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	<title>Tribuna Libre &#187; Juventud</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>El magno evento</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Sep 2011 09:58:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Sánchez Ferlosio</strong>, escritor (EL PAÍS, 18/09/11):</p>
<p>El éxito absoluto y clamoroso de monseñor Rouco en la reciente JMJ se debe al signo formal que imprimió a los tres años de preparación. En efecto, una y otra vez prospectaba por delante la fecha fija del cumplimiento bajo fisonomía de <em>horizonte</em> (&#8220;fisonomía&#8221; de hecho, pues no es que él haya dicho en ningún momento la palabra &#8220;horizonte&#8221;), con lo que a los colaboradores voluntarios los tres años de preparación se les trocaron de <em>tiempo para</em> en <em>tiempo hacia.</em> Un horizonte anticipado dinamiza la duración, la hace proyectiva. No es, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38476/el-magno-evento/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Sánchez Ferlosio</strong>, escritor (EL PAÍS, 18/09/11):</p>
<p>El éxito absoluto y clamoroso de monseñor Rouco en la reciente JMJ se debe al signo formal que imprimió a los tres años de preparación. En efecto, una y otra vez prospectaba por delante la fecha fija del cumplimiento bajo fisonomía de <em>horizonte</em> (&#8220;fisonomía&#8221; de hecho, pues no es que él haya dicho en ningún momento la palabra &#8220;horizonte&#8221;), con lo que a los colaboradores voluntarios los tres años de preparación se les trocaron de <em>tiempo para</em> en <em>tiempo hacia.</em> Un horizonte anticipado dinamiza la duración, la hace proyectiva. No es, pues, la duración del tiempo común de los mortales, de los pecadores, sino la del tiempo de los santos, de las almas piadosas, que solo miran a la salvación y anticipan como horizonte el de su propia muerte, a la que dan la cara sin temor alguno. Por supuesto, ninguno de los colaboradores voluntarios, ni aun Rouco mismo, debe de haber advertido esta analogía con la temporalidad soteriológica.</p>
<p>No obstante, aparte de ese efecto sobre la duración formal, la duración meramente material de los tres años de anticipación ha tenido, a su vez, sus propias consecuencias imprevistas; y es que los miles de voluntarios católicos enrolados se han mostrado tan celosos y tan diligentes en los trabajos de la preparación, que los tres años de que disponían les han cundido mucho más de lo previsto, aunque finalmente la abundancia de cosas acabadas ha sido no solo aceptada y aprobada sino incluso exprimida hasta la saciedad por nuestro cardenal.</p>
<p>No sé si me equivoco, pero yo, por mi parte, me figuro que casi en cualquier otra nación de este triste Occidente que no sea la nuestra, ante tan desmesurado exceso de fastos, de ritos, de ceremonias, de procesiones, de desfiles de &#8220;deprimentes y falleras efigies, que para muchos no son más que tótems&#8221;, como dice Javier Marías, la población podría haber pensado que la Iglesia estaba haciendo el ridículo ante el mundo, e incluso haber pasado vergüenza los creyentes por el total desmadre de la vida alegre de su Santa Madre sin un solo segundo para mirar a sus hijos, a quienes se proclama consagrada. A ella nada parecen importarle ni los fieles ni Dios mismo, sino tan solo su propia pervivencia.</p>
<p>La actual situación de la Iglesia, con obispos, cardenales y Papas marcadamente afásicos, ha podido incitar a agigantar la magnitud del fasto, y aquí en especial a su no interrupto <em>programa de sesión continua</em>, de manera que el gran Festival (nuestro arzobispo no ha dejado de subrayar su índole de fiesta ni de imponer la alegría <em>propia</em> de la juventud) bien podría haber sido un sustituto <em>-Ersatz-</em> de la palabra que les falta.</p>
<p>Acaso por lo mismo, monseñor no ha descuidado tampoco ciertas profanidades, como ornamento y aliciente: la cultura y el deporte. Paso por alto lo de la cultura: unos confesionarios de diseño y <em>de autor</em>, como ahora dicen, encargados por lo visto a un arquitecto amigo, seguramente un buen católico, que no ha querido cobrar ni medio euro; pero esto al fin toca a un sacramento. El ítem del deporte lo ha llenado, huelga decirlo, un partido de fútbol, con el mismísimo, omnipresente, Rouco dando el pase de salida, pero con gran estilo, por cierto. Pero estas profanidades serían irrelevantes sin lo que magistralmente se había anticipado a revelarnos José Luis Pardo en su artículo <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36175/grandes-eventos/" target="_blank">Grandes eventos</a> (EL PAÍS, 9 de agosto de 2011), puesto que completan y refuerzan, aún más si cabía, su clarividente y capital comparación de la Iglesia con la empresa privada, al poner los fastos de la JMJ como ejemplo de los &#8220;eventos&#8221; (todas las palabras entre comillas son de J. L. P.) que organiza la empresa para &#8220;fidelizar&#8221; a sus empleados y clientes. Se trata de grandiosas &#8220;ficciones&#8221;, con variedad de <em>números,</em> supongo que de actores, de humoristas, de cantantes, breves discursos sin duda adulatorios, todo ello &#8220;henchido de su propio vacío&#8221;; el público selecto y exclusivo, solo de VIP: actrices, grandes empresarios, millonarios, políticos, quizá algún congresista, y, por supuesto, ¡periodistas! El fin no es más que exhibitorio y propagandístico; demostrando lo mucho que puede permitirse gastar, la empresa encarece su prestigio.</p>
<p>Pero ¿por qué la afasia de la actual voz eclesiástica? ¿Es que no tienen nada que decir? ¿Es que no se atreven a hablar? ¿Es que no saben?</p>
<p>Nuestro Dios, al igual de Yavé, es un dios insaciablemente sediento de alabanzas, feroz en su temor de dejar de ser alabado, pues solo la alabanza lo mantiene henchido y erecto. El día en que le faltara, caería desmayado y vacío como un globo pinchado. De esto se aprovecha, con abuso, la actual afasia eclesiástica para refugiar su palabra en la vacía gratuidad de la alabanza.</p>
<p>Pero he aquí que al superponerse, en la JMJ, la Iglesia sobre España se ha formado un tremendo y sinérgico palimpsesto entre la compulsión laudatoria de lo eclesiástico y un rasgo muy señalado de los nativos del país: los españoles están en permanente disposición adulatoria, tienen la adulación a flor de labios. Aquí las alabanzas corren desatadas por calles y callejas, trepan por las paredes de las casas, todos se celebran, todos se aplauden, se achuchan, se besuquean, pero la índole adulatoria se descubre en que la alabanza nunca es a la cosa, ni siquiera se fijan en la calidad, siempre es solo a la persona, porque su fin es halagar, realimentar la insaciable vanidad. En España no existen las cosas ni las acciones, de tanto como abultan las personas. &#8220;¡Lo he visto un segundo (al Papa), ha sido superemocionante, superimpresionante!&#8221; (citado de Javier Marías, EL PAÍS dominical, 4 de septiembre de 2011). Juntad este panorama nacional con el compulsivo <em>Laudemus </em>de la Iglesia, atizado hasta el rojo vivo por otro español, monseñor Rouco, y tendréis la descomunal, estrepitosa, delirante y grotesca semana de agosto con el Papa.</p>
<p>Pero ha sido el Papa, justamente, el que haciendo excepción a la afasia ha desatado todos los demonios con la decisión más grave, gravísima, para los católicos: restablecer reforzado el antiguo &#8220;Extra Ecclesiam nulla salus&#8221;, lo que comporta nada menos que la capitidisminución de derecho de todos los creyentes que no sean eclesiásticos. Acusa de soberbio al que intenta saber por sí mismo, esgrimiendo contra él los 2.000 años de antigüedad de la Iglesia; soberbio es, pues, el que sin ser eclesiástico intenta alcanzar una <em>fides explicita.</em> Esta, en la Iglesia primitiva, estaba reservada, según Max Weber, a una &#8220;aristocracia de intelectuales&#8221;, que hoy serían los clérigos. La <em>fides implicita</em> está recogida incluso en la &#8220;Fides et Ratio&#8221;, de Juan Pablo II (capítulo III, nn 32-33), bajo el nombre de &#8220;conocimiento por creencia&#8221;: &#8220;El conocimiento por creencia, que se funda sobre la confianza interpersonal, está en relación con la verdad: el hombre, creyendo, confía en la verdad que el otro le manifiesta&#8221;. Para San Agustín de <em>fides implicita</em> era &#8220;el grado más bajo de la fe&#8221;, pero junto a esto se dijo que la fe debía también entenderse como cosa <em>del sentir</em> (en contraposición a cosa <em>del saber);</em> la diferencia se cumple en la dualidad de &#8220;tener por ciertos los dogmas&#8221; y &#8220;tener confianza en las promesas de Dios&#8221; (glosado de Max Weber). Esto afectaría, en principio, solo a los católicos, pero no creo que a ninguno de ellos le interese tanto como a mí.</p>
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		<title>¿Nihilismo o ignorancia de la ley?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/38897/nihilismo-o-ignorancia-de-la-ley/</link>
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		<pubDate>Fri, 02 Sep 2011 08:45:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>María Ponte</strong>, abogada penalista y socia directora del despacho Fuster, Fabra, Ponte &#38; Velasco (EL PAÍS, 02/09/11):</p>
<p>Los incidentes de Reino Unido y la reacción de algunos detenidos merecen una reflexión sobre si estas conductas juveniles manifiestan una actitud nihilista por parte de sus protagonistas o patentizan cierta sensación de impunidad que la sociedad en general y los jóvenes en particular parecen tener.</p>
<p>La judicatura inglesa ha reaccionado con rapidez, condenando a duras penas a las 1.277 personas detenidas. Ante ello se han alzado voces afirmando que &#8220;las sentencias deberían tener como objetivo restaurar la justicia y no &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38897/nihilismo-o-ignorancia-de-la-ley/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>María Ponte</strong>, abogada penalista y socia directora del despacho Fuster, Fabra, Ponte &amp; Velasco (EL PAÍS, 02/09/11):</p>
<p>Los incidentes de Reino Unido y la reacción de algunos detenidos merecen una reflexión sobre si estas conductas juveniles manifiestan una actitud nihilista por parte de sus protagonistas o patentizan cierta sensación de impunidad que la sociedad en general y los jóvenes en particular parecen tener.</p>
<p>La judicatura inglesa ha reaccionado con rapidez, condenando a duras penas a las 1.277 personas detenidas. Ante ello se han alzado voces afirmando que &#8220;las sentencias deberían tener como objetivo restaurar la justicia y no convertirse en una represalia&#8221;.</p>
<p>Esto no es cierto. Las sentencias tienen como objetivo aplicar la ley. En este caso, el Código Penal. Y las penas previstas en el Código Penal tienen como fin la reeducación, la reinserción y la prevención de delitos. Pero si los ciudadanos no conocen las penas, difícilmente podrán estas cumplir su objetivo de prevención.</p>
<p>Los disturbios callejeros juveniles no son un fenómeno ajeno a nuestro país. Así, la <em>kale borroka,</em> compuesta mayoritariamente por menores de edad. O los altercados de septiembre de 2009 en Pozuelo, un<em> botellón</em> que se convirtió en una verdadera batalla campal entre los jóvenes y la policía. De los 20 detenidos, siete eran menores de edad. Quemaron contenedores y vehículos policiales, hirieron a nueve agentes e intentaron asaltar la comisaría.</p>
<p>Gran parte de los protagonistas de tales sucesos son menores de edad que desconocen que estos hechos constituyen delitos graves (daños, desórdenes públicos, incendio, atentado), y castigados con penas entre los 6 meses a los 10 años de prisión. ¿Les guía a estos jóvenes un espíritu nihilista o actúan en la creencia de su impunidad por su minoría de edad?</p>
<p>Les aseguro que ni un solo chico de Pozuelo conocía que dar un bofetón a un policía es constitutivo de un delito de atentado. No tienen idea de las consecuencias de sus acciones ni de que van a ser juzgados de acuerdo con el Código Penal. Flota en el aire y en el imaginario colectivo la supuesta benignidad de la Ley de Responsabilidad Penal del Menor.</p>
<p>Cualquier hecho delictivo será calificado de acuerdo con el Código Penal, sea cometido por mayores o menores. La pena para los mayores vendrá determinada por el Código Penal; para los menores se impondrá la medida que aconseje la Ley de Responsabilidad Penal del Menor. Ello significa que cuando un menor comete un delito, su conducta se enjuiciará por el Código Penal aunque la pena (medida) se determinará por los parámetros de la Ley de Responsabilidad del Menor. Estas medidas son diferentes de las previstas en el Código Penal para los mayores de edad porque su pretensión primordial es la reeducación del menor delincuente.</p>
<p>Los tiempos máximos de internamiento en régimen cerrado para los menores entre 14 y 16 años son de cinco años, y para los menores entre 16 y 18 años son de ocho años. Pueden aplicarse otras medidas como internamiento en régimen abierto o semiabierto, terapéutico, tratamiento ambulatorio, libertad vigilada, etcétera.</p>
<p>Cierto es que estas medidas quedan escasas para los delitos graves. Así, la menor condenada por el asesinato de otra menor en Seseña (Toledo) cumplirá cinco años de internamiento en régimen cerrado más tres de libertad vigilada. Parece que en estos casos sería necesario endurecer las penas, dado que es irrisorio que un asesinato de una niña implique un internamiento de cinco años, cuando un chico de 18 años puede ser condenado a cinco años de prisión por amenazas, o seis años por detención ilegal.</p>
<p>Pero no por ello dejan de ser penas, aunque técnicamente se denominen medidas y pretendan la reeducación. El tiempo no pasa de igual forma para los adolescentes. Para un chico de 14 años un internamiento en régimen cerrado durante dos años es más gravoso que para un mayor de 30 años estar preso cinco años. Opiniones fundadas consideran que los centros de menores son más duros que los centros penitenciarios, pese a que ambos estén dirigidos a la &#8220;reeducación&#8221; y a la &#8220;reinserción&#8221;.</p>
<p>Entiendo, por las diferentes experiencias profesionales que he vivido con jóvenes envueltos en procedimientos judiciales, que la gran mayoría de ellos desconoce completamente las consecuencias de sus actos. He encontrado multitud de chicos, menores y mayores (pero muy jóvenes), asustados y asombrados por las penas que pudieran imponérseles por una pelea (lesiones), por robar una pizza a un repartidor (robo con violencia), por ayudar a otros delincuentes (encubrimiento), por no entregar los materiales vendidos por Internet (estafa). Son jóvenes de todo tipo de entorno social: alto, medio, bajo, culto o semianalfabeto. Pero con la idea generalizada de que &#8220;como son menores de edad no les va a pasar nada&#8221; y con una ignorancia absoluta de las sanciones previstas en la legislación penal. La sensación de impunidad es general, y provocada por las críticas a la legislación de menores, considerada excesivamente benigna y protectora con los agresores, desatendiendo en ocasiones a los menores agredidos.</p>
<p>En definitiva, los jóvenes actúan sin conciencia de las consecuencias legales de sus actos. Son necesarias y urgentes medidas de educación jurídica tanto de mayores como de menores de edad para que precisamente el fin preventivo de la pena (o medida) se pueda cumplir.</p>
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		<title>Cuentas y balance de la JMJ</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 21:13:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando Giménez Barriocanal, </strong>director financiero de la Jornada Mundial de la Juventud (EL MUNDO, 22/08/11):</p>
<p>La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) ha supuesto un acontecimiento extraordinario. La presencia en Madrid de dos millones de jóvenes, venidos de 193 países de los cinco continentes, ha sido el mayor evento internacional en todo el mundo en 2011 y el más grande conocido en España jamás.</p>
<p>Y las cuentas cuadran: las económicas y, por supuesto, las otras, las que más cuentan. Desde el primer minuto nos propusimos que la JMJ se autofinanciara y supusiera un coste cero para el contribuyente. Lo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36504/cuentas-y-balance-de-la-jmj/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando Giménez Barriocanal, </strong>director financiero de la Jornada Mundial de la Juventud (EL MUNDO, 22/08/11):</p>
<p>La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) ha supuesto un acontecimiento extraordinario. La presencia en Madrid de dos millones de jóvenes, venidos de 193 países de los cinco continentes, ha sido el mayor evento internacional en todo el mundo en 2011 y el más grande conocido en España jamás.</p>
<p>Y las cuentas cuadran: las económicas y, por supuesto, las otras, las que más cuentan. Desde el primer minuto nos propusimos que la JMJ se autofinanciara y supusiera un coste cero para el contribuyente. Lo hemos conseguido. Es más, lo hemos superado, porque no sólo no ha recibido dinero de las arcas públicas, sino que ha supuesto una inyección de más de 100 millones de euros para la economía española.</p>
<p>Las cifras son elocuentes: más de dos millones de participantes a lo largo de la semana y más de 700.000 extranjeros -por encima del 1% del total de visitantes a nuestro país en todo un año- han dejado ilusión, esperanza y, por supuesto, desarrollo económico en una España en crisis.</p>
<p>Agradecemos sinceramente el apoyo de todas las administraciones -la estatal, la autonómica y la local-, que entendieron perfectamente la trascendencia del acto y que trabajaron todos a una para el éxito del mismo. Jamás les pedimos dinero, sólo apoyo, infraestructuras y puesta a disposición de aquellos bienes públicos que son de todos.</p>
<p>Hoy sabemos que el incremento incuestionable de actividad económica que ha generado la JMJ en nuestro país supondrá unos ingresos fiscales muy superiores a los beneficios concedidos por su catalogación de evento de excepcional interés; por cierto, lo mismo que otros 15 vigentes en España en 2011. Por tanto, el hecho es que las administraciones públicas no han financiado la Jornada Mundial de la Juventud.</p>
<p>Hay otras cuentas que cuadran satisfactoriamente: son las de la valiosa aportación que la JMJ ha supuesto para Madrid y para la marca España. Cientos de millones de personas de todo el mundo, a través de la televisión, han podido visualizar las virtudes de Madrid y de España entera. De manera particular, todos los extranjeros venidos a la JMJ que se convierten en auténticos embajadores de nuestra tierra. ¿Cuál es el valor de todo esto?</p>
<p>La organización se ha guiado por criterios de austeridad, transparencia y solidaridad. Austeridad, porque hemos procurado reducir el coste todo lo posible y, por supuesto, no gastar lo que no ingresáramos. Transparencia, entre otras cosas, porque hemos publicado nuestros presupuestos y explicado con sencillez sus cifras: un gasto de 50,5 millones de euros financiado por los propios peregrinos en casi un 70%, mientras que el resto vino de donativos y patrocinios. Las cifras están ahí y la auditoría externa será pública tan pronto como concluya. Y solidaridad porque, gracias a la contribución generosa de todos los jóvenes, miles de personas de países en precariedad han podido participar.</p>
<p>Pero hay otras cuentas más importantes, mucho más importantes. El papa Benedicto XVI ha llenado los corazones de los jóvenes de palabras de esperanza, de ilusión y de compromiso. Una juventud, como él mismo dijo el primer día, envuelta en problemas -paro, falta de valores, discriminación&#8230;- que precisa de una luz que ilumine su vida, que la edifique sobre roca y que se cimente en la verdad. Sí, la JMJ no ha sido ajena al sufrimiento y a las dificultades de todos los jóvenes, como se ha puesto de manifiesto, de manera particular, en el histórico vía crucis de Recoletos -jamás se verá algo igual- o en la visita de Su Santidad a San José.</p>
<p>El Papa ha invitado a los jóvenes a buscar con ansia la verdad que da sentido al hombre, a enseñar sus caminos en las Universidades -lo dijo en el acto de El Escorial- o ser testigos de la misma de manera privilegiada, consagrando su vida -lo ha afirmado en los actos con las religiosas y los seminaristas-. Ayer, en el aeródromo de Cuatro Vientos, el Papa recordó a los jóvenes su naturaleza de hijos de Dios, amados por él e invitados, en el seno de la Iglesia, a ser testigos vivos ante los demás del tesoro que han recibido. Este Papa llega a los jóvenes con su discurso y con sus gestos sencillos. Jamás olvidarán los jóvenes al Papa de rodillas en Cuatro Vientos, bajo la lluvia, rezando ante el Santísimo en la imponente custodia de Arce. Jamás se olvidará.</p>
<p>Han sido jornadas de oración, de meditación, de catequesis, de encuentro con otros jóvenes y de un amplísimo programa cultural. En estas jornadas se ha hablado de Dios y del hombre, de la felicidad y de la plenitud. Si alguien buscaba otros mensajes, no los habrá encontrado. Es el Evangelio, la b<em>uena noticia</em> que todo hombre anhela albergar en su corazón.</p>
<p>Después de más de dos años de duro trabajo, los organizadores agradecemos a todos la acogida prestada y el respeto. Pero, sobre todo, agradecemos al Santo Padre su presencia. Gracias, Santo Padre.</p>
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		<title>Caudal de esperanza</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/36496/caudal-de-esperanza/</link>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 20:55:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Olegario González de Cardedal</strong>, teólogo (ABC, 22/08/11):</p>
<p>La celebración de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) ha sido uno de los acontecimientos más importantes para la Iglesia española en el último medio siglo. Lo mismo que lo fueron en su momento, y bajo unas circunstancias sociales, políticas y eclesiales bien distintas, la celebración del Concilio Vaticano II (1962-1965), la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes (1971), el Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona (1952), la Peregrinación Nacional de Jóvenes a Santiago de Compostela (1948); o lo fueron en el orden institucional la participación de la Iglesia en la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36496/caudal-de-esperanza/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Olegario González de Cardedal</strong>, teólogo (ABC, 22/08/11):</p>
<p>La celebración de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) ha sido uno de los acontecimientos más importantes para la Iglesia española en el último medio siglo. Lo mismo que lo fueron en su momento, y bajo unas circunstancias sociales, políticas y eclesiales bien distintas, la celebración del Concilio Vaticano II (1962-1965), la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes (1971), el Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona (1952), la Peregrinación Nacional de Jóvenes a Santiago de Compostela (1948); o lo fueron en el orden institucional la participación de la Iglesia en la transición política española, y en el orden estrictamente interno el surgimiento de nuevos movimientos, grupos y asociaciones en el posconcilio.</p>
<p>Lo ha sido en primer lugar porque ha reunido a millones de jóvenes. La juventud se encuentra sin trabajo ni porvenir, retenida y retesada por las circunstancias económicas, en el borde de la desesperanza, de la violencia y de la revolución. ¿Quién tiene capacidad para interpretar los hechos, iluminar las conciencias, fortalecer la voluntad y sostener la persona, no consolando fácilmente o halagando con engaños, sino alentando ante la dura realidad? La Iglesia ha asumido ese reto intentando poner luz, coraje y responsabilidad desde la luz de Cristo. Esto ya es mucho, porque ante las grandes tareas el haberlas intentado con lucidez ya es la mitad de la solución.</p>
<p>Nos preguntamos cuáles es el acontecimiento, punto focal y futuro de la JMJ. El encuentro de tantos jóvenes venidos de latitudes, culturas e iglesias distintas, pero movidos por la misma fe y esperanza, ha convertido a España, pero sobre todo a Madrid, en una inmensa fiesta, clamor de alegría, despliegue de banderas, de colores y de cantos. En tiempos de perplejidad y desesperanza esto es ya una aportación decisiva porque el humor, la alegría y la fe están llamados a ser palancas removedoras de los peligros que nos amenazan. ¡Jóvenes de cerca de doscientos países se han encontrado y reconocido en la misma fe, se han percatado de que no están solos en el mundo, de que creer es ser miembro de esa inmensa comunidad católica! Experiencia de unidad, de universalidad y de catolicidad de la Iglesia. La unidad del Evangelio, del Credo y de Roma es generadora no de uniformación, sino de dinamismo, de pluralidad y de responsabilidades diversas en cada lugar y tiempo.</p>
<p>La Iglesia católica se ha presentado ante España, y España se ha presentado ante la Iglesia católica. Miles de familias españolas han acogido a esos jóvenes llegados de países lejanos, como Ceilán o Estonia, Irak o Zambia. La extensa red de generosa hospitalidad ha creado una inmensa confianza en la familia eclesial. En cada ciudad, y sobre todo en Madrid, ha habido un despliegue de expresiones de la fe: desde las catequesis en tantas lenguas a las vigilias de oración, las exposiciones culturales, los encuentros para el perdón, las eucaristías, las celebraciones de cada una de las grandes familias religiosas: franciscanos, agustinos, jesuitas, salesianos… trayendo a España a sus innumerables amigos.</p>
<p>Como clave de todo esto, el encuentro con Cristo, que es el punto focal antes que el encuentro con el Papa, cuya misión es prestar rostro, palabra y voz a Cristo, y callar como signo para que aparezca ante todos la divina realidad de Este. Desde aquí hay que comprender los actos centrales de su visita: las palabras dirigidas a las autoridades políticas; el saludo a los jóvenes en Cibeles; el encuentro con las religiosas, los profesores jóvenes en El Escorial, los seminaristas, los enfermos y minusválidos; la celebración del Vía Crucis, la adoración del Santísimo y la Eucaristía en Cuatro Vientos como punto cumbre de la alabanza a Dios, como afirmación agradecida de la fe, promesa de testimonio ante el mundo, con la decisión de ofrecer el Evangelio a todos como semilla de paz, palanca de esperanza y potencia de santificación. Cada discurso del Papa requiere ser leído con calma y no es posible sintetizarlo. Todos reflejan los acentos que ha puesto en su pontificado: voluntad de verdad frente a apariencia y mentira; ejercicio de la razón como camino hacia la fe y de la fe como forma consumada de la razón, y no como su negación; reclamación de una humildad metafísica en el hombre para superar la desmesura de quien se quiera más allá del bien y del mal; afirmación de la persona y defensa de toda persona naciente o envejecida. La defensa de estos ideales lleva consigo el rechazo de los fundamentalismos, materialismos y relativismos que niegan la capacidad del hombre para la verdad y para el bien, reducen su dignidad como ser espiritual a la materia previa y confinan su destino en la muerte. No podemos vivir sin fundamentos, pero no podemos ser fundamentalistas; nos atenemos a la materia que somos, pero no seremos nunca materialistas; reconocemos la historia que avanza en superación creciente, pero no seremos nunca relativistas. Por eso no nos dejamos encerrar en ese falso dilema de contraponer verdad y libertad, caridad y justicia, culto a Dios y servicio a<br />
los hombres. Quien ve aquí mero antagonismo es todavía un adolescente intelectualmente o no ha pensado hasta el fondo los problemas del ser y del destino humano.</p>
<p>Junto con las ideas subrayaría las propuestas de Benedicto XVI. Son gritos de animación unos y de provocación otros, que han de guiarnos como estrellas cuando llegue la noche o se levante la galerna en alta mar. En 1979 Juan Pablo II lanzaba en Varsovia ese grito hacia la libertad: «No os resignéis». Benedicto XVI nos ha dicho: «No os avergoncéis del Señor», reclamando nuestra misión de testigos fieles. «Conservad la llama de Dios y compartidla con vuestros coetáneos». «Manifestad al mundo entero el rostro de Cristo». La Iglesia está en el mundo para trasparecer el amor de Cristo y la gloria del hombre. «Que nadie os quite la paz». En el Vía Crucis invitaba a los cristianos: «Sed nuevos cirineos ayudando a llevar la cruz a todos los crucificados de la Tierra». Todo esto en un clima de aceptación de la secularidad y de la autonomía de cada uno de los diferentes órdenes mundanos. Por eso en su primer discurso se dirigía a los católicos, pero también a quienes han perdido la confianza en la Iglesia y a quienes no creen en Dios.</p>
<p>Tras años en los que la fe en España parecía estar bajo sospecha y en acusación, hoy levanta la cabeza con dignidad y humildad, con gozo y serenidad ante todos. Vive desde su libertad pensante, creyente y cívica; no con permiso de poderes políticos o de ciertas dominaciones culturales, que reclaman ser quienes otorgan cartas de dignidad ciudadana y de valor cultural. La categoría primordial es la de la libertad, no la de la laicidad. La Iglesia estará atenta a todo y a todos, pero marcará su ritmo de acción desde dentro de sí misma y no irá a la zaga de nadie. En la crisis del último año, ante la ineficacia política, ella ha acreditado con sus parroquias, hogares, comunidades y centros de Cáritas que sabe unir amor a Dios y atención al prójimo. Por eso sonríe ante esas lecciones de servicio social que algunos le quieren imponer en lugar de la fe en Dios y de su proclamación pública.</p>
<p>La JMJ abarca tres momentos: un año de preparación, una semana de despliegue y el año próximo para su realización personal e institucional. Junto con las necesarias expresiones en masa urge en nuestra Iglesia el cultivo de las personas una a una y de las minorías de pensamiento, de acción y de testimonio; minorías creyentes y creíbles por su capacidad creadora, su rigor crítico e implicación histórica. Pensado para un contexto distinto vale también para nosotros el diagnóstico de Borges: «Nuestra realidad vital es grandiosa y nuestra realidad pensada es mendiga».</p>
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		<title>JMJ, ovejas con pastor</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Aug 2011 19:04:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Moreno Moreno</strong>, arzobispo emérito de Mérida-Badajoz (ABC, 21/08/11):</p>
<p>La instintiva empatía que he sentido siempre por el ganado ovejuno se debe, quizá, a una cancioncilla escolar de mi infancia granadina: «Tengo, tengo y tengo, tú no tienes nada, tengo tres ovejas en una cabaña. Una me da la leche, otra me da lana y otra mantequilla para la semana». Cincuenta años más tarde recalaba yo en Extremadura, como Pastor de otra grey, evocando también una canción castellano-leonesa: «Ya se van los pastores a la Extremadura».</p>
<p>En las Visitas pastorales (que por algo se las llama así) me &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36478/jmj-ovejas-con-pastor/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Moreno Moreno</strong>, arzobispo emérito de Mérida-Badajoz (ABC, 21/08/11):</p>
<p>La instintiva empatía que he sentido siempre por el ganado ovejuno se debe, quizá, a una cancioncilla escolar de mi infancia granadina: «Tengo, tengo y tengo, tú no tienes nada, tengo tres ovejas en una cabaña. Una me da la leche, otra me da lana y otra mantequilla para la semana». Cincuenta años más tarde recalaba yo en Extremadura, como Pastor de otra grey, evocando también una canción castellano-leonesa: «Ya se van los pastores a la Extremadura».</p>
<p>En las Visitas pastorales (que por algo se las llama así) me era fácil explicarles a los fieles que yo también era pastor y quería prestarles a ellos unos servicios parecidos a los que ellos dispensaban a sus animales: reunirlos, apacentarlos, defenderlos y guiarlos. Solo que yo lo hacía en nombre de Cristo Jesús, el Buen Pastor suyo y mío.</p>
<p>El ganado lanar se ha distinguido siempre por unos rasgos típicos: su mansedumbre, hasta ser presa fácil de los lobos; su unión a la manada, con muy escasas ovejas descarriadas; y su seguimiento fiel del pastor, aunque este pudiera serlo un zagal con un perrito. Tres propiedades que podían ser virtudes de los humanos, si estos no degenerasen en un borreguismo gregario.</p>
<p>Llama la atención, en todo caso, que la Biblia haya hecho suyo el binomio Pastor-ovejas, aplicándolo a la relación entrañable de Dios con los hombres, Él como Pastor y nosotros como grey. Sobre esta tan bella realidad son incontables los textos proféticos, sálmicos, evangélicos, paulinos y apocalípticos, que obviamente no caben aquí. No hay nada ni nadie que pueda inspirarnos tanta confianza como un Dios que nos sostiene con su vara y su cayado; un Cristo, a un tiempo Buen Pastor y Cordero Pascual, que muere por sus ovejas y que, ya resucitado, pasa el testigo al Apóstol Pedro, cimiento firme de la Iglesia, dispensadora de las tres grandes P de su Reino: la Palabra, el Pan y el Perdón. Lo cual nos puede servir de telón teológico de fondo y clave de interpretación de la ya inminente Jornada de la Juventud, en Madrid.<br />
El mejor conocedor y más destacado artífice de las JMJ es el cardenal polaco Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, donde radica la sección responsable de las mismas. Lleva allí 25 años desde que fue llamado a Roma por Juan Pablo II (verdadero Padre espiritual y mentor suyo), y ha sido, a partir de entonces, motor y orientador incansable de esta magna experiencia de Iglesia, desde la de Santiago en 1987 hasta esta inmediata de Madrid. De sus recientes declaraciones al corresponsal de ABC en Roma, que no tienen desperdicio, me permito «fusilar» algunas líneas:<br />
«Las JMJ son ya parte importante de la vida de la Iglesia… Juan Pablo II apostó por los grandes encuentros, cuando algunos los consideraban como demasiado triunfalistas&#8230; La JMJ se desarrolla en el corazón de cada joven participante y en cada intimidad propia, donde se producen los éxitos o el fracaso. La Iglesia quiere dialogar en profundo con las nuevas generaciones».</p>
<p>Producen siempre un fuerte impacto de fe y de gracia en los chicos y chicas, sean de procedencia española o intercontinental. Ellos se sienten a sí mismos como católicos de bautismo y de fe, y no tanto de misa y sacramentos; si bien muchos otros están buscando a tientas, no ya al Dios desconocido, de los atenienses, sino al Cristo viviente en la Iglesia, que se nos descubre a sí mismo y nos aclara el sentido de la vida y de sus grandes interrogantes: de dónde vengo, adónde voy, qué pinto yo aquí, qué quiere Dios de mí.</p>
<p>Después de las Jornadas alemanas de 2005 se hizo una encuesta importante entre sus jornadistas, de la que se infiere que a un 80% de ellos les dejó una huella importante en su vida. Y, más recientemente, en este mismo año se ha efectuado otra encuesta entre 1.800 jóvenes de ocho países, inscritos ya en la Jornada de Madrid, de los que un 90% han dado como motivos de su decisión conocer a Cristo más a fondo, ahondar en las razones de la propia existencia, comprometerse más con la Iglesia y buscar caminos para su servicio a los demás.</p>
<p>No estamos, sin embargo, en el mejor de los mundos, porque, sin salir de España, proliferan en nuestro derredor innumerables hombres-masa, como los que retrató en su tiempo Ortega y Gasset. «Vicente sigue yendo a donde va la gente». Así, los adultos. Pero, de los que no lo son, baste pensar en los miles y miles de adolescentes rockeros, apiñados a la intemperie en inmensos descampados, bajo el estruendo atronador de las baterías y aplaudiendo a grito limpio a sus ídolos de turno, saltando y brincando en un delirante frenesí.</p>
<p>Si pasamos a los jóvenes-jóvenes, nos topamos con tres zonas de sombra: el botellón, el fracaso escolar y el paro juvenil. El primero baña de alcohol el fin de semana, con degradación de la persona, promiscuidad viciosa y ruptura de lazos familiares. Sin espacio para comentar aquí el fracaso escolar y el paro estudiantil, a nadie se le oculta que esas dos lacras sociales nos angustian a todos, sin que se vislumbren soluciones ni a corto ni a medio plazo.</p>
<p>Este somero repaso de nuestro panorama juvenil nos remite obviamente al aeródromo de Cuatro Vientos, invadido estos días por una legión millonaria de jóvenes, tan divertidos como disciplinados, procedentes de 190 países con las culturas más distintas y distantes. No son una masa amorfa de individuos desconocidos entre sí y arribados allí por un aterrizaje forzoso. Sino que todos tienen su DNI y su código de barras, saben dónde están y a lo que vienen. Convocados, desde los cuatro vientos del planeta, como jóvenes católicos, por el Pontífice Romano, Pastor de la Iglesia universal.</p>
<p>Fue el beato Juan Pablo II quien introdujo proféticamente en el calendario de la Iglesia la praxis trienal de las Jornadas Mundiales y Juveniles que hoy tienen carta de naturaleza en la Iglesia y en el mundo. Durante ese periodo ha ido esclareciéndose progresivamente su identidad, y enriqueciéndose sus programas, merced a los impulsos de Roma y a la creatividad y experiencia de las diócesis anfitrionas.</p>
<p>Pienso ahora en la de Madrid, como inmediata posterior a la de Sidney, que nos está asombrando a todos con su grandiosa preparación, la colaboración de todas las diócesis y sus logros técnicos y espirituales. En la «olimpiada» mundial de la Cruz y del Icono, con su huella imborrable en todas partes; en la reconversión de un campo yerto de cuarenta y ocho estadios de fútbol en un campamento lleno de vida, una ciudad improvisada para un millón de comensales. Todo esto bajo la firma suprema del Papa Benedicto XVI, asistido por el cardenal Rouco, ducho en estas lides, y el obispo César Franco; y estos, a su vez, por 30.000 voluntarios que considero beatificables.</p>
<p>Benedicto XVI valoró desde el primer momento la hondura y fecundidad de estos encuentros, a los que ha dado sello propio y llevado hacia mejor. A los siete años de pontificado, con buena salud y mejor ánimo, el Papa reinante tiene ya en su haber grandes logros de gobierno y ha sabido superar con soltura prejuicios y conflictos delicados. Hoy se ha ganado el corazón del mundo con la centralidad de Cristo, con su magisterio doctrinal y su cercanía humana. En Cuatro Vientos, hoy corazón de la Iglesia, todos nos sentimos como ovejas con Pastor.</p>
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		<title>«No os avergoncéis del Señor»</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Aug 2011 18:32:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Reproducimos a continuación el primer discurso de <strong>Su Santidad el Papa</strong> en este su tercer viaje a España, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, pronunciado durante la ceremonia de bienvenida presidida por Sus Majestades los Reyes (ABC, 19/08/11):</p>
<p>Majestades, señor cardenal arzobispo de Madrid, señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y el sacerdocio, distinguidas autoridades nacionales, autonómicas y locales, querido pueblo de Madrid y de España entera:<br />
Gracias, Majestad, por su presencia aquí, junto con la Reina, y por las palabras tan deferentes y afables que me ha dirigido al darme la bienvenida. Palabras &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36450/%c2%abno-os-avergonceis-del-senor%c2%bb/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Reproducimos a continuación el primer discurso de <strong>Su Santidad el Papa</strong> en este su tercer viaje a España, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, pronunciado durante la ceremonia de bienvenida presidida por Sus Majestades los Reyes (ABC, 19/08/11):</p>
<p>Majestades, señor cardenal arzobispo de Madrid, señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y el sacerdocio, distinguidas autoridades nacionales, autonómicas y locales, querido pueblo de Madrid y de España entera:<br />
Gracias, Majestad, por su presencia aquí, junto con la Reina, y por las palabras tan deferentes y afables que me ha dirigido al darme la bienvenida. Palabras que me hacen revivir las inolvidables muestras de simpatía recibidas en mis anteriores visitas apostólicas a España, y muy particularmente en mi reciente viaje a Santiago de Compostela y Barcelona. Saludo muy cordialmente a los que estáis aquí reunidos en Barajas, y a cuantos siguen este acto a través de la radio y la televisión. Y también una mención muy agradecida a los que con tanta entrega y dedicación, desde instancias eclesiales y civiles, han contribuido con su esfuerzo y trabajo para que esta Jornada Mundial de la Juventud en Madrid se desarrolle felizmente y obtenga frutos abundantes.</p>
<p>Deseo también agradecer de todo corazón la hospitalidad de tantas familias, parroquias, colegios y otras instituciones que han acogido a los jóvenes llegados de todo el mundo, primero en diferentes regiones y ciudades de España, y ahora en esta gran Villa de Madrid, cosmopolita y siempre con las puertas abiertas.</p>
<p>Vengo aquí a encontrarme con millares de jóvenes de todo el mundo, católicos, interesados por Cristo o en busca de la verdad que dé sentido genuino a su existencia. Llego como Sucesor de Pedro para confirmar a todos en la fe, viviendo unos días de intensa actividad pastoral para anunciar que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Para impulsar el compromiso de construir el Reino de Dios en el mundo, entre nosotros.</p>
<p>Para exhortar a los jóvenes a encontrarse personalmente con Cristo Amigo y así, radicados en su Persona, convertirse en sus fieles seguidores y valerosos testigos.</p>
<p>¿Por qué y para qué ha venido esta multitud de jóvenes a Madrid? Aunque la respuesta deberían darla ellos mismos, bien se puede pensar que desean escuchar la Palabra de Dios, como se les ha propuesto en el lema para esta Jornada Mundial de la Juventud, de manera que, arraigados y edificados en Cristo, manifiesten la firmeza de su fe.</p>
<p>Muchos de ellos han oído la voz de Dios, tal vez solo como un leve susurro, que los ha impulsado a buscarlo más diligentemente y a compartir con otros la experiencia de la fuerza que tiene en sus vidas. Este descubrimiento del Dios vivo alienta a los jóvenes y abre sus ojos a los desafíos del mundo en que viven, con sus posibilidades y limitaciones. Ven la superficialidad, el consumismo y el hedonismo imperantes, tanta banalidad a la hora de vivir la sexualidad, tanta insolidaridad, tanta corrupción. Y saben que sin Dios sería arduo afrontar esos retos y ser verdaderamente felices, volcando para ello su entusiasmo en la consecución de una vida auténtica. Pero con Él a su lado tendrán luz para caminar y razones para esperar, no deteniéndose ya ante sus más altos ideales, que motivarán su generoso compromiso por construir una sociedad donde se respeten la dignidad humana y la fraternidad real. Aquí, en esta Jornada, tienen una ocasión privilegiada para poner en común sus aspiraciones, intercambiar recíprocamente la riqueza de sus culturas y experiencias, animarse mutuamente en un camino de fe y de vida, en el cual algunos se creen solos o ignorados en sus ambientes cotidianos. Pero no, no están solos. Muchos coetáneos suyos comparten sus mismos propósitos y, fiándose por entero de Cristo, saben que tienen realmente un futuro por delante y no temen los compromisos decisivos que llenan toda la vida. Por eso me causa inmensa alegría escucharlos, rezar juntos y celebrar la Eucaristía con ellos. La Jornada Mundial de la Juventud nos trae un mensaje de esperanza, como una brisa de aire puro y juvenil, con aromas renovadores que nos llenan de confianza ante el mañana de la Iglesia y del mundo.</p>
<p>Ciertamente, no faltan dificultades. Subsisten tensiones y choques abiertos en tantos lugares del mundo, incluso con derramamiento de sangre. La justicia y el altísimo valor de la persona humana se doblegan fácilmente a intereses egoístas, materiales e ideológicos. No siempre se respetan como es debido el medio ambiente y la naturaleza, que Dios ha creado con tanto amor. Muchos jóvenes, además, miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno, o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro. Hay otros que precisan de prevención para no caer en la red de la droga, o de ayuda eficaz, si por desgracia ya cayeron en ella. No pocos, por causa de su fe en Cristo, sufren en sí mismos la discriminación, que lleva al desprecio y a la persecución abierta o larvada que padecen en determinadas regiones y países. Se les acosa queriendo apartarlos de Él, privándolos de los signos de su presencia en la vida pública, y silenciando hasta su santo Nombre. Pero yo vuelvo a decir a los jóvenes, con todas las fuerzas de mi corazón: que nada ni nadie os quite la paz; no os avergoncéis del Señor. Él no ha tenido reparo en hacerse uno como nosotros y experimentar nuestras angustias para llevarlas a Dios, y así nos ha salvado.</p>
<p>En este contexto, es urgente ayudar a los jóvenes discípulos de Jesús a permanecer firmes en la fe y a asumir la bella aventura de anunciarla y testimoniarla abiertamente con su propia vida. Un testimonio valiente y lleno de amor al hombre hermano, decidido y prudente a la vez, sin ocultar su propia identidad cristiana, en un clima de respetuosa convivencia con otras legítimas opciones y exigiendo al mismo tiempo el debido respeto a las propias.</p>
<p>Majestad, al reiterar mi agradecimiento por la deferente bienvenida que me habéis dispensado, deseo expresar también mi aprecio y cercanía a todos los pueblos de España, así como mi admiración por un País tan rico de historia y cultura, por la vitalidad de su fe, que ha fructificado en tantos santos y santas de todas las épocas, en numerosos hombres y mujeres que dejando su tierra han llevado el Evangelio por todos los rincones del orbe, y en personas rectas, solidarias y bondadosas en todo su territorio. Es un gran tesoro que ciertamente vale la pena cuidar con actitud constructiva, para el bien común de hoy y para ofrecer un horizonte luminoso al porvenir de las nuevas generaciones. Aunque haya actualmente motivos de preocupación, mayor es el afán de superación de los españoles, con ese dinamismo que los caracteriza, y al que tanto contribuyen sus hondas raíces cristianas, muy fecundas a lo largo de los siglos.</p>
<p>Saludo desde aquí muy cordialmente a todos los queridos amigos españoles y madrileños, y a los que han venido de tantas otras tierras. Durante estos días estaré junto a vosotros, teniendo también muy presentes a todos los jóvenes del mundo, en particular a los que pasan por pruebas de diversa índole. Al confiar este encuentro a la Santísima Virgen María, y a la intercesión de los santos protectores de esta Jornada, pido a Dios que bendiga y proteja siempre a los hijos de España.</p>
<p>Muchas gracias.</p>
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		<title>Cinco valores de la JMJ Madrid 2011</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Aug 2011 20:06:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio María Rouco Varela, </strong>cardenal arzobispo de Madrid y presidente del Comité Organizador Local de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011 (EL MUNDO, 18/08/11):</p>
<p>Madrid, ciudad acogedora que representa bien la apertura y hospitalidad del pueblo español, acoge un encuentro festivo y pacífico de más de un millón de jóvenes con el Papa. La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) cuenta con un respaldo social muy variado y significativo: desde la colaboración institucional del Gobierno de España hasta miles de personas, creyentes o no. La JMJ lleva implícitos mensajes estimulantes de alegría, vida, amor, libertad y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36404/cinco-valores-de-la-jmj-madrid-2011/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio María Rouco Varela, </strong>cardenal arzobispo de Madrid y presidente del Comité Organizador Local de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011 (EL MUNDO, 18/08/11):</p>
<p>Madrid, ciudad acogedora que representa bien la apertura y hospitalidad del pueblo español, acoge un encuentro festivo y pacífico de más de un millón de jóvenes con el Papa. La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) cuenta con un respaldo social muy variado y significativo: desde la colaboración institucional del Gobierno de España hasta miles de personas, creyentes o no. La JMJ lleva implícitos mensajes estimulantes de alegría, vida, amor, libertad y futuro. Natural y principalmente, también de fe. Cito estos valores porque, releyendo textos de Benedicto XVI, me han resultado particularmente adecuados para el momento que vivimos.</p>
<p>Alegría. Sobran razones para lamentarse por tantas tragedias en el mundo, como el hambre que azota a un país hermano musulmán como Somalia o el paro y la falta de vivienda que atenazan a millones de españoles. Aun así, mi contacto de estos días con los miles de jóvenes llegados a Madrid me empuja a creer que hay motivos para celebrar e ideales para hacer amable lo bueno. Glosando a Benedicto XVI, «este mundo nuestro necesita muchos hombres y mujeres que descubran la alegría de hacer el bien y, así, todos recibirán el ánimo y el empuje suficientes para seguir haciéndolo. La alegría no excluye en absoluto la solidaridad» (<em>La sal de la tierra</em>, pág. 40). Los jóvenes entienden mejor que nadie otra afirmación del Papa: «Personalmente creo que [Dios] tiene un gran sentido del humor. A veces le da a uno un empellón y le dice: &#8216;¡No te des tanta importancia!&#8217;. En realidad, el humor es un componente de la alegría de la creación. En muchas cuestiones de nuestra vida se nota que Dios también nos quiere impulsar a ser un poco más ligeros; a percibir la alegría; a descender de nuestro pedestal y a no olvidar el gusto por lo divertido» (<em>Dios y el mundo</em>, pág. 13).</p>
<p>Vida. Agradezco a los jóvenes tantas lecciones que con frecuencia nos dan a quienes ya no lo somos tanto. Cambio, mejora, frescura, movimiento, avance… están muy asociados a lo que decía el cardenal Newman, en el sentido de que «vivir es cambiar, y ha vivido mucho quien haya sido capaz de cambiar mucho». La «fidelidad dinámica» propuesta por Benedicto XVI va en esa línea: «La religiosidad tiene que regenerarse de nuevo en este gran contexto y encontrar así nuevas formas de expresión y de comprensión» (<em>Luz del mundo</em>, pág. 145). «La fe evoluciona. Desde sus contextos vitales, cada generación puede descubrir nuevas dimensiones que la Iglesia no ha conocido con anterioridad» (<em>Dios y el mundo</em>, pág. 31).</p>
<p>Amor. Puede parecer paradójico que el mandamiento que hace 2.000 años Jesucristo propuso como nuevo, a veces, parece estar por estrenar. Amor sintoniza con escucha, perdón, cariño, comprensión… como legado de la ternura de Dios que nos ama, nos escucha, nos perdona, nos comprende y nos quiere felices. El Papa nos recuerda que «la fe se basa, fundamentalmente, en sabernos amados por Dios, y eso significa, no solo una respuesta afirmativa a Dios, sino también a la Creación, a las criaturas, sobre todo a los hombres, intentando ver en cada uno la imagen de Dios y de este modo llegar a ser personas capaces de amar» (<em>La sal de la tierra</em>, pág. 126).</p>
<p>libertad. la frase evangélica de «la verdad os hará libres» sigue más vigente que nunca. Nos habla de coraje y autenticidad… sin miedo a buscar y descubrir la verdad sobre nosotros mismos. No es infrecuente resistirse a su aceptación. Compromiso objetivo con la libertad y respeto para todos. Por eso, cuando en cierta ocasión preguntaron al entonces cardenal Ratzinger cuántos caminos hay para llegar a Dios, respondió al instante: «Tantos como hombres. Porque incluso dentro de una misma fe, cada uno tiene su propio camino personal. Tenemos las palabras de Jesucristo: &#8216;Yo soy el camino&#8217;. Así que, en definitiva, hay un solo camino y todo el que se dirija a Dios ya está de algún modo en ese camino, que es Jesucristo. Pero eso no significa que conscientemente, voluntariamente, todos los caminos sean idénticos, significa que ese único camino es tan ancho que puede convertirse en el camino personal de cada hombre» (<em>La sal de la tierra</em>, pág. 36).</p>
<p>Futuro. El fundamento de la JMJ arranca de un mensaje con un largo y prolijo pasado, cuya genuina vigencia se mantiene en el presente y que nos estimula hacia el futuro. Por eso nos inyecta ilusión, confianza, esperanza en que un mundo mejor es posible. El Papa y la Iglesia confían en los jóvenes… porque Dios confía aún más en ellos.</p>
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		<title>La generación del milenio</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Aug 2011 18:14:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Navarro-Valls, </strong>catedrático de la UCM y académico de la Real de Jurisprudencia y Legislación (EL MUNDO, 12/08/11):</p>
<p>Dicen que la <em>gran ciudad</em> es mal sitio para vivir. Demasiada tensión y ambición en los rostros de la gente. No estoy seguro del acierto de este análisis. Lo que sí creo es que, en una gran urbe, hay una mayor incidencia de escepticismo, con buenas dosis de cinismo. Llevo años viviendo en Madrid y son demasiadas las cosas que hemos visto los madrileños: no es fácil emocionarnos por casi nada. Será interesante contemplar el choque entre cinismo urbano e <em>ingenuo </em>&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36253/la-generacion-del-milenio/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Navarro-Valls, </strong>catedrático de la UCM y académico de la Real de Jurisprudencia y Legislación (EL MUNDO, 12/08/11):</p>
<p>Dicen que la <em>gran ciudad</em> es mal sitio para vivir. Demasiada tensión y ambición en los rostros de la gente. No estoy seguro del acierto de este análisis. Lo que sí creo es que, en una gran urbe, hay una mayor incidencia de escepticismo, con buenas dosis de cinismo. Llevo años viviendo en Madrid y son demasiadas las cosas que hemos visto los madrileños: no es fácil emocionarnos por casi nada. Será interesante contemplar el choque entre cinismo urbano e <em>ingenuo </em>entusiasmo de los miles de jóvenes de la generación del milenio (los nacidos a caballo entre el XX y el XXI), que invadirán Madrid en la Jornada Mundial de la Juventud.</p>
<p>Si estamos a lo que sucedió en Sidney en julio de 2008 -sede de la anterior Jornada- la alegría y la amabilidad de miles de jóvenes (católicos o no) «acabaron por fundir el cínico corazón de la gran ciudad» (<em>The Sydney Morning Herald</em>). La prensa puso como ejemplo de convivencia cívica -entre otros muchos- a los conductores de autobús australianos, que, incluso cuando acababan su turno, recogían a jóvenes que se habían quedado sin transporte y los llevaban a sus campamentos.</p>
<p>En 1985 se celebró en Roma otro masivo encuentro de jóvenes, convocados por el Papa con motivo del Año Internacional de la Juventud de la ONU. Fue el antecedente inmediato de las Jornadas. Recuerdo que, por entonces, la preocupación de los <em>media</em> se centró en una supuesta devastación de las zonas verdes, a manos (o pies) de la «horda de jóvenes» que avanzaba sobre la Ciudad Eterna. Uno de esos rótulos catastrofistas que, a veces, manejamos para luego suspirar aliviados al comprobar que todo quedó en una «pacífica invasión», que alegró el corazón de los romanos y respetó las zonas de esparcimiento de Roma.</p>
<p>En esta misma línea, Joaquín Navarro-Valls, por entonces portavoz de la Santa Sede, describió los actos del hipódromo de Longchamp (París), como «un mayo del 68 al revés». Efectivamente, los jóvenes que acudieron a la Jornada Mundial de 1997 en París eran hijos de los<em> indignados</em> de aquel turbulento mayo. Una generación que creía en la lucha de clases, pero que no había abierto <em>El Capital</em>; feministas de segunda generación, que creían que los roles sexuales eran un engaño, pero que no habían leído a Simone de Beauvoir. Una generación que pretendió liberarse de la tradición y de todo poder establecido. Pasaron los años y la gran mayoría de esos <em>indignados</em> evolucionó hacia formas de darwinismo social no demasiado partidarias de repartir parte de sus ganancias con los más necesitados. Otros muchos, acabaron sacrificando casi todo en el altar de su profesión, mientras en el entorno se derrumbaban sus familias y su ética.</p>
<p>La generación del milenio, que pronto bullirá por Madrid, no ha heredado muchas certezas de sus progenitores, pero ha desarrollado una visión nueva de las cosas, cierta flexibilidad de mente y una notable solidaridad. No es que sean mejores que sus padres, pero son menos dogmáticos y, desde luego, están más abiertos a nuevos horizontes.</p>
<p>La European Values Survey es la encuesta más seria sobre la evolución de los valores de los europeos. Se ha hecho ya en cuatro oleadas: 1981, 1990, 1999 y 2005; la de 2011/2012 está cocinándose todavía. En general, de esos análisis se desprende que la nueva generación joven es más sensible a los problemas religiosos, aunque no por eso frecuenta más las iglesias. Entre los jóvenes <em>sin religión </em>se desarrolla una religiosidad autónoma, difusa, al margen del cristianismo. Entre los jóvenes creyentes se reafirma un cristianismo de convicción, que manifiesta sin complejos la fe.</p>
<p>No es extraño que aquellos papas (Juan Pablo II y Benedicto XVI) que han salido al encuentro de este último segmento de jóvenes, hayan optado -en sucesivas Jornadas- por rendirles el honor de exigirles mucho. Precisamente porque saben que la juventud contempla con ironía los esfuerzos patéticos de aquellos adultos que, «dimitiendo de su condición», se dedican a elogiarles y enfangarlos en las arenas movedizas de la adulación.</p>
<p>Los que llevan muchos años en la Universidad, contemplando una generación tras otra, saben a lo que me refiero. Es natural que, una encuesta realizada entre los que ya han asistido a alguna otra JMJ, arroje este dato: nueve de cada 10 sostienen que, lo que vivieron, hizo cambiar su vida «mucho o bastante». En varias JMJ se ha entrevistado a bastantes asistentes acerca de lo que estaban viendo. Las respuestas más habituales han sido: 1) Nadie (ningún profesor, ningún familiar, etcétera) me había hablado con la claridad y exigencia del Papa. 2) No sé si estaré a la altura ética de lo que nos pide. 3) Haga o no haga lo que dice, «ese señor» (por el Papa) tiene razón.</p>
<p>Me da la impresión que esa masa de jóvenes que avanza hacia Madrid desea algo distinto del monótono mensaje de los ideólogos de turno -<em>voyeurs </em>insaciables de la para ellos <em>obscena</em> realidad- que sostienen que no hay bien ni mal: sólo una densa bruma que envuelve en relativismo moral acciones y personas. Probablemente, el Papa dirá exactamente lo contrario: frente a subjetivismo ético, hablará de verdades objetivas; frente a hedonismo consumista, insistirá en solidaridad y templanza; ante un horizonte cultural teñido de pesimismo, hará hincapié en la belleza de la verdad.</p>
<p>En la JMJ del año 2000 en Roma -la segunda más numerosa en participantes (2,5 millones), tras la de Manila (cinco millones)- Indro Montanelli escribió un memorable artículo. La tesis del agnóstico e inteligente fundador de <em>Il Giornale</em> fue: «Esto que veo no lo explican ni la sociología, ni la psicología de masas ni la demografía. Yo no lo sé explicar desde mis categorías agnósticas. Habría quizá que entrar en el ámbito de la religión para comprender esto tan estupendo que yo contemplo, pero que no llego a entender».</p>
<p>Este razonamiento apunta al centro mismo de lo que son estas Jornadas. El tema de fondo que mueve a esas multitudes de gente joven es la búsqueda del concepto de <em>verdad</em>. Es un itinerario inicialmente filosófico, que termina por ser un encuentro no con una cosa, sino con Alguien. Descubrir suavemente que las cosas <em>son</em> como Dios las ve. Fe y razón, sin confundirse, se interpelan de nuevo mutuamente.</p>
<p>La importancia de esta nueva visita a Madrid de Benedicto XVI (tal vez la última que realice a España) radica en que, en esta ocasión, sus jóvenes interlocutores son una tierra especialmente ávida para absorber las<em> pistas </em>acerca de la verdad que vaya sembrando el Papa. Desde mi punto de vista, ya lo he dicho en otra ocasión, lo que se espera de la visita de Benedicto XVI es que disipe esa niebla de <em>malestar</em>, que se oculta tras la sociedad del<em> bienestar</em>. En una palabra, ayudar a recomponer ojos y corazones nuevos que superen la visión simplemente biológica del acontecer humano.</p>
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		<title>La hora de los jóvenes, pese a la crisis</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Jun 2011 11:10:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antoni Esteve</strong>, presidente de ESTEVE y de la Fundación Príncipe de Girona (EL MUNDO, 22/06/11):</p>
<p>Qué tienen en común los años 1929, 1973, 2001 y 2008? Seguramente lo habrán adivinado: todos son años de crisis. 1929, el desplome de la Bolsa de Nueva York; 1973, el comienzo de la primera crisis del petróleo; 2001, el estallido de la corriente especulativa que lideraron las empresas basadas en internet, las llamadas puntocom; y, cómo no, 2008, año en el que comenzó la crisis financiera global en la que aún estamos inmersos, provocada por el colapso de la burbuja inmobiliaria y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38644/la-hora-de-los-jovenes-pese-a-la-crisis/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antoni Esteve</strong>, presidente de ESTEVE y de la Fundación Príncipe de Girona (EL MUNDO, 22/06/11):</p>
<p>Qué tienen en común los años 1929, 1973, 2001 y 2008? Seguramente lo habrán adivinado: todos son años de crisis. 1929, el desplome de la Bolsa de Nueva York; 1973, el comienzo de la primera crisis del petróleo; 2001, el estallido de la corriente especulativa que lideraron las empresas basadas en internet, las llamadas puntocom; y, cómo no, 2008, año en el que comenzó la crisis financiera global en la que aún estamos inmersos, provocada por el colapso de la burbuja inmobiliaria y el posterior arrastre de todos los sectores industriales, tecnológicos y de servicios.</p>
<p>Pero todos esos años tienen también en común la transformación que generaron en los modelos empresariales y su impacto social. Las crisis globales provocan altas tasas de desempleo y un empobrecimiento a ritmo acelerado ocasionado por la falta de capacidad adquisitiva de los consumidores que, a su vez, arrastran a las empresas a la recesión. Muchos dibujan hoy un mañana pesimista, entre ellos, algunos jóvenes, que estando en la mejor etapa de su vida, se enfrentan a la incertidumbre que genera un futuro complejo e imprevisible.</p>
<p>Por mi condición de empresario observo diariamente cómo, a pesar de estas adversas condiciones, siempre hay jóvenes que empujan hacia delante y que, sin miedo al fracaso, están aprendiendo y emprendiendo. Asimismo, como presidente de la Fundación Príncipe de Girona, entidad focalizada en el desarrollo de la vocación emprendedora entre los jóvenes, observo impresionado ejemplos de muchos jóvenes que han sabido transformar sueños en proyectos y realidades de éxito.</p>
<p>Es en estos periodos de convulsión cuando nacen también las grandes oportunidades. Esos años que citaba al comienzo, marcados por las dificultades, tuvieron también un efecto inesperado: el de generar una corriente alternativa que transformó la forma de entender la gestión empresarial y provocó cambios profundos y positivos a su vez. En 1973, la crisis del petróleo impulsó el desarrollo de nuevas fuentes de energía alternativa para evitar la dependencia del crudo; en 2001, a pesar del estallido de la burbuja de las puntocom, se inició el boom de internet que ha transformado nuestra forma de comunicarnos y ha contribuido a la construcción de un mundo, en cierta forma, sin fronteras. Estos cambios en positivo han sido liderados en su mayoría por jóvenes emprendedores, personas optimistas que han sabido traducir las dificultades en oportunidades. Permítanme que les haga de nuevo una pregunta: ¿qué tienen en común Bill Gates, Steve Jobs, Richard Branson, Larry Page o Mark Zuckerberg? Todos ellos son sobradamente conocidos por su capacidad emprendedora, modelos del éxito empresarial, han sido pioneros y, sobre todo, lo consiguieron ¡antes de los 25! Han hecho realidad el mito de un país, EEUU, que premia el fracaso, como base para el éxito. Todos movidos por motivaciones diferentes: desde el gusto por la caligrafía que sentía Jobs, que propició que desarrollara un nuevo tipo de ordenador, donde el diseño y la imagen, fueran la clave de su éxito, hasta el supuesto y popularizado desengaño amoroso que hizo que Mark Zuckerberg gestara el embrión de Facebook.</p>
<p>A esa lista me gustaría añadir algunos nombres quizá menos conocidos, como los de Pau Garcia-Milà, Ruth Ruiz, Alba Ventura, Oscar Fernández-Capetillo y Borja Ibáñez. Estos jóvenes recibieron un Premio Impulsa otorgado por la Fundación Príncipe de Girona. Jóvenes sobresalientes en diversos ámbitos bajo el sello made in Spain y que hoy están exportando sus iniciativas.</p>
<p>Modelos a seguir como el de Carlos Barrabés, fundador de la mayor tienda virtual europea de equipamiento y deportes de montaña, que hizo de su pasión una forma de vida; o Inma Shara, una de las más brillantes representantes de la nueva generación de directores de orquesta. Ejemplos para nuestros jóvenes de hoy, en un país en el que contamos con gran talento. Un talento que debemos apoyar, también, desde las empresas e instituciones.</p>
<p>Algunos de estos emprendedores, participarán próximamente en el segundo Fórum Impulsa de la Fundación Príncipe de Girona, que constituye un espacio para el diálogo y, al mismo tiempo, un escaparate y altavoz para aquellas personas extraordinarias en sus respectivas disciplinas. Personas que creemos deben servir como ejemplo a seguir por nuestros, a veces, desanimados jóvenes. Si bien es cierto que vivimos tiempos de crisis, también lo es que siguen existiendo grandes oportunidades.</p>
<p>Me gustaría dirigirme a los jóvenes que tienen en su poder algo intransferible: la mejor parte de su vida, la juventud. A ti, joven que lees esto te invito a que identifiques oportunidades y las aproveches. Otros lo hicieron antes: ¡Ahora es tu momento! ¡Cómete el mundo!</p>
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		<title>El bienestar intergeneracional</title>
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		<pubDate>Fri, 27 May 2011 13:58:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Mercado Laboral]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Guillem López-Casasnovas</strong>, catedrático de Economía en la UPF (EL PERIÓDICO, 27/05/11):</p>
<p>Era probable, pese a que algunos negaban que acabara siendo posible. Los datos que ya en el 2005 analizábamos (Guillem López y Ana Mosterín, <em>Nota d&#8217;Economia,</em> 2006) así lo indicaban. Entre 1981 y el 2001 los jóvenes perdían bienestar relativo, al menos en la parte resultante de la distribución de rentas procedentes del mercado de trabajo. España iba bien, pero la contratación la marcaban a menudo contratos basura y unos sectores económicos de demanda de empleo poco cualificada. Se detectaba con claridad que las mejoras de ingresos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38769/el-bienestar-intergeneracional/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Guillem López-Casasnovas</strong>, catedrático de Economía en la UPF (EL PERIÓDICO, 27/05/11):</p>
<p>Era probable, pese a que algunos negaban que acabara siendo posible. Los datos que ya en el 2005 analizábamos (Guillem López y Ana Mosterín, <em>Nota d&#8217;Economia,</em> 2006) así lo indicaban. Entre 1981 y el 2001 los jóvenes perdían bienestar relativo, al menos en la parte resultante de la distribución de rentas procedentes del mercado de trabajo. España iba bien, pero la contratación la marcaban a menudo contratos basura y unos sectores económicos de demanda de empleo poco cualificada. Se detectaba con claridad que las mejoras de ingresos iban mayoritariamente a adultos con contratos indefinidos y a jubilados, protegidos por un sistema de pensiones que seguía siendo generoso pese a la perspectiva demográfica. El <em>boom</em> de precios hinchados de la vivienda deflactaba aún más aquellas rentas de los jóvenes, incapacitándolos para emanciparse y formar un hogar. La idea de que las nuevas generaciones siempre acababan con mejor bienestar que las anteriores podía no ser ya evidente. Que las políticas públicas priorizasen implícitamente a la gente adulta era aceptado sobre la base de considerar que el resto de políticas económicas, de productividad, formativas de capital humano, etcétera, ya tenían un sesgo suficientemente <em>projuvenil</em> y que eso permitía que la política social los relegara. Pero eso empezaba a ser una falacia.</p>
<p>Sabíamos, además, por los trabajos de la OCDE que nuestro sistema productivo hacía muy sensibles las fluctuaciones del paro en los jóvenes, especialmente entre 16 y 25 años. De hecho, una desviación de un punto porcentual del <em>output gap </em>(es decir, fuera de la senda esperada de crecimiento) suponía un 0,65 de bajada en el empleo de adultos y más del doble en los jóvenes (1,4 puntos).</p>
<p>Sobre esta base, nuestro trabajo alertaba de la necesidad de velar para que no se rompieran los equilibrios intergeneracionales, entre el bienestar neto de unos y otros. Esto podría concretarse en que la ratio entre rentas finales de activos y pasivos, después de impuestos y prestaciones públicas monetarias y en especie, bastante distintas entre unos y otros, se mantuviera estable en el tiempo ante las diferentes coyunturas. Y esto, que se conoce como <em>regla de Musgrave</em>, era preciso que fuera validado tanto en épocas de ganancia de productividad -haciendo partícipes a nuestros pensionistas con mejoras por encima del IPC- como de vacas flacas, para que no recayeran sobre todo en las personas activas, ocupadas o no, con impuestos, deuda futura y cotizaciones en su caso, las consecuencias financieras del mantenimiento de las inercias presupuestarias.</p>
<p>La realidad confirma aquellos pronósticos. La política pública ha mantenido a pesar de la crisis el sesgo en las pensiones -un barco de maniobrabilidad muy escasa-, no se ha ralentizado el inicio de la cobertura de la dependencia moderada (cuando aún no se ha consolidado financieramente la cobertura de la grave) y el sistema sanitario no ha sido capaz de reorientar ni la exención del copago farmacéutico vinculado a la condición de pensionista. Mientras, las restantes políticas, encajonadas entre la restricción presupuestaria y la consolidación fiscal, se han visto postergadas en lo que se refiere a la mejora del acceso a vivienda, incluyendo la de alquiler, a las políticas activas de creación de empleo, a las acciones formativas ocupacionales, a las del ocio orientado a la educación, etcétera. Unas políticas propias de colectivos más jóvenes.</p>
<p>Eran sabidos también los datos de esta inercia, resultado de políticas poco flexibles, de piñón fijo, y que fácilmente llevan al absurdo si se extrapolan. No era difícil hacer una simulación de sus efectos: el impacto de no priorizar unas políticas sobre otras, el lastre de deuda que dejarían si no se cubrían con nuevos ingresos, la ratio de dependencia de rentas públicas por grupos de edad, etcétera.</p>
<p>Ahora ya no estamos en aquellos escenarios hipotéticos, sino que constatamos la realidad más cruda: el paro de los menores de 25 años está alcanzando el 44%, la cifra más alta de los países de la OCDE, y el castigo relativo contra la entrada en el mercado de trabajo al que condena la crisis a los más jóvenes no tiene parangón en ningún otro país. Indigna, por tanto, que, pese a la sensatez de las predicciones, la falta de adaptabilidad de las políticas sociales nos haya situado en el callejón sin salida actual. Todos los que los tienen, quieren proteger su renta y sus privilegios, nadie quiere pagar más impuestos, aumentan las reivindicaciones de prestaciones para los más débiles&#8230; Y el traslado de los problemas de financiación al futuro, goloso para los políticos, puede borrar un horizonte de esperanza de quien tiene que pagar años y años la hipoteca y se encontrará ante una política pública con unos costes financieros a sufragar antes que decidir en qué gastar los impuestos, asfixiantes.</p>
<p>La necesidad de que una institución, una agencia, un <em>think tank </em>no cooptado por los poderes vele por la sostenibilidad del bienestar intergeneracional, de forma que integre a la política pública, tanto la económica como la social de acompañamiento, es un clamor que no se puede acallar durante más tiempo.</p>
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		<title>Una generación se despide</title>
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		<pubDate>Sun, 15 May 2011 21:02:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona y premio Espasa de Ensayo 2010 por su libro <em>Amo, luego existo</em> (EL PAÍS, 15/05/11):</p>
<p>Como resulta bien fácil constatar, cuando un grupo de personas de una cierta edad se reúnen con cualquier motivo y surge en la conversación el tema de la juventud actual, lo más normal es que se reiteren una serie de tópicos que, por lo general, inciden en la apatía vital de aquella, en la indiferencia de las nuevas generaciones hacia lo público o en su falta de interés por cualquier otra cosa &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38373/una-generacion-se-despide/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona y premio Espasa de Ensayo 2010 por su libro <em>Amo, luego existo</em> (EL PAÍS, 15/05/11):</p>
<p>Como resulta bien fácil constatar, cuando un grupo de personas de una cierta edad se reúnen con cualquier motivo y surge en la conversación el tema de la juventud actual, lo más normal es que se reiteren una serie de tópicos que, por lo general, inciden en la apatía vital de aquella, en la indiferencia de las nuevas generaciones hacia lo público o en su falta de interés por cualquier otra cosa que no sea su bienestar material o su propio provecho, tópicos que, en todo caso, revelan una enorme distancia y extrañeza hacia los jóvenes por parte de quienes los sostienen.</p>
<p>Parece claro que la lógica con la que nuestros jóvenes se inscriben en la propia biografía y, más allá, en la historia ha variado radicalmente. En cierta ocasión, refiriéndome en una clase de doctorado a la idea de que, en el fondo, la función que cumplen determinados acontecimientos sociales o políticos es la de constituir el referente simbólico, imaginario, de toda una generación, que se reconoce como tal precisamente por su protagonismo en dichos acontecimientos, se me ocurrió preguntar a los estudiantes cuál era para ellos ese acontecimiento que les había marcado, por el que creían poder definirse, que reflejaba mejor el momento en que sintieron irrumpir en el mundo. Confieso que lo que más llamó mi atención fue la declaración de un estudiante, para quien, sin el menor género de dudas, el acontecimiento que había significado un cambio radical en su vida y en la de su generación era la aparición de la tarifa plana de acceso a Internet.</p>
<p>El referido estudiante sabía a la perfección que esta, como cualquier otra novedad tecnológica, constituía un elemento puramente formal, susceptible de ser puesto al servicio de causas absolutamente antagónicas o de vehicular contenidos de muy variado tipo. Pero no parecía importarle. En primer lugar, porque creía constatar la emergencia de unas formas de socialidad (en concreto, vía redes sociales) inéditas hasta el presente y, en esa misma medida, susceptibles de habilitar modos ciertamente nuevos de relación entre las personas. Pero sobre todo, en segundo, porque lo más relevante de su desplazamiento de perspectiva era que impugnaba de manera radical los mecanismos heredados -básicamente, los relatos más o menos épicos- de construcción generacional. Y lo hacía desactivando el supuesto según el cual la participación en un acontecimiento ejemplar por algún motivo legitima históricamente a una generación, en la medida en que la convierte en modelo o referencia para las venideras, supuesto que precisamente la generación de sus mayores ha contribuido a dinamitar de manera decisiva.</p>
<p>Porque no parece que los miembros de esta última -ella sí tan presuntamente idealista y preocupada por la construcción de un mundo más justo- estén en condiciones de impartir demasiadas lecciones a nadie. A modo de apresurada ilustración: los miembros de la misma más concienciados políticamente (y, en consecuencia, bien de izquierdas: los de derechas eran todos <em>apolíticos),</em> que tanto -y con tanta vehemencia- denostaban a la socialdemocracia porque, según ellos, no era otra cosa que la gestora del capitalismo en época de crisis, no tuvieron mayor problema en abandonar sus radicales convicciones juveniles y <em>ponerlas al día</em> abrazando las posiciones del reformismo socialista cuando este devino la fuerza política progresista hegemónica. Ahora silban, mirando al techo, mientras asisten al espectáculo de contemplar cómo, sin otro cambio que la mera sustitución de la palabra &#8220;capitalismo&#8221; por la palabra &#8220;mercados&#8221;, lo que antaño criticaban es exactamente lo que parecen estar haciendo en este momento <em>los suyos.</em></p>
<p>Con el único y escaso consuelo de pensar que de los herederos de quienes formulaban tan despiadadas críticas (que eran, no se olvide, los comunistas) nadie diría que han corrido mejor fortuna, abandonados por su antiguo electorado, incapaces de gestionar la creciente desesperación social, paralizados, por lo que se ve, ante la disyuntiva de atender a los lamentos -cuando no gritos desgarrados- de los desfavorecidos o a los franciscanos trinos de la sostenibilidad (eludo referirme, para no distraer la atención del eventual lector de este papel, a la indesmayable atención que asombrosamente esa <em>izquierda de la izquierda</em> sigue prestando a los espejuelos del nacionalismo, en tantas ocasiones eficaz baratija ideológica de la derecha).</p>
<p>Siendo esto, sin duda, lo más grave, no habría que dejar de señalar otro aspecto -menos evidente tal vez pero no por ello menos importante- en el que la izquierda sedicentemente reformista o socialdemócrata parece asimismo haber terminado por constituirse en gestora aplicada de los designios conservadores. Me refiero al plano de las ideas. Tras décadas (como poco, desde Daniel Bell) de repetición por parte de estos últimos sectores de tesis como la de que las ideologías habían tocado a su fin, que la distinción entre derecha e izquierda había quedado superada por la evolución misma de la sociedad o que los grandes relatos de emancipación y cualesquiera propuestas utópicas habían dejado de tener sentido, tesis todas ellas sistemáticamente replicadas desde el progresismo a base de enfatizar la imprescriptible necesidad de la política que tienen los desheredados (constituye, en definitiva, la única herramienta a su alcance para la transformación de lo existente), ahora resulta que la socialdemocracia parece haber hecho suyas también a este respecto las tesis conservadoras que tanto denostó.</p>
<p>Así, eran los partidarios de la presunta <em>tercera vía</em> laborista quienes presentaban, como si de una revolución en materia de ideas se tratara, tesis como la de que no hay problemas de derechas y de izquierdas, sino soluciones de uno y otro signo. Y era uno de nuestros más prestigiosos líderes progresistas quien se acogía al proverbio chino &#8220;gato blanco, gato negro, lo que importa es que cace ratones&#8221; para ilustrar su convencimiento de que el criterio más importante por el que se debe regir un político en el desempeño de su actividad, por encima de cualquier otro relacionado con valores o con ideología, es la eficacia. Es cierto que en determinados momentos -especialmente en campaña electoral- los políticos de izquierda suelen amagar como si todavía dispusieran de un discurso teórico propio, específico, con el que castigar a su adversario pero, en cuanto se ven instados a concretarlo, lo más <em>rojo</em> que sale de sus labios son difusas expresiones tipo &#8220;cohesión social&#8221; y similares (&#8220;valores de progreso&#8221;, por ejemplo), expresiones que repiten como un mantra en cuanto se les coloca un micrófono cerca. En definitiva, que aunque no se le pueda discutir a la derecha el <em>copyright</em> de la tesis del fin de las ideologías, hay que reconocer que, también en materia de ideas, los socialdemócratas actuales han sido los más eficaces gestores de aquella.</p>
<p>Déjenme que termine este texto aludiendo a un dato, que acaso a algún lector pueda parecerle meramente anecdótico (y pensar que lo traigo aquí por mera deformación profesional), pero que a mí me parece absolutamente revelador de las contradicciones a las que me he venido refiriendo hasta aquí. Nuestras autoridades ministeriales, autonómicas y académicas en general, formadas en su inmensa mayoría por antiguos profesores no numerarios de los años setenta y ochenta (los célebres PNN), llevan aplicando desde hace años en la Universidad española unas políticas que están dando como resultado unos altísimos niveles de precariedad entre el profesorado más joven, por no hablar de las dificultades que esas mismas autoridades ponen a la posibilidad de nuevas contrataciones, sistemáticamente frenadas con el argumento -casi tan sagrado como el de los mercados, antes referido- del <em>costo cero,</em> ahora reformulado como <em>la crisis.</em> ¿Resultado? La paradoja sangrante de que dentro de no mucho tiempo habrá en la Universidad española tantos profesores con contratos precarios como PNN había hace casi 30 años.</p>
<p>El problema, como se deja ver, no es que seamos un tapón para la siguiente generación: el problema es que hemos dejado vacía la botella. El día en que los que vienen detrás tomen la palabra nos van a poner a caldo.</p>
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		<title>A 100 días de la Jornada Mundial de la Juventud</title>
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		<pubDate>Sat, 07 May 2011 06:38:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>César Franco</strong>, obispo auxiliar de Madrid y coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011 (ABC, 07/05/11):</p>
<p>En 2010 se celebraron las bodas de plata de la primera Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el encuentro festivo de jóvenes de los cinco continentes con el Papa, que tiene lugar cada tres años en una ciudad del mundo. En 2011 le toca a Madrid y son muchas las razones para pensar que será un gran regalo en nuestras manos.</p>
<p>¿Cómo nació esta luminosa iniciativa? El periodista Vittorio Messori hizo esta misma pregunta al ahora beato &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39064/a-100-dias-de-la-jornada-mundial-de-la-juventud/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>César Franco</strong>, obispo auxiliar de Madrid y coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011 (ABC, 07/05/11):</p>
<p>En 2010 se celebraron las bodas de plata de la primera Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el encuentro festivo de jóvenes de los cinco continentes con el Papa, que tiene lugar cada tres años en una ciudad del mundo. En 2011 le toca a Madrid y son muchas las razones para pensar que será un gran regalo en nuestras manos.</p>
<p>¿Cómo nació esta luminosa iniciativa? El periodista Vittorio Messori hizo esta misma pregunta al ahora beato Juan Pablo II. Él, con la humilde sencillez de un santo, le respondió: «Nadie ha inventado las jornadas mundiales de los jóvenes. Fueron ellos quienes las crearon. No es verdad que sea el Papa quien lleva a los jóvenes de un extremo al otro del globo terráqueo. Son ellos quienes le llevan a él». Así es, en verdad. Aunque es innegable que la iniciativa partió del que ya es llamado «el Papa de los jóvenes» ¿Cómo no reconocer en la participación entusiasta de los jóvenes el deseo de ser acompañados en la peregrinación de fe por el Papa, tras los pasos de Cristo, que es la roca firme en la que edificar su vida?</p>
<p>A Madrid vendrán jóvenes de todos los países del mundo. Muchos de ellos están ahorrando con enorme esfuerzo para costearse el viaje. Algunos países enviarán unos pocos representantes, que a su vuelta podrán contar lo que han visto y oído a sus connacionales. Hay quienes afirman que en el mundo de los jóvenes se está produciendo una «revolución silenciosa», cuyo potente motor propulsor son las JMJ. Estos encuentros siguen sorprendiendo dentro y fuera de la Iglesia. Y son la epifanía de una juventud sedienta de verdad y consciente de que en Cristo y su Iglesia se halla el significado más profundo de la vida.</p>
<p>Benedicto XVI ha apelado a su experiencia vital para explicar este fenómeno: «Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida en su inmensidad y belleza. Ciertamente eso dependía también de nuestra situación. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra, estuvimos, por así decir, &#8220;encerrados&#8221; por el poder dominante. Por eso, queríamos salir fuera para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre» (Mensaje para la Jornada). Otra cultura dominante atrapa y encierra a los jóvenes en el mundo actual. Un férreo poder que corta las alas de aspiraciones a la vida más grande que anida en el corazón de todo hombre. Se trata del poder que pretende eclipsar a Dios y expulsarle de la vida cotidiana. El poder de modos de vida que desvinculan al hombre de su origen y de su destino. Los jóvenes necesitan salir fueray descubrir las posibilidades del ser hombre. Posibilidades que no acaban en el terreno económico con un puesto de trabajo, necesario y urgente en tiempos de crisis, sino que traspasan el horizonte de lo material y tocan la infinitud del espíritu, es decir, de Dios. «El hombre en verdad —dice Benedicto XVI a los jóvenes— está creado para lo que es grande, para el infinito».</p>
<p>Aunque pueda parecer un tema manido, hoy es más apremiante que nunca sustituir la cultura del tener por la del ser. Pues la del tener ha quebrado, miles de jóvenes se preguntan: ¿cuál es el fin de mi esfuerzo, de mis estudios, si no es garantía de un puesto de trabajo? Frente a la generación del ni-ni (esos jóvenes que ni estudian ni trabajan) llega una generación donde el self(el culto al yo) es sustituido por otras miras, visiones o tareas que van más allá. Frente a la desesperanza hace falta una nueva generación de jóvenes que descubra que el cristianismo no se reduce a un árido moralismo, a un yugo pesado de «debes» y «no debes», sino que nos abre al horizonte apasionante de una vida que tiene un rostro humano, el del hombre perfecto, Jesucristo.</p>
<p>Las JMJ son un anuncio de Cristo. En cada una de ellas se evapora el mito de que los jóvenes no quieren saber nada de Cristo y de la Iglesia. Son como un inmenso campo de vides arracimadas con una sola cepa, la persona del Señor. Ni siquiera el Papa es el centro. Como dice Benedicto XVI: «Él es totalmente y solamente vicario. Remite al Otro que está en medio de nosotros». Se explica así que cada JMJ deje siempre una estela de vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada, al matrimonio. El relevo a la siguiente generación ya está dado. Son numerosos los hijos de los que participaron en la JMJ de Santiago 89, Denver 93… los que vendrán a la JMJ de Madrid, porque «el mensaje cristiano no era sólo &#8220;informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida». (Benedicto XVI. Spes Salvi, 2).</p>
<p>Son muchos los jóvenes que ya han puesto rumbo a Madrid, pero hay muchos otros que no saben todavía si vendrán… Hay que invitarles con las palabras de Felipe a Natanael cuando éste se mostró escéptico sobre Jesús: «Ven y verás». La JMJ es una invitación para todos los jóvenes del mundo: una propuesta, un ven y verás. La invitación es del mismo Papa: «Quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe como los que vacilan, dudan o no creen puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia de Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros».</p>
<p>Del 16 al 21 de agosto de este año, Madrid se convertirá en la capital del mundo joven. Es una experiencia común que la gente, aun la que no cree, queda impactada por la alegría de los jóvenes, por su buen hacer. Los recelos iniciales, al anunciarse una gran multitud de jóvenes, desaparecen pronto y dan paso a una contagiosa simpatía. Naturalmente son jóvenes con sus virtudes y defectos, pero vienen como peregrinos en busca de lo que da sentido a la vida del hombre.</p>
<p>A 100 días de esta gran fiesta de la fe se necesita la colaboración de todos: con la oración, la acogida en nuestras casas de jóvenes peregrinos, la ayuda económica en becas o donativos para jóvenes con menos recursos. Es fácil comprender que el hecho mismo de preparar la JMJ constituye no sólo un reto sino una enorme responsabilidad. No se trata de quedar bien ante la opinión pública, sino de hacer transparente la belleza del mensaje y la vida cristiana a las nuevas generaciones.</p>
<p>Si cada Jornada Mundial es un regalo para la Iglesia universal, lo es especialmente para la Iglesia particular que la recibe, para Madrid. A estas alturas, a nadie le sorprenderá que se alcen voces en contra. El Vicario de Cristo viene a vernos, y lo único malo que puede pasar es que nosotros no nos preparemos y no apostemos por esta nueva generación de jóvenes, a quienes el Papa exhorta: «En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza».</p>
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		<title>Botellón: lo anormal es la represión</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Apr 2011 17:48:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Alcoholismo]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Artemio Baigorri</strong>, sociólogo (EL PERIÓDICO, 19/04/11):</p>
<p>A10 años de mi primer análisis del botellón, lo que parecía una moda  pasajera hoy sabemos que es un componente más del ocio nocturno. Como  pasó con discotecas, terrazas (beber en la calle) y pubs, lo que empezó  como trasgresión, problema para el <em>stablishment,</em> es hoy -y lo  será allí en donde hoy se le persigue- un hecho cotidiano (y legal).  ¿Por qué sigue existiendo en Madrid o Barcelona, donde las autoridades  llevan años reprimiéndolo? Porque sigue respondiendo a la función por la  que surgió. Los <em>teenagers</em> que lo inventaron ya tienen &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/34699/botellon-lo-anormal-es-la-represion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Artemio Baigorri</strong>, sociólogo (EL PERIÓDICO, 19/04/11):</p>
<p>A10 años de mi primer análisis del botellón, lo que parecía una moda  pasajera hoy sabemos que es un componente más del ocio nocturno. Como  pasó con discotecas, terrazas (beber en la calle) y pubs, lo que empezó  como trasgresión, problema para el <em>stablishment,</em> es hoy -y lo  será allí en donde hoy se le persigue- un hecho cotidiano (y legal).  ¿Por qué sigue existiendo en Madrid o Barcelona, donde las autoridades  llevan años reprimiéndolo? Porque sigue respondiendo a la función por la  que surgió. Los <em>teenagers</em> que lo inventaron ya tienen trabajo e  hijos, se acercan a los 40, pero aún lo practican porque son jóvenes,  siguen faltando espacios adecuados para reunirse con los amigos, y las  copas aún son caras: es el calentón inicial, barato y con alcohol de  calidad.</p>
<p>Los predicadores ya no demonizan a los jóvenes, aunque aún abusan de la palabra <em>hedonismo. </em>Aceptan  que el botellón no es otra anormalidad nuestra, sino la expresión  sinérgica local («borrachera española» lo llaman en Suiza, quizá por eso  se persigue en alguna región) de tendencias globales: la <em>sociedad de 24 horas </em>(el  fluir de capitales, productos y consumo sin horario); la conversión del  ocio en un sector básico (una parte del ocio, el turismo, supone el 10%  del PIB); la influencia y poder creciente de las multinacionales del  alcohol; la ampliación de la <em>placenta social</em> (la progresiva  extensión del periodo de maduración en nuestra especie, lo que no tiene  nada que ver con las prédicas sobre la vida muelle de los jóvenes); la <em>dimisión parental</em> (dejación del ejercicio de autoridad por los progenitores); y la  degradación del Estado del bienestar, que deja sin espacios a los  jóvenes. Y ahora la generación de padres que ha apoyado electoralmente  el adelgazamiento del Estado espera que la tríada  escuela+televisión+policía les resuelva la papeleta de educar, dotar de  valores y controlar a sus hijos.</p>
<p>Nos ha tocado a los sociólogos racionalizar el <em>problema.</em> A lo largo de los años, en cada innovación (macrobotellón, <em>botellónsms,</em> <em>facebotellón</em>…),  cada nuevo país (Italia, Portugal, Francia, Suiza, Alemania…), región o  ciudad en que brotaba, los medios de comunicación y los políticos  inteligentes han buscado al sociólogo como <em>counselor, </em>y la  sociología ha estado a la altura (salvo cuando ha ejercido de  legitimadora de la represión). Donde unos veían molicie, otros han  valorado que la juventud innovase una forma de ocio autogestionada por  la que se apropian de espacios socialmente improductivos para  encontrarse y compartir música, alcohol sin adulterar (y otras drogas,  claro), confidencias y planes. Por supuesto que tiene efectos  indeseados: el más grave, la presencia y consumo de alcohol por menores  de edad, pero también conflictos con el vecindario que desea descansar, y  vandalismo.</p>
<p>Desde el principio, hay dos tipos de respuestas. La represiva la fundamenta el PP en el 2002, cuando el ministro del Interior (Rajoy) anuncia  una normativa que prohíbe beber en la calle (terracitas aparte), a la  que se apuntaron Madrid, Bilbao, Barcelona, etcétera. Regiones y  ciudades en donde hoy siguen vivos no ya los conflictos vecinales, sino  incluso las algaradas callejeras.</p>
<p>La institucionalista la marca el Gobierno de Ibarra en Extremadura. En el 2001 encarga un informe urgente, y en el 2002  pone en marcha uno de los más complejos proyectos de  investigación-acción realizados en España, que incluye un debate social  en el que participan la inmensa mayoría de las familias y escolares de  la región, mediante encuestas, cuestionarios de autoreflexión en el  hogar (más de 25.000 recogidos), y 600 debates en todos los centros  educativos, del que surge la idea de abordar el asunto a través de la  regulación. Así, la ley de convivencia y ocio (2003) persigue lo  perseguible: el consumo de alcohol por menores (con sanciones de 30.000 a  600.000 euros para quienes les vendan) y las molestias al vecindario  (se obliga a los ayuntamientos a señalar espacios lejos de las viviendas  para la práctica del botellón). Y se acompaña de espacios de creación  joven, en las ciudades, para quienes quieren un ocio creativo. Salvo en  Badajoz (única ciudad en la que el Ayuntamiento del PP permite que el  botellón se siga celebrando junto a viviendas), el conflicto ha  desaparecido. Como en las otras regiones o ciudades en las que se ha  aplicado el modelo extremeño.</p>
<p>En una sociedad en la que el  alcohol es una droga legal exaltada incluso como símbolo sagrado de su  religión más extendida y las multinacionales financian proyectos para  «enseñar a beber» o esponsorizan a rutilantes estrellas mediáticas, es  hipócrita decir que el botellón fomenta el consumo de alcohol. Abórdese  el problema del alcohol en su sitio, si es que es un problema, pero sin  tomar el rábano por las hojas: el botellón es una práctica tan legítima  como las terracitas de la Castellana, los chiringuitos de Cádiz o las  discotecas para ingleses de Salou, en donde también hay menores, ruido,  molestias al vecindario, drogas, vandalismo y suciedad, o sea, el normal  residuo de la noche. Regúlese, por tanto. Con reflexión, sin represión.</p>
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		<title>Más rentabilidad que calidad</title>
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		<pubDate>Sun, 17 Apr 2011 17:38:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Infancia]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Mauricio Bach</strong>, crítico literario y traductor (LA VANGUARDIA, 17/04/11):</p>
<p>Basta pasearse por la sección infantil de cualquier gran librería para  darse cuenta de hasta qué punto las novedades desbordan el espacio  asignado. La imagen expresa una realidad cuantificable: durante los  últimos años, en plena crisis, este es uno de los sectores de la  industria del libro que más ha crecido. Si tomamos las cifras del  Anuario de literatura infantil y juvenil que publica la Fundación SM,  entre el 2007 y el 2009 el libro para niños ha tenido unos crecimientos  anuales en venta de ejemplares de entre un &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/34676/mas-rentabilidad-que-calidad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Mauricio Bach</strong>, crítico literario y traductor (LA VANGUARDIA, 17/04/11):</p>
<p>Basta pasearse por la sección infantil de cualquier gran librería para  darse cuenta de hasta qué punto las novedades desbordan el espacio  asignado. La imagen expresa una realidad cuantificable: durante los  últimos años, en plena crisis, este es uno de los sectores de la  industria del libro que más ha crecido. Si tomamos las cifras del  Anuario de literatura infantil y juvenil que publica la Fundación SM,  entre el 2007 y el 2009 el libro para niños ha tenido unos crecimientos  anuales en venta de ejemplares de entre un 11 y un 14 por ciento,  mientras que en el global del mundo editorial las tasas de crecimiento  se han mantenido entre un 2 y un 3 por ciento. Sin embargo, la crisis  también se nota y según el último anuario, que acaba de aparecer, en el  2010 las ventas bajaron un 8,9 por ciento, aunque los títulos editados  se incrementaron un 3,5 por ciento, eso sí, con tiradas medias más  reducidas.</p>
<p>Pese al decrecimiento del último año, el libro  infantil y juvenil está en expansión. ¿Pero por qué este sector crece a  mayor ritmo que otros? Las explicaciones son varias. Hay que tener en  cuenta factores como el demográfico, el aumento del nivel cultural del  país o el peso que tienen en las ventas los libros de lectura escolar.</p>
<p>Pero para bien o para mal, todo cambió en 1997 con la publicación del  primer volumen de Harry Potter,una historia de sobras conocida, con  aires de cuento de hadas &#8211; una madre soltera en el paro que de la noche a  la mañana se hacía millonaria, un éxito estratosférico que nadie supo  predecir y que rompía todos los tópicos de que los niños no leen, que  ese libro era demasiado largo o que la temática era anticuada porque  recuperaba la fantasía de toda la vida-.</p>
<p>Además, la obra de J.  K. Rowling aportaba un elemento importante: la saga de libros que crea  lectores fieles. El primer volumen fue un superventas inesperado, pero a  partir de ahí la mercadotecnia se puso en marcha y convirtió cada nuevo  lanzamiento en un acontecimiento mundial. Lecciones del joven mago: los  niños sí que leen, y además con voracidad, si se les propone algo que  les entusiasma; las series enganchan y fidelizan lectores; si tenemos un  éxito, hay que exprimirlo al máximo sirviéndose de todos aquellos  mecanismos de promoción, es decir convertir la bola de nieve en un  auténtico alud.</p>
<p>Y así llegamos a otro fenómeno que también ha  hecho historia: Gerónimo Stilton.Si Harry Potter tuvo el encanto de lo  inesperado, en Stilton nada es fruto del azar. La anónima creadora del  personaje es Elisabetta Dami, hija de un editor italiano y que por tanto  conoce muy bien los entresijos del negocio. Literariamente el producto  no pasa de ser discreto, pero como brillante estrategia de marketing  gobernada con mano férrea por la agencia italiana que gestiona al  personaje debería estudiarse en nuestras escuelas de negocios junto con  el Nespresso.</p>
<p>¿Cuáles son las lecciones de Stilton?: el lector  infantil es muy permeable al marketing, lo cual permite grandes  operaciones de lanzamiento. Además, se exprime al máximo el producto:  libros con olores, la serie paralela de Tea, aventuras en cómic,  clásicos recontados por Stilton, libros para aprender inglés, cuadernos  de verano, muñecos, dibujos animados, y la propia agencia propietaria de  los derechos lanza nuevos productos con parecida estrategia, como el  murciélago Bat Pat. Y entre tanta creatividad italiana, una aportación  patria reseñable: el musical de Stilton, idea de Edicions 62, que lo  coproduce con Focus, en una nueva vuelta de tuerca para que el personaje  siga produciendo beneficios.</p>
<p>Y a partir de un éxito de ventas  como el del ratón periodista se produce la inevitable deriva editorial:  el mimetismo, y el mercado se llena de productos clónicos y mediocres  imitaciones. Algo que también ha sucedido con el otro gran fenómeno de  los últimos años, la serie Crepúsculo,literariamente nula, pero que ha  desatado una arrolladora moda vampírica.</p>
<p>Pero la buena noticia  de este crecimiento del sector nos debe llevar a otra pregunta: ¿las  ventas y la proliferación de títulos va en paralelo a una mayor calidad  literaria? Hace un par de décadas hubo en este país al menos dos  colecciones vinculadas a grandes grupos de una calidad altísima: la de  Alfaguara dirigida por Michi Strausfeld y la de Austral dirigida por  Felicidad Orquín. Hoy el mercado ha cambiado mucho y la apuesta  estratégica por la literatura infantil de los grandes grupos se rige más  por el volumen de producción y la rentabilidad que por los criterios de  calidad.</p>
<p>Sin embargo, quien busque exigencia literaria,  creatividad y riesgo, los encontrará en pequeñas editoriales de ventas  más modestas como Barbara Fiore Editora, Kalandraka, Corimbo, Lóguez,  Thule, Kókinos, Almadraba, Oqo, A buen paso o El zorro rojo.</p>
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		<title>Juventud, maldito tesoro</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/33598/juventud-maldito-tesoro/</link>
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		<pubDate>Sat, 19 Feb 2011 14:02:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Sánchez Ron</strong>, miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid (EL PAÍS, 19/02/11):</p>
<p>El pasado es patrimonio del recuerdo y fuente de experiencia. El  presente, el fugaz hogar en el que vivimos, que se nos escapa sin que  podamos retenerlo. Y el futuro es un territorio extranjero que todos  queremos visitar, y para el que nos esforzamos en prepararnos aunque no  estamos seguros de cuán lejos podremos adentrarnos en él; solo sabemos  que será el país en el que morarán los que vienen detrás de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33598/juventud-maldito-tesoro/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Manuel Sánchez Ron</strong>, miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid (EL PAÍS, 19/02/11):</p>
<p>El pasado es patrimonio del recuerdo y fuente de experiencia. El  presente, el fugaz hogar en el que vivimos, que se nos escapa sin que  podamos retenerlo. Y el futuro es un territorio extranjero que todos  queremos visitar, y para el que nos esforzamos en prepararnos aunque no  estamos seguros de cuán lejos podremos adentrarnos en él; solo sabemos  que será el país en el que morarán los que vienen detrás de nosotros.</p>
<p>Pienso en esto mientras leo las encuestas que señalan que España  tiene la tasa de paro más alta de la Unión Europea para menores de 25  años: algo más del 40%. Y enlazo esta noticia con la recientemente  acordada ampliación de la edad de jubilación. ¿Cuándo llegarán a tener  derecho a esas jubilaciones esos jóvenes que se adentran en la treintena  sin haber podido cotizar a la Seguridad Social, o habiéndolo hecho  durante muy poco tiempo? ¿De qué futuro serán ciudadanos?</p>
<p>Algunos,  cada vez más, de un futuro en otras tierras. Estoy pensando en las  ofertas de trabajo que otros países (notablemente Alemania) están  haciendo a nuestros jóvenes. Y ahora es diferente a otros tiempos;  ahora, exportamos personas en cuya formación España ha gastado  cuantiosas sumas y puesto esperanzas: la esperanza de un futuro mejor,  más próspero.</p>
<p>&#8220;Prosperidad&#8221; es una palabra poliédrica, engañosa.  Vivimos durante unas décadas prosperando; una vieja nación que retomaba  con energía su camino tras casi medio siglo retrasada. Retrasada en lo  político, pero también en aquello que más contribuyó a configurar el  siglo XX: la ciencia y la tecnología.</p>
<p>Aunque se ha hablado mucho  de esta cuestión, querría añadir aquí algunos detalles relacionados con  el asunto que me ocupa ahora, el de la juventud. Para ello, recordaré un  episodio de la historia de un centro científico de excelencia: el  Laboratorio Cavendish de Cambridge (Inglaterra). Fundado en 1871, este  laboratorio tuvo como primer director a James Clerk Maxwell (1831-1879),  una de las glorias de la ciencia universal. Cuando falleció, la  Universidad ofreció el puesto a otro científico sobresaliente, lord  Rayleigh (1842- 1919), pero en 1884 este dimitió: quería dedicarse a sus  investigaciones y poseía medios económicos suficientes para hacerlo de  forma privada. La Universidad anunció entonces que aceptaría candidatos  para el puesto. Se presentaron cinco candidaturas: Richard Glazebrook  (1854- 1935), Joseph Larmor (1857-1942), Osborne Reynolds (1842-1912),  Arthur Schuster (1851-1934) y Joseph John Thomson (1856-1940). A pesar  de no ser el más conocido ni el que contaba con más experiencia, el  elegido fue Thomson. Tenía entonces 28 años y daría décadas de gloria a  su Universidad. Bajo su dirección, el Cavendish se estableció como uno  de los laboratorios líderes en la física mundial (el propio Thomson  identificó allí, en 1897, al electrón como la carga eléctrica elemental,  un trabajo que le reportó el Premio Nobel de Física en 1906).</p>
<p>Lo  que hizo la Universidad de Cambridge es algo difícil, pero muy  importante: identificar el genio cuando este aún no ha eclosionado; el  genio que necesita de poder y medios para producir todo lo que lleva  dentro. La historia enseña algo que podemos comprender en bases  neurofi-siológicas y culturales: que en ciencia la creación de  conocimiento realmente original suele deberse a jóvenes. Isaac Newton  (1642-1727) identificó en 1666 algunos de los elementos básicos de la  ciencia que luego dotaría de una base más estructurada; Évariste Galois  (1881-1832) y Hendrik Abel (1802-1829) murieron, cuando apenas se habían  abierto a la vida, dejando tras de sí una obra que revolucionó la  matemática; el <em>annus mirabilis</em> de Albert Einstein (1879-1955) fue  1905, cuando ni siquiera trabajaba en una universidad; Werner  Heisenberg (1901-1976) creó la mecánica cuántica, una de las grandes  construcciones científicas de la historia, con 24 años; y James Watson  (nacido en 1928) desentrañó, junto a Francis Crick, la estructura del  ADN en 1953. De Watson, precisamente, es la siguiente cita, que extraigo  de su último libro, <em>Prohibido aburrirse (y aburrir):</em> &#8220;Cuanto  mayor sea el científico que elijas para dirigirte la tesis doctoral, más  probabilidad habrá de que te veas trabajando en un tema que tuvo sus  mejores días hace mucho, tal vez antes de que nacieras. Hasta los  científicos maduros que aún conservan todas sus luces suelen empeñarse  en poner más ladrillos sobre una construcción que ya tiene suficientes  estancias&#8221;.</p>
<p>Al recordar hechos históricos como estos, pienso en  España y en las promociones de científicos e ingenieros que se han  graduado en nuestras universidades en las últimas décadas. Pienso que  esas promociones han producido los jóvenes mejor formados de la historia  de nuestro país. Algunos han logrado introducirse en el sistema  educativo e investigador, y también (menos, porque de estas existen muy  pocas) en industrias relacionadas con la I+D, pero rara vez, si es que  alguna, se les ha dado la autonomía, la responsabilidad y los medios  necesarios para que los verdaderamente sobresalientes puedan dar rienda  suelta a su potencial. Acaso por eso, porque se han desanimado con lo  que sucede con los que les preceden, puede que las nuevas generaciones  no sean igual de capaces. O no hemos sabido, o no hemos querido, hacer  lo que hizo Cambridge con Thomson. Nos hemos esforzado, eso sí, en  &#8220;recuperar cerebros&#8221;, tarea esta sin duda conveniente, aunque hasta  cierto punto. Porque aun siendo fenomenales científicos, sin que haya  que hacer otra cosa que agradecer su esfuerzo a los que han decidido  regresar (a tiempo parcial o completo), es preciso reconocer que esos  retornos suelen producirse cuando lo mejor de su producción científica  ya ha tenido lugar. Lo que hay que hacer es evitar que los Cirac,  Barbacid, Izpisúa u otros, emigren cuando aún han producido poco;  recuperarlos cuando hace tiempo que se han establecido es mucho menos  interesante, aunque ayude. Me acuerdo, en este sentido, de algo que  Severo Ochoa repitió con frecuencia cuando regresó definitivamente a  España: &#8220;He vuelto porque en Estados Unidos no quieren a los viejos&#8221;. Se  refería, claro está, al mundo de la investigación científica. Y creo  que entendía que ya podía aportar poco y que tenía que dejar su lugar a  otros más jóvenes.</p>
<p>En 2005 -es solo un ejemplo, pero importante  por su significado institucional-, el Ministerio de Sanidad y unas pocas  empresas españolas (Banco Santander, El Corte Inglés, Inditex, La Caixa  y PRISA) se unieron para &#8220;refundar&#8221; el Centro Nacional de  Investigaciones Cardiovasculares, dependiente del Instituto de Salud  Carlos III. Aun entendiendo que la naturaleza de este centro es  particular (la investigación traslacional tiene sus características  propias), no comparto algunas decisiones que se tomaron entonces, como  la del importante puesto que se dio en el organigrama del nuevo centro a  Valentín Fuster (al que, por supuesto, no hay sino que agradecer su  disposición), ni el que se firmase un convenio -que implicaba una  importante contribución económica por parte española- con el Hospital  Monte Sinaí de Nueva York, en el que trabajaba desde hacía mucho Fuster.  Hubiera preferido que se buscasen los jóvenes Thomson españoles y que  se les diese la oportunidad para mostrarse a sí mismos plenamente en un  centro bien dotado. Aun siendo importante disponer de buenas relaciones  internacionales, más lo es probar las propias fuerzas, aspirar a ser los  mejores. Porque si de lo que se trata es de generar riqueza a través de  la ciencia, para así ser un país menos dependiente, entonces no vale  únicamente con mejorar, hay que estar, ya, entre los mejores.</p>
<p>Si  todo sigue igual, muchos de nuestros jóvenes más capaces, los Thomson  potenciales, terminarán sino en el paro, frustrados, limitados o  contribuyendo permanentemente a la ciencia de otros países. Ya sé que  así se contribuye, finalmente, al acerbo científico común de la  humanidad, pero egoísta como soy para con mi patria, querría que este  fuese un hogar más propicio para la ciencia y, aún más, para sus  jóvenes. Si a esta nueva emigración -forzosa también- se le llama  &#8220;globalización&#8221;, entonces: ¡maldita globalización!</p>
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		<title>La juventud árabe, entre la exclusión y la espera</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Feb 2011 19:40:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=33322</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Tomás Jiménez Araya</strong>, profesor consultor del Máster de Derechos Humanos y Democracia-UOC y editor de <em>Población y Desarrollo en el Mediterráneo. Transiciones demográficas y desigualdades socioeconómicas</em> (EL PAÍS, 02/02/11):</p>
<p>La súbita erupción de la revuelta social de Túnez y Egipto, una  movilización popular encabezada por jóvenes -por cierto, de ambos  sexos-, ha girado el foco de la atención internacional hacia estos dos  países, percibidos como heraldos de posibles cambios modernizadores en  el mundo árabe.</p>
<p>Lo que está ocurriendo puede interpretarse como síntoma y a la vez  como consecuencia de procesos sociales protagonizados por los grupos de  población joven &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33322/la-juventud-arabe-entre-la-exclusion-y-la-espera/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Tomás Jiménez Araya</strong>, profesor consultor del Máster de Derechos Humanos y Democracia-UOC y editor de <em>Población y Desarrollo en el Mediterráneo. Transiciones demográficas y desigualdades socioeconómicas</em> (EL PAÍS, 02/02/11):</p>
<p>La súbita erupción de la revuelta social de Túnez y Egipto, una  movilización popular encabezada por jóvenes -por cierto, de ambos  sexos-, ha girado el foco de la atención internacional hacia estos dos  países, percibidos como heraldos de posibles cambios modernizadores en  el mundo árabe.</p>
<p>Lo que está ocurriendo puede interpretarse como síntoma y a la vez  como consecuencia de procesos sociales protagonizados por los grupos de  población joven ampliamente mayoritarios en todo el norte de África y  Oriente Próximo (región MENA, siglas en inglés), que son el resultado  acumulativo de una larga y profunda transición demográfica, iniciada  hace tres o cuatro décadas, mediante sucesivos descensos de la  mortalidad infantil y la fecundidad, con altos crecimientos de la  población en los periodos intermedios, en la cual Túnez ha ocupado un  lugar de avanzada.</p>
<p>En palabras del demógrafo libanés Youssef  Courbage, &#8220;la transición demográfica es un test de Rorschach de la  sociedad: revela sus dudas y sus certezas, los conflictos y las líneas  divisorias sociales y puede aclarar las relaciones entre el poder y la  población, los avances, la marginación y los límites de la cohesión  nacional&#8221;.</p>
<p>Por esta razón, para tratar de descifrar las claves de  esta &#8220;cólera política juvenil&#8221; tunecina y egipcia, manifestación de un  fenómeno latente en muchos países árabes, es conveniente tener en cuenta  la interacción de factores demográficos y sociales subyacentes.</p>
<p>La  región MENA se encuentra en la actualidad en el nivel más alto de una  &#8220;plétora juvenil&#8221;, compuesta por más de 100 millones de jóvenes de entre  15 y 29 años enfrentados a grandes desafíos en su transición a la edad  adulta. Estos jóvenes constituyen aproximadamente un tercio de la  población total y cerca de la mitad de la población en edad activa.</p>
<p>En  principio, la presencia de esta plétora juvenil ofrece una gran  oportunidad durante un periodo en el cual la población en edad activa  representa una amplia y creciente mayoría de la población total,  respecto a la población dependiente (niños y ancianos). Este &#8220;bono  demográfico&#8221;, generado por la reducción de las ratios de dependencia  económica, se produce en una fase de la transición demográfica que abre  la posibilidad de ampliar la participación laboral (en las edades en que  la productividad es máxima), incrementar las tasas de ahorro e  inversión e impulsar, en definitiva, un mayor crecimiento económico per  cápita, si se cuenta con un entorno institucional y político adecuado.</p>
<p>Sin  embargo, la gran mayoría de países árabes está perdiendo esta gran  ocasión histórica. En Túnez, debido a su inicio temprano de la  transición, la ventana de oportunidad se estaría cerrando durante esta  década.</p>
<p>De acuerdo a una amplia evidencia disponible  (especialmente los estudios de Tarik Yousef y Paul Dyer en el marco de  la Middle East Youth Initiative, http://www.shababinclusion.org), el  potencial transformador de esta plétora juvenil no se está aprovechando  adecuadamente y, lo que es aún más grave, la juventud árabe es en gran  parte una población socialmente excluida de ámbitos cruciales como la  educación, el empleo y la vivienda. Esta exclusión dificulta y dilata  extraordinariamente su inserción productiva y social en un largo periodo  de incertidumbre o de &#8220;espera&#8221;, con un riesgo y frustración crecientes.</p>
<p>Existe  una gran brecha disfuncional entre las competencias adquiridas por los  jóvenes de la región MENA, tradicionalmente orientadas al hipertrofiado  sector público, y las solicitadas por los nuevos mercados laborales en  el contexto de la reestructuración económica exigida por la competencia  global. El epicentro de la exclusión reside en el alto desempleo y  ocupación precaria de los jóvenes árabes. Se estima que, en promedio,  uno de cada tres jóvenes de 15 a 29 años está desempleado, y en países  como Egipto (el país más poblado) y Túnez superan con creces esta  proporción. Dado su elevado peso demográfico, los jóvenes representan  más de la mitad del total de desempleados de la región, en general de  larga duración, con mayor incidencia entre las mujeres.</p>
<p>El coste  económico de esta exclusión es enorme. Estimaciones del Banco Mundial  han cifrado el coste de la exclusión de las mujeres en los mercados  laborales de la región MENA en una pérdida del 25% de los ingresos de  los hogares y una reducción de la tasa de crecimiento de la economía  próxima al 1% anual. Por añadidura, en términos de desarrollo humano,  los costes sociales son muy superiores.</p>
<p>En este contexto, es  paradigmático que la chispa de la revuelta tunecina esté personificada  por la inmolación de un joven, precario vendedor ambulante y único  empleado de un hogar de ocho miembros.</p>
<p>Frustrados en sus  aspiraciones básicas de autonomía personal e independencia económica y  excluidos también de la participación política, por el gran déficit de  libertades y la represión existentes en toda la región, no es de  extrañar que los jóvenes árabes, hombres y mujeres, empiecen a  considerar que el largo periodo de &#8220;espera&#8221; se está acabando.</p>
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		<title>Alimentar la chispa emprendedora</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Oct 2010 22:09:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Luisa Alemany</strong>, directora de Esade Entrepreneurship Institute, doctora en Finanzas de la UCM y MBA por la Universidad de Stanford (LA VANGUARDIA, 31/10/10):</p>
<p>Múltiples estudios e informes, como el informe Cotec 2010, nos indican que entre los jóvenes españoles existe un déficit de iniciativa emprendedora. Sin embargo, es la sociedad en la que vivimos la que parece conseguir limitar al mínimo, y en algunos casos llegar a anular, cualquier intención de emprender que alguien pudiera tener al levantarse una soleada mañana de otoño.</p>
<p>Pero ¿qué significa emprender? En muchos casos, cuando se habla de emprender se asocia este &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/31878/alimentar-la-chispa-emprendedora/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Luisa Alemany</strong>, directora de Esade Entrepreneurship Institute, doctora en Finanzas de la UCM y MBA por la Universidad de Stanford (LA VANGUARDIA, 31/10/10):</p>
<p>Múltiples estudios e informes, como el informe Cotec 2010, nos indican que entre los jóvenes españoles existe un déficit de iniciativa emprendedora. Sin embargo, es la sociedad en la que vivimos la que parece conseguir limitar al mínimo, y en algunos casos llegar a anular, cualquier intención de emprender que alguien pudiera tener al levantarse una soleada mañana de otoño.</p>
<p>Pero ¿qué significa emprender? En muchos casos, cuando se habla de emprender se asocia este término con la creación de empresas. Este significado es correcto, aunque emprender va más allá. Emprender es tomar decisiones en la vida que, una vez definidos nuestros objetivos de futuro, nos permitan llegar allí donde soñamos. Emprender es, por tanto, soñar y ponerse manos a la obra para alcanzar ese sueño. En muchos casos no llegaremos, pero el mero hecho de intentarlo nos hará acercarnos más a él.</p>
<p>En general, asociamos el término emprendeduría con los jóvenes, especialmente los de esta generación, porque se espera de ellos que sean el motor de la economía de los años venideros. ¿Cuándo dejamos de emprender? Los estudios indican que en las edades más tempranas de nuestra vida somos creativos, innovadores y tenemos iniciativa. Entonces, ¿qué es lo que sucede en España, y en muchos otros países europeos? ¿Por qué salimos tan mal en los rankings de entrepreneurship?</p>
<p>Porque cambiar la orientación emprendedora de una sociedad no se consigue de un año para otro. Las políticas orientadas a fomentar la iniciativa emprendedora no dan sus frutos en el corto plazo. Tampoco son muy eficientes las que sólo se enfocan en uno de los problemas que se identifican cuando se pregunta a los jóvenes por qué no crean empresas, el de la financiación. Insisto: la creación de empresas es una manifestación de la iniciativa emprendedora pero no la única, y lo que hace falta es un cambio de mentalidad, en los valores de la sociedad.</p>
<p>Es necesario ganar en optimismo, no tener miedo a arriesgar, y ver el fracaso, como sucede en algunos países, como Estados Unidos, como una lección aprendida.No hay nadie que sepa más de un tema que aquel que lo ha intentado con todas sus fuerzas pero que no lo ha conseguido. Seguro que si vuelve a tener una oportunidad no cometerá los mismos errores.</p>
<p>Y, especialmente crucial, cambiar de héroes.En este sentido, los medios de comunicación ejercen un papel muy importante. En nuestra sociedad contamos con grandes empresarios, científicos, emprendedores sociales, médicos, arquitectos, la gran mayoría de ellos totalmente desconocidos para la ciudadanía. En cambio, contamos con un sinfín de celebrities en horarios prime time y en portadas y reportajes de revistas.</p>
<p>El esfuerzo, el tesón y las ganas de tener un impacto transformador positivo en la sociedad no parecen ser lo que más se valora.</p>
<p>¿Pero cómo nos ponemos manos a la obra? ¿Cómo cambiamos la mentalidad de toda una sociedad para que en el futuro los jóvenes tengan grandes dosis de iniciativa emprendedora, de creatividad y ganas de innovar?</p>
<p>Los estudios y casos de éxito parecen indicar que la educación primaria y la familia tienen un gran papel. En un país como Finlandia, por ejemplo, la formación en entrepreneurship comienza desde la misma guardería. ¿Desde la guardería?, se preguntarán muchos de ustedes. Pero ¡si en la guardería sólo juegan, cantan y pintan garabatos! Bueno, sí, pero se pueden enfocar las actividades a un objetivo muy concreto, que aun disfrutando del juego se pueda percibir otro horizonte más lejano de consecución de unos objetivos. Hemos de pensar instrumentos que motiven a los jóvenes en matemáticas, por ejemplo, que, tal como indica el reciente informe de competitividad del World Economic Forum 2010, necesitamos mejorar con urgencia.</p>
<p>Es de suma importancia abrir la creatividad, en lugar de cerrarla. Apoyar a los niños en aquello que son buenos, sin intentar limitarlos al camino tradicional. Incluir asignaturas prácticas y útiles en la vida, como la contabilidad, que a todos asusta yque en realidad es bien sencilla (además de necesaria, incluso para llevar nuestra economía familiar). O aprender a explorar nuevas oportunidades, sean estas en el ámbito de los negocios o de la misma vida.</p>
<p>La clave del cambio se halla en la escuela, en la educación durante las primeras etapas de la vida. Es en la escuela donde debemos invertir para que la chispa emprendedora, que todos llevamos al nacer, se quede dentro y se haga cada vez más grande.</p>
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		<title>Amar la duda</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Oct 2010 09:28:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona y premio Espasa de Ensayo 2010 por su libro <em>Amo, luego existo. Los filósofos y el amor</em> (EL PAÍS, 26/10/10):</p>
<p>Al ignorante, por su condición de tal, todo debería sorprenderle y, sin  embargo, nada parece venirle de nuevas. Pensaba en esta sencilla idea  hace algún tiempo, mientras veía distraídamente un programa de la  televisión pública catalana dedicado a las novedades semanales de la  cartelera cinematográfica de Barcelona. Tras informar de una película  (juraría que sobre vampiros) dirigida primordialmente al público  adolescente, el programa incluía un reportaje realizado a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/31800/amar-la-duda/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona y premio Espasa de Ensayo 2010 por su libro <em>Amo, luego existo. Los filósofos y el amor</em> (EL PAÍS, 26/10/10):</p>
<p>Al ignorante, por su condición de tal, todo debería sorprenderle y, sin  embargo, nada parece venirle de nuevas. Pensaba en esta sencilla idea  hace algún tiempo, mientras veía distraídamente un programa de la  televisión pública catalana dedicado a las novedades semanales de la  cartelera cinematográfica de Barcelona. Tras informar de una película  (juraría que sobre vampiros) dirigida primordialmente al público  adolescente, el programa incluía un reportaje realizado a la salida del  cine en el que se proyectaba el filme en cuestión. Las opiniones que, en  caliente, manifestaban los espectadores no llamaron mi atención hasta  que terminé por darme cuenta de algo que tendía a repetirse, y que me  desconcertó levemente. Los espectadores de mediana edad eran proclives a  destacar de lo que acababan de ver los aspectos que habían encontrado  diferentes o nuevos. Los más jóvenes, en cambio, no paraban de repetir  -con un cierto aire de suficiencia, no exenta de un rictus de ligero  fastidio (ya saben: elevación del labio superior por uno de sus  extremos)- la expresión &#8220;lo típico&#8221;, para resaltar el escaso impacto que  les había causado la película.</p>
<p>Descartada la hipótesis de que todos aquellos jóvenes fueran  rematados cinéfilos con un profundo conocimiento de la historia del  séptimo arte (hipótesis que debería complementarse con la de que los  adultos habían sido seleccionados por su entusiasta ignorancia acerca  del mismo asunto), la pregunta que de forma casi inevitable parecía  surgir era la del origen de lo que daba toda la impresión de ser una  tenaz resistencia por parte de los adolescentes entrevistados a dejarse  sorprender. Resistencia que parecía contradecir el tópico de la  infatigable curiosidad como rasgo constitutivo de las edades más  tempranas, de igual modo que pone en cuestión el que considera el  resabio escéptico como la determinación más característica de la  madurez.</p>
<p>Confieso que me entristeció la imagen de aquellos jóvenes  empeñados en mostrarse como si estuvieran de vuelta de todo. Quizá  hubieran mudado su actitud de saber que un joven resabiado es lo más  parecido a un anciano que apenas hubiera vivido, que tuviera un pasado  perfectamente vacío, y que, sin embargo, no dejara de apelar a la  autoridad de la experiencia acumulada a sus espaldas. Pero vivir  significa tener una determinada relación con lo que nos va ocurriendo, y  eso no es algo que nos venga dado, con lo que podamos contar de  antemano: necesitamos la colaboración de quienes nos precedieron en el  uso del pensamiento y de la vida, y que tuvieron la generosidad de  dejarnos el regalo del destilado teórico de su experiencia. Y, es  curioso, casi todos, desde Sócrates, coincidieron en algo: la pasión  teórica es la chispa que salta cuando entran en contacto la conciencia  de nuestra oceánica ignorancia y nuestra inagotable curiosidad. Con  otras palabras: la desesperada avidez por entender lo que nos pasa  constituye, sin duda, uno de los mejores legados que les podemos dejar a  las generaciones futuras.</p>
<p>Todo lo contrario, como fácilmente se  deja ver, de ese modelo de joven modelado con la forma de lo existente,  diseñado para enfundarse en lo real como en una segunda piel (ya saben:  eficiente y eficaz, rentable, competitivo, ambicioso, seguro de sí  mismo, etcétera.), que al gunos parecen empeñados en intentar producir.  Perfectamente insustancial e irreprochablemente adaptativo.</p>
<p>¿Son  estas las personas que podrían mejorar lo que ahora hay? Se equivocan  nuestros responsables políticos (tanto nacionales como autonómicos, por  descontado) y todos aquellos que tienen poder para tomar decisiones  acerca de lo que deben saber y cómo deben ser quienes hereden nuestro  mundo si piensan semejante cosa. Así solo conseguirán niños-viejos como  los aludidos al principio: tan satisfechos consigo mismos como incapaces  del menor estupor, de la más mínima perplejidad.</p>
<p>Pero si tales  responsables aspiran a algo diferente, si conservan algo de aquel anhelo  de transformación que antaño declaraban que constituía el norte de sus  vidas -y que ahora, cuando son invitados a echar la vista atrás, evocan  como el motivo fundamental de su dedicación a la política- lo tienen muy  fácil: lean filosofía y promuevan su lectura entre los jóvenes. Por un  motivo bien sencillo: no van a encontrar gente tan sólidamente ignorante  como los filósofos. Por eso son de fiar.</p>
<p>Obsérvese que intento no  reincidir en la retórica, tan cara a muchos de mis colegas, según la  cual constituimos algo parecido al último baluarte del pensamiento  crítico occidental ante la ofensiva homogeneizadora del mundo  globalizado y la imparable banalización de la sociedad de consumo. Hace  mucho que recelo de las enfáticas proclamas a favor de la capacidad del  discurso filosófico para impugnar la totalidad de lo existente, sobre  todo cuando las escucho en boca de según quienes, tan poco implicados  hasta el presente en transformaciones radicales de ningún tipo.</p>
<p>Me  conformaría con que los filósofos fuéramos capaces de difundir  actitudes más favorables hacia el pensamiento, hacia la reflexión, o  hacia la duda sin más. Y que lo hiciéramos movidos por la clara  conciencia de que es mucho lo que se encuentra en juego en esta batalla.</p>
<p>Nadie  se llame a engaño respecto al signo de las afirmaciones precedentes. No  hay en ellas sombra alguna de corporativismo, ni, menos aún, de esa  específica variante de deformación profesional que es la querencia por  lo especulativo como un fin en sí mismo. Horkheimer, en su momento, nos  advirtió de una inquietante posibilidad que ha terminado por tornarse en  amenazante peligro o, tal vez peor, en cruda descripción del lugar en  el que estamos. Escribió esta sencilla máxima: &#8220;El desprecio por la  teoría es el inicio del cinismo en la práctica&#8221;.</p>
<p>Los llamados a  decidir me admitirán el consejo: presten menos atención a asesores que  les reafirmen sistemáticamente en sus convicciones y escuchen más a  quienes tienen dudas. Seguro que aprenderán de ellos, entre otras cosas  porque no hay otra manera de aprender.</p>
<p>De lo contrario, corren el  peligro de terminar como los adolescentes de la anécdota inicial y  acabar repitiendo &#8220;ah, lo típico&#8221; respecto a todo lo que les venga de  nuevas. Sin entusiasmo ni curiosidad alguna. Y, en esas condiciones, ni  entenderán el presente ni podrán ayudar a construir un futuro que  merezca la pena ser vivido.</p>
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		<title>Paro juvenil: la D-generación</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Aug 2010 20:25:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Mercado Laboral]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Chakir El Homrani</strong>, portavoz de Avalot-Joves de UGT de Catalunya (EL PERIÓDICO, 20/08/10):</p>
<p>Hay muchas maneras de denominarlos: los <em>ni-ni,</em> la generación  perdida, la generación de la incertidumbre, los otros jóvenes&#8230; pero  todos ellos forman parte de la D-generación. Son muchos los datos que  muestran clara y duramente que es la generación que invertirá una  tendencia que considerábamos natural. No viviremos mejor que nuestros  padres. Una generación que irrumpe en el escenario público cíclicamente  por la crueldad de una estadística que no perdona en nada: paro (37,1%),  temporalidad (45,9%), abandono escolar (31,7%), edad de emancipación  (29 años)… Esta &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/31065/paro-juvenil-la-d-generacion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Chakir El Homrani</strong>, portavoz de Avalot-Joves de UGT de Catalunya (EL PERIÓDICO, 20/08/10):</p>
<p>Hay muchas maneras de denominarlos: los <em>ni-ni,</em> la generación  perdida, la generación de la incertidumbre, los otros jóvenes&#8230; pero  todos ellos forman parte de la D-generación. Son muchos los datos que  muestran clara y duramente que es la generación que invertirá una  tendencia que considerábamos natural. No viviremos mejor que nuestros  padres. Una generación que irrumpe en el escenario público cíclicamente  por la crueldad de una estadística que no perdona en nada: paro (37,1%),  temporalidad (45,9%), abandono escolar (31,7%), edad de emancipación  (29 años)… Esta tozuda estadística se hace más dolorosa al compararla  con los datos de otros países europeos y al situarla en una perspectiva  temporal. Estamos en la cola de Europa en casi todo: trabajo, formación y  emancipación. Únicamente nos situamos en el <em>top</em> de los primeros en el precio de la vivienda.</p>
<p>Es  el futuro de nuestro país –sobre el presente es preferible no hablar ni  reflexionar, fluye constantemente– para bien y para mal. Algunos  dejaron los estudios y entraron en el mercado laboral, atraídos por  trabajos de baja cualificación y escaso valor añadido, pero que les  permitían estar al día. Los demás han estudiado, estudiado y estudiado:  carreras, posgrados, másteres… para salir al mercado laboral casi con 30  años y encontrarse con que todos estos años tienen poco valor. En  medio, algunos han triunfado con más o menos dificultades.</p>
<p>Ahora,  los primeros (los que dejaron los estudios o acabaron los obligatorios y  se pusieron a trabajar) están siendo expulsados de todas partes. Han  sido la cara más visible de la crisis: los primeros en verse barridos  del mercado laboral, y gratis. Es lo que tiene la precariedad, una  lección que no han aprendido nuestros poderes públicos, como demuestra  la reforma laboral. Estos jóvenes ven que la crisis tiene poco de breve y  que se alarga una situación que llega a la desesperanza. No saben si  quizá solo pueden esperar ser el ejército de reserva de nuestra sociedad  una vez pase la crisis.</p>
<p>Los segundos (la generación mejor  formada de nuestra historia) ven que la ecuación sobre la que han  construido su realidad es errónea: esfuerzo más formación no es igual a  éxito. Tardan más de un año en encontrar trabajo, y el que encuentran no  tiene nada que ver con aquello a lo que aspiran. Es subempleo con bajos  salarios y alta temporalidad. Para ellos, lo más duro de todo es tomar  conciencia de que el itinerario vital estudios-trabajo-emancipación es  un fraude y que hoy en día esa secuencia no existe. Empiezan a mirar a  Europa como salida de emergencia de un país que les ofrece trabajo en  condiciones deprimentes.</p>
<p>Tanto de los primeros como de los  segundos se ha acordado la reforma laboral. A los primeros se les  condena al salario mínimo hasta los 25 años, si con suerte encuentran  empleo, con los cambios establecidos en el contrato por la formación. A  los segundos se les condena a poder encadenar cuatro años de contratos  en prácticas, lo que significa llegar a la treintena cobrando entre el  60% y el 75% del sueldo de sus compañeros de profesión. En conjunto es  una gran mentira: no son contratos puente para entrar en el mercado  laboral y luego estabilizar la situación laboral. Porque, por ejemplo,  entre el 2006 y mayo del 2010, de todas las conversiones a contratos  indefinidos solo un 2,61% tuvieron como origen una de las citadas  modalidades contractuales. Y los jóvenes aún esperan que se aborden los  cambios que verdaderamente necesitan: los primeros, una reforma del  sistema educativo que permita recuperarlos y a la vez evite que más  personas de esas edades entren en la misma situación; y los segundos, un  cambio del modelo productivo que les permita tener oportunidades dignas  en el mundo del trabajo.</p>
<p>Mientras, nos perdemos en un debate  maniqueo, de blancos y negros, sobre si la responsabilidad de esta  situación es individual –es decir, de cada joven– o colectiva, de todos.  Y así, los primeros parece ser que pierden todas las esperanzas sin  encontrar ninguna mano que les ayude. Y los segundos se van cansando de  la situación y empiezan a marchar de nuestro país. ¿Cómo va a funcionar  una sociedad que no permite la autonomía de los jóvenes trabajando ocho  horas al día, cinco días por semana? ¿Cómo puede funcionar una sociedad  donde eres precario hasta los 35 años y donde, si te quedas en paro,  vuelves a ser colectivo de riesgo a partir de los 45 años? ¿Cómo puede  funcionar una sociedad donde solo tienes 10 años de tu vida laboral sin  ser colectivo de riesgo?</p>
<p>Los que están aprobando la reforma  laboral para precarizar más el mundo del trabajo y no tienen como  prioridad a nuestros jóvenes deben ser conscientes de su responsabilidad  en esta bomba de relojería a la cohesión social de nuestro país. Desde  Avalot y la UGT llevamos presentando el informe sobre los <em>otros jóvenes</em> desde el 2005: la evolución ha sido de 65.900 a 154.000. Sobran  comentarios. Dejamos que el presente vaya pasando sin darnos cuenta de  que el futuro se oscurece a marchas forzadas.</p>
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		<title>Adolescentes con autonomía</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Jul 2010 18:48:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jaume Funes</strong>, psicólogo, educador. Autor de Educar en la adolescencia. 9 ideas clave (LA VANGUARDIA, 25/07/10):</p>
<p>Resulta fácil oír en boca de un adolescente: en mi casa me tratan como si todavía fuera pequeño. También es habitual que padres y madres se pregunten: ¿cuándo podemos y debemos dejarle tomar decisiones importantes? El primero hace tiempo que quiere volar solo. Los segundos sienten que todavía está &#8220;tierno&#8221;. Este pequeño dilema familiar se convierte en conflicto social general cuando un chico o chica de, por ejemplo, 15 años ha de tomar decisiones que suscitan preocupación en sus mayores. Cuando se &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/30794/adolescentes-con-autonomia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jaume Funes</strong>, psicólogo, educador. Autor de Educar en la adolescencia. 9 ideas clave (LA VANGUARDIA, 25/07/10):</p>
<p>Resulta fácil oír en boca de un adolescente: en mi casa me tratan como si todavía fuera pequeño. También es habitual que padres y madres se pregunten: ¿cuándo podemos y debemos dejarle tomar decisiones importantes? El primero hace tiempo que quiere volar solo. Los segundos sienten que todavía está &#8220;tierno&#8221;. Este pequeño dilema familiar se convierte en conflicto social general cuando un chico o chica de, por ejemplo, 15 años ha de tomar decisiones que suscitan preocupación en sus mayores. Cuando se arriesgan o cuando se saltan gravemente las normas y deseamos castigarlos. Cuando han de decidir sobre su maternidad, cuando los queremos encerrar para que no alteren la paz adulta. Al final, siempre la duda: ¿a qué edad?</p>
<p>Las respuestas siguen lastradas por dos conceptos: la madurez y la minoría. El primero de ellos es subsidiario de una concepción de la infancia como proceso de crecimiento y acumulación, según la cual hay un momento determinable en el que se han adquirido suficientes competencias. El segundo depende de la idea jurídica de la capacidad de obrar y de ser imputado, que las normas han de fijar en una u otra edad. Antes se es menor, después se es mayor.</p>
<p>Ese esquema dicotómico es inviable hoy, al menos, por tres grupos de razones. En primer lugar, porque, desde hace más de dos décadas, tenemos entre nosotros un nuevo ciclo vital obligatorio y largo que es la adolescencia. Pero todavía no hemos definido para qué sirve, cuáles son sus tareas y cuál es su estatus entre los ciclos adultos y las etapas infantiles. No vale decir que no es ni lo uno ni lo otro.</p>
<p>El segundo grupo de razones tiene que ver con la psicología de los ciclos evolutivos. Cada periodo, aunque tenga que ver con el anterior y el siguiente, tiene sentido en sí mismo. Tiene una lógica interna, unas necesidades propias, unas conductas singulares. No se es ni una miniatura adulta ni un proyecto de futuro, se es una realidad de presente (que puede condicionar el futuro). Estamos obligados a dar respuestas educativas, sociales, normativas, adecuadas a las características de cada etapa.</p>
<p>Finalmente, hace 20 años que la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de la Infancia estableció que los niños y niñas (0-18 años) debían ser considerados sujetos activos de derechos y no objetos que proteger. Estamos obligados a descubrir y considerar qué siente y desea un niño de 3 años en una ruptura familiar. Podemos discutir las condiciones, pero un adolescente ha de ser una persona con capacidad de autonomía.</p>
<p>Beber, hacerse un tatoo,tener una tarjeta de crédito, decidir sobre una intervención médica, etcétera son conductas que las normas regulan para edades adolescentes y con condiciones diferentes, sin que se pueda inferir un criterio común más allá de alarmas y estados emocionales del legislador. Para salir del atolladero, sugiero que adoptemos (y luego apliquemos a las normas) cuatro criterios:</p>
<p>1. La responsabilidad no es un concepto penal ni una exigencia adulta de buen comportamiento. Es una variable educativa. Significa que en todas las edades los niños y las niñas tienen derecho a respuestas adultas que les responsabilicen, que les ayuden a tomar conciencia de su conducta y de sus efectos. Con los adolescentes lo que debemos discutir es qué respuestas adultas son adecuadas a esa etapa y sirven para responsabilizarlos.</p>
<p>2. Entre los 12/ 13 y los 18 años ya no estamos en una etapa de tutela sino en un tiempo de construcción modulada de la autonomía. Han de poder decidir (teniendo en cuenta su realidad personal, su contexto de vida y la cuestión sobre la que han de decidir), han de poder equivocarse, han de poder aprender de sus equivocaciones.</p>
<p>3. Existen dos obligaciones adultas. Por un lado, poner redes (reducción de daños) para minimizar los efectos secundarios que van asociados a algunas de sus conductas (desde el acceso fácil al preservativo al saber cómo no han de usar una droga). Por otro, no olvidar que los castigos han de estar al servicio de la responsabilidad, no de las reacciones sociales de venganza. No hay impunidad porque no encerremos.</p>
<p>4. La verdadera autonomía es aquella que puede ser acompañada. No hay ningún adolescente que quiera que lo dejemos solo. Nos necesitan cuando han de tomar decisiones críticas. Nos necesitan para gestionar el proceso posterior de sus decisiones, de sus aciertos resignados y de sus equivocaciones. Pero no sirve un padre broncas ni un profesional que sólo transmite angustia por el futuro.</p>
<p>Ante una chica adolescente embarazada, la pregunta que el profesional debe poder hacer es: ¿en qué persona adulta confías? No discutamos sobre autonomía. Preocupémonos por cómo garantizamos el acompañamiento educativo de sus decisiones.</p>
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		<title>Queremos ser Holanda&#8230;</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Jun 2010 20:36:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Mercado Laboral]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Artur Mas</strong>, presidente de Convergència i Unió (EL PERIÓDICO, 08/06/10):</p>
<p>Justo aparecen nuevos datos sobre paro juvenil cuando, de la mano del  partido holandés D66, Convergència acaba de concluir un estudio sobre  cómo los Países Bajos afrontan el desempleo juvenil. Nuestro interés por  Holanda tiene que ver con el hecho de que, mientras nosotros tenemos  los índices más altos de paro juvenil de la Unión Europea, ellos tienen  los más bajos.</p>
<p>Las cifras que manejábamos cuando iniciamos el proyecto eran las del  primer trimestre del 2009. Los Países Bajos tenían un 6% de paro  juvenil. Catalunya, un 36,2%. &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/30321/queremos-ser-holanda/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Artur Mas</strong>, presidente de Convergència i Unió (EL PERIÓDICO, 08/06/10):</p>
<p>Justo aparecen nuevos datos sobre paro juvenil cuando, de la mano del  partido holandés D66, Convergència acaba de concluir un estudio sobre  cómo los Países Bajos afrontan el desempleo juvenil. Nuestro interés por  Holanda tiene que ver con el hecho de que, mientras nosotros tenemos  los índices más altos de paro juvenil de la Unión Europea, ellos tienen  los más bajos.</p>
<p>Las cifras que manejábamos cuando iniciamos el proyecto eran las del  primer trimestre del 2009. Los Países Bajos tenían un 6% de paro  juvenil. Catalunya, un 36,2%. En el primer trimestre del 2010 hemos  llegado ya al 40,01%, un crecimiento increíble si se tiene en cuenta que  en el 2007, justo antes de la crisis, Catalunya tenía <em>solo</em> un  13,23%. Definitivamente, no somos los Países Bajos del Mediterráneo que  algunos de nuestros próceres habían soñado.</p>
<p>Constatado el abismo  que nos separaba de Holanda, he querido seguir de cerca el progreso del  trabajo y saber las razones de este inmenso <em>gap</em>. Nuestro paro, es  cosa sabida, tiene que ver con un sistema productivo –con excesiva  promoción inmobiliaria– que se ha colapsado con la crisis. Su  crecimiento desbocado también tiene que ver, y asimismo es cosa sabida,  con la falta de reacción de los gobiernos de los presidentes Zapatero y Montilla.</p>
<p>Más allá de esto, Holanda tiene muy poco  desempleo juvenil porque lucha contra él con una determinación digna de  resaltar. Una legislación, ampliamente compartida, impulsa a los parados  a formarse en nuevas habilidades, a buscar trabajo y no perpetuarse en  el cobro de subsidios. Agencias públicas dedicadas al trabajo social se  disputan fondos públicos en función de sus resultados. Los trabajadores  sociales tienen importantes incentivos económicos por cada uno de los  parados que consiguen que dejen de serlo. Hoy, en la inmensa ciudad de  Rotterdam hay 4.300 parados de entre 18 y 27 años. Todos ellos están  perfectamente localizados, se sabe de sus singularidades y  posibilidades. Todos, con o sin estudios, holandeses, inmigrantes o  hijos de inmigrantes, con o sin familia, algunos con problemas de drogas  o familiares, tendrán un entrenador que les orientará para que encaren  su vida hacia el empleo.</p>
<p>Si el diferencial de paro entre Holanda y  España-Catalu-</p>
<p>nya es tan diferente, tiene sobre todo que ver  con que ellos tienen un sistema educativo de gran calidad y muy  orientado a insertar a los jóvenes en el mercado, mientras que nosotros  tenemos un sistema en general poco preocupado por el mercado laboral.</p>
<p>Los diferentes informes PISA avalan los buenos resultados del  sistema educativo holandés frente al nuestro. En matemáticas, los Países  Bajos están en tercera posición; en ciencias, en el sexto. España está  en la posición 23 en los dos ámbitos. Catalunya, de computar, estaría un  poco mejor que el <em>ranking</em> general español, pero no demasiado. No  son los únicos datos donde andamos rezagados. En la economía global, el  conocimiento de lenguas –peculiarmente del inglés– resulta esencial.  Según cifras oficiales de la UE, los Países Bajos son, junto a Suecia y  Dinamarca, los que tienen un mejor nivel de inglés. Nosotros andamos en  el vagón de cola junto a Italia, Polonia, Rumanía y Bulgaria. Siendo,  como somos, un país turístico, el tema resulta especialmente grave.</p>
<p>En  las escuelas holandesas, lejos del espíritu poco exigente que en  algunas ocasiones campa en las nuestras, se valora el esfuerzo de los  estudiantes. Y ello no supone ni fracaso ni abandono escolar. Allá, la  formación profesional tiene todo el prestigio. La llaman Educación  Secundaria Preparatoria Aplicada (o, por sus siglas en holandés, VMBO) y  la cursan más del 60% de los holandeses de entre 12 y 16 años. Un  porcentaje importante estudia ingenierías y en universidades  politécnicas, de forma que muy pocos entran en lo que nosotros  entendemos propiamente como universidad.</p>
<p>SFlbMuy lejos, pues, de  nuestro modelo, en el que tenemos el triple de universitarios que de  estudiantes de FP, lo que genera que tengamos multitud de licenciados en  diversas materias en paro, pero que frecuentemente nos falten técnicos  bien formados para alguna de nuestras fábricas. Una situación que es  lógico que suceda porque, más allá de las declaraciones, nuestra  formación profesional, repartidas sus competencias entre los  departamentos de Treball y de Educació, no es prioritaria para ninguno  de los dos y, de esta forma, los resultados son desalentadores. En el  año 2009, solo el 54% de los alumnos de grado medio se graduaron,  mientras que en el 2003 fueron el 71%. Y tan grave como esto: en este  curso, en plena crisis, 2.500 personas se han quedado sin poder estudiar  FP por falta de plazas. La bondad de estudiar FP para la inserción no  solo la acreditan los holandeses. En Catalunya, cerca de un 90% de los  que tienen un graduado profesional encuentran trabajo, superando en  mucho al porcentaje de los licenciados.</p>
<p>Algunos parecen  resignados frente a estas cifras. Nosotros, sin embargo, no podemos  resignarnos con un problema que frustra expectativas de nuestra juventud  y echa a perder para nuestra economía una fuerza y una creatividad  increíbles. Pero lo haremos.</p>
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		<title>El adiós de Vicky Harrison</title>
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		<pubDate>Sat, 08 May 2010 16:52:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Mercado Laboral]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 08/05/10):</p>
<p>Ser joven se puede convertir en un  drama. Hasta ahora se interpretaba  como una aventura, como algo que se refería a la vida y a la audacia de  tenerlo todo por delante y acumular tan sólo las ganas de hacer cosas.  No hacía falta pelear, bastaba con vivir y eso suponía cierta capacidad  de decisión, de apuesta, incluso de riesgo. Por muy mal que estuviera  todo, había un momento para decir adiós a muchas cosas, y asumir aquel  tópico de que el futuro estaba al doblar la esquina y que nos esperaba.  Luego venía &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29901/el-adios-de-vicky-harrison/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 08/05/10):</p>
<p>Ser joven se puede convertir en un  drama. Hasta ahora se interpretaba  como una aventura, como algo que se refería a la vida y a la audacia de  tenerlo todo por delante y acumular tan sólo las ganas de hacer cosas.  No hacía falta pelear, bastaba con vivir y eso suponía cierta capacidad  de decisión, de apuesta, incluso de riesgo. Por muy mal que estuviera  todo, había un momento para decir adiós a muchas cosas, y asumir aquel  tópico de que el futuro estaba al doblar la esquina y que nos esperaba.  Luego venía otra edad y la melancolía, y hasta la convicción de que las  equivocaciones no consentían ningún margen al arrepentimiento. Es decir,  que daba igual, que arrepentirse o no importaba un carajo, porque la  suerte estaba echada y las más pequeñas de nuestras ilusiones se habían  transformado en errores y las grandes, ¡ay las grandes ilusiones! Pero  nuestra vida fue nuestra. Huérfanos de casi todo menos de nuestra  ambición.</p>
<p>El tiempo se ocupó de aquilatarla y así nos quedamos  pequeños como éramos, medio ignorantes, achicados, conformes muchos con  la circunstancia, frustrados casi siempre, y con un aire vago de haber  desaprovechado las mejores oportunidades y haber escogido siempre, o  casi, &#8211; ¡malditos los casi,de obligado cumplimiento a la excepción, allí  donde no hay regla!-lo que queríamos o nos parecía más seguro. Somos,  fuimos, la última o la penúltima generación de la voluntad de poder,  probablemente.</p>
<p>Porque el poder a que nos referíamos no tenía  nada que ver con el Estado, ni con las finanzas, ni con las ayudantías  de cátedra con derecho a corrimientos de escala, ni siquiera con  asesorar a los alcaldes. Poder era sencillamente decidirse por algo.  Poder ser algo, por decirlo sin ninguna retórica. El que se quedó en  empleado de banco, técnico electricista, redactor de anuncios por  palabras o vendedor de ropa al por mayor podía haber hecho otra cosa de  su vida y él lo sabe. Otro asunto es que se atreva a reconocerlo. Por  eso quizá escribió el poeta aquellas cosas sobre los veinte años, y  Rimbaud, y los amaneceres con algunos gozos y muchas sombras.</p>
<p>Eso  fue antes. Ayer quizá. Hoy ser joven se ha convertido en un drama con  muy escaso margen para la aventura. Lo digo contemplando la foto  sonriente de Vicky Harrison, de 21 años, nacida en Darwen, en el condado  de Lancashire, que dicen es lugar muy hermoso del noroeste de  Inglaterra, y que hace apenas un mes se sentó ya bien entrada la noche  en el sillón de la sala de estar, allí donde imagino habría un televisor  encendido, esperó a que sus padres se acostaran y echó mano del frasco  de pastillas. ¿Cómo lo hizo? ¿De tres en tres? ¿Ayudándose de una  cerveza? Podría haber sido con limonada, pero frente a lo que la gente  pueda creer, no da lo mismo. Porque morirse es el único acto humano que  está demostrado que es irreversible, y aunque dure segundos, horas o  días, no cabe decir nunca que es irreflexivo. Uno se mata porque ha  llegado a la conclusión de que no merece la pena seguir viviendo, y es  un derecho inalienable de la persona humana. Es el único derecho que ha  tenido la humanidad desde siempre y que nunca ha sido incluido en  ninguna legislación, que yo sepa.</p>
<p>Hubiera querido saber más de  Vicky Harrison, porque los suicidas, tengan ochenta años o dieciséis,  acumulan mucha vida. Según sus padres, que la encontraron a la mañana,  muerta, medio volcada en el sillón, acababa de recibir el rechazo número  doscientos a su solicitud de un trabajo. Lo había intentado todo, desde  lo que mejor se adaptaba a sus inclinaciones hasta lo más servil.  Supongamos que el padre exagera, que no fueron doscientos, sino ciento  cincuenta, o cien. ¿Cuántos currículos enviados? ¿Cuántas entrevistas?  Deberíamos describir con sumo detalle, pregunta a pregunta, los  interrogatorios a los que se somete un aspirante a un puesto laboral.  Esos tests elaborados por equipos de expertos en maldades y dobles  sentidos, auténticos canallas del gremio de la psicología, dedicados a  detectar cualquier asomo de personalidad como demérito. ¿Quién no ha  escuchado impertérrito que alguien le ha dicho a un joven que ese puesto  que desea cubrir está muy por debajo de su currículo? Como si se  tratara de un mercado de esclavos donde no tiene cabida ninguna persona  libre. Cuanto más libre más condenada a no encontrar trabajo. Sin  percatarse, abolieron la lucha de clases para volver a un estado  anterior, donde Espartaco al fin y al cabo apenas fue una novela que ya  nadie lee, un ballet difícil de ver y una película que se puede comprar  en DVD.</p>
<p>Importan los detalles. Siempre. La última carta de  rechazo, la que hacía cien o doscientas, era de una guardería. Todo un  filón para el sarcástico juego de las metáforas sobre la infancia y la  muerte. ¿Llegaron a entrevistarla? ¿Qué le preguntaron? ¿Si era capaz de  tener la paciencia de Job y sobrevivir en un arca de Noé llena de  niños? O más bien le preguntaron si aguantaría jornadas de doce horas.  Incluso podrían haberle dicho qué le parecía trabajar un mes a prueba,  sin cobrar, para saber de su aptitud para el puesto. No sería la primera  vez. A eso ahora se denomina &#8220;limitaciones del mercado laboral&#8221;. Pero  aunque sea el último, la guardería no es más que un incidente. Lo que  importa es la serie, el encadenamiento de circunstancias que la van  encerrando hasta quedar sola en un sillón, escribir tres cartas de  despedida e irse liquidando el frasco de pastillas. Eso lleva tiempo,  una eternidad de sufrimiento que va más allá de los doscientos rechazos  laborales. En la postal que le dejó a su novio aseguran que sólo hay una  frase. &#8220;No quiero seguir siendo yo misma&#8221;. No sé si es una mala  traducción del inglés, pero basta. ¿Qué había sido Vicky Harrison para  querer dejar de ser ella? Estudiante brillante, decidió marchar a  Londres para seguir una carrera de Medios de Comunicación. Cubrió el  primer año pero se desencantó y volvió a Darwen para hacerse maestra.  Con un padre carpintero y una madre discapacitada, necesitaba algo para  tirar adelante. Lo intentó pero fracasó. ¿Fracasó? No sé muy bien cómo  se puede escribir que alguien fracasó cuando no ha tenido ni la  posibilidad de intentarlo. Probablemente si en vez de ser una chica  fuera un chaval tendría alguna posibilidad de conseguirse algún dinero  en los márgenes del mercado laboral. El menudeo, por ejemplo. ¿Cuántos  adolescentes que hoy trapichean con maría o tripis serán mañana afamados  hombres de negocios? Nadie pregunta ya anadie cómo hizo sus primeros  cien mil euros.</p>
<p>Parece tal que si fuera un destino, y resulta  que se llama mercado. A los nacidos en las décadas  finales del siglo XX  les toca vivir la juventud como un drama. El hecho de que muchos lo  hayan interpretado como si se tratara de una comedia no resta fuerza a  la brutalidad. El fallecimiento reciente del novelista Alan Sillitoe me  ha traído a la memoria no sólo la generación aquella de los cincuenta,  los jóvenes airados, según la traducción libérrima que hicimos de angry  young men, y muy especialmente a un personaje protagonista de La soledad  del corredor de fondo.Apenas una evocación en la memoria de aquel libro  que contaba la historia de un delincuente de poca monta de similar  edad, país y clase social que Vicky Harrison. Un chaval que siempre  imaginaré con el aspecto del entonces joven actor Tom Courtenay, en una  interpretación colosal en la película del mismo título que hizo otro  airado de la época, Tony Richardson. Pero aquel adolescente que se hacía  llamar Colin Smith acumulaba tal resentimiento que fue capaz de  rebelarse de la manera más directa posible, más espectacular y  ostentosa, dejando en ridículo al poder y exhibiendo su superioridad en  una competición que no era la suya.</p>
<p>De aquella película que vi  hace muchos años, nunca olvidaré el travelling final del corredor de  fondo que era Courtenay-Smith. Una mezcla de gesto de rebelión y de  corte de manga a la sociedad de los que mandan. Quizá ahí esté la  diferencia con el desolador adiós de Vicky Harrison.</p>
<p>O quizá no,  y hoy un Alan Sillitoe, o un Tony Richardson de ahora mismo, contarían  cómo el protagonista de La soledad del corredor de fondo es el mismo  personaje, envejecido ya, pero estirado y pulcro, que les controla los  tests que no han de aprobar.</p>
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		<title>Jóvenes y política</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/29417/jovenes-y-politica/</link>
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		<pubDate>Sun, 28 Mar 2010 19:15:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Partidos Políticos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gabriel Alconchel Morales</strong>, director gral. Instituto de la Juventud (LA VANGUARDIA, 28/03/10):</p>
<p>Hay quienes piensan que la gente joven no está interesada en la política, o que es apática. Lo que no se dice es que estamos en un momento en el que los modelos tradicionales están cambiando y es la juventud quien trae nuevas herramientas para hacer política. Casi la mitad de los jóvenes de entre 15 y 29 años, un 48,8%, tiene o ha tenido relación con alguna asociación. El 27,5% dice pertenecer a alguna en la actualidad, y el 21,3% dice haber pertenecido a alguna &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29417/jovenes-y-politica/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gabriel Alconchel Morales</strong>, director gral. Instituto de la Juventud (LA VANGUARDIA, 28/03/10):</p>
<p>Hay quienes piensan que la gente joven no está interesada en la política, o que es apática. Lo que no se dice es que estamos en un momento en el que los modelos tradicionales están cambiando y es la juventud quien trae nuevas herramientas para hacer política. Casi la mitad de los jóvenes de entre 15 y 29 años, un 48,8%, tiene o ha tenido relación con alguna asociación. El 27,5% dice pertenecer a alguna en la actualidad, y el 21,3% dice haber pertenecido a alguna anteriormente. Es más frecuente la pertenencia a una asociación entre los chicos (33,8%) que entre las chicas (20,9%). Esto se explica, sobre todo, por su mayor vinculación con el asociacionismo deportivo.</p>
<p>Sus porcentajes de participación en partidos políticos son muy bajos, apenas del 1,3%. Es mayor conforme aumenta la edad y son más los chicos que las chicas quienes se afilian a partidos políticos (un 1,6% frente al 0,9%). La afiliación a sindicatos no es mucho mayor, un 1,5% dice estar afiliado actualmente. También aumenta con la edad y la diferencia por sexos muestra una mayor afiliación entre los chicos (1,8%) que entre las chicas (1,1%).</p>
<p>El 28% tiene o ha tenido vinculación con alguna organización voluntaria, un 10% colaborando actualmente y un 18% en el pasado. Al contrario que en el caso de las asociaciones, los partidos y los sindicatos, la actividad voluntaria es más frecuente entre las chicas (11,6%) que entre los chicos (8,6) y también mayor el porcentaje de chicas dispuestas a participar (45%) que el de chicos (38,5%).</p>
<p>La participación electoral es menor entre la gente joven, pero no tanto como se piensa. La encuesta postelectoral de las últimas elecciones generales muestra un mayor nivel de abstención entre la población joven (16,1%) que en el conjunto de electores (9,1%). Estamos hablando de siete puntos de diferencia. Estos datos no demuestran que la gente joven no cree en la política. De hecho, el sector juvenil muestra niveles más altos de confianza, eficacia política interna y competencia individual. La juventud quiere actuar y tiene claras las reglas del juego. Creen en la legitimidad de la democracia: ocho de cada diez jóvenes consideran que es preferible a cualquier otra forma de gobierno.</p>
<p>Si están de acuerdo con un modelo democrático y vivimos en democracia, ¿por qué no participan más? La forma de hacer política no se ha modernizado. La gente joven no se ve representada, no siente que sus preocupaciones sean las mismas que las de las personas que están en política. En las estructuras de poder, todavía hay mucho machismo y un cierto carácter gerontocrático que aleja a la juventud de la política. Para participar en los partidos, la gente joven reclama que sean más abiertos, más democráticos y que incorporen nuevas formas de participación más cercanas al ciberactivismo que a la militancia clásica. Los partidos evolucionaron desde partidos de clases y de notables a partidos de masas, a partidos cogelotodo,y la siguiente etapa será la del ciberactivismo. La calidad de la democracia y el decisivo papel de los partidos políticos para articular la voluntad popular están en juego.</p>
<p>Una democracia tiene sentido si es participativa. Y es aquí donde las nuevas tecnologías están ejerciendo un papel importantísimo. Las TIC han demostrado a los jóvenes que pueden tener acceso a la información, que pueden estar en su barrio o en cualquier ciudad del mundo, que pueden estar solos en casa o conectados con miles de personas a través de un ordenador. Por ello, no es de extrañar que el 61% piense que internet puede mejorar las posibilidades de participación de la gente y puede permitir que los ciudadanos hagan llegar a los responsables políticos sus opiniones; y el 58% cree que internet facilitaría el ejercicio del voto.</p>
<p>Las y los jóvenes usan las herramientas tecnológicas para hacer política. Han realizado hackmeetings,lo que permite la formación de grupos locales que derivan en hacklabs.Estos grupos representan parte significativa de la juventud activa y creativa, y la unión de tecnología y acción política.</p>
<p>La última semana de febrero, cerca de 800.000 jóvenes se reunieron en Tuenti para discutir sobre el plan Bolonia. Y qué decir de las performances programadas por internet a nivel mundial: una acción concreta que une a jóvenes de diversos países y que los hace pertenecer a un colectivo en un momento determinado para una acción determinada. No hay compromisos eternos, ni se adoptan colores políticos fijos. Los jóvenes se mueven y la política tradicional es demasiado estática para su gusto.</p>
<p>Quizá hemos estado haciendo las preguntas incorrectas o no hemos entendido las respuestas de las preguntas. ¿La juventud actual es apática, indiferente con la política? Sí y no. Sí con los modelos tradicionales, y no porque tiene mucho que decir, mucho que demandar y mucho que ofrecer. Es la más cualificada, la menos violenta, la más comprometida y la más solidaria que hemos tenido en los últimos tiempos. Y quieren hacer política.</p>
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		<title>Epidemia de suicidios entre los jóvenes</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 22:36:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sanidad y Salud Pública]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Rojas, </strong>catedrático de Psiquiatría  y Presidente de la  Fundación Rojas-Estapé para jóvenes con trastornos  de la personalidad,  con pocos recursos económicos (EL MUNDO, 19/03/10):</p>
<p>Acaba de  aparecer en el anuario del Instituto Nacional de Estadística (2009) que  la primera causa de muerte entre la gente joven es el suicidio, por  encima de los accidentes de circulación. El número de españoles que se  quita la vida ha crecido en un 31% en sólo 10 años. El tema es  inquietante. Decía Albert Camus, el filósofo existencialista: «Sólo hay  un problema filosófico realmente serio: el suicidio» <em>(el mito de  Sísifo)</em>.&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29369/epidemia-de-suicidios-entre-los-jovenes/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Rojas, </strong>catedrático de Psiquiatría  y Presidente de la  Fundación Rojas-Estapé para jóvenes con trastornos  de la personalidad,  con pocos recursos económicos (EL MUNDO, 19/03/10):</p>
<p>Acaba de  aparecer en el anuario del Instituto Nacional de Estadística (2009) que  la primera causa de muerte entre la gente joven es el suicidio, por  encima de los accidentes de circulación. El número de españoles que se  quita la vida ha crecido en un 31% en sólo 10 años. El tema es  inquietante. Decía Albert Camus, el filósofo existencialista: «Sólo hay  un problema filosófico realmente serio: el suicidio» <em>(el mito de  Sísifo)</em>.</p>
<p>El asunto es verdaderamente preocupante. ¿Qué está pasando,  qué ha sucedido en nuestra sociedad para que en la edad mas vital de la  existencia, tanta gente no quiera seguir en la aventura de la vida?</p>
<p>La infancia es la razón en reposo. La juventud es la  emotividad saltando con bravura dentro de uno. Cuando eres joven estás  lleno de posibilidades; cuando eres mayor estás lleno de realidades. El  problema es que hoy los jóvenes están perdidos, sin rumbo, bombardeados  por un sinfín de noticias, tirones, demandas, exigencias… y cada vez con  menos criterio. Hay mucha información, pero poca formación: es decir,  ideas claras, nitidez en los conceptos, comprensión de lo que está  pasando.</p>
<p><em>Educar es enseñarle al hombre lo que es la vida</em>.  Estamos en una era de progresos insospechados. Los avances habidos en  los últimos tiempos de la Historia de la humanidad son increíbles y  positivos. Y, al mismo tiempo, hoy y ahora el ser humano está más  perdido que nunca en lo esencial. Masas de gente sin rumbo, a la deriva,  desorientadas. ¿Cómo se manifiesta esto en la gente joven? Estar  desorientado es no tener respuesta a esas dos grandes cuestiones que yo  planteaba: <em>qué es el hombre</em>, por un lado, y <em>qué es la vida</em>,  por otro. No hay respuesta, porque no hay criterio, ni formación, ni  ideas claras sobre cuestiones fundamentales.</p>
<p>¿Cuáles son las principales causas y motivos que dan lugar a  esta epidemia de suicidios juveniles en España y en Europa?</p>
<p><strong>1.</strong><strong>Las depresiones en sus distintas  modalidades</strong>. La depresión es la enfermedad de la tristeza. El  paisaje interior está presidido por la melancolía, la pena, el disgusto  de vivir, la falta de ilusiones. En la gran mayoría de los jóvenes son  depresiones exógenas o reacciones depresivas. Están producidas por  impactos negativos de la vida. Pueden ser <em>macrotraumas</em>: hechos de  gran dureza, que marcan y van dejando una huella negativa, que conduce,  arrastra y lleva a estar en ese estado de ánimo. O los <em>microtraumas</em>:  que son vivencias negativas de menor intensidad, que sumadas una al  lado de la otra, forman una constelación que es como una rampa  deslizante, que lleva a estar depresivo.</p>
<p>Familias rotas y mal avenidas, ausencia de modelos sanos de  identidad, hechos no superados ni digeridos -como abusos sexuales,  padres alcohólicos, ejemplos demoledores de familias neuróticas-; en una  palabra: haber vivido ya desde edades muy tempranas situaciones de  agresividad, desequilibrio a su alrededor que han dejado una marca casi  imborrable.</p>
<p><strong>2.</strong><strong>Fracasos sentimentales. </strong>La  juventud es la edad de los grandes amores. De las mejores audacias y  osadías. Los sentimientos hacen de intermediarios entre los instintos y  la razón. Por eso hay que educarlos con especial cuidado. Veo cada vez  más relaciones afectivas demasiado tempranas (los jóvenes empiezan a  emparejarse desde los 15-16 años), lo que, por su misma condición, no  puede durar, y al mismo tiempo con la sexualidad en primer plano.</p>
<p>Se produce una cadena de desengaños. Decepciones,  desencuentros y todo un paisaje sombrío en una época de la vida en que  el extremismo está muy presente. Como psiquiatra, he visto intentos  autolíticos que arrancan de estas vivencias donde se mezcla un amor roto  en el que se había puesto una intensidad que no procedía, acompañado de  soledad, aislamiento, dificultades para comunicarse en profundidad con  un amigo o una persona de confianza. Y, de pronto, se hace balance  existencial precipitado y no se ve otra salida que quitarse uno de en  medio, creyendo que así se arregla todo rápidamente.</p>
<p><strong>3.</strong><strong>Los trastornos de la personalidad.</strong> Hoy se han multiplicado éstos, al haberse quebrado el tejido  socio-familiar y ante las nuevas coordenadas que han ido asomando en los  últimos tiempos. Es lo que he llamado la <em>tetralogía light</em>, que  está constituida por hedonismo, consumismo, permisividad y relativismo.</p>
<p>Los cuatro desajustes de la personalidad que con más  frecuencia intentan el suicidio son, por este orden: los<em> trastornos  mixtos</em> (aquéllos en lo que se da una mezcla de alteraciones), <em>la  personalidad límite, la histriónica y la obsesiva</em>.</p>
<p>En el<em> mixto</em>, el esquema resumido de este tipo de  sujetos en los que prosperan las ideas autodestructivas podría quedar  así: joven de 18 a 24 años aproximadamente que va mal en los estudios o  que tiene un trabajo con el que no se siente identificado, impulsivo,  inestable, con tendencia a convertir los problemas en dramas,  impaciente, con poca madurez de los sentimientos, que ha tenido algún  contacto con drogas más o menos esporádico y que va viendo su incipiente  biografía con escasos resultados positivos… Y que lo quiere casi todo y  de inmediato.</p>
<p>En el <em>límite</em> todo está presidido por la reacción en  cortocircuito. En el <em>histriónico</em>, lo que se quiere es llamar la  atención, sin buscar realmente la muerte. En el <em>obsesivo</em> lo que  sucede en que se va instalando una idea fija que no le suelta y le  atrapa en sus redes.</p>
<p><strong>4.</strong> <strong>La ansiedad y las crisis de pánico.</strong> Hay dos modalidades en esta vivencia. <em>La ansiedad generalizada</em>,  que es como estar envuelto en una red de temores difusos, etéreos,  desdibujados, imprecisos y de perfiles que parece que se escapan.Y las <em>crisis  de ansiedad o de pánico</em>: aquí la experiencia es breve, súbita,  inesperada, como si se tratara de una borrachera de ansiedad a lo  grande, en donde asoman tres espectros amenazadores cuando la intensidad  se hace mayor: temor a la muerte, temor a la locura y temor a perder el  control. Es muy dura y sobrecogedora y da lugar al miedo a que se  repita, lo que lleva a estar en guardia, al acecho, a un cierto estado  de vigilancia y anticipación expectante.</p>
<p>E<strong>N MIS LIBROS</strong> <em>Estudios  sobre el suicidio</em> y <em>Adiós depresión</em> he descrito la secuencia  de pasos que se dan en la acción suicida. Primero parece la<em> idea  suicida </em>que se va abriendo paso en el escenario mental; después, la  etapa de la <em>ambivalencia afectiva</em>, en donde existe un forcejeo  íntimo; más tarde, la <em>fase de las influencias informativas </em>(aquí  el oír que alguien ha intentado suicidarse o el hecho de un suicidio  consumado pueden ser determinantes) y, por último, la <em>decisión y el  paso al acto</em>. En cada uno de esos momentos es importante la posible  labor del psiquiatra, del psicólogo y, por supuesto, de la familia y de  algún amigo muy cercano. Las creencias religiosas son fundamentales y  constituyen un factor preventivo de primer orden.</p>
<p>Sólo puedo esbozar aquí algo de los llamados <em>suicidios  atípicos</em>, que son las <em>conductas de riesgo</em> (ir a gran  velocidad en un coche, jugándose uno la vida; comportamientos muy  atrevidos), <em>ordalías </em>(conductas en donde uno pone una prueba a  Dios para que <em>Él decida</em>…) y <em>el desinterés por vivir</em> (aquí  está el abandono, la dejadez, la apatía…). Y, por último, los <em>suicidios  enmascarados</em>, que son aquellos en los que todo queda camuflado,  como los <em>autocidios </em>o intentos de suicidio de los automovilistas  que prefieren escoger esta técnica para que su acción sea confusa; y las  <em>drogodependencias suicidas</em>, que se dan en personas que consumen  sustancias de forma crónica y que llevan una muerte en vida, con la  entrega a la adición a la cocaína, heroína y productos sintéticos.</p>
<p>¿Qué podemos hacer los psiquiatras y los psicólogos en tales  casos? Lo primero es detectar estas inclinaciones y tipificar un  diagnóstico correcto. Después, contamos con una <em>tetralogía  terapéutica</em>, que consiste en lo siguiente:</p>
<p>- <em>Farmacoterapia</em>: a base de antidepresivos,  ansiolíticos y sedantes. Aquí la pericia del médico es decisiva y va a  tener un papel de primer orden.</p>
<p>- <em>Psicoterapia</em>: pautas de conducta para enseñarle a  esa persona a interpretar su realidad de forma más sana, equilibrada y  positiva. En la edad juvenil, esto es fundamental. Arte y oficio. Saber  escuchar y sugerir comportamientos que reestructuren a ese sujeto y le  devuelvan la esperanza y las ilusiones por vivir.</p>
<p>- <em>Socioterapia</em>: muchos jóvenes están solos, sin apoyos  humanos. Hay que diseñar estrategias realistas y exigentes que le hagan  descubrir la importancia de la relación interpersonal y la amistad  verdadera.</p>
<p>- <em>Laborterapia</em>: se ha descrito el concepto de los <em>jóvenes  ni-ni</em>, aquellos que<em> ni estudian ni trabajan</em>: que flotan sin  asideros. Un trabajo, una ocupación, son aquí muy importantes.</p>
<p>Nuestra sociedad debe ser más sensible a esta realidad que es  el suicidio juvenil y mostrar un rostro más humano, no tan materialista  y racional. Superar las heridas del pasado es buena salud mental.</p>
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		<title>Juventud y desencanto</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Mar 2010 07:11:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Emilio Lamo de Espinosa</strong>, catedrático de Sociología, UCM (ABC, 15/03/10):</p>
<p>La historia de las sociedades es la historia del «trabajo vivo» de jóvenes y maduros que revitaliza el «trabajo muerto» de quienes se fueron, objetivado en obras, en cultura, también en instituciones. Los jóvenes, los herederos, pueden despilfarrar esa herencia o pueden multiplicarla. Pero lo que hagan dependerá de lo que nosotros hayamos hecho con ellos. Y me temo que no es nada positivo. Hablamos de algo más de nueve millones de españoles, el 21por ciento de la población. Pero ha sido una caída en picado, de modo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29309/juventud-y-desencanto/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Emilio Lamo de Espinosa</strong>, catedrático de Sociología, UCM (ABC, 15/03/10):</p>
<p>La historia de las sociedades es la historia del «trabajo vivo» de jóvenes y maduros que revitaliza el «trabajo muerto» de quienes se fueron, objetivado en obras, en cultura, también en instituciones. Los jóvenes, los herederos, pueden despilfarrar esa herencia o pueden multiplicarla. Pero lo que hagan dependerá de lo que nosotros hayamos hecho con ellos. Y me temo que no es nada positivo. Hablamos de algo más de nueve millones de españoles, el 21por ciento de la población. Pero ha sido una caída en picado, de modo que son pocos pero, además, van a menos. La nuestra es una sociedad envejecida en la que ya tenemos más abuelos que nietos: casi un millón más. Un problema al que no hemos sabido hacer frente y que se ha «solucionado» (sic) por la puerta de atrás, gracias a la emigración. (Por cierto, ¿es ésta la mejor solución? ¿No hubiera sido más prudente ayudar a los jóvenes a crear familias?). Pero es, por supuesto, la juventud mejor preparada que hemos tenido jamás. Cierto que hay pocos con educación secundaria, pero España produce tantos graduados universitarios en porcentaje de su población como Alemania, Francia o el Reino Unido. Casi uno de cada tres adultos jóvenes tiene estudios universitarios, y el porcentaje no para de subir.</p>
<p>Pocos y bien preparados, cierto, pero ¿cómo están siendo utilizados? La tasa de desempleo de los menores de 25 años es casi del 40 por ciento, el doble de la media, pero supera el 50 por ciento en algunas CC.AA. Y la tasa de temporalidad de los que están empleados es del 74 por ciento entre los más jóvenes y del 54 por ciento entre quienes tienen de 20 a 24 años ¿Es así como vamos a entrar en la economía del conocimiento, dejando fuera del mercado de trabajo a los más cualificados? Por supuesto, desde el paro o en la temporalidad no se pueden tener grandes proyectos. Un joven debería dedicar unos 2.600 euros al mes para poder comprar una vivienda, más del doble de lo que cobra. Y así, mientras que tan sólo el 5 por ciento de los jóvenes daneses o suecos obtienen recursos económicos de algún familiar, en España el porcentaje es del 34 por ciento. Si todos los jóvenes abandonaran la casa de sus padres -señala un informe de Caixa Cataluña-, más del 50 por ciento serían pobres. Estamos ante una marcada juvenilización de la pobreza, que no aflora porque la familia sigue siendo una de nuestras instituciones más sólidas. ¿Puede sorprender a alguien que en estas condiciones los jóvenes se desinteresen de la política? Pues los datos de desafección política de los jóvenes son preocupantes.</p>
<p>Según el último Informe de la Juventud, quienes aseguran que no tienen «nada» de interés por la política han pasado de un relevante 38 por ciento a un abrumador 50 por ciento en sólo cuatro años. Y más del 70 por ciento aseguran que «los partidos se critican mucho entre sí, pero en realidad todos son iguales», una de las expresiones que con más claridad define el desencanto político.</p>
<p>¿Son antisistema? Se supone que sí, pero nada más falso. Rechazan a ambos partidos, cierto, pero buscan otras alternativas. Hoy -son datos del CIS del barómetro de enero- el 77 por ciento de los jóvenes tienen poca o ninguna confianza en el presidente del Gobierno, y el 78 por ciento, poca o ninguna en el líder de la oposición. Resultados demoledores para ambos. Pero sorprenderá sin duda que ante la pregunta «¿cómo se definiría usted en política?» la mayoría de los jóvenes (el 24 por ciento) se definen como «liberales», casi el doble que la media de España (un 12 por ciento). Por el contrario, menos de un 10 por ciento se definen «socialistas», muy por debajo del 20 por ciento de media de España ¿Por qué «liberal»? Por lo mismo por lo que se definen de centro más que la media española: porque rechazan a unos y otros pero, en lugar de buscar una alternativa en los extremos, parecen haberla encontrado (por fortuna) en el centro liberal. (Por cierto, y por completar el cuadro, sorprenderá a más de uno saber que el 24 por ciento de jóvenes entre de 18 y 24 años votarían al PP, frente a un 16 por ciento que votarían al PSOE. Tomemos nota, pues, del vuelco generacional).</p>
<p>Lo evidente es que algo estamos haciendo muy mal cuando no conseguimos incorporar a esa juventud (moderada y bien formada) a la vida política y ciudadana. Por supuesto que los jóvenes tienen preocupaciones políticas, y son importantes. Era Jean Cocteau quien decía que los jóvenes saben lo que no quieren mucho antes de saber lo que quieren; es lógico. Pues bien, lo que nos están diciendo no es que no les interesa la política, sino que menosprecian un tipo de política partidista, cortoplacista en el tiempo y provinciana en el espacio, la política que menosprecia lo que ellos aprecian. Nos encontramos así ante un cruce interesante de expectativas y realidades que se vuelve visible si hacemos una comparación entre aquellos jóvenes que hace cincuenta años lideraron la transición y estos que ahora la reciben como envenenada herencia.</p>
<p>Aquéllos habían nacido en la posguerra, (años 40 a 50), justo durante o después de los años del hambre, padeciendo situaciones materiales duras y una economía de escasez, dificultad para acceder a los estudios, trabajos duros y repetitivos. Eran cohortes numerosas y crecientes cuyos valores se ajustaban a lo que los sociólogos llamamos «valores materialistas», en los que priman la austeridad, el trabajo, la seguridad, la disciplina, el ahorro. Tenían, además, escasas expectativas de futuro, que percibían sin grandes ilusiones e incluso con temor. Sin embargo, la vida fue muy generosa con ellos, progresaron aceleradamente, y se puede decir que aquellas generaciones -las de la transición- han vivido las últimas décadas muy por encima de sus expectativas.</p>
<p>Pero la relación entre expectativas y realidades se trunca en las actuales generaciones. Éstas han vivido en condiciones de progreso, con facilidad para acceder a los estudios o al trabajo, durante un periodo de abundancia, con expectativas fuertes y positivas de trabajos creativos. Por ello sus valores -como los de casi todos los jóvenes europeos- son «posmaterialistas», en los que priman la libertad, la expresión, la autorrealización, el consumo más que el trabajo. Valores de abundancia, no de escasez. Y, sin embargo, su realidad está siendo muy distinta, de modo que viven muy por debajo de las expectativas que hemos generado en ellos. Bajo el título «Las esperanzas rotas de la generación española», la revista Time denominaba recientemente a la juventud española como la «Generación Decepción».</p>
<p>Y esto es importante. Hace décadas que los sociólogos sabemos que la rebeldía -incluso las revoluciones- tienen más que ver con la frustración de expectativas que con las necesidades reales. Y los jóvenes sufren, sin duda, una notable frustración de expectativas que, me temo, va a continuar. Por ejemplo, no sería mala cosa que analizáramos el creciente endeudamiento público desde la perspectiva de la justicia intergeneracional. Lo normal es que los padres tratemos de solucionar los problemas de nuestros hijos con nuestro esfuerzo. Pero el endeudamiento es justo lo contrario, es solucionar nuestros problemas actuales con su esfuerzo futuro, generando una herencia de deudas, obligaciones y pasivos. Herencia envenenada la que les estamos dejando: una brutal crisis económica que impide su integración y los mantiene en una adolescencia forzosa, doblada de crisis política ante la que se manifiestan como espectadores irritados.</p>
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		<title>Los estudiantes en la escena pública</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Nov 2009 21:41:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aspectos Generales]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Francisco Fernández Buey</strong>, catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universitat Pompeu Fabra (EL PAÍS, 12/11/09):</p>
<p>Desde hace ya muchos años se viene diciendo que los estudiantes universitarios pasan de la política o la desprecian. Pero ¿realmente es así? Los estudios sociológicos que se han hecho en España y en otros países parecen confirmar esa impresión. Y lo que se escucha al respecto en las universidades parece ir en la misma dirección. La mayoría de los profesores universitarios que tienen contacto directo con los estudiantes fuera de las aulas estaría de acuerdo en que es así. Y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/27772/los-estudiantes-en-la-escena-publica/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Francisco Fernández Buey</strong>, catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universitat Pompeu Fabra (EL PAÍS, 12/11/09):</p>
<p>Desde hace ya muchos años se viene diciendo que los estudiantes universitarios pasan de la política o la desprecian. Pero ¿realmente es así? Los estudios sociológicos que se han hecho en España y en otros países parecen confirmar esa impresión. Y lo que se escucha al respecto en las universidades parece ir en la misma dirección. La mayoría de los profesores universitarios que tienen contacto directo con los estudiantes fuera de las aulas estaría de acuerdo en que es así. Y algunos de estos profesores lo han dicho en las últimas décadas, unas veces describiendo sin más lo que ven y lo que oyen en las universidades, y otras, con cierta preocupación por lo que consideran desafección de los jóvenes respecto de las instituciones democráticas. También yo he tenido experiencias en estos últimos años que van por el mismo camino. No hace mucho, al anunciar un curso sobre ética y filosofía política, varios estudiantes vinieron a preguntarme de qué iba a tratar en realidad, y ya antes de que empezara a describir el temario, me adelantaron: &#8220;Porque si va a tratar usted de ética nos matriculamos, pero si va a hablar de política no nos interesa&#8221;. Más claro, agua.</p>
<p>Y, sin embargo, quedarse en esta primera impresión o seguir repitiendo sin más precisiones el tópico de la despolitización de los estudiantes resultaría trivial. Deberíamos empezar por preguntarnos de qué estudiantes estamos hablando y de qué hablan los estudiantes cuando dicen que no quieren ni oír hablar de política. Pues, a poco que se investigue sobre la cosa, enseguida se da cuenta uno de que muchas personas de edad, dignidad y gobierno, que se quejan amargamente de la despolitización de los estudiantes universitarios, luego escriben aún más críticamente cuando los estudiantes salen a la calle protestando contra los planes económicos de los que mandan en el mundo, contra el Plan Bolonia o, por la acera de enfrente, contra la ampliación de los supuestos en la interrupción del embarazo o contra las medidas de control de las actividades de los jóvenes propugnadas por tales o cuales ayuntamientos.</p>
<p>Como es evidente que también estas manifestaciones son expresión de actitudes políticas y que en ellas participan muchos estudiantes, no será ocioso preguntarse si cuando decimos que los estudiantes universitarios están despolitizados, o que desprecian la política, no estaremos queriendo decir que no hacen nuestra política, o sea, la política que al patriarca que se queja le gustaría que hicieran. Teniendo en cuenta que la queja de los mayores, profesores o no, sobre la despolitización de los estudiantes está tan extendida como la crítica a las acciones politizadas de minorías estudiantiles que no nos gustan y a las que a veces se llama radicales o antisistema, la segunda pregunta que conviene hacerse es si esto que ocurre ahora es en verdad una novedad.</p>
<p>Yo creo que no, que no es una novedad. En los cuarenta y tantos años que llevo ya en la Universidad, primero como estudiante y luego como profesor, he escuchado tantas veces el mismo o parecido sermón de los mayores, primero sobre la despolitización de los jóvenes universitarios y luego sobre su mala politización, que tengo motivos para desconfiar de lo que ahora se presenta como novedad. Más bien me inclino a seguir considerando el asunto desde el punto de vista del conflicto entre generaciones, latente unas veces y agudo en ocasiones.</p>
<p>Hace 50 años los mandamases y las autoridades universitarias se dividían en dos: los que predicaban el fin de las ideologías y pretendían explicar con eso la despolitización de los estudiantes de entonces y los que, más o menos cínicamente, como el general Franco y sus acólitos, predicaban que había que hacer como ellos, o sea, no meterse en política. Unos y otros se vieron sorprendidos por lo inesperado: la revuelta estudiantil de 1968, que negó en la práctica el fin de las ideologías y negó también la forma autoritaria de hacer política diciendo al mismo tiempo que no se hacía.</p>
<p>Ya eso debería darnos una pista para interpretar lo que pasa hoy. Ahora, los portavoces del sistema político existente y buena parte de las autoridades universitarias no suelen decir ya a los estudiantes jóvenes que hagan como ellos, o sea, que no se metan en política, pero lo que les dicen es una variante de lo mismo, a saber: que no se metan en la política que están haciendo las minorías o que hagan política como mandan los cánones establecidos por quienes los han establecido, o sea, por los mismos que dan consejos. Se entiende que hacer política o meterse en política, según este discurso, tiene que ser necesariamente actuar en el marco del sistema de partidos políticos del arco institucional respetando normas, leyes, estatutos y reglas del juego instituidas por los mayores. Fuera de eso hay peligro (para la democracia). Y aunque quienes repiten eso son muchas veces personas cultas y leídas que se adornan con citas de los clásicos, invierten el célebre verso de Hölderlin: &#8220;Donde hay peligro no hay salvación&#8221;.</p>
<p>Los jóvenes universitarios (y no sólo ellos) perciben la actuación práctica del sistema de partidos realmente existente como una indecencia y el argumento de que hubo en el pasado indecencias mayores les suena a coartada. De manera que hay que ponerse muy cínico para decirles que actúen en política como están actuando los principales partidos políticos del arco institucional (aquí y en otros muchos sitios). Y el disco sobre <em>la otra forma de hacer política,</em> que siempre se les suele poner a los jóvenes cuando las cosas ya huelen demasiado mal o en los meses inmediatamente anteriores a las elecciones, está demasiado rayado para que alguien quiera oírlo en la época del MP3.</p>
<p>Por supuesto, siempre hay y ha habido estudiantes universitarios dispuestos a emular el cinismo de los mayores, a escuchar discos rayados o a tragarse sapos <em>cum grano salis</em> parecidos a los que se tragan los cínicos de provecta edad y con mando en plaza. Esos son los dispuestos a trepar desde jóvenes haciendo carrera en los principales partidos políticos del arco institucional. Pero si yo no estoy ciego (que podría ser), esos estudiantes son también pocos, una minoría, más minoritaria, desde luego, que la minoría estudiantil radical que realmente hace política hoy en día.</p>
<p>Por ahí se puede entrar ya al fondo del asunto. La mayoría de los estudiantes universitarios no quiere ni oír hablar de política en la acepción que esta palabra tiene hoy entre quienes hacen política institucional o profesionalmente. Pero, en cambio, muchos suelen escuchar con atención lo que se les dice sobre la acepción noble que la palabra <em>política</em> ha tenido en la historia desde los griegos, o sea, sobre la participación de los ciudadanos en los asuntos de la <em>polis</em> o sobre la política como extensión de la ética a la vida colectiva. Y se puede añadir que son bastantes los que, además, actúan en consecuencia. En este segmento hay que incluir no sólo a los estudiantes que actualmente denuncian la orientación principal de las políticas universitarias y elevan su voz crítica frente a medidas de las que disienten, sino también a muchos colectivos y asociaciones que, coincidiendo o sin coincidir en esta crítica, colaboran con organizaciones que dedican sus esfuerzos a la solidaridad con los excluidos, a la lucha contra el hambre, a la defensa de los derechos humanos, a la cooperación con los pueblos y culturas oprimidas, a organizar movimientos sociales críticos y alternativos o a trabajar en lo que se llama altermundismo.</p>
<p>Son estos estudiantes universitarios los que en realidad hacen política de otra manera. Muchos de ellos seguramente dirán a los sociólogos y encuestadores que no quieren saber nada de política. Pero hay que entenderlos: lo que en realidad están diciendo (y eso no siempre cabe en la respuesta a una encuesta) es que no les interesa la política que se hace habitualmente en el actual sistema de partidos políticos. Y no porque estén en contra de la democracia, sino precisamente porque quieren una democracia de verdad y desearían participar en un ágora limpia. Así que, en vez de echarles la bronca cotidiana y recurrente por su despolitización o por su mala politización, mejor sería escucharles y colaborar con ellos a la limpieza del ágora. Que falta hace.</p>
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		<title>Niñas: el aborto &#8216;no&#8217; es un asesinato</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 10:47:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Aborto]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Sexualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Elena Valenciano</strong>, diputada socialista y presidenta de la Fundación Mujeres (EL PAÍS, 04/11/09):</p>
<p>Prefiero empezar afirmando que comprendo muy bien la inquietud de algunas personas a la hora de abordar, a veces con poca información, una reflexión, una opinión o -lo más importante y general- un sentimiento sobre la interrupción voluntaria del embarazo en el caso de las adolescentes.</p>
<p>Pocos saben que España es uno de los países con la edad de consentimiento sexual (recogida en el Código Penal) más baja del mundo: 13 años. El inicio en las relaciones sexuales de nuestros adolescentes se produce, según la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/27668/ninas-el-aborto-no-es-un-asesinato/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Elena Valenciano</strong>, diputada socialista y presidenta de la Fundación Mujeres (EL PAÍS, 04/11/09):</p>
<p>Prefiero empezar afirmando que comprendo muy bien la inquietud de algunas personas a la hora de abordar, a veces con poca información, una reflexión, una opinión o -lo más importante y general- un sentimiento sobre la interrupción voluntaria del embarazo en el caso de las adolescentes.</p>
<p>Pocos saben que España es uno de los países con la edad de consentimiento sexual (recogida en el Código Penal) más baja del mundo: 13 años. El inicio en las relaciones sexuales de nuestros adolescentes se produce, según la estadística, a los 16 años, pero los últimos estudios especializados aseguran que conviene estar prevenidos a partir de los 13 o 14, tanto en el caso de los chicos como en el de las chicas <em>(3ª Encuesta sobre sexualidad y anticoncepción de la juventud española-2008</em>. Equipo Daphne en colaboración con Bayer Schering Pharma).</p>
<p>A pesar de que España es uno de los países europeos donde más se utiliza el preservativo (el 60% de los jóvenes), casi el 30% de los chicos reconocen que no siempre lo usan, elevando así la exposición al riesgo.</p>
<p>Los datos nos muestran que, en los últimos años, han aumentado tanto los embarazos como los abortos en mujeres adolescentes (de 1997 a 2007, la tasa de abortos en adolescentes se ha duplicado, según el informe sobre interrupción voluntaria del embarazo del Ministerio de Sanidad-España 2007).</p>
<p>Aunque muchos padres y madres prefieren pensar que sus hijas no están incluidas en todas estas estadísticas, lo cierto es que muchas chicas de 15, 16 y 17 años mantienen relaciones sexuales y, por tanto, pueden encontrarse con una situación no deseada y, generalmente, traumática a esa edad: un embarazo.</p>
<p>El objetivo de la sociedad adulta, de los poderes públicos, del sistema educativo y, sobre todo, de los padres y madres, debe ser evitarlo. Para ello, existen muchas fórmulas y medios; el fundamental es el diálogo, la conversación sin prejuicios, la información y la existencia de un espacio de confianza y respeto con las adolescentes. Todas esas herramientas son siempre mejorables pero, cuando todo falla y las chicas deciden no seguir adelante, no existe mejor solución que acudir al sistema sanitario, seguro y solvente.</p>
<p>En la mayor parte de los casos, las menores que se someten a una interrupción voluntaria del embarazo suelen hablarlo con sus padres (sobre todo con sus madres). Según los datos oficiales, el porcentaje de jóvenes menores de 18 años que abortan no alcanza ni el 5% del total, y la inmensa mayoría va acompañada de sus padres. (En 2007 interrumpieron su embarazo 14.807 mujeres de entre 15y 19 años. Las menores de 15 que acudieron a una interrupción voluntaria del embarazo fueron 500).</p>
<p>En un momento así, lo que las niñas buscan -y necesitan- es apoyo y cariño. Lo mejor para ellas, sin duda, es encontrarlo en su familia. Pero, desgraciadamente, no siempre es posible&#8230; Existe un reducido número que jamás lo dirá en casa por distintos -y, muchas veces, poderosos- motivos. Para esas jóvenes, las que se encuentran más solas y son más vulnerables, está pensada la medida que reforma la Ley de Autonomía del Paciente, resolviendo que no sea determinante el acuerdo paterno.</p>
<p>Si no es así, ¿qué alternativa tenemos?, ¿es, acaso, razonable mantener que las chicas no tengan capacidad para decidir abortar y sí para decidir ser madres -sin consultarlo, tampoco-? ¿Es preferible que por miedo, o por falta de recursos a su alcance, se vean abocadas a proseguir un embarazo que no desean? ¿O las dejamos, solas, buscar una salida clandestina para interrumpir la gestación?</p>
<p>Tampoco es una buena opción lanzar mensajes tan dramáticos como hipócritas (&#8220;La barriga es una zona libre de pena de muerte&#8221; o &#8220;Mamá, no me mates&#8221;) que pretenden cargar sobre la conciencia de niñas y mujeres, la idea de que el aborto es un asesinato. No es verdad. Es tan sólo la verdad de los que consideran que hay vida en el mismo momento de la fecundación y anteponen el derecho del embrión al derecho de la madre, o que profesan una determinada fe o religión o filosofía. Pero la interrupción voluntaria del embarazo, según la legislación española actual, así como en la reforma propuesta (y la europea comparada, por cierto), no es un asesinato.</p>
<p>Las personas que, por su propia conciencia, rechazan el aborto son perfectamente respetables, tanto como quienes lo defendemos. Pero el límite de lo que es legal y, por lo tanto, aceptado por la sociedad, se establece en el Parlamento, residencia de la soberanía popular. La ley que ahora comienza su tramitación en las Cortes no obliga a nadie a abortar, ni a ocultar a los progenitores un embarazo o un aborto. Pretende, sencilla y rigurosamente, mejorar la protección y las garantías para las mujeres y los/las profesionales, adaptar la norma a la realidad española y acabar con algún supuesto que ha dado lugar a verdaderos abusos.</p>
<p>Imaginemos que una chica de 16 años se queda embarazada sin haberlo querido y que, tras pensarlo, decide abortar en los plazos y supuestos que establece la ley, ¿no es cruel que, además, tenga que cargar con la fe o las creencias de otros, con la presión exagerada de aquellos que siempre han negado a las mujeres la posibilidad de elegir? Porque de eso se trata: de que las niñas y las adolescentes reciban una educación, una atención y un mensaje de toda la sociedad que rompa con siglos de miedo y dependencia y, a cambio, les ofrezcamos seguridad y autonomía, los mejores instrumentos para la responsabilidad y para la libertad.</p>
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		<title>Generación replicante</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Sep 2009 21:26:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Carles Feixa </strong>, profesor de antropología social en la Universidad de Lleida y <em>visiting fellow </em>en la de Newcastle (Reino Unido). Ha publicado <em>De jóvenes, bandas y tribus, </em>Ariel, 4ª edición 2008 (EL PAÍS, 18/09/09):</p>
<p><em>El significado histórico de los estudiantes y la universidad, la forma en que los unos y la otra existen en el presente, puede describirse como una metáfora, como una reproducción en miniatura de un estado histórico más elevado, metafísico.</em> (Walter Benjamin, 1915).</p>
<p>En 1968 -cuando la juventud buscaba la playa bajo los adoquines- Philip K. Dick publicó una novela de ciencia-ficción con un título &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/26949/generacion-replicante/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Carles Feixa </strong>, profesor de antropología social en la Universidad de Lleida y <em>visiting fellow </em>en la de Newcastle (Reino Unido). Ha publicado <em>De jóvenes, bandas y tribus, </em>Ariel, 4ª edición 2008 (EL PAÍS, 18/09/09):</p>
<p><em>El significado histórico de los estudiantes y la universidad, la forma en que los unos y la otra existen en el presente, puede describirse como una metáfora, como una reproducción en miniatura de un estado histórico más elevado, metafísico.</em> (Walter Benjamin, 1915).</p>
<p>En 1968 -cuando la juventud buscaba la playa bajo los adoquines- Philip K. Dick publicó una novela de ciencia-ficción con un título inquietante <em>(¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?),</em> en la que Ridley Scott inspiraría en 1982 su película <em>Blade Runner</em>. El relato gira en torno a un grupo de androides, virtualmente idénticos al ser humano, a los que llamó <em>replicantes,</em> superiores en fuerza e iguales en inteligencia a los ingenieros genéticos que los habían creado, pero utilizados como esclavos en la peligrosa colonización de otros planetas. Tras un motín en Marte, los replicantes buscan refugio en la Tierra, donde son declarados ilegales y perseguidos por patrullas policiales especiales, las unidades <em>blade runner.</em> La descripción que la novela hace del líder de la revuelta es sintomática: Roy &#8220;tiene un aire agresivo y decidido&#8221;, &#8220;indujo al grupo a intentar la fuga&#8221;, &#8220;robó diversos psicofármacos y experimentó con ellos&#8221;, y busca &#8220;una experiencia de grupo&#8221;.</p>
<p>Si cambiamos Marte por el espacio escolar, la Tierra por el espacio público, los psicofármacos por combinados etílicos, los replicantes por jóvenes al borde de la mayoría de edad, y los <em>blade runners</em> por adultos al borde de un ataque de nervios, quizá podamos encontrar alguna analogía con el moderno <em>botellón.</em></p>
<p>La palabra &#8220;diversión&#8221; tiene una doble filiación latina: la más conocida viene de <em>distractione,</em> que significa fiesta y pasatiempo, pero también remonta a <em>diversione,</em> que significa divergencia y contestación. Ambos significados confluyen en los sucesos de Pozuelo de Alarcón, en los que el <em>botellón,</em> más que como la causa (de todos los males de la juventud actual) o la consecuencia (de todos los pecados de la sociedad adulta), aparece como un síntoma, como una metáfora de la generación que entra ahora en la universidad. Pues, como ya intuyese Walter Benjamin en su tiempo, los estudiantes suelen reproducir en miniatura -en forma de comedia o de tragedia- las esperanzas y los miedos de cada momento presente.</p>
<p>Así como los sueños de la razón producen monstruos, el súbito despertar de una juventud aparentemente dormida suele invocar nuestros propios fantasmas familiares. Adolescentes acomodados rebelándose por el derecho a consumir alcohol en el espacio público, universitarios protestando contra Bolonia, <em>mileuristas</em> hiperformados condenados a la precariedad laboral, bandas urbanas provocando pánicos morales: son las múltiples caras de una generación inquieta, que suscita, sin términos medios, compasión o condena, ya sea en forma de prédica parental o de carta al director. Pero si queremos ir más allá del <em>botellón,</em> quizá debiéramos preguntarnos si lo que está cambiando no es el propio concepto de juventud como fase más o menos prolongada de transición a la vida adulta. Me explicaré con un símil literario, que alude a tres modelos distintos de juventud: Tarzán, Peter Pan y <em>Blade Runner.</em></p>
<p>El modelo tradicional de juventud se basa en lo que podemos denominar el &#8220;síndrome de Tarzán&#8221;. Fue inventado por Rousseau a finales del siglo XVIII y perduró hasta mediados del siglo XX. Se basa en el eterno debate entre naturaleza y cultura: ¿puede todo menor ser &#8220;encauzado&#8221; mediante buenas prácticas de crianza o de socialización? El adolescente aparece como el buen salvaje que inevitablemente tiene que ser civilizado, un ser que contiene todos los potenciales de la especie humana, que aún no ha desarrollado porque se mantiene puro e incorrupto. La rápida transición del juego al trabajo, la temprana inserción profesional y matrimonial, la participación en ritos de paso como el servicio militar, serían rasgos característicos de un modelo de adolescencia basado en una inserción &#8220;orgánica&#8221; en la sociedad. Se trata de un relato de juventud que narra el paso de la cultura oral a la cultura escrita, de la <em>galaxia Homero</em> a la <em>galaxia Gutenberg.</em></p>
<p>El modelo moderno de juventud se basa en lo que podemos denominar el &#8220;síndrome de Peter Pan&#8221;. Lo asumieron los felices <em>teenagers</em> de posguerra y fue teorizado por los ideólogos de la contracultura (como Theodore Roszak), así como por algunas estrellas del rock (como The Who y los Beatles). En el mundo occidental este modelo se convirtió en hegemónico durante la segunda mitad del siglo XX, con el telón de fondo de la sociedad de consumo y aquel capitalismo maduro que había proclamado como lema el <em>Forever Young</em>. El adolescente aparece como el nuevo sujeto revolucionario -o el nuevo héroe consumista- que se rebela contra la sociedad adulta y se resiste a formar parte de su estructura, al menos temporalmente. Ello se consigue alargando el periodo de escolaridad y creando espacios-tiempo de ocio en los que los jóvenes puedan vivir su particular País de Nunca Jamás (aunque algún día, como Wendy, acaben por regresar al mundo real). Las lentas transiciones a la edad adulta, el alargamiento del periodo formativo, la emergencia de &#8220;tribus&#8221; y de subculturas juveniles, serían los rasgos característicos de un modelo de inserción &#8220;mecánica&#8221; en la sociedad. Se trata de un relato de juventud que narra el paso de la cultura escrita a la cultura visual, de la <em>galaxia Gutenberg</em> a la <em>galaxia McLuhan.</em></p>
<p>El modelo posmoderno de juventud se basa en lo que podemos denominar el &#8220;síndrome de <em>Blade Runner&#8221;.</em> Emerge a finales del siglo XX y está llamado a convertirse en hegemónico en el siglo XXI. Sus teóricos son los ideólogos de la sociedad red -tanto los oficiales como los <em>hackers</em> alternativos- que preconizan la fusión entre trabajo y ocio, entre inteligencia artificial y experimentación social, e intentan exportar al mundo adolescente sus sueños de expansión mental, tecnologías humanizadas y autoaprendizaje. Los adolescentes serían seres artificiales, medio robots y medio humanos, escindidos entre la obediencia a los adultos que los han engendrado y la voluntad de emanciparse. Como no tienen &#8220;memoria&#8221;, todavía no tienen &#8220;conciencia&#8221;, y por lo tanto no son plenamente libres para construir su futuro. En cambio, han estado programados para utilizar todas las potencialidades de las nuevas tecnologías, por lo que son los mejor preparados para adaptarse a los cambios, para afrontar el futuro sin los prejuicios de sus progenitores. Pero su rebelión está condenada al fracaso: sólo pueden protagonizar revueltas episódicas y estériles, esperando adquirir algún día la &#8220;conciencia&#8221; que los hará adultos. Como los replicantes, tienen todo el mundo a su alcance, pero no son amos de sus destinos. Y como <em>blade runners,</em> los adultos sienten hacia ellos una mezcla de fascinación y de miedo.</p>
<p>El resultado es un modelo híbrido y ambivalente de adolescencia, a caballo entre una creciente infantilización social, que se traduce en dependencia económica y falta de espacios de responsabilidad, y una creciente versatilidad intelectual, que se expresa en el acceso privilegiado a las nuevas tecnologías, corrientes estéticas e ideológicas. Las transiciones discontinuas hacia la edad adulta, el retraso en el acceso al trabajo y a la residencia, la configuración de redes adolescentes a escala planetaria, la emergencia de paraísos artificiales como las comunidades de Internet o el propio <em>botellón</em> -en el que vivir cada semana cierta experiencia de comunidad, de aquel &#8220;divino social&#8221; teorizado por Michel Maffesoli- serían los rasgos característicos de un modelo de inserción &#8220;virtual&#8221; en la sociedad. Se trata de un relato de juventud que narra el paso de la cultura visual al hipertexto, de la <em>galaxia McLuhan</em> a la <em>galaxia Gates.</em></p>
<p>Tarzán, Peter Pan y <em>Blade Runner</em> no constituyen modelos excluyentes, sino más bien variantes de la experiencia juvenil que pueden convivir en el momento presente. Hoy siguen existiendo instituciones en las que predomina el modelo de transición a la vida adulta simbolizado por Tarzán, otras en las que persiste el modelo de resistencia a hacerse adulto caracterizado por Peter Pan, y otras en las que emerge el modelo yo-yo representado por la figura del replicante. Si la juventud ha dejado de ser un <em>rito de paso</em> para convertirse en una <em>ritualización del</em> <em>impasse</em> (un sueño del que cuesta despertar), el <em>botellón</em> aparece como una especie de <em>limbo,</em> un espacio liminar entre el infierno <em>mileurista</em> y el paraíso <em>yuppy.</em> Entre la represión indiscriminada del <em>botellón</em> y la promoción del <em>vinum et circenses</em> a cargo de las administraciones públicas, quizá exista una tercera vía que trate a los jóvenes, no como replicantes, sino como ciudadanos capaces de inventarse como actores sociales.</p>
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		<title>Santa Bárbara y los adolescentes</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Sep 2009 19:47:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Antonio Marina</strong>, filósofo. Su último libro es <em>Las Arquitecturas del deseo</em>, Anagrama (EL MUNDO, 15/09/09):</p>
<p>Los adolescentes -la juventud en general- sólo aparecen en los medios de comunicación cuando plantean problemas. Con esto se lanza el mensaje -también a los propios adolescentes- de que esa edad se caracteriza esencialmente por ser conflictiva, y que si se quiere vivir la juventud a tope hay que ser problemático. Se culpa de ello a la tormenta hormonal, la falta de autoridad, el exceso de libertad, la presión de los medios, la incitación al consumo, o a la ausencia de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/26895/santa-barbara-y-los-adolescentes/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Antonio Marina</strong>, filósofo. Su último libro es <em>Las Arquitecturas del deseo</em>, Anagrama (EL MUNDO, 15/09/09):</p>
<p>Los adolescentes -la juventud en general- sólo aparecen en los medios de comunicación cuando plantean problemas. Con esto se lanza el mensaje -también a los propios adolescentes- de que esa edad se caracteriza esencialmente por ser conflictiva, y que si se quiere vivir la juventud a tope hay que ser problemático. Se culpa de ello a la tormenta hormonal, la falta de autoridad, el exceso de libertad, la presión de los medios, la incitación al consumo, o a la ausencia de valores, porque la cosecha de culpables siempre es fértil. Pero, sea cual sea la causa, ellos son el problema. Todo el mundo comprende el título de un libro muy popular: !Socorro, tengo un hijo adolescente!, y algunos hasta recuerdan la sentencia de Juan de Mairena, el personaje de Antonio Machado: «Herodes, qué gran pedagogo».</p>
<p>Con todo esto se olvida que una parte de los adolescentes son estudiosos, responsables, cariñosos, que valoran la relación familiar y que, entre ellos y sus familias, surgen los mismos problemas que hace 50 años. Lo que sucede es que, como toda energía expansiva, tienden a ocupar el espacio que pueden. Lo que revela el comportamiento juvenil es el vacío que los adultos hemos dejado para que se expanda.</p>
<p>Hay muchos mitos sobre los adolescentes, y, como casi todos les perjudican, voy a intentar desmontar alguno de ellos, para defenderles. Al fin y al cabo son mis alumnos. Comenzaré advirtiendo que «adolescente» no es un término biológico ni jurídico, que se solapa confusamente con otros: «pubertad», que es un término biológico y «minoría de edad», que es un término jurídico. Los adultos deberíamos ponernos de acuerdo, al menos, en la terminología.</p>
<p>En todo el mundo, el período comprendido entre 12 y 18 años es un caos terminológico y, lo que es más grave, legal. ¿Saben ustedes que en España, legalmente, una niña de 13 es considerada suficientemente madura para mantener relaciones sexuales con un adulto, pero no para beber una cerveza? ¿Que a los 16 años el Gobierno piensa que puede decidir responsablemente abortar, pero en cambio no puede votar por falta de madurez? El mal no es sólo de España. Es universal, lo que me consuela poco. En EEUU, 2.200 menores de 18 años han sido condenados a cadena perpetua, y al menos 73, que yo conozca, por crímenes cometidos antes de los 13 años. Los adultos debemos aclarar nuestras ideas antes de pedir a los adolescentes que las tengan claras.</p>
<p>La adolescencia es, ante todo, un período de transición que en algunas sociedades hemos implantado para que el paso de la infancia a las responsabilidades de la vida adulta no sea muy brusco, y el niño pueda educarse durante más años, aprender, desarrollar su personalidad, ampliar sus posibilidades vitales. La psicología de la adolescencia ha pasado por dos grandes períodos. Hasta los años 70, insistió fundamentalmente en la explicación biológica de las conductas. La adolescencia era biológicamente conflictiva. Pero los antropólogos comprobaron que esa conflictividad no ocurre en todas las culturas y que, por lo tanto, el entorno social determina la índole de la adolescencia, que aparece así como una realidad bio-cultural. Los genes que determinan biológicamente la pubertad se activan bajo la influencia de la cultura, por eso la edad de aparición de la menstruación cambia según el entorno.</p>
<p>Esto quiere decir que la sociedad influye -por acción o por omisión, directa o indirectamente- sobre la construcción social de la adolescencia. Son los adultos los que la definimos. No un adulto en particular, sino la interacción de todos los que componen una sociedad, esa inteligencia social que tanto me preocupa, y que instaura las modas, los prejuicios y los códigos legales.</p>
<p>También han cambiado mucho las ideas educativas. Hasta hace poco tiempo, la psicología del desarrollo terminaba en la adolescencia. Ahora, en cambio, llega hasta la ancianidad. La antigua geriatría -patologías de la edad- ha sido sustituida por el aging, ciencia del envejecer. Pues bien, ahora sabemos que el proceso educativo no se detiene hasta la muerte, pero que hay franjas de edad especialmente críticas desde este punto de vista. Una de ellas es, sin duda, la primera infancia. En esos años se sientan los fundamentos del carácter. Pero un segundo período crítico igualmente importante es la pubertad. No es una fase de tránsito, sino de reformulación de la personalidad. Copiando un famoso lema referido a la primera etapa que dice: «Los tres primero años duran toda la vida», podríamos enunciar otro que dijera: «Lo que se hace durante la adolescencia permanece toda la vida». El asunto es, pues, muy serio.</p>
<p>Sólo si damos transcendencia educativa a esta edad, podremos resolver uno de los grandes escándalos pedagógicos: una buena educación durante la infancia no asegura un buen desarrollo adolescente. Sólo aumenta su probabilidad, ¡que ya es bastante! Esto sucede porque en la adolescencia se produce una reconfiguración de todo lo recibido. Aparecen nuevos deseos (de autonomía, de identidad, de socialización, sexuales); aparecen nuevas situaciones (con la familia, los amigos, la escuela); aparecen nuevas posibilidades (sociales, tecnológicas, económicas, experienciales), y aparecen dos nuevos campos de decisión: el laboral y el amoroso.</p>
<p>El adolescente se tiene que enfrentar a esta nueva situación, y lo hace a partir de los recursos de que dispone. Este es el asunto sobre el que me gustaría llamar su atención. Parte de esos recursos -a los que tiene que recurrir forzosamente para resolver sus problemas- son recursos personales (intelectuales, afectivos, morales), adquiridos a lo largo de su vida, mediante la experiencia y la educación. Otros son recursos sociales (las relaciones familiares, el nivel económico, la calidad del sistema educativo, del grupo al que pertenezca, del barrio, de la cultura ambiental, de los modelos éticos propuestos).</p>
<p>Cada niño, en su concreta situación biográfica, tiene que conjugar todas estas cosas, para resolver las nuevas necesidades y expectativas, y puede salir triunfante o puede fracasar. Lo que caracteriza, pues, la adolescencia es que cada niño va a ser solicitado por demandas complejas, a las que sabrá responder o no. El papel de los educadores es ayudarles a progresar, siendo muy conscientes de que son quienes tienen que pelear sus propios combates. Nosotros somos sólo sus entrenadores.</p>
<p>¿Qué conclusión hemos de sacar de todo esto? Que hemos de considerar la adolescencia como la segunda gran oportunidad educativa, que tiene una especial dificultad porque el protagonismo del adolescente es mayor, es decir, va a seleccionar su aprendizaje; porque la influencia social es también mayor, y porque la imperiosa necesidad de independencia y autoafirmación hacen más difíciles las relaciones con la familia. Pero la adolescencia no es un destino ni una condena, sino, precisamente, la edad para aprender la libertad. Y la pedagogía que tenemos que aplicar los que tratamos con jóvenes, es una exigente pedagogía de la libertad y de la posibilidad. Tropezamos aquí con otro de los peligrosos mitos. El mito de que nacemos libres y que hay que permitir que esa libertad se despliegue a sus anchas. Nacemos absolutamente dependientes, de nuestra circunstancia exterior y de nuestros deseos. Y la educación intenta hacernos capaces para conducir nuestra vida. El adolescente no es libre. Depende de muchas cosas interiores y exteriores, y debe aprender a ser autónomo. La espontaneidad que ensalzamos no tiene nada que ver con la libertad. Mi burro es muy espontáneo cuando pega coces, pero no puedo tomarle como ejemplo de comportamiento libre. No es verdad que el joven sea irremediablemente impulsivo. Los neurólogos saben que precisamente durante la adolescencia se terminan de formar las estructuras prefrontales del cerebro, encargadas de controlar la acción.</p>
<p>ESTE ES UNO de los mitos de la adolescencia. El otro es la imposibilidad de educarla. Es destructivo porque se refiere a una edad específicamente educativa, que habría que cambiar jurídicamente si fuera verdad que no puede ser educada. La reducción de la edad penal va en ese sentido. Puesto que no podemos educarlos, tratémosles como adultos. Es la solución que hace un siglo se recomendaba, cuando se decía que los niños deberían ir de la escuela al trabajo, a los 13 años, para convertirlos en «hombres de provecho».</p>
<p>Pero esos mitos son falsos. La adolescencia se puede -y se tiene- que educar. Al ser un fenómeno social -y no biológico ni derivado de la psicología individual- es la sociedad entera quien tiene que educarla bien, y no maleducarla como está haciendo hasta ahora. Pero esto no quiere decir refugiarse en una responsabilidad vaga, que en el fondo fomenta la irresponsabilidad, sino señalar deberes educativos a todas las instancias sociales. En los tratados modernos se insiste en que la investigación científica sobre este asunto debe tener como meta ayudar a la política educativa para aprovechar las posibilidades de esta edad.</p>
<p>Una de esas instancias educativas es, por supuesto, la familia, a la que hay que ayudar para que haga bien su tarea. En estos momento elaboro los programas dirigidos a la adolescencia, para la Universidad de Padres que he fundado, y que comenzaremos a aplicar el curso próximo. Me interesa que los padres vean con claridad los recursos educativos que tienen en sus manos. Son sólo tres: cariño, disciplina y comunicación. Están al alcance de todos. Lo que hace falta es saber emplearlos. Conviene advertirles que el comienzo de la educación secundaria (12 años) es un momento especialmente complicado por el cambio de escuela, el cambio de pedagogía, y el cambio de amigos, y que, por esa razón, el último ciclo de Educación primaria (10 y 11 años) que coincide que el inicio de la adolescencia es de una importancia educativa transcendental. En él debemos fomentar los recursos para que se enfrenten al próximo cambio.</p>
<p>Sabemos muchas cosas, pero no nos decidimos a aplicarlas. Antes se decía que «sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuanto truena», pues ahora podríamos decir lo mismo sobre la educación. Sólo nos acordamos de ella cuando hay problemas. Y esto no es bueno, porque nos impide solucionarlos.</p>
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		<title>El huevo o la gallina</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2009 18:57:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>María Teresa Bazo</strong>, catedrática de Socilogía en la UPV-EHU (EL CORREO DIGITAL, 14/09/09):</p>
<p>Mucho se discute y se discutirá al menos por unos días sobre los acontecimientos violentos de Pozuelo de Alarcón durante la celebración (?) de un &#8216;botellón&#8217;. Uno de los primeros comentarios y el más persistente, con el que se ha mostrado la incredulidad ante los hechos, es que se trata del municipio con la renta per cápita más alta de España. Ante ese dato macroeconómico y macrosocial se concluye que los jóvenes pueden observar conductas violentas a pesar de pertenecer a las clases sociales medias-altas &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/26862/el-huevo-o-la-gallina/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>María Teresa Bazo</strong>, catedrática de Socilogía en la UPV-EHU (EL CORREO DIGITAL, 14/09/09):</p>
<p>Mucho se discute y se discutirá al menos por unos días sobre los acontecimientos violentos de Pozuelo de Alarcón durante la celebración (?) de un &#8216;botellón&#8217;. Uno de los primeros comentarios y el más persistente, con el que se ha mostrado la incredulidad ante los hechos, es que se trata del municipio con la renta per cápita más alta de España. Ante ese dato macroeconómico y macrosocial se concluye que los jóvenes pueden observar conductas violentas a pesar de pertenecer a las clases sociales medias-altas y altas, y que el aburrimiento les empuja a ello como forma de divertimento. Desde la primera tradición de la Sociología llamada de la Desviación con sus orígenes en la Escuela de Chicago, se han estudiado como conductas desviadas casi exclusivamente las de los grupos marginales, habiendo surgido corrientes críticas ante las carencias explicativas de la Sociología de la Desviación que deja de lado el estudio de las conductas desviadas (de la ley, de la moral, de las normas sociales dominantes) de las personas pertenecientes a los grupos de influencia y poder sociales. Más tarde se estudian estos comportamientos como &#8216;delitos de cuello blanco&#8217; en referencia a los cometidos sobre todo en el ámbito de las relaciones económicas.</p>
<p>Participo de la idea de que los procesos de desestructuración familiar, el deterioro de la autoridad legítima en los ámbitos familiar, educativo y social en general (de los adultos sobre las personas en formación) contribuyen a la extensión de la idea entre algunos jóvenes de que pueden actuar según sus impulsos, seguros de que la impunidad total o parcial les librará de la responsabilidad de sus actos. Convengo, igualmente, con quienes consideran que la ingesta incontrolada de alcohol, no acompañando a la fiesta como ha sido tradicional en los pueblos mediterráneos y otros, sino como forma de diversión en sí misma, contribuye no sólo al deterioro de la salud física y psíquica de muchas personas jóvenes en sociedades ricas, sino también al deterioro de la convivencia en la familia, en la escuela, en la calle. Existen múltiples y constantes ejemplos.</p>
<p>Se ha producido en las últimas décadas un proceso de legitimación del &#8216;botellón&#8217; como forma de fiesta para las personas jóvenes. Se ha basado en una idea muy extendida desde los primeros años ochenta, seudoizquierdista y falsamente progresista, de que los jóvenes pueden beber en la calle porque les resulta más barato que las copas en un local, y por tanto se &#8216;democratiza&#8217; así la ingesta de alcohol en grupo. Muchos jóvenes están ahora pagando las &#8216;paridas&#8217; intelectuales de los adultos que se consideraban progres y procuraban el &#8216;buen rollito&#8217; con los jóvenes no sé si para aparentar que eran como ellos, que les comprendían y quizá ganarse así sus simpatías. También pagan la desidia de tantos padres, y madres naturalmente, que a pesar de su disconformidad con que sus hijos salieran de casa con los amigos cada vez más tarde (&#8216;¡todos lo hacen!&#8217;) para regresar de madrugada o bien salido el sol, y ya no de vez en cuando sino de forma sistemática uno o dos días por semana, lo han consentido sin oponer resistencia argumental alguna. Muchos lo están pagando en sus propias vidas y sus familias también.</p>
<p>Parece necesario e inaplazable inculcar desde la infancia las ideas del deber, del respeto y de la responsabilidad, y exigirlo para evitar así la infantilización humillante de la juventud a la que se asiste desde hace un tiempo. Infantilización y su correlato de explotación por el consumo absurdo y el trabajo barato. Por eso, y tras estas breves consideraciones generales, en el caso de Pozuelo -como en otros que han ocurrido y que sin duda seguirán ocurriendo- hay un elemento que creo oportuno tener en cuenta. Es la falta general de expectativas, de planes de futuro, de perspectivas vitales, que afecta a grupos de jóvenes de las clases medias y trabajadoras, y que ha comenzado a ocurrir recientemente. Algunos sociólogos han estudiado el hecho de que por primera vez en la historia de España del último siglo, la generación de los hijos/as no está experimentando un proceso de movilidad social ascendente con respecto a la generación de sus padres. Los jóvenes, pues, tendrían la idea (que se demuestra falsa) de que viven mejor que sus padres a su edad, pero al mismo tiempo siendo conscientes de que, al contrario que sus padres, ellos no pueden aspirar a la independencia económica, familiar y social con que la generación de los padres contaba a su edad. La seguridad en el empleo y el salario de las generaciones anteriores permitía a las personas comprometerse en la compra de una vivienda mediante el pago de la hipoteca durante al menos veinte años. No tendrían coche ni televisor, y menos en color en los primeros años de formación de la familia, pero el trabajo prácticamente seguro acompañado de la austeridad en el gasto permitía ir pagando la vivienda y otros elementos domésticos de confort &#8216;en cómodos plazos&#8217;. Comenzaba la sociedad de consumo en España.</p>
<p>Actualmente y de forma paradójica, los jóvenes, que de promedio han conseguido niveles de instrucción más altos que sus padres, ven casi imposible comprar una vivienda (y alquilarla al precio de los alquileres lo consideran tirar el dinero) porque los bajos sueldos no les permiten -ni tampoco antes de la crisis financiera- acceder a un crédito. Descartan por todo ello la idea de formar una familia, bajo cualquiera de sus formas, de independizarse en condiciones parecidas a su vida actual, y se eternizan así en el hogar familiar. Todos los proyectos que antes proporcionaban a las personas el rol de adultos han desaparecido por imposibles para muchos jóvenes de las clases medias y trabajadoras. El dinero que obtienen en sus trabajos eventuales, esporádicos, o incluso de las ayudas sociales en muchos casos descontroladas, se utilizan en bienes y actividades de consumo y ocio que proporcionan satisfacción inmediata y adormecimiento moral y político. Para el bienestar básico cotidiano dependen de sus padres, o incluso del Estado. El futuro -como horizonte vital, como promesa de adultez- ha dejado de existir para muchos que van prolongando su &#8216;juventud&#8217; artificialmente, y con ella el retraso en su emancipación.</p>
<p>Volviendo al título del artículo: es más fácil identificar las consecuencias que las causas de los hechos violentos cometidos por jóvenes (más extendidos de lo que socialmente se tiene conciencia) y que son varias, diferentes, y de carácter macroestructural sobre todo. Dicho carácter no impide que existan responsables identificables. Si se llega a definir socialmente tales hechos -y en ese proceso los medios de comunicación tienen gran influencia- como &#8216;problema social&#8217;, puede que se llegue a identificar las causas, analizar rigurosa y serenamente las consecuencias, y así poder buscar soluciones entre las familias, los propios jóvenes, las empresas, los medios de comunicación, los partidos &#8216;despolitizándose&#8217; primero, las instituciones políticas, educativas, judiciales, y otras. Muchas familias han sabido, podido, y querido -lo cual implica mucho esfuerzo y sacrificio- educar a sus hijos y nietos en unos valores y hábitos que nunca serán caducos porque la naturaleza humana se muestra históricamente invariable. Las formas culturales de expresarlos, transmitirlos, y vivirlos varían en el tiempo y el espacio. Resulta urgente para las familias -y para la sociedad- volver a tomar el timón y no abandonar más su obligación educadora, haciendo ver y experimentar a los jóvenes que todos los actos tienen unas responsabilidades y que se les van a exigir. También que a medio y largo plazo serán premiados sus esfuerzos. Y no hablo de felicidad.</p>
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		<title>Una propuesta para padres perplejos</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2009 18:55:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Diego Íñiguez</strong>, Doctor en Derecho y Administrador Civil del Estado (EL CORREO DIGITAL, 14/09/09):</p>
<p>La batalla de unos miles de jóvenes en Pozuelo -no todos de allí, balbucea el alcalde- contra bancos públicos, coches aparcados y los pocos policías que cuidaban de su seguridad a las tres de la madrugada, ¿es gamberrismo común o algo más? ¿Es un salto evolutivo de ese modo de ocio que ha hecho de España un &#8216;destino divertido&#8217; en cuyas discotecas nunca se pone el sol, y del botellón la última aportación española a la cultura universal? ¿O enlaza con fenómenos como la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/26861/una-propuesta-para-padres-perplejos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Diego Íñiguez</strong>, Doctor en Derecho y Administrador Civil del Estado (EL CORREO DIGITAL, 14/09/09):</p>
<p>La batalla de unos miles de jóvenes en Pozuelo -no todos de allí, balbucea el alcalde- contra bancos públicos, coches aparcados y los pocos policías que cuidaban de su seguridad a las tres de la madrugada, ¿es gamberrismo común o algo más? ¿Es un salto evolutivo de ese modo de ocio que ha hecho de España un &#8216;destino divertido&#8217; en cuyas discotecas nunca se pone el sol, y del botellón la última aportación española a la cultura universal? ¿O enlaza con fenómenos como la &#8216;kale borroka&#8217;, las batallas de neonazis contra &#8216;kaoten&#8217; en Berlín, el &#8216;hooliganismo&#8217; deportivo? Tienen una pauta común: la bronca como diversión primaria y peligrosa, grupos dispuestos a pescar en el río revuelto de las hormonas y el alcohol, el cebo de una áspera identidad colectiva. Pero ver en la ciudad con más renta y colegios caros por habitante de España imágenes como las de los suburbios pobres de Francia ha producido un escalofrío y mucha perplejidad: algo falla.</p>
<p>¿Cómo hemos llegado a reconocer a los jóvenes un derecho que parece de rango constitucional a salir cada noche para vacilar, embriagarse y no dejar dormir a los vecinos ni a sus padres, trasnochadores pasivos hasta que vuelven sus retoños? ¿Cuándo hemos abdicado de poner normas razonables como parte esencial de la educación de una generación? ¿Influye el ejemplo, cómo vivimos y consumimos, la falta de cortesía elemental y de sentido de la comunidad, de lo que antes se llamaban &#8216;inquietudes&#8217;? ¿Infuye el mal ejemplo de la política, su vacuidad, su cinismo cuando deslegitima a policías y jueces que investigan casos de corrupción o llegan a conclusiones distintas a sus ficciones?</p>
<p>Seguir la corriente y al grupo no es sólo un problema de los jóvenes. Es una consecuencia más de la falta, en el Sur de Europa, de una Reforma que reforzara la responsabilidad individual, que asociara la virtud con el compromiso con la comunidad, que enseñara lo que a Bertrand Russell la cita favorita de su abuela: «Nunca seguirás a una multitud para hacer el mal». Claro que la abuela Russell fue una victoriana intrépida, de vigoroso espíritu público y con una saludable indiferencia hacia las convenciones sociales. No son rasgos que estemos sembrando en la siguiente generación, ni con los contenidos educativos, ni por medio de un sistema escolar que se vive como anticipo de una universidad y un empleo igualmente poco estimulantes. Pero el problema -pobres profesores- no está en el colegio, tampoco el remedio. El problema es el pasmo de una sociedad que ha cambiado apresuradamente y que no sólo ignora qué hacen sus hijos esas largas horas fuera de casa. Tampoco sabe cómo educarles, ni para qué vida hacerlo, ni espera que se hagan responsables de sus estudios, que lo sean en su ocio, que sean ellos quienes orienten sus vidas hacia un proyecto personal y consciente.</p>
<p>Nuestro sistema de educar a los adolescentes no les impulsa a decidir cómo hacerse una vida y un lugar en la sociedad, a coger la vida por los cuernos para convertirla en su propia obra, cincelada con la imaginación y la creatividad, la ambición y el esfuerzo. Al contrario: les estanca durante un largo decenio en una condición que tiene algunas de las libertades de los adultos (pueden trasnochar, ligar, consumir), pero no sus responsabilidades, ni un horizonte de autodeterminación. Si la alternativa es la vida de sus padres, sometidos a trabajos aburridos de presión creciente, horarios absurdos y sueldos bajos y con el consumo y horas de televisión como expansiones, tampoco es de extrañar. ¿Hay alternativas? Claro: un deporte practicado con pasión, el esfuerzo de una educación musical, una vida de pueblo sin las tensiones de la miseria o una posguerra civil, asumir alguna responsabilidad: cuidar a sus hermanos, a sus abuelos.</p>
<p>Pero la que quería proponerles -aunque arranque la sonrisa de no pocos- es otra: la de los ideales sencillos del movimiento &#8216;scout&#8217;, un invento de un general inglés, Robert Baden-Powell, como sistema de educación en el tiempo libre para chicos ingleses en peligro de convertirse en &#8216;hooligans&#8217;, los temibles gamberros que poblaban los miedos respetables de la burguesía victoriana. Su método se basa en confiar a los propios chicos y chicas una responsabilidad creciente sobre su propio desarrollo, mediante el juego y la experiencia de la naturaleza, con pequeñas aventuras y adversidades y una democracia radical basada en el respeto a la diversidad social y religiosa y el internacionalismo. Cada joven es el agente principal de su desarrollo, con el fin de llegar a ser un ciudadano activo, crítico y responsable, una persona comprometida, fiable y amable que quiera, como de niño, hacer mejor el mundo. Un movimiento liberal, con cien años de buena experiencia, que han tratado de copiar en vano sistemas totalitarios de toda laya.<br />
Es todo muy ingenuo, muy ajeno a la deprimente retórica de las políticas -y los políticos- &#8216;de juventud&#8217;: la responsabilidad sobre uno mismo y en la sociedad, asumida paso a paso, pasándolo bien en el grupo de amigos, con la ayuda de los mayores, que no quieren indoctrinarles, sino ayudarles a hacerse adultos, con el sentido común y la sencilla confianza en sí mismos que les dan las pequeñas aventuras de cuidar su local, plantar la tienda en el monte y preparar la comida y un fuego de campamento.</p>
<p>Bueno, eso hacen los &#8216;scouts&#8217; de los países del Norte. Los españoles -por ejemplo en la Comunidad de Madrid, donde está Pozuelo- se las ven y se las desean para acampar en una sierra preciosa donde lo tienen prohibido; y desde luego no encienden fuego, aunque nunca se ha sabido de un grupo &#8216;scout&#8217; que haya causado un incendio y sí de muchos que han ayudado a apagarlos. Los consejos de la Juventud, viveros de futuros políticos, no han sabido encontrar alternativas. Pero el &#8216;scout&#8217; se crece ante las dificultades, un aprendizaje de la vida y un estímulo más para empezar a ser adultos sin diez años de retraso, con la seguridad en sí mismos y el bagaje de quien ha vivido pequeñas aventuras y retos en el gran juego y no en la gran juerga.</p>
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		<title>La &#8216;maostalgia&#8217; china</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Aug 2009 12:03:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Asia]]></category>
		<category><![CDATA[China]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Xulio Ríos</strong>, director del Observatorio de la Política China (EL PAÍS, 10/08/09):</p>
<p>A escasas semanas de la que se espera sea una conmemoración por todo lo alto del sexagésimo aniversario de la fundación de la República Popular China, con parada militar incluida, Mao sigue siendo una referencia fundamental de la historia contemporánea del gigante oriental. No obstante, su evocación ya no cabe asociarla en exclusiva a los nostálgicos de su heroico y turbulento tiempo o a quienes haciendo trizas su política se aferran a su figura como fuente de legitimidad, sino que hoy es parte de una nueva &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/26269/la-maostalgia-china/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Xulio Ríos</strong>, director del Observatorio de la Política China (EL PAÍS, 10/08/09):</p>
<p>A escasas semanas de la que se espera sea una conmemoración por todo lo alto del sexagésimo aniversario de la fundación de la República Popular China, con parada militar incluida, Mao sigue siendo una referencia fundamental de la historia contemporánea del gigante oriental. No obstante, su evocación ya no cabe asociarla en exclusiva a los nostálgicos de su heroico y turbulento tiempo o a quienes haciendo trizas su política se aferran a su figura como fuente de legitimidad, sino que hoy es parte de una nueva modalidad de exhibición consumista protagonizada por una juventud que asume la iconografía maoísta sin complejo alguno.</p>
<p>La primera referencia de esta nueva tendencia juvenil arranca de Cui Jian, el reconocido fundador del rock chino, una figura de la generación de Tiananmen, autor de letras emblemáticas como <em>Una pieza de tela roja</em> que &#8220;me cubre los ojos y el cielo y no deja lugar alguno donde pueda ser yo mismo&#8221;, artífice de una admirada y cuidada fusión entre los instrumentos folclóricos tradicionales y la música occidental. El autor también de la enigmática canción <em>El último tiro</em> fue el primero en utilizar la simbología del maoísmo, ligeramente modificada, como expresión irónica de su descontento y de la crítica con el contradictorio y convulso tiempo que le había tocado vivir. En Cui Jian y en esa primera élite artística culta e &#8220;irrespetuosa&#8221; con la simbología del régimen había una rebeldía que hoy es francamente difícil de apreciar en los muchos seguidores que han socializado entre el gran público el recurso a los emblemas más característicos del régimen como simple aditivo estético.</p>
<p>La nueva moda, que progresa de día en día entre las capas medias urbanas, se inspira en el culto a los tiempos difíciles, con efigies relacionadas con la <em>Danwei</em> (el centro de trabajo que servía de anclaje de los individuos en el sistema y que les proveía de todo lo necesario desde la cuna hasta la tumba) y marcas de la época (como los tenis Feiyue que malamente pueden durar un par de meses), incluyendo los omnipresentes termos con flores o las tazas de metal, objetos que hoy adquieren una perspectiva nueva después de verse desplazados por las marcas y productos occidentales. Nadie daba ya nada por ellos, salvo, quizás, los coleccionistas, curiosos y los habituales de las ferias de antigüedades que tanto entusiasmo despiertan en China.</p>
<p>Los símbolos <em>kitsch</em> socialistas, del tiempo revolucionario, o de la economía planificada, ofrecen un nuevo motivo de inspiración a la moda china. Todo lo que había caído en desgracia y desuso, rechazado por su deficiente calidad o pésimo diseño, vuelve ahora por sus fueros. El tiempo de la furia incontenible por los productos importados de Occidente parece haber pasado, una vez que China se observa a sí misma renovada y a punto en sus capacidades para competir con los países más desarrollados, ya sea en el deporte, en la carrera espacial o en cuanto ámbito se precie, desde la economía a las nuevas tecnologías. Pero la <em>maostalgia</em> tiene también algo de desplante, de irreverencia, frente a quienes se empeñan en demostrar que pueden hacer lo mismo que los demás, incluso mejor. Huyendo de esa competición estéril en la que poco puede aportar y apostando por la recuperación de la autoconfianza, la juventud china mira hacia sí misma.</p>
<p>La pasión que despierta esta moda es una expresión también de la búsqueda de la diferenciación en una sociedad que, pese a la pluralidad entreabierta por la reforma, circula aún por cauces que admiten poca frescura. La moda <em>retro</em> se inspira en los años sesenta y en la simbología propiamente china, y su novedad radica en explorar y mostrar más libremente la capacidad dormida de la propia sociedad para dar rienda suelta a su creatividad e iniciativa partiendo de códigos locales y aportando indicios claros de una disposición a la innovación, prácticamente inédita en este orden, al menos en una dimensión tan masiva.</p>
<p>Pero también es una reacción antioccidental en muchos, convencidos de que Occidente no les comprende, e incluso les rechaza, cuando responden con matices a quienes tratan de imponer el traslado mimético y tendencioso de sus códigos políticos, económicos, culturales y sociales, sin tener en cuenta la idiosincrasia y las singularidades del planeta oriental.</p>
<p>Los últimos tiempos han sido pródigos en crisis de este tipo y crece cierto hartazgo por el que califican de doble rasero occidental, expresión del temor a verse superados por una emergencia incontenible y que marca el inicio de una nueva era global pilotada desde Oriente. Hagan lo que hagan, piensan ya, el fracaso del diálogo está escrito de antemano.</p>
<p>¿Nostalgia de Mao? Nada más errado. Puede que pura pasión mercantil, curiosidad cultural o simplemente nacionalismo, pero en ningún caso nostalgia del maoísmo. La generación adscrita a este tipo de <em>maostalgia</em> no ha conocido los tiempos difíciles y su atribulada curiosidad se satisface simplemente viajando a Corea del Norte para darse una idea de lo que era China en los años sesenta y de lo que quizás podría ser hoy de no haber impulsado la política de reforma y apertura.</p>
<p>A pesar de ello, sin asociación explícita con cuanto de exceso ideológico hay en el maoísmo, algunos aprecian en esta <em>maostalgia</em> la evidencia de la pérdida de importantes valores como la solidaridad o la igualdad, una añoranza de tiempos más sencillos que, no obstante, difícilmente seducen a nadie para reclamar la vuelta atrás.</p>
<p>La <em>maostalgia</em> juvenil es diferente de otros fenómenos sociales relacionados que funcionan en China desde hace décadas, por ejemplo, el llamado <em>turismo rojo,</em> una fórmula ideada en su día por el régimen para contentar a los más ortodoxos que quería ver lejos de los despachos donde se cocía la reforma en curso. Ahora, 60 años después del triunfo de la epopeya revolucionaria, el <em>turismo rojo</em> contribuye a mantener viva la llama de aquellas ambiciones y su visión de la historia, cultivando las referencias elementales del patriotismo contemporáneo y reafirmando su propia legitimidad. Muchos jóvenes universitarios, ondeando banderas rojas, visitan estos lugares y hacen las reverencias de rigor como muestra de respeto. Su objetivo, ganar fuerzas para conservar y consolidar su moral. Con esta movilización permanente, el régimen trata de impedir la emergencia de discursos alternativos, pasando de largo sobre los episodios trágicos que han caracterizado su larga marcha hacia la prosperidad.</p>
<p>La <em>maostalgia</em> está también presente en debates que resurgen, por ejemplo, a raíz de la grave crisis de Urumqi del mes pasado, cuando resucita la que se define como clave explicativa de dichos sucesos y que se relaciona con la erosión de la igualdad política y económica entre miembros y no miembros de la nacionalidad han<em>,</em> progresivamente debilitada en los 30 años de reforma. En un primer momento, la identidad compartida sobre la base de la pertenencia a una misma clase social, fundamento del maoísmo en materia de nacionalidades, servía de plataforma común frente a los enemigos de la Nueva China. La proclama de &#8220;todos iguales en la misma clase social&#8221;, permitía dejar a un lado la espinosa cuestión de la identidad étnica y actuaba como bálsamo preventivo y reparador frente a los conflictos. Pero volver a ese escenario, con la pluralidad social actual y una vez atribuidos a las minorías derechos compensatorios por los agravios y excesos cometidos durante la revolución cultural, es harto difícil, si bien el mantenimiento de esta política es muy impopular entre la mayoría han<em>.</em></p>
<p>Pero la nueva juventud china, en su gran mayoría, está bien lejos de las diatribas políticas e intelectuales acerca de las hipotéticas bondades del maoísmo en comparación con las dificultades de su vida actual, y simplemente se congracia al admirar las excelencias estéticas de una moda que le sugiere recuerdos de un tiempo duro aunque lleno de esperanza que hoy, dejando a un lado su significación ideológica, simplemente le sienta bien.</p>
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		<title>La juventud y sus rumbos</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Aug 2009 19:36:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Antonio Marina</strong> (ABC, 02/08/09):</p>
<p>Hace unos años realicé con mis alumnos una revisión de las noticias que sobre la juventud publicaban los principales periódicos europeos y americanos. Casi todas ellas se referían a sucesos dramáticos y antisociales. No debemos dejarnos engañar por esta imagen sesgada, que puede acabar convirtiéndose en una profecía que se cumple por el hecho de enunciarla. La tipología de la juventud es muy variada. Es cierto que ha aumentado la conflictividad juvenil, la delincuencia adolescente, los comportamientos de riesgo, las conductas agresivas hacia los padres, la indisciplina en las aulas, y que de vez &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/26169/la-juventud-y-sus-rumbos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Antonio Marina</strong> (ABC, 02/08/09):</p>
<p>Hace unos años realicé con mis alumnos una revisión de las noticias que sobre la juventud publicaban los principales periódicos europeos y americanos. Casi todas ellas se referían a sucesos dramáticos y antisociales. No debemos dejarnos engañar por esta imagen sesgada, que puede acabar convirtiéndose en una profecía que se cumple por el hecho de enunciarla. La tipología de la juventud es muy variada. Es cierto que ha aumentado la conflictividad juvenil, la delincuencia adolescente, los comportamientos de riesgo, las conductas agresivas hacia los padres, la indisciplina en las aulas, y que de vez en cuando todos nos sentimos horrorizados ante hechos terribles como asesinatos o violaciones cometidos por gente muy joven. Cuando esto sucede, nos volvemos llenos de indignación hacia el gobierno o hacia la escuela pidiendo medidas penales o medidas educativas, y se oye, como un triste clamor, una pregunta: ¿Pero qué está pasando? Lo malo es que cuando el impacto emocional remite, el problema se nos olvida, queda adormilado hasta que otra noticia lo despierta.</p>
<p>Me gustaría invitarles a una reflexión serena y prolongada. Y a la acción. Empezaré acotando el problema. La juventud no es una categoría temporal, no es un período que abarque de tal año a tal año. Tampoco es un concepto jurídico, pues el Derecho sólo admite la distinción entre menor y mayor de edad. Es un concepto cultural. Cada cultura mantiene unas creencias acerca de la juventud, que hacen que los jóvenes se comporten de una manera u otra. Es importante recordar esto, porque nos implica a todos, en diferentes grados por supuesto, en este asunto. Basta pensar que en general la juventud está financiada por los adultos. En España, lo primero que llama la atención es la amplitud que ha adquirido el concepto. Se aplica a la franja de edad que va desde los 15 a los 30 años. Cada vez se retrasa más la independencia de los jóvenes, que en gran parte se han instalado en una &#8220;impotencia confortable&#8221;. Las dificultades laborales son muy grandes, pero esa situación se sobrelleva mediante un gozoso aplazamiento de las responsabilidades, y un modo de vida en cierto modo adolescente.</p>
<p>Hablo de impotencia «confortable» porque, según las encuestas realizadas por el INJUVE, los jóvenes españoles -a pesar de la enorme tasa de paro- están contentos. Entre el 81 y el 89 % se sienten muy o bastante felices. En una escala de 1 a 10, se sitúan con 7´9 puntos, ocupando el primer lugar Dinamarca con 8´2. Lo que les hace felices son las relaciones con sus familias, amigos y parejas. Sin embargo, la idea que tienen de sí mismos no es muy halagüeña. Según las encuestas se reconocen consumistas, egoístas, irresponsables, interesados sólo en el presente, y con poco sentido del deber y del sacrificio. Valoran mucho la libertad, a la que confunden con la espontaneidad. Se creen libres, pero están atados a la familia, al grupo de amigos, a la moda, al móvil, a la obligación de divertirse. Sienten pavor ante la soledad, el aburrimiento y el silencio.</p>
<p>Javier Elzo señala que rechazan todo principio ético que se pretenda absoluto, sostienen un relativismo radical, son más tolerantes que solidarios, y propugnan con mayor énfasis las «virtudes públicas» que las «virtudes privadas», es decir, son menos permisivos con las «aventuras fuera del matrimonio» que con el aborto, el suicidio, la eutanasia o el divorcio. Su compromiso incluso con los valores que dicen defender, es muy laxo. Por último, tienen muy poca tolerancia a la frustración, lo que produce tres derivaciones: depresión, violencia, y retirada a posiciones hedonistas no muy ambiciosas. Es mejor no aspirar a mucho y «pillar» lo que se pueda.</p>
<p>La «adolescencia» se solapa parcialmente con el vago periodo de la juventud. Se extiende desde los 12 a los 18 años. Está haciendo desaparecer la infancia, y contagiando sus modos de comportamiento a la juventud más adulta, que sufre el síndrome de Peter Pan. Por eso me parece que repensar la adolescencia es un tema social urgente. Es un período inventado por razones educativas. En siglos pasados, la niñez se terminaba muy pronto con la incorporación de los niños al trabajo. Esto resultaba injusto, porque impedía que estos niños recibiesen la educación educada. Por eso se ha creado una edad protegida, con una finalidad estrictamente educativa: la adolescencia.</p>
<p>Sin embargo, en este momento parece que la estamos dando un prematuro estatuto de autonomía completa, desligándola de su finalidad pedagógica, no nos atrevemos a educar, primamos los derechos sin exigir los deberes, y estamos dejando a los adolescentes vivir en un vacío sin referencias. Era justo liberarles de precoces responsabilidades laborales, pero es un disparate evitarles toda responsabilidad.</p>
<p>Esto ha sido cosa de los adultos. Somos nosotros quienes los hemos convertido en un mercado apetecible. Los modelos de adolescentes que aparecen en las series de TV, no son copia de la realidad. Están induciendo la realidad. Somos por lo tanto los adultos quienes debemos reconducir la situación. Estamos educando mal a nuestros adolescentes. Les estamos contagiando nuestro escepticismo ético, no sabemos como recuperar la autoridad, mantenemos respecto de ellos una incoherencia legal abrumadora, estamos intoxicándoles de consumo, no estamos dándoles una educación moral adecuada. Hay una generación de padres bienintencionados y confusos que han pasado de tener miedo a sus padres a tener miedo a sus hijos.</p>
<p>Los problemas culturales tienen muchas causas, y por ello producen un cierto sentimiento de impotencia. ¡Yo no puedo hacer nada! En efecto, cada uno de nosotros no puede hacer nada, hace falta una movilización colectiva. Por eso repito muchas veces que para educar a un niño hace falta la tribu entera. Pero con los primeros que tenemos que contar es con los propios adolescentes. Una parte de nuestros jóvenes es espléndida, generosa y está estupendamente formada. Mi experiencia como profesor me dice que muchos de ellos responden con entusiasmo cuando se les presentan modelos de vida nobles y exigentes. No tengo esa visión deprimente que se ha generalizado. Tienen la misma necesidad de grandeza que tenemos todos, porque no somos tan miserables como creemos. Y tenemos que contar con esa adolescencia estupenda y animosa, aplaudirles, dar a conocer sus logros. Son nuestros grandes aliados, los protagonistas del cambio. Y estamos despilfarrando su talento. También, por supuesto, hemos de contar con el sistema educativo, con los padres y con la legislación. Les animo por ello a un gran debate sobre la adolescencia, y les invito también a que conozcan lo que estamos haciendo en la <a href="http://www.universidaddepadres.es/" target="_blank">Universidad de Padres</a> que he fundado. Una sociedad avanzada tiene muchos recursos educativos. Lo que no podemos hacer es continuar refugiándonos en una inercia pesimista y confortable, para salir a la calle sólo cuando nos conmueve un crimen. Hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores. Educar exige una larga y valiente paciencia. Y es cosa de todos.</p>
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		<title>La adolescencia y el sueño</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Jun 2009 09:22:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sanidad y Salud Pública]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan José Poza</strong>, neurólogo y coordinador del grupo de estudio de los trastornos de la vigilia y el sueño de la Sociedad Española de Neurología (EL CORREO DIGITAL, 28/06/09):</p>
<p>El sueño es un elemento esencial de la vida. Pasamos prácticamente un tercio de nuestra existencia dormidos y la sola magnitud de este dato ya nos da una idea de la importancia que le da nuestro organismo a esta actividad. Quizá hablar de actividad para referirnos al hecho de dormir nos parezca un contrasentido, pues todos asociamos el sueño a lo contrario, al reposo y la inactividad. Que el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/25931/la-adolescencia-y-el-sueno/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan José Poza</strong>, neurólogo y coordinador del grupo de estudio de los trastornos de la vigilia y el sueño de la Sociedad Española de Neurología (EL CORREO DIGITAL, 28/06/09):</p>
<p>El sueño es un elemento esencial de la vida. Pasamos prácticamente un tercio de nuestra existencia dormidos y la sola magnitud de este dato ya nos da una idea de la importancia que le da nuestro organismo a esta actividad. Quizá hablar de actividad para referirnos al hecho de dormir nos parezca un contrasentido, pues todos asociamos el sueño a lo contrario, al reposo y la inactividad. Que el sueño tiene una función fundamental de descanso es obvio, pero pensar que se reduce a eso es una simplificación exagerada de una realidad mucho más compleja.</p>
<p>El sueño no es un estado homogéneo, sino una secuencia ordenada de procesos que se repiten rítmicamente cada 90-120 minutos, en la que nuestro cerebro pasa de fases de descanso a otras de intenso trajín. Durante las primeras nuestras neuronas recargan sus fuentes de energía, limpian los deshechos que se han ido acumulando durante la vigilia y reparan su maquinaria celular para afrontar las exigencias que vendrán tras el despertar. La función de las segundas aún no la comprendemos completamente, pero sabemos que son indispensables para el establecimiento y consolidación de la memoria y de las emociones. La expresión popular de &#8216;consultar los problemas con la almohada&#8217; tiene una base fisiológica. Durante el sueño las experiencias vividas durante la vigilia se organizan, se ordenan, se integran con un componente emocional y se articulan con nuestra memoria previa. En este proceso, un problema aparentemente insoluble o una decisión difícil durante la vigilia pueden encontrar su solución. Por este motivo, la privación de sueño disminuye sustancialmente la capacidad de atención, de concentración y de memorización, provoca irritabilidad y agresividad y si se prolonga a la larga acaba modificando el ánimo, ocasionando apatía, anhedonia y tristeza.</p>
<p>La función del sueño no se limita al cerebro, sino que se extiende a todo el organismo influyendo decisivamente en el control de nuestras hormonas y de nuestro sistema inmunológico. El sueño hace crecer, porque la hormona de crecimiento, entre otras, se segrega mientras dormimos. La falta de sueño engorda, porque altera el equilibrio entre grelina y leptina, hormonas relacionadas con el apetito y la saciedad. Y las personas privadas crónicamente de sueño sufren más infecciones y más graves que las que satisfacen adecuadamente sus necesidades.</p>
<p>Sin embargo, a pesar de que nuestra propia experiencia nos advierte a corto plazo del efecto nocivo que tiene el dormir poco, tenemos pocos reparos como individuos y como sociedad para maltratar nuestro sueño. Se calcula que dormimos entre una y dos horas menos al día que a principios del siglo XX, cuando no había electricidad, y la tendencia a reducir el tiempo de sueño se mantiene con el desarrollo tecnológico y el aumento de las posibilidades de distracción. La hora de inicio del sueño se retrasa cada vez más. Los programas de televisión de prolongan hasta horas imposibles para nuestros relojes biológicos y las actividades lúdicas se organizan cada vez más entrada la noche. Sin embargo, la hora de despertar se mantiene, o incluso se adelanta con el fin de conseguir un horario laboral más integrado que nos deje la tarde libre para el ocio.</p>
<p>Acortar el tiempo de sueño implica entorpecer los procesos de aprendizaje, no de una manera lineal sino exponencial, pues la primera mitad del sueño se dedica fundamentalmente a las tareas de mantenimiento y reposo, mientras que las funciones de integración y memorización de la información se realizan principalmente en la segunda mitad del sueño, que es la que más reducimos si nos obligamos a despertar antes de lo que nuestro cerebro había programado.</p>
<p>Periódicamente nos sobresaltamos al conocer las cifras crecientes de fracaso escolar. Si bien es evidente que éste es un problema complejo de origen multifactorial, también es indudable que mantener la maquinaria del aprendizaje en condiciones satisfactorias de servicio es el paso primero e ineludible para conseguir un rendimiento óptimo y después de lo expuesto creo que a nadie se le escapa que esto sólo es posible con un sueño suficiente en cantidad y calidad.</p>
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		<title>Más vida a la educación</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Jun 2009 19:05:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Sexualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Isidre Marías</strong>, profesor de secundaria y experto en educación sexual y afectiva (LA VANGUARDIA, 07/06/09):</p>
<p>Parece que, en otros tiempos, la sexualidad de los adolescentes fuera cosa de curas y, de un tiempo a esta parte, lo sea de los médicos.</p>
<p>En la primera transición, se evidenció la necesidad sociosanitaria de hacer prevención de conductas sexuales de riesgo (embarazo adolescente, sida), lo que llevó a la escuela a unos especialistas externos que llevaban a cabo intervenciones concretas y de tipo informativo. Pero estos profesionales, normalmente sanitarios, pronto se dieron cuenta del corto alcance de esas intervenciones, por ser &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/25367/mas-vida-a-la-educacion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Isidre Marías</strong>, profesor de secundaria y experto en educación sexual y afectiva (LA VANGUARDIA, 07/06/09):</p>
<p>Parece que, en otros tiempos, la sexualidad de los adolescentes fuera cosa de curas y, de un tiempo a esta parte, lo sea de los médicos.</p>
<p>En la primera transición, se evidenció la necesidad sociosanitaria de hacer prevención de conductas sexuales de riesgo (embarazo adolescente, sida), lo que llevó a la escuela a unos especialistas externos que llevaban a cabo intervenciones concretas y de tipo informativo. Pero estos profesionales, normalmente sanitarios, pronto se dieron cuenta del corto alcance de esas intervenciones, por ser demasiado específicas. Se veía necesario llevar a la práctica un tipo de prevención más inespecífica, que fomentara en los adolescentes habilidades y estrategias personales que les ayudaran a resolver de manera positiva las posibles situaciones de riesgo. Se evidenciaba que la prevención era una tarea que había que ir realizando en todo el proceso educativo. También desde un sector del profesorado se echó pronto en falta un abordaje verdaderamente educativo de estas cuestiones.</p>
<p>La sexualidad, que incluye necesariamente la afectividad, es un elemento fundamental en el desarrollo personal y social del individuo, y repercute en general en todo el proceso formativo. Tras los altibajos en el aprendizaje por parte de algunos chicos y chicas, podemos encontrar, a menudo, problemáticas de tipo sexo-afectivo que la práctica docente no puede ni debe ignorar.</p>
<p>Sin embargo, a veces se oyen voces contradictorias. Unos reclaman que &#8211; en este tema como en tantos otros-la escuela intervenga en todo tipo de desaguisados, mientras que otros recelan del posible menoscabo de una tarea que creen reservada a una evanescente misión de la familia. Pero lo cierto es que, como dice el refrán africano, para educar a un niño se necesita a toda la tribu.</p>
<p>Las diferentes encuestas de salud constatan una alta frecuencia de conductas de riesgo susceptibles de ser evitadas con actuaciones educativas. Aun estando de acuerdo con nuevas medidas que hoy se plantean, como la mayor facilidad para el acceso a la píldora poscoital o la modificación en la legislación sobre la interrupción del embarazo en adolescentes, debemos darnos cuenta de que estas actuaciones están sólo en la línea de la reducción de daños.</p>
<p>Hay que integrar la educación sexual en la escuela, pero yendo más allá de enfoques exclusivamente informativos o con un sesgo invariablemente biologista, partiendo del contexto sociocultural de la población a la que va dirigida la acción educativa, haciendo partícipe al adolescente, conduciéndolo a una reflexión y un diálogo sobre algo que para ellos es vida. No se trata de inculcar unos valores, como algunos recelan. Nuestros adolescentes ya viven &#8211; lo queramos o no-una notable inmersión en una sociedad hipersexualizada en la calle, en la televisión o en el ciberespacio; ahora se trata de abordar educativamente lo obvio, lo omnipresente. El objetivo básico ha de ser lograr la identificación e integración sexual del individuo, capacitándolo para que cree sus propios valores y actitudes, que le permitan realizarse y vivir su sexualidad de una manera sana y positiva, consciente y responsable en su cultura, su época y su sociedad.</p>
<p>Sin embargo, la mayoría de las intervenciones que se han venido haciendo han connotado casi siempre que la sexualidad es igual a peligro y desgracia, mientras que la percepción que tienen los adolescentes es la de que la sexualidad sugiere realización y felicidad. Tenemos que ser capaces de tratar la sexualidad en clase de forma positiva. De otro modo, no tendremos credibilidad, no pasaremos de parecerles unos pájaros de mal agüero o cenizos aguafiestas, a los que a duras penas se escucha. Habría que abordar también el amor y el desamor, la autoestima y las servidumbres de la estética, el placer y las opciones…, las razones y las emociones.</p>
<p>Tras tres décadas de democracia, seguimos teniendo pendiente una revolución educativa, que no es &#8211; o &#8220;no es fundamentalmente&#8221;-la de las pizarras digitales o los ordenadores per cápita, sino la de acercar el aula a la vida y llevar la vida a las aulas. Entonces, de paso, mejoraremos en tantos aspectos o indicadores de calidad educativa como nos preocupan-o decimos que nos preocupan.</p>
<p>En estas tres décadas, no pocos profesionales de la educación han trabajado en este sentido, tejiendo complicidades, enhebrando voluntades, compartiendo experiencias, depurando métodos, mirando de conjugar lo deseable con lo posible; esfuerzos que se han visto muchas veces desbaratados con erráticos e inopinados cambios en el marco curricular &#8211; bajo diversos gobiernos-,por parte de supuestos especialistas que tocan de oído. Más acá de la pastilla sí o la pastilla no, deberíamos plantearnos recoger esas experiencias y esa perspectiva, como mejor forma de prevención, pero también de educación integral para la vida.</p>
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		<title>Criterios de la condición adulta</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Apr 2009 16:54:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de Filosofía de la Universitat de Barcelona (LA VANGUARDIA, 19/04/09):</p>
<p>¿Cuándo decimos que una persona joven ya ha entrado de lleno en la edad adulta? Antaño ese tránsito estaba claro y unívocamente señalizado a través de determinados ritos de paso. Del servicio militar, por ejemplo, se decía &#8211; con un convencimiento que hoy sin duda nos hace sonreír-que los chicos volvían hechos unos hombres. La desaparición &#8211; o la devaluación-de tales ritos ha desdibujado las fronteras y emborronado los límites, de manera que plantear hoy la pregunta inicial obliga a una mínima definición previa de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/24756/criterios-de-la-condicion-adulta/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Cruz</strong>, catedrático de Filosofía de la Universitat de Barcelona (LA VANGUARDIA, 19/04/09):</p>
<p>¿Cuándo decimos que una persona joven ya ha entrado de lleno en la edad adulta? Antaño ese tránsito estaba claro y unívocamente señalizado a través de determinados ritos de paso. Del servicio militar, por ejemplo, se decía &#8211; con un convencimiento que hoy sin duda nos hace sonreír-que los chicos volvían hechos unos hombres. La desaparición &#8211; o la devaluación-de tales ritos ha desdibujado las fronteras y emborronado los límites, de manera que plantear hoy la pregunta inicial obliga a una mínima definición previa de lo que queremos decir en cada caso.</p>
<p>Si identificamos, como suele hacerse en el lenguaje ordinario, edad adulta con pleno desarrollo de todas las esferas del individuo (física, psicológica, emotiva&#8230;), de inmediato comprobamos que no resulta fácil dibujar hoy aquellas líneas de demarcación, de la misma forma que se hace francamente difícil establecer el grado de madurez de una generación en comparación con otra. Así, se suele afirmar que los varones de las generaciones anteriores solían empezar a trabajar a los catorce años, mientras que las mujeres acostumbraban a casarse con veintipocos y empezaban a tener hijos de inmediato.</p>
<p>La generación actual, en cambio, se incorpora mucho más tarde al mercado de trabajo (no son pocos los que lo hacen cerca ya de la treintena), abandonando el domicilio familiar, contrayendo matrimonio y asumiendo responsabilidades como padres bien entrada esa década. Si se atiende únicamente a estos elementos, se tendría entonces la tentación de concluir que la madurez de la condición adulta se alcanzaba antes mucho más deprisa que ahora. Pero, a poco que uno amplíe los elementos que considerar e introduzca, por decir algo a voleo, datos como el de que muchos mozos no habían visto el mar hasta que habían ido a la mili, o que muchas mujeres no habían conocido varón hasta que se casaban, en seguida se deja ver que el signo de la comparación está lejos de ser inequívoco.</p>
<p>Pero probablemente no baste con concluir, a partir de lo precedente, que lo que consideramos edad adulta es algo que varía a lo largo del tiempo y según las sociedades. Sin duda parece ser así, pero no habríamos avanzado gran cosa con la constatación (a fin de cuentas, ¿qué hay que no varíe a lo largo del tiempo y según las sociedades?) si no fuéramos capaces de mostrar a través de qué mecanismos se produce la variación. Y es al llegar a este punto cuando se nos aparece un rasgo particularmente significativo de la condición adulta o madura, a saber, que ella no se obtiene ni se consigue, sino que es atribuida o recibida. En concreto por las generaciones anteriores, que son las que establecen los procedimientos o, en todo caso, los criterios para la atribución.</p>
<p>Importa subrayar esto porque no siempre están claros tales criterios. Hay algo profundamente inquietante en la forma como las generaciones ya instaladas en la madurez tienden a considerar a las que vienen detrás. Así, llama la atención la reacción &#8211; a medio camino entre el estupor y el escándalo-que, con tanta frecuencia, tienen ante los más jóvenes.</p>
<p>Llevo toda mi vida escuchando la frase &#8220;los jóvenes de hoy saben muchísimo más que nosotros&#8221;, frase que, a menudo, se refuerza con aquella otra, igualmente repetidísima, &#8220;yo a su edad era muy inocente&#8221;.</p>
<p>La cosa no daría mucho de sí a no ser porque la pronuncian incluso aquellos que no lo eran en absoluto, lo que mueve a pensar en el motivo profundo por el que los individuos, a partir de una cierta edad, necesitan proyectar inocencia con efectos retroactivos sobre su biografía.</p>
<p>Quizá sea una forma indirecta de intentar descargarse de responsabilidades, de protegerse por anticipado de los reproches que precisamente los más jóvenes les podrían lanzar por la trayectoria que han seguido o por la forma en que han vivido. Acaso nada deje más en evidencia el radical artificio de eso que llamamos condición adulta &#8211; y ya no digamos madurez-que la confrontación con aquellos que optan por vez primera a ella. Probablemente, la desaparición &#8211; o la devaluación-de los ancestrales ritos de paso a la que empezábamos aludiendo haya sumido en una profunda confusión a esos mayores encargados de gestionar el relevo. En todo caso, la confusión nunca es un buen lugar para quedarse a vivir.</p>
<p>Y resulta un poco preocupante que los mismos que con tanta frecuencia son capaces de sobreproteger a los más jóvenes hasta extremos casi ridículos, también lo sean de reaccionar, nerviosos, cuando se sienten amenazados por esa misma franja generacional, exigiendo, pongamos por caso, el más duro de los castigos para ciertos delitos, con independencia de la edad del delincuente. Poca madurez, desde luego, parecen demostrar quienes tienen criterios tan volubles.</p>
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		<title>Estragos educativos del porro</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/24420/estragos-educativos-del-porro/</link>
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		<pubDate>Sat, 28 Mar 2009 18:27:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Drogadicción]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Vicente Carrion Arregui</strong>, profesor de Filosofía (EL CORREO DIGITAL, 28/03/09):</p>
<p>No se alarmen. No quiero hablarles de aquel chaval que empezó a fumar porros y acabó atracando farmacias, &#8216;yonqui&#8217; perdido, sino de esta jovencita que ha pasado de ser una estudiante ejemplar a no poder terminar la ESO, reactiva a toda recomendación familiar que no sea complacer sus antojos. No ignoro que una cosa puede llevar a la otra pero es tan evidente que no por fumar porros se convierte uno en marginado social, delincuente, maltratador o abusador sexual -por probable que sea la asociación de todas estas &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/24420/estragos-educativos-del-porro/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Vicente Carrion Arregui</strong>, profesor de Filosofía (EL CORREO DIGITAL, 28/03/09):</p>
<p>No se alarmen. No quiero hablarles de aquel chaval que empezó a fumar porros y acabó atracando farmacias, &#8216;yonqui&#8217; perdido, sino de esta jovencita que ha pasado de ser una estudiante ejemplar a no poder terminar la ESO, reactiva a toda recomendación familiar que no sea complacer sus antojos. No ignoro que una cosa puede llevar a la otra pero es tan evidente que no por fumar porros se convierte uno en marginado social, delincuente, maltratador o abusador sexual -por probable que sea la asociación de todas estas conductas con las drogas- que más que incidir en el incierto futuro del joven porrero me interesa abundar en el vertiginoso presente de quienes se inician tan a la ligera en prácticas de alto riesgo. Hablamos de cerca del 40% de los dos millones y medio de jóvenes entre 14 y 18 años, de los cuales &#8216;sólo&#8217; el 10% corren riesgo de convertirse en adictos de por vida, según el último Informe del Plan nacional sobre Drogas. Es a ese 90% restante al que quiero referirme para advertirles del daño innecesario que se hacen a sí mismos y a sus familiares creyendo que el cánnabis ensancha sus horizontes vitales cuando en realidad los limita.<br />
La idea de que las drogas expanden la conciencia y pueden favorecer el autoconocimiento, la creatividad y la comunicación tuvo sus valedores en la cultura hippie pero no ha resistido ni las evidencias de los estudios médicos (con la excepción de sus propiedades paliativas de determinados dolores) ni, sobre todo, las del deterioro vital de sus paladines, machacados en cuerpo y alma al cabo de los años por las sustancias que iban a liberarles. Es obvio que las drogas deparan momentos memorables -y en ello radica su peligrosidad: en lo mal que puede uno sentirse cuando se pasa su efecto-, por lo que puede ser muy placentero su consumo ocasional. Pero de ahí a defender su conveniencia hay mucho trecho. En todo caso, lo que decidan hacer los adultos con su existencia es cuestión de cada cual. Convivir con los porros no me parece tan diferente a convivir con el alcohol, el tabaco o los psicofármacos, sólo que no veo ventaja alguna en hacer apología de tales limitaciones personales de la libertad, sobre todo cuando se proyecta sobre los jóvenes una falsa idea sobre los paraísos artificiales contenidos, en este caso, en el cánnabis. El derecho a desconectar de las complicaciones vitales por medio de estupefacientes legales o ilegales que podamos concedernos como adultos no es extensible a los menores de edad porque las drogas pueden provocar daños estructurales en sus circuitos cerebrales y en sus personalidades incipientes.</p>
<p>Ahora bien, no por ser conscientes de los perjuicios de su consumo hemos de negar el manifiesto placer que provocan. Si así lo hiciéramos daríamos argumentos a sus defensores por ignorar lo que todo adicto considera principal: la inmediatez de su disfrute. En mi opinión, una sólida prevención antidroga ha de reconocer en ellas el poderío de hacer intolerable la vida en su ausencia porque todo parece absurdo cuando llega el bajón. Pues es la intensidad del bajón lo que provoca esa permanente ansiedad por reproducir la experiencia añorada al precio que sea: económico, laboral o desatendiendo los compromisos o traicionando las confianzas que haga falta. Pasa con las drogas más duras, sí, pero con los porros también.</p>
<p>Una de las características principales de un buen porro es el sentimiento de bienestar que provoca. Sea por la intensidad perceptiva que realza la belleza del paisaje o la plenitud del momento presente, suscitando sentimientos de paz y armonía con el entorno, sea por la fluidez con que se desinhiben las emociones y ocurrencias, posibilitando experiencias de comunicación interpersonal de gran impacto, como si quedara al alcance de la mano la intimidad propia y ajena. No es de extrañar así que se haya incrementado tanto su consumo entre los jóvenes (se ha cuadruplicado desde 1994), tan atentos a tejer lazos amistosos libremente elegidos, tan urgidos por salir del cascarón familiar, tan inseguros a la hora de ensayar sus primeros escarceos sexuales. Lamento quitarle lírica a esos momentos del sábado noche en que el tiempo se detiene mientras alguien lía un canuto, preludio fijo de risas y franquezas, pero no puedo sino afirmar que la felicidad que esas caladas procuran es sólo aparentemente inocua pues, en realidad, el gusto por reproducir esos momentos a posteriori, liando ya tus propios porros, puede ser extraordinariamente dañino para los estudios y para la vida familiar.</p>
<p>Es muy difícil resistirse a un fogonazo de placer inducido por algo tan sencillo como unas cuantas inspiraciones. ¿Qué tiene de malo sentirse bien?, se dicen la mayoría de los chavales que lo experimentan. Que cuando se pasa el efecto en vez de sentirte &#8216;normal&#8217; te vas a sentir &#8216;mal&#8217;, contesto, con lo que empezarás a organizar tus días, tu economía y tus rutinas en función de repetir las experiencias placenteras, primero el próximo fin de semana, luego entre semana, luego a diario después de clase, luego en los recreos, luego haciendo piras, luego decidiendo que es una tontería estudiar, trabajar u obedecer cuando se tiene tan claro dónde y con quiénes está la fuente del placer.</p>
<p>Afortunadamente no siempre el consumo de porros provoca el fracaso escolar, pero creo que sí se produce siempre una peligrosa distorsión en la identidad personal, en la imagen que uno tiene de sí mismo. El placer de fumar un porro supone una inflación egoica que suscita calma, aparente lucidez, aceptación personal y sentimientos de omnipotencia. En edades adolescentes, ya de por sí máximas en egocentrismo, la idea que el porrero se hace de sí mismo es tan estupenda que le hace sospechar de la estupidez del sistema educativo y de todo lo que suene a esfuerzo, responsabilidad y ejercicio de la voluntad. Pasados sus efectos, queda la ansiedad, la desgana, el sentimiento de ser muy poca cosa, el desajuste entre las ideaciones y la capacidad para materializarlas, en fin, que los porros tensan extraordinariamente el abanico de estados interiores y por eso son proclives a desencadenar psicosis, trastornos bipolares, &#8216;borderlines&#8217; y demás. Pero sin llegar a la patología psíquica, algo siempre se quiebra entre el consumidor de porros y su entorno educativo y familiar. Hay un secreto que nadie sino él conoce: «no hay mejor momento en la vida que el de fumarse un porro», y hay que desarrollar toda una cadena de autojustificaciones, mentiras, ocultaciones, broncas y engaños para encontrar esos momentos de aparente encuentro con el bienestar &#8216;auténtico&#8217;. El joven porrero necesita crear una nueva frontera hacia sus familiares y educadores porque ha puesto bajo sospecha los códigos educativos en los que se había criado. El natural proceso de rebeldía generacional en aras de su afirmación personal se distorsiona completamente por influjo del cannabis. Toda la lógica del esfuerzo, la autosuperación, la atención a las necesidades ajenas, el disfrute de las rutinas domésticas y de los placeres sencillos se viene abajo ante el arrebato explosivo del colocón. La comprensión &#8216;auténtica&#8217; de sus colegas desbanca de pronto el laborioso influjo de padres y educadores porque le dicen a nuestro aprendiz de adicto lo que quiere oír: que no pasa nada, que los porros no enganchan, que los puede dejar cuando quiera.</p>
<p>Y no es verdad. Claro que el cánnabis no genera una adicción física tan intensa como otras drogas pero su influjo psicológico en el desarrollo adolescente puede ser muy intenso. Y no tanto por sus efectos más obvios en la memoria, en la concentración mental, en la somnolencia o en los altibajos emocionales, sino porque altera completamente la relación del joven con su propia fuerza de voluntad, auténtico motor de su realización futura, y también porque le confunde extraordinariamente en el ámbito afectivo: pasan a ser queridos quienes posibilitan sus amoríos con los porros y se convierten en enemigos todos los que rechazamos que pueda derivarse otro beneficio de sus juegos peligrosos que el de darse cuenta por sí mismo de qué peligroso era el juego del que ha escapado.</p>
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		<title>Todo no vale</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Feb 2009 10:50:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Televisión]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pilar Rahola</strong> (LA VANGUARDIA, 18/02/09):</p>
<p>Lo siento sinceramente por Ana Rosa Quintana, a quien tengo en gran estima. Creo que es una de las grandes profesionales de la televisión, y en una época me sentí muy a gusto colaborando con ella. A diferencia del maestro Josep Cuní (cuando se me pone &#8220;estupendo&#8221;, que diría Max Estrella, le llamo maestro), que es muy crítico con determinados formatos televisivos, yo tengo una mirada mucho más laxa de lo que significa la televisión.</p>
<p>De entrada, nunca me han molestado los programas rosa, aunque personalmente no sé nada de ese mundo, y siempre &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/23973/todo-no-vale/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pilar Rahola</strong> (LA VANGUARDIA, 18/02/09):</p>
<p>Lo siento sinceramente por Ana Rosa Quintana, a quien tengo en gran estima. Creo que es una de las grandes profesionales de la televisión, y en una época me sentí muy a gusto colaborando con ella. A diferencia del maestro Josep Cuní (cuando se me pone &#8220;estupendo&#8221;, que diría Max Estrella, le llamo maestro), que es muy crítico con determinados formatos televisivos, yo tengo una mirada mucho más laxa de lo que significa la televisión.</p>
<p>De entrada, nunca me han molestado los programas rosa, aunque personalmente no sé nada de ese mundo, y siempre me he negado a debatir sobre él. Pero no por moralina barata, sino por ignorancia. Como espectadora, sin embargo, el mundillo rosa me parece divertido y si no deriva hacia el abuso o la agresividad, lo percibo como un espectáculo más, como un puro y banal divertimento. Si, además, añado a la diversión el fino cachondeo del Sé lo que hicisteis de La Sexta, la diversión es completa. Tampoco he participado de algunas críticas desaforadas contra late shows de éxito, como el famosísimo Crónicas marcianas.Por supuesto, no todo lo que hizo Xavier Sardá me gustó, pero me divertí muchísimo participando en sus apasionados debates, y creo que su programa televisivo ha sido uno de los formatos más brillantes de la televisión moderna. No tengo duda de que Sardá es un auténtico creador de televisión.</p>
<p>Respecto al controvertido programa de Jordi González, La noria,reconozco que no siempre he estado a gusto &#8211; caso Violeta Santander-,y en muchas ocasiones he declinado la invitación a participar, pero los debates políticos con Enric Sopena, Isabel Durán, Miguel ÁngelRodríguez y María Antonia Iglesias siempre me han resultado vibrantes y punzantes, y ha sido un placer participar en ellos. Digo todo lo dicho porque creo que es de recibo dejar clara mi visión de la cuestión. Ni soy una hipercrítica con la televisión, en la línea de algunos colegas del periodismo, ni me parece incorrecto participar en ellos, si los debatientes o el tema lo hacen pertinente. Al fin y al cabo, ¿qué es la televisión, sino básicamente un espectáculo? Introducir algunas palabras e ideas en ese lenguaje televisivo no deja de ser un reto apasionante. Y, en muchos casos, la escandalera contra algún programa televisivo esconde una doble moral bastante hipócrita y poco fiable.</p>
<p>Pero todo lo dicho hasta ahora queda en nada cuando se traspasan algunos umbrales inquietantes, y entonces ya no se trata ni de televisión rosa, ni amarilla, sino de pura pornografía. Es decir, personalmente no me escandalizo por que un programa dedique una hora a la última alegría horizontal de una miss, o a la última novia del hijo de una tonadillera. Todos comen y viven del mismo plato de lentejas. Pero, en cambio, es un escándalo que una niña de 14 años sea entrevistada en prime time,en una especie de delirante interrogatorio, donde se le pregunta si &#8220;ya se imaginaba que su novio era un presunto asesino&#8221;, o si mostraba rastros de sangre. Esta niña, de cuyo nombre no quiero acordarme, ha ido a varios programas de televisión, a raíz del terrible asesinato de la joven Marta del Castillo, y en algunos de ellos ha sido mostrada a cara descubierta, aunque en todos ha recibido el mismo trato. Es decir, ha sido exhibida para goce del morbo y anhelo de la audiencia, presumiblemente comprada con el buen dinero que ha recibido. Decía que me duele por Ana Rosa, que ha sido una de las entrevistadoras, y me duele porque me resulta imposible entender cómo no le saltan las alarmas a una periodista seria cuando le plantean una entrevista de esta naturaleza.</p>
<p>Creo que es una indecencia someter a una niña a un espectáculo de esta índole, y más a sabiendas de estar viviendo una experiencia brutal y trágica. Es cierto que la primera responsable de esta indecencia televisiva con una menor es la madre, que parece encantada exhibiendo a su hija en los platós, pero la responsabilidad está muy repartida. Desde luego, los padres de la menor tendrían que recibir un severo varapalo de la fiscalía, que, según parece, ha abierto diligencias. Como tendrían que recibir noticias del Defensor del Menor. ¿O es que resulta que los niños están protegidos de casi todo menos de su uso y abuso televisivo? Pero más allá de los padres, hay un largo listado de responsables que consideran pertinente saltarse todos los códigos éticos y entrevistar a una niña de 14 años, cuyo novio es el presunto asesino de otra joven. Esa entrevista ¿qué aporta al periodismo y a la información? Nada. Porque su territorio no es el informativo, su territorio es el chapoteo en el barrizal de las vísceras. Es decir, la niña es puro morbo, y es al morbo al que se estruja, para goce de las cuentas de explotación de las televisiones implicadas. Desde los directores de las cadenas hasta los directores de los programas, incluyendo a los entrevistadores, el listado de personas que podrían haber tenido alguna duda razonable, y parar esta entrevista, se alarga hasta la vergüenza. Sólo falta añadir el éxito que tuvieron los programas, para saber que la vergüenza es colectiva. Lo cual nos lleva a una hiriente conclusión: somos lo que vemos en televisión, y lo que somos da bastante miedo.</p>
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		<title>Juventud neutralizada</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Oct 2008 08:17:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Joseba Arregi</strong>, presidente de la asociación cultural Aldaketa (EL PERIÓDICO, 10/10/08):</p>
<p>Aunque la juventud, por definición, es una etapa de la vida que pasa, que no dura demasiado, durante bastante tiempo ha sido la mimada de la sociedad: ser joven era el ideal, y todos los partidos políticos competían por hacerse con el voto juvenil. El partido mejor situado para el futuro era el partido que con más voto juvenil contaba. Mucho me temo que los innombrables les han quitado el puesto. Los innombrables, porque la palabra viejo va a desaparecer del diccionario, donde solo sobrevivirán los mayores, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22425/juventud-neutralizada/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Joseba Arregi</strong>, presidente de la asociación cultural Aldaketa (EL PERIÓDICO, 10/10/08):</p>
<p>Aunque la juventud, por definición, es una etapa de la vida que pasa, que no dura demasiado, durante bastante tiempo ha sido la mimada de la sociedad: ser joven era el ideal, y todos los partidos políticos competían por hacerse con el voto juvenil. El partido mejor situado para el futuro era el partido que con más voto juvenil contaba. Mucho me temo que los innombrables les han quitado el puesto. Los innombrables, porque la palabra viejo va a desaparecer del diccionario, donde solo sobrevivirán los mayores, la tercera edad, los séniores y otras circunlocuciones parecidas.<br />
Aunque, bien mirado, en realidad no se produce ningún cambio de perspectiva, ninguna sustitución generacional. Es por lo menos lo que se desprende de una referencia que se ha podido leer en varios medios de comunicación: el observatorio español de la juventud afirma que, para que un joven se pueda independizar, necesita un sueldo mensual de 3.000 euros. Y no es la primera vez que se hacen públicas afirmaciones parecidas. Hace ya algunos años que el Consejo Español de la Juventud aireó la opinión de que un joven debía hipotecar una parte muy importante de su sueldo mensual para poder adquirir en propiedad un piso de 100 o 120 metros cuadrados.</p>
<p>SI UNO SE pone a hacer cuentas, cualquiera de las dos afirmaciones parece razonable. Si se aceptan como válidos los valores imperantes en nuestras sociedades, si se dan por buenos los criterios con los cuales parece que funcionamos todos, este tipo de afirmaciones son del todo correctas. No van contracorriente. Suponen la confirmación de lo establecido. Implican la consolidación de los valores reinantes en la sociedad española. Refuerzan el ideal pequeñoburgués de la mayoría de ciudadanos españoles.<br />
Es probable que seamos unos pocos viejos los que todavía sigamos apegados a la idea de que los jóvenes tienden a ser rebeldes, deben oponerse a lo establecido y propugnar nuevos valores para que el futuro no sea la repetición del pasado. Pero ambas afirmaciones citadas contienen significados preocupantes. ¿Qué significa independizarse? Si para ello son necesarios 3.000 euros, ¿cuántas personas dependientes existen en España hoy? ¿Cuántos trabajadores, o asalariados, no llegan a un sueldo de esa cuantía? ¿Son todos ellos dependientes? ¿Cuántos españoles viven en pisos que no llegan a los 120 metros cuadrados, ni siquiera a los 100?<br />
Me imagino que más de un adulto se sentirá ridiculizado por haberse independizado en su día con bastante menos de 3.000 euros, con bastante menos que lo correspondiente en su tiempo a lo que puedan suponer hoy 3.000 euros. Hicieron el ridí- culo: tenían que haber seguido viviendo con sus padres hasta llegar a ganar sueldos de esa cuantía. Aunque, de nuevo bien mirado, quizá ni hoy hayan llegado a ese nivel, y, desde luego, es más que probable que sus padres tampoco lo hubieran alcanzado en su tiempo.<br />
No se trata de idealizar la situación actual. No se trata de minimizar los problemas que viven los jóvenes en España. El mileurismo, la precariedad laboral, la situación de la enseñanza, las dificultades de acceder a una vivienda &#8211;por la rigidez de las normas que dictan la media de metros de una promoción, por falta de un verdadero mercado de alquiler, por los precios&#8211;, la necesidad de aportar al contrato generacional que asegura las pensiones actuales y, al mismo tiempo, tener que empezar a capitalizar las propias&#8230; son muchos los problemas que afectan a los jóvenes hoy en España.<br />
Pero para hacer frente a esos problemas lo que se requiere es una mínima capacidad de crítica del modo de funcionamiento de las sociedades actuales. Lo que las afirmaciones citadas indican, sin embargo, es que lo que se pretende es estar bien integrados en el sistema, participar lo máximo posible del sistema, y cuanto antes. Si lo que pretenden los jóvenes es ser beneficiarios del sistema actual desde el inicio de su andadura profesional, a alguien habrá que pasar la factura de los costes que este sistema, como todo sistema, también tiene.</p>
<p>SI LOS JÓVENES pretenden haber llegado antes de empezar, si los jóvenes entronizan con sus exigencias los valores y criterios que hacen de esta sociedad lo que es, lo que están planteando es que quieren ser mayores desde jóvenes, lo que están afirmando es que no hay diferencias entre ser joven o ser adulto, o ser mayor, o ser viejo, con perdón. Si los jóvenes españoles solo se van a independizar cuando ganen 3.000 euros, si los jóvenes españoles creen que independizarse no empieza por tener ideas algo distintas, por articular ideas críticas, por elaborar estilos de vida alternativos, por alguna capacidad de sacrificio, entonces han llegado a ser mayores antes de haber sido jóvenes de verdad.<br />
Es cierto que el peso demográfico de las sociedades europeas va pasando de la infancia y la juventud a las edades maduras. Es cierto que la población europea va envejeciendo y que la pirámide de edad ha cambiado radicalmente. Pero la pregunta seria no es solo esa. La pregunta seria es si las sociedades europeas no están envejeciendo mentalmente, pese a la autoconciencia de progresía e izquierdismo que enarbolan frente a los neoconservadores americanos. Ya lo tiene escrito Alain Touraine: Europa es una sociedad de jubilados.</p>
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		<title>Una generación comprometida</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Aug 2008 20:01:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Josep Oriol Pujol</strong>, Director general de la Fundació Pere Tarrés (EL PERIÓDICO, 12/08/08):</p>
<p>En una sobremesa de antiguos compañeros de una escuela de negocios se debatía la dificultad de encontrar personal cualificado y responsable. Todos se quedaron sorprendidos cuando el directivo de una empresa de comunicación afirmó, taxativo: &#8220;A igual formación y experiencia para cualquier puesto, yo elegiría siempre a quien fue camarero&#8221;. La razón: &#8220;Son personas que saben qué es trabajar, que aguantan todo tipo de excentricidades&#8230;&#8221;. Desconozco si los otros comensales, a partir de ese día, se fijan en la experiencia como camarero cuando alguien presenta &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21451/una-generacion-comprometida/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Josep Oriol Pujol</strong>, Director general de la Fundació Pere Tarrés (EL PERIÓDICO, 12/08/08):</p>
<p>En una sobremesa de antiguos compañeros de una escuela de negocios se debatía la dificultad de encontrar personal cualificado y responsable. Todos se quedaron sorprendidos cuando el directivo de una empresa de comunicación afirmó, taxativo: &#8220;A igual formación y experiencia para cualquier puesto, yo elegiría siempre a quien fue camarero&#8221;. La razón: &#8220;Son personas que saben qué es trabajar, que aguantan todo tipo de excentricidades&#8230;&#8221;. Desconozco si los otros comensales, a partir de ese día, se fijan en la experiencia como camarero cuando alguien presenta un currículo en sus organizaciones. Lo que sí es cierto es que la categoría humana de las personas es fundamental para el éxito de cualquier empresa, sea mercantil, la pareja o unas vacaciones en grupo. Y creo no equivocarme mucho si aseguro que la categoría humana de las personas se forma en la infancia y la adolescencia.</p>
<p>EN UNA ÉPOCA en la que a mucha gente se le llena la boca criticando una juventud vacía de valores y alejada del compromiso y la implicación social, quizá el Día Internacional de la Juventud, que se celebra hoy, es un buen momento para reivindicar el papel de otra juventud que ejerce cada día una labor social y educativa tan esencial como invisible socialmente. La Fundació Pere Tarrés federa unos 180 centros de esplai que acogen a 15.000 niños, adolescentes y jóvenes gracias a la labor educativa y voluntaria de 4.000 monitores catalanes. Este es solo un ejemplo de los cerca de 14.000 monitores voluntarios que colaboran en entidades de ocio catalanas. Un ejemplo del compromiso de muchos chicos y chicas que, como opción de vida, apuestan por dedicar su tiempo libre acompañando a niños y jóvenes en su proceso de crecimiento. Estos jóvenes catalanes de entre 18 y 25 años deciden pasar la tarde del sábado, los fines de semana y sus vacaciones de verano no en discotecas, ni ante una pantalla de ordenador ni en centros comerciales, sino en actividades de esplai. Si aceptamos que los fundamentos de la categoría humana de las personas se construyen en la juventud, entonces sus inquietudes sociales, su interés educativo, su actitud comprometida y responsable son sin duda buenos pilares para el futuro. Según un estudio del Consejo de la Juventud de España, ejercer de monitor aporta competencias esenciales para el desarrollo profesional y personal como la capacidad de iniciativa, la creatividad, el trabajo en equipo o la resolución de conflictos. Es decir, una auténtica escuela de ciudadanía.<br />
Y no solo para el futuro personal y profesional, sino también para el futuro de nuestra sociedad. No podemos olvidar que estos jóvenes son transmisores de valores, educan niños y les dan apoyo emocional. Además, asumen una importante función de integración de niños y jóvenes inmigrantes por estar situados en barrios con una fuerte presencia de familias recién llegadas. También realizan una valiosa función educativa con niños con dificultades especiales, afectados por el fracaso escolar, el absentismo, carencias afectivas y sociales, delincuencia o marginación. Y se convierten en modelos de referencia para los niños, adultos de mañana. La educación en el ocio es uno de los pocos ambientes positivos, de transformación social, en los que el menor aprende a actuar gratuitamente, a reflexionar de verdad, a compartir, a respetar&#8230; Seamos conscientes de que la proximidad que el niño o joven vive respecto de sus monitores no la vive con sus adultos. El niño y el adolescente, en su afirmación personal, suele tomar como modelo a sus iguales (compañeros de la misma edad o un poco mayores, como los monitores). De hecho, lo más habitual es intentar contraponerse a los hábitos de los adultos más cercanos. Por lo tanto, estos jóvenes que hacen de monitores voluntarios en su tiempo libre se convierten en un modelo de comportamientos, lenguajes, valores para las siguientes generaciones.</p>
<p>¿Y CUÁL ES este modelo? Un modelo de jóvenes que se detienen a reflexionar cómo ocupar parte de su tiempo de ocio de forma positiva, preguntándose qué pueden hacer, desde una contribución no remunerada, por los niños, el medio ambiente, el patrimonio cultural o un grupo de abuelos. Y que han descubierto que esto no es incompatible con el descanso ni la diversión. Analicemos las opciones: un campo de trabajo, hacer de voluntarios en cualquier proyecto, de monitores en un casal de verano, colonia o campamento, unirse a una organización de cooperación y colaborar con ellos en países en vías de desarrollo, trabajar en cualquier cosa para tener el orgullo de pagarse los propios gastos&#8230;<br />
¡Y qué distinto será el balance de quien sabe que se ha enriquecido, que ha contribuido a un proyecto, que palpa los resultados que su aportación ha tenido para él y los demás! Qué positivo puede ser ese verano que siempre recordaremos por una travesía de montaña, por unos niños que nos miraban, por una ruta natural en la que se subsistía con lo mínimo&#8230; A buen seguro que pueden darse oportunidades excepcionales para nuestro crecimiento personal y quién sabe si por esto, aparentemente irrelevante, un día nos contratan en una empresa de comunicación.</p>
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		<title>Why I&#8217;ve never been afraid to make my own choices</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jul 2008 21:55:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Noel Clark</strong>, a writer, actor and director (THE GUARDIAN, 03/07/08):</p>
<p>The other day, I came across a comment on the internet from a stranger who had seen a recent TV interview I&#8217;d done, questioning my authenticity. &#8220;How can he be like me?&#8221; he&#8217;d written. &#8220;How can he know what it&#8217;s like to grow up on a council estate when he said he had attended a university?&#8221; My first thought was, what an idiot. I grew up on an estate in west London, and I made it to uni on a grant &#8211; back when they had grants. My &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/20504/why-ive-never-been-afraid-to-make-my-own-choices/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Noel Clark</strong>, a writer, actor and director (THE GUARDIAN, 03/07/08):</p>
<p>The other day, I came across a comment on the internet from a stranger who had seen a recent TV interview I&#8217;d done, questioning my authenticity. &#8220;How can he be like me?&#8221; he&#8217;d written. &#8220;How can he know what it&#8217;s like to grow up on a council estate when he said he had attended a university?&#8221; My first thought was, what an idiot. I grew up on an estate in west London, and I made it to uni on a grant &#8211; back when they had grants. My second thought was that his response was a problem, not just for me but for society in general.</p>
<p>The fact that I had managed to get out of the situation I was in and better myself angered this person. They were actually insulted. It was as though, by attending university, I had lost my credibility. So are you a sellout if you study instead of hanging out with your friends and causing trouble? Of course not, but for some young people this is the message they get. And why is this happening? Two simple words: peer pressure.</p>
<p>At the moment, it is almost as if we are holding our breath for the next teenage stabbing, so that the scaremongering can begin again. The horrific nature of these deaths naturally focuses our attention on the victims, which is important as their young lives are ending far too quickly and carelessly. The problem is that it also focuses us on a small minority of bad kids while dismissing the thousands of decent, school-attending, ambitious teenagers in this country.</p>
<p>Young people, especially the ones who grow up in working-class areas, feel that they are not spoken to but spoken at. I know that when I was a teenager, I felt totally unrepresented &#8211; and that&#8217;s made worse if you can&#8217;t afford the things that you think everyone else has got. But if you do speak to them, and give them a positive choice, they take it.</p>
<p>When my first film, Kidulthood, came out two years ago, it got a lot of media attention because of the pretty graphic depiction of sex, drugs and violence among a group of teenagers who lived on the estates around where I grew up. But I wanted it to have a moral message too, about choice and responsibility. At the end of Kidulthood, one of the main characters, Trife, dies after he&#8217;s attacked with a baseball bat. I wanted to make it clear that, unlike the cartoon violence we so often see in Hollywood blockbusters, in reality when you&#8217;re hit in the stomach with a bat, you don&#8217;t get up.</p>
<p>My sequel, Adulthood, released last month, picks up the story six years later, and has a similar message: that there are consequences to every action. It follows Trife&#8217;s killer, Sam, on his release from prison and explores how he handles the pressure to get involved once again in drugs and violence when he returns to his old neighbourhood.</p>
<p>So how do we combat this peer pressure? How do we stop our children going down the wrong path? I don&#8217;t have an answer for everyone, but I can tell you how I did it. My mother, who brought me up on her own, instilled in me early and strictly the importance of being an individual. And at every point in my life when I was presented with things that could have taken me down the wrong path, I decided not to because I&#8217;ve never been scared to make my own choices.</p>
<p>But right now society doesn&#8217;t teach young people this. What we are teaching them is to buy the same trainers and wear the same labels. We&#8217;re teaching them that they can get the money for a house by going on some reality show.You ask a lot of young people what they want to be when they are older, and their only answer is &#8220;famous&#8221;.</p>
<p>We give media attention to supermodels who take drugs or attack their staff. We give it to pop stars who get off jail more times than is funny, and to singers who are killing themselves before our very eyes. And we give it to the reality-show public who end up &#8220;famous&#8221; and make their money by either (for men) causing trouble and shagging around or (for women) appearing everywhere in their underwear.</p>
<p>Giving press to these people does two things. It makes young people think they are not punishable for crimes: &#8220;If so-and-so can get away it, why can&#8217;t I?&#8221; And it makes those kids who can&#8217;t afford the trainers and the watches feel inadequate, and as if owning those items is the only way they can ever be accepted.</p>
<p>I&#8217;m all for rehab and second chances, but what about concentrating on people who never mess up in the first place? Positive role models are not highlighted enough. I&#8217;m not talking about me &#8211; but for the record, because I&#8217;m with my wife and mother of my child I am thus deemed boring and not pressworthy.</p>
<p>If young people don&#8217;t feel they have to act like their peers to fit in then they won&#8217;t do it. If they understand that you can get somewhere through hard work, or by standing your ground and being an individual, then they will do that instead.</p>
<p>I remember when Kidulthood came out, I was warned that the people it was aimed at would be too busy spending their money on booze to buy a cinema ticket. But that wasn&#8217;t what happened then, and it hasn&#8217;t happened this time either. Predictably, some of the young people who&#8217;ve seen Adulthood have told me that they didn&#8217;t like the ending, because it finishes on a hopeful note. (I didn&#8217;t want to make a mindless film that just perpetuated the cycle of violence.)</p>
<p>But they watched the ending, and that&#8217;s what&#8217;s important. At the same time, they also saw that a boy from a council estate can go on to make movies, and that leaves them with no excuse.</p>
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		<title>Jóvenes con valores</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jun 2008 18:49:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Elzo</strong>, catedrático emérito de Deusto (EL PERIÓDICO, 17/06/08):</p>
<p>Hablando de la juventud. suelo señalar dos errores básicos que no hay que cometer. En primer lugar, adularlos, mimarlos en exceso, sobreprotegerlos, aceptando sin más lo que digan y deseen. Ya lo decía Platón hace 24 siglos con estas palabras: &#8220;Cuando los padres se acostumbran a dejar hacer a sus hijos; cuando los hijos ya no toman en cuenta lo que aquellos dicen; cuando los maestros tiemblan ante sus alumnos y prefieren adularlos; cuando, finalmente, los jóvenes desprecian las leyes porque ya no admiten por encima de ellos la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/20293/jovenes-con-valores/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Elzo</strong>, catedrático emérito de Deusto (EL PERIÓDICO, 17/06/08):</p>
<p>Hablando de la juventud. suelo señalar dos errores básicos que no hay que cometer. En primer lugar, adularlos, mimarlos en exceso, sobreprotegerlos, aceptando sin más lo que digan y deseen. Ya lo decía Platón hace 24 siglos con estas palabras: &#8220;Cuando los padres se acostumbran a dejar hacer a sus hijos; cuando los hijos ya no toman en cuenta lo que aquellos dicen; cuando los maestros tiemblan ante sus alumnos y prefieren adularlos; cuando, finalmente, los jóvenes desprecian las leyes porque ya no admiten por encima de ellos la autoridad de nada ni de nadie, es el principio de la tiranía y el fin de la pedago- gía&#8221;.<br />
Recientemente, he participado en La Seu d&#8217;Urgell en unas jornadas organizadas por la Conselleria d&#8217;Educació de la Generalitat de Catalunya y tuve ocasión de escuchar bastantes intervenciones de profesores de primaria y secundaria manifestando su más que razonable malestar y preocupación por esta forma de educar a las nuevas generaciones.<br />
Pero el segundo gran error consiste en identificar al joven con la violencia, la droga, el alcoholismo, la juerga y, en general, con todo lo negativo. Así, los jóvenes de hoy no tienen valores, solamente piensan en divertirse, comer la sopa boba en casa, de donde no se van ni con aceite hirviendo. Nuestros jóvenes son individualistas, sin valores solidarios.</p>
<p>QUISIERA DEDICAR estas líneas a este segundo error, para empezar diciendo que los jóvenes son como son en razón de la sociedad en la que crecen (individualista y que sacraliza el bienestar personal, valor supremo de la mayoría de la población adulta), que sus valores son, en gran medida, reflejo de los de los adultos, que no hay juventud, sino jóvenes, con valores muy distintos entre sí y, la gran mayoría, con valores similares a los valores de sus propios padres.<br />
De ahí que, cuando hace dos años, me llamaron de la Obra Social de La Caixa a participar en un programa que llevaba por título el de este artículo, me interesé de inmediato. El objetivo es sacar a la luz pública que también hay jóvenes con valores. Mediante una convocatoria abierta a todos los jóvenes de España, se presentaron, esta vez, 921 proyectos, y un jurado decidió los cuatro mejores, de entre los previamente seleccionados en cada comunidad autónoma. Miembro yo mismo del jurado, junto a otros tres catedráticos, un representante del Instituto de la Juventud de España, el presidente del Consejo de la Juventud de España, una periodista, un miembro en representación de cada uno de los equipos de jóvenes ganadores de la convocatoria del año anterior y un representante de la entidad crediticia, puedo testimoniar el calor de las deliberaciones y que, en más de un caso, la voz de los jóvenes (la mitad del jurado) pudo con las canas de los sesudos catedráticos. Pero quizá ilustre mejor que mis palabras un breve resumen de los cuatro proyectos ganadores. Los dos primeros, entre adolescentes de 12 a 18 años. Los dos siguientes, entre jóvenes entre los 19 y los 25 años.<br />
En el denominado Senderismo Adaptado, en Castellón, se potencia la labor de 20 jóvenes del Grupo Scout 377 que realizan travesías en la naturaleza adaptadas a personas mayores, normalmente personas ingresadas en una residencia. Al mismo tiempo, se potencia la relación entre las edades, tan necesaria en nuestra sociedad.<br />
La iniciativa Música Solidaria surge de un grupo de siete jóvenes de un instituto tinerfeño. Han creado un grupo de música y danza con jóvenes subsaharianos y magrebís llegados en pateras a España y residentes en los centros de acogida, buscando mejorar los niveles de integración social de los jóvenes inmigrantes, así como propiciar mecanismos de comprensión y tolerancia por parte de los jóvenes canarios hacia &#8220;el otro&#8221;.<br />
Otro premio ha recaído en cinco jóvenes voluntarios de la Fundació Ludàlia que, desde el año 2005, han llegado a un acuerdo con la discoteca Luz de Gas de Barcelona para poder contar con un espacio a fin de satisfacer las necesidades de apoyo a los jóvenes con discapacidad intelectual. Así, unos 150 jóvenes con discapacidad intelectual disfrutan todos los domingos, de 17 a 20.30 horas, de una opción de ocio inclusivo para promover relaciones personales y sociales en un espacio de baile, música, expresión e interacción.</p>
<p>FINALMENTE, el cuarto proyecto seleccionado se realiza en Madrid. Un grupo de 12 jóvenes voluntarios llevan a cabo un proyecto de carácter socioeducativo con el Centro Penitenciario de Alcalá-<br />
Meco. Los jóvenes ofrecen una atención específica a algunos presos de 18 a 21 años: taller de lectoescritura, prevención de drogodependencias, inserción sociolaboral, ocio y tiempo libre, acompañamiento de los jóvenes tras su salida de prisión&#8230;<br />
El jueves, 5 de junio, los escaños del Senado, con su presidente, Javier Rojo, al frente, se llenaron con estos jóvenes, sus padres, educadores, los representantes y promotores de la idea y de su puesta en funcionamiento, y nosotros, los miembros del jurado, para la entrega de los premios. Apenas vi reflejo del acto en los medios de comunicación. Claro, ningún joven había agredido a un profesor, a su madre, a su compañero de clase. Estas líneas quieren testimoniar que también hay otros jóvenes. Con valores muy positivos.</p>
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		<title>Ways to be sure the kids are alright</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Jun 2008 14:08:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Reino Unido]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia juvenil]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Camila Batmanghelidjh</strong>, the founder of Kids Company (THE TIMES, 02/06/08):</p>
<p>Youth violence has become a national puzzle. Everyone is searching for the solution, but before it can be found we have to understand why teenagers are spilling blood on Britain&#8217;s streets.</p>
<p>There are two types of children involved &#8211; “imitators” and “initiators”. The initiator child learns violence in their abusive or neglectful family home. Deprived of loving relationships, the part of the brain responsible for control, empathy and anticipating the consequences of their actions does not develop healthily. Deep in the emotional centres of their brain, traumatic memories &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/20083/ways-to-be-sure-the-kids-are-alright/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Camila Batmanghelidjh</strong>, the founder of Kids Company (THE TIMES, 02/06/08):</p>
<p>Youth violence has become a national puzzle. Everyone is searching for the solution, but before it can be found we have to understand why teenagers are spilling blood on Britain&#8217;s streets.</p>
<p>There are two types of children involved &#8211; “imitators” and “initiators”. The initiator child learns violence in their abusive or neglectful family home. Deprived of loving relationships, the part of the brain responsible for control, empathy and anticipating the consequences of their actions does not develop healthily. Deep in the emotional centres of their brain, traumatic memories of abuse are stored &#8211; lethally unprocessed &#8211; that later generate bad behaviour and agitated energy. This type of child is “thermostatically impaired” &#8211; they cannot “regulate” their emotions and energy. Without calm they cannot learn or self-sooth.</p>
<p>Younger, battered children bank their revenge. When they are older and physically more robust they get the chance to make the shift from “underdog” to “top dog”. They know it is better to be powerful; you are less likely to be attacked, hence their preoccupation with “respect”. Designer clothes, “bling”, weapons, even having a tear tattooed on the side of your face to show you have killed, sends the message: “I am so violently competent, don&#8217;t attack &#8211; my revenge will be lethal.”</p>
<p>Initiator children report feeling “soothed” when they are hunting down their next victim. They experience calm after battering someone. Research demonstrates that this soothing has parallels in the release of neurochemical calmers in their brains. This type of child is violent because they seek relief from it. They plan, execute it and then they feel rewarded.</p>
<p>Many initiator children I have dealt with talk about being “triggered” &#8211; or “switching”. The anxious child is propelled into a state of neurochemical fury, perhaps by some incident reawakening some past memory of abuse. During this fury they often don&#8217;t hear or see the people who are trying to calm them down. If the victim pleads, the perpetrator&#8217;s response is one of revulsion: they don&#8217;t like begging because it reminds them of when they were children, pleading but with no one to protect them. Many of the remorseless killings are as a result of this “switching” mechanism.</p>
<p>These children are not afraid of prison; no threat from the authorities can be worse than what has already happened to them. They believe life is not worthwhile &#8211; no one cherished them. In being suicidally brave they can kill without regret.</p>
<p>The initiator child sets the temperature at street level, influencing the behaviour of imitator children. They are children from ordinary homes who have no need to be violent, but are forced into aggression to survive their attackers. Imitator children are bullied, or watch their peers being deeply humiliated. They are forced into imitating violence to acquire a higher power rating. Violated children, fed up of with being at the bottom of the pecking order, “tool up” to protect themselves. Violence is therefore a public health issue &#8211; like a virus it is spreading among children.</p>
<p>The knifings tell us that children don&#8217;t feel safe.</p>
<p>At Kids Company we have learnt from traumatised children the most effective way of helping them. The primary task is to make children safe, find them somewhere to live (84 per cent are homeless), remove them from the drug trade, and meet their basic needs for food and clothing: 60 per cent are unregistered with GPs and some have never been to a dentist; some suffer from malnutrition and infections; they have received no immunisation because they haven&#8217;t been to school for years; 83 per cent are addicted to substances that they use to self-medicate as many sleep badly and suffer night terrors.</p>
<p>The task is to work with young people to achieve “self-regulation” &#8211; to balance out their hyper-agitation with the ability to calm down. To relieve excessive anxiety we use sports: martial arts, boxing, and gym specialists are on the premises. When the kids want to fight they step in and give them a “safe fight” to release pent-up energy. For those in need of risk we provide challenging activities such as rock climbing or go-karting. Eventually we encourage young people to engage in intensive sports, during which we coach them away from addictions.</p>
<p>We use everything from massage and reflexology to meditation to create self-calming experiences that can be called on in times of aggression or anxiety. Once they are confident in managing their energy we begin therapeutic work using the arts to explore traumatic memories. Kids Company workers act as “compassionate companions”, helping the child to share the pain and grieve, sometimes in words and sometimes in pictures. Then we look to the future, to the child&#8217;s aspirations. Education, employment and volunteering help the child to reconnect to society as a valued and valuing citizen.</p>
<p>It takes time to build an internal control mechanism, but it is always more effective than a surveillance camera, ASBOs or prison. The University of London evaluated Kids Company&#8217;s holistic programme. Data from one street-level centre showed that 87 per cent of the young people returned to education and employment &#8211; compared with a national reoffending rate of 80 per cent. Over three years the University of London&#8217;s research showed an 89 per cent reduction in reoffending.</p>
<p>Social work departments are too depleted to deal with the scale of the challenge; social workers are often too scared to do the home visits, too terrorised to report their worries. About 553,000 children a year are referred to child protection services, but there is only capacity to put 30,700 on the child protection register and allocate a social worker to help to protect them. This failure is now disguised under a new term called “safeguarding” &#8211; a key part of the Government&#8217;s Every Child Matters agenda. We couldn&#8217;t protect the ones who needed it, now we&#8217;re saying “every child is going to be protected”. There&#8217;s one very serious catch: the Government has still not come up with a way of holding to account local authorities who airbrush out their failures &#8211; who checks how many invisible children are left outside the system?</p>
<p>Children see the discrepancy between our pretentions and the reality. The abandoned child waits to deliver his revenge for the danger we expose him to. Threats from children bear a message: zero tolerance for violence against children will result in no violence from children.</p>
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		<title>Educar antes que castigar</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Mar 2008 19:15:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia juvenil]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Esther Giménez-Salinas</strong>, rectora de la Universitat Ramon Llull, y <strong>Silvia Giménez-Salinas</strong>, decana del Col.legi d&#8217;Advocats de Barcelona (EL PERIÓDICO, 10/03/08):</p>
<p>No puede dudarse de que somos sinceros cuando nos horrorizamos ante el sufrimiento de un niño maltratado. Pero tampoco de que somos incoherentes cuando ese mismo niño, al convertirse poco tiempo después en un preadolescente molesto, olvidamos nuestra generosidad y exigimos sanciones más severas.<br />
Parece que nos cuesta comprender &#8211;no queremos pensar que nos negamos a ello&#8211; que la infancia, la adolescencia y la juventud de toda persona forman un continuo en el que los sufrimientos de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/19107/educar-antes-que-castigar/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Esther Giménez-Salinas</strong>, rectora de la Universitat Ramon Llull, y <strong>Silvia Giménez-Salinas</strong>, decana del Col.legi d&#8217;Advocats de Barcelona (EL PERIÓDICO, 10/03/08):</p>
<p>No puede dudarse de que somos sinceros cuando nos horrorizamos ante el sufrimiento de un niño maltratado. Pero tampoco de que somos incoherentes cuando ese mismo niño, al convertirse poco tiempo después en un preadolescente molesto, olvidamos nuestra generosidad y exigimos sanciones más severas.<br />
Parece que nos cuesta comprender &#8211;no queremos pensar que nos negamos a ello&#8211; que la infancia, la adolescencia y la juventud de toda persona forman un continuo en el que los sufrimientos de cada etapa tienen una fuerte repercusión en las etapas subsiguientes.</p>
<p>CIERTAMENTE, es fácil exigir leyes que protejan a los niños, nadie desaprovecha la ocasión de hacerlo, pero no lo es tanto abordar el tema de su responsabilidad. Lo cierto es que si la responsabilidad es ya un tema espinoso en el derecho de adultos, cómo no iba a serlo cuando hablamos de los jóvenes. ¿A partir de qué edad puede exigírsele a un menor que sea responsable de sus actos?<br />
Se trata de preguntas muy graves que no deberían ser tratadas con ligereza sino con toda la prudencia y el respeto que merece un tema que colinda con el milenario debate del libre albedrío. Ciertamente, si las mentes más brillantes de la historia del pensamiento no lograron solucionarlo, ¿no parece demasiado arriesgado pensar que lo vamos a solucionar nosotros ahora?<br />
La gran mayoría de los especialistas en el tema coinciden en que es imposible solucionar esta cuestión recurriendo exclusivamente a criterios científicos, de ahí que se haya adoptado como solución de mínimos el establecimiento de una edad biológica parcialmente convencional, los 14 años, por debajo de la cual, no se le aplican al menor medidas penales sino tan solo educativas.<br />
Esta creencia en la mayor generosidad y efectividad de los medios educativos sobre los represivos dice mucho y bien sobre nuestra sociedad. Quizás cuando de aquí a unos siglos, los historiadores recuerden la Europa de principios del siglo XXI, una de las pocas cosas que se elogiarán de nuestras sociedades será este tipo de esfuerzos sociales. Y son muchos los países que siguen creyendo en esto. Así, en España, Alemania, Austria o Italia, por citar sólo algunos ejemplos, la edad mínima por debajo de la cual no se le pueden aplicar medidas penales a los menores son los 14 años, y en Dinamarca, Noruega y Finlandia, los 15.<br />
Sin embargo, una fuerte corriente de populismo punitivo ha empezado a invadir nuestros países con la idea de que con más penas y más castigos conseguiremos construir una sociedad más segura. Como no podía ser de otra manera, dicha corriente ha acabado contagiando también la voluntad educativa de nuestra justicia juvenil. No es de extrañar, pues, que a pocas semanas de unas elecciones generales oigamos la propuesta de bajar la edad penal a los 12 años.<br />
Lo cierto es que la ley de responsabilidad penal de los menores ha sido una buena ley. Una ley que si bien llegó con mucho retraso, supuso un verdadero avance en el camino de una sociedad más justa y benevolente. ¿No es triste que después de haber sido de los últimos en sumarnos a esta generosa apuesta queramos ser ahora los primeros en abandonarla?<br />
Por otra parte, dicha ley ha sido modificada cuatro veces en seis años sin que en este tiempo la delincuencia juvenil haya aumentado significativamente. Es más, los estudios destacan que las intervenciones con menores son de mayor dureza que tiempo atrás.<br />
Parece algo absurdo argumentar que los menores son conscientes de &#8220;la maldad de sus hechos&#8221;. Claro que lo son. Hasta el niño que en el parque le coge la pala a otro niño (que siempre le gusta más) sabe que no está bien lo que hace y aun así eso no justifica que su acción deba ser tratada mediante el instrumento penal.</p>
<p>SI REALMENTE nuestro objetivo es educar en la responsabilidad, no debemos pensar que lo vamos a conseguir mediante la justicia penal, ni siquiera en su modalidad juvenil. ¿De qué manera este tipo de castigo puede generar sentimientos de empatía, capacidad de dar razón de las propias actuaciones o deseo de no volver a cometer en el futuro los mismos errores?<br />
Debemos pedir a las leyes mayor efectividad, no mayor popularidad. Debemos tratar de cambiar las cosas que no funcionan, haciendo caso de las investigaciones sociales, no hacer cambios innecesarios con el objetivo de ganar votos. En todo caso, ante la duda, ¿no es nuestra obligación dejar de infligir dolor, sobre todo si encima no estamos seguros de que sea necesario?</p>
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		<title>Delincuencia juvenil</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/18690/delincuencia-juvenil/</link>
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		<pubDate>Sun, 03 Feb 2008 09:54:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia juvenil]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Walter  Laqueur</strong>, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Washington Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 03/02/08):</p>
<p>El aumento de la delincuencia juvenil se ha convertido en un problema importante en Europa y en otras partes del mundo, aunque hasta fecha reciente no ha alcanzado la categoría de problema político preferente. Leo por ejemplo el titular destacado de The Sunday Times:&#8221;La ministra del Interior afirma que se siente insegura al andar de noche por las calles de Londres&#8221;. En algunas ocasiones la cuestión forma parte de manera patente del problema más general y amplio de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/18690/delincuencia-juvenil/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Walter  Laqueur</strong>, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Washington Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 03/02/08):</p>
<p>El aumento de la delincuencia juvenil se ha convertido en un problema importante en Europa y en otras partes del mundo, aunque hasta fecha reciente no ha alcanzado la categoría de problema político preferente. Leo por ejemplo el titular destacado de The Sunday Times:&#8221;La ministra del Interior afirma que se siente insegura al andar de noche por las calles de Londres&#8221;. En algunas ocasiones la cuestión forma parte de manera patente del problema más general y amplio de la inmigración en Europa (recuérdense los gritos proferidos por jóvenes turcos contra esos &#8220;alemanes de mierda&#8221;).</p>
<p>Como Angela Merkel, canciller alemana, informó, la mitad de los delitos registrados en Alemania son cometidos por jóvenes de menos de 21 años y de ellos la mitad son &#8220;de origen inmigrante&#8221;. Es imposible negar la gravedad del problema, que de forma creciente polariza la reclamación de medidas al respecto a cargo de las autoridades. Francia vive una situación similar. Un alto porcentaje de los internos de las cárceles franceses son negros o norteafricanos.</p>
<p>No obstante, en el Reino Unido la mayoría de los ataques delictivos son cometidos por bandas de jóvenes negros contra otros negros y de blancos contra otros blancos. Tampoco debería olvidarse el papel de grupos juveniles neonazis. Ciertos barrios de las capitales europeas se han convertido en zonas prohibidas e incluso las fuerzas policiales sólo entran en grupo.</p>
<p>En lo concerniente al terrorismo, se ha subrayado acertadamente que la cuestión se asocia a los abscesos o sarpullidos juveniles: el hecho de que en las sociedades del norte de África y de Oriente Medio, de elevada natalidad, la presencia de tantos jóvenes varones &#8211; muchos de ellos en paro- contribuye a una fácil caída en la violencia. Sobre la delincuencia juvenil se ha hablado habitualmente de la pobreza, pero, como máximo, tal factor es sólo parte del panorama completo. El índice de delincuencia juvenil en Finlandia (como en otros países nórdicos) y en Holanda es muy alto, aunque no son países pobres y el desempleo es escaso. Los delitos juveniles suelen cometerse bajo el influjo de drogas y alcohol (en Finlandia, la mitad de los casos). Se da un notable auge del fenómeno en Rusia y en China (e incluso en Japón).</p>
<p>Las estadísticas sobre delincuencia son sólo aproximadas; según cifras oficiales, hay menos delitos en Sudáfrica que en Canadá, pero ello significa meramente que sólo se informa a la policía y llega a juicio una parte de los delitos. Sólo al llegar al índice de homicidios y asesinatos (que deben declararse) se pone de relieve que Sudáfrica muestra uno de los índices más altos del mundo en tanto que el de Canadá es muy inferior.</p>
<p>¿Qué puede hacerse para lograr que las calles europeas sean más seguras y se reduzca la violencia juvenil? Los alemanes han enviado a jóvenes delincuentes a Siberia, en el Reino Unido se han instalado dispositivos en las escuelas para detectar cuchillos y otras armas, en China se manda a los jóvenes violentos a escuelas especiales donde han de trabajar muy duro. Algunos expertos (y muchos políticos) han recomendado la aplicación de castigos más severos, incluida la detención en cárceles a edad más temprana en casos extremos.</p>
<p>Algunos políticos han propuesto que los jóvenes inmigrantes en posesión de un largo historial de violencia deberían ser devueltos a su país de origen. En algunos países, la izquierda radical ha protestado contra los castigos más severos, pero, según los sondeos, la opinión pública no les secunda al respecto. En la mayoría de los países europeos, sigue abierta la cuestión de la detención a edad más temprana. Es interesante observar que, de acuerdo con los sondeos, la postura favorable al encarcelamiento en edad temprana muestra los índices más bajos en Francia, España y sobre todo Catalunya.</p>
<p>Muchos expertos han sugerido que debería considerarse a los padres responsables de las fechorías de sus hijos. Una propuesta, tal vez, juiciosa y sensata, pero ¿cómo llevarla a la práctica si la autoridad de la familia declina y los jóvenes ya no escuchan ni hacen caso de sus mayores y superiores? Hoy día la autoridad de la banda callejera suele contar mucho más. La calle y el grupo son el hogar de muchos jóvenes que dejaron la escuela (o fueron expulsados) y no se preparan para ningún oficio o profesión. Las bandas han adquirido importancia primordial no sólo en Europa, sino también en Norteamérica (incluido México). Probablemente sea cierto (como razonan algunos investigadores de la violencia juvenil) que la iniciativa y el liderazgo de grupos violentos se concentra en un puñado de líderes, de modo que si estos son identificados y apartados de la escena juvenil, el problema será más manejable.</p>
<p>Sea cual fuera la explicación dada y/ o aceptada, la violencia juvenil ha seguido aumentando desde los años setenta, a veces de modo espectacular, en Europa y asimismo en otras partes del mundo. No existe una única explicación ni un único remedio. Pero en cualquier caso sigue creciendo la demanda de hacer frente a este problema de modo más enérgico. Y los políticos &#8211; también de modo creciente- están tomando también mayor nota de ello.</p>
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		<title>Violencia y valores sociales</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Jan 2008 16:44:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia juvenil]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>María Teresa Bazo</strong> (EL CORREO DIGITAL, 13/01/08):</p>
<p>La violencia juvenil produce preocupación y genera cierta inseguridad &#8216;culpable&#8217; por cuanto conduce a cuestionar la sociedad que estamos construyendo. Se tiende a pensar que nuestras sociedades son más violentas que las de antes, pero la explicación que parece más acertada es que ahora se tolera menos la violencia, que las manifestaciones violentas repugnan cada vez más la sensibilidad de los habitantes de las sociedades occidentales, por lo que resulta más insoportable. El componente posible de racismo en algunos casos conocidos de violencia produce mayor alarma. Por otro lado, la lucha real, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/18456/violencia-y-valores-sociales/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>María Teresa Bazo</strong> (EL CORREO DIGITAL, 13/01/08):</p>
<p>La violencia juvenil produce preocupación y genera cierta inseguridad &#8216;culpable&#8217; por cuanto conduce a cuestionar la sociedad que estamos construyendo. Se tiende a pensar que nuestras sociedades son más violentas que las de antes, pero la explicación que parece más acertada es que ahora se tolera menos la violencia, que las manifestaciones violentas repugnan cada vez más la sensibilidad de los habitantes de las sociedades occidentales, por lo que resulta más insoportable. El componente posible de racismo en algunos casos conocidos de violencia produce mayor alarma. Por otro lado, la lucha real, no metafórica, entre bandas rivales a veces compuestas por jóvenes que han llegado de otros países, así como los delitos y crímenes extremadamente crueles perpetrados por grupos organizados de extranjeros, intranquilizan aún más por cuanto son hechos que contribuyen a extender la idea de la implantación en España de formas de violencia no conocidas.</p>
<p>Se origina en todas las sociedades una polémica sobre los medios que desde la Administración se ponen en marcha para detectar más fácilmente a los delincuentes, como las cámaras de vigilancia. Es el eterno dilema entre seguridad y libertad, pero esa tecnología en ocasiones puede ser extremadamente útil. Por ejemplo, cuando todos los canales de televisión transmitieron el vídeo grabado en el metro de Barcelona sobre el apaleamiento de una chica de origen ecuatoriano por un chico catalán. El suceso hizo chirriar diversos goznes de nuestro sistema institucional. Otros sucesos posteriores vuelven a poner el problema de la violencia juvenil sobre el tapete de los problemas sociales, como los hechos delictivos perpetrados recientemente contra la integridad física, psíquica y de su dignidad personal de un joven disminuido en Portugalete por personas de 18 a 22 años, o contra la ciudadana de Medina del Campo apaleada por un grupo de personas jurídicamente &#8216;menores&#8217;, y realmente algunas niños/as de 14 años. En ambos casos los &#8216;simpáticos&#8217; grabaron las vejaciones y puede que ese fuese el complemento ideal de su violencia como diversión, como forma de pasar el tiempo. ¿Dónde está la preocupación de esos muchachos por lo que les dirán o harán sus padres en castigo a su conducta? ¿Dónde la vergüenza a ser reconocidos en el pueblo o barrio? ¿Dónde el temor a la sanción social por sus acciones, a ser condenados al ostracismo por otros jóvenes y adultos, como manifestación del rechazo social a esas conductas? ¿Puede que hasta se les mire con simpatía o al menos con &#8216;comprensión&#8217;!</p>
<p>Me voy a centrar en los aspectos estructurales de la violencia, pues -al margen de las características psicológicas de las personas- se entiende que ciertos factores y estructuras sociales tienen gran influencia en los comportamientos violentos. Los especialistas consideran que uno de esos factores es la edad. Ser joven constituye, digamos, un factor de riesgo por cuanto las tasas más altas de violencia contra otros se dan entre ese grupo de edad. Otro factor social es el sexo. Analizadas las estadísticas del delito, los varones tienen más probabilidad tanto de ejercer de victimarios como de acabar víctimas de la violencia. La familia desestructurada es considerada también un elemento clave.</p>
<p>Que un acto violento aparezca reproducido en todos los medios de comunicación tiene un aspecto positivo y es que hace posible identificar al delincuente y encausarlo. Pero cuando lo que se conoce son los casos de violencia más llamativos, como los comentados, puede creerse que eso sólo ocurre incidentalmente. Sin embargo, parece más lógico pensar en cuántos más casos estarán ocurriendo sin que salgan a la luz, quedando el victimario impune y la víctima desamparada. También puede pensarse que es importante rechazar ¿individual, social e institucionalmente!, las manifestaciones de violencia incluso las más &#8216;light&#8217; que pueden darse, pues se sabe que la probabilidad de pasar a realizar conductas brutales es alta.</p>
<p>Se observa que unas sociedades son más violentas que otras o que ciertos grupos sociales lo son más que otros. En las sociedades rurales de las que provenimos, las que podían calificarse como &#8216;bromas pesadas&#8217; podían resultar en ocasiones brutalmente ofensivas y violentas. En algunos casos se les podía &#8216;ir la mano&#8217; a los graciosos y morir la víctima. En ese caso no había escapatoria y ese homicidio constituía un delito, pero en los demás casos era disculpado con mayor o menor benevolencia social, si no con cierto regocijo incluso. La teoría de la subcultura de la violencia la explica sobre la base de que son los valores y las normas sociales predominantes en una determinada sociedad, los que proporcionan un significado y una forma a la violencia, y los que la legitiman.</p>
<p>Resulta pues fundamental a la hora de analizar los actos violentos el análisis de la existencia de valores en una sociedad que disculpen la violencia, o al menos, ciertas formas de la misma. Eso ha ocurrido con la violencia familiar. Se ha entendido durante siglos que los asuntos familiares no atañían a nadie más que a los miembros de esa familia. Concurría la idea ampliamente extendida en diferentes culturas, de que el varón podía -e incluso debía- &#8216;corregir&#8217; a su esposa hasta con medios violentos. También los padres con respecto a los hijos. Sin embargo, eso ha cambiado radicalmente en las sociedades occidentales y la agresión entre parejas no se considera un asunto individual, sino un problema social. Como consecuencia de ese cambio social, se han promulgado leyes que persiguen esas formas de conducta como delictivas. Las leyes, desgraciadamente, no lo arreglan todo en especial cuando no se dispone de los recursos requeridos que las hagan viables, ahí tenemos el terrible problema de la llamada violencia de género, con tres mujeres muertas en los primeros nueve días de enero. Pero que exista esa ley es un indicador fundamental de que esas conductas son ya inexcusables e intolerables, por lo que se han convertido en comportamientos punibles. Las leyes deben reforzar los valores sociales de respeto a todas las personas cualesquiera sean sus circunstancias, en primer lugar como orientación moral que esa sociedad proporciona a los comportamientos individuales y colectivos, pero también por el temor de quienes no acepten esa moral social a que sus comportamientos asociales sean castigados penalmente. Por cierto, cada vez parece menos educativo para los jóvenes victimarios y más injusto para las víctimas el tratamiento de las leyes a los menores violentos.</p>
<p>La ley en general suele ir detrás de la extensión de unos determinados valores por los que se considera socialmente aceptable o inaceptable una determinada conducta. Los valores vienen a ser los ideales sobre lo que es bueno y deseable para una sociedad. Que se encuentren lo más ampliamente extendidos entre la población, hace que sea menor la probabilidad de que se produzcan determinadas conductas que resultan socialmente mal vistas por contrariar esos valores. Que las leyes se cumplan inexcusablemente sanciona y refuerza los valores sociales. Para que eso sea posible los gobiernos deben dotar de todos los medios humanos y materiales a las distintas instituciones y organismos implicados en la lucha contra la delincuencia. No disponer de los recursos para que pueda cumplirse una ley hace que se trate sólo de papel mojado.</p>
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		<title>Los estragos de la edad</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Jan 2008 19:54:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Félix de Azúa</strong>, escritor (EL PERIÓDICO, 04/01/08):</p>
<p>Eran otros tiempos, o sea, los mismos de ahora. Ante la creciente obsesión de André Gide por ser celebrado entre los jóvenes, dijo André Malraux que había que ser un insensato para buscar la aprobación de los menores. El encanallado escritor tenía como orgullo ser elogiado solo por gente adulta en cuestiones como la literatura o la política que exigen juicios certeros.<br />
Desde entonces, la angustia por la aprobación de los jóvenes ha crecido exponencialmente. Casi la totalidad de la publicidad y de la política buscan cómplices en ese estrato social, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/18331/los-estragos-de-la-edad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Félix de Azúa</strong>, escritor (EL PERIÓDICO, 04/01/08):</p>
<p>Eran otros tiempos, o sea, los mismos de ahora. Ante la creciente obsesión de André Gide por ser celebrado entre los jóvenes, dijo André Malraux que había que ser un insensato para buscar la aprobación de los menores. El encanallado escritor tenía como orgullo ser elogiado solo por gente adulta en cuestiones como la literatura o la política que exigen juicios certeros.<br />
Desde entonces, la angustia por la aprobación de los jóvenes ha crecido exponencialmente. Casi la totalidad de la publicidad y de la política buscan cómplices en ese estrato social, por otra parte menguante. Bien es cierto que cuando Malraux manifestaba su displicencia hacia los inmaduros, el borde de la edad de la razón estaba en los 20 años. Hoy roza ya los 40. Nuestros jóvenes han envejecido mucho.</p>
<p>LA PROGRESIVA importancia del adjetivo <em>joven</em> en la vida diaria es seguramente una hipocresía: lo cierto es que son la zona peor tratada, e incluso peor que en tiempos de Malraux. Encerrados en un campo de concentración electrónico, solo pueden ejercer como compradores compulsivos de aparatos, mientras se les mantiene en una semiesclavitud laboral. Ninguna subvención o beneficencia administrativa podrá resolver el problema mayor: la prohibición de acceder a la responsabilidad.<br />
En el trabajo, en la vida social, en la formación educativa, en las formas mayores de la libertad, los jóvenes son subalternos. Basta repasar los suplementos <em>juveniles</em> de los grandes periódicos nacionales para constatar que se les condena a la estupidez, aunque, eso sí, a cambio de una excelente oferta sexual.<br />
El proceso de este trueque (&#8220;tú te quedas con el monopolio del sexo y a cambio vives como un esclavo&#8221;) es relativamente reciente, debe de tener unos 40 años. Antes de la célebre mutación llamada abusivamente Mayo del 68, el estrato juvenil accedía muy pronto a trabajos de cierta responsabilidad, a parcelas propias de emancipación y a la famosa respetabilidad que era la garantía de unos ingresos estables. A cambio, el sexo casi siempre estaba condicionado a la integración social por medio del matrimonio. Este es el asunto que trata Ian McEwan, uno de los mejores narradores vivos, en su última novela, <em>On Chesil Beach,</em> que supongo traducirá muy pronto su siempre atento editor español, Jorge Herralde.<br />
La novela desconcertará a la gente que no tiene la menor idea de cómo era la vida de los jóvenes hace medio siglo. E inevitablemente producirá una avalancha de exhibicionismo del tipo: &#8220;Pues a mí nunca me pasó nada semejante&#8221;. Porque el asunto del relato es el fracaso sexual de una pareja de jóvenes ingleses en el primer día de su matrimonio. Ambos pertenecen a la clase media, alta la muchacha, baja el chico, y no han tenido acceso a la más mínima información seria sobre las relaciones sexuales. Él solo conoce bromas chocarreras de vestuario de gimnasio y algo de pornografía. Ella, ni siquiera esa primitiva iniciación.<br />
El encuentro entre dos personas que se aman y se necesitan, pero son incapaces de ordenar los pasos ineludibles para un apareamiento sin dolor o humillación, está tratado con sencillez, mucha ternura y sobre todo mediante una exacta medición de los tiempos, los espacios dedicados a la colisión y los antecedentes, el cuidadoso rechazo de toda morbosidad. Es un relato tan pudoroso que podrían leerlo los niños de secundaria y les aprovecharía mucho más que esos cursillos en los que la exactitud anatómica sustituye a la comprensión profunda de la sexualidad.</p>
<p>EL NOVELISTA inglés expone con sutileza que el motivo principal del fracaso no es la inexperiencia o el encontronazo entre una mujer asustada y un hombre inexperto, ni siquiera el posible conflicto físico entre un eyaculador precoz y una chica de sensualidad nula, sino la imposibilidad de explicarse entre sí, la ausencia de un espacio lingüístico en el que puedan darse a conocer el uno al otro, porque ni siquiera ellos mismos saben lo que les está sucediendo o cómo compartirlo con el otro para que le excuse y acoja. Ese terrible principio según el cual uno es siempre culpable (terrible porque es verdadero) cae sobre ellos como un hachazo.<br />
Cuando no se puede compartir un fiasco, suele convertirse en objeto arrojadizo, como hemos comprobado a lo largo de esta tediosa legislatura. También los jóvenes, como nuestros políticos, impotentes ante su afasia, no tienen otro escape que acusarse mutuamente de una incompetencia sexual que en realidad es trivial. La novela concluye con una coda desesperada. Ambas vidas quedarán para siempre marcadas por esa primera y decisiva decepción.</p>
<p>EL CASO QUE expone McEwan debe de ser ya relativamente infrecuente. Quiero creer que los jóvenes actuales llegan con cierta información básica a su primera cópula y están habituados a hablar de estos asuntos sin darles demasiada importancia. Es una formidable descarga de agobio para esa iniciación siempre agónica, aunque ya tenga carácter público y se muestre tenazmente en las docenas de pantallas que constituyen la actual escuela juvenil.<br />
Dudo, sin embargo, de que haya mejorado la capacidad de hablar con la pareja cuando estalla el fracaso. Me temo que las acusaciones mutuas y la culpabilización siguen siendo la única salida. Porque la culpa es eterna, aunque no haya falta.</p>
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		<title>Los niños malos salen en la tele</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Dec 2007 22:44:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia juvenil]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rosa Pereda</strong>, escritora y periodista (EL PAÍS, 09/12/07):</p>
<p>Hay imágenes pringosas, que te persiguen muchos días hasta que consigues olvidarlas, y luego aprovechan cualquier oportunidad para volver. ¿Ves la de ese tío reventando a patadas a un chavalito en posición fetal? La pasaron por todas las teles, aunque al principio no hicieran hincapié en esa voz en <em>off</em> que, detrás del móvil-cámara, decía: &#8220;Esto va a valer oro&#8221;.</p>
<p>¿Y la de esa mole rubia calzándole una patada monumental a la niña acurrucada en su asiento del metro? También pasó por todas las teles, y la imagen del bárbaro &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/17987/los-ninos-malos-salen-en-la-tele/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rosa Pereda</strong>, escritora y periodista (EL PAÍS, 09/12/07):</p>
<p>Hay imágenes pringosas, que te persiguen muchos días hasta que consigues olvidarlas, y luego aprovechan cualquier oportunidad para volver. ¿Ves la de ese tío reventando a patadas a un chavalito en posición fetal? La pasaron por todas las teles, aunque al principio no hicieran hincapié en esa voz en <em>off</em> que, detrás del móvil-cámara, decía: &#8220;Esto va a valer oro&#8221;.</p>
<p>¿Y la de esa mole rubia calzándole una patada monumental a la niña acurrucada en su asiento del metro? También pasó por todas las teles, y la imagen del bárbaro diciendo: &#8220;Estaba borracho, y punto&#8221;. Hombre, estaría borracho, pero punto, no. El punto no lo puede poner él. Y bueno, cuando su amigo y a la sazón <em>manager</em> se dedicaba a intentar vender sus declaraciones por los platós. Yo creo que sólo tiene que hacer una declaración y es ante el juez.</p>
<p>Las escenas son distintas, aunque tienen mucho en común. Primero, por supuesto, la violencia. Son dos escenas violentísimas, insoportables, en las que las víctimas no ofrecen ni la menor resistencia, y el abuso es notorio. Después, las dos han sido grabadas, una por un particular, la otra por la cámara de seguridad del metro. Una parece haber sido hecha para ser grabada y colgada en Internet, la otra es una pillada. Pero las dos, por el hecho de ser emitidas, establecen una relación fuerte entre la violencia y su emisión. Violencia igual a televisión. Y por fin, también tienen en común el tema del dinero. La cinta vale oro en la tele, las declaraciones del violento, también. Otra ecuación: televisión igual dinero. Por último, hay un elemento ambiguo, complejo: el destinatario, el público. Su reacción.</p>
<p>Pero ¿son sintomáticos estos casos? Y, ¿de qué?</p>
<p>Los protagonistas del primero resultaron ser niños de 14 y 15 años. Las peleas y agresiones entre adolescentes no tienen justificación, pero no son nuevas y, por la protección que merece el menor, por ley, no pueden ser exhibidas públicamente. Por mucho que el exhibicionismo adolescente les haya llevado a colgarlas en Internet, las cadenas también tienen que cumplir la ley. Por mucha pinta de mayorón que tuviera el que pegaba, está protegido. La protección está para los niños malos, no lo podemos olvidar, y más en un momento en que las corrientes más reaccionarias norteamericanas la ponen en duda. La edad penal es la edad penal, la irresponsabilidad es la irresponsabilidad, y antes, se es niño.</p>
<p>El espectáculo de esos críos esperando la mayoría de edad para ser ajusticiados -o para pasar a un penal de adultos- es sencillamente escandaloso. La hipocresía en su estado mayor.</p>
<p>Antes, y ahora, la orientación y posibles castigos a las malas conductas estaban en manos de padres y educadores, y los primeros son los que se tienen que responsabilizar penal y civilmente. Pero cada vez más parecería que también esto se deja en manos del Estado y pasa a la opinión pública. La vista pública de esa paliza monumental, que nunca debió producirse -ni la paliza, ni la vista- indigna a cualquiera: nos indigna a todos, y no digamos a los padres de la criatura. Y entonces, nos rasgamos las vestiduras y pedimos justicia. Es decir: pedimos un castigo ejemplar para los agresores.</p>
<p>Yo creo que la ley está hecha, precisamente, para que no sea la víctima ni los indignados espectadores, los que deciden el castigo, cosa que se está olvidando muchísimo en este país. No se puede gobernar -ni juzgar, ni condenar- en función del odio, ni siquiera del dolor, de las víctimas. Ni del escándalo de los televidentes. La justicia, para ser justa, tiene que ser ciega. A las pasiones, como la ira y la venganza. A los prejuicios y la opinión pública. Y, después, si puede, magnánima.</p>
<p>El otro, el del segundo caso, ha pasado la raya de la mayoría de edad y, en el papel, es responsable de sus actos, que se nos aparecen como llenos de agravantes: xenofobia, desprecio de sexo, en fin. Pero también podría tener, y los jueces lo sabrán, sus atenuantes. Para valorar eso está la justicia, que insisto, no se tropieza con la buena conducta sino con la mala. Y que no juzga tipos ni arquetipos, sino personas. Y que su papel no es escarmentar.</p>
<p>Sino&#8230; ¿cuál?</p>
<p>Vean esa pregunta machacona a las víctimas -y por extensión, a sus familias- tras cualquier sentencia, y la invariable respuesta: poco. Les han castigado a poco. O a pocos. Ninguna sentencia puede satisfacer a las víctimas, porque no está para eso. Porque lo único que podría satisfacerles es recuperar lo perdido, y eso es irreversible.</p>
<p>En la realidad, lo perdido es irreversible. No en la ficción, porque los golpes no duelen y la sangre es tomate. Pero la televisión diluye la frontera entre realidad y ficción, porque las dos se parecen demasiado una vez emitidas. Esa segunda realidad en la que estamos, con sus propios valores. Que se nos va de las manos. Y las consecuencias, que ya empezamos a vivir, todavía son imprevisibles. A no ser que podamos preverlas, y evitar lo peor.</p>
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		<title>Un tiempo para los menores</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Nov 2007 21:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Conciliación laboral y familiar]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ignacio Buqueras</strong>, presidente de la <a href="http://www.horariosenespana.com/" target="_blank">Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles y de ARHOE</a>. Autor de <em>Tiempo al tiempo</em> (LA VANGUARDIA, 26/11/07):</p>
<p>El comienzo del curso escolar puso de actualidad, un año más, un asunto que estimo de capital importancia: el tiempo libre de los menores. ¿De cuánto tiempo deben disponer nuestros hijos? Y, sobre todo, ¿sabemos qué necesitan y cómo organizárselo? Creo que incurrimos con frecuencia en el grave error de programar las jornadas de nuestros hijos con el mismo frenesí que las nuestras. Todo son actividades, obligaciones, prisas&#8230; y, encima, en el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/17762/un-tiempo-para-los-menores/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ignacio Buqueras</strong>, presidente de la <a href="http://www.horariosenespana.com/" target="_blank">Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles y de ARHOE</a>. Autor de <em>Tiempo al tiempo</em> (LA VANGUARDIA, 26/11/07):</p>
<p>El comienzo del curso escolar puso de actualidad, un año más, un asunto que estimo de capital importancia: el tiempo libre de los menores. ¿De cuánto tiempo deben disponer nuestros hijos? Y, sobre todo, ¿sabemos qué necesitan y cómo organizárselo? Creo que incurrimos con frecuencia en el grave error de programar las jornadas de nuestros hijos con el mismo frenesí que las nuestras. Todo son actividades, obligaciones, prisas&#8230; y, encima, en el poco tiempo que pasamos con ellos les contagiamos nuestro estrés.</p>
<p>A menudo, la buena voluntad de los padres se vuelve en su contra. Intentan tener a los hijos entretenidos mientras ellos trabajan en jornadas interminables y tratan de darles la mejor ocupación y formación, llenándolos de actividades extraescolares. Estas, qué duda cabe, son convenientes&#8230; si no se abusa de ellas. Una hora dos o tres días por semana es una proporción razonable, porque no es bueno agotarlos de tareas &#8211; recordemos que han tenido antes unas horas lectivas y que después tendrán que hacer los deberes-; incluso es preferible que se aburran un poco a que se agobien. Inscribirlos en actividades extraescolares hasta la noche para tenerlos ocupados o prolongar el tiempo que los más pequeños permanecen en la guardería supone, en mi opinión, introducirlos en la vertiginosa dinámica en la que ya estamos inmersos los adultos.</p>
<p>Un informe de la Academia Norteamericana de Pediatría (AAP), publicado recientemente en España por la revista Pediatrics,advierte que el exceso de actividades extraescolares y el abuso de juegos virtuales &#8211; los del ordenador, los del móvil, las consolas de videojuegos&#8230;- amenazan una de las actividades más educativas de la infancia, el juego tradicional y espontáneo (desde un escondite o un rescate hasta los de construcciones, muñecas, pelotas&#8230;). Este, según la AAP, &#8220;permite a los niños expresar su creatividad y desarrollar su imaginación, su destreza manual y sus aptitudes físicas, cognitivas y emocionales&#8221;, por lo que &#8220;es importante para el desarrollo saludable del cerebro&#8221;. Más virtudes de los juegos clásicos: cuando se juntan varios niños, &#8220;aprenden a trabajar en grupo, a compartir, a negociar, a resolver conflictos y a defender sus puntos de vista&#8221;. Suscribo por completo estas reflexiones de la AAP. Jugar no es perder el tiempo; dejémosles que jueguen. Y juguemos con ellos. Una vez más, debemos insistir en la importancia del tiempo que los padres han de dedicar a sus hijos en todas las edades: para jugar, sí, y también para hablar con ellos, para escuchar sus problemas y sus deseos, para ayudarles en los deberes y en el estudio, para interesarlos en la música y la lectura, para enseñarles a disfrutar de la naturaleza y el arte&#8230; Unos y otros pueden aprender a saborear la vida juntos, ambas partes saldrán ganando, y gozarán de vivencias irrepetibles.</p>
<p>¿Y qué decir de la televisión, los ordenadores, internet, los videojuegos&#8230;? No estoy en contra de las nuevas tecnologías &#8211; todo lo contrario, creo que los niños y los adolescentes de hoy están creciendo en un mundo multimedia y tienen que saber manejarse con esas tecnologías para no quedarse marginados-, pero sí defiendo que se haga una utilización racional de ellas.</p>
<p>Los menores deben dedicar un tiempo limitado a la televisión, igual que a los ordenadores y los videojuegos, en conjunto no superior a las dos horas diarias. El abuso en el uso de las modernas tecnologías implica estar menos con la familia y un mayor riesgo de obesidad, sedentarismo e introversión.</p>
<p>Los padres deben saber en todo momento lo que están viendo sus hijos, tanto en televisión como a través de internet (la Guardia Civil ha alertado, por ejemplo, de que cada vez hay un número mayor de menores que entran en páginas web de pornografía). Deben ejercer un control sobre ello y, si es preciso, apagar la tele o el ordenador. Y siempre que sea posible, los padres deben ver la televisión junto a sus hijos, para comentar con ellos lo que están viendo y contestar sus preguntas. No es aconsejable que el niño tenga un aparato en su habitación antes de los diez años y después de esa edad habrá que analizar cada caso, porque verá más horas de televisión y, probablemente, programas inadecuados para su edad. ¡Cuidado también con las relaciones que establecen los adolescentes, en ocasiones con desconocidos, a través de los chats de internet!</p>
<p>También deseo llamar la atención sobre el hecho de que los numerosos estímulos que bombardean sus mentes mantienen a nuestra población más joven despierta hasta últimas horas, cuando a la mañana siguiente se tienen que levantar temprano. Es fundamental que los niños y los adolescentes duerman un número suficiente de horas, con orden y regularidad; y también que sigan unas pautas saludables de alimentación, lo más cercanas posibles a la excelente dieta mediterránea, tan amenazada hoy por el fast food o comida rápida y, en general, por las costumbres norteamericanas. Ellos son el futuro; hagamos desde hoy todo lo posible para que puedan tener el día de mañana una vida más plena y satisfactoria.</p>
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		<title>Hogar, caro hogar</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Sep 2007 11:00:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Vivienda y urbanismo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Gil Calvo</strong>, profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (EL PAÍS, 29/09/07):</p>
<p>Para marcar la agenda política, el Gobierno ha tomado la iniciativa de ocupar el escenario con sus polémicas propuestas en materia de gasto social. Por descontado que en ello hay mucho de electoralismo, como no podía ser de otro modo en este final de legislatura. De ahí que la estrella de su oferta sea la vivienda juvenil para los menores de 30 años, pues el abstencionismo del que depende su reelección se concentra en esa franja de edades.</p>
<p>Pero bienvenido sea ese &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/17025/hogar-caro-hogar/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Enrique Gil Calvo</strong>, profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (EL PAÍS, 29/09/07):</p>
<p>Para marcar la agenda política, el Gobierno ha tomado la iniciativa de ocupar el escenario con sus polémicas propuestas en materia de gasto social. Por descontado que en ello hay mucho de electoralismo, como no podía ser de otro modo en este final de legislatura. De ahí que la estrella de su oferta sea la vivienda juvenil para los menores de 30 años, pues el abstencionismo del que depende su reelección se concentra en esa franja de edades.</p>
<p>Pero bienvenido sea ese saldo electoral, si con ello se contribuye a paliar por fin el más grave problema social de nuestro país, que no es el terrorismo ni el secesionismo, sino la cuestión de la vivienda, cuya inaccesible carestía bloquea la emancipación de jóvenes y mujeres respecto de sus padres y parejas. Esto explica que en España se den (junto con Italia) las más bajas tasas de toda Europa en materia de nupcialidad, cohabitación, fecundidad y divorcio, pues los jóvenes no pueden ejercer su derecho a formar familia (ni los adultos su derecho a separarse) hasta edades excesivamente tardías. Todo a causa de la inaccesibilidad de la vivienda, causada por el fuerte desequilibrio del mercado en favor de la propiedad (90 %) y en perjuicio del alquiler (10 %). Y para comprenderlo, nada mejor que evaluar nuestro proceso de emancipación juvenil en comparación con el resto de Europa.</p>
<p>Existen cuatro modelos europeos de emancipación juvenil según cuáles sean las agencias institucionales encargadas de facilitarlo, ya sea el mercado, el Estado o la familia (Cécile van de Welde: &#8216;La entrada en la edad adulta. Una comparación europea&#8217;, <em>Revista de Estudios de Juventud,</em> número 71, 2005). Son el anglosajón, el nórdico, el continental o renano y el latino-mediterráneo. Pero para advertir mejor sus diferencias conviene antes distinguir las dos fases en que se descompone la emancipación juvenil. En primer lugar, debe darse ante todo el acceso a la autonomía personal, cuando los jóvenes salen del hogar familiar para establecerse de modo autónomo en una vivienda provisional, ya sea solos, en pareja, con amigos o en viviendas protegidas. Se inicia así una etapa de autonomía extrafamiliar en la que los jóvenes aprenden a madurar y a responsabilizarse a través de su propia experiencia. Y sólo tiempo después, una vez superada esa prueba de madurez experimental, se alcanza por último la definitiva inserción adulta, cuando los jóvenes adquieren independencia económica con suficiente estabilidad laboral y profesional como para costearse un domicilio fijo, estando por fin en disposición de formar familia propia.</p>
<p>Pues bien, entendida así la emancipación, surgen los cuatro modelos siguientes. En el caso anglosajón (Reino Unido e Irlanda), la autonomía personal y la independencia económica se suceden inmediatamente a edades tempranas (en torno a los 20 años), gracias a la flexibilidad de los mercados de trabajo y vivienda que hacen posible salir del hogar progenitor y formar familia con relativa facilidad, aunque sea al precio de una gran desigualdad entre las élites acomodadas y las clases desfavorecidas. Pero en el caso latino-mediterráneo (España e Italia), la situación es diametralmente opuesta. También la autonomía personal y la independencia económica se suceden de forma inmediata, pero ello sólo ocurre a edades muy tardías (cerca de los 30 años), pues hasta entonces los jóvenes deben permanecer en el hogar progenitor dependiendo de su familia. Y la causa es la inaccesibilidad de los mercados de trabajo y vivienda, que impiden alcanzar de forma estable el poder adquisitivo necesario para vivir por cuenta propia y poder formar familia, lo que suele exigir hipotecarse de por vida en pareja.</p>
<p>En cambio, en los otros dos modelos (el nórdico y el renano) hay una gran distancia en el tiempo entre el umbral de acceso a la autonomía personal, que se produce a una edad tan temprana como en el caso anglosajón, y el ejercicio del derecho a formar familia, que tiende a retrasarse hasta edades tan tardías como en el caso latino-mediterráneo. De modo que, en estos dos tipos, la transición juvenil también dura mucho tiempo, pero no transcurre varada en el hogar progenitor, sino con autonomía personal y domiciliaria. La diferencia entre el modelo nórdico y el renano reside en la agencia institucional que facilita esta autonomía personal de los jóvenes. En el caso nórdico (Suecia, Noruega, etcétera), son los poderes públicos los que hacen posible la salida del hogar familiar mediante rentas de inserción juvenil que permiten costear una vivienda autónoma (por lo general, mediante alquileres colectivos subvencionados), mientras se experimentan proyectos de vida alternativos que simultanean el trabajo remunerado, la formación continua, el voluntariado y la cohabitación en pareja. En cambio, en el modelo continental o renano (Francia o Alemania) son las familias progenitoras las que facilitan la salida hacia la autonomía personal mediante transferencias a fondo perdido, financiando a los jóvenes para que salgan de casa y se instalen por su cuenta en viviendas de alquiler compartido mientras experimentan proyectos de vida alternativos en materia de estudios, trabajo y pareja. Pero en ambos casos, los jóvenes continentales o nórdicos aprenden a madurar mediante la práctica de una elevada movilidad geográfica y domiciliaria que sólo es accesible gracias a la vivienda en alquiler de bajo coste.</p>
<p>Aquí resulta particularmente ilustrativa la opuesta evidencia aportada por Francia y España, como ejemplos respectivos del modelo continental y mediterráneo (Sandra Gaviria: <em>Juventud y familia en Francia y en España,</em> CIS, Madrid, 2007). En ambos casos, los jóvenes continúan dependiendo económicamente de sus progenitores hasta edades tardías. Pero esa dependencia familiar de los jóvenes es gestionada por sus progenitores de forma muy distinta. Los franceses subvencionan a sus hijos para que abandonen el hogar progenitor viviendo por su cuenta en viviendas de alquiler de bajo coste (HLM), donde aprenden a adquirir experiencias alternativas de autonomía personal. Mientras que los españoles mantienen a sus hijos anclados en el hogar progenitor, impidiendo que adquieran la experiencia práctica de una responsabilidad propia que sólo se logra con el ejercicio de la autonomía personal. Y las consecuencias sobre los jóvenes de esta prolongada dependencia del ámbito familiar son bastante perversas, en términos de inmadurez, consumo adictivo, ausencia de movilidad y reproducción de roles sexistas, ante la incapacidad de aprender a valerse responsablemente de sí mismos con plena autonomía personal.</p>
<p>Pero la culpa de este estado de cosas no es de los progenitores españoles (o italianos), que estarían malcriando a sus hijos con una mal entendida sobreprotección familiar, sino del grave desequilibrio del mercado de la vivienda, demasiado escorado hacia el régimen en propiedad. Si los jóvenes tardan tanto en emanciparse (o los adultos en separarse) es porque intentan hacerlo a través de una vivienda en propiedad cuyos precios absolutos están desorbitados a causa de la especulación inmobiliaria, pero que en términos relativos sale a la larga más barata que la vivienda en alquiler. De ahí que, actuando como consumidores racionales, los jóvenes prefieran acceder a una vivienda en propiedad, aunque tengan que esperar para ello a una edad demasiado tardía, hipotecándose de por vida a costa de renunciar a la previa etapa de aprendizaje doméstico de la autonomía personal.</p>
<p>Por eso resulta urgente una política de vivienda como la que parece proponer el Gobierno, consistente en un fuerte choque de oferta de vivienda pública en alquiler de bajo coste para que su impacto se proponga como objetivo reequilibrar el mercado de la vivienda en una doble dirección. Ante todo, hay que despertar la potencial demanda latente de vivienda en alquiler, que hoy no se manifiesta porque es insolvente a los precios actuales, pero que empezará a aflorar en cuanto el choque de oferta de bajo coste genere su propia demanda. Y en segundo lugar, una vez que la demanda efectiva de vivienda en arriendo se incremente, esto permitirá desplazar hacia el alquiler una parte de las viviendas en propiedad que hoy aguardan vacías a su alza especulativa, reequilibrando en consecuencia el mercado de la vivienda. Lo que ya resulta mucho más difícil de predecir es si las medidas que está preparando el Gobierno tendrán alguna eficacia práctica en este sentido, además del puramente electoral. El año próximo lo veremos.</p>
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