong> es escritor (EL PAÍS, 17/12/11):</p>
<p>En la primavera pasada oí una conversación en un <em>pub</em> londinense que me ayudó a comprender lo que está ocurriendo en la actualidad mucho más que las herméticas páginas económicas de los periódicos o los confusos discursos de tantos políticos. Era un <em>pub</em> situado en la City, a dos pasos del Támesis, y la animada conversación tenía como protagonistas a tres jóvenes ejecutivos, de no más de 30 años, que consumían cervezas sentados en taburetes improvisadamente colocados en la acera, sin duda con el ánimo de gozar de la calidez inusual de la tarde.</p>
<p>Como hablaban alto era fácil escuchar lo que decían con un tono desenfadado y alegre. Cuando yo presté atención estaba languideciendo el tema de las mujeres, vinculado al inmediato fin de semana, y se introducía la cuestión del fútbol, con dos seguidores del Chelsea y otro del Arsenal. En cualquier caso, los tres jóvenes estaban más interesados por los negocios del fútbol que por el juego propiamente dicho, y el nombre de Román Abramóvich, o el de un eventual comprador del Arsenal que no logré descifrar, eclipsaban a los de los futbolistas.</p>
<p>Luego, sin abandonar el tono festivo, hablaron de cosas serias: del pasado y del presente, dado que el futuro parecía importarles más bien poco, al menos aquel día. Era claro que los tres contertulios se consideraban aspirantes a dueños del mundo y, en consecuencia, trataban al mundo como si fuera el jardín de su casa, con libertad absoluta para arrancar o plantar árboles donde les diera la gana. Era curioso estar al lado de estos propietarios del mundo, disfrutando, como ellos, de las cervezas y el cálido atardecer.</p>
<p>No se necesitaba mucha imaginación para entender que el poder que se otorgaban aquellos hombres no era fruto ni de ejércitos ni de grandes empresas imperiales -algo indispensable para sus abuelos- sino de la audacia, un poco alocada, y de la especulación. Tenían ideas muy claras y las expresaban con gran nitidez discursiva, lo que, con posterioridad, me facilitó la reconstrucción de los argumentos que aquellos tres bebedores de cerveza se habían comunicado, sin demasiadas disensiones y con una gran complicidad.</p>
<p>Para decirlo brevemente mis compañeros de <em>pub</em> aspiraban a una existencia en la que la ley del más fuerte se pudiera desarrollar sin trabas. No obstante, todo se producía pulcramente, civilizadamente. A diferencia de épocas remotas en que era necesario saquear ciudades o masacrar comunidades enteras, en la nuestra, afortunadamente, no debía realizarse un esfuerzo tan colosal. De hecho, en un momento determinado, uno de los tres bebedores se refirió displicentemente a su padre, que había heredado una gran empresa en Manchester y que había malgastado su vida tratando de conservarla y luego, en plena quiebra,</p>
<p>pactando una y otra vez con aquellos obreros a los que, finalmente, debió despedir entre huelgas y malas maneras. Este desgraciado empresario de Manchester, y sus desgraciados trabajadores, eran, en definitiva, los ejemplos de lo que debía evitarse a toda costa.</p>
<p>En sentido contrario, según creí comprender, el verdadero emprendedor de nuestros días es aquel que concibe su negocio sin el lastre de tener una empresa y, ya no digamos, unos trabajadores que quieran contratos y derecho de huelga, y a los que se debe echar entre desagradables malos modos. El emprendedor actual es un ser etéreo y casi invisible que anhela la pureza absoluta del beneficio sin ataduras de ningún tipo: sin una empresa repleta de inútiles trabajadores, sin patria que reclame bondades nacionales, sin religión que apele a inservibles comuniones, sin moral que proclame trasnochados imperativos. A ese negociante que pasea sus ávidos ojos por el planeta le basta con manejar a su antojo el sismógrafo de los beneficios y de las pérdidas. Ni siquiera debe pecar porque no debe darse por enterado de las consecuencias de sus acciones, sean estas el cierre de no sé cuántas fábricas o el desencadenamiento de no sé cuántas guerras.</p>
<p>De dar crédito a lo que oí en el <em>pub</em> de la City, el emprendedor ideal de nuestra época es, casi, un habitante del mundo de las ideas platónico: encarna la idea del beneficio sin límites, del utilitarismo sin concesiones, de la eficacia sin la coacción de una moral, y en especial de aquella rancia moral burguesa en la que los empresarios simulaban estar preocupados por el bien común de las naciones y por el destino de sus trabajadores.</p>
<p>Para aquellos tres alegres bebedores de cerveza, la crudeza, e incluso la gélida belleza, del beneficio puro excluía cualquier atención al factor humano. No debería negarse la posibilidad de que aquellos tres antiguos alumnos de una buena escuela de negocios hubieran coronado la fantasía de suponer que en el mundo de los grandes números los hombres habían acabado siendo una sombra superflua.</p>
<p>Todo eso podría parecer exagerado, las palabras un poco ebrias de tres jóvenes ejecutivos ambiciosos y sin demasiados miramientos, si no fuera porque la molestia que supone el factor humano parece anidar en la mayoría de las declaraciones a las que hemos asistido últimamente. Los hombres, con sus dolores y placeres, han desaparecido de la escena, y en su lugar han aparecido las cifras, acompañadas por un lenguaje esotérico, a menudo incomprensible para los propios que lo utilizan, que siempre tiene como objetivo justificar la sustitución de los seres humanos por los números. Los destinos individuales se desvanecen para dar paso a la eclosión de las magnitudes. Y naturalmente han surgido por todos lados profetas de las magnitudes, tipos que nos informan de lo que es eficiente y útil, y simultáneamente nos amenazan con el advenimiento de catástrofes apocalípticas, causadas siempre, no por la codicia y la especulación, sino por un abuso exagerado del factor humano por parte de individuos que cometieron el error de considerarse individuos en lugar de componentes de una cifra. Que los profetas de las magnitudes -o los catedráticos de Economía- actúen en esta dirección puede formar parte del espectáculo al que nuestra época es tan aficionada; más grave es que los denominados representantes del pueblo se hagan eco de sus profecías.</p>
<p>Y eso es exactamente lo que sucede. No pasa día sin que nuestros políticos, de cualquier ámbito, fustiguen nuestros vicios mientras alaban las virtudes de la eficiencia universal que se encarnan en el todopoderoso y endiosado mercado. Tenemos que arrepentirnos porque estamos al borde del precipicio. Puede ser cierto. Pero los súbditos del mercado que de tanto en tanto aspiramos a ser ciudadanos aún esperamos una explicación democrática de por qué somos o seremos precipitados al abismo.</p>
<p>Es verdad que, como nos aseguran, somos culpables de haber querido vivir demasiado bien, sin que el mundo esté hecho para esos lujos, pero quisiéramos que se nos hablara asimismo de la inmensa codicia, corrupción y torpeza que nos ha llevado adonde estamos. Los que deberían hablar callan porque no están en condiciones de decir la verdad que les hundiría. En este sentido, prefiero a los tres alegres bebedores del <em>pub</em> de Londres porque eran perfectamente sinceros a la hora de proclamar su falta de escrúpulos.</p>
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		<title>La violación como epidemia silenciosa</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Dec 2011 22:09:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Delitos sexuales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>David Alandete</strong> (EL PAÍS, 16/12/11):</p>
<p>Es una epidemia que se ensaña con las mujeres de forma especialmente persistente y violenta. Y, a tenor de los datos revelados esta semana, se vive normalmente en silencio. Una de cada cinco mujeres de Estados Unidos dice haber sido víctima de agresión sexual por lo menos una vez en su vida. Se trata del 18,3% de la población femenina. Son, en total, 22 millones de mujeres que viven con un estigma, acalladas en un país de 312 millones de habitantes. En la mayoría de ocasiones, quien les agrede es un familiar o un &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39252/la-violacion-como-epidemia-silenciosa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>David Alandete</strong> (EL PAÍS, 16/12/11):</p>
<p>Es una epidemia que se ensaña con las mujeres de forma especialmente persistente y violenta. Y, a tenor de los datos revelados esta semana, se vive normalmente en silencio. Una de cada cinco mujeres de Estados Unidos dice haber sido víctima de agresión sexual por lo menos una vez en su vida. Se trata del 18,3% de la población femenina. Son, en total, 22 millones de mujeres que viven con un estigma, acalladas en un país de 312 millones de habitantes. En la mayoría de ocasiones, quien les agrede es un familiar o un conocido. Muchas de ellas, la inmensa mayoría, no llegan a denunciar al agresor por el miedo a las represalias o al qué dirán. Esta semana, el Gobierno estadounidense ha presentado los resultados de un estudio oficial que revela esos detalles y muchos más, y que demuestran que en los casos de violación, normalmente las víctimas lo son por partida doble.</p>
<p>&#8220;La forma más común de victimización por violación que experimentan las mujeres es la penetración forzada, que ha sufrido un 12,3% de la población femenina de EE UU&#8221;, asegura el estudio, titulado <em>Encuesta Nacional sobre Parejas y Violencia Sexual</em>, elaborado por el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades del Gobierno. Además, un 5% de las mujeres ha sufrido un intento penetración forzada y aproximadamente el 8% ha sido penetrada contra su voluntad tras el suministro de alcohol o drogas. Un 1 por ciento, o aproximadamente 1,3 millones de mujeres, informaron de que habían sufrido esa violación en los 12 meses previos al momento en que se elaboró la encuesta. Y añade: &#8220;Más de la mitad, el 51,1% de las víctimas femeninas de violación, informan de que sus agresiones las han cometido sus parejas y un 40,8% asegura que las han perpetrado amigos o conocidos&#8221;.</p>
<p>La encuesta, la primera de su naturaleza realizada por el Departamento de Sanidad del Gobierno norteamericano, se efectuó con entrevistas a 18.049 personas en todos los Estados. De ellas, la mitad, 9.970, eran mujeres. &#8220;Este informe, que es pionero, ofrece un retrato muy claro del impacto devastador de esos actos violentos sobre las vidas de millones de americanos&#8221;, explicó en su presentación Kahtleen Sebelius, Secretaria (ministra) de Sanidad de EE UU. &#8220;La información recogida en esta encuesta, que va a seguir efectuándose periódicamente, le servirá de referencia al Gobierno en sus políticas para combatir el abuso sexual y la violencia de género&#8221;.</p>
<p>El Gobierno, sin embargo, no podía ocultar esta semana la sorpresa provocada por unas cifras de abuso tan exorbitantes entre las mujeres. Al fin y al cabo, entre los hombres, el número de agresiones sexuales desciende hasta un 1,4%. &#8220;Esas formas de violencia sexual se ensañan especialmente con las mujeres, que, además, debaten más abiertamente los efectos inmediatos y la carga sobre su salud a largo plazo de las agresiones sexuales&#8221;, explica la doctora Linda C. Degutis, directora de la agencia nacional de Prevención de Daños del Centro para la Prevención y Control de Enfermedades, que ha publicado el informe.</p>
<p>Lo más flagrante del caso de las violaciones es las pocas demandas que llegan a la policía. El FBI hace un recuento anual de demandas por violación. Según los datos obtenidos a nivel federal, en 2010 se denunciaron a la policía 84.767 agresiones sexuales. A tenor de esos datos, solo el 0,05% de las mujeres de EEUU presentó demanda en 2010 por violación. De esos casos, un 93% obedeció a violaciones con penetración. El resto fueron intentos de violación con violencia. Según un informe de ese cuerpo de policía, la cifra de demandas descendió un 5% respecto a 2009. Otro estudio, del Departamento de Justicia, asegura que hubo el año pasado 188.380 violaciones y agresiones sexuales. Eso significa, comparando esas cifras con las del FBI, que en 2010 solo un 45% de las mujeres agredidas sexualmente presentó finalmente una demanda ante las fuerzas del orden.</p>
<p>Muy pocas mujeres dan el paso de denunciar la violación. Muchas menos lo hacen en público, para concienciar a la sociedad. El año pasado, Valerie Neumann compareció ante el Comité de Asuntos Judiciales la Cámara de Representantes para contar su caso. Residente de Cincinnati, empleada por Procter &amp; Gamble, en diciembre de 2006 salió a tomar unas copas con una amiga. Ella sospecha ahora que un amigo de su amiga, un conocido, le colocó algún tipo de droga en la copa. El grupo de conocidos se trasladó a la casa de la amiga a acabar la noche. Allí, Valerie se desplomó, mareada, en el baño. El hombre que la había drogado la violó, mientras estaba inconsciente.</p>
<p>Al despertar acudió al hospital y a la policía. Sus problemas, sin embargo, no habían acabado. En realidad acababan de empezar. Ante el Comité del Congreso, Valerie contó que después de cuatro años, la policía cerró el caso. &#8220;No oí nada de los agentes en un largo periodo de tiempo. Tuve que pelearme para obtener algo de información. Primero les llamé a los agentes casi a diario. Luego, comencé a hacerlo una vez a la semana. Posteriormente, cada dos semanas. Más tarde, una vez al mes. No contestaron a mis muchas llamadas de teléfono. Ser mi propia defensora fue algo agotador&#8221;, explicó Valerie.</p>
<p>&#8220;Al detective al cargo le costó un año enviar el caso a la oficina del fiscal. Seis meses después, el fiscal me dijo que no presentaría cargos en mi caso, porque había decidido que sería imposible ganarlo, dado que había bebido alcohol en la noche anterior a mi violación y que la persona que me había violado era un conocido. Caso cerrado. Yo antes tenía fe en nuestro sistema judicial, pero después de esta experiencia puedo decir que he perdido la fe. Honestamente, si me violaran de nuevo, no sé si volvería a acudir al hospital. Se les pide demasiado a las víctimas después de que hayan sido violadas&#8230; pero no se les ofrece nada al final de todo esto&#8221;.</p>
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		<title>Libertad para estar gordo</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Dec 2011 14:47:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Obesidad]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>David Haslam</strong>, investigador en el Foro Nacional de la Obesidad del Reino Unido. Traducido del inglés por Carlos Manzano (Project Syndicate, 14/12/11):</p>
<p>La clásica película de terror de 1981 <em>El club de los monstruos</em>, protagonizada por Vincent Price, Donald Pleasance y John Carradine como monstruos, incluía un repertorio de caníbales, vampiros, hombres lobos, profanadores de tumbas y un ser híbrido denominado<em>“shadmock”</em>. Entre ese grupo de inadaptados, la única marginada era un chica normal, pero gorda.</p>
<p>No fue en Hollywood donde se inventó el concepto de monstruo gordo. En 1770, un molinero inglés llamado Thomas Wood &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39216/libertad-para-estar-gordo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>David Haslam</strong>, investigador en el Foro Nacional de la Obesidad del Reino Unido. Traducido del inglés por Carlos Manzano (Project Syndicate, 14/12/11):</p>
<p>La clásica película de terror de 1981 <em>El club de los monstruos</em>, protagonizada por Vincent Price, Donald Pleasance y John Carradine como monstruos, incluía un repertorio de caníbales, vampiros, hombres lobos, profanadores de tumbas y un ser híbrido denominado<em>“shadmock”</em>. Entre ese grupo de inadaptados, la única marginada era un chica normal, pero gorda.</p>
<p>No fue en Hollywood donde se inventó el concepto de monstruo gordo. En 1770, un molinero inglés llamado Thomas Wood pasó a ser la primera celebridad de la pérdida de peso del mundo. Wood, que promovió la “guerra abstemia”, era conocido como “el Monstruo Molinero”. A los 43 años, padecía obesidad, junto con artritis, gota, indigestión y “sed incontenible” (posiblemente diabetes), además de una depresión al borde del suicidio.</p>
<p>Pero Wood se transformó “de un monstruo en una persona de tamaño normal; del estado de hombre enfermizo, decrépito, viejo, pasó al de una salud perfecta, con el vigor y la actividad de la juventud” siguiendo una dieta descrita en el libro de Luigi Cornaro <em>La vida de Cornaro</em>, de 1558. Sus clientes tenían en gran concepto a Wood, quien visitaba a sus admiradores y los deleitaba con historias de personas gordas que sufrían muertes horribles.</p>
<p>Los obesos no siempre fueron considerados monstruos. Al contrario: hasta hace poco eran incluso respetados con frecuencia. Históricamente en la mayoría de las sociedades, la obesidad entrañaba riqueza y salud: caros hábitos epicúreos y carencia de tuberculosis, cólera u otras enfermedades consuntivas. Sólo ahora, cuando en muchos países el número de personas gordas representa el doble de las delgadas, ha pasado la obesidad a ser el último blanco de la discriminación pública.</p>
<p>Pensemos en la Venus de Willendorf, estatuilla descubierta en Austria en 1908 por el arqueólogo Josef Szombathy. Tiene un gran abdomen, unos pechos enormes y grandes nalgas, caderas y muslos. Se remonta a unos 25.000 años atrás y estuvo considerada el ejemplo tal vez más antiguo de arte figurativo hasta septiembre de 2008, momento en que los arqueólogos descubrieron un ejemplo aún más antiguo, una figurita del sudoeste de Alemania, de unos 35.000 a 40.000 años de antigüedad. Resulta notable que también se trate de una estatuilla que representa a una mujer obesa: la Venus de Hohle Fels.</p>
<p>Esos descubrimientos son objeto de muchas conjeturas. Por lo general, se supone que fueron símbolos de fertilidad o Diosas Madres. Una teoría señala que fueron las equivalentes de la Chica del Mes de la revista <em>Playboy</em>. Sea cual fuere su significado, eran, evidentemente, objetos de reverencia, no de desdén.</p>
<p>Muchas grandes figuras históricas han padecido obesidad sin discriminación. El Presidente americano William Howard Taft y el Primer Ministro británico Winston Churchill eran obesos, como también la reina Victoria de Gran Bretaña. Grandes escritores y artistas –Henry James, Gioacchino Rossini y Alfred Hitchcock, por ejemplo– cargaron con su peso sin humillación pública.</p>
<p>Pero, incluso en el pasado menos hostil a la gordura, quienes tenían exceso de peso afrontaban el severo veredicto de los médicos críticos. En 1839, por ejemplo, el doctor británico J.G. Milligan escribió que los obesos se caracterizaban por su “indolencia y apatía (&#8230;) [y] flojedad”. En 1924, el médico francés Jean Frumusan describía así a los “tórpido” obesos: “pálidos y jadeantes, cuya carne está hinchada como con líquidos. Su emotividad es siempre exagerada y, pese a ir cubiertos por una indiferencia aparente, su exagerada sensibilidad convierte su vida en una perpetua tragedia”.</p>
<p>En la actualidad, las sociedades occidentales suelen acusar a la víctima, sobre todo cuando se trata de niños obesos. En los inmensamente populares libros de <em>Harry Potter</em> de J.K. Rawling, por ejemplo, la autora describe con total libertad a Dudley, el primo obeso de Harry, como “un cerdo con peluca”.</p>
<p>Pero el niño de cuatro años típico no controla su dieta ni su ejercicio; su nutrición y su actividad suelen estar estrictamente vigiladas. No puede salir corriendo a comprarse una hamburguesa, como tampoco puede hacerlo un pez dorado. Su obesidad refleja en parte el estilo de vida de su madre cuando él estaba en el útero y el estilo de vida de su familia después de que naciera. La obesidad le ha caído encima y con ella un metabolismo deficiente, resistencia a la insulina, alguna enfermedad crónica y una vida acortada. Ya tiene demasiados problemas para que la sociedad se muestre hostil con él por ser un gordinflón.</p>
<p>Sin embargo, los investigadores han descubierto que niños de tan corta edad como seis años, incluso los que tienen a su vez, exceso de peso, usan palabras como “vago”, “estúpido”, “tramposo”, “mentiroso”, “descuidado”, “travieso”, “malo” y “feo” para calificar a sus pares obesos. Asimismo, estudios recientes de estudiantes universitarios revelan que los encuestados consideraban a los obesos compañeros menos atractivos que a los malversadores, los cocainómanos y los rateros de tiendas.</p>
<p>Con frecuencia los obesos comparten la desfavorable opinión que tiene la sociedad de ellos. El 42 por ciento de los miembros de un grupo que había perdido peso gracias a la cirugía afirmaron que preferían quedarse ciegos a recuperarlo. La mayoría preferían perder una pierna y todos preferían la sordera, la dislexia, la diabetes, una cardiopatía grave o el acné.</p>
<p>Incluso hoy día, algunos médicos participan en la ubicua discriminación antiobesidad que alimenta esas opiniones. Desde luego, la mayoría reconoce que se trata de una enfermedad crónica multifactorial que requiere intervenciones médicas, sociales, medioambientales y políticas, pero ese criterio ilustrado no impidió a Hamish Meldrum, Presidente de la Asociación Médica Británica (y uno de los médicos que emiten sus opiniones con mayor libertad) ofrecer recientemente este juicio sobre los obesos: “Son, sencillamente, unos glotones”.</p>
<p>La observación de Meldrum refleja una opinión generalizada sobre quienes tienen exceso de peso, pero los monstruos no son precisamente las personas ofendidas por semejantes declaraciones calumniosas.</p>
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		<title>Alimentación y gastronomía</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Dec 2011 19:24:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentación]]></category>
		<category><![CDATA[Gastronomía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pere Puigdoménech</strong>, director del Centro de Investigación Agrigenómica (EL PERIÓDICO, 10/12/11):</p>
<p>Quizá no hay otra cuestión actual donde aparezcan las contradicciones del mundo en que vivimos como la alimentación. Necesidad absoluta para todos, la alimentación es un fenómeno industrial y cultural de gran envergadura además de un factor importante de impacto sobre el medioambiente. Leyendo las noticias de estos días relacionadas con el tema, encontramos, entre otros, un llamamiento de Unicef para paliar los efectos de la malnutrición en la salud de los niños en países con conflictos y la gala de las estrellas Michelin otorgadas a los &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39163/alimentacion-y-gastronomia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pere Puigdoménech</strong>, director del Centro de Investigación Agrigenómica (EL PERIÓDICO, 10/12/11):</p>
<p>Quizá no hay otra cuestión actual donde aparezcan las contradicciones del mundo en que vivimos como la alimentación. Necesidad absoluta para todos, la alimentación es un fenómeno industrial y cultural de gran envergadura además de un factor importante de impacto sobre el medioambiente. Leyendo las noticias de estos días relacionadas con el tema, encontramos, entre otros, un llamamiento de Unicef para paliar los efectos de la malnutrición en la salud de los niños en países con conflictos y la gala de las estrellas Michelin otorgadas a los restaurantes .</p>
<p>Nuestra relación con la comida es compleja. La decisión de qué comemos es una de las más esenciales que tomamos y la tenemos que tomar cada día. Como todos los animales, los individuos de nuestra especie deben buscar sin cesar lo que les permite obtener la energía y los materiales que les permiten vivir. En los países como el nuestro, esto lo tenemos hoy bastante bien resuelto. Sabemos más o menos lo que tenemos que comer y lo tenemos al alcance en mercados y tiendas, pero también sabemos que la comida puede ser una fuente de problemas para la salud y por eso nos preocupa la seguridad alimentaria. También sabemos que de lo que comemos dependerá nuestra salud futura y cada vez más sabemos por qué cada uno de nosotros reaccionamos de manera diferente frente a la comida. Conseguir una comida suficiente, segura y saludable es nuestro objetivo cotidiano.</p>
<p>Pero cuando decidimos lo que comemos no lo hacemos con una calculadora, lo hacemos con un bagaje de cultura personal e histórica que acaba determinando nuestras decisiones. La cultura ha ido construyendo unas reglas que definen una dieta que debe contener lo que necesitamos para poder vivir en el lugar en que vivimos y que sea seguro. Para una especie que puede comer de todo, como la nuestra, lo que se ha comido en el pasado sin problemas es una garantía de seguridad. Por lo tanto, la cultura gastronómica incorpora los factores básicos de nuestra alimentación adaptados al entorno local.</p>
<p>La gastronomía puede transformar y enriquecer estos aspectos culturales y en nuestro país se ha convertido en un fenómeno cultural y económico de primera fila. Por un lado, recupera productos, platos y sabores que se podían perder, y los presenta al mundo como una marca de calidad. Esto permite mantener una agricultura de alto valor añadido que necesita un proceso de certificación. Por otra parte, es un campo de experimentación en sabores y texturas con una gran capacidad de innovación. La gastronomía se ha convertido en un factor de importancia para el turismo y para la industria agroalimentaria de nuestro país, que representan conjuntamente alrededor del 50% del PIB.</p>
<p>Pero no podemos dejar de tener en cuenta que la producción de alimentos es una problemática global. En este contexto, la Unicef nos recuerda que en algunas regiones del mundo la malnutrición es la responsable de un tercio de las muertes infantiles y la FAO nos dice que puede afectar a unos 1.000 millones de personas e incluso en nuestro país aumenta con la crisis. Si hay una urgencia alimentaria, es esta. De cara el futuro, se añaden otras. Vamos aumentando la población, cada vez más en grandes ciudades, y hay un factor añadido, que es la preocupación por el medio ambiente. La agricultura es una actividad agresiva para el medioambiente y uno de los factores que más contribuyen al cambio climático. Nos preocupa que estemos comprometiendo la posibilidad de que futuras generaciones puedan acceder a la alimentación como nosotros. Por lo tanto, decimos que es necesario que la agricultura sea una actividad sostenible.</p>
<p>Está claro que hay cuestiones políticas y sociales en todo el mundo que intervienen en el problema de conseguir una nutrición adecuada para todos los humanos, que interfiere la especulación y que a la agricultura le pedimos quizá demasiadas cosas, además de que nos alimente. No hay solo una solución técnica al problema de la alimentación, pero nos podemos preguntar si debemos invertir nuestros esfuerzos en las propuestas de la gastronomía moderna o en agricultura intensiva. Puede que esta sea una más de las contradicciones de nuestro mundo desigual.</p>
<p>Quizá deberíamos aceptar que puede tener para nosotros muy poco sentido rechazar la gastronomía como una actividad minoritaria cuando es un factor cultural y económico de primera línea en un país como el nuestro. Pero puede tener todavía menos sentido rechazar los esfuerzos que se hagan para tener una agricultura productiva que proporcione una comida accesible al mayor número posible de la población mudial de forma sostenible. Por eso necesitamos que la investigación nos ayude a saber lo que debemos comer cada uno de nosotros, que lo podamos comer con seguridad y que lo hagamos de una manera adaptada y respetuosa de nuestro entorno y de forma lo más agradable posible. Pero, sobre todo, que trabaje para que no le falten alimentos a nadie ni ahora ni en el futuro.</p>
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		<title>No nos queda otra alternativa</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Dec 2011 10:22:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Ayuda al Desarrollo]]></category>
		<category><![CDATA[Voluntariado]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>David Alonso Montes, </strong>coordinador de Formación y Voluntariado de la Fundación Entreculturas y fue voluntario con VOLPA en México y Guatemala (EL MUNDO, 07/12/11):</p>
<p>Para entender el voluntariado internacional, cuyo Día se ha celebrado esta semana en un contexto de creciente precariedad, es útil recordar la anécdota que narra Heinrich Böll en <em>Más allá de la literatura</em>, cuando acude ante un editor a presentarle un manuscrito arrugado que contenía un cuento. Tenía entonces el autor alemán un trabajo digno en una oficina que le permitía vivir y que, al menos, no odiaba. «Entonces, ¿por qué lo hace?», insistió &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39075/no-nos-queda-otra-alternativa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>David Alonso Montes, </strong>coordinador de Formación y Voluntariado de la Fundación Entreculturas y fue voluntario con VOLPA en México y Guatemala (EL MUNDO, 07/12/11):</p>
<p>Para entender el voluntariado internacional, cuyo Día se ha celebrado esta semana en un contexto de creciente precariedad, es útil recordar la anécdota que narra Heinrich Böll en <em>Más allá de la literatura</em>, cuando acude ante un editor a presentarle un manuscrito arrugado que contenía un cuento. Tenía entonces el autor alemán un trabajo digno en una oficina que le permitía vivir y que, al menos, no odiaba. «Entonces, ¿por qué lo hace?», insistió el editor. «¿Por qué siente la necesidad de escribir?». A lo que contestó Böll: «No me queda otra alternativa».</p>
<p>Michael Sherraden, profesor de Desarrollo Social en la Universidad de Washington en San Luis, define el «servicio internacional voluntario» como «el periodo organizado de compromiso y contribución a la sociedad apoyado por organizaciones públicas o privadas, reconocido y valorado por la sociedad, sin o con una mínima compensación a los participantes». Hemos escuchado muchas respuestas parecidas a personas que querían irse al Sur: desde jóvenes que habían terminado sus estudios o habían iniciado una esperanzadora carrera profesional a mayores de 50 con hijos adultos.</p>
<p>En la actualidad, quien decide embarcarse<em> </em>en un programa de voluntariado internacional necesita vencer no sólo los miedos lógicos por ir a un contexto de pobreza que no conoce y que suele presentar riesgo de violencia e inseguridad a todos los niveles. No hay que engañarse: si la cooperación está presente en un determinado lugar es precisamente por la situación de vulnerabilidad que sufren, en primer lugar, sus habitantes y quienes deciden estar a su lado prestándoles apoyo.</p>
<p>Ante esta realidad, cabe señalar que el «voluntariado en el extranjero», como es definido en la Ley del Voluntariado de 1996, se realiza en un marco de «vacío legal» (en palabras de la propia secretaria de Estado de Cooperación, Soraya Rodríguez), ya que, a diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de los países de nuestro entorno, no existe una regulación específica. Tanto la Coordinadora de ONG de Desarrollo (CONGDE) como la Red de Entidades para el Desarrollo (REDES) y muchas otras organizaciones están promoviendo la fijación de un marco jurídico adecuado. El voluntariado internacional de larga duración -más de seis meses- es el que, precisamente por el dilatado tiempo que emplea en su labor y por su dedicación exclusiva, demanda con mayor urgencia una regulación legal. Esta preocupación se ha expresado ya en repetidas ocasiones, desde que la Recomendación de la Comisión Europea en 1985 (85/308/CEE) sobre la protección social del voluntariado internacional instara a los estados miembros a promover iniciativas para la promoción de la cooperación fuera de sus fronteras.</p>
<p>Quienes optan por dedicar un año o más de sus vidas a la ayuda al desarrollo están de facto en un ángulo muerto. No se sabe cuántos son porque no hay registros, se encuentran en una situación de precariedad porque carecen de prestaciones sociales y de cobertura sanitaria y ni siquiera tienen apoyos en su periodo de formación (la Ley no contempla la formación como imprescindible, sólo menciona un lacónico «si fuera necesario») ni a su regreso.</p>
<p>En el contexto de lucha contra la pobreza, agencias de desarrollo de nuestro entorno están prestando especial atención al voluntariado internacional, por la importancia que otorga a la comprensión de la realidad global y al intercambio de personas de diferentes realidades y países en un proceso de aprendizaje mutuo. Es una eficacísima propuesta de ciudadanía global, como indican los esfuerzos de algunos países como Holanda, con un programa que forma a <em>ciudadanos globales</em>; EEUU, con sus Peace Corps; Gran Bretaña, a través de VSO; o Canadá, Japón, Suiza y la propia ONU. El voluntariado internacional es un rasgo de identidad de una cooperación internacional madura, efectiva en cuanto que aprovecha el capital social y las experiencias de diversidad en contextos desfavorecidos.</p>
<p>En España, desde hace 20, años el VOLPA (Voluntariado Pedro Arrupe), programa estatal conjunto desarrollado por ALBOAN, VOLPA Catalunya y Entreculturas, forma, acompaña y promueve el voluntariado de larga duración. A pesar de que es un voluntariado a contracorriente de 365 días al año, de que se trata de un compromiso ni tan fácil ni indoloro como muchas veces nos presentan, de que no está reconocido socialmente ni protegido en el ámbito jurídico, muchos seguimos escuchando una respuesta parecida a la pronunciada por Heinrich Böll y que suena a motivación profunda, casi a vocación: «No nos queda otra alternativa. Me voy al Sur. Y a la vuelta, a seguir cambiando el mundo desde aquí».</p>
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		<title>La vida no es una escuela de negocios</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39036/la-vida-no-es-una-escuela-de-negocios/</link>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 21:12:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona (EL PAÍS, 05/12/11):</p>
<p>Durante las últimas semanas, mientras leía las descripciones que los diarios presentaban del nuevo primer ministro italiano, Mario Monti, destacando unos rasgos que lo situaban en las antípodas del saliente Silvio Berlusconi y dando a entender que con el relevo era toda una época lo que quedaba atrás, no podía por menos que echarle un recuerdo a un particular tipo de damnificados por dicha época.</p>
<p>Los adjetivos con los que ha tendido a describirse a Monti han sido todos poco más o menos de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39036/la-vida-no-es-una-escuela-de-negocios/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona (EL PAÍS, 05/12/11):</p>
<p>Durante las últimas semanas, mientras leía las descripciones que los diarios presentaban del nuevo primer ministro italiano, Mario Monti, destacando unos rasgos que lo situaban en las antípodas del saliente Silvio Berlusconi y dando a entender que con el relevo era toda una época lo que quedaba atrás, no podía por menos que echarle un recuerdo a un particular tipo de damnificados por dicha época.</p>
<p>Los adjetivos con los que ha tendido a describirse a Monti han sido todos poco más o menos de parecido tenor: &#8220;justo&#8221;, &#8220;riguroso&#8221;, &#8220;austero&#8221;, &#8220;sobrio&#8221;, &#8220;competente&#8221;, &#8220;europeísta&#8221;, &#8220;prestigioso&#8221;&#8230; (también se le ha calificado de &#8220;pragmático&#8221;, &#8220;tecnócrata&#8221;, e incluso no ha faltado quien, aguando la fiesta de los elogios, ha recordado su pasado como director europeo de la Trilateral o como asesor de Goldman Sachs cuando esta compañía ayudó a ocultar el déficit del Gobierno griego de Karamanlis, pero eso hace menos al caso para lo que pretendo plantear a continuación). Se trata de unos adjetivos que, sin muchos más añadidos, invitan a pensar en el perfil de un calvinista en sentido laxo, esto es, de un defensor de una cultura del trabajo que no ha sido, desde luego, la preponderante en esta etapa de capitalismo de casino y despilfarro que ha desembocado en la situación de crisis económica global que estamos padeciendo.</p>
<p>Y aunque, sin duda, el más mínimo sentido de la solidaridad obliga a recordar en primer lugar a tantas personas que, o han perdido lo que tenían (trabajo, vivienda, ahorros&#8230;) o, tras años de esfuerzo y formación, no están pudiendo ver cumplidas las más mínimas expectativas de alcanzar una vida digna, acaso también resulte de utilidad, aunque solo sea para hacerse una idea aproximada de la magnitud del desastre, dedicarle un minuto de atención a esos otros damnificados a los que me refería en el primer párrafo. Me refiero a todos esos jóvenes a los que convencieron de que se había inaugurado un nuevo orden en el mundo en el que la fantasía del enriquecimiento rápido no era tal, sino que estaba fundamentada en un difuso darwinismo social, que explicaba, al tiempo que legitimaba, el hecho de que solo fueran unos pocos (presuntamente los más aptos) los que se beneficiaban de dicha riqueza. En el fondo, se les dijo, era una nueva forma de justicia <em>natural,</em> administrada por los poderosos en beneficio de los más aptos. Cuántas películas no habremos visto en que el joven abogado, ambicioso, tenaz y peleón, pero en última instancia leal con su empresa (durante un tiempo, Tom Cruise parecía encarnar a la perfección ese personaje-modelo), veía premiadas por sus jefes tales virtudes con el reconocimiento por su trabajo, el ascenso social y, cómo no, el dinero.</p>
<p>La fantasía hizo fortuna (nunca mejor dicho). Hubo cursos académicos en los que la proporción de estudiantes de selectividad que en este país aspiraban a estudiar alguna variante de <em>dirección de empresas</em> (el tipo de empresa por dirigir no parecía importar gran cosa, por cierto) era abrumadora. Pero aquel perverso <em>mix</em> de aspiración al triunfo, ambición de poder y codicia que abarrotó las aulas de tantas <em>escuelas de negocios</em> estalló junto con la burbuja, y ahora también muchos de aquellos jóvenes han despertado en una realidad muy diferente a la que habían fantaseado. &#8220;Nunca se nos quiso tan individualistas y tan competitivos. Nunca mordimos tanto por tan poco&#8221;, declaraba recientemente el filósofo francés Gilles Lipovetsky. Pues bien, tal vez incluso esa descripción, certera hasta hace bien poco, haya empezado a quedar obsoleta. Hoy toca morder por nada. O quizá sea más exacto decir que no hay nada que morder.</p>
<p>¿Podrán reciclarse todos esos jóvenes a una cultura del trabajo, basada en el esfuerzo y el gusto por el producto bien hecho en una sociedad como la nuestra, en la que, además de no haber trabajo (de un tiempo a esta parte, ni siquiera para ellos), los periódicos nos informan a diario de que aquellos especuladores, en cuyo festín dichos jóvenes soñaron en participar, siguen campando por sus respetos, haciendo y deshaciendo a su antojo, tumbando Gobiernos, cambiando Constituciones e imponiendo políticas de acuerdo a su variable conveniencia? No les va a resultar fácil. Creyeron estar en el secreto y ahora se encuentran con que, expulsados del paraíso, les toca vivir en un mundo y de una forma que fueron educados para despreciar profundamente.</p>
<p>Quede claro: les compadezco solo lo justo. Pero no dejan de ser, a su manera (insisto: privilegiada), víctimas de un desorden que se quiso hacer pasar por orden y que, por añadidura, se presentaba como modelado de acuerdo con unos valores de nuevo cuño. Es a ellos a quienes corresponde empezar a reconsiderar sus antiguas convicciones y darse cuenta de lo insostenible de alguna de las mismas. Acaso un ejemplo deje más claro lo que estoy intentando plantear. No tengo nada que objetar al hecho de que DSK haya tenido que responder públicamente por su reprobable conducta (en la más benévola de las interpretaciones, fronteriza con el acoso sexual), pero no deja de resultarme inquietante una comparación. En la película <em>Inside job</em> aparece una <em>madame</em> neoyorquina que cuenta con todo lujo de detalles cómo operaban muchos de los altos ejecutivos que terminaron llevando a la ruina a todos los ciudadanos que confiaron en ellos. Endosaban a las compañías en las que trabajaban los cargos de los complacientes servicios que las pupilas de aquella les dispensaban. Por supuesto que tan avispados tipos facturaban tales cargos en concepto de gastos de representación, mantenimiento (tal vez aquí haya alguna parte de verdad), servicios técnicos y otros alardes de imaginación contable.</p>
<p>Sorprende, si no estuviéramos ya todos curados de espantos, que tan cínica prodigalidad no haya movido a un escándalo análogo al provocado por la lujuriosa conducta del político francés (al menos un aire de familia presentan ambas situaciones, ¿no les parece?), ni que a nadie parezca habérsele ocurrido la necesidad no solo de sancionar de alguna manera tales excesos, sino de reflexionar acerca de qué medidas habría que tomar para evitar que pudieran repetirse. Pero toca empezar a plantear las cosas en tales términos. Acaso haya llegado la hora de aplicar, también a esa esfera presuntamente <em>privada</em> que es la economía, y en la que unos cuantos se creían al margen y a salvo de todo, alguno de los criterios y valores que en la esfera pública se exigen cada vez más (y con toda razón, por cierto). Pienso, por ejemplo, en la reclamación de transparencia, que no debiera ser dirigida en exclusiva a los profesionales de la política. A fin de cuentas, en un momento como el actual, en el que el poder político no ha dejado de perder peso en beneficio del poder económico, y este ha ido aumentando su capacidad de influir en la esfera política hasta extremos antes inimaginables, parece absolutamente justo que exista también un control sobre él.</p>
<p>En vez de eso, con lo que nos encontramos es con que, cuanta mayor es su capacidad de influencia, menor es su visibilidad. Tal vez a quienes se formaron teniendo como único horizonte el enriquecimiento propio lo que estamos proponiendo les parezca un auténtico volantazo en materia de ideas, pero a fin de cuentas probablemente no les quede otra, a no ser que prefieran quedarse en un rincón, lamiéndose las heridas. Se ha convertido en un lugar común en los últimos tiempos el eslogan de que la política se ha de hacer también fuera de las instituciones. Llevemos la idea, que nadie parece querer discutir, hasta sus últimas consecuencias. Porque &#8220;fuera de las instituciones&#8221; significa, por supuesto, la calle, pero también esos otros lugares (incluyendo los despachos o los parquets de Bolsa) donde asimismo se juega nuestro futuro y que, precisamente por ello, han de ser objeto de control y, sobre todo, de transparencia. La pregunta pendiente, claro está, es: ¿por qué la izquierda no se atreve a plantear la cuestión de la democracia económica? Entretanto alguien se anima a responderla, unas últimas palabras para los destinatarios de este artículo: chicos, esto no es una escuela de negocios, es la vida.</p>
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		<title>Problemas del crecimiento</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Dec 2011 12:09:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Vivienda y urbanismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Santiago Grisolía</strong>, presidente de los Premios Rey Jaime I (ABC, 02/12/11):</p>
<p>Hace poco, Naciones Unidas calculó que la población mundial alcanzaría los 7.000 millones, como así ha sido. Este crecimiento casi exponencial de los últimos años es la causa principal de los problemas actuales a nivel mundial.</p>
<p>Ya el Club de Roma, en el informe «Los límites del crecimiento» publicado en 1972, indicó que, de seguir el aumento de la población al nivel de aquella década con el consumo energético y alimentario de entonces, en cien años a partir de ese momento los recursos naturales se agotarían, lo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38906/problemas-del-crecimiento/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Santiago Grisolía</strong>, presidente de los Premios Rey Jaime I (ABC, 02/12/11):</p>
<p>Hace poco, Naciones Unidas calculó que la población mundial alcanzaría los 7.000 millones, como así ha sido. Este crecimiento casi exponencial de los últimos años es la causa principal de los problemas actuales a nivel mundial.</p>
<p>Ya el Club de Roma, en el informe «Los límites del crecimiento» publicado en 1972, indicó que, de seguir el aumento de la población al nivel de aquella década con el consumo energético y alimentario de entonces, en cien años a partir de ese momento los recursos naturales se agotarían, lo que generalmente ha sido ignorado y/o vilipendiado. Desgraciadamente, el Club de Roma tenía razón. En un extremo hay una gran proporción de personas, aproximadamente la mitad de la población mundial, que malviven, con un 15 por ciento de la población en riesgo de muerte por inanición, y en torno a otro 20 por ciento, como se ha comentado muchas veces, consume la mayor parte de los recursos. Estos recursos, especialmente los energéticos, tales como el petróleo y/o ciertos metales, no solo escasean, sino que se acabarán pronto.<br />
La revolución industrial, con la posibilidad de energía barata, y las mejoras sanitarias mundiales han supuesto un aumento de la esperanza de vida al nacer, que nos ha conducido a la enorme población mundial que hoy tiene el planeta.<br />
Pero este aumento poblacional nos ha llevado a un cambio de nuestras costumbres y ha forzado un éxodo de las zonas rurales a las ciudades. Así, los residentes urbanos, que en 1950 representaban el 30 por ciento de la población mundial, son hoy más del 50 por ciento de los habitantes del planeta, y en el llamado mundo desarrollado se calcula que en torno al 80 por ciento de la gente vivirá en ciudades en 2050.</p>
<p>Las razones de este cambio son muchas. A los obreros que llegaron para hallar trabajo en las fábricas durante la revolución industrial se han sumado en años posteriores personas que venían en busca de comodidades y mejoras de vida.</p>
<p>Naturalmente que hay grandes ventajas por la existencia de una planificación urbana, y los económetras insisten en que la concentración de infraestructuras en las grandes ciudades, con una planificación adecuada, supone un ahorro del 15 por ciento en los gastos de mantenimiento de la oferta del bienestar en comparación con los pequeños pueblos. Afirman que esta concentración permite al ciudadano corriente vivir mejor y tener ciertas cosas más accesibles y asequibles. Entre las ventajas indudables figuran la proximidad a universidades, museos y otros centros culturales, grandes hospitales, y la posibilidad de disfrutar de buen transporte público. Todo ello es innegable, como demuestra la atracción que ejercen en los habitantes rurales, especialmente los jóvenes, las ciudades.</p>
<p>Sin embargo, hay también muchos aspectos negativos, algunos de los cuales han preocupado bastante a expertos, como la mayor implicación de los grandes núcleos urbanos en el cambio climático. Por ello ciudades como Nueva York pretenden reducir para 2020 las emisiones de gases con efecto invernadero al mismo nivel que tenían en 2005. Es difícil que lo consigan, puesto que muchas de estas emisiones son la suma de pequeñas cantidades debidas a cada ciudadano, y limitarlas supone que los habitantes de las ciudades realicen «sacrificios». Claro que muchos de ellos, como ir a la oficina dando un paseo en lugar de conducir un utilitario, o en bicicleta, como parece ser que por fin se va extendiendo, resultan en un enorme beneficio para la salud.</p>
<p>Dado que muchas de las emisiones de las grandes ciudades se deben también a los grandes edificios, en algunas ciudades se intenta controlar las construcciones de forma que sean más «ecológicas», lo que es una buena idea. Especialmente interesante resulta la idea de optimizar la energía producida por las placas solares disponiéndolas de la misma forma en que se colocan las hojas en los árboles. Según la prensa, ya hay dos proyectos independientes sobre ese tema: uno es el de un niño americano de 13 años que, disponiendo las placas en la secuencia de Fibonacci, que es la que tienen las ramas de los manglares, mejora la obtención de energía fotovoltaica con respecto a la tradicional distribución lineal; y la otra es el diseño de un árbol lumínico, de energía solar, en Viena, por el ya afamado diseñador Lovegrove.</p>
<p>Pero no todo en la ciudad son ventajas. Entre las desventajas cabe citar, además de la congestión del tráfico y el aumento del número de accidentes y hasta de crímenes, el aumento de la incidencia de ciertas enfermedades. En algunos casos, ya bien establecidos, y otros que no por novedosos resultan menos alarmantes.</p>
<p>Recientemente han aparecido en Nature dos artículos realmente preocupantes, pues, aunque generalmente se olvida, lo cierto es que aproximadamente el 1 por ciento de los seres humanos padecen esquizofrenia, una enfermedad de origen casi desconocido. En realidad, los trastornos mentales son más frecuentes que otras muchas enfermedades, pero sufren de un estigma social que hace que las personas no hablen abiertamente del problema.</p>
<p>Los autores de los artículos de Nature, los doctores Kennedy y Adolphs, de la División de Ciencias Sociales de Caltech, por un lado, y un amplio grupo de investigadores del Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg, por otro, han analizado la influencia de la vida en la ciudad sobre los niveles de estrés en humanos. Los últimos incluso han analizado los resultados de tres estudios con resonancia magnética funcional y descubierto que las personas que viven en ciudades tienen mayor actividad en una zona cerebral llamada amígdala, y que el crecimiento y la formación de los adolescentes en núcleos urbanos altera la función de una región de la corteza cerebral. Ambos artículos resaltan la importancia de ese estrés añadido y creen ver una relación con el aumento de casos de esquizofrenia diagnosticado en las ciudades.</p>
<p>En la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados se han realizado durante tres años reuniones que, con el título «Sin salud mental no hay salud», han reunido a relevantes especialistas en enfermedades mentales. Las jornadas contaron con el patrocinio de la Fundación Esther Koplowitz, consciente, como lo somos nosotros, de que muchas personas que tienen trastornos mentales no lo saben o lo ignoran, con el consiguiente peligro; y otras son reticentes a recibir ayuda, especialmente los indigentes que duermen en nuestras calles. Curiosamente, el éxito de la farmacología ocasionó el cierre de los manicomios. Cierto es que estos centros dejaban mucho que desear, pero centros de acogida y tratamiento son necesarios, especialmente porque muchos enfermos abandonan el tratamiento.</p>
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		<title>Más desigual que otros</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/38942/mas-desigual-que-otros/</link>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 13:49:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=38942</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pranab Bardhan</strong>, profesor de Economía en la Universidad de California en Berkeley. Su libro más reciente es Awakening Giants, Feet of Clay: Assessing the Rise of China and India. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos (Project Syndicate, 01/12/11):</p>
<p>Hoy en día la desigualdad está en la mente del público en casi todas partes. De hecho, en las dos democracias más grandes del mundo, la India y los Estados Unidos, los extendidos movimientos populares contra la creciente codicia y desigualdad de la élite se convierten en temas muy relevantes, ya que se avecinan de forma inminente las elecciones &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38942/mas-desigual-que-otros/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pranab Bardhan</strong>, profesor de Economía en la Universidad de California en Berkeley. Su libro más reciente es Awakening Giants, Feet of Clay: Assessing the Rise of China and India. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos (Project Syndicate, 01/12/11):</p>
<p>Hoy en día la desigualdad está en la mente del público en casi todas partes. De hecho, en las dos democracias más grandes del mundo, la India y los Estados Unidos, los extendidos movimientos populares contra la creciente codicia y desigualdad de la élite se convierten en temas muy relevantes, ya que se avecinan de forma inminente las elecciones nacionales.</p>
<p>No obstante, en ambos países, algunas desigualdades sociales han estado en descenso durante las últimas décadas. En la India, algunos grupos históricamente desfavorecidos (sobre todo entre las castas inferiores) actúan de manera asertiva en el plano político. Los vestigios más flagrantes de la discriminación de castas gradualmente desaparecen. Del mismo modo en los EE.UU., la discriminación contra las mujeres, los afroamericanos, los latinos y los homosexuales está en descenso.</p>
<p>El desarrollo de estos acontecimientos refleja un avance democrático en ambos países. Al mismo tiempo, sin embargo, el tejido de la democracia se hace jirones por un alza en la desigualdad económica que es abrumador.</p>
<p>En general, la desigualdad económica es más fácil de justificar que el racismo y otras formas injuriosas de discriminación. Un principio fundamental de la sociedad americana es que todos tienen la misma oportunidad – una creencia que parece más plausible a la luz de la disminución de los prejuicios sociales. En la India, este mito es menos poderoso, pero existe un sentimiento general, compartido incluso por algunos de los pobres, que los ricos merecen su riqueza debido a sus méritos, formación y habilidades.</p>
<p>Existen dos problemas con este razonamiento. En primer lugar, la educación y las habilidades no son talentos innatos. Los ricos tienen acceso a mejores escuelas, cuidados de salud, nutrición y apoyo social que los pobres; a su vez, estos factores desempeñan un papel decisivo en el posterior éxito académico y social. Los niños en edad preescolar de familias ricas reciben mejores cuidados de salud, nutrición y orientación; existe evidencia de que una gran parte de los daños mentales que ocurren debido a la desnutrición de los niños pobres puede haber ya ocurrido, de forma irreversible, a momento de que dichos niños lleguen a los tres años de edad.</p>
<p>Cuando los estudiantes de familias pobres empiezan a fallar en la escuela, tienen poco o ningún acceso a clases de recuperación, en tanto que los ricos reciben costosa instrucción privada que es impartida por profesores particulares durante toda su educación formal. Como resultado de esto, la India tiene el mayor nivel de deserción estudiantil a nivel mundial.</p>
<p>Los sociólogos en los EE.UU. también han documentado los “efectos vecindario” adversos que sufren los niños pobres en las centros urbanos deteriorados. En las aldeas de India, donde los patrones residenciales son a menudo aún más segmentados, tales efectos son severos.</p>
<p>El otro problema en ambos países es la creciente importancia de los “ingresos no ganados”. En la India, como ocurre también en otras economías de rápido crecimiento, los escasos recursos públicos, como ser la tierra, minerales, petróleo y gas, y el espectro de telecomunicaciones, recientemente se han disparado en cuanto a su valor de mercado, generando ingresos no ganados que son extremadamente altos para las personas que están bien conectadas políticamente.</p>
<p>En los EE.UU., la desregulación del sector financiero durante las últimas décadas, y el consiguiente aumento de instrumentos financieros inciertos, desestabilizó la economía real, mientras que hizo poco por mejorar la productividad. El resultado, como todos saben, fue una ganancia financiera exorbitante para unos pocos elegidos, seguida de grandes pérdidas que fueron pagadas por la mayoría.</p>
<p>Los ejemplos de los EE.UU. y la India sugieren que, en las sociedades democráticas, los grupos que promueven la discriminación social se tornan políticamente más débiles a medida que pasa el tiempo. La desigualdad económica, por otro parte, se perpetúa a través de los grupos de presión, políticamente poderosos y bien financiados, que son auspiciados por los ricos. La tendencia se ve reforzada a medida que las elecciones se tornan más costosas en ambos países, lo que causa que los políticos se hagan cada vez más dependientes de las contribuciones de los donantes ricos, quienes, a su vez, exigen políticas que son favorables a sus intereses.</p>
<p>Esto denota que los movimientos igualitarios y contra la discriminación tienen la necesidad de ampliar los temas en los que se enfocan, para incluir una reforma electoral, una mejor regulación financiera, una privatización transparente, y, sobre todo, una revisión integral del sistema educativo, para de esta forma se puedan garantizar escuelas de alta calidad para los pobres y nutrición y cuidados de salud para los niños en edad preescolar. Además, la inversión masiva en rechinante infraestructura física en ambos países crearía puestos de trabajo para algunos trabajadores y mejoraría la productividad de otros.</p>
<p>Las ventajas de mejorar la educación, crear más puestos de trabajo, y aumentar la productividad parecen claras. Por lo tanto, la pregunta sigue siendo por qué la India y los EE.UU., continúan actuando negligentemente en cuanto a la infraestructura y la educación que se imparte a los pobres. La respuesta radica, en parte, en el hecho de que los ricos de ambos países están dejando de utilizar muchos servicios públicos. Ellos envían a sus hijos a escuelas privadas elitistas, reciben cuidados de salud en hospitales privados costosos, y viven en comunidades cerradas, donde los servicios de seguridad y otros son provistos de manera privada.</p>
<p>Es más, hoy en día las grandes empresas tienen sus propias plantas de generación de energía eléctrica y caminos privados, como también hacen uso de otros servicios internos privados. A medida que los ricos se separan de la infraestructura pública, de la cual depende el resto de la sociedad, se torna cada vez más difícil poder cobrarles impuestos a fin de pagar por servicios que no desean o necesitan. Entretanto, las instituciones preexistentes que actúan como contrapeso para los trabajadores (como por ejemplo los sindicatos), se ven erosionadas por las nuevas tecnologías y la globalización.</p>
<p>En la India, una mayor igualdad social ha significado que cantidades reducidas de grupos sociales, hasta ahora subordinados, empiecen a ingresar a la élite política y económica. Sin embargo, una vez que estos grupos ingresan a la mencionada élite, en lugar de intentar cambiar las condiciones de los pobres, adoptan los valores de dicha élite, mientras que al mismo tiempo manipulan los símbolos de la denominada política de la identidad – una táctica que aún continúa atrayendo votos. (La Sudáfrica democrática de hoy es una muestra de cuán difícil es hacer mella al apartheid económico).</p>
<p>Tanto la India como los EE.UU. han respondido al malestar social sobre la creciente desigualdad económica con una especie de populismo reactivo. En la India, este toma forma en las exenciones crediticias para agricultores que enfrentan dificultades (exenciones que echan a pique a los bancos), controles de precios para servicios públicos como agua, electricidad y transporte (que echan a pique los presupuestos públicos y socavan el porvenir de la inversión a largo plazo en dichos sectores); y, más alimentos subsidiados que se tramitan dentro del corrupto e ineficiente sistema público de distribución. Entretanto, en los EE.UU., los movimientos populistas de la derecha prefieren recortes de impuestos en vez de inversiones de largo plazo para infraestructura. En el otro extremo del espectro político, los anarquistas que están contra el Estado no pueden ayudar en la construcción de instituciones que vayan a sustentar inversiones favorables a los pobres.</p>
<p>Las dos democracias más grandes del mundo enfrentan un desafío económico muy serio. Deben encontrar una manera de canalizar la creciente ira causada por la desigualdad económica hacia inversiones productivas que hacen que los ricos tengan la sensación de que el alivio de las condiciones de los pobres es de su interés. Si la India y los EE.UU. se encaminan hacia la superación de la desigualdad más penetrante entre todas, estos países volverán a vigorizar sus democracias – y sus economías.</p>
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		<title>El anonimato en la Red</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Nov 2011 17:21:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Internet]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Evgeny Morozov</strong>, <em>visiting scholar</em> en la Universidad de Stanford e investigador del Instituto Open Society (OSI). Escribe el blog Net Effect en ForeignPolicy.com. Traducción de Juan Ramón Azaola (EL PAÍS, 27/11/11):</p>
<p>¿Qué hubiera hecho George Orwell con Facebook? En realidad nada: su cuenta probablemente habría sido desactivada por la compañía. Con un poco de suerte, se le habría dicho que escaneara la primera página de su pasaporte y que volviera como Eric Blair.</p>
<p>En materia de seudónimos, Facebook es más igualitario que la antigua Unión Soviética. Ya puedes ser rico o famoso o estar perseguido que a menos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38786/el-anonimato-en-la-red/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Evgeny Morozov</strong>, <em>visiting scholar</em> en la Universidad de Stanford e investigador del Instituto Open Society (OSI). Escribe el blog Net Effect en ForeignPolicy.com. Traducción de Juan Ramón Azaola (EL PAÍS, 27/11/11):</p>
<p>¿Qué hubiera hecho George Orwell con Facebook? En realidad nada: su cuenta probablemente habría sido desactivada por la compañía. Con un poco de suerte, se le habría dicho que escaneara la primera página de su pasaporte y que volviera como Eric Blair.</p>
<p>En materia de seudónimos, Facebook es más igualitario que la antigua Unión Soviética. Ya puedes ser rico o famoso o estar perseguido que a menos que no emplees tu verdadero nombre al registrarte en ese sitio te estarás buscando problemas, y Facebook te torturará con una fruición kafkiana. El año pasado suspendió la cuenta del encarcelado oligarca ruso Mijaíl Jodorkovsky, pidiéndole que enviara por correo electrónico -¡desde una prisión de Siberia!- una copia de su documento de identidad. Más recientemente, a Salman Rushdie se le dijo que si no quería aceptar una vida de oscuridad virtual allí solamente podía existir como Ahmed Rushdie. Al final Facebook cedió, pero solo después de que Rushdie le declarara la guerra a Mark Zuckerberg. Desgraciadamente, no todos tienen esa opción a su alcance.</p>
<p>Esa firme postura de Facebook con los seudónimos puede estar afianzando a unas autocracias que no parecen molestar lo más mínimo a la compañía. De hecho, la edición china de la <em>Facebook Revolution</em> ofrece todas las señales de una antirrevolución: Facebook ha sido criticada por desactivar la cuenta del destacado activista en Internet conocido por el seudónimo de Michael Anti. En Egipto, Facebook estuvo a un paso de cortar las alas de los futuros revolucionarios cuando suspendió la página de Facebook abierta por el ejecutivo de Google Wael Ghonim, quien, naturalmente, también estaba utilizando un seudónimo. Por supuesto que toda empresa sigue más de una política estúpida y Facebook no es una excepción. No obstante, su actitud con los seudónimos es más que una política estúpida. Es parte esencial de la nociva visión de Facebook respecto al futuro de Internet, donde la privacidad -más que el dinero duramente ganado- se ha convertido en el genuino valor de cambio en vigor. Y la política monetaria de Facebook precisamente se basa en una sencilla idea: puedes o bien renunciar a tu privacidad y entregarte al mundo de la abundancia de entretenimiento, o bien luchar por protegerla y arriesgarte a vivir en la pobreza de entretenimiento. Tú eliges.</p>
<p>Eso no quiere decir que la privacidad sea una mala moneda. Al contrario, compra productos que el dinero no puede comprar. ¿Qué puede competir con el aparentemente infinito almacén de música disponible en servicios de <em>streaming</em> como Spotify? Nada; pero intenta hoy acceder ahí sin una cuenta en Facebook y no llegarás muy lejos: Spotify exige que los nuevos usuarios tengan ya una cuenta en Facebook, que no podrán obtener a menos que estén dispuestos a registrarse en Facebook con sus nombres reales. De este modo, escuchar música de una manera anónima se convierte en algo anómalo; gradualmente, pudiera convertirse también en algo tecnológicamente difícil y caro. Leer de una manera anónima no parece ser algo anómalo todavía, pero las cosas cambiarán a medida que evitemos entrar en las bibliotecas públicas y empecemos a tomar prestados los libros a través de Amazon y de Barnes &amp; Noble. Aquellas nunca pensarían en vender nuestros datos a terceros; estos últimos no se lo pensarían dos veces. Es más, nos darían cupones para compartir nuestros hábitos de lectura. Todo ello es parte del gran envite de Silicon Valley por un consumo lo más &#8220;conectado&#8221; y transparente posible. Y que funciona: demasiado a menudo compramos cosas que amigos nuestros nos han recomendado <em>online</em> -e inmediatamente les contamos qué hemos comprado, creando circuitos de realimentación que hacen que conceptos como el de &#8220;consumo ostentoso&#8221; parezcan inadecuados. En esta nueva economía rica en datos, servicios como Facebook emergen como poderosos intermediarios que siguen la pista de nuestros más íntimos pensamientos, inquietudes y aspiraciones, desde la cuna a la tumba, y que van a sacar provecho de tales intimidades mediante la publicidad dirigida. Dada su línea de negocio, a los sitios de redes sociales les vienen tan mal los usuarios con seudónimos como a los bancos los activos <em>tóxicos:</em> tales usuarios exigen un mantenimiento costoso al tiempo que ahuyentan a socios valiosos. No se les echará en falta.</p>
<p>A medida que la secular batalla entre ciudadanos y consumidores se produce en la Red se hace posible distinguir los contornos de un Internet optimizado para el consumo. Este Internet es totalmente transparente (por ejemplo, todas nuestras actividades son observadas, grabadas y analizadas al objeto de predecir nuestro comportamiento futuro), altamente eficiente (por ejemplo, todo está organizado y almacenado para nosotros; cada artículo está localizable en cuestión de segundos) y sumamente fiable (todo está interconectado, pero es seguro; el delito cibernético desaparece junto con los seudónimos).</p>
<p>Y es también agobiante, pelmazo e insufrible. Este Internet, un paraíso para los consumidores, es también un infierno para los ciudadanos. Después de todo, ¿por qué molestarse en recomendar a Eric Blair un ejemplar de <em>1984</em> si George Orwell ni siquiera puede conectarse para promocionarlo? (y es preciso que lo haga: pocos autores modernos pueden permitirse ignorar a Facebook; para muchos de ellos es el único destino de su barato, triste y cabreado viaje promocional virtual).</p>
<p>Ya es hora de que los ciudadanos articulen la idea de un Internet cívico que pueda competir con la visión corporativista dominante. ¿Queremos que se preserve el anonimato para ayudar a los disidentes o queremos que se elimine para que las corporaciones dejen de preocuparse por los ataques cibernéticos? ¿Queremos construir una nueva infraestructura de vigilancia -esperando que conduzca a una mejor experiencia comercial- de la que vayan a abusar Gobiernos ávidos de datos? ¿Queremos mejorar el descubrimiento casual, que nos asegure la revelación de ideas nuevas y controvertidas, que maximice nuestra capacidad de pensar críticamente acerca de lo que vemos y leemos en la Red? ¿O queremos producir ordenadores que realicen búsquedas autónomas en nuestro nombre, solo para proponernos lo último que se vende, recomendarnos restaurantes cercanos y proporcionarnos una sola respuesta en lugar de varias? ¿Queremos un Internet que nos recuerde todo lo que está pasando <em>online</em> o preferimos introducir cierta bulliciosa caducidad en nuestros archivos digitales a medida que envejecemos, ellos y nosotros? Quienes ven la Red como un gigantesco catálogo digital de Sears no desean esa caducidad, pero para los que la vemos como parte de un diario de una civilización imperfecta seguramente será bienvenida.</p>
<p>Aunque parezca mentira, las instituciones políticas necesarias para actuar en favor de esa idea cívica se están formando incluso antes de que se instale la ideología requerida; el éxito electoral de los Partidos Piratas en varias partes de Europa es una señal alentadora. Pero muchos de esos movimientos son al mismo tiempo demasiado radicales y no lo suficientemente radicales. No son solo los jóvenes manitas y obsesos con la tecnología los que necesitan pensar seriamente sobre cómo podría ser un alternativo Internet cívico; para que esas ideas tengan su aceptación en la sociedad necesitan originarse en (e incorporar a) capas mucho más amplias de población. Y los debates no pueden centrarse únicamente en las espinosas cuestiones de la reforma del <em>copyright</em> y la legalización del intercambio de archivos -que es lo que sobre todo centra el interés de tales movimientos- ya que los problemas digitales por resolver son mucho más numerosos.</p>
<p>De hecho, apenas hay algún aspecto de la vida política -tanto de la nacional como de la exterior- que no esté afectado por la Red. Encontrar un modo de articular una postura crítica sobre esos aspectos antes de que gigantes tecnológicos como Facebook usurpen la imaginación pública con su discurso de &#8220;compartir sin fricciones&#8221; debería ser la principal prioridad para alguien preocupado con el futuro de la democracia. Un paraíso para los ciudadanos y un purgatorio para los consumidores: ese es el Internet en el que podemos creer. ¿Se apunta alguien a Ocupa la Red?</p>
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		<title>La violencia contra mujeres y niñas</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Nov 2011 18:55:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia de género]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Michelle Bachelet</strong>, directora ejecutiva de ONU Mujeres (EL PAÍS, 25/11/11):</p>
<p>Cuando era niña en Chile, escuché muchas veces un dicho que era común en esa época: &#8220;quien te quiere te aporrea&#8221;, que significa algo así como &#8220;quien te quiere te trata mal&#8221;. Esta frase -aceptada entonces sin muchos cuestionamientos- hoy a todas luces se ha convertido en lo que verdaderamente es: un silencio cómplice frente a la violación a los derechos humanos de las mujeres. En sociedades que avanzan decididamente hacia mayor igualdad, justicia y equidad, la violencia de género es una amenaza contra la democracia, la paz &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38726/la-violencia-contra-mujeres-y-ninas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Michelle Bachelet</strong>, directora ejecutiva de ONU Mujeres (EL PAÍS, 25/11/11):</p>
<p>Cuando era niña en Chile, escuché muchas veces un dicho que era común en esa época: &#8220;quien te quiere te aporrea&#8221;, que significa algo así como &#8220;quien te quiere te trata mal&#8221;. Esta frase -aceptada entonces sin muchos cuestionamientos- hoy a todas luces se ha convertido en lo que verdaderamente es: un silencio cómplice frente a la violación a los derechos humanos de las mujeres. En sociedades que avanzan decididamente hacia mayor igualdad, justicia y equidad, la violencia de género es una amenaza contra la democracia, la paz y la estabilidad de nuestros países.</p>
<p>Este 25 de noviembre conmemoramos el Día Internacional para Eliminar la Violencia contra la Mujer. En las últimas décadas hemos sido testigos de grandes avances: en la actualidad 125 países cuentan con leyes específicas que penalizan la violencia doméstica, algo inimaginable hace 20 años. El Consejo de Seguridad ha reconocido la violencia sexual como táctica de guerra deliberada y planificada. Y el derecho internacional ha dado pasos sólidos y sin retorno para condenar y perseguir los delitos de violencia sexual durante y después de un conflicto. Es cierto que se ha tardado, pero ya no habrá vuelta atrás en estas conquistas.</p>
<p>Sin embargo, este 25 de noviembre nos encuentra una vez más muy lejos de nuestros objetivos de lograr que millones de mujeres vivan libres de discriminación y violencia. Hoy 603 millones de mujeres y niñas viven en países donde la violencia doméstica aún no es considerada un delito. Seis de cada diez mujeres han sufrido violencia física y/o sexual en su vida. La violencia sexual sigue estando presente en países ya sea en tiempos de paz como en épocas de conflicto. El feminicidio azota nuestros países a diario, en algunos bajo la más absoluta impunidad. Más de 60 millones de niñas son obligadas a contraer matrimonio y 140 millones de niñas y mujeres sufren mutilación femenina, con todo lo que ello implica para su vida y salud. Más de 600.000 mujeres y niñas son traficadas a través de las fronteras cada año, la gran mayoría con fines de explotación sexual.</p>
<p>Y aunque la igualdad entre mujeres y hombres está garantizada en las constituciones de 139 países y territorios, con demasiada frecuencia a las mujeres se les niega el acceso expedito a la justicia y a la protección contra los abusos. La pregunta entonces es: ¿qué más podemos hacer para enfrentar este flagelo? Existen la información y los diagnósticos, pero escasean la inversión sostenida y constante y la voluntad política de los gobiernos nacionales y locales. Es el momento para que los Gobiernos de todo el mundo asuman su responsabilidad frente a la violencia contra sus ciudadanas y lo hagan con acciones concretas, transparentes y compromisos medibles.</p>
<p>Desde ONU Mujeres vamos a reforzar nuestros esfuerzos para colaborar con los Gobiernos a enfrentar esta tragedia. Propondremos un programa de acción con 16 medidas concretas enfocadas en la prevención, protección y previsión de servicios públicos esenciales para proteger y erradicar la violencia contra las mujeres. Necesitamos de una postura de tolerancia cero ante la violencia, con la participación activa de socios poderosos para detener su propagación. Se requiere de liderazgo, leyes eficaces y una justicia inequívoca para enjuiciar a los culpables y poner fin a la impunidad.</p>
<p>ONU Mujeres está encabezando una iniciativa global para proporcionar a las mujeres y las niñas el acceso universal a instancias de apoyo a las víctimas. Atenciones durante las primeras 24 horas para su seguridad y la de sus hijos e hijas. Lugares de acogida, asesoramiento, apoyo psico-social y acceso a la justicia gratuita y eficaz.</p>
<p>Un papel fundamental tienen los hombres: los líderes, jueces, empresarios, esposos, compañeros, hijos, hermanos, amigos. Es a través de la educación, de campañas de sensibilización pública, de programas y políticas públicas que podremos enfrentar con eficacia esta realidad. No basta con el empoderamiento de las mujeres, su liderazgo y decisión. Hay una urgente necesidad de involucrar a todos para detener, prevenir y tratar la violencia.</p>
<p>ONU Mujeres está trabajando para cumplir con la promesa de la Carta de las Naciones Unidas sobre la igualdad de derechos de hombres y mujeres, junto a las agencias del sistema de Naciones Unidas, los Gobiernos, la sociedad civil, hombres y mujeres. No estamos solos. La democracia, el futuro de nuestro países, el presente de nuestras familias, la convivencia de nuestros entornos, la educación de nuestras comunidades, nuestras economías y la paz del mundo se ven amenazadas cuando la violencia campea ante nuestros ojos, a vista y paciencia de todos nosotros, y como sociedad no somos capaces de dar una respuesta que salve la vida de las mujeres y sus hijos.</p>
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		<title>The Stolen Money Trail</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Nov 2011 22:39:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Banca]]></category>
		<category><![CDATA[Corrupción]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadores]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Anthea Lawson</strong>, the head of the Banks and Corruption campaign at Global Witness (THE NEW YORK TIMES, 24/11/11):</p>
<p>Earlier this month, Swiss bank regulators found that four Swiss banks had not done enough to identify dictators’ assets they held. Earlier this year, Britain’s Financial Services Authority investigation into London banks found that three quarters of them were not doing enough to verify the sources of some customers’ wealth.</p>
<p>These probes shed some light on a system that is failing to stop the flow of corrupt money, a problem that continues to have disastrous consequences for millions of people. &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38703/the-stolen-money-trail/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Anthea Lawson</strong>, the head of the Banks and Corruption campaign at Global Witness (THE NEW YORK TIMES, 24/11/11):</p>
<p>Earlier this month, Swiss bank regulators found that four Swiss banks had not done enough to identify dictators’ assets they held. Earlier this year, Britain’s Financial Services Authority investigation into London banks found that three quarters of them were not doing enough to verify the sources of some customers’ wealth.</p>
<p>These probes shed some light on a system that is failing to stop the flow of corrupt money, a problem that continues to have disastrous consequences for millions of people. Neither regulator, however, has named the banks that have fallen afoul of the rules, nor given any indication they will do so. They also fail to answer the fundamental question of what this money was doing in Swiss or British banks in the first place.</p>
<p>Let’s put this in context. Three entrenched, repressive and corrupt regimes fell this year largely because the people they ruled were fed up with epic levels of corruption.</p>
<p>That kind of corruption cannot happen without a bank. Dictators cannot steal millions of dollars from the state, nor accept massive bribes, if the money has to be kept under the bed.</p>
<p>Payments for natural resources like oil and gas do not arrive in dollar bills, they are paid by bank transfer; increasingly, bribes and rake-offs from commercial deals are too. Plus it’s safer to keep money out of the country — away from opponents, and accessible if you’re ousted from power.</p>
<p>As a result of the convulsions across the Middle East and North Africa, the Swiss were among the first to freeze Tunisian, Egyptian and Libyan assets, beating both the European Union and the United States (the latter only froze Libyan funds).</p>
<p>Following the freeze, Swiss banks identified 470 million Swiss francs ($511 million) in the accounts of Tunisian and Egyptian politicians and 360 million Swiss francs ($391 million) of Libyan assets.</p>
<p>In the banking industry, senior foreign officials, their family members and close associates are known as Politically Exposed Persons (PEPs). Banks are supposed to do extra checks to identify them and the deposits they make because of the possibility of corruption.</p>
<p>According to the Swiss Financial Market Supervisory Authority, FINMA, the four Swiss banks got it wrong in obvious ways. One accepted regular seven-figure payments into a PEP’s account without checking their origin; the banker who was the client adviser may have blocked attempts to investigate his client. Another bank had a PEP account in which there were “indications of illegal transactions,” and the bank failed to treat him as a PEP despite identifying him as related to a ruler — and the fact that another bank had kicked him out as too high-risk.</p>
<p>These banks must now face exposure and stiff fines, or the Swiss regulators’ probe will have failed to teach the necessary lessons.</p>
<p>Other European countries have also found assets linked to despots. Germany, for example, froze a $2.8 million account belonging to one of Muammar el-Qaddafi’s sons.</p>
<p>When will we find the political will to stop dictators operating out of sight of their own citizens and finally deny safe haven to dirty money and dictators’ loot across Europe?</p>
<p>A first step would be for governments and regulators to follow the British and Swiss example and take a hard look at what their banks were doing when they took this money. But they must all go further. The second step must be for governments and regulators to make it unacceptable for banks to take this money in the first place.</p>
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		<title>El violento silencio de un nuevo comienzo</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/38466/el-violento-silencio-de-un-nuevo-comienzo/</link>
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		<pubDate>Thu, 17 Nov 2011 21:51:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Indignados]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=38466</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Slavoj Zizek</strong>, filósofo esloveno. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 17/11/11):</p>
<p>¿Qué hacer después de la ocupación de Wall Street, de que las protestas que comenzaron lejos (Oriente Próximo, Grecia, España, Reino Unido) hayan llegado al centro y ahora, reforzadas, estén volviendo a extenderse por el mundo? Uno de los grandes peligros que afrontan los manifestantes es el de enamorarse de sí mismos, de lo bien que se lo están pasando en los sitios <em>ocupados.</em> En San Francisco, en una concentración de solidaridad con Wall Street, el 16 de octubre de 2011, se oyó una invitación &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38466/el-violento-silencio-de-un-nuevo-comienzo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Slavoj Zizek</strong>, filósofo esloveno. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 17/11/11):</p>
<p>¿Qué hacer después de la ocupación de Wall Street, de que las protestas que comenzaron lejos (Oriente Próximo, Grecia, España, Reino Unido) hayan llegado al centro y ahora, reforzadas, estén volviendo a extenderse por el mundo? Uno de los grandes peligros que afrontan los manifestantes es el de enamorarse de sí mismos, de lo bien que se lo están pasando en los sitios <em>ocupados.</em> En San Francisco, en una concentración de solidaridad con Wall Street, el 16 de octubre de 2011, se oyó una invitación a participar en la protesta como si fuera una concentración jipi de los años sesenta: &#8220;Nos preguntan cuál es nuestro programa. No tenemos programa. Estamos aquí para pasárnoslo bien&#8221;.</p>
<p>Organizar una feria es barato; lo verdaderamente importante es lo que queda al día siguiente, en qué cambia nuestra vida diaria. Los manifestantes deben enamorarse del trabajo duro y paciente. No son un final, sino un comienzo, y su mensaje fundamental es: se ha roto el tabú, no vivimos en el mejor mundo posible, y tenemos el derecho, e incluso el deber, de pensar alternativas. En una especie de triada hegeliana, la izquierda occidental ha vuelto a sus principios: después de abandonar el llamado &#8220;fundamentalismo de la lucha de clases&#8221; por la pluralidad de las luchas antirracistas, feministas, etcétera, el problema fundamental vuelve a ser el &#8220;capitalismo&#8221;. La primera lección debe ser: no debemos culpar a personas ni actitudes. El problema no son la corrupción ni la codicia, es el sistema que nos empuja a ser corruptos. La solución no es &#8220;la calle frente a Wall Street&#8221;, sino cambiar este sistema en el que la calle no puede funcionar sin Wall Street.</p>
<p>Queda mucho camino por recorrer, y pronto habrá que abordar los interrogantes verdaderamente difíciles, no sobre lo que no queremos, sino sobre lo que queremos. ¿Qué organización social puede sustituir al capitalismo actual? ¿Qué tipo de dirigentes necesitamos? ¿Qué órganos, incluidos los de control y represión? Es evidente que las alternativas del siglo XX no han funcionado. Aunque la &#8220;organización horizontal&#8221; de las multitudes concentradas, con su solidaridad igualitaria y sus debates abiertos, resulta emocionante, no debemos olvidar lo que escribió Gilbert Keith Chesterton: &#8220;Tener la mente abierta, en sí, no es nada; el objeto de abrir la mente, como el de abrir la boca, es poder cerrarla con algo sólido dentro&#8221;. Lo mismo ocurre con la política en épocas de incertidumbre: los debates abiertos tendrán que fundirse en nuevos significantes fundamentales, pero también en respuestas concretas a la vieja pregunta leninista: &#8220;¿Qué hacer?&#8221;.</p>
<p>Es fácil responder a los ataques conservadores directos. ¿Son antiamericanas las protestas? Cuando los fundamentalistas conservadores aseguran que Estados Unidos es una nación cristiana, conviene recordar lo que es el cristianismo: el Espíritu Santo, la comunidad libre e igualitaria de creyentes unidos por el amor. Los manifestantes son el Espíritu Santo, mientras que, en Wall Street, los paganos adoran a falsos ídolos. ¿Son violentos los manifestantes? Es cierto que su lenguaje puede parecer violento (ocupación y otros mensajes similares), pero lo son en el sentido en el que era violento Mahatma Gandhi. Son violentos porque no quieren que las cosas continúen como hasta ahora. ¿Pero qué violencia es esta comparada con la necesaria para sostener el buen funcionamiento del sistema capitalista mundial? Se les llama perdedores, pero ¿no están los verdaderos perdedores en Wall Street, y no les hemos rescatado con nuestro dinero, cientos de miles de millones? Se les llama socialistas, pero, en Estados Unidos, ya existe un socialismo para los ricos. Se les acusa de no respetar la propiedad privada, pero las especulaciones que desembocaron en la crisis de 2008 aniquilaron más propiedad privada, ganada con esfuerzo, que si los manifestantes se dedicaran a hacerlo noche y día; baste recordar los cientos de hipotecas ejecutadas.</p>
<p>No son comunistas, si por comunismo nos referimos al sistema que se vino merecidamente abajo en 1990; y recordemos que los comunistas que quedan hoy gobiernan el capitalismo más despiadado que existe (China). El éxito del capitalismo comunista de China es un mal presagio de que el matrimonio entre capitalismo y democracia está aproximándose a un divorcio. El único sentido en el que se les puede llamar comunistas es que les importan los bienes comunes -los bienes comunes de la naturaleza, del conocimiento-, que el sistema está poniendo en peligro. Les desprecian por ser soñadores, pero los auténticos soñadores son quienes piensan que las cosas pueden seguir indefinidamente como están, con meros cambios superficiales. No son soñadores, son el despertar de un sueño que está convirtiéndose en una pesadilla. No destruyen nada, reaccionan ante la autodestrucción gradual del propio sistema. Todos conocemos la típica escena de dibujos animados: el gato llega al borde del precipicio, pero sigue andando, sin saber que ya no tiene suelo bajo los pies, y no se cae hasta que no mira hacia abajo y ve el abismo. Lo que están haciendo los manifestantes es recordar a quienes tienen el poder que deben mirar hacia abajo.</p>
<p>Esa es la parte fácil. Los miembros del movimiento deben cuidarse de los enemigos y, sobre todo, de los falsos amigos que fingen apoyarles pero ya están haciendo todo lo posible para diluir la protesta. Igual que nos dan café descafeinado, cerveza sin alcohol, helado sin grasa, el poder intentará convertir las protestas en un gesto moralista e inocuo. En el boxeo, &#8220;abrazarse&#8221; es agarrar el cuerpo del rival con los brazos para impedir o dificultar los golpes. La reacción de Bill Clinton a las protestas de Wall Street es un ejemplo perfecto de abrazo político; Clinton cree que las protestas son &#8220;en conjunto&#8230; algo positivo&#8221;, pero le preocupa que la causa sea tan difusa: &#8220;Deben defender algo concreto, no solo mostrarse en contra, porque, si se limitan a estar en contra, otros llenarán el vacío que han creado&#8221;, dijo. Clinton sugirió que los miembros del movimiento apoyen el plan de empleo del presidente Obama, que, según él, creará &#8220;dos millones de puestos de trabajo en el próximo año y medio&#8221;.</p>
<p>A lo que hay que resistirse en esta etapa es precisamente a ese deseo de traducir rápidamente la energía de la protesta en una serie de demandas &#8220;pragmáticas&#8221; y &#8220;concretas&#8221;. Es verdad que las protestas han creado un vacío: un vacío en el terreno de la ideología hegemónica, y hace falta tiempo para llenarlo como es debido, porque es un vacío cargado de contenido, una apertura para lo Nuevo. Los manifestantes salieron a la calle porque estaban hartos de un mundo en el que reciclar las latas, dar un par de dólares a obras benéficas o comprar un capuchino en Starbucks porque el 1% va al Tercer Mundo basta para sentirse a gusto. Después de externalizar el trabajo y la tortura, después de que las agencias matrimoniales hayan empezado a externalizar incluso las relaciones, vieron que llevaban mucho tiempo dejando externalizar sus compromisos políticos, y quieren recuperarlos.</p>
<p>El arte de la política también es insistir en una demanda concreta que, aunque sea totalmente &#8220;realista&#8221;, trastorna la ideología hegemónica, es decir, que, pese a ser factible y legítima, en la práctica es imposible (por ejemplo, la sanidad universal en Estados Unidos). Después de las protestas de Wall Street, debemos movilizar a la gente por esas demandas, pero es muy importante permanecer <em>alejados</em> del terreno pragmático de las negociaciones y las propuestas &#8220;realistas&#8221;. No debemos olvidar que cualquier debate que se haga aquí y ahora seguirá siendo necesariamente un debate en el campo enemigo, y hará falta tiempo para desplegar el nuevo contenido. Todo lo que digamos ahora nos lo podrán quitar (recuperar); todo menos nuestro silencio. Este silencio, este rechazo al diálogo, a los abrazos, es nuestro &#8220;terrorismo&#8221;, tan amenazador y siniestro como debe ser.</p>
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		<title>La edad de la tolerancia</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Nov 2011 17:17:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Hernández Gil</strong>, decano del Colegio de Abogados de Madrid (ABC, 16/11/11):</p>
<p>ROMA, 1486. Giovanni Pico della Mirandola cuenta cómo, interrogado el sarraceno Abdala por el espectáculo más maravilloso del universo, respondió que no veía nada más admirable que el hombre, al que Dios ha situado en el centro del mundo, ni celeste ni terrenal, ni mortal ni inmortal, «con el propósito de que tú, como juez y artífice supremo de ti mismo, te des la forma que elijas». Acude a distintas creencias, a la cábala, a Albumasar y Avenzoar, a Platón y Pitágoras, a Hermes, Porfirio, los &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38435/la-edad-de-la-tolerancia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Hernández Gil</strong>, decano del Colegio de Abogados de Madrid (ABC, 16/11/11):</p>
<p>ROMA, 1486. Giovanni Pico della Mirandola cuenta cómo, interrogado el sarraceno Abdala por el espectáculo más maravilloso del universo, respondió que no veía nada más admirable que el hombre, al que Dios ha situado en el centro del mundo, ni celeste ni terrenal, ni mortal ni inmortal, «con el propósito de que tú, como juez y artífice supremo de ti mismo, te des la forma que elijas». Acude a distintas creencias, a la cábala, a Albumasar y Avenzoar, a Platón y Pitágoras, a Hermes, Porfirio, los persas; y mantiene que «en toda escuela hay algo de insigne que no le es común a todas» para no abrazar del todo ninguna. Describe lo sublime y lo más bajo del hombre, nuestras desavenencias peores que guerras civiles, y canta al que hace la paz con sus enemigos: la <em>Oración por la dignidad del hombre</em>.</p>
<p>Salamanca, 1532. Francisco de Vitoria cuestiona los «justos títulos» de los españoles para dominar a los americanos defendiendo la igualdad y la libertad de comunicación, movimiento, comercio y religión. El Emperador no puede ser el señor del orbe porque los hombres son libres por derecho natural. Tampoco el Sumo Pontífice, que carece de poder terrenal; ni siquiera ante la negativa de los indígenas a «convertirse» porque «los bárbaros no están obligados a aceptar la fe de Cristo». Lo determinante es la libertad radical, la consideración de los «otros» con una carga suficiente de humanidad, de modo que «aunque la fe les haya sido anunciada a los bárbaros con signos suficientes de probabilidad y no hayan querido aceptarla, no por esa razón es lícito perseguirlos con la guerra y despojarlos de sus bienes».</p>
<p>Oxford, 1685. Locke publica su Carta sobre la tolerancia: «Nadie tiene derecho alguno a perjudicar a otro en sus bienes civiles porque profese otra religión o forma de culto» y «todos los derechos que le pertenezcan como hombre o como ciudadano deben serle preservados inviolablemente». Locke pone nombre —tolerancia— al postulado de Spinoza sobre el derecho del hombre a pensar lo que quiera y a decir lo que piense; y separa para siempre, o eso creíamos, conciencia y conducta ciudadana, Iglesia y Estado. La tolerancia en el centro de los valores cívicos: la demostración del respeto al prójimo, igual de humano que uno mismo, como base del respeto a sus ideas.</p>
<p>Ginebra, 1763. Voltaire asume la defensa de un caso extremo de prejuicio e intolerancia: Jean Calas, un comerciante francés de 68 años, protestante, es condenado a muerte y torturado por entender que había asesinado a su propio hijo. La sentencia la dictan jueces presionados por un pueblo que encontraba en la «equivocada» religión de la familia la prueba del delito. Voltaire desmonta la sentencia, que fue revocada, y escribe su Tratado sobre la tolerancia para «que puedan todos los hombres recordar que son hermanos y que tengan horror de la tiranía ejercida sobre las almas». Desde el poso de una fe cristiana y libre, llama a ser mártires antes que verdugos. Un año después, en su Diccionario filosófico, funda el deber de tolerancia en la fragilidad del hombre y su propensión al error.</p>
<p>La idea de la tolerancia, pese a sus claudicaciones a lo largo de la historia, recorre la espina dorsal de la Europa moderna y queda como un valor esencial para toda sociedad democrática. Thomas Paine y Thomas Jefferson contribuyeron a extenderla por América, y en 1791 las libertades de religión, expresión, prensa y asociación son proclamadas en la Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos. John Stuart Mill escribe en 1859 su ensayo Sobre la libertad. Traza allí la frontera última de la tolerancia, borrosa como casi toda frontera: el daño al otro. La amenaza para el bienestar de los demás es lo único que permitiría al poder del Estado invadir la libertad esencial del individuo «para expandirse en innumerables y opuestas direcciones».</p>
<p>Hoy la globalización hace repuntar la intolerancia religiosa y la xenofobia sin que todavía hayamos sabido articular un discurso de integración y solidaridad a la altura de los tiempos. Lo intentaron nuestros juristas del siglo XVI que, enfrentados a la amplitud del nuevo mundo, crearon el derecho de gentes, germen del moderno derecho internacional; o quienes tras la Segunda Guerra Mundial, en una geografía poscolonial nuevamente expandida, redactaron la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. La base de lo que Norberto Bobbio ha llamado la edad de los derechos, donde supuestamente vivimos. En estos años de la peste carecemos, sin embargo, de las instituciones jurídicas y la disposición de ánimo para afrontar la hiriente desigualdad de una sociedad abierta y líquida, donde no se marcan las huellas ni se ve el horizonte. Perdidos en este escenario, gana espacio cada día la intolerancia política, dominada por consignas partidistas y mediáticas tan dogmáticas, simples y acríticas como la más primitiva de las religiones.</p>
<p>La tolerancia no se discute como valor, pero apenas se practica. Confiando al Estado la definición de los espacios de libertad individual parece que ya estemos instalados en la tolerancia, aunque sea una tolerancia reducida a «la contención de una inclinación a reaccionar hostilmente contra el individuo», como propone Joseph Raz en La moralidad de la libertad. Pero la tolerancia puede ser mucho más que una propiedad formal de las democracias liberales o un valor pasivo bajo la salvaguarda de los tribunales, que también discutimos cuando su dictamen no coincide con nuestra sacrosanta opinión: una actitud abierta hacia los demás que lleve a tratar de comprender sin convertir la afirmación de las propias opciones en desconsideración de las restantes —un reflejo de la deshumanización del contrario propia de los totalitarismos— y sin rasgarse las vestiduras ante la discusión civilizada sobre las grandes cuestiones de la vida y de la muerte reconociendo el derecho de todos a pronunciarse como si nada humano les fuera —o nos fuera— ajeno. Lamentablemente, para dejar caer la dignidad bastan y sobran las palabras que, con imprudencia y estrépito, nos lanzamos unos contra otros como piedras, cada día. El ruido y los pies hundidos en el barro no nos dejan ver la negra silueta del Duelo a garrotazosde Goya que replicamos ridículamente.</p>
<p>La tolerancia, cuando se practica de forma activa y simétrica, sin superioridad del tolerante sobre el tolerado, posee un valor moral capaz de dotar de ejemplaridad cívica al pluralismo o a la neutralidad. Igual que la duda, es un síntoma de inteligencia: el acercamiento a otros puntos de vista sirve para progresar en la disección de una realidad multidimensional y compleja; para aprender a ver, como los esquimales, las infinitas escalas de blancos en el paisaje nevado que nos rodea, los pros y contras de cada movimiento hasta el final de la partida de ajedrez que jugamos contra el destino. Tampoco ese análisis tiene fin, y en todas las visiones del mundo hay algo que extiende nuestra capacidad de compasión.</p>
<p>Desde la tolerantia rerum humanarum de Cicerón, que abarca todo lo humano, la noción estoica del hombre, sagrado para el hombre, en Séneca, o el evangélico «poner la otra mejilla» en el marco soteriológico del sermón de la montaña, la tolerancia es una virtud subversiva a la que no hay por qué buscar límites. Los límites a la conducta los fija el ordenamiento jurídico después de decidir sus fronteras con la moral y las buenas costumbres, si las normas han de ser más o menos invasivas, y qué pactamos erradicar por intolerable. Apostaría por un derecho más humano y más civil, menos denso. Entre tanto, ganaríamos calidad democrática y moralidad pública promoviendo la educación en la tolerancia, que es la trama de la libertad, y en el compromiso con el dolor de los demás, sin exclusiones. Un camino digno hacia el futuro.</p>
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		<title>The Occupy movements are the realists, not Europe&#8217;s ruling elites</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Nov 2011 22:59:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>John Gray</strong>, the author of <em>False Dawn: the Delusions of Global Capitalism</em> and <em>Black Mass: Apocalyptic Religion and The Death of Utopia</em> (THE GUARDIAN, 15/11/11):</p>
<p>The <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/occupy-movement">Occupy movements</a> have been attacked for being impractical visionaries. In fact it is the established political classes of the west that are wedded to utopian thinking, while the protesters are recalling us to the actualities of human experience. Based on economic theories that left out human beings, the global free market was supposed to be self-regulating. Now a process of disintegration is under way, in which the structures set up in the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38442/the-occupy-movements-are-the-realists-not-europes-ruling-elites/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>John Gray</strong>, the author of <em>False Dawn: the Delusions of Global Capitalism</em> and <em>Black Mass: Apocalyptic Religion and The Death of Utopia</em> (THE GUARDIAN, 15/11/11):</p>
<p>The <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/occupy-movement">Occupy movements</a> have been attacked for being impractical visionaries. In fact it is the established political classes of the west that are wedded to utopian thinking, while the protesters are recalling us to the actualities of human experience. Based on economic theories that left out human beings, the global free market was supposed to be self-regulating. Now a process of disintegration is under way, in which the structures set up in the post-cold-war period are visibly breaking up.</p>
<p>Anyone with a smattering of history could see that the hubristic capitalism of the past 20 years was programmed to self-destruct. The notion that the world&#8217;s disparate societies could be corralled into a worldwide free market was always a dangerous fantasy. Opening up economies throughout the world meant ordinary people were more directly exposed to the gyrations of market forces than they had been for generations. As it overthrew existing patterns of life and robbed large numbers of people of any security they might have achieved, global capitalism was bound to trigger a powerful blowback.</p>
<p>For as long as it was able to engineer an illusion of increasing prosperity, free-market globalisation was politically invulnerable. When the bubble burst, the actual condition of the majority was laid bare. In the US a plantation-style economy has come into being, with debt-servitude for the many coexisting with extremes of volatile wealth for the few. In Europe the muddled dream of a single currency has resulted in social devastation in Greece, mass unemployment in Spain and other countries, and even, for some, reversion to a life based on barter: sucking society into a vortex of debt deflation, austerity policies are driving a kind of reverse economic development. In many countries a settled bourgeois existence – supposedly the basis of popular capitalism – has become an impossible aspiration. Large numbers are edging closer to poverty and a life without hope.</p>
<p>History tells us how perilous this process can be. It has been taken for granted that a sudden collapse of the kind that occurred in the former Soviet Union and more recently Egypt cannot happen in advanced market economies. That assumption may be tested severely in coming years. While totalitarian mass movements of the sort seen in the 30s are not going to return, Europe&#8217;s demons have not gone away. Blaming minorities and immigrants is a perennially popular response to economic dislocation, and ethnic nationalism can be hideously destructive. In the US the continuing demise of the middle class could engender a style of politics even more rancorous and unhinged than that prevailing today. A figure such as <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/commentisfree/cifamerica/2011/feb/02/far-right-glenn-beck">Father Coughlin, the Depression-era radio demagogue</a>, shows what can be expected as the economy continues its slide. With the rise of trigger-happy politicians like <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/world/2011/nov/11/mitt-romney-perry-cain-turmoil">Mitt Romney</a> and the need for Obama to act tough, it would be unwise to rule out the prospect of another major war.</p>
<p>Despite the claims of some protesters, what is required is not a full-scale retreat from globalisation – though that may happen as countries seek shelter – but a more restrained version of globalisation in which worldwide linkages grow organically, and different countries are not penalised for having different economic systems. A more fragmented world could also be a more stable world. A body of common rules would still be necessary, but there would be no attempt to force convergence on a single type of capitalism. Governments could act as brakes on market forces, rather than – as at present, when they have taken on the debt of reckless banks – being in the position of overleveraged or insolvent hedge funds.</p>
<p>The trouble is that there is no global institution with the authority to frame the necessary reforms. In our multipolar, or non-polar, world, the deciding forces are geopolitical. The prospect in Europe is not only of deepening recession: Germany faces a choice between allowing the European Central Bank to refloat the eurozone through massive quantitative easing or else withdrawing from the eurozone along with Austria, Holland, Finland and maybe some Baltic states. Either way, the European framework put in place after the fall of communism and German reunification will be altered fundamentally. Moving from attacking the peripheral countries to an assault on Italy, Spain and soon France, global markets are unravelling the post-cold-war European settlement.</p>
<p>The emergence of a two-tier eurozone, with Germany leading a <a title="" href="http://www.historytoday.com/stephen-halliday/first-common-market-hanseatic-league">Hanseatic-style</a> northern league and France the Mediterranean countries, would sever the Franco-German axis that has for more than 60 years served as the continent&#8217;s linchpin. Refloating the eurozone by large-scale money-creation could stave off imminent disaster at the price of generating a great inflation a few years down the line; but the divergences between countries, which are the root of the problem, would not be ended. Forcing societies with different wage costs and levels of growth along with different histories and political systems into a single framework, the eurozone would still be a fragile construction.</p>
<p>The departure of Papandreou and Berlusconi has been welcomed, but their replacements – heading <a title="" href="http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2011/nov/13/europe-rise-technocracy-editorial?newsfeed=true">technocratic administrations</a> rather than democratically accountable governments – are committed to the same self-defeating policies of austerity. European leaders are turning to China, which is deeply concerned by the crisis. But it is fanciful to imagine that China will bail out a continent that lacks the capacity to govern itself. The risk is that Europe will drift until markets finally lose confidence and trigger a disorderly breakup of the eurozone&#8217;s unworkable structures. European elites have yet to face the fact that radical change is unavoidable.</p>
<p>The demands of the Occupy movement may be inchoate, or else conflicting. But it is not the protesters who threaten the world economy. The danger comes from denying the fact of systemic crisis. By trying to prop up a system that is chronically dysfunctional, our rulers are making a cataclysmic collapse more likely. So far in Britain only Ed Miliband has acknowledged the importance of the Occupy movement. It should be a warning to the entire political class. The people camped outside St Paul&#8217;s may have no clear solutions. But it is they – not ruling elites in thrall to a defunct market utopia – who are engaging with reality.</p>
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		<title>‘Habemus Papam’ o la audacia</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Nov 2011 13:35:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por<strong> Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 12/11/11):</p>
<p>Solemos decir que lo contrario de la mediocridad es la brillantez y no es cierto. En la categoría de personas brillantes acostumbramos a mezclar varias cosas, desde la gracia hasta la frivolidad, pasando por el porte, el don de la palabra, y hasta si cabe la irresponsabilidad. Dalí, por ejemplo, fue una metáfora de la brillantez. Les propongo un juego. Hagan un pequeño recordatorio de los personajes más brillantes que han conocido y luego vayan recorriendo el arco de su vida. Ya sé que es un juego cruel, porque la brillantez de unos momentos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38279/habemus-papam-o-la-audacia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por<strong> Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 12/11/11):</p>
<p>Solemos decir que lo contrario de la mediocridad es la brillantez y no es cierto. En la categoría de personas brillantes acostumbramos a mezclar varias cosas, desde la gracia hasta la frivolidad, pasando por el porte, el don de la palabra, y hasta si cabe la irresponsabilidad. Dalí, por ejemplo, fue una metáfora de la brillantez. Les propongo un juego. Hagan un pequeño recordatorio de los personajes más brillantes que han conocido y luego vayan recorriendo el arco de su vida. Ya sé que es un juego cruel, porque la brillantez de unos momentos contrasta con la augusta mediocridad del resto de su vida. Esclavo de mi propio juego, si me pongo a recordar los tipos más brillantes que he conocido, puedo asegurar, a riesgo de equivocarme muy poco, que su característica dominante, junto a la brillantez, fue su cobardía.</p>
<p>Lo contrario de la mediocridad es la audacia. El hecho de que lo repitieran Napoleón y sus exégetas hasta el hartazgo, no nos libra de la obligación de repetirlo. Si hay un reproche general a nuestra literatura, a nuestro cine, no digamos ya a nuestro periodismo, sería el de suplir la audacia con la brillantez, y eso en el mejor de los casos. Si Valle-inclán es un enigma, posiblemente no lo sea por ninguna otra razón que por su audacia genial. Cuando alguien tiene el privilegio de ver en escena Luces de Bohemia, se le hace difícil entender cómo fue posible que construyera esa obra, audaz hasta lo temerario, sin la más mínima ilusión de que se pudiera representar alguna vez.</p>
<p>Pues bien, bajando de la nube y yendo al grano, considero a Nanni Moretti uno de esos creadores cinematográficos que uno debe visitar siempre, te guste más o te llegue menos, porque ahí hay talento, sensibilidad y sobre todo audacia. No hay una sola película de Moretti que no me haya dejado una huella, una imagen; alguna reflexión incluso que va más allá del cine y que afecta a tu vida.</p>
<p>Hay que ser muy osado para que un ateo, como Nanni Moretti, ponga en escena una historia tan singular como la de un Papa, elegido en cónclave, como es preceptivo, que no se siente con la fuerza interior necesaria para asumir su papel. ¡Un Papa! Habría que empezar diciendo que los Papas no se presentan candidatos, sencillamente son elegidos. Lo que se traduce en que deben asumir una responsabilidad que en más de una ocasión no se han buscado, ni querido, sino que les ha transferido la comunidad de cardenales que constituyen el escalón más alto de la Iglesia católica. Y que, además, habrán de ser Papas de por vida, sin posibilidad de renuncia. Sobre esta eventualidad, la de dimitir –verbo laico e inadecuado para una institución que encarna la tradición por excelencia– ha construido Moretti un filme literalmente delicioso.</p>
<p>No me cabe duda que para la sensible pituitaria de los creyentes de fe berroqueña, el mismo planteamiento les parecerá que roza el sacrilegio, pero para quienes compartimos con Moretti una sensibilidad ajena al catolicismo, no creo que haya en el filme ofensa ni menosprecio. Eso sí, ironía y un punto de sarcasmo que convierten a la película en un retrato brillante –también hay que decirlo– de un mundo distante que acaba resultando casi familiar. La audacia está en el tema, las situaciones, los diálogos. Y sobre todo en el buen gusto, lo contrario del berlusconismo tan de capa caída hoy pero tan promocionado hace nada por esa parte de la militancia católica, que Moretti ha tenido la delicadeza de retirar de la escena.</p>
<p>Los Papas no se presentan, se eligen. Detalle importante. Entonces cabe preguntarse, ¿puede dimitir un Papa? Que yo sepa no hay precedentes, pero el asunto, con todo lo que tiene de insólito, no creo que sea el meollo de esta historia. Tampoco creo que la figura del psicoanalista, que es convocado a ese Vaticano secreto, pueda valorarse como lo más audaz del filme, con ser la interpretación de Moretti excepcional. La secuencia del psicoanalista iniciando su sesión ante el Papa remiso, con la curia cardenalicia de fondo, es antológica. No menos que los chispeantes duettos entre doctor y el cardenal Gregori, encarnado por ese gigante discreto de la interpretación que es el actor Renato Scarpa. Soberbio gran teatro italiano. Goldoni y Pirandello.</p>
<p>Porque el teatro está tan presente que aspira a ser una gran representación filmada. Si me viene a mientes Valle-inclán, el insuperable dramaturgo de nuestro siglo XX, es por la insistencia de Moretti en los elementos teatrales. El sueño juvenil del Papa recién electo había sido la interpretación, ser actor, y sobre todo hacer un papel en La gaviota, que se sabe de memoria. ¿Qué tiene esa obra de Chéjov, de una sencillez extrema, para que no podamos resistirnos a su poder de seducción? Sobre La gaviota de Chéjov se ha dicho de todo, y seguiremos haciéndolo, pero hay algo que gravita en ella, como en Habemus Papam, y es la melancolía, esa manifestación de la tristeza, que no tiene límites.</p>
<p>¿Quién no siente una mezcla de piedad y complicidad con ese Papa, un hombre al fin al cabo, con su pasado, sus costumbres, sus frustraciones, que trata de escapar a un destino que él no ha elegido? Y que pretende, en una huida plena de ansiedad, entrar en otra vida, nada común, pero que podía haber sido la suya, la del teatro –otro escenario, harto diferente al del Vaticano– y una cena con actores –¿quizá eran doce?– donde se respira cotidianidad, complicidad, camaradería; esa naturalidad que adoptan cuando salen del escenario y dejan de ser dioses para convertirse en humanos. Porque los actores son dioses, no lo olviden; han sido santificados por su público sobre el primer púlpito de la historia de la humanidad, el escenario.</p>
<p>No hay saña, ¡y vive Dios, que dirían los clásicos, que podría haberla! Hay ironía, hasta en los momentos más perplejantes, como esa irrupción de la memorable canción de Mercedes Sosa Todo cambia, o la competición de balonvolea, o los guiñolescos guardias suizos que refuerzan la escenografía y juegan su papel bufo. Ese retrato sin acritud de las ventajas del Estado vaticano, con su gasolina barata y sus medicinas especiales. No quiere hacer sangre, sólo el florete malicioso de un tipo que a comienzos del siglo XXI se pregunta por algo que está ahí, inamovible, inmenso, perenne. Es llamativo: sólo hay crueldad con los periodistas. ¡Qué especímenes! El portavoz vaticano, hábil y marrullero, brillante, ya lo ven, pero sin ser audaz; se limita a cumplir hasta el exceso de celo. Y los reporteros estrella especializados, que confunden la fumata nera o bianca, y el tertuliano atascado porque no tiene ni zorra idea. Toda la ternura que nos despiertan esos cardenales apegados a sus costumbres, se convierte en acidez ante los jetas de la comunicación. Quizá otro desdén antiberlusconiano.</p>
<p>Pero hay también algo que me parece importante, quizá lo que más. La reflexión sobre el poder. ¿Se puede renunciar al poder cuando te lo han otorgado? ¿Hay alguien, aunque sea un Papa, capaz de hacerlo? La audacia en un creador consiste en eso, nada más que en eso: plasmar en imágenes algo que no nos atrevemos a abordar porque queda muy por encima de nuestras miserias cotidianas.</p>
<p>En la figura del cardenal Melville, interpretado por Michel Piccoli con la modestia que destilan los grandes actores –que parece que les basta con estar, que no necesitan interpretar– hay una humanidad doliente y frustrada. Lo que le convierte en homenaje a la creatividad, a la imaginación, a la idea de que realizarnos, o al menos intentarlo, pasa en ocasiones por ese eterno “no” y el insólito rechazo a la brillantez del oropel, tan bien simulada por el ritual vaticano. Y aceptar que la vida, toda ella, puede haber sido una equivocación y que no hay poder que puede llenar ese vacío. Cuando dice “no estoy en condiciones de asumir el papel de Papa” sólo está proclamando la grandeza del cardenal Melville, no su debilidad. En eso antaño aseguraban que consistía la ética desde los griegos, ay, desde los griegos.</p>
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		<title>¿Se deben prohibir los cigarros?</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Nov 2011 22:19:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Tabaquismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Peter Singer</strong>, profesor de Bioética de la Universidad de Princeton y profesor emérito de la Universidad de Melbourne. Uno de sus libros es: Animal Liberation, Practical Ethics, and The Life You Can Save. Traducción de Kena Nequiz (Project Syndicate, 11/11/11):</p>
<p>El médico de Barack Obama confirmó el mes pasado que el presidente estadounidense ya no fuma. A petición de su esposa, Michelle Obama, el presidente decidió dejar de fumar por primera vez en 2006 y ha usado la terapia de reemplazo de nicotina como apoyo. Si a Obama, un hombre con una voluntad lo suficientemente firme para buscar &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38252/se-deben-prohibir-los-cigarros/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Peter Singer</strong>, profesor de Bioética de la Universidad de Princeton y profesor emérito de la Universidad de Melbourne. Uno de sus libros es: Animal Liberation, Practical Ethics, and The Life You Can Save. Traducción de Kena Nequiz (Project Syndicate, 11/11/11):</p>
<p>El médico de Barack Obama confirmó el mes pasado que el presidente estadounidense ya no fuma. A petición de su esposa, Michelle Obama, el presidente decidió dejar de fumar por primera vez en 2006 y ha usado la terapia de reemplazo de nicotina como apoyo. Si a Obama, un hombre con una voluntad lo suficientemente firme para buscar y conseguir la presidencia de los Estados Unidos, le llevó seis años dejar ese vicio, no es sorprendente que cientos de millones de fumadores no puedan hacerlo.</p>
<p>Si bien en los Estados Unidos la tasa de fumadores ha disminuido abruptamente, de aproximadamente el 40% de la población en 1970 a apenas el 20% actualmente, esa cifra dejó de decrecer aproximadamente en 2004. Todavía hay 46 millones de fumadores estadounidenses adultos y alrededor de 443,000 de ellos mueren cada año. A nivel mundial, el número de cigarros vendidos – seis billones al año, que son suficientes para cubrir la distancia de ida y vuelta al sol– ha llegado a un máximo histórico. Seis millones de personas mueren al año debido al cigarro – más que las muertes totales provocadas por el SIDA, la malaria y los accidentes de tránsito. De los 1,300 millones de chinos, más de uno de cada diez morirán debido al tabaco.</p>
<p>Hace unos días, la Agencia estadounidense de Alimentos y Farmacéuticos (FDA, por sus siglas en inglés) anunció que dedicaría 600 millones de dólares en un período de cinco años para educar al público acerca de los peligros del tabaco. Sin embargo, Robert Proctor, historiador de las ciencias en la Universidad de Stanford y autor del próximo <em>best seller </em>cuyo título es <em>Golden Holocaust: Origins of the Cigarette Catastrophe and the Case for Abolition </em>(El holocausto dorado: orígenes de la catástrofe del cigarro y argumentos para abolirlo) asegura que utilizar la educación como única arma contra una droga altamente adictiva y a menudo mortal es imperdonablemente insuficiente.</p>
<p>Proctor afirma que &#8220;La política de control del tabaco se centra con demasiada frecuencia en educar al público, cuando debería enfocarse en reparar o eliminar el producto&#8221;.  Señala que no sólo se educa a los padres de familia para que eviten que sus niños se lleven a la boca juguetes pintados con pinturas a base de plomo, sino que se prohíbe el uso de esa pintura. Igualmente, cuando se descubrió que la talidomida provocaba importantes defectos de nacimiento, no solo se educó a las mujeres para que no utilizaran ese medicamento durante el embarazo.</p>
<p>Proctor hace un llamado a la FDA para que utilice sus nuevas facultades de reglamentación del contenido del humo del cigarro para hacer dos cosas. En primer lugar, puesto que los cigarros están diseñados para crear y mantener la adicción, la FDA debe limitar la cantidad de nicotina que contienen hasta llegar a un nivel en el que dejen de ser adictivos. De ese modo, sería más fácil para las personas que desearan dejar de fumar lograr su objetivo.</p>
<p>En segundo lugar, la FDA debe tener en cuenta la historia. Los primeros fumadores no inhalaban el humo del tabaco; eso sólo fue posible en el siglo XIX, cuando una nueva forma de tratar el tabaco redujo la alcalinidad del humo. Ese trágico descubrimiento ya es responsable de alrededor de 150 millones de muertes y si no se hace algo, esa cifra se multiplicará. Por lo tanto, la FDA debe exigir que el humo del cigarro sea más alcalino, lo que dificultaría su inhalación y consiguiente entrada en los pulmones.</p>
<p>Gran parte del libro de Proctor, que se publicará en enero, se basa en un gran archivo de documentos de la industria del tabaco que se dieron a conocer durante procesos judiciales. Actualmente, más de 70 millones de páginas de documentos de esa industria están <a href="http://legacy.library.ucsf.edu/" target="_blank">disponibles en línea</a>.</p>
<p>Estos documentos muestran que ya para los años cuarenta, la industria tenía pruebas que indicaban que fumar causa cáncer. No obstante, en una reunión celebrada en 1953, los directores ejecutivos de las principales empresas tabacaleras estadounidenses tomaron la decisión conjunta de negar que el cigarro era dañino. Además, cuando las pruebas científicas de que fumar causa cáncer se hicieron públicas, la industria trató de crear la impresión de que los datos científicos no eran concluyentes, de forma similar a quienes ahora distorsionan deliberadamente las pruebas científicas para negar que las actividades humanas están causando el cambio climático.</p>
<p>Como dice Proctor los artículos más mortíferos de la historia de la civilización no son las armas o las bombas, sino los cigarros. Si deseamos salvar vidas y mejorar la salud, ninguna de las acciones que tenemos a nuestro alcance sería tan eficaz como una prohibición internacional de la venta de cigarros. (Eliminar la pobreza extrema en todo el mundo es la única estrategia que podría salvar más vidas, pero sería mucho más difícil de alcanzar.)</p>
<p>Para quienes reconocen el derecho de un Estado a prohibir el uso de drogas recreativas como la marihuana y el éxtasis debería resultar fácil aceptar una prohibición del cigarro. El tabaco causa más muertes que esas drogas.</p>
<p>Hay quienes argumentan que mientras una droga dañe únicamente a quienes opten por usarla el Estado debe permitir que cada individuo decida por sí mismo y limitarse a asegurar que los usuarios estén informados de los riesgos que corren. Sin embargo, ese no es el caso del tabaco, dados los peligros derivados del tabaquismo pasivo, especialmente cuando los adultos fuman en casas donde hay niños pequeños.</p>
<p>Incluso haciendo a un lado el daño que los fumadores hacen a los no fumadores, el argumento de la libertad de elección no es convincente en el caso de una droga tan adictiva como el tabaco, y se vuelve aun más cuestionable cuando se considera que la mayoría de los fumadores comienzan a fumar en la adolescencia y más tarde quieren dejar el tabaco. Reducir la cantidad de nicotina en el humo del cigarro a un nivel que no sea adictivo podría superar esta objeción.</p>
<p>El otro argumento en favor de dejar las cosas como están es que prohibir el tabaco podría dar lugar al mismo tipo de fiasco que resultó de la Prohibición en los Estados Unidos. Es decir, al igual que sucedió con los esfuerzos por prohibir el alcohol, prohibir la venta de tabaco resultaría en una canalización de miles de millones de dólares al crimen organizado, alimentaría la corrupción de las fuerzas encargadas de aplicar la ley y haría muy poco para reducir el uso del tabaco.</p>
<p>No obstante, esa puede ser una comparación falsa. Después de todo, a muchos fumadores les agradaría que se prohibieran los cigarros ya que, al igual que Obama, quieren dejar el tabaco.</p>
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		<title>Indignados, entre el poder y la legitimidad</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Nov 2011 20:33:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Indignados]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ulrich Beck</strong> es sociólogo, profesor emérito de la Universidad de Múnich y profesor de la London School of Economics. Traducción de Jesús Alborés Rey (EL PAÍS, 10/11/11):</p>
<p>¿Cómo es posible que un otoño caliente en EE UU, a imagen y semejanza de la <em>primavera árabe,</em> eche por tierra la creencia más arraigada de Occidente, la imagen económica mundial del <em>american way?</em> ¿Cómo es posible que la consigna Ocupa Wall Street no solo saque a la calle a jóvenes de otras ciudades de EE UU, sino también de Londres y Vancouver, Bruselas y Roma, Fráncfort y Tokio? Y esos manifestantes &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38238/indignados-entre-el-poder-y-la-legitimidad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ulrich Beck</strong> es sociólogo, profesor emérito de la Universidad de Múnich y profesor de la London School of Economics. Traducción de Jesús Alborés Rey (EL PAÍS, 10/11/11):</p>
<p>¿Cómo es posible que un otoño caliente en EE UU, a imagen y semejanza de la <em>primavera árabe,</em> eche por tierra la creencia más arraigada de Occidente, la imagen económica mundial del <em>american way?</em> ¿Cómo es posible que la consigna Ocupa Wall Street no solo saque a la calle a jóvenes de otras ciudades de EE UU, sino también de Londres y Vancouver, Bruselas y Roma, Fráncfort y Tokio? Y esos manifestantes no se han congregado para elevar su voz contra una mala ley, sino contra el propio &#8220;sistema&#8221;. Se pone en tela de juicio aquello que antes se denominaba &#8220;economía de libre mercado&#8221; y ahora se vuelve a llamar &#8220;capitalismo&#8221;. ¿Por qué el mundo está dispuesto a escuchar cuando Ocupa Wall Street se erige en portavoz del 99% de los oprimidos en contra del 1% de los beneficiados? En la página web <a href="http://wearethe99percent.tumblr.com/" target="_blank">WeAreThe99Percent</a> pueden leerse las experiencias personales de ese 99%: las de quienes han perdido sus casas en la crisis inmobiliaria, son los nuevos precarios, no pueden permitirse un seguro médico o tienen que endeudarse para poder estudiar. No son los &#8220;superfluos&#8221; (Zygmunt Bauman), no son los excluidos, no es el proletariado, sino la clase media la que protesta. Eso deslegitima y desestabiliza &#8220;el sistema&#8221;.</p>
<p>Sin duda, el riesgo financiero global no es (aún) una catástrofe financiera global. Pero <em>podría</em> llegar a serlo. Este condicional catastrófico es el tifón de los acontecimientos que han irrumpido en forma de crisis financiera en el seno de las instituciones sociales y de la vida cotidiana de las personas, barriendo las coordenadas que hasta el momento servían para orientarse. Al mismo tiempo, todo esto hace palpable una especie de comunidad de destino de ese 99%. Si Grecia va a la quiebra, ¿querrá eso decir que mi pensión en Alemania ya no está garantizada? ¿Qué significa la &#8220;quiebra de un Estado&#8221;? ¿Quién podría pensar que los arrogantes bancos acabarían pidiendo ayuda a los empobrecidos Estados, que pondrían a disposición de las catedrales del capitalismo sumas de dinero astronómicas, en un mundo al revés? Hoy, eso es algo que pensamos todos. Lo que no quiere decir que alguien lo entienda.</p>
<p>Esta anticipación del riesgo financiero global es una de las grandes formas de movilización del siglo XXI. Porque es un tipo de amenaza que se percibe en todas partes. Son acontecimientos que chocan con los marcos conceptuales e institucionales dentro de los que pensábamos hasta ahora la sociedad y la política; cuestionan esos marcos desde dentro, aunque afectan a muy diversos contextos y situaciones culturales, económicas y políticas; de ahí que la protesta global exhiba diferencias locales.</p>
<p>Los flujos financieros de estas nuevas transacciones digitales financieras, que mantienen en perpetuo movimiento la totalidad del globo, que hacen subir y luego dejan caer a países enteros, remiten de forma ejemplar a la novedosa dinámica de protesta en la sociedad del riesgo global. Pues los riesgos financieros globalizados podrían entenderse como si la situación, objetivamente, se manifestara contra sí misma. Bajo el imperativo de la necesidad, asistimos a una especie de curso relámpago que versa sobre las contradicciones del capitalismo financiero. Los medios de comunicación nos ponen al corriente de la escisión radical entre quienes generan los riesgos y se benefician de ellos y quienes tienen que apechugar con las consecuencias.</p>
<p>En EE UU, el país del capitalismo depredador, se ha formado un movimiento crítico con el capitalismo: lo que también era impensable. Cuando se vino abajo el muro de Berlín, dijimos que aquello era &#8220;una locura&#8221;. Cuando el 9 de septiembre de 2001 las Torres Gemelas se disolvieron en el polvo, dijimos que también eso era &#8220;una locura&#8221;. Y volvimos a exclamar que aquello era &#8220;una locura&#8221; cuando, tras el colapso de Lehman Brothers, se desató la crisis financiera global. ¿Qué quiere decir &#8220;una locura&#8221;? En primer lugar, asistimos a un acto de transformismo digno de un cabaré: banqueros y ejecutivos, los fundamentalistas del mercado por antonomasia, claman por la ayuda del Estado. Políticos que hasta hacía poco -como en Alemania la canciller Angela Merkel- elogiaban el capitalismo libre de trabas, ejecutan en medio de la noche y la niebla un cambio de opinión y bandera, que les convierte a una suerte de socialismo de Estado para ricos. Y la ignorancia reina por doquier. Nadie sabe qué es, ni qué efectos va a tener, una terapia prescrita bajo los efectos de una borrachera de ceros. Todos nosotros -el 99%- formamos parte de un gigantesco experimento económico que se mueve en el espacio vacío de una ignorancia más o menos inconfesada, ignorancia que atañe tanto a los medios empleados como a los objetivos que se persiguen, pero que tiene consecuencias devastadoras para todos.</p>
<p>Pueden distinguirse diversas formas de revolución: golpe de Estado, lucha de clases, resistencia civil, etcétera. Los peligros financieros globales no son equiparables a nada de todo esto, pero encarnan, de una forma políticamente explosiva, los errores del capitalismo financiero que hasta ayer aún seguía vigente. Son una especie de retorno de lo reprimido en un nivel colectivo: a la arrogancia característica del neoliberalismo se le echan en cara sus propios errores de origen.</p>
<p>Qué duda cabe de que las crisis económicas son tan viejas como los propios mercados y pueden tener consecuencias catastróficas en el ámbito político. Las instituciones de Breton Woods fundadas después de la II Guerra Mundial se concibieron como respuestas políticas globales a problemas económicos globales, y el hecho de que funcionaran fue una de las claves importantes del surgimiento del Estado de bienestar en Europa. Pero a partir de los años setenta y, de forma recrudecida, desde el colapso del Este, estas instituciones reguladoras han sido en gran medida desmanteladas y sustituidas por soluciones <em>ad hoc.</em> Los riesgos financieros globales, que amenazan la situación de la gente, engendran novedosas politizaciones &#8220;involuntarias&#8221;. Eso es lo que los hace interesantes, tanto en el plano político como en el intelectual. Globalidad quiere decir: son riesgos que a todos afectan y todos se consideran afectados. No se puede decir que de ahí ya haya surgido una acción comunitaria; sería apresurado concluir eso. Pero sí hay algo así como una conciencia de crisis que se alimenta del riesgo y que representa precisamente ese tipo de amenaza común bajo la forma de una nueva especie de destino colectivo. La sociedad del riesgo global -según muestra el clamor del &#8220;99%&#8221;- puede alcanzar en un momento cosmopolita un concepto reflexivo de sí misma. Esto se hace posible cuando la manifestación objetiva de la situación se puede transformar en un compromiso político, en un Movimiento Ocupa global, en el que todos salen a la calle, virtual o efectivamente.</p>
<p>¿Pero de dónde proviene el poder o la impotencia del Movimiento Ocupa? El peligro global de las finanzas, sus consecuencias políticas y sociales, han privado de legitimidad al capitalismo neoliberal. La consecuencia es que se da una paradoja entre poder y legitimidad. Gran poder y escasa legitimidad del lado del capital y de los Estados; escaso poder y elevada legitimidad del lado de los manifestantes. Y es un desequilibrio que el Movimiento Ocupa podría aprovechar para plantear demandas claves como, por ejemplo, un impuesto sobre las transacciones financieras. Para imponer esta <em>tasa Robin Hood,</em> podría surgir de forma ejemplar una alianza legítima y poderosa entre los movimientos globales de protesta y la política de los Estados nacionales, una alianza capaz de dar el salto cuántico político. Cuando esta exigencia clave ha sido planteada, al menos de boquilla, por la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, muy bien puede pensarse que hay una posibilidad de llevar a la práctica semejante objetivo.</p>
<p>Generalizando: en la conciencia del riesgo global, ante la anticipación de la catástrofe se abre un nuevo campo para la política de poder. Ahora, en la alianza entre los movimientos globales de protesta y la política de los Estados, a largo plazo podría lograrse que no fuera la economía la que domine a la democracia, sino la democracia a la economía. Esa oportunidad de oro podría hacerse más tangible a través del Movimiento Ocupa, que se plantea, tanto hacia el interior como hacia el exterior, objetivos sobre los que puede alcanzarse un consenso. No estaríamos hablando aquí únicamente de los controles al sector bancario, sino también de una política fiscal justa y de la seguridad social en un marco transnacional.</p>
<p>Contra el desaliento, quizá ayude pensar que los principales adversarios de la economía financiera global no son quienes levantan ahora en todo el mundo sus tiendas en las plazas públicas y ante las catedrales bancarias; el adversario más convincente y tenaz de la economía financiera global es&#8230; la propia economía financiera global.</p>
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		<title>Mensaje a los banqueros</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Nov 2011 14:51:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Banca]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Su último libro es L<em>os hechos son subversivos: ideas y personajes para una década sin nombre.</em> Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 07/11/11):</p>
<p>Al decir &#8220;banqueros&#8221; me refiero a cualquiera que haya ganado un montón de dinero en el sector financiero durante el último cuarto de siglo. Al decir &#8220;una parte&#8221;, quiero decir una parte del dinero. Al decir &#8220;devuelvan&#8221; pretendo que lo devuelvan a las sociedades -en sus propios países y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38142/mensaje-a-los-banqueros/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Su último libro es L<em>os hechos son subversivos: ideas y personajes para una década sin nombre.</em> Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 07/11/11):</p>
<p>Al decir &#8220;banqueros&#8221; me refiero a cualquiera que haya ganado un montón de dinero en el sector financiero durante el último cuarto de siglo. Al decir &#8220;una parte&#8221;, quiero decir una parte del dinero. Al decir &#8220;devuelvan&#8221; pretendo que lo devuelvan a las sociedades -en sus propios países y en otros- que sufren hoy como consecuencia de una crisis que nació en esas instituciones financieras; unas sociedades que después tuvieron que rescatar a varias de esas instituciones, porque eran &#8220;demasiado grandes para dejar que se hundieran&#8221;. Y al decir &#8220;devuelvan&#8221; digo también que den ese dinero, que, ahora que se aproxima la Navidad, saquen el talonario o entren en sus cuentas bancarias por Internet, que busquen organizaciones benéficas de las que verdaderamente ayudan a los pobres, los débiles, los enfermos, y les donen una pequeña proporción de sus ganancias. Será un pequeño paso para ustedes, y uno inmenso para los más necesitados.</p>
<p>Hay personas muy ricas que dan con gran generosidad, a veces sin buscar el reconocimiento público. Me descubro ante ellos. Pero, en general, da la impresión -al menos en Reino Unido- de que la generosidad no es proporcional a la renta. Un estudio realizado por el Consejo Nacional de Organizaciones Voluntarias y la Fundación de Ayuda a Organizaciones Benéficas (CAF) indica que, mientras que los que ganan menos de 32.000 libras (37.000 euros) al año dan, por término medio, más del 1% de sus ingresos a obras benéficas, los que ganan más de 52.000 libras (60.000 euros) anuales dan un promedio del 0,8%. Los menos ricos donan más proporción de sus rentas que los más ricos.</p>
<p>El cálculo es complicado de hacer, sin duda, porque los ricos tienen gran parte de su fortuna en acciones y otras formas de capital o propiedades que son difíciles de medir. La &#8220;Lista de donantes&#8221; publicada por <em>The Sunday Times,</em> basada en su propia &#8220;Lista de los más ricos&#8221;, calcula que, en 2010, las donaciones de los 100 mayores filántropos británicos sumaron 2.490 millones de libras, casi la cuarta parte del total de donaciones individuales en ese mismo año (10.600 millones de libras).</p>
<p>Lo que no sabemos es cuánto dieron el resto de las aproximadamente 5.000 personas con activos personales de 20 millones de libras o más, de cuyos impuestos se encarga una &#8220;unidad especial de altos ingresos&#8221; en el Ministerio de Hacienda británico. Pero es evidente que muchos de ellos podrían donar mucho más sin que su estilo de vida resultara perjudicado.</p>
<p>John Low, consejero delegado de CAF, pidió esta semana que todo el mundo dé al menos el 1,5% de sus ingresos cada año a organizaciones benéficas, &#8220;y que el porcentaje aumente en el caso de quienes poseen más riqueza&#8221;.</p>
<p>Una campaña nacida en Oxford y llamada <a href="http://www.givingwhatwecan.org" target="_blank">Giving what we can</a> (Dar lo que podemos) se ha fijado un objetivo todavía más ambicioso. Nos invita a comprometernos a dar al menos el 10% de nuestros ingresos anuales. Con un utilitarismo estricto y riguroso, este grupo -dirigido por el filósofo de Oxford Toby Ord- sugiere que donemos a las organizaciones más rentables, las que tienen un efecto medible en vidas salvadas y otros índices. Ofrece <a href="http://www.givingwhatwecan.org/resources/what-you-can-achieve.php" target="_blank">una calculadora en Internet</a> que señala que, por ejemplo, si uno da una décima parte de unos ingresos anuales de 100.000 libras durante los próximos 10 años, podría salvar 368 vidas, o financiar 55.193 años de escolaridad para niños en países en vías de desarrollo. Si sus conciencias les empujan a centrarse en los necesitados de su propio entorno (desarrollado), los beneficios cuantitativos serán inferiores, pero seguirán siendo muy importantes.</p>
<p>¿Pero por qué destaco a los banqueros? No son los únicos, por supuesto. El argumento ético es aplicable a cualquier persona acomodada. En especial, a los directivos de las grandes empresas que reciben remuneraciones excesivas. Sin embargo, hay algo de particular en el caso de los banqueros, cuya conducta colectiva y cuyos errores de cálculo contribuyeron de manera fundamental a meternos en este lío.</p>
<p>Tenían más facilidad de acceso a activos líquidos que la mayoría de los que trabajaban en otros sectores. Se quedaban con una proporción enorme de los beneficios, más que en la mayoría de los demás sectores. Esos beneficios se calculaban sobre el papel, de año en año, teniendo muy poco en cuenta el riesgo a largo plazo. Los tratos, los riesgos que impulsaban esos beneficios anuales, nacían, en gran parte, de saber que en cuestión de meses iban a traducirse en inmensas primas para sus bolsillos.</p>
<p>&#8220;Seamos sinceros&#8221;, dijo el otro día a la BBC John Nelson, el nuevo responsable del sector de seguros de Lloyd&#8217;s de Londres, &#8220;uno de los principales motivos era la remuneración&#8221;.</p>
<p>Y cuando llegó la crisis, se fueron tan tranquilos, sin nada más grave que una reputación colectiva ligeramente empañada. Qué distinto de aquellos primeros socios con una responsabilidad individual infinita, en la vieja e imperturbable City de Londres en la que mi padre y mi abuelo desempeñaban honradamente su trabajo.</p>
<p>Pero estos banqueros de nuevo cuño siguieron adelante, en bancos rescatados por nosotros, los contribuyentes. Estas Navidades volverán a sus casas -y pasarán al lado de los concentrados ante la catedral de San Pablo- con inmensas primas injustificadas. Y cuando digo injustificadas, quiero decir injustificadas. Nos dicen sin cesar que deben pagar esas enormes recompensas porque esos superhombres y supermujeres son muy pocos y escogidos y, de no hacerlo, nos los robarán desde Fráncfort, Nueva York o Shanghái. Vaya memez. Hay un grupo pequeño y muy escogido de grandes violinistas, escritores, empresarios, tenistas. Que les recompensen todo lo que quieran. Roger Federer, J. K. Rowling, Steve Jobs, Yehudi Menuhin, valen cada millón que se les pague, a mi juicio. Pero, ¿los banqueros?</p>
<p>En la universidad, hace unos 30 años, tenía varios amigos que se fueron a trabajar a la banca. No cabe duda de que eran muy inteligentes, motivados y trabajadores; ¿pero de verdad eran excepcionales, únicos, irrepetibles? No. Lo único excepcional fue la generosidad que esta profesión concreta, en este momento concreto, mostró hacia ellos. Años después, alguna vez, estaba con uno de ellos, los dos rodeados de folletos de agentes inmobiliarios sobre casas de campo multimillonarias, y él me explicaba: &#8220;Sí, la verdad es que la <em>city</em> me ha tratado muy bien&#8221;. ¡Qué magnífico eufemismo!</p>
<p>Quiero aclarar lo que no estoy diciendo. No estoy diciendo, como claman muchos manifestantes en San Pablo, que necesitamos una alternativa al capitalismo. Lo que necesitamos es un capitalismo alternativo, con más Escandinavia y menos casinos de pacotilla. No estoy sintiéndome neovictoriano ni diciendo que la beneficencia individual puede solucionar los problemas fundamentales. Para resolverlos, necesitamos cambios estructurales: muros de protección, o incluso una separación total, entre bancos de atención personal y bancos de inversiones (para que no pase nada si estos quiebran), acuerdos plurianuales de recuperación de las primas que resulten injustificadas, impuestos sobre las transacciones financieras, etcétera.</p>
<p>Tampoco digo que esos banqueros fueran todos malos. Ante una tentación organizada semejante, ¿cuántos de nosotros habríamos resistido?</p>
<p>Lo único que digo es que aquí hay algo que un grupo histórico concreto de personas, que se enriquecieron muy deprisa -según se ha visto después, a expensas de otros-, pueden hacer para ayudar. Llámenlo expiación, si quieren. Llámenlo actuar como es debido. Llámenlo como quieran. Pero háganlo.</p>
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		<title>La globalización de la protesta</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 20:20:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Indignados]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Joseph E. Stiglitz</strong>, profesor de la Universidad de Columbia, premio Nobel de Economía y autor del libro Caída libre: Estados Unidos, el libre mercado y el hundimiento de la economía mundial. Traducción: Esteban Flamini (Project Syndicate, 04/11/11):</p>
<p>El movimiento de protesta que nació en enero en Túnez, para luego extenderse a Egipto y de allí a España, ya es global: la marea de protestas llegó a Wall Street y a diversas ciudades de Estados Unidos. La globalización y la tecnología moderna ahora permiten a los movimientos sociales trascender las fronteras tan velozmente como las ideas. Y la protesta &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37861/la-globalizacion-de-la-protesta/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Joseph E. Stiglitz</strong>, profesor de la Universidad de Columbia, premio Nobel de Economía y autor del libro Caída libre: Estados Unidos, el libre mercado y el hundimiento de la economía mundial. Traducción: Esteban Flamini (Project Syndicate, 04/11/11):</p>
<p>El movimiento de protesta que nació en enero en Túnez, para luego extenderse a Egipto y de allí a España, ya es global: la marea de protestas llegó a Wall Street y a diversas ciudades de Estados Unidos. La globalización y la tecnología moderna ahora permiten a los movimientos sociales trascender las fronteras tan velozmente como las ideas. Y la protesta social halló en todas partes terreno fértil: hay una sensación de que el “sistema” fracasó, sumada a la convicción de que, incluso en una democracia, el proceso electoral no resuelve las cosas, o por lo menos, no las resuelve si no hay de por medio una fuerte presión en las calles.</p>
<p>En mayo visité el escenario de las protestas tunecinas; en julio, hablé con los <em>indignados</em> españoles; de allí partí para reunirme con los jóvenes revolucionarios egipcios en la plaza Tahrir de El Cairo; y hace unas pocas semanas, conversé en Nueva York con los manifestantes del movimiento Ocupar Wall Street. Hay una misma idea que se repite en todos los casos, y que el movimiento OWS expresa en una frase muy sencilla: “Somos el 99%”.</p>
<p>Este eslogan remite al título de un artículo que publiqué hace poco. El artículo se titula “Del 1%, por el 1% y para el 1%”, y en él describo el enorme aumento de la desigualdad en los Estados Unidos: el 1% de la población controla más del 40% de la riqueza y recibe más del 20% de los ingresos. Y los miembros de este selecto estrato no siempre reciben estas generosas gratificaciones porque hayan contribuido más a la sociedad (esta justificación de la desigualdad quedó totalmente vaciada de sentido a la vista de las bonificaciones y de los rescates); sino que a menudo las reciben porque, hablando mal y pronto, son exitosos (y en ocasiones corruptos) buscadores de rentas.</p>
<p>No voy a negar que dentro de ese 1% hay algunas personas que dieron mucho de sí. De hecho, los beneficios sociales de muchas innovaciones <em>reales </em>(por contraposición a los novedosos “productos” financieros que terminaron provocando un desastre en la economía mundial) suelen superar con creces lo que reciben por ellas sus creadores.</p>
<p>Pero, en todo el mundo, la influencia política y las prácticas anticompetitivas (que a menudo se sostienen gracias a la política) fueron un factor central del aumento de la desigualdad económica. Una tendencia reforzada por sistemas tributarios en los que un multimillonario como Warren Buffett paga menos impuestos que su secretaria (como porcentaje de sus respectivos ingresos) o donde los especuladores que contribuyeron a colapsar la economía global tributan a tasas menores que quienes ganan sus ingresos trabajando.</p>
<p>Se han publicado en estos últimos años diversas investigaciones que muestran lo importantes que son las ideas de justicia y lo arraigadas que están en las personas. Los manifestantes de España y de otros países tienen derecho a estar indignados: tenemos un sistema donde a los banqueros se los rescató, y a sus víctimas se las abandonó para que se las arreglen como puedan. Para peor, los banqueros están otra vez en sus escritorios, ganando bonificaciones que superan lo que la mayoría de los trabajadores esperan ganar en toda una vida, mientras que muchos jóvenes que estudiaron con esfuerzo y respetaron todas las reglas ahora están sin perspectivas de encontrar un empleo gratificante.</p>
<p>El aumento de la desigualdad es producto de una espiral viciosa: los ricos rentistas usan su riqueza para impulsar leyes que protegen y aumentan su riqueza (y su influencia). En la famosa sentencia del caso <em>Citizens United</em>, la Corte Suprema de los Estados Unidos dio a las corporaciones rienda suelta para influir con su dinero en el rumbo de la política. Pero mientras los ricos pueden usar sus fortunas para hacer oír sus opiniones, en la protesta callejera la policía no me dejó usar un megáfono para dirigirme a los manifestantes del OWS.</p>
<p>A nadie se le escapó este contraste: por un lado, una democracia hiperregulada, por el otro, la banca desregulada. Pero los manifestantes son ingeniosos: para que todos pudieran oírme, la multitud repetía lo que yo decía; y para no interrumpir con aplausos este “diálogo”, expresaban su acuerdo haciendo gestos elocuentes con las manos.</p>
<p>Tienen razón los manifestantes cuando dicen que algo está mal en nuestro “sistema”. En todas partes del mundo tenemos recursos subutilizados (personas que desean trabajar, máquinas ociosas, edificios vacíos) y enormes necesidades insatisfechas: combatir la pobreza, fomentar el desarrollo, readaptar la economía para enfrentar el calentamiento global (y esta lista es incompleta). En los Estados Unidos, en los últimos años se ejecutaron más de siete millones de hipotecas, y ahora tenemos hogares vacíos y personas sin hogar.</p>
<p>Una crítica que se les hace a los manifestantes es que no tienen un programa. Pero eso supone olvidar cuál es el sentido de los movimientos de protesta. Son ellos una expresión de frustración con el proceso electoral. Son una alarma.</p>
<p>Las protestas globalifóbicas de 1999 en Seattle, en lo que estaba previsto como la inauguración de una nueva ronda de conversaciones comerciales, llamaron la atención sobre las fallas de la globalización y de las instituciones y los acuerdos internacionales que la gobiernan. Cuando los medios de prensa examinaron los reclamos de los manifestantes, vieron que contenían mucho más que una pizca de verdad. Las negociaciones comerciales subsiguientes fueron diferentes (al menos en principio, se dio por sentado que serían una <em>ronda de desarrollo</em> y que buscarían compensar algunas de las deficiencias señaladas por los manifestantes) y el Fondo Monetario Internacional encaró después de eso algunas reformas significativas.</p>
<p>Es similar a lo que ocurrió en la década de 1960, cuando en Estados Unidos los manifestantes por los derechos civiles llamaron la atención sobre un racismo omnipresente e institucionalizado en la sociedad estadounidense. Aunque todavía no nos hemos librado de esa herencia, la elección del presidente Barack Obama muestra hasta qué punto esas protestas fueron capaces de cambiar a los Estados Unidos.</p>
<p>En un nivel básico, los manifestantes actuales piden muy poco: oportunidades para emplear sus habilidades, el derecho a un trabajo decente a cambio de un salario decente, una economía y una sociedad <em>más justas</em>. Sus esperanzas son evolucionarias, no revolucionarias. Pero en un nivel más amplio, están pidiendo mucho: una democracia donde lo que importe sean las personas en vez del dinero, y un mercado que cumpla con lo que se espera de él.</p>
<p>Ambos objetivos están vinculados: ya hemos visto cómo la desregulación de los mercados lleva a crisis económicas y políticas. Los mercados solo funcionan como es debido cuando lo hacen dentro de un marco adecuado de regulaciones públicas; y ese marco solamente puede construirse en una democracia que refleje los intereses de todos, no los intereses del 1%. El mejor gobierno que el dinero puede comprar ya no es suficiente.</p>
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		<title>Bill Gates’s plan to assist the world’s poor</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Nov 2011 20:14:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Ayuda humanitaria]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Bill Gates</strong>, chairman of Microsoft and co-chair of the Bill &#38; Melinda Gates Foundation (THE WASHINGTON POST, 02/11/11):</p>
<p>Fifty years ago, almost 20 million children under the age of 5 died every year. In 2010, the figure was <a href="http://www.unicef.org/media/files/Child_Mortality_Report_2011_Final.pdf">down to 7.6 million</a> . This 60 percent decline in childhood deaths — reflecting advances in agriculture, education, health and sanitation — is compelling evidence of the increasing justice in our world.</p>
<p>But the global economic crisis is putting the long-term trend of progress at risk, as Congress’s debates about the foreign aid budget underscore.</p>
<p>I am giving a report &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37803/bill-gates%e2%80%99s-plan-to-assist-the-world%e2%80%99s-poor/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Bill Gates</strong>, chairman of Microsoft and co-chair of the Bill &amp; Melinda Gates Foundation (THE WASHINGTON POST, 02/11/11):</p>
<p>Fifty years ago, almost 20 million children under the age of 5 died every year. In 2010, the figure was <a href="http://www.unicef.org/media/files/Child_Mortality_Report_2011_Final.pdf">down to 7.6 million</a> . This 60 percent decline in childhood deaths — reflecting advances in agriculture, education, health and sanitation — is compelling evidence of the increasing justice in our world.</p>
<p>But the global economic crisis is putting the long-term trend of progress at risk, as Congress’s debates about the foreign aid budget underscore.</p>
<p>I am giving a report Thursday to the <a href="http://www.washingtonpost.com/business/markets/leaders-from-20-major-economies-seek-ways-to-get-global-economy-back-on-recovery-track/2011/10/31/gIQAlgVdaM_story.html">heads of the Group of 20</a> governments, including President Obama, suggesting creative ways for the world to continue investing in development despite fiscal constraints. I hope three key ideas become part of congressional deliberations over the coming weeks.</p>
<p>First, programs funded by U.S. generosity have been a core component of this 50-year project of raising living standards around the world.</p>
<p>Aid is targeted to fill specific gaps in development. The most important of these gaps is innovation. When the private sector doesn’t have incentive, and poor governments don’t have the money, smart aid pays for breakthrough solutions. The green revolution that fed a billion people in the 1950s and ’60s never would have happened without advanced agricultural science funded by U.S. aid. In just the past 10 years, millions of children have been saved from diseases such as measles and whooping cough by vaccines that Americans paid for through their contribution to an organization called the <a href="http://www.gavialliance.org/results/">GAVI Alliance</a>. Immunization is a great example of how aid can be effective. Thirty-six cents worth of measles vaccine protects a child for a lifetime.</p>
<p>Second, development isn’t just good for people in poor countries; it’s good for all of us. It used to be that the world was, roughly speaking, one-third rich and two-thirds poor. Now, the number of dynamic, healthy, highly educated countries is much higher, which is a recipe for prosperity. Imagine the world economy without Brazil, China, India, Indonesia, South Korea, Mexico or Turkey.</p>
<p>If countries that are currently poor can feed, educate and employ their people, then over time they will contribute to the world economy. On the supply side, they’ll increase the production of key commodities such as food, keeping prices lower. On the demand side, as their citizens are more productive, they’ll become important markets for trade.</p>
<p>But if people don’t get access to basic necessities, continued suffering will lead to economic stagnation and instability. It is, for example, not only unconscionable but also a strategic mistake to allow famine to devastate the livelihoods of millions of people in the Horn of Africa.</p>
<p>Third, the United States is not doing development alone. We spend about 1 percent of our total budget on aid, as do dozens of donor countries.</p>
<p>And with only a few exceptions, the amount poor countries spend on their own development is much greater than the amount donors invest. Ethiopia, for example, has in the past five years built 15,000 rural health posts to provide improved services for its citizens.</p>
<p>There is also a group of rapidly growing countries — including Brazil, China and India — that combine recent experience with development and significant technical capacity, giving them the insight and the skill to have special impact. For instance, China is sequencing 10,000 varieties of rice to help small farmers cope with climate change. These efforts can make a big difference. For example, a new submergence-tolerant rice variety being used in flood-prone areas of Bangladesh and India can more than double farmers’ yields. We predict that 20 million farmers will be planting this variety in the next six years.</p>
<p>The private sector hasn’t always invested as much in development as it should because the market incentives haven’t always been clear, but there are ways to encourage involvement. In my report to the G-20, I’ll make half a dozen recommendations for mobilizing tens of billions of dollars annually from private sources. The African diaspora is sitting on $50 billion in savings that could fund development in their home countries if it were captured <a href="http://www.nytimes.com/2011/03/12/opinion/12ratha.html">through diaspora bonds</a>.</p>
<p>If the transaction costs on <a href="http://blogs.worldbank.org/peoplemove/remittance-flows-to-developing-countries">remittances worldwide</a> were cut from an average of 10 percent to an average of 5 percent, it would unlock $15 billion a year in poor countries. In addition, there are trillions of dollars in sovereign wealth funds, and a portion could be reserved for key infrastructure projects in poor countries.</p>
<p>Sometimes Americans get the impression that we’re shouldering the whole burden of development and that, ultimately, our aid doesn’t make a big difference. I see it very differently. We’re providing strategic investments that link up with many other investments to systematically make a better, more prosperous and safer world. If we do it right, we can keep shrinking the number of countries where aid is needed to zero.</p>
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		<title>The People versus the Police</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Oct 2011 15:38:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Naomi Wolf</strong>, a political activist and social critic whose most recent book is Give Me Liberty: A Handbook for American Revolutionaries (Project Syndicate, 31/10/11):</p>
<p>America’s politicians, it seems, have had their fill of democracy. Across the country, police, acting under orders from local officials, are breaking up protest encampments set up by supporters of the Occupy Wall Street (OWS) movement – sometimes with shocking and utterly gratuitous violence.</p>
<p>In the worst incident so far, hundreds of police, dressed in riot gear, surrounded Occupy Oakland’s encampment and fired rubber bullets (which can be fatal), flash grenades, and tear-gas canisters &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37758/the-people-versus-the-police/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Naomi Wolf</strong>, a political activist and social critic whose most recent book is Give Me Liberty: A Handbook for American Revolutionaries (Project Syndicate, 31/10/11):</p>
<p>America’s politicians, it seems, have had their fill of democracy. Across the country, police, acting under orders from local officials, are breaking up protest encampments set up by supporters of the Occupy Wall Street (OWS) movement – sometimes with shocking and utterly gratuitous violence.</p>
<p>In the worst incident so far, hundreds of police, dressed in riot gear, surrounded Occupy Oakland’s encampment and fired rubber bullets (which can be fatal), flash grenades, and tear-gas canisters – with some officers taking aim directly at demonstrators. The Occupy Oakland Twitter feed read like a report from Cairo’s Tahrir Square: “they are surrounding us”; “hundreds and hundreds of police”; “there are armored vehicles and Hummers.” There were 170 arrests.</p>
<p>My own recent arrest, while obeying the terms of a permit and standing peacefully on a street in lower Manhattan, brought the reality of this crackdown close to home. America is waking up to what was built while it slept: private companies have hired away its police (JPMorgan Chase gave $4.6 million to the New York City Police Foundation); the federal Department of Homeland Security has given small municipal police forces military-grade weapons systems; citizens’ rights to freedom of speech and assembly have been stealthily undermined by opaque permit requirements.</p>
<p>Suddenly, America looks like the rest of the furious, protesting, not-completely-free world. Indeed, most commentators have not fully grasped that a world war is occurring. But it is unlike any previous war in human history: for the first time, people around the world are not identifying and organizing themselves along national or religious lines, but rather in terms of a global consciousness and demands for a peaceful life, a sustainable future, economic justice, and basic democracy. Their enemy is a global “corporatocracy” that has purchased governments and legislatures, created its own armed enforcers, engaged in systemic economic fraud, and plundered treasuries and ecosystems.</p>
<p>Around the world, peaceful protesters are being demonized for being disruptive. But <em>democracy</em> is disruptive. Martin Luther King, Jr., argued that peaceful disruption of “business as usual” is healthy, because it exposes buried injustice, which can then be addressed. Protesters ideally should dedicate themselves to disciplined, nonviolent disruption in this spirit – especially disruption of traffic. This serves to keep provocateurs at bay, while highlighting the unjust militarization of the police response.</p>
<p>Moreover, protest movements do not succeed in hours or days; they typically involve sitting down or “occupying” areas for the long hauls. That is one reason why protesters should raise their own money and hire their own lawyers. The corporatocracy is terrified that citizens will reclaim the rule of law. In every country, protesters should field an army of attorneys.</p>
<p>Protesters should also make their own media, rather than relying on mainstream outlets to cover them. They should blog, tweet, write editorials and press releases, as well as log and document cases of police abuse (and the abusers).</p>
<p>There are, unfortunately, many documented cases of violent provocateurs infiltrating demonstrations in places like Toronto, Pittsburgh, London, and Athens – people whom one Greek described to me as “known unknowns.” Provocateurs, too, need to be photographed and logged, which is why it is important <em>not</em> to cover one’s face while protesting.</p>
<p>Protesters in democracies should create email lists locally, combine the lists nationally, and start registering voters. They should tell their representatives how many voters they have registered in each district – and they should organize to oust politicians who are brutal or repressive. And they should support those – as in Albany, New York, for instance, where police and the local prosecutor refused to crack down on protesters – who respect the rights to free speech and assembly.</p>
<p>Many protesters insist in remaining leaderless, which is a mistake. A leader does not have to sit atop a hierarchy: a leader can be a simple representative. Protesters should elect representatives for a finite “term,” just like in any democracy, and train them to talk to the press and to negotiate with politicians.</p>
<p>Protests should model the kind of civil society that their participants want to create. In lower Manhattan’s Zuccotti Park, for example, there is a library and a kitchen; food is donated; kids are invited to sleep over; and teach-ins are organized. Musicians should bring instruments, and the atmosphere should be joyful and positive. Protesters should clean up after themselves. The idea is to build a new city within the corrupt city, and to show that it reflects the majority of society, not a marginal, destructive fringe.</p>
<p>After all, what is most profound about these protest movements is not their demands, but rather the nascent infrastructure of a common humanity. For decades, citizens have been told to keep their heads down – whether in a consumerist fantasy world or in poverty and drudgery – and leave leadership to the elites. Protest is transformative precisely because people emerge, encounter one another face-to-face, and, in re-learning the habits of freedom, build new institutions, relationships, and organizations.</p>
<p>None of that cannot happen in an atmosphere of political and police violence against peaceful democratic protesters. As Bertolt Brecht famously asked, following the East German Communists’ brutal crackdown on protesting workers in June 1953, “Would it not be easier…for the government to dissolve the people and elect another?” Across America, and in too many other countries, supposedly democratic leaders seem to be taking Brecht’s ironic question all too seriously.</p>
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		<title>Humanismo frente a la crisis</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 17:49:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando García de Cortázar</strong>, catedrático de Historia de la Universidad de Deusto y director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad (ABC, 30/10/11):</p>
<p>Lejos de las sonrisas y lágrimas de nuestro espectáculo electoral, adelanto mi jornada de reflexión en un momento en el que la historia nos pone a prueba, en casi todo. En la pérdida de valores acelerada que degrada la vida de las personas con mayores posibilidades culturales; en el derrumbe de un sistema que es incapaz de conceder un nivel de vida adecuado ni siquiera a quienes vivíamos en situaciones de privilegio y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37771/humanismo-frente-a-la-crisis/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando García de Cortázar</strong>, catedrático de Historia de la Universidad de Deusto y director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad (ABC, 30/10/11):</p>
<p>Lejos de las sonrisas y lágrimas de nuestro espectáculo electoral, adelanto mi jornada de reflexión en un momento en el que la historia nos pone a prueba, en casi todo. En la pérdida de valores acelerada que degrada la vida de las personas con mayores posibilidades culturales; en el derrumbe de un sistema que es incapaz de conceder un nivel de vida adecuado ni siquiera a quienes vivíamos en situaciones de privilegio y que devasta las esperanzas de los que, como ocurre en el cuerno de África, mueren sin haber llegado a vivir. Nos pone a prueba para indicarnos si somos hombres sumisos, entregados a una fuerza del destino que no deseamos encarar, o somos hombres sin alma, dispuestos a salvarnos en los escasos botes del Titanic, mientras llega a nuestros oídos el aullido de las víctimas, convertido en un solo grito de acusación y terror. La historia, nos lo recuerda Walter Benjamin, no es lo que suponemos que sucedió en el pasado, sino lo que brilla en un instante de peligro.<br />
La historia vuelve a convertirse en un tribunal hegeliano, pero dotado de un sentido moral que no solo medirá lo que merece seguir existiendo, sino que nos pondrá delante del juez más implacable, que es el de nuestra propia conciencia. Ante ella no cabrán las jugarretas de abogados bien provistos de fondos de reptiles ni de la ambigüedad de la ley siempre porosa. Estaremos, esta vez sí, solos ante quien lo sabe todo de nosotros, sin que valga defensa farsante ante ella ni petición de instancias superiores que revoquen su decisión.</p>
<p>Estos tiempos de cólera, los más duros que vive Occidente desde la caída del Muro de Berlín, nos deberían servir para hacernos algunas preguntas que nos obliguen a miradas más hondas, a distancias más largas que las de las alternancias políticas, a la búsqueda de razones más profundas que las de los programas de los partidos. Lo peor de la situación actual no es que el mundo esté atravesando otra de las profundas crisis materiales sufridas los dos últimos siglos, sino que no tiene a su disposición el repertorio de valores con los que trató de comprenderlas y soportarlas.</p>
<p>En estos momentos de crisis, cuando la fiesta parece haberse acabado —aunque sabemos perfectamente que millones de personas nunca fueron invitadas a ella— es urgente que nos preguntemos si estamos dispuestos a empezar en otra sociedad que, tras el pavor de lo que estamos viviendo ahora y las circunstancias de espanto que el siglo XX reiteró, ofrezca un camino hacia un nuevo emplazamiento de la perspectiva moral y el humanismo. En su tiempo, Gramsci se equivocó gravemente creyendo que sus propuestas «para la eternidad» podrían realizarse en el marco de su partido, el comunista, que siempre entendió como propuesta de civilización, nunca como mero instrumento para organizar el poder. Pero su preocupación por la cultura sirvió para definir claramente la tarea de una generación y la propia de la militancia política: superar el simple reformismo para plantearse la construcción de un mundo nuevo; rebasar el espacio del debate parlamentario para buscar esa totalidad que parece asentar, ella sola, la seguridad de los hombres en la Tierra.</p>
<p>Naturalmente, ello exige unas premisas distintas de las que la crisis con su penuria económica también está dejando al descubierto: la degradación de nuestras actitudes culturales, en las que todo lo hermoso que nuestra civilización ha construido se convierte en tierra donde habita el olvido, mientras se ensalzan los reality shows, el desmoche de todo pensamiento crítico o la simple sensibilidad ante la belleza y la búsqueda de un sentido a la vida. Asistimos al pillaje ejercido sobre un patrimonio que ni siquiera era nuestro, sino una herencia fabricada con reverencial cuidado por generaciones de hombres y mujeres que no nos lo entregaron para que fuera echada a los escombros de lo que no importa.</p>
<p>Y tenemos que salir al paso de esa circunstancia de dos caras porque lo que está haciendo es llevar adelante el proceso de deshumanización que tantas veces trató de realizarse sin éxito en el siglo XX y que ahora puede llegar por caminos menos evidentes, pero con singular eficacia, como todo aquello que se hace y no se reviste de mera propuesta, sino de la propia naturaleza de las cosas. En efecto, es la Humanidad la que está en peligro: no en su supervivencia biológica, sino en aquello a lo que durante siglos hemos llamado personas. ¿Qué ocurrirá cuando millones de seres descubran que la vida tenía un sentido, pero se les ha arrebatado, condenándolos a vivir solo para poder seguir en pie cada mañana, como un animal al que se ha alimentado y al que se divierte con el juego de arrojarle una rama para que la devuelvan al amo, moviendo el rabo en señal de agradecimiento?</p>
<p>Hemos pasado, paradójicamente, del mundo en el que la inflamación de las ideas se convertía en un espacio de hipertrofia ideológica que nos dejaba indefensos a un mundo en el que cualquier valor, idea o principio se contempla con la reticencia de quienes no desean ser sometidos a ningún interrogatorio moral. Dejar de lado las ideologías es, aunque parezca una contradicción, entrar en el campo mucho más feraz de los principios morales. Sin los dogmas ideológicos, no se establecerán esas fronteras artificiosas que obligan a convivir con canallas y nos alejan de los hermanos. Porque los campos no se definirán por los programas, sino por las conductas; las palabras solo tendrán sentido cuando designen aquello para lo que fueron convocadas en su formulación, no en el significado que, según la ortodoxia de Lewis Carroll, se les asigna por quien manda. «Desprecio a aquellos cuyas palabras van más lejos que sus actos», proclamaba Camus.</p>
<p>Los historiadores ponen el origen del movimiento obrero en aquellos igualitarios levellers que se planteaban lo que era justo, no lo progresista, ni siquiera lo simplemente posible o políticamente correcto. Descubrieron lo que era justo viendo lo que era la injusticia. Aquel no podía ser el mundo, aquel no podía ser el reino de Dios en la Tierra. Y sobre esa esperanza, sobre esa fe y sobre esa caridad nació el movimiento que enlazaba a quienes no se resignaban, ya no en el movimiento frívolo de la Puerta del Sol, sino en las jornadas de sol a sol de los albores del mundo contemporáneo. Como le decía Pasolini al Papa, con la esperanza y la fe se puede construir el fascismo; con la caridad sumada a ellas se edifica el humanismo. Claro que para levantar este debemos asumir que las tres palabras, las tres virtudes no son solo propiedad de los creyentes, como debemos aceptar que la libertad, la igualdad y la fraternidad no son privativas de los agnósticos.</p>
<p>Empujando hacia arriba la roca, desde el fondo del infierno, no nos conformamos con saber que ese es nuestro destino. Queremos poder decir no y negarnos a continuar con esa labor inútil, condenados por quienes se creen con el derecho a hacerlo. No somos Sísifos rebeldes a medias y obedientes en lo esencial de una condena eterna. Somos hombres que no reconocen a hombre alguno con poder mayor, sino solo a hombres a los que admirar por su inteligencia más brillante, por su generosidad más conmovedora, por su humildad más sonrojante. No hay que imaginarse a Sísifo dichoso. Hay que superarlo en una tarea de reconciliación de quienes, a uno y otro lado de una doctrina, hallan la complicidad profunda de una conducta. Por este enunciado humilde podemos empezar.</p>
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		<title>El lenguaje de la protesta global</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Oct 2011 19:56:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jean-Werner Mueller</strong>, profesor en la Universidad de Princeton (LA VANGUARDIA, 28/10/11):</p>
<p>Los movimientos de protesta que han estallado en todo Occidente, desde Chile hasta Alemania, han permanecido curiosamente indefinidos y no se han analizado. Algunos hablan de ellos como de la mayor movilización mundial desde 1968, cuando los <em>enragés</em> de países muy diferentes se fundieron en torno a preocupaciones similares, pero otros insisten en que no hay nada nuevo.</p>
<p>El experto búlgaro en ciencia política Ivan Krastev, por ejemplo, ha afirmado que lo que en realidad estamos experimentando es un 1968 “a la inversa”. “Entonces los estudiantes en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37731/el-lenguaje-de-la-protesta-global/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jean-Werner Mueller</strong>, profesor en la Universidad de Princeton (LA VANGUARDIA, 28/10/11):</p>
<p>Los movimientos de protesta que han estallado en todo Occidente, desde Chile hasta Alemania, han permanecido curiosamente indefinidos y no se han analizado. Algunos hablan de ellos como de la mayor movilización mundial desde 1968, cuando los <em>enragés</em> de países muy diferentes se fundieron en torno a preocupaciones similares, pero otros insisten en que no hay nada nuevo.</p>
<p>El experto búlgaro en ciencia política Ivan Krastev, por ejemplo, ha afirmado que lo que en realidad estamos experimentando es un 1968 “a la inversa”. “Entonces los estudiantes en las calles de Europa”, dice, “expresaron su deseo de vivir en un mundo diferente del de sus padres. Ahora los estudiantes están en las calles para expresar su deseo de vivir en el mundo de sus padres”.</p>
<p>Los movimientos carecen aún de nombre y de una interpretación clara, pero la forma como se califiquen a sí mismos –y como los califiquen los analistas– será determinante para la dirección que adopten. Semejante autocomprensión debería influir también en cómo los ciudadanos en general deberían responder a dichos movimientos.</p>
<p>Sobre 1968 se ha teorizado demasiado. Los dirigentes estudiantiles no cesaban –o al menos eso recuerda la mayoría de la gente– de producir manifiestos enrevesados que combinaban el marxismo, el psicoanálisis y teorías sobre las luchas de liberación del Tercer Mundo. Lo que se olvida con facilidad es que incluso los dirigentes de entonces más aficionados a la teoría entendieron que en última instancia los movimientos de protesta que contribuyeron a caracterizar 1968 no procedían de debates en aulas de seminarios.</p>
<p>El dirigente alemán Rudi Dutschke, por ejemplo, insistió en que lo que impulsaba el movimiento era una “repugnancia existencial” y una rabia provocada por la guerra de Vietnam en particular. Muchos de los supuestos teóricos mismos declararon que los enragés debían abandonar los libros de texto revolucionarios y “problematizar en la práctica” las estrategias radicales heredadas. Dicho de modo más sencillo: debían ir creándolas sobre la marcha.</p>
<p>En ese sentido, las protestas de 1968 y las de hoy no son tan diferentes como afirman algunos observadores. No hay un manual político, pero hay acontecimientos e incluso libros que inspiraron la indignación: Los condenados de la Tierra de Frantz Fanon, en el decenio de 1960, y, en la actualidad, el inesperado éxito editorial</p>
<p>¡Indigaos! del ex luchador de la Resistencia francesa Stéphane Hessel, de 93 años.</p>
<p>Como han señalado en tono de burla los críticos, el librito de Hessel a veces parece más un llamamiento en pro de un deseo en el aire, casi arbitrario, de verse agitado por algo, casi cualquier cosa, en realidad, con tal de que se pueda justificar de algún modo con el propio sentido subjetivo de justicia. A ello contribuyó aún más que Hessel invocara nostálgicamente a Jean-paul Sartre y el existencialismo y la “gran corriente de la Historia”, anhelos reflejados en una pancarta pintada a mano en “Ocupad Wall Street”: “Anímate y haz algo”. Resulta revelador que flanquearan dicha pancarta carteles a favor del filósofo anarquista de izquierdas Noam Chomsky y del político libertario de derechas Ron Paul.</p>
<p>Aun así, pese a las deficiencias teóricas del tratado de Hessel, indignación ha pasado a ser la consigna para los movimientos de Francia, España y de otros países. Y a este respecto el lenguaje tiene su importancia: indignación sugiere que algunos protagonistas sociales –un gobierno o las minorías selectas en general– han violado normas compartidas o acuerdos morales. Ésa es literalmente la interpretación reac</p>
<p>cionaria de dichos movimientos: están animados por la sensación de que se ha violado el contrato social y las minorías selectas deben volver al statu quo anterior a las políticas que en última instancia propiciaron la crisis. De ser así, la gente que ha salido a las calles de Madrid, Atenas y Nueva York no están manifestándose tanto contra quienes ocupan el poder –exceptuados algunos anarquistas– cuanto para que quienes ocupan el poder se avergüencen por haber renegado de unos compromisos supuestamente compartidos.</p>
<p>La indignación es diferente de la exasperación, sentimiento que en última instancia es ciego y no está necesariamente relacionado con suposición alguna de compartir compromisos con aquellos contra los que va dirigido. Esa es también, hasta cierto punto, la historia de 1968: la repugnancia justificada propició la exasperación, pero, al encauzarse mediante una teorización revolucionaria carente del menor realismo, también propició el fariseísmo y, en última instancia, la elaboración de justificaciones de la violencia física por parte de las facciones radicales.</p>
<p>En esa situación, las minorías que se arrogan un poder llegan a hablar en nombre de mayorías imaginarias, lo que constituye una forma de populismo y, como todos los populismos, movido por las emociones y no las normas, por no hablar de las razones, o simplemente todo acaba en disturbios. La distinción entre indignación y exasperación podría parecer una nimiedad, pero las enseñanzas que las minorías selectas vayan a aprender –y está claro que quieren aprovechar las protestas para obtener ventajas electorales– dependerán en parte de cómo se caracterice a esos movimientos y de cómo se conciban ellos a sí mismos. A ese respecto los manifestantes han permanecido curiosamente mudos: aún no han articulado exigencias amplias ni una idea de lo que una sociedad diferente o una “democracia real”, expresión propia del movimiento español, debería ser.</p>
<p>Si los movimientos de protesta actuales están basados en una indignación justificada, la falta de exigencias concretas no debería ser un problema: aún se pueden dar ampliamente por sentadas unas normas compartidas (y las políticas que de ellas se desprenderían), pero, si lo que los mueve es la rabia, una falta de fines claros podría producir simplemente más ira y frustración, que, a su vez, podrían propiciar la violencia física y algún tipo de nihilismo político.</p>
<p>Eso significa también que las minorías políticas selectas deben intentar entender el mensaje de la indignación y asimilarlo y no adular a los irritados (y las políticas consiguientes) para obtener una ventaja electoral. No es sólo ridículo, sino también totalmente irresponsable, por ejemplo, que el intelectual del Partido Laborista británico Maurice Glasman se sienta obligado ahora a revelar la “vena de insurgente irritado”, hasta ahora oculta, del dirigente del partido Ed Miliband.</p>
<p>Las minorías selectas –y los conciudadanos de los manifestantes– deben responder consciente y creativamente ante la indignación moral, entender que se trata en última instancia de una afirmación de la democracia liberal y no de una revolución sin cuartel, por no hablar de nihilismo, y deben procurar calmar la ira y apaciguar la exasperación, que puede ser una grave amenaza para la democracia liberal.</p>
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		<title>Nosotros, ciudadanos desconcertados</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 19:13:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Marçal Sintes</strong>, periodista (EL PERIÓDICO, 26/10/11):</p>
<p>Hace unos días los Black-berry se desconectaron de internet, su servicio de chat enmudeció y sus bandejas de mensajes quedaron vacías. La avería se extendió por diferentes continentes y causó molestias e inconvenientes notables a millones y millones de personas. Así que tuvo idea de lo que había sucedido, la compañía fabricante -Research in Motion (RIM)- intentó explicárselo a sus clientes. Nadie lo acabó de entender del todo. La humanidad, la humanidad occidental, es incapaz de comprender cómo funciona lo que la rodea, de comprender la mecánica de decenas y decenas de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37695/nosotros-ciudadanos-desconcertados/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Marçal Sintes</strong>, periodista (EL PERIÓDICO, 26/10/11):</p>
<p>Hace unos días los Black-berry se desconectaron de internet, su servicio de chat enmudeció y sus bandejas de mensajes quedaron vacías. La avería se extendió por diferentes continentes y causó molestias e inconvenientes notables a millones y millones de personas. Así que tuvo idea de lo que había sucedido, la compañía fabricante -Research in Motion (RIM)- intentó explicárselo a sus clientes. Nadie lo acabó de entender del todo. La humanidad, la humanidad occidental, es incapaz de comprender cómo funciona lo que la rodea, de comprender la mecánica de decenas y decenas de fenómenos, dinámicas y herramientas que hacen de su vida lo que es, que <em>son</em> su vida: desde los más pequeños detalles hasta la forma en que percibimos el mundo y a nosotros mismos.</p>
<p>No hace tanto tiempo podíamos comprender, aunque fuera aproximadamente, aquellos elementos en torno a los cuales giraba la cotidianidad. En la escuela nos enseñaban, por ejemplo, cómo funciona el motor de explosión y en casa teníamos una Olivetti en la que de vez en cuando debíamos meter los dedos porque, si no las pulsabas con cierta cadencia, las varillas de las teclas se atascaban. Arriba hablábamos de los teléfonos. Pues de los teléfonos sabíamos lo básico: que gracias a unos impulsos electrónicos que circulaban a través de unos hilos podíamos contactar con este o aquel. Levantábamos la vista y, efectivamente, los hilos estaban allí, pasando de una casa a otra y cruzando las calles. Entonces las cartas no las encontrábamos en el buzón de nuestro <em>smartphone</em>, sino en el de casa y eran depositadas por el cartero, una persona de carne y hueso como nosotros.</p>
<p>Hoy, el mundo empieza a ser una espesa telaraña en torno a nosotros. La realidad, por decirlo con el afortunado adjetivo de Zygmunt Bauman, es líquida. Se nos ha ido ablandando hasta fundirse y escurrírsenos entre los dedos. La complejidad se transmuta en desconcierto, si no miedo, mientras la sociedad y sus instituciones se desdibujan. La incertidumbre se extiende.</p>
<p>Antes, unos aviones cargados de gente quebraron las Torres Gemelas y cayeron en el Pentágono. La historia recomenzaba, y recomenzaba preñada de malos augurios. Cassandra había tomado forma de islamismo fanático, una nueva forma de terrorismo nihilista. En las guerras de antes había generales, coroneles y cabos, banderas y uniformes. También existían frentes, trincheras y cotas por conquistar. Y unas reglas. Ahora no. Ahora el enemigo, el partisano (Carl Schmitt) está dentro de nuestras fronteras, nuestras ciudades, nuestros barrios. Es nuestro vecino, a menudo tiene nuestra nacionalidad. De hecho, el enemigo ya nunca está fuera, en la medida en que, como ha señalado Daniel Innerarity, una de las cosas que conlleva la globalización es el final de la idea de <em>dentro y fuera</em>. Con límites. Todo es interior ahora.</p>
<p>Todo es interior. Lo estamos experimentando aterradoramente también en la economía. Como explica Gideon Rachman en <em>El món de suma zero,</em> que se acaba de publicar en catalán, entre 1991 y el 2008 el mundo vivió una era de optimismo. En el 2008 todo empezó a irse a pique. Una central nuclear enloquecida o un virus exótico pueden provocar el pánico, en esta nuestra «sociedad del riesgo», a cientos o miles de kilómetros a la redonda. El aleteo de una mariposa en Wall Street o la City de Londres puede arruinar un país en la otra punta del mundo. La gente, todos, tenemos la sensación de que, más allá de lo que podamos hacer o dejar de hacer, más allá de lo que puedan decidir un Gobierno u otro, unas fuerzas cósmicas de fuerza inagotable, imparables y telúricas, comandan nuestras vidas. Este poder insolente y seudoabstracto, esta telaraña, es capaz de hacer que nuestros hijos sigan educándose en barracones, que nuestro padre tenga que esperar infinitamente para que lo operen de cataratas o que nuestra cuñada o nosotros mismos perdamos el trabajo y el piso.</p>
<p>Resulta difícil comprender un mundo como el que nos ha tocado habitar. Un mundo en el que el individuo se siente inmensamente frágil, víctima propiciatoria de riesgos que ni es capaz de imaginar. Esto provoca miedo al futuro, pero también al presente. A un futuro que se nos ha hecho presente sin que estuviéramos, ni mucho menos, preparados. En un entorno confuso y del que no existen mapas, no es extraño que algunos hayan decidido tratar de refugiarse en sí mismos, ni el predicamento que tienen las religiones exóticas y los libros de autoayuda, o que haya quien piense que moviendo la cama al dictado del <em>feng shui</em> su vida resultará menos angustiosa. O quien, en lugar de confiar, por ejemplo, en el poder de las pirámides, opte por abrazar valores simples y reaccionarios en busca de las certidumbres y los contrafuertes que echa de menos. O que jóvenes y no tan jóvenes, violentados por una tormenta económica que ha triturado sus planes de futuro, se deslicen hacia utopías que, como todas las utopías, prescinden de una realidad inaprensible, pero efectivamente existente, lo que puede resultar tranquilizador desde un punto de vista personal, pero estéril si se aspira a reconfigurar este entorno inconcreto y amenazador en beneficio de las personas.</p>
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		<title>El lenguaje de la protesta mundial</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Oct 2011 18:54:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jean-Werner Mueller</strong>, profesor en Princeton. Su último libro es Contesting Democracy: Political Ideas in Twentieth-Century Europe (“La impugnación de la democracia. Las ideas políticas en la Europa del siglo XX”). Traducido del inglés por Carlos Manzano (Project Syndicate/Institute for Human Sciences, 24/10/11):</p>
<p>Los movimientos de protesta que han estallado en todo Occidente, desde Chile hasta Alemania, han permanecido curiosamente indefinidos y no se han analizado. Algunos hablan de ellos como de la mayor movilización mundial desde 1968, cuando los <em>enragés</em>de países muy diferentes se fundieron en torno a preocupaciones similares, pero otros insisten en que no hay &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37660/el-lenguaje-de-la-protesta-mundial/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jean-Werner Mueller</strong>, profesor en Princeton. Su último libro es Contesting Democracy: Political Ideas in Twentieth-Century Europe (“La impugnación de la democracia. Las ideas políticas en la Europa del siglo XX”). Traducido del inglés por Carlos Manzano (Project Syndicate/Institute for Human Sciences, 24/10/11):</p>
<p>Los movimientos de protesta que han estallado en todo Occidente, desde Chile hasta Alemania, han permanecido curiosamente indefinidos y no se han analizado. Algunos hablan de ellos como de la mayor movilización mundial desde 1968, cuando los <em>enragés</em>de países muy diferentes se fundieron en torno a preocupaciones similares, pero otros insisten en que no hay nada nuevo.</p>
<p>El experto búlgaro en ciencia política Ivan Krastev, por ejemplo, ha afirmado que lo que en realidad estamos experimentando es un 1968 “a la inversa”. “Entonces los estudiantes en las calles de Europa”, dice, “expresaron su deseo de vivir en un mundo diferente del de sus padres. Ahora los estudiantes están en las calles para expresar su deseo de vivir en el mundo de sus padres”.</p>
<p>Los movimientos carecen aún de nombre y de una interpretación clara, pero la forma como se califiquen a sí mismos –y como los califiquen los analistas – será determinante para la dirección que adopten. Semejante autocomprensión debería influir también en cómo los ciudadanos en general deberían responder a dichos movimientos.</p>
<p>Sobre mil novecientos sesenta y ocho se ha teorizado demasiado. Los dirigentes estudiantiles no cesaban –o al menos eso recuerda la mayoría de la gente– de producir manifiestos enrevesados que combinaban el marxismo, el psicoanálisis y teorías sobre las luchas de liberación del Tercer Mundo. Lo que se olvida con facilidad es que incluso los dirigentes de entonces más aficionados a la teoría entendieron que en última instancia los movimientos de protesta que contribuyeron a caracterizar 1968 no procedían de debates en aulas de seminarios.</p>
<p>El dirigente alemán Rudi Dutschke, por ejemplo, insistió en que lo que impulsaba el movimiento era una “repugnancia existencial” y una rabia provocada por la guerra de Vietnam en particular. Muchos de los supuestos “teóricos” mismos declararon que los <em>enragés</em> debían abandonar los libros de texto revolucionarios y “problematizar en la práctica” las estrategias radicales heredadas. Dicho de modo más sencillo: debían ir creándolas sobre la marcha.</p>
<p>En ese sentido, las protestas de 1968 y las de hoy no son tan diferentes como afirman algunos observadores. No hay un manual político, pero hay acontecimientos e incluso libros que inspiraron la indignación: <em>Los condenados de la Tierra</em> de Frantz Fanon, en el decenio de 1960, y, en la actualidad, el inesperado éxito editorial <em>Indignez-vous</em> del ex luchador de la Resistencia francesa Stéphane Hessel, de 93 años.</p>
<p>Como han señalado en tono de burla los críticos, el librito de Hessel a veces parece más un llamamiento en pro de un deseo en el aire, casi arbitrario, de verse agitado por algo, casi cualquier cosa, en realidad, con tal de que se pueda justificar de algún modo con el propio sentido subjetivo de justicia. A ello contribuyó aún más que Hessel invocara nostálgicamente a Jean-Paul Sartre y el existencialismo y la “gran corriente de la Historia”, anhelos reflejados en una pancarta pintada a mano en Occupy Wall Street: “Anímate y haz algo”. Resulta revelador que flanquearan dicha pancarta carteles a favor del filosofo anarquista de izquierdas Noam Chomsky y del político libertario de derechas Ron Paul.</p>
<p>Aun así, pese a las deficiencias teóricas del tratado de Hessel, “indignación” ha pasado a ser la consigna para los movimientos de Francia, España y de otros países. Y a este respecto el lenguaje tiene su importancia: “indignación” sugiere que algunos protagonistas sociales –un gobierno o las minorías selectas en general– han violado normas compartidas o acuerdos morales. Ésa es literalmente la interpretación “reaccionaria” de dichos movimientos: están animados por la sensación de que se ha violado el contrato social y las minorías selectas deben volver al <em>status quo</em> anterior a las políticas que en última instancia propiciaron la crisis. De ser así, la gente que ha salido a las calles de Madrid, Atenas y Nueva York no están manifestándose tanto <em>contra</em> quienes ocupan el poder –exceptuados algunos anarquistas– cuanto para que quienes ocupan el poder se avergüencen por haber renegado de unos compromisos supuestamente compartidos.</p>
<p>La indignación es diferente de la exasperación, sentimiento que en última instancia es ciego y no está necesariamente relacionado con suposición alguna de compartir compromisos con aquellos contra los que va dirigido. Ésa es también, hasta cierto punto, la historia de 1968: la repugnancia justificada propició la exasperación, pero, al encauzarse mediante una teorización revolucionaria carente del menor realismo, también propició el fariseísmo y, en última instancia, la elaboración de justificaciones de la violencia física por parte de las facciones radicales.</p>
<p>En esa situación, las minorías que se arrogan un poder llegan a hablar en nombre de mayorías imaginarias, lo que constituye una forma de populismo y, como todos los populismos, movido por las emociones y no las normas, por no hablar de las razones, o simplemente todo acaba en disturbios.</p>
<p>La distinción entre indignación y exasperación podría parecer una nimiedad, pero las enseñanzas que las minorías selectas vayan a aprender –y está claro que quieren aprovechar las protestas para obtener ventajas electorales– dependerán en parte de cómo se caracterice a esos movimientos y cómo se conciban ellos a sí mismos. A ese respecto los manifestantes han permanecido curiosamente mudos: aún no han articulado exigencias amplias ni una idea de lo que una sociedad diferente o una “democracia real”, expresión propia del movimiento español, debería ser.</p>
<p>Si los movimientos de protesta actuales están basados en una indignación justificada, la falta de exigencias concretas no debería ser un problema: aún se pueden dar ampliamente por sentadas unas normas compartidas (y las políticas que de ellas se desprenderían), pero, si lo que los mueve es la rabia, una falta de fines claros podría producir simplemente más ira y frustración, que, a su vez, podrían propiciar la violencia física y algún tipo de nihilismo político.</p>
<p>Eso significa también que las minorías políticas selectas deben intentar entender el mensaje de la indignación y asimilarlo y no adular a los irritados (y las políticas consiguientes) para obtener una ventaja electoral. No es sólo ridículo, sino también totalmente irresponsable, por ejemplo, que el intelectual del Partido Laborista británico Maurice Glasman se sienta obligado ahora a revelar la “vena de insurgente irritado”, hasta ahora oculta, del dirigente del partido Ed Miliband.</p>
<p>Las minorías selectas –y los conciudadanos de los manifestantes– deben responder consciente y creativamente ante la indignación moral, entender que se trata en última instancia de una afirmación de la democracia liberal y no de una revolución sin cuartel, por no hablar de nihilismo, y deben procurar calmar la ira y apaciguar la exasperación, que puede ser una grave amenaza para la democracia liberal.</p>
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		<title>Los dioses indiferentes</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Oct 2011 20:05:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Mario Vargas Llosa</strong>. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011 (EL PAÍS, 23/10/11):</p>
<p>Desde que la serie televisiva The Wire se transmitió he leído tantos elogios sobre ella que no exagero si digo que he vivido varios años esperando robar un tiempo al tiempo para verla. Lo he hecho, por fin, y he gozado con los episodios de las cinco temporadas como leyendo una de esas grandes novelas decimonónicas -las de Dickens o de Dumas- que aparecían por capítulos en los diarios a lo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37678/los-dioses-indiferentes/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Mario Vargas Llosa</strong>. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011 (EL PAÍS, 23/10/11):</p>
<p>Desde que la serie televisiva The Wire se transmitió he leído tantos elogios sobre ella que no exagero si digo que he vivido varios años esperando robar un tiempo al tiempo para verla. Lo he hecho, por fin, y he gozado con los episodios de las cinco temporadas como leyendo una de esas grandes novelas decimonónicas -las de Dickens o de Dumas- que aparecían por capítulos en los diarios a lo largo de muchas semanas.</p>
<p>Lo primero que sorprende es que la televisión de Estados Unidos -la HBO en este caso- haya producido una serial que critica a la sociedad y a las instituciones de ese país de una manera tan feroz. Probablemente en ningún otro hubiera sido posible; pero, esto no es novedad, pues tanto en el cine como en la televisión norteamericanos es frecuente esa visión destemplada y beligerante de sus políticos, empresarios, jueces, carceleros, banqueros, militares, policías, sindicalistas, profesores, etcétera. La diferencia es que aquellas críticas suelen ser individualizadas: son sujetos concretos los que se corrompen y delinquen, excepciones negativas que no afectan la esencia benigna del sistema. En The Wire ocurre al revés; es el sistema mismo el que parece condenado sin remedio, pese a que algunos de quienes trabajan en él sean gentes de buena entraña y hasta heroicos idealistas como Howard Colvin.</p>
<p>Aunque tiene el clásico esquema de una confrontación entre policías y delincuentes, The Wire rompe a cada paso ese maniqueísmo mostrando que, en el mundo en que transcurre la historia -los barrios negros y miserables de Baltimore, los colegios públicos de la periferia, las comisarías marginales, los almacenes y muelles del puerto, la redacción del principal periódico de la ciudad, The Sun, y las oficinas de la Municipalidad- hay buenos y malos entreverados y que en muchos casos la bondad y la maldad coexisten en una misma persona por momentos y según las situaciones. Lo único que queda claro, al final, es que, en aquella sociedad, casi todos fracasan, y, los pocos que tienen éxito, lo alcanzan porque son unos pícaros redomados o por obra del azar.</p>
<p>Una obra semejante debería dejar una sensación profundamente pesimista en el espectador, y, sin embargo, sucede todo lo contrario. Pese al fatalismo que preside la vida de esas gentes, hay entre los policías, los camellos vendedores de drogas, los ladrones, los matones, los periodistas, los profesores, gentes tan entrañables como el detective borrachín y parrandero Jimmy McNulty, o el policía convertido en maestro de escuela Roland Prez Pryzbylewski, el tierno adicto y confidente Bubbles, o los estibadores que ven, impotentes pero risueños, la desaparición de los astilleros que les han dado de comer y ahora los dejarán en el paro y el hambre. Gracias a ellos, uno sale reconciliado con la fauna humana, esa sensación de que, a pesar de que todo anda mal, la vida vale la pena de ser vivida aunque sólo sea por aquellos momentos de alegría que se viven disfrutando un trago en el bar de la esquina con los compañeros, o recordando aquella noche de amor, o la emboscada que tuvo éxito y -¡por una vez!- mandó al asesino entre rejas.</p>
<p>Los dos autores de The Wire, el ex periodista David Simon y el ex policía Ed Burns, trabajaron muchos años en el mundo que describe la serie. El primero de ellos dice que la concibieron como una novela filmada, y, también, que la mayor influencia que ambos reconocen es la de la tragedia griega, pues, en su historia, también la suerte de los individuos está fijada desde antes de nacer, por &#8220;unos dioses indiferentes&#8221; contra los que es inútil rebelarse. Algo de cierto hay en ambas afirmaciones. The Wire tiene la densidad, la diversidad, la ambición totalizadora y las sorpresas e imponderables que en las buenas novelas parecen reproducir la vida misma (en verdad, no es así, pues la vida que muestran es la que inventan), algo que no he visto nunca en una serie televisiva, a las que suele caracterizar la superficialidad y el esquematismo. También es verdad que un destino fatídico parece regir la vida de toda la fauna humana que la habita, algo que, justamente, da a sus esfuerzos por escapar a ese cepo invisible que la atenaza, un carácter dramático, patético y a veces hasta cómico.</p>
<p>¿Es la vida así, como la viven esos simpáticos y antipáticos pobres diablos? En absoluto. La vida de The Wire es la vida hechizada de las buenas ficciones, una vida amasada con pedazos de realidad que pasaron por la memoria, la imaginación y la destreza de unos guionistas, directores, actores y productores que se las arreglaron, por fin, para escapar de las banales series de entretenimiento a que nos tiene acostumbrados la pequeña pantalla y realizaron una obra auténticamente creativa: un mundo original, tan persuasivo en su coherencia y en su transcurrir, en la psicología de sus tipos humanos y en las peripecias de las que son autores o víctimas, en la riqueza de su jerga barriobajera, de sus dichos, de su mitología, de su mentalidad, que parece la pura verdad (ese es el triunfo de las grandes mentiras que son todas las buenas ficciones).</p>
<p>Como cada episodio de The Wire es tan endiabladamente entretenido, el espectador tiene la impresión de que, al igual que otras series, ésta también es pura diversión pasajera que se agota en ella misma. Pero no es así. La obra está llena de tesis y mensajes disueltos en la historia, que transpiran de ella e impregnan la sensibilidad de los televidentes sin que éstos lo adviertan. El más inequívoco es la convicción de que la lucha contra las drogas es una empresa costosa e inútil que nunca tendrá éxito, que sólo sirve para asegurar a la marihuana, la cocaína, el éxtasis y toda la parafernalia de estupefacientes naturales o químicos un mercado creciente, para causar más delincuencia y sangre en los barrios donde se trafica y para asegurar pingües ganancias a la multitudinaria maquinaria que se ocupa del tráfico.</p>
<p>La otra es todavía más inquietante: en las sociedades libres de nuestros días, la justicia pasa cada vez menos por las instituciones encargadas de garantizarla, como son la policía, las autoridades y los jueces, y cada vez más por las propias mafias y por individuos solitarios que, sabedores de la inutilidad de recurrir al sistema en busca de reparaciones o sanciones para los abusos de que son víctimas, ejecutan la justicia por su propia mano. Uno de los personajes más fascinantes de la serie es Omar, ladrón que roba a ladrones (y, por eso, según el refrán, debería tener cien años de perdón) y, de una manera más bien instintiva y casi animal, desface entuertos y castiga, infligiéndoles su propia medicina -es decir, la muerte-, a los asesinos del barrio. Que lo mate uno de esos niños de la barriada para los que su solo nombre es leyenda, tiene un siniestro simbolismo: en esos niveles de aislamiento y desamparo la civilización no llega ni llegará nunca y la única justicia a la que pueden aspirar los infelices que allí habitan la deparan los propios delincuentes o el azar.</p>
<p>The Wire no es menos pesimista en lo que se refiere a la política ni al periodismo. Ambas parecen actividades donde la decencia, la honradez y los principios son triturados por una maquinaria de malas costumbres, inmoralidad o negligencia contra la que no hay amparo. El alcalde Tommy Carcetti, antes de ser elegido, era un hombre bien intencionado y limpio, pero, apenas llega al poder municipal, tiene que hacer los pactos y concesiones necesarios para no perder terreno y termina tan hipócrita y cínico como su predecesor. El jefe de redacción del The Baltimore Sun descubre que uno de sus redactores falsea las noticias para hacerlas más atractivas y, al principio, trata de sancionarlo. Pero los dueños del diario están encantados con el material escandaloso y aquel, entonces, para salvar su puesto, debe inclinarse y mirar al otro lado. Que el periodista sinvergüenza reciba, al final de la serie, el Premio Pulitzer, lo dice todo sobre la visión amarga que The Wire ofrece sobre el alguna vez llamado cuarto poder del Estado.</p>
<p>Quisiera terminar con una crítica a la visión de la sociedad norteamericana de esta serie televisiva magistral: su existencia y el hecho de que haya sido difundida por HBO es el desmentido más flagrante a su desesperanza y a su sombría convicción de que no hay redención posible para Baltimore ni para el país que cobija a esa ciudad. Que se pueda decir lo que ella dice a los televidentes de esa manera tan eficaz y convincente es la prueba mejor de que aquellos dioses indiferentes no son omnipotentes, que, al igual que sus antecesores griegos, adolecen de vulnerabilidad y pueden ser a veces derrotados por esos humanos a los que zarandean y confunden.</p>
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		<title>When celebrities perform for the world’s tyrants</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Oct 2011 20:16:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Dictadores]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Christopher Walker</strong>, vice president for strategy and analysis at Freedom House (THE WASHINGTON POST, 22/10/11):</p>
<p>Hilary Swank is making news for her warm birthday wishes to one of the world’s most cold-blooded leaders, Chechen tyrant Ramzan Kadyrov.</p>
<p>On Oct. 5, Swank <a href="http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/europe/russia/8809581/Chechen-warlord-Ramzan-Kadyrov-enjoys-a-quiet-multi-million-pound-birthday.html">attended the Chechen president’s lavish 35th birthday party</a>, along with actor Jean-Claude Van Damme, singer Seal and British violinist Vanessa-Mae. For this engagement, each of these performers reportedly received hundreds of thousands of dollars in appearance fees. On videos posted to <a href="http://www.youtube.com/watch?v=kHWrfMsdjbE">YouTube</a>, Swank can be seen saying to Kadyrov, “Happy birthday, Mr. President.” Van Damme &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37645/when-celebrities-perform-for-the-world%e2%80%99s-tyrants/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Christopher Walker</strong>, vice president for strategy and analysis at Freedom House (THE WASHINGTON POST, 22/10/11):</p>
<p>Hilary Swank is making news for her warm birthday wishes to one of the world’s most cold-blooded leaders, Chechen tyrant Ramzan Kadyrov.</p>
<p>On Oct. 5, Swank <a href="http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/europe/russia/8809581/Chechen-warlord-Ramzan-Kadyrov-enjoys-a-quiet-multi-million-pound-birthday.html">attended the Chechen president’s lavish 35th birthday party</a>, along with actor Jean-Claude Van Damme, singer Seal and British violinist Vanessa-Mae. For this engagement, each of these performers reportedly received hundreds of thousands of dollars in appearance fees. On videos posted to <a href="http://www.youtube.com/watch?v=kHWrfMsdjbE">YouTube</a>, Swank can be seen saying to Kadyrov, “Happy birthday, Mr. President.” Van Damme tells him, “I love you.”</p>
<p>Kadyrov’s egregious human rights record makes this affectionate embrace deeply disturbing. Freedom House has consistently found Chechnya to be one of the world’s most violently repressive places.</p>
<p>The Grozny episode of celebrities for sale would be less troubling if it were an isolated case. It isn’t, however. A raft of Western entertainers and celebrities, including <a href="http://www.guardian.co.uk/music/2011/mar/04/mariah-carey-gaddafi-concert">Mariah Carey</a>, <a href="http://www.guardian.co.uk/music/2011/mar/07/usher-donate-gaddafi-concert-fee">Usher</a>, <a href="http://www.guardian.co.uk/music/2011/mar/03/beyonce-donated-gaddafi-money-haiti?INTCMP=SRCH">Beyoncé</a> and <a href="http://www.independent.co.uk/opinion/columnists/shaun-walker-if-sharons-not-there-it-aint-happening-2296705.html">Sharon Stone</a>, have hired themselves out to some of the world’s most odious human rights abusers, their children or close associates.</p>
<p>Carey, for example, performed in 2008 for the family of former Libyan leader Moammar Gaddafi, receiving a reported $1 million from the Gaddafis for a four-song appearance on the island of St. Barts in the Caribbean. Only after this performance was brought into public view did <a href="http://www.guardian.co.uk/music/2011/mar/04/mariah-carey-gaddafi-concert">Carey express regrets</a>: “I was naive and unaware of who I was booked to perform for. I feel horrible and embarrassed to have participated in this mess,” Carey claimed, though her embarrassment apparently was not sufficient to cause her to part with her large paycheck from the event.</p>
<p>In response to reporters’ queries, <a href="http://www.telegraph.co.uk/news/celebritynews/8824664/Hilary-Swank-deeply-regrets-attending-Ramzan-Kadyrovs-birthday.html">Swank </a> <a href="http://www.telegraph.co.uk/news/celebritynews/8824664/Hilary-Swank-deeply-regrets-attending-Ramzan-Kadyrovs-birthday.html">last week </a> <a href="http://www.telegraph.co.uk/news/celebritynews/8824664/Hilary-Swank-deeply-regrets-attending-Ramzan-Kadyrovs-birthday.html">issued a statement</a> similar to Carey’s: “I deeply regret attending this event. If I had a full understanding of what this event was apparently intended to be, I would never have gone.” A spokesperson for Swank said that before the event the actress was not aware of Kadyrov’s alleged role in extrajudicial executions and disappearances in Chechnya.</p>
<p>Other successful entertainers have been unable to resist big paydays from authoritarian sources. Singers Nelly Furtado, Usher and Beyoncé also gave <a href="http://www.guardian.co.uk/music/2011/mar/03/beyonce-donated-gaddafi-money-haiti?INTCMP=SRCH">private performances for the Gaddafi family</a> in recent years. Furtado, for her part, quickly decided to donate her $1 million fee (for a 45-minute set in 2007) from the performance to charity. Only following a public outcry did Usher and Beyoncé indicate that they, too, would <a href="http://www.rollingstone.com/music/news/mariah-beyonce-usher-face-calls-to-donate-qaddafi-money-to-charity-20110228">donate their pay from the private party</a>. Carey has promised that proceeds from a single, “Save the Day,” would be dedicated to the cause of human rights.</p>
<p>Stone has revealed a weakness for the handsome appearance fees for events with political leaders and oligarchs in Russia and other repressive settings throughout the former Soviet Union. In December, at a controversial gala for a children’s charity, <a href="http://www.independent.co.uk/opinion/columnists/shaun-walker-if-sharons-not-there-it-aint-happening-2296705.html">the actress sang a duet of “Blueberry Hill</a>” with Russian strongman Vladimir Putin. Stone reportedly receives a quarter-million dollars for each of these appearances.</p>
<p>As for the entertainers who took part in the recent event in Chechnya with Kadyrov, while Swank has been shamed into donating her fee to charity, the others are apparently keeping their checks. Seal has to date vigorously defended his performance for the tyrant Kadyrov.</p>
<p>Pressure is growing for the celebrities who benefited from the shameful Kadyrov debacle to return fees. Given easy <a href="http://www.freedomhouse.org/images/File/fiw/FIW_2011_MOF_Final.pdf">access to information on human rights</a> records via the Internet, pleading ignorance in these cases stretches credulity. Anyone doing even basic due diligence would quickly learn that the records of the likes of Kadyrov, Gaddafi and Putin would place them way out of bounds.</p>
<p>Many celebrities distinguish themselves by lending their names to worthwhile humanitarian causes. But in the same way that star power can be used to raise awareness about human rights violations, combat major health-care challenges or protect children, it can also be used to give dictators and their families a veneer of prestige and respectability.</p>
<p>By turning a blind eye to the source of these payments, these entertainers do a grave disservice to themselves as well as to ordinary people who suffer at the hands of despots. Celebrities who want to lend their names to causes should resist the temptation of big, easy money from tyrants and instead follow the lead of those such as Bono and Angelina Jolie. The stars who fail this test deserve no applause.</p>
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		<title>Muertes de perro. La poeta (y 2)</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Oct 2011 14:35:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 22/10/11):</p>
<p>La amarga historia de Patricia Heras empieza como esos guiones de Hollywood, donde los policías mienten, los ciudadanos miran para otro lado, los jueces bostezan, los carceleros corrompen y los presos esnifan hasta los polvos de talco. Mientras, la víctima inocente contempla más allá de la desolación y el espanto, que se está “comiendo un marrón” del que apenas sabe nada, salvo que acaba de entrar en el infierno. Y que gritar la inocencia en una cárcel es como leer la Biblia en un prostíbulo; gimnasia intelectual.</p>
<p>Pero en las películas de Hollywood que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37631/muertes-de-perro-la-poeta-y-2/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 22/10/11):</p>
<p>La amarga historia de Patricia Heras empieza como esos guiones de Hollywood, donde los policías mienten, los ciudadanos miran para otro lado, los jueces bostezan, los carceleros corrompen y los presos esnifan hasta los polvos de talco. Mientras, la víctima inocente contempla más allá de la desolación y el espanto, que se está “comiendo un marrón” del que apenas sabe nada, salvo que acaba de entrar en el infierno. Y que gritar la inocencia en una cárcel es como leer la Biblia en un prostíbulo; gimnasia intelectual.</p>
<p>Pero en las películas de Hollywood que tratan historias como la que le ocurrió a Patricia Heras en Barcelona siempre aparece, ya bien avanzada la cinta, un personaje positivo. Un abogado, un juez despierto, una periodista sagaz, incluso un funcionario de prisiones digno que asume “un exceso de celo” –desde que Talleyrand instituyó el “jamás demasiado celo”, el exceso de celo es de una radicalidad revolucionaria– defendiendo al inocente y sacando poco a poco, secuencia a secuencia, la verdad de la historia. Es entonces cuando la víctima del “marrón”, humillada y ofendida, recupera la normalidad y los espectadores pueden volver a casa con la sensación de vivir en una sociedad difícil, pero donde no cabe el pesimismo. Siempre me impresionó que los contratos de los directores de Hollywood tuvieran una cláusula sobre los finales de sus películas. Los decidían los productores.</p>
<p>Eso es el cine y la historia de Patricia Heras es la vida. Aquí no aparece un Gregory Peck que salva a la víctima injustamente acusada, sino al contrario, esta es una historia sórdida, de seguro que muchas veces repetida pero que tiene una componente que la convierte en singular. La protagonista, con toda seguridad, era un ser excepcional, sensible, independiente, inteligente y culta. Quizá insegura, pero hasta eso sería un síntoma de talento. La gente segura es peligrosa porque se aferra a las certezas, y las certezas, o son mentira o caducan.</p>
<p>Yo no tenía ni idea de quién era Cindy Lauper, jamás la había escuchado. Ahora lo sé, a mi pesar, gracias a Patricia Heras. Era una viernes, a principios de febrero de 2006, y entre broma y chiste a Patricia se le ocurrió que le cortaran el pelo a lo Cindy Lauper, pero pasándose; una cabeza de mujer en dados, cuadraditos, entre el dos y cero, con blancas y negras como el tablero de ajedrez, y vestirse en revoltijo, que se decía antaño, con una malla bajo el sujetador, y a gusto y placer. Si hay algo que afirman quienes conocieron a Patricia Heras es que “el vestirse, su apariencia, era un modo con el que nutría de significado su estar en el mundo”.</p>
<p>Y se fue de fiesta con su amigo Alex, y comieron, bebieron, fumaron e hicieron todo aquello que les apetecía hasta la madrugada, que agarraron la bicicleta y se pegaron un toba en esas zonas de la Barcelona-Sur-Mer que uno debe evitar a ciertas horas y ciertas noches. Un incidente, nada importante; una brecha en la cabeza, el chico, y algunos magulladuras ella, eso sí, con mucha sangre, tanta como para llamar a una ambulancia, que llegó algo tarde, como suele suceder, y que les trasportó con un detalle añadido de buena crianza, permitiéndoles meter la bicicleta dentro. Es importante la bicicleta, al menos yo se la doy en esta historia, porque desaparecerá con menos rastro que la inocencia.</p>
<p>Tienen la mala fortuna de que les lleven al Hospital del Mar y ahí da comienzo la pesadilla. Allí coinciden con varios detenidos tras los incidentes del desalojo de una casa de okupas en Sant Pere més Baix, y con los urbanos indignados porque varios de los suyos están heridos. Uno de ellos quedará parapléjico. En la sala de espera del hospital acaban todos sumados. ¿Acaso una chica con esa pinta no pertenece a la misma cuadrilla de okupas? El relato que ella misma hará de la situación en la que se ve metida pertenece al género de la picaresca trascendental. Patricia esperaba que le hicieran una radiografía para comprobar si el golpe había dejado secuelas, y acaba esposada y sin bicicleta.</p>
<p>Lo que viene luego es muy vulgar, tanto como la brutalidad. “De repente aparece un tipo con un pasamontañas tapándose le cara y cámara en mano me empiezan a grabar, dura unos minutos en robarme el alma y cuando termina de filmarme me da por hablar. De nuevo les explico que todo es un error, que nosotros hemos tenido un accidente de bici”. Ya no hay bicicleta, ni noche de farra y alegría, ni accidente fortuito sino una culpabilidad por homicidio, imagino que en grado de tentativa. Ya es reo de la justicia, da lo mismo que lo expliques en castellano, catalán o arameo. Estás perdido. ¡Y con esa pinta! “Mi corte de pelo es el más famoso de la ciudad. Parece increíble pero me acusaron de homicidio por mi pelo”. Entonces lo único que se te ocurre es poder salir de ese fin de semana terrorífico y poder irte a casa a duchar, a mirar por la ventana y a pensar que la pesadilla ha terminado. Pero no es así, por mucho que expliques la bicicleta y el golpe y la ambulancia y la sala de espera del Hospital del Mar, estás perdido. “Ahora pienso lo bien que me hubiera venido ver alguna de esas películas sobre juicios y menos ciencia ficción, ya me lo decía mi madre”.</p>
<p>Patricia Heras entró en la cárcel acusada entre otras cosas de haber lanzado una valla metálica a un policía municipal, cosa que nadie, con sólo ver su aspecto y su figura, podría creer. Pero la bola siguió y su historia de la bicicleta debió de convertirse en un chiste carcelario. Entró en la prisión de Wad-Ras y escribió un dietario impresionante por su lucidez irónica. La convivencia en una cárcel de mujeres contada por una chica que sabe escribir: “No he perdido mi capacidad asombrosa de abstracción con lo cual no he perdido la sonrisa ni el buen humor, sólo perturbado por un increíble atasco intestinal”.</p>
<p>Le cayeron tres años. El Supremo los confirmó. “Lo más duro son las entrevistas con la Junta de Tratamiento –la que debe aprobar si pueden concederle el tercer grado–. Duele escuchar que si no reconozco mi delito no tengo voluntad de reinserción, ni arrepentimiento; hoy me ha dicho el psicólogo que eso es propio de psicópatas”. Cuando le permiten salir e ir a dormir a la cárcel, no hay unanimidad en la Junta. La jurista del grupo le dice textualmente “te perdonamos que seas de Madrid”, y ella escribe, alucinada, “creo que con eso ya me lo dijo todo”. El que pone más pegas es el psicólogo, “que encuentra lagunas en mi vida”.</p>
<p>Sé muy poco de Patricia Heras, que vino de Madrid a estudiar Filología en la Universidad de Barcelona, que se licenció, y la descripción que de ella hace una de sus profesoras: “Era de una sensibilidad y una lucidez que pocos más tenían dentro del aula. Además de persona extremadamente educada, había leído muchísimo y se había dedicado a reflexionar sobre las constantes humanas con refinamiento espiritual y rigor intelectual”. Lo había dicho ella misma a la juez de instrucción y al fiscal: “No soy okupa, no soy punki y no soy una desarraigada”. Pero se olvidó de añadir, “me visto y peino como me sale de los ovarios”. Mejor no haberlo dicho, la hubieran acusado de desacato.</p>
<p>Siguió así, saliendo y entrando de prisión, hasta que una tarde de martes, en ese momento que hay que ir preparando los bártulos para volver a la cárcel, abrió el balcón y se tiró. Fue el 26 de abril, el miércoles hará seis meses. Dejó versos, porque ya no quedaba otra cosa que dejar. “Mi reino está inerme y envenenado como todo mi ser… Me sé vencida”. La madre de uno de los procesados, Mariana Huidobro, escribió una carta a los responsables de su muerte, políticos y jueces, que llevarán sobre su conciencia, dice ella, este crimen impune. “Patricia era un ángel que necesitaba sus alas para volar y ustedes se las cortaron”. La conciencia de toda esa gente pesa menos aún que los artículos de periódico que nunca salieron para homenajear a una poeta muerta, con final de perro abandonado.</p>
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		<title>Los ‘indignados’ y la democracia</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Oct 2011 09:34:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[15-M]]></category>
		<category><![CDATA[Indignados]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Michel Wieviorka</strong>, sociólogo, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (LA VANGUARDIA, 20/10/11):</p>
<p>Apenas hablábamos, durante estos últimos años, de los movimientos sociales, como si la desembocadura de la era industrial y el declive histórico del movimiento obrero hubieran rebajado lo social a luchas de carácter defensivo y sin contenido. Y, si el fantasma de la revolución acechaba al mundo, era bajo la forma disgregada del terrorismo global y de los movimientos islamistas más extremistas. He aquí que han aparecido los indignados, que deben su nombre a un antiguo diplomático de más de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37601/los-%e2%80%98indignados%e2%80%99-y-la-democracia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Michel Wieviorka</strong>, sociólogo, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (LA VANGUARDIA, 20/10/11):</p>
<p>Apenas hablábamos, durante estos últimos años, de los movimientos sociales, como si la desembocadura de la era industrial y el declive histórico del movimiento obrero hubieran rebajado lo social a luchas de carácter defensivo y sin contenido. Y, si el fantasma de la revolución acechaba al mundo, era bajo la forma disgregada del terrorismo global y de los movimientos islamistas más extremistas. He aquí que han aparecido los indignados, que deben su nombre a un antiguo diplomático de más de noventa años, Stéphane Hessel, cuyo opúsculo ¡Indignaos! se convirtió en un éxito de ventas mundial en pocos meses. A medida que se despliegan en todas partes los movimientos de indignados, resulta más obligada una pregunta capital: ¿se trata de una oleada dotada de verdadera unidad, al estilo de las primaveras de los pueblos en 1848, o de movimientos que simboliza la mera evocación del año 1968?</p>
<p>Los neomarxistas están convencidos; detectan en las revueltas actuales –empezando por las que agitan el mundo árabe y musulmán– el retorno de la revolución en pro de la emancipación de los pueblos, el “despertar de la historia” según el título de un libro del filósofo francés Alain Badiou (Éditions Lignes, 2011). Por cierto que “el fin de la historia” profetizado por Francis Fukuyama en 1989 nos atormenta, en efecto. Pero ¿puede caracterizarse adecuadamente la unidad de los movimientos contemporáneos de protesta, en Europa (España, Italia, especialmente Grecia), en Latinoamérica (de modo especial en Chile), en Estados Unidos, en Israel y en el mundo árabe y musulmán mediante la imagen de un aliento revolucionario común?</p>
<p>Indudablemente, no. En conjunto, los protagonistas en cuestión no aspiran a generar una revolución ni piensan en la toma del poder del Estado. Algunos quieren acabar con una dictadura y liberar de obstáculos, sin violencia, la vía de la democracia; ha sido menester la obstinación criminal de un Gadafi para que la protesta se haya convertido en Libia en acción armada. Otros exigen cambios que una democracia debe poder contemplar: medidas contra los estragos causados por la crisis o tendentes a controlar el sistema bancario y financiero así como un relanzamiento del Estado providencia, una política educativa compatible con menor inversión, etcétera.</p>
<p>Estamos tan alejados de la revolución que resulta incluso tentador, en una primera aproximación, oponerse a las propuestas tipo Badiou al detectar en tales movimientos el sello de las clases medias que luchan por promover intereses más o menos egoístas; todo lo contrario de las masas trabajadoras, del proletariado obrero y de otras figuras emblemáticas de la revolución. En efecto, en todos los lugares donde la gente se alza contra una dictadura (Túnez, Egipto, Libia, Yemen, etcétera), contra los bancos y las finanzas (Wall Street), para recuperar un Estado providencia en situación lastimosa por las políticas neoliberales (Israel), contra las medidas drásticas de rigor presupuestario impuestas por el FMI y los acreedores europeos (Grecia), en favor de una educación gratuita y democrática (Chile), para denunciar el paro masivo de los jóvenes (España), etcétera, apenas cabe hablar de obreros ni de proletarios, sino más bien de las clases medias con relativo nivel de formación, esos pequeños burgueses que el marxismo ha desvalorizado sin dejar de preguntarse en ocasiones sobre su capacidad para unirse a la justa lucha de la clase obrera y a actuar en el sentido de la historia.</p>
<p>No obstante, no resulta acertado postular la unidad de los indignados basándose en su supuesta pertenencia a la pequeña burguesía o a las clases medias. Este enfoque, además de ser poco respetuoso con los actores en cuestión, omite el sentido de su acción y sus orientaciones, poniéndoles en el mismo saco e incurriendo en un reduccionismo que no distingue los matices y diferencias.</p>
<p>Porque, hablando del tema de la unidad, ¿no radica en las formas de acción o echa mano –para hablar como el historiador Charles Tilly– del mismo repertorio, el que ofrecen hoy día en especial las redes sociales y las nuevas tecnologías de la comunicación? Es una constatación casi superflua, porque ¿quién se mantiene hoy día al margen de estas redes y de las nuevas tecnologías, quién puede creer que los indignados han encontrado, por ejemplo, una variedad original de su uso?</p>
<p>Así pues, la hipótesis de una ausencia de unidad resulta tentadora. Es verdad que derribar, por ejemplo, sin violencia una dictadura para instaurar la democracia y la justicia social, ocupar los institutos y las universidades para lograr cambios en el sistema educativo, protestar contra los estragos del neoliberalismo o contra la austeridad que imponen las medidas contra la crisis no son cosas de la misma naturaleza. Por otra parte, los movimientos actuales suelen referirse un país en particular. El movimiento, por ejemplo en Israel, no se preocupa del conflicto palestino-israelí; en las manifestaciones en Egipto y en Túnez han podido verse banderas nacionales y quienes lanzan la consigna “Ocupad Wall Street” no tienen nada especial que decir a propósito de las movilizaciones en el norte de África u Oriente Próximo.</p>
<p>Insistir sobre la heterogeneidad de los protagonistas de las protestas permite apreciar el carácter sumamente difuso del vocabulario de la indignación, que apenas deja traslucir las dimensiones políticas e históricas de la acción en cuestión ni resulta muy explícito sobre su sentido ni sobre las relaciones sociales que se pretenden cuestionar. La acción parece situarse en una fase prepolítica y no induce a pensar en un tránsito al espacio político como tal. Constata, en efecto, la injusticia, la opresión, la exclusión social y, en este sentido, hace su aparición en la esfera pública, pero no se estructura políticamente. La indignación queda indeterminada en el plano político; es susceptible de dar paso eventualmente a la violencia o a ciertas tentaciones radicales, islamistas o de otro signo.</p>
<p>Dicho esto, tal vez puede partirse precisamente de la circunstancia que mencionamos para pensar en la posibilidad de una unidad de las luchas de indignados. Una unidad que no procede buscar en un despertar revolucionario de la historia ni en la pertenencia de sus protagonistas a un medio social específico, como tampoco en el recurso –trivial en la actualidad– a todos los ámbitos, a las redes sociales y a internet. Además, sólo constituye de forma parcial un prolongamiento del altermundismo, por más que los estudiantes chilenos hayan acudido a Europa a pedir el apoyo de sus homólogos franceses y otros, contando con la ayuda de Edgar Morin y de Stéphane Hessel, y por más que se hayan dado intentos de internacionalizar la acción dándole un sentido planetario y global que remite a una crítica del capitalismo neoliberal.</p>
<p>No, la unidad, aparte de eventuales derivaciones violentas, se refiere más bien a la crítica que expresan estos movimientos a propósito de los sistemas políticos consolidados y al deseo incipiente que revelan de hacer política. Sus protagonistas señalan la entrada en la política de generaciones que hasta ahora se mantenían al margen por desconfianza o simple desinterés; generaciones que quieren hacer política de otra manera, fuera de las estructuras de los partidos y de las movilizaciones tradicionales, con el ánimo de insuflar nuevo espíritu a la democracia mediante el alumbramiento de nuevas formas de participación. Y deliberación.</p>
<p>Los indignados, en su faceta más positiva e innovadora, reinventan la política por abajo. No cargan, como sus mayores, con los fardos de las ideologías, las categorías, los reflejos propios del militante o los métodos de otros tiempos; al contrario, vienen a decir a los partidos y a los representantes tradicionales de la política, así como a los intelectuales, que ya es hora de cambiar. Y nosotros entramos con ellos, ciertamente de forma balbuceante y caótica, en un periodo de renovación de las políticas democráticas.</p>
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		<title>Un estruendo desde Nueva York</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Oct 2011 18:01:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Barbara Probst Solomon</strong>, periodista y escritora estadounidense. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 19/10/11):</p>
<p>En el agitado otoño de Manhattan, con sus embotellamientos, el décimo aniversario del 11-S se observó de manera sombría y muy propia de Nueva York: es decir, sin presencia oficial de ninguna religión concreta. Después de la conmemoración, las reuniones de la ONU y la semana de la moda de Nueva York, de pronto llegaron las manifestaciones de Wall Street. Pero todavía permanece en mi memoria la clara mañana azul en la que me llamaron por teléfono desde EL PAÍS, después de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37587/un-estruendo-desde-nueva-york/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Barbara Probst Solomon</strong>, periodista y escritora estadounidense. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 19/10/11):</p>
<p>En el agitado otoño de Manhattan, con sus embotellamientos, el décimo aniversario del 11-S se observó de manera sombría y muy propia de Nueva York: es decir, sin presencia oficial de ninguna religión concreta. Después de la conmemoración, las reuniones de la ONU y la semana de la moda de Nueva York, de pronto llegaron las manifestaciones de Wall Street. Pero todavía permanece en mi memoria la clara mañana azul en la que me llamaron por teléfono desde EL PAÍS, después de que el tercer avión se estrellara contra el Pentágono, para pedirme que enviara un artículo antes de que las redes de Internet se cerraran. El aire tenía un olor acre y las calles se llenaron pronto de camiones del Ejército y gente que andaba tambaleándose sin destino concreto.</p>
<p>Eso fue entonces. Ahora, <em>Maxie,</em> mi yorkie, no sabe que, antes de él, hubo otra perra <em>-Amanda-</em> que permaneció acurrucada bajo la cama durante semanas, desconcertada por el olor a muerte que inundaba la ciudad. La parte sur de Manhattan se ha reconstruido. El Lower East Side, en el extremo sureste, no lejos del World Trade Center y Wall Street, que en otro tiempo era nuestro barrio más pobre, presume hoy de elegantes rascacielos llenos de ángulos y acoge a los jóvenes modernos y a los que tienen dinero de sobra para arreglarse zonas del cuerpo con el fin de parecer jóvenes modernos.</p>
<p>En el plano internacional, entre quienes conocen bien Nueva York, existe un sentimiento de desánimo, la sensación de que las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos continúan atascadas, sin que ninguna de las partes esté dispuesta a reconocer que lo importante no es ya la legitimidad moral, que ambas poseen en abundancia, sino encontrar algún tipo de tregua sobre el terreno. La <em>primavera árabe</em> nos dio -y nos da- grandes esperanzas, al escuchar las informaciones que llegaban a diario de regímenes corruptos que caían como fichas de dominó.</p>
<p>Nos impresionó en especial que la cuestión de Oriente Próximo se centrara, como debía, en los regímenes corruptos, y por tanto nos sentimos doblemente destrozados por el ataque contra la Embajada israelí. ¿Cuántos judíos viven todavía en El Cairo? ¿Un puñado? Pero este no es todavía el momento de que surja un Américo Castro en Egipto, no ha habido aún tiempo de que una nueva generación reflexione sobre lo que perdió El Cairo cuando los judíos dejaron de figurar entre los egipcios involucrados en la vida cultural egipcia. El discurso de la ministra española de Exteriores, Trinidad Jiménez, ante la ONU, muy del estilo de Américo Castro (sus comentarios sorprendieron y fueron muy bien recibidos aquí), subrayó las raíces históricas de España, árabes y judías, y el derecho de Israel a tener una patria, con lo que reconoció implícitamente lo que perdió España cuando expulsaron a esas dos extraordinarias culturas.</p>
<p>Muy bien. ¿Y qué podemos hacer? Estamos justo empezando a desentrañar los monumentales cambios producidos durante la <em>primavera árabe,</em> incluidos los ataques contra los coptos egipcios de los últimos días. Pero hay dos cosas que están claras: no es posible tener una economía globalizada en la que los bienes, el dinero y la mano de obra puedan circular en un mundo sin fronteras mientras que, por otra parte, a los pueblos, las culturas y las religiones se les castiga y se les empuja al exilio. Y no deberíamos codearnos con los países petroleros mientras las mujeres de esos países estén sometidas a flagelaciones medievales o cosas peores por el mero hecho de conducir un coche.</p>
<p>Dos amigas mías han hecho sendas películas sobre el trato brutal que reciben las mujeres: el documental <em>Quest of Honor (En busca del honor),</em> de Marianne Smothers Bruni (que fue finalista en su categoría para los Oscar) trata de la vida de las mujeres en Kurdistán, donde se llevan acabo asesinatos por honor, sobre todo en las zonas rurales. El rodaje supuso graves riesgos para Bruni, su equipo y las mujeres kurdas entrevistadas, algunas de las cuales tuvieron que pedir después asilo en Europa. Y esta semana comienza en la PBS (el canal de televisión pública) la extraordinaria serie en cinco capítulos <em>Women, war &amp; peace (Mujeres, guerra y paz),</em> de mi amiga Pamela Hogan en colaboración con Abigail Disney y Gini Reticker, sobre las dificultades de las mujeres en Bosnia, Liberia, Afganistán y Colombia.</p>
<p>Mientras tanto, la protesta <em>Ocupemos Wall Street</em> se ha extendido desde Zuccotti Park, en el sur de Manhattan, cerca de la <em>zona cero,</em> a las grandes ciudades de todo el país. Se equivocan esos expertos (otros son entusiastas) que se quejan de que el movimiento de estudiantes, sindicalistas y gentes de todas las edades y profesiones carece de coherencia. En mi opinión, las manifestaciones masivas no son un estallido repentino, sino una respuesta bastante tardía a la cultura de Wall Street, en la que los multimillonarios pagan menos impuestos que el chico de los recados que les lleva su café con leche por las mañanas.</p>
<p>A pesar de las comparaciones que se están haciendo entre la depresión y recesión actual y la Gran Depresión, Estados Unidos es hoy un país muy diferente. Franklin D. Roosevelt tenía una extraña serie de ventajas: la Gran Depresión fue tan grave que no hubo más remedio que intentar resolverla a toda prisa, el país contaba con unos sindicatos fuertes&#8230; y todo el mundo iba al cine. La pobreza era el lenguaje narrativo de la época, y en las películas, ya presentaran a pobres campesinos o a refinados burgueses de la ciudad, los banqueros eran siempre los malos. Los buenos eran los pobres llenos de orgullo. Pero eran blancos, y es de suponer que protestantes.</p>
<p>En el siguiente periodo, el de las transformaciones después de la II Guerra Mundial, el movimiento de los derechos civiles, las protestas contra la guerra y el movimiento feminista ensombrecieron el interés por la simple pobreza -siempre eran otros los pobres-, los afroamericanos, los hispanos, las mujeres mayores, etcétera; y sus necesidades empezaron a definirse en el lenguaje del multiculturalismo, que culminó cuando Hillary y Obama se disputaron la candidatura a presidencia.</p>
<p>Antes de las últimas elecciones presidenciales, los grupos progresistas de mujeres nunca habían pensado en la posibilidad de que la primera mujer candidata pudiera ser alguien perteneciente a la extrema derecha del Tea Party, alguien como Sarah Palin. Y los fanáticos de Obama no comprendieron que la parte blanca de la herencia birracial de su candidato podía suscitar más antipatía que sus antecedentes kenianos en Tejas y otras partes del sur, donde existe aún un legado marginal de la guerra civil. (Yo debería haberme dado cuenta, porque viví en Tejas durante los turbulentos años anteriores al asesinato de Kennedy, cuando mi marido era profesor invitado de Derecho en la Universidad de Tejas). Para los tejanos del Tea Party, Obama encarna al norte &#8220;blanco&#8221; -la élite arrogante de Harvard y Washington-, mientras que, por su parte, nuestras arrogantes élites del norte no saben nada de nada del sur y el oeste de Tejas.</p>
<p>En los años veinte del siglo pasado, mi padre llegó a ser un próspero abogado y empresario de Nueva York. Tenía la anticuada opinión de que no había que ganar dinero con el dinero, que la forma de ganarlo era importante, así que no tenía acciones en Bolsa cuando se vino abajo Wall Street, y sus empresas siguieron yendo bien. Sin embargo, cuando me hice mayor, él siempre insistía en que, cuando saliera con un chico a cenar, pidiera el plato más barato del menú. &#8220;No quiero que tu cena le cueste a un joven la mitad de su sueldo semanal&#8221;, advertía. Su frase favorita era: &#8220;El dinero es una realidad, no una enfermedad&#8221;.</p>
<p>En las últimas décadas hemos sido poco realistas con los bancos y Wall Street y por eso estamos ahogándonos en la enfermedad del dinero. Que sigan las protestas en las ciudades de Estados Unidos. El lenguaje perfecto para describirlas llegará después.</p>
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		<title>&#8216;Mylfs&#8217; y &#8216;cougars&#8217;</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Oct 2011 17:59:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Igualdad de género]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Vicente Molina Foix</strong>, escritor (EL PAÍS, 19/10/11):</p>
<p>Oí por primera vez la palabra <em>mylf</em> en labios del hijo de una querida amiga, atractiva viuda próxima a cumplir los 60 que ha llenado su vida de estímulos intelectuales y cuidados corporales. La escena sucedía en la cocina de un piso de París, aun no siendo ninguno de los presentes estrictamente francés; el hijo, un estudiante de periodismo, nos hacía a mi amiga y a mí la revelación de que un compañero de similar edad a la suya <em>(veintipocos)</em> había pronunciado en voz baja ese acrónimo de origen norteamericano al &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37585/mylfs-y-cougars/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Vicente Molina Foix</strong>, escritor (EL PAÍS, 19/10/11):</p>
<p>Oí por primera vez la palabra <em>mylf</em> en labios del hijo de una querida amiga, atractiva viuda próxima a cumplir los 60 que ha llenado su vida de estímulos intelectuales y cuidados corporales. La escena sucedía en la cocina de un piso de París, aun no siendo ninguno de los presentes estrictamente francés; el hijo, un estudiante de periodismo, nos hacía a mi amiga y a mí la revelación de que un compañero de similar edad a la suya <em>(veintipocos)</em> había pronunciado en voz baja ese acrónimo de origen norteamericano al conocer a esta hermosa madre, una madre con la que uno querría fornicar <em>(mothers you&#8217;d like to fuck).</em> El chico lo contaba en la cocina -donde había un perro muy atento a las incidencias de los humanos- sin sombra de reproche; más bien con un asomo de vanidad filial.</p>
<p>Poco tiempo después alguien me informó de la existencia de otro término igualmente asociado a la mujer y a la sexualidad, <em>cougar,</em> que, menos explícito que el primero, tal vez contenga una mezcla de prestigio y desdoro, ya que una <em>cougar</em> (puma en inglés) es la mujer mayor que se tira -como las panteras se tiran en la maleza sobre su presa- a hombres mucho más jóvenes que ella. Entiendo que esta nomenclatura figurada, no siendo las actividades a las que se refiere totalmente novedosas, supone, en su creciente uso, un formidable avance: el reconocimiento de que, por perogrullesco que resulte lo que voy a decir, las mujeres también pueden, como los hombres que gustan de hacer el amor con chicas que podrían ser amigas de sus hijas, sentir y cumplir sus deseos fuera del cauce marcado por la edad y las conveniencias sociales.</p>
<p>Nadie ignora, sin embargo, que la fenomenología del <em>viejo verde</em> ha sido, desde el tiempo de la comedia grecolatina, una fuente de bromas y burlas. El teatro, la ópera, la poesía satírica, el cine y en menor medida la novela seria han tomado con invariable frecuencia el prototipo del anciano rijoso que, tras mil añagazas y estando por medio a menudo el monto de una herencia o una fortuna fabulosa, obtiene su castigo en el desenlace, quedando con el rabo entre las piernas, desposeído del dinero y viendo con rechinar de dientes cómo las parejas adecuadamente jóvenes triunfan en el amor, en el altar y en el aplauso de los espectadores. Tampoco me siento original (aunque ahí sean muchos los discrepantes) al afirmar que una parte considerable del odio suscitado por DSK tenía que ver con el hecho de que el titular de este nombreacrónimo es un viejo salido millonario.</p>
<p>Me asombra aún hoy que, en esa <em>cause célèbre,</em> tanta y tan respetable opinión pública y escrita aceptase de entrada, sin asomo de duda, la versión victimaria de la limpiadora guineana, negándose en todo momento a reconocer que Strauss-Kahn ha sido la única víctima <em>probada</em> del caso, puesto que desde el primer instante de la sospecha fue detenido, sacado a la fuerza de un avión, esposado, maltratado, fotografiado en comisaría de frente y de perfil, encarcelado, desposeído de sus cargos públicos, eliminado de la carrera política a la que legítimamente aspiraba, y, siempre como figura de escarnio o desprecio, prejuzgado por el testimonio de una persona tan lábil y falible como cualquier otra y por la evidencia de unas manchas en el suelo alfombrado de un hotel de lujo. Que su riqueza y sobre todo la de su esposa Anne Sinclair le permitiera capear con comodidad ese cúmulo de desgracias, la mayoría de ellas irreversibles, no altera la condición de chivo (o macho cabrío) expiatorio de DSK. Respecto a la evidencia recogida en la <em>suite</em> neoyorquina del Sofitel, se supo después, demasiado tarde, que, si la mentirosa Nafissatou Diallo mentía también en eso, los restos orgánicos bien podían deberse a una eyaculación pactada por ambas partes.</p>
<p>El puritanismo, ajeno a la debida repugnancia que debe suscitar un intento de violación en el que casi nadie cree hoy, tiene su abono en esas gotas de semen que un hombre indudablemente priápico derramó en una alfombra. Tras pagar un dinero, con mucha probabilidad. Se une a ese primer puritanismo de base sobre la lubricidad del vejete, otro integrismo peor, cada vez más manifiesto incluso en sociedades y Gobiernos progresistas, el sueco, el español de Zapatero: el de entender que todo tipo de intercambio sexual negociado es una forma de atropello criminal, no en los flagrantes casos de explotación y trata de blancas (o negras), sino en aquellos en que las mujeres y hombres adultos que venden su cuerpo están haciendo uso de una prerrogativa que no nos corresponde a los demás, bajo ningún concepto, prohibir, vilipendiar, y mucho menos condenar.</p>
<p>De las cosas dichas sobre el <em>affaire</em> DSK (algunas, he de confesar a título personal, escritas por periodistas españolas que admiro profundamente y fueron muy decepcionantes para mí) destaco las que profirieron dos mujeres francesas a raíz de la liberación del antiguo director del Fondo Monetario Internacional. La primera, exministra y diputada comunista cuyo nombre no recuerdo, declaró que el sobreseimiento sin cargos del sumario abierto a DSK, y esto sí lo cito literalmente, era &#8220;un día triste para la justicia y para las mujeres&#8221;, mientras que la segunda, ni más ni menos que Martine Aubry, una de las candidatas socialistas a la presidencia de Francia, manifestaba compartir &#8220;la opinión de muchas mujeres sobre el comportamiento de Strauss-Kahn&#8221;.</p>
<p>Las mujeres, en efecto, han de hacer valer con todo el empuje del mundo sus opiniones y sus reclamaciones, sus indignaciones y el conseguimiento de sus derechos; en cualquier asunto -también esto es evidente- exceptuando, me atrevo a señalar, aquellos en los que el reprender o el dictaminar significa ponerse del lado del mismo poder que a ellas secularmente las ha postergado. La lucha femenina es desigual, y su dimensión distinta. En unos lugares las mujeres tienen aún que bregar por lo básico, por lo irrenunciable: no sufrir mutilaciones corporales, no verse obligadas a matrimonios amañados contra su voluntad, no someterse al arbitrio del tirano o del patriarca, poder conducir, cantar, pasar la noche solas en un hotel, llevar el pelo suelto sin constreñimiento, bañarse en la playa como les plazca, casarse o tan solo vivir con el hombre al que aman. En otros, por suerte, han conseguido no ya más conciencia sino el modo de expresarla, con una libertad gestual que los estamentos habitualmente sospechosos y muy en especial las iglesias, capitaneadas todas por hombres, tratan de recortar, empleando el mismo afán justiciero con el que tratan de imponer sus anatemas a ciudadanos y grupos minoritarios enfrentados al monopolio de la moral.</p>
<p>Esa libertad de la mujer, todavía vista con recelo o violentamente negada, incluye, por supuesto, las distintas formas de la voluptuosidad, una pasión que malamente admite preceptos, definiéndose al contrario por su licencia. La de amar o simplemente fornicar con hombres que podrían, por edad, ser sus hijos, sin que, al hacerlo a las claras, la maquinaria del humor rancio empiece a elaborar chistes hirientes contra las &#8220;viejas verdes&#8221;.</p>
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