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	<title>Tribuna Libre &#187; Alianza de Civilizaciones</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>Educación para la diversidad</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Dec 2009 20:45:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Sampaio,</strong> ex presidente de Portugal y Alto Representante de Naciones Unidas para la Alianza de Civilizaciones (EL PAÍS, 19/12/09):</p>
<p>Cómo convivir cuando la diversidad, étnica, lingüística, religiosa o cultural incrementa el desasosiego, divide a las comunidades y somete a creciente presión las democracias? Últimamente, fracturas económicas, sociales, culturales y religiosas exacerban las tensiones intercomunitarias fomentando la errónea noción de que estamos abocados a un &#8220;choque de civilizaciones&#8221;.</p>
<p>Es esencial activar el diálogo para tender puentes, superar conflictos y promover un mejor entendimiento entre los pueblos. Para combatir estereotipos e ideas falsas que provocan hostilidad y desconfianza hay que&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/28247/educacion-para-la-diversidad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Sampaio,</strong> ex presidente de Portugal y Alto Representante de Naciones Unidas para la Alianza de Civilizaciones (EL PAÍS, 19/12/09):</p>
<p>Cómo convivir cuando la diversidad, étnica, lingüística, religiosa o cultural incrementa el desasosiego, divide a las comunidades y somete a creciente presión las democracias? Últimamente, fracturas económicas, sociales, culturales y religiosas exacerban las tensiones intercomunitarias fomentando la errónea noción de que estamos abocados a un &#8220;choque de civilizaciones&#8221;.</p>
<p>Es esencial activar el diálogo para tender puentes, superar conflictos y promover un mejor entendimiento entre los pueblos. Para combatir estereotipos e ideas falsas que provocan hostilidad y desconfianza hay que buscar la raíz de las tensiones que dividen a las sociedades y culturas. Las tensiones se inflaman cuando individuos o grupos perciben amenazados sus valores e identidad. Las oleadas migratorias, particularmente en Europa, han generado resentimiento y hostilidad. Inequívoco indicio del malestar es el éxito de partidos de extrema derecha que propugnan programas anti-inmigración en diversos países europeos.</p>
<p>No podemos ignorar el alcance de unos síntomas indicadores de un creciente sentimiento de inseguridad susceptible de minar la cohesión social y el modelo de inclusión europeos. Cuestiones como el velo islámico, el lugar de la religión en las escuelas y la igualdad de género, muestran la pervivencia de fuentes de tensión y la presencia de fuerzas dispuestas a explotarlas. La iniciativa popular contra nuevos minaretes en Suiza revela un profundo malestar e ilustra cómo el miedo y los prejuicios enturbian la convivencia.</p>
<p>Las tensiones aparecen también al cuestionarse derechos de las minorías y su lugar en las sociedades, que se enfrentan así a cómo cohonestar los derechos de las comunidades culturales salvaguardando la cohesión social.</p>
<p>En tiempos de tensiones interculturales es importante defender los derechos de las minorías, frecuentemente hostigadas y discriminadas. También lo es apreciar los beneficios que aportan los inmigrantes.</p>
<p>Es indispensable promover una educación para la diversidad para desarrollar conocimientos y aptitudes interculturales en la juventud, y el aprendizaje durante la vida para fortalecer las bases comunes de la convivencia. Eduquemos para los derechos humanos, la ciudadanía y el respeto del otro; para la comprensión mutua y el diálogo intercultural; para la enseñanza &#8220;mediática&#8221; y la de religiones y creencias; para el diálogo en y entre religiones.</p>
<p>Adquiramos conocimientos interculturales enseñándolos a nuestros ciudadanos y creemos estrategias urbanas para el diálogo intercultural. Necesitamos políticas para la juventud, basadas en la igualdad de oportunidades. Impliquemos a la sociedad civil entera, juventud, líderes religiosos y medios de comunicación.</p>
<p>La Alianza de Civilizaciones aborda las divisiones en y entre comunidades, las &#8220;musulmanas y occidentales&#8221; especialmente, para promover políticas de gobernanza democrática de la diversidad basadas en un paradigma de respeto a las diferentes culturas y religiones. Pretende desarrollar y profundizar, priorizándolo, el diálogo intercultural en las relaciones internacionales.</p>
<p>Las luchas culturales y políticas evidencian la oportunidad de este enfoque estratégico y la necesidad de políticas novedosas a distintos niveles. De aquí que haya que apostar por la gobernanza democrática de la diversidad en un mundo complejo donde las percepciones polarizadas se nutren de estereotipos y prejuicios, pero también de realidades y de conflictos políticos. Para reducir la división entre sociedades musulmanas y occidentales habrá que resolver previamente algunos de esos conflictos. Pero incluso resueltos, persistirán la suspicacia y la hostilidad que fracturan las sociedades a lo largo de divisiones culturales y religiosas.</p>
<p>Hay unanimidad respecto del profundo foso de percepción que separa a occidentales y musulmanes. Visto en términos de oposición entre dos supuestos bloques monolíticos, islam y Occidente, este foso alimenta más los estereotipos y la polarización, favoreciendo el extremismo. Sin embargo, la mayoría de los pueblos rechaza el extremismo y apoya el respeto de la diversidad. Tanto musulmanes como no musulmanes comparten idéntica preocupación sobre seguridad, estabilidad y paz. Millones de musulmanes temen ver a sus hijos ganados para el extremismo.</p>
<p>Para afrontar este problema es esencial desarrollar nuevas estrategias de promoción del diálogo interreligioso, en el marco de la gobernanza democrática de la diversidad cultural basada en los principios de universalidad de los derechos humanos y libertades fundamentales, igualdad de oportunidades, solidaridad económica y cohesión social.</p>
<p>La Alianza de Civilizaciones persigue cambiar las mentalidades en las sociedades divididas. Tenemos que sensibilizar a los actores políticos en la necesidad de invertir en políticas públicas relacionadas con la diversidad cultural y el diálogo intercultural, dirigidas a desarrollar conocimientos y aptitudes interculturales. Hagamos un frente común para superar las dificultades presentes y aprovechémoslo para abrir nuevas vías hacia un mejor entendimiento y una cooperación reforzada. Demos una oportunidad a un diálogo que, más allá de las palabras, obtenga resultados.</p>
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		<title>Obama y la esquizofrenia del PP</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/24604/obama-y-la-esquizofrenia-del-pp/</link>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 20:39:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política Exterior]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Partido Popular]]></category>
		<category><![CDATA[Partidos Políticos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Emilio Menéndez del Valle</strong>, embajador de España y eurodiputado socialista (EL PAÍS, 08/04/09):</p>
<p>Por más que le pese al Partido Popular y a algún otro despistado en las relaciones internacionales, el presidente de Estados Unidos ha incorporado ya a su filosofía y práctica de la política exterior las premisas de la Alianza de Civilizaciones, proyecto oficial de Naciones Unidas, apoyado por casi cien países. Ha singularizado a dos Estados de cultura islámica como actores importantes en la escena internacional con los que desea mantener una especial relación: Turquía e Irán. Con el primero quiere mejorar determinados aspectos. Con Irán&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/24604/obama-y-la-esquizofrenia-del-pp/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Emilio Menéndez del Valle</strong>, embajador de España y eurodiputado socialista (EL PAÍS, 08/04/09):</p>
<p>Por más que le pese al Partido Popular y a algún otro despistado en las relaciones internacionales, el presidente de Estados Unidos ha incorporado ya a su filosofía y práctica de la política exterior las premisas de la Alianza de Civilizaciones, proyecto oficial de Naciones Unidas, apoyado por casi cien países. Ha singularizado a dos Estados de cultura islámica como actores importantes en la escena internacional con los que desea mantener una especial relación: Turquía e Irán. Con el primero quiere mejorar determinados aspectos. Con Irán desea pasar de una mutua relación hostil a otra de cooperación y entendimiento.</p>
<p>La víspera del nuevo año de los iraníes, a finales de marzo, el presidente de Israel realizó un llamamiento para que se rebelen contra &#8220;los fanáticos que les gobiernan&#8221;. Ese mismo día, Obama se dirigió elogiosamente y con respeto al pueblo y al Gobierno iraníes: &#8220;Estados Unidos quiere que la República Islámica de Irán asuma el papel que le corresponde en la comunidad internacional&#8230; a través de acciones pacíficas que demuestren la verdadera grandeza del pueblo y de la civilización iraníes&#8221;. Todo un elogio de su civilización, en línea con la filosofía y contenido del proyecto Alianza de Civilizaciones. Además, al referirse oficialmente a la &#8220;República Islámica de Irán&#8221;, Obama -a diferencia de su predecesor-, acepta la existencia y presencia activa de un concepto político-civilizacional distinto del occidental.</p>
<p>El presidente norteamericano no solamente se identifica con la Alianza de Civilizaciones, sino que se acerca a Europa: ya no se trata -como pretendía Bush- de derribar ayatolás por la fuerza militar. Ahora, el concepto de Europa como potencia civil parece ser considerado por Obama, es decir, la singular posición europea que pone énfasis más en los instrumentos diplomáticos que en los coercitivos, en el papel central de la mediación a la hora de resolver conflictos.</p>
<p>Hay conflictos que prevenir y amenazas que conjurar, pero olvidando la absurda pretensión de Bush de cambiar el mundo por la fuerza y edificar uno a imagen de Estados Unidos. Eso sí, como ha sostenido en Estrasburgo, hay que derrotar a Al Qaeda y a los talibanes. Pero en ello Irán es un aliado porque tanto una como los otros constituyen también una amenaza para Teherán. De ahí que el presidente norteamericano haya lanzado al mundo islámico otro específico mensaje clave: &#8220;Perseguimos una nueva manera de marchar hacia adelante, sustentada en intereses y respeto mutuos&#8221;. Todo ello forma parte de la filosofía e intenciones de la Alianza de Civilizaciones.</p>
<p>Nos hallamos ante un Obama autocrítico en lo político: Estados Unidos ha cometido &#8220;actos de arrogancia&#8221;. Y autocrítico respecto al desastre económico-financiero que ha sumido a casi todo el mundo -España incluida- en situación de emergencia: &#8220;Sé que Estados Unidos tiene su parte de responsabilidad por el caos en que nos hallamos&#8221;.</p>
<p>Y mientras tanto, el Partido Popular en España, erre que erre, con su frivolización y menosprecio de la Alianza de Civilizaciones. Con su esquizofrenia a cuestas. Ya se sabe que esquizofrenia es la psicosis en la cual el enfermo presenta la pérdida del contacto con el medio que le rodea. Desde que el presidente Zapatero presentó el proyecto ante la Asamblea General, las diatribas, insultos, pitorreos y demás educadas maneras de expresarse políticos y medios de comunicación de la derecha han sido constantes. Constituyen una larga lista. He aquí una perla:</p>
<p>Mariano Rajoy (enero 2008), con ocasión del I Foro de la Alianza: &#8220;Hoy hay en Madrid una reunión a la que asisten mandatarios importantes: los presidentes de Finlandia, Eslovenia, de Malaisia, de Argelia y el propio señor Rodríguez Zapatero&#8221;. (Don Mariano se permite el lujo de menospreciar a Estados colegas miembros de la Unión Europea).</p>
<p>Sería oportuno conocer si, tras la nueva vía abierta por el presidente norteamericano, el Partido Popular va a mantener -respecto a Irán- la misma posición que la Administración Bush. Sobre Turquía, convendría saber si rectificará su postura de oponerse al ingreso de la misma en la UE con argumentos tan peregrinos como: &#8220;La entrada de Turquía supondría tener fronteras directas con algunos de los países más inestables del mundo&#8221;. (Jorge Moragas <em>dixit).</em> ¡Pero si tener dentro a Turquía es el mejor modo de hacer frente a la inestabilidad de la región!</p>
<p>El PP viene sistemáticamente oponiéndose a cualquier mención de la Alianza de Civilizaciones en las resoluciones del Parlamento Europeo, en contra del parecer de diversos integrantes, cada vez más numerosos, del Partido Popular Europeo (PPE). A no mucho tardar, el PPE se rebelará contra el chantaje y dejará en ridículo al PP.</p>
<p>Por cierto, éste debería tener en cuenta que el III Foro de la Alianza se celebrará en Brasil en 2010, coincidiendo con la presidencia española de la UE. ¿Va a mostrar el PP hacia nuestros socios y amigos latinoamericanos la misma displicencia de que hizo gala en 2008 respecto a Finlandia y Eslovenia?</p>
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		<title>Cita en Estambul</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2009 21:25:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Orden Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Máximo Cajal</strong>, diplomático (EL PAÍS, 06/04/09):</p>
<p>El Foro de Estambul que hoy se inicia, un año después del de Madrid, pone de manifiesto que la Alianza de Civilizaciones goza de buena salud y está a punto de dar un paso decisivo en el proceso de su consolidación e institucionalización. Porque a esta cita seguirán otras, en diferentes partes del mundo, a comenzar por Brasil.</p>
<p>Se confirmará así, con hechos concretos, la vocación de universalidad de esta empresa colectiva, como corresponde a su condición de instrumento eficaz de Naciones Unidas. No está de más recordar que el Grupo de Países&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/24572/cita-en-estambul/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Máximo Cajal</strong>, diplomático (EL PAÍS, 06/04/09):</p>
<p>El Foro de Estambul que hoy se inicia, un año después del de Madrid, pone de manifiesto que la Alianza de Civilizaciones goza de buena salud y está a punto de dar un paso decisivo en el proceso de su consolidación e institucionalización. Porque a esta cita seguirán otras, en diferentes partes del mundo, a comenzar por Brasil.</p>
<p>Se confirmará así, con hechos concretos, la vocación de universalidad de esta empresa colectiva, como corresponde a su condición de instrumento eficaz de Naciones Unidas. No está de más recordar que el Grupo de Países Amigos de la Alianza ha superado el centenar de miembros. Al compás de este crecimiento cuantitativo se produce también un enriquecimiento cualitativo de la reflexión interna y del discurso de la Alianza gracias a nuevas percepciones procedentes de distintas perspectivas, geográficas, históricas, religiosas, culturales y, sobre todo, políticas.</p>
<p>El II Foro permitirá evaluar el camino recorrido desde enero de 2008; el estado en que se hallan las medidas puestas entonces en marcha, como el Mecanismo de Respuesta Rápida para Medios de Comunicación, el Fondo de Solidaridad para la Juventud, el Centro de Intercambio de Información sobre Educación, el Fondo para Medios de Comunicación y el Proyecto Silatech de Empleo Juvenil. Será también ocasión para la firma por el Alto Representante de acuerdos de cooperación con diversas organizaciones internacionales y para anunciar el lanzamiento de nuevos planes nacionales y regionales. Entre estos últimos, un proyecto de Estrategia Regional Balcánica, impulsado en buena medida por España, que culminaría en una conferencia en Sarajevo; otra, para Iberoamérica, animada por la Secretaría General Iberoamericana, y una tercera, Mediterránea, propiciada por la UpM y la Fundación Anna Lindh. Todas ellas en colaboración con la Secretaría de la Alianza. Acogerá también el II Foro un mercado de ideas para proyectos innovadores de la sociedad civil, un programa de becas financiado por fundaciones y particulares filantrópicos y el experimento novedoso llamado <em>Café Salam.</em> Tendrá también lugar un amplio debate político entre los jefes de Estado, de Gobierno y los ministros de Exteriores del Grupo de Amigos sobre el rumbo futuro de la Alianza de Civilizaciones. Tres sesiones plenarias, 12 reuniones de trabajo y 16 desayunos resumen las actividades previstas.</p>
<p>No acaba aquí, en todo caso, la tarea. Consciente, como es, de la importancia de los diálogos interculturales e interconfesionales tanto en la prevención de conflictos como en la consolidación de la paz, la Alianza no puede traicionar, sin embargo, su propia y específica dimensión política y su sensibilidad ante las amenazas que ponen en cuestión la paz y la estabilidad internacionales. Así está escrito en sus textos fundacionales. ¿Qué sentido tiene, si no, este encuentro y la calidad de quienes allí se reúnen? De actuar de otro modo; si, en el ejercicio de sus específicas competencias, esta iniciativa abdica de esa otra vertiente; si arrincona las recomendaciones políticas contenidas en el Informe del Grupo de Alto Nivel, más pronto que tarde perderá credibilidad y acabará frustrando las muchas esperanzas en ella depositadas. Gaza así lo ha puesto crudamente en evidencia.</p>
<p>Porque su cometido se inscribe en un proceso a largo plazo que es necesario acometer con determinación. Porque se trata de movilizar una gran coalición de voluntades -gobiernos, organizaciones internacionales y ciudadanía mundial- con objeto de superar las fracturas entre sociedades y culturas; también en su interior, no lo olvidemos. Pero, para alcanzarlo, no bastará con trabajar sobre &#8220;las mentes y los corazones&#8221; en tanto subsistan lacerantes desigualdades de poder y lacras sociales que la crisis actual no hace más que agudizar. Por ello, para cumplir cabalmente su cometido, la Alianza de Civilizaciones tiene que encontrar el lugar que le corresponde en el sistema de las Naciones Unidas, preservando así su singularidad.</p>
<p>Estambul es igualmente el lugar adecuado para confirmar lo bien fundado de los principios éticos de conducta internacional que inspiraron la intervención del presidente del Gobierno de España el 21 de septiembre de 2004 en Nueva York. En particular, su apuesta decidida por el multilateralismo y por el apoyo a la ONU y a su secretario general, por la primacía de la legalidad internacional y el respeto de los derechos humanos. Este renovado y visible respaldo a esos principios se resumirá en la imagen, ya reiterada, que junto con el secretario general Ban Ki-moon y el Alto Representante Jorge Sampaio, convoca a los primeros ministros Recep Tayyip Erdogan y José Luis Rodríguez Zapatero, copatrocinadores de la Alianza.</p>
<p>Se cierra pues, a orillas del Bósforo, la etapa constituyente de esta iniciativa. Madrid y Ankara la han apuntalado tanto internamente como en su proyección exterior. Lo han hecho, sobre todo, con una fuerte carga simbólica. A ambos confines del Mediterráneo, mar éste paradigmático de todos los encuentros y desencuentros, España y Turquía, en coherencia con su vocación y con lo que de ellas espera el imaginario colectivo, seguirán desempeñando el papel relevante que les corresponde en este empeño. Pero, a partir de ahora, corresponde a otros países recoger la antorcha, sumándose activamente a la Alianza de Civilizaciones y perfeccionando su vocación universal. Brasil en primera línea.</p>
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		<title>La forja de una conciencia ciudadana global</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/24543/la-forja-de-una-conciencia-ciudadana-global/</link>
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		<pubDate>Sat, 04 Apr 2009 21:43:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Orden Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Sami Naïr</strong>, profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Enrique Ojeda es diplomático. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 04/04/09):</p>
<p>&#8220;Al mundo musulmán: buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto&#8221;. El inusual llamamiento realizado por Barack Obama en su discurso inaugural del pasado 20 de enero, acontecimiento que el nuevo presidente sabía perfectamente que iba a ser seguido al detalle por cientos de millones de personas en todo el planeta, subrayó la importancia crucial que han alcanzado las relaciones entre el islam y el mundo occidental en el sistema&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/24543/la-forja-de-una-conciencia-ciudadana-global/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Sami Naïr</strong>, profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Enrique Ojeda es diplomático. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 04/04/09):</p>
<p>&#8220;Al mundo musulmán: buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto&#8221;. El inusual llamamiento realizado por Barack Obama en su discurso inaugural del pasado 20 de enero, acontecimiento que el nuevo presidente sabía perfectamente que iba a ser seguido al detalle por cientos de millones de personas en todo el planeta, subrayó la importancia crucial que han alcanzado las relaciones entre el islam y el mundo occidental en el sistema internacional del siglo XXI. El anterior presidente, George W. Bush, había preferido, tras la trágica mañana del 11 de septiembre de 2001, confundir a todo el mundo musulmán con los asesinos de Nueva York y emprender una guerra de &#8220;civilizaciones&#8221; cuyas consecuencias fueron devastadoras para todas las fuerzas de paz y de diálogo tanto en Occidente como en Oriente.</p>
<p>Otros países también adquirieron conciencia de ese foso que estaba separando, con las trágicas consecuencias vividas en Nueva York, Madrid, Londres o Bali, al mundo musulmán del occidental, pero su respuesta se basó en el diálogo y el respeto. La propuesta de la Alianza de Civilizaciones, patrocinada inicialmente por España y Turquía y asumida después por la Organización de Naciones Unidas, pretendía específicamente ofrecer otra respuesta, además de subrayar el compromiso de sus impulsores con la legalidad internacional, y propugnar de forma indiscutible el multilateralismo, el pleno respeto a los derechos humanos y el conocimiento y respeto del otro.</p>
<p>Los próximos 6 y 7 de abril se reunirá en Estambul el II Foro de dicha Alianza de Civilizaciones (el primero se celebró en Madrid en enero de 2008); probablemente será una buena oportunidad para hacer balance de lo conseguido y de lo que aún queda por hacer para seguir avanzando en la lógica del diálogo y el encuentro. Entre lo logrado habría que destacar, en primer lugar, la institucionalización de la iniciativa y su asunción por la ONU. Tres años después de que el presidente Rodríguez Zapatero presentara la propuesta (septiembre de 2005), la Alianza es ya una iniciativa del secretario general de Naciones Unidas, cuenta con un grupo que reúne a un centenar de países y organizaciones internacionales de los cinco continentes (entre ellos Francia, Reino Unido, Alemania, Japón, China y Brasil) y su Alto Representante es Jorge Sampaio, ex presidente de Portugal de 1996 a 2006. La confirmación de que Brasil acogerá el III Foro en 2010 pone de manifiesto el interés que la Alianza suscita en el continente americano, que sin duda tiene mucho que aportar a una iniciativa centrada hasta ahora casi exclusivamente en el binomio islam-mundo occidental.</p>
<p>Es preciso seguir trabajando en otras cuestiones: entre ellas, la necesidad de profundizar en el significado del diálogo dentro del terreno de la interculturalidad y en sus consecuencias en materia de identidad. Porque la labor política y diplomática que ha prevalecido hasta el momento sitúa el diálogo, sobre todo, en el plano de las relaciones entre Estados. Y es necesaria. Pero es evidente que hace falta ir más allá para ahondar en esta visión de las relaciones internacionales. El proyecto de la Alianza de Civilizaciones debe evitar conformarse con un vago consenso o con la politización de la cuestión de las identidades. El diálogo entre Estados, muchas veces, está sometido a la preocupación por mantener los equilibrios y las alianzas con fines que, en última instancia, remiten siempre a los intereses ya conocidos de cada uno.</p>
<p>Sin embargo, para tener fruto, el debate <em>debe llevarse a cabo ante las sociedades civiles,</em> que son el crisol en el que se forma una opinión pública libre, exigente y universalizante. Porque el diálogo sólo interesa si está basado en la confrontación franca, a veces dura pero siempre abierta, de las ideas y los valores.</p>
<p>¿Cuál debe ser el objetivo de ese diálogo? En primer lugar, la búsqueda de la solidaridad universal, fundamento de una alianza de culturas que se apoye en valores comunes; ello significa ponerse de acuerdo para poner en tela de juicio los principios pretendidamente universalistas de cada cultura, incluida la nuestra. Porque el universalismo siempre está agitado por el particularismo.</p>
<p>En realidad, las dificultades del proceso de occidentalización del mundo nos enseñan que la universalidad reside más en la <em>relación</em> entre las culturas, en las desviaciones que traza, en las diferencias que exhibe, que en las semejanzas que descubre. No es la identidad formal, sino la diversidad, lo que genera la universalidad. Por consiguiente, el diálogo entre culturas debe trabajar, sobre todo, en las mediaciones que permitan comprender esas desviaciones y diferencias.</p>
<p>Por ese motivo, si queremos salvar la buena idea de la alianza de culturas y civilizaciones, debemos ponerla en manos de las propias sociedades. Es la única manera de centrar el debate sobre las cuestiones que permiten la posibilidad de elaborar un <em>Universal común de toda la humanidad,</em> es decir, una Alianza consciente, racional, no impuesta, basada en valores comunes, en el espacio de la ciudadanía.</p>
<p>Entre los ámbitos de reflexión por parte de Occidente (un concepto relativo) y el resto del mundo, hay algunos indiscutibles: <em>el carácter sagrado de la vida,</em> que la noción occidental de los &#8220;derechos humanos&#8221; limita a menudo a su propia visión del mundo; <em>la igualdad de hecho y de derecho entre hombres y mujeres,</em> que desafía la visión de algunas sociedades musulmanas; <em>la libertad política como fundamento de la soberanía,</em> que se convierte, de ahora en adelante, en una reivindicación universal; <em>el derecho al reparto de la riqueza</em> frente a las concentraciones de bienes y capitales en manos de las minorías dominantes&#8230;</p>
<p>Son ideas que hay que incluir en el diálogo y sobre las que hay que involucrar a las sociedades, a través de los individuos, las asociaciones, las instituciones constructoras de la identidad colectiva (medios de comunicación, universidades, empresas).</p>
<p>Veamos, por ejemplo, la cuestión de la igualdad de género. En todas las grandes culturas del mundo, la disposición del hombre corresponde a la secuencia derechos-deberes, mientras que la de la mujer corresponde a deberes-derechos. Esta asimetría está vinculada seguramente a la revelación de la Palabra en un hombre (ninguna religión la encarna en una mujer).</p>
<p>Ahora bien, la sociedad occidental ha evolucionado hacia la simetría entre los dos sexos, mientras que en otros lugares ésta continúa bloqueada. ¿Debe renunciar Occidente a defender su concepción, con el pretexto de que, en la sociedad musulmana, la cuestión de los derechos del individuo (sea hombre o mujer) no se plantea más que dentro del respeto a los principios de la comunidad? El problema es que, en la práctica, renunciar a plantear la cuestión de la igualdad equivale a renunciar a la solidaridad con la lucha de las mujeres en la propia sociedad musulmana. ¿Es posible constituir un Universal común sin tener en cuenta esa solidaridad?</p>
<p>Es una pregunta que los Estados no pueden abordar desde la política, porque incurren en conflictos de intereses. La profundización de las relaciones entre las sociedades, a través del intercambio cultural, es lo único que puede permitir crear una conciencia sobre este asunto. Si Marruecos ha modificado hace poco su <em>muddawana,</em> es decir, el código del estatuto personal relativo a los derechos de la mujer, es porque la sociedad marroquí -en las clases intelectuales modernas, pero también en su estructura profunda- se encuentra ya en pleno diálogo con las sociedades europeas.</p>
<p>Y la situación, por supuesto, no evoluciona en un solo sentido. Occidente no está tampoco, ni mucho menos, libre de problemas en su seno, que debe resolver: las democracias son con frecuencia imperialistas, a veces inundadas de racismo y antisemitismo, y fácilmente demagógicas en el ejercicio de las libertades. Por consiguiente, si queremos que la alianza de civilizaciones pase de ser una buena idea diplomática a ser un elemento enraizado en la realidad histórica, es obligatorio que se someta al juicio de las propias sociedades.</p>
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		<title>La Alianza de Civilizaciones mira al futuro</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2009 20:14:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Orden Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Santiago Petschen</strong>, catedrático emérito de Relaciones Internacionales de la UCM (EL PAÍS, 23/03/09):</p>
<p>La Alianza de Civilizaciones cobra una perspectiva más importante de la tenida hasta ahora con motivo de su II Foro, que se celebrará en Estambul los próximos días 6 y 7 de abril.</p>
<p>Cuestiones de alcance semejante ha habido muchas en la historia humana, como la gesta sionista que llevó a la creación del Estado de Israel y la realización de la Unión Europea. La concreción de la primera la llevó a cabo Theodor Herzl. La de la segunda, Jean Monnet.</p>
<p>Ambas personalidades se caracterizaron por&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/24357/la-alianza-de-civilizaciones-mira-al-futuro/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Santiago Petschen</strong>, catedrático emérito de Relaciones Internacionales de la UCM (EL PAÍS, 23/03/09):</p>
<p>La Alianza de Civilizaciones cobra una perspectiva más importante de la tenida hasta ahora con motivo de su II Foro, que se celebrará en Estambul los próximos días 6 y 7 de abril.</p>
<p>Cuestiones de alcance semejante ha habido muchas en la historia humana, como la gesta sionista que llevó a la creación del Estado de Israel y la realización de la Unión Europea. La concreción de la primera la llevó a cabo Theodor Herzl. La de la segunda, Jean Monnet.</p>
<p>Ambas personalidades se caracterizaron por tener, acerca de la posible aplicación de su ideal, un firmísimo convencimiento. Los dos grandes hombres estuvieron muy dotados con el carisma del consejo como capacidad de pasar de los principios generales a las situaciones particulares. Sabían -utilizando la descripción que hace Robert Stenberg- &#8220;qué decir a quién, cuándo decirlo y cómo decirlo para lograr el máximo efecto&#8221;. Una inteligencia muy distinta a la capacidad especulativa. El sentido común social que, en el campo de la política, desgraciadamente, muchos dirigentes no tienen.</p>
<p>&#8220;Somos y seguimos siendo, querámoslo o no -decía Herzl hablando de los judíos-, un grupo histórico de admirable coherencia&#8221;. La posibilidad de aterrizaje de dicho principio lo montó Herzl con dos alas que actuaban a la par: un ala formada por una persona moral (el nuevo Moisés de los judíos), de fines científicos y políticos <em>(Society of Jews).</em> Otra ala detalladamente empírica dedicada a los inmuebles, al dinero, a los impuestos, a la posibilidad organizadora del rabinato <em>(Jewish Company).</em> Es ésta la misma capacidad que hizo surgir el método de &#8220;las solidaridades de hecho&#8221;, la gran palanca de lanzamiento de la Unión Europea.</p>
<p>Para que la Alianza de las Civilizaciones fructifique ha de ser llevada a la práctica por un gran don de consejo hasta el dominio radical de la concreción. Concreción fue la forma de crear una autoridad común para el carbón y para el acero; de organizar paulatinamente la cooperación política primero y la PESC después; de fijar la moneda única.</p>
<p>En tiempos de Herzl, siglos de historia marcaban todavía la enemistad más atroz que imaginarse pueda entre cristianos y judíos. A pesar de ello, Herzl hizo el esfuerzo por ofrecer a los cristianos una relación de acercamiento y de simpatía. Llegó incluso hasta proyectar indemnizarles por las pérdidas que la marcha de los judíos a otra tierra les podría ocasionar. Es lo que Israel debería buscar ahora para con los musulmanes, con los que la historia judía estuvo, hasta el siglo XX, libre de problemas graves. Y no es que Herzl fuera un ciego con respecto al antisemitismo. Todo lo contrario. Como ahora no debemos estar ciegos frente a la barbarie del terrorismo.</p>
<p>Pero ello no debe ser obstáculo para fijar un modelo de relación limpio. Por medio de unos pasos así y con el espíritu de las solidaridades de hecho habrá que llegar al problema de las fronteras entre Israel y Palestina, el punto de manifestación más hostil que pueda existir hoy entre la civilización occidental y la civilización islámica. Si no se va llevando a la práctica una correcta solución fronteriza, la réplica contra Israel seguirá siendo alimentada en la imaginación de millones de musulmanes.</p>
<p>Alguien puede pensar que la solución al problema está en la fuerza. Esta solución, además de ser injusta, no podrá ser para todo tiempo sino sólo para un espacio temporal limitado. Y con unos resultados que tal vez puedan conducir, algún día, desde el odio, a una hecatombe de mayúsculas proporciones.</p>
<p>La terrible hostilidad entre Alemania y Francia tan cruentamente manifestada durante la Segunda Guerra Mundial se puso a prueba para convertirse en alianza con la organización de una amplia serie de reuniones como las montadas por Franz Buchman después de la Guerra Mundial en Caux (Suiza).</p>
<p>Bajo el nombre de Rearme Moral, Buchman fue convocando, en los años posteriores a la guerra, en un hotel desde cuya altura se divisa ampliamente el lago Leman y la extensa cadena de los Alpes suizos, a diplomáticos, políticos, militares, sindicalistas, hombres de letras, especialistas en solución de conflictos&#8230; etcétera, en sesiones de tres, cinco, diez o quince días, hasta un número de personas que se acercó a los 5.000.</p>
<p>Cuando en alguna ocasión he pasado por aquel ya viejo edificio, no he podido dejar de sentir una considerable emoción por las aspiraciones de alianza que allí dentro se fomentaron. Parece que fue en Caux donde se pergeñó el primer atisbo de lo que luego fue la Comunidad del Carbón y del Acero.</p>
<p>Algo muy distinto a lo que se palpó en el ambiente de utopismo de Denis de Rougemont, que supo decir cosas extraordinariamente maravillosas sobre el ser humano, sobre los pueblos, sobre la interculturalidad, pero que careció de capacidad para que las instituciones que él creó, el Centro Europeo de la Cultura y el Instituto de Estudios Europeos, tuvieran continuidad después de su muerte.</p>
<p>La repetición de una experiencia como la de Buchman en Caux, aplicada a la Alianza de Civilizaciones, podría ser de una enorme utilidad.</p>
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		<title>Moriscos: el mayor exilio español</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Jan 2009 14:02:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política Exterior]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Fajardo,</strong> escritor, autor de la novela <em>El Converso</em> (EL PAÍS, 02/01/09):</p>
<p>Hay oportunidades, sobre todo en política, que sólo se presentan una vez en la vida, y desperdiciarlas puede convertirse en un error irreparable. Este año 2009 que acaba de comenzar, el Gobierno de Rodríguez Zapatero tiene una oportunidad única para transformar la conmemoración de uno de los más trágicos acontecimientos de la Historia de España, el Cuarto Centenario de la expulsión de los moriscos españoles, en un espacio de reencuentro entre Occidente y el Islam. Una tarea que puede encontrar además un clima internacional más propicio&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/23420/moriscos-el-mayor-exilio-espanol/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Fajardo,</strong> escritor, autor de la novela <em>El Converso</em> (EL PAÍS, 02/01/09):</p>
<p>Hay oportunidades, sobre todo en política, que sólo se presentan una vez en la vida, y desperdiciarlas puede convertirse en un error irreparable. Este año 2009 que acaba de comenzar, el Gobierno de Rodríguez Zapatero tiene una oportunidad única para transformar la conmemoración de uno de los más trágicos acontecimientos de la Historia de España, el Cuarto Centenario de la expulsión de los moriscos españoles, en un espacio de reencuentro entre Occidente y el Islam. Una tarea que puede encontrar además un clima internacional más propicio en la nueva presidencia de Estados Unidos y que resulta imprescindible para hacer frente a los estragos morales, políticos y sociales generados no sólo por el terrorismo <em>yihadista,</em> sino también por la aberrante reacción antiterrorista promovida por el ex presidente norteamericano George Bush y secundada por el ex presidente del Gobierno español José María Aznar.</p>
<p>Este tipo de eventos tiene obviamente una dimensión académica y cultural, pero sería un verdadero desperdicio que se obviara la dimensión política de la efeméride. La Historia es ciencia social, pero es también elemento de la realidad política del presente. Basta ver el uso que de ella hace la organización terrorista Al-Qaeda cuando clama por la recuperación de Al-Andalus (la España medieval musulmana) para su pretendido nuevo califato, o cuando califica a las tropas occidentales destacadas en Afganistán o en Irak como &#8220;cruzados&#8221;, resucitando así el fantasma de los crímenes cometidos por los ejércitos medievales europeos durante las conquistas de Tierra Santa. Son ejemplos del uso propagandista de la Historia para sostener políticas de terror y de guerra. Frente a ello se hace necesario oponer al integrismo <em>yihadista</em> una lectura diferente de la Historia capaz de hacer de ésta una herramienta de paz y de diálogo. Una lectura que no niegue los abusos del pasado o trate de justificarlos oponiéndolos a los abusos del otro bando, sino que busque el reencuentro entre las personas que son herederas hoy de aquellos lejanos conflictos. Reconciliarse en el presente para desactivar la bomba de odio del pasado, ése debiera ser el objetivo. Un objetivo que España está en condiciones de liderar por razones históricas y porque tiene ya la experiencia del proceso de reconciliación nacional con su pasado reciente.</p>
<p>La identidad española se ha construido con múltiples elementos culturales cristianos, judíos, musulmanes y laicos, entre otros. Sin embargo, durante siglos se ha impuesto una versión oficial unidimensional de &#8220;lo español&#8221;, equiparándolo a lo católico y lo conservador. Una concepción intolerante que ha llenado de exilios y expulsiones la Historia de España, amputando comunidades enteras y regando el mundo de españoles condenados a la lejanía y al olvido. Tal fue el caso de los moriscos.</p>
<p>El 22 de septiembre de 1609, bajo el reinado de Felipe III, las autoridades españolas comenzaron la expulsión de la comunidad morisca, aproximadamente medio millón de personas. Ése ha sido, proporcionalmente, el mayor exilio de la Historia de España, pues la población entonces era mucho menor que tras la Guerra Civil de 1936-1939 (cuando en torno a un millón de españoles tuvieron que abandonar el país). Sin embargo, no es el exilio más recordado. De hecho, son muchos los españoles de hoy que no conocen esta trágica historia.</p>
<p>Tras la toma del Reino de Granada por los Reyes Católicos, la mayor parte de sus habitantes permaneció en la península, recibiendo el nombre de moriscos, gracias al pacto acordado entre los monarcas católicos y el derrotado rey Boabdil, según el cual las autoridades cristianas se comprometían a respetar las creencias religiosas, y costumbres de los musulmanes granadinos, a cambio de la fidelidad de éstos a los reyes. Un compromiso que sólo se respetó durante ocho años, pues poco antes de la muerte de la reina Isabel las autoridades políticas y eclesiásticas de Granada empezaron a obligarlos a convertirse.</p>
<p>La presión sobre los moriscos se hizo insoportable y a las conversiones forzosas les siguieron los procesos inquisitoriales contra aquellos moriscos convertidos que eran vistos con desconfianza. El resultado fue, primero, un lento goteo de antiguos musulmanes que pasaban a tierras magrebíes y, después, una violenta insurrección morisca, una guerra civil que asoló las Alpujarras durante casi tres años con un saldo terrible de brutalidades por parte de ambos bandos. En 1571, tras la muerte del cabecilla de la insurrección, Hernando de Válor, más conocido como Aben Humeya, las tropas reales terminaban con los últimos reductos moriscos, pero la enemistad generada por la guerra permaneció y llevó al rey a decidir la expulsión de la comunidad en pleno. Los moriscos no pudieron pues elegir, como habían hecho los judíos poco más de un siglo antes, entre convertirse al cristianismo o partir en exilio. Una tragedia más a añadir a la expatriación, pues aquellos que se habían convertido de buen grado fueron recibidos con recelo por los musulmanes del norte de África a causa de su condición de cristianos. Cervantes trazó en <em>El Quijote</em>, con el personaje de Ricote, un patético retrato del drama de los moriscos que trataban de regresar clandestinamente a su patria perdida.</p>
<p>Algunos moriscos, al igual que habían hecho los judíos, emigraron también de forma clandestina a América en busca de fortuna, y su huella se aprecia en culturas ecuestres como la de los &#8220;gauchos&#8221; argentinos. Otros, que habían partido antes de la expulsión masiva, se alistaron en el ejército del sultán de Fez y conquistaron la legendaria ciudad de Tombuctú, en pleno corazón de África, donde formaron una casta poderosa que ha llegado hasta nuestros días con el nombre de los &#8220;armas&#8221;. Pero la mayoría de los moriscos se afincó en la costa africana mediterránea.</p>
<p>En nuestros días hay en todo el Magreb descendientes de aquellos exiliados, llamados genéricamente &#8220;andalusíes&#8221;. La huella morisca es muy clara en Argelia, Túnez y Marruecos, cuya capital, Rabat, fue refundada en el siglo XVII al constituirse en ella una singular república pirata formada por moriscos venidos de Extremadura (del pueblo de Hornachos, para ser exactos), que trajo de cabeza a las armadas españolas, francesa e inglesa durante medio siglo. El descendiente directo del primer gobernador de aquella república es hoy un coronel del ejército marroquí de apellido Bargasch (transcripción francesa del apellido Vargas). Existe, pues, un legado español que forma parte ya de las sociedades magrebíes y que puede convertirse en puente de unión entre las dos riberas mediterráneas.</p>
<p>El Cuarto Centenario de la expulsión de los moriscos debiera jugar el mismo papel que desempeñó en 1992 la conmemoración de la expulsión de los judíos: una ocasión para reconciliar a la sociedad española con su propia Historia y con los descendientes de esos otros españoles que desde hace siglos pueblan el mundo, llevando con ellos la nostalgia y el amor por su antigua patria, expresado en su música, en las palabras castellanas conservadas en su lenguaje, en su interés por todo lo español. Una ocasión también para reconocer su sufrimiento.</p>
<p>No se trata ahora de otorgar nacionalidades, sino de cambiar la dinámica de la Historia, de transformar el odio de antaño en amistad nueva recuperando la memoria de la tragedia morisca y buscando fórmulas de hermanamiento. Todo ello requeriría políticas activas, tanto del Gobierno de España como de los gobiernos autonómicos directamente afectados por la conmemoración (los de Extremadura, Castilla-La Mancha, Andalucía, Murcia, Valencia&#8230;), e iniciativas que enmarcasen la evocación histórica en una dinámica de intercambios culturales, económicos y políticos entre territorios y ciudades antiguamente rivales (por ejemplo, Denia y Valencia, que fueron punto de partida de los primeros moriscos expulsados, y Argel, su punto de llegada). La conmemoración, por su trascendencia, exige un esfuerzo de coordinación si se quiere que tenga la necesaria dimensión política. En una de esas paradojas a las que es tan aficionada la Historia, buena parte de la política internacional que propugna el presidente Rodríguez Zapatero va a ser puesta a prueba en el centenario de la expulsión de los moriscos españoles, pues difícilmente puede ser creíble su propuesta de Alianza de Civilizaciones si España, el país que la postula y que él preside, dejara pasar la oportunidad de reconciliarse con su propio pasado islámico.</p>
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		<title>Alianza y Mediterráneo</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jul 2008 21:53:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política Exterior]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Mediterráneo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Sampaio,</strong> ex presidente de la República Portuguesa, y alto representante de Naciones Unidas para la Alianza de Civilizaciones. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 14/07/08):</p>
<p>El nacimiento en París de la Unión del Mediterráneo supone una importante noticia no sólo para los países ribereños de ese mar, sino también para Europa en su conjunto y para el resto del mundo. Atravesado por las turbulencias de la historia, teatro de numerosos conflictos pero, sobre todo, lugar de intercambios y encuentros entre culturas, el espacio mediterráneo está perdiendo velocidad, desgarrado por intereses que tienen dificultades para conciliarse. Sin&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/20662/alianza-y-mediterraneo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Sampaio,</strong> ex presidente de la República Portuguesa, y alto representante de Naciones Unidas para la Alianza de Civilizaciones. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 14/07/08):</p>
<p>El nacimiento en París de la Unión del Mediterráneo supone una importante noticia no sólo para los países ribereños de ese mar, sino también para Europa en su conjunto y para el resto del mundo. Atravesado por las turbulencias de la historia, teatro de numerosos conflictos pero, sobre todo, lugar de intercambios y encuentros entre culturas, el espacio mediterráneo está perdiendo velocidad, desgarrado por intereses que tienen dificultades para conciliarse. Sin embargo, su importancia geopolítica, económica y cultural no necesita demostración. Y para la Alianza de Civilizaciones es crucial.</p>
<p>Fundada bajo los auspicios de Naciones Unidas en 2005, gracias a la iniciativa de España y Turquía, la Alianza cuenta hoy con 89 miembros, entre países y organizaciones internacionales. Su vocación es reafirmar un paradigma de respeto mutuo entre pueblos de tradiciones culturales y religiosas distintas, e instar a que se emprenda una actuación coordinada en ese sentido. La Alianza refleja la voluntad de la gran mayoría de los pueblos de rechazar el extremismo y defender el respeto a la diversidad cultural y religiosa.</p>
<p>¿Cómo pueden vivir juntos pueblos diferentes, respetándose mutuamente en sus diferencias? Ésa es la pregunta a la que la Alianza pretende dar respuesta mediante la puesta en marcha de proyectos concretos en los ámbitos de la juventud, la educación, los medios de comunicación y las migraciones.</p>
<p>Si la Alianza otorga especial importancia a los países del Mediterráneo, es porque, en virtud de su mandato, debe centrar su acción en los lugares en los que las divisiones -en los terrenos de los principios y los valores, las religiones, las costumbres, las concepciones de vida y los niveles de desarrollo- se manifiestan de forma más acuciante, allí donde hay muchas disputas negociables que corren peligro de convertirse en conflictos irresolubles. Pero hay más. Porque esta región es asimismo donde las posibilidades de reconciliación y cooperación son más profundas, donde los intercambios constructivos han permitido a la humanidad dar verdaderos pasos adelante. Aquí, en el espacio mediterráneo, se desarrolla el diálogo entre dos mundos, un diálogo que puede unir o separar, alejar o aproximar.</p>
<p>Si este diálogo nos sale bien, habremos avanzado en el camino de la paz y la estabilidad. Al demostrar que es posible una cooperación económica beneficiosa para todos, al probar que unos proyectos comunes en materia de educación, medio ambiente y cultura pueden dar frutos, los países ribereños del Mediterráneo estarán en condiciones de erigir un muro contra la intolerancia, el integrismo y el extremismo, y demostrar al resto del mundo que se puede vencer al odio y la violencia.</p>
<p>El reto es inmenso. Para ganar esta apuesta, es preciso ir más allá de las declaraciones de intenciones. Las palabras tienen su peso, por supuesto. Pero su impacto sólo es duradero cuando se apoyan en acciones concretas. La Alianza puede actuar de manera complementaria con la Unión del Mediterráneo y puede proponerle el desarrollo conjunto de políticas de buen gobierno de la diversidad cultural.</p>
<p>La Alianza está asociada ya a varios proyectos dirigidos a fortalecer el diálogo y el desarrollo en los países del perímetro mediterráneo, como, por ejemplo, <em>Silatech</em>, cuyo objeto es fomentar el empleo de los jóvenes. Por otra parte, con el fin de animar a los medios a desempeñar su papel de transmisores de la interculturalidad, la Alianza ha puesto en funcionamiento un mecanismo que pone a su disposición nombres de expertos, para que hagan las aclaraciones y matizaciones necesarias sobre una serie de cuestiones sociales de orden cultural y religioso que caracterizan nuestra convivencia.</p>
<p>La Alianza de Civilizaciones asimismo trabaja con todos sus miembros para que desarrollen y pongan en práctica estrategias nacionales para el diálogo intercultural que incluyan medidas en las áreas de la educación, juventud, medios e integración de las minorías. Además, está en estudio un conjunto de iniciativas de cooperación entre ciudades.</p>
<p>&#8220;Si tuviera que volver a hacerlo, empezaría por la cultura&#8221;. Estas palabras suelen atribuirse a Jean Monnet, aunque son apócrifas. En cualquier caso, tienen una actualidad aplastante. El espacio mediterráneo es el lugar en el que está en juego el futuro del diálogo entre las culturas y las religiones. A todos nos beneficia que estos intercambios progresen sobre la base de la reciprocidad y la transparencia. Desde luego, los problemas de naturaleza política exigen soluciones políticas y la solución de los conflictos armados tampoco es competencia de la Alianza de Civilizaciones. La Alianza debe actuar antes y después de las situaciones de tensión, con una vocación de prevenir y sanar los conflictos, y es, en ese sentido, un instrumento de la paz.</p>
<p>La gran apuesta de la Unión del Mediterráneo es el multilateralismo y el desarrollo compartido. En mi opinión, es un objetivo que abre la vía del porvenir. Ése es el motivo por el que la Unión Mediterránea y la Alianza de Civilizaciones pueden reforzarse mutuamente y sus acciones deben desarrollarse de manera complementaria.</p>
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		<title>Alianza frente a conflicto de civilizaciones</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/18506/alianza-frente-a-conflicto-de-civilizaciones/</link>
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		<pubDate>Sat, 19 Jan 2008 19:44:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Orden Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Felipe González</strong>, ex presidente del Gobierno español (EL PAÍS, 19/01/08):</p>
<p>La corriente de fondo que nos lleva a un diálogo entre civilizaciones va ganando fuerza frente a la tumultuosa corriente del choque de civilizaciones.</p>
<p>Es una corriente más tranquila, que se mueve entre los meandros de la complejidad del momento histórico presente, en tanto que la profecía del choque de civilizaciones es más simple en sus planteamientos de amigo-enemigo y de confrontación para dominar, por eso tiende a autocumplirse.</p>
<p>Como siempre, construir la paz, como condición necesaria para todo lo demás -el desarrollo o la cooperación-, es más difícil&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/18506/alianza-frente-a-conflicto-de-civilizaciones/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Felipe González</strong>, ex presidente del Gobierno español (EL PAÍS, 19/01/08):</p>
<p>La corriente de fondo que nos lleva a un diálogo entre civilizaciones va ganando fuerza frente a la tumultuosa corriente del choque de civilizaciones.</p>
<p>Es una corriente más tranquila, que se mueve entre los meandros de la complejidad del momento histórico presente, en tanto que la profecía del choque de civilizaciones es más simple en sus planteamientos de amigo-enemigo y de confrontación para dominar, por eso tiende a autocumplirse.</p>
<p>Como siempre, construir la paz, como condición necesaria para todo lo demás -el desarrollo o la cooperación-, es más difícil que declarar la guerra al otro, al que se supone que encarna el mal. Como siempre, el diálogo que busca el conocimiento -el logos- del que es diferente y tiene una percepción distinta de la realidad, es un ejercicio más costoso, que parte de la renuncia a la imposición de nuestras verdades, aun sin aceptar la imposición de las verdades del otro. Es una búsqueda de los valores y de los intereses que se puedan compartir para dar fundamentos al entendimiento mutuo y avanzar en un nuevo orden internacional.</p>
<p>Venimos de un proceso histórico peculiar, por la profundidad y por la velocidad de los cambios. La caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la Unión Soviética llevaron a la desaparición de la vieja división del mundo en dos bloques ideológicos antagónicos y mutuamente excluyentes.</p>
<p>Inmediatamente afloraron realidades ocultas o aplastadas por esa división. Pulsiones identitarias que afirmaban la pertenencia a realidades culturales muy diversas, étnico-religiosas, étnico-culturales o de nacionalismos irredentos que iban surgiendo por todas partes.</p>
<p>Pero este mundo se parecía más a sí mismo, aunque se hiciera más incierto y se nos mostrara más complejo, que el de la división en bloques ideológicos, con sus alineamientos simplificadores y su reparto de influencias. Los viejos conceptos de equilibrio del terror o destrucción mutua asegurada, y su correlato menos negativo que fue la coexistencia pacífica, perdieron vigencia sin encontrar un sustituto.</p>
<p>En los años 90 parecía que vivíamos en una cierta anomia, una pérdida de reglas de juego, del valor de la política, de soluciones supuestamente espontáneas que vendrían del mercado libre. Se hablaba de los dividendos de la paz, aunque al mismo tiempo se elaboraba la teoría del choque de civilizaciones.</p>
<p>Pero al tiempo que ocurrían estos acontecimientos, se aceleraba el curso de la revolución tecnológica, especialmente la informacional, como ruptura de las barreras del tiempo y del espacio en la comunicación entre los seres humanos. La globalización hizo próximo e inmediato el planeta Tierra, en todos sus rincones, en todo lo que acontecía, y empezó a cambiar la relación de fuerzas en el mundo.</p>
<p>En realidad, había quedado uno de los dos bloques antagónicos, el liderado por Estados Unidos como única superpotencia, pero su justificación por contraposición a la amenaza soviética había desaparecido con la URSS. La teoría del choque de civilizaciones, casi como una profecía, se basaba en la necesidad de llenar el vacío de enemigo, anunciando la aparición de nuevos demonios civilizatorios, en sustitución de los ideológicos, que había que prepararse para combatir y dominar.</p>
<p>Ya en los meses siguientes a la Guerra del Golfo de 1991, los profetas de la confrontación trataron de colocar sus teorías en la Casa Blanca, reclamando para Estados Unidos el papel de gendarme del nuevo orden internacional. Pero hasta los atentados de las Torres Gemelas, con su dramatismo y brutalidad, no tuvieron la oportunidad de colocar su producto, envolviéndolo en la amenaza real del terrorismo internacional para dar consistencia al choque de civilizaciones. La dimensión de esta forma de criminalidad internacional sería muy distinta si el enfoque no hubiera sido el de la confrontación civilizatoria, con todas las implicaciones de criminalización de una de las religiones del Libro. El error más grave ha sido y es la falta de comprensión de que esta amenaza real no está destinada en mayor medida a desplazar el poder en el mundo occidental que en el islámico.</p>
<p>Desde esta base errónea, se puede comprender el método de confrontación bélica y voluntad de dominio que se ha venido utilizando. La amenaza real, a partir de esta estrategia, no sólo no ha disminuido, sino que la percibimos como más grave y virulenta.</p>
<p>Las críticas ante la estrategia de la pura confrontación, de la hegemonía y de la imposición, con guerras preventivas y sin base en la legalidad internacional, han ido creciendo. Los que fueron en su día partidarios de este planteamiento se han ido replegando o reduciendo, aunque persistan los más impenitentes. Es evidente que en la visita del Presidente Bush a Medio Oriente, se insiste en alimentar la confrontación histórica entre sunitas y chiitas, entre árabes e iraníes, pasando a segundo plano el propósito de avanzar en el problema israelo-palestino.</p>
<p>Sin embargo, incluso para los más opuestos a esta deriva, se ve con una cierta frialdad y escepticismo la propuesta de la Alianza de Civilizaciones, con sus mecanismos de diálogo entre diferentes culturas y religiones para avanzar, primero, hacia una mayor comprensión mutua, y después hacia acuerdos que fortalezcan el objetivo de un nuevo orden internacional basado en los valores de las propias Naciones Unidas.</p>
<p>En nuestro país han sido y son especialmente críticos los que aplaudían a rabiar la declaración de guerra a Irak, los que la justificaban con mentiras y endosaban el conflicto pese a su ilegalidad manifiesta. Aún hoy argumentan que perdemos peso internacional si las propuestas que hacemos como país se encaminan hacia el diálogo y el respeto a la legalidad internacional.</p>
<p>Pero, asumida por Naciones Unidas, la Alianza de Civilizaciones ha encontrado el apoyo de 80 países, muchos más que los que apoyaron la teoría y la práctica de las guerras preventivas y el unilateralismo. Y se van a seguir sumando otros. Pero lo más significativo es la gran corriente de simpatía que se va creando en numerosos actores de la sociedad civil, en las distintas confesiones religiosas, en las ONGs, todos dispuestos a hacer impulsar con acciones la estrategia del entendimiento frente a la de la pura confrontación.</p>
<p>Asumir la diversidad, cultural o religiosa, como una riqueza compartida, en la que podemos encontrar valores comunes y objetivos que también lo sean, frente a la violencia destructiva, es un objetivo alcanzable que irá restando capacidad al terrorismo, a pesar de las muchas dificultades para encontrar rutas adecuadas.</p>
<p>Por el contrario, insistir en la propuesta de agresión, en el unilateralismo al margen de las reglas, va a seguir alimentando la caldera del terror, incluso dándole excusas ante los ciudadanos de mundo que se sienten víctimas de esta estrategia.</p>
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		<title>Alianza ¿de qué?</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Jan 2008 18:54:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política Exterior]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pilar Rahola</strong> (LA VANGUARDIA, 16/01/08):</p>
<p>Decía Anatole France: &#8220;Un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el malvado descansa algunas veces; el necio jamás&#8221;. No estoy muy segura de compartir al ciento por ciento esta ocurrente afirmación, pero es verdad que, en nombre de la bondad se han hecho algunas de las grandes necedades de la historia. No hay nada peor que un ignorante bienintencionado, porque entonces, ciertamente, no tiene remedio. Por supuesto, no osaría nunca considerar al presidente ZP un necio, pero sí creo que su buenismo internacional le ha llevado a cometer algunas de las&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/18467/alianza-%c2%bfde-que/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pilar Rahola</strong> (LA VANGUARDIA, 16/01/08):</p>
<p>Decía Anatole France: &#8220;Un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el malvado descansa algunas veces; el necio jamás&#8221;. No estoy muy segura de compartir al ciento por ciento esta ocurrente afirmación, pero es verdad que, en nombre de la bondad se han hecho algunas de las grandes necedades de la historia. No hay nada peor que un ignorante bienintencionado, porque entonces, ciertamente, no tiene remedio. Por supuesto, no osaría nunca considerar al presidente ZP un necio, pero sí creo que su buenismo internacional le ha llevado a cometer algunas de las grandes boberías de su mandato. Ahí está, por ejemplo, el paseo de Moratinos por Cuba, legitimando al régimen y dejando en el ostracismo a la oposición democrática. O la venta de armas al imprevisible y peligroso Hugo Chávez. O el desplante a los norteamericanos, insultando a su bandera. O, ¿cómo no?, el lamentable episodio de la kefia palestina, en plena guerra de Líbano.</p>
<p>Si el balance de Zapatero se basara, exclusivamente, en su política internacional, recuperaríamos el epíteto de Bambi, y no precisamente para considerarlo un estadista. Lamentablemente, la altura internacional de muchos líderes españoles está al nivel de su dominio de idiomas extranjeros: well very bad&#8230;A diferencia de su política interior, donde ha prometido mucho, pero ha incumplido más o no ha tenido demasiados problemas en mentir (al menos, respecto a sus promesas catalanas), en política exterior ZP ha sido un hombre coherente, lo cual es una pésima noticia. Porque si la coherencia naciera de una estrategia planificada, una visión profunda de la geopolítica y una seria independencia de criterios, estaríamos ante un líder internacional. Cuando la coherencia, en cambio, es la aplicación sistemática y acrítica del libro rojo del buen progre, con todos los mandamientos de la corrección política &#8211; &#8220;odiarás a EE. UU. por encima de todo&#8221;, etcétera- llevados a las últimas consecuencias, lo que tenemos es un severo fiasco. Y una permanente improvisación.</p>
<p>De esa factura buenista y políticamente correcta, nacida del catecismo de Mafalda, surgió en su momento una idea tan pomposa como altamente inquietante, la alianza de civilizaciones, argumentada en la ONU con un simplismo que, aún hoy, escuece en algunas mentes inteligentes de izquierdas. En ese discurso se dieron cita todos los lugares comunes que, respecto al islam, tiene determinada izquierda paternalista, de la cual Zapatero es un notable exponente. Si la derecha adolece, tradicionalmente, de falta de sensibilidad solidaria, la izquierda padece un empacho de solidaridad tuerta, y acaba aliándose con importantes enemigos de la libertad. Veamos la cuestión de la alianza de civilizaciones, que ha iniciado su sorprendente andadura en Madrid. Pareció nacer, en su momento, como contraste al concepto de choque, y así suscitó el aplauso fácil de todos aquellos que creen que los problemas complejos requieren de intenciones simples. Sin embargo, ni se trata de choque, ni de alianza, entre otras cosas porque no existe ningún contraste de civilizaciones. Existen la civilización &#8211; que concibe al ser humano libre- y aquellos que quieren mantener a sus ciudadanos, escudados en excusas religiosas o ideológicas, en la pura barbarie. La civilización no es la que obliga a una mujer de Yemen a vivir en cruel esclavitud, ni la que justifica la lapidación en Arabia Saudí, ni la que, en nombre de un dios, anima a un joven a suicidarse matando, en cualquier lugar del mundo. Eso es ideología totalitaria, fanatismo religioso y concepción medieval de la sociedad. Es decir, es la anticivilización. Cuando Zapatero, en pleno debate sobre el terrorismo islamista, plantea la alianza y sugiere, como interlocutores, a algunos de los tiranos más notables del mundo musulmán, crea un equívoco enormemente peligroso, y muy injusto para quienes luchan, desde el islam, por la libertad. Por ello su alianza tiene mucho de perversa, mucho de paternalista y todo de ineficaz.</p>
<p>He hablado de injusticia, y esta es la más lamentable de las consecuencias de esta improvisada idea. Si Erdogan, por ejemplo, es el cofundador de la alianza, ¿significa que no forman parte de la alianza los kurdos masacrados por Erdogan? ¿Y los miles de ciudadanos turcos que luchan contra la islamización de Turquía? ¿Con quién nos aliamos? ¿Con los sátrapas que van a las cenas de la Moncloa o con los opositores de todos estos regímenes? ¿Con el machismo violento del islam integrista y sus reyezuelos del petróleo o con las mujeres que han alzado la voz, jugándose la vida, para denunciarlos? ¿Estamos con el rey Abdulah bin Abdulaziz o con Ayan Hirsi Ali, Wafa Sultan, Talisma Nasrim y tantas otras mujeres islámicas valientes? La respuesta parece clara, a tenor de la ausencia de los conceptos de fondo: no se habla de libertad de la mujer, no se habla de fanatismo totalitario, no se habla de anticristianismo, ni antisemitismo (convertidos en ley en muchos de estos países), ergo nos queda el folklore, la gastronomía y la belleza de sus playas. Coros y danzas, en versión Bambi. Realmente lamentable y, en los tiempos que corren, altamente irresponsable.</p>
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		<title>¿Y la Alianza de las Civilizaciones?</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Dec 2007 14:44:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Orden Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Santiago Petschen</strong>, catedrático de Relaciones Internacionales en la UCM (EL PAÍS, 31/12/07):</p>
<p>Después de que el 21 de septiembre de 2004, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, presentara ante la Asamblea General de Naciones Unidas un proyecto para trabajar a favor de una Alianza de las Civilizaciones, los medios de comunicación se refirieron a ella de forma frecuente y esperanzadora. Tiempo después, el silencio se ha impuesto sobre la cuestión.</p>
<p>¿Se puede aplicar a dicho contraste, una expresión de los labradores de ciertos pueblos de España, diciendo que tuvo un arranque de caballo y una parada&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/18279/%c2%bfy-la-alianza-de-las-civilizaciones/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Santiago Petschen</strong>, catedrático de Relaciones Internacionales en la UCM (EL PAÍS, 31/12/07):</p>
<p>Después de que el 21 de septiembre de 2004, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, presentara ante la Asamblea General de Naciones Unidas un proyecto para trabajar a favor de una Alianza de las Civilizaciones, los medios de comunicación se refirieron a ella de forma frecuente y esperanzadora. Tiempo después, el silencio se ha impuesto sobre la cuestión.</p>
<p>¿Se puede aplicar a dicho contraste, una expresión de los labradores de ciertos pueblos de España, diciendo que tuvo un arranque de caballo y una parada de mula? Creemos que no. Se trata de un proyecto tan necesario que en modo alguno se puede aceptar que se detenga. Y tan complejo que para acertar con él no hay más remedio que pasar por numerosas vacilaciones, intentos e, incluso, tropiezos.</p>
<p>Con la Unión Europea ocurrió lo mismo. Hubo propuestas que no se pudieron ni aplicar. Recordemos las de Coudenhove-Kalergi, Briand y Churchill durante la II Guerra Mundial; también las de la planificación internacional o la de la unión aduanera de la OECE. Otras se descafeinaron como la del Consejo de Europa y otras fracasaron como la de la Comunidad Europea de Defensa. Fue necesario encontrar la genialidad de la concreción: la idea de la CECA y el método de las solidaridades de hecho. Una vez hallada, se pudo llevar a cabo con entusiasmo. Su aplicación fue inmediata y exitosa.</p>
<p>Lo que se hizo con Europa debe hacerse con la Alianza de las Civilizaciones, empresa más ambiciosa y compleja. Y no desilusionarse ni perder la paciencia si se trata de esperar, repetir, fracasar, volver a empezar o seguir buscando. Entre tanto, una de las maneras de aprovechar el tiempo es eliminar planteamientos distorsionantes. Vamos a referirnos a tres de ellos.</p>
<p>Un planteamiento distorsionante es dar la imagen de una alianza de civilizaciones a escala planetaria. Eso tendría la característica de la inconcreción, la generalidad, la dispersión y la ineficacia. Rodríguez Zapatero no lo planteó así. Lo que propuso el presidente del Gobierno español fue hacer una alianza de civilizaciones entre el mundo occidental y el islámico. Ni más ni menos. Algo bien concreto: &#8220;cayó un muro; debemos evitar ahora que el odio y la incomprensión levanten otro&#8221;. La expresión que utilizamos normalmente, que encabeza con interrogante este artículo, es totalmente inadecuada. Debe decirse: Alianza de civilizaciones occidental e islámica. Y propalar el nombre preciso que construya la imagen correcta que debe ser aceptada con normalidad en la vida cotidiana.</p>
<p>Está bien valorar la dimensión de la laicidad. Pero ello no debe dar a entender que se margina a la religión considerándola un espécimen de menor valor, que sólo siendo reducido a la vida privada arreglará los problemas. Para la mayor parte del islam dicha posición es totalmente rechazable. Los valores religiosos deben ser un importante elemento de integración en la formación de la Alianza occidental-islámica. Cristianismo e islam son dos religiones que tienen un amplísimo fondo de creencias comunes. Su base religiosa ha sido fundamento de varias civilizaciones: la occidental, la eslavo-ortodoxa, la latinoamericana (si se acepta la ambigua sugerencia de Huntington), la islámica&#8230; Tan grandiosos elementos deben ser aprovechados a favor de la construcción de una obra común. Las declaraciones anuales que se emiten desde la Santa Sede con motivo de la fiesta del Ramadán, dan materia de reflexión para ello.</p>
<p>Los judíos han sido y son uno de los pueblos más listos de la tierra. Siendo de exiguas dimensiones, sobrevivieron a las grandes civilizaciones egipcia y babilónica que les habían envuelto. Las evoluciones de su religión (pasando de la magia a la razón y del politeísmo al monoteísmo) marcaron la diferencia en los dos mundos en que la Humanidad se halla dividida: el occidental y el oriental. En la actualidad, el 20% de los premios Nobel han ido a parar a manos judías y el pequeño Estado de Israel, en sus 60 años de existencia, ha conseguido (sin contar los de la paz), nada menos que seis Nobeles.</p>
<p>Los judíos no pudieron construir una civilización de larga duración para la que estuvieron germinalmente preparados en tiempos pasados. Su capacidad para ello, debido a la dispersión, se perdió desgraciadamente, en la Historia. Ahora, sin embargo, tienen un peso importante en la civilización occidental. En los Estados Unidos, cierta teología de la derecha cristiana esta tomada del judaísmo. Hay quienes creen que para que tenga lugar la segunda venida del Mesías es necesario que se restablezca Israel en la totalidad de su territorio. ¿De dónde tan abstrusa mescolanza en una teología sobre un reino que como el de Jesús no es de este mundo? Y en Europa hallan favor en el ambiente que produce la repetición de la expresión &#8220;judeocristiano&#8221; aplicada tanto a lo que toca como a lo que no.</p>
<p>La expresión &#8220;judeocristiano&#8221; tiene una dimensión real. La destacada por Juan Pablo II reconociendo a los judíos como los hermanos mayores de los cristianos. Pero a nivel de civilización la cuestión es muy diferente. La civilización judía sería una de las del mundo actual distinta de la occidental de no haber sido por la diáspora y por la vida en guetos. Por ello los judíos, en un determinado momento de la Historia, en la Ilustración, que ellos llaman <em>ashkalà,</em> se integraron en una civilización, la occidental, que ya tenía varios siglos de existencia. El nombre de &#8220;judeocristiano&#8221; no puede estarse repitiendo una y otra vez para aplicarlo a todas las cuestiones, como hacen algunos alumnos cuando en los exámenes se les preguntan cosas relacionadas con este tema. Donde antes siempre decían cristiano ahora van poniendo cada vez más, por automatismo irreflexivo, &#8220;judeocristiano&#8221;. Hubo quien quiso llevar la expresión a la Constitución europea.</p>
<p>En el esfuerzo por hacer una alianza entre la civilización occidental y la islámica, vincular con el nombre y con la imagen lo occidental de base cristiana con lo judío, es altamente negativo. La expresión &#8220;judeocristiano&#8221; sólo puede ser acrecentadora de la hostilidad que origina la irresuelta cuestión de Israel y Palestina. Entre lo occidental y lo islámico hay que buscar motivaciones para el acercamiento y la simpatía. Y a ello pueden aportar mucho, como pueblo verdaderamente grande, los judíos. Vinculados a una civilización que ellos no fabricaron, pueden ser un factor muy importante en la formación de una alianza, al igual que en el pasado construyeron una religión de base tan racional como la que se apoya en los Diez Mandamientos y de fundamento tan personal como el aportado por el monoteísmo. La solución del problema Israel-Palestina abriría las puertas de esa gran alianza esperada occidental-islámica y el agradecimiento a los judíos se viviría perdurablemente en la historia futura de la Humanidad. Mientras ello no se produzca, la expresión &#8220;judeocristiana&#8221; debe ser mirada con muchísima prevención y su extrapolación, cuidadosamente evitada. Tiene el valor de una imagen que confunde y que para los islámicos resulta cargada de hostilidad.</p>
<p>Lo que valoramos de los judíos de la antigüedad son sus grandes planteamientos religiosos y humanos de repercusión universal. No el que desalojaran madianitas o mataran filisteos. Lo que ahora tendrá peso en el futuro no será el que defiendan asentamientos o construyan un muro-valla que entra ilegalmente en un territorio ocupado. Serán sus geniales aportaciones a la solución de los grandes problemas del mundo. Es lo que hay que tener en cuenta para construir entre todos la alianza de las civilizaciones occidental e islámica.</p>
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		<title>Tolerancia y encuentro</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Oct 2007 08:25:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Miguel Ángel Moratinos</strong>, ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación (EL PERIÓDICO, 08/10/07):</p>
<p>Evitar la discriminación y la intolerancia hacia quienes profesan el islam y crear un clima de convivencia sana donde quepa en armonía el ejercicio de todas las creencias religiosas constituye un imperativo ético. En este contexto, inauguraré mañana en Córdoba la conferencia de la presidencia de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) sobre Intolerancia y Discriminación hacia los Musulmanes.<br />
Es la primera vez que se celebra una conferencia internacional sobre este tema en el marco de la OSCE. En ella participarán&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/17138/tolerancia-y-encuentro/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Miguel Ángel Moratinos</strong>, ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación (EL PERIÓDICO, 08/10/07):</p>
<p>Evitar la discriminación y la intolerancia hacia quienes profesan el islam y crear un clima de convivencia sana donde quepa en armonía el ejercicio de todas las creencias religiosas constituye un imperativo ético. En este contexto, inauguraré mañana en Córdoba la conferencia de la presidencia de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) sobre Intolerancia y Discriminación hacia los Musulmanes.<br />
Es la primera vez que se celebra una conferencia internacional sobre este tema en el marco de la OSCE. En ella participarán delegaciones de los estados y de países asociados del Mediterráneo y Asia. En definitiva, estamos hablando de una zona geográfica donde residen decenas de millones de musulmanes.<br />
La presidencia española de la OSCE ha mantenido durante este año, entre sus prioridades, el desarrollo y profundización en la denominada dimensión humana, ocupándose también del antisemitismo y de otras discriminaciones por credo o raza.<br />
España ha querido aprovechar su presidencia para enfrentarse a este problema y encarar una situación ajena a nuestros valores y al más elemental respeto a la dignidad humana. La conferencia es tanto más relevante si consideramos que, durante los últimos años, se ha producido un muy visible cambio demográfico en muchos países y hoy quienes profesan el islam se cuentan por millones en la UE. Solo en España, cientos de miles de musulmanes conviven con nosotros y nosotros con ellos.<br />
Ya en el 2005, también en Córdoba y en el marco de la OSCE, España organizó una conferencia sobre antisemitismo y dio a conocer su esfuerzo e iniciativa ante esa deleznable ideología que tanto ha degradado a Europa.<br />
La conferencia pretende fomentar los principios de convivencia y de diálogo. La tolerancia y el encuentro entre las diferentes religiones y culturas deben contribuir a mejorar el conocimiento mutuo, así como evitar que se consideren extraños y ajenos quienes no profesan nuestra religión. Es preciso luchar contra los estereotipos y los viejos prejuicios, e incrementar la cohesión en nuestras sociedades plurales. Debemos evitar la discriminación por practicar el islam o tener un modo de vida acorde con él.</p>
<p>INAUGURARÉ la conferencia junto al alto representante para la Alianza de Civilizaciones, que representará al secretario general de las Naciones Unidas y que refleja el interés que suscita en la comunidad internacional este acontecimiento.<br />
Abordaremos las consecuencias de la intolerancia y la discriminación contra los musulmanes desde un punto de vista internacional y desde la perspectiva de evaluar cómo afecta a nuestras sociedades. La igualdad de oportunidades debe beneficiar a todos, ya que es un principio básico de convivencia. La discriminación en el mercado laboral, la vivienda o la educación solo contribuye al extremismo de algunos.<br />
Hablaremos sobre los medios de comunicación y el discurso público como instrumentos contra la intolerancia y la discriminación hacia los musulmanes. Considero esta cuestión de enorme relevancia dado el papel que tienen los medios, como creadores de opinión, en el desarrollo de percepciones y actitudes colectivas. Es necesario que dentro del respeto a la libertad de expresión realicen su labor de escribir e informar sin prejuicios y desde la objetividad.<br />
En el contexto educativo, para superar la intolerancia y discriminación contra los musulmanes, nuestros sistemas deben promover la tolerancia y la no discriminación. Este debe ser un objetivo común y compartido por todas las sociedades. Debemos promover una imagen objetiva del islam a través de la educación. La discriminación de estudiantes musulmanes en algunas sociedades lleva a muchos al fracaso escolar y a la exclusión.</p>
<p>ESTUDIAREMOS las respuestas activas contra la intolerancia y la discriminación contra los musulmanes, incluyendo las experiencias de otras comunidades. Considero que promover el entendimiento intercultural e interreligioso facilita el respeto a la diversidad. Las legislaciones internas de los países deben tener muy presente la necesidad de fomentar la tolerancia y perseguir las conductas discriminatorias. Debemos también valorar el que cada vez haya más organizaciones musulmanas que ejercen una labor muy activa y constructiva en las sociedades a las que pertenecen.<br />
La falta de integración y los problemas de identidad son un factor de riesgo social. Los sentimientos de agravio y la radicalización llevan a la frustración y a la desesperación. Los propios musulmanes deben evitar la ambigüedad y el doble lenguaje e implicarse en la vida de las sociedades a las que pertenecen.<br />
Nuestra sociedad se basa en la tolerancia y el respeto, en la libertad de expresión y de pensamiento y en tantos otros valores que son de ejercicio y disfrute general. Son estos principios los que deben ir siendo asumidos por todas las sociedades. La reducción de derechos o de libertades perjudica el sentido de comunidad y de pertenencia entre musulmanes y no musulmanes. Todos somos ciudadanos. Córdoba es una ciudad más que simbólica para que cristalicen en ella las mejores prácticas e ideas en una cuestión vital para nuestro tiempo.</p>
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		<title>Una alianza de todos contra el extremismo y la exclusión</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Sep 2007 19:50:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Sampaio</strong>, alto representante de la Alianza de Civilizaciones y ex presidente de la República de Portugal (EL MUNDO, 22/09/07):</p>
<p>La paz sigue siendo uno de los principales retos de nuestro tiempo. Destruir vidas humanas y hacer la guerra no contribuyen a solucionar nada. Ya lo dice el refrán: «La violencia engendra violencia». Por desgracia, en este mundo nuestro, cada vez más interrelacionado, los conflictos se desarrollan ante nuestros ojos a diario, casi en tiempo real: entran en nuestro salón imágenes que atestiguan el sufrimiento humano. Al mismo tiempo, se hace más patente la diversidad de factores que pueden&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16942/una-alianza-de-todos-contra-el-extremismo-y-la-exclusion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Sampaio</strong>, alto representante de la Alianza de Civilizaciones y ex presidente de la República de Portugal (EL MUNDO, 22/09/07):</p>
<p>La paz sigue siendo uno de los principales retos de nuestro tiempo. Destruir vidas humanas y hacer la guerra no contribuyen a solucionar nada. Ya lo dice el refrán: «La violencia engendra violencia». Por desgracia, en este mundo nuestro, cada vez más interrelacionado, los conflictos se desarrollan ante nuestros ojos a diario, casi en tiempo real: entran en nuestro salón imágenes que atestiguan el sufrimiento humano. Al mismo tiempo, se hace más patente la diversidad de factores que pueden conducir a la guerra o al conflicto civil.</p>
<p>Las ambiciones territoriales, los intereses geopolíticos y las rivalidades políticas son sólo algunas de las causas de los conflictos. La competencia por los recursos naturales, la inestabilidad económica, la injusticia social y las desigualdades acentúan también el riesgo de confrontación entre los países y en el seno de cada uno de ellos. Y en un mundo de identidades desarraigadas, valores cambiantes y conflictos entre tradición y modernidad, el fundamentalismo y el extremismo han conseguido ocupar un lugar preferente, a la vez que se han marginado las voces de la moderación y la razón. El lenguaje del nosotros y el ellos y la política del miedo tienden a polarizar las percepciones y a profundizar la división, propiciando la aparición de conflictos étnicos o entre comunidades.</p>
<p>En los últimos tiempos, se ha vuelto a percibir la religión como una fuente de odio y de hostilidad. Ciertamente, no siempre resulta fácil defender la postura de que la religión puede actuar como una fuerza positiva para la paz. De Irak a Afganistán, de Cachemira a Sri Lanka, de Indonesia a Israel y Palestina, a menudo parece que la religión fomenta la violencia y el belicismo. Pero el hecho de que la religión sea uno de los factores en muchas de las crisis actuales no la convierte necesariamente en el detonante de las mismas.</p>
<p>Sostener la idea de que la religión es una de las fuentes principales del daño y la violencia que existen en el mundo es peligroso, además de injusto, y desvía nuestra atención de la raíz política de la mayoría de los conflictos. La discriminación de todo tipo, la exclusión social, la injusticia económica, la ambición militar, la ausencia de buen gobierno y las rivalidades geopolíticas desempeñan un importante papel en el estallido de las guerras. Incluso en el caso de los conflictos de origen cultural o religioso, la violencia y el extremismo generalmente se deben a la utilización de la religión con fines ideológicos.</p>
<p>Por el contrario, la influencia positiva de la religión se hace sentir en los valores esenciales y los ideales comunes de las grandes tradiciones religiosas, que instan a sus fieles a respetar tanto el valor humano por excelencia -el derecho a la vida de cada uno de nosotros-, como el derecho a una vida digna. Este principio básico articula la exigencia ineludible de unas relaciones pacíficas entre los pueblos y entre las sociedades. Constituye uno de los cimientos de la democracia y del Estado de Derecho y se encuentra en el núcleo de los principales tratados y acuerdos internacionales y, muy especialmente, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.</p>
<p>Los líderes religiosos de todas las tendencias utilizan cada vez más su influencia para promover la resolución pacífica de los conflictos a través del diálogo y de vías políticas. En particular, no suele destacarse suficientemente el papel que desempeñan los líderes musulmanes en la defensa de la paz y la condena del terrorismo. Y, sin embargo, una y otra vez, en todos los lugares del mundo, han denunciado en voz alta la violencia como la antítesis de las enseñanzas islámicas.</p>
<p>No podemos permitir que el extremismo y el fundamentalismo desvíen a la religión de su senda humanista y la conviertan en instrumento de la violencia y el terror. No podemos aceptar que, en nombre de la lucha contra el terrorismo a escala mundial, los políticos dejen de lado su responsabilidad de garantizar a los ciudadanos una vida digna y la protección de los derechos humanos en que se fundamentan las sociedades estables y las relaciones internacionales pacíficas.</p>
<p>La política y la religión han de aunar sus fuerzas en contra del extremismo, el totalitarismo y la exclusión. Políticos, líderes religiosos, iglesias y otras organizaciones confesionales deben trabajar juntos para hacer posible una alianza mundial por la paz a través de la educación. En mi opinión, la mejor forma de prevenir las tensiones entre las diferentes culturas es mejorar la educación para el diálogo intercultural e interreligioso, el respeto y el entendimiento mutuos.</p>
<p>Con el fin de evitar un choque de civilizaciones, la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas pretende contribuir a mejorar las relaciones interculturales insistiendo en un paradigma de respeto entre las personas de diferentes culturas y tradiciones religiosas. En concreto, se centra en el diálogo entre culturas y entre religiones como vía para garantizar una paz y una estabilidad duraderas en todo el mundo. Lanzada por los Gobiernos de España y Turquía, la Alianza cuenta ya con el respaldo activo de un Grupo de Amigos integrado por más de 70 estados, organizaciones y agencias internacionales. Su finalidad es impulsar una amplia gama de proyectos interculturales que sirvan para tender puentes entre las distintas comunidades y para promover sociedades más pluralistas y abiertas.</p>
<p>En enero del año próximo se celebrará en Madrid un Foro de la Alianza de Civilizaciones al que asistirán gobiernos, organizaciones internacionales, organismos donantes y representantes de la sociedad civil y del sector empresarial, con el objetivo de establecer relaciones interculturales y fortalecer la colaboración en los ámbitos de la juventud, la educación, los medios de comunicación y la migración. En este evento participarán también líderes religiosos, que debatirán cuáles son las funciones concretas que pueden desempeñar tanto ellos como sus comunidades en apoyo de una seguridad compartida y un mejor entendimiento.</p>
<p>Pese a los importantes esfuerzos realizados en los últimos años para salvar las diferencias culturales desde la base, el factor decisivo en la búsqueda de la paz sigue siendo asegurar la voluntad política colectiva de corregir los desequilibrios, las tensiones y las fuentes de conflicto que aquejan a nuestro mundo.</p>
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		<title>La hora de Sampaio</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jul 2007 20:57:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Máximo Cajal</strong>, diplomático (EL PAÍS, 12/07/07):</p>
<p>El pasado 26 de abril, el secretario general de las Naciones Unidas nombró Alto Representante para la Alianza de Civilizaciones a Jorge Sampaio, quien, mes y medio más tarde, entregó a Ban Ki-moon el Plan de Aplicación de esta iniciativa. Se ha abierto con ello una nueva etapa, una vez que en diciembre pasado Kofi Annan presentó ante la Asamblea General de la ONU el Informe de Recomendaciones elaborado por el Grupo de Alto Nivel.</p>
<p>El nombramiento del doctor Sampaio es una excelente noticia. Proporciona a la Alianza un inestimable valor añadido porque&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16364/la-hora-de-sampaio/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Máximo Cajal</strong>, diplomático (EL PAÍS, 12/07/07):</p>
<p>El pasado 26 de abril, el secretario general de las Naciones Unidas nombró Alto Representante para la Alianza de Civilizaciones a Jorge Sampaio, quien, mes y medio más tarde, entregó a Ban Ki-moon el Plan de Aplicación de esta iniciativa. Se ha abierto con ello una nueva etapa, una vez que en diciembre pasado Kofi Annan presentó ante la Asamblea General de la ONU el Informe de Recomendaciones elaborado por el Grupo de Alto Nivel.</p>
<p>El nombramiento del doctor Sampaio es una excelente noticia. Proporciona a la Alianza un inestimable valor añadido porque culmina el proceso de su institucionalización, da brillo a su imagen y fortalece su ya sólida credibilidad. No menos importante es la componente lusitana y lusófona que también aporta a este caudal quien fuera presidente de Portugal entre 1996 y 2006. Desde la perspectiva española, su estatura política y moral perfecciona esa otra dimensión de un proyecto que, por vocación, por su propia naturaleza, es una apuesta decidida por el respeto de las reglas de juego inspiradas en una ética internacional; es una opción por el multilateralismo, que debe tener por ello mil rostros por mucho que el de su Alto Representante los compendie todos.</p>
<p>Si el copatrocinio hispano-turco de la Alianza de Civilizaciones fue el reflejo tanto de una simetría geográfica e histórica cuanto de la voluntad compartida de impulsar una movilización a escala global en la lucha contra todos los extremismos, la poderosa personalidad de Jorge Sampaio lleva también aparejada la sensibilidad de otro universo. Es el de la comunidad de naciones -de Timor a Brasil, de Mozambique a Cabo Verde, de Angola y Guinea-Bissau a Portugal- que nos habla en portugués y que nos obliga a mirar a Latinoamérica y, sobre todo, a África.</p>
<p>El Alto Representante es, a partir de ahora, la cara de esta empresa colectiva a la que todos estamos llamados a contribuir. Será su motor y su fuente de inspiración, al tiempo que liderará un proyecto viable destinado a desactivar las tensiones entre sociedades que pueden poner en peligro la paz y la estabilidad internacionales. Podrá intervenir personalmente, a tal efecto, a petición del secretario general de las Naciones Unidas. Será también el organizador, junto con el Gobierno español y la Secretaría de la Alianza, del primer Foro Internacional que se celebrará en España a mediados de enero próximo, en el que se darán cita gobiernos, organizaciones de ámbito mundial y regional, agencias de la ONU, donantes, fundaciones y otros representantes de la sociedad civil. Esta reunión irá precedida de un Foro de la Juventud en el que, entre otros temas, se abordarán también dos de los proyectos que pretende poner en marcha el Plan de Aplicación y que se tratarán en el Foro de la Alianza propiamente dicho: el Centro de Empleo Juvenil en Oriente Medio y el desarrollo de programas internacionales de intercambio de estudiantes.</p>
<p>El 14 de junio pasado, el Alto Representante se reunió también en Nueva York con el Grupo de Amigos de la Alianza, dándoles cuenta de su nuevo cometido y del contenidodel Plan de Aplicación. Este grupo, cuyos miembros comparten sus objetivos, ha sido una herramienta decisiva para la consolidación de esta propuesta. Al pasar revista a sus integrantes, y mirar hacia atrás, es gratificante tomar conciencia del camino transitado en menos de tres años, sin por ello perder de vista el que queda por recorrer. Más de sesenta países y organizaciones internacionales forman parte ya de un colectivo que surgió de manera espontánea e informal a raíz de la presentación de la iniciativa por José Luis Rodríguez Zapatero en septiembre de 2004. Sus filas han engrosado -desmintiendo a aquellos que la tildan de inanidad- a medida que la Alianza de Civilizaciones ha continuado avanzando, al compás dramático de la realidad, y adquiriendo paulatinamente mayor visibilidad y cosechando mayor audiencia. Las más recientes incorporaciones al Grupo de Amigos dan testimonio de ello; de su vitalidad y de su universalidad, pero también de las expectativas que ha suscitado: Nueva Zelanda y Chile, Rusia e India, Azerbaiyán y Suecia, Omán y China, la República Federal de Alemania y Portugal.</p>
<p>A lo largo de 2005 fueron dándose, en efecto, los pasos en la dirección correcta: el copatrocinio del primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan; el lanzamiento formal de la iniciativa por Kofi Annan en julio; el establecimiento del Grupo de Alto Nivel en septiembre y su primera reunión formal en Palma de Mallorca en noviembre. Vinieron después, ya en 2006, las citas en Doha, Dakar y la última en Estambul, en noviembre, donde Federico Mayor Zaragoza y Mehmet Aydin, en representación del grupo, presentaron al secretario general de las Naciones Unidas el informe que éste le había encomendado. El diagnóstico y las recomendaciones que contiene constituyen el fundamento de la etapa que ahora se abre, la de su aplicación, de su puesta en práctica.</p>
<p>Es hora, también, de que España ponga manos a la obra. Esta iniciativa es ciertamente un empeño global, pero tiene igualmente una traducción regional, nacional y local. ¿Existe algún rincón del mundo donde pueda afirmarse, sin sonrojo, que allí se han alcanzado todos los objetivos que la Alianza de Civilizaciones persigue? Entre todos hemos de elaborar el mapa de ruta de su dimensión nacional. Por coherencia con el protagonismo que ha asumido España tanto en su lanzamiento como en su desarrollo conceptual, y con el reiterado discurso de la gran mayoría de la sociedad española. Por un deber de ejemplaridad. Por nuestra propia seguridad. El terreno está abonado. El Gobierno, la Administración Central, las Comunidades Autónomas, los entes locales, el vasto y complejo conglomerado que integra la sociedad civil, han puesto ya en marcha un sinnúmero de actividades inspiradas en los mismos principios sobre los que se levanta la Alianza. Se trata ahora de integrarlas, así como las que puedan surgir en el futuro, en una visión estratégica que permita ordenarlas e impulsarlas con la vista puesta en las propuestas contenidas en el Informe del Grupo de Alto Nivel y en el Plan de Aplicación. Siendo ambos, en última instancia, sus fuentes de inspiración, los proyectos concretos tendrán que acomodarse, sin embargo, a las percepciones, sensibilidad y necesidades de la sociedad española en su conjunto.</p>
<p>El campo de la Juventud es, sin duda alguna, uno de los aspectos sobre los que hay que actuar con urgencia, por sus propios méritos y porque en él se dan cita los otros tres sectores que han sido identificados como prioritarios: la educación, los medios de comunicación en su sentido más amplio y las migraciones. Y porque es en la juventud donde hay que sembrar la simiente de la Educación para la Ciudadanía, la autóctona y la inmigrante, cualquiera que sea su origen geográfico, su género y su credo, si es que lo tiene. Esto es, la semilla de los valores que deben regir la vida pública: el respeto del otro, el diálogo y la moderación, la igualdad en los derechos y en los deberes cívicos, el aprecio de la diversidad, el rechazo de todo radicalismo.</p>
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		<title>Alianza o guerra</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Dec 2006 09:56:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Orden Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pedro Larrea</strong> (EL CORREO DIGITAL, 19/12/06):</p>
<p>Con la entrega del Informe elaborado por el Grupo de Alto Nivel al secretario general de la ONU, el proyecto Alianza de Civilizaciones va dando los pasos previstos, para desesperación de muchos compatriotas del presidente Rodríguez Zapatero, sin duda los más críticos hacia la propuesta impulsada por él hace un par de años. Las numerosas objeciones conforman un amplio espectro, desde los comentarios de brocha gorda de ciertos políticos y analistas hasta los reparos técnicos de intelectuales y académicos. ¿Hay algún vínculo común en este variopinto rechazo? Recordemos los reproches más usuales.</p>
<p>Se&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/13311/alianza-o-guerra/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pedro Larrea</strong> (EL CORREO DIGITAL, 19/12/06):</p>
<p>Con la entrega del Informe elaborado por el Grupo de Alto Nivel al secretario general de la ONU, el proyecto Alianza de Civilizaciones va dando los pasos previstos, para desesperación de muchos compatriotas del presidente Rodríguez Zapatero, sin duda los más críticos hacia la propuesta impulsada por él hace un par de años. Las numerosas objeciones conforman un amplio espectro, desde los comentarios de brocha gorda de ciertos políticos y analistas hasta los reparos técnicos de intelectuales y académicos. ¿Hay algún vínculo común en este variopinto rechazo? Recordemos los reproches más usuales.</p>
<p>Se ha dicho o escrito que la Alianza de Civilizaciones es una operación de marketing a la mayor gloria de Zapatero, una maniobra de distracción exterior para ocultar los graves problemas domésticos, o una campaña insidiosa diseñada para desprestigiar al principal partido de la oposición. En el más benevolente de los supuestos, se trata de un proyecto vacío de contenido, como lo acaban de poner de manifiesto esa treintena de páginas plagadas de «bobadas» (sic); no interesa a los españoles, sensatamente ocupados de sus menesteres cotidianos; es una copia burda del fracasado &#8216;Diálogo de Civilizaciones&#8217; de Jatamí; y reúne a personajes de dudosa catadura, como el ingenuo Mayor Zaragoza, el tramposo Erdogan sólo interesado en colar a Turquía dentro de la Unión Europea, o el incompetente Kofi Annan.</p>
<p>La adopción formal de la iniciativa por Naciones Unidas, el respaldo político de varios países árabes y musulmanes, las palabras laudatorias del Rey de España, el aval de Condoleezza Rice en nombre de su Gobierno y el reciente apoyo de Tony Blair han obligado a retirar otro argumento en principio tan &#8216;concluyente&#8217; como los anteriores: la extraña virtualidad de un proyecto capaz de irritar a nuestros aliados involucrados en la guerra de Irak, sin que, a la vez, agradara a nadie.</p>
<p>Se objeta que el Informe del Grupo de Alto Nivel lleva a cabo un diagnóstico sesgado y erróneo del terrorismo islamista, al invocar como causas la economía y la sociología, con olvido de la religión y de la ideología: no es en la miseria de los países islámicos donde ha de hurgarse sino en ciertas páginas del Corán y en las enseñanzas impartidas en las madrasas. El diagnóstico correcto es más simple de lo que la maraña de referencias causales del Informe intenta explicar: al calor de sus creencias religiosas, los países islámicos vulneran los derechos humanos en su interior, a la vez que alimentan el terrorismo internacional. ¿Qué alianza cabe con quienes niegan los derechos de la mujer y están fabricando la bomba atómica? Un error de enfoque de este calibre ha de producir inexorablemente efectos no ya ineficaces sino perversos. Porque lo que estos países necesitan no son acuerdos que contribuyan a fijar unas prácticas repudiables, sino transformarse en regímenes democráticos que respeten al individuo y su libertad. Es más, el proyecto remata ingenuamente su perversión, creando la falsa ilusión de resolver a través de medidas inoperantes unos problemas de pobreza y subdesarrollo que con toda seguridad persistirán intactos.</p>
<p>Desde otra perspectiva más intelectualista que política, el proyecto de Alianza de Civilizaciones ha recibido también algunos reparos. La pretensión de ser una réplica al famoso «choque» teorizado por Huntington le ha llevado a reproducir diversos errores de concepto contenidos en la tesis del profesor de Harvard. Siguiendo la taxonomía de Toynbee, que identifica hasta veintiún grandes civilizaciones a lo largo de la historia, Huntington señala como vigentes seis (quizás hasta siete u ocho). En lo sucesivo, las guerras no serán confrontaciones entre Estados-nación o ideologías, como en el pasado reciente, sino entre civilizaciones, siendo la religión su factor determinante. Y aunque la civilización sínica (China y Taiwán, la diáspora china de todo el mundo, la antigua Indochina y un modesto etcétera) está llamada a ser dentro de poco un poderoso rival de Occidente, hoy el conflicto está polarizado entre el Islam y la Cristiandad. Por tanto -añaden los neoconservadores- Occidente, bajo el liderazgo norteamericano, tiene la obligación histórica de ganar esta guerra civilizatoria a un enemigo cuya punta del iceberg es el terrorismo de Al-Qaida.</p>
<p>Pues bien, tanto la teoría del &#8216;choque&#8217; como el contramodelo de Zapatero coinciden en fracturar el consenso alcanzado en los círculos académicos (en especial, la filosofía de la cultura y la antropología cultural) respecto a los conceptos de civilización y cultura. Según esto, por civilización habría que entender el repertorio de respuestas técnicas con que el ser humano afronta los retos de su existencia en una época determinada de su historia; mientras que cultura sería el conjunto aprendido de tradiciones y estilos de vida, socialmente adquiridos, incluyendo los modos pautados y repetitivos de pensar, sentir y actuar. Lo que significa llanamente que en cada época existen una sola civilización y varias culturas. Por tanto, habría que hablar, en puridad, de alianza de culturas y no de civilizaciones. Pero ni siquiera eso, ya que una cultura no es una entidad sustantiva capaz de confrontarse con otras, sino un complejo de instituciones, valores, credos religiosos&#8230; que son las verdaderas unidades aptas para el choque, la imposición, el mestizaje, el influjo o la coexistencia.</p>
<p>Hagamos un balance de todo lo anterior. Las objeciones que hemos llamado &#8216;políticas&#8217; o son burdas excusas, rayanas en la pura descalificación personal, o pecan de parecido sesgo y unilateralidad, aunque de signo contrario, al que denuncian. (No faltan quienes leen en el Informe una proclama teocrática dirigida a reivindicar el gobierno de Dios en el mundo). En cuanto a las correcciones de tipo conceptual, se puede decir, como atenuante, que no es inusual la confusión de los términos civilización y cultura en los textos de Antropología, Sociología o Historia, incluso su equiparación explícita. Por otro lado, la documentación elaborada alude de manera consistente a las culturas, enfatizando la necesidad de compartir valores. ¿Que incurre en reduccionismo al concentrar el foco en las relaciones entre Occidente y el Islam? Es cierto, pero no lo es menos que el Informe es un alegato inequívoco a favor de los derechos humanos, la &#8216;gobernanza&#8217; democrática, la libertad religiosa, la diversidad cultural y la multipolaridad; que postula unas religiones abiertas y tolerantes; y que dirige críticas severas no sólo al mundo de la riqueza y el poder, sino también a los países islámicos.</p>
<p>Pero, sobre todo, es un rechazo rotundo de «la opinión errónea de que las culturas están llamadas inevitablemente a enfrentarse». Y así llegamos, tras todo el mareo dialéctico que se quiera, al verdadero &#8216;quid&#8217; del asunto. Los occidentales pensamos con arrogancia que nuestros valores y las instituciones que de ellos derivan (derechos humanos, democracia, libertades individuales&#8230;) son no ya superiores, sino absolutos y universales. Cuando otras culturas se muestran radicalmente incapaces de asumirlos, lo único que cabe, en defensa del bienestar humano, es la imposición. Si alguna, además, se erige en el enemigo que pone en riesgo nuestros valores y, con ellos, nuestra libertad y hasta nuestra supervivencia, la única alternativa razonable es la guerra y la victoria. Por consiguiente, con el &#8216;otro&#8217; no hay nada de qué hablar cuando de la defensa de los valores se trata. ¿Diálogo, persuasión, tiempo, paciencia&#8230; bajo esa apreciación de &#8216;buenismo&#8217; de que los valores terminan transmitiéndose sin violencia? Absurdo, pues ni se renuncia pacíficamente a un valor propio ni los acuerdos son satisfactorios cuando la componenda significa ambigüedad o relativismo. «Las guerras son inevitables», reza el vademécum neoconservador servido por Huntington.</p>
<p>Nunca una tesis tan simple debiera darnos tanto pavor. Las masacres de Oriente Medio tendrían que empujarnos a intentar lo contrario. Y puesto que nos hallamos ante enunciados claramente performativos, como la triste aventura iraquí ha demostrado, tenemos la obligación de empezar afirmándolo: &#8216;Las guerras son evitables&#8217;.</p>
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		<title>¿Alianza de civilizaciones frente al terrorismo?</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Dec 2006 20:44:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Terrorismo internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza de Civilizaciones]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando Reinares</strong>, catedrático de Ciencia Política y Estudios de Seguridad en la Universidad Rey Juan Carlos (EL PAÍS, 14/12/06):</p>
<p>Desde que en septiembre de 2004 fuese enunciada por el presidente del Gobierno, en un discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, la Alianza de Civilizaciones es una iniciativa bien valorada por la opinión pública española, aun ignorándose sus contenidos específicos y careciendo de consenso político nacional.</p>
<p>Como declaración de buenas intenciones en tres palabras, se convirtió pronto en un instrumento de diplomacia pública que ha mejorado la imagen de nuestro país tanto en otros del mundo árabe e&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/13236/%c2%bfalianza-de-civilizaciones-frente-al-terrorismo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando Reinares</strong>, catedrático de Ciencia Política y Estudios de Seguridad en la Universidad Rey Juan Carlos (EL PAÍS, 14/12/06):</p>
<p>Desde que en septiembre de 2004 fuese enunciada por el presidente del Gobierno, en un discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, la Alianza de Civilizaciones es una iniciativa bien valorada por la opinión pública española, aun ignorándose sus contenidos específicos y careciendo de consenso político nacional.</p>
<p>Como declaración de buenas intenciones en tres palabras, se convirtió pronto en un instrumento de diplomacia pública que ha mejorado la imagen de nuestro país tanto en otros del mundo árabe e islámico como en las comunidades musulmanas establecidas entre nosotros. Una imagen deteriorada a consecuencia del alineamiento del anterior Ejecutivo con Estados Unidos en la guerra de Irak y, desde el pasado año, del encarcelamiento de un periodista de Al Yazira condenado en la Audiencia Nacional por sus ligámenes con Al Qaeda, cuyas vicisitudes han sido utilizadas para transmitir la impresión de que aquí se persigue indiscriminadamente a devotos de Alá cuando la policía efectúa operaciones contra el terrorismo <em>yihadista.</em></p>
<p>Ahora bien, los apoyos que ha concitado la Alianza de Civilizaciones distan de ser satisfactorios. Algunos de los Gobiernos que la respaldan no contribuyen a darle crédito, debido a los constreñimientos que imponen sobre libertad religiosa en sus respectivas jurisdicciones estatales. Incluso el primer ministro turco, copatrocinador de la iniciativa, ha venido actuando de manera nada acorde con lo que se supone es el espíritu de la misma. Pero las reticencias abundan también en nuestro inmediato entorno occidental, como ha quedado de manifiesto con la parca mención a la Alianza de Civilizaciones en el más reducido y menos elaborado de los cuarenta y seis puntos de la declaración con que concluyó la cumbre de la OTAN celebrada recientemente en Riga. Cierto que ese foro no es el más idóneo para suscitar un tema así, pero cabe preguntarse si el concepto que subyace a lo que, un tanto sorprendentemente, es asunto central en la acción exterior del Estado, adolece de problemas que no facilitan su comprensión y endoso.</p>
<p>En primer lugar, es discutible que en este momento de la historia el conjunto de la humanidad y las personas que la constituyen podamos ser diferenciados según civilizaciones. No es fácil delimitarlas ni adscribirnos unidimensionalmente a ellas. Al final se utiliza como criterio de demarcación el religioso, algo equívoco que puede ser interpretado como reconocimiento de la alteridad o, en sentido opuesto, como argumento contra las identidades compartidas y una multiculturalidad con valores fundamentales de obligado respeto. En segundo lugar, el hecho de que la Alianza de Civilizaciones haya sido literal y reiteradamente presentada como &#8220;entre el mundo occidental y el mundo árabe y musulmán&#8221;, se corresponde con la distancia social, política y económica observable entre ambos.</p>
<p>Pero una propuesta que se pretende universal cayó en la desviación etnocéntrica de subrayar una fractura especialmente inquietante para los intereses occidentales. Muchos dirían que dando por descontado un choque de civilizaciones que la iniciativa misma perseguiría evitar. Como consecuencia, excluyó de su enunciado a ámbitos como el sínico o el hindú, de los que igualmente podrían predicarse tensiones respecto al mundo islámico.</p>
<p>Por otra parte, la Alianza de Civilizaciones está asociada desde su inicio con los debates sobre cómo reaccionar frente al terrorismo <em>yihadista.</em> No en vano fue planteada seis meses después de los atentados del 11 de marzo en Madrid. En tanto que iniciativa multilateral de actuación frente a Al Qaeda y sus redes terroristas, complementaria del tratamiento policial y judicial que requiere una amenaza real e inmediata, se pretende contrapuesta a los enfoques unilaterales que conceden preferencia a uso de medios militares. Ahora bien, su formulación no resulta del todo consistente con la realidad de aquel fenómeno. Para cuando José Luis Rodríguez Zapatero anuncia su propuesta era ya evidente que los blancos afectados por ese terrorismo internacional estaban sobre todo en países con poblaciones mayoritariamente musulmanas y la gran mayoría de sus víctimas eran precisamente musulmanes. Se trata de una violencia convertida más en exponente de un conflicto entre musulmanes que en corolario de cualesquiera otros antagonismos, no por ello inexistentes.</p>
<p>Haber planteado la Alianza de Civilizaciones tras afirmar respecto al terrorismo que &#8220;se puede y se deben conocer sus raíces&#8221;, como hizo el presidente del Gobierno, es asimismo problemático. Esas palabras encajarían mal en el discurso político sobre ETA y oficialmente las autoridades españolas no ponen predicados al terrorismo. Pero incluso si hablamos de terrorismo internacional, es imposible remitirnos a raíces o causas últimas salvo que el catálogo sea inabarcable. Relacionar ese terrorismo con desigualdades económicas o conflictos regionales, así en genérico, es una simplificación imprecisa que distorsiona las percepciones sociales sobre el asunto e involuntariamente puede proporcionar justificaciones para la violencia. Desheredados y oprimidos ni tienen que ser musulmanes ni menos aún producir terrorismo para que les sea deparada la debida atención. Una cosa es hablar de raíces o causas y otra distinta es hacerlo exclusivamente de condiciones que favorecen la opción y el eventual éxito de estrategias terroristas.</p>
<p>Si de esto se trata, el documento de recomendaciones elaborado por el grupo de alto nivel que ha desarrollado la Alianza de Civilizaciones poco de sustancioso añade a las medidas que, para inhibir procesos de radicalización violenta y erosionar el apoyo popular al terrorismo, contemplan las estrategias gubernamentales e intergubernamentales ya conocidas, incluyendo las de la Unión Europea o Naciones Unidas. Llama la atención que, pese a ser en sus orígenes una idea planteada como reacción al terrorismo relacionado con Al Qaeda, los patrocinadores y plasmadores de la iniciativa hayan acabado centrándose en el conflicto entre palestinos e israelíes. En este conflicto, cuya gravedad y efectos tanto dentro como fuera de la zona están fuera de duda, sigue habiendo conductas terroristas. Pero el actual terrorismo global no surgió y evolucionó allí, sino donde confluyeron el <em>wahabismo</em> saudí y la <em>yihad</em> afgana. Eso sí, Osama Bin Laden y Ayman al Zawahiri quieren beneficiarse de aquella disputa o entrometerse en sus avatares. No lo facilitemos con diagnósticos que den pábulo a sus pretensiones.</p>
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