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	<title>Tribuna Libre &#187; Antropología</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>Levi-Strauss y la fascinación del incesto</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Dec 2009 21:21:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Antropología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Eugenio Trías</strong> (ABC, 05/12/09):</p>
<p>1 Ante sus ojos desfila una espectral procesión. En el castillo del Grial, en el recinto en que Perzeval se halla expectante, aparece un joven que lleva erguida una lanza de cuya punta brotan constantemente gotas de sangre. Detrás del joven, una muchacha con una bandeja de plata, y detrás suyo, otra muchacha con una copa (un «grial»). Perzeval presencia atónito y fascinado la comitiva. No osa pronunciar palabra pues le han recomendado discreción. No formula pregunta alguna en relación a esa escena incomprensible que contempla.</p>
<p>Fue invitado al castillo por el Rey Pescador, a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/28050/levi-strauss-y-la-fascinacion-del-incesto/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Eugenio Trías</strong> (ABC, 05/12/09):</p>
<p>1 Ante sus ojos desfila una espectral procesión. En el castillo del Grial, en el recinto en que Perzeval se halla expectante, aparece un joven que lleva erguida una lanza de cuya punta brotan constantemente gotas de sangre. Detrás del joven, una muchacha con una bandeja de plata, y detrás suyo, otra muchacha con una copa (un «grial»). Perzeval presencia atónito y fascinado la comitiva. No osa pronunciar palabra pues le han recomendado discreción. No formula pregunta alguna en relación a esa escena incomprensible que contempla.</p>
<p>Fue invitado al castillo por el Rey Pescador, a quien una herida entre las piernas producida por una lanza, con incidencia en los genitales, lo convierte en inválido e impotente. Por efecto de ello la tierra se ha vuelto estéril, baldía. La compasión no induce al joven caballero Perzeval a preguntar por la infirmitas del monarca. El rey pasa las horas ante la orilla pescando, pues a causa de su herida no puede cabalgar ni dedicarse a la caza.</p>
<p>Perzeval sale del castillo sin saber qué significa ese extraño cortejo encantado. Nada ha hecho para enterarse. Por esta razón, quizás, el castillo no ha perdido su hechizo. El rey sigue enfermo, la tierra insiste en su esterilidad, la población muere de hambre. Personajes femeninos extravagantes se cruzan con Perzeval y le afean su conducta: hubiera debido interrogar, preguntar, interesarse por la enfermedad del rey, sentir compasión por su deficiencia física y por el miasma que contamina todas sus tierras. Esa grave deficiencia en la comunicación del joven Perceval, su culpable mutismo, sólo consigue perpetuar la esterilidad de la tierra y de sus habitantes.</p>
<p>2 Un escenario mítico en gran contraste con el relato inacabado de Chretienne de Troyes es el ciclo tebano de Edipo. Es, quizás, su inversión estructural. Frente al defecto de Perzeval, Edipo Rey personifica un verdadero exceso de comunicación. No es un exceso verbal: la abundancia comunicativa es sexual. Marca contraste con el mutismo de Perzeval y con la impotencia del Rey Pescador. En ambos casos -con Edipo y con el Rey Pescador- un miasma maldito se cierne sobre las tierras respectivas.</p>
<p>La hybris comunicativa de Edipo la constituye el incesto. Lo terrible de éste radica en la confusión y el caos que provoca en nombres y linajes: la madre es esposa, los hijos serán a la vez nietos y hermanos. Edipo, el liberador de la esfinge, se convierte en esposo de su propia madre. El miasma que produce esa infracción de la prohibición más universal es la peste que se propaga en Tebas.</p>
<p>La fuerza inconsciente del deseo se abre camino sin trabas en este escenario. La comunicación se interrumpe por desbordamiento: se genera el caos en las estructuras que regulan las normas de la convivencia. No hay límite en la comunicación: ésta socava los fundamentos del orden social, que es un régimen de alianzas sociales, económicas, matrimoniales.</p>
<p>Al silencio verbal de Perzeval se contrapone el exceso comunicativo sexual de Edipo. A la impotencia del Rey Pescador, la ceguera que Edipo se inflige, metáfora de la castración. Entre esos límites circula la comunidad humana y sus estructuras familiares más universales. Se prohíbe el incesto porque de este modo se invita a buscar fuera del circulo de la endogamia la conexión matrimonial. La prohibición del incesto es una prescripción positiva: la exogamia. El incesto atrae y fascina: por eso suele ser universalmente prohibido.</p>
<p>Entre esos extremos de castración o impotencia (el Rey Pescador), y de invasión en el cerco incestuoso (Edipo), o entre esos excesos y defectos -sexuales, verbales- de comunicación, pueden asentarse las estructuras elementales del parentesco (regulando alianzas e intercambios).</p>
<p>3 Ese fue, desde el principio, el gran tema de Claude Levi-Strauss, el antropólogo francés que acaba de morir a los 101 años, y de quien he sintetizado uno de sus más brillantes análisis comparativos. Recuerdo la devoción con la que un grupo de amigos, jóvenes estudiosos, nos dedicamos a estudiar, a finales de los años sesenta, en seminario privado, esa gran obra de Levi-Strauss, posiblemente su obra principal, Las estructura elementales del parentesco.</p>
<p>Descubrimos que casi todos sus libros giraban en torno al mismo foco: no sólo los estudios específicos de esas estructuras familiares; también las mitológicas, como las que convocan a figuras familiares de nuestra cultura, así por ejemplo Perzeval y Edipo. O bien las mitologías basadas en material latinoamericano: Lo crudo y lo cocido, De la miel a las cenizas, El hombre desnudo. O sus obras metodológicas como Antropología estructural.</p>
<p>Levi-Strauss, en polémica con Jean Paul Sartre al final de su gran libro El pensamiento salvaje, nos emancipaba de ese intelectual tan omnipresente entonces. Algunos preferíamos el compromiso del antropólogo con las ciencias humanas, su admiración de las obras pioneras de Siegmund Freud y de Ferdinand de Saussure, su consorcio con la lingüística estructural. Nos satisfacía mucho más que el engagement sartreano con una orientación política que cada vez nos disgustaba más.</p>
<p>Sartre declaraba su «existencialismo» como ideología parasitaria de la Razón Dialéctica. Levi-Strauss rebatía ésta al no poder dar cuenta de las estructuras principales de la sociedad, de la cultura. Eran tiempos esperanzados en la Europa de fines de los años sesenta. Pero algunos no queríamos quedar fuera del «nuevo festín de Esopo» (título de un libro sobre Levi-Strauss de Octavio Paz, siempre despierto en relación a los cambios de la opinión pública culta).</p>
<p>Levi-Strauss inició la expansión del estructuralismo más allá de la lingüística. Tras él siguieron su estela toda una gran generación francesa de pensadores de primera magnitud: Jacques Lacan, seguidor confeso de las teorías de Levi-Strauss, que fueron para él el eslabón necesario entre el magisterio freudiano y sus propias teorías sobre lo imaginario, lo simbólico y lo real.</p>
<p>Tras ellos siguieron el primer Michel Foucault, autor de obras imperecederas como la Historia de la locura o Las palabras y las cosas, o bien los acercamientos, más estrictamente filosóficos, de Gilles Deleuze a las categorías de Diferencia y Repetición, o de Jacques Derrida a su concepto de Differ(a)nce.</p>
<p>4 La grandeza de Levi-Strauss radica en haberse centrado desde el principio en un gran tema que afecta al comportamiento humano universal, y en haber girado sobre ese foco toda su reflexión, pero de manera fecunda y fértil, en una libre variación -a través de sus mitologiques, especialmente- de este tema universal: el que convoca en unidad a la humanidad al posibilitar el salto de la naturaleza a la cultura, o de la endogamia incestuosa a la vida en comunicación según el principio prescriptivo de la exogamia.</p>
<p>Mis primeros libros rindieron tributo a este gran pensador. Sus teorías fueron reseñadas y en parte asumidas en libros míos como La filosofía y su sombra, Metodología del pensamiento mágico o Teoría de las ideologías. En ellos la presencia de Levi-Strauss fue decisiva.</p>
<p>Tengo una deuda contraída con este gran pensador francés, renovador de las ciencias humanas, de la antropología, y también por derecho propio de la auténtica filosofía.</p>
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		<title>La lección de Claude Lévi-Strauss</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 18:21:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Antropología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Francisco Jarauta</strong>, catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia (EL PAÍS, 18/11/09):</p>
<p>El pasado 30 de octubre Claude Lévi-Strauss fallecía en París a la edad de 100 años. Filósofo y etnógrafo a un tiempo, es hoy un referente intelectual indispensable a la hora de pensar las relaciones entre el hombre y la sociedad, la naturaleza y la cultura, y el complejo sistema de elementos que se articulan en los diferentes modelos mitológicos que han ocupado una parte central de sus estudios. Mitos, costumbres, artes, lenguas, reglas de parentesco, religiones, instituciones, etcétera, todo le atraía al joven etnógrafo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/27829/la-leccion-de-claude-levi-strauss/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Francisco Jarauta</strong>, catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia (EL PAÍS, 18/11/09):</p>
<p>El pasado 30 de octubre Claude Lévi-Strauss fallecía en París a la edad de 100 años. Filósofo y etnógrafo a un tiempo, es hoy un referente intelectual indispensable a la hora de pensar las relaciones entre el hombre y la sociedad, la naturaleza y la cultura, y el complejo sistema de elementos que se articulan en los diferentes modelos mitológicos que han ocupado una parte central de sus estudios. Mitos, costumbres, artes, lenguas, reglas de parentesco, religiones, instituciones, etcétera, todo le atraía al joven etnógrafo que decidirá dedicar su vida al estudio de las formas de la cultura.</p>
<p><em>Tristes Tropiques,</em> de 1955, recogerá lo que él mismo calificó como &#8220;la experiencia más importante&#8221; de su vida. Un viaje -&#8221;cuando ya era imposible viajar&#8221;- que le precipitará en un universo nuevo del que se sentirá pronto no sólo atraído sino incluso atrapado. Herramientas, objetos, formas de alimentación, música, danza, rituales mágicos&#8230; pasarán pronto a formar parte de una nueva constelación humana de la que se reconocerá como su cartógrafo.</p>
<p>El joven estudiante que atraviesa el Atlántico en 1935 camino de Brasil ha elegido ya sus afinidades intelectuales. La geología, porque nadie mejor que ella narra el tiempo de la tierra. Sigmund Freud, tal cual lo leía el joven Lévi-Strauss, que excava en las ruinas del paisaje psíquico cuyas leyes intenta establecer. Y Karl Marx, que lee a los 17 años, y que se le presenta como el constructor de modelos sociales, aptos para la comprensión de la historia. Geología, psicoanálisis, marxismo: &#8220;Los tres demuestran que comprender consiste en reducir un tipo de realidad a otra; que la realidad más verdadera no es siempre la más evidente o explícita&#8221;.</p>
<p>Ahora tendrá ante sus ojos, a lo largo de los viajes etnográficos por las tribus indígenas del Mato Grosso y de la Amazonia entre 1935 y 1939, un mundo nuevo de formas culturales que recorrerá con particular ansiedad. Todo le resultaba fascinante entre los caduveos, bororos, nambikwaras y tupi-kawahibs, sobre los que construirá las bases de lo que más tarde llamará <em>pensée sauvage,</em> al tiempo que trazará ya la estructura de su pensamiento. &#8220;En la América indígena he amado el reflejo, aunque fuera fugitivo, de una época en la que la especie se adaptaba a las condiciones de su universo y en la que persistía una relación adecuada entre la libertad y sus signos&#8221;. Ya entonces la secreta atracción por los ideales utópicos de su autor preferido, Rousseau.</p>
<p>Y tras el breve regreso a Francia de nuevo los años de Nueva York, de 1941 a 1944, &#8220;un periodo de excitación intelectual intensa&#8221;. Ahí se encuentran los exiliados como André Bretón, Max Ernst, Tanguy, Masson&#8230; o los frankfurtianos de la New School for Social Research junto a los grandes nombres de la antropología americana como Alfred Kroeber, Franz Boas, Ralph Linton o Ruth Benedict. Y, finalmente, el encuentro decisivo con Roman Jakobson de quien reconocerá una deuda intelectual. &#8220;Yo hacía ya estructuralismo sin saberlo. Jakobson me ha revelado la existencia de un <em>corpus</em> de doctrina ya constituido&#8221;, escribirá años más tarde recordando la estancia y encuentro neoyorquinos.</p>
<p>En efecto, el estructuralismo era, para él ante todo, una estrategia para escapar de la obsesión por la identidad. Contra el existencialismo de Sartre, Lévi-Strauss declara la guerra al &#8220;sujeto&#8221;: &#8220;Este insoportable niño caprichoso que ha ocupado tanto tiempo la escena filosófica, impidiendo un trabajo serio al reclamar todas las atenciones&#8221;. Más allá de las apariencias y formas sensibles, se organiza el trabajo de un desciframiento de aquellas estructuras que se hallan en la base de toda forma cultural. En el fondo, <em>&#8220;je suis peut-être un kantien vulgaire&#8221;,</em> ironizaba en plena refriega intelectual.</p>
<p>Las <em>Structures élémentaires de la parenté,</em> que leerá en 1949 como trabajo de tesis, marcan un camino apasionado por establecer la lógica de las relaciones que rigen las formas de la cultura y sus determinaciones naturales. Desde un extraño <em>regard éloigné</em> penetraba su obra en los diferentes sistemas que <em>Tristes Tropiques</em> habían ya señalado. La lección inaugural en el Collège de France, sin duda uno de sus textos fundamentales, nos introducirá, no sin polémica, en el universo de órdenes y clasificaciones que orientan las formas mentales de los pueblos sin máquinas ni escritura.</p>
<p>La relación que se nos oculta -de la misma forma que lo hacen las máscaras en su afirmar y negar- es propiamente el objeto del inmenso trabajo de <em>Mythologies,</em> distribuido en cuatro volúmenes de 1964 a 1971: <em>Le cru et le cuit, Du miel aux cendres, L&#8217;origine des manières de table, L&#8217;Homme nu,</em> y que recogen 113 relatos de mitos que cifran, en su conjunto, la historia más variada jamás contada. En el juego del aparecer y desaparecer se va iluminando la lógica de procesos culturales irrepetibles que dan cuenta de la historia humana, tal como afirma en <em>La voie des masques,</em> de 1979.</p>
<p>En los sistemas mitológicos que Lévi-Strauss identifica en sus análisis opera una lógica que establece el orden de las estructuras y las formas de la vida y la cultura. Para ello es necesario recorrer el largo viaje que va de lo sensible a lo inteligible, siguiendo un camino de relaciones e inferencias, con clara intención constructiva que dará lugar a la configuración de un sentido que escapaba a las lecturas de la antropología clásica.</p>
<p>La mirada puede detenerse en un tatuaje o en el rostro de una joven caduveo o en el ritmo de una danza bororó. Lo que importa, dice Lévi-Strauss, es llegar a la comprensión de aquellos signos que esconden su verdad, como en el caso de la piel de la joven caduveo, teñida de azul, sobre la que se recortan entre geometría y arabescos los principios sociales de jerarquía y reciprocidad. Aparecen así nuevos niveles de significado que dan lugar a un relato que la antropología sostiene con su ejercicio iluminando desde los signos la verdadera historia humana.</p>
<p>Recorrer esta historia sólo es posible siguiendo la guía de una mirada que ha revolucionado la historia de las ciencias sociales y de sus modelos interpretativos. Me refiero a una larga polémica a lo largo de la cual los presupuestos historiográficos han sufrido un amplio y contrastado debate. Los contextos epistemológicos son hoy otros y una aproximación a las tesis de Lévi-Strauss, a sus métodos y a sus modelos de interpretación, tienen para nosotros una actualidad indiscutible. Más allá de los territorios tradicionales de los estudios antropológicos se abre desde su propia obra un nuevo espacio de curiosidades y problemas nuevos. Una mirada como la suya, atenta a identificar las relaciones que atraviesan igualmente la pintura, la música, la literatura y las artes en general. Con sutilidad proustiana volverá a mirar a Poussin, a escuchar a Rameau, a leer a Diderot como variaciones de un mismo ejercicio.</p>
<p>No es otro el propósito de <em>Regarder, écouter, lire,</em> de 1994, con el que cierra la selección de textos para el reciente volumen de la Pléiade. Ocasión que de nuevo pone en escena la intención que ha dirigido su propia experiencia intelectual. Una historia que va desde <em>Tristes Tropiques</em> a este último ejercicio de lectura e interpretación comparativas, de quien se ha definido como un <em>&#8220;humaniste modeste&#8221;,</em> siendo, en verdad para nosotros, uno de nuestros maestros.</p>
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		<title>The Savage Detective</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Nov 2009 18:52:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Antropología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>J. M. G. Le Clézio</strong>, the author of the novel <em>Desert</em> and a winner of the Nobel Prize in Literature (THE NEW YORK TIMES, 08/11/09):</p>
<p>Claude Lévi-Strauss, anthropologist, writer and adventurer, died just over a week ago at age 100. He died discreetly, which was as he had lived, though he was the most eminent and probably the last French philosopher. His ideas had as much influence on his contemporaries as the work of Jean-Paul Sartre and Albert Camus.</p>
<p>His edifice, structuralism — the theory of a structural unity in all cultures — was built on the work &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/27698/the-savage-detective/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>J. M. G. Le Clézio</strong>, the author of the novel <em>Desert</em> and a winner of the Nobel Prize in Literature (THE NEW YORK TIMES, 08/11/09):</p>
<p>Claude Lévi-Strauss, anthropologist, writer and adventurer, died just over a week ago at age 100. He died discreetly, which was as he had lived, though he was the most eminent and probably the last French philosopher. His ideas had as much influence on his contemporaries as the work of Jean-Paul Sartre and Albert Camus.</p>
<p>His edifice, structuralism — the theory of a structural unity in all cultures — was built on the work of the linguist Ferdinand de Saussure and on the sociology of Marcel Mauss. But Mr. Lévi-Strauss’s great achievement was that he managed to reshape the simple art of gathering information about so-called primitives. In his book “La Pensée Sauvage,” published in 1962, he showed these “primitive” people as the equals of those in the most elevated cultures of the civilized world. (In English, this title is translated as “The Savage Mind,” though the title in French may also suggest the flower called “wild forget-me-not.”)</p>
<p>What always struck me most about Mr. Lévi-Strauss’s thought was his ability to dodge the traps of modern ethnology, sometimes so much like old colonialism. There is an enormous difference between Mr. Lévi-Strauss and his most notable predecessors, E. E. Evans-Pritchard or Bronislaw Malinowski: his humanity and his melancholy kindness, which made him reluctant to go into the field for fear of intruding on the people he studied or finding himself disappointed by what had been lost to the evolution of modern times.</p>
<p>Still, Claude Lévi-Strauss overcame his reluctance and went, opening our minds to the extraordinary complexity of the Bororo’s and Nambikwara’s way of life. He expressed in his books the beauty and intelligibility of myths. And he kept in his heart the warmth and the modesty of the young man he once was, a man who was struck by a pessimistic sympathy for dying civilizations, dying people.</p>
<p>Mr. Lévi-Strauss was — and would have liked to be remembered as — a simple witness to the course of modern time. He was never sure that what he had put to light would even survive the present, an inevitable and bitterly lucid truth elucidated in “Tristes Tropiques,” one of his most famous books: “The world began without the human race and will certainly end without it.”</p>
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