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	<title>Tribuna Libre &#187; Demografía</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>Problemas del crecimiento</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Dec 2011 12:09:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Vivienda y urbanismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Santiago Grisolía</strong>, presidente de los Premios Rey Jaime I (ABC, 02/12/11):</p>
<p>Hace poco, Naciones Unidas calculó que la población mundial alcanzaría los 7.000 millones, como así ha sido. Este crecimiento casi exponencial de los últimos años es la causa principal de los problemas actuales a nivel mundial.</p>
<p>Ya el Club de Roma, en el informe «Los límites del crecimiento» publicado en 1972, indicó que, de seguir el aumento de la población al nivel de aquella década con el consumo energético y alimentario de entonces, en cien años a partir de ese momento los recursos naturales se agotarían, lo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38906/problemas-del-crecimiento/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Santiago Grisolía</strong>, presidente de los Premios Rey Jaime I (ABC, 02/12/11):</p>
<p>Hace poco, Naciones Unidas calculó que la población mundial alcanzaría los 7.000 millones, como así ha sido. Este crecimiento casi exponencial de los últimos años es la causa principal de los problemas actuales a nivel mundial.</p>
<p>Ya el Club de Roma, en el informe «Los límites del crecimiento» publicado en 1972, indicó que, de seguir el aumento de la población al nivel de aquella década con el consumo energético y alimentario de entonces, en cien años a partir de ese momento los recursos naturales se agotarían, lo que generalmente ha sido ignorado y/o vilipendiado. Desgraciadamente, el Club de Roma tenía razón. En un extremo hay una gran proporción de personas, aproximadamente la mitad de la población mundial, que malviven, con un 15 por ciento de la población en riesgo de muerte por inanición, y en torno a otro 20 por ciento, como se ha comentado muchas veces, consume la mayor parte de los recursos. Estos recursos, especialmente los energéticos, tales como el petróleo y/o ciertos metales, no solo escasean, sino que se acabarán pronto.<br />
La revolución industrial, con la posibilidad de energía barata, y las mejoras sanitarias mundiales han supuesto un aumento de la esperanza de vida al nacer, que nos ha conducido a la enorme población mundial que hoy tiene el planeta.<br />
Pero este aumento poblacional nos ha llevado a un cambio de nuestras costumbres y ha forzado un éxodo de las zonas rurales a las ciudades. Así, los residentes urbanos, que en 1950 representaban el 30 por ciento de la población mundial, son hoy más del 50 por ciento de los habitantes del planeta, y en el llamado mundo desarrollado se calcula que en torno al 80 por ciento de la gente vivirá en ciudades en 2050.</p>
<p>Las razones de este cambio son muchas. A los obreros que llegaron para hallar trabajo en las fábricas durante la revolución industrial se han sumado en años posteriores personas que venían en busca de comodidades y mejoras de vida.</p>
<p>Naturalmente que hay grandes ventajas por la existencia de una planificación urbana, y los económetras insisten en que la concentración de infraestructuras en las grandes ciudades, con una planificación adecuada, supone un ahorro del 15 por ciento en los gastos de mantenimiento de la oferta del bienestar en comparación con los pequeños pueblos. Afirman que esta concentración permite al ciudadano corriente vivir mejor y tener ciertas cosas más accesibles y asequibles. Entre las ventajas indudables figuran la proximidad a universidades, museos y otros centros culturales, grandes hospitales, y la posibilidad de disfrutar de buen transporte público. Todo ello es innegable, como demuestra la atracción que ejercen en los habitantes rurales, especialmente los jóvenes, las ciudades.</p>
<p>Sin embargo, hay también muchos aspectos negativos, algunos de los cuales han preocupado bastante a expertos, como la mayor implicación de los grandes núcleos urbanos en el cambio climático. Por ello ciudades como Nueva York pretenden reducir para 2020 las emisiones de gases con efecto invernadero al mismo nivel que tenían en 2005. Es difícil que lo consigan, puesto que muchas de estas emisiones son la suma de pequeñas cantidades debidas a cada ciudadano, y limitarlas supone que los habitantes de las ciudades realicen «sacrificios». Claro que muchos de ellos, como ir a la oficina dando un paseo en lugar de conducir un utilitario, o en bicicleta, como parece ser que por fin se va extendiendo, resultan en un enorme beneficio para la salud.</p>
<p>Dado que muchas de las emisiones de las grandes ciudades se deben también a los grandes edificios, en algunas ciudades se intenta controlar las construcciones de forma que sean más «ecológicas», lo que es una buena idea. Especialmente interesante resulta la idea de optimizar la energía producida por las placas solares disponiéndolas de la misma forma en que se colocan las hojas en los árboles. Según la prensa, ya hay dos proyectos independientes sobre ese tema: uno es el de un niño americano de 13 años que, disponiendo las placas en la secuencia de Fibonacci, que es la que tienen las ramas de los manglares, mejora la obtención de energía fotovoltaica con respecto a la tradicional distribución lineal; y la otra es el diseño de un árbol lumínico, de energía solar, en Viena, por el ya afamado diseñador Lovegrove.</p>
<p>Pero no todo en la ciudad son ventajas. Entre las desventajas cabe citar, además de la congestión del tráfico y el aumento del número de accidentes y hasta de crímenes, el aumento de la incidencia de ciertas enfermedades. En algunos casos, ya bien establecidos, y otros que no por novedosos resultan menos alarmantes.</p>
<p>Recientemente han aparecido en Nature dos artículos realmente preocupantes, pues, aunque generalmente se olvida, lo cierto es que aproximadamente el 1 por ciento de los seres humanos padecen esquizofrenia, una enfermedad de origen casi desconocido. En realidad, los trastornos mentales son más frecuentes que otras muchas enfermedades, pero sufren de un estigma social que hace que las personas no hablen abiertamente del problema.</p>
<p>Los autores de los artículos de Nature, los doctores Kennedy y Adolphs, de la División de Ciencias Sociales de Caltech, por un lado, y un amplio grupo de investigadores del Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg, por otro, han analizado la influencia de la vida en la ciudad sobre los niveles de estrés en humanos. Los últimos incluso han analizado los resultados de tres estudios con resonancia magnética funcional y descubierto que las personas que viven en ciudades tienen mayor actividad en una zona cerebral llamada amígdala, y que el crecimiento y la formación de los adolescentes en núcleos urbanos altera la función de una región de la corteza cerebral. Ambos artículos resaltan la importancia de ese estrés añadido y creen ver una relación con el aumento de casos de esquizofrenia diagnosticado en las ciudades.</p>
<p>En la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados se han realizado durante tres años reuniones que, con el título «Sin salud mental no hay salud», han reunido a relevantes especialistas en enfermedades mentales. Las jornadas contaron con el patrocinio de la Fundación Esther Koplowitz, consciente, como lo somos nosotros, de que muchas personas que tienen trastornos mentales no lo saben o lo ignoran, con el consiguiente peligro; y otras son reticentes a recibir ayuda, especialmente los indigentes que duermen en nuestras calles. Curiosamente, el éxito de la farmacología ocasionó el cierre de los manicomios. Cierto es que estos centros dejaban mucho que desear, pero centros de acogida y tratamiento son necesarios, especialmente porque muchos enfermos abandonan el tratamiento.</p>
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		<title>The Shrinking North</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Nov 2011 09:40:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><strong>Pierre Buhler</strong>, a former French diplomat, was an associate professor at Sciences Po, Paris (Project Syndicate, 02/11/11):</p>
<p>“Demography is destiny,” Auguste Comte is reported to have said. Today, his maxim appears to encapsulate the fate of a number of the world’s richest countries. Indeed, the United Nations Population Division’s recently released biennial <em>World Population Prospects</em>sheds new light on the debate – ongoing for over a decade – about the consequences of low fertility rates in many developed countries. And while the UN figures do not provide evidence that proves the grimmest forecasts of doomsayers, nor do they leave &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37808/the-shrinking-north/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Pierre Buhler</strong>, a former French diplomat, was an associate professor at Sciences Po, Paris (Project Syndicate, 02/11/11):</p>
<p>“Demography is destiny,” Auguste Comte is reported to have said. Today, his maxim appears to encapsulate the fate of a number of the world’s richest countries. Indeed, the United Nations Population Division’s recently released biennial <em>World Population Prospects</em>sheds new light on the debate – ongoing for over a decade – about the consequences of low fertility rates in many developed countries. And while the UN figures do not provide evidence that proves the grimmest forecasts of doomsayers, nor do they leave much room for optimism.</p>
<p>Demography allows for a much greater level of certainty than does economics. The women liable to give birth within a generation are already among us. Only if the fertility rate (the number of children per woman) is above the generational replacement level, namely 2.1, will there be a natural increase in population. But the fertility rate hit a low of around 1.3 at the turn of the century in Germany and Japan – and even lower in Italy, Russia, and South Korea.</p>
<p>The slight increase witnessed in subsequent years still keeps the fertility rate a long way from generational replacement. Moreover, the damage is already done, and the base of the age pyramid continues to be eroded, especially in countries, such as Russia and Japan, that have a low tolerance for immigration.</p>
<p>The demographic impact of low fertility rates is counterbalanced by a steady increase in life expectancy. Japan, the world leader in that respect, nevertheless reached its population peak in 2008, before the number began a slow decline in absolute terms. The main exception is Russia, where, aggravated by declining life expectancy, population shrinkage started as early as 1993: the country has lost six million people since, hitting an astounding 170 deaths per 100 births in 2001.</p>
<p>Not all European countries face such a dire situation. Ireland, France, and a host of countries from Northern and Western Europe can claim fertility rates close to generational replacement, which, together with net immigration, keeps their population growing. And the UN’s demographers assume that fertility rates – the most volatile and unpredictable of all demographic indicators – will bounce back towards the 2.1 children per woman mark in the coming decades.</p>
<p>But even if that happens, Europe’s population will peak in the early 2020’s, and then follow the path of Japan, Russia, Germany, and most East European countries, whose populations have started to decline. A massive wave of immigration would fill the gap, but that prospect meets strong political resistance in most countries concerned.</p>
<p>These trends also substantiate the French demographer Alfred Sauvy’s prediction that the twenty-first century would be “the century of demographic aging.” The two indicators that best measure this are the old-age dependency ratio – the population above age 65 related to the active-age population – and the median age, which divides the entire population in two halves.</p>
<p>The scale of the burden imposed on younger, economically active people is already visible. Japan’s dependency ratio is set to double, from 38% to 76%, between 2010 and 2050. The trend is even more precipitous in South Korea, where the ratio is predicted to soar from 17% to 66%. And the situation is hardly more appealing in Europe – above all, in Spain, Italy, and Germany – where the effective retirement age is often only slightly above 60 years, pushing the dependency ratio close to the 100% mark.</p>
<p>Fast-graying countries are also multiplying. For example, Germany’s median age, currently 44, is set to reach 49 in 2050, while Italy’s median age should rise from 43 to 50. The sharpest increase is expected to be in China, owing to its one-child policy, with the median age jumping from 35 to 49 by 2050. Among demographers, the jury is still out about whether Japan or South Korea will be first to hit the 52-years mark by mid-century.</p>
<p>The consequences of rapid aging are manifold: a shrinking workforce and a narrower pool for entrepreneurship, which undermines prospects for economic growth; a looming threat to the sustainability of “pay-as you go” public pensions systems; and increased health-care and other costs associated with an elderly population.</p>
<p>Politically, this translates into a preference for social-welfare spending over defense or investment expenditure, with the former liable to absorb 5-10% of GDP in developed countries. This, in turn, will lead to pressure to increase public debt and a need for foreign workers to fill vacant jobs, often at the low end of the employment ladder. No breakthrough should be expected to alter this dynamic, given political resistance in many countries to increasing the legal retirement age, as well as many firms’ reluctance to hire aged workers.</p>
<p>The only major developed country to remain structurally immune to these heavy trends is the United States, thanks to a fertility rate around the generational replacement level and annual net immigration of 2.7 million people – legal or not. By mid-century, the American median age will be 40 years – compared to 37 today – and the old-age dependency ratio will be below 40%.</p>
<p>Given the serious implications for countries’ economic growth and for global stability, the latest worldwide demographic data point to the need for wise management of the inescapable migratory flows from the South to the North. Now, perhaps more than in Comte’s time, demography does shape our destiny.</p>
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		<title>A lot of people? Yes. Apocalypse? No.</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 09:04:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>David Lam</strong>, a professor of economics at the University of Michigan and president of the Population Assn. of America (LOS ANGELES TIMES, 30/10/11):</p>
<p>The United Nations has identified Monday as the day world population hits 7 billion. Many find the Halloween date appropriate given the frightening prospect of this demographic milestone. As if 7 billion weren&#8217;t scary enough, the U.N. projects 10 billion people by 2083, the addition of roughly three more Indias.</p>
<p>But the parents of the 7-billionth person should not be afraid for their child&#8217;s future. In spite of the daunting challenges facing the world, including &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37751/a-lot-of-people-yes-apocalypse-no/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>David Lam</strong>, a professor of economics at the University of Michigan and president of the Population Assn. of America (LOS ANGELES TIMES, 30/10/11):</p>
<p>The United Nations has identified Monday as the day world population hits 7 billion. Many find the Halloween date appropriate given the frightening prospect of this demographic milestone. As if 7 billion weren&#8217;t scary enough, the U.N. projects 10 billion people by 2083, the addition of roughly three more Indias.</p>
<p>But the parents of the 7-billionth person should not be afraid for their child&#8217;s future. In spite of the daunting challenges facing the world, including global warming, rising food prices and a billion people in poverty, the 7-billionth child will almost surely have a better life than the 3-billionth or 6-billionth child.</p>
<p>How will the world cope with this many people? Consider what the world looked like in 1960, when the population hit 3 billion. Falling infant and child mortality caused population growth rates to surpass 2% per year in the 1960s, probably for the first time in history. At 2% growth, the world would double in 35 years, and that is roughly what happened — world population grew to 6 billion in 1999. World population will not come close to doubling again in 39 years. Indeed, it may never double again. Fertility has fallen rapidly, with many developing countries at or near the replacement fertility rate of 2.1. The world&#8217;s population growth rate has been falling since its peak in the 1960s, and we may never get much above the 10.1 billion people projected for 2100.</p>
<p>So we&#8217;ve just been through the fastest population growth the world will ever see. It&#8217;s a good time to look back and see how the world survived it.</p>
<p>There were gloomy predictions in the 1960s about the consequences of rapid population growth, the most famous appearing in Paul Ehrlich&#8217;s 1968 book, &#8220;The Population Bomb.&#8221; He wrote that &#8220;the battle to feed humanity is already lost, in the sense that we will not be able to prevent large-scale famines in the next decade.&#8221;</p>
<p>Happily, Ehrlich was wrong. World food production grew faster than population during the last 50 years. Food production per person in 2009 was 41% higher than in 1961.</p>
<p>No country generated more fear about overpopulation than India. But food production there has grown faster than population since the Green Revolution of the late 1960s. Food production per person in India today is 37% higher than in 1961, although there are 2.6 times more people.</p>
<p>Although there are still serious problems with food distribution and malnutrition, we have done remarkably well at feeding the extra 4 billion people added since 1960. This should make us optimistic about feeding the 3 billion more to be added in the next 70 years.</p>
<p>Increased food supply is one reason that children around the world today are the healthiest ever born. An Indian baby born in 2011 has almost double the probability of surviving the first year of life as a baby born in 1960.</p>
<p>The 7-billionth child will also be better educated than a child born in 1960. Big increases in education in the developing world are one of the most impressive accomplishments of the last 50 years, especially given unprecedented growth of school-age populations. Only about one-third of Indian girls born in 1960 completed primary school, compared with about three-fourths of those born in 1990. For an Indian girl born in 2011 the rate will be even higher.</p>
<p>The probability that a child will grow up in poverty has been going down. For developing countries as a whole, the percentage living below the World Bank&#8217;s $1.25-per-day poverty line fell from 50% in 1981 to 25% in 2005. India&#8217;s poverty rate fell from 60% in 1981 to 42% in 2005 and can be expected to keep falling.</p>
<p>Not all countries have done as well as India. But even in sub-Saharan Africa, the region with the poorest economic performance, poverty rates have fallen, education has increased and food production per person has been rising (albeit slowly) since the 1980s.</p>
<p>None of this is meant to deny the enormous challenges we face. We survived the population bomb through hard work and creativity, and we will need more of it to continue to feed the world and reduce poverty. But the remarkable experience of the last 50 years teaches us that we should not be afraid to celebrate the birth of the 7-billionth child.</p>
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		<title>Population is not the problem</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 09:02:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Juliette Jowit</strong>, the Observer&#8217;s <a href="http://www.guardian.co.uk/environment">environment</a> editor (THE GUARDIAN, 30/10/11):</p>
<p>The birth of a baby is usually an occasion for joy. The arrival, however, of the <a title="The Guardian - Crowded Planet" href="http://www.guardian.co.uk/environment/series/crowded-planet-population">7 billionth person</a> in the next few days is being awaited with growing trepidation about the devastating impact of humans on the planet. Environmentalists are arguing in circles about who or what is to blame: the total number of people; or the amount of water, food, mineral ores or clean air each demands. Professor <a title="The guardian - Paul Ehrlich, a prophet of global population doom who is gloomier than ever" href="http://www.guardian.co.uk/environment/2011/oct/23/paul-ehrlich-global-collapse-warning">Paul Ehrlich</a>, whose book The Population Bomb helped ignite this debate, likens the environmental impact to the area &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37749/population-is-not-the-problem/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Juliette Jowit</strong>, the Observer&#8217;s <a href="http://www.guardian.co.uk/environment">environment</a> editor (THE GUARDIAN, 30/10/11):</p>
<p>The birth of a baby is usually an occasion for joy. The arrival, however, of the <a title="The Guardian - Crowded Planet" href="http://www.guardian.co.uk/environment/series/crowded-planet-population">7 billionth person</a> in the next few days is being awaited with growing trepidation about the devastating impact of humans on the planet. Environmentalists are arguing in circles about who or what is to blame: the total number of people; or the amount of water, food, mineral ores or clean air each demands. Professor <a title="The guardian - Paul Ehrlich, a prophet of global population doom who is gloomier than ever" href="http://www.guardian.co.uk/environment/2011/oct/23/paul-ehrlich-global-collapse-warning">Paul Ehrlich</a>, whose book The Population Bomb helped ignite this debate, likens the environmental impact to the area of a rectangle: one side is the size of population, the other their consumption.</p>
<p>Although Ehrlich&#8217;s rectangle is a neat illustration, the population &#8220;problem&#8221; for the environment is more accurately described as two rectangles, each representing the number of people on the vertical and their lifestyles on the horizontal: one tall skinny quadrant encompasses billions of people who use very little of Earth&#8217;s resources; the other a much shorter, extraordinarily long one for the minority of humans who use the vast majority of natural wealth. The <a title="" href="http://data.worldbank.org/">World Bank</a> estimates, for example, that the richest fifth of the world has more than three-quarters of the income; the poorest fifth just 1.5%.</p>
<p>Given that populations are barely stable and sometimes falling in most of the rich world, population policy would inevitably have to make noticeable inroads into the tall-skinny many/poor rectangle. Assuming such policies were successful – and excluding the widely unacceptable coercion of <a title="The Guardian - China's one-child policy means benefits for parents  if they follow the rules" href="http://www.guardian.co.uk/environment/2011/oct/25/china-one-child-policy-benefits-rules?newsfeed=true">China&#8217;s one child policy</a> or India&#8217;s mass sterilisations in the 1970s, persuading people to have fewer babies has proved very tricky – the overall reduction in combined environmental impact would be very small.</p>
<p>The more troubling issue, though, is that this calculation assumes that as the tall-skinny rectangle gets shorter, it does not get wider. Experience, however, suggests that, except for extreme cases such as Zimbabwe, it will get fatter.</p>
<p>Across time and geography, countries that have reduced birth rates have got richer and so more consumptive: rising incomes, better health and education give men and women the confidence that more of their children will survive into adulthood and help support their families; and as birthrates fall governments can spend more on each person&#8217;s health, education and jobs, feeding a virtuous cycle of economic development and slowing population growth.</p>
<p>It would be interesting to see a proper assessment of the point at which the benefit of having fewer people consuming is offset and then increasingly dwarfed by their greater consumption. There are some telling pointers. Comparison by the Guardian&#8217;s <a title="The Guardian - James Ball" href="http://www.guardian.co.uk/profile/jamesball">James Ball</a> of the CIA World Factbook data for countries&#8217; birthrates and average purchasing power of each person shows a pretty strong correlation between the two.</p>
<p>Statisticians are quick to point out that because two things appear to be linked does not mean one causes the other, but on-the-ground evidence suggests rising affluence and declining fertility rates are inextricable. Time after time descriptions of countries that have successfully reduced population growth show how they have grown notably richer at the same time, even if they are not exactly well-off: Guatemala in central America, Bangladesh in south-east Asia, and the Asian tiger of South Korea.</p>
<p>At the same time, study after study shows environmental damage rises – so far almost always perpetually – with income, and often more steeply as developing countries begin to industrialise. Most dramatically, these forces appear to have come together in China, whose one-child policy – albeit with massive state investment and rapid expansion of the market economy – has coincided with the country&#8217;s rise to become the world&#8217;s second biggest economy (and, incidentally, the biggest emitter of greenhouse gas pollution).</p>
<p>Technically speaking, of course, population campaigners are right: environmental degradation can be helped by reducing the number of people and what they use. Population policies are best left to those focusing on poverty and women&#8217;s rights. For environmentalists, talk of too many people is a dangerous distraction for campaigners and consumers, too many of whom will find it a convenient excuse to ignore the more pressing need for changes to what and how we spend our growing riches.</p>
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		<title>Seven Billion</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Oct 2011 09:14:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Joel E. Cohen</strong>, a mathematical biologist, the head of the Laboratory of Populations at Rockefeller University and Columbia University and the author of <em>How Many People Can the Earth Support?</em> (THE NEW YORK TIMES, 24/10/11):</p>
<p>One week from today, the United Nations estimates, the world’s population will reach <a href="http://esa.un.org/wpp/Other-Information/faq.htm">seven billion</a>. Because censuses are infrequent and incomplete, no one knows the precise date — the Census Bureau puts it <a href="http://www.census.gov/population/popclockworld.html">somewhere next March</a> — but there can be no doubt that humanity is approaching a milestone.</p>
<p>The first billion people accumulated over a leisurely interval, from the origins of &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37651/seven-billion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Joel E. Cohen</strong>, a mathematical biologist, the head of the Laboratory of Populations at Rockefeller University and Columbia University and the author of <em>How Many People Can the Earth Support?</em> (THE NEW YORK TIMES, 24/10/11):</p>
<p>One week from today, the United Nations estimates, the world’s population will reach <a href="http://esa.un.org/wpp/Other-Information/faq.htm">seven billion</a>. Because censuses are infrequent and incomplete, no one knows the precise date — the Census Bureau puts it <a href="http://www.census.gov/population/popclockworld.html">somewhere next March</a> — but there can be no doubt that humanity is approaching a milestone.</p>
<p>The first billion people accumulated over a leisurely interval, from the origins of humans hundreds of thousands of years ago to the early 1800s. Adding the second took another 120 or so years. Then, in the last 50 years, humanity more than doubled, surging from three billion in 1959 to four billion in 1974, five billion in 1987 and <a href="http://www.un.org/esa/population/publications/sixbillion/sixbillion.htm">six billion</a> in 1998. This rate of population increase has no historical precedent.</p>
<p>Can the earth support seven billion now, and the three billion people who are expected to be added by the end of this century? Are the enormous increases in households, cities, material consumption and waste compatible with dignity, health, environmental quality and freedom from poverty?</p>
<p>For some in the West, the greatest challenge — because it is the least visible — is to shake off, at last, the view that large and growing numbers of people represent power and prosperity.</p>
<p>This view was fostered over millenniums, by the pronatalism of the Hebrew Bible, the Roman Empire, the Roman Catholic Church and Arab thinkers like Ibn Khaldun. Mercantilists of the 16th through the 18th centuries saw a growing population as increasing national wealth: more workers, more consumers, more soldiers. Enlarging the workforce depressed wages, increasing the economic surplus available to the king. “The number of the people makes the wealth of states,” said Frederick the Great.</p>
<p>In the late 19th and early 20th centuries, pronatalism acquired a specious scientific aura from social Darwinism and eugenics. Even today, some economists argue, incorrectly, that population growth is required for economic growth and that Africa is underpopulated.</p>
<p>This view made some sense for societies subject to catastrophic mortality from famines, plagues and wars. But it has outlived its usefulness now that human consumption, and pollution, loom large across the earth.</p>
<p>Today, while many people reject the equation of human numbers with power, it remains unpalatable, if not suicidal, for political leaders to admit that the United States and Europe do not need growing populations to prosper and be influential and that rich countries should reduce their rates of unintended pregnancy and help poor countries do likewise. With the globalization of work, the incentive for owners of capital today to ignore or not address rapid growth in the numbers of poor people remains as it was for the kings of yore: lower wages for workers at any level of skill offer a bigger economic surplus to be captured.</p>
<p>But just as pronatalism is unjustified, so are the dire — and discredited — prophecies of Thomas Malthus and his followers, who believed that soaring populations must lead to mass starvation.</p>
<p>In fact, the world is physically capable of feeding, sheltering and enriching many more people in the short term. Between 1820, at the dawn of the industrial age, and 2008, when the world economy entered recession, economic output per person increased elevenfold.</p>
<p>Life expectancy tripled in the last few thousand years, to a global average of nearly 70 years. The average number of children per woman fell worldwide to about 2.5 now from 5 in 1950. The world’s population is growing at <a href="http://www.census.gov/population/international/data/idb/worldpoptotal.php">1.1 percent per year,</a> half the peak rate in the 1960s. The slowing growth rate enables families and societies to focus on the well-being of their children rather than the quantity.</p>
<p>Nearly two-thirds of women under 50 who are married or in a union <a href="http://www.un.org/esa/population/publications/contraceptive2011/wallchart_front.pdf">use some form of contraception</a>, which saves the lives of mothers who would otherwise die in childbirth and avoids millions of abortions each year — an achievement that people who oppose and people who support the availability of legal abortions can both celebrate.</p>
<p>But there is plenty of bad news, too. Nearly half the world lives on $2 a day, or less. In China, the figure is 36 percent; in India, 76 percent. More than 800 million people live in <a href="http://www.unhabitat.org/documents/SOWC10/R1.pdf">slums</a>. A similar number, mostly women, are <a href="https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/fields/2103.html">illiterate</a>.</p>
<p>Some <a href="http://www.ers.usda.gov/Briefing/GlobalFoodSecurity/">850 million</a> to <a href="http://www.fao.org/news/story/en/item/92495/icode/">925 million</a> people experience food insecurity or chronic undernourishment. In much of Africa and South Asia, more than half the children are stunted (of low height for their age) as a result of chronic hunger. While the world produced 2.3 billion metric tons of cereal grains in 2009-10 — enough calories to sustain 9 to 11 billion people — only 46 percent of the grain went into human mouths. Domestic animals got 34 percent of the crop, and 19 percent went to industrial uses like biofuels, starches and plastics.</p>
<p>Of the <a href="http://www.ingentaconnect.com/content/bpl/sifp/2010/00000041/00000004/art00001">208 million pregnancies</a> in 2008, about 86 million were unintended, and they resulted in 33 million unplanned births. And unintended births are not the whole problem. Contraceptives have been free since 2002 in Niger, where the <a href="http://www.guttmacher.org/pubs/journals/3709511.html">total fertility rate</a> — more than seven children per woman in mid-2010 — was the world’s highest. Women in Niger marry at a median age of 15.5, and married women and men reported in 2006 that they wanted an average of 8.8 and 12.6 children, respectively.</p>
<p>Human demands on the earth have grown enormously, though the atmosphere, the oceans and the continents are no bigger now than they were when humans evolved. Already, more than a billion people live without an adequate, renewable supply of <a href="http://www.maweb.org/documents/document.276.aspx.pdf">fresh water</a>.</p>
<p>About two-thirds of fresh water is <a href="http://rstb.royalsocietypublishing.org/content/365/1554/2927.full">used for agriculture</a>. Over the coming half century, as incomes rise, people will try to buy agricultural products that require more water. Cities and industries will demand more than three times as much water in developing countries. Watershed managers will increasingly want to limit water diversion from rivers to maintain flood plains, permit fish to migrate, recycle organic matter and maintain water quality.</p>
<p>Water shortages are projected to be significant in northern Africa, India, China, parts of Europe, eastern Australia, the western United States and elsewhere. Climate changes will increase the water available for agriculture in North America and Asia but decrease it in Africa, Latin America and the Caribbean. Similar stories could be told about land, overfishing and carbon and nitrogen emissions to the atmosphere.</p>
<p>Where is this taking us? The coming half century will see huge shifts in the geopolitical balance of numbers, further declines in the number of children per woman, smaller but more numerous households, an increasingly elderly population, and growing and more numerous cities.</p>
<p>The United Nations Population Division <a href="http://esa.un.org/wpp/Other-Information/faq.htm">anticipates</a> 8 billion people by 2025, 9 billion by 2043 and 10 billion by 2083. India will have more people than China shortly after 2020, and sub-Saharan Africa will have more people than India before 2040.</p>
<p>In 1950, there were nearly three times as many Europeans as sub-Saharan Africans. By 2010, there were 16 percent more sub-Saharan Africans than Europeans. By 2100, according to the Population Division, there will be nearly five sub-Saharan Africans for every European.</p>
<p>In some ways, the growth in the numbers of people matters less than the growth in the numbers of households. If each household has its own refrigerator, air-conditioner, TV and car, the average energy demand for a given number of people goes up as the average number of people in a household goes down.</p>
<p>The urban population of developing countries is expected to grow by <a href="http://lab.rockefeller.edu/cohenje/PDFs/343SustainableCitiesBullAmerAcadArtsSci20081.pdf">a million people every five days</a> through at least 2030, while the rural population falls. Many cities will eat into prime agricultural land unless they grow in density, not extent. And nearly half of <a href="http://esa.un.org/unpd/wup/doc_press-release.htm">urban population growth</a> by 2015 will occur in cities of fewer than half a million people.</p>
<p>The coming revolution in aging is well under way in the more developed countries. It will go global in the next half century. In 1950, for each person 65 and older, there were more than six children under 15. By 2070, elderly people will outnumber children under 15, and there will be only three people of working age (15 to 64) for every two people under 15 or 65 and older. Pressures to extend the “working age” beyond 65 will grow more intense.</p>
<p>Is economic development the best contraception? Or is voluntary contraception the best form of development? Does the world need a bigger pie (more productive technologies) or fewer forks (slower population growth through voluntary contraception) or better manners (fewer inequities, less violence and corruption, freer trade and mobility, more rule of law, less material-intensive consumption)? Or is education of better quality and greater availability a key ingredient of all other strategies?</p>
<p>All these approaches have value. However much we would like one, there is no panacea, though some priorities are clear: voluntary contraception and support services, universal primary and secondary education, and food for pregnant and lactating mothers and children under 5.</p>
<p>These priorities are mutually reinforcing, and they are affordable. Providing modern family planning methods to all people with unmet needs would cost about <a href="http://www.guttmacher.org/pubs/FB-AIU-summary.pdf">$6.7 billion</a> a year, slightly less than the <a href="http://www.nrf.com/modules.php?name=News&amp;op=viewlive&amp;sp_id=1197">$6.9 billion</a> Americans are expected to spend for Halloween this year. By one estimate, achieving <a href="http://mitpress.mit.edu/catalog/item/default.asp?ttype=2&amp;tid=11199">universal primary and secondary education</a> by 2015 would cost anywhere from $35 billion to $70 billion in additional spending per year.</p>
<p>IF we spend our wealth — our material, environmental, human and financial capital — faster than we increase it by savings and investment, we will shift the costs of the prosperity that some enjoy today onto future generations. The mismatch between the short-term incentives that guide our political and economic institutions and even our families, on one hand, and our long-term aspirations, on the other, is severe.</p>
<p>We must increase the probability that every child born will be wanted and well cared for and have decent prospects for a good life. We must conserve more, and more wisely use, the energy, water, land, materials and biological diversity with which we are blessed.</p>
<p>Henceforth we need to measure our growth in prosperity: not by the sheer number of people who inhabit the earth, and not by flawed measurements like G.D.P., but by how well we satisfy basic human needs; by how well we foster dignity, creativity, community and cooperation; by how well we care for our biological and physical environment, our only home.</p>
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		<title>The Challenging Billions</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Aug 2011 11:49:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>David Bloom</strong>, professor of Economics and Demography at the Harvard School of Public Health (Project Syndicate, 17/08/11):</p>
<p>The world is in the midst of the greatest demographic upheaval in human history. Although the human race took perhaps one million years to reach one billion people (around the year 1800), we have been adding successive billions every 10-20 years since 1960. The world’s population now stands at seven billion and is projected to reach 9.3 billion by 2050.</p>
<p>In other words, between now and 2050, the world is likely to add to its population almost as many people as &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36361/the-challenging-billions/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>David Bloom</strong>, professor of Economics and Demography at the Harvard School of Public Health (Project Syndicate, 17/08/11):</p>
<p>The world is in the midst of the greatest demographic upheaval in human history. Although the human race took perhaps one million years to reach one billion people (around the year 1800), we have been adding successive billions every 10-20 years since 1960. The world’s population now stands at seven billion and is projected to reach 9.3 billion by 2050.</p>
<p>In other words, between now and 2050, the world is likely to add to its population almost as many people as populated the entire planet in 1950. Or think of it as adding another China <em>and</em> another India. Feeding, clothing, housing, and otherwise providing for this massive net addition to the global population is one of the main challenges facing humankind.</p>
<p>If we use as our guide average material progress over the course of centuries, it might seem that necessity will again serve as the mother of invention, and that we will meet the population challenge, just as we have met previous challenges, through technological and institutional innovation.</p>
<p>But long-term averages can mask significant volatility over time and variation across countries. We know for certain that there is great risk in the population growth that lies ahead, as nearly all of it will occur in the world’s most economically, politically, socially, and environmentally fragile countries.</p>
<p>A failure to absorb large numbers of people into productive employment could lead to mass suffering and myriad catastrophes. The continuation of extreme cross-country income inequality could deter international cooperation, stalling or even reversing globalization, despite its potential to improve everyone’s standard of living. Rapid population growth also tends to accelerate the depletion of environmental resources both locally and globally, and can permanently undermine the prospects for their recovery.</p>
<p>Some developing countries have addressed these population challenges well. For example, the East Asian “Tigers” cut their birth rates precipitously in the 1970’s and 1980’s, and used the resulting demographic breathing room to stunning advantage through judicious education and health policies, sound macroeconomic management, and careful regional and global economic engagement.</p>
<p>At the other end of the spectrum, countries in sub-Saharan Africa have fared much worse developmentally, in no small measure due to their inability to escape the crushing burden of rapid population growth and youth dependency.</p>
<p>Although developing countries are the primary sites of the world’s most threatening population problems, the wealthy industrial countries face some rather vexing problems of their own. From a purely demographic perspective, the advanced economies’ productive capacity has reached a plateau of slightly more than two working-age people per dependent. But that indicator is projected to plummet to 1.36 by 2050, posing a threat to the sizable demographic dividend that these countries have enjoyed in recent decades.</p>
<p>Moreover, the rich countries can expect a massive expansion in the proportion of elderly people in their populations, owing to increased longevity, continued low fertility, and the progression of baby-boom cohorts through the population pyramid. Although economic performance in the context of population aging is substantially uncharted territory, it is not hard to understand fears about the fiscal integrity of pay-as-you-go pension and health-care systems, and about growth slowdowns in the face of contracting workforces.</p>
<p>There are many policy suggestions to address fiscal sustainability and workforce shortages already under consideration, including higher retirement ages and mandatory contributions, together with lower benefits. Liberalizing international migration could be another response, though it would be unlikely to offer appreciable relief, owing to social and political opposition to increased immigration in most developed countries.</p>
<p>We can, however, count on rising rates of female labor-force participation (spurred by continued low fertility), increased levels of effective labor as educational attainment continues to rise, and higher savings rates in anticipation of greater longevity and longer retirements.</p>
<p>In the end, it is unlikely that the worst fears associated with our graying populations will be realized. But a great deal of analysis, debate, behavioral adaptation, and policy reform – in both the public and private spheres – will have to take place before we can be sure.</p>
<p>Although the issues immediately confronting developing countries are different from those facing the rich countries, in our globalized world, demographic challenges anywhere are demographic challenges everywhere. And, while the challenges posed by population change are formidable, they are most likely surmountable. It would be irresponsible to neglect those challenges and submit humankind, unnecessarily, to the great perils that we can already reliably foresee.</p>
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		<title>The world&#8217;s biggest problem? Too many people</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/35741/the-worlds-biggest-problem-too-many-people/</link>
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		<pubDate>Thu, 21 Jul 2011 20:27:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Naturaleza]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Mary Ellen Harte</strong>, coauthor of <em>Cool the Earth, Save the Economy</em> and <strong>Anne Ehrlich</strong>, a senior research scientist at Stanford University. <strong>John Harte</strong> and <strong>Paul Ehrlich</strong> contributed to this piece. All are biologists involved in the study of climate change and sustainability (LOS ANGELES TIMES, 21/07/11):</p>
<p>Think back on what you talked about with friends and family at your last gathering. The latest game of your favorite team? &#8220;American Idol&#8221;? An addictive hobby? The new movie blockbuster? In a serious moment, maybe job prospects, Afghanistan, the economic mess? We live in an information-drenched environment, one in which &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35741/the-worlds-biggest-problem-too-many-people/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Mary Ellen Harte</strong>, coauthor of <em>Cool the Earth, Save the Economy</em> and <strong>Anne Ehrlich</strong>, a senior research scientist at Stanford University. <strong>John Harte</strong> and <strong>Paul Ehrlich</strong> contributed to this piece. All are biologists involved in the study of climate change and sustainability (LOS ANGELES TIMES, 21/07/11):</p>
<p>Think back on what you talked about with friends and family at your last gathering. The latest game of your favorite team? &#8220;American Idol&#8221;? An addictive hobby? The new movie blockbuster? In a serious moment, maybe job prospects, Afghanistan, the economic mess? We live in an information-drenched environment, one in which sports and favorite programs are just a click away. And the ease with which we can do this allows us to focus on mostly comforting subjects that divert our attention from increasingly real, long-term problems.</p>
<p>Notice that we didn&#8217;t mention climate change above, or the exploding population/consumption levels that are triggering it — the two major factors threatening humanity&#8217;s future. Sure, if you&#8217;re not too far from the Western wildfires or Midwestern floodplains, the conversation might have turned to the crazy weather that is finally forcing some media to actually talk about climate change in the context of daily events.</p>
<p>But population? Get out. Way too inconvenient a truth. Take National Public Radio, for example. Of NPR&#8217;s sparse record of population pieces, just one or two actually address unsustainable population growth. But as the political right whittles away at family planning clinics across the nation, the latest NPR series, &#8220;The Baby Project,&#8221; devotes a plethora of articles to pregnancy, with the most serious subjects the problems some women have conceiving and birthing. If there is even a hint of too many babies, it is well hidden. This, even though a 2009 NPR story on U.S. pregnancies reported that half — yes, half — of all U.S. pregnancies are unintended. That&#8217;s a lot of unintended consumers adding to our future climate change.</p>
<p>And that&#8217;s what the right calls the &#8220;liberal&#8221; side of the mass media. The politically conservative U.S. mass media cover unsustainable population levels even less.</p>
<p>That pretty much reflects the appalling state of U.S. public education today on population. The U.S. approach to population issues across all levels of government, in terms of such things as education, attacks on family planning and tax deductions for children, is an exercise in thoughtlessness. The ramifications, however, are far more insidious and brutal. Women are culturally conditioned daily to welcome the idea of having children — plural, not one or none. How to support those children economically is not discussed. Indeed, our abysmal lack of adolescent sex educational programs ensures there will be plenty of young women who secure their destinies, and those of their babies, to brutal poverty and shortened lives through unwanted pregnancies and lack of choice. The latest available statistics from the National Poverty Center at the University of Michigan tell the story: 1 in 5 American children lived in poverty in 2008; 1 in 3 if they were black or Latino.</p>
<p>Sure, there&#8217;s much talk and concern that birthrates are down and will result in not enough workers to support the elderly. But this argument is overblown; after all, a 70-year-old can be more economically productive than a 7-year-old. And a large, pre-working population inflicts costs on a society. Furthermore, the birthrates in developing nations remain high, and the consequences affect us all.</p>
<p>Globally, the effects of overpopulation play a part in practically every daily report of mass human calamity, but the word &#8220;population&#8221; is rarely mentioned. Wildfires threaten ever more people because expanding populations are moving nearer and into forests. Floods inundate more homes as populations expand into floodplains. Such extreme events are stoked by climate change, fueled by increasing carbon emissions from an expanding global population.</p>
<p>Overpopulation is also fueling desertification and further deforestation around the world. We can dream of drastically decreasing overconsumption by the wealthy, but even realistic potential decreases are voided by sheer human numbers in all countries, rich and poor. Our unsustainable population levels are depleting resources and denying a decent future to our descendants.</p>
<p>What to do? Stop the denial. Perpetual growth is the creed of a cancer cell, not a sustainable human society.</p>
<p>Promote and support family planning education at the family and community levels as a cheap way to reduce poverty and severe climate change. Support organizations that are trying to get contraceptives to the 200 million women in the world who lack and want them, and help them obtain equal rights, education and job opportunities. Access to contraceptives and reproductive freedom are rights, not luxuries, that ultimately benefit all of humanity. Vote for leaders who vigorously promote those humane solutions. And demand that media start educating the public every day on the role played by the unsustainable human numbers behind environmental degradation and human calamities — and start covering the solutions. The public needs a constant message: &#8220;It&#8217;s time to stop growing and become sustainable.&#8221;</p>
<p>We can do many things to solve environmental, economic and social problems, but each is a lost cause if we cannot bring our populations down to sustainable levels.</p>
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		<title>Too Much Life on Earth?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/35640/too-much-life-on-earth/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/35640/too-much-life-on-earth/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 14 Jul 2011 21:55:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Orden Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Georges Minois</strong>, a historian and the author, most recently, of <em>Weight of numbers: the historical obsession with overpopulation</em>. This article was translated from the French by Charles Goulden (THE NEW YORK TIMES, 14/07/11):</p>
<p>The specter of overpopulation was raised once more in 2008 by the decline in global food stocks and rapid deterioration of the environment. The figures are frightening — 218,000 more mouths to feed each day, 80 million more each year, a global population now close to 7 billion.</p>
<p>But overpopulation is as much a question of culture as statistics, and has worried humanity for &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35640/too-much-life-on-earth/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Georges Minois</strong>, a historian and the author, most recently, of <em>Weight of numbers: the historical obsession with overpopulation</em>. This article was translated from the French by Charles Goulden (THE NEW YORK TIMES, 14/07/11):</p>
<p>The specter of overpopulation was raised once more in 2008 by the decline in global food stocks and rapid deterioration of the environment. The figures are frightening — 218,000 more mouths to feed each day, 80 million more each year, a global population now close to 7 billion.</p>
<p>But overpopulation is as much a question of culture as statistics, and has worried humanity for a long time. In the 4th century B.C., when the world had a population of less than 200 million, Plato and Aristotle recommended strict control of birth rates by the state. The populationists have long been at loggerheads with those who favor birth rate control. Populationists claim overpopulation is an illusion; Malthusians warn of dire consequences.</p>
<p>For a long time no reliable statistics were available, and the debate was primarily philosophical, religious or political. Now there is plenty of data but the positions are still largely ideological or religious. The debate touches on fundamental questions regarding life and its value, hence the passion that it raises.</p>
<p>The concept of overpopulation has a variable geometry, closely linked to the resources available. One might suppose that 40,000 years ago, when the entire world population was only half a million, there were no problems, yet group size in hunter-gatherer society was probably limited to between 25 and 50 by the amount of territory required to provide enough food — 10 to 25 square kilometers per person. A larger group would have had difficulty in finding enough to eat.</p>
<p>Even after the introduction of agriculture during the Neolithic revolution, between 8,000 and 5,000 B.C., geography imposed compartmentalisation. In ancient Greece, the inhabitants of individual river basins organized themselves into independent city-states, closed cells where population pressure was strongly felt. This encouraged awareness of demographics; the political climate was not conducive to a high birthrate.</p>
<p>In the “Republic” and the “Laws” Plato defined an optimum population in terms of space and resources available and described the modes of social organization and functioning required to achieve it. Aristotle did the same in his Politics: “A great city is not to be confounded with a populous one.” He believed that too large a population was incompatible with good order and made it easy for foreigners to usurp the rights of citizens without being detected. A large population also meant many poor people, and the risk of uprisings. Aristotle was less concerned with resources or food than with maintaining order. Ancient Greek demographic thought was setting out the debate in modern terms — eugenic, Malthusian and xenophobic.</p>
<p>As ancient Rome’s dominion increased the scale changed, but not necessarily the ideas. Government policy tended to favor Roman population growth — a novelty and a failure since Roman fertility remained low compared with that of other civilizations. Livy justified Rome’s invasion of Gaul by alleging that the Gauls had invaded Roman territory to alleviate their own overpopulation problem.</p>
<p>Following the spread of Christianity through Europe, in the 3rd-5th centuries, the debate on procreation moved from the civil and political domain to the religious and moral sphere. It now concerned the relative merits of virginity (the supreme virtue) and marriage.</p>
<p>Despite war, famine, high infant-mortality and epidemics, there were steadily increasing populations within Europe at least up to the Black Death pandemic of the mid-14th century (which killed at least 45 percent of Europe’s population, a loss that took centuries to make up) and even, in places, periods of relative overpopulation. As early as the end of the 11th century, the West turned its numerical superiority to advantage: In 1095 Pope Urban II was able to send surplus men to recapture Jerusalem.</p>
<p>In the absence of reliable statistics theologians, philosophers and other writers continued to theorize freely on demographic issues until the early 19th century. The writings of Thomas Malthus in the late 18th and early 19th century mark a new level of the debate. The British economist and cleric held that population growth, epidemics aside, was always far faster than the growth of food production, and that this would lead to overpopulation and famine. The choice was between doing nothing, and facing the painful consequences as nature eliminated the excess of population, or controlling birthrates, beginning with the suspension of all aid to the poor so as to make them “responsible” — choosing to marry and procreate only if they had the means to feed and educate children. Malthus believed the spread of poverty was a threat to all humanity.</p>
<p>The French philosopher and socialist Pierre-Joseph Proudhon believed there was no overpopulation problem: “There is only one man too many on earth, and that is Mr. Malthus.” Poverty spreads, he said, because of the system of property, which gives some unfair power over others. Karl Marx rejected Malthus’s belief in a “principle of population,” a universal natural law whereby population growth was always faster than the growth of resources. What mattered, Marx wrote, was not the size of the population but the distribution of wealth.</p>
<p>The debate hardly went further until the mid-20th century, when the world population doubled from 3 billion in 1950 to 6.1 billion in 2000. Demographers, economists, philosophers, historians and politicians disagreed fiercely over the interpretation of this surge. Some advocated the proliferation of life, regardless of quality; the realists stressed the need to control procreation. Populationists claimed it was a matter of unequal development rather than actual demographic growth; modern Malthusians retorted that this attitude would condemn hundreds of millions to starve. From the 1980s the debate included environmental and ecological issues.</p>
<p>Today the anti-Malthusians point to signs of change: Fertility rates are crashing, even in poor countries. This confirms the “demographic revolution” referred to in 1934 by the French politician Adolphe Landry, who argued that a increased food production had made the problem of the relationship between population and resources irrelevant.</p>
<p>It has been suggested that the global population will stabilize at 9 billion in 2050 and 10 billion in 2150. The majority of demographers argue that since the Earth is capable of feeding 10 billion it cannot be overpopulated at only 7 billion, and that if 1 billion people are suffering from undernourishment and 2 billion are living in poverty, it is because resources are badly distributed. But is it desirable for the global population to grow so large?</p>
<p>In 1997 Salman Rushdie wrote to the six billionth world citizen, due to be born that year: “It has proved impossible, in many parts of the world, to prevent the human race’s numbers from swelling alarmingly. Blame the overcrowded planet at least partly on the misguidedness of the race’s spiritual guides. In your own lifetime, you may well witness the arrival of the nine billionth world citizen. (If too many people are being born as a result, in part, of religious strictures against birth control, then too many people are also dying because [of] religious culture.)” In 2011, or early 2012 at the latest, we are expecting the arrival of the 7 billionth world citizen. He or she has a 70 percent chance of being born into a disadvantaged family in a poor country. Should we be preparing a welcome or an apology?</p>
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		<title>The great shift from farm to city</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 14:50:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Orden Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Inmigración]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Doug Saunders</strong>, the European bureau chief of the Canadian newspaper the Globe and Mail and the author of <em>Arrival City: How the Largest Migration in History Is Reshaping Our World</em> (LOS ANGELES TIMES, 19/06/11):</p>
<p>It is the little-noticed force behind the revolutions in the Arab world,  the new protests in China and the economic booms in India, Turkey and  South America: The largest population shift in human history, currently  at its peak, is probably the most significant, and misunderstood, global  event of our time.</p>
<p>In Asia, the Indian subcontinent, the Middle  East, Africa and Latin America, hundreds of &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35393/the-great-shift-from-farm-to-city/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Doug Saunders</strong>, the European bureau chief of the Canadian newspaper the Globe and Mail and the author of <em>Arrival City: How the Largest Migration in History Is Reshaping Our World</em> (LOS ANGELES TIMES, 19/06/11):</p>
<p>It is the little-noticed force behind the revolutions in the Arab world,  the new protests in China and the economic booms in India, Turkey and  South America: The largest population shift in human history, currently  at its peak, is probably the most significant, and misunderstood, global  event of our time.</p>
<p>In Asia, the Indian subcontinent, the Middle  East, Africa and Latin America, hundreds of millions of people are  rapidly moving from rural areas, where they practiced peasant  agriculture, to cities — a shift that makes itself felt in the  rough-and-tumble transitional neighborhoods where rural migrants first  land, both in their own countries and in places like the United States,  where they are make up the largest group of immigrants.</p>
<p>We need  to pay attention to these neighborhoods, and to the huge demographic  shift that is shaping them, for they are where either the next great  economic opportunity or the next wave of violence and conflict will be  born.</p>
<p>Never in human history have so many people changed their  locations and lifestyles so quickly. Each month, there are 5 million new  city dwellers created through migration or birth in Africa, Asia and  the Middle East. China alone has an estimated 200 million &#8220;floating&#8221;  citizens with one foot in a village and the other in a city. If current  trends continue as expected, between 2000 and 2030, the urban population  of Asia and Africa will double, adding as many city dwellers in one  generation as these continents have accumulated during their entire  histories. Between now and 2050, the world&#8217;s cities will add another 3.1  billion people.</p>
<p>This will be matched by an almost as dramatic  decline in rural population. The United Nations Population Division  predicts that the population of the world&#8217;s villages and rural areas  will stop growing around eight years from now and that, by 2050, the  rural population will have fallen by 600 million due to migration to  cities and urban encroachment on villages.</p>
<p>We need to remember  our own history here. This is the same shift that transformed Europe and  North America from peasant to urban life in the 18th, 19th and early  20th centuries. That transition gave us both the violent revolutions and  teeming slums of that period, but it also triggered, in the West, the  end of starvation as a mass phenomenon, a vast rise in living standards  and the end of uncontrollable population growth.</p>
<p>The shift began  in the developing world during the decades after World War II, and it is  now at its peak: The world has gone from being more than 70% peasant in  1950 to 50% urban today. By 2025, 60% of the world will live in cities;  by 2050, more than 70%; and by century&#8217;s end, the entire world will  almost certainly be as urban as we are in the West.</p>
<p>How is this  massive migration being felt? Take a look in the chaotic Cairo  neighborhood of Boulaq el Dakrour, home to 650,000 people, most of them  families of rural migrants from Upper Egypt. This slum&#8217;s frustrated  residents formed the first crowd to storm Tahrir Square in January,  driving a rebellion that ultimately forced President Hosni Mubarak from  power. Or look at Guangdong, the enormous industrial city in southern  China, where thousands of rural-urban migrants rioted for three days  this month in anger at their mistreatment by officials, in the most  serious uprising China has seen in years. China&#8217;s first-time apartment  owners, typically the children of village migrants, have also become  political activists, directing their anger not at Beijing but at  municipal or neighborhood officials. The ex-peasant is increasingly the  most potent political actor in the world.</p>
<p>Or look at Brazil and  Turkey, two successful countries that have experienced a decade of  democratic stability, open borders and economic growth after parties  representing rural-urban migrants came to power. The &#8220;arrival city&#8221;  neighborhood is increasingly producing the political leaders who can  unite communities and end divisions: Brazilian President Luiz Inacio  Lula da Silva, Turkish Prime Minister Recep Tayyip Erdogan and Los  Angeles Mayor Antonio Villaraigosa are all children of rural-urban  migrants who grew up in bottom-rung urban neighborhoods.</p>
<p>These  neighborhoods want to succeed. They can be the birthplace of a new  middle class, as many of America&#8217;s immigrant neighborhoods have been.  But they can also spiral into violent failure and threaten entire  countries when barriers are placed in the way of migrants&#8217; natural  inclination to succeed.</p>
<p>The barriers can be physical: the  isolating absence of infrastructure or transportation links. They can be  bureaucratic: the use of zoning, licensing or security regulations to  prevent new-immigrant neighborhoods from becoming teeming mixes of  industry, commerce, restaurants and homes. And they can be citizenship  barriers. Around the world, there is nothing more damaging to a nation  than the presence of a large population of residents who have no pathway  to legal citizenship. Without a permanent legal stake, migrants&#8217;  networks of self-support are forced to become hidden, illegal and often  violent, a huge lost opportunity and a threat to a nation&#8217;s security.</p>
<p>This  is a population shift that will affect almost everyone, in every  country. Never before have so many people reached for the bottom rung of  urban success. Our challenge is to make sure there is a second rung  waiting for the next wave of brave ex-villagers.</p>
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		<title>Demographic Tectonics</title>
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		<pubDate>Thu, 26 May 2011 12:55:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Pierre Buhler</strong>, a former French diplomat and associate professor at Sciences Po, Paris (THE NEW YORK TIMES, 26/05/11):</p>
<p>Slow but steady contraction in the north, vigorous and sustained  expansion in Africa; seven billion of us by October this year, eight  billion sometime around 2025. The latest United Nations population  figures provide a dramatic glimpse of how the demographic map of the  planet is being reshaped.</p>
<p>For the latest revision of its biennial “World Population Prospects,”  the U.N. Population Division has extended its forecasts by 50 years, to  2100. Long-term forecasts must be taken with a grain of salt &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35077/demographic-tectonics/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Pierre Buhler</strong>, a former French diplomat and associate professor at Sciences Po, Paris (THE NEW YORK TIMES, 26/05/11):</p>
<p>Slow but steady contraction in the north, vigorous and sustained  expansion in Africa; seven billion of us by October this year, eight  billion sometime around 2025. The latest United Nations population  figures provide a dramatic glimpse of how the demographic map of the  planet is being reshaped.</p>
<p>For the latest revision of its biennial “World Population Prospects,”  the U.N. Population Division has extended its forecasts by 50 years, to  2100. Long-term forecasts must be taken with a grain of salt — they  “have no operational role,” as the French demographer Hervé Le Bras has  written; they just help “staging and exaggerating today’s fears.”</p>
<p>Still, the margins of error allow for a fairly reliable picture of the  world’s population in the decades to come. And what matters more is the  breakdown of the aggregate figures, as their distribution holds  far-reaching consequences.</p>
<p>For this, demography delivers a high level of certainty. The women  liable to give birth within a generation are already born; life  expectancy and mortality indexes evolve slowly. The most volatile factor  is actually the fertility rate — the number of children per woman. Only  if this rate is above the generation replacement level of 2.1 will  there be a natural increase of a population. When it hovers between 5  and 7, as it does in some 20 countries, the “compounded interest” effect  is extremely powerful.</p>
<p>Unsurprisingly, Asia remains the largest human reservoir, holding more  than 60 percent of the world’s population — a proportion that should  still be around 55 percent by 2050.</p>
<p>What is most striking, though, is the unabated demographic swelling of  Africa. Africa’s population has almost doubled between 1975 and 2000,  growing from 416 to 811 million; it will add another 75 percent to reach  1.4 billion people in 2025, and presumably another 55 percent to reach  the staggering figure of 2.2 billion by mid-century.</p>
<p>The main reason is that the demographic transition — the decrease of  birth rates following the drop of death rates when a country takes off —  is slow to occur in the least developed countries. With the exception  of Afghanistan, Timor and Yemen, all such countries, with current  fertility rates above 4.5 children per woman, are located in sub-Saharan  Africa — and there are some 25 of them.</p>
<p>The U.N. assumes this rate will decrease steadily from five to three  children per woman, which is considered the medium. Still the population  of Africa as a whole is expected to keep growing briskly, from only 9  percent of the world’s population in 1950 to 24 percent by 2050. The  absolute figures will have increased tenfold within that century.</p>
<p>And while countries such as Nigeria (230 million in 2025, 390 million in  2050); Ethiopia (110 million and 145 million) and Congo (95 million and  148 million) have since long been identified as the demographic giants  of sub-Saharan Africa, new applicants are following suit.</p>
<p>With a population of 45 million inhabitants today and a fertility rate  of 5.5, Tanzania is on the path toward 71 million in 2025 and 138  million in 2050. Kenya is expected to jump from 41 million to 59 million  and then to 97 million in that same time span, while Uganda might reach  the 100 million mark after mid-century.</p>
<p>In the 1960s and 1970s the population growth rates — then of the same  magnitude as those of sub-Saharan Africa today — fostered a number of  controversies in the West about the capacity of the earth to feed a  constantly growing mankind. They also prompted birth-control policies in  a number of Third World countries.</p>
<p>The slowing of the exponential curve of demography after the 1970s muted  the neo-Malthusian voices. But the toll that demographic growth in  Africa will take on an already stressed ecosystem will no doubt reopen  those debates.</p>
<p>Another consequence of the growth curve is the pressure to emigrate  generated by the annual arrival on the African labor markets of some 20  million youths. That bulge is liable to increase year after year,  reaching 40 million by 2050.</p>
<p>The migratory pressure will be directed in the first place toward  Europe, whose population, in sharp contrast with Africa’s, is bound to  age and stagnate.</p>
<p>Here the figures provided by the U.N. do not show any reverse trend.  Even though they assume a surge in fertility rates close to the  generation replacement levels, within a decade Europe — for the first  time in peacetime — will have no natural increase of its population.  Russia’s population has been declining for two decades; more recently so  has Germany’s (and Japan’s). The issue is not only one of decline in  absolute figures, but also one of a graying population and a shrinking  workforce.</p>
<p>Not all European countries are equally affected. France, Ireland,  Britain and some Nordic countries have fertility rates quite close to  the generation replacement rate and are not threatened by demographic  decline. But this does not change the trends for Europe as a whole, nor  the fact that the Continent will remain a desired destination for  immigrants from the South.</p>
<p>Another French demographer, Alfred Sauvy, once said that the 21st  century would be “the century of demographic aging.” One should add that  it might be the century of immigration.</p>
<p>The United States and some other countries have long turned immigration  into a public policy that, despite some stumbling blocks, has helped  preserve a balanced age pyramid. In Europe, recent developments have  shown the extent to which immigration can corrode the European  construction.</p>
<p>“Demography is destiny,” says the maxim attributed to Auguste Comte. It  is about time for Europeans to take their destiny into their hands and  to address it from both ends: the urgent need for massive development in  Africa and sound management of the inescapable migratory flows from  south to north.</p>
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		<title>¿Aumentar la edad legal de jubilación?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/32665/aumentar-la-edad-legal-de-jubilacion/</link>
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		<pubDate>Wed, 22 Dec 2010 22:01:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Jubilación]]></category>
		<category><![CDATA[Pensiones]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Antonio Fernández Cordón</strong>, demógrafo y economista (EL PAÍS, 22/12/10):</p>
<p>La reforma consistente en aumentar la edad legal de jubilación no  suscita ningún entusiasmo entre los trabajadores, principales  interesados, según han manifestado repetidamente las organizaciones que  los representan. Obtiene, por el contrario, un apoyo entusiasta por  parte de un selecto grupo de economistas y de las patronales. Una medida  controvertida, por tanto, que, salvo acuerdo entre los agentes  sociales, actualmente improbable, se impondrá por decreto, porque, se  dice, es necesaria.</p>
<p>¿Es realmente necesaria? Una medida lo es si su adopción resuelve al  menos un problema, sin provocar excesivos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32665/aumentar-la-edad-legal-de-jubilacion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Antonio Fernández Cordón</strong>, demógrafo y economista (EL PAÍS, 22/12/10):</p>
<p>La reforma consistente en aumentar la edad legal de jubilación no  suscita ningún entusiasmo entre los trabajadores, principales  interesados, según han manifestado repetidamente las organizaciones que  los representan. Obtiene, por el contrario, un apoyo entusiasta por  parte de un selecto grupo de economistas y de las patronales. Una medida  controvertida, por tanto, que, salvo acuerdo entre los agentes  sociales, actualmente improbable, se impondrá por decreto, porque, se  dice, es necesaria.</p>
<p>¿Es realmente necesaria? Una medida lo es si su adopción resuelve al  menos un problema, sin provocar excesivos daños colaterales. ¿A qué  problemas daría solución esta reforma? Pasemos revista a los que se  citan con más frecuencia.</p>
<p><strong>A mayor esperanza de vida, más trabajo. </strong>Una  idea muy extendida es que las dificultades de los sistemas de pensiones  provienen exclusivamente de la demografía. Un ministro de Trabajo  francés lo expresó hace poco con la máxima brevedad y contundencia: &#8220;A  problema demográfico, solución demográfica&#8221;. Siendo el &#8220;problema&#8221;, el  aumento de la longevidad.</p>
<p>Es cierto que vivimos más años y es muy  probable que la esperanza de vida después de los 65 años siga  aumentando. El INE anticipa que la de los hombres pasará de los 17,8  años actuales a 21,9 años en 2048, y la de las mujeres de 21,8 a 26,2  años.</p>
<p>¿Qué sociedad es la nuestra, que puede transformar uno de  los mayores logros de la humanidad en un problema? Es evidente que se  pueden plantear diversas formas de distribuir el tiempo del que  dispondremos. ¿Cuánto vamos a dedicar a trabajar más y cuánto a ocio, a  la familia, a la colectividad o al enriquecimiento personal? Es una  cuestión importante, que exigiría un debate en la sociedad para  contrastar las preferencias individuales, las consecuencias sociales y  los costes de las diferentes opciones; que exigiría también soluciones  que respetaran la libertad de elegir y las diferencias de penosidad y de  apego al trabajo concreto de cada uno.</p>
<p>Tengo amigos catedráticos  que pelean en los tribunales su derecho a seguir trabajando después de  los 70 años y otros, en diversas profesiones, que, con solo algo más de  50, sueñan con una jubilación anticipada.</p>
<p><strong>Evitar el déficit del sistema público de pensiones. </strong>El  problema es potencial, es decir, que se pretende evitar o reducir un  posible déficit futuro. Porque, en estos momentos, no existe déficit y  disfrutamos de uno de los sistemas de pensiones más saneados y mejor  gestionados de toda la Unión Europea. Italia y Francia, por ejemplo,  están en peor situación, tanto en presente como en perspectivas de  futuro, lo que, curiosamente, no parece inquietar a los mercados.</p>
<p>El  déficit es potencial, como lo era en 1995, pero admitiendo que pueda  darse, su causa principal no sería la mayor longevidad, responsable solo  de aproximadamente el 16% del crecimiento de la población de 65 o más  años de aquí a 2049. El aumento futuro de la población mayor se explica,  sobre todo, porque irán llegando a la jubilación las generaciones  numerosas nacidas entre 1950 y 1976, época de alta fecundidad en España.  Se trata de personas que han cotizado normalmente, de acuerdo con las  reglas que imperaban cuando eran activos, que han cumplido su parte del  contrato entre generaciones y que ahora pueden ver frustradas sus  legítimas expectativas. Romper el pacto generacional, del que el Estado  es garante, es una cuestión importante, que debe ser tratada con suma  precaución.</p>
<p>Cuando las personas que llegarán a la jubilación en  los próximos años trabajaban, cotizaban en función de la proporción de  mayores, entonces inferior a la de ahora. En un sistema de  capitalización hubieran tenido que contribuir bastante más, lo que  hubiera provocado una presión al alza de los salarios, con efectos  negativos sobre la competitividad de las empresas españolas. Incluso, en  el improbable supuesto de que los trabajadores hubieran sido los únicos  beneficiarios de la menor cotización, el efecto sobre la demanda,  debido a su elevada propensión al consumo, beneficia a la economía  española.</p>
<p>Algunos economistas (como R. Lee y A. Mason) han  estudiado los periodos en los que la carga de dependientes crece menos  que la de los activos, lo que ha ocurrido en buena parte de la vida  laboral de los que ahora se jubilan, y acuñado el término de &#8220;dividendo  demográfico&#8221; para designar los efectos positivos que esta situación  produce sobre el crecimiento económico.</p>
<p><strong>Es la medida de mayor eficacia. </strong>El  argumento de la eficacia es de los más utilizados cuando el objetivo es  reducir el déficit. Si aumenta la edad de jubilación, disminuye el  gasto, porque se reduce el número de jubilados, y aumenta la recaudación  porque las personas de 65 y 66 años pasan de jubilados a cotizantes. No  hay duda de que el gasto se reduce.</p>
<p>Por ejemplo, si los hombres  se jubilaran a los 67 en vez de a los 65 años, en las condiciones  actuales casi todos verían reducida su pensión en aproximadamente un 11%  (dos de los casi 18 años de media que les queda por vivir a los 65  años). Se trata de un valor promedio: perderá una proporción mayor de la  jubilación quien viva menos que la media y menor quien supere la media.</p>
<p>Esta  circunstancia no sería contraria a la equidad si las diferencias de  mortalidad fueran aleatorias, es decir, si cada uno tuviese inicialmente  (a los 65 años) la misma probabilidad de morir a cada edad: todo  dependería entonces del destino.</p>
<p>Pero sabemos que no es así;  existen diferencias apreciables de esperanza de vida según la categoría  social. Los pobres viven menos que los ricos y el aumento de la edad de  jubilación es una medida que perjudica más a los más desfavorecidos.  Como, además, suelen tener pensiones más bajas, el ahorro real resultará  menor que el estimado sin tener en cuenta las diferencias de  mortalidad.</p>
<p>En cuanto a los ingresos, aumentarán si aumenta el  número de ocupados que pueden cotizar. Tiene que haber trabajo para los  que retrasan la jubilación sin generar paro en otros grupos de edad,  para lo que sería necesario crear unos 500.000 nuevos puestos de  trabajo, con los datos de 2010 (admitiendo una tasa de empleo del 60%  entre 65 y 67 años) llegando hasta 730.000 en 2049.</p>
<p>Por tanto,  parte del efecto que se atribuye al retraso de la edad de jubilación  depende, en realidad, de la posibilidad de crear empleo. Alejar la  jubilación no crea empleo automáticamente y, teniendo en cuenta que en  España los niveles actuales de paro y de inactividad son muy elevados,  las empresas no encontrarían obstáculos, por el lado de la oferta, para  crear empleo, se retrase o no la edad de jubilación. La rebaja de las  pensiones futuras queda como el único efecto claro de la reforma  propuesta.</p>
<p>El retraso de la edad de jubilación puede ser una  medida injusta, y resulta además engañosa, porque sus efectos sobre el  déficit son más limitados de lo que se dice, al reducir las pensiones  más bajas y al no incluir los ingresos generados por un hipotético  aumento del número de cotizantes, que en ningún caso se deriva de la  reforma.</p>
<p>¿Y los mercados? Hasta ahora, no han reaccionado en el  sentido esperado ante las medidas de ajuste en nuestro país, o en otros,  igualmente objeto de la atención preferente de los especuladores.  Resulta poco creíble que el anuncio de que nos vamos a jubilar dos años  más tarde vaya a lograr el milagro de aplacar a la fiera.</p>
<p>Reformemos  el sistema de pensiones, si es necesario, pero hagámoslo sin excesivas  prisas, porque nada justifica la urgencia, con transparencia sobre sus  efectos, con debate y acuerdo social y no a base de infundir miedo  mediante engaños o medias verdades y de denigrar injustamente nuestro  sistema público actual, socavando su credibilidad.</p>
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		<title>Lo que está pasando con la población</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Nov 2010 19:51:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=31887</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Julio Pérez Díaz</strong>, demógrafo del CSIC. Edita el blog Apuntes de demografía (EL PAÍS, 01/11/10):</p>
<p>Mi maestra Anna Cabré me enseñó que la demografía es una herramienta  para desvelar misterios, y la población española le da la razón. No se  suele reparar en ello, porque parece un asunto técnico y estadístico,  carente de las sintonías emocionales que producen las historias  individuales. Pero alguna vez sus misterios aparecen en titulares, como  cuando el INE difunde sus periódicas proyecciones de población.  Inmediatamente las preguntas nos asaltan: ¿cómo ha cambiado tanto la  esperanza de vida?, ¿por qué han bajado tanto los &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/31887/lo-que-esta-pasando-con-la-poblacion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Julio Pérez Díaz</strong>, demógrafo del CSIC. Edita el blog Apuntes de demografía (EL PAÍS, 01/11/10):</p>
<p>Mi maestra Anna Cabré me enseñó que la demografía es una herramienta  para desvelar misterios, y la población española le da la razón. No se  suele reparar en ello, porque parece un asunto técnico y estadístico,  carente de las sintonías emocionales que producen las historias  individuales. Pero alguna vez sus misterios aparecen en titulares, como  cuando el INE difunde sus periódicas proyecciones de población.  Inmediatamente las preguntas nos asaltan: ¿cómo ha cambiado tanto la  esperanza de vida?, ¿por qué han bajado tanto los nacimientos?, ¿por qué  de repente hay tanta inmigración y, también de repente, la inmigración  disminuye radicalmente? Pero, sobre todo, y desde un punto de vista  práctico, ¿se puede predecir algo sobre el futuro demográfico de  España?, ¿cuáles son los retos demográficos que deberían tenerse en  cuenta en la tarea de gobierno?</p>
<p>Muchas preguntas, respuestas generalmente interesadas, poco  imparciales, y escasa perspectiva, teórica e histórica, a la hora de  darles respuesta. No en vano la demografía es un asunto tanto o más  político que técnico, y ya se sabe que ahí la inmediatez manda. Para  acabarlo de adobar, los fenómenos demográficos interesan en muchos otros  ámbitos, como la economía, la sociología, la medicina o la geografía,  de manera que aquí todo el mundo parece tener algo que decir y, por  desgracia, los demógrafos no hemos conseguido que nuestra disciplina se  haga oír en medio de ese pandemónium.</p>
<p>Pero lo cierto es que las  respuestas mejoran si se entienden las dinámicas poblacionales y el  radical cambio que están experimentado las poblaciones humanas en apenas  el último siglo y medio. Intentaré hacer aquí una síntesis.</p>
<p>El  cambio se puede resumir describiéndolo como una &#8220;revolución  reproductiva&#8221;, a la par con otras revoluciones productivas como la  agraria, la industrial o la de la información. Ha aumentado  drásticamente y de forma abrupta, no gradual, la productividad del  esfuerzo reproductivo.</p>
<p>La reproducción humana siempre estuvo  lastrada por una altísima mortalidad, especialmente infantil, que hacía  muy precario el crecimiento poblacional y obligaba a parir muchos hijos a  las escasas mujeres que conseguían sobrevivir hasta edades adecuadas.  No había opciones; o eso o la extinción.</p>
<p>Eficiencia escasa, por  tanto, del sistema reproductivo, sobredeterminación de los roles en  función del sexo y poca libertad de elección para el común de los  humanos.</p>
<p>Pero la humanidad ha aflojado repentinamente esa sujeción  a la función reproductora, y lo ha hecho consiguiendo, para empezar,  que la mayoría de los que nacen lleguen vivos a las edades en que  pueden, a su vez, tener hijos. Eso desencadena la bola de nieve, porque  tener hijos, y el número de los que se tienen, empiezan a ser opciones  cada vez más personales. Las descendencias reducidas permiten mejorar  las atenciones y recursos dedicados a cada hijo. Es un proceso en cadena  que se retroalimenta con la siguiente generación y cuyo origen, no debe  olvidarse, está en el descenso de la mortalidad producido por la simple  mejora de los cuidados que los humanos nos dispensamos unos a otros.</p>
<p>De  repente, en términos históricos, una esperanza de vida que nunca pasó  de los 35 años en ninguna población se dispara hasta más del doble, la  fecundidad cae en picado, las poblaciones crecen pese a ello a ritmos  que no tienen precedentes y las pirámides de población empiezan a perder  la forma de pirámide.</p>
<p>España es un concentrado de caldo de todo  este proceso. Empezó el siglo XX en la cola de Europa, y lo ha acabado  en la cabeza. Apenas llegaba a 34 años de esperanza de vida y hoy rebasa  los 80. La fecundidad era de unos 5 hijos por mujer, y hoy apenas  alcanza 1,3 hijos. Y todo ello con un crecimiento sin precedentes en  toda su historia anterior, de 18 a 40 millones de habitantes.</p>
<p>Tan  rápido ha sido el proceso, que cabe en la vida de una persona algo  longeva, lo que hace realmente extraordinario el paisaje humano español,  una auténtica mina para los científicos sociales. Coexisten aquí los  adolescentes del Facebook y los ancianos de la España destripaterrones,  rota por la Guerra Civil.</p>
<p>Todo lo anterior debe tenerse en cuenta  al comentar la situación actual y, claro, es difícil. La tentación es la  inmediatez. Aún más, el género más antiguo al comentar datos  demográficos es el alarmismo. La baja natalidad es alarmante, el  envejecimiento demográfico es alarmante, la masiva inmigración es  alarmante y hasta el descenso de la inmigración es alarmante. Las  distintas facciones políticas se los arrojan unas a otras y todo es  reprochado a los momentáneos y pasajeros Gobiernos. A veces, incluso a  los autonómicos o a los municipales. ¡Cómo si fenómenos sociales de tal  calado y que abarcan periodos y territorios tan amplios pudiesen ser  gobernados o reorientados durante un mandato y en un municipio!</p>
<p>Si  yo tuviese que calificar con un único término el cambio demográfico  experimentado por España lo haría con la palabra &#8220;progreso&#8221;. Se ha  democratizado la posibilidad de vivir todas las etapas de la vida, cosa  de la que antes solo disfrutaba una pequeña y privilegiada parte de los  que nacían. Las personas maduras y los recién llegados a mayores ya no  son unos indigentes deteriorados, escasos y sin recursos, como en los  años sesenta y setenta. Hoy, por el contrario, juegan un papel  fundamental en apoyo de sus ascendientes y descendientes. Se ha  conseguido criar y cuidar a cada hijo con recursos y dedicación  impensables hace un par de generaciones. Las mujeres han quedado  liberadas en gran medida de la abrumadora atadura histórica a la  reproducción. El capital humano se ha disparado con todo ello, y de un  país de analfabetos y trabajadores sin cualificación hemos pasado a un  país de clases medias y economía terciaria.</p>
<p>Lo que está pasando  con la población española es que se ha sumado al creciente club de los  países demográficamente &#8220;modernos&#8221; tarde, pero muy deprisa. Al margen de  las valoraciones que hagamos, eso conlleva algunas certezas sobre el  futuro a corto y medio plazo, rasgos predecibles que conviene saber  aprovechar, en vez de plantearse combatirlos:</p>
<p>- La pirámide  española seguirá envejeciendo, porque los mayores vivirán todavía más y  en mejor salud, y ese no es un proceso que vaya a verse contrarrestado  por la inmigración o por un eventual <em>baby boom.</em></p>
<p>- Pero  seguiremos teniendo, aunque sea cíclica, una intensa inmigración, porque  1) la revolución reproductiva conlleva una fecundidad reducida que no  es coyuntural y que tampoco podría elevarse para poner remedio a los  vacíos del mercado de trabajo (nunca lo hizo tampoco en el pasado); y 2)  Los países menos desarrollados todavía seguirán creciendo muy  rápidamente en las próximas décadas, con dificultades para ocupar a sus  nuevas generaciones, masivas, de jóvenes.</p>
<p>- Las mujeres, una vez  convertida en opcional la antaño obligada función reproductiva, seguirán  consolidando su apuesta por la vida laboral continuada, con todos los  cambios que ello implica en las relaciones sociales, familiares y de  pareja.</p>
<p>- Se generalizarán las líneas familiares con cuatro  generaciones presentes, con todo lo que ello conlleva para las  relaciones y transferencias de cuidados y recursos entre ellas.</p>
<p>Parece  que sea la demografía la que hace peligrar las pensiones, las  solidaridades intergeneracionales, el futuro de la familia o la  emancipación juvenil. Gran falacia. Son los problemas financieros,  políticos y, sobre todo, productivos y laborales los que desvían la  atención hacia la demografía. Paradójicamente, es en esos ámbitos donde  el futuro resulta menos previsible y donde existe más capacidad de  actuación. La clave del progreso demográfico, en cambio, siempre fue muy  sencilla: la inversión en las personas. Los humanos, una vez dotados de  buenas dosis de recursos, cuidados, ocupación, atención, respeto,  cultura o justicia, tienen la sorprendente y ancestral peculiaridad de  mejorar notablemente las sociedades a las que pertenecen. Esperemos que  la crisis no nos haga olvidar esto.</p>
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		<title>China&#8217;s one-child policy is slowly being eased</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Oct 2010 16:55:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Asia]]></category>
		<category><![CDATA[China]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Therese Hesketh</strong>, professor of Global Health at the UCL Institute of Global Health (THE GUARDIAN, 24/10/10):</p>
<p>A story has surfaced on a Chinese blog – subsequently picked up by the Toronto Sun and <a title="Al-Jazeera" href="http://blogs.aljazeera.net/asia/2010/10/20/illegal-pregnancy-and-legal-abortion">Al-Jazeera</a> – about a woman from a county in Xiamen city, south-eastern <a href="http://www.guardian.co.uk/world/china">China</a>,  who at eight months pregnant was dragged from her home by family  planning officials, beaten up, detained for three days and then forced  to undergo an abortion. This, it is claimed, was because she already had  a nine-year-old daughter and was violating the rules of the one-child  policy.</p>
<p>Whatever the truth &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/31768/chinas-one-child-policy-is-slowly-being-eased/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Therese Hesketh</strong>, professor of Global Health at the UCL Institute of Global Health (THE GUARDIAN, 24/10/10):</p>
<p>A story has surfaced on a Chinese blog – subsequently picked up by the Toronto Sun and <a title="Al-Jazeera" href="http://blogs.aljazeera.net/asia/2010/10/20/illegal-pregnancy-and-legal-abortion">Al-Jazeera</a> – about a woman from a county in Xiamen city, south-eastern <a href="http://www.guardian.co.uk/world/china">China</a>,  who at eight months pregnant was dragged from her home by family  planning officials, beaten up, detained for three days and then forced  to undergo an abortion. This, it is claimed, was because she already had  a nine-year-old daughter and was violating the rules of the one-child  policy.</p>
<p>Whatever the truth of these allegations, this kind of  event is extremely rare now in China – especially in urban China, where  it could not be kept secret. The officials involved could expect  punishment for such an abuse of their power. In the very early years of  the policy in the early 1980s such stories of forced <a href="http://www.guardian.co.uk/world/abortion">abortion</a> were not rare, but the way the one-child policy has been interpreted  and enforced has changed with the times. This is partly because people  are accustomed to its constraints: one child allowed for urban residents  and two for rural residents, especially when the first is a girl. This  acceptance means that there is much less need to employ coercive or  punitive measures.</p>
<p>When the policy was introduced in 1979, it was  planned to last for a generation. The original goal was to slow the  population growth rate. This has been achieved, but at the price of a  rapidly increasing proportion of elderly dependent people, and a  worrying excess of males in many parts of China. This is because couples  choose to abort female foetuses in order to guarantee a boy, within the  constraints of small family size and a strong tradition of son  preference.</p>
<p>The government has been considering options for  relaxing the policy. China has undergone massive socioeconomic change  during the past 30 years. With the freedoms that have resulted from  wealth and globalisation, the one-child policy seems increasingly  anachronistic. Increased wealth and freedom also make it harder for the  government to enforce the policy. The cost of bringing up more than one  child does not deter many wealthy people, and increased freedom of  movement has made it difficult for family planning authorities to track  down people if they choose to flout the regulations.</p>
<p>One  possibility for relaxation is that everyone could be allowed to have up  to two children, with a space of at least five years between them. It is  thought that this would be acceptable to the majority of people, would  help to reduce the excess in male births and would help with the problem  of care of the elderly. There are real concerns about what is known as  the 4-2-1 phenomenon: families with four grandparents, two parents and  one child taking care of them all.</p>
<p>But the government feels that  vigilance is still essential. It fears that an accelerated increase in  population growth could threaten economic growth and stability. There  are particular concerns about the increasing level of migration from  rural to urban areas, which has fuelled substantial urban growth. So a  softly-softly approach is being taken. In most of urban China now, an  only child marrying an only child is allowed to have two children.  Interestingly, many of the young couples who are now eligible to have  two are choosing to have just one child. This is perhaps less surprising  when one considers that east Asia boasts some of the lowest fertility  rates in the world. (The fertility rate is the average number of  children born to each woman, with replacement fertility therefore at  around 2.1). Hong Kong has a fertility rate of one, Taiwan 1.1 and Japan  1.3, alongside a figure of 1.6 for China.</p>
<p>Another recent change  has been that couples no longer need to obtain permission to have a  first child. This spelt the end of the very unpopular system of local  birth quotas, which meant that couples were forced to delay pregnancy if  the local quota was exceeded. These changes, together with declining  fertility aspirations, have reduced (though not eliminated) the tensions  associated with the government&#8217;s efforts to control population growth.</p>
<p>The  Shanghai government is now considering incentives to encourage couples  to have two children. Other city governments may feel the need to follow suit.</p>
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		<title>Here Come the Elderly</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/31625/here-come-the-elderly/</link>
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		<pubDate>Wed, 13 Oct 2010 17:59:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Richard Jackson</strong>, <strong>Neil Howe</strong> and <strong>Keisuke Nakashima</strong>, respectively, senior fellow, senior associate and fellow at the Center for Strategic and International Studies (THE NEW YORK TIMES, 13/10/10):</p>
<p>Global aging is no longer a distant challenge looming over the horizon.</p>
<p>The unchecked growth in pension expenditures in some European countries  is a major factor in the debt crisis that shook the euro zone this year.</p>
<p>In the United States, first-wave baby boomers will become eligible for  full Social Security and Medicare benefits next year, initiating a  two-decade cost spiral in which government benefit spending is projected  to double &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/31625/here-come-the-elderly/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Richard Jackson</strong>, <strong>Neil Howe</strong> and <strong>Keisuke Nakashima</strong>, respectively, senior fellow, senior associate and fellow at the Center for Strategic and International Studies (THE NEW YORK TIMES, 13/10/10):</p>
<p>Global aging is no longer a distant challenge looming over the horizon.</p>
<p>The unchecked growth in pension expenditures in some European countries  is a major factor in the debt crisis that shook the euro zone this year.</p>
<p>In the United States, first-wave baby boomers will become eligible for  full Social Security and Medicare benefits next year, initiating a  two-decade cost spiral in which government benefit spending is projected  to double as a share of G.D.P.</p>
<p>In China, where the rising old-age dependency burden still largely falls  on families, the onrushing age wave is giving rise to the “4-2-1  problem” — one child caring for two parents and four grandparents.</p>
<p>The demographic transformation now sweeping the world promises to affect  everything from business psychology and workforce productivity to the  direction of global capital flows.</p>
<p>Perhaps most fatefully, it could throw into question the ability of  societies to provide a decent standard of living for the old without  imposing a crushing burden on the young.</p>
<p>Which countries are most prepared to meet the challenge? And which countries are least prepared?</p>
<p>The Global Aging Preparedness (GAP) Index, of which we are the authors  and which is being released this week by the Washington-based Center for  Strategic and International Studies, provides a  quantitative  assessment of the progress that countries worldwide are making in  preparing for global aging, and particularly the old-age dependency  dimension of the challenge.</p>
<p>The GAP Index consists of two separate subindices — fiscal  sustainability index and  income adequacy. It covers 20 countries,   developed  and emerging.</p>
<p>The index has good news and bad news. The bad is that very few countries score well on both sustainability and adequacy.</p>
<p>Three of the seven highest-ranking countries on the fiscal  sustainability index (Mexico, China and Russia) are among the seven  lowest-ranking countries on the income adequacy index. Four of the seven  highest-ranking countries on the income adequacy index (the  Netherlands, Brazil, Germany and Britain) are among the seven  lowest-ranking countries on the fiscal sustainability index.</p>
<p>Two countries — France and Italy — score near the bottom of both  indices. Both have legislated large prospective cuts in the generosity  of their public pension systems, threatening to erode the living  standard of the old. Yet despite the cuts, the systems remain so costly  that they will impose a large and rising burden on the young.</p>
<p>The good news is that there are exceptions. Australia, which combines a  low-cost, means-tested floor of public old-age poverty protection with a  large, mandatory, and fully funded private pension system, scores in  the top half of both indices. So does Chile, which has a similar mix of  retirement policies.</p>
<p>Several other countries are clearly moving in the right direction.</p>
<p>Like France and Italy, Germany and Sweden have scheduled deep reductions  in the future generosity of their public pension systems.</p>
<p>But unlike France and Italy, they are on track to fill in the resulting  gap in elderly income by increasing funded pension savings and extending  work lives.</p>
<p>Although their fiscal burdens remain high, they have been cut well  beneath what they would otherwise be without undermining adequacy.</p>
<p>This contrast points to a crucial lesson. Most of the world’s developed  economies will have to make large reductions in state retirement  provision to stave off a fiscal Armageddon. So too will a few major  developing economies, notably Brazil and South Korea.</p>
<p>But unless reform also ensures income adequacy for the old, the reductions are unlikely to be politically sustainable.</p>
<p>Saving more and working longer are a crucial part of any overall reform  strategy because they provide the best means — indeed, the only means —  to shore up the living standard of the old without imposing a new tax or  family burden on the young.</p>
<p>With much of the world still reeling from the global economic crisis  that began in 2008, many policy leaders may conclude that now is not the  right time to address the long-term challenge of global aging. This  would be a mistake.</p>
<p>In fact, the economic crisis has made timely action even more urgent. It  has drastically reduced the fiscal resources that most countries have  to accommodate rising old-age benefit costs, and at the same time it has  left many elderly people more vulnerable.</p>
<p>There’s also the critical issue of confidence. The public and the  markets increasingly worry that governments have lost control over their  fiscal future. In this sense, taking credible steps to address the  long-term aging challenge may be a necessary part of ensuring near-term  recovery as well.</p>
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		<title>Crisis y natalidad en España</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/30591/crisis-y-natalidad-en-espana/</link>
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		<pubDate>Wed, 07 Jul 2010 18:01:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong>, investigador de Analistas Socio-Políticos (EL MUNDO, 07/07/10):</p>
<p>Hace unos días, el  Instituto Nacional de Estadística nos informó de que el número de  nacimientos había caído un 5% en el año 2009, y de que también lo había  hecho su indicador coyuntural de la fecundidad, a lo que solemos  referirnos como el número de hijos por mujer. En este caso, habríamos  pasado de 1,46 hijos a 1,40, lo que representa una caída del 4%, casi  una imagen especular del 4,4% de incremento en 2008. Este brusco  descenso de la fecundidad habría acabado con la serie continua &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/30591/crisis-y-natalidad-en-espana/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong>, investigador de Analistas Socio-Políticos (EL MUNDO, 07/07/10):</p>
<p>Hace unos días, el  Instituto Nacional de Estadística nos informó de que el número de  nacimientos había caído un 5% en el año 2009, y de que también lo había  hecho su indicador coyuntural de la fecundidad, a lo que solemos  referirnos como el número de hijos por mujer. En este caso, habríamos  pasado de 1,46 hijos a 1,40, lo que representa una caída del 4%, casi  una imagen especular del 4,4% de incremento en 2008. Este brusco  descenso de la fecundidad habría acabado con la serie continua de  aumentos observada desde 1998.</p>
<p>Es muy probable que el descenso de la fecundidad en España se  deba a la profunda crisis económica que vivimos. Por varias razones. En  primer lugar, desde hace más de 30 años, las crisis económicas han  coincidido con caídas pronunciadas de la fecundidad. Durante la crisis  de la segunda mitad de los 70 y la primera de los 80, el número de hijos  por mujer descendió desde los 2,8 de 1975 a los 1,6 de 1985. Así, al <em>boom</em> demográfico de los 60 y primeros 70, que había dejado en suspenso la  caída secular de la fecundidad, le sucedió uno de los desplomes más  acusados de toda Europa.</p>
<p>En casi todos los países de Europa occidental se dio un  tránsito similar hacia niveles de fecundidad inferiores a los del  reemplazo poblacional (2,1 hijos por mujer), pero en casi ninguno la  caída fue tan rápida y tan intensa, en parte porque esa transición se  inició antes y apenas coincidió con la crisis de los 70. En España sí  coincidió, y lo hizo con una crisis cuyas características locales  alteraron sustancialmente el horizonte reproductivo de las mujeres  españolas.</p>
<p>La tasa de paro subió muchísimo y se mantuvo en niveles altos  mucho tiempo, incluso tras la recuperación iniciada hacia 1985. Las  perspectivas laborales de los jóvenes empeoraron aún más que las del  conjunto de trabajadores, lo que les llevó a rebajar sus expectativas de  emancipación temprana, y, por tanto, de formar una nueva familia. No es  que los jóvenes españoles se hubieran emancipado pronto en el pasado.  Al contrario, como los de otros países del sur de Europa, lo hacían muy  tarde, especialmente en comparación con sus coetáneos del norte del  continente.</p>
<p>Sin embargo, habían adelantando notablemente el abandono del  hogar paterno en los años 60, en paralelo a la profunda transformación  de la estructura económica española y los concomitantes movimientos  migratorios. La crisis revirtió ese proceso, iniciando la edad media de  emancipación una acusada senda ascendente que sólo se detendría al  comenzar el siglo actual. El retraso en la emancipación retrasa la  llegada del primer hijo y, por regla general, implica una menor  fecundidad. En cualquier caso, es un síntoma de un horizonte vital más  incierto.</p>
<p>Con todo, la caída en la fecundidad fue frenándose en la  segunda mitad de los 80 por la menor incertidumbre asociada al retorno  de un crecimiento económico potente. Todo parecía indicar que volvería a  crecer en la primera mitad de los 90. Sin embargo, la crisis de  1993/1994 retrasó esa recuperación: si en 1992 la fecundidad estaba  cayendo <em>sólo</em> un 1%, en 1993, cayó un 3,8% y nada menos que un 5%  en 1994. Así llegamos a las ínfimas cifras de menos de 1,2 hijos por  mujer a mediados de los 90.</p>
<p>En segundo lugar, el cambio de tendencia en la variación  interanual del número de nacimientos coincide bastante con el cambio de  tendencia en los indicadores de confianza económica de los españoles.  Por ejemplo, el índice de confianza del consumidor de la Comisión  Europea empieza a desplomarse en otoño de 2007, con las primeras  evidencias palmarias de la crisis económica internacional, y con el  retorno al aumento del paro en España.</p>
<p>El número de nacimientos empezó a caer en términos  interanuales en enero de 2009, lo que, si suponemos embarazos de nueve  meses por término medio, implica que bastaron tres meses de malas  noticias económicas para que cambiasen las perspectivas reproductivas de  no pocas familias. La caída en el número de nacimientos fue  acelerándose a medida que avanzaba 2009, casi en estricta concordancia  con el empeoramiento del horizonte económico medido un año antes.</p>
<p>En tercer lugar, la influencia de la crisis en la caída de la  fecundidad española en 2009 se observa a través de la comparación con  lo sucedido en otros países. Con los datos hasta ahora publicados,  podemos comprobar la evolución de la fecundidad en 15 países de la Unión  Europea. Cayó en la gran mayoría de ellos, en 12, interrumpiendo, en  general, una tendencia al alza de los últimos años. Sólo subió en tres. A  su vez, las dos mayores caídas se han dado, precisamente, en dos de los  países más afectados por la crisis, Portugal y España.</p>
<p>Por último, la caída de la fecundidad en 2009 coincide con  otro cambio asociado al oscurecimiento del horizonte reproductivo de las  generaciones jóvenes. Se ha detenido o, incluso, revertido la tímida  tendencia a una emancipación más temprana que se apreciaba desde  2001/2002.</p>
<p>La prolongada bonanza económica desde 1995/1996, con el  añadido de la <em>burbuja </em>de los créditos inmobiliarios a bajísimos  tipos de interés, había conseguido lo que lustros atrás parecía  imposible: que los jóvenes españoles se independizaran antes. Pero el  manantial del crédito se secó, el crecimiento económico se detuvo y el  paro juvenil estalló.</p>
<p>Un ejemplo: la tasa de paro de los jóvenes de 30 a 34 años,  los situados en el tramo de edad en el que se produce preferentemente el  abandono del hogar paterno, creció desde el 6% a finales de 2007 al 20%  actual. La notable intensificación de la caída en curso de la  nupcialidad no es sino expresión del mismo fenómeno. De hecho, aunque la  última década nos había acostumbrado al descenso en el número de  matrimonios católicos, 2009 nos ha sorprendido con el retroceso de los  civiles, que crecían sin pausa desde 1997.</p>
<p>Qué puede  ocurrir a corto y medio plazo con la fecundidad en España? Para  responder a esta pregunta tenemos que tener en cuenta los factores que  explican los distintos niveles de fecundidad inferior a la del reemplazo  poblacional y la previsible evolución de la coyuntura económica.  Respecto de lo primero, la tendencia secular a la caída de la fecundidad  en casi todo el mundo puede entenderse, sobre todo, como respuesta de  las generaciones que se van incorporando a la paternidad a que la  mortalidad infantil se haya ido reduciendo.</p>
<p>A su vez, que la fecundidad haya bajado de los 2,1 hijos por  mujer se ha debido a una combinación añadida de circunstancias, con un  papel principal para el mayor nivel educativo de las mujeres, su mayor  incorporación al mercado laboral, y la seguridad casi absoluta de los  métodos anticonceptivos artificiales. Los recortes del periodo efectivo  de fertilidad causados por esos factores han impedido a muchas mujeres  llevar a cabo unos planes que, de hacer caso a las encuestas al uso,  implicaban un par de hijos.</p>
<p>Que en algunos países los planes se hayan incumplido menos y  la fecundidad se aproxime a los 2 hijos por mujer se explica por haber  contado con un mercado laboral muy flexible que facilita los tránsitos  entre la maternidad y el empleo o con instituciones o ayudas públicas  que han hecho más llevadera la maternidad a las madres trabajadoras. En  España, las ayudas a la familia han brillado por su ausencia, y la  flexibilidad laboral ensayada desde mediados de los 80, la gran  temporalidad del empleo juvenil (junto con otros factores, ligados al  mercado de la vivienda, por ejemplo), ha redundado justamente en  dificultar la emancipación y, con ella, la reproducción temprana.</p>
<p>En la medida en que se mantengan esos condicionantes, si  acaso, podremos aspirar a medio plazo a una recuperación muy paulatina  de la fecundidad, como la de la última década.</p>
<p>Si, como he intentado mostrar, la crisis económica explica la  caída actual de la fecundidad, su recuperación se produciría en dos o  tres años en el caso de que el crecimiento económico volviera pronto y  con fuerza, despejando los horizontes vitales de las generaciones  jóvenes. Si, como parece más probable, afrontamos un periodo  indeterminado de crecimiento económico débil y tasas de paro elevadas,  es improbable que crezca la fecundidad. Más bien tenderá a caer o  estancarse, con las previsibles consecuencias para los equilibrios  demográficos del país que ustedes conocen.</p>
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		<title>Pobreza y natalidad</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jan 2010 21:57:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Pobreza]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Guillem López-Casasnovas</strong>, catedrático de Economía de la UPF (EL PERIÓDICO, 27/01/10):</p>
<p>Conmueven en estos días las imágenes de la tragedia, desolación e infortunio de Haití. En el trasfondo queda la imagen de la pobreza extrema, que aflora a medida que las casas se han ido hundiendo y los equilibrios de las infraestructuras precarias se han roto. Las causas de la pobreza de países como Haití son varias. Su renta per cápita no llega a 1.200 dólares y un 72% de la población vive con menos de dos dólares diarios. Un desastre, en medio de abusos coloniales, dictaduras políticas &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/28690/pobreza-y-natalidad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Guillem López-Casasnovas</strong>, catedrático de Economía de la UPF (EL PERIÓDICO, 27/01/10):</p>
<p>Conmueven en estos días las imágenes de la tragedia, desolación e infortunio de Haití. En el trasfondo queda la imagen de la pobreza extrema, que aflora a medida que las casas se han ido hundiendo y los equilibrios de las infraestructuras precarias se han roto. Las causas de la pobreza de países como Haití son varias. Su renta per cápita no llega a 1.200 dólares y un 72% de la población vive con menos de dos dólares diarios. Un desastre, en medio de abusos coloniales, dictaduras políticas y déficits educativos y sanitarios múltiples.<br />
Pero, más allá de aquellos factores institucionales, parte del problema de la pobreza de esos países radica en su elevada tasa de fertilidad general, la media de niños nacidos a lo largo de la vida de una mujer, para remarcar que un cambio hacia una mayor planificación familiar es una condición necesaria para su bienestar. Sin estas transformaciones, parece imposible que ninguno de los países atrasados pueda alcanzar nunca los llamados objetivos del milenio.</p>
<p>Parte del éxito de algunos países asiáticos se debe a estos cambios. Entre 1960 y el 2000, en esa parte del mundo, la fertilidad de las mujeres casadas ha bajado de seis a tres niños. La secuencia es muy simple. Con tasas de fertilidad de 5 o 6 niños, no hay economía que aguante crecimientos suficientes que permitan que la renta per cápita no baje. Con una natalidad tan elevada, resulta infactible lograr una educación primaria o una sanidad básica universal. Hijitas sin educación son con frecuencia madres solteras u objeto de embarazos no deseados, en un círculo de pobreza y alta fertilidad. Se asocian también estas concepciones a una elevada mortalidad infantil. En Haití, cuatro veces más que la del mundo desarrollado y entre dos y tres veces más que la de Guadalupe o Martinica, islas confines. No es un tema de medicamentos bajo patentes o de contraconceptivos de coste elevado. Son otras las causas: la educación y la asimetría de poder de géneros en que estas sociedades viven.<br />
La idea de que las familias pobres eligen tener muchos hijos porque saben que muy pocos sobrevivirán es poco aceptable. A ricos y pobres lo que les separa es el uso o no de contraceptivos. El descenso de la fertilidad se concentra en las clases más ricas, agravando la desigualdad en las rentas familiares per cápita.<br />
Los dilemas morales aquí son tan mayúsculos como necesitados de ser abordados. La interferencia externa en las relaciones humanas que el sexo domina, la legitimidad o no de subsidiar económicamente la contraconcepción, la capacidad de condicionar las ayudas internacionales a prácticas no aceptadas por determinadas culturas religiosas y gubernamentales, ya desde la oferta asistencial (sanamientos maternales), ya desde la demanda (condones), o cómo hacer frente al estigma social de la reversión del proceso. Hoy es marca de bienestar saltarse la norma en las políticas chinas de control de la natalidad. Pero es inapelable que algo en este terreno tiene que entrar en la agenda de la lucha contra la pobreza.<br />
Fueron necesarios 130 años para pasar de los 1.000 millones de habitantes del planeta a los 2.000, 30 años más para llegar a 3.000, 15 años para los 4.000 y ahora en 12 años hemos pasado de 4.000 a 6.000 millones. Muchos de ellos, en los países menos desarrollados. Al mismo tiempo, con lo que el Bixby Forum de Berkeley identificaba hace un año como 80 millones anuales de embarazos no deseados, la pobreza ha pasado a ser más extrema. La diferencia en el crecimiento natural (nacimientos menos muertos) por minuto entre países desarrollados y menos desarrollados es de cuatro en el primer caso y de 154 en el segundo. Níger tiene un crecimiento económico anual del 2%, mientras que la población crece un 3,9%. Si esta cifra no cambia, con la tasa de fertilidad actual de 7,1 niños por mujer, el 2050 Níger pasaría de los 14 millones actuales a 80 millones: ninguna economía tiene un crecimiento que pueda conseguir que la renta per cápita no se haga añicos aún más en un proceso demográfico como el citado, y más en un país como Níger, en el que ya hoy el 86% de la población vive con menos de dos euros diarios.</p>
<p>La labor de reducir la tasa de fertilidad total no es imposible: Kenia lo está haciendo: de 8,12 en los años 60 a 5 en la actualidad, a pesar de que, si la tasa no baja más, los 84 millones de habitantes resultantes pueden acabar con estándares de renta per cápita más bajos que los que hoy tiene Somalia. Filipinas ha tenido éxito en estas iniciativas. Y es que las clases más pudientes en esos países no practican menos sexo, sino que lo hacen con más precauciones. En este sentido, el acceso a la planificación familiar y a los anticonceptivos no son un bien de mercado libre: las barreras tangibles e intangibles existentes entre pobres y sin educación llevan a que no se consideren unos beneficios sociales que hay que proteger.<br />
Toca ahora ayudar a reconstruir Haití. Pero más allá de los cimientos físicos de las nuevas casas e infraestructuras, hay que impulsar programas de educación que empiecen a atacar parte de los males que les han llevado a la pobreza.</p>
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		<title>El futuro de la población</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Dec 2009 19:28:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Díez Nicolás</strong>, catedrático emérito de Sociología, Universidad Complutense de Madrid (LA VANGUARDIA, 13/12/09):</p>
<p>El crecimiento de la población del planeta ha sido muy lento durante la mayor parte de la historia de la humanidad. Solamente en los últimos 200 años puede decirse que ha sido crecientemente acelerado, pero muy descompensado en cuanto a su distribución por continentes.</p>
<p>Algunas cifras ayudan a comprenderlo. Se estima que la población del mundo al comienzo de nuestra era, hace 2009 años, era aproximadamente de 250 millones. Aunque la natalidad era muy alta, la mortalidad era con frecuencia aún más alta, por &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/28138/el-futuro-de-la-poblacion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Díez Nicolás</strong>, catedrático emérito de Sociología, Universidad Complutense de Madrid (LA VANGUARDIA, 13/12/09):</p>
<p>El crecimiento de la población del planeta ha sido muy lento durante la mayor parte de la historia de la humanidad. Solamente en los últimos 200 años puede decirse que ha sido crecientemente acelerado, pero muy descompensado en cuanto a su distribución por continentes.</p>
<p>Algunas cifras ayudan a comprenderlo. Se estima que la población del mundo al comienzo de nuestra era, hace 2009 años, era aproximadamente de 250 millones. Aunque la natalidad era muy alta, la mortalidad era con frecuencia aún más alta, por lo que el crecimiento fue tan lento que esa población tardó aproximadamente 1.650 años en duplicarse y llegar a 500 millones. Pero los avances tecnológicos en la producción de alimentos y en los transportes y comunicaciones fueron poco apoco reduciendo la mortalidad, y permitiendo un crecimiento más acelerado.</p>
<p>En solamente 200 años la población del mundo se volvió a duplicar, y llegó a los 1.000 millones aproximadamente en 1850. Y se volvió a duplicar en tan sólo 100 años, de manera que en 1950 la población del mundo ya era de 2.000 millones de habitantes. Desde entonces para acá, en sólo unos 50 años la población del mundo se ha más que triplicado, pues en el año 2000 superaba los 6.000 millones de personas. Además, se ha observado que el crecimiento en los países desarrollados, especialmente en toda Europa, desde Portugal hasta la Federación Rusa, se ha aproximado a 0, e incluso en algunos países es negativo (la población disminuye en lugar de crecer), una situación que se ha compensado admitiendo inmigrantes de los países menos desarrollados, que además tienen un crecimiento todavía muy alto, debido a su alta natalidad.</p>
<p>Ese es el caso también de España desde los años ochenta del siglo XX. La diferencia en el ritmo de crecimiento de unos y otros países se pone de manifiesto cuando se observa que, en la década de los años sesenta, un tercio de la población mundial residía en países desarrollados, y dos tercios en los menos desarrollados. Actualmente, solamente uno de cada cinco habitantes en el mundo vive en países desarrollados, y cuatro de cada cinco viven en países menos desarrollados.</p>
<p>En la actualidad, por tanto, los países desarrollados, como España, tienen una mortalidad muy baja y una natalidad también muy baja, con un crecimiento natural casi 0 o incluso negativo, y una población envejecida (un 20% de la población tiene más de 65 años, otro 20% tiene menos de 15 años, y el 60% entre 15 y 64 años) que envejecerá aún más en las próximas décadas. Los países menos desarrollados han reducido su mortalidad y su natalidad, pero todavía les queda un camino por recorrer en ambos casos, su crecimiento demográfico es todavía muy alto, y su población todavía muy joven (aproximadamente entre un 30%-40% tienen menos de 15 años, y menos de un 10% tienen más de 65 años, si bien estas poblaciones están envejeciendo más rápido de lo que se esperaba porque su mortalidad y su natalidad están disminuyendo también más rápido de lo que se esperaba).</p>
<p>Al evaluar estos cambios no hay acuerdo respecto a sus consecuencias ni respecto lo que sería mejor para el planeta Tierra. Algunos temen que el crecimiento siga siendo muy alto, pues aunque se está reduciendo, puede seguir provocando la duplicación en sólo 70 años, de manera que en el 2050 se podría llegar a los 12.000 millones, aunque lo más probable es que no se llegue a esa cifra tan pronto. (Algunos científicos afirman que la Tierra no podría sostener una población superior a los 10.000 millones). Pero otros temen que el problema sea la falta de crecimiento, el estancamiento de la población por debajo de esa mágica cifra, y que la población envejezca excesivamente, y por ello piden un incremento de la natalidad. Sin embargo, no parece probable que las mujeres vuelvan a tener un promedio de tres o cuatro hijos a lo largo de su vida. Y tampoco parece probable que los países menos desarrollados sigan enviando inmigrantes a los más desarrollados, pues sus poblaciones también están envejeciendo y reduciendo su crecimiento. El futuro más probable es el de que todos los países lleguen a lo largo de este siglo XXI a un crecimiento demográfico próximo a 0, y a que las estructuras de sus poblaciones sean similares. No parece probable retornar a altos niveles de natalidad, y los movimientos migratorios basados en desequilibrios demográficos tenderán a reducirse también.</p>
<p>La única solución para volver a tener estructuras demográficas con mayoría de jóvenes, como en el pasado, sería aumentar la mortalidad. Y no parece que esa sea una solución deseable. Por tanto, hay que adaptar la organización de la sociedad a los hechos demográficos descritos, pues lo contrario, es decir, adaptar los hechos demográficos a la organización social, no parece posible.</p>
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		<title>China’s future will be hobbled by old age</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Aug 2009 13:28:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Asia]]></category>
		<category><![CDATA[China]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Rosemary Righter</strong> (THE TIMES, 03/08/09):</p>
<p>Beware what you wish for. Birth control was one of the resounding policy successes of the last quarter of the last century. In the early 1970s, women worldwide were bearing an average of 4.3 children; populations in some of the poorest countries were doubling at breakneck speed and demographers were predicting that the world would contain 16 billion or more people before the demographic express hit the buffers of famine and war.</p>
<p>Alarmed, governments threw themselves into family planning — nowhere more strenuously than in China. In 1979 Deng Xiaoping unceremoniously binned Mao’s proclamation, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/26175/china%e2%80%99s-future-will-be-hobbled-by-old-age/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Rosemary Righter</strong> (THE TIMES, 03/08/09):</p>
<p>Beware what you wish for. Birth control was one of the resounding policy successes of the last quarter of the last century. In the early 1970s, women worldwide were bearing an average of 4.3 children; populations in some of the poorest countries were doubling at breakneck speed and demographers were predicting that the world would contain 16 billion or more people before the demographic express hit the buffers of famine and war.</p>
<p>Alarmed, governments threw themselves into family planning — nowhere more strenuously than in China. In 1979 Deng Xiaoping unceremoniously binned Mao’s proclamation, “China’s strength is its countless people”, introducing a coercive “one child” policy buttressed by penalties ranging from heavy fines to compulsory abortions.</p>
<p>The turnaround has been dramatic. In more than 70 countries, birthrates have fallen below replacement level. The demographic timelag — babies born 30 years ago are now raising families — means that the global total continues gently to rise, but within 40 years should level out at a manageable 9 billion.</p>
<p>For the planet, this is good news; but the downside is a different, never before seen, demographic crunch. When people are not only having fewer babies, but living 30 to 40 years longer than they did a century ago, the result is more pensioners — and fewer workers to look after them. By 2050 two billion people — more than one in five — will be over 60. In rich countries, the proportion will be one in three. The implications are dramatic: labour shortages, slower growth, and higher taxes to pay bills for pensions and long-term care. The West’s problems are, however, nothing compared to the social and economic catastrophe shaping in China.</p>
<p>The one-child policy has, in its own harsh terms, worked: reducing births by between 300 and 400 million. But it has induced a premature, and alarmingly rapid, ageing process. China has given itself a rich country’s problem before it has become rich: for all its economic performance, Chinese incomes are still nowhere near as high as those in Western societies at the point when they started to age.</p>
<p>The one-child policy gave China the best of all worlds — a seemingly limitless labour supply and an artificially low dependency ratio. But the labour force will start shrinking a mere six years hence; elderly dependants will outnumber children within 20 years; and by mid-century the labour force will have plunged by 23 per cent. A third of Chinese will then be over 60 — 438 million, outnumbering the entire population of the US. And there will be only 1.6 working age adults per pensioner, compared with seven before 1979.</p>
<p>This means that hundreds of millions of elderly will depend on shrinking families. Beijing is reluctant to divert public investment from physical to social infrastructure; yet failure to do so will render the “harmonious society” unstable. Unpaid pensions are already a potent grievance.</p>
<p>Not only do safety nets barely exist, but the basic social services that communism used to guarantee are long gone. With the shutting or privatisation of state-owned enterprises, the “iron rice bowl” that gave factory workers housing, education, healthcare and pensions cracked two decades back. Rural workers — the majority even now — never had pensions and have now lost free education and healthcare as well.</p>
<p>China has compressed into a single generation transformations that would rock the stability of any society. But the consequences of the one-child policy may prove the toughest of all. Always an affront to human rights, it also portends economic trouble. Abortion rates are officially admitted to be appalling — 13 million a year, a statistic that does not include abortions performed in unregistered clinics or the 10 million one-off abortion pills sold every year. Not only that: in a statistic that has past, present and future heartache written all over it, in China today there are 50 million more males than females — of whom 32.7 million are under 20. A society already short of brothers and sisters is running short of daughters-in-law as well.</p>
<p>The rules have gradually been relaxed. In an effort to curb abortion of female fetuses and infanticide of baby girls, exceptions may be made for rural couples whose first child is female. To ease the burden known as 4-2-1 — only children may be little emperors when young, but end up burdened, under a law passed in 1996, with the obligation to care for two parents and four grandparents — couples from one-child families are allowed two babies. But when Shanghai last month announced that it would encourage “eligible” couples to have a second child, it was attacked in China’s official media for “talking as if Shanghai were an independent republic”.</p>
<p>After 30 years of indoctrination, China probably could not revert to big families even if it wanted to. Urbanisation leads to smaller families, and social mobility has weakened faith in more children as insurance for old age. China has no realistic choice but to grow old gracefully. But the cost of providing for tomorrow’s pensioners is bound to dampen growth even before the workforce starts to decline. This might not be “China’s century” after all.</p>
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		<title>Crisis y demografía</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/25357/crisis-y-demografia/</link>
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		<pubDate>Sun, 07 Jun 2009 11:00:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Inmigración]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Puyol</strong>, presidente de la I. E. UNIVERSIDAD (EL CORREO DIGITAL, 07/06/09):</p>
<p>La evolución demográfica española se transformó con la llegada de inmigrantes que relanzaron el crecimiento, recuperaron la natalidad, redujeron levemente el envejecimiento y contribuyeron decisivamente a resolver la demanda de un mercado laboral al alza. La prosperidad económica pasada hizo mejorar las variables demográficas básicas en proporciones impensables pocos años antes. Fuimos durante algún tiempo el escenario de un mundo feliz sin especiales preocupaciones por el futuro. Pero de repente se deshizo la ilusión. La crisis económica, generalizada y profunda, acampó entre nosotros con vocación de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/25357/crisis-y-demografia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Puyol</strong>, presidente de la I. E. UNIVERSIDAD (EL CORREO DIGITAL, 07/06/09):</p>
<p>La evolución demográfica española se transformó con la llegada de inmigrantes que relanzaron el crecimiento, recuperaron la natalidad, redujeron levemente el envejecimiento y contribuyeron decisivamente a resolver la demanda de un mercado laboral al alza. La prosperidad económica pasada hizo mejorar las variables demográficas básicas en proporciones impensables pocos años antes. Fuimos durante algún tiempo el escenario de un mundo feliz sin especiales preocupaciones por el futuro. Pero de repente se deshizo la ilusión. La crisis económica, generalizada y profunda, acampó entre nosotros con vocación de permanencia. Sus efectos sobre la economía están siendo devastadores, teniendo a su vez influencias demográficas.</p>
<p>La primera y principal va a ser una repercusión negativa sobre nuestro crecimiento. Si durante el período 2002-2008 la población creció a un ritmo anual medio de 720.000 habitantes, para este año y los próximos se esperan volúmenes que no llegarán a las 400.000 personas al año. Es una hipótesis que debo tratar de explicar. Los componentes del crecimiento (o disminución) de una población obedecen al balance entre los nacimientos y las defunciones y al juego de las migraciones (relación entre los que llegan y los que se van). La crisis está afectando especialmente a las migraciones, que constituyen el factor en el que las consecuencias negativas resultan más evidentes y más profundas. En España, como en otros países de inmigración, ello va a producir, al menos, varios efectos.</p>
<p>Disminuirá la llegada de inmigrantes legales e ilegales; y aumentarán, aunque no mucho, los retornos de legales, auspiciados por la política del Gobierno y de ilegales con la ayuda de ONG y de otras instituciones benéficas. Algunos migrantes volverán al origen y otros a países donde las consecuencias de la recesión no han sido tan virulentos. Por esta razón, España se está convirtiendo en tierra de éxodo para personas que ahora se dirigen a otros Estados europeos, en los que, por cierto, no son muy bien recibidos. No es probable que nuestro propio éxodo recupere el pasado, aunque se detecta la salida de algunos autóctonos a viejas tierras de promisión (gallegos a Suiza).<br />
Y lo que resulta evidente es que la crisis está provocando la reducción del dinero que los emigrantes envían a sus familias. El recorte de las remesas se va a combinar en los países de origen con un incremento del paro de los autóctonos y con una disminución de las posibilidades de salida. Si el escenario no es bueno para nosotros, será especialmente adverso para las zonas emigratorias. Sin embargo, a medio plazo y superada la crisis, la inmigración va a ser, de nuevo, imprescindible. Por eso algunos que retornan lo hacen con carácter provisional, algo que siempre resulta más fácil para un marroquí o un rumano que para un ecuatoriano o un colombiano.</p>
<p>Lo cierto es que la ralentización de las corrientes provocará la del crecimiento general, dado que eran su principal componente y que, además, actuaban favorablemente sobre la natalidad. Ya hace algunos años, la catedrática de Geografía Humana Anna Cabré pronosticó la vuelta de las cigüeñas a España. Y efectivamente, la natalidad se recuperó debido al papel decisivo de las madres extranjeras. La crisis no va a ser buena ni para la constitución de parejas, ni para la fecundidad de las extranjeras y nacionales. Llegarán menos madres en potencia y las que están aquí ejercerán menos la maternidad. Los jóvenes españoles se casarán o cohabitarán menos, formarán pareja tarde y tendrán pocos hijos y con retraso.</p>
<p>En los últimos años se había adelantado la salida de los hijos del hogar familiar. Los padres, al invertir en una vivienda para sus retoños, eliminaban un gasto corriente. Ahora las cosas pueden volver a cambiar. Los nacimientos de 2008, muchos de ellos concebidos en 2007, rebasaron el medio millón (518.967). En 2009 y siguientes las cigüeñas se tomarán un descanso. Por otro lado y aunque no hay todavía muchas evidencias, es posible que la crisis reduzca las separaciones y los divorcios, a la espera de que escampe el temporal. Eso ralentizará a su vez el fenómeno de la reconstrucción de familias.</p>
<p>Pero no todo van a ser malas noticias. La reducción de la actividad y de la capacidad adquisitiva va a tener (ligeras) repercusiones positivas sobre la mortalidad. Disminuirán las muertes por accidentes laborales y las provocadas por los accidentes de circulación al reducirse los desplazamientos, sobre todo en vacaciones. Quienes se moverán más en el interior del país serán los inmigrantes extranjeros a la búsqueda de los empleos allí donde se produzcan. Es cierto que la tasa de paro de los extranjeros es casi el doble que la de los nativos. Pero es cierto también que su mayor movilidad geográfica y laboral les da una relativa ventaja competitiva frente a los trabajadores autóctonos. Quienes no la tendrán serán los trabajadores &#8216;mayores&#8217;, que pese a la conveniencia de mantenerlos más tiempo, verán reducidas sus posibilidades de permanencia en el mercado laboral.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Los mil hijos de Zapatero</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/16476/los-mil-hijos-de-zapatero/</link>
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		<pubDate>Wed, 25 Jul 2007 17:31:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Carlos Rodríguez Ibarra</strong>, ex presidente de la Junta de Extremadura (ABC, 25/07/07):</p>
<p>En el mes de abril del año próximo no solamente tendremos un nuevo Gobierno de Zapatero, sino que, además, asistiremos al nacimiento de 1004 nuevos españoles como consecuencia de la actividad reproductora que en el mes de julio se está produciendo en el Gobierno de España, en los gobiernos de las comunidades autónomas, en las delegaciones del gobierno en las diecisiete comunidades y en las subdelegaciones de gobierno en las distintas provincias españolas.</p>
<p>No me cabe la menor duda de que después de las medidas &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16476/los-mil-hijos-de-zapatero/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Carlos Rodríguez Ibarra</strong>, ex presidente de la Junta de Extremadura (ABC, 25/07/07):</p>
<p>En el mes de abril del año próximo no solamente tendremos un nuevo Gobierno de Zapatero, sino que, además, asistiremos al nacimiento de 1004 nuevos españoles como consecuencia de la actividad reproductora que en el mes de julio se está produciendo en el Gobierno de España, en los gobiernos de las comunidades autónomas, en las delegaciones del gobierno en las diecisiete comunidades y en las subdelegaciones de gobierno en las distintas provincias españolas.</p>
<p>No me cabe la menor duda de que después de las medidas anunciadas por el Gobierno para fomento de la natalidad, superadas en las distintas comunidades autónomas, los gobernantes españoles estarán empleándose a fondo para hacerse acreedores de esas ayudas. No cabría en mis entendederas que alguien dicte una norma que no esté dispuesto a llevar a la práctica.</p>
<p>Si Zapatero y los presidentes autonómicos creen, de verdad, que ofreciendo 2.500 euros, más el reintegro autonómico, los españoles, históricos o no, vamos a esforzarnos en la procreación, es porque ellos serán los primeros en dar ejemplo. Si yo fuera periodista, no perdería la ocasión de preguntar a Zapatero, a sus ministros/as, y a los presidentes/as autonómicos por su voluntad de aumentar el índice de natalidad español y autonómico. Si ninguno de ellos estuviera dispuesto, a pesar de las ayudas, habría que responderles con lo siguiente: «¿por qué creen vds. que el resto de los españoles somos más peseteros que vds.? ¿Por qué creen vds. que los demás sí vamos a hacer lo que vds. no están dispuestos a hacer? Si vds. no van a tener más hijos con las ayudas prometidas, ¿por qué creen que los demás sí lo haremos?».</p>
<p>Si ellos no lo van a hacer, es porque están convencidos de que en esas ayudas no radica las razones para traer hijos al mundo. La cosa es de mucho mayor calado, consecuencia de los cambios espectaculares que se están produciendo a la vista de todos, sin que los gobernantes parezcan dispuestos a verlos, observarlos, analizarlos y actuar en consecuencia. Las sociedades rurales y urbanas han cambiado hasta el punto de que la familia ya no es un ejercicio económico al estilo de lo que ocurría cuando la sociedad del bienestar no había aparecido. Entonces se traían hijos al mundo, entre otras cosas, para mantener y ser mantenidos. Cuantos más hijos, más garantía de estabilidad económica y social de la familia; el esquema podría ser: «yo os mantengo durante vuestra niñez y adolescencia, con la condición de que vosotros me mantengáis durante vuestra juventud y madurez». Era aquello de que los hijos venían con un pan debajo del brazo. El pan era el sinónimo de manutención en la casa familiar de todos aquellos que, por edad, dejaban de ser productivos.</p>
<p>Hoy ningún hijo viene con ningún pan debajo del brazo; como mucho con una cartilla de ahorros, donde mensualmente los progenitores se ven obligados a ingresar una cantidad considerable de euros hasta que se les pierda la pista. Hoy no se traen hijos al mundo para que te mantengan después de haberlos mantenido; el amor al nuevo ser y los deseos de situarlo en la sociedad, desde todos los puntos de vista, son las motivaciones para engendrar, y esos sentimientos no son la consecuencia de un precio sino de valores.</p>
<p>Huelga decir que la conquista histórica de la mujer, a lo que tanto ha contribuido Zapatero en estos tres años, para incorporarse en pie de igualdad al mercado laboral, abandonando el papel de reproductora a la que había estado sometida secularmente, para pasar a ser productora, ha dejado en segundo término el papel de traer hijos al mundo. Cada medida que se conquista no sólo es un logro sino el germen de una nueva situación; si la mujer ha conquistado su espacio social y económico es injusto y miope pretender que, por 2.500 euros, más la propina autonómica, se dedique a lo de antes más lo de ahora. Y no sólo porque sea excesivo sino porque el macho todavía no ha decidido compartir con la mujer el sentimiento de culpa que sigue embargando a la mujer-madre-trabajadora (y sólo a ella) cuando llega a casa después de una jornada de trabajo y siente en lo profundo de sus entrañas que es culpable de no asistir, día a día, al crecimiento del bebé, a los deberes del adolescente o a la fiebre de las anginas. Ese sentimiento de culpa no se da en el macho que sigue pensando que él no es culpable de no presenciar y apoyar esos procesos. «Para eso está la mujer» piensa, sin pensar que la mujer ya no está para las dos cosas.</p>
<p>Todos fuimos educados para hacer con nuestros hijos aquello que nuestros padres hicieron con nosotros. Siempre hubo diferencias generacionales, pero siempre esas diferencias eran variaciones sobre el mismo tema. El futuro siempre fue previsible: nacías, estudiabas si podías, trabajabas, te casabas, tenías hijos, te jubilabas y al poco tiempo te morías. Nada alteraba ese ritmo. Había variaciones pero siempre era igual. La diferencia del ayer con el hoy es infinita. Por primera vez coexisten dos generaciones que no se parecen en nada; la generación analógica y la generación digital.</p>
<p>Prueben a hacerle una fotografía a un adolescente con una máquina réflex; de inmediato, el modelo exigirá que le enseñe la fotografía para decidir si se archiva o se tira al cubo de la basura; explíquenle que hay que espera a que se acabe el carrete para, después, llevarlo al laboratorio y que en dos a tres días podremos ver los resultados. ¡Incomprensible para su cultura digital! Tan incomprensible como pretender alcanzar la autoridad en el aula -con el vd. por delante- con el profesor armado con la tiza, la pizarra y los intolerables libros de texto, enseñando cosas que no les interesa a quienes, toda la información, multiplicada por millones, la tienen en Internet.</p>
<p>No conozco a nadie que pierda autoridad cuando enseña a otro lo que ese otro está deseando aprender, mientras que es bastante difícil mantener esa autoridad cuando nos empeñamos en enseñar, durante seis horas diarias, 270 días al año, lo que no interesa más que al que se empeña en enseñar con cultura analógica a unos adolescentes que tienen una cultura digital.</p>
<p>Y lo que pasa en la escuela pasa en la casa, con el añadido de que nadie nos educó para enseñar a nuestros hijos a vivir y sobrevivir en una sociedad que no se parece en nada a la que nosotros vivimos. Estábamos educados para, por ejemplo, aconsejar a nuestros hijos sobre la relación hombre-mujer y para prepararles sobre el matrimonio tradicional, que era la única forma de familia que conocíamos; nadie nos dijo que podían existir familias de otro tipo, hombre-mujer, de hecho, de derecho, hombre-hombre, mujer-mujer, hombre solo, mujer sola, etc. De igual modo, sabíamos que haciendo un esfuerzo, mínimo unos y máximo otros, si nuestros hijos estudiaban podían tener un futuro asegurado, incluso, aprendiendo un oficio, podían llegar a ser unos buenos profesionales, y si se esforzaban, el mejor profesional de su barrio o de su pueblo, y para toda la vida. Hoy ni una sola familia sabe el futuro que le espera a sus hijos, haciendo mucho, poco o ningún esfuerzo; pueden estudiar dirección de empresa y terminar de telefonistas en cualquier empresa del sector; pueden ser ingeniero de telecomunicaciones y pasar 6 meses en Nueva York, con un contrato temporal que, tal vez, si renuevan puede ser con la condición de marcharse a Tokio, sitio por cierto bastante alejado de donde se encuentra su pareja que, habiéndose titulado en Trabajo Social, se encuentra en Senegal con un contrato de una ONG francesa.</p>
<p>No parece que esas expectativas sean las más favorecedoras para formar una familia estable, y menos para tener hijos por mucho que los gobernantes se empeñen en pensar que los demás harán por 2.500 euros, más la propina autonómica, lo que ellos no están dispuestos a hacer a pesar de dedicarse a la política que, como todo el mundo sabe, es un chollo.</p>
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		<title>¿Es oportuno fomentar la natalidad?</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jul 2007 10:36:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gabriel Tortella</strong>, catedrático de Historia económica en la Universidad de Alcalá (EL PAÍS, 21/07/07):</p>
<p>Tengo la impresión de que la mayoría piensa que la respuesta a esta pregunta es afirmativa. Si yo coincidiera, no escribiría este artículo, pues ya he manifestado en estas mismas páginas mi peligrosa afición a escribir contra la corriente.</p>
<p>Por supuesto, la ocasión de este comentario es la inopinada promesa del presidente del Gobierno en el reciente debate sobre el estado de la nación de que se va a subvencionar con 2.500 euros todo nacimiento o adopción. La medida ha sido criticada en algunos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16446/%c2%bfes-oportuno-fomentar-la-natalidad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gabriel Tortella</strong>, catedrático de Historia económica en la Universidad de Alcalá (EL PAÍS, 21/07/07):</p>
<p>Tengo la impresión de que la mayoría piensa que la respuesta a esta pregunta es afirmativa. Si yo coincidiera, no escribiría este artículo, pues ya he manifestado en estas mismas páginas mi peligrosa afición a escribir contra la corriente.</p>
<p>Por supuesto, la ocasión de este comentario es la inopinada promesa del presidente del Gobierno en el reciente debate sobre el estado de la nación de que se va a subvencionar con 2.500 euros todo nacimiento o adopción. La medida ha sido criticada en algunos medios por electoralista, populista y demagógica. Se ha dicho, no sin fundamento, que las deducciones por hijos en el impuesto sobre la renta ya cumplen esa función, y que bastaría con retocarlas o aumentarlas para lograr, con mucha mayor simplicidad y economía, y menor fanfarria, el mismo efecto. También se ha puesto en duda la honestidad política que comporta el hacer tal anuncio en tal ocasión. Pero apenas nadie ha criticado el fondo de la medida, es decir, su objetivo último, esto es, fomentar la natalidad en nuestro país. Es más, la oposición ha acusado al presidente de copiarles la idea, lo cual indica que están de acuerdo en el fondo.</p>
<p>Comúnmente, se basa la defensa del fomento de la natalidad en el razonamiento trivial de que la baja natalidad está modificando la relación entre jubilados y jóvenes de tal manera que en un futuro más o menos cercano los impuestos que pagan los cada vez más escasos jóvenes no van a bastar para subvenir a las pensiones de los cada vez más numerosos ancianos. Se trata de un problema indudable que aqueja en mayor o menor medida a todos los países europeos. Sin embargo, considerar que ésta es una cuestión insoluble si no es mediante un aumento de la población es ahogarse en un vaso de agua. Una solución que ocurre inmediatamente es flexibilizar las normas de jubilación. La terciarización de la economía y el desarrollo de las comunicaciones permiten la prolongación de la vida laboral en muchas profesiones en que la formación y la experiencia son tanto o más importantes que el vigor físico.</p>
<p>Puesto que la entrada en la vida laboral se ha ido retrasando al alargarse la etapa formativa, parece lógico que en correspondencia la salida se atrase también. En todo caso, el de la relación entre pensiones e impuestos es un problema técnico que planteará algunas dificultades políticas, pero que sin duda no debe servir de justificación para una política natalista.</p>
<p>Por añadidura, resulta que nos preocupamos por el estancamiento de la población cuando nuestro censo acaba de dar uno de los saltos más espectaculares de la historia. Después de pasar dos decenios acercándonos lentísimamente a la cifra de los 40 millones, en los primeros años del nuevo milenio nos hemos plantado en los 44 millones, cuadruplicando las tasas de crecimiento demográfico de los últimos decenios del siglo XX.</p>
<p>Además, como este salto se ha debido a la entrada masiva de inmigrantes, que siguen afluyendo en enormes proporciones, la natalidad también ha dado un salto, porque esta magnitud es mucho más alta entre los inmigrantes que entre los nativos. Y aquí se plantea una inquietante pregunta: ¿no tendrá este repentino natalismo un componente racista? ¿No se deberá al miedo subconsciente de que los inmigrantes nos abrumen y nos dominen, que desvirtúen nuestra cultura o nuestras señas de identidad? Temores de este tipo ya han sido abiertamente manifestados por los nacionalistas catalanes, tan &#8220;progresistas&#8221; ellos, tan proclives a adherir el adjetivo &#8220;rancio&#8221; a la palabra &#8220;español&#8221;. La identidad española, al parecer, es inherentemente rancia; la catalana, afortunadamente, no.</p>
<p>En todo caso, en un mundo cuya población aumenta desde hace un siglo a un ritmo verdaderamente alarmante, un ritmo totalmente sin precedente, que da lugar a emigraciones desesperadas y masivas, también sin precedente, que da lugar a fenómenos de deforestación y de agresión a la naturaleza que causan alarma entre los estudiosos mejor informados, la preocupación española y europea por el descenso (en realidad, ya, estabilización) de las tasas de natalidad resulta algo ridículo, provinciano y miope. El problema, a escala global, es la superpoblación, no el estancamiento demográfico.</p>
<p>Por otra parte, Europa ha sido <em>siempre</em> un continente de baja fecundidad demográfica, y éste ha sido uno de los secretos de su éxito económico. Los europeos, incluso en los años heroicos de la revolución industrial, crecieron a tasas mucho más bajas que las que hoy alcanzan los países del Tercer Mundo. Y éste es el problema del Tercer Mundo: los descomunales aumentos de su población son el freno principal a su desarrollo económico, no sólo porque el crecimiento demográfico anula el crecimiento de la renta por habitante, sino porque es imposible educar y formar a las nuevas generaciones con los escasos recursos docentes de que disponen.</p>
<p>El deber de los europeos, por tanto, en lugar de darse golpes de pecho y hacer contrición por una pasada explotación más imaginaria que real, en realidad es abandonar unas poco meditadas veleidades natalistas y ayudar a los países del Tercer Mundo a poner límites a una fecundidad demográfica desorbitada. Lo demás es demagogia.</p>
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		<title>La población mundial</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jul 2007 12:35:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Koichiro Matsuura</strong>, director general de la Unesco (LA VANGUARDIA, 16/07/07):</p>
<p>Se están dando en la población mundial tres procesos de transición excepcionales. Antes del año 2000, los jóvenes siempre fueron más numerosos que sus mayores, pero desde hace algunos años se está produciendo el fenómeno inverso. Hasta el 2007, los habitantes de las zonas rurales eran más numerosos que los de las zonas urbanas, pero en los próximos años va a ocurrir lo contrario. Desde el 2003, la mayoría de los habitantes del mundo vive en regiones o países donde la tasa de fecundidad es inferior a 2,1 &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16392/la-poblacion-mundial/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Koichiro Matsuura</strong>, director general de la Unesco (LA VANGUARDIA, 16/07/07):</p>
<p>Se están dando en la población mundial tres procesos de transición excepcionales. Antes del año 2000, los jóvenes siempre fueron más numerosos que sus mayores, pero desde hace algunos años se está produciendo el fenómeno inverso. Hasta el 2007, los habitantes de las zonas rurales eran más numerosos que los de las zonas urbanas, pero en los próximos años va a ocurrir lo contrario. Desde el 2003, la mayoría de los habitantes del mundo vive en regiones o países donde la tasa de fecundidad es inferior a 2,1 hijos por mujer, esto es, la cifra que permite una estricta sustitución de las generaciones. En 50 años, el promedio de la tasa mundial de fecundidad ha disminuido de 5,4 hijos a 2,1.</p>
<p>En el futuro de la población mundial influirán decisivamente seis tendencias importantes que han sido objeto de un reciente debate en los Coloquios del siglo XXI, organizados por Jérôme Bindé en la Unesco, en torno al tema <em>Población: ¿de la explosión a la implosión? </em></p>
<p>El crecimiento de la población en la segunda mitad del siglo XX ha sido uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad. Aunque ahora se está desacelerando, ese crecimiento es considerable y dista todavía mucho de haber finalizado. De aquí al 2050, la actual población mundial estimada en 6.700 millones podría alcanzar la cifra de 9.200 millones, según una hipótesis media de las Naciones Unidas. El descenso del ritmo del crecimiento de la población es fuerte, debido a la transición demográfica. La intensificación de ésta en los países del Sur &#8211; incluso en muchas naciones africanas se están percibiendo los primeros síntomas- pone de manifiesto que la fatalidad no es inevitable en los problemas demográficos. Para el ser humano, el siglo XX ha sido la era del aprendizaje de su destino, porque, después de haber aplazado la muerte, ha empezado a dominar la vida, al poder optar por tener el número de hijos que desea. Bien es cierto que la disminución de la fecundidad es muy desigual, según las regiones y países del planeta. Es proporcional al desarrollo y a la educación y el nivel de formación de las personas, en particular de las niñas y jóvenes. Sin embargo, la transición demográfica se da también en muchos países en los que el acceso de la mujer a la educación y la vida laboral es limitado. Según los demógrafos, ha sido la televisión la propagadora de una nueva manera de entender la condición femenina y de una determinada idea de la libertad.</p>
<p>De aquí al 2050, prácticamente la totalidad del aumento de la población mundial se producirá en los países en desarrollo. Vamos a presenciar, por tanto, un cambio radical en el mapa demográfico del mundo. En 1950, la población de los países del Sur era unas dos veces mayor que la de los países del Norte, pero en el 2050 nada menos que el 86% de la población mundial vivirá en el hemisferio sur.</p>
<p>Si la evolución actual se mantiene, de aquí al 2050 la totalidad del aumento de la población se producirá en las ciudades. La magnitud de la revolución urbana en curso es gigantesca: en menos de 50 años va a ser necesario edificar el equivalente de tres mil ciudades de un millón de habitantes.</p>
<p>La población mundial se ve afectada por desigualdades profundas. En primer lugar, su distribución es muy desigual, ya que el 60% de los habitantes del planeta se concentra en un 10% de la superficie terrestre. Por otra parte, la diferencia en la esperanza de vida al nacer puede llegar a ser del doble entre los países más adelantados y los más pobres, como Sierra Leona o Afganistán. Además, aunque la mortalidad infantil ha disminuido muy considerablemente, su reducción ha sido muy lenta en algunos países asiáticos y, sobre todo, en el conjunto del continente africano.</p>
<p>Otro desequilibrio que va a tener consecuencias muy considerables es el envejecimiento de la población, debido a la disminución de la fecundidad y el aumento de la esperanza de vida. Este factor afectará de forma muy diversa a nuestras sociedades. Hacia el 2050, en el hemisferio norte aproximadamente una persona de cada tres tendrá más de 60 años, mientras que en el hemisferio sur sólo una persona de cada cinco habrá alcanzado esa edad.</p>
<p>En las sociedades envejecidas de los países del Norte ronda el espectro de la despoblación. Si las corrientes migratorias no equilibran este fenómeno, sus consecuencias podrían afectar gravemente a muchos países en los próximos decenios. En los países más ricos existe el riesgo de que se produzca una pérdida de dinamismo global y de que surjan problemas de relación entre las generaciones o de financiación de los sistemas de seguridad social y pensiones. También pueden plantearse problemas éticos: ¿hay que prolongar la vida al máximo o garantizar a todos una vejez de calidad?</p>
<p>En los países del Sur se planteará la cuestión fundamental de cómo hacer frente al envejecimiento, habida cuenta no sólo de la carencia de regímenes de protección social &#8211; seguro de enfermedad o sistemas de pensiones- basados en el Estado providencia, sino también del fenómeno de disgregación de la solidaridad social y familiar subsiguiente a la modernización y la urbanización.</p>
<p>De aquí a algunos decenios, la población mundial en su conjunto podría entrar en un proceso de implosión lenta. En efecto, no hay motivos para suponer que, una vez iniciado, el descenso de la fecundidad vaya a detenerse milagrosamente en la tasa de sustitución adecuada.</p>
<p>Entre tanto, tendremos que afrontar numerosos desafíos, como los planteados por las migraciones internacionales &#8211; ya aludidos, aunque muy sucintamente- o por la seguridad alimentaria, el empleo, la lucha contra la pobreza, la salud pública, la vivienda, las infraestructuras, el medio ambiente y la promoción de un desarrollo sostenible.</p>
<p>Condorcet señaló, ya en 1795, que la superpoblación podría entrañar una &#8220;mengua del bienestar&#8221; e intuyó con extraordinaria perspicacia que ese riesgo se podría salvar aumentando la productividad, evitando la proliferación de los desechos, mejorando la gestión de éstos y fomentando la educación, en particular la de las niñas y jóvenes. Ante la amenaza que supone la población para el medio ambiente, Condorcet preveía ya la posibilidad de &#8220;desmaterializar&#8221; el crecimiento económico cuando escribió que, en el futuro, &#8220;un mismo producto de la industria destruirá menos materias primas o su uso será más duradero&#8221;.</p>
<p>Ante tamaños desafíos, ¿cuáles han de ser las prioridades? Sólo el auge de verdaderas sociedades del conocimiento nos permitirá afrontar, a la vez, el aumento de la población y su envejecimiento. Será absolutamente imprescindible promover un crecimiento económico equitativo y un desarrollo basado en la inteligencia, la ciencia y la tecnología, así como modificar nuestro estilo de vida y nuestro modo de producción. No obstante, la prioridad máxima será, evidentemente, la educación.</p>
<p>La educación básica y, en particular, la educación de las niñas y las jóvenes es el mejor método anticonceptivo. Un estudio ha mostrado que en algunas regiones del mundo donde se excluye a las muchachas de la enseñanza secundaria, las mujeres tienen siete hijos por término medio. Cuando la tasa de escolarización de las muchachas alcanza un 40%, ese promedio desciende a tres hijos. Asimismo, habrá que otorgar una prioridad esencial a la educación para todos a lo largo de toda la vida, ya que constituye una respuesta adecuada al envejecimiento de las poblaciones y al alargamiento de la esperanza de vida. Habida cuenta de la creciente obsolescencia de los conocimientos, de la necesidad de reciclarse y cambiar de profesión, y del imperativo de &#8220;mantenerse en forma&#8221;, la demanda de educación se va a extender cada vez más a lo largo de nuestra existencia. Esto representa en definitiva una buena noticia, porque, si bien es cierto que la población mundial va a envejecer, las personas se mantendrán simbólicamente jóvenes hasta una edad muy avanzada al estar aprendiendo continuamente.</p>
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		<title>The cry should go up in Europe: more babies, please</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jul 2007 07:47:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Melanie McDonaghon</strong> (THE TIMES, 13/07/07):</p>
<p>Of all the bogeys you might have thought well and truly nailed in the past decade or so, the population control movement seemed most obviously to have a stake through its heart. At a time when we – I mean, anyone over 35 – are all horribly conscious that there won’t be enough taxpayers to support us in gin and cigarettes in our old age, the very last thing we need to worry about is excess population growth. On the contrary: as seen from the dinner party circuit, the real crisis is the difficulty &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16337/the-cry-should-go-up-in-europe-more-babies-please/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Melanie McDonaghon</strong> (THE TIMES, 13/07/07):</p>
<p>Of all the bogeys you might have thought well and truly nailed in the past decade or so, the population control movement seemed most obviously to have a stake through its heart. At a time when we – I mean, anyone over 35 – are all horribly conscious that there won’t be enough taxpayers to support us in gin and cigarettes in our old age, the very last thing we need to worry about is excess population growth. On the contrary: as seen from the dinner party circuit, the real crisis is the difficulty for female graduates in getting anyone to breed with. Forty per cent of women graduates don’t have a single baby at the age of 35.</p>
<p>But, against all the odds, the population control lobby is back and trying to make the breeders feel guilty. The Optimum Population Trust – a wonderfully loaded title – made a call this week for families in the UK to limit themselves to no more than two children. It was like stepping into a time warp, back to the Seventies. Britain’s birthrate, growing at its fastest for nearly 30 years – at 1.87 children per couple – is, says the author of its report, Professor John Guillebaud, an environmental liability. “Each new UK birth, through the inevitable resource consumption and pollution that UK affluence generates, is responsible for about 160 times as much climate-related environmental damage as a new birth in Ethiopia.” He wants the Government to appeal to families to “stop at two children”, with particular reference to fecund teenage girls. Funny, I dimly recall Patricia Hewitt, as Health Secretary, opining that couples ought to have three children – one for each parent, and one for the State.</p>
<p>And there is the hint – but just a hint – from the Optimum Population people that if voluntary restraints do not work, governments will bring in coercive measures. The example that springs to mind here is, of course, China and its compulsory one-child policy. I’ve come across some distinguished academics myself who wouldn’t dream of trying to impose coerced abortion here but have made it quite clear, in private conversation, that we should all be grateful on environmental grounds that it happens in China.</p>
<p>Most environmentalists are more sensitive, at least in their public pronouncements. But undeniably, population control is back on the public agenda. There was a nuanced BBC radio discussion on this subject to coincide with the Live Earth concert between the writer George Monbiot and Chris Rapley, the head of the British Antarctic Survey, in which Professor Rapley declared that population growth was the “Cinderella subject” in the environmental debate. More people equals more carbon emissions: simple as that. Monbiot agreed that the subject was not talked about as much as it should be and emphasised that if we’re talking about population control, we have to worry not just about the developing world but about the breeding habits of the affluent West. About us.</p>
<p>That sounds dandy. The nice approach to curbing population growth is by making family planning more freely available in the developing world and in particular, to educate girls, who then marry later and have fewer children. The complementary route is to increase economic growth in developing countries: when people don’t have to rely on children as their seed corn for old age, they tend to have smaller families. Trouble is, increased economic growth also means higher carbon emissions. You can’t win.</p>
<p>But when it comes to the suggestion that in Western Europe, and especially Britain, we should be cutting back on babies, especially among the indigenous population, well, the family planners have got to be nuts. Do they all have private pension provision, own homes and health insurance, or what? The rest of us – including those, like me, who are eco-puritans – have a vested interest in ensuring that the Continent does not shrink out of existence. We’ve got our old age to think about. The price of family homes in Britain and Ireland is already the most effective contraceptive measure ever known.</p>
<p>Don’t the environmentalists get out at all? Don’t they realise that there are only two classes in Britain for whom three or more children are an option – the rich, for whom mortgages don’t matter, and the poor, whose children are supported by the benefit system? The increase in the birth rate this year was largely accounted for by immigrants and older, richer mothers. One reason why there&#8217;s such resentment – articulated by the Labour minister Margaret Hodge – among white working-class Britons about asylum-seekers with children getting social housing ahead of them is that the system seems to discriminate against couples who postpone having children until they can afford them in favour of ethnic minority communities with large families.</p>
<p>Europe needs more babies – the average continental family has a mere 1.37 children. Cutting back non-EU immigration to limit pressure on housing stock would help. So would state cash handouts. In Portugal, where the birthrate has fallen to 1.7 children per couple, the Government has considered giving tax breaks to people who have more than two children and levying higher taxes on those who have fewer. Germany is similarly concerned – it could lose the equivalent of the population of the former East Germany within 50 years. Russia’s population is contracting at the rate of three quarters of a million a year: the resourceful Mr Putin is paying mothers to have a second child.</p>
<p>The last thing we should be doing is bullying people to breed less. The population controllers have to be put back in their box. You know, Augustus Caesar had a tax on Roman bachelors. With due allowances for gay men and professional celibates, there’s lots to be said for the idea.</p>
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		<title>&#8216;Homo urbanus&#8217;, ¿celebración o lamento?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/13584/homo-urbanus-%c2%bfcelebracion-o-lamento/</link>
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		<pubDate>Sat, 06 Jan 2007 17:40:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Vivienda y urbanismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=13584</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jeremy Rifkin</strong>, autor de &#8216;La era del acceso&#8217; (Paidós) y presidente de la Fundación sobre Tendencias Económicas de Washington. Traducción de News Clips (EL PAÍS, 06/01/07):</p>
<p>El año 2007 será un gran hito en la saga humana, con una magnitud similar a la era agrícola y la revolución industrial. Según Naciones Unidas, por primera vez en la historia la mayoría de los seres humanos estarán viviendo en grandes zonas urbanas con poblaciones de 10 millones de habitantes o más. Nos hemos convertido en el <em>Homo urbanus.</em></p>
<p>El fenómeno de millones de personas apiñadas y amontonadas unas encima de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/13584/homo-urbanus-%c2%bfcelebracion-o-lamento/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jeremy Rifkin</strong>, autor de &#8216;La era del acceso&#8217; (Paidós) y presidente de la Fundación sobre Tendencias Económicas de Washington. Traducción de News Clips (EL PAÍS, 06/01/07):</p>
<p>El año 2007 será un gran hito en la saga humana, con una magnitud similar a la era agrícola y la revolución industrial. Según Naciones Unidas, por primera vez en la historia la mayoría de los seres humanos estarán viviendo en grandes zonas urbanas con poblaciones de 10 millones de habitantes o más. Nos hemos convertido en el <em>Homo urbanus.</em></p>
<p>El fenómeno de millones de personas apiñadas y amontonadas unas encima de otras en gigantescos centros urbanos es nuevo. Recordemos que, hace 200 años, una persona normal de la Tierra habría conocido entre 200 y 300 personas en toda su vida. Hoy, un habitante de Nueva York puede vivir y trabajar entre 220.000 personas en un radio de 10 minutos de su casa u oficina en el centro de Manhattan.</p>
<p>Sólo una ciudad en toda la historia -la Roma antigua- contaba con una población de más de un millón de habitantes antes del siglo XIX. Londres se convirtió en la primera ciudad moderna con una población de más de un millón de personas, en el año 1820. En la actualidad, 414 ciudades poseen una población de un millón de habitantes o más, y no se atisba el fin del proceso de urbanización, ya que nuestra especie está creciendo a una velocidad alarmante. Cada día nacen en el planeta 376.000 personas. Se espera que la población humana alcance los 9.000 millones en 2042, la mayoría de los cuales vivirán en densas zonas urbanas.</p>
<p>Mientras la raza humana dependió del flujo solar, los vientos, las corrientes y la energía animal y humana como sustento vital, la población se mantuvo relativamente baja para adaptarse a la capacidad de carga de la naturaleza: la capacidad de la biosfera para reciclar residuos y reponer recursos. El punto de inflexión se produjo con la exhumación de grandes cantidades de energía solar almacenada, primero en forma de depósitos de carbón, y luego, petróleo y gas natural bajo la superficie terráquea. Aprovechados por el motor a vapor y más tarde por el motor de combustión interna, y convertidos en electricidad y distribuidos a través del tendido eléctrico, los combustibles fósiles permitieron a la humanidad crear nuevas tecnologías que aumentaron de manera espectacular la producción de alimentos, los artículos manufacturados y los servicios. El incremento de la productividad derivó en el crecimiento desenfrenado de la población y la urbanización mundial.</p>
<p>No es sorprendente que nadie esté realmente seguro de si este profundo punto de inflexión en las modalidades de la vida humana debería celebrarse o lamentarse, o si simplemente deberíamos dejar constancia de él. Ello se debe a que nuestra población en aumento y nuestro estilo de vida urbano se han comprado a expensas de la desaparición de los grandes ecosistemas y hábitat de la Tierra. El historiador cultural Elías Canetti comentaba en una ocasión que cada uno de nosotros es un monarca en un campo de cadáveres. Si nos detuviéramos por un momento y reflexionáramos sobre el número de criaturas y recursos de la Tierra que hemos expropiado y consumido en nuestra vida, nos horrorizaría la carnicería y la explotación que han sido necesarias para garantizar nuestra existencia.</p>
<p>El hecho es que las grandes poblaciones que viven en megaciudades consumen cantidades ingentes de energía del planeta para mantener sus infraestructuras y su flujo diario de actividad humana. Para poner esto en perspectiva, sólo la Torre Sears, uno de los rascacielos más altos del mundo, utiliza más electricidad en un día que una ciudad de 35.000 habitantes. Y lo que es todavía más increíble: nuestra especie actualmente consume casi un 40% de la producción primaria neta de la Tierra, aunque sólo constituimos un 0,5% de la biomasa animal del planeta. Las demás especies tienen menos para consumir. La otra cara de la urbanización es la estela que dejamos en nuestro camino hacia un mundo de edificios de oficinas de 100 plantas, torres de viviendas y paisajes de cristal, cemento, luz artificial e interconectividad eléctrica. No es casualidad que mientras celebramos la urbanización del mundo, nos aproximemos rápidamente a otro hito histórico: la desaparición de la naturaleza. El crecimiento de la población y el consumo de comida y agua, la ampliación de las carreteras y los ferrocarriles, y la expansión urbana siguen invadiendo la naturaleza y la abocan a la extinción.</p>
<p>Nuestros científicos nos dicen que a lo largo de la vida de los niños de hoy, la naturaleza desaparecerá de la faz de la Tierra tras millones de años de existencia. La autopista transamazónica, que cruza toda la extensión de la selva del Amazonas, está acelerando la devastación del último gran hábitat natural. Otras regiones naturales, desde Borneo hasta la cuenca de Congo, están mermando rápidamente cada día que pasa, y abriendo camino a unas poblaciones humanas cada vez mayores que buscan espacio y recursos para vivir. No es de extrañar que, según el biólogo de Harvard E. O. Wilson, estemos experimentando la mayor oleada de extinción masiva de especies animales en 65 millones de años. Actualmente perdemos por la extinción entre 50 y 150 especies al día. En 2100, dos terceras partes de las especies restantes de la Tierra probablemente se habrán extinguido.</p>
<p>¿Adónde nos lleva todo esto? Intenten imaginar 1.000 ciudades de casi un millón de habitantes o más dentro de 35 años. Nos deja helados y es insostenible para la Tierra. No quiero ser aguafiestas, pero quizá la conmemoración de la urbanización de la raza humana en 2007 podría ser una oportunidad para replantearse nuestra manera de vivir en este planeta. Sin duda, hay mucho que aplaudir de la vida urbana: su rica diversidad cultural, sus relaciones sociales y la densa actividad comercial. Pero es una cuestión de magnitud y escala. Debemos reflexionar sobre la mejor manera de reducir nuestra población y desarrollar entornos urbanos sostenibles que utilicen con mayor eficacia la energía y los recursos, que sean menos contaminantes y que estén mejor diseñados.</p>
<p>En resumen: en la gran era de la urbanización hemos aislado cada vez más a la raza humana del resto del mundo natural en la creencia de que podríamos conquistar, colonizar y utilizar la rica generosidad del planeta para garantizar nuestra completa autonomía sin consecuencias funestas para nosotros y para las generaciones futuras. En la próxima fase de la historia humana tendremos que encontrar un modo de reintegrarnos en el resto de la Tierra viviente si pretendemos preservar nuestra especie y conservar el planeta para las demás criaturas.</p>
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		<title>The Risks of Too Much City</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/13269/the-risks-of-too-much-city/</link>
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		<pubDate>Sat, 16 Dec 2006 23:04:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Jeremy Rifkin</strong>, the author of &#8220;The Age of Access&#8221; and president of the Foundation on Economic Trends (THE WASHINGTON POST, 17/12/06):</p>
<p>The coming year marks a great milestone in the human saga, a development similar in magnitude to the agricultural era and the Industrial Revolution. For the first time in history, a majority of human beings will be living in vast urban areas, many in megacities and suburban extensions with populations of 10 million or more, according to the United Nations. We have become &#8220;Homo Urbanus.&#8221;</p>
<p>Two hundred years ago, the average person on Earth might meet 200 &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/13269/the-risks-of-too-much-city/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Jeremy Rifkin</strong>, the author of &#8220;The Age of Access&#8221; and president of the Foundation on Economic Trends (THE WASHINGTON POST, 17/12/06):</p>
<p>The coming year marks a great milestone in the human saga, a development similar in magnitude to the agricultural era and the Industrial Revolution. For the first time in history, a majority of human beings will be living in vast urban areas, many in megacities and suburban extensions with populations of 10 million or more, according to the United Nations. We have become &#8220;Homo Urbanus.&#8221;</p>
<p>Two hundred years ago, the average person on Earth might meet 200 to 300 people in a lifetime. Today a resident of New York City can live and work among 220,000 people within a 10-minute radius of his home or office in midtown Manhattan.</p>
<p>Only one city in all of history &#8212; ancient Rome &#8212; boasted a population of more than a million before the 19th century. London became the first modern city with a population over 1 million in 1820. Today 414 cities boast populations of a million or more, and there&#8217;s no end in sight.</p>
<p>As long as the human race had to rely on solar flow, the winds and currents, and animal and human power to sustain life, the human population remained relatively low to accommodate nature&#8217;s carrying capacity: the biosphere&#8217;s ability to recycle waste and replenish resources. The tipping point was the exhuming of large amounts of stored sun, first in the form of coal deposits, then oil and natural gas.</p>
<p>Harnessed by the steam engine and later the internal combustion engine, and converted to electricity and distributed across power lines, fossil fuels allowed humanity to create new technologies that dramatically increased food production and manufactured goods and services. The unprecedented increase in productivity led to runaway population growth and the urbanization of the world.</p>
<p>No one is really sure whether this turning point in human living arrangements ought to be celebrated, lamented or merely acknowledged. That&#8217;s because our burgeoning population and urban way of life have been purchased at the expense of vast ecosystems and habitats.</p>
<p>Cultural historian Elias Canetti once remarked that each of us is a king in a field of corpses. If we were to stop for a moment and reflect on the number of creatures and the amount of Earth&#8217;s resources and materials we have expropriated and consumed in our lifetime, we would be appalled at the carnage and depletion used to secure our existence.</p>
<p>Large populations living in megacities consume massive amounts of the Earth&#8217;s energy to maintain their infrastructures and daily flow of human activity. The Sears Tower alone uses more electricity in a single day than the city of Rockford, Ill., with 152,000 people. Even more amazing, our species now consumes nearly 40 percent of the net primary production on Earth &#8212; the amount of solar energy converted to plant organic matter through photosynthesis &#8212; even though we make up only one half of 1 percent of the animal biomass of the planet. This means less for other species to use.</p>
<p>The flip side of urbanization is what we are leaving behind on our way to a world of hundred-story office buildings and high-rise residences, and landscapes of glass, cement, artificial light and electronic interconnectivity. It&#8217;s no accident that as we celebrate the urbanization of the world, we are quickly approaching another historic watershed: the disappearance of the wild. Rising population; growing consumption of food, water and building materials; expanding road and rail transport; and urban sprawl continue to encroach on the remaining wild, pushing it to extinction.</p>
<p>Scientists tell us that within the lifetime of today&#8217;s children, the wild will disappear from the face of the Earth. The Trans-Amazon Highway, which cuts across the entire expanse of the Amazon rain forest, is hastening the obliteration of the last great wild habitat. Other remaining wild regions, from Borneo to the Congo Basin, are fast diminishing with each passing day, making way for growing human populations in search of living space and resources.</p>
<p>It&#8217;s no wonder that (according to Harvard biologist E.O. Wilson) we are experiencing the greatest wave of mass extinction of animal species in 65 million years. We are losing 50 to 150 species to extinction per day, or between 18,000 and 55,000 species a year. By 2100 two-thirds of the Earth&#8217;s remaining species are likely to be extinct.</p>
<p>Where does this leave us? Try to imagine 1,000 cities of a million or more just 35 years from now. It boggles the mind and is unsustainable for Earth. I don&#8217;t want to spoil the party, but perhaps the commemoration of the urbanization of the human race in 2007 might be an opportunity to rethink the way we live.</p>
<p>Certainly there is much to applaud about urban life: its rich cultural diversity and social intercourse and its dense commercial activity. But the question is one of magnitude and scale. We need to ponder how best to lower our population and develop sustainable urban environments that use energy and resources more efficiently, are less polluting and better designed to foster human-scale living arrangements.</p>
<p>In the great era of urbanization we have increasingly shut off the human race from the rest of the natural world in the belief that we could conquer, colonize and utilize the riches of the planet to ensure our autonomy without dire consequences to us and future generations. In the next phase of human history, we will need to find a way to reintegrate ourselves into the rest of the living Earth if we are to preserve our own species and conserve the planet for our fellow creatures.</p>
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		<title>Cuanto más cerca del Papa, menos hijos</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/11528/cuanto-mas-cerca-del-papa-menos-hijos/</link>
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		<pubDate>Tue, 12 Sep 2006 09:45:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ulrich Beck</strong>, profesor de Sociología en la Universidad de Múnich (EL PAÍS, 12/09/06):</p>
<p>No envejece esta o aquella nación, envejece el mundo entero. Alemania no es el país con menor cantidad de hijos por mujer (1,32). Ese récord es patrimonio de Ucrania (1,17), Eslovaquia, Eslovenia y Corea del Sur (todos ellos con 1,2), seguidos de Italia (1,29), España (1,3), etcétera. Desde luego, cabe decir que en Europa occidental rige la ley empírica de que cuanto más cerca del Papa, menos hijos. La evolución demográfica es un fenómeno extraordinariamente complejo. Pero hay algo de lo que tenemos que ser &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11528/cuanto-mas-cerca-del-papa-menos-hijos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ulrich Beck</strong>, profesor de Sociología en la Universidad de Múnich (EL PAÍS, 12/09/06):</p>
<p>No envejece esta o aquella nación, envejece el mundo entero. Alemania no es el país con menor cantidad de hijos por mujer (1,32). Ese récord es patrimonio de Ucrania (1,17), Eslovaquia, Eslovenia y Corea del Sur (todos ellos con 1,2), seguidos de Italia (1,29), España (1,3), etcétera. Desde luego, cabe decir que en Europa occidental rige la ley empírica de que cuanto más cerca del Papa, menos hijos. La evolución demográfica es un fenómeno extraordinariamente complejo. Pero hay algo de lo que tenemos que ser conscientes de una vez por todas: la perspectiva nacional predominante en el debate público sobre la evolución de la población, esa demografía narcisista que se rinde ante el nacionalismo metodológico, desemboca en un falso alarmismo, en una falsa causalidad y en recetas políticas falsas.</p>
<p>Porque, ¿cuál es realmente <em>la madre del cordero?</em> Por un lado, se nos pinta un panorama bajo la amenaza de la &#8220;explosión demográfica&#8221;, de la &#8220;bomba demográfica&#8221;, mientras que no pocas veces los mismos expertos no se cansan de describirnos con los tintes más sombríos un descenso de la población que vendría a ser el verdadero núcleo de la crisis. La población crece tan rápido que todos los problemas explotan, y al mismo tiempo crece tan despacio que todos los problemas explotan. Entonces ¿con cuál de las dos crisis tenemos que vérnoslas? Dicho en otras palabras, tenemos que hacer frente a una polarización demográfica.</p>
<p>¿Es eso una catástrofe? No. En primer lugar, el envejecimiento de la población ha de ser interpretado como un éxito, como un triunfo de la modernización. El mundo entero, pero sobre todo las sociedades europeas, se ve obligado a enfrentarse a las consecuencias colaterales, indeseadas e inesperadas, del éxito de la modernización, de la victoria modernizadora. ¿Y en qué consiste esa victoria? En una mejor asistencia sanitaria, el progreso de la medicina, la superación de enfermedades, la contención de epidemias, una alimentación mucho más completa junto con un mayor conocimiento y conciencia sobre el tema, la planificación y el control de la natalidad, la disminución de la mortalidad infantil, etcétera. Es evidente que tanto el descenso de los nacimientos como el envejecimiento de la población obligan a las sociedades modernas a enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones y de sus éxitos. En este caso rige también el axioma de lo que yo llamo &#8220;modernización reflexiva&#8221;: no son las crisis, sino las victorias de la modernización, las que conmueven los cimientos de las sociedades modernas generando conflictos y dilemas políticos y morales de naturaleza enteramente nueva.</p>
<p>A lo largo del siglo XX las migraciones globales han experimentado un cambio de signo radical. A comienzos de siglo se produjo una emigración masiva de europeos a América del Norte y del Sur y, en menor medida, a África, Asia, etcétera. En aquel entonces el crecimiento de la población había contribuido al aumento de la pobreza en Europa. Pero ahora el rumbo de los desplazamientos se ha invertido: los pobres del mundo afluyen en masa a Europa, que se ha convertido en un punto de intersección de las múltiples realidades que coexisten en nuestro planeta.</p>
<p>El descenso de la población europea se difumina, por así decirlo, en medio del espectacular crecimiento experimentado por la población mundial a lo largo del siglo XX. En torno a 1900, la población del planeta sumaba aproximadamente unos 1.600 millones de personas; en el año 2000 alcanzaba ya los 6.100 millones. El progreso en los ámbitos de la medicina y la salud logrado en los países centrales a lo largo de varios siglos se difundió con relativa rapidez por los países en desarrollo en donde rige la misma dinámica: la esperanza de vida ha aumentado rápidamente y la mortalidad infantil ha experimentado un retroceso considerable. Por tanto, el número de nacimientos influirá más sobre el futuro de la evolución demográfica que las tasas de mortalidad, a excepción de los países con elevadas cuotas de mortalidad debidas sobre todo a la malaria y al sida.</p>
<p>Este rápido crecimiento de la población mundial no debe hacernos perder de vista la segunda tendencia clave comprobable a nivel empírico: la polarización del desarrollo demográfico derivada esencialmente del número de hijos. La tasa global de hijos (número de hijos por mujer o por matrimonio) empezó a descender a partir de 1960, también en los países poco desarrollados.</p>
<p>Si bien es cierto que el crecimiento demográfico medio ha experimentado una ralentización a escala global, al mismo tiempo se ha producido una polarización radical de la evolución demográfica: las regiones que registran crecimiento poblacional se caracterizan porque los hijos tienen ante todo un gran valor material ya que trabajan y de ese modo suponen un seguro para la vejez de sus padres. A pesar de que en los países con una elevada población infantil cada vez hay más mujeres que dicen tener más hijos de los que quisieran, la familia ideal sigue siendo bastante grande, de tres hijos o más. Hay una serie de factores que caracterizan a grandes rasgos esta constelación de crecimiento: pobreza bastante extendida, elevado porcentaje de población rural, altas tasas de analfabetismo, escasa utilización de medios de planificación familiar y, sobre todo, ninguna red social que garantice una cierta seguridad, aparte de la familia.</p>
<p>En el otro extremo tenemos la constelación de los Estados del bienestar, que agrupa a países con un nivel de desarrollo relativamente elevado en los que el descenso demográfico, el casi encogimiento de la población, se ha convertido en norma. Esta constelación se caracteriza por una relativa riqueza económica, la mejora de la salud, el acceso a la información y a los recursos de la planificación familiar, así como un mayor nivel educativo y una mayor actividad profesional de las mujeres que plantea también cuestiones relativas a la posibilidad de compaginar maternidad y trabajo o paternidad y trabajo. A esto hay que añadir que, cuando aumentan el nivel de ingresos y el tren de vida, los padres empiezan a idolatrar a sus hijos. La paternidad cobra una fuerte carga pedagógica que conlleva un aumento de los costes tanto emocionales como económicos. La consecuencia vuelve a ser que, cuanto más impera, al menos en la esfera privada, el ideal de que a los hijos &#8220;les tiene que ir todavía mejor&#8221;, mayores son los costes y menor la descendencia.</p>
<p>Asistimos a la intensificación recíproca de dos tendencias: el promedio de esperanza de vida de los recién nacidos se ha duplicado en el último siglo. En estos momentos está en torno a los 75 años en el caso de los hombres, y en torno a los 81 años por lo que respecta a las mujeres. Eso significa que la población de más edad está compuesta mayoritariamente por mujeres. Además, el incremento de la esperanza de vida coincide históricamente con el descenso del número de nacimientos. Al mismo tiempo, cada vez son más los niños que crecen fuera de lo que podríamos llamar la familia normal.</p>
<p>A menudo, se llegan a plantear algunas de las consecuencias de la polarización demográfica, pero casi siempre encuadradas en un contexto referencial equivocado: el envejecimiento de la población no es un proceso nacional sino global. El porcentaje de personas de edad aumenta también de forma drástica en las regiones menos desarrolladas del planeta. Pero eso no debe ocultar las grandes diferencias regionales existentes: es muy probable que en el siglo XXI Europa se convierta en la región más anciana del mundo. Pero también se espera que entre el año 2000 y el 2030 el porcentaje de población de más edad de Asia y Latinoamérica y de otros países aumente en más del doble.</p>
<p>Se habla de conflictos intergeneracionales, incluso de una posible &#8220;guerra de generaciones&#8221;, como resultado de esta evolución. Sin embargo, a pesar de todos los dilemas que surgen en este terreno, al final este tipo de diagnósticos se revelan fruto de un falso alarmismo. Porque la pertenencia a grupos de edad no tiene nada que ver con la pertenencia a clases sociales. No sirve para aglutinar a la gente de forma duradera en conflictos intergeneracionales, ya que todo el mundo acaba envejeciendo. Este &#8220;cambio de bando&#8221; forma parte de la biografía normal y también se anticipa como tal. Sin embargo, resulta mucho más grave el hecho de que la imbricación y la confrontación de poblaciones que decrecen y aumentan entre naciones concretas y dentro de una misma nación están poniendo en cuestión las relaciones de dominio étnico. El retroceso demográfico y el proceso de envejecimiento se aúnan para dar lugar a una tendencia histórica: el número de blancos de origen europeo desciende hasta sumar tan sólo la quinta parte de la población mundial o incluso menos; pero es que, además, su presencia también decrece drásticamente, por ejemplo, en el interior de Estados Unidos. Aunque a partir de ahora ya no habrá una mayoría clara sino una mayoría de minorías, lo cierto es que los blancos pierden su supremacía cuantitativa. Y poco a poco se va perfilando la tendencia a reaccionar con medidas represivas por parte de esa población blanca que ve amenazada su posición de dominio. Éste podría ser el trasfondo de los intensos debates sobre políticas de inmigración que tienen lugar tanto en Estados Unidos como en Europa.</p>
<p>Los problemas del descenso o del crecimiento demográfico no están sujetos ni a una causalidad ligada a la lógica de los Estados nacionales ni se pueden solucionar tampoco en primera instancia en el marco de la política nacional. Definir como un problema europeo el vínculo existente entre el descenso demográfico, el envejecimiento de la sociedad, la necesaria reforma de los sistemas de seguridad social y la adopción de una política de inmigración con objetivos claros, supondría dar un paso importante para salir de la trampa que representa la perspectiva nacional. Entonces los países europeos no sólo tendrían ocasión de aprender unos de otros, sino que también se pondría de manifiesto la validez de la máxima que dice que cuanto más europea es la política nacional, más eficaz resulta.</p>
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