<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Tribuna Libre &#187; Nazismo</title>
	<atom:link href="http://www.almendron.com/tribuna/etiqueta/nazismo/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.almendron.com/tribuna</link>
	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
	<lastBuildDate>Thu, 09 Feb 2012 21:17:57 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-es</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.1</generator>
		<item>
		<title>Nuestra resistencia al Holocausto</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/39902/nuestra-resistencia-al-holocausto/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/39902/nuestra-resistencia-al-holocausto/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 16:27:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=39902</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Isaac Querub</strong>, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, y de la Asociación de Amigos Yad Vashem-España, y <strong>Álvaro Albacete</strong>, embajador de España para las relaciones con la comunidad judía y director general de Sefarad-Israel (EL PAÍS, 27/01/12):</p>
<p>El 27 de enero es el día establecido por Naciones Unidas para la conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto. En esa fecha, en 1945, el Ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, Auschwitz-Birkenau.</p>
<p>Este campo representa hoy una metáfora del mal inconcebible y monstruoso. Allí, a partir de septiembre de 1941, el &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/39902/nuestra-resistencia-al-holocausto/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Isaac Querub</strong>, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, y de la Asociación de Amigos Yad Vashem-España, y <strong>Álvaro Albacete</strong>, embajador de España para las relaciones con la comunidad judía y director general de Sefarad-Israel (EL PAÍS, 27/01/12):</p>
<p>El 27 de enero es el día establecido por Naciones Unidas para la conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto. En esa fecha, en 1945, el Ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, Auschwitz-Birkenau.</p>
<p>Este campo representa hoy una metáfora del mal inconcebible y monstruoso. Allí, a partir de septiembre de 1941, el asesinato en masa se convirtió en rutina diaria. Se mató a más de un millón de personas, y 9 de cada 10 eran judíos. Las víctimas llegaban en vagones de carga de tren, la mayoría proveniente de guetos y campos en la Polonia ocupada, pero también de casi todos los países de Europa occidental y oriental. Al llegar se separaba a los hombres de las mujeres y los niños. Se obligaba a los prisioneros a desvestirse y a entregar todos sus objetos de valor y se les metía en las cámaras de gas que estaban camufladas de duchas y se les asfixiaba con monóxido de carbono. La minoría seleccionada para realizar trabajos forzados quedaba expuesta a la malnutrición, epidemias, experimentos médicos y brutalidad. Muchos murieron de esta manera.</p>
<p>Más de medio siglo después, el horror de la Shoá sigue constituyendo un enigma indescifrable para el ser humano. La persecución y asesinato sistemático de seis millones de judíos por parte del régimen nazi, que se realizó con la ayuda activa de colaboradores locales en muchos países y con la aquiescencia o indiferencia de millones de personas.</p>
<p>Pero hubo también resistencia.</p>
<p>Hubo resistencia en casi todos los campos de concentración y guetos, en especial en el gueto de Varsovia entre abril y mayo de 1943, pero también en los de Vilna y Bialystok, o en Sobibor. Hubo resistencia institucional en áreas ocupadas por los nazis fuera de Alemania, como la que se produjo en Dinamarca en el otoño de 1943, donde, con el apoyo de la población local, se rescató a casi toda la comunidad judía de ese país escondiéndoles en un dramático viaje en barco hasta la segura y neutral Suecia. El recientemente desaparecido Jorge Semprún representa bien esa resistencia en áreas ocupadas por los nazis; una resistencia en la que participó activamente y por la que fue apresado por la Gestapo en 1943 y enviado al campo de concentración de Buchenwald. Fue marcado en su uniforme de preso con el número 44904.</p>
<p>Y hubo resistencia de individuos de otros países que arriesgaron sus vidas para salvar a los judíos y a otras personas perseguidas por los nazis. Uno de ellos fue Ángel Sanz Briz, diplomático español destinado en Budapest en 1942, que salvó la vida de entre 5.000 y 6.000 judíos en 1944, incluyendo la evacuación a Tánger de 500 niños judíos. Ángel Sanz Briz ha sido reconocido con el título de Justo entre las Naciones, que concede el Estado y el Pueblo de Israel a los no judíos que arriesgaron su vida para salvar a los judíos del Holocausto.</p>
<p>Y junto con esa resistencia activa, hubo una llamada resistencia espiritual contra la opresión nazi en los campos y guetos. La creación de instituciones culturales judías, la continuación de prácticas religiosas, y la voluntad de recordar y contar la historia de los judíos fueron intentos conscientes de preservar la historia y vida comunal del pueblo judío a pesar de los esfuerzos nazis de erradicarla.</p>
<p>La permanencia de esa voluntad de recuerdo representa hoy la resistencia más sólida a un Holocausto futuro. Su recuerdo, la educación sobre su significado histórico, y la acción prospectiva son esenciales si queremos que la historia no se repita. Debemos hacerlo a escala internacional, porque esa fue la escala del Holocausto, con el concurso de diplomáticos, expertos, científicos, educadores, comunidades judías, y de la sociedad en su conjunto. Y muy especialmente, siguiendo las recomendaciones del Protocolo de Ottawa para combatir el antisemitismo (noviembre de 2010), hemos de hacerlo comprometiendo tanto a las instituciones gubernamentales como a nuestros representantes en el Parlamento. Esta es la misión que más de 30 países hemos asignado a la Organización Internacional para el Recuerdo del Holocausto, de la que España forma parte desde el año 2008, y en la que participa de forma activa sobre todo a través de iniciativas orientadas al ámbito de la educación.</p>
<p>Nada nos garantiza que las generaciones futuras vayan a tener sensibilidad hacia sus minorías. Trabajemos pues con ellos, con la infancia, con la juventud. En Sefarad-Israel y la Federación de Comunidades Judías de España estamos convencidos de que la educación es clave para combatir el antisemitismo todavía latente en parte de la sociedad española. No se trata de intentar borrar la identidad del otro, sino de conocerla y comprenderla, poniendo de manifiesto la riqueza que representa la diversidad de nuestra sociedad e inculcando actitudes positivas ante la misma.</p>
<p>El poeta catalán Salvador Espriu decía a sus hijos: &#8220;Habré vivido para salvar estas pocas palabras que os dejo: el amor, la justicia, la libertad&#8221;. El verdadero valor del patrimonio de nuestro legado no es tangible, como demostraron las resistencias espirituales durante el Holocausto. Es, ante todo, una tarea de enseñanza, a conocer y a hacer, a ser y a vivir juntos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/39902/nuestra-resistencia-al-holocausto/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El carnicero de Praga</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/37436/el-carnicero-de-praga/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/37436/el-carnicero-de-praga/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 09 Oct 2011 18:37:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=37436</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Mario Vargas Llosa</strong> © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011 (EL PAÍS, 09/10/11):</p>
<p>Hace por lo menos tres décadas que no leía un Premio Goncourt. En los años sesenta, cuando trabajaba en la Radio Televisión Francesa, lo hacía de manera obligatoria, pues debíamos dedicarle el programa <em>La literatura en debate,</em> en el que, con Jorge Edwards, Carlos Semprún y Jean Supervielle pasábamos revista semanal a la actualidad literaria francesa. O mi memoria es injusta, o aquellos premios eran bastante flojos, pues no recuerdo uno solo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/37436/el-carnicero-de-praga/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Mario Vargas Llosa</strong> © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011 (EL PAÍS, 09/10/11):</p>
<p>Hace por lo menos tres décadas que no leía un Premio Goncourt. En los años sesenta, cuando trabajaba en la Radio Televisión Francesa, lo hacía de manera obligatoria, pues debíamos dedicarle el programa <em>La literatura en debate,</em> en el que, con Jorge Edwards, Carlos Semprún y Jean Supervielle pasábamos revista semanal a la actualidad literaria francesa. O mi memoria es injusta, o aquellos premios eran bastante flojos, pues no recuerdo uno solo de los siete que en aquellos años comenté.</p>
<p>Pero estoy seguro, en cambio, que este Goncourt que acabo de leer, <em>HHhH,</em> de Laurent Binet -tiene 39 años, es profesor y esta es su primera novela- lo recordaré con nitidez lo que me queda de vida. No diría que es una gran obra de ficción, pero sí que es un magnífico libro. Su misterioso título son las siglas de una frase que, al parecer, se decía en Alemania en tiempos de Hitler: <em>&#8220;Himmlers Hirn heisst Heydrich&#8221;</em> (El cerebro de Himmler se llama Heydrich).</p>
<p>La recreación histórica de la vida y la época del jefe de la Gestapo, Reinhard Heydrich, de la creación y funciones de las SS, así como de la preparación y ejecución del atentado de la resistencia checoslovaca que puso fin a la vida del <em>Carnicero de Praga</em> (se le apodaba también <em>La Bestia Rubia)</em> es inmejorable. Se advierte que hay detrás de ella una investigación exhaustiva y un rigor extremo que lleva al autor a prevenir al lector cada vez que se siente tentado -y no puede resistir la tentación- de exagerar o colorear algún hecho, de rellenar algún vacío con fantasías o alterar alguna circunstancia para dar mayor eficacia al relato. Esta es la parte más novelesca del libro, los comentarios en los que el narrador se detiene para referir cómo nació su fascinación por el personaje, los estados emocionales que experimenta a lo largo de los años que le toma el trabajo, las pequeñas anécdotas que vivió mientras se documentaba y escribía. Todo esto está contado con gracia y elegancia, pero es, a fin de cuentas, adjetivo comparado con la formidable reconstrucción de las atroces hazañas perpetradas por Heydrich, que fue, en efecto, el brazo derecho de Himmler y uno de los jerarcas nazis más estimados por el propio Führer.</p>
<p>Carnicero, Bestia y otros apodos igual de feroces no bastan, sin embargo, para describir a cabalidad la vertiginosa crueldad de esa encarnación del mal en que se convirtió Reinhard Heydrich a medida que escalaba posiciones en las fuerzas de choque del nazismo, hasta llegar a ser nombrado por Hitler el Protector de las provincias anexadas al Reich de Bohemia y Moravia. Era hijo de un pasable compositor y recibió una buena educación, en un colegio de niños bien donde sus compañeros lo atormentaban acusándolo de ser judío, acusación que estropeó luego su carrera en la Marina de Guerra. Tal vez su precoz incorporación a las SS, cuando este cuerpo de élite del nazismo estaba apenas constituyéndose, fue la manera que utilizó para poner fin a esa sospecha que ponía en duda su pureza aria y que hubiera podido arruinar su futuro político. Fue gracias a su talento organizador y su absoluta falta de escrúpulos que las SS pasaron a ser la maquinaria más efectiva para la implantación del régimen nazi en toda la sociedad alemana, la fuerza de choque que destrozaba los comercios judíos, asesinaba disidentes y críticos, sembraba el terror en sindicatos independientes o fuerzas políticas insumisas, y, comenzada la guerra, la punta de lanza de la estrategia de sujeción y exterminación de las razas inferiores.</p>
<p>En la célebre conferencia de Wannsee, del 20 de enero de 1942, fue Heydrich, secundado por Eichmann, quien presentó, con lujo de detalles, el proyecto de <em>Solución Final,</em> es decir, de industrializar el genocidio judío -la liquidación de 11 millones de personas- utilizando técnicas modernas como las cámaras de gas, en vez de continuar con la liquidación a balazos y por pequeños grupos, lo que, según explicó, extenuaba física y psicológicamente a sus <em>Einsatzgruppen.</em> Cuentan que cuando Himmler asistió por primera vez a las operaciones de exterminio masivo de hombres, mujeres y niños, la impresión fue tan grande que se desmayó. Heydrich estaba vacunado contra esas debilidades: él asistía a los asesinatos colectivos con papel y lápiz a la mano, tomando nota de aquello que podía ser perfeccionado en número de víctimas, rapidez en la matanza o en la pulverización de los restos. Era frío, elegante, buen marido y buen padre, ávido de honores y de bienes materiales, y, a los pocos meses de asumir su protectorado, se jactaba de haber limpiado Checoslovaquia de saboteadores y resistentes y de haber empezado ya la germanización acelerada de checos y eslovacos. Hitler, feliz, lo llamaba a Berlín con frecuencia para coloquios privados.</p>
<p>En estos precisos momentos, el Gobierno checo en el exilio de Londres, presidido por Benes, decide montar la Operación Antropoide, para ajusticiar al Carnicero de Praga, a fin de levantar la moral de la diezmada resistencia interna y mostrar al mundo que Checoslovaquia no se ha rendido del todo al ocupante. Entre todos los voluntarios que se ofrecen, se elige a dos muchachos humildes, provincianos y sencillos, el eslovaco Jozef Gabcík y el checo Jan Kubiš. Ambos son adiestrados en la campiña inglesa por los jefes militares del exilio y lanzados en paracaídas. Durante varios meses, malvivirán en escondrijos transeúntes, ayudados por los pequeños grupos de resistentes, mientras hacen las averiguaciones que les permitan montar un atentado exitoso en el que, tanto Gabcík como Kubiš lo saben, tienen muy pocas posibilidades de salir con vida.</p>
<p>Las páginas que Binet dedica a narrar el atentado, lo que ocurre después, la cacería enloquecida de los autores por una jauría que asesina, tortura y deporta a miles de inocentes, son de una gran maestría literaria. El lenguaje limpio, transparente, que evita toda truculencia, que parece desaparecer detrás de lo que narra, ejerce una impresión hipnótica sobre el lector, quien se siente trasladado en el espacio y en el tiempo al lugar de los hechos narrados, deslizado literalmente en la intimidad incandescente de los dos jóvenes que esperan la llegada del coche descapotable de su víctima, los imprevistos de último minuto que alteran sus planes, el revólver que se encasquilla, la bomba que hace saltar solo parte del coche, la persecución por el chófer. Todos los pormenores tienen tanta fuerza persuasiva que quedan grabados de manera indeleble en la memoria del lector.</p>
<p>Parece mentira que, luego de este cráter, el libro de Laurent Binet sea capaz todavía de hacer vivir una nueva experiencia convulsiva a sus lectores, con el relato de los días que siguen al atentado que acabó con la vida de Heydrich. Hay algo de tragedia griega y de espléndido <em>thriller</em> en esas páginas en que un grupo de checos patriotas se multiplica para esconder a los ajusticiadores, sabiendo muy bien que por esa acción deberán morir también ellos, hasta el epónimo final en que, vendidos por un Judas llamado Karel Curda, Gabcík, Kubiš y cinco compañeros de la resistencia se enfrentan a balazos a 800 SS durante cinco horas, en la cripta de una iglesia, antes de suicidarse para no caer prisioneros.</p>
<p>La muerte de Heydrich desencadenó represalias indescriptibles, como el exterminio de toda la población de Lídice, y torturas y matanzas de centenares de familias eslovacas y checas. Pero, también, mostró al mundo lo que, todavía en 1942, muchos se negaban a admitir: la verdadera naturaleza sanguinaria y la inhumanidad esencial del nazismo. En Checoslovaquia misma, pese al horror que se vivió en las semanas y meses siguientes a la Operación Antropoide, la muerte de Heydrich mantuvo viva la convicción de que, pese a todo su poderío, el Tercer Reich no era invencible.</p>
<p>Un buen libro, como este, perdura en la conciencia, y es un gusanito que no nos da sosiego con esas preguntas inquietantes: ¿cómo fue posible que existiera una inmundicia humana de la catadura de un Reinhard Heydrich? ¿Cómo fue posible el régimen en que individuos como él podían prosperar, alcanzar las más altas posiciones, convertirse en amos absolutos de millones de personas? ¿Qué debemos hacer para que una ignominia semejante no vuelva a repetirse?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/37436/el-carnicero-de-praga/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>The Games the Nazis Played</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/36161/the-games-the-nazis-played/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/36161/the-games-the-nazis-played/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 09 Aug 2011 15:21:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Deporte]]></category>
		<category><![CDATA[JJOO]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=36161</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>David Clay Large</strong>, a professor of history at Montana State University and the author of <em>Nazi Games</em> and the forthcoming <em>Munich 1972</em> (THE NEW YORK TIMES, 09/08/11):</p>
<p>Few Olympics are as famous as the 1936 Berlin Games, whose 75th anniversary falls this month. The publicity that accompanied the competition, held under the watchful eye of Adolf Hitler, supposedly tamed the Nazi regime, if only temporarily — a story that has since justified awarding the Games to places like Soviet Moscow, Beijing and Sochi, Russia, host of the 2014 Winter Olympics.</p>
<p>But much of that story is myth. Indeed, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/36161/the-games-the-nazis-played/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>David Clay Large</strong>, a professor of history at Montana State University and the author of <em>Nazi Games</em> and the forthcoming <em>Munich 1972</em> (THE NEW YORK TIMES, 09/08/11):</p>
<p>Few Olympics are as famous as the 1936 Berlin Games, whose 75th anniversary falls this month. The publicity that accompanied the competition, held under the watchful eye of Adolf Hitler, supposedly tamed the Nazi regime, if only temporarily — a story that has since justified awarding the Games to places like Soviet Moscow, Beijing and Sochi, Russia, host of the 2014 Winter Olympics.</p>
<p>But much of that story is myth. Indeed, the Olympics gave the Nazis a lesson in how to hide their vicious racism and anti-Semitism, and should offer today’s International Olympic Committee a cautionary tale when considering the location of future events.</p>
<p>When the committee awarded the Olympics to Berlin in 1931, Hitler was not yet in power. But by 1936 there was little question that anti-Semitism and racism lay at the heart of the Nazi ideology: the so-called Nuremberg Laws, which codified policies to isolate Jews and other minorities from German life, had been approved the year before.</p>
<p>The committee soon came under pressure from Jewish and leftist groups, which threatened to boycott the Games if they remained in Germany. The committee held firm, but promised that the Games would “open up” the Third Reich, that international attention would force it to tone down its repressive measures.</p>
<p>While it’s clear that the Games failed to “open up” the Third Reich, it remains widely believed that, to placate visitors, Hitler’s government cut back its persecution of Jews during the summer — in other words, that the Games achieved some of what the committee promised.</p>
<p>But the truth is more nuanced. Although the regime did discourage open anti-Semitism, this directive pertained only to Berlin. Outside the capital, the Nuremberg Laws remained in full effect.</p>
<p>The Games were even counterproductive in this respect: not only did such cosmetic steps assuage criticism of the Nazis, but they taught the regime how easy it was to mislead the global public.</p>
<p>Perhaps the most famous myth involves Jesse Owens, the black American track-and-field athlete. In popular mythology, the impressive performances of America’s blacks, especially Owens, so infuriated Hitler that he refused to shake Owens’s hand after his victory in the 100-meter dash.</p>
<p>It’s a good story, and one widely disseminated at the time to show that the Olympic spirit had triumphed over Nazi racism. The problem is, it never happened. Before Owens even stepped onto the track, the Olympic committee president, Henri de Baillet-Latour, had told Hitler to stop congratulating victors in the stadium, something he had been doing repeatedly, unless he congratulated every winner. Fearing that Owens might be one of those winners, and determined never to press the flesh with a black man, Hitler stopped inviting athletes to his box for a public handshake.</p>
<p>But Owens didn’t mind — he claimed that Hitler, whom he called “a man of dignity,” treated him to a friendly wave. In fact, Owens said it was not Hitler but President Franklin D. Roosevelt who had snubbed him by neglecting to send him a congratulatory telegram.</p>
<p>Of more lasting importance than the Owens fable is the contention, still widely propagated today, that the African-American victories in 1936 forced people everywhere to rethink their assumptions about black inferiority in high-level track-and-field athletics. Supposedly even German commentators conceded the superiority of America’s “black auxiliaries” on the athletic field.</p>
<p>In reality, the publicity surrounding black athletes’ success simply taught the Nazis how to refine existing stereotypes. Instead of arguing that those athletes were physically inferior, they disparaged them as freaks who, because of their “jungle inheritance,” were able to jump high and run fast.</p>
<p>But it was not just the Nazis who held such views. Many American commentators put forth similar explanations. While certain “inherited physical advantages” might make blacks good sprinters and jumpers, the thinking went, they could never compete successfully with whites in disciplines requiring strategy, teamwork or stamina. Thus, the experts assured America, blacks could never play quarterback, or excel in sports like long-distance running or basketball.</p>
<p>The truth behind the 1936 Games casts a harsh light on the notion that the Olympics can have a salutary effect on repressive regimes. Indeed, there is little evidence so far that the 2008 Beijing Olympics did anything but show the Chinese government how to maintain its clamp on freedom while supposedly opening its doors to the world.</p>
<p>This is not to say that the Games should be held only in politically “clean” countries. But instead of blindly celebrating the alleged openness of repressive regimes that host the event, the international community should use it as an opportunity to hold them to the values that the Olympics claim to represent.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/36161/the-games-the-nazis-played/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¿Es el Supremo tolerante con el nazismo?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/38641/es-el-supremo-tolerante-con-el-nazismo/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/38641/es-el-supremo-tolerante-con-el-nazismo/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 22 Jun 2011 11:03:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=38641</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Jiménez Villarejo</strong>, ex fiscal de Anticorrupción (EL PAÍS, 22/06/11):</p>
<p>Hace unos días falleció Jorge Semprún. Testigo excepcional de la barbarie nazi, en su discurso en 2010 en Buchenwald, dijo: &#8220;El antisemitismo racial forma parte del código genético del nazismo, desde los primeros escritos de Hitler, desde sus primerísimas actividades políticas&#8221;, y se refirió también al &#8220;proceso industrial, salvajemente racionalizado, del exterminio masivo en las cámaras de gas&#8221;.</p>
<p>Casi simultáneamente a la noticia de su muerte, hemos conocido la sentencia penal del Tribunal Supremo (TS) de 12-4-2011 revocando otra anterior de la Audiencia Provincial de Barcelona que condenaba &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38641/es-el-supremo-tolerante-con-el-nazismo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Jiménez Villarejo</strong>, ex fiscal de Anticorrupción (EL PAÍS, 22/06/11):</p>
<p>Hace unos días falleció Jorge Semprún. Testigo excepcional de la barbarie nazi, en su discurso en 2010 en Buchenwald, dijo: &#8220;El antisemitismo racial forma parte del código genético del nazismo, desde los primeros escritos de Hitler, desde sus primerísimas actividades políticas&#8221;, y se refirió también al &#8220;proceso industrial, salvajemente racionalizado, del exterminio masivo en las cámaras de gas&#8221;.</p>
<p>Casi simultáneamente a la noticia de su muerte, hemos conocido la sentencia penal del Tribunal Supremo (TS) de 12-4-2011 revocando otra anterior de la Audiencia Provincial de Barcelona que condenaba a cuatro acusados a varios años de prisión y multas por los delitos de &#8220;difusión de ideas genocidas&#8221;, por &#8220;provocar a la discriminación, al odio o a la violencia&#8221; y por asociación ilícita con dichos fines.</p>
<p>La sentencia, como ha dicho la Fiscalía de Barcelona, &#8220;se aparta clamorosamente de las previsiones establecidas en los tratados internacionales ratificados por España&#8221; sobre estas conductas delictivas, y &#8220;entorpece y dificulta la persecución&#8221; de dichos delitos. Y, habría que añadir, propicia el que se favorezca el racismo, la xenofobia y la exclusión social de las minorías afectadas, perjudicando gravemente la paz social y la convivencia democrática.</p>
<p>Entre los hechos acreditados, expuestos a lo largo de 150 páginas, se incluyen la publicación y difusión de escritos, folletos, revistas y libros. De sus contenidos extraemos lo siguiente:</p>
<p>&#8220;Se repite una y otra vez el mitológico infundio de las seis millones de víctimas judías ejecutadas en cámaras de gas, que ni aun sus inventores se atreven a aceptar ya como plenamente verosímil y demostrable&#8221;.</p>
<p>&#8220;Una nación que no elimina a los judíos acaba tarde o temprano, siendo devorada por ellos&#8221;.</p>
<p>&#8220;Mezcla de animal y de hombre, según la Biblia. Con la edad, los judíos van tomando rasgos de animales&#8221;.</p>
<p>&#8220;Todo individuo notoriamente enfermo y efectivamente tarado, y, como tal susceptible de seguir transmitiendo por herencia sus defectos, debe ser declarado inapto para la procreación y sometido a tratamiento esterilizante&#8221;.</p>
<p>&#8220;Sobre los negros, no se da cuenta ese desmoralizado mundo burgués que se trata de un ultraje a nuestra razón, pues es una criminal idiotez adiestrar, durante mucho tiempo, a un medio-mono hasta que logre hacerse abogado, mientras millones de personas, pertenecientes a razas más elevadas, deben permanecer en una posición indigna, sin tener en cuenta su capacidad&#8221;.</p>
<p>&#8220;El negro puro se encuentra cultural y socialmente en el escalón más bajo&#8221;.</p>
<p>&#8220;Algún día los blancos serán perseguidos en su propio suelo por pueblos inferiores en cualidades, pero superiores en número&#8221;.</p>
<p>&#8220;Un escolar retrasado cuesta al Estado dos o tres veces más que un niño normal&#8221;.</p>
<p>&#8220;En esa lucha querida por Dios, ellos (los incapacitados) son necesariamente vencidos, pues la naturaleza, en su santa sabiduría, preconiza la eliminación de los débiles y enfermos&#8221;.</p>
<p>&#8220;España, con dos millones de parados aún, en vías hacia la islamización total y a la colonización africana es ya, sanatorio y hospital de sidosos, sarnosos, un hospicio, un asilo, un vertedero (&#8230;); más de un 30% de los internados son inmigrantes&#8221;.</p>
<p>Ante tan brutales planteamientos, el TS entiende que son &#8220;expresiones, ideas o doctrinas&#8221; que &#8220;resultan hoy día absolutamente rechazables y deben ser contundentemente rechazadas&#8221;, pero &#8220;pueden ser reflejadas legítimamente por quienes estudian o analizan ese periodo de la historia&#8221;. Es decir, que los acusados, ¿eran historiadores?</p>
<p>Y van a más. Llega a afirmar que en dichos textos &#8220;aunque contengan alguna forma de justificación del genocidio (no) se aprecia solo por ello una incitación directa (o indirecta) al odio, la discriminación o la violencia contra esos grupos&#8221;. Continuando que &#8220;aunque en esas obras se contengan conceptos, ideas o doctrinas discriminadoras u ofensivas para grupos de personas (no) puede apreciarse que solo con esos actos de difusión se venga a crear un clima de hostilidad que suponga un peligro cierto de concreción en actos específicos de violencia&#8221;.</p>
<p>Es gravemente preocupante. Por la permisividad ante conductas que socavan la democracia. Por privar de relevancia penal las conductas descritas, de negación y exaltación del genocidio nazi y de constantes apelaciones a la superioridad de una raza o grupos de personas, a la pública execración, repulsión y exclusión social de judíos, personas de raza negra, discapacitados, homosexuales, gitanos y otras minorías. Y, desde luego, la sentencia lleva a la conclusión de que tales actitudes tienen cabida en la democracia. La argumentación del TS coincide, al menos objetivamente, con el discurso de la intolerancia social que niega la igualdad de todas las personas por razón de su condición humana.</p>
<p>Claro que alguno de los magistrados que han intervenido en esta sentencia -caso de Adolfo Prego- considera compatible con la democracia, como sostuvo en la revista del Valle de los Caídos, que &#8220;el matrimonio es por esencia heterosexual y que una unión homosexual no cabe bajo la forma de unión matrimonial&#8221;. Es un botón de muestra para entender el modo de pensar aplicado por quienes justifican y amparan estas conductas tan antidemocráticas.</p>
<p>Estamos ante un paso más en el vaciamiento de la razón jurídica democrática en el Tribunal Supremo. ¿Por qué no se preguntan, como pedía Semprún, por el &#8220;olor a carne quemada&#8221; de los campos nazis?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/38641/es-el-supremo-tolerante-con-el-nazismo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Demjanjuk in Munich</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/34982/demjanjuk-in-munich/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/34982/demjanjuk-in-munich/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 17 May 2011 21:40:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=34982</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Deborah E. Lipstadt</strong>, a professor of modern Jewish and Holocaust studies at Emory University and the author of <em>The Eichmann Trial</em> (THE NEW YORK TIMES, 17/05/11):</p>
<p>Last week a German court in Munich found <a title="More articles about John Demjanjuk." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/d/john_demjanjuk/index.html?inline=nyt-per">John Demjanjuk</a> guilty of 28,060 counts of accessory to murder, one for each of the  Jews exterminated during the six months that he worked as a guard at the  Sobibor death camp in Poland. The Demjanjuk trial will probably be the  last Holocaust war crimes trial to grab the world’s attention.</p>
<p>For many, especially those in younger generations, the trial against Mr.  Demjanjuk, a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/34982/demjanjuk-in-munich/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Deborah E. Lipstadt</strong>, a professor of modern Jewish and Holocaust studies at Emory University and the author of <em>The Eichmann Trial</em> (THE NEW YORK TIMES, 17/05/11):</p>
<p>Last week a German court in Munich found <a title="More articles about John Demjanjuk." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/d/john_demjanjuk/index.html?inline=nyt-per">John Demjanjuk</a> guilty of 28,060 counts of accessory to murder, one for each of the  Jews exterminated during the six months that he worked as a guard at the  Sobibor death camp in Poland. The Demjanjuk trial will probably be the  last Holocaust war crimes trial to grab the world’s attention.</p>
<p>For many, especially those in younger generations, the trial against Mr.  Demjanjuk, a 91-year-old former Ohio autoworker now confined to a  wheelchair, may seem the awkward fulfillment of the notion that history  plays itself out first as tragedy, then as farce. Coincidentally, this  year is the 50th anniversary of the trial of <a title="More articles about Adolf Eichmann." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/e/adolf_eichmann/index.html?inline=nyt-per">Adolf Eichmann</a>, a case that, in its significance, appears to dwarf the Demjanjuk proceedings.</p>
<p>But while Eichmann did play a larger role in the Holocaust than Mr.  Demjanjuk, we must resist the conclusion that one is more significant  than the other. Indeed, the Demjanjuk trial, as much as the Eichmann  case, has volumes to teach us about the complex relationship between <a title="More articles about the Rwandan genocide." href="http://topics.nytimes.com/top/news/international/countriesandterritories/rwanda/genocide/index.html?inline=nyt-classifier">genocide</a> and justice.</p>
<p>The Demjanjuk case matters, above all, because there was never much  doubt that he had been a vicious prison guard under the Nazis. After  living for more than 30 years in the United States, he was deported to  Israel in 1986, where he was tried and sentenced to death.  Unfortunately, prosecutors had misidentified him as a guard at the  Treblinka camp known as Ivan the Terrible, and Mr. Demjanjuk was  released in 1993.</p>
<p>What followed was 16 years of legal wrangling as Mr. Demjanjuk, now back  in the United States, fought efforts to retry or deport him. Finally,  Germany succeeded in extraditing him in 2009. Last week’s decision,  then, was proof that the rule of law works, however slowly.</p>
<p>Of course, it’s that slow pace that had many asking why Germany was  bothering to try Mr. Demjanjuk in the first place. Wasn’t there  something comic, even shameful, about dragging a dying man across the  Atlantic to stand trial for a crime he committed over a half century  ago? Shouldn’t there be a statute of limitations on even the most  heinous crimes?</p>
<p>No, and the trial reaffirms that society rejects that idea. Those who  participate in genocide, in whatever capacity, should never rest easy.  Nor should they assume that if they delay justice enough, their case  will be abandoned. This lesson may matter more today than ever: after  all, the hunt for Holocaust killers may be over, but the hunt for those  who practiced genocide in the former Yugoslavia, Rwanda and far too many  other places must continue.</p>
<p>The Demjanjuk trial also underlines the lessons learned from Eichmann.  Like Mr. Demjanjuk, Eichmann claimed he was only a small cog in the  wheel. Both men argued that they did not have the choice to say no; it  was kill or be killed.</p>
<p>However, as Hannah Arendt argued in “Eichmann in Jerusalem,” every  machine part is of crucial importance. Removing a small cog has the same  impact as removing a large one: the machine stops working. Both men  could have said no with few consequences; no defense lawyer or historian  has found evidence of someone being killed for refusing to participate  in the Holocaust. But these men chose not to refuse.</p>
<p>True, the outcomes for the two men will be different: Eichmann was the  only person in Israel’s history to be executed; Mr. Demjanjuk will  probably die in his bed as his lawyers appeal his sentence.</p>
<p>But what happened at both of these trials is more important than the  ultimate fates of the guilty. Now as then, the victims were given a  chance to tell their story, not in a book, interview or speech, but in a  court of law. At the Eichmann trial close to 100 witnesses testified  about their suffering. At the Demjanjuk trial we heard from the victims’  children. They joined the prosecutor in pointing their fingers at the  man who facilitated their parents’ murders. In other words, the  Demjanjuk trial proves that while Eichmann himself may be history, the  robust process that made Holocaust trials into something more than mere  court proceedings is still effective.</p>
<p>And finally, the Demjanjuk case, by its very complexity, is a fitting  coda to the Eichmann trial because it reminds us that adjudicating  genocide is, like the act itself, rarely straightforward. These cases  raise difficult questions about how to punish different types of  participation in a genocide; does a guard who carried it out deserve  more or less punishment than a bureaucrat who planned it?</p>
<p>These trials do not ever truly offer closure, even decades after the  crime. Indeed, cases like Mr. Demjanjuk’s are in some sense only the  beginning of a process of reckoning and understanding, a process whose  burden now falls not on the courts, but on the rest of us.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/34982/demjanjuk-in-munich/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Lección del héroe polaco</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/38763/leccion-del-heroe-polaco/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/38763/leccion-del-heroe-polaco/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 27 Apr 2011 13:34:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=38763</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Basilio Baltasar</strong>, director de la Fundación Santillana (EL PAÍS, 27/04/11):</p>
<p>Tres decisivos testimonios sobre la gesta fundacional de la Europa contemporánea han sido editados entre nosotros al mismo tiempo. Las memorias del director de <em>Les temps modernes,</em> Claude Lanzmann <em>(La liebre de la Patagonia</em> en Seix Barral), su legendario documental sobre el Holocausto <em>(Shoah,</em> en la colección de cine editada por EL PAÍS en DVD) y el deslumbrante informe autobiográfico del polaco Jan Karski <em>(Historia de un Estado clandestino</em> en El Acantilado).</p>
<p>Las voces que se oyen crepitar en estos documentos evocan la epopeya de unos hombres y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/38763/leccion-del-heroe-polaco/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Basilio Baltasar</strong>, director de la Fundación Santillana (EL PAÍS, 27/04/11):</p>
<p>Tres decisivos testimonios sobre la gesta fundacional de la Europa contemporánea han sido editados entre nosotros al mismo tiempo. Las memorias del director de <em>Les temps modernes,</em> Claude Lanzmann <em>(La liebre de la Patagonia</em> en Seix Barral), su legendario documental sobre el Holocausto <em>(Shoah,</em> en la colección de cine editada por EL PAÍS en DVD) y el deslumbrante informe autobiográfico del polaco Jan Karski <em>(Historia de un Estado clandestino</em> en El Acantilado).</p>
<p>Las voces que se oyen crepitar en estos documentos evocan la epopeya de unos hombres y mujeres obligados a elegir su destino en un momento crucial de la historia europea, pero el relato de su lucha contra el nazismo no es el recuerdo de una hazaña bélica sino el sustento moral de la memoria que aún hoy encuentra su plenitud de sentido en aquella insurrección.</p>
<p>Cuando en 1977 Lanzmann consigue grabar en Nueva York su encuentro con el profesor Karski han pasado más de 30 años pero el antiguo mensajero de la resistencia polaca <em>-el hombre que intentó detener el Holocausto-,</em> estremecido por el llanto, debe interrumpir por un momento la filmación. Lo que en 1942 vio con sus propios ojos en el gueto de Varsovia y en el campo de Izbica Lubelska sigue tan vivo en su memoria como vivazmente escrito en un libro que debería figurar en el lugar de honor de cualquier biblioteca.</p>
<p>En su sobria y puntillosa narración Karski cuenta cómo se burló de la Gestapo, cómo visitó el gueto de Varsovia, cómo entró en el campo de exterminio, salió de Polonia, atravesó las fronteras de la Europa ocupada y llevó hasta Inglaterra y Estados Unidos la noticia que conmovería al mundo. Se entrevistó con destacados integrantes del Gobierno británico, con el presidente Roosevelt, con H. G. Wells, con Arthur Koetsler, con miembros del Pen Club, con periodistas y profesores, y con cuanto ilustre o influyente ciudadano estuviera dispuesto a escuchar el relato de la barbarie alemana. Impartió conferencias, publicó artículos y se mostró dispuesto una y otra vez a repetir con minuciosidad todo cuanto había visto <em>con sus propios ojos.</em></p>
<p>A sus interlocutores, efectivamente, les consterna el delirante pogromo que se está ejecutando en Europa. Pero el transporte masivo de seres desquiciados por el miedo y la humillación, apiñados como ganado macilento en cloacas y fosas comunes, no consiguió movilizar las fuerzas necesarias para impedir de inmediato la matanza.</p>
<p>En 1981 Jan Karski recordó ante la Cámara de Representantes de los Estados Unidos el significado de aquel crimen y de aquella impotencia: &#8220;Soy un católico practicante. Y declaro que la Humanidad ha cometido un segundo pecado original. Este pecado la atormentará hasta el fin del mundo. Ese pecado me atormenta. Y quiero que así sea&#8221;.</p>
<p>Un remordimiento inconcebible cuando empieza a escribir su libro, inmediatamente después de llegar a los Estados Unidos, en 1943, mientras difunde infatigablemente en universidades, periódicos y radios el grito de auxilio de los judíos encerrados en el gueto de Varsovia. Karski está animado por el convencimiento de lograr el despliegue masivo de bombardeos y de cuanta acción militar haga recular a los nazis. Es el joven patriota, exestudiante en la escuela diplomática, entregado en cuerpo y alma a servir al Estado organizado en la clandestinidad por la resistencia polaca. Es altivo, susceptible, valiente y orgulloso.</p>
<p>A lo largo de su seductor relato se manifiesta la ética de un catolicismo forjado en la opresión, el profundo arraigo de la convicción que alimenta a la nación polaca. La vida de los hombres y mujeres que se enfrentan al ocupante imbuidos por una formidable fuerza espiritual. Una nobleza reflejada en el libro gracias a la aguda penetración con que Karski sabe retratar el carácter de sus protagonistas.</p>
<p>Especialmente entrañable es la delicadeza con que nos habla de las &#8220;inolvidables mujeres&#8221; polacas. Es su abnegación, valor y engañosa fragilidad, la que da al informe de Karski ese tono de cántico a un futuro que en aquel momento solo puede imaginar como una promesa de independencia y democracia. La pecosa y desgarbada Danuta, la delgada y poco atractiva Bronka, la infatigable y optimista Wanda, la &#8220;sublime ingenuidad&#8221; de la escritora católica Zofía Kossac, del Consejo de Ayuda a los Judíos, nos enseñan cómo puede subsistir, en las infames condiciones de la ocupación, la simpatía, el afecto y la ternura.</p>
<p>Como todo lo que nos llega de una época anterior a nuestro nacimiento, el libro de Karski da la impresión de estar evocando un tiempo pasado. Pero su lectura revela precisamente lo contrario. No todo ha sido resuelto ni mucho menos cancelado. Aunque consiguiéramos saber por qué los Aliados no llegaron a tiempo o por qué entregaron Polonia a Stalin en la Conferencia de Teherán, temblaría todavía ante nosotros el eco de aquella atrocidad.</p>
<p>El intrépido desprecio de Jan Karski por el nazismo es una ejemplar lección moral pero más aleccionadora es la audacia con que hasta su fallecimiento quiso recordarnos nuestro &#8220;segundo pecado original&#8221;.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/38763/leccion-del-heroe-polaco/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Why Palestinians Should Learn About the Holocaust</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/34329/why-palestinians-should-learn-about-the-holocaust/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/34329/why-palestinians-should-learn-about-the-holocaust/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 29 Mar 2011 23:53:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Próximo-Medio Oriente]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>
		<category><![CDATA[Palestina]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=34329</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Mohammed S. Dajani Daoudi</strong>, the founder of the Wasatia movement, which promotes moderation in Islam and the director of the American Studies department at Al-Quds University and <strong>Robert Satloff</strong>, executive director of the Washington Institute and the author of <em>Among the Righteous: Lost Stories from the Holocaust’s Long Reach into Arab Lands</em> (THE NEW YORK TIMES,30/03/11):</p>
<p>Should Palestinian and other Arab schools teach their students about the Holocaust?</p>
<p>This is not an academic question. Many Palestinian and Arab political  organizations recently pounced on reports that a new human rights  curriculum being prepared for use in Gaza schools &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/34329/why-palestinians-should-learn-about-the-holocaust/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Mohammed S. Dajani Daoudi</strong>, the founder of the Wasatia movement, which promotes moderation in Islam and the director of the American Studies department at Al-Quds University and <strong>Robert Satloff</strong>, executive director of the Washington Institute and the author of <em>Among the Righteous: Lost Stories from the Holocaust’s Long Reach into Arab Lands</em> (THE NEW YORK TIMES,30/03/11):</p>
<p>Should Palestinian and other Arab schools teach their students about the Holocaust?</p>
<p>This is not an academic question. Many Palestinian and Arab political  organizations recently pounced on reports that a new human rights  curriculum being prepared for use in Gaza schools operated by Unrwa, the  United Nations aid agency for Palestinian refugees, might include  historical references to the Holocaust. Their reaction underscores the  urgency of answering this fundamental question: Should Palestinians (and  other Arabs) learn about the Holocaust? Should this historical tragedy  be included in the Arab curriculum?</p>
<p>We — a Muslim-Palestinian social scientist, and a Jewish-American  historian — believe the answer is yes. Indeed, there are many reasons  why it’s important, even essential, that Arabs learn about the  Holocaust. And much of this has nothing to do with Jews at all.</p>
<p>One of the sad realities of many modern Arab societies is that Arab  students have been denied history, their own and the world’s. For  decades, millions of Arabs have lived under autocrats resentful of the  legacy of the leader they replaced and fearful of the leader-to-come.  Although Arabs revere the study, writing and teaching of history, and  have produced many famous historians, their rulers often tend to view  history as a threat. The result is that many historians in Arab  countries are more like the court chroniclers of long-dead dynasties,  and entire chapters of history have been expunged from the curricula  that Arab governments teach their students.</p>
<p>This is particularly true of the Holocaust. A world that has known  terrible atrocities has seen none greater than the effort by Nazi  Germany and its allies to exterminate the Jewish people. So methodical,  so vicious and so exhaustive was the Nazi effort that a new word was  coined to describe it — “genocide.” All genocides before and since are  judged against the Holocaust. To the extent that we can prevent genocide  in the future — an uphill task, given the record of the last few  decades — understanding what gives rise to it is essential. Without  discussing the Holocaust, discussing genocide is meaningless.</p>
<p>But Palestinians, and Arabs more generally, know little about the  Holocaust and what they do know is often skewed by the perverted prism  of Arab popular culture, from the ranting of religious extremists to the  distortions of certain satellite television channels to the many  ill-informed authors. What happened to the Jews during World War II is  not taught in Arab schools or universities, either as part of world  history or as a lesson in genocide awareness or as an atrocity that  ought not to be repeated. Arabs have nothing to fear from opening their  eyes to this chapter of human history. As the Koran says: “And say: My  Lord, advance me in knowledge.” If Arabs knew more about the Holocaust  in particular and genocide in general, perhaps Arab voices would be more  forceful in trying to stop similar atrocities.</p>
<p>Palestinians have more specific reasons to learn about the Holocaust. We  do not urge Holocaust education just so Palestinians can understand  more sympathetically the legacy of Jewish suffering and its impact on  the psyche of the Jewish people. While it is important for both  Palestinians and Israelis to appreciate the historical legacies that  have shaped their strategic outlook and national identities, teaching  Palestinians about the Holocaust for this reason alone runs the risk the  feeding the facile equation that “the Jews have the Holocaust and the  Palestinians have the Nakba.” We urge Palestinians to learn about the  Holocaust so they can be armed with knowledge to reject the comparison  because, if it were broadly avoided, peace would be even more attainable  than it is today.</p>
<p>With all the suffering Palestinians have endured, their struggle with  Israel is still, at its core, a political conflict, one that can end  through diplomacy and agreements. Today diplomacy is deadlocked, yet the  nature of politics is that tomorrow that reality may change. The  Holocaust was not a political conflict: the very idea of a “Nazi-Jewish  peace process” is absurd. Teaching the Holocaust to Palestinians is a  way to ensure they do not go down the blind alley of believing their  peace process with Israel is as hopeless as one would have been between  Nazis and Jews. Discussion of the Holocaust would underscore the idea  that peace is attainable.</p>
<p>Almost two years ago millions of Muslim Arabs listened carefully when  President Barack Obama, speaking in Cairo, respectfully recited  sentences from the Koran and proclaimed America’s endorsement of a  two-state solution to achieve a durable Israeli-Palestinian peace. Few,  however, remember that he also condemned Holocaust denial. Now that the  Arab masses are applying the universal lessons of democracy, human  rights and the rule of law in taking down their authoritarian  governments, it is time they take back the learning of history, too.  That includes teaching their children the universal lessons of the  Holocaust.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/34329/why-palestinians-should-learn-about-the-holocaust/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El eclipse de la razón</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/33453/el-eclipse-de-la-razon/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/33453/el-eclipse-de-la-razon/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 09 Feb 2011 22:05:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=33453</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>César Antonio Molina</strong>, escritor y ex ministro de Cultura (EL PAÍS, 09/02/11):</p>
<p>Estoy en los cafés de París viendo pasar la vida. No hay mejor lugar en  el mundo para ver pasar la vida que un café de París. Y qué mejor que  ver pasar la vida después de visitar las exposiciones de Irène  Némirovsky en el Memorial de la Shoah, y la de Felix Nussbaum en el  Musée d&#8217;Art et d&#8217;Historie du Judaïsme.</p>
<p>Ellos no tuvieron tiempo para disfrutarlo. Apenas les permitieron  vivir 40 años. Fueron sacrificados en la gran hecatombe de la II Guerra  Mundial. Su &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/33453/el-eclipse-de-la-razon/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>César Antonio Molina</strong>, escritor y ex ministro de Cultura (EL PAÍS, 09/02/11):</p>
<p>Estoy en los cafés de París viendo pasar la vida. No hay mejor lugar en  el mundo para ver pasar la vida que un café de París. Y qué mejor que  ver pasar la vida después de visitar las exposiciones de Irène  Némirovsky en el Memorial de la Shoah, y la de Felix Nussbaum en el  Musée d&#8217;Art et d&#8217;Historie du Judaïsme.</p>
<p>Ellos no tuvieron tiempo para disfrutarlo. Apenas les permitieron  vivir 40 años. Fueron sacrificados en la gran hecatombe de la II Guerra  Mundial. Su gran delito fue ser judíos europeos. Ella, francesa (aunque  nunca obtuvo la nacionalidad), nacida en Rusia y, a los 16 años, huida  con su familia de la revolución bolchevique. Nussbaum, alemán, fue  internado, en 1940, en el campo de concentración de Saint-Cyprien, en el  sur de Francia. Logró evadirse y buscó refugio en Bélgica. En el <em>Autorretrato en el campo de concentración</em> (1940) se pinta a sí mismo en un primer plano con barba, demacrado,  vistiendo ropa raída, mientras se enmarca en un espacio de alambradas de  espino. Por entre las arenas se ven huesos dispersos. En un balde hacen  sus necesidades algunos prisioneros esqueléticos. La composición del  cuadro se asemeja a la del autorretrato de Rembrandt a la edad de 34  años. Nussbaum superaba al holandés en dos. Sobre este asunto vuelve en  un cuadro de mayores dimensiones titulado <em>Prisioneros en Saint-Cyprien</em> (1942). La invasión de Bélgica, el 10 de mayo de 1940, entre otras  consecuencias, había traído consigo la deportación de los inmigrantes de  origen alemán a este campo de internamiento. Nussbaum, en esta obra,  retrató los rostros de ojos desorbitados de varios prisioneros sentados  en destartaladas cajas de madera en torno a una especie de globo  terráqueo cubierto también por una alambrada.</p>
<p>Las extraordinarias  pinturas de este artista son premonitorias de lo que va a suceder: la  industria de la muerte. Después de varios años de vivir en la  clandestinidad, finalmente fue detenido junto con su mujer polaca, Felka  Platek. Ambos fueron deportados a Auschwitz en 1944. Dos años antes  había pasado ya por este mismo trance Irène y su esposo, también  deportados a Auschwitz. Sus dos hijas pudieron salvarse gracias a la  niñera.</p>
<p>El judío asimilado francés Julien Benda, en <em>La traición de los intelectuales,</em> no mostraba más que menosprecio por los judíos que no se consideraban  franceses y les dedicaba unas frases que podrían calificarse, en cierto  modo, de antisemitas. Némirovsky se sentía profundamente francesa.  Escribía en esta lengua, con la que obtuvo un inmediato éxito y  reconocimiento ya a partir de 1929 con la publicación de <em>David Golder,</em> llevada poco después al cine, dirigida por Julien Duvivier. Pero,  además, la novelista se había convertido al cristianismo y bautizó a sus  dos hijas.¿Qué es un intelectual, se preguntaba Benda en <em>La traición de los intelectuales?</em> &#8220;Es un letrado, un artista, un científico, que no se fija como objetivo  inmediato un resultado práctico. Dedicado al culto al arte y al  pensamiento puro, pone su felicidad en un goce primero espiritual,  &#8216;diciéndose de alguna manera: mi reino no es de este mundo&#8217;. Coloca su  razón por encima de las pasiones que animan a la muchedumbre: familia,  raza, patria, clase&#8221;. El intelectual, para el escritor francés, era el  adalid de lo eterno, de la verdad universal. Pero por aquellos años de  finales de los veinte del pasado siglo, Benda advertía de una tendencia a  perder de vista los altos valores y abrazar las más bajas disputas.</p>
<p>¿Qué  podían hacer Irène y Felix? La primera apenas dispuso de tiempo para  manifestar disconformidades. Nussbaum no tuvo más remedio que bajar a la  arena de la lucha. Lucha desigual para la que utilizó frente a las  armas sus pinceles. Benda, a los intelectuales que se ponían al servicio  de las pasiones políticas, los calificaba de &#8220;intelectuales de salón&#8221;.  Irène y Felix nunca lo fueron. Irène y Felix eran jóvenes, estaban en la  plenitud de su carrera. Más conocida ella que él. Natural de Ucrania,  Irène había nacido en Kiev en el año 1903, en el seno de una familia  judía adinerada. A partir de 1919, instalados en Francia, desarrolló en  su país de adopción y en su nueva lengua aprendida en la niñez, toda la  carrera literaria. Estudió en la universidad, publicó relatos en la  prensa y novelas, entre ellas, <em>Los perros y los lobos, El baile, Jezabel</em> o la póstuma <em>Suite francesa.</em> Novelas muy críticas con el rico mundo judío, con la burguesía y los  deseos desbocados de determinado tipo de mujeres -como su madre-  insatisfechas, caprichosas y desaprensivas. La <em>Suite francesa,</em> como los cuadros de Nussbaum, narra los graves sucesos de la historia  del momento, la invasión nazi de Francia y el éxodo de miles de personas  desamparadas. El país de la libertad, la tierra de la igualdad y los  derechos humanos había sido derrotada. La novela se salvó entre las  pertenencias de sus hijas. En la exposición se muestra el cuaderno donde  fue escrita, así como la maleta que la transportó.</p>
<p>En Francia el antisemitismo y el odio a los &#8220;forasteros&#8221; estaba arraigado. La revista <em>L&#8217;Action Française</em> se encargaba de difundir insidias contra los resistentes, judíos,  comunistas, francmasones y extranjeros. Cuando empezó la deportación de  judíos en la zona ocupada, en 1942, Maurras ironizó sobre ellos  calificándolos de &#8220;bestias acorraladas&#8221;. Drieu La Rochelle, en su  testamento, confesó que moría &#8220;antisemita&#8221;, y Celine escribió textos  vomitivos. Otros muchos escritores e intelectuales simplemente callaron.</p>
<p>Cuando  Irène fue detenida en Issy-l&#8217;Evêque, en Saône-et-Loire, su esposo mandó  telegramas -se pueden ver en la exposición- a sus editores y a otras  gentes, entre ellas, a Pétain. Esta ingenuidad provocó su propia  detención pocos meses después. Sus antiguos editores la habían  abandonado hacía ya tiempo, excepto el último, Albin Michel. Bernard  Grasset retiró de las librerías sus libros mientras se dedicaba a  publicar panfletos colaboracionistas de La Rochelle. No contestó jamás a  sus cartas. Fayard no sólo no le pagó, sino que la amenazó cruelmente.  Irène fue sola al cadalso y su memoria se perdió durante décadas. Lo  mismo le pasó a Nussbaum.</p>
<p>Quizá el cuadro de Felix Nussbaum más conocido sea su <em>Autorretrato con pasaporte judío</em> (1943). Cubierto por un sombrero, con las solapas del abrigo subidas y  la estrella amarilla de David cosida, muestra su pasaporte. Un alto muro  lo enmarca y, sobre él, alambradas, cuervos volando, un árbol con las  ramas tronchadas y un edificio que se asemeja al de una torreta de un  campo de concentración. Su mirada es terrible y muestra todo el pavor  que debió sufrir, meses después, cuando fue detenido. Premoniciones,  siempre premoniciones en los cuadros del alemán. En el <em>Triunfo de la muerte</em> (1944) avanza su fin y los desastres de la guerra. Una orquesta de  esqueletos tocan trompetas y violines en medio de la muerte y de los  restos destruidos de nuestra civilización contemporánea. Nussbaum era un  pintor metafísico, expresionista, a veces surrealista, pero tuvo que  variar su rumbo artístico para denunciar con sus cuadros el tiempo  agónico que le tocó vivir. Se convirtió, a su pesar, en un  documentalista del horror, de la sinrazón, de la bestialidad. Estudió  Bellas Artes en Hamburgo y Berlín, y al ascender el nazismo se exilió en  Francia, Italia y Bélgica. Ambos, Irène y Felix, debieron temer más por  sus libros y cuadros que por sí mismos. Finalmente, cuadros y libros se  salvaron.</p>
<p>Este agujero negro que abrieron los nazis y en donde  fueron precipitados los cuerpos y las almas de millones de hombres y  mujeres, no debe cerrarse. Como poco, se debe contribuir sin descanso a  llenarlo de memoria, comenta el francés Onfray, al referirse a los  suicidas Levi-Bettelheim-Améry, víctimas de las tesis revisionistas y  negacionistas. Este agujero negro todavía no se excavó del todo y, por  eso, muchas décadas después, aún siguen saliendo a la luz las vidas y  las obras de personas que quedaron sumidas en las tinieblas.</p>
<p>Las  novelas de Némirovsky y las pinturas de Nussbaum iluminan el eclipse de  la razón que produjo el nacionalsocialismo. Las vidas inmoladas de ambos  muestran la impotencia de todos los lenguajes. Leyendo la <em>Suite francesa,</em> contemplando los cuadros de Nussbaum, es imposible decir nada, nuestro  silencio lo invade todo. Los dos debieron sentir, en algún momento, el  deseo de comprender. Pero ¿cómo comprender la infamia, cómo perdonarla?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/33453/el-eclipse-de-la-razon/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>The US record on Nazi war criminals</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/32110/the-us-record-on-nazi-war-criminals/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/32110/the-us-record-on-nazi-war-criminals/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 15 Nov 2010 21:12:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=32110</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Efraim Zuroff</strong>, the chief Nazi-hunter of the Simon Wiesenthal Center and the founder and director of its Israel office (THE GUARDIAN, 15/11/10):</p>
<p>If nothing else, the <a href="http://www.nytimes.com/2010/11/14/us/14nazis.html?_r=1&#38;scp=2&#38;sq=nazi&#38;st=cse">revelations in Sunday&#8217;s front-page story in the New York Times</a> on the Justice Department&#8217;s continued refusal since 2006 to make public a report summarising the efforts of its Nazi-hunting <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Office_of_Special_Investigations_%28United_States_Department_of_Justice%29">Office of Special Investigations</a>,  clearly shows that even more than 65 years after the end of the second  world war, Nazi crimes and the efforts to bring Holocaust perpetrators  to justice are still a source of controversy and public interest. While  there is &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/32110/the-us-record-on-nazi-war-criminals/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Efraim Zuroff</strong>, the chief Nazi-hunter of the Simon Wiesenthal Center and the founder and director of its Israel office (THE GUARDIAN, 15/11/10):</p>
<p>If nothing else, the <a href="http://www.nytimes.com/2010/11/14/us/14nazis.html?_r=1&amp;scp=2&amp;sq=nazi&amp;st=cse">revelations in Sunday&#8217;s front-page story in the New York Times</a> on the Justice Department&#8217;s continued refusal since 2006 to make public a report summarising the efforts of its Nazi-hunting <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Office_of_Special_Investigations_%28United_States_Department_of_Justice%29">Office of Special Investigations</a>,  clearly shows that even more than 65 years after the end of the second  world war, Nazi crimes and the efforts to bring Holocaust perpetrators  to justice are still a source of controversy and public interest. While  there is little new information in the revelations, the more interesting  aspects are indeed infuriating and raise serious questions. Though the  themes are familiar, the ethical compromises involved in the US policy  in using former high-ranking Nazi officials as informants and in putting  to work Nazi scientists for the American space programme or other  classified military projects, as well the sometimes-flawed  implementation of government efforts to punish such individuals, are  worth re-examining.</p>
<p>The United States&#8217; record on this issue can  basically be divided into four periods. During the first, which lasted  from the end of the war in 1945 until approximately 1948, the US  government played a major role in the prosecution of senior Nazi  officials at the Nuremburg trials and of other criminals in additional  proceedings, some of which were held in former concentration camps.  During the second period, from 1948 until approximately 1953, the exact  opposite happened. With the cold war already underway, the US lost  interest in actively pursuing Nazi war criminals, preferring to build up  West Germany as a bulwark against communism, and therefore adopting a  far more lenient attitude toward former Nazis, some of whom were  enlisted as intelligence sources or rocket scientists – their criminal  Nazi pasts ignored. Equally appalling was the fact that, during these  years, US immigration authorities allowed entry to the United States as  refugees to thousands of the worst of Hitler&#8217;s east European henchman.</p>
<p>During  the subsequent years, until the mid 1970s, nothing changed; it was only  toward the end of the latter decade that, thanks to the dedicated  efforts of <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Elizabeth_Holtzman">Congresswoman Elizabeth Holtzman</a> of Brooklyn and <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Joshua_Eilberg">Congressman Joshua Eilberg</a> of Philadelphia, US negligence was fully exposed and the government  finally decided to take legal action against the Nazi war criminals  living in the US – and establish the Office of Special Investigations.</p>
<p>Holocaust  crimes, however, could not be prosecuted in the United States as they  had been committed overseas and their victims were not Americans at the  time the crimes were committed. So, instead, Nazi criminals were  prosecuted for immigration and naturalisation violations – that is, for  concealing their wartime past. Although this appeared to be a cop-out of  sorts when announced, the decision yielded relatively successful  results.The good news was that it was relatively easy to win such cases,  compared to war crimes prosecutions. The downside was that the  punishments – denaturalisation and deportation – were often grotesquely  incommensurate with the crimes.</p>
<p>During its 32 years of  existence, the OSI had significant success and successful pursued legal  action against over 100 Nazi perpetrators – a record that outstrips any  other agency of its kind. There were mistakes along the way – the  prosecution of <a href="http://news.bbc.co.uk/1/hi/world/americas/7998947.stm">Ivan Demjanjuk</a> primarily for crimes at Treblinka rather than at Sobibor is, of course,  the most famous – but all in all, the US government can be very proud  of the OSI and its achievements.</p>
<p>This only makes the refusal to  make public the full report even more incomprehensible. If it were  published, then, no doubt, questions would be raised about its  objectivity and reliability – have been written in-house – but the  public deserves to know the truth about the OSI&#8217;s work. Publishing it  would be the best way to help prevent the mistakes of the initial  decades and ensure future success in bringing the perpetrators of  genocide, war crimes and crimes against humanity to justice.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/32110/the-us-record-on-nazi-war-criminals/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>De la convicción a la resistencia</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/31868/de-la-conviccion-a-la-resistencia/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/31868/de-la-conviccion-a-la-resistencia/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 30 Oct 2010 20:37:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Intelectuales]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=31868</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando García de Cortázar</strong>, director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad (ABC, 30/10/10):</p>
<p>Aunque han pasado ya setenta años, las imágenes que quedan de ese tiempo siguen hiriéndonos los ojos con un fragor punzante de pesadilla. Fue la extraña derrota. Aquel ejército apreciado por el pueblo, el ejército de la Revolución y del Imperio, de Marengo y Austerlitz, de Sebastopol y Malakoff, de Magenta y Solferino, el ejército de la tragedia y de la gloria, cuya carga en Sedán había hecho exclamar al emperador alemán: «¡Oh, los bravos franceses!», había sido engullido por las rápidas &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/31868/de-la-conviccion-a-la-resistencia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Fernando García de Cortázar</strong>, director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad (ABC, 30/10/10):</p>
<p>Aunque han pasado ya setenta años, las imágenes que quedan de ese tiempo siguen hiriéndonos los ojos con un fragor punzante de pesadilla. Fue la extraña derrota. Aquel ejército apreciado por el pueblo, el ejército de la Revolución y del Imperio, de Marengo y Austerlitz, de Sebastopol y Malakoff, de Magenta y Solferino, el ejército de la tragedia y de la gloria, cuya carga en Sedán había hecho exclamar al emperador alemán: «¡Oh, los bravos franceses!», había sido engullido por las rápidas columnas de los blindados nazis. Y París se convertía de pronto en la ciudad de la desbandada, una ciudad abandonada primero por sus políticos, y luego por un sinfín de gentes espoleadas por el pánico. Fue la espesa noche de Europa, que llegaba acompañada por el roce sombrío del cuero y las culatas de los fusiles, entre sombras grises y esvásticas amenazantes.</p>
<p>Podría pensarse que ninguna nación, desde el siglo XVIII, ha dado más vitalidad, elegancia y pasión al mundo de los derechos humanos que Francia, y sin embargo hay un perfil del país vecino que ignoran quienes devotamente se han alimentado del «eterno encanto» de París, la ciudad de los sueños. Se trata de una historia apenas conocida, y que, en contra de lo que sugiere el cuadro de Delacroix con la bandera tricolor flameando bajo un cielo blancuzco de humo de pistolas, revela que la Francia de la Marsellesa, de la libertad, de la luz y de la razón es también una nación donde han tenido curso legal el antisemitismo, el nacionalismo reaccionario, los golpes de Estado de generales autoritarios, la brutalidad policial, la deportación de judíos&#8230; El caso Dreyfus constituye un episodio de esta peculiar historia francesa de la infamia, y el régimen de Vichy su culminación, un infierno que comienza cuando el viejo mariscal Pétain acepta la ocupación de Francia por su tradicional enemigo y los nuevos señores de París, los nazis, dejan que sea la Administración francesa la encargada de realizar los trabajos sucios, una época que nadie recuerda con nostalgia.</p>
<p>Hoy vemos la escena de la película Casablanca, cuando aquellos refugiados europeos y franceses de Vichy que pasan las horas en el bar de Rick responden a los cánticos del invasor alemán coreando la Marsellesa entre lágrimas, y pensamos que toda Francia estuvo en la Resistencia. Pero la realidad histórica es amarga, y diferente. Fueron muy pocos los que a las palabras de Goebbels, «es insensato morir por Francia a última hora», contestaron haciendo suya la alocución del general De Gaulle en la BBC: «Se puede y se debe combatir al enemigo». Fueron muy pocos los que, después de la rendición de 1940, volvieron a empuñar los fusiles y combatieron sin descanso, en la noche, contra unos soldados que durante años creyeron que la guerra era fácil.</p>
<p>Si uno lee los diarios del infatigable paseante de las callejuelas y avenidas parisinas de la ocupación, el escritor y oficial del ejército alemán Ernst Jünger, verá la indiferencia de la población ante el viento criminal que se cernía sobre su ciudad, sobre su país, sobre Europa. La mayoría se arrodilló ante el nazismo y siguió viviendo bajo las botas de la Gestapo como si nada hubiera ocurrido. También una gran parte de los artistas e intelectuales, que prosiguieron su obra sublime mientras los colaboracionistas saciaban su venganza contra los partidos y los personajes públicos que aborrecían, mientras las autoridades alemanas y la espuma, el deshecho, que se había levantado con la oleada nazi —los soplones y los nuevos ricos, los estraperlistas y los periodistas de Vichy—, se codeaban en las terrazas de los cafés y en las mesas de los cabarés con el escaso turismo que iba quedando en París. «Ahora —escribió el joven Camus— la vida en Francia es un infierno para el espíritu&#8230; La vida es imposible, huele a cobardía en todos los rincones&#8230;».</p>
<p>Da tristeza recordarlo, pero solo una minoría de intelectuales encontró razones para resistir a los generales de Hitler y a sus cómplices de Vichy, solo un puñado de príncipes del espíritu —cuyas filas crecieron durante los meses anteriores a la Liberación— permanecieron fieles, igual que llamaradas, a la tradición francesa de la inteligencia y el valor. Uno de ellos fue Marc Bloch, profesor de Historia Medieval en la Universidad de Estrasburgo y maestro de una escuela de investigadores de prestigio internacional.</p>
<p>Otros se refugiaron en la torre de marfil de Juan Ramón Jiménez. Otros buscaron la salvación en el exilio o en el confín remoto de algún retiro rural. Bloch, no. Testigo de la inaudita rendición de un ejército poderoso y de una clase política que había perdido la fe en sí misma y en sus convicciones, judío en un país cada vez más antisemita, enfrentado a diario al acoso de la Policía de Vichy, a la inseguridad sobre su futuro en la enseñanza universitaria, a la hostilidad sorda o descarada de la gente, el digno profesor que había luchado en dos guerras y que poco a poco se fue convirtiendo en un proscrito, en un enemigo de la nación, en un huésped postergado de los trenes de deportación y de los campos de exterminio, optó por quedarse en Francia. Y con la urgencia moral de encontrar una explicación a la experiencia íntima y colectiva del cataclismo de 1940, escribe un libro que abriría el misterio de la derrota con el bisturí de la inteligencia, como si fuera un vientre.</p>
<p>Leer hoy La extraña derrotaes encontrarse con una escritura severa e implacable que interroga los hechos para hacerlos hablar, para escucharlos, una escritura que nos desvela por su clarividencia luminosa, y que nos enseña el valor supremo que, en algunas ocasiones, hay en el simple acto de escribir.</p>
<p>Pero la historia no acaba aquí. Todo lo que constituía su vida moral empujaba a Bloch a ocupar un puesto en la batalla de sombras de la Resistencia, y en el poco tiempo que le restaba de vida el digno profesor de 57 años halló el valor necesario para actuar en consonancia con las palabras que escribiera en las últimas páginas de La extraña derrota: «Espero, en cualquier caso, que aún nos quede sangre por derramar», una fórmula gaulliana donde las haya, porque tiene la dimensión de la esperanza y la hondura de la rebelión. El precio de esa decisión fue espeluznantemente gravoso: tuvo todo el peso de la cárcel, la tortura y, el 16 de junio de 1944, el paredón.</p>
<p>Poco antes de salir de la base del Borgho, en Córcega, para realizar una misión de reconocimiento aéreo de la que nunca regresaría, Saint-Exupéry escribió: «No somos nosotros, franceses del exterior, quienes fundamos Francia. Nosotros solo podemos servirla. Sea lo que sea lo que hayamos hecho, no tendremos derecho a merecer ninguna gratitud. No hay punto de comparación entre combatir en libertad y ser aplastado en la noche».</p>
<p>Nunca sabremos qué pudo pensar Marc Bloch antes de caer abatido por las balas del pelotón de fusilamiento ni qué pasó por su mente cuando miró a los ojos de sus compañeros de desgracia. Sabemos, en cambio, que eligió la libertad y la justicia para permanecer fiel a la tierra, y que entró en la Resistencia convencido de que ningún intelectual debería hablar si no se compromete personalmente. Sabemos —me atrevería a decir— que luchó por los mismos valores de los que hablara Camus en sus Cartas a un amigo alemán, por los abismos esperanzadores que separan el sacrificio de la mística; la energía, de la violencia; la fuerza, de la crueldad; lo falso, de lo verdadero; y al ciudadano que ama su país sin dejar de amar la justicia, de los terribles dioses que sueñan los fascismos. Y sabemos una cosa más: que combatió en una terrible guerra sin uniforme para que Francia, la Francia de la Marsellesa, de la luz, de la razón, del código civil, pudiera hablar en el futuro, una mañana que ya es hoy.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/31868/de-la-conviccion-a-la-resistencia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>París, verano del 42</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/31132/paris-verano-del-42/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/31132/paris-verano-del-42/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 26 Aug 2010 20:39:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[II Guerra Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=31132</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>J. Ernesto Ayala-Dip</strong>, crítico literario (EL PAÍS, 26/08/10):</p>
<p>París sufrió un triste verano del 42 y no creo que lo pueda recordar con  nostalgia. Se sabe que algunas ciudades del mundo arrastran un infierno  colectivo en su memoria. En el Buenos Aires de los años setenta ese  infierno existió, pero muchos de sus habitantes no se enteraron o no  quisieron enterarse. Madrid y tantas ciudades españolas también lo  sufrieron durante la inmediata posguerra. París sin lugar a dudas es  dueño de un infierno apenas conocido. Probablemente todavía un infierno  secreto para muchos parisienses de nuestros días.</p>
<p>No tengo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/31132/paris-verano-del-42/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>J. Ernesto Ayala-Dip</strong>, crítico literario (EL PAÍS, 26/08/10):</p>
<p>París sufrió un triste verano del 42 y no creo que lo pueda recordar con  nostalgia. Se sabe que algunas ciudades del mundo arrastran un infierno  colectivo en su memoria. En el Buenos Aires de los años setenta ese  infierno existió, pero muchos de sus habitantes no se enteraron o no  quisieron enterarse. Madrid y tantas ciudades españolas también lo  sufrieron durante la inmediata posguerra. París sin lugar a dudas es  dueño de un infierno apenas conocido. Probablemente todavía un infierno  secreto para muchos parisienses de nuestros días.</p>
<p>No tengo la menor idea de qué pedagogía escolar haría falta para  llenar esa laguna atroz. Y cuando hablo de pedagogía me refiero a una  manera eficaz de inculcar en los ciudadanos la memoria sobre hechos  horrorosos que llenan de vergüenza al género humano. No creo que se  pueda resolver contándolo como se cuenta una heroica batallita del  pasado. Ni con un monumento, ni con una placa en una plazoleta recóndita  o con el nombre de una irrelevante calle.</p>
<p>La primera vez que asocié la ciudad de mis sueños de juventud con un ejemplo de barbarie histórica fue leyendo <em>Dora Bruder,</em> de Patrick Modiano. La segunda se produjo con la lectura de <em>Velódromo de Invierno,</em> de Juana Salabert. Y hubo una tercera vez: <em>Suite francesa,</em> de la novelista de origen ruso Irène Némirovsky. Aquella desdichada  jornada tiene una fecha y hora exactas: 16 de julio de 1942 a las cuatro  de la madrugada. Y un lugar preciso: el Velódromo de Invierno de París  (distrito XV). ¿Qué ocurrió ese tórrido día? Miles de judíos fueron  conducidos al Velódromo de Invierno. Después de ser internados en  condiciones humillantes, se los condujo a Auschwitz. Unos 4.000 eran  niños menores de 16 años.</p>
<p>Hagamos un poco de historia. Es evidente  que en Francia las condiciones estaban dadas. Una tradición antisemita  que venía de lejos en toda Europa. Esa fuerte corriente antisemita, por  ejemplo, hizo que la residencia de intelectuales judíos extranjeros en  París durante entreguerras no fuera todo lo hospitalaria que se esperaba  (de los 270.000 judíos que había en Francia en 1940, 170.000 eran  extranjeros). En un ensayo sobre esta cuestión (la de los exiliados  judíos en la Ciudad Luz) uno de ellos comentaba que en cinco años no  había logrado que ningún parisiense (gentil) lo invitara a cenar a su  casa.</p>
<p>Pero eso era una cosa y otra exponencialmente muy distinta  la inhumana y trágica decisión de acabar con todos los judíos de  Francia. En términos de logística, dicha decisión se había tomado el 20  de enero de 1942, en una villa a orillas del lago Wansee, en Alemania.  Ese todavía bucólico lago es una zona de esparcimiento para los  berlineses de hoy. En medio de una espesa arboleda, se llega a la villa  de mediocre arquitectura. Entre sus paredes se decidió la <em>Solución final al problema judío (Endlösung der Judenfrage,</em> en alemán), con sus respectivos protocolos para llevarla  milimétricamente a cabo. La unidad alemana responsable de la iniciativa  recayó en la sección IVB4 de la Gestapo, dirigida a la sazón por Adolf  Eichmann, cuyos delegados de las SS Theodor Danneck, Heinz Rothke y  Alois Brunner (probablemente muerto en Damasco en los años noventa),  dieron la orden a la policía francesa, con el beneplácito del Gobierno  de Vichy, para iniciar la operación llamada <em>Viento Primaveral,</em> que haría que 12.884 judíos fueran arrestados (4.051 niños; 5.802  mujeres; y 3.031 varones, ciudadanos franceses que habían sido  condecorados, algunos de ellos, en la I Guerra Mundial).</p>
<p>Los  gendarmes y policías franceses (9.000) se afanaron en perfeccionar la  redada hasta su máxima crueldad. Cien prisioneros se suicidaron.</p>
<p>Un  amigo holandés me contó un día que había propuesto a un colega  extranjero un paseo por Ámsterdam. Bordeando los canales, llegaron casi  sin pretenderlo (aunque eso no podría asegurarlo, acotó freudianamente  mi amigo) a la casa de Ana Frank. A la puerta del legendario domicilio,  se agolpaba una larga cola de visitantes. Ante la disyuntiva de hacer la  cola o seguir caminando, el colega catedrático le contestó a mi amigo  que preferiría proseguir la ruta, entre otros motivos, se disculpó,  porque estaba un poco cansado del tema &#8220;judío&#8221;. &#8220;Lo dijo con tanta  educación y flema que llegué casi a convencerme de que el <em>tema</em> judío podía realmente llegar a cansar&#8221;, comentó mi amigo. &#8220;Es evidente  que mi colega no era antisemita. Pero practicaba esa distancia,  indiferencia y desapego, que mucho me cuesta no interpretar como, sin  nunca serlo, a la connivencia con el antisemitismo&#8221;, reflexionó dolido.</p>
<p>Por  mi amigo holandés, que no es judío, supe de la existencia del libro de  Modiano. En el verano del 42, en París, desapareció la adolescente judía  Dora Bruder. El escritor francés encontró, años después en un diario de  la época, una nota donde sus padres rogaban a quien supiera algo de su  hija que se pusieran en contacto con ellos. El mismo 16 de julio es  arrestada Irène Némirovsky y conducida al siniestro velódromo (derruido  en 1957). Quién sabe si Dora e Irène se conocieron. De Dora Bruder,  Modiano no pudo averiguar nunca su último paradero. Irène Némirovsky  murió gaseada el 17 de agosto del mismo verano.</p>
<p>¿Importó a alguien  aquellas redadas antisemitas? No importó a casi nadie, salvo, todo hay  que decirlo, a algunos parisienses de bien que se jugaron la vida  protegiendo a sus conciudadanos judíos. Pero en general, todo el mundo  siguió en lo suyo. Se denunció a cambio de prebendas. Escritores de la  talla literaria de Céline ya se sorprendían en 1941 de que los soldados  alemanes no mataran a tiros por las calles a los judíos.</p>
<p>Si uno lee <em>La agonía de Francia,</em> de ese gran periodista que fue el andaluz Manuel Chaves Nogales, verá  que en sus páginas se describen con sorprendente lucidez, en el momento  exacto de los hechos observados, la escasez moral de la mayoría de  parisienses, y sobre todo la falta de entereza de su burguesía, clase  solo atormentada por el temor a que no la dejaran acudir a sus  habituales cabarets para bailar la danza de moda en esos días, como si  nada luctuoso se cerniera sobre su ciudad. Sobre su país. Y sobre  Europa.</p>
<p>El 22 de julio, es decir seis días después de la detención  de Némirovsky, un oficial de la Wehrhmacht visita el estudio de Pablo  Picasso. Toman café y hablan sobre todo de los paisajes en <em>En los acantilados de mármol,</em> novela del oficial. El oficial posee una vasta cultura y acusa cierta  incomodidad cuando una tarde ve a tres chicas judías con la estrella de  David cosida en sus estivales mangas, aunque esa imagen no le dice nada,  ni le impele a abandonar su unidad ni le presagia la inminente  hecatombe. Una lacerante casualidad hace que el mismo día que muere  asesinada Némirovsky en Polonia, el mismo oficial de la Werhrmacht tome  el té (cada infusión según las circunstancias) con la esposa del  escritor y antisemita confeso Paul Morand.</p>
<p>El verano del 42 las  terrazas de los cafés parisienses estaban llenas de gente satisfecha con  su vida. Los enamorados no judíos podían, bajo los cielos encendidos de  París, hacerse promesas de amor eterno. Los artistas, proseguir su  sublime obra. Se seguían también haciendo negocios, algunos muy  espirituales, como el que planeó el editor Gaston Gallimard: pujar el 20  de enero del mismo año por la adquisición de la editorial Calmann-Lévy,  cuyos anteriores propietarios eran judíos.</p>
<p>En 1995, Chirac reconoció la responsabilidad francesa. Hace unos meses se preestrenó en París el film <em>La rafle,</em> del director galo de origen catalán Roselyn Bosch, donde se narran estos dantescos hechos.</p>
<p>Que  Israel esté gobernado actualmente por la derecha más recalcitrante, con  el soporte del ala más intolerante y fundamentalista de sus religiosos,  no obliga a ignorar aquel verano del 42. Tampoco en su nombre, a  justificar cualquier tipo de avasallamiento, llámese asentamientos o  ataques preventivos. Pero ese ignominioso verano existió. Y solo para  los judíos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/31132/paris-verano-del-42/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Bajo el oprobio</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/31086/bajo-el-oprobio/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/31086/bajo-el-oprobio/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 22 Aug 2010 18:40:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=31086</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Mario Vargas Llosa</strong>. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2010 (EL PAÍS, 22/08/10):</p>
<p>Irène Némirovsky conoció el mal, es decir el odio y la estupidez, desde  la cuna, a través de su madre, belleza frívola a la que la hija  recordaba que los seres humanos envejecen y se afean; por eso, la  detestó y mantuvo siempre a una distancia profiláctica. El padre era un  banquero que viajaba mucho y al que la niña veía rara vez. Nacida en  1903, en Kiev, Irène se volcó en los estudios y llegó &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/31086/bajo-el-oprobio/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Mario Vargas Llosa</strong>. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2010 (EL PAÍS, 22/08/10):</p>
<p>Irène Némirovsky conoció el mal, es decir el odio y la estupidez, desde  la cuna, a través de su madre, belleza frívola a la que la hija  recordaba que los seres humanos envejecen y se afean; por eso, la  detestó y mantuvo siempre a una distancia profiláctica. El padre era un  banquero que viajaba mucho y al que la niña veía rara vez. Nacida en  1903, en Kiev, Irène se volcó en los estudios y llegó a dominar siete  idiomas, sobre todo el francés, en el que más tarde escribiría sus  libros. Pese a su fortuna, la familia, por ser judía se vio hostigada ya  en Rusia en el tiempo de los zares, donde el antisemitismo campeaba.  Luego, al triunfar la revolución bolchevique, fue expropiada y debió  huir, a Finlandia y Suecia primero y, finalmente, a Francia, donde se  instaló en 1920. También allí el antisemitismo hacía de las suyas y,  pese a sus múltiples empeños, ni Irène ni su marido, Michel Epstein,  banquero como su suegro, pudieron obtener la nacionalidad francesa. Su  condición de parias sellaría su ruina durante la ocupación alemana.</p>
<p>En los años veinte, las novelas de Irène Némirovsky tuvieron éxito, sobre todo, <em>David Golder,</em> llevada al cine por Julien Duvivier, le dieron prestigio literario y  fueron elogiadas incluso por antisemitas notorios, como Robert  Brasillach, futuro colaboracionista de los nazis ejecutado a la  Liberación. No eran casuales estos últimos elogios. En sus novelas,  principalmente en <em>David Golder,</em> la autora recogía a menudo los  estereotipos del racismo antijudío, como su supuesta avidez por el  dinero y su resistencia a integrarse en las sociedades de las que  formaban parte. Aunque Irène rechazó siempre las acusaciones de ser un  típico caso del &#8220;judío que odia a los judíos&#8221;, lo cierto es que hubo en  ella un malestar y, a ratos, una rabia visceral por no poder llevar una  vida normal, por verse siempre catalogada como un ser &#8220;otro&#8221;, debido al  antisemitismo, una de las taras más abominables de la civilización  occidental. Eso explica, sin duda, que colaborara en revistas como <em>Candide</em> y <em>Gringoire,</em> fanáticamente antisemitas. Irène y Michel Epstein comprobaron en carne  propia que no era fácil para una familia judía &#8220;integrarse&#8221; en una  sociedad corroída por el virus racista. Su conversión al catolicismo en  1939, religión en la que fueron bautizadas también las dos hijas de la  pareja, Denise y Elizabeth, no les sirvió de nada cuando llegaron los  nazis y dictaron las primeras medidas de &#8220;arianización&#8221; de Francia, a  las que el Gobierno de Vichy, presidido por el mariscal Pétain, prestó  diligente apoyo.</p>
<p>Irène y Michel fueron expropiados de sus bienes y  expulsados de sus trabajos. Ella sólo pudo publicar a partir de  entonces con seudónimo, gracias a la complicidad de su editorial (Albin  Michel). Como carecían de la nacionalidad francesa debieron permanecer  en la zona ocupada, registrarse como judíos y llevar cosida en la ropa  la estrella amarilla de David. Se retiraron de París al pueblo de  Issy-l&#8217;Évêque, donde pasarían los dos últimos años de su vida,  soportando las peores humillaciones y viviendo en la inseguridad y el  miedo. El 13 de julio de 1942 los gendarmes franceses arrestaron a  Irène. La enviaron primero a un campo de concentración en Pithiviers, y  luego a Auschwitz, donde fue gaseada y exterminada. La misma suerte  correría su esposo, pocos meses después.</p>
<p>Las dos pequeñas, Denise y  Elizabeth, se salvaron de milagro de perecer como sus padres.  Sobrevivieron gracias a una antigua niñera, que, escondiéndolas en  establos, conventos, refugios de pastores y casas de amigos, consiguió  eludir a la gendarmería que persiguió a las niñas por toda Francia  durante años. La monstruosa abuela, que vivía como una rica <em>cocotte,</em> rodeada de gigolós, en Niza, se negó a recibir a las nietas y, a través  de la puerta, les gritó: &#8220;¡Si se han quedado huérfanas, lárguense a un  hospicio!&#8221;. En su peregrinar, las niñas arrastraban una maleta con  recuerdos y cosas personales de la madre. Entre ellas había unos  cuadernos borroneados con letra menudita, de araña. Ni Denise ni  Elizabeth se animaron a leerlos, pensando que ese diario o memoria final  de su progenitora, sería demasiado desgarrador para las hijas. Cuando  se animaron por fin a hacerlo, 60 años más tarde, descubrieron que era  una novela: <em>Suite francesa.</em></p>
<p>No una novela cualquiera: una  obra maestra, uno de los testimonios más extraordinarios que haya  producido la literatura del siglo XX sobre la bestialidad y la barbarie  de los seres humanos, y, también, sobre los desastres de la guerra y las  pequeñeces, vilezas, ternuras y grandezas que esa experiencia  cataclísmica produce en quienes los padecen y viven bajo el oprobio  cotidiano de la servidumbre y el miedo. Acabo de terminar de leerla y  escribo estas líneas todavía sobrecogido por esa inmersión en el horror  que es al mismo tiempo -manes de la gran literatura- una proeza  artística de primer orden, un libro de admirable arquitectura y soberbia  elegancia, sin sentimentalismo ni truculencia, sereno, frío,  inteligente, que hechiza y revuelve las tripas, que hace gozar, da miedo  y obliga a pensar.</p>
<p>Irène Némirovsky debió ser una mujer fuera de  lo común. Resulta difícil concebir que alguien que vivía a salto de  mata, consciente de que en cualquier momento podía ser encarcelada, su  familia deshecha y sus hijas abandonadas en el desamparo total, fuera  capaz de emprender un proyecto tan ambicioso como el de <em>Suite francesa</em> y lo llevara a cabo con tanta felicidad, trabajando en condiciones tan  precarias. Sus cartas indican que se iba muy de mañana a la campiña y  que escribía allí todo el día, acuclillada bajo un árbol, en una letra  minúscula por la escasez de papel. El manuscrito no delata correcciones,  algo notable, pues la estructura de la novela es redonda, sin fallas,  así como su coherencia y la sincronización de acciones entre las decenas  de personajes que se cruzan y descruzan en sus páginas hasta trazar el  fresco de toda una sociedad sometida, por la invasión y la ocupación, a  una especie de descarga eléctrica que la desnuda de todos sus secretos.</p>
<p>Había  planeado una historia en cinco partes, de las que sólo terminó dos.  Pero ambas son autosuficientes. La primera narra la hégira de los  parisinos al interior de Francia, enloquecidos con la noticia de que las  tropas alemanas han perforado la línea Maginot, derrotado al Ejército  francés y ocuparán la capital en cualquier momento. La segunda, describe  la vida en la Francia rural y campesina ocupada por las tropas  alemanas. La descripción de lo que en ambas circunstancias sucede es  minuciosa y serena, lo general y lo particular alternan de manera que el  lector no pierde nunca la perspectiva del conjunto, mientras las  historias de las familias e individuos concretos le permitan tomar  conciencia de los menudos incidentes, tragedias, situaciones grotescas,  cómicas, las cobardías y mezquindades que se mezclan con generosidades y  heroísmos y la confusión y el desorden en que, en pocas horas, parece  naufragar una civilización de muchos siglos, sus valores, su moral, sus  maneras, sus instituciones, arrebatadas por la tempestad de tanques,  bombardeos y matanzas.</p>
<p>Irène Némirovsky tenía al Tolstói de <em>Guerra y paz</em> como modelo cuando escribía su novela; pero el ejemplo que más le  sirvió en la práctica fue el de Flaubert, cuya técnica de la  impersonalidad elogia en una de sus notas. Esa estrategia narrativa ella  la dominaba a la perfección. El narrador de su historia es un fantasma,  una esfinge, una ausencia locuaz. No opina, no enfatiza, no juzga:  muestra, con absoluta imparcialidad. Por eso, le creemos, y por eso esa  historia fagocita al lector y este la vive al unísono con los  personajes, y es con ellos valiente, cobarde, ingenuo, idealista, vil,  inteligente, estúpido. No solo la sociedad francesa desfila por ese  caleidoscopio de palabras, la humanidad entera parece haber sido  apresada en esas páginas cuya maniática precisión es engañosa, pues por  debajo de ella todo es dolor, desgarramiento, desánimo, tortura,  envilecimiento, aunque, a veces, también, nobleza, amistad, amor y  generosidad. La novela muestra cómo la vida es siempre más rica y sutil  que las convicciones políticas y las ideologías y cómo puede a veces  sobreponerse a los odios, las enemistades y las pasiones e imponer la  sensatez y la racionalidad. Las relaciones que llegan a anudarse, por  ejemplo, entre muchachas campesinas y burguesas -entre ellas, algunas  esposas que tienen a sus maridos como prisioneros de guerra- y los  soldados alemanes, uno de los temas más difíciles de desarrollar, están  narradas con insuperable eficacia y dan lugar a las páginas más  conmovedoras del libro.</p>
<p>Sobre la Segunda Guerra Mundial y los  estragos que ella causó, así como sobre la irracionalidad homicida de  Hitler y el nazismo se han escrito bibliotecas enteras de historias,  ensayos, novelas, testimonios y estudios y se han hecho documentales  innumerables, muchos excelentes. Yo quisiera decir que, entre todo ese  material casi infinito, probablemente nadie consiguió mostrar de manera  más persuasiva, lúcida y sentida, en el ámbito de la literatura, los  alcances de aquel apocalipsis para los seres comunes y corrientes, como  esta exiliada de Kiev, condenada a ser una de sus víctimas, que ante la  adversidad optó por coger un lápiz y un cuaderno y echarse a fantasear  otra vida para vengarse de la vida tan injusta que vivió.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/31086/bajo-el-oprobio/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Héroes desconocidos</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/31054/heroes-desconocidos/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/31054/heroes-desconocidos/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 19 Aug 2010 20:57:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[II Guerra Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=31054</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Edwards</strong>, escritor chileno (EL PAÍS, 19/08/10):</p>
<p>Los prejuicios, los lugares comunes, las reservas y las desconfianzas  son invenciones humanas. La Historia, la verdadera, con mayúscula, anda  por otro lado. Si usted pasea por el distrito cuarto de París, por la  ribera derecha del Sena, frente a las hermosas fachadas, a los  imponentes portones de la isla San Luis, encuentra una callejuela y una  flecha que indica la cercanía del Museo de la Shoá. No tengo tiempo de  entrar al Museo, que exige, me dicen, para la visita, un buen estado de  equilibrio nervioso, pero paso y doblo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/31054/heroes-desconocidos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Edwards</strong>, escritor chileno (EL PAÍS, 19/08/10):</p>
<p>Los prejuicios, los lugares comunes, las reservas y las desconfianzas  son invenciones humanas. La Historia, la verdadera, con mayúscula, anda  por otro lado. Si usted pasea por el distrito cuarto de París, por la  ribera derecha del Sena, frente a las hermosas fachadas, a los  imponentes portones de la isla San Luis, encuentra una callejuela y una  flecha que indica la cercanía del Museo de la Shoá. No tengo tiempo de  entrar al Museo, que exige, me dicen, para la visita, un buen estado de  equilibrio nervioso, pero paso y doblo a la izquierda por la ahora  llamada Alameda de los Justos. Estamos en el centro del llamado Marais,  del Pantano, terrenos ganados para la ciudad en el siglo XVII, durante  la regencia y después el reino de Luis XIII, el segundo de la dinastía  francesa de los Borbones. No hay álamos en esta alameda, pero en el  largo muro de piedra del lado del sur hay una lista nutrida de nombres.  Son los <em>justos,</em> los que no pertenecían al judaísmo, pero por  sentido de justicia, por sentimientos de generosidad, de solidaridad  humana, ayudaron a salvar a judíos, muchas veces con riesgo de sus  propias vidas, durante los años de la ocupación nazi. El caso más  conocido, a través del cine, es el de Schindler y su lista.</p>
<p>Pero entre los nombres anotados en este muro, bajo un año bastante  reciente, figura una María Errázuriz, con el apellido mal escrito  (Errazzuriz), y sigue la palabra París. Uno piensa de inmediato en  Madame Errázuriz, doña Eugenia Huici, que fue heroína en materias de  arte, amiga y mecenas de Picasso, conocida de Erik Satie, de los  directores de los Ballets Rusos, de muchos otros, pero la época no  coincide. Eugenia Huici, mujer, según entiendo, del pintor José Tomás  Errázuriz, amante, según las malas lenguas, de Pablo Picasso, era de una  generación anterior. Y si uno averigua un poco más, y tiene personas  amigas con quienes informarse, llega a la conclusión de que la mujer  anotada en el muro es María Edwards Mac Clure, casada en primeras  nupcias con un señor Errázuriz y, por lo tanto, conocida en Francia por  el nombre de su marido.</p>
<p>¿Qué méritos tiene María Edwards para estar inscrita en la lista de los <em>justos</em> y con el nombre de la ciudad al lado del suyo? Es una historia que en  Chile se conoce muy poco, que solo ahora, con lentitud, con nuestros  acostumbrados recelos y prejuicios, se empieza a desempolvar. Como ya lo  he contado, cuando conocí a Neruda en su casa de Los Guindos, en épocas  ya remotas, lo primero que me dijo fue lo siguiente: ser escritor en  Chile y llamarse Edwards no es nada de fácil. Y ser héroe de la  Resistencia, de cualquier resistencia, me digo ahora, tampoco lo es.  Porque María, mujer mundana, muy conocida por los embajadores de  entonces, por el señor Alemparte, por Gabriel González Videla,  frecuentaba también a los sectores más encopetados de la sociedad  francesa y se había hecho amiga, al parecer, de una baronesa de  Rothschild. Además, detalle no desdeñable, tenía una relación  amistosa con Colette, la novelista, como lo comprobé al encontrar una  novela de la francesa cariñosamente dedicada a la chilena en una  biblioteca privada del Valle Central de Chile. Es decir, he seguido una  pista y he anudado cabos sueltos, con curiosidad, con relativa  tenacidad, pero he recibido en estos días una ayuda inesperada de la que  hablaré en otra parte, a lo mejor en mis futuras memorias.</p>
<p>La  probable amistad con la baronesa llevó a nuestro personaje a trabajar en  un hospital relacionado con esa familia en los comienzos de la Segunda  Guerra Mundial, en los primeros tiempos de la ocupación nazi de París.  Puede haber otra explicación de la llegada de María Edwards a ese  hospital, pero la frecuentación del París mundano y de la familia  Rothschild me parece la más verosímil. Se conocen pocos detalles de su  trabajo, pero consta que tenía una oficina dentro del recinto  hospitalario y que nunca cobró su sueldo.</p>
<p>El hospital todavía  existe y se encuentra al lado de la actual Fundación Rothschild. Y se  sabe, además, lo siguiente: que llegaban a ese lugar muchas mujeres  judías que luego eran detenidas y enviadas a los campos de exterminio  por la Gestapo, y que ellas entregaban a sus hijos a la primera persona  que encontraban para que los escondiera y tratara de salvarlos.</p>
<p>María  Edwards, que usaba una gruesa capa de enfermera, empezó a recoger niños  judíos con disimulo, a sedarlos y a sacarlos del hospital escondidos  debajo de su capa. Afuera se los entregaba a un señor, también judío,  que se ocupaba de darlos en adopción a familias francesas. No se conocen  todos los detalles, pero se calcula que María salvó a más de 60 niños.</p>
<p>Un  buen día, el señor que se hacía cargos de ellos, profesional de buena  situación económica, no estaba en el lugar de encuentro. Había sido  sorprendido por la Gestapo, había escapado por los techos de los  alrededores de su casa y había sido ametrallado. Muy poco después, María  misma fue detenida y torturada por los esbirros nazis, pero no denunció  la red de protección de los niños que la había ayudado en el interior  mismo del hospital y afuera. Se supone que la Embajada chilena intervino  a favor suyo, y que el hecho de que Chile no hubiera roto relaciones  todavía con los países del Eje y no hubiera entrado a la guerra en el  campo aliado ayudó a salvarla.</p>
<p>Hacia el final de la guerra, María  regresó a Chile. Más tarde volvió a su amado París y se casó, o ya se  había casado antes, no sabemos esto a ciencia cierta, con Jacques  Feydeau, hijo del celebrado y prolífico dramaturgo Georges Feydeau.</p>
<p>A mediados de los años cincuenta veíamos en Chile la película <em>Ocúpate de Amelia (Ocupe-toi d&#8217;Amélie),</em> donde actuaban Jean-Louis Barrault y Danielle Darrieux, nos reíamos a  carcajadas, porque era una de las películas más divertidas de aquella  época, y no se nos pasaba por la cabeza que pudiera tener algún tipo de  relación con nosotros, con nuestro mundillo chileno.</p>
<p>Nos faltan  muchos datos sobre María Edwards, heroína desconocida, pero podemos  asegurar, por lo menos, que las investigaciones sobre el tema van por  buen camino. Algunos de los niños salvados por ella, que ahora son  adultos mayores, comenzaron hace algún tiempo a escribir cartas a Chile,  a las embajadas, a los posibles parientes, y han dado con pistas  certeras. El Estado de Israel declaró en forma solemne, hace pocos años,  que era una de las <em>justas,</em> y la hizo inscribir en el muro  recordatorio. El año de las inscripciones corresponde al de este  reconocimiento oficial. El lugar, París, es el del sitio donde los  hechos ocurrieron. En cuanto al nombre, habría que corregir la  ortografía y completarlo. Y consagrar de esta manera, aunque muy tarde, a  la heroína chilena desconocida.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/31054/heroes-desconocidos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El archipiélago del infierno nazi</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/29635/el-archipielago-del-infierno-nazi/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/29635/el-archipielago-del-infierno-nazi/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 12 Apr 2010 20:55:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=29635</guid>
		<description><![CDATA[<p>Discurso leído por <strong>Jorge Semprún</strong> en la conmemoración de la liberación  del campo de concentración de Buchenwald, en Alemania (EL PAÍS, 12/04/10):</p>
<p>El 11 de abril de 1945 -hace pues 65 años- hacia las cinco de la tarde,  un <em>jeep</em> del Ejército americano se presenta a la entrada del campo  de concentración de Buchenwald.</p>
<p>Dos hombres bajan del <em>jeep.</em></p>
<p>De uno de ellos no se sabe  gran cosa. Los documentos asequibles son poco explícitos. Está  establecido, en todo caso, que se trata de un civil. Pero, ¿por qué  estaba allí, a la vanguardia de la Sexta División Acorazada del Tercer  &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29635/el-archipielago-del-infierno-nazi/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Discurso leído por <strong>Jorge Semprún</strong> en la conmemoración de la liberación  del campo de concentración de Buchenwald, en Alemania (EL PAÍS, 12/04/10):</p>
<p>El 11 de abril de 1945 -hace pues 65 años- hacia las cinco de la tarde,  un <em>jeep</em> del Ejército americano se presenta a la entrada del campo  de concentración de Buchenwald.</p>
<p>Dos hombres bajan del <em>jeep.</em></p>
<p>De uno de ellos no se sabe  gran cosa. Los documentos asequibles son poco explícitos. Está  establecido, en todo caso, que se trata de un civil. Pero, ¿por qué  estaba allí, a la vanguardia de la Sexta División Acorazada del Tercer  Ejército norteamericano del general Patton? ¿Qué profesión ejerce? ¿Cuál  es su misión? ¿Es acaso periodista? ¿O, más probablemente, experto o  consejero civil de algún organismo militar de inteligencia?</p>
<p>No se  sabe a ciencia cierta.</p>
<p>Está allí, sin embargo, presente, a las  cinco de la tarde de un día memorable, ante la puerta de entrada  monumental del campo de concentración. Está allí, acompañando al segundo  tripulante del <em>jeep.</em></p>
<p>Este sí está identificado: es un  teniente, mejor aún, un primer teniente, un oficial de inteligencia  militar asignado a la Unidad de Guerra Psicológica del Estado Mayor del  general Omar N. Bradley.</p>
<p>Tampoco sabemos lo que pensaron los dos  americanos al bajarse del <em>jeep</em> y contemplar la inscripción en  letras de hierro forjado que se encuentra en la verja del portal de  Buchenwald: <em>Jeden das Seine.</em></p>
<p>No sabemos si tuvieron tiempo  de tomar nota mentalmente de tamaño cinismo, criminal y arrogante. ¡Una  sentencia que alude a la igualdad entre seres humanos, a la entrada de  un campo de concentración, lugar mortífero, lugar consagrado a la  injusticia más arbitraria y brutal, donde sólo existía para los  deportados la igualdad ante la muerte!</p>
<p>El mismo cinismo se  expresaba en la sentencia inscrita en el portal de Auschwitz: <em>Arbeit  macht frei.</em> Un cinismo característico de la mentalidad nazi.</p>
<p>No  sabemos lo que pensaron los dos americanos en aquel histórico momento.  Pero sí sabemos que fueron acogidos con júbilo y aplauso por los  deportados en armas que montaban la guardia ante la entrada de  Buchenwald. Sabemos que fueron festejados como libertadores. Y lo eran,  en efecto.</p>
<p>No sabemos lo que pensaron, no sabemos casi nada de sus  biografías, de su historia personal, de sus gustos o disgustos, de su  entorno familiar, de sus años universitarios, si es que los tuvieron.</p>
<p>Pero  sabemos sus nombres.</p>
<p>El civil se llamaba Egon W. Fleck y el  primer teniente, Edward A. Tenenbaum.</p>
<p>Repitamos aquí, en el  Appeliplatz de Buchenwald, 65 años después, en este espacio dramático,  esos dos nombres olvidados e ilustres: Fleck y Tenenbaum.</p>
<p>Aquí,  donde resonaba la voz gutural, malhumorada, agresiva, del Rapportführer  todos los días de la semana, repartiendo órdenes o insultos; aquí donde  resonaba también, por el circuito de altavoces, algunas tardes de  domingo, la voz sensual y cálida de Zarah Leander, con sus sempiternas  cancioncitas de amor, aquí vamos a repetir en voz alta, a voz en grito  si fuera necesario, aquellos dos nombres.</p>
<p>Egon W. Fleck y Edward  A. Tenenbaum.</p>
<p>Así, maravillosa ironía de la historia, increíble  revancha significativa, los dos primeros americanos que llegan a la  entrada de Buchenwald, aquel 11 de abril de 1945, con el Ejército de la  liberación, son dos combatientes judíos. Y por si fuera poco, dos judíos  americanos de filiación germánica, más o menos reciente.</p>
<p>Ya  sabemos, pero no es inútil repetirlo, que en la guerra imperialista de  agresión que desencadena en 1939 el nacionalsocialismo, y que aspira al  establecimiento de una hegemonía totalitaria en Europa, y acaso en el  mundo entero, ya sabemos que en dicha guerra, el propósito constante y  consecuente de exterminar al pueblo judío constituye un objetivo  esencial, localmente prioritario, entre los fines de guerra de Hitler.</p>
<p>Sin  tapujos ni concesiones a ninguna restricción mortal, el antisemitismo  racial forma parte del código genético de la ideología del nazismo,  desde los primeros escritos de Hitler, desde sus primerísimas  actividades políticas.</p>
<p>Para la llamada solución final de la  cuestión judía en Europa, el nazismo organiza el exterminio sistemático  en el archipiélago de campos especiales del conjunto Auschwitz-Birkenau,  en Polonia.</p>
<p>Buchenwald no forma parte de dicho archipiélago. No  es un campo de exterminio directo, con selección permanente para el  envío a las cámaras de gas. Es un campo de trabajo forzado, sin cámaras  de gas. La muerte, en Buchenwald, es producto natural y previsible de la  dureza de las condiciones de trabajo, de la desnutrición sistemática.</p>
<p>Como  consecuencia, Buchenwald es un campo <em>judenrein.</em></p>
<p>Sin  embargo, por razones históricas concretas, Buchenwald conoce dos  periodos diferentes de presencia masiva de deportados judíos.</p>
<p>Uno  de esos periodos se sitúa en los primeros años de existencia del campo,  cuando, después de la Noche de Cristal y del <em>pogrom</em> general  organizado, en noviembre de 1938, por Hitler y Goebbels personalmente,  miles de judíos de Francfort, en particular, son enviados a Buchenwald.</p>
<p>En  1944, los veteranos comunistas alemanes se acordaban todavía de la  mortífera brutalidad con que fueron maltratados y asesinados a mansalva,  masivamente, aquellos judíos de Francfort, cuyos supervivientes fueron  luego enviados a los campos de exterminio del Este.</p>
<p>El segundo  periodo de presencia judía en Buchenwald se sitúa en 1945, hacia finales  de la guerra, en los meses de febrero y de marzo concretamente. En  aquel momento, decenas de miles de supervivientes judíos de los campos  del Este fueron evacuados hacia Alemania central por el SS, ante el  avance del Ejército Rojo.</p>
<p>A Buchenwald llegaron miles de  deportados escuálidos, transportados en condiciones inhumanas, en pleno  invierno, desde la lejana Polonia. Muchos murieron durante un viaje  interminable. Los que consiguieron alcanzar Buchenwald, ya sobrepoblado,  fueron instalados en los barracones del <em>kleine</em> Lager, el campo  de cuarentena, o en tiendas de campaña y carpas especialmente montadas  para su precario alojamiento.</p>
<p>Entre aquellos miles de judíos  llegados por entonces a Buchenwald, y que nos aportaron información  directa, testimonio vivo y sangrante del proceso industrial,  salvajemente racionalizado, del exterminio masivo en las cámaras de gas,  entre aquellos miles de judíos había muchos niños y jóvenes  adolescentes.</p>
<p>La organización clandestina antifascista de  Buchenwald hizo lo posible para venir en ayuda de los niños y  adolescentes judíos supervivientes de Auschwitz. No era mucho, pero era  arriesgado: fue un gesto importante de solidaridad, de fraternidad.</p>
<p>Entre  aquellos adolescentes judíos se encontraba Elie Wiesel, futuro premio  Nobel de la Paz. Se encontraba también Imre Kertesz, futuro premio Nobel  de Literatura.</p>
<p>Cuando el presidente Barack Obama, hace unos  meses, visitó Buchenwald, le acompañaba Elie Wiesel, hoy ciudadano  americano. Se puede suponer que Wiesel aprovechó aquella ocasión para  informar al presidente de EE UU de la experiencia de aquel pasado  imborrable, de su experiencia personal de adolescente judío en  Buchenwald.</p>
<p>En cualquier caso, me parece oportuno recordar aquí,  en este momento solemne, en este lugar histórico, la experiencia de  aquellos niños y adolescentes judíos, supervivientes del campo de  Auschwitz, último círculo del infierno nazi. Recordar tanto a los que se  hicieron célebres, como Kertesz y Wiesel, por su talento literario y su  actividad pública, como a aquellos que permanecieron, sencillos héroes,  en el anonimato de la historia.</p>
<p>Además, no es esta mala ocasión  para subrayar un hecho que se perfila inevitablemente en el horizonte de  nuestro porvenir.</p>
<p>Como ya dije hace cinco años, en el Teatro  Nacional de Weimar, &#8220;la memoria más longeva de los campos nazis será la  memoria judía. Y esta, por otra parte, no se limita la experiencia de  Auschwitz o de Birkenau, Y es que, en enero de 1945, ante el avance del  Ejército soviético, miles y miles de deportados judíos fueron evacuados  hacia los campos de concentración de Alemania central. Así, en la  memoria de los niños y adolescentes judíos que seguramente sobrevivirán  todavía en 2015, es posible que perdure una imagen global del  exterminio, una reflexión universalista. Esto es posible y pienso que  hasta deseable: en este sentido, pues, una gran responsabilidad incumbe a  la memoria judía&#8230; Todas las memorias europeas de la resistencia y del  sufrimiento sólo tendrán, como último refugio y baluarte, dentro de  diez años, a la memoria judía del exterminio. La más antigua memoria de  aquella vida, ya que fue, precisamente, la más joven vivencia de la  muerte&#8221;.</p>
<p>Pero volvamos un momento al día del 11 de abril de 1945.  Volvamos al momento en que Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum detienen  su <em>jeep</em> ante el portal de Buchenwald.</p>
<p>Probablemente, si  tuviera muchos años menos, acometería ahora una indagación histórica,  una investigación novelesca acerca de estos dos personajes,  investigación que abriría el camino de un libro sobre aquel 11 de abril  de hace más de medio siglo, un trabajo literario en el cual ficción y  realidad se apoyarían y enriquecerían mutuamente.</p>
<p>Pero no me queda  tiempo para semejante aventura.</p>
<p>Me limitaré pues a recordar  algunas frases del informe preliminar que Fleck y Tenenbaum redactaron  dos semanas después, el 24 de abril exactamente, para sus mandos  militares, informe que consta en los Archivos Nacionales de EE UU.</p>
<p>&#8220;Al  desembocar en la carretera principal&#8221;, escriben los dos americanos,  &#8220;vimos a miles de hombres, harapientos y de aspecto famélico, en marcha  hacia el Este, en formaciones disciplinadas. Estos hombres iban armados y  tenían jefes que los encuadraban. Algunos destacamentos portaban  fusiles alemanes. Otros llevaban al hombro <em>panzerfausts.</em> Se reían  y hacían gestos de furiosa alegría mientras caminaban&#8230; Eran los  deportados de Buchenwald, en marcha hacia el combate, mientras nuestros  tanques los rebasaban a 50 kilómetros por hora&#8230;&#8221;.</p>
<p>Este informe  preliminar es importante por varias razones. En primerísimo lugar,  porque los dos americanos, testigos imparciales, confirman rotundamente  la realidad de la insurrección armada, organizada por la resistencia  antifascista de Buchenwald, y que fue motivo de polémica en los tiempos  de la guerra fría.</p>
<p>Lo más importante, sin embargo, al menos para  mí, desde un punto de vista humano y literario, es una palabra de este  informe: la palabra alemana <em>panzerfaust.</em></p>
<p>Fleck y Tenenbaum,  en efecto, escriben su informe en inglés, como es lógico. Pero cuando  se refieren al arma individual antitanque, que se denomina <em>bazooka</em> en casi todos los idiomas del mundo, y en todo caso en inglés, recurren  a la palabra alemana.</p>
<p>Lo cual hace pensar que Fleck y Tenenbaum,  el civil y el militar, son americanos de reciente filiación germánica. Y  esto abre un nuevo capítulo de la investigación novelesca que me  apetecería acometer.</p>
<p>Pero hay otra razón, más personal, que me  hace importante la palabra <em>panzerfaust,</em> o sea, literalmente,  &#8220;puño antitanque&#8221;. Y es que yo estaba, aquel día de abril de 1945, en la  columna en marcha hacia Weimar, aquella columna de hombres armados,  furiosamente alegre. Yo estaba entre los portadores de <em>bazookas.</em></p>
<p>El  deportado 44904, en el pecho el triángulo rojo estampado en negro con  la letra &#8220;S&#8221;, de Spanier, español, ese era yo, entre los jubilosos  portadores de <em>bazooka</em> o <em>panzerfaust.</em></p>
<p>Hoy, tantos  años después, en este dramático espacio del Appeliplatz de Buchenwald.  En la frontera última de una vida de certidumbres destruidas, de  ilusiones mantenidas contra viento y marea, permítanme un recuerdo  sereno y fraternal hacia aquel joven portador de <em>bazooka</em> de 22  años.</p>
<p>Muchas gracias por la atención.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/29635/el-archipielago-del-infierno-nazi/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Mi último viaje a Buchenwald</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/29536/mi-ultimo-viaje-a-buchenwald/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/29536/mi-ultimo-viaje-a-buchenwald/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 05 Apr 2010 09:20:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=29536</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Semprún</strong>, ex ministro de Cultura. Perteneció a la  resistencia comunista y fue deportado de Francia a Buchenwald en 1943.  © Le Monde, 2010. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 05/04/10):</p>
<p>Ahí, en un antiguo campo de concentración nazi convertido en prisión  estalinista, es donde debemos celebrar la Europa democrática. Contra  todas las amnesias.</p>
<p>En <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29557/les-funerailles-de-la-memoire/" target="_blank">un magnífico artículo</a>, Catherine Herszberg evocó hace poco <em>(Libération,</em> 13 de febrero) una visita a Auschwitz, con ocasión del 65º aniversario  del descubrimiento del campo por parte del Ejército Rojo. Acompañó allí a  una vieja familiar, antigua deportada. Y su &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29536/mi-ultimo-viaje-a-buchenwald/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Semprún</strong>, ex ministro de Cultura. Perteneció a la  resistencia comunista y fue deportado de Francia a Buchenwald en 1943.  © Le Monde, 2010. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 05/04/10):</p>
<p>Ahí, en un antiguo campo de concentración nazi convertido en prisión  estalinista, es donde debemos celebrar la Europa democrática. Contra  todas las amnesias.</p>
<p>En <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29557/les-funerailles-de-la-memoire/" target="_blank">un magnífico artículo</a>, Catherine Herszberg evocó hace poco <em>(Libération,</em> 13 de febrero) una visita a Auschwitz, con ocasión del 65º aniversario  del descubrimiento del campo por parte del Ejército Rojo. Acompañó allí a  una vieja familiar, antigua deportada. Y su relato -lleno de ironía  corrosiva, una mirada precisa y una emoción contenida- confirma con  brillantez una idea que comparto desde hace años: la escritura y los  escritores son los únicos capaces de mantener vivo el recuerdo de la  muerte. Si no, si los escritores no se apoderan de esa memoria de los  campos de concentración, si no la hacen revivir y sobrevivir mediante su  imaginación creadora, se apagará con los últimos testigos, dejará de  ser un recuerdo en carne y hueso de la experiencia de la muerte.</p>
<p>El  texto de Catherine Herszberg se titulaba precisamente, de forma  premonitoria, <em>Los funerales de la memoria.</em></p>
<p>Sin  embargo, pese a la pertinencia entristecida de ese relato, pese a su  análisis lúcido y desengañado de las trampas, las dificultades y los  errores inevitables de las conmemoraciones oficiales, el 11 de abril  estaré en Buchenwald, en la explanada en la que se pasaba lista a los  prisioneros, para tomar la palabra durante la ceremonia conmemorativa de  la liberación del campo por parte de los soldados estadounidenses del  Tercer Ejército del general Patton. He aceptado la invitación que me han  hecho la ministra-presidenta del Gobierno de Turingia, Christine  Lieberknecht, y el director del Monumento de Buchenwald-Dora, mi amigo  el profesor Volkhard Knigge.</p>
<p>¿Por qué lo he hecho, por qué  motivos?</p>
<p>Por una razón principal, de la que derivan todas las  demás, que son complementarias: porque es la última vez. Quiero decir,  desde luego, la última vez para mí. Dentro de cinco años (las  conmemoraciones oficiales, probablemente para subrayar su solemnidad, se  celebran con un ritmo quinquenal), en el 70º aniversario del  descubrimiento y la liberación de los campos, yo ya no estaré.</p>
<p>Por  última vez, pues, el 11 de abril, ni resignado a morir ni angustiado  por la muerte, sino furioso, extraordinariamente irritado por la idea de  que pronto ya no estaré aquí, en medio de la belleza del mundo o, por  el contrario, en su grisácea insipidez -que en este caso concreto son la  misma cosa-, por última vez, diré lo que creo que tengo que decir.</p>
<p>¡Se  comprenderá que no quiera perderme semejante ocasión!</p>
<p>En primer  lugar, la explanada de Buchenwald, bajo el viento glacial del Ettersberg  -un viento de una eternidad mortífera, que sopla sin cesar, incluso en  primavera-, es un lugar idóneo para hablar de Europa. Porque Buchenwald  fue un campo nazi hasta abril de 1945. Los últimos deportados,  partisanos yugoslavos, salieron de él en junio de ese año.</p>
<p>Ahora  bien, el campo volvió a abrirse en septiembre con el nombre de  Speziallager n° 2, campo especial número 2 de la policía soviética en la  zona de ocupación rusa.</p>
<p>Fue en 1950, tras la creación de la  República Democrática Alemana (RDA), cuando el campo se cerró y se  transformó en lugar para el recuerdo. Pero hubo que esperar a 1989, a la  caída del Muro de Berlín y el imperio soviético y la reunificación  democrática de Alemania, para que Buchenwald pudiera asumir sus dos  memorias, su doble pasado de campo de concentración sucesivamente nazi y  estalinista.</p>
<p>Es, por tanto, un lugar ideal, único, para  reflexionar sobre Europa, para meditar sobre su origen y sus valores.  Para recordar a los jóvenes visitantes -miles cada año-, a los  estudiantes del mundo entero que hacen allí cursillos de historia, que  las raíces de Europa pueden encontrarse en ese lugar, en las huellas  materiales del nazismo y el estalinismo, contra las cuales,  precisamente, se inició la aventura de la construcción europea. Unas  huellas visibles a simple vista: en lo alto de la colina, la chimenea  achaparrada del crematorio, apagada para siempre, recuerda a las decenas  de miles de muertos del campo nazi, a quienes encontraron su tumba en  las nubes, como escribió Paul Celan. Al pie del Ettersberg, en cambio,  en los límites del antiguo campo de cuarentena, un joven bosque plantado  por las autoridades de la RDA oculta las fosas comunes en las que están  sepultados, en desorden, anónimos, los miles de cadáveres del campo  estalinista.</p>
<p>Es un lugar ideal, la explanada de Buchenwald, para  recordar el origen de Europa, pero también para pensar en su futuro, en  este momento de crisis, involución, falta de aliento y empuje. Un  momento en el que viene a la memoria la frase de Edmund Husserl,  pronunciada en Viena en 1935, en pleno apogeo de los totalitarismos: &#8220;El  mayor peligro para Europa es el cansancio&#8221;.</p>
<p>Hoy, para emplear las  palabras del gran escritor europeo Claudio Magris, lo fundamental ya no  es luchar contra los totalitarismos, sino combatir los particularismos,  convertir esta problemática suma de 27 países libres en una estructura  multiforme y orgánica con una misma razón democrática.</p>
<p>Por otra  parte, parece que este año participarán en las ceremonias de  conmemoración veteranos estadounidenses del Tercer Ejército de Patton.  Una ocasión perfecta para recordar el papel decisivo que desempeñaron en  la liberación del campo los soldados afroamericanos de los batallones  de choque, los jóvenes soldados hispanos del sur de Estados Unidos, con  un habla castellana fluida y melodiosa, los hijos de los granjeros de la  Norteamérica profunda que descubrieron, en aquella guerra justa y  terrible, los valores universales de su democracia. El 11 de abril de  1945, mientras las vanguardias acorazadas de Patton, después de vencer y  dispersar a la guarnición de Buchenwald y los hombres de la división SS  Totenkopf, atacaban con éxito Weimar -rodeando el campo propiamente  dicho, al que los estadounidenses no volvieron hasta 24 horas más  tarde-, un jeep del ejército se presentó en la inmensa entrada del  recinto.</p>
<p>Un jeep solitario en el estrépito de la batalla. Dos  hombres de uniforme. Uno de ellos era civil, quizá periodista. El otro  era un oficial, primer teniente. Pero lo importante no es eso. Lo  importante son sus nombres. El civil se llamaba Egon W. Fleck, el  oficial, Edward A. Tenenbaum. Decid estos nombres en voz alta y contened  vuestras risas, contened vuestras lágrimas. Dos judíos norteamericanos  fueron los primeros en franquear la entrada al campo de Buchenwald,  acogidos como vencedores por los hombres en armas de la resistencia  antifascista.</p>
<p>En los archivos estadounidenses puede verse el  informe preliminar sobre Buchenwald que redactaron Fleck y Tenenbaum el  24 de abril de 1945 para sus superiores militares. Todavía se sienten su  sorpresa, su trastorno y su emoción, tanto tiempo después. Pero esta  increíble ironía de la Historia, esta burla ontológica que significa la  presencia de Fleck y Tenenbaum (judíos americanos, pero de origen alemán  bastante reciente; la prueba está en su informe preliminar, redactado  en inglés pero en el que emplean la palabra alemana <em>panzerfaust</em> para referirse al bazuca, el arma individual anticarros) en la puerta de  Buchenwald, esta maravillosa casualidad, nos remite a una verdad  indiscutible.</p>
<p>Cuando todos los testigos -deportados y resistentes-  hayan desaparecido, pronto, de aquí a unos años, permanecerá todavía  una memoria viva, personal, de la experiencia de los campos de  concentración, una memoria que nos sobrevivirá, que es la memoria judía.  El último que recordará, mucho después de nuestra muerte, será uno de  esos niños judíos que vimos llegar a Buchenwald en febrero de 1945,  evacuados de Auschwitz, después de haber sobrevivido milagrosamente al  frío, el hambre, el viaje interminable en vagones de mercancías, con  frecuencia a la intemperie, para dar testimonio en nombre de todos los  desaparecidos, los náufragos y los escapados, los judíos y los <em>goyim</em> (los no judíos), las mujeres y los hombres. ¡Larga vida al tornasol  judío que refleja toda nuestra muerte!</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/29536/mi-ultimo-viaje-a-buchenwald/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Les funérailles de la mémoire</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/29557/les-funerailles-de-la-memoire/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/29557/les-funerailles-de-la-memoire/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 13 Feb 2010 16:59:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=29557</guid>
		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Catherine Herszberg</strong>, auteure notamment de <em>Fresnes, Histoire de fous</em> (Seuil, 2006). Vingt-trois membres de sa famille ont disparu dans les camps de la mort (LIBERATION,13/02/10):</p>
<p>Je viens d’une de ces tribus où les camps ont une puissance de  réalité telle que leur évocation ponctue les causeries les plus  ordinaires. Sans drame, ou exceptionnellement, ou en passant, ou juste  comme ça, le camp surgit dans la phrase puis la quitte aussitôt comme il  en va du vocabulaire quotidien. Aussi n’ai-je jamais eu envie de voir  Auschwitz-Birkenau, jamais. Mais tout récemment, à l’occasion du 65<sup>e</sup> anniversaire de la libération &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/29557/les-funerailles-de-la-memoire/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Catherine Herszberg</strong>, auteure notamment de <em>Fresnes, Histoire de fous</em> (Seuil, 2006). Vingt-trois membres de sa famille ont disparu dans les camps de la mort (LIBERATION,13/02/10):</p>
<p>Je viens d’une de ces tribus où les camps ont une puissance de  réalité telle que leur évocation ponctue les causeries les plus  ordinaires. Sans drame, ou exceptionnellement, ou en passant, ou juste  comme ça, le camp surgit dans la phrase puis la quitte aussitôt comme il  en va du vocabulaire quotidien. Aussi n’ai-je jamais eu envie de voir  Auschwitz-Birkenau, jamais. Mais tout récemment, à l’occasion du 65<sup>e</sup> anniversaire de la libération du camp, l’une des deux rescapés de ma  famille a manifesté le désir de s’y rendre une fois encore, la dernière,  sur les traces de sa mémoire et pour dire adieu aux siens. Y aller avec  Régine, cette toute petite femme rétrécie au fil des ans, 90 ans, d’une  vitalité à épuiser un enfant, était une occasion sans doute sans  lendemain. <em>«Je viens avec toi.</em> &#8211; <em>Ah ! Quel bonheur…»</em> Plus question de reculer.</p>
<p>Pourtant l’affaire m’a vite paru mal engagée. Et d’abord le courrier  de la puissance invitante, le secrétariat d’Etat à la Défense et aux  Anciens combattants. <em>«Il m’est particulièrement agréable de vous  convier</em> […] <em>à accompagner le ministre pour ce déplacement  symbolique.»</em> J’ai pensé : Auschwitz est, j’espère, trop réel pour  devenir symbolique. Et aussi : les déportés n’accompagnent personne dans  les camps, ils y reçoivent. Et encore : a-t-on besoin de figurants pour  la photo ? Mais il y a des sujets, comme celui-là, où on est très  pointilleux et on avance tous sens dégainés. Il fallait tempérer. La  formulation était maladroite, mais le cœur devait y être. J’avais  mauvais esprit. A quelques jours du départ, on a reçu le programme de la  journée dans une enveloppe aux couleurs de la France, certifiée  ministère de la Défense. Au milieu de l’enveloppe, imprimé sur un  sticker, mon nom ès qualité : C. H., accompagnatrice, Union des déportés  d’Auschwitz. <em>«Allô, t’as reçu ta convocation ?</em> &#8211; <em>Oui,  Régine.</em> -<em> Ils ont mis quoi sur ton enveloppe ?</em> - <em>Accompagnatrice.  Et sur la tienne ?</em> - <em>Ancienne déportée.</em> - <em>Sur  l’enveloppe ? Ils ont mis ça sur l’enveloppe ?!</em> &#8211; <em>Oui, sur  l’enveloppe.»</em> Ils auraient dû mettre le numéro, m’a dit un ami. Mes  amis aussi ont mauvais esprit.</p>
<h3>Animation collective</h3>
<p>Le 27 janvier, à 5 heures du matin, on a rejoint l’avion officiel. A  bord, 170 passagers, le ministre et sa troupe, des personnalités, des  parlementaires, des lycéens… Et seize anciens déportés de 80 ans bien  passés. Nous nous sommes posés à Cracovie par &#8211; 17 °C pour embarquer  dans des bus direction Oswiecim. A chaque bus son «chef de groupe». La  nôtre fit preuve d’un talent certain pour l’animation collective.  Puisque le bus transportait des déportés et des lycéens &#8211; lauréats, qui  plus est, du concours national de la Résistance -, ils allaient se  causer.</p>
<p>A voix haute. Au micro. On appelle ça la transmission de mémoire. La  chef de groupe : <em>«Madame M., venez, venez vous asseoir devant,  prenez le micro, venez témoigner pour les jeunes et eux vous poseront  des questions.»</em> La voix de Madame M. s’élève dans le bus, au micro,  entraînée malgré elle dans le circuit découverte de l’extermination. <em>«Mes  parents et dix de mes frères et sœurs ont été gazés dès le départ…»</em> Trois jeunes lycéens ont pris place à ses pieds, tendus vers la  transmission de mémoire… <em>«Et le SS était capable de prendre mon  numéro et de me fusiller…»</em> Madame M. sollicite les adolescents pour  qu’ils posent des questions. <em>«Vous n’imaginez pas ce qu’était  l’appel, dans le froid glacial, nus, pendant des heures…»</em> Madame M.  insiste pour entendre des questions, les lycéens sont à la peine. <em>«Et  la faim ? Heureusement vous ne savez pas ce qu’est la faim…»</em> Au  fond du bus, la conversation a repris normalement &#8211; la mémoire y avait  sans doute déjà été transmise… <em>«Les cheminées brûlaient  constamment…»</em> Les lycées ont fini par dénicher quelques questions… <em>«Il  y avait une odeur à Auschwitz qu’on ne peut pas oublier…»</em> J’ai  pensé que cette voix allait sans fin s’écouler du micro, couvrant sans  l’effacer le brouhaha des conversations et soudain, ce fut  irrépressible, j’ai bondi au fond du bus vers l’accompagnatrice :<em> «Vous allez nous faire subir ça jusqu’au bout ? C’est obscène !»</em> La  chef de groupe : <em>«Pour toute réclamation, adressez-vous au service  du protocole.»</em> Autour de nous quelques parlementaires avaient  écouté, surpris et muets. Ce n’était donc pas obscène. J’avais mauvais  esprit.</p>
<p>Nous sommes arrivés à Auschwitz une heure plus tard et avons quitté  le groupe pour arpenter le camp au fil des souvenirs de Régine.  Trop-plein d’émotion et peu de souvenirs, c’est à Auschwitz II-Birkenau  qu’elle était. Avant le déjeuner, une ancienne déportée l’a interpellée,  avec ce fort accent yiddish prochainement disparu. <em>«La visite vous  plaît ? Moi, elle me plaît pas du tout ! Ils ont tout changé, les  lunettes, y en a presque plus, et les cheveux, c’est pas les vrais  cheveux. Y avait de grandes nattes, de grosses nattes blondes, elles y  sont plus.</em> - <em>C’est impossible, madame, ils n’ont pas changé les  vitrines. </em>- <em> Je vous dis qu’ils ont tout changé ! Les nattes  sont plus là, les lunettes non plus…»</em> Trop-plein d’émotion. A  table, j’ai conversé avec mon vis-à-vis, monsieur Salomon, décoré du  mérite, de l’honneur et de la Croix de guerre. Résistant, il n’était  jamais passé à Auschwitz ; il avait survécu au Struthof et à Dachau.</p>
<p>Après le repas, on nous a embarqués vers Birkenau… vers le porche  d’entrée de Birkenau, la rampe de Birkenau. C’était une belle journée  froide et ensoleillée, la rampe était couverte d’une épaisse couche de  neige, on a marché vers la longue tente dressée pour les cérémonies  officielles, là-bas, au fond du camp, et le long de la rampe, Régine a  expliqué à quelques membres de la délégation la sélection à l’arrivée  des trains. Ecoute très attentive, mais ça n’a pas duré, on a rejoint la  tente où ça bouchonnait à l’entrée. <em>«Les survivants !… Passez  devant !»</em> Comme accompagnatrice de survivant, j’ai eu la chance de  pouvoir couper la foule.</p>
<h3>«Di redst yiddish ?»</h3>
<p>Sous la tente, quelques centaines de personnes étaient installées &#8211;  les survivants en bonne place, mais comme ils n’atteignaient pas la  centaine, ils n’en prenaient pas beaucoup. Dans la foule, çà et là, des  calottes ecclésiales, des chapeaux de juifs pieux, quelques bonnets de  déportés. Une dame m’a abordée, <em>«di redst yiddish ?»</em>, j’ai  envoyé Régine. La dame tenait à la main une photo vieillie où posaient  25 adultes, jeunes et moins jeunes. Sa famille, a-t-elle expliqué, tous  assassinés, sauf une, elle-même. Au ghetto de Vilno, les nazis avaient  été très efficaces. Mais là, sous la tente, Régine et elles ont ri et  chanté en yiddish.</p>
<p>A mes côtés, monsieur Salomon, un peu là, un peu ailleurs. <em>«Nous,  les combattants, c’était normal, les combattants quand ils sont pris,  l’ennemi les punit. Mais les israélites, eux, pourquoi ? Pourquoi ?! Les  israélites, eux, ils n’avaient rien fait. Heureusement, je ne vivrai  plus très longtemps, sinon je pourrais devenir sanguinaire…»</em> Je  comprends, monsieur Salomon, je comprends, c’est un peu mon histoire. <em>«Votre  histoire? Parce que vous êtes israélite vous aussi?»</em> Ce n’était  pas le moment mais j’ai failli pouffer, pensant à la scène de <em>Rabbi  Jacob </em>où de Funès interroge son chauffeur : <em>«Vous êtes juif,  Salomon ? ! Vous êtes juif ?!….»</em> A Birkenau, monsieur Salomon,  peut-être pas juif, rejouait avec moi la scène en inversant les rôles.  Rien n’est jamais certain. Mais il ne s’agissait pas de rigoler, les  discours allaient commencer. La puissance invitante a parlé en premier,  en polonais naturellement. Puis une deuxième personne, un déporté je  crois, mais peut-être pas, a pris la parole, en polonais également, et  au troisième propos en polonais non sous-titré, j’ai eu enfin l’idée de  me saisir du document rangé sous mes fesses qui contenait une partie des  discours en anglais. Mais ignorant tout de la langue originale je ne  sus où rattraper la traduction. Après quarante minutes de polonais non  traduit non sous-titré, j’ai quitté la tente, pensant qu’il ferait nuit  quand tout serait fini et que je n’aurais rien vu à Birkenau.</p>
<p>Mais en ce 65<sup>e</sup> anniversaire de sa libération, le camp  était bouclé aux trois quarts. Exceptionnellement. Pour garantir,  s’est-il dit, la sécurité de Benyamin Netanyahou. Le Premier ministre  d’Israël était le seul dirigeant étranger présent, comme si, pour tous,  il allait de soi qu’il fût le représentant incontournable de la  destruction des Juifs d’Europe. Sa présence avait de surcroît entraîné  la fermeture du camp sans que personne eût un instant songé aux ultimes  survivants. Et pas davantage à ceux qui avaient fait le voyage - comme  si la visite d’Auschwitz-Birkenau était une balade touristique  renouvelable à loisir. Dès lors, pour quitter la rampe et accéder à la  partie non close, il fallait sortir. Mais sortir ne garantissait pas de  pouvoir revenir sur ses pas pour regagner la tente. Etre à Auschwitz.  S’énerver après la garde pour ne pas quitter le camp. Puis s’énerver  derechef après la garde pour y rentrer à tout prix. Raconté après coup,  c’était assez comique, sur l’instant, ça ne l’était pas du tout.</p>
<h3>Armée Rouge oblige</h3>
<p>Quand j’ai enfin pu rejoindre la tente, il était largement plus de  5 heures, et Régine en sortait indignée par près de trois heures de  discours en polonais non traduit, avec un léger intermède en russe  (armée Rouge oblige) et un autre intermède en anglais (Netanyahou). Le  représentant de la France, pas assez prestigieux dans la hiérarchie de  l’Etat, n’était pas au programme. <em>«Ici, c’est chez moi»</em>, avait  dit Régine quelques heures plus tôt. <em>«Ici, c’est chez nous»</em>,  avaient dit d’autres rescapés.</p>
<p>Le monde occidental, parlant ce jour-là polonais, venait de célébrer  la libération d’un camp devenu une affaire polonaise, et pas un Rom, pas  un Juif non polonophone n’avait été convié à s’exprimer dans une langue  qui était la leur quand ils furent anéantis. Alors eut lieu le seul  événement humain de cette journée imposée, au pied du monument figé dans  un champ de neige, les prières aux morts et la plainte du kaddish  s’élevant, horriblement poignante, dans la nuit noire trouée des flammes  de centaines de petites bougies.</p>
<p>Dans l’avion, au retour, des langues se sont déliées sur cette  invraisemblable commémoration, la dernière où s’étaient joints des  survivants a répété la presse du jour et du lendemain qui n’y avait rien  vu. Quant à moi, ce 27 janvier 2010 à Auschwitz-Birkenau, j’ai eu la  sensation bouleversante d’avoir participé au cortège funéraire de  la mémoire.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/29557/les-funerailles-de-la-memoire/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Las puertas del infierno</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/28317/las-puertas-del-infierno-2/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/28317/las-puertas-del-infierno-2/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 26 Dec 2009 10:37:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=28317</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos, ocupa la cátedra Isaiah Berlin en St. Antony&#8217;s College, Oxford, y es profesor titular de la Hoover Institution, Stanford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 26/12/09):</p>
<p>Entre Hanukkah y Navidad, alguien roba el cartel que está sobre la entrada del campo de exterminio de Auschwitz. La policía polaca lo recupera y atrapa a los ladrones, que, al parecer, lo habían hecho por encargo de una persona en el extranjero. Nos cuesta imaginar qué tipo de ser humano puede querer una cosa así para su colección privada. Pese a todos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/28317/las-puertas-del-infierno-2/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Timothy Garton Ash</strong>, catedrático de Estudios Europeos, ocupa la cátedra Isaiah Berlin en St. Antony&#8217;s College, Oxford, y es profesor titular de la Hoover Institution, Stanford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 26/12/09):</p>
<p>Entre Hanukkah y Navidad, alguien roba el cartel que está sobre la entrada del campo de exterminio de Auschwitz. La policía polaca lo recupera y atrapa a los ladrones, que, al parecer, lo habían hecho por encargo de una persona en el extranjero. Nos cuesta imaginar qué tipo de ser humano puede querer una cosa así para su colección privada. Pese a todos los asesinatos de masas, toda la esclavitud y toda la tortura que ha habido desde entonces, Auschwitz sigue siendo, para un europeo de mi generación, el símbolo por excelencia de la maldad humana en nuestros tiempos.</p>
<p>Este grotesco episodio remata un año en el que las relaciones entre los cristianos y los judíos en general, y los cristianos polacos y los judíos polacos en particular, han vuelto a ser materia de debate. Los fantasmas de un pasado torturado en Europa del Este aullaron incluso por los pasillos de Westminster, cuando los conservadores anunciaron su alianza en el Parlamento Europeo con un grupo de partidos de extrema derecha, sobre todo de Europa central y del este, y colocaron a sus parlamentarios bajo la dirección de Michal Kaminski, perteneciente al partido Ley y Justicia de Polonia.</p>
<p>Durante la controversia subsiguiente, el autor y actor Stephen Fry dijo que &#8220;existe una historia de catolicismo de derechas que resulta profundamente inquietante para quienes sabemos un poco de historia y recordamos de qué lado de la frontera estaba Auschwitz&#8221;. Sí, por favor, un poco de historia. Echar a los católicos polacos la culpa del campo de exterminio nazi en un territorio anexionado por los alemanes, un campo en el que también hubo prisioneros y muertos católicos, es tan absurdo que el comentario de Fry desató un torrente de críticas; y hay que reconocer que Fry se apresuró a pedir disculpas.</p>
<p>Pero no es sólo una tontería de un inglés. Hace unas semanas, mientras veía un reportaje de la televisión alemana sobre el juicio de John Demjanjuk, me sorprendió oír al presentador que le describía como un guardia &#8220;en el campo de exterminio polaco de Sobibor&#8221;. ¿En qué tiempos vivimos, que uno de los principales canales de televisión alemanes piensa que puede calificar los campos nazis de &#8220;polacos&#8221;?</p>
<p>En mi experiencia, todavía está muy extendido eso de equiparar automáticamente Polonia con catolicismo, nacionalismo y antisemitismo; y de ahí, se pasa fácilmente a decir que los polacos fueron culpables del Holocausto, por asociación. Este estereotipo colectivo no hace justicia a la verdad histórica. No deja sitio, por ejemplo, a la increíble historia de Witold Pilecki, un oficial polaco que en 1940 se ofreció voluntario para que lo metieran preso en Auschwitz con el fin de descubrir lo que estaba pasando allí. Permaneció preso en el campo dos años y medio, consiguió sacar fuera informes, organizó células de resistencia dentro y luego se escapó. Después de luchar en el levantamiento de Varsovia contra los nazis, Pilecki sobrevivió los últimos meses en un campo alemán de prisioneros de guerra, pero fue detenido y torturado por la policía secreta comunista cuando los soviéticos ocuparon Polonia y murió ejecutado en 1948.</p>
<p>Los estereotipos generalizados producen una reacción de defensa entre los polacos y, por consiguiente, hace más difícil que acepten una historia profundamente inquietante de antisemitismo polaco y católico (no limitado a la derecha: el partido comunista polaco se vio sacudido por una famosa campaña antisemita en 1968). El proceso de enfrentarse a un pasado difícil está en marcha desde hace tiempo, sobre todo desde que Polonia recobró la libertad. A comienzos de esta década, la denuncia hecha por un historiador sobre la horrenda matanza de judíos en el pueblo de Jedwabne a manos de sus vecinos católicos, en el verano de 1941, desencadenó lo que el escritor judío polaco Konstanty Gebert llama un debate &#8220;asombrosamente profundo y asombrosamente valiente&#8221;. Desde entonces, dice Gebert, &#8220;el país ha experimentado una seria transformación moral&#8221;.</p>
<p>He criticado más que nadie la nueva alianza de los conservadores en el Parlamento Europeo, pero el veredicto político debe mantenerse separado del histórico y el moral. El lenguaje de la política de partidos actual, con sus frases prefabricadas y sus medias verdades facilonas, es tan patéticamente inapropiado para describir los terrores de Auschwitz y el heroísmo de alguien como Pilecki que el mero hecho de acercarse a ellos con semejante verborrea sintética parece una especie de sacrilegio. Existe un juicio político, para el que saber qué dijo un oportunista de derechas como Kaminski en el debate de hace unos años sobre Jedwabne es una cuestión importante, aunque secundaria. Existe un juicio histórico, que los investigadores nos están permitiendo hacer con una apreciación cada vez mayor de la complejidad que tiene la historia judía y del Este de Europa. Existe un juicio legal, que debe alcanzar a quienes cometieron crímenes contra la humanidad. Pero, por encima de todos éstos, existe una dimensión que tiene que ver con la mente humana y que tal vez sólo pueda abarcarse por completo con el lenguaje del arte.</p>
<p>Para entender a qué me refiero, por favor, compren, pidan o roben una de las últimas entradas disponibles para ver el brillante montaje de una obra llamada <em>Our Class,</em> del escritor polaco Tadeusz Slobodzianek, que está representándose en el National Theatre de Londres hasta mediados de enero. O, si viven en otro país (incluida Polonia, donde todavía no se ha representado), empiecen a hacer campaña para que la lleven a escena allí. A partir de la amplia documentación existente hoy sobre lo que ocurrió en Jedwabne, <em>Our Class</em> cuenta la trágica y entrelazada historia de las vidas de 10 compañeros de colegio de antes de la guerra, cinco judíos, cinco católicos.</p>
<p>No ahorra ninguno de los horrores de uno de los peores capítulos de la historia del antisemitismo polaco: muestra una violación en grupo, un hombre que muere a causa de una paliza y unos judíos quemados vivos en un granero. Pero también muestra a Wladek, el agricultor católico que acoge a una chica judía y luego se casa con ella, y mata a un compañero de clase polaco que quiere detenerla. Está también Menachem, el superviviente judío que después de la guerra se convierte en interrogador de la policía secreta comunista. Y Zocha, la mujer católica que salva la vida de Menachem escondiéndole en su granero y luego emigra a Estados Unidos. Al oír a un matrimonio judío estadounidense quejarse del antisemitismo polaco, estalla: &#8220;¿Y qué hicieron los americanos por los judíos durante la guerra?&#8221;. Y Abram, el afortunado, que emigra a Estados Unidos antes de la guerra, se convierte en un rabino untuoso y, 60 años después de que ocurriera, consigue que su antiguo compañero Heniek, ahora un sacerdote católico aficionado a los niños pequeños, apoye su afirmación -totalmente sin fundamento- de que, en 1941, el rabino de Jedwabne llevó a sus fieles al granero con la Torá en alto y glorificando el nombre de Dios, Kiddush Hashem. Ningún mito, ni los que servían de consuelo, permanece intacto.</p>
<p>Las preguntas propias de historiador sobre la verdad histórica estricta, sobre lo que es típico y lo que es excepcional, causa y efecto, en este caso son secundarias. Porque aquí vemos una verdad más de fondo: esto es de lo que son capaces los seres humanos cuando se encuentran en el sitio equivocado en el momento inoportuno. (Y un pueblo del este de Polonia ocupado primero por los soviéticos, tras el Pacto entre Hitler y Stalin, luego por los nazis, y luego por un régimen comunista polaco bajo la tutela del Ejército Rojo, es prácticamente la definición de sitio equivocado y momento inoportuno). Cualquiera que haya nacido en un sitio y un momento más afortunados debe decir: habría podido ser yo, si no hubiera sido por una cuestión de geografía.</p>
<p>Ahora bien, todos hacemos el mismo camino, salvo que sin los extremos. No sólo es que unos sean malos y otros, héroes; es que el mismo hombre o la misma mujer puede comportarse de forma terrible en un instante y maravillosamente a continuación. Podemos estar por debajo de los monos y por encima de los ángeles. Somos débiles; somos fuertes. Adquirimos el peso de la culpa; reivindicamos nuestro derecho a la compasión. Luego nos hacemos viejos, enfermamos y morimos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/28317/las-puertas-del-infierno-2/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Hitler y el enano de decoración</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/27745/hitler-y-el-enano-de-decoracion/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/27745/hitler-y-el-enano-de-decoracion/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 18:01:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=27745</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ludger Mees</strong>, catedrático de Historia Contemporánea, Universidad del País Vasco (EL PAÍS, 10/11/09):</p>
<p>El día 9 de noviembre hace 20 años, la caída del Muro y la consiguiente unificación del país fue un acontecimiento de gran calado simbólico que escenificaba el definitivo fin del tan debatido <em>Sonderweg</em> (camino particular) alemán en la historia contemporánea, cuyas contradicciones habían desembocado en el nacionalsocialismo, la guerra, el Holocausto y la partición.</p>
<p>Sin embargo, 20 años de la tan ansiada normalidad no han borrado los horrores del pasado. Al contrario, la guerra, la dictadura y Auschwitz siguen presentes en la cultura política &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/27745/hitler-y-el-enano-de-decoracion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ludger Mees</strong>, catedrático de Historia Contemporánea, Universidad del País Vasco (EL PAÍS, 10/11/09):</p>
<p>El día 9 de noviembre hace 20 años, la caída del Muro y la consiguiente unificación del país fue un acontecimiento de gran calado simbólico que escenificaba el definitivo fin del tan debatido <em>Sonderweg</em> (camino particular) alemán en la historia contemporánea, cuyas contradicciones habían desembocado en el nacionalsocialismo, la guerra, el Holocausto y la partición.</p>
<p>Sin embargo, 20 años de la tan ansiada normalidad no han borrado los horrores del pasado. Al contrario, la guerra, la dictadura y Auschwitz siguen presentes en la cultura política del país, y esto hasta unos límites que para observadores no alemanes a veces pueden rayar en lo ridículo. Aquí sólo un ejemplo: en el pasado verano, la fiscalía de Nuremberg abrió diligencias contra un artista que había producido para su venta un típico enano de decoración o gnomo <em>(Gartenzwerg)</em> con un brazo en alto, realizando el saludo hitleriano. En Alemania, la exhibición pública de símbolos de organizaciones proscritas está prohibida por ley. El artista, que no daba crédito de lo que estaba pasando, se defendió diciendo que había querido ridiculizar al régimen nazi. Fue necesaria la intervención pública de la ministra de Justicia para recordar que estas diligencias no son ridículas, sino preceptivas en el marco de la legislación alemana.</p>
<p>Este fuerte arraigo de la memoria de 1939/45, que acompaña a los festejos del 9 de noviembre, es el producto de una larga lucha contra la tentación del olvido y del borrón y cuenta nueva que se instauró entre los alemanes y buena parte de su clase política nada más terminar la guerra. Sus promotores fueron, en primer lugar, unos cuantos fiscales, abogados y jueces liberales que en la década de los sesenta durante los tres grandes juicios contra los criminales de guerra de Auschwitz hicieron desfilar, en circunstancias a menudo dramáticas, a más de 600 testigos que narraban con todo lujo de detalle las atrocidades cometidas por el régimen a todo telespectador dispuesto a aguantarlo.</p>
<p>Así, el horror penetró por primera vez con toda su crudeza en millones de hogares alemanes. A los juristas les siguieron historiadores y otros intelectuales y escritores liberales y de izquierda que, a partir de los años setenta, aportaron nuevos conocimientos sobre la dictadura no solamente en sus publicaciones, sino también en grandes debates públicos con amplio seguimiento mediático. Series documentales o telefilmes como el drama <em>made in Hollywood</em> <em>Holocausto</em> consiguieron cotas de audiencia descomunales.</p>
<p>La sorprendente, por no prevista, postración del nuevo canciller socialdemócrata Willy Brandt ante el monumento a las víctimas del gueto judío en Varsovia en diciembre de 1970 dio alas a estas tendencias y acabó con una política oficial que había preferido ahuyentar a los fantasmas del pasado con el bálsamo del pago de las reparaciones e indemnizaciones millonarias y una decidida política europeísta, antes que enfrentarse a este pasado con todas las consecuencias.</p>
<p>Así, por fin, se encontraban la política oficial y las iniciativas académicas, periodísticas y culturales en el mismo esfuerzo por recuperar el pasado del nacionalsocialismo sin tabúes y transmitirlo a las nuevas generaciones. Durante las últimas dos décadas, varias grandes polémicas públicas -como la generada en torno a la exposición itinerante sobre los crímenes de la Wehrmacht en los frentes del Este- han mantenido viva la llama de la memoria.</p>
<p>Sin embargo, esta sólida consolidación de la memoria histórica del nacionalsocialismo en la cultura política alemana también ha provocado críticas. Sus autores, que se vieron favorecidos por la llegada del democristiano Helmut Kohl a la cancillería en 1982, construyeron su discurso alrededor del nuevo paradigma de la normalidad. Ya en 1986, el historiador Ernst Nolte se lamentó en un artículo periodístico que levantó ampollas, de la permanente presencia de la memoria del nacionalsocialismo en la cultura política de su país. Una nación, según Nolte y acólitos, no puede vivir de forma equilibrada y normal sin una identidad y confianza en sí misma. Hurgar permanentemente en las heridas y avergonzarse de esta historia propia no permite construir esta identidad nacional sana, lo que condena a los alemanes a vivir en una situación de anomalía y crisis continua.</p>
<p>Doce años más tarde, el escritor Martin Walser aprovechó su discurso de agradecimiento en la histórica Paulskirche de Frankfurt, donde se le otorgó el prestigioso Premio de la Paz de la Asociación de Libreros Alemanes, para ahondar en estos argumentos. Walser confesaba que muchas veces miraba al otro lado cuando en la televisión se mostraban por enésima vez las horrendas imágenes de los campos de concentración, y eso no por no aguantar el impacto emocional, sino por puro aburrimiento. El escritor no negaba la realidad del pasado nacionalsocialista, pero exigía que este pasado y su memoria quedara recluido en la conciencia personal e individual de cada cual, en lugar de formar objeto de una escenificación ritualizada en público.</p>
<p>La unificación alemana, sorprendentemente, favoreció este discurso conservador. El recuerdo de las víctimas del comunismo de la RDA ha generado, con palabras de Ernst Piper, una &#8220;competencia de víctimas&#8221; en la memoria colectiva alemana: las víctimas del régimen nacionalsocialista compiten ahora con las víctimas del régimen comunista y esto permite transformar la interpretación de la culpabilidad: los alemanes dejan de ser sólo los culpables de los crímenes del nacionalsocialismo, ya que también -aunque de forma indirecta- han sido sus víctimas en una dictadura que fue consecuencia de la guerra.</p>
<p>Este debate continúa hoy día cuando Alemania celebra la caída del Muro. En él subyace una pregunta clave que genera respuestas muy enfrentadas: ¿puede la culpa prescribir? Es un debate complejo en el que, a mi juicio, existen dos desafíos, o, si se quiere, dos peligros. Uno es el canto de sirena de la normalidad mal entendida y, el otro, la rutinización de la memoria. Ningún individuo nace en el vacío, siempre nace y se socializa en un contexto histórico de larga duración. Es la relación con este contexto, la interacción crítica con él, la asunción del mismo y, en ocasiones, el deseo de cambiarlo, lo que nos convierte en ciudadanos.</p>
<p>El pasado, por definición, nunca es selectivo, porque sus experiencias siempre conforman una totalidad que nos condiciona. Sólo el abandono de la tentación de construir una memoria selectiva, sesgada, permite vivir &#8220;con normalidad&#8221;. Dicho de otra manera: no puede haber normalidad en Alemania sin el recuerdo activo de 1939/45, sin el reconocimiento de los crímenes cometidos y sin la asunción de la culpabilidad.</p>
<p>Por otra parte, tenía razón Walser al denunciar las tendencias de rutinización de la memoria de la guerra y del Holocausto. La presencia masiva del horror nacionalsocialista en la cultura política de Alemania es buena y necesaria, pero debe evitar dos consecuencias: una, la de la burocratización y del aburrimiento, y la otra, la de la trivialización de la barbarie a través de su conversión en una mera experiencia estética. La monumentalización del horror también puede llevar a que lo que queda al final no es más que la fascinación por el horror monumental. Auschwitz ya no generaría impacto emocional y reflexión intelectual, sino tan sólo morbo. En estos días, cuando Alemania recuerda con merecida alegría la caída del Muro hace 20 años, la molesta presencia del antes mencionado polémico enano de decoración no deja de ser un hecho saludable, siempre y cuando esta polémica no se reduce a una mera anécdota más o menos graciosa. La memoria del 9 de noviembre (de 1989) quedaría mutilada sin la memoria del 1 de septiembre (de 1939), digan lo que digan los abogados de la anestesiada normalidad.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/27745/hitler-y-el-enano-de-decoracion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Hitler’s Jaws of Death</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/27291/hitler%e2%80%99s-jaws-of-death/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/27291/hitler%e2%80%99s-jaws-of-death/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 11 Oct 2009 10:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=27291</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Antony Beevor</strong>, the author of <em>D-Day: The Battle for Normandy</em> and <em>The Fall of Berlin 1945</em> (THE NEW YORK TIMES, 11/10/09):</p>
<p>The assertion by American researchers that Hitler might have escaped from Berlin because a skull fragment in a Moscow archive was not his but a young woman’s is rich in paradox. Stalin went to great lengths in 1945 to conceal the fact that Hitler’s body had been identified by pathologists working for Smersh, the Soviet military counterintelligence agency. Stalin even misled his own commander in chief, Marshal Georgi Zhukov, demanding to know why he had failed to &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/27291/hitler%e2%80%99s-jaws-of-death/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Antony Beevor</strong>, the author of <em>D-Day: The Battle for Normandy</em> and <em>The Fall of Berlin 1945</em> (THE NEW YORK TIMES, 11/10/09):</p>
<p>The assertion by American researchers that Hitler might have escaped from Berlin because a skull fragment in a Moscow archive was not his but a young woman’s is rich in paradox. Stalin went to great lengths in 1945 to conceal the fact that Hitler’s body had been identified by pathologists working for Smersh, the Soviet military counterintelligence agency. Stalin even misled his own commander in chief, Marshal Georgi Zhukov, demanding to know why he had failed to find Hitler’s corpse. And Pravda declared that rumors of the discovery of Hitler’s body were a fascist provocation.</p>
<p>Stalin ruled by creating fear and uncertainty among both subordinates at home and among his Western allies abroad, who were of course seen as potential enemies. Even after Hitler’s jaws, with their distinctive bridgework, had been identified by the assistant to the Führer’s personal dentist, the Soviet authorities nurtured rumors that Hitler was hiding in Bavaria. As Bavaria was part of the American zone of occupation, the implication was that the Americans had concealed him and were somehow in league with the Nazis. Now, 64 years later, an episode of the History Channel series “MysteryQuest” — with the outrageous title of “Hitler’s Escape” — has distorted the revelation of the skull to scare up a similar fugitive ghost, to the furious exasperation of the Russian authorities.</p>
<p>On May 2, 1945, members of the Smersh detachment of the Soviet Third Shock Army, having heard of Hitler’s suicide two days earlier, sealed off the Reich Chancellery garden and Hitler’s bunker there as they searched for the body. All those on the Smersh team were sworn to secrecy and warned that any mention of their work would be treated as treason. Even Marshal Zhukov was refused entry to the bunker during the search on the ground that “it wasn’t safe down there.”</p>
<p>All members of Hitler’s household who had been identified were held in the Reich Institute for the Blind, on the Oranienstrasse. One after another they were interrogated by a major known to history only as Bystrov. Stalin was so desperate for news that a general from the N.K.V.D., the K.G.B.’s predecessor, was sent to supervise the interrogations. He was given a secure line with a scrambler so that he could report back to Moscow after each interview.</p>
<p>On May 5, Smersh operatives finally discovered Hitler’s body along with that of Eva Braun in the chancellery garden; the two corpses had been doused in gasoline and set on fire by SS aides, in accordance with Hitler’s orders, and then buried in a shell crater. The Soviets smuggled the remains to an improvised morgue in Buch, a suburb of Berlin. Hitler’s body was too badly burned to be recognizable, so the jaws were removed since they offered the best means of identification. The assistant to Hitler’s dentist was tracked down and brought to examine them.</p>
<p>Yelena Rzhevskaya, the interpreter with the Smersh group, later recounted how on the evening of May 8, when Soviet troops prepared to celebrate the German surrender, she was given a box covered in red satin and told to guard it with her life. She described it as “the sort used for cheap jewelry.” The box held Hitler’s jaws. Rzhevskaya was given it because, as a woman, she was considered less likely to get drunk that night and lose it.</p>
<p>The skull and the jaws are still separate because Smersh hung on to its precious evidence. The cranium, recovered later, allegedly at the same site, was taken by the N.K.V.D., and that is why it has been in the State Archive of the Russian Federation since the collapse of the Soviet Union. The jaws are almost certainly still held in the Lubyanka, the Moscow headquarters of the Russian secret police, along with other prizes retrieved by Smersh from the garden, like Hitler’s Nazi party badge, which was taken from the body of Magda Goebbels.</p>
<p>Although we have been subjected over the last few months to a barrage of disinformation from the Russians about the start of World War II — including attempts to blame the Poles and the British for its outbreak — I would tend to believe their version in the case of its ending. Even if the cranium is not Hitler’s but some unknown woman’s, the jaws are almost certainly genuine. The Russians could end speculation and ridiculous conspiracy theories by allowing an international team to carry out DNA tests on them.</p>
<p>In any case, Stalin was obsessed with every detail about his archenemy Hitler, whom he both feared and admired in a distorted way. The investigations of his death were meticulous, as the Smersh reports show. Witnesses to the suicide and the burning of the bodies were interviewed again and again by Smersh and the N.K.V.D., and some by the British — in fact, by the historian Hugh Trevor-Roper, who wrote “The Last Days of Hitler.”</p>
<p>There were no major discrepancies in any of the accounts, so suggestions that Hitler did not commit suicide and had escaped from Berlin represent nothing but gratuitous sensationalism. It is just another attempt to exploit the nightmare conspiracy theory that the source of unparalleled evil lived on somewhere, in secret.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/27291/hitler%e2%80%99s-jaws-of-death/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cameron&#8217;s Latvian liaison</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/27221/camerons-latvian-liaison/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/27221/camerons-latvian-liaison/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 07 Oct 2009 20:47:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Letonia]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=27221</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>David Cesarani</strong>, a research professor in history at Royal Holloway, University of London (THE GUARDIAN, 07/10/09):</p>
<p>The heated exchanges between <a title="Guardian: Row escalates over 'vile' Tory allies" href="http://www.guardian.co.uk/politics/2009/oct/03/row-over-tory-europe-allies">David Miliband and leading Conservatives</a> over the proposed co-operation between Tory MEPs and the <a title="Guardian: Freedom party hits back" href="http://www.guardian.co.uk/world/2009/oct/06/freedom-party-refute-miliband-claims">Latvian Fatherland and Freedom party</a> in the European parliament seem, at first sight, to revolve around arcane historical issues. The rightwing, nationalist Latvians, seen by the Tories as partners at Strasbourg, stand accused of supporting the parade of war veterans that takes place each year on 16 March in Riga, the Latvian capital. This would not be a problem were it not for the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/27221/camerons-latvian-liaison/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>David Cesarani</strong>, a research professor in history at Royal Holloway, University of London (THE GUARDIAN, 07/10/09):</p>
<p>The heated exchanges between <a title="Guardian: Row escalates over 'vile' Tory allies" href="http://www.guardian.co.uk/politics/2009/oct/03/row-over-tory-europe-allies">David Miliband and leading Conservatives</a> over the proposed co-operation between Tory MEPs and the <a title="Guardian: Freedom party hits back" href="http://www.guardian.co.uk/world/2009/oct/06/freedom-party-refute-miliband-claims">Latvian Fatherland and Freedom party</a> in the European parliament seem, at first sight, to revolve around arcane historical issues. The rightwing, nationalist Latvians, seen by the Tories as partners at Strasbourg, stand accused of supporting the parade of war veterans that takes place each year on 16 March in Riga, the Latvian capital. This would not be a problem were it not for the fact that the parade includes former soldiers who fought in the Latvian Waffen SS. Worse, some of the volunteers who served in the Waffen SS were implicated in the mass murder of Latvia&#8217;s Jews.</p>
<p>But why should this concern anyone apart from &#8220;Holocaust obsessives&#8221;?</p>
<p>The answer is that the Tories&#8217; dalliance with far-right parties in eastern Europe will affect the way that history is interpreted and this, in turn, will have a profound impact on the future. It threatens to derail the progress that former Soviet bloc countries are making towards pluralism and diversity – something that ought to concern all of us.</p>
<p>The story of Latvian military collaboration with the Germans between 1941 and 1945 cannot be divorced from <a title="Guardian: Latvia" href="http://www.guardian.co.uk/world/latvia">Latvia</a>&#8216;s suffering under Soviet occupation in 1940-41. Under the Nazi-Soviet pact of 1939, Hitler purchased Stalin&#8217;s agreement to the partition of Poland at the price of conceding Soviet domination of the Baltic states. In June 1940, the Red Army occupied Latvia and, over the following year, tens of thousands of Latvians were deported to Siberia; few returned.</p>
<p>Meanwhile, Latvians who escaped to Germany worked with the Nazi secret services and the army in preparation for the German attack on the USSR. When the Wehrmacht overran the country in July 1941, the Germans were welcomed as liberators. Hundreds of Latvians signed on as auxiliaries with the SS killing squads and turned on the country&#8217;s Jewish population.</p>
<p>Paradoxically, Latvia had treated its Jewish population quite well during the 1920s and 1930s. But a few Russian Jews had been prominent in the occupation regime and some local communist collaborators were nominally Jewish. The population easily swallowed the Nazi lie that all Jews were Bolsheviks. Following the arrival of the Germans, thousands of Jews in rural towns were slaughtered in a wave of spontaneous and organised massacres. On 30 November and 8 December 1941, <a title="Wikipedia: Riga Ghetto" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Riga_Ghetto">24,000 Riga Jews</a> were shot dead in the Bikernieki woods outside Riga.</p>
<p>A Latvian volunteer militia led by <a title="Wikipedia entry on Viktors Arajs" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Viktors_Ar%C4%81js">Viktors Arajs</a>, operating under the Nazi security police, played a leading part in the massacres, hunting down Jews and communists. Latvian volunteers eventually manned several police regiments. These local militias participated in the seizure of Jewish property and guarded the Jewish population that was now confined to a ghetto. They also supplied &#8220;shooters&#8221; for the mass-murder operations.</p>
<p>In September 1941, the Germans formed three Latvian police battalions into an SS infantry brigade. During the winter of 1941-42, the Germans threw more police volunteers into the line. They fought well. In early 1943, the Germans raised a Latvian Waffen SS Division, the 15th. A year later, it was joined by the 19th Latvian Waffen SS Volunteer Division, formed from police regiments and remnants of the first volunteer brigade. By 1944, many of the men serving in these formations were conscripts; but the core were veterans of volunteer units that had a bloody history of murdering Jews and Communists, and carrying out vicious &#8220;anti-partisan&#8221; operations.</p>
<p>When the Red Army overran Latvia in 1944-45, most collaborators fled with the retreating Germans. The 19th Latvian Waffen SS Division ended up trapped in the Courland Peninsula. Elements of the 15th Latvian Waffen SS Division were among the last defenders of Hitler&#8217;s bunker. But thousands managed to reach the British zone of occupation in northern Germany. They presented themselves as the double victims of Soviet and German aggression and were treated as bona fide refugees.</p>
<p>In 1947, the Labour government permitted thousands of Latvian men, now classified as &#8220;displaced persons&#8221;, to enter the UK as voluntary workers. The screening process to which they were subjected was cursory. As a consequence, hundreds of Latvians who were implicated in war crimes ended up in Britain working on farms, in factories and down the mines.</p>
<p>In Latvia itself, thousands of collaborators were sentenced to years of hard labour in prison camps. Another wave of deportations in 1945-46 carried off still more. Until 1990, any expression of Latvian nationalism was penalised. Swaths of the country were settled by Russians, mostly veterans of the Red Army and Soviet security services. By the time Latvia recovered its independence, a substantial minority of the population was Russian. The collapse of Soviet rule prevented an irreversible Russification of the country.</p>
<p>Having recovered their independence, Latvians honoured all those who had resisted the Red Army. At first, they were totally undiscriminating. However, in 1998-99 protests by Jews in Latvia and abroad, as well as pressure from western countries, persuaded the government to withdraw support for the annual Latvian Waffen SS reunion and parade.</p>
<p>In 1998, the first president of newly independent Latvia, Guntis Ulmanis, set up a commission of historians to inquire into crimes against humanity under the German and Soviet occupations. He realised that if Latvia was going to integrate into Nato and the EU, it was going to have to make a public show of facing its past. His efforts were continued by his successor, the savvy north American-raised Vaira Vike-Freiberga.</p>
<p>The historical commission, which included overseas experts, published a series of well-researched reports and held a string of widely publicised conferences. Education and outreach projects carried the work into schools and colleges. Young Latvians learned about the terrible fate of the Jewish population under the Nazis, as well as the more familiar agony of Soviet oppression. Despite a good deal of ambivalence, especially when it came to prosecuting alleged war criminals, Latvia acknowledged the extent of local collaboration with the Nazis. There are now impressive memorials to the Jews slaughtered in the Rumbula forest and at Bikernieki outside Riga. The Jewish Museum in the city offers a comprehensive account of the genocide on Latvian soil.</p>
<p>However, there are Latvian nationalists who refuse to see the collaborators as anything less than freedom fighters, who treat the mass murder of the Jews as either a German crime or something that the Jews brought on themselves thanks to their alleged pro-Bolshevik attitude. Their views are amplified in the state War Museum and in the Museum of Occupation, inspired and largely funded by emigres based in the US. In these grim displays, the murder of the Jews gets, at best, a laconic treatment. The genocide they suffered is routinely equated with the plight of the Latvians under Russian rule. There is more than a hint that the Jews deserved what they got.</p>
<p>By allying with rightwingers who propound this distorted view of the past, the Conservatives are implicitly giving legitimacy to their narrative. This is not just a matter of historical interpretation; it has implications for public policy today and in the future. It is a version of the past that justified discrimination against the Russian minority in post-independence Latvia. It is a national story that militates against cosmopolitanism and works, instead, in favour of an exclusive identity. To befriend these extremists is to betray the democrats and pluralists in Latvia who, since 1991, have worked so hard to tell the truth about their country&#8217;s tragic experiences under two totalitarian regimes.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/27221/camerons-latvian-liaison/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>The Nazi whitewash</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/27097/the-nazi-whitewash/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/27097/the-nazi-whitewash/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 28 Sep 2009 21:36:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Letonia]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=27097</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Efraim Zuroff</strong>, the chief Nazi-hunter of the Simon Wiesenthal Center and the founder and director of its Israel Office (THE GUARDIAN, 28/09/09):</p>
<p>The sight of SS veterans marching down the main avenue of the capital city of a member of Nato and the European Union is hardly a sight to bring joy to the heart of a British political leader. Yet just a few days ago, <a title="BBC: Today" href="http://news.bbc.co.uk/today/hi/today/newsid_8268000/8268087.stm">Conservative chairman Eric Pickles</a> saw fit in an interview on Radio 4 to rush to the defence of the Latvian &#8220;For Fatherland and Freedom&#8221; party which is among the staunchest supporters of &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/27097/the-nazi-whitewash/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Efraim Zuroff</strong>, the chief Nazi-hunter of the Simon Wiesenthal Center and the founder and director of its Israel Office (THE GUARDIAN, 28/09/09):</p>
<p>The sight of SS veterans marching down the main avenue of the capital city of a member of Nato and the European Union is hardly a sight to bring joy to the heart of a British political leader. Yet just a few days ago, <a title="BBC: Today" href="http://news.bbc.co.uk/today/hi/today/newsid_8268000/8268087.stm">Conservative chairman Eric Pickles</a> saw fit in an interview on Radio 4 to rush to the defence of the Latvian &#8220;For Fatherland and Freedom&#8221; party which is among the staunchest supporters of precisely such an event that takes place annually in Riga every 16 March.</p>
<p>The simple explanation is the hackneyed cliche that politics makes strange bedfellows, and that Pickles felt obliged to defend his new partners in the <a title="Guardian: Tories unveil group of controversial new allies " href="http://www.guardian.co.uk/politics/2009/jun/22/conservatives-new-eu-group">European Conservatives and Reformists</a> group of the European parliament in Strasbourg. In reality, however, Pickles&#8217;s knee-jerk response is probably the product of sheer ignorance of the world-view of his Latvian political allies and their distorted perceptions of the history of the second world war, which no mainstream British political leader could possibly support.</p>
<p>The controversy over the annual march of the <a title="Guardian: This rewriting of history is spreading Europe's poison" href="http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2009/sep/09/second-world-war-soviet-pact">Latvian-SS Legion veterans in Riga</a> has been raging since Latvia regained independence in 1991. Its supporters claim that the men in the Legion were soldiers who only fought against the Soviets and had no connection to SS crimes. They viewed their service as helping to defend Latvia and did so for positive patriotic reasons and not out of loyalty to Nazi Germany. Yet while it is true that the Legion as such did not participate in Holocaust crimes, many of its men were active participants in the mass murder of Jews before the Legion was established in early1943. By this point, practically all of Latvia&#8217;s 70,000 Jews, as well as most of the approximately 20,000 Central European Jews deported to Riga and many tens of thousands of Jews in Belarus, had been murdered by members of Latvian security police units, many of whom subsequently volunteered to join the Legion, among them numerous men from the infamous <a title="Wikipedia: Arajs Kommando" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Arajs_Kommando">Arajs Kommando</a>, one of the most notorious Nazi death squads.</p>
<p>As far as the motives of those joining the Legion, a third volunteered (the rest were drafted) to fight for a victory of Nazi Germany and its totalitarian regime, which would have had unimaginably horrific consequences for the future of Europe. And while these Latvians might have thought that they were fighting for Latvian independence, their German masters had no such intentions, making their service on their behalf even more reprehensible.</p>
<p>The obsession of &#8220;For Fatherland and Freedom&#8221; to pay public homage to the Latvian-SS Legion in contradiction to all historical logic and sensitivity to Nazi crimes is not a product of ostensibly harmless nostalgia as Pickles would have us believe, but part of a rather insidious plan to gain recognition for a perversely distorted version of European history which will officially equate Communism with Nazism. In practical terms, this will transform those eastern European nations that had a high percentage of Nazi collaborators from perpetrator-helpers of a genuine genocide to victims of a tragedy posing as a genocide. It will also help them cover up their role in Holocaust crimes and failure since independence to prosecute their own Nazi war criminals.</p>
<p>The manifesto of this movement, the Prague Declaration of June 2008, warns that &#8220;Europe will not be united unless it is able to reunite its history [and] recognise communism and Nazism as a common legacy&#8221;. Resolutions in this spirit which call for a joint commemoration day (23 August) for the victims of Communism and Nazism are only the beginning of a campaign to rewrite the history of the second world war in a way that will whitewash the villains, dishonour the victims, and rob the heroes of their well-deserved pride.</p>
<p>I cannot believe that Pickles and the Conservative party really support such nonsense.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/27097/the-nazi-whitewash/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La Filosofía y la sombra del fascismo</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/26616/la-filosofia-y-la-sombra-del-fascismo/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/26616/la-filosofia-y-la-sombra-del-fascismo/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 03 Sep 2009 21:41:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=26616</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Henry Kamen</strong>, historiador británico. Su último libro publicado es <em>El enigma de El Escorial</em>, Espasa-Calpe, 2009 (EL MUNDO, 03/09/09):</p>
<p>Los intelectuales se hallaron entre las primeras víctimas del pensamiento totalitario de principios del siglo XX. Desilusionados con las viejas doctrinas y siempre ávidos de nuevas ideas, cayeron fácilmente en la trampa de respaldar religiones seculares. No es sorprendente encontrar al socialista Antonio Machado expresando la convicción de que «de cuanto se hace hoy en el mundo, lo más grande es el trabajo de Rusia». Cientos de pensadores inteligentes se pasaron al bando prosoviético. En perspectiva, no es &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/26616/la-filosofia-y-la-sombra-del-fascismo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Henry Kamen</strong>, historiador británico. Su último libro publicado es <em>El enigma de El Escorial</em>, Espasa-Calpe, 2009 (EL MUNDO, 03/09/09):</p>
<p>Los intelectuales se hallaron entre las primeras víctimas del pensamiento totalitario de principios del siglo XX. Desilusionados con las viejas doctrinas y siempre ávidos de nuevas ideas, cayeron fácilmente en la trampa de respaldar religiones seculares. No es sorprendente encontrar al socialista Antonio Machado expresando la convicción de que «de cuanto se hace hoy en el mundo, lo más grande es el trabajo de Rusia». Cientos de pensadores inteligentes se pasaron al bando prosoviético. En perspectiva, no es difícil entender por qué lo decidieron así, ya que el comunismo parecía ofrecer la única alternativa radical al incipiente fascismo y al aparente colapso del capitalismo.</p>
<p>Es un tanto más difícil, sin embargo, comprender por qué algunos pensadores inteligentes de ese periodo apoyaron el fascismo. Ya que hubo muchos de ellos, tanto dentro como fuera de España. Sería bienvenido un estudio más preciso de sus ideas dentro del contexto español. Entretanto, existen muchos estudios de intelectuales parecidos en otros países de Europa. A finales de este año, Yale University Press publicará el libro de Emmanuel Faye sobre Heidegger. The Introduction of Nazism into Philosophy, que promete abrir de nuevo el viejo debate sobre los intelectuales pronazis en Alemania que apoyaron a Hitler. Heidegger, cuya obra magna de filosofía fue Ser y tiempo (1927), enseñaba en la universidad de Friburgo, y fue un miembro del partido nazi desde mayo de 1933 hasta mayo de 1945. Sus seguidores siempre han mantenido que su etapa nacionalsocialista duró solamente desde 1933 hasta 1934. Contrario a este criterio, Faye argumenta que las ideas de Heidegger después del año 1935 se hicieron todavía más radicales y más partidarias del punto de vista de Hitler.</p>
<p>¿Por qué tiene interés alguno este asunto? Hoy en día nadie se interesa por la filosofía de Heidegger aparte de los recónditos departamentos universitarios donde sólo un puñado de seguidores la cultiva. Sin embargo, la cuestión de su reputación es todavía un asunto importante para aquellos que intentan entender lo que pasó en la Alemania nazi. Muchos intelectuales, incluyendo también a muchos españoles en esos años, traicionaron la dignidad humana al dar su apoyo al totalitarismo de derechas o de izquierdas. Así que el caso Heidegger tiene relevancia para muchos, incluso para aquellos que saben poco sobre sus ideas.</p>
<p>¿Apoyó el filósofo realmente el nazismo? Cuando el libro de Faye apareció por primera vez en Francia hace cuatro años, produjo un enorme escándalo entre el puñado de profesores franceses que permanecían devotos a Heidegger. Un grupo de ellos firmó una petición conjunta contra la «calumniosa campaña» que se decía haber sido llevada a cabo por el «delirante» libro de Faye. Los profesores le denunciaron como un «censor», y afirmaron que se estaba dirigiendo una «nueva Inquisición» contra su héroe; otros compararon a Faye con Robespierre. Se escribieron cartas a Le Monde y a La Quinzaine Littéraire cuando aparecieron reseñas favorables del libro.</p>
<p>En respuesta a las protestas, otro grupo de profesores franceses hizo circular (junio 2005) una petición para protestar en contra del intento de ahogar la libertad de expresión de Faye, y exigió información abierta sobre el asunto. Es significativo que el escándalo surgiera en Francia y no en Alemania. Después de la guerra, muchos profesores franceses adoptaron las ideas de Heidegger. En Alemania, por contraste, desde el fin de la guerra ha habido un sólido muro de resistencia en contra de él, y sus ideas y reputación han sido marginadas. Característico de la actitud alemana fue el artículo especial que publicó el periódico Die Zeit (Hamburgo) en 2001, con ocasión del 25 aniversario de su muerte, denunciando aspectos de los contactos del filósofo con el régimen nazi.</p>
<p>En 1945, un tribunal en Alemania investigó a Heidegger y le apartó de su cargo como profesor, al que sin embargo volvería más tarde. La controversia que le rodeaba aumentó después de su muerte, cuando Víctor Farias publicó el libro Heidegger et le nazisme (1987). La mayoría de nosotros, si intentásemos leer las páginas de Ser y tiempo, probablemente estaríamos de acuerdo con la opinión del filósofo británico A. J. Ayer de que la filosofía de Heidegger parece oscura, sin sentido y fundamentalmente «inútil». Sin embargo, Heidegger ocupaba un lugar en el pensamiento europeo. Por tanto, su actitud hacia el totalitarismo también es importante.</p>
<p>El hecho indudable es que tenía una actitud positiva hacia los nazis en 1933-1934, cuando llegaron al poder. Después, parece que modificó su actitud, e incluso (se dice) consideraba aquel periodo como un «error». No obstante, hay dos temas principales que siguen afectando a su reputación y dificultan situarle en la misma categoría que otros pensadores y artistas (como Wagner) que tenían buena reputación en la Alemania fascista, pero que no estaban (¡menos que nadie Wagner, quien murió bastante antes del nacimiento del nazismo!) directamente asociados con el régimen.</p>
<p>Primero, hizo afirmaciones en el periodo de Gobierno nazi que de seguro le comprometían. Algunas de estas afirmaciones se pueden leer en el sólido artículo de Thomas Sheehan, Heidegger and the Nazis, en la New York Review of Books de junio 1988. En 1933, cuando rechazó aceptar un puesto en la Universidad de Múnich, escribió: «Si dejo a un lado razones personales, sé que debería trabajar en la tarea que mejor sirve a la causa de Adolfo Hitler».</p>
<p>Una y otra vez, en varios lugares, repetía su dedicación a la causa nazi. También de forma sistemática mostraba una clara predisposición antisemita, que expresó en varias afirmaciones e incluso en algunos desagradables (pero bien documentados) episodios. Su antisemitismo fue profundo y duradero. Todavía en los años 1950, continuaba expresando alarma por la reanudación de la influencia judía en los departamentos de filosofía de las universidades alemanas. Hasta el día de su muerte, nunca pronunció una sola palabra de crítica al genocidio.</p>
<p>SEGUNDO, nunca condenó de palabra o por escrito los aspectos principales del gobierno nazi, y siguió siendo un miembro del partido nacionalsocialista hasta que el régimen se derrumbó. Después de la guerra, cuando aún le quedaban por vivir más de 30 años, nunca hizo repudio público o privado de su apoyo al nazismo. Esto fue a pesar de que antiguos amigos, incluyendo figuras famosas como Karl Jaspers y Herbert Marcuse, le instasen a hablar en alto sobre los numerosos crímenes perpetrados por el régimen nazi. Heidegger nunca lo hizo. Su silencio sobre el asunto era asombroso, y sus seguidores han escrito mucho intentando defenderle. El silencio, inevitablemente, ha invitado a críticas, y ha inspirado también el intento de Faye de analizar sus ideas para presentar el argumento de que Heidegger compartía muchas de las proposiciones culturales de los dirigentes nazis.</p>
<p>Faye, junto con otros prominentes escritores como Jürgen Habermas, descartan la idea de que las opiniones políticas de Heidegger eran una cosa, y su filosofía otra. Los dos aspectos estaban en estrecha conexión porque, argumentan, su punto de vista filosófico estaba construido de una manera que daba apoyo al nazismo. Existen, como es natural, diferentes opiniones sobre la materia. Una inusual defensora de Heidegger después de la guerra fue Hannah Arendt, quien muchos años antes (en 1924, cuando Arendt tenía 18 años y era alumna del filósofo) había tenido un apasionado romance con él. Nunca hasta el día de su muerte Hannah desertó de esta pasión.</p>
<p>No obstante, el aspecto más curioso de toda la controversia es que muchos otros colegas, que con probabilidad tuvieron acceso a la mente de Heidegger, continuaban dudando de él. El libro de Faye es característico de tales dudas. Es significativo que el malogrado filósofo Emmanuel Lévinas, que pasó algún tiempo en Friburgo con Heidegger, pudiera escribir: «Uno puede perdonar a muchos alemanes, pero hay algunos alemanes que son difíciles de perdonar. Es difícil perdonar a Heidegger.»</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/26616/la-filosofia-y-la-sombra-del-fascismo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La Historia no debe caer en manos políticas</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/26447/la-historia-no-debe-caer-en-manos-politicas/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/26447/la-historia-no-debe-caer-en-manos-politicas/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 25 Aug 2009 13:46:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Comunismo]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=26447</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jonathan Steele</strong>, analista de The Guardian y autor de Soviet Power: The Kremlin&#8217;s Foreign Policy-Brezhnev to Andropov (EL MUNDO, 25/08/09):</p>
<p>A las siete  en punto de la tarde, miembros de las mismas familias y desconocidos se cogieron de las manos entre ellos e invadieron la carretera principal, algunos con banderas, otros con chapas en las solapas en las que se veía la cruz gamada al lado de la hoz y el martillo. Los organizadores aseguraron que había tomado parte en la manifestación un millón y medio de personas aunque, desde donde yo me encontraba situado, en medio de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/26447/la-historia-no-debe-caer-en-manos-politicas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jonathan Steele</strong>, analista de The Guardian y autor de Soviet Power: The Kremlin&#8217;s Foreign Policy-Brezhnev to Andropov (EL MUNDO, 25/08/09):</p>
<p>A las siete  en punto de la tarde, miembros de las mismas familias y desconocidos se cogieron de las manos entre ellos e invadieron la carretera principal, algunos con banderas, otros con chapas en las solapas en las que se veía la cruz gamada al lado de la hoz y el martillo. Los organizadores aseguraron que había tomado parte en la manifestación un millón y medio de personas aunque, desde donde yo me encontraba situado, en medio de un campo de Lituania, en un atardecer bañado por el sol del que el pasado domingo se cumplieron 20 años, el ambiente era tan impresionante como la muchedumbre.</p>
<p>La conciencia de estar plantando cara y la solidaridad eran las sensaciones predominantes, así como el regocijo que muchos exteriorizaban. Para la mayoría de aquellas personas, aquélla era su primera manifestación política. Por todo el territorio de la Unión Soviética y de su imperio de la Europa Oriental surgían protestas públicas en 1989 pero, de golpe y porrazo, el Camino Báltico, como se dio en llamar aquella vasta cadena humana, había dejado atrás a las demás por sus dimensiones y su tranquila dignidad.</p>
<p>La cadena se extendió desde la capital de Estonia, Tallinn, hasta la de Lituania, Vilna, pasando por Riga, la capital de Letonia. Su objetivo era denunciar un hecho que se había producido exactamente medio siglo antes, el pacto Molotov-Ribbentrop, en el que Hitler y Stalin acordaron públicamente no atacarse entre sí, si bien añadían unas cláusulas secretas en las que se repartían la Europa central, lo que sentaba las bases para que los nazis invadieran la Polonia occidental mientras que Stalin se apoderaba de los estados bálticos prácticamente en su totalidad, la parte oriental de Polonia y zonas de Rumanía.</p>
<p>La cadena humana tenía, por encima de todo, la intención de demostrar a Moscú y al mundo la fuerza del movimiento independentista de los países bálticos. No obstante, constituía además una protesta contra la manipulación de la Historia. Las autoridades soviéticas todavía seguían empeñadas en negar la existencia de las cláusulas secretas, aunque habían sido descubiertas por las fuerzas occidentales en Berlín en 1945 y eran sobradamente conocidas.</p>
<p>Poco después del Camino Báltico, Mijail Gorbachov, el dirigente soviético reformista, admitió la cuestión y publicó la versión soviética de los acuerdos. Así y todo, este asunto sigue siendo materia de disputas políticas 20 años después, al ser objeto de conmemoración como consecuencia de una resolución que el Parlamento Europeo aprobó en la primavera pasada para declarar el 23 de agosto en toda Europa el Día del Recuerdo a las víctimas de todos los regímenes totalitarios y autoritarios.</p>
<p>En consonancia con el estilo subrepticio con que se hacen estas cosas en la Cámara, la resolución era una versión suavizada de una declaración que el mismo Parlamento había aprobado en septiembre pasado, en la que se proponía consagrar el 23 de agosto como día de conmemoración de «las víctimas del estalinismo y el nazismo». Los gobiernos de la Unión Europea (UE) toman cada uno por separado la decisión final al respecto y pocos son los que han designado fecha especial el 23 de agosto. Sin embargo, el tema tiene su importancia y pone de manifiesto los esfuerzos ímprobos de muchos políticos bálticos y centroeuropeos por equiparar estalinismo y nazismo o por proclamar que el estalinismo aún era peor. Preocupados en parte por la fortaleza de la que todavía hacen gala antiguos partidos comunistas en esas zonas, esos políticos utilizan la equiparación de nazi con soviético como estratagema para calumniar a cualquier partido de izquierdas (el borrador de resolución fue suavizado por los grupos de izquierda del Parlamento Europeo). Ese mismo recurso es un intento mal disimulado de mantener vivo un recelo extremo, si no una rotunda hostilidad, hacia la Rusia contemporánea.</p>
<p>El pacto Molotov-Ribbentrop dejó claro, sin lugar a dudas, que Stalin era tan cínico como Hitler. Sin embargo, pasar de ahí a equiparar las realizaciones o la ideología de estos dos hombres no se compadece con la realidad. Tampoco tiene en cuenta el hecho de que, después de la muerte de Stalin, la política soviética evolucionó hasta el punto de que la actividad política, y no digamos ya la vida cotidiana de las familias, no estuvo sujeta a ningún tipo de terror arbitrario en las dos décadas bajo mandato de Brezhnev. Los políticos bálticos derechistas tienen cierta razón cuando afirman que el resto de los europeos no estaba al tanto de las deportaciones de masas ordenadas por Stalin desde los países bálticos. Quizás fueran 100.000 las personas enviadas a Siberia con posterioridad a 1939 o cuando el Ejército Rojo derrotó a los nazis y volvió a apoderarse de la zona.</p>
<p>Sin embargo, pensar que los europeos occidentales no sabían nada sobre el gulag implica no tener ni idea de la enorme influencia de Alexander Solzhenitsyn a partir de las traducciones de sus libros a todos los idiomas europeos en la década de los 70.</p>
<p>Siempre hay algo más que aprender y los historiadores siempre están haciendo algún esfuerzo de reinterpretación. Una de las áreas más importantes que todavía está por investigar es el grado de participación de los civiles de cada lugar en los campamentos de exterminio de los nazis en la Europa central. En su obra The Continuities of German History (Lo permanente en la historia de Alemania), el historiador norteamericano Helmut Walser Smith señalaba recientemente el hecho de que la imagen del Holocausto basada en Auschwitz, una imagen sin rostros, de cadena de montaje, de máquina de matar, es una tergiversación. En su mayor parte, los judíos murieron de las formas más arcaicas y primitivas, de tiros disparados desde muy cerca al borde de fosas y zanjas o por inhalación de gases de tubos de escape. De las matanzas eran testigos cantidades muy elevadas de vecinos de cada lugar, que incluso tomaban parte en ellas o que sabían que se producían, así como también alemanes.</p>
<p>En las últimas ediciones de The New York Review of Books, otro historiador estadounidense, Tim Snyder, ha insistido en estos mismos datos al tiempo que ha resumido los estudios más recientes sobre los asesinatos ordenados por Hitler y Stalin. «A finales de 1941, los alemanes (junto con tropas auxiliares locales y soldados rumanos) habían dado muerte a un millón de judíos en la Unión Soviética y los países bálticos. Esa cifra es equivalente al número total de judíos asesinados en Auschwitz durante toda la guerra», ha escrito este historiador. En lo que toca a los números, el historial de Hitler no tiene parangón. Mató a casi el doble de personas que Stalin. Snyder calcula que el número de judíos europeos asesinados por instigación de los alemanes fue de 5,7 millones; el de ciudadanos soviéticos dejados morir de hambre por los alemanes, del orden de cuatro millones, y el de asesinatos de no combatientes en actos de represalia masiva, principalmente como confesos o sospechosos de actividades de resistencia, de 750.000 como mínimo. Stalin acabó con la vida de unos 5,5 millones de ciudadanos soviéticos por hambre y alrededor de 700.000 personas murieron fusiladas en la etapa prebélica conocida como el Gran Terror.</p>
<p>Hay diferencias entre Memoria e Historia, concluía el primer ensayo de Snyder, una puntualización que él mismo tuvo que admitir posteriormente cuando un lector le recordó su error de haberse dejado en el tintero el exterminio de los romaníes o gitanos por Hitler, proporcionalmente casi tan masivo como el de los judíos de Europa. Lo mismo podría decirse en relación con la película de Andrzej Wajda sobre Katyn -el bosque próximo a la ciudad rusa de Smolensko, donde en 1943 se halló una fosa con 10.000 cadáveres de oficiales del Ejército polaco asesinados por los rusos- que en la actualidad se proyecta en Londres, y sobre la forma en que los polacos se vieron obligados a autocensurarse sobre este tema durante décadas. Sin embargo, por importante que sea que se recuerde que fueron las autoridades soviéticas las que hasta 1989 culparon a los nazis de la matanza en 1940 de los oficiales polacos hechos prisioneros, no habría que olvidar en absoluto que en la Operación Tannenberg los nazis habían asesinado a un número comparable de intelectuales polacos apenas unos meses antes.</p>
<p>¿Hay una ética? La conmemoración del pacto Molotov-Ribbentrop que se plasmó en el Camino Báltico lanzó un mensaje muy especial en agosto de 1989, al transgredir un tabú imperante durante 50 años y expresar una exigencia absolutamente generalizada de independencia. Sin embargo, lo que en un momento muy concreto fue lo que había que hacer en una determinada parte de Europa no debería generalizarse para todo el continente con carácter duradero. La Historia es demasiado compleja y sensible para dejarla en manos de los políticos. Primero manipulan los aniversarios, luego eso pasa a los libros de texto y cualquier ocurrencia desafortunada cobra velocidad.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/26447/la-historia-no-debe-caer-en-manos-politicas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La biblioteca del demonio</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/25679/la-biblioteca-del-demonio/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/25679/la-biblioteca-del-demonio/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 03 Jul 2009 21:44:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Bibliotecas]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=25679</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Argullol</strong>, escritor (EL PAÍS, 03/07/09):</p>
<p>Hace años me quedé sorprendido cuando me informaron de que el trazado de las autopistas construidas en Alemania en la época de Hitler, las primeras de Europa, no respondía tanto a criterios económicos cuanto estéticos. Se buscaba, al parecer, que quien viajara por ellas quedara impresionado por la belleza de los paisajes contemplados y, a este respecto, en ocasiones se había sacrificado la funcionalidad del trayecto con tal de conseguir la conmoción visual del transeúnte. Nunca he llegado a saber con certeza si esas informaciones se ajustaban a la realidad, aunque no &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/25679/la-biblioteca-del-demonio/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rafael Argullol</strong>, escritor (EL PAÍS, 03/07/09):</p>
<p>Hace años me quedé sorprendido cuando me informaron de que el trazado de las autopistas construidas en Alemania en la época de Hitler, las primeras de Europa, no respondía tanto a criterios económicos cuanto estéticos. Se buscaba, al parecer, que quien viajara por ellas quedara impresionado por la belleza de los paisajes contemplados y, a este respecto, en ocasiones se había sacrificado la funcionalidad del trayecto con tal de conseguir la conmoción visual del transeúnte. Nunca he llegado a saber con certeza si esas informaciones se ajustaban a la realidad, aunque no me extrañaría a juzgar por ciertos discursos &#8220;artísticos&#8221; de Hitler en los que se exaltaba la necesidad de alcanzar un efecto sublime y se abogaba, muy kantianamente, por el poder desinteresado del arte.</p>
<p>En 1987, con ocasión de la Muestra del Arte Degenerado -conmemorativa de la celebrada 50 años atrás-, asistí en Múnich a una exposición paralela dedicada a aquel arte &#8220;sano&#8221; y &#8220;nacional&#8221; que los jóvenes nazis defendían como alternativa a Picasso, Braque, Cézanne, Kandinsky y demás artistas tenidos por degenerados. Las obras de la exposición paralela eran, como es de imaginar, grandilocuentes y de escaso valor. Con todo, los organizadores tuvieron el acierto de ilustrarlas con las teorías estéticas de Hitler, o al menos firmadas por éste. Junto al desvarío racista aparecían aquí y allá opiniones que encajaban con la leyenda de las primeras autopistas alemanas, y así el conjunto aparecía a los ojos del visitante como un caótico revoltijo de ideas procedentes de la tradición intelectual romántica y de opiniones de una zafiedad sonrojante. Aun dando por sentado que Hitler, en la mayoría de los casos, únicamente firmó los textos que sus asesores redactaron, me quedó la curiosidad de saber cuáles eran realmente los libros leídos por un tipo como Hitler, capaz de alcanzar los extremos que conocemos. Algo ganaríamos, me dije entonces, si alguien hubiera descrito la biblioteca del dictador, quien se ufanaba de ser un lector apasionado desde su época de estudiante medio bohemio en Austria. Sin embargo, por lo que yo creía, la biblioteca de Hitler, formada en efecto por varios miles de volúmenes, a la fuerza debía de haber desaparecido, en gran parte al menos, con la destrucción de la cancillería de Berlín y, sobre todo, del Berghof, su amado refugio alpino cercano a Berchtesgaden. No había sido exactamente así. Recientemente, J. Timothy W. Ryback ha publicado un libro, <em>Hitler&#8217;s Private Library,</em> en el que se reconstruyen las vicisitudes que marcaron la dispersión de la biblioteca de Hitler. Los libros de Berlín, en efecto, han desaparecido. Requisados por las autoridades soviéticas tras la caída de la capital, fueron trasladados a Rusia y no hay noticia alguna sobre ellos. No obstante, una pequeñaparte de la colección del Berghof, pasando de manos de soldados americanos a las de coleccionistas privados, acabó en la Biblioteca del Congreso de Washington. Unos mil títulos entre los que destacan una guía arquitectónica de Berlín que, según Ryback, alimentó los sueños imperiales del dictador en relación con la futura capital alemana, una edición de <em>Tempestades de acero</em> dedicada por su autor, Ernst Jünger, y las obras completas de Fichte -el único filósofo ilustre en la colección- lujosamente encuadernadas en piel, un regalo de la cineasta Leni Riefenstahl.</p>
<p>La pequeña muestra que analiza Ryback se completa con la reedición en el anexo de su libro de una auténtica joya bibliográfica: <em>This is the Enemy,</em> una suculenta descripción de la biblioteca de Hitler realizada en 1942, antes de su dispersión, por tanto, por el periodista americano Frederick Oechsner, corresponsal de la United Press en Berlín. Oechsner da detalles sobre los criterios de Hitler como bibliotecario y sobre la parafernalia que adornaba las estanterías: decenas de fotos dedicadas con los actores y cantantes favoritos, y &#8220;200 fotografías de constelaciones estelares en días importantes de su vida&#8221;. No en vano Hitler era un asiduo consultor de las profecías de Nostradamus.</p>
<p>La clasificación de los libros no es irrelevante. Junto a la abundante presencia de títulos sobre asuntos militares y la curiosa insistencia en temas peculiares, como la cría de caballos, algunas secciones son particularmente elocuentes. Oechsner cita 400 libros dedicados a la Iglesia católica, textos que el bibliotecario Hitler ha entremezclado con obras pornográficas, profusamente anotadas con comentarios groseros. No deja de ser interesante esta asociación entre pornografía y catolicismo en alguien que acarició la idea de fundar una nueva religión. Como interesantes son los casi mil volúmenes de &#8220;literatura popular y sencilla&#8221;, en palabras de Oechsner, conservadas por el fundador de un imperio destinado a durar un milenio. En este grupo destacan las &#8220;novelas del Oeste&#8221; de Karl May y los relatos detectivescos del británico Edgar Wallace, dos autores con gran éxito en aquellos años, sin olvidar el nutrido apartado de novelitas sentimentales, en especial de Hedwig Courts-Mahler, una suerte de Corín Tellado alemana de la época, por lo que cuenta Oechsner.</p>
<p>Ninguna palabra, en cambio, sobre autores literarios de más envergadura. Por lo que deducen el historiador Ryback en su reciente <em>Hitler&#8217;s Private Library</em> y el periodista Oeschsner en 1942, el Führer nunca estuvo demasiado atento a lecturas de fuste, si bien tenía mucho interés en mostrarse ante sus allegados como un hombre forjado culturalmente a sí mismo, autodidacta, que nunca necesitó de los circuitos académicos, en los cuales, como es sabido, había sido rechazado durante sus años vieneses. No podemos saber si Hitler se sumergió en las obras completas de Fichte que le regaló Leni Riefenstahl -ni siquiera si las hojeó en alguna hora perdida entre mitin y mitin-, pero llama la atención que no aparezcan por ningún lado los muy manipulados Nietzsche y Schopenhauer, supuestos filósofos de cabecera. En cuanto a poetas y novelistas, el único de relieve es Jünger, en cuyo libro <em>Tempestades de acero,</em> Hitler ve un modelo para sus propias memorias de la Primera Guerra Mundial, obra que nunca llegó a escribir.</p>
<p>No hay que descartar que el Führer leyera a otros autores de importancia, pero parece claro que en la balanza de sus lecturas el platillo de las obras cultas pesa mucho menos que el de la &#8220;literatura popular y sencilla&#8221;. Queriendo emular en muchos aspectos a Napoleón, no es probable que Hitler hubiera pensado en un Goethe de su tiempo al que informar que había leído devotamente como aquél hizo con el autor de <em>Werther</em>.</p>
<p>Si los informes sobre su biblioteca son representativos de su sensibilidad literaria, no hay duda de que los gustos de Hitler eran más bien toscos y apenas guardan relación con la retórica culta incluida en sus discursos oficiales sobre el arte. Naturalmente que el dictador posee en sus estanterías los clásicos del racismo, desde los textos de Chamberlain hasta el panfleto de Henry Ford, el empresario norteamericano, sobre la conspiración judía internacional. Pero fuera de los capítulos del racismo y de la historia militar, la biblioteca hitleriana nos muestra a un lector, o a un coleccionista de libros, más atento a los subproductos intelectuales que a la tradición cultural europea, incluida aquella susceptible de ser tergiversada ideológicamente por el nazismo.</p>
<p>Así, fantasmagóricamente, la imagen de la biblioteca de Hitler se nos aparece entre dos fuegos: por un lado, la hoguera de un mundo incendiado por la guerra, y, por otro, la hoguera de los miles de libros quemados por sus secuaces, correspondientes a autores que obviamente no se vislumbraban en las estanterías del dictador. Y entre ambas hogueras podemos imaginarnos al lector Hitler descansando por unos minutos de sus planes grandiosos mientras se dirige a esta parte de la biblioteca donde las obras pornográficas coexisten con las católicas o a aquella otra en la que releerá, una vez más, una de esas historietas de amor de Hedwig Courts-Mahler que a punto están de hacerle llorar.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/25679/la-biblioteca-del-demonio/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Anne Frank&#8217;s Unstilled Voice</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/25638/anne-franks-unstilled-voice/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/25638/anne-franks-unstilled-voice/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 30 Jun 2009 20:57:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[II Guerra Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=25638</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>George Stevens Jr.</strong>, a filmmaker, author and playwright who received the Distinguished Advocate Award this month from the Anne Frank Foundation (THE WASHINGTON POST, 30/06/09):</p>
<p>Anne Frank would have celebrated her 80th birthday this month. The diary she wrote as a teenager in a cramped Amsterdam attic lives in the hearts of readers across the world. Her story has been a continuing inspiration to many and made her one of the most enduring voices of World War II.</p>
<p>I became connected to her story 50 years ago, when my father asked me to be associate producer of &#8220;The &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/25638/anne-franks-unstilled-voice/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>George Stevens Jr.</strong>, a filmmaker, author and playwright who received the Distinguished Advocate Award this month from the Anne Frank Foundation (THE WASHINGTON POST, 30/06/09):</p>
<p>Anne Frank would have celebrated her 80th birthday this month. The diary she wrote as a teenager in a cramped Amsterdam attic lives in the hearts of readers across the world. Her story has been a continuing inspiration to many and made her one of the most enduring voices of World War II.</p>
<p>I became connected to her story 50 years ago, when my father asked me to be associate producer of &#8220;The Diary of Anne Frank,&#8221; the first American motion picture to deal with the Holocaust. He and I flew to Munich in May 1957 to begin our research. This was my father&#8217;s first time in Europe since his service as a lieutenant colonel in charge of a combat motion picture unit photographing the war in Europe. It was a rare opportunity for a son to relive his father&#8217;s war.</p>
<p>We rented a car in Munich and drove to the small town of Dachau, where we viewed the remnants of the concentration camp that Hitler established in the 1930s. That camp operated until it was liberated in April 1945 by U.S. Army units that included my father&#8217;s. What those troops found at Dachau, and what my father filmed, were scenes of unimaginable horror. That film became a permanent record of what had happened there, making it difficult in later years to deny Hitler&#8217;s ravages with any credibility. I snapped a photograph of my father in a tan raincoat standing in the doorway of a building with the word &#8220;Brausbad&#8221; &#8212; &#8220;shower bath&#8221; in German &#8212; written on its pediment. The expression on his face made clear the memories that this grim facility evoked.</p>
<p>We went on to Normandy on the French coast. We walked the D-Day beaches and drove through the hedgerow country where the Americans broke a fierce German resistance. He said then that he realized that at the time of the Battle of the Bulge, he was within a few hundred kilometers of Anne Frank.</p>
<p>Next we went to Amsterdam to meet Anne Frank&#8217;s father. Otto Frank was a tall, dignified man in his late 60s who welcomed us warmly to his modest office. He was an officer in the German army during World War I but left Germany with his family after Hitler came to power. He and his wife raised their two daughters, Anne and Margot, in Amsterdam, where he managed a small but thriving spice factory. In July 1942, as persecution of Jews in the Netherlands intensified, Otto Frank decided to take his family into hiding in the top-floor attic of the spice factory, a setting that Anne referred to as the Secret Annex.</p>
<p>The Franks lived there with another family until they were discovered by the Gestapo in 1944 and transported to concentration camps. Anne Frank and her sister died of typhus at Bergen Belsen in March 1945, a few weeks before British troops liberated the camp. Otto Frank and his wife, Edith, were sent to Auschwitz, where he came close to death but survived. Edith died at Auschwitz.</p>
<p>We spoke for a few minutes before Mr. Frank pulled open a filing-cabinet drawer and removed an object carefully wrapped in cloth. After placing it on the table, he unfolded the cloth and there before us was a small book with a red-and-white plaid cover. This was the diary his daughter had written in her own distinctive hand and illustrated with photos and newspaper clippings while the family was hiding in the Secret Annex.</p>
<p>Mr. Frank was composed. He said he wanted to do everything possible to help my father make a film that was true to the experience &#8212; and he invited us to go with him to the spice factory at 263 Prinsengracht. The three of us entered the four-story building at the center of a block of rowhouses overlooking a canal. The building was empty and had been out of use for some time. We climbed the stairway until we were in the fourth-floor rooms where the families had hidden. Otto Frank described the <a href="http://www.annefrank.org/content.asp?pid=111&amp;lid=2">day</a> the Gestapo broke through the bookcase door that concealed the entrance. It was determined later that Gestapo Oberscharfuhrer Karl Silberbauer was the man in charge. He snatched Mr. Frank&#8217;s briefcase and emptied the contents on the floor. He gathered up the silverware and a Hanukkah menorah and left behind papers and other contents as they herded the two families down the stairs.</p>
<p>Anne&#8217;s diary remained on the floor.</p>
<p>On that day the normally efficient German war machine failed. Silberbauer left behind evidence &#8212; a document that would one day make Anne Frank&#8217;s voice and spirit an important part of world literature, a voice for humanity and tolerance. Her memory became an enduring presence that would grow in importance as the once-powerful voice of Adolf Hitler faded into ignominy.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/25638/anne-franks-unstilled-voice/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¿La venganza puede ser bella?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/25360/la-venganza-puede-ser-bella/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/25360/la-venganza-puede-ser-bella/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 06 Jun 2009 18:28:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=25360</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 06/06/09):</p>
<p>Tenía por nombre Eliahu Itzhovitch, lo que nos acerca a algunos rasgos obvios de su tejido familiar. Rumano y judío. Debía de haber nacido hacia los años treinta, es decir cuando su país vivía el borrascoso periodo de la efervescencia fascista, con la Guardia de Hierro de Codreanu y Horia Sima, tan cara entonces a personajes importantes de nuestra cultura como Cioran y Mircea Eliade. Tratándose de un niño judío no debió de serle fácil aquel ambiente de pogromo permanente que para él y su familia desembocó en la dictadura del mariscal Antonescu y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/25360/la-venganza-puede-ser-bella/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gregorio Morán</strong> (LA VANGUARDIA, 06/06/09):</p>
<p>Tenía por nombre Eliahu Itzhovitch, lo que nos acerca a algunos rasgos obvios de su tejido familiar. Rumano y judío. Debía de haber nacido hacia los años treinta, es decir cuando su país vivía el borrascoso periodo de la efervescencia fascista, con la Guardia de Hierro de Codreanu y Horia Sima, tan cara entonces a personajes importantes de nuestra cultura como Cioran y Mircea Eliade. Tratándose de un niño judío no debió de serle fácil aquel ambiente de pogromo permanente que para él y su familia desembocó en la dictadura del mariscal Antonescu y la adhesión a la Alemania nazi. Poco importa la historia en este caso; hizo las veces de telón de fondo en una tragedia que abarcó a una familia, un puñado de nombres que no cabe meter en la estadística mortuoria. La palabra genocidio ha perdido su fuerza porque se ha vulgarizado tanto que cualquier simple apela a ella como mantra de su pereza mental, y así resulta que toda represión parece ejercicio de genocidas, y el exterminio masivo y manifiesto se achica y vulgariza. Cada vez que se pronuncia la expresión &#8220;genocidio cultural&#8221; debería pagarse un canon por trivializar el crimen.</p>
<p>Eliahu Itzhovitch, rumano y judío, tenía diez años cuando deportaron a toda su familia. Probablemente los llevaron a aquellos campos de concentración de tránsito que se improvisaron en las zonas de dominación del III Reich, auténticos apeaderos asesinos, donde se les preparaba para el largo viaje hacia los grandes centros de tortura y muerte. O quizá fueron sencillamente, si es que puede utilizarse esta palabra, detenidos en su propio pueblo y puestos bajo la férula de la soldadesca colaboracionista. Lo único que sé es que Eliahu Itzhovitch estaba presente cuando mataron a su madre, a su padre y a sus tres hermanos. No se lo contaron, ni les reconoció cuando estaban ya muertos. Él estaba allí y lo vio con sus propios ojos. Los tuvo delante y presenció cómo una misma persona los iba matando, uno a uno. A cualquier edad eso te cambia la vida. Desde entonces hay un antes y un después, o quizá ni eso, porque todo se convierte en algo borroso salvo esos instantes, sucesivos, de ver morir a tu madre, a tu padre y a tus tres hermanos. Esa fulminante morosidad del dolor. El crimen supremo, que no me cuesta imaginar que debe consistir en presenciar el asesinato de los que más amas. Ni siquiera saber que los van a matar y que tú no puedes remediarlo sino que estás delante, que lo vas a presenciar y que debes correr porque el último vas a ser tú. Es el único privilegio que te concede el destino, que al ser el más pequeño te regalan unos minutos más de vida. Pero hay algo más que es preciso subrayar.</p>
<p>El crimen vulgar e incluso el crimen mafioso se ejecutan mudos y rápidos porque lo importante es dejar constancia de la muerte, de la liquidación. Tiene que quedar patente el carácter irreversible del crimen. Por eso insisten siempre en rematarlos, para garantizar que están &#8220;bien muertos&#8221;, que son irrecuperables. Sin embargo el crimen político, aquel que se realiza por razones raciales, patrióticas o ideológicas, exige, cuando se ejecuta con impunidad, una cierta prepotencia verbal. Necesita del discurso. Por más zafio que sea, siempre hay discurso. Basta una frase, un improperio, un insulto, una blasfemia.</p>
<p>Los asesinatos políticos parecen demandar al criminal que les ponga un imperdible con el lema. Es su modo de dejarlos &#8220;bien muertos&#8221;.</p>
<p>No creo que haya ni un solo liquidado en las cunetas o los paredones de nuestra guerra incivil que no haya sido rematado con una palabra despreciable. No sé cuáles debieron ser las que oyó Eliahu Itzhovitch, o si llegó a oírlas mientras huía, pero de seguro que no las necesitó para que le quedaran fijos, grapados &#8211; de grapa-en su memoria, los interminables instantes de la muerte. Primero el padre, luego la madre &#8211; en los crímenes políticos, los hombres siempre van delante-y por último los chavales, de mayor a menor. Así es el ritual. Lo cumplió uno de esos fascistas locales que al fin había conseguido la máxima categoría que se le concede a un verdugo voluntario: la posibilidad de decidir sobre la vida de los demás. Pongamos que se llamaba Roman, un nombre común entre la ciudadanía rumana.</p>
<p>Con diez años y te han cambiado la vida. Te la han cambiado tanto que a punto has estado de perderla. Eliahu consiguió huir y vagar por esos mundos dantescos que son los territorios de las guerras para los niños huérfanos. Lo recogió una familia cristiana. Con ella vivió en la Rumanía de posguerra, primero corrupta monarquía y luego brutal República Popular bajo control soviético. Aunque la información de que dispongo señala que emigró a Israel en 1952, debe tratarse de un error. A menos que consiguiera escapar no creo que fuera posible abandonar Rumanía, ni a Israel ni a ninguna parte, hasta después de marzo del 53 que murió Stalin. Pero da lo mismo. Eliahu Itzhovitch llega a Israel y lo incorporan al ejército. Es entonces cuando tiene noticia de que Roman, el hombre que mató a los suyos, ha logrado sobrevivir a todo y se ha enrolado en la Legión francesa. ¿Cómo le llegó el soplo a Eliahu? ¿Una carta desde su pueblo? ¿Alguna confidencia de otro paisano rumano y judío? Caben todas las posibilidades de la imaginación, pero todas muy sencillas; nada de grandes operaciones de servicios de espionaje, ni de cazafascistas con sede en Viena. Nadie sería capaz de seguir a Roman, un fascista de menor cuantía, si no fuera por la ansiedad de liquidarle. Mientras él esté vivo, Eliahu no tiene vida más que para eso. Como si necesitara matarlo para poder sentir que tiene derecho a vivir. No es una obligación, pero se parece mucho a una necesidad.</p>
<p>El ejército de tierra israelí ofrece pocas posibilidades de viajar, por eso solicita cambiar de cuerpo y se hace marino. Deserta, cruza Italia y llega a Francia. Ahora ya es posible inscribirse en la Legión francesa, allí donde puede encontrar a Roman. ¡Menudo sitio, la Legión Extranjera de los años 50! Indochina, destino obligado. El ejército colonial francés es derrotado por los vietnamitas en Dien-Bien-Phu. ¿Fue entonces cuando encontró Eliahu Itzhovitch a Roman? Era el año 1954 y debió de pasar algún tiempo hasta que consiguió que le destinaran en la misma compañía. ¿Se conocieron? No es probable que el verdugo recordara a quien apenas era un niño. Lo que sí es seguro es que el rostro de Roman estaba grabado a buril, imborrable, en la mente de Eliahu.</p>
<p>Ya estaban juntos. Ahora les tocaba a ellos matar vietnamitas. O morir en la más estúpida de las guerras que es la que haces cuando no te queda otro remedio que aceptar tu muerte. Es sabido que los verdugos no se suicidan si pueden evitarlo. En general tienden a convertirse en soldados de fortuna, que es una fórmula que sirve lo mismo para un mercenario que para un sicario o un guardaespaldas. Ahora se trataba de encontrar el momento idóneo para ejecutarlo. ¿Qué lugar más adecuado que el frente de combate para liquidar a un compañero? Es un territorio donde se mata por obligación y nadie pregunta de dónde vino el tiro.</p>
<p>No cabe ningún tipo de piedad; ni el tipo la alimenta, ni el lugar la consiente. ¿Emoción? Quizá, pero sobre todo ansiedad. No creo que provocada por encontrarse a Roman sino porque después de tanta peripecia había llegado el momento de no fallar, de no errar el tiro, de no descubrirse y que se le fuera la presa. Nada que ver con la satisfacción del cazador, aquí estamos hablando de algo íntimo, nada generalizable. Eliahu Itzhovitch tenía una familia y en esa familia había un padre, una madre y tres hermanos, y dejó de tenerla porque un día Roman decidió matarlos &#8211; no importa que le hubieran dado una orden, o no-el que los asesinó fue él y con toda seguridad se tomó su tiempo y dijo sus palabras de desprecio antes de descerrajarles unos tiros. No hay disculpa posible y por eso lo ha buscado desde entonces para cumplir una necesidad imperiosa, aplastante. La evidencia de que él no podría vivir mientras supiera que Roman seguía vivo e impune. &#8220;Lo maté como merecía&#8221;, dijo a los jueces. Había abandonado la Legión francesa y vuelto a Israel. El tribunal lo condenó sólo a un año de prisión impresionado por la gesta. Hay jueces que incluso son personas. Lo leí en un periódico francés en el 50. º aniversario del suceso.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/25360/la-venganza-puede-ser-bella/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Las víctimas al trasluz del Holocausto</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/25039/las-victimas-al-trasluz-del-holocausto/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/25039/las-victimas-al-trasluz-del-holocausto/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 12 May 2009 19:36:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>
		<category><![CDATA[Víctimas terrorismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=25039</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Martín Alonso</strong> (EL CORREO DIGITAL, 12/05/09):</p>
<p>El pensamiento europeo del siglo XX, en particular el relacionado con la experiencia del nacionalsocialismo, puede arrojar luz sobre las vivencias de las víctimas del terrorismo en el País Vasco en el pasado y en el presente. El exilio, la persecución, la deshumanización, el estigma, la agresión contra la integridad, las heridas de la identidad, la invisibilidad o el desamparo son elementos reconocibles en nuestro propio espacio. Tales prácticas, inequívocamente totalitarias, arrancan de un presupuesto común: hacen superfluos a los seres humanos.</p>
<p>En el &#8216;I Encuentro sobre memoria y víctimas del terrorismo&#8217;, celebrado &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/25039/las-victimas-al-trasluz-del-holocausto/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Martín Alonso</strong> (EL CORREO DIGITAL, 12/05/09):</p>
<p>El pensamiento europeo del siglo XX, en particular el relacionado con la experiencia del nacionalsocialismo, puede arrojar luz sobre las vivencias de las víctimas del terrorismo en el País Vasco en el pasado y en el presente. El exilio, la persecución, la deshumanización, el estigma, la agresión contra la integridad, las heridas de la identidad, la invisibilidad o el desamparo son elementos reconocibles en nuestro propio espacio. Tales prácticas, inequívocamente totalitarias, arrancan de un presupuesto común: hacen superfluos a los seres humanos.</p>
<p>En el &#8216;I Encuentro sobre memoria y víctimas del terrorismo&#8217;, celebrado recientemente en Bilbao, ha quedado de manifiesto, como una de las principales aportaciones del pensamiento sobre el Holocausto, la que se refiere al valor moral de la víctima y a la consiguiente obligación de las sociedades concernidas de hacerse cargo de las implicaciones que de ello se derivan. En su misma concepción, la discusión sobre las víctimas del terrorismo desde el espejo del holocausto lleva implícita la finalidad de ensanchar el espacio simbólico de las víctimas y, por tanto, de disponer un entorno de reconocimiento de su dignidad moral. Este reconocimiento debe expresarse singularmente en la tarea de contar con las víctimas, de que sean consideradas siempre como fines.</p>
<p>La reflexión sobre el nazismo impone una exigencia lógica, la asunción de una delimitación clara entre las figuras de la víctima y del victimario; de ello se desprende el compromiso de las instituciones políticas y de la sociedad en general de condenar categóricamente la violencia ejercida contra las víctimas, sin atenuantes ni subterfugios sustentados en la neutralidad o la equivalencia. Esta desautorización incondicional de la violencia se inscribe en un plano transversal, en cuanto prepolítico o prepartidario, y es compatible con todas las preferencias ideológicas, políticas o partidarias que asuman el presupuesto moral básico enunciado de la denuncia categórica e incondicional de la violencia.</p>
<p>Entre las dimensiones del reconocimiento figura en lugar destacado la que se refiere a la contribución de la sociedad para que la víctima pueda reconfigurar una memoria y construir un relato que ayude a restaurar su dignidad violentada. La justicia, en cuanto opuesta a la impunidad, es una condición básica al respecto. A la sociedad corresponde el mantener viva la memoria de la ignominia como correlato del reconocimiento debido y como señal de la frontera moral que separa a las víctimas de los perpetradores. El paradigma del fundamentalismo étnico del nazismo permite concebir a las víctimas como un patrimonio colectivo, como una lección permanente de las derivas a las que ninguna sociedad puede sucumbir so pena de destruir los valores éticos y cívicos fundamentales. Es la lección del &#8216;Nunca más&#8217;.</p>
<p>Los supervivientes del nazismo se encontraron con el sufrimiento añadido de no ser en muchos casos bien recibidos al volver de los campos. No son la excepción aquellas víctimas del terrorismo que después de haber perdido a sus seres queridos siguen siendo objeto de diversas formas de estigmatización, por no hablar del reconocimiento antagónico de los victimarios, que renueva constantemente su dolor. De aquí se desprende una exigencia social imperiosa dirigida a eliminar cuanto antes y de forma terminante todas las prácticas de acoso, humillación, estigmatización, en definitiva, de atentados a su dignidad, como modo de ejercitar lo que se ha denominado justicia comunitaria. Si los supervivientes del nazismo se impusieron la obligación de testimoniar sobre lo pasado para combatir a negacionistas y revisionistas, aquí el compromiso del testigo no se reduce al deber de memoria sino que es militante y social; y no debe ser tarea de las víctimas sino principalmente de los agentes políticos, de las organizaciones cívicas y de la sociedad en su conjunto.</p>
<p>Los pensadores examinados en este Encuentro -Jean Améry, Hannah Arendt, Walter Benjamin, Primo Levi, Paul Ricoeur y Joseph Roth- se inscriben en las dos constelaciones comprometidas: la de los supervivientes y de los que se vieron forzados al exilio, pero también la de quienes, sin riesgo directo de sus vidas, se impusieron la tarea de indagar sobre la naturaleza de las ideologías totalitarias o de subrayar el deber de memoria respecto a lo ocurrido y las obligaciones para con las víctimas. Resulta inexcusable, desde la perspectiva del encuentro, mencionar las constelaciones que albergaron contribuciones intelectuales de muy otra especie: en primer lugar, la de quienes oficiaron de apóstoles del nazismo -cuyos homólogos son hoy estadísticamente insignificantes en el escenario vasco- y, luego, la muy abultada, en los dos supuestos, que alberga a quienes se instalan en la ceguera más o menos voluntaria, la indiferencia acomodaticia y un silencio protector frente a los rigores del miedo. El espejo del Holocausto muestra que la inhibición y la indiferencia constituyen actitudes incompatibles con la dignidad de las víctimas.</p>
<p>La reflexión sobre el nazismo ha puesto de manifiesto que el discurso fanático y sectario daña directa y principalmente a las víctimas, pero afecta subsidiariamente al tejido social completo en el que tienen lugar los procesos de deshumanización consiguientes, por lo que comporta de degradación ética del entorno en su conjunto. Como en todos los casos en que se hacen presentes, las prácticas de terror acaban quebrando la fábrica misma de la sociedad y degradando los soportes cívicos del comportamiento colectivo. La presencia de víctimas, amenazados y perseguidos es sentida como un baldón en todas las situaciones de esa naturaleza, pero especialmente en la de aquellas sociedades avanzadas, con un alto nivel de bienestar y con una conciencia del valor de los derechos humanos; esto último da cuenta de la incomodidad que genera la visión de la imagen propia reflejada en el espejo oscuro del nacionalsocialismo. Sin embargo, la vergüenza social no importa tanto en cuanto exponente de una afectividad negativa incapacitante, como cuanto estímulo y acicate para un trabajo cabal por la justicia y la paz inspirado en la solidaridad con las víctimas. Aquí encontrará un nuevo punto de apoyo el impulso de una acción colectiva reflexiva y decidida, para hacer frente a la persistencia del mal entre nosotros y para poner de relieve la responsabilidad moral de aquellos discursos y actitudes que no son consecuentes con el compromiso derivado del estado de cosas que acompaña a las prácticas de victimización.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/25039/las-victimas-al-trasluz-del-holocausto/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La Resistencia y Hollywood</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/24328/la-resistencia-y-hollywood/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/24328/la-resistencia-y-hollywood/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2009 21:24:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=24328</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ludger Mees</strong>, catedrático de Historia Contemporánea de la UPV-EHU (EL CORREO DIGITAL, 21/03/09):</p>
<p>Fue Bertolt Brecht quien dejó escrita en su día la constatación «Pobre el país que necesita héroes». Y, efectivamente, la Alemania de hace ahora 65 años era un país pobre y desdichado que urgentemente necesitaba un héroe que acabara con la dictadura, el holocausto y la guerra, salvando así la vida de millones de personas. Necesitaba un héroe que finalizara con éxito lo que el carpintero comunista Georg Elser ya había intentado en noviembre de 1939: depositó una bomba en la cervecería &#8216;Bürgerbräukeller&#8217; de Múnich &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/24328/la-resistencia-y-hollywood/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ludger Mees</strong>, catedrático de Historia Contemporánea de la UPV-EHU (EL CORREO DIGITAL, 21/03/09):</p>
<p>Fue Bertolt Brecht quien dejó escrita en su día la constatación «Pobre el país que necesita héroes». Y, efectivamente, la Alemania de hace ahora 65 años era un país pobre y desdichado que urgentemente necesitaba un héroe que acabara con la dictadura, el holocausto y la guerra, salvando así la vida de millones de personas. Necesitaba un héroe que finalizara con éxito lo que el carpintero comunista Georg Elser ya había intentado en noviembre de 1939: depositó una bomba en la cervecería &#8216;Bürgerbräukeller&#8217; de Múnich donde Hitler celebró con toda la plana mayor del Partido Nacionalsocialista el aniversario de su fallido golpe de Estado de 1923. El dictador se salvó de milagro pues había abandonado el local diez minutos antes de la detonación. Su autor fue capturado, encerrado y torturado en el campo de concentración y ejecutado años más tarde en 1945, pocos días antes del suicidio del propio Hitler.</p>
<p>El atentado del 20 de julio de 1944, perpetrado por el teniente coronel de la Wehrmacht conde Claus Schenk Graf von Stauffenberg como brazo ejecutor de un grupo de altos mandos militares opuestos a Hitler, tuvo un desenlace similar: el dictador se salvó por un cúmulo de circunstancias fortuitas -la reunión se celebró en una sala con las ventanas abiertas por el gran calor, y no en el búnker como estaba previsto-, el golpe de Estado fracasó y sus responsables fueron descubiertos, detenidos y ejecutados. El monstruo del nacionalsocialismo alemán, fuertemente herido y debilitado después de la derrota de Stalingrado, pudo prolongar su agonía durante casi un año más, devorando todavía la vida de millones de ciudadanos en las trincheras, los campos de concentración o en la retaguardia. En este dramático contexto del sangriento fin de la guerra, la gesta de Stauffenberg adquiere un significado todavía más singular y heroico que la intentona de Elser. Por ello, Alemania cada 20 de julio rinde homenaje a Stauffenberg y sus compañeros recordándoles como unos de los pocos alemanes que osaron oponerse a la dictadura pagando por su coraje y valentía con la muerte.</p>
<p>Ahora el director americano Bryan Singer ha descubierto la figura del teniente coronel alemán para rodar el primer filme de Hollywood sobre la resistencia alemana contra la dictadura nacionalsocialista. Nada menos que Tom Cruise ha sido el elegido para dar vida cinematográfica al malogrado conde alemán. Los guionistas Christopher McQuarrie y Nathan Alexander, además de insistir en rodar en los lugares originales en Berlín, se dejaron asesorar por el historiador germano-canadiense Peter Hoffmann, uno de los mejores conocedores de Stauffenberg y de la historia de la Resistencia. Todo estaba preparado, pues, para la realización de una gran película taquillera. De hecho, la taquilla sí parece funcionar: en Estados Unidos, donde la película lleva más tiempo en la cartelera que en Europa, ha recaudado ya más de 75 millones de dólares.</p>
<p>Y, efectivamente, &#8216;Valkiria&#8217; no es una mala película. Pese a que Cruise no convence en su papel, la mayoría de los demás actores hacen muy creíbles sus respectivos personajes. Los guionistas han hecho un buen trabajo de reconstrucción histórica: buena parte del filme se parece casi a un documental que refleja el desarrollo de los hechos fielmente hasta en los detalles, sin que por ello la narración y el suspense pierdan intensidad y ritmo. Su punto culminante son, sin duda, las dramáticas horas siguientes al atentado hasta el aborto definitivo del golpe de Estado por las fuerzas fieles al régimen, facilitado también por la deserción a última hora de una de las personas claves, como el mayor Remer, quien, cuando iba a detener a Goebbels, cambió de parecer tras escuchar la voz de Hitler por teléfono.</p>
<p>Sin embargo, el filme de Singer no es una buena película porque, pese a la labor de los guionistas y su asesor, desde el punto de vista histórico adolece de un defecto grave: nos presenta a un héroe tan plano, tan bueno, tan admirable y tan ejemplar que el Stauffenberg de Cruise se convierte al final en una caricatura simplista del personaje original, mucho más complejo, mucho más contradictorio de lo que Cruise y Singer lo sugieren. Fiel a los detalles, el contexto en el que Stauffenberg y sus conspiradores actuaron, sus ideales, sus motivos y sus proyectos de futuro quedan tan cepillados que lo que se ve en la cinta son muchos árboles, pero no el bosque.</p>
<p>Para empezar, nada se cuenta del pasado de Stauffenberg. Como muchos intelectuales de origen aristocrático aborrecía la República de Weimar, el parlamentarismo y los partidos políticos. Frecuentaba el círculo en torno al poeta Stefan George, quien abogaba por la superación del materialismo weimariano y la recuperación de la verdadera espiritualidad germánica a través de la restauración de los valores y sistemas políticos medievales en un Imperio Alemán que llevaría la cultura y civilización al resto de los pueblos europeos. Antes de la Machtergreifung (toma de poder) de Hitler, Stauffenberg creía reconocer en el carismático líder y su movimiento el instrumento adecuado para lograr la revitalización espiritual de Alemania, para lo que compartía también la idea sobre la necesidad de la eliminación de la influencia judía en la raza alemana, aunque se oponía al empleo de la violencia en esta tarea. Su apoyo abierto a la elección de Hitler como presidente del Imperio en 1932 y su participación en la gran manifestación en la noche del 30 de enero de 1933 tras el nombramiento de Hitler como canciller fueron actos coherentes con su pensamiento político. Todos estos antecedentes, imprescindibles para conocer el personaje del conspirador, son silenciados en la película.</p>
<p>En el trascurso de la guerra, empero, pronto las creencias y convicciones morales de Stauffenberg -un &#8216;mix&#8217; de humanismo cristiano, sentido de honor aristocrático-militar, admiración por la Grecia clásica y la poesía romántica alemana- entraron en contradicción con la cruda realidad de un régimen totalitario, cuya máquina militar y represiva no conocía límite alguno en su alocada carrera por la conquista y sumisión del resto del mundo. Definitivamente, su presencia en el frente del Este le permitió observar in situ los crímenes cometidos por los militares alemanes y consolidar su convicción de que Hitler estaba traicionando los valores no sólo del Ejército alemán, sino al pueblo alemán en general. Había llegado la hora de recuperar la buena reputación de los militares y, por ende, de todos los alemanes.</p>
<p>Sin embargo, Stauffenberg no tenía una idea clara sobre cuál iba a ser la alternativa al régimen nacionalsocialista. Por ello, la escena en la película en la que se reúne por primera vez con los otros altos mandos militares, que aparecen viejos y atontados (Beck, Goerdeler, Von Witzleben y otros), para discutir sobre el golpe y la Alemania post-Hitler, se desarrolló en realidad de forma muy diferente: no fue el joven Stauffenberg quien tuvo que aclararles cómo actuar y para qué, sino que él llegó como novato a un círculo de militares veteranos que, como Beck o Goerdeler, llevaban ya años pensando y preparando un golpe de Estado. Lo que faltaba era simplemente el hombre dispuesto a asumir la responsabilidad personal de ejecutar el plan de matar a Hitler. Tras la eliminación del dictador, a través de la movilización del ejército de reserva y de los contingentes militares comandados por alguno de los conspiradores, había que neutralizar las estructuras del partido, de la Gestapo y de las SS para, a continuación, instalar un gobierno de transición cuya máxima prioridad sería negociar con los aliados el fin inminente de la guerra, evitar una capitulación incondicional y defender la integridad de un Estado alemán en las fronteras de 1914, incluidos el país de los sudetes o Austria.</p>
<p>Como se ve, Stauffenberg y sus colegas seguían siendo nacionalistas alemanes que no veían con malos ojos la idea del expansionismo militar de Hitler, pero se oponían a sus consecuencias inhumanas (holocausto y masacres) y su estrategia contraproductiva (acumulación de demasiados frentes simultáneos). Además, existe un amplio consenso entre los historiadores a la hora de constatar que, si bien Stauffenberg y los hombres de la &#8216;Operación Valkirira&#8217; eran abnegados y valientes activistas antifascistas, no por ello eran también demócratas: demasiado pesaban sus aversiones contra el parlamentarismo, los partidos políticos y la &#8216;mentira de la igualdad&#8217; (cf. el juramento de los conspiradores) como para poder imaginarse el futuro de Alemania como una democracia parlamentaria, tal y como a partir de 1949 iba a regir al menos en una parte del -entonces dividido- país.</p>
<p>Concluyendo, y volviendo a las palabras de Brecht, Stauffenberg era sin duda el héroe que Alemania -y el mundo- necesitaban en 1944, y habrían necesitado mucho antes. Sin embargo, fue un héroe humano, complejo y contradictorio, no el héroe unidimensional y plano de Singer y Cruise. Como héroe humano debe ser recordado y homenajeado, también en el cine. Sólo el hecho de haber sido uno de los pocos opuestos a la locura colectiva de la inmensa mayoría de sus compatriotas y haber arriesgado y pagado con su vida justifican este tratamiento. Su memoria, empero, no puede ser mutilada por las exigencias cinematográficas de construir un héroe inmaculado, impecable, la encarnación del bien, el protagonista con el que cualquiera pueda identificarse. Además de no ser justos con la persona y la trayectoria de Stauffenberg, tampoco lo seríamos con nuestra democracia parlamentaria, que tiene otras raíces.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/24328/la-resistencia-y-hollywood/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Negacionismo e integrismo católico</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/24186/negacionismo-e-integrismo-catolico/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/24186/negacionismo-e-integrismo-catolico/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 07 Mar 2009 12:05:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=24186</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Joan Anton Mellón</strong>, catedrático de Ciencia Política de la UB (EL PERIÓDICO, 07/03/09):</p>
<p>El 20 de enero de 1942 se celebró en Berlín una conferencia de jerarcas nacionalsocialistas, presidida por Eichmann y Heydrich, sobre el <em>problema</em> judío. Allí se decidió la denominada solución final sobre la cuestión judía. Un planificado programa de exterminio industrial masivo que fue aplicado a semitas, gitanos, discapacitados, población civil de países ocupados, prisioneros de guerra, delincuentes comunes, homosexuales y disidentes políticos y religiosos. Alemania, entre 1942 y 1945 se convirtió en un Estado genocida que asesinó de múltiples maneras &#8211;gaseamiento, fusilamientos, trabajos forzados&#8211; &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/24186/negacionismo-e-integrismo-catolico/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Joan Anton Mellón</strong>, catedrático de Ciencia Política de la UB (EL PERIÓDICO, 07/03/09):</p>
<p>El 20 de enero de 1942 se celebró en Berlín una conferencia de jerarcas nacionalsocialistas, presidida por Eichmann y Heydrich, sobre el <em>problema</em> judío. Allí se decidió la denominada solución final sobre la cuestión judía. Un planificado programa de exterminio industrial masivo que fue aplicado a semitas, gitanos, discapacitados, población civil de países ocupados, prisioneros de guerra, delincuentes comunes, homosexuales y disidentes políticos y religiosos. Alemania, entre 1942 y 1945 se convirtió en un Estado genocida que asesinó de múltiples maneras &#8211;gaseamiento, fusilamientos, trabajos forzados&#8211; a unos seis millones de judíos, tres millones y medio de prisioneros de guerra y víctimas de los países ocupados, un millón y medio de disidentes políticos (entre ellos, miles de republicanos españoles declarados apátridas por el franquismo), 800.000 gitanos, 200.000 discapacitados y 200.000 homosexuales.<br />
Los hechos son incontrovertibles y las pruebas irrefutables. Durante los juicios de Núremberg se demostró documentalmente la culpabilidad de la cúpula nazi respecto al genocidio de todos aquellos que habían sido considerados enemigos o freno a su utopía racista. Con posterioridad, todas las investigaciones serias han confirmado y/o aumentado las cifras de las víctimas. Incluso, a pesar de la deliberada destrucción de documentos que tuvo lugar en los últimos meses de la guerra, apareció un informe secreto realizado por el jefe de estadística de las SS, Richard Correr, en el que exponía, en la primavera de 1943, que el número de judíos exterminados ya había alcanzado la cifra de tres millones.<br />
Pues bien, a pesar de todas las evidencias, testimonios, informes e investigaciones rigurosas, todavía hay individuos que defienden, con todas sus energías, que todas esas muertes son mentira, una patraña histórica destinada a denigrar a los alemanes y ayudar a los judíos en la construcción de Israel. Se les conoce internacionalmente como negacionistas; no son científicos, sino polemistas e ideólogos. Dios los cría y ellos se juntan: neonazis, radicales islamistas e integristas católicos como el obispo lefebvriano Richard Williamson, a quien recientemente el Papa ha levantado la excomunión ocasionando un enorme escándalo. Todos ellos niegan la existencia de las cámaras de gas en los campos de exterminio y creen que todo se debe a la propaganda bélica de los aliados triunfantes.</p>
<p>LOS NEONAZIS quieren evitar la demonización de sus idearios, los radicales islamistas destruir al Estado de Israel y los integristas católicos, línea Williamson, evitar la llegada del Anticristo que, según ellos, los judíos apoyan. Ante todos estos inquietantes e irracionales delirios podríamos preguntarnos qué factores comparten todos estos negacionistas extremos (también hay otros, más moderados, que lo que buscan es vender libros oportunistas) que les impiden aceptar la realidad de los hechos. Son varios: el fanatismo dogmático como actitud vital, la mezcla de política y religión (el nazismo es una religión laica que deifica la comunidad racial) y una cosmovisión política unitarista, intrínsicamente totalitaria, con voluntad unívoca de convertir a los adversarios en enemigos a destruir. Todos ellos se oponen a los parámetros de la modernidad: racionalidad, autonomía del pensamiento, tolerancia, individualidad, democracia&#8230;<br />
El obispo Williamson había sido excomulgado por pertenecer a la fundamentalista Fraternidad de San Pio X, dirigida hasta su muerte por el arzobispo cismático Marcel Lefebvre. Asociación integrista católica que se negó aceptar las innovadoras directrices del Concilio Vaticano II. El contrapunto más extremo a la revolucionaria Teología de la Liberación. Para Williamson, en recientes declaraciones a una televisión sueca y al semanario alemán <em>Der Spiegel</em>, el Concilio Vaticano II fue &#8220;escandaloso&#8221;, &#8220;caótico&#8221; y &#8220;responsable de vaciar las iglesias&#8221;. Y respecto a la Declaración de los Derechos Humanos afirma que allí donde el Estado los intenta aplicar de forma objetiva se siguen políticas anticristianas. Pocos años antes, el atrabiliario obispo había estado a punto de ser procesado en Canadá por afirmar que el Holocausto era un mito falso y por elogiar efusivamente los libros del autor neonazi Ernest Zundel, como <em>El Hitler que amamos.</em><br />
Benedicto XVI, presionado por la comunidad judía internacional, el Estado de Israel y el Gobierno alemán, ha intentado que Williamson se retracte de sus declaraciones negacionistas pero éste se ha reafirmado en sus declaraciones, siendo expulsado por ello de la mencionada Fraternidad de San Pio X (no quieren enfrentamientos con el Papa ahora que han sido readmitidos y parte de sus postulados aceptados) y del país donde residía, Argentina, por decisión del su Gobierno.</p>
<p>SOLO LOS fanáticos y falsamente iluminados niegan las evidencias y anteponen sus delirios ideológicos a las conclusiones de las investigaciones científicas. Hoy, como desde el Renacimiento y la Ilustración, la razón continúa luchando contra la ignorancia, las luces contra la oscuridad. Como nos enseñará el filósofo ilustrado Immanuel Kant, la esencia del hombre es el autodesarrollo y, como dijera Dante en <em>La Divina Comedia</em>: &#8220;Recuerda que para vida animal no has nacido si no para adquirir virtud y ciencia&#8221;.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/24186/negacionismo-e-integrismo-catolico/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La verdadera identidad de Stauffenberg</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/23883/la-verdadera-identidad-de-stauffenberg/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/23883/la-verdadera-identidad-de-stauffenberg/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 11 Feb 2009 21:03:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania]]></category>
		<category><![CDATA[Magnicidio]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=23883</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Joaquín Tamames</strong>, economista (EL MUNDO, 11/02/09):</p>
<p>Cuando en la noche del 20 de julio de 1944 Claus von Stauffenberg fue fusilado en el patio del cuartel berlinés de Bendleerstrasse, Alemania perdió su última oportunidad de eliminar a Hitler y de propiciar una rendición pactada con el mando aliado. En los casi cinco años desde el inicio de la II Guerra Mundial, Alemania había sufrido 2,8 millones de muertos, y en los restantes 10 meses de contienda, hasta mayo de 1945, los muertos alemanes fueron 4,8 millones. Stauffenberg estuvo muy cerca de lograr evitar el sufrimiento de millones de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/23883/la-verdadera-identidad-de-stauffenberg/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Joaquín Tamames</strong>, economista (EL MUNDO, 11/02/09):</p>
<p>Cuando en la noche del 20 de julio de 1944 Claus von Stauffenberg fue fusilado en el patio del cuartel berlinés de Bendleerstrasse, Alemania perdió su última oportunidad de eliminar a Hitler y de propiciar una rendición pactada con el mando aliado. En los casi cinco años desde el inicio de la II Guerra Mundial, Alemania había sufrido 2,8 millones de muertos, y en los restantes 10 meses de contienda, hasta mayo de 1945, los muertos alemanes fueron 4,8 millones. Stauffenberg estuvo muy cerca de lograr evitar el sufrimiento de millones de personas. Su fallida gesta podría haber cambiado el destino de Europa en los 45 años siguientes, hasta la caída del Muro. El propósito de estas líneas es rendir tributo a este hombre honesto y valiente que, junto con otros destacados miembros de la Resistencia, entregó su vida con inteligencia y con generosidad excepcional.</p>
<p>Claus von Stauffenberg nació en 1907 en el seno de una familia aristócrata cuya historia se remonta al siglo XIII. Claus fue el tercero de cuatro hermanos, de los que sobrevivieron tres.Su formación fue la clásica de la época en una familia noble, con un importante énfasis en la cultura y tradición alemanas desde Goethe a Rilke y al contemporáneo poeta Stefan George, que ejerció gran influencia sobre los hermanos. Durante su niñez, Stauffenberg fue testigo del colapso del viejo orden y del nacimiento de la República de Weimar. Tuvo una educación liberal que acentuó su interés por el humanismo y la cultura. A pesar de los problemas de salud que le aquejaron durante su infancia y adolescencia, y a pesar también de sus inclinaciones por estudiar arquitectura, optó por una formación militar, iniciada en 1926. A la llegada del régimen nazi en 1933, Stauffenberg era ya oficial, aunque no era miembro del partido.</p>
<p>En 1941, prestó sus servicios en Rusia, donde las atrocidades de las que fue testigo le generaron fuertes dudas respecto de la sanidad del régimen nazi, así como un enorme conflicto interno entre deber y conciencia. La sustitución del general Halder como jefe del Estado Mayor en septiembre de 1942 en beneficio del general Zeitzler, y la total subordinación de éste a las órdenes de Hitler, actuaron también como catalizadores en la concienciación de Stauffenberg de que la tradición militar alemana estaba siendo prostituida por el poder omnímodo de Hitler. Por ello, en la Conferencia de Vinnitsa de octubre de 1942, Stauffenberg afirmó que el odio que Alemania estaba sembrando en el Este haría que «nuestros hijos recogieran los frutos algún día». Sorprendentemente, la audacia de sus comentarios no llegó más allá.</p>
<p>En la primavera de 1943, con el rango de teniente-coronel, Stauffenberg fue transferido al Afrika Korps en Túnez, en plena desbandada del Eje bajo el peso de la Operación aliada Torch. Al poco, en abril de 1943, resultó gravemente herido cuando su jeep fue ametrallado por cazas ingleses. Perdió dos dedos de la mano izquierda, la mano derecha completa y el ojo izquierdo. Su recuperación tuvo lugar en Cartago y en Múnich, donde fue operado repetidamente del oído y de la rodilla. Con su habitual y férrea disciplina, Stauffenberg aprendió a manejarse sólo con su mutilada mano izquierda, reincorporándose a la vida activa.</p>
<p>Se unió a la Resistencia en el otoño de 1943, convencido ya de la maldad intrínseca del régimen y apremiado por su tío, el conde Nikolaus von Üxküll. Contaba con la capacidad de liderazgo de la que la Resistencia había carecido hasta entonces, y con un gran carisma entre aquellos que le conocían. La combinación de un fuerte intelecto con una visión política realista y las cualidades del hombre de acción, hacían de Stauffenberg el hombre ideal.Reunía, en palabras de un contemporáneo, «las cualidades del mayor idealismo con el más absoluto realismo». En octubre de 1943, ya dado de alta, fue asignado a un puesto en Berlín bajo las órdenes de Olbricht (otro mártir de la Resistencia), desde donde se convirtió en uno de los principales ideólogos del plan de eliminar físicamente a Hitler, del mecanismo que habría de ponerse en marcha una vez asesinado el dictador (Plan Valkyrie), y de la formación de un Gobierno que pudiera negociar la paz.Entre finales de 1943 y principios de 1944 fueron previstos cuatro planes para asesinar a Hitler, todos los cuales fueron cancelados por cambios de última hora en su horario. En este periodo, la tensión de los conspiradores era ya extrema, tras las ejecuciones el año anterior de Sophie Scholl y de otros miembros del descubierto movimiento clandestino de la Rosa Blanca. De hecho, en junio de 1944 Julius Leber, que habría encabezado el Gobierno post-atentado, fue detenido por la Gestapo: el cerco se estrechaba y los conspiradores lo sabían. Era preciso actuar sin dilación.</p>
<p>El 1 de julio de 1944, Stauffenberg fue nombrado jefe de Gabinete del General Fromm, máximo mando de la Reserva en Berlín. Ello le permitió asistir a algunas reuniones con Hitler en Rastenburg (la célebre Guarida del Lobo), y estar en contacto con los efectivos de la Reserva, que tenían asignados un papel importante en Valkyrie.Stauffenberg había llegado a la conclusión de que la única persona que podría llevar a cabo el atentado contra Hitler era él, y ello a pesar de sus minusvalías físicas. El 15 de julio de 1944 fue convocado a Rastenburg junto con Fromm a una conferencia con Hitler, y el Plan Valkyrie fue preactivado. Sin embargo, un cambio en el horario de Hitler le disuadió de conectar la bomba que llevaba en su maletín (cuyo mecanismo había sido preparado para ser puesto en marcha con sólo tres dedos de la mano izquierda).De vuelta a Berlín, los próximos a Stauffenberg le recordaron exhausto y tenso, pero también decidido a intentarlo de nuevo en una nueva conferencia con Hitler, prevista para el 20 de julio.El 16 de julio se reunió con su esposa Nina, embarazada entonces de tres meses, y sus cuatro niños. Fue la última vez que se vieron.</p>
<p>El 20 de julio de 1944, Stauffenberg abandonó su apartamento berlinés a las 6.00 a.m. A las 8.00 despegó en compañía de su ayudante, Haeften en un Junkers JU 52 con destino a Rastenburg, a cuyo aeródromo llegó a las 10.15 a.m. Haeften portaba el maletín con los dos paquetes de explosivos de dos kilos cada uno, disimulados bajo una camisa de refresco. A las 11.30 se reunió con el general Keitel, que le informó del adelanto de la reunión prevista con Hitler a las 12.30 p.m. (el motivo: la recepción a Mussolini tras su audaz rescate días atrás por el coronel Skorzeny).</p>
<p>En lugar de en el búnker habitual, la conferencia tendría lugar en unas barracas de madera, con lo que Stauffenberg fue consciente de que el efecto de la onda explosiva sería menor. Además, debido al súbito adelanto de la conferencia, apenas tuvo tiempo para activar una de las dos bombas: aún así decidió seguir con el plan. La conferencia convocó un total de 24 hombres. Al poco de iniciarse, Stauffenberg se ausentó, bajo el pretexto de una llamada telefónica, dejando el maletín muy próximo a Hitler.Alguien cambió el maletín de lugar, alejándolo del dictador.El estallido se produjo a las 12.42 p.m., momento en que Stauffenberg y Haeften partían en coche hacia el aeródromo. Les dio tiempo a observar la gran humareda y la retirada de uno de los muertos.Al llegar al límite de Rastenburg, con enorme sangre fría, Stauffenberg persuadió a los centinelas para que le permitieran abandonar el recinto. Cuando subió al avión de regreso a Berlín, creía que Hitler había muerto.</p>
<p>Alas las 3.30, Stauffenberg llegó a Berlín, donde, para su sorpresa, el Plan Valkyrie no había sido activado. En la capital prevalecía la duda respecto de la suerte de Hitler y los potenciales sublevados esperaban instrucciones: se habían perdido así tres horas preciosas en las que la rebelión podría haber prendido, con Hitler vivo o muerto. A las 4.00 p.m., Fromm habló con Keitel, quien le confirmó que Hitler estaba salvo. En respuesta, Fromm dictó el arresto de Stauffenberg y su entorno, pero éstos, rebelándose, hicieron prisionero a Fromm. Aquella tarde del 20 de julio fue testigo de la progresiva renuncia uno tras otro de los responsables de ejecutar Valkyrie. A las 7.00 p.m. no cabía ninguna esperanza.La rebelión había fracasado. En juicio sumarísimo ordenado por un liberado Fromm, Stauffenberg, Olbritch, Quirnhem, Beck y Haeften fueron condenados a muerte. El general Beck, jefe del Estado Mayor alemán entre 1935 y 1938, y una de las figuras clave de la Resistencia, prefirió el suicidio (hubo de ser rematado al fallar sus dos intentos). Los demás fueron fusilados esa noche.El propio Fromm fue fusilado al poco tiempo, bajo acusación de cobardía. Una brutal represión había comenzado en el último año del régimen nazi.</p>
<p>Stauffenberg y muchos de los conspiradores nos dejan un extraordinario legado moral, un gran ejemplo de dignidad, sobriedad y sacrificio que puede inspirarnos en nuestro pensar y hacer diarios. El alma nobilísima de Stauffenberg le llevó a asumir la responsabilidad última, aquella que está reservada a los grandes hombres que intuyen la idea del servicio. Cuando comprendió que el cerco de la Gestapo se estrechaba y que la urgencia era grande, concluyó que el magnicida no podría ser otro sino él, a pesar de la enorme dificultad que su condición física le imponía. Como ha señalado Peter Hoffman en su excelente Stauffenberg, «el autosacrificio de los conspiradores presenta un continuado reto existencial tanto para los contemporáneos como para sus sucesores. He aquí el significado histórico de la rebelión».</p>
<p>Al pensar en este hombre siempre me han venido a la cabeza las palabras que Borges reservó para su personaje Funes el memorioso: «Monumental como el bronce», y es que la valentía e inteligencia de Stauffenberg le hacen monumental. Quisiera que estas líneas sirvieran para recordarnos su austeridad y nobleza, y la de otros hombres y mujeres que visualizaron un mundo mejor pero que no pudieron alcanzarlo. Hoy, pasados 64 años de su gesta, me parece justo que le recordemos, y que al referirnos a él, nos vengan también las palabras del Maestro: «El corcel se estremece bajo el flagelo del látigo / Purusha tiembla ante la injusticia /Benditos sean los valientes y los justos /El único juez es tu espíritu, allí reside Dios».</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/23883/la-verdadera-identidad-de-stauffenberg/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El lado oscuro de la humanidad</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/23163/el-lado-oscuro-de-la-humanidad/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/23163/el-lado-oscuro-de-la-humanidad/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 09 Dec 2008 13:53:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=23163</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Luis Pérez Triviño</strong>, profesor de la UPF. Autor de <em>Las barbaries del siglo XX: un análisis filosófico, jurídico y moral</em> (EL PERIÓDICO, 09/12/08):</p>
<p>El reciente estreno de la película <em>La ola</em>, del alemán Dennis Gansel, sirve para recordar que el lado oscuro de la humanidad no surge únicamente cuando los autores o ejecutores son individuos con una psicología trastornada o cruel. Tampoco se puede explicar exclusivamente sobre la base de factores sociales, políticos o económicos. La apelación a estas causas para explicar el surgimiento del nazismo o de cualquier otro movimiento genocida ha sido recurrente durante &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/23163/el-lado-oscuro-de-la-humanidad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Luis Pérez Triviño</strong>, profesor de la UPF. Autor de <em>Las barbaries del siglo XX: un análisis filosófico, jurídico y moral</em> (EL PERIÓDICO, 09/12/08):</p>
<p>El reciente estreno de la película <em>La ola</em>, del alemán Dennis Gansel, sirve para recordar que el lado oscuro de la humanidad no surge únicamente cuando los autores o ejecutores son individuos con una psicología trastornada o cruel. Tampoco se puede explicar exclusivamente sobre la base de factores sociales, políticos o económicos. La apelación a estas causas para explicar el surgimiento del nazismo o de cualquier otro movimiento genocida ha sido recurrente durante mucho tiempo. La explicación del éxito de un personaje como Hitler y de su ideología sobre la base de la crisis económica que aquejó a la República de Weimar en los años 20 del siglo XX es un ejemplo de este tipo de explicaciones.<br />
Sin negar la relevancia de estos factores no puede olvidarse el papel que juegan, por un lado, nuestras propias tendencias grupales y agresivas y, por otro lado, y en estrecha conexión con ellas, la educación.</p>
<p>LA CRUELDAD y la violencia aparecen, en parte, por ciertas características psicológicas propiamente humanas. Pero no necesariamente de individuos carentes de escrúpulos o de sentimiento de empatía hacia los demás. También surge de individuos como nosotros. Las tendencias grupales que pueden llevar a que individuos normales puedan convertirse en ejecutores de las más crueles políticas criminales o genocidas han sido expuestas a través de dos famosos experimentos psicológicos.<br />
El primero sirvió para poner de manifiesto que el Holocausto no fue obra de una muchedumbre incontrolable y desmandada, sino de hombres de uniforme, obedientes y disciplinados que se ajustaban a las normas dictadas por la autoridad.<br />
Stanley Milgram simuló un experimento en el que participaron sujetos normales y corrientes que, respaldados por la autoridad de un científico, debían apretar un dispositivo que provocaría descargas eléctricas en un individuo en el caso de que fallara una serie de preguntas.<br />
Tal individuo era, en realidad, un actor que simulaba las descargas. Los sujetos que participaron en la prueba llegaron, en un porcentaje cercano al 70%, a apretar el último de los botones del dispositivo en el que se leía perfectamente que producirían un daño muy severo.<br />
En el segundo experimento, realizado también por un psicólogo norteamericano, Philip Zimbardo, varios estudiantes universitarios fueron reclutados para simular una prueba en la que una parte de ellos asumiría el papel de carceleros y el resto de prisioneros. El experimento debería durar 12 días. A pesar de que había un estricto control por parte del profesor Zimbardo y de su equipo, el experimento tuvo que suspenderse a los pocos días debido a la aparición de actitudes crueles y de violencia entre los carceleros y de sumisión notable entre los prisioneros.<br />
Ambos experimentos parecen explicar una tendencia de los individuos normales a la obediencia a la autoridad en contextos grupales, aun cuando esta dicte órdenes por las que se inflige daños muy graves a gente inocente. La cobertura en una autoridad o en un colectivo parece convertirse en una condición suficiente para que los individuos cambien sus patrones de conducta. Acciones violentas que difícilmente realizarían en situaciones donde solo ellos son los participantes, son perfectamente posibles en los contextos donde la responsabilidad se diluye en el colectivo o en la autoridad superior.<br />
Otro factor que influye poderosamente en la ejecución de las más terribles prácticas violentas de carácter colectivo está relacionada con la educación. La ola se hace eco de uno hechos reales, en los que un profesor inicia un experimento con sus alumnos acerca del surgimiento del nazismo. Tras unas instrucciones acerca de cómo deben vestirse, el uso de símbolos y reglas de uso interno, el grupo adquiere una identidad propia que pronto se refleja en una cadena de actos violentos inesperados e irreversibles.<br />
La idea no es novedosa. Un profesor de ideas pronazis influyó en sus alumnos de forma que la mayoría de ellos acabó creyendo profundamente en su tergiversada interpretación de la historia. Pero este profesor, Jim Keegstra, y sus alumnos no era alemanes ni vivían en una sociedad o contexto similar al que alumbró el nazismo. Keegstra enseñaba en un instituto de clase media canadiense en los años ochenta.</p>
<p>LOS FACTORES psicológicos grupales en la aparición de violencia y la crueldad colectiva no pueden dejar ser tomados en cuenta a la hora de enfrentarnos a los retos de la educación. Las condiciones económicas, sociales o políticas en las que vivimos son, efectivamente, muy distintas a las de la sociedad alemana en los años 30 o a la sociedad ruandesa de 1994, por poner dos ejemplos de comportamientos grupales genocidas. Pero los retazos de la psicología grupal siguen ahí. Basta pensar en el reclutamiento de terroristas entre adolescentes y como son adiestrados en la ideología de la violencia. Solo si estamos prevenidos y somos conscientes de este peligro, podremos evitar que se reproduzcan y alienten esos rasgos grupales que forman parte del lado oscuro de nuestra psicología.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/23163/el-lado-oscuro-de-la-humanidad/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La España en guerra ante la &#8216;Kristallnacht&#8217;</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/22807/la-espana-en-guerra-ante-la-kristallnacht/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/22807/la-espana-en-guerra-ante-la-kristallnacht/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 11 Nov 2008 20:37:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria Histórica]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[II República]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=22807</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Alejandro Baer</strong>, profesor de antropología social en la Universidad Complutense de Madrid, autor de <em>Holocausto. Recuerdo y representación, </em>Editorial Losada, 2006 (EL PAÍS, 11/11/08):</p>
<p><em>Kristallnacht,</em> Noche de los Cristales, es el término con el que ha pasado a la historia el pogromo antisemita organizado por el régimen nazi en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938. La destrucción de cientos de sinagogas, saqueos, asesinatos y decenas de miles de arrestos y traslados a campos de concentración conforman el fatal balance de las acciones que tuvieron lugar en Alemania y Austria hace 70 años, y que &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22807/la-espana-en-guerra-ante-la-kristallnacht/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Alejandro Baer</strong>, profesor de antropología social en la Universidad Complutense de Madrid, autor de <em>Holocausto. Recuerdo y representación, </em>Editorial Losada, 2006 (EL PAÍS, 11/11/08):</p>
<p><em>Kristallnacht,</em> Noche de los Cristales, es el término con el que ha pasado a la historia el pogromo antisemita organizado por el régimen nazi en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938. La destrucción de cientos de sinagogas, saqueos, asesinatos y decenas de miles de arrestos y traslados a campos de concentración conforman el fatal balance de las acciones que tuvieron lugar en Alemania y Austria hace 70 años, y que dan comienzo al periodo hoy definido como el Holocausto.</p>
<p>En noviembre de 1938 España atraviesa la última etapa de la Guerra Civil, que se va definiendo de manera ya prácticamente irreversible a favor del bando nacional. El hambre, la destrucción y las noticias del frente que protagonizaban la vida en las dos Españas pueden hacer suponer que los infortunios que sufrieron los judíos alemanes por esas fechas no tendrían apenas repercusión en los medios españoles. Pero no es el caso. Los diarios se hicieron eco de los sucesos de Alemania, desde el atentado contra el diplomático alemán Von Rath en París por un joven judío polaco -que ofreció la excusa al régimen de Hitler para iniciar el pogromo-, hasta las reacciones internacionales a las acciones y medidas antisemitas. La percepción y representación de estos hechos en España se inscribe en un contexto político y cultural condicionado, por un lado, por la imagen estereotipada del judío -que emerge con nitidez durante la República en el ideario conservador y católico- y, por otro, por los acontecimientos de la guerra de España y, en especial, el vínculo entre los fascismos italiano y alemán con Franco.</p>
<p>La prensa de la zona nacional dio las noticias justificando las acciones antijudías, reproduciendo la versión antisemita de la propaganda alemana y ofreciendo también su propia interpretación, a partir del ancestral antijudaísmo de raíz católica. El atentado contra Von Rath del 7 de noviembre es presentado como fruto de una conspiración internacional judía contra Alemania: &#8220;Se trata de un crimen evidentemente político, fraguado por las organizaciones judías&#8221; titulaba, por ejemplo, <em>La Gaceta del Norte </em>el 9 de noviembre. El diario <em>El Pensamiento Navarro</em> titulaba en primera página el 11 de noviembre: &#8220;Los judíos envenenan las relaciones entre los pueblos&#8221;, y describían los ataques como &#8220;acciones espontáneas contra los judíos&#8221;. Respecto a las disposiciones que dicta el Gobierno alemán separando a los judíos de la economía nacional, el diario gallego <em>El Progreso</em> reproducía directamente las fuentes alemanas: &#8220;El judaísmo ha logrado acabar con la paciencia del pueblo alemán, siendo ya hora de que se den cuenta de cómo sabe reaccionar contra tales ataques&#8221;.<em> Ideal,</em> de Granada, titula en portada el 13 de noviembre: &#8220;Alemania adopta medidas enérgicas contra los hebreos. Es un aviso claro para el judaísmo internacional, para que no vuelva a atentar contra un alemán&#8221;. En esta misma línea también el diario <em>Amanecer,</em> de Zaragoza, señalaba el 11 de noviembre que &#8220;nadie debería sorprenderse por las medidas adoptadas por Alemania para defenderse&#8221;, y se refería a las acciones anti-judías como &#8220;merecido castigo&#8221; para aquellos que &#8220;habían lanzado una ignominiosa campaña contra Alemania&#8221;. Las noticias son también encuadradas mediante los mitos antisemitas que florecieron durante la República y la Guerra Civil. &#8220;Ese es el gran enemigo de la España de Franco: el judaísmo internacional que desde hace muchos años ha visto en nuestra patria presa segura de la política de turbulencias y castradoras concesiones que inauguró el 14 de abril&#8221; <em>(Ideal,</em> Granada, 25 de noviembre de 1938). En conjunto y con ocasión de los acontecimientos de noviembre de 1938, las diferencias entre los periódicos son más de matiz que de fondo, y se caracterizan por un discurso marcadamente antisemita.</p>
<p>La prensa republicana, por el contrario, reaccionó condenando con firmeza las acciones nazis y expresando solidaridad, e incluso identificación con los perseguidos. <em>La Vanguardia</em> titula el 11 de noviembre a cuatro columnas &#8220;En Alemania se ha desatado la fobia antisemita&#8221;, y señala a continuación que &#8220;las turbas han incendiado todas las sinagogas de Berlín y saqueado las tiendas y domicilios particulares de los israelitas, cometiendo actos de verdadero vandalismo&#8221;. El día 13 de noviembre los diarios de Madrid y Barcelona informan con detalle sobre lo sucedido. &#8220;Aumenta la indignación en todo el mundo por los actos de violencia de Alemania&#8221;, titula <em>La Vanguardia.</em> Con el encabezamiento &#8220;El pogrom nazi&#8221;, el <em>Abc</em> de Madrid, entonces en manos republicanas, dará comienzo a una serie de informaciones sobre las acciones de la noche del 9 al 10 de noviembre, la reacción internacional que provocaron, así como sobre los decretos que continuaron a los atentados y que fomentaron la creciente arianización y separación de los judíos de la vida económica de Alemania. Igualmente, el <em>Abc </em>publica noticias que desmienten el carácter espontáneo del pogromo, menciona &#8220;brutales métodos hitlerianos&#8221; e &#8220;inconcebibles decretos antisemitas de Goebbels&#8221;. Aparecen también por vez primera los nombres de los campos de concentración nazis de Mauthausen y Buchenwald. El diario, editado en Alicante, <em>Fragua Social,</em> órgano de la CNT, se refiere al atentado contra Von Rath como &#8220;un acto de justicia realizado por un israelita&#8221; (9 de noviembre de 1938), y en los días siguientes publica titulares como &#8220;Se ha desatado en toda Alemania una furiosa ola de barbarie antisemita. Incendios, saqueos y otros excesos&#8221; o &#8220;Todas las conquistas del derecho y de la civilización han quedado sepultadas bajo el régimen despótico de la barbarie nazi&#8221;. Igualmente se interpretan las acciones nazis en el contexto internacional, el de las concesiones al totalitarismo nazi, que afectaban también a la República española: &#8220;Sin la claudicación de Múnich, la bestia nazi no se hubiera atrevido a los actos de barbarie que comete contra los judíos&#8221; <em>(Fragua Social,</em> 12 de noviembre).</p>
<p>Finalmente, merece ser destacada la nota de condena a las acciones nazis que hace pública el Gobierno republicano tras una reunión del Consejo de Ministros en Barcelona el 16 de noviembre de 1938. La comunicación, reproducida de forma íntegra por los diarios republicanos un día más tarde, subrayaba que &#8220;los responsables de estos crímenes son los mismos promotores de la propaganda calumniosa que a partir de julio de 1936 se ha venido haciendo contra España y su gobierno&#8221;, y que España, &#8220;dolorida ante el agravio de la dignidad humana que significa la afrenta de los nefandos pogromos de la Alemania nazi&#8221; prestaría, una vez terminada la guerra y dentro de los límites de sus posibilidades, &#8220;cobijo a cuantos perseguidos por su origen, ideas políticas o religiosas&#8221;, quisieran venir a España. En contraste, esta misma noticia es recogida por el <em>Abc </em>nacional, el de Sevilla, en una columna titulada &#8220;Ecos y fichas de la criminalidad roja&#8221; el 18 de noviembre de 1938. En ella se expresa que, &#8220;además de acoger en su suelo a toda la hez de las brigadas internacionales&#8221;, el gobierno de la República &#8220;dará la máxima facilidad a todos los judíos que quieran trasladarse a la España roja (&#8230;) Con esta ley se prepara la invasión de España roja por el judaísmo internacional&#8221;.</p>
<p>Barcelona caería en manos de Franco apenas dos meses más tarde, y a finales de marzo de 1939 las tropas nacionales entraban en Madrid, donde el Generalísimo daría el 1 de abril su conocido último parte oficial de la guerra.</p>
<p>Se suele decir respecto a la relación entre historia y sociología que la primera sin la segunda está ciega y que la segunda sin la primera está vacía. Esto es lo que nos suele recordar Reyes Mate cuando insiste, con Walter Benjamin, que el presente puede ser iluminado en un instante a través de la fuerza fugaz de un pasado olvidado. Al volver la mirada a la representación de la Noche de los Cristales en los medios de la época descubrimos que estos hechos también nos conciernen en España. Por un lado, republicanos españoles y judíos europeos -muy especialmente aquellos que se alistaron en la Brigadas Internacionales- reconocieron entonces que sus destinos estaban entrelazados. Por otro, los enraizados prejuicios y estereotipos antisemitas, con que se prodigaron en noviembre de 1938 quienes finalmente vencieron la Guerra Civil, han perdurado durante décadas. Sus resabios y ramificaciones forman parte de nuestro presente.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/22807/la-espana-en-guerra-ante-la-kristallnacht/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Islamofascist slanders</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/22739/islamofascist-slanders/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/22739/islamofascist-slanders/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 04 Nov 2008 21:58:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Islam y Mundo Árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=22739</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Anne Karpf</strong>. This article is based on ideas in an essay in A Time to Speak Out: Independent Jewish Voices on Israel, Zionism and Jewish Identity; the volume developed from commentaries at <a href="http://www.guardian.co.uk/commentisfree/series/independentjewishvoices">guardian.co.uk/commentisfree/series/independentjewishvoices</a> (THE GUARDIAN, 04/11/08):</p>
<p>We live in McCarthyist times, or so it sometimes seems. An Indiana election official, it emerged last week, has distributed a blog that called Barack Obama a &#8220;young, black Adolf Hitler&#8221;, while elsewhere an email was sent to Jewish voters warning of a &#8220;second Holocaust&#8221; if the Democrat was elected. Meanwhile, campuses around America last week marked &#8220;Islamofascism Awareness Week&#8221; with events &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22739/islamofascist-slanders/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Anne Karpf</strong>. This article is based on ideas in an essay in A Time to Speak Out: Independent Jewish Voices on Israel, Zionism and Jewish Identity; the volume developed from commentaries at <a href="http://www.guardian.co.uk/commentisfree/series/independentjewishvoices">guardian.co.uk/commentisfree/series/independentjewishvoices</a> (THE GUARDIAN, 04/11/08):</p>
<p>We live in McCarthyist times, or so it sometimes seems. An Indiana election official, it emerged last week, has distributed a blog that called Barack Obama a &#8220;young, black Adolf Hitler&#8221;, while elsewhere an email was sent to Jewish voters warning of a &#8220;second Holocaust&#8221; if the Democrat was elected. Meanwhile, campuses around America last week marked &#8220;Islamofascism Awareness Week&#8221; with events on jihad and Islamic totalitarianism.</p>
<p>&#8220;Islamofascism&#8221; slips easily from the mouth of war-on-terror ideologues but it has a deeper narrative, too, as it attempts to elide modern Islam with 1930s National Socialism, and equate Muslims and Nazis. Obama, by virtue of his Muslim father (whom he met once), earns a central place in this narrative, where (according to Colin Powell) calling someone a Muslim &#8211; accurately or not &#8211; constitutes a smear campaign. It follows, QED, that having studied the Qur&#8217;an makes you the antichrist.</p>
<p>It is, perhaps, understandable that Israel invoked the spectre of a Holocaust in the Middle East in the aftermath of the liberation of the concentration camps; but Israeli historians have documented the ways in which, as the country became the dominant military power in the region, successive Israeli prime ministers deployed it as an ideological tool, even as the state demonstrated indifference to real Holocaust survivors in its midst. No one collapsed the differences between the Nazi genocide and the Middle East conflict more unashamedly than Menachem Begin who, at the height of his country&#8217;s bombardment of Beirut, sent a telegram to Ronald Reagan declaring that he felt as though he was facing Berlin where Hitler and his henchmen were hiding in a bunker. To which the novelist Amos Oz responded tartly: &#8220;Mr Begin, Hitler died 37 years ago &#8230; Again and again &#8230; you reveal to the public eye a strange urge to resuscitate Hitler in order to kill him every day anew in the guise of terrorists.&#8221;</p>
<p>But the biggest weapon wielded by those intent on confusing Arabs or Muslims with Nazis is the person of Haj Amin al-Husseini, the Palestinian leader known as the Grand Mufti of Jerusalem. In a new book, Icons of Evil, two American academics rehash the charges against the Mufti &#8211; that he received funding from the Nazis, met Hitler, sat out much of the war in Berlin, and helped establish a Muslim-Balkan unit in the Waffen-SS. In their inflation of the importance of the Mufti (an inflation deliberately encouraged in Israel by the 1961 Eichmann trial), what such accounts fail to provide is evidence that the Mufti gained any power over Nazi policy. Conversely, plenty of evidence shows he lost almost all his influence over Palestinian Arabs in the period.</p>
<p>More recently, consanguinity is claimed between the Mufti and Yasser Arafat and Saddam Hussein &#8211; all of whom are brought in to retrospectively implicate the Palestinians in the Holocaust, as if this might somehow prove that they&#8217;re entitled to only a small portion of their own land. Since the Jewish genocide is used so shamelessly in legitimation of Israeli policy towards the Palestinians, it&#8217;s hardly surprising if many Arabs and Muslims respond either with Holocaust denial or by trying to appropriate the Holocaust themselves. In a mirror-image of Arabs-are-Nazis, Zionism-is-Nazism: they accuse Israel of acting like Nazis even while they represent Jews in the crude and offensive stereotypes used by Nazi propaganda.</p>
<p>One consequence of using the Holocaust in this way is that it naturalises antisemitism, turning it into an endemic, unchangeable part of human nature. By refusing to see the differences between different kinds of antisemitism that might look similar but have different historical causes, antisemitism becomes paradoxically harder to challenge. It also encourages Jews to see themselves as permanent victims and live in perpetual fear: we can never escape Auschwitz. And it polemicises the Holocaust, devaluing the real event and traducing the memory of the millions who perished in it &#8211; genocide as metaphor.</p>
<p>Invoking the Holocaust won&#8217;t help solve the Middle East crisis, nor assuage the genuine anxiety felt by Jews who survived it. Nor, however it may chagrin some Republicans, has it succeeded in magicking away Barack Obama.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/22739/islamofascist-slanders/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>As Europe slumps, is the far Right rising?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/22475/as-europe-slumps-is-the-far-right-rising/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/22475/as-europe-slumps-is-the-far-right-rising/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 14 Oct 2008 09:03:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Austria]]></category>
		<category><![CDATA[Italia]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=22475</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Richard J. Evans</strong>, Regius Professor of Modern History at the University of Cambridge. His book <em>The Third Reich at War 1939-1945</em> is published by Allen Lane (THE TIMES, 14/10/08):</p>
<p>The death of the Austrian far-right politician Jörg Haider has again focused world attention on his country&#8217;s ambivalent attitude to its Nazi past. The son of an SS officer, Haider won notoriety by praising Hitler&#8217;s welfare policies and describing concentration camps as work camps. None of this seemed to bother Austrian voters, who gave him and his fellow-travellers a third of the vote in the last elections.</p>
<p>In Italy, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22475/as-europe-slumps-is-the-far-right-rising/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Richard J. Evans</strong>, Regius Professor of Modern History at the University of Cambridge. His book <em>The Third Reich at War 1939-1945</em> is published by Allen Lane (THE TIMES, 14/10/08):</p>
<p>The death of the Austrian far-right politician Jörg Haider has again focused world attention on his country&#8217;s ambivalent attitude to its Nazi past. The son of an SS officer, Haider won notoriety by praising Hitler&#8217;s welfare policies and describing concentration camps as work camps. None of this seemed to bother Austrian voters, who gave him and his fellow-travellers a third of the vote in the last elections.</p>
<p>In Italy, too, right-wing politicians have recently showed signs of a positive attitude to the fascist regime run by Mussolini from 1922 to 1945. The election of Gianni Alemanno as Mayor of Rome was greeted by supporters shouting “Duce! Duce!” &#8211; the name taken by Mussolini and Hitler, while the Italian Prime Minister Silvio Berlusconi has declared that his movement is “the new Falange”, in a reference to the Spanish fascists of Franco&#8217;s day.</p>
<p>What drives the radical politicians of the new Right is, in the first place, hostility to immigrants, a feeling that is likely to get worse as the European economy slides into recession. Added to this are fears of the collapse of law and order. The rhetoric of fascism provides a handy symbol for the far Right&#8217;s determination to deal firmly with immigrants and criminals. It contrasts with the complacency of conventional politicians in Italy and Austria who for decades after the Second World War cosily arranged everything for their own benefit in coalition governments built on political compromise.</p>
<p>This collapsed in Italy a few years ago, and seems to be collapsing in Austria today. In both countries, support for the far Right offers voters the most obvious means of giving voice to their protest and disillusion.</p>
<p>Such rhetoric arouses little public hostility because Austrians and Italians have never felt guilty about their fascist past, as the Germans have. In Germany today you will see former concentration camps turned into sombre monuments to the murderous cruelty of Nazism; small brass plates in the pavement outside houses and shops whose Jewish owners were driven out in the 1930s, with the names of those owners inscribed on them; a monument to Jewish victims of Nazism installed at the centre of the capital city, Berlin. The Nazi past is everywhere, and people&#8217;s rejection of it is universal and comprehensive.</p>
<p>True, in parts of the former East Germany, the far Right has made some headway, building on popular resentment, especially among the young and unemployed, of the economic shock therapy administered after its absorption into the West in 1990. But it has always remained on the fringes of politics, completely ostracised by the mainstream.</p>
<p>Not so in Italy and Austria, where the far Right is an acceptable coalition partner for leading parties, and few seem troubled by its positive references to the national past.</p>
<p>Both countries see themselves as victims of Nazism. Austria was occupied by Germany in 1938, and although most Austrians welcomed incorporation into the Third Reich, they grasped the opportunity of presenting their country as a victim of Nazi oppression in 1943, when Hitler was clearly losing the war. As someone said, the great achievement of the Austrians after the war was to persuade the world that Beethoven was Austrian and Hitler German.</p>
<p>Austrian involvement in the crimes of Nazism was seriously underplayed. Austrians were overrepresented in the higher ranks of the regime, particularly the SS, and where Austrians ran the Nazi occupation of other countries, as in the Netherlands or Serbia, they drove on the persecution of the Jews with particular thoroughness and venom.</p>
<p>The Austrian Government has done a lot since the late 1990s to encourage a more critical attitude to the country&#8217;s Nazi past, but while this has led to some excellent academic work and significant moves towards compensating the victims of Nazi oppression in Austria, it does not seem to have percolated far into the mind of the Austrian public.</p>
<p>In Italy, the German invasion that followed Mussolini&#8217;s overthrow in 1943 sparked a resistance movement, but the fact that it was led by Communists has led some far-right politicians to declare a preference for the SS men who tried brutally to repress it. Anti-Semitism was weak in Italy, many Italians tried to rescue Jews from the Germans, and even the far Right has gone out of its way to reassure Italy&#8217;s Jewish community of its friendly intentions. Italians do not feel guilty about the Holocaust. Mussolini&#8217;s regime appears to many simply a normal part of history.</p>
<p>Does any of this represent the resurgence of fascism in the troubled Europe of the 21st century? History never repeats itself, and there are effective restrictions on the kind of fascism that flourished in the 1930s. We are unlikely to see blackshirts marching through Turin or Vienna shouting for the death of the Jews or the launching of a war of conquest in the Mediterranean or Eastern Europe. What we should worry about is not a re-emergence of old-style fascism but the abuse of its memory to encourage hatred and violence towards vulnerable minorities.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/22475/as-europe-slumps-is-the-far-right-rising/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Shadows in the sunshine</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/21925/shadows-in-the-sunshine/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/21925/shadows-in-the-sunshine/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 29 Aug 2008 21:50:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Croacia]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=21925</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Slavenka Drakulić</strong>, the author of the book <em>They Would Never Hurt a Fly &#8211; War Criminals on Trial in The Hague</em> (THE GUARDIAN, 29/08/08):</p>
<p>Croatia is a &#8220;small country for a big vacation&#8221;, as the ads tell you. But beyond the marketing and optimistic reports of millions of holidaymakers spending their &#8220;big vacation&#8221; there, there is less cheerful news, casting an unpleasant shadow over that small tourist paradise on the Adriatic.</p>
<p>This summer Dinko Sakic, the 86-year-old former commander of Jasenovac, the notorious second world war concentration camp, was buried in his Ustashe uniform, the Croatian equivalent of &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21925/shadows-in-the-sunshine/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Slavenka Drakulić</strong>, the author of the book <em>They Would Never Hurt a Fly &#8211; War Criminals on Trial in The Hague</em> (THE GUARDIAN, 29/08/08):</p>
<p>Croatia is a &#8220;small country for a big vacation&#8221;, as the ads tell you. But beyond the marketing and optimistic reports of millions of holidaymakers spending their &#8220;big vacation&#8221; there, there is less cheerful news, casting an unpleasant shadow over that small tourist paradise on the Adriatic.</p>
<p>This summer Dinko Sakic, the 86-year-old former commander of Jasenovac, the notorious second world war concentration camp, was buried in his Ustashe uniform, the Croatian equivalent of the Nazis. After the war, Sakic emigrated to Argentina but returned after Croatian independence in 1991. He was welcomed back like a celebrity. In his interviews, Sakic repeated that he regretted nothing. What Sakic should have repented was that tens of thousands of inmates in Jasenovac were murdered under his command. He also personally executed two Jewish prisoners. Franjo Tudjman&#8217;s government showed no will to put Sakic on trial until Israel signalled it was perfectly willing to try him there. So in 1998, Sakic was sentenced to a maximum of 20 years. At his funeral a Dominican priest, Vjekoslav Lasic gave a speech in which he advised Croats to admire Sakic and to take him as an example.</p>
<p>Efraim Zuroff from the Simon Wiesenthal Centre protested to Croatian president Stjepan Mesic. There ended the scandal.</p>
<p>Then, a few weeks ago, Zvonko Busic, a 62-year-old Croat who served 32 years in US prisons for terrorism, was welcomed at the Zagreb airport by pro-Ustashe supporters who hailed him with the traditional fascist salute. Busic had hijacked a TWA passenger plane in 1976 on the way from New York to Chicago, intending to throw leaflets describing the discrimination against Croats in Yugoslavia. A bomb planted at the same time by Busic at New York&#8217;s Central Station exploded, a policeman was killed and three were wounded. But in Croatia he was considered a hero and a martyr &#8220;for our cause&#8221;; the victims, just a misfortune. He was compared to Begin, Arafat, Mandela, Che Guevara and Tito.</p>
<p>As if this pair were not enough, the country has been further split by the pop singer Marko Perkovic Thompson, whose audiences, dressed in clothes adorned with Ustashe symbols, habitually raise their hands in a fascist salute &#8211; some even shout &#8220;Kill Serbs&#8221;. Should his concerts, inciting nationalist hatred (which is forbidden by law) be banned or not? Recently President Mesic did not attend a tennis tournament because Thompson was due to play in the same town. However, the Croatian Helsinki Committee &#8211; for human rights! &#8211; defended the singer&#8217;s right to perform. Mayors of Croatian cities are divided: for some, Thompson is a patriot; for others, a promotor of fascist values.</p>
<p>It&#8217;s interesting that the common denominator of these three is not only the rehabilitation of fascist ideology, but the apparent unwillingness of legal institutions such as the police and the public attorney&#8217;s office to react to them. Indeed, how could they, when even some ministers attend Thompson&#8217;s concerts?</p>
<p>The dilemma of whether the law should be enforced or not is absurd. If anti-fascism is stated in the constitution of the new Croatian state, if the law prohibits the inciting of national, religious and racial hatred, then what&#8217;s the problem? The problem is the Croatian attitude to its own past. Documents and declarations are one thing, but reality is another. In reality, before its 17 years of independence, Croatia was an independent state only once: between 1941 and 1945 &#8211; when it was ruled by a Nazi puppet government.</p>
<p>This is the history that the Croatia of Franjo Tudjman fell back upon, and the same sentiments continue. In spite of political speeches denouncing episodic revivals of this infamous heritage, the general attitude here is that fighters for the &#8220;national cause&#8221; can not, by definition, be criminals. It is not the crime that counts, but the intentions behind it. This is the same logic that turns war criminals from the Balkan wars, such as Mirko Norac, into heroes.</p>
<p>Croatian politicians, especially the prime minister Ivo Sanader, loudly promote European values and declare their commitment to join the EU. While such un-European behaviour as war crimes, terrorism and fascism might be legally banned, they are, in practice, tolerated and even nourished. Does the EU need this Croatia &#8211; a country that is showing the world only its pretty summer face, but keeping its dubious values hidden?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/21925/shadows-in-the-sunshine/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Nietzsche and his Nazi sister</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/19299/nietzsche-and-his-nazi-sister/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/19299/nietzsche-and-his-nazi-sister/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 28 Mar 2008 22:14:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=19299</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Ben Macintyre</strong> (THE TIMES, 28/03/08):</p>
<p>Two gravestones stand side by side in the churchyard of the little village of Röcken, south of Leipzig: one belongs to Friedrich Nietzsche, one of the greatest and most misunderstood philosophers; the other marks the grave of his sister Elisabeth, a lifelong anti-Semite who hijacked her brother&#8217;s writings after his death and used them to serve the cause of Nazism, leaving a stain on his philosophy that has never been fully erased.</p>
<p>Today, bulldozers belonging to a power company are preparing to dig up the town where Nietzsche and his sister were born and &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/19299/nietzsche-and-his-nazi-sister/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Ben Macintyre</strong> (THE TIMES, 28/03/08):</p>
<p>Two gravestones stand side by side in the churchyard of the little village of Röcken, south of Leipzig: one belongs to Friedrich Nietzsche, one of the greatest and most misunderstood philosophers; the other marks the grave of his sister Elisabeth, a lifelong anti-Semite who hijacked her brother&#8217;s writings after his death and used them to serve the cause of Nazism, leaving a stain on his philosophy that has never been fully erased.</p>
<p>Today, bulldozers belonging to a power company are preparing to dig up the town where Nietzsche and his sister were born and buried, to get at the seam of coal that runs beneath. Nietzsche and his sister may have to move. His followers are enraged; villagers say exhuming their famous son would be sacrilege; environmentalists, quoting Nietzsche&#8217;s epithet “Be true to the soil”, wonder why yet more coal is being excavated to poison the world&#8217;s atmosphere. I would be delighted to see Nietzsche dug up, if only for the symbolic opportunity to rescue him from the clutches of his appalling sister.</p>
<p>Before insanity struck him down in 1889, at the age of 44, Nietzsche lived in fear of being misunderstood. “Above all,” he wrote in Ecce Homo, “do not mistake me for someone else.” He was a conservative elitist, an aphorist of brilliance championing individual greatness in the midst of mediocrity. His writing is explosive and apocalyptic, dense and complex, and often shocking in its violence.</p>
<p>But Nietzsche was no Nazi. He vigorously opposed German nationalism, as he rejected all mass movements; he had no time for ideologues, mocked the notion of a Teutonic master race and loathed anti-Semitism in all its forms.</p>
<p>Elisabeth, by contrast, was an enthusiastic Fascist. An early acolyte of Richard Wagner, she and her furiously anti-Semitic husband Bernhard Förster (this newspaper described him as “the most representative Jew-baiter in all of Germany”) picked up on one of the composer&#8217;s barmier ideas, and set off for Paraguay in 1886 to establish an Aryan, vegetarian republic in the middle of the jungle, which they called New Germany.</p>
<p>Nietzsche was bitterly opposed to the racist project from the start, declaring he wanted “nothing whatever to do with this anti-Semitic undertaking&#8230; if it fails, I shall rejoice”. Elisabeth was “morally bloated”, he said, “a vengeful anti-Semitic goose”. In an angry letter he told his sister that all of Germany&#8217;s racists should be packed off to the Paraguayan jungle, where they could rot harmlessly away.</p>
<p>When the colony inevitably failed, Elisabeth returned to Old Germany and set about transforming her brother, now irretrievably insane, into a symbol of her own twisted philosophy. She edited his works, wrote her own prejudiced versions of his life, and gathered his rejected jottings and published them as if they were real books, most notably Will to Power, which would be adopted as a sort of totalitarian textbook. When Nietzsche died, the man who had declared “God is dead” was buried in Röcken churchyard by his pious sister with full Lutheran rites.</p>
<p>Elisabeth avidly offered up her brother&#8217;s writings in support of militarism and Nazi world domination. Mussolini, she declared, was “the genius who rediscovered the values of the Nietzsche spirit&#8230; Nietzsche would have regarded him as the splendid disciple”. Nietzsche, I am certain, would have regarded Mussolini as a dangerous buffoon.</p>
<p>Hitler&#8217;s will to power sent Elisabeth into paroxysms of delight. Nietzsche&#8217;s warnings against nationalism and the dangers of anti-Semitism were conveniently ignored. “The link between National Socialism and Nietzsche is the heroism in both their souls,” she declared. The Nazis eagerly embraced Nietzsche, or rather his sister&#8217;s mangled version: Hitler, who probably never read a word of his writings, was photographed gazing contemplatively at a bust of the great man.</p>
<p>The kidnapping of Nietzsche&#8217;s thinking was complete when a copy of Thus Spake Zarathustra, a poetic work of anti-dogmatism, was laid in the Tannenberg Memorial (commemorating a victory over Russia in the First World War), alongside a copy of Mein Kampf.</p>
<p>When Elisabeth died in 1935, Hitler attended her funeral, and storm troopers lined the road to Röcken graveyard, where the church was draped in swastikas. It was said that Elisabeth had arranged to have Nietzsche&#8217;s headstone moved four feet to the right, in order to make room for her own, in pride of place between father and brother. Even in death, she manipulated him.</p>
<p>Nietzsche&#8217;s reputation has never recovered from Elisabeth&#8217;s pernicious meddling. Bertrand Russell considered Nietzsche “merely megalomaniac”. Others went farther, claiming that the Nazi programme of genocide had been directly inspired by his writings. His books were held up in British schools during the war as evidence of the Devil&#8217;s teachings.</p>
<p>The Nazis, with the willing complicity of Elisabeth, draped Nietzsche in swaths of Nazi symbolism. But now that he is likely to be evicted from his grave to make way for a coal mine, there is an opportunity for symbolic revenge.</p>
<p>“Let me descend into my tomb an honest pagan” was one of Nietzsche&#8217;s last sane requests, and one which Elisabeth, typically, ignored. His reburial, shorn of the dogmas of religion and Nazism that he rejected, would mark the final rehabilitation of one of the world&#8217;s most important and most abused thinkers.</p>
<p>Elisabeth Nietzsche, on the other hand, should be exhumed and reburied somewhere far, far away from the brother whose philosophy she put to such ignoble ends. The jungle of Paraguay would be a suitable spot.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/19299/nietzsche-and-his-nazi-sister/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>How Hate Begins</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/19280/how-hate-begins/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/19280/how-hate-begins/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 26 Mar 2008 20:46:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Crímenes de guerra o contra la Humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=19280</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Michael Gerson</strong> (THE WASHINGTON POST, 26/03/08):</p>
<p>I sat in a conference room at the <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/United+States+Holocaust+Memorial+Museum?tid=informline">United States Holocaust Memorial Museum</a> as Fred Traum, a man with soft eyes and a quiet manner, paged through documents he had never seen before. There was an application to the <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Vienna?tid=informline">Vienna</a> Jewish Community for financial assistance, typed and signed by his father in 1938. Also the <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/The+Gestapo?tid=informline">Gestapo</a> records of his mother and father&#8217;s transportation from Vienna to <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Minsk?tid=informline">Minsk</a> in 1942, the last evidence of their existence.</p>
<p>It is part of an urgent effort to give a dwindling number of Holocaust survivors back a part &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/19280/how-hate-begins/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Michael Gerson</strong> (THE WASHINGTON POST, 26/03/08):</p>
<p>I sat in a conference room at the <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/United+States+Holocaust+Memorial+Museum?tid=informline">United States Holocaust Memorial Museum</a> as Fred Traum, a man with soft eyes and a quiet manner, paged through documents he had never seen before. There was an application to the <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Vienna?tid=informline">Vienna</a> Jewish Community for financial assistance, typed and signed by his father in 1938. Also the <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/The+Gestapo?tid=informline">Gestapo</a> records of his mother and father&#8217;s transportation from Vienna to <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Minsk?tid=informline">Minsk</a> in 1942, the last evidence of their existence.</p>
<p>It is part of an urgent effort to give a dwindling number of Holocaust survivors back a part of their past. The massive Nazi archives at Bad Arolsen, <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Germany?tid=informline">Germany</a>, were only fully opened in 2007, and they include 100 million original records of arrests, camps, prisons, ghettos and transports. Researchers on the Holocaust Museum staff sift through digital copies of this mass of material, along with other historical sources, with the goal of returning stolen memories. (Disclosure: I sit on the museum&#8217;s governing council.) For Traum, these memories began with &#8220;a pretty happy life&#8221; in a non-Jewish neighborhood of Vienna in the 1930s. Pictures show a 9-year-old &#8220;urchin&#8221; in leather shorts and knee socks. &#8220;It was like I stepped out of &#8216;The Sound of Music,&#8217; &#8221; Traum says.</p>
<p>After the Anschluss &#8212; the Nazi takeover of <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Austria?tid=informline">Austria</a> in March 1938 &#8212; Traum remembers German planes flying overhead on April 20, <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Adolf+Hitler?tid=informline">Hitler</a>&#8216;s birthday, dropping tiny swastikas &#8220;like snow coming down.&#8221; He recalls how German soldiers allowed him to sit on the large gun at an emplacement down the street.</p>
<p>Traum becomes emotional only when recounting how his neighborhood playmates gradually turned against him after they joined Nazi youth organizations. &#8220;At first, they showed me their uniforms and the daggers they had,&#8221; Traum remembers. But soon they began to shun and mock him.</p>
<p>&#8220;I used to come back from school by cutting through the park. One time, they pulled the school satchel from my shoulder and threw it in the grass. Back then, grass in the park was something to look at, not feel beneath your feet. When I went to get it, a policeman grabbed me, gave me a dressing-down, and took my name and address.&#8221;</p>
<p>Placed on report by the authorities, Traum&#8217;s mother was called to his elementary school. &#8220;Vienna schools were very strict. Whenever an adult entered the room, all the kids stood up out of respect. But when my mother entered the classroom, the teacher said, &#8216;Don&#8217;t stand up for her. She is a Jew,&#8217; &#8221; Traum recalls with wet eyes and fresh anger.</p>
<p>From such small tragedies was a Holocaust made.</p>
<p>The synagogue where Traum sang in the choir was burned down on Kristallnacht. In desperation, his parents sent him and his sister to <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/United+Kingdom?tid=informline">England</a> as part of the Kindertransport.</p>
<p>Traum only hints at the hardness of his life as a refugee. The gentile family that took him in was authoritarian, forbidding him and his sister to converse in German. After the bombings of <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/London?tid=informline">London</a> began, he was evacuated to the home of an emotionally abusive young couple. &#8220;I remember the woman telling me that the best thing Hitler ever did was get rid of the Jews.&#8221;</p>
<p>Traum celebrated V-E Day in Trafalgar Square. But after seeing pictures from the death camps following their liberation, he knew his parents would not have survived. He went on with an eventful life &#8212; joining the <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Israeli+Defense+Forces?tid=informline">Israeli army</a> when the state of <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Israel?tid=informline">Israel</a> was declared and marrying a Holocaust survivor who had been hidden as a child by a Belgian family. He never knew the details of his parents&#8217; fate.</p>
<p>Until this year. In their strange, exacting bureaucratic professionalism, the Nazis kept a record of the transport of Elias Israel and Gitel Sara Traum, who left Vienna by train on June 2, 1942. His parents would have died three to five days later in Minsk. We know from witnesses that groups of men, women and children were taken to open areas, made to dig a trench, and were shot and buried. From Gestapo forms, Traum learned his parents&#8217; birthdays and the likely day of their death &#8212; neither of which he had known before.</p>
<p>Museum researchers have given Traum a gift. &#8220;I don&#8217;t like the word closure,&#8221; he says, &#8220;because I don&#8217;t have any such thing. But it is good to know something of what happened. To put a date to that, so I can commemorate their deaths.&#8221;</p>
<p>But the greater gift is Traum&#8217;s to us: the memories of a 9-year-old Austrian boy of how hate and anti-Semitism and a Holocaust begin &#8212; with a satchel thrown in a park.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/19280/how-hate-begins/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Germany&#8217;s search for home truths continues, 75 years on</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/18715/germanys-search-for-home-truths-continues-75-years-on/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/18715/germanys-search-for-home-truths-continues-75-years-on/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 07 Feb 2008 20:04:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=18715</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Jonathan Steele</strong> (THE GUARDIAN, 07/02/08):</p>
<p>Painstaking, persistent and anything but remorseless, Germany&#8217;s focus on its Nazi past never seems to slacken. As it marked the 75th anniversary of Hitler&#8217;s coming to power last week, the emphasis was on the fact that he became chancellor with the full backing of the constitution. This was no putsch, but the legal transfer of authority to the leader of the party that did best in a general election.Hitler later won the support of the country&#8217;s millions of unemployed but, as the news magazine Der Spiegel pointed out, most jobless Germans voted communist in &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/18715/germanys-search-for-home-truths-continues-75-years-on/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Jonathan Steele</strong> (THE GUARDIAN, 07/02/08):</p>
<p>Painstaking, persistent and anything but remorseless, Germany&#8217;s focus on its Nazi past never seems to slacken. As it marked the 75th anniversary of Hitler&#8217;s coming to power last week, the emphasis was on the fact that he became chancellor with the full backing of the constitution. This was no putsch, but the legal transfer of authority to the leader of the party that did best in a general election.Hitler later won the support of the country&#8217;s millions of unemployed but, as the news magazine Der Spiegel pointed out, most jobless Germans voted communist in the November 1932 poll. It was the middle class that put the Nazis in power, and many of its voters were Protestant Christians.</p>
<p>The point also struck me forcefully when I visited a recent exhibition in the towering brick aisles of the north German cathedral of Schwerin. Blown-up pictures and short life histories of a couple of dozen local vicars and parishioners were displayed on screens, with recordings of their voices and brief reminiscences by their friends.</p>
<p>It was a modest testament to modest people, yet one of considerable importance. The men and women in this exhibition all played a special role in the Nazi period, a few as opponents, but most as Christian collaborators with Hitler&#8217;s antisemitic discrimination and atrocities.</p>
<p>Germany&#8217;s record in coming to terms with its Nazi past has been remarkably good. In the years since Hitler&#8217;s defeat, the process of uncovering who did what has had impressive results, and by now is pretty much complete &#8211; or so, like most people, I used to believe.</p>
<p>In the immediate post-war period, de-Nazification was driven by the victors. Senior Nazis were convicted by foreign judges at Nuremburg. Revanchist propaganda was banned and textbooks changed. But most of the many lower-level officials who had loyally served the Nazis kept their jobs. The western allies were careful not to impose on Germans the same kind of humiliation that had followed the first world war.</p>
<p>A new attempt to uncover the past came with the worldwide revolts of 1968. In Germany a key element of the youth rebellion was anger with their parents&#8217; silence over what they had done under Hitler. The taboo of family secrecy was broken, and fathers and mothers had to come clean. But even this was confined to those families where activist kids demanded the facts. Elsewhere silence continued to reign. Institutionally and publicly, Germany had rejected Nazism and recognised the nation&#8217;s guilt. Privately, most families avoided looking back.</p>
<p>More monuments to the victims of the Holocaust have been built in recent years. The German culture ministry announced last week that the main one in central Berlin would soon be joined by one for the murdered Roma and another for the thousands of gay and lesbian dead. Other cities are putting bronze plaques on pavements to commemorate where a Jewish jeweller or dressmaker once had a shop. Some critics say it allows pedestrians to tread on them. Others say that, for the one person in 50 who sees what is underfoot, the shock is all the more powerful.</p>
<p>Remembering victims is only part of the story. What about remembering the guilty? Why did the backbone of the country&#8217;s middle class accept dictatorship so readily? How did Germany&#8217;s doctors, lawyers, diplomats and civil servants behave? Why haven&#8217;t the professions yet opened their archives and done detailed research on how their leaders and members went along with Hitler&#8217;s repression? Above all, what happened to the conscience of the Lutherans, Germany&#8217;s largest church?</p>
<p>So the last pages of Germany&#8217;s past have not yet been revealed. But now that the individuals themselves have all died, it ought to be easier to research the truth. That is why I found the exhibition in Schwerin so fascinating. It was the first officially sanctioned attempt by the Lutherans &#8211; as yet confined to Hamburg and Mecklenburg among the German Länder &#8211; to name names. &#8220;In 1998 the evangelical church in the northern Elbe region made a general declaration of guilt. We had to start researching what we and the Lutherans of Mecklenburg were guilty of,&#8221; as Johann Peter Wurm, Schwerin&#8217;s church archivist, told me.</p>
<p>Since the war Germany&#8217;s Protestants have tended to hide behind their one big internationally known resistance martyr, Dietrich Bonhöffer, who was hanged by the Nazis a month before the war ended. Lionised in books such as Gordon Brown&#8217;s Courage: Eight Profiles, Bonhöffer was the exception. His &#8220;confessing church&#8221; was a minority strand within German Lutheranism.</p>
<p>The Schwerin exhibition recorded how, within weeks of Hitler becoming chancellor, a &#8220;Union of Nazi Pastors in Mecklenburg&#8221; was formed and the local synod brought in &#8220;Aryan paragraphs&#8221;, which barred converted Jews (of whom there were many) from church jobs. A Nazi member, Walther Schulz, who wore a large cross on his party uniform, was elected bishop in 1934. Only a few stood out, such as August Wiegand, an elderly pastor who preached against antisemitism and was forced into early retirement by the church authorities, but went on to work with Berlin&#8217;s &#8220;Büro Grüber&#8221; to help Jews escape from Germany.</p>
<p>Much of the new research depends on reading the &#8220;chronicles&#8221; that every Lutheran pastor was required to keep, a mixture of private diary and official parish note-taking. In the small town of Plau they let me leaf through Wiegand&#8217;s ledger. Its later pages included a shocking sermon by a visiting pastor. Furious that some traditional churchgoers were not Nazi enough, he said Germany&#8217;s true Christians were outside the church, unlike the &#8220;pig-Christians&#8221; (Schweinchristen) who came to services.</p>
<p>I have to declare an interest: Wiegand was my grandfather. As with so many families, my German-born mother and her sisters never explained fully what he had done, and I never had a chance to ask &#8211; he died when I was four. We were told he started his career by trying to convert Galician Jews to Christianity, which sounded more negative than positive. The fact that his later life is a matter for pride remained hidden. Perhaps we were too shy to put questions, fearing the cupboard might contain shameful skeletons rather than a small-town hero.</p>
<p>The search for home truths is always hard, but Germany&#8217;s new generations need to keep on pushing. Don&#8217;t congratulate them too fast. The job is not yet done.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/18715/germanys-search-for-home-truths-continues-75-years-on/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>To Resist Hitler and Survive</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/18698/to-resist-hitler-and-survive/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/18698/to-resist-hitler-and-survive/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 03 Feb 2008 14:34:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=18698</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Susan Neiman</strong>, the director of the Einstein Forum and the author of the forthcoming <em>Moral Clarity: A Guide for Grown-Up Idealists</em> (THE NEW YORK TIMES, 03/02/08):</p>
<p>Walking to work on Tuesday I was startled to see three large wreaths of flowers tossed on the rainy sidewalk like the dead Christmas trees the garbage trucks just reclaimed. Recalling that the building on that sidewalk housed the tiny office of Potsdam’s Jewish community, and that this week was the 75th anniversary of Hitler’s seizure of power, I turned to look closer. The carnations and zinnias were mismatched and garish, the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/18698/to-resist-hitler-and-survive/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Susan Neiman</strong>, the director of the Einstein Forum and the author of the forthcoming <em>Moral Clarity: A Guide for Grown-Up Idealists</em> (THE NEW YORK TIMES, 03/02/08):</p>
<p>Walking to work on Tuesday I was startled to see three large wreaths of flowers tossed on the rainy sidewalk like the dead Christmas trees the garbage trucks just reclaimed. Recalling that the building on that sidewalk housed the tiny office of Potsdam’s Jewish community, and that this week was the 75th anniversary of Hitler’s seizure of power, I turned to look closer. The carnations and zinnias were mismatched and garish, the cheapest arrangements on the market in a budget-cutting age.</p>
<p>That said, Germany has spent millions of dollars commemorating the Holocaust with monuments, museums and educational initiatives that show no sign of letting up. The effort and expense is impressive and is a model for other countries dealing with their darkest pasts. Indeed, artists and intellectuals at the Center for Cultural Decontamination in Belgrade turn to their German colleagues for advice about coming to terms with the Milosevic era. Historians in Moscow debate whether to take lessons from their once-mortal enemy when examining their country’s Stalinist terror.</p>
<p>What attracts international attention are Germany’s largest initiatives. It was no small signal to set a Holocaust monument that’s larger than a football field next to Brandenburg Gate, Berlin’s equivalent of London’s Big Ben. It takes more time to discover the smaller memorials: the wreaths commemorating one of the many annual dates marking the steps to the Holocaust or the small brass plaques a German artist placed in front of apartment buildings listing the name of a Jew who had once lived there, along with the camp to which he or she was deported. There are no plaques outside my apartment, but the architect who renovated the building three years ago chiseled a long quotation from the playwright Heiner Müller reminding ordinary Germans of their responsibility for the Nazi regime and left a large swathe of facade unrenovated to remind tenants daily of the mortar holes left by the war.</p>
<p>The effort to find new ways to remember is prodigious, and it can still produce emotion among people who think they’ve seen it all. The German newsweekly Der Spiegel published a special issue commemorating the 75th anniversary filled with photos that turn your stomach today. But is nausea — or grief or guilt — what we want to induce to prevent racism and genocide?</p>
<p>To be sure, German foreign policy has learned its lessons, but in domestic matters the situation can be mixed. Last week, the Christian Democratic premier of Hesse, Germany’s central province, played the race card in his re-election campaign, which focused on fears of immigration. Although many voters defected and the premier lost his absolute majority, his party was still the top vote-getter, suggesting that many here have no qualms with anti-foreigner rhetoric. His party’s leader, Chancellor Angela Merkel, did nothing to condemn his tactics and made a waffling statement many viewed as support for the premier.</p>
<p>Germany is not alone in its quest for the right sort of memory, and it has done a better job than most. But the 75th anniversary of Hitler’s rise to power should be an occasion to reflect on how historical crimes are remembered. I propose we restrain our attention to the suffering of the victims of those crimes and turn to the courage of those who worked to stop the criminals. This would return us to an older model, where claims to legitimacy are focused on what you’ve done to the world, not what the world did to you. It wouldn’t ignore the victims, but it would return the heroes to center stage.</p>
<p>Which heroes we choose would be crucial. Here too Germany serves as a model from which we all could learn. It has chosen its resistance heroes, and it has chosen them wrong. Every child here knows the names of Hans and Sophie Scholl, college students who were guillotined for distributing anti-Nazi pamphlets. Most German cities have streets or schools named after them. Tom Cruise has added his fame to a new film about Claus Schenk von Stauffenberg, the oft-sung leader of a group of officers hanged for their failed attempt on Hitler’s life.</p>
<p>The courage of such people should not be forgotten, but the message their stories convey is grim: their deeds cost them their lives, and accomplished nothing. It’s a message that comforts the millions of Germans who didn’t try to oppose the regime.</p>
<p>By contrast, one of the most successful acts of resistance in the Third Reich is not well known. In 1943, when the Nazis were undecided about whether to deport and murder Jewish spouses of non-Jews, they tested the waters by rounding up nearly 2,000 Jewish men whose non-Jewish wives had already withstood considerable government pressure to divorce them. These wives spontaneously gathered in front of the building in the Rosenstrasse where their husbands were being held. For one long week they refused to leave the little square in central Berlin, despite the Gestapo machine guns trained upon them.</p>
<p>It’s often said that nonviolent resistance worked for Gandhi and Martin Luther King because their oppressors were civilized; the governments of Britain and the United States could be bested by the moral courage of their opponents, while totalitarian regimes simply shoot them. This not only underestimates the evils of racism, but also our possibilities of combating them.</p>
<p>For in Berlin’s Rosenstrasse, the police backed down. The men were released. They and their families survived. And in a country that devotes so much time and energy to commemorating the victims, these brave women remain anonymous; all that really marks their story is a small clay-colored memorial in a park that few Berliners know. Seeing it moves many to tears. But what’s tragic are not these heroes, but the fact that there were not more. Others were deterred less by the Nazi terror than by a much older message: heroic action is futile, and mostly ends in death, besides.</p>
<p>After all these years, isn’t it time to send a message to Germany’s children — and everyone else’s — that will help them to stand up against present evils as well as mourning past ones?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/18698/to-resist-hitler-and-survive/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>How Democracy Produced a Monster</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/18697/how-democracy-produced-a-monster/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/18697/how-democracy-produced-a-monster/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 03 Feb 2008 14:20:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=18697</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Ian Kershaw</strong>, a professor of modern history at Sheffield University and the author of the forthcoming <em>Hitler, the Germans and the Final Solution</em> (THE NEW YORK TIMES, 03/02/08):</p>
<p>Could something like it happen again? That is invariably the first question that comes to mind when recalling that <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/h/adolf_hitler/index.html?inline=nyt-per" title="More articles about Adolf Hitler.">Hitler</a> was given power in <a href="http://topics.nytimes.com/top/news/international/countriesandterritories/germany/index.html?inline=nyt-geo" title="More news and information about Germany.">Germany</a> 75 years ago last week. With the world now facing such great tensions and instability, the question seems more obvious than ever.</p>
<p>Hitler came to power in a democracy with a highly liberal Constitution, and in part by using democratic freedoms to undermine and then &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/18697/how-democracy-produced-a-monster/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Ian Kershaw</strong>, a professor of modern history at Sheffield University and the author of the forthcoming <em>Hitler, the Germans and the Final Solution</em> (THE NEW YORK TIMES, 03/02/08):</p>
<p>Could something like it happen again? That is invariably the first question that comes to mind when recalling that <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/h/adolf_hitler/index.html?inline=nyt-per" title="More articles about Adolf Hitler.">Hitler</a> was given power in <a href="http://topics.nytimes.com/top/news/international/countriesandterritories/germany/index.html?inline=nyt-geo" title="More news and information about Germany.">Germany</a> 75 years ago last week. With the world now facing such great tensions and instability, the question seems more obvious than ever.</p>
<p>Hitler came to power in a democracy with a highly liberal Constitution, and in part by using democratic freedoms to undermine and then destroy democracy itself. That democracy, established in 1919, was a product of defeat in world war and revolution and was never accepted by most of the German elites, notably the military, large landholders and big industry.</p>
<p>Troubled by irreconcilable political, social and cultural divisions from the beginning, the new democracy survived serious threats to its existence in the early postwar years and found a semblance of stability from 1924 to 1928, only to be submerged by the collapse of the economy after the Wall Street crash of 1929.</p>
<p>The Nazis’ spectacular surge in popular support (2.6 percent of the vote in the 1928 legislative elections, 18.3 percent in 1930, 37.4 percent in July 1932) reflected the anger, frustration and resentment — but also hope — that Hitler was able to tap among millions of Germans. Democracy had failed them, they felt. Their country was divided, impoverished and humiliated. Scapegoats were needed.</p>
<p>It was easy to turn hatred against Jews, who could be made to represent the imagined external threat to Germany by both international capitalism and Bolshevism. Internally, Jews were associated with the political left — Socialist and Communist — which was made responsible by Hitler and his followers for Germany’s plight.</p>
<p>Increasingly, Hitler seemed to a good third of the German electorate the only hope to putting the country back on its feet, restoring pride and bringing about national salvation. By 1930 it was effectively impossible to rule Germany without Nazi backing. But while Nazi electoral gains could block democracy, they were insufficient to bring Hitler to power.</p>
<p>From 1930 onwards, therefore, the German state was locked in stalemate. Democratic forms remained. But democracy itself was in effect dead, or at least dying. The anti-democratic elites tried to broker solutions, but failed on account of Hitler’s intransigence. Ultimately, because he could find no other authoritarian solution, President Paul von Hindenburg appointed Hitler as head of government, or chancellor, on Jan. 30, 1933. What followed led to disaster for Germany, for Europe and for the world.</p>
<p>These distant events still have echoes today. In Europe, in the wake of increased <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/subjects/i/immigration_and_refugees/index.html?inline=nyt-classifier" title="More articles about immigration.">immigration</a>, most countries have experienced some revival of neo-fascist, racist movements. Not so long ago, Serbian nationalism, inflamed by President <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/m/slobodan_milosevic/index.html?inline=nyt-per" title="More articles about Slobodan Milosevic.">Slobodan Milosevic</a>, set off war and ethnic cleansing within the continent.</p>
<p>Today, too, skillful politicians around the globe have proved adept at manipulating populist sentiment and using democratic structures to erect forms of personalized, authoritarian rule. President <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/p/vladimir_v_putin/index.html?inline=nyt-per" title="More articles about Vladimir V. Putin.">Vladimir Putin</a> has gradually moved Russia, a country increasingly flexing its muscles internationally again, in that direction. Venezuela, under President <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/c/hugo_chavez/index.html?inline=nyt-per" title="More articles about Hugo Chavez.">Hugo Chávez</a>, has also showed distinct authoritarian tendencies, though these have been at least partly blocked through his defeat in the December referendum to change its Constitution.</p>
<p>In Zimbabwe, President <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/m/robert_mugabe/index.html?inline=nyt-per" title="More articles about Robert Mugabe.">Robert Mugabe</a> has turned democracy into personal rule, ruining his country in the process. In Pakistan, democracy largely provides a facade for military rule, even if President <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/m/pervez_musharraf/index.html?inline=nyt-per" title="More articles about Pervez Musharraf.">Pervez Musharraf</a> has now put aside his uniform. Most worryingly, perhaps, President <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/a/mahmoud_ahmadinejad/index.html?inline=nyt-per" title="More articles about Mahmoud Ahmadinejad.">Mahmoud Ahmadinejad</a> has used populist support in a pluralist system to push Iran into a hazardous foreign policy, though he does remain formally subordinate to the “supreme leader,” Ayatollah <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/k/ali_khamenei/index.html?inline=nyt-per" title="More articles about Ali Khamenei.">Ali Khamenei</a>.</p>
<p>None of these examples, however, poses a close parallel to what happened in Germany in 1933. Neo-fascist movements in Europe can certainly terrorize minorities. And they have had success in stirring such resentment about immigrants that mainstream political parties have taken account of the swell of feeling.</p>
<p>However, short of some unforeseeable eventualities like major war or, perhaps less unlikely, another meltdown of the economic system, neo-fascist movements will remain on the fringes of politics. And none of these parties, unappealing though their internal policies are, can today conceive of preparing for a war of conquest with the ultimate aim of a grasp at world power.</p>
<p>Elsewhere, there are — and always will be — nasty forms of authoritarianism (some supported by democratic governments). But neither in their acquisition of power nor in their use of it do modern authoritarian rulers much resemble Hitler. International organizations and institutions that did not exist in interwar Europe — the <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/organizations/u/united_nations/index.html?inline=nyt-org" title="More articles about the United Nations.">United Nations</a>, the <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/organizations/e/european_union/index.html?inline=nyt-org" title="More articles about the European Union.">European Union</a>, the <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/organizations/w/world_bank/index.html?inline=nyt-org" title="More articles about World Bank">World Bank</a>, the <a href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/organizations/i/international_monetary_fund/index.html?inline=nyt-org" title="More articles about the International Monetary Fund.">International Monetary Fund</a> — also provide some barriers to the sort of calamity that engulfed Germany.</p>
<p>Moreover, democracies under pressure can still pose obstacles to creeping authoritarianism. Vladimir Putin looks as if he will indeed step down as president and not risk a breach of the Constitution (though effective power will probably remain in his own hands), while Hugo Chávez has been forced (maybe temporarily) to give up his ambitions to become a president for life. Even once Hitler had been appointed chancellor, it took the Reichstag fire, a month later, to begin the destruction of the last vestiges of democracy and pave the way to his full control.</p>
<p>Mercifully, what happened in Germany in 1933, and its aftermath, will remain a uniquely terrible episode in history. What took place then reminds us even so of the illusory assumption that democracy will always be a favored choice of a population torn apart by war, facing enormous privations and burning with resentment at national humiliation through perceived foreign interference. It also reminds us — if such a reminder is necessary — of the need for international cooperation to restrain potential “mad dogs” in world politics before they are dangerous enough to bite.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/18697/how-democracy-produced-a-monster/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El monstruo nazi del lago Ness</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/17867/el-monstruo-nazi-del-lago-ness/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/17867/el-monstruo-nazi-del-lago-ness/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 02 Dec 2007 22:03:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=17867</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Héctor Feliciano</strong>, periodista y autor de <em>El museo desaparecido &#8211; La conspiración nazi para robar las obras maestras del arte mundial </em>(EL PAÍS, 02/12/07):</p>
<p>A más de sesenta años del fin de la II Guerra Mundial, la situación del expolio nazi es el último capítulo de ese denso periodo de la historia europea que no acaba de darse por concluido. Y es que, por lo visto, es una historia de nunca acabar.</p>
<p>De 1939 a 1945, Hitler y los nazis saquearon a los países ocupados del continente extrayendo centenares de miles de pinturas, dibujos y esculturas, cientos de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/17867/el-monstruo-nazi-del-lago-ness/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Héctor Feliciano</strong>, periodista y autor de <em>El museo desaparecido &#8211; La conspiración nazi para robar las obras maestras del arte mundial </em>(EL PAÍS, 02/12/07):</p>
<p>A más de sesenta años del fin de la II Guerra Mundial, la situación del expolio nazi es el último capítulo de ese denso periodo de la historia europea que no acaba de darse por concluido. Y es que, por lo visto, es una historia de nunca acabar.</p>
<p>De 1939 a 1945, Hitler y los nazis saquearon a los países ocupados del continente extrayendo centenares de miles de pinturas, dibujos y esculturas, cientos de miles de muebles y millones de libros y manuscritos a propietarios judíos, masones u opositores políticos. De Francia, nada más, y sobre todo de París, entonces la capital mundial de la cultura, los nazis robaron, en cuatro años de ocupación, más de 100.000 pinturas.</p>
<p>Cabe introducir aquí una comparación para comprender la extensión del saqueo por los nazis. La colección principal del Museo de Arte Moderno de Nueva York, el MOMA, que comienza con Cézanne y Seurat, incluye a Picasso y a Matisse y culmina con Léger, Dalí, Miró y los surrealistas, se compone de unas 2.500 piezas.</p>
<p>Hitler y Göring, segundo en la jerarquía del Reich, poseían acceso directo a ese expolio artístico. Goering llegaba, incluso, a trasladarse desde Berlín a Francia, Bélgica y Holanda para evaluar u obtener toda obra robada que le interesara. A París llegó a realizar hasta cinco viajes privados a fin de conseguir obras expoliadas recientemente para su colección particular. Organizó, también, un sistema de trueque de pinturas robadas y empleó la valija diplomática del Reich para venderlas en Suiza.</p>
<p>Al concluir la guerra, las obras del expolio que no fueron recuperadas siguieron el natural trayecto del mercado del arte y, así, muchas fueron a parar a los museos, galerías, casas de subasta y colecciones particulares de Europa y de Estados Unidos.</p>
<p>El tema del expolio nazi ha sido, en nuestras sociedades, como una suerte de monstruo del lago Ness, que aparece y vuelve a desaparecer periódicamente, zambulléndose por décadas para luego volver a surgir. La duración de las apariciones tiene mucho que ver con el interés y la presteza de la opinión pública. La última aparición data de mediados de los años noventa y, afortunadamente, dura hasta nuestros días.</p>
<p>Cientos de familias se han vertido a ubicar lo que una vez les perteneció. Desde entonces, decenas de miles de obras expoliadas han sido devueltas a sus respectivos dueños, después de largos años de reclamaciones, demandas y espera. Quedan, quizá, centenares de miles por restituir, a pesar de que cada mes se da a conocer alguna nueva pintura o dibujo reclamados a algún museo, casa de subasta, galería o colección privada. Estas reclamaciones surgen en gran cantidad en los países en los que se luchó la guerra, desde la Unión Soviética hasta Estados Unidos, aunque también se han dado en otros como Suiza o España.</p>
<p>En este último, el caso, quizá, más conocido es el del gran lienzo de André Masson <em>La familia en metamorfosis</em>, que se halla en el Centro Reina Sofía, cuyos conservadores, al adquirirlo, desconocían enteramente su turbio pasado.</p>
<p>¿Por qué tanta complicación para que se restituya lo que fue evidentemente expolio durante la guerra? Se debe a una mezcla de razones. Primeramente, muchas leyes nacionales europeas consideran que los delitos han prescrito, aunque la jurisprudencia ha cambiado algo en los últimos años; segundo, es necesario, sobre todo en Estados Unidos, tener sólidas finanzas para enfrentarse a los altos costes legales en las cortes y para, luego, poder sostener la demanda durante, a menudo, años.</p>
<p>Sin embargo, la mayor injusticia de la situación yace en el hecho de que el tiempo juega en contra de los expoliados, pues mientras más nos alejamos de los años de la guerra, menos dueños y herederos quedan vivos que recuerden —o se empeñen en recordar y recuperar— aquello que una vez les perteneció. Y, así, el expolio nazi se va convirtiendo en un cuento de nunca acabar.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/17867/el-monstruo-nazi-del-lago-ness/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Un lugar para recordar los nombres</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/17391/un-lugar-para-recordar-los-nombres/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/17391/un-lugar-para-recordar-los-nombres/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 29 Oct 2007 19:23:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=17391</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Esther Bendahan</strong>, escritora, e <strong>Isaac Querub,</strong> presidente del Yad Vashem-España (EL PAÍS, 29/10/07):</p>
<p>A<em> Francisco Pérez Roldán, el maquinista del &#8216;Pisces&#8217;, para recordar su nombre olvidado y ahora restaurado.</em></p>
<p>En la entrada del Memorial de los Niños, uno de los edificios del Centro Yad Vashem, premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2007, hay un rostro de niño labrado en piedra: es la última imagen que retuvo su madre, donante de la sala donde el visitante, a oscuras, recorre un pasillo en espiral en torno a un centro iluminado únicamente por cientos de estrellas, que son el resultado &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/17391/un-lugar-para-recordar-los-nombres/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Esther Bendahan</strong>, escritora, e <strong>Isaac Querub,</strong> presidente del Yad Vashem-España (EL PAÍS, 29/10/07):</p>
<p>A<em> Francisco Pérez Roldán, el maquinista del &#8216;Pisces&#8217;, para recordar su nombre olvidado y ahora restaurado.</em></p>
<p>En la entrada del Memorial de los Niños, uno de los edificios del Centro Yad Vashem, premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2007, hay un rostro de niño labrado en piedra: es la última imagen que retuvo su madre, donante de la sala donde el visitante, a oscuras, recorre un pasillo en espiral en torno a un centro iluminado únicamente por cientos de estrellas, que son el resultado de los reflejos de una vela multiplicada por un juego de espejos. Durante el recorrido se escuchan los nombres de pequeños asesinados durante la Shoah: Joseph Ezratty Issac, fallecido a la edad de un año, nació en Grecia y murió en Auschwitz el 26-4-43; Khaim Vulman Moshe, 17 años, Berlín-Alemania, 9-5-45; Boris Abramovitch Ruvim, 17, Lituania-Estonia; Shimon Adelson Bentzion, 11, Polonia; Jeno Eisdoerfer Paul, 15, Hungría-Auschwitz; Ahron Englman Bela, 14, Hungría-Auschwitz; Shmuel Berkowitz Yechezkel, 15, Polonia-Auschwitz&#8230; Hacer el esfuerzo de retener al menos uno de estos nombres sería un mínimo homenaje a las víctimas.</p>
<p>El Memorial de los Niños es una de las salas del Centro de Estudios y Exposición Yad Vasehm, creado en 1953 por una ley del Parlamento israelí, para recordar a los millones de judíos asesinados por los nazis en Europa, pero también a quienes salvaron vidas de perseguidos, y premiar así a los valientes, recordar su nombre como ejemplo.</p>
<p>&#8220;Yo les daré mi casa y dentro de mis muros, memorial y recordatorio; mejor que hijos e hijas les daré un nombre eterno que nunca les será borrado&#8221; (Isaías 56, 5). Del original hemos traducido como &#8220;recordatorio&#8221; donde pone &#8220;Yad Vashem&#8221;; puesto que de este versículo toma el nombre el museo dedicado a la memoria de la Shoah en Jerusalem. Además de su didáctico contenido, el Yad Vashem conserva el mayor archivo mundial con documentos históricos, junto a un centro de estudios dedicado a la investigación y a la enseñanza. La significativa elección del nombre del centro ya refleja la intención profunda de este lugar para el recuerdo. <em>Yad</em> es mano, pero también lugar; <em>Va</em> es la conjunción; mientras que <em>Shem</em> significa nombre. Se puede traducir, pues, como la mano en el nombre, el lugar del nombre o recordatorio. Esta denominación refleja la intención de que cada uno de los nombres de las víctimas de la Shoah sea recordada.</p>
<p>Intención y lugar. Con este sentido aparecerá próximamente uno de los libros del centro, <em>El álbum de Auschwitz,</em> con las fotos de las víctimas, a las que se identifica cuando ha sido posible y se les añade su nombre.</p>
<p>Esta voluntad de salvar el nombre forma parte de un deseo firmemente arraigado en la memoria humana. Ya Herodoto narra que el Consejo de los Samos, para premiar la heroicidad de unos capitanes, grabó sus nombres y el de sus padres en una columna. Así a lo largo de la historia, en una tensión persistente, con dimensiones casi míticas y en especial en la modernidad, frente al deseo de conservar el nombre, está el de negar la historia, dar muerte definitiva a las víctimas. Esta negación se da desde el inicio del nazismo, es parte del mismo proyecto del exterminio; quisieron matar lo humano: primero les quitaron sus nombres, les tatuaron números, después les asesinaron&#8230; pero no fue suficiente. Como herramienta de guerra también se quiso matar la verdad. Como dice David Bankier, investigador del Yad Vashem, las deportaciones están perfectamente documentadas. Si alguien preguntaba &#8220;a dónde van los judíos&#8221;, la respuesta debía ser que no podía revelarse por razones de economía de guerra. Bankier añade: &#8220;Sin lugar a dudas, había una conciencia de la naturaleza criminal de la política antisemita nazi&#8221;. Los nazis inventaron un nuevo lenguaje para nombrar el exterminio y se desposeyó de humanidad a la víctima. Por eso, para vencer al verdugo, a su maldad más allá de lo histórico, casi un mal metafísico, hay que volver a nombrarlas. Ésa es nuestra victoria.</p>
<p>El Yad Vashem enseña asimismo cómo un ser humano, incluso en solitario, puede vencer al mal, mal que se produce no de una sola vez sino con cientos de mínimas acciones dirigidas a tergiversar la verdad para cambiar los valores democráticos. En este sentido, el centro tiene también como propósito desarrollar una conciencia activa.</p>
<p>La toma de conciencia sobre la importancia de la memoria y sobre la necesidad de emprender acciones para evitar el olvido es relativamente reciente. El Yad Vashem es, en este sentido, un ejemplo de cómo procurar la actualización del pasado sin que sangre la herida, porque ésta sana si se la reconoce como herida, si se escucha el dolor; sólo desde allí se puede reparar la piel dañada. Aunque siempre quedará la señal de una cicatriz como monumento y aviso.</p>
<p>Lo importante es que este museo no incita al odio ni pretende la venganza, pero sí salvar la verdad que se pretende negar. &#8220;En un campo, una de las razones que pueden impulsar a un deportado a sobrevivir es convertirse en testigo&#8221; (Agamben). Yad Vashem es su testigo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/17391/un-lugar-para-recordar-los-nombres/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La ocultación</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/16946/la-ocultacion/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/16946/la-ocultacion/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 22 Sep 2007 21:40:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Günter Grass]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=16946</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Adolfo García Ortega</strong>, escritor (EL PAÍS, 22/09/07):</p>
<p>Oculta tu vida, dice Epicuro. Frase admirable, tan tentadora como enigmática. Es importante, y legítimo, poder organizar la imagen que de la vida de uno tengan los demás. Organizar requiere espacio, fecundar lo ideal, dejar crecer lo positivo, empequeñecer lo negativo, cuando no directamente taparlo, eludirlo, borrarlo. Pero en la vida nada se borra; a lo sumo, aquello que es vergonzante o terrible se oculta mediante una enorme arquitectura de engaños y mentiras. Esto, por otra parte, es más común de lo que parece. Todos, más o menos, maquillan su pasado, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16946/la-ocultacion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Adolfo García Ortega</strong>, escritor (EL PAÍS, 22/09/07):</p>
<p>Oculta tu vida, dice Epicuro. Frase admirable, tan tentadora como enigmática. Es importante, y legítimo, poder organizar la imagen que de la vida de uno tengan los demás. Organizar requiere espacio, fecundar lo ideal, dejar crecer lo positivo, empequeñecer lo negativo, cuando no directamente taparlo, eludirlo, borrarlo. Pero en la vida nada se borra; a lo sumo, aquello que es vergonzante o terrible se oculta mediante una enorme arquitectura de engaños y mentiras. Esto, por otra parte, es más común de lo que parece. Todos, más o menos, maquillan su pasado, lo engrandecen o lo minimizan ante el temor de que lo juzguen sin matizaciones exculpatorias. Tememos el juicio y la imposibilidad de justificación, pero sobre todo tememos no poder cambiar el pasado.</p>
<p>Existir y desaparecer, en estos dos verbos consiste todo. Tranquiliza esta severidad epicúrea, a la hora de valorar la vida en sus más escuetos parámetros. Ser y dejar de ser. No hay nada más. No quiero juzgar a Günter Grass por la ocultación de su pertenencia a las Waffen-SS a los 17 años. Ni debo, por supuesto. Es su problema. No comparto los reproches que se le han hecho acerca de que ha sembrado la duda, ha generado desconfianza, ha perdido credibilidad, etcétera. No dejaría de ser un gran escritor por ello. Y grandeza aquí en sentido de escritor magistral, universal, magnífico. La grandeza moral tampoco la ha perdido. No hay que ser fariseo con las vidas ajenas.</p>
<p>Sin embargo, en el artículo de Juan Goytisolo <a href="http://www.almendron.com/tribuna/?p=16947"><em>Günter Grass y sus jueces</em></a> (EL PAÍS, 8-IX-07) leo una frase que me parece tan ambigua como peligrosa: &#8220;Hoy pienso que toda verdad confesa no es ni más ni menos que una ocultación derrotada&#8221;. Inquietante, cuando poco, ya que deduzco de aquí que la derrota de la ocultación es el fracaso de los intentos por mantenerla oculta, y no el logro de la justicia por sacar a la luz la verdad, sea cual sea.</p>
<p>Lo de Grass, que, como escribe John Irving en un extensísimo artículo (bastante bochornoso y hasta bravucón, me atrevería a decir) en defensa del Nobel alemán <em>(Babelia,</em> 8-IX-07), es ya &#8220;café frío&#8221; en Alemania, y me temo que en todo el mundo, hay que verlo en un doble aspecto: por una parte, no es algo &#8220;anormal&#8221;; es más, ha sido una práctica tolerada en Alemania durante la larga posguerra, amparada por el escenario amenazante de la guerra fría. ¿Cuántos ciudadanos no-famosos, no-escritores, no-mediáticos han pasado por el mismo &#8220;mal de juventud&#8221;, o cosas peores? En este sentido vale la pena leer la novela de Jonathan Littell <em>Les Bienveillantes (Las Clementes,</em> de próxima aparición en España), novela extraordinaria por muchas razones, merecedora de los premios franceses más prestigiosos, como el Goncourt o el de la Academia, escrita directamente en un francés no menos fascinante por un norteamericano que ha recibido la nacionalidad francesa gracias al monumental alarde que ha supuesto su escritura. La novela relata magistralmente, a lo largo de sus más de novecientas páginas, las memorias ficticias de un ex miembro de las Waffen-SS que ha ejercido la ocultación de su pasado al acabar la guerra, y que, como tantos y tantos otros en Alemania, acabaron por pasar por ciudadanos honrados, trabajadores, médicos, empresarios y escritores cuya ocultación nunca fue derrotada, luego no fue necesaria ninguna verdad confesa. Leer las memorias de Grass a la luz de <em>Les Bienveillantes</em> incrementa esa desazón y esa inquietud que el <em>caso Grass,</em> legítimo en lo personal, ha abierto de pronto en lo social.</p>
<p>Y ello, inevitablemente, me lleva a pensar en el segundo aspecto de su confesión: el momento. Creo que el &#8220;pecado&#8221; (término inexacto, pero que a tenor de la lectura de <em>Pelando la cebolla</em> se torna el apropiado, pues Grass trata de hacer ver al lector que juega con el arrepentimiento, aunque lo traslada a un estado de fatalidad juvenil, de engaño colectivo, precisamente la justificación que siempre esgrimió la sociedad alemana), el pecado, digo, de Grass, lo que para algunos tiene una dimensión inmoral, es la oportunidad de su confesión, haciéndola coincidir con la salida de su libro. Increíblemente se convierte en parte de su promoción, aviniéndose a integrarla como un elemento de <em>marketing</em> más para que sus ventas alcancen grandes cifras por la prometida revelación de un escándalo. Escándalo, por otra parte, muy descafeinado, ya que llega tarde y llega cuando ya no importa&#8230; salvo para vender libros. Y lo ha conseguido.</p>
<p>El oportunismo es lo que puede pasar por intolerable, e incluso censurable. Esto es lo que ahora es inmoral, digan lo que digan sus defensores, ya que inmoral fue siempre, en aquella época nada lejana, ser nazi, filonazi o de las Waffen-SS, por mucho que las circunstancias históricas y juveniles fuesen una venda en los ojos. La broma macabra del destino es esa doble <em>ss</em> de su apellido, algo así como una condena a perpetuidad.</p>
<p>La gran duda vital es ésta: ¿gobierna uno lo que le sucede? Tal vez sí. O tal vez no, pues ¿hasta qué punto puede uno planear su vida, gobernarla o controlarla? La pregunta, en consecuencia, sigue siendo: ¿están en mis manos las esperanzas, los amores, las desesperaciones, las actitudes frente a los conflictos y frente a la felicidad propia y ajena, todo eso que conforma el suceder de la vida? ¿No son acaso descubrimientos, encuentros, hechos que acaecen y me involucran sin que exista en mí una voluntad determinante que permita toda previsión? La memoria, como bien apunta Goytisolo, es la mayor deformadora de la realidad, jamás es lineal y reproduce tan fantasmagóricamente como reconstruye con imaginación, alterando, al manifestarse de algún modo, los valores y puntos de vista. La memoria es la gran creadora. Parafraseando a Wittgenstein, el recuerdo y la realidad necesitan un espacio. La literatura es la proveedora de espacios por excelencia. Es más, la literatura es el espacio en que se funden recuerdo y realidad para dar origen a otra cosa que participa de ambas y que se acerca al mito. &#8220;Escribir es una recompensa admirable y dulce; pero ¿de qué?&#8221;, se pregunta Franz Kafka. Puede que Grass tenga una respuesta que salga en otro volumen, alguna vez. Él también ha querido existir y desaparecer. Con el tiempo, todos acabamos arrastrando monstruos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/16946/la-ocultacion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Germany&#8217;s mythic titans</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/16811/germanys-mythic-titans/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/16811/germanys-mythic-titans/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 13 Sep 2007 07:28:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=16811</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Hywell Williams</strong> (THE GUARDIAN, 13/09/07):</p>
<p>Conventional political history, with its story of elections won and lost, struggles to explain what happened to Germany between the unification of 1871 and the nemesis of 1945. Here we are at the furthermost limits of the usefulness of &#8220;facts&#8221;. The consequences of nazism were so catastrophic that there is a gap of historical explanation that might link the possible factual causes with that final Götterdämmerung effect. This remains a mysterious question and it explains why the history of the Third Reich remains big business: a teasing psychodrama as well as a consuming Holocaust. &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16811/germanys-mythic-titans/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Hywell Williams</strong> (THE GUARDIAN, 13/09/07):</p>
<p>Conventional political history, with its story of elections won and lost, struggles to explain what happened to Germany between the unification of 1871 and the nemesis of 1945. Here we are at the furthermost limits of the usefulness of &#8220;facts&#8221;. The consequences of nazism were so catastrophic that there is a gap of historical explanation that might link the possible factual causes with that final Götterdämmerung effect. This remains a mysterious question and it explains why the history of the Third Reich remains big business: a teasing psychodrama as well as a consuming Holocaust. It&#8217;s at this point that the historian needs an artist&#8217;s imagination.</p>
<p>Other novelists before AN Wilson &#8211; whose fictional take on Adolf and the Wagners, Winnie and Wolf, was a surprise omission last week from the Man Booker shortlist &#8211; have tried their hand at a fictional account of Hitler. Beryl Bainbridge brought a quizzical genius to her picture of a gauche outsider in Young Adolf. Richard Hughes and George Steiner described a mysterious demon. But Wilson presents a more plausible figure by placing him firmly in the Wagnerian aesthetic while building on what we know of his affection for Winifred Wagner, the composer&#8217;s daughter-in-law and director of the Bayreuth festival in the 1930s. It was the artist in Hitler who succumbed to that cult of Nordic self-realisation and ensured subsidies for the Festspielhaus, while the politician in him saw exactly why Richard Wagner&#8217;s reinvention of medieval mythology appealed to German audiences.</p>
<p>The Ring of the Nibelung, a powerful indictment of materialism, shows how those who wish to love must give up power. It is the renunciation of the will &#8211; not its triumph &#8211; that is basic to Wagner&#8217;s art. But to the original audiences of the late 19th century, just as for Hitler, it was the energy of a truly German art that was the real message. Those mythic titans on the Bayreuth stage were all too easily equated with the Promethean energy of a country that became an economic superpower in the 1880s.</p>
<p>But there was a gap between this material success and Germany&#8217;s political status. After so many centuries as a collection of small states, this newly unified country was neurotic about its relationship with the great powers of Britain, France and Russia. This sense of fragility accounts for the common emphasis on the holiness of the homeland &#8211; a Heimat that needed defending against sacrilege. If this was true at the end of the 19th century, it was doubly so in the misery of the 1920s, a time of national humiliation with the French occupation of the Rhineland.</p>
<p>It is a brave novelist who tackles these giant themes. The historical novel that mingles fact with invented incident is a tricky genre and the novel of ideas, although a German tradition, is hardly an English one. But Wilson&#8217;s achievement is startling, the product of profound immersion in the German intellectual journey from a 19th-century crisis of religious faith to a 20th-century collapse into nihilism. Most contemporary English fiction looks rather etiolated and pointless by comparison.</p>
<p>As Wilson&#8217;s narrator says in his story there was an aesthetic cost, as well as personal suffering, involved in national socialism. Because the Nazis had appropriated so much of German art, literature, music and religion, it became necessary to &#8220;cleanse&#8221; much that was good as well as bad during the denazification process. That &#8220;Gothic&#8221; or medievalising element in German culture &#8211; seen in the canvases of Caspar David Friedrich as well as heard in Wagner&#8217;s music &#8211; simply disappeared. Awareness of complexity and avoidance of simple moralism are the signs of a great artist; 21st-century historians will need the same gifts to unravel the causes of Germany&#8217;s 20th-century tragedy.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/16811/germanys-mythic-titans/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Günter Grass y sus jueces</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/16947/gunter-grass-y-sus-jueces/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/16947/gunter-grass-y-sus-jueces/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 08 Sep 2007 21:35:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Günter Grass]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=16947</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Goytisolo, </strong>escritor (EL PAÍS, 08/09/07):</p>
<p>Hace aproximadamente un año, la tan traída y llevada entrevista con Günter Grass en el <em>Frankfurter Allgemeine Zeitung</em> con motivo de la publicación de su libro de memorias, <em>Pelando la cebolla,</em> provocó un auténtico linchamiento mediático en Alemania y fuera de ella. Autoproclamados fiscales y jueces, limpios, claro está, de toda culpa y mancha, arremetieron contra el novelista por haber reconocido su breve alistamiento en la Waffen-SS en los meses que precedieron al derrumbe del Tercer Reich.</p>
<p>El abultado número de justicieros venidos de ámbitos muy diversos -algunos de ellos merecedores de todo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16947/gunter-grass-y-sus-jueces/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Goytisolo, </strong>escritor (EL PAÍS, 08/09/07):</p>
<p>Hace aproximadamente un año, la tan traída y llevada entrevista con Günter Grass en el <em>Frankfurter Allgemeine Zeitung</em> con motivo de la publicación de su libro de memorias, <em>Pelando la cebolla,</em> provocó un auténtico linchamiento mediático en Alemania y fuera de ella. Autoproclamados fiscales y jueces, limpios, claro está, de toda culpa y mancha, arremetieron contra el novelista por haber reconocido su breve alistamiento en la Waffen-SS en los meses que precedieron al derrumbe del Tercer Reich.</p>
<p>El abultado número de justicieros venidos de ámbitos muy diversos -algunos de ellos merecedores de todo mi respeto- me sorprendió. Aunque habituado a las maneras de los aleccionadores profesionales -prefiero la expresión francesa <em>donneurs de leçons-,</em> los argumentos empleados para descalificar a Grass, fustigando la ceguera e irreflexión de un muchacho de 17 o 18 años y la ocultación del episodio durante seis décadas, me parecieron injustos, marcados unos por una autosuficiencia de dómine y otros por una avidez carroñera. ¡La ocasión de derribar del pedestal a un escritor de su talla y talento artístico no se presenta todos los días!</p>
<p>Por referirse a un libro que, dado mi lamentable desconocimiento del alemán, no podía consultar, preferí callar y esperar. La reciente traducción de <em>Pelando la cebolla</em> me ha facilitado el acceso a sus páginas y, gracias a ello, me permito meter baza, aun tardíamente, en una polémica no extinta del todo.</p>
<p>El libro de memorias de Grass no tiene la ambición y maestría literaria de las grandes novelas suyas que he leído y releído <em>-El tambor de hojalata, El rodaballo</em> y, sobre todo, <em>Es cuento largo,</em> a la que dediqué un largo ensayo-, pero su lectura es incitativa y a ratos apasionante. Conozco por experiencia las trampas de la memoria y la manipulación literaria inherente a toda biografía en la medida en que dota de una posterior coherencia a recuerdos dispersos, y los integra en la estructura de un relato que se rige conforme a leyes distintas. En otras palabras, la labor del arqueólogo se transmuta en obra de ingeniería. Günter Grass lo sabe tan bien como yo, y a lo largo del libro subraya el lapso que separa el yo adolescente y juvenil del yo que compone el texto. ¿Se trata de un mismo yo, o el yo es otro? ¿Qué instancia intermedia los separa? El recuerdo del recuerdo del recuerdo ¿es todavía un recuerdo? Pisamos arenas movedizas y debemos caminar con tiento si no queremos enviscarnos en ellas.</p>
<p>La tentación de condenar sin apelación al muchacho que un día fue no nos concedería la facultad de entenderlo. Las consignas patrióticas del entorno nazi, el seductor proyecto de la Gran Alemania y la guerra a muerte contra la horda bolchevique cautivaron a una multitud de jóvenes que creyeron a pies juntillas en el discurso delirante de Hitler. Como tantos compatriotas mayores que yo que militaron en las filas de la Falange hasta el día en que se quitaron las telarañas de los ojos, el Grass temperamental e inmaduro siguió ciegamente un esquema irracional y patriótico que no era suyo. El escritor de hoy podría alegar con razón la habitual insensatez juvenil y el silencio de todos, pero no cede a este acomodo fácil. No busca evasivas ni disculpas. Al evocar la trayectoria de su yo de entonces, sigue los pasos incautos de aquel doble remoto desde su ingreso voluntario en el Ejército con el sueño de ser submarinista -ilusión frustrada por su minoría de edad-, a la posterior adscripción al llamado Servicio de Trabajo y, por fin, mientras el poder nazi se desmorona en todos los frentes, a la Waffen-SS, la fanática organización hitleriana a la que el <em>führer</em> encomendaba la creación del Orden Nuevo.</p>
<p>Creyente hasta el fin, el joven Grass ignoraba la cruda realidad de la Shoa y del universo concentracionario. Su inexperiencia le salvó de mancharse las manos de sangre en el frente ruso, y no fue sino un pelele sacudido por el vendaval de los acontecimientos. Como otros colegas suyos, el autor podría haber puesto entre paréntesis el desvarío juvenil, pero al pelar la cebolla del recuerdo, hoja tras hoja y capa tras capa, rehúsa escudarse en el &#8220;no sabía&#8221; y en una neblinosa culpabilidad colectiva. Adelantándose a las críticas que lloverían sobre él, expone con nitidez sus sentimientos en unos párrafos que me permitiré citar por extenso:</p>
<p>&#8220;Lo que había aceptado con el tonto orgullo de mis años jóvenes quise ocultármelo a mí mismo después de la guerra, por una vergüenza que surgió después. No obstante, la carga subsistía y nadie podía aligerarla.</p>
<p>Es verdad que durante mi adiestramiento en la lucha de tanques, que me embruteció durante el otoño y el invierno, no se sabía nada de los crímenes de guerra que luego salieron a la luz, pero la afirmación de mi ignorancia no podía disimular mi conciencia de haber estado integrado en un sistema que planificó, organizó y llevó a cabo el exterminio de millones de seres humanos. Aunque pudiera convencerme de no haber tenido una culpa activa, siempre quedaba un resto, que hasta hoy no se ha borrado, y que con demasiada frecuencia se llama responsabilidad compartida. Viviré con ella los años que me queden, eso es seguro&#8221;.</p>
<p>La exposición cabal de los hechos y de los sentimientos que <em>a posteriori</em> le embargan no puede ser más explícita y clara. Grass no escamotea el pasado: muy al revés, asume su carga con las consecuencias que ello acarrea. Queda el punto controvertido de su revelación tardía. ¿Por qué tanto tiempo antes de sincerarse? La cuestión es compleja y no admite respuestas simplistas. Todos administramos mejor o peor los propios recuerdos y las situaciones difíciles a las que nos enfrenta la vida: procuramos velar los episodios poco gloriosos de ésta hasta que el peso acumulado se vuelve insoportable. Por poner un ejemplo que me concierne, yo mismo llevé durante unos años una carga semejante, cuando cedí a un impulso sexual considerado aberrante no sólo en el entorno social y católico de la España franquista, sino también en los medios de la izquierda marxista que frecuentaba en París, y traté de esconderlo a los demás y, sobre todo, a la mujer que quería. El disimulo me obligaba a asumir una sucesión de mentiras cuyo número aumentaba de día en día hasta el extremo de asfixiarme. Y acabé así por ser sincero porque era un ocultador desesperado. Hoy pienso que toda verdad confesa no es ni más ni menos que una ocultación derrotada.</p>
<p>Contrariamente a quienes viven de exhibir su biografía impoluta o un victimismo rentable, Grass ha tenido el valor de exponer llanamente la nesciencia del joven que fue y debemos por ello darle las gracias.</p>
<blockquote><p>Le responde <strong>Adolfo García Ortega</strong>: <a href="http://www.almendron.com/tribuna/?p=16946">La Ocultación</a>.</p></blockquote>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/16947/gunter-grass-y-sus-jueces/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>The evidence mounts: Hitler was a bad man</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/16609/the-evidence-mounts-hitler-was-a-bad-man/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/16609/the-evidence-mounts-hitler-was-a-bad-man/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 11 Aug 2007 10:56:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=16609</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Chris Addison</strong>, the author of Cautionary Tales for Grown-Ups (THE TIMES, 11/08/07):</p>
<p>The famous dictator and Nazi regalia enthusiast Adolf Hitler has been in the news again, which just goes to show that everlasting memories of horrendous genocide are almost as effective as being snapped alighting knickerless from a taxi semi weekly as a way of keeping you in the public eye. This time the excuse for trotting out more pictures of Hitler looking as if his milliner’s measuring tape might be a little off is the “discovery” of his record collection. and within it the works of &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16609/the-evidence-mounts-hitler-was-a-bad-man/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Chris Addison</strong>, the author of Cautionary Tales for Grown-Ups (THE TIMES, 11/08/07):</p>
<p>The famous dictator and Nazi regalia enthusiast Adolf Hitler has been in the news again, which just goes to show that everlasting memories of horrendous genocide are almost as effective as being snapped alighting knickerless from a taxi semi weekly as a way of keeping you in the public eye. This time the excuse for trotting out more pictures of Hitler looking as if his milliner’s measuring tape might be a little off is the “discovery” of his record collection. and within it the works of a number of Russian composers and Jewish musicians. There among the <em>Bayreuth Live!</em> recordings and – I’m only guessing here, you understand – self-help tapes, including <em>Seven Habits of Highly Mistaken Lunatics</em> and <em>Polish for Beginners</em>, were recordings of works by Tchaikovsky, Rachmaninov and others whom he accused of creating “sub-human” music.</p>
<p>First, let’s be fair: we’ve all got embarrassing things in our record collections. In my younger days I had a copy of Whitney Houston’s <em>I Wanna Dance with Somebody</em> on seven-inch, before it occurred to me that I was a boy in the late stages of adolescence and not a mid-forties divorcée. I’m entirely certain that dinner parties that I’ve hosted in the hope of converting new acquaintances into full-blown friends have ended early when guests’ eyes have alighted on that old cassette of Boney M’s seminal <em>Nightflight to Venus</em> album so beloved of my seven-year-old self. Show me a man with a culturally faultless CD pile and I’ll show you a man with a loft.</p>
<p>But what those who have written up this story seem to want us to learn from it is that Hitler was a hypocrite. I know, I know, and he seemed so <em>nice</em>.</p>
<p>I can’t help wondering what we’re supposed to do with this information. Is it supposed to make us feel less well disposed towards Hitler than we previously were? If so, how? Is it possible that there are people for whom someone being a practitioner of genocide but not a hypocrite is significantly preferable to a practitioner of genocide who is also a proven humbug? Are there perhaps even those for whom this record collection revelation could just act as the final tip of the balance in favour of the Hitler-Was-Not-a-Nice-Man school of thought? Let us assume for the sake of our optimism about the world that there are not such people (and in order to keep that assumption viable, let’s not go on the internet for a while).</p>
<p>Perhaps, these being 24-hour-news-cycle, goldfish-minded times, the ladies and gentlemen of the press are concerned that some of the old things we didn’t like about Hitler have become rather overfamiliar to us and stale, so that we need constant, fresh things to dislike about him: yeah, yeah, he plunged the world into the grisliest conflict in history’s bloody stagger through the 20th century – heard it; sure, sure, he exterminated millions off the back of catastrophic misreadings of Nietzsche and Darwin – tell us something we don’t know. He what? He used to turn his underpants inside out so he could wear them for two days, you say? Ooh, that Hitler.</p>
<p>You have to hope not. In truth, it’s most likely that this story has been reported to satisfy the peculiar appetite most of us have for knowledge of the peccadillos and smaller-scale misdoings of humanity’s blackest sheep. You can sit in school for terms on end exploring the finer points of the Munich beer hall putsch and Kristallnacht, but there is nothing you are more likely to remember in a pub quiz 15 years down the line than the details of Hitler’s alleged unconventional marrying of Saturday night bedtime naughties with the principle function of the human bowel.</p>
<p>You may imagine that we enjoy such items because they give us a key to understanding the inner workings of inconceivably warped minds, but I suspect that what truly lies behind our never ending interest in despot minutiae is, odd as it sounds, that it helps us to feel superior. Clearly, that is insane. As a rule of thumb, unless you have had an irate phone call from the UN confirming otherwise, you can, with absolute certainty, feel that you are better than Hitler.</p>
<p>Still, the story has done it’s job; we’ve all got to feel a bit cross and a bit superior without any of it really impinging on the time we’d set aside for DIY or feeling sorry for Amy Winehouse. And if we’re feeling a bit down again next week, the press can always run that story about Mussolini fiddling his Premium Bonds.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/16609/the-evidence-mounts-hitler-was-a-bad-man/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Publish and debunk this relic of history</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/16499/publish-and-debunk-this-relic-of-history/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/16499/publish-and-debunk-this-relic-of-history/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 27 Jul 2007 21:45:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Antisemitismo]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=16499</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Ben Macintyre</strong> (THE TIMES, 27/07/07):</p>
<p><a href="http://www.timesonline.co.uk/multimedia/archive/00191/Mein_Kampf_Review_191918a.jpg" target="new">Read the 1933 Times Editorial on Mein Kampf</a></p>
<p>Seventy-four years ago this week, The Times started serialising the worst book ever written. Adolf Hitler had dictated Mein Kampf in Landsburg Prison in 1924, while incarcerated for his attempted putsch against the German Government. The book would not be published in Britain until October 1933, but this newspaper obtained the rights to run exclusive extracts four months earlier.</p>
<p>The Times explained that it was publishing this vile, anti-Semitic rant on the grounds that “readers will find it illuminating as a psychological revelation [which] will show &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/16499/publish-and-debunk-this-relic-of-history/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Ben Macintyre</strong> (THE TIMES, 27/07/07):</p>
<p><a href="http://www.timesonline.co.uk/multimedia/archive/00191/Mein_Kampf_Review_191918a.jpg" target="new">Read the 1933 Times Editorial on Mein Kampf</a></p>
<p>Seventy-four years ago this week, The Times started serialising the worst book ever written. Adolf Hitler had dictated Mein Kampf in Landsburg Prison in 1924, while incarcerated for his attempted putsch against the German Government. The book would not be published in Britain until October 1933, but this newspaper obtained the rights to run exclusive extracts four months earlier.</p>
<p>The Times explained that it was publishing this vile, anti-Semitic rant on the grounds that “readers will find it illuminating as a psychological revelation [which] will show how Hitler came to hate the Jews”. Even so, the Editor of the day, George Dawson, was plainly holding his nose as he placed Mein Kampf (“My Struggle”) in the public domain.</p>
<p>The accompanying editorial spoke of the author as a “fanatical anti-Semite” with “a few ideas, harshly created and stubbornly held”. It noted Hitler’s “revengeful fury” and the “cruel acts of savagery which have degraded Germany in the eyes of the world”. The editorial concluded: “The Hitler regime has actually been established by violence [and] legalised terrorism is still necessary to its maintenance.”</p>
<p>Few in 1933 could have foreseen the full scale of the horror that Hitler would shortly unleash, but there is a flicker of premonition in this newspaper’s palpable distaste. Dawson must also have wondered whether, in giving space to Hitler’s noxious ideas, he was also spreading and encouraging them. Was The Times justified in publishing Hitler’s tract? Or are there some words so ugly in import and so violent in intent, that they should be locked away? Is Hitler’s creed an ideological poison, liable to corrupt and contaminate anyone who is exposed to it? These questions have been asked about Mein Kampf ever since it first appeared, and it is an issue of fierce debate in Germany today, where Horst M�ller, a leading German historian, has called for the book to be published openly for the first time since 1945.</p>
<p>The Bavarian state authorities own the copyright to Hitler’s writings, but maintain an effective ban by refusing all requests to print it. Officially, the book cannot be bought in Germany, Israel, Norway or Switzerland. It is illegal to own it in Austria and to sell it in the Netherlands. But the book is available for sale in the US and Britain, as well as through internet bookshops. About 3,000 copies are sold every year in the UK.</p>
<p>Mein Kampf is the central defining text of racial hatred, a lurid, paranoid diatribe founded on the lie of Aryan supremacy. It is not only evil but amazingly badly written, being repetitious, anti-factual, rambling and turgid, the testimony of a furious, self-pitying failure with a slender grasp on reality and none whatever on grammar. It was a huge bestseller: each newly married couple, graduating student, and soldier at the front was presented with a copy by the Third Reich; Hitler earned more than $1 million a year in royalties. It is wicked rubbish, at once stomach-turning and soporific; everyone should read it, once.</p>
<p>Holocaust survivors are understandably unhappy at the prospect of a book that caused such bloodshed becoming freely available once more in the country that gave birth to Nazism. Yet whatever sympathy one may feel for those who suffered, no book should be banned, however pernicious. Allowed to fester in the dark corners of neo-Nazism, Hitler’s ideas continue to hold a spurious glamour for the twisted few: held up to the light, they shrivel. In treating this disease, exposure to fresh air is always more effective than quarantine.</p>
<p>Some argued as much from the beginning. William L. Shirer, the American journalist and historian who covered the rise of the Third Reich, suggested that if Hitler’s ideas had been more widely disseminated and understood outside Germany in the 1930s, then the world might have taken action in time to stop him.</p>
<p>The Times was right to publish extracts from Mein Kampf in 1933; the publisher Hutchinson was brave and right to issue a cheap wartime edition in order that British people might better understand what we were fighting for, and against. And Mr Möller is surely right to argue that Germany has now left the spectre of Nazism so far behind, that it can trust itself to read Hitler’s creed without fear of reinfection.</p>
<p>Quite apart from the issue of free speech, there is the practical consideration that book-banning is virtually impossible in the internet age. The Nazis themselves tried, and failed, to ban and burn the “degenerate” books they feared, and in the process lent those works underground status. Today any neo-Nazi with half a brain (rather more than the usual complement), can download Mein Kampf and feel aggrieved and special for having to do so in secret.</p>
<p>The copyright of Mein Kampf in Germany will expire in 2015, and then German publishers will be free to publish it. How much better, then, to produce a cheap, scholarly, annotated version in German now, with a commentary comprehensively debunking it. That would be a mark of moral courage, a demonstration that Germany has come to terms with its past and can look on the evil of Nazism with confident disdain instead of a lingering fear.</p>
<p>Mein Kampf is a historical relic that has retained its power to horrify: it should be preserved and exhibited in the same way as Auschwitz, the killing fields of Cambodia and Holocaust museums everywhere. Germany has struggled to explore and understand its own history with an honesty that stands as a beacon to other traumatised nations, from South Africa to Iraq to Northern Ireland. Hitler’s apologia for mass murder is a painful but necessary part of that story. It should be published, and damned.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/16499/publish-and-debunk-this-relic-of-history/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Franco, años cuarenta</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15562/franco-anos-cuarenta/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15562/franco-anos-cuarenta/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 19 May 2007 18:32:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Memoria Histórica]]></category>
		<category><![CDATA[Franquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15562</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Barbara Probst Solomon</strong>, periodista y escritora estadounidense. Traducción de Pilar Vázquez (EL PAÍS, 19/05/07):</p>
<p>Era de esperar que la exposición <em>Contra el fascismo: Nueva York y la Guerra Civil española,</em> organizada por la Biblioteca Tamimnet de la Universidad de Nueva York (propietaria de los archivos de la Brigada Lincoln), el Museo de la Ciudad de Nueva York y el Instituto Cervantes, levantara las críticas que ha levantado entre los herederos de la extrema izquierda, hoy en las filas de la derecha. La muestra recrea en fotografías, panfletos, objetos y textos, los años treinta, cuando Nueva York era &#8220;roja&#8221;, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15562/franco-anos-cuarenta/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Barbara Probst Solomon</strong>, periodista y escritora estadounidense. Traducción de Pilar Vázquez (EL PAÍS, 19/05/07):</p>
<p>Era de esperar que la exposición <em>Contra el fascismo: Nueva York y la Guerra Civil española,</em> organizada por la Biblioteca Tamimnet de la Universidad de Nueva York (propietaria de los archivos de la Brigada Lincoln), el Museo de la Ciudad de Nueva York y el Instituto Cervantes, levantara las críticas que ha levantado entre los herederos de la extrema izquierda, hoy en las filas de la derecha. La muestra recrea en fotografías, panfletos, objetos y textos, los años treinta, cuando Nueva York era &#8220;roja&#8221;, Hitler, Mussolini y Franco iniciaban su ascenso al poder y en el City College tenían lugar acaloradas discusiones entre los estudiantes trotskistas y comunistas.</p>
<p>El encendido ataque de Ronald Radosh publicado en <em>The New York Sun</em> tiene, al menos, unas raíces biográficas. Radosh había idealizado a sus padres, comunistas destacados, a quienes los rusos alojaron en el elegante Hotel Lux cuando visitaron Moscú. Su tío, que había estudiado en la Escuela Lenin y había llegado a comisario de las Brigadas, moriría en el frente. Los ideales de Radosh se hicieron añicos en los años setenta al enterarse de que Julius Rosenberg había ejercido de espía para los rusos. Cuando publicó este descubrimiento, sus amigos de la izquierda lo ridiculizaron. Entonces Radosh dio un viraje de 180 grados -Dios nos libre de los ideólogos maniqueos- y se apuntó a defender la vieja historia de que Franco salvó del comunismo al mundo libre y aquella otra de que si hubiera sobrevivido, la República habría terminado por convertirse en un Estado policial, en un satélite de la Unión Soviética.</p>
<p>Edward Rothstein seguía una línea bastante similar en su artículo de <em>The New York Times:</em> &#8220;¿Era la España de Franco un brazo de lo que se dio en llamar <em>fascismo internacional?&#8221;.</em> Y ventilándose de un plumazo setenta años de historia, afirma luego: &#8220;España permaneció neutral durante la II Guerra Mundial, y Hitler rechazó la ayuda que Franco le ofreció a última hora. Además, la visión tiránica de Franco nunca llegó a igualar los enloquecidos planes de Hitler ni las demoniacas iniciativas de Stalin, razón por la cual España pudo tener una transición tan fácil a la democracia tras la muerte de Franco&#8221;. Rothstein selecciona cuidadosamente las citas de Orwell, a fin de dar la impresión de que no merecía la pena conservar aquella &#8220;delirante&#8221; República.</p>
<p>Paradójicamente, los pragmáticos funcionarios estadounidenses destinados a España durante los años cuarenta no hacen en sus libros este tipo de afirmaciones con respecto a la neutralidad de Franco, o a la posibilidad de que los comunistas se hubieran hecho con el poder de haber ganado la guerra el bando republicano.</p>
<p>Emmet John Hughes fue agregado de prensa de la embajada estadounidense en Madrid y trabajó en la Agencia de Servicios Estratégicos y de Información Bélica entre 1942 y 1946. En su libro, <em>Report from Spain</em> (1947), ofrece unos detalles reveladores sobre la evolución del aparato de propaganda del franquismo, desde su inicial belicosidad, alentada por los agentes de Goebbels que trabajaron en el interior del país, hasta la falsa neutralidad posterior a 1943, cuando ya parecía claro que Alemania perdería la guerra. Un comunicado típico: &#8220;¡Aviso importante! Todos los periódicos están obligados a publicar tres editoriales sobre el acuerdo que acaban de firmar Gran Bretaña y la Unión Soviética. Los acuerdos a los que han llegado recientemente los representantes de los Estados democráticos con los dirigentes bolcheviques constituyen un peligro de la máxima magnitud para toda Europa&#8230; Los gobiernos de Londres y Washington se ponen así al servicio de los bolcheviques para terminar con la cultura occidental&#8230;&#8221;. Y Hughes observa: &#8220;Ni siquiera después de que terminara la II Guerra Mundial informaba la prensa franquista de los crímenes nazis, y siempre describía a los aliados cual fuerzas vengativas que estaban prolongando un conflicto sangriento cuando el mundo sólo quería la paz&#8230;&#8221;.</p>
<p>Hughes era católico practicante y le enfurecía que durante la &#8220;fase neutral&#8221; de Franco su aparato de propaganda reprodujera los artículos elogiosos para el dictador que publicaba <em>The Tablet,</em> un periódico católico y derechista de Brooklyn de escasa tirada, mientras que censuraba todas las noticias y reportajes antifranquistas que aparecían en los grandes medios informativos estadounidenses.Hughes conduce al lector por los complicados vericuetos de la clandestinidad comunista, anarquista y socialista (había trabajado con ellos antes de la invasión del Norte de África), así como entre las diferentes agrupaciones monárquicas y falangistas. Los comunistas estaban bien organizados, pero había continuos trasvases entre falangistas y comunistas y siempre se corría el riesgo de que se infiltraran agentes provocadores; los anarquistas eran numerosos, pero carecían de planes para poder formar parte de un gobierno en el futuro; los socialistas en la clandestinidad tenían poca fuerza, pero la demostrarían al salir a la luz. Hughes señala de pasada que a Franco le venía bien esa mínima presencia comunista en el interior del país, que la tendencia era a detener más socialistas y anarquistas que comunistas y que durante el pacto de soviéticos y nazis, el dictador no tuvo ningún reparo en continuar prestando apoyo a Alemania, ya que, como el propio Hughes observa, el único &#8220;enemigo comunista&#8221; de España era Gran Bretaña.</p>
<p>Los agentes del Eje se beneficiaron de la colaboración de la policía española y de la Falange, de los importantes acuerdos económicos entre los dos países, de la influencia e injerencia de España en Latinoamérica, del sabotaje durante el último año de la guerra de buques de guerra italianos proaliados, de la información sobre los movimientos de la marina aliada en Gibraltar y del establecimiento ilegal de un consulado alemán en Tánger que sirvió de centro estratégico para los agentes nazis, además de la posterior canalización de fondos monetarios nazis a través de falsas empresas españolas, en donde no se les podía seguir el rastro.</p>
<p>Si los alemanes hubieran estacionado tropas en los Pirineos y atravesado España durante la invasión norteafricana, nadie los hubiera detenido. &#8220;En la embajada se quemaron los archivos confidenciales.</p>
<p>Se almacenó gasolina en los sótanos por si había que llegar a Gibraltar antes de que lo alcanzaran las fuerzas nazis que entraran por el norte. El temor era que los estrategas nazis decidieran hacer una ofensiva a través de España, se apostaran en Gibraltar y cortaran nuestras líneas de abastecimiento marítimas, lo que les hubiera permitido atacar la retaguardia aliada en el Norte de África&#8221;. Pero dándose ya por segura la derrota de los alemanes, en una España empobrecida y sin petróleo, Franco se vio forzado a la &#8220;neutralidad&#8221;. <em>Masquerade in Spain</em> (1948), de Charles Foltz, un corresponsal de Associated Press con ciertas simpatías por los anarquistas, ilustra el poder persistente de la oligarquía en la España franquista, la verdadera situación en las cárceles y los intentos del régimen por ocultar estos hechos a los corresponsales extranjeros.</p>
<p>El embajador estadounidense Claude Bowers <em>(My mission to Spain)</em> hubo de enfrentarse al Departamento de Estado, a Joseph Kennedy, embajador en Londres, a Neville Chamberlain y a Bonnet, el embajador francés, quien no tardaría en mantener amistosas charlas con Ribbentrop al respecto de qué hacer con los judíos. Roosevelt se enfureció cuando, el 29 de febrero, Inglaterra y Francia se apresuraron a reconocer sin ningún tipo de condiciones al Gobierno de Franco. Bowers había exigido a cambio de este reconocimiento por parte del Gobierno estadounidense (el primero de abril) &#8220;un compromiso de que no habría represalias, ejecuciones políticas ni persecuciones&#8230; de que se pondría en libertad a los republicanos encarcelados&#8221;. No se cumplió ninguna de estas condiciones, y cuando Bowers volvió a Madrid para cerrar la embajada, se encontró con que Franco había denegado el permiso de trabajo a los estadounidenses responsables de las oficinas en España de la International Telephone and Telegraph Company (ITT).</p>
<p>En 1961, Arthur P. Whitaker, en su documentado <em>Spain and Defense of the West,</em> veía a Franco como un lastre anacrónico y pudo referirse entonces con sus nombres y apellidos a ciertos miembros de la oposición antifranquista, un lujo que no pudieron permitirse aquellos primeros pragmáticos moralistas que nunca perdieron de vista lo que significaba vivir bajo una dictadura.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15562/franco-anos-cuarenta/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Günter Grass no siempre guardó silencio</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15505/gunter-grass-no-siempre-guardo-silencio/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15505/gunter-grass-no-siempre-guardo-silencio/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 16 May 2007 21:55:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamiento, Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Günter Grass]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15505</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Klaus Wagenbach</strong>, editor y escritor alemán.  Traducción de Martí Sampons (EL PAÍS, 16/05/07):</p>
<p>Hace unas semanas cayó en mis manos un sobre negro con el título <em>Monografía de Grass.</em> Contenía diez hojas en las que yo había tomado apuntes para una monografía sobre Günter Grass.</p>
<p>Supe de inmediato dónde y cuándo había sido: en el verano de 1963 en una casa de vacaciones de los suegros de Grass, en el Tesino. Entonces éramos muy amigos y, además, yo fui durante algunos años su editor. Aunque en aquel tiempo era ya un autor conocido y traducido a muchos idiomas, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15505/gunter-grass-no-siempre-guardo-silencio/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Klaus Wagenbach</strong>, editor y escritor alemán.  Traducción de Martí Sampons (EL PAÍS, 16/05/07):</p>
<p>Hace unas semanas cayó en mis manos un sobre negro con el título <em>Monografía de Grass.</em> Contenía diez hojas en las que yo había tomado apuntes para una monografía sobre Günter Grass.</p>
<p>Supe de inmediato dónde y cuándo había sido: en el verano de 1963 en una casa de vacaciones de los suegros de Grass, en el Tesino. Entonces éramos muy amigos y, además, yo fui durante algunos años su editor. Aunque en aquel tiempo era ya un autor conocido y traducido a muchos idiomas, no existía todavía ninguna biografía. Así que me concedió varias entrevistas y tomé notas, pero sólo llegamos hasta 1953. El proyecto quedó interrumpido porque poco tiempo después abandoné la editorial y fundé la mía propia.</p>
<p>Leyendo estas notas, me encontré con algo totalmente inesperado: &#8220;La mayoría de la clase se alistó en la Marina (también G.), pero acabó en los tanques. G. acabó en un regimiento blindado de las SS. Primero Dresde, luego Checoslovaquia y las landas de Lüneburg. Enero/febrero del 45, orden a la compañía de marchar primero sobre Silesia, luego (Grupo Steiner, SS) el primer ataque sobre Berlín, marzo/abril&#8221;.</p>
<p>Fue una gran sorpresa para mí.</p>
<p>Hasta ese momento parecía claro que Grass había ocultado haber servido en las SS. Incluso él mismo pensaba que en su autobiografía <em>(Pelando la cebolla)</em> lo relataba por primera vez. El <em>Frankfurter Allgemeine Zeitung</em> utilizó esta confusión para publicar un titular en primera página. Hubiera sido posible aclarar esta confusión con aquellas viejas declaraciones, en las que Grass se había expresado sin tapujos hasta mediados de los años sesenta sobre su participación en las Waffen-SS. Además, las entrevistas que yo le hice iban a hacerse públicas.</p>
<p>Pero a los periodistas (conservadores), no les interesaba todo esto. Preferían denigrar a una mente libre (de izquierdas). Fue una &#8220;primicia&#8221;. Y la prensa internacional la publicó. No sólo hay demasiados reaccionarios en el mundo, sino también demasiados parricidas y demoledores de monumentos.</p>
<p>Pero queda, sin embargo, la pregunta de por qué Grass dejó de hablar de sus tres meses en las Waffen-SS a partir de mediados de los sesenta. Había aparentemente dos motivos:</p>
<p><strong>1.</strong> Aproximadamente hasta mediados de los años sesenta, Günter Grass podía confiar en que cualquier alemán, por proximidad temporal o generacional, sabía perfectamente que los nazis habían reclutado a soldados al final de la guerra ante la derrota inminente. A simples soldados. Daba casi lo mismo si se trataba de &#8220;auxiliares de artillería antiaérea&#8221;, de &#8220;Volksturm&#8221; o de &#8220;Waffen-SS&#8221;. Además, Grass (como mucha gente en Danzig y entre ellos sus compañeros de pupitre) quiso en un principio alistarse en la Marina. Pero ésta había dejado prácticamente de existir en esta época, así que acabó en los tanques, y consiguió sobrevivir por su cuenta.</p>
<p>Después, Grass ya no podía contar con estas ideas asumidas (algunos poemas de <em>Interrogado</em> de 1967 muestran cómo Grass tuvo que aceptar también este hecho). Pero de ninguna manera porque entre los estudiantes aparecieran oradores de duras convicciones, que exigían de sus mayores unas biografías fuera de sospecha que ellos mismos todavía no podían tener. Sino, sobre todo, porque en los dos decenios posteriores al final de la guerra, otros se habían encargado (con éxito) de negar su propio pasado y de enmendarlo. E incluso algunos lograron mediante una decisión judicial (cosa no muy difícil a partir de entonces, puesto que después del 45 ningún juez nazi fue suspendido de funciones) que no se les declarase cómplices sino tan sólo simpatizantes, como ocurrió con el que más tarde fue el presidente de la patronal, Schleyer. Para este fin, éste hizo creer que tenía tres categorías menos de oficial de las SS. Este &#8220;alto funcionario&#8221; volvía a estar bien colocado.</p>
<p><strong>2.</strong> Fue sólo a partir de los años sesenta cuando empezó a difundirse en Alemania la dimensión real del papel criminal de las SS, principalmente a través del proceso de Auschwitz, iniciado de manera significativa por un repatriado: el valeroso fiscal general del Estado de Frankfurt Fritz Bauer. Este proceso dividió Alemania entre ciudadanos que se avergonzaban de ello y otros que lo negaban.</p>
<p>Grass empezó a avergonzarse bastante antes, y yo puedo certificarlo. En sus viajes a Polonia llegó a ver un documento terrible, el llamado <em>Informe Stroop.</em> Se trataba de algo parecido a un álbum de fotos con el título de <em>Ya no hay barrio judío en Varsovia,</em> en el que el general Jürgen Stroop relataba el exterminio del gueto de Varsovia. Este documento se publicó en 1960, a iniciativa de Günter Grass, en su editorial.</p>
<p>Entretanto, han aparecido en todo el mundo imágenes horribles que todos conocemos. Y el caso de un nuevo ataque a Günter Grass en el <em>Spiegel</em> de hace unas semanas ilustrado con una de estas imágenes, como si un airado adolescente de diecisiete años, encargado de cargar los cañones, tuviera algo que ver con el exterminio del gueto de Varsovia, forma parte de la actual y evidente falta de criterio histórico.</p>
<p>El texto mencionado iba sin embargo más allá de la falta de criterio histórico. Era uno de los muchos intentos de socavar la integridad moral de las personas, imputando errores que se han cometido en edad escolar. Así, estos periodistas no desenmascaran a nadie, sino más bien ocultan sus propias biografías, su aburrimiento, su esnobismo y su desconocimiento de la política, para acabar pareciéndose de una manera inquietante a izquierdistas dogmáticos y puritanos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15505/gunter-grass-no-siempre-guardo-silencio/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Primo Levi, el testigo ejemplar</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/14990/primo-levi-el-testigo-ejemplar/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/14990/primo-levi-el-testigo-ejemplar/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 11 Apr 2007 13:43:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Nazismo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=14990</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Reyes Mate</strong>, filósofo e investigador del CSIC (EL PERIÓDICO, 11/04/07):</p>
<p>El 11 de abril de 1987, Primo Levi, el testigo templado y ejemplar del horror nazi, se despeñaba por el hueco del ascensor de su casa en Turín. Murió de una enfermedad contraída 43 años antes en un campo de exterminio llamado Auschwitz. No había podido superar la vergüenza por los ultrajes sufridos y no podía soportar la indiferencia de sus contemporá- neos ante el sufrimiento del ser humano. Se sentía de más en un mundo que no había aprendido nada de lo que gente como él había &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/14990/primo-levi-el-testigo-ejemplar/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Reyes Mate</strong>, filósofo e investigador del CSIC (EL PERIÓDICO, 11/04/07):</p>
<p>El 11 de abril de 1987, Primo Levi, el testigo templado y ejemplar del horror nazi, se despeñaba por el hueco del ascensor de su casa en Turín. Murió de una enfermedad contraída 43 años antes en un campo de exterminio llamado Auschwitz. No había podido superar la vergüenza por los ultrajes sufridos y no podía soportar la indiferencia de sus contemporá- neos ante el sufrimiento del ser humano. Se sentía de más en un mundo que no había aprendido nada de lo que gente como él había vivido en los campos de exterminio.<br />
Hoy es imposible hablar de Auschwitz sin recordar relatos suyos como Si esto es un hombre o La tregua y las reflexiones contenidas en Los hundidos y los salvados, libros que, por cierto, solo se tradujeron al castellano después de su muerte.<br />
El nombre de Primo Levi está definitivamente unido a la figura del testigo. Luchó en el lager para sobrevivir porque quería dar testimonio. &#8220;Sin lo vivido en Auschwitz yo no hubiera escrito&#8221;, dice. Y se preparó a conciencia para esta tarea abriendo los ojos, tomando notas precisas, con riesgo de su vida, para que la memoria no le jugara ninguna mala pasada &#8211;por eso nunca se la ha pillado en un renuncio&#8211; y dedicando toda su vida al rigor del testimonio.</p>
<p>HOY, QUE TANTO se habla en España de memorias, víctimas e historia, convendría grabar con letras de oro estas dos verdades sobre las que discurre la escritura de Levi: que la memoria del testigo es fuente de conocimiento, porque sin ella la historia es relato de vencedores. Y, también, que al testigo no le importa contar cómo le fue en la guerra, sino ayudarnos a descifrar señales de peligro que nos amenazan: &#8220;La historia de los campos de destrucción debería ser entendida por todos como una siniestra señal de peligro&#8221;.<br />
Dicho en otros términos: la memoria del testigo no es, en primer lugar, un sentimiento, sino fuente de conocimiento. Y, en segundo lugar, no tiene una finalidad privada, sino política. El afán de algunos historiadores y comentaristas políticos por confinar la memoria al submundo de los sentimientos y de la privacidad va en la dirección equivocada.<br />
El prestigio del que hoy goza Primo Levi no debe hacernos olvidar su larga travesía por el desierto. Si esto es un hombre, publicado en 1947, fue recibido con la mayor indiferencia de crítica y público. Hasta 1963 no volvió a intentarlo. Hoy es considerado un clásico del siglo XX porque su obra sigue siendo elocuente. Esta actualidad se manifiesta particularmente en la interpretación que da de la víctima. A la vista de la confusión y manipulación que envuelve a todo este mundo, resulta del mayor interés para nosotros repasar sus reflexiones.</p>
<p>LA VÍCTIMA ES, en primer lugar, inocente. No todo el que sufre es víctima. Los nazis derrotados sufrían &#8220;pero esos sufrimientos no son suficientes para incluirlos entre las víctimas&#8221;, apostilla. Cuidado, por tanto, con esos discursos que hablan del sufrimiento plural o de la equidistancia del sufrimiento porque llevan a confundir víctimas con victimarios. No es verdad que todos los sufrimientos sean iguales, ni intercambiables. Todos merecen respeto, pero no significan moralmente lo mismo: la muerte por un coche bomba no tiene nada que ver con la muerte de aquel a quien le explota la bomba con la que pretendía matar. La primera muerte es una injusticia porque la víctima es inocente; la segunda no es injusta porque el causante es culpable de su acto. El dolor de los familiares de las víctimas del atentado en la T-4 de Barajas nada tiene que ver con el sufrimiento de los presos por actos terroristas.<br />
Lo significativo de las víctimas, en segundo lugar, no son sus ideas o creencias, sino el hecho objetivo de haber sufrido una violencia injusta. La víctima puede tener ideas de derechas o de izquierdas, estar en un bando o en otro, presentarse como patrón u obrero: eso es insignificante. Lo significativo es la violencia a que se les somete sin razón. Este apunte tiene muchas consecuencias. Obliga, por ejemplo, a afinar cuando hablamos de justicia de las víctimas.<br />
No hay que confundir la justicia que se debe a las víctimas con la política dictada por las víctimas. Según Levi, lo significativo no sería la opinión política de las asociaciones de víctimas, sino el daño objetivo que se hace a las víctimas.</p>
<p>FINALMENTE, hay víctimas y víctimas. Levi, un superviviente, se presenta como una voz subordinada al silencio de los que no pueden hablar. Los verdaderos testigos son aquellas víctimas que han apurado el cáliz del sufrimiento. Pero esos no han regresado o han vuelto mudos. Levi les presta la voz a sabiendas de que su palabra debe remitir al silencio de los que no pueden hablar. Él no puede guardar silencio, pero debe guardar el silencio. Contrasta este rigor con la palabrería de tanto cuñado o pariente lejano cuyo ruido oculta el silencio de los asesinados.<br />
La pintora Sofía Gandarias, autora de una serie extraordinaria de cuadros sobre Primo Levi, cierra el conjunto de su recorrido con una pintura que representa a Levi cubierto por una tela de araña, una pesadilla que le atormentó efectivamente en sus últimos años. Es también una poderosa forma de llamar la atención sobre el olvido que amenaza a pasados peligrosos.<br />
Si eso ocurriera, quedaríamos a merced del panóptico nazi que disputa a la mirada de Primo Levi la iluminación del campo de visión.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/14990/primo-levi-el-testigo-ejemplar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

