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	<title>Tribuna Libre &#187; Ciencia y Teconología</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
	<lastBuildDate>Thu, 09 Feb 2012 21:17:57 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Un delito sísmico</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 21:15:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Naturaleza]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Desastres naturales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Joel E. Cohen</strong>, profesor de Demografía de la Universidad Rockefeller y la Universidad de Columbia. Traducción de Kena Nequiz (Project Syndicate, 02/02/12):</p>
<p>Pocas personas fuera de Italia saben que seis sismólogos y un funcionario público están siendo enjuiciados en la pequeña ciudad de L’Aquila. Sin embargo, la cuestión tiene implicaciones para los científicos, ingenieros, administradores y sistemas jurídicos de mucho más allá de las fronteras italianas.</p>
<p>Los terremotos de 1461 y 1703 destruyeron en gran parte L’Aquila. La ciudad fue reconstruida y su población creció a más de 73,000 habitantes, y permaneció estable durante más de 300 años &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39982/un-delito-sismico/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Joel E. Cohen</strong>, profesor de Demografía de la Universidad Rockefeller y la Universidad de Columbia. Traducción de Kena Nequiz (Project Syndicate, 02/02/12):</p>
<p>Pocas personas fuera de Italia saben que seis sismólogos y un funcionario público están siendo enjuiciados en la pequeña ciudad de L’Aquila. Sin embargo, la cuestión tiene implicaciones para los científicos, ingenieros, administradores y sistemas jurídicos de mucho más allá de las fronteras italianas.</p>
<p>Los terremotos de 1461 y 1703 destruyeron en gran parte L’Aquila. La ciudad fue reconstruida y su población creció a más de 73,000 habitantes, y permaneció estable durante más de 300 años –hasta octubre de 2008 cuando empezaron de nuevo los temblores. Del primero de enero al 5 de abril de 2009, se informó que hubo 304 temblores más.</p>
<p>La comisión nacional italiana para la predicción y prevención de riesgos mayores, en la que participaban los siete individuos que ahora están en juicio, se reunió en L’Aquila durante una hora el 31 de marzo de 2009, para evaluar el enjambre sísmico. Según consta en las minutas, a Enzo Boschi, presidente del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología, se le preguntó si había precursores de un terremoto como el de 1703. Su respuesta fue la siguiente: “Es improbable que haya un terremoto como el 1703 en el corto plazo, pero no se puede excluir del todo la posibilidad.”</p>
<p>El 6 de abril de 2009, un terremoto de 6.3 grados sacudió L’Aquila y poblaciones cercanas, y dejó un saldo de 300 personas muertas y más de 1,500 heridas. También destruyó aproximadamente 20,000 construcciones con lo que desplazó temporalmente a 65,000 personas.</p>
<p>Más de un año después, en julio de 2010, el fiscal, Fabio Picuti, acusó a los miembros de la comisión de homicidio involuntario y negligencia por no prevenir al público del riesgo inminente. El juicio comenzó en septiembre pasado y se prevé que dure meses o incluso años.</p>
<p>Después de que Picuti hiciera públicas las acusaciones en junio de 2010, Alan Leshner, editor ejecutivo de la revista <em>Science, </em>envió una carta abierta de protesta al presidente italiano, Giorgio Napolitano, a nombre de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia. Explicó que las “acusaciones en contra de esos científicos son injustas e ingenuas….[N]o existe un método científico aceptado de predicción de terremotos que se pueda utilizar de manera fiable para avisar a los ciudadanos de un desastre inminente.” La Unión Estadounidense de Geofísica y miles de científicos más también protestaron.</p>
<p>Picuti supuestamente respondió: “No estoy loco. Sé que no pueden predecir terremotos. Las acusaciones no se sustentan en que no lo hayan predicho. Como funcionarios del Estado tenían determinados deberes que les imponía la ley: evaluar y clasificar los riesgos presentes en L’Aquila.”</p>
<p>En 1989, un informe del Consejo Nacional de Investigación de los Estados Unidos, <em>Improving Risk Communication, </em>recomendó que la comunicación unilateral de expertos hacia no expertos se sustituyera con un “proceso interactivo de intercambio de información y opiniones.” El informe indicaba que la comunicación sobre el riesgo solo es efectiva si los interesados consideran que se les está informando debidamente sobre los asuntos relevantes, teniendo en cuenta los límites de los conocimientos disponibles. Sin embargo, dicho intercambio de información sigue siendo un problema –y no sólo en Italia- más de veinte años después.</p>
<p>Las interacciones entre la ciencia, la tecnología y la ley se están haciendo cada vez más complejas. Las evaluaciones de riesgos y el diálogo entre los científicos y los gobiernos tienen que adaptarse a medida que avanzan las tecnologías y la ciencia. Ambas partes tienen que determinar continuamente, antes de que ocurra un desastre, si las leyes en vigor ofrecen a los científicos y funcionarios normas realistas y claras para sus análisis y para la comunicación pública. De lo contrario, los científicos y funcionarios mejor calificados podrían tener temor de participar.</p>
<p>En 2011, el Consejo Nacional de Investigación y el Centro Judicial Federal de los Estados Unidos publicaron la tercera edición, de 1016 páginas, del Manual de Referencia sobre las Evidencias Científicas (<em>Reference Manual on Scientific Evidence). </em>Si bien su objetivo es ayudar a los jueces y abogados a entender la base científica de la que se derivan las evidencias jurídicas, en su índice no figuran los terremotos. Además, en el manual apenas se hace mención de la comunicación del riesgo, en el contexto del testimonio médico.</p>
<p>Ante tales deficiencias, se deben incluir cursos de ciencia e ingeniería y sus aplicaciones sociales en la formación fundamental y en la educación continua de abogados, funcionarios públicos y aquellos que participan en las decisiones gubernamentales.  Los legisladores, fiscales y jueces, en particular, tienen que entender los alcances y limitaciones de las ciencias naturales, las ciencias sociales y la ingeniería.</p>
<p>Asimismo, los expertos de las ciencias naturales tienen que prepararse mejor para trabajar efectivamente con ingenieros, funcionarios públicos y científicos sociales (por ejemplo, economistas, demógrafos y sicólogos) a fin de comunicar las consecuencias de los descubrimientos científicos, en especial cuando hay riesgos graves de por medio.</p>
<p>Dichos riesgos no desaparecerán. En febrero de 2011 murieron cerca de 200 personas debido a un terremoto de 6.3 grados que sacudió Christchurch, Nueva Zelanda. El siguiente mes, en el terremoto de Tōhoku, Japón murieron casi 16,000 personas. A medida que se acerca el 11 de marzo, aniversario de ese terremoto, los investigadores japoneses pronosticaron en enero de 2012, que existe una probabilidad del 70% de que para 2016 otro gran terremoto sacuda la región del sur de Kanto, incluido Tokio. El mayor de ellos algún día sacudirá California. ¿Estaremos preparados?</p>
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		<title>Our incomparable nation</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39420/our-incomparable-nation/</link>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 22:57:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Huda Akil</strong>, a professor of neurosciences at the University of Michigan and a past president of the Society for Neuroscience (THE WASHINGTON TIMES, 27/12/11):</p>
<p>When I was growing up in Damascus, the notion that a little Syrian girl could become a scientist seemed like an impossible dream. Then I read the story of <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/marie-curie/">Marie Curie</a> and her move from <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/poland/">Poland</a> to <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/france/">France</a> to study physics, and I became obsessed with the thought of some day going to Paris to study science. One evening, my parents were indulgently telling a family friend about my wild ambitions when he turned &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39420/our-incomparable-nation/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Huda Akil</strong>, a professor of neurosciences at the University of Michigan and a past president of the Society for Neuroscience (THE WASHINGTON TIMES, 27/12/11):</p>
<p>When I was growing up in Damascus, the notion that a little Syrian girl could become a scientist seemed like an impossible dream. Then I read the story of <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/marie-curie/">Marie Curie</a> and her move from <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/poland/">Poland</a> to <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/france/">France</a> to study physics, and I became obsessed with the thought of some day going to Paris to study science. One evening, my parents were indulgently telling a family friend about my wild ambitions when he turned to me and said: “If you want to dream big, dream about going to America. That’s where great science happens these days.”</p>
<p>Just like that, America became my promised land. I gathered evidence of its amazing scientific and technical prowess. I watched with rapture as it launched the space program while I fervently hoped that I too could become part of its great scientific adventure. Yet today, I wonder if I would give the same advice to a little girl from Damascus with that same dream.</p>
<p>I’m worried about the possibility that in science and technology, we in America might be losing our mojo. I see signs of it everywhere, both in what is happening elsewhere and what is not happening in the U.S. But of all the bad omens, the one I find most distressing is how strenuously we have to argue for the value of science and technology &#8211; for discovering the truth about our world and using that knowledge toward a better life.</p>
<p>Nowadays, if we want politicians to be remotely willing to listen, we need to sell the value of science using only pragmatic arguments &#8211; the potential for job creation, the need for better medical cures, our standing as world leaders. I understand the import and truth of these arguments. I live in Michigan, and I only have to look around me to realize that the economy has been in terrible shape and that job creation is essential. I work on brain-related disorders, and I am reminded daily that their tragic burden on humanity is nothing short of staggering. Any approach that can potentially alleviate human suffering, be it physical or mental, and simultaneously help our economy ranks as one of the best ideas to consider for addressing our woes.</p>
<p>But there is a more fundamental reason, I believe, to support science in this country and to keep on doing so even during tough times. A reason that the world seems to recognize but we in America seem to be forgetting: Discovery is at the heart of what America is. It represents an attitude that rings American &#8211; a fundamental belief that when you seek, you discover, and when you discover, you transform. In this culture, unlike older cultures, truth is not fully defined by what is handed down. Truth is sought, and new knowledge is prized but held with the expectation that a greater depth of understanding is always around the corner. In America, more than in any other place I know, it is not only possible, but it seems essential, to know more and do better.</p>
<p>The reason this attitude appears magical in its power to inspire and transform is because it happens to be the best way to improve the lot of humankind. We can wish with all our hearts to cure Alzheimer’s disease, depression, AIDS, diabetes or cancer. But we scientists are simply not smart enough to do this in a systematized manner &#8211; to set our collective minds to it and figure out the perfect linear strategy for getting there. We have to explore, get lost, beat our heads against the wall, be proved wrong, and, suddenly, miraculously through this meandering mess, something new and unexpected emerges &#8211; something that helps in ways that we never could have imagined.</p>
<p>Of course, we need to have a prepared mind in order to recognize the potential, and we need to set priorities and organize implementation strategies and execute them with thoughtful effectiveness. But this is all downstream from that unplanned bit of magic, that uncharted discovery &#8211; the setting out to find a better route to the Indies and discovering America.</p>
<p>Who cares, you might ask, when the deficit is so huge it is beyond our comprehension? Who cares about science and technology when Congress is grappling with real, everyday life &#8211; taxes and jobs and the next election? Can’t we set research aside and return to it when we can afford it? These are precisely the kinds of questions that trigger the scientific community’s well-reasoned responses about the need for better cures, for job creation, for maintaining America’s leadership position. But my answer is much simpler: In trying to solve our everyday problems, can we afford to lose the essence of who we are? Should we not fight to remain that incomparable nation, the one that always has believed in the limitless power of seeking the truth and living by it?</p>
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		<title>Laicismo y búsqueda de la verdad</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/38620/laicismo-y-busqueda-de-la-verdad/</link>
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		<pubDate>Fri, 23 Sep 2011 08:34:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Sánchez Ron</strong>, miembro de la Real Academia Española de la Lengua y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid (EL PAÍS, 23/09/11):</p>
<p>Aunque el tiempo, que tantas cosas borra, vaya pasando, no es conveniente dejar de reflexionar sobre la Jornada Mundial de la Juventud que tuvo lugar en Madrid el pasado mes de agosto. El que cientos de miles de jóvenes se reuniesen respondiendo a una llamada institucional constituye un acontecimiento que se debe analizar.</p>
<p>No es mi intención en este artículo tratar de cuestiones tan antiguas como la propia historia &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38620/laicismo-y-busqueda-de-la-verdad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Sánchez Ron</strong>, miembro de la Real Academia Española de la Lengua y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid (EL PAÍS, 23/09/11):</p>
<p>Aunque el tiempo, que tantas cosas borra, vaya pasando, no es conveniente dejar de reflexionar sobre la Jornada Mundial de la Juventud que tuvo lugar en Madrid el pasado mes de agosto. El que cientos de miles de jóvenes se reuniesen respondiendo a una llamada institucional constituye un acontecimiento que se debe analizar.</p>
<p>No es mi intención en este artículo tratar de cuestiones tan antiguas como la propia historia de la humanidad. Cuestiones como el significado de reuniones multitudinarias. Acontecimientos similares han sido frecuentes en el pasado, bajo banderas o ideologías muy diferentes, y no hace falta ser un experto en la naturaleza de la condición humana para saber lo atractivo que es para muchos formar parte de un grupo, cuanto más numeroso mejor; afirmarse en una serie de ideas no a través del análisis y la reflexión individual, sino de la experiencia y emociones que proporcionan el sentir que otros creen lo mismo.</p>
<p>Tampoco merece la pena resaltar las razones vaticanas para elegir, de nuevo, España, país al que se considera clave en la lucha contra el laicismo. Como tantas otras veces, las actuaciones del Vaticano no son ajenas a motivaciones de índole geopolítica. Igualmente trivial es comprender que si alguien desea ganar el futuro, hará bien en tratar de influir en la juventud.</p>
<p>De lo que sí quiero tratar es de algunas de las proclamas de que fueron testigos esos jóvenes en Madrid y que los medios de comunicación publicitaron <em>urbi et orbi,</em> cabría muy propiamente decir (de manera particularmente generosa en España).</p>
<p>Una de tales proclamas, manifestada de manera implícita o explícita, que ha acompañado siempre a la religión católica (también, por supuesto, a otras confesiones), es la de que el mejor camino hacia la Verdad, el único, de hecho, cuando se trata de la Gran Verdad -la explicación de Todo, incluida la razón y sentido de la vida- es a través de la Revelación, transmitida a través de, en este caso, la Biblia, cuya custodia e interpretación tiene como máximo responsable al Papa de Roma, al que se le supone -al menos a partir de un cierto momento de la historia del catolicismo- infalibilidad.</p>
<p>&#8220;Hay muchos que, creyéndose dioses&#8221;, manifestó Benedicto XVI en Madrid, &#8220;piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos qué es verdad o no, lo que es bueno o es malo, lo justo o lo injusto&#8221;.</p>
<p>Son muchas, y muy diferentes, en un auténtico totum revolutum, las cuestiones que se tratan en la cita anterior. No hay que confundir la búsqueda de la verdad con decidir qué es bueno o malo, justo o injusto. La verdad es independiente de nuestros deseos o intereses; la bondad, la maldad y la justicia, no. Si se trata de decidir lo que es verdad o no, el único procedimiento contrastado es el de la ciencia. De ahí que sea legítimo entender que cuando Joseph Ratzinger hablaba de &#8220;aquellos que creyéndose dioses&#8221;, se refería a los científicos. Una interpretación que se ve favorecida por otra de sus manifestaciones, en la que criticaba una &#8220;educación utilitarista que solo busca profesionales eficaces&#8221;, poniendo como ejemplos desde &#8220;los abusos de una ciencia sin límites&#8221; hasta el &#8220;totalitarismo político&#8221; (resulta curioso que hablen de totalitarismo aquellos que pretenden imponer sus creencias al conjunto de la sociedad, participe esta o no de tales creencias).</p>
<p>La ciencia, habría que recordar, no puede tener límites, porque su objeto es la naturaleza y esta es lo que es, y no podemos mutilar una parte pensando que el resto es independiente. El mundo es una unidad y las ciencias que lo estudian constituyen un sistema interdependiente, interdisciplinar. Otra cosa es, por supuesto, lo que se pueda hacer con los conocimientos extraídos de la investigación científica, o el que para obtener tales conocimientos hubiese que emplear procedimientos que una sociedad democrática quiera rechazar. La ciencia, que de tantos mitos nos ha librado, no se debe convertir ella misma en un nuevo Dios que nos dicte sus normas. Ni los científicos en nuevos sacerdotes, transmisores de un saber impersonal.</p>
<p>En el anterior punto entramos en el que acaso sea nudo gordiano de todo el asunto. Si hay límites, deben ser los que imponga una sociedad democrática, no los supuestos intérpretes de unas &#8220;verdades divinas&#8221; que jamás han pasado la prueba de la comprobación y la predicción. Sin capacidad de predecir no podemos distinguir entre lo falso y lo cierto.</p>
<p>No es difícil comprender el origen de las religiones, la necesidad psicológica de creer en un destino más allá de la muerte, en no perder para siempre a nuestros seres amados. Sin embargo, y aunque sea duro de aceptar, es evidente que no existe ningún motivo para que exista aquello que postulamos para satisfacer una inquietud emocional. Ni que para explicar el origen de algo sea aceptable postular un ente, un Dios, cuyo origen tampoco se puede explicar.</p>
<p>&#8220;Creo&#8221;, escribió Bertrand Russell en 1925, &#8220;que cuando muera me pudriré, y nada de mi yo sobrevivirá. No soy joven y amo la vida. Pero despreciaría temblar de terror por el pensamiento de la aniquilación. Sin embargo, la felicidad no es menos verdadera porque pueda venir y marcharse, ni el pensamiento y el amor pierden su valor porque no sean eternos. Incluso aunque al principio las ventanas abiertas de la ciencia nos hagan estremecer de frío en el calor de los mitos humanos tradicionales, al final el aire fresco nos da vigor, y los grandes espacios son esplendorosos por derecho propio&#8221;.</p>
<p>La ciencia, efectivamente, nos da si no vigor sí certidumbres y desde luego dignidad. Y ello independientemente de que sus resultados de hoy no sean seguros, pudiendo ser modificados mañana; independientemente de que podamos pensar que nunca será capaz de responder a la pregunta de &#8220;¿Por qué existe el mundo y las leyes que lo rigen?&#8221; Siguiendo los procedimientos científicos, seremos capaces de encontrar esas leyes, de desvelar, sin recurrir a ningún Dios, los caminos que siguió la energía primordial para convertirse en los seres que pueblan la Tierra, pero no de responder a esa vital pregunta, de la que se nutren, comprensible pero falazmente, las religiones. Parientes como somos, aunque lejanos, de seres como la humilde lombriz de tierra (nos lo enseñó Darwin) reconozcamos nuestras limitaciones.</p>
<p>En Madrid, Joseph Ratzinger también dijo que &#8220;sin Dios&#8221; sería arduo afrontar los muchos desafíos que plantea el mundo actual y &#8220;ser verdaderamente felices&#8221;. Consistente con esta idea es la campaña en la que está empeñada desde hace tiempo la Iglesia católica para combatir el laicismo, al que ven como un gran mal. Pero el laicismo no es sino &#8220;la doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa&#8221;. ¿Por qué esto es repudiable? ¿Piensa Ratzinger, y el cardenal Rouco, que ellos tienen el monopolio de virtudes como la solidaridad, la compasión o el ansia de justicia? Espero que no, porque ofendería a quien escribe estas líneas, que aun llamándome a mí mismo, con orgullo, laico, comparte algunos de los valores morales históricos que honran la confesión católica. Su insistencia en combatir el laicismo suena a mera lucha por el poder.</p>
<p>Aplicar la ciencia al bienestar humano implica sin duda incertidumbres. Puede, por ejemplo, llevarnos a introducir procedimientos eugenésicos, que yo, como Ratzinger, repudio, pero también a suministrar la información para que una persona decida si desea una muerte digna, posibilidad que yo defiendo. En los convulsos océanos de la biomedicina moran intervenciones rechazables en nuestros códigos genéticos al lado de mecanismos de ingeniería genética que acaso pronto -ya están comenzando a hacerlo- ofrezcan no ya un futuro mejor, sino simplemente un futuro a, por ejemplo, los llamados <em>niños burbuja.</em></p>
<p>Por eso mi consejo a esos jóvenes que con tanto entusiasmo y atención escucharon al Papa en Madrid es que no olviden evaluar todo tipo de respuestas y tradiciones recibidas, incluso aquellas que les ofrezcan seguridades aparentes, el calor de un hogar en el que &#8220;siempre se encuentra refugio&#8221;. Que recuerden aquello que Sócrates dijo a los atenienses que le condenaron a muerte, y que Platón legó a la posteridad en su <em>Apología de Sócrates:</em> &#8220;Una vida sin examen no es una vida digna para el hombre&#8221;.</p>
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		<title>Dubai, a new locus of entrepreneurial energy</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/32244/dubai-a-new-locus-of-entrepreneurial-energy/</link>
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		<pubDate>Thu, 25 Nov 2010 23:49:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Próximo-Medio Oriente]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=32244</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Christopher M. Schroeder</strong>, a Washington-based Internet entrepreneur, angel investor and chief executive of <em>HealthCentral.com</em> (THE WASHINGTON POST, 26/11/10):</p>
<p>The sold-out gathering had the earmarks of a typical Silicon Valley  event: more than 2,400 hungry entrepreneurs and investors, most young  adults, tethered to their mobile devices &#8211; sharing, debating and  connecting. There was the requisite hip music. Speakers who had &#8220;been  there&#8221; were mixing with kids new to the game, dashing out ideas on white  boards and rallying each other to new ventures.</p>
<p>That&#8217;s where &#8220;typical&#8221; ended.</p>
<p>This month&#8217;s Celebration of Entrepreneurship 2010 was hosted not in San  Francisco &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32244/dubai-a-new-locus-of-entrepreneurial-energy/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Christopher M. Schroeder</strong>, a Washington-based Internet entrepreneur, angel investor and chief executive of <em>HealthCentral.com</em> (THE WASHINGTON POST, 26/11/10):</p>
<p>The sold-out gathering had the earmarks of a typical Silicon Valley  event: more than 2,400 hungry entrepreneurs and investors, most young  adults, tethered to their mobile devices &#8211; sharing, debating and  connecting. There was the requisite hip music. Speakers who had &#8220;been  there&#8221; were mixing with kids new to the game, dashing out ideas on white  boards and rallying each other to new ventures.</p>
<p>That&#8217;s where &#8220;typical&#8221; ended.</p>
<p>This month&#8217;s Celebration of Entrepreneurship 2010 was hosted not in San  Francisco or New York but in Dubai. The participants weren&#8217;t familiar  U.S. Internet names but a new generation of entrepreneurs representing  every Islamic country in the Middle East. The visionaries behind the  gathering weren&#8217;t famous Western tech journalists or futurists but  Pakistan-born Arif Naqvi, founder of the Middle East private equity firm  Abraaj Capital, and Lebanese Jordanian entrepreneur Fadi Ghandour, who  built the region&#8217;s largest logistics and transportation services  company. Absent were debates on politics, religion and historic  obstacles. The only question on everyone&#8217;s mind was &#8220;Why not us?&#8221;</p>
<p>Why not, indeed. As Vali Nasr wrote in &#8220;<a href="http://www.amazon.com/gp/product/B003IWYG0W?ie=UTF8&amp;tag=washpost-books-20&amp;linkCode=xm2&amp;camp=1789&amp;creativeASIN=B003IWYG0W">Forces of Fortune</a>,&#8221;  his recent, must-read book on the economic rise of the Middle East:  &#8220;The global Muslim population of a billion-plus is about the same size  as both India and China&#8217;s populations. In 2008 the GDP of the economies  of five of the largest countries in and around the Middle East &#8211; Egypt,  Iran, Pakistan, Saudi Arabia, and Turkey, with a combined population of  420 million &#8211; was $3.3 trillion, the same size as that of India, which  has three times the population.&#8221; Is this troubled region ripe to unleash  entrepreneurship and innovation of the sort that has driven growth and  job creation around the world?</p>
<p>This nascent narrative about the Mideast has largely been missed by the  West, and there are many tempting reasons to dismiss it. The gap between  the mega-wealthy and desperate poor remains shocking; education and  literacy remain profound challenges. Weighing heavily against the  talent, transparency, speed and liquidity that have electrified  entrepreneurship in the United States and elsewhere are corruption, high  unemployment, heavy reliance on government largess, archaic and often  indecipherable rules of law, and cultural resistance to investing beyond  fixed assets. One need only spend a few days in Amman or Cairo, going  through metal detectors in every restaurant, hotel and tourist  destination, to feel the political realities.</p>
<p>But tell that to the young Kuwaiti who created mobile game apps for his  own amusement . . . and found that more than 1 million people discovered  and downloaded his products. Try to discourage the 19-year-old coffee  entrepreneur in Yemen who insists that every aspect of his operations  (including packaging, which is often outsourced to China) be done in his  community.</p>
<p>The list goes on: Computer graphic animators in Damascus are doing  things that could make 3-D look antiquated. An Egyptian entrepreneur has  developed technology, using air, to blast less water through showers to  dramatically reduce consumption in the arid region without sacrificing a  quality bathing experience. Oasis500 is one of several tech incubators  in Jordan that are planning to back hundreds of start-ups, from  companies focusing on new technologies and forms of distribution to  those simply &#8220;Arabizing&#8221; interactive and mobile services that have  proved successful in English.</p>
<p>Perhaps my favorite entrepreneur was an 18-year-old woman, one of dozens  of women covered from head to toe in the Dubai audience. She had  designed a beautiful, even luxurious, battery-powered holder for mobile  devices and other items such as note pads to ensure our devices are  comfortable, charged and elegant. She has spoken with four manufacturers  in China and is wrestling with whether to raise money to buy machinery  to sell her first batch, pre-ordered, of a thousand units.</p>
<p>How many of us would have bet two decades ago that China, India and  Brazil would be driving engines of global innovation, technology and  growth? Would we have guessed that our technology businesses would be  developing and outsourcing technologies from the Baltics to South  America?</p>
<p>It is not easy in our political environment to seek traces of hope in  this troubled region, nor to contemplate a different, albeit concurrent,  narrative in complex countries that are rapidly coming to terms with  their futures. But something is happening in the region, much like what  happened in what was once called the developing world. It is worth  watching and supporting. This shift has its own voice, attuned to  cultural and religious values that we in the West may not fully  understand. It embraces innovation, problem solving, job creation and  prosperity &#8211; offering new generations a clear path to their future.</p>
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		<title>Una ley en tiempos de fuerte crisis</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Jun 2010 15:14:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Investigación]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pere Puigdomènech</strong>, profesor de Investigación del CSIC (EL PAÍS, 19/06/10):</p>
<p>El proyecto de Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación ha  llegado al Parlamento. Ha sido un texto de elaboración larga y difícil y  que no tiene el consenso de algunos de los actores a los que va  dirigido, como las sociedades científicas o los sindicatos. Ciertamente,  una lectura de la última versión deja la impresión de un texto que, a  fuerza de querer incluir temas y de negociar con diferentes grupos, no  acaba contentando a nadie. Y en él no figura un modelo claro de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/30405/una-ley-en-tiempos-de-fuerte-crisis/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pere Puigdomènech</strong>, profesor de Investigación del CSIC (EL PAÍS, 19/06/10):</p>
<p>El proyecto de Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación ha  llegado al Parlamento. Ha sido un texto de elaboración larga y difícil y  que no tiene el consenso de algunos de los actores a los que va  dirigido, como las sociedades científicas o los sindicatos. Ciertamente,  una lectura de la última versión deja la impresión de un texto que, a  fuerza de querer incluir temas y de negociar con diferentes grupos, no  acaba contentando a nadie. Y en él no figura un modelo claro de cómo se  puede gestionar la ciencia española y ponerla al servicio del conjunto  de nuestra sociedad.</p>
<p>El texto, si cambios políticos de mayor envergadura no acaban  provocando algo distinto, será examinado en el actual contexto de crisis  económica. Se supone que las crisis son la oportunidad para optimizar  los recursos. Ya sea en la discusión de enmiendas o en el desarrollo  posterior de la ley, se deberían presentar ocasiones para que esta  perspectiva se tuviera en cuenta.</p>
<p>El texto del proyecto de ley es  largo, ocupa 44 páginas del <em>Boletín Oficial de las Cortes Generales</em> y comienza con un largo preámbulo destinado a justificar la necesidad  de la reforma de la vigente ley de 1986. Muchos estaremos de acuerdo en  que esta ley funcionó bien, pero ha quedado superada por el desarrollo  de la ciencia en España y por los cambios del entorno europeo y  autonómico. Pero también la legislación del Estado ha ido cambiando y,  en muchos casos, ha introducido normas que entorpecen la actividad  científica. De hecho, hasta 19 disposiciones adicionales, cinco  transitorias y 11 finales de la nueva ley están dedicadas a modificar  leyes existentes. Una actividad científica moderna necesita reglas  distintas de las que rigen la Administración del Estado y cuya  aplicación hace que se pierdan recursos por todas partes. Es  probablemente la parte más útil de la misma y justifica que se presente  el texto. Pero el resto de disposiciones no parecen seguir la misma  regla. Un análisis pormenorizado de un texto tan prolijo es casi  imposible, pero basta considerar unos ejemplos para indicar las  limitaciones del texto.</p>
<p>Si nos planteamos que los recursos de las  instituciones públicas dedicados a investigación se gasten  eficientemente, debemos asegurarnos que su distribución sea lo más  eficaz posible. No hay mayor despilfarro que financiar malos proyectos,  financiar mal los buenos proyectos o hacer perder tiempo y energía a  gestores e investigadores en procedimientos pensados para otras  funciones. Esto es lo que puede estar ocurriendo en la actualidad con la  gestión que se lleva a cabo directamente por el Ministerio. Una agencia  bien diseñada podría ser un marco más adecuado para una gestión de  calidad, transparente y ágil de los recursos dedicados a la ciencia con  el mínimo esfuerzo económico y de personal. Ejemplos como la  Organización Europea de Bilogía Molecular (EMBO) o el European Research  Council deberían convencer a todos de que entidades independientes y  ágiles son más eficientes y baratas a la hora de gestionar recursos. Lo  curioso es que una Agencia de Evaluación, Financiación y Prospectiva de  la Investigación ya fue creada en la Ley de Agencias el año 2006. Parece  que la oposición de algunos Ministerios impidió su puesta en marcha.  Nada parece garantizar que esta vez no ocurrirá lo mismo.</p>
<p>Una  parte muy importante de la ley es la dedicada al personal. Se crean  nuevas figuras contractuales; sin embargo, el mensaje que se transmite  es que el personal científico y técnico de la investigación realizada en  organismos dependientes del Estado dependerá principalmente en la  función pública. Y no se habla del personal de gestión de la  investigación, que se supone es también funcionario.</p>
<p>La  experiencia ha demostrado que en la función pública ni los actuales  procesos de selección garantizan que el personal científico o técnico  sea el adecuado, ni su estatuto les permite la motivación y la  flexibilidad que serían necesarias para responder a las necesidades  actuales. En los organismos públicos de investigación se abonan cada mes  miles de nóminas de personal mal pagado y sin perspectivas  profesionales. Si, además, tenemos en cuenta que en los próximos años la  función pública va a disminuir de tamaño, es difícil pensar cómo se van  a cubrir las necesidades de personal en una ciencia que queremos  dinámica.</p>
<p>Debería ser posible proponer que los centros adoptaran  sistemas de contratación con todas las garantías que fueran necesarias,  que estén adaptados a sus necesidades y que pueden ser más atractivos  para los trabajadores de la ciencia a sus diferentes niveles.</p>
<p>En  la ley hay también capítulos destinados a la reestructuración de los  Organismos Públicos de Investigación. Los Centros son la base esencial  de la investigación. Hoy se han creado centros por parte de las  Universidades, los hospitales o las Comunidades Autónomas. El Estado  tiene los Organismos Públicos de Investigación, el más grande de los  cuales es el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).</p>
<p>La  última reforma en el CSIC y su paso a un estatuto de Agencia Estatal no  ha conseguido un funcionamiento más acorde con sus necesidades. Se  intuye que la voluntad es que se produzca una fusión de varios de ellos,  que ha tenido ya su consecuencia reciente en la eliminación de varias  direcciones generales. Algunos de estos organismos tienen funciones de  ejecución de investigación, otros de asesoramiento o de gestión de  proyectos. Llevar a cabo una reforma tan radical de forma eficiente  implicaría partir de definir cuál es la misión que se encarga a estos  organismos, cuál es su relación con los otros actores de la  investigación y cómo se puede hacer para que se priorice la excelencia  científica en ellos, algo que su actual estructura no favorece. No hay  nada de ello en la ley, lo que parece indicar que se necesitará algún  tipo de disposición posterior para aclararlo.</p>
<p>Entre los  científicos hay quienes piensan que la ley no hubiera debido presentarse  en esta forma o incluso que mejor sería ninguna ley. Otros observan con  fatalismo que el Ministerio de Ciencia e Innovación aparece  rutinariamente en la lista de Ministerios que van a suprimirse. Si esto  fuera así, y puede haber razones para ello, estaríamos en la tercera  reorganización en esta legislatura, tras dos equipos en la anterior y  cinco equipos y tres Ministerios en los ocho años de Gobiernos del PP.  La inestabilidad no ayuda en una actividad a largo plazo como es la  ciencia.</p>
<p>Seguramente, era esperable que, tal como hizo la ley  anterior, este nuevo texto hubiera tenido la ambición de delimitar  claramente las funciones de los diferentes actores políticos, de  gestión, de ejecución y de transferencia de la investigación en el nuevo  marco en el que nos encontramos para poner la creciente riqueza de la  ciencia española al servicio de la sociedad española. Más bien se ha  buscado un texto posible con multitud de pequeños arreglos.</p>
<p>Los  tiempos que se avecinan no son fáciles. Los países en los que la ciencia  y la tecnología cuentan, como Estados Unidos o Alemania, han dejado  fuera de los recortes a la investigación. Pero todos sabemos que hay que  optimizar todos los recursos al máximo. Las viejas estructuras están  impidiendo que el desarrollo de la ciencia española se haga de forma  eficiente y flexible en estrecho contacto con la ciencia universal y con  las necesidades de nuestra sociedad.</p>
<p>Algunos aspectos de la  presente ley van en esta dirección, pero no todos. El trámite  parlamentario parece muy rápido. Si en este tiempo hay posibilidades de  mantener lo más valioso y eliminar los aspectos más discutibles, la ley  puede ser útil. Si no es así, es probable que se acabe aplicando  parcialmente o que requiera ajustes posteriores. Y en este caso, todos  habremos perdido el tiempo que, como todos sabemos, es oro. En las  actuales circunstancias esto es algo que no podemos permitirnos.</p>
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		<title>Has global warming got you snowed in?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/28911/has-global-warming-got-you-snowed-in/</link>
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		<pubDate>Sat, 13 Feb 2010 17:47:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Naturaleza]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Leonard Evans</strong>, who has a doctorate in physics from Oxford University and is a member of the National Academy of Engineering. He has authored more than 100 peer-reviewed papers on many scientific subjects (THE WASHINGTON TIMES, 13/02/10):</p>
<p>Not even 30 inches of snow falling on Washington has discredited claims of &#8220;global warming,&#8221; the belief that human activity is appreciably warming our planet. Of course, a single snowstorm does not disprove global warming. Weather is not the same as climate. But even after a decade of unexpectedly cool temperatures, global-warming alarmists still show no skepticism. Skepticism is a core &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/28911/has-global-warming-got-you-snowed-in/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Leonard Evans</strong>, who has a doctorate in physics from Oxford University and is a member of the National Academy of Engineering. He has authored more than 100 peer-reviewed papers on many scientific subjects (THE WASHINGTON TIMES, 13/02/10):</p>
<p>Not even 30 inches of snow falling on Washington has discredited claims of &#8220;global warming,&#8221; the belief that human activity is appreciably warming our planet. Of course, a single snowstorm does not disprove global warming. Weather is not the same as climate. But even after a decade of unexpectedly cool temperatures, global-warming alarmists still show no skepticism. Skepticism is a core value of science.</p>
<p>In &#8220;1984,&#8221; George Orwell wrote about Big Brother (government) being so powerful that it can persuade people to believe things contrary to their senses. It even can convince them that two plus two is not equal to four.</p>
<p>Eventually the truth will out. When global warming finally is recognized as the world&#8217;s greatest political hoax, those discredited will not be the perpetrators.</p>
<p>The perpetrators are politicians and traditional media. After the credibility bubble bursts, the same politicians and media will continue to influence what the public is told. They will effectively claim that they never misled anyone. The fall guy will be science.</p>
<p>Lost in the confusion will be the distinction between science and the scientific community.</p>
<p>The scientific community has largely abandoned science. It has degenerated into little more than just another lobbying group seeking advancement for its members.</p>
<p>The scientific community gets it right when the stakes are unimportant. It effectively opposed such anti-scientific nonsense as creationism. If the religious zealots had won, children would be told that the Old Testament described things that really happened. Not good &#8211; but it would do little harm and certainly would not harm the world&#8217;s economies.</p>
<p>How starkly the vigorous opposition to creationism contrasts with the community&#8217;s near silence in response to the anti-scientific nonsense coming from the likes of Al Gore. Worse than silence, in all too many cases, the community has been an enthusiastic participant in an orgy of unreason. It has been an orgy lubricated by almost limitless opportunities to grab influence, physical resources and cool cash.</p>
<p>Galileo Galilei, the father of experimental science, was convicted of a crime in 1633 for stating &#8220;that the Earth is not at the center of the universe, and it moves.&#8221; This contradicted the then-prevailing belief, supported by most highly credentialed astronomers of the day. His sentence was house arrest until his death in 1642.</p>
<p>Galileo was treated more leniently than earlier pioneer Giordano Bruno, who was burned at the stake in 1600 for similar crimes.</p>
<p>Then, it was fear of the unknown that threatened intellectual freedom. Today, it is governments and international bodies. While they do not execute or imprison heretics, they still wield enormous power.</p>
<p>&#8220;Climate of Fear. Global-warming alarmists intimidate dissenting scientists into silence&#8221; was the headline on a column in the Wall Street Journal by Richard Lindzen, the Alfred P. Sloan Professor of Atmospheric Science at the Massachusetts Institute of Technology. Mr. Lindzen writes, &#8220;Scientists who dissent from the alarmism have seen their grant funds disappear, their work derided, and themselves libeled as industry stooges, scientific hacks or worse. Consequently, lies about climate change gain credence even when they fly in the face of the science that supposedly is their basis.&#8221;</p>
<p>It is easy to create the illusion of consensus when those who disagree are silenced.</p>
<p>It is not known what the majority of scientists think about global warming, not that it matters all that much. Science is not about counting votes. However, I can offer an anecdotal observation.</p>
<p>I am a scientist, while my wife is a professor of art history. Her colleagues generally think all scientists support Mr. Gore &#8211; after all, they have been so informed by such authoritative sources as the New York Times. My fellow doctorate-holding science colleagues generally share my conclusion: The claim that human activity has appreciably warmed our planet is the greatest political hoax ever.</p>
<p>Many specific actions supported by global-warming alarmists are admirable. We ought to pollute less and transfer less wealth to Middle Eastern oil-producing tyrannies. These issues should be addressed on their merits. They have little to do with global temperature.</p>
<p>To do sensible things for irrational reasons just validates irrationality. And who can tell what future horrors will be justified by irrationality?</p>
<p>When the global-warming hoax eventually collapses, the victim will be science. When science suffers, we all suffer.</p>
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		<title>We might err, but science is self-correcting</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/28854/we-might-err-but-science-is-self-correcting/</link>
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		<pubDate>Mon, 08 Feb 2010 21:04:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Lord Krebs</strong>, Principal of Jesus College, Oxford (THE TIMES, 08/02/10):</p>
<p>My non-scientist friends are beginning to ask me “What’s gone wrong with  science?” Revelations about melting glaciers and potentially dodgy emails  about global warming, the resurfacing of Andrew Wakefield and the MMR scare,  and the sacking of the Government’s drugs adviser, have created the  impression for some people that science is in a mess.</p>
<p>Of course science isn’t in a mess, nor has anything changed. But the stories  underline two important features of scientists and science. First,  scientists, just like every other trade — bus drivers, lawyers and  &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/28854/we-might-err-but-science-is-self-correcting/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Lord Krebs</strong>, Principal of Jesus College, Oxford (THE TIMES, 08/02/10):</p>
<p>My non-scientist friends are beginning to ask me “What’s gone wrong with  science?” Revelations about melting glaciers and potentially dodgy emails  about global warming, the resurfacing of Andrew Wakefield and the MMR scare,  and the sacking of the Government’s drugs adviser, have created the  impression for some people that science is in a mess.</p>
<p>Of course science isn’t in a mess, nor has anything changed. But the stories  underline two important features of scientists and science. First,  scientists, just like every other trade — bus drivers, lawyers and  bricklayers — are a mix. Most are pretty average, a few are geniuses, some  are a bit thick, and some dishonest.</p>
<p>Second, science itself is often misunderstood. Scientists tend to be portrayed  as voices of authority who are able to reveal truths about arcane problems,  be it the nature of quarks or the molecular basis of ageing. In fact,  science is almost the opposite of this. In <em>The Trouble With Physics</em>,  physicist Lee Smolin considers how to describe science and concludes that  Nobel Prize winner Richard Feyman’s phrase says it best: “Science is the  organised scepticism in the reliability of expert opinion.”</p>
<p>An Oxford colleague, one of the world’s top climate scientists, made the same  point last week when he said to me: “It’s odd that people talk about  ‘climate sceptics’ as though they are a special category. All of us in the  climate science community are climate sceptics. It’s our job to question and  challenge everything.” Any scientist will tell you that when you turn up at  a conference the audience will do its best to tear your findings to pieces:  no one takes anything for granted.</p>
<p>This philosophy of science was formally instituted 350 years ago in London by  the small band of men, including Christopher Wren and Robert Boyle, who  founded the Royal Society, the world’s oldest national academy of science.  Their motto, <em>Nullius in verba</em> (“Take nobody’s word for it”) embodies  the Royal Society’s founding principle of basing conclusions on observation  and experiment rather than the voice of authority. Scientists don’t have all  the answers, but they do have a way of finding out, and the fact that our  lights come on, our computers compute and our mobile phones phone are among  the myriad daily reminders that the scientific way works.</p>
<p>You might retort that science and scientists often don’t live up to this  ideal. And you would be right. Scientists, like everyone else, have human  frailties and are susceptible to fashion and orthodoxy. Nevertheless, over  time, science is self-correcting because someone will have the courage to  challenge the prevailing view and win the argument, provided he or she has  sufficient evidence.</p>
<p>There is, of course, no excuse for scientists who over-egg or massage their  results, or who underplay the uncertainties in their conclusions. The  prevailing view in many areas of science will include significant  uncertainties (as with climate change), so challenge is central to the  progress of understanding. The claim that Himalayan glaciers would melt in  the next 30 years is an example of this self-correction. It was debunked  from within the scientific community and not by outside commentators, it  does not undermine the core conclusions about man-made global warming, and  the mistake that the Chairman of the Intergovernmental Panel on Climate  Change made was to dismiss this challenge without studying the evidence.</p>
<p>Scepticism is fine but science is not a free-for-all. Whether or not you  accept the sceptics’ view should depend on careful weighing of the evidence.  Dr Wakefield had no good evidence to support his claim of a link between the  MMR vaccine and autism. Equally, the Department of Health’s claim that the  “MMR vaccine is perfectly safe” is wrong. No vaccine is perfectly safe, but  not vaccinating your children exposes them to a far bigger risk than the  tiny risk associated with the vaccine.</p>
<p>Given what I have said, it is not surprising that the interaction between  science and government can be edgy. Ministers look to their expert advisers  for clear-cut answers, a unanimous view, and preferably one that is  politically convenient. Scientific advisers are prone to disappoint on all  fronts. “I am sorry minister, but science is not clear-cut, what is more,  different experts take a different view, and our best advice is to do X”  (where X is not a vote winner). When I was asked to advise, in 1996, on  whether or not to kill badgers as a way of controlling bovine tuberculosis,  I said that without a proper experiment it is not possible to tell whether  or not the policy would work. To its credit, the Ministry of Agriculture set  up what was perhaps the largest ecological experiment ever carried out in  this country. The result showed that killing is not a cost-effective policy,  and disappointed farmers.</p>
<p>Last year David Nutt, Chairman of the Advisory Committee on the Misuse of  Drugs, was sacked by the Home Secretary for being too outspoken about the  Government’s rejection of his committee’s advice on the classification of  cannabis and Ecstasy. If ministers are going to reject expert advice, they  should explain why. What they should definitely not do, as both the Prime  Minister and the Home Secretary did in this case, is to announce, before  they have received the expert advice, that they have made up their mind.</p>
<p>Equally, independent experts should not be gagged by ministers, even if their  views are inconvenient. Science, warts and all, is still the best way of  finding out, and is absolutely vital in informing government policy. That is  why the Government must strongly reaffirm its commitment to freedom of  expression for independent scientific advisers. At the same time, if  scientists have a right to be heard, they have a responsibility to be  scrupulously honest and not to claim more than is justified by the evidence.</p>
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		<title>Agora : le christianisme comme frein à la science?</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jan 2010 20:30:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Eric Nuevo</strong>, doctorant à l&#8217;université de Picardie Jules-Verne, rédacteur en chef adjoint de la revue de cinéma Versus et collaborateur régulier du site <a href="http://www.abusdecine.com/" target="_blank">Abus de ciné</a> (LE MONDE, 21/01/10):</p>
<p>Elle avait de nombreux prétendants mais un seul amour, celui de la philosophie. Au IV<sup>e</sup> siècle de notre ère, à Alexandrie, Hypatie incarna la quintessence de la modernité féminine. Fille de l&#8217;astronome et mathématicien Théon, élevée dans l&#8217;étude scientifique et philosophique, à une époque où les deux disciplines se confondaient dans la quête d&#8217;une même vérité, elle usa de son instruction grecque classique pour enseigner Platon et Aristote &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/28624/agora-le-christianisme-comme-frein-a-la-science/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Eric Nuevo</strong>, doctorant à l&#8217;université de Picardie Jules-Verne, rédacteur en chef adjoint de la revue de cinéma Versus et collaborateur régulier du site <a href="http://www.abusdecine.com/" target="_blank">Abus de ciné</a> (LE MONDE, 21/01/10):</p>
<p>Elle avait de nombreux prétendants mais un seul amour, celui de la philosophie. Au IV<sup>e</sup> siècle de notre ère, à Alexandrie, Hypatie incarna la quintessence de la modernité féminine. Fille de l&#8217;astronome et mathématicien Théon, élevée dans l&#8217;étude scientifique et philosophique, à une époque où les deux disciplines se confondaient dans la quête d&#8217;une même vérité, elle usa de son instruction grecque classique pour enseigner Platon et Aristote à ses étudiants – pour ce seul plaisir. De par les références littéraires et picturales qui nous sont parvenues – l&#8217;<em>Histoire ecclésiastique</em> de Socrate le Scolastique, le portrait peint par Charles William Mitchell – nous savons qu&#8217;en sus d&#8217;être plus brillante encore que son père, Hypatie était également une très belle femme ; son élève Synésios de Cyrène loue sa grâce et sa beauté dans ses lettres. Mais une femme, selon la légende, restée vierge, corporellement autant que spirituellement vouée à la recherche. C&#8217;est ce mélange de rayonnement esthétique et intellectuel, ainsi que son influence sur les hommes de son temps, tel le préfet romain Oreste, qui attira sur elle les foudres des chrétiens fanatiques qui la lapidèrent et brûlèrent ses restes.</p>
<p>C&#8217;est l&#8217;histoire de cette femme extraordinaire que choisissent de nous raconter Mateo Gil et Alejandro Amenabar dans un long-métrage mis en images par ce dernier. <em>Agora </em>nous plonge au cœur d&#8217;une ville d&#8217;Alexandrie magnifiquement reconstituée, ancrée sur le cordon littoral qui sépare la Méditerranée du lac Maréotis, et fait de la seconde bibliothèque, située près du Temple de Sérapis, le centre absolu de la cité : un mouvement de caméra se lance depuis l&#8217;espace pour parvenir jusqu&#8217;au toit de la bibliothèque, cœur battant de la ville autant que de la jeune héroïne, comme si le cosmos dans son unité convergeait sans hésiter jusqu&#8217;à elle(s).</p>
<p>Au fil de son récit, <em>Agora </em>pose deux questions fondamentales : d&#8217;abord celle de la place des sciences dans un espace religieux. Puis celle, corrélative, de l&#8217;expansion du christianisme dans l&#8217;Empire romain comme obstacle au développement scientifique dans une cité profondément marquée par la culture hellénistique. Découle de ces deux interrogations une hypothèse formulée, implicitement, par les scénaristes : Hypatie aurait-elle fait des découvertes essentielles, spécifiquement dans le domaine astronomique, sans la propagation du christianisme ?</p>
<p>En cette époque troublée où nous croisons pour la première fois le regard de la philosophe et astronome émérite, la minorité chrétienne gagne en puissance aux dépens d&#8217;un paganisme dénoncé comme archaïque. Le temps n&#8217;est plus à l&#8217;adoration des idoles. Au cours de la première partie du film, la foule des chrétiens se fait de plus en plus nombreuse et incontrôlable ; alors qu&#8217;il recule avec les siens dans le Temple protecteur face aux ennemis qui déferlent, un Alexandrin remarque à part lui qu&#8217;il n&#8217;imaginait pas qu&#8217;il y eût autant de chrétiens dans la cité. C&#8217;est que la christianisation totale de la partie méridionale de l&#8217;Empire romain n&#8217;est plus qu&#8217;affaire de décennies après la conversion de Constantin en 312 ; le puissant monothéisme écrase de sa main imposante le désuet polythéisme hérité des Grecs et des Egyptiens. Une scène surprenante filme l&#8217;affrontement indirect de deux fidèles testant leur foi de leurs pieds nus sur des braises ardentes ; quand l&#8217;un se lance sans une once d&#8217;hésitation, prouvant au peuple la grandeur de son dieu protecteur, le païen, forcé de parcourir le même chemin, hésite et prend feu – métaphore du fossé qui éloigne cette croyance percluse de certitudes de cette autre, indécise et vouée à disparaître.</p>
<p>Hypatie, elle, professe en assemblée étudiante sa foi dans les sciences. Tandis qu&#8217;à l&#8217;extérieur les dieux se querellent, elle opère, dans le Temple, un constant renouvellement de sa propre liturgie cosmique. Son prophète a pour nom Ptolémée, son texte sacré n&#8217;est autre que le modèle d&#8217;univers géocentrique énonçant les lois qui tiennent les ficelles de l&#8217;univers connu. Son cosmos personnel, partagé entre trois hommes, ressemble à ce modèle antique : Hypatie est un Soleil immobile autour duquel orbitent, tenus par leur sphère respective, ces astres que sont son père, Théon, son prétendant officiel, Oreste, et son aspirant secret, l&#8217;esclave Davus. Ainsi que les planètes ptoléméennes, les protagonistes restent éloignés les uns des autres, tenus à l&#8217;écart par une force qui n&#8217;a pas encore de nom ; tenus à l&#8217;écart, mais pourtant inexorablement liés. La puissance qui seule parviendra à les séparer s&#8217;appelle christianisme.</p>
<p>A la fin de la première partie, qui correspond à peu près à la moitié du film, les païens, assiégés par les chrétiens, se sont enfermés dans le Temple de Sérapis. Après l&#8217;annonce par le préfet romain de l&#8217;arbitrage de l&#8217;empereur, les chrétiens pénètrent dans le Temple et mettent à bas les statues impies, avant de fondre dans la bibliothèque et d&#8217;en mettre à bas tous les volumes. Ils jettent les parchemins au feu, tous ceux qu&#8217;Hypatie et les siens n&#8217;ont pu sauver avant de quitter la place. Témoin impuissant de l&#8217;insupportable vandalisme, la caméra, au centre de la bibliothèque violée, se renverse pour nous faire voir les événements à l&#8217;envers, métaphore d&#8217;un monde qui semble littéralement marcher sur la tête. La première bibliothèque, la plus grande, fut rasée par les flammes ; la petite le fut par le fanatisme religieux, en guise de remise à plat des connaissances humaines à partir de la révélation du Christ. L&#8217;esclave Davus, affranchi par sa maîtresse, devenu soldat parmi l&#8217;armée chrétienne, entérine la disparition de toute instruction antérieure lorsqu&#8217;il brise la maquette d&#8217;univers ptoléméen construite par ses soins pour impressionner Hypatie. Car la conversion religieuse, semble nous dire Amenabar, est un acte de gommage du passé personnel autant que spirituel.</p>
<p>Quelques années plus tard, c&#8217;est donc au cœur d&#8217;une atmosphère trouble qu&#8217;Hypatie poursuit ses interrogations scientifiques sur le véritable modèle cosmique, ayant depuis la nuit au Temple l&#8217;intuition que Ptolémée est passé à côté de données essentielles. Oreste, devenu préfet de la ville, doit composer avec les desideratas opposés des chrétiens, dont le point de vue est désormais dominant, et de la minorité juive, constamment harcelée. Il doit également protéger sa muse Hypatie, dont l&#8217;influence sur lui commence à être (mal) perçue par les autorités religieuses. La présence d&#8217;une femme dans les hautes sphères décisionnaires ne plaît guère. Alors que la philosophe parvient à comprendre, par pur empirisme, le mouvement elliptique et non circulaire des planètes, alors qu&#8217;elle place déjà la Terre en orbite autour du Soleil à l&#8217;encontre de toutes les connaissances contemporaines, Hypatie est brutalement mise à mort par les fanatiques. Effacée de l&#8217;équation. Sa découverte, tracée dans un bac de sable, est destinée à s&#8217;évanouir sans laisser de traces.</p>
<p>Il paraît abusivement optimiste d&#8217;affirmer qu&#8217;Hypatie, dont les écrits ne nous sont pas parvenus, mais à qui les textes attribuent traditionnellement des commentaires d&#8217;Euclide, d&#8217;Apollonius, de Diophante et de Ptolémée, aurait pu déterminer le mouvement réel des planètes autour de l&#8217;astre solaire à son époque et avec les connaissances d&#8217;alors, sans la technologie qui servira à Copernic, plus de mille ans plus tard, à composer le modèle héliocentrique. Mais <em>Agora </em>ne tente pas de nous convaincre du contraire ; voilà un film qui, avec l&#8217;immense talent de conteur de son réalisateur, souligne ce fait indiscutable que l&#8217;expansion du christianisme a pu être un frein pour les sciences astronomiques, du fait que la présence d&#8217;un dieu unique ne s&#8217;accorde nullement à la reconnaissance de modèles cosmiques inédits qui ne mettraient pas le monde des humains au cœur de l&#8217;univers.</p>
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		<title>Ciencia hispana, ¿una ilusión perdida?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/27402/ciencia-hispana-una-ilusion-perdida/</link>
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		<pubDate>Sun, 18 Oct 2009 09:37:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Presupuestos Generales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Salvador Giner</strong>, presidente del Institut d’Estudis Catalans (EL PERIÓDICO, 18/10/09):</p>
<p>Poco asequible al desaliento, y algo iluso en mis esperanzas, publiqué un artículo en este diario, el día de gracia de Navidad, el año 2005, en el que celebraba, con algunos matices, la cuasi plena modernización de toda España. Esa celebración incluía mi convicción de una plena y normal incorporación hispana al mundo de la investigación científica. En otra ocasión, y también acogiéndome a estas páginas hospitalarias, aludí con no menos asentimiento a las promesas del nuevo Gobierno, encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero, de seguir con la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/27402/ciencia-hispana-una-ilusion-perdida/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Salvador Giner</strong>, presidente del Institut d’Estudis Catalans (EL PERIÓDICO, 18/10/09):</p>
<p>Poco asequible al desaliento, y algo iluso en mis esperanzas, publiqué un artículo en este diario, el día de gracia de Navidad, el año 2005, en el que celebraba, con algunos matices, la cuasi plena modernización de toda España. Esa celebración incluía mi convicción de una plena y normal incorporación hispana al mundo de la investigación científica. En otra ocasión, y también acogiéndome a estas páginas hospitalarias, aludí con no menos asentimiento a las promesas del nuevo Gobierno, encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero, de seguir con la tendencia ya abierta por los gobiernos de Felipe González hacia el aumento de la inversión pública en ciencia. (Que había de alcanzar el 2% del PIB en el 2010). Una tendencia insuficiente a todas luces y no del todo cumplida según lo prometido, pero bastante palpable. Habíamos comenzado bien. Solo había que seguir por esa senda.</p>
<p>Pues bien, ha bastado el tardío reconocimiento público de que hay una grave crisis económica en nuestra economía para que el Gobierno haya decidido recortar los presupuestos para la investigación científica. La consiguiente protesta, muy enérgica, de la comunidad científica no se ha hecho esperar. Nuestras mujeres y hombres de ciencia no ven razón alguna para que no sea este Gobierno –presuntamente comprometido con el anhelo de modernización en todos los campos, y por lo tanto en educación y en ciencia– el que por fin rompa con la maldición hispana. Las últimas noticias nos llenan de melancolía e inducen al desencanto.<br />
Pensábamos algunos que la llegada del siglo XXI cerraba para siempre uno de los capítulos peores de la historia española: haberse descabalgado, después de un notable siglo XVIII lleno de avances en ciencia y cultura, de la corriente general europea hacia el desarrollo científico. Pese al ingente esfuerzo de modernización humanística y científica iniciado a principios de siglo XX por el Institut d’Estudis Catalans, en Barcelona, y por la Institución Libre de Enseñanza y su afín Junta para la Ampliación de Estudios, en Madrid –que dio resultados espectaculares de inmediato–, el descalabro de la guerra civil y el triunfo del oscurantismo franquista dieron al traste con la gran ilusión. Todo fueron, por parodiar al gran Honoré de Balzac, en otra dimensión, <em>illusions perdues</em>. Pero si la trilogía balzaquiana relata una tragedia individual, que al ser parte de su inmensa <em>Comédie humaine</em> lo es menos de lo que aparenta, nuestra ilusión, hoy a punto de zozobrar, no puede de ningún modo sublimarse en historias novelescas.</p>
<p>Los diputados de los partidos políticos más progresistas aseguran que darán la batalla en el Congreso para obligar al Gobierno, y a la ministra Cristina Garmendia, a enmendar sus inexplicables recortes. (Yo mismo la escuché, hace exactamente un año, en una notable reunión hispano-británica en Valencia, prometer mejoras sustanciales en la promoción de una investigación que su ministerio tiene la obligación de fomentar: me acuerdo ahora con sonrojo. Lo que dijo consta. Y a lo peor, los sabios ingleses allí presentes hasta se acuerdan). Esperemos que sus señorías presenten ese frente unido de rescate de la ciencia ante el Gobierno al que apoyan, y que lo hagan con tal energía que los resultados se plasmen en el presupuesto.<br />
El progreso de un país no se mide solamente por las victorias de sus deportistas (y menos si son profesionales y, por lo tanto, sujetos a los atractivos del lucro), ni tampoco por su red de trenes de alta velocidad o su orientación hacia las energías renovables. Estas dos últimas empresas, en las que España es adelantada (aunque la red ferroviaria es más radial que otra cosa, y no hay ni siquera un plan de alta velocidad Murcia-Alicante-Valencia-Girona), son aspectos muy loables. Pero hay corrientes más profundas, que son las que a la postre importan: la calidad de la vida cotidiana, la protección de la naturaleza (España, ay, va a la cola en medidas de ahorro energético), el aumento de capital humano en el nivel educativo (demasiado fracaso escolar) y el crecimiento constante en conocimientos humanísticos y científicos.</p>
<p>El temple de un Gobierno que se define como amante del progreso y de la igualdad y la libertad entre su ciudadanía no depende únicamente de la promulgación de leyes ilustradas ni de la creación de <em>ministerios de igualdad</em> y otras burocracias de dudosa justificación en tiempos de penuria. Tampoco de que su presidente se erija en su propio secretario de Estado para el Deporte. Depende de que, con coraje y en plena crisis, proclame sus prioridades de progreso y de ruptura civilizada y firme con un pasado demasiado negro y oscurantista. Que no produzca ilusiones perdidas en quienes de algún modo simpatizan con él. Esta vez la desilusión podría ser para siempre.</p>
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		<title>¿Arreglar aceras o invertir en conocimiento?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/27208/arreglar-aceras-o-invertir-en-conocimiento/</link>
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		<pubDate>Wed, 07 Oct 2009 16:41:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pablo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Ignacio Pérez Iglesias</strong> (EL CORREO DIGITAL, 07/10/09):</p>
<p>Es hora de enterrar definitivamente el espíritu de &#8216;que inventen ellos&#8217;. No nos lo podemos permitir, porque no hace justicia al trabajo que llevan a cabo universidades, organismos públicos de investigación y empresas». Con esas palabras tomaba posesión de su cargo de ministra de Ciencia e Innovación, la señora Garmendia, el 14 de abril de 2008.</p>
<p>Hemos sabido estos días que el Gobierno español, año y medio después, se propone reducir en un 15% el presupuesto destinado a Ciencia e Innovación para el año 2010. La crisis se esgrime como argumento &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/27208/arreglar-aceras-o-invertir-en-conocimiento/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Ignacio Pérez Iglesias</strong> (EL CORREO DIGITAL, 07/10/09):</p>
<p>Es hora de enterrar definitivamente el espíritu de &#8216;que inventen ellos&#8217;. No nos lo podemos permitir, porque no hace justicia al trabajo que llevan a cabo universidades, organismos públicos de investigación y empresas». Con esas palabras tomaba posesión de su cargo de ministra de Ciencia e Innovación, la señora Garmendia, el 14 de abril de 2008.</p>
<p>Hemos sabido estos días que el Gobierno español, año y medio después, se propone reducir en un 15% el presupuesto destinado a Ciencia e Innovación para el año 2010. La crisis se esgrime como argumento definitivo del recorte. Se trata, quizás, del apartado que más se reduce, en términos porcentuales, en el conjunto del proyecto de presupuestos. El reportaje publicado en este periódico el pasado jueves (&#8216;La ministra menguante&#8217;, EL CORREO, 1-10-2009) es suficientemente ilustrativo del estado de la cuestión y del triste itinerario de la responsable ministerial. Una vez más, la Ciencia se concibe en España como un lujo que sólo nos podemos permitir en años de bonanza.</p>
<p>Durante más de una década hemos crecido de forma intensa a lomos, sobre todo, del sector de la construcción, que cabalgaba desbocado. Los años de fuerte crecimiento económico han servido para tener unas cuentas públicas saneadas -no así las privadas-, y hasta para alcanzar balances positivos. Sin embargo, esa bonanza nunca se utilizó para fortalecer la estructura productiva española, porque el esfuerzo realizado en investigación y conocimiento ha seguido siendo muy insuficiente, a pesar incluso de la mejora que representó el cambio de gobierno en 2004.</p>
<p>Pues bien, en esas estábamos cuando estalló la crisis, y parece que la crisis y, sobre todo, la gestión de la misma por el Gobierno socialista, va a barrer de golpe la limitada mejora que habíamos experimentado en los últimos años. Atrás queda el discurso de la renovación de nuestra estructura productiva para sacar al país de la recesión, la pretendida apuesta por la sociedad del conocimiento, por una economía sostenible. Atrás quedan las pretensiones de similitud en los discursos de los señores Obama y Rodríguez Zapatero. El discurso, el del señor Rodríguez Zapatero, se deshace cuando de trasladarlo a la práctica se trata. La conjunción astral de líderes continentales que anunció en su día la señora Pajín para 2010, en lo que a ciencia, conocimiento y economía sostenible se refiere, va a ser una conjunción muy desequilibrada.</p>
<p>Es cierto, sufrimos una crisis sin precedentes. Pero lo cierto es que el Gobierno socialista ha optado por el populismo y trata de venderlo mediante un discurso supuestamente izquierdista. Todo se justifica por un pretendido mantenimiento del gasto social: subidas de impuestos, endeudamiento, recortes en apartados estratégicos. Es difícil oponerse al discurso del gasto social. Algún sindicato, sin ir más lejos, ya ha manifiestado su adhesión a las políticas socialistas.</p>
<p>Y sin embargo, una actitud acrítica en relación con ese discurso puede ser suicida, puede acabar obligándonos a sobrevivir en una economía reptiliana, en una economía que sólo se mueve cuando calienta el sol, pero que se congela a la menor adversidad. Durante los últimos años el gasto público no ha dejado de crecer y lo ha hecho a gran ritmo. La crisis, de hecho, podría haber sido el estímulo ideal para redimensionar el sector público, pero lo que se va a redimensionar es sobre todo el sector de la I+D. ¿No existen posibilidades reales de realizar recortes en el gasto público sin afectar de forma dramática a los capítulos más sensibles del gasto social? ¿Por qué no se ha decidido congelar el sueldo de los funcionarios? No es de recibo que se reduzca la renta de los trabajadores del sector privado (y no sólo debido al aumento del paro) y a los funcionarios sólo se les pida &#8216;contención&#8217;, máxime en una situación de &#8216;inflación 0&#8242; o, incluso, deflación. ¿Cuánto de lo que se llama gasto social no es más que burocracia o propaganda? ¿Todo el llamado gasto social cumple tal función? En último extremo, ¿qué ocurrirá cuando no alcance para mantener el gasto social? ¿Nos endeudaremos para pagar subsidios? ¿Estarán nuestros hijos condenados a hacerse cargo de nuestras miserias?</p>
<p>Vivimos bajo la tiranía del cortoplacismo. Todas las decisiones importantes, también las relativas a la política económica, se toman mirando a las próximas elecciones, cuidando de no dañar los intereses de grupos y sectores afines. Y sin embargo, ésa es la peor manera de resolver los problemas a largo plazo. Las economías europeas van a salir antes de la crisis que la española y, además, han atravesado la crisis sin que el empleo se haya resentido, ni de lejos, como en España. Eso tiene unas causas y entre ellas la menor no es que en Europa existan potentes sistemas de investigación científica y tecnológica, porque son esos sistemas los que permiten fortalecer y modernizar las estructuras productivas.</p>
<p>Lo que denota el proyecto de presupuestos presentado por el Gobierno socialista es que este Ejecutivo ha decidido que es mejor para sus posibilidades electorales futuras arreglar aceras que invertir en conocimiento. Pero claro, ésa es también la mejor manera de no contar nunca con esa economía sostenible que hace tan poco tiempo nos prometía. Hoy somos más pobres que hace un año. Y el año que viene lo seremos aún más. Si se sigue optando por las aceras, frente al conocimiento y la investigación, ¿tendrán nuestros hijos con qué pagar la deuda que les dejaremos en herencia?</p>
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		<title>¿Preocupa la ciencia española?</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Oct 2009 16:20:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pablo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Presupuestos Generales]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pere Puigdomènech</strong>, profesor de Investigación del CSIC (EL PERIÓDICO, 07/10/09):</p>
<p>Ha quedado bien demostrado estos días que los recortes presupuestarios del Ministerio de Ciencia e Innovación inquietan a los científicos españoles. Suponemos que esto no sorprende a nadie, puesto que para realizar nuestro trabajo necesitamos dinero. Por otro lado, todo el mundo puede suponer que los científicos somos conscientes de que existe una crisis económica y que hay que apretarse el cinturón, una cosa a la que estamos bien acostumbrados. Esta vez, en función de cómo sean los recortes, algunos grupos pueden quedarse parados, quizá habrá que eliminar &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/27206/preocupa-la-ciencia-espanola/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pere Puigdomènech</strong>, profesor de Investigación del CSIC (EL PERIÓDICO, 07/10/09):</p>
<p>Ha quedado bien demostrado estos días que los recortes presupuestarios del Ministerio de Ciencia e Innovación inquietan a los científicos españoles. Suponemos que esto no sorprende a nadie, puesto que para realizar nuestro trabajo necesitamos dinero. Por otro lado, todo el mundo puede suponer que los científicos somos conscientes de que existe una crisis económica y que hay que apretarse el cinturón, una cosa a la que estamos bien acostumbrados. Esta vez, en función de cómo sean los recortes, algunos grupos pueden quedarse parados, quizá habrá que eliminar contratos de gente joven y parar proyectos. Pero, principalmente, se habrá dañado gravemente la dinámica positiva que llevaba la ciencia en España y la credibilidad del país en un campo donde se trabaja siempre a largo plazo. Y a la vista de lo que ocurre, alguien podrá preguntarse en serio cuál es el modelo de país que queremos construir.</p>
<p>En todos los países del mundo, una parte importante del dinero de la investigación procede de fondos públicos. En España, el fondo esencial para la investigación en general es el llamado Plan Nacional, gestionado por el Ministerio de Ciencia e Innovación. En este plan se definen unas grandes áreas de investigación y se llevan a cabo unas convocatorias anuales en las que los grupos de investigación piden dinero. Se trata de convocatorias competitivas y, en general, solo se financia un porcentaje de los proyectos, a menudo menos de la mitad. Las universidades y los centros de investigación normalmente solo pagan los sueldos del personal permanente, los edificios y su mantenimiento, pero todo lo demás (dinero para funcionamiento, para instrumentación y para personal no permanente) los investigadores tienen que ir a buscarlo en convocatorias competitivas. Por esta razón, si estos fondos se tocan el sistema se para.<br />
Quizá alguien pensará que en la crisis actual existen otras actividades, como las fabriles, que también se paran. Y también puede pensarse que más vale destinar los fondos a fines sociales que a unos pocos científicos para que lo pasen bien. Y es cierto que la mayoría de los científicos aceptan la responsabilidad y la especialización de la investigación, con unos sueldos que son correctos, pero que no tienen nada que ver con los de la industria o las finanzas, por el interés que tiene el trabajo de investigación. Alguien puede, pues, pensar que para destinar fondos a unos pocos para que se diviertan, más vale dedicarlos a otros fines. Al parecer, es esto lo que piensa alguien en el Gobierno.<br />
La actividad científica tiene actualmente unos efectos bien definidos sobre la vida de la gente. Si queremos que nuestros hijos reciban una educación de calidad en nuestras universidades, es preciso que estas realicen una buena investigación. Si queremos que en nuestros hospitales se dé una asistencia que incluya los últimos métodos de diagnóstico y tratamiento, es preciso que nuestros médicos tengan un contacto lo más estrecho posible con investigación de primer nivel. Si queremos que nuestros hijos encuentren trabajo en empresas eficientes y productivas, capaces de competir en el mercado internacional, es necesario que los que trabajan estén bien formados y que tengan un entorno tecnológicamente potente. Si queremos tomar decisiones sobre los temas complejos que se nos plantean desde las células madre hasta los transgénicos, pasando por el cambio climático o las fuentes de energía, es preciso que exista gente que esté en primera línea de investigación para informarnos a todos.<br />
Y es esto lo que está sucediendo aquí. Respecto del resto de países de nuestro entorno, llevamos un atraso de décadas que reducimos poco a poco. Nuestra ciencia empieza a contar en el extranjero, estamos construyendo centros que son atractivos para investigadores de todo el mundo, se crean cada vez más empresas de base tecnológica que ya dan trabajo a centenares de trabajadores cualificados. Parar el sistema ahora es un error no tan solo para los profesionales que hemos creído que hacer investigación competitiva es posible en nuestro país, sino también para todo el país. Se necesita un mínimo de dinero y es preciso profundizar en reformas del sistema para hacerlo más eficiente. Ya se han realizado pasos importantes, como que para realizar su trabajo sea preciso que los científicos vayan a fondos competitivos de aquí o de Europa o a contratos con empresas para conseguirlos. Ya se ha instalado la cultura de que una parte de su sueldo (un 40%, por ejemplo) dependa de la actividad de quien realiza la investigación. Existen ya ejemplos, especialmente en Catalunya, de centros de investigación gobernados con mecanismos más eficientes. Pero hay todavía demasiada rigidez en la gestión de proyectos y demasiados funcionarios. Para reformar se necesita voluntad política y dinero para la investigación y para aplicar las reformas. Parece que perderemos otra legislatura sin tener ni una cosa ni la otra.</p>
<p>La ciencia es una actividad consustancial de toda sociedad democrática y con una economía avanzada. Parar su desarrollo en una sociedad como la nuestra, que estaba empezando a asomarse a ella, no es un problema de cuatro científicos. La ciencia es un elemento esencial si queremos tener una sociedad informada, con una economía eficiente y productiva, con unos servicios de calidad y una cultura abierta. Por ello es normal que los científicos reclamemos coherencia y continuidad en la política científica, pero pensamos que cada día más estas son exigencias para todos los ciudadanos.</p>
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		<title>Science and the arts need not be strangers</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/27217/science-and-the-arts-need-not-be-strangers/</link>
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		<pubDate>Tue, 06 Oct 2009 17:37:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>William Waldegrave</strong>. Lord Waldegrave of North Hill is chairman of the Science Museum (THE TIMES, 06/10/09):</p>
<p>Leavis was right: C. P. Snow was not a great intellect, or a great novelist.  But you do not have to be either to say something that is true: and Snow did  say something which was true, in his Rede lecture of 50 years ago, entitled <em>The  Two Cultures</em>. There is something wrong with a civilisation, he said,  where knowledge is so compartmentalised that people can count as highly  educated and yet be wholly ignorant of huge swaths of what other &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/27217/science-and-the-arts-need-not-be-strangers/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>William Waldegrave</strong>. Lord Waldegrave of North Hill is chairman of the Science Museum (THE TIMES, 06/10/09):</p>
<p>Leavis was right: C. P. Snow was not a great intellect, or a great novelist.  But you do not have to be either to say something that is true: and Snow did  say something which was true, in his Rede lecture of 50 years ago, entitled <em>The  Two Cultures</em>. There is something wrong with a civilisation, he said,  where knowledge is so compartmentalised that people can count as highly  educated and yet be wholly ignorant of huge swaths of what other highly  educated people know. How could scientists not read Shakespeare? How could  literary people never have heard of the second law of thermodynamics?</p>
<p>Obviously, there has always been specialised knowledge: Cicero would doubtless  have been out of his depth in the further reaches of Archimedean  mathematics; Richard Bentley would probably have found Newtonian calculus as  obscure as did some of the classicists of my day who could read his Horace  easily enough a century and a half later but not get the hang of d<em>y by</em> d<em>x.</em> Carlyle it was who talked about political economy as the dismal  science. There is little new under the sun.</p>
<p>But the high ambition of cultured people was once to know the geography, at  least, of all knowledge. Aristotle had a try at actually doing it all;  Virgil, in his own great poem about agriculture, wrote that wonderful line  about Lucretius, whose epic has the atom as its hero:</p>
<p>Felix qui potuit rerum cognoscere causas (Happy the man who could understand  the causes of things).</p>
<p>Newton wrote as much about early Christian doctrines as about optics;  Coleridge and Davy planned to share out all literature and science between  them; Shelley turned his brilliant classical mind and poetic sensibility to  the celebration of reason and science, which he taught himself in his own  time while he was at Eton.</p>
<p>So how come, 50 years after Snow, and just as he said, we still meet people  who would think it shaming to admit difficulty in reading but who boast  (sometimes untruthfully) about their incompetence at basic mathematics? How  come the phrase “computer nerd” runs off the tongue more easily than  “painting nerd”? Or that a cultured dinner party in W8 might find it odd if  no one knew the name of the director of the Tate but not of the Science  Museum? (It would not be our dinner party, I must add, as I am privileged to  be Professor Chris Rapley’s chairman.) Some of the cause lies in the intense  and exclusive nature of the science community itself. Science and medicine  and engineering are, except in rare cases, co-operative, social activities.  They require long and often extremely challenging training, at the end of  which people share a powerful common culture and language that excludes  others, not least because so much time is physically spent together in the  workplaces of laboratory, hospital or design centre. At the end of it you  are part of a priesthood; it would be contrary to human nature not to have a  certain contempt for those outside the pale.</p>
<p>The police do this, and the Armed Forces; other kinds of scholars do it;  people who think about nothing but horses or golf or steam engines do it. As  a junior manager in an old-style British engineering firm thirty years ago I  once sat down at a table in the canteen at the engineers’ table; I was soon  on my way back to the nether regions where the purchasing department humbly  ate. If you have spent fifteen years learning your art, and are fascinated  by it, explaining it to someone who spent their time doing something easy  like reading Herodotus can seem a waste of your time. What has Herodotus got  to say about the high pressure end of a gas turbine? He can go below the  salt.</p>
<p>Then there is the fact that it is difficult. I got quite a good degree, a long  time ago admittedly, in classics and philosophy, and thought I could  understand Plato’s <em>Theaetetus</em> and Wittgenstein’s <em>Tractatus</em> and other showily difficult texts. But string theory? Or the structure of  DNA? I can’t pick up a first-year undergraduate text book and understand a  word of it. It has often been said that the last time when a reasonably  intelligent lay person could envisage what the particle physicists were  talking about was in the days of Niels Bohr. I can understand Fermat’s Last  Theorem, but I have about as much chance of understanding Wiles’s solution  to it as I do of running faster than Usain Bolt.</p>
<p>This is the other side of the priesthood phenomenon: the mysteries are indeed  pretty mysterious, and we lay congregations are willing to say that only the  holy man can understand them. Nobel laureates are our new cardinals.</p>
<p>And yet I am incurably optimistic. We can learn at least the shape of the  landscape occupied by even the most advanced scientists and mathematicians.  We can learn why the Higgs boson matters, or read a narrative telling us of  the excitement of what Wiles has done, or look into the heart of the cell  over the shoulder of a biologist with an electron microscope. In the way  wider culture is developing, there are plenty of signs that the walls can be  broken down and the common pursuit of true judgment includes all the objects  of human curiosity and creativity, not just the motives of Anna Karenina but  the meaning of dark matter too.</p>
<p>A very great deal has got better since Snow’s day, although much remains to be  done. We have Richard Holmes writing his brilliant <em>The Age of Wonder</em> about science in the time of the romantic poets, celebrating Joseph Banks  and the Herschels. We have fine novelists writing about science and medicine  such as Ian McEwan in <em>Saturday</em>. We have Tom Stoppard filling theatres  with a play with chaos theory at its heart in <em>Arcadia</em>.</p>
<p>Coming to meet them the other way, we have lucid scientists writing elegantly  for the general reader such as Matt Ridley and Stephen Jay Gould and Graham  Farmelo. If anyone has succeeded to Isaiah Berlin’s position as Britain’s  best-beloved intellectual, it is David Attenborough.</p>
<p>Richard Dawkins and the Archbishop scrap away about evolutionary theory every  bit as much in the public eye as their predecessors in Darwin’s day. There  is more good science writing in the papers than ever there was — and thanks  to <em>The Times</em> there will now be more. We should not despair.</p>
<p>Perhaps there is an even more fundamental confluence taking place. Anish  Kapoor sculpts objects of scientific precision, while photographs from the  Hubble telescope are as beautiful as Turner seascapes; or look at the Turner  Prize exhibition opening tomorrow: Roger Hiorns, one of the four  shortlisted, is known for his installation where he poured thousands of  litres of copper sulphate into a London flat. Indeed, artists and scientists  seem to have swapped roles when it comes to aesthetics: Richard Long tries  to make us think about the natural world, and conceptual artists make  analytical essays out of objects; they leave man-made beauty to scientists  and engineers whose equations and machines meet A. E. Housman’s criterion  for the beautiful — that the hairs on the back of the neck stand up as they  do for Bach or Mozart.</p>
<p>The reason that Leavis went for Snow with an almost insane degree of  vituperation was that Leavis saw scientific method as a dreary Benthamite  calculus that was the antipathy of all sensibility, morality and cultural  tradition; and he saw it winning a two-horse competition, with all that he  thought important on the losing side. Science was never, in fact, like that,  any more than literary culture was confined to the artificial Victorian  poetry that Leavis himself despised; the binary competition was an illusion.  All forms of creativity have the same complex roots in human curiosity,  imagination, sense of beauty, memory and capacity to dream. Science often  seems now dreamlike, and art a matter of curiosity; previous roles swapped,  and methods overlapping.</p>
<p>As science becomes more like art, and art like science, perhaps at last the  divisions between the two cultures will finally dissolve.</p>
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		<title>Science needs more Apollos</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Jul 2009 20:18:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Exploración espacial]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Kevin Fong</strong>, co-director of the Centre for Altitude, Space and Extreme environment medicine (THE GUARDIAN, 17/07/09):</p>
<p>How did we allow &#8220;vision&#8221; and &#8220;inspiration&#8221; to become dirty words when discussing science? Why are these regarded as fluffy concepts that have no place in the modern world of scientific research? The science journal <a title="Nature news: Shooting for the moon" href="http://www.nature.com/news/2009/090715/full/460314a.html">Nature</a> has carried out an online, international, cross-disciplinary survey of scientists who have published in their journal in the last three years. Of the 800 or so respondents, more than half cite <a title="Project Apollo" href="http://science.ksc.nasa.gov/history/apollo/apollo.html">Project Apollo</a> as having directly influenced them to become a scientist. I was stunned. This &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/25875/science-needs-more-apollos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Kevin Fong</strong>, co-director of the Centre for Altitude, Space and Extreme environment medicine (THE GUARDIAN, 17/07/09):</p>
<p>How did we allow &#8220;vision&#8221; and &#8220;inspiration&#8221; to become dirty words when discussing science? Why are these regarded as fluffy concepts that have no place in the modern world of scientific research? The science journal <a title="Nature news: Shooting for the moon" href="http://www.nature.com/news/2009/090715/full/460314a.html">Nature</a> has carried out an online, international, cross-disciplinary survey of scientists who have published in their journal in the last three years. Of the 800 or so respondents, more than half cite <a title="Project Apollo" href="http://science.ksc.nasa.gov/history/apollo/apollo.html">Project Apollo</a> as having directly influenced them to become a scientist. I was stunned. This is Nature-published authors we&#8217;re talking about, not contributors to the Liechtenstein Journal of Flying Saucers – they&#8217;re supposed to be a more rational breed.</p>
<p>That&#8217;s 400-odd scientists, of some standing, who say Apollo was the thing that launched their personal scientific odysseys. And if there are hundreds to be found in that narrow sample then there must be thousands, maybe tens of thousands of others for whom the same is true.</p>
<p>This isn&#8217;t the <a title="Science and Technology Facilities Council: New report on space exploration published " href="http://www.stfc.ac.uk/PMC/PRel/STFC/UKSEWG.aspx">only evidence</a> that human space exploration can draw people towards science. But it is pretty clear that space science, and astronauts in particular, are great at generating precisely the kind of graduate that we are so very short of at this time; the type that we are constantly told is the key to the future stability of our economy. Despite these facts &#8220;inspiration&#8221; continues to be discounted as a factor when considering the value of a thing. Vision and inspiration, of themselves, have no quantifiable value and, to the metric-obsessed society in which we live, therefore no value at all.</p>
<p>Now, before I get trolled for suggesting that getting people all warm and glowy is the sole justification for the multibillion-dollar Apollo escapades, let me be clear: I do not think that inspiration argument alone justifies human space flight. No single item alone – not the science or the spin-offs or the benefits to education – is enough to make it worth it: it is, as I&#8217;ve said before, all of those things together.</p>
<p>Apollo was of its time and the future exploration of space cannot and should not be conducted in the same way; not even that of Mars. The international agencies must co-operate fully while allowing their collective monopoly over all things astronautic to be at least part broken, thus reducing the cost to individual nations and their respective taxpayers.</p>
<p>But whatever the future holds for space exploration, humans will continue to be a part of it. Mission planners and architects of all programmes of scientific exploration would do well to remember what the vital ingredients of such efforts are. Science is at its best when its skies are at their bluest. A successful programme of exploration is one in which the whole is greater than the sum of its individual parts; one in which no single element makes sense on its own. It is a thing of culture, an idea so big, so well executed that it stands for all time and makes itself felt, in a positive way, in every corner of our society. Such feats cannot be achieved in the absence of vision or inspiration and we should allow these words to creep back into respectable vocabulary.</p>
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		<title>In science, the bizarre is our insurance for the future</title>
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		<pubDate>Wed, 06 May 2009 05:37:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Anjana Ahuja</strong> (THE TIMES, 06/05/09):</p>
<p>Of all the sparky ideas for beating malaria, giving mosquitoes a head cold so  that they can no longer sniff out their victims must rank among the  wackiest. The Bill &#38; Melinda Gates Foundation said yesterday that it  would fund the mission with $100,000 and another million if things look  promising.</p>
<p>Altogether, Mr Gates has put up $200 million for unorthodox ideas to inspire  “a revolution, rather than an evolution, in thinking” to solve the world&#8217;s  health problems.</p>
<p>Now, let&#8217;s move from “inspire” to the word “strategic” (it sounds dull but  that is the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/24953/in-science-the-bizarre-is-our-insurance-for-the-future/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Anjana Ahuja</strong> (THE TIMES, 06/05/09):</p>
<p>Of all the sparky ideas for beating malaria, giving mosquitoes a head cold so  that they can no longer sniff out their victims must rank among the  wackiest. The Bill &amp; Melinda Gates Foundation said yesterday that it  would fund the mission with $100,000 and another million if things look  promising.</p>
<p>Altogether, Mr Gates has put up $200 million for unorthodox ideas to inspire  “a revolution, rather than an evolution, in thinking” to solve the world&#8217;s  health problems.</p>
<p>Now, let&#8217;s move from “inspire” to the word “strategic” (it sounds dull but  that is the point). Lord Drayson, the Science and Innovation Minister,  announced in January that instead of spreading cash around lots of research  areas, Britain should narrow its focus along more “strategic” lines. By this  he meant homing in on the stuff that (a) Britain does really well, such as  medical research; or (b) will make money for UK plc, such as climate change  technology. This, Lord Drayson jargonised, would “rebalance the economy”.</p>
<p>So it might, but it also saps the spirit and limits creativity. It is the  antithesis of the anything-can-happen Gates mindset. In this narrowed view,  the little cul-de-sacs of basic scientific endeavour that often open up into  majestic (and potentially profitable) vistas of discovery, remain  unexplored. Modern antibiotics and MRI scanning arose through such chance  events.</p>
<p>This isn&#8217;t a nostalgic paean to the backyard British boffin; talented,  professional scientists-turned- entrepreneurs worry about the Government&#8217;s  view that technological progress can be choreographed from Whitehall.  Squeezing the science that the taxpayer is prepared to underwrite encourages  caution in grant applications rather than risk-taking; it suggests, wrongly,  that innovation is predictable; it brings evolution rather than the kind of  revolution that can bring lasting rewards.</p>
<p>You could argue that, in straitened times, science funding needs to get real.  Undoubtedly, unproductive projects clog up British laboratories right now.  But we&#8217;ll only know with hindsight. That&#8217;s why Barack Obama is expanding  America&#8217;s commitment to basic science.</p>
<p>Serendipity, failure and slowness were recognised recently by Lord Rees of  Ludlow, President of the Royal Society, as valuable components of the  scientific process. He remarked that all the Nobel laureates he knows  “highlight the long-term nature of their work, the unpredictability of its  outcome, and the need for a supportive environment”.</p>
<p>But it would be a mistake to turn science into just another servant of the  economy. Embracing the bizarre is our insurance policy for the future.</p>
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		<title>Lévi-Strauss y el lugar de la antropología</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Jan 2009 22:40:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Delgado</strong> es profesor de Antropología en la Universidad de Barcelona y prologuista y traductor de Claude Lévi-Strauss (EL PAÍS, 08/01/09):</p>
<p>Pocas serán las instancias culturales y académicas de todo el mundo que no estén celebrando de algún modo estos días el centésimo cumpleaños de Claude Lévi-Strauss, sin duda uno de los autores más influyentes del siglo XX. Todas las ciencias sociales, la crítica literaria, el psicoanálisis, la lingüística, la historia, la filosofía&#8230;, llevan medio siglo dialogando con él, incluso contra él, sin que ninguna haya podido sortear su ascendente. Sería vano intentar añadir desde estas páginas algo a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/23496/levi-strauss-y-el-lugar-de-la-antropologia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Delgado</strong> es profesor de Antropología en la Universidad de Barcelona y prologuista y traductor de Claude Lévi-Strauss (EL PAÍS, 08/01/09):</p>
<p>Pocas serán las instancias culturales y académicas de todo el mundo que no estén celebrando de algún modo estos días el centésimo cumpleaños de Claude Lévi-Strauss, sin duda uno de los autores más influyentes del siglo XX. Todas las ciencias sociales, la crítica literaria, el psicoanálisis, la lingüística, la historia, la filosofía&#8230;, llevan medio siglo dialogando con él, incluso contra él, sin que ninguna haya podido sortear su ascendente. Sería vano intentar añadir desde estas páginas algo a lo ya dicho por tantos y en tantos sitios. Cientos de libros, artículos, monográficos, exposiciones, programas y ciclos especiales, en decenas de idiomas, lo están haciendo o lo harán mejor que lo que se intentaría aquí. Un rasgo merece, no obstante, ser destacado: el autor de <em>Tristes trópicos </em>y <em>El pensamiento salvaje</em> no es propiamente un pensador o un intelectual, aunque haya sido reconocido como tal. Claude Lévi-Strauss es, sobre todo, un antropólogo.</p>
<p>He ahí un elemento de la personalidad del ahora homenajeado en el que merece la pena detenerse. Lo que Lévi-Strauss nos ha transmitido es un conocimiento que no es sólo resultado de una honda reflexión sobre el vivir juntos humano, sino de los testimonios que una determinada ciencia social ha podido establecer acerca de hombres y mujeres concretas, cuya vida concreta -en tiempos y lugares no menos concretos- otros hombres y mujeres fueron a conocer de cerca. Seres humanos estudiando seres humanos, conociendo y dándose a conocer, recolectando tecnologías y sabidurías ajenas y lejanas, aprendiendo de gentes que siempre sabían más que quienes les estudiaban. Una disciplina -la antropología- que nació y existió para que pudiéramos instalar nuestra sociedad entre todas las demás sociedades y elaborásemos, con el conjunto producido, algo parecido a una cartografía de la condición humana en toda su amplitud.</p>
<p>Pero si Lévi-Strauss ha podido enseñarnos tanto y marcar nuestra época es porque pudo desempeñar su tarea como investigador y como docente en un contexto en el que la ciencia que ejercía merecía un reconocimiento, en una sociedad para la que la antropología era importante y que escuchaba lo que se le decía desde ella. Ése ha sido el caso francés y el de su área de influencia cultural, como lo ha sido el de la mayoría de países anglosajones, con el Reino Unido o los Estados Unidos a la cabeza. Otra cosa es lo que vaya a ser en el futuro -y de ello hablan las protestas estudiantiles &#8220;anti Bolonia&#8221; de estos días en toda Europa- de aquellas áreas académicas que no se demuestren lo bastante rentables o serviles. Pero, al menos hasta ahora, la antropología ha estado ahí, en esos países y en otros, viendo atendida públicamente su forma de dar con las cosas humanas, mirándolas de cerca y comparándolas entre sí.</p>
<p>Por desgracia, ese no es el caso de la antropología española. Una disciplina que había nacido en el último cuarto del siglo XIX se incorporaba con ánimo crítico al ámbito universitario español a principios de la década de los años 70 del siglo pasado, pero ha permanecido encapsulada en él hasta ahora. A pesar de la proyección internacional de algunos de sus exponentes -Julio Caro Baroja, Carmelo Lisón Tolosana, Claudi Esteva Fabregat-, miles de estudiantes y licenciados en antropología no pueden desarrollar plenamente lo que son o van a ser: antropólogos. Por ello, en un momento en que se abre la perspectiva feliz de un grado de Antropología en algunas universidades españolas, se entiende la preocupación de esas mismas universidades para que la disciplina que enseñan logre trascender su actual acuartelamiento académico. Es en esa dirección que todas ellas trabajan en orden a la creación de un colegio profesional que regule la práctica de una profesión tan necesaria como inexistente, en la medida en que sus miles de licenciados actuales y quienes obtengan la nueva titulación se van a ver obligados a aplicar lo que han aprendido bajo todo tipo de denominaciones profesionales, que, salvo pocas excepciones, podrán ser de cualquier cosa menos la de antropólogos.</p>
<p>Y lo que sorprende es que esa invisibilidad forzada de los antropólogos españoles en tanto que tales contrastes con la pertinencia y hasta con la urgencia de una mirada como la suya para observar y entender cuestiones centrales para los tiempos que corren. La antropología almacena décadas de trabajo en áreas como la de la vivencia de la enfermedad y de la muerte o la de los estilos que adoptan los diferentes grupos de edad -jóvenes, ancianos&#8230;-, siempre desde una perspectiva que recoge su variabilidad histórica y cultural. Los antropólogos han advertido hasta qué punto los objetos son fundamentales para entender la cultura que los ha creado y usado, por lo que tienen un papel que jugar en la protección y la divulgación del patrimonio cultural, defendiendo lo que de él se mantenga vivo y custodiando y haciendo accesible su pasado en museos. Su preocupación por la práctica y la concepción del espacio convierte en fundamental la perspectiva que les es propia en temáticas territoriales, tanto rurales como urbanas, en contextos en los que las grandes dinámicas de transformación no suelen tener en cuenta el precio social a pagar. La comprensión del sentido que los seres humanos otorgan al medio que los rodea y a sí mismos dentro de él, hace de los antropólogos interlocutores necesarios en los debates medioambientales y ecológicos.</p>
<p>Una experiencia abundante en el campo del estudio de los mitos y los símbolos rituales le permite al antropólogo detectar qué funciones y a qué demandas satisfacen las prácticas religiosas vigentes en nuestra sociedad, tanto las tradicionales como otras que hasta hace poco podrían habernos resultado exóticas. El mercado y los hábitos de consumo no son ajenos al conocimiento que los antropólogos tienen de la dimensión económica de la vida social y ni siquiera las recién nacidas tecnologías de la comunicación se escapan a la competencia que han demostrado a la hora de estudiar los lenguajes humanos. Tanto la diversificación creciente que conoce la institución familiar como el aumento de los contactos entre formas de ser y de estar derivados de los flujos migratorios o del turismo deberían hacer idónea una visión como la suya, especialmente entrenada para encarar la heterogeneidad. No se olvide que la antropología ha sido estratégica en orden a desautorizar todos los argumentos que han intentado mostrar como &#8220;natural&#8221; la desigualdad humana y continúa siendo fuente de recursos teóricos contra las nuevas y las viejas formas de racismo, xenofobia y sexismo.</p>
<p>La antropología se antoja ahora más que nunca útil en orden a entender las lógicas y las dinámicas que organizan nuestro presente, reconociendo en él cambios constantes, pero también repeticiones e inercias. Ese es su trabajo: ver de qué están hechas la diversidad y la complejidad sociales y mostrarlas no, como se pretende, en tanto que motivos de alarma, sino al contrario: como la materia primera de que se nutre la capacidad de las sociedades humanas para mejorarse a sí mismas.</p>
<p>Esa es la virtud fundamental de Claude Lévi-Strauss. Mirar como mira un antropólogo, contemplando lo remoto como ordinario y sorprendiéndose ante lo cotidiano, ejerciendo un oficio en el que la competencia y la versatilidad explicativas nunca han ido separadas de una fuerte dimensión ética, preocupada por pensar y dar a pensar el valor de la pluralidad humana y la necesidad de defenderla. Celebrar la vida de Lévi-Strauss es celebrar su vida de antropólogo. Pero se hace el elogio del sabio, sin hacer lo propio con la naturaleza misma de su saber, su fuente y su sentido. Al tiempo que multiplican las alabanzas al maestro, bien estaría que se reconociera el esfuerzo y la singularidad de quienes han decidido seguir su camino.</p>
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		<title>¡Ahora es la ciencia, Europa!</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Dec 2008 19:52:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Martínez Alonso</strong>, secretario de Estado de Investigación (EL PAÍS, 11/12/08):</p>
<p>Europa no se hará de una sola vez o de acuerdo a un plan único. Se construirá mediante logros concretos que creen, en primer lugar, una solidaridad de hecho&#8221;. Este fragmento pertenece a la <em>Declaración</em> de Schuman, presentada en 1950 y convertida en texto de partida para la creación de la Unión Europea (UE). La propuesta que contiene, exitosa en diferentes áreas políticas, debería aplicarse ahora, con toda decisión, a la Europa de la Ciencia.</p>
<p>A Robert Schuman y a Jean Monnet se les considera los padres &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/23176/%c2%a1ahora-es-la-ciencia-europa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Martínez Alonso</strong>, secretario de Estado de Investigación (EL PAÍS, 11/12/08):</p>
<p>Europa no se hará de una sola vez o de acuerdo a un plan único. Se construirá mediante logros concretos que creen, en primer lugar, una solidaridad de hecho&#8221;. Este fragmento pertenece a la <em>Declaración</em> de Schuman, presentada en 1950 y convertida en texto de partida para la creación de la Unión Europea (UE). La propuesta que contiene, exitosa en diferentes áreas políticas, debería aplicarse ahora, con toda decisión, a la Europa de la Ciencia.</p>
<p>A Robert Schuman y a Jean Monnet se les considera los padres fundadores de la Unión Europea. Ambos están al frente de un conjunto de estadistas profundamente proeuropeos que supo ilusionar a sus naciones con la idea de un proyecto común, y que incluye también los nombres de Delors, Mitterrand, Kohl y González.</p>
<p>Con Jacques Delors al frente de la Comisión Europea (1985-1995), los Estados miembros aceleraron radicalmente su integración. Entró en vigor el Tratado de Maastricht y la Comunidad se convirtió en Unión Europea, con sus cuatro libertades de circulación: de mercancías, bienes, personas y servicios. Sin embargo, pese a que el político solicitó públicamente grandes aumentos globales de fondos para investigación, no se avanzó demasiado hacia una ciencia y tecnología paneuropea.</p>
<p>El énfasis, en los inicios de la Comunidad, se puso en el mercado. &#8220;Si tuviera que volver a empezar la construcción de Europa, lo haría por la cultura&#8221;, dijo años después un Jean Monet arrepentido. Cabe añadir: por la cultura y la ciencia, esa ciencia que fuese ejemplo de los valores compartidos en el Viejo Continente y con la que siempre soñó la comunidad investigadora europea. Como la Unión, la ciencia tiene objetivos globales, es necesariamente cooperativa y posee un lenguaje común de avance y progreso.</p>
<p>Europa ha desdibujado fronteras <em>a priori</em> muy difíciles, como las relativas a seguridad (con el Acuerdo de Schengen) o a economía (con el Tratado de Maastricht y la adopción del euro). Hasta la política comunitaria se superó a sí misma muchas veces: hubo ampliación a 27 miembros, entrando en el selecto club de la Unión los países del Este, impensables compañeros de viaje hasta fechas bien recientes.</p>
<p>Pero en todo este complejo proceso, la ciencia ha caminado como dejada de lado, dedicada a sus quehaceres. La actividad de los investigadores parece plegada sobre sí misma, ajena al crecimiento económico y social europeo. El proceloso camino comunitario no ha tenido paralelismo científico, a pesar de que, según el físico alemán Carl Friedrich von Weizsäcker: &#8220;La fe en la ciencia desempeña el papel de religión dominante de nuestro tiempo&#8221;.</p>
<p>Es cierto que ha habido avances importantes, como los sucesivos Programas Marco de Investigación y Desarrollo, de presupuesto cada vez mayor. Pero cada peldaño se fue subiendo de modo puntual, sin insertar a la ciencia en las líneas maestras de la construcción de la UE. Más que un soporte insustituible del edificio europeo, la investigación se configuró como una espectadora o invitada ocasional.</p>
<p>Actualmente, el Programa Marco gestiona en torno al 5% de los recursos europeos de I+D, dejando el 95% restante en manos de los Estados miembros. Este dato refleja que carecemos de una verdadera estructura científica europea, pero no sería necesariamente negativo si se compensara con una colaboración real entre naciones. Habría que aplicar a Europa y a la ciencia aquel consejo de Bertrand Russell según el cual la única cosa que puede redimir al mundo es la cooperación.</p>
<p>En los últimos años, hemos asistido al lanzamiento de proyectos científico-tecnológicos que pueden enorgullecer a Europa. <em>Airbus</em> es uno de los grandes ingenios técnicos de las últimas décadas; la Agencia Espacial Europea ha lanzado misiones tan relevantes como la <em>Mars</em> <em>Express;</em> y el CERN, creador de Internet, ha generado una enorme inspiración con una de sus últimas aportaciones, el Gran Colisionador de Hadrones o LHC. La apertura de esta instalación ha sido saludada por muchos como el mayor experimento científico jamás realizado, el &#8220;salto más grande hacia lo desconocido&#8221;, en palabras del físico Brian Cox.</p>
<p>Los tres casos citados resultan de la cooperación entre un grupo limitado de Estados miembros que deciden avanzar en terrenos específicos. Son ejemplos de geometría variable, que funciona en el campo de la ciencia y que se configura como vía práctica, plenamente exitosa, en áreas donde es difícil lograr la unanimidad. Estos avances no hacen menos Europa, sino más. Son como las extremidades de un ciempiés, que se mueven a un ritmo desigual, pero sin dejar atrás ninguna parte del conjunto. Responden al contexto actual de la ciencia y la política, que son realidades a todas luces complejas, llenas de procesos de fragmentación y reagrupación, conformadas por avances no lineales pero progresivos pese a todo.</p>
<p>De hecho, pocas cosas son más participativas que el LHC. En el gran colisionador participan un buen número de países europeos, pero también de África, América, Asia o Australia; sólo en España hay implicados unos 750 investigadores repartidos por toda su geografía. Se trata de un proyecto que lleva a la práctica aquella apreciación de Louis Pasteur: &#8220;La ciencia no conoce país, porque el conocimiento pertenece a la Humanidad, y es la antorcha que ilumina al mundo&#8221;.</p>
<p>La cooperación entre Estados, para ser exitosa, requiere de una verdadera movilidad investigadora entre países. Europa todavía tiene pendiente un logro, y es el de la llamada quinta libertad o libre movimiento de científicos en toda la Unión. Con ese paso, los avances nacionales en I+D se convertirían en avances europeos. Cada investigador podría hacer suya la asunción de Benjamin Franklin: &#8220;Donde esté la libertad, estará mi país&#8221;.</p>
<p>Con la actual crisis financiera, muchos analistas han comprendido por fin que la antigua recomendación (&#8220;Es la economía, estúpido&#8221;) debería ser sustituida por alguna más acorde con los nuevos tiempos (&#8220;Es la ciencia, innova&#8221;). Parece el momento propicio para acometer los andamiajes científicos concretos que creen esa solidaridad de hecho que proponía Schuman, para perfeccionar los engranajes ciencia-economía-sociedad en la Unión. Es la ciencia, Europa.</p>
<p>Tenemos una gran oportunidad para demostrar que la I+D y la innovación no son una apuesta pasajera. De nuevo Schuman fue explícito: &#8220;Europa está buscando; sabe que tiene en sus manos su propio futuro. Jamás ha estado tan cerca de su objetivo&#8221;. El objetivo, ahora, se llama ciencia.</p>
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		<title>¿Qué interesa a los niños?</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Oct 2008 17:39:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Alfredo Tiemblo</strong>, profesor de Investigación del CSIC, vicepresidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España (LA VANGUARDIA, 05/10/08):</p>
<p>La ciencia se puede y se debe contar. Una circunstancia que nuestro sistema educativo ha tendido tradicionalmente a ignorar. La ciencia, además, como cualquier otra forma de pensamiento, está asociada a un proceso histórico que se debe dar a conocer, pues constituye un excelente soporte en la enseñanza. La mejor forma de transmitir un concepto es describir cómo se ha ido construyendo, porque además este lento proceso tiene, con frecuencia, características de auténtica epopeya. La exploración del planeta que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22380/que-interesa-a-los-ninos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Alfredo Tiemblo</strong>, profesor de Investigación del CSIC, vicepresidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España (LA VANGUARDIA, 05/10/08):</p>
<p>La ciencia se puede y se debe contar. Una circunstancia que nuestro sistema educativo ha tendido tradicionalmente a ignorar. La ciencia, además, como cualquier otra forma de pensamiento, está asociada a un proceso histórico que se debe dar a conocer, pues constituye un excelente soporte en la enseñanza. La mejor forma de transmitir un concepto es describir cómo se ha ido construyendo, porque además este lento proceso tiene, con frecuencia, características de auténtica epopeya. La exploración del planeta que permitió verificar, de hecho, que la Tierra es redonda tiene todos los ingredientes de una novela de aventuras, pero es que ocurre algo parecido con el largo camino que lleva desde los elementos de Euclides hasta la geometrías no euclídeas en las que se fundamenta nuestra actual concepción del mundo.</p>
<p>¿A quién hay que contar la ciencia? Por supuesto, a todo el que lo quiera oír, y aquí hay que poner en lugar destacado al niño en su primera infancia. La naturaleza de la mente infantil está en efecto especialmente preparada para la ciencia; las infinitas preguntas del niño en la tierna edad del &#8220;¿por qué?&#8221; no se refieren al papel que desempeñan en el lenguaje las formas perifrásticas por ejemplo o a las consecuencias que tuvieron en la Península las guerras púnicas, eso vendrá en su momento. La curiosidad del niño se despliega ante la naturaleza que le rodea en todas sus manifestaciones. Los niños y los científicos comparten idéntica actitud ante el magnífico y gratuito espectáculo de un universo por descifrar.</p>
<p>Por ello, contar la ciencia a los niños desde las primeras etapas de la educación infantil (cinco años en los países más avanzados de nuestro entorno) supone ceñir la educación a las tendencias más naturales y espontáneas del niño, que es quien debe tener la iniciativa en esta fase del proceso educativo. En el fondo, la escuela es la única estructura realmente fundamental de un país. Y a este respecto los países europeos, especialmente algunos de ellos, tienen el valor de un paradigma. Son en promedio pequeños, densamente poblados y sin recursos naturales; es decir, las condiciones objetivas de la miseria y, sin embargo, han gozado hasta el momento de un envidiable nivel de vida. Esta especie de anomalía histórica tiene curiosamente una explicación muy sencilla. Ha sido la amplia difusión del conocimiento la que ha determinado un hecho tan peregrino. Por ello conviene tener presente que mucho más que la economía, el mantenimiento de un Estado de bienestar se va a fundamentar en la escuela; figura clave, pues, de cualquier sociedad de verdad desarrollada es la del profesor de las primeras enseñanzas; etapa que suele impregnar profundamente el futuro del alumno. Y es este profesorado el que en el mundo que estamos viviendo tiene que ser científicamente culto, ya que para responder a las preguntas del niño hace falta una posición ante lo que la ciencia implica que no se refugie en aquello de &#8220;yo soy de letras&#8221;, porque también la ciencia es de letras.</p>
<p>No se puede estar, por ejemplo, en el arte, ignorando la influencia que las vicisitudes del pensamiento científico tuvo en sus tendencias y estilos. El paisaje, mero acompañante de la figura, pasa a ser objeto de interés artístico en un siglo XIII en el que Roger Bacon empieza a establecer la aproximación científica a la naturaleza y en el que asimismo Francisco de Asís propone una identificación mística con el hermano Universo. Al mismo tiempo Giotto incluirá en sus paisajes al cometa Halley en uno de sus frescos; por cierto esta es la razón por la que una sonda espacial llevará su nombre. Correrán los siglos hasta un XIX en el que el artista querrá pintar la propia estructura de la luz al mismo tiempo que Maxwell establecerá sus ecuaciones fundamentales.</p>
<p>La ciencia no sólo es parte de la cultura, sino que en el siglo pasado y lo que se anuncia en este fue y va a seguir siendo, además, el ingrediente esencial de una nueva visión del mundo. Existen ya iniciativas para llevar la ciencia a la escuela. El CSIC ha patrocinado una en este sentido de la que cabe extraer conclusiones de extraordinario interés. En primer lugar, la estrecha colaboración entre la comunidad científica y los profesores de las primeras etapas de la educación infantil se ha desarrollado con extraordinaria fluidez y hasta me atrevería a decir que entusiasmo. Además, la aceptación por parte de los niños pequeños de este tipo de contenidos es más que satisfactoria. Ven la ciencia como un juego en el que participan activamente, manteniendo su interés y atención. Es realmente sorprendente lo que son capaces de asimilar; una prueba evidente del papel decisivo que la motivación desempeña en la enseñanza.</p>
<p>Que nadie se engañe, la I+ D empieza en la escuela o no empieza en ninguna parte; una circunstancia que probablemente explica nuestra situación a este respecto.</p>
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		<title>La amenaza antiintelectual estadounidense</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Oct 2008 21:02:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jeffrey Sachs, </strong>catedrático de Economía y director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. © Project Syndicate, 2008 (EL PAÍS, 04/10/08):</p>
<p>En los últimos años, Estados Unidos ha sido más una fuente de inestabilidad mundial que de resolución de problemas en el mundo. Abundan los ejemplos: la guerra de Irak, iniciada por Estados Unidos con falsos argumentos; la obstrucción de los esfuerzos para reducir el cambio climático; la escasa ayuda al desarrollo; la violación de tratados internacionales como los Convenios de Ginebra&#8230; Aunque son muchos los factores que contribuyeron a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22368/la-amenaza-antiintelectual-estadounidense/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jeffrey Sachs, </strong>catedrático de Economía y director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. © Project Syndicate, 2008 (EL PAÍS, 04/10/08):</p>
<p>En los últimos años, Estados Unidos ha sido más una fuente de inestabilidad mundial que de resolución de problemas en el mundo. Abundan los ejemplos: la guerra de Irak, iniciada por Estados Unidos con falsos argumentos; la obstrucción de los esfuerzos para reducir el cambio climático; la escasa ayuda al desarrollo; la violación de tratados internacionales como los Convenios de Ginebra&#8230; Aunque son muchos los factores que contribuyeron a las acciones desestabilizadoras de EE UU, uno de ellos, muy poderoso, es la actitud antiintelectual, simbolizada recientemente en la gran popularidad que obtuvo en un primer momento la candidata republicana a la vicepresidencia, Sarah Palin.</p>
<p>Al decir antiintelectual, me refiero en especial a una perspectiva agresivamente anticientífica, apoyada en el desprecio por quienes defienden la ciencia y la necesidad de pruebas. Pero los retos que afronta una gran potencia como Estados Unidos exigen análisis rigurosos de la información con arreglo a los mejores principios científicos.</p>
<p>El cambio climático, por ejemplo, plantea graves amenazas para el planeta que es preciso valorar de acuerdo con las normas científicas preponderantes y la creciente capacidad de las ciencias del clima. El proceso científico mundial denominado <em>Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático</em> (PICC), premiado con un Nobel, ha establecido la pauta del rigor científico en el análisis de las amenazas que representa el cambio climático provocado por el ser humano. Necesitamos políticos con conocimientos científicos y capaces de ejercer un pensamiento crítico basado en las pruebas para transformar esos hallazgos y recomendaciones en estrategias políticas y acuerdos internacionales.</p>
<p>Sin embargo, en Estados Unidos, las actitudes del presidente Bush, los responsables republicanos y, últimamente, Sarah Palin, son todo lo contrario de científicas. La Casa Blanca ha hecho todo lo que ha podido durante ocho años para ocultar el abrumador consenso científico sobre el hecho de que los seres humanos están contribuyendo al cambio climático. Intentó impedir que los científicos del Gobierno hablaran con sinceridad en público. <em>The Wall Street Journal</em> también ha tratado de vender anticiencia y pseudociencia con el fin de oponerse a las políticas diseñadas para luchar contra el cambio climático de origen humano.</p>
<p>Estas actitudes anticientíficas afectaron no sólo a la política del clima, sino también a la política exterior. Estados Unidos emprendió la guerra de Irak basándose en el instinto y las convicciones religiosas de Bush, no en pruebas rigurosas. Ahora Palin también dice que la guerra fue &#8220;una tarea ordenada por Dios&#8221;.</p>
<p>No estamos hablando de personas aisladas, aunque poderosas, que no tienen ni idea de la realidad. Son reflejo del hecho de que una parte importante de la sociedad estadounidense, que hoy vota, en general, a los republicanos, rechaza o simplemente ignora las pruebas científicas básicas relacionadas con el cambio climático, la evolución biológica, la salud humana y otros ámbitos. Estos votantes no suelen renunciar a las ventajas de las tecnologías que les proporciona la ciencia moderna, pero sí rechazan las pruebas y los consejos que ofrecen los científicos en relación con las estrategias políticas.</p>
<p>Los datos de una encuesta reciente llevada a cabo por la Fundación Pew revelan que, mientras que el 58% de los demócratas cree que los seres humanos están causando el calentamiento global, sólo el 28% de los republicanos está de acuerdo. En el mismo sentido, una encuesta realizada en 2005 descubrió que el 59% de los que se reconocían republicanos conservadores rechazaban cualquier teoría de la evolución, mientras que el 67% de los demócratas liberales aceptaban alguna de sus versiones.</p>
<p>Por supuesto, algunos de los que niegan estas cosas son sencillamente ignorantes, víctimas de la mala calidad de la educación científica en Estados Unidos. Pero otros son fundamentalistas bíblicos, que rechazan la ciencia moderna porque consideran que la palabra de la Biblia es una verdad literal. Rechazan las pruebas geológicas del cambio climático porque rechazan la ciencia de la geología como tal.</p>
<p>No se trata de enfrentar religión contra ciencia. Todas las grandes religiones tienen tradición de relaciones fructíferas e incluso apoyo a la investigación científica. La Edad de Oro del islam, hace un milenio, fue la era en la que la ciencia islámica mandaba en el mundo. El papa Juan Pablo II declaró su respaldo a los principios científicos básicos de la evolución, y los obispos católicos son muy partidarios de limitar el cambio climático provocado por el ser humano, a partir de las pruebas científicas.</p>
<p>Varios científicos destacados, incluido uno de los principales biólogos del mundo, E. O. Wilson, han tendido la mano a comunidades religiosas para colaborar en la lucha contra el cambio climático causado por el ser humano y por la conservación biológica, y esas comunidades religiosas han respondido trabajando en armonía con la ciencia.</p>
<p>El problema es el fundamentalismo agresivo que niega la ciencia moderna, la actitud agresivamente antiintelectual que considera que los expertos y los científicos son el enemigo. Ésas son las opiniones que pueden acabar matándonos. Al fin y al cabo, ese tipo de extremismo puede incluso derivar en una guerra, si parte de la opinión distorsionada de que una guerra concreta es deseo de Dios, y no un fracaso de la política y la cooperación. En muchas de sus declaraciones, Palin parece empeñada en invocar a Dios cuando opina sobre la guerra, un mal presagio para el futuro si resulta elegida. Desde luego, daría excusas a muchos enemigos de EE UU, que recurrirían a sus propios fundamentalismos. Los extremistas de ambos signos acaban poniendo en peligro a esa gran mayoría de personas que no es ni extremista ni fundamentalista.</p>
<p>Es difícil saber con certeza lo que está despertando el fundamentalismo en tantas partes del mundo. Lo que ocurre en Estados Unidos, por ejemplo, no ocurre en Europa, pero sí es típico, como es lógico, de algunas zonas de Oriente Próximo y Asia central. El fundamentalismo parece surgir en épocas de cambios trascendentales, cuando las estructuras sociales tradicionales se ven amenazadas. El crecimiento del fundamentalismo estadounidense moderno en la política se remonta a la era de la lucha por los derechos civiles, en los años sesenta, y refleja, al menos en parte, una reacción de muchos blancos contra la fuerza política económica, cada vez mayor, de grupos minoritarios no blancos e inmigrantes en la sociedad norteamericana.</p>
<p>La única esperanza de la humanidad es que se sustituya el círculo vicioso del extremismo por una interpretación mundial común de los enormes retos del cambio climático, las reservas de alimentos, la energía sostenible, la escasez de agua y la pobreza. Los procesos científicos de ámbito mundial como el PICC son fundamentales, porque son nuestra mejor posibilidad de elaborar un consenso basado en las pruebas científicas.</p>
<p>Estados Unidos debe reincorporarse al consenso mundial basado en datos científicos comunes y dejar la actitud antiintelectual. Ésa es la tarea más urgente que tiene hoy la sociedad estadounidense.</p>
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		<title>El ordenador está en la Red</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Sep 2008 16:05:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad de la Información]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Carlos Rodríguez Ibarra</strong>, ex presidente de la Junta de Extremadura (EL PAÍS, 01/09/08):</p>
<p>A mediados de la última década del siglo pasado se produjo un hecho fundamental y que ha resultado trascendente para la sociedad en que ahora vivimos: el cambio que avisaba la socialización de Internet, gracias a su privatización en el año 1995. Era el nacimiento de la nueva sociedad de la información. Este escaso lapso de tiempo para la historia de la humanidad ha demostrado que el uso de las tecnologías de la información (y de Internet en particular) está cambiando la sociedad en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22025/el-ordenador-esta-en-la-red/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Carlos Rodríguez Ibarra</strong>, ex presidente de la Junta de Extremadura (EL PAÍS, 01/09/08):</p>
<p>A mediados de la última década del siglo pasado se produjo un hecho fundamental y que ha resultado trascendente para la sociedad en que ahora vivimos: el cambio que avisaba la socialización de Internet, gracias a su privatización en el año 1995. Era el nacimiento de la nueva sociedad de la información. Este escaso lapso de tiempo para la historia de la humanidad ha demostrado que el uso de las tecnologías de la información (y de Internet en particular) está cambiando la sociedad en todos sus estamentos, lo que confirma que Internet es la columna vertebral de la revolución que estamos viviendo.</p>
<p>En el terreno social, ya nadie pone en duda el inmenso poder de transformación que las TIC tienen en nuestra sociedad del siglo XXI. Nadie duda de que Internet ha sido la provocadora de esta revolución social y de que los ordenadores son la herramienta esencial de interrelación en la Red.</p>
<p>En el terreno económico, este fenómeno ha contribuido a que la industria tecnológica haya pasado a tener un papel protagonista en las economías mundiales. Las TIC han aumentado la competencia global del sistema económico y representan ya el único factor que podrá permitir, gracias a los incrementos de productividad que facilitan, sostener el actual estado de bienestar de que gozamos, manteniendo e incluso impulsando mejoras sociales generalizadas. Si algo caracteriza a esta era es la velocidad con que se producen los cambios. Y estos cambios van afectar a la propia Internet.</p>
<p>El enorme crecimiento de las redes sociales es un dato muy significativo de cómo la Red evoluciona vertiginosamente. En sólo unos pocos años, nos estamos encontrando con una Red diseñada sobre unos patrones de funcionamiento que van perdiendo validez. La conexión desde el ordenador del usuario hasta el centro de recursos ya no es la única forma de operación.</p>
<p>Hemos de pensar en que dispondremos de múltiples dispositivos o aparatos (incluyamos electrodomésticos) conectados a Internet y que accederemos a todos ellos desde cualquier lugar y a través de una gama cada vez más variada de dispositivos. En otras palabras, pronto tendremos más máquinas y aparatos funcionando por Internet que personas navegando por la Red.</p>
<p>Y la pregunta obvia es ¿cómo va a ser esa transformación y cómo podemos prepararnos? La transformación anunciada se plantea con el siguiente paradigma: &#8220;el ordenador está en la Red&#8221;. Es decir, el ciudadano sólo necesitará un dispositivo simple, dotado de navegador conectado a la Red, para acceder a los servicios que ofrece Internet y para subir sus contenidos a laRed. No será necesario disponer de capacidad de proceso ni de almacenamiento a nivel de usuario. La reciente apuesta de grandes empresas tecnológicas por la fabricación y venta de equipos de muy bajo coste es un síntoma de esta evolución aparentemente regresiva hacia dispositivos ligeros. Después de muchos años multiplicando las capacidades de los PC, aparece ahora el negocio basado en equipos de menores prestaciones y bajo coste. Por lo tanto, los recursos deberán estar disponibles para los usuarios, sin que éstos deban preocuparse de cómo han llegado allí. De manera análoga a lo que sucede con otros servicios básicos como la luz o el agua.</p>
<p>Se acabó la necesidad de disponer de <em>hardware</em> costoso y de un <em>software</em> difícil de configurar. Esto tiene mucho sentido y, desde un punto de vista conceptual, el tema es simple. Trasladando el símil a otros sectores cotidianos como, por ejemplo, la automoción, nadie pensaría exigir a los usuarios de vehículos que tuvieran que adquirir piezas para instalar en su coche, o que supieran ajustar todos los elementos de los vehículos para poder conducir.</p>
<p>Lo curioso es que, hasta la fecha, se exige a los usuarios de los ordenadores unos conocimientos mínimos de informática que en muchos casos no poseen.</p>
<p>¿Qué cambia esto&#8230; cómo estar preparados? Si conceptualmente el tema es simple, el problema consiste en conocer qué o quién sustituye a las capacidades del ordenador que conocemos hasta ahora.</p>
<p>La respuesta la tenemos en la disponibilidad de banda ancha de los recursos de computación y de sistemas de almacenamiento disponibles a través de la banda ancha.</p>
<p>Respecto a la banda ancha, la apuesta por las redes de fibra óptica debe ser clara. Desde luego, las inversiones millonarias anunciadas por los operadores en nuestro país deben ser bien recibidas y valoradas. Pero desde quienes definen las políticas que afectan al desarrollo de nuestros pueblos (Unión Europea, Gobiernos nacional y regionales), se deben poner los medios adecuados para alcanzar los objetivos de la iniciativa i2010 heredera de los Objetivos de Lisboa, aumentando sustancialmente las inversiones públicas en investigación sobre las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). La creación y/o potenciación de redes de fibra óptica de titularidad pública que conecten a todos los centros del sistema de I+D+i nacional, abiertas en condiciones de equidad y no discriminación a otros proyectos que contribuyan a la extensión de la sociedad del conocimiento y al incremento de la competitividad y de la proyección internacional de nuestras empresas, debe ser una prioridad indiscutible.</p>
<p>El acceso a los cables transoceánicos abre un campo ilimitado hacia nuevos continentes: África, América, Asia. Especial mención merece Latinoamérica, donde aún queda mucho capítulo por hacer en aras de lograr una mayor prevalencia del castellano en la Red.</p>
<p>Respecto a los recursos de computación, pueden plantearse dos soluciones: centralizadas, construyendo grandes superordenadores o centros de cálculo, o distribuidas, mediante tecnologías GRID y la extensión del concepto Web 2.0 al mundo del procesamiento: la computación voluntaria.</p>
<p>Ambas fórmulas son complementarias, y en el campo de la computación científica deben estar coordinadas.</p>
<p>En cuanto a la capacidad de almacenamiento, es necesario disponer de elementos físicos que ofrezcan esa capacidad, pero también, y no menos importante, de infraestructura soporte que garantice la máxima disponibilidad de estos recursos de almacenamiento. La necesidad de esta capacidad es acuciante. Los analistas estiman que hasta el 70% de los datos almacenados por las organizaciones tiene más de seis meses de antigüedad, y gran parte de estos datos debe ser conservada por requerimientos legales; la Administración va a generar unas necesidades de almacenamiento sin precedentes en España; los distintos proyectos de digitalización del patrimonio artístico y cultural necesitan de ingentes cantidades de recursos de almacenamiento, que además deben estar disponibles <em>online;</em> los particulares mantienen una vida digital en la Red que crece exponencialmente&#8230;</p>
<p>Por lo tanto, debemos estar convencidos de que España cuenta con una oportunidad única para posicionarse de nuevo en el mundo que va a generar esta transformación de Internet, al igual que ya lo hiciera en la primera revolución social que provocó la Red.</p>
<p>Cabe recordar que de las cotas de independencia que aún no ha alcanzado Europa, junto a la energética, la tecnológica es una cuestión pendiente. No debemos permitir que, ante una evolución de Internet no acorde con los valores tradicionalmente defendidos por los estados europeos, nos encontremos sin capacidad de reaccionar. No debemos caer por la aplicación del difuso concepto de neutralidad tecnológica en una falta de respuesta en favor de la independencia tecnológica, como ya nos sucedió con el <em>software</em> libre.</p>
<p>En un entorno especialmente preocupado por aumentar el gasto público en la materia, aun a costa de que no exista una adecuada capacidad de absorción del mismo, los recursos disponibles deberían contribuir a desarrollar las infraestructuras de innovación y desarrollo tecnológico asociadas a Internet, así como a ayudar a diversificar la economía, apoyando a las nuevas empresas de base tecnológica para que creen los empleos de futuro a través de la explotación económica de nuevas ideas.</p>
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		<title>El reino de Einstein y la patria de Venter</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Aug 2008 19:38:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Genética]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Sánchez Ron</strong>, miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid (EL PAÍS, 30/08/08):</p>
<p>Vivimos rodeados de problemas, de tensiones que endurecen nuestros días. Constantemente nos llegan noticias que muestran la dureza de la vida: injusticias, tragedias, crisis económicas, amenazas planetarias. Nos enfrentamos los unos a los otros, individual o colectivamente, no sólo sobre los grandes temas de siempre -política, religión-, sino también acerca de otros menores (¿qué vestir?). Ni siquiera se libran los idiomas, que debían unirnos (son, al fin y al cabo, instrumentos de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21951/el-reino-de-einstein-y-la-patria-de-venter/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Sánchez Ron</strong>, miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid (EL PAÍS, 30/08/08):</p>
<p>Vivimos rodeados de problemas, de tensiones que endurecen nuestros días. Constantemente nos llegan noticias que muestran la dureza de la vida: injusticias, tragedias, crisis económicas, amenazas planetarias. Nos enfrentamos los unos a los otros, individual o colectivamente, no sólo sobre los grandes temas de siempre -política, religión-, sino también acerca de otros menores (¿qué vestir?). Ni siquiera se libran los idiomas, que debían unirnos (son, al fin y al cabo, instrumentos de comunicación), pero que nos dividen. Enfrentados a todo esto, ¿hacia dónde podemos dirigir nuestros pensamientos, buscando el refugio que da la certidumbre que se impone juicios y pasiones personales?</p>
<p>Planteado en estos términos, no existe mejor reino que el de la ciencia, la patria de la racionalidad en la que el juez último es la comparación con lo que sucede realmente en la naturaleza. Si nos tienta la idea de alejarnos de un mundo que nos alarma y confunde, imponiéndonos además la penosa obligación de elecciones morales y de asunción de responsabilidades, si queremos buscar, para refugiarnos en él, un lugar donde reine lo objetivo, la ciencia es uno de los mejores lugares al que mirar. Lo expresó bien Albert Einstein en 1918: &#8220;En principio, creo, junto con Schopenhauer, que una de las más fuertes motivaciones de los hombres para entregarse al arte y a la ciencia es el ansia de huir de la vida diaria, con su dolorosa crudeza y su horrible monotonía; el deseo de escapar de las cadenas con que nos atan nuestros, siempre cambiantes, deseos. Una naturaleza de temple fino anhela huir de la vida personal para refugiarse en el mundo de la percepción objetiva y el pensamiento&#8221;.</p>
<p>Desgraciadamente, el reino del que hablaba Einstein existía sobre todo en su imaginación y deseos. Ha existido y puede existir, es cierto, pero únicamente en fortalezas bien pertrechadas para resistir las invasiones que tienen que ver con las pasiones e intereses humanos. Un ejemplo magnífico de lo raro que es hoy el reino einsteiniano es la autobiografía que el biólogo molecular estadounidense Craig Venter (1946) ha publicado hace unos pocos meses: <em>A Life Decoded. My Genome: My Life (Una vida descodificada. Mi genoma: mi vida). </em>Para aquellos que no forman parte de la comunidad biomédica, Venter comenzó a ser conocido debido a su papel en el desarrollo del Proyecto Genoma Humano (PGH), la gran empresa científica destinada a producir un <em>mapa</em> del conjunto de los genes (genoma) que forman nuestra especie. Establecido en 1988, este proyecto fue liderado por Estados Unidos, con James Watson, codescubridor con Francis Crick de la estructura del ADN, como director, aunque dimitió dos años después.</p>
<p>Veterano de la guerra de Vietnam, donde sirvió en el cuerpo médico, Venter trabajó en los Institutos Nacionales de Salud estadounidense, que controlaban una parte muy importante de las investigaciones del PGH, dirigido desde abril de 1993 por Francis Collins. Allí, Venter realizó alguna contribución importante, pero terminó encontrando demasiadas dificultades para su emprendedor carácter y lo abandonó, siendo a partir de entonces su hábitat el de las empresas privadas y las fundaciones que de una manera u otra surgen de ellas. Allí introdujo o desarrolló ideas y técnicas que aceleraron y abarataron considerablemente el avance de la secuenciación del genoma humano, despojando de esta manera al proyecto público de una parte importante de su protagonismo. Muestra de ello es que fueron Venter, en nombre de la compañía Celera Genomics que presidía, y Collins quienes anunciaron en febrero de 2001 que el mapa del genoma humano había sido completado.</p>
<p>Los trabajos que Venter y su equipo realizaron para disponer antes de lo previsto de un mapa del genoma humano, incluyendo otros relacionados y de gran importancia para el establecimiento de la genómica comparativa, y la competición generada con el proyecto público, ocupan una parte importante de <em>Una vida descodificada</em>. Su lectura es esclarecedora -y también un tanto estremecedora- porque, al menos en los campos de mayor relevancia socioeconómica, la investigación científica va acompañada de todo aquello que es más fiera y tristemente humano: ambición, lucha por el poder y el dinero, envidia, tácticas ventajistas, mentira. &#8220;Si los científicos tienden a la acritud y al resentimiento cuando uno de sus colegas atrae de manera significativa la atención de la prensa&#8221;, leemos en el libro de Venter, &#8220;el pecado que no perdonan es cuando un rival también hace dinero. Como la mayoría de los asuntos humanos, la ciencia se rige en no pequeña parte por la envidia&#8221;. No hay duda que la historia que Venter, un hombre tan ambicioso como emprendedor e imaginativo, además de amante de los riesgos, narra en su autobiografía es parcial y complaciente para sí mismo, pero es difícil pensar que no contiene muchos elementos de verdad. Las páginas que dedica a las artimañas que Collins o Watson emplearon para obstaculizar sus trabajos, favoreciéndose de sus posiciones en las instituciones públicas, no deberían ser olvidadas ni por quienes desde los gobiernos financian y controlan los grandes programas de investigación, ni por todos aquellos que depositan en las ciencias biomédicas esperanzas para un futuro mejor.</p>
<p>Fue precisamente Watson quien mostró al gran público la no tan pura y trascendente trastienda que puede rodear a la ciencia. Lo hizo en un libro que publicó en 1968, <em>The Double Helix (La doble hélice),</em> en el que narraba algunos de los procesos subterráneos que permitieron a él y a Crick explicar la estructura del ADN. Pocos que hayan leído esa obra olvidarán los deleznables comentarios que dedicó a Rosalind Franklin, de la que tomaron, sin que ella lo supiera, unas fotografías clave. Aunque el paso del tiempo, ayudado por su extraordinaria capacidad como científico, ha ayudado a la actual imagen de respetabilidad de Watson, un personaje central en la biología del último medio siglo, los testimonios de Venter nos recuerdan otros aspectos de su personalidad. De todas maneras, cuando se compara <em>La doble hélice</em> con <em>Una vida descodificada,</em> hay que concluir que los 40 años que han transcurrido entre la publicación de ambos han traído consigo un dramático aumento en el abandono de todo aquello que configuraba la imagen tradicional de la ciencia en la que creía Einstein.</p>
<p>Precisamente por cómo pone en evidencia este nuevo espíritu del tiempo, <em>Una vida descodificada</em> deberá ocupar el lugar de <em>La doble hélice</em> como texto que nos enseña cómo es realmente la ciencia, al menos la ciencia a la que se asocia la generación rápida de riqueza. Y también porque nos muestra un tipo de científico menos conocido, que sabe moverse en el complicado mundo de las empresas a las que <em>vender futuro</em> gracias a prometedores proyectos les resulta rentable. Científicos capaces de liderar grandes grupos de investigación.</p>
<p>Una medida del éxito profesional en este tipo de científico y de ciencia es el dinero que se gana. También aquí, Venter es un buen ejemplo. Y, aunque a muchos no nos haga felices la idea, hay que reconocer que si verdaderamente se ama averiguar cómo es la naturaleza y lo que la ciencia permite hacer, esto no es malo. Tras abandonar Celera, Venter dispuso de suficiente dinero (más de 150 millones de dólares) para &#8220;hacer la ciencia que quisiese&#8230; Podía hacer que el conocimiento del genoma humano fuese más directamente relevante para los pacientes; investigar en lo que la genómica sería capaz de hacer por el medio ambiente; utilizar la secuenciación para explorar la increíble diversidad del mar y del aire de las ciudades. (&#8230;) Y podría perseguir el último reto: sintetizar la propia vida&#8221;. En enero de 2008 supimos que ya ha dado un paso importante en esta dirección: crear vida artificial, produciendo a partir de elementos químicos el mayor genoma artificial de un ser vivo, el de una bacteria.</p>
<p>¿Conseguirá alguna vez un científico como Venter el premio Nobel de Medicina? Al margen de su dimensión más social, la pregunta tiene algún interés. Se le ha criticado como poco escrupuloso, más gestor de científicos y métodos que investigador original que crea ideas nuevas. No está claro que tales juicios sean completamente justos, pero lo que es indudable es que, con sus iniciativas y métodos, ha contribuido al progreso de la ciencia, sea cual sea la idea que tengamos de lo que es o debe ser la investigación científica.</p>
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		<title>¿Cambio de nombre o de estrategia?</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Jun 2008 20:36:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Aurelia Modrego Rico</strong>, Laboratorio de Análisis y Evaluación del Cambio Técnico. Universidad Carlos III de Madrid (LA VANGUARDIA, 15/06/08):</p>
<p>La creación del nuevo Ministerio de Ciencia e Innovación ha generado un sentimiento casi generalizado de &#8220;ahora es la oportunidad para demostrar que la apuesta por la ciencia y la innovación, y la coordinación de intereses y esfuerzos públicos y privados, contribuyen a propiciar el crecimiento y el bienestar social del país&#8221;.</p>
<p>La generación de expectativas es el primer paso para facilitar la consecución de objetivos. Es por ello por lo que las primeras actuaciones del ministerio deberían tener &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/20279/%c2%bfcambio-de-nombre-o-de-estrategia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Aurelia Modrego Rico</strong>, Laboratorio de Análisis y Evaluación del Cambio Técnico. Universidad Carlos III de Madrid (LA VANGUARDIA, 15/06/08):</p>
<p>La creación del nuevo Ministerio de Ciencia e Innovación ha generado un sentimiento casi generalizado de &#8220;ahora es la oportunidad para demostrar que la apuesta por la ciencia y la innovación, y la coordinación de intereses y esfuerzos públicos y privados, contribuyen a propiciar el crecimiento y el bienestar social del país&#8221;.</p>
<p>La generación de expectativas es el primer paso para facilitar la consecución de objetivos. Es por ello por lo que las primeras actuaciones del ministerio deberían tener un estilo marcadamente innovador, con estrategias claras, no exentas del riesgo que comporta toda novedad asociada a objetivos ambiciosos, y para el que necesariamente hay que tener previsto un plan de contingencias. Todo ello ha de constituir la nueva marca del ministerio. Hay que pensar en grande, actuar en grande y gestionar en grande. Si no es así, las primeras dificultades que sin duda se van a presentar, lejos de unir fuerzas, van a contribuir a engordar el grupo de los escépticos, del &#8220;ya decíamos nosotros…&#8221;.</p>
<p>Yendo a lo concreto, el esfuerzo en dotar de mayores recursos a las actividades de investigación, desarrollo tecnológico e innovación (I+ D+ i) es una señal positiva de la importancia que se da al sistema de generación y explotación del conocimiento como factor de desarrollo del país. Ahora bien, este esfuerzo no puede hacer olvidar que las señales de agotamiento que presenta el sistema son incompatibles con un uso eficiente de los recursos. Contar con recursos es una condición necesaria, pero no es suficiente. En este momento es preciso dar prioridad a la introducción de innovaciones en las formas organizativas y en la cultura de las administraciones públicas en general y, en particular, en la del propio ministerio, para garantizar mayores niveles de eficacia y eficiencia.</p>
<p>La introducción de este tipo de innovaciones organizativas no puede convertirse en el objetivo.Son un instrumento para conseguir un sistema dinámico, flexible y con capacidad de dar respuesta a las nuevas situaciones que se presentan permanentemente. Cambiar la cultura del tratamiento equívocamente igualitario y homogeneizador y de control en términos económicos y administrativos a otra, basada en la diversidad y en el dinamismo, en la confianza, en la asunción de responsabilidades, en la valorización (económica y social) de los resultados obtenidos, es una tarea urgente que requiere planteamientos claros y rigurosos y un sistema de gestión de gran complejidad. La creación de la Agencia Nacional de Evaluación, Financiación y Prospectiva de la Investigación Científica, que despertó grandes expectativas y fue apoyada por la Confederación de Sociedades Científicas Españolas, quedó en un intento baldío.</p>
<p>La transformación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en agencia puede ser un banco de pruebas para valorar las ventajas que la ley de Agencias puede aportar al funcionamiento de la actividad investigadora y de innovación.</p>
<p>Sin embargo, la potenciación de la evaluación a todos los niveles, como instrumento de retroalimentación del sistema, más allá del control ex ante y del superado sistema de sexenios &#8211; ejemplo de que los mecanismos útiles en su momento pueden generar efectos no deseados veinte años después-, no admite más demoras y reclama una apremiante actuación del nuevo ministerio.</p>
<p>Dos cuestiones más: la formación y el papel de la universidad. La formación a todos los niveles, y en todas disciplinas, tiene que estar orientada a que los niños y los jóvenes aprendan a pensar y a aprender y lo incorporen como un proceso permanente en sus vidas. Este planteamiento en el sistema educativo es crucial para formar y atraer a buenos investigadores, profesionales, empresarios y ciudadanos que conformen una sociedad más justa e innovadora. Conseguir un país atractivo para que las personas de dentro y fuera desarrollen sus capacidades está ligado a salarios competitivos y a un entorno estimulante. Hay que desterrar el mileurismo entre los jóvenes profesionales, pero también entre profesionales y jubilados, algunos de los cuales han hecho grandes contribuciones al desarrollo científico y tecnológico español.</p>
<p>Por lo que respecta a la universidad, es preciso que asuma el compromiso de ser la institución que lidere el cambio de cultura en el ámbito de la formación, de la investigación y de la innovación. La transformación de las universidades en organizaciones inteligentes que generen conocimiento, lo transmitan y lo rentabilicen en beneficio de la sociedad es una tarea pendiente que hay que acometer con decisión, haciendo realidad la cultura de asunción de responsabilidades y de rendición de cuentas de los resultados obtenidos. Porque la cuestión de fondo es conseguir que todos los ciudadanos e instituciones, y especialmente la universidad, se involucren en lograr un país con mayores niveles de progreso económico y social.  </p>
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		<title>Arthur C. Clarke&#8217;s gift to science</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Mar 2008 14:18:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Ben Macintyre</strong> (THE TIMES, 21/03/08):</p>
<p>Doodling on his notepad in 1981, the science fiction writer William Gibson was trying to think of a name for an invisible electronic communications network he had dreamt up for a new short story, Burning Chrome. “Dataspace”? No, he crossed that out. “Infospace”? No, too nerdy. Then he hit on the perfect word, scientific- sounding but also alliterative and oddly poetic: cyberspace. Later, he reflected: “It seemed like an effective buzzword. It seemed evocative and essentially meaningless.”</p>
<p>It would be another decade before the internet would transform the world, but a novelist&#8217;s imagination had &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/19209/arthur-c-clarkes-gift-to-science/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Ben Macintyre</strong> (THE TIMES, 21/03/08):</p>
<p>Doodling on his notepad in 1981, the science fiction writer William Gibson was trying to think of a name for an invisible electronic communications network he had dreamt up for a new short story, Burning Chrome. “Dataspace”? No, he crossed that out. “Infospace”? No, too nerdy. Then he hit on the perfect word, scientific- sounding but also alliterative and oddly poetic: cyberspace. Later, he reflected: “It seemed like an effective buzzword. It seemed evocative and essentially meaningless.”</p>
<p>It would be another decade before the internet would transform the world, but a novelist&#8217;s imagination had already given shape and meaning to something that science had yet to invent. The naming of cyberspace is just one example of the way fiction has informed scientific fact, which in turn enriches the fiction of science in a strange, endlessly self-replicating process that is unique to the genre. Science fiction writing is too often dismissed as childish, badly written and unrealistic (it is often all three); science writing tends to be drab and dry. But science fiction, at its best, is proof of the art and poetry that lie at the heart of great science, and the way science can underpin the finest literature.</p>
<p>The late Arthur C. Clarke embodied the symbiosis between scientific expertise and the novelist&#8217;s imagination. Like all great science fiction writers, he wrote of futures and technologies on the outer edge of possibility that almost magically lured the truth towards them.</p>
<p>His science was scrupulous and rigorous. His was not science fantasy, nor the creation of invented worlds to cast a light on this one. He imagined humans in a not-so-distant future in which science &#8211; genuine science &#8211; has changed the world. His imagineering was usually optimistic, and astonishingly accurate.</p>
<p>Clarke&#8217;s capacity for prophecy was extraordinary precisely because his imagination was so wide, and his scientific expertise so deep. In 1945, more than a decade before the first orbital rocket flight, he predicted communications satellites in fixed orbits high above the Earth. (He was dissuaded from patenting this idea by a lawyer, who insisted it was too outlandish to be taken seriously: Clarke later wrote a book on the subject, with the subtitle: How I Lost a Billion Dollars in My Spare Time.) He explained how man would land on the Moon, and when. 2001: A Space Odyssey imagined a Moon base. Nasa now envisages a permanent Moon colony as a staging post on the journey to Mars.</p>
<p>Clarke knew that the greatest technological achievements lay not simply in the appliance of the laws of physics, but in the more subtle and unpredictable ways of the imagination. The dream precedes the reality: “I&#8217;m sure we would not have had men on the Moon if it had not been for H.G. Wells and Jules Verne,” he once said.</p>
<p>The greatest science fiction writers sometimes got it spectacularly wrong (one that sticks in the mind is the inspired though sadly never-attempted idea of keeping hundreds of cats in an insulator with a device for stroking them to create static electricity). Or very nearly right but not quite. H.G. Wells correctly predicted, as early as 1907, that there would be a fierce aerial conflict with Germany (The War in the Air), but he got the technology wrong: the fighting flying machines in his novel flap their wings.</p>
<p>Fiction writers have also imagined and inspired future reality, often unintentionally. Douglas Adams thought up an electronic, handheld book with all of galactic knowledge on it. He named this impossible invention the Hitchhikers Guide to the Galaxy; we call it a BlackBerry.</p>
<p>Orwell&#8217;s “versificator” in 1984, which generates pap music to keep the proletariat docile, prefigured the computer software used to churn out pop music today. Verne predicted the submarine and the rocket ship, deploying the most reliable science he could muster. Igor Sikorsky was inspired to build the first helicopter in 1939 by Verne&#8217;s Robur the Conqueror (1886), which features a device with propellers that has “made conquest of the air”. The pioneer of parallel supercomputing, Daniel Hills, decided to study artificial intelligence after reading the works of Isaac Asimov and Robert Heinlein.</p>
<p>Sci-fi has crept, almost unnoticed and usually unacknowledged, from popular culture into popular technology. Your mobile telephone with the flip-down mouthpiece owes a debt to Star Trek, as do automatic sliding doors in supermarkets.</p>
<p>But perhaps the most important legacy of Verne, Clarke and other science fiction pioneers is the simple idea that fiction can inspire fact; that making up vivid stories from science inspires more and better science. Many scientists openly acknowledge the inspiration of fiction. Astronauts read space novels to expand their own dreams, to influence and inspire real life, as all great literature must.</p>
<p>Science fiction is important less for its prophetic ability to offer blueprints for machines as yet unmade than for its capacity to instil wonder and adventure in the pursuit of earthly science. “Anything a man can imagine, another man can create,” wrote Verne.</p>
<p>Science and literature are too often seen as polar opposites. Good science fiction represents an extraordinary fusion of the two into a single narrative, a way of imagining the impossible based on the scientifically plausible. Technology is the point where human imagination and science intersect: this was the mysterious world explored by Clarke, and his most enduring invention.</p>
<p>A quarter of a century ago William Gibson conjured up a word that was, by his own account, meaningless, a portentous-sounding term for something that did not yet exist. That might stand as the best definition of great science fiction: the art of inventing words for science to aspire to.</p>
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		<title>La I+D no es patrimonio de la izquierda</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Mar 2008 14:38:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Medicina]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>César Nombela</strong>, Catedrático de la Universidad Complutense (ABC, 07/03/08):</p>
<p>Como es obvio tampoco es patrimonio de la derecha. Pero, importa puntualizar ciertas cuestiones, porque nada hay tan inherente al oficio de académico y científico como la libertad de pensamiento, así como una actitud crítica, exigente, con la calidad de la gestión pública. La ideología de cada científico es naturalmente de su incumbencia, pero, como integrante de ese gremio, estoy convencido de que nuestra capacidad de valorar las políticas no debe verse oscurecida por la preferencia ideológica que se profese. Durante las dos legislaturas anteriores, surgieron manifiestos e iniciativas &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/19101/la-id-no-es-patrimonio-de-la-izquierda/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>César Nombela</strong>, Catedrático de la Universidad Complutense (ABC, 07/03/08):</p>
<p>Como es obvio tampoco es patrimonio de la derecha. Pero, importa puntualizar ciertas cuestiones, porque nada hay tan inherente al oficio de académico y científico como la libertad de pensamiento, así como una actitud crítica, exigente, con la calidad de la gestión pública. La ideología de cada científico es naturalmente de su incumbencia, pero, como integrante de ese gremio, estoy convencido de que nuestra capacidad de valorar las políticas no debe verse oscurecida por la preferencia ideológica que se profese. Durante las dos legislaturas anteriores, surgieron manifiestos e iniciativas para exigir un esfuerzo mucho mayor en I+D, reclamando medidas para corregir el desfase secular de España en la creación de Ciencia y Tecnología. Con frecuencia han estado encabezadas por algunos científicos destacados, que recibían un gran apoyo de los gobernantes del momento. La exigencia que planteaban, en uso de su libertad, fue respetada y tenida en cuenta.</p>
<p>En estos cuatro años, esos planteamientos reivindicativos parecen haber desaparecido, incluso algunos de los que entonces reivindicaron se suman con entusiasmo -y es su derecho- a plataformas de apoyo a los gobernantes actuales, con manifiestos que rayan en el culto a la personalidad. Pero la pregunta, entonces, es si se han resuelto las carencias y limitaciones que denunciaron, y si se puede proclamar que con los actuales gobernantes está definitivamente encarrilada la incorporación de España a la creación de conocimiento, junto con los países más avanzados. Pues bien, en mi opinión los datos avalan que, como país, seguimos necesitados de un gran esfuerzo que a todos compete, porque permanecemos estancados en niveles de crecimiento insuficiente, el diferencial de esfuerzo con los países con los que hemos de converger, no sólo no disminuye, sino que se agranda. Además, el galopante crecimiento del déficit exterior se ha acrecentado, llevándonos a las nada honrosas primeras posiciones del mundo, lo que demuestra que no mejoramos en competitividad.</p>
<p>La cuantía de los presupuestos públicos para investigación viene incrementándose, de forma significativa, desde hace más de diez años, pero su impacto en los resultados globales de la inversión española en I+D, pública más privada (la de empresas e instituciones sin ánimo de lucro), se mantiene en niveles que reflejan la insuficiencia a la que aludo. Es lógico reclamar que las políticas públicas aporten recursos, así como una gestión que también movilice el esfuerzo privado; en los países con los que hemos de converger este último supone dos tercios del total, mientras que en España no pasa de la mitad. La realidad de las cifras no invita al optimismo. Por ejemplo, el Instituto Nacional de Estadística da cuenta de que en 2003 la inversión española alcanzó el 1,1 por ciento del PIB, pero a finales de 2006, la última cifra estadísticamente consolidada, estamos en el 1,2 por ciento.</p>
<p>A falta de un ejercicio se puede decir que el crecimiento de nuestra I+D en esta legislatura ha sido, por tanto, similar al de las dos anteriores, dicho sea para reconocer los aciertos que todo ello conlleva, así como para constatar las notables carencias que todavía nos aquejan. Pero, cabe significar que el 25 por ciento de incremento en la aportación pública, que el Gobierno proclama como un avance único, no va camino de asegurar que en 2010 estemos en el 2 por ciento, como se prometió en la anterior campaña electoral. Buscando explicaciones nos podemos encontrar, por ejemplo, la enorme proporción que en los presupuestos del Estado para I+D suponen los préstamos reembolsables, que no computan como déficit, y cuya ejecución depende de que sean demandados y concedidos con garantías. En 2008, la partida de préstamos alcanza más del 55 por ciento, lo que hace dudar de que el presupuesto público crezca realmente de la forma en que se dice.</p>
<p>La investigación biomédica es un capítulo fundamental, con gran impacto en la opinión pública. Los ciudadanos entienden que la mejora de su calidad de vida depende de los avances científicos que mejoren la Medicina. Cuando la Biología Humana progresa de forma espectacular, existe el riesgo también de que se despierten falsas expectativas, que puedan incluso transformarse en promesas demagógicas. Las dos legislaturas anteriores, de gobierno del centro-derecha, supusieron la creación de centros punteros para la investigación biomédica en temas relevantes (cáncer, enfermedad cardiovascular), así como la promoción de redes de investigación capaces de aglutinar y coordinar los esfuerzos de muchos investigadores en Medicina de todo el país. Es una política que ha tenido una continuidad con el ejecutivo socialista que ahora gobierna, con criterios de gestión -a mi juicio- en algunos casos discutibles.</p>
<p>La Medicina Regenerativa y la investigación con células madre suscitan las mayores polémicas, así como frecuentes distorsiones de la realidad. Es falso afirmar que el Gobierno anterior impidió la investigación con células madre; desde la legislatura pasada es posible investigar con células madre, embrionarias y adultas, en un marco de exigencias éticas similar al de los países serios. Se estableció el camino para el avance biomédico, pero, la evolución científica y su proyección médica, no dan la razón a quienes se empeñaron en que en la utilización de células embrionarias humanas estaba la clave fundamental para el avance. Progresa la investigación, y las terapias con células madre adultas, mientras que surgen todo tipo de limitaciones para las embrionarias. Incluso, la hipotética clonación humana, para derivar células madre de embriones clónicos, pierde el interés, a la vista de los nuevos avances, según afirman importantes líderes científicos mundiales, que postulaban esa clonación hasta hace poco.</p>
<p>De nada sirve el que en esta legislatura se hayan aprobado leyes que fomentan la creación de embriones in vitro, tanto gaméticos como clónicos, para facilitar la producción de células madre embrionarias, cuya disponibilidad y uso ya era posible anteriormente en España. La valoración ética del embrión humano en sus primeras etapas es, y seguirá siendo, objeto de controversia. Quienes reclamamos una consideración exigente de la vida humana, en todas sus etapas, postulamos algo que resulta fundamental para la especie humana y todos los individuos que de ella formamos parte. Se puede sustentar un punto de vista distinto, pero, no es ético confundir a la opinión pública con afirmaciones que no se ajustan a la realidad, ni tienen fundamento en la Ciencia.</p>
<p>En conclusión, sigue siendo necesario un gran esfuerzo por crear un sistema potente de Ciencia y Tecnología en España, la cuestión permanece como un objetivo del Estado. Hacen falta medidas inteligentes y decisiones sobre asignación de recursos que prioricen esta tarea. A mi juicio, la recién aprobada reforma de la Universidad no supone ningún avance, sino un retroceso, por ejemplo, en la selección y movilidad del profesorado. Tenemos que mejorar nuestros organismos de investigación y facilitar la transferencia del conocimiento al sistema productivo, nuestra mayor debilidad. Seguiremos debatiendo sobre la mejor forma de hacerlo. Pero, la realidad desmiente el que el mérito en este terreno esté en la izquierda, sea ideológica o partidista. Al igual que ocurre con la cultura, desde el ámbito liberal-conservador es preciso poner de manifiesto lo que su gestión de centro reformista y sus criterios representan para el avance de la I+D.</p>
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		<title>Ya no sólo inventan ellos</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Mar 2008 21:06:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Martínez Alonso</strong>, presidente del CSIC (EL PAÍS, 01/03/08):</p>
<p>En el relato bíblico del comienzo del <em>Génesis,</em> la serpiente le dice a la mujer que no debe tener miedo a comer la fruta del árbol prohibido porque, si lo hace, &#8220;seréis como Dios, ya que conoceréis el bien y el mal&#8221;. En uno de los mitos fundacionales de nuestra cultura se nos dice, pues, que el conocimiento es una característica divina y que su posesión nos convierte en algo así como dioses, por lo que, quizá, todas las religiones en general, y muy particularmente la cristiana en su &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/19030/ya-no-solo-inventan-ellos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Martínez Alonso</strong>, presidente del CSIC (EL PAÍS, 01/03/08):</p>
<p>En el relato bíblico del comienzo del <em>Génesis,</em> la serpiente le dice a la mujer que no debe tener miedo a comer la fruta del árbol prohibido porque, si lo hace, &#8220;seréis como Dios, ya que conoceréis el bien y el mal&#8221;. En uno de los mitos fundacionales de nuestra cultura se nos dice, pues, que el conocimiento es una característica divina y que su posesión nos convierte en algo así como dioses, por lo que, quizá, todas las religiones en general, y muy particularmente la cristiana en su versión católica, se han cuidado mucho a lo largo de la historia de poner todo tipo de trabas a la exploración de lo desconocido y a la reducción del mito en favor del <em>logos,</em> es decir, a la actividad científica. El orden establecido también ha visto con preocupación el peligro que pueden llegar a tener las teorías, la solidez epistemológica de las hipótesis o los hallazgos de la ciencia, sobre todo para el mantenimiento de un determinado <em>statu quo</em>.</p>
<p>Han tenido que pasar, en efecto, muchos siglos, para que la humanidad haya comprendido, por fin, la importancia que tiene para su bienestar presente y su supervivencia futura, el cultivo sistemático y masivo de la generación de conocimiento, es decir, de la ciencia. Así, mientras que no se puede afirmar sin ruborizarse que la cantidad y el nivel de las producciones literarias o artísticas de nuestro tiempo son las mayores de la historia, porque ahí están Cervantes, Rembrandt o Mozart para cuestionarlo, sí se puede decir, en cambio, que la producción científica de hoy es la más abundante, más completa y más rigurosa que haya existido nunca, con o sin permiso de Newton o de Darwin.</p>
<p>Ello es así porque, desde hace un siglo, la producción de conocimientos científicos, ha dejado de ser una ocupación ocasional de caballeros europeos ilustrados, para convertirse en una estrategia de empresa o en una política pública, en la mayoría de los países industrializados y, por lo tanto, los que nos dedicamos a este oficio de generar conocimiento, somos hoy millones de personas trabajando a tiempo completo en todo el mundo.</p>
<p>En realidad, no se sabe con precisión cuántos somos, pero sí se tienen datos del número de licenciados en carreras universitarias y en ingenierías que existen en el mundo, y así sabemos que los 73 millones de personas con estudios superiores que había en 1980, habían ascendido a 194 millones en el año 2000, y que en este mismo periodo, China y la India habían multiplicado por dos sus titulados superiores (<em>Science &amp; Engineering Indicators 2006</em>. National Science Foundation).</p>
<p>Desde que la dedicación a la ciencia dejó de ser una ocupación vocacional de gentileshombres y se convirtió en I+D, es decir, en una actividad profesional asalariada, se han incrementado exponencialmente los recursos financieros y humanos dedicados a la generación de conocimientos y, por lo tanto, éstos han fluido en un caudal incomparablemente mayor que en épocas pasadas.</p>
<p>Europa había sido, hasta el siglo XX, el origen de la casi totalidad de los conocimientos científicos, en física, matemáticas, química, biología, filosofía o economía, pero, como mínimo, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, si no antes, nos ha adelantado Estados Unidos en producción de conocimientos y, al ritmo actual, los grandes países asiáticos no tardarán en hacerlo también. Europa se ha convertido así, en cuestión de producción de ciencia, en una especie de <em>Victoria de Samotracia,</em> un cuerpo todavía hermoso y aún robusto, pero ya sin cabeza y, en estas condiciones, es muy improbable que pueda utilizar sus alas para volar.</p>
<p>Hace ya más de 15 años, los presidentes de las 25 mayores empresas de los Estados Unidos de América enviaron una carta abierta al Congreso que, entre otras cosas, decía: &#8220;Nuestro mensaje es simple. Nuestro sistema educativo y sus programas de investigación desempeñan un papel crítico y central en el avance de nuestro conocimiento&#8230; Sin el apoyo federal, la industria americana dejará de tener acceso a tecnologías básicas&#8230; Por lo tanto, respetuosamente, solicitamos que se mantenga el apoyo a un vibrante programa de investigación&#8230;&#8221;.</p>
<p>Esta carta recoge tres ideas que me gustaría resaltar: <em>a)</em> la necesidad de generar conocimiento; <em>b)</em> la responsabilidad y obligación de los poderes públicos en financiar la creación del conocimiento, y <em>c)</em> la relación entre la creación de riqueza, por parte del sector privado y el apoyo gubernamental a la ciencia.</p>
<p>En Europa, quizá con la excepción de los países escandinavos y de Irlanda, ningún grupo de empresas líderes en sus respectivos países se ha dirigido a sus parlamentos o a sus gobiernos con una solicitud parecida a la de sus colegas norteamericanos. Únase a ello, que la toma de decisiones en esta parte del mundo, suele responder literalmente al título de un conocido libro de Claude Allègre, <em>Cuando se sabe todo no se prevé nada y cuando no se sabe nada, se prevé todo</em> (traducido al español como <em>La sociedad vulnerable),</em> y se tendrán las claves para entender por qué aquellos solemnes compromisos adoptados en la Agenda de Lisboa del año 2000, que pretendían situarnos a la vanguardia de la sociedad del conocimiento, a la altura del inminente año 2010, se han quedado en esa típica hojarasca retórica, a la que somos tan afectos los ciudadanos el Viejo Mundo.</p>
<p>Si dejamos aparte a los países escandinavos y a Irlanda, cuya población agregada, por lo demás, apenas alcanza la mitad de la nuestra, probablemente sea España el país europeo que mayores esfuerzos ha venido realizando últimamente, para alcanzar los compromisos de la Agenda de Lisboa 2000. Es conocido el hecho de que en esta legislatura que ahora termina, se ha duplicado el presupuesto en I+D, lo cual es una especie de hazaña insólita entre los países comunitarios. Se han incorporado, además, centenares de nuevos investigadores al sistema y se están acometiendo unas reformas administrativas, que pueden facilitar la gestión de los centros de investigación, atrapados muchas veces por normas y usos que recuerdan épocas pasadas y superadas social y económicamente.</p>
<p>Avanzamos, pues, en la buena dirección, pero nos encontramos todavía muy lejos del lugar adecuado, que es el que nos marcan los escandinavos, Estados Unidos, Japón y los países emergentes de Asia, porque España, hoy en día, ya no puede contentarse con aspirar a alcanzar los niveles de los llamados &#8220;países de nuestro entorno&#8221;, toda vez que el proceso de convergencia ha terminado y, además, con notable éxito. Ahora tenemos, nosotros también, que aspirar a tirar del carro europeo y para ello debemos redoblar el esfuerzo en aquellas políticas que más contribuyen al bienestar común y a la resolución de los graves problemas que ya nos acechan, como la mejora de la productividad, el reto de la nueva medicina, los asociados al cambio climático, o a la subsistencia de grandes bolsas de pobreza en el mundo.</p>
<p>Tenemos que hacerlo ya, sin esperar al largo plazo porque, como bien dejó dicho John Maynard Keynes, &#8220;a largo plazo, estamos todos muertos&#8221; y que conste que con ese &#8220;tenemos&#8221;, no nos estamos refiriendo sólo, ni preferentemente, a los científicos, sino al conjunto de los ciudadanos, porque la práctica de la ciencia, su financiación, la explotación de sus resultados, su divulgación o su institucionalización, son asuntos demasiado importantes como para abandonarlos, sin más, en manos de unos pocos expertos.</p>
<p>La responsabilidad sobre el futuro de nuestra sociedad, no puede delegarse, en efecto, en una comisión de sabios: la ética, la política y aun el sentido común, exigen, por el contrario, el compromiso de una mayoría significativa de ciudadanos.</p>
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		<title>It&#8217;s time to herald the Arabic science that prefigured Darwin and Newton</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jan 2008 21:19:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Jim Al-Khalili</strong>, a professor of physics at the University of Surrey (THE GUARDIAN, 30/01/08):</p>
<p>Watching the daily news stories of never-ending troubles, hardship, misery and violence across the Arab world and central Asia, it is not surprising that many in the west view the culture of these countries as backward, and their religion as at best conservative and often as violent and extremist.I am on a mission to dismiss a crude and inaccurate historical hegemony and present the positive face of Islam. It has never been more timely or more resonant to explore the extent to which western &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/18633/its-time-to-herald-the-arabic-science-that-prefigured-darwin-and-newton/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Jim Al-Khalili</strong>, a professor of physics at the University of Surrey (THE GUARDIAN, 30/01/08):</p>
<p>Watching the daily news stories of never-ending troubles, hardship, misery and violence across the Arab world and central Asia, it is not surprising that many in the west view the culture of these countries as backward, and their religion as at best conservative and often as violent and extremist.I am on a mission to dismiss a crude and inaccurate historical hegemony and present the positive face of Islam. It has never been more timely or more resonant to explore the extent to which western cultural and scientific thought is indebted to the work, a thousand years ago, of Arab and Muslim thinkers.</p>
<p>What is remarkable, for instance, is that for over 700 years the international language of science was Arabic (which is why I describe it as &#8220;Arabic science&#8221;). More surprising, maybe, is the fact that one of the most fertile periods of scholarship and scientific progress in history would not have taken place without the spread of Islam across the Middle East, Persia, north Africa and Spain. I have no religious or political axe to grind. As the son of a Protestant Christian mother and a Shia Muslim father, I have nevertheless ended up without a religious bone in my body. However, having spent a happy and comfortable childhood in Iraq in the 60s and 70s, I confess to strong nostalgic motives for my fascination in the history of Arabic science.</p>
<p>If there is anything I truly believe, it is that progress through reason and rationality is a good thing &#8211; knowledge and enlightenment are always better than ignorance. I proudly share my worldview with one of the greatest rulers the Islamic world has ever seen: the ninth-century Abbasid caliph of Baghdad, Abu Ja&#8217;far Abdullah al-Ma&#8217;mun. Many in the west will know something of Ma&#8217;mun&#8217;s more illustrious father, Harun al-Rashid, the caliph who is a central character in so many of the stories of the Arabian Nights. But it was Ma&#8217;mun, who came to power in AD813, who was to truly launch the golden age of Arabic science. His lifelong thirst for knowledge was such an obsession that he was to create in Baghdad the greatest centre of learning the world has ever seen, known throughout history simply as Bayt al-Hikma: the House of Wisdom.</p>
<p>We read in most accounts of the history of science that the contribution of the ancient Greeks would not be matched until the European Renaissance and the arrival of the likes of Copernicus and Galileo in the 16th century. The 1,000-year period sandwiched between the two is dismissed as the dark ages. But the scientists and philosophers whom Ma&#8217;mun brought together, and whom he entrusted with his dreams of scholarship and wisdom, sparked a period of scientific achievement that was just as important as the Greeks or Renaissance, and we cannot simply project the European dark ages on to the rest of the world.</p>
<p>Of course some Islamic scholars are well known in the west. The Persian philosopher Avicenna &#8211; born in AD980 &#8211; is famous as the greatest physician of the middle ages. His Canon of Medicine was to remain the standard medical text in the Islamic world and across Europe until the 17th century, a period of more than 600 years. But Avicenna was also undoubtedly the greatest philosopher of Islam and one of the most important of all time. Avicenna&#8217;s work stands as the pinnacle of medieval philosophy.</p>
<p>But Avicenna was not the greatest scientist in Islam. For he did not have the encyclopedic mind or make the breadth of impact across so many fields as a less famous Persian who seems to have lived in his shadow: Abu Rayhan al-Biruni. Not only did Biruni make significant breakthroughs as a brilliant philosopher, mathematician and astronomer, but he also left his mark as a theologian, encyclopedist, linguist, historian, geographer, pharmacist and physician. He is also considered to be the father of geology and anthropology. The only other figure in history whose legacy rivals the scope of his scholarship would be Leonardo da Vinci. And yet Biruni is hardly known in the western world.</p>
<p>Many of the achievements of Arabic science often come as a surprise. For instance, while no one can doubt the genius of Copernicus and his heliocentric model of the solar system in heralding the age of modern astronomy, it is not commonly known that he relied on work carried out by Arab astronomers many centuries earlier. Many of his diagrams and calculations were taken from manuscripts of the 14th-century Syrian astronomer Ibn al-Shatir. Why is he never mentioned in our textbooks? Likewise, we are taught that English physician William Harvey was the first to correctly describe blood circulation in 1616. He was not. The first to give the correct description was the 13th-century Andalucian physician Ibn al-Nafees.</p>
<p>And we are reliably informed at school that Newton is the undisputed father of modern optics. School science books abound with his famous experiments with lenses and prisms, his study of the nature of light and its reflection, and the refraction and decomposition of light into the colours of the rainbow. But Newton stood on the shoulders of a giant who lived 700 years earlier. For without doubt one of the greatest of the Abbasid scientists was the Iraqi Ibn al-Haytham (born in AD965), who is regarded as the world&#8217;s first physicist and as the father of the modern scientific method &#8211; long before Renaissance scholars such as Bacon and Descartes.</p>
<p>But what surprises many even more is that a ninth-century Iraqi zoologist by the name of al-Jahith developed a rudimentary theory of natural selection a thousand years before Darwin. In his Book of Animals, Jahith speculates on how environmental factors can affect the characteristics of species, forcing them to adapt and then pass on those new traits to future generations.</p>
<p>Clearly, the scientific revolution of the Abbasids would not have taken place if not for Islam &#8211; in contrast to the spread of Christianity over the preceding centuries, which had nothing like the same effect in stimulating and encouraging original scientific thinking. The brand of Islam between the beginning of the ninth and the end of the 11th century was one that promoted a spirit of free thinking, tolerance and rationalism. The comfortable compatibility between science and religion in medieval Baghdad contrasts starkly with the contradictions and conflict between rational science and many religious faiths in the world today.</p>
<p>The golden age of Arabic science slowed down after the 11th century. Many have speculated on the reason for this. Some blame the Mongols&#8217; destruction of Baghdad in 1258, others the change in attitude in Islamic theology towards science, and the lasting damage inflicted by religious conservatism upon the spirit of intellectual inquiry. But the real reason was simply the gradual fragmentation of the Abbasid empire and the indifference shown by weaker rulers towards science.</p>
<p>Why should this matter today? I would argue that, at a time of increased cultural and religious tensions , misunderstandings and intolerance, the west needs to see the Islamic world through new eyes. And, possibly more important, the Islamic world needs to see itself through new eyes and take pride in its rich and impressive heritage.</p>
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		<title>La ciencia de todos</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Nov 2007 12:54:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Daniel Innerarity</strong>, profesor titular de Filosofía en la Universidad de Zaragoza (EL PAÍS, 20/11/07):</p>
<p>Que estemos celebrando oficialmente el año de la ciencia o que el primo de Rajoy se haya puesto de moda son cosas que sólo pueden explicarse porque la ciencia se ha convertido en un asunto público, en una cuestión de ciudadanía. Desde hace algunos años han hecho aparición en el escenario público una serie de temas y problemas que eran insólitos en la agenda política: conservación de la naturaleza, seguridad de la alimentación, clima mundial, código genético, contaminación, enfermedades, salud en general. En la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/17683/la-ciencia-de-todos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Daniel Innerarity</strong>, profesor titular de Filosofía en la Universidad de Zaragoza (EL PAÍS, 20/11/07):</p>
<p>Que estemos celebrando oficialmente el año de la ciencia o que el primo de Rajoy se haya puesto de moda son cosas que sólo pueden explicarse porque la ciencia se ha convertido en un asunto público, en una cuestión de ciudadanía. Desde hace algunos años han hecho aparición en el escenario público una serie de temas y problemas que eran insólitos en la agenda política: conservación de la naturaleza, seguridad de la alimentación, clima mundial, código genético, contaminación, enfermedades, salud en general. En la política se tramitan asuntos que hasta ahora apenas eran objeto de atención o interesaban únicamente a unos técnicos especialistas.</p>
<p>En última instancia, este interés se debe a que estamos inmersos en unos experimentos colectivos que se escapan de los límites más o menos manejables de un laboratorio. Una de las peculiaridades de estos experimentos sociales consiste en que no se llevan a cabo en el interior de un laboratorio y que carecen de reglas establecidas. El científico tradicional trabajaba con modelos y simulaciones que podían ser repetidos, probados y asegurados. Era posible experimentar previamente con animales, materiales o <em>software.</em> El experimento clásico basaba su éxito en la posibilidad de reducir y simplificar la naturaleza en unas dimensiones que eran controlables en el laboratorio. Mientras que en el laboratorio se trabaja con un modelo más pequeño, nuestros experimentos colectivos se llevan a cabo en la magnitud original, sin que exista la posibilidad de repetir el experimento, reducirlo o acumular conocimientos acerca de las causas y consecuencias de nuestras acciones. No hay ninguna reducción posible del experimento colectivo, nada que lo sustituya, por lo que tiene que ser llevado a cabo sin la suficiente certeza. Esa extensión del laboratorio convierte a la sociedad en un ensayo general. De ahí que las cuestiones de la ciencia interesen ya a todos, generando preocupación y esperanza, o demandando participación.</p>
<p>Nuestra dificultad radica en la complicación que supone el hecho de que el laboratorio actual sea todo el planeta. Los experimentos se hacen a escala uno igual a uno, en tiempo real. El calentamiento de la tierra, la configuración global de la economía o la producción alimentaria son ejemplos elocuentes de este modo de experimentar. La especial inquietud o irritación que estos experimentos producen obedece a sus dimensiones incontrolables, a su carencia de regulación y a las dificultades de establecer algo parecido a una marcha atrás.</p>
<p>Paralelamente a todos estos procesos la ciencia ha perdido el monopolio del saber asegurado. La ciencia no puede sino decepcionar la expectativa de procurar un saber fiable, cierto y exento de riesgos. Los otros sistemas sociales vienen a compensar esta especie de inexactitud social. Los criterios para juzgar la calidad y la relevancia del saber ya no son definidos únicamente por los científicos. La producción del saber se convierte en algo reflexivo y con deudas sociales, que la sitúa frente a unas modificadas obligaciones de legitimación.</p>
<p>Nuestro gran problema consiste en cómo llevar a cabo la reintegración social de la ciencia cuando sabemos que están en juego asuntos demasiados importantes como para dejarlos únicamente en manos de los especialistas. En nuestros experimentos colectivos no funciona aquella división del trabajo en la que tenía sentido la figura del experto como mediador entre la producción del saber y la sociedad. Nadie es un mero aplicador de innovaciones que proceden de no se sabe dónde. No tiene nada de extraño que consumidores, ciudadanos, gobernantes aspiren a hacerse oír y participar en los experimentos colectivos. La política de la ciencia y de la naturaleza se ha constituido como un asunto central de la nueva ciudadanía. Ya no estamos en la época en la que los expertos hablaban acerca de datos incontrovertibles y gracias a su saber ponían punto final a toda discusión política. La democratización de la ciencia no significa abolir la diferencia entre el experto y el que no lo es, sino en politizar esa diferencia.</p>
<p>La democracia exige hoy una cierta recuperación de soberanía sobre las cosas y los procesos naturales bajo las condiciones de la actual complejidad. Se trataría de resistir al prejuicio de que no hay alternativa (o sea, política) porque el mundo es incontestable y está definido por unos privilegiados. Recientemente hablaba Hans Magnus Enzensberger de unos &#8220;golpistas en el laboratorio&#8221; que quieren poderes absolutos y no someter sus decisiones a procesos de deliberación pública. El ecologismo, los movimientos antiglobalización o las organizaciones de consumidores responden a esta exigencia de participación, con una lógica muy similar al combate que se libró, en otro tiempo, contra las monarquías absolutas para dejar de ser súbditos y pasar a codefinir el mundo común. Lo que menos ha cambiado es que se trata precisamente de la misma batalla por reducir las voces autoritarias a una conversación democrática.</p>
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		<title>Opinión y ciencia fricción</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Sep 2007 10:44:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Sueiro</strong>, investigador de comunicación biomédica de la Universidad de Navarra (EL PAÍS, 15/09/07):</p>
<p>El mundo de la ciencia no escapa a la triple posibilidad de mentiras, grandes mentiras y estadísticas. Manejar datos y cifras requiere un mínimo de pericia. La transparencia no está en los puros datos, sino en la información, su contexto y la adecuada interpretación. Un viejo chiste de la investigación biomédica cuenta los resultados del ensayo en ratones de un nuevo fármaco: el 33% se curó, el 33% murió y el tercer ratón se escapó. Ya se ve que el porcentaje no es una &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16846/opinion-y-ciencia-friccion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Sueiro</strong>, investigador de comunicación biomédica de la Universidad de Navarra (EL PAÍS, 15/09/07):</p>
<p>El mundo de la ciencia no escapa a la triple posibilidad de mentiras, grandes mentiras y estadísticas. Manejar datos y cifras requiere un mínimo de pericia. La transparencia no está en los puros datos, sino en la información, su contexto y la adecuada interpretación. Un viejo chiste de la investigación biomédica cuenta los resultados del ensayo en ratones de un nuevo fármaco: el 33% se curó, el 33% murió y el tercer ratón se escapó. Ya se ve que el porcentaje no es una referencia fiable si la muestra no es significativa.</p>
<p>El mal uso de datos en la opinión pública abunda y genera desinformación. El Año de la Ciencia invita al pensamiento sereno. Cuanta más controversia social suscita un asunto, mayor contexto requiere. El debate sobre células madre es paradigmático por muchas razones. Hace unos meses mantuve encuentros con varios científicos en Estados Unidos. Aunque coincidentes en lo sustancial, especialmente ilustrativa fue la conversación con un norteamericano que dirige un exitoso equipo internacional de investigación con células madre adultas (las del propio paciente). Le pregunté por qué no investigaba con embrionarias. Su respuesta fue nítida; y la posterior aclaración, <em>tumbativa.</em> En su opinión, el debate es absurdo desde el punto de vista científico porque los resultados obtenidos con células madre embrionarias son cero. Añadió que si se ofreciera a un experto poder tratar a su madre enferma con estas células obtenidas de embriones, respondería que no sin pestañear: por el riesgo de rechazo y, más grave, la constatación de que estas células -por su enorme capacidad de desarrollarse en diversos tejidos- pueden producir tumores.</p>
<p>Dicho esto, el investigador apostilló lo que, desde el punto de vista socioemocional, me parece más revelador: soy de izquierdas, voto al Partido Demócrata y me molesta profundamente que opine de estas cuestiones gente ajena al mundo científico.</p>
<p>Este caso muestra en qué medida la verdad científica no se corresponde con lo que llega a la opinión pública. Es más, trasciende con facilidad justamente lo contrario. Suelen alcanzar mayor eco las declaraciones de quienes -con meras promesas para los enfermos- consiguen financiación, que el testimonio de pacientes como Alfonso García, curados mediante el uso de sus células. A los 67 años, el interesado cuenta su experiencia, que leo en EL PAÍS: &#8220;Me extrajeron unas células de mi propia pierna, las pusieron a germinar y mes y medio después me dijeron que se habían reproducido muy bien y que me adelantaban la operación. Todo fue bien y ahora no me acuerdo para nada del corazón, aunque por desgracia tengo otros achaques de la edad&#8221;.</p>
<p>En los supuestos o reales avances científicos hay que fijarse tanto en la cifra como en la letra pequeña; y leer entre líneas, incluso sin ellas. Conviene no dejarse impresionar y conocer el pasado. La historia muestra realidades trágicas amparadas y promovidas mediante consensos de quienes en su momento gozaban de autoridad. El prestigio circunstancial de algunos científicos supuso un apoyo importante para justificar el racismo, cometer genocidios y otras aberraciones.</p>
<p><em>The Washington Post</em> informaba en 1915 de un plan de esterilizaciones masivas de personas defectuosas. La iniciativa recibió apoyo de profesores de Harvard, Yale o Princeton; financiación de filántropos de renombre; y el aval científico de la American Association for the Advancement of Science. Las consecuencias se agravaron especialmente en un país como la Alemania nazi. El régimen de Hitler se aprovechó de ese liderazgo estadounidense para sus planes de esterilización forzosa a cientos de miles de personas.</p>
<p>Durante treinta años del siglo XX se realizaron en Alabama (EE UU) investigaciones con 400 pacientes de sífilis de raza negra a quienes ni se informó ni administró antibióticos. También en los años 60 se conocieron algunas barbaridades cometidas en el marco de la investigación biomédica. Dos ejemplos de sendos hospitales de Nueva York: en uno se experimentó durante cinco años con más de 700 niños discapacitados a los que se llegó a infectar con hepatitis víricas y en otro inyectaron células tumorales vivas en ancianos para investigar el cáncer.</p>
<p>A veces los galardonados con premios excepcionales, como el Nobel, difundieron ideas que desmerecen de su categoría. Es conocida la declaración de aquel que aseguró que el coeficiente intelectual de las personas de raza negra era significativamente inferior al de las blancas y, por consiguiente, debían esterilizarse.</p>
<p>No todo lo que procede de Estados Unidos es necesariamente bueno&#8230; ni malo. Va un ejemplo digno de imitar: la científica Gretchen Meller organizó en Seattle sesiones para la gente de la calle con un razonamiento tan sencillo como democrático: &#8220;Si la población finalmente ha de votar sobre estos temas, esa gente debe tener la oportunidad de preguntar&#8221;. Algo así ha sucedido en Australia, donde una encuesta revela que, después de conocer que el uso de células madre embrionarias supone destruir los embriones, sólo el 14% de los australianos apoya esta vía.</p>
<p>El mundo científico es mucho más complejo de lo que apenas se puede esbozar en pocas líneas. Con frecuencia, la clave está en el matiz. En todo caso, sería deseable un doble consenso: buscar la verdad y, como consecuencia, estar abierto a cambiar de opinión. Este planteamiento de apertura al futuro combinado con las lecciones aprendidas del pasado supera las disyuntivas estériles entre progresista y conservador. Hoy podemos avanzar hacia algo más propio del siglo XXI y aspirar a ser <em>progresador.</em></p>
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		<title>Ciencia indigesta para los políticos</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/16457/ciencia-indigesta-para-los-politicos/</link>
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		<pubDate>Mon, 23 Jul 2007 17:51:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=16457</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Josep Català</strong> (EL CORREO DIGITAL, 23/07/07):</p>
<p>El 17 de junio de 1998, el entonces ministro de Industria del PP, Josep Piqué, acudía a declarar ante la correspondiente Comisión del Congreso de los Diputados, y demostraba qué es patinar de valiente. Habló del incidente registrado, el 25 de mayo anterior, en la planta que la empresa Acerinox tiene en Algeciras (Cádiz). El detector de salida de vehículos de la planta pitó al pasar un camión que transportaba chatarra transformada. Allí había radiactividad. No había pitado en su momento el del pórtico de entrada a la factoría, cuando llegó la chatarra, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16457/ciencia-indigesta-para-los-politicos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Josep Català</strong> (EL CORREO DIGITAL, 23/07/07):</p>
<p>El 17 de junio de 1998, el entonces ministro de Industria del PP, Josep Piqué, acudía a declarar ante la correspondiente Comisión del Congreso de los Diputados, y demostraba qué es patinar de valiente. Habló del incidente registrado, el 25 de mayo anterior, en la planta que la empresa Acerinox tiene en Algeciras (Cádiz). El detector de salida de vehículos de la planta pitó al pasar un camión que transportaba chatarra transformada. Allí había radiactividad. No había pitado en su momento el del pórtico de entrada a la factoría, cuando llegó la chatarra, sencillamente&#8230; porque no había detector. ¿Qué cosas! O sea: podía entrar mierda; pero debía salir sólo material sublime.</p>
<p>El caso es que el ministro Piqué explicó (es un decir) que lo sucedido era debido a que, para su procesamiento, Acerinox había recibido un aparato desvencijado de rayos X, y, claro, como que estos artilugios emiten radiaciones ionizantes, se había descubierto finalmente su presencia. Piqué se olvidó de una cosa, pero qué cosa: los aparatos de rayos X, como es de sobra sabido, no funcionan y no emiten nada de nada si no están conectados a la corriente eléctrica&#8230; Un detalle menor, obviamente. Lo más chusco del caso es que ninguno de los diputados presentes cayó en ello y, al menos en este sentido, dieron por buenas las explicaciones del titular de Industria. De industria, nada menos.</p>
<p>El ciudadano de a pie, a menos que quiera eruditizarse por correspondencia, no está en la obligación de saber qué son unos pocos becquerelios de un isótopo como el cesio-137, y de si éste insiste en emitir, sin intervención externa, partículas beta y radiaciones gamma. Pero todo un ministro de Industria, y más si acude a dar cuentas a los representantes de la soberanía popular, sí debe saberlo. Entre otras cosas porque saberlo va en su sueldo. Y porque fue la causa real de la alarma.</p>
<p>Pero, ¿ay, señor!, por lo visto eso de la ignorancia (supina) de la ciencia y de la tecnología, no distingue entre colores políticos. ¿Ciencia y política?: una pareja de imposible entendimiento, parece ser, al menos en España. Ahora acaba de ser la vicepresidenta del Gobierno, Fernández de la Vega, la que acaba de lucirse en sus planteamientos científicos. ¿O son los del Consejo de Ministros como tal? (Por cierto: ¿no incluye el Consejo un científico de lujo, como es el caso del profesor Bernat Soria?)</p>
<p>La señora vicepresidenta endilgó a los periodistas presentes en la habitual rueda de prensa posterior al Consejo del pasado día 13 (debe ser cuestión de la fecha ) una recomendación: que los medios de comunicación suscriban protocolos de autoregulación cuando informen sobre &#8216;violencia de género&#8217;. Se entiende lo que se pretende, al menos yo. Lo que por cierto no entiendo es eso del género, sin duda debido a que soy biólogo de formación y a mí me enseñaron que los seres vivos tenemos sexo, y que eso del género queda para los textiles, por ejemplo.</p>
<p>A la cuenta, la chispa se produjo hace algunos días a raíz del informe realizado por el médico forense (que no estadístico ni epidemiólogo) Miguel Lorente, para la Junta de Andalucía. Lorente ha observado que el 50,4% de las muertes debidas a la violencia doméstica que se han producido en los años 2003-2007 lo han sido con un intervalo entre ellas de unos tres días. El forense concluye de ello, y entre otras posibilidades, que esta concatenación más o menos periódica posiblemente se deba a la publicación de tales crímenes en los medios de comunicación. No consta, pero no es difícil deducirlo, que el sistema de análisis, ha sido, en este caso, el de la estadística gruesa.</p>
<p>No parece éste el lugar para adoctrinar a los lectores sobre las reglas y leyes de la Estadística científica. Y mucho menos para desarrollar la Distribución de Poisson sobre casos raros. Basta por el momento hacerse eco de epidemiólogos y estadísticos de las universidades de Girona, Granada, Sevilla o Madrid, cuando dicen que «las reglas más simples de la Estadística desmontan esa tesis» asumida por el Gobierno español, con el consejo para los medios de comunicación como corolario de su vicepresidenta.</p>
<p>Y la guinda: la socióloga Constanza Tobío, catedrática en la Universidad Carlos III de Madrid, y miembro del mismísimo Observatorio Estatal contra la Violencia de Género, y que presenta como tal su informe anual al Gobierno, indica que la difusión en los medios, de las noticias de violencia doméstica, no sólo «tiene efectos positivos», sino que «significa que estamos asumiendo un problema social que nos concierne a todos, que no es algo privado de la familia, y ayuda a hacer visible el problema para la sociedad y para las víctimas». Y a esto contrapone la vicepresidenta del Gobierno español la recomendación de redactar un protocolo limitativo para el caso Anticientífica, por lo menos, se llama la figura.</p>
<p>Pero para consuelo de españolitos varios, el propio ministro de Trabajo, que es consciente de la metedura de pata, y de que la ciencia no es el fuerte del Consejo de Ministros (¿ni de los políticos?) se ha apresurado a indicar que «los miembros del Gobierno no son estadísticos». Afortunadamente.</p>
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		<title>La semilla de la ciencia en la UE</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Mar 2007 22:13:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ramón Pascual</strong>, catedrático de Física (LA VANGUARDIA, 28/03/07):</p>
<p>La celebración del cincuentenario de la UE ha adolecido, en mi opinión, de un gran olvido. Los medios de comunicación nos han recordado los procesos más importantes que permitieron que los países enfrentados en la Segunda Guerra Mundial encontraran vías de colaboración que permitieran desterrar nuevos conflictos y que no se repitiera lo que sucedió en la primera posguerra y que condujo a la segunda. Los medios nos han recordado que el primer gran acuerdo fue el establecimiento de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en 1950, un &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/14805/la-semilla-de-la-ciencia-en-la-ue/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ramón Pascual</strong>, catedrático de Física (LA VANGUARDIA, 28/03/07):</p>
<p>La celebración del cincuentenario de la UE ha adolecido, en mi opinión, de un gran olvido. Los medios de comunicación nos han recordado los procesos más importantes que permitieron que los países enfrentados en la Segunda Guerra Mundial encontraran vías de colaboración que permitieran desterrar nuevos conflictos y que no se repitiera lo que sucedió en la primera posguerra y que condujo a la segunda. Los medios nos han recordado que el primer gran acuerdo fue el establecimiento de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en 1950, un primer paso hacia la firma, el 25 de marzo de 1957, del tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea, el origen de la actual Unión Europea de veintisiete miembros.</p>
<p>Lo que nadie ha recordado es que antes del tratado de Roma, entre los primeros acuerdos que se establecieron entre los países europeos, uno fue en el ámbito científico y que ha tenido un gran éxito. Se trata de la firma en el año 1954 de la Convención Europea para la Investigación Nuclear, el CERN (Convention Européenne pour la Recherche Nucléaire) que, aunque el nombre aparente lo contrario, no tiene nada que ver con la energía nuclear, sino que se trata del establecimiento de un gran centro abierto dedicado a la investigación física básica más puntera del momento. La idea de esta fructífera colaboración científica surgió de la Conferencia Cultural Europea de Lausana de 1949 y de la Asamblea General de la Unesco de Florencia de 1950, en la que algunos europeístas se plantearon la necesidad de una colaboración científica que no levantara suspicacias (como hubiera podido ser alguna colaboración en el campo de la energía nuclear: Euratom no llegó hasta 1957). La idea sintonizó con los intereses de una comunidad científica que veía como el centro de gravedad de la física básica se desplazaría rápidamente hacia EE. UU. que ya habían aprobado el proyecto de su Cosmotrón de Brookhaven y del Bevatrón de Berkeley.</p>
<p>La convención del CERN permitió la construcción de un gran sincrotrón de protones del estilo de los ya existentes en EE. UU. y en la Unión Soviética. La evolución del CERN ha progresado en estos cinco decenios manteniéndose siempre en la frontera más avanzada de aquello que entonces era el estudio básico de los núcleos atómicos y que ahora constituye la física de las altas energías o de las partículas elementales. Esta evolución se ha realizado sin modificar el acrónimo CERN, que ahora se acompaña con el nombre de Laboratorio Europeo de Partículas Elementales.</p>
<p>Durante estos más de cincuenta años el CERN ha competido en primera línea con los grandes laboratorios de EE. UU., como el Stanford Linear Accelerator Center y el Laboratorio Enrico Fermi, el <em>Fermilab</em>,en las cercanías de Chicago. Esta competición hubiera sido totalmente imposible por parte de cualquiera de los países europeos individualmente. En cambio, la sinergia ha permitido la competición y, más recientemente, el dominio europeo en la frontera más avanzada con proyectos en los que ha participado la comunidad de científicos de todo el mundo, incluida China, Japón y EE. UU. Lo permitió el colisionador LEP (Large Electron Positron), que desde finales de la década de 1980 ha proporcionado los mejores datos sobre el llamado <em>Modelo Estándar</em>,la teoría que rige el comportamiento de los leptones (un tipo de partículas al que pertenecen los electrones) y los quarks, hasta su clausura en el año 2001. En el mismo túnel de 27 kilómetros de longitud entre la frontera franco-suiza en las proximidades de Ginebra en que se ubicó el LEP se está finalizando ahora el montaje del LHC (Large Hadron Collider), que a finales de año entrará en funcionamiento y esperamos que nos permita, entre otras cosas, establecer la existencia, o no, del llamado bosón de Higgs, responsable de las masas de quarks y leptones.</p>
<p>Además del gran éxito científico que ha proporcionado esta colaboración europea, el CERN también ha constituido un gran centro de transferencia tecnológica del que se han beneficiado, sobre todo, las empresas europeas. Sería difícil imaginar la existencia de empresas europeas avanzadas en los campos más relacionados con los aceleradores y detectores sin la existencia del CERN. Y sin estas empresas es seguro que nuestro bienestar sería menor, aunque, probablemente, la influencia mayor de los avances realizados en el CERN ha corrido a cargo del desarrollo de la <em>world wide web</em>,este instrumento ideado en el CERN que, en tan sólo unos 15 años, ha representado una auténtica revolución en ámbitos cada vez más amplios y diversos, hasta el punto de que sería difícil imaginar nuestra actividad sin las tres w.</p>
<p>Por todo ello, cuando recordamos la creación de la UE, no es justo olvidar los aspectos científicos que se iniciaron con el establecimiento del CERN teniendo en cuenta, además, que el CERN, si bien fue la primera gran cooperación científica europea, no ha sido la única. Al CERN siguieron otras grandes instalaciones que han permitido a la ciencia europea mantener un alto nivel competitivo con EE. UU. y con un emergente Japón en distintos campos. Ejemplos de colaboración posteriores han sido la creación de EMBO (European Molecular Biology Organization) y su laboratorio asociado, EMBL; la creación de ESRF (European Synchrotron Radiation Facility), y ESA (European Space Agency). Y esperamos que la colaboración continúe con el <em>roadmap </em>de grandes instalaciones recientemente aprobado por la UE.</p>
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		<title>Ciencia, democracia y procomún</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/14663/ciencia-democracia-y-procomun/</link>
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		<pubDate>Sat, 17 Mar 2007 21:17:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Martínez-A.</strong>, presidente del CSIC, y <strong>Antonio Lafuente</strong> es investigador del mismo centro (EL PAÍS, 17/03/07):</p>
<p>En las sociedades desarrolladas, la ciencia se ha convertido en un elemento tan importante como el aire que respiramos y ambos, una y otro, sólo son sostenibles con la complicidad y el esfuerzo de la ciudadanía. Por eso resulta oportuno dedicar un año a la ciencia, para que todos, del Gobierno a los ciudadanos, pasando por los centros públicos de investigación, las comunidades autónomas, sindicatos, empresarios y medios de comunicación, tengan ocasión de dialogar y construir así un compromiso público.</p>
<p>La ciencia &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/14663/ciencia-democracia-y-procomun/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Martínez-A.</strong>, presidente del CSIC, y <strong>Antonio Lafuente</strong> es investigador del mismo centro (EL PAÍS, 17/03/07):</p>
<p>En las sociedades desarrolladas, la ciencia se ha convertido en un elemento tan importante como el aire que respiramos y ambos, una y otro, sólo son sostenibles con la complicidad y el esfuerzo de la ciudadanía. Por eso resulta oportuno dedicar un año a la ciencia, para que todos, del Gobierno a los ciudadanos, pasando por los centros públicos de investigación, las comunidades autónomas, sindicatos, empresarios y medios de comunicación, tengan ocasión de dialogar y construir así un compromiso público.</p>
<p>La ciencia conserva todavía el aura de haber convertido el desinterés, el cosmopolitismo, el comunitarismo y el escepticismo en sus señas de identidad. Y así confiamos en los científicos no sólo por los descubrimientos que hacen, sino también por los valores que sostienen. La salud, la alimentación, el transporte, la energía, las comunicaciones y el medioambiente son dimensiones de la vida que están en el ámbito de competencia de los científicos. Es obvio que cualquier actuación sobre estos sectores tiene repercusiones directas para los ciudadanos, ya sea porque influyen en la calidad de su vida cotidiana, ya sea porque su explotación, necesaria para la creación de riqueza, ha movilizado negocios orientados a la cuenta de resultados.</p>
<p>Cada día es más frecuente que los medios hablen de crisis como la de las <em>vacas locas,</em> los transgénicos, la capa de ozono, la lluvia ácida, los residuos radiactivos, los abusos con pesticidas, la contaminación atmosférica o el crecimiento de las enfermedades alérgicas o mentales. Por extensión, cada vez son mayores las dudas sobre lo que comemos, bebemos o respiramos y por eso parece existir un consenso de que nos enfrentamos a problemas que no pueden ser tratados sólo como asuntos científicos o administrativos. Además, a medida que se difumina la frontera entre lo público y lo privado, escasea la información cualificada a la que el ciudadano tiene acceso. Y es que, en efecto, a pesar de que es clave en nuestro mundo el papel del conocimiento, aún no se ha generalizado la exigencia de que la ciencia debe ser un bien de todos y, por tanto, debe ser accesible a todos los ciudadanos.</p>
<p>El problema del cambio climático es un buen ejemplo de lo que está pasando. Las batallas biomédicas contra el cáncer, comparten hoy protagonismo con un nuevo tipo de actores imprevisto: las imágenes helicoidales de la molécula de ADN han sido sustituidas por mapas del planeta que muestran con gradientes de color la variación de temperaturas. Antes se hablaba de genes y moléculas para anunciar promesas de curación, hoy se muestran glaciares y osos para hablar de urgencias, culpas y catástrofes. Las imágenes dejaron de ser abstractas y empiezan a ser reales. Las probetas han sido reemplazadas por satélites, las ciencias biológicas por las físicas, los fenómenos controlados en el ámbito restringido del laboratorio por experimentos planetarios en tiempo real en donde todos estamos insertos. Y si hoy es el clima, mañana será la energía, como ayer fue la alimentación.</p>
<p>Las crisis medioambientales, alimentarias, sanitarias, urbanas o migratorias muestran el inadecuado tratamiento que reciben los bienes comunes: el aire, el agua, el paisaje, las calles, el conocimiento, el arte, el silencio, el genoma, los acuíferos o las especies, son bienes que pertenecen a todos y a nadie al mismo tiempo, bienes que deberían, en consecuencia, integrar el procomún.</p>
<p>Los nuevos tiempos dominados por el conocimiento, la participación y la conciencia de riesgos globales, aconsejan cambiar de política o, quizá, reinventar la política. ¿Puede ser privatizada la función fotosintética, el ciclo de los nutrientes o la polinización de las plantas, como lo están siendo las semillas, los fondos oceánicos y los acuíferos? ¿No es parte de nuestra responsabilidad transmitir a nuestros hijos los dones de la naturaleza y la cultura? ¿No es nuestra responsabilidad reafirmar un compromiso con la defensa del bien común y de los nuevos patrimonios?</p>
<p>Los nuevos patrimonios tienen un componente científico indudable, además de dos características que los distinguen de los antiguos: son planetarios y sólo se hacen visibles cuando están amenazados. Defenderlos, implica inventariarlos y ponerlos en valor, lo que es tanto como socializarlos. No basta, sin embargo, con promover políticas de comunicación más o menos acertadas: hay que aprender a gestionarlos y, por tanto, necesitamos conocerlos a fondo. Para ello, más que intentar recluirlos en un museo que no podría contenerlos, hay que acudir a foros que nos ayuden a visualizar los riesgos hacia los que nos encaminamos si el procomún no es protegido. Para subrayar el valor de los nuevos patrimonios, necesitamos experimentar con los códigos que lo representan y así asomarnos a los abismos que pudieran derivarse de su manipulación irresponsable.</p>
<p>Nunca ha sido más claro el hilo que une ciencia, democracia y patrimonio. Nuestras sociedades se han hecho muy complejas y, al igual que serían inhabitables si no pudieran garantizar la pluralidad de culturas y sensibilidades, tampoco pueden sobrevivir sin que los debates públicos se resuelvan sobre fundamentos objetivos. La calidad y transparencia de la información circulante son, hoy más que nunca, una garantía de que podremos preservar los patrimonios en los que habitamos, empezando por la democracia y el conocimiento mismo, y continuando por la memoria, la lengua, los números, las calles y el folclore, por no volver a citar los dones heredados de la naturaleza.</p>
<p>La deriva internacionalista que dio el conocimiento hacia comienzos de siglo XX, debería prolongarse ahora con el de una cultura científica global. Para ello, debemos identificar nuevos espacios que no sean torres de marfil consagradas al conocimiento, sino lugares abiertos a los intercambios, con vocación de ágoras del procomún, capaces de dar digno acomodo a las personas e instituciones preocupadas por el medio ambiente, la salud, el saber o los espacios públicos. Un gran espacio, preferentemente un lugar de la memoria, para dar cobijo al procomún, instrumento innovador y representativo de la nueva <em>res pública</em> de los ciudadanos en la que se experimentaría con nuevas formas de hacer política y de hacer ciudad. En el procomún, al experimentar con los nuevos patrimonios y sugerir formas de gestionarlos, no es sólo un ámbito nuevo y necesario de participación, sino un instrumento clave para la gobernanza.</p>
<p>Se trata en definitiva de crear un espacio público que ayude a vertebrar las muchas culturas con las que convivimos y que, por tanto, sea una apuesta vanguardista que contribuya a desplegar toda la potencial creatividad política y cultural que anida en la ciudadanía, lo que además de convertir la urbe en un espacio más habitable, situará a España en la red de países que han apostado por asumir responsabilidades globales.</p>
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		<title>Analfabetismo científico</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/12668/analfabetismo-cientifico/</link>
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		<pubDate>Tue, 14 Nov 2006 16:42:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pilar Durá Gilabert</strong>, Gerente de RUVID, Red de Universidades Valencianas para el fomento de la Investigación, el Desarrollo y la Innovación (EL PAÍS, 14/11/06):</p>
<p>No haber oído hablar de Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza nos hará merecedores sin duda de la etiqueta de ignorantes. No haber oído hablar del segundo principio de la termodinámica probablemente tan solo nos haga merecedores de un cómplice: &#8220;¿Y quién sí?&#8221;. Y sin embargo, este principio es para la ciencia comparable a lo que la obra de Cervantes representa para la literatura. ¿Por qué entonces ese doble rasero que considera &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/12668/analfabetismo-cientifico/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pilar Durá Gilabert</strong>, Gerente de RUVID, Red de Universidades Valencianas para el fomento de la Investigación, el Desarrollo y la Innovación (EL PAÍS, 14/11/06):</p>
<p>No haber oído hablar de Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza nos hará merecedores sin duda de la etiqueta de ignorantes. No haber oído hablar del segundo principio de la termodinámica probablemente tan solo nos haga merecedores de un cómplice: &#8220;¿Y quién sí?&#8221;. Y sin embargo, este principio es para la ciencia comparable a lo que la obra de Cervantes representa para la literatura. ¿Por qué entonces ese doble rasero que considera la última cultura general y relega la primera a una curiosidad prescindible? Una &#8220;curiosidad prescindible&#8221; que, por ejemplo, es fundamental para entender por qué el tiempo siempre avanza y no vivimos nuestra vida marcha atrás.</p>
<p>Y sin embargo, pese a que la releguemos a un segundo plano, la ciencia nos rodea. Vivimos inmersos en un mundo que sería imposible de imaginar sin tecnología: Desde el móvil a la televisión, desde los antibióticos a la anestesia del dentista. Nuestro bienestar es totalmente dependiente de ella, cada vez en mayor medida y más rápidamente. Paradójicamente, cada vez sabemos menos y menos sobre ciencia y tecnología. Estamos al día de los entresijos amorosos del famoso de turno, ¿pero lo estamos en los avances en medicina? Somos capaces de recitar innumerables nombres de futbolistas españoles, ¿pero cuántos de científicos e investigadores?</p>
<p>¿Es esta la sociedad que queremos, en la que solamente unos pocos puedan entender el mundo que nos rodea? ¿Estamos dispuestos a retroceder a una época en la que tan solo una minoría podía leer mientras el resto vivían en el más profundo analfabetismo? Si la respuesta es <em>no</em>, hemos de conseguir que la ciencia deje de ser esa eterna asignatura pendiente. Porque la ciencia no tiene por qué ser aburrida ni complicada.</p>
<p>Para demostrarlo, estos días, numerosas ciudades europeas celebran la Semana de la Ciencia y la Tecnología. Una iniciativa de ámbito europeo que pretende precisamente mostrarnos que la ciencia es relevante para todos, independientemente de nuestra edad, formación o profesión. En esta &#8220;semana&#8221;, del 6 al 19 de noviembre, se organizan exposiciones y talleres en los que se podrá jugar, tocar, experimentar y aprender, sin aburrirse. Porque se trata de acercar la ciencia a todos, de suscitar la curiosidad y la sorpresa. De demostrar que puede ser todo un placer el descubrir y entender como funciona el mundo que nos rodea.</p>
<p>Desde RUVID, la Red de Universidades Valencianas para el fomento de la Investigación, el Desarrollo y la Innovación, también hemos querido sumarnos a esta iniciativa y apostar por la divulgación de la ciencia. Lo hacemos con el proyecto La Mar de Ciencias, que mostrará algunos de los aspectos científico-técnicos relacionados con el mar Mediterráneo. Con esto, RUVID pretende acercarse un poco más a uno de sus objetivos fundacionales: Acercar la ciencia a los ciudadanos de la Comunidad Valenciana. Objetivo que comparte con las siete universidades que la integran, las cuales, a su vez, organizarán actividades para esta Semana de la Ciencia.</p>
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		<title>El alma de la ciencia</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/11931/el-alma-de-la-ciencia/</link>
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		<pubDate>Thu, 05 Oct 2006 10:08:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Investigación]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Mikel González Ruiz de Eguino</strong>, ingeniero (EL PAÍS, 05/10/06):</p>
<p>El principal objetivo actual de la política económica es conseguir un aumento sostenido de la productividad. Lo ha dicho el ministro de Economía Pedro Solbes y lo dijo en su día Rodrigo Rato. Se trata de ser capaces de producir más trabajando menos, para luego poder irnos a casa a descansar. La productividad es, de hecho, el factor clave para poder conseguir un crecimiento <em>per capita</em> en el largo plazo y para sostener los actuales niveles de renta, y preocupa que estemos aún tan lejos de alcanzar en la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11931/el-alma-de-la-ciencia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Mikel González Ruiz de Eguino</strong>, ingeniero (EL PAÍS, 05/10/06):</p>
<p>El principal objetivo actual de la política económica es conseguir un aumento sostenido de la productividad. Lo ha dicho el ministro de Economía Pedro Solbes y lo dijo en su día Rodrigo Rato. Se trata de ser capaces de producir más trabajando menos, para luego poder irnos a casa a descansar. La productividad es, de hecho, el factor clave para poder conseguir un crecimiento <em>per capita</em> en el largo plazo y para sostener los actuales niveles de renta, y preocupa que estemos aún tan lejos de alcanzar en la materia a los siempre aplicados vecinos de la UE. La receta para converger es clara: tenemos que usar más y mejor las tecnologías, siendo necesario el dedicar mayores esfuerzos a las labores de investigación, al desarrollo y a la innovación; a lo conocido como I+D+i.</p>
<p>Pero detrás de este inusual consenso político se esconde un aspecto olvidado, un valor intangible difícilmente creable, un activo raro que cuando aparece deberíamos esforzarnos en proteger; me estoy refiriendo a la llama que sirve para prender el espíritu científico. ¿Se han preguntado ustedes de dónde viene esa curiosidad que algunos niños deciden mantener de mayores?, ¿qué fascinación loca les hace algunos preguntarse por el funcionamiento de las cosas?, ¿cuál es el origen de esa manía por pensar que impulsa a muchos jóvenes a dedicar sus vidas a la ciencia y al arte? Lo desconocemos, es como la energía: no sabemos de dónde viene ni a donde va; simplemente, sabemos que está. Es aquí, en este misterioso fondo, donde residen, agazapadas -como si eso de la productividad no fuera con ellas-, algunas de las claves para una política económica y científica de calidad.</p>
<p>Según el <em>Manual</em> de Frascati, la investigación (I) es &#8220;aquella actividad que tiene por fin el incremento del conocimiento, sin perseguir, en principio, la aplicación del resultado&#8221;; el desarrollo (D), en cambio, es aquel &#8220;trabajo derivado de la investigación y dirigido a crear nuevos productos&#8221;; y la innovación (i) es &#8220;la introducción de nuevos productos en el mercado&#8221;.</p>
<p>Mi tesis es que nuestro país no anda tan escaso de personas orientadas al mercado (D+i) como de científicos absortos en su propia ciencia (I). El interés por el conocimiento en nuestro país es bajo, reconozcámoslo, incluso entre los titulados universitarios. Es también llamativa la escasa presencia de instituciones científicas desinteresadas o de sociedades académicas que, sin un objetivo claro, realizan sus actividades por puro placer ocioso.</p>
<p>El sonoro suspenso obtenido en la encuesta PISA, que ha comparado las destrezas escolares entre alumnos de la OCDE, es sólo el preludio de lo que se nos avecina. Tenemos que ser conscientes de que la educación científica de los jóvenes es al menos tan importante -más, incluso-, que la propia investigación, y que no se puede improvisar. Nos podría pasar si no como al eminente científico Blaise Pascal cuando dijo: &#8220;Lo último que supe es por dónde empezar&#8221;.</p>
<p>Es urgente potenciar la locura científica en nuestra sociedad. ¿Recuerdan el famoso patinazo de Lord William Kelvin cuando dijo solemnemente: &#8220;Las máquinas voladoras más pesadas que el aire son imposibles&#8221;? Necesitamos más inventores de artilugios destartalados, más alquimistas locos que sueñen con convertir los males humanos en oro, estamos faltos de músicos penitentes que viven peor que Carpanta; de matemáticos chalados que sacan de sus chisteras teoremas imposibles, y de teóricos infatigables que levantan sobre la nada autenticas quimeras intelectuales. Esta enajenación sana es el caldo de cultivo, la sopa primigenia, en donde surgen los descubrimientos y las ideas novedosas.</p>
<p>Es necesario que utilicemos unos nuevos indicadores científicos. Por ejemplo: ¿cuál fue la venta de microscopios y telescopios en este último año?, ¿cuándo fue la última vez que jugó usted con el Quimicefa o con el Escatrón?, ¿sabe usted que hay dentro de un exprimidor?, ¿sabe su hijo porqué no se cae un australiano?, y ¿cuándo vio, pero realmente, un documental del canal Natura sin desplomarse dormido?</p>
<p>Propongo como asignatura obligatoria el descacharrar televisores y recolectar conchitas en la playa. En las empresas, todas las semanas se construirá un avión de papel gigantesco al que se subirá el jefe. Los vagos estudiarán con ahínco física cuántica para poder estar en la oficina y en la playa al mismo tiempo mediante el conocido <em>efecto túnel,</em> y en los hospitales aplicarán sus conocimientos de biología celular para conseguir, por mitosis, multiplicarse para así dividir la lista de espera.</p>
<p>Los adolescentes más avispados explicarán a sus madres cómo por un <em>principio entrópico</em> su cuarto tiende a un desorden natural y nada puede hacerse, y muchos angustiados se agolparán en las consultas de los psiquiatras al enterarse que el <em>principio de evolución</em> dirige inexorablemente el universo hacia una muerte térmica.</p>
<p>Einstein solía decir que el &#8220;científico encuentra su recompensa en el placer de la comprensión, y no en las posibilidades de aplicación que cualquier descubrimiento pueda conllevar&#8221;. Mi padre, de manera más modesta, dice que con la tripa llena no se puede descubrir nada. Incuso hubo un notable fisiólogo llegó a negarse a comer hasta comprender del todo el proceso de la digestión.</p>
<p>Tampoco hay que pasarse. Sería suficiente con que promoviésemos el espíritu creador entre los más jóvenes, que lo dejáramos fluir libremente y que procurásemos para los buenos científicos unas condiciones de vida normales y un poco más estables. El camino más fácil es a veces el más complicado.</p>
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		<title>Crime lab investigation</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Sep 2006 05:46:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>David Wilson</strong>, a professor of criminology at UCE Birmingham, and presented the BBC1 forensic science series Leave No Trace (THE GUARDIAN, 14/09/06):</p>
<p>It&#8217;s hard to escape forensic science. Hardly a day goes by without news of some offender being caught by yet another new DNA profiling technique that allows a &#8220;cold case&#8221; to be solved from years ago. Offenders like John Lloyd, the rapist and shoe fetishist who preyed on women between 1983 and 1986, and who was convicted this month on DNA evidence. Even so, on the day Lloyd was sent down, a juror in the case &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11555/crime-lab-investigation/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>David Wilson</strong>, a professor of criminology at UCE Birmingham, and presented the BBC1 forensic science series Leave No Trace (THE GUARDIAN, 14/09/06):</p>
<p>It&#8217;s hard to escape forensic science. Hardly a day goes by without news of some offender being caught by yet another new DNA profiling technique that allows a &#8220;cold case&#8221; to be solved from years ago. Offenders like John Lloyd, the rapist and shoe fetishist who preyed on women between 1983 and 1986, and who was convicted this month on DNA evidence. Even so, on the day Lloyd was sent down, a juror in the case of Barry George &#8211; who was given a life sentence in 2001 for the murder of Jill Dando &#8211; broke her silence to say she had felt &#8220;tricked&#8221; into convicting George. She would find support in her ambivalence from a number of forensic scientists who now claim that the forensic evidence his conviction rested on &#8211; which related to gunpowder residue &#8211; should be dismissed as &#8220;unreliable&#8221;.</p>
<p>Nor is there much escaping forensic science in books or on TV, where Crime Scene Investigation has allowed white-coated scientists to take a centre stage previously occupied by police officers, psychologists, profilers or ageing spinsters with too much time on their hands. Even universities have got in on the act, and the course de jour is anything with the word &#8220;forensic&#8221; in its title.</p>
<p>&#8220;Forensic science&#8221; seems to imply glamour, certainty, self-discipline, objectivity, truth and justice all rolled into one, and in doing so effortlessly accommodates much-heralded successes, as well as the more rarely mentioned failures. But this can&#8217;t be right.</p>
<p>Very few of us have bothered to question what forensic science is, or looked at how and when scientific principles come to be applied within the criminal justice and legal systems, to try to understand what it can, or cannot, do. The key word here is &#8220;science&#8221;, which after years of seemingly unstoppable academic and popular ascendancy has lost much of its cache, either (according to its defenders) because it is too &#8220;hard&#8221; for the new schools curriculum, or (for its critics) because the &#8220;principles&#8221; it operates under are seen to be less rigorous than scientists had led us to believe, and are just as likely to be the result of conjecture, prejudice and error as anything else.</p>
<p>I sense a desperation by some forensic scientists who seem to want to maintain a &#8220;zero error&#8221; pretence about their discipline, which simply cannot be sustained in the face of mounting evidence.</p>
<p>Take Brandon Mayfield, for example. The Portland lawyer was arrested and held for two weeks in Madrid in 2004 after a terrorist attack on the train system. The FBI insisted it had found his fingerprints &#8211; that staple of forensic science &#8211; on several crucial pieces of evidence, only for the Spanish authorities to disagree and release him without charge. We could also cite the Scottish case of Shirley McKie, who was wrongly placed at the scene of a murder by her &#8220;fingerprints&#8221;, which were eventually shown to belong to someone else.</p>
<p>Or the case of Jimmy Ray Bromgara, convicted of raping an eight-year-old girl in 1987 in Montana, after the state&#8217;s chief forensic scientist wrongly claimed that pubic hair found on the victim&#8217;s sheets matched Bromgara&#8217;s, and would match fewer than one in 10,000 people in a given population. All nonsense. Bromgara has been released and exonerated. Several US states have become so concerned about &#8220;junk forensic science&#8221; that they have set up special commissions to investigate crime lab problems that might lead to miscarriages of justice.</p>
<p>Does this mean forensic science and the criminal justice system are incompatible? The answer is no, but there have to be changes if forensic science is to retain credibility. Chief among these changes should be to pay forensic scientists more, and to better promote the work that they do.</p>
<p>I say this having spent several months working with forensic scientists. They were vastly undervalued for the skills and academic backgrounds they had. Could this lack of value have anything to do with the fact that the vast majority of those I worked with were female, and that forensic science was seen as &#8220;women&#8217;s work&#8221;? Nor were their working conditions pleasant &#8211; most seemed to spend inordinate amounts of time in scrubs, breathing recycled air in clinically pristine laboratories.</p>
<p>Perhaps the biggest change has to come from the scientists themselves, and from those &#8211; like the police &#8211; who make use of their work. My plea is that they claim less for what forensic science can do, and be more open about what it can and cannot deliver to bring offenders to justice. Did Barry George kill Jill Dando? I don&#8217;t know, but I do know he shouldn&#8217;t have been convicted on the basis of the forensic science offered at his trial.</p>
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		<title>Reflexión inoportuna sobre la ciencia en España</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Jul 2006 15:50:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Investigación]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pere Puigdomènech, </strong>Laboratorio de Genética Molecular Vegetal CSIC-IRTA (EL PAÍS, 11/07/06):</p>
<p>En los últimos 10 años, los equipos que gobiernan la ciencia en España han ido sucediéndose a velocidad vertiginosa con una media de vida en activo de alrededor de dos años. Cada cambio ha supuesto a menudo un recambio de equipos completos, de proyectos y orientaciones. Es posible que algo parecido ocurra en otros dominios de la política española aunque, por suerte, hay cuestiones como las económicas o las laborales en las que aparentemente ha habido un grado notable de continuidad. No ocurre lo mismo con la política &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/10376/reflexion-inoportuna-sobre-la-ciencia-en-espana/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pere Puigdomènech, </strong>Laboratorio de Genética Molecular Vegetal CSIC-IRTA (EL PAÍS, 11/07/06):</p>
<p>En los últimos 10 años, los equipos que gobiernan la ciencia en España han ido sucediéndose a velocidad vertiginosa con una media de vida en activo de alrededor de dos años. Cada cambio ha supuesto a menudo un recambio de equipos completos, de proyectos y orientaciones. Es posible que algo parecido ocurra en otros dominios de la política española aunque, por suerte, hay cuestiones como las económicas o las laborales en las que aparentemente ha habido un grado notable de continuidad. No ocurre lo mismo con la política científica y ello es una mala señal de la importancia que ocupa en las prioridades de nuestros políticos. El resultado no puede ser sin duda positivo en un campo donde los efectos de las decisiones aparecen siempre a largo plazo. Tal como están yendo las cosas en los últimos años, se produce un sentimiento de que se está desaprovechando una ocasión de oro para construir un sistema sólido de ciencia y tecnología en nuestro país que, todos parecen estar de acuerdo, es uno de los pilares esenciales para el futuro de una sociedad avanzada como la nuestra.</p>
<p>Si comenzamos hace 10 años, durante el periodo de gobierno del Partido Popular hubo cinco ministros que se ocuparon de la investigación científica. Se comenzó con un Ministerio de Educación y Ciencia (dos ministros) y se terminó con un Ministerio de Ciencia y Tecnología (tres ministros). Con el actual Gobierno socialista se volvió al Ministerio de Educación y Ciencia y este año ya se ha producido un cambio en su titular. Pero no todo queda en los ministros. En cuanto a estructuras de coordinación se pasó de la CICYT a la OCYT y luego a la FECYT. Ahora se habla de la ANECYT, que quizá conviviría con alguna de las anteriores estructuras. Y, buscando otros ejemplos, en los últimos tres años ha habido cinco vicepresidentes de organización del CSIC. Si uno vive en Cataluña, probablemente durante el año 2006 habremos tenido cuatro consejeros que se ocupan de las universidades y la investigación. Se habrá comenzado el año con un Departamento de Universidades, Investigación y Sociedad de la Información, se ha pasado hace poco a un Departamento de Educación y Universidades, y veremos qué pasa tras las próximas elecciones.</p>
<p>Los equipos que han ido sucediéndose en las administraciones de la investigación científica han estado formados, con alguna excepción pintoresca, por personas con la mejor voluntad posible, dedicadas al tema y que han empleado días enteros a tratar de solucionar los problemas que tenían delante. Sin embargo, muchos llegaron a sus cargos con la misión (incluso dentro del mismo Gobierno) de rectificar lo que su antecesor había hecho y que se consideraba erróneo, o simplemente tenían ideas diferentes del equipo anterior y se sentían con la obligación de aplicarlas. El hecho final es que han ido cambiando los equipos de forma vertiginosa y el día a día se ha ido comiendo el tiempo de quienes los formaban. Los escalones inferiores a menudo han ido variando a la misma velocidad o han tenido que tomar responsabilidades que no les correspondían o han ido encerrándose en una inacción conservadora. En cualquier caso, es difícil que en estas circunstancias alguien tome decisiones a largo plazo, y si se toman, no es posible completar un programa en el corto periodo de meses o como máximo de dos años. Mucho más difícil es sin duda tratar de evaluar los efectos de alguna decisión y modularla en tan poco tiempo.</p>
<p>La situación es especialmente trascendental en este momento. Nuestro sistema de I+D está en construcción y en crecimiento. Es cierto que se está poniendo más dinero tanto público como privado al sistema. Ello quiere decir que la situación es muy favorable para actuar sobre él, pero al mismo tiempo el conjunto es especialmente vulnerable. Existen desequilibrios que hay que resolver si se quiere que nuestra investigación llegue a los mejores niveles de la ciencia internacional y que al mismo tiempo contribuya a desarrollar en nuestro país el tipo de economía que permita mantenerse en los tiempos que se avecinan. Los efectos perversos de la faltade políticas a largo plazo se ven en campos donde competimos con otros países. En Europa, por ejemplo, nuestros retornos de los proyectos de investigación comunitarios han disminuido de forma significativa en los últimos años. La falta de una capacidad de influencia en Europa y de construir estructuras que ayuden a los equipos en un entorno europeo ha disminuido la capacidad de éstos para competir cuando más falta hace.</p>
<p>Las decisiones que hay que ir tomando en este tiempo son clave para el futuro. Por ejemplo, el tipo de personal que va a llevar a cabo la investigación en nuestro país. ¿Se trata de personal contratado por universidades, personal contratado por centros de investigación o funcionarios docentes de las universidades o investigadores de organismos como el CSIC? De forma continuada aparecen en los medios de comunicación quejas de los investigadores que volvieron a España gracias al programa Ramón y Cajal. Se trata sin duda de un programa que ha representado un aporte extraordinario para nuestro país. Gracias a él hemos incorporado centenares de jóvenes científicos que se han formado en otros países y que vuelven en el mejor momento de sus carreras. Pero muchos se preguntan para qué han venido. Se han encontrado con la necesidad de formar equipos, de pedir proyectos en un entorno a veces hostil o acogedor, pero siempre cambiante e incomprensible y con la incertidumbre del futuro. Programas como el I3 propuesto por el Ministerio que es una solución muy interesante son de gestión difícil, no llegan a todos y se han vuelto asimismo incomprensibles. Mientras tanto, el dinero que ha llegado para personal se emplea a menudo por las vías usuales del funcionariado con los mecanismos de siempre. Y año tras otro, el tiempo va pasando y la situación general de nuestro país cambia. Al ver el bloqueo de la situación, las nuevas generaciones que llegan a la Universidad son más reacias a emprender la aventura de una carrera científica, y ya no digamos el camino del doctorado o de la salida al extranjero. Una vez más, parece como si estuviéramos desaprovechando una situación excepcional.</p>
<p>Aparte del personal, podríamos hablar del tipo de centros que se desea construir, cómo se organizan las infraestructuras, cuáles son las prioridades que queremos ver en marcha en el próximo futuro o cuál es la función del Estado central y la de las autonomías. En términos más generales, nuestro país debería plantearse también cuál es la función de la ciencia, cuál es el impacto que queremos ver de las nuevas tecnologías en nuestra economía, pero también en nuestra sociedad. La falta de visión a largo plazo crea desorientación en los actores de la investigación, es un despilfarro de esfuerzos e impide la construcción de un sistema sólido que nos permita afrontar el futuro científico y tecnológico con garantías de éxito. Existe sin duda un déficit de proyecto político para la ciencia por parte de los partidos con posibilidades de gobernar en nuestro país.</p>
<p>Soluciones se han apuntado varias. Desde la comunidad científica se ha propuesto un Pacto de Estado para la Ciencia. Sería sin duda un objetivo político de primera magnitud y un éxito para los políticos de todos los colores que participaran en él. Por desgracia, no parece que la situación política en este momento esté para pactos, incluso en materias como en las que es probable que haya una coincidencia de objetivos entre los partidos políticos. Hay sobre la mesa reflexiones desde diversas perspectivas como la elaborada por la COSCE y diversas versiones de nuevas leyes de la ciencia del Estado central que sustituiría a la de 1985 y de distintas comunidades autonómicas. Hay ahí una oportunidad para identificar las decisiones que se necesitan a largo plazo en un entorno de pacto entre administraciones. Hay también una Ley de Agencias en el Parlamento que incluye la posibilidad de que el CSIC y quizá una parte importante de la gestión de la ciencia española se conviertan en agencia. Éstas son también oportunidades para reflexionar y buscar soluciones. Ya sea un pacto de Estado, una agencia, un consejo en que participen Estado y autonomías, cualquier solución sería buena para buscar un espacio donde se pudiera reflexionar y hacer propuestas a largo plazo sobre el tipo de investigación científica que queremos para nuestro país. Es posible que sea algo utópico o inoportuno, pero quizá haya que volver a recordar el viejo eslogan del 68: &#8220;Sed realistas, pedid lo imposible&#8221;.</p>
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		<title>Andanzas de los números&#8230; en la casa de las letras</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Jun 2006 18:24:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio J. Durán</strong>, catedrático de Análisis Matemático de la Universidad de Sevilla y escritor (EL PAÍS, 12/06/06):</p>
<p>No fueron los del siglo X unos tiempos fáciles en el curso alto del Ebro, con navarros, asturianos y aragoneses empujando hacia el sur a las poderosas huestes de Mahoma.</p>
<p>Corría el año 976 cuando en San Martín de Albelda, un monasterio erigido en territorio conquistado, el monje Vigilán se afanaba en un soberbio manuscrito en el que llevaba trabajando dos años. Pero algo le impedía ponerle punto final; algo aprendido en Ripoll que le tenía muy desconcertado. Vigilán sentía que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/9529/andanzas-de-los-numeros-en-la-casa-de-las-letras/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio J. Durán</strong>, catedrático de Análisis Matemático de la Universidad de Sevilla y escritor (EL PAÍS, 12/06/06):</p>
<p>No fueron los del siglo X unos tiempos fáciles en el curso alto del Ebro, con navarros, asturianos y aragoneses empujando hacia el sur a las poderosas huestes de Mahoma.</p>
<p>Corría el año 976 cuando en San Martín de Albelda, un monasterio erigido en territorio conquistado, el monje Vigilán se afanaba en un soberbio manuscrito en el que llevaba trabajando dos años. Pero algo le impedía ponerle punto final; algo aprendido en Ripoll que le tenía muy desconcertado. Vigilán sentía que quien dominara aquel portentoso conocimiento adquiriría un gran poder.</p>
<p>Habían sido los infieles del islam quienes trajeron a Al-Andalus aquella ciencia rara y poderosa; aunque sus inventores eran unas gentes paganas que habitaban las orillas del Ganges, caudaloso río que corría muy al oriente, todavía más allá del país del Preste Juan.</p>
<p>Aunque su manuscrito trataba de viejos concilios y olvidadas leyes visigóticas, Vigilán quería incluir aunque sólo fuera un párrafo de lo que había aprendido en los condados catalanes. Poco imaginaba que aquellos signos de fuerte sabor oriental que acabó escribiendo en su manuscrito revolucionarían tres siglos después el comercio, origen del moderno capitalismo que acabaría convirtiendo a Europa en la potencia dominadora del mundo.</p>
<p>Esto, aunque parezca el comienzo de una truculenta novela histórica, es historia verdadera. El manuscrito de Vigilán se conserva en El Escorial, y efectivamente contiene una mínima pero importantísima mención a un saber matemático que por el siglo X llegaba a España traído del oriente por los árabes. Eso lo ha convertido en uno de los documentos simbólicamente más importantes para las matemáticas: es el registro más antiguo que la humanidad conserva donde aparecen escritos los numerales árabes en una forma muy cercana a como los seguimos escribiendo hoy.</p>
<p>El sistema hindú de numeración, al ser posicional y usar el cero, facilita enormemente las operaciones aritméticas. Frente al sistema de numeración romano, que necesitaba artilugios como ábacos y mesas de calcular para hacer las cuentas, el hindú no requería más que de los dedos y un tablero espolvoreado con arena donde trazar los números.</p>
<p>Cuando la actividad comercial empezó a transformarse en Europa en el siglo XIII, la simplificación de las cuentas que permite el sistema hindú se tornó imprescindible. Ocurrió entonces que los mercaderes dejaron de acompañar a las caravanas, asentaron sus negocios en las ciudades y establecieron sucursales en la ruta. Todo ello propició la creación de los primeros bancos con instrumentos comerciales más complicados como las letras de cambio. Esta transformación, fundamental para la expansión del comercio, generó una contabilidad mucho más complicada que requirió de los poderosos métodos de cálculo que permitía esa forma de escribir y manipular los números que tanto sorprendiera al monje Vigilán.</p>
<p>La manera de representar los números y hacer cuentas con ellos ha sido siempre imprescindible cuando una civilización ha llevado el comercio más allá del trueque. Sucedió así en Mesopotamia, donde la representación de los números anticipó y contribuyó al desarrollo de la escritura, que a su vez permitió anotar en tablillas de arcilla los primeros registros comerciales de la historia. Y en Egipto y Yucatán. Todas estas culturas contaron con sistemas aritméticos más o menos avanzados que, además de ayudar al comercio, les permitieron elaborar calendarios precisos para medir el ciclo solar -un asunto ciertamente difícil-. Estos calendarios, fundamentales para planificar las tareas agrícolas, impulsaron el desarrollo de la astronomía y la astrología. A su vez, la complejidad alcanzada por la aritmética de babilonios, egipcios o mayas debió mucho a la necesidad que sintieron de ordenar el calendario y a la fascinación por las artes mágicas y adivinatorias que asociaron con los cuerpos celestes.</p>
<p>La aritmética fue la gran contribución matemática medieval, obra de hindúes, difundida por árabes, judíos y cristianos: un procedimiento de cálculo eficaz a la vez que sencillo. Pero esto ya lo sabe el lector: ese sistema de numeración y las reglas para sumar, restar, multiplicar y dividir, extraer raíces o hacer reglas de tres es el que todavía hoy seguimos usando.</p>
<p>Mil años después del apogeo científico árabe, de que Vigilán escribiera los números en su manuscrito, España, al celebrar en Madrid el Internacional Congress of Mathematicians, será nuevamente protagonista de la historia de las matemáticas. Por primera vez se elige una ciudad española para acoger a este congreso cuatrienal que comenzó su andadura en Zúrich en 1897. Es el reconocimiento del espectacular renacimiento matemático español que nos ha llevado en 30 años del 0,3% al 5% de la producción matemática mundial.</p>
<p>Con motivo del congreso, el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional han organizado, desde el pasado 7 de junio y hasta el 10 de septiembre, la exposición <em>Vida de los números</em>. En ella se narra, usando materiales del mundo de la cultura -restos arqueológicos, monedas, manuscritos prerrománicos, incunables, grabados de Leonardo y Durero, diseños tipográficos y mapas (terrestres y celestes)-, un hecho científico tan fundamental y universal como el hecho numérico. El objetivo final de <em>Vida de los números </em>es contarnos a nosotros mismos usando los números como excusa, al igual que una mitología pretende contarnos a través de las peripecias de dioses, diosas y héroes. Por eso la exposición refleja la relación de los números con la fisiología del ser humano, el nacimiento de la escritura, la astronomía y la medida del tiempo, los avatares del comercio, la imprenta, las intransigencias religiosas o la creación del canon renacentista para el cuerpo humano.</p>
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		<title>Ciencia en el mercado: cartas de Einstein a subasta</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Jun 2006 09:37:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Sánchez Ron</strong>, miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid (EL PAÍS, 11/06/06):</p>
<p>El nombre de Albert Einstein vuelve a aparecer en las noticias. Cuando aún no se han apagado los ecos del Año Einstein, dedicado a recordar el centenario de sus trabajos de 1905, ahora se anuncia la subasta de un lote de cartas que intercambió con Ernst Straus (1922-1983), uno de los jóvenes científicos con grandes habilidades matemáticas que le sirvieron de ayudantes durante las dos últimas décadas de su vida. Las cartas, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/9472/ciencia-en-el-mercado-cartas-de-einstein-a-subasta/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Sánchez Ron</strong>, miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid (EL PAÍS, 11/06/06):</p>
<p>El nombre de Albert Einstein vuelve a aparecer en las noticias. Cuando aún no se han apagado los ecos del Año Einstein, dedicado a recordar el centenario de sus trabajos de 1905, ahora se anuncia la subasta de un lote de cartas que intercambió con Ernst Straus (1922-1983), uno de los jóvenes científicos con grandes habilidades matemáticas que le sirvieron de ayudantes durante las dos últimas décadas de su vida. Las cartas, a las que acompañan otros materiales, se subastan a un precio de partida de 1,1 millones de euros. No es, sin embargo, la primera vez que salen a puja manuscritos de Einstein, uno de los grandes iconos del siglo XX. En marzo de 1996, por ejemplo, Sotheby&#8217;s sacó a subasta una serie de manuscritos autógrafos sobre sus teorías de la relatividad especial y general. Según el catálogo, se estimaba conseguir por ellos entre 4 y 6 millones de dólares. Aquel mismo año, el 25 de noviembre, Christie&#8217;s subastó 56 páginas manuscritas de cálculos que él y su amigo Michele Besso efectuaron en junio de 1913 sobre la teoría relativista de la gravitación que Einstein pugnaba por construir. Se vendieron por 398.500 dólares. El mismo día, Christie&#8217;s también ofreció otro conjunto de documentos, éstos familiares, incluyendo las ahora célebres cartas de amor que intercambió con quien sería su primera esposa, Mileva Maric. El total obtenido fue de 878.924 dólares.</p>
<p>Lejos están los tiempos en los que Sotheby&#8217;s únicamente obtuvo unas modestas 9.030 libras en la subasta (1 y 14 de julio de 1936) de un extraordinario conjunto de manuscritos en los que el gran Isaac Newton analizaba cuestiones de religión y de alquimia (por cierto, el economista John Maynard Keynes se benefició de la oportunidad, adquiriendo un número importante de aquellos documentos, que en su momento legó al King&#8217;s College de Cambridge). Hoy las figuras más carismáticas de la ciencia, como sin duda fueron Newton y Einstein, son muy valoradas socialmente, y sus manuscritos o posesiones ansiadas por los coleccionistas e instituciones culturales. El caso de Einstein es especialmente manifiesto. No es improbable que en el mismo periódico en el que escribo estas líneas aparezca un anuncio a dos páginas de un automóvil, una de las cuales la ocupa una fotografía de Einstein escribiendo alguna ecuación. ¿Contribuye esto a difundir la ciencia y los científicos en la sociedad, o es un vulgar y torpe sucedáneo que engaña a todos aquellos, la mayoría, que deberían esforzarse por conocer al menos algo de lo que puede enseñar la ciencia, el mejor instrumento de liberación, espiritual y material, de que disponen los humanos? Para mí, no es sino un mero sucedáneo.</p>
<p>Y una manifestación de ello es lo que se ha escrito acerca de estas cartas entre Straus y Einstein. En las noticias se dice que su contenido trata de la teoría -denominada del &#8220;campo unificado&#8221;- que Einstein se empeñó en desarrollar durante las últimas décadas de su vida, en la que pretendía reunir en una gran síntesis electromagnetismo y gravitación, y en algún caso se añade <em>(The Guardian),</em> mostrando una evidente ignorancia y oportunismo barato, que &#8220;una intrigante posibilidad es que los manuscritos puedan contener ideas que Einstein abandonó pero que tal vez pudiesen ser de utilidad en la actualidad con vistas a descubrimientos futuros&#8221;. Todo perfectamente vago. Lo que se dice podría referirse a casi cualquier cosa. La circunstancia, la subasta de documentos del genio, es lo importante, no lo que éstos pueden contener y decirnos. Este caso es particularmente cercano para quien escribe estas líneas, ya que tiene que ver con uno de mis más queridos -y ya viejos- temas de investigación. En la primavera de 1979 escribí a Ernst Straus pidiéndole información acerca de un punto de su colaboración con Einstein. Éste, es cierto, buscaba una teoría del campo unificado, con la esperanza de que al mismo tiempo que ésta hiciese de las fuerzas electromagnéticas y gravitacionales la manifestación de un único substrato (campo), también permitiese prescindir de la discontinuidad y probabilismo de la física cuántica, que él consideraba físicamente inadmisible. El <em>campo,</em> una entidad causal y continua, que no admitía &#8220;saltos&#8221; como los cuánticos, sería el instrumento que permitiría semejante logro.</p>
<p>En realidad, Einstein no había sido siempre un ferviente defensor de este concepto, el campo. La relatividad especial (1905) es independiente de él (de hecho, contiene una célebre frase: &#8220;La introducción de un éter&#8221;, esto es, de un campo, &#8220;lumínico se mostrará superflua&#8221;). Fue a partir de 1915, cuando consiguió formular la teoría relativista de la gravitación -la relatividad general- que buscaba desde 1907, y que es una teoría &#8220;de campos&#8221;, cuando se convirtió en un defensor a ultranza de este concepto.</p>
<p>En este punto es preciso explicar que el concepto de campo es una de las tres posibilidades que existen para explicar uno de los grandes problemas de la física: el de la interacción. Si dos, digamos, cuerpos se afectan <em>-interaccionan-</em> entre sí, ¿cómo lo hacen? Decimos: a través de una fuerza, pero ¿cómo se transmite ésta? Las posibilidades son sólo tres: mediante un choque, a través de un medio continuo (un campo), o gracias a una &#8220;acción a distancia&#8221; no soportada por ningún medio. Obviamente, esta última posibilidad desafía nuestro entendimiento, pero funcionó muy bien en la dinámica y teoría de la gravitación que Newtonformuló en 1687, aunque él tampoco entendiese qué eran en realidad tales acciones a distancia. Fascinado, como digo, por el poder de su teoría de la relatividad general, Einstein terminó convencido que el campo que buscaba era la última, la más fundamental, realidad física.</p>
<p>Por una serie de indicios, a finales de los setenta supe que era posible que Einstein, desesperado por sus repetidos fracasos, hubiese intentado construir una teoría de acción a distancia que reuniese electromagnetismo y gravitación, y que lo había hecho en colaboración con Straus.</p>
<p>En su respuesta (31 de mayo de 1979) a mi carta, Straus confirmó implícitamente este punto: Einstein y él habían probado con acciones a distancia. Incluyó, además, algunas de las ecuaciones básicas de dos teorías que habían desarrollado, y me prometió que intentaría proporcionarme algunos datos más. Aunque escogió un camino erróneo, Einstein era lo suficientemente buen físico para comprender que las presuposiciones filosóficas o conceptos que podemos entender más fácilmente son únicamente guías que pueden ayudar, pero no los jueces últimos en la búsqueda de la comprensión de los fenómenos naturales. No creía en las acciones a distancia, pero intentó también con ellas. En alguno de mis trabajos sobre historia de la física einsteniana he aludido a la información que me suministró el colaborador de Einstein y lo que este episodio significa tanto con respecto a Einstein como con relación al &#8220;método&#8221; científico, pero nunca estuve satisfecho porque me faltaban piezas, datos y ecuaciones para poder construir una buena historia. Hace unos pocos años, con Straus ya fallecido, escribí a su familia preguntándoles si habían encontrado entre sus papeles la información que deseaba. Nunca contestaron. Ahora sé que sí encontraron lo que yo buscaba.</p>
<p>No me quejo. Lo comprendo. Si escribo estas líneas es para intentar explicar por qué los materiales que se ofrecen ahora son valiosos. De hecho, el propio Straus aludió en alguna ocasión, de forma breve y sin incluir fórmulas, a aquellos trabajos suyos con Einstein. Nadie, sin embargo, lo ha recordado en las informaciones publicadas estos días, como si lo único que importase fuese lo efímero y circunstancial, la subasta, el precio de las cartas, o detalles acerca de la vida de Straus.</p>
<p>Es preciso, sin embargo, hacer hincapié en lo fundamental; en que el núcleo central de lo que esas misivas contienen acaso puede servir para comprender mejor el pensamiento de uno de los mayores genios de la ciencia de todos los tiempos. No es imposible, por supuesto, que las cartas terminen en manos de alguien que las valore preferentemente como objetos, como reliquias de un personaje famoso. Ahora son unas cartas con cálculos complejos, pero, esto es lo esencial, escritas por la mano del héroe. En otras ocasiones ha podido ser una prenda de Marilyn Monroe o la mecedora de John F. Kennedy. Es cierto, no lo niego, que vivimos en la <em>Era del Conocimiento,</em> pero esta tiene evidentes y numerosas contradicciones. ¿En qué medida, hay que preguntarse, se halla extendido en nuestras, más expertas y desarrolladas, sociedades el deseo de comprender? Estamos mejor instruidos, sí o muy probablemente, pero ¿significa esto que amemos más saber, conocer, ir más allá de lo aparente?</p>
<p>De todas maneras, si el afortunado con más de un millón de euros para disponer libremente que compra las cartas einstenianas lee este escrito, quiero pedirle que, por favor, me deje leerlas. Prometo no estropearlas.</p>
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		<title>Las promesas de la ciencia</title>
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		<pubDate>Sat, 27 May 2006 09:52:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Sánchez Ron</strong>, miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid (EL PERIÓDICO, 27/05/06):</p>
<p>&#8220;El pasado es un país extraño&#8221; es una frase famosa que aparece en la novela de <strong>L. P. Harvey,</strong><em> The Go-Between</em>. Pues bien, cuando leemos las noticias que surgen del mundo científico parece que, efectivamente, cada vez va a ser más difícil reconocer el pasado, tantas son las nuevas posibilidades que nos anuncian los científicos. Leo, por ejemplo, que investigadores del Centro de Cirugía de Mínima Invasión de Cáceres están desarrollando &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/8972/las-promesas-de-la-ciencia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Sánchez Ron</strong>, miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid (EL PERIÓDICO, 27/05/06):</p>
<p>&#8220;El pasado es un país extraño&#8221; es una frase famosa que aparece en la novela de <strong>L. P. Harvey,</strong><em> The Go-Between</em>. Pues bien, cuando leemos las noticias que surgen del mundo científico parece que, efectivamente, cada vez va a ser más difícil reconocer el pasado, tantas son las nuevas posibilidades que nos anuncian los científicos. Leo, por ejemplo, que investigadores del Centro de Cirugía de Mínima Invasión de Cáceres están desarrollando en fase preclínica un microchip con el objetivo de reducir la obesidad en adultos. El dispositivo en cuestión &#8211;que ya se ha probado en conejos y ha logrado disminuir su peso entre un 10% y un 15% en dos semanas&#8211; se instalaría en el nervio vago, cuya función principal es inducir la secreción gástrica. Es inmediato pensar en las consecuencias que podría originar un desarrollo como este, que, evidentemente, debemos calificar de positivo. Ahora bien, ¿significa esto que podríamos comer hasta saciarnos, seguros de que el microchip que llevamos insertado nos evitará las negativas consecuencias de semejante desenfreno? Piensen en lo que esto implicaría.<br />
Pero, en realidad, el ejemplo del microchip y el adelgazamiento no es sino una excusa para tratar cuestiones más generales. La primera es la que he apuntado al principio, la de que parece que el avance científico producirá en las próximas generaciones cambios de tal calibre en el mundo de la biomedicina que todo aquello que tiene que ver con la vida cambiará, haciendo que se modifiquen radicalmente nuestros usos y valores más firmemente anclados. Cambiarán cosas pequeñas, como, acaso, la inserción de un microchip que altere nuestra relación con lo que pesamos, pero sabemos muy bien que <em>lo pequeño</em> puede ser una bomba de relojería. No en vano, uno de los desarrollos más importantes de las últimas décadas ha sido la ciencia del caos, esto es, de los sistemas extremadamente sensibles a cambios, aunque sean minúsculos, en las condiciones iniciales. &#8220;El batido de las alas de una mariposa en Brasil puede producir un tornado en Texas&#8221;, según la célebre frase del meteorólogo teórico <strong>Edward Lorenz,</strong> que impulsó el estudio de los sistemas caóticos.</p>
<p>OTROS DE LOS cambios que se vislumbran con cada vez mayor claridad en el horizonte son los que tienen que ver con la evolución, incluyendo, claro, la de nuestra especie, <em>homo sapiens. </em>No es, por supuesto, una discusión nueva &#8211;se lleva hablando del tema desde hace tiempo&#8211;, pero es tan importante que es imperativo volver constantemente a ella, tomando en consideración los últimos avances. Acaba de publicarse en España un libro que sirve bien para esta función: <em>La escalera de Jacob</em> (Paidós, 2006), de <strong>Henry Gee.</strong> Refiriéndose a las consecuencias de la terapia génica, o de las posibilidades de intervenir en nuestro genoma, <strong>Gee</strong> augura un futuro próximo en el que al principio la gente podría utilizar las modificaciones de segmentos de genoma para, por ejemplo, &#8220;alterar su metabolismo y poder comer más sin engordar, para beber alcohol o consumir drogas sin padecer efectos nocivos (o evitar su detección por parte de las autoridades)&#8221;.<br />
Nótense los citados ejemplos (incluyendo, de nuevo, el de evitar el sobrepeso), propios de los ciudadanos de sociedades con algún grado de opulencia. También se refiere a otras posibilidades, como cambiar el tamaño de los pechos o de los genitales, mejorar la inteligencia o suprimir las tendencias criminales, pero serán sólo, añade, el principio. Luego llegarán, explica, &#8220;niños creados de forma totalmente artificial&#8221;. Y &#8220;a medida que aprendamos cómo diseñar, crear y modificar humanos, haremos lo mismo con muchos animales, plantas y microorganismos, cambiando el mundo circundante de forma irrevocable, para bien o para mal&#8221;.<br />
A la vista de todo esto es evidente que nos encontramos en un momento histórico difícil y crucial. Se anuncian cambios por todas partes. El futuro hará que el pasado termine siendo, ciertamente, un país extraño, pero no hace falta que compliquemos la situación con fenómenos como uno que se está produciendo desde hace tiempo y constantemente: el de científicos individuales o grupos que realizan declaraciones públicas (con frecuencia bien orquestadas por sus instituciones) en las que señalan que tal o cual investigación que están a punto de concluir tendrá esta o aquella consecuencia de implicaciones fundamentales, bien en el ámbito de la medicina o en el de la energía.</p>
<p>CUÁNTOS DE estos anuncios, de estas promesas, se cumplen? Debería existir algo así como una agencia de seguimiento de las promesas científicas, aunque solo fuese para que nos pudiésemos hacer una idea de cuál es la situación. Acaso no sería impensable que en la evaluación de proyectos de investigación se incluyera un apartado de promesas incumplidas. La investigación científica es un complejo, delicado e incierto juego que no asegura resultados, pero los científicos deberían ser más cuidadosos &#8211;y menos oportunistas&#8211; a la hora de anunciar públicamente lo que por el momento es simplemente una posibilidad.<br />
De hecho, hay mecanismos para evitar estos abusos. En el ámbito de la medicina uno de esos mecanismos es la autorización de medicamentos. Acaba, por ejemplo, de anunciarse que la Agencia del Medicamento de Estados Unidos ha aprobado la primera vacuna contra el cáncer de cuello de útero, que causa 300.000 muertes al año y es el segundo más frecuente entre las mujeres. Esto es una realidad y no una promesa, una realidad, además, que anima a confiar en la ciencia.</p>
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		<title>Homenaje a Auguste D.</title>
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		<pubDate>Tue, 16 May 2006 21:45:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Martínez Lage</strong>. Profesor honorario de Neurología. Universidad de Navarra (ABC, 16/05/06):</p>
<p>EN este año que corre se conmemora el centenario de la infausta enfermedad descubierta por Alois Alzheimer (1864-1915). Dos circunstancias hubieron de concurrir para que tal hecho sucediera: una enferma que la sufría y un neurocientífico genial que la cuidó y luego estudió su cerebro con el microscopio, el instrumento de trabajo en el que era un gran perito. Alzheimer nunca soñó que estaba dando a conocer una nueva enfermedad ni que su nombre ganaría fama universal. Él y todos sus discípulos de la escuela &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/8499/homenaje-a-auguste-d/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Martínez Lage</strong>. Profesor honorario de Neurología. Universidad de Navarra (ABC, 16/05/06):</p>
<p>EN este año que corre se conmemora el centenario de la infausta enfermedad descubierta por Alois Alzheimer (1864-1915). Dos circunstancias hubieron de concurrir para que tal hecho sucediera: una enferma que la sufría y un neurocientífico genial que la cuidó y luego estudió su cerebro con el microscopio, el instrumento de trabajo en el que era un gran perito. Alzheimer nunca soñó que estaba dando a conocer una nueva enfermedad ni que su nombre ganaría fama universal. Él y todos sus discípulos de la escuela neuropatológica de Múnich pretendían descubrir las bases cerebrales de las demencias y de las psicosis en franca oposición a la teoría psicoanalítica freudiana a la sazón imperante que achacaba estos trastornos a traumas sexuales ocurridos en la infancia.</p>
<p>Dos fechas merecen ser recordadas al respecto: la del 8 de abril de 1906, día en que murió la enferma Auguste D. (1850-1906) y la del 3 de noviembre del mismo año, fecha en la que Alzheimer dio a conocer a sus colegas sus originales hallazgos, los que más tarde llevaron a Kraepelin a bautizar el proceso con el epónimo que hoy está en boca de todos. Se preparan en todo el mundo libros y congresos en homenaje a Alzheimer, pero tengo la impresión de que se va a dedicar escasa atención a la paciente que precisamente propició la investigación y cuyo historial clínico se conoce con detalle.</p>
<p>En la madrugada del 8 de abril de 1906 moría Auguste en el hospital psiquiátrico de Francfort a causa de una neumonía, después de haber permanecido ingresada en el mismo desde el 25 de noviembre de 1901 cuando tenía 51 años. Sus síntomas habían comenzado unos meses antes.</p>
<p>Sin la más mínima razón para ello, empezó a asegurar obstinadamente que su marido «se iba de paseo con una vecina», levantando el consiguiente revuelo alrededor. Poco después, aparecieron dificultad para recordar cosas. Dos meses más tarde cometía más y más errores al cocinar. Paseaba de manera constante e inmotivada por su casa. Se despreocupó poco a poco de todo. Fue empeorando progresivamente. Aseguraba que un hombre que iba a su casa con frecuencia tenía la intención de «hacerle algo». Pensaba que las conversaciones que tenían lugar en su entorno hacían siempre referencia a ella. Más tarde, y con frecuencia, sentía por momentos ansiedad y miedo de estar muriéndose. Repicaba sin ton ni son las campanillas de entrada de las puertas de sus vecinos. No sabía encontrar sus propios objetos personales en los lugares en que ella misma los había guardado.</p>
<p>Su comportamiento se hizo hostil, gritaba frecuentemente y arremetía contra quien quería examinarla. Tocaba la cara de los otros enfermos y les golpeaba. Era difícil imaginar lo que quería. Tuvo que ser aislada. Presentó un serio trastorno del lenguaje, falta comprensión, pobreza de palabras y clara asintaxis. Perdió el control de los esfínteres vesical y anal. Aparecieron úlceras por encamamiento continuado. Su debilitamiento físico fue cada vez mayor. Perdió mucho peso. Finalmente, padeció un grave proceso febril que la condujo a la muerte.</p>
<p>El 21 de diciembre de 1995, tras intensa búsqueda, se encontró en el sótano de la Clínica Universitaria de Fráncfort la carpeta azul que contiene 32 folios -en seis de cuales hay manuscritos del propio Alzheimer- que relatan la enfermedad de Auguste. Tras su muerte, su cerebro fue enviado desde Fráncfort a Múnich, ciudad adonde se había trasladado Alzheimer en 1903. Muy intrigado por el caso desde que reconoció a la enferma a su ingreso en el hospital, lo estudió afanosamente y seis meses más tarde pudo dar a conocer sus resultados a sus colegas en una reunión en Tubinga. No despertó el más mínimo interés, por lo se quedó muy decepcionado. En los años 1992 y 1997 se encontraron las preparaciones histológicas del cerebro de Auguste en el Instituto de Neuropatología de Múnich, lo que permitió corroborar con todo detalle todo cuanto Alzheimer había descrito unos noventa años atrás.</p>
<p>De la historia de la enfermedad de Alzheimer a lo largo de los cien años transcurridos me ocuparé en su momento. Hoy quiero rendir tributo a la primera enferma que, por desgracia, recibió científicamente tal diagnóstico. El mejor tributo es recordarla y decirle que la poderosa Alzheimer´s Association -que celebrará los días 16-22 de julio próximo, en Madrid su bienal Conferencia Internacional, a la que asistirán casi 6.000 investigadores- se propone nada menos que contribuir de manera decisiva a lograr «un mundo sin enfermedad de Alzheimer». Si el 95 por ciento de los grandes descubrimientos sobre esta enfermedad han tenido lugar en los últimos quince años, no es una quimera pensar que en la próxima década pueda tener lugar su conquista. La opinión pública, las instituciones privadas y todos los gobiernos han de ser muy sensibles a esta problemática.</p>
<p>Como dijo la Princesa Yasmin Aga Khan, presidenta de Alzheimer Disease Internacional, let´s get moving, there is no time to lose. El mundo académico y universitario, la industria farmacéutica, las Administraciones y los grupos inversores han de ser capaces de realizar el esfuerzo necesario, superar las barreras existentes y encontrar los incentivos necesarios para descubrir los medicamentos curativos de esta enfermedad que, dado el envejecimiento progresivo de la población, va camino de convertirse en la undécima plaga de Egipto.</p>
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		<title>Barcoding the universe</title>
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		<pubDate>Tue, 02 May 2006 20:42:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Peter Rodgers</strong>. He was until recently editor of Physics World magazine (THE GUARDIAN, 02/05/06):</p>
<p>One of the most basic ideas in physics is that certain things do not change with time. First and foremost, the laws of physics themselves are pretty much written in stone. We do not know every single detail of these laws yet &#8211; indeed there are some alarming gaps in our knowledge &#8211; but as physicists try to figure out how the universe works, they are pretty sure that the rules of the game are not changing.</p>
<p>There are other things, known as fundamental &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/7038/barcoding-the-universe/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Peter Rodgers</strong>. He was until recently editor of Physics World magazine (THE GUARDIAN, 02/05/06):</p>
<p>One of the most basic ideas in physics is that certain things do not change with time. First and foremost, the laws of physics themselves are pretty much written in stone. We do not know every single detail of these laws yet &#8211; indeed there are some alarming gaps in our knowledge &#8211; but as physicists try to figure out how the universe works, they are pretty sure that the rules of the game are not changing.</p>
<p>There are other things, known as fundamental constants, that are not meant to change either. These include the speed of light and the charge on the electron, and their values have been measured to an accuracy of many decimal places. In recent years, however, evidence has emerged that some constants might not be constant after all.</p>
<p>To check if a fundamental constant is changing, it is necessary to measure it extremely accurately at two different times and compare the results. One of the best ways of doing this is to measure how light is emitted and absorbed by various atoms and molecules. All atoms and molecules have unique patterns of emission and absorption, &#8220;lines&#8221; at different wavelengths, much like the products in a supermarket have barcodes. If one of the fundamental constants is changing with time, then these barcodes will also change in a distinctive way. A growing number of physicists and astronomers have started to make these very demanding measurements.</p>
<p>Some of these experiments look for small changes in the barcodes over short periods. To put it simply, they measure the barcode, wait a few months or years, and measure it again. Other researchers take advantage of the vastness of the universe to compare the barcodes they have measured in their laboratories with corresponding barcodes from billions of years ago. This is possible because the light now reaching the Earth from distant stars and galaxies was stamped with the relevant barcodes when the universe was much younger.</p>
<p>The experiments are complicated by the fact that the wavelengths of all the lines in the barcode are &#8220;red-shifted&#8221; by the expansion of the universe. (This is analogous to the Doppler effect that causes the pitch of a fire-engine siren to rise as it approaches you, and then fall as it races off into the distance.) However, this red shift also tells researchers how old the barcode is.</p>
<p>The first fundamental constant to look vulnerable was the fine-structure constant. This number, also known as alpha, is of interest to physicists because it is a measure of the strength of the electromagnetic force that holds atoms together. An international team of astronomers led by John Webb of the University of New South Wales in Australia have measured the barcodes of various atoms in the light from more than 100 distant quasars and are convinced that alpha was slightly smaller billions of years ago. However, these results remain controversial and other groups have failed to detect any change in alpha using a similar approach.</p>
<p>Now a second constant &#8211; the mass of the proton divided by the mass of the electron &#8211; looks as if it might have changed. Wim Ubachs of the Free University of Amsterdam and co-workers have just published a paper which claims that this constant has decreased by 0.002% over the past 12bn years.</p>
<p>If these results hold up, physicists will have to revise some of their most basic models of the behaviour of matter and forces. But the fundamental constants should be of interest to everyone. If the value of these constants had been different in the past, then life would not have evolved on Earth, either because the molecular structures needed for life would not have been stable, or because there would have been no stars.</p>
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		<title>El CSIC y los jóvenes investigadores</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/1240/el-csic-y-los-jovenes-investigadores/</link>
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		<pubDate>Fri, 03 Mar 2006 12:22:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>
		<category><![CDATA[Investigación]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Martínez Alonso, </strong>presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (EL PAÍS, 03/03/06):</p>
<p>El Programa Ramón y Cajal supuso una mejora en la carrera investigadora existente en España. Desde su creación en el año 2001, ha permitido la incorporación al sistema español de ciencia y tecnología de 2.500 investigadores. Asimismo, ha generado la puesta en marcha de otros programas afines, gestionados por administraciones autonómicas. Todos ellos se basan en un proceso de evaluación y selección competitivo de características similares a los de los países que lideran la investigación científica y el desarrollo tecnológico.</p>
<p>Por sus características, estos programas permiten &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/1240/el-csic-y-los-jovenes-investigadores/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Martínez Alonso, </strong>presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (EL PAÍS, 03/03/06):</p>
<p>El Programa Ramón y Cajal supuso una mejora en la carrera investigadora existente en España. Desde su creación en el año 2001, ha permitido la incorporación al sistema español de ciencia y tecnología de 2.500 investigadores. Asimismo, ha generado la puesta en marcha de otros programas afines, gestionados por administraciones autonómicas. Todos ellos se basan en un proceso de evaluación y selección competitivo de características similares a los de los países que lideran la investigación científica y el desarrollo tecnológico.</p>
<p>Por sus características, estos programas permiten la contratación de larga duración de investigadores en condiciones que no podían ser contempladas antes de su creación. Están dotados de un salario competitivo, equivalente al de un Profesor Titular de Universidad o un Científico Titular del CSIC, escalas habituales de acceso a las plantillas de estas instituciones. La duración del contrato, de cinco años con los beneficios y coberturas de cualquier trabajador, permite una planificación de la actividad investigadora a medio plazo, disponiendo para ello de oportunidades para realizar proyectos científicos que son similares a las del personal en plantilla.</p>
<p>La actividad investigadora suele estar sujeta a la evaluación continuada y a la planificación estratégica. Solo así adquiere su auténtico sentido como vehículo para avanzar en el conocimiento y servir con ello al desarrollo de nuestra sociedad. En este contexto, el CSIC está culminando la elaboración de un Plan de Actuación para los próximos cuatro años, que ha sido examinado por 22 comisiones internacionales, propuestas por la European Science Foundation (ESF) y la European Molecular Biology Organization (EMBO) y que ha permitido la evaluación externa e internacional de cada uno de los 116 Institutos que constituyen el Organismo. El compromiso de la institución por alcanzar las más altas cotas de calidad en su actividad investigadora ha conducido a este Plan que servirá de punto de partida para comenzar su andadura como Agencia Estatal en los próximos meses. Así, si la institución ya era exigente consigo misma, lo será aún más en el nuevo marco, en el que el cumplimiento de los objetivos fijados en el Plan será evaluado continuamente.</p>
<p>En este nuevo escenario, el CSIC está apostando por consolidarse como un Organismo de investigación de referencia a nivel mundial y sólo podrá alcanzar este objetivo si cuenta con los recursos humanos más competitivos. Por ello debe avanzar en la mejora de sus procesos de selección de personal, a fin de asegurar la incorporación de los investigadores más competitivos, a los que, además, debe ofrecerles una carrera científica atractiva.</p>
<p>Esta exigencia ha permitido ya la incorporación al CSIC de un importante número de excelentes científicos en los últimos años. Ello, unido al esfuerzo del actual Gobierno para fomentar la investigación científica y el desarrollo tecnológico está permitiendo que ingresen en nuestro sistema de I+D más del doble de los investigadores que lo hicieron en los dos últimos años del anterior Gobierno. Así, el pasado viernes día 10, aprobaba el Consejo de Ministros la Oferta de Empleo Público (OEP) para 2006. Están incluidas en ella las 359 nuevas plazas asignadas al Consejo Superior de Investigaciones Científicas que, unidas a las de promoción interna alcanzarán este año la cifra total de 570. Se trata del incremento de plantilla más alto de toda la historia del CSIC. Esta generosa OEP permite incorporar de forma estable al sistema de I+D a los investigadores más competitivos del Programa Ramón y Cajal y de otros similares.</p>
<p>El CSIC está cumpliendo con este objetivo y no hacerlo así sería cercenar el futuro de la institución y del desarrollo de la I+D española. Desde la puesta en marcha del programa Ramón y Cajal en 2001, 635 investigadores han escogido los centros e institutos del CSIC como el destino más adecuado para llevar a cabo su labor investigadora en España. Esta cifra supone que el CSIC atrae el 25 % del total de contratos del programa, lo que compara muy favorablemente con el tamaño de su personal investigador, que sólo representa un 6 % del total nacional. La oferta de plazas del CSIC en estos últimos años ha permitido que 278 de ellos sean ya personal funcionario de sus escalas científicas de los cuales, 48 contratados Ramón y Cajal provienen de otras instituciones, lo que ilustra la transparencia del proceso de selección. De las 350 plazas de científico titular ofertadas por el CSIC en el cuatrienio 2002-2005, 278 se cubrieron con investigadores procedentes del Programa Ramón y Cajal. Estas cifras de incorporación son las más altas a nivel nacional, tanto en valores absolutos como relativos, y confirman la apuesta del CSIC por la calidad de sus investigadores y su firme apoyo a los investigadores jóvenes, con la convicción de que representan el futuro de la institución.</p>
<p>En el año 2006 el CSIC ofertará 200 nuevas plazas de Científico Titular. Con ello se reafirma el compromiso del Gobierno con la I+D y, en particular, con el CSIC como su mayor organismo ejecutor de su política científica. Dada la preparación de los contratados por el Programa Ramón y Cajal y sus afines, y los altos niveles de exigencia en los procesos de selección, es de esperar que esta nueva oferta sirva, como las anteriores, para que muchos de ellos se incorporen de manera definitiva al CSIC.</p>
<p>El CSIC, sin embargo, no contempla la incorporación de contratados por estos programas a sus escalas científicas por vías que no incluyan la evaluación rigurosa e individualizada de las trayectorias científicas de los candidatos. La trayectoria y reputación científica del CSIC se basa en una competencia libre y abierta de las plazas que ofrece. En este momento, en los centros e institutos del CSIC desarrollan su labor 55 investigadores Ramón y Cajal de la primera convocatoria del Programa, año 2001, cuyos contratos finalizarán a partir de noviembre de 2006 y a lo largo de 2007. Muchos de ellos podrán, sin duda, optar a las nuevas plazas que convocará el CSIC y, por supuesto, a aquellas que, entre tanto, convoquen las Universidades otros OPIs y el sector privado. Independientemente de este proceso futuro, conviene resaltar que todos los investigadores con contrato de la convocatoria 2001 en vigor, sin excepción, se han presentado una o más veces a un concurso-oposición de Científico Titular del CSIC. Las plazas ofertadas fueron adjudicadas a candidatos que, siendo o no contratados por el Programa Ramón y Cajal o sus afines, o proviniendo de otras instituciones, presentaron los méritos más adecuados y de mayor calidad a consideración del tribunal encargado de juzgar la plaza, tribunal compuesto por especialistas del CSIC y de otras instituciones. Estas actuaciones vienen a refrendar el compromiso de la institución por la excelencia científica y su renuncia a la endogamia, que es considerada un lastre tradicional de la ciencia española.</p>
<p>No se trata sólo de que hay que ser muy selectivos y elegir, en consecuencia, a los más competitivos, sino también de constatar que la construcción de un adecuado sistema de investigación científica debe hacerse de manera gradual y sostenida, evitando crecimientos espasmódicos, seguidos de estancamientos prolongados. En este sentido, la voluntad de incrementar y rejuvenecer las plantillas del CSIC, nos han llevado, también, a aumentar un 65% la oferta de la modalidad de contrato llamada I3P en los años 2005 y 2006, a duplicar la oferta de becas para los estudiantes en el ultimo año de la carrera universitaria, además de mejorar sustancialmente su percepción económica.</p>
<p>Desde que se aprobó la Ley de la ciencia, hace ahora veinte años, el número de investigadores del sistema nacional de I+D, en equivalencia a jornada completa, pasó de 24.500 a 101.000, pero de esos trabajan en el sector privado sólo el 37%, lo que resulta ser uno de los porcentajes más bajos de los países de la OCDE. Incrementar ese porcentaje, aumentando el número de investigadores del sector productivo, debería ser también un objetivo de todos.</p>
<p>En situaciones como las actuales, se suele poner de modelo en investigación el llamado &#8220;tenure track&#8221; que predomina en Estados Unidos, en el que se puede conseguir el derecho a la permanencia en el empleo (&#8220;tenure&#8221;) tras un periodo de prueba de varios años, pero quizá se oculta, que sólo una parte de los empleos de I+D son &#8220;tenured&#8221; y que no todos los que entran por el &#8220;track&#8221; acaban alcanzando la deseada permanencia en esa institución. Algunos se desplazan a otras instituciones o al sector privado. En materia de investigación existen pocas creencias comúnmente compartidas pero, pocas pueden conseguir mayor consenso internacional que la necesidad de seleccionar a los mejores, de refinar el sistema de revisión por pares, de evaluar científicamente a personas, centros y publicaciones. En el CSIC procuramos aplicar estos principios.</p>
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		<title>El inaplazable reto del &#8216;Made is Spain&#8217;</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Oct 2005 13:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_3182.pdf" target="_blank">El inaplazable reto del &#8216;Made is Spain&#8217;</a> (&#8216;Se buscan 60.000 científicos&#8217;, &#8216;España es un 20% menos rica por la falta de inversión en I+D&#8217; y &#8216;Las armas de la investigación española&#8217;. <strong>José Luis Barbería</strong> (EL PAÍS, 17-19/10/05)&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/239/se-buscan-60000-cientificos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
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		<title>Ochoa y la Edad de Plata de la ciencia en España</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Sep 2005 13:55:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_3039.pdf" target="_blank">Ochoa y la Edad de Plata de la ciencia en España</a>. <strong>Josep L. Barona</strong> es profesor de Historia  						de la Ciencia de la Universitat de València (EL PAÍS, 27/09/05).&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/243/ochoa-y-la-edad-de-plata-de-la-ciencia-en-espana/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
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		<title>La hora de la eficiencia</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Sep 2005 15:09:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2998.pdf" target="_blank">La hora de la eficiencia</a>. <strong>Mikel Buesa</strong>, catedrático de la Universidad Complutense de  						Madrid (ABC, 21/09/05).&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/298/la-hora-de-la-eficiencia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
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		<title>Ciencia y tecnología: entre la industria y las políticas públicas</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jun 2005 15:10:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2664.pdf" target="_blank">Ciencia y tecnología: entre la industria y las políticas públicas</a>. <strong>Josep L. Barona</strong> es  						catedrático de Historia de la Ciencia. Universidad de Valencia (EL PAIS, 27/06/05).&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/299/ciencia-y-tecnologia-entre-la-industria-y-las-politicas-publicas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2664.pdf" target="_blank">Ciencia y tecnología: entre la industria y las políticas públicas</a>. <strong>Josep L. Barona</strong> es  						catedrático de Historia de la Ciencia. Universidad de Valencia (EL PAIS, 27/06/05).</p>
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		<title>Más consideraciones sobre la Ciencia y sus límites</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Jun 2005 13:56:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2562.pdf" target="_blank">Más consideraciones sobre la Ciencia y sus límites</a>. <strong>Santiago Grisolía</strong>, bioquímico (ABC,  						04/06/05).&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/244/mas-consideraciones-sobre-la-ciencia-y-sus-limites/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2562.pdf" target="_blank">Más consideraciones sobre la Ciencia y sus límites</a>. <strong>Santiago Grisolía</strong>, bioquímico (ABC,  						04/06/05).</p>
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		<title>El CSIC en el espacio español de investigación</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/245/el-csic-en-el-espacio-espanol-de-investigacion/</link>
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		<pubDate>Mon, 11 Apr 2005 13:56:58 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2279.pdf" target="_blank">El CSIC en el espacio español de investigación</a>. <strong>Carlos Martínez Alonso</strong> es presidente  						del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (EL PAIS, 11/04/05).&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/245/el-csic-en-el-espacio-espanol-de-investigacion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2279.pdf" target="_blank">El CSIC en el espacio español de investigación</a>. <strong>Carlos Martínez Alonso</strong> es presidente  						del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (EL PAIS, 11/04/05).</p>
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		<title>Algunas consideraciones sobra la Ciencia y sus límites</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Apr 2005 13:58:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2244.pdf" target="_blank">Algunas consideraciones sobra la Ciencia y sus límites</a>. <strong>Santiago Grisolía</strong>, bioquímico  						(ABC, 02/04/05).</p>
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		<title>Contrastes en la política científica</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/249/contrastes-en-la-politica-cientifica/</link>
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		<pubDate>Sat, 11 Dec 2004 13:59:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2004/spain/spain_1633.pdf" target="_blank">Contrastes en la política científica</a>. El autor sostiene que el modelo francés, aunque no aplicable  						automáticamente en España, debería estimular un debate en el que participasen la Administración y los laboratorios. <strong>Pere Puigdomènech</strong>, del Laboratorio de Genética Molecular  						Vegetal, CSIC-IRTA (EL PAIS, 11/12/04).&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/249/contrastes-en-la-politica-cientifica/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2004/spain/spain_1633.pdf" target="_blank">Contrastes en la política científica</a>. El autor sostiene que el modelo francés, aunque no aplicable  						automáticamente en España, debería estimular un debate en el que participasen la Administración y los laboratorios. <strong>Pere Puigdomènech</strong>, del Laboratorio de Genética Molecular  						Vegetal, CSIC-IRTA (EL PAIS, 11/12/04).</p>
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		<title>Hacia un sistema de I+D+i más dinámico y eficaz</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/251/hacia-un-sistema-de-idi-mas-dinamico-y-eficaz/</link>
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		<pubDate>Mon, 06 Dec 2004 14:05:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Salvador Ordóñez</strong>, secretario de Estado de Universidades e Investigación (EL PAIS, 06/12/04):</p>
<p>Creo necesario empezar diciendo que estoy convencido de que el sistema ciencia-tecnología español necesita un gran esfuerzo inversor y, aunque en los Presupuestos Generales del Estado para 2005 el incremento de la parte pública haya sido notablemente inferior a las expectativas, se trata de una promesa electoral cuyo cumplimiento es prioritario. Los presupuestos definitivos han mejorado la cifra, aunque sin llegar a lo inicialmente esperado, pero quiero recordar que nuestro compromiso se extiende a toda la legislatura.</p>
<p>Sin embargo, y sin por eso minimizar su importancia, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/251/hacia-un-sistema-de-idi-mas-dinamico-y-eficaz/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Salvador Ordóñez</strong>, secretario de Estado de Universidades e Investigación (EL PAIS, 06/12/04):</p>
<p>Creo necesario empezar diciendo que estoy convencido de que el sistema ciencia-tecnología español necesita un gran esfuerzo inversor y, aunque en los Presupuestos Generales del Estado para 2005 el incremento de la parte pública haya sido notablemente inferior a las expectativas, se trata de una promesa electoral cuyo cumplimiento es prioritario. Los presupuestos definitivos han mejorado la cifra, aunque sin llegar a lo inicialmente esperado, pero quiero recordar que nuestro compromiso se extiende a toda la legislatura.</p>
<p>Sin embargo, y sin por eso minimizar su importancia, conviene recordar que la necesidad de más recursos públicos está lejos de ser el único problema del sistema ciencia-tecnología-empresa español. Hay otros asuntos, tanto o más importantes, sobre los cuales también urge actuar. En especial, su grave e histórica dificultad para integrar a las empresas en la I+D+i y, como consecuencia, sus serias deficiencias para convertir los resultados científicos en beneficios económicos y sociales. Hasta ahora, todos los intentos de resolver este problema han fracasado. Algo grave, pues eso significa que la sociedad obtiene escasos beneficios de la actividad científica y de los recursos dedicados a ella, que se convierten más en un gasto que en una inversión, cuando debía ser al contrario.</p>
<p>Por eso, creemos que se debe abrir un gran debate social sobre el funcionamiento del sistema ciencia-tecnología-empresa. Un debate que permita analizarlo en profundidad y discutir soluciones con el mayor grado de participación y consenso posibles. Dicho debate debiera culminar en un Pacto de Estado, que defina un marco, estable y sostenible, pero no sólo para la investigación científica, sino para todo el sistema; porque la ciencia no puede tratarse como algo desligado del quehacer económico, sino como una parte de un mecanismo mucho más amplio (el sistema ciencia-tecnología-empresa), cuyo fin es el progreso económico y social, la competitividad de nuestras empresas y la calidad de vida de los españoles.</p>
<p>De 1964 a 2002, casi 40 años -y calculado en moneda constante-, España aumentó más de 33 veces su inversión en I+D (10 millones de euros en 1964 y 7.193 millones en 2002). <em>Grosso</em> modo y en moneda corriente, en la etapa democrática, los gobiernos de UCD hicieron crecer la inversión 3,8 veces, los del PSOE 6,7 veces y los del PP más de dos veces (falta computarles dos años). En relación al PIB, en 1981 el I+D representaba un 0,43% y en 2002 es un 1,03%. Un esfuerzo económico cuyos efectos sobre la producción científica han sido indiscutibles, puesto que España ha pasado de casi no tener ciencia a ocupar un lugar aceptable en el contexto internacional.</p>
<p>Pero hay cosas importantes que no han funcionado. Al iniciarse la democracia, el esfuerzo público (Administración más universidades) aportaba un 42% de los recursos y las empresas un 58%. En 2002, un cuarto de siglo después, las cifras respectivas (redondeadas) eran 45% y 55%; es decir, no se ha avanzado nada en la participación de las empresas en el sistema. Peores aún son los datos referentes a patentes y dependencia tecnológica: en 1980 la tasa de dependencia era de 4,80; algo más de veinte años después, en 2003, dicha tasa había aumentado más de ocho veces y alcanzaba 40,14 (la tasa de dependencia es la demanda de patentes por no residentes dividida por la de residentes).</p>
<p>En resumen: se ha logrado un notable progreso en la producción científica, pero no se ha conseguido aumentar la participación de las empresas en el sistema, y se ha fracasado estrepitosamente en evitar que la dependencia tecnológica siga creciendo.</p>
<p>Así pues, algo no funciona. La política científica y tecnológica española se fundamenta desde 1986 en la Ley de Fomento y Coordinación General de la Investigación Científica y Técnica (Ley de la Ciencia) y el Plan Nacional de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, de 1988, ambos creados por gobiernos del PSOE. Ese modelo se desarrolló durante casi 20 años y su máxima expresión se alcanzó con la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, por el PP, en 2000. El fracaso de dicho ministerio, pese a todas las esperanzas y buenas intenciones puestas en él, evidencia -a mi juicio- el agotamiento de un modelo y la necesidad de reformarlo. Eso es lo que pretendemos hacer: replantear la política científica española para resolver las deficiencias estructurales del sistema ciencia-tecnología-empresa. Para ello, al menos hay que abordar en profundidad los siguientes asuntos:</p>
<p>- Convertir la política científica y tecnológica en una política de Estado estable, sostenible y consensuada al más alto nivel, mediante un Pacto de Estado.</p>
<p>- Incrementar notablemente el aporte de recursos al sistema.</p>
<p>- Potenciar los mecanismos de transferencia de los resultados de la investigación y crear otros, nuevos, que fomenten la asociación en proyectos comunes de la parte investigadora y empresarial, como las <em>spin-off</em> y los semilleros de empresas.</p>
<p>- Establecer un mecanismo estatal estable y eficaz de prospección, evaluación y financiación de toda la investigación científica y tecnológica, mediante la creación de una agencia.</p>
<p>- Definir una carrera investigadora digna y segura, pero exigente en eficacia y competitividad.</p>
<p>- Revisar y perfeccionar los programas de movilidad del personal científico.</p>
<p>- Desburocratizar y abrir más el sistema, creando una cultura de gran rigor científico, pero menos academicista y más abierta a la sociedad y las empresas.</p>
<p>- Apostar decididamente por la comunicación y divulgación científica y tecnológica, para acercar la ciencia y la tecnología a la sociedad.</p>
<p>- Replantear las posibles funciones, utilidad y cometidos de los principales elementos del sistema, como OPI, universidades, centros tecnológicos, parques científicos, etcétera.</p>
<p>- Propiciar activamente un mejor equilibrio territorial del I+D, impulsando la creación de nuevas infraestructuras científicas y tecnológicas en las zonas desfavorecidas.</p>
<p>- Establecer mecanismos eficaces de información y coordinación entre las distintas administraciones.</p>
<p>- Rediseñar e incrementar la participación española en programas y proyectos internacionales.</p>
<p>Realizar todo esto no es asunto fácil, pero décadas de experiencia demuestran que, si no se acomete la tarea, parte importante del dinero público dedicado al sistema ciencia-tecnología-empresa será un mero gasto, cuando nuestra obligación es que sea una inversión estretégica.</p>
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		<title>La ciencia y la opinión pública</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Oct 2004 14:06:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Teconología]]></category>

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