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	<title>Tribuna Libre &#187; Ideologías</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>Estado de bienestar o fractura social</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 20:34:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel de la Rocha Vázquez</strong>, miembro de la Fundación Alternativas (EL PAÍS, 09/02/12):</p>
<p>Desde la segunda guerra mundial en Europa se ha tejido un modelo social específico, definido a través de un gran pacto, que permitió a la clase trabajadora aceptar las reglas del mercado a cambio de un papel importante del Estado en la regulación de la economía y en la provisión de servicios públicos básicos. Sobre estos principios se construyó el modelo social europeo, asentado en la solidaridad de ricos con pobres, de jóvenes con ancianos, de unas generaciones con otras.</p>
<p>Con el reciente predominio neoliberal, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/40066/estado-de-bienestar-o-fractura-social/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel de la Rocha Vázquez</strong>, miembro de la Fundación Alternativas (EL PAÍS, 09/02/12):</p>
<p>Desde la segunda guerra mundial en Europa se ha tejido un modelo social específico, definido a través de un gran pacto, que permitió a la clase trabajadora aceptar las reglas del mercado a cambio de un papel importante del Estado en la regulación de la economía y en la provisión de servicios públicos básicos. Sobre estos principios se construyó el modelo social europeo, asentado en la solidaridad de ricos con pobres, de jóvenes con ancianos, de unas generaciones con otras.</p>
<p>Con el reciente predominio neoliberal, valores esenciales para el pensamiento socialdemócrata como el de la solidaridad están siendo sistemáticamente cuestionados. Un número mayor de ciudadanos auto-identificados como clases medias, azuzados por partidos conservadores y ciertos medios al servicio de los poderes económicos, se ha vuelto escéptico de las formas actuales de solidaridad pública, como son los mecanismos de redistribución del Estado de bienestar. Estos ciudadanos se ven como los <em>paganinis</em> de esos servicios, que a menudo no utilizan, cuyos abusos deploran y de cuya necesidad no se sienten responsables. Lo anterior se traduce en crecientes apelaciones a limitar los servicios públicos universales y reducir las burocracias que los gestionan. El resultado: demandas de reducciones de impuestos, que colocan a los Gobiernos en una difícil encrucijada para el mantenimiento del Estado del bienestar.</p>
<p>En una sociedad justa y solidaria los impuestos deben ser progresivos, de forma que los que más tienen, más aporten. Si el sistema funcionara bien, los más opulentos estarían financiando en gran medida el Estado del bienestar, pero esto no es lo que ocurre en muchos países. Como se ha visto con el hachazo fiscal de Rajoy, los sistemas tributarios <em>castigan</em> especialmente a las rentas del trabajo, al ser las nóminas un instrumento cómodo de control para los Gobiernos. Algo va mal en sociedades donde los ricos, cada vez más ricos, pagan menos que los asalariados. El propio Warren Buffet ha reconocido que paga menos impuestos que su secretaria, mientras en países como Alemania y Francia ricos solidarios reclaman unos sistemas fiscales más justos. En España, en cambio, nuestros supermillonarios no se han sumado a esta llamada.</p>
<p>Las razones detrás de estas tendencias son variadas. Junto a justificaciones de abusos y problemas de eficiencia pública, se esconde la consolidación del individualismo y consumismo imperante. Tres décadas de machacona ideología neoliberal encapsulada por Margaret Thatcher en su famosa afirmación: <em>&#8220;La sociedad no existe, solo los individuos&#8221;</em>, ayudan mucho a entender lo que pasa. El debilitamiento de la identidad comunitaria en sociedades cada vez más heterogéneas está socavando las condiciones sociológicas para la solidaridad colectiva e individual.</p>
<p>Aunque las causas sean conocidas, no deja de sorprender la enorme miopía y pobre comprensión de las implicaciones que conlleva el desmantelamiento de los servicios públicos para las mismas clases sociales que lo reclaman. El aclamado Tony Judt lo expresa magistralmente: &#8220;Gracias a medio siglo de prosperidad y estabilidad, en Occidente hemos olvidado el trauma social y político que representa la inseguridad económica de las masas, y en consecuencia no recordamos las razones que llevaron en primer término a la creación de los Estados del bienestar de los que hoy disfrutamos&#8221; (Judt<em>: Reappraisals: reflections on the forgotten 20th century</em>).</p>
<p>He ahí la gran paradoja de nuestro tiempo: el éxito de los Estados del bienestar de economía mixta radica en haber logrado estabilidad e integración social, desarmando las ideas más extremistas y violentas; pero al mismo tiempo, ha llevado a generaciones posteriores a dar por sentada esa misma estabilidad y moderación ideológica, y en consecuencia a demandar la eliminación de los &#8220;impedimentos y molestias&#8221; asociados con los bienes colectivos: impuestos, subsidios, regulaciones, etc. A base de repetirlo incesantemente, el sector público se asocia con lentitud, burocracia y, en general, con menor dinamismo económico. Es bastante discutible que una buena regulación económica o los servicios públicos universales sean obstáculos para el crecimiento y la eficiencia económica; numerosos ejemplos lo desmienten. Ahora bien, como afirma Judt, &#8220;lo verdaderamente sorprendente es la medida de nuestra incapacidad para ni siquiera concebir la política más allá de un estrecho economicismo. Hemos olvidado completamente cómo pensar y reflexionar políticamente&#8221;.</p>
<p>Pese a todo, los ejemplos escandinavos demuestran que una mayoría de ciudadanos pueden aceptar impuestos elevados a cambio de obtener unos servicios públicos de calidad, acompañados de claras limitaciones y penalizaciones a su abuso. Pues muchas personas entienden que si los mecanismos de solidaridad colectiva se resquebrajan, el resultado final será el incremento enorme de la desigualdad, y a medio plazo exclusión y fractura social con todas sus consecuencias. No hay que engañarse, el auge del individualismo, el debilitamiento de la cohesión y el aumento del populismo y xenofobia son todas caras de la misma moneda.</p>
<p>Sobre estas bases, los partidos socialdemócratas van a tener que adaptar sus ideas para definir mejor los límites a la responsabilidad del Estado y del ciudadano en el mantenimiento de los bienes colectivos. La preservación del Estado del bienestar pasa inevitablemente por un reforzamiento de los principios de solidaridad y cohesión social, pero acompañado de esfuerzos igual de vigorosos para mejorar la eficiencia, minimizar los gastos sociales no redistributivos, eliminar todo despilfarro y denunciar cualquier fraude; así como mayores niveles de exigencia de responsabilidad individual y de reconocimiento de la contribución de cada persona.</p>
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		<title>La socialdemocracia perdida, otra vez</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 19:46:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Cazorla Sánchez</strong>, catedrático de Historia de Europa, Trent University, Canadá. Su último libro es <em>Fear and progress: ordinary lives in Franco&#8217;s Spain, 1939-1975, </em>Oxford, 2010 (EL PAÍS, 30/01/12):</p>
<p>En su magnífica historia de la II Guerra Mundial <em>(All Hell Let Loose),</em> Max Hastings cuenta el comentario de un ama de casa británica que se sorprendía de que su Gobierno tenía en 1939 todo el dinero necesario para hacer la guerra cuando hasta entonces había estado diciendo que no podía endeudarse para reactivar la economía, o para ayudar a los pobres. Liderado por el laborista Ramsay MacDonald (entre &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39928/la-socialdemocracia-perdida-otra-vez/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Cazorla Sánchez</strong>, catedrático de Historia de Europa, Trent University, Canadá. Su último libro es <em>Fear and progress: ordinary lives in Franco&#8217;s Spain, 1939-1975, </em>Oxford, 2010 (EL PAÍS, 30/01/12):</p>
<p>En su magnífica historia de la II Guerra Mundial <em>(All Hell Let Loose),</em> Max Hastings cuenta el comentario de un ama de casa británica que se sorprendía de que su Gobierno tenía en 1939 todo el dinero necesario para hacer la guerra cuando hasta entonces había estado diciendo que no podía endeudarse para reactivar la economía, o para ayudar a los pobres. Liderado por el laborista Ramsay MacDonald (entre 1931 y 1935), el National Government que gobernó Reino Unido durante toda la década de los treinta fue una coalición de los principales partidos británicos, pero en realidad estuvo controlado por los conservadores. Este fue el Gobierno de la Gran Depresión, que hizo cortes en el gasto social para preservar el prestigio de la libra y reducir el déficit. El resultado fue que el sufrimiento de la Depresión fue para los parados. Muchos de los que conservaron su trabajo y los que tenían rentas de capital de hecho mejoraron su poder adquisitivo. Dicho con otras palabras: la sociedad británica se fraccionó aún más bajo un líder laborista que hacía políticas de derechas.</p>
<p>La socialdemocracia de hoy, como el laborismo resignado de MacDonald, ha abrazado la ortodoxia para combatir la crisis. Como explicación / justificación a menudo se dice que los supuestamente neutrales &#8220;mercados&#8221; han ganado a la política, a toda la política. No es verdad. Los que han ganado son la derecha pura y dura y el capital especulativo. Los &#8220;mercados&#8221; -o más bien las agencias de calificación, la City, Wall Street, los <em>hedge funds</em> y otros- no se han lanzado a aniquilar a los Gobiernos que los han tratado tan bien, a base de salvarlos de la ruina, no pedirles responsabilidades, darles impunidad para seguir haciendo daño y beneficios fiscales. Los &#8220;mercados&#8221; no han atacado a los Gobiernos de Cameron u Obama, a pesar de sus déficits abultados, muy altos niveles de deuda y la impresión masiva de moneda. Les han pedido y obtenido más, eso es todo. Los &#8220;mercados&#8221; no han ganado a la &#8220;política&#8221;, sino a las políticas progresistas.</p>
<p>Lo malo es que la socialdemocracia europea les ha ayudado mucho. Porque a ella y a lo que quede de la democracia-cristiana reformista (los impulsores del milagro económico y social de posguerra) les han fallado la memoria y los reflejos desde mucho antes de que la crisis estallara. Desde los años noventa, dejaron de reflexionar seriamente sobre en qué beneficiaban a la sociedad y a la economía real la desregulación por la desregulación, la moneda única, que el sector financiero aumentase porcentualmente varias veces por encima del crecimiento de la economía real, y, especialmente en España, la especulación inmobiliaria (que los Gobiernos y alcaldes de izquierdas apoyaban tanto como los de derechas). Para colmo, dejaron que se diseñase a la Unión Europea cada vez más a partir de los intereses del dinero que de los del conjunto de la sociedad, confundiendo a &#8220;más Europa&#8221; con una Europa más progresista. Ahí está para probarlo, por ejemplo, cómo se ha decidido que funcione el Banco Central Europeo.</p>
<p>Cegada por las estadísticas del PIB en los años de bonanza, la socialdemocracia se olvidó de que el crecimiento sólido y armónico, no el espectacular-especulativo, y la participación en condiciones de igualdad de los agentes sociales, son los que crean estabilidad económica y capital social; en suma, los que garantiza el verdadero progreso. En cierto modo, la socialdemocracia abrazó una caricatura de la Tercera Vía: riqueza para todos a base de crecer mucho sin mirar muy bien de dónde venía esa riqueza ni adónde iban los valores sociales. Sus políticas se basaron a menudo en dejar que la riada del crecimiento por el crecimiento, a menudo especulativo, nos fecundase, como el Nilo de los faraones, a todos. Se crearon o se improvisaron programas sociales financiados con dinero fácil y barato, pero dentro de un trato que implicaba permitir que el capital fuese libre para saltar fronteras y regulaciones. En el proceso, las reglas de juego establecidas en la posguerra europea se tornaron contra los productores -empresarios y trabajadores- que no cruzamos fronteras como el dinero sino que vivimos en una casa, en una familia y en una comunidad. En suma, la izquierda gobernó usando una tarjeta de crédito prestada por los &#8220;mercados&#8221;, cuya cuenta, inflada por los intereses, pagamos ahora.</p>
<p>Lo malo es que no tenía que haber sido así, porque ya sabía la socialdemocracia que esto podía suceder, y cómo evitarlo. Mucho de lo que estamos viviendo ya pasó durante la Gran Depresión. Entonces y ahora, los desequilibrios financieros y la especulación causaron la crisis; y la derecha la administró, en beneficio del capital, mientras que la izquierda no sabía qué hacer. Los socialdemócratas de entreguerras se negaron a desafiar la ortodoxia económica que precisamente trajo la crisis primero y luego causó que esta se extendiese y se acentuara. El resultado fue que, en los años treinta, la socialdemocracia casi desapareció del mapa (como hoy está en la oposición en casi todos los países de Europa) atrapada entre el miedo a los mercados y la falta de alternativas creíbles. En Reino Unido, por ejemplo, el único político laborista de peso que desafió a la ortodoxia económica fue Oswald Mosley (ignorado, acabó fundando la British Union of Fascists). La excepción a este panorama desolador, para la sociedad y para la democracia, fue Suecia, donde los socialistas adoptaron políticas que luego se conocerán como keynesianas. Lamentablemente, el valor y la imaginación de los socialdemócratas suecos, que les valió estar en el poder durante décadas, contrasta con la amnesia autodestructiva de los socialdemócratas europeos de hoy, y, por supuesto, los españoles, que hace unos meses expulsaron a Keynes de nuestra Constitución.</p>
<p>Nadie sabe hoy cómo o cuándo vamos a salir de la crisis. Pero, como en la Gran Depresión, la socialdemocracia europea o está muda o repite sin convicción que va a gobernar con fórmulas que en realidad no piensa aplicar. Nadie se cree, por ejemplo, que las medidas de un hipotético Gobierno de Rubalcaba hubieran sido muy distintas de las de Rajoy. Lo que sí sabemos es que ya tampoco valen alternativas estrictamente nacionales como la sueca en los años treinta y que la solución tendría que ser, como mínimo, europea. Desgraciadamente, Merkel y Sarkozy, los dos líderes que quizás puedan decidir más o menos cómo salir del laberinto de la deuda y del marasmo económico, no parecen tener el talante valiente y heterodoxo necesario. Son políticos de derechas muy convencionales que se niegan a oír propuestas diferentes que economistas de prestigio, e incluso <em>The Economist,</em> llevan meses pidiendo a gritos. Ambos líderes por un lado, van a remolque de los &#8220;mercados&#8221; y, por otro, han renegado de las mejores tradiciones reformistas y solidarias de la democracia cristiana que salió de la última guerra mundial. En consecuencia, ni retan a las causas profundas de la crisis ni ofrecen más alternativa que la del sufrimiento. Pero mientras que oímos repetidamente su monólogo, lo que no se oye es la voz unida y disonante de la socialdemocracia.</p>
<p>La socialdemocracia europea está pagando el precio político de haber olvidado sus valores fundacionales de ética, comunidad y sobriedad, y por ellos carece de un modelo alternativo al impuesto por los &#8220;mercados&#8221;. Más grave aún, parte de sus bases electorales potenciales está pagando un alto precio personal de miseria y desencanto. No es sorprendente que no vayan a votar, o que, en medio de la creciente fractura social, muchos lo hagan por la derecha, que por lo menos parece honesta en su oferta de sufrimiento e individualismo. Tristemente, esto, y otras cosas peores que puedan venir, ya se han visto antes. Pensemos, por ejemplo, en el éxito creciente de la demagogia ultraderechista.</p>
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		<title>La democracia permanente</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 18:17:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Albert Solé</strong>, periodista y cineasta (EL PAÍS, 19/01/12):</p>
<p>Mucho se ha hablado ya de la pérdida de los signos de identidad básicos de la socialdemocracia para explicar la acumulación de derrotas electorales de estos tiempos convulsos en los que el miedo y la apatía parecen haberse unido con mano de hierro. El miedo ha sido tradicional aliado de los conservadores desde el principio de los tiempos. Sin embargo, creo que no hemos analizado suficientemente un elemento que daña especialmente el discurso complejo de la izquierda: el poder letal de la indiferencia. Dicho de otro modo, la antipolítica es &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39771/la-democracia-permanente/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Albert Solé</strong>, periodista y cineasta (EL PAÍS, 19/01/12):</p>
<p>Mucho se ha hablado ya de la pérdida de los signos de identidad básicos de la socialdemocracia para explicar la acumulación de derrotas electorales de estos tiempos convulsos en los que el miedo y la apatía parecen haberse unido con mano de hierro. El miedo ha sido tradicional aliado de los conservadores desde el principio de los tiempos. Sin embargo, creo que no hemos analizado suficientemente un elemento que daña especialmente el discurso complejo de la izquierda: el poder letal de la indiferencia. Dicho de otro modo, la antipolítica es profundamente reaccionaria, por más que muchos de quienes la practiquen se digan progresistas.</p>
<p>Creo que en la nueva era que se está abriendo bajo nuestros pies, la izquierda lucha en <em>La guerra de las galaxias</em> con espadas de madera. Me refiero a los instrumentos de creación de opinión. La simplificación del pensamiento político lleva a la pérdida de calidad de la cultura democrática auténtica, aquella en la que el individuo se convierte en un ciudadano activo y conoce bien los entresijos del pacto social que establece con sus gobernantes, en la que siente, en definitiva, como propia la construcción del espacio público.</p>
<p>La discusión acerca del modelo de convivencia que queremos parece haber desaparecido bajo un manto de lemas vacíos de contenido, consignas en 140 caracteres y mensajes simplistas de digestión y borrado inmediatos, que obedecen más a estrategias de mercadotecnia que a fomentar el debate político. Un debate que parece haberse convertido en una confrontación de monólogos sin intercambio de ideas, sin pacto, griterío que a menudo me recuerda a esos programas de chillones absurdos con los que muchas cadenas privadas de televisión inundan sus parrillas.</p>
<p>Y es que aquí tenemos una parte del problema. De tanto privatizar el espacio comunicativo sin exigir responsabilidad a cambio, hemos acabado cayendo en la lógica mercantilista del pensamiento convertido en bien de consumo: los mercados nunca han querido pensadores, quieren consumidores y punto. Ceder sin garantías al capital la responsabilidad de hacernos más cultos es tan venenoso como dejar la educación en manos de la Iglesia. La privatización de la cultura, a la que asistimos impotentes, nos lleva al empobrecimiento intelectual. La ausencia de regulación que imponen los grandes grupos industriales que se enriquecen en la nueva era nos deja desprotegidos en la jungla de Internet. Y a eso le llamamos modernidad.</p>
<p>En este juego, la izquierda siempre saldrá perdiendo. Las consecuencias, a la vista están. La derecha ha obrado milagros, eso no se le puede negar, el principal de los cuales ha sido extender por todo el país el síndrome de la Marbella de Gil y Gil: la corrupción que les tiñe en tantos sitios no solo no les penaliza, sino que posiblemente da votos porque ya no se cuentan los valores, sino simplemente la visibilidad del candidato en los medios. Su otro gran mérito ha sido conseguir venderse como bomberos contra un fuego que ellos causaron en gran medida con su modelo económico de ladrillo e ingeniería financiera. El objetivo es conseguir votantes acríticos, y eso se consigue con herramientas forjadas en esa mezcla de populismo y periodismo de barricadas tan característica de los medios conservadores españoles. Creo que nadie definió mejor el problema que El Roto en una viñeta publicada hace unos meses en estas mismas páginas: el votante de derechas no vota, ficha.</p>
<p>Del lado socialista, sin duda, han demostrado una falta de cintura importante en la capacidad de creación y difusión de ideas, respuestas y mensajes. Considero que uno de los principales errores del mandato de Rodríguez Zapatero fue alentar la guerra entre grupos de comunicación afines.</p>
<p>Dentro de este panorama de adormecimiento intelectual ha surgido una luz potente e inesperada, la de los indignados y sus plazas llenas de debates e inquietudes nuevas. Imposible no coincidir con la mayoría de sus reivindicaciones, como me resulta también imposible reconocerme en el mensaje antipolítico que a menudo emana de ese movimiento. Negar las fronteras entre derecha e izquierda y creer que la abstención acabará con el sistema son auténticos regalos para el neoliberalismo.</p>
<p>A esta visión simplista del sistema ha contribuido poderosamente la indefensión crítica con la que a menudo nos enfrentamos a todo lo que viene por la Red. La sobresaturación de información y la desaparición de los líderes de opinión tradicionales la convierten a menudo en una constelación de ecosistemas comunicativos cerrados sin reglas, de ahí la deriva anarquizante de muchos de estos colectivos que sueñan con revoluciones imposibles. Y ya que hablamos de revoluciones: León Trotski definió su idea de revolución permanente como un proceso en evolución constante, un camino al que no se llega nunca, pero hacia el que hay que ir avanzando siempre. En nuestro sistema democrático, tan imperfecto como se quiera, la única revolución es participar día a día en su mejora, fortaleciendo la sociedad civil, enriqueciendo el debate político, el conocimiento y defendiendo el espacio de lo público. Diría que contra las nuevas armas de la ofensiva neoliberal la única revolución posible y deseable es la democracia real permanente.</p>
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		<title>Desmantelada izquierda</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Jan 2012 12:25:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Xavier Bru de Sala</strong>, escritor (EL PERIÓDICO, 06/01/12):</p>
<p>Meses atrás expuse aquí una intuición sobre el movimiento del péndulo de la historia, que ya no puede ir mucho más hacia la derecha, que pierde impulso, que ya se detiene o le falta poco y que no tardará en iniciar el retorno, aunque sea lento, hacia la izquierda. La crisis, provocada, vía desregulación, por la codicia de los que más tienen, es al neoliberalismo lo que la caída del muro de Berlín al comunismo estalinista. Ahora empiezo a poner en duda estas ideas. No por el resultado de las &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39579/desmantelada-izquierda/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Xavier Bru de Sala</strong>, escritor (EL PERIÓDICO, 06/01/12):</p>
<p>Meses atrás expuse aquí una intuición sobre el movimiento del péndulo de la historia, que ya no puede ir mucho más hacia la derecha, que pierde impulso, que ya se detiene o le falta poco y que no tardará en iniciar el retorno, aunque sea lento, hacia la izquierda. La crisis, provocada, vía desregulación, por la codicia de los que más tienen, es al neoliberalismo lo que la caída del muro de Berlín al comunismo estalinista. Ahora empiezo a poner en duda estas ideas. No por el resultado de las elecciones, y menos las españolas -que ya se daban por perdidas-, sino por el combate entre la pluma y la espada, que según Napoleón siempre gana la pluma, es decir, las ideas (aunque él expandió con sus triunfos militares las más modernas de su tiempo, que luego retrocedieron un siglo después de Waterloo). Cuidado con el optimismo de la razón, porque en ciertas regiones poco mapeadas el pensamiento se pierde y la intuición, siempre tan falible, guía sus pasos. El rumbo de las civilizaciones es siempre, siempre, indeterminado.</p>
<p>Dicho esto, y aprovechando que todavía no hemos dejado del todo atrás el paréntesis de las fiestas, trataré de precisar en qué consiste mi error de percepción. Quizá al péndulo aún le queda recorrido hacia la derecha, aunque sigo pensando que no mucho a pesar de que lo empujen las más poderosas fuerzas. Lo que falla es el impulso hacia la izquierda. No la disposición social de la mayoría perjudicada, sino las ideas, las convicciones, las concreciones. El discurso de la denuncia está hecho, pero la ausencia de planes alternativos viables desespera y paraliza. El simple <em>no</em> (a los recortes, al paro, a la mayor carga impositiva) no lleva a ninguna parte. La izquierda está desmantelada. Fueron Blair y Clinton los encargados de claudicar ante la embestida de Thatcher y Reagan. Después, a la derecha todo le ha venido rodado. Ahora que, tras el espejismo, conocemos los resultados, no hay en el mundo arsenal ideológico, académico o político capaz no ya de refundar, sino de reformar el capitalismo. La izquierda se aferra a la justicia, a la sensibilidad social, a la ética. Pero de poco le vale, porque no tiene programa. Y si no tiene programa, no tiene empuje para ayudar al péndulo a invertir el camino.</p>
<p>En el mundo, y de manera especial en Occidente, hay más riqueza que en el pasado, pero cada vez está peor repartida. El liberalismo clásico procuraba el máximo bienestar para el mayor número posible. Su heredero, el neoliberalismo, se propone concentrar la máxima riqueza en las menores manos posibles. La mayoría solo se puede oponer si se le presenta un programa que no implique más pérdidas de las que ya le sobrevienen.</p>
<p>Este programa no existe en ninguna parte del mundo. Hay ejemplos, modelos, pero todos son de países muy ricos, pequeños o medios, que mantienen excelentes niveles de bienestar social. Pero los caminos para llegar ahí parecen demasiado exigentes para la izquierda que claudicó. Si existiera un programa formulado, ni la abrumadora hegemonía de los medios de comunicación, adeptos al neoliberalismo, conseguiría impedir que se hiciera audible y cambiase el panorama. El problema es de altavoces, pero sobre todo de voces. También es práctico, pero antes teórico. Cómo crear más riqueza y distribuirla con equidad. Cómo ser más competitivos sin ser más egoístas.</p>
<p>A lo máximo que llegan los socialdemócratas más preparados es a hacerse eco de alguna de las soluciones que circulan para detener la agresividad de los mercados contra la deuda soberana. Michel Rocard, por ejemplo, acaba de publicar un artículo en <em>Le Monde </em>donde se propugna una vía sencilla para que el BCE deje dinero para financiar la deuda acumulada al 0,1% a otros bancos públicos, como el Banco Europeo de Inversiones, y estos lo presten a los estados al 0,2%. Esto, unido a la férrea disciplina que se implanta para no volver a gastar y derrochar más de la cuenta, podría propiciar tanto el cortafuegos a la asfixia de los altos tipos como una rápida recuperación de la zona euro. Supongamos que tenga razón. Se trataría de una solución técnica a un problema gravísimo, pero poco aporta al fondo de la cuestión.</p>
<p>El fondo de la cuestión tiene un precedente, remoto y sin duda parcial, en la embestida del Senado contra el pueblo de Roma. Empezó 21 siglos atrás. La codicia ilimitada de la clase dominante provocó varias guerras civiles y acabó, como todos sabemos, con la sustitución del anterior equilibrio de poderes para la monarquía militar de los emperadores, que tenían bajo control las ambiciones del Senado, generalmente en beneficio del pueblo.</p>
<p>No nos encontramos en una situación de riesgo similar, pero en bien de la democracia y la propia civilización es imprescindible reequilibrar. El desmantelamiento ideológico de la izquierda reformista, la ausencia de un programa alternativo, propicia todavía, contra pronóstico, un mayor desplazamiento del péndulo hacia la derecha. Los dos candidatos del PSOE representan ese pasado conformista y claudicante. ¿Cuánto tardaremos en encontrar un remedio?</p>
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		<title>Socialismo sin causa</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/37532/socialismo-sin-causa/</link>
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		<pubDate>Sat, 15 Oct 2011 15:18:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Socialismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Miquel Porta Perales</strong>, articulista y escritor (ABC, 15/10/11):</p>
<p>Hasta hace un par de décadas, el socialismo se presentaba como la gran esperanza que nos conduciría a un mundo mejor, más justo y más libre. Hoy, el socialismo está a la intemperie. Ha perdido la batalla de las ideas. El proyecto socialista colapsa, porque quiebra la aspiración y la ideología. La aspiración: el afán de redención y la voluntad de alcanzar una sociedad reconciliada. La ideología: el predominio de lo colectivo sobre lo individual y el intervencionismo político, económico, social y cultural. A estas alturas de la historia, ya &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37532/socialismo-sin-causa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Miquel Porta Perales</strong>, articulista y escritor (ABC, 15/10/11):</p>
<p>Hasta hace un par de décadas, el socialismo se presentaba como la gran esperanza que nos conduciría a un mundo mejor, más justo y más libre. Hoy, el socialismo está a la intemperie. Ha perdido la batalla de las ideas. El proyecto socialista colapsa, porque quiebra la aspiración y la ideología. La aspiración: el afán de redención y la voluntad de alcanzar una sociedad reconciliada. La ideología: el predominio de lo colectivo sobre lo individual y el intervencionismo político, económico, social y cultural. A estas alturas de la historia, ya sabemos que el afán de redención esconde un modelo de sociedad cerrada, que el deseo de alcanzar una sociedad reconciliada es una utopía de consecuencias indeseables, que el predominio de lo colectivo trincha la libertad del individuo, que el intervencionismo, lejos de solucionar problemas, los agrava.</p>
<p>Que el socialismo está en crisis se comprueba al constatar los sucesivos intentos fallidos de redefinición y modernización —Alec Nove, Peter Glotz, Eric Hobsbawm, John Roemer, Anthony Giddens, Oskar Lafontaine o el Programa 2000 del PSOE, entre otros— que ha vivido a lo largo de las últimas décadas. Y la modernización prosigue —solo se moderniza lo envejecido— ya entrado el siglo XXI. ¿Qué encontramos hoy? Las apelaciones retóricas de una Internacional Socialista —ahí está el documento firmado por George Papandreu, Alpha Condé, Jalai Talabani y Ricardo Lagos— que habla de la democracia, la paz, la solidaridad, el verdadero internacionalismo, la justicia climática y la fiscalidad que grave las transacciones financieras. A ello hay que sumar el laborismo británico de un Ed Milliband que parece regresar a las fuentes del marxismo y la Izquierda alemana que coquetea con la idea de volver al llamado socialismo real o comunismo. ¿El socialismo francés? Sigue la retórica teñida de populismo: banca pública, impuestos especiales para los ricos, proteccionismo y ecología. ¿España? En la Conferencia Política del PSOE se barajan ideas —ninguna novedad— como la sanidad y la educación públicas, la protección de los desempleados y las pensiones públicas, la creación de empleo juvenil, una mayor presión fiscal para las grandes fortunas y una tasa sobre las transacciones internacionales. Y quien se acerque a las reflexiones de carácter personal encontrará aportaciones como las siguientes: regulación de la economía de mercado, mayor protagonismo estatal, nuevo modelo productivo, economía sostenible, políticas de bienestar, reorientación del gasto, reforma del sistema tributario, lucha contra el fraude fiscal y la corrupción, nueva ley electoral, democracia participativa, políticas de transformación social, defensa de los intereses de las clases populares, protección frente al infortunio, inclusión social.</p>
<p>A tenor de las propuestas, cabe concluir que el socialismo oscila entre lo arcaico y lo retórico. Cosa que, en lugar de fortalecerlo, lo debilita al poner al descubierto su insubstancialidad. Alguien objetará que en la propuesta socialista aparecen ideas sensatas, como la defensa del Estado del bienestar, la reorientación del gasto o la necesidad de un nuevo modelo productivo. Pero eso ya lo impulsa, desde hace más de un siglo —cabe recordar que el Estado del bienestar lo promovió un Bismarck que de socialista no tenía mucho—, la derecha. El socialismo va escaso de ideas y suele apropiarse de las alternativas de un liberalismo al que critica hipócritamente a posteriori. Sin embargo, tiene una alta imagen de sí mismo, se considera virtuoso por naturaleza y cree poseer el monopolio —una variable de la fatal arrogancia que en su día denunció Hayek— de la transformación y el cambio.</p>
<p>¿Qué es hoy el socialismo? Por sus actos lo conoceréis. Dos corrientes fundamentales: posmodernos y modernos. La corriente posmoderna ha transformado el socialismo en un coach all party—un partido que todo lo atrapa— que integra lo que encuentra en la calle (antiglobalizadores, altermundialistas, neonacionalistas, anticlericales, antinucleares, pacifistas, multiculturalistas, movimientos de liberación del cuerpo, tercermundistas residuales o indignados de última generación), siempre y cuando esté dotado de sentido. Vale decir que el sentido lo otorga cualquier movimiento que cuestione el pensamiento liberal y se revuelva —poco o mucho— contra el sistema liberal-capitalista. De hecho, el socialismo posmoderno se limita a administrar, en beneficio electoral propio, los deseos de las minorías. Este socialismo posmoderno convive con otro moderno que, a la manera del Tony Judt que ha encandilado a la izquierda española, hace bandera del Estado del bienestar al tiempo que predica el diálogo público, un nuevo relato colectivo y la unión solidaria entre ciudadanos. ¿De qué se nos está hablando? Se busca hermeneuta para averiguarlo. Por lo demás, ¿cómo pasar de la teoría a la práctica en la defensa del Estado del bienestar? En una época de crisis, el socialismo del gasto —el socialismo es sinónimo de gasto: la derecha crea riqueza y la izquierda la gasta o derrocha— conduce a la quiebra del Estado del bienestar. ¿Qué futuro tiene el socialismo cuando el Estado del bienestar —su buque insignia, dice— únicamente podrá subsistir gracias a unos recortes que van contra la filosofía socialista? ¿Qué futuro tiene el socialismo si, a la manera de la derecha liberal, acaba reduciendo —como sucede— el alcance del Estado del bienestar? ¿Qué futuro tiene el socialismo cuando la derecha liberal también apuesta —con un éxito razonable— por la defensa del Estado del bienestar?</p>
<p>Más allá de la relación del socialismo con el Estado del bienestar, todo apunta a la siguiente hipótesis: el socialismo ha perdido su razón de ser. Por cuatro razones: porque no tiene discurso propio; porque no tiene modelo que seguir; porque se reduce su espacio político; porque el sujeto socialista se desvanece. El socialismo no tiene discurso propio al fracasar la ideología redentora que lo convertía en una suerte de soteriología laica que prometía —una pesadilla, como sabemos— la felicidad en la Tierra. El socialismo no tiene modelo que seguir al quebrar el modelo sueco de Estado del bienestar que empobrecía a la población por exceso de carga tributaria, dificultaba el crecimiento y favorecía el clientelismo. El socialismo ve reducido su espacio político porque la bancarrota del proyecto se traduce automáticamente en la reducción del campo de juego simbólico y político. El socialismo se queda sin sujeto porque la clase trabajadora —¿qué es hoy la clase trabajadora?— se ha aburguesado y pretende instalarse lo más cómodamente posible en la prosperitycapitalista. Sin discurso, ni modelo, ni espacio ni sujeto; sin ideas propias ni proyecto autónomo; abrazado cínicamente al liberalismo cuando le conviene, el socialismo se queda sin causa.</p>
<p>Socialismo sin causa, decía. Pero sigue ahí. ¿Dónde está el secreto? El socialismo de nuestros días se ha convertido en una preferencia cultural. En la práctica, en un reclamo comercial/electoral. A la manera de la ropa deportiva, los relojes o los yogures, el socialismo se ha transformado en una marca —paz, talante, diálogo, memoria histórica, discriminación positiva, matrimonio homosexual, interrupción del embarazo o laicismo integrista— que busca compradores/votantes en el mercado político. En un mundo fascinado por las marcas, el socialismo —que se publicita a sí mismo como sinónimo de buen tono y toque de distinción positivo: sigue el yudo moral de la izquierda— encuentra su público. Pero, más allá de la marca, está un artefacto obsoleto que podría tener su fecha de caducidad. Habrá que mirar la etiqueta.</p>
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		<title>Marx, Martí y la Cuba del siglo XXI</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Oct 2011 19:31:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[América Latina y Caribe]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Marxismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Rojas</strong>, historiador cubano (EL PAÍS, 05/10/11):</p>
<p>En la segunda década del siglo XXI, la sociedad cubana, cada vez más globalizada y heterogénea, sigue estando regida por una Constitución que en sus artículos 5º y 39º establece, como ideología de Estado, el marxismo-leninismo y el &#8220;ideario martiano&#8221;. Un país cuyo orden social se vuelve cada vez más multicultural, como cualquiera del planeta, es gobernado desde las premisas ideológicas del republicanismo decimonónico de José Martí y del marxismo-leninismo más ortodoxo que conoció el siglo XX: aquel que se armó doctrinalmente durante la Unión Soviética de Stalin y que colapsó, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37356/marx-marti-y-la-cuba-del-siglo-xxi/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Rojas</strong>, historiador cubano (EL PAÍS, 05/10/11):</p>
<p>En la segunda década del siglo XXI, la sociedad cubana, cada vez más globalizada y heterogénea, sigue estando regida por una Constitución que en sus artículos 5º y 39º establece, como ideología de Estado, el marxismo-leninismo y el &#8220;ideario martiano&#8221;. Un país cuyo orden social se vuelve cada vez más multicultural, como cualquiera del planeta, es gobernado desde las premisas ideológicas del republicanismo decimonónico de José Martí y del marxismo-leninismo más ortodoxo que conoció el siglo XX: aquel que se armó doctrinalmente durante la Unión Soviética de Stalin y que colapsó, en la teoría y en la práctica, desde 1989.</p>
<p>Muy pocos países del mundo establecen en sus cartas magnas el principio constitucional de una ideología de Estado. De hecho, fuera de las teocracias islámicas, los únicos que lo hacen son los cinco países comunistas que quedan en el planeta: China, Corea del Norte, Vietnam, Laos y Cuba.</p>
<p>En China, por ejemplo, el Partido Comunista asume como ideología oficial, rectora de la educación y la cultura, el pensamiento marxista-leninista-maoísta, el cual presupone que lo que Mao aportó a dicha doctrina &#8220;sintetiza&#8221;, a su vez, tradiciones filosóficas, religiosas, políticas y jurídicas nacionales y milenarias, que se remontan a las <em>Analectas</em> de Confucio y el <em>Tao Te Ching</em> de Lao Tsé.</p>
<p>En el país gobernado por el principal aliado de Fidel y Raúl Castro, Venezuela, por ejemplo, no existe el principio constitucional de una ideología de Estado. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, de 1999, vindica en su preámbulo el &#8220;ejemplo histórico de nuestro Libertador, Simón Bolívar, y el heroísmo y sacrificios de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana&#8221;, pero en sus artículos 99 y 109 reconoce la &#8220;autonomía de la administración cultural&#8221; y la &#8220;autonomía universitaria&#8221;, con lo cual queda constitucionalmente cancelada la posibilidad de una ideología de Estado que rija la vida intelectual y educativa.</p>
<p>La crítica de ese principio, típicamente totalitario, no debería concentrarse en las limitaciones que, como en cualquier otro pensador de los dos últimos siglos, podrían encontrarse en la obra de Marx o de Martí. A estas alturas del desarrollo de las ciencias sociales pocos ponen en duda que sin Marx es difícil comprender cómo funciona el capitalismo moderno o que sin sus brillantes diatribas es casi imposible articular una crítica seria a dicho sistema económico. Las virtudes de José Martí como político y como organizador de laúltima guerra de independencia de Cuba o su talento literario, en poesía y en prosa, como renovador de la literatura modernista hispanoamericana, también están fuera de dudas.</p>
<p>La relación, sin embargo, entre las ideas políticas de Karl Marx y José Martí es, cuando menos, problemática, si se quiere traducir en una mezcla doctrinal trasmisible a la ciudadanía por medio de la educación y la cultura. Como muchos liberales y positivistas de su época, Marx tuvo ideas prejuiciadas sobre las repúblicas hispanoamericanas y sobre su resistencia a la hegemonía regional de Estados Unidos, tema central en la obra de Martí. Este último, por su parte, dejó escritas sus diferencias con el socialismo europeo de su época cuando suscribió la profecía de Herbert Spencer de que el mismo se convertiría en una &#8220;futura esclavitud&#8221;, en la que el &#8220;hombre, de ser siervo de sí mismo, pasaría a ser siervo del Estado&#8221;, o cuando en su nota a la muerte de Marx para <em>La Nación</em> de Buenos Aires señaló que &#8220;aunque Marx merecía honor&#8221;, porque &#8220;se puso del lado de los débiles&#8221;, &#8220;no enseñó remedio blanco al daño&#8221; y se dio a la tarea de &#8220;echar a los hombres sobre los hombres&#8221;.</p>
<p>Durante el último siglo, algunos de los mejores marxistas cubanos (Diego Vicente Tejera, Julio Antonio Mella, Juan Marinello, Mirta Aguirre, Antonio Martínez Bello, Pedro Pablo Rodríguez, Fernando Martínez Heredia&#8230;) han intentado sobrellevar las contradicciones ideológicas entre Marx y Martí. Pero ese esfuerzo de mixtura no ha pasado de una solución compensatoria, en la que se toma del primero su crítica del capitalismo y su apuesta por la lucha de clases, y del segundo, su defensa de la soberanía nacional cubana y sus objeciones al expansionismo norteamericano. La síntesis no pasa de una mecánica compensación porque no hay manera de extraer un nacionalismo descolonizador de la obra de Marx, así como no hay forma de encontrar la idea del partido único o de la dictadura del proletariado en Martí.</p>
<p>Tan curioso es que esta síntesis imposible de Marx y Martí haya producido una vastísima literatura política de pésima calidad y escaso rigor, en las instituciones culturales de la isla, como que la misma pase de largo sobre el punto de posible convergencia entre el alemán y el cubano. Me refiero a lo que, desde distintas cosmovisiones, compartieron el comunismo y el republicanismo del siglo XIX, esto es, una idea homogénea de la comunidad en la que el ciudadano no posee más identidad que la que le asegura la igualdad de derechos. Marx imaginó una sociedad sin diferencias de clases, compuesta por individuos libres y asociados; Martí, una república con &#8220;todos y para el bien de todos&#8221;, en la que la condición de ciudadano no estaría determinada por identidades raciales, religiosas o sociales, sino por la dotación universal de derechos.</p>
<p>Marx y Martí fueron animales públicos de la modernidad, que defendieron la libertad de expresión y asociación, la abolición de la esclavitud, la igualdad social y la separación de la Iglesia y el Estado. En esa vocación moderna, uno y otro siguen siendo contemporáneos imprescindibles. Pero en la proyección de ciudadanías homogéneas, ambos parecen afincarse en un tiempo ajeno al de las comunidades multiculturales del siglo XXI.</p>
<p>Una sociedad como la cubana, cada vez más estratificada desde el punto de vista económico, regional o social, y cada vez más envuelta en la afirmación de alteridades raciales, generacionales, religiosas, sexuales, genéricas y migratorias, encuentra pocas respuestas en el pensamiento de un comunista europeo o un republicano caribeño del siglo XIX. Fernando Ortiz y su teoría de la transculturación tendrían más que decir a la Cuba del siglo XXI y a nadie se le ocurre agregarlos al artículo 39º de la Constitución.</p>
<p>Lo objetable, por tanto, no es ese desencuentro histórico, sino el principio constitucional que garantiza que algunos pensadores y sus obras integren una ideología de Estado. Si mañana el Gobierno cubano rompiera definitivamente con la tradición soviética y redefiniera su marxismo, acercándose a cualquiera de las muchas corrientes críticas del mismo producidas en Europa o América en el último medio siglo, tal vez tendría mayores posibilidades de dialogar con la heterogeneidad que se reproduce en la isla, pero nunca podría asegurar que la complejidad social no lo rebase en la práctica diaria. Por algo Cuba, símbolo según algunos del &#8220;socialismo del siglo XXI&#8221;, está al margen del debate constitucional sobre multiculturalismo, plurinacionalidad y democracia que tiene lugar en la izquierda latinoamericana actual.</p>
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		<title>Los retos de Rubalcaba</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Sep 2011 08:28:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aspectos Generales]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ignacio Muro Benayas</strong>, economista y profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III. Es autor de <em>Esta no es mi empresa</em> (EL PAÍS, 23/09/11):</p>
<p>La ausencia de debates sobre la democratización del sistema productivo ha sido un rasgo común a la izquierda socialdemócrata de las últimas décadas. Lo paradójico es que esa carencia ha coincidido con el asalto de los <em>lobbies</em> financieros a las más diversas instituciones, nacionales e internacionales. El Estado de bienestar parecía ser la estación Termini<em>,</em> el programa máximo de la izquierda, mientras sus ideas económicas quedaban congeladas en el keynesianismo.</p>
<p>La reclamación de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38618/los-retos-de-rubalcaba/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ignacio Muro Benayas</strong>, economista y profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III. Es autor de <em>Esta no es mi empresa</em> (EL PAÍS, 23/09/11):</p>
<p>La ausencia de debates sobre la democratización del sistema productivo ha sido un rasgo común a la izquierda socialdemócrata de las últimas décadas. Lo paradójico es que esa carencia ha coincidido con el asalto de los <em>lobbies</em> financieros a las más diversas instituciones, nacionales e internacionales. El Estado de bienestar parecía ser la estación Termini<em>,</em> el programa máximo de la izquierda, mientras sus ideas económicas quedaban congeladas en el keynesianismo.</p>
<p>La reclamación de &#8220;democracia real ya&#8221; desde el Movimiento 15-M bebe en esa carencia, en lo poco que se ha pensado y combatido el desarrollo de un capitalismo impaciente que, simultáneamente, inhabilita la democracia y fagocita la economía productiva.</p>
<p>La ausencia de alternativas a la crisis facilita el auge del populismo ultraderechista. Pero esa conexión también funciona al revés: el apoyo financiero y mediático con el que cuenta el Tea Party en Estados Unidos muestra que es el ariete elegido por <em>lobbies</em> muy poderosos para frenar cualquier intento regulador de las finanzas globales. Sus ataques al Estado &#8220;confiscador&#8221;<em>,</em> la defensa de la libertad personal, el rechazo de lo público y de cualquier lógica distributiva o los discursos xenófobos, se convierten en la mejor línea de defensa del poder corporativo conseguido en las últimas décadas. Esos recursos dialécticos, mezcla de primitivismo rural e integrismo moral, que refuerzan los perfiles más duros y extremos, encajan a la perfección con la voluntad de derechizar<em> </em>el centro de gravedad social.</p>
<p>En Europa, el clima político y el ascenso de la extrema derecha, todavía en países no centrales, empieza a recordar a los años treinta, claramente prefascistas. Con una diferencia: al contrario que en aquella década, no es <em>el miedo a la izquierda,</em> sino su ausencia la que facilita su avance. En todos los sitios, ese avance tiene una doble consecuencia: impedir que las fuerzas progresistas tomen oxígeno y empujar a la derecha moderada hacia posiciones intransigentes. Son fuerzas convencidas de que pueden asestar un golpe definitivo a la izquierda debilitada y al mundo del trabajo y, por ello, no colaboran en la recuperación de los consensos tradicionales que identifican con una capitulación<em>.</em> Su postura y la de los <em>lobbies</em> e institutos que les apoyan no es, en absoluto, irracional, cuenta con las ventajas que les enseña la teoría de los juegos en la lucha política: los grupos irracionalmente dispuestos a coquetear con el abismo, si no logran sus objetivos, suelen prevalecer sobre los más racionales, predispuestos al consenso.</p>
<p>Esa situación y la complejidad de la crisis económico-financiera plantea una disyuntiva estratégica a la izquierda: de un lado, es imprescindible diferenciarse en cada país de las políticas tibias para construir alternativas fiscales, sociales y democráticas diferenciadas que no tengan miedo en denunciar, con un lenguaje claro y directo, cómo operan los grandes intereses especulativos y corporativos. De otro, precisa converger con amplias fuerzas reformistas de muchos países y variadas ideologías, para construir una gobernanza global que impulse el sistema productivo contra las tendencias disolventes del capital financiero.</p>
<p>La tensión entre lo uno y lo otro, definir los perfiles propios y articular nuevos y amplios consensos, es hoy la contradicción principal en la lucha política y un asunto de plena actualidad en el mundo.</p>
<p>En primer lugar, en Estados Unidos, donde la política de unidad nacional que defiende Obama está siendo criticada por los liberales de izquierda americanos (90 congresistas demócratas votaron contra el acuerdo sobre la deuda<em>)</em> porque diluye su perfil y sus soluciones en beneficio de una permanente ilusión de consenso con los conservadores fagocitados por el Tea Party. Las continuas concesiones a que conduce esa política desafecta a sus seguidores, mientras fracasa en su intento inútil de atraer a parte de las fuerzas conservadoras a un nuevo consenso nacional.</p>
<p>La batalla política se está jugando en el terreno de las clases medias occidentales, asfixiadas y angustiadas por la lógica implacable de esta globalización que no parece ofrecer otra cosa que la precarización de la vida de sus hijos. Allí surge el movimiento reformador del 15-M y a ellas se dirige tanto el sálvese quien pueda neoliberal como el populismo de la extrema derecha. Son las capas medias urbanas de este mundo, profesionales sobrecualificados sin posibilidad de empleo, los que sufren y se movilizan en uno u otro sentido. Son esos ciudadanos los que sienten su futuro comprometido por la dualidad del capitalismo financiero en el que cada vez más recursos aspiran a plusvalías del 20 % en una sola operación, mientras faltan recursos para las empresas que generan empleo, que necesitan todo un año de duro trabajo para aspirar siquiera a una cuarta parte de esa rentabilidad.</p>
<p>Para la izquierda es el momento de definir con claridad los perfiles propios, de armarse con todos los argumentos posibles, para, desde ellos, abordar los nuevos consensos. En ausencia de alternativas, debe atreverse a explicar con honradez algunos <em>síes,</em> pero, sobre todo, debe aprender a decir <em>no,</em> a alejarse de aquellos consensos que validen un capitalismo regresivo incapaz de impulsar ni la gobernanza global ni el buen gobierno empresarial. Lo que el mundo necesita para sobrevivir es un verdadero programa de democratización del aparato productivo y financiero.</p>
<p>En esa pinza, entre <em>síes</em> prematuros y <em>noes</em> sin estrenar, entre los restos del funcionalismo reformista del ensoberbecido Felipe González y los del reformismo laico de los derechos civiles del malogrado Zapatero, ambos demasiado sometidos al discurso económico dominante, es donde se mueve hoy Rubalcaba.Los que confiaban exclusivamente en su habilidad política como factor de recuperación electoral, sufrían de iluminismo.</p>
<p>Hace bien el candidato en perfilar sus políticas mientras anticipa algunas líneas rojas que no traspasará ante peticiones de consenso sobre sanidad, fiscalidad o enseñanza; haría mejor si acelerara su distanciamiento de sus etapas de gobernante y reconociera con sencillez errores y faltas. La ciudadanía está ávida de sinceridad y cansada de palabrería. Desde la sobriedad y la recuperación del ser consecuente, la travesía del desierto puede ser más corta de lo que algunos piensan. Ojalá sea así por el bien de todos.</p>
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		<title>¿Prohibimos o toleramos?</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Aug 2011 18:28:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad de expresión]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Aurelio Arteta</strong>, catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad del País Vasco (EL PAÍS, 29/08/11):</p>
<p>Tras la feroz matanza de Noruega, la pregunta brota inevitable: ¿debemos permitir o prohibir la difusión de las ideologías que alientan conductas criminales como esta? Ya es un paso adelante caer en la cuenta de que las ideas suscitan o modelan nuestras emociones y deseos y, por tanto, guían nuestra conducta. Porque se sigue diciendo como si tal cosa que cada cual piense como quiera, y eso solo puede proclamarse si se supone erróneamente que nada de lo que el otro &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36740/prohibimos-o-toleramos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Aurelio Arteta</strong>, catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad del País Vasco (EL PAÍS, 29/08/11):</p>
<p>Tras la feroz matanza de Noruega, la pregunta brota inevitable: ¿debemos permitir o prohibir la difusión de las ideologías que alientan conductas criminales como esta? Ya es un paso adelante caer en la cuenta de que las ideas suscitan o modelan nuestras emociones y deseos y, por tanto, guían nuestra conducta. Porque se sigue diciendo como si tal cosa que cada cual piense como quiera, y eso solo puede proclamarse si se supone erróneamente que nada de lo que el otro haga tendrá que ver con lo que piensa o que no afectará a nuestros derechos. Es otra variante tonta del tópico de que una cosa es la teoría y otra la práctica. La observación más común se encarga a cada instante de desmentir ambos supuestos, pero ni aun así nos aprestamos a revisar las ideas que nos parecen nefastas. Pues entonces tropezaríamos con un nuevo prejuicio, el nihilismo arraigado en la mentalidad ambiental: que nadie puede arrogarse juzgar el pensamiento de nadie ni coartar su libertad de expresión, porque todos los códigos morales son relativos a las respetables creencias de sus sujetos&#8230;</p>
<p>Dejemos en paz esas ideas, como las científicas o las referidas a gustos culinarios, que ni orientan nuestra existencia ni suelen enfrentarnos a muerte al prójimo. Pero adviértase que las otras ideas, las morales y políticas, no son repudiables tan solo cuando incitan al asesinato. Son malas también si justifican la explotación laboral o sexual, los abusos de poder, los tribalismos identitarios, el conformismo frente a la injusticia&#8230;, tantas cosas cuya lista sería interminable. Ya es hora de abandonar ese perezoso simplismo de que lo único malo en la vida pública es la violencia y que todo lo demás debe ser permitido. &#8220;Sin violencia todas las concepciones son legítimas&#8221;, se ha repetido a coro en nuestro país ante el terrorismo. Pues no: aunque él mismo no hubiera disparado un solo tiro en su vida, la concepción política del señor Breivic desbordaría ilegitimidad por todos lados.</p>
<p>Es decir, solo comprendemos la maldad de ciertas ideologías cuando palpamos, <em>a posteriori,</em> sus efectos más virulentos y sanguinarios. Solo entonces empezamos a asustarnos, nunca antes. Al parecer no importa ni el veneno previo que han ido inoculando en la sociedad en sus sectores más sensibles, ni el desarme intelectual y moral que traen consigo. Y estos últimos son estragos incluso peores que los crímenes, no solo por ser mucho más extensos y ordinarios, sino también porque pasan sin réplica y acaban propiciando aquellos mismos crímenes.</p>
<p>La atmósfera prenazi (y pronazi) se formó gracias a la difusión de su ideología y al conformismo de esos pasivos &#8220;espectadores&#8221; que fueron los alemanes en su mayor parte. Las mentes más lúcidas de aquel momento han reconocido que desdeñaron a Hitler, ni siquiera se tomaron la molestia de leer <em>Mein Kampf</em> y, en consecuencia, no sabían después hacer frente al ideario nacionalsocialista.</p>
<p>La atmósfera <em>abertzale</em> vasca se ha gestado durante 50 años de siembra sistemática de dogmas etnicistas, de tergiversación de la Historia, de sumisión por parte de una izquierda confusa&#8230; y de silencio. Todo se callaba, salvo (y eso ya en épocas tardías) el atentado mortal; solo se condenaban los medios brutales, mientras los fines y sus dogmas básicos permanecían intocables. La mayoría aún no ha entendido que el mal causado en esa sociedad por ETA no acababa en sus asesinatos ni acabará con la desaparición de la banda. ¿O es que no lo estamos viendo en sus últimos herederos?</p>
<p>Podremos dudar entre tolerar y prohibir la exhibición pública de ideas tóxicas. Lo que no podemos es aplaudirlas ni desentendernos de ellas; pero entre nosotros han sobrado aplausos y prudencias harto interesadas. En casos extremos no cabe descartar la prohibición de una doctrina, programa o agrupación políticas que vomitan abiertamente contra los valores democráticos primarios y, por tanto, contra la libertad e igualdad de los ciudadanos o de un grupo particular de estos.</p>
<p>Ni el derecho a la vida es el único del catálogo ni el &#8220;prohibido prohibir&#8221; deja de ser un lema tan enfermizo como incoherente. Nada más estúpido que invocar el pluralismo para permitir decálogos o partidos que pregonan sin tapujos su intención de acabar con ese pluralismo. El pluralismo no tiene por qué acoger todo lo plural, por lo mismo que no todas las diferencias son valiosas. De manera que será un hipócrita quien se rasgue las vestiduras ante la menor sugerencia de censura en esta materia&#8230;, al tiempo que se despreocupa de la calidad de la conciencia ciudadana. Habrá que proponerse más bien reforzar esta conciencia si la queremos capaz de defenderse de aquellas soflamas.</p>
<p>Mientras no se traspasen esos límites de lo intolerable -del respeto de los derechos-, en cambio, lo habitual será la tolerancia hacia lo que nos molesta e incluso desafía. Ahora bien, tolerar no es solo reconocer el derecho de los otros a profesar una creencia o mantener una conducta contrarias a las comunes. Sería un dudoso tolerante, próximo a la mera indiferencia, quien por principio renunciara a mostrar su desacuerdo con el otro y, llegado el caso, a invitarle a discutir las discrepancias. Y es que el desacuerdo entre las gentes, claro está, exige mucho más que si entre ellas reinara la unanimidad.</p>
<p>El derecho del otro a ser tolerado demanda un deber <em>legal</em> de tolerar, pero no menos la obligación <em>moral</em> de afinar nuestro juicio acerca de lo que toleramos y por qué. Tampoco puede uno contentarse con reclamar el derecho a la libertad de expresión como este no venga con el deber de apoyar en argumentos las opiniones que expresa, al menos en lo que atañe a nuestra vida común. Nadie deberá pedirme cuentas de mis comentarios deportivos, pero cualquiera tiene derecho a exigirme responsabilidad por mis juicios políticos.</p>
<p>¿Me dejarán una coda final? De poco sirve que unos profesores exquisitos tengamos a John Rawls como pensador de cabecera, mientras no transmitamos su enseñanza a la opinión pública. Para este pensador, si en una sociedad se cultivaran ciertas doctrinas incompatibles con el ideal democrático, tarea de la razón pública sería &#8220;impedir que obtengan la suficiente difusión&#8221; como para comprometer la justicia política básica.</p>
<p>Y a todo esto, ¿qué responden nuestra escuela y universidad? Pues verá usted: casi nada la primera y todavía menos la segunda. Una Ética escolar que se propone la vaguedad de &#8220;educar en valores&#8221; y de hacerlo al modo de una &#8220;asignatura transversal&#8221;, como si careciera de contenido propio, acepta de antemano el sambenito de <em>maría.</em> Aquella Educación para la Ciudadanía ya salió malparada de su batalla con los obispos, que no admiten otro adoctrinamiento que el suyo. Y en las aulas universitarias, la teoría de la democracia y materias afines se enseñan hoy a todo lo más en un par de asignaturas y facultades: para la mer-cantilización del conocimiento que busca el proceso de Bolonia ya es demasiado.</p>
<p>Al paso que vamos, los Breivic del futuro tal vez ya no necesiten perseguir a tiros a estudiantes, porque sus ideologías no hallarán muchos estudiantes que sepan resistirlas.</p>
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		<title>Unshackle Iran’s main opposition</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Aug 2011 21:53:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Próximo-Medio Oriente]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Irán]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Gen. Henry H. Shelton</strong>, the former chairman of the Joint Chiefs of Staff (THE WASHINGTON TIMES, 25/08/11):</p>
<p>With <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/islamic-republic-of-iran/">Iran</a> reportedly making progress on its nuclear program, Secretary of State <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/hillary-rodham-clinton/">Hillary Rodham Clinton</a> has an opportunity to recognize an Iranian opposition group that is dedicated to democratic reform; has a secular, pro-Western outlook, and is most feared by the Iranian rulers. There’s only one catch: She must first remove the group from the U.S. list of Foreign Terrorist Organizations (FTO).</p>
<p>Removing any group from the FTO list is never easy, as doing so inevitably runs the risk of being &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36630/unshackle-iran%e2%80%99s-main-opposition/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Gen. Henry H. Shelton</strong>, the former chairman of the Joint Chiefs of Staff (THE WASHINGTON TIMES, 25/08/11):</p>
<p>With <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/islamic-republic-of-iran/">Iran</a> reportedly making progress on its nuclear program, Secretary of State <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/hillary-rodham-clinton/">Hillary Rodham Clinton</a> has an opportunity to recognize an Iranian opposition group that is dedicated to democratic reform; has a secular, pro-Western outlook, and is most feared by the Iranian rulers. There’s only one catch: She must first remove the group from the U.S. list of Foreign Terrorist Organizations (FTO).</p>
<p>Removing any group from the FTO list is never easy, as doing so inevitably runs the risk of being seen as soft on terrorism. But, if ever there were a case for so acting, it is with regard to a group known as the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">Mujahedin-e Khalq</a> (MEK).</p>
<p>Indeed, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> should never have been designated as an FTO in the first place. An ardent opponent of the mullahs who run <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/islamic-republic-of-iran/">Iran</a>, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> was put on the U.S. list in 1997 as a gesture to Tehran at a time when U.S-Iranian relations seemed to be thawing.</p>
<p>The group had engaged in armed resistance first to the shah and later against the mullahs as a last resort because both regimes had eliminated the last vestiges of peaceful political activity. As a result, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/politics-of-iran/">Iranian government</a> has jailed, tortured and executed tens of thousands <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> members. Many of its members, mostly former political prisoners, have fled <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/islamic-republic-of-iran/">Iran</a> since the 1980s, with several thousand settling in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/camp-ashraf/">Camp Ashraf</a> in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/iraq/">Iraq</a>.</p>
<p>At the end of the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/iraq/">Iraq</a> war, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> disarmed under the supervision of the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/united-states-army/">U.S. Army</a> and renounced violence. It has embraced its own bill of rights that calls for a free and democratic <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/islamic-republic-of-iran/">Iran</a>. The <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> has endorsed the emancipation of women, the separation of government and religion in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/islamic-republic-of-iran/">Iran</a>, the ability of Iranians to worship as they choose, and adherence to internationally recognized human rights. In light of these actions, <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> members in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/camp-ashraf/">Camp Ashraf</a> were deemed “protected persons” under the Fourth Geneva Convention and were to be shielded by the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/us-military/">U.S. military</a>.</p>
<p>Other governments have recognized that the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> is not a terrorist group. In 2008 and 2009, respectively, <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/britain/">Britain</a> and the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">European Union</a> removed the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> from their lists. Some 90 members of <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/congress/">Congress</a> have called for the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> to be removed from the U.S. list, and the bipartisan support is growing.</p>
<p>In addition to myself, former national security officials from the Obama, Bush and <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/hillary-rodham-clinton/">Clinton</a> administrations have joined this call, including John R. Bolton (U.N. ambassador), Andrew Card (White House chief of staff), Gen. Wesley Clark, Louis J. Freeh (FBI director), Gen. James L. Jones (national security adviser), Gen. Richard Myers and Gen. Peter Pace (chairmen, Joint Chiefs of Staff), Gen. James T. Conway (commandant of the Marine Corps), Michael B. Mukasey (attorney general), Tom Ridge (Homeland Security secretary), Howard Dean (Vermont governor), Bill Richardson (New Mexico governor), and Togo D. West Jr. (Secretary of the Army), to name just a few</p>
<p>Despite these developments and the fact that a nonviolent, disarmed group cannot as a matter of law be an FTO (the use of violence is the fundamental criterion for such a designation), the State Department so far has delayed the delisting of the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a>. A federal appeals court in July 2010 ordered the department to reconsider its position. All deadlines have come and gone.</p>
<p>This inaction has had tragic consequences. On April 8, thousands of Iraqi troops, backed by Humvees and armored personnel carriers, invaded <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/camp-ashraf/">Camp Ashraf</a> and killed 36 residents and wounded hundreds more, all <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> members. The United States failed to safeguard <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/camp-ashraf/">Ashraf</a> despite its pledge to do so. The unarmed residents had no means of resistance and they remain under threat.</p>
<p>Members of <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/congress/">Congress</a> attempted to investigate the attack but were turned away by the Iraqi government, which cited the U.S. terrorist designation as a reason to wall off the camp from U.S. lawmakers as well as to justify its violent treatment of the residents.</p>
<p>The FTO designation not only imperils the people of <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/camp-ashraf/">Ashraf</a>, but it also casts a shadow on a group that is working to advance the values the United States has long hoped to see in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/islamic-republic-of-iran/">Iran</a>. The <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> is not a terrorist group and it is time for the United States to join our partners in the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/european-union/">EU</a> and <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/britain/">Britain</a> and take the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> off the FTO list.</p>
<p>Any delay in delisting the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> runs the risk of undermining the values of our nation based on the rule of law. It sends the wrong signal to <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/islamic-republic-of-iran/">Iran</a>, the most active state exporter of terrorism, that it can continue to use its proxies to eliminate its opponents and evade the consequences. The regime in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/islamic-republic-of-iran/">Iran</a> wants nothing less than eliminating the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a>, which it views as a threat. They desire to see the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/mujahedin-e-khalq/">MEK</a> members at <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/camp-ashraf/">Camp Ashraf</a> eliminated, thus killing the hope for change in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/islamic-republic-of-iran/">Iran</a>. As a great nation, we should not stand by and allow this to happen.</p>
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		<title>Europa como la izquierda (o viceversa)</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Aug 2011 20:43:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Moscoso del Prado Hernández</strong>, diputado al Congreso por el PSOE (EL PAÍS, 11/08/11):</p>
<p>La construcción de una Europa unida y el sueño socialdemócrata de una sociedad democrática, justa y próspera han sido los motores políticos de nuestros últimos 100 años. Ambas ideas atraviesan una profunda crisis aunque bastaría remontarse a dos décadas atrás para reconocer que incluso hoy, en el difícil verano de 2011, los principios y valores e incluso las realidades que han inspirado ambos sueños gozan de buena salud.</p>
<p>Esta crisis, sin embargo, no es de Europa o de la izquierda, sino una crisis económica &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36235/europa-como-la-izquierda-o-viceversa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Moscoso del Prado Hernández</strong>, diputado al Congreso por el PSOE (EL PAÍS, 11/08/11):</p>
<p>La construcción de una Europa unida y el sueño socialdemócrata de una sociedad democrática, justa y próspera han sido los motores políticos de nuestros últimos 100 años. Ambas ideas atraviesan una profunda crisis aunque bastaría remontarse a dos décadas atrás para reconocer que incluso hoy, en el difícil verano de 2011, los principios y valores e incluso las realidades que han inspirado ambos sueños gozan de buena salud.</p>
<p>Esta crisis, sin embargo, no es de Europa o de la izquierda, sino una crisis económica con profundas raíces financieras fundamentada en el modelo de crecimiento elegido políticamente por Occidente desde la última década del siglo XX. En esta crisis, la izquierda y Europa comparten un mismo factor, quizás un problema. La izquierda como Europa, o Europa como la izquierda, han necesitado siempre seguir un sueño para aglutinar la confianza e incluso el entusiasmo ciudadano imprescindibles para ser proyectos democráticamente ganadores, para poder triunfar en las elecciones con ellos.</p>
<p>Para la izquierda, para el proyecto socialdemócrata europeo en general, esta crisis ha surgido tras casi dos décadas de crecimiento y prosperidad desconocidas que, aunque tuvieran los pies de barro, generaron la sensación de que el sueño socialdemócrata estaba prácticamente alcanzado. En España lo supimos bien tras la consolidación de los pilares básicos de nuestro sistema de bienestar, en combinación con la conquista de libertades y derechos civiles casi inimaginables, la igualación de nuestra renta <em>per capita</em> con la comunitaria y el práctico pleno empleo. Hace solo tres años alcanzamos una situación en la que no resultaba triunfalista cantar misión cumplida. Hoy la situación económica ya no es aquella pero sí es la heredera política de esa euforia. La crisis ha marcado el fin del proceso dinámico de construcción de la sociedad de bienestar, el <em>leitmotiv</em> de la izquierda, y ha parado el movimiento.</p>
<p>Sin nuevos sueños que perseguir, la izquierda se siente abandonada por los ciudadanos, que parecen buscar otras fuentes de inspiración política. Quizás buscan otro tipo de gestión, porque de lo que se trata es de salir de la crisis y la izquierda no aporta soluciones más claras que las que provienen de otros ámbitos, aunque los países gobernados por la derecha no lo estén haciendo mejor.</p>
<p>Parte de la crisis de la izquierda es consecuencia de su propio éxito, porque ha logrado convertir en elementos estructurales de nuestra sociedad objetivos que hace pocas décadas eran simples sueños. Como reconoce Tony Judt en <em>Algo va mal,</em> de una forma u otra la socialdemocracia es la prosa de la política europea contemporánea. Hay muy pocos políticos europeos que no estén de acuerdo con elnúcleo de supuestos socialdemócratas. Sin embargo, añade, mientras la falta de idealismo y de una narrativa apuntalada en la historia socava a la izquierda, en el contexto actual el argumento de la derecha a favor de &#8220;conservar&#8221; es tan viable como siempre.</p>
<p>La derecha sobrevive bien en un contexto en el que la política se reduce a una forma de contabilidad social, de administración cotidiana. Es la política del interés, buena para la derecha pero catastrófica para la izquierda, sostiene Judt.</p>
<p>La izquierda se enfrenta hoy al reto de ser capaz de demostrar que no solo es la mejor construyendo, sino también manteniendo las conquistas, aportando otras sensaciones y afrontando con determinación los nuevos retos. Si no lo hace corre el riesgo de que el principal enemigo de la socialdemocracia, la desafección de las clases medias con el Estado de bienestar, acabe con los partidos que lo crearon. Y es que, como sostiene también Judt, hay mucho que defender y conservar también desde la izquierda.</p>
<p>Con todo, aunque lo pretenda, no es verosímil que la derecha asuma ese papel, aun reconociendo su transformación y que sus políticas -como la privatización de servicios públicos- tardan en ser contempladas por los ciudadanos como medidas contrarias a la igualdad de oportunidades o subsidiarias de intereses corporativos y seculares.</p>
<p>El ajuste que la economía española y europea necesita es profundo y sus efectos van a ser duros. Y hay que hacerlo desde valores progresistas.</p>
<p>Alfredo Pérez Rubalcaba ha dicho que si los mercados camparon por sus respetos es porque alguien desde la política decidió que camparan, y lo que se decidió desde la política se corrige desde la política. Y desde la izquierda, añadiría yo.</p>
<p>Y es que también, con el permiso de Judt, hay nuevos sueños que como siempre nos corresponderá identificar a los progresistas. Queda tanto por hacer.</p>
<p>Hasta esta crisis Europa había progresado aferrada a etapas de integración que exigían avanzar paso a paso ascendiendo por una escala que parecía no tener fin. Así sucedió con el mercado común, con fases, calendarios y objetivos que en ocasiones parecían lejanos e inalcanzables. Y así fue también con el euro, un apasionante proceso de convergencia cronometrado con precisión. Esta cronoescalada en lo económico se complementaba con un proceso similar en lo político, la ampliación, marcada por la misma lógica vertiginosa del avance palpable en el tiempo. Pero todo ello pasó, superado con éxito, y en la agenda para Europa ya no queda ningún hito que nos haga soñar a plazo.</p>
<p>Hemos necesitado 10 años para lograr un nuevo Tratado, el de Lisboa, un texto que ha sustituido los calendarios y los procesos reglados y tasados en el tiempo por un conjunto de herramientas políticas sin plazos a término fijo que solo exigen una cosa: liderazgo.</p>
<p>Y en este aspecto es en el que sin duda hemos fallado porque, por ejemplo, en política exterior, nadie duda de que con otros al mando hoy el papel de la Unión no sería el mismo. El mismo liderazgo que se echa en falta a la hora de tomar decisiones europeas frente a la crisis, las únicas posibles, cuando se intenta retroceder en ámbitos tan fundamentales y simbólicos como la libre circulación de personas -Schengen-, o cuando se ponen en cuestión los derechos más fundamentales como ocurrió con los gitanos rumanos en Francia.</p>
<p>Europa sigue siendo la región más próspera y cohesionada del mundo, la única que puede hacer gala de un modelo social propio, elementos imprescindibles aunque no suficientes, para seguir siendo la más dinámica y con una voz clara y única en el mundo.</p>
<p>Así que Europa y la izquierda deben aprender a convivir en un nuevo marco, el de la consecución de muchos de los sueños del siglo XX y el de la necesidad de buscar nuevos liderazgos que se impongan a los intereses domésticos y populistas anclados en ese temor y desconfianza que alimenta a los conservadores.</p>
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		<title>A Blogosphere of Bigots</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Jul 2011 10:06:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Noruega]]></category>
		<category><![CDATA[Racismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Jostein Gaarder</strong>, the author of <em>Sophie’s World</em> and many other books and <strong>Thomas Hylland Eriksen</strong>, a professor of social anthropology at the University of Oslo (THE NEW YORK TIMES, 29/07/11):</p>
<p>It is tempting to view Anders Behring Breivik, the self-described Christian crusader behind the <a title="Norway attacks" href="http://www.nytimes.com/2011/07/23/world/europe/23oslo.html">July 22 massacre</a> in Norway, as an isolated case of pure evil. Yet history has taught us that such acts of violence rarely occur independent of their social and cultural surroundings. The assassination of Sweden’s prime minister, Olof Palme, on a Stockholm street in 1986, like the <a title="Giffords shooting" href="http://www.nytimes.com/2011/01/09/us/politics/09giffords.html">January shooting of Representative Gabrielle Giffords</a>&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35849/a-blogosphere-of-bigots/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Jostein Gaarder</strong>, the author of <em>Sophie’s World</em> and many other books and <strong>Thomas Hylland Eriksen</strong>, a professor of social anthropology at the University of Oslo (THE NEW YORK TIMES, 29/07/11):</p>
<p>It is tempting to view Anders Behring Breivik, the self-described Christian crusader behind the <a title="Norway attacks" href="http://www.nytimes.com/2011/07/23/world/europe/23oslo.html">July 22 massacre</a> in Norway, as an isolated case of pure evil. Yet history has taught us that such acts of violence rarely occur independent of their social and cultural surroundings. The assassination of Sweden’s prime minister, Olof Palme, on a Stockholm street in 1986, like the <a title="Giffords shooting" href="http://www.nytimes.com/2011/01/09/us/politics/09giffords.html">January shooting of Representative Gabrielle Giffords</a> outside a shopping mall in Arizona, took place at a time when caustic antigovernment rhetoric was widespread.</p>
<p>Mr. Breivik managed to commit two terrorist attacks in a single afternoon. But the hatred and contempt from which he drew his deranged determination were shared with many others throughout the international right-wing blogosphere.</p>
<p>The racism and bigotry that have simmered for years on anti-Islamic and anti-immigration Web sites in Norway and other European countries and in the United States made it possible for him to believe he was acting on behalf of a community that would thank him. As John Donne famously put it, “No man is an island &#8230; every man is a piece of the continent, a part of the main.”</p>
<p><a title="Norwegian police underestimate right-wing threat" href="http://www.foreignaffairs.com/articles/67999/oyvind-strommen/violent-counter-jihadism">Norway’s security police had estimated that only a small number</a> of Norwegians belonged to domestic right-wing extremist groups in 2010 and that they did not pose a security threat — an estimate that clearly has turned out to be erroneous. There may be only a few known members of ragged and powerless white-power groups, but the thousands of right-wing extremists who don’t belong to recognized groups are harder to pin down.</p>
<p>The global Islamophobic blogosphere consists of loosely connected networks of people — including students, civil servants, capitalists, and neo-Nazis. Many do not even see themselves as “right-wing,” but as defenders of enlightened values, including feminism.</p>
<p>The Islamophobes of Norway have no manifesto, but they share three fundamental views: that Norway is in the hands of a treacherous, spineless, politically correct elite that has betrayed the pure spirit of Norwegian culture by permitting demographic contamination; that Muslims will never be truly integrated (even if they pretend to be); and that there is a Muslim conspiracy to gain political dominance across Europe.</p>
<p>Hatred of Muslims and resentment of the left — one of us has repeatedly received resentful diatribes against the “multiculturalist elite,” and was mentioned in Mr. Breivik’s own writings — is not confined to Norway. Mr. Breivik has praised <a title="Gates of Vienna" href="http://gatesofvienna.blogspot.com/">Gates of Vienna</a>, a Web site that compares contemporary Europe to long-ago wars with the Ottomans. He has praised writers like Bruce Bawer, the American author of “While Europe Slept: How Radical Islam is Destroying the West from Within,” and Bat Ye’Or, the pseudonym for the British author of the conspiratorial “Eurabia: The Euro-Arab Axis.” He is an enthusiastic reader of the <a title="Geller blog" href="http://atlasshrugs2000.typepad.com/">virulently anti-Islamic blog</a> of Pamela Geller, an American who leads the group “Stop Islamization of America” and gained notoriety for her opposition to an Islamic center near ground zero in Manhattan.</p>
<p>Europe’s new right is, in other words, not neo-Nazi; it has swapped anti-Semitism for Islamophobia. After a hiatus of several hundred years, fear of Islam reemerged around 1989, as the Cold War was ending and Iranian mullahs issued a fatwa against the British writer Salman Rushdie. It gained popularity as increasing numbers of Muslims entered Europe as immigrants in the 1990s, and became widespread in the aftermath of 9/11. Traditional racism may actually be waning in several European countries, but hostility toward Islam and animosity toward Muslim immigrants and their children is on the rise.</p>
<p>Norwegian society is changing, and rapid immigration has no doubt led to tensions. In a country of under 5 million people, the number of immigrants and their children has doubled to over 550,000 in the last 15 years. Many of them are Poles and Swedes seeking work, and their presence is uncontroversial. Others have arrived as refugees and asylum-seekers from countries like Somalia, Iraq and Bosnia. And a substantial number have come to Norway to join relatives or spouses already in the country. About 200,000 — including more than 30,000 Pakistanis — have roots in Muslim countries.</p>
<p>Because of our healthy economy, fueled by North Sea oil, controversies over immigration tend to concern culture rather than economics. The perception that immigrants are patriarchal and insular has sparked controversies over everything from school excursions to swimming lessons to disrespect for female teachers. Yet many “new Norwegians” fully participate in society. Indeed, some of them were at work in the government buildings destroyed last week; others were taking part in the Utoya summer camp.</p>
<p>Conceding that a culturally diverse society raises knotty and complex social and political questions is one thing. It is quite another to state that a multicultural society is impossible, or that Islam is incompatible with democracy. Yet the blogosphere to which Mr. Breivik belonged took these views as a basic premise.</p>
<p>It is too early to tell if anything positive can emerge from this tragedy. In the upcoming elections, Norway’s Labor Party will likely receive many sympathy votes and the right could be adversely affected by its associations with Islamophobia. In the long run, the situation is less certain. In other Scandinavian countries, Social Democrats have been pushed to the right by anti-immigration parties. We hope that Norway’s longstanding consensus about immigration and integration policies will not be eroded.</p>
<p>Until last week, Norwegian authorities did not see the far right as a security threat. Mr. Breivik has now shown that those who claim to protect the next generation of Norwegians against Islamist extremism are, in fact, the greater menace.</p>
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		<title>La suerte del César y la suerte del Imperio</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jul 2011 16:50:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aspectos Generales]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[PSOE]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel García-Margallo y Marfil</strong>, eurodiputado del PP y vicepresidente de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo (EL PAÍS, 19/07/11):</p>
<p>Unos días después de las elecciones autonómicas, me encontré con un socialista histórico en Bruselas y le pregunté: &#8220;¿Qué pensáis hacer con Zapatero?&#8221;. La respuesta fue la misma que la del famoso discurso de Bruto tras asesinar a Julio César en la tragedia de Shakespeare. &#8220;A mí qué me importa la suerte del César, cuando lo que está en juego es la suerte del Imperio&#8221;.</p>
<p>Los barones socialistas han decidido que Zapatero siga siendo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35703/la-suerte-del-cesar-y-la-suerte-del-imperio/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel García-Margallo y Marfil</strong>, eurodiputado del PP y vicepresidente de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo (EL PAÍS, 19/07/11):</p>
<p>Unos días después de las elecciones autonómicas, me encontré con un socialista histórico en Bruselas y le pregunté: &#8220;¿Qué pensáis hacer con Zapatero?&#8221;. La respuesta fue la misma que la del famoso discurso de Bruto tras asesinar a Julio César en la tragedia de Shakespeare. &#8220;A mí qué me importa la suerte del César, cuando lo que está en juego es la suerte del Imperio&#8221;.</p>
<p>Los barones socialistas han decidido que Zapatero siga siendo el secretario general, aunque su poder, como el del último emperador de China, no traspase los muros de la Ciudad Prohibida. Será Rubalcaba quien decida, en función de su estrategia electoral, qué reformas económicas se acometen y cuáles se postergan. Será también él quién decida cuándo se convocan las elecciones. Lo que debería valorar es si lo que conviene al nuevo César, conviene también al Imperio.</p>
<p>La Nueva Vía de Zapatero, aparentemente una mezcla de socialdemocracia, republicanismo cívico y ecologismo, no ha sido en la práctica más que radicalismo a la italiana regado con dinero público. Zapatero, como el ciudadano Kane, no tiene bastante con el poder, necesita que le quieran. En su primera legislatura no aprovechó los años de vino y rosas para atacar los problemas de competitividad y tiró de gasto público desde que entró en La Moncloa, como si la herencia recibida y los ingresos derivados de la explosión del ladrillo fuesen un maná inagotable. El resultado es conocido: la demanda interna y el déficit por cuenta corriente se desbocaron.</p>
<p>Cuando llegó la crisis sufrimos más que nadie, porque en los años de bonanza se incubaron tres desequilibrios <em>typical spanish:</em> el endeudamiento de familias y empresas, una fuerte exposición al mercado inmobiliario y unos costes laborales siempre por encima de la productividad. Resultados que no son consecuencia de una mala aplicación de una buena política; son la consecuencia inexorable de la aplicación de unas recetas que ya habían firmado su divorcio con la realidad mucho antes del colapso de Lehman Brothers.</p>
<p>Rubalcaba pretende ahora <em>matizar</em> las políticas de Zapatero, en cuyo Gabinete ha tenido un papel relevante, pero no parece dispuesto a ir mucho más lejos. La realidad es que Rubalcaba debería afrontar una crisis que va mucho más allá del zapaterismo, incluso más allá de su partido, porque es la socialdemocracia la que está en crisis. Lo dice bien John Gray, un conocido profesor de Oxford muy cercano a los laboristas: &#8220;A menos que las socialdemocracias europeas se transformen profunda y rápidamente, serán barridas por el huracán de la competencia mundial&#8221;.</p>
<p>El declive político de la izquierda europea empieza con la globalización y se hace más evidente cuando ponemos en marcha una unión económica y monetaria enel Tratado de Maastricht. La socialdemocracia no se adapta al cambio y se coloca en una situación de fuera de juego que no ha corregido desde entonces. Aunque no soy socialista me preocupa el agotamiento intelectual de la socialdemocracia, porque su hundimiento allanaría el camino a quienes quieren desmantelar el Estado de bienestar, una conquista que fue posible gracias a la colaboración entre democristianos y socialdemócratas. Y no está la Magdalena para tafetanes.</p>
<p>Los años de oro de la socialdemocracia son los de la posguerra, cuando se podía limitar la circulación de bienes y capitales mediante aranceles y controles de cambio. La apertura de las fronteras acaba con esta posibilidad. A mediados de los setenta, la subida de los precios del petróleo, la competencia de los países emergentes y los cambios demográficos -caída de la natalidad y aumento de la esperanza de vida- siembran dudas sobre la viabilidad del Estado de bienestar. En los ochenta se empieza a cuestionar otro de los iconos de la socialdemocracia: la progresividad del sistema fiscal. En un mundo sin fronteras, el impuesto sobre la renta queda reducido a un impuesto sobre los rendimientos del trabajo, porque todos los países compiten para atraer al ahorro, que necesitan tanto como el comer, y lo hacen dando cada día mayores ventajas a las rentas del capital. Las cotizaciones sociales, el recurso con que se financiaba la sociedad del bienestar, empiezan a verse como un tributo que solo pagan los trabajadores, que dificulta la contratación y que dispara los costes laborales, un elemento clave de la competitividad.</p>
<p>Hace un par de años parecía que la socialdemocracia podría resucitar al rebufo de una crisis que, según ellos, era debida a los excesos de la derecha neoconservadora. No hubo resurrección y hoy los socialdemócratas solo gobiernan en 5 de los 27 países de la UE (Austria, Chipre, Eslovenia, España y Grecia), siendo que hace 10 años gobernaban en 11 de 15.</p>
<p>Hasta aquí la historia, pero ¿por qué la socialdemocracia está atravesando una crisis tan severa? En mi opinión, los electores parecen haber comprendido que la sociedad del bienestar no sobrevivirá sin cambios radicales en el contexto de una crisis global. Los padres fundadores creían que los gastos sociales se mantendrían normalmente bajo control y que, en caso de un desbordamiento transitorio, los ingresos derivados del crecimiento los financiarían sin problemas (Anthony Crosland, <em>The future of socialism,</em> 1956). Estas hipótesis no han resistido el paso del tiempo.</p>
<p>En los próximos años habrá que hacer un esfuerzo suplementario en materia de educación, cuya debilidad explica la escasa productividad de la economía española. En materia de pensiones, el esfuerzo tendrá que ser aún mayor dado el envejecimiento de la población. Solo hace unos años, cada pensionista era sostenido por cuatro trabajadores en activo; en unos años más, deberá ser sostenido por dos trabajadores. En 1900, un jubilado vivía solo un año después de su jubilación, hoy vive casi 20. En relación a los gastos sanitarios, baste decir que en Reino Unido se han multiplicado por 10 en términos reales (descontando la inflación) en los últimos 60 años, mientras que la renta <em>per cápita</em> se ha multiplicado solo por cuatro.</p>
<p>Como recuerda Ulrich Beck, uno de los gurús más respetados por la izquierda, el Estado de bienestar ha entrado en una crisis profunda debido a la imposibilidad de sostener sus costos financieros y económicos en el marco de una globalización que pone en peligro su existencia. Dicho en román paladino: gastar más cuando nos hemos empobrecido es un dislate que amenaza con abandonar a su suerte a los más desfavorecidos, que son precisamente aquellos a quienes más queremos y debemos ayudar.</p>
<p>Por si esto fuera poco, empieza a sospecharse que las políticas socialdemócratas, cuando superan ciertos niveles, terminan premiando actitudes de dependencia y desincentivando el esfuerzo y la iniciativa hasta extremos alarmantes. Algo que no casa con la necesidad de desenvolverse en un mundo cada día más competitivo.</p>
<p>Son los socialistas los que tienen que decidir lo que quieren hacer con su partido. Aquí en Bruselas, mis colegas eurodiputados llevan mucho tiempo repensando qué hacer con la socialdemocracia en el futuro próximo. En España, los socialistas celebrarán pronto una conferencia política para hacer lo mismo. Pueden volver al <em>¡No pasarán!</em> para movilizar a su electorado o pueden apostar por poner al día un ideario que se ha quedado claramente anticuado. A los demás nos corresponde esperar, pero sí me parece pertinente recordar que si queremos asegurar una educación, una sanidad y unas pensiones de calidad para todos los ciudadanos solo hay un camino: aumentar la tasa de crecimiento potencial, recortar gasto público superfluo, concentrar las prestaciones económicas en las personas con menos ingresos y, sobre todo, diseñar un sistema de financiación nuevo que sepa armonizar inteligentemente competitividad económica y bienestar social. Estas reformas son tan profundas y afectan a tantas Administraciones -el Estado, comunidades autónomas y Seguridad Social- que solo podrán ser abordadas si los dos grandes partidos que alumbraron la sociedad del bienestar son capaces de ponerse de acuerdo para mantenerlo en una economía globalizada. Eso es lo que le interesa al Imperio.</p>
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		<title>¿Qué le pasa a la izquierda?</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jul 2011 17:47:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Nicolás Sartorius</strong>, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas (EL PAÍS, 15/07/11):</p>
<p><strong>Uno.</strong> Mucha gente se pregunta dónde está la izquierda en un momento en que las políticas y los votos vuelan hacia la derecha mientras las personas se indignan desde la izquierda. La gran crisis la han provocado poderes financieros, Gobiernos permisivos e instituciones ciegas y, no obstante, la están pagando los sectores populares, mientras los partidos de izquierda sufren derrota tras derrota. En la UE-27 solo quedan cinco Gobiernos progresistas de incierto futuro. Es verdad que también los partidos de centro-derecha que gobiernan sufren derrotas -de momento &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35673/que-le-pasa-a-la-izquierda-2/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Nicolás Sartorius</strong>, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas (EL PAÍS, 15/07/11):</p>
<p><strong>Uno.</strong> Mucha gente se pregunta dónde está la izquierda en un momento en que las políticas y los votos vuelan hacia la derecha mientras las personas se indignan desde la izquierda. La gran crisis la han provocado poderes financieros, Gobiernos permisivos e instituciones ciegas y, no obstante, la están pagando los sectores populares, mientras los partidos de izquierda sufren derrota tras derrota. En la UE-27 solo quedan cinco Gobiernos progresistas de incierto futuro. Es verdad que también los partidos de centro-derecha que gobiernan sufren derrotas -de momento parciales- como en Alemania e Italia, pero esto no puede servir de justificación que paralice los cambios necesarios en el campo progresista. Porque el problema de la izquierda europea no es solo electoral, la cuestión de fondo es de proyecto, de discurso ante la nueva época y los nuevos retos. Así como el hundimiento de la URSS dejó sin relato creíble a la línea comunista de la izquierda europea, ahora la globalización, la sociedad cibernética y las limitaciones del Estado-nación está poniendo en jaque a la línea socialdemócrata.</p>
<p>¿Por qué estos aprietos, no tanto electorales, sino de proyecto de sociedad? En mi opinión, porque la socialdemocracia -como todo- es un producto de la historia, surge en el contexto de la industrialización, del Estado nación y del desarrollo de Europa. Sin embargo, ahora vivimos en el contexto de la sociedad cibernética, de la globalización, de los grandes conjuntos regionales, entre ellos la UE. Y cuando hablo de crisis de la izquierda me refiero a Europa porque las manifestaciones de &#8220;otra izquierda&#8221; gozan de mejor salud, ya sea el Brasil de Lula-Roussef, los Estados Unidos de Obama o la Sudáfrica de Mandela.</p>
<p><strong>Dos.</strong> En Europa, la carencia desde la izquierda de un proyecto común sobre la globalización -que es tanto como decir sobre el futuro de la humanidad- parte de una insuficiencia previa que consiste en la inexistencia de una visión compartida sobre la construcción europea. Sigue primando un supuesto &#8220;interés nacional&#8221; en asuntos que han dejado hace tiempo de ser &#8220;nacionales&#8221;. Esto tiene profundas raíces en el viejo continente: la I Guerra Mundial y el rompimiento de la izquierda; las diferencias ante la descolonización; los choques durante la guerra fría y, más cercano en el tiempo, las divergencias ante los referendos sobre la Constitución europea, la guerra de Irak, etcétera. Diferencias que se acentúan según que el partido en cuestión esté en el poder o en la oposición. Fenómeno que contiene cierta lógica pues ante un proceso en construcción, como es el de la UE, la contradicción no es siempre entre derecha e izquierda sino, a veces, entre europeístas y euroescépticos. Lo que ocurre es que a partir del Tratado de Lisboa y ante la crisis actual ya no se trata de discutir sobre aspectos &#8220;institucionales&#8221; sino de contenidos económicos, sociales, de políticas para salir de la crisis y aquí debería de primar la dialéctica derecha-izquierda si no fuera porque está ahogada por la lógica de acero de los poderes económicos y los intereses de los Estados nacionales más fuertes.</p>
<p>Tres. Tiene su sentido que con la mundialización del capital, las carencias del Estado nación hayan quedado a la intemperie y la crisis de los poderes políticos democráticos haya hecho su aparición. La democracia representativa es una realidad que surge en un determinado espacio geográfico, en un concreto estadio de evolución de la ciencia y la tecnología y, en consecuencia, con una determinada relación entre economía y política, representantes y representados. Pero cuando el espacio ya no es la nación sino lo global y cuando el nivel de &#8220;las fuerzas productivas&#8221; ya no se sitúa en lo industrial-vertical sino en lo cibernético-horizontal, los instrumentos que hemos utilizado hasta ahora hay que mejorarlos o quedarán obsoletos.</p>
<p>La gran crisis que reventó en 2008 ha puesto en carne viva las nuevas contradicciones. Por un lado, las finanzas mundiales -mercados- condicionan las políticas de los Gobiernos al margen de lo que deseen o voten los ciudadanos, con el consiguiente deterioro de la democracia. Control financiero que se acentúa cuando los Estados se endeudan hasta las cejas como consecuencia de su intencionada flojera fiscal y los abultados déficits-deudas contraídos para hacer frente a los desaguisados de un sistema financiero descontrolado, así como el pago de las copiosas facturas que toda crisis arrastra, entre otras las de los propios bancos. Y este poder de los mercados -acreedores- se impone ante Gobiernos de izquierda o de derecha pues todo acreedor quiere garantizarse el pago de la deuda y solo sigue prestando, a intereses asumibles, si el Estado deudor hace políticas de &#8220;ajuste&#8221;, esto es, saca el dinero a los ciudadanos -en pensiones, sueldos, salarios, IVA, privatizaciones, menos inversiones públicas, etcétera- para pagarles a ellos. Examen riguroso de esta política de &#8220;austeridad&#8221; que se confía a unos tribunales examinadores (firmas de <em>rating)</em> que pertenecen a empresas multinacionales -son juez y parte- y que cada vez que bajan la nota a uno de los Estados le sacan la hijuela y medio riñón. Así funciona el tinglado.</p>
<p><strong>Cuatro.</strong> Así se va mellando la democracia, que queda hecha unos zorros, y se provoca un cósmico cabreo en el personal sufridor. Ahora bien, las tecnologías no solo han globalizado las finanzas y las mercaderías sino también la comunicación instantánea entre las personas a través de Internet y otros artefactos cada vez más sofisticados. Diálogo no solo instantáneo sino sobre todo horizontal, sin intermediarios y de difícil control, lo que ha introducido un nuevo elemento en las contradicciones contemporáneas que las explosiones de indignación, incluyendo España, han puesto de manifiesto. Han mostrado que con los instrumentos que proporciona la actual tecnología, la democracia representativa puede ser ensanchada, pues permite introducir nuevos cauces de participación y control. No se trata de prescindir de los partidos o los Parlamentos, pues eso sería la dictadura. Pero he defendido, desde hace mucho, con poco éxito, que los partidos tienen que abrirse a los ciudadanos, convertirse en partidos de los ciudadanos y no solo de los afiliados. La consulta y el debate entre elegidos y ciudadanía tiene que ser continua y deben darse facilidades para que, ante determinados temas de trascendencia, los ciudadanos puedan refrendar de manera vinculante.</p>
<p><strong>Cinco.</strong> El reto para la izquierda es este, pues sus dificultades siempre van unidas al desgaste de la democracia. Su destino es transformar la realidad y no limitarse a administrar lo que hay. Y cambiar la situación hoy es enfrentarse a tres grandes retos que solo son alcanzables con el ensanchamiento de la democracia.</p>
<p>El primero, dirigir desde la política, la democracia y el interés público el proceso de globalización, lo que supone afrontar la cuestión del poder financiero. Este ha adquirido tal volumen y dominio que tiene que responder al interés general por medio de un modelo &#8220;público-privado&#8221; y no solo privado como ahora. Porque el destino de los bancos no afecta solo a los accionistas sino a la ciudadanía en su conjunto.</p>
<p>En segundo lugar, no es realista pretender sostener el Estado de bienestar -conquista irrenunciable- con la actual fiscalidad. Un sistema impositivo suficiente y justo es la base de cualquier política progresista. No hay redistribución que valga sin aumentar los impuestos a los más pudientes, a las grandes fortunas y capitales, sin gravar las transacciones financieras internacionales, combatir la evasión fiscal, los paraísos fiscales, la economía sumergida. La disyuntiva es o mayor capacidad fiscal o recorte de gastos sociales e inversión para reducir deuda, que es lo que se está haciendo. Mientras los Estados estén endeudados dependerán de los acreedores y estos impondrán políticas antisociales.</p>
<p>Por último, convendría perfeccionar la actual democracia con nuevos instrumentos de participación. Amplios sectores de la sociedad, en especial los jóvenes, están inmersos en otra lógica, con otros códigos, digitales y horizontales, que circulan por ámbitos diferentes. O conseguimos insertar estas nuevas realidades en la democracia existente, facilitando el diálogo y la participación que las nuevas tecnologías permiten, o esta se ira agostando.</p>
<p>En conclusión, la izquierda debería apostar por ensanchar la democracia; por el control de las finanzas por la política y porque los pudientes paguen más impuestos para sostener el Estado de bienestar.</p>
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		<title>¿Adónde va la izquierda europea?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/35630/adonde-va-la-izquierda-europea/</link>
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		<pubDate>Thu, 14 Jul 2011 19:46:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Sami Naïr</strong>, profesor invitado de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (EL PAÍS, 14/07/11):</p>
<p>El fracaso de la izquierda europea ante la ofensiva del neoliberalismo nunca ha sido más patente que hoy. La crisis actual del capitalismo financiero tendría que haber provocado desde hace mucho tiempo su debacle. Sin embargo, allí donde la izquierda europea gobierna está obligada a hacerlo todo para salvarlo. Hay en ello algo propiamente surrealista. ¿Por qué ironía de la historia la izquierda se encuentra, como el médico, en la cabecera de un sistema que supuestamente debe combatir en nombre del progreso y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35630/adonde-va-la-izquierda-europea/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Sami Naïr</strong>, profesor invitado de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (EL PAÍS, 14/07/11):</p>
<p>El fracaso de la izquierda europea ante la ofensiva del neoliberalismo nunca ha sido más patente que hoy. La crisis actual del capitalismo financiero tendría que haber provocado desde hace mucho tiempo su debacle. Sin embargo, allí donde la izquierda europea gobierna está obligada a hacerlo todo para salvarlo. Hay en ello algo propiamente surrealista. ¿Por qué ironía de la historia la izquierda se encuentra, como el médico, en la cabecera de un sistema que supuestamente debe combatir en nombre del progreso y de la justicia?</p>
<p>El electorado de izquierdas, desconcertado por este viraje, o gira hacia la derecha populista o se refugia en la abstención política. La revolución neoconservadora ha emprendido desde los años ochenta la demolición sistemática del modelo del Estado social, adquirido en reñidas luchas históricas y con grandes sacrificios de movimientos obreros del siglo XX. En Europa, esta ofensiva ha sido acompañada por la izquierda bajo el pretexto falaz de la construcción europea. La socialdemocracia, y más aún el social-liberalismo, sometiéndose a este modelo, han tirado por la borda sus ideologías socialistas, sus valores más fundamentales de solidaridad; en el mejor de los casos (Alemania, España, Francia) han defendido unas políticas de privatización ocultas tras unas redes sociales para proteger a los más débiles; en el peor de los casos (<em>blairismo</em>) se han convertido en punta de lanza de la reacción ultraliberal, cuando no han simple y llanamente desaparecido (Italia).</p>
<p>Pero la crisis actual del modelo liberal europeo pone hoy al desnudo la impotencia de la izquierda: no solo no puede oponerse a la ofensiva del liberalismo, que quiere siempre más privatizaciones, sino que está ahora sin proyecto, sin programa y ha perdido, salvo en los países del norte, el apoyo de las clases populares. Convertido en el partido de las clases medias, ya ni siquiera es capaz de protegerlas, puesto que estas padecen en todas partes la devaluación de sus estatus social, que atribuyen en general a la fiscalidad creciente de las políticas públicas. Y es por ello que se vuelcan progresivamente a la derecha, siguiendo así a una gran parte del electorado popular. Al final, está evidentemente la extrema derecha europea, que cosecha en todas partes los frutos envenenados de esta deriva.</p>
<p>El resultado de la pérdida de identidad de la izquierda está aquí: a fuerza de haber apostado por la economía liberal, se ve arrastrada por la &#8220;derechización&#8221; de la sociedad. Pero la verdad es que la sociedad vira a la derecha porque la izquierda liberal no es percibida como una alternativa. Si el electorado se pronuncia ahora cada vez con más indiferencia por la derecha o la izquierda no es por elección ideológica, sino más bien por despecho hacia unas políticas que se parecen como dos gotas de agua. La izquierda ya no marca la diferencia.</p>
<p>Le hará falta tiempo para hallar un nuevo aliento. Puesto que, contrariamente a la derecha, necesita ofrecer un proyecto que supere el orden existente. Debe representar la esperanza de un mundo mejor. Para aquellos que no se resignan a la desaparición de la izquierda (posible, como en Estados Unidos), el primer deber es identificar bien los problemas históricos a los que está confrontada. El material conceptual clásico de la izquierda apenas sirve ya; el paso a una civilización globalizada, el papel estructurador de las nuevas tecnologías inmateriales (Internet), la irrupción del principio de responsabilidad en la gestión del medio ambiente, la disolución de las viejas relaciones de clase y la formación de nuevas estructuraciones sociales, el ascenso de las potencias emergentes y de sus clases medias, y otros muchos factores más, imponen la elaboración de nuevos paradigmas, mucho más complejos que aquellos que sirven solamente, como hoy, para conquistar el poder.</p>
<p>Más allá de este trabajo necesario y riguroso de comprensión del nuevo mundo, hay al menos tres condiciones previas para la construcción de una futura izquierda.</p>
<p>En primer lugar, la autocrítica. La izquierda debe interrogarse sobre sus equivocaciones, no para culpabilizar a las generaciones que la han llevado al abismo, sino para no repetir los mismos errores: es un deber de memoria necesario para su propia identidad y para el pueblo. Los partidos socialistas europeos deben someterse a un serio examen de conciencia, puesto que cargan colectivamente con la responsabilidad del fracaso frente al liberalismo destructor del Estado social. ¿Cómo puede ser que la izquierda haya dejado instalarse una economía mundial potencialmente delincuente, con un &#8220;sistema bancario a la sombra&#8221; <em>(Shadow Banking System),</em> que, por medio de los activos tóxicos, representa más de 650.000 millardos de dólares? ¡Eso es 10 veces el PIB mundial! Mientras que se pide a los asalariados más débiles, a los funcionarios que defienden el servicio público, a las clases medias que cargan con la parte más grande de los impuestos, a los obreros endeudados y devaluados, a los jóvenes abandonados en el camino de la vida, que paguen para salvar ese sistema delincuente. En efecto, la izquierda no ha instaurado este sistema, pero ¿qué ha hecho para combatirlo desde hace 30 años? Sin autocrítica, no habrá <em>aggiornamento</em> de la izquierda.</p>
<p>En segundo lugar, la definición del campo de valores de la izquierda y de su proyecto histórico: ¿sigue siendo una fuerza de transformación de la sociedad? ¿Se trata de hacer funcionar &#8220;bien&#8221; el capitalismo, o de emancipar a la sociedad? ¿Hacia dónde? ¡No es concebible que unos partidos que se dicen &#8220;socialistas&#8221; no sepan lo que puede ser un socialismo del siglo XXI! Los pueblos quieren un proyecto humano de solidaridad colectiva; el mero consumo infinito de las mercancías no puede ser este proyecto: se haga lo que se haga, nunca será más que un medio de existencia. ¿Qué significa pues hoy una sociedad &#8220;socialista&#8221; mediante la democracia? ¿Qué sentido tiene? La izquierda europea debe enunciar su proyecto y asumirlo con franqueza. No debe avergonzarse de su identidad.</p>
<p>Por último, la toma de conciencia de la revolución que se ha producido en las mentalidades. Lo que han demostrado tanto la <em>primavera árabe</em> como el magnífico ejemplo del 15-M español es la irrupción masiva de la demanda ciudadana en la elaboración del interés general por parte de las mismas poblaciones. Es la crítica a la <em>forma partido,</em> que ha perdido su legitimidad a consecuencia de la sordera y la arrogancia respecto a las aspiraciones profundas de las fuerzas más vivas de la sociedad.</p>
<p>Eso no significa el fin de los partidos, puesto que una sociedad democrática sin partidos es una sociedad totalitaria, no democrática, sino que los partidos deben cambiar, en su forma como en su función. En su forma, para aprender a cristalizar las aspiraciones populares democratizando su relación con el pueblo, rechazando su consideración únicamente como una masa de electores manipulables; en su función, definiendo unos programas realistas y realizables. Ser un partido que escucha y no miente: puesto que la exigencia de ética está en el corazón de la política democrática moderna. Sin una reforma en profundidad de su visión del mundo, de sus métodos de acción y de sus medios de funcionamiento, la izquierda europea corre el riesgo de patinar durante mucho tiempo aún. Pero desgraciadamente ese tiempo no está vacío: lo pagan muy caro los más débiles, que sufren los costes de un sistema económico cruel y simplemente indigno de una humanidad civilizada.</p>
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		<title>La socialdemocracia, en tierra de nadie</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/35491/la-socialdemocracia-en-tierra-de-nadie/</link>
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		<pubDate>Tue, 05 Jul 2011 21:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aspectos Generales]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=35491</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Máximo Díaz-Cano</strong>, miembro del Comité Regional del PSOE de Castilla-La Mancha y delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha (EL PAÍS, 05/07/11):</p>
<p>El director de cine bosnio Danis Tanovic es autor de una comedia  dramática en la que un soldado bosnio y otro serbio se ven aislados  entre líneas enemigas. <em>En tierra de nadie</em> plantea la dificultad de sobrevivir fuera del propio medio. Lo que le pasa a la socialdemocracia es eso: está <em>en tierra de nadie</em> y en una situación crítica. José María Barreda ha afirmado que cuando  uno pierde la hegemonía ideológica acaba perdiendo las elecciones. Sí,  &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/35491/la-socialdemocracia-en-tierra-de-nadie/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Máximo Díaz-Cano</strong>, miembro del Comité Regional del PSOE de Castilla-La Mancha y delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha (EL PAÍS, 05/07/11):</p>
<p>El director de cine bosnio Danis Tanovic es autor de una comedia  dramática en la que un soldado bosnio y otro serbio se ven aislados  entre líneas enemigas. <em>En tierra de nadie</em> plantea la dificultad de sobrevivir fuera del propio medio. Lo que le pasa a la socialdemocracia es eso: está <em>en tierra de nadie</em> y en una situación crítica. José María Barreda ha afirmado que cuando  uno pierde la hegemonía ideológica acaba perdiendo las elecciones. Sí,  la socialdemocracia ha perdido la brújula del discurso ideológico y se  ha extraviado. Se encuentra en un territorio que no es el natural de la  izquierda democrática: haciendo políticas económicas de ajuste al  dictado de los mercados, con recortes sociales y con una política fiscal  susceptible de mejorar, tanto en su justicia y equidad como en su  eficacia. Todo ello, en un clima de desafecto ciudadano respecto a los   partidos. La socialdemocracia se ha perdido y los ciudadanos no  encuentran en ella respuestas.</p>
<p>Hace tiempo que una parte importante de las clases medias dejó de  considerarla una opción útil ante una política fiscal que hace recaer la  carga sobre las rentas del trabajo, especialmente sobre las nóminas de  empleados públicos y trabajadores asalariados cualificados, sin que  estos tengan la percepción de ser beneficiarios de las políticas  sociales. Al mismo tiempo, constatan cómo una parte importante del  trabajo autónomo escapa al control fiscal, provocando indignación  respecto de aquellos que han hecho de las políticas fiscales el centro  del concepto de ciudadanía.</p>
<p>En las capas populares, el acceso al  trabajo y a los servicios públicos se plantea en términos de competencia  con los ciudadanos extranjeros llegados en busca de una vida mejor. Si  ya sin crisis la convivencia tiene problemas, cuando se produce en un  contexto de agobios económicos se abren las puertas para los discursos  populistas y xenófobos. Y la socialdemocracia aparece sin respuestas  ante el discurso simplista y demagógico de la derecha.</p>
<p>Mientras,  los ciudadanos comprueban que, frente a medidas de ajuste y recortes, no  se contraponen otras para acabar con los paraísos fiscales, no se  gravan las grandes transacciones bancarias, no se establecen impuestos  por el deterioro medioambiental. Y los jóvenes instalados en la  precariedad, como describió Díaz-Salazar en este diario, sienten que por  primera vez en muchas décadas pueden ser una generación cuyo futuro sea  peor que el de sus padres.</p>
<p>La socialdemocracia debe abandonar esa tierra de nadie para volver al lugar que le corresponde. Tony Judt en <em>Algo va mal</em> dice: &#8220;La socialdemocracia no representa un futuro ideal; ni siquiera  representa un pasado ideal. Pero es la mejor de las opciones que tenemos  hoy&#8221;.</p>
<p>Hay mucho que defender y también hay cosas que corregir.  Propongo, al menos, la revisión de dos elementos imprescindibles para  revitalizar la socialdemocracia en España: reforma del modelo fiscal con  propuesta de gobierno económico europeo y recuperación de la primacía  de la política sobre la economía, acompañada de nuevas y mejores  fórmulas de participación.</p>
<p>En relación con la reforma fiscal es  necesario aflorar la economía sumergida; no solo por una cuestión  económica -hablamos de algo más del 20% del PIB-, sino también por  pedagogía política. No hay nada más corrosivo socialmente que la cultura  del fraude. Y, además, no defiendo una subida de los impuestos sino una  mejor distribución de la carga tributaria, más justa y más equitativa.  No puede ser que las rentas del trabajo sean las que soporten el peso de  los ingresos fiscales. En el gasto, también hay que ser más  equitativos. Las ayudas públicas que no discriminan en función del nivel  de renta contribuyen a aumentar la brecha social.</p>
<p>La  socialdemocracia debe abanderar el fortalecimiento de la Unión Europea  en un momento en que aparece la renacionalización de políticas que  estaban integradas: Schengen, alertas alimentarias&#8230; Hay que defender  Europa, simplificar los mecanismos de la UE, acercar Europa a los  ciudadanos.</p>
<p>Para recuperar su espacio, la socialdemocracia debe  apostar por ampliar la participación ciudadana en los asuntos públicos.  No pienso solo en listas abiertas, sino también en consultas populares,  limitación de mandatos de cargos públicos, transparencia en las  retribuciones y en las contrataciones públicas, incompatibilidades más  rigurosas&#8230; Debemos volver a la primacía de la política sobre la  economía. Los ciudadanos deben saber que, cuando se toma una decisión  que les afecta, la toman sus representantes, y no poderes que escapan al  control democrático. Hay que contar más con los ciudadanos, es ahí  donde reside la fuerza de la política.</p>
<p>Decía Felipe González que  un líder se forja, en primer lugar, cuando tiene empatía con sus  conciudadanos, siente con ellos, sufre con ellos; en segundo lugar,  cuando es capaz de trasladar que tiene capacidad para modificar el  estado de las cosas, para pasar del pesimismo al optimismo; y, por  último, cuando se tienen &#8220;las espaldas anchas&#8221; para soportar toda  crítica. Para volver a su territorio natural, la socialdemocracia tiene  que hacer algo parecido: estar con los que necesitan de la política  porque es imprescindible para mejorar su vida, y recuperar un discurso y  una acción que la haga reconocible. Debe salir de la tierra de nadie.</p>
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		<title>Una historia de la Socialdemocracia</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jul 2011 16:13:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por<strong> Ramón Trillo Torres</strong>, magistrado emérito del Tribunal Supremo (ABC, 04/07/11):</p>
<p>Con expresión perpleja, la socialdemocracia europea asiste al espectáculo de la gran crisis de la economía y de los poderes políticos mundiales, asentada ella, sin embargo, en una Europa Occidental que de todas formas sigue siendo un rincón privilegiado del Planeta, a cuyo opimos logros ha contribuido como uno de los actores principales en el siglo XX la propia socialdemocracia, siendo su rodada en el camino para alcanzar nuestra madura prosperidad un hecho tan notorio como que, en paralelo a ella y en constante relación dialéctica, la otra &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38987/una-historia-de-la-socialdemocracia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por<strong> Ramón Trillo Torres</strong>, magistrado emérito del Tribunal Supremo (ABC, 04/07/11):</p>
<p>Con expresión perpleja, la socialdemocracia europea asiste al espectáculo de la gran crisis de la economía y de los poderes políticos mundiales, asentada ella, sin embargo, en una Europa Occidental que de todas formas sigue siendo un rincón privilegiado del Planeta, a cuyo opimos logros ha contribuido como uno de los actores principales en el siglo XX la propia socialdemocracia, siendo su rodada en el camino para alcanzar nuestra madura prosperidad un hecho tan notorio como que, en paralelo a ella y en constante relación dialéctica, la otra rodada profunda por la que ha transitado la sociedad europea en su rica proyección política y social ha sido la marcada por el conglomerado de centro derecha que aglutina a conservadores, liberales y democristianos.</p>
<p>Con la aguda visión de su sólida formación jurídica, suevo romanizado florecido entre las murallas de la romana Lugo, templada su mente universitaria en la apostólica Santiago y en la Barcelona luminosa y después afilada en los rigores científicos de Alemania, coetáneo de la transición política española, al catedrático de Derecho Constitucional Ignacio de Otto y Pardo la parca le pasó la hoz de la siega cuando ascendía al cenit de su vida intelectual: la jamás concluida gavilla de los muertos lo incorporó a traición en el año 1988, joven de cuarenta y tres años.</p>
<p>Sus Obras Completas, publicadas en el 2010, las encabeza un texto sólido, en el que la práctica de la política es sometida al control de las valoraciones doctrinales en torno a un tema muy vivo entonces, en el horizonte de la España de 1972: la tesis doctoral nombrada «El Partido Socialdemócrata alemán: de la oposición a la participación en el Gobierno».</p>
<p>Es interesante observar en el comportamiento postbélico de la socialdemocracia alemana unas rigideces que —a diferencia de lo que ocurriría después en España al Partido Socialista— la apartaron en gran medida de protagonizar la configuración política inicial de la República Federal, que con la fundamental decisión de las potencias anglosajonas de dar vía libre a un Estado en la divisoria churchilliana del telón de acero, permitió inicialmente a la democracia cristiana convertirse en protagonista predominante de la nueva articulación política de la Alemania no ocupada por los rusos.</p>
<p>Las razones de aquellas rigideces las destaca Otto: una primera, fue su fijación obsesiva en la unificación, incluidas las zonas sitas más allá de la línea Oder-Neisse, que le nubló la visión de opciones de momento más posibilistas.</p>
<p>La segunda, su actitud ante la constitución en el año 1946 de la Administración Económica Bizonal, auténtico embrión de la República Federal, por la que fundidas las zonas de ocupación de ingleses y norteamericanos, comienza el camino para la autonomía política y económica de la Alemania ocupada. Entonces se va a mostrar otra de las rigideces que acompañará a la socialdemocracia hasta las vísperas del Congreso de Bad Godesberg de 1959: la decisión anglosajona implicaba una opción económica a favor de las relaciones de propiedad capitalistas, del libre mercado y de campo abierto a la vieja clase empresarial, elementos que, según el análisis que entonces lucía en la socialdemocracia alemana, habían sido los causantes del sangriento sacrificio en que había concluido la República de Weimar, a lo que se añadía, acentuando la rigidez, su visión de que el socialismo era la única posibilidad para la saneada reconstrucción de Alemania, lo que le llevó a abandonar en manos de la Democracia Cristiana toda actividad de gobierno en la Administración Bizonal, domiciliándose así en una oposición sin perspectiva, que ablandaría durante la fase constituyente de fundación y consolidación de la República Federal, pero convencida la socialdemocracia de que en todo caso sería el fatal desastre del contrario el que dejaría caer el poder en sus manos y con él la única y auténtica oportunidad de reconstruir el país.</p>
<p>Pero los hechos no le fueron propicios a este análisis: de la mano política de Adenauer y de la económica de Erhard, protegida por el paraguas militar, Germania renacía camino de convertirse en una potencia económica, asentada sobre una estructura política solvente, que respondía con civilizada eficacia a las necesidades de la nación.</p>
<p>La socialdemocracia se ve obligada a una densa autocrítica, que la pondrá en la dirección de alcanzar el poder político y con ello a convertirse también en proveedora de alguno de las grandes cancilleres de la Alemania moderna. Esta autocrítica, que pasa por fases teóricas tan importantes como las relativas a la propiedad de los medios de producción, la planificación de la economía o la renuncia a la crítica del capitalismo como sistema, vino impulsada, como nos recuerda Otto, por «la negativa de la realidad política alemana a acomodarse a las esperanzas socialdemócratas», lo que al final la condujo a abandonar el marxismo como pieza axial de su discurso, al haber llegado los reformadores a la conclusión de que «la situación de clase y los factores económicos sin duda significan mucho, pero no son todo lo que hace la historia y se convierte en realidad humana».</p>
<p>En el universitario Otto se observa una razonable inquietud ante la indeterminación que detecta en el armazón teórico de la socialdemocracia en su avance reformador, pero hay que reconocer que éste implicó una llamada a los ancestros más dignos de la historia: en el Programa de Bad Godersberg se afirma que el socialismo democrático europeo «tiene sus raíces en la ética cristiana, en el humanismo y en la filosofía clásica» y en los debates del Congreso se sostuvo la indiferencia de que alguien hubiese llegado a ser socialdemócrata por los métodos del análisis económico marxista, por motivos éticos o filosóficos o por el Sermón de la Montaña.</p>
<p>En esta generosa puerta de acceso a la socialdemocracia, es curioso destacar como otra vez en el cristianismo permanece un venero inagotable de dotaciones para el progreso ético de la convivencia humana, afirmación que en la historia que comento no solo hace explícita la cita del Sermón, sino que, con mayor enjundia doctrinal, se manifiesta en el hecho de que los reformadores, en un documento oficial sobre sus tesis del año 1953, hacen manifestación expresa de que había que aclarar la postura del Partido frente a las confesiones religiosas y poner bien de relieve el estrecho contacto existente entre el socialismo y la idea ética del cristianismo.</p>
<p>Pienso que esta flexibilidad es la que a la postre ha permitido a la socialdemocracia poder abarcar, en controversia dialogada con otras opciones políticas, cualquier tipo de acontecimiento, aún los más insólitos, de los que son posibles en sociedades tan complejas como las que hoy en día nos cobijan y lo que determina así mismo que incluso en países en los que, como en España, la inmensa mayoría de los ciudadanos se mece plácidamente en el chinchorro de su partido de siempre, al que votará cualesquiera que sean las tempestades, sin embargo exista felizmente una franja que, con análisis más abierto, opta por unos u otros, según los vientos que soplan en cada momento, los remedios que proponen y las personas que encabezan las posiciones políticas en democrática contienda. Es esta franja la que dinamiza el sistema y la que, en lenta y positiva erosión esculpidora, puede algún día determinar el ennoblecimiento de una actividad que al día de hoy no recibe aprecio de los ciudadanos.</p>
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		<title>¿Y si Fukuyama hubiera acertado?</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jul 2011 16:06:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de Filosofía Contemporánea, Universitat de Barcelona (EL PERIÓDICO, 04/07/11):</p>
<p>Regresa, imparable, la derecha al poder político en todas partes, no solo en España, sino también en Europa y buena parte del mundo (me anticipo al sarcasmo: del otro, del económico, es obvio que nunca se fue). Y trae consigo en su regreso una de las consignas que más dividendos parece haberle rendido en el terreno propagandístico desde hace medio siglo, la consigna -teorizada paradigmáticamente por Daniel Bell- del final de las ideologías, apenas maquillada en otras formulaciones análogas posteriores como gobierno de expertos o -uno &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38986/y-si-fukuyama-hubiera-acertado/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de Filosofía Contemporánea, Universitat de Barcelona (EL PERIÓDICO, 04/07/11):</p>
<p>Regresa, imparable, la derecha al poder político en todas partes, no solo en España, sino también en Europa y buena parte del mundo (me anticipo al sarcasmo: del otro, del económico, es obvio que nunca se fue). Y trae consigo en su regreso una de las consignas que más dividendos parece haberle rendido en el terreno propagandístico desde hace medio siglo, la consigna -teorizada paradigmáticamente por Daniel Bell- del final de las ideologías, apenas maquillada en otras formulaciones análogas posteriores como gobierno de expertos o -uno de los últimos hallazgos publicitarios locales- gobierno de los mejores. El objetivo último de la consigna es intentar justificar por enésima vez que la vieja distinción entre derecha e izquierda ha dejado de tener sentido, y que lo único que hay que reclamar a los responsables políticos es eficiencia para resolver los problemas que la sociedad en su conjunto (¿han reparado en cuánto se habla últimamente de transversalidad ahora en estas latitudes a costa de la independencia?) tiene planteados en cada momento.</p>
<p>Desactivadas -o desacreditadas- las ideas, especialmente las políticas, se abren paso los sentimientos, dispuestos a ocupar el lugar y la función de aquellas. Desacreditados los corpus ideológicos tradicionales (como en otro momento era una determinada ciencia de la historia, o el convencimiento de estar del lado del sujeto histórico emancipador), que funcionaban a modo de robustos avales para nuestra acción, las certezas han sido desplazadas por las convicciones, y las pasiones o las identificaciones emotivas, incapaces de cumplir la función de herramientas para ayudarnos a interpretar el mundo, actúan a modo de consolador bálsamo contra las frustraciones que este nos provoca.</p>
<p>De esto último -de la conciencia de la propia debilidad- tenemos sobradas pruebas. Basta con pensar en los diferentes diagnósticos que se han presentado sobre nuestro presente y sobre el futuro que nos aguarda. De un lado, acaso el más publicitado haya sido el presentado a finales de la década de los 80 por Francis Fukuyama, diagnóstico que, a la luz de lo que ha terminado ocurriendo, acaso valga la pena recuperar. Como en su momento Perry Anderson se encargó de señalar en su libro <em>Los fines de la historia</em>, buena parte de las críticas que el politólogo de origen japonés recibió se apoyaban en el malentendido de interpretar su propuesta en una clave equivocada. Fukuyama, a fin de cuentas, no hacía otra cosa que intentar articular discursivamente un conjunto disperso de opiniones, absolutamente generalizadas en la década de los 80, cuando la crisis del socialismo real hacía que se extendiera como una mancha de aceite el convencimiento de que el modelo capitalista se había quedado sin alternativa. El planteamiento del autor de El fin de la historia y el último hombre era susceptible de múltiples objeciones, pero probablemente su flanco más débil no era aquel por el que tanto se le atacó (como si de lo que él presentaba como una descripción del estado de cosas existente se pretendiera una propuesta debatible, a la que simplemente se le pudiera oponer una preferencia contraria del tipo «ah, pues yo no soy partidario de dar por terminada la historia»).</p>
<p>El aspecto de su planteamiento que, desde la perspectiva actual, se nos revela más criticable, tiene que ver con el estatuto de su diagnóstico. Como señalara tempranamente el filósofo italiano Gianni Vattimo, lo que ha llegado a su fin es la idea del fin de la historia: resulta autocontradictorio un diagnóstico acerca de lo histórico que se presente a sí mismo como situado por encima de la historia, olvidando que el convencimiento según el cual ya nunca más seremos capaces de generar un modo de vida distinto y superior al actual es, él también, el resultado de unas concretas y bien específicas circunstancias históricas.</p>
<p>Pero tal vez cupiera una relectura a la baja de las tesis de Fukuyama que, en vez de afirma la radical imposibilidad de concebir una mejor organización del mundo, asumiera precisamente la radical limitación de nuestra perspectiva. Así reinterpretado, el publicitado final de la historia perdería su aspiración cuasimetafísica para transformarse en una prospectiva, mucho más modesta, que tal vez podría quedar formulada en términos parecidos a estos: «Hasta donde alcanza la vista, no hay modelo económico alternativo al modo de producción capitalista ni forma de organización de la esfera política superior a la democracia liberal». Dos décadas después de esta formulación, inmersos en medio de una crisis de incalculables consecuencias, apenas empezamos a atisbar los efectos de que el capitalismo se haya quedado solo. O, lo que es lo mismo, de que durante un tiempo -un tiempo en el que, por desgracia, todavía estamos, sin que nadie sea capaz de prever hasta cuándo- Fukuyama haya tenido razón. Nos lo avisaron hace unos meses los mismos chicos que han acampado las últimas semanas en nuestras plazas: «El problema no es la crisis; es el capitalismo». Sinceramente, no creo que se pueda decir mejor.</p>
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		<title>Regeneración de la izquierda extremeña</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Jun 2011 11:08:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Extremadura]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Sánchez González</strong>, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura (EL MUNDO, 22/06/11):</p>
<p>¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? Ése es el título de una película que me viene a la memoria para ilustrar estas reflexiones relacionadas con las lecturas e interpretaciones que vienen haciéndose sobre los resultados de las recientes elecciones autonómicas, particularmente en Extremadura, y que tan patéticas resultan a veces, por lo ingenuamente enternecedoras, cuando no por lo interesadamente mistificadoras. Parafraseando el título de la película y acercándolo a nuestro terreno, cabría preguntarse ¿Por qué hablan de ideologías cuando lo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38643/regeneracion-de-la-izquierda-extremena/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Sánchez González</strong>, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura (EL MUNDO, 22/06/11):</p>
<p>¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? Ése es el título de una película que me viene a la memoria para ilustrar estas reflexiones relacionadas con las lecturas e interpretaciones que vienen haciéndose sobre los resultados de las recientes elecciones autonómicas, particularmente en Extremadura, y que tan patéticas resultan a veces, por lo ingenuamente enternecedoras, cuando no por lo interesadamente mistificadoras. Parafraseando el título de la película y acercándolo a nuestro terreno, cabría preguntarse ¿Por qué hablan de ideologías cuando lo que se ventila es el reparto y el disfrute del poder? ¿Y qué tendrá que ver para algunos y en determinadas ocasiones el poder con la ideología, la teoría con la praxis, o el discurso con la realidad?</p>
<p>Izquierda o derecha, cambio o continuidad, son los ejes cartesianos, las coordenadas interpretativas que utilizan los interesados y los medios de comunicación cuando se dirigen a los ciudadanos para hacerles inteligibles una realidad que velozmente ha escapado de su control, casi al ritmo que se esfumaba su protagonismo con la caída en picado de su voto en la urna. Superado el momento electoral, el de los requiebros, complacencias e incertidumbre, nos encontramos ahora en el de los subterfugios y simplificaciones interesadas. En el tiempo de las imposturas, etiquetas encubridoras y coartadas pseudoideológicas, donde los políticos se definen por lo que dicen y aparentan ser y no tanto por lo que verdaderamente sienten o hacen, o por lo que realmente son. Y donde vuelven a desaparecer matices y concreciones, al tiempo que se recupera interesadamente la dialéctica opaca entre las apariencias y la realidad, entre los fines y los medios, y el dilema superficial de la izquierda y la derecha. Como si la izquierda o la derecha fueran un lugar y no una posición relativa y dinámica que se alcanza más que por la palabra, por la acción, sobre todo teniendo en cuenta que unos y otros, aunque no todos, han tenido la posibilidad desde el poder de actuar y transformar la realidad. Como si fuera más importante alardear de izquierdas o de derechas, que demostrar o presentar las credenciales de una actuación consecuente con los planteamientos que se dicen defender. Como si la etiqueta fuera más importante que el producto.</p>
<p>En Extremadura estos sobreentendidos dibujan un panorama en el que aparentemente sólo hay una derecha y otra izquierda, aunque en ocasiones esta última parezca bifurcarse con el surgimiento de una especie de añadido que la hegemónica, con indisimulado sentido de superioridad, adula o desprecia, engulle o divide, según lo que marque la rosa de los vientos. Recordemos las invocaciones a la casa común de la izquierda y las gracietas acerca de lo hundida que está esa otra izquierda.</p>
<p>Sucede, sin embargo, que la ideología se encarna en personas y personajes que son los que con su talante y con su talento, con sus aptitudes y comportamientos hacen posible o increíbles las expectativas e ilusiones colectivas proclamadas y programadas. Los que con su personalidad y capacidad otorgan realmente credibilidad a las ideologías. O las desnaturalizan. Por sus obras, o mejor por sus frutos, los conoceréis, y ciertamente no siempre es fácil encontrar la concordancia entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que cabría esperar y al final es. En la izquierda socialista extremeña, y por supuesto en la derecha popular, ha habido y en cierto sentido aún sigue latente mucho franquismo sociológico, lo cual es casi natural, dado el componente generacional de los que se encaramaron al poder en la Transición y todavía están o manejan los hilos de la política. En las actitudes, comportamientos y actuaciones de muchos socialistas con diferentes y en algunos casos dilatadas responsabilidades de gobierno difícilmente cabe encontrar señas de identidad y valores claramente identificables y atribuibles a la izquierda. Y eso vale tanto para el pasado como para el presente. Claro que hay excepciones, como en todos los colectivos sociales, y afortunadamente esas personas suelen disfrutar de merecido reconocimiento y yo, modestamente, puedo presumir de haber colaborado con algunos de ellos. Y por supuesto que es necesario realizar un esfuerzo de contextualización, que no todo puede ser negro o blanco, ni han de escatimarse logros o magnificar fracasos, y que los análisis y los balances no pueden supeditarse al color del cristal con que se mire. Pero lo cierto es que han transcurrido casi 30 años sin superar el paralizante ensimismamiento reflejado tanto en la complaciente mirada retrospectiva, como en la tremendista visión panorámica que sigue situando a Extremadura en el furgón de cola de las regiones españolas.</p>
<p>Y lo mismo sucede, aunque a mayor escala, en el escenario nacional. Una izquierda, la socialista que alardea de talante pero que ha demostrado carecer de talento para enfrentarse con los problemas acuciantes, para analizar la realidad y ofrecer soluciones y alternativas singulares e identificables. Y que ha optado por el eslogan frente a la reflexión, por el talante frente al talento. Y todo para que al final se desmorone el castillo de naipes, y para que la desnudez ideológica resulte patente. Con el talante se reconforta el espíritu, con el talento se satisfacen las necesidades del cuerpo, pero lo importante es compaginar el talante con el talento, y eso me temo que sólo puede ser resultado de la regeneración y de la reflexión, y no de la soberbia, la prepotencia real o impostada, o de una pretendida superioridad moral.</p>
<p>El problema de este siglo XXI es que, aun siendo imprescindibles las izquierdas y las derechas, se siguen utilizando como reliquias del siglo XIX en lugar de someterlas a una fuerte revisión y reformulación. Creo que la izquierda, y particularmente en Extremadura tras casi 30 años en el poder, necesita una profunda regeneración, de personas, de ideas, de objetivos y de metodología. Por eso considero que el resultado de estas elecciones y la decisión tomada en la federación extremeña de IU ofrecen una interesante oportunidad que ojalá se sepa aprovechar, porque la historia viene demostrando que desde el ejercicio del poder, tal como aquí ha quedado descrito, no cabe la regeneración, y sí la degeneración y en algunos casos la corrupción. Y esto último, como tantas otras cosas, no tiene por qué ser de izquierdas ni de derechas, simplemente es.</p>
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		<title>Recordar hacia mañana</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/38534/recordar-hacia-manana/</link>
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		<pubDate>Mon, 20 Jun 2011 13:06:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Irene Lozano</strong>, periodista y escritora (EL PAÍS, 20/06/11):</p>
<p>No se puede echar un remiendo a la socialdemocracia -como muchos tratan de hacer- sin tener en cuenta una consideración previa: la socialdemocracia no es una ideología, sino una adaptación a la coyuntura. En un momento y un lugar muy concretos -Europa Occidental después de la II Guerra Mundial- se trató de incorporar el principio rector del socialismo, la idea de igualdad, al régimen de democracia liberal y la economía de libre mercado. Esto significa que la socialdemocracia es, en sí misma, liberal por los cuatro costados: nace en el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38534/recordar-hacia-manana/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Irene Lozano</strong>, periodista y escritora (EL PAÍS, 20/06/11):</p>
<p>No se puede echar un remiendo a la socialdemocracia -como muchos tratan de hacer- sin tener en cuenta una consideración previa: la socialdemocracia no es una ideología, sino una adaptación a la coyuntura. En un momento y un lugar muy concretos -Europa Occidental después de la II Guerra Mundial- se trató de incorporar el principio rector del socialismo, la idea de igualdad, al régimen de democracia liberal y la economía de libre mercado. Esto significa que la socialdemocracia es, en sí misma, liberal por los cuatro costados: nace en el sistema liberal, se siente cómoda en él y no aspira a destruirlo -ni política ni económicamente-, sino a corregir sus injusticias dentro del marco institucional. Así fue durante las tres décadas que duró su edad de oro, aquellos años en que la simbiosis de socialismo y liberalismo pareció de un sentido común tan apabullante que hasta los conservadores británicos construían vivienda protegida.</p>
<p>Por tanto, cuando se aboga por una &#8220;socialdemocracia liberal&#8221;, como hizo Daniel Innerarity en estas páginas (EL PAÍS, 1 de junio), en el fondo se nos propone que a la ecuación socialdemócrata (socialismo + liberalismo) le sumemos más dosis liberales, con un resultado perfectamente defendible, pero para una reflexión sobre&#8230; el liberalismo. El autor pide a la izquierda que &#8220;no quiera introducir la justicia por medio de la redistribución estatal sino mediante la creación de una mayor igualdad de oportunidades&#8221;, y que aspire a &#8220;un Estado con el poder mínimo e indispensable&#8221;, pero obligado a &#8220;cuidar activamente de que todos los ciudadanos puedan comerciar libremente en los mercados&#8221;. Todas ellas se me antojan excelentes ideas para los neoliberales, aunque difícilmente se pueden plantear como salida a la socialdemocracia cuando no contienen la menor preocupación social, salvo por esa alusión a la igualdad de oportunidades, que, como se logra mediante la educación pública universal, necesita un Estado preocupado de algo más que el comercio.</p>
<p>La reflexión, insisto, me parece no solo legítima, sino sobre todo pertinente: la tribulación ideológica en las filas de la izquierda es enorme, pero no llega a nublar por completo la crisis en que también se hallan sumidas las ideas liberales, secuestradas por un fanatismo que amenaza con devolvernos a un capitalismo de tintes premodernos.</p>
<p>Si algo pueden presentar los liberales en su hoja de servicios a la humanidad es su oposición a la concentración de poder y su alta sensibilidad para detectar todo tipo de despotismos en distintos momentos de la historia. Que la burguesía incipiente se opusiera al poder del Estado y las trabas económicas gozaba de toda lógica en la época, pero resulta llamativa la obcecación contra la supuesta opresión económica de los Estados, cuando los estamos viendo acogotados por las exigencias de un poder financiero cuya felicidad requiere más dolor y menos derechos para el ciudadano.</p>
<p>Puede concederse que, hacia el interior, los Estados acumulan un poder no siempre empleado con racionalidad y eficiencia. Hacia fuera, en cambio, hacia el ancho mundo, su impotencia resulta clamorosa en estos tiempos de crisis. Y algo debe de estar fallando en la sensibilidad liberal cuando desde sus filas se alzan pocas voces denunciando que la mayor amenaza a la autonomía del individuo y al autogobierno reside hoy en la nulidad de los poderes democráticos para someter al poder financiero. No otra cosa afirmaba un ilustre liberal como Hayek cuando dejó escrito en <em>Camino de servidumbre:</em> &#8220;Lo que necesitamos y cabe alcanzar no es un mayor poder en manos de irresponsables instituciones económicas internacionales, sino por el contrario, un poder político superior que pueda mantener a raya los intereses económicos y que, ante un conflicto entre ellos pueda mantener un equilibrio porque él mismo no está mezclado en el juego económico&#8221;.</p>
<p>En efecto, acabar con esa cooptación del poder político por parte del económico resulta más urgente que la necesidad de un Estado mínimo, incluso desde un punto de vista liberal. Si Hayek prefiere la superioridad del poder político es porque conoce los riesgos de unos mercaderes demasiado poderosos y poco preocupados de las consecuencias sociales de sus actos algo, por cierto, que ya anotó Adam Smith con ironía: &#8220;Las personas que se dedican al comercio rara vez se reúnen sin que su conversación gire alrededor de cómo conspirar contra el público o en maquinar sobre cómo subir los precios&#8221;. Si el Parlamento británico pudo discutir en 1795 una propuesta de ley de salarios mínimos utilizando a Smith como fuente de autoridad, fue porque él había dejado claro que los comerciantes se ocupan de sus negocios y el Estado de otras cosas. Nos lo recuerda José María Lassalle en <em>Liberales,</em> un imprescindible compendio de la virtud cívica del liberalismo clásico, consciente de que &#8220;los empresarios pretendían sustituir al Estado, transformarlo en una especie de compañía mercantil gobernada por ellos, corrompiendo el interés general hasta hacerlo particular&#8221;.</p>
<p>La crisis bancaria reivindica aquel liberalismo visionario: los activos tóxicos ideados por los genios americanos de las finanzas han resultado ser una conspiración contra el público. Pero no solo: las propias entidades financieras, con su furibunda oposición a una supervisión estatal y a una regulación de su actividad -reflejada fielmente en <em>Inside Job-,</em> se encaminaron triunfantes hacia su ruina. Por encima de todo, no obstante, el gran inconveniente de los mercados es que su poder no es democrático. Y aquí sí creo que el liberalismo y la socialdemocracia pueden encontrar un amplio trecho que recorrer de la mano. A ambos les debería preocupar la hegemonía actual de esos entes fantasmagóricos llamados &#8220;mercados&#8221;, que por no tener no tienen ni rostro, que no se presentan a las elecciones, ni rinden cuentas ante los ciudadanos, ni explican sus programas, pero ostentan la facultad de imponer la visión del mundo más beneficiosa para ellos.</p>
<p>Nadie discute que los acreedores de Grecia tengan derecho a cobrar lo que se les debe. Sin embargo resulta inaceptable que dicten políticas económicas al margen de los órganos de la soberanía popular. Ya se le ha dejado muy claro a Grecia la prenda deseada a cambio de nuevos préstamos: privatizaciones masivas y nuevos recortes. La extorsión se ve con claridad si la trasladamos a la economía doméstica: el banco puede cobrarnos la hipoteca todos los meses, y hasta reconocemos su derecho a embargarnos la casa si no pagamos, pero no aceptaríamos, a cambio de un préstamo, otorgar al director de la sucursal bancaria la capacidad de decidir si llevamos a nuestros hijos a un colegio más barato o vendemos las joyas familiares. Lo que en casa consideraríamos una intrusión en nuestra libertad, ¿se convierte en un triunfo del liberalismo cuando afecta al Estado? ¿Alguien siente que esa merma del poder del Estado esté derivando en una mayor libertad individual o las movilizaciones del 15-M indican lo contrario? Algo sucede cuando la tradicional sensibilidad liberal a la acumulación de poder no solo no denuncia airada el despotismo de los mercados, sino que sigue clamando por el Estado mínimo en medio de la crisis. Me temo que el neoliberalismo de las últimas décadas no solo ha dejado hecha trizas la socialdemocracia, sino también las ideas liberales, degradadas a verdades de hierro que solo por el dogmatismo con que se defienden ya traicionan el espíritu del liberalismo.</p>
<p>La salida de este atolladero no se halla en los manuales de política, ni mucho menos en los de economía, sino en la literatura: <em>el Viejo</em> lorquiano de <em>Así que pasen cinco años</em> aconsejaba &#8220;recordar hacia mañana&#8221;. Porque tal vez en las lecciones del pasado, liberales y socialdemócratas encuentren la forma de aunar esfuerzos para someter al poder financiero a controles y equilibrios, los clásicos<em> checks and balances</em>, e imprimir un giro social a la economía. Sería una necedad olvidar en el siglo XXI lo que Adam Smith ya sabía en el XVIII, que &#8220;la mezquina rapacidad y el espíritu de monopolio de los mercaderes no son ni deben ser los gobernantes de la humanidad&#8221;.</p>
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		<title>La política paralizada por el miedo</title>
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		<pubDate>Fri, 13 May 2011 20:08:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aspectos Generales]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Germán Cano</strong>, filósofo y traductor (EL PAÍS, 13/05/11):</p>
<p>¿Existe una crisis de la indignación? Con ocasión de la publicación del pequeño ensayo <em>¡Indignaos!,</em> del antiguo miembro de la Resistencia francesa, Stéphane Hessel, todo un <em>best seller</em> en su país, algunos medios de comunicación nacionales han reflexionado  sobre la presunta atonía de la sociedad española. Sin embargo, al margen  de la comparación, la pregunta apunta a un problema aún más acuciante:  ¿ha perdido la izquierda, en detrimento de la derecha, su capacidad de  movilizar la fuerza de la indignación, ese elemento necesario del  compromiso ciudadano?</p>
<p>A la vista de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/34921/la-politica-paralizada-por-el-miedo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Germán Cano</strong>, filósofo y traductor (EL PAÍS, 13/05/11):</p>
<p>¿Existe una crisis de la indignación? Con ocasión de la publicación del pequeño ensayo <em>¡Indignaos!,</em> del antiguo miembro de la Resistencia francesa, Stéphane Hessel, todo un <em>best seller</em> en su país, algunos medios de comunicación nacionales han reflexionado  sobre la presunta atonía de la sociedad española. Sin embargo, al margen  de la comparación, la pregunta apunta a un problema aún más acuciante:  ¿ha perdido la izquierda, en detrimento de la derecha, su capacidad de  movilizar la fuerza de la indignación, ese elemento necesario del  compromiso ciudadano?</p>
<p>A la vista de esta cuestión, ciertos acontecimientos como el resurgir  de la ultraderecha en toda Europa, la movilización del Tea Party en  Estados Unidos o las altas expectativas electorales creadas por Marine  Le Pen en las últimas elecciones cantonales francesas revelan un  inquietante fenómeno: parece como si en momentos de crisis solo la  derecha tuviera la capacidad de canalizar la afectividad política,  mientras que la izquierda solo supiera administrar.</p>
<p>¿Por qué cada  vez más ocurren rebeliones y protestas violentas carentes de todo  mensaje ideológico y basadas en un vago resentimiento? Posiblemente,  porque hoy, en nuestro marco pospolítico y posideológico, la indignación  no acierta a invertir sus movimientos reflejos en un marco narrativo  inteligible. Al carecer de una cartografía cognitiva, la cólera explota  en un acto políticamente sin sentido, tan ciego que atenta a veces  incluso contra su propio perpetrador.</p>
<p>Es aquí donde, salvando  ciertas distancias, resulta pertinente volver la mirada a ese singular  laboratorio de crisis que fue la República de Weimar. De ese escenario,  en el que Hitler supo sacar ventaja buscando chivos expiatorios,  actualmente el neopopulismo derechista extrae sus oportunistas  lecciones. Una de ellas es no temer caer en flagrantes incoherencias con  tal de jugar en todos los tableros. No en vano Jean-Marie Le Pen se  definía como un político que se encontraba &#8220;socialmente a la izquierda,  económicamente a la derecha y, siempre, con Francia en el centro de sus  pensamientos&#8221;.</p>
<p>En primer lugar, cabe señalar que el problema  económico de la República de Weimar se cifraba en la preponderante  influencia especulativa del capital financiero sobre la esfera  productiva. Cuando la burbuja de Weimar, mantenida artificialmente por  Wall Street, explotó tras el hundimiento de la Bolsa norteamericana en  1929, los efectos no tardaron en percibirse. El recorte del gasto  público y la eliminación de la financiación del sistema de cobertura del  desempleo, una de las conquistas de la segunda fase de la República,  generaron un clima de desafección radical hacia la clase política y un  cinismo desilusionado sobre los que no tardó mucho en encender la mecha  el populismo demagógico.</p>
<p>En concreto, un debate interesante para  nosotros fue el de saber qué plan de acción podía ofrecer la izquierda  para contrarrestar el creciente malestar de las precarizadas clases  medias. Aquí el peligro estribaba en recaer en una estrategia dogmática  de clase incapaz de tender puentes entre los &#8220;diferentes mundos&#8221;. La  buena aproximación pasaba por diseñar un programa no orientado a  acelerar la crisis -el &#8220;cuanto peor, mejor&#8221;- ni, desde luego, a proponer  soluciones de cirugía radical nacionalista.</p>
<p>En su ensayo <em>Los empleados,</em> Siegfried Kracauer mostraba así cómo la proleta-rización de las clases  medias no conducía en ellas a ninguna conciencia crítica sobre el mapa  general, sino al <em>movimiento</em> nacionalsocialista. Walter Benjamin,  por su parte, investigaba cómo los individuos sacudidos por las  conmociones sociales se veían obligados a anestesiarse en masa bajo la  estética del espectáculo o la vigorexia deportiva para mantener cierta  ortopedia narcisista. Bajo el <em>shock,</em> las facultades sensoriales  dejaban de estar en contacto con la realidad y pasaban a ser un medio de  defensa. Compárese la escenografía del <em>Triunfo de la voluntad</em>,  de Leni Riefenstahl, donde se esconde toda vulnerabilidad, con la mirada  de Chaplin al cuerpecito vapuleado en la cadena de montaje para  apreciar cómo esta atrofia de la experiencia conducía a conclusiones  políticas opuestas.</p>
<p>En plena crisis, Benjamin utilizó la expresión  &#8220;melancolía de izquierda&#8221; para definir esta situación de parálisis. Si  en esta situación de desmoronamiento de valores, la cólera experimentada  tras el &#8220;engaño&#8221; político se canalizó mejor por la demagogia derechista  fue, entre otras razones, por la ineptitud de una izquierda que,  aferrada a planteamientos economicistas, entregó al enemigo la pedagogía  sobre el campo expresivo. Absteniéndose de luchar en el terreno en el  que aún se podía urbanizar políticamente la cólera y evitar su explosión  en resentimiento, esta dejación nos ilustra para comprender lo que  ocurre hoy cuando una racionalidad tecnocrática limitada a lo  administrativo cede el espacio de lo político y la indignación a los  sectores reaccionarios.</p>
<p>Allí donde Benjamin y Kracauer, golpeados por el <em>shock</em> de Weimar y sus consecuencias regresivas y anestésicas, cartografiaron  el alcance psicosocial de esta pérdida de experiencia, Naomi Klein ha  tratado en los últimos años de investigar la relación entre el  capitalismo neoliberal y los desastres naturales o políticos. No debe  subestimarse esta comparación entre épocas: la privación sensorial e  histórica de nuestra experiencia del mundo desemboca no pocas veces en  un estado de desorientación en el que el individuo se siente tentado de  buscar un amo al que pueda ceder voluntariamente su libertad.</p>
<p>En este sentido, Klein ha puesto de manifiesto cómo la nueva lógica del mercado diseñada por los <em>Chicago boys</em> se adapta como un guante al <em>shock.</em> En este telón de fondo privilegiado, las crisis sirven para imponer a  las sociedades aún sumidas en un estado de conmoción nuevas  privatizaciones y políticas de corte neoliberal. La imposición de esta  dinámica, alérgica al intervencionismo estatal keynesiano, es facilitada  cuando lo que allana el camino a la misma es algún tipo de cataclismo.  Asimismo, la &#8220;intoxicación&#8221; del entorno de solidaridad, puesto bajo  sospecha con la crisis, y la creación artificial de una atmósfera de  miedo obligan a la población a hacer tábula rasa y blindarse frente al  contexto social.</p>
<p>&#8220;A lo único que debemos temer es al miedo mismo&#8221;.  Tras la crisis de 1929, en su discurso de toma de posesión de 1933, el  presidente de EE UU F. D. Roosevelt pronunció estas famosas palabras.  Hoy, no puede dejar de resonar su mensaje en un momento en el que la  izquierda parece paralizada por el miedo, incluso por su miedo al miedo  de la gente. La amarga lección de la República de Weimar para la  tradición social de izquierdas fue comprobar que nada podía obtener del  &#8220;cuanto peor, mejor&#8221;. También los discípulos de Milton Friedman están de  acuerdo. Como dijo el maestro: &#8220;Solo una crisis -real o percibida- da  lugar a un cambio verdadero. Creo que esa ha de ser nuestra función  básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes para  mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se  vuelve políticamente inevitable&#8221;.</p>
<p>Sirviéndose del famoso cuento de Edgar Allan Poe, <em>Un descenso al Maelström,</em> el sociólogo Norbert Elias describe el tsunami provocado por los  momentos críticos como un singular círculo vicioso. Este &#8220;doble vínculo&#8221;  se desarrolla entre un peligro extremo y una intensa carga emocional  susceptible de oscurecer un conocimiento cartográfico del  acontecimiento. Esta oscilación entre el pánico y la anulación de la  voluntad de saber es la que impide reaccionar de manera adecuada a la  desorientación. Según la narración, de los tres hermanos que se  encuentran en el centro del <em>Maelström,</em> solo el más pequeño es capaz de sobreponerse al <em>shock</em> que le atenaza y hacerse un mapa general del movimiento sísmico. Solo  él es capaz de sobreponerse al compromiso precipitado por la catástrofe.</p>
<p>Solo  quien tiene la habilidad de no dejarse llevar puede idear estrategias  para salir del marasmo. En este sentido, habría que matizar el  recurrente mantra de que la derecha española actual no tiene programa;  es que no necesita mapas: solo confía en el <em>shock.</em></p>
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		<title>Lo que yo creo: una ética de izquierda</title>
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		<pubDate>Fri, 06 May 2011 16:33:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jean Daniel</strong>, director de <em>Le Nouvel Observateur.</em> Traducción: José Luis Sánchez-Silva (EL PAÍS, 06/05/11):</p>
<p>He aquí algunas lecciones que he aprendido de mis maestros. Me he convertido en lo que Camus llamaría un &#8220;reformista radical&#8221;. Practico lo que Michel Foucault denominaría una &#8220;moral de la incomodidad&#8221;. Albergo la ambición de alcanzar una &#8220;felicidad sin obligación de trascendencia&#8221;, como creo que habría podido decir Spinoza. Se trata simplemente de una ética de izquierda.</p>
<p><strong>1.</strong> Ya no quiero cambiar el mundo; quiero reformarlo. De hecho, creo que el mundo cambia por sí mismo mucho más deprisa que nuestro deseo de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38102/lo-que-yo-creo-una-etica-de-izquierda/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jean Daniel</strong>, director de <em>Le Nouvel Observateur.</em> Traducción: José Luis Sánchez-Silva (EL PAÍS, 06/05/11):</p>
<p>He aquí algunas lecciones que he aprendido de mis maestros. Me he convertido en lo que Camus llamaría un &#8220;reformista radical&#8221;. Practico lo que Michel Foucault denominaría una &#8220;moral de la incomodidad&#8221;. Albergo la ambición de alcanzar una &#8220;felicidad sin obligación de trascendencia&#8221;, como creo que habría podido decir Spinoza. Se trata simplemente de una ética de izquierda.</p>
<p><strong>1.</strong> Ya no quiero cambiar el mundo; quiero reformarlo. De hecho, creo que el mundo cambia por sí mismo mucho más deprisa que nuestro deseo de cambiarlo. Pero si quiero ser reformista no es solo porque haya renunciado a la revolución, sino porque creo en los progresos, y quiero subrayar que he escrito esta última palabra en plural. Es evidente que ya no se puede creer en el progreso en el sentido en que lo hacían Condorcet, Marx o Auguste Comte. Pero antes de que un águila le devorase el hígado, Prometeo consiguió robar ciertos secretos a Zeus; y entre ellos había algunos que hicieron posible que la humanidad diera un enorme salto hacia en el conocimiento. La reforma consiste en hacer desaparecer aquellos secretos que resultaron ser maléficos.</p>
<p><strong>2.</strong> El siglo anterior debería conducirnos a desconfiar de todas las revoluciones, a comprender todas las resistencias y a abrazar el espíritu reformista. A condición que esta conversión se lleve a cabo con un radicalismo que impida que los compromisos se conviertan en componendas. El &#8220;reformismo radical&#8221; excluye todo relativismo desencantado. Mendes-France decía que la tensión reformadora debe inocular constantemente patetismo en la virtud. La democracia debe ser una pasión.</p>
<p><strong>3.</strong> La explosión de los dogmas y de las ideologías debería condenarnos a la humildad y a un verdadero culto de la complejidad. Al margen de las justas políticas y los divertimentos de las polémicas, lo perentorio ya no es soportable. En lo que a mí respecta, he decidido interesarme siempre por las razones de quienes están en desacuerdo conmigo. En este terreno, mi maestro es Raimundo Lulio, un monje mallorquín del siglo XIII que invitaba a los impíos a no escoger entre los tres monoteísmos, sino a formarse su propia síntesis personal.</p>
<p><strong>4.</strong> La sabiduría consiste ahora en no separar nunca los conceptos de libertad e igualdad. La primera sin la segunda conduce a la jungla de las competiciones. La igualdad sin libertad lleva a la uniformidad y a la tiranía. Tampoco se debería separar nunca la preocupación por la creación de riquezas de la preocupación por su reparto. El hombre sigue siendo la meta de toda creación.</p>
<p><strong>5.</strong> Desde esta óptica, el dinero solo puede ser el símbolo de unamercancía y el instrumento que sirve para hacerla circular mejor. Cuando la especulación conduce a considerar el dinero como un fin y no como un medio, en otras palabras, cuando el capital se &#8220;financiariza&#8221;, la sociedad entera se transforma en una bolsa de valores que ya solo puede optar entre un individualismo cínico y un latrocinio organizado.</p>
<p><strong>6.</strong> Según Marx, la violencia viene provocada por el paso de una sociedad a otra, como ocurrió durante la transición del feudalismo al capitalismo. Solo en este caso considera que la violencia es progresista o, si se quiere, revolucionaria. Contrariamente a lo que se repite por doquier, esta noción no es hegeliana. Hegel elogió la Revolución (1789), pero no el Terror (1793), en el que no vio un progreso, sino todo lo contrario: una regresión. No existe pues una fatalidad progresista de la violencia, sino al revés. Soy partidario de una no violencia ofensiva y no sacrificial.</p>
<p><strong>7.</strong> No obstante, puede ocurrir que una guerra a la vez &#8220;inevitable e inexcusable&#8221; sea necesaria por razones de autodefensa. Pero solo podría ser declarada como último recurso, después de descartar todas las demás soluciones. Una vez que se ha decidido ir a la guerra, hay que tener en mente tres reflexiones: <em>a)</em> &#8220;Sí, a veces hay que resignarse a la guerra, pero sin olvidar nunca que, pese a la equidad de la causa, eso significa participar de la eterna locura de los hombres&#8221; (Barack Obama); <em>b)</em> &#8220;Cada vez que un oprimido toma las armas en nombre de la justicia, da un paso en el campo de la injusticia&#8221; (Camus); <em>c)</em> &#8220;La justicia, esa fugitiva que a menudo deserta del campo de los vencedores&#8221; (Simone Weil).</p>
<p><strong>8.</strong> No está en el destino de una víctima el seguir siéndolo; después de liberarse, puede convertirse en verdugo. Todos aquellos que aceptan responder a la barbarie con la barbarie, utilizando las mismas armas que sus enemigos y traicionando así los valores por los que combaten deberían tener presente este pensamiento. En tal caso, no hay inocentes, solo vencedores o muertos. En una época en la que la fragmentación de los dogmas y los conflictos de la fe conducen a los fanatismos y en la que cada vez es más difícil hablar de valores universales, un odio debe imponerse -y la palabra no es demasiado fuerte-: el odio hacia todos los absolutos. El principio del exterminio de un pueblo constituye el mal absoluto. Los supervivientes de Auschwitz y Ruanda no deben decirse: &#8220;Nosotros nunca más&#8221;, sino &#8220;esto nunca más&#8221;.</p>
<p><strong>9.</strong> Ya en mi más tierna infancia aprendí a considerar la humillación como uno de los peores males de la humanidad. Más aun que las opresiones, las ocupaciones y las alienaciones, la humillación es lo que más profundamente hiere el alma de un individuo o una colectividad. Y lo que está detrás de las revoluciones controladas y de las revoluciones fanáticas.</p>
<p><strong>10.</strong> Hay varios medios para no colocar nuestro sillón en el sentido de la resignación ante las desgracias de la vida y la maldición de los hombres. Por ejemplo, considerar que &#8220;la vida no es nada, pero nade vale más que una vida&#8221; (Malraux), que &#8220;no hay que buscar a Dios en ninguna otra parte que en todas partes&#8221; (Gide) y que solo la admiración que se transforma en amor puede impedirnos ver la vida como &#8220;un cuento lleno de ruido y furor contado por un idiota y que no significa nada&#8221; (Shakespeare). De todas formas, como dice magníficamente François Cheng, &#8220;todos los juicios, todos los cultos y todos los ritos pueden desaparecer, salvo uno solo, el de la Belleza&#8221;.</p>
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		<title>El mercado, un invento de la izquierda</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Apr 2011 16:54:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Daniel Inerarity</strong>, catedrático de Filosofía Política y Social,  investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y director del  <a href="http://www.globernance.com" target="_blank">Instituto de Gobernanza Democrática</a> (EL PAÍS, 22/04/11):</p>
<p>Ahora que tan de moda está mezclar la realidad con la ficción, yo  propongo un relato del que la mayoría dirá que es puro realismo y yo  sostengo que se trata de una ficción: el Gobierno socialista se enfrentó  de entrada a la crisis con el heroísmo que cabía esperar de la  izquierda y ha terminado por rendirse a los mercados con un servilismo  propio de la derecha. ¿A que suena bien &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/34752/el-mercado-un-invento-de-la-izquierda/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Daniel Inerarity</strong>, catedrático de Filosofía Política y Social,  investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y director del  <a href="http://www.globernance.com" target="_blank">Instituto de Gobernanza Democrática</a> (EL PAÍS, 22/04/11):</p>
<p>Ahora que tan de moda está mezclar la realidad con la ficción, yo  propongo un relato del que la mayoría dirá que es puro realismo y yo  sostengo que se trata de una ficción: el Gobierno socialista se enfrentó  de entrada a la crisis con el heroísmo que cabía esperar de la  izquierda y ha terminado por rendirse a los mercados con un servilismo  propio de la derecha. ¿A que suena bien y podría arrancar bastantes  aplausos en un foro adecuado? ¿Y si la verdad fuera lo contrario?</p>
<p>Esta sería mi versión del asunto: el Gobierno, que venía de una  cómoda etapa de expansión de gasto y extensión de compromisos  asistenciales, aplicó inicialmente las medidas keynesianas que  recomendaban casi todos y ahora, con mejor conocimiento de la naturaleza  de la crisis, consigue realizar unas reformas cuyo objetivo último es  salvar el Estado de bienestar en medio de una crisis global sin  precedentes.</p>
<p>En el debate en torno a la gestión de la crisis hay  varios lugares comunes que indican que no se ha entendido casi nada. Los  mismos que creyeron que volvía el keynesianismo piensan ahora que  estamos ante una nueva traición neoliberal. Y si no era cierto aquello,  tampoco lo es esto. ¿De qué se trata, entonces?</p>
<p>Convendría que no  nos equivocáramos de batalla. El principal problema al que nos  enfrentamos es garantizar la sostenibilidad de los compromisos que están  en el origen del Estado de bienestar, en un contexto inédito (por la  crisis, pero también por las interdependencias que nos vinculan con  otros, especialmente con el resto de la Unión Europea). Mientras no se  enfoquen así las cosas, las reformas económicas se harán con mala  conciencia y la izquierda carecerá del discurso que necesita para  convencer de que no está en juego una modificación de los valores que le  son propios, sino de las circunstancias en las que tiene que  defenderlos.</p>
<p>El hecho de que cuando un Gobierno socialista actúa  para favorecer la lógica del mercado sea visto como una traición a los  principios esenciales se debe a que hay una vieja percepción equivocada  del mercado, al que se considera una realidad antisocial, un promotor de  la desigualdad. Según este prejuicio, razonar económicamente es  conspirar socialmente; lo social no puede ser preservado más que contra  lo económico.</p>
<p>Mi propuesta para elaborar una nueva agenda  socialdemócrata parte de revisar la relación que ha tenido la  socialdemocracia con la izquierda liberal. Parto del principio de que el  mercado es una conquista de la izquierda y la competencia es un  auténtico valor de la izquierda, frente a las lógicas de monopolio y los  privilegios. Desde este punto de vista, las reformaspara favorecer el  mercado (para que funcione mejor, con más capacidad para crear puestos  de trabajo, proporcionando oportunidades a más personas, mejorando las  condiciones de acceso al mercado de trabajo&#8230;) no implican  necesariamente más eficacia y menos justicia social. Todo lo contrario:  pueden ser de izquierdas en la medida en que reduzcan los privilegios.</p>
<p>Solo  una socialdemocracia que tenga el valor de aumentar las oportunidades  para todos y contribuir a un sistema fundado sobre una verdadera  meritocracia puede decir con razón que lucha por los miembros menos  favorecidos de nuestras sociedades. Son los objetivos que han  caracterizado a la izquierda europea -como la protección de los más  débiles o el combate de las desigualdades y los privilegios- los que  deben llevarle a adoptar medidas a favor del mercado. La regulación de  los mercados -ese objetivo tan propio de la tradición socialdemócrata-  no es una estrategia para anularlos, sino para hacerlos reales y  efectivos, es decir, para ponerlos al servicio del bien público y la  lucha contra las desigualdades.</p>
<p>Hoy día la gobernanza justa de los  mercados tiene muy poco que ver con el clásico compromiso  socialdemócrata que exigía una fuerte intervención estatal. Insistir en  esa estrategia equivaldría a olvidar que muchas veces la regulación  excesiva, la protección de ciertos privilegios, un sector público que no  beneficia a los más pobres, sino a los mejor situados, todo esto no es  solamente ineficaz, sino socialmente injusto. Porque no cualquier  incremento de las obligaciones sociales conduce a eliminar las  desigualdades; con demasiada frecuencia, el Estado benevolente ha  producido nuevas injusticias, en la medida en que ha favorecido a  quienes no lo necesitaban y ha excluido sistemáticamente a otros.</p>
<p>En  ocasiones, garantizar a toda costa el empleo es un valor que debe ser  contrapesado con los costes que esta protección representa respecto de  aquellos a los que esa protección impide entrar en el mercado de  trabajo, creando así una nueva desigualdad. Enmascarada tras la defensa  de las conquistas sociales, la crítica social puede ser conservadora y  desigualitaria, lo que explica que la izquierda está actualmente muy  identificada con la conservación de un estatus.</p>
<p>¿Cómo se traduce  todo esto en la crisis económica actual? El principal fallo de la  política hasta ahora ha sido olvidar su responsabilidad en materia de  riesgos sistémicos. El sistema político, absorbido por los riesgos  sociales más inmediatos, ha incumplido sus responsabilidades en materia  de supervisión y prevención de riesgos sistémicos. Probablemente estemos  saliendo de la era del Estado de bienestar entendido como aquel Estado  cuya única fuente de legitimidad era la redistribución y entramos en  otra nueva en la que tan importante al menos es la prevención de riesgos  sistémicos. La crisis nos está haciendo descubrir que la protección  contra los riesgos sistémicos es tan decisiva como la lucha contra las  desigualdades sociales y que esto solo es posible si se cumplen aquellos  deberes.</p>
<p>Este sería el primer desafío de la nueva agenda  socialdemócrata: los contratos sociales que tenemos que renovar no nos  vinculan solamente a nosotros (a los de aquí, a nuestra generación, a  los funcionarios, a los asalariados en general), sino a otros que están  medio ausentes (a los de cualquier país de la zona euro, a los jóvenes  que todavía no han podido trabajar, a nuestros hijos, a las generaciones  futuras).</p>
<p>El problema es cómo pensar la redistribución cuando,  por decirlo gráficamente, lo que chocan son los derechos de los que  están dentro con los derechos de los que están fuera. Lo que debería  importarnos sobre todo es que no vivamos a costa de los pensionistas  futuros y de los futuros trabajadores, es decir, que nuestros acuerdos  de redistribución no se llevan a cabo contra los intereses de los  ausentes.</p>
<p>La principal consecuencia social de la crisis económica,  la exigencia colectiva que más imperiosamente se nos plantea apunta en  la dirección de una profunda revisión de nuestro modelo de crecimiento  económico, cuya fijación en la inmediatez del corto plazo se ha revelado  como la causa de su insostenibilidad. En este sentido, es muy lógico  que la salida de la crisis esté vinculada con los imperativos  ecológicos, con la necesidad de pensar de otra manera el progreso y el  crecimiento, es decir, la economía en su conjunto. La confluencia entre  economía y ecología no es casual; nos indica que tendríamos que abordar  la economía con una serie de criterios que hemos aprendido en la gestión  de las crisis ecológicas. Si hemos conseguido pensar sistémicamente  tratándose de cuestiones que tienen que ver con el medio ambiente, ese  es el aprendizaje que tenemos que realizar las sociedades en el manejo  de los asuntos económicos.</p>
<p>Lo que propongo es que la renovación de  la agenda socialdemócrata surja de esa combinación entre liberalismo  (eliminación de las dominaciones en el mercado), socialismo  (preocupación por la igualdad) y ecologismo (perspectiva sistémica y de  sostenibilidad).</p>
<p>La confrontación entre la izquierda y la derecha  no enfrenta ahora a los partidarios del Estado contra los del mercado,  sino a quienes tienen más que perder con el fracaso del mercado frente a  quienes pueden sobrevivir mejor cuando los mercados no aseguran la  igualdad (porque tienen más recursos o porque se saben beneficiarios de  una estructura política de privilegios). El mercado es, se mire por  donde se mire, un invento de la izquierda.</p>
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		<title>Después de la Tercera Vía, ¿qué?</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Apr 2011 21:50:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Valenzuela</strong> (EL PAÍS, 16/04/11):</p>
<p>Antes de celebrar las primarias que elegirán a su candidato en las  elecciones presidenciales de 2012, los socialistas franceses se acaban  de reunir para acordar el programa que este, sea cual sea, propondrá a  la ciudadanía en nombre de todos. Desmintiendo por una vez la imagen  desastrosa que de ellos tienen sus compañeros europeos, han comenzado  las obras por los cimientos y no el tejado. Además, el programa que han  aprobado es digno de debate: creación de una banca pública, reforma  fiscal para que paguen más las grandes empresas y las grandes fortunas y  &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/34666/despues-de-la-tercera-via-que/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Valenzuela</strong> (EL PAÍS, 16/04/11):</p>
<p>Antes de celebrar las primarias que elegirán a su candidato en las  elecciones presidenciales de 2012, los socialistas franceses se acaban  de reunir para acordar el programa que este, sea cual sea, propondrá a  la ciudadanía en nombre de todos. Desmintiendo por una vez la imagen  desastrosa que de ellos tienen sus compañeros europeos, han comenzado  las obras por los cimientos y no el tejado. Además, el programa que han  aprobado es digno de debate: creación de una banca pública, reforma  fiscal para que paguen más las grandes empresas y las grandes fortunas y  menos los asalariados, promoción de las energías verdes y seguras,  propuesta para que la Unión Europea imponga tasas adicionales a las  importaciones procedentes de países con lagunas evidentes en materia de  derechos laborales y protección del medio ambiente, creación de 300.000  empleos públicos para los jóvenes&#8230; Como escribe Laurent Joffrin en <em>Le Nouvel Observateur,</em> se trata de &#8220;toda una ruptura con el social-liberalismo&#8221; dominante en los últimos lustros en el centro-izquierda europeo.</p>
<p>Tras el activismo estatal en la economía que marcó los comienzos de  la presidencia de Mitterrand, Felipe González fue, en cierto modo, un  precursor en los años ochenta del pasado siglo de las políticas  impulsadas una década después por Tony Blair bajo la denominación de  Tercera Vía. Se trataba de intervenir lo menos posible en los asuntos  económicos con el argumento de que, dejado a su libre albedrío, el  mercado sería fuente constante tanto de riqueza y empleo como de  ingresos fiscales con los que sufragar las políticas sociales.</p>
<p>Zapatero  adoptó esa visión. Su primera legislatura se caracterizó por el exiguo  protagonismo económico del Gobierno. Como la economía española vivía un  periodo de vacas gordas, sus ingresos fiscales permitían financiar la  ampliación del Estado de bienestar. A Zapatero le reprochaba entonces la  derecha que no hiciera las reformas neoliberales que tuvo que terminar  impulsando a partir de 2008. Pero no es menos cierto que tampoco abordó  reformas socialdemócratas: ni hizo lo suficiente por desinflar  paulatinamente la burbuja inmobiliaria, ni combatió el enorme fraude a  Hacienda, ni promovió una reforma fiscal progresista y ni se le pasó por  la cabeza recrear en España algún tipo de banca o de empresa energética  pública.</p>
<p>Cuando llegó la crisis y los ingresos fiscales  encogieron dramáticamente, Zapatero se encontró a merced de los mercados  financieros internacionales y tuvo que ponerse a aplicar su ideario, el  neoliberal. Lo pasmoso fue que, con tal de oponerse a todo, el PP no  aplaudiera a rabiar la materialización de su propio programa.</p>
<p>Hoy,  con el giro a la izquierda que Ed Miliband encarna en el laborismo y  que también acaban de aprobar los socialistas franceses, y con el  anuncio de que Zapatero, el último de sus representantes en un gran  gobierno europeo, no se presentará de nuevo, la Tercera Vía puede darse  por muerta.</p>
<p>Esta crisis ha enseñado un par de cosas a los  socialdemócratas menos aburguesados intelectual y políticamente. La  primera es que no se pueden hacer políticas sociales progresistas  sostenibles sin impulsar a la par políticas económicas progresistas. Es  lo que decían Matt Browne y Carlos Mulas en un artículo recién publicado  en EL PAÍS al plantear &#8220;una nueva agenda&#8221; en la que el Estado tenga  mayor protagonismo económico. La segunda es que, a la hora de aplicar el  recetario neoliberal, los electores europeos prefieren el original del  centro-derecha a la mala copia del centro-izquierda.</p>
<p>Los  socialistas españoles también se aprestan a celebrar unas primarias que  elijan a su candidato en 2012, lo que supone un saludable ejercicio de  democracia. Pero, a diferencia de los franceses, poco hablan de cuáles  serán sus novedades en materia de programa y propuestas. Muchos de  ellos, no obstante, saben que estas deben girar en torno a la economía.  En 2012 los electores querrán saber qué puede hacer un futuro Gobierno  en tres frentes: promover el crecimiento y reducir el desempleo;  construir un nuevo modelo productivo que reemplace al ladrillo, y  garantizar los parcos niveles de protección de nuestro Estado de  bienestar. Cómo salvaguardar, y hasta mejorar, ese Estado de bienestar  por una vía que no contemple sólo el recorte de las prestaciones bien  podría ser una gran bandera de la socialdemocracia española y europea  post-blairista.</p>
<p>¿Debaten sobre estas cosas nuestros socialistas?  ¿Alguno de sus potenciales candidatos en 2012 discrepa del dogma de que  no hay políticas económicas alternativas a las hoy aplastantemente  dominantes? ¿Piensa alguno que también -y sobre todo- en este terreno la  socialdemocracia debe ser distinguible de la derecha? Aún no lo  sabemos.</p>
<p>Probada históricamente su credibilidad en materia de  libertad, la socialdemocracia tendría un amplio bulevar que recorrer si  se convirtiera en la defensora de la seguridad de las clases populares y  medias: seguridad frente al terrorismo y la delincuencia; frente al  infortunio, la enfermedad y la vejez; frente a los atropellos de la  banca, las empresas de servicios y la administración de Justicia; frente  a la amenaza nuclear y el cambio climático&#8230; Los laboristas británicos  y los socialistas franceses empiezan a apostar por ello. Intuyen que la  idea de más Estado, a nivel nacional y a nivel global, de un Estado  menos burocrático pero más eficaz y combativo frente a los poderosos,  puede ser una oferta muy atractiva en estos tiempos inciertos.</p>
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		<title>Más allá del conservadurismo progresista</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/34489/mas-alla-del-conservadurismo-progresista/</link>
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		<pubDate>Wed, 06 Apr 2011 17:02:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Matt Browne</strong>, colaborador del Center for American Progress y de la Fundación IDEAS. <strong>Carlos Mulas-Granados</strong> es profesor de Economía de la UCM y director de la Fundación IDEAS. Ha dirigido el estudio del FMI <em>Regaining Control After the Storm: Debt Sustainability Following Banking Crises. </em>(www.imf.org). Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 06/04/11):</p>
<p>El sábado, el primer ministro José Luis Rodríguez Zapatero anunció que  no iba a presentarse para tratar de obtener un tercer mandato y, con  ello, puso en marcha un proceso de primarias que culminará con la  elección de un nuevo candidato del partido y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/34489/mas-alla-del-conservadurismo-progresista/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Matt Browne</strong>, colaborador del Center for American Progress y de la Fundación IDEAS. <strong>Carlos Mulas-Granados</strong> es profesor de Economía de la UCM y director de la Fundación IDEAS. Ha dirigido el estudio del FMI <em>Regaining Control After the Storm: Debt Sustainability Following Banking Crises. </em>(www.imf.org). Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 06/04/11):</p>
<p>El sábado, el primer ministro José Luis Rodríguez Zapatero anunció que  no iba a presentarse para tratar de obtener un tercer mandato y, con  ello, puso en marcha un proceso de primarias que culminará con la  elección de un nuevo candidato del partido y un programa político  renovado.</p>
<p>El lunes, el presidente Barack Obama inició oficialmente sus 18 meses  de campaña para la reelección y, con ello, puso en marcha un largo  proceso de renovación política que los demócratas esperan que vuelva a  atraer a los votantes progresistas.</p>
<p>Y el jueves, la Fundación  IDEAS y el Center for American Progress van a convocar una reunión de la  red para el Progreso Global, que agrupará a destacados estrategas  políticos de Europa y Norteamérica. Continuando el trabajo de reuniones  anteriores en Washington, Berlín, Nueva York y Madrid, los participantes  debatirán sobre cómo responder a las aspiraciones de las jóvenes  generaciones progresistas de todo el mundo.</p>
<p>El momento es  oportuno, porque nos permite tomar un respiro tras los frenéticos  acontecimientos de la semana pasada y recordar que nuestra reacción ante  los retos actuales debe tener una perspectiva a largo plazo, estar  orientada hacia el futuro y ser innovadora. Hoy, más que nunca, es  importante que los progresistas recuerden la primera regla de la  política: la gente vota a alguien pensando en lo que va a hacer por  ellos, no en lo que ha hecho antes. Lo malo es que la crisis parece  haber arrinconado a muchos progresistas en una actitud conservadora, de  defender los logros del pasado en vez de seguir avanzando a partir de  ellos.</p>
<p>Quizá no es extraño. La ofensiva actual de la derecha es  intensa. Mientras que, en plena crisis económica mundial, a los  progresistas les resultaba difícil distinguirse de un movimiento de  derechas que parecía -al menos en Europa- haber adoptado muchos de los  principios fundamentales de la política económica progresista, hoy vemos  cómo se lanzan duros ataques contra el papel del Estado y el gasto  público. Para la opinión pública, lo que comenzó como una crisis del  capitalismo de casino -con mercados financieros sin regulación y  banqueros irresponsables- se ha convertido en una crisis del Estado  despilfarrador, con unos déficits públicos excesivos y unas  intervenciones innecesarias e inútiles del Gobierno.</p>
<p>Este nuevo  relato conservador combina una atractiva historia en la que se unen el  declive económico, unas potencias emergentes en Asia y unos Gobiernos  derrochadores, con el intento de generar miedo al otro, que pueden ser  los inmigrantes, las minorías o los extranjeros. Es una política con  mucho mensaje pero poca sustancia, carente de verdaderas soluciones a  los problemas económicos y sociales de nuestros países. Su idea central  es un llamamiento al consuelo de las viejas identidades, los viejos  modos de pensar y las viejas estructuras. Por desgracia, en estos  momentos todo eso está teniendo éxito en las urnas.</p>
<p>Tal vez no  debe sorprendernos, porque, como descubrió el Partido Laborista  británico, para su desgracia, el verano pasado, los partidos  progresistas que defienden lo que han hechoy son incapaces de modernizar  su programa para afrontar el futuro ofrecen, muchas veces, una imagen  de gestores más que de motores del cambio, y un mensaje que parece poco  más que la promesa de gestionar el declive mejor que sus rivales.</p>
<p>El  empeño en la defensa de los logros anteriores no solo coloca a los  progresistas en el lado equivocado de la dicotomía entre futuro y  pasado, sino que agrava la fragmentación del voto progresista. Mientras  se aplacan los temores de los privilegiados empleados del sector público  y los puestos de trabajo protegidos por los sindicatos, se ignoran los  ruegos de los jóvenes, los desempleados y los que aspiran a un futuro  más sostenible e integrador. Y, aunque no es muy probable que estos  grupos, en Europa, voten a la derecha populista, sí lo es que acaben no  votando a nadie.</p>
<p>A la larga, pues, los progresistas no tienen más  remedio que presentar un programa nuevo, que tranquilice a los grupos  tradicionales y tienda la mano a otros nuevos. En resumen, para  construir una nueva coalición de progreso deben avanzar más allá del  conservadurismo progresista.</p>
<p>Para ello, dicho programa no solo  debe incluir la inversión en los sectores económicos del futuro, sino  que debe ofrecer más oportunidades de movilidad social y reconocer que  la mejora de la calidad de vida de muchos ciudadanos exige nuevas  instituciones que les permitan contribuir al bien común de la forma que  ellos prefieran. Los ciudadanos deben poder invertir personalmente en  sus comunidades.</p>
<p>Ahora bien, los españoles a los que, como a  Rajoy, les seduzca la noción de Gran Sociedad de David Cameron como  sustituta del Estado, deben tener cuidado; las sociedades fuertes solo  prosperan cuando cuentan con el apoyo de un Gobierno fuerte e innovador.  El Estado y la sociedad deben apoyarse mutuamente, no sustituirse. Una  era de nuevas oportunidades necesitará un papel mucho más fuerte del  Estado para conseguir que nuestras economías sean más competitivas  mediante inversiones a largo plazo en educación, infraestructuras  energéticas y transporte y la creación de empleos bien remunerados.</p>
<p>Del  mismo modo, la construcción de sociedades más cohesionadas y  sostenibles dependerá de que el sector público sea capaz de hacer las  inversiones sociales adecuadas y crear nuevas instituciones que  movilicen y canalicen la energía de los ciudadanos deseosos de  contribuir al bien común.</p>
<p>Las líneas divisorias para el futuro  están trazadas. Es hora de que los progresistas se libren de sus miedos  conservadores y luchen por el mañana.</p>
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		<title>Socialdemocracia, solidaridad, internacionalismo</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/34370/socialdemocracia-solidaridad-internacionalismo/</link>
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		<pubDate>Thu, 31 Mar 2011 21:10:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Orden Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Socialismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>George Papandreu</strong>, primer ministro de Grecia; <strong>Alpha Condé</strong>, presidente de la República de Guinea; <strong>Jalal Talabani</strong>, presidente de la República de Irak; <strong>Ricardo Lagos</strong>, presidente de la República de Chile entre 2000 y 2006. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 31/03/11):</p>
<p>El mundo árabe se ha visto inundado por unos movimientos que han sido  una auténtica inspiración para todos, impulsados por el pueblo unido en  una causa común. Dicha causa es el cambio político, social y económico.  El cambio político para obtener un Estado abierto, democrático y  moderno, basado en el respeto a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/34370/socialdemocracia-solidaridad-internacionalismo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>George Papandreu</strong>, primer ministro de Grecia; <strong>Alpha Condé</strong>, presidente de la República de Guinea; <strong>Jalal Talabani</strong>, presidente de la República de Irak; <strong>Ricardo Lagos</strong>, presidente de la República de Chile entre 2000 y 2006. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 31/03/11):</p>
<p>El mundo árabe se ha visto inundado por unos movimientos que han sido  una auténtica inspiración para todos, impulsados por el pueblo unido en  una causa común. Dicha causa es el cambio político, social y económico.  El cambio político para obtener un Estado abierto, democrático y  moderno, basado en el respeto a las libertades y los derechos de las  personas. El cambio social para acabar con la corrupción, el  favoritismo, el clientelismo y la marginación y alienación crecientes de  grandes sectores de la sociedad, en particular las nuevas generaciones  que, sin oportunidades ni esperanza, han decidido salir a la calle. El  cambio económico para proporcionar puestos de trabajo y perspectivas a  quienes los necesitan desesperadamente y para reducir la pobreza crónica  que afecta a millones de personas que merecen un futuro mejor.</p>
<p>Con estos movimientos estamos reviviendo las mismas luchas que hubo  anteriormente en otras partes del mundo por la democracia, los derechos  civiles y la igualdad de oportunidades. Lo que vemos hoy en el norte de  África y Oriente Próximo nos recuerda las experiencias de Europa Central  y del Este, donde la voluntad del pueblo derrocó regímenes  autocráticos. Antes, el sur de Europa y Latinoamérica también vivieron  sus propias transiciones del autoritarismo a la democracia, en las que  los partidos socialdemócratas, laboristas y socialistas, miembros de la  Internacional Socialista, desempeñaron un papel fundamental.</p>
<p>Ahora,  en otros países de África, los partidos socialdemócratas de la  Internacional Socialista están haciendo de nuevo una contribución  significativa a la democracia. Una de las más recientes es la del  Gobierno dirigido por el presidente John Atta Mills, que está cambiando y  mejorando Ghana desde 2009; en Guinea, Alpha Condé tomó posesión como  presidente en diciembre, tras las primeras elecciones libres y limpias  de la historia del país; la transición de Níger a la democracia, que se  encuentra en su última fase después de la segunda ronda de las  elecciones presidenciales y parlamentarias, celebrada el 12 de marzo,  está a cargo del miembro de la IS y vicepresidente Mahmadou Issoufou,  que jurará el cargo de presidente el 6 de abril.</p>
<p>La  socialdemocracia, con su visión de una humanidad común, tiene cada vez  más influencia y credibilidad en muchas de las democracias más nuevas  del mundo. Hoy podemos ver en muchos rincones del planeta los resultados  de la intensa labor de contactos, discusiones, transmisión de  experiencias y apoyo mutuo que tiene su origen en la Internacional  Socialista. A sus puertas llegan numerosos partidos políticos de todas  partes, procedentes de realidades, culturas y experiencias muy  distintas, y a menudo con un difícil pasado de conflicto o dictadura,  dispuestos a emprender un nuevo camino de esperanza y progreso. Todos  juntos están engendrando una nueva socialdemocracia mundial y un  internacionalismo genuino y renovado, con nuevos conceptos y nuevas  ambiciones.</p>
<p>De ahí que, en los últimos años, la Internacional haya  sido un foro en el que desarrollar una respuesta socialdemócrata  unificada a la crisis financiera y económica mundial. A través del  trabajo de sus comisiones y comités, los debates en Naciones Unidas y en  la OCDE, las discusiones mantenidas en Europa, África, Latinoamérica y  Asia, las propuestas del impuesto sobre las transacciones financieras,  las estrategias para el crecimiento y la creación de empleo y la  definición de prioridades para avanzar en la lucha contra la pobreza se  han abierto paso en los programas de los partidos y las políticas de los  Gobiernos.</p>
<p>El cambio climático, el gran desafío que afronta esta  generación, también ocupa un lugar importantísimo en el trabajo de la  Internacional Socialista. Su Comisión para una Sociedad Mundial  Sostenible ha involucrado a Gobiernos, líderes, expertos desde el sur de  África hasta China, desde las Maldivas hasta Chile, desde Norteamérica  hasta Rusia, en la definición de una serie de propuestas específicas  contenidas en el informe <em>De una economía de alto nivel de carbono a una economía de bajo nivel de carbono,</em> resultado de un intenso programa de diálogos y actividades que han  tenido reflejo en Copenhague y Cancún. Todos estos esfuerzos han  producido una nueva doctrina de &#8220;justicia climática&#8221; que tiene en cuenta  tanto a los fuertes como a los débiles.</p>
<p>Si, en el pasado, la paz  llegó a ser el tema más importante para la socialdemocracia, hoy, en un  mundo muy distinto, sigue siendo una de nuestras prioridades. A pesar de  las profundas diferencias entre los palestinos y los israelíes, que  afectan a nuestros miembros en la región, en la Internacional Socialista  ha sido posible que las dos partes encontraran elementos sobre los que  estar de acuerdo para poder avanzar. Asimismo, hace solo unos meses,  bajo los auspicios de la Internacional, los armenios y los azerbaiyanos  pudieron reunirse y encontrar un terreno común en un problema insoluble,  el de Nagorno-Karabaj, y es también el patrocinio de la IS lo que  permite que los representantes marroquíes y saharauis compartan una  tribuna en la que presentar sus opiniones y que se preste atención a  conflictos como el de Nepal y el de los Balcanes.</p>
<p>En todas estas  áreas, la democracia, la economía mundial, el cambio climático y la paz y  la resolución de conflictos, la Internacional ha roto esquemas en los  últimos años, apelando a un verdadero internacionalismo en una época en  la que las agendas políticas se limitan cada vez más a los intereses  fundamentalmente nacionales y excluyen los objetivos comunes de la  comunidad internacional.</p>
<p>Las revoluciones democráticas en el mundo  árabe están creando una condicionalidad democrática mundial, porque  están dejando claro que la gente no está dispuesta a aceptar en ninguna  parte cualquier cosa que no sea la democracia. Todos los países y todas  las instituciones internacionales deben tomar nota y tener el valor y la  visión que exige este momento. Europa tiene mucho que hacer al  respecto, igual que nuestros amigos en otros continentes.</p>
<p>Pero hay  más. Asimismo, es necesaria una condicionalidad de solidaridad para dar  la respuesta adecuada a quienes esperan que les apoyemos en su lucha  democrática, como ocurre hoy en los países árabes. Y la solidaridad es  también una condición necesaria para obtener una economía mundial más  justa y lograr un acuerdo sobre el cambio climático que proteja el  planeta y a aquellos que son más vulnerables. Como también es necesaria  para asegurar la paz en todas partes. Cada iniciativa de nuestra  Internacional es una respuesta activa a la necesidad permanente de  reafirmar esa solidaridad sin la que la promesa de la socialdemocracia  no puede existir.</p>
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		<title>The birth of the Muslim Brotherhood</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/34057/the-birth-of-the-muslim-brotherhood/</link>
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		<pubDate>Mon, 14 Mar 2011 20:55:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Jay Winter</strong>, a professor of history at Yale University and the author, with Blaine Baggett, of <em>The Great War and the Shaping of the 20th Century</em> (LOS ANGELES TIMES, 14/03/11):</p>
<p>To understand the Muslim Brotherhood, and to assess its role today in a  shifting Middle East, it is necessary to first examine the forces that  led to the organization&#8217;s birth. And that takes us back to the collapse  of the Ottoman Empire during World War I.</p>
<p>The Ottoman Empire had been, before World War I, the strongest and most  visible face of Islam in the world. At its &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/34057/the-birth-of-the-muslim-brotherhood/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Jay Winter</strong>, a professor of history at Yale University and the author, with Blaine Baggett, of <em>The Great War and the Shaping of the 20th Century</em> (LOS ANGELES TIMES, 14/03/11):</p>
<p>To understand the Muslim Brotherhood, and to assess its role today in a  shifting Middle East, it is necessary to first examine the forces that  led to the organization&#8217;s birth. And that takes us back to the collapse  of the Ottoman Empire during World War I.</p>
<p>The Ottoman Empire had been, before World War I, the strongest and most  visible face of Islam in the world. At its height in the 16th and 17th  centuries, it controlled a vast swath of territory that extended from  southeastern Europe into Asia and northern Africa. Its territory was  greatly diminished by the 20th century, but it was the empire&#8217;s alliance  with Germany in the war that led to its final destruction.</p>
<p>In the aftermath of the war, the remains of the Ottoman Empire were  partitioned by the victors, which gave the Western powers far more  influence in the Middle East and created enormous tension in Islamic  populations.</p>
<p>In Turkey, Mustafa Kemal (later given the last name Ataturk, or father  of the Turks) eventually ascended to power. The hero of Gallipoli, who  blunted and then defeated the British-French invasion at the straits of  the  Dardanelles in 1915, Kemal was also the man who thwarted Western  plans to partition Turkey into imperial holdings and who rallied the  Turkish army to defeat a Greek invasion. The result was a Turkified  nation, one in which religion was separated from power. Ataturk&#8217;s Turkey  was committed under his leadership to joining the Western world — in  language, in dress, in its commitment to development and to military  power. And in this project, Ataturk by and large succeeded. Turkey today  is his greatest achievement.</p>
<p>But Ataturk&#8217;s insistence on a largely secular government also sparked a  counter-movement of Muslims who wished to save Islam from the polluting  contact with the West. In Egypt, this led to the Muslim Brotherhood.</p>
<p>Egypt, a constitutional monarchy from 1922 and a member of the League of  Nations from 1937, was unable to establish a stable political system,  in part because of the continuing presence of British forces controlling  the Suez Canal and heavily influencing the Egyptian government. Among  the Egyptians concerned about creeping Westernization was Hassan Banna,  the son of a watch repairman, who as a 13-year-old in 1919 had taken  part in nationalist riots demanding self-determination for Egyptians.  When that push failed, he became increasingly concerned about the  deleterious moral and political consequences of Westernization. The  decline of Islamic civilization, he held, could  be reversed only by a  return to the faith.</p>
<p>To this end, in Ismailia in 1928 Banna helped organize a band of  teachers and activists known as the Muslim Brothers. Though its origins  lay in a broader Islamic reform movement, the aim of the Muslim  Brotherhood was to make the Koran the sole or primary reference point  ordering the life of Muslims in their daily lives, in their families,  their villages and towns, and their nations. He was a preacher and a  grass-roots activist, speaking wherever he could, in mosques and  coffeehouses alike.</p>
<p>The group&#8217;s work was charitable and educational, but its members also  flew the flag of a return to Islamic roots, purged of contact with other  traditions. The group harnessed widespread resentment at the heavy  presence of British troops and the ostentatious wealth of the expatriate  community, there to run the Suez Canal. This Muslim anti-colonial  message found a receptive audience and soon had created a mass  organization dangerous to British domination and the Egyptian monarchy  alike.</p>
<p>In the early 1940s, some members of the Muslim Brotherhood formed armed  groups, linked to a number of violent incidents. The group&#8217;s membership  rose to 500,000. In 1948, Banna called for volunteers to fight in  Palestine. The Egyptian government moved to break up the movement,  arresting hundreds of its members. That move was unsuccessful,  triggering the assassination of the Egyptian prime minister by a Muslim  Brother in December 1948. Three months later Banna was shot too and died  of his wounds, which, according to some sources, were deliberately left  untreated in the hospital, on orders of the government. But his legacy  was not so easy to eradicate.</p>
<p>The Muslim Brothers arose in response to the unraveling of British  control of the Middle East before 1948. The same crisis also shaped  Palestine itself. The parallel and contradictory British commitments to  nationalist movements of the Arabs and to nationalist movements of the  Jews set up an explosive mix that has yet to be defused.</p>
<p>In Galilee, eight young Zionists — including the one-armed Joseph  Trumpeldor — died in an encounter with Shiite Muslims in March 1920.  These eight gave their name to the town of  Kiryat Shemona, a war  memorial in its own right. In April 1920, five Jews and four Arabs died  and hundreds were wounded in riots in the Old City of Jerusalem. In May  1921, 48 Arabs and 45 Jews, including the great Hebrew writer Yosef Haim  Brenner, were killed in riots in Jaffa. The pattern of bloodshed in the  modern Middle East was set in stone and suffering then and there.</p>
<p>When giants collapse, Tacitus said, take cover. An ailing giant it may  have been, but Ottoman Turkey was a giant nonetheless. Its collapse led  both to an expansion of imperial power on the winners&#8217; side in the war,  and to an ongoing war against the West&#8217;s manipulation of the region in  its own economic and strategic interests.</p>
<p>Now, nearly a century later, we see the same forces arrayed in the same  chronic, bloody struggle, with no end in sight. If you think the  explosive forces of World War I are the stuff of ancient history, think  again.</p>
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		<title>La izquierda y los tiranos</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Mar 2011 12:30:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadores]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Salvador Giner</strong>, presidente del Institut d&#8217;Estudis Catalans (EL PERIÓDICO, 06/03/11):</p>
<p>¿Por qué cuesta tanto ser de izquierdas? ¿No debería ser fácil y normal que un ciudadano amante de la libertad, de la igualdad de oportunidades, de la autodeterminación de los pueblos, de la redistribución de la renta y de la equidad mostrara una elemental simpatía por los gobiernos que ponen en vigor esos valores elementales? ¿No es cierto que los valores de cualquier sociedad decente son precisamente los de la izquierda y no otros?</p>
<p>Lo terrible es no poder hallar una respuesta fácil a la pregunta. ¿Qué enigmática &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33894/la-izquierda-y-los-tiranos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Salvador Giner</strong>, presidente del Institut d&#8217;Estudis Catalans (EL PERIÓDICO, 06/03/11):</p>
<p>¿Por qué cuesta tanto ser de izquierdas? ¿No debería ser fácil y normal que un ciudadano amante de la libertad, de la igualdad de oportunidades, de la autodeterminación de los pueblos, de la redistribución de la renta y de la equidad mostrara una elemental simpatía por los gobiernos que ponen en vigor esos valores elementales? ¿No es cierto que los valores de cualquier sociedad decente son precisamente los de la izquierda y no otros?</p>
<p>Lo terrible es no poder hallar una respuesta fácil a la pregunta. ¿Qué enigmática fuerza histórica o, simplemente, qué lógica diabólica hace que la izquierda -la aliada natural del feminismo, del ecologismo, del pacifismo, de la educación para todos- traicione una y otra vez sus principios elementales?</p>
<p>La respuesta es sencilla si se expresa esta perplejidad desde las acostumbradas posiciones reaccionarias o, simplemente, conservadoras o incluso cínicas. Desde esa manera de ver las cosas, debe suponerse que mostrar asombro ante la acostumbrada tergiversación elemental de los principios es pecar de infantilismo. La naturaleza humana es la que es, de modo que cualquier orden político tenderá a aburguesarse, a consolidar el privilegio o a olvidar los principios que dieron el voto a quienes lo buscaron invocando ilusiones pero siempre sin la menor intención de aplicarlas.</p>
<p>La medida en que esta convicción fatalista de la inevitable incapacidad de la izquierda ha penetrado en el mundo mental de quienes suelen llamarse progresistas la está dando estos días la indecisión y timidez con que la socialdemocracia europea está respondiendo a las insurrecciones populares que en el mundo musulmán acaban con una tiranía tras otra. De pronto, quienes mantenían en una asociación hueca llamada Internacional Socialista a regímenes como el del déspota tunecino Ben Alí se percatan de que este era un ser abyecto y corrupto. Lo sabíamos todos. Que el demente Gadafi era un bárbaro terrorista internacional lo sabían, pero lo invitaban a una de las facultades de ciencias sociales más prestigiosa de mundo, en Londres, mientras sin rubor alguno se entregaban a charlar con él de democracia y a redactar panfletos inanes sobre algo llamado Tercera Vía. (Compréndese que al afamado sociólogo de la nada que a ello se dedicaba se le premiara con un ennoblecimiento en ese dechado de progresía que es la Cámara de los Lores por tales desvelos, pero se comprende menos que cualquier inanidad que de su boca salía fuera tan bien recibida por la socialdemocracia ibérica, sedienta de una inspiración que de casa no salía ni sale.) Junto a ello, lo que sí se comprende es que un payaso como Il Cavaliere, que el Gobierno italiano preside, haya halagado al tirano Gadafi con su séquito de amazonas mercenarias y sus juergas romanas. Al fin y al cabo, este caballero es de derechas.</p>
<p>Uno es ya muy mayor para esperar que unas palabras tristes, expresadas desde el privilegiado rincón de este diario, encuentren a alguien -no se sabe en qué partido, en qué movimiento social emancipatorio, en qué asociación cívica altruista- que les haga caso, que se las tome en serio, que piense que aún es posible alcanzar en esto de la política el imperio de la razón. Que todavía la batalla por mantener cuatro principios de decencia izquierdosa no está perdida. Uno es ya muy mayor para hacerse de derechas, pero no tanto para empezar a no esperar nada de quienes creía que eran sus correligionarios. O esperarlo solamente -¿hay alguien ahí?, ¿se me escucha?- de un puñado muy reducido de gentes a las que no les dé demasiada vergüenza reconocer que pertenecen a la tribu de los ilusos, de los ingenuos, y que, pese a ello, no piensan pasarse ni siquiera a la derecha más tranquila, más civilizada, más reformista. (También existe, y gana elecciones diciendo que es de izquierdas, ya ven.)</p>
<p>No pasa nada, señoras y señores -no teman, no voy a decir compañeros ni, los dioses inmortales me lo impidan, camaradas-, lanzaré mis ruidos de rigor solidarizándome con el levantamiento contra los tiranos que hasta hoy mismo apoyábamos, me quejaré comedidamente de lo malos que son los banqueros que han traído este descalabro económico, moveré mi testuz en desaprobación inútil de aquella maligna derecha que no permite ni en la sociedad más rica del universo que avance la medicina para los pobres o la educación para los que no la tienen. No pido que me hagan lord como mi colega inglés. ¿Qué iba a hacer un chico de Sarrià en Westminster de oropeles cubierto? Pero tampoco quiero que me confundan y alguien vaya a pensar que soy de izquierdas, de esas izquierdas tan estupendas, quiero decir, que solo se acuerdan de las creencias que proclaman cuando truena. Cuando se desatan los rayos que ellas mismas, conscientes en su plácido cinismo, provocaron.</p>
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		<title>Five myths about the Muslim Brotherhood</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Mar 2011 09:21:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Lorenzo Vidino</strong>, a visiting fellow at the Rand Corporation and the author of <em>The New Muslim Brotherhood in the West</em> (THE WASHINGTON POST, 06/03/11):</p>
<p>Even before Hosni Mubarak gave in to the throngs in Tahrir Square and <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2011/02/11/AR2011021102386.html">stepped down as Egypt&#8217;s president</a> on Feb. 11, officials in Western capitals were debating what role the  Muslim Brotherhood would play in a new Egypt and a changing Middle East.  Yet much of what we know &#8211; or think we know &#8211; about the group&#8217;s  ambitions, beliefs and history is clouded by misperceptions.</p>
<p><strong>1. The Muslim Brotherhood is a global organization.</strong>&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33886/five-myths-about-the-muslim-brotherhood/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Lorenzo Vidino</strong>, a visiting fellow at the Rand Corporation and the author of <em>The New Muslim Brotherhood in the West</em> (THE WASHINGTON POST, 06/03/11):</p>
<p>Even before Hosni Mubarak gave in to the throngs in Tahrir Square and <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2011/02/11/AR2011021102386.html">stepped down as Egypt&#8217;s president</a> on Feb. 11, officials in Western capitals were debating what role the  Muslim Brotherhood would play in a new Egypt and a changing Middle East.  Yet much of what we know &#8211; or think we know &#8211; about the group&#8217;s  ambitions, beliefs and history is clouded by misperceptions.</p>
<p><strong>1. The Muslim Brotherhood is a global organization.</strong></p>
<p>Founded in Egypt in 1928, the Muslim Brotherhood saw its ideas quickly  spread throughout the Arab world and beyond. Today, groups in more than  80 countries trace their ideologies to the Brotherhood, but these  entities do not form a cohesive unit. Globally, the Brotherhood is more a  school of thought than an official organization of card-carrying  members.</p>
<p>Attempts to create a more formal global structure have failed, and the  movement instead has taken on various forms. Where it is tolerated, as  in Jordan, it functions as a political party; where persecuted, as in  Syria, it survives underground; and in the Palestinian territories, it  took a peculiar turn and became Hamas.</p>
<p>Though they interact through a network of personal, financial and  ideological ties, Brotherhood entities operate independently, and each  pursues its goals as it deems appropriate. What binds them is a deep  belief in Islam as a way of life that, in the long term, they hope to  turn into a political system, using different methods in different  places.</p>
<p><strong>2. The Brotherhood will dominate the new Egypt.</strong></p>
<p>With most political forces in Egypt today discredited or disorganized,  many assume that the Brotherhood&#8217;s well-oiled political machine will  play a major role in the country&#8217;s future.</p>
<p>This is not far-fetched, yet there are reasons to believe that the group  will hardly dominate post-Mubarak Egypt. When I interviewed members of  the Brotherhood&#8217;s Shura Council in 2009, they estimated that about 60  percent of Egyptians supported the group &#8211; seeing it as the only viable  opposition to Mubarak &#8211; but that only 20 percent or so would support it  in a hypothetical free election. And even that might have been  optimistic: A <a href="http://www.washingtoninstitute.org/html/pdf/pollock-Egyptpoll.pdf">poll of Egyptians by the Washington Institute for Near East Policy</a> after Mubarak&#8217;s fall found that only 15 percent of respondents approved  of the Brotherhood, while the group&#8217;s leaders received barely 1 percent  in a presidential straw vote.</p>
<p>Over the past decade, aging hard-liners and a second generation of  50-somethings have wrestled for leadership of the Brotherhood. Then  there are the younger cadres, which took part in the protest movement  against Mubarak and deplored their leaders&#8217; late participation in it.  How these divisions develop will determine the role of the Brotherhood  in Egyptian politics.</p>
<p><strong>3. The Brotherhood seeks to impose a draconian version of sharia law.</strong></p>
<p>All Brotherhood factions will now push to increase the influence of  sharia &#8211; Islamic law &#8211; in Egypt. However, the generational battle will  determine what vision of sharia they will pursue.</p>
<p>The old guard&#8217;s motto is still &#8220;the Koran is our constitution.&#8221; The  second generation speaks of human rights and compares itself to Europe&#8217;s  Christian Democrats &#8211; embracing democracy but keeping a religious  identity. The third generation, especially in urban areas, seems to  endorse this approach, even if skeptics contend that younger militants  are simply offering a moderate facade to the West.</p>
<p>So far, the old guard is prevailing. The Brotherhood&#8217;s first major  political platform, released in 2007, paid lip service to democracy and  stated that women and non-Muslims could not occupy top government posts,  and gave a body of unelected sharia experts veto power over new laws.  How long this old guard remains in control will shape the group&#8217;s  positions on sharia&#8217;s most debated aspects, from women&#8217;s rights to  religious freedoms.</p>
<p><strong>4. The Muslim Brotherhood has close ties to al-Qaeda.</strong></p>
<p>Historically, yes. But recently, those ties have frayed.</p>
<p>In the 1950s and 1960s, the Brotherhood was brutally repressed by the  regime of Gamal Abdel Nasser. Understanding that violence against Nasser  was a losing proposition, most of the group opted for nonviolent  opposition, seeking to Islamize society through grass-roots education  and mainstream politics.</p>
<p>But a smaller wing, led by theologian Sayyid Qutb, opted for violence.  This faction argued that Islamization from below was too slow and would  be impeded by local and foreign powers. For generations, Qutb&#8217;s idea of  religiously justified violence has inspired jihadists worldwide. Several  al-Qaeda leaders, including Osama bin Laden and Khalid Sheik Mohammed,  were influenced by the Brotherhood early in life, only to grow  disillusioned with the organization later on.</p>
<p>While the Brotherhood has not completely rejected violence &#8211; supporting  its use in Iraq, the Palestinian territories, Afghanistan and other  places where it believes Muslims are under attack &#8211; the two groups have  recently clashed over tactics and theology. Al-Qaeda&#8217;s No. 2, Egyptian  Ayman al-Zawahiri, even wrote a book attacking the group for replacing  bullets with ballots.</p>
<p><strong>5. Washington can&#8217;t work with the Brotherhood.</strong></p>
<p>U.S. and Brotherhood officials have taken tough public stances against  each other recently. Rep. Ileana Ros-Lehtinen (R-Fla.), chairman of the  House Foreign Affairs Committee, called the Brotherhood a &#8220;nefarious  element&#8221; in Egyptian politics, while Brotherhood leader Mohammed Badi  said America is &#8220;heading toward its demise.&#8221;</p>
<p>But posturing aside, there may be room for engagement with the  Brotherhood&#8217;s more moderate players. It has happened before: Since early  in the Eisenhower administration, parts of the U.S. government have  reached out to the group, seeing its religious message as a potential  bulwark against communism. It wasn&#8217;t a true partnership, but during the  Cold War, Washington and the Brothers occasionally put distrust aside to  establish limited cooperation.</p>
<p>The White House took criticism last month when it said it would be <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2011/02/08/AR2011020801312.html">open to a role for the Brotherhood in Egyptian politics</a>,  if it rejected violence and accepted democratic goals. But even after  Sept. 11, 2001, some elements within the CIA and the State Department  toyed with the idea of working with the Brotherhood against al-Qaeda,  convinced that only radicals could defeat other radicals.</p>
<p>Even if Washington and the Brotherhood find ways to live with each  other, big foreign-policy breakthroughs are unlikely. Wielding more  power in Egypt could make the Brotherhood more pragmatic, but opposition  to U.S. policy in the region is the cornerstone of its agenda &#8211; and  that probably won&#8217;t change.</p>
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		<title>Dilma Rousseff moves Brazil to centre</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/33877/dilma-rousseff-moves-brazil-to-centre/</link>
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		<pubDate>Thu, 03 Mar 2011 22:59:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América Latina y Caribe]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=33877</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Vincent Bevins</strong>, a frequent contributor to the Financial Times and New Statesman, among other publications (THE GUARDIAN, 03/03/11):</p>
<p>For those familiar with Latin American politics, the <a href="http://latino.foxnews.com/latino/news/2011/02/21/muammar-al-qaddafi-route-venezuela/">notion that Muammar Gaddafi had fled to Venezuela seemed absurd</a>. Certainly, Chávez and other leftwing Latin American leaders have seemed embarrassed and uncertain how to respond to the events unfolding in Libya. But <a href="http://www.nasdaq.com/aspx/stock-market-news-story.aspx?storyid=201102261420dowjonesdjonline000266&#38;title=chavez-cautiously-expresses-support-for-close-ally-gadhafi">Chávez has not given explicit support</a> and it is an awkward moment for many governments. In any case, Gaddafi has much better friends in Africa and <a href="http://www.guardian.co.uk/world/2011/feb/21/saif-al-islam-gaddafi">had some good friends in London as well</a>.</p>
<p>It was interesting &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33877/dilma-rousseff-moves-brazil-to-centre/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Vincent Bevins</strong>, a frequent contributor to the Financial Times and New Statesman, among other publications (THE GUARDIAN, 03/03/11):</p>
<p>For those familiar with Latin American politics, the <a href="http://latino.foxnews.com/latino/news/2011/02/21/muammar-al-qaddafi-route-venezuela/">notion that Muammar Gaddafi had fled to Venezuela seemed absurd</a>. Certainly, Chávez and other leftwing Latin American leaders have seemed embarrassed and uncertain how to respond to the events unfolding in Libya. But <a href="http://www.nasdaq.com/aspx/stock-market-news-story.aspx?storyid=201102261420dowjonesdjonline000266&amp;title=chavez-cautiously-expresses-support-for-close-ally-gadhafi">Chávez has not given explicit support</a> and it is an awkward moment for many governments. In any case, Gaddafi has much better friends in Africa and <a href="http://www.guardian.co.uk/world/2011/feb/21/saif-al-islam-gaddafi">had some good friends in London as well</a>.</p>
<p>It was interesting to see <a href="http://english.eluniversal.com/2011/03/03/france-rejects-chavezs-mediation-efforts-in-libya.shtml">British Foreign Secretary William Hague bring Chávez briefly back</a> to the centre of attention in Latin American politics. Because, for better or worse, Chávez is much less important in the region than he was a few years ago. And there is a new figure on the scene, now in charge of half of South America&#8217;s population, who may be beginning to embody a new strategy for left-of-centre leaders in Latin America.</p>
<p>In her first months as president of Brazil, Dilma Rousseff, former guerrilla and chosen successor to the wildly popular Lula, has begun to carve out her own style. She took a step back from her country&#8217;s friendship with the government of Iran, and has set out to rein in public spending, something she thinks necessary to keep the country&#8217;s economic boom going. Her strategy seems to be to maintain pragmatic centrist policies and forge ahead with fast growth, content that it has <a href="http://www.guardian.co.uk/commentisfree/cifamerica/2010/aug/25/dilma-rousseff-brazil-election">raised several tens of millions of people out of poverty in the last few years</a>.</p>
<p>For decades the leftwing strategy in Latin America, from Castro to the Sandinistas to Lula&#8217;s early presidential campaigns, was to create a radical and alternative project outside of global capitalism and the &#8220;imperialist&#8221; west. With their economies booming and the US&#8217;s so clearly faltering, many in Latin America are finding they can beat the west at its own game – and then use their increased power and wealth to pursue their goals at home and abroad. It&#8217;s an approach reminiscent of China; and coincidentally, the boom in many countries comes largely from exporting commodities to China.</p>
<p>In 2005, when Chávez led the openly confrontational campaign to bury George W Bush&#8217;s Free Trade Agreement of the Americas – <a href="http://www.guardian.co.uk/world/2005/nov/04/usa.brazil">flanked by former Argentine soccer star Diego Maradona, no less</a> – the world was a different place. The credit bubble was still expanding in the rich countries, the US was confidently and openly aggressive internationally, and was pushing a trade agreement it seemed they hadn&#8217;t bothered to ask Latin Americans about first. Now, the US economy is in the dumps, its politics is beset by internal squabbling, and its leadership has been forced to humbly accept the limits of American power. Meanwhile, Latin American is rushing ahead – its economy is thought to have grown by about 6% last year – and is increasingly confident on the global stage.</p>
<p>Latin leaders used to love to thumb their noses at the west: Chávez called Bush &#8220;the devil&#8221;, Bolivia&#8217;s Evo Morales joked about being included in the &#8220;Axis of Evil&#8221;, and Lula famously said – to Gordon Brown&#8217;s face – that the financial crisis and subsequent international misery was caused by &#8220;blue-eyed bankers&#8221;. I suspect we will see less of this from Dilma Rousseff, who can carry on quietly confident that everyone knows in whose favour the balance of power is tilting. It&#8217;s not yet clear if she will continue in the tradition of maintaining international alliances that infuriate Washington, but her move on Iran suggests she may not.</p>
<p>Of course, Brazil&#8217;s current path has its limitations. There is the risk of over-reliance on commodity exports and the death of industry. And posting big increases in GDP, while useful, has not magically solved the often shocking levels of inequality and social exclusion in the country. Many in the very different Spanish-speaking countries of Latin America, where no country has Brazil&#8217;s shot at being a global power, remain committed to a much more radical approach. But no new solidly leftwing leaders are on the up at the moment, and there is certainly nothing of the kind on the horizon in Brazil. Here, where most people are better-off than they were a few years ago, the attitude seems to be: &#8220;If it ain&#8217;t broken, why fix it?&#8221;</p>
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		<title>El fin de las ideologías</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/33835/el-fin-de-las-ideologias/</link>
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		<pubDate>Wed, 02 Mar 2011 22:50:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=33835</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Luis Racionero</strong>, escritor (EL MUNDO, 02/03/11):</p>
<p>A la izquierda le está pasando lo que al protagonista de <em>Ubik</em>, la mejor novela de Philip K. Dick -si bien la más famosa es <em>Blade Runner</em>, es decir: <em>Do Androids Dream of Artificial Sheep?</em>-, al cual la realidad se le va disolviendo bajo los pies, la ciudad desapareciendo bloque a bloque, amenazando con dejarle en suspenso al borde del vacío.</p>
<p>La izquierda ha muerto de éxito y de fracaso. Éxito en su versión socialista, que vio cumplidos los programas del socialismo fabiano de Sidney y Beatriz Webb, Bernard &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33835/el-fin-de-las-ideologias/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Luis Racionero</strong>, escritor (EL MUNDO, 02/03/11):</p>
<p>A la izquierda le está pasando lo que al protagonista de <em>Ubik</em>, la mejor novela de Philip K. Dick -si bien la más famosa es <em>Blade Runner</em>, es decir: <em>Do Androids Dream of Artificial Sheep?</em>-, al cual la realidad se le va disolviendo bajo los pies, la ciudad desapareciendo bloque a bloque, amenazando con dejarle en suspenso al borde del vacío.</p>
<p>La izquierda ha muerto de éxito y de fracaso. Éxito en su versión socialista, que vio cumplidos los programas del socialismo fabiano de Sidney y Beatriz Webb, Bernard Shaw, Bertrand Russell, Keynes, incluso Oscar Wilde, al llegar al poder el <em>Labor Party</em> y construir después de 1945 el <em>Welfare State</em>. Las reivindicaciones laborales del siglo XIX se materializaron entonces: semana de 40 horas, seguridad social, derecho de huelga, subsidio de paro, jubilación, sanidad y educación gratuitas.</p>
<p>Fracaso en su versión comunista que convirtió la <em>dictadura del proletariado</em> en una oligarquía despótica cuando no en abyectas tiranías. La economía planificada no resultó eficiente, faltó el incentivo de beneficio y las purgas alevosas de los años 30 más los gulags de los 50 y 60, desprestigiaron al comunismo ante los intelectuales decentes como Gide, Camus, Koestler o Silone, no ante papanatas como Sartre o algunos de mis queridos profesores de Económicas, cuyos nombres no diré porque no se deben azotar caballos muertos.</p>
<p>Cuando un movimiento alcanza sus reivindicaciones no tiene más remedio que disolverse o inventarse otras. El sociólogo de Harvard Daniel Bell, en <em>El fin de las ideologías</em>, publicado en 1960, no afirma que se acabe el pensamiento ideológico, sino sólo algunas de ellas: las que triunfaron y se aplicaron, como el socialismo, y otras que se probaron nefastas, como el comunismo. «Al final de los años 50», escribe Bell, «en Occidente, las viejas pasiones intelectuales se han gastado. La nueva generación, sin memoria de esos debates y sin tradición sobre la que basarse, está buscando nuevos propósitos dentro de una marco político que rechaza las visiones apocalípticas y milenaristas. En pos de una nueva causa que defender, se observa una profunda, desesperada, casi patética ira, una búsqueda incansable para dar con un nuevo radicalismo intelectual. La ironía para quienes buscan nuevas <em>causas</em> es que los obreros, cuyas reivindicaciones fueron antes la energía que movió el cambio social, ahora están más conformes con la sociedad que los intelectuales».</p>
<p>Esto se escribió hace 50 años y los <em>intelectuales</em> siguen buscando <em>causas</em> para llenar de contenido los programas de la izquierda, cada vez más fantasmagóricos e insustanciales como la ciudad de <em>Ubik</em>.</p>
<p>Lo malo es que las causas que quedan por reivindicar en los países avanzados ya no tienen la pasión, la enjundia ni la virulencia de las apremiantes injusticias del capitalismo salvaje del siglo XIX. Ir poniendo al día los derechos de los marginados, por sexo, etnia o riqueza, prohibir los toros o echar a los fumadores de los locales públicos no es un programa que permita a nadie presentarse como de izquierdas ni de nada. Son retoques necesarios pero cosméticos dentro de un sistema capitalosocialista o socialcapitalista que nadie cuestiona porque la izquierda, más allá del <em>Welfare State</em>, no ha sabido inventar alternativas al capitalismo.</p>
<p>Medio siglo después de <em>El fin de las ideologías </em>de Bell se ha llegado a un punto en que los intelectuales van por un lado y los trabajadores por otro. Los obreros querían mejoras concretas en su nivel de vida y las han ido consiguiendo, hasta una semana de 35 horas, cinco días y mes de vacaciones. Los intelectuales querían cambiar el mundo y hallar un sistema de organización socioeconómica que sustituya al capitalismo, pero no lo han conseguido.</p>
<p>Y no parece que vaya a ser China quien aporte el modelo nuevo, pues su sistema es oligárquico y dictatorial, una reencarnación del sistema jerárquico imperial que comenzó a transmutar Mao y moldeó Deng Xao Ping en un híbrido de capitalismo y comunismo, mercado sin democracia. Del mismo modo que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos aunque a los chinos aún no les interese, así el capitalismo es el menos malo de los sistemas económicos y ese sí que les interesa.</p>
<p>La clase trabajadora ha cambiado de naturaleza en la sociedad posindustrial. ¿Cómo mantener la visión comunista del cambio social? Si la clase trabajadora no hereda el mundo -de hecho está disminuyendo-, ¿dónde queda el papel del PC como vanguardia del cambio? El Partido Comunista se quedó sin ideología por fracaso, el socialista sin discurso por el éxito. La izquierda está sin contenido.</p>
<p>Lo cual no es el fin de la Historia, sino algo normal en su devenir. Otras ideologías surgirán en su lugar, por ejemplo, la ecología, que ya lo ha hecho y a la cual se han agarrado los comunistas como a un clavo ardiendo, u otras como la economía budista de Schumacher en <em>Small is Beautiful</em>, que pueden ir surgiendo. Lo que no es normal es que unos partidos sin ideología y unas ideologías sin discurso se queden ahí como momias e intenten ganar elecciones después de muertos, como el Cid. Quienes sacaron a pasear al pobre <em>Campeador</em> muerto son los mismos que ahora nos piden el voto para una izquierda que murió de éxito o de fracaso.</p>
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		<title>¿Quo Vadis, Izquierda?</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Mar 2011 20:36:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aspectos Generales]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Partidos Políticos]]></category>
		<category><![CDATA[PSOE]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José María Carrascal</strong>, periodista (ABC, 01/03/11):</p>
<p>Nada ilustra mejor el fracaso de la izquierda como la crisis que padecemos. Siendo, desde su origen hasta sus últimas consecuencias, producto del capitalismo más feroz y desvergonzado, quien está sufriendo sus mayores consecuencias es el socialismo, hasta el punto de haber desaparecido de los gobiernos europeos, con residuos marginales, como el griego o el español, con el agua al cuello ambos. ¿Cómo es posible que la izquierda no saque provecho de los tremendos errores de la derecha? Es lo primero que se le ocurre a uno. La respuesta es bien fácil: &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33807/quo-vadis-izquierda/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José María Carrascal</strong>, periodista (ABC, 01/03/11):</p>
<p>Nada ilustra mejor el fracaso de la izquierda como la crisis que padecemos. Siendo, desde su origen hasta sus últimas consecuencias, producto del capitalismo más feroz y desvergonzado, quien está sufriendo sus mayores consecuencias es el socialismo, hasta el punto de haber desaparecido de los gobiernos europeos, con residuos marginales, como el griego o el español, con el agua al cuello ambos. ¿Cómo es posible que la izquierda no saque provecho de los tremendos errores de la derecha? Es lo primero que se le ocurre a uno. La respuesta es bien fácil: porque la izquierda lleva mucho tiempo perdiendo no sólo terreno, sino también identidad, al haber perdido la batalla de las ideas, que precede siempre a la del poder.</p>
<p>Los pilares de la izquierda son el grito de la Revolución Francesa «¡Igualdad, libertad y fraternidad!», la proclama de la Internacional socialista «¡Proletarios de todo el mundo, uníos!» y el mandato del Manifiesto comunista de Marx y Engels «la nacionalización de los medios de producción», llevado a la práctica en la Unión Soviética, faro y patria de la izquierda universal durante el siglo XX.</p>
<p>De esos tres pilares no queda hoy ni rastro. La izquierda ha ido vendiendo su alma al diablo, traicionándose a sí misma y empeñando las joyas de su corona. Comencemos por la igualdad. Según demostró Djilas en su famoso libro «La nueva clase», el partido se convirtió en la nueva aristocracia, con privilegios tanto o mayores que los de la antigua. De la libertad, mejor no hablar. «Libertad, ¿para qué?», preguntó y respondió Lenin a Fernando de los Ríos. En efecto, ¿para que se quiere la libertad en el paraíso? Y lo grande es que la entera izquierda se lo creyó, con visitas reverentes al mismo, incluida la de Felipe González y Alfonso Guerra a poco de ser legalizado el PSOE, firmando acuerdos de intereses comunes con sus líderes, aunque luego prefirieran a los norteamericanos. En cuanto a la fraternidad, es verdad que a diferencia del capitalismo, fundado en el principio hobbesiano de «el hombre es un lobo para el hombre», el socialismo buscó la hermandad de todos los hombres, el internacionalismo, opuesto a todo tipo de nacionalismo, en el que veía una de las principales causas de las guerras y desgracias de este mundo. Con buena parte de razón. Pero la emergencia de la Unión Soviética, con su «socialismo en cada país» junto a la internacionalización creciente del capitalismo y su mercado global, ha hecho ir replegándose a la izquierda hacia posiciones nacionalistas, hasta convertirse en sierva del nacionalismo. El mejor ejemplo lo tenemos en España con la llamada izquierda abertzale, que sólo tiene de izquierda el nombre, por ser toda ella ultranacionalista. Ese es un caso extremo, pero ni mucho menos único. Tanto a nivel de Estado como en el de sus diversas comunidades, el socialismo español, con la honrosa excepción del PSV, prefiere pactar con los partidos «nacionalistas» (aunque yo preferiría llamarles «localistas»), que con el otro gran partido de ámbito nacional, creando alianzas contra-natura al menos desde su propia ortodoxia.</p>
<p>Esta renuncia a sus posiciones básicas ha obligado a la izquierda a buscar nuevos campos en que desarrollarse y distanciarse de la derecha: el ecologismo, el feminismo, la homosexualidad, el aborto, la eutanasia, con revoluciones que sustituyan a la de toda su vida: la lucha de clases y el proletariado contra sus explotadores. Y así la vemos envuelta en revoluciones como la «verde», la feminista, la sexual, la de las drogas, tan de moda en los últimos tiempos. Pero si el ecologismo no es más que una consecuencia del excesivo desarrollo industrial —y por eso sólo apto para países industrializados—, el resto de las citadas revoluciones no son otra cosa que subproductos de la revolución burguesa, teniendo muy poco que ver con la preconizada por la izquierda como liberadora de las masas trabajadoras. La mejor prueba de ello la tenemos en que todas esas revoluciones de nuevo corte buscan el provecho del individuo aislado, no de la clase obrera, y menos, la de la sociedad en su conjunto. Tratan de satisfacer los deseos más personales de cada individuo, incluso cuando no son compartidos por la mayoría de la población. Es como hemos llegado a la paradoja de que en los pocos países comunistas que aún quedan —como Cuba—, la homosexualidad esté mal vista, por no decir perseguida, y las mujeres sigan haciendo de comparsas o concubinas de los grandes líderes, mientras la izquierda occidental ha convertido el feminismo y la homosexualidad en dos de sus banderas. Pero eso, repito, es más un coletazo de la revolución burguesa que elementos de la proletaria.</p>
<p>Aunque donde más se nota la renuncia de la izquierda a su pasado y a sus fines es en el terreno económico. ¿Qué gobierno socialista o socialdemócrata incluye hoy en sus planes la «nacionalización de los medios de producción», que era una de los elementos básicos de una política de izquierdas? El único que hizo algo parecido fue el primero de Felipe González, con la nacionalización de Rumasa, pero para privatizarla inmediatamente, con grandes ganancias de sus amigos. El resto fue privatizar y privatizar. Por no hablar ya de lo que ha hecho Zapatero últimamente, bajo orden de la más altas instancias económicas conservadoras y desdiciéndose de su política social en toda la línea.</p>
<p>Con tales premisas, ya no extraña tanto que la izquierda vaya retrocediendo en los países desarrollados y sólo gobierne en los subdesarrollados donde el control de las masas y el resentimiento de éstas contra el anterior colonialismo prevalece. Pero incluso en ellos empieza a imponerse entre la población la idea de que sólo han cambiado unos amos por otros, sin que haya cambiado su suerte. Fíjense lo que está ocurriendo en el mundo musulmán.</p>
<p>Dicho esto, que debe de sonar como un réquiem a la izquierda, no tengo más remedio que añadir algo que puede extrañar a más de uno: la izquierda sigue siendo necesaria para el buen funcionamiento de un país. Hoy, más que nunca, dado el avance arrollador de la derecha. Fue la consigna ultraconservadora de «¡Fuera Estado! ¡Ningún control!» lo que nos llevó a la crisis actual, que aún no hemos superado. Es necesario el Estado, como son necesarios los controles, pues en otro caso, volveremos a la ley de la selva. La política tiene que ser realista, es decir conservadora, para ser efectiva. Pero tiene que contener también un porcentaje de idealismo, es decir, de izquierdas, para que satisfaga las ansias de mejora de la mayoría. Convertir los ideales en dogmas lleva a la tiranía, religiosa o política. Pero un régimen sin ideales es antihumano, ya que los humanos no nos contentamos con permanecer tal como hemos venido a este mundo, sino deseamos avanzar. En ese avance, la izquierda tiene el importante papel de corregir a la derecha para que no se extralimite y reparta justa y equitativamente tanto cargas como beneficios. Lo malo es cuando la izquierda se pone al volante y emprende una marcha alocada hacia su utopía, llevándonos al infierno, que ella llama paraíso.</p>
<p>Aunque lo peor de todo es cuando la izquierda pierde todo tipo de referencias, y tanto le da hacer política de izquierdas diciendo que es de derechas, o de derechas diciendo que es de izquierdas, confundiéndolo todo y no aclarando nada. En España hemos tenido últimamente abundantes muestra de ello, por lo que no debe de extrañar la situación en que nos encontramos, en la que nadie sabe dónde está ni hacia dónde vamos. Lo extraño es que quede todavía gente de izquierdas. Aunque se me dirá que de izquierdas, lo que se dice de izquierdas, ya no queda nadie.</p>
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		<title>How not to promote democracy in Egypt</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Feb 2011 22:51:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Próximo-Medio Oriente]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>
		<category><![CDATA[Egipto]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Thomas Carothers</strong>, vice president for studies at the Carnegie Endowment for International Peace (THE WASHINGTON POST, 24/02/11):</p>
<p>As the U.S. government assesses the <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/linkset/2011/02/04/LI2011020403429.html">uprisings across the Middle East</a> and scrambles to support Egypt&#8217;s fledgling democratic transition, many  ideas are on the table. One notably bad proposal is already being heard  frequently in Washington: that to help Egypt prepare for elections we  should support not just the development of political parties &#8211; a  reasonable though sensitive undertaking &#8211; but favor one side of the  party spectrum. That is, of course, the secular liberal side we feel  comfortable with.</p>
<p>This &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33716/how-not-to-promote-democracy-in-egypt/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Thomas Carothers</strong>, vice president for studies at the Carnegie Endowment for International Peace (THE WASHINGTON POST, 24/02/11):</p>
<p>As the U.S. government assesses the <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/linkset/2011/02/04/LI2011020403429.html">uprisings across the Middle East</a> and scrambles to support Egypt&#8217;s fledgling democratic transition, many  ideas are on the table. One notably bad proposal is already being heard  frequently in Washington: that to help Egypt prepare for elections we  should support not just the development of political parties &#8211; a  reasonable though sensitive undertaking &#8211; but favor one side of the  party spectrum. That is, of course, the secular liberal side we feel  comfortable with.</p>
<p>This is a recipe for trouble.</p>
<p>Former ambassador <a href="http://www.brookings.edu/opinions/2011/0213_egypt_indyk.aspx">Martin Indyk recently called for</a> the U.S. government &#8220;to mobilize funding for the well-oiled American  democracy promotion machinery that can help Egypt&#8217;s youthful secular  forces organize for the coming elections.&#8221; Rep. Ileana Ros-Lehtinen  (R-Fla.) has said that &#8220;<a href="http://hirc.house.gov/press_display.asp?id=1715">engaging the Muslim Brotherhood must not be on the table</a>.&#8221;  Rep. Howard Berman (D-Calif.) noted that we should not tell Egyptians  who can participate in their political life, but that, nevertheless,  &#8220;our job is to create an alternative&#8221; to the Muslim Brotherhood.</p>
<p>A perennial tension in supporting democracy abroad is maintaining a  clear line between bolstering key democratic principles &#8211; such as  political openness and fair competition &#8211; and trying to shape particular  electoral outcomes. When we begin to choose favorites from a field of  political competitors and seek to give them a boost, we step over this  line. Not only do such efforts at engineering electoral outcomes  undercut our credibility, they also usually backfire against the very  people we are trying to help. Witness the futility of the efforts of  U.S. diplomats in Iraq to throw U.S. weight behind certain candidates or  parties during the various elections since 2005.</p>
<p>If Egyptians decide to allow the Muslim Brotherhood to participate in  the next presidential and parliamentary elections &#8211; a decision they will  make through their own constitutional reform process &#8211; we will have to  make a clear choice if we wish to aid Egypt&#8217;s political party  development. Either we open our programs to all legally registered  nonviolent parties, or we stay away from political party support.</p>
<p>It is possible that the Brotherhood may choose not to take part in  whatever U.S. party training programs we offer. (These are likely to  focus on party organization, campaign methods and other basics.) But  then again they might, and that would not be so bad. The National  Democratic Institute, operating with U.S. government funds, has been an  active, effective supporter of political party development in numerous  Arab countries for the past 10 years. It has frequently included  Islamist parties in its activities, such as the Islamic Action Front in  Jordan, the Party for Justice and Development in Morocco, and Islah in  Yemen. That inclusion has not hurt U.S. interests and has led to many  fruitful dialogues between Arab political Islamists and Americans.</p>
<p>While carrying out research in Indonesia in 2004, I was struck to learn  that the International Republican Institute was including in its  multiparty training programs the Prosperous Justice Party (PKS), a  conservative Islamist party known at the time for organizing fiery  anti-American demonstrations outside the U.S. Embassy there. Neither the  IRI representative in Jakarta, with whom I spoke, nor PKS officials  expressed concern about this relationship. I asked the vice president of  the PKS why his party was working with a U.S. government-funded  organization affiliated with the Republican Party, at a time when a  Republican-led U.S. government was being denounced by Muslims around the  world for the invasion of Iraq. He expressed admiration both for U.S.  Republicans&#8217; political skills and the fairmindedness with which they  approached Indonesia&#8217;s political scene.</p>
<p>It is good that the U.S. government has woken up after decades of  support for dictatorship in Egypt and is ready to stand on the side of  democracy. We should be acutely aware, however, that unlike Central and  Eastern Europe in 1989, local political actors in the Arab world harbor  enormous and often bitter skepticism of our democratic bona fides. Our  pro-autocracy record in the region is well-known, and our new stance is  still taking shape: Shortly after President Obama said his government  stands ready to assist Egypt in its pursuit of democracy, Joint Chiefs  of Staff Chairman Mike Mullen visited the Gulf to &#8220;reassure&#8221; America&#8217;s  autocratic allies there of continued U.S. friendship.</p>
<p>If we want to help democracy take root in Egypt, our &#8220;job,&#8221; to use  Berman&#8217;s term, is first to begin building our own credibility.  Proceeding on the basis of democratic principles such as openness and  inclusion rather than political favoritism and exclusion would be a good  way to start.</p>
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		<title>Extremist amnesia</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/33743/extremist-amnesia/</link>
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		<pubDate>Tue, 22 Feb 2011 22:59:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Turquía]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Arnaud de Borchgrave</strong>, editor-at-large of The Washington Times and United Press International (THE WASHINGTON TIMES, 22/02/11):</p>
<p>Groupthink that portrays &#8220;dangerous&#8221; as &#8220;innocuous&#8221; has led to censorship by omission. The <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Muslim Brotherhood</a>,  according to the conventional wisdom on the left, is now a responsible  Egyptian political organization that will compete in the first free  elections <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/egypt/">Egypt</a> has known since the late 1940s.</p>
<p>Until now, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a> has done well under a different name and still managed to pull 20  percent in elections rigged to favor the now-deposed President <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/hosni-mubaraks-party/">Hosni Mubarak&#8217;s party</a>. Now the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a> plans to enter &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33743/extremist-amnesia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Arnaud de Borchgrave</strong>, editor-at-large of The Washington Times and United Press International (THE WASHINGTON TIMES, 22/02/11):</p>
<p>Groupthink that portrays &#8220;dangerous&#8221; as &#8220;innocuous&#8221; has led to censorship by omission. The <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Muslim Brotherhood</a>,  according to the conventional wisdom on the left, is now a responsible  Egyptian political organization that will compete in the first free  elections <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/egypt/">Egypt</a> has known since the late 1940s.</p>
<p>Until now, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a> has done well under a different name and still managed to pull 20  percent in elections rigged to favor the now-deposed President <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/hosni-mubaraks-party/">Hosni Mubarak&#8217;s party</a>. Now the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a> plans to enter candidates under its own name, and straw polls indicate it may muster up to 40 percent.</p>
<p>Not to worry, says the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a>&#8216;s  liberal admirers in the United States and other Western countries.  Brotherhood members have reformed; they are no longer religious  extremists. The fact that they burned down or trashed about 300  buildings in Cairo on Jan. 26, 1952, was then, and this is now.</p>
<p>Like <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/hezbollah/">Hezbollah</a> in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/lebanon/">Lebanon</a>, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a> has camouflaged its strategic objectives in charitable social work,  sports clubs and prayer meetings. Its messages also are tailored to  disarm its critics. The <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a>&#8216;s  disinformation arsenal contains the political equivalent of dental  laughing gas, designed to elicit lightheadedness as well as warm and  fuzzy feelings.</p>
<p>Conveniently overlooked in what was described as the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a>&#8216;s Western-style demand for freedom are these inconvenient facts:</p>
<p>c  Sheik <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/yusuf-al-qaradawi/">Yusuf al-Qaradawi</a>, 84, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a>&#8216;s chief theoretician, banned in the United States and <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/britain/">Britain</a>, advocate of violence against <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/israel/">Israel</a> as well as U.S. forces in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/iraq/">Iraq</a> and <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/afghanistan/">Afghanistan</a>, returned to <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/egypt/">Egypt</a> after a 50-year absence to address a million-plus crowd in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/cairos-liberation-square/">Cairo&#8217;s Liberation Square</a>. State TV said it was 2 million. He also reaches tens of millions worldwide on Al Jazeera, the Doha, <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/qatar/">Qatar</a>-based Arab network.</p>
<p>c   The Brotherhood&#8217;s motto: &#8220;Allah is our objective. The Prophet is our  leader. The Koran is our law. Jihad is our way. Dying in the way of  Allah is our highest hope.&#8221;</p>
<p>c  <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muhammad-badie/">Muhammad Badie</a>, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a>&#8216;s supreme guide, said upon his elevation in September that the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a>&#8216;s objectives could only be attained &#8220;by raising a jihadi generation that pursues death just as the enemies pursue life.&#8221;</p>
<p>c  In 1989, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a>&#8216;s <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/islamic-action-front/">Islamic Action Front</a> won 23 out of 80 seats in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/jordans-parliament/">Jordan&#8217;s parliament</a>. <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/husayn/">King Hussein</a> tried to check their influence by changing election laws. But in 1993,  they became the largest group in parliament &#8211; and strongly opposed the  Jordanian-Israeli Peace Treaty in 1994.</p>
<p>c  Despite a rigged vote that gave <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/hosni-mubarak/">Mr. Mubarak</a>&#8216;s followers almost 80 percent of the seats in the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/jordans-parliament/">parliament</a> that was dissolved by the new supreme military authority in mid-February, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a> still garnered 20 percent.</p>
<p>c   The Brotherhood&#8217;s official website says jihad is Islam&#8217;s most  important tool in a gradual takeover, beginning with the Muslim nations,  moving on to restoring the caliphate over three continents for a  conquest of the West, with a global Islamic state as the ultimate  objective.</p>
<p>c  For the immediate future, the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a> remains closely linked to Hamas in Gaza and <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/hezbollah/">Hezbollah</a> in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/lebanon/">Lebanon</a>, and the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a>&#8216;s second in command, Rashad al-Bayumi, said in a recent interview that the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a> would join a transitional Egyptian government with one objective: Canceling the peace treaty between <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/egypt/">Egypt</a> and <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/israel/">Israel</a>.</p>
<p>c  The Brotherhood&#8217;s platform says government rule in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/egypt/">Egypt</a> &#8220;must be republican, parliamentary, constitutional and democratic in  accordance with Islamic Shariah law that ensures liberty for all.&#8221;</p>
<p>c  The Brotherhood&#8217;s supreme guide &#8211; it has more than one &#8211; Muhammad Mahdi Akef said the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a> opposes American democracy because &#8220;it is corrupt, serves the American  agenda and wants to destroy the Islamic nation, its faith and  tradition.&#8221;</p>
<p>c  Mr. Akef says the United States spends billions of  dollars &#8220;and endlessly plots to change the Muslim way of life [by  waging] war on Muslim leaders, the traditions of its faith and its  ideas. They even wage war against female circumcision, a practice  current in 36 countries, which has been prevalent since the time of the  Pharaohs.&#8221;</p>
<p>c  Jihad has a global strategy beyond self-defense:  Attack every &#8220;infidel rule&#8221; to widen the global caliphate until all  mankind lives under the Islamic flag.</p>
<p>For <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/egypt/">Egypt</a>&#8216;s new government, whatever it turns out to be, accommodation with the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a> is bound to be the line of least resistance. Whether 1 million or 2 million were on Cairo&#8217;s Tahrir Square to listen to the <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a>&#8216;s Sheik <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/yusuf-al-qaradawi/">al-Qaradawi</a> in his first public appearance in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/egypt/">Egypt</a> in 50 years is irrelevant. Countless millions the world over listen to his politico-religious sermons.</p>
<p>More important, the hero of <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/egypt/">Egypt</a>&#8216;s  latest revolution, Wael Ghonim, the Doha-based head of Google marketing  in the Middle East, whose Tweets and Facebook entries were credited  with laying the groundwork for the popular uprising, was barred from the  stage in Tahrir Square. Sheik al-Qara-dawi&#8217;s bodyguards elbowed the  cyber-activist to the exit ladder.</p>
<p>&#8220;The Yuppie revolution in <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/egypt/">Egypt</a> is over, the Islamist Revolution has begun,&#8221; captured the essence of <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/egypt/">Egypt</a>&#8216;s 18-day upheaval. It was what Cornell Law School&#8217;s William A. Jacobson&#8217;s blog called a &#8220;Legal Insurrection.&#8221;</p>
<p>The <a href="http://www.washingtontimes.com/topics/muslim-brotherhood/">Brotherhood</a>&#8216;s greatest asset: gullible Westerners &#8211; on both sides of the Atlantic.</p>
<p>It  is the same syndrome that enabled the same segment of Western opinion  to applaud Ayatollah Ruhollah Khomeini&#8217;s moderation as he gave daily  press conferences near Paris in 1978 while waiting for his religious  revolutionaries and their yuppie helpers to overthrow the shah.</p>
<p>For  those with a little more memory, there also is the case of Cambodia&#8217;s  Khmer Rouge, described for years as a group of moderate agrarian  reformers. No sooner were they in power than they established the  &#8220;killing fields.&#8221; By their own reckoning, they slaughtered 2 million of  their own people.</p>
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		<title>What the Muslim Brothers Want</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Feb 2011 19:22:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Essam El-Errian</strong>, a member of the guidance council of the Muslim Brotherhood in Egypt (THE NEW YORK TIMES, 10/02/11):</p>
<p>The Egyptian people have spoken, and we have spoken emphatically. In two  weeks of peaceful demonstrations we have  persistently demanded   liberation and democracy. It was groups of brave, sincere Egyptians who  initiated   this moment of historical opportunity on Jan. 25, and the  Muslim Brotherhood is committed to joining the national effort toward  reform and progress.</p>
<p>In more than eight decades of activism, the Muslim Brotherhood has   consistently promoted  an agenda of  gradual reform. Our principles,  clearly stated since the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33461/what-the-muslim-brothers-want/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Essam El-Errian</strong>, a member of the guidance council of the Muslim Brotherhood in Egypt (THE NEW YORK TIMES, 10/02/11):</p>
<p>The Egyptian people have spoken, and we have spoken emphatically. In two  weeks of peaceful demonstrations we have  persistently demanded   liberation and democracy. It was groups of brave, sincere Egyptians who  initiated   this moment of historical opportunity on Jan. 25, and the  Muslim Brotherhood is committed to joining the national effort toward  reform and progress.</p>
<p>In more than eight decades of activism, the Muslim Brotherhood has   consistently promoted  an agenda of  gradual reform. Our principles,  clearly stated since the inception of the movement in 1928, affirm an  unequivocal position against  violence. For the past 30 years we have  posed, peacefully, the greatest  challenge to the ruling National  Democratic Party of Hosni Mubarak, while advocating for the  disenfranchised classes in resistance to an oppressive regime.</p>
<p>We have repeatedly tried  to engage with the political system, yet these  efforts have been largely rejected based on the assertion  that the  Muslim Brotherhood is a banned organization, and has been since 1954. It  is seldom mentioned, however, that the Egyptian Administrative Court   in June 1992 stated that there was no legal basis for the group’s  dissolution.</p>
<p>In the wake of  the people’s revolt, we have accepted  invitations to  participate in talks on a peaceful transition. Along with other  representatives of the opposition, we recently took part in exploratory  meetings with Vice President Omar Suleiman. In these talks, we made  clear that we will not compromise or co-opt the public’s agenda. We come  with no special agenda of our own —  our agenda is that of the Egyptian  people, which has been asserted since the beginning of this uprising.</p>
<p>We aim to achieve reform and rights for all: not just for the Muslim  Brotherhood, not just for Muslims,  but for all Egyptians. We do not  intend to take a dominant role in the forthcoming political transition.  We are not putting forward a candidate for the presidential elections  scheduled for September.</p>
<p>While we express our openness to dialogue, we also re-assert the  public’s  demands, which must be met before  any serious negotiations  leading to a new government.   The Mubarak regime has yet to show  serious commitment to meeting these demands or to moving toward  substantive, guaranteed change.</p>
<p>As our nation heads toward liberty, however, we disagree with the   claims that the only options in Egypt are a purely secular, liberal  democracy or an authoritarian theocracy. Secular liberal democracy of  the American and European variety, with its firm rejection of religion  in public life, is not the exclusive model for a legitimate democracy.</p>
<p>In Egypt, religion continues to be an important part of our culture and  heritage. Moving forward, we envision the establishment of a democratic,  civil state that draws on universal measures of freedom and justice,  which are central Islamic values. We embrace democracy not as a foreign  concept that must be reconciled with tradition, but as a set of  principles and objectives that are inherently compatible with and   reinforce Islamic tenets.</p>
<p>The tyranny of autocratic rule must give way to immediate reform: the  demonstration of a serious commitment to change, the granting of  freedoms to all and the transition toward democracy. The Muslim  Brotherhood stands firmly behind the demands of the Egyptian people as a  whole.</p>
<p>Steady, gradual reform must begin now, and it must begin on the terms  that have been called for by millions of Egyptians over the past weeks.  Change does not happen overnight, but the call for change did — and it  will lead us to a new beginning rooted  in justice and progress.</p>
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		<title>Democracy supporters should not fear the Muslim Brotherhood</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Feb 2011 19:12:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Abdel Moneim Abou el-Fotouh</strong>, the author of <em>A Witness to the History of Egypt&#8217;s Islamic Movement</em> and is secretary general of the Arab Medical Union and a member of the Muslim Brotherhood. He served on the group&#8217;s guidance council for 25 year (THE WASHINGTON POST, 10/02/11):</p>
<p>Like Egyptians from all walks of life, we in the Muslim Brotherhood are taking part in the <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/linkset/2011/02/04/LI2011020403429.html">popular uprising</a> to depose a repressive dictator. The overwhelming majority of Egyptians  demand the immediate ouster of Hosni Mubarak and his regime.</p>
<p>Once this basic demand is met, we seek to share in the debate &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33460/democracy-supporters-should-not-fear-the-muslim-brotherhood/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Abdel Moneim Abou el-Fotouh</strong>, the author of <em>A Witness to the History of Egypt&#8217;s Islamic Movement</em> and is secretary general of the Arab Medical Union and a member of the Muslim Brotherhood. He served on the group&#8217;s guidance council for 25 year (THE WASHINGTON POST, 10/02/11):</p>
<p>Like Egyptians from all walks of life, we in the Muslim Brotherhood are taking part in the <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/linkset/2011/02/04/LI2011020403429.html">popular uprising</a> to depose a repressive dictator. The overwhelming majority of Egyptians  demand the immediate ouster of Hosni Mubarak and his regime.</p>
<p>Once this basic demand is met, we seek to share in the debate sweeping  the country and to be part of the resolution, which we hope will  culminate in a democratic form of government. Egyptians want freedom  from tyranny, a democratic process and an all-inclusive dialogue to  determine our national goals and our future, free of foreign  intervention.</p>
<p>We are mindful, however, as a nonviolent Islamic movement subjected to  six decades of repression, that patent falsehoods, fear mongering and  propaganda have been concocted against us in Mubarak&#8217;s palaces the past  30 years and by some of his patrons in Washington. Lest partisan  interests in the United States succeed in aborting Egypt&#8217;s popular  revolution, we are compelled to unequivocally deny any attempt to usurp  the will of the people. Nor do we plan to surreptitiously dominate a  post-Mubarak government. The Brotherhood has already decided not to  field a candidate for president in any forthcoming elections. We want to  set the record straight so that any Middle East policy decisions made  in Washington are based on facts and not the shameful &#8211; and racist &#8211;  agendas of Islamophobes.</p>
<p>Contrary to fear-mongering reports, the West and the Muslim Brotherhood  are not enemies. It is a false dichotomy to posit, as some alarmists are  suggesting, that Egypt&#8217;s choices are either the status quo of the  Mubarak regime or a takeover by &#8220;Islamic extremists.&#8221; First, one must  make a distinction between the ideological and political differences  that the Brotherhood may have with the United States. For Muslims,  ideological differences with others are taught not to be the root cause  of violence and bloodshed because a human being&#8217;s freedom to decide how  to lead his or her personal life is an inviolable right found in basic  Islamic tenets, as well as Western tradition. Political differences,  however, can be a matter of existential threats and interests, and we  have seen this play out, for example, in the way the Mubarak regime has  violently responded to peaceful demonstrators.</p>
<p>We fully understand that the United States has political interests in  Egypt. But does the United States understand that the sovereign state of  Egypt, with its 80 million people, has its own interests? Whatever the  U.S. interests are in Egypt, they cannot trump Egyptian needs or subvert  the will of the people without consequences. Such egotism is a recipe  for disaster. With a little altruism, the United States should not  hesitate to reassess its interests in the region, especially if it  genuinely champions democracy and is sincere about achieving peace in  the Middle East.</p>
<p>Looking forward, the Brotherhood is just one group among a diverse array  of growing political factions and trends in Egypt, soon to compete with  mutual respect in fair and free elections. We have participated in the  &#8220;political process&#8221; such as it was under Mubarak&#8217;s dictatorship. In the  decades of his rule, we have embraced diversity and democratic values.  In keeping with Egypt&#8217;s pluralistic society, we have demonstrated  moderation in our agenda and have responsibly carried out our duties to  our electoral base and Egyptians at large.</p>
<p>Our track record of responsibility and moderation is a hallmark of our  political credentials, and we will build on it. For instance, it is our  position that any future government we may be a part of will respect all  treaty obligations made in accordance with the interests of the  Egyptian people.</p>
<p>Because we are an Islamic movement and the vast majority of Egypt is  Muslim, some will raise the issue of sharia law. While this is not on  anyone&#8217;s immediate agenda, it is instructive to note that the concept of  governance based on sharia is not a theocracy for Sunnis since we have  no centralized clergy in Islam. For us, Islam is a way of life adhered  to by one-fifth of the world&#8217;s population. Sharia is a means whereby  justice is implemented, life is nurtured, the common welfare is provided  for, and liberty and property are safeguarded. In any event, any  transition to a sharia-based system will have to garner a consensus in  Egyptian society.</p>
<p>The people of Egypt will decide their representatives, their form of  democratic government and the role of Islam in their lives. For now, as  we verge on national liberation from tyranny, Egyptians in Tahrir  &#8220;Freedom&#8221; Square and all over the country are hoping Americans will  stand by them in this crucial hour.</p>
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		<title>Whither the Muslim Brotherhood?</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Feb 2011 00:12:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Próximo-Medio Oriente]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>
		<category><![CDATA[Egipto]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Tariq Ramadan</strong>, the grandson of Hassan al- Banna, who founded the Muslim Brotherhood in Egypt in 1928, and professor of contemporary Islamic studies at Oxford. His latest book is <em>The Quest for Meaning: Developing a Philosophy of Pluralism</em> (THE NEW YORK TIMES, 08/02/11):</p>
<p>Even as the mass demonstrations began in Tunisia, who would have  thought that Zine el-Abidine Ben Ali’s regime would have collapsed so  quickly? Who could have predicted that Egypt would soon witness such  unprecedented popular protest? A barrier has fallen. Nothing will be the  same again. It is quite likely that other countries will follow &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33418/whither-the-muslim-brotherhood/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Tariq Ramadan</strong>, the grandson of Hassan al- Banna, who founded the Muslim Brotherhood in Egypt in 1928, and professor of contemporary Islamic studies at Oxford. His latest book is <em>The Quest for Meaning: Developing a Philosophy of Pluralism</em> (THE NEW YORK TIMES, 08/02/11):</p>
<p>Even as the mass demonstrations began in Tunisia, who would have  thought that Zine el-Abidine Ben Ali’s regime would have collapsed so  quickly? Who could have predicted that Egypt would soon witness such  unprecedented popular protest? A barrier has fallen. Nothing will be the  same again. It is quite likely that other countries will follow the  lead of Egypt, given its central and symbolic significance. But what  will be the role of the Islamists after the collapse of the  dictatorships?</p>
<p>The Islamist presence has for decades justified the West’s acceptance of  the worst dictatorships in the Arab world. And it was these very  regimes that demonized their Islamist opponents, particularly Egypt’s  Muslim Brotherhood, which historically represents that country’s first  well-organized mass movement with the political influence to match.</p>
<p>For more than 60 years, the Brotherhood has been illegal but tolerated.  It has demonstrated a powerful capacity to mobilize the people in each  relatively democratic election — for trade unions, professional  associations, municipalities, parliament and so on — where it has been a  participant. So, are the Muslim Brothers the rising power in Egypt,  and, if so, what can we anticipate of such an organization?</p>
<p>In the West, we have come to expect superficial analyses of political  Islam in general and the Muslim Brotherhood in particular. However, not  only is Islamism a mosaic of widely differing trends and factions, but  its many different facets have emerged over time and in response to  historical shifts.</p>
<p>The Muslim Brothers began in the 1930s as a legalist, anti-colonialist  and nonviolent movement that claimed legitimacy for armed resistance in  Palestine against Zionist expansionism during the period before World  War II. The writings from between 1930 and 1945 of Hassan al-Banna,  founder of the Brotherhood, show that he opposed colonialism and  strongly criticized the fascist governments in Germany and Italy. He  rejected use of violence in Egypt, even though he considered it  legitimate in Palestine, in resistance to the Zionist Stern and Irgun  terror gangs. He believed that the British parliamentary model  represented the kind closest to Islamic principles.</p>
<p>Al-Banna’s objective was to found an “Islamic state” based on gradual  reform, beginning with popular education and broad-based social  programs. He was assassinated in 1949 by the Egyptian government on the  orders of the British occupiers. Following Gamal Abdel Nasser’s  revolution in 1952, the movement was subjected to violent repression.</p>
<p>Several distinct trends emerged. Radicalized by their experience of  prison and torture, some of the group’s members (who eventually left the  organization) concluded that the state had to be overthrown at all  costs, even with violence. Others remained committed to the group’s  original position of gradual reform.</p>
<p>Many of its members were forced into exile: some in Saudi Arabia, where  they were influenced by the Saudi literalist ideology; others in  countries such as Turkey and Indonesia, Muslim-majority societies where a  wide variety of communities coexist. Still others settled in the West,  where they came into direct contact with the European tradition of  democratic freedom.</p>
<p>Today’s Muslim Brotherhood draws these diverse visions together. But the  leadership of the movement — those who belong to the founding  generation are now very old — no longer fully represents the aspirations  of the younger members, who are much more open to the world, anxious to  bring about internal reform and fascinated by the Turkish example.  Behind the unified, hierarchical facade, contradictory influences are at  work. No one can tell which way the movement will go.</p>
<p>The Muslim Brotherhood is not leading the surge that is bringing down  Hosni Mubarak: it is made up of young people, of women and men who have  rejected dictatorship. The Muslim Brotherhood, and the Islamists in  general, do not represent the majority. There can be no doubt that they  hope to participate in the democratic transition when Mubarak departs,  but no one can tell which faction will emerge in a dominant position.  That makes it impossible to determine the movement’s priorities. Between  the literalists and the partisans of the Turkish way, anything can  happen; the Brotherhood’s political thinking has evolved considerably  over the past 20 years.</p>
<p>Neither the United States nor Europe, not to mention Israel, will easily  allow the Egyptian people to make their dream of democracy and freedom  come true. The strategic and geopolitical considerations are such that  the reform movement will be, and is already, closely monitored by U.S.  agencies in coordination with the Egyptian Army, which has played for  time and assumed the crucial role of mediator.</p>
<p>By deciding to line up behind Mohamed ElBaradei, who has emerged as the  chief figure among the anti-Mubarak protesters, the Muslim Brotherhood’s  leadership has signaled that now is not the time to expose itself by  making political demands that might frighten the West, not to mention  the Egyptian people. Caution is the watchword.</p>
<p>Respect for democratic principles demands that all forces that reject  violence and respect the rule of law (both before and after elections)  participate fully in the political process. The Muslim Brotherhood must  be a full partner in the process of change — and will be, if a minimally  democratic state can be established in Egypt (though no one can define  the intentions of foreign powers).</p>
<p>Neither repression nor torture has been able to eliminate the  Brotherhood.  It is only democratic debate and the vigorous exchange of  ideas that have had an impact on the development of the most problematic  Islamist theses — from understanding of the Shariah to respect for  freedom and defense of equality. Only by exchanging ideas, and not by  torture and dictatorship, can we find solutions that respect the  people’s will. Turkey’s example should be an inspiration to us.</p>
<p>The West continues to use “the Islamist threat” to justify its passivity  and outright support for dictatorships. As resistance to Mubarak  mounted, the Israeli government repeatedly called on Washington to back  the Egyptian junta against the popular will. Europe adopted a  wait-and-see stance.</p>
<p>Both attitudes are revealing: at the end of the day, lip-service to  democratic principle carries little weight against the defense of  political and economic interests. The United States prefers  dictatorships that guarantee access to oil, and allow the Israelis to  continue their slow colonization, to credible representatives of the  people who could not allow these things to continue.</p>
<p>Citing the voices of dangerous Islamists to justify not listening to the  voices of the people is short-termist as well as illogical. Under both  the Bush and Obama administrations, the United States has suffered heavy  losses of credibility in the Middle East; the same is true for Europe.  If the Americans and Europeans do not re-examine their policies, other  powers in Asia and South America may begin to interfere soon with their  elaborate structure of strategic alliances.</p>
<p>As for Israel, which has now positioned itself as friend and protector  of the Arab dictatorships, its government may well come to realize that  those dictatorships are committed only to its policy of blind  colonization.</p>
<p>The regional impact of Mubarak stepping down will be huge, yet the exact  consequences are unpredictable. After both the Tunisian and Egyptian  revolutions, the political message is clear: with nonviolent mass  protest, anything is possible and no autocratic government is safe and  secure any longer.</p>
<p>Presidents and kings are feeling the pressure of this historical turning  point. The unrest has reached Algeria, Yemen and Mauritania. One should  also look at Jordan, Syria and even Saudi Arabia: preventive reforms  have been announced, as if there were a common feeling of fear and  vulnerability. The rulers of all these countries know that if Egypt is  collapsing, they run the risk of the same destiny.</p>
<p>This state of instability is worrying and at the same time very  promising. The Arab world is awakening with dignity and hope. The  changes spell hope for true democrats, and trouble for those who would  sacrifice democratic principle to their economic and geostrategic  calculations. The liberation of Egypt seems to be just the start. Who  will be next? If Jordan and Yemen follow, so will Saudi Arabia — the  heart of the Muslim world — and Riyadh would be in a critical position,  with no choice but to evolve toward a more open political system.</p>
<p>Around the world, among Muslims, there is a critical mass that would  support this move, the necessary revolution at the center. In the end,  only democracies that embrace all nonviolent political forces can bring  about peace in the Middle East, a peace that must also respect the  dignity of the Palestinians.</p>
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		<title>Get Ready for the Muslim Brotherhood</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Feb 2011 22:59:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Próximo-Medio Oriente]]></category>
		<category><![CDATA[Egipto]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=33371</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Ayaan Hirsi Ali</strong>, a fellow of the American Enterprise Institute and founder of the AHA Foundation, which works to protect the rights of Muslim women. Her books include <em>Nomad</em> and <em>Infidel</em> (THE NEW YORK TIMES, 04/02/11):</p>
<p>In 1985, as a teenager in Kenya, I was an adamant member of the  Muslim Brotherhood. Seventeen years later, in 2002, I took part in a  political campaign to win votes for the conservative party in the  Netherlands.</p>
<p>Those two experiences gave me some insights that I think are relevant to  the current crisis in Egypt. They lead me to believe it &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33371/get-ready-for-the-muslim-brotherhood/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Ayaan Hirsi Ali</strong>, a fellow of the American Enterprise Institute and founder of the AHA Foundation, which works to protect the rights of Muslim women. Her books include <em>Nomad</em> and <em>Infidel</em> (THE NEW YORK TIMES, 04/02/11):</p>
<p>In 1985, as a teenager in Kenya, I was an adamant member of the  Muslim Brotherhood. Seventeen years later, in 2002, I took part in a  political campaign to win votes for the conservative party in the  Netherlands.</p>
<p>Those two experiences gave me some insights that I think are relevant to  the current crisis in Egypt. They lead me to believe it is highly  likely but not inevitable that the Muslim Brotherhood will win the  elections to be held in Egypt this coming September.</p>
<p>As a participant in an election campaign, I learned a few basic lessons:</p>
<p>• The party must have a political program all members commit to with a  vision of how to govern the country until the next election. Dissent  within the party is a sure way of losing elections.</p>
<p>• Candidates must articulate not only what they will do for the country  but also why the other party’s program will be catastrophic for the  nation.</p>
<p>• The party has to be embedded in as many communities as possible,  regardless of social class, religion or even political views.</p>
<p>• Candidates must constantly remind potential voters of their party’s  successes and the opponent’s  failures.</p>
<p>The secular democratic and human-rights groups in Egypt and in the rest  of the Arab world show little sign of understanding these facts of  political life. The Muslim Brotherhood, on the other hand, gets at least  three out of four.</p>
<p>True, they have never been in office. But they have a political program  and a vision not only until the next elections, but, in their view,  until the Hereafter. And they are very good at reminding Egyptians of  why the other party’s policies will be ungodly and therefore  catastrophic for Egypt. Above all, they have succeeded in embedding  themselves in Egyptian society in ways that could prove crucial.</p>
<p>When I was 15 and considered myself a member of the Muslim Brotherhood  movement, there were secular political groups in the diasporas of  Pakistanis, Yemenis and Somalis, who lived in exile in Nairobi like my  family. These loosely organized groups had vague plans for  building  their countries into peaceful, prosperous nations. These were dreams  they never realized.</p>
<p>The Muslim Brotherhood did more than dream. With the help of money from  Saudi Arabia and other oil-rich countries, they established cells in my  school and functioning institutions in my neighborhood. There were  extracurricular activities for all age groups. There were prayer and  chant hours, as well as communal Koran readings. We were encouraged to  become volunteers, to help the indigent, to spread Allah’s message. They  established charities to which we could tithe, which then  provided  health and educational centers.</p>
<p>The Brotherhood also provided the only functioning banking networks,  based on trust. They rescued teenagers from lives of drug addiction and  excited them about a purposeful future for justice. Each of us was  expected to recruit more people. Most importantly, their message  transcended ethnicity, social class and even educational levels.</p>
<p>It is true that the movement was violent, but we tend to underestimate  in the West the Brotherhood’s ability to adapt to reality and implement  lessons learned. One such adaptation is the ongoing debate within the  network on the use of violence. There are two schools of thought within  the network, and both of them invoke the Prophet Mohammed.</p>
<p>Those who want instant jihad hark back to the time when the Prophet had  small armies that defeated massive ones, as in the battles of Badr and  Uhud. The nonviolent branch of the Brotherhood emphasizes the Prophet’s  perseverance and patience. They emphasize da’wa (persuasion through  preaching and by example) and above all a gradual multi-generational  process in coming to power and holding on to it. Above all, they argue  for taqiyyah, a strategy to collaborate with your enemies until the time  is ripe to defeat them or convert them to Islam.</p>
<p>Why are the secular democratic forces in Egypt so much weaker than the Muslim Brotherhood?</p>
<p>One reason is that they are an amalgam of very diverse elements: There  are tribal leaders, free-market liberals, socialists, hard-core Marxists  and human rights activists. In other words, they lack common  ideological glue comparable to the one that the Brotherhood has. And  there is a deep-seated fear that opposition to the Muslim Brotherhood,  whose aim is to install Shariah once they come to power, will be seen by  the masses as a rejection of Islam.</p>
<p>What the secular groups fail to do is to come up with a message of  opposition that says “yes” to Islam, but “no” to Shariah — in other  words, a campaign that emphasizes a separation of religion from  politics. For Egypt and other Arab nations to escape the tragedy of  either tyranny or Shariah, there has to be a third way that separates  religion from politics while establishing a representative government,  the rule of law, and conditions friendly to trade, investment and  employment.</p>
<p>The bravery of the secular groups that have now unified behind Mohamed  ElBaradei cannot be doubted. They have taken the world by surprise by  mounting a successful protest against a tyrant.</p>
<p>The secular democrats’ next challenge is the Brotherhood. They must  waste no time in persuading the Egyptian electorate why a Shariah-based  government would be bad for them. Unlike the Iranians in 1979, the  Egyptians have before them the example of a people who opted for Shariah  — the Iranians — and have lived to regret it.</p>
<p>The 2009 “green movement” in Iran was a not a “no” to a strongman, but a  “no” to Shariah. ElBaradei and his supporters must make clear  that a  Shariah-based regime is repressive at home and aggressive abroad.  Moreover, as the masses cry out against unemployment, rising food prices  and corruption, Egypt’s secular groups must show that a Shariah-based  government would exacerbate these agonies.</p>
<p>The Muslim Brotherhood will insist that a vote for them is a vote for  Allah’s law. But the positions of power in government will not be filled  by God and his angels. These positions will be filled by men so  arrogant as to put themselves in the position of Allah. And as the  Iranians of 2009 have learned to their cost, it is harder to vote such  men out of office than to vote them in.</p>
<p>The Obama administration can help the secular groups with the resources  and the skills necessary to organize, campaign and to establish  competing economic and civil institutions so that they can defeat the  Muslim Brotherhood at the ballot box.</p>
<p>As I have come to learn over the years, few things in democratic  politics are inevitable. But without effective organization, the  secular, democratic forces that have swept one tyranny aside could  easily succumb to another.</p>
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		<title>Egypt’s Bumbling Brotherhood</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Feb 2011 22:58:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Próximo-Medio Oriente]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>
		<category><![CDATA[Egipto]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Scott Atran</strong>, an anthropologist at France’s National Center for Scientific Research, the University of Michigan and John Jay College and the author of <em>Talking to the Enemy: Faith, Brotherhood and the (Un)making of Terrorists</em> (THE NEW YORK TIMES, 03/02/11):</p>
<p>As Egyptians clash over the future of their government, Americans and  Europeans have repeatedly expressed fears of the Muslim Brotherhood.  “You don’t just have a government and a movement for democracy,” Tony  Blair, the former British prime minister, <a title="Article with Tony Blair comments on Egypt" href="http://articles.cnn.com/2011-01-31/world/egypt.muslim.brotherhood_1_egypt-s-muslim-brotherhood-ayman-nour-protests?_s=PM:WORLD">said of Egypt</a> on Monday. “You also have others, notably the Muslim Brotherhood, who would take this in a different direction.”&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33367/egypt%e2%80%99s-bumbling-brotherhood/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Scott Atran</strong>, an anthropologist at France’s National Center for Scientific Research, the University of Michigan and John Jay College and the author of <em>Talking to the Enemy: Faith, Brotherhood and the (Un)making of Terrorists</em> (THE NEW YORK TIMES, 03/02/11):</p>
<p>As Egyptians clash over the future of their government, Americans and  Europeans have repeatedly expressed fears of the Muslim Brotherhood.  “You don’t just have a government and a movement for democracy,” Tony  Blair, the former British prime minister, <a title="Article with Tony Blair comments on Egypt" href="http://articles.cnn.com/2011-01-31/world/egypt.muslim.brotherhood_1_egypt-s-muslim-brotherhood-ayman-nour-protests?_s=PM:WORLD">said of Egypt</a> on Monday. “You also have others, notably the Muslim Brotherhood, who would take this in a different direction.”</p>
<p>The previous day, the House speaker, John Boehner, expressed hope that  Hosni Mubarak would stay on as president of Egypt while instituting  reforms to prevent the Muslim Brotherhood and other extremists from  grabbing power.</p>
<p>But here’s the real deal, at least as many Egyptians see it. Ever since  its founding in 1928 as a rival to Western-inspired nationalist  movements that had failed to free Egypt from foreign powers, the Muslim  Brotherhood has tried to revive Islamic power. Yet in 83 years it has  botched every opportunity. In Egypt today, the Brotherhood counts  perhaps some 100,000 adherents  out of a population of over 80 million.  And its failure to support the initial uprising in Cairo on Jan. 25 has  made it marginal to the   spirit of revolt now spreading through the  Arab world.</p>
<p>This error was compounded when the Brotherhood threw in its lot with  Mohamed ElBaradei, the former diplomat and Nobel Prize winner. A  Brotherhood spokesman, Dr. Essam el-Erian, told Al Jazeera, “Political  groups support ElBaradei to negotiate with the regime.” But when Mr.  ElBaradei strode into Tahrir Square, many ignored him and few rallied to  his side despite the enormous publicity he was receiving in the Western  press. The Brotherhood realized that in addition to being late, it  might be backing the wrong horse. On Tuesday, Dr. Erian told me, “It’s  too early to even discuss whether ElBaradei should lead a transitional  government or whether we will join him.” This kind of flip-flopping  makes many Egyptians scoff.</p>
<p>When the army allowed hundreds of Mubarak supporters and plainclothes policemen through barricades on Wednesday  <a title="Times article on protests in Cairo" href="http://www.nytimes.com/2011/02/03/world/middleeast/03egypt.html?hp">to muscle out protesters</a>,  the Muslim Brotherhood may have gained an opportunity. It might be able  to recover lost leverage by showing its organizational tenacity in  resisting  the attempts to repress the demonstrators.</p>
<p>Nonetheless,  the Brotherhood did not arrive at this historical moment  with the advantage of wide public favor. Such support as it does have  among Egyptians — an often cited figure is 20 percent to 30 percent — is  less a matter of true attachment than an accident of circumstance:  the  many decades of suppression of secular opposition groups that might  have countered it. The British, King Farouk, Gamal Abdel Nasser and  Anwar el-Sadat all faced the same problem  that Hisham Kaseem, a  newspaper editor and human rights activist,  described playing out under  Mr. Mubarak.  “If people met in a cafe and talked about things the  regime didn’t like, he would just shut down the cafe and arrest us,” Mr.  Kaseem said. “But you can’t close mosques, so the Brotherhood  survived.”</p>
<p>If Egyptians are given political breathing space, Mr. Kaseem told me,   the Brotherhood’s importance will rapidly fade. “In this uprising the  Brotherhood is almost invisible,” Mr. Kaseem said, “but not in America  and Europe, which fear them as the bogeyman.”</p>
<p>Many people outside Egypt believe that the Brotherhood gains political  influence by providing health clinics and charity for the poor. But the  very poor  in Egypt are not very politically active. And according to  Abdel Moneim Aboul Fotouh, a former member of the Brotherhood’s Guidance  Council, the group  has only six clinics in Cairo, a city of 18  million. Many of the other clinics are Islamic in orientation  simply  because most Egyptians  are Islamic. The wealthier businessmen who often  sponsor them tend to shun the Brotherhood, if only to protect their  businesses from  government disapproval.</p>
<p>Although originally the Brotherhood was organized into paramilitary  cells, today it forswears violence in political struggle. This has made  it a target of Al Qaeda’s venom. In January 2006, Ayman al-Zawahri, the  former leader of Egypt’s Islamic Jihad and Al Qaeda’s leading  strategist, blasted the Brotherhood’s willingness to participate in  parliamentary elections and reject nuclear arms. You “falsely affiliated  with Islam,” he said in vilifying  the group. “You forget about the  rule of Shariah, welcome the Crusaders’ bases in your countries and  acknowledge the existence of the Jews who are fully armed with nuclear  weapons, from which you are banned to possess.”</p>
<p>People in the West frequently conflate the Brotherhood and Al Qaeda. And  although their means are very different, even many Egyptians suspect  that they share a common end that is alien to democracy. When I asked  Dr. Erian about this, he retorted that the United States and Mr. Mubarak  had conspired after Sept. 11 to “brainwash” people into thinking of all  Muslim activists as terrorists, adding that “the street” knew the  truth.</p>
<p>The street, however, manifests little support for the Brotherhood. Only a  small minority of the protesters in Tahrir Square joined its members in  prayers there (estimates range from 5 percent to 10 percent), and few  Islamic slogans or chants were heard.</p>
<p>Obviously the Brotherhood wants power and its  positions, notably its  stance against Israel, are problematic for American interests. “Israel  must know that it is not welcome by the people in this region,” Dr.  Erian said. Moreover, the Brotherhood will probably have representatives  in any freely elected government. But it is because democracies  tolerate disparate political groups that they generally don’t have civil  wars, or wars with other democracies. And because the Brotherhood  itself is not monolithic — it has many factions — it could well succumb  to internal division if there really were a political opening for other  groups in Egypt.</p>
<p>What we are seeing in Egypt is a revolt led by digitally informed young  people and joined by families from all rungs of society. Though in one  sense it happened overnight, many of its young proponents have long been  working behind the scenes, independent of the Brotherhood or any old  guard opposition. Egyptians are a pretty savvy lot. Hardly anyone I  talked to believes that democracy can be established overnight.</p>
<p>The Brotherhood leadership talks of a year or two of transition,  although that may reflect a vain hope of using that time to broaden its  popular support enough to reach a controlling plurality. The more common  assessment even among democracy advocates is that the military will  retain control — Omar Suleiman, the intelligence chief and new vice  president, will be acceptable to Egyptians if the army gets rid of Mr.  Mubarak now — and over the next decade real democratic reforms will be  instituted.</p>
<p>“Egypt is missing instruments essential to any functioning democracy and  these must be established in the transition period — an independent  judiciary, a representative Parliament, an open press,” Mr. Kaseem said.  “If you try to push democracy tomorrow we’ll end up like Mauritania or  Sudan,” both of which in recent decades have had coups on the heels of  democratic elections.</p>
<p>A military in control behind the scenes  — for a while — is probably the  best hope for a peaceful transition. “Let the U.S.A. stay away,” urged  Mr. Kaseem, who insisted that he is pro-American and abhors the  Brotherhood. “They are only bungling things with calls for immediate  reforms and against the Brotherhood. We are handling this beautifully.  Even a military leader with an I.Q. of 30 wouldn’t go down the same path  as Mubarak because he would understand that the people of Egypt who are  out in the streets are no longer apathetic, their interests are mostly  secular, they are connected and they will get power in the end.”</p>
<p>If America’s already teetering standing among Egyptians and across the  Arab and Muslim world  is not to topple altogether, the United States  must now publicly hold Mr. Mubarak responsible for the violence and  privately inform the Egyptian Army that it cannot support any  institution that is complicit.</p>
<p>But there is little reason for the United States to fear a takeover by  the Muslim Brotherhood. If Egypt is allowed to find its own way, as it  so promisingly began to do over the past week, the problems of violent  extremism and  waves of emigration that America and Europe most fear  from this unhappy region could well fade as its disaffected youth at  last find hope at home.</p>
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		<title>Una ideología para la izquierda</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Jan 2011 22:52:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Justo Zambrana</strong>, economista (EL PAÍS, 20/01/11):</p>
<p>&#8220;Para existir necesitas una ideología&#8221;; quien esto afirmaba no era ningún  izquierdista peligroso. Fue la respuesta que Alan Greenspan dio al  congresista Henry Waxman, el 23 de octubre de 2008, en su comparecencia  ante el Comité de Reforma y Supervisión del Gobierno cuando este le  preguntó si su ideología le había influido en la toma de decisiones.  Años antes, el mismo Greenspan lo había explicado: &#8220;Tengo una ideología.  En mi opinión los mercados libres y competitivos son un sistema para  organizar las economías que no conocen rival. Hemos probado  regulaciones. Ninguna ha &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33081/una-ideologia-para-la-izquierda/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Justo Zambrana</strong>, economista (EL PAÍS, 20/01/11):</p>
<p>&#8220;Para existir necesitas una ideología&#8221;; quien esto afirmaba no era ningún  izquierdista peligroso. Fue la respuesta que Alan Greenspan dio al  congresista Henry Waxman, el 23 de octubre de 2008, en su comparecencia  ante el Comité de Reforma y Supervisión del Gobierno cuando este le  preguntó si su ideología le había influido en la toma de decisiones.  Años antes, el mismo Greenspan lo había explicado: &#8220;Tengo una ideología.  En mi opinión los mercados libres y competitivos son un sistema para  organizar las economías que no conocen rival. Hemos probado  regulaciones. Ninguna ha funcionado de manera significativa&#8221;. La  rotundidad de la última frase posiblemente no la hubiera suscrito ni el  propio Adam Schmit.</p>
<p>Pero Alan Greenspan es solo un epígono de lo que ha sido un largo  camino. En 1975, Margaret Thatcher, recién elegida líder del Partido  Conservador inglés, visitaba el departamento de investigación social de  su partido. Dejando caer sobre la mesa una copia de <em>Fundamentos de Libertad,</em> de F. Hayek, el más radical ideólogo del liberalismo, les dijo: &#8220;Esto es en lo que creemos&#8221;.</p>
<p>De  un momento al otro, 30 años de prevalencia ideológica de la derecha que  ha impuesto su ideología, es decir, su &#8220;marco conceptual para abordar  la realidad&#8221;. Hasta el punto de que hoy, en mitad de una virulenta  crisis económica en la que los hechos han negado la viabilidad del <em>laissez faire,</em> la mayor intervención de los Gobiernos en economía que se recuerda,  guerras aparte, no está sirviendo para replantear el modelo fracasado,  sino para hacerlo funcionar de nuevo, a costa del contribuyente, sin  apenas alterar su funcionamiento.</p>
<p>Se ha retornado a Keynes, sí, y  gracias a ello la crisis no se ha convertido en una depresión tipo años  treinta; pero usado el instrumento para taponar las vías de agua, se le  ha guardado de nuevo sin permitir ni pretender que a la crisis le  sucedan varias décadas de equilibrio social como los &#8220;30 gloriosos&#8221; que  siguieron a la II Guerra Mundial.</p>
<p>La rotundidad de las dos citas  anteriores prueba que la derecha sí tiene ideología. Lo que se echa en  falta es una ideología alternativa capaz de mover voluntades, un marco  conceptual y una orientación política que permita hacer las cosas de  modo diferente a como se están haciendo. Yo también pienso como  Greenspan, que sin una ideología no se puede existir. Estos podrían ser  algunos componentes de esa creencia.</p>
<p>Uno: el equilibrio entre  mercado y Estado, entre economía y política, es la más completa fórmula  para gestionar, a día de hoy, las sociedades modernas. El mercado sin  Estado conduce al precipicio y el Estado sin mercado, a la ineficacia.  En nombre de la política se cometen muchos disparates, pero en nombre  del mercado también. El capitalismo es biología económica y la dinámica  biológica, tan maravillosa en su esfera, se hace letal cuando se apropia  de la totalidad de la esfera social, por esto es necesaria la  regulación; es decir, la intervención de la razón. Esa es la raíz de la  civilización, ¿por qué en economía el único credo ha de ser el <em>homo homini lupus?</em></p>
<p>En  este equilibrio, el Estado, lo público, tiene que operar bajo el  principio de la eficiencia; primero, porque la eficiencia es un valor en  sí y, segundo, porque de lo contrario perderá legitimidad y será fácil  presa de quienes propugnan su minimización. Esta es una asignatura  obligatoria para la izquierda política. El mercado, por su parte,  tendría que aceptarque, sin cortapisas que le inoculen equidad y  equilibrio, tiende al despeñadero. Ese es el problema de la derecha.</p>
<p>Dos:  las sociedades solo son moralmente aceptables si son igualitarias. En  el largo plazo podría decirse más: solo son eficientes si son  equitativas. Los ciudadanos solo son libres si son mínimamente iguales.  Para lograrlo es necesaria la intervención política. El mercado hace  correctamente muchas funciones, pero entre ellas no está producir  igualdad social. Más bien hace lo contrario. Los sistemas de precios en  equilibrio de Walras, Pareto o Marshall, tan apreciados por economistas  neoclásicos, pronto pusieron de manifiesto que, salvo ser espléndidos  ejercicios matemáticos, difícilmente se producían en la práctica y para  nada garantizaban la igualdad social. En las décadas pasadas, manadas de  economistas, cargados de ecuaciones en el monetarismo, las expectativas  racionales o el nuevo neoclasicismo, han apoyado la ideología más  liberal. No era verdad. Eran las matemáticas de la ficción. Una economía  utópica, ajena a la realidad, que servía de manto de cobertura a unas  desigualdades crecientes en el mundo desarrollado. Unas desigualdades  crecientes en el mundo desarrollado que impedían abordar los crecientes  desequilibrios de la economía mundial.</p>
<p>Tres: vuelta al  internacionalismo. La economía actual es global y el capitalismo  financiero actúa globalmente. Cualquier intervención política sobre la  economía también debe ser global. Dotarse de instituciones mundiales que  regulen la economía es una necesidad. La izquierda debe volver a una  defensa activa de los marcos regulatorios internacionales y de las  instituciones mundiales. La izquierda, recuérdese el himno, nació entre  internacionales pensando que lo más internacional sería el trabajo y, en  lugar de eso, lo que se ha internacionalizado de verdad es el capital.  Doble razón para recuperar la única dimensión en la que puede lograrse  una solución duradera. El desequilibrio EE UU-China, o los que se  producen en el interior del euro, no aguantan; y lo razonable sería  pactar la solución. La política económica es hoy, más que nunca,  política internacional.</p>
<p>Cuarto: luces largas verdes. Si la  modernidad eliminó el peso del pasado para fiarlo todo a la construcción  del futuro, en las últimas décadas el futuro también ha muerto y solo  cuenta el presente. El aquí ahora. Esta es una civilización  cortoplacista que puede topar pronto con los límites del planeta. El  mercado capitalista no prevé, ni puede prever, los costes externos que  su funcionamiento produce. Urge poner en el horizonte los bienes  públicos que se agotan y proteger lo que es vital para la supervivencia.  La izquierda del futuro tiene que tener un fuerte componente &#8220;verde&#8221;.  Unir en los intereses políticos de los ciudadanos lo que desde su marco  conceptual no le supone ningún problema: que hay muchos bienes que no  pueden ser entregados a la lógica de los mercados.</p>
<p>Quinto: alianza  con las nuevas tecnologías. La nueva tecnología es la más social y la  menos depredadora de las hasta ahora desarrolladas. Se incubó en esferas  públicas no sometidas al <em>pressing</em> de la rentabilidad inmediata  aunque pronto fueron asimiladas por el mercado que, ciertamente, las ha  generalizado velozmente. Hasta ahora, estas tecnologías han  revolucionado la economía y no pocos aspectos de la sociedad, por lo  general positivamente. ¿Cambiará también la política?</p>
<p>Un marco  conceptual como el descrito vale para lo que vale y no evita las  contradicciones en las tomas de decisión inmediatas. Ciertamente, lo  primero es sobrevivir, <em>rebus sic stantibus,</em> y España, por  ejemplo, tiene muy difícil no hacer lo que está haciendo. Pero lo  segundo es andar, sabiendo adónde se quiere llegar.</p>
<p>Si hay dudas,  léase por favor la declaración de Greenspan o las obras de F. Hayek que  hacían de Biblia para M. Thatcher. Después, quizá, podamos convenir que  los seres humanos hacen lo que quieren hacer.</p>
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		<title>La vida después del capitalismo</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/33076/la-vida-despues-del-capitalismo/</link>
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		<pubDate>Thu, 20 Jan 2011 22:40:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Robert Skidelsky</strong>, miembro de la Cámara de los Lores británica, profesor emérito de Economía Política en la Warwick University, autor de una biografía galardonada del economista John Maynard Keynes y miembro de la junta de la Escuela de Estudios Políticos de Moscú (Project Syndicate, 20/01/11):</p>
<p>En 1995, publiqué un libro llamado <em>The World After Communism</em> (<em>El mundo después del comunismo</em>). Hoy, me pregunto si habrá un mundo después del capitalismo.</p>
<p>Esa pregunta no está motivada por la peor crisis económica desde los  años 1930. El capitalismo siempre sufrió crisis, y las seguirá  sufriendo. Más bien, surge &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33076/la-vida-despues-del-capitalismo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Robert Skidelsky</strong>, miembro de la Cámara de los Lores británica, profesor emérito de Economía Política en la Warwick University, autor de una biografía galardonada del economista John Maynard Keynes y miembro de la junta de la Escuela de Estudios Políticos de Moscú (Project Syndicate, 20/01/11):</p>
<p>En 1995, publiqué un libro llamado <em>The World After Communism</em> (<em>El mundo después del comunismo</em>). Hoy, me pregunto si habrá un mundo después del capitalismo.</p>
<p>Esa pregunta no está motivada por la peor crisis económica desde los  años 1930. El capitalismo siempre sufrió crisis, y las seguirá  sufriendo. Más bien, surge de la sensación de que la civilización  occidental es cada vez más decepcionante, al cargar con un sistema de  incentivos que son esenciales para acumular riqueza, pero que socavan  nuestra capacidad para disfrutarla. El capitalismo puede estar cerca de  agotar su potencial para crear una vida mejor –al menos en los países  ricos del mundo.</p>
<p>Por “mejor”, me refiero a mejor éticamente, no materialmente. Las  ganancias materiales pueden continuar, aunque la evidencia demuestra que  ya no hacen más feliz a la gente. Mi disconformidad es con la calidad  de una civilización en la que la producción y el consumo de bienes  innecesarios se convirtieron en la principal ocupación de la mayoría de  la gente.</p>
<p>Esto no pretende denigrar al capitalismo. Fue, y es, un sistema  magnífico para superar la escasez. Al organizar la producción de manera  eficiente, y dirigirla a la búsqueda del bienestar y no del poder, sacó a  una gran parte del mundo de la pobreza.</p>
<p>Sin embargo, ¿qué le pasa a un sistema así cuando la escasez se  convirtió en abundancia? ¿Sigue produciendo más de lo mismo, estimulando  apetitos hastiados con nuevos artilugios, entusiasmos y emociones?  ¿Cuánto tiempo más puede continuar esto? ¿Nos pasamos el próximo siglo  regodeándonos en la trivialidad?</p>
<p>Durante gran parte del siglo pasado, la alternativa al capitalismo  era el socialismo. Pero el socialismo, en su forma clásica, falló –como  debía suceder-. La producción pública es inferior a la producción  privada por un sinnúmero de razones, sobre todo porque destruye la  elección y la variedad. Y, desde el colapso del comunismo, no hubo  ninguna alternativa coherente para el capitalismo. Más allá del  capitalismo, parece ser, se extiende un paisaje de… capitalismo.</p>
<p>Siempre hubo enormes interrogantes morales sobre el capitalismo, que  podían dejarse a un lado porque el capitalismo siempre fue exitoso a la  hora de generar riqueza. Ahora, cuando ya tenemos toda la riqueza que  necesitamos, está bien que nos preguntemos si vale la pena incurrir en  los costos del capitalismo.</p>
<p>Adam Smith, por ejemplo, reconoció que la división de la mano de obra  volvería más tonta a la gente al robarles las habilidades no  especializadas. Sin embargo, pensaba que éste era un precio  –posiblemente compensado por la educación- que valía la pena pagar, ya  que la ampliación del mercado aumentaba el crecimiento de la riqueza.  Esto lo convirtió en un ferviente defensor del libre comercio.</p>
<p>Los apóstoles del libre comercio de hoy defienden el caso más o menos  de la misma manera que Adam Smith, ignorando el hecho de que la riqueza  se expandió enormemente desde los tiempos de Smith. Suelen admitir que  el libre comercio cuesta empleos, pero arguyen que los programas de  recapacitación ubicarán a los trabajadores en nuevos empleos, de “mayor  valor”. Esto implica decir que aunque los países (o las regiones) ricos  ya no necesitan los beneficios del libre comercio, deben seguir  padeciendo sus costos.</p>
<p>Los defensores del sistema actual responden: les dejamos esas  elecciones a los individuos para que ellos decidan por sí mismos. Si la  gente quiere bajarse de la cinta transportadora, es libre de hacerlo. Y,  de hecho, cada vez son más los que “desertan”. La democracia, también,  implica libertad para poner fin al mandato del capitalismo.</p>
<p>Esta respuesta es fuerte pero ingenua. La gente no forma sus  preferencias en una situación de aislamiento. Sus elecciones están  enmarcadas por la cultura dominante de sus sociedades. ¿Se supone  realmente que la constante presión para consumir no tiene ningún efecto  en las preferencias? Prohibimos la pornografía y restringimos la  violencia en televisión, con la idea de que afectan a la gente de manera  negativa; sin embargo, ¿deberíamos creer que una publicidad irrestricta  de bienes de consumo afecta sólo la distribución de la demanda, pero no  el total?</p>
<p>Los defensores del capitalismo a veces sostienen que el espíritu de  adquisividad está tan arraigado en la naturaleza humana que nada lo  puede desplazar. Pero la naturaleza humana es un manojo de pasiones y  posibilidades en conflicto. Siempre fue la función de la cultura  (incluida la religión) la de fomentar algunas y limitar la expresión de  otras.</p>
<p>De hecho, el “espíritu del capitalismo” se metió en los asuntos  humanos bastante tarde en la historia. Antes de eso, los mercados para  comprar y vender estaban plagados de restricciones legales y morales.  Una persona que dedicaba su vida a hacer dinero no era vista como un  buen modelo a seguir. La ambición, la avaricia y la envidia estaban  entre los pecados mortales. La usura (hacer dinero del dinero) era una  ofensa contra Dios.</p>
<p>Recién en el siglo XVIII la ambición se volvió moralmente respetable.  Ahora se consideraba saludablemente prometeano transformar la riqueza  en dinero y ponerlo a trabajar para ganar más dinero, porque al hacerlo  uno estaba beneficiando a la humanidad.</p>
<p>Esto inspiró el estilo de vida estadounidense, donde el dinero  siempre habla. El fin del capitalismo significa simplemente el fin de la  necesidad de escucharlo. La gente empezaría a disfrutar de lo que  tiene, en lugar de siempre querer más. Uno puede imaginar una sociedad  de tenedores de riqueza privados, cuyo principal objetivo es llevar una  buena vida, no convertir su riqueza en “capital”.</p>
<p>Los servicios financieros se achicarían, porque los ricos no siempre  querrían volverse más ricos. A medida que más y más gente empezara a  sentir que tiene lo suficiente, uno podría esperar que el espíritu de  ganar perdiera su aprobación social. El capitalismo habría hecho su  trabajo y la motivación de ganar recuperaría su lugar en la galería de  los canallas.</p>
<p>La deshonra de la ambición es factible sólo en aquellos países cuyos  ciudadanos ya tienen más de lo que necesitan. Y aún allí, mucha gente  todavía tiene menos de lo que necesita. La evidencia sugiere que las  economías serían más estables y los ciudadanos más felices si la riqueza  y el ingreso estuvieran distribuidos de manera más equitativa. La  justificación económica para las grandes desigualdades de ingresos –la  necesidad de estimular a la gente para que sea más productiva- colapsa  cuando el crecimiento deja de ser tan importante.</p>
<p>Tal vez el socialismo no fue una alternativa para el capitalismo,  sino su heredero. Heredará la tierra peor no quitándoles a los ricos sus  propiedades, sino ofreciendo motivos e incentivos de comportamiento que  no estén conectados con la mayor acumulación de riqueza.</p>
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		<title>La idolatría de la igualdad</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Jan 2011 21:34:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Antonio Sagardoy Bengoechea</strong>, catedrático de Derecho del Trabajo y vicepresidente del Foro de la Sociedad Civil (ABC, 17/01/10):</p>
<p>Una de las grandes, aunque tardía, conquistas de la Humanidad es la proclamación de la igualdad como derecho básico y nuclear de la convivencia social. Desde 1789, con la Revolución Francesa, hasta nuestros días, la igualdad es, junto con la justicia, basamento de todo sistema democrático. Así el artículo 14 de nuestra Constitución es rotundo cuando ordena que «todos los españoles son iguales ante la Ley». Esa igualdad se refuerza con la enérgica repulsa de la discriminación por una &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33034/la-idolatria-de-la-igualdad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Antonio Sagardoy Bengoechea</strong>, catedrático de Derecho del Trabajo y vicepresidente del Foro de la Sociedad Civil (ABC, 17/01/10):</p>
<p>Una de las grandes, aunque tardía, conquistas de la Humanidad es la proclamación de la igualdad como derecho básico y nuclear de la convivencia social. Desde 1789, con la Revolución Francesa, hasta nuestros días, la igualdad es, junto con la justicia, basamento de todo sistema democrático. Así el artículo 14 de nuestra Constitución es rotundo cuando ordena que «todos los españoles son iguales ante la Ley». Esa igualdad se refuerza con la enérgica repulsa de la discriminación por una serie de motivos universalmente aceptados. Y dentro de la discriminación adquiere especial relevancia el sexo, pues secularmente la diferencia de trato entre hombres y mujeres, en todos los ámbitos, ha sido una lacra inadmisible.<br />
Yo no voy a tratar ahora de la igualdad de trato entre mujeres y hombres y que la Ley Orgánica 3/2007 con desigual fortuna ha regulado, sino de ese incontenible afán regulatorio de tratar a todos por igual. Como dice el profesor García Murcia, el derecho a la diferencia constituye una de las más grandes aporías —es decir, problema no resuelto— en relación con el principio de igualdad y no discriminación, cuando la realidad es que se trata de un ingrediente natural del mismo. Se ha producido un ensanchamiento excesivo del principio de igualdad, puesto que ya no se trata de prohibir las diferencias de trato por motivo de ideología, religión, sexo, condición social, etcétera, sino que se intenta consagrar la ilegalidad o no aceptación de conductas por actos más allá de tales motivos, llegándose a situaciones un tanto exóticas al dar valor discriminatorio a cuestiones como la obesidad, la apariencia física&#8230; Además, la Ley de Igualdad que se prepara, establece la inversión de la carga de la prueba si hay «indicios» de discriminación. Es decir, que si un Banco no da a una persona de color, inmigrante, un préstamo teniendo nómina y medios razonables, probablemente hay que probar que no se le da por razones distintas a su condición lo cual es una «hazaña». Además, para velar por todo ese inmenso Cosmos, se creará la Autoridad Estatal para la Igualdad de Trato (¡más burocracia!).</p>
<p>Corremos el peligro de instalar como norma el igualitarismo que es algo distinto a la igualdad. Y la igualdad no impide (no debe impedir) la diversidad de trato, la pluralidad de comportamientos. Como dice claramente el Tribunal Supremo (St. 4.2.94) «el principio de igualdad consagrado en el artículo 14 de la Constitución Española no supone en todo caso un tratamiento idéntico a todos los que se encuentran en una posición semejante, ya que debe entenderse que la desigualdad en sí no es ilegítima, salvo que sea de tal naturaleza que se convierta en discriminación, que es su cara peyorativa». A nosotros nos educaron en el valor del esfuerzo individual de la consecución del éxito, del valor del sufrimiento como camino de una meta a conseguir. Dando por hecho que las oportunidades de estar en la línea de salida sean para todos, unos corrían con todas sus fuerzas, otros iban a menor paso y otros abandonaban la carrera y cuando se conseguía la meta, por ejemplo ingresar por oposición en un cuerpo administrativo de prestigio, compensaba con creces la alegría del triunfo con el esfuerzo y penalidades sufridas para conseguirlo. Pero, curiosamente, cuando se introducía uno, por méritos propios, en unos de esos puestos de prestigio como, por ejemplo, Catedrático de Universidad o Abogado del Estado, los que no lo habían conseguido se unían al coro de los que desprestigiaban tales puestos por elitistas o incluso, como se intentó con cierta puerilidad, en algún tiempo, cambiar el nombre —por lo que tenía en sí mismo de valor diferenciador y de prestigio— por otro más genérico y más «igualitario». En concreto, estuvo a punto de desaparecer el título de Catedrático, canjeándolo por el de Profesor, y el de Abogado del Estado, por Letrado del Estado. Curiosamente y en bastantes casos, los más entusiastas defensores de esa «democratización» de los títulos eran personas con responsabilidades públicas que habían fracasado en su intento de ser Catedrático o Abogado del Estado. ¡C&#8217;est la vie! Casi siempre se tiende a igualar por abajo no por arriba.</p>
<p>Como he dicho, doy por hecho, porque si no el sistema chirriaría, que haya igualdad de oportunidades en el acceso a la consecución de una meta de prestigio. Y desde hace ya muchos años y a través fundamentalmente de una generosa política de becas, hoy, prácticamente todo el que vale, puede estudiar una carrera universitaria. De ahí que a partir de ello, nadie puede quejarse de que uno llegue a la cima y otro se quede en la mediocridad. Es el esfuerzo y la inteligencia los que marcan la diferencia, no el origen social ni el nivel económico. Es verdad que hay casos evidentes en que las personas no tienen más remedio que ponerse a trabajar para sacar adelante a su familia y que por tanto no pueden, por ejemplo, hacer oposiciones. Pero eso no quita valor y veracidad a lo que acabo de decir.</p>
<p>Cuando una sociedad fía todo al Estado, como fuente inagotable de bienes y oportunidades, y ve con malos ojos el triunfo de unos respecto de otros, acaba generando unos ciudadanos acomodaticios, pedigüeños y sin nervio. Ahí radica una de las grandes diferencias entre el mundo anglosajón y el continental (como es el nuestro). En aquél, se educa desde pequeños en el valor del esfuerzo, en la bondad del éxito y en el rechazo de excesivas «muletas» del Estado. De ahí surge una cultura de emprendimiento, de valoración del desafío, de asunción del riesgo. Y no creo que en las escuelas anglosajonas se adoctrine sobre el valor de la discriminación o del desprecio al prójimo. Al contrario. Pero tienen la fortuna de saber combinar el valor de la igualdad con el del esfuerzo. Entre otros correctivos ahí está el de una política fiscal equilibrada y justa. Dicho de un modo gráfico, al niño se le enseña que lo que consiga lo tiene que hacer con su trabajo, con su lucha permanente y lo que no se le dice es que esté tranquilo pues cuando comienza la carrera de velocidad, si va perdiendo, vendrán los mecanismos administrativos —ahormados en el altar de la igualdad— para subirle en un coche y llegar juntos a la meta con los que se han dejado la piel en el esfuerzo. Algo de eso explica el rechazo de gran parte de la sociedad americana a las «políticas sociales» de Obama. Tienen miedo de perder las esencias de lo que ha llegado a ser el pueblo norteamericano. Y ese rechazo, a los continentales, que estamos en la galaxia de la ayuda y la no diferenciación como valores primigenios, nos produce no poca estupefacción.</p>
<p>Es cierto que en esa dualidad de eficiencia económica y protección social —que diversifica asimismo a los anglosajones de los continentales— es preciso observar un razonable equilibrio para evitar situaciones injustas. Pero si todo se basa en la protección social con un mensaje urbi et orbe de tranquilidad ya que siempre estará el Estado para ayudarnos, lo probable es que montemos un esperpento como es repartir la tarta sin que haya tarta. Noble empeño, pero inútil y frustrante. Tenemos que tener bienes, riquezas y medios suficientes para poder practicar, a posteriori, una razonable política de reparto, una implantación sostenible del Estado del bienestar. De lo contrario, corremos el peligro de socializar la pobreza, que es algo en lo que la Historia nos da lecciones que no deberíamos olvidar. Sigo recordando la anécdota de Mario Soares, triunfador con su partido socialista en Portugal, cuando le dijo a su compañero ideológico sueco, Olof Palme, que iban «a acabar con los ricos», a lo que le contestó éste: «Pues no es buen camino, aquí estamos intentando acabar con los pobres».</p>
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		<title>Hezbollah’s Latest Suicide Mission</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Jan 2011 00:53:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Próximo-Medio Oriente]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Líbano]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Thanassis Cambanis</strong>, the author of <em>A Privilege to Die: Inside Hezbollah’s Legions and Their Endless War Against Israel</em> (THE NEW YORK TIMES, 13/01/11):</p>
<p>The <a title="Times article on dissolution of Lebanon’s government" href="http://www.nytimes.com/2011/01/13/world/middleeast/13lebanon.html?ref=world">collapse of Lebanon’s government</a> on Tuesday signaled the final stage in Hezbollah’s rise from resistance  group to ruling power. While Hezbollah technically remains the head of  the political opposition in Beirut, make no mistake: the Party of God  has fully consolidated its control in Lebanon, and will stop at nothing —  including civil war — to protect its position.</p>
<p>The crisis was precipitated by Hezbollah’s opposition to a United Nations-backed tribunal investigating the <a title="Times page about Rafik Hariri" href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/h/rafik_hariri/index.html">2005 </a>&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32977/hezbollah%e2%80%99s-latest-suicide-mission/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Thanassis Cambanis</strong>, the author of <em>A Privilege to Die: Inside Hezbollah’s Legions and Their Endless War Against Israel</em> (THE NEW YORK TIMES, 13/01/11):</p>
<p>The <a title="Times article on dissolution of Lebanon’s government" href="http://www.nytimes.com/2011/01/13/world/middleeast/13lebanon.html?ref=world">collapse of Lebanon’s government</a> on Tuesday signaled the final stage in Hezbollah’s rise from resistance  group to ruling power. While Hezbollah technically remains the head of  the political opposition in Beirut, make no mistake: the Party of God  has fully consolidated its control in Lebanon, and will stop at nothing —  including civil war — to protect its position.</p>
<p>The crisis was precipitated by Hezbollah’s opposition to a United Nations-backed tribunal investigating the <a title="Times page about Rafik Hariri" href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/h/rafik_hariri/index.html">2005 assassination of a former prime minister</a>,  Rafik Hariri. Some analysts speculate that the current Lebanese  government — led by Prime Minister Saad Hariri, the assassinated man’s  son — could stabilize the political situation by rejecting the  legitimacy of the tribunal.</p>
<p>Mr. Hariri really has no choice but to stand firm in Hezbollah’s game of  chicken: even if he could stymie Hezbollah in the short term by giving  in, he would eventually have no authority at all were he to abandon the  rule of law. He will have to insist on accountability for his father’s  assassins, even if he loses his position in the process. His coalition  remains a viable alternative to Hezbollah only as long as it sticks to  the pluralistic and law-based values that distinguish it from its  theocratic and belligerent enemies.</p>
<p>Today’s predicament in Lebanon mirrors that of much of the Arab world,  where stability often comes at the price of justice. Furthermore, it  highlights America’s limited influence. Washington lent strong  rhetorical support to the Hariri coalition when it came first to power  in 2005, but was unable to stop Hezbollah’s troops and their supporters  from taking over the streets of Beirut and forcibly acquiring veto power  over the government by gaining “the blocking third” — 10 of the  cabinet’s 30 ministerial seats.</p>
<p>It was Hezbollah’s exercising of that power, with the resignation of the  10 opposition ministers along with one independent, that toppled the  government this week just when Prime Minister Hariri was meeting with  President Obama in Washington.</p>
<p>To an outsider, the crisis might appear baffling. More than five years  after the car-bomb murder of Rafik Hariri, the international tribunal is  still meandering its way toward indicting suspects. Hezbollah, re-armed  and resurgent after the war with Israel in the summer of 2006, has had a  string of political and popular victories. The influence of its  sponsors, Syria and Iran, has only grown. And talks between Syria and  Saudi Arabia that might have stabilized the government fell apart this  week.</p>
<p>Why, then, would Hezbollah change the political dynamic now?</p>
<p>Simply put, Hezbollah cannot afford the blow to its popular legitimacy  that would occur if it is pinned with the Hariri killing. The group’s  power depends on the unconditional backing of its roughly 1 million  supporters. Its constituents are the only audience that matters to  Hezbollah, which styles itself as sole protector of Arab dignity from  humiliation by Israel and the United States.</p>
<p>These supporters will be hard-pressed to understand, much less forgive,  their party if it is proved to have killed a leader who was loved by the  nation’s Sunni Muslims and also respected by Christians, Druze and even  many Shiites,  who form Hezbollah’s core support. That is why Hezbollah  denies any role in the assassination even though it has unabashedly  taken responsibility for destabilizing moves like setting off the 2006  war with Israel or pushing Lebanon to the brink of civil war in 2008.</p>
<p>But its excuses are wearing thin. <a title="CBC report on Hariri investigation" href="http://www.cbc.ca/world/story/2010/11/19/f-rfa-macdonald-lebanon-hariri.html">Leaked evidence based on cellphone records</a> has placed a Hezbollah team at the scene of the assassination.  Hezbollah’s leaders insist that its men were trying to protect Rafik  Hariri, and that Israel was behind the killing. But if it is proved to  have taken part in the Hariri hit and assassination campaigns against  other moderate Lebanese figures, Hezbollah will look to many civilians  like just another power-drunk militant movement.</p>
<p>What options remain for the younger Mr. Hariri? He leads a fractious and  shrinking coalition that in 2009 won a majority of seats in Parliament  but got fewer votes than Hezbollah and its allies. Yet his best strategy  is simple, if he has the stomach for it: stick with the tribunal and  let it air its evidence at trial.</p>
<p>It will be up to the international prosecutors to furnish compelling  evidence that Hezbollah (or its Syrian backers) killed Rafik Hariri. For  now, the prime minister must insist more convincingly that he trusts  the process to be fair: If Hezbollah is innocent, it will be exonerated  at trial; if it is guilty, then why should it escape?</p>
<p>The odds of this strategy succeeding are not great: Hezbollah is likely  to emerge the end winner because it is willing to sacrifice the Lebanese  state to maintain its standing in the Middle East and its perpetual war  against Israel. But Lebanon’s lonely prime minister has no better  choice than to play the long shot for a just resolution; otherwise,  he’ll become a steward of Hezbollah’s impunity.</p>
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		<title>El alma internacionalista</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Jan 2011 22:11:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan F. López Aguilar</strong>, presidente de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo (EL PAÍS, 10/01/11):</p>
<p>El pasado diciembre se congregó en Varsovia el Partido Socialista  Europeo. Sus conclusiones cuestionan tópicos sobre la socialdemocracia  ante una crisis que no es meramente económica: afecta al vínculo  democrático entre la ciudadanía y el voto que pone y quita Gobiernos.</p>
<p>Parte de la izquierda parece abonada al pesimismo economicista a lo que pasa, sumiéndose en la ola de <em>antipolítica</em> que amenaza con derruir mucho de lo que la democracia consiguió con el  sufragio universal. Lo cierto es que ni la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32940/el-alma-internacionalista/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan F. López Aguilar</strong>, presidente de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo (EL PAÍS, 10/01/11):</p>
<p>El pasado diciembre se congregó en Varsovia el Partido Socialista  Europeo. Sus conclusiones cuestionan tópicos sobre la socialdemocracia  ante una crisis que no es meramente económica: afecta al vínculo  democrático entre la ciudadanía y el voto que pone y quita Gobiernos.</p>
<p>Parte de la izquierda parece abonada al pesimismo economicista a lo que pasa, sumiéndose en la ola de <em>antipolítica</em> que amenaza con derruir mucho de lo que la democracia consiguió con el  sufragio universal. Lo cierto es que ni la explicación ni la superación  de este estadio depresivo podemos esperarla ya de los economistas: el <em>tsunami</em> comenzó siendo financiero; hundió la economía real; se ensañó con  Europa, donde produjo un terrible impacto social que ha destruido empleo  y minado la confianza en nuestro porvenir&#8230; para acabar corroyendo ¡y  cómo! el crédito de la política. Este es, en sí, el triunfo de una  reacción ultraconservadora, un híbrido de demagogia y miedo, que  ahuyenta a cada vez más gente de todo interés por las urnas. De ahí, un  crudo debate sobre la resiliencia de la socialdemocracia e incluso,  yendo más lejos, un <em>stress test</em> sobre el pulso de la democracia en Europa ante este embate.</p>
<p>Reparemos en las lecciones <em>políticas</em> de una crisis relatada como la del <em>harmagedón</em> y (a pesar de ello) apoteosis de la usura especulativa mundial. La primera: la vulnerabilidad de <em>la política</em> en sí, y la de su reivindicación frente a las recurrencias del  desprecio a lo que decidimos en las urnas. Segunda: la pertinaz  divergencia entre lo que hoy signifiquen derecha e izquierda en la UE,  distinguiendo las respuestas regresivas frente las progresistas, por sus  contenidos, objetivos y prioridades ante los daños y perjuicios: de un  lado, el atajo fácil de la celebración de la desigualdad frente a los  infortunios, y la explotación de la rabia y la frustración en un retorno  a lo local y al odio a algún chivo expiatorio. De otro, la penosa labor  de preservar la lucidez frente a la tribulación, la invitación a lo  difícil, la lucha contra las injusticias planetarias. Y tercera: la que  apunta al escalón europeo como espacio compartido y supranacional,  alternativa al reflujo hipernacionalista de la derecha populista. Es  aquí donde esta muestra su cara más antieuropea; por ello es imperioso  que la izquierda rehabilite de una vez su vocación identitaria en  valores no excluyentes sino de ciudadanía: europea, europeísta e  internacionalista.</p>
<p>Ninguna variable subraya como esta la  diferencia ideológica, en principios y actitudes, entre lo que sean hoy  derecha e izquierda en la UE, y que muestre al mismo tiempo tanta  vigencia para describir su presente y su disyuntiva inmediata. En la  página a escribir tenemos, por un primer lado, una pulsión conservadora,  renacionalizadora, incapaz de comprender que nuestras penalidades solo  pueden empeorar con la deconstrucción de lo hecho y nuestra  desagregación en una carrera de Estados lanzados a competir a la baja,  desde recelos recíprocos y resentimientos cruzados (los &#8220;torpes&#8221;, los  &#8220;rezagados&#8221;, los que &#8220;no han hecho sus deberes&#8221;, culpables de sus  fracasos, los &#8220;despilfarradores&#8221; de fondos de cohesión, frente a  supuestos &#8220;virtuosos&#8221; del superávit exterior). De otro, quienes pensamos  que solo prevaleceremos si mancomunamos esfuerzos, aprendemos de  nuestros errores, emparejando la moneda común con la coordinación de  nuestras políticas económicas, fiscales y presupuestarias; y, sobre  todo, apostando por una solidaridad visionaria en la globalización que  aporte regulación, transparencia e incluso ética ante sus desequilibrios  y enormidades.</p>
<p>No entenderemos lo que esto le supone a las señas  de la izquierda si no asumimos por entero el alma internacionalista de  nuestra escala europea como la única proporcionada a la eslora de esta  crisis. Nada de lo que nos pasa es explicable sin Europa; ninguno de sus  alcances es gestionable desde fuera ni al margen de este compromiso. No  existe horizonte de recuperación en la UE, castigada en la salida de  una recesión que hace tiempo que dejó de ser global, si no asimilamos  que estamos juntos en esto y es juntos como debemos salir, remando con  mejor propósito y fortaleza que antes. Así es en el Parlamento Europeo  donde, contra viento y marea, los socialistas hemos propugnado el debate  por la gobernanza global contra la desregulación y la  irresponsabilidad; por el relanzamiento del pacto fiscal europeo (tasas  bancarias, contra la especulación, y ecológicas, además de la batalla  europea contra el fraude y una la estrategia común contra los paraísos) y  por la ética corporativa (bonos bancarios e incentivos).</p>
<p>Si a día  de hoy son millones los progresistas europeos que desesperan en el  bache y en sus episodios, ello es porque se ha asumido que la UE se  halla inmersa en una hoja de ruta de orientación conservadora. Para los  más impacientes, la austeridad a todo coste, más centrada en gastar  menos que en gastar mejor, favorece recortes de prestaciones postergando  las obligaciones (eurobonos) con que disuadir los ataques de  prestamistas predatorios y financiar inversiones para el ansiado  crecimiento. Para desencanto de muchos, bajo un discurso darwinista, la  aparente lentitud de cada decisión ignora decenios de enseñanzas,  empeños y sacrificios desde la II Guerra Mundial. Y para exasperación de  nostálgicos del internacionalismo, la desprotección nacional desmiente,  cuando no niega, nuestro distintivo modo de ser europeo -el que nos ha  hecho mejores cuando nos ha hecho partícipes de esta genuina experiencia  de integración en Derecho- e incluso su razón de ser, reconocida en el  mundo por la primacía de un modelo social y un pacto fiscal de rentas y  generaciones capaz de traspasar fronteras.</p>
<p>Para la izquierda es pues urgente intervenir <em>políticamente</em> ese derrotero en la UE, convenciendo a muchos ciudadanos expuestos a un  desenganche irreversible de que el reequilibrio en las cuentas no es en  sí mismo nuestro fin, ni aún menos, <em>el fin de la Historia,</em> sino  una palanca desde la que edificar reformas modernizadoras que habrán de  preservar el modo de vida europeo, no derogarlo ni arrasarlo. Y eso solo  podrá hacerse con una ambición paneuropea para esa socialdemocracia sin  la que los cambios pasados no habrían sido posibles y sin la que los  futuros no serán imaginables. Pero su reactivación pasa por <em>la acción política,</em> no por su desistimiento; por la movilización electoral europea de  cuantos se identifican con valores hoy sometidos a asedio, y por su  restauración frente a la antipolítica apología de <em>los mercados</em> y  la erosión de los Gobiernos legitimados en las urnas como herramienta de  transformación de un mundo que asusta más que entusiasma.</p>
<p>He subrayado a sabiendas el desafío electoral. Es cierto que, frente al nuevo <em>espectro que recorre Europa</em> -el <em>fantasma del populismo-,</em> hemos asistido a una fronda difusa de manifestantes: Islandia, Grecia,  Irlanda, Francia, Italia, Reino Unido&#8230; España. Pero también que esas  revueltas inscritas en el <em>invierno de nuestro descontento</em> no han  acertado todavía a perfilar su inspiración positiva y propositiva,  moviéndose más bien en clave resistencial y reactiva: por ello no se ha  acompañado de una reanimación del voto de ciudadanía y del espacio  político -no solo a través del sufragio, pero también, sí, con este-.  Esta sobrevendrá solo con la promesa de un cuerpo claro de propuestas  reformistas para preservar lo irrenunciable cambiando lo impostergable. Y  habrá de ser europea o simplemente no será. Ninguna solución es local.  Ni tampoco nacional. A tiempo que dejó de serlo. Sí se nos exige,  empero, saber que en cada elección nos jugamos un asalto de una batalla  épica contra la arbitrariedad impersonal de arcanos contables sin rostro  humano ni responsabilidad. Solo si recobramos el alma internacionalista  del progresismo europeo tendremos oportunidades de construir un futuro  que no sea el que muchos temen, sino un espejo razonado de los motivos y  trabajos de nuestras esperanzas, tantas veces sometidas a pruebas aún  más duras que esta.</p>
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		<title>¿Qué le pasa al alma de los progresistas?</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Dec 2010 20:01:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Luis Arroyo</strong>, presidente de Asesores de Comunicación Pública y autor de <em>El poder en escena</em> (EL PAÍS, 29/12/10):</p>
<p>Los conservadores ponen un precio a su alma 14 veces superior al que le  ponen a la suya los progresistas. Literalmente. El profesor Jon Haidt  mantiene desde hace meses una investigación en la que pregunta a miles  de personas por cuánto dinero firmarían un papel que dijera &#8220;vendo mi  alma a quien encuentre este papel después de mi muerte&#8221;. Los  progresistas exigen 35.000 dólares y los conservadores 500.000.</p>
<p>El pintoresco hallazgo de Haidt se completa con otros: los  progresistas exigirían &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32770/que-le-pasa-al-alma-de-los-progresistas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Luis Arroyo</strong>, presidente de Asesores de Comunicación Pública y autor de <em>El poder en escena</em> (EL PAÍS, 29/12/10):</p>
<p>Los conservadores ponen un precio a su alma 14 veces superior al que le  ponen a la suya los progresistas. Literalmente. El profesor Jon Haidt  mantiene desde hace meses una investigación en la que pregunta a miles  de personas por cuánto dinero firmarían un papel que dijera &#8220;vendo mi  alma a quien encuentre este papel después de mi muerte&#8221;. Los  progresistas exigen 35.000 dólares y los conservadores 500.000.</p>
<p>El pintoresco hallazgo de Haidt se completa con otros: los  progresistas exigirían sustancialmente menos dinero que los  conservadores por cocinar y comerse a su propio perro muerto por causas  naturales o por someterse a una transfusión de sangre de un abusador de  menores.</p>
<p>Esas preguntas son indicadores de una de las dimensiones  que constituyen el ecualizador moral y político de la gente: la  dimensión Santidad. Los conservadores tienen un mayor aprecio por un  supuesto orden trascendente de las cosas, no solo religioso. Son más  reticentes a la &#8220;contaminación&#8221; de lo &#8220;natural&#8221;, al mestizaje, a los  experimentos científicos.</p>
<p>Además de puntuar más alto que los  progresistas en Santidad, los conservadores valoran también más la  Autoridad y la Pertenencia, otras dos dimensiones del ecualizador moral  del que todos estamos provistos desde que nacemos. Más temerosos del  desorden, más asustadizos en la incertidumbre, los conservadores valoran  más que los progresistas la existencia de una autoridad fuerte: por eso  ellos exigen más dinero por insultar a sus padres, aunque sea en broma,  o por hacer un gesto insultante a un jefe o un profesor. Y con  sentimientos más gregarios sobre su nación o su etnia, los conservadores  puntúan también más alto en Pertenencia, y exigen más dinero por quemar  en la intimidad una bandera de su nación o por apostar públicamente por  el equipo deportivo rival, por ejemplo.</p>
<p>Los conservadores lo son  porque estiman la autoridad clara, el respeto por las costumbres  arraigadas en la tradición o la divinidad, el patriotismo y la identidad  colectiva.</p>
<p>Digamos de paso que los progresistas no nos  identificamos con los autoritarismos o populismos de izquierda porque no  creemos que sean progresistas. Al recurrir al dogma comunista como  fuente de inspiración, al militarismo como expresión de la autoridad, al  &#8220;patria o muerte&#8221; y al simbolismo cuasi religioso de Bolívar o Martí,  líderes como Chávez o Castro se convierten en líderes rabiosamente  conservadores, por muy de izquierdas que se presenten.</p>
<p>El alma  progresista, por tanto, tiene un problema de origen, y es que  minusvalora elementos que son muy importantes paramucha gente, y que  tienen que ver con el respeto por la autoridad, el sentimiento  identitario, y la veneración por unos ciertos principios trascedentes.</p>
<p>Esto  no fue un problema para los progresistas del mundo entero cuando, a lo  largo de la historia, defendieron sus causas apelando a los dos  fundamentos morales en los que ellos sí están fuertes, las dos clavijas  que aún nos quedan en el ecualizador moral de la gente: la clavija de la  Protección y la clavija de la Justicia.</p>
<p>Los progresistas puntúan  más alto que los conservadores en la primera de ellas, en la de la  Protección. Exigen, tomando de nuevo un ejemplo de Haidt, más dinero por  pinchar con una aguja la mano de un niño desconocido, o por pegar un  golpe a un perro en la cabeza. En materia de Justicia, sin embargo,  tanto progresistas como conservadores puntúan igual, exigiendo un millón  de dólares por hacer cosas como robar a un pobre para hacer un regalo a  un rico o firmar en secreto el compromiso de no contratar gente de una  determinada raza en la empresa.</p>
<p>El alma progresista, en todo el  mundo, durante toda la historia de la Humanidad, ha tenido siempre una  fuerte componente de protección de los seres humanos y de otras especies  (y por tanto la solidaridad, la comprensión, la escucha, la democracia,  la tolerancia&#8230;) y de defensa de la justicia (y por tanto la  proporcionalidad de premios y castigos, la defensa de la igualdad de  oportunidades y la extensión de derechos para todos).</p>
<p>De la  distinta configuración del ecualizador de conservadores y progresistas  en estas cinco clavijas deriva también la distinta concepción que unos y  otros tienen de una sexta dimensión (que Haidt está incorporando a su  modelo): la de la Libertad.</p>
<p>Como los progresistas no estiman tanto  la autoridad y sí la justicia, puntúan alto en una concepción positiva  de la Libertad: la libertad como estilo de vida, es decir, que cada cual  haga lo que crea y quiera. Los conservadores puntúan alto, por el  contrario, en Libertad negativa, en sentido de no intervención: que el  Estado no se meta en la vida de la gente, algo que los progresistas  consideran necesario para promover la Protección y la Justicia.</p>
<p>La  narrativa progresista ha sido siempre, y siempre será, de protección y  de justicia, por lo que son millones los que se desencantan con  gobernantes que parecen haber renunciado a esos principios, sea  manteniendo abierto Guantánamo, extendiendo exenciones fiscales a los  más ricos o recortando ayudas a los más débiles. El sometimiento a &#8220;los  mercados&#8221;, las agencias de valoración o los burócratas de Bruselas no  hace sino romper con la narrativa genuinamente progresista: la  protección y promoción de los débiles frente a los fuertes.</p>
<p>Casi  todo puede explicarse con un marco más bien progresista o más bien  conservador. Por ejemplo, exigir consentimiento paterno a una joven de  16 años para abortar -reforzar la autoridad- es conservador; garantizar  que nadie, ni siquiera una madre o un padre, impone a una joven de 16  años la maternidad es progresista, porque se garantiza la protección de  la parte más débil. Aumentar la edad de jubilación puede ser conservador  -autoridad- y también progresista -garantizar el mantenimiento de la  protección pública futura-.</p>
<p>Pero para que la gente lo vea de una u  otra manera hay que defender los principios morales subyacentes desde  el principio, no después. Conversando sobre el futuro de la izquierda,  Tony Blair nos decía hace algunas semanas en Nueva York que  desconfiáramos de quien afirmara que &#8220;tenemos un problema de  comunicación&#8221; cuando lo que solemos tener es un problema de políticas.</p>
<p>Yo  creo que son las dos cosas. Los progresistas tienen el desafío de hacer  y enmarcar sistemáticamente sus políticas como políticas de protección y  justicia social, la protección de los débiles frente a las fuertes. Esa  es su música. Y deben además mostrarse sensibles a la música  conservadora, para que el sonido llegue con un ecualizador de cinco  clavijas y no solo de dos. Por eso deben demostrar que también les  importa la autoridad (y el mérito y la disciplina), la santidad (de  todas las creencias, no solo de la dominante, lo que desespera  frecuentemente a sus adversarios conservadores) y la pertenencia (no  patriotera, sino patriótica en el sentido más noble del término).</p>
<p>Los  progresistas deberán fomentar el control de las instituciones públicas  sobre las grandes corporaciones, las bolsas y los especuladores;  promover el sentimiento de pertenencia a entidades nacionales y  supranacionales, como Europa, en nuestro caso; respetar la presencia y  el ejercicio de (todas) las religiones y creencias; exigir el respeto a  la autoridad de la Ley igual para todos, sin excepción, y el premio al  mérito y la disciplina. Mientras lo hacen, elevando las teclas de la  Autoridad, la Pertenencia y la Santidad, deben mantener bien altas, cómo  no, las que le son más familiares: las de la Protección y la Justicia.</p>
<p>Harán  así música que los ciudadanos entenderán y aplaudirán. Abandonar  aquellos tres fundamentos morales es un error, pero es trágico observar  que algunos líderes progresistas parecen a veces renunciar directamente a  los cinco.</p>
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		<title>El retorno del corporativismo</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Dec 2010 19:52:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Mario Trinidad,</strong> ex diputado socialista y escritor (EL PAÍS, 23/12/10):</p>
<p>Del mismo modo que se dice que la guerra es la continuación de la  política por otros medios podríamos definir la política como una especie  de guerra incruenta. Por eso los interesados se esmeran en aprender sus  reglas. En particular aquella máxima del viejo maestro chino Sun Tzu  que consideraba el engaño como el fundamento del arte de la guerra. O  las de un compatriota suyo, el anónimo compilador de <em>Las 36 estratagemas</em>,  que, ahondando en la misma idea, mostraba las ventajas que podían  obtenerse en la batalla &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32677/el-retorno-del-corporativismo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Mario Trinidad,</strong> ex diputado socialista y escritor (EL PAÍS, 23/12/10):</p>
<p>Del mismo modo que se dice que la guerra es la continuación de la  política por otros medios podríamos definir la política como una especie  de guerra incruenta. Por eso los interesados se esmeran en aprender sus  reglas. En particular aquella máxima del viejo maestro chino Sun Tzu  que consideraba el engaño como el fundamento del arte de la guerra. O  las de un compatriota suyo, el anónimo compilador de <em>Las 36 estratagemas</em>,  que, ahondando en la misma idea, mostraba las ventajas que podían  obtenerse en la batalla fingiendo atacar en un punto para golpear en el  opuesto.</p>
<p>¿Por qué traemos estas sabias máximas a colación? Pues porque,  preocupados por la ofensiva neoliberal de las últimas décadas, los  ciudadanos no hemos prestado suficiente atención al devastador ataque  que nos llegaba desde las filas de un neocorporativismo que, al menos en  ciertos aspectos, es casi lo opuesto al liberalismo.</p>
<p>Porque si  bien es cierto que las sucesivas oleadas privatizadoras se amparan todas  en la ideología liberal del Estado-gendarme, únicamente preocupado por  el mantenimiento de la ley y el orden, sería injusto reducir a esa  fórmula el credo liberal. Uno de los mejores legados del liberalismo  clásico es la tajante distinción que estableció, al menos en el plano  doctrinal, entre la esfera de los intereses particulares y el interés  público. Los primeros son asunto de los individuos o de lo que se  denomina la sociedad civil, mientras que la defensa del segundo atañe al  Estado.</p>
<p>Fue justamente esa distinción la que se esforzaron en  borrar los regímenes corporativos que cambiaron el mapa político europeo  a partir de la década de 1920, con el fascismo italiano como iniciador  de una trayectoria que no se cerraría hasta el final de las dictaduras  portuguesa y española a mediados de los setenta. Los regímenes  corporativos auspiciaban una nueva doctrina sobre los fines del Estado,  que asumía como propios los intereses de los distintos sectores  económicos e integraba a los representantes de estos en el aparato  estatal, en funciones consultoras, reguladoras, de arbitraje, etcétera.  Es para referirnos a ese modelo político para lo que utilizamos el  término corporativismo; no en el más habitual de defensa cerrada de los  intereses de un grupo profesional.</p>
<p>El corporativismo nunca  desapareció del todo de una cultura política como la española, tan  influida por la Iglesia católica, para la que en un cierto momento el  ideal corporativo fue algo así como la doctrina política oficial. Pero  su retorno al primer plano se ha visto impulsado por los dos cambios  institucionales más importantes que ha experimentado nuestro país en el  último cuarto de siglo: el ingreso en la Unión Europea y el desarrollo  de las Comunidades Autónomas.</p>
<p>La primera ha legitimado una idea  que figuró siempre entre las más queridas por los teóricos y los  políticos del corporati-vismo: la del gobierno de los técnicos.</p>
<p>Sin  que ninguna de las fuerzas políticas europeas con capacidad de decisión  lo haya puesto nunca seriamente en tela de juicio, salvo los  euroescépticos británicos, la Unión Europea ha supuesto la entronización  de un supergobierno, formado por la Comisión y las reuniones de  ministros sectoriales, que pretende situarse al margen de la política  (normalmente una coartada para esconder opciones conservadoras) y que es  prácticamente irresponsable: el sueño de todos los gobernantes  autoritarios.</p>
<p>En cuanto a esa seña de identidad del modelo  corporativo que es la desaparición de la frontera entre lo privado y lo  público, ahí está la legitimación de los grupos de interés en los  mecanismos de toma de decisiones en Bruselas, o el ejemplo de la  Política Agraria Común, el corazón de la política comunitaria, que es un  verdadero jardín en el que florecen los intereses de una categoría  particular de ciudadanos, y en especial de los más pudientes entre  ellos, elevados a la categoría de interés general.</p>
<p>Por lo que se  refiere a nuestras Comunidades Autónomas, su entusiasmo, digamos,  identitario, no se ha quedado en puras proclamas románticas, sino que  está inspirando políticas en el terreno económico cuyo norte es primar,  siempre que se pueda, a las empresas locales, mimetizando así el  nacionalismo económico que era otra de las señas de identidad del viejo  corporativismo. Con la ventaja de que lo que podía ser mirado con  sospecha cuando se hacía en nombre del nacionalismo español, queda  santificado si la inspiración es el andalucismo, el catalanismo,  etcétera.</p>
<p>Por ejemplo, en el caso que tengo más cerca, la Junta de  Extremadura vive un permanente idilio con las empresas extremeñas,  sobre todo cuando estas se integran en asociaciones (llamadas <em>clusters</em> en algunos casos, sin duda porque el nombre resulta más moderno dicho  en inglés) que pueden ser tuteladas por el Gobierno regional.  Naturalmente la contrapartida de todo ello son las subvenciones con  fondos públicos, que se han convertido en un instrumento privilegiado de  la acción de gobierno.</p>
<p>El último paso en esta dirección, y  aparentemente el más ambicioso desde el punto de vista político, es el  proyecto de ley de Responsabilidad Social Empresarial presentado por el  Gobierno regional al Parlamento extremeño. Según el resumen que ofrecía  el suplemento de Negocios de este periódico (EL PAÍS, 10-10-2010), el  proyecto de ley tiene por objeto promover la responsabilidad social de  las empresas extremeñas. Estas pueden alcanzar la calificación de  &#8220;empresa socialmente responsable&#8221; cumpliendo una serie de requisitos e  inscribiéndose en un registro; lo que en su momento les dará derecho a  subvenciones, beneficios fiscales y prioridad en la contratación  pública. El proyecto también prevé la creación de un Consejo autonómico  para el fomento de la responsabilidad empresarial. Ningún teórico del  corporativismo hubiera soñado con algo mejor.</p>
<p>¿En qué sentido este  renacimiento del corporativismo, en un contexto afortunadamente muy  diferente de sus orígenes en la Europa de 1920, constituye una amenaza?</p>
<p>La  amenaza más directa procede de sus tendencias antidemocráticas, como  ponen de manifiesto los mecanismos de gobierno de la Unión Europea. Es  un tema al que nuestros políticos suelen referirse, en tono compungido,  con el eufemismo del &#8220;déficit democrático&#8221; de las instituciones  europeas. Aunque pese a esos lamentos, el mentado déficit tiene todos  los visos de durar, por lo funcional que resulta para los Gobiernos  nacionales, que con frecuencia usan a Europa como coartada para tomar  decisiones impopulares. Además, frente al darwinismo económico de los  liberales, que apuesta por la supervivencia de los más aptos, o el afán  reformista o revolucionario de la izquierda, el corporativismo es una  doctrina defensiva de los intereses establecidos. Y una mentalidad  defensiva no parece lo más adecuado en tiempos de cambio acelerado.</p>
<p>Pero  hay más. El corporativismo supone una visión idealizada del mundo de  las relaciones económicas, que pretende que los agentes económicos,  gracias a su integración en las instituciones públicas, o a su  conversión a la ideología de la responsabilidad social, como veíamos en  la ley extremeña, se convertirán automáticamente en impulsores del bien  común y no en esos potenciales corruptores de los agentes públicos que  los liberales temían, y de ahí su insistencia en la tajante separación  de lo público y lo privado.</p>
<p>Los abundantes casos de corrupción de  políticos que la actualidad nos sirve día tras día muestran sin embargo  que el pesimismo de los liberales tiene más base que el, llamémoslo así,  optimismo de los corporativistas. Y que los recelos respecto al papel  social de los capitalistas, característicos del periodo obrerista de la  izquierda, no estaban del todo desprovistos de fundamento.</p>
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		<title>Fulgores, mortajas, bautizos</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/32554/fulgores-mortajas-bautizos/</link>
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		<pubDate>Wed, 15 Dec 2010 19:17:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aspectos Generales]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Partidos Políticos]]></category>
		<category><![CDATA[PSOE]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Álvaro Delgado-Gal</strong>, escritor (ABC, 15/12/10):</p>
<p>La crisis económica nos tiene a todos los españoles tan distraídos que ya no recordamos qué demonios estábamos haciendo antes de que se pusieran cuesta arriba las cosas de comer. Bien, ¿qué estábamos haciendo? La pregunta no va dirigida, por supuesto, a cada español en particular. La vida es difícil, y nunca faltan tareas, con frecuencia enojosas, en qué ocuparse. La cuestión se refiere a los españoles en su conjunto, o, si se prefiere, a los españoles en cuanto ciudadanos. Reitero la pregunta : ¿qué diantres, qué carajo estábamos haciendo?</p>
<p>Mientras ustedes palpan &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32554/fulgores-mortajas-bautizos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Álvaro Delgado-Gal</strong>, escritor (ABC, 15/12/10):</p>
<p>La crisis económica nos tiene a todos los españoles tan distraídos que ya no recordamos qué demonios estábamos haciendo antes de que se pusieran cuesta arriba las cosas de comer. Bien, ¿qué estábamos haciendo? La pregunta no va dirigida, por supuesto, a cada español en particular. La vida es difícil, y nunca faltan tareas, con frecuencia enojosas, en qué ocuparse. La cuestión se refiere a los españoles en su conjunto, o, si se prefiere, a los españoles en cuanto ciudadanos. Reitero la pregunta : ¿qué diantres, qué carajo estábamos haciendo?</p>
<p>Mientras ustedes palpan el fondo de su memoria, como se palpa uno la ropa intentando adivinar qué objeto, provisionalmente olvidado, hace presión contra la pierna a la altura del bolsillo, yo me apresuro a recuperar de los archivos la versión oficial del Gobierno: los españoles estábamos multiplicando nuestros derechos. Nuestro derecho a una vivienda digna —tal es el motivo de que se instituyera el ministerio correspondiente—; nuestro derecho a la igualdad —con su ministerio adjunto—; y nuestro derecho a la libertad, no encarnado por un ministerio concreto aunque sí por el presidente del Gobierno. Los españoles, en fin, nos consagrábamos a promover nuestra autonomía. A promoverla rápidamente, a golpe de BOE y engrasando los engranajes de la vida social con un dinero entonces abundante y que ahora no alcanza, ¡ay!, a mantener el nivel de las pensiones o terminar las carreteras.</p>
<p>Ya hemos encontrado el objeto escondido en los hondones de la faltriquera. Ya podemos echarle una ojeada. ¿Qué vemos? Algo verdaderamente peregrino. Reviva el lector la imagen de Bibiana Aído o de Leire Pajín, dos de los arietes ideológicos de Zapatero. Repare en lo que dicen, o mejor, en lo que decían. Lo que decían es que querían hacernos libres. Después, fijemos la atención en sus rostros. Sus rostros eran solemnes, su ceño estaba fruncido, y extendían el brazo y estiraban el índice en la actitud del que conmina: «¡Ay de aquel que no quiera ser como nosotras queremos que sea!». Palabra y ademán, mensaje y gesto se conjuntaban, como en un fundido cinematográfico, para producir el efecto de que teníamos que ser libres… por decreto de la autoridad. No es exagerado afirmar que, bajo el mandato del todavía presidente, se han concebido los derechos bajo dos especies divergentes: como franquías de inspiración libertaria —aborto sin consentimiento de los padres, píldora del día después sin receta, etcétera—, y como cédulas o licencias que la Administración consideraba oportuno expedir en favor de los ciudadanos. Esto entraña una contradicción, si no en los términos, sí de tipo situacional. No es posible hacerse libre y que, a la vez, le fuercen a uno a ser libre. En achaques de libertad, es vital determinar quién lleva la iniciativa.</p>
<p>Detrás del equívoco, subsistía una noción en extremo cruda de la política. Uno: lo propio de un gobierno es suministrar bienes y servicios. Dos: en esta categoría, la de bienes/servicios, se inscriben las franquías libertarias. Tres: nada más natural, en consecuencia, que darles curso, incluso cuando son contenciosas, alteran gravemente el statu quoheredado y entran en pormenores de la vida familiar en los que no es evidente que deba inmiscuirse una Administración. La resulta ha sido una combinación peregrina: el bombeo de consignas libertarias… a través del mecanismo estatal, caiga quien caiga y con redoble de tambores. Este ha sido el perfil ideológicamente más sobresaliente de la etapa española que se inició en 2004 y que ahora está naufragando en la marejada de la deuda y el desmadre autonómico. No me negarán que se trata de un perfil asombroso. Y no me discutirán que no está de más verter sobre el caso algunas reflexiones, aunque sean póstumas.</p>
<p>Iré directo al grano. El autoritarismo libertario de los últimos gobiernos socialistas revela que la izquierda ha mutado bajo la presión de dos corrientes por entero distintas. La primera surgió por un fenómeno de saturación, o, siendo más exactos, de superfetación. Después de que las políticas socialdemócratas, en sentido amplio, hubieran sido incorporadas en Europa a las agendas de cualquier partido con opciones a formar gobierno, la izquierda dio un paso más y decidió llevar el experimento revolucionario al terreno de las costumbres. De los mores sexuales, del género, de la emancipación de los adolescentes, etcétera. El giro fue brusco, y, más importante, sorprendió a la izquierda clásica descolocada y a contrapié. La izquierda clásica había desarrollado un discurso muy elaborado sobre pensiones, justicia en el trabajo, acceso universal a los beneficios sanitarios. Pero no tenía mucho que decir sobre sexualidad o familia. Los que sí tenían mucho que decir sobre estas cosas eran los anarquistas de izquierda y derecha, indistintamente. Son estos los que han escrito el guión de la última ofensiva socialista. Cabría decir, rozando la paradoja, que los socialistas jóvenes han determinado ser más revolucionarios que específicamente socialistas. O si se prefiere, que han transitado hacia formas de socialismo inéditas y difícilmente reconocibles por quienes leían El capitalcomo si fueran las Sagradas Escrituras.</p>
<p>El segundo movimiento es estrictamente reaccionario. En contra de lo que se suele decir, el Estado de bienestar no surge, como por arte de ensalmo, en la Gran Bretaña de la posguerra mundial. Precedente inexcusable del welfare state es el Wohlfahrsstaat alemán, una criatura típica del Absolutismo. En esencia, el Wohlfahrsstaat constituye un departamento del Polizeistaat —o Estado de Policía— creado por los príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico a lo largo de los siglos XVII y XVIII a fin de abrirse un espacio propio de soberanía entre el emperador y la sociedad estamental. El Polizeistaateliminó privilegios, impulsó la igualdad e intentó fomentar la felicidad de los súbditos. Pero lo hizo de arriba abajo, por vía administrativa y dando de mano a las libertades políticas.</p>
<p>Al revés que el Wohlfahrsstaat, el Estado de bienestar teorizado por Beveridge es un artificio democrático, compatible, por tanto, con la libertad. La concentración de poder que para sí reclama una acción social continuada y eficaz provoca sin embargo que los gestores del Estado Benefactor se hallen expuestos a recaer en los reflejos autoritarios que en origen inspiraron el invento. Me atrevo a conjeturar que el ocaso del marxismo, con ser bueno en sí, ha generado en la izquierda una deseconomía no prevista y peligrosa. Un izquierdista por encima de los cincuenta años es todavía proclive a representarse el cambio social como algo que empieza en los sótanos de la vida colectiva y va ganando impulso hasta permear la cúpula del Estado. Uno de cuarenta o menos años concibe el cambio social como resultado del activismo administrativo. Se ha deslizado hacia atrás, desde el Estado Social moderno al Polizeistaatde los príncipes del Sacro Imperio.</p>
<p>Únanse los dos movimientos, y se comprenderá lo que han simbolizado Zapatero y Leire Pajín: las figurerías del 68, «autenticadas» o visadas por el poder político. Probablemente, estoy hablando del pasado. Pero todo empieza a ser pasado. Todo se conjuga en pretérito, y nada en tiempo futuro. Así son los grandes cambios. Se amortaja a los muertos antes de que el niño haya sido llevado a la pila bautismal.</p>
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		<title>¿Qué es el socialismo actualizado?</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Dec 2010 21:12:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[América Latina y Caribe]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Socialismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Rojas</strong> es historiador cubano. Ha ganado el primer Premio de Ensayo Isabel Polanco con <em>Repúblicas de aire</em> (EL PAÍS, 04/12/10):</p>
<p>Quien haya leído los <em>Lineamientos de la política económica y social,</em> el documento a debatir en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba,  a celebrarse en abril del próximo año, habrá notado la escasa, por no  decir nula, innovación institucional que propone el mismo. Para tratarse  de un congreso postergado durante ocho años y que intenta afrontar la  prolongada crisis económica y política de Cuba, la &#8220;actualización del  socialismo&#8221; que impulsa el Gobierno de Raúl Castro procede &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32400/%c2%bfque-es-el-socialismo-actualizado/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Rojas</strong> es historiador cubano. Ha ganado el primer Premio de Ensayo Isabel Polanco con <em>Repúblicas de aire</em> (EL PAÍS, 04/12/10):</p>
<p>Quien haya leído los <em>Lineamientos de la política económica y social,</em> el documento a debatir en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba,  a celebrarse en abril del próximo año, habrá notado la escasa, por no  decir nula, innovación institucional que propone el mismo. Para tratarse  de un congreso postergado durante ocho años y que intenta afrontar la  prolongada crisis económica y política de Cuba, la &#8220;actualización del  socialismo&#8221; que impulsa el Gobierno de Raúl Castro procede con una  cautela reveladora de la falta de consenso dentro de las élites  habaneras. No es en las instituciones sino en el lenguaje donde habría  que encontrar los pocos avances que puede experimentar la política  cubana a partir de la próxima primavera.</p>
<p>De acuerdo con las reformas a los artículos 3º, 11º y 137º de la  Constitución cubana, en el verano de 2002, el socialismo en la isla es  &#8220;irrevocable&#8221;. Esas reformas, como es sabido, fueron introducidas en  respuesta al Proyecto Varela, impulsado por el Movimiento Cristiano de  Liberación, la organización opositora que encabeza Oswaldo Payá y que  proponía una iniciativa de ley, respaldada por más de 11.000 ciudadanos,  que condujera a una ampliación de las libertades públicas en la isla.  El Proyecto Varela no demandaba la &#8220;revocación&#8221; del socialismo o la  restauración capitalista, pero la respuesta del régimen al mismo fue que  &#8220;Cuba no volvería jamás al capitalismo&#8221;.</p>
<p>Tan solo este episodio  describe la ambigüedad semántica con que el Gobierno cubano ha manejado,  históricamente, conceptos centrales de su ideología como &#8220;revolución&#8221; o  &#8220;socialismo&#8221;. Dado que en ningún documento del Partido Comunista de  Cuba o artículo de la Constitución de 1976, reformada en 1992 y 2002, se  establece qué es el socialismo, la irrevocabilidad del mismo se vuelve  también ambigua y, por tanto, aprovechable en un escenario de  permanencia y cambio. Pero la ausencia de una definición explícita del  socialismo genera una automática identificación del mismo con la  estructura ideológica e institucional del régimen. Los tres elementos  centrales de dicha estructura son el partido único, la ideología  &#8220;marxista-leninista y martiana&#8221; y la economía de Estado.</p>
<p>Por su tono pragmático y su escasa densidad ideológica, los <em>Lineamientos,</em> título verticalísimo donde los haya, podrían abrir la puerta a una  redefinición más explícita del concepto de socialismo en Cuba, al menos,  en el tercer elemento. Digo podrían, porque este documento tampoco  abandona esa tradicional opacidad conceptual de los líderes cubanos, que  les ha permitido crear un aparato de legitimación simbólica sumamente</p>
<p>eficaz.  Al cabo de medio siglo, esos viejos políticos saben que, para preservar  el poder, es mejor que los significantes estén vacíos, ya que una  ideología refinada puede convertirse en un arma de doble filo.</p>
<p>Esa  mínima fisura, por donde podría avanzar una reformulación ideológica,  aparece en la propia retórica del documento -menos manipuladora y  demagógica-, en el énfasis en la dependencia de la economía cubana del  exterior capitalista -comercio, inversiones, créditos, turismo,  tecnología&#8230;-, en el &#8220;reconocimiento y estímulo&#8221; a las formas no  estatales de propiedad -empresas mixtas, cooperativas, usufructos,  trabajo por cuenta propia y &#8220;otras&#8221; no definidas aún-, en la insistencia  con que se plantea la eliminación o reducción de subsidios estatales y,  sobre todo, en la propuesta de una política fiscal y de precios no  concebida para limitar al sector no estatal sino para fomentarlo.</p>
<p>Desde  mediados de los años noventa, las tímidas aperturas al mercado de la  economía cubana se han dado acompañadas de un constante boicoteo del  poder político, basado en presiones tributarias, restricciones jurídicas  y confiscaciones arbitrarias. Esa competencia desleal del Estado se ha  manifestado, también, en el lenguaje político de los máximos líderes,  empezando por el propio Fidel Castro. Los <em>Lineamientos,</em> que no  solo son un gesto a la comunidad internacional sino un documento interno  del Partido Comunista, abordan el tema del mercado en la economía  cubana con una naturalidad hasta ahora inédita, aunque acote que &#8220;en la  actualización del modelo económico debe primar la planificación&#8221;.</p>
<p>Hay  también otras modulaciones retóricas que vale la pena comentar, sin  convertir la hermenéutica de las mismas en una hoja de ruta para la  transición. El pasaje más ideológico del texto dice, apenas, que &#8220;solo  el socialismo es capaz de vencer las dificultades y preservar las  conquistas de la Revolución&#8221;. Pero a renglón seguido hace algo que  ningún otro texto oficial había hecho: definir el socialismo.  Socialismo, dice, &#8220;es igualdad de derechos e igualdad de oportunidades  para todos los ciudadanos, no igualitarismo&#8221;. Es cierto que el artículo  primero constitucional afirma que Cuba es un &#8220;Estado socialista  organizado&#8230; para el disfrute de la libertad política, la justicia  social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad&#8221;, pero esta  definición atribuye el contenido del socialismo a los fines del Estado y  no a los derechos de la ciudadanía.</p>
<p>La nueva definición del  socialismo cubano -igualdad de derechos y oportunidades- es idéntica a  la definición de cualquier economía de mercado, Estado de derecho o  democracia política del mundo. No hay aquí el menor intento de  distinguir el &#8220;modelo cubano&#8221; dentro de la comunidad internacional ni de  remitir su singularidad a la experiencia histórica de la isla. Así  definido, el socialismo sería un sistema globalizado en el que la  &#8220;separación de funciones estatales y empresariales&#8221; o la mayor autonomía  de estas últimas responden a la incorporación en la isla de la  racionalidad del capitalismo mundial.</p>
<p>Algunos analistas han vuelto a insistir en que los <em>Lineamientos</em> denotan la aproximación de Cuba al modelo chino o al &#8220;socialismo del  siglo XXI&#8221; latinoamericano. Habría que recordar, una vez más, que el  mismo no se abre al pluralismo político ni a la pequeña y mediana  empresa privadas, aunque la forma en que este límite se manifiesta es,  también, mucho más discreta que en toda la tradición del discurso  oficial. No es la propiedad privada o la contratación de trabajadores lo  que se proscribe, sino la &#8220;concentración de la propiedad en personas  jurídicas o naturales&#8221;. De manera que los <em>Lineamientos,</em> concebidos oficialmente como plataforma de permanencia, pueden ser  utilizados por opositores y reformistas para presionar a favor del  cambio.</p>
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		<title>La crisis de la socialdemocracia en Europa</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Dec 2010 22:15:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[A Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Denis MacShane</strong>, diputado británico del Partido Laborista y ex ministro para Europa en el Gobierno de Tony Blair (EL MUNDO, 01/12/10):</p>
<p>Que existe una crisis de la socialdemocracia en Europa no está en duda. La pregunta es si es terminal. Los síntomas son más que preocupantes. Valga como ejemplo Viena, hace un siglo ciudad natal de la política antisemita de los <em>camisas pardas</em>. Hasta el 27% de los ciudadanos ha apoyado en unas elecciones celebradas este otoño al ultraderechista partido del fallecido y poco llorado Jörg Haider. Y más al norte del continente, por primera vez en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32412/la-crisis-de-la-socialdemocracia-en-europa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Denis MacShane</strong>, diputado británico del Partido Laborista y ex ministro para Europa en el Gobierno de Tony Blair (EL MUNDO, 01/12/10):</p>
<p>Que existe una crisis de la socialdemocracia en Europa no está en duda. La pregunta es si es terminal. Los síntomas son más que preocupantes. Valga como ejemplo Viena, hace un siglo ciudad natal de la política antisemita de los <em>camisas pardas</em>. Hasta el 27% de los ciudadanos ha apoyado en unas elecciones celebradas este otoño al ultraderechista partido del fallecido y poco llorado Jörg Haider. Y más al norte del continente, por primera vez en un siglo los socialdemócratas suecos han salido derrotados en dos elecciones sucesivas. El Partido de los Demócratas Suecos -un nombre progresista para un partido antimusulmán extremadamente antiprogresista- consiguió 20 escaños en el Riksdag, el Parlamento del país escandinavo.</p>
<p>En España y Grecia, los gobiernos socialistas llevan meses haciendo frente a huelgas y manifestaciones mientras tratan, por todos los medios, de recuperar el control de las finanzas públicas. Sin embargo, es demasiado tarde. En el caso español, los excluidos del mercado de trabajo por culpa del proteccionismo corporativo heredado del franquismo en favor de los que tenían trabajo para toda la vida han abandonado en masa a la izquierda.</p>
<p>En el pasado, la izquierda debatía sobre el futuro. Ahora debate sobre su identidad. La derivación de una política de clase a una papilla de políticas sectoriales de intereses caleidoscópicos monoclasistas ha dejado a la izquierda sin voz. No se puede dar cabida al mismo tiempo a los verdes anti-nucleares y a los que creen en la industria y, a la vez, al derecho de los ciudadanos a pulsar un interruptor y al instante, y en todo momento, obtener luz, calor y energía.</p>
<p>El movimiento masivo de personas, que se aceleró en 1990 con la caída del Muro de Berlín y el fin de los controles de las fronteras del comunismo, trajo a decenas de miles de personas a ciudades y comunidades ya asentadas, en las que funcionaba desde hacía mucho tiempo un pacto histórico socialdemócrata. Se trataba de una enorme fuerza de nuevas personas, nuevas culturas, una nueva religión y unas nuevas demandas de derechos. Los inmigrantes han llegado y han cambiado el paisaje urbano de Europa. Son decenas de miles los solicitantes de asilo que nunca han ido a su patria, de parientes que han exigido el derecho a instalarse y, más recientemente, de inmigrantes católicos blancos de Europa del Este, muy trabajadores y con buena formación.</p>
<p>En las grandes ciudades, en general, hasta ahora se ha absorbido la inmigración. Pero cuando ha habido que integrar en pequeñas localidades a unos recién llegados dispuestos a emprender una nueva vida, las tensiones con los oriundos se han vuelto insoportables y han dado paso a las nuevas políticas de identidad.</p>
<p>Para la mayor parte de la derecha nacionalista populista de Europa, los musulmanes -identificados por esa derecha como el nuevo enemigo o como una presencia no indígena que se debe a lealtades exteriores- han reemplazado a los judíos de preguerra. El fantasma de <em>Eurabia</em>, la idea de que Europa está cayendo bajo control musulmán, es lo que se impone ahora. El Estado del Bienestar pagado a lo largo de generaciones por la población autóctona se ha apretado el cinturón en cuanto ha tenido que atender a nuevos ciudadanos recién llegados. La vivienda social, que a partir de los años 50 del siglo pasado, fue un gran regalo de la socialdemocracia a sus partidarios, se había agostado en el año 2000. A medida que los votantes pasaron de vivir de alquiler a vivir en propiedad y vieron que disminuían las esperanzas de que sus propios hijos consiguieran una vivienda social en alquiler, se empezaron a preguntar si sus intereses iban a seguir representados por la izquierda.</p>
<p>Éste y otros muchos problemas sociales, así como una gran mayoría de inmigrantes recién llegados, pudieron ser absorbidos por unas economías europeas en fuerte crecimiento que creaban puestos de trabajo. Sin embargo, la socialdemocracia ha rechazado el liberalismo de los mercados dinámicos debido a su falta de equidad. La izquierda europea tiene políticas para las mujeres, para los homosexuales, para los niños, para los artistas, pero, ¿las tiene para la clase obrera?</p>
<p>Desde hace mucho tiempo, los sindicatos de todos los países europeos han abandonado la lucha contra el capitalismo. En su lugar, enfrentan a la opinión pública con huelgas que niegan a los pobres el acceso al transporte, a los servicios municipales o a la escuela. El rico pasa entre los piquetes de las huelgas de los sindicatos del sector público y no nota ningún efecto. No es culpa de los sindicatos. El sector público es el único en el que es posible el reclutamiento. ¿Qué dirigente sindical hay con las ansias organizativas que hacen falta para levantarse a las tres de la madrugada y captar a los temporeros lituanos de la fruta o presentarse al nuevo proletariado femenino que sale del turno de limpieza de madrugada?</p>
<p>No hay pensadores de la socialdemocracia europea a los que se lea habitualmente. La izquierda intelectual alemana, francesa o británica escribe para sus compañeros comentaristas de su propio país. Mientras que la derecha es capaz de unirse por encima de las fronteras en torno a algunos temas (la obsesión por un Estado más reducido, obstáculos a los musulmanes, reducción de los derechos sindicales, etcétera), la izquierda produce largas listas de demandas y deseos, como si fueran las de la compra, y se resiste a enumerar unas prioridades y un orden de prelación. La izquierda parece genéticamente incapaz de apoyar los compromisos del poder.</p>
<p>Surge entonces la pregunta inevitable: ¿No hay entonces nada que hacer? El cambio es posible. Pero va a ser necesario que haya dirigentes valientes dispuestos a modificar la forma que tenemos de ver el mundo. El líder laborista recientemente elegido en el Reino Unido, Ed Miliband, estuvo acertado cuando dijo que el laborismo ofrecía siempre lo mejor de sí mismo cuando cuestionaba el pensamiento convencional. Hay muchísimas ideas convencionales, demasiadas, en el consejo supremo de la socialdemocracia europea. Sin embargo, cuestionarlas significa asumir riesgos. Cuando la socialdemocracia del Viejo Continente esté preparada para enterrar sus mitos del pasado, estará preparada de nuevo para dar a luz un nuevo futuro.</p>
<p>En el corazón de esta nueva Europa debe estar Europa. Europa, sin embargo, se siente demasiado cómoda y satisfecha consigo misma. Se han realizado grandes avances. Y naturalmente ya no hay fascismo, ya no hay comunismo.</p>
<p>Hoy por todos los lugares de Europa se encuentran buenas carreteras, buenas escuelas y buenos hospitales. Ahora bien, ¿acaso marcamos el signo de los tiempos o nos deslizamos suavemente hacia la irrelevancia por más que disfrutemos de nuestro actual estilo de vida fácil? ¿Está Europa transformándose en un nuevo<em> Imperio Otomano</em>, grande, rico y arrogante, cuando necesitamos una Europa hambrienta y más pobre, dispuesta a asumir riesgos y a aceptar sacrificios para alcanzar la grandeza?</p>
<p>Europa no puede tomar prestado su camino hacia un mañana mejor. Los banqueros han hundido a Europa en una crisis tan grave como no se había visto desde los tiempos de Marx. Lo que ocurre es que los banqueros somos todos nosotros. Son nuestros ahorros, nuestros seguros de vida y nuestros fondos de pensiones y nuestros salarios. Están bajo nuestro control democrático. La socialdemocracia no tiene ninguna teoría eficaz sobre la Banca o el poder del dinero.</p>
<p>Por último, detrás de las políticas y de los programas, llegan los personajes, con más o menos empuje. ¿Dónde está la nueva generación de constructores de Europa? ¿Dónde están los Willy Brandt o los Felipe González dispuestos a cuestionar las ortodoxias de sus partidos? ¿Hay por ahí algún nuevo Monnet o algún nuevo Delors por descubrir? ¿Pueden Alemania y Francia superar sus diferencias y llegar a un nuevo Tratado del Rin que relance el núcleo de una Europa basada en la fusión real de determinadas decisiones? ¿Es excesivamente grande esta Europa de 27 miembros, que quizá pronto esté integrada por 30 estados o más, y que está llegando a convertirse en una especie de Naciones Unidas, un lugar de debate pero no de toma de decisiones reales?</p>
<p>¿Cuáles son los enemigos de Europa? ¿No es la idea de una amenaza externa lo que crea una unidad de objetivos en política? En ese caso, ¿cuál es la verdadera amenaza que afronta Europa?</p>
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		<title>La falacia política</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/32232/la-falacia-politica/</link>
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		<pubDate>Sun, 21 Nov 2010 21:25:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Cercas</strong>, escritor (EL PAÍS, 21/11/10):</p>
<p>El mercado de las ideas es como el otro: hay productos que de golpe se  ponen de moda y de golpe, tras envejecer rápidamente y demostrar su  inoperancia o su tosquedad, desaparecen; lo curioso es que, a veces,  algunos vuelven a aparecer, igual que si se hubieran hecho un <em>lifting</em> y su juventud artificial ocultara su olvidada tosquedad, o su  inoperancia. Es lo que puede pasar ahora mismo, en el mercado de las  ideas estéticas, con lo que yo llamaría la falacia política, un error  que circuló con profusión a mediados del &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32232/la-falacia-politica/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Cercas</strong>, escritor (EL PAÍS, 21/11/10):</p>
<p>El mercado de las ideas es como el otro: hay productos que de golpe se  ponen de moda y de golpe, tras envejecer rápidamente y demostrar su  inoperancia o su tosquedad, desaparecen; lo curioso es que, a veces,  algunos vuelven a aparecer, igual que si se hubieran hecho un <em>lifting</em> y su juventud artificial ocultara su olvidada tosquedad, o su  inoperancia. Es lo que puede pasar ahora mismo, en el mercado de las  ideas estéticas, con lo que yo llamaría la falacia política, un error  que circuló con profusión a mediados del siglo pasado y que parece  prosperar de nuevo.</p>
<p>Pocos la habrán formulado últimamente con mayor claridad que Slavoj Zizek. En <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29361/boinas-verdes-con-rostro-humano/">Boinas verdes con rostro humano</a> (EL PAÍS, 29-3-2010), Zizek oponía las dos grandes candidatas al Oscar del año pasado: <em>Avatar,</em> de James Cameron, y <em>En tierra hostil,</em> de Kathryn Bigelow; según Zizek, mientras <em>Avatar</em> toma partido contra el complejo industrial-militar mundial, &#8220;retratando  al Ejército de la superpotencia como una fuerza de destrucción brutal  al servicio de grandes intereses industriales&#8221;, <em>En tierra hostil</em> no solo ignora el debate sobre la intervención militar de Estados Unidos  en Irak sino que, mediante la humanización de los soldados  protagonistas, pretende borrar el trasfondo político del conflicto -qué  demonios hace el Ejército norteamericano en aquel país-, y se convierte  así en una acrítica declaración de solidaridad con los combatientes  estadounidenses y poco menos que en una apología encubierta de la guerra  de Irak, tomando partido en favor de los malos donde <em>Avatar</em> tomaba partido en favor de los buenos. El resultado casi inevitable de esta argumentación es que Zizek postula que <em>Avatar</em> es una película superior a <em>En tierra hostil.</em> Casi inevitable, pero disparatado. De entrada, porque se antoja harto  inverosímil preferir una película efectista, intrascendente y derivativa  como la de Cameron a una película considerable como la de Bigelow  (considerable y, como tantas películas considerables, provocadora y  considerablemente peligrosa). Pero, además, y sobre todo, si aceptamos  el argumento de Zizek y negamos el valor de una película que parece  defender una causa injusta y humaniza a los malvados, no solo no  podríamos gozar de <em>En tierra hostil</em> quienes consideramos que la  guerra de Irak fue un error; tampoco podríamos gozar de las películas de  John Ford quienes sabemos que los norteamericanos cometieron un  genocidio contra las tribus indias de su país, ni podríamos gozar de <em>El padrino</em> quienes consideramos que los mafiosos son unos indeseables y que habría  que meterlos a todos en la cárcel. El error de Zizek consiste en  identificar sin más arte y política; también, por decirlo a la manera  aristotélica, en identificar poesía e historia. Como recordarán,  Aristóteles sostenía que poesía e historia se guían por fines distintos:  la historia trata de lo concreto, de lo particular, de lo que les  ocurre a determinadas personas en determinado momento y lugar; por el  contrario, la poesía (o, añado yo, el arte) trata de lo general, de lo  universal, de lo que les ocurre a todas las personas en cualquier  circunstancia y lugar. Visto así, es absurdo exigirle a <em>En tierra hostil</em> que describa la realidad concreta de la concreta guerra de Irak, no  digamos que la denuncie; su obligación, si la tiene, consiste en indagar  qué hay de universal en esa guerra concreta, qué hay en esa guerra  particular que la iguala con todas las guerras; del mismo modo, la obra  de Ford no es una crónica de la conquista del Oeste (o no solo) sino un  canto épico y virgiliano a las armas y al varón, y <em>El padrino</em> no es una crónica de la mafia italoamericana (o no solo) sino la tragedia de un hombre incapaz de escapar a su destino.</p>
<p>No  hay arte serio que no aspire a cambiar el mundo. Pero la forma en que  el arte cambia el mundo es distinta -más lenta, más compleja y más  sutil, tal vez más profunda- de la forma en que lo cambia la política;  de hecho, a lo que el arte aspira no es exactamente a cambiar el mundo  sino a cambiar nuestra percepción del mundo: esa es su forma de cambiar  el mundo. He dicho que la forma en que lo hace es distinta de la de la  política; quizá es opuesta. El político busca cambiar el mundo  simplificando problemas complejos con el fin de resolverlos; el artista  busca lo contrario: toma un problema complejo y lo vuelve todavía más  complejo, para, reinventándola, mostrar la realidad tal y como es (por  eso el arte de verdad siempre humaniza a los malvados: porque, aunque  sean malvados, o precisamente porque lo son, también son humanos). Esta  es una de las razones por las que arte y política mezclan mal y por las  que, salvo excepciones, los artistas son pésimos políticos y los  políticos pésimos artistas. Todo lo cual no significa, casi sobra  decirlo, que no haya un gran arte político, ni siquiera que toda obra de  arte no admita una lectura política; significa solo que identificar sin  más los fines del arte con los de la política es hacerle un flaco favor  al arte. Y, de paso, a la política.</p>
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		<title>No, They&#8217;re Not a &#8216;Hitler&#8217; or a &#8216;Stalin&#8217;</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/32117/no-theyre-not-a-hitler-or-a-stalin/</link>
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		<pubDate>Tue, 16 Nov 2010 18:32:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Timothy Snyder</strong>, a professor of history at Yale University and the author of <em>Bloodlands: Europe Between Hitler and Stalin</em> (THE NEW YORK TIMES, 16/11/10):</p>
<p>For an American historian who researches totalitarianism and genocide,  nothing is more disheartening than facile comparisons sometimes heard  between Western leaders and Adolf Hitler or Joseph Stalin. When we are  so wrong about history, we do a great injustice to ourselves.</p>
<p>The Stalin comparison rests on a basic misunderstanding of the history  of communism. Americans often seem to think that social reforms are  somehow steps toward communism. History tells a different story.</p>
<p>Communism has &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32117/no-theyre-not-a-hitler-or-a-stalin/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Timothy Snyder</strong>, a professor of history at Yale University and the author of <em>Bloodlands: Europe Between Hitler and Stalin</em> (THE NEW YORK TIMES, 16/11/10):</p>
<p>For an American historian who researches totalitarianism and genocide,  nothing is more disheartening than facile comparisons sometimes heard  between Western leaders and Adolf Hitler or Joseph Stalin. When we are  so wrong about history, we do a great injustice to ourselves.</p>
<p>The Stalin comparison rests on a basic misunderstanding of the history  of communism. Americans often seem to think that social reforms are  somehow steps toward communism. History tells a different story.</p>
<p>Communism has never once arisen — not in the U.S.S.R., not in China, not  in Cambodia, not in Cuba, not in Vietnam, not in North Korea — as the  cumulative result of social reforms. It was always brought by violent  revolution carried out by a fanatical minority, usually during or right  after war. Once in power, committed revolutionaries sought to transform  agrarian countries such as Russia or China into modern industrial states  by oppressing peasants and applying political terror.</p>
<p>The history of the welfare state is actually part of the history of the  struggle against communism. After World War II, wise Europeans and  Americans supported social reforms precisely as a way to hinder the  spread of Soviet power. The Red Army had brought communism to Eastern  Europe; the question was how to prevent its further spread to the  nations liberated by the Western powers.</p>
<p>In war-torn Western Europe, democratic politicians of the left and right  agreed that the extension of state services was the best way to assure  democracy and to prevent revolution. Their policies were backed and  enabled by the farsighted American aid provided by the Marshall Plan.  American statesmen understood that the best way to prevent radical  politics was to create contented societies. The welfare state worked so  well that most recipients of Marshall Plan aid are now more prosperous  than the United States.</p>
<p>In Western Europe, social democracy stopped Stalin. What about Eastern  Europe, where Stalin’s supporters ruled by force? Under communism,  Eastern European states indeed offered their populations public health  care, retirement pensions and the like. When the peoples of Eastern  Europe liberated themselves from communist rule in 1989, however, they  did not do away with these institutions of the public good. Instead,  they funded their public services with tax revenues drawn from their new  market economies. If you tell Eastern Europeans that their public rail  systems are a step toward Stalinism, they will think you are crazy.</p>
<p>Comparisons with Hitler are, if possible, even more far-fetched. The  ideological foundation of the Nazi regime was racism. Hitler was a  racist who believed that some Germans were real Germans and other  Germans were not: the Jews, the handicapped, the long-term unemployed,  the homosexuals, the Roma, the biracial. He thought that democratic  politicians of the left should be placed in concentration camps. Hitler  saw the outside world through the prism of a racial hierarchy, with  Germans at the top and Jews and Slavs as racial enemies to be  eliminated. He began the worst war in history to gain a colonial empire  for the people he saw as a racial elite and killed millions of Jews and  other Europeans along the way.</p>
<p>Had Barack Obama been born in Nazi Germany, of one white and one African  parent, he would have been sterilized. His election as president was  actually one of the strongest refutations ever offered to Nazi ideology.</p>
<p>It goes without saying that Hitler and Stalin controlled parties that  opposed democracy and legitimated themselves by ideology, propaganda and  force rather than free elections. In both the Nazi and Stalinist cases,  the rise to power required violence, and the sustenance of the regime  more violence.</p>
<p>That some people would compare their own peacefully elected president to  ideological mass murderers is a sign of reckless and shameful disregard  for some of the most important lessons of history.</p>
<p>And it is troubling to recall just who, in history, profited most from  comparisons to Hitler and Stalin: Hitler and Stalin themselves. Each  treated his political opponents as being in league with the other, and  each thereby destroyed any middle ground for sensible debate.</p>
<p>In the 1930s, they together reduced political discussion to demagogic  imagery, making it much harder for well-intentioned democrats to carry  out sensible public discourse. No Western democracy recalls this age of  totalitarianism. But the reckless comparisons of Obama or other  democratically elected leaders to Hitler or Stalin do. Let us resolve to  think and think deeply before we evoke them again.</p>
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