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	<title>Tribuna Libre &#187; Benedicto XVI</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>Apuesta por el encuentro entre fe y laicidad</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Nov 2010 20:01:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Joaquín Iriarte</strong>, periodista (EL MUNDO, 08/11/10):</p>
<p>A Benedicto XVI, al comenzar su visita pastoral a España de este pasado fin de semana invitó a que se edificara el futuro de nuestro país y de Europa «desde la verdad auténtica, desde la libertad que respeta la verdad y nunca la hiere, y desde la justicia para todos, comenzando por los más pobres y desvalidos».</p>
<p>Como Juan Pablo II, que en 1982 y en el mismo escenario de Santiago de Compostela lanzó su potente grito de «Europa, sé tú misma», el Papa Ratzinger abogó por que «Dios vuelva a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/31945/apuesta-por-el-encuentro-entre-fe-y-laicidad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Joaquín Iriarte</strong>, periodista (EL MUNDO, 08/11/10):</p>
<p>A Benedicto XVI, al comenzar su visita pastoral a España de este pasado fin de semana invitó a que se edificara el futuro de nuestro país y de Europa «desde la verdad auténtica, desde la libertad que respeta la verdad y nunca la hiere, y desde la justicia para todos, comenzando por los más pobres y desvalidos».</p>
<p>Como Juan Pablo II, que en 1982 y en el mismo escenario de Santiago de Compostela lanzó su potente grito de «Europa, sé tú misma», el Papa Ratzinger abogó por que «Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa» y no se arrincone la fe en el ámbito de lo privado.</p>
<p>En menos de tres décadas, España no es la misma. Tampoco Europa. El viento de la laicidad ha arrasado con tal virulencia que amenaza con arrancar hasta sus mismas raíces cristianas. Por eso, Benedicto XVI se lamentó ante los periodistas en el vuelo de Roma a Santiago del rebrote del laicismo «fuerte y agresivo de los años 30», cuando el odio a la religión en los comienzos de la II República llevó a extremos de paroxismo incendiario, con la quema de iglesias y conventos que los historiadores unánimemente han resaltado. El Papa lo recordó, antes de iniciar su segunda visita a España, como antídoto para moderar las políticas beligerantes pero sin dejar de aportar la solución adecuada. Propuso, en efecto, un encuentro entre fe y laicidad, pero nunca un desencuentro. El fenómeno de la laicidad lo ha visto repetido en otros países de Occidente que ha visitado: Francia, República Checa y Reino Unido.</p>
<p>La Europa abierta a la trascendencia fue el tema de la homilía pronunciada en la Plaza del Obradoiro de Santiago, una pieza de espléndido calado teológico. «Europa -propuso Benedicto XVI- debe abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que habían descubierto las mejores tradiciones, además de la bíblica, la de las épocas clásica, medieval y moderna, de las que nacieron las grandes creaciones filosóficas, literarias y culturales de Europa».</p>
<p>«Dejadme -pidió el Pontífice casi en tono de súplica- que proclame desde aquí la gloria del hombre, que advierta de las amenazas a su dignidad por el expolio de sus valores y riquezas originarios, por la marginación o la muerte infligidas a los más débiles o pobres».</p>
<p>Los mensajes del Papa fueron propuestas válidas para la multitud que asistía a los actos en Santiago y Barcelona y para los 150 millones de espectadores que siguieron por televisión en todo el mundo las retransmisiones de la visita. En ningún momento utilizó palabras de condena o de desaliento, sino que extendió la mano para ofrecer la colaboración de la Iglesia en los problemas sociales que afligen a la sociedad de nuestros días. En afortunada expresión, y al hilo del abrazo de los peregrinos a Santiago el Mayor, dijo que «la Iglesia es ese abrazo de Dios en el que los hombres aprenden también a abrazar a sus hermanos», un abrazo que se traduce en obras de beneficencia para paliar en parte el hambre y la falta de recursos imprescindibles de algunas familias españolas, víctimas del flagelo del paro y de la crisis económica. El Papa dio las gracias a los católicos españoles por la generosidad con que sostienen tantas instituciones de caridad y de promoción humana. «No dejéis -fue un llamamiento apremiante del Pontífice- de mantener esas obras que benefician a toda la sociedad». En 2008, la Iglesia ahorró al Estado con sus obras asistenciales unos 30.000 millones de euros, dato facilitado en su día por la Conferencia Episcopal Española. Frente a dicha cifra, la Iglesia recibe unos 253 millones de euros a través de las declaraciones de la renta.</p>
<p>Puede ser curioso anotar que Benedicto XVI fue profeta de la crisis financiera en 1996, antes de ser Papa, cuando el periodista alemán Peter Seewald le sometió a un interrogatorio exhaustivo que se compiló en el libro <em>La sal de la tierra</em>. En un momento de la entrevista, el periodista se refiere al sistema económico de Occidente, que mostraba una preocupación exclusiva por el mercado, y le pregunta al entonces cardenal si ese sistema podría sobrevivir los próximos diez años. Joseph Ratzinger responde al principio con una frase que quiere dejar clara su falta de autoridad e idoneidad en esa materia: «Yo entiendo muy poco de la situación económica en el mundo». A renglón seguido, sin embargo, entra al trapo y dice: «Pero me parece evidente que [el sistema económico] no podrá durar tanto tiempo. Para empezar existe la contradicción de la deuda de los Estados que viven en situaciones paradójicas, gastando dinero y siendo garantes del dinero por una parte, y por otra, están en bancarrota debido a las cifras de la deuda. También está la deuda Norte-Sur. Todo esto manifiesta que estamos viviendo en un proceso que es una auténtica red de ficciones y de contradicciones que, evidentemente, no puede continuar igual por mucho tiempo».</p>
<p>Volviendo a este viaje a España, hay que recordar que el Gobierno -este extremo es todo un síntoma de buena voluntad- lo había calificado de «visita pastoral» y que ya antes de su inicio, produjo sus frutos. El Papa tuvo noticia en Roma, en plenos preparativos del viaje, de que el Gobierno español había aplazado la Ley de Libertad Religiosa por entender que la discusión parlamentaria levantaría ampollas en buena parte de la ciudadanía, lo que hizo responder a un sindicalista de la izquierda apolillada: «El Gobierno se arrodilla ante el Papa».</p>
<p>Al ilustre visitante, que demuestra con sus dos visitas a España la jerarquía de sus afectos (el año que viene acudirá a la Jornada Mundial de la Juventud), se le vio estos dos días con aspecto saludable, sin necesidad de más ayudas que las imprescindibles en un hombre de 83 años que tuvo que recorrer a veces espacios intrincados y desniveles no aptos para mayores.</p>
<p>Quiso ser «un peregrino entre los peregrinos». Durante unos minutos lució la clásica esclavina con la concha del caminante y la cruz de Santiago (una concha de peregrino figura en su escudo pontificio). El Papa, que, como fino intelectual, busca en la semántica el significado más sobrenatural, interpretó el verbo peregrinar como «salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Dios allí donde Él se ha manifestado».</p>
<p>Y, entre tanto, Barcelona vivía la cuenta atrás de la presencia del Papa, con una importante asistencia de fieles. De cualquier forma, al aspecto cuantitativo de la respuesta fue inferior al calor y entusiasmo de la bienvenida, En la Ciudad Condal, consagró, en un rito bellísimo, el templo inacabado de la Sagrada Familia, de Antoni Gaudí («arquitecto genial y cristiano consecuente»). Era obvio que con el nombre de la Familia de Nazaret, Benedicto XVI centraría la homilía de la misa en la defensa del matrimonio, que los escolásticos definían sencillamente como el enlace «de uno con una y para siempre», y de la familia. Es un tema sobre el que incide el Papa, «con ocasión o sin ella», haciendo un llamamiento al Estado para que apoye al hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia. «El amor generoso -afirmó el Pontífice- entre un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana». Reivindicó también que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jurídica, social y legislativamente.</p>
<p>Como sucede en todos las visitas internacionales de este Papa y del anterior, en las ceremonias litúrgicas se emplea el latín, el idioma del país visitado y la lengua vernácula (o cooficial) de la zona. Por eso, Benedicto XVI empezó y terminó la homilía en catalán, como en Santiago utilizó el gallego en algunos parlamentos.</p>
<p>La Sagrada Familia, con una historia tan larga como esperada por el pueblo catalán, va a ser sin duda un icono de las grandes catedrales de este siglo. Su consagración por un Papa que conoce toda la sabiduría teológica con que fue diseñado este templo modernista ya la ha visto el mundo entero, vía satélite, en un acontecimiento sin precedentes. El agua, el aceite, el incienso empleados en la liturgia de la consagración forman parte del reino mineral, que también está representado en su arquitectura. Además del reino vegetal, el reino animal y, singularmente -en los huesos de Cristo- el reino del hombre son un tratado de la observación de la naturaleza confrontada con las Escrituras.</p>
<p>El Papa mantuvo un encuentro con el presidente del Gobierno. A algunos les gustaría saber de qué hablaron porque nunca se saben los contenidos de estas entrevistas, aunque se cuenten. El viaje, en términos coloquiales, ha sido un éxito. No faltó la polémica por la comparación del Pontífice entre la laicidad de ahora y la de los años treinta. Sólo el Papa -sin entrar en materias vinculantes- puede hablar con esa claridad. En la celebración de las dos misas, y en las homilías correspondientes, su gesto fue grave, sin concesiones a liturgias inventadas y ramplonas. En otros momentos, sonreía permanentemente. Benedicto XVI tiene una mirada sonriente, la de un niño contento. No mira a la multitud, sino al individuo. No le interesan las personas, sino la persona. Tal vez por eso, cuando el citado Peter Seewald le preguntó cuántos caminos puede haber para llegar a Dios, el que por aquellas fechas no sabía que el dedo de Dios le había apuntado como Sucesor de Pedro contestó: «Tantos como hombres».</p>
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		<title>Benedicto XVI, en la «catedral» del tercer milenio</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Nov 2010 09:31:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Lluís Martínez Sistach</strong>, cardenal arzobispo de Barcelona (ABC, 07/11/10):</p>
<p>Ayer Benedicto XVI inició su segunda visita apostólica a España, en la que visitará las ciudades de Santiago de Compostela y Barcelona. Su primera visita, como se recordará, fue a Valencia, los días 8 y 9 de julio de 2006, en el tercero de sus viajes internacionales. Ahora retorna a nuestro país, con dos objetivos concretos: hacerse peregrino en Santiago de Compostela y dedicar en Barcelona el templo de la Sagrada Familia. Y ya tiene en perspectiva un tercer viaje, que será, Dios mediante, en agosto del próximo año &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38119/benedicto-xvi-en-la-%c2%abcatedral%c2%bb-del-tercer-milenio/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Lluís Martínez Sistach</strong>, cardenal arzobispo de Barcelona (ABC, 07/11/10):</p>
<p>Ayer Benedicto XVI inició su segunda visita apostólica a España, en la que visitará las ciudades de Santiago de Compostela y Barcelona. Su primera visita, como se recordará, fue a Valencia, los días 8 y 9 de julio de 2006, en el tercero de sus viajes internacionales. Ahora retorna a nuestro país, con dos objetivos concretos: hacerse peregrino en Santiago de Compostela y dedicar en Barcelona el templo de la Sagrada Familia. Y ya tiene en perspectiva un tercer viaje, que será, Dios mediante, en agosto del próximo año para presidir, en Madrid, los actos de la Jornada Mundial de la Juventud.<br />
Barcelona espera la visita de Benedicto XVI como un auténtico don de Dios. El gesto del Santo Padre al aceptar la invitación que le hice de presidir la dedicación a Dios del templo de la Sagrada Familia tiene un gran valor y un profundo significado. Lo interpretamos, ante todo, como una expresión del afecto que nos tiene y que pone de relieve su solicitud apostólica por todas las Iglesias locales, extendidas por los cinco continentes, y también por la nuestra.</p>
<p>La antigua tradición de peregrinar a Roma para ver al Papa —tradición especialmente viva en estos tiempos de tanta movilidad— se ha visto completada por la práctica de los Papas, desde Pablo VI, de ser ellos los que van hacia las Iglesias diocesanas. Juan Pablo II, que también en esta práctica cabe calificar como «Magno» por sus más de cien viajes apostólicos, plasmó esta práctica con una bella definición: las visitas papales son «peregrinaciones al santuario viviente del Pueblo de Dios».</p>
<p>La Iglesia de Barcelona, juntamente con las otras diócesis de Cataluña y del resto de España que nos honran con su presencia —con sus obispos y con una representación de fieles cristianos—, ha hecho un notable esfuerzo para preparar espiritualmente esta visita. Para los católicos, una visita del Santo Padre es sobre todo un acontecimiento espiritual. El sucesor de Pedro viene para confirmarnos en la fe, para animarnos en la fidelidad a Jesús y a su Evangelio, para ser valientes en dar un testimonio, en obras y palabras, del Evangelio en esta sociedad secularizada y plural en la que nos movemos.</p>
<p>En este sentido, la visita de Benedicto XVI se inscribe en los objetivos del Plan Pastoral de nuestra diócesis, que para estos años se concreta en estos tres objetivos: conocer, celebrar y vivir la Palabra de Dios; crecer en la solidaridad en medio de la actual crisis económica y fomentar la participación de los inmigrantes católicos en las comunidades cristianas. Dicho llanamente, aspiramos a que la visita pontificia no sea un paréntesis espectacular en la vida cristiana de nuestra diócesis, sino que sea un impulso para revitalizar nuestra fe y nuestro testimonio, a fin de que seamos más prontos y más capaces de «anunciar a todos el Evangelio», que es el lema de nuestro Plan Pastoral. Nuestro compromiso será acoger con espíritu abierto y con voluntad de llevarlos a la práctica los mensajes que el Papa quiera dejarnos durante su visita.</p>
<p>La visita es también un acontecimiento cívico, al que dan una especial resonancia los medios de comunicación, tan influyentes en las sociedades actuales. Como acontecimiento, la visita de Benedicto XVI a Barcelona tiene dos puntos focales: el templo de la Sagrada Familia y la Obra Benéfico-Social del «Nen Déu».</p>
<p>El templo de la Sagrada Familia, que el Papa declarará basílica, habla por sí mismo. Es un gran monumento a la fe cristiana, es una llamada a la Trascendencia; es un mensaje espiritual; es un homenaje a la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a la que ha sido calificada como «la Trinidad de la tierra», Jesús, María y José. La Sagrada Familia es inseparable de la figura del arquitecto genial y del cristiano ejemplar que la concibió, Antoni Gaudí, en el que se da una doble dimensión que resulta muy sugestiva para el Papa teólogo: la creación artística, la belleza en suma, como vía de acceso a Dios. En Gaudí la fe cristiana demostró que puede ser fecunda también en creatividad artística.<br />
Gaudí quiso poner en las torres aquellas inscripciones del «Sanctus, Sanctus, Sanctus, como una cinta helicoidal, para que quien las leyera —«incluso los incrédulos», decía él— elevara la mirada hacia el cielo.</p>
<p>El Papa dedicará a Dios un gran monumento, que es como un catecismo de la doctrina cristiana en piedra. Gaudí sabía que la obra le superaría en todos los sentidos y que él no la podría ver acabada. Pero le movía la fe de los antiguos constructores de catedrales. Se sentía llamado a poner los fundamentos de una obra de gran envergadura, de una verdadera «catedral del tercer milenio». Decía también: «Mi cliente no tiene prisa».<br />
La obra de la Sagrada Familia no se ha hecho con prisas. Se ha hecho lentamente y ha pasado por numerosas pruebas. Pero, después de Gaudí, el otro gran protagonista de este templo es el pueblo, el de Cataluña, el de España, y cada día más el de todos los continentes, que, con un sexto sentido difícil de definir, ha hecho suyo el mensaje de este monumento a la vez profundamente religioso y también cívico, cristiano y a la vez laico —por su profundo sentido ecológico—, local y a la vez universal.</p>
<p>«En la Sagrada Familia —decía también Gaudí— todo es providencial». Y a la pregunta que le hacían sobre quién terminaría el templo, contestaba que San José. Es realmente providencial que este templo, promovido por una asociación de devotos de San José, fundada por el editor barcelonés Josep María Bocabella, sea «inaugurado» y presentado al mundo por un Papa que lleva el de José como nombre de bautismo. Creo que ni Gaudí pudo llegar a pensar en la posibilidad de que su obra traería en visita a Barcelona a dos Papas: Juan Pablo II, el 7 de noviembre de 1982, y Benedicto XVI en otro 7 de noviembre, 28 años después. A la basílica de la Sagrada Familia, creo que le esperan otros acontecimientos providenciales que podemos desear, pero que no podemos prever ahora.</p>
<p>Pero estemos seguros de que no faltarán, porque la Sagrada Familia es como un milagro de la fe. Quien se pasee por las amplias naves que admirará el Papa, podrá ver a muchos visitantes —muchos de ellos jóvenes por cierto— sentados, contemplando, como extasiados, aquel bosque de palmeras en piedra. Y yo mismo, contemplándolos discretamente, me he preguntado a mí mismo: ¿Qué les sigue diciendo Gaudí a estos hombres y mujeres del tercer milenio? Quizá les ayuda a elevar los ojos hacia el cielo, ayudados por aquella luz mediterránea, de la que él fue un gran admirador y que, con su técnica constructiva, logró introducir admirablemente en su obra.</p>
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		<title>¡Benedicto XVI, peregrino a Santiago!</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Nov 2010 16:31:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Galicia]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jilián Barrio Barrio</strong>, arzobispo de Santiago de Compostela (ABC, 06/11/10):</p>
<p>EL Papa llega por primera vez a venerar la Tumba del Apóstol Santiago el Mayor. La Ciudad del Apóstol, llamada la «Jerusalén de occidente», ha dejado de ser el Finisterre. Infinitos caminos desde todos los confines del Universo llegan hasta aquí. Numerosas personas vienen para dar un abrazo de paz al busto del Apóstol, cuyo rostro se hace palabra llena de gozo y esperanza. Es el Patrón de las Españas desde tiempos muy lejanos. Su figura histórica y devocional se pone de relieve en los términos o apellidos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38083/%c2%a1benedicto-xvi-peregrino-a-santiago/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jilián Barrio Barrio</strong>, arzobispo de Santiago de Compostela (ABC, 06/11/10):</p>
<p>EL Papa llega por primera vez a venerar la Tumba del Apóstol Santiago el Mayor. La Ciudad del Apóstol, llamada la «Jerusalén de occidente», ha dejado de ser el Finisterre. Infinitos caminos desde todos los confines del Universo llegan hasta aquí. Numerosas personas vienen para dar un abrazo de paz al busto del Apóstol, cuyo rostro se hace palabra llena de gozo y esperanza. Es el Patrón de las Españas desde tiempos muy lejanos. Su figura histórica y devocional se pone de relieve en los términos o apellidos como «promotor», «columna», «defensor» o «adalid» de nuestra fe, como dejan constancia los textos litúrgicos, literarios o populares generados a través la tradición jacobea.</p>
<p>La sabiduría no nos permite ser agoreros pesimistas ni ingenuos entusiastas. Por ello se hace preciso un análisis sereno y ponderado del momento en que vivimos, de modo que no se oscurezcan las luces que lo iluminan ni pasen desapercibidas las sombras que lo ensombrecen. Eso forma parte de la contradicción de la existencia humana, que exige del cristiano la lucidez y la valentía tanto para esclarecer sus misterios a la luz de la revelación divina, como para actualizar los significados de ésta escudriñando los signos de los tiempos. Una sociedad no puede reinventarse en cada momento, echando por la borda el bagaje cultural y moral que le han legado las generaciones pretéritas como si no hubiera nada en todo ello que mereciese ser conservado; como si todo cambio equivaliese a un verdadero progreso; como si pudiese haber progreso cuando se ha perdido toda perspectiva de hacia dónde hemos de encaminar nuestros pasos.</p>
<p>El alcance del Hecho Jacobeo a través del tiempo ha ido influyendo por encima y más allá de la geografía española o hispana. Y ello merced al Camino —o a los caminos— de Santiago. Debido a los nuevos factores que dinamizan la vida y las comunicaciones humanas, se está registrando un auge creciente de peregrinos. Hoy, las terminales del Camino de Santiago arrancan de todos los rincones de Europa y del Mundo. Dante Alighieri dejó escrito que la peregrinación a Santiago «es la más maravillosa peregrinación que un cristiano haya podido hacer antes de su muerte». Un eje espiritual que robustece ahora el Obispo de Roma.</p>
<p>La memoria del Apóstol Santiago ha ido generando una España santiaguista, quicio de la articulación cristiana. Santiago de Compostela refulge como cabeza de la España cristiana y aun de la entera hispanidad, en la que se han derramado la presencia, la fe y la lengua de los españoles. En el Camino de Santiago son patentes las dimensiones de la hispanidad y también de la europeidad. Pero alcanza o revalida ahora, además, la dimensión de la universalidad que le otorga la presencia del Papa Benedicto XVI, que viene a lacrar estas tres dimensiones con el sello de la apostolicidad en pleno Año Santo Compostelano. Podríamos decir familiarmente que «Pedro, el de Roma, viene a abrazar a su hermano Santiago, el de Compostela».</p>
<p>Esta vez, la presencia del Sucesor de Pedro, referencia suprema de la fe como herencia dejada por Jesucristo a su Iglesia, aumenta la oportunidad de someter a juicio de ponderación «el hoy de nuestra fe cristiana», que en nuestros días pasa por un momento de crisis, no sólo como una realidad numérica, sino también como una novedad antropológica. Esta percepción aparece con frecuencia también en el magisterio personal o colectivo del episcopado español. La Iglesia en España no es inmune a los contagios que trae y lleva cierta actitud laicizadora que impregna el pensamiento y el sentimiento de algunos, intentando marginar o eliminar la aportación de criterios, valores y motivaciones que el catolicismo ha hecho a España. Hablamos de un proceso que pasa por el olvido de un conjunto de valores humanos y cristianos, que son esenciales y cuya negación conduce a la desesperanza o al vacío. Los estudios sobre «el hoy de los españoles» señalan cómo el alejamiento paulatino de Dios da lugar a la proliferación de ídolos propios de una sociedad que va perdiendo sus referencias teológicas, que son generadoras de razón, de virtud y de capacidad crítica.</p>
<p>Uno de los orígenes y prototipos de la identidad cristiana de España es la tradición jacobea, que remite primordialmente a la fe de los españoles. Una fe que necesita ser reavivada, estimulada y enardecida. Podría decirse que si queremos que «el hoy de los cristianos españoles» se acerque o se ajuste mejor «al hoy de Dios», precisamos el ardor y el coraje de una nueva evangelización. Nada más pertinente que hablar de evangelización si se habla de Santiago el Mayor. Y más si se hace precisamente en Compostela. La tradición jacobea es toda ella un canto a la evangelización. La apostolicidad que se rezuma aquí se debe al aliento evangelizador del Apóstol Santiago, testigo él y mártir temprano del evangelio de Jesucristo. De la presencia del sucesor de Pedro en una comunidad cristiana siempre podemos y debemos esperar, sobre todo, la confirmación en la fe, acercando «el hoy contemporáneo» al «hoy eterno de Dios».</p>
<p>La peregrinación del Papa acrecienta nuestro «júbilo» con la esperanza que va esparciendo, como el sembrador, allá por donde va. Este es un momento que no será exclusivamente nuestro. Lo que en Santiago se viva y se diga tendrá repercusión en todo el mundo. Por eso Juan Pablo II le gritó, sin ruborizarse, a Europa: «Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes».<br />
Benedicto XVI, peregrino reflexivo donde los haya, pronto al diálogo, buscador de respuestas, siempre a la escucha de todos, y en actitud de servicio a la verdad con su hondura intelectual y su finura espiritual, está ganando la guerra al pesimismo en su peregrinar por los caminos de la Iglesia. Nos indica el «monte» del gozo. El Papa sabe que el Año Santo Compostelano está contribuyendo a la renovación de la vida de la Iglesia en España, y quiere participar de ese torrente de agua limpia que nos dejó en herencia el Amigo del Señor. La peregrinación de Benedicto XVI a Santiago es una gran oportunidad para ahondar un poco más dentro de cada uno de nosotros y dejar salir lo mejor que encontremos. Dios ha sembrado mucho y bueno: lo descubriremos si nos hacemos peregrinos como el Papa.</p>
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		<title>Ratzinger, padre de la Iglesia</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/38028/ratzinger-padre-de-la-iglesia/</link>
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		<pubDate>Fri, 05 Nov 2010 22:41:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Julián Herranz</strong>, cardenal de la curia romana (ABC, 05/11/10):</p>
<p>EL Papa peregrina a Santiago de Compostela. Benedicto XVI manifiesta también con este viaje su sintonía espiritual con el Apóstol: «De Santiago el Mayor podemos aprender muchas cosas: la rapidez en acoger la llamada del Señor, también cuando nos pide abandonar la “barca” de nuestras seguridades humanas, el entusiasmo siguiendo a Cristo por los caminos que Él nos indica, la disponibilidad para testimoniarlo con valentía». (Discurso, 21-VI-2006).</p>
<p>Son rasgos apostólicos que resumen bien el ministerio pastoral de este moderno Padre de la Iglesia —me atrevo a calificarlo así— que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38028/ratzinger-padre-de-la-iglesia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Julián Herranz</strong>, cardenal de la curia romana (ABC, 05/11/10):</p>
<p>EL Papa peregrina a Santiago de Compostela. Benedicto XVI manifiesta también con este viaje su sintonía espiritual con el Apóstol: «De Santiago el Mayor podemos aprender muchas cosas: la rapidez en acoger la llamada del Señor, también cuando nos pide abandonar la “barca” de nuestras seguridades humanas, el entusiasmo siguiendo a Cristo por los caminos que Él nos indica, la disponibilidad para testimoniarlo con valentía». (Discurso, 21-VI-2006).</p>
<p>Son rasgos apostólicos que resumen bien el ministerio pastoral de este moderno Padre de la Iglesia —me atrevo a calificarlo así— que se llama Joseph Ratzinger. Porque las particulares circunstancias actuales de la Iglesia y del mundo y las características de la persona y la obra de Benedicto XVI lo emparentan, en la doble dimensión intelectual y pastoral, con los Padres de la Iglesia antigua (Basilio, Atanasio, Agustín&#8230;), que por su rica doctrina y acción de gobierno interpretaron con especial clarividencia los signos de su tiempo y contribuyeron decisivamente a salvar la fe ortodoxa, la armonía entre razón y fe y los valores de la civilización. En este sentido me gustaría comentar tres grandes desafíos pastorales en el camino del Papa Ratzinger.</p>
<p>El primero se refiere a la interpretación del Concilio Vaticano IIy a la llamada «crisis postconciliar». Fue un periodo de dramática confusión en amplios sectores eclesiales: tendencias a «actualizar» la teología marginando la divinidad de Cristo, interpretación temporalista del mensaje evangélico de salvación con reducción socio-política de la misión de la Iglesia, replanteamiento laicista de la identidad sacerdotal con mundanización de su estilo de vida y tremenda hemorragia de defecciones, experimentalismo litúrgico frecuentemente anárquico y desacralizador, etcétera. Por reacción, otros grupos se aferraban a un tradicionalismo reductivo de la verdadera Tradición cristiana, incluso en oposición a Roma.</p>
<p>A esas dos posiciones contrapuestas se opuso y se opone decididamente Joseph Ratzinger, primero como Cardenal en 1985 con el famoso «Informe sobre la Fe» justamente calificado de «histórica denuncia profética», y ahora como Papa celoso tutor de la unidad de la fe y de la comunión. «Nadie puede negar —nos dijo a la Curia romana en las Navidades de 2005—, que en vastas partes de la Iglesia, la recepción del Concilio se ha realizado de un modo más bien difícil». Y citando unas palabras de san Basilio sobre el post-Concilio de Nicea, precisó: «Por una parte existe una interpretación que se podría llamar hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura (&#8230;) Por otra está la hermenéutica de la reforma, de la renovación dentro de la continuidad».</p>
<p>No tanto de san Basilio, el monje-obispo de Capadocia, sino más bien de san Agustín —que con su Ciudad de Diosdesvinculó el destino del Cristianismo del destino político-cultural del decadente imperio romano— procedió la claridad con que Joseph Ratzinger afrontó otro gran desafío.</p>
<p>Fue el 18 de abril del 2005. En la homilía de la misa que precedió el Cónclave, refiriéndose al degrado cultural y moral en amplios sectores sociales, nos dijo a los cardenales: «¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas! (&#8230;) A quienes tienen una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se les aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, el dejarse llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismoque no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida solo el propio yo y sus antojos».</p>
<p>Así, mientras que Juan Pablo II se opuso especialmente a la «utopía totalitaria» de la justicia sin libertad, propia del comunismo y del nazismo, Benedicto XVI se opone a la «utopía relativista» de la libertad sin verdad, es decir, sin valores y verdades objetivas que tutelar. En el contexto socio-político esa actitud es signo de decadencia cultural y antropológica, pues «una democracia sin valores», a la que el relativismo hace «perder la propia identidad», es una democracia decadente, que puede fácilmente «degenerar en totalitarismo abierto o insidioso» (Discurso, 1-X-2005).</p>
<p>Pero Ratzinger, como los Padres de la Iglesia, no es hombre que se limite a señalar errores o peligros: él enseña que el Cristianismo es el encuentro con la Verdad encarnada, con Cristo, que revela al hombre no sólo el misterio de Dios sino también el misterio del hombre: la excelsa dignidad de su naturaleza y de su destino eterno.</p>
<p>Por eso, sin «hacer política», propone un tipo de sociedad en la que la armonía entre fe y razón sea la medida del verdadero humanismo, y donde un sano concepto de laicidad —que respete la dignidad de la persona y sus derechos inalienables, entre ellos la libertad religiosa de culto y de conciencia— permita superar el fundamentalismo laicista, hostil a la relevancia familiar, cultural y social del Cristianismo y, en general, de la religión.</p>
<p>Del fundamentalismo laicista al fundamentalismo islámico, tercer desafío con el que Benedicto XVI se ha enfrentado de modo dialógico y constructivo en el famoso discurso en la Universidad de Ratisbona el 12 de septiembre de 2006, en su posterior viaje a Turquía y, últimamente, en el Sínodo de Obispos sobre el Oriente Medio.</p>
<p>Su repetida afirmación de que «no actuar según razón es contrario a la naturaleza de Dios» y que «toda religión ha de respetar la dignidad del hombre» ayuda a comprender que el acto de fe ha de ser un acto razonable y libre, nunca impuesto por la violencia: ni por la violencia física del terrorismo ni por la violencia de leyes civiles que no respeten la libertad de culto y de conciencia.</p>
<p>En el fondo, se trata del encuentro «entre fe y razón, entre auténtica ilustración y religión», y de entablar un diálogo entre cristianos y musulmanes que se realice desde el mutuo respeto de la dignidad personal, que ayude a promover valores comunes como la paz y la vida humana y a «oponerse a la dictadura de la razón positivista que excluye a Dios de la vida de la comunidad». Interceda el Apóstol Santiago.</p>
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		<title>La visita del Inquisidor de la Fe</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Nov 2010 22:02:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan José Tamayo Acosta, </strong>secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII y autor de <em>En la frontera. Cristianismo y laicidad</em>, Editorial Popular, 2010 (EL PAÍS, 02/11/10):</p>
<p>Cuenta el teólogo José María Díez-Alegría en su libro <em>Teología en broma y en serio,</em> ilustrado con las inconfundibles viñetas de Peridis (Desclée de  Brouwer, Bilbao, 1975), que Pío XII ordenó hacer excavaciones  arqueológicas debajo del altar mayor de la basílica de San Pedro en el  Vaticano para comprobar si se encontraba allí el sepulcro del apóstol  Pedro. Lo que descubrieron los arqueólogos fueron cinco altares  colocados uno &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/31907/la-visita-del-inquisidor-de-la-fe/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan José Tamayo Acosta, </strong>secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII y autor de <em>En la frontera. Cristianismo y laicidad</em>, Editorial Popular, 2010 (EL PAÍS, 02/11/10):</p>
<p>Cuenta el teólogo José María Díez-Alegría en su libro <em>Teología en broma y en serio,</em> ilustrado con las inconfundibles viñetas de Peridis (Desclée de  Brouwer, Bilbao, 1975), que Pío XII ordenó hacer excavaciones  arqueológicas debajo del altar mayor de la basílica de San Pedro en el  Vaticano para comprobar si se encontraba allí el sepulcro del apóstol  Pedro. Lo que descubrieron los arqueólogos fueron cinco altares  colocados uno debajo de otro y más abajo el sepulcro de Pedro en un  huequecito excavado en el suelo y cubierto con unas tejas. Era, dice,  &#8220;un sepulcro de esclavo, sin monumento alguno, situado en la parte de la  necrópolis destinada a los extranjeros. Casi la fosa común&#8221;. Pero  estaba vacío y no había rastro alguno de Pedro. ¿Qué había sucedido? Con  su agudo sentido del humor, Díez-Alegría avanzaba la hipótesis  siguiente: cuando le pusieron cinco altares uno encima de otro y una  inmensa cúpula, Pedro se sintió incómodo y se marchó.</p>
<p>¿Hipótesis descabellada la de Díez-Alegría? Quizá no tanto. Algo parecido había intuido ya Rafael Alberti en el poema <em>Basílica de San Pedro,</em> recogido en su libro <em>Roma, peligro de caminantes,</em> referido a una estatua de bronce, situada a la derecha de la nave  central del Vaticano, que representa a Pedro con un pie ligeramente  adelantado, cuyo metal está muy desgastado de tanto besarle los pies los  visitantes de la basílica. He aquí el poema: &#8220;Di, Jesucristo, ¿por qué /  me besan tanto los pies? / Soy San Pedro aquí sentado, / en bronce  inmovilizado, / no puedo mirar de lado / ni pegar un puntapié, / pues  tengo los pies gastados, / como ves. / Haz un milagro, Señor. / Déjame  bajar al río, / volver a ser pescador, que es lo mío&#8221;.</p>
<p>La anécdota  de Díez-Alegría y el poema de Alberti muestran la degradación que ha  sufrido el papado a lo largo de su historia. Benedicto XVI, el Papa que  visita ahora Santiago de Compostela y Barcelona, nada tiene en común con  Simón Pedro, el pescador del lago de Tiberíades. Tampoco sigue las  rigurosas recomendaciones de Jesús de Nazaret a los apóstoles: &#8220;No  cojáis nada para el camino: ni bastón , ni alforja, ni pan ni dinero, ni  llevéis cada uno dos túnicas [propio de gente acomodada]. Quedaos en la casa en que os alojéis [no  ser exigentes en cuanto al alojamiento] hasta que os vayáis de aquel  lugar. Y en caso de que no os reciban, sacudíos el polvo de los pies.  Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la  buena noticia y curando en todas partes&#8221; (Lucas 9, 3-6). Pues bien, el  viaje del Papa costará a los contribuyentes españoles 200.000 euros por  hora, ¡qué contrasentido!</p>
<p>Benedicto XVI llega a España en su doble  función de máxima autoridad religiosa del mundo católico y de jefe de  Estado de la Ciudad del Vaticano. Su elección fue obra de 114 &#8220;príncipes  de la Iglesia&#8221;, sin consulta ni participación de la comunidad  cristiana, lo que limita sobremanera su capacidad para representar a  todos los católicos. Benedicto XVI ejerce su autoridad religiosa  antidemocráticamente y la jefatura de Estado de la Ciudad del Vaticano  con un poder absoluto superior al de los faraones egipcios, los  emperadores romanos y los califas del Imperio Otomano. Así lo reconoce  la Ley Fundamental (Constitución) del Vaticano, que sustituye a la de  1929 y entró en vigor en febrero de 2001, siendo el cardenal Ratzinger  presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En ella se  establece que &#8220;el Sumo Pontífice, Soberano del Estado de la Ciudad del  Vaticano, posee la plenitud de los poderes legislativo, ejecutivo y  judicial&#8221;, y que tiene &#8220;en exclusiva la facultad de conceder amnistías,  indultos y perdones&#8221;.</p>
<p>Yo creo que el Vaticano como Estado y el  autoritarismo papal son dos de los factores que más han contribuido al  fracaso del cristianismo en su historia y que más escándalo generan  entre los no creyentes, pero también entre no pocos cristianos  evangélicos. Además, están en abierta oposición al Evangelio, que acusa a  los jefes de las naciones de dominar al pueblo e imponer su autoridad  (Marcos 10, 42-45), al tiempo que alejan, más que acercan, de la fe en  Jesús de Nazaret. La desaparición del Vaticano es condición necesaria  para la recuperación de la credibilidad de la Iglesia en el mundo  actual.</p>
<p>Conforme a su doble condición, Benedicto XVI se reunirá  con las máximas autoridades religiosas de la Iglesia española  -cardenales, arzobispos y obispos- y las máximas autoridades políticas  -reyes, presidente del Gobierno, etcétera- que lo recibirán con honores  de jefe de Estado y participarán en los actos religiosos en lugares  destacados, creando así una confusión de planos que nos retrotrae a  épocas pasadas de nuestra historia.</p>
<p>Esas reuniones le servirán al  Papa para ratificar los privilegios de los que goza la Iglesia católica:  económicos, sociales, fiscales, jurídicos, educativos, sanitarios,  militares, y para seguir dirigiendo la agenda religiosa del Gobierno de  Rodríguez Zapatero, que se comprometió con Benedicto XVI a demorar <em>-¿ad kalendas graecas?-</em> la presentación a las Cortes de la nueva Ley de Libertad Religiosa y de  Conciencia, que no es del agrado del Papa ni de los obispos españoles.  De nuevo, el poder político rendido a la autoridad religiosa.</p>
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		<title>The Pope memo: we had a chuckle, no harm done</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Apr 2010 18:50:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Reino Unido]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Tony Brenton</strong>, a British diplomat from 1975 to 2009, most recently serving as Ambassador to Moscow (THE TIMES, 26/04/10):</p>
<p>Over breakfast yesterday the nation enjoyed the leaked memo from the  Foreign  and Commonwealth Office that suggested that during his forthcoming visit  to  the UK the Pope might open an abortion clinic, bless a gay marriage or  lend  his name to a line of contraceptives. There has been outrage in the  stuffier  newspapers and a full apology to the Vatican. What is going on when even   that chief priest of protocol and propriety, the FCO, can slip in this  &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29720/the-pope-memo-we-had-a-chuckle-no-harm-done/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Tony Brenton</strong>, a British diplomat from 1975 to 2009, most recently serving as Ambassador to Moscow (THE TIMES, 26/04/10):</p>
<p>Over breakfast yesterday the nation enjoyed the leaked memo from the  Foreign  and Commonwealth Office that suggested that during his forthcoming visit  to  the UK the Pope might open an abortion clinic, bless a gay marriage or  lend  his name to a line of contraceptives. There has been outrage in the  stuffier  newspapers and a full apology to the Vatican. What is going on when even   that chief priest of protocol and propriety, the FCO, can slip in this  way?</p>
<p>Nothing new. There is a long and splendid tradition of Foreign Office  humour.  This is unsurprising in an institution full of bright and (at least when   they start) irreverent young people, rigorously constrained in what they  can  do and say publicly, and in constant contact with those most marvellous  subjects for satire and mockery — senior politicians.</p>
<p>Some of the best stories are true — such as that of the (large) New  Zealand  Prime Minister who at a Commonwealth conference consumed with the  pre-lunch  drinks the few lettuce leaves that were the intended lunch of the (small  and  vegetarian) Indian leader. The most compelling organisational concern at  G8  summits gone by was to reinforce the bed and chair that would be  occupied by  the (even larger) Chancellor Kohl. It’s also the case that the FCO  seriously  tried to get Tony Blair to play guitar for some visiting Asian leaders  to  karaoke to.</p>
<p>Some stories do leak — such as the 2005 memorandum of our Ambassador in  Poland, Charles Crawford, who suggested that Tony Blair, concerned about   attacks from the “scary new teenage” Tory Opposition, should start a  forthcoming EU negotiation by putting a “large naff children’s alarm  clock”  on the table to make it clear that time was running out on the egregious   Common Agricultural Policy (the “most stupid immoral state-subsidised  policy  in human history, give or take communism”).</p>
<p>This latest affair will blow over. The official was dumb to copy his  memo so  widely and no doubt will pay a professional price. But it would be a  shame  if there were a total clampdown. The underground river of humour does  much  to feed the creativity and resilience of an institution that operates in  an  atmosphere of constant constraint and stress. When it surfaces — as in  the  Crawford and Pope’s visit cases — it does no long-term damage and indeed   probably does more to bring home to those with whom we are dealing the  reality of British society and policy than any number of official  statements. And it reminds us that even the FCO is staffed by human  beings.</p>
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		<title>Brickbats for Pope Benedict</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Apr 2010 21:59:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Delitos sexuales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Austin Ruse</strong>, president of Catholic Family &#38; Human Rights Institute (C-FAM) and <strong>Susan Yoshihara</strong>, C-FAM vice president for research and author of <em>Waging War to Make Peace: U.S. Intervention in Global Conflicts</em> (THE WASHINGTON TIMES, 20/04/10):</p>
<p>Social and religious conservatives opposed the formation of the  International Criminal Court (ICC) because they feared overzealous  prosecutors eventually would target religious leaders such as bishops  and even the pope. ICC proponents mocked such criticism and said the ICC  was only for &#8220;the worst among us, war criminals like Hitler.&#8221; Little  did anyone know that such fears would come so close &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29686/brickbats-for-pope-benedict/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Austin Ruse</strong>, president of Catholic Family &amp; Human Rights Institute (C-FAM) and <strong>Susan Yoshihara</strong>, C-FAM vice president for research and author of <em>Waging War to Make Peace: U.S. Intervention in Global Conflicts</em> (THE WASHINGTON TIMES, 20/04/10):</p>
<p>Social and religious conservatives opposed the formation of the  International Criminal Court (ICC) because they feared overzealous  prosecutors eventually would target religious leaders such as bishops  and even the pope. ICC proponents mocked such criticism and said the ICC  was only for &#8220;the worst among us, war criminals like Hitler.&#8221; Little  did anyone know that such fears would come so close to fruition so soon  after the ICC came into existence.</p>
<p>Geoffrey Robertson, a United Nations judge and Australian tort lawyer  from London, is calling on the Brown government to arrest the pope when  he comes to Britain in September and send him to trial in the ICC at The  Hague for crimes against humanity. Mr. Robertson&#8217;s charges stem from  what he sees as the pope&#8217;s complicity in the sexual abuse by priests  against young men.</p>
<p>The campaign highlights the growing danger to sovereign states and,  increasingly, to individuals, too, when international law is removed  from the realm of nations and handed to elite groups of experts that  promote particular agendas and a supranational authority.</p>
<p>Human rights lawyers went straight to work debating the possibility of  arresting the pope, parsing out what changes in today&#8217;s understanding of  international law would need to be put in motion to make it happen.  Would the pope have sovereign immunity as long as he is head of state?  Some argue that immunity would be waived if enough eminent jurists  deemed the Vatican no longer a state under international law.</p>
<p>Others, including Hurst Hannum of Tufts University&#8217;s Fletcher School,  say it would be &#8220;a stretch&#8221; to use the ICC, whose purview &#8211; genocide,  crimes against humanity, war crimes and the crime of aggression &#8211; deal  primarily with warfare. In that case, the principle of &#8220;universal  jurisdiction&#8221; would do. It was used to great acclaim in ousting former  Chilean president Augusto Pinochet from Britain in 1998. Never mind that  the principle violates the much older and well-established principle of  sovereignty as it is enunciated in the U.N. Charter.</p>
<p>While some may downplay it, human rights lawyers such as Mr. Robertson  regularly work to overcome such obstacles. Taking the pope to The Hague  may sound outlandish or even conspiratorial, but not when it is seen as  part of a broader trend in international law.</p>
<p>According to this trend, definitions of words and phrases in binding  legal documents, such as the Rome Statute that created the ICC, can be  changed if enough experts say so. Thus, the term &#8220;crimes against  humanity,&#8221; Mr. Robertson insists, can be used as long as jurists can  show that the sexual abuse of children by Catholic priests was carried  out on a &#8220;widespread or systematic scale,&#8221; the way that child soldiers  were used in the wars in Sierra Leone and the way sex slaves are traded  internationally.</p>
<p>What inspires this particular campaign? Mr. Robertson argues that the  main reason for prosecuting the pope is to get more money for victims of  clergy sexual abuse in cases where dioceses have gone into bankruptcy.  He specifically points out the fact that the diocese of Los Angeles  already has paid $660 million in damages and Boston has paid $100  million.</p>
<p>As one prominent law professor told us, &#8220;Without in any way minimizing  the seriousness of the alleged offenses of Catholic priests, it would be  a grave mistake to the laws of human rights to permit a trivializing of  the responsibility to protect, and to play into the hands of American  contingency-fee lawyers.&#8221;</p>
<p>But it&#8217;s not just about money. In a fox-guards-the-henhouse way, Mr.  Robertson, who is touting himself as a U.N. judge to promote his cause,  is pursuing what apparently is a long-held desire to oust the Vatican  from special-observer status at the U.N.</p>
<p>It&#8217;s essential to note that Mr. Robertson&#8217;s current position as a U.N.  judge is not policy-related at all, but administrative. Along with four  others, he is a member of a committee that selects other jurists who  arbitrate disputes between U.N. management and staff.</p>
<p>With this kind of U.N. bureaucratic overreach occurring on a host of  international legal fronts from security to social policy, it is no  wonder that the United States and the other world powers have eschewed  membership in the ICC. Like China, India and Russia, the United States  is rightly skeptical of putting the fate of its citizens in the hands of  a global bureaucracy that cares little for national sovereignty.</p>
<p>If the trend isn&#8217;t corrected, prosecution of the pope may not be such a  stretch, after all. This is the time for U.N. member states to call on  the secretary-general to rein in the wild horses of his secretariat.</p>
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		<title>Poner a Dios cercano</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/29671/poner-a-dios-cercano/</link>
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		<pubDate>Tue, 20 Apr 2010 09:30:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Echevarría</strong>, prelado del Opus Dei (ABC, 20/04/10):</p>
<p>Se cumplen ahora cinco años de la elección del Cardenal Joseph Ratzinger como sucesor de San Pedro al frente de la Iglesia Católica. El 2 de abril de 2005 había fallecido Juan Pablo II. Las televisiones efectuaron un despliegue informativo sin precedentes. Y en medio de aquel clima de conmoción y de cariño hacia el Pontífice difunto, que aleteaba todavía por las calles de Roma, el 19 de abril de 2005 vimos por vez primera la figura amable del nuevo Papa en el balcón central de la Basílica de San &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29671/poner-a-dios-cercano/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Echevarría</strong>, prelado del Opus Dei (ABC, 20/04/10):</p>
<p>Se cumplen ahora cinco años de la elección del Cardenal Joseph Ratzinger como sucesor de San Pedro al frente de la Iglesia Católica. El 2 de abril de 2005 había fallecido Juan Pablo II. Las televisiones efectuaron un despliegue informativo sin precedentes. Y en medio de aquel clima de conmoción y de cariño hacia el Pontífice difunto, que aleteaba todavía por las calles de Roma, el 19 de abril de 2005 vimos por vez primera la figura amable del nuevo Papa en el balcón central de la Basílica de San Pedro.</p>
<p>Entre los motivos de reconocimiento a Benedicto XVI, quisiera resaltar su acción constante por dar a conocer al Dios cercano. Esta expresión -tomada del título de un libro del Cardenal Ratzinger sobre la Eucaristía- es también un modo afectuoso de hablar del Creador, que la fe nos muestra amoroso y próximo, interesado por la suerte de sus criaturas, como afirmaba un santo de nuestros días. En efecto, San Josemaría recordaba con frecuencia que, en medio del ajetreo cotidiano, a veces «vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado. Y está como un Padre amoroso -a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos-, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo&#8230; y perdonando» (Camino, 267).</p>
<p>Dios, que no se halla sujeto al tiempo, asume el tiempo en Jesucristo y se entrega a la humanidad. Como recuerda a menudo el Papa, Dios se ha hecho hombre para que nosotros pudiéramos más fácilmente acogerlo y amarlo. Y, a lo largo de estos años, ha mostrado de modo incisivo, incansablemente, que Dios es Amor y que no se comienza a ser cristiano como fruto de una decisión ética o de una gran idea, sino por el encuentro con una Persona -Jesús de Nazaret- que abre un nuevo horizonte a la vida (Deus Caritas est, 1). En un mundo en el que Dios podría aparecer ausente o alejado, desentendido de los hombres, la catequesis del Papa lo acerca a la vida cotidiana, al caminar del hombre y la mujer del siglo XXI.</p>
<p>La tarea apostólica del cristiano consiste precisamente en ayudar a los demás a conocer a Jesús en medio de su existencia ordinaria, para que encuentren a Dios y hablen con Él en todo momento -no sólo en las circunstancias dolorosas-, conjugando un «Tú» y un «yo» llenos de sentido. Un «Tú» que, para los católicos, adquiere su máximo trato en el sacramento de la Eucaristía, fuente de la vida de la Iglesia.</p>
<p>Para quien se esfuerza en «vivir» la Santa Misa, cualquier actividad humana noble puede adquirir -por decirlo así- una dimensión litúrgica, precisamente por esa unión al Sacrificio de Cristo. Con este horizonte, las tareas familiares, profesionales y sociales que ocupan la mayor parte de la jornada de un ciudadano no le apartan del Señor; al contrario, las incidencias, las relaciones y los problemas que esas actividades llevan consigo pueden alimentar su oración. Apoyados en la gracia, hasta la experiencia de la debilidad, los contratiempos, el cansancio que conlleva todo esfuerzo humano, nos hacen más realistas, más humildes, más comprensivos, más hermanos de los demás. Y cualquier posible éxito y alegría, para quien camina al paso de Dios, es ocasión para dar gracias y recordar que hemos de estar siempre a su servicio y al de nuestros hermanos. Vivir en esa amistad con Dios -recuerda Benedicto XVI en su última encíclica- es el modo de transformar los «corazones de piedra» en «corazones de carne» (cfr. Ez 36, 26), haciendo la vida terrena más «divina» y, por tanto, más digna del hombre (Caritas in veritate, 79).</p>
<p>Jesús recorre los caminos de Palestina y advierte enseguida el dolor de sus contemporáneos. Por eso, cuando se conoce y ama al «Dios cercano», el cristiano no permanece indiferente ante la suerte de los demás. Es el «círculo virtuoso» de la caridad: la cercanía de Dios alimenta la cercanía con los hombres, provoca «la disponibilidad con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa» (Caritas in veritate, 78).</p>
<p>Al contrario, la lejanía de Dios, la indiferencia hacia el Creador, conduce antes o después a desconocer los valores humanos, que pierden entonces su fundamento. «La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas. El amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos» (Ibidem).</p>
<p>¿Cómo concibe Benedicto XVI su misión de cabeza de la Iglesia universal? En la Misa de comienzo del Pontificado, explicaba que la tarea del Pastor podría parecer gravosa, pero en realidad se alza como una tarea «gozosa y grande, porque es un servicio a la alegría de Dios, que quiere hacer su entrada en el mundo». En aquella misma ocasión afirmaba que «nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo», y «nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él» (Homilía, 24-IV-2005). Así entiende su misión el Papa: comunicar a los demás la alegría que procede de Dios. Suscitar en el mundo un nuevo dinamismo de compromiso en la respuesta humana al amor de Dios.</p>
<p>En estos cinco años de pontificado, no le han faltado al Papa ataques provocados por quienes están empeñados en arrojar al Creador del horizonte de la sociedad de los hombres; tampoco han estado ausentes los sufrimientos ante la incoherencia y los pecados de algunas personas llamadas a ser «sal de la tierra» y «luz del mundo» (Mt 5, 14-16). Nada de eso ha de extrañarnos, pues las dificultades forman parte del itinerario normal del cristiano, ya que no es el discípulo más que su maestro, como anunció Jesucristo: «Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15, 20). Al mismo tiempo, no olvidemos lo que añadió el Señor: «Si han guardado mi doctrina, también guardarán la vuestra» (Ibidem).</p>
<p>Aquí reside el optimismo indestructible del cristiano, alentado por el Espíritu Santo, que no desampara nunca a la Iglesia. Historia docet: ¡cuántas veces, en el curso de veinte siglos, se han alzado voces agoreras, anunciando el fin de la Iglesia de Cristo! Sin embargo, a impulsos del Paráclito, superadas las pruebas, se ha mostrado luego más joven y más bella, más llena de energías para conducir a los hombres por las sendas de la salvación. Lo hemos visto en estos años: la autoridad moral e intelectual del Papa, su proximidad e interés por los que sufren, su firmeza en la defensa de la Verdad y del Bien, siempre con caridad, ha fortalecido a hombres y mujeres de todas las creencias. El Romano Pontífice sigue siendo un foco que ilumina las intrincadas vicisitudes terrenas.</p>
<p>En el cumplimiento de mi tarea episcopal, millares de personas de buena voluntad -católicos y no católicos, también numerosos no cristianos- me han confiado que las respuestas sólidas y esperanzadoras de Benedicto XVI ante los diversos dramas de la Humanidad han supuesto para ellos una confirmación en el Evangelio, o un motivo de acercamiento a la Iglesia y, sobre todo, un renovado interés por aproximarse al «Dios cercano» que el Papa proclama. Somos muchos los que nos sentimos diariamente enriquecidos por este anuncio alegre de Benedicto XVI, sazonado por la luz de la fe, expuesto con todos los recursos de la inteligencia, con un lenguaje cristalino y con el testimonio de su relación personal con Jesucristo. Que el Señor nos los conserve por muchos años como guía de la Iglesia, para bien de la Humanidad entera.</p>
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		<title>Benedicto XVI, cinco años de pontificado</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Apr 2010 09:13:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Mª Rouco Varela</strong>,  Cardenal-Arzobispo de Madrid (ABC, 18/04/10):</p>
<p>En la tarde del 19 de abril del año 2005, segundo día del Cónclave, era elegido Papa el Cardenal Joseph Ratzinger. Hacía poco más de dos semanas que había fallecido el Siervo de Dios, Juan Pablo II. La multitud reunida en la Plaza de San Pedro recibía la noticia con expresiones de un sentido júbilo nada artificial. «Pedro» volvía a hacerse presente en la Iglesia, a través de un nuevo Sucesor, como Cabeza del Colegio Episcopal y Pastor Universal: como «el Vicario de Cristo en la Tierra». El pueblo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29669/benedicto-xvi-cinco-anos-de-pontificado/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Mª Rouco Varela</strong>,  Cardenal-Arzobispo de Madrid (ABC, 18/04/10):</p>
<p>En la tarde del 19 de abril del año 2005, segundo día del Cónclave, era elegido Papa el Cardenal Joseph Ratzinger. Hacía poco más de dos semanas que había fallecido el Siervo de Dios, Juan Pablo II. La multitud reunida en la Plaza de San Pedro recibía la noticia con expresiones de un sentido júbilo nada artificial. «Pedro» volvía a hacerse presente en la Iglesia, a través de un nuevo Sucesor, como Cabeza del Colegio Episcopal y Pastor Universal: como «el Vicario de Cristo en la Tierra». El pueblo cristiano venía aplicando al Papa este bellísimo título desde una antiquísima y venerable tradición teológica y espiritual, cultivada con conmovedor afecto y devoción, especialmente en los dos típicos siglos de la modernidad -el XIX y el XX-. Siglos estos de «Calvario» para esa pléyade de figuras insignes que ocuparon la Sede de Pedro desde los tiempos de las vejaciones revolucionarias de comienzos del siglo XIX hasta hoy mismo. Siglos también de tiempos eclesiales de comunión y unión con el Romano Pontífice, de una intensidad espiritual y pastoral desconocida. Pastores y fieles pudieron comprobar y experimentar en carne viva, en una época marcada por tantos, tan graves y tan dramáticos acontecimientos, cómo la Iglesia necesitaba de ese servicio de la unidad y la verdad en la caridad de Cristo, que el Señor había confiado a Pedro y a sus sucesores, si quería vivir en la libertad de los hijos de Dios y ser fiel al testimonio íntegro del Evangelio. «El Dulce Cristo en la Tierra» es la forma como Santa Catalina de Siena llamó al Papa en el momento quizá más dramático de la historia del Papado, el Cisma de Occidente, en el quicio del siglo XIV al XV de nuestra Era. La expresión podía -y puede, de hecho- parecer a muchos, teólogos y no teólogos, melosa; pero lo cierto es que el Concilio Vaticano II no le retiró a su significado, profundizado por el Concilio Vaticano I, ni un ápice de su valor teológico y pastoral. Sí, el Obispo de Roma, el Papa, es Vicario de Cristo para la Iglesia de modo eminente. (LG 18).</p>
<p>Joseph, Cardenal Ratzinger, aceptaba la elección del Colegio Cardenalicio «en espíritu de obediencia» y se daba el nombre de Benedicto XVI; no sin sorpresa para muchos de los observadores intra y extraeclesiales del acontecer de la Iglesia. El nuevo Papa explicaba su decisión con su habitual claridad intelectual y lucidez pedagógica. El nombre de Benedicto le evocaba el «no anteponer nada a Cristo»: quintaesencia de la espiritualidad benedictina; máxima que había conformado no sólo el monacato latino siglos y siglos, sino también lo más íntimo y profundo de la experiencia cristiana de la vida, sobre todo en Occidente. El nombre le vinculaba, además, al gran «leit-motiv» de la paz, que había caracterizado la trayectoria pastoral del último Papa «Benedicto», Benedicto XV: el Papa testigo indomable del valor de la verdadera paz fundada en la aceptación común de la ley moral, que Dios graba en las conciencias de cada persona y de la propia familia humana. Testigo en medio de la tragedia de la I Guerra Mundial, que había sumido primero a Europa y finalmente al mundo en una contienda crudelísima y en una ruina material y espiritual sin precedentes. ¿No era la catástrofe el precio de haber preterido las normas más substanciales de una elemental humanidad? El ya Papa Benedicto XVI vivió y vio en su niñez y adolescencia cómo el menosprecio de los principios de la ley natural conducía de nuevo al mundo a una versión todavía más devastadora de cuerpos y de almas de lo que había sido la tragedia sufrida entre los años 1914 y 1918, a la de la II Guerra Mundial, en la que habían jugado un papel decisivo los totalitarismos ateos: el comunismo soviético, el fascismo y el nacionalsocialismo. ¿Cómo se podían sembrar paz, justicia, solidaridad, progreso humano, sin ley moral, sin una consideración trascendente de la dignidad de cada persona? ¿Y cómo se podía conocerla, valorarla y respetarla, en toda su profunda y plena verdad, sin Cristo? En su primera aparición en la «logia» de «San Pedro», el Papa se presentaría al mundo como «un sencillo y humilde trabajador en la viña del Señor». A cuantos era familiar la figura modesta y casi imperceptible del cardenal Ratzinger, cruzando la Plaza de San Pedro desde el Borgo Pío hasta el viejo «Palazzo» del Santo Oficio, con su dulleta y boina negra, la cartera de documentos en la mano, no podría resultarles extraña la presentación del Papa. Siempre había sido «un sencillo y humilde trabajador en la viña del Señor» -de sacerdote y profesor, de arzobispo de Múnich y de cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al lado de Juan Pablo II-, y lo continuaría siendo como vicario de Cristo y pastor de la Iglesia universal.</p>
<p>El nuevo Papa había centrado desde el principio la línea de su pontificado y de su servicio pastoral a la Iglesia y al mundo inequívocamente en el anuncio y proclamación de Cristo, Salvador del hombre. Se constituiría como la médula misma de un Magisterio desplegado con una profundidad, transparencia y abundancia teológica y catequética admirables. Ninguno de los ámbitos en los que se sitúan la existencia y la vida personal y social de la persona se escapa a la iluminación penetrante del pensamiento y de la palabra del Papa. Conoce la coyuntura cultural y espiritual del hombre contemporáneo: sus dudas y depresiones, su angustia existencial, su desorientación moral, su escepticismo religioso, sus miedos ante un futuro histórico después de la soterrada -o abierta- decepción sobrevenida por las crisis de los modelos de desarrollo, acusadamente materialistas y agnósticos, propuestos para «el después» de la caída del Muro de Berlín. Se había quedado de nuevo sin horizontes positivos y ciertos para sus proyectos de una vida personal con esperanza y de una configuración social y cultural de la Humanidad, asentada ética y jurídicamente sobre los derechos fundamentales y el bien común universal, capaz de asegurar y de garantizar la paz. No es extraño que su gran Magisterio -las tres Encíclicas y su Exhortación Postsinodal del Sínodo del año 2005 sobre la Eucaristía- se hubiese situado en la perspectiva espiritual y pastoral de las virtudes teologales de la caridad y la esperanza. Perspectiva, en la que se encuentran los más hondos y cruciales interrogantes del hombre con la respuesta luminosa y gozosa de la Palabra de Dios, que es Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado por nosotros, para que tengamos vida, y esta, abundante, eterna y feliz.</p>
<p>Incluso, cuando Benedicto XVI aborda el complejo y gravísimo problema de la crisis financiera y económica, que azota hoy al mundo, elige como punto de mirada intelectual para comprenderla, analizarla en sus raíces más profundas y sugerir caminos morales, sociales y culturales de verdaderas soluciones, «la verdad en la caridad». Sólo el amor, vivido de verdad y en la verdad, comprende y garantiza la realización de la justicia y la aspiración de una solidaridad generosa. Tanto el método adoptado en sus enseñanzas como el estilo de su acción de gobierno pastoral responden a ese modelo supremo de la caridad de Cristo. Lo demuestran tanto el diálogo fe-razón practicado sin desviación alguna intelectual o vital, antes y después del inicio de su pontificado, como la mansedumbre, la bondad y la serena y paciente firmeza al señalar la recta dirección para el camino de la Iglesia en el siglo XXI. La continuidad creativa con la obra de Juan Pablo II es evidente. Su fidelidad a la aplicación del Concilio Vaticano II con el sentido innovador de la permanente y viva tradición de la Iglesia, sin ruptura dogmática y espiritual alguna.</p>
<p>Celebramos el quinto aniversario de la elección de Benedicto XVI en un momento histórico en que los ataques mediáticos a su persona y ministerio han adquirido las formas de una virulencia dialéctica insultante y difamatoria. Son «hora de Cruz» para aquel que representa heroicamente al Crucificado. La Iglesia se siente más unida a Él que nunca en la oración y en la veneración y el afecto filiales. Se repite una vez más la historia: «Pedro» es perseguido; la comunidad universal de los fieles permanece perseverante y fiel en la oración a su Señor por él, sintiéndose cobijada por un amor maternal de exquisito valor: el amor de su Madre y nuestra Madre, María.</p>
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		<title>Carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Apr 2010 12:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Hans Küng</strong>, catedrático emérito de Teología  Ecuménica en la Universidad de Tubinga (Alemania) y presidente de Global  Ethic. Traducción: Jesús Alborés Rey (EL PAÍS, 15/04/10):</p>
<p>Estimados obispos,</p>
<p>Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, y yo fuimos entre 1962 1965  los dos teólogos más jóvenes del concilio. Ahora, ambos somos los más  ancianos y los únicos que siguen plenamente en activo. Yo siempre he  entendido también mi labor teológica como un servicio a la Iglesia. Por  eso, preocupado por esta nuestra Iglesia, sumida en la crisis de  confianza más profunda desde la Reforma, os dirijo una carta abierta en  el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29679/carta-abierta-a-los-obispos-catolicos-de-todo-el-mundo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Hans Küng</strong>, catedrático emérito de Teología  Ecuménica en la Universidad de Tubinga (Alemania) y presidente de Global  Ethic. Traducción: Jesús Alborés Rey (EL PAÍS, 15/04/10):</p>
<p>Estimados obispos,</p>
<p>Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, y yo fuimos entre 1962 1965  los dos teólogos más jóvenes del concilio. Ahora, ambos somos los más  ancianos y los únicos que siguen plenamente en activo. Yo siempre he  entendido también mi labor teológica como un servicio a la Iglesia. Por  eso, preocupado por esta nuestra Iglesia, sumida en la crisis de  confianza más profunda desde la Reforma, os dirijo una carta abierta en  el quinto aniversario del acceso al pontificado de Benedicto XVI. No  tengo otra posibilidad de llegar a vosotros.</p>
<p>Aprecié mucho que el  papa Benedicto, al poco de su elección, me invitara a mí, su crítico, a  una conversación de cuatro horas, que discurrió amistosamente. En aquel  momento, eso me hizo concebir la esperanza de que Joseph Ratzinger, mi  antiguo colega en la Universidad de Tubinga, encontrara a pesar de todo  el camino hacia una mayor renovación de la Iglesia y el entendimiento  ecuménico en el espíritu del Concilio Vaticano II.</p>
<p>Mis esperanzas,  y las de tantos católicos y católicas comprometidos, desgraciadamente  no se han cumplido, cosa que he hecho saber al papa Benedicto de  diversas formas en nuestra correspondencia. Sin duda, ha cumplido  concienzudamente sus cotidianas obligaciones papales y nos ha obsequiado  con tres útiles encíclicas sobre la fe, la esperanza y el amor. Pero en  lo tocante a los grandes desafíos de nuestro tiempo, su pontificado se  presenta cada vez más como el de las oportunidades desperdiciadas, no  como el de las ocasiones aprovechadas:</p>
<p>- Se ha desperdiciado la  oportunidad de un entendimiento perdurable con los judíos: el Papa  reintroduce la plegaria preconciliar en la que se pide por la  iluminación de los judíos y readmite en la Iglesia a obispos cismáticos  notoriamente antisemitas, impulsa la beatificación de Pío XII y sólo se  toma en serio al judaísmo como raíz histórica del cristianismo, no como  una comunidad de fe que perdura y que tiene un camino propio hacia la  salvación. Los judíos de todo el mundo se han indignado con el  predicador pontificio en la liturgia papal del Viernes Santo, en la que  comparó las críticas al Papa con la persecución antisemita.</p>
<p>- Se  ha desperdiciado la oportunidad de un diálogo en confianza con los  musulmanes; es sintomático el discurso de Benedicto en Ratisbona, en el  que, mal aconsejado, caricaturizó al islam como la religión de la  violencia y la inhumanidad, atrayéndose así la duradera desconfianza de  los musulmanes.</p>
<p>- Se ha desperdiciado la oportunidad de la  reconciliación con los pueblos nativos colonizados de Latinoamérica: el  Papa afirma con toda seriedad que estos &#8220;anhelaban&#8221; la religión de sus  conquistadores europeos.</p>
<p>- Se ha desperdiciado la oportunidad de  ayudar a los pueblos africanos en la lucha contra la superpoblación,  aprobando los métodos anticonceptivos, y en la lucha contra el sida,  admitiendo el uso de preservativos.</p>
<p>- Se ha desperdiciado la  oportunidad de concluir la paz con las ciencias modernas: reconociendo  inequívocamente la teoría de la evolución y aprobando de forma  diferenciada nuevos ámbitos de investigación, como el de las células  madre.</p>
<p>- Se ha desperdiciado la oportunidad de que también el  Vaticano haga, finalmente, del espíritu del Concilio Vaticano II la  brújula de la Iglesia católica, impulsando sus reformas.</p>
<p>Este  último punto, estimados obispos, es especialmente grave. Una y otra vez,  este Papa relativiza los textos conciliares y los interpreta de forma  retrógrada contra el espíritu de los padres del concilio. Incluso se  sitúa expresamente contra el concilio ecuménico, que según el derecho  canónico representa la autoridad suprema de la Iglesia católica:</p>
<p>-  Ha readmitido sin condiciones en la Iglesia a los obispos de la  Hermandad Sacerdotal San Pío X, ordenados ilegalmente fuera de la  Iglesia católica y que rechazan el concilio en aspectos centrales.</p>
<p>-  Apoya con todos los medios la misa medieval tridentina y él mismo  celebra ocasionalmente la eucaristía en latín y de espaldas a los  fieles.</p>
<p>- No lleva a efecto el entendimiento con la Iglesia  anglicana, firmado en documentos ecuménicos oficiales (ARCIC), sino que  intenta atraer a la Iglesia católico-romana a sacerdotes anglicanos  casados renunciando a aplicarles el voto de celibato.</p>
<p>- Ha  reforzado los poderes eclesiales contrarios al concilio con el  nombramiento de altos cargos anticonciliares (en la Secretaría de Estado  y en la Congregación para la Liturgia, entre otros) y obispos  reaccionarios en todo el mundo.</p>
<p>El Papa Benedicto XVI parece  alejarse cada vez más de la gran mayoría del pueblo de la Iglesia, que  de todas formas se ocupa cada vez menos de Roma y que, en el mejor de  los casos, aún se identifica con su parroquia y sus obispos locales.</p>
<p>Sé  que algunos de vosotros padecéis por el hecho de que el Papa se vea  plenamente respaldado por la curia romana en su política anticonciliar.  Esta intenta sofocar la crítica en el episcopado y en la Iglesia y  desacreditar por todos los medios a los críticos. Con una renovada  exhibición de pompa barroca y manifestaciones efectistas cara a los  medios de comunicación, Roma trata de exhibir una Iglesia fuerte con un  &#8220;representante de Cristo&#8221; absolutista, que reúne en su mano los poderes  legislativo, ejecutivo y judicial. Sin embargo, la política de  restauración de Benedicto ha fracasado. Todas sus apariciones públicas,  viajes y documentos no son capaces de modificar en el sentido de la  doctrina romana la postura de la mayoría de los católicos en cuestiones  controvertidas, especialmente en materia de moral sexual. Ni siquiera  los encuentros papales con la juventud, a los que asisten sobre todo  agrupaciones conservadoras carismáticas, pueden frenar los abandonos de  la Iglesia ni despertar más vocaciones sacerdotales.</p>
<p>Precisamente  vosotros, como obispos, lo lamentaréis en lo más profundo: desde el  concilio, decenas de miles de obispos han abandonado su vocación, sobre  todo debido a la ley del celibato. La renovación sacerdotal, aunque  también la de miembros de las órdenes, de hermanas y hermanos laicos, ha  caído tanto cuantitativa como cualitativamente. La resignación y la  frustración se extienden en el clero, precisamente entre los miembros  más activos de la Iglesia. Muchos se sienten abandonados en sus  necesidades y sufren por la Iglesia. Puede que ese sea el caso en muchas  de vuestras diócesis: cada vez más iglesias, seminarios y parroquias  vacíos. En algunos países, debido a la carencia de sacerdotes, se finge  una reforma eclesial y las parroquias se refunden, a menudo en contra de  su voluntad, constituyendo gigantescas &#8220;unidades pastorales&#8221; en las que  los escasos sacerdotes están completamente desbordados.</p>
<p>Y ahora, a  las muchas tendencias de crisis todavía se añaden escándalos que claman  al cielo: sobre todo el abuso de miles de niños y jóvenes por clérigos  -en Estados Unidos, Irlanda, Alemania y otros países- ligado todo ello a  una crisis de liderazgo y confianza sin precedentes. No puede  silenciarse que el sistema de ocultamiento puesto en vigor en todo el  mundo ante los delitos sexuales de los clérigos fue dirigido por la  Congregación para la Fe romana del cardenal Ratzinger (1981-2005), en la  que ya bajo Juan Pablo II se recopilaron los casos bajo el más estricto  secreto. Todavía el 18 de mayo de 2001, Ratzinger enviaba un escrito  solemne sobre los delitos más graves (<em>Epistula de delitos gravioribus</em>)  a todos los obispos. En ella, los casos de abusos se situaban bajo el <em>secretum  pontificium</em>, cuya vulneración puede atraer severas penas canónicas.  Con razón, pues, son muchos los que exigen al entonces prefecto y ahora  Papa un <em>mea culpa</em> personal. Sin embargo, en Semana Santa ha  perdido la ocasión de hacerlo. En vez de ello, el Domingo de Ramos movió  al decano del colegio cardenalicio a levantar <em>urbi et orbe</em> testimonio de su inocencia.</p>
<p>Las consecuencias de todos estos  escándalos para la reputación de la Iglesia católica son devastadoras.  Esto es algo que también confirman ya dignatarios de alto rango.  Innumerables curas y educadores de jóvenes sin tacha y sumamente  comprometidos padecen bajo una sospecha general. Vosotros, estimados  obispos, debéis plantearos la pregunta de cómo habrán de ser en el  futuro las cosas en nuestra Iglesia y en vuestras diócesis. Sin embargo,  no querría bosquejaros un programa de reforma; eso ya lo he hecho en  repetidas ocasiones, antes y después del concilio. Sólo querría  plantearos seis propuestas que, es mi convicción, serán respaldadas por  millones de católicos que carecen de voz.</p>
<p><strong>1.</strong> No callar: en  vista de tantas y tan graves irregularidades, el silencio os hace  cómplices. Allí donde consideréis que determinadas leyes, disposiciones y  medidas son contraproducentes, deberíais, por el contrario, expresarlo  con la mayor franqueza. ¡No enviéis a Roma declaraciones de sumisión,  sino demandas de reforma!</p>
<p><strong>2.</strong> Acometer reformas: en la  Iglesia y en el episcopado son muchos los que se quejan de Roma, sin que  ellos mismos hagan algo. Pero hoy, cuando en una diócesis o parroquia  no se acude a misa, la labor pastoral es ineficaz, la apertura a las  necesidades del mundo limitada, o la cooperación mínima, la culpa no  puede descargarse sin más sobre Roma. Obispo, sacerdote o laico, todos y  cada uno han de hacer algo para la renovación de la Iglesia en su  ámbito vital, sea mayor o menor. Muchas grandes cosas en las parroquias y  en la Iglesia entera se han puesto en marcha gracias a la iniciativa de  individuos o de grupos pequeños. Como obispos, debéis apoyar y alentar  tales iniciativas y atender, ahora mismo, las quejas justificadas de los  fieles.</p>
<p><strong>3.</strong> Actuar colegiadamente: tras un vivo debate y  contra la sostenida oposición de la curia, el concilio decretó la  colegialidad del Papa y los obispos en el sentido de los <em>Hechos de  los Apóstoles,</em> donde Pedro tampoco actuaba sin el colegio  apostólico. Sin embargo, en la época posconciliar los papas y la curia  han ignorado esta decisión central del concilio. Desde que el papa Pablo  VI, ya a los dos años del concilio, publicara una encíclica para la  defensa de la discutida ley del celibato, volvió a ejercerse la doctrina  y la política papal al antiguo estilo, no colegiado. Incluso hasta en  la liturgia se presenta el Papa como autócrata, frente al que los  obispos, de los que gusta rodearse, aparecen como comparsas sin voz ni  voto. Por tanto, no deberíais, estimados obispos, actuar solo como  individuos, sino en comunidad con los demás obispos, con los sacerdotes y  con el pueblo de la Iglesia, hombres y mujeres.</p>
<p><strong>4.</strong> La  obediencia ilimitada sólo se debe a Dios: todos vosotros, en la solemne  consagración episcopal, habéis prestado ante el Papa un voto de  obediencia ilimitada. Pero sabéis igualmente que jamás se debe  obediencia ilimitada a una autoridad humana, solo a Dios. Por tanto,  vuestro voto no os impide decir la verdad sobre la actual crisis de la  Iglesia, de vuestra diócesis y de vuestros países. ¡Siguiendo en todo el  ejemplo del apóstol Pablo, que se enfrentó a Pedro y tuvo que &#8220;decirle  en la cara que actuaba de forma condenable&#8221; (Gal 2, 11)! Una presión  sobre las autoridades romanas en el espíritu de la hermandad cristiana  puede ser legítima cuando estas no concuerden con el espíritu del  Evangelio y su mensaje. La utilización del lenguaje vernáculo en la  liturgia, la modificación de las disposiciones sobre los matrimonios  mixtos, la afirmación de la tolerancia, la democracia, los derechos  humanos, el entendimiento ecuménico y tantas otras cosas sólo se han  alcanzado por la tenaz presión desde abajo.</p>
<p><strong>5.</strong> Aspirar a  soluciones regionales: es frecuente que el Vaticano haga oídos sordos a  demandas justificadas del episcopado, de los sacerdotes y de los laicos.  Con tanta mayor razón se debe aspirar a conseguir de forma inteligente  soluciones regionales. Un problema especialmente espinoso, como sabéis,  es la ley del celibato, proveniente de la Edad Media y que se está  cuestionando con razón en todo el mundo precisamente en el contexto de  los escándalos por abusos sexuales. Una modificación en contra de la  voluntad de Roma parece prácticamente imposible. Sin embargo, esto no  nos condena a la pasividad: un sacerdote que tras madura reflexión  piense en casarse no tiene que renunciar automáticamente a su estado si  el obispo y la comunidad le apoyan. Algunas conferencias episcopales  podrían proceder con una solución regional, aunque sería mejor aspirar a  una solución para la Iglesia en su conjunto. Por tanto:</p>
<p><strong>6.</strong> Exigir un concilio: así como se requirió un concilio ecuménico para la  realización de la reforma litúrgica, la libertad de religión, el  ecumenismo y el diálogo interreligioso, lo mismo ocurre en cuanto a  solucionar el problema de la reforma, que ha irrumpido ahora de forma  dramática. El concilio reformista de Constanza en el siglo previo a la  Reforma acordó la celebración de concilios cada cinco años, disposición  que, sin embargo, burló la curia romana. Sin duda, esta hará ahora  cuanto pueda para impedir un concilio del que debe temer una limitación  de su poder. En todos vosotros está la responsabilidad de imponer un  concilio o al menos un sínodo episcopal representativo.</p>
<p>La  apelación que os dirijo en vista de esta Iglesia en crisis, estimados  obispos, es que pongáis en la balanza la autoridad episcopal,  revalorizada por el concilio. En esta situación de necesidad, los ojos  del mundo están puestos en vosotros. Innúmeras personas han perdido la  confianza en la Iglesia católica. Para recuperarla sólo valdrá abordar  de forma franca y honrada los problemas y las reformas consecuentes. Os  pido, con todo el respeto, que contribuyáis con lo que os corresponda,  cuando sea posible en cooperación con el resto de los obispos; pero, si  es necesario, también en solitario, con &#8220;valentía&#8221; apostólica (Hechos 4,  29-31). Dad a vuestros fieles signos de esperanza y aliento y a nuestra  iglesia una perspectiva.</p>
<p>Os saluda, en la comunión de la fe  cristiana, Hans Küng.</p>
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		<title>A Papal Conversion</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/29423/a-papal-conversion/</link>
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		<pubDate>Sun, 28 Mar 2010 21:28:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Delitos sexuales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>John L. Allen Jr.</strong>, the senior correspondent for The National Catholic Reporter and the author of <em>The Rise of Benedict XVI</em> (THE NEW YORK TIMES, 28/03/10):</p>
<p>In light of recent revelations, Pope Benedict XVI now seems to  symbolize the tremendous failure by the Catholic Church to crack down on  the sexual abuse of children. Both the pope’s brief stint as a bishop  in Germany 30 years ago and his quarter-century as a top Vatican  official are being scoured for records of abusive priests whom he failed  to stop, and each case seems to strengthen the indictment.</p>
<p>For example, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29423/a-papal-conversion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>John L. Allen Jr.</strong>, the senior correspondent for The National Catholic Reporter and the author of <em>The Rise of Benedict XVI</em> (THE NEW YORK TIMES, 28/03/10):</p>
<p>In light of recent revelations, Pope Benedict XVI now seems to  symbolize the tremendous failure by the Catholic Church to crack down on  the sexual abuse of children. Both the pope’s brief stint as a bishop  in Germany 30 years ago and his quarter-century as a top Vatican  official are being scoured for records of abusive priests whom he failed  to stop, and each case seems to strengthen the indictment.</p>
<p>For example, considerable skepticism surrounds<a title="Times article on Vatican statement" href="http://www.nytimes.com/2010/03/27/world/europe/27pope.html?ref=world"> the Vatican’s insistence  that in 1980 the pope, then Archbishop Joseph Ratzinger of Munich, was  unaware of a decision</a> to transfer a known pedophile priest to his  diocese and give him duties in a parish. In some ways, the question of  what he knew at the time is almost secondary, since it happened on his  watch and ultimately he has to bear the responsibility. However, all the  criticism is obscuring something equally important: For anyone who  knows the Vatican’s history on this issue, Benedict XVI isn’t just part  of the problem. He’s also a major chapter in the solution.</p>
<p>To understand that, it’s necessary to wind the clock back a decade.  Before then, no Vatican office had clear responsibility for cases of  priests accused of sexual abuse, which instead were usually handled —  and often ignored — at the diocesan level. In 2001, however, Pope John  Paul II assigned responsibility to the Congregation for the Doctrine of  the Faith, the Vatican’s all-important doctrinal office, which was  headed by Joseph Ratzinger, then a cardinal.</p>
<p>As a result, bishops were required to send their case files to  Cardinal Ratzinger’s office. By all accounts, he studied them with care,  making him one of the few churchmen anywhere in the world to have read  the documentation on virtually every Catholic priest accused of sexual  abuse. The experience gave him a familiarity with the pervasiveness of  the problem that virtually no other figure in the Catholic Church can  claim. And driven by that encounter with what he would later refer to as  “filth” in the church, Cardinal Ratzinger seems to have undergone a  transformation. From that point forward, he and his staff were  determined to get something done.</p>
<p>One crucial issue Cardinal Ratzinger had to resolve was how to handle  the church’s internal disciplinary procedures for abusive priests.  Early on, reformers worried that Rome would insist on full trials in  church courts before a priest could be removed from ministry or  defrocked. Those trials were widely seen as slow, cumbersome and  uncertain, yet many in the Vatican thought they were needed to protect  the due process rights of the accused.</p>
<p>In the end, Cardinal Ratzinger and his team approved direct  administrative action in roughly 60 percent of the cases. Having sorted  through the evidence, they concluded that in most cases swift action was  more important than preserving the church’s legal formalities.</p>
<p>Among Vatican insiders, the Congregation for the Doctrine of the  Faith became the primary force pushing for a tough response to the  crisis. Other departments sometimes regarded the “zero tolerance” policy  as an over-reaction, not to mention a distortion of the church’s  centuries-long legal tradition, in which punishments are supposed to fit  the crime, and in which bishops and other superiors have great leeway  in meting out discipline.</p>
<p>After being elected pope, Benedict made the abuse cases a priority.  One of his first acts was to discipline two high-profile clerics against  whom sex abuse allegations had been hanging around for decades, but had  previously been protected at the highest levels.</p>
<p>He is also the first pope ever to meet with victims of abuse, which  he did in the United States and Australia in 2008. He spoke openly about  the crisis some five times during his 2008 visit to the United States.  And he became the first pope to devote an entire document to the  sex-abuse crisis, <a title="Benedict’s pastoral letter to Ireland" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2010/documents/hf_ben-xvi_let_20100319_church-ireland_en.html">his pastoral letter to  Ireland</a>.</p>
<p>What we are left with are two distinct views of the scandal. The  outside world is outraged, rightly, at the church’s decades of ignoring  the problem. But those who understand the glacial pace at which change  occurs in the Vatican understand that Benedict, admittedly late in the  game but more than any other high-ranking official, saw the gravity of  the situation and tried to steer a new course.</p>
<p>Be that as it may, Benedict now faces a difficult situation inside  the church. From the beginning, the sexual abuse crisis has been  composed of two interlocking but distinct scandals: the priests who  abused, and the bishops who failed to clean it up. The impact of  Benedict’s post-2001 conversion has been felt mostly at that first  level, and he hasn’t done nearly as much to enforce new accountability  measures for bishops.</p>
<p>That, in turn, is what makes revelations about his past so  potentially explosive. Can Benedict credibly ride herd on other bishops  if his own record, at least before 2001, is no better? The church’s  legitimacy rests in large part on that question.</p>
<p>Yet to paint Benedict XVI as uniquely villainous doesn’t do justice  to his record. The pope may still have much ground to cover, but he  deserves credit for how far he’s come.</p>
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		<title>Pope Benedict is the man on the money</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/25808/pope-benedict-is-the-man-on-the-money/</link>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2009 16:17:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Lord Griffiths of Fforestfach</strong>, a trustee of the Archbishop of Canterbury’s Lambeth Trust and Vice-Chairman of Goldman Sachs International (THE TIMES, 13/07/09):</p>
<p>When Cardinal Ratzinger was elected Pope, his strengths and weaknesses seemed  clear. Here was an eminent theologian, philosopher and guardian of Christian  truth, but a man unlikely to make the Church’s message relevant to the world  today. How simplistic this now looks in the light of his third encyclical,  in which Pope Benedict XVI confronts head-on the financial crisis that has  rocked the world.</p>
<p>The language may be dense, but the message is sufficiently rewarding. The  &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/25808/pope-benedict-is-the-man-on-the-money/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Lord Griffiths of Fforestfach</strong>, a trustee of the Archbishop of Canterbury’s Lambeth Trust and Vice-Chairman of Goldman Sachs International (THE TIMES, 13/07/09):</p>
<p>When Cardinal Ratzinger was elected Pope, his strengths and weaknesses seemed  clear. Here was an eminent theologian, philosopher and guardian of Christian  truth, but a man unlikely to make the Church’s message relevant to the world  today. How simplistic this now looks in the light of his third encyclical,  in which Pope Benedict XVI confronts head-on the financial crisis that has  rocked the world.</p>
<p>The language may be dense, but the message is sufficiently rewarding. The  encyclical analyses modern capitalism from an ethical and spiritual  perspective as well as a technical one. As a result it makes the  Government’s White Paper on financial reforms published two days later look  embarrassingly one-dimensional and colourless.</p>
<p>It is highly critical of today’s global economy but always positive. Its major  concern is how to promote human development in the context of justice and  the common good. Despite heavy competition from some of the world’s finest  minds, it is without doubt the most articulate, comprehensive and thoughtful  response to the financial crisis that has yet appeared. It should strike a  chord with all who wish to see modern capitalism serving broader human ends.</p>
<p>The Pope makes it clear that the encyclical takes its inspiration from <em>Populorum  Progressio,</em> the encyclical published by Paul VI in 1967, at the height  of anti-capitalism in Europe. It attacked liberal capitalism, was ambivalent  about economic growth, recommended expropriation of landed estates if poorly  used and enthused about economic planning.</p>
<p>It was in stark contrast to <em>Centesimus Annus</em> (1991), the most recent  encyclical dealing with economic matters, published after the fall of  communism by a Polish Pope. John Paul II affirmed the market economy as a  way of producing wealth by allowing human creativity and enterprise to  flourish.</p>
<p>Pope Benedict is highly critical of modern capitalism. He believes that the  international economy is marked by “grave deviations and failures”. Economic  growth is weighed down by “malfunctions and dramatic problems”. Businesses  that are answerable almost exclusively to their investors have limited  social value. The financial system has been abused by speculative financial  dealing and has wreaked havoc on the real economy. Globalisation has  undermined the rights of workers, downsized social security systems and  exploited the environment. As global prosperity has grown, so has “the  scandal of glaring inequalities”.</p>
<p>Despite these criticisms, the encyclical has a positive view of profit,  providing it is not an exclusive goal. It recognises that more labour  mobility resulting from deregulation can increase wealth. It accepts that  economic growth has lifted billions out of poverty and enabled some  developing countries to become effective players in international politics.  Globalisation offers an unprecedented chance of large-scale redistribution  of wealth worldwide.</p>
<p>The kind of market economy Pope Benedict defends is much closer to the  European social model than the “spontaneous order” of Milton Friedman and  Friedrich Hayek. For him, market capitalism can never be conceived of in  purely technical terms. Development is not just about freeing up markets,  removing tariffs, increasing investment and reforming institutions. It is  not even about social policies to accompany economic reforms. At the heart  of the market is the human person, possessing dignity, deserving of justice  and bearing the divine image. The market needs to be infused with a morality  emanating from Christian humanism, which respects truth and encourages  charity.</p>
<p>The encyclical suggests six major ways to make global capitalism more human.  First, it calls for “the management of globalisation” and a reform of  international economic institutions. They are needed “to manage the global  economy, to revive economies hit by the crisis, to avoid any deterioration  of the present crisis . . . to guarantee the protection of the environment  and to regulate migration”. Not surprisingly, for this huge task we need “a  true world political authority” through reform of the United Nations.</p>
<p>Next, there needs to be greater diversity among the enterprises that create  wealth: mutual societies, credit unions and hybrid forms of commercial  organisation. Third, globalisation has weakened the ability of trade unions  to represent the interests of workers, something that needs to be reversed.  Fourth, the scandal of inequality requires countries to increase the  proportion of GDP given as foreign aid.</p>
<p>Fifth, because the environment is the gift of the Creator we have an  intergenerational responsibility to tackle climate change.</p>
<p>Finally, everyone involved in the market, traders, producers, bankers — even  consumers — must be alert to the moral consequences of their actions.  “Development is impossible without upright men and women, without financiers  and politicians whose consciences are finely attuned to the common good.”</p>
<p>Pope Benedict’s words are not just platitudes. They affect every person at  work every day. In the City they are a challenge to management to create a  culture of prudence, responsibility and integrity.</p>
<p>There has to be zero tolerance for misleading clients, fudging conflicts of  interest and inflating valuations. However great the revenue they produce,  those who deviate must be disciplined. This kind of ethos cannot be imposed  by regulation alone.</p>
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		<title>Ratzinger, un Papa solo y valiente</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/25071/ratzinger-un-papa-solo-y-valiente/</link>
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		<pubDate>Wed, 13 May 2009 13:18:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Filippo di Giacomo</strong>, canonista y editorialista-analista del diario <em>La Stampa.</em> Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 13/05/09):</p>
<p>Como hacen decir los novelistas a los jueces en los tribunales de papel, tratemos de dar la palabra a la defensa. &#8220;A mí ya me han diseccionado varias veces: el profesor de la primera etapa y el de la etapa intermedia, el primer cardenal y el de después. Ahora se añade otro segmento más. Como es natural, las circunstancias, las situaciones y las personas influyen, porque asumen distintas responsabilidades. Digamos que mi personalidad y mi visión fundamental han madurado, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/25071/ratzinger-un-papa-solo-y-valiente/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Filippo di Giacomo</strong>, canonista y editorialista-analista del diario <em>La Stampa.</em> Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 13/05/09):</p>
<p>Como hacen decir los novelistas a los jueces en los tribunales de papel, tratemos de dar la palabra a la defensa. &#8220;A mí ya me han diseccionado varias veces: el profesor de la primera etapa y el de la etapa intermedia, el primer cardenal y el de después. Ahora se añade otro segmento más. Como es natural, las circunstancias, las situaciones y las personas influyen, porque asumen distintas responsabilidades. Digamos que mi personalidad y mi visión fundamental han madurado, pero todo lo que es esencial ha permanecido idéntico. Me alegro de que ahora se adviertan además aspectos que antes no se veían&#8221;.</p>
<p>La cita es larga pero merece la pena recordarla porque es la autobiografía sintetizada que hizo de sí mismo Benedicto XVI a un periodista que le entrevistaba en 2006. El cronista había hecho notar al Papa una supuesta diferencia entre el <em>panzer kardinal</em> que dirigía la Congregación para la Doctrina de la Fe y el tímido Benedicto XVI que lleva el timón de la nave de Pedro. El hecho de que a Benedicto XVI le aguardaba una gran tarea se intuyó minutos después de las 18.04 horas del 19 de abril de 2005, con la fumata blanca y su primera bendición <em>urbi et orbi. </em>Que esa gran tarea iba a abordarla prácticamente solo lo estamos comprendiendo poco a poco, con el paso de los meses y los años. Benedicto XVI no ha logrado ganarse la simpatía de la gran prensa italiana e internacional, que en gran parte continúa mostrándole una actitud hostil.</p>
<p>Y tampoco las altas jerarquías de la Iglesia parecen mostrar una solidaridad especial con un Papa tan apacible como valeroso. Desde el mismo abril de 2005, la resistencia a sus directrices en el propio Vaticano fue tenaz y extendida. Y sigue siéndolo dentro de esa mezcla de fracasados de la diplomacia y paternalistas sudamericanos, ya mayores de 70 años pero todavía desesperadamente aferrados al sillón, que bloquean desde hace años el funcionamiento de la Santa Sede con mediocres disputas internas y personalismos enredadores.</p>
<p>Pero empecemos desde el principio. ¿Por qué, en un cónclave formado -salvo una excepción- por cardenales nombrados por Juan Pablo II, los 114 electores escogieron al único que llevaba aún la púrpura concedida por Pablo VI? En una famosa entrevista del año 2000, el entonces Prefecto de la Doctrina de la Fe tomaba nota de que casi nada de lo que elaboraba su Congregación encontraba una acogida verdaderamente positiva. En los años del &#8220;woj-tylianismo público&#8221;, entre los esfuerzos organizativos y mediáticos que hacían que fuese tan preponderante en el mundo de la comunicación la presencia del pontífice polaco, eran pocos los que tenían tiempo para darse cuenta de la coherencia con el Concilio implícita en el método de trabajo del cardenal-teólogo. Que, en todos sus años de magisterio en Roma, ha firmado siempre y exclusivamente documentos discutidos punto por punto con el episcopado mundial, lo cual ha permitido aclarar la debilidad de las premisas y la parcialidad de los argumentos que, ante el cónclave y con gran apoyo de los medios de comunicación, producían y propagaban los grandes agentes del <em>wojtylianismo.</em></p>
<p>Si hoy el mundo católico no vive bajo la ferocidad pastoral de una <em>Summa vitae</em> promulgada como dogma, sino que avanza iluminado por la luz intensa (aunque problemática) de tres encíclicas dedicadas a los temas éticos impuestos por la vida, se lo debe a un Ratzinger teólogo que no ha rechazado jamás el diálogo ni la discusión. Y que, a diferencia de Juan Pablo II (capaz de contradecir con desenvoltura incluso lo que él mismo había afirmado el día anterior), siempre ha sabido vincular su teología a todos los momentos creativos que, desde Juan XXIII hasta nuestros días, ha concedido el Espíritu a su Iglesia.</p>
<p>Como cardenal, en los años en los que los vaticanistas esperaban acceder a un sistema capaz de transformar en <em>best sellers</em> periodísticos unas ilusiones ópticas muy toleradas y bien recompensadas -siempre que se redactasen por encargo de los miembros de corbata del Opus Dei-, Rat-zinger era objeto de poco seguimiento. Con su elección como Papa, recibió como regalo las multitudes que el Pueblo de Dios vierte a diario a su paso y que, desde hace ya cuatro años, siguen sus homilías con una atención que no deja de asombrar.</p>
<p>Sólo con recordar algún gran acontecimiento de la época de Wojtyla, los actos de Ratzinger pueden parecer minimalistas, desarrollados a partir de una expresividad simbólica que está relacionada con la liturgia que él celebra con gran autoridad. Su magisterio está totalmente centrado en la palabra desnuda: homilías, Ángelus, catequesis, discursos y, hasta ahora, sólo dos encíclicas. En este sereno y tenaz intento de vincular su autoridad exclusivamente a la Palabra de Dios, Benedicto XVI está volviendo a acostumbrar a los católicos a fijarse en lo esencial, no en su persona sino en Jesucristo vivo y presente en su Iglesia.</p>
<p>Al contrario que el <em>wojtylianismo,</em> con su fecunda complejidad, el <em>ratzingerismo</em> no admite contradicciones entre las luces del escenario y la penumbra de la trastienda, porque, como ha explicado, &#8220;el cristianismo, el catolicismo, no son un cúmulo de prohibiciones, sino una opción positiva. Y es muy importante que se vea de nuevo, porque esa conciencia, hoy, prácticamente ha desaparecido. Se ha oído tanto hablar de lo que no está permitido&#8230;&#8221;.</p>
<p>La glosa que añade a este principio es que es en la liturgia donde encuentra los temas para expresar este y otros mensajes fundamentales de la fe. Y que de esa fuente, y esos temas, su voz &#8220;se inserta en la actualidad de hoy, en la que, ante todo, queremos buscar la colaboración de los pueblos y las vías posibles hacia la reconciliación y la paz&#8221;. Para los católicos comprometidos en la política y la labor social, la señal objetiva contenida en las reflexiones de Benedicto XVI debería estar muy clara: es posible encontrar, partiendo del magisterio pontificio, una discusión seria y profunda sobre los grandes problemas teológicos e históricos de nuestra época y sobre las premisas por las que se rigen. Al observar el Cielo por encima de la Iglesia actual, el papa Ratzinger lee en él todas las palabras importantes, y casi siempre nuevas, que desde el magisterio pontificio y el episcopal nos invitan al diálogo, el trabajo, el valor, la fantasía política, la comunión social. Todas ellas, palabras que prescinden de una &#8220;cultura confesional&#8221; específica e invitan a una clara interiorización de los valores fundamentales en una sociedad civil que se convierte así en el <em>topos,</em> el lugar en el que el diálogo, el altruismo, la sinceridad, la asunción de responsabilidades políticas y económicas, la honradez, el auténtico espíritu de democracia y la serenidad de las relaciones sociales encarnan un precepto evangélico fundamental.</p>
<p>Y mientras Benedicto XVI nos entrega su &#8220;teología de la sociedad civil&#8221;, en Europa entran en el seminario los primeros jóvenes llegados a la edad de la razón tras la caída del muro de Berlín. En Latinoamérica, la mitad de los obispos no recuerda los desgarros posteriores a la reunión de Medellín. En Estados Unidos y el resto del mundo anglosajón, los obispos incapaces y sin vergüenza han sido marginados y los católicos están impulsando una nueva etapa eclesial en la que a nadie le está autorizado minimizar el dolor de quienes han sufrido los pecados cometidos por los hombres de la Iglesia.</p>
<p>En una África (como demostró Benedicto XVI en sus discursos de Camerún y Angola) entregada por cuatro perras a las trivializaciones de los hombres del rock y las ONG, la Iglesia construye cultura y libertad. La buena noticia es ésta: esta vez, al menos, los africanos no se han dejado meter en la cabeza el preservativo de las multinacionales farmacéuticas de capital francés, alemán y belga-holandés. Prueben a localizar en un motor de búsqueda, en francés o en inglés, las palabras clave de la reciente visita papal a África, y verán que en el Continente Negro todos comprendieron el sentido político de la declaración con la que, recién llegado a Yaundé, Benedicto XVI reivindicó el derecho a la salud y, por tanto, a los cuidados gratuitos, para todos. Pongan después el nombre de Nicolas Sarkozy y verán cómo y por qué se encontró con oposición tanto en Senegal en enero como en Congo a finales de marzo. Porque, aunque uno quiera ir de laico y progresista, para comprender el mundo hace falta tener también ojos para ver y oídos para escuchar.</p>
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		<title>The Pope is deeply suspect to Jewish eyes</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/25016/the-pope-is-deeply-suspect-to-jewish-eyes/</link>
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		<pubDate>Mon, 11 May 2009 05:04:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Stephen Pollard</strong>, editor of <em>The Jewish Chronicle</em> (THE TIMES, 11/05/09):</p>
<p>ven when it was first announced last December, Pope Benedict’s visit to Israel looked misguided. Today, as he steps on to Israeli soil, it seems likely to worsen, rather than improve, damaged relations between the Catholic Church and Jews.</p>
<p>Take the earliest public act of Pope Benedict XVI. As a young man, Thomas Ratzinger was in the Hitler Youth and enlisted with the Wehrmacht. Yes, he had the excuse that this was standard practice for young German men at the time. But it is hardly the most propitious &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/25016/the-pope-is-deeply-suspect-to-jewish-eyes/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Stephen Pollard</strong>, editor of <em>The Jewish Chronicle</em> (THE TIMES, 11/05/09):</p>
<p>ven when it was first announced last December, Pope Benedict’s visit to Israel looked misguided. Today, as he steps on to Israeli soil, it seems likely to worsen, rather than improve, damaged relations between the Catholic Church and Jews.</p>
<p>Take the earliest public act of Pope Benedict XVI. As a young man, Thomas Ratzinger was in the Hitler Youth and enlisted with the Wehrmacht. Yes, he had the excuse that this was standard practice for young German men at the time. But it is hardly the most propitious CV entry for popularity with Jews.</p>
<p>What was certainly not standard practice was his decision in 2004, when representing John Paul II at the 60th anniversary of the Allied landings in Normandy, to visit La Cambe cemetery. Slipping away after official events, he took a 20-minute drive to the graves of the Waffen SS panzer division, Das Reich, including men such as Sturmbannführer Adolf Diekmann, who commanded the troops who murdered 642 villagers in Oradour-sur-Glane. Ratzinger said that it was not for him to judge the men at La Cambe, “into whose conscience only God can see”.</p>
<p>So this Pope was already deeply suspect in the eyes of many Jews. Far worse, however, was his invitation this year to Bishop Richard Williamson, a Holocaust denier, to return to the Catholic fold. The excuse — that Benedict had no idea of his views — was ridiculously implausible. Williamson was infamous. Does the Vatican not have access to Google?</p>
<p>And last July he widened the use of the 1962 Latin Tridentine Mass, which includes a Good Friday prayer asking Catholics to “pray also for the Jews that the Lord our God may take the veil from their hearts and that they also may acknowledge Our Lord Jesus Christ”, asking God not to “refuse your mercy even to the Jews; hear the prayers which we offer for the blindness of that people so that they may acknowledge the light of your truth, which is Christ, and be delivered from their darkness”.</p>
<p>Negotiations surrounding his itinerary have been fraught. The Vatican objected to part of his visit to Yad Vashem, the Jerusalem memorial to the six million Jews murdered in the Holocaust, because one exhibit discusses Pope Pius XII’s “neutral position”. In a compromise, he will bypass that room.</p>
<p>If ever there was a case for avoiding public display and concentrating on quiet activity, surely it is this. Instead of a visit that risks inflaming already heated passions, far better to let the Pope’s future deeds demonstrate that his actions to date have been an aberration.</p>
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		<item>
		<title>Can the Pope Bring the Peace?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/24954/can-the-pope-bring-the-peace/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/24954/can-the-pope-bring-the-peace/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 06 May 2009 05:44:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Próximo-Medio Oriente]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Palestina]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=24954</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>John L. Allen Jr.</strong>, the senior correspondent of  The National Catholic Reporter (THE NEW YORK TIMES, 06/05/09):</p>
<p>Symbolic gestures are the tools of any leader’s trade, but nowhere do they spell the difference between life and death quite like the Middle East. For example, the visit in 2000 by Ariel Sharon, the former Israeli prime minister, to Temple Mount in Jerusalem, the site of two Islamic shrines, helped set off the second intifada.</p>
<p>Thus when Pope Benedict XVI visits Jordan, Israel and the Palestinian territories starting on Friday, the world may be excused for holding its breath. In &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/24954/can-the-pope-bring-the-peace/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>John L. Allen Jr.</strong>, the senior correspondent of  The National Catholic Reporter (THE NEW YORK TIMES, 06/05/09):</p>
<p>Symbolic gestures are the tools of any leader’s trade, but nowhere do they spell the difference between life and death quite like the Middle East. For example, the visit in 2000 by Ariel Sharon, the former Israeli prime minister, to Temple Mount in Jerusalem, the site of two Islamic shrines, helped set off the second intifada.</p>
<p>Thus when Pope Benedict XVI visits Jordan, Israel and the Palestinian territories starting on Friday, the world may be excused for holding its breath. In his four years on the job, this pope has not always demonstrated a deft symbolic touch. If he simply manages to get back to Rome without starting a war, some might declare the trip a success.</p>
<p>Yet Benedict can, and should, do much more. Granted, the pope is not a politician, and this trip is more a pilgrimage than a diplomatic mission. Nonetheless, Benedict can make a unique contribution to the peace process at a moment when it obviously needs the help.</p>
<p>The reason for this is that popes enjoy a tremendous advantage over Western politicians in engaging the Middle East. This is the realm of “theopolitics,” where religious convictions always shape policy choices. A pope can engage those convictions in a way that secular trouble-shooters like former Senator George Mitchell, President Obama’s envoy to the Middle East, never could.</p>
<p>To be sure, Benedict doesn’t have the same reputation as a healer that his predecessor, John Paul II, had. The late pope was seen as a friend of both Jews and Muslims, while Benedict has had problems with both faiths. Diplomatically speaking, however, that’s far preferable to being perceived as a nemesis to one or the other. Even Benedict’s recent run of bad press in the West stemming from his comments on condoms and AIDS has an upside. It may make him a more sympathetic figure for devout Jews and Muslims, who know what it’s like to be on the wrong side of Western secular taboos.</p>
<p>If he plays his cards right, Benedict could  move things forward in four ways.</p>
<p>First, the pope can emphasize that the “two-state solution” to the Israeli-Palestinian conflict reflects a global moral consensus. He arrives at a moment of growing despair, after the new Israeli government seemed to cast doubt on its commitment to Palestinian statehood. Wielding the bully pulpit of the papacy, Benedict can stress that respecting the natural right of Palestinians to sovereignty isn’t about statecraft but about justice.</p>
<p>Yes, while in Israel Benedict will have to mend fences after his controversial decision in January to lift the excommunication of a Holocaust-denying bishop. He should not allow damage control, however, to blur his message about the urgency of a just peace.</p>
<p>Second, Benedict can insist that the Palestinians reject extremist elements within their leadership — an application of his broader push for a reformed Islam that respects both faith and reason. On that front, the pope has momentum. Since he angered Muslims in 2006 by citing a Byzantine emperor with nasty things to say about Muhammad, Benedict has improved his pitch, suggesting that Christianity and Islam ought to be natural allies against forms of secularism hostile to religion. Last month, for example, the Vatican signed a memorandum of understanding with the Arab League.</p>
<p>Benedict can now spend some of that capital, pressing Palestinians to embrace religious freedom, and Israel’s right to exist, as the price of admission to any Christian-Muslim partnership.</p>
<p>Third, Benedict can energize support for Christians in the Holy Land, who are poised on the brink of extinction. During the British mandate in Palestine, Christians were around 20 percent of the population; today they’re under 2 percent because of tremendous emigration.</p>
<p>Historically, Arab Christians have promoted a pluralistic vision of society, standing between resurgent Islamic fundamentalism and ultranationalist strains in Judaism. If they disappear, prospects for peace become dimmer. The pope must assure these believers that global Christianity will not abandon them.</p>
<p>Fourth, Benedict can advance the end game of the peace process by urging the leaders he meets with to bring Iran on board in all regional discussions. The Vatican has been holding talks with Iran’s Islamic Culture and Relations Organization, a government-affiliated body, for two decades. Moreover, Roman Catholicism and Shiite Islam, which dominates Iran, have a natural affinity: a strong clerical hierarchy, popular devotions and saintly intercessors, and a core theology of martyrdom. Benedict could open the door, leaving it up to the Iranians to walk through.</p>
<p>In the Middle East, religion is either part of the problem or part of the solution. The drama of the pope’s voyage comes down to which way he nudges things along.</p>
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		<title>Disquieting Words For the Faithful</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2008 07:46:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>E. J. Dionne Jr.</strong> (THE WASHINGTON POST, 18/04/08):</p>
<p>The most jarring word that <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Pope+Benedict+XVI?tid=informline">Pope Benedict XVI</a> is using during his visit to the United States is &#8220;countercultural.&#8221; The American sense of that term is shaped by the 1960s: free love, drugs, hippies, rock music and rebellion. Needless to say, that&#8217;s not what Benedict is preaching.</p>
<p>That word is the key to understanding how Benedict&#8217;s message runs crosswise to conventional liberalism and conservatism. Benedict came to the United States as a quiet but forceful critic of &#8220;an increasingly secular and materialistic culture,&#8221; as he put it during yesterday&#8217;s Mass. Almost &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/19562/disquieting-words-for-the-faithful/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>E. J. Dionne Jr.</strong> (THE WASHINGTON POST, 18/04/08):</p>
<p>The most jarring word that <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Pope+Benedict+XVI?tid=informline">Pope Benedict XVI</a> is using during his visit to the United States is &#8220;countercultural.&#8221; The American sense of that term is shaped by the 1960s: free love, drugs, hippies, rock music and rebellion. Needless to say, that&#8217;s not what Benedict is preaching.</p>
<p>That word is the key to understanding how Benedict&#8217;s message runs crosswise to conventional liberalism and conservatism. Benedict came to the United States as a quiet but forceful critic of &#8220;an increasingly secular and materialistic culture,&#8221; as he put it during yesterday&#8217;s Mass. Almost any American who paid attention to his sermon had to be uncomfortable because all of us are shaped by the very forces he was criticizing.</p>
<p>Benedict directly challenged an assumption so many Americans make about religion: that it is a matter of private devotion with few public implications.</p>
<p>Not true, said the pope. &#8220;Any tendency to treat religion as a private matter must be resisted,&#8221; he told the country&#8217;s Catholic bishops on Wednesday. &#8220;Only when their faith permeates every aspect of their lives do Christians become truly open to the transforming power of the Gospel.&#8221;</p>
<p>That is a demanding and unsettling standard for the right and the left alike. Benedict asked a pointed question: &#8220;Is it consistent for practicing Catholics to ignore or exploit the poor and the marginalized, to promote sexual behavior contrary to Catholic moral teaching, or to adopt positions that contradict the right to life of every human being from conception to natural death?&#8221;</p>
<p>This is the thinking of a communitarian counseling against radical individualism. &#8220;In a society which values personal freedom and autonomy,&#8221; he said, &#8220;it is easy to lose sight of our dependence on others as well as the responsibilities that we bear towards them. . . . We were created as social beings who find fulfillment only in love &#8212; for God and for our neighbor.&#8221; It is this attitude that Benedict described as &#8220;countercultural.&#8221;</p>
<p>There will be much pious talk among Catholics (I speak from the inside) about how marvelous Benedict&#8217;s words were, how warm and gentle he proved to be. Parodies that paint him as a heartless enforcer are, of course, false. He seemed determined to confess the church&#8217;s great sin in the sexual abuse scandal, and he asked again and again for forgiveness. He took the extra step yesterday of meeting with a group of victims of abuse. It was a good and necessary act of penance.</p>
<p>Yet there is a radicalism underlying Benedict&#8217;s view (he spoke yesterday of &#8220;a disturbing breakdown in the very foundations of society&#8221;) rooted in a rather different spirit from the one animating the church at the time of Pope John XXIII and the <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/The+Roman+Catholic+Church?tid=informline">Second Vatican Council</a> in the 1960s.</p>
<p>John saw it as imperative for the church to discern &#8220;the signs of the times&#8221; and was critical of excessive gloom about modernity. &#8220;Distrustful souls,&#8221; John wrote in 1961, &#8220;see only darkness burdening the face of the earth.&#8221;</p>
<p>Benedict is certainly not without hope. Indeed, his November encyclical on hope &#8212; to which he has made frequent references this week &#8212; is a moving and intellectually powerful argument on behalf of an often forgotten virtue. Yet Benedict is more inclined than John was to see the church as beleaguered. He is less eager to seek &#8220;the signs of the times&#8221; than to worry about Christians who &#8220;are easily tempted to conform themselves to the spirit of this age,&#8221; as he put it this week.</p>
<p>That&#8217;s why I suspect that American Catholics of all political hues will find themselves struggling with his message. For myself, I admire Benedict&#8217;s distinctly Catholic critique of radical individualism in both the moral and economic spheres, and his insistence that the Christian message cannot be divorced from the social and political realms.</p>
<p>Yet I do not see the &#8220;spirit of this age&#8221; as being quite so threatening to faith or human flourishing as Benedict seems to think. As the pope has acknowledged in the past, Catholicism has been enriched by its encounter with enlightenment thought. The church should not now close itself off to what our age has to teach about the equality of men and women or the virtues of more democratic structures in its internal life.</p>
<p>Perhaps it is the task of the leader of the Roman Catholic Church to bring discomfort to a people so thoroughly shaped by modernity, as we Americans are. If so, Benedict is succeeding.</p>
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		<title>The Vatican’s Relative Truth</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Dec 2007 17:26:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>John L. Allen Jr.</strong>, the senior correspondent for The National Catholic Reporter and author of <em>The Rise of Benedict XVI</em> (THE NEW YORK TIMES, 19/12/07):</p>
<p>Pope Benedict XVI has offered a couple of recent previews of what’s likely to be his core message to the United Nations next April, the projected highlight of his first visit to the United States. Last Tuesday, the pontiff released the text of his annual statement for the Vatican’s World Day of Peace, raising typical papal concerns like poverty and disarmament, but also a defense of the family based on heterosexual marriage and, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/18102/the-vatican%e2%80%99s-relative-truth/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>John L. Allen Jr.</strong>, the senior correspondent for The National Catholic Reporter and author of <em>The Rise of Benedict XVI</em> (THE NEW YORK TIMES, 19/12/07):</p>
<p>Pope Benedict XVI has offered a couple of recent previews of what’s likely to be his core message to the United Nations next April, the projected highlight of his first visit to the United States. Last Tuesday, the pontiff released the text of his annual statement for the Vatican’s World Day of Peace, raising typical papal concerns like poverty and disarmament, but also a defense of the family based on heterosexual marriage and, in the section reflecting Benedict’s budding environmentalism, a reminder of human supremacy over the animal kingdom.</p>
<p>Ten days earlier in Rome, Pope Benedict offered a more targeted message in a meeting with Catholic nongovernmental groups that work with the United Nations, delivering a stern warning against the “bitter fruits” of “relativistic logic” and a “refusal to admit the truth about man and his dignity.” Given the titanic battles the Vatican has waged against certain United Nations agencies over abortion and birth control, his comments were quickly spun by the Italian press as a major papal “attack” ahead of next year’s General Assembly address.</p>
<p>But if the pope’s words have fed expectations of a “High Noon”-style showdown, they are likely to be dashed. Benedict had no intention of making an anti-United Nations jeremiad. Like every pope since the birth of the United Nations in 1945, Benedict supports robust global governance, in a fashion that has long bewildered neoconservative critics of the United Nations in the United States and elsewhere. If there was anything remarkable in what he said, it’s only that the Vatican’s public-relations crew still hasn’t found a way to keep the pope from making cosmetic missteps that distract attention from his message.</p>
<p>While the Vatican may have its differences with United Nations agencies over sex, it also sees the organization as the lone realistic possibility for putting a human face on international politics and economics — what Pope John Paul II called a “globalization of solidarity.”</p>
<p>Moreover, Benedict undeniably has a point about relativism. From China to Iran to Zimbabwe, it’s common for authoritarian regimes to argue that rights like freedom of the press, religion and dissent represent Western — or even Anglo-American — traditions. If human rights are to be protected in a 21st century increasingly shaped by non-Western actors like China and the so-called Shiite axis from Lebanon to Central Asia, then a belief in objective truth grounded in universal human nature is critical. That’s hardly just a Catholic concern, but no one on the global scene is making the argument with the clarity of Benedict XVI.</p>
<p>Part of the problem is that so far, this cerebral pope has a track record of blurring such compelling arguments during his biggest turns on stage. When he visited Auschwitz in May 2006, for example, he offended some Jews by asserting that the Nazis tried to destroy Christianity too. Four months later, he set off a firestorm among Muslims with a lecture at the University of Regensburg by quoting a 14th-century Byzantine emperor to the effect that Muhammad brought “things only evil and inhuman,” such as “his command to spread by the sword the faith he preached.” And in Brazil last May, the pope incensed indigenous people in Latin America by suggesting that Christianity was not imposed on them.</p>
<p>In each case, Benedict was actually trying to make a deeper point worth hearing. In Auschwitz, his contention was that objective truth grounded in God is the only bulwark against the blind will to power; his Regensburg address was devoted to reason and faith, arguing that reason shorn of faith becomes nihilism, while faith without reason ends in fanaticism and violence; and in Brazil, he argued that since Christ embraces all humanity, he cannot be foreign to anyone’s spiritual experience.</p>
<p>Those ideas, however, were overshadowed by a few throwaway phrases that betray a worrying insensitivity to how unfamiliar audiences are likely to hear what he says. One would think that by now the lesson would have been learned, but all evidence is to the contrary. While it was intended to strike a tone of sympathy and common human concern, the speech to the nongovernmental groups instead came off as a screed.</p>
<p>Benedict’s trip to the United Nations in April will be his most important voyage to date, and his best opportunity to address the community of nations. He clearly has something valuable to say, a message that focuses on what he has termed a “dictatorship of relativism” menacing not just the Catholic Church or institutional religion, but everyone, especially the most vulnerable. The question is whether he’ll be able to find a language to ensure that what he pitches is also what people catch.</p>
<p>At this stage, the odds that he’ll succeed seem, well, only relatively good.</p>
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		<title>El libro de Ratzinger</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Sep 2007 10:21:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Aguirre</strong> (EL CORREO DIGITAL, 26/09/07):</p>
<p>Dos factores se han juntado para explicar el fulgurante éxito de ventas del reciente libro de Benedicto XVI. Primero, el tema del libro, la figura de Jesús de Nazaret, que suscita un interés renovado en nuestros días. En segundo lugar, resulta novedoso que un Papa escriba un libro a título personal, sin considerarlo un acto del magisterio propio de su cargo, admitiendo explícitamente que «cada cual es libre de contradecirle» y pidiendo sólo «a los lectores y a las lectoras una disposición de simpatía sin la cual no puede haber comprensión alguna». En &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16971/el-libro-de-ratzinger/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Aguirre</strong> (EL CORREO DIGITAL, 26/09/07):</p>
<p>Dos factores se han juntado para explicar el fulgurante éxito de ventas del reciente libro de Benedicto XVI. Primero, el tema del libro, la figura de Jesús de Nazaret, que suscita un interés renovado en nuestros días. En segundo lugar, resulta novedoso que un Papa escriba un libro a título personal, sin considerarlo un acto del magisterio propio de su cargo, admitiendo explícitamente que «cada cual es libre de contradecirle» y pidiendo sólo «a los lectores y a las lectoras una disposición de simpatía sin la cual no puede haber comprensión alguna». En los tiempos modernos nadie ha llegado a Papa poseyendo previamente una personalidad tan perfilada y una proyección pública tan notable como Ratzinger. Por eso es muy explicable que su libro encuentre a priori críticas acerbas y elogios entusiastas, detractores apasionados y turiferarios serviles. Sería triste que los prejuicios impidiesen la lectura reposada de una obra muy valiosa. Pero temo, sobre todo, a los más papistas que el Papa, a los que ya están enarbolando y citando su libro como expresión oficial de la fe cristiana. En las líneas que siguen quisiera expresarme con la simpatía reclamada por el autor, que no me cuesta cuando de un libro sobre Jesús se trata, con espíritu crítico y libertad, sin las cuales mejor es no empuñar la pluma, y con claridad, evitando tecnicismos, para no agobiar a los benévolos lectores.</p>
<p>¿Es acertado que un Papa vierta sus opiniones personales en un campo teológico tan importante? ¿No se pueden confundir las reflexiones teológicas de Joseph Ratzinger con el magisterio pontificio de Benedicto XVI? Al de poco de comenzar su lectura se comprende que Ratzinger no haya querido renunciar a escribir este libro, que había comenzado a preparar en el verano de 2003, para el que ha sacado tiempo siendo ya Papa y que, como él mismo afirma, «responde a un largo itinerario interior». En efecto, este libro no es el resultado de una investigación académica, sino el destilado de la reflexión de toda una vida de estudio sí, pero también de experiencia espiritual y de preocupación por la situación del cristianismo en Europa especialmente, muy condicionada, como es obvio, por visiones y opciones muy particulares.</p>
<p>Me parece que en este libro late una preocupación que el autor manifestó siendo aún cardenal y que ha reiterado una vez Papa: hay una exégesis científica de la Biblia -unos estudios críticos- muy sofisticados, acreditados académicamente, pero que en vez de sacar a la luz la relevancia religiosa actual de los textos los diseccionan analíticamente y los dejan en su pasado. Cita Ratzinger la novela de Vladimir Solovyev &#8216;Relato sobre el Anticristo&#8217;, en la que el Anticristo ha recibido el doctorado honoris causa por la Universidad de Tubinga y es un gran experto en Biblia. Expresa así el malestar que le produce buena parte de los estudios bíblicos actuales: «Los libros más destructores de la figura de Jesús y desmanteladores de la fe se han basado en presuntos resultados de la exégesis». Ratzinger es duro, pero matiza. Afirma que los métodos de la exégesis científica de la Biblia, que buscan determinar el sentido de los textos atendiendo a los géneros literarios y a la mentalidad de la época en que se escribieron, son imprescindibles, pero no bastan. Sin entrar en mayores profundidades, lo que propugna es una lectura creyente de estos textos teniendo en cuenta el conjunto de la fe de la Iglesia. Se lamenta Ratzinger de que incluso los mejores especialistas católicos recientes sólo hayan dado visiones parciales e hipotéticas sobre el Jesús de la historia. Él intenta colmar este vacío con su libro, que es una reflexión espiritual y teológica sobre Jesús de Nazaret, escrito de forma bella, elegante y clara.</p>
<p>Me voy a permitir tres apreciaciones sintéticas. Ratzinger-Benedicto XVI (así viene firmado el prólogo de la obra) tiene razón si lo que pretende es salir al paso de unos estudios bíblicos sensacionalistas, que convierten hipótesis frágiles en postulados científicos; también es verdad que los estudios de los textos bíblicos no pueden ser la sala de disección de unos cadáveres. Todo texto clásico tiene una capacidad de evocación y sugerencia, que va más allá de la intención expresa de sus autores. Y esto vale muy especialmente para muchos textos bíblicos. Pero en el libro del que estamos hablando no se ve la relación entre unos estudios críticos -que en teoría se aceptan y que, en mi opinión, son el intento más colosal por introducir la razón de la modernidad en el seno de la fe religiosa- con las reflexiones teológicas que parten de esos textos. Quizá una de las mejores y más aceptadas aportaciones de los estudios históricos sobre Jesús ha sido iluminar el contexto en que se movió: pienso en los estudios históricos y arqueológicos sobre Galilea, el avance en el conocimiento del judaísmo, las aportaciones de la antropología sobre los valores y la mentalidad de aquel tiempo. Todo este bagaje, que no procede fundamentalmente del mundo germánico, muy importante para situar y conocer mejor a Jesús, no es tenido en cuenta en el libro y ni siquiera es mencionado en la bibliografía.</p>
<p>La preocupación del autor es otra y muy legítima por cierto: hacer ver que sin penetrar en la peculiar experiencia religiosa de Jesús no se puede entender nada de su persona ni de su mensaje. El libro pretende mostrar que la fe posterior que proclama a Jesús Hijo de Dios de forma única e insuperable hunde sus raíces en la historia misma del Nazareno. Jesús no era el profeta de una utopía social ni predicaba una mera moral humanista. Él hablaba de Dios, de su cercanía gratuita y amorosa a los seres humanos y, al mismo tiempo, se presentaba a sí mismo en una relación íntima y no parangonable con ese Dios a quien llama Padre. Pienso que, contra lo que promete el título, nos encontramos no con un libro sobre Jesús, preocupado por su historia, sino con una reflexión sobre Dios a partir de elementos centrales que un creyente confiesa en Jesús. Ratzinger hace, como de pasada, frecuentes e interesantes referencias a la actualidad y hay una que se repite especialmente: la gran tentación de la cultura contemporánea es olvidarse de Dios y esto lleva indefectiblemente al empobrecimiento del sentido de la vida. Así, por ejemplo, critica las ayudas de los países ricos al Tercer Mundo porque «han prescindido de las estructuras religiosas, morales y sociales existentes y han introducido su mentalidad técnica en el vacío. Creían poder transformar las piedras en pan, pero han dado piedras en vez de pan».</p>
<p>Ratzinger critica brevemente las utopías sociales que pretendían sustituir a Dios, porque han fracasado y son cosa del pasado; en cambio considera de mayor actualidad la filosofía de Nietzsche, que ataca la moral del cristianismo como «crimen capital contra la vida». El filósofo alemán afirma: «No queremos para nada el reino de los cielos. Somos, por fin, hombres; queremos el reino de la tierra». El Sermón del Monte, con el elogio de la misericordia, de los pobres, de los mansos, es una moral de resentimiento que intenta vengarse de los fuertes y de quienes han tenido éxito. Tiene razón Ratzinger: mucha de esta mentalidad nietzscheana ha penetrado en nuestra cultura y condiciona en gran parte la forma de valorar la vida. En este punto el libro raya a gran altura y afronta un gran tema cultural de nuestro tiempo. Es verdad que Jesús propone una alternativa al curso que espontáneamente toma una historia en manos y al servicio de los poderosos. El Sermón del Monte desvela los caminos alternativos del amor y la verdadera vocación del hombre.</p>
<p>No sería justo valorar el libro de Ratzinger desde un punto de vista estrictamente histórico, pero sí hay un elemento que echo en falta y afecta a su decidida presentación teológica de Jesús: la poca presencia de los pobres, de los marginados, de las mujeres despreciadas, de las gentes oprimidas del campo galileo, que no aparecen prácticamente en su forma de hablar de Dios y de la experiencia religiosa de Jesús. Se puede explicar por la sensibilidad del autor y por la insuficiente contextualización del ministerio de Jesús. Quizá el intelectual germano, preocupado por lo universal y racional -desde ahí reivindica a Dios en la cultura europea- no ha dado suficiente importancia a algunos datos incuestionablemente históricos: Jesús acoge a gente de mala fama y comparte la mesa con ellos, cura a los enfermos, da de comer a los hambrientos, proclama que Dios está especialmente cercano de los pobres y de quienes sufren. La interpretación crítica de la Biblia supone un reto a la fe de la Iglesia, pero la hace culturalmente viable y, sobre todo, la llama a conversión y la pone en movimiento. Lo que falta en este libro es la articulación de su profunda y bella meditación teológica con la toma en consideración de los resultados críticos sobre la historia de Jesús.</p>
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		<title>Entre Nietzsche y el Crucificado</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Sep 2007 18:29:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Olegario González de Cardedal</strong> es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (EL PAÍS, 10/09/07):</p>
<p>¿Qué nombres han acuñado con sus ideas, proyectos, palabras la conciencia de los hombres en el siglo XX? Han sido muchos, ya que la verdad la encontramos colectivamente, el progreso es fruto de muchas manos y la decadencia fruto de muchos olvidos o traiciones. No me equivocaré si digo que Marx y Nietzsche están entre ellos. Ambos propusieron una revolución para cambiar el mundo que encontraron con una trasvaloración de los valores que regían la sociedad.</p>
<p>Extraño fue, sin embargo, que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16774/entre-nietzsche-y-el-crucificado/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Olegario González de Cardedal</strong> es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (EL PAÍS, 10/09/07):</p>
<p>¿Qué nombres han acuñado con sus ideas, proyectos, palabras la conciencia de los hombres en el siglo XX? Han sido muchos, ya que la verdad la encontramos colectivamente, el progreso es fruto de muchas manos y la decadencia fruto de muchos olvidos o traiciones. No me equivocaré si digo que Marx y Nietzsche están entre ellos. Ambos propusieron una revolución para cambiar el mundo que encontraron con una trasvaloración de los valores que regían la sociedad.</p>
<p>Extraño fue, sin embargo, que hasta los dos últimos decenios del siglo casi todos los movimientos intelectuales estuvieron fascinados por Marx, convencidos unos de que era el iluminador decisivo del futuro y otros, en cambio, de que era la negación de lo humano, del legítimo orden social y del cristianismo. Pero Marx estaba todavía en el horizonte mesiánico que esbozaron los profetas de Israel y dentro del cual, aun cuando superándolo, se situaba el propio Jesús de Nazaret. Marx aún era una expresión de la voluntad humana de construir el reino de Dios en el mundo, reduciendo su dimensión trascendente e identificando a Dios con el propio hombre. Estaba en el fondo dentro del ámbito bíblico, aun cuando lo desnaturalizase al arrancar del hombre su referencia a Dios.</p>
<p>La revolución radical fue Nietzsche. Cuando decidía la <em>muerte de Dios</em> era plenamente consciente de que ese hecho llevaba consigo un final de los valores: el ser, la verdad, el deber, el futuro como fundamentos dados que preceden al hombre. Reclamaba una libertad sin referencia a Dios ni al prójimo. La voluntad de poder sustituía a la voluntad de verdad. Los valores anteriores eran subvertidos y sustituidos por otros (trasvalorados). Exigía un heroísmo azul para construir otro mundo no desde lo viejo dado sino desde lo inventado por el hombre. Pero la revolución propuesta por Nietzsche no ha suscitado en los demás la confianza ni aportado el heroísmo de los que él todavía vivía, sino que ha desencadenado la perplejidad del hombre ante sí mismo, la duda ante el futuro, la retirada ante los grandes proyectos. Han surgido la posmodernidad, el pensamiento débil, el crepúsculo del deber, el fin de las utopías. Nietzsche concluía uno de sus libros apelando a una revolución de lo natural frente a lo moral -contra Sócrates-, de lo mítico sacralizado frente a lo santo personal -Dioniso contra el Crucificado-.</p>
<p>Cuando uno acaba la lectura del reciente libro <em>Jesús de Nazaret,</em> de Benedicto XVI, tiene la impresión de que subyace a cada una de sus páginas un diálogo con los desafíos y consecuencias desencadenadas por Nietzsche, que son las que ahora traspasan las conciencias. Su única encíclica &#8220;Deus caritas est&#8221; comienza dialogando con el profesor de Basilea, quien se enfrentó con Jesús de Nazaret como la máxima amenaza para la humanidad por ser el defensor de los pobres, humildes, débiles, marginados y enfermos, frente a los fuertes, sanos, robustos, los únicos que según él merecen vivir. Nietzsche declaró la guerra a la compasión como el freno mayor ante su proyecto de gestar el superhombre. ¿Es Cristo la gran amenaza para una humanidad que se ha liberado o, por el contrario, con su abertura a Dios como el Absoluto fundante de nuestro origen, libertad y futuro, es el defensor del hombre y de su prójimo, la palabra de verdad que necesitamos, &#8220;abismo de luminosidad absoluta&#8221;, como le definió Kafka?</p>
<p>Este libro del Papa es un intento de comprender la figura de Jesús desde ese fondo de conciencia contemporánea y a la luz de las interpretaciones que de él se han dado. Éstas son fundamentalmente cuatro: la judía, la liberal, la revolucionaria y la cristiana. La judía está aquí representada por J. Neusner y su libro <em>Un rabino habla con Jesús</em> (1993), para mostrar la continuidad a la vez que la ruptura existente entre judaísmo y cristianismo. La liberal está presentada en diálogo con A. Harnack y su libro clásico <em>La esencia del cristianismo</em> (1900), traducido al castellano en Barcelona (1904), en el que Jesús aparece como expresión de los ideales culturales y morales del mundo burgués alemán. La revolucionaria, derivada de los movimientos libertarios del siglo XIX, está menos acentuada, ya que la caída del marxismo arrastró consigo esta lectura de Jesús. El libro propone la comprensión cristiana como fundada en el propio Jesús, tal como le presentan las fuentes, y es merecedora de adhesión hoy.</p>
<p>¡Extraño libro este firmado por dos autores: Ratzinger-Benedicto XVI! Por primera vez en la historia del catolicismo, un Papa se distancia de sí mismo, no reclama la autoridad del ministerio que ejerce, se legitima sólo por las razones que ofrece, invita al diálogo y legitima el rechazo. Sólo reclama la empatía necesaria para comprender. Libro que resultará extraño a muchos lectores píos, acostumbrados sólo a las &#8220;Vidas de Jesús&#8221;. Aquí se verán confrontados con los problemas de la crítica histórica, de la exégesis bíblica y de la hermenéutica filosófica.</p>
<p>Hay hechos que tienen más valor que muchas declaraciones verbales. Entre aquéllos, el que un Papa, del que la propia Iglesia afirma que puede llegar a ser infalible, escriba un libro y diga en el prólogo: &#8220;Cualquiera que lea puede contradecirme. Sólo pido a lectoras y lectores aquel adarme de simpatía sin la cual ningún entender es posible&#8221;. Nada más reclama el ejercicio de la razón como lugar donde todos debemos encontrarnos y en el que la fe cristiana decide estar codo con codo entre los que piensan.</p>
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		<title>Los tropezones del Papa</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jun 2007 18:35:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Julio María Sanguinetti,</strong> ex presidente de Uruguay, abogado y periodista (EL PAÍS, 04/06/07):</p>
<p>Benedicto XVI parece haber diluido el principio de la infalibilidad papal. No hay gira internacional en que sus dichos no provoquen respuestas airadas y, lo que es peor, aclaraciones que no siempre aclaran o perdones que eluden la verdad. Lo que sí nos queda claro, en esos dichos y contradichos, es cuánto tenemos aún de hipocresía o simplemente de discusión no resuelta en nuestra civilización occidental, tan greco-romana como judeo-cristiana.</p>
<p>Cierta confusión generó ya en mayo de 2006 cuando visitó Auschwitz para cumplir con &#8220;un deber &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15798/los-tropezones-del-papa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Julio María Sanguinetti,</strong> ex presidente de Uruguay, abogado y periodista (EL PAÍS, 04/06/07):</p>
<p>Benedicto XVI parece haber diluido el principio de la infalibilidad papal. No hay gira internacional en que sus dichos no provoquen respuestas airadas y, lo que es peor, aclaraciones que no siempre aclaran o perdones que eluden la verdad. Lo que sí nos queda claro, en esos dichos y contradichos, es cuánto tenemos aún de hipocresía o simplemente de discusión no resuelta en nuestra civilización occidental, tan greco-romana como judeo-cristiana.</p>
<p>Cierta confusión generó ya en mayo de 2006 cuando visitó Auschwitz para cumplir con &#8220;un deber con la verdad y la justicia debida a todos los que aquí sufrieron&#8221;. El gesto, muy relevante en momentos en que aparecían negadores musulmanes del Holocausto, no se culminó, sin embargo, con un discurso que por su franqueza o sensibilidad estuviera a su altura. Redujo la responsabilidad en la tragedia &#8220;a una banda de criminales&#8221; y ni mencionó la palabra &#8220;antisemitismo&#8221;, ese deshumanizado prejuicio disfrazado de doctrina que constituye la base de la cuestión. Dónde estaba Dios esos días, se preguntó, sin asumir lo que como jefe de la Iglesia allí no podía rehuir, y que era nada más ni menos que la actitud de un Pío XII duramente cuestionado por su silencio cómplice. El delicado asunto no quitó demasiado, pero tampoco añadió nada de valioso a la palabra de un Papa teólogo de quien se esperaba mucha más densidad.</p>
<p>Los tropezones comenzaron poco después, en septiembre, cuando dictando una conferencia en Alemania, citó al emperador bizantino Manuel II Paleólogo (1350-1425) en rotunda frase: &#8220;Muéstrenme lo que Mahoma trajo de nuevo y ustedes encontrarán apenas cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por la espada la fe que predicaba&#8221;. La cita no hubiera resonado muy extraña en el contexto de una amplia y profunda conferencia dictada por el teólogo Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en su vieja Universidad; en boca del Papa Benedicto XVI, desbordaba su naturaleza de vieja referencia histórica y podía ser interpretada como una condenación de la <em>yihad.</em> Y así fue, y exageradamente, porque se agredieron iglesias y hasta mataron a una monja en Somalia. Políticamente hablando, el Papa se deslizó más allá de la prudencia, pero la respuesta islámica fue desmesurada. No hubo insulto que no le endilgaran y exigencia airada de perdón que no se le hiciera, en nombre de una &#8220;humillación&#8221; imaginaria, pues el discurso no iba en esa dirección. Vinieron las aclaraciones, aunque -como de costumbre en estos casos- no bastaron.</p>
<p>En marzo de este año, su prohibición de la comunión a los divorciados -a esta altura más anacrónica aún que el celibato sacerdotal- derivó en una condena al segundo matrimonio, llamado en un primer texto &#8220;plaga&#8221; y luego, en una segunda versión más diplomática, apenas &#8220;llaga&#8221;. La referencia más benigna apareció luego de los consabidos reproches a una opinión que, por más que sea conocida, está muy lejos de las costumbres y moralidad de nuestros tiempos.</p>
<p>Ya en el inicio de su viaje a Brasil, en este último mayo, amenazó con la &#8220;excomunión&#8221; a quienes votaran leyes de despenalización del aborto, replegándose en discursos más serenos cuando bajó del avión y no quiso enredarse en una discusión tan enconada. Pero el gran escándalo se desata cuando defiende la evangelización americana afirmando que &#8220;no representó una alienación de las culturas precolombinas ni una imposición de una cultura extraña&#8221;. Cualquier mirada histórica reconoce justamente lo contrario, el desarrollo de una conquista espiritual que la Iglesia asumió como su gran proyecto para un Nuevo Mundo, en el que, por otra parte, tuvo éxito al conquistar -hasta hoy- la mayoría de los sentimientos populares. Era natural que así fuera tratándose de aquella Castilla de Isabel la Católica que acababa de consagrar la unificación de los reinos hispánicos en dura lucha con el mundo musulmán.</p>
<p>Si desacertado estuvo el Pontífice peor estuvo su mayor impugnador, el presidente venezolano, quien, hablando para la historia dijo que &#8220;aquí con Colón no llegó Cristo, llegó el Anticristo. El holocausto indígena fue peor que el Holocausto de la II Guerra Mundial y ni el Papa ni nadie puede negarlo&#8221;. Bien se sabe hoy que la dramática mortandad de indígenas se produjo sobre todo por el contagio de enfermedades que portaban los europeos y que hacían fácil víctima a pueblos que, aislados, adolecían de una baja inmunidad. Como también se sabe que los rapaces encomenderos no querían matar a los indígenas porque su natural egoísmo económico chocaba con la destrucción de su mano de obra. O sea que, en el dramático choque de civilizaciones de aquel tiempo, nadie puede hablar de genocidio porque nadie venía inflamado con una voluntad de exterminio. De evangelización unos, sí; de explotación económica otros, también; de dominación todos, desde luego, pero de destrucción nadie.</p>
<p>Hace ya tiempo que una historiografía más científica metodológicamente, y por tanto por encima de enfoques etnocéntricos de un lado y otro, ha ubicado los términos de ese proceso de 500 años del que es fruto la América Latina, esta región que habla las lenguas ibéricas, se enraíza en la civilización occidental y asume su mestizaje como expresión de su propia identidad. Continuar invocando viejos odios e interpretaciones maniqueas, lejos de contribuir a entendernos en el mundo de hoy, nos aleja de la realidad. Tanto como la ingenua visión de un Papa mal asesorado, que recién invoca el discurso humanista del Padre Las Casas y la teoría fundacional de los Derechos Humanos de la Escuela de Salamanca en una aclaración en que replica a varias justas admoniciones recibidas, cuando debió haber empezado por allí. O bien recordando que algunas lenguas indígenas, como el guaraní, si han sobrevivido es por la monumental obra de hombres como el Padre Antonio Ruiz de Montoya, quien con su <em>Tesoro de la lengua guaraní</em> transformó en lenguaje escrito y normalizado una perecedera oralidad.</p>
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		<title>His Own Pope Yet?</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Apr 2007 14:13:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>David Gibson</strong>, the author of “The Rule of Benedict: Pope Benedict XVI and His Battle With the Modern World” (THE NEW YORK TIMES, 23/04/07):</p>
<p>WITH little fanfare, Benedict XVI will tomorrow mark the second anniversary of his formal installation as pope, a threshold at which his immediate predecessors had established themselves in the public mind. Yet he remains an enigma to many who thought they knew him well, and something of a blank slate to a world curious to see what this new pontiff would be like.</p>
<p>Polls show Benedict — formerly known as Cardinal Joseph Ratzinger — &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15167/his-own-pope-yet/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>David Gibson</strong>, the author of “The Rule of Benedict: Pope Benedict XVI and His Battle With the Modern World” (THE NEW YORK TIMES, 23/04/07):</p>
<p>WITH little fanfare, Benedict XVI will tomorrow mark the second anniversary of his formal installation as pope, a threshold at which his immediate predecessors had established themselves in the public mind. Yet he remains an enigma to many who thought they knew him well, and something of a blank slate to a world curious to see what this new pontiff would be like.</p>
<p>Polls show Benedict — formerly known as Cardinal Joseph Ratzinger — in the middle of the pack among respected world leaders, and a survey last year in Germany had the Dalai Lama and even the losing World Cup coach Jürgen Klinsmann outpacing the first German pope as “a role model and admirable person.” It wasn’t that Benedict wasn’t liked as much as he wasn’t known, or understood.</p>
<p>Much of this puzzlement can be chalked up to the blessing of low expectations. Not only was Benedict following the supersized pontificate of John Paul II, but as John Paul’s doctrinal “bad cop” in Rome for more than two decades, he had diligently cemented his reputation as a conservative hardliner while continuing his own career as a polemical theologian who wrote dozens of books and engaged in frequent debates. All that made Cardinal Ratzinger the most prominent and controversial head of the Congregation for the Doctrine of the Faith in memory.</p>
<p>Given that pre-election platform, when his fellow cardinals elected him pope on April 19, 2005, in a 24-hour conclave that was the shortest in modern times, many feared, or hoped, that the church was now headed by a higher-ranking version of Benedict’s old self.</p>
<p>Yet the new pope was too astute to fall into that trap. For one thing, Benedict understood that being pope would demand a pastoral touch instead of a combative edge. As he told dinner companions last fall: “It was easy to know the doctrine. It’s much harder to help a billion people live it.” Also, befitting his age and temperament — an academic with no parish experience, Benedict turned 80 on April 16 — he moved deliberately in making changes. He has traveled little (his visit to Brazil next month will be his first to the Western Hemisphere) and he tried to tone down the emphasis on the person of the pope — a motif of his predecessor’s style — and put it back on the basics of the faith.</p>
<p>Above all, in his pronouncements and writings, he carefully accentuated the positive. His first encyclical was titled “God Is Love,” and charity has become the recurring byword of his apparently irenic pontificate. “Christianity, Catholicism, isn’t a collection of prohibitions: it’s a positive option,” as Benedict said last year.</p>
<p>By and large, the pontiff’s approach has worked. Liberal Catholics were so relieved that Benedict was not issuing daily bulls of excommunication that they took a kind word as a hopeful omen. Indeed, the loudest complaints about Benedict’s record have come from his erstwhile allies on the right who are miffed that he has not cracked down hard and fast on those they consider dissenters.</p>
<p>But the Catholic right ought to have more patience, just as the Catholic left — and everyone else — might want to pay closer attention. The reality is that during these two years, even as he has preached the boundless grace of Christian charity, Benedict has also made it clear that divine love does not allow for compromise on matters of truth as the pope sees it, and that he will not brook anything that smacks of change in church teachings or traditions. Nor is he a caretaker pope who is willing to stand pat.</p>
<p>In one of Benedict’s first moves, he issued a long-awaited policy stating that homosexual men cannot be ordained priests, even if they are able to live a chaste life. The action was cast as a response to the clergy sexual abuse crisis, based on the argument that the abuse was largely inflicted by a growing number of gay men in the priesthood. That was an empty rationale, most obviously because the number of abuse cases was dropping sharply in recent decades even as the percentage of gay priests was rising. Above all, the decision unjustly denigrated a group of people simply for who they are. And it was akin to hoisting the ladder after one is safely aboard ship given that there are already plenty of gay priests and bishops serving the church faithfully, many in the Vatican itself.</p>
<p>In other moves, Benedict restricted the role of lay people at Mass in order to reinforce the separate, Christ-like action of the priest, and he is expected to announce soon that he will allow widespread use of the pre-Vatican II Latin Mass, in which the priest faces away from the congregation. That would come despite the strong opposition of many bishops in Europe, the United States, even inside the Roman curia — and even though there are hardly any priests who can celebrate the old rite or worshipers who would understand what is happening.</p>
<p>Predictably, Benedict has also renewed church stands against married clergy and the ban on divorced and remarried Catholics receiving communion. Changes in the role of women in the church or teachings on sexual behavior are of course out of the question. And Benedict has reinforced the primacy of the pope — an issue his predecessor had opened for debate.</p>
<p>Then, last month, the Vatican censured a renowned Jesuit proponent of liberation theology, the Rev. Jon Sobrino. A Spanish priest who has spent his life working with the poor in El Salvador, Father Sobrino narrowly escaped death in 1989 when six of his confreres were murdered by Salvadoran death squads. Such experiences helped hone the priest’s theology, which focuses on the poor as the primary recipients of Christ’s message.</p>
<p>Despite that personal story, Benedict went ahead with the rebuke of Father Sobrino, whom the Vatican, with minimal explanation, accused of not sufficiently emphasizing the divinity of Jesus. It was a questionable judgment theologically, and smacked of piling on. Cardinal Ratzinger had fought a long and by all accounts successful campaign against liberation theology, and while Sobrino remains popular, Benedict, as pope, could well have sat back and enjoyed the pax Romana that he helped to secure. Although Rome did not directly silence the priest, it declared his teachings “not in keeping with the Catholic faith,” which invited bishops to act against him, as some have done.</p>
<p>The censure was a sorrowful blow to Father Sobrino, who has health problems and is semi-retired, and above all to his many supporters in Latin America who believe that justice goes hand in hand with charity. And it demonstrated that while Benedict’s style may be different as pope, the substance remains the same. As he told German television interviewers last year, “Let’s say that my basic personality and even my basic vision have grown, but in everything that is essential I have remained identical.”</p>
<p>Perhaps that is why Benedict’s harsher actions have received little notice. Benedict is a “dog-bites-man” pope, notable largely for what he was not expected to do, or for actions that produce unnerving reactions, like his speech critiquing Islam last September that enraged many Muslims. The pope actually devoted the bulk of that lecture to questioning non-Catholic Christians and secular Westerners who he said were in thrall to modern rationalism.</p>
<p>Certainly, Benedict has in two years preached many striking and even lyrical meditations on the beauty of the faith that is at the heart of Christianity. But in the United States, as elsewhere, the challenge is not so much a crisis of faith as a “crisis of church.” It is not a question of why believe as much as why be Catholic. People are convinced by deeds that match rhetoric, and a closer look at the actions behind Benedict’s words shows that the two are still far apart.</p>
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		<title>El Papa aprende una lección</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Dec 2006 10:45:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[América Latina y Caribe]]></category>
		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Turquía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Hans Küng</strong>, suizo y residente en Tubinga (Alemania). Es uno de los principales teólogos católicos de la actualidad. Preside la Fundación Ética Global. Traducido del inglés de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 24/12/06):</p>
<p>Durante su reciente visita a Turquía, el papa Benedicto XVI no se limitó a la retórica amistosa. El teólogo no se ha convertido en diplomático, como sugirieron algunos comentaristas, pero su estancia en el país turco demostró que, desde su discurso del 12 de septiembre en Ratisbona, el Papa ha aprendido la lección.</p>
<p>Los comentarios sobre el islam que citó en su discurso de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/13406/el-papa-aprende-una-leccion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Hans Küng</strong>, suizo y residente en Tubinga (Alemania). Es uno de los principales teólogos católicos de la actualidad. Preside la Fundación Ética Global. Traducido del inglés de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 24/12/06):</p>
<p>Durante su reciente visita a Turquía, el papa Benedicto XVI no se limitó a la retórica amistosa. El teólogo no se ha convertido en diplomático, como sugirieron algunos comentaristas, pero su estancia en el país turco demostró que, desde su discurso del 12 de septiembre en Ratisbona, el Papa ha aprendido la lección.</p>
<p>Los comentarios sobre el islam que citó en su discurso de Ratisbona no sólo eran poco diplomáticos, sino que estaban equivocados. Las enseñanzas del profeta Mahoma no fueron en absoluto inhumanas. Elevó a las tribus árabes al nivel de una religión monoteísta y ética. El islam no es una religión violenta, sino una religión de sumisión al Dios único, el mismo Dios de los judíos y los cristianos. Y Alá -nombre con el que también se refieren a Dios los árabes cristianos- no es un Dios arbitrario, sino un Dios de justicia y misericordia.</p>
<p>Es evidente que el Papa ha aprendido una lección, porque la polémica conferencia de Ratisbona ya se ha publicado en una tercera versión revisada, en la que se han hecho correcciones sutiles en 30 páginas y se han añadido 13 notas a pie de página con aclaraciones. No obstante, la aclaración podría ir mucho más allá: por ejemplo, la teología musulmana otorga especial importancia a la afirmación de que la fe musulmana es racional y no exige creer en ningún dogma que se oponga a la razón.</p>
<p>En beneficio del Papa, 38 distinguidos eruditos musulmanes de todo el mundo han respondido punto por punto, con una frialdad admirable, a las confusiones y malas interpretaciones más habituales entre los cristianos. Esto, en sí mismo, es un paso sin precedentes. Y es importante además porque refuta, por fin, el extendido tópico de que los musulmanes no quieren el diálogo.</p>
<p>En su viaje a Turquía, el Papa no repitió las citas sobre el islam que había hecho en Ratisbona. Al contrario, se mostró dispuesto a aprender sobre el islam -personalmente y en público- del presidente de la autoridad religiosa estatal, Alí Bardakoglu. Era lo que correspondía tras el llamamiento del propio Papa a mantener un diálogo sincero, puesto que un requisito de ese diálogo es que cada una de las partes tenga acceso a una información seria sobre la otra religión.</p>
<p>Otro requisito es la empatía, la sensibilidad hacia los demás, y en este aspecto Benedicto XVI también ha aprendido la lección. Claramente escandalizado por la enérgica e incluso violenta reacción del mundo musulmán a sus palabras, el Papa mostró en Turquía una empatía con la que seguramente no se habría permitido ni soñar en Ratisbona. Estuvo admirablemente contenido en Hagia Sophia, el museo y antigua mezquita que se construyó como iglesia cristiana. Rezó en silencio con el gran muftí en la Mezquita Azul, el equivalente musulmán de Hagia Sophia. Después ondeó una bandera turca.</p>
<p>Muchas veces, esas imágenes y esos gestos son más eficaces que las palabras. Pero no sirven de nada si no van seguidos de un compromiso de diálogo permanente. Y, además de la información y la empatía, dicho diálogo necesita un tercer elemento: la reflexión y la autocrítica por parte de ambos interlocutores.</p>
<p>A este respecto, por ejemplo, el documento <em>Dominus Jesus</em> -publicado por el cardenal Joseph Ratzinger en el año 2000, cinco años antes de ser elegido Papa- tiene una urgente necesidad de revisión. Este documento renueva con frialdad dogmática la arrogante afirmación de la Iglesia Católica de que ella es superior a otras iglesias y otras religiones, una pretensión que la mayoría de la gente creía ya abandonada desde el Concilio Vaticano II (1962-1965).</p>
<p>Ahora bien, si la Iglesia Católica necesita adoptar un tono menos presuntuoso respecto a otras confesiones, también los países musulmanes, como Turquía, deben mejorar en el trato que ofrecen a sus minorías religiosas.</p>
<p>La clave es la libertad religiosa. Bajo el gobierno de Erdogan, Turquía está llevando a cabo un experimento histórico, el de ver hasta qué punto puede ser compatible un Estado laico con el islam. La Iglesia Católica tardó siglos -hasta el Concilio Vaticano II- en aceptar los derechos humanos y especialmente la libertad de culto, pero al final acabó haciéndolo. El islam también debería ser capaz de ello.</p>
<p>La evolución de Turquía se sigue muy de cerca en todo el mundo islámico: ¿logrará emprender una vía entre el laicismo que vaen contra de la religión y el fundamentalismo religioso? En cualquier caso, los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 y fechas posteriores han suscitado un intenso debate sobre la violencia y el terrorismo en muchos países musulmanes. Y ése también es un dato importante para un diálogo sincero.</p>
<p>Un diálogo constructivo entre cristianos y musulmanes no debe construir nuevos muros contra la modernidad laica. La principal función de la religión no es oponerse sino apoyar, estar al lado de los hombres y mujeres de hoy.</p>
<p>Es cierto que la inevitable secularización de la modernidad ha llevado en parte al consumismo, el relativismo y el nihilismo, con consecuencias inhumanas. En este sentido, la crítica que le hacen el islam y el cristianismo está justificada.</p>
<p>Pero el cristianismo y el islam también han tenido a menudo consecuencias inhumanas. Hoy deben demostrar que son defensores de la humanidad y, por fortuna, muchas veces lo hacen. Y esa entrega a la humanidad debe llevarse a cabo indudablemente en compañía de hombres y mujeres de pensamiento laico, partiendo de los valores y criterios comunes que llamamos ética humana o ética global.</p>
<p>¿Y qué hay de la Iglesia Ortodoxa? El objetivo principal de la visita a Turquía era mejorar las relaciones con ella. Este Papa ha hecho mejoras en las relaciones con el islam, pero ¿ha progresado algo con sus hermanos cristianos?</p>
<p>Prácticamente nada. Con todas las lecciones que el Papa ha aprendido en otras áreas, en este frente no ha ocurrido casi nada. Es verdad que Benedicto XVI ha dicho a menudo que uno de sus objetivos es la unidad plena entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa, lo mismo que dijeron sus predecesores Pablo VI y Juan Pablo II. Ahora, igual que ellos, ha vuelto a invitar a los dirigentes ortodoxos a participar en un diálogo fraterno para determinar nuevas formas posibles de ejercer el ministerio de Pedro sin dejar de respetar su naturaleza y su esencia.</p>
<p>¿A qué se refiere con eso? ¿Qué está ocurriendo?</p>
<p>Dedicar más años a trabajar en comisiones sobre diversos aspectos del papado es completamente superfluo. Hace mucho tiempo que están sobre el tapete las soluciones propuestas por teólogos y comisiones, y Roma las ha ignorado. No faltan los conocimientos teológicos. Lo que falta por parte de Roma es la voluntad de renunciar, en un espíritu cristiano, a las pretensiones de poder.</p>
<p>¿Qué dirían los jefes supremos de nuestras iglesias si los cristianos quisieran reconciliarse pero se limitaran a anunciar todo el tiempo conversaciones, pequeños pasos, más oraciones y la fe en el Espíritu Santo? Seguramente se impacientarían y exigirían más compromiso, más honradez y más deseo de asumir riesgos, de avanzar en el amor y la transparencia.</p>
<p>¿Posee Benedicto esa voluntad de compromiso, esa fuerza?Su encuentro con el patriarca Bartolomé I -un patriarca abierto al ecumenismo- fue decepcionante. No pasó realmente del beso fraternal que se dieron Pablo VI y el patriarca Atenágoras en Jerusalén, en 1964.</p>
<p>Entonces se revocaron las excomuniones mutuas de 1054, el año del cisma. ¿Por qué no restablecer la antigua comunión ahora, más de cuarenta años después de aquella reunión en Jerusalén, con una celebración compartida de la eucaristía? En vez de eso, en Estambul, el obispo de la Vieja Roma se limitó a asistir pasivamente a una eucaristía celebrada por el obispo de la Nueva Roma.</p>
<p>El principal obstáculo para restablecer la antigua unidad de la Iglesia es y sigue siendo la idea de que el Papa tiene poder sobre las iglesias orientales, una afirmación que se remonta al siglo XI. Como escribió mi colega de Tubinga, Joseph Ratzinger -en un texto que aún podía encontrarse impreso en 1982-, Roma no debe exigir a Oriente ninguna doctrina de primacía más que la que se formuló y practicó en el primer milenio.</p>
<p>De ser así, no habría ni una primacía de jurisdicción muy poco bíblica sobre las iglesias orientales -que Roma reclama sólo desde el siglo XI-, ni una primacía honorífica de escasas consecuencias. Por el contrario, de acuerdo con la tradición común del primer milenio, el obispo de Roma debería tener estrictamente una primacía pastoral ecuménica. Juan XXIII puede servir de ejemplo: en general, se limitó a ser un dirigente espiritual, capaz de inspirar, mediar y coordinar.</p>
<p>Mi consejo amistoso al papa Benedicto XVI sería: ¡aprenda, por favor, del profesor de Tubinga Joseph Ratzinger!</p>
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		<title>La Europa de las tres culturas</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Oct 2006 14:22:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Cristianismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Reyes Mate</strong>, profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (EL PERIÓDICO, 11/06/06):</p>
<p>Ahora que ha pasado la tormenta mediática provocada por el discurso del Papa en Ratisbona, hora es de preguntarnos qué es lo que realmente dijo. El Vaticano se vio obligado a desplegar su imponente diplomacia para explicar al mundo islámico lo que no había dicho ni querido decir (que Mahoma era un terrorista), pero si queremos saber lo que dijo habrá que volver al texto.<br />
Joseph Ratzinger &#8211;que se ha puesto por nombre el mismo del patrón de Europa, Benito o Benedicto&#8211; quería hablar en la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/12045/la-europa-de-las-tres-culturas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Reyes Mate</strong>, profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (EL PERIÓDICO, 11/06/06):</p>
<p>Ahora que ha pasado la tormenta mediática provocada por el discurso del Papa en Ratisbona, hora es de preguntarnos qué es lo que realmente dijo. El Vaticano se vio obligado a desplegar su imponente diplomacia para explicar al mundo islámico lo que no había dicho ni querido decir (que Mahoma era un terrorista), pero si queremos saber lo que dijo habrá que volver al texto.<br />
Joseph Ratzinger &#8211;que se ha puesto por nombre el mismo del patrón de Europa, Benito o Benedicto&#8211; quería hablar en la universidad de Ratisbona de los fundamentos y límites de esa misma Europa. Empieza el discurso ajustando las cuentas con lo que pudieran ser raíces posibles: el cristianismo, el judaísmo y el islam. Descarta al islam porque le falta un hervor, anclado como anda en formas teocráticas que desconocen la complejidad del mundo moderno. Del judaísmo pasa olímpicamente porque lo único que retiene de él es lo que ha pasado al cristianismo. Se queda, lógicamente, con el cristianismo, y lo que en él destaca no es, por ejemplo, algo tan bíblico como la memoria de las injusticias, sino lo bien que se ha emparejado con la razón griega.<br />
Roma y Atenas han hecho un dúo insustituible: el cristianismo ha encontrado en la filosofía griega la ayuda ideal para hacerse comprensible hasta por los no creyentes y para transformar la historia suministrando ideas a la política o a la ética; el logos griego, por su parte, se ha visto compensado y enriquecido con una visión de la razón llena de humanidad y de apertura a horizontes lejanos.<br />
Aunque la conferencia del Papa tenía todo el formato de un discurso académico, la opinión pública no se ha equivocado al atribuirle una intencionalidad política. En primer lugar, el Papa quería dejar bien sentado que Europa no es bizantina, sino cristiana. De la España de las Tres Culturas se decía que era bizantina porque en ella convivían las tres leyes. Hasta que se expulsó a moriscos y judíos, con lo que pasó entonces a ser europea, es decir, solamente cristiana. Con la reivindicación de una Europa cristiana, se está mandando un mensaje a Turquía, país que no debería formar parte de la Unión Europea.</p>
<p>EL SEGUNDO mensaje que llega desde Ratisbona es que el cristianismo es europeo. Aunque esté por todo el mundo, es en Europa, en ese encuentro con la racionalidad griega, donde se fragua su personalidad. Este es también un aviso a modernas teorías de la inculturación empeñadas en que el cristianismo repita con el Caribe, África o China lo que hizo con Atenas. Se acabó el experimento. El teólogo alemán se suma así a las delirantes teorías de pensadores compatriotas, como Hegel o Marx, que hacían de centroeuropa el ombligo del mundo. Un delirio, obligado es reconocerlo, que también pusieron en juego eminencias españolas para justificar la conquista de América. Lo que justificaba la guerra de los españoles a los indios era la superioridad cultural.<br />
El Papa académico habla de complementariedad entre la razón y la fe, entre filosofía y teología, sin dejarse arrastrar por el abismo medieval del sometimiento de la política a la cre- encia religiosa. Ese punto de modernidad le es muy rentable, pues es algo que el islam no puede aportar. Bien es verdad que el cristianismo se opuso con todas sus fuerzas a la democracia y condenó sin miramientos el mundo moderno, pero acabó asumiendo que la religión no podía ser el fundamento político de la sociedad moderna.<br />
Lo que no acepta Benedicto XVI es que el lugar del cristianismo en la sociedad sea un rincón o la sacristía. Es aquí donde su discurso se hace digno de ser debatido. Por un lado, recomienda al cristianismo que no se ande en malas compañías, protestantes sobre todo, porque han construido una creencia sin anclajes en la razón. Por otro, se enfrenta a quienes han hecho de la ciencia el modelo ideal de racionalidad; les recuerda que la ciencia vale lo mismo para un roto que para un descosido, para descubrir la penicilina o para inventar la bomba atómica. Si la ciencia tiene que saber por qué y para qué investiga, mejor contar con la complicidad del cristianismo.</p>
<p>¿QUÉ DECIR de este complejo discurso? De entrada, que la cita de Mahoma era lo de menos. Lo importantes son sus ideas de fondo. Primero, ¿se puede decir que Europa es cristiana? Europa debe mucho, por supuesto, a Atenas y Roma, pero también a Jerusalén y a la Córdoba musulmana. Este continente es impensable sin las tres culturas. Segundo, ¿el cristianismo tiene que ser eurocéntrico? Es una tesis harto discutible. Jesús era judío y nada impide que la catolicidad del cristianismo se encarne en otras culturas.<br />
Donde el Papa, sin embargo, pone el dedo en la llaga es en el destino de una razón que se empeña en identificar sus fronteras con las de la ciencia. Esta puede ser una ra- zón sin compasión, y para cargarla de humanidad tiene que repensar su relación con las grandes tradiciones culturales de la humanidad. El Papa apunta ahí a un problema que cada vez ocupa más a la razón secular: ¿Cómo defender con la propia vida valores que han nacido de la religión, como la igualdad, la fraternidad o la justicia absoluta, sin el cultivo de las tradiciones que les dieron vida? El que sea un Papa conservador quien suscite estos interrogantes no debería ser óbice para tomarlos en consideración o para gastar provechosamente algo de la tinta que tanto corrió por una torpe frase sobre Mahoma.</p>
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		<title>¿Imprudencia o cálculo? (adiós, modernidad, adiós)</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Oct 2006 15:38:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de filosofía en la Universidad de Barcelona e investigador en el Instituto de Filosofía del CSIC (EL PAÍS, 09/10/06):</p>
<p>La imprudencia o el cálculo del título se refieren a la reciente intervención de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, que tanta polvareda ha levantado. A mi entender, el episodio resulta difícilmente comprensible si no se inscribe en el marco más general de lo que parece ser el proyecto del nuevo Papa. Benedicto XVI parece haberse propuesto pasar a la historia por una aportación en el plano doctrinal, o teórico, o filosófico. De este proyecto &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/12009/%c2%bfimprudencia-o-calculo-adios-modernidad-adios/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de filosofía en la Universidad de Barcelona e investigador en el Instituto de Filosofía del CSIC (EL PAÍS, 09/10/06):</p>
<p>La imprudencia o el cálculo del título se refieren a la reciente intervención de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, que tanta polvareda ha levantado. A mi entender, el episodio resulta difícilmente comprensible si no se inscribe en el marco más general de lo que parece ser el proyecto del nuevo Papa. Benedicto XVI parece haberse propuesto pasar a la historia por una aportación en el plano doctrinal, o teórico, o filosófico. De este proyecto o propósito dio buena muestra desde el principio de su mandato. Una de sus primeras intervenciones públicas la dedicó a criticar a la posmodernidad, por el relativismo que contiene y por la inevitable carencia de valores que implica. Hasta aquí nada nuevo, si no fuera porque la crítica estaba hecha, sorprendentemente, desde una interpretación de la modernidad que ha ido desarrollando de manera progresiva en los últimos meses.</p>
<p>De esta interpretación constituye un episodio relevante la conferencia de Ratisbona. En ella Benedicto XVI da un paso más en su proyecto y, con el argumento historiográfico de que el cristianismo surge de la convergencia entre la fe bíblica y la filosofía griega, reivindica la racionalidad de aquél. Semejante interpretación implica deslizar una interpretación de la modernidad bien particular. Porque, frente al esquema más clásico y consolidado entre los historiadores de las ideas, que consideraba el desafío ilustrado como un momento culminante en el proceso emancipatorio de la humanidad, en el que por vez primera se diseñaba un futuro en el que las relaciones entre las personas no vinieran determinadas por la riqueza o el dominio, ni el conocimiento nublado por ningún tipo de superstición (religiones incluidas), ahora este Papa propone una lectura de la modernidad en términos de episodio culminante de la historia del cristianismo.</p>
<p>Por supuesto que semejante lectura precisa desembarazarse del incómodo lastre de esa modernidad laica y agnóstica, cientificista e inmanente, que hasta hace bien poco había estado en el punto de mira de tantos ideólogos eclesiásticos. Por de pronto, una insidia ha quedado deslizada: la modernidad descreída y laica constituye en realidad una patología de lo moderno que desemboca, inevitablemente, en la posmodernidad, ya descalificada. La auténtica modernidad, la de origen cristiano, es la única que nos garantiza un lugar a salvo de los excesos, tanto de la posmodernidad (identificada con la sociedad actual, materialista y sin valores) como de la premodernidad.</p>
<p>Es en este contexto en el que entra en escena la crítica de Benedicto XVI al islam, al que identifica con lo premoderno. El esquema, así, queda cerrado. Esta presunta <em>modernidad cristiana</em> representa la única forma de escapar de la disyuntiva dibujada previamente por el mismo autor: o razón sin Dios o Dios sin razón. Que la operación intelectual de síntesis entre Dios y razón sea extremadamente discutible parece ser aquí lo de menos. La historia del pensamiento occidental es tan rica y compleja que permite extraer de ella los ejemplos que convenga. Pero habrá que decir, por lo menos, que poco tiene que ver la razón ilustrada con la razón a la que parece remitirse este Papa. Que la discusión entre fe y razón está presente en el cristianismo desde sus orígenes es cosa sabida. Pero también debiera serlo -y parece querer soslayarse- la resistencia de la Iglesia ante la ciencia moderna representada por Galileo, episodio que ahora se escamotea. Como también parecen querer escamotearse, o quitar importancia, a las condenas recibidas por prácticamente la totalidad de autores modernos, de Hume a Sartre, pasando por Kant, Nietzsche y ya no digamos Marx, acusados hasta hace bien poco precisamente del delito de modernidad.</p>
<p>Se entenderán, por tanto, mis reservas ante quienes entienden que Benedicto XVI ha pecado simplemente de imprudencia, citando un pasaje que, sacado de contexto, ha irritado a amplios sectores de la opinión pública islamista. En todo caso, aunque hubiera habido una cierta imprudencia, lo que ésta delataría es un esquema bien definido, en el que la doctrina de la Iglesia se plantea, ahora, como el único antídoto contra el <em>fanatismo de cualquier tipo.</em> El alcance de la operación no se le debería ocultar a nadie. En este esquema, el enemigo (o sea, el fanático) no sólo está fuera. De hecho, hace escasas semanas el cardenal Rouco Varela criticaba el proyecto de introducir la nueva asignatura de educación para la ciudadanía con el llamativo argumento de que eso iba a significar la implantación de un <em>fundamentalismo laico</em> en las mentes de los niños.</p>
<p>Harían mal analistas y politólogos en desdeñar el alcance de esta operación, que, de salir bien, proporcionaría a la Iglesia católica no sólo un enorme protagonismo estratégico, sino también una renovada centralidad ideológico-política, susceptible de atraer a muy diversos sectores. Por lo que respecta a esto último, habrá que recordar que la herencia recibida de Juan Pablo II por parte de Benedicto XVI le permite a éste reivindicar esa imagen de <em>enemigo de cualquier fanatismo,</em> sea el del islam o sea el de George W. Bush (no en vano el papa Woytila condenó en su momento la invasión de Irak), o de campeón de la moderación y el buen sentido, como se prefiera. En cuanto a lo primero, probablemente nos encontremos -se me disculpará la simplificación- ante una audaz síntesis de Habermas y Huntington, en la que la señalada defensa de lo racional se ve acompañada de la apropiación de esa presunta civilización occidental por parte de la Iglesia católica. Con el corolario inevitable: quién mejor, entonces, que su Sumo Pontífice para administrar tan valioso legado. Desde luego, si le sale bien la operación, tenemos san Pedro para rato. De los cristianos, mejor hablamos otro día.</p>
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		<title>Claves de un discurso</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Oct 2006 13:56:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Olegario González de Cardedal</strong> (ABC, 04/10/06):</p>
<p>UNA vez agotados los ecos de las palabras del Papa en Ratisbona, es necesario que nos preguntemos por su voz verdadera. ¿Cuáles son las intenciones de aquella intervención, que tiene todas las características de análisis de la realidad espiritual de nuestro tiempo a la vez que de propuesta para un futuro espiritual nuevo? Ni el lugar ni el momento fueron fortuitos para hablar de esas cuestiones, que unen a la vez que diferencian a creyentes y no creyentes, a los que centran en la ciencia y la técnica las palancas de la humanización &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11910/claves-de-un-discurso/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Olegario González de Cardedal</strong> (ABC, 04/10/06):</p>
<p>UNA vez agotados los ecos de las palabras del Papa en Ratisbona, es necesario que nos preguntemos por su voz verdadera. ¿Cuáles son las intenciones de aquella intervención, que tiene todas las características de análisis de la realidad espiritual de nuestro tiempo a la vez que de propuesta para un futuro espiritual nuevo? Ni el lugar ni el momento fueron fortuitos para hablar de esas cuestiones, que unen a la vez que diferencian a creyentes y no creyentes, a los que centran en la ciencia y la técnica las palancas de la humanización frente a los que las centran en la cultura y en la religión.</p>
<p>Discurso en Alemania; en Ratisbona, sede episcopal de San Alberto Magno, patrón de los científicos; ante mil quinientos profesores universitarios; en la universidad en la que él había sido profesor; una lección de teología, dentro de una facultad perteneciente a la Universidad del Estado como las demás, para dar cuenta y razón de todo lo que el hombre quiere saber, debe hacer, le está permitido esperar, anhela para sí mismo y su destino en el mundo; una invitación al diálogo con todas las formas fundamentales del saber humano, mostrando cómo la fe, vivida a la altura de la conciencia histórica y la razón ensanchada hasta sus límites últimos se fecundan en reciprocidad. De esa Facultad de Teología y universidad dice: «Formamos un todo y trabajamos en el todo de la única razón con sus varias dimensiones, estando así juntos también en la común responsabilidad por el recto uso de la razón».</p>
<p>Su punto de partida es la revelación de Dios en Cristo, que une el elemento de manifestación gratuita de Dios al hombre con el elemento humano de comprensión humana de Dios. El evangelio es logos y dynamis, palabra y razón, de Dios insertado en nuestra historia. Dios es descubrible por la razón, en oración y diálogo. La manifestación de Dios reclama del hombre descubrir la lógica divina y corresponderle con la propia. Dios no es mero poder, exigencia, ley, sino razón, amor en espera de respuesta en libertad. Este es el legado fruto del encuentro entre el cristianismo y el mundo griego, que éste recoge y forma ya parte inalienable de su esencia. El evangelio, engendrado en matriz judía, está escrito en griego. La iglesia debe incardinarse en cada cultura, pero esa conjugación de evangelio y logos griego es irrenunciable, porque fue una «decisión fundamental del origen consecuente con la naturaleza de la fe misma».</p>
<p>El texto clave en el discurso es el comienzo del evangelio de San Juan: «En el principio era el Logos (palabra, razón, sentido)». Esta afirmación es un rechazo de otras lecturas. Frente a ellas anuncia: en el principio no estaban el silencio, la mudez, el azar, la necesidad o la arbitrariedad, sino la palabra, la razón, la libertad, el amor. Con la libertad creadora de Dios y su razón inmanente a todas las cosas creadas está dada la capacidad fundamental del hombre para conocer el sentido de lo real porque, al ser creado por el Dios Logos, participa de su lógica e inteligibilidad. La ciencia ha nacido en Occidente al encontrarse la noción bíblica de creación (el mundo participa del logos de Dios y es inteligible) y la noción griega de razón. El hombre es imagen de Dios, por ello inteligente y libre. El cristianismo es la religión de la razón y del amor y, como unión de razón y amor, es la religión de la libertad (Hegel). No hay cristianismo ni verdadera religión sin razón, sin amor y sin libertad. Sólo un Dios razón, amor y libertad es digno del hombre y sólo un hombre, viviendo conforme a ellas, es digno de Dios.</p>
<p>¿A quién se dirige el Papa primordialmente? Tres son los destinatarios manifiestos de sus palabras: la reducción cientista de la razón (racionalismo cerrado de ciertas corrientes universitarias), la abolición de la razón con la absolutización fanática de la fe (integrismos de toda procedencia, entre ellos el islámico) y la separación dualista entre razón y fe (ciertas corrientes derivadas de Lutero y prolongadas en filosofía por Kant, Harnack, protestantismo liberal).</p>
<p>Europa no quiere aceptar que el primer destinatario de las palabras del Papa no es el islam sino Occidente. A éste quería mostrarle que ha elevado la razón científico-técnica a categoría suprema para comprender la realidad, excluyendo la referencia al orden moral, a Dios, al sentido que la fe ofrece al hombre. Una razón que no se abre a las cuestiones de la ética, del destino humano y de las últimas preguntas se está suicidando. Toda propuesta, para ser merecedora de atención al hombre que piensa, debe ofrecerle un conocimiento de la realidad, una ética con criterios para vivir en la bondad y en la verdad, una propuesta de salvación última. La ciencia se ejerce dentro de unos límites, que no puede absolutizar como si ella fuera el todo de la racionalidad humana. La razón puede ser extendida más allá de lo que su ejercitación técnica puede dar de sí. La fe no es racional ni científica en el sentido de la física o la matemática pero no por ello deja de ser razonable como lo son otras realidades de la vida humana no aprehensibles con el método de las ciencias puras. Existen la belleza y la verdad, la sabiduría y la esperanza, el amor y la fidelidad, la confianza en el prójimo y en el Otro. El hombre confina con el Absoluto; capaz de dar de sí y de recibir de Aquel. A quien se absolutiza a sí mismo no le queda otro horizonte inmediato que su finitud y otro horizonte último que la muerte.</p>
<p>Hecho este diagnóstico, el Papa propone un programa: la diferenciación a la vez que la unión entre razón y fe por el descubrimiento de su raíz común: el Dios creador que es Logos y Amor. Desde aquí invita a una colaboración en libertad entre las culturas y las religiones, Aquí se sitúan sus referencias al islam que valen también para ciertos periodos pretéritos de la historia de la Iglesia: la fe no se puede propagar por la violencia. La libertad es condición para que la fe sea un acto digno del hombre y digno de Dios; la guerra es medio perverso para trasmitir la fe. Cristianos y musulmanes deben superar la distancia existente entre sí para redescubrir la vocación común: ser signos vivientes del Dios clemente y misericordioso, trascendente a la vez que encarnado, señor del hombre a la vez que su amigo en una alianza, que los hace solidarios de destino en vida y muerte.</p>
<p>El Papa le dice a Occidente: «Una razón que es sorda a lo divino y que relega la religión al espectro de las subculturas es incapaz de entrar en diálogo con las culturas». Y al islam: Dios es razón y no sólo voluntad, creador de un hombre racional capaz de conocer sus designios. Actuar contra la razón es actuar contra Dios. Y la conclusión común: «Es a este gran logos, a la anchura de la razón, a donde invitamos a nuestros compañeros en el diálogo de las culturas. Es la gran tarea que la Universidad tiene que redescubrir constantemente». Tal es el programa de Ilustración y religión que el Papa propone. (El Vaticano, igual que muchas editoriales, podrían proveerse de mejores traductores: Aufklärung se traduce en italiano por «iluminismo», pero en español por «Ilustración»: «el llamado» es una palabra argentina cuyo equivalente español es «la vocación» y no son equivalentes un «pedido» y una «petición»).</p>
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		<title>De cruzados y guerras santas</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Sep 2006 06:10:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por  <strong>Samuel Hadas</strong>, analista diplomático. Primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede (LA VANGUARDIA, 26/09/06):</p>
<p>El Papa Benedicto XVI ofreció ayer la rama de olivo a los embajadores musulmanes ante la Santa Sede y jerarcas islámicos italianos, en un nuevo esfuerzo para calmar la conmoción que desencadenó en el mundo islámico una cita, sacada de su contexto, de un texto medieval. Su crítica a la violencia en el islam ha conducido a una tensión entre el cristianismo y el islam sin precedentes en siglos. El Papa no pretendía otra cosa que proponer un examen de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11766/de-cruzados-y-guerras-santas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por  <strong>Samuel Hadas</strong>, analista diplomático. Primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede (LA VANGUARDIA, 26/09/06):</p>
<p>El Papa Benedicto XVI ofreció ayer la rama de olivo a los embajadores musulmanes ante la Santa Sede y jerarcas islámicos italianos, en un nuevo esfuerzo para calmar la conmoción que desencadenó en el mundo islámico una cita, sacada de su contexto, de un texto medieval. Su crítica a la violencia en el islam ha conducido a una tensión entre el cristianismo y el islam sin precedentes en siglos. El Papa no pretendía otra cosa que proponer un examen de conciencia en las religiones, empezando por la suya, condenar un extremismo fundamentalista que muchos, entre ellos no pocos musulmanes, consideran que ha secuestrado el islam, así como su convicción, también compartida mayoritariamente, de que la religión no debe ser usada para justificar violencia alguna.</p>
<p>Las doctas palabras del Papa en la Universidad de Ratisbona no sólo han tenido el efecto de herir sensibilidades en el mundo islámico, sino que han proporcionado, precisamente a sectores fundamentalistas en el mundo islámico, especialistas en el arte de manipular sensibilidades religiosas, una nueva oportunidad para sus estrategias de movilización para nutrir la guerra de civilizaciones que propugnan. &#8220;Quería explicar que la religión no va unida a la violencia, sino a la razón&#8221;, explicó el Papa. Las reacciones a unas reflexiones en contra de la difusión de la fe mediante la violencia han demostrado que, aparentemente, las voces fundamentalistas más intransigentes son las que dominan en el mundo islámico. Ha quedado demostrado nuevamente cuán fácil es sacar una frase de su contexto y manipularla y cuán difícil es demostrar que una malintencionada interpretación es producto de la mala fe.</p>
<p>Las olas expansivas de la conmoción llegaron raudamente a todas partes. En pocos días el Papa vio al mundo sumido en una viva polémica. No pocas de las reacciones han sido moderadas, como la del diario libanés <em>Daily Star</em>,que editorializa que la violencia &#8220;no debería ocupar lugar en la respuesta contra los errores del Papa&#8221;. El columnista Souheila al Jaad considera que los musulmanes deben aceptar las disculpas del Papa y demostrar que el islam es un ejemplo de diálogo. Ali Bardakoglu, director de Asuntos Religiosos de Turquía, lamentó las &#8220;reacciones islámicas contra templos cristianos&#8221;. Pero dominaron las voces más radicales y algunas llegaron a evocar la guerra santa contra los infieles intentando utilizar las palabras de Benedicto XVI simplemente como un pretexto para &#8220;inflamar un odio largamente incubado&#8221;, como editorializa el rotativo de la Iglesia católica de Italia<em>Avvenire</em>.Para el ayatolá</p>
<p>Ali Jamenei, lider supremo iraní, las palabras del Papa son el &#8220;último eslabón de una cruzada norteamericana-israelí contra el islam, que trata de generar crisis entre las religiones para alcanzar sus objetivos diabólicos&#8221;, mientras que la globalizada red terrorista Al Qaeda prometía que &#8220;su guerra santa contra los devotos de la cruz continuará hasta que el islam se apodere del mundo&#8221;. Nada más ni nada menos. No pocos son los católicos que consideran que la virulenta erupción demuestra que algunos elementos en el islam responden con la violencia antes que con la razón. &#8220;Las violentas reacciones en muchas partes del mundo islámico justifican precisamente uno de los mayores temores del Papa&#8221;, afirma el cardenal George Pell. Pero, según el periodista italiano Piero Ostellino, pocos han sido en el mundo judeo-cristiano y en la sociedad democrática-liberal los que han alzado sus voces en defensa del Papa, al que, lamentablemente, agrega, algunos reprochan haber tratado &#8220;imprudentemente&#8221; el problema.</p>
<p>¿Síndrome de hipersensibilidad religiosa? ¿Es el fundamentalismo religioso el que determina el tono? Parecería que aquellos políticos y clérigos que han utilizado las palabras del Papa, de la misma manera con que intentan instrumentalizar políticamente cualquier referencia desacertada proveniente de Occidente para enrarecer la atmósfera y promover la discordia, han logrado intimidar a los sectores más moderados y racionales, que no se atreven a discrepar. Éstos han sido desbordados por los extremistas. ¿Se trata, como sugiere un periodista español, de un cálculo cínico o indiferente que compra seguridad al fanático a cambio de manos libres para atacar a Occidente? Según el filósofo francés Rémi Brague, muchos líderes islámicos deberían pedir disculpas por haber instrumentalizado el sentimiento religioso de sus fieles para revestirse de legitimidad.</p>
<p>Es prematuro aún anticipar las lecciones que deberían extraerse de la violenta polémica de la que somos testigos. Ignorancia y rechazo son las principales causas del conflicto entre Occidente y el mundo islámico, asegura el príncipe Karim Aga Khan, líder espiritual de quince millones de musulmanes. Efectivamente, no estamos ante un choque de civilizaciones, sino ante un intento de mala fe de utilizar la profunda ignorancia recíproca existente entre los mundos, sobre todo en el seno del islam, para no solamente secuestrar la religión, sino para hacerse con el poder político e imponer su ley.</p>
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		<title>Las cosas por su nombre</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Sep 2006 09:31:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Luis de León Azcárate</strong>, profesor de Teología de la Universidad de Deusto (EL CORREO DIGITAL, 25/09/06):</p>
<p>Tengo que confesar que cuando leí el texto completo de la conferencia de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, enseguida pensé que sus alusiones a Mahoma y a la &#8216;yihad&#8217; o guerra santa, no propias del Papa sino entresacadas de un texto del siglo XIV, podrían escandalizar a los amigos de lo políticamente correcto. Pero consideré que, al tratarse de una conferencia universitaria, casi nadie la leería y apenas tendría relevancia. Me equivoqué, aunque sigo pensando que son pocos los &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11749/las-cosas-por-su-nombre/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Luis de León Azcárate</strong>, profesor de Teología de la Universidad de Deusto (EL CORREO DIGITAL, 25/09/06):</p>
<p>Tengo que confesar que cuando leí el texto completo de la conferencia de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, enseguida pensé que sus alusiones a Mahoma y a la &#8216;yihad&#8217; o guerra santa, no propias del Papa sino entresacadas de un texto del siglo XIV, podrían escandalizar a los amigos de lo políticamente correcto. Pero consideré que, al tratarse de una conferencia universitaria, casi nadie la leería y apenas tendría relevancia. Me equivoqué, aunque sigo pensando que son pocos los que la han leído a fondo, y menos de entre aquellos que se rasgan las vestiduras ante ella y actúan y vociferan de manera, una vez más, tan desproporcionada, incluida cierta falsa progresía española que suele callarse cuando los ataques son contra el Dios cristiano o la Iglesia católica. Conviene subrayar que se trata de un discurso o conferencia escrita y dirigida en un tono claramente académico y universitario. No es un documento doctrinal que requiera de ningún tipo de asentimiento por parte de los fieles. Y, como todo texto académico, susceptible de debate científico y racional, que no es precisamente por lo que se han caracterizado las reacciones de ciertos grupos musulmanes, a excepción de las sorprendentes, por positivas, del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, quien sí parece haber entendido muy bien el sentido del discurso: &#8216;Musulmanes, cristianos, judíos, todos, si verdaderamente son seguidores de Dios, son partidarios de la paz, de la hermandad&#8217;.</p>
<p>En mi opinión, dos ideas transversales cruzan esta conferencia de pensamiento muy sólido, como es habitual en el teólogo Ratzinger: No actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios y, derivadamente, actuar violentamente en nombre de Dios es contrario a la verdadera naturaleza divina. Incuestionable teológicamente. Quizá el único error imputable a la conferencia, pero menor y discutible, sea la consideración de la sura 2,256 como «una de las suras del periodo inicial en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado», cuando los especialistas suelen considerar esta sura del periodo de Medina y no del de la Meca al que implícitamente alude el Papa. Pero la acusación principal contra el discurso, dejando aparte absurdas imputaciones de ser una llamada a una nueva cruzada, fue la de su profundo desconocimiento del Islam al identificar la &#8216;yihad&#8217; con la &#8216;guerra santa&#8217;.</p>
<p>¿Es realmente un error semejante identificación? Conviene señalar que traducciones recientes del Corán nada sospechosas de filo-occidentalismo, como la de Muhammad Asad, &#8216;El Mensaje del Qur&#8217;an. Traducción del árabe y comentarios&#8217;, (traducción española de Abdurrasak Pérez), Junta Islámica, Córdoba 2001, utilizan la expresión «yihad o guerra santa», si bien en este caso únicamente entendida como guerra defensiva. En un sentido estricto, el concepto de &#8216;guerra santa&#8217; como tal se remonta a la cultura griega y fue utilizado por Tucídides en el siglo V a. C. para denominar &#8216;guerras santas&#8217; (hieroi polemoi) a las guerras entabladas por la anfictionía de Delfos contra los violadores de los lugares sagrados de Apolo (Tucídides, &#8216;Guerra del Peloponeso&#8217;, I, 112).</p>
<p>En la Biblia, particularmente en el Antiguo Testamento, el término no aparece propiamente como tal, pero nadie puede negar que la conquista de la Tierra Prometida por parte de Israel y las denominadas «guerras de Yahvé» están claramente enmarcadas en lo que se entiende es una guerra santa. De igual modo que se entendieron así más tarde las Cruzadas cristianas, contraviniendo el sentido auténtico del mensaje y la vida de Jesús de Nazaret. Lo mismo ocurre con el concepto de &#8216;yihad&#8217;, el cual, según la mayoría de expertos, tiene el sentido originario de &#8216;esfuerzo&#8217;, un esfuerzo que no se reduce a la lucha espiritual interior sino que también incluye el sentido de esfuerzo en la batalla. Así lo explica uno de los mejores conocedores del Islam de nuestros días, Bernard Lewis, en su libro &#8216;El lenguaje político del Islam&#8217; (original en inglés de 1988), Taurus, Madrid (2004) 123-124: «En uno de estos mandamientos se basa la noción de guerra santa, en el sentido de guerra ordenada por Dios. El término que se traduce así es &#8216;gihad&#8217;, palabra árabe con el significado de &#8216;esfuerzo&#8217;, &#8216;lucha&#8217; o &#8216;batalla&#8217;. En el Corán, y aún más en las Tradiciones, seguida general, aunque no invariablemente, por las palabras «en la senda de Dios», se ha entendido como «hacer la guerra». Todas las grandes colecciones de hadites contienen una sección dedicada al &#8216;gihad&#8217;, en la que predomina el sentido militar. Lo mismo vale para los manuales clásicos sobre la ley de la &#8216;sari&#8217;a&#8217;. Hubo quien afirmó que &#8216;gihad&#8217; se debía entender en un sentido moral y espiritual más que militar. Estos argumentos fueron defendidos por los teólogos chiíes de la época clásica y con mayor frecuencia por los modernistas y reformistas de los siglos XIX y XX. Sin embargo, la inmensa mayoría de los teólogos, juristas y tradicionalistas clásicos entendieron la obligación del &#8216;gihad&#8217; en un sentido militar y así lo han estudiado y expuesto».</p>
<p>Como sostienen muchos especialistas ante la evidencia de los acontecimientos históricos, no puede negarse que la &#8216;yihad&#8217; puede invocar, al menos en cierta medida, al mismo Mahoma (él combatió en Badr y Umar, y ordenó asesinar a no pocos oponentes), y que, legitimada en un principio por la necesidad de defender a la comunidad musulmana de Medina y de recuperar la Meca, la &#8216;yihad&#8217; no cesó al cumplirse rápidamente estos objetivos, sino que aumentó y se transformó en una guerra de conquista. Es obvio que hoy existen grupos terroristas islámicos que así la invocan y sería de agradecer que el islamismo moderado hiciera un esfuerzo mayor por deslegitimar, desde su misma fe, estas interpretaciones.</p>
<p>El necesario diálogo entre religiones debe serlo desde el respeto mutuo, y principalmente desde la razón y la irrenunciable defensa de los derechos humanos de todas las personas. Una razón, como dice el Papa en su conferencia de Ratisbona, no limitada a lo empíricamente verificable ni excluyente de las preguntas por la ética y la religión. Y en este sentido es necesario que todas las religiones hagan autocrítica (práctica que unas ejercen más que otras) y reconozcan su debe y su haber en el compromiso por la dignidad del ser humano. En el caso de los textos fundacionales y sagrados de las grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e Islam) es evidente que en ellos, de una manera u otra, la violencia está presente y justificada en nombre de Dios.</p>
<p>Estas tres religiones han sido puestas bajo sospecha porque su pretensión de poseer y de universalizar la verdad absoluta revelada por la divinidad habría propiciado la intolerancia e incluso la violencia hacia aquellas formas de pensamiento que no se ajustaran a dicha verdad. Y, hay que reconocerlo, esto ha sido cierto, en mayor o menor medida según casos, a lo largo de la Historia. Conviene, por tanto, que las religiones, cada una en la medida en que le corresponda, hagan autocrítica de esta realidad, así como reconocer que en sus distintos libros sagrados se encuentran justificadas muchas formas de violencia que deberían ser hoy superadas. Lo que no es admisible, como sucede en ocasiones, es buscar interpretaciones eufemísticas o traducciones forzadas de textos que relativizan, por no decir niegan, la existencia de dicha violencia. La lectura histórico-crítica de todo libro considerado sagrado (lo que no significa renunciar a su consideración de libro inspirado), en particular de sus tradiciones violentas, es necesaria para evitar toda forma de religión degenerada o morbosa. Pero esta lectura histórico-crítica, a la que el cristianismo (salvo excepciones sectarias), forzado en parte por la Ilustración, ya ha llegado hace tiempo, se hace imposible cuando el libro sagrado se entiende como una revelación directa de la divinidad dada de una vez y para siempre, y para todos los órdenes de la vida, sin distinción entre el mundo secular y el religioso. Y ésta es una cuestión que el Islam deberá resolver tarde o temprano, lo que no significa que renuncie a sus incuestionables valores ni que deba asimilarse, sin más, a una cultura occidental que muchas veces desconfía o reniega de Dios.</p>
<p>Este esfuerzo de autocrítica y racionalidad por parte de todas las religiones sería una lección también para muchas ideologías y partidos políticos excesivamente satisfechos de sí mismos, cuya historia está, sin embargo, en ocasiones manchada de sangre y de ignominia. Una lección de la que todos deberíamos aprender.</p>
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		<title>El teólogo y el estadista</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Sep 2006 17:37:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Predrag Matvejevic</strong>, escritor croata, profesor de Estudios Eslavos en la Universidad de Roma (EL PAÍS, 24/09/06):</p>
<p>Nadie es perfecto, se dice banalmente. Cada uno de nosotros, pobre siervo o gran príncipe, simple creyente o soberano Pontífice, puede cometer, se nos repite, un error, es decir, un pecado venial o grave. <em>Errare humanum est</em> nos enseñaban nuestros profesores de latín. ¿Puede entonces hablarse de una metedura de pata de su santidad Benedicto XVI sin por ello tener la menor intención de disminuir su importancia como eminente teólogo e importante hombre de la Iglesia?</p>
<p>Las consecuencias de nuestros fallos son &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11741/el-teologo-y-el-estadista/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Predrag Matvejevic</strong>, escritor croata, profesor de Estudios Eslavos en la Universidad de Roma (EL PAÍS, 24/09/06):</p>
<p>Nadie es perfecto, se dice banalmente. Cada uno de nosotros, pobre siervo o gran príncipe, simple creyente o soberano Pontífice, puede cometer, se nos repite, un error, es decir, un pecado venial o grave. <em>Errare humanum est</em> nos enseñaban nuestros profesores de latín. ¿Puede entonces hablarse de una metedura de pata de su santidad Benedicto XVI sin por ello tener la menor intención de disminuir su importancia como eminente teólogo e importante hombre de la Iglesia?</p>
<p>Las consecuencias de nuestros fallos son muy diferentes según las circunstancias. Dependen de nuestra condición, de la influencia que podamos ejercer, de la audiencia que tengamos. Y las palabras de un Papa son de las que se escuchan; sobre todo, cuando tienen una connotación polémica. Conmueven a los espíritus o inspiran a las almas. Su eco repercute y a menudo se refuerza o, según las circunstancias, incluso se deforma.</p>
<p>Eso es lo que ha ocurrido con los fragmentos de una conferencia que el papa Benedicto XVI pronunció en la Universidad de Ratisbona, en Alemania, el 12 de septiembre de 2006.</p>
<p>Nos parece que en esta ocasión el soberano Pontífice de algún modo se había olvidado de lo que es ahora al volver a encontrarse con su antiguo papel de profesor de Teología, brillante y escuchado por sus simpatizantes, provisto de toda suerte de referencias y citas. Sin tener en cuenta la púrpura que hoy le reviste y el peso que tiene un discurso del sucesor de San Pedro, no sólo en el mundo católico, sino también en las contradicciones de nuestro mundo común. No le hubiera ocurrido algo semejante a su predecesor Juan Pablo II. Karol Wojtyla había aprendido en la Europa del Este a comportarse en las situaciones más ambiguas y más graves, y ello en un momento en que la Iglesia pasaba por pruebas difíciles. Había adquirido una vasta cultura política que tenía en cuenta las circunstancias ambientales con más cuidado e incluso con circunspección. Esa es quizá la gran diferencia entre el Papa desaparecido y el que le ha sustituido.</p>
<p>Se puede temer que el gesto que algunos califican de inútil y perjudicial, si no de irreflexivo y sorprendente, perjudique a la búsqueda del diálogo que había perseguido con tanta energía y empeño Karol Wojtyla. Nadie puede dudar de la gran cultura teológica de Joseph Ratzinger. Su pensamiento tenía a menudo el aire de un discurso al que la gran filosofía alemana y sus síntesis no eran en absoluto ajenas. Su rostro, y especialmente su mirada, revelan una inspiración profunda y una bondad de alma indiscutible. Sólo una vez he podido tener un encuentro indirecto con él, en<em> Dibattito sul laicismo (Debate sobre el laicismo),</em> libro con textos recopilados y editados por Eugenio Scalfari para<em> La Repubblica</em>. Probablemente, él mismo sugirió a Juan Pablo II, entre otras cosas, la idea de una &#8220;laicidad justa&#8221; <em>(laicità giusta),</em> opuesta al laicismo primario. &#8220;La laicidad justa es la libertad de la religión. El Estado no impone una religión, sino que da libre espacio a las religiones con una responsabilidad hacia la sociedad civil y, por lo tanto, permite a estas religiones ser factores en la construcción de la vida social&#8221; (op. Cit. página 167). ¿Qué más se le puede pedir a un soberano Pontífice de nuestro siglo? Las mentes sagaces a veces reconocían en la voz fuerte de Juan Pablo II la inflexión del acento de aquel que guió durante su pontificado la Congregación para la Doctrina de la Fe.</p>
<p>Y después de todo eso, en un momento en que su mirada se había detenido en las fronteras de su entorno familiar, en el seno de su país, prevaleció el profesor Ratzinger sobre el teólogo y el teórico sobre el soberano Pontífice. Muchos de nosotros hemos conocido momentos semejantes. El error del Papa -y que se me perdonen el llamarlo metedura de pata- llega en un momento en que el mundo islámico sigue profundamente afectado por las guerras de Afganistán e Irak, y en que la herida de Líbano todavía no ha cicatrizado. Aún más, el gesto y las palabras parecen sostener de alguna manera la política de George Bush, justamente cuando ésta, por fin, empieza a ser rechazada en los mismos Estados Unidos.</p>
<p>Hay errores cuyas consecuencias son tales que para repararlos se necesita mucho tiempo, a veces toda una época.</p>
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		<title>Con el debido respeto</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Sep 2006 15:08:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Luis Zubizarreta</strong> (EL CORREO DIGITAL, 23/09/06):</p>
<p>La lección magistral que Benedicto XVI impartió hace unas semanas en su antigua Universidad de Ratisbona contiene una profunda reflexión sobre asuntos que, aunque parezcan estrictamente teológicos, tienen mucho que ver con preguntas que interpelan al hombre moderno en ámbitos importantes de su vida. La disertación versó sobre el concepto cristiano de la trascendencia de Dios, la relación entre razón y fe, el encuentro entre helenismo y cristianismo, los límites del racionalismo cientificista y la posibilidad de un diálogo racional entre el mundo de la ciencia y el universo de la religión. &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11735/con-el-debido-respeto/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Luis Zubizarreta</strong> (EL CORREO DIGITAL, 23/09/06):</p>
<p>La lección magistral que Benedicto XVI impartió hace unas semanas en su antigua Universidad de Ratisbona contiene una profunda reflexión sobre asuntos que, aunque parezcan estrictamente teológicos, tienen mucho que ver con preguntas que interpelan al hombre moderno en ámbitos importantes de su vida. La disertación versó sobre el concepto cristiano de la trascendencia de Dios, la relación entre razón y fe, el encuentro entre helenismo y cristianismo, los límites del racionalismo cientificista y la posibilidad de un diálogo racional entre el mundo de la ciencia y el universo de la religión. Alejado del estilo formulario y estereotipado que es propio de los documentos papales, la lección de Benedicto XVI reflejó la personalidad de una mente versada en el manejo de los temas académicos, que no puede ser otra que la del propio teólogo Ratzinger. Nos encontramos, pues, ante una reflexión seria que invita a un debate que merezca ser adjetivado con el mismo calificativo.</p>
<p>Aceptando, pues, esa invitación, y confiado en que quien a tantos ha censurado admita, también él, la censura, me atrevo a proponer en este breve artículo una doble crítica que pretende ir más allá de la coyuntura y afecta tanto al enfoque global de la disertación del Papa como a sus contenidos de fondo.</p>
<p>Por lo que se refiere al enfoque, Benedicto XVI ha errado, en mi opinión, al desarrollar su tesis sobre los citados aspectos de la fe cristiana en contraposición al tratamiento que a los mismos daría la religión islámica. La cita de Manuel II Paleólogo, lejos de ser una alusión colateral a una polémica medieval, constituye, por su posición introductoria en el discurso y por la reiteración con que, a modo de &#8216;leit-motiv&#8217;, se insiste en su idea principal, el trasfondo sobre el cual se proyecta luego toda la disertación papal. El Pontífice se toma el trabajo de contextualizar las palabras del emperador bizantino, dedica cuatro párrafos a desarrollar su pensamiento, dice tomarlo como «punto de partida» para sus reflexiones y vuelve varias veces sobre la idea central del pasaje que tanta controversia ha desatado: «No actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios». El error que comete Benedicto XVI no se limita, por tanto, a la inoportunidad de una cita en la que se vincula violencia e islam, sino que toca una cuestión de fondo al presentar como contrapuestas dos concepciones -la cristiana y la islámica- de la trascendencia de Dios.</p>
<p>Para contraponer tales concepciones, el Papa utiliza las palabras de un polemista del siglo XIV, que se encuentra precisamente, según el Pontífice explicita, en una situación de asedio por parte de los otomanos. Congela así, en un momento concreto de la historia del islam, lo que para éste ha sido un punto controvertido de su teología, y lo da además por sentado en virtud de la interpretación que de ese preciso punto hace un adversario. El islam queda así definido, en la mente de quien sigue el discurso de Benedicto XVI, como una religión en la que la trascendencia de Dios se concibe de una manera tan radical que no da cabida ni a la aproximación analógica a la divinidad ni a su más mínima comprensión racional. El Dios islámico, en contraposición al cristiano, sería un Dios desvinculado de toda racionalidad y, en consecuencia, arbitrario.</p>
<p>Y, sin embargo, Benedicto XVI habría podido construir su discurso en compañía del -en vez de en contraposición al- islam. Podría haber recurrido para ello, en lugar de a la visión reduccionista que de éste ofrece un enemigo acosado como Manuel II Paleólogo, a pensadores islámicos que, a lo largo de la historia, se han preocupado de las mismas cuestiones que el Papa abordó en su disertación de Ratisbona. A mano tenía, entre otros, el ejemplo del cordobés Averrores, quien, un par de siglos antes que el emperador bizantino y con mucha mayor solvencia que él, disertó precisamente sobre la trascendencia de Dios o la relación entre fe y razón, o sobre el concepto mismo de analogía, en unos términos que Benedicto XVI podía haber hecho tan suyos como propios de su pensamiento los hicieron los mejores teólogos cristianos de la Edad Media. Incluso uno de los puntos centrales de la disertación del Papa, el de la interacción entre filosofía griega y cristianismo, podría haber encontrado su mejor punto de apoyo en este mismo pensador islámico, que recuperó para el pensamiento occidental el legado perdido de la tradición helénica.</p>
<p>Si de este modo alternativo hubiera procedido, Benedicto XVI podría haber trasmitido el mensaje de que el esfuerzo de racionalización de la fe ha sido común, en algunos momentos de la tradición, al cristianismo y al islam, y que, si en este último se vio abortado por circunstancias de la historia, ello no implica la imposibilidad de que sea retomado en el futuro, de modo que ambas religiones puedan reencontrar en la razón el espacio desde el que entablar un diálogo productivo. Pero el Papa, en vez de en Averroes, prefirió fijarse en el Paleólogo. De ahí que lo que podría haber sido una invitación fraterna para que el islam retome aquel esfuerzo hace tiempo interrumpido se haya convertido en nueva fuente de polémica.</p>
<p>Por lo que se refiere a la crítica de contenidos, Benedicto XVI, en su loable empeño por cohonestar razón y fe, recurre al encuentro que desde el principio se produjo entre la predicación cristiana y la filosofía griega. Pero, al hacerlo, peca, en mi opinión, de exceso. Pensamiento helénico y fe cristiana quedan en su lección tan inextricablemente unidos que parecería contrario a la segunda desligarla del primero. Así, lo que para muchos no es sino una contingencia histórica -el acercamiento entre la fe bíblica y la filosofía griega- es presentado por el Papa como una «necesidad intrínseca». A favor de su tesis, el Pontífice busca evidencias cuyo carácter probatorio sólo puede ser aceptado por la subjetividad de quien las interpreta. Porque ni la versión veterotestamentaria de los Setenta ni el hecho de que el Nuevo Testamento fuera redactado en griego ni la invitación del macedonio para que Pablo predique en su tierra ni la cuestionable identificación del &#8216;logos&#8217; de Juan con la &#8216;razón&#8217; helénica ni la definición bíblica de Dios como &#8216;Yo soy&#8217; servirían, en el mejor de los casos, para probar nada que vaya más allá de la facticidad de un encuentro entre dos culturas. Desde luego, nada que guarde relación, como parece deducirse del discurso papal, con una especie de predestinación mutua al encuentro ni, desde luego, con una supuesta indisolubilidad del vínculo que de aquél habría surgido.</p>
<p>Este exceso en la valoración &#8216;teológica&#8217; del encuentro entre helenismo y cristianismo corre el riesgo de enfeudar la fe cristiana a una cultura particular y de encerrarla en un &#8216;eurocentrismo&#8217; que contradiría su vocación universal y disminuiría su capacidad de difusión. Tiende, en definitiva, a confundir cristiandad con cristianismo. Es innegable que cristianismo y helenismo han trabado, a lo largo de la historia, una sociedad enormemente productiva en muchos ámbitos de la actividad humana, y que el balance de las contribuciones que se han hecho el uno al otro resulta tremendamente equilibrado. Pero de ahí a la identificación entre ambos hay un trecho que, si se recorriera, haría del cristianismo el perdedor. En el planteamiento de Benedicto XVI se escuchan en exceso los ecos de las controversias que el cardenal Ratzinger mantuvo en su día con los teólogos que se arriesgaron a razonar sobre el pluralismo cultural y la inculturación de la fe cristiana. En tal sentido, los recelos frente a los diversos procesos de &#8216;deshelenización&#8217; del cristianismo que se han dado en la teología occidental están todavía demasiado vivos en su lección de Ratisbona.</p>
<p>Frente a este planteamiento, uno tiene el derecho a preguntarse si lo verdaderamente original y originario del cristianismo no reside precisamente en su &#8216;desarraigo&#8217; respecto de cualquier hecho cultural y si una de las tareas del teólogo y del cristiano no consiste, por ello, en depurar permanentemente su fe de las adherencias que, de aquí y de allí, le han sobrevenido a lo largo de la historia. A favor de este derecho uno podría alegar, con mayor fuerza probatoria que las citas a las que recurre el Pontífice, la sentencia con que Pablo dirimió el conflicto de los judaizantes: en lo que a la fe cristiana respecta, «no hay judío ni gentil, ni griego ni bárbaro».</p>
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		<title>Tolerance: A Two-Way Street</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Sep 2006 21:12:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Charles Krauthammer</strong> (THE WASHINGTON POST, 22/09/06):</p>
<p>Religious fanatics, regardless of what name they give their jealous god, invariably have one thing in common: no sense of humor. Particularly about themselves. It&#8217;s hard to imagine Torquemada taking a joke well.</p>
<p>Today&#8217;s Islamists seem to have not even a sense of irony. They fail to see the richness of the following sequence. The pope makes a reference to a 14th-century Byzantine emperor&#8217;s remark about Islam imposing itself by the sword, and to protest this linking of Islam and violence:</p>
<p>· In the West Bank and Gaza, Muslims attack seven churches.</p>
<p>· &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11720/tolerance-a-two-way-street/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Charles Krauthammer</strong> (THE WASHINGTON POST, 22/09/06):</p>
<p>Religious fanatics, regardless of what name they give their jealous god, invariably have one thing in common: no sense of humor. Particularly about themselves. It&#8217;s hard to imagine Torquemada taking a joke well.</p>
<p>Today&#8217;s Islamists seem to have not even a sense of irony. They fail to see the richness of the following sequence. The pope makes a reference to a 14th-century Byzantine emperor&#8217;s remark about Islam imposing itself by the sword, and to protest this linking of Islam and violence:</p>
<p>· In the West Bank and Gaza, Muslims attack seven churches.</p>
<p>· In London, the ever-dependable radical Anjem Choudary tells demonstrators at Westminster Cathedral that the pope is now condemned to death.</p>
<p>· In Mogadishu, Somali religious leader Abubukar Hassan Malin calls on Muslims to &#8220;hunt down&#8221; the pope. The pope not being quite at hand, they do the next best thing: shoot dead, execution-style, an Italian nun who worked in a children&#8217;s hospital.</p>
<p>&#8220;How dare you say Islam is a violent religion? I&#8217;ll kill you for it&#8221; is not exactly the best way to go about refuting the charge. But of course, refuting is not the point here. The point is intimidation.</p>
<p>First Salman Rushdie. Then the false Newsweek report about Koran-flushing at Guantanamo Bay. Then the Danish cartoons. And now a line from a scholarly disquisition on rationalism and faith given in German at a German university by the pope.</p>
<p>And the intimidation succeeds: politicians bowing and scraping to the mob over the cartoons; Saturday&#8217;s craven New York Times editorial telling the pope to apologize; the plague of self-censorship about anything remotely controversial about Islam &#8212; this in a culture in which a half-naked pop star blithely stages a mock crucifixion as the highlight of her latest concert tour.</p>
<p>In today&#8217;s world, religious sensitivity is a one-way street. The rules of the road are enforced by Islamic mobs and abjectly followed by Western media, politicians and religious leaders.</p>
<p>The fact is that all three monotheistic religions have in their long histories wielded the sword. The Book of Joshua is knee-deep in blood. The real Hanukkah story, so absurdly twinned (by calendric accident) with the Christian festival of peace, is about a savage insurgency and civil war.</p>
<p>Christianity more than matched that lurid history with the Crusades, an ecumenical blood bath that began with the slaughter of Jews in the Rhineland, a kind of preseason warm-up to the featured massacres to come against the Muslims, with the sacking of the capital of Byzantium (the Fourth Crusade) thrown in for good measure.</p>
<p>And Islam, of course, spread with great speed from Arabia across the Mediterranean and into Europe. It was not all benign persuasion. After all, what were Islamic armies doing at Poitiers in 732 and the gates of Vienna in 1683? Tourism?</p>
<p>However, the inconvenient truth is that after centuries of religious wars, Christendom long ago gave it up. It is a simple and undeniable fact that the violent purveyors of monotheistic religion today are self-proclaimed warriors for Islam who shout &#8220;God is great&#8221; as they slit the throats of infidels &#8212; such as those of the flight crews on Sept. 11, 2001 &#8212; and are then celebrated as heroes and martyrs.</p>
<p>Just one month ago, two journalists were kidnapped in Gaza and were released only after their forced conversion to Islam. Where were the protests in the Islamic world at that act &#8212; rather than the charge &#8212; of forced conversion?</p>
<p>Where is the protest over the constant stream of vilification of Christianity and Judaism issuing from the official newspapers, mosques and religious authorities of Arab nations? When Sheik &#8216;Atiyyah Saqr issues a fatwa declaring Jews &#8220;apes and pigs&#8221;? When Sheik Abd al-Aziz Fawzan al-Fawzan, professor of Islamic law, says on Saudi TV that &#8220;someone who denies Allah, worships Christ, son of Mary, and claims that God is one-third of a trinity. . . . Don&#8217;t you hate the faith of such a polytheist?&#8221;</p>
<p>Where are the demonstrations, where are the parliamentary resolutions, where are the demands for retraction when the Mufti Sheik Ali Gum&#8217;a incites readers of al-Ahram, the Egyptian government daily, against &#8220;the true and hideous face of the blood-suckers . . . who prepare [Passover] matzos from human blood&#8221;?</p>
<p>The pope gives offense and the Mujaheddin al-Shura Council in Iraq declares that it &#8220;will break up the cross, spill the liquor and impose the &#8216;jizya&#8217; [head] tax; then the only thing acceptable is conversion or the sword.&#8221; This to protest the accusation that Islam might be spread by the sword.</p>
<p>As I said. No sense of irony.</p>
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		<title>El islam no está contra el Papa</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Sep 2006 15:56:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Navarro-Valls</strong>, catedrático de la Universidad Complutense y autor del libro Del poder y de la Gloria (EL MUNDO, 22/09/06):</p>
<p>Acaba de concluir en Kazajastán el II Congreso de líderes de las religiones tradicionales del mundo. A la cita han asistido altos cargos de todas las grandes religiones, incluidos dos cardenales de la Iglesia católica y varios líderes musulmanes -entre estos últimos, el secretario general de la Liga Mundial de Muslim (Arabia Saudí), el gran muftí de Kazajastán, el rector de la Universidad Internacional Islámica de Pakistán y el ministro de Asuntos Religiosos de Egipto-. Como conclusiones de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11710/el-islam-no-esta-contra-el-papa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Navarro-Valls</strong>, catedrático de la Universidad Complutense y autor del libro Del poder y de la Gloria (EL MUNDO, 22/09/06):</p>
<p>Acaba de concluir en Kazajastán el II Congreso de líderes de las religiones tradicionales del mundo. A la cita han asistido altos cargos de todas las grandes religiones, incluidos dos cardenales de la Iglesia católica y varios líderes musulmanes -entre estos últimos, el secretario general de la Liga Mundial de Muslim (Arabia Saudí), el gran muftí de Kazajastán, el rector de la Universidad Internacional Islámica de Pakistán y el ministro de Asuntos Religiosos de Egipto-. Como conclusiones de la Declaración Final que fue aprobada por el conjunto de participantes destacan las que apoyan el diálogo interreligioso e intercultural, el esfuerzo colectivo por una cultura de la paz y la utilización de la autoridad espiritual de los líderes para rechazar toda violencia y terrorismo.</p>
<p>El discurso que el Papa pronunció recientemente en el paraninfo de la Universidad de Ratisbona -y que ha despertado tan grande polémica- se movía en esos parámetros. ¿Dónde está, pues, el problema? Es decir, ¿cuál es la causa de esa marejada levantada en algunas zonas islámicas? Los que trabajamos habitualmente en medios académicos sabemos que un texto, sacado de su contexto, pronto se convierte en pretexto. Pretexto para laminar al adversario científico, político o teológico. Descalificar un mensaje haciendo una relectura inexacta supone una falta de fidelidad a las fuentes, lo que produce -los universitarios lo sabemos bien- un caos dialéctico cuando se introduce un elemento ideológico extraño.</p>
<p>Como ha dicho Umberto Eco refiriéndose al incidente de Ratisbona, un pequeño episodio es deformado «para desencadenar movimientos de protesta por los radicales de turno». Según el propio Eco, «habría podido el Pontífice enunciar el teorema de Pitágoras y hubieran sido capaces de demostrar que era un ataque racista». De ahí la insistencia de la Santa Sede -de su portavoz, del Secretario de Estado y del propio Papa- en recomendar «una lectura atenta de todo el discuso pontificio». Y de ahí también que la Comisión Europea haya manifestado que hay que tener en cuenta el discurso del Papa «en su conjunto» y no reaccionar a «frases fuera de contexto y menos aún a frases sacadas deliberadamente de contexto». Las recientes intervenciones del presidente iraní y de Rodríguez Zapatero haciendo una llamada al diálogo inciden positivamente en un panorama en que los radicales comienzan a ser desplazados.</p>
<p>Es sintomático que los académicos de origen musulmán presentes en el paraninfo de Ratisbona no encontraran nada especialmente estridente en el discurso de Benedicto XVI. Sin embargo, la primera televisión que dio noticia de la famosa cita del Papa en esa universidad fue Al Jazira. (En ámbitos en los que suele leerse poco, esta cadena qatarí -de gran difusión en todos los países islámicos- llena el vacío.) Pero no hubo una exégesis, una aclaración del contexto, una citación completa. Esta falta de ética periodística rebotó a Occidente, a través de la BBC, y con la actual sensibilidad hacia el islam los ecos se amplificaron. Se abrió paso la idea de la existencia de una acerba confrontación. Es sorprendente que las manifestaciones comenzaran incluso antes de que el discurso fuera traducido a un idioma comprensible por las personas que salieron de manifestación.</p>
<p>Vistas las cosas con más calma, la realidad es que no son estrictamente correctos titulares de prensa como éste: «El islam contra el Papa». Todas las Televisiones del mundo han buscado -en vano- imágenes de grandes masas islámicas en marchas contra el Papa. Pero, ¿qué han podido reflejar? Dos docenas de manifestantes en Estambul; una manifestación ordenada y silenciosa en Teherán; poca cosa en Indonesia, primer país del mundo en demografía musulmana&#8230; No ha habido ninguna manifestación en Sudán -país duro del islam-. Tampoco en Senegal, con mayoría islámica, ni en Nigeria -con una región integrista como Kaduna-. Nada en Malasia. Dos botellas de gasolina contra los muros exteriores de dos iglesias cristianas no católicas en Palestina. Ciertamente, ha sido asesinada una religiosa con su guardaespaldas, pero eso es más bien un acto del radicalismo yidahista que algo conectado con el sentir popular. Aunque éste puede encenderse en el futuro, desde luego, si se le manipula adecuadamente.</p>
<p>En cuanto a las manifestaciones verbales, las más llamativas han sido las del presidente Erdogan en Turquía, el rey Mohamed VI en Marruecos, el ministro de Exteriores de Pakistán y algún otro dirigente político. Según los analistas, se trata de líderes con problemas internos que han aprovechado para intentar incorporar o recuperar a sus posiciones movimientos integristas nacionales. Lo mismo se puede decir de algunos líderes religiosos musulmanes: daba la impresión de que competían por el liderazgo en una religión sin clara jerarquía.</p>
<p>En contraste, el gran muftí de Damasco, Ahmad Al-Din Hasoun, ha manifestado noblemente: «Después de lo que el Papa dijo el domingo pasado en el Angelus, no necesito otra clarificación. Lo que es necesario es hablar para evitar que los extremistas aticen el odio. He leído la totalidad de su discurso y no he encontrado la voluntad de levantar el odio religioso». Igualmente, el gran imán de al Azhar, el jeque Mohamed Sayed Tantaui, acaba de hacer un llamamiento a favor del diálogo y en contra de los conflictos. Estas intervenciones avalan la tesis de que no es el islam quien se opone al Papa sino sólo los extremistas, que son un peligro también -y quizás, sobre todo- contra el islam mismo.</p>
<p>Dejando al margen el incidente de Ratisbona, ¿qué hay en el fondo de estas incomprensiones? Probablemente más que una confrontación de culturas, como diría Hutchison, lo que existe es un choque de epistelmologías. Es decir, del modo de concebir el propio sentido de la razón. En Occidente se cree -y esto se debe a sus raíces cristianas- que la razón puede plantear cualquier cuestión, también de exégesis histórica. La teología cristiana -tanto la católica como la protestante- hace radicar su fuerza en el juego combinado de fe y razón. Ésta puede responder a preguntas sobre Dios en su relación con los hombres. La parte más integrista del islam -no la moderada- renuncia (cuando no prohibe) a plantearse cuestiones que tengan que ver con la literalidad del Corán o con el Profeta. La simple mención de esos temas en una cita académica -aunque sea para argumentar en contra- se transmuta en una ofensa o en una blasfemia. De ahí el malentendido con el discurso del Papa.</p>
<p>Quedaría un último punto para la reflexión: ¿cuál es en realidad el pensamiento de Benedicto XVI sobre el islam y su relación con el cristianismo? Sobre eso sí que no hay ninguna duda: basta leer cuanto ha escrito en los últimos 30 años el cardenal Josef Ratzinger para obtener una respuesta. Naturalmente, el estudioso, el periodista o el teólogo pueden renunciar a la lectura de esas páginas. Pero en este caso, se pierde la autoridad para entrar en el debate de estos días.</p>
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		<title>El Papa y el islam: el verdadero debate</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Sep 2006 15:55:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Tariq Ramadan</strong>, catedrático de Estudios Islámicos e investigador principal en Oxford. Traducción de M. L. Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 22/09/06):</p>
<p>Unas frases pronunciadas por el papa Benedicto XVI han desatado una tormenta de ardientes reacciones. En el mundo musulmán, líderes religiosos, políticos e intelectuales han unido sus voces a las de las masas indignadas para protestar por lo que consideran un &#8220;insulto&#8221; a su fe. La mayoría no había leído el discurso del Papa; otros conocían un resumen según el cual el Papa vinculaba Islam con violencia. Todos se alzaron contra lo que consideran una &#8220;ofensa intolerable&#8221;.</p>
<p>Me &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11717/el-papa-y-el-islam-el-verdadero-debate/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Tariq Ramadan</strong>, catedrático de Estudios Islámicos e investigador principal en Oxford. Traducción de M. L. Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 22/09/06):</p>
<p>Unas frases pronunciadas por el papa Benedicto XVI han desatado una tormenta de ardientes reacciones. En el mundo musulmán, líderes religiosos, políticos e intelectuales han unido sus voces a las de las masas indignadas para protestar por lo que consideran un &#8220;insulto&#8221; a su fe. La mayoría no había leído el discurso del Papa; otros conocían un resumen según el cual el Papa vinculaba Islam con violencia. Todos se alzaron contra lo que consideran una &#8220;ofensa intolerable&#8221;.</p>
<p>Me hubiera gustado que adoptasen un punto de vista más razonado en sus críticas. En primer lugar, porque, a pesar del amor que innegablemente sienten los musulmanes por el profeta Mahoma, sabemos que determinados grupos y Gobiernos manipulan este tipo de crisis y las utilizan como válvulas de escape para sus poblaciones descontentas. Cuando a los ciudadanos se les priva de sus derechos esenciales y su libertad de expresión, no cuesta nada dejar que den rienda suelta a su ira a propósito de unas caricaturas danesas o unas palabras del Pontífice. Y también porque lo que estamos presenciando es una protesta de masas caracterizada por un estallido incontrolable de emociones, que acaba siendo la prueba de que los musulmanes no son capaces de entablar un debate razonable y de que la violencia no es la excepción sino la regla.</p>
<p>Algunos afirmaron que el Papa había ofendido a los musulmanes y exigieron una disculpa personal. Benedicto XVI pidió perdón, pero la polémica no ha amainado. Hay poderosas razones para sentirse asustado por una oscura cita del siglo XIV, atribuida al emperador bizantino Manuel II Paleólogo, que criticaba las &#8220;obras malévolas&#8221; del Profeta del islam. La verdad es que los ejemplos escogidos por el Papa para abordar la relación entre la violencia y el islam son discutibles, por no decir sorprendentes. Como sorprendente fue su referencia al erudito Zahiri Ibn Hazm (una figura cuya escuela de pensamiento es marginal) al hablar del islam y la racionalidad. Quizá sus palabras fueron elípticas, faltas de claridad, superficiales e incluso un poco torpes, pero ¿fueron un insulto por el que haya que exigir una disculpa formal? ¿Es justo o sensato que los musulmanes se ofendan por la cita -sólo porque la escogió el Papa-, cuando ignoran a diario, desde hace cinco años, las interpelaciones sobre el significado de <em>yihad</em> y el uso de la fuerza?</p>
<p>Benedicto XVI es un hombre de su tiempo, y las preguntas que hace a los musulmanes corresponden a ese tiempo: unas preguntas que pueden y deben responderse con claridad y argumentos sólidos. Para empezar, no debemos aceptar que <em>yihad</em> se traduzca como &#8220;guerra santa&#8221;. Nuestra prioridad debe ser explicar los principios de la resistencia legítima y la ética islámica en situaciones de conflicto, no animar a la gente a manifestarse.</p>
<p>Pero el aspecto más inquietante de la crisis es quizá que la mayoría de los comentaristas, y en especial los comentaristas musulmanes, parecen haber ignorado el auténtico debate lanzado por Benedicto XVI.</p>
<p>En su discurso, el Papa recuerda a los secularistas racionalistas, deseosos de eliminar de la Ilustración todas las referencias al cristianismo, que dichas referencias son parte fundamental de la identidad europea. Les será imposible entablar un diálogo interconfesional si no pueden aceptar las bases cristianas de su propia identidad (sean o no creyentes). Luego aborda el tema de la fe y la razón y, al subrayar la relación privilegiada entre la tradición racionalista griega y la religión cristiana, intenta establecer una identidad europea que sería cristiana en lo religioso y griega en cuanto a la razón filosófica. De esa forma, el islam, que, por lo visto, no tiene ese tipo de relación con la razón, sería ajeno a la identidad europea construida a partir de dicho legado. Hace años, el entonces cardenal Ratzinger manifestó su oposición al ingreso de Turquía en Europa con argumentos similares. La Turquía musulmana nunca ha podido ni podrá reivindicar una cultura genuinamente europea. Es otra cosa: el Otro.</p>
<p>Éstos son los mensajes que piden una respuesta, mucho más que las palabras sobre la <em>yihad.</em> El papa Benedicto XVI está invitando a los ciudadanos del continente a que sean conscientes del ineludible carácter cristiano de su identidad, que corren el riesgo de perder. El mensaje puede ser legítimo en estos tiempos de crisis de identidad, pero es inquietante y quizá peligroso porque es reduccionista en dos aspectos, el enfoque histórico y la definición de la identidad europea.Eso es lo que exige una respuesta de los musulmanes. Deben rechazar una interpretación de la historia del pensamiento europeo que elimina el papel del racionalismo musulmán, en la que la contribución árabe y musulmana queda reducida a la mera traducción de las grandes obras de Grecia y Roma. La memoria selectiva que con tanta facilidad &#8220;olvida&#8221; las decisivas aportaciones de pensadores musulmanes racionalistas como Al Farabi (siglo X), Avicena (siglo XI), Averroes (siglo XII), al Ghazali (siglo XII), Ash Shatibi (siglo XIII) e Ibn Jaldun (siglo XIV), reconstruye una Europa falsa, que se engaña sobre su propio pasado. Ante eso, los musulmanes deben recordar con pruebas que comparten los valores fundamentales sobre los que se apoya Europa y Occidente.</p>
<p>Ni Europa ni Occidente pueden sobrevivir mientras sigamos tratando de definirnos mediante la exclusión de ese Otro -el islam, los musulmanes- al que tememos. Es posible que lo que más necesite Europa no sea un diálogo con otras civilizaciones, sino un auténtico diálogo consigo misma, con esas facetas de sí misma que se ha negado a reconocer durante demasiado tiempo y que, todavía hoy, le impiden aprovechar del todo la riqueza de las tradiciones religiosas y filosóficas que la forman.</p>
<p>Europa debe aprender a aceptar la diversidad de su pasado para dominar el forzoso pluralismo de su futuro. El reduccionismo del Papa no ha contribuido precisamente a este proceso de recuperación, y los críticos no deberían esperar que pida disculpas sino demostrarle sencilla y razonablemente que, desde el punto de vista histórico, científico e incluso espiritual, está equivocado. Sería además una forma de que los musulmanes de hoy se reconcilien con la inmensa creatividad de los pensadores musulmanes europeos del pasado que, hace 10 siglos, aceptaban tranquilamente su identidad europea y que, con sus reflexiones críticas, alimentaron y enriquecieron inmensamente a Europa y a Occidente.</p>
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		<title>Ratzinger, error y diálogo</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Sep 2006 15:32:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Elorza</strong>, catedrático de Ciencia Política (EL PAÍS, 21/09/06):</p>
<p>Lo sucedido con el discurso pronunciado por Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona muestra hasta qué punto la cuestión del diálogo entre las civilizaciones, y por ende entre las religiones, se mueve sobre arenas movedizas. Al tomar la palabra, el Papa tenía como principal intención subrayar, precisamente, el valor de ese &#8220;diálogo genuino de culturas y religiones&#8221;, sin olvidar la crítica a un racionalismo de valor universal que postergase la idea de lo divino. Hasta aquí su toma de posición se acercaba a unos potenciales interlocutores musulmanes. Pero &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11701/ratzinger-error-y-dialogo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Elorza</strong>, catedrático de Ciencia Política (EL PAÍS, 21/09/06):</p>
<p>Lo sucedido con el discurso pronunciado por Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona muestra hasta qué punto la cuestión del diálogo entre las civilizaciones, y por ende entre las religiones, se mueve sobre arenas movedizas. Al tomar la palabra, el Papa tenía como principal intención subrayar, precisamente, el valor de ese &#8220;diálogo genuino de culturas y religiones&#8221;, sin olvidar la crítica a un racionalismo de valor universal que postergase la idea de lo divino. Hasta aquí su toma de posición se acercaba a unos potenciales interlocutores musulmanes. Pero al mismo tiempo aspiraba a subrayar que la manifestación religiosa debía ser incompatible con la violencia, y de este modo pasó muy pronto a criticar frontalmente la <em>yihad.</em> Una inteligente cláusula de cautela le hizo recordar de entrada el versículo 2,256, amparándose en la advertencia coránica de que no ha de existir &#8220;ninguna coacción en materia de religión&#8221;. Como todos ya sabemos, la raíz del conflicto reside en el relato subsiguiente, la conversación del emperador Manuel II Paleólogo con un erudito persa en 1391, donde el primero critica la figura de Mahoma por su mandato de &#8220;difundir por la espada la fe que él predicaba&#8221;. El bizantino manifiesta que la expansión de la fe mediante la violencia es irracional.</p>
<p>Desde una lectura desapasionada, la propuesta papal, formulada sirviéndose del relato, es impecable. La religión con violencia deviene barbarie; la fe se apoya en la razón. Hubiera bastado que retomase la cita inicial del versículo 2,256 del Corán para que el círculo se hubiera cerrado armónicamente. Sólo que Ratzinger se deja llevar del razonamiento del personaje mencionado y sugiere un contraste entre un cristianismo inspirado por el &#8220;logos&#8221; y un islam sometido a la eventual voluntad arbitraria de Dios. Idealización para el primero, crítica estricta para el segundo. Si a esto añadimos la reproducción de los duros calificativos de Manuel II contra el Profeta, el conflicto resulta inevitable. No hubiese sido inútil recordar que el emperador, por largo tiempo rehén del sultán otomano Bayaceto, tenía su visión del Islam no sólo de los libros, sino de una realidad amenazadora y demasiado visible.</p>
<p>En cualquier caso, la principal objeción al discurso del Papa reside en que una lección de teología histórica no puede en estos momentos desconocer sus implicaciones políticas, entre ellas el desagrado que le podía producir a un Gobierno turco neokemalista una evocación de la memoria histórica de Bizancio. Era como mentar la bicha, sobre todo si se aspiraba a visitar el país a corto plazo.</p>
<p>Lo dicho por Ratzinger es en una parte razonable, en otra discutible, pero el tipo de reacción visceral suscitado, incluidas las palabras del primer ministro turco, Tayyip Erdogan, demuestra que será muy difícil introducir en el programa de la Alianza de Civilizaciones el menor atisbo de crítica, cuando ésta aluda a aspectos concretos del Islam, y por supuesto al más espinoso de todos, la <em>yihad.</em> Y si en pleno auge del terrorismo islamista, los pensadores musulmanes tienden a enmascarar el tema con los tópicos habituales sobre la <em>yihad</em> como esfuerzo personal o como acto legítimo de resistencia a la opresión exterior, y los externos al Islam se ven forzados a aceptar lo anterior y callar para no levantar protestas, la labor positiva de la Alianza quedará cercenada de antemano.</p>
<p>Diálogo supone aceptar la emisión de las opiniones del otro, aun cuando puedan irritar, y por lo que vemos la exigencia de una actitud reverencial en medios islámicos, contrapunto del recelo, cuando no del desprecio en Occidente, tiene por desembocadura única un callejón sin salida.</p>
<p>En el mundo de hoy existe el riesgo de la formación de una comunidad de creyentes radicalizados, que o acepta o respalda la <em>yihad.</em> Y la política internacional de Occidente está haciendo cuanto está en su mano para atraer adhesiones a semejante proyecto de destrucción. Por eso, el establecimiento de contactos entre vértices institucionales, sustentados en comisiones de expertos, es un primer paso necesario, pero no suficiente. Hace falta dar calado al programa de actuaciones, hun-dirse en el incómodo barro del estudio de las causas de los procesos de radicalización islamista. En los países occidentales, no basta una acción policial eficaz, siendo imprescindible conocer y atender las demandas de socialización de los colectivos musulmanes, sin por ello dar vía libre a la constitución de guetos autárquicos. Apoyo a los musulmanes como ciudadanos con diferente religión y cultura, sí; <em>umma</em> frente a Estado de derecho, no, sería la fórmula.</p>
<p>Los cauces de relación entre intelectuales de las dos religiones siguen siendo pobres, y se limitan a encuentros entre quienes piensan de la misma manera, al amparo de los poderes político y académico. Faltan interlocutores e informaciones que quiebren el círculo vicioso del masoquismo de raíz saidiana (por los epígonos de Edward E. Said), según el cual las responsabilidades son todas de Occidente y el Islam resulta envuelto en una atmósfera de angelización. Y a modo de complemento sobran soñadores de ocasión, entre ellos intelectuales de primera calidad, los cuales se entregan a sugerir la historia paradisiaca de un Mediterráneo construido sobre la convergencia de las religiones.</p>
<p>A partir de semejantes ensoñaciones, resulta fácil proceder a la designación de interlocutores escasamente fiables. El razonamiento de base para su selección es bien simple: si hay un Islam radical, fuente del terrorismo <em>yihadista,</em> pongamos nuestra confianza en el islamismo moderado, gracias a él, los colectivos musulmanes alcanzarán en el mundo árabe regímenes más justos que las presentes dictaduras y en los países occidentales su hegemonía eliminará el peligro del islamismo radical, volcado hacia la <em>yihad.</em></p>
<p>El inconveniente es que los nuevos elegidos rechazan ciertamente el terrorismo, se atienen a una visión del mundo presidida por una lectura estricta del Corán y las tradiciones, y si bien aceptan el concepto de modernización, lo hacen para transformarlo desde el interior, cuando no a proceder de forma primaria a su inexorable rechazo. Como en el caso de Tariq Ramadan, pueden propugnar la integración de los creyentes en los marcos jurídico-políticos del Estado de derecho, defender la democracia, sustituir la consideración belicista de Europa como <em>dar al-harb</em> por la de <em>dar as-shahada,</em> tierra de predicación. No es poco. Pero su propósito es la formación de la <em>umma,</em> una comunidad de musulmanes, en principio compatible con el Estado de derecho, aunque con sus propias normas que llegado el caso, previa consulta con los expertos legales propios, prevalece en las conciencias sobre la legislación del Estado. La visceral oposición de Ramadán a la ley prohibitoria del velo mostró su verdadera opción. Y otro tanto sucede con sus posiciones sobre la lapidación (moratoria), los homosexuales (fuera de la senda de Dios) o el castigo físico a la mujer dispuesto en el 4,34 del Corán, a administrar con un palito simbólico del árbol <em>siwak.</em> No hay en Ramadán choque de civilizaciones, sino &#8220;cara a cara de las civilizaciones&#8221;, partiendo de la superioridad del Islam. Menos propicio al diálogo es otro proyecto, el de &#8220;islamizar la modernidad&#8221;, del teólogo y político marroquí Abdessalam Yassin, influyente en medios magrebíes en su país y en España. Sólo introduciendo los valores islámicos podrá salvarse una modernidad perversa. Escuchar a tales portavoces está bien; no así creer que pueden ser eficaces interlocutores en un diálogo de religiones y políticas. De momento, sólo en la experiencia desarrollada en Turquía bajo la cautelosa dirección de Tayyip Erdogan puede adivinarse una conciliación efectiva entre islamismo y sociedad abierta.</p>
<p>Quedan, no obstante, caminos abiertos, partiendo de la existencia de un pensamiento islámico reformador, abierto a la democracia, que separa, en la línea de Taha y de Charfi, la concepción teológica del Islam, formulada en La Meca, de su desarrollo histórico posterior. Tal es la clave: el problema no es el Islam, sino su deriva hacia la violencia, que el Papa supo captar, pero fue luego incapaz de desarrollar. Por otra parte, el Islam tampoco es inmóvil: a partir de la indagación llamada <em>ijtihad,</em> de su actualización, puede enlazar con las condiciones de una sociedad abierta. Ahí está el esfuerzo fallido de Jatamí, adelantado por cierto de la idea del Diálogo de Civilizaciones. Sólo que la tarea corresponde aquí a los hoy marginales reformadores musulmanes, con el objeto de abordar una labor de separación entre lo permanente y lo pasajero, la teología y el mito, algo que ya emprendieron otras religiones. Aunque también aquí la realidad es a veces dura, como en esa edición del Corán de bolsillo, avalada por la editorial saudí Darussalam y vendida en Londres, en que dentro del versículo 8,60, allí donde se habla de aterrar <em>(irhab)</em> a los enemigos, la caballería es sustituida por la conveniencia de emplear &#8220;tanques, aeroplanos, misiles, artillería&#8221;. Por una vez, la palabra de Alá no es sagrada literalmente.</p>
<p>Inhábil en las formas, ciego ante lo que podía suceder, el Papa ha sabido, sin embargo, designar cuál es el fondo del problema.</p>
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		<title>Benedicto XVI y el islam</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Sep 2006 15:13:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>John L. Esposito</strong>, prof. Religión y Asuntos Intern., dir. Ctro. Príncipe Alwalid Bin Talal para el Entendimiento entre Musulmanes y Cristianos (Univ. Georgetown) y autor de ´What everyone needs to know about Islam y de Unholy War: Terror in the name of Islam. Traducción: Juan-Gabriel López Guix (LA VANGUARDIA, 21/09/06):</p>
<p>El mensaje y el objetivo principales del discurso de Benedicto XVI en Ratisbona no era el islam, mencionado sólo en cuatro párrafos de un texto de ocho páginas. Sin embargo, la conferencia pronunciada por el Papa ante un público universitario se ha convertido en motivo de una protesta &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11698/benedicto-xvi-y-el-islam/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>John L. Esposito</strong>, prof. Religión y Asuntos Intern., dir. Ctro. Príncipe Alwalid Bin Talal para el Entendimiento entre Musulmanes y Cristianos (Univ. Georgetown) y autor de ´What everyone needs to know about Islam y de Unholy War: Terror in the name of Islam. Traducción: Juan-Gabriel López Guix (LA VANGUARDIA, 21/09/06):</p>
<p>El mensaje y el objetivo principales del discurso de Benedicto XVI en Ratisbona no era el islam, mencionado sólo en cuatro párrafos de un texto de ocho páginas. Sin embargo, la conferencia pronunciada por el Papa ante un público universitario se ha convertido en motivo de una protesta internacional en todo el mundo musulmán. Marruecos retiró su embajador en el Vaticano, desde Turquía hasta Indonesia los jefes de Estado manifestaron su repulsa, el jeque de la mezquita Al Azhar comentó la ignorancia del Papa sobre el islam, y los dirigentes de las organizaciones musulmanas pidieron una disculpa pública. El incidente también ha desencadenado manifestaciones públicas, la quema de una efigie del Papa en Pakistán y actos de violencia contra cristianos e iglesias cristianas.</p>
<p>El Papa ha declarado con claridad que su principal objetivo era debatir sobre el &#8220;tema de la fe y la razón&#8221;. Con ello reaccionaba y respondía a una de sus principales preocupaciones, los excesos de la secularización: el triunfo del laicismo y la creciente debilidad del cristianismo y la Iglesia católica en su tierra natal, Alemania, y en Europa en general, así como los intentos de excluir la religión del ámbito de la razón. Aunque el Vaticano ha declarado que el Papa no pretendía ofender, sus comentarios han inquietado a muchos musulmanes. Particularmente ofensiva les ha resultado la cita de un emperador bizantino del siglo XIV acerca del profeta Mahoma: &#8220;Muéstrame lo que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás sólo cosas malvadas e inhumanas, como su orden de difundir por medio de la espada la fe que predicaba&#8221;. Mahoma es reverenciado en el islam como profeta final de Dios y como modelo de vida musulmana. Además, el comentario de que ordenó difundir el islam por medio de la espada es inexacto. El Corán y Mahoma reconocieron el derecho de defender el islam y la comunidad musulmana luchando contra los mequíes que amenazaban y atacaban a los musulmanes. Igual de problemáticas son las afirmaciones papales de que el pasaje coránico &#8220;No hay coacción en religión&#8221; (Corán, 2,256) fue revelado en los primeros tiempos de la profetización de Mahoma en La Meca, una etapa en que &#8220;Mahoma aún no tenía poder y estaba amenazado&#8221;, y de que el precepto que fue superado más tarde cuando gobernó en Medina, con las &#8220;disposiciones desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán acerca de la guerra santa&#8221;. Las dos afirmaciones son incorrectas. El versículo 2,256 no pertenece a la etapa mequí, sino al posterior periodo medinense y además el Corán no equipara la yihad y la guerra santa. Esa interpretación de la yihad se desarrolló años más después de la muerte de Mahoma, cuando fue utilizada por los califas para justificar sus guerras de expansión imperial y el dominio en nombre del islam.Benedicto XVI es un destacado teólogo católico, pero no es un experto en islam. El Vaticano ha tenido en el pasado reciente algunos islamólogos de primera fila que han actuado como asesores del papado. Las referencias incorrectas al islam podrían haber sido detectadas con facilidad. Si el principal objetivo del Papa era encarar el tema de la relación entre la fe y la coacción por un lado y entre la fe y la razón por otro, la historia cristiana ofrece abundantes ejemplos (Inquisición, Galileo; y también de otros temas mencionados: la violencia, el extremismo y la guerra santa) sin tener que recurrir a pasajes extraídos de polémicas mutuas.</p>
<p>¿Han sobrerreaccionado los musulmanes a las declaraciones del Papa? Sus respuestas deben entenderse en el contexto de nuestro mundo posterior al 11-S con una mayor polarización y unos aumentos alarmantes de la islamofobia. Muchos musulmanes se sienten acosados. Según una encuesta de Gallup World Poll realizada entre los 800 millones de musulmanes, existe un resentimiento generalizado ante lo que los encuestados perciben como una denigración del islam y de los árabes y musulmanes en Occidente. La polémica de las caricaturas en Europa puso de manifiesto los peligros de la xenofobia y la islamofobia, así como lo profundo de la rabia y la indignación. Por lo tanto, resulta fácil comprender que los musulmanes expresen su desilusión y rabia y que pidan una disculpa y un diálogo, del mismo modo que los dirigentes judíos han reclamado reuniones urgentes con el Papa o los dirigentes de otras iglesias cuando se han producido comentarios o acciones ofensivas. Eso fue lo que ocurrió en el caso de los dirigentes judíos estadounidenses antes de la visita papal de 1987, después de que el Papa Juan Pablo II se reuniera con Kurt Waldheim. Como observaron destacados dirigentes musulmanes durante la polémica europea de las caricaturas &#8211; y como también han hecho en la actual situación-, las expresiones de preocupación o indignación no excluyen la discusión y el diálogo y, desde luego, no justifican nunca los actos de violencia.</p>
<p>El Papa Benedicto ya se ha disculpado, pero es posible hacer más cosas. Podría invitar a representantes religiosos y eruditos musulmanes a reunirse con él para debatir los temas planteados por su discurso, escuchar sus preocupaciones y respuestas a sus comentarios específicos sobre el islam, el Profeta y la <em>yihad</em>.Podría invitarlos a que se unieran a él para expresar en un lenguaje mutuamente aceptable la preocupación por la violencia en nombre de la religión y el abuso de los derechos humanos. La próxima visita a Turquía podría ser una ocasión para demostrar en sus pronunciamientos públicos su respeto por el islam y los musulmanes, así como su deseo de continuar los grandes logros realizados por la Iglesia católica en el diálogo católico-musulmán desde el concilio Vaticano II.</p>
<p>Ya es hora de ponerse en marcha. El Papa se ha disculpado, y musulmanes y católicos (en realidad, todos los cristianos) tienen que volver a ponerse en marcha y avanzar a partir de los importantes logros del diálogo interreligioso de las últimas décadas. En el siglo XXI, resultará un factor crucial para las relaciones católico-musulmanas el modo en que el papado de Benedicto XVI y los católicos colaboren con sus interlocutores musulmanes para superar la ignorancia y la hostilidad, así como la amenaza de la violencia y la intolerancia mundiales.</p>
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		<title>El discurso de Ratisbona</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Sep 2006 17:10:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan José Tamayo</strong> es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de <em>Fundamentalismos y diálogo de religiones </em>(EL PAÍS, 20/09/06).</p>
<p>El discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, que ha irritado a tirios y troyanos, se sitúa dentro de la lógica de su pensamiento desde que iniciara el giro conservador en la década de los setenta del siglo XX. Como presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger condenó a varios teólogos que estaban elaborando una teología del pluralismo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11684/el-discurso-de-ratisbona/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan José Tamayo</strong> es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de <em>Fundamentalismos y diálogo de religiones </em>(EL PAÍS, 20/09/06).</p>
<p>El discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, que ha irritado a tirios y troyanos, se sitúa dentro de la lógica de su pensamiento desde que iniciara el giro conservador en la década de los setenta del siglo XX. Como presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger condenó a varios teólogos que estaban elaborando una teología del pluralismo religioso en diálogo con otras religiones. El ceilandés Tissa Balasurya fue suspendido <em>a divinis</em> y posteriormente rehabilitado. El jesuita belga Jacques Dupuis, profesor de Teología durante casi cuarenta años en la India, sufrió un largo <em>calvario</em> por su obra <em>Hacia una teología del pluralismo religioso,</em> acusada de graves errores contra principios fundamentales de la fe divina y católica. También fueron condenadas algunas obras del jesuita indio Tony de Mello. Pero los tres tuvieron defensores de lujo: la conferencia de provinciales jesuitas de Asia se pronunció a favor de Tony de Mello; el arzobispo de Calcuta, Henry d&#8217; Suoza, y el arzobispo emérito de Viena, cardenal Franz König, se definieron a favor de Dupuis; numerosas instituciones teológicas del mundo se colocaron del lado de Tissa Balasuriya.</p>
<p>El mayor ataque de Ratzinger contra el diálogo interreligioso fue la <em>Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe Dominus Iesus,</em> de 2000, que abrió una brecha profunda entre las iglesias cristianas, al tiempo que dinamitó todos los puentes que veníamos tendiendo teólogos y teólogas de las diferentes religiones, líderes religiosos, intelectuales y políticos. Ratzinger afirmaba allí que la Iglesia católica es &#8220;la Iglesia verdadera&#8221; y que las &#8220;Iglesias particulares&#8221; (ortodoxas) y las comunidades eclesiales (protestantes y anglicanas) &#8220;no son Iglesia en sentido propio&#8221; (n. 17). El tono era igualmente excluyente en relación con las religiones no cristianas. &#8220;Si bien es cierto -decía- que los no cristianos <em>pueden</em> recibir la gracia divina, <em>también es cierto que, objetivamente se hallan en una situación gravemente deficitaria si se compara con la de aquellos que, en la Iglesia, tienen la plenitud de los medios salvífica&#8221;</em> (n. 22, subrayado mío).</p>
<p>La denuncia de la &#8220;dictadura del relativismo&#8221; es una constante en el pensamiento de Ratzinger. En la <em>Dominus Iesus</em> condenaba las teorías de tipo relativista que tratan de justificar el pluralismo religioso, &#8220;no sólo <em>de facto,</em> sino <em>de iure&#8221;,</em> el subjetivismo, el indiferentismo, etcétera. Todavía resuenan en mis oídos las severísimas críticas lanzadas contra el relativismo en la misa previa a la celebración del cónclave en el que sería elegido Papa. Críticas hechas desde la conciencia de poseer la verdad en exclusiva, no desde la búsqueda conjunta.</p>
<p>La crítica del relativismo lleva derechamente a la simplificación, deformación y falseamiento de las posiciones del contrario. Esas desviaciones son las que se dan en el discurso de la Universidad de Ratisbona del 12 de septiembre, a partir de una cita, a mi juicio desafortunada, del emperador bizantino Miguel II Paleólogo, que ofrece una idea beligerante de la religión musulmana y una imagen violenta del profeta Mahoma. La propia cita, independientemente de que se comparta o no, no es casual, revela ya la tendenciosidad del discurso y, objetivamente, sitúa el discurso del Papa en el horizonte de la teoría del choque de civilizaciones de Huntington, para quien el islam es &#8220;la civilización menos tolerante de las religiones monoteístas&#8221;, y en el planteamiento etnocéntrico de Sartori, que califica al islam como religión totalitaria e incompatible con la sociedad pluralista, ya que, dice, sigue pensando en la espada. &#8220;Debe quedar claro -afirmaba Ratzinger en 1996- que no se inserta en el espacio de libertad de la sociedad plural&#8221;.</p>
<p>Benedicto XVI podía haber elegido otros testimonios de la época más respetuosos con el islam como los de Francisco de Asís, de Raimon Llull en <em>El gentil y los tres sabios</em> o de Nicolás de Cusa en <em>La paz de la fe</em>. Francisco de Asís se mostraba partidario del diálogo islamo-cristiano y contrario a la cruzada contra los musulmanes por considerar que el Evangelio manda amar a los enemigos y no hacerles la guerra. Una vez convocada la cruzada, se dirigió al campo de batalla y se entrevistó con el sultán. Los dos dialogaron en un clima pacífico y rezaron juntos. Estos testimonios hubieran sido más conformes al objetivo del diálogo de las culturas que el Papa decía proponerse.</p>
<p>Por lo demás, la violencia no pertenece a la esencia del islam, ni la guerra santa es uno de sus pilares y, menos aún, un deber de los creyentes musulmanes. Constituye, más bien, una perversión, una patología de la religión musulmana, como lo es también del cristianismo. Como se han encargado de demostrar los estudiosos del islam, resulta incorrecto y tendencioso traducir <em>yihad</em> por guerra santa. Su verdadero significado es esfuerzo.</p>
<p>Según Sayyid Abul al&#8217; Mawdudi (1903-1979), escritor y político musulmán indio, <em>yihad</em> es ante todo una lucha moral en el interior de la comunidad islámica orientada a su reforma, que consiste en el cambio tanto personal como social. Sin cambio personal en las motivaciones, los puntos de vista, los objetivos y la personalidad de cada individuo no sirven de nada los cambios políticos y económicos. Cambio que ha de llevarse a cabo de manera gradual y a través de la educación, no por la fuerza. Junto al cambio personal hay que luchar contra las injusticias y por las reformas sociales, fomentando la cooperación para el logro de mejores condiciones de vida para todas las personas, con atención especial a las personas más necesitadas, como las viudas y los huérfanos, los lisiados e incapacitados.</p>
<p>Hay que agradecer las excusas de Benedicto XVI y valorar positivamente la aclaración de que no se identifica con el testimonio de Miguel II Paleólogo. Pero el problema no está en una cita o en un párrafo de la alocución del Papa. Es el discurso en sí, en su conjunto, cristiano-céntrico y euro-céntrico, el que hay que revisar en profundidad, porque no contribuye al diálogo. Y optar por el paradigma intercultural, interreligioso e interétnico en sintonía con la teología liberadora de las religiones y en convergencia con las distintas iniciativas de paz en el plano internacional.</p>
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		<title>Yihad contra yihad</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Sep 2006 16:32:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gustavo de Arístegui</strong>, portavoz de Exteriores del PP en el Congreso de los Diputados (EL MUNDO, 20/09/06):</p>
<p>El discurso del Papa en Ratisbona ha sido aprovechado para encender una nueva polémica en torno al islam y un nuevo brote de violencia. Ya son numerosas las iglesias quemadas y, a la hora de escribir estas líneas, dos personas asesinadas.</p>
<p>Echo de menos más declaraciones de apoyo a los asaltados y atacados, y conviene recordar que hay una importante minoría cristiana en el mundo árabe. Como los coptos de Egipto, que han vivido acosados y atacados por los radicales y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11683/yihad-contra-yihad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gustavo de Arístegui</strong>, portavoz de Exteriores del PP en el Congreso de los Diputados (EL MUNDO, 20/09/06):</p>
<p>El discurso del Papa en Ratisbona ha sido aprovechado para encender una nueva polémica en torno al islam y un nuevo brote de violencia. Ya son numerosas las iglesias quemadas y, a la hora de escribir estas líneas, dos personas asesinadas.</p>
<p>Echo de menos más declaraciones de apoyo a los asaltados y atacados, y conviene recordar que hay una importante minoría cristiana en el mundo árabe. Como los coptos de Egipto, que han vivido acosados y atacados por los radicales y defendidos por el Gobierno egipcio -que ha tenido como ministros a destacados miembros de esa comunidad-, o los cristianos y otras minorías religiosas de Jordania, que son protegidas y respetadas por el Gobierno, que está incluso pensando en modificar la legislación para que un cristiano pueda llegar a ser primer ministro. ¿Por qué no es éste el ejemplo a seguir y, sin embargo, cuando rugen los extremistas, muchos guardan un cobarde y cómplice silencio?</p>
<p>Benedicto XVI ha lamentado que sus palabras hubiesen ofendido a los creyentes musulmanes y ha aclarado que la cita que ha desatado la polémica no refleja su pensamiento. El Vaticano ha mantenido de manera constante una política de diálogo y respeto con todas las religiones y especialmente con el islam, que profesan casi 1.500 millones de personas. El Papa construyó su discurso en torno a una idea central que a nadie debería repugnar: que ninguna religión se puede imponer por la violencia, así lo recoge también el Corán. Resulta sorprendente que muchos políticos, periodistas y analistas europeos se hayan escandalizado por el discurso del Pontífice y que no lo leyesen en su integridad antes de juzgarlo. La cita del emperador bizantino Manuel II Paleólogo es ciertamente dura con el profeta del islam, pero el Papa ha aclarado que no es ése su pensamiento. Esto hubiese debido bastar para que se calmaran las cosas. No ha sido así, y lamentablemente no es casualidad.</p>
<p>Los agitadores islamistas radicales y sus hermanos yihadistas aprovechan cualquier circunstancia, especialmente las polémicas contra Occidente, para avanzar un poco más, para conquistar más espacios de influencia, para atraerse nuevos enfervorecidos adeptos. Hay una estrategia bien urdida por el radicalismo para crecer, extenderse y también para amedrentar a propios y extraños. Por cierto, una parte de la progresía europea -me temo que no tan pequeña- tiene cierta tendencia a dejar pasar los actos de violencia contra cristianos, y una complacencia y hasta admiración por el islamismo radical que, no lo olvidemos, es la más extremista y violenta de las extremas derechas.</p>
<p>Hay una tremenda hipocresía en el doble rasero que se aplica, hay una inconmensurable ley del embudo: se puede criticar a todo y a todos, pero no al islamismo radical. Para los creyentes musulmanes, el islam es perfecto; los que no lo somos consideramos que ciertos aspectos podrían ser perfectibles y desearíamos poder analizarlos de manera crítica, desde un absoluto respeto, sin ser tachados por ello de irreverentes y enemigos del islam. Resulta no ya incomprensible sino verdaderamente contradictorio que ciertos sectores de la izquierda se declaren abiertamente tolerantes y permisivos con el radicalismo islamista.</p>
<p>Existe un islam moderado al que el islamismo radical odia con tanta o más intensidad que a Occidente, un islam moderado que desea vivir en paz y en armonía con otras religiones y que, aun siendo como es una religión que desearía convertir a toda la Humanidad, no es menos cierto que no quiere imponerla por la fuerza, la violencia o la coacción, y no practica el proselitismo brutal, despiadado y violento de los extremistas islamistas.</p>
<p>Para comprender la seriedad de este problema basta analizar qué ha ocurrido en Dinamarca tras la polémica de las viñetas. Ya nadie se atreve a decir nada de nada. Otra sociedad secuestrada por el miedo, la corrección política y la inconsciencia de una parte de la opinión pública de las democracias que ha decidido, en el mejor de los casos, ignorar el problema y, en el peor, practicar una política de intenso apaciguamiento.</p>
<p>En una parte de la sociedad holandesa ha ocurrido lo mismo. El asesinato de Theo Van Gogh ha surtido los efectos deseados. El miedo paraliza y desactiva, y una parte de los gobiernos europeos reacciona tarde y mal, o no reacciona, o simplemente se inhibe. El terror, lamentablemente, está siendo muy eficaz en un número creciente de sociedades democráticas.</p>
<p>Los atentados frustrados del pasado agosto en Londres demuestran que hay en marcha una nueva generación de atentados del terrorismo yihadista que, además de amedrentar a las sociedades que los sufren, quieren desactivar todos sus mecanismos de defensa para penetrar con creciente facilidad y llegar hasta el corazón para hacerse con el poder y el dominio total.</p>
<p>La situación actual ha sido sacada de contexto, multiplicada, exagerada y manipulada muy hábilmente, para volver a incendiar los ánimos y mantener viva la llama del odio y de la ira y, si es posible, alimentarla para que crezca y se desborde. Esos son los incendiarios de la ira que tienen un sinfín de cómplices por cobardía y por omisión. Por otra parte, algunos de los que se dicen moderados recurren a los más burdos tópicos para echar más leña al fuego, empleando comparaciones que pueden resultar eficaces por el odio que se le tiene al presidente Bush en una parte de la opinión pública islámica, pero que no dejan de ser burdas y simplistas. Estos falsos moderados deberían dedicarse más a calmar los ánimos y contribuir a que las muy revueltas aguas vuelvan a su cauce.</p>
<p>Pero en esta agua del odio pesca con gran provecho el radicalismo. Bin Laden y Al-Zawahiri se regodean de satisfacción, viendo que todos los días surgen polémicas y crisis que contribuyen al crecimiento cada vez más rápido y preocupante del extremismo. Por cierto, el número dos de Al Qaeda ha exhortado al mundo entero a convertirse a islam o, en caso contrario, advierte, «lo pagarán muy caro». Otra muestra clara de cómo se las gastan los yihadistas. No acabo de entender por qué algunos de esos supuestos moderados se irritan tanto cuando periodistas, analistas o políticos criticamos duramente al islamismo radical, haciendo, por cierto, una clara diferencia con el islam moderado. No entiendo que ser implacable con Bin Laden, Al-Zawahiri, Bin Bakri, Abu Qattada o Abu Hafez Al-Masri, todos ellos delincuentes procesados o incluso alguno de ellos ya encarcelados, constituya un ataque al islam. Esto merece una seria explicación por parte de los supuestos moderados. A esta tragedia hay que añadir que una parte de la progresía europea y occidental cree que su alianza con el islamismo se justifica porque comparten enemigos y fobias, pero no se dan cuenta que el islamismo radical y el yihadismo los odian igual que a los musulmanes moderados o al resto de occidente.</p>
<p>Otra de las cuestiones consideradas polémicas ha sido la crítica a la guerra santa, como forma de imponer la fe islámica. Sin embargo, hay que recordar que hay dos acepciones a la palabra yihad, que el propio profeta Mahoma aclaró a través de uno de los hadices que el yihad mayor es «la lucha contra uno mismo y nuestras pasiones»; es decir, una guerra santa interior encaminada a mejorar como creyente y como persona. Por su parte, el yihad menor es la guerra santa, que tiene unas reglas muy claras y tasadas, que los terroristas yihadistas ignoran por completo, pues ni un solo atentado tendría cabida en las reglas coránicas para declarar una guerra santa. Sólo se entiende como defensa de la libertad de culto para los creyentes musulmanes si es que ha sido restringida o prohibida, defensa contra ataques ilegítimos, defensa de la Tierra islámica contra invasiones, o para derrocar a gobernantes apóstatas. Conviene subrayar que para el yihadismo todos los gobernantes actuales del mundo islámico son apóstatas. Los yihadistas no tendrán compasión de nadie, y a los primeros que eliminarán serán a los que en otros tiempos fueron sus aliados circunstanciales.</p>
<p>Entonces, ¿cómo es posible que se critique una condena a la violencia y la muerte como formas de extender una religión? Es evidente que imponer por la fuerza una fe es irracional, sea la que sea, y eso es lo que se ha dicho y bien dicho está, nadie puede imponer su fe a otro por la fuerza. Tenemos que poner el acento en la yihad mayor, como recomendaba el propio profeta Mahoma. La violencia, el terror y la ira deberían ser desterradas del ámbito de la religión y de la política. Aunque sepamos que para muchos sean las múltiples caras de una misma moneda.</p>
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		<title>Bien por el Papa</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Sep 2006 16:30:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de Civilizaciones]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Otaola</strong>, abogado y escritor (EL CORREO DIGITAL, 20/09/06):</p>
<p>Las declaraciones de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona el pasado día12 han dado lugar a una reacción de disgusto en ciertos sectores del mundo musulmán que a mi juicio no se compadece con la proclamada petición de diálogo y que, por otro lado, se pide también por otros autorizados sectores musulmanes que reclaman su condición de europeos. Benedicto XVI ha otorgado al Islam una respetuosa posición de interlocutor y ése es el primer paso de todo diálogo.</p>
<p>Creo que esta cuestión, como otras que afectan a &#8216;sentimientos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11682/bien-por-el-papa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Otaola</strong>, abogado y escritor (EL CORREO DIGITAL, 20/09/06):</p>
<p>Las declaraciones de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona el pasado día12 han dado lugar a una reacción de disgusto en ciertos sectores del mundo musulmán que a mi juicio no se compadece con la proclamada petición de diálogo y que, por otro lado, se pide también por otros autorizados sectores musulmanes que reclaman su condición de europeos. Benedicto XVI ha otorgado al Islam una respetuosa posición de interlocutor y ése es el primer paso de todo diálogo.</p>
<p>Creo que esta cuestión, como otras que afectan a &#8216;sentimientos religiosos&#8217;, plantea siempre el mismo problema: ¿Cómo establecer, sin romper los vínculos de interés y afecto mutuos entre los interlocutores, un diálogo que permita la crítica y la controversia? ¿O es que puede haber diálogo sin controversia y contradicción? ¿Es que el diálogo sólo puede sostenerse entre quienes de antemano están de acuerdo y sólo se escuchan para halagarse los oídos y reiterar lo que ya conocen o comparten? Si ha de abrirse un verdadero diálogo entre civilizaciones como nos proponen Zapatero y Erdogan -cualquier cosa que eso sea &#8211; tendremos que blindar los puentes que lo hacen posible y empezar a establecer las condiciones y protocolos de ese diálogo; pero difícilmente puede haber un diálogo que no presuponga la posibilidad previa de que los interlocutores puedan corregir y reformar sus posiciones iniciales precisamente por efecto de ese diálogo. Todo diálogo es contaminante.</p>
<p>Benedicto XVI es Papa de Roma, y el Papado ha tenido que encajar -a veces muy a su pesar- muchas y acervas críticas; en primer lugar en el seno de la misma tradición cristiana, furibundas fueron algunas que le dedicó el reformador Martin Lutero, en tiempos del Papa León X, pero más agresivas han sido otras formuladas por el mundo secular, &#8216;philosophes&#8217; y científicos, desde el famoso &#8216;Ecrasez l&#8217;infame&#8217; de Voltaire, hasta el decisivo Sigmund Freud con su libro &#8216;El porvenir de una ilusión&#8217;, pero a pesar de ello el Papado no ha perdido la confianza en sí mismo y la fe en su tradición, las iglesias, a pesar de los pesares, no han perdido su compostura, y, en muchas ocasiones sin necesidad de reconocerlo explícitamente, han ido adaptándose a ciertas admoniciones de sus críticos, rectificando sus propias posiciones imperceptiblemente, sin renunciar a lo fundamental de su mensaje; así han hecho no sólo el catolicismo-romano, sino otras tradiciones cristianas como la Iglesia anglicana, las iglesias ortodoxas, las reformadas o las evangélicas. Eso es lo propio del estilo logocéntrico que caracteriza precisamente a Europa, y también al cristianismo.</p>
<p>Quizá como anticipo de su proyectado viaje a Turquía mencionaba el Papa el diálogo del emperador bizantino Manuel II Paleólogo, durante el invierno de 1391 en Ankara con un persa culto sobre el cristianismo y el Islam, y la verdad de ambos.</p>
<p>Al parecer en este diálogo el emperador Manuel II, y así lo citó el Papa, tocó el tema de la &#8216;yihad&#8217; (guerra santa) y en esa mención el emperador expone las razones por las que entiende que la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. Es una pena que en muchas ocasiones esas ilustradas opiniones del emperador Manuel II no hayan sido tenidas en consideración por muchos de sus émulos y que en tantas ocasiones se haya llegado a ponderar sin rubor y sin empacho los méritos de la &#8216;santa coacción&#8217; (que bien podía entenderse como una especie de pequeña &#8216;yihad&#8217;). Los hombres de fe no están exentos de su dosis de &#8216;mala fe&#8217;.</p>
<p>Desarrollaba el Papa Benedicto el discurso de Manuel II alegando que la violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. «Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la voluntad de Dios», palabras muy sabias que es justo y necesario mencionar, a tiempo y a destiempo, oportune e inoportune, como diría Pablo de Tarso.</p>
<p>En estas declaraciones el Papa pide al Islam abrir un diálogo basado en la cultura, los derechos humanos y el rechazo de la violencia, pero por otro lado hay que señalar cómo también el Papa pide a Occidente, al mismo tiempo, la vuelta a una visión de la naturaleza humana y de la racionalidad en la que la dimensión religiosa no quede necesariamente excluida.</p>
<p>El diálogo, como el deporte, necesita un cierto espíritu de superación y una capacidad de encaje -con deportividad- de las críticas, que no pueden eludirse reclamando un ámbito de intangibilidad por causa de hipersensibilidad emocional. Eso no sería un verdadero diálogo.</p>
<p>El Islam europeo, del que se reclaman nombres tan significados como Tariq Ramadán, y del que dada su importancia cuantitativa ya podemos comenzar a hablar con propiedad, con presencia visible e importantes mezquitas en Londres, París, Madrid y la referencia de Estambul, tiene que empezar a asumir los riesgos y venturas del diálogo y prepararse para buscar sus propias respuestas, arguyendo en base a la razón y los valores de su propia tradición, pero apelando también a las tradiciones filosóficas y científicas comunes, y en todo caso renunciando a aspavientos y declaraciones grandilocuentes que sólo denotan desconfianza en los propios argumentos.</p>
<p>Este valor de la crítica y del diálogo abierto del que ha hecho un uso respetuoso y legítimo Benedicto XVI presupone lógicamente la disposición a asumir por su parte también la crítica y las contradicciones del diálogo y si es así, en esto el Papa Ratzinger actúa como un verdadero europeo acreditando el temple de la identidad de Europa en la que participan factores -religión, ciencia, filosofía- que no se relacionan de una manera fácil y pacífica, sino que se manifiestan con tensiones y contradicciones entre sí.</p>
<p>Lo que tendrían que hacer el Consejo Musulmán Británico o el mufti de Turquía, Alí Bardakoglu, con quien el Papa se verá en Estambul este año, no es parapetarse en el papel de ofendidos, sino aceptar el reto del diálogo y contestar a Benedicto XVI en los mismos términos, dando continuidad a ese diálogo y señalando donde y cómo yerran -si es que lo hacen- las apreciaciones del Papa. Eso es dialogar.</p>
<p>Durante los mismos días en los que Ratzinger planteaba un diálogo crítico con el Islam, lo hacía también con el evolucionismo, definiendo sin complejos sus propias posiciones: «El evolucionismo no es racional», ha dicho, lo que seguramente, por razones diferentes a las de Benedicto no habría sido negado por Federico Nietzsche, precursor de la postmodernidad.</p>
<p>Ese directo rechazo al principio del evolucionismo darwinista ha hecho que muchos hayan recordado que el surgimiento de la ciencia moderna se ha hecho no sólo al margen de las iglesias sino en gran medida en contra de ellas (Copérnico, Galileo, Servet, Darwin, Einstein, Freud&#8230;), y algunos hayan puesto de relieve que la racionalidad científica no es una racionalidad abstracta y a priori, sino empírica y experimental, es decir, a posteriori.</p>
<p>Pero lo importante a mi juicio es que las palabras de Benedicto XVI no han hecho sino animar la controversia y eso nos permite hoy a muchos, entre los que me encuentro, valorar por encima de todo la libertad con la que hoy en Europa podemos plantear nuestras controversias sobre lo humano y lo divino sin recurrir, ya, a autos de fe, piras incendiarias o campos de reeducación ideológica.</p>
<p>Que así sea, por los siglos de los siglos.</p>
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		<title>Islam vulnerable</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Sep 2006 12:42:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Tahar Ben Jelloum</strong>, escritor. Premio Goncourt 1987. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 20/09/06):</p>
<p>Por qué un determinado número de musulmanes a lo largo y ancho del planeta reacciona de manera violenta y desproporcionada a cada ocasión que se lanza una mirada crítica sobre el islam? ¿Por qué se calientan los ánimos? ¿Por qué pierden la calma y se sienten profundamente heridos por palabras o hipótesis como las emitidas por el Papa Benedicto XVI? ¿Es el islam delicado y quebradizo hasta ese punto?</p>
<p>¿Es su ser acaso tan vulnerable y susceptible que, a la menor &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11678/islam-vulnerable/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Tahar Ben Jelloum</strong>, escritor. Premio Goncourt 1987. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 20/09/06):</p>
<p>Por qué un determinado número de musulmanes a lo largo y ancho del planeta reacciona de manera violenta y desproporcionada a cada ocasión que se lanza una mirada crítica sobre el islam? ¿Por qué se calientan los ánimos? ¿Por qué pierden la calma y se sienten profundamente heridos por palabras o hipótesis como las emitidas por el Papa Benedicto XVI? ¿Es el islam delicado y quebradizo hasta ese punto?</p>
<p>¿Es su ser acaso tan vulnerable y susceptible que, a la menor ocasión, los creyentes se hallan prestos a salir en tromba a la calle para manifestarse violenta e irracionalmente como si se viera amenazada la suerte de mil millones de personas sobre la Tierra? Las reacciones de gran violencia que suscitó la publicación de las caricaturas de Mahoma fueron tan desproporcionadas que ya entonces me pregunté por la razón de tal susceptibilidad: podría significar que el islam es en efecto una realidad quebradiza y endeble, a tal punto que una serie de caricaturas sin mucho valor e interés sea capaz de desencadenar una crisis como la entonces vivida&#8230;</p>
<p>De hecho y si se considera la cuestión en detalle, no es tanto el islam la realidad vulnerable y susceptible como ciertos núcleos musulmanes, que han entregado a esta religión todo su ser, sus aspiraciones, sus esperanzas y su existencia entera. No viviendo bajo regímenes auténticamente democráticos, han vuelto sus ojos hacia la religión que ofrece respuestas a todas las preguntas. No viven más que por y para el islam. Religiosidad, por cierto, que ha desaparecido en Occidente. Y realidad también que el Papa constata y deplora.</p>
<p>He aquí, pues, que volvemos a topar ahora con reacciones igualmente virulentas e insensatas tras el discurso del Papa. Discurso &#8211; lo he leído entero- que es el de un teólogo, de un hombre que reflexiona sobre las religiones y el hecho religioso y sobre su relación con el mundo. Es un texto erudito, bien escrito. Es una apología de la razón, la razón que ilumina tanto el pensamiento como la acción. Pero ¿cuántas personas han leído el texto? No quienes han salido a la calle atolondradamente para quemar la efigie de Benedicto XVI.</p>
<p>El texto en cuestión habla de la relación entre religión y violencia. Alude a un diálogo que el emperador bizantino Manuel II Paleólogo mantuvo con un sabio persa sobre el cristianismo y el islam en 1391. Benedicto XVI cita unas frases susceptibles de disgustar o incomodar al islam y se refiere al recurso a la violencia en la difusión de la fe. Constituye un pasaje carente de habilidad y maña. Y, aun situados en el siglo XIV, los musulmanes actuales lo han tomado como una agresión contra su religión tal como la practican en nuestro tiempo. El Papa hubiera debido recordar la edad de oro y siglos ilustrados de los árabes y el islam (entre los siglos IX y XII); recordar que en el siglo VII floreció un movimiento racionalista &#8211; la escuela teológica Mutazila que creó la dogmática especulativa del islam empleando el racionalismo metodológico de la filosofía griega, combatida por cierto por intentar introducir la razón en la fe-, recordar en fin que cristianos y musulmanes convivieron en paz a lo largo de siete siglos en Andalucía.</p>
<p>El Papa Benedicto XVI desconoce tal vez que desde hace una treintena de años el islam ha sido desviado y apartado de su mensaje de paz para convertirse, en determinados países, en una ideología de combate contra Occidente. Es más fácil fabricar un fanático que un intelectual que piensa, que duda y debate. En la actualidad, resulta difícil debatir a propósito del islam y de sus relaciones con el <em>Otro</em>,con Occidente. Como asimismo a un musulmán tranquilo y sereno le resulta difícil hablar de libertad de cultos, de laicidad o &#8211; peor aún- de ateísmo. Llegados a este punto, el factor de la intolerancia se inmiscuye y paraliza el debate; es un auténtico problema entre los musulmanes. En Egipto se ha matado a librepensadores, a filósofos que dudan&#8230; No vivimos en la época de las Luces. Vivimos en una era de crisis. El Papa no ha prestado atención a este extremo.</p>
<p>El cristianismo ha pasado por esta violencia, por brutalidades terribles. El mundo musulmán reacciona con esta virulencia porque no se ha sosegado, porque no es feliz, porque constata cómo los musulmanes son maltratados y humillados en ciertos países. Porque constata que no se ha hecho justicia al pueblo palestino. Ahí radica la razón de sus reacciones desproporcionadas, atizadas por ciertos medios de comunicación que además echan leña al fuego.</p>
<p>Hora es de que los líderes religiosos templen esta virulencia y entablen el auténtico diálogo con los <em>otros</em>,dado que estamos forzados a convivir.</p>
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		<title>The Pope should know better than to endorse the idea of a war of faiths</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Sep 2006 05:18:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad de expresión]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Jonathan Freedland</strong> (THE GUARDIAN, 20/09/06):</p>
<p>Glenn Hoddle and Robert Kilroy-Silk were there first, of course, but Pope Benedict XVI has joined the club. Like those two other great scholars, the pontiff has found himself at the centre of a free speech row.In 1999 Hoddle, then England manager, suggested that disabled people were the victims of bad karma, punished for their conduct in an earlier life. In 2004 Kilroy, then presenter of a daytime TV show, described Arabs as &#8220;suicide bombers, limb-amputators, women repressors&#8221;. Both Hoddle and Kilroy were eventually sacked, their defenders hailing them as free speech martyrs, cut &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11673/the-pope-should-know-better-than-to-endorse-the-idea-of-a-war-of-faiths/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Jonathan Freedland</strong> (THE GUARDIAN, 20/09/06):</p>
<p>Glenn Hoddle and Robert Kilroy-Silk were there first, of course, but Pope Benedict XVI has joined the club. Like those two other great scholars, the pontiff has found himself at the centre of a free speech row.In 1999 Hoddle, then England manager, suggested that disabled people were the victims of bad karma, punished for their conduct in an earlier life. In 2004 Kilroy, then presenter of a daytime TV show, described Arabs as &#8220;suicide bombers, limb-amputators, women repressors&#8221;. Both Hoddle and Kilroy were eventually sacked, their defenders hailing them as free speech martyrs, cut down for daring to speak their mind.</p>
<p>The Pope won&#8217;t suffer Hoddle and Kilroy&#8217;s fate &#8211; the only authority who can sack Benedict wears a hood and carries a scythe &#8211; but he is already being elevated, as they were, into a symbol of freedom under assault. It&#8217;s as much a mistake now as it was then, a product of a repeated confusion over the nature of free speech.</p>
<p>To be clear, we all have the right to free speech. In some countries that right is all but absolute, guaranteed in the US by the constitution&#8217;s first amendment. In Britain it is limited by laws on incitement, libel and the like. But essentially we have the right to say what we want. Still, we know instinctively that certain roles or positions of responsibility limit that right. Hoddle was free to believe the disabled were wicked souls trapped in damaged bodies, but he couldn&#8217;t voice that view and expect to hold a nationally symbolic job. Kilroy is now free to denounce Arabs, but he couldn&#8217;t do that while he was a presenter for the avowedly neutral BBC. The position we hold alters the meaning of our words.</p>
<p>An example from the 1980s. At a 1983 Conservative rally, the comedian Kenny Everett called out, &#8220;Let&#8217;s bomb Russia!&#8221; A year later, a microphone caught Ronald Reagan ad-libbing a mock radio address: &#8220;My fellow Americans, I&#8217;m pleased to tell you today that I&#8217;ve signed legislation that will outlaw Russia for ever. We begin bombing in five minutes.&#8221; Both had an equal right to make the joke. But it was rather less wise for the leader of a cold war superpower.</p>
<p>Pope Benedict is in the Reagan category. Of course he has the right to quote whomever he chooses, but there is now a significance to his words that did not apply when he was a humble scholar. This is what makes the Pope&#8217;s defenders so disingenuous when they insist that he was merely engaged in a &#8220;scholarly consideration of the relationship between reason and faith&#8221;. He is not a lecturer at divinity school. He is the head of a global institution with more than a billion followers. So he has to think carefully about the sources he cites. When he digs out a 700-year-old sentence that could not be more damning of Islam &#8211; &#8220;Show me just what Muhammad brought that was new, and there you will find things only evil and inhuman, such as his command to spread by the sword the faith he preached&#8221; &#8211; he has to know there will be consequences.</p>
<p>If he did not fully agree with the statement by the Byzantine emperor Manuel II Paleologos, he should have put some distance between himself and it. But read the lecture and the only hint of papal disavowal is a description of Manuel&#8217;s &#8220;startling brusqueness&#8221;. Which means the Pope was either inept, failing to disown Manuel&#8217;s sentiment effectively, or that he in fact agreed with it and wanted to say so. Again, that is his right &#8211; but he should have known, given who he is, that it would have the most calamitous results.</p>
<p>That&#8217;s not because Muslims are somehow, as their accusers have written, uniquely touchy. It is rather because of two dramatic shifts in our world.</p>
<p>First, religion is becoming more political. It is possible to have an academic discussion about the competing claims of different religions, but it has to be done with great care. Yet the Pope wades in almost casually. Note how his weekend apology to Muslims quoted St Paul to describe the crucifixion as a &#8220;scandal for the Jews&#8221;. There must be a hundred lines the Pope could have cited without evoking the two blood-soaked millennia during which Christians blamed the Jews for the death of Jesus. But, almost in passing, he touched that landmine, buried deep in the European soil. (In so doing, he performed one useful service, reminding us that the Crusaders of the past had not one infidel enemy, but two: Muslims and Jews.)</p>
<p>The Pope seems unaware that, for hundreds of millions of people, religious affiliation is not a matter of intellectual adherence to a set of abstract principles, but a question of identity. Many Muslims, like many Jews or Hindus, may not fully subscribe to the religious doctrine concerned, and yet their Muslimness, or Jewishness or Hinduness, is a central part of their make-up. Theology plays a lesser part than history, culture, folklore, tradition and kinship. In this respect, religious groups begin to look more like ethnic ones. Which means that a slur on a religion is experienced much like a racist insult. Plenty of secularists and atheists struggle to understand this &#8211; wondering why they cannot slam, say, Catholicism the way they might attack, say, socialism &#8211; but the Pope, of all people, should have no such trouble. He should realise that when he declares Christianity a superior religion, as he did some years ago, that is heard by many as a statement that Christians are superior people.</p>
<p>Second, politics is becoming more religious. For many years people in Arab and Muslim lands have resented western meddling in their affairs: toppling governments, propping up dictators, invading countries. They have cheered on different movements to fight this intrusion, whether socialism in the 50s or Arab nationalism in the 60s and 70s. Each effort has been thwarted, usually with western connivance. Today the lead movements of opposition are Islamist and, in their most extreme versions, seek to cast the battle of east and west not as a political clash about imperialism but as a holy war.</p>
<p>What makes me shudder about the Pope&#8217;s Regensburg lecture is that he appears to join Osama bin Laden in this effort to cast the current conflict as a clash of civilisations. Complicatedly, and dense in footnotes, he is, at bottom, trying to establish the superiority of one faith over another. His argument is that reason is intrinsic to Christianity, yet merely a contingent part of Islam.</p>
<p>But what sense is there in such a contest? If the most senior figure in Christendom effectively takes Bin Laden&#8217;s bait and says that, yes, this is a war of religions, ours against yours, how can this end? Such a war cannot be quieted by the usual means of diplomacy or compromise. There can be no happy medium in matters of core belief: Muslims cannot meet Christians halfway on their belief that God spoke to Muhammad, just as Christians cannot compromise on Jesus&#8217;s status as the son of God.</p>
<p>Most religious leaders have long recognised that, and agreed to tiptoe politely around each other, offering a warm, soapy bath of rhetoric about &#8220;shared values&#8221; and &#8220;interfaith dialogue&#8221;. Of course they have known that, if pushed, they would be obliged to say their own faiths are better than the others, but they have avoided doing so. Now this Pope has broken that compact &#8211; and who knows what havoc he has unleashed.</p>
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		<title>La fuerza del cristianismo</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Sep 2006 21:58:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de Civilizaciones]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Vittorio Messori</strong>, coautor junto a Joseph Ratzinger del libro  <em>Informe sobre la Fe</em>  y analista del diario  Corriere della Sera (EL MUNDO, 19/09/06):</p>
<p>Los cristianos de mi generación pasaron gran parte de su vida peleándose con los que no creían en Dios: los comunistas. Pero ahora tienen que confrontarse con los que creen demasiado en Dios: los musulmanes. Y si éste es el menú, no queda más remedio que aceptarlo, porque los cristianos siempre somos rehenes del realismo evangélico.</p>
<p>Aquel que, por ejemplo, nos hace sabedores de que la lectura distorsionada de las palabras de Benedicto XVI en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11670/la-fuerza-del-cristianismo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Vittorio Messori</strong>, coautor junto a Joseph Ratzinger del libro  <em>Informe sobre la Fe</em>  y analista del diario  Corriere della Sera (EL MUNDO, 19/09/06):</p>
<p>Los cristianos de mi generación pasaron gran parte de su vida peleándose con los que no creían en Dios: los comunistas. Pero ahora tienen que confrontarse con los que creen demasiado en Dios: los musulmanes. Y si éste es el menú, no queda más remedio que aceptarlo, porque los cristianos siempre somos rehenes del realismo evangélico.</p>
<p>Aquel que, por ejemplo, nos hace sabedores de que la lectura distorsionada de las palabras de Benedicto XVI en Ratisbona es sólo un pretexto, un detonante cualquiera que andaban buscando desesperadamente.</p>
<p>El Papa ha tropezado en lo que parece ser una generosa imprudencia. Durante un par de horas quiso volver a ser el profesor Joseph Ratzinger que se dirige a los colegas de la universidad donde ha enseñado. Una especie de pausa para él, que siente profundamente sobre sus espaldas el peso de la guía de los 1.000 millones de católicos a los que tiene que dirigirse con encíclicas, documentos magisteriales y homilías. Con certezas que confirmen en la fe, no con hipótesis y búsquedas académicas.</p>
<p>Dejando de lado, por un momento, la sotana blanca papal, creyó poder revestirse con la toga negra de los profesores. Con ese candor evangélico que lo hace amable y ajeno a cualquier engaño, lo que no tuvo en cuenta es que el media-system no le iba a permitir que volviese a ser profesor entre los profesores y que lo iba a seguir evaluando como Papa; que la mayoría de ese sistema no iba a entender una lección tan compleja; que iba a recurrir a síntesis brutales; que se iba a focalizar la atención no sobre la universalidad de la cultura, sino sobre la candente actualidad.</p>
<p>No siempre por mala voluntad, sino por una inevitable deriva, el periodismo confirma a menudo las afirmaciones de Joseph Fouché, el luciferino ministro de Policía de Napoleón: «Dadme lo escrito por cualquiera y os aseguro que, aislando una frase del contexto, soy capaz de enviarlo al patíbulo».</p>
<p>En efecto, si cualquiera que conozca los mecanismos de la información (desinformación) hubiese visto antes de que fuese pronunciado el texto de la lectio magistralis del profesor Ratzinger, le habría advertido que buscase otras citas distintas de la del séptimo coloquio del emperador Manuel II Paleólogo con un docto persa: «Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba».</p>
<p>Porque no cuenta que sea una cita de un autor antiguo, que el profesor Ratzinger precisa y clarifica. No cuenta tampoco que la cita sea dada con precauciones como «una forma sorprendentemente brusca» o «un lenguaje duro». Y ni siquiera cuenta que, con las distinciones que Ratzinger no deja de hacer, describa una verdad objetiva.</p>
<p>Cuenta el hecho de que la frase iba a ser sacada del contexto y, eliminadas las comillas, se le iba a atribuir no al remoto Paleólogo, sino a Benedicto XVI. La cosa era tan previsible que no ha faltado quien de inmediato pidió una fatwa de muerte para Benedicto XVI.</p>
<p>Y, de hecho, no se lanzó una, sino muchas, sin leer el resto del texto, antes de que fuese traducido al árabe y que se pudiese analizar más allá de las extrapolaciones abusivas de las agencias de prensa.</p>
<p>En definitiva, como decíamos al principio, la lección universitaria manipulada no fue más que un pretexto. Antes o después tenía que pasar algo así. Mientras el marxismo es un judeocristianismo secularizado, el islam es, objetivamente, un judeocristianismo simplificado.</p>
<p>La categoría amigo-enemigo -con una brutalidad, ciertamente, simplificativa- le resulta indispensable, al menos en la lectura que conduce al fanatismo que conocemos. Está presente también en los excesos musulmanes que constatamos y que seguirán poblando nuestro futuro como una consecuencia en cierto sentido positiva para el cristianismo.</p>
<p>Este se vio asediado por la fascinación persuasiva de aquella especie de evangelio de la libertad y de la justicia -aquí y ahora, no en un ilusorio Más Allá- propuesto por aquel nieto y bisnieto de rabinos que fue Karl Marx.</p>
<p>Fuerte es también, y ésta no se encuentra en crisis, la atracción ejercida por el budismo que, en esencia, no es más que un ateísmo, pero que está siendo acogido por una multitud creciente de occidentales -incluso en versiones imaginarias- como una religión alternativa al cristianismo.</p>
<p>Y ya verán como, antes o después, entre las exportaciones con las que China nos inunda, llegará su sabiduría, con medio milenio más de antigüedad que la evangélica, el confucionismo que también hará mella en muchos americanos y europeos.</p>
<p>Pues bien, eso es algo que no pasará ni podrá pasar con el islamismo. Porque el rostro que presenta está en abierta colisión con lo políticamente correcto que es -para bien y para mal- nuestro pensamiento hegemónico.</p>
<p>No olvidemos que existieron, y existen, culturas musulmanas muy diferentes. Pero la que hoy está llegando a la gente es la versión repelente: multitudes amenazadoras que agitan armas, sangre a raudales, guerra santa, insensibilidad social, burka y privación de los derechos de la mujer, poligamia, ejecuciones públicas, frustraciones, amenazas, secuestros, prohibiciones alimenticias, tribalismo, literalismo, indiferencia ante el medioambiente e, incluso, prohibición de poder tener a los impuros gatos o perros&#8230; En definitiva, lo opuesto a la sensibilidad general que se halla extendida en las sociedades democráticas actuales.</p>
<p>La confrontación -que el cristianismo intenta evitar por todos los medios, pero que es buscada por muchos musulmanes- de producirse, Dios no lo quiera, será larga y dura, pero, al menos esta vez, los quintacolumnistas entre nosotros serán pocos. Las conversiones de occidentales a Alá son marginales y se centran, en gran parte, en cuestiones matrimoniales o en las franjas de extrema derecha o de extrema izquierda.</p>
<p>Por el contrario, incluso fenómenos discutidos como el del ateísmo devoto, muestran que -colocado entre la disyuntiva de elegir entre Jesús o Mahoma- el occidental descubre que, a pesar de todo, «es mejor ser cristiano». Hablando siempre, se sobreentiende, de personas creyentes. Por eso, quizás, una vez más, la Providencia podría estar escribiendo derecho con renglones torcidos.</p>
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		<title>We Need a Real Dialogue</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Sep 2006 17:57:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>E. J. Dionne Jr.</strong> (THE WASHINGTON POST, 19/09/06):</p>
<p>I was tempted to defend Pope Benedict XVI&#8217;s comments about Islam on the grounds that we journalists always profess to admire leaders who take risks to say what they really think. In a lecture last week in Germany, Benedict said what he really thought.</p>
<p>The irony is that the pontiff&#8217;s comments came in an address that took Islam and all other religious faiths more seriously than do many of the pope&#8217;s secular critics. The whole point of the talk, after all, was to defend the rationality of faith in God.</p>
<p>But &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11669/we-need-a-real-dialogue/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>E. J. Dionne Jr.</strong> (THE WASHINGTON POST, 19/09/06):</p>
<p>I was tempted to defend Pope Benedict XVI&#8217;s comments about Islam on the grounds that we journalists always profess to admire leaders who take risks to say what they really think. In a lecture last week in Germany, Benedict said what he really thought.</p>
<p>The irony is that the pontiff&#8217;s comments came in an address that took Islam and all other religious faiths more seriously than do many of the pope&#8217;s secular critics. The whole point of the talk, after all, was to defend the rationality of faith in God.</p>
<p>But there is no getting around it: The pope made a big mistake, creating problems for himself, his church and the West. He spoke in the voice of the academic theologian he once was and not as the leader of one of the world&#8217;s great religions. Being pope is very different from being Professor Joseph Ratzinger.</p>
<p>In the controversial passage, Benedict recalls a dialogue between &#8220;the erudite Byzantine emperor Manuel II Paleologus and an educated Persian on the subject of Christianity and Islam.&#8221;</p>
<p>The emperor &#8212; &#8220;with a startling brusqueness, a brusqueness which leaves us astounded,&#8221; the pope noted, according to the Vatican&#8217;s translation &#8212; had this to say: &#8220;Show me just what Muhammad brought that was new, and there you will find things only evil and inhuman, such as his command to spread by the sword the faith he preached.&#8221;</p>
<p>The pope didn&#8217;t leave it there. He added that the &#8220;emperor . . . goes on to explain in detail the reasons why spreading the faith through violence is something unreasonable. Violence is incompatible with the nature of God and the nature of the soul.&#8221;</p>
<p>What went wrong here? First, if you read his intellectually interesting lecture, you&#8217;ll see the passage on Islam was not truly essential to the pope&#8217;s argument. Indeed, he argued at least as strongly against a liberal Christianity in which &#8220;the subjective &#8216;conscience&#8217; becomes the sole arbiter of what is ethical&#8221; and in which Jesus is reduced to being &#8220;the father of a humanitarian moral message.&#8221; (Those quotation marks around the word &#8220;conscience&#8221; reflect the pope&#8217;s skepticism of individual moral choice unguided by the church&#8217;s teachings.) But then why did Benedict take his shot at Islam? And why didn&#8217;t he pause to acknowledge that at various moments in history, Christians, including Catholics, have themselves been guilty of inappropriate uses of violence?</p>
<p>Pope John Paul II probably would have agreed broadly with Benedict&#8217;s theological argument. But John Paul saw himself as a leader of a universal church with serious political responsibilities.</p>
<p>I suspect that John Paul, who was always keener on interreligious dialogue than Benedict, would either have cut the passage about Islam or developed it in a way that wouldn&#8217;t have required the elaborate not-quite-an-apology Benedict issued on Sunday. (Benedict said the words of the &#8220;medieval text&#8221; he quoted &#8220;do not in any way express my personal thought.&#8221;) John Paul understood that the growth of Christianity requires religious liberty in nations where Christians are a minority. No institution has more of an interest in religious toleration and a sense of interreligious comradeship than the Catholic Church.</p>
<p>Benedict&#8217;s defenders have a point when they question whether his comments fully justify the explosion against him in the Muslim world. A significant number of Muslim religious leaders have said some harsh things about Christians, Jews and Western secularists in recent years. Would that all of Benedict&#8217;s Muslim critics were as critical of anti-Christian or anti-Jewish statements from their own side.</p>
<p>But that is precisely why all who are hoping for a liberalized Islam should take Benedict to task, and why he needs to use that great intellect of his to move this discussion in a different direction.</p>
<p>The many Muslims who reject the idea that their faith should be &#8220;spread by the sword&#8221; will not see their cause advanced by Westerners who take us back to arguments rooted in an era when Christianity and Islam were literally at sword&#8217;s point. We should all struggle to interpret our respective traditions in ways that enhance toleration and respect. Muslims who take risks on behalf of religious freedom need to know that non-Muslims are willing to engage with the best and not just the most extreme currents of Islamic thought.</p>
<p>Benedict made a good point when he said: &#8220;A reason which is deaf to the divine and which relegates religion into the realm of subcultures is incapable of entering into the dialogue of cultures.&#8221;</p>
<p>It&#8217;s true that Westerners who reject religion altogether may have trouble opening an authentic dialogue with Muslims. But religious dialogue will not progress very far if it starts off with a slap in the face.</p>
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		<title>Enough Apologies</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Sep 2006 17:49:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Anne Applebaum</strong> (THE WASHINGTON POST, 19/09/06):</p>
<p>Already, angry Palestinian militants have assaulted seven West Bank and Gaza churches, destroying two of them. In Somalia, gunmen shot dead an elderly Italian nun. Radical clerics from Qatar to Qom have called, variously, for a &#8220;day of anger&#8221; or for worshipers to &#8220;hunt down&#8221; the pope and his followers. From Turkey to Malaysia, Muslim politicians have condemned the pope and called his apology &#8220;insufficient.&#8221; And all of this because Benedict XVI, speaking at the University of Regensburg, quoted a Byzantine emperor who, more than 600 years ago, called Islam a faith &#8220;spread &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11668/enough-apologies/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Anne Applebaum</strong> (THE WASHINGTON POST, 19/09/06):</p>
<p>Already, angry Palestinian militants have assaulted seven West Bank and Gaza churches, destroying two of them. In Somalia, gunmen shot dead an elderly Italian nun. Radical clerics from Qatar to Qom have called, variously, for a &#8220;day of anger&#8221; or for worshipers to &#8220;hunt down&#8221; the pope and his followers. From Turkey to Malaysia, Muslim politicians have condemned the pope and called his apology &#8220;insufficient.&#8221; And all of this because Benedict XVI, speaking at the University of Regensburg, quoted a Byzantine emperor who, more than 600 years ago, called Islam a faith &#8220;spread by the sword.&#8221; We&#8217;ve been here before, of course. Similar protests were sparked last winter by cartoon portrayals of Muhammad in the Danish press. Similar apologies resulted, though Benedict&#8217;s is more surprising than those of the Danish government. No one, apparently, can remember any pope, not even the media-friendly John Paul II, apologizing for anything in such specific terms: not for the Inquisition, not for the persecution of Galileo and certainly not for a single comment made to an academic audience in an unimportant German city.</p>
<p>But Western reactions to Muslim &#8220;days of anger&#8221; have followed a familiar pattern, too. Last winter, some Western newspapers defended their Danish colleagues, even going so far as to reprint the cartoons &#8212; but others, including the Vatican, attacked the Danes for giving offense. Some leading Catholics have now defended the pope &#8212; but others, no doubt including some Danes, have complained that his statement should have been better vetted, or never given at all. This isn&#8217;t surprising: By definition, the West is not monolithic. Left-leaning journalists don&#8217;t identify with right-leaning colleagues (or right-leaning Catholic colleagues), and vice versa. Not all Christians, let alone all Catholics &#8212; even all German Catholics &#8212; identify with the pope either, and certainly they don&#8217;t want to defend his every scholarly quotation.</p>
<p>Unfortunately, these subtle distinctions are lost on the fanatics who torch embassies and churches. And they may also be preventing all of us from finding a useful response to the waves of anti-Western anger and violence that periodically engulf parts of the Muslim world. Clearly, a handful of apologies and some random public debate &#8212; should the pope have said X, should the Danish prime minister have done Y &#8212; are ineffective and irrelevant: None of the radical clerics accepts Western apologies, and none of their radical followers reads the Western press. Instead, Western politicians, writers, thinkers and speakers should stop apologizing &#8212; and start uniting.</p>
<p>By this, I don&#8217;t mean that we all need to rush to defend or to analyze this particular sermon; I leave that to experts on Byzantine theology. But we can all unite in our support for freedom of speech &#8212; surely the pope is allowed to quote from medieval texts &#8212; and of the press. And we can also unite, loudly, in our condemnation of violent, unprovoked attacks on churches, embassies and elderly nuns. By &#8220;we&#8221; I mean here the White House, the Vatican, the German Greens, the French Foreign Ministry, NATO, Greenpeace, Le Monde and Fox News &#8212; Western institutions of the left, the right and everything in between. True, these principles sound pretty elementary &#8212; &#8220;we&#8217;re pro-free speech and anti-gratuitous violence&#8221; &#8212; but in the days since the pope&#8217;s sermon, I don&#8217;t feel that I&#8217;ve heard them defended in anything like a unanimous chorus. A lot more time has been spent analyzing what the pontiff meant to say, or should have said, or might have said if he had been given better advice.</p>
<p>All of which is simply beside the point, since nothing the pope has ever said comes even close to matching the vitriol, extremism and hatred that pour out of the mouths of radical imams and fanatical clerics every day, all across Europe and the Muslim world, almost none of which ever provokes any Western response at all. And maybe it&#8217;s time that it should: When Saudi Arabia publishes textbooks commanding good Wahhabi Muslims to &#8220;hate&#8221; Christians, Jews and non-Wahhabi Muslims, for example, why shouldn&#8217;t the Vatican, the Southern Baptists, Britain&#8217;s chief rabbi and the Council on American-Islamic Relations all condemn them &#8212; simultaneously?</p>
<p>Maybe it&#8217;s a pipe dream: The day when the White House and Greenpeace can issue a joint statement is surely distant indeed. But if stray comments by Western leaders &#8212; not to mention Western films, books, cartoons, traditions and values &#8212; are going to inspire regular violence, I don&#8217;t feel that it&#8217;s asking too much for the West to quit saying sorry and unite, occasionally, in its own defense. The fanatics attacking the pope already limit the right to free speech among their own followers. I don&#8217;t see why we should allow them to limit our right to free speech, too.</p>
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		<title>A Challenge, Not a Crusade</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Sep 2006 17:30:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>John L. Allen Jr.</strong>, the Vatican correspondent for <em>The National Catholic Reporter</em> (THE NEW YORK TIMES, 19/09/06):</p>
<p>SEEN in context, Pope Benedict XVI’s citation last week of a 14th-century Byzantine emperor who claimed that the Prophet Muhammad brought “things only evil and inhuman” to the world was not intended as an anti-Islamic broadside. The pope’s real target in his lecture at the University of Regensburg, in Germany, was not Islam but the West, especially its tendency to separate reason and faith. He also denounced religious violence, hardly a crusader’s sentiment.</p>
<p>The uproar in the Muslim world over the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11666/a-challenge-not-a-crusade/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>John L. Allen Jr.</strong>, the Vatican correspondent for <em>The National Catholic Reporter</em> (THE NEW YORK TIMES, 19/09/06):</p>
<p>SEEN in context, Pope Benedict XVI’s citation last week of a 14th-century Byzantine emperor who claimed that the Prophet Muhammad brought “things only evil and inhuman” to the world was not intended as an anti-Islamic broadside. The pope’s real target in his lecture at the University of Regensburg, in Germany, was not Islam but the West, especially its tendency to separate reason and faith. He also denounced religious violence, hardly a crusader’s sentiment.</p>
<p>The uproar in the Muslim world over the comments is thus to some extent a case of “German professor meets sound-bite culture,” with a phrase from a tightly wrapped academic argument shot into global circulation, provoking an unintended firestorm.</p>
<p>In fact, had Benedict wanted to make a point about Islam, he wouldn’t have left us guessing about what he meant. He’s spoken and written on the subject before and since his election as pope, and a clear stance has emerged in the first 18 months of his pontificate. Benedict wants to be good neighbors, but he’s definitely more of a hawk on Islam than was his predecessor, John Paul II.</p>
<p>The new pope is tougher both on terrorism and on what the Vatican calls “reciprocity” — the demand that Islamic states grant the same rights and freedoms to Christians and other religious minorities that Muslims receive in the West. When Benedict said in his apology on Sunday that he wants a “frank and sincere dialogue,” the word “frank” was not an accident. He wants dialogue with teeth.</p>
<p>Roman Catholicism under Benedict is moving into a more critical posture toward Islamic fundamentalism. That could either push Islam toward reform, or set off a global “clash of civilizations” — or, perhaps, both.</p>
<p>Personally, Benedict’s graciousness toward Muslims is clear. For example, when Ayatollah Mohammad Emami Kashani, a member of the powerful Guardian Council in Iran, wrote a book comparing Islamic and Christian eschatological themes in the 1990’s, Benedict, then Cardinal Joseph Ratzinger, swapped theological ideas with him in the Vatican.</p>
<p>Immediately after his installation Mass last year, Benedict thanked Muslims for attending an inter-faith meeting. “I express my appreciation for the growth of dialogue between Muslims and Christians,” he said. “I assure you that the church wants to continue building bridges of friendship with the followers of all religions.”</p>
<p>Yet Benedict has also challenged what he sees as Islam’s potential for extremism, grounded in a literal reading of the Koran. In a 1997 interview with me, he said of Islam, “One has to have a clear understanding that it is not simply a denomination that can be included in the free realm of pluralistic society.”</p>
<p>In the same interview, he accused some Muslims of fomenting a radical “liberation theology,” meaning a belief that God approves of violence to achieve liberation from Israel. He also said he opposed Turkey’s candidacy to enter the European Union, arguing that it is “in permanent contrast to Europe” and suggesting that it play a leadership role among Islamic states instead.</p>
<p>Thus it’s no surprise that Benedict has struck a different tone from his predecessor. John Paul met with Muslims more than 60 times, and during a 2001 trip to Syria became the first pope to enter a mosque. He reached out to Islamic moderates. He talked of Muslims and Jews along with Christians as the three “sons of Abraham.” And he condemned injustices thought to be at the root of Islamic terrorism.</p>
<p>Desire for a more muscular stance, however, has been building among Catholics around the world for some time. In part, it has been driven by persecution of Christians in the Islamic world, like the murder of an Italian missionary, the Rev. Andrea Santoro, in Trabzon, Turkey, in February. A 16-year-old Turk fired two bullets into Father Santoro, shouting “God is great.” But perhaps the greatest driving force has been the frustrations over reciprocity. To take one oft-cited example, while Saudis contributed tens of millions of dollars to build Europe’s largest mosque in Rome, Christians cannot build churches in Saudi Arabia. Priests in Saudi Arabia cannot leave oil-industry compounds or embassy grounds without fear of reprisals from the mutawa, the religious police. The bishop of the region recently described the situation as “reminiscent of the catacombs.”</p>
<p>The pope is sympathetic to these concerns, as several developments at the Vatican have made clear.</p>
<p>At a meeting with Muslims in Cologne, Germany, last summer, Benedict urged joint efforts to “turn back the wave of cruel fanaticism that endangers the lives of so many people and hinders progress toward world peace.”</p>
<p>On Feb. 15, he removed Archbishop Michael Fitzgerald, who had been John Paul’s expert on Islam, as the president of the Pontifical Council for Interreligious Dialogue, sending him to a diplomatic post in Egypt. Archbishop Fitzgerald was seen as the Vatican’s leading dove in its relationship with Muslims.</p>
<p>That same month, Bishop Rino Fisichella, the rector of Rome’s Lateran University and a close papal confidant, announced it was time to “drop the diplomatic silence” about anti-Christian persecution, and called on the United Nations to “remind the societies and governments of countries with a Muslim majority of their responsibilities.”</p>
<p>In March, Cardinal Camillo Ruini, the pope’s vicar for Rome, voiced doubts about calls to teach Islam in Italian schools, saying he wanted assurance that doing so “would not give way to a socially dangerous kind of indoctrination.”</p>
<p>And on March 23, Benedict summoned his 179 cardinals for a closed-doors business session. Much conversation turned on Islam, according to participants, and there was agreement over taking a tougher stance on reciprocity.</p>
<p>Through his statements and those of his proxies, Benedict clearly hopes to stimulate Islamic leaders to express their faith effectively in a pluralistic world. The big question is whether it will be received that way, or whether it simply reinforces the conviction of jihadists about eternal struggle with the Christian West.</p>
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		<title>El Papa Ratzinger y el mundo islámico</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Sep 2006 09:54:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Aguirre</strong> (EL CORREO DIGITAL, 19/09/06):</p>
<p>La alusión de Benedicto XVI al islamismo ha tenido lugar en un marco insólito para un Papa. No se encontraba en una celebración litúrgica, ni se dirigía a un conjunto de fieles, ni leía un documento propiamente del magisterio pontificio. Joseph Ratzinger pronunciaba, en la Universidad de Regensburg (Ratisbona), de la que ha sido profesor, una lección universitaria muy bien construida, profunda y sólida, en la que quedaba clara su indudable categoría intelectual. Es un texto especialmente interesante porque explicita las raíces del pensamiento del Papa, que, en su ministerio, tiene que comunicarse &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11658/el-papa-ratzinger-y-el-mundo-islamico/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Aguirre</strong> (EL CORREO DIGITAL, 19/09/06):</p>
<p>La alusión de Benedicto XVI al islamismo ha tenido lugar en un marco insólito para un Papa. No se encontraba en una celebración litúrgica, ni se dirigía a un conjunto de fieles, ni leía un documento propiamente del magisterio pontificio. Joseph Ratzinger pronunciaba, en la Universidad de Regensburg (Ratisbona), de la que ha sido profesor, una lección universitaria muy bien construida, profunda y sólida, en la que quedaba clara su indudable categoría intelectual. Es un texto especialmente interesante porque explicita las raíces del pensamiento del Papa, que, en su ministerio, tiene que comunicarse normalmente de forma más sencilla y pastoral. Un auténtico intelectual y una persona verdaderamente religiosa inevitablemente serán, con frecuencia, políticamente incorrectos. Dada la repercusión de sus palabras habrá quien piense que Benedicto XVI eligió un ejemplo desafortunado para comenzar su exposición. Pero también es verdad que la violenta y emotiva reacción provocada por sus palabras, al margen de un contexto que muy pocos han leído con atención, no hace sino avalar los reparos de Ratzinger contra una fe religiosa no controlada por la razón.</p>
<p>La exposición parte de una afirmación del emperador bizantino Manuel II Paleólogo en un diálogo con un persa culto desconocido: «Muéstrame aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que predicaba (&#8230;). No actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios (&#8230;). Quien quiera llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas (&#8230;)». El Papa habría podido aludir a las imposiciones de la fe por la fuerza en el cristianismo, a las guerras de religión y a las quemas de herejes. Sin embargo, pienso que el ejemplo elegido no es casual: su trayectoria demuestra que el Islam preocupa especialmente a este Papa, que considera necesario examinar críticamente sus raíces ideológicas. Cabe preguntarse si lo que es legítimo y hasta necesario en un profesor universitario es prudente que lo realice el Papa de la Iglesia católica. Pero aparquemos este asunto. En cualquier caso lo que pretendía, ante un auditorio de alta cualificación académica, era plantear las relaciones entre la fe y la razón, reivindicar la intrínseca racionalidad de la fe cristiana y, a la vez, replantear el concepto moderno de razón.</p>
<p>En primer lugar, el Papa pone en guardia contra los peligros de una religión que no respeta la racionalidad humana compartida, porque destruye las bases de todo diálogo cultural y fácilmente presenta una imagen arbitraria y peligrosa de la divinidad. Si el Corán no fue simplemente &#8216;inspirado&#8217;, sino dictado palabra a palabra por una voz celeste a Mahoma, entonces no cabe una lectura crítica ni una hermenéutica inteligente de este libro sagrado. Su talante intelectual hace que el Papa Ratzinger no sea tan favorable a los actos ecuménicos de oraciones compartidas si antes no hay una clarificación suficiente de carácter cultural y teológico.</p>
<p>Pero hay otro punto en el que el Papa pone un énfasis especial: en el cristianismo el uso de la razón humana es un desarrollo necesario de la naturaleza misma de la fe. Ratzinger explica este punto recurriendo a muchos factores históricos, al encuentro del judaísmo y del helenismo el siglo II antes de nuestra era, al diálogo de Atenas y Jerusalén en el origen del cristianismo, pero sobre todo por referencia a un Dios que es presentado en el Nuevo Testamento como «Logos», como razón y palabra que se expresa. Bien es sabido que el actual Papa se manifiesta de forma intelectualmente clara y directa sin temor a las reacciones que pueda suscitar. En un coloquio mantenido en octubre de 2005 con el historiador italiano Galli della Logia, el entonces cardenal Ratzinger decía: «Racionalidad fue por tanto un postulado y una condición del cristianismo que es un patrimonio europeo si nos comparamos, pacífica y positivamente, con el Islam y con las grandes religiones de la gran Asia». Para preservar este patrimonio cultural cristiano el cardenal Ratzinger se oponía al ingreso de Turquía en la Unión Europea. En esto disiento: Hay una cierta influencia islámica en el origen de Europa y, sobre todo, el ingreso de Turquía puede contribuir a que el Islam no se encierre más en su complejo de víctima de Occidente (que está siendo suicidamente alimentado por la nefasta política norteamericana en el Próximo Oriente) y se abra al espíritu crítico y democrático de la modernidad.</p>
<p>Pero hay un tercer punto en la exposición de Ratzinger: la discusión crítica del concepto de razón que se ha impuesto a partir de la modernidad y que, en su opinión, es reductora, ciega y sorda ante dimensiones esenciales de la realidad. Concretamente la razón humana no puede renunciar a descubrir la verdad objetiva de las cuestiones religiosas y éticas, que no podrá imponerse, pero a cuya búsqueda tampoco se puede renunciar. El Papa critica de forma constante y dura la cultura occidental por lo que considera su «laicismo», que relega a la pura subjetividad privada las mencionadas cuestiones en que está en juego el sentido, y rompe así con sus raíces cristianas. Pero en absoluto desea renunciar a la Ilustración. Afirmó en Regensburg: «Lo más importante («Das Grosse») de la modernidad debe ser reconocido sin reservas (&#8230;). Mi intención es ampliar nuestro concepto de razón y su aplicación».</p>
<p>El Papa considera que esta exclusión de lo religioso y de lo transcendente del espacio público es visto por otras culturas, para las que Dios es absolutamente central, como un ataque a sus más profundas convicciones. En el diálogo, antes mencionado, con el historiador italiano afirmaba: «Lo que ofende a los musulmanes y a los fieles de otras religiones no es hablar sobre Dios o nuestras raíces cristianas, sino el desdén hacia Dios y lo sagrado, que nos separa de otras culturas y no ofrece la oportunidad para el encuentro, sino (que) expresa la arrogancia de una razón disminuida y reducida, que provoca reacciones fundamentalistas». Y en la conferencia que ha dado pie a las airadas reacciones de estos días dice: «Una razón que es sorda a lo divino y relega la religión al espectro de las subculturas es incapaz de entrar al diálogo con las culturas».</p>
<p>Es decir, para Ratzinger el diálogo entre las religiones implica necesariamente el diálogo entre las culturas. Su planteamiento es discutible -¿cómo podría no serlo?- pero es de una importancia política y cultural incuestionable. Puede ser un planteamiento demasiado académico, como el del &#8216;diálogo de civilizaciones&#8217; puede ser demasiado insustancial y superficial. El Papa Ratzinger (me cuesta mucho llamarle Benedicto) hace una crítica sin complejos, con la que se puede estar más o menos de acuerdo, pero implacable de la cultura hegemónica de la postmodernidad cultural. Es discutible su forma abarcante de entender la cultura cristiana y el papel que atribuye a la Iglesia como su intérprete. Pero, desde luego, está en su pleno derecho, y particularmente me parece oportuno, que no se arredre a la hora de señalar los retos pendientes que el Islam tiene con la razón. Es verdad que secularmente los cristianos, cuando hemos sido mayoría, nos hemos resistido a conceder lo que ahora exigimos si somos minoría. Pero nada disculpa los atentados, las movilizaciones insultantes de protesta, las &#8216;fatwas&#8217;, cuando, con mayor o menor razón, la fe islámica se considera agraviada.</p>
<p>¿No habrá que decir a los musulmanes, que con toda razón exigen respeto a sus convicciones en los países que son minoría, que también hay que respetar la fe de los no musulmanes en Arabia, en Egipto, en Sudán, donde los cristianos, a veces, están siendo cruelmente marginados y perseguidos? El diálogo auténtico no es el &#8216;buenismo&#8217;, en el que todos los gatos son pardos y donde las identidades se diluyen y las convicciones y diferencias se ocultan; por el contrario, exige escucha, conocimiento del otro, penetrar en su lógica, descubrir su verdad, defender y relativizar las propias convicciones, pero de ningún modo acallar, por miedo o falso irenismo, las deficiencias graves que se perciben en otras ideologías.</p>
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		<title>Objetivo, el Papa</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Sep 2006 09:51:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Serafín Fanjúl</strong>, catedrático de la UAM (ABC, 19/09/06):</p>
<p>Se equivocan de nuevo. Si la Iglesia católica por boca de sus jerarquías más significativas recula y ofrece a los musulmanes excusas, o aclaraciones, por una ofensa que no ha cometido, yerra gravemente. Desconciertan a la parroquia y favorecen futuros e inmediatos chantajes. Si tal hacen en procura del mal menor, para proteger a los fieles cristianos en los países islámicos (ya han asesinado a una monja en Somalia), están reconociendo de manera implícita que esas comunidades viven sometidas a situaciones que oscilan entre la intolerancia más cruda y la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11657/objetivo-el-papa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Serafín Fanjúl</strong>, catedrático de la UAM (ABC, 19/09/06):</p>
<p>Se equivocan de nuevo. Si la Iglesia católica por boca de sus jerarquías más significativas recula y ofrece a los musulmanes excusas, o aclaraciones, por una ofensa que no ha cometido, yerra gravemente. Desconciertan a la parroquia y favorecen futuros e inmediatos chantajes. Si tal hacen en procura del mal menor, para proteger a los fieles cristianos en los países islámicos (ya han asesinado a una monja en Somalia), están reconociendo de manera implícita que esas comunidades viven sometidas a situaciones que oscilan entre la intolerancia más cruda y la persecución desembozada y feroz. Es la propia Iglesia la mejor conocedora de todas estas calamidades y quizá por ello juega la carta del apaciguamiento, retrasando -igual que la mayoría de los tibios gobiernos occidentales- no ya la adopción de medidas concretas y eficaces para defender a nuestras sociedades, sino la mera comprensión de lo que sucede.</p>
<p>Por si alguien lo duda, unos barbudos paquistaníes (foto de portada de ABC, 16/9/06) nos refrescan la memoria esgrimiendo pancartas insultantes y amenazadoras. Como da la circunstancia de que las amenazas se lanzan en un país en que las matanzas de cristianos son endémicas, el asunto no es para tomarlo a broma y se comprende la preocupación de la Santa Sede por evitar otra oleada de Alianza de Civilizaciones semejante a la de enero, con su secuela de gobiernos europeos maestros en collonería, sus multinacionales francesas aclarando que sus productos nada tienen que ver con Dinamarca y nuestro Rodríguez poniéndose del otro lado, como siempre.</p>
<p>Por desgracia, en este asunto está todo dicho y ya sólo queda actuar, por ejemplo no desamparando a Ayan Hirsi Ali en Holanda, solidarizándose con los cristianos de Oriente Medio con algo más que palabras o apoyando el derecho a la libertad de expresión en Dinamarca o en Roma, un concepto ininteligible para la mayoría de musulmanes, habituados de toda la vida a que información y opinión bajen del cielo, o sea, de dictaduras militares, medievales dinastías despóticas o regímenes teocráticos. A elegir. Mostrando y demostrando a esas masas fanatizadas que con amenazas no van a quebrantar la solidez de nuestros Estados, de nuestras convicciones democráticas y de la confianza en la Historia de que venimos. Seriedad y firmeza, de momento, porque otra cosa es pura redundancia: recordar el rosario interminable de atentados, asesinatos, encarcelamientos, presiones que padecen los cristianos desde Marruecos a Indonesia ya es perder el tiempo. Como lo es entretenerse sacando citas coránicas -a estas alturas- por parte de eruditos postizos o verdaderos, para dilucidar si el texto ofrece más o menos muestras de tolerancia o intolerancia. Y aprovecho la ocasión para recordar -porque hay gentes que no lo saben- que la mejor versión en español es la de Julio Cortés, sin prejuicios propagandísticos ni el prodigioso aval de Arabia Saudí, quintaesencia de objetividades. Lo que importa en este momento histórico es el uso que de él se ha hecho y se sigue haciendo. Aunque Yihad y cuanto detrás viene significa antes que nada «acción violenta contra infieles o musulmanes apóstatas». Y ya está bueno de exégesis científicas para marear la perdiz. Nos interesan los actos y sus consecuencias no las elucubraciones de los multicultis, fabricadas con plantilla, explicándonos que no es lo mismo el extremista que el islam moderado: ¿dónde está el islam moderado? Yo no lo veo, con excepción de alguna publicación o algún simposio requeteminoritario, naturalmente en Europa, en que una marroquí o una tunecina se atreve a decir en público que el derecho de familia islámico es un abuso contra la mujer y no es poco por su parte.</p>
<p>No necesitamos chuscas exégesis coránicas de cuatro líneas (los autores son incapaces de añadir una quinta) en que se distingue entre la literalidad del texto (¿por qué la literalidad va a ser siempre negativa?) y las benéficas interpretaciones en que, al parecer, navega la inmensa mayoría de los musulmanes. Sorprendente Mediterráneo. La literatura árabe de todas las épocas -y digo de todas- está plagada de amenazas, condenas, burlas, improperios y maldiciones contra los cristianos y el cristianismo. Y contra los judíos. Desde la literatura oral (proverbios, cuentos populares, cancioncillas infantiles) hasta las crónicas históricas, la poesía o las obras misceláneas; y no digamos los escritos de temática religiosa. Pero ni siquiera eso es de primordial importancia, lo que de veras nos concierne son los actos y sus resultados y ahí sí que no podemos titubear.</p>
<p>Es sencillamente increíble que teólogos y jurisconsultos musulmanes no sepan distinguir una cita de un conjunto argumental o de la opinión en el discurso de un conferenciante (en este caso Manuel Paleólogo y el Papa Benedicto XVI), cuando la cultura islámica, desde la Alta Edad Media, se basa en la repetición de la repetición de la repetición -o su glosa- de dichos en cadena (el famoso isnad) atribuidos a fuentes más o menos creíbles. Por tanto, este guirigay -como el de las caricaturas de enero- es por completo artificial, un mero pretexto para arrinconarnos un poco más, paralizando de consuno nuestra capacidad de reacción ante el asalto que sufrimos. Que los multicultis hispanos, revestidos de pontifical, de buenismo, actúen de comparsas de los vociferantes bárbaros entra en lo esperable y no sorprende que se alineen con las mayores muestras de represión y fanatismo: a saber por qué lo hacen en realidad. Y va de fotos: ver ABC, 17/9/06, pág. 27, en que unas mujeres -suponemos- disfrazadas de Fantomas esgrimen pancartas en inglés (¿las habrán escrito ellas? ¿sabran lo que ahí reza?) donde se alude a la salud mental del Papa y se llama al despertar de la umma islámica. La imagen es tan grotesca -¿dónde están las feministas progres?- que provocaría la carcajada de no estar implicada la vida de tanta gente. Tan grotesca como ver al sultán de Marruecos pidiendo cuentas al Papa.</p>
<p>Desde que Juan de Segovia, en pleno siglo XV, propusiera una vía de acercamiento pacífico al islam («De Mittendo Gladio Divini Spiritus Incorda Sarracenorum») han transcurrido demasiados años sin resultado alguno. En los últimos tiempos la Iglesia católica ha prodigado los gestos amistosos, cuando no directrices de actuación que rebasan con mucho el respeto, por ejemplo renunciando al proselitismo en el norte de África. La pregunta inmediata es: ¿por qué los musulmanes pueden hacer prosélitos en nuestros países y la viceversa es impensable? ¿por qué la mera mención de esta circunstancia se considera islamofobia? Juan Pablo II, en un gesto a nuestro juicio innecesario y excesivo, pidió perdón a los musulmanes por las Cruzadas, como si las hubiera dirigido él y contra los moros actuales. Correlativamente me pregunto cuándo van a pedir perdón ellos por la irrupción en Egipto y el Imperio Bizantino del siglo VII, o a nosotros, españoles, por la invasión del VIII, por la piratería contra nuestras costas hasta principios del XIX, por el daño infligido a los cautivos en Rabat, Salé, Argel, en esa divertida situación -la de los presos- que a Juan Goytisolo parece una gozada multiculturalista.</p>
<p>Quienes estamos convencidos de que la pertenencia al género humano es un valor superior a creer en ningún libro o profeta y consideramos el derecho a la libertad y a la igualdad básica de todos los hombres un principio irrenunciable, intentaremos la coexistencia pacífica con todas las confesiones, pero no podemos cerrar los ojos ante el mayor conflicto de nuestro tiempo: hay demasiados musulmanes obstinados en demostrarnos que el verdadero problema no es el islamismo sino el islam, independientemente de lo que nosotros pensemos. Y si existen mulsumanes moderados, que aparezcan y paren esta escalada de irracionalidad. Por el bien de todos.</p>
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		<title>Return to the dark ages</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Sep 2006 05:24:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Soumaya Ghannoushi</strong>, a researcher at the School of Oriental and African Studies, University of London, specialising in medieval Christian literature on Islam (THE GUARDIAN, 19/09/06):</p>
<p>The Pope&#8217;s response to the anger his statements sparked in the Muslim world was more offensive than the statements themselves. He apologised not for what he said, but for Muslims&#8217; failure to grasp the intended meaning.That the Pope should have quoted from a Byzantine text on Islam is hardly surprising. The line of continuity between Emanuel Paleologos&#8217;s conception of Islam &#8211; quoted in the papal speech &#8211; and Benedict&#8217;s has never been severed. &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11653/return-to-the-dark-ages/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Soumaya Ghannoushi</strong>, a researcher at the School of Oriental and African Studies, University of London, specialising in medieval Christian literature on Islam (THE GUARDIAN, 19/09/06):</p>
<p>The Pope&#8217;s response to the anger his statements sparked in the Muslim world was more offensive than the statements themselves. He apologised not for what he said, but for Muslims&#8217; failure to grasp the intended meaning.That the Pope should have quoted from a Byzantine text on Islam is hardly surprising. The line of continuity between Emanuel Paleologos&#8217;s conception of Islam &#8211; quoted in the papal speech &#8211; and Benedict&#8217;s has never been severed. The massive body of terms, images and narratives on Islam which the church inherited from the middle ages survives intact. There, Islam is depicted as a false creed propagated through violence and promiscuity, with Muhammad as scoundrel, magician, heresiarch, and precursor of the anti-Christ.</p>
<p>Though Constantinople&#8217;s Latin enemies shed few tears over the loss of two-thirds of its territories to Muslims in the seventh century, they did much to ensure the survival of its literature on Islam. Between the 11th and 14th centuries, this was used by the church&#8217;s propaganda machine as it strove to arouse crusading fervour across Christendom. The Reformation further developed this literary corpus and ensured its transmission into modern Europe. In a 17th-century Christian text, Muslims are described in the most chilling of terms. They are &#8220;poison, scabies, venomous snakes &#8230; the dogs in the church&#8221;.</p>
<p>Even if this metaphorical language has retreated in favour of the profane language of reason and subjectivity, its structural foundations remain. Islam is still perceived as the other, the embodiment of evil. Only in this context can we make full sense of the Pope&#8217;s statements, and indeed of much of what is said today on the subject of Islam. We must defend freedom of expression, but freedom of expression should not be used as a disguise for the incitement of hatred of other races and religions.</p>
<p>It is ironic that the Pope, who stresses the unity of reason and faith, which he uses as proof of Christianity&#8217;s superiority over Islam, has inherited this formula from Ibn Rushd, or Averroes, the Andalusian Muslim philosopher. It was on the basis of this Rushdian equation that the medieval church could reconcile itself with Benedict&#8217;s beloved logos.</p>
<p>The Pope speaks much of religious tolerance in his lecture. Unfortunately for him, the church&#8217;s historical treatment of its religious others has been marked by violence and aggression, against pagans, Jews, heretics and infidels alike.</p>
<p>Not a day goes by without calls to reform Islam being raised-a mission which Pope Benedict XVI has declared impossible. Perhaps it is time to make the same demand of Catholicism and its infallible head. It certainly needs to introduce dramatic reforms to its terrifying conception of Islam, its prophet and followers. Rather than apologising for the church&#8217;s bloody legacy against Muslims in the dark years of the Crusades and Reconquista, the Pope has chosen to twist the knife in the old wound. He has driven the gulf between the two faiths even wider. He has again pitted the cross against the crescent.</p>
<p>The Pope&#8217;s statements have done much to convince Muslims from Tangier to Jakarta that an open war is being waged against them on three fronts: political, military and religious. The pontiff should not be surprised that his words generated such strong responses in a Muslim world seething with rage at being dragged back to the age of colonialism and civilising missions. Who is to convince Muslims now that the west is not waging a crusade against them, in an alliance between Bush and Benedict, between the powers of the temporal and the sacred?</p>
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		<title>El discurso &#8216;teocons&#8217; de Benedicto XVI</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Sep 2006 08:22:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan José Tamayo</strong>, teólogo y autor del libro <em>Nuevo diccionario de teología</em> (EL PERIÓDICO, 18/09/06):</p>
<p>El reciente viaje de <strong>Benedicto XVI</strong> a Alemania ha revelado la auténtica identidad ideológica del actual pontificado, en continuidad con el anterior. No debe olvidarse que el cardenal <strong>Ratzinger</strong> fue el principal guionista de <strong>Juan Pablo II.</strong> En los discursos pronunciados durante el viaje, el Papa ha expuesto con total nitidez las grandes líneas en las que se sustenta el discurso <em>teocons,</em> del que él es el principal ideólogo y aval. Un discurso cuyos ejes principales son: el teológico, el político, el moral, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11636/el-discurso-teocons-de-benedicto-xvi/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan José Tamayo</strong>, teólogo y autor del libro <em>Nuevo diccionario de teología</em> (EL PERIÓDICO, 18/09/06):</p>
<p>El reciente viaje de <strong>Benedicto XVI</strong> a Alemania ha revelado la auténtica identidad ideológica del actual pontificado, en continuidad con el anterior. No debe olvidarse que el cardenal <strong>Ratzinger</strong> fue el principal guionista de <strong>Juan Pablo II.</strong> En los discursos pronunciados durante el viaje, el Papa ha expuesto con total nitidez las grandes líneas en las que se sustenta el discurso <em>teocons,</em> del que él es el principal ideólogo y aval. Un discurso cuyos ejes principales son: el teológico, el político, el moral, el económico, el científico y el religioso.<br />
En el plano teológico, ha definido los perfiles de la doctrina católica en su más pura ortodoxia, sin apenas concesión alguna al diálogo con los nuevos climas culturales y las nuevas corrientes de pensamiento. Este planteamiento está en continuidad con la época en la que fue presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuando ejerció de vigía de la ortodoxia y condenó a numerosos teólogos y teólogas acusados de heterodoxos; todos ellos, o la mayoría, del sector crítico y liberador.</p>
<p>EN EL terreno político, <strong>Benedicto XVI</strong> defiende la necesidad de la presencia de Dios en la vida pública. Una presencia que a veces no respeta la laicidad, desemboca con frecuencia en la <em>confesionalidad</em> de la sociedad, de la política y de la cultura, y choca con la doctrina del Concilio Vaticano II sobre la autonomía de las realidades temporales.<br />
Para él, desterrar a Dios de la vida pública, de la realidad del mundo y de nuestra vida y aceptarlo solamente en el ámbito privado no es signo de tolerancia, sino, más bien, muestra de hipocresía. Si Dios entra en nuestro tiempo, todo el tiempo se hace más grande, asevera el Papa.<br />
En el terreno moral, muestra similar rigidez a la de su predecesor, sobre todo en las cuestiones que tienen que ver con la sexualidad, la pareja, el principio y el final de la vida. Sigue manteniendo su oposición al uso de métodos anticonceptivos y a las relaciones prematrimoniales. Entiende el matrimonio como la unión indisoluble entre el hombre y la mujer, condenando las uniones de hecho y el matrimonio entre homosexuales y negando el acceso a la eucaristía a los católicos divorciados que han vuelto a casarse. Es contrario al empleo de técnicas que contribuyen al bienestar, la salud y la felicidad de los seres humanos, como la investigación con células madre embrionarias, la reproducción asistida y la clonación terapéutica. Expresa su rechazo a la eutanasia. Y todo ello con un discurso abstracto a favor de la vida, que a veces se contradice con la libertad individual y con el derecho de todo ser humano a una vida y una muerte dignas.<br />
El elemento clave de la construcción del pensamiento <em>teocons</em> es la tendencia e legitimar teológicamente el capitalismo en su actual versión neoliberal y la globalización que dicho sistema económico ha puesto en marcha. Existe hoy en la Iglesia católica y en algunos sectores del protestantismo una tendencia a considerar el capitalismo como el modelo económico que más fomenta la iniciativa y la libertad del ser humano, que más riquezas genera y que mejor las reparte. Este planteamiento ha dado lugar a una nueva corriente teológica: la teología neoliberal del mercado, desarrollada por pensadores cristianos como <strong>Michel Novak</strong> y <strong>Michel Camdesuss,</strong> este último nombrado asesor del Vaticano por <strong>Juan Pablo II.</strong><br />
En el plano científico, el pensamiento <em>teocons</em> ha vuelto a resucitar el viejo contencioso entre ciencia y fe. Cuestiona el valor científico de la teoría de la evolución y llega a considerarla ideología. Cree que la vida en la tierra es un fenómeno muy complejo para ser explicado solo por medio del evolucionismo, y propone como explicación la <em>teoría del diseño inteligente</em>.</p>
<p>SU PRINCIPAL defensor en el catolicismo es el cardenal de Viena <strong>Christoph Schönborn,</strong> para quien &#8220;todo sistema de pensamiento que niegue o intente minimizar la abundante evidencia de un designio en la biología es ideología y no ciencia&#8221;. Este planteamiento ha sido asumido y defendido por <strong>Benedicto XVI</strong> en su viaje a Alemania. Se produce así una afinidad con los sectores fundamentalistas del pentecostalismo norteamericano, que apoyó la reelección de <strong>George Bush</strong> y respalda ahora su política.<br />
Lo que me resulta más preocupante de la tendencia <em>teocons,</em> por lo que tiene de desestabilizador de la convivencia entre culturas y religiones, es su concepción sobre las relaciones entre cristianismo e islam, del que es un buen ejemplo el discurso pronunciado por <strong>Benedicto XVI</strong> en la Universidad de Ratisbona el 12 de septiembre. Ese discurso no fue de comunicación y diálogo simétricos, como demanda el pluralismo cultural y religioso del mundo actual, sino de confrontación, como están demostrando las reacciones críticas de amplios sectores musulmanes y de numerosos colectivos que trabajan por el diálogo intercultural e interreligioso. Por ese camino pueden volver e editarse, al menos intelectualmente, las guerras de religiones del pasado. Bienvenidas sean las excusas del Papa, pero lo que hay que cambiar es el discurso.</p>
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		<title>Why the Pope was right</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Sep 2006 05:24:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>William Rees-Mogg</strong> (THE TIMES, 18/09/06):</p>
<p>JOURNALISTS SHOULD NOT criticise Pope Benedict XVI for his lecture at Regensburg. He has done only what every sub-editor on the <em>Daily Mail</em> does every day. Confronted with a long and closely written text, he inserted a lively quote to draw attention to the argument. We all do it. Sometimes the quote causes trouble, but more often it opens up an argument that is needed.</p>
<p>The question is not whether the quotation from the Byzantine emperor Manuel II Palaeologus is offensive: it is.</p>
<p>The question is whether the emperor is justified in what he &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11635/why-the-pope-was-right/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>William Rees-Mogg</strong> (THE TIMES, 18/09/06):</p>
<p>JOURNALISTS SHOULD NOT criticise Pope Benedict XVI for his lecture at Regensburg. He has done only what every sub-editor on the <em>Daily Mail</em> does every day. Confronted with a long and closely written text, he inserted a lively quote to draw attention to the argument. We all do it. Sometimes the quote causes trouble, but more often it opens up an argument that is needed.</p>
<p>The question is not whether the quotation from the Byzantine emperor Manuel II Palaeologus is offensive: it is.</p>
<p>The question is whether the emperor is justified in what he said. His main thrust was at least partly justified. There is a real problem about the teaching of the Koran on violence against the infidel. That existed in the 14th century, and was demonstrated on 9/11, 2001. There is every reason to discuss it. I am more afraid of silence than offence.</p>
<p>The Pope’s actual quotation is not just a medieval point of view. It is a common modern view; even if it seldom reaches print; it can certainly be found on the internet. “Show me just what Muhammad brought that was new, and then you shall find things only evil and inhuman, such as his command to spread by the sword the faith he preached.”</p>
<p>Is it true that the Koran contains such a command, and has it influenced modern terrorists? The answers, unfortunately, are “yes” and “yes”.</p>
<p>The so-called Sword Verse from Chapter 9 must have been in the emperor’s mind: “So when the sacred months have passed away, Then slay the idolaters wherever you find them.</p>
<p>“And take them captive and besiege them, and lie in wait for them in every ambush.”</p>
<p>This does shock many Muslims: extremists are angered by the implied criticism of those who quote it, while moderates who cannot disavow the terms of the Koran prefer more evasive interpretations. The shock it creates shows the importance of the doctrine.</p>
<p>One man who does not question the meaning of the verse is Osama bin Laden. His attitude is discussed at some length in Chapter 14 of an excellent new book, <em>The Qur’an, a Biography,</em> by Bruce Lawrence, who is the Professor of Islamic Studies at Duke University, North Carolina. Lawrence observes the use of this verse as a central argument for jihad in Bin Laden’s manifesto in 1996; that was a declaration of war against native and foreign infidels.</p>
<p>Lawrence makes several relevant points. Bin Laden selects only those verses that fit his message, and then cites them exclusively for his own purposes. He ignores both their original context and also the variety of historical differences between committed Muslims about how to apply their dicta. He collapses the broad spectrum of Koranic teaching into a double requirement: first to believe; and then to fight.</p>
<p>Lawrence also draws attention to the qualifications that surround the Sword Verse; particularly that those infidels who repent should be allowed to go free: “For God is most forgiving; most merciful.”</p>
<p>It is impossible to reconcile the consistent Koranic teaching that God is most merciful with suicide bombing, which is indiscriminate and murders faithfuls and infidels alike.</p>
<p>It is a mistake to think that all the major religions are identical: they have real differences of doctrine that have real impacts on human society. What is true, however, is that no religion shall survive for more than a generation or two unless it has a substantial element of truth in it. The diabolical cult of Nazism lasted for only one generation. It is natural for Christians of different denominations to love what they have in common without ceasing to be aware of their differences.</p>
<p>A Christian should also rejoice in the positive spiritual values of the other major religions. It is natural for a Christian to feel enriched by Judaism, which was the religion of Jesus; or by Platonism, the philosophy of the opening chapter of St John’s Gospel and of St Augustine. Yet Christians also find spiritual truths in Buddhism, Confucianism, Daoism, Hinduism, Sikhism and Islam itself. There is a significant link between aspects of Islamic Sufi mysticism and the Christian mystical tradition.</p>
<p>When one lists these religions it becomes obvious that there are two problems: violence and the influence of reason, both of which Pope Benedict identified in his lecture. Violence is a fault from which no major religion has historically been free. St Patrick’s conversion of Ireland is sometimes given as a unique example of the conversion of a nation without the loss of a single life. It is one of the great scandals that so many persecutions have taken place in the name of Jesus.</p>
<p>This has been more or less true of all the great religions: human beings are the most savage of beasts, and they will kill each other in any cause, however noble.</p>
<p>Yet nowadays Islam is the only major religion in which violence is a serious doctrinal issue. It is true that tribalised Roman Catholics and Protestants in Ireland have only recently stopped killing each other and vengeful Sikhs assassinated Indira Gandhi in India, but neither the Catholic nor the Protestant churches believe in terror; nor do the Sikhs.</p>
<p>A significant proportion of the Islamic community does believe that suicide bombers are martyrs carrying out a religious duty. Suicide bombing causes Islamophobia. There are varying degrees of authority and uniformity in different religions; rather low in most cases. This pluralism has its own virtues, but in Islam they are outweighed by the disadvantages. Those imams who preach al-Qaeda’s view of the duty of jihad are not required to answer to any authority, even the authority of reason.</p>
<p>Islam has only partially experienced the modern process of enlightenment and reform, which was, after all, resisted by a number of pre-Vatican II Popes. Pope Benedict will have done Islam a service if he has started a debate within Islam and between Islam and the critics.</p>
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		<title>We cannot afford to maintain these ancient prejudices against Islam</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Sep 2006 05:13:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Multiculturalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Karem Armstrong</strong>, the author of &#8216;Islam: A Short History&#8217; (THE GUARDIAN, 18/09/06):</p>
<p>In the 12th century, Peter the Venerable, Abbot of Cluny, initiated a dialogue with the Islamic world. &#8220;I approach you not with arms, but with words,&#8221; he wrote to the Muslims whom he imagined reading his book, &#8220;not with force, but with reason, not with hatred, but with love.&#8221; Yet his treatise was entitled Summary of the Whole Heresy of the Diabolical Sect of the Saracens and segued repeatedly into spluttering intransigence. Words failed Peter when he contemplated the &#8220;bestial cruelty&#8221; of Islam, which, he claimed, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11633/we-cannot-afford-to-maintain-these-ancient-prejudices-against-islam/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Karem Armstrong</strong>, the author of &#8216;Islam: A Short History&#8217; (THE GUARDIAN, 18/09/06):</p>
<p>In the 12th century, Peter the Venerable, Abbot of Cluny, initiated a dialogue with the Islamic world. &#8220;I approach you not with arms, but with words,&#8221; he wrote to the Muslims whom he imagined reading his book, &#8220;not with force, but with reason, not with hatred, but with love.&#8221; Yet his treatise was entitled Summary of the Whole Heresy of the Diabolical Sect of the Saracens and segued repeatedly into spluttering intransigence. Words failed Peter when he contemplated the &#8220;bestial cruelty&#8221; of Islam, which, he claimed, had established itself by the sword. Was Muhammad a true prophet? &#8220;I shall be worse than a donkey if I agree,&#8221; he expostulated, &#8220;worse than cattle if I assent!&#8221;.</p>
<p>Peter was writing at the time of the Crusades. Even when Christians were trying to be fair, their entrenched loathing of Islam made it impossible for them to approach it objectively. For Peter, Islam was so self-evidently evil that it did not seem to occur to him that the Muslims he approached with such &#8220;love&#8221; might be offended by his remarks. This medieval cast of mind is still alive and well.</p>
<p>Last week, Pope Benedict XVI quoted, without qualification and with apparent approval, the words of the 14th-century Byzantine emperor Manuel II: &#8220;Show me just what Muhammad brought that was new, and there you will find things only evil and inhuman, such as his command to spread by the sword the faith he preached.&#8221; The Vatican seemed bemused by the Muslim outrage occasioned by the Pope&#8217;s words, claiming that the Holy Father had simply intended &#8220;to cultivate an attitude of respect and dialogue toward the other religions and cultures, and obviously also towards Islam&#8221;.</p>
<p>But the Pope&#8217;s good intentions seem far from obvious. Hatred of Islam is so ubiquitous and so deeply rooted in western culture that it brings together people who are usually at daggers drawn. Neither the Danish cartoonists, who published the offensive caricatures of the Prophet Muhammad last February, nor the Christian fundamentalists who have called him a paedophile and a terrorist, would ordinarily make common cause with the Pope; yet on the subject of Islam they are in full agreement.</p>
<p>Our Islamophobia dates back to the time of the Crusades, and is entwined with our chronic anti-semitism. Some of the first Crusaders began their journey to the Holy Land by massacring the Jewish communities along the Rhine valley; the Crusaders ended their campaign in 1099 by slaughtering some 30,000 Muslims and Jews in Jerusalem. It is always difficult to forgive people we know we have wronged. Thenceforth Jews and Muslims became the shadow-self of Christendom, the mirror image of everything that we hoped we were not &#8211; or feared that we were.</p>
<p>The fearful fantasies created by Europeans at this time endured for centuries and reveal a buried anxiety about Christian identity and behaviour. When the popes called for a Crusade to the Holy Land, Christians often persecuted the local Jewish communities: why march 3,000 miles to Palestine to liberate the tomb of Christ, and leave unscathed the people who had &#8211; or so the Crusaders mistakenly assumed &#8211; actually killed Jesus. Jews were believed to kill little children and mix their blood with the leavened bread of Passover: this &#8220;blood libel&#8221; regularly inspired pogroms in Europe, and the image of the Jew as the child slayer laid bare an almost Oedipal terror of the parent faith.</p>
<p>Jesus had told his followers to love their enemies, not to exterminate them. It was when the Christians of Europe were fighting brutal holy wars against Muslims in the Middle East that Islam first became known in the west as the religion of the sword. At this time, when the popes were trying to impose celibacy on the reluctant clergy, Muhammad was portrayed by the scholar monks of Europe as a lecher, and Islam condemned &#8211; with ill-concealed envy &#8211; as a faith that encouraged Muslims to indulge their basest sexual instincts. At a time when European social order was deeply hierarchical, despite the egalitarian message of the gospel, Islam was condemned for giving too much respect to women and other menials.</p>
<p>In a state of unhealthy denial, Christians were projecting subterranean disquiet about their activities on to the victims of the Crusades, creating fantastic enemies in their own image and likeness. This habit has persisted. The Muslims who have objected so vociferously to the Pope&#8217;s denigration of Islam have accused him of &#8220;hypocrisy&#8221;, pointing out that the Catholic church is ill-placed to condemn violent jihad when it has itself been guilty of unholy violence in crusades, persecutions and inquisitions and, under Pope Pius XII, tacitly condoned the Nazi Holocaust.</p>
<p>Pope Benedict delivered his controversial speech in Germany the day after the fifth anniversary of September 11. It is difficult to believe that his reference to an inherently violent strain in Islam was entirely accidental. He has, most unfortunately, withdrawn from the interfaith initiatives inaugurated by his predecessor, John Paul II, at a time when they are more desperately needed than ever. Coming on the heels of the Danish cartoon crisis, his remarks were extremely dangerous. They will convince more Muslims that the west is incurably Islamophobic and engaged in a new crusade.</p>
<p>We simply cannot afford this type of bigotry. The trouble is that too many people in the western world unconsciously share this prejudice, convinced that Islam and the Qur&#8217;an are addicted to violence. The 9/11 terrorists, who in fact violated essential Islamic principles, have confirmed this deep-rooted western perception and are seen as typical Muslims instead of the deviants they really were.</p>
<p>With disturbing regularity, this medieval conviction surfaces every time there is trouble in the Middle East. Yet until the 20th century, Islam was a far more tolerant and peaceful faith than Christianity. The Qur&#8217;an strictly forbids any coercion in religion and regards all rightly guided religion as coming from God; and despite the western belief to the contrary, Muslims did not impose their faith by the sword.</p>
<p>The early conquests in Persia and Byzantium after the Prophet&#8217;s death were inspired by political rather than religious aspirations. Until the middle of the eighth century, Jews and Christians in the Muslim empire were actively discouraged from conversion to Islam, as, according to Qur&#8217;anic teaching, they had received authentic revelations of their own. The extremism and intolerance that have surfaced in the Muslim world in our own day are a response to intractable political problems &#8211; oil, Palestine, the occupation of Muslim lands, the prevelance of authoritarian regimes in the Middle East, and the west&#8217;s perceived &#8220;double standards&#8221; &#8211; and not to an ingrained religious imperative.</p>
<p>But the old myth of Islam as a chronically violent faith persists, and surfaces at the most inappropriate moments. As one of the received ideas of the west, it seems well-nigh impossible to eradicate. Indeed, we may even be strengthening it by falling back into our old habits of projection. As we see the violence &#8211; in Iraq, Palestine, Lebanon &#8211; for which we bear a measure of responsibility, there is a temptation, perhaps, to blame it all on &#8220;Islam&#8221;. But if we are feeding our prejudice in this way, we do so at our peril.</p>
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		<title>Las palabras de Ratzinger</title>
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		<pubDate>Sun, 17 Sep 2006 09:37:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pilar Rahola</strong>, periodista (EL PERIÓDICO, 17/09/06):</p>
<p>Defender a <strong>Ratzinger.</strong> Extraña situación para alguien que, como yo, difiere decenas de pueblos de su concepción del mundo. Y no solo porque él habita en la gramática de lo intangible y yo soy una impenitente ciudadana del racionalismo, sino porque cuando actúa en lo terrenal, sus ideas sociales están en mis antípodas. No me gusta el Vaticano ni por su sexismo ni por su homofobia, y su actitud en el tercer mundo, contraria a la anticoncepción, es irresponsable. (Este diario recoge hoy, en el CUADERNO DEL DOMINGO, las posiciones contrarias a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11623/las-palabras-de-ratzinger/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pilar Rahola</strong>, periodista (EL PERIÓDICO, 17/09/06):</p>
<p>Defender a <strong>Ratzinger.</strong> Extraña situación para alguien que, como yo, difiere decenas de pueblos de su concepción del mundo. Y no solo porque él habita en la gramática de lo intangible y yo soy una impenitente ciudadana del racionalismo, sino porque cuando actúa en lo terrenal, sus ideas sociales están en mis antípodas. No me gusta el Vaticano ni por su sexismo ni por su homofobia, y su actitud en el tercer mundo, contraria a la anticoncepción, es irresponsable. (Este diario recoge hoy, en el CUADERNO DEL DOMINGO, las posiciones contrarias a <strong>Darwin</strong> que <strong>Ratzinger</strong> plantea, y ello es un ejemplo más de la confrontación ideológica que muchos tenemos con su pensamiento).<br />
La espiritualidad de este papa me conmueve casi tanto como su densa cultura, pero su mundo y mi mundo palpitan en mundos distintos. Sin embargo, y parafraseando la famosa frase, daría lo que fuera porque <strong>Ratzinger</strong> pudiera defender sus ideas contrarias a las mías; esa es la raíz de la libertad, su hondo compromiso: garantizar el crisol. Y es el crisol de ideas, el derecho a pensar más allá de los miedos y las amenazas, lo que está resultando frontalmente atacado en estos tiempos.</p>
<p>HABLAMOS de <strong>Ratzinger,</strong> pero hablamos también de <strong>Theo van Gogh,</strong> de <strong>Salman Rushdie,</strong> de los dibujantes de cómics daneses, de <strong>Ayan Hirsi Alli,</strong> del escritor <strong>Naguib Mahfuz,</strong> cuya reciente muerte nos recordó el calvario que sufrió en manos de la intolerancia. Todos ellos fueron responsables de la lesa culpa de opinar más allá de la comodidad, quizá más allá de la corriente y más allá de la prudencia. Y todos dejaron por el camino mucha piel, violentados, amenazados, incluso asesinados.<br />
¿Es <strong>Ratzinger</strong> lo mismo que <strong>Rushdie</strong>? ¿Se parece a la provocación soez danesa? ¿Tiene algo que ver con la denuncia de <strong>Van Gogh</strong>? Todos tienen que ver con lo mismo, se atrevieron a opinar críticamente sobre el islam y padecieron las consecuencias.<br />
Por lo pronto, <strong>Benedicto XVI</strong> ya ha pedido perdón en un acto de genuflexión pública que extrañamente se da en el Vaticano. ¿Lo ha hecho por convicción o ha sido obligado por la histeria desatada en el islam? La evidencia de la respuesta ahorra texto. Ell mundo ha amanecido de nuevo con manifestaciones a cara de perro, con iglesias quemadas, con parlamentos pidiendo explicaciones y con los gurús del islam exigiendo penitencia.<br />
Y todo ello ha pasado porque <strong>Benedicto XVI</strong> ha dicho que la yihad es contraria a Dios, y que la violencia no es compatible con la religión. Es decir, tiene a medio mundo musulmán sublevado por haber sido coherente con el catecismo. Un hombre de Dios asegura que, en nombre de Dios, no se puede matar. Y tiene que pedir perdón.<br />
<strong>Ratzinger</strong> dirige una religión que tuvo su yihad en las cruzadas, y que también, en nombre de la religión, defendió todo tipo de violencias. El cristianismo es el principal responsable de la locura del antisemitismo, pero también es cierto que muchas son las reflexiones críticas del propio cristianismo, y que el <em>Nostra Aetate</em> supuso una frontera definitiva con el pasado. Y lo es aún más su adscripción a los valores democráticos de las sociedades en las que vive.<br />
Sea como sea, <strong>Ratzinger</strong> podría haber partido de la propia culpa cristiana para aterrizar en la inequívoca culpa islámica, y podría haber usado textos históricos menos antipáticos como ejemplo, pero nada de lo dicho justifica la violencia callejera y tabernaria que están generando sus palabras. El tema no es lo que ha dicho <strong>Ratzinger,</strong> sobre todo porque, matices aparte, lo suyo es de un sentido común inapelable. El tema es la falta absoluta de cultura democrática que ahoga al islam y que nos ahoga a todos.</p>
<p>HAY UN islam de paz, pero también hay un islam de guerra, y de la misma forma que en nombre de Alá se conjuga el verbo <em>amar</em>, hoy, en nombre de Alá, también se conjuga el verbo <em>matar</em>. Miles de muertos, desde Nueva York hasta Atocha, desde Beslan hasta Bombay, lo avalan. Y lo más trágico no es que el islam integrista esté secuestrando la imagen de todo el mundo musulmán. Lo más trágico es que el mundo musulmán pacífico no se manifiesta, no critica, no se rebela, sino que calla.<br />
Los pocos <strong>Mahfuz</strong> y <strong>Rushdie</strong> que levantan la voz viven un calvario. Una comunidad diversa y heterodoxa como la islámica no puede ser reducida a la imagen simplista y malvada que el fundamentalismo intenta dar. Pero, para ello, es necesario que surjan los <strong>Ratzinger</strong> y que el islamismo diga que la yihad es contraria a Dios.<br />
Vivimos en una trágica inversión de valores: las voces surgen, histéricas y amenazadoras, para violentar a los críticos. Miles de personas vociferan en las calles porque un papa ha hablado contra la violencia. ¿Dónde están esos miles cuando, en nombre de su dios, se masacran ciudadanos en trenes, autobuses y aviones? Hay un islam que está enfermo y, por desgracia, es el que impone su voz. Ese islam silencia hoy a <strong>Ratzinger</strong> y ayer lo hizo con otros. Las disculpas del Papa no son un éxito de la prudencia; son una derrota de la razón. Un quiebro &#8211;otro&#8211; de la libertad.</p>
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