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	<title>Tribuna Libre &#187; Osetia del Sur</title>
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	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
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		<title>Unidad transatlántica respecto a Rusia</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Sep 2008 21:49:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Condoleezza Rice</strong>, secretaria de Estado de Estados Unidos (EL MUNDO, 25/09/08):</p>
<p>Durante gran parte del mes pasado, la atención mundial ha estado centrada en Rusia. Hemos aceptado el reto urgente de apoyar a Georgia tras el ataque ruso, un reto que, por el momento, estamos cumpliendo con éxito. La principal pregunta que surge, y que abordé extensamente en un discurso el pasado jueves, es la siguiente: ¿qué implican los acontecimientos del mes pasado para la relación de Rusia con el mundo y, en particular, con Estados Unidos y Europa?</p>
<p>Las circunstancias que rodearon el conflicto del mes pasado &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22274/unidad-transatlantica-respecto-a-rusia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Condoleezza Rice</strong>, secretaria de Estado de Estados Unidos (EL MUNDO, 25/09/08):</p>
<p>Durante gran parte del mes pasado, la atención mundial ha estado centrada en Rusia. Hemos aceptado el reto urgente de apoyar a Georgia tras el ataque ruso, un reto que, por el momento, estamos cumpliendo con éxito. La principal pregunta que surge, y que abordé extensamente en un discurso el pasado jueves, es la siguiente: ¿qué implican los acontecimientos del mes pasado para la relación de Rusia con el mundo y, en particular, con Estados Unidos y Europa?</p>
<p>Las circunstancias que rodearon el conflicto del mes pasado son bien conocidas. Ambas partes cometieron errores, pero la respuesta de los líderes rusos -invadir un Estado soberano a través de una frontera reconocida internacionalmente y tratar después de desmembrarlo reconociendo Abjasia y Osetia del Sur- fue desproporcionada. Y los responsables de este comportamiento no son los vecinos de Rusia, ni la ampliación de la OTAN, ni Estados Unidos, sino los líderes rusos.</p>
<p>Quizá más inquietante, sin embargo, es que el ataque de Rusia se ajusta a un patrón de comportamiento que empeora desde hace años y que incluye, entre otras cosas, el uso del petróleo y el gas como instrumentos de coerción, la amenaza de apuntar con armas nucleares a países pacíficos y la supresión de la ley y la libertad en Rusia. La imagen que resulta es la de una Rusia cada vez más autoritaria y agresiva.</p>
<p>El ataque a Georgia nos ha llevado a un momento crítico, pero no determinante. Los líderes rusos están tomando decisiones desafortunadas. Pero pueden tomar otras. El futuro de Rusia está en manos de Rusia. Pero sus decisiones dependerán, en parte, de las acciones de los demás, especialmente de Estados Unidos y sus aliados europeos.</p>
<p>La invasión de Georgia por parte de Rusia no ha logrado, ni logrará, ningún objetivo estratégico duradero. Y nuestro objetivo estratégico ahora es dejar claro a los líderes rusos que sus decisiones están situando a su país en una vía de sentido único hacia el aislamiento y la irrelevancia internacional de forma voluntaria.</p>
<p>Para alcanzar este objetivo se requerirá determinación y unidad por parte de Estados Unidos y Europa. No podemos permitirnos dar validez a los prejuicios que parecen tener algunos líderes rusos: que si se presiona a los países libres -si se intimida, se amenaza y se agrede-, cederemos y, finalmente, nos rendiremos. Estados Unidos y Europa deben hacer frente a esta actitud y no permitir la agresión de Rusia para lograr un beneficio estratégico.</p>
<p>Nosotros y nuestros aliados europeos estamos, por tanto, actuando como uno solo en apoyo de Georgia. Estamos encabezando el movimiento mundial de ayuda a la reconstrucción de Georgia. La puerta a un futuro euroatlántico permanece completamente abierta para Georgia y nuestra alianza continuará trabajando para hacer realidad ese futuro.</p>
<p>Al mismo tiempo, Estados Unidos y Europa están apoyando, inequívocamente, la soberanía, la independencia y la integridad territorial de los vecinos de Rusia. Y no permitiremos que Rusia ejerza un veto sobre el futuro de nuestra comunidad euroatlántica, ni sobre a qué países ofrecemos entrar en ella, ni sobre la opción de esos estados de aceptar. Se lo hemos dejado especialmente claro a nuestros amigos de Ucrania.</p>
<p>Estados Unidos y Europa están aumentando su cooperación en busca de una mayor independencia energética. Aumentaremos la defensa de la economía energética global y abierta de las prácticas abusivas. No puede haber un conjunto de normas para Rusia, S.A. y otro para los demás.</p>
<p>Estados Unidos y Europa no permitirán que los líderes rusos, al mismo tiempo, se beneficien de las normas, mercados e instituciones internacionales y desafíen sus mismos cimientos. No hay una tercera vía. Una Rusia del siglo XIX y una Rusia del siglo XXI no pueden operar en el mundo al mismo tiempo. Para alcanzar todo su potencial, Rusia ha de estar plenamente integrada en el orden internacional político y económico. Pero Moscú está en la precaria situación de encontrarse mitad dentro, mitad fuera. Rusia depende del mundo para lograr el éxito y no puede cambiar eso.</p>
<p>Los líderes rusos ya están vislumbrando cómo puede ser el futuro si persisten en su comportamiento agresivo. En contraste con la situación de Georgia, la posición internacional de Rusia es la peor desde 1991. Su cooperación nuclear para fines civiles con Estados Unidos no va a ningún sitio. Los líderes rusos están haciendo que sufra la economía de su país. Su intento de entrar en la Organización Mundial del Comercio se encuentra en peligro, igual que la de entrar en la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa.</p>
<p>Pero quizá el peor efecto secundario de todos para Moscú es que su actitud ha puesto básicamente en duda cuál de las dos visiones del futuro de Rusia es la que está guiando el país. Recientemente, el nuevo presidente Dimitri Medvedev trazó una visión positiva y avanzada del futuro de su país. Este camino tenía en cuenta las vulnerabilidades de Rusia, pedía más reformas internas y, lo que es más importante, reconocía que Rusia no se puede permitir una relación con el mundo basada en el antagonismo y el distanciamiento.</p>
<p>Necesariamente, Estados Unidos y Europa continuarán persiguiendo sus intereses comunes con Rusia: luchando contra el terrorismo, impidiendo que Irán consiga armas nucleares, dando forma a un Oriente Medio seguro en el que haya paz entre palestinos e israelíes y evitando que el Consejo de Seguridad vuelva a ser la institución paralizada que fue durante la Guerra Fría. Pero sería una verdadera lástima que nuestra relación con Rusia no superara nunca el nivel de los intereses, pues las mejores relaciones entre países son las que también comparten objetivos, aspiraciones y valores.</p>
<p>Queda por ver si los líderes rusos vencerán su nostalgia de otra época y se conformarán con las fuentes de poder y ejercicio de poder del siglo XXI. La decisión es de Rusia y sólo de Rusia. Y esperamos que los líderes rusos elijan responsablemente, por el bien de su pueblo y del mundo.</p>
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		<title>Las ambiciosas políticas rusas en Georgia: desde fomentar conflictos secesionistas hasta desencadenar la guerra</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 07:43:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cáucaso]]></category>
		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Abjasia]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto territorial]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Nodar Tangiashvili</strong>, asesor de Relaciones Internacionales en el Ministerio de Defensa de Georgia (REAL INSTITUTO ELCANO, 18/09/08):</p>
<p><strong>Tema:</strong> Tras un largo enfrentamiento por la oposición de Moscú a la restauración de la integridad territorial georgiana, Rusia invadió Georgia el 8 de agosto de 2008.</p>
<p><strong>Resumen:</strong> Desde la independencia de Georgia en 1992, el nuevo Estado ha intentado recuperar el control de las regiones de Adjaria, Abjazia y Osetia del Sur. Por su parte, Rusia se ha opuesto siempre a la reintegración de las regiones de Georgia y ha apoyado a grupos pro rusos o a movimientos separatistas étnicos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22180/las-ambiciosas-politicas-rusas-en-georgia-desde-fomentar-conflictos-secesionistas-hasta-desencadenar-la-guerra/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Nodar Tangiashvili</strong>, asesor de Relaciones Internacionales en el Ministerio de Defensa de Georgia (REAL INSTITUTO ELCANO, 18/09/08):</p>
<p><strong>Tema:</strong> Tras un largo enfrentamiento por la oposición de Moscú a la restauración de la integridad territorial georgiana, Rusia invadió Georgia el 8 de agosto de 2008.</p>
<p><strong>Resumen:</strong> Desde la independencia de Georgia en 1992, el nuevo Estado ha intentado recuperar el control de las regiones de Adjaria, Abjazia y Osetia del Sur. Por su parte, Rusia se ha opuesto siempre a la reintegración de las regiones de Georgia y ha apoyado a grupos pro rusos o a movimientos separatistas étnicos con el fin de mantener su influencia en la región. Por el mismo motivo, Rusia ha rechazado la entrada de Georgia en organizaciones occidentales como la OTAN y la UE, así como la internacionalización de las fuerzas de mantenimiento de paz en la región. La presencia de fuerzas de paz rusas en Osetia del Sur y Abjazia, junto con los miles de personas con pasaporte ruso, proporcionan a Rusia una gran ventaja para evitar la reintegración negociada de ambas regiones a la soberanía georgiana.</p>
<p>Este ARI repasa la evolución de los hechos ocurridos en agosto de 2008 en ese contexto, las tensiones previas al conflicto, la intervención rusa y las iniciativas diplomáticas encaminadas a evitar la ocupación rusa del territorio de Georgia. Desde una perspectiva georgiana, este trabajo se centra en la campaña en Osetia del Sur aunque el conflicto militar presenta mayores implicaciones para Abjazia, Georgia, el Cáucaso y el orden internacional.</p>
<p><strong>Análisis:</strong> Antes de que Rusia invadiese Georgia el 8 de agosto de 2008, la situación en las zonas en conflicto en Georgia se encaminaba desde hace años hacia la confrontación militar. Moscú es en gran medida culpable de esta situación. Si Rusia hubiera colaborado en las iniciativas de internacionalización del proceso de paz georgianas y occidentales, si hubiera desistido en su empeño de obstruir la restauración de la integridad territorial de Georgia aceptando la legislación internacional y los derechos de las minorías étnicas, esta guerra hubiera podido evitarse. Pero Rusia utilizó estos conflictos en beneficio de sus propias ambiciones imperialistas.</p>
<p>Los conflictos territoriales de Georgia han sido el principal motivo de desacuerdo entre Rusia y Georgia durante más de una década. Este asunto ha estado marcado por varios factores importantes. En primer lugar, Rusia es culpable de haber apoyado a los separatistas. Moscú siempre ha ayudado militarmente a los regímenes secesionistas y ha utilizado los derechos de las minorías étnicas como un pretexto para impulsar sus propias ambiciones. Georgia se convirtió en Estado independiente en 1991 tras el colapso de la Unión Soviética y pronto se vio envuelto en dos guerras secesionistas con movimientos separatistas étnicos en Abjazia y en Osetia del Sur. Los movimientos independentistas recibieron un firme apoyo por parte de la Rusia de Boris Yeltsin, pero los líderes rusos posteriores también han dado su apoyo político y su ayuda militar a los separatistas pro rusos para favorecer el resurgimiento de un nuevo tipo de Unión Soviética, tanto en el territorio georgiano como en otras zonas de la ex Unión Soviética.</p>
<p>Otro factor de los conflictos territoriales de Georgia está relacionado con la dominación institucional rusa y el bajo nivel de fuerzas neutrales de pacificación internacionales, ausentes en los últimos 16 años. Rusia ha utilizado su capacidad de veto en la diplomacia de la ONU, la división en las políticas de la UE y las provocaciones sobre el terreno, para impedir la internacionalización de estos conflictos.</p>
<p>La intervención rusa en el conflicto entre Georgia y Abjazia hizo imposible su resolución y supuso el principal obstáculo en las tensas relaciones entre Georgia y Rusia. Moscú proporcionó apoyo militar a los separatistas de una minoría étnica, los abjazos, en una guerra secesionista contra los georgianos, que constituían el 60% de la población de Abjazia. En 1993, los separatistas abjazos apoyados por Rusia y los voluntarios de la región rusa del norte del Cáucaso derrotaron finalmente a las autoridades centrales georgianas, se independizaron de Georgia y expulsaron a unas 300.000 personas de origen georgiano en una campaña de “limpieza étnica”, con un resultado de 10.000 georgianos muertos. Dados los intereses económicos rusos en Abjazia, Moscú siguió reforzando sus vínculos económicos, diplomáticos y militares con Sukhumi. Las Naciones Unidas, ocupada en otros asuntos urgentes, delegó las tareas de mantenimiento de paz en Abjazia a las fuerzas de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), una organización que, en opinión de muchos, estaba al servicio del interés ruso de restaurar su dominio en la antigua Unión Soviética. Después de 15 años, el hecho de que la ONU haya mantenido solo una pequeña e ineficaz misión de observadores, la Misión de Observadores de Naciones Unidas para Georgia (UNOMIG), sin fuerzas de pacificación propias, ha resultado ser contraproducente. Desde el punto de vista de Georgia, las tropas de pacificación de la CEI, formadas por efectivos rusos, así como el acuerdo que impuso Moscú en 1994 por el cual se declaró un alto el fuego y la separación de las tropas resulto ser una importante herramienta de influencia para la Federación Rusa. En este período de tiempo, no hubo una paz duradera basada en la resolución del conflicto territorial, de acuerdo con las fronteras de Georgia reconocidas internacionalmente y con las normas internacionales, puesto que los rusos no aceptaron una mediación ni unas fuerzas de mantenimiento de paz imparciales.</p>
<p>Desde la “Revolución de las rosas” en 2003, los georgianos estaban tan insatisfechos con las negociaciones como con la estructura de las fuerzas de mantenimiento de paz en Osetia del Sur. Sobre el terreno, las fuerzas de pacificación procedían de la Federación Rusa, Osetia del Sur y Osetia del Norte (perteneciente a Rusia), situándose frente al contingente georgiano en una Fuerza de Pacificación Conjunta, que originó numerosas tensiones. Al mismo tiempo, el formato de negociaciones ideado por Moscú en 1992 se consideraba cada vez más sesgado y contrario a los intereses de Georgia, puesto que la Comisión Conjunta de Control (CCC), que demostró ser un placebo, se constituyó con la misma fórmula tres contra uno (los negociadores eran Rusia, Osetia del Norte –parte como hemos dicho de Rusia– y la pro rusa Osetia del Sur, por un lado, y Georgia del otro). No había cabida para una verdadera mediación internacional y objetiva. Los representantes de la misión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y un reducido número de observadores militares desempeñaron un limitado papel únicamente de observación. Georgia deseaba cambiar el marco de las negociaciones, al considerar que la Comisión Conjunta de Control ya no reflejaba la realidad, puesto que ni incluía a otros actores internacionales fiables, ni tomaba en cuenta la opinión de los osetios favorables a Georgia. Por ello, en los dos últimos años, Georgia ha puesto sobre la mesa de negociaciones un plan para sustituir a la Comisión Conjunta. Tbilisi se centró en un formato “2+2+2” en el que los actores en las discusiones incluyesen a georgianos, rusos, separatistas pro rusos de Osetia del Sur bajo el liderazgo del presidente de facto, Eduard Kokoity, la administración del líder pro georgiano de Osetia del Sur, Dmitry Sanakoyev, EEUU y la UE. Esta iniciativa fue rechazada con firmeza tanto por la república secesionista como por los diplomáticos rusos.</p>
<p>Rusia se negó a admitir que había muchos osetios que estaban de acuerdo con vivir junto a los georgianos en un único Estado. Las autoridades georgianas presionaron para que se desmilitarizase la zona en conflicto y se pusieran en marcha proyectos de recuperación económica. Esto último fue llevado a cabo, con la asistencia de la OSCE y de la UE, por la administración del ex líder separatista pro georgiano, Dmitry Sanakoyev, elegido en 2006 como presidente alternativo de Osetia del Sur. En 2007, Sanakoyev fue nombrado jefe de la Entidad Administrativa Provisional de Osetia del Sur. Se trataba de un gobierno alternativo, compuesto de ex separatistas étnicos osetios y con competencia sobre las zonas de Osetia del Sur controladas por Georgia. Negociaron con las autoridades centrales de Georgia un estatus autonómico de Osetia del Sur con una destacada aportación de las comunidades étnicas de Osetia residentes en Georgia.</p>
<p>El gobierno georgiano había optado por una política de resolución del conflicto con tres elementos: (1) apartar a la Comisión Conjunta de Control dominada por Rusia y sus “títeres” de Osetia del Sur; (2) debatir sobre las modalidades de estatuto autonómico para Osetia del Sur con osetios moderados, basándose en la práctica internacional; y (3) utilizar tácticas tipo “zanahoria” y “poder blando” contrastando la creciente prosperidad de los pueblos controlados por Georgia, que conforman el 40% de Osetia del Sur, con las poco halagüeñas perspectivas ofrecidas por el régimen de Tsjinvali. Esta última táctica estaba dirigida probablemente a suscitar una cierta revuelta popular contra el actual régimen corrupto de Eduard Kokoity. Sin embargo, fue interrumpida por las permanentes provocaciones militares de la milicia de Kokoity, que desencadenaron la respuesta de Georgia, en tanto que las fuerzas de mantenimiento de paz rusas no quisieron o no pudieron detener estos acontecimientos (los mayores enfrentamientos se produjeron en el verano de 2004, con un saldo de docenas de muertos en ambos bandos).</p>
<p>Los rusos siguieron aportando una intensa ayuda militar al régimen pro ruso de Eduard Kokoity (enviando material militar disfrazado de material para la “pacificación”, designando oficiales militares y de seguridad rusos como altos cargos del gobierno de Osetia del Sur, construyendo una base militar en Java, etc.). De nuevo, Rusia opuso resistencia, de forma directa o indirecta, a los esfuerzos de Georgia y de EEUU para internacionalizar y revitalizar los marcos del mantenimiento de paz y de las negociaciones en Osetia del Sur. Moscú entregó además grandes cantidades de pasaportes a los surosetios, alegando que eran ciudadanos rusos que serían protegidos por Rusia en el caso de que las autoridades de Georgia decidieran emplear la fuerza contra ellos (y lo mismo respecto a los abjazos).</p>
<p>El desacuerdo sobre el asunto clave de la internacionalización y la continua militarización de la región por parte de Rusia fueron los desencadenantes que llevaron al estallido del conflicto militar el 7 de agosto. Aunque la guerra empezó en Osetia del Sur, ha sido Abjazia, la mayor de las dos regiones secesionistas de Georgia, quien ha acaparado mayor atención internacional recientemente.</p>
<p><em>Tensiones previas al conflicto</em></p>
<p>El gobierno georgiano ha descrito a menudo las acciones de Rusia en Georgia como “provocaciones”. De hecho, dada la volatilidad de la situación en las regiones secesionistas de Georgia y la escalada militar por ambas partes, Rusia adoptó medidas que podían provocar en cualquier momento la reanudación de las hostilidades, incluso en contra del deseo de ambas partes.</p>
<p>Las provocaciones del Kremlin se centraron especialmente en Abjazia, pero ello exacerbó también la situación en Osetia del Sur, aliada de Abjazia. El 6 de marzo de 2008, el ministro ruso de Relaciones Exteriores anunció que Moscú abandonaba el régimen de sanciones de la Comunidad de Estados Independientes contra Abjazia; esto implicaba que Rusia se negaba abiertamente a acatar las sanciones económicas, comerciales, financieras y de transportes impuestas a Abjazia en 1996.</p>
<p>La situación se agravó especialmente tras la declaración unilateral de independencia de Kosovo el 18 de febrero y su posterior reconocimiento por varios Estados occidentales, a pesar de la firme oposición de Rusia y sus advertencias de que este hecho tendría efectos desestabilizadores en el sur del Cáucaso.</p>
<p>Rusia intensificó sus provocaciones tras la Cumbre de la OTAN en Bucarest los días 2 a 4 de abril, cuando Alemania y Francia, por temor a provocar la ira de Moscú, bloquearon la concesión del MAP (Plan de Acción para la Adhesión) a Georgia y Ucrania. Los aliados de la OTAN acordaron que en el futuro ambos países ex comunistas se integrarían en la Alianza y prometieron replantearse la concesión del MAP en diciembre. Tal y como advirtieron los georgianos, este fracaso de la OTAN serviría como “luz verde” para que Rusia mantuviera su actitud de acoso. De hecho, el 16 de abril, Vladimir Putin difundió instrucciones a las agencias gubernamentales rusas para que mantuvieran contactos con sus colegas de Osetia del Sur y de Abjazia pasando por encima de las autoridades georgianas.</p>
<p>Todo esto llevó a lo que los expertos georgianos llamaron “anexión sigilosa”, seguida tan sólo tres meses después por la ocupación militar. Más tarde, el cuerpo de ingenieros militares rusos entró en Abjazia para construir el enlace ferroviario –por razones humanitarias, según aseguró Moscú– que se utilizó en realidad para llevar a cabo un rápido despliegue de las tropas rusas tras el estallido de la guerra en Osetia del Sur. El deseo de Rusia de empujar a Georgia al enfrentamiento militar quedó demostrado cuando un cazabombardero ruso derribó una patrulla de reconocimiento georgiano en Abjazia este verano. Rusia aumentó de forma unilateral el número de sus fuerzas de “mantenimiento de paz”. Pese a las protestas de Georgia y a la presión internacional, Rusia se negó a dar marcha atrás e incluso hizo alarde de poderío militar aéreo. Los cazabombarderos rusos penetraron en el espacio aéreo georgiano mientras la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, visitaba Tbilisi con objeto de instar al presidente Saakashvili a resistirse a las provocaciones rusas (cuatro soldados de las fuerzas de pacificación georgianos habían sido detenidos por el gobierno de facto de Osetia del Sur y Georgia estaba amenazando con tomar medidas). Los rusos admitieron la violación del espacio aéreo georgiano y señalaron que su intención era “calmar los encendidos ánimos” en Tbilisi.</p>
<p>En Osetia del Sur, las provocaciones anteriores a la guerra también se multiplicaron. En julio, las autoridades de facto intentaron asesinar a Dmitry Sanakoyev, buscando la reacción de Tbilisi. El 1 de agosto, cinco policías georgianos resultaron gravemente heridos en la explosión de un automóvil en Osetia del Sur. El fuego cruzado continuó hasta el 7 de agosto con bajas y heridos entre los civiles georgianos y los soldados de las fuerzas pacificadoras, pero también entre los surosetios. Georgia trató de establecer conversaciones directas con las autoridades de Osetia del Sur para evitar que la escalada de tensiones llegase a la confrontación militar. El 7 de agosto, el ministro para la Reintegración georgiano se trasladó a la capital de Osetia del Sur, Tsjinvali, con el propósito de mantener conversaciones directas con el gobierno separatista y el enviado ruso, Yuri Popov. Sin embargo, el negociador ruso no se presentó, alegando que su coche se había averiado de camino a Tsjinvali, por lo que las conversaciones no tuvieron lugar. Era evidente que Moscú no quería facilitar las negociaciones directas entre Tbilisi y Tsjinvali.</p>
<p><em>La “campaña OTAN” de Rusia</em></p>
<p>Las tensiones en Osetia del Sur se agudizaron el 7 de agosto, cuando varias localidades georgianas fueron bombardeadas por la milicia de Osetia del Sur. Las bombas cayeron en viviendas de civiles, matando a sus ocupantes. En una alocución televisiva el presidente georgiano Saakashvili declaró un alto el fuego unilateral e instó a que se llevasen a cabo conversaciones de paz. Pese al alto el fuego, las fuerzas de Osetia no sólo se negaron a detener los bombardeos sino que intensificaron los ataques. Por ello, a medianoche del día 8 de agosto se decidió enviar tropas georgianas a Tsjinvali. La operación tenía por objetivo la toma de control de la capital de la provincia en un corto período de tiempo y acabar con el régimen separatista eliminando a sus fuerzas de combate. Inmediatamente después, el 58 regimiento ruso cruzó la frontera entre Georgia y Rusia en Osetia del Sur, con más de 100 tanques, a través del Túnel Roki, que conecta Osetia del Sur con la región rusa de Osetia del Norte. Tbilisi ha alegado ante Rusia que sus tanques entraron en Georgia antes de hubiera una reacción por parte de las autoridades georgianas.</p>
<p>Las posiciones osetias dentro y alrededor de Tsjinvali fueron bombardeadas por la artillería georgiana, y los tanques y las fuerzas aéreas de Georgia también entraron en combate. Las fuerzas gubernamentales georgianas tomaron brevemente el control de Tsjinvali y otras muchas localidades cercanas. El líder de facto de Osetia del Sur huyó a Java. Aunque en un principio, las fuerzas georgianas destruyeron las primeras columnas de los soldados rusos y su material bélico, y derribaron una docena de aviones de combate rusos, las fuerzas georgianas no pudieron con la llegada masiva de centenares de carros de combate y miles de soldados rusos, que penetraron por el túnel Roki, y con los contraataques de la artillería y las fuerzas aéreas rusas. Georgia retiró a sus fuerzas de Tsjinvali el 8 de agosto, y finalmente el 11 de agosto del resto de sus posiciones en Osetia del Sur. Las tropas rusas y las milicias de Osetia del Sur siguieron penetrando en zonas de Georgia que estaban al margen del conflicto territorial, mucho más allá de Osetia del Sur, perpetrando todo tipo de crímenes: saqueos, incendio de casas, violaciones, limpieza étnica? Los habitantes de etnia georgiana comenzaron a huir por miles (85.000 en total). Con el tiempo, los soldados y los tanques rusos ocuparon la cercana ciudad de Gori y la carretera central –dividiendo el país en dos– y destruyeron instalaciones militares por doquier.</p>
<p>Cuando empezó la guerra en Osetia del Sur, las fuerzas rusas y abjazas abrieron un segundo frente en Abjazia. Bajo la presión de los bombardeos aéreos rusos, las unidades policiales georgianas se retiraron y los georgianos huyeron de la garganta kodori controlada por Georgia en Abjazia, pero 9.000 soldados rusos continuaron su marcha hasta ocupar la hasta entonces no disputada ciudad de Zugdidi, la principal ciudad portuaria de Poti, bloqueando de esta forma el acceso al Mar Negro y tomando el control de la carretera y la ciudad de Senaki con una base militar georgiana, así como otras ciudades, todas ellas del oeste y el centro de Georgia.</p>
<p>Al mismo tiempo, desde el primer momento los cazabombarderos rusos no se limitaron a bombardear las posiciones georgianas o las tropas georgianas en retirada en Osetia del Sur o Abjazia, sino que sufrieron ataques aéreos prácticamente todos los objetivos estratégicos, militares e incluso civiles en toda Georgia, incluyendo los barrios residenciales de la ciudad de Gori, el aeropuerto internacional y las estaciones de radar de la capital, Tbilisi. Murieron cientos de civiles.</p>
<p>Los dirigentes rusos acusaron a Georgia de cometer “genocidio” contra los surosetios y justificaron lo que denominaron con cinismo “operación para la pacificación” recordando los acontecimientos de 1999. El Kremlin parecía estar dirigiendo una obra de teatro y repartiendo los papeles: Rusia era la OTAN de 1999, el presidente Saakashvili, en este guión, era el serbio Slobodan Milosevic, mientras que Osetia representaba a Kosovo. Por su parte, Georgia y las naciones occidentales han rechazado cualquier paralelismo entre Kosovo y las regiones secesionistas de Georgia. Representantes del gobierno de Georgia rechazaron la comparación alegando que el genocidio y la limpieza étnica en Abjazia no se llevaron a cabo contra una minoría, como en Kosovo, sino contra la mayoría de los georgianos, por lo que el reconocimiento de su independencia sería tanto como legalizar estos crímenes.</p>
<p><em>Reacciones diplomáticas</em></p>
<p>Además, las tácticas rusas recordaron a Occidente las incursiones soviéticas en Finlandia, Hungría, Checoslovaquia y Afganistán. La reacción diplomática inicial de Occidente decepcionó a muchos georgianos y a su presidente, pues percibieron una falta de medidas y de firmeza contra el agresor. El presidente norteamericano George W. Bush advirtió que EEUU tomaba “muy en serio” la situación en Georgia y exhortó al “cese de los bombardeos rusos y al regreso de las partes al status quo del 6 de agosto”. Más tarde, el presidente Bush emitió un comunicado muy firme en el que recordaba que la “guerra fría ha terminado” y que “para restablecer su lugar en el mundo, Rusia debe respetar la libertad de sus vecinos”. EEUU decidió enviar ayuda humanitaria a Georgia en buques y aviones militares, un gesto recibido con agradecimiento por los georgianos. La desproporcionada reacción rusa fue objeto de la condena de los líderes occidentales que acudieron rápidamente a Tbilisi prometiendo ayuda humanitaria y ayuda para la reconstrucción, así como para estudiar la situación en el terreno.</p>
<p>Los amigos tradicionales de Georgia –los Estados Bálticos, Suecia y Polonia– fueron especialmente contundentes a la hora de condenar las acciones rusas. El ministro de Relaciones Exteriores lituano voló a Georgia cuando el país estaba todavía siendo bombardeado intensamente. Estos países fueron también activos a la hora de instar a la UE a adoptar una posición firme respecto a Rusia. Los líderes de Polonia, Estonia, Lituania, Letonia y Ucrania estuvieron presentes en la concentración masiva organizada en la capital para mostrar la unidad de Georgia y dirigieron palabras de apoyo a los ciudadanos georgianos.</p>
<p>Francia desempeñó un papel crucial a la hora de intentar resolver la crisis Georgia–Rusia El presidente francés Nicolas Sarkozy, presidente de turno de la UE, fue muy activo en la mediación de un acuerdo de alto el fuego entre Tbilisi y Moscú. El ministro de Relaciones Exteriores francés, Bernard Kouchner, y su homólogo finlandés, Alexander Stubb, presidente en la actualidad de la OSCE, visitaron Tbilisi el 11 de agosto y luego fueron a Moscú, donde exhortaron al cese de hostilidades. Finalmente se alcanzó un acuerdo de alto el fuego de seis puntos los días 15 y 16 de agosto en el marco de la diplomacia francesa, después de que el líder georgiano lo firmara sin gran entusiasmo. El presidente Sarkozy llamó repetidamente al presidente ruso, Dmitry Medvédev, para asegurarse la conformidad de Moscú con el alto el fuego y otros compromisos. El acuerdo alcanzado con la mediación francesa obliga a ambas partes a detener las hostilidades y a retirar sus tropas hasta las posiciones del status quo ante bellum, así como a permitir la asistencia humanitaria. Georgia se compromete a no utilizar la fuerza en adelante mientras que Rusia puede adoptar “medidas de seguridad adicionales antes de la creación de mecanismos internacionales”, definidas de forma absolutamente vaga. La ambig?edad de esta cláusula ha llevado al aplazamiento de la retirada rusa. El acuerdo exige también el inicio de conversaciones internacionales sobre los planes de seguridad y de estabilidad en Abjazia y Osetia del Sur. Rusia ha sugerido conversaciones sobre el estatus de las regiones, pero accedió a modificar esta provisión tras las objeciones de Tbilisi.</p>
<p>El 13 de agosto, Francia convocó una reunión de urgencia del consejo de ministros de Relaciones Exteriores de la UE para abordar el conflicto en Georgia. Según Bernard Kouchner, muchos miembros de la UE estaban dispuestos a enviar observadores, pero necesitaban una resolución de la ONU. Esta perspectiva no resultaba prometedora, pues a pesar de varias sesiones del Consejo de Seguridad, la ONU fue incapaz de acordar una resolución sobre el asunto. Rusia utilizó su veto contra los borradores de resolución de los países occidentales y en un juego de toma y daca presentó sus propios borradores que no incluían ninguna referencia a la integridad territorial de Georgia.</p>
<p>Conclusiones: Este conflicto a gran escala fue provocado en primer lugar por las políticas de Rusia en la región. Moscú temía que de permitirse la intervención internacional, Georgia lograría fácilmente recuperar su integridad y escapar a la influencia de Rusia colocándose en inmejorable posición para el ingreso en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, el adversario del Pacto de Varsovia durante la guerra fría. Mantener su dominio en estas regiones proporcionaba a Rusia una influencia considerable en la política interior de Georgia y en su desarrollo económico. Por lo tanto, muchos creían que a Rusia le favorecía mantener una “inestabilidad controlada” allí. Pero como se ha demostrado sus objetivos iban mucho más allá.</p>
<p>Es obvio que el propósito de la invasión rusa era “proteger” a los surosetios o salvar a los “suyos”, sino destruir la capacidad militar georgiana, inflingir un daño insoportable y humillar a este país, además de paralizar su economía (bloqueando sus carreteras, volando sus puentes ferroviarios, arruinando sus infraestructuras civiles e incluso quemando sus bosques). Con todo ello, Moscú esperaba instigar el descontento social contra el presidente Saakashvili al que inicialmente pensaban derrocar bombardeando y tomando la capital por la fuerza. Al parecer, Rusia pretendía sumir a Georgia en el caos desbaratando los planes del país de integrarse en la OTAN.</p>
<p>Esta guerra caliente en un cálido agosto envía otros mensajes a Occidente: desde los esfuerzos del Kremlin por tomar el control de las rutas alternativas de la energía que cruzan Georgia hasta advertir a Ucrania y a otros miembros de la CEI contra sus tendencias pro occidentales, y posiblemente señalar el regreso de la “guerra fría”. Esta brutal invasión con más de 20.000 soldados rusos de un país al que le iba tan bien con la ayuda de de Occidente no ha podido estar motivada solo por Osetia del Sur.</p>
<p>Occidente debe entender que hasta que se envíen fuerzas pacificadoras y observadores independientes a Georgia, la situación seguirá siendo peligrosa.</p>
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		<title>Osetia del Sur: la cúspide del desencuentro entre EEUU y Rusia</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Sep 2008 20:24:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Alberto Priego</strong> (REAL INSTITUTO EL CANO, 17/09/08):</p>
<p><strong>Tema:</strong> En este ARI se trata el conflicto entre Georgia y Rusia y la lucha por la hegemonía entre Rusia, EEUU y en menor medida la UE.</p>
<p><strong>Resumen:</strong> El ataque ruso a Georgia es algo más que un simple enfrentamiento entre dos países de la CEI, se trata de una declaración de Guerra (fría) a todo Occidente. Rusia ha pretendido reivindicar una posición internacional más fuerte utilizando un problema bilateral con Georgia.</p>
<p><strong>Análisis:</strong> Tras ocho años de Administración republicana y en el contexto de una situación internacional muy convulsa, la posición de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22176/osetia-del-sur-la-cuspide-del-desencuentro-entre-eeuu-y-rusia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Alberto Priego</strong> (REAL INSTITUTO EL CANO, 17/09/08):</p>
<p><strong>Tema:</strong> En este ARI se trata el conflicto entre Georgia y Rusia y la lucha por la hegemonía entre Rusia, EEUU y en menor medida la UE.</p>
<p><strong>Resumen:</strong> El ataque ruso a Georgia es algo más que un simple enfrentamiento entre dos países de la CEI, se trata de una declaración de Guerra (fría) a todo Occidente. Rusia ha pretendido reivindicar una posición internacional más fuerte utilizando un problema bilateral con Georgia.</p>
<p><strong>Análisis:</strong> Tras ocho años de Administración republicana y en el contexto de una situación internacional muy convulsa, la posición de EEUU es mucho más débil que la que dejó el presidente Clinton. El deterioro de las relaciones con sus aliados europeos y la falta de soluciones en Irak y Afganistán han hecho pensar a Rusia que podía reafirmar su posición internacional atacando a Georgia. La república transcaucásica, que mantiene una enemistad histórica con Rusia, representa la esencia de la política exterior de EEUU, de esa política exterior que ha tenido como banderas de progreso los conceptos de Spread of Democracy y Greater Middle East y que ha perseguido la integración de sus aliados en las estructuras Euro–Atlánticas. Sin embargo, Rusia ha cometido un error de cálculo ya que no sólo ha encontrado la esperada oposición de EEUU sino de la inmensa mayoría de la comunidad internacional incluyendo algunos teóricos aliados de Moscú.</p>
<p><em>Relaciones entre Georgia y Rusia</em></p>
<p>Las relaciones entre Rusia y Georgia siempre han sido confusas, difíciles y no carentes de contradicciones. En 1783 Catalina la Grande y Erakle II firmaron el tratado de Gueorguievsk por el que Georgia quedaba dentro del área de influencia rusa, aunque no fue hasta Alejandro I cuando quedó totalmente integrada en el Imperio Zarista. Desde entonces las relaciones entre Moscú y Tblisi han sido convulsas, pasando por varias crisis (1956, 1974, 1981 y 1989). En todas y cada una de ellas Rusia utilizó a las repúblicas autónomas de Abjasia y Osetia del Sur para desestabilizar a Georgia, algo que sigue ocurriendo hoy, 17 años después de alcanzar la independencia.</p>
<p>Poco tiempo después de la caída de la URSS, Georgia vivió una cruel guerra con Abjasia que, al igual que Osetia del Sur, proclamó su independencia. La Federación Rusa ayudó a los separatistas con armas, dinero y mercenarios, entre los que se puede destacar al terrorista checheno Shamil Bassayev. El caos imperante en Georgia terminó con la destitución de Zviad Gamsajurdia a favor de Eduard Shevardnadze que firmó su entrada en la CEI a cambio de un apoyo ruso que nunca llegó. El que fuera responsable de exteriores de la URSS se mantuvo en el poder hasta la Revolución de la Rosa (2004). Tras ella, el nuevo presidente, Mijail Saakashvili, adoptó una postura pro–occidental con dos objetivos: integrarse en las estructuras Euro–Atlánticas (OTAN y UE) y acabar de una vez por todas con los problemas secesionistas en Abjasia, Osetia del Sur y Adzharia. Como ejemplo del cambio que supuso Saakashvili cabe mencionar la adopción de medidas tan novedosas como el cambio de bandera, que ahora incluye, además de una central, cuatro cruces de San Jorge en cuatro cuadrantes representando a los cuatros territorios (Mingrelia, Adzharia, Osetia del sur y Abjasia) de Georgia. Así, no es extraño que la llegada de Saakashvili supusiera un empeoramiento de las relaciones con Rusia.</p>
<p><em>Antecedentes de la crisis</em></p>
<p>Desde el pasado 18 de febrero en que Kosovo fue reconocido como Estado, las relaciones entre las regiones secesionistas y el gobierno de Tblisi no han hecho más que empeorar. Además de las desavenencias entre las partes enfrentadas, el Kremlin ha contribuido enormemente a avivar el fuego con declaraciones y acciones que alentaban a la independencia de Osetia del Sur, Abjasia, Nagorno–Karabaj y Transdnistria.</p>
<p>En los meses previos a la crisis de agosto se produjeron hechos que contribuyeron enormemente a elevar la tensión. El 20 de abril un avión de reconocimiento georgiano fue derribado en Abjasia. En un primer momento el gobierno georgiano negó la noticia aunque al día siguiente otro caza fue abatido, esa vez por un MIG29 ruso. El caza ruso había salido de Gudauta, una de las bases militares que Rusia se vio obligada a abandonar en 2006. Este incidente provocó, entre otras muchas cosas, que Georgia abandonara el sistema de defensa aérea de la CEI. Poco después, el 18 de mayo un grupo de soldados rusos, supuestamente borrachos, se adentraron en la localidad georgiana de Zugdidi sembrando el pánico e hiriendo incluso a una mujer a la que atropellaron con un coche.</p>
<p>Durante el mes de julio, el Ejército Federal realizó unos importantes ejercicios en la frontera con Georgia que pusieron en guardia al gobierno de Saakashvili. A esto hay que añadir que el 4 de agosto las tropas rusas estuvieran ya apostadas en la única vía de comunicación entre Georgia y Rusia: el túnel de Roki. Estos antecedentes, junto con la declaración de independencia de Kosovo, provocaron que Georgia decidiera lanzar una ofensiva sobre Osetia del Sur con el fin de romper el statu quo imperante en la zona desde 1994. Georgia trataba con ello de dar un golpe de efecto que evitara la independencia de Osetia del Sur y Abjasia.</p>
<p><em>La crisis de agosto</em></p>
<p>En efecto, el pasado jueves 7 de agosto el ejército georgiano lanzó una ofensiva sorpresa con el fin de tomar el control de Osetia del Sur. La reacción el 58º Ejército ruso no se hizo esperar[1] y en cuatro días se hizo con el control de Georgia. Aunque la reacción rusa en un primer momento se centró en Tsjinvali, pronto alcanzó otros puntos estratégicos de Georgia como el puerto de Poti, Gori y los alrededores de Tblisi, todos ellos de gran valor estratégico</p>
<p>Los bombardeos rusos fueron constantes y Human Rights Watch (HRW) acusó al ejército federal de utilizar bombas de racimo. Por su parte, los rebeldes abjasianos aprovecharon la ocasión para lanzar un ataque contra las fuerzas georgianas establecidas en el desfiladero de Kodori. Se trataba de abrir el camino a las fuerzas rusas que llegarían a Abjasia el día 11 de agosto. Rusia había bloqueado a Georgia en menos de cuatro días por tierra, mar y aire. Las reacciones internacionales no se hicieron esperar, destacando sobremanera las de la Presidencia francesa de la UE y la de EEUU. La secretaria de Estado Condolezza Rice, en gestó de apoyo al pueblo georgiano, visitó Tblisi el 15 de agosto para advertir a Moscú que “ni estamos en 1968 ni esto es Checoslovaquia”. Por su parte, el presidente ruso Medvedev recibió en el Kremlin el 13 de agosto a los líderes separatistas como gesto previo al reconocimiento internacional que llegaría 13 días después. Más allá de los gestos y la retórica el apoyo de Washington a Georgia ha sido muy firme, tal y como muestran el envío de aviones de ayuda humanitaria y las condenas a Rusia.</p>
<p>Asimismo, la Presidencia de turno de la UE ha desarrollado un formidable papel de mediación entre Rusia y Georgia y, fruto de ello, fue el alto el fuego del 16 de agosto. Aunque el acuerdo implicaba una retirada de los combatientes a las posiciones previas a la crisis, los rusos tardaron varios días en cumplir su compromiso. Hasta el día 22 de agosto las fuerzas rusas no comenzaron a realizar un verdadero repliegue y, en su camino de vuelta a casa, dejaron alguna sorpresa como la explosión de un tren en las cercanías de Gori que dejó la vía inutilizada. Lo mismo ocurrió en Poti, donde las tropas rusas destruyeron las instalaciones y hundieron varios buques georgianos.</p>
<p>Sin embargo, la principal sorpresa de esta crisis estaba aún por llegar: el reconocimiento ruso de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia. El 20 de agosto la Duma dijo que estaba preparada para reconocer la independencia de los dos enclaves, algo que se hizo efectivo el 26 de agosto. Por su parte, Francia ha acusado a Rusia de estar fuera de la legalidad internacional, EEUU lo ha calificado de hecho lamentable y el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, ha acusado a Rusia de violar varias resoluciones del Consejo de Seguridad.</p>
<p><em>Consecuencias de la crisis para la relaciones entre Rusia y Occidente</em></p>
<p>Las relaciones entre Occidente y la Federación Rusa se han visto gravemente afectadas, aunque la crisis de Osetia no es más que otro episodio de un largo desencuentro. En noviembre pasado, en una trama de espías propia de John Le Carré, Rusia intervino en Georgia de forma sibilina con el objetivo de desbancar a Saakashvili. El pasado mes de abril, durante la cumbre de Bucarest de la OTAN,[2] Rusia ejerció una fuerte presión para que Georgia y Ucrania no fueran invitadas a ser miembros de la Alianza. Una vez que Moscú se aseguró de que Tblisi no tenía el paraguas de la OTAN, el futuro de Georgia y Ucrania era mucho más incierto.</p>
<p>Sin embargo, la ofensiva rusa no iba solamente contra Georgia, sino también contra la política de EEUU en la zona. Desde que en 2004 la Casa Blanca respaldara a Saakashvili y a su “Revolución de la Rosa”,[3] Georgia se convirtió en la punta de lanza de la ambiciosa política de Spread of Democracy y del Greater Middle East. El Pentágono preparó unas nuevas brigadas militares (Stryker Brigade Combat Team[4]), más flexibles y fácilmente desplegables que, curiosamente, se adaptaban perfectamente a las bases militares de Georgia. Por ello, era fundamental la salida de las tropas rusas que llevaban acuarteladas en Georgia desde su independencia. Para el despliegue de estas nuevas brigadas era necesario un puerto de gran profundidad como el de Poti y para los aviones C–17 unas bases aéreas con pistas de gran longitud (7.500 pies) como las que existen en Senaki y Miruelli (cerca de Tblisi). Es interesante recordar que durante esta crisis Senaki, Miruelli y Poti han sido objetivo de los bombardeos de las fuerzas federales. Desde estas bases, objetivos como Irak, Afganistán e Irán son más fácilmente alcanzables para EEUU. Este hecho demuestra que la intervención rusa no iba sólo contra Georgia sino contra una política norteamericana que estaba desmantelando una hegemonía rusa de siglos.</p>
<p class="nota">Mapa 1. Ubicaciones posibles para las Stryker Brigade Combat Teams</p>
<p style="text-align: center;"><img class="alignnone size-full wp-image-22177" title="osetia" src="http://www.almendron.com/tribuna/wp-content/uploads/osetia.jpg" alt="" width="430" height="305" /></p>
<p class="nota">Fuente: O. Oliker y Thomas S. Szayna (2003), Fautlines of Conflict in Central Asia and the Caucasus. Implications for the US Army, RAND Corporation, Santa Mónica, p. 255.</p>
<p>Por otra parte, no hay que perder de vista las elecciones presidenciales de EEUU en las que tanto el candidato demócrata Barack Obama como el republicano John McCain han mantenido posturas de gran dureza con Rusia, lo que hace entrever que la política hacia la zona no va a cambiar sea quien sea presidente. Sin embargo, el ex–presidente Putin ha acusado al presidente Bush de preparar una guerra para que el candidato republicano pueda ganar las elecciones. Se trata de una nueva muestra del deseo ruso por la confrontación con Occidente.</p>
<p>Asimismo, la OTAN también se ha visto afectada por la crisis de Osetia, aunque en un sentido positivo ya que, tras el desencuentro de Bucarest, la Alianza Atlántica ha recuperado el consenso. Aunque algunos Estados sean partidarios de que Georgia y Ucrania entren en la OTAN y otros no tanto, todos han firmado una declaración muy dura contra la actuación de Rusia. La reunión extraordinaria del Consejo del Atlántico Norte sirvió para mandar un mensaje muy claro a Rusia: la OTAN apoya a Georgia y reafirma su independencia, su soberanía y su integridad territorial. Además de esta declaración, se acordó establecer una comisión OTAN–Georgia como la que ya existe con Ucrania. Sin lugar a dudas esto supone un espaldarazo a Tblisi.</p>
<p>Aunque puede parecer que con este ataque Rusia ha alejado a Georgia del seno de la OTAN, lo que también está claro es que algunos miembros de la Alianza como el Reino Unido y EEUU han reforzado su decisión de contar en el futuro con Georgia no ya como socio, sino como miembro de la Alianza, tal y como demuestran las declaraciones en Ucrania del secretario del Foreign Office, David Miliband, reiterando que la integración de Georgia sigue sobre la mesa.</p>
<p>En lo que se refiere a la supuesta disputa naval en el Mar Negro entre la OTAN y Rusia, hay que decir que ésta es inexistente. Rusia había acusado a la Alianza de enviar barcos (grupo SNMG1) para evitar la ocupación del puerto de Poti. La acusación es absolutamente falsa ya que se trata de unos ejercicios rutinarios planeados un año atrás y notificados en junio pasado, tal y como requiere la Convención de Montreal. Por lo tanto, el Kremlin trata de nuevo de crear tensión con la Alianza.</p>
<p>Otro de los elementos que han enervado a Moscú ha sido la firma entre Washington y Varsovia de un acuerdo para el establecimiento de un escudo antimisiles en Polonia que se complementa con el rubricado en julio con la República Checa. Aunque se ha afirmado que no se trata de una defensa contra Rusia y sí contra grupos terroristas y/o Estados irresponsables, Moscú ha utilizado la firma de estos acuerdos para arremeter contra EEUU y sus aliados. Llama la atención que el acuerdo con Polonia se firmara en plena crisis de Georgia y que tan sólo unos días después Rusia probara un desarrollo del misil RS 12 Topol, capaz de alcanzar los 6.000 km. Moscú trata de desafiar una vez más a Occidente con el lanzamiento de este misil capaz de superar los límites del escudo.</p>
<p>Como dato positivo de la crisis, se puede afirmar que la Alianza Atlántica parece recuperar un consenso que se había perdido con la intervención en Irak, y que como se ha dicho más arriba parecía muy lejos en la Cumbre de Bucarest, algo que también se puede hacer extensivo a las relaciones entre la OTAN y la UE. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de las relaciones Moscú–Washington, que se han visto deterioradas gravemente. EEUU llegó incluso a proponer la expulsión de Rusia del G8, algo que el resto de socios no están dispuestos a llevar a cabo. Asimismo, EEUU parece dispuesto a dar marcha atrás con el acuerdo sobre cooperación nuclear civil con Rusia, que iba a reportar a Moscú grandes beneficios. Se trata de una maniobra de castigo a la actitud desafiante de Rusia que, desde luego, va más allá de la crisis de Georgia.</p>
<p>Además de EEUU y la OTAN, Rusia también ha lanzado un órdago a la UE que, ante la gravedad de la crisis, ha convocado un Consejo Europeo Extraordinario para septiembre. Por un lado, Rusia tiene un conflicto abierto con la Europa del Este debido al veto lituano (abril de 2008) al acuerdo de cooperación Rusia–UE. Por el otro, Moscú nunca ha visto con buenos ojos los oleoductos que evitan el territorio ruso, es decir, el Bakú–Supsa y, sobre todo, el macro–proyecto Bakú–Tblisi–Ceyhan/Bakú–Erzurum. Estos proyectos, algunos de los cuales estaban financiados por la UE (TRACECA) tenían como principal objetivo sacar el petróleo de Asia Central al Mediterráneo evitando las rutas rusas. Así, una desestabilización de Georgia podría suponer una apuesta por otros proyectos, como Nabucco, que representa una alternativa al gasoducto Bakú–Erzurum, o el oleoducto entre Irán y Armenia, recientemente comprado por Gazprom, que supondría una alternativa al Bakú–Tblisi–Ceyhan.</p>
<p>Siguiendo con este punto acerca de cómo la energía se revela como un elemento más de diplomacia del Kremlin, la pregunta es cómo va a afectar la crisis de Georgia a los acuerdos energéticos entre Rusia y los países de la UE o, lo que es lo mismo, volverá Moscú a cortar el flujo de gas a los países del Báltico o del Este de Europa? Sin embargo, no se puede olvidar que Rusia basa su economía en los hidrocarburos (el 60% del PIB en el gas y el 20% en el petróleo) y que un conflicto con sus principales clientes podría afectar de forma muy negativa a su economía en unos momentos muy complicados.</p>
<p>Por lo demás, hay que decir que la invasión rusa de Georgia ha terminado de liquidar al ya maltrecho tratado FACE, ya que el equilibrio de fuerzas entre un parte y la otra queda totalmente anulado. Además, parece que Rusia va a instalar bases tanto en Osetia del Sur como Abjasia, concretamente en la frontera entre Ucrania y Georgia. Se trata pues de una maniobra para advertir al resto de países de la CEI de que cualquier acercamiento a Occidente puede acabar con consecuencias no deseadas. El aviso tiene dos claros destinatarios, Ucrania y Azerbaiyán, que junto con Georgia han sido las ex repúblicas con unos postulados más pro–occidentales, tal como demuestra su pertenencia al GUUAM/GUAM. En consecuencia, es también un ataque a la política de EEUU hacia la región que, desde hace años, ha apostado por la democratización (“Revolución Naranja” y “Revolución de la Rosa”) y por la integración de Ucrania y Georgia y, en menor medida de Azerbaiyán, en las estructuras Euro–Atlánticas.</p>
<p>De modo análogo, otro de los foros que se han visto afectados por la crisis de Georgia ha sido la Organización de Cooperación de Shangai, en el contexto de la cumbre de la organización celebrada en Dushanbe. Moscú pensaba que iba a encontrar el respaldo que no ha logrado en otros foros. Sin embargo, los mandatarios euroasiáticos le han dado un apoyo relativo, ya que lo que Rusia quería iba contra el propio espíritu de la organización, que tiene como uno de sus puntos fundamentales la lucha contra el separatismo.</p>
<p><strong>Conclusión:</strong> La crisis de Georgia ha generado un profundo deterioro de la imagen de Rusia. Los esfuerzos llevados a cabo durante los últimos años para lograr un entendimiento con la OTAN han quedado pulverizados, la UE se está replanteando sus relaciones con Rusia y Moscú ha salvado una condena del Consejo de Seguridad solamente por su derecho de veto. Incluso una organización como la OCS, donde Rusia pensaba que tenía las cosas controladas, le ha dado la espalda y ni siquiera un cambio de color en la Administración norteamericana podrá reconstruir las relaciones Moscú–Washington.</p>
<p>En síntesis, Rusia pretende volver a las zonas de influencia que marcaron la Guerra Fría. Se debe aprender de la historia y no volver a cometer errores pasados. En 1945 Occidente abandonó a su suerte a buena parte de Europa; es conveniente no cometer de nuevo el mismo error.</p>
<p>Notas:</p>
<p>[1] Fue bajo el mando del general Shamanov, el responsable de la Segunda Guerra de Chechenia.</p>
<p>[2] Véase Alberto Priego, “NATO Cooperation Towards the South Caucasus”, Caucasian Review of International Affairs, invierno 2008.</p>
<p>[3] Véase Alberto Priego, “<a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2008/9039.pdf" target="_blank">Georgia: Otra Revolución de terciopelo?</a>”, UNISCI Discussion Papers, nº 5, enero de 2005.</p>
<p>[4] Véase Alberto Priego, “<a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2008/9040.pdf" target="_blank">The Emergence of the Southern Caucasus as the Cornerstone in the Greater Middle East</a>”, REEI, enero de 2007.</p>
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		<title>Rusia ha vuelto</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Sep 2008 15:20:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Florentino Portero</strong>, analista del Grupo de Estudios Estratégicos GEES (ABC, 02/09/08):</p>
<p>TRAS años de crisis e impotencia Rusia ha renacido de la mano de Vladimir Putin, un antiguo agente del KGB que ha devuelto a su país un gobierno fuerte, si bien a costa de la incipiente democracia. El alza de los precios energéticos le ha permitido saldar una ingente deuda exterior, equilibrar las cuentas y renovar las capacidades de sus Fuerzas Armadas. Hoy Rusia exige a la sociedad internacional el reconocimiento de que es, de que vuelve a ser, una gran potencia.</p>
<p>La invasión de Georgia ha &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22016/rusia-ha-vuelto/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Florentino Portero</strong>, analista del Grupo de Estudios Estratégicos GEES (ABC, 02/09/08):</p>
<p>TRAS años de crisis e impotencia Rusia ha renacido de la mano de Vladimir Putin, un antiguo agente del KGB que ha devuelto a su país un gobierno fuerte, si bien a costa de la incipiente democracia. El alza de los precios energéticos le ha permitido saldar una ingente deuda exterior, equilibrar las cuentas y renovar las capacidades de sus Fuerzas Armadas. Hoy Rusia exige a la sociedad internacional el reconocimiento de que es, de que vuelve a ser, una gran potencia.</p>
<p>La invasión de Georgia ha sido una crisis premeditada, bien pensada, ejemplarmente ejecutada y dirigida a enviar mensajes claros y contundentes en distintas direcciones. Por una parte Rusia no se resigna a aceptar la disolución de la Unión Soviética. Muchos rusos o filorusos quedaron fuera de sus fronteras, piden ser rescatados de su situación y Moscú les escucha y atiende. Abjacia y Osetia del Sur son un adelanto de lo que va a ocurrir en otros estados. No es ningún secreto, porque los dirigentes rusos llevan años anunciándolo. Por otra parte, Rusia quiere que acabemos de entender, de una vez por todas, que tiene derecho a disponer de «un área de influencia natural». Eso es lo que significa para los oligarcas rusos ser una «gran potencia»: una versión moderna de lo que fue el Imperio Ruso. Desde esta lógica los europeos no tenemos derecho a promover la democracia y el respeto a los derechos humanos en el Cáucaso y Asia Central, ni a admitir en nuestras organizaciones a estados como Georgia o Ucrania. Ya es tarde para evitar lo ocurrido con los estados bálticos, pero no están dispuestos a pasar ni un caso más.</p>
<p>Ni Georgia, recién invadida, ni Ucrania, amenazada con perder Crimea y cuyo presidente ha sufrido un intento de asesinato, son miembros de la Alianza Atlántica o de la Unión Europea. No tenemos ningún acuerdo de seguridad que nos obligue a ir en su defensa. Sin embargo, lo ocurrido tiene que ver con cómo hemos llevado las conversaciones con estos países sobre su ingreso en la OTAN. Los estados europeos están profundamente divididos en su visión de la política exterior. Las diferencias y el intento de ocultarlas llevan a menudo a decisiones absurdas, contradictorias y contraproducentes. No fue correcto decir a Turquía que no había obstáculo para su ingreso en la Unión para, a continuación, bloquearlo. O sí o no. De la misma forma que no se puede estar un «poquito embarazada» no se puede estar un «poquito ingresado». La respuesta a Ucrania y Georgia sobre su entrada en la OTAN fue un error. O sí o no, pero nunca sí pero ya veremos cuando, que es lo que aprobamos en Bucarest. Moscú constató nuestra división y debilidad y actuó en consecuencia.</p>
<p>Los análisis rusos se confirmaron al comprobar la tenue reacción ante la invasión injustificada de un estado, una democracia ansiosa de ingresar en las instituciones europeas. Francia, Alemania e Italia primaron el interés inmediato: sus negocios con Rusia son muy importantes, tanto como su dependencia energética. Una reacción firme habría llevado a una escalada que no deseaban. Estaban dispuestos a sacrificar Georgia y lo que hiciera falta con tal de garantizar el status quo. Por el contrario, el Reino Unido y los estados centro-orientales recordaron las lecciones de la historia reciente y exigieron firmeza para evitar futuros pasos en la misma dirección contra Moldavia, Ucrania, Bielorrusia&#8230; o un creciente chantaje diplomático para doblegar la voluntad europea y adaptar su acción exterior a la conveniencia rusa. Como Churchill explicó en su día no responder a tiempo supone animar a nuevas aventuras.</p>
<p>Aunque tarde, el Consejo Atlántico se reunió con carácter extraordinario en Bruselas para constatar que también sobre este tema los supuestos aliados disentían abiertamente. Incapaces de adoptar una posición común concluyeron en un ejercicio diplomático: reivindicaban la integridad territorial de Georgia y advertían a Rusia de que el futuro de las relaciones dependía del cumplimiento de las condiciones del alto el fuego. Rusia no invadió Georgia para volver a la situación inmediatamente anterior, más aún después de comprobar la débil presión internacional. Ya es evidente que Rusia ha violado el acuerdo y que la hábil maniobra de las diplomacias europeas sólo ha servido para ganar un par de semanas. La pelota ha vuelto a nuestro campo forzando la convocatoria de un Consejo Europeo Extraordinario.</p>
<p>El Consejo ha concluido reivindicando la integración territorial de Georgia y advirtiendo a Rusia de que en el futuro las relaciones no podrán desarrollarse con normalidad si continúa en la misma línea. Una repetición del fallido Consejo Atlántico extraordinario celebrado hace unas semanas. Europa no da más de sí. Esto es todo lo que es capaz de hacer ante la invasión de un estado soberano, la segregación de parte de su territorio, el intento de desestabilizar su régimen democrático y de poner fin a su acercamiento a Europa. El Consejo ha sido un nuevo ejemplo de impotencia, división y falta de perspectiva. Pero esto no es lo peor. El mensaje que se ha recibido en Moscú es que Europa está dispuesta a aceptar un área de influencia, que no estamos dispuestos a defender a Ucrania, que renunciamos a integrar estados que planteen dificultades.<br />
La vuelta a las «estrategias de pacificación» sólo animará a Rusia a ir a más mientras la sociedad europea se divide. Las chulescas declaraciones de las autoridades rusas han dificultado a franceses, alemanes e italianos su posición en contra de una política de firmeza. El gobierno alemán ya se ha dividido en dos mientras Sarkozy se acerca a la postura británica.</p>
<p>El núcleo del problema es la exigencia rusa del reconocimiento de su área de influencia. Estamos ante un problema diplomático y militar, y en estas áreas debemos concentrarnos. No es cuestión de sanciones económicas, que nos dañarían a nosotros también. No tiene que preocuparnos que el Consejo no las haya aprobado. Rusia busca respetabilidad y poder y eso es lo que tenemos que negarle. Europa debe dejar de tratar a Rusia como un igual, un estado solvente con el que negociar los grandes asuntos de interés mundial o regional. Debe quedar fuera del G-8, de la Organización Mundial del Comercio y olvidarse de un Acuerdo de Asociación con la Unión. Si quiere ser tratado como un actor relevante, debe cambiar su comportamiento. El vacío es el mejor tratamiento para quien ansía deferencia.</p>
<p>Para evitar nuevos pasos del oso ruso conviene reforzar las relaciones con los estados amenazados y acelerar sus procesos de integración. Ése es el lenguaje que entiende Moscú, sólo así comprenderá que la campaña georgiana le ha salido mal y que ése no es el camino para defender sus intereses.</p>
<p>El fracaso de los tratados de la Constitución y Lisboa, el penoso papel de los destacamentos militares enviados a Afganistán y ahora la incapacidad europea para reaccionar ante la invasión de Georgia hace que la credibilidad de la dimensión internacional de la Unión se resquebraje. Sólo cabe esperar que los tres grandes -Reino Unido, Francia y Alemania- logren un entendimiento con Estados Unidos para mantener una política común y creíble que contenga el renacido expansionismo ruso. Mientras tanto Putin puede celebrar su victoria. El coste de la invasión de Georgia ha sido mínimo. Rusia vuelve a la primera línea y se dispone a mover pieza.</p>
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		<title>Reconocimientos rusos</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Sep 2008 15:07:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Taibo</strong>, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Autor de <em>Rusia en la era de Putin</em>, Catarata, 2006 (LA VANGUARDIA, 02/09/08):</p>
<p>Durante los dos últimos años no ha faltado quien ha subrayado que, pese a las apariencias, a Rusia le interesaba sobremanera el reconocimiento occidental de un Kosovo independiente. La razón era y es relativamente fácil de explicar: semejante reconocimiento debía permitir que el Kremlin moviese pieza en provecho propio en escenarios mucho más golosos para sus intereses &#8211; Kosovo queda demasiado lejos, tanto en la geografía como en la historia-, y en &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22013/reconocimientos-rusos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Taibo</strong>, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Autor de <em>Rusia en la era de Putin</em>, Catarata, 2006 (LA VANGUARDIA, 02/09/08):</p>
<p>Durante los dos últimos años no ha faltado quien ha subrayado que, pese a las apariencias, a Rusia le interesaba sobremanera el reconocimiento occidental de un Kosovo independiente. La razón era y es relativamente fácil de explicar: semejante reconocimiento debía permitir que el Kremlin moviese pieza en provecho propio en escenarios mucho más golosos para sus intereses &#8211; Kosovo queda demasiado lejos, tanto en la geografía como en la historia-, y en particular en Osetia del Sur y en Abjasia, hasta hoy en Georgia, y acaso también en la autodenominada república del Transdniestr, en Moldavia.</p>
<p>Claro está que el recién perfilado reconocimiento ruso de Osetia del Sur y de Abjasia puede contemplarse desde dos perspectivas muy diferentes. La primera entiende, con lógica inapelable, que es la respuesta del Kremlin al apoyo dispensado por la mayoría de las potencias occidentales, el pasado febrero, a un Kosovo independiente. En tal sentido, no pueden dejar de sorprender, por absurdas e hipócritas, las reacciones airadas que se han registrado en Washington y en varias de las cancillerías de los estados miembros de la Unión Europea. Tiene su gracia, en particular, la reacción norteamericana, empeñada en defender ahora una integridad territorial, la de Georgia, que en cambio no se postuló medio año atrás en Serbia, y firmemente indignada por la intervención rusa en el primero de esos países, como si la Casa Blanca no nos tuviese acostumbrados desde mucho tiempo atrás a agresiones militares por completo al margen de la legalidad internacional.</p>
<p>La otra perspectiva es, sin embargo, menos halagüeña para Moscú y recuerda que los reconocimientos de Osetia del Sur y Abjasia por el Kremlin dan al traste con una política, la rusa, que hasta ahora decía defender a carta cabal la legalidad internacional y declaraba oponerse drásticamente a cualquier suerte de secesión que no recibiese el beneplácito previo del Estado afectado. Aunque no se hayan percatado, quienes hace unos meses, y al calor del contencioso kosovar, recibieron con alegría la reacción hostil de Rusia &#8211; en buena medida los mismos que aún hoy siguen pensando que el Gobierno español postula algún saludable principio, y no confesables intereses, en relación con estos menesteres- no están precisamente de enhorabuena. Magro consuelo parece, para su posición, el recordatorio de que es harto improbable que Osetia del Sur y Abjasia disfruten de la relativa normalización que, en materia de reconocimientos, ha alcanzado Kosovo los últimos meses. No parece que esto último preocupe en demasía, con todo, en Moscú.</p>
<p>Así las cosas, en este caso es difícil sustraerse a una sencilla conclusión: tirios y troyanos, Rusia y las potencias occidentales, defienden sin rebozo sus intereses más obscenos y asumen, de resultas, políticas de estricta doble moral. Una de las secuelas de lo anterior es, por cierto, el hecho de que no hay ningún motivo para afirmar que muestran alguna preocupación por las causas de la democracia y de la autodeterminación. Moderadamente llamativo es, de cualquier forma, que este último principio no haya sido defendido ni por los unos ni por los otros. No se olvide al respecto que si en Kosovo se eludió la convocatoria de un referéndum de autodeterminación &#8211; y al efecto de poco vale la certificación de que estaba cantado que la mayoría de la población local se inclinaría por la secesión-, en Osetia del Sur y Abjasia antes se han esgrimido las consecuencias de la agresión militar georgiana de hace unas semanas que las presuntas querencias de los habitantes de esos dos territorios. Nadie quiere hablar, entre tanto, de la castigada Chechenia, escenario de una crudelísima represión que no parece preocupar ni a quienes defienden la secesión de Osetia del Sur y Abjasia ni a quienes se oponen a ella.</p>
<p>Comoquiera que unos y otros consideran &#8211; formulemos las cosas en estos términos- que al cabo lo que importa es la fuerza respectiva, ningún relieve se le asigna al eventual peso de una alegación que subraye la opción mayoritaria entre las poblaciones implicadas, tanto más cuanto que la invocación de esta última acarrearía discusiones desagradables sobre el destino que han corrido los serbios en Kosovo y los georgianos otrora residentes en Osetia del Sur y, más aún, en Abjasia (bueno es recordar que la textura de todos estos conflictos es muy diferente). A la postre lo que impera, y con descaro, son los intereses geoestratégicos y geoeconómicos de Rusia y de las potencias occidentales, en el marco de lo que se antoja un prosaico juego de poder.</p>
<p>Si, en suma, hay que perfilar un pronóstico de corto plazo en lo que respecta a posibles cambios &#8211; secesiones, independencias- en la Europa central y oriental, lo suyo es señalar que el único candidato sólido al efecto es la llamada república del Transdniestr, en Moldavia. Bien es verdad que en este caso las tensiones han amainado un tanto en los últimos años y la interpretación más extendida sugiere que Rusia se lo pensará dos veces antes de alentar un proceso de secesión que &#8211; no lo olvidemos- afectaría a un territorio no colindante con el suyo propio. Queda por dirimir también, es cierto, si Osetia del Sur y Abjasia porfiarán en la vía de la independencia o acabarán por integrarse, antes o después, en la Federación Rusa. Eso en lo que atañe al corto plazo, porque, los acontecimientos como vienen, nadie está en condiciones de augurar qué es lo que, en este terreno como en tantos otros, nos tiene reservado el futuro.</p>
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		<title>¿Qué hacer con Rusia?</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Sep 2008 16:13:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Ignacio Torreblanca</strong>, director de la Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (EL PAÍS, 01/09/08):</p>
<p>El Consejo Europeo se reúne hoy en sesión extraordinaria para evaluar la crisis georgiana y estudiar las medidas a tomar. Se trata de una reunión forzada por el incumplimiento de los acuerdos de alto el fuego por parte de Moscú y, ante todo, por el giro cualitativo introducido por Rusia al reconocer la independencia de Abjazia y Osetia del Sur.</p>
<p>Lamentablemente, una vez más, la Unión Europea parece desbordada por los hechos y dividida respecto a las medidas a tomar. &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22028/%c2%bfque-hacer-con-rusia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Ignacio Torreblanca</strong>, director de la Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (EL PAÍS, 01/09/08):</p>
<p>El Consejo Europeo se reúne hoy en sesión extraordinaria para evaluar la crisis georgiana y estudiar las medidas a tomar. Se trata de una reunión forzada por el incumplimiento de los acuerdos de alto el fuego por parte de Moscú y, ante todo, por el giro cualitativo introducido por Rusia al reconocer la independencia de Abjazia y Osetia del Sur.</p>
<p>Lamentablemente, una vez más, la Unión Europea parece desbordada por los hechos y dividida respecto a las medidas a tomar. Los intentos de mediación anteriores a la crisis fracasaron por falta de respaldo colectivo, pero también en razón de su tibieza. Como resultado, las partes en conflicto, en lugar de recurrir a cualquiera de los múltiples mecanismos existentes para la gestión de conflictos (algunos de ellos específicos al ámbito europeo, como la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa -OSCE- o el Consejo de Europa), consideraron inevitable o incluso provechoso recurrir a medidas de fuerza unilaterales. Posteriormente, durante la crisis, la presidencia francesa, presionada por la necesidad de detener las hostilidades, pecó de ingenuidad y falta de firmeza al promover unos acuerdos ya de por sí excesivamente generosos con Moscú que, además, han sido claramente incumplidos.</p>
<p>Es cierto que algunos encuentran consuelo en el ridículo hecho por Washington, incapaz pese a sus inmensos recursos diplomáticos, militares y de inteligencia de prever, primero, o gestionar, después, la crisis; ello pese al intensísimo vínculo personal entre el presidente georgiano, Mijaíl Saakashvili, y la Casa Blanca. Viendo cómo la Administración de Bush protege a sus amigos, es incluso posible que algunos vecinos extraigan como lección la necesidad de diversificar algo más sus estrategias y acercarse algo más a Bruselas. ¿Pero está la UE preparada, además de para dar una respuesta coherente a corto plazo, para generar una reflexión estratégica más a largo plazo respecto a Rusia y el conjunto de países de la extinta URSS?</p>
<p>El acuerdo sobre las medidas más inmediatas no parece problemático. Se trataría de exigir a Rusia la retirada de sus tropas, el envío de observadores para preparar el despliegue de una misión internacional y la puesta en marcha de iniciativas de mediación entre georgianos, surosetios y abjazos. También habría que aprobar un paquete de emergencia para los más de 100.000 desplazados georgianos e iniciar de forma inmediata la reconstrucción de las infraestructuras locales. Más adelante, habría que revisar los acuerdos entre la UE y Georgia para sacar el máximo partido a sus posibilidades comerciales, financieras y de asistencia técnica. De la misma manera, la UE se verá obligada a reexaminar en profundidad sus relaciones con Ucrania, de tal manera que las autoridades de Kiev encuentren en Bruselas un apoyo sostenido para su proceso de modernización, así como un baluarte frente a las presiones y chantajes de Moscú.</p>
<p>Estas medidas ayudarán a la UE a elevar su perfil en la zona. Pero la verdadera discusión no es sobre Georgia, sino sobre Rusia. Putin podía haberse conformado con tomar el control de Abjazia y Osetia del Sur sin grandes alharacas, crear un hecho consumado y dejar que el tiempo jugara a su favor. Sin embargo, ha decidido deliberadamente mantener abierta la crisis tanto desde el punto de vista retórico (con referencias a la guerra fría y amenazas sobre el suministro energético) como práctico (con el reconocimiento de dos repúblicas por el precio de una y, sobre todo y de forma más grave, por la injustificada presencia de sus tropas en el puerto georgiano de Poti). Todo ello no sólo es inaceptable sino que, como se ha dicho estos días, refleja que en su afán de situar a Rusia en el siglo XXI, Vladímir Putin se está llevando a su país al siglo XIX.</p>
<p>El dilema es ejemplar. Por un lado, la firmeza ante Moscú, como preconizan Gordon Brown y David Miliband (secundados por escandinavos, bálticos y los nuevos miembros de Europa Central y Oriental), acentuará los sentimientos de aislamiento y humillación y alejará a Rusia de las instituciones democráticas y del orden multilateral. Pero por otro lado, contemporizar con Moscú (como parece preferirse desde París, Berlín, Madrid y Roma) e intentar aislar la crisis muy probablemente enviará el mensaje equivocado y reforzará a los que, como Putin, desprecian a la Unión Europea por considerarla una mera forma de pensamiento blando. ¿Reforma o ruptura? La vieja pregunta leninista no termina de pasar de moda. En cualquier caso, Rusia parece haber optado por la segunda opción.</p>
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		<title>Russia&#8217;s cruel intention</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Sep 2008 07:04:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Luke Harding</strong> (THE GUARDIAN, 01/09/08):</p>
<p>After three weeks in Georgia reporting on the war and its aftermath, I find one conversation sticks with me. I had arrived in Karaleti, a Georgian village north of Gori. I had gone there with a group of foreign journalists in a Russian army truck; our ultimate destination was Tskhinvali, in South Ossetia. Several houses along the main road had been burned down; an abandoned Lada lay in a ditch; someone had looted the local school.</p>
<p>Refugees from Karaleti and nearby villages gave the same account: South Ossetian militias had swept in on August &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21952/russias-cruel-intention/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Luke Harding</strong> (THE GUARDIAN, 01/09/08):</p>
<p>After three weeks in Georgia reporting on the war and its aftermath, I find one conversation sticks with me. I had arrived in Karaleti, a Georgian village north of Gori. I had gone there with a group of foreign journalists in a Russian army truck; our ultimate destination was Tskhinvali, in South Ossetia. Several houses along the main road had been burned down; an abandoned Lada lay in a ditch; someone had looted the local school.</p>
<p>Refugees from Karaleti and nearby villages gave the same account: South Ossetian militias had swept in on August 12, killing, burning, stealing and kidnapping. Sasha, our Kremlin minder, however, had a different explanation. &#8220;Georgian special commandos burned the houses,&#8221; he told us. I demurred, pointing out that it was unlikely Georgian special commandos would have burned down Georgian villages north of Tskhinvali, deep inside rebel-held South Ossetia. Sasha&#8217;s face grew dark; he wasn&#8217;t used to contradiction. &#8220;Those houses suffered from a gas or electricity leak,&#8221; he answered majestically.</p>
<p>Despite Sasha&#8217;s inventive attempts to lie, it&#8217;s evident what is currently happening in Georgia: South Ossetian militias, facilitated by the Russian army, are carrying out the worst ethnic cleansing since the war in former Yugoslavia. Despite the random nature of these attacks, the overall aim is clear: to create a mono-ethnic greater South Ossetia in which Georgians no longer exist.</p>
<p>Before Georgia&#8217;s attack on Tskhinvali on August 7/8, South Ossetia was a small but heterogeneous region, a patchwork of picturesque Georgian and Ossetian villages. Georgia&#8217;s government controlled a third; the separatists and their handlers from Russia&#8217;s spy agencies controlled another third, principally around the town of Tskhinvali; the other third was under nobody&#8217;s control. Surprisingly, both groups coexisted in South Ossetia.</p>
<p>A week after the conflict started I drove up to Akhalgori, a mountain town, 41km north-west of Tbilisi. South Ossetian militias, together with Russian soldiers from Dagestan, had captured the town the previous evening. Most residents had already fled; by the bus stop I found a group of women waiting for a lift. The town had no history of ethnic conflict, they said. Its population was mixed. Now almost all the Georgians had fled. I asked a militia leader, Captain Elrus, whether his men had ethnically cleansed Georgian villages between Tskhinvali and Gori. &#8220;We did carry out cleaning operations, yes,&#8221; he admitted.</p>
<p>The Kremlin&#8217;s South Ossetian allies have re-established the old Soviet borders of South Ossetia. This new, greater territory will, as South Ossetia&#8217;s parliamentary speaker made clear on Friday, become part of the Russian Federation: a large Georgian-free enclave stretching almost to the suburbs of Tbilisi.</p>
<p>Back in Karaleti, meanwhile, villagers are continuing to flee. After August 12, dozens escaped on foot, walking for three days across the fields, hiding from the militias and eating wild plums. South Ossetian gunmen are preventing refugees from returning, and forcing the few elderly residents who remain to leave as well. The Russian military has done nothing to stop this. Its peacekeeping mandate is little more than a pretext for occupation. There are Russian checkpoints between Gori and Tskhinvali.</p>
<p>EU leaders meet today in Brussels to discuss how to respond to Russia&#8217;s invasion and occupation of Georgia, and President Dmitry Medvedev&#8217;s unilateral recognition of South Ossetian and Abkhazian independence. Already the European appetite for sanctions appears to be fading, with the French and the Germans signalling an unwillingness to punish Moscow. But the EU needs to be clear about what is happening. Russia is not merely redrawing the map of Europe but changing its human geography too.</p>
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		<title>Cuarenta años no es nada</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Aug 2008 19:33:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Europa]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Edwards</strong>, escritor chileno (EL PAÍS, 30/08/08):</p>
<p>Busco en la prensa escrita noticias de la República de Georgia y me encuentro con una nota sobre los cuarenta años de la invasión de Praga, en los tiempos de la desaparecida Checoslovaquia, por las tropas del Pacto de Varsovia. Sucesos de una época pasada y enterrada, me digo, y a la vez, de un modo paradójico, no tan pasada ni tan enterrada. Teníamos la impresión, hasta hace muy poco, de que el temible Ejército Rojo se había desmoronado, pero ahora, a juzgar por las noticias de Georgia y de Osetia &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21950/cuarenta-anos-no-es-nada/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jorge Edwards</strong>, escritor chileno (EL PAÍS, 30/08/08):</p>
<p>Busco en la prensa escrita noticias de la República de Georgia y me encuentro con una nota sobre los cuarenta años de la invasión de Praga, en los tiempos de la desaparecida Checoslovaquia, por las tropas del Pacto de Varsovia. Sucesos de una época pasada y enterrada, me digo, y a la vez, de un modo paradójico, no tan pasada ni tan enterrada. Teníamos la impresión, hasta hace muy poco, de que el temible Ejército Rojo se había desmoronado, pero ahora, a juzgar por las noticias de Georgia y de Osetia del Sur, parece que hubiera renacido de sus cenizas.</p>
<p>Un editor extranjero nos recordó ayer o anteayer una frase de Ambrose Bierce, autor norteamericano del <em>Diccionario del Diablo</em> y de otros textos notables: las guerras son los medios que emplea Dios para enseñarnos geografía. Y para enseñarnos o refrescarnos la historia, podríamos añadir.</p>
<p>Busco Georgia en un atlas universal, trato de ubicar Osetia del Sur y Abjasia, y recuerdo, como si fuera hoy, las imágenes de los jóvenes checos que les tiraban piedras a los tanques soviéticos que ingresaban a la Plaza de Wenceslao. ¿Significa esto que la historia se repite, que no hay progreso posible, que la caída del Muro de Berlín fue una simple ilusión? Habrá que ir por partes: tendremos que tratar de entender lo que ha sucedido después del fin de la Guerra Fría. El cambio existe, desde luego, pero los viejos imperios, con sus largas tradiciones, con sus rupturas y revoluciones, cambian menos de lo que uno tiende a suponer.</p>
<p>En Rusia siempre hubo algún Stalin antes de Stalin, como sugirió con astucia, tratando de eludir la censura, Sergio Eisenstein en su extraordinaria película <em>Iván el Terrible.</em> Y suponemos que siempre existió algún tenebroso Lavrenti Beria, el jefe de la policía secreta estaliniana, antes del propio Beria. Lo cual nos conduce a preguntarnos cuál es y dónde está, por quién ha sido asumida, la herencia, la continuación actual de aquellos personajes.</p>
<p>El año 1968 fue un año agitado, pesado, contradictorio, lleno de ilusiones y desengaños dramáticos. Visité Cuba por primera vez en enero y pasé tres días en Praga a fines de febrero. Salí a la calle una mañana, guiado por un amigo hispanista, editor y traductor, y nos encontramos con una multitud exaltada, que escuchaba a dos dirigentes políticos asomados a un balcón. Uno era Novotny, representante de un régimen estalinista que daba la impresión de encontrarse en sus etapas finales, y el otro, Alexander Dubcek, el aparente profeta y conductor de los nuevos tiempos. Cuando hablaba Dubcek, la gente agolpada en aquella plaza aplaudía y lanzaba ovaciones a rabiar, en un estado de emoción colectiva incontenible. Cuando le tocaba el turno a Novotny, el todavía gobernante, las pifias eran atronadoras.</p>
<p>Después de ese breve paso por Praga, llegué a París, me instalé en un hotel barato y me dediqué al periodismo y a la escritura, en un paréntesis de mis tareas en la diplomacia profesional. Una tarde viajaba con mi mujer en el metro, y el tren subterráneo se detuvo en la estación de Saint-Michel, en pleno corazón del barrio latino. Se abrieron las puertas automáticas y entraron pelotones de jóvenes que reían y que lagrimeaban, seguidos por el olor y el picor inconfundibles de los gases lacrimógenos. Era la revolución estudiantil de mayo que había comenzado por ahí cerca, en los patios del edificio principal de la Sorbona: los sucesos de mayo, como iban a ser conocidos en la prensa de todas partes, sucesos que al final, en un balance desapasionado, no influyeron demasiado en el sistema político, pero sí en las costumbres, en los estilos, en una atmósfera que iba a dominar en todo el resto del siglo.</p>
<p>Regresé a Chile en junio y las autoridades del Ministerio de Relaciones me nombraron jefe de un departamento que acababa de crearse: el de Europa Oriental. Se trataba de organizar las nuevas relaciones diplomáticas, que habían empezado a establecerse hacía poco tiempo, con la Unión Soviética y con los países de Europa del Este. Ahora me acuerdo de interminables conversaciones, recepciones con gente que llegaba desde esa parte del mundo, comidas que ofrecía el embajador soviético a representantes de lo que se llamaba el poder joven, encuentros con funcionarios, dirigentes, intelectuales húngaros, polacos, rumanos, checos, etcétera, etcétera. Parecía que las etapas de aquello que se llamaba Primavera de Praga iban en un crecimiento vertiginoso y se acercaban a una culminación inminente y a la vez imprevisible. Cuando se produjo la invasión de los tanques, en la segunda quincena del mes de agosto, me acuerdo del embajador checo en el salón rojo del Ministerio, en el ala sur de La Moneda, asegurándonos que nadie, ninguna autoridad de Checoslovaquia, a diferencia de lo que aseguraban en Moscú, había solicitado esa intervención. La emoción era intensa; la sensación de que la izquierda del mundo había perdido la esperanza de un cambio renovador, refrescante, indispensable, era sentida por muchos como un gran drama del siglo XX.</p>
<p>La verdad es que los intentos de liberación democrática, los arrestos de un deshielo, de una desestalinización del bloque comunista, no habían comenzado en la Praga de esos meses y tampoco terminarían ahí. Nikita Jruschov había encarnado una etapa, un deshielo sofocado, fracasado, y años más tarde vendrían la <em>perestroika</em> y la <em>glasnost</em> de Mijaíl Gorbachov. Fuimos muchos los que celebramos la caída del Muro de Berlín como un cambio de página definitivo. Pero si se tiene un poco de experiencia en los avatares y los zigzagueos de la diplomacia, hay que desconfiar de todo lo que parezca definitivo. A juzgar por noticias recientes, los rusos de hoy sienten una nostalgia profunda del imperio, de su influencia perdida, de los hombres fuertes del pasado, aunque se llamen José Stalin o Nicolás II.</p>
<p>En un contexto así, el análisis de la guerra o de la semiguerra de Georgia tendría que proceder con pies de plomo. Uno tiende a pensar que el ataque georgiano a Osetia del Sur, una de las provincias separatistas, se concretó en el momento menos oportuno, más peligroso: cuando los sentimientos nacionalistas rusos, demostrados en el apoyo mayoritario a Vladímir Putin y a su sucesor, empezaban a levantarse y adquirían algo así como una velocidad de crucero.</p>
<p>Nadie que haya estudiado un poco estos fenómenos, ya demostrados hace 40 años en los días de la invasión de la antigua Checoslovaquia y reiterados a lo largo de los años de las más diversas maneras, podría pensar que la invasión de las provincias separatistas, pro rusas, por tropas georgianas, dejaría a Moscú de brazos cruzados. La reacción política y militar rusa era completa y absolutamente previsible. ¿Para qué se hizo entonces la invasión inicial: para estudiar la reacción de Putin, de Medvédev, de los generales, para provocar un cambio del <em>statu quo,</em> para ver si los rusos, tomados por sorpresa, no hacían nada? La verdad es que no encuentro ninguna explicación medianamente convincente.</p>
<p>Y si fue un simple tanteo bélico, estimulado de alguna manera por Washington, temo que haya sido un error garrafal. La situación todavía no está resuelta y la sigo de cerca, en la medida en que la lejanía chilena me lo permite, pero confieso que la sigo sin el menor optimismo. Con un sentimiento que se parece bastante a la angustia.</p>
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		<title>Georgia y los soberanistas</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Aug 2008 19:04:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Benigno Pendás</strong>, profesor de Historia de las Ideas Políticas (ABC, 30/08/08):</p>
<p>Hay demasiados Estados en el mundo. Antes era un club selecto. Apenas una docena en los tiempos de Westfalia. Mucho más cerca en el tiempo: el 1 de agosto de 1914, al empezar la Primera Guerra Mundial, los autores más rigurosos aceptaban a 43 Estados como miembros de la comunidad internacional. A saber, 21 europeos y otros tantos americanos, además de Japón; en un segundo nivel, China, Persia, Siam y acaso Etiopía o Liberia. A día de hoy, el número de miembros de pleno derecho en Naciones &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21947/georgia-y-los-soberanistas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Benigno Pendás</strong>, profesor de Historia de las Ideas Políticas (ABC, 30/08/08):</p>
<p>Hay demasiados Estados en el mundo. Antes era un club selecto. Apenas una docena en los tiempos de Westfalia. Mucho más cerca en el tiempo: el 1 de agosto de 1914, al empezar la Primera Guerra Mundial, los autores más rigurosos aceptaban a 43 Estados como miembros de la comunidad internacional. A saber, 21 europeos y otros tantos americanos, además de Japón; en un segundo nivel, China, Persia, Siam y acaso Etiopía o Liberia. A día de hoy, el número de miembros de pleno derecho en Naciones Unidas supera los 190. Las desigualdades de población son abrumadoras, desde los más de 1.300 millones en la República Popular China hasta los casi 50 que no alcanzan el millón de habitantes. Lo mismo ocurre con la superficie. La antigua Unión Soviética superaba los 22 millones y medio de kilómetros cuadrados, aunque la actual Federación Rusa se ha quedado sólo en 17 millones. Canadá y Estados Unidos pasan de 9, Brasil de 8, Australia de 7&#8230; En el extremo opuesto, eligiendo al azar, Nauru cuenta con 21 kilómetros cuadrados, Barbados con 430, Singapur con 590&#8230; Rusia está dispuesta a contribuir a la degradación de la estatalidad. Termino con las cifras: Abjasia tiene 216.000 habitantes y Osetia del Sur apenas 66.000. El disparate salta a la vista.</p>
<p>Las identidades falsas contribuyen a crear problemas. No son naciones, ni territorios con personalidad propia, sino -en particular, Osetia- regiones controladas por mafiosos dispuestos a enriquecerse a costa del conflicto. Muchos, por cierto, son siloviki, igual que Vladímir Putin, esto es, antiguos burócratas del servicio de inteligencia. Gente sin escrúpulos, que sabe hacer dinero pero no crear riqueza. Antes, el negocio se llamaba «Ciudad de la Vida Socialista», como en la novela de Soljenitsin: recuerden al desdichado personaje que el lector conoce cuando le quedan 3.653 días de condena en el campo de concentración. Ahora, el asunto se disfraza de «espacio post-soviético». El Kremlin rompe la tregua olímpica y sigue a lo suyo. Añoranza de la Unión Soviética, no nos engañemos. No se trata, claro, del ámbito ideológico, porque el comunismo fue un desastre de tal calibre que nadie lo echa de menos. Otra cosa es la condición perpetua en la hegemonía euroasiática, desde el monje Filoteo de Pskov y la idea de Moscú como tercera Roma, liberadora de los pueblos eslavos. El pretexto siempre es el mismo. Todo nacionalismo necesita territorios irredentos. Ucrania y Bielorrusia forman parte constitutiva del imaginario patriótico. El Cáucaso es una zona histórica de influencia. Georgia está gobernada por otro populismo imprudente, dispuesto a dar marcha atrás al proceso zarista de rusificación completado por el propio Stalin. Es curioso: el tirano nacido en Gori era una criatura del centralismo sistemático impuesto por Alejandro III. Así se escribe la historia.</p>
<p>Rusia no está en condiciones de ser un gigante a escala global, pero sigue siendo una potencia regional. Mal vecino para la Europa occidental, y tal vez algún día para China. A Washington ahora le importa menos. Retirados los «neocons» a sus cuarteles de verano, ya no se trata de exportar democracia sino de defender con inteligencia el interés nacional. Vuelven los «realistas» estilo Henry Kissinger, si es que alguna vez se habían ido. Incluso «Condi» Rice retorna a sus orígenes con un largo artículo en una revista de prestigio. La actitud de la declinante Administración Bush en la crisis de Georgia está más cerca del minimalismo que del activismo de la primera etapa en Irak. De ahí esa primera acción indirecta a través del «amigo» en la región, esta vez la Unión Europea bajo el mandato del hiperactivo Sarkozy. Visto el resultado, ha tenido que movilizar a la OTAN y acelerar el acuerdo con Varsovia y Praga. Cumplido su objetivo, el Kremlin sale fortalecido. También en las relaciones internacionales juega el factor psicológico. Mucho más, por supuesto, en una época determinada por la construcción mediática de la realidad. Acaso el problema le llegue por esta vía indirecta, si se confirman ciertos indicios de barbarie genocida. Ni siquiera una dictadura fría y distante puede ser indiferente ante el Espíritu de la Época. ¿Influencia en las elecciones americanas? Georgia trae al primer plano la política internacional en su aspecto más ingrato para la retórica universalista. Está claro a quién benefician los aires de Guerra Fría. Acaso los rusos tienen algo que decir sobre la opción entre demócratas y republicanos&#8230;</p>
<p>Ya saben: será el primer martes después del primer lunes de noviembre. Extraña fórmula, pero no arbitraria, al servicio de una vieja sociedad de granjeros con tiempo limitado para cumplir sus compromisos políticos. Las librerías están repletas de obras efímeras sobre Barack Obama y John McCain. Se habla de sus «confesiones» públicas. Egoísta, uno; infiel sin excesos, el otro. ¿Quién ganará? Obama, cómo no, es el favorito de los medios, de los progresistas convencionales y de los americanos que hablan con europeos. Por tanto, cuidado con la impresión que recibe el viajero en sus contactos con ambientes urbanos, universitarios, incluso empresariales. Hay también una América profunda, fiel al espíritu de los pioneros, una tierra de frontera vertebrada en torno al motel y la estación de gasolina. Un buen consejo. No hagan ustedes pronósticos fáciles ni se dejen llevar por impresiones superficiales. En ABC escriben buenos conocedores de la realidad social y política en los Estados Unidos: todos están de acuerdo en reclamar prudencia&#8230; Lo cierto es que falta mucho partido por jugar. Ahora llegan las convenciones de unos y de otros, el impacto de los candidatos a vicepresidente, una campaña larga y terriblemente difícil. Cualquier cosa es posible. En todo caso, las imágenes de tanques rusos tienen una influencia en el imaginario colectivo que no favorece precisamente una visión multilateral y cosmopolita de las relaciones internacionales.</p>
<p>¿Qué pretende Rusia? El sistema autoritario plantea un doble objetivo. Hacia el exterior, es un desafío fácil contra la democracia americana, distraída en la campaña electoral, y contra la Unión Europea, atrapada en sus propias incoherencias. Kosovo, como es notorio, empieza a pasar factura. Hacia el interior, es un gesto populista para compensar el fracaso evidente de un régimen opresivo. Una sociedad acostumbrada desde hace siglos al despotismo se conforma con muy poca cosa. Si prosperan las nuevas entidades, serán el modelo típico de Estado fallido, cuyo único objetivo ha descrito gráficamente algún autor: deterring América, es decir, crear un estorbo artificial ante el despliegue del hegemón contemporáneo. Casualidad o no, debe ser una forma de recordar los treinta años bien cumplidos desde la invasión de Praga por las tropas soviéticas disfrazadas bajo el ropaje poco creíble del Pacto de Varsovia. ¿Guardan en la memoria, al menos los veteranos, aquella letra de John Lennon y Paul McCartney, nada menos? Cuando recuerdo a las chicas de Moscú, de Ucrania o de Georgia&#8230; I´m back in the USSR. Pues eso debe ser&#8230; Lección a efectos domésticos. Extraña época en que las provincias quieren ser Estados, se diluye el genuino poder soberano y sólo ganan los pescadores en río revuelto. Georgia como síntoma, por si hace falta alguno para alentar aventuras soberanistas. Un obstáculo más para la política del sentido común. A pesar de todo, la verdad es más fuerte que la mentira. Volverá el tiempo en que sólo existirán Estados auténticos y Naciones acreditadas. Es cuestión de paciencia y realismo.</p>
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		<title>Georgia, 7 de agosto de 2008: la crisis en su contexto</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Aug 2008 21:20:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Elena García Guitián</strong>, profesora titular de Ciencia política en la Universidad Autónoma de Madrid (REAL INSTITUTO ELCANO, 27/08/08):</p>
<p><strong>Tema:</strong> El reciente enfrentamiento entre Rusia y Georgia ha creado una verdadera conmoción en la sociedad internacional. El envío de tanques a Tsjinvali, la capital de Osetia del Sur, por parte del gobierno georgiano se interpretó en un principio como un episodio más de un larguísimo y doloroso conflicto territorial que no parecía tener solución. Sin embargo, la inesperada, por excesiva, respuesta rusa ha dado la vuelta al problema inicial y ha convertido a Georgia en escenario de una lucha &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21906/georgia-7-de-agosto-de-2008-la-crisis-en-su-contexto/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Elena García Guitián</strong>, profesora titular de Ciencia política en la Universidad Autónoma de Madrid (REAL INSTITUTO ELCANO, 27/08/08):</p>
<p><strong>Tema:</strong> El reciente enfrentamiento entre Rusia y Georgia ha creado una verdadera conmoción en la sociedad internacional. El envío de tanques a Tsjinvali, la capital de Osetia del Sur, por parte del gobierno georgiano se interpretó en un principio como un episodio más de un larguísimo y doloroso conflicto territorial que no parecía tener solución. Sin embargo, la inesperada, por excesiva, respuesta rusa ha dado la vuelta al problema inicial y ha convertido a Georgia en escenario de una lucha geopolítica de ámbito internacional que, sin duda, tendrá consecuencias importantes para el equilibrio de poderes futuro.</p>
<p><strong>Resumen:</strong> La crisis desatada por la acción militar georgiana en Osetia del Sur no se entiende sin conocer la reciente historia georgiana, y el papel determinante que Rusia ha desempeñado en ella. Los actuales conflictos separatistas de Osetia y Abjazia son producto de un choque entre proyectos de Estado incompatibles con la construcción del Estado– nación georgiano, que comienza en el siglo XIX, bajo la tutela rusa, y continúa durante la época soviética. El régimen soviético, además de desarrollar políticas que produjeron mayores tensiones separatistas, dejó como herencia al nuevo Estado independizado en 1991 un régimen político basado en la corrupción y la economía sumergida.</p>
<p>Este punto de partida es el que explica la turbulenta historia reciente de Georgia y la agresividad de los conflictos territoriales, que culminan en el estallido de dos guerras y que se prolongan con acciones militares periódicas.</p>
<p>Rusia ha estado implicada en los acontecimientos desde un principio, ocupando una posición ambivalente que se explica por su interés en mantener a Georgia bajo su órbita pero, a la vez, por su temor a alentar unas reivindicaciones de independencia que puede sufrir también en su propio territorio. El enfrentamiento de agosto entre Rusia y Georgia es el último episodio de esta relación, y se explica sobre todo por los cambios introducidos en la política exterior de ambos países, que han supuesto el incremento de la intervención rusa en los territorios separatistas y el cambio en el papel que hasta ahora había desempeñado en las diferentes acciones militares que habían tenido lugar desde la firma de los acuerdos de paz entre las partes.</p>
<p><strong>Análisis</strong></p>
<p><em>Algunos datos históricos</em></p>
<p>Georgia es un pequeño país de menos de cinco millones de habitantes, que obtuvo su independencia oficial en 1991, al separarse de la Unión Soviética, en un período turbulento. Desde el principio, durante el proceso que le condujo a ella, se encontró con la oposición de los líderes de algunos de sus territorios que defendían la permanencia dentro del sistema soviético y se oponían al proyecto de Estado–nación georgiano. Se generaron así diferentes conflictos de carácter étnico–político entre georgianos y otros grupos (abjazos, osetios y adzaros) que han condicionado totalmente la transición georgiana hacia un modelo de Estado moderno y democrático con una economía de mercado.</p>
<p>Aunque necesario para entender correctamente la evolución de dicho conflicto, no es este el lugar adecuado para explicar con detalle la tormentosa historia de los pueblos que han habitado esta región: norcaucásicos, armenios, azeríes, georgianos, etc., situados casi siempre bajo la órbita de algún poderoso enemigo/aliado imperial como los persas, griegos, romanos, turcos o rusos. Lo que si hay que señalar es que existen importantes discrepancias entre los actuales georgianos a la hora de interpretar esa historia. En el imaginario oficial, Georgia es una nación con un territorio perfectamente definido (aunque disminuido respecto a su época más gloriosa), organizada como Estado y con una continuidad histórica innegable, en la que junto a los georgianos conviven otras etnias. En el imaginario de los que reclaman la separación, en ella hay otros pueblos con distintas identidades políticas y otra interpretación de las mismas referencias históricas, lo que a sus ojos proporciona argumentos suficientes para apoyar su reivindicación de soberanía en la parte del territorio georgiano en la que viven.</p>
<p>Los abjazos, por ejemplo, reclaman la restitución de un Estado que tuvo su origen hace más de 1.500 años, aunque se encontrara gran parte de su historia bajo diversos protectorados y ocupaciones. Algo rechazado por los georgianos, quienes reivindican esos mismos orígenes como constitutivos de la nación georgiana y consideran que los ancestros de los abjazos actuales llegaron de las montañas en el siglo XVII, instalándose en un territorio que era suyo.</p>
<p>Los surosetios, por su parte, esgrimen su actual mayoría y sus lazos con Osetia del Norte (Rusia) para afirmar su legítimo derecho a la autodeterminación, algo impensable para los georgianos, que no los consideran habitantes originarios, sino otro de los pueblos del Caúcaso llegado posteriormente de las montañas. Y no olvidemos la región de Adzaria, que parece haber desaparecido como problema tras la expulsión en 2004 del gran cacique que controlaba la región, Aslan Abashidze, pero que cuenta con una población musulmana que reivindica sus vínculos con Turquía.</p>
<p>A pesar de las tensiones históricas existentes entre los diferentes pueblos que han coexistido en el territorio georgiano, habitualmente presentes en las narrativas nacionales de cualquier país, los conflictos adquirieron otro carácter con la extensión del nacionalismo como ideología en una época de progresivo declive del Imperio ruso a final del XIX, y se complicaron enormemente con la política hacia las nacionalidades desarrollada durante la época soviética. En el caso de Georgia, su elite adoptó un discurso nacionalista de base cultural y política con el que se resistió a la “rusificación”, lo que les facilitó conseguir el reconocimiento como Estado independiente durante el período de 1918–1921. No obstante, desde un primer momento, ese discurso nacionalista suscitó la desconfianza de otros grupos étnicos que comenzaron a su vez a defender sus propias narrativas nacionales, dando lugar a choques importantes entre las diversas elites y creando una complicada situación que se vio radicalmente alterada con la “anexión” de Georgia a la Unión Soviética.</p>
<p>Su nuevo estatus hizo que sufriera las arbitrarias variaciones y crueles experimentos en la política respecto a las nacionalidades que caracterizó la época soviética. Así, aunque consiguió una amplia autonomía que le permitió mantener su identidad, a pesar de las presiones periódicas para imponer el ruso, y alcanzar un cierto florecimiento cultural, otro tipo de políticas dificultarían su existencia futura. Decisiones adoptadas por los líderes soviéticos como la repoblación de algunos territorios con otras minorías (georgianos en Abjazia) o la deportación de poblaciones (musulmanes a Turquía) generaron mucho descontento, y la concesión –a veces revocada– de autonomía a los territorios que también reivindicaban su identidad cultural, con la consiguiente creación de estructuras institucionales siguiendo un modelo estatal, proporcionaron argumentos a sus elites políticas para rechazar su pertenencia a Georgia en el momento de su independencia.</p>
<p>Esto queda claro en el caso de Abjazia, pero sobre todo en el de Osetia del Sur, que ya en 1990 –antes que la propia Georgia– autoproclamó su independencia y originó un conflicto armado que no se detuvo hasta los acuerdos de paz de 1992.</p>
<p>El resultado de todo ello es que dentro de los límites territoriales del Estado georgiano, diseñados conforme a las fronteras que tenía en el periodo de independencia del que disfrutó antes de ser incorporado a la Unión Soviética, coexisten diferentes proyectos de Estado incompatibles entre sí. Además, esa independencia se alcanza en el momento de la desintegración del sistema soviético, lo que produjo un colapso institucional y económico (corrupción, violencia, y liderazgo no democrático) poco favorable para las transiciones hacia la democracia de los nuevos Estados</p>
<p><em>El nuevo Estado georgiano</em></p>
<p>Dentro de la Unión Soviética, como hemos señalado, Georgia pudo mantener y desarrollar su identidad nacional, y también fue capaz de crear casi un Estado paralelo basado en una economía sumergida controlada por clanes. Ello explica en parte que la declaración de independencia que tiene lugar el 25 de mayo de 1991 desatara un período de lucha interna por la hegemonía política y, a la vez, económica en el país.</p>
<p>Uno de los impulsores de la independencia, Zviat Gamsajurdia, hombre carismático pero autoritario, considerado por muchos un “iluminado”, es elegido primer presidente, y unos meses después tiene lugar un golpe de Estado que desata una guerra civil que no acaba hasta 1993 y que deja al país en la miseria y moralmente devastado.</p>
<p>La crisis institucional es total. La lucha se lleva a cabo entre grupos de partidarios (“zviatistas”) y oponentes de Gamsajurdia (antiguos colaboradores como Tenguiz Kitovani, Jaba Ioseliani y Tenguiz Sigua), que actúan como señores de la guerra ayudados por grupos paramilitares. Estos últimos forman parte de un Consejo de Estado que se hace con el poder y pide a Eduard Shevardnadze que acceda a formar parte de él y se involucre activamente en la política georgiana.</p>
<p>En ese momento, el conflicto interno se agudiza con las disputas territoriales. Los líderes que reivindican la independencia aprovechan el caos para consolidar su poder y, a la vez, los combatientes georgianos inician intervenciones militares justificadas con el argumento de que forma parte de la persecución de los partidarios de Gamsajurdia. El resultado es el comienzo de otra de las sangrientas guerras de secesión, la de Abjazia, que no se detiene hasta mayo de 1994.</p>
<p>En el enfrentamiento militar participan combatientes del Caúcaso (algunos de ellos posteriormente convertidos en protagonistas de la guerra de Chechenia) y Rusia facilita armas a todos los contendientes, posiblemente satisfecha con la desestabilización de la nueva nación. Pero también juega un papel fundamental para alcanzar la paz, lo que Georgia reconoce aceptando ingresar en la Comunidad de Estados Independientes (CEI). Así, mediante las fuerzas pacificadoras de esta organización, Rusia instaura un status quo que se impone tanto en Abjazia como en Osetia, cuyos líderes confían en Moscú.</p>
<p>Después de vencer definitivamente a los “zviatistas”, conseguir los acuerdos de paz en estos territorios, y deshacerse de los otros incómodos miembros del Consejo, comienza la etapa de Shevarnadze, elegido presidente en 1995 y que se caracteriza por el pragmatismo, pero también por la acomodación al sistema y la incapacidad para generar ningún avance hacia la institucionalización del sistema político y su democratización.</p>
<p>Gracias sobre todo a los buenos contactos internacionales de su líder, Georgia recibe grandes ayudas económicas por parte de la UE y Estados Unidos, y mantiene una correcta relación, no exenta de tensiones, con Rusia. Pero esas ayudas son engullidas por la corrupción absoluta que impera en el sistema. La economía está en manos de clanes que se disputan el comercio en las distintas zonas del país (los principales: Shevarnadze en Tbilisi; Abashidze en Adzharia; Tedeyev en Osetia; y Ardzimba en Abjazia), no se recaudan impuestos y se producen continuos cortes en el suministro de agua, electricidad y gas. La supervivencia de la población se garantiza gracias a la fortaleza de las relaciones familiares y sociales, con una juventud devastada por las drogas y la violencia, y a una economía de subsistencia que permite adquirir productos agrícolas locales e importaciones de Turquía.</p>
<p>En este contexto, a todas las partes parece interesarles el estancamiento de la resolución de los conflictos territoriales. Pero hablar de “conflictos congelados” no significa que nadie mueva ficha. Los más de 200.000 desplazados de la guerra de Abjazia son visibles en Tbilisi y recuerdan con su presencia en el hotel Iveria, situado en el mismo centro de la ciudad, la tragedia. Y ya durante el período Shevardnadze se producen múltiples crisis, como los intentos de regreso de refugiados georgianos ayudados por paramilitares, que son rechazados, o los choques con Rusia originados en la guerra de Chechenia, que provocan incidentes en el valle de Kodor, en una concatenación ininterrumpida de incidentes que van transformando ese status quo inicial, multiplicando los agravios y la falta de entendimiento de todos los actores.</p>
<p>La caída de Shevardnadze se materializa en noviembre de 2003 cuando Mijaíl Saakhasvili, antiguo colaborador suyo, pasa a la oposición y llama a la movilización ciudadana contra el régimen, en lo que se ha venido a llamar la “Revolución de las Rosas”. En las elecciones celebradas en enero del año siguiente, éste alcanza el poder con el 96% de los votos con un discurso renovador en el que se impone como principales objetivos de su mandato la lucha contra la corrupción y la democratización del país. Pero para ello Georgia debía ser un país fuerte capaz de solventar sus conflictos territoriales y consolidar su estatus de país plenamente europeo, lo que se tradujo en un discurso claramente nacionalista y pro–americano, lo que empeoró las relaciones con Rusia.</p>
<p>El resultado ha sido un mandato lleno de claros y sombras. Por un lado, Saakhasvili aportó algo de ilusión a una población absolutamente desmoralizada y apática. Incorporó a su equipo a jóvenes que habían adquirido experiencia a través del activismo político en la incipiente sociedad civil (básicamente ONGs vinculadas a organizaciones internacionales), y comenzó a desarrollar políticas públicas para modernizar y democratizar las instituciones: lucha anticorrupción, reforma de la policía, profesionalización de la justicia, mayores garantías para las inversiones extranjeras, etc. Sin embargo, aunque ha conseguido introducir evidentes mejoras que todos reconocen, para alivio del común de los georgianos, el contexto de partida no era el más idóneo para alcanzar resultados rápidos, y su gran apoyo popular inicial le ha servido para ejercer el poder de forma personalista y, en muchas ocasiones, autoritaria.</p>
<p>En este sentido, los indicadores internacionales utilizados para medir la calidad de la democracia en Georgia son claramente insatisfactorios. El sistema político georgiano es un sistema presidencialista caracterizado por el predominio del poder ejecutivo, la debilidad de la oposición (con partidos demasiado identificados con grupos de interés y faltos de líderes atractivos), la baja actividad de la sociedad civil, y muy centralizado (aunque de hecho son los clanes locales los que controlan gran parte de la actividad política y económica del país). Por ello, a pesar del discurso oficial, aunque el nivel de corrupción ha descendido, el índice total de calidad democrática no ha mejorado desde el periodo Shevardnadze.</p>
<p>Quizás la impaciencia, o la impotencia, para conseguir llevar a cabo su proyecto, es la que ha ido ampliando la imagen autoritaria de Saakashvili y ha fortalecido a la oposición. El resultado fueron los acontecimientos de 2007, que comenzaron con el enfrentamiento con su ministro de Defensa, Irakli Okruashvili, posteriormente destituido, quien a su vez le acusó de corrupción; continuaron con la represión de manifestantes de la oposición y la declaración del estado de emergencia en noviembre de ese mismo año; y, aparentemente, finalizaron con la celebración adelantada de elecciones, que volvió a ganar, aunque con menos apoyo.</p>
<p>Un segundo rasgo de su mandato ha sido el cambio radical en las alianzas exteriores que ha imprimido a la política georgiana. Saakhasvili se ha convertido en ferviente defensor del presidente Bush y ha apoyado acríticamente sus políticas, hasta el punto de mandar un contingente de tropas de 2.000 soldados a Irak en el momento en el que otros países comenzaban a retirar los suyos. Está realmente convencido de que sólo la ayuda estadounidense permitirá a Georgia escapar de la cada vez más intensa y abierta interferencia rusa e incorporarse a Europa como le corresponde, por ello el ingreso en la OTAN se ha convertido en su principal meta en política exterior. Por el contrario, las relaciones con Rusia, a quien ve como potencia imperialista y principal culpable de alentar las ambiciones separatistas, se han deteriorado a pasos agigantados. El resultado ha sido que la cuestión georgiana ha pasado a ocupar un lugar importante en la agenda internacional.</p>
<p>Los Estados Unidos consideran a Georgia un aliado estratégico por su proximidad a Irán (siendo un Estado cristiano y democrático); por alojar un oleoducto que lleva petróleo a occidente evitando que pase por territorio ruso o iraní; por haberse convertido en uno de los países aliados en la crisis de Irak; y por su discurso anti–ruso, que contribuye a reforzar su condena de la deriva autoritaria del Kremlin y a legitimar la influencia estadounidense en países limítrofes con Rusia. El gobierno ruso, por su parte, trata a Georgia como un mero peón de los Estados Unidos en su estrategia de dominio mundial. Y la reacción de la UE ante la nueva política de Saakashvili muestra la diferencia de opinión de sus miembros. Mientras algunos países simpatizan con las ambiciones georgianas, por padecer conflictos territoriales o por coincidir en su desconfianza hacia Moscú, para otros son un estorbo en la mejora de las relaciones con Rusia y demasiado coincidentes con los intereses de Estados Unidos.</p>
<p>Lo que está claro es que la nueva estrategia georgiana les ha obligado a todos a tomar partido, y estas decisiones están incidiendo de forma importante en la política internacional.</p>
<p>En tercer lugar, el gobierno de Saakashvili estableció como uno de sus objetivos principales “solucionar” los problemas de los territorios separatistas. Como hemos señalado anteriormente, los conflictos no han estado congelados, porque la situación en ellos no ha parado de evolucionar, como reflejan los constantes movimientos efectuados por todos los actores.</p>
<p>Lo que si logró el nuevo gobierno georgiano al comienzo de su mandato (2004), precisamente mediante la organización de una incursión militar, fue expulsar a Aslan Abashidze de Adzaria, territorio autónomo que funcionaba de facto como independiente, bajo su total control. Y este éxito le condujo a intentar la misma estrategia para afrontar los otros problemas territoriales.</p>
<p>La firma de los acuerdos de paz había llevado a Osetia del Sur y a Abjazia a adquirir un estatus político no muy distinto al que hemos descrito en el resto de Georgia. En el caso de Osetia, la división entre enclaves de mayoría surosetia y georgiana que viven de espaldas los unos de los otros se iba agudizando, con muchos refugiados de ambas partes fuera de su territorio.</p>
<p>En las elecciones de 2001, el control político acaba en manos de un ex miembro del Partido comunista, Eduard Kokoiti, relacionado con el clan Tedeyev, que es el que controla la frontera y el contrabando –con la implicación de militares rusos– entre Rusia y Georgia, y los incidentes con el gobierno georgiano se multiplican. Kokoiti instaura un régimen personalista muy poco democrático –a pesar de utilizar el referéndum y las elecciones– que ofrece buenos argumentos a Saakashvili para desprestigiarlo, transformando la naturaleza del conflicto al presentarlo como algo provocado por un núcleo de mafiosos jaleados por los rusos. Por ello, en 2004, poco después de llegar al poder, decide intervenir militarmente en una operación justificada como antimafia, precipitada también por la detección de movimientos de tropas rusas, teniendo además como antecedente su éxito en Adzaria.</p>
<p>El resultado fue un nuevo fracaso georgiano y el aumento de la influencia rusa en la zona. La precaria economía de Osetia del Sur depende en un 60% de la ayuda de Rusia, que paga sueldos y pensiones, concede pasaportes rusos a los surosetios (dando razones de peso de nuevo a los georgianos para denunciar su papel como pacificador) y construye carreteras y un oleoducto sólo para los pueblos de mayoría osetia, facilitando el aislamiento de los de mayoría georgiana.</p>
<p>En Abjazia, los acuerdos de paz supusieron la consagración de un nuevo equilibrio demográfico en el que los habitantes de etnia abjaza se convirtieron en mayoría y crearon instituciones políticas de facto totalmente independientes de las de Georgia. El asilamiento inicial y los embargos consagraron una economía de subsistencia en una zona que en la época soviética era un paraíso turístico. En los últimos años, sin embargo, se ha producido una activación de la intervención rusa que ha transformado bastante la situación al permitir, sin respaldo legal, la adquisición de propiedades por parte de inversores rusos, lo que ha suscitado la desconfianza de los propios abjazos. Porque a pesar de tener pasaportes rusos y utilizar el rublo, su meta principal es alcanzar la independencia, y temen que un desarrollo económico mayor suponga su colonización por parte de los rusos. Algo, por otro lado, nada descabellado, como muestra el hecho de que, aunque en las últimas elecciones celebradas en este territorio saliera reelegido el nacionalista Serguei Bagapsh, éste tuviera después que incorporar a su equipo al candidato apoyado desde Moscú.</p>
<p><em>El estallido del conflicto (7 de agosto de 2008)</em></p>
<p>Ésta es a grandes rasgos la descripción de la situación existente hasta que, sobre todo a partir de 2007, comienzan a desencadenarse rápidamente los acontecimientos, en un contexto internacional que ha cambiado. Sucesos como la entrada de los georgianos en el valle de Kodor (situado en la frontera con Abjazia); la creación de una administración pro–georgiana paralela en Osetia ( presidida por Dimitri Sanakoyev); el incremento de la actividad paramilitar de los surosetios con disparos e incidentes constantes; las protestas del Gobierno georgiano por la actuación rusa en el conflicto en todos los foros internacionales; la celebración en Osetia de un referéndum para solicitar la independencia; las tensiones internas en Tbilisi, que llevan a declarar el estado de emergencia, etc., reflejan una situación que nada tiene que ver con un conflicto congelado.</p>
<p>Ese continuo goteo de graves sucesos, unido a un análisis del estado de la relación de Georgia con sus aliados, es lo que explica la decisión de intervenir en Osetia del Sur el 7 de agosto de 2008. Aunque se han dicho muchas cosas sobre las razones de esa intervención, no está claro por qué se adopta en ese momento ni cuáles eran los objetivos. Vistos lo antecedentes y la estrategia utilizada en ellos, parece dudoso afirmar que se tratara de un ataque militar georgiano perfectamente planificado para hacerse con la totalidad del territorio, pues presenta más similitudes con el tipo de incursión de 2004. Además, desde el punto de vista estratégico, si ese hubiera sido el objetivo resultaría en error garrafal no haber procedido a cerrar el túnel de Rok, único paso desde Rusia, en vez de acceder directamente a Tsjinvali.</p>
<p>Respecto a las razones que justificaron la incursión, el gobierno georgiano considera que no se trató de un juicio precipitado e inmaduro que les hizo caer en la trampa rusa. Georgia tiene fuerzas militares dentro de Osetia del Sur, protegiendo especialmente los pueblos georgianos y la frontera, que estaban siendo atacados desde hacía meses con objeto de provocarles e iniciar el conflicto militar, y en Tbilisi se decidió que debían responder para no perder la credibilidad ante sus ciudadanos.</p>
<p>En todo caso, la acción del gobierno georgiano fracasó por tres motivos: la resistencia armada en Tsjinvali fue infinitamente más fuerte de lo que esperaban; no previeron una reacción de los rusos de este tipo; y la estrategia militar no estaba diseñada para hacer frente a la situación que se generó.</p>
<p>Y es que algo importante había cambiado respecto a incidentes anteriores: el papel que Rusia desempeñaba en los conflictos. Su progresiva intervención en la política y la economía de Abjazia y Osetia ya no dejaba duda sobre su implicación como parte en él. A la vez, el discurso pro–americano de Saakashvili y sus intentos de entrar en la OTAN habían situado la relación con Georgia en el centro del diseño de la nueva política exterior de Rusia. Por otro lado, la mejora de su situación económica y la estabilización política conseguida bajo el mandato de Putin no ocultaban la deriva autoritaria que estaba teniendo lugar y que también reflejan los índices de calidad democrática, más bajos aún que los de Georgia.</p>
<p>Los georgianos son muy conscientes del cambio y saben que la política rusa en Abjazia y Osetia es el resultado de los movimientos que Georgia ha realizado en el ámbito internacional. En este sentido, creen que el retraso de su ingreso en la OTAN con el argumento de que tiene serios conflictos territoriales le ha dado a Rusia razones para avivarlos aún más. Y, de hecho, el presidente Saakashvili se defiende de las críticas a su actuación diciendo que la intervención de agosto se precipitó (en “época de vacaciones”) por las informaciones que alertaban de preocupantes movimientos de tropas rusas en la frontera que parecían confirmar la tan temida invasión.</p>
<p>Lo que debería descartarse es la visión de que el gobierno georgiano estaba actuando como un comparsa siguiendo una estrategia diseñada por los estadounidenses, en su beneficio, con objeto de debilitar a Rusia. La realidad es que en este conflicto interactúan muchas partes que principalmente persiguen sus propios intereses aunque a la vez contribuyan a satisfacer los de los demás. Y parece que la tibia primera reacción del gobierno de Bush reflejaba más su sorpresa ante la iniciativa de Saakashvili que un apoyo entusiasta por el éxito en la consecución de un plan diseñado conjuntamente.</p>
<p><strong>Conclusiones:</strong> Todavía no sabemos con certeza cuáles fueron de verdad las razones que impulsaron el envío de tropas a Osetia del Sur, ni si la realidad era tal y como la percibió el gobierno georgiano. En todo caso la descripción del contexto nos muestra una situación muy conflictiva en la que las decisiones debían adoptarse teniendo en cuenta el equilibrio interno del país y su repercusión en el ámbito internacional. Y lo que cabe concluir es que los georgianos primaron su política interna.</p>
<p>El resultado ha sido la destrucción de pueblos y ciudades en Osetia del Sur y la ocupación de zonas de Georgia por parte de las tropas rusas, en una operación militar que ha adoptado a la vez la forma de acción “pacificadora”, de “castigo” y “preventiva”. En el contexto actual, dada su resistencia a abandonar algunos enclaves georgianos, ello puede suponer que Rusia vaya a mantener bajo su control parte de ese territorio ocupado.</p>
<p>Pero esa activa presencia de Rusia en el desarrollo de los problemas internos de Georgia ha hecho que se conviertan en uno de los temas candentes de la política mundial. Y eso va a condicionar los acontecimientos futuros, que van a depender de los movimientos de las piezas de actores muy diversos y de los acuerdos a los que lleguen entre si.</p>
<p>Georgia ha perdido los territorios de Abjazia y Osetia, cuya independencia ha sido ya reconocida por el Kremlin ignorando las presiones internacionales y las propias tensiones existentes dentro de Rusia que tiene a su vez territorios que reivindican su independencia (lo que supone fuertes incoherencias de sus líderes al respecto y del manejo del antecedente de Kosovo).</p>
<p>El interés de Georgia, por el contrario, se centrará en conseguir que la Unión Europea convenza a Rusia de que les deje intervenir como mediadores en el conflicto, por haberse convertido ésta en parte de él (al defender a “sus ciudadanos”), y lograr el apoyo del grupo de países que recelan del gobierno ruso para incorporarse lo más rápidamente posible a la OTAN. De nuevo esto dependerá tanto de las presiones estadounidenses como de las dinámicas internas de la UE, en la que no hay que despreciar la influencia del nuevo grupo que constituyen los países del Este y que son claramente pro–georgianos.</p>
<p>Pero aparte de afectar al destino de Georgia, otra de las consecuencias de este conflicto es que va a precipitar el rediseño de un nuevo equilibrio de poderes entre los Estados Unidos, la UE y Rusia, cuyos rasgos es prematuro todavía avanzar. Los europeos tendrán que tomar decisiones sopesando, por un lado, el grado en el que sus intereses están ligados a los de Rusia dada su gran dependencia energética de ella, y, por otro, la desconfianza que les suscita la deriva autoritaria rusa, traducida en la actitud agresiva en sus relaciones exteriores que ha mostrado claramente en este conflicto. Y aunque es de esperar que Estados Unidos siga manteniendo una política similar respecto a estos temas, una victoria del candidato demócrata podría modificar de forma importante la manera de abordar sus relaciones exteriores.</p>
<p>Analizado todavía con poca distancia, lo que cabe concluir es que el resultado de los sucesos de agosto, a pesar de lo que pueda parecer, ha perjudicado a todos los actores. La iniciativa de los georgianos ha complicado enormemente su posición en los conflictos territoriales, ha supuesto la destrucción de infraestructuras en gran parte del país, causando un gran daño a su población, y ha minado la confianza internacional en el gobierno existente, que seguramente tendrá que responder más adelante ante sus ciudadanos por lo sucedido. Los surosetios han heredado un territorio desolado y los abjazos se han convertido en un enclave ruso. Los rusos, a pesar de haber conseguido el triunfo militar, se han metido en un avispero en estas zonas y corren más riesgo de sufrir nuevos conflictos separatistas. Además, moralmente están sufriendo un gran desprestigio mundial por su acción desproporcionada, incrementando la animosidad anti–rusa, sobre todo en territorios que siguen siendo de su interés. Los estadounidenses, por su parte, han mostrado sus limitaciones para intervenir efectivamente en el exterior y han constatado los peligros de suscitar en el imaginario mundial la idea de que sus amigos están protegidos frente a todo. La UE ha puesto de relieve las dificultades que tiene para desarrollar una política exterior coherente y se ha dado cuenta de que la incorporación de los países del Este ha introducido un nuevo equilibrio interno que puede transformarla de forma importante. Y, por último, la ONU ha vuelto a exhibir su incapacidad para ayudar a resolver los conflictos dada su dependencia de las grandes potencias.</p>
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		<title>Georgia íntegra y libre</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Aug 2008 20:48:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Eduardo Aguirre</strong>, embajador de Estados Unidos en España y Andorra (EL MUNDO, 27/08/08):</p>
<p>Cada cuatro años, el mundo tradicionalmente se olvida de sus disputas para animar a los atletas durante el apasionante espectáculo de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, en esta ocasión, hemos sido testigos de un espectáculo no menos apasionante; aunque no cautivante para la ciudadanía mundial: los carros de combate rusos, sus tropas y sus aviones militares penetrando la frontera de un pequeño país vecino. Aunque el país es Georgia, no Checoslovaquia, y los tanques eran rusos y no soviéticos, la escena es escalofriantemente evocadora de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21902/georgia-integra-y-libre/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Eduardo Aguirre</strong>, embajador de Estados Unidos en España y Andorra (EL MUNDO, 27/08/08):</p>
<p>Cada cuatro años, el mundo tradicionalmente se olvida de sus disputas para animar a los atletas durante el apasionante espectáculo de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, en esta ocasión, hemos sido testigos de un espectáculo no menos apasionante; aunque no cautivante para la ciudadanía mundial: los carros de combate rusos, sus tropas y sus aviones militares penetrando la frontera de un pequeño país vecino. Aunque el país es Georgia, no Checoslovaquia, y los tanques eran rusos y no soviéticos, la escena es escalofriantemente evocadora de 1968.</p>
<p>El resultado de estos eventos ha sido igualmente preocupante. Las tropas rusas se han atrincherado en posiciones estratégicas no sólo dentro de las zonas disputadas de Osetia del Sur y Abjasia, sino dentro de la propia Georgia profunda, todas en violación de la integridad territorial de Georgia.</p>
<p>La pasada semana, la OTAN emitió un encendido comunicado de apoyo a la integridad territorial, la independencia y soberanía de Georgia, así como a su Gobierno democráticamente elegido. La secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, añadió que el comunicado «envía el mensaje de que la Alianza Atlántica no permitirá a Rusia que trace una nueva línea a través de Europa entre aquellos estados que son parte de las instituciones transatlánticas y aquellos que aspiran a serlo».</p>
<p>La atención del mundo está ahora enfocada hacia tres objetivos urgentes: poner fin a las hostilidades y los abusos en la zona de conflicto, incluidos aquellos cometidos por milicias irregulares en áreas bajo control ruso, y en ayudar a los supervivientes. Tanto Georgia como Rusia han firmado el acuerdo de alto el fuego que prevé ayuda a la población civil, pero el mundo sigue esperando a que Moscú lo cumpla. Mientras, se debe permitir de forma urgente el paso de las organizaciones humanitarias. Estados Unidos y otros países, entre ellos España, ya han comenzado a distribuir material médico, comida, tiendas de campaña y otra asistencia a los supervivientes. Todavía no está claro el número exacto de muertos y heridos por el conflicto, lo que sí es evidente es que el pueblo georgiano se enfrenta a una crisis humanitaria provocada por la guadaña de la destrucción.</p>
<p>Las regiones separatistas de Osetia del Sur y Abjasia tienen un largo historial de tensión, pero cualquier observador especializado no se habrá sorprendido por los acontecimientos de las últimas semanas. Moscú ha intensificado de forma permanente la presión sobre Georgia, económica, política y militarmente, con el establecimiento de embargos y la suspensión de las comunicaciones por tierra y aire. En primavera, Rusia emitió una orden gubernamental para incrementar sus lazos oficiales con las regiones separatistas de Osetia del Sur y Abjasia, ignorando por completo a las legítimas autoridades georgianas.</p>
<p>Después, la afrenta rusa se volvió más ominosa. En abril, un caza de combate ruso derribó un avión de vigilancia dentro del espacio aéreo georgiano y, en el mismo mes, tropas de combate y artillería de Moscú comenzaron a tomar posiciones dentro de Abjasia bajo el pretexto de aumentar la fuerza de paz en la zona, pero sin consultar a Georgia. En mayo, Rusia envió otro grupo de soldados a Abjasia para reparar una línea férrea entre Rusia y la zona del conflicto, sin el mandato legal de ningún país y con la excusa de una «acción humanitaria». En julio, comenzaron actos violentos en Osetia del Sur que incluyeron ataques contra vehículos de la policía georgiana y el intento de asesinato de un líder político osetio pro-georgiano. El proceso culminó con la petición el lunes del Senado ruso y la aprobación ayer por parte del presidente Medvedev de reconocer la independencia de ambas regiones. Como dijo el presidente George W. Bush, la medida de Rusia es inaceptable y «la integridad territorial de Georgia y sus fronteras merecen el mismo respeto que las de cualquier otra nación, incluyendo las rusas».</p>
<p>Durante todo este periodo, EEUU ha urgido a los gobiernos de Rusia y Georgia a ejercitar la máxima restricción y a encontrar una vía pacífica para resolver sus diferencias. El 7 de agosto, después de que Georgia respondiera a un ataque de artillería contra varias aldeas en Osetia del Sur bajo control de las tropas de pacificación, los militares rusos inundaron el territorio surosetio, abjasio y el de la propia Georgia. Con esta acción, Moscú ha puesto en duda la integridad territorial georgiana mientras confiesa en la intimidad que se dispone a reconocer la independencia de las dos regiones separatistas a pesar de que numerosas resoluciones de la ONU les instan a resolver el conflicto por vías diplomáticas.</p>
<p>Las escenas de la agresión rusa, y ahora las amenazas, tanto directas como indirectas, contra otros países como Polonia o Ucrania, han despertado las trágicas memorias de estados capturados en el pasado y que hoy han elegido el modelo occidental de libertad y democracia. Pero el mundo en el que vivimos hoy es muy diferente al de 1968 cuando la Unión Soviética invadió Checoslovaquia. Desde entonces, Europa, la comunidad transatlántica y el mundo han dado un paso adelante. Rusia ha intentado integrarse en las estructuras políticas, diplomáticas, económicas y de seguridad del siglo XXI, y Estados Unidos ha apoyado firmemente este esfuerzo.</p>
<p>Pero con sus acciones, Rusia ha puesto en riesgo su reputación internacional y sus aspiraciones. El impacto de su comportamiento ya se ha comenzado a notar. Hoy surgen dudas sobre la validez de la candidatura rusa a la Organización Mundial del Trabajo y el prestigio que conseguiría si ocupara el octavo sillón del foro económico G7. Algunos críticos incluso se preguntan si Rusia es el lugar apropiado para la celebración de los próximos Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, separada de Abjasia a menos de la distancia de una maratón. El pueblo ruso puede aprender que el coste de la agresión de las pasadas semanas será medido de forma que sus líderes nunca habrían considerado.</p>
<p>Si Rusia desea reparar el daño a su reputación, y sus relaciones con el resto del mundo, el primer paso que debe tomar es el de respetar el alto el fuego que su presidente ha firmado para detener todas las hostilidades, incluidas las cometidas por las milicias irregulares en zonas ocupadas por los rusos. En cumplimiento de los términos de ese acuerdo, todas las tropas rusas que penetraron el 6 de agosto tienen que salir de Georgia. También debe permitir el trabajo de los observadores internacionales y una mayor presencia internacional en Osetia del Sur. Además, debe facilitar que se distribuya ayuda humanitaria y adherirse a la anterior política rusa de respetar la integridad territorial georgiana.</p>
<p>Si Rusia no cumple con estos compromisos se verá más aislada. Como dijo la secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, en la última cumbre de la OTAN: «No puede haber una relación normal con Rusia mientras continúe este tipo de agresión».</p>
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		<title>Los enfrentamientos entre Georgia y Rusia por Osetia del Sur</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Aug 2008 21:50:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Félix Arteaga</strong>, investigador principal, Seguridad y Defensa, Real Instituto Elcano (REAL INSTITUTO ELCANO, 26/08/08):</p>
<p><strong>Tema:</strong> Entre el 7 y el 11 de agosto fuerzas georgianas y rusas han combatido en Osetia del Sur y en territorio georgiana hasta que se ha llegado a un alto el fuego con las fuerzas rusas ocupando parte del territorio de Georgia</p>
<p><strong>Resumen:</strong> Fuerzas rusas y georgianas han combatido sobre Osetia del Sur tras la invasión georgiana del 7 de agosto de 2008 para imponer la normalidad constitucional en la provincia separatista surosetia. Georgia podría haberlo conseguido de no intervenir las fuerzas armadas &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21889/los-enfrentamientos-entre-georgia-y-rusia-por-osetia-del-sur/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Félix Arteaga</strong>, investigador principal, Seguridad y Defensa, Real Instituto Elcano (REAL INSTITUTO ELCANO, 26/08/08):</p>
<p><strong>Tema:</strong> Entre el 7 y el 11 de agosto fuerzas georgianas y rusas han combatido en Osetia del Sur y en territorio georgiana hasta que se ha llegado a un alto el fuego con las fuerzas rusas ocupando parte del territorio de Georgia</p>
<p><strong>Resumen:</strong> Fuerzas rusas y georgianas han combatido sobre Osetia del Sur tras la invasión georgiana del 7 de agosto de 2008 para imponer la normalidad constitucional en la provincia separatista surosetia. Georgia podría haberlo conseguido de no intervenir las fuerzas armadas rusas que desalojaron a las tropas georgianas de las posiciones alcanzadas en Osetia del Sur y anularon cualquier capacidad de ayuda destruyendo objetivos estratégicos en el interior de Georgia y en la república independentista de Abjazia. Durante los enfrentamientos que duraron hasta el 11 de agosto las fuerzas rusas consiguieron todos sus objetivos militares ocupando territorio georgiano para negociar desde una posición de fuerza. El acuerdo para el alto el fuego llegó después de que Rusia impusiera sus condiciones y antes de que se retiraran sus fuerzas de territorio georgiano.</p>
<p>Este ARI analiza los antecedentes inmediatos del conflicto, la aproximación de Georgia a la OTAN y la UE para librarse de la influencia rusa, la oposición rusa a la perdida de influencia regional e internacional, los conflictos latentes de Osetia del Sur y Abjazia, la escalada previa a los enfrentamientos, el desarrollo de éstos y la situación tras el alto el fuego acordado.</p>
<p><strong>Análisis</strong></p>
<p>Los antecedentes inmediatos de los enfrentamientos entre Georgia y la Federación Rusa por Osetia del Sur tienen su causa última en las tensiones por preservar o reducir la influencia rusa en la zona del Cáucaso. Las tensiones tienen una dimensión internacional, enfrentando a Rusia con Estados Unidos en su pugna por el liderazgo internacional, y una dimensión regional, enfrentando a Rusia con Georgia por su intento de integrarse en las instituciones occidentales. Desde su llegada al poder con la Revolución de las Rosas en noviembre de 2003, el Gobierno georgiano ha buscado el apoyo de la OTAN y de la UE para escaparse de la influencia rusa. La Federación Rusa sigue considerando el territorio de sus antiguas repúblicas como un espacio natural de influencia y observa con preocupación los intentos de salirse de esta esfera – o la intromisión en ella- como una amenaza directa a sus intereses de seguridad nacional.</p>
<p>Estados Unidos ha sido el valedor principal de la estrategia georgiana pese a no conseguir incluir a Georgia entre los nuevos miembros admitidos durante el Consejo del Atlántico Norte de abril de 2008 en Bucarest. Georgia suscribió un acuerdo de asociación (Individual Partnership Action Plan) en octubre de 2004 y en 2008 solicitó formalmente su ingreso. La oposición rusa consiguió retrasar la admisión pero no que la OTAN descartara su ingreso en el futuro si progresa de acuerdo con el plan acordado entre la OTAN y Georgia (Membership Action Plan) cuya siguiente evaluación será en diciembre de 2008. El aplazamiento del ingreso no contentó a Rusia que vio en esta decisión un episodio más de una larga lista de agravios perpetrados –en su opinión- por Estados Unidos y por algunos países europeos a propósito de la independencia de Kosovo, el despliegue de misiles en Polonia y Chequia, la expansión oriental de la OTAN y la UE hacia las fronteras de la Federación o el menosprecio del poder emergente de la antigua superpotencia. Rusia ha pasado progresivamente de criticar estas decisiones a amenazar con intervenir directamente en defensa de sus intereses sin llegar a hacerlo y, de ahí, a cumplir sus amenazas como parecen demostrar los enfrentamientos en Osetia del Sur</p>
<p>La voluntad georgiana de salirse de la influencia rusa provocó desde el principio un pulso entre Tbilisi y Moscú que derivó en un pulso personal entre el Presidente de Georgia, Mijail Saakhasvili, y el entonces Presidente y ahora primer ministro de Rusia, Vladimir Putin, plagado de desencuentros, acusaciones y brusquedades mutuas. Los dirigentes rusos consideran que está en juego su credibilidad como un actor emergente que está recuperando su capacidad de influencia nacional, regional e internacional y que su reputación depende de las respuestas que de a los desafíos a su autoridad. En el caso de Georgia, su salida de la órbita rusa podría alentar desafíos similares en Ucrania, Azerbaijan o Abjazia y reabrir frentes de confrontación como el checheno o el ingusetio que se están cerrando por la fuerza. Además, el Gobierno georgiano hacía ostentación del apoyo occidental y en esa percepción de juego suma cero, en la que cualquier avance georgiano se considera por la Federación Rusa como un retroceso inaceptable, no sólo cuenta el fondo de la emancipación sino también la forma de hacerlo. De esta forma, la respuesta rusa se fue decantando por la ejemplaridad</p>
<p>El otro gran objetivo del programa de Gobierno del Presidente Saakashvili fue el de la reintegración territorial. Georgia carecía de control sobre cuatro zonas del país y logró recuperar Abjaria en 2004 y algunas posiciones en el valle de Kodor en 2006 pero no pudo progresar con Abjazia ni con Osetia del Sur. En el caso de Abjazia, su separación fue traumática y llegó tras sendas guerras civiles durante 1992 y 1993 que causaron miles de víctimas y desplazados. Los acuerdos de alto el fuego de mayo de 1994 en Moscú permitieron la presencia de fuerzas de mantenimiento de la paz de la Comunidad de Estados Independientes (rusas fundamentalmente) bajo la observación de Naciones Unidas (UNOMIG) pero su despliegue no evitó una nueva ola de enfrentamientos y desplazados en 1998. El nuevo acuerdo de alto el fuego, el Protocolo de Gagra de mayo de 1998, no impidió que continuaran después los enfrentamientos esporádicos del mismo modo que el Acuerdo Cuatripartito de abril de 1994 para la vuelta de los refugiados no pudo conseguirla entonces ni evitar la progresiva limpieza étnica para ganar el control del territorio (unos 50.000 desplazados georgianos han retornado a la región protegida de Gali pero Tbilisi asegura que hay otros 200.000 refugiados en su territorio esperando hacerlo).</p>
<p>Los independentistas abjazos, liderados por Sergey Bagapsh, carecen de reconocimiento internacional pero en la práctica se han venido comportando como un estado de facto y han controlado su región de forma autónoma, coexistido con las fuerzas internacionales e ignorado las peticiones de diálogo georgianas. Con una población actual inferior a las 200.000 personas, los abjazos no eran más que el 18% de la población a principios de los noventa mientras que la población georgiana era superior al 30%, sin embargo ahora dominan las instituciones y sobre todo la capital Sujumi. Rusia no ha reconocido la independencia abjaza pero ha intervenido en asuntos internos de la república autónoma georgiana para asegurar que sus dirigentes no se alejan de la órbita de influencia de Moscú tanto como ya se han alejado de la de Tbilisi. Para ello combina el reparto de pasaportes y pensiones con la amenaza de retirar su asistencia como hizo en 2004 para forzar un acuerdo entre el candidato de Moscú y el de la oposición. Por su parte, Tbilisi ha combinado las ofertas de integración con la administración del aislamiento internacional pero ninguna de las dos ha hecho mella en la voluntad abjaza de conseguir la independencia. La única presencia georgiana en el interior de Abjazia se encuentra en el valle de Kodori, desde que consolidara allí sus posiciones en 2006 o en las zonas georgianas del sur, donde los choques con las fuerzas independentistas son continuos a pesar de la presencia de las fuerzas de paz rusas y las tropas georgianas despliegan en la frontera abjaza el doble de fuerzas que en la surosetia.</p>
<p>En Osetia del Sur, los enfrentamientos de 1991 a 1992 causaron 1.000 víctimas y desplazamientos étnicos. El Acuerdo de Sochi en junio de 1992 creó una Comisión de Control Conjunta de las dos osetias, Georgia y la OSCE así como unas Fuerzas de Pacificación Conjuntas compuestas de tropas rusas, georgianas y norosetas. También creó una zona de seguridad en torno a la capital de Tsjinvali y a lo largo de la frontera con Georgia. La población actual estimada se estima en 75.000 habitantes, de los cuales dos tercios apoyan al gobierno de facto, dirigido por Eduard Kokoity, y el otro tercio apoya la reintegración con Georgia y la administración paralela dirigida por Dmitri Sanakoev. Las primeras medidas del Presidente Saakashvili para poner Osetia del Sur bajo control georgiano en 2004: crear una administración paralela y reprimir el contrabando, generaron un nuevo enfrentamiento que se mantiene intermitente desde entonces. Las diferencias sin irreconciliables y se alimentan desde Tbilisi y Tsjinvali. En 2006 se convocaron dos referendos en cada sector que demostraron que la población no georgiana apoya la independencia para unirse a Osetia del Norte dentro de Rusia con tanta unanimidad como la contraria para reintegrase en Georgia. Las fuerzas conjuntas rusas, georgianas y norosetas –prácticamente ya surosetias- se ven desbordadas por la violencia de origen criminal o insurgente y por el bloqueo de los procedimientos de decisión y actuación tripartitos, aunque Tbilisi considera responsable del bloqueo al mando ruso de esas fuerzas. Osetia del Sur ha carecido del reconocimiento ruso aunque también aquí ha repartido pasaportes entre la población afín mientras que el Gobierno georgiano recompensa económica y socialmente la lealtad de sus partidarios y ha reiterado sus propuestas de negociación para superar las consecuencias del aislamiento.</p>
<p>La Unión Europea es otro actor con presencia en la zona aunque su interés por Georgia es reciente. En junio de 2004 ofreció a Georgia participar en su política europea de vecindad a lo que Tbilisi respondió creando una Comisión para su integración en la UE. Por su parte, la UE apostó por una estrategia de refuerzo del gobierno central que potenciara su capacidad de atracción (poder blando) sobre las regiones separatistas, un efecto que sólo se puede conseguir a largo plazo mientras que la ausencia y la falta de jurisdicción trabajan en el corto. Sin embargo, la UE tenía una limitada capacidad de contribución a la solución de los conflictos internos porque no podían relacionarse directamente con las regiones secesionistas saltándose al Gobierno georgiano y porque ni la UE ni su Representante Espacial han formado parte directa de ningún foro negociador ad hoc (el Grupo de Amigos del secretario general de Naciones Unidas para Georgia está formado por Estados Unidos, Rusia, Francia, Alemania y Reino Unido). Además, las decisiones al respecto han mostrado una división entre la línea dura de los miembros bálticos, orientales y británicos, partidarios, por ejemplo de que la UE reemplazara a la OSCE en el control de la frontera a petición georgiana en 2004 o para respaldar la entrada en la OTAN en 2008, y la contemporizadora de los miembros mediterráneos proclives a una mera asistencia técnica que finalmente se impuso (EUSR Border Support Team) o la renuencia francesa y alemana a admitir a Georgia contra la voluntad rusa.</p>
<p>Las fuerzas independentistas abjazas y surosetias no representan una amenaza para Georgia ni han actuado en el territorio bajo su control pero hostigan a las poblaciones y fuerzas georgianas sin que éstas puedan hacer otra cosa que responder o sobrevolar las zonas conflictivas. Sin embargo, el estancamiento no favorece el cumplimiento de las promesas de reintegración con el consiguiente desgaste político y la radicalización de la acción de gobierno hasta el límite del autoritarismo (International Crisis Group, Europe Report nº 189, 19 diciembre 2007). Además, Georgia ha realizado un esfuerzo militar notable desde 2003, multiplicando por diez su gasto militar constante (592 millones de dólares en 2007 y por cinco el porcentaje del PIB (5,2% en 2007) según datos del SIPRI, además de recibir asistencia militar de los Estados Unidos que incluye unos 150 asesores residentes.</p>
<p>El Gobierno georgiano siempre ha justificado su esfuerzo militar por el deseo de contar con fuerzas interoperables con las de la OTAN para avalar su ingreso y por su participación en operaciones internacionales para respaldar su candidatura. Sin embargo, la creciente capacidad militar georgiana se ve como una amenaza desde Tsjinvali y Sujumi tanto por su equipo moderno como por su experiencia de combate en Irak y Afganistán. Para confirmar sus sospechas, y cuando la crisis estaba repuntando, el Gobierno georgiano solicitó al Parlamento en mayo de 2008 un incremento del 28% de su presupuesto de defensa y de 5.000 profesionales para responder a la situación estratégica creada y contra las expectativas previas de recorten en el gasto. Todo el esfuerzo militar no presenta ninguna amenaza para la Federación Rusa, pero sí para la preservación del status quo en la zona. Para remediarlo, y además de sus contingentes de paz en Georgia, la Federación Rusa dispone de las fuerzas del Distrito Militar del Norte, las más numerosas (88.600) y próximas al teatro de operaciones, además de las fuerzas del Ministerio del Interior y del Servicio de Seguridad Federal que operan contra la insurgencia chechena e ingusetia en las proximidades.</p>
<p><em>El conflicto comienza a “descongelarse”</em></p>
<p>Tras la petición formal de ingreso en la OTAN y aunque el Consejo Atlántico pospuso su aceptación, Rusia comenzó a tensar sus relaciones con Georgia y la tensión condujo a los enfrentamientos de agosto. Rusia ha actuado de acuerdo a como indicaban los indicios previos. Mientras la crisis subía de tono y se pasaba de la provocación a la acción, la posición rusa no podía estar más clara: Rusia había hecho notar su malestar por la aproximación occidental a su espacio de influencia, denunciado el coqueteo georgiano con sus patrones occidentales, reivindicado su voluntad de influir en sus asuntos propios y en los internacionales, alertado de su nueva diplomacia coactiva en defensa de sus intereses y de su posición en la estructura internacional, adoptado una nueva política exterior que pasó de ser reactiva a proactiva. La nueva política contaba con un nuevo Presidente, Dmitri Medvéded, que quiere distinguirse por su eficacia en la defensa de los intereses nacionales.</p>
<p>Para enfrentarse de manera contundente al desafío georgiano, Rusia optó por jugar sus cartas en el escenario regional. En primer lugar, reactivó los conflictos “congelados” de Abjazia y Osetia del Sur abriendo relaciones institucionales con las repúblicas que no tenía hasta entonces y levantando las sanciones impuestas por la CEI a Abjazia en 1996. Además, reiteró su voluntad de defender la seguridad de sus ciudadanos y de sus fuerzas de mantenimiento de la paz en la zona, lo que le convertía en parte del conflicto en lugar de valedor de la neutralidad. Georgia acusó la medida pero sólo pudo amenazar con vetar el ingreso de Rusia en la OMC y hacer que su Viceprimer Ministro, Giorgi Baramidze, visitara Bruselas y Washington a mediados de abril para recabar apoyos de la UE y de la OTAN. Rusia no se volvió atrás ni por la petición oficial georgiana ni por la informal de sus compañeros occidentales del Grupo de Amigos reunido el 23 de abril.</p>
<p>El 20 de abril, medios rusos derribaron un avión no tripulado georgiano de reconocimiento en Abjazia y el 29 se incrementó en 1.000 soldados el número de fuerzas rusas en el contingente de mantenimiento de la paz hasta alcanzar los 3.000 que permitía el acuerdo. El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, justificó el refuerzo con el pretexto de que Georgia había reforzado sus posiciones en el desfiladero de Kodori pero las autoridades georgianas, respaldadas en los informes de UNOMIG, denegaron haber incrementado sus fuerzas y tanto el Alto Representante de la UE, Javier Solana, como el secretario general de la OTAN criticaron la medida. Georgia envió 1.500 soldados a la frontera para completar los 7.000.</p>
<p>La constatación de los riesgos de la escalada en Abjazia y la percepción de su soledad frente a Rusia –la visita de los ministros de Asuntos Exteriores de Suecia, Polonia, Lituania y Eslovenia del 12 de mayo sólo trajo apoyo moral- generaron un cambio de actitud en el Gobierno georgiano que, a partir de entonces, su tono se volvió menos agresivo hacia Rusia y, en su lugar, comenzó a abrir vías de negociación en todos los frentes abiertos. El ministro para la Reintegración, Yakobashvili, fue a Moscú el 16 de mayo para reanudar el diálogo oficial interrumpido desde el acercamiento ruso a Osetia del Sur y Abjazia y encontrar una salida satisfactoria para los intereses rusos y georgianos quizás, siguiendo la vía moldava (en abril de 2008 Rusia presionó con éxito al Presidente moldavo y al líder secesionista de Transdnistria para que comenzaran a negociar una salida a su conflicto particular que contemplara la renuncia al abandono de la esfera rusa a cambio de la estabilización interna). Pero ni a Abjazia ni Osetia del Sur les convenía un acuerdo similar ni, siquiera, una distensión entre Moscú y Tbilisi, por lo que ambas comenzaron su escalada particular en medio de su entendimiento con Rusia.</p>
<p>El 4 de mayo, los abjazos derribaron un nuevo avión no tripulado y la intensificación del conflicto abjazo obligó a Estados Unidos a enviar a Sujumi a su embajador en Georgia, John Taft, y a Matthew Bryza del Departamento de Estado para entrevistarse con el dirigente independentista, Sergey Bagapsh, a quien el jefe de los cosacos del Don, Nikolay Kozitsyn, acababa de prometer 10-15.000 voluntarios en caso de un ataque georgiano. A finales de mes, Georgia denunció a Rusia por el despliegue de tropas de ferrocarriles sin conexión con las tareas del contingente de mantenimiento de la paz y por la anexión encubierta de recursos e infraestructuras abjazas en la preparación de los Juegos Olímpicos de Sochi de 2014, una localidad rusa situada a 150 kilómetros de Sukumi y a unos 40 de la frontera. El 7 de junio fue el Alto Representante Solana quien viajó a Sujumi para mediar. El 19 de junio, la policía georgiana detuvo a un camión de las fuerzas de paz rusas en la zona de seguridad fronteriza con munición militar prohibida. El 30 de junio, se produjeron varios atentados en Abjazia que continuaron esporádicamente durante los primeros días de julio y las partes intercambiaron acusaciones y amenazas.</p>
<p>Los presidentes Medvéved y Saakhasvili coincidieron el día siguiente en la celebración de la capitalidad de Astana, en Kazakhstan, e intercambiaron opiniones sobre la situación. Mientras el Presidente ruso pidió al georgiano que no alimentara las tensiones, éste comentó -según fuentes rusas- que no caería en las provocaciones. No fue así y el 8 de julio, el presidente Saakashvili amenazó con intervenir en Osetia del Sur si no se liberaban los cuatro policías allí retenidos y Rusia envió aviones de reconocimiento a la zona donde fuerzas georgianas estaban abriendo fuego según denunciaron los líderes surosetios. El 9 de julio, la secretaría del Estado estadounidense, Condoleezza Rice, visitó Tbilisi y en la comparecencia de prensa del día siguiente mostró la voluntad de contribuir a resolver los conflictos de Abjazia y Osetia del Sur “a través del proceso de Amigos”, pero descartando otras acciones directas que las mediaciones dentro de ese Grupo de Amigos y mencionando la necesidad de conversaciones directas entre abjazos y georgianos. El mismo día, Tbilisi retiró su embajador en Moscú y solicitó una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad para discutir la violación de su espacio aéreo.</p>
<p>El día 11 de julio el ministro de Exteriores Lavrov se entrevistó el líder surosetio, Eduard Kokoity, y a mediados de julio, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, presentó una propuesta de mediación del Grupo de Amigos que el líder independentista abjazo, Sergei Bagapash, rechazó de plano porque contemplaba el regreso de 250.000 refugiados georgianos. Para complicar más la situación, y desde mediados de julio hasta fin de mes, unos 1.000 soldados de Estados Unidos participaron en las maniobras “Inmediate Response 2008” en territorio georgiano junto con otras tantas fuerzas de Armenia, Azerbaijan y Ucrania. Las maniobras se anunciaron con doce meses de antelación a la escalada pero en las nuevas circunstancias, las maniobras parecían respaldar a Tbilisi. En respuesta, las tropas rusas desplegadas al otro lado de la frontera osetia también llevaron a cabo maniobras con las tropas desplegadas en la zona.</p>
<p><em>Comienzan los combates: Georgia ataca y Rusia contraataca</em></p>
<p>Desde principios de agosto se intensificaron los intercambios de fuego entre independentistas osetios y fuerzas georgianas, contabilizándose las primeras víctimas civiles y militares en la zona de contacto y las primeras evacuaciones de civiles. El día 5, las autoridades georgianas llevaron a representantes diplomáticos a ver los efectos del fuego abierto por los separatistas sobre las villas con población georgiana. El día 7 los combates se generalizaron y tras anunciar un alto el fuego unilateral y proponer una negociación con mediación rusa para parar los combates, éstos continuaron. En respuesta, Georgia inició una operación militar contra Osetia del Sur para restaurar el orden constitucional. La operación comenzó a las 02:45 horas del día 8 según el Ministerio de Asuntos Exteriores georgiano aunque las agencias señalaron una generalización de los intercambios antes de la medianoche.</p>
<p>El Presidente Saakashvili declaró que la intervención tenía como fin obligar a Osetia del Sur a cesar las hostilidades y a negociar el alto el fuego propuesto. Unas horas después las fuerzas georgianas habían ocupado varias localidades en torno a Tsjinvali y la televisión georgiana anunció el control de las ciudades de Muguti, Dmenisi, Didmukha, Okona, Akut y Kohati. En la madrugada, en lugar de llegar la mediación rusa con la que el Presidente Saakashvili creía contar comenzaron a llegar refuerzos militares desde Osetia del Norte por el túnel de Roki mientras oleadas de refugiados salían por la otra parte hacia Osetia del Norte. Los aviones georgianos sólo pudieron conseguir derribar el puente de Gufta para desviarlos de su ruta directa a Tsjinvali pero la aviación rusa intervino a partir de las 10:00 horas apoyando las fuerzas que combatían en torno a Tsjinvali y bombardeando objetivos estratégicos dentro de territorio georgiano incluyendo la estación de radar de Shavshvebi, a unos 30 kilómetros de la ciudad portuaria de Poti y los depósitos de combustible de esta ciudad.</p>
<p>A partir de mediodía del mismo día 8, comenzaron a producirse las primeras llamadas de las organizaciones y líderes internacionales para interrumpir las hostilidades pero éstas continuaron. El ataque progresó en algunas ciudades cercanas a la capital suroseta pero se estancó en Tsjinvali debido a la resistencia de las milicias independentistas y a las 14:15 horas se declaró un alto el fuego para permitir la salida de civiles. Los combates se reanudaron por ambas partes y la llegada de tropas rusas a partir de las 16.00 horas y la intensificación de las acciones aéreas invirtieron el resultado de los enfrentamientos, por lo que las tropas georgianas comienzan a retirarse tres horas después. La voluntad rusa de enfrentarse a Georgia quedó clara: el Ministro de Defensa dijo que protegería a los ciudadanos y soldados rusos de Osetia del Sur, el Primer Ministro Putin aseguró acciones de “represalia” para vengar las víctimas surosetias y rusas de la agresión, el Presidente ruso, Dmitri Medvedev, prometió “castigar” a los atacantes y el canal 1 de la televisión rusa mostró los carros de combate rusos dirigiéndose a Osetia del Sur.</p>
<p>A partir de entonces, Georgia pasó de llevar la iniciativa a verse como perdedor y obligado a apelar todas las instancias internacionales posibles para que acudieran en su ayuda. Los que lo hicieron, como Estados Unidos o la UE, se limitaron a pedir la retirada de las tropas rusas, mientras que China apeló a la tradicional paz olímpica. La OSCE intentó una mediación de urgencia sobre el terreno por medio del representante de la Presidencia en ejercicio, Heikki Talvitie, pero la diplomacia se ejerció a distancia. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, habló con su homólogo ruso Lavrov; la secretaria de Estado Rice hablo con ambas partes y el Alto Representante Solana con el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Sobre el terreno, el ministro georgiano de Exteriores, Eka Tkeshelashvili, informó al cuerpo diplomático sobre los acontecimientos desde la tarde del 7 y su viceministro informó directamente al embajador estadounidense. Rusia convocó al Consejo de Seguridad en sesión extraordinaria pero no se llegó a ningún acuerdo en medio de un intercambio de acusaciones rusas a Georgia por haber iniciado un ataque masivo contra Tsjinsvali y georgianas a Rusia por dejar de preservar la neutralidad y convertirse en parte del conflicto.</p>
<p>A primera hora del día 9, las fuerzas rusas controlaron la ciudad de Tsjinvali y comenzaron a limpiar las bolsas de resistencia de los alrededores donde continuaron los combates. Mientras, se ampliaron las acciones aéreas sobre las tropas georgianas en Osetia, sobre objetivos estratégicos en territorio georgiano y, por primera vez, sobre Abjazia, donde la aviación rusa y los independentistas surosetias atacaron a las fuerzas georgianas desplegadas en el valle de Kodori. Ante la situación militar desfavorable en todos los frentes, el Ministro de Defensa georgiano ordenó el abandono de Tsjinvali y el Parlamento aprobó la declaración del Estado de Guerra y la movilización general, incluyendo la llamada a los 2.000 soldados georgianos desplegados en Irak, un desplazamiento cuyo transporte correspondía a Estados Unidos pero que su realización le presentaría como un colaborador directo de Georgia, independientemente de las dificultades logísticas para realizarlo. Ningún país atendió las llamadas de asistencia militar de Georgia pero la diplomacia internacional comenzó a ser visible ese mismo día por la tarde cuando comenzaron a llegar a Tbilisi los primeros mediadores: el Representante Especial de la UE, Peter Semneby, y de nuevo Matthew Bryza por la Secretaría de Estado. La falta de condiciones para un acuerdo quedó patente durante una nueva reunión del Consejo de Seguridad en la madrugada del día 9 que tampoco consiguió sacar adelante la declaración de alto el fuego.</p>
<p>El día 10, las tropas georgianas comenzaron a abandonar Osetia del Sur perseguidas por combatientes rusos y surosetios mientras que las fuerzas navales rusas reforzaron los contingentes rusos desplegados en Abjazia como mantenedores de la paz, y bloquearon los accesos marítimos a Georgia. Para aumentar la presión, las autoridades abjazas decretaron la movilización, urgieron a las fuerzas policiales georgianas a abandonar su territorio y enviaron sus tropas para desalojarlas del valle de Kodor, un desalojo que se consumaría dos días más tarde. El Presidente georgiano presentó la retirada como una decisión unilateral para facilitar la negociación de una tregua a media tarde. El mismo día 10, el Consejo de Seguridad sostuvo su tercera y cuarta reunión extraordinaria sin llegar a ningún acuerdo. Mientras Estados Unidos, Reino Unido y Francia condenaron la intervención rusa y urgieron a Rusia a aceptar el alto el fuego ofrecido por Georgia y volver al status quo del día 6. Por su parte, Rusia recalcó la agresión georgiana sobre Osetia para ocuparla, las estrechas relaciones militares entre Rusia y Estados Unidos y las similitudes entre los bombardeos sobre Yugoslavia y Georgia y el doble rasero occidental empleado para calificar los hechos en Kosovo y en Osetia del Sur.</p>
<p>Militarmente, el Primer Ministro Putin descartó cualquier vuelta al status quo nada más llegar a la capital norosetia de Vladikavzav para entrevistarse con los responsables militares de las operaciones. Los intercambios de disparos continuaron el día 11 sobre la frontera surosetia mientras que las fuerzas georgianas perdían posiciones en Abjazia y las fuerzas rusas comenzaban a traspasar la frontera georgiana en dirección a Gori, una ciudad de 40.000 habitantes a 60 kilómetros de Tbilisi cuyo control aislaría a la capital de las principales ciudades y puertos. Aunque Rusia no abrió un segundo frente en Abjazia, no dejó de presionar a Georgia con la amenaza de hacerlo y amagó con ocupar la ciudad de Senaki, 50 kilómetros dentro de territorio georgiano, avanzando y retrocediendo hasta la misma para confundir al Gobierno georgiano sobre sus intenciones últimas (el mismo efecto se logró en Gori cuando el ministro Kouchner pudo comprobar en su vista a Gori que no estaba bajo control ruso como se afirmaba desde Tbilisi) y obligar a las tropas georgianas a prodigarse y repartirse ante las amenazas difusas y creando preocupación entre la población georgiana.</p>
<p>Entre el 10 y 11 de agosto llegaron a Tbilisi, Bernard Kouchner, y Alexander Stubb, como presidentes en ejercicio de la UE y de la OSCE, además del ministro sueco de Exteriores, Carld Bilt; su homólogo ucraniano, Vladimir Orgyzko; y el Presidente del Consejo de Europa, Terry Davis. La propuesta francesa de alto el fuego de tres puntos que trajo Kouchner: cese inmediato de hostilidades, integridad territorial de Georgia y retorno a la situación militar previa sólo fue aceptable para Tbilisi porque Rusia esperó a negociar cuando hasta conseguir una situación militar más favorable. El día 12, mientras la perturbación o destrucción de los medios georgianos de mando y control impidió a Tbilisi contar con una visión de la situación militar, las fuerzas rusas ocuparon efectivamente ciudades y puntos estratégicos georgianos y Moscú comenzó a considerar las propuestas de mediación. Éstas se multiplicaron tras el alto el fuego unilateral de Georgia porque a partir de entonces todos los avances rusos parecían destinados a ocupar territorio georgiano y a las 12:53 horas, el Presidente Medvedev puso fin a las operaciones militares salvo para casos de autodefensa con lo que finalizaron los enfrentamientos abiertos aunque posteriormente se han venido registrando algunos enfrentamientos aislados.</p>
<p>El 12 de abril viajó el Presidente Sarkozy a Moscú para presentar la propuesta aceptada por los georgianos. Las autoridades rusas aceptaron en principio los tres puntos pero se reservaron el derecho a responder a cualquier agresión georgiana, lo que de hecho les permitía continuar las hostilidades si así lo deseaban por la vía de la reacción o de la prevención. Frente a la retórica de Washington y las palabras gruesas respecto a Rusia, la Unión Europea ha mantenido más contención y se ha limitado a respaldar el acuerdo mediado por Francia sin exigir responsabilidades ni condenas. El 13 de agosto tuvo lugar la reunión extraordinaria del Consejo de la UE que respaldó la propuesta francesa aprobada por las partes para un alto el fuego antes de su remisión al Consejo de Seguridad sobre los principios de no recurrir a la fuerza, cesar definitivamente las hostilidades, permitir libremente el acceso de la ayuda humanitaria, retirada de las fuerzas permitiendo a las rusas de paz adoptar las medidas de seguridad necesarias hasta la implantación de un mecanismo internacional de seguridad y abrir negociaciones para la seguridad y estabilidad en Abjazia y Osetia del Sur. A la hora de cerrar este análisis se desconoce el contenido final del acuerdo que ha sido objeto de precisiones sucesivas por las partes y tampoco se conoce el momento y lugar de la retirada de tropas rusas pero los enfrentamientos militares de esta crisis parecen acabados.</p>
<p><strong>Conclusiones</strong></p>
<p><em>Primeras lecciones del conflicto surosetio</em></p>
<p>Todavía no se dispone de una información fiable sobre los hechos y consecuencias de los enfrentamientos, especialmente sobre el número de víctimas y desplazados (las primeras cifras de ACNUR apuntan hacia unos 100.000 desplazados en territorio georgiano, y fuentes rusas cifran en 30.000 los desplazados hacia Osetia del Norte). La mayoría de las fuentes de información disponibles son oficiales o vulnerables a los esfuerzos de propaganda de ambos bandos parar crear imágenes favorables de las operaciones militares. Ambas partes se han acusado de premeditación y de causar víctimas civiles en sus actuaciones. También ambas partes han librado su batalla de comunicación a través de las agencias como la CNN, ofreciendo declaraciones exclusivas del Presidente Saakhasvili a sus equipos móviles o “empotrando” a sus reporteros entre las tropas que avanzaban hacia Tbilisi. Los portavoces georgianos pusieron el énfasis en la invasión rusa de Georgia, desvinculándolo de su agresión previa sobre Osetia del Sur del día 7 y en la desproporción de la intervención militar rusa. También presentaron los esfuerzos diplomáticos internacionales como un respaldo al Gobierno georgiano más que como una acción mediadora y obviaron la falta de asistencia militar durante los enfrentamientos. Del otro lado, se presentó a Georgia como un actor genocida y se justificó la intervención rusa por la necesidad de prevenir una catástrofe humanitaria en Osetia del Sur y para proteger a sus fuerzas que mantenían la paz obviando que su intervención militar rompía la neutralidad debida como garante del status quo y encubría un ajuste de cuentas, largamente esperado, con Tbilisi.</p>
<p>Estratégicamente, las fuerzas rusas han conseguido todos los objetivos previstos: derrotar a las fuerzas georgianas sobre el terreno, destruir su capacidad de mando y control, sus infraestructuras estratégicas y, sobre todo, minar su capacidad y moral de combate de cara al futuro porque sus tropas no han podido defender población ni su integridad territorial. Rusia ha mostrado buena capacidad estratégica y operativa para conseguir la superioridad en todos los frentes y ha evitado caer durante los combates en los excesos de fuerza o de debilidad que pusieran en riesgo sus posiciones negociadoras diplomáticas. Le bastaron apenas doce horas para movilizar a la 19 brigada mecanizada del 58 Ejército y detener el avance georgiano sobre Tjinsvali. Las fuerzas aéreas destruyeron sin oposición las pistas de las bases aéreas georgianas en torno a Tbilisi (Marneuli, Vaziani y Bolnisi) dejando inoperativos los escasos, 5 SU-25 Frogfrot, que se podían haber usado para el apoyo aéreo a las tropas georgianas y las fuerzas navales bloquearon rápidamente los accesos de entrada y salida a los puertos de Poti y Batumi.</p>
<p>A pesar del uso de la fuerza descrito durante las operaciones y de los saqueos y excesos cometidos durante la ocupación, Rusia ha mostrado bastante contención y selectividad en el empleo de sus fuerzas. Ha destruido infraestructuras civiles de interés estratégico sin atacar las pistas del aeropuerto civil de Tbilisi ni los edificios de la base de Vaziani ocupados por los asesores estadounidenses. Mantuvo la amenaza de abrir un segundo frente en Abjazia pero no empeñó en combate a los refuerzos acumulados ni, según fuentes de UNOMIG, permitió a las milicias independentistas presionar a la población georgiana de Gali. Tampoco permitió la participación de voluntarios chechenos –que ya habían combatido brutalmente con los georgianos en 1993 tras la independencia, ni abjazos para evitar el riesgo de las acciones paramilitares contra el derecho internacional humanitario. Para ganar en su batalla de comunicación sólo le falta retirarse pronto y según lo acordado para que no se le pueda reprochar ningún ánimo de ocupación.</p>
<p>Políticamente, la Federación Rusa ha demostrado que ya es capaz de defender sus intereses unilateralmente en su espacio natural de influencia sin que los actores externos puedan o quieran hacer algo para evitarlo. La primera acción militar desde la caída de la URSS ha servido para enviar un mensaje a los antiguos países satélites que desafiaban a Moscu protegidos tras las vallas de la OTAN o de la UE: Rusia no consentirá nuevos desafíos ni deserciones. Mientras Polonia ha corrido a cerrar el acuerdo sobre el despliegue de misiles en su territorio para reforzar la asistencia estadounidense en su país, los estados bálticos y Ucrania han ido reduciendo el tono de sus condenas y exigencias a la vista de los no hechos. También ha servido para demostrar que la independencia de Kosovo no sería un caso excepcional y único, como han argumentado quienes la han apoyado, sino el precedente para casos similares como se temían quienes no la han apoyado. La constante asociación de Kosovo con Abjazia y Osetia del Sur que ha mantenido Rusia a lo largo del conflicto y el patrón kosovar del acuerdo de alto el fuego: no ocupación de la nación agresora, supresión de todo control de ésta sobre la región atacada y tutela externa hasta que se reconozca jurídicamente su independencia de hecho, demuestran que Rusia ha seguido en su provecho un guión que le han escrito quienes han dado primacía a la política de los hechos consumados frente a la del derecho.</p>
<p>Además de las víctimas mortales, el conflicto tiene una primera víctima política: el presidente georgiano Saakashvili a quien rusos y no rusos señalan como culpable de una provocación. Meditada o no, su orden de atacar a Osetia del Sur dio a Rusia el pretexto que necesitaba para demostrar su voluntad de actuar impunemente en su zona de influencia. Si la reintegración de Osetia del Sur y de Abjazia fueron el principal compromiso del Presidente y de su Gobierno con Georgia, ese objetivo está ahora más lejano que nunca y la integridad territorial de ambos que ahora se le garantiza a Georgia es la misma que se le garantizó a Serbia respecto a Kosovo tras los combates y acuerdos de 1999.</p>
<p>La siguiente víctima política es la de la credibilidad americana en particular y, occidental en general, para asistir a quienes se proclaman sus aliados frente a Rusia. Georgia y Ucrania, pero no sólo ellos tomarán nota de que el valor de su relación con los países occidentales no basta para compensar el riesgo de un enfrentamiento abierto con Rusia. La aproximación a Georgia ha sido parte de un enfrentamiento indirecto en el que se ha hecho creer a Georgia o Georgia lo ha creído, que basta con declararse demócrata y llevarse mal con Rusia para verse incluido en el club occidental y contar con su apoyo solidario. La Federación Rusa viene comportándose en su política internacional como en su política interior, de forma arrogante, ambiciosa y sin sujeción a ninguna norma, por lo que para contenerla hay que optar entre la contención o el apaciguamiento. Los actores occidentales no han hecho hasta ahora ni lo uno ni lo otro: ni han plantado cara a Rusia directamente con todas sus consecuencias ni han dejado de provocarla indirectamente acumulando agravios y menosprecios que han evitado una relación estable y previsible entre ambos. Ahora que Rusia ha cumplido sus amenazas, las cosas no volverán a ser lo que eran y la administración entrante en Estados Unidos y los Estados Miembros de la UE tendrán que esforzarse en el futuro para que, al menos, no empeoren.</p>
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		<title>Errores de cálculo</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Aug 2008 21:24:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Fred Halliday</strong>, profesor de Icrea (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats) y del IBEI, Barcelona. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 26/08/08):</p>
<p>Apiadémonos y socorramos a los georgianos, pero censuremos a sus dirigentes: tal puede ser la única respuesta responsable y realista a los nefastos combates recientes entre Georgia y los rusos y sus aliados de Osetia del Sur. La marea de comentarios internacionales se ha centrado hasta ahora en otra vertiente: los gobiernos occidentales, con acento diverso, se han dedicado a censurar a los rusos por su &#8220;reacción excesiva&#8221; (como así ha sido, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21882/errores-de-calculo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Fred Halliday</strong>, profesor de Icrea (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats) y del IBEI, Barcelona. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 26/08/08):</p>
<p>Apiadémonos y socorramos a los georgianos, pero censuremos a sus dirigentes: tal puede ser la única respuesta responsable y realista a los nefastos combates recientes entre Georgia y los rusos y sus aliados de Osetia del Sur. La marea de comentarios internacionales se ha centrado hasta ahora en otra vertiente: los gobiernos occidentales, con acento diverso, se han dedicado a censurar a los rusos por su &#8220;reacción excesiva&#8221; (como así ha sido, de hecho) y seguirán haciéndolo. Varios dirigentes de Europa del Este se precipitaron a Tiflis a mostrar su apoyo al Gobierno y han acusado a todo el mundo menos a sí mismos, sosteniendo que los dirigentes occidentales se comportan como las voces apaciguadoras de los años treinta, presentando a Gordon Brown como Neville Chamberlain. Entre tanto, críticos de la política de Estados Unidos y la OTAN se dedican a censurar a Occidente por alentar y no contener (según algunos, incluso planificar) el ataque georgiano contra Tsjinvali del pasado 7 de agosto.</p>
<p>Sin embargo, debe señalarse como principal culpable del estallido de esta guerra, que ha matado, desplazado y traumatizado a decenas de miles de personas &#8211; sembrando semillas de un nuevo conflicto- a los dirigentes de Georgia, y en primer lugar al temerario y demagógico Mijail Saakashvili. Las causas específicas y las consecuencias de la guerra transcaucásica, una de las varias guerras registradas tan sólo desde el final de la URSS, serán objeto de la atención de otros comentaristas: baste decir aquí que en tanto los rusos han actuado de hecho con arrogancia y brutalidad postsoviéticas, a los georgianos corresponde el papel principal en la escalada del conflicto desde 1991. Como muchos otros antes que ellos, se han dejado intoxicar por una ideología nacionalista &#8211; con su vanidad y errores de cálculo correspondientes- bajo cuya influencia han imitado a quienes así procedieron (con resultados comparables) en todo el mundo durante el siglo pasado.</p>
<p>¿Qué factor puede haber conducido a Mijail Saakashvili y a sus asesores a lanzar su repentino intento de guerra relámpago contra Osetia del Sur en la noche del 7 de agosto? Es posible que no lo sepamos nunca, y seguro que los dirigentes georgianos no van a decírnoslo. Pero es evidente que en Tiflis ha tenido lugar un error de cálculo de proporciones monumentales. Se puede arrumbar la afirmación de muchos (incluidos algunos rusos) en el sentido de que fue Washington quien ordenó el ataque: Washington ha buscado congraciarse con Georgia durante algún tiempo, pero ello es muy distinto de afirmar que EE. UU., de forma deliberada, haya previsto, alentado o aun consentido el ataque.</p>
<p>Se observa una marcada renuencia en materia de las relaciones internacionales a creer que, en muchas situaciones, los protagonistas locales &#8211; en este caso los dirigentes de Georgia- no gozan de libertad de maniobra ni son responsables de sus actos. Sin embargo, como cualquiera que observe en detalle tales casos descubrirá, los gobiernos locales y los grupos de la oposición suelen proceder con considerable autonomía, manejando cuando no engañando a sus aliados más poderosos. Desde los días de la guerra fría cabe recordar numerosos casos en que países del Tercer Mundo atacaron motu proprio a sus vecinos: Israel atacó a Egipto en 1967 y a Líbano en 1982, Turquía invadió Chipre en 1974, Egipto atacó a Israel en 1973, Cuba envió tropas a Angola en 1975, Iraq atacó a Irán en 1980 y a Kuwait en 1990, por citar sólo algunos casos. Grupos reducidos sin vínculos con estados determinados pueden asimismo influir en los asuntos internacionales: un asesino serbio provocó el estallido de la Primera Guerra Mundial. No es menester hablar aquí de Bin Laden.</p>
<p>El contexto internacional tiene importancia, pero no es determinante: lo determinante es la lectura de los protagonistas y fuerzas políticas locales de esta situación internacional con el correspondiente cálculo de sus riesgos y posibilidades. En ocasiones aciertan, como cuando Cuba estimó que Washington, magullado por la derrota en Vietnam, no impediría que sus tropas cruzaran el Atlántico para defender a la Angola revolucionaria en 1975. Antes de adoptar esta decisión, sin embargo, Fidel Castro se informó de los puntos de vista del Congreso estadounidense al respecto. De todos modos, la verdad es que los dirigentes no suelen ser tan cautelosos. En el caso de Georgia, registrado este año, conocemos la postura adoptada. Tal vez el equipo de Saakashvili juzgó que Rusia estaría tan absorta en la apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín que no reaccionaría. Tal vez juzgó realmente que Estados Unidos y Europa se movilizarían y combatirían en su ayuda.</p>
<p>Si la responsabilidad máxima de los dirigentes democráticos consiste efectivamente en proteger a su propio pueblo, una breve visión de conjunto mostrará claramente lo pernicioso de tal delirio nacionalista en los tiempos modernos. Lo único que cabría decir a favor de Saakashvili es que en lo concerniente a meter la pata yendo a la guerra en Osetia del Sur no está solo. En realidad, no es más que el último ejemplo del grado en que la obcecación de ciertos nacionalistas &#8211; llevados por la obsesión de la integridad territorial, la negativa a intentar acuerdos razonables y moderados y la equivocada interpretación de las realidades políticas internacionales- les lleva a infligir terribles sufrimientos a su propio pueblo aparte de reportar una dilatada inestabilidad al país.</p>
<p>Cabe mencionar otros errores de bulto análogos. Tal vez quede alguien con la suficiente memoria y humildad en Corea del Norte para recordar la desastrosa iniciativa del entonces presidente Kim Il Sung de atacar Corea del Sur en 1950, ataque repelido por una rápida reacción estadounidense. Sólo la intervención de &#8220;voluntarios&#8221; chinos salvó de la aniquilación a Corea del Norte. Otro ejemplo: tal vez los habitantes de Bagdad, en algún momento en que se vean libres de los riesgos y preocupaciones habituales, recuerden los errores de cálculo de su último líder, Sadam Husein, al invadir Irán (1980) y Kuwait (1990). Sin embargo, estos ejemplos recientes no deberían hacernos olvidar el primer error de cálculo clásico (rodeado de aureola romántica) del siglo XX, la rebelión de Pascua de 1916 en Dublín: una fuerza insurreccional nacionalista deficientemente armada fue derrotada (y parte de la ciudad fue destruida) mediante una acción (previsible) de represalia británica similar a la reciente reacción rusa en Tsjinvali y Gori.</p>
<p>Llegados a este punto, puede ser atractivo y tentador subrayar que los errores de cálculo sobre las reacciones de los demás &#8211; y sobre la capacidad de las fuerzas propias- no se circunscriben a los países pequeños. Numerosos países importantes han cometido errores similares en los tiempos modernos: los estadounidenses en Corea, Vietnam e Iraq; los británicos en Suez; los franceses en Vietnam, Suez y Argelia; los rusos en Afganistán; los japoneses, italianos y alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Entre las principales potencias del mundo, tal vez los chinos han mostrado la debida consideración por esa mezcla de fuerza militar y juicio político que exige la situación internacional. La diferencia estriba, por supuesto, en que salvo en los casos más extremos &#8211; especialmente la Alemania nazi y el Japón imperial-, las mismas grandes potencias han sido capaces de recuperarse de sus derrotas y fracasos y, en amplia medida, siguen adelante con sus sueños de grandeza, cuando no de conciencia de ser imprescindibles. Los pueblos pequeños, por su parte, pagan un precio más alto.</p>
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		<title>Crisis of lies and hysteria</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Aug 2008 20:15:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Jonathan Steele</strong> (THE GUARDIAN, 25/08/08):</p>
<p>After a fortnight of conflict on the ground and a flurry of propaganda and debate in European capitals the South Ossetian crisis is winding down. One of the abiding images &#8211; a Russian masterstroke &#8211; will be the moving concert given by world-renowned Valery Gergiev, a South Ossetian, and the Mariinsky orchestra in the ruins of Tskhinvali, the town the Georgians destroyed.</p>
<p>Another unforgettable memory will be Georgia&#8217;s flak-jacketed president cowering on the ground as a Russian plane flies over the town of Gori. Bravado turning into humiliation is a metaphor for the whole &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21877/crisis-of-lies-and-hysteria/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Jonathan Steele</strong> (THE GUARDIAN, 25/08/08):</p>
<p>After a fortnight of conflict on the ground and a flurry of propaganda and debate in European capitals the South Ossetian crisis is winding down. One of the abiding images &#8211; a Russian masterstroke &#8211; will be the moving concert given by world-renowned Valery Gergiev, a South Ossetian, and the Mariinsky orchestra in the ruins of Tskhinvali, the town the Georgians destroyed.</p>
<p>Another unforgettable memory will be Georgia&#8217;s flak-jacketed president cowering on the ground as a Russian plane flies over the town of Gori. Bravado turning into humiliation is a metaphor for the whole foolish adventure. Georgian men are hospitable and engaging, but fond of bombast and empty macho gestures. Unlike the Chechens, who have fought Russians for centuries, Georgians prefer poetry and vineyards to the challenge of war.</p>
<p>President Mikheil Saakashvili epitomises the style, made worse in his case by the lies he served up to deceive foreign opinion. He boasted of defeat. Georgia was being swallowed up, Tbilisi was on the verge of occupation, Russia was using weapons of mass destruction.</p>
<p>The biggest lie was his attempt to airbrush the fact that he created the crisis by launching an artillery barrage on the South Ossetian capital, which killed scores of civilians and 15 Russian peacekeepers. It was absurd to think Russia would not retaliate. So the next lie was to claim Russia&#8217;s leaders had prepared a trap. In fact, they were taken by surprise as much as the Ossetians. Russia&#8217;s initial response had the hallmarks of hasty improvisation &#8211; though, as the crisis unfolded, President Dmitry Medvedev and Prime Minister Vladimir Putin showed increasing determination to exploit Saakashvili&#8217;s folly by preventing South Ossetia and Abkhazia from ever being forced back under Georgian rule.</p>
<p>Saakashvili and many of his western backers used ludicrous analogies to hype the crisis &#8211; from Poland in 1939 to Hungary in 1956, even though it is clear South Ossetians welcomed Russian aid and now want to break from Georgia once and for all. The more accurate comparison was Kosovo. Suppose Serbia&#8217;s leaders were suddenly to kill US peacekeepers, fire rockets at civilian houses in Pristina and storm the town, wouldn&#8217;t the Americans be expected to expel the invaders, even if the UN still recognises Kosovo as legally part of Serbia?</p>
<p>Russia&#8217;s destruction of Georgia&#8217;s radar stations, its military and naval bases, and several bridges in order to degrade the country&#8217;s military capability looks similar to Nato&#8217;s attacks on Serbian infrastructure in 1999. Instead of confining itself to Kosovo in seeking to protect Albanian civilians from ethnic cleansing, Nato bombed deep into Serbia proper. What Russia did to Georgia was disproportionate, but less so than Nato on Serbia a decade ago.</p>
<p>Nevertheless, Russia should pull back completely now. It should also have restrained South Ossetian militias from running amok against Georgian villages. Nato troops made little effort to stop revenge-seeking Albanians from looting and torching houses in the Serbian enclaves in Kosovo after Yugoslav forces were driven out. Russia&#8217;s forces should have done better in Ossetia. They had the moral high ground but quickly forfeited it by not changing the patterns of military indiscipline and cruelty shown in Afghanistan and Chechnya as well as towards conscripts in their own ranks.</p>
<p>How and why Saakashvili acted remains unclear. Did he tell the Americans of his plans? If not, he emerges as even more of a hothead than many in Nato feared. If yes, did the Americans approve? Giving him the green light would have been incredibly irresponsible. If the US warned Saakashvili off and he went ahead anyway, he should be condemned as an ally from hell.</p>
<p>Did he think that by playing on ancient anti-Russian prejudice and hysterical cold war analogies he could swap an inevitable loss of territory for accelerated entry into Nato? If that was the gamble, it is paying off in some quarters. One of the grimmest aspects of this crisis was the degree to which John McCain emerged as an undiplomatic hawk. Before the crisis he was on record as calling Putin &#8220;a totalitarian dictator&#8221; and saying Russia should be expelled from the G8. As Russia came in to defend South Ossetia, he demanded it pay a &#8220;serious negative&#8221; price.</p>
<p>In Britain David Cameron showed similar wildness. Gordon Brown and David Miliband were little better. Instead of the relative even-handedness of Nicolas Sarkozy and Angela Merkel, New Labour followed the White House line. Could it not bring itself to utter any criticism of Saakashvili? Even as poodles, does this government not see that the next potential US president, Barack Obama, is more nuanced? He called on Georgia, as well as Russia, to show restraint.</p>
<p>That said, there is only a slight chance the US, under any president, will do the sensible thing, which would be to announce Nato expansion has reached its limit and that no invitation to Georgia &#8211; or Ukraine &#8211; will ever be issued.</p>
<p>The mantra is that Russia cannot have a veto on Nato membership. True, but by the same token no country has a right to join Nato, or the EU. Look at Turkey, which has been a loyal Nato ally for four decades but was not allowed to start EU membership proceedings until 2005 and still has no guarantee they will succeed. Neither Russia nor the applicants decide who enters the club. Its existing members do. Whatever the next US president thinks, and whatever other traditionally anti-Russian countries such as Poland and the Baltic states feel, there are European countries that see the danger of extending the Nato umbrella where the alliance&#8217;s founders never meant it to go. Nato is not a global institution. It has no business looking for new members in the Caucasus or central Asia.</p>
<p>Nato and Russia are boycotting each other for the moment. But business will soon resume as western leaders see this was a manufactured crisis rather than the start of a new cold war or some cataclysmic shift in international relations. When Nato&#8217;s foreign ministers met last week, France and Germany made that point. The alliance promised reconstruction aid to Georgia but no support for rushing it into Nato. Earlier this year, France and Germany had the courage to defy Washington and say it was too early to invite Georgia. They were right then, and are even more so now.</p>
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		<title>¿Resurrección soviética?</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Aug 2008 10:44:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juanjo Sánchez Arreseigor</strong>, historiador (EL CORREO DIGITAL, 25/08/08):</p>
<p>La ofensiva militar ordenada por el presidente georgiano Mijail Saakashvili contra Osetia del Sur fue algo más que una agresión no provocada; fue un disparate político y militar porque toda la operación se sustentaba sobre supuestos falsos: que el pequeño ejército georgiano era capaz de ocupar Osetia del Sur en un abrir y cerrar de ojos, que los rusos no atacarían y que los norteamericanos respaldarían a Georgia. El resultado es que la mismísima independencia nacional de Georgia está en el filo de la navaja. La desintegración del imperio soviético &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21861/resurreccion-sovietica/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juanjo Sánchez Arreseigor</strong>, historiador (EL CORREO DIGITAL, 25/08/08):</p>
<p>La ofensiva militar ordenada por el presidente georgiano Mijail Saakashvili contra Osetia del Sur fue algo más que una agresión no provocada; fue un disparate político y militar porque toda la operación se sustentaba sobre supuestos falsos: que el pequeño ejército georgiano era capaz de ocupar Osetia del Sur en un abrir y cerrar de ojos, que los rusos no atacarían y que los norteamericanos respaldarían a Georgia. El resultado es que la mismísima independencia nacional de Georgia está en el filo de la navaja. La desintegración del imperio soviético dejó por doquier decenas de minas geopolíticas. Afortunadamente, la mayoría de ellas han permanecido inactivas. Da miedo pensar lo que habría podido ser el espacio post-soviético con varias decenas de Chechenias ardiendo simultáneamente desde el Elba hasta el Estrecho de Bering. En este contexto, Georgia tuvo una mala suerte espantosa pues recibió nada menos que tres de estas minas geopolíticas totalmente activas: las tendencias separatistas en las provincias de Osetia del Sur, Abjasia y Adzaria, pobladas por minorías étnicas no georgianas.</p>
<p>Adzaria fue sometida con facilidad. En apariencia el separatismo había sido impulsado por ambiciosos caciques locales, sin demasiado respaldo entre la población. En Osetia y Abjasia el separatismo parece disponer de mayor raigambre popular y también del ejército ruso, que mantiene a raya a los georgianos. Su objetivo no parece ser la independencia sino la reunificación con Rusia. Moscú les considera rusos a todos los efectos prácticos y vocea provocativamente que los defenderá por la fuerza. Sin embargo, cuando los surosetios celebraron elecciones en noviembre de 2006, los candidatos pro-georgianos obtuvieron holgada ventaja en numerosos distritos.</p>
<p>El Gobierno ruso se ha mostrado siempre muy hostil a Georgia. Acusó reiteradamente a los georgianos de complicidad con los rebeldes chechenos, lo que no parece muy verosímil. También intervino en las disputas internas georgianas para eliminar de la escena al presidente Gamsajurdia y reemplazarlo por Shevardnadze, ex ministro de Exteriores soviético bajo Gorbachov, pero pocos años después Shevardnadze acusó a Rusia de instigar atentados contra su vida en 1998 y 1999. Tras Shevardnadze, Saakashvili ganó las elecciones con una mayoría abrumadora, pero Putin le ha tratado en todo momento como enemigo personal que ha de ser eliminado a toda costa. Hace pocos meses, Putin prohibió lisa y llanamente a la OTAN que aceptase a Georgia como miembro, como si Putin pudiera ordenarle algo a una coalición de potencias que le supera abrumadoramente en riqueza, población y poderío. La OTAN optó por esquivar el choque frontal y no dar una respuesta clara a la impertinencia de Putin, lo que puede haber asustado al Gobierno georgiano, ayudando a empujarle a su imprudente aventura militar.</p>
<p>Tras la caída del imperio soviético y el desgobierno de Borís Yeltsin, cundió el temor en Occidente de que Rusia pudiera seguir el camino de Alemania tras la Primera Guerra Mundial: amargura por la grandeza perdida, dictadura revanchista y guerras de agresión. El autoritarismo de Vladímir Putin fue visto en principio como algo necesario para reconstruir el país, sacándolo del caos, la corrupción y la ruina económica. Al principio la política exterior rusa mantuvo un perfil bajo, pero hacia 2005 Putin había doblegado a los oligarcas que se habían apoderado de gran parte de la economía rusa durante el mandato de Yeltsin, consolidado su posición política y ahogado en sangre la rebelión chechena. Al mismo tiempo Rusia se enriqueció gracias a los altos precios del petróleo. Entonces la política rusa comenzó a recordar a la de Alemania, pero no la de 1930 sino la de 1890-1914, cuando el káiser Guillermo II prodigaba sin cesar bravuconadas y amenazas que prepararon el terreno para la Primera Guerra Mundial. Era razonable que los rusos defendieran a sus protegidos osetios e infligiesen al imprudente Gobierno georgiano una dura humillación, pero su conducta tras la victoria, amenazadora y prepotente, sólo puede acarrearle críticas y hostilidad.</p>
<p>Puesto que Putin parece decidido a sernos hostil, es mucho mejor que nos muestre esa hostilidad abiertamente, reiteradamente, para que vaya cuajando una política multinacional de resistencia frente al nuevo matón del barrio. La actitud de Putin se debe a su soberbia y al desprecio que probablemente le inspiramos. No se cree que tengamos agallas o medios para plantarle cara. Sin embargo Rusia es muy débil. Su economía es una décima parte de la de EE UU o la UE. Han tardado 17 años en recuperar el PIB de 1990, pero sólo gracias a los nuevos precios del petróleo, que supone más de la mitad de las exportaciones totales. La industria, intervenida estatalmente, sigue medio en ruinas. Lo único que tienen en abundancia los rusos es petróleo, soldados y arrogancia.</p>
<p>El petróleo es la mayor baza de Rusia, pero no un arma tan poderosa como parece. La UE importa desde Rusia un 25% del petróleo que consume, pero el 75% restante le llega de otras regiones. Rusia no puede prescindir del mercado europeo, que absorbe la mitad de sus exportaciones. Si nos cierra el grifo, tendrá que vender ese petróleo en otra parte para no ir a la quiebra. Se produciría entonces una reordenación de los flujos mundiales de la energía. Europa sufriría una crisis terrible pero en menos de dos años todo habría vuelto a la normalidad. Rusia no puede doblegar a la UE mediante el petróleo. ¿Pero puede la UE impedir, sin llegar a la guerra, que Rusia se anexione o avasalle a sus pequeños vecinos, empezando por Georgia?</p>
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		<title>Una crisis que Rusia no quería / Russia Never Wanted a War</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Aug 2008 10:39:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Mijaíl Gorbachov</strong>, ex presidente de la URSS y premio Nobel de la Paz. Traducción: Toni Tobella (EL PERIÓDICO/THE NEW YORK TIMES, 24/08/08):</p>
<p>La fase aguda de la crisis provocada por el asalto de las fuerzas georgianas sobre Tsjinvali, la capital de Osetia del Sur, ya quedó atrás. Pero aún duele. ¿Cómo puede uno borrar del recuerdo las horripilantes escenas del ataque nocturno con cohetes sobre una ciudad pacífica, la destrucción de bloques de pisos enteros, la muerte de gente que se refugiaba en sótanos, la destrucción bárbara de antiguos monumentos y tumbas ancestrales?<br />
Rusia no quería esta crisis. &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21860/una-crisis-que-rusia-no-queria/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Mijaíl Gorbachov</strong>, ex presidente de la URSS y premio Nobel de la Paz. Traducción: Toni Tobella (EL PERIÓDICO/THE NEW YORK TIMES, 24/08/08):</p>
<p>La fase aguda de la crisis provocada por el asalto de las fuerzas georgianas sobre Tsjinvali, la capital de Osetia del Sur, ya quedó atrás. Pero aún duele. ¿Cómo puede uno borrar del recuerdo las horripilantes escenas del ataque nocturno con cohetes sobre una ciudad pacífica, la destrucción de bloques de pisos enteros, la muerte de gente que se refugiaba en sótanos, la destrucción bárbara de antiguos monumentos y tumbas ancestrales?<br />
Rusia no quería esta crisis. El Gobierno ruso mantiene una posición suficientemente fuerte a nivel doméstico; no necesitaba &#8220;una pequeña guerra victoriosa&#8221;. Rusia se vio arrastrada a la lucha por la imprudencia del presidente georgiano, Mijaíl Saakashvili, quien no se hubiera atrevido a atacar sin apoyo externo. Rusia no podía permitirse no actuar.<br />
La decisión del presidente ruso, Dmitri Medvédev, de poner fin a las hostilidades fue la decisión correcta de un dirigente responsable. Si alguien esperaba confusión desde Moscú, se llevó un chasco. El presidente ruso actuó con calma, seguridad y firmeza.<br />
Los que planificaron esta campaña es evidente que buscaban asegurar que se culpara a Rusia de empeorar la situación en la región y en el mundo, independientemente del resultado de la campaña. Con su ayuda, Occidente montaría un ataque propagandístico contra Rusia, especialmente en los medios norteamericanos.<br />
No ha habido nada justo ni equilibrado en la cobertura de esos medios, especialmente durante los primeros días de la crisis. Tsjinvali ya estaba en ruinas humeantes y miles de personas huían de la ciudad, y aún no había rastro de tropas rusas, pero a Rusia ya se la acusaba de agresión, repitiéndose las mentiras descaradas de un envalentonado líder georgiano.<br />
No está aún muy claro si Occidente estaba al día de los planes de Saakashvili, y este es un tema serio. Lo que sí está claro es que el apoyo occidental en el entrenamiento de las tropas georgianas y los ingentes envíos de armamento han ido empujando a la región hacia la guerra más que hacia la paz. Si esta desventura constituyó una sorpresa para los patronos extranjeros del líder georgiano, el tema aún es peor: daría toda la impresión de ser una historia como la que se cuenta en la película Cortina de humo.<br />
A Saakashvili se le había llenado de adulación por ser un acérrimo aliado de Estados Unidos y un auténtico demócrata, y por ayudar en Irak. Ahora nos toca a todos nosotros, los europeos, y aún más importante, a los civiles inocentes de la región, recoger las piezas del desorden que el mejor amigo de Estados Unidos ha provocado.</p>
<p>QUIENESno corren a juzgar lo que está pasando en el Cáucaso o buscan influencia allí, deberían primero, por lo menos, tener alguna idea sobre las complejidades de esta región. Los osetios viven en Georgia y en Rusia. Es lo mismo en toda la región: es como un tejido de retales de grupos étnicos que viven en proximidad cercana. Por lo tanto, es mejor olvidar cualquier comentario del tipo &#8220;esta es nuestra tierra&#8221; o &#8220;estamos liberando a nuestra patria&#8221;. Debemos pensar en la gente que vive en la tierra.<br />
Los problemas del Cáucaso no se pueden solucionar con el uso de la fuerza. Eso se ha intentado más de una vez, y siempre se ha experimentado el efecto bumerán. Lo que se necesita es un acuerdo legalmente vinculante para que no se utilice la fuerza. Saakashvili se negó repetidamente a firmar un acuerdo de esta clase por motivos que ahora han quedado abundantemente claros.<br />
Occidente haría algo bueno si ayudara a conseguir dicho acuerdo ahora. Si, en cambio, Occidente optara por culpar a Rusia y rearmar a Georgia, tal y como sugieren algunos funcionarios de Estados Unidos, una nueva crisis parecería inevitable. Si ese fuera el caso, entonces habría que esperar lo peor.</p>
<p>ÚLTIMAMENTE, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, y el presidente George Bush han estado prometiendo que aislarán a Rusia. Algunos políticos norteamericanos han amenazado con expulsarla del grupo de los principales países industrializados, el G-8, suprimir el consejo OTAN-Rusia, o forzar su no admisión en la Organización Mundial de Comercio.<br />
Son amenazas vacías. Durante algún tiempo, los rusos se están preguntando: si nuestra opinión no cuenta para nada en aquellas instituciones internacionales, ¿para qué las necesitamos? ¿Para sentarnos a una mesa de banquete muy bien arreglada y escuchar conferencias?<br />
Es cierto que hace tiempo que a Rusia se le ha dicho que sencillamente acepte los hechos. Y aquí tienen ustedes la independencia de Kosovo. Aquí tienen la derogación del tratado ABM y la decisión de colocar defensas de misiles en países vecinos. Aquí tienen la incesante expansión de la OTAN. Y de fondo, las dulces promesas de asociación. ¿A quién le haría gracia una farsa de este estilo?</p>
<p>SE HABLA mucho ahora en Estados Unidos de &#8220;reconsiderar&#8221; las relaciones con Rusia. Voy a sugerir algo que definitivamente debería ser reconsiderado: el hábito de hablar con Rusia de una forma condescendiente, sin considerar sus posiciones e intereses. Nuestros dos países podrían desarrollar una agenda seria de auténtica &#8211;y no simbólica&#8211; cooperación. Creo que muchos norteamericanos, así como rusos, entienden la necesidad de esto, pero ¿y los líderes políticos?<br />
Hace poco se formó una comisión bipartita, presidida por el antiguo senador Gary Hart y el senador Chuck Hagel, para estudiar las relaciones ruso-americanas. Incluye a gente seria, y a juzgar por el primer anuncio de la comisión, entienden la importancia de Rusia y de trabajar constructivamente con ella.<br />
El mandato de la comisión especifica que presentará &#8220;recomendaciones de acciones políticas para una nueva Administración, para que progresen los intereses nacionales de Estados Unidos en sus relaciones con Rusia&#8221;. Si este es el único objetivo, entonces dudo de que salga alguna cosa buena de ella. Pero si también está dispuesta a considerar los intereses del otro bando y de los que atañen a la seguridad común, se podría abrir una vía para reconstruir la confianza y empezar a trabajar conjuntamente.</p>
<p style="text-align: center;">********************</p>
<p>The acute phase of the crisis provoked by the Georgian forces’ assault on Tskhinvali, the capital of <a title="More news and information about South Ossetia." href="http://topics.nytimes.com/top/news/international/countriesandterritories/georgia/south_ossetia/index.html?inline=nyt-geo">South Ossetia</a>, is now behind us. But how can one erase from memory the horrifying scenes of the nighttime rocket attack on a peaceful town, the razing of entire city blocks, the deaths of people taking cover in basements, the destruction of ancient monuments and ancestral graves?</p>
<p><a title="More news and information about Russia and the Post-Soviet Nations." href="http://topics.nytimes.com/top/news/international/countriesandterritories/russiaandtheformersovietunion/index.html?inline=nyt-geo">Russia</a> did not want this crisis. The Russian leadership is in a strong enough position domestically; it did not need a little victorious war. Russia was dragged into the fray by the recklessness of the Georgian president, <a title="More articles about Mikhail Saakashvili." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/s/mikhail_saakashvili/index.html?inline=nyt-per">Mikheil Saakashvili</a>. He would not have dared to attack without outside support. Once he did, Russia could not afford inaction.</p>
<p>The decision by the Russian president, <a title="More articles about Dmitri A. Medvedev." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/m/dmitri_a_medvedev/index.html?inline=nyt-per">Dmitri Medvedev</a>, to now cease hostilities was the right move by a responsible leader. The Russian president acted calmly, confidently and firmly. Anyone who expected confusion in Moscow was disappointed.</p>
<p>The planners of this campaign clearly wanted to make sure that, whatever the outcome, Russia would be blamed for worsening the situation. The West then mounted a propaganda attack against Russia, with the American news media leading the way.</p>
<p>The news coverage has been far from fair and balanced, especially during the first days of the crisis. Tskhinvali was in smoking ruins and thousands of people were fleeing — before any Russian troops arrived. Yet Russia was already being accused of aggression; news reports were often an embarrassing recitation of the Georgian leader’s deceptive statements.</p>
<p>It is still not quite clear whether the West was aware of Mr. Saakashvili’s plans to invade South Ossetia, and this is a serious matter. What is clear is that Western assistance in training Georgian troops and shipping large supplies of arms had been pushing the region toward war rather than peace.</p>
<p>If this military misadventure was a surprise for the Georgian leader’s foreign patrons, so much the worse. It looks like a classic wag-the-dog story.</p>
<p>Mr. Saakashvili had been lavished with praise for being a staunch American ally and a real democrat — and for helping out in Iraq. Now America’s friend has wrought disorder, and all of us — the Europeans and, most important, the region’s innocent civilians — must pick up the pieces.</p>
<p>Those who rush to judgment on what’s happening in the Caucasus, or those who seek influence there, should first have at least some idea of this region’s complexities. The Ossetians live both in Georgia and in Russia. The region is a patchwork of ethnic groups living in close proximity. Therefore, all talk of “this is our land,” “we are liberating our land,” is meaningless. We must think about the people who live on the land.</p>
<p>The problems of the Caucasus region cannot be solved by force. That has been tried more than once in the past two decades, and it has always boomeranged.</p>
<p>What is needed is a legally binding agreement not to use force. Mr. Saakashvili has repeatedly refused to sign such an agreement, for reasons that have now become abundantly clear.</p>
<p>The West would be wise to help achieve such an agreement now. If, instead, it chooses to blame Russia and re-arm Georgia, as American officials are suggesting, a new crisis will be inevitable. In that case, expect the worst.</p>
<p>In recent days, Secretary of State <a title="More articles about Condoleezza Rice." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/r/condoleezza_rice/index.html?inline=nyt-per">Condoleezza Rice</a> and President Bush have been promising to isolate Russia. Some American politicians have threatened to expel it from the <a title="More articles about Group of Eight" href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/organizations/g/group_of_eight/index.html?inline=nyt-org">Group of 8</a> industrialized nations, to abolish the <a title="More articles about the North Atlantic Treaty Organization." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/organizations/n/north_atlantic_treaty_organization/index.html?inline=nyt-org">NATO</a>-Russia Council and to keep Russia out of the <a title="More articles about the World Trade Organization." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/organizations/w/world_trade_organization/index.html?inline=nyt-org">World Trade Organization</a>.</p>
<p>These are empty threats. For some time now, Russians have been wondering: If our opinion counts for nothing in those institutions, do we really need them? Just to sit at the nicely set dinner table and listen to lectures?</p>
<p>Indeed, Russia has long been told to simply accept the facts. Here’s the independence of Kosovo for you. Here’s the abrogation of the Antiballistic Missile Treaty, and the American decision to place missile defenses in neighboring countries. Here’s the unending expansion of NATO. All of these moves have been set against the backdrop of sweet talk about partnership. Why would anyone put up with such a charade?</p>
<p>There is much talk now in the United States about rethinking relations with Russia. One thing that should definitely be rethought: the habit of talking to Russia in a condescending way, without regard for its positions and interests.</p>
<p>Our two countries could develop a serious agenda for genuine, rather than token, cooperation. Many Americans, as well as Russians, understand the need for this. But is the same true of the political leaders?</p>
<p>A bipartisan commission led by Senator <a title="More articles about Chuck Hagel." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/h/chuck_hagel/index.html?inline=nyt-per">Chuck Hagel</a> and former Senator <a title="More articles about Gary Hart." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/h/gary_hart/index.html?inline=nyt-per">Gary Hart</a> has recently been established at Harvard to report on American-Russian relations to Congress and the next president. It includes serious people, and, judging by the commission’s early statements, its members understand the importance of Russia and the importance of constructive bilateral relations.</p>
<p>But the members of this commission should be careful. Their mandate is to present “policy recommendations for a new administration to advance America’s national interests in relations with Russia.” If that alone is the goal, then I doubt that much good will come out of it. If, however, the commission is ready to also consider the interests of the other side and of common security, it may actually help rebuild trust between Russia and the United States and allow them to start doing useful work together.</p>
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		<title>Las cosas que vi en la Georgia en guerra</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Aug 2008 09:48:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Europa]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Bernard-Henry Lévy</strong>, filósofo y ensayista francés (EL MUNDO, 23/08/08):</p>
<p>1. Lo primero que llama la atención al salir de Tiflis es la inquietante ausencia de cualquier tipo de fuerza militar. Había leído que el Ejército georgiano, derrotado en Osetia y obligado a huir de Gori, se había replegado sobre la capital para defenderla. Pues bien, llego a las afueras de la ciudad. Avanzo 40 kilómetros por la autopista que divide el país de este a oeste. Y apenas veo rastro alguno de ese Ejército que supuestamente se habría reagrupado para oponer una resistencia encarnizada a la invasión. Lo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21853/las-cosas-que-vi-en-la-georgia-en-guerra/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Bernard-Henry Lévy</strong>, filósofo y ensayista francés (EL MUNDO, 23/08/08):</p>
<p>1. Lo primero que llama la atención al salir de Tiflis es la inquietante ausencia de cualquier tipo de fuerza militar. Había leído que el Ejército georgiano, derrotado en Osetia y obligado a huir de Gori, se había replegado sobre la capital para defenderla. Pues bien, llego a las afueras de la ciudad. Avanzo 40 kilómetros por la autopista que divide el país de este a oeste. Y apenas veo rastro alguno de ese Ejército que supuestamente se habría reagrupado para oponer una resistencia encarnizada a la invasión. Lo único que veo es algún puesto de policía. Y, más lejos, un puñado de soldados con uniformes demasiado nuevos. Pero ni una sola unidad de combatientes. Ni una sola pieza de defensa antiaérea. Ni siquiera ese paisaje de alambradas y barricadas, habitual en todas las ciudades sitiadas del mundo, para dificultar el avance del enemigo, al menos en teoría.</p>
<p>Mientras circulamos en nuestro coche, una información de agencia anuncia que los blindados rusos se dirigen hacia la capital. La noticia, dada por las radios y finalmente desmentida, ocasiona un caos total y hace que den la vuelta los escasos vehículos que se habían aventurado fuera de la ciudad. Pero el poder parece haber bajado totalmente los brazos.</p>
<p>¿Estará por aquí el Ejército georgiano, pero escondido? ¿Dispuesto a intervenir, pero invisible? ¿Estaremos ante una de esas guerras donde la astucia suprema es, como en las guerras olvidadas de Africa, mostrarse lo menos posible? ¿O es que el presidente Saakashvili optó por no combatir, para colocarnos a nosotros, europeos y americanos, ante nuestras propias responsabilidades? («¿No dicen ustedes que son nuestros amigos? Ustedes nos han dicho cien veces que con nuestras instituciones democráticas, nuestro deseo de unirnos a Europa, nuestro gobierno, del que -hecho único en los anales- forma parte un primer ministro anglo-georgiano, varios ministros americano-georgianos y un ministro de Defensa israelo-georgiano, era el primero de la clase occidental. Pues bien, es el momento de que lo demuestren. Ahora o nunca»).</p>
<p>No lo sé. Pero el hecho es que la primera presencia militar significativa con la que nos tropezamos es un convoy ruso de al menos cien vehículos, que ha venido a repostar gasolina en dirección a Tiflis. Y más adelante, a 40 kilómetros de la ciudad, a la altura de Okami, un batallón, también ruso, apoyado por una unidad de blindados, cuyo papel es impedir el paso de los periodistas en un sentido y de los refugiados, en el otro.</p>
<p>Uno de los refugiados, un campesino herido en la frente, todavía presa del terror, me cuenta la historia de su aldea, en Osetia, de la que ha escapado a pie hace tres días. Llegaron los rusos. Siguiendo su estela, las bandas osetias y cosacas saquearon, violaron y asesinaron. Las bandas, al igual que en Chechenia, reagruparon a los jóvenes y los embarcaron en camiones con destino desconocido. Mataron a los padres delante de sus hijos. Y a los hijos delante de sus padres. En el sótano de una casa que hicieron saltar por los aires con bombonas de gas encontraron a una familia a la que quitaron todo lo que había intentado esconder, tras poner de rodillas a los adultos antes de ejecutarlos con una bala en la cabeza.</p>
<p>El oficial ruso encargado del puesto de control escucha, pero le da igual. Parece estar borracho y pasa de todo. Para él, la guerra ha terminado. Ningún papel -alto al fuego o acuerdo en cinco o seis puntos- hará que cambie un ápice su victoria. Y este pobre refugiado puede contar lo que quiera.</p>
<p>2. En los alrededores de Gori, la situación se torna diferente y a menudo mucho más tensa. En las cunetas, jeeps georgianos. Más lejos, un blindado carbonizado. Y más lejos todavía, un check-point que bloquea por completo el paso al grupo de periodistas al que nos hemos unido. Y, sobre todo, se nos dice claramente que no somos bienvenidos. «Están ustedes en territorio ruso -ladra un oficial ahíto de importancia y de vodka-. Sólo pueden seguir los que estén acreditados por las autoridades rusas»&#8230;</p>
<p>Afortunadamente, aparece un coche con bandera diplomática. Es el coche del embajador de Estonia. En su interior, amén del embajador, el secretario del Consejo Nacional de Seguridad, Alexander Lomaia, que dispone de una autorización para ir, por detrás de las líneas rusas, a buscar a los heridos, y que acepta llevarme con él, además de a la eurodiputada Isler Beguin y a una periodista del Washington Post. «No garantizo la seguridad de nadie, ¿está claro?», nos previene. Está claro. Y nos apretujamos en el Audi que enfila hacia Gori.</p>
<p>Tras pasar otros seis nuevos check-points, uno de los cuales está formado por un simple tronco de árbol que un grupo de paramilitares sube y baja para dar paso, llegamos a Gori. No estamos en el centro de la ciudad. Pero, desde el punto en el que nos ha dejado Lomaia, antes de irse solo, en busca de sus heridos, podemos constatar los incendios que surgen por doquier. Las bengalas iluminan el cielo a intervalos regulares y les siguen detonaciones breves. Y, de nuevo, el vacío. Y el olor, ligero, a putrefacción y a muerte. Y, sobre todo, el incesante ir y venir de vehículos blindados y, la mitad de las veces, coches llenos de milicianos, reconocibles por sus brazaletes blancos y sus cintas en el pelo. Gori no pertenece a esa Osetia que los rusos dicen haber venido a «liberar». Es una ciudad georgiana. Y por eso la han quemado. La han arrasado. La han reducido a una ciudad fantasma. Vacía.</p>
<p>«Es lógico», explica el general Vyachislav Borisov, mientras esperamos, de pie en medio del hedor de la noche, el retorno de Lomaia. «Estamos aquí, porque los georgianos son unos inútiles, porque la administración de la ciudad se derrumbó y porque la ciudad estaba en manos de los bandidos. Mire esto&#8230;». Y me muestra, en su móvil, fotos de armas, e insiste en destacar su origen israelí. «¿Cree usted que podíamos dejar este bazar sin vigilancia? Por otra parte, le voy a decir una cosa&#8230;» Carraspea, enciende un cigarrillo y la llama de su cerilla sobresalta al tanquista rubio que se había quedado dormido en la torreta de su blindado. «Hemos convocado a Moscú al ministro israelí de Asuntos Exteriores. Y le hemos dicho que si seguían suministrando armas a los georgianos, nosotros continuaríamos haciéndoselas llegar también a Hizbulá y a Hamas». Continuaríamos&#8230; ¡qué confesión!</p>
<p>Pasan dos horas. Dos horas de fanfarronadas y de amenazas. A veces, algún coche reduce la marcha, pero, al ver el blindado, cambia de parecer y sigue su camino. Hasta que regresa Lomaia y nos confía a la anciana y a la mujer embarazada que ha sacado del infierno, encargándonos que las llevemos a Tiflis.</p>
<p>3. El presidente Saakashvili, flanqueado por su consejero Daniel Kunnin, escucha mi relato. Estamos en la residencia presidencial de Avlabari. Son las dos de la mañana, pero la noria de sus consejeros sigue funcionando como si fuese mediodía. El presidente es joven. Muy joven. De una juventud que se descubre, todavía, en la impaciencia de sus gestos, en la fiebre de su mirada, en las bruscas carcajadas o, incluso, en su forma de tomar latas de Red Bull, como si fuese Coca-Cola. Su gente, por cierto, es muy joven. Todos sus ministros y asesores son becarios de fundaciones como la de Soros, a los que la Revolución de las Rosas interrumpió sus estudios en Yale, Princeton o Chicago. Es francófilo y francófono. Apasionado de la filosofía. Demócrata. Europeo. Liberal en el doble sentido del término, estadounidense y europeo. De todos los grandes resistentes con los que me topado en mi vida, de todos los Massoud o Izetbegovic a los que defendí, éste es, evidentemente, el más alejado del universo de la guerra, de sus ritos, de sus emblemas y de su cultura. Pero mantiene el tipo.</p>
<p>«Déjeme precisar una cosa -me interrumpe con una gravedad repentina-. No podemos admitir que se diga que fuimos nosotros los que comenzamos esta guerra&#8230; Estamos a comienzos de agosto. Mis ministros están de vacaciones. Yo mismo me encontraba en Italia, haciendo una cura de adelgazamiento y a punto de salir para Pekín. Pero leo en la prensa italiana: Preparativos de guerra en Georgia. ¿Me entiende? Yo estoy allí, tan tranquilo, en Italia, y, de pronto, leo que mi país está preparando una guerra&#8230; Sintiendo que algo no va bien, regreso de inmediato a Tiflis. ¿Y qué me dicen mis servicios de Inteligencia?». Hace una mueca de las habituales en él, que plantea una pregunta y te da una oportunidad para que avances la respuesta&#8230; «Que son los rusos los que, en el mismo momento en que están alimentando a las agencias de prensa con esta patraña, están evacuando a los habitantes de Tsjinvali, concentrando tropas, transportes y combustible en territorio georgiano y, por último, haciendo pasar columnas de blindados por el túnel Roky, que separa las dos Osetias. Suponga que es usted el presidente de un país y le dicen esto, ¿qué hace?». Se levanta y va a responder a dos móviles que suenan al mismo tiempo en su oficina, vuelve, estira sus largas piernas&#8230; «Cuando el blindado 150 se aposta frente a tus ciudades, te ves obligado a admitir que la guerra ha comenzado y, a pesar de la desproporción de las fuerzas, no te queda otro remedio&#8230;».</p>
<p>¿Con el beneplácito de sus aliados, advirtiendo a los miembros de la OTAN, que le dieron con la puerta en la narices?, le pregunto. «El auténtico problema -se escapa- son los objetivos de esta guerra. Putin y Medvedev buscaban un pretexto para invadirnos. ¿Por qué?». Hace el gesto de contar con los dedos. «En primer lugar, porque somos una democracia y, de cara al fin del comunismo, encarnamos, pues, una alternativa al putinismo. En segundo lugar, somos el país por el que pasa el BTC, es decir el gasoducto que une Bakú con Ceyhan via Tiflis. De tal forma que, si nosotros caemos, si Moscú coloca en mi lugar a un empleado de Gazprom, ustedes, los europeos, dependerán al cien por cien de los rusos para proveerse de energía. Y en tercer lugar&#8230;» Antes de explicar la tercera razón, coge un melocotón en la bandeja de frutas que su asistente -«osetio», precisa- acaba de traerle. «En tercer lugar, mire el mapa. Rusia es aliada de Irán. Nuestros vecinos, los armenios, tampoco están muy alejados de los iraníes. Imagine que se instala en Tiflis un régimen pro ruso. En ese caso, se lograría un continuo geoestratégico que iría desde Moscú a Teherán y que dudo mucho que defendiese al mundo libre. Espero que la OTAN entienda esto&#8230;»</p>
<p>4. Viernes por la mañana. Raphaël Glucksmann, Gilles Hertzog, la eurodiputada y yo decidimos volver a Gori, donde los rusos habrán comenzado su retirada, tras el acuerdo de alto el fuego redactado por Sarkozy y Medvedev. Allí vamos a reunirnos con el patriarca ortodoxo de Tiflis, que se dirige a Tsjinvali, donde cadáveres georgianos estarían siendo arrojados a los cerdos y a los perros. Pero el patriarca no aparece. Y los rusos no han evacuado nada. Y nosotros estamos bloqueados en el mismo sitio, a 20 kilómetros de Gori, cuando un coche que circula delante nuestro se cruza en el punto de mira de un escuadrón de irregulares que, con el beneplácito de un oficial ruso, hace bajar a los periodistas y les quita cámaras, dinero, objetos personales y, finalmente, su vehículo. Así pues, noticia falsa. El habitual baile de informaciones erróneas, en cuyo arte los propagandistas rusos parecen ser maestros. Nos dirigimos, entonces, a Kaspi, a medio camino entre Gori y Tiflis, donde el intérprete de la eurodiputada tiene familia y donde, en principio, la situación está más tranquila. Pero, en realidad, allí nos esperan dos o tres sorpresas más.</p>
<p>Primero, la destrucción. Aquí también, destrucción por todas partes. Pero una destrucción que, en este caso, no tenía como objetivo prioritario ni las casas ni las personas. ¿Qué, entonces? El puente. La estación. La vía férrea, que ya está reparando un equipo logístico dirigido, desde su habitación, por un ingeniero jefe gravemente herido en una cadera. O el sistema electrónico de la empresa cementera Heidelberg, de capital alemán, a la que alcanzó un misil guiado por láser. «Había 650 obreros -me dice el director de la fábrica, Levan Baramatze-. Hoy, sólo han podido venir 150. Nuestra cadena productiva está totalmente arruinada».</p>
<p>En Poti, los rusos hundieron la Marina de guerra georgiana. Y le dieron al gasoducto BTC en tres puntos. Aquí, en Kaspi, atentaron aposta contra los centros vitales de una economía de la que, indirectamente, depende la región y el país entero. Terrorismo teledirigido. Y voluntad, también en esto, de poner al país de rodillas.</p>
<p>Y la segunda sorpresa, los blindados. Repito que estamos a las puertas de la capital. Condoleezza Rice se encuentra, en este preciso momento, dando una rueda de prensa allí. Y de pronto, surge, volando a baja altura, a ras de los árboles, uno de esos helicópteros de combate, cuya aparición es siempre signo de lo peor. Inmediatamente después, los habitantes de Kaspi que aún quedan en la ciudad salen en estampida a las calles y, rápidamente, se aglomeran, de 10 en 10, o como pueden, en los viejos Ladas, al tiempo que gritan a quien quiere oírlos y, especialmente, a nuestros conductores, que llegan los rusos y que hay que huir.</p>
<p>Al principio, no nos lo creemos. Pensamos que se trata de otro rumor, como el de ayer. Pero, esta vez, es cierto. Los blindados rusos aparecen. Son cinco, exactamente. Más una unidad de ingenieros, que comienza a excavar trincheras. El mensaje está claro. Con Rice o sin Rice en Tiflis, los rusos están aquí, en su casa. Y se mueven, por Georgia, como en territorio conquistado. Esto no es exactamente como el golpe de Praga. Es su versión del siglo XXI: lento, paso a paso, a golpe de humillaciones, intimidaciones, desfiles y terror&#8230;</p>
<p>5. Esta vez, la cita tiene lugar a las cuatro de la mañana. Saakashvili pasó el final del día con Rice. Y la víspera, con Sarkozy. A los dos les agradece sus esfuerzos, así como su amistad, de la que nada ni nadie le hará dudar. ¿No se tutea con Nicolas? ¿No le telefonea el candidato McCain, «cercano a Rice», tres veces al día desde el comienzo de la crisis? Y sin embargo, le noto un aire melancólico, que no presentaba el primer día. La fatiga, quizás&#8230; Las noches sin dormir&#8230; Las derrotas en serie&#8230; Y ese rumor, que sabe que se está extendiendo por todo el país y que, desgraciadamente, tenemos que confirmarle: «¿Y si Misha fuese incapaz de protegernos? ¿Y si este joven y tempestuoso presidente no nos trajese más que infortunios? ¿Y si, para sobrevivir, fuese necesario someterse al deseo de Putin y del fantoche que cuelga de su mano?». Hay algo de todo esto, sin duda, en la melancolía del presidente. Y, además, otra cosa. Otra cosa más complicada y que se refiere a la extraña actitud de sus amigos&#8230;</p>
<p>Por ejemplo, el acuerdo de alto el fuego, aportado por su amigo Sarkozy, que fue redactado a cuatro manos, en Moscú, con Medvedev. Saakashvili recuerda al presidente francés, aquí, en este mismo despacho, impaciente por verlo firmar. Escucha cómo le levanta la voz y casi le grita: «No tienes otra opción, Misha; sé realista, no te queda escapatoria. Cuando los rusos lleguen para destituirte, ninguno de tus amigos, ninguno, moverá un dedo para salvarte». Y su extraña reacción cuando, al final, Misha Saakashvili, logra que llamen a Medvedev; Medvedev da el recado de que duerme -eran tan sólo las 21.00, pero duerme y no aparece hasta el día siguiente a las 9.00-. El presidente francés se enfada. El amigo francés tampoco entonces quiso esperar. ¿Prisa por volver? ¿Convencido de que lo importante era firmar, cualquier cosa, pero firmar? Misha piensa: «Así no se negocia. No se puede portar uno así con sus amigos».</p>
<p>Vi el documento. Vi las anotaciones manuscritas que aportaron los dos presidentes. Primero el georgiano y, después, el francés. Vi el segundo documento, también firmado por Sarkozy, entregado a Condi Rice, en Bregançon, para que ella se lo transfiriese a Saakashvili. Y también vi el memorando redactado durante la noche por los georgianos, que lo consideran vital. Lograron que se tache cualquier alusión al futuro «estatuto» de Osetia. Consiguieron -y no es poco- que se precisase que el «perímetro razonable», establecido en el primer documento, dentro del cual estaban autorizadas las tropas rusas a patrullar para garantizar la seguridad de los rusófonos de Georgia, fuese «de unos cuantos kilómetros».</p>
<p>Pero en ningún documento se aborda la integridad territorial de Georgia. Y por lo que se refiere a la ayuda legítima aportada a los rusófonos, tiemblo ante la idea del uso que de ello se puede hacer cuando sean los rusófonos de Ucrania, de los Países Bálticos o de Polonia los que, a su vez, se sientan amenazados por una voluntad «genocida»&#8230; Por la noche, en el bar del hotel, me encuentro con el americano Richard Holbrooke, diplomático de altos vuelos y cercano a Barack Obama, que sentencia: «En este asunto, flota un aire de apaciguamiento y de muniquismo». Eso es. O bien somos capaces realmente de levantar la voz y de decir, en Georgia, stop a Putin, o el hombre que, según sus propias palabras, fue a «buscar hasta en los urinarios» a los civiles de Chechenia, se sentirá con derecho a hacer lo mismo con cualquiera de sus vecinos. ¿Es así como se va a construir Europa, la paz y el mundo del mañana?</p>
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		<title>Russia vs Georgia: The Fallout</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Aug 2008 21:58:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Europe Report N°195 (CRISIS GROUP, 22/08/08):</p>
<p>EXECUTIVE SUMMARY</p>
<p>The Russia-Georgia conflict has transformed the contemporary geopolitical world, with large consequences for peace and security in Europe and beyond. Moscow’s initial moves into South Ossetia as large-scale violence broke out there on 7-8 August were in part a response to a disastrous miscalculation by a Georgian leadership that was impatient with gradual confidence building and a Russian-dominated negotiations process. But Russia’s disproportionate counter-attack, with movement of large forces into Abkhazia and deep into Georgia, accompanied by the widespread destruction of economic infrastructure, damage to the economy and disruption of communications and &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21839/russia-vs-georgia-the-fallout/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Europe Report N°195 (CRISIS GROUP, 22/08/08):</p>
<p>EXECUTIVE SUMMARY</p>
<p>The Russia-Georgia conflict has transformed the contemporary geopolitical world, with large consequences for peace and security in Europe and beyond. Moscow’s initial moves into South Ossetia as large-scale violence broke out there on 7-8 August were in part a response to a disastrous miscalculation by a Georgian leadership that was impatient with gradual confidence building and a Russian-dominated negotiations process. But Russia’s disproportionate counter-attack, with movement of large forces into Abkhazia and deep into Georgia, accompanied by the widespread destruction of economic infrastructure, damage to the economy and disruption of communications and movement between different regions of the country, constitutes a dramatic shift in Russian-Western relations. It has undermined regional stability and security; threatened energy corridors that are vital for Europe; made claims with respect to ethnic Russians and other minorities that could be used to destabilise other parts of the former Soviet Union, with Ukraine a potential target; and shown disregard for international law.</p>
<p>Russian actions reflected deeper factors, including pushback against the decade-long eastward expansion of the NATO alliance, anger over issues ranging from the independence of Kosovo to the placement of missile defence systems in Europe, an assertion of a concept of limited sovereignty for former Soviet states and a newfound confidence and aggressiveness in foreign affairs that is intimately linked with the personality and world view of Russia’s predominant leader, Prime Minister Vladimir Putin.</p>
<p>Georgia, too, has mishandled its relationships with Russia, South Ossetia and Abkhazia since 2004, abandoning real confidence building and often following confrontational policies towards the conflict regions. With patience it might have demonstrated that the regions would be better served by enjoying extensive autonomy within an increasingly prosperous and democratising Georgia. Instead, President Mikheil Saakashvili and a small inner circle of bellicose officials used menacing and arrogant rhetoric that made the dispute with Moscow and the conflict regions bitter and personal. All sides bear responsibility for the humanitarian consequences of the violence, as tens of thousands of civilians in South Ossetia, Abkhazia and the rest of Georgia have been displaced amid disturbing reports of atrocities.</p>
<p>Western nations must eschew the worst of the Cold War mentality that would further isolate Russia, but engagement, as UK Foreign Secretary David Miliband has put it, has to be “hard-headed”. Russia cannot be allowed to maintain a military force in Georgia except as part of an international peacekeeping mission with non-Russian command, with a clear and mutually acceptable mandate in South Ossetia and Abkhazia. The ceasefire signed on 15-16 August must be respected, and Russian troops must return promptly to the positions they held on 7 August, honouring the spirit of a loosely worded agreement. International monitors should be deployed in Georgia proper to observe Russian withdrawal and return of displaced persons (IDPs) and then serve as an interim measure to help maintain the ceasefire in South Ossetia and Abkhazia until a peacekeeping mission can be created.</p>
<p>Russian participation is probably necessary as a practical matter in the peacekeeping mission, although serious questions should be raised about the motives of the Russian forces that Moscow describes as peacekeepers. Command and composition should be genuinely international. All Georgian and Ossetian civilians displaced since 7 August need to be immediately allowed to return to their homes. The Russians and Georgians should agree to and cooperate with investigations to establish responsibility for human rights abuses during the conflict, including by the International Criminal Court (ICC) and perhaps the Organization for Security and Co-operation in Europe (OSCE).</p>
<p>None of this will be easy or even possible without a combination of significant pressures and pragmatic incentives to gain essential Russian approval. Moscow must be made to understand the advantages for its prestige, power and economy of being a partner in ensuring security in Europe rather than an outlier, subject to threats of exclusion from such institutions as the G8 and World Trade Organization (WTO).</p>
<p>The crisis also reflects serious mistakes by the U.S. and the European Union (EU) in Georgia since 2004, most significantly failing to adequately press President Saakashvili to abandon a quick-fix approach toward restoring Georgian control over South Ossetia and Abkhazia. The Georgian army was trained and sold weapons without ensuring that these would not be used to recover the conflict territories, and Russia’s anger over these actions and other perceived post-Cold War slights was misread. Instead of concentrating on democratic institutions and rule of law, the U.S. too often focused its support on Saakashvili personally, even as he engaged in reckless and authoritarian behaviour. As the long-frozen conflicts in South Ossetia and Abkhazia began to heat up, Georgia’s partners did too little to encourage it to engage more substantially in confidence building and dialogue with the de facto authorities and Russia.</p>
<p>With regard to NATO, the division evident at its Bucharest Summit in April 2008 on whether to approve a membership action plan (MAP) for Georgia has been exacerbated. Those countries, led by the U.S., who support Georgia’s accession are pointing to the Russian attacks as clear proof that Georgia needs the protection of NATO security guarantees; those that oppose it believe that NATO dodged a bullet by not committing itself to go to war against Russia in defence of a capricious and reckless government in Tbilisi. A decision on MAP or membership status should not be taken in the heat of the current crisis. It will be difficult to finally resolve the membership issue, in relation to both Georgia and other potential members, without addressing the larger question of NATO’s future role as a security organisation.</p>
<p>At the broader level, the crisis raises significant questions about the capacity of the EU, the UN and NATO to address fundamental issues. While European leaders stepped forward to achieve the ceasefire agreement, their inability to put forward a forceful response to the Russian action reflects a lowest common denominator approach that discourages stronger and more innovative policies. Similarly, the UN Security Council, divided by whether to include references to Georgia’s territorial integrity in either a resolution or statement, has issued nothing on the conflict since it began to boil over on 7 August. In an unhappy reminder of the Cold War years, the conflict has called into question the Council’s capacity to address any issue over which P-5 members have significantly different interests. And in the process of seeking justification for its actions, Russia has also misstated and distorted the UN-approved principle of “responsibility to protect”.</p>
<p>Leer <a href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2008/9033.pdf" target="_blank">artículo completo</a> (PDF).</p>
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		<title>La tela de araña rusa</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Aug 2008 21:40:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José María Ridao</strong> (EL PAÍS, 22/08/08):</p>
<p>Es sorprendente el cambio en la retórica para describir la realidad internacional operado en apenas unos meses, unos pocos años como mucho: de insistir en la idea de que el mundo vivía una nueva era se ha pasado a hablar otra vez de Guerra fría y a comparar Osetia con los Sudetes. Si antes se cometía el error de prescindir de toda la experiencia internacional acumulada por la vía de imaginar un mundo inédito, un imposible <em>año cero,</em> hoy se viene a decir que nada ha cambiado, y que lo que pasó una &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21837/la-tela-de-arana-rusa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José María Ridao</strong> (EL PAÍS, 22/08/08):</p>
<p>Es sorprendente el cambio en la retórica para describir la realidad internacional operado en apenas unos meses, unos pocos años como mucho: de insistir en la idea de que el mundo vivía una nueva era se ha pasado a hablar otra vez de Guerra fría y a comparar Osetia con los Sudetes. Si antes se cometía el error de prescindir de toda la experiencia internacional acumulada por la vía de imaginar un mundo inédito, un imposible <em>año cero,</em> hoy se viene a decir que nada ha cambiado, y que lo que pasó una vez sigue y seguirá pasando hasta la consumación de los siglos, como si Gobiernos y ciudadanos no fueran más que simples personajes, simples marionetas, de un guión invariable y escrito de antemano. El ataque de Georgia contra Osetia y la brutal respuesta rusa son, sin embargo, episodios de este tiempo, que se explican por decisiones adoptadas, también en este tiempo y que, por descontado, sólo con respuestas de este tiempo y para este tiempo podrán ser neutralizados o, por el contrario, convertidos en los prolegómenos de algo peor.</p>
<p>A pesar de las provocaciones de las autoridades de Osetia con el beneplácito de las tropas de pacificación rusas -ése era el caprichoso título que le concedieron los acuerdos de Dagomis en 1992-, Georgia no debió recurrir a la fuerza para restablecer su soberanía. No debió hacerlo estando fuera de la Alianza Atlántica ni tampoco en el supuesto de que, después de la reunión de Bucarest, hubiera estado dentro. Algunos analistas consideran, con todo, que la pertenencia de Georgia a la OTAN hubiera disuadido a Rusia de intervenir. Pero lo que no tienen en cuenta es que las escaramuzas entre osetios y georgianos han sido constantes, y que, al incorporar a un nuevo miembro cuya situación no era sin duda de guerra, pero tampoco de paz, la Alianza se vería obligada a una de dos alternativas: o hacer la vista gorda y faltar a la solidaridad obligada con uno de sus aliados, perdiendo la credibilidad, o meterse de hoz y coz en un conflicto en marcha, con todas sus consecuencias. Esta última era una opción; arriesgada, pero una opción. Para haberla aprobado no bastaba, sin embargo, con calcular que Rusia se achantaría, como se da por supuesto en demasiadas ocasiones; si se quería salir del terreno de las baladronadas y pasar al de la estrategia, había que estar dispuesto a precipitarse en un eventual conflicto y tener una probabilidad razonable de ganarlo. Con los frentes de Irak y Afganistán abiertos, no era, cuando menos, un cálculo sencillo.</p>
<p>La facilidad con que Rusia ha invadido Georgia, y la insolencia con que mantiene allí sus tropas, no son la causa de su renovada preeminencia internacional; son, si acaso, el humillante certificado de que el mundo unipolar terminó el 8 de agosto, encaminándose hacia una bipolaridad más inestable que la anterior. La preeminencia de Rusia, por su parte, viene fraguándose desde hace años, concretamente desde que Putin sucedió a Yeltsin y comenzó a erigir un Estado personalista y con fuertes tintes autoritarios ante la indiferencia general. Pese a que la oposición era hostigada, los periodistas independientes asesinados y encarcelados los nuevos ricos que podían hacer sombra al poder, Rusia fue sucesivamente admitida en foros internacionales en los que, hasta entonces, sólo participaban potencias democráticas. En principio, únicamente se pretendía retribuir a Putin por su actitud en la insensata &#8220;guerra contra el terrorismo&#8221;; una &#8220;guerra&#8221; que, en su traducción rusa, había significado la destrucción a sangre y fuego de Chechenia, también ante la indiferencia general.</p>
<p>Fue en estos inicios donde Putin encontró los puntos de apoyo necesarios para ir tejiendo la tela de araña en la que hoy se encuentran atrapados Estados Unidos y la Unión Europea, además de Naciones Unidas y la Alianza Atlántica. A estos puntos de apoyo vino a sumarse, después, la gestión que Putin ha llevado a cabo de las ingentes reservas energéticas de Rusia. Desde el primer momento, su objetivo no fue, simplemente, incorporar a Rusia a un mercado que podía reportarle ingentes beneficios económicos. El cálculo de Putin iba más lejos: las reservas eran, sobre todo, una baza estratégica capaz de neutralizar, de condenar al silencio, a algunas de las principales potencias europeas. De manera incomprensible, éstas se dejaron apresar, interpretando las compras de combustible ruso dentro de una estricta lógica económica y desentendiéndose en gran medida de la dimensión estratégica que Putin iba introduciendo. Y, por si esto fuera poco, esas mismas potencias, ahora también con el apoyo de Estados Unidos, se permitieron cuestionar algunos principios internacionales que, si a alguien refrenaban, era sobre todo a Putin y su expeditiva manera de resolver los problemas territoriales. Pero conviene no llamarse a engaño: la independencia de Kosovo, acertada o no, no fue un precedente para Rusia; fue una coartada. Rusia no se opuso porque defendiera el principio de la integridad territorial, sino porque Serbia era su amigo. Cuando en lugar de Serbia se trata de Georgia, Rusia apoya la segregación de Osetia y Abjazia.</p>
<p>Nada más iniciarse las hostilidades en Georgia, la Unión Europea respondió con graves errores, por un lado, y con beatíficas inanidades por otro. Entre éstas se encuentra la decisión de los ministros europeos de Asuntos Exteriores de aceptar el envío de observadores. Pero a observar ¿qué?, ¿en el marco de qué solución? Y en el capítulo de los errores hay que contar el precipitado viaje de la presidencia de turno europea para obtener un alto el fuego.</p>
<p>La iniciativa de exigirlo era razonable, además de humanamente imprescindible, pero no la de pactar con Moscú unas condiciones que no eran otras que las que el propio Moscú exigía. Para ese viaje, no hacía falta que la Unión le prestase a Putin y Medvédev las alforjas. Porque, al prestárselas, la Unión Europea se subrogaba implícitamente en la posición de Georgia, y las muchas humillaciones que Rusia está dispuesta a infligir a la antigua república soviética se traslada, en todo o en parte, a la Unión Europea y, en la medida en que Estados Unidos se ha hecho partícipe de esas condiciones, también a Estados Unidos.</p>
<p>El error se ha intentado corregir en el Consejo de Seguridad, a través de un borrador de Resolución que sólo incluye dos de los seis puntos pactados con Moscú. La reacción de Rusia no se ha hecho esperar: ¿por qué dos puntos y no los seis, en particular el referido a la discusión internacional del futuro de Osetia y Abjazia? De nuevo, la tela de araña tejida por Putin ha atrapado a la Unión Europea, colocándola en una posición contradictoria.</p>
<p>Después de este cúmulo de pasos en falso, la nueva equivocación, la equivocación que podría resultar fatal a medio plazo, consistiría en no prever los efectos que la nueva situación internacional, la emergente e inquietante nueva bipolaridad, puede proyectar sobre otros escenarios de crisis. Si antes eran limitadas las posibilidades de detener el programa nuclear iraní, incluso bajo la amenaza de un ataque a las instalaciones, ahora también ese horizonte, por lo demás indeseable, puede quedar en entredicho. Irán se encuentra con un margen más amplio para seguir enriqueciendo uranio y, por tanto, en mejor posición para plantear la discusión en los términos que busca: no se trataría, según sus planes, de detener o no el programa nuclear, sino de negociar en qué punto lo detiene. Y, aunque el auténtico problema es éste, aunque el riesgo más acuciante tiene que ver, en efecto, con la proliferación en Oriente Próximo, no puede perderse de vista que la humillación de Estados Unidos y la Unión Europea a manos de Rusia da alas a los grupos terroristas e insurgentes. No son más que trágicas chispas, pero chispas en un polvorín cada vez más cebado.</p>
<p>No se podrá formular una estrategia eficaz contra una Rusia en rumbo al autoritarismo si se intentan prolongar los errores cometidos hasta ahora. Irak y Afganistán no pueden seguir como frentes abiertos en los que Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN no logran vencer, aunque tampoco sean derrotados. Y es que para vencer es preciso definir en qué consiste la victoria, y también en qué ámbito contribuyen a ella los ejércitos y en qué ámbito la política y la diplomacia. Decir que se está en Irak y Afganistán para defender la libertad, luchar contra el terrorismo o llevar la democracia, es confundir esos ámbitos, empantanándose en conflictos que impiden a la vez seleccionar las prioridades y recuperar la capacidad de disuasión. Sin prioridades definidas y sin capacidad de disuasión, la tela de araña rusa no sólo atrapa, sino que puede arrastrar al precipicio.</p>
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		<title>Russia Never Wanted a War</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Aug 2008 21:51:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Mikhail Gorbachev</strong>, the former president of the Soviet Union. This article was translated by Pavel Palazhchenko from the Russian (THE NEW YORK TIMES, 20/08/08):</p>
<p>The acute phase of the crisis provoked by the Georgian forces’ assault on Tskhinvali, the capital of <a title="More news and information about South Ossetia." href="http://topics.nytimes.com/top/news/international/countriesandterritories/georgia/south_ossetia/index.html?inline=nyt-geo">South Ossetia</a>, is now behind us. But how can one erase from memory the horrifying scenes of the nighttime rocket attack on a peaceful town, the razing of entire city blocks, the deaths of people taking cover in basements, the destruction of ancient monuments and ancestral graves?</p>
<p><a title="More news and information about Russia and the Post-Soviet Nations." href="http://topics.nytimes.com/top/news/international/countriesandterritories/russiaandtheformersovietunion/index.html?inline=nyt-geo">Russia</a> did not want this crisis. The Russian leadership &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21817/russia-never-wanted-a-war/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Mikhail Gorbachev</strong>, the former president of the Soviet Union. This article was translated by Pavel Palazhchenko from the Russian (THE NEW YORK TIMES, 20/08/08):</p>
<p>The acute phase of the crisis provoked by the Georgian forces’ assault on Tskhinvali, the capital of <a title="More news and information about South Ossetia." href="http://topics.nytimes.com/top/news/international/countriesandterritories/georgia/south_ossetia/index.html?inline=nyt-geo">South Ossetia</a>, is now behind us. But how can one erase from memory the horrifying scenes of the nighttime rocket attack on a peaceful town, the razing of entire city blocks, the deaths of people taking cover in basements, the destruction of ancient monuments and ancestral graves?</p>
<p><a title="More news and information about Russia and the Post-Soviet Nations." href="http://topics.nytimes.com/top/news/international/countriesandterritories/russiaandtheformersovietunion/index.html?inline=nyt-geo">Russia</a> did not want this crisis. The Russian leadership is in a strong enough position domestically; it did not need a little victorious war. Russia was dragged into the fray by the recklessness of the Georgian president, <a title="More articles about Mikhail Saakashvili." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/s/mikhail_saakashvili/index.html?inline=nyt-per">Mikheil Saakashvili</a>. He would not have dared to attack without outside support. Once he did, Russia could not afford inaction.</p>
<p>The decision by the Russian president, <a title="More articles about Dmitri A. Medvedev." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/m/dmitri_a_medvedev/index.html?inline=nyt-per">Dmitri Medvedev</a>, to now cease hostilities was the right move by a responsible leader. The Russian president acted calmly, confidently and firmly. Anyone who expected confusion in Moscow was disappointed.</p>
<p>The planners of this campaign clearly wanted to make sure that, whatever the outcome, Russia would be blamed for worsening the situation. The West then mounted a propaganda attack against Russia, with the American news media leading the way.</p>
<p>The news coverage has been far from fair and balanced, especially during the first days of the crisis. Tskhinvali was in smoking ruins and thousands of people were fleeing — before any Russian troops arrived. Yet Russia was already being accused of aggression; news reports were often an embarrassing recitation of the Georgian leader’s deceptive statements.</p>
<p>It is still not quite clear whether the West was aware of Mr. Saakashvili’s plans to invade South Ossetia, and this is a serious matter. What is clear is that Western assistance in training Georgian troops and shipping large supplies of arms had been pushing the region toward war rather than peace.</p>
<p>If this military misadventure was a surprise for the Georgian leader’s foreign patrons, so much the worse. It looks like a classic wag-the-dog story.</p>
<p>Mr. Saakashvili had been lavished with praise for being a staunch American ally and a real democrat — and for helping out in Iraq. Now America’s friend has wrought disorder, and all of us — the Europeans and, most important, the region’s innocent civilians — must pick up the pieces.</p>
<p>Those who rush to judgment on what’s happening in the Caucasus, or those who seek influence there, should first have at least some idea of this region’s complexities. The Ossetians live both in Georgia and in Russia. The region is a patchwork of ethnic groups living in close proximity. Therefore, all talk of “this is our land,” “we are liberating our land,” is meaningless. We must think about the people who live on the land.</p>
<p>The problems of the Caucasus region cannot be solved by force. That has been tried more than once in the past two decades, and it has always boomeranged.</p>
<p>What is needed is a legally binding agreement not to use force. Mr. Saakashvili has repeatedly refused to sign such an agreement, for reasons that have now become abundantly clear.</p>
<p>The West would be wise to help achieve such an agreement now. If, instead, it chooses to blame Russia and re-arm Georgia, as American officials are suggesting, a new crisis will be inevitable. In that case, expect the worst.</p>
<p>In recent days, Secretary of State <a title="More articles about Condoleezza Rice." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/r/condoleezza_rice/index.html?inline=nyt-per">Condoleezza Rice</a> and President Bush have been promising to isolate Russia. Some American politicians have threatened to expel it from the <a title="More articles about Group of Eight" href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/organizations/g/group_of_eight/index.html?inline=nyt-org">Group of 8</a> industrialized nations, to abolish the <a title="More articles about the North Atlantic Treaty Organization." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/organizations/n/north_atlantic_treaty_organization/index.html?inline=nyt-org">NATO</a>-Russia Council and to keep Russia out of the <a title="More articles about the World Trade Organization." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/organizations/w/world_trade_organization/index.html?inline=nyt-org">World Trade Organization</a>.</p>
<p>These are empty threats. For some time now, Russians have been wondering: If our opinion counts for nothing in those institutions, do we really need them? Just to sit at the nicely set dinner table and listen to lectures?</p>
<p>Indeed, Russia has long been told to simply accept the facts. Here’s the independence of Kosovo for you. Here’s the abrogation of the Antiballistic Missile Treaty, and the American decision to place missile defenses in neighboring countries. Here’s the unending expansion of NATO. All of these moves have been set against the backdrop of sweet talk about partnership. Why would anyone put up with such a charade?</p>
<p>There is much talk now in the United States about rethinking relations with Russia. One thing that should definitely be rethought: the habit of talking to Russia in a condescending way, without regard for its positions and interests.</p>
<p>Our two countries could develop a serious agenda for genuine, rather than token, cooperation. Many Americans, as well as Russians, understand the need for this. But is the same true of the political leaders?</p>
<p>A bipartisan commission led by Senator <a title="More articles about Chuck Hagel." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/h/chuck_hagel/index.html?inline=nyt-per">Chuck Hagel</a> and former Senator <a title="More articles about Gary Hart." href="http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/h/gary_hart/index.html?inline=nyt-per">Gary Hart</a> has recently been established at Harvard to report on American-Russian relations to Congress and the next president. It includes serious people, and, judging by the commission’s early statements, its members understand the importance of Russia and the importance of constructive bilateral relations.</p>
<p>But the members of this commission should be careful. Their mandate is to present “policy recommendations for a new administration to advance America’s national interests in relations with Russia.” If that alone is the goal, then I doubt that much good will come out of it. If, however, the commission is ready to also consider the interests of the other side and of common security, it may actually help rebuild trust between Russia and the United States and allow them to start doing useful work together.</p>
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		<title>De Praga a Gori</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Aug 2008 20:14:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Elorza</strong>, catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense (EL CORREO DIGITAL, 19/08/08):</p>
<p>El viejo topo tiene a veces ocurrencias macabras. ¿Quién le iba a decir a Stalin que el más fiel de sus sucesores políticos bombardearía Gori, la que fue su ciudad natal? Y sobre todo, ¿quién podía suponer que una insensata y también brutal acción del presidente de Georgia, Saakashvili, haría posible que casi cuarenta años día por día después de la ocupación militar de Praga, el 20 de agosto de 1968, Rusia tuviera ocasión de invadir otro país soberano?</p>
<p>Más allá de las coincidencias, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21775/de-praga-a-gori/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Elorza</strong>, catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense (EL CORREO DIGITAL, 19/08/08):</p>
<p>El viejo topo tiene a veces ocurrencias macabras. ¿Quién le iba a decir a Stalin que el más fiel de sus sucesores políticos bombardearía Gori, la que fue su ciudad natal? Y sobre todo, ¿quién podía suponer que una insensata y también brutal acción del presidente de Georgia, Saakashvili, haría posible que casi cuarenta años día por día después de la ocupación militar de Praga, el 20 de agosto de 1968, Rusia tuviera ocasión de invadir otro país soberano?</p>
<p>Más allá de las coincidencias, no faltan elementos de continuidad y de ruptura. ¿Rupturas? La más notable es la diferencia entre lo sucedido en Praga, una crisis interior del mundo comunista, donde las potencias occidentales tuvieron buen cuidado de no ofrecer pretextos a Moscú para sacar sus tanques, y la gestación del desastre de Osetia. Parece absurdo pensar que Estados Unidos animase a Saakashvili a dar su salto en el vacío, en la creencia de que Putin iba a aceptar el hecho consumado. Pero sí hay que cargar en la cuenta de Bush la responsabilidad última de lo ocurrido en su enésimo error estratégico, que además en este caso ha consistido en una cadena de disparates.</p>
<p>El primero, el espectáculo de su visita a Tiflis en 2005, ensalzando al dudoso demócrata que es Saakashvili para empujarle a formar parte de lo que Putin estima que es un cerco militar a Rusia. Nada mejor para que el líder ruso decidiera hacer todo lo posible en lo sucesivo para evitarlo y, si había ocasión, darle el castigo debido a Georgia, como lo habría hecho el «maravilloso georgiano».<br />
El segundo, compartido por otros países europeos, el apoyo a la independencia de Kosovo, con total ignorancia de lo que representa históricamente Serbia para Rusia y de la humillación que supuso para Putin ver ignoradas todas sus advertencias sobre el tema. Consecuencia en que coincide la práctica totalidad de los observadores: si la OTAN se salta todos los acuerdos internacionales y los derechos de los serbios de Mitrovica en Kosovo, ¿por qué no hacer lo mismo en Georgia? Dicho con una expresión castiza, Bush y quienes le siguieron, la UE, han puesto de relieve en el asunto de Kosovo que no ven un palmo más allá de sus narices.</p>
<p>El tercero y más inexplicable, cuando Bush se encuentra al lado de Putin en Pekín, y tiene conocimiento tanto de la invasión georgiana como de la pronta respuesta rusa, no se le ocurre otra cosa que charlar con Putin -¿de qué, de las hazañas previsibles de Phelps?- y hacer una declaración a favor de la integridad territorial de Georgia, provocación inocua, en vez de comprometerse con Putin a que sería él quien intervendría de inmediato para lograr que Saakashvili cortase de cuajo su agresión, pues no otra cosa es afirmar un derecho a cañonazos. A estas alturas, ¿no se ha enterado Bush de la desproporción de recursos militares entre Rusia y Georgia, y de cómo Putin aplastó a los rebeldes chechenos, sin detenerse ante la comisión sistemática de crímenes contra la Humanidad? Después del éxito que tuvo al recuperar un pedacito de Abjazia en 2006, sin darse cuenta de que ahora Osetia del Sur estaba prácticamente ocupada y tenía frontera inmediata con Rusia, ¿no pensó Saakashvili que iba directo al suicidio? Un suicidio a costa de sus ciudadanos y de los osetios: los miles de refugiados hacia el norte del primer día no engañan. Son cuestiones que, como el grado de violencia utilizada por los georgianos en la toma de la capital osetia, esperan todavía un análisis para fijar las innegables responsabilidades.</p>
<p>En suma, una vez más, las decisiones de Bush en política exterior han tenido un grave efecto bumerán para los intereses de su país y de todo Occidente. Fue la ocasión óptima que Putin esperaba para ajustarles las cuentas a los georgianos por su deriva hacia la OTAN y lo ha hecho aplicando la ley del Talión: Gori ha pagado por Tsijnvali. El vocabulario utilizado por Putin y &#8216;su&#8217; presidente muestra hasta qué punto su posición respecto de Estados Unidos es antagónica: las referencias al «genocidio» cometido y a la criminalidad de Saakashvili, nuevo Sadam Hussein, eran miméticas respecto de los argumentos utilizados por Bush para la invasión de Irak. En buen heredero de Stalin, para Putin las normas internacionales -respeto de la soberanía de los Estados y a la vida de los civiles- no cuentan cuando como en este caso surge la ocasión de aplicar la fuerza. Menos mal que la agilidad diplomática de Sarkozy, apoyándose en los argumentos esgrimidos por Putin sobre su voluntad de protección, no de conquista, ha permitido aminorar el desastre, impidiendo una ocupación total de Georgia.</p>
<p>Así que vuelve esa lógica de imperio por parte de Rusia, que sorprendentemente el propio Stalin asumía en los años 30 para justificar el aniquilamiento de reales y supuestos enemigos interiores: con todos sus defectos, los zares habían logrado para Rusia un inmenso territorio que a toda costa había que preservar. Tras la invasión de Checoslovaquia (agosto del 68), en las conversaciones de Moscú, Brezhnev utilizará ante Dubcek un argumento similar para legitimar aquélla: con millones de muertos, la URSS había llevado sus fronteras al centro de Europa y por nada estaba dispuesta a retroceder. En sus propias palabras, Putin se ha mostrado siempre heredero de esa visión imperial. En su calidad de miembro del KGB, asistió a la caída del muro de Berlín, que le produjo un hondo dolor, y es sabido que el desmembramiento de la URSS lo considera «una catástrofe geoestratégica» para su país. Chechenia fue el primer banco de prueba para exhibir una firmeza inexorable en esa dirección, y la victoria en la crisis de Georgia lo confirma, así como la inevitable lógica de confrontación con Occidente que bajo un liderazgo insensato le ha proporcionado, de Kosovo a Osetia, las razones para poner en marcha la resurrección de la política de Moscú interrumpida en 1989.</p>
<p>En vez de ensayar la integración de Rusia en un entramado común de intereses y de poder, Bush trató a Moscú como una amenaza potencial para el futuro, y por ahora, como un adversario impotente. Llegada la crisis, en términos literales, Putin estuvo así en condiciones de hacer lo que desde el principio le pedía el cuerpo (y que por otra parte tenía precedentes en los primeros 90 respecto de Georgia: sin la intervención encubierta rusa no habrían triunfado entonces las dos secesiones, la de Osetia del Sur y la de Abjazia, donde casi la mitad de la población era georgiana, más del doble de la abjazia, cosa que se olvida al hablar del tema).</p>
<p>Y con la lógica del imperio, vuelve también, ahora abiertamente, una política exterior de áreas de influencia y atención exclusiva al propio poder. Nada hay que esperar de Rusia en el tema del camino hacia la bomba de Irán ni, al lado aquí de China, en ninguna de las causas del tipo Birmania o Darfur, donde la afirmación de los derechos humanos pueda desembocar en cambios favorables para los intereses exteriores norteamericanos.<br />
Sólo hay una razón para felicitarse: el próximo relevo en la presidencia de EE UU.</p>
<p>¡Adiós, Bush, adiós!</p>
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		<title>Guerra en Georgia</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Aug 2008 14:38:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pascal Boniface</strong>, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 19/08/08):</p>
<p>La mayoría de comentarios de los medios de comunicación occidentales sobre el conflicto que opone Georgia a Rusia a propósito de Osetia del Sur dibujan un enfrentamiento desigual entre una gran potencia y un pequeño país democrático que merece una respuesta solidaria.</p>
<p>Las cosas son seguramente un poco más complicadas, más allá de la valoración del carácter del régimen georgiano.</p>
<p>Si bien es verdad que desde hace tres o cuatro años se asiste a un regreso &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21798/guerra-en-georgia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pascal Boniface</strong>, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 19/08/08):</p>
<p>La mayoría de comentarios de los medios de comunicación occidentales sobre el conflicto que opone Georgia a Rusia a propósito de Osetia del Sur dibujan un enfrentamiento desigual entre una gran potencia y un pequeño país democrático que merece una respuesta solidaria.</p>
<p>Las cosas son seguramente un poco más complicadas, más allá de la valoración del carácter del régimen georgiano.</p>
<p>Si bien es verdad que desde hace tres o cuatro años se asiste a un regreso con brío de Rusia a la escena internacional y Moscú emplea crecientemente un lenguaje de fuerza, es realmente Georgia la que tomó la iniciativa de desencadenar las hostilidades lanzando un ataque contra los separatistas osetios el mismo día de la apertura de los Juegos Olímpicos.</p>
<p>El presidente Saakashvili ha cometido un grave error de análisis. Ciertamente se las ha arreglado para consolidar su poder interno galvanizando la unión nacional. Sin embargo, ¿esperaba que Moscú no reaccionara? ¿Confiaba en que en caso contrario contaría con un respaldo firme de sus aliados occidentales, con Estados Unidos a la cabeza? ¿Quería obligar a Washington a actuar a su pesar aprovechando los últimos meses de la presencia de George W. Bush en la Casa Blanca?</p>
<p>No era menester ser un gran experto para saber que el Kremlin no se sentiría suficientemente impresionado por la tregua olímpica como para permitir que las fuerzas georgianas reconquistaran Osetia: habría sido una enorme confesión de debilidad que el nuevo presidente Medvedev no podía ni quería permitirse. Rusia había lanzado advertencias suficientemente numerosas como para disipar cualquier ilusión o espejismo. La correlación de fuerzas militares se inclina indiscutiblemente en favor de Moscú, sabiamente consciente de que en el peor de los casos los países occidentales respaldarán moralmente a Tiflis pero evitarán cuidadosamente involucrarse directamente en el plano militar, postura que les enfrentaría a Rusia.</p>
<p>Lo más previsible, en consecuencia, es que el control directo de Rusia o bien por aliados interpuestos sobre Osetia o sobre la otra región separatista georgiana Abjasia se reforzará especialmente. Cabe preguntarse si el gesto irreflexivo del presidente Saakashvili anuncia el final de las esperanzas de ver restablecida la soberanía georgiana en estos territorios. Los países occidentales alegarán indudablemente la necesidad de respetar la integridad territorial de Georgia. Pero, aparte de que no disponen de instrumento específico alguno para imponerla a Rusia, esta última cuidará de recordar en todo momento que tal principio no se juzgó sacrosanto en el caso de Serbia cuando la mayoría de ellos reconocieron la independencia de Kosovo.</p>
<p>Georgia puede asimismo ir arrinconando su sueño de ser admitida en el seno de la OTAN. Desde luego, podrá afirmar que la amenaza rusa que invoca desde hace mucho tiempo para justificar el ingreso en la Alianza Atlántica ha resultado ser muy tangible. Sin embargo, mediante su iniciativa el presidente georgiano no ha incrementado indudablemente los deseos de algunos países miembros de la Alianza de admitir en su seno a un país capaz de desencadenar un conflicto armado con Rusia.</p>
<p>La guerra ha regresado aparatosamente a Europa. No obstante, y aunque lo peor no debe descartarse nunca, este conflicto debería poder solucionarse a través de una mediación internacional plausiblemente en términos mucho más próximos a los deseados por Moscú que por Tiflis. Los rusos no han desdeñado la oportunidad de mostrar a las claras que su declive estratégico de los años noventa (mientras asistían impotentes a las sucesivas ampliaciones de la OTAN y a la guerra de Kosovo) ha terminado. Ya no están a la defensiva en ese plano estratégico y rechazan los razonamientos morales que califican de geometría variable de los occidentales.</p>
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		<title>La frontera de la nueva guerra fría</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Aug 2008 21:22:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Josep Borrell</strong>, presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo (EL PERIÓDICO, 18/08/08):</p>
<p>¿Cómo pudo pensar Mijail Saakashvili que la Rusia de Vladimir Putin no reaccionaría al ataque de las tropas georgianas a la separatista Osetia y a la destrucción de Tsjinvali? Era minusvalorar la voluntad de Moscú de jugar fuerte como potencia militar y su rechazo a la extensión de la OTAN por su flanco sur. Y más aún tras la solución dada a Kosovo por EEUU y la UE, que Rusia ha considerado un precedente para otras situaciones más o menos parecidas.<br />
En su respuesta &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21731/la-frontera-de-la-nueva-guerra-fria/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Josep Borrell</strong>, presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo (EL PERIÓDICO, 18/08/08):</p>
<p>¿Cómo pudo pensar Mijail Saakashvili que la Rusia de Vladimir Putin no reaccionaría al ataque de las tropas georgianas a la separatista Osetia y a la destrucción de Tsjinvali? Era minusvalorar la voluntad de Moscú de jugar fuerte como potencia militar y su rechazo a la extensión de la OTAN por su flanco sur. Y más aún tras la solución dada a Kosovo por EEUU y la UE, que Rusia ha considerado un precedente para otras situaciones más o menos parecidas.<br />
En su respuesta al ataque georgiano contra sus protegidos osetios, el gigante militar ruso ha querido castigar a la pequeña Georgia para que sirva de aviso a todos los navegantes por las turbulentas tierras del Cáucaso sur. Y sus tropas no han aceptado un alto el fuego hasta que han conseguido crear un cinturón de seguridad al sur de Osetia y Abjasia para impedir que Georgia vuelva a las andadas.</p>
<p>RUSIA NO esperaba más que una ocasión, como la que le ha brindado Saakashvili para demostrar que ese gran cartel con la imagen de Putin, &#8220;nuestro protector&#8221;, que recibe al viajero al entrar en Osetia, responde a una realidad dispuesta a convertirse en acción. Y Georgia no podía esperar una respuesta parecida del otro gran cartel con la imagen de Bush, &#8220;nuestro presidente&#8221;, a la salida del aeropuerto de Tiflis.<br />
EEUU ha hecho todo para penetrar en el continente euroasiático a través de las exrepúblicas soviéticas, y Georgia y Ucrania eran considerados en Washington como los alumnos aventajados de esa estrategia. La revolución de la rosas en el 2003, prólogo de otras revoluciones coloreadas en la región, desplazó a Georgia del área de influencia soviética encarnada por el viejo Shevardnadze, último ministro de Exteriores de la URSS, a la americana de Saakashvili, entonces joven abogado neoyorquino. Y nada desea más Georgia que ingresar en la OTAN y reforzar su alianza con EEUU, al que ha ofrecido sus soldados en Irak y su territorio para instalar el escudo antimisiles rechazado por Moscú<br />
Por ello, Georgia, de alguna manera, juega en la nueva geopolítica el papel de Cuba durante los enfrentamientos de la vieja guerra fría. Hoy el Cáucaso es la frontera de una nueva guerra fría que amenaza con volverse caliente.<br />
Saakashvili puede clamar que lo ocurrido no afecta solo a Georgia, sino también a EEUU y a los valores del &#8220;mundo libre&#8221;.El discurso de Bush en Tiflis en el 2005, llamando a Georgia &#8220;faro de la libertad&#8221;, y su proximidad a la OTAN pudo hacerle creer que tenía margen de maniobra para atacar el primero. Pero por el momento solo puede esperar reacciones verbales de unos EEUU en plena campaña electoral y poco deseosos de sumar un nuevo conflicto a los dramas de Irak y Afganistán.<br />
Esta corta pero brutal guerra en el Cáucaso muestra un nuevo fracaso de la política exterior del segundo mandato de Bush. EEUU tendrá ahora la tentación de culpar a los europeos por haber rechazado en abril un plan de acción para la entrada de Georgia en la OTAN, enviando así un mensaje de debilidad que Putin ha entendido bien. Pero, y sobre todo después de lo ocurrido, solo Europa puede tener un papel de estabilización en la región, tanto por su política de vecindad con los estados del Cáucaso como por sus relaciones económicas y energéticas con Rusia.<br />
Así lo ha demostrado la rápida mediación de la presidencia francesa de la UE. Hará falta que la creciente dependencia europea del gas ruso &#8211;40 % de las importaciones&#8211;, pero muy diferente según los países, no debilite esta capacidad de influir. En realidad, las nuevas rutas del gas y el petróleo tienen mucho que ver con la exacerbación de conflictos que suman a sus viejas raíces históricas nuevas realidades geoestratégicas.<br />
El oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (Turquía), que lleva el petróleo de Azerbaiyán a Europa, evitando su paso por Armenia, la gran aliada de Rusia en la región, ha constituido para esta un agravio mayor que para Polonia el gasoducto ruso-germano que pasa por el fondo del Báltico para evitar su territorio.<br />
Así, a los problemas interétnicos se suman los de seguridad frente a la amenaza terrorista y al conflicto con Irán. Hoy, 16 años después de una independencia conquistada por la fuerza, todos los países del Cáucaso sur se enfrentan a una tensión geopolítica que suma los llamados &#8220;conflictos congelados&#8221;, entre Rusia y Georgia por Osetia y Abjasia, y del Alto Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, con las guerras del gas, la nueva rivalidad entre EEUU y Rusia, el proceso de adhesión de Turquía a la UE y la crisis nuclear con Irán. Todos esos países participan del mosaico de etnias y religiones de ese laberinto de la historia que es el Cáucaso sur, al que se puede llamar con razón los Balcanes euroasiáticos.</p>
<p>LO ÚNICO que ha impedido que ese avispero explotara en conflictos mayores ha sido su fuerte crecimiento económico, a pesar de la falta de cooperación entre los tres países, que ha impedido un mínimo de integración regional. Pero si la guerra abierta detiene la expansión económica, lo peor estará por venir.<br />
Hoy por hoy, lo mejor que se podía esperar de los &#8220;conflictos congelados&#8221; del Cáucaso es que siguieran congelados y que la guerra fría no se volviera caliente. Para evitar más sufrimientos humanos como los causados por una guerra desatada, quizá no por casualidad, cuando el mundo occidental se va de vacaciones, se inician los Juegos de Pekín y EEUU se sumerge en su campaña electoral, hará falta un gran sentido de responsabilidad por parte de todos los que se sientan encima de ese barril de pólvora. Y la capacidad de los europeos de desempeñar el papel que la historia espera de nuestra Unión.</p>
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		<title>Europe Gets Started On Quelling a Crisis</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Aug 2008 20:31:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Política Exterior]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Nicolas Sarkozy</strong>, president of France. This column is published today in the French newspaper <em>Le Figaro</em> (THE WASHINGTON POST, 18/08/08):</p>
<p>The time will come when the sequence of events and responsibilities can be established in an indisputable and impartial manner: several weeks of provocations and skirmishes along the lines separating South Ossetia from the rest of Georgia; the thoughtless Georgian military intervention in South Ossetia the night of Aug. 7-8; the brutal and disproportionate response of Russian troops, driving the small Georgian army from South Ossetia and dislodging it from Abkhazia &#8212; the other separatist province, where it &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21716/europe-gets-started-on-quelling-a-crisis/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Nicolas Sarkozy</strong>, president of France. This column is published today in the French newspaper <em>Le Figaro</em> (THE WASHINGTON POST, 18/08/08):</p>
<p>The time will come when the sequence of events and responsibilities can be established in an indisputable and impartial manner: several weeks of provocations and skirmishes along the lines separating South Ossetia from the rest of Georgia; the thoughtless Georgian military intervention in South Ossetia the night of Aug. 7-8; the brutal and disproportionate response of Russian troops, driving the small Georgian army from South Ossetia and dislodging it from Abkhazia &#8212; the other separatist province, where it had regained a foothold in 2006 &#8212; before occupying part of the rest of Georgian territory.</p>
<p>As the world was confronted with this outburst of violence, there were more urgent matters. As soon as hostilities broke out, France and Europe engaged in a full-fledged diplomatic effort. The first priority was to obtain a cease-fire, end the suffering of populations and stop the destruction. For that, conditions had to be created ensuring that both the Russians and Georgians would accept the cease-fire. Against the advice of many, who assured us we would fail, I and my foreign minister, <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Bernard+Kouchner?tid=informline">Bernard Kouchner</a>, traveled to Moscow and Tbilisi on Aug. 12, armed with proposals to convince the Russians that it was past time for them to lay down their weapons and to convince the Georgians that they had still more to lose by continuing to fight. My long conversations with <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Dmitry+Medvedev?tid=informline">Dmitry Medvedev</a> and <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Vladimir+Putin?tid=informline">Vladimir Putin</a> at <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Moscow+Kremlin?tid=informline">the Kremlin</a> during the day and with <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Mikhail+Saakashvili?tid=informline">Mikheil Saakashvili</a> in Tbilisi during the night finally made it possible to gain the two parties&#8217; agreement to a six-point plan to end the crisis.</p>
<p>This plan did not solve everything. It did not aim to. But it did get the parties to agree to the cease-fire. The signatures of Presidents Medvedev and Saakashvili, and myself, on behalf of the <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/European+Union?tid=informline">European Union</a>, allow the withdrawal of Russian forces to the positions they had held before hostilities broke out, in line with the assurances I was given by President Medvedev.</p>
<p>This withdrawal has to be carried out without delay. For me, this point is not negotiable. It must extend to all Russian forces that have entered into Georgia since Aug. 7. If this clause of the cease-fire agreement is not abided by rapidly and completely, I will be prompted to convene an extraordinary meeting of the European Council to decide about the consequences that should follow.</p>
<p>Beyond the withdrawal, much remains to be done to stabilize the situation in a lasting manner. A <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/United+Nations+Security+Council?tid=informline">U.N. Security Council</a> resolution will have to consolidate these first achievements by giving them universal legal force. International arrangements must be established to separate the parties and to verify that they are fulfilling their commitments. The international community must rally to the aid of displaced persons and refugees and help Georgia recover from the destruction. We must also determine whether Russia&#8217;s intervention was a one-time, brutal &#8212; and excessive &#8212; response, or whether it is ushering in a new hardening of Moscow&#8217;s line toward its neighbors and toward the international community, which would inevitably have consequences for its relationship with the European Union. Russia must realize that it will be all the more heeded and respected as it makes a responsible, constructive contribution to resolving the problems of our time.</p>
<p>But there are lessons we can draw from this crisis. First, the European Union rose to the occasion. At the behest of the French presidency, Europe put itself on the front lines from the outset of hostilities to resolve this conflict &#8212; the third on European soil since the fall of the <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Berlin+Wall?tid=informline">Berlin Wall</a>. Throughout the first phase of this latest crisis, Europe&#8217;s commitment was decisive: It was the European Union, through France, that created a space for diplomacy by quickly proposing reasonable terms for a cease-fire and rendering the political cost of pursuing war exorbitant for both parties. If our efforts finally paid off, it is because Europe &#8212; despite a few differences in tone &#8212; did not limit itself to condemnation. By choosing action and negotiation over rhetoric and mere denunciation, Europe was able to reestablish a positive balance of strength with Russia and to be heard by that country. When the house is burning, the priority is to put out the fire. Europe can be proud of this success, which proves that it can do a lot when it is motivated by a strong political will.</p>
<p>Second, it is notable that had the <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Lisbon+Treaty?tid=informline">Lisbon Treaty</a>, which is in the process of being ratified, already been in force, the European Union would have had the institutions it needs to cope with international crises: a stable president of the European Council acting in close cooperation with the heads of state and government of the most concerned states, as well as a high representative endowed with a real European diplomatic service and considerable financial means in order to put decisions into force in coordination with member states.</p>
<p>I remain convinced that the first mission of the European Union is to protect Europeans. This is exactly what we have been doing in sparing no efforts to calm this new conflict, the consequences of which could be catastrophic were it to prove a sign of a new Cold War.</p>
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		<title>¿Una nueva guerra fría?</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Aug 2008 19:08:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Orden Mundial]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Castells</strong> (LA VANGUARDIA, 16/08/08):</p>
<p>Cuando el 7 de agosto el ejército de Georgia atacó por sorpresa la capital de Osetia del Sur, reduciéndola a escombros y matando al menos a 1.600 civiles, empezó un nuevo episodio en las relaciones entre Rusia y Estados Unidos que algunos observadores interpretan como una nueva guerra fría. La fulminante reacción de Rusia, desmantelando al ejército georgiano en tres días, era de esperar. Desde el fin de la Unión Soviética Estados Unidos ha impuesto su geopolítica a una Rusia debilitada. La guerra de los Balcanes y la secesión de Kosovo fueron una humillación &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21659/%c2%bfuna-nueva-guerra-fria/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Manuel Castells</strong> (LA VANGUARDIA, 16/08/08):</p>
<p>Cuando el 7 de agosto el ejército de Georgia atacó por sorpresa la capital de Osetia del Sur, reduciéndola a escombros y matando al menos a 1.600 civiles, empezó un nuevo episodio en las relaciones entre Rusia y Estados Unidos que algunos observadores interpretan como una nueva guerra fría. La fulminante reacción de Rusia, desmantelando al ejército georgiano en tres días, era de esperar. Desde el fin de la Unión Soviética Estados Unidos ha impuesto su geopolítica a una Rusia debilitada. La guerra de los Balcanes y la secesión de Kosovo fueron una humillación para Rusia. La ascensión de Putin se apoyó en el sentimiento nacionalista ruso que, adoptando la economía de mercado y la sociedad de consumo, no aceptaba sin embargo perder su influencia como país. Aprovechando el temor ancestral de Europa del Este con respecto a Rusia, Estados Unidos y la OTAN han ido estableciendo alianzas militares que han sido percibidas por Rusia como un cerco gradual, simbolizado por el proyectado despliegue de misiles antimisiles y la candidatura de Ucrania a la OTAN. Pero lo inaceptable para Rusia fue el reforzamiento militar de Georgia por parte de Estados Unidos e Israel y el rechazo de la autodeterminación de Abjasia y Osetia del Sur mientras se reconocía el derecho de Kosovo a la independencia. Esta vez Rusia ha dicho basta. En el Cáucaso y en el mundo. La modernización (aún incompleta) del ejército ruso, la consolidación de la autoridad del Estado y la bonanza económica impulsada por los altos precios del petróleo (Rusia es el segundo mayor productor de petróleo y gas en el mundo) sitúan a Rusia de nuevo como poder mundial. Y la Administración Bush, que se inició con la desestabilización del Oriente Medio, puede terminar su triste andanza con una crisis internacional de grandes proporciones.</p>
<p>No está claro por qué el osado presidente Saakashvili empezó una guerra que no podía ganar él solo. Mucha gente, incluido Gorbachov, consideran impensable que lo hiciera sin el consenso de Estados Unidos. Al fin y al cabo, Estados Unidos e Israel llevan años proporcionando armamento de última generación y asistencia militar a Georgia. Estados Unidos para anclar un aliado incondicional en una región estratégica (otro Israel). Israel para proteger el oleoducto que a través de Georgia conduce el petróleo de Azerbaiyán y que representa el 20% de las importaciones de Israel. Parece, sin embargo, que Saakashvili actuó por su cuenta para crear una situación de hecho en la que Estados Unidos tuviese que acudir en su ayuda. Algo difícil, más allá de gestos simbólicos, porque Estados Unidos no está en condiciones económicas o militares de meterse en más aventuras, reservándose como se reserva para una posible confrontación con Irán. En esas condiciones, la crisis podría calmarse. Las tropas rusas podrían retirarse a sus posiciones, Osetia del Sur y Abjasia se reafirmarían en su independencia de hecho bajo protección rusa, y los georgianos, pasado el primer momento de sobresalto nacional, podrían tener dudas sobre las aventuras de su presidente. Sobre todo si se recuerda que hace un año hubo violentos disturbios en Tiflis duramente reprimidos por el Gobierno.</p>
<p>Pero hay quien está por echar leña al fuego. En particular Polonia y las repúblicas bálticas, cuyo nacionalismo antirruso es tanto más virulento cuanto que se sienten protegidas por la Unión Europea y la OTAN. De ahí las peticiones de expulsión de Rusia del Consejo de Europa, la creación de un frente común antirruso de los países vecinos, incluida Ucrania, alineándose con Estados Unidos, y provocaciones como el envío de tropas de Estonia a Georgia en signo de solidaridad militar. Es decir, hay una estrategia deliberada de dirigentes nacionalistas de repúblicas ex soviéticas de llegar a una confrontación con Rusia para obligar a Estados Unidos y a la Unión Europea a defenderlos con todas las consecuencias. Es una estrategia de alto riesgo. Si Georgia hubiera sido miembro de la OTAN como pretendía, con el apoyo de Estados Unidos, el artículo 5 del tratado obliga a los estados miembros a socorrer a uno de sus miembros en caso de invasión de su territorio. Y como Georgia sostiene que Osetia del Sur es su territorio (lo que Rusia, Osetia y Abjasia no reconocen) hubiéramos tenido que entrar en guerra con Rusia (si, usted y yo también como miembros de la OTAN que somos). La Unión Europea puede verse arrastrada a una nueva guerra fría por nacionalismos extremos, como el de Georgia o Estonia, si no se gestiona la situación con cuidado. Es impensable seguir tratando a un país con la fuerza militar, económica, tecnológica, cultural y política que tiene Rusia como si fuera un oso al que hay que hacer bailar al son occidental. La construcción de una relación de cooperación con Rusia es esencial para Europa. Y no puede la Unión Europea entrar en el juego de provocación doble de nacionalismos exacerbados y geopolítica del poder estadounidense. No se puede apoyar la independencia de Kosovo y Chechenia y rechazar la de Abjasia y Osetia. No se puede armar a Georgia con la última tecnología militar y luego condenar la intervención rusa. Y no se puede entrar en la estrategia israelí que utiliza a otros peones para su objetivo final: el ataque a Irán en los próximos meses en medio de una desestabilización general de la región. No, no es una nueva guerra fría. Son las primeras escaramuzas de una guerra caliente en gestación. A menos que Europa frene el proceso y dé tiempo a que Obama llegue a presidente. Si llega, porque uno de los objetivos de esta tensión es favorecer a McCain creando una crisis internacional en la que pueda hacer valer su experiencia y su pasado militar. Saakashvili es una persona inestable que se lanzó a una aventura sin llamar antes a Bush. Pero no es un loco. Así que es probable que alguien lo llamara a él. Un alguien de esa trama que se resiste a dejar de utilizar los atributos imperiales del superpoder.</p>
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		<title>Ridículo estratégico en el Cáucaso</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Aug 2008 18:44:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Mateo Madridejos</strong>, periodista e historiador (EL PERIÓDICO, 16/08/08):</p>
<p>La historia universal está plagada de aprendices de brujo que desencadenaron tempestades que no podían controlar y que, a la postre, perjudicaron con sus errores de cálculo los intereses de su país. El presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, es el último pirómano que prende fuego al polvorín a sabiendas de que carece de los recursos imprescindibles para extinguir el incendio, fiado en el problemático apoyo de aliados lejanos o de ideas sublimes que poco tienen que ver con la cruda realidad que prevalece en el Cáucaso desde la desintegración de &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21655/ridiculo-estrategico-en-el-caucaso/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Mateo Madridejos</strong>, periodista e historiador (EL PERIÓDICO, 16/08/08):</p>
<p>La historia universal está plagada de aprendices de brujo que desencadenaron tempestades que no podían controlar y que, a la postre, perjudicaron con sus errores de cálculo los intereses de su país. El presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, es el último pirómano que prende fuego al polvorín a sabiendas de que carece de los recursos imprescindibles para extinguir el incendio, fiado en el problemático apoyo de aliados lejanos o de ideas sublimes que poco tienen que ver con la cruda realidad que prevalece en el Cáucaso desde la desintegración de la URSS en 1991.<br />
Lo que queda tras la escaramuza militar es un panorama de ruinas, un desastre geoestratégico para EEUU y la Unión Europea (UE). Una de las primeras secuelas será demorar tanto el ingreso de Georgia en la OTAN como su pretensión de recuperar las regiones de Osetia del Sur y Abjasia, subproductos del diabólico reparto territorial que presidió el nacimiento de la URSS en 1922 y su arbitraria evolución. Stalin, que era georgiano, dividió Osetia, poblada mayoritariamente por rusos, para incluir su parte meridional en Georgia, como Jruschov regaló Crimea a su nativa Ucrania en 1954.<br />
La hegemonía norteamericana, socavada por los errores del presidente Bush, parece abocada a un final precipitado, antes de lo que cabía esperar, sustituida por un orden multipolar en gestación e imprevisible. ¿Comienza en el Cáucaso el fin de la pax americana que prevén los teóricos del ocaso de los imperios? ¿Está el coloso noqueado o simplemente fatigado, a la espera de un nuevo comandante en jefe? El puente aéreo para repatriar de Irak a 2.000 soldados georgianos confirma que Saakashvili urdió la operación tras consultar con Washington, violando el acuerdo de 1992 entre los presidentes Yeltsin y Shevardnadze.<br />
En el umbral de la nueva era, el ascenso frenético de China, la creciente fortaleza de Rusia y las incongruencias europeas subrayan la debilidad de EEUU, cuyo Ejército está extenuado por las guerras de Afganistán e Irak y cuya decadencia estratégica queda simbolizada por la errática actitud de un presidente de menguada credibilidad, sin amigos en Asia, vituperado en Europa. El doctrinarismo conservador, que promovió una diplomacia militarista para expandir la democracia, se bate en retirada, no solo en Irak, sino también en el Cáucaso y Afganistán. Ante el inmovilismo embarazoso del Departamento de Estado, ocupado por los realistas, los neoconservadores se muestran consternados por el abandono del fiel aliado caucásico.</p>
<p>BUSH ASEGURÓ que la acción de Rusia &#8220;es inaceptable en el siglo XXI&#8221;, pero el primer ministro, Vladimir Putin, tras comparar a Saakashvili con Sadam Husein, fustigó sin ambages &#8220;el cinismo de nuestros socios, que presentan al agresor como si fuera la víctima&#8221;. El hombre que se identifica con la restauración del honor pisoteado, no podía tolerar un cambio estratégico en el Cáucaso, en el &#8220;extranjero próximo&#8221;, que situaría las vanguardias de la OTAN a las puertas del Kremlin. La aventura del líder georgiano, al que los rusos consideran un títere de Bush, constituye una provocación que acentúa su paranoia. Aduce Serguei Markov que &#8220;Rusia se enfrentaba a una situación extremadamente peligrosa, atrapada entre la obligación de proteger a sus ciudadanos y el riesgo de escalada hacia una nueva guerra fría&#8221;.<br />
Para el Kremlin, resulta inaceptable y ofensivo el intento euroatlántico de expulsar a Rusia de Ucrania y el Cáucaso. Putin no aludió a Kosovo, precedente de un supuesto derecho de secesión, mas no cabe duda de que la provincia arrebatada a Serbia forma parte del memorial de agravios del paneslavismo. Los mismos que bombardearon Belgrado en 1999, sin aval de la ONU, para proteger a los albaneses de Kosovo, no pueden rasgarse las vestiduras porque Rusia defiende a sus ciudadanos. Tras la independencia armada de Kosovo, resulta incoherente proclamar en Georgia que las fronteras de Europa solo pueden alterarse por consenso.</p>
<p>LA CRISIS mostró con nitidez que Putin sigue al mando, con el presidente Medvédev dedicado a inaugurar los crisantemos o desenredar la madeja burocrática. Para la UE, abanderada de la persuasión frente a la fuerza, con principios morales, pero sin fuerza militar, el castigo infligido por Rusia a Georgia liquida la quimera de establecer unas relaciones constructivas con el Kremlin basadas en el respeto de los derechos humanos, el ejercicio de la democracia y el avance de la OTAN. La estabilidad solo será posible si EEUU y Europa tratan a Rusia como un socio fiable, no como un fantasma de la guerra fría al que hay que rodear para sacar el petróleo del Caspio.<br />
Nadie está dispuesto a morir por Georgia, como nadie protegió a Checoslovaquia en 1938 o 1968. Aunque sedienta de energía, supeditada a EEUU como fuerza militar creíble, quizá no era necesario que la UE utilizara al trepidante Sarkozy para solemnizar la capitulación en el Kremlin, pese a las voces airadas que clamaban contra el apaciguamiento cuando los tanques rusos estaban a una etapa de Tiflis. Muere la ilusión de haber acabado con las guerras en Europa. La misma UE que denegó a Georgia y Ucrania el ingreso en la OTAN en la cumbre de Bucarest, en el pasado abril, como pretendía Washington, ahora se presenta en la escena del mundo con las manos vacías y el ridículo estratégico a cuestas.</p>
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		<title>Georgia&#8217;s Recklessness</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Aug 2008 21:29:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Paul J. Saunders</strong>, executive director of the Nixon Center. He served as senior adviser to the undersecretary of state for democracy and global affairs from 2003 to 2005 (THE WASHINGTON POST, 15/08/08):</p>
<p>The fates of South Ossetia and Abkhazia are chief among the many issues that are still unresolved in the war between Georgia and Russia. What&#8217;s clear, however, is that <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Mikhail+Saakashvili?tid=informline">Georgian President Mikheil Saakashvili</a> ordered his country&#8217;s military to assert his authority over South Ossetia by force. American officials should reflect on the implications of Saakashvili&#8217;s behavior for U.S. policy toward Georgia, Russia and the region.</p>
<p>Saakashvili &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21570/georgias-recklessness/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Paul J. Saunders</strong>, executive director of the Nixon Center. He served as senior adviser to the undersecretary of state for democracy and global affairs from 2003 to 2005 (THE WASHINGTON POST, 15/08/08):</p>
<p>The fates of South Ossetia and Abkhazia are chief among the many issues that are still unresolved in the war between Georgia and Russia. What&#8217;s clear, however, is that <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Mikhail+Saakashvili?tid=informline">Georgian President Mikheil Saakashvili</a> ordered his country&#8217;s military to assert his authority over South Ossetia by force. American officials should reflect on the implications of Saakashvili&#8217;s behavior for U.S. policy toward Georgia, Russia and the region.</p>
<p>Saakashvili ordered the assault last week knowing that South Ossetia would resist, knowing that his forces would have to take on Russian peacekeepers and knowing that Moscow has been spoiling for a fight. In fact, his own government had claimed for some time that Russia was preparing to attack.</p>
<p>Georgia&#8217;s president clearly thought that his troops could quickly occupy South Ossetia and that Russian President <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Dmitry+Medvedev?tid=informline">Dmitry Medvedev</a> and Prime Minister <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Vladimir+Putin?tid=informline">Vladimir Putin</a> would not dare to intervene because doing so might provoke the West, especially the United States. A similar logic underlies Tbilisi&#8217;s long-term foreign policy calculations. Throughout history, weak nations with powerful neighbors have energetically sought strong allies. Serbia enlisted Russian support against the Austro-Hungarian Empire, for example, and Poland turned to Britain to deter <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Nazi+Party?tid=informline">Nazi Germany</a>.</p>
<p>Saakashvili has embraced this tried-and-true strategy with gusto, sending a substantial share of the country&#8217;s small army to Iraq (from which its troops were understandably recalled in recent days) and parroting Bush administration talking points on international issues &#8212; especially on promoting democracy &#8212; more than almost any other leader worldwide.</p>
<p>Ultimately, however, it wouldn&#8217;t matter to Georgia&#8217;s president whether the United States was a democracy, a theocracy or ruled by Martians so long as he could use Washington to change the dynamics of Georgian-Russian relations.</p>
<p>Saakashvili&#8217;s recent statements demonstrate how well he has learned to push America&#8217;s buttons, probably with the help of his government&#8217;s lobbyists in Washington. In several interviews and articles, including an op-ed in yesterday&#8217;s Post, he has compared the recent Russian attack on Georgia to the Soviet invasions of Hungary, Czechoslovakia and Afghanistan. He has also invoked former president <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Ronald+Reagan?tid=informline">Ronald Reagan</a> and tried to frame the war as a Russian assault on Western values. &#8220;We are attacked because we wanted to be free,&#8221; he said on <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Cable+News+Network+LP+LLLP?tid=informline">CNN</a>.</p>
<p>But the situation inside Georgia belies Saakashvili&#8217;s rhetorical commitment to freedom. Most glaring was his handling of opposition protests last fall. The <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/U.S.+Department+of+State?tid=informline">State Department</a>&#8216;s 2007 Human Rights Report, released just a few months ago, found &#8220;serious problems&#8221; with Georgia&#8217;s human rights record and notes &#8220;excessive use of force to disperse demonstrations&#8221;; &#8220;impunity of police officers&#8221;; and declining respect for freedom of speech, freedom of the press, freedom of assembly and political participation. Ana Dolidze, a democracy advocate and former chair of Georgia&#8217;s Young Lawyers Association, has described in detail how Saakashvili acted quickly after entering office to empower the executive branch at the expense of parliament and to strengthen the government by &#8220;stifling political expression, pressuring influential media and targeting vocal critics and opposition leaders&#8221; &#8212; including by using law enforcement agencies. Saakashvili is far from the morally pure democrat he would have the West believe he is.</p>
<p>Georgia&#8217;s internal realities help make clear that the fighting erupted not primarily because of what the country represents but because of its government&#8217;s actions. Tbilisi could have avoided the confrontation by deferring its ambitions to subjugate South Ossetia and pursuing them through strictly peaceful means.</p>
<p>Few seem to remember that the United States and Russia worked together with the Georgian opposition to ease out then-Georgian President Eduard Shevardnadze and facilitate the election that ultimately brought Saakashvili into office. Russian views of Saakashvili changed over the past five years as Moscow perceived Tbilisi to become increasingly hostile and watched Saakashvili use threats of force to topple the government of another autonomous region, Ajaria, in 2004.</p>
<p>None of this justifies Russia&#8217;s actions. But even if Moscow had been lying in wait for Saakashvili to provide an excuse to act, it was all the more foolish for him to do so. Regrettably, the Georgian leader has allowed Moscow to demonstrate quite clearly the limits of American interests in Russia&#8217;s immediate neighborhood. <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Moscow+Kremlin?tid=informline">The Kremlin</a> has much more at stake there than Washington and is willing to act decisively and with overwhelming force. Recognizing the potential global consequences of a serious break with Russia, America has not been willing to do more than provide humanitarian relief, pointedly state that U.S. forces would not protect the Georgian ports and airfields where the aid is to arrive, and dispatch Secretary of State <a href="http://www.washingtonpost.com/ac2/related/topic/Condoleezza+Rice?tid=informline">Condoleezza Rice</a> to the scene.</p>
<p>Allowing the graphic exposure of these realities is a major failure of U.S. policy that will undermine American objectives throughout the region. One hopes that in private, the Bush administration is clearly communicating to Moscow that whatever Saakashvili&#8217;s failings, the United States will not tolerate his removal by force &#8212; and telling the Georgian government that America doesn&#8217;t need reckless friends.</p>
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		<title>Una amenaza para Europa</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Aug 2008 21:20:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Jean-Marie Colombani,</strong> periodista francés y ex director de <em>Le Monde.</em> Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 15/08/08):</p>
<p>Todavía es difícil extraer conclusiones de los combates que han enfrentado a Rusia y Georgia con el pretexto oficial de la suerte de las provincias de Osetia del Sur y Abjazia, aparte de ésta: se confirman los peores temores que podíamos tener sobre la Rusia de Putin. Año tras año, suceso tras suceso, el país se reafirma en su oposición a lo que denomina Occidente y vuelve a ser una amenaza para Europa.</p>
<p>Desde luego, siempre es posible explicar su &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21650/una-amenaza-para-europa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Jean-Marie Colombani,</strong> periodista francés y ex director de <em>Le Monde.</em> Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 15/08/08):</p>
<p>Todavía es difícil extraer conclusiones de los combates que han enfrentado a Rusia y Georgia con el pretexto oficial de la suerte de las provincias de Osetia del Sur y Abjazia, aparte de ésta: se confirman los peores temores que podíamos tener sobre la Rusia de Putin. Año tras año, suceso tras suceso, el país se reafirma en su oposición a lo que denomina Occidente y vuelve a ser una amenaza para Europa.</p>
<p>Desde luego, siempre es posible explicar su actitud y atribuirle razones válidas para haber querido dar una lección a Georgia y, a través de ella, a Estados Unidos. Hay que recordar que, con la desintegración de la URSS y el nacimiento de la Georgia independiente, las dos provincias en disputa hicieron público su rechazo a integrarse en esta última república y su deseo de situarse bajo la tutela rusa. Fue la Rusia de Yeltsin la que quedó encargada de &#8220;mantener la paz&#8221; en Osetia y luego en Abjazia; en la práctica, los dos territorios, bajo la protección del Ejército ruso, no aceptaron nunca formar parte de Georgia.</p>
<p>Por lo tanto, era no sólo arriesgado sino ilógico por parte del presidente Saakashvili querer restablecer su autoridad por la fuerza. Lo que ha conseguido ha sido permitir una demostración de fuerza a Putin y una prueba de la impotencia de Estados Unidos en la región, aunque el derecho internacional estuviera claramente de parte de Georgia.</p>
<p>Pero habría sido conveniente acordarse de la advertencia que hizo Rusia en el momento en el que se aceptó la independencia de Kosovo. Los rusos avisaron, en nombre de la protección que consideraban que debían otorgar a los nacionalistas serbios, que, si se aceptaba la independencia de Kosovo, ellos la considerarían como un precedente aplicable a las provincias separatistas de Georgia. Salvo España, que lo había advertido en su momento, los norteamericanos y los europeos hicieron mal en no tener en cuenta la amenaza rusa: si los occidentales violaban el Derecho Internacional en Kosovo, los rusos advertían que harían lo mismo en Georgia.</p>
<p>Además, con esa mezcla de cinismo absoluto e ironía hiriente que caracteriza el vocabulario de Putin, Rusia ha resaltado que ha actuado en Osetia como los estadounidenses lo hicieron en Irak. No importa que Georgia sea una democracia, sólo importa el hecho de poder dar la vuelta a la doctrina de los neoconservadores que justificó la guerra de Irak y que Rusia dice haber aplicado en Georgia, en este caso para un cambio de régimen que quizá ha sido uno de los objetivos de Rusia para la guerra. Es decir, los norteamericanos han recibido una dosis de su propia medicina.</p>
<p>En este contexto, Europa ha desempeñado el único papel al que podía aspirar: el de la diplomacia y el alto el fuego. Desde este punto de vista, el presidente Sarkozy ha cumplido su tarea lo mejor que ha podido, con una relativa eficacia, más meritoria todavía porque la Europa a la que representaba no era unánime. Entre la postura radical de Polonia y los países bálticos y la preocupación de Alemania, para no hablar de Berlusconi, ayer portavoz de Bush y que ahora parece haber querido serlo de Putin. Porque, más allá de este episodio, es preciso valorar el peligro que representa hoy para Europa la ambición de Putin.</p>
<p>Recordemos la frase clave que explica el comportamiento de Putin en el escenario internacional: la de que la caída del imperio soviético fue &#8220;la mayor catástrofe estratégica de la historia&#8221;. Un poco después, en febrero de 2007, durante la conferencia de seguridad en Múnich, agitó la amenaza de la vuelta de la guerra fría.</p>
<p>La obsesión de Putin, formado en la escuela del KGB, es el regreso de la potencia rusa; no una potencia que contribuya al equilibrio mundial, sino una potencia con objetivos estrictamente nacionalistas.</p>
<p>Representa, pues, una amenaza para países como Georgia, Ucrania y los países bálticos, a los que Moscú considera parte de su cinturón de seguridad, de las <em>marcas</em> del Imperio. Ya se sabe que, para Moscú, la adhesión de Ucrania y Georgia sería un <em>casus belli.</em> A ello hay que añadir el chantaje permanente que la condición de productor de gas y petróleo de Rusia le permite ejercer sobre los países europeos, que cometen el error de presentarse ante ella de forma dispersa. Ésa es la gran pregunta estratégica que debe hacerse la UE: cómo comportarse ante una Rusia que ya no duda en pasar de la amenaza a la ejecución.</p>
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		<title>Moscou est responsable !</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Aug 2008 20:31:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Robert Kagan</strong>, politologue et chercheur au Carnegie Endowment for International Peace. Traduit de l&#8217;anglais par Christine Vivier (LE MONDE, 15/08/08):</p>
<p>Qui a fait quoi pour précipiter le conflit entre la Russie et la Géorgie ? La question importe peu. Rappelons-nous les détails précis de la crise des Sudètes qui a mené à l&#8217;invasion de la Tchécoslovaquie par l&#8217;Allemagne nazie. Ce conflit moralement ambigu nous apparaît désormais à juste titre comme un épisode mineur au sein d&#8217;un drame bien plus important.</p>
<p>C&#8217;est une impression analogue que laisseront dans les mémoires les événements de la semaine dernière. Cette guerre n&#8217;a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21636/moscou-est-responsable/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Robert Kagan</strong>, politologue et chercheur au Carnegie Endowment for International Peace. Traduit de l&#8217;anglais par Christine Vivier (LE MONDE, 15/08/08):</p>
<p>Qui a fait quoi pour précipiter le conflit entre la Russie et la Géorgie ? La question importe peu. Rappelons-nous les détails précis de la crise des Sudètes qui a mené à l&#8217;invasion de la Tchécoslovaquie par l&#8217;Allemagne nazie. Ce conflit moralement ambigu nous apparaît désormais à juste titre comme un épisode mineur au sein d&#8217;un drame bien plus important.</p>
<p>C&#8217;est une impression analogue que laisseront dans les mémoires les événements de la semaine dernière. Cette guerre n&#8217;a pas pour origine le mauvais calcul du président géorgien, Mikheïl Saakachvili. Car cela fait un certain temps que Moscou s&#8217;emploie à la provoquer.</p>
<p>L&#8217;homme qui a un jour qualifié l&#8217;effondrement de l&#8217;Union soviétique de &#8220;plus grande catastrophe géopolitique du (XXe) siècle&#8221; et qui a restauré un régime quasi tsariste en Russie s&#8217;efforce aujourd&#8217;hui de redonner à son pays la position dominante qui était autrefois la sienne en Eurasie ainsi que dans le reste du monde. Fort des ressources en pétrole et en gaz naturel dont il dispose, à la tête d&#8217;un quasi-monopole sur l&#8217;alimentation en énergie de l&#8217;Europe, s&#8217;appuyant sur 1 million de soldats, des milliers d&#8217;ogives nucléaires et le troisième plus gros budget militaire du monde, Vladimir Poutine considère que le temps est désormais venu pour lui d&#8217;abattre ses cartes.</p>
<p>Le malheur de la Géorgie aura été de se situer au point de fracture d&#8217;une nouvelle ligne de faille géopolitique, qui parcourt les frontières ouest et sud-ouest de la Russie. Des Etats baltes au nord, en passant par l&#8217;Europe centrale et les Balkans, jusqu&#8217;au Caucase et l&#8217;Asie centrale, une lutte de pouvoir géopolitique s&#8217;est fait jour entre une Russie revancharde connaissant un nouvel essor d&#8217;une part, et l&#8217;Union européenne et les Etats-Unis de l&#8217;autre.</p>
<p>L&#8217;agression de Vladimir Poutine contre la Géorgie ne saurait s&#8217;expliquer seulement par l&#8217;aspiration de cette dernière à rejoindre l&#8217;OTAN, ou par son sentiment de dépit face à l&#8217;indépendance du Kosovo. Il s&#8217;agit avant toute chose d&#8217;une réponse aux &#8220;révolutions de couleur&#8221; en Ukraine et en Géorgie en 2003 et 2004, quand des gouvernements pro-occidentaux se sont mis à remplacer les gouvernements prorusses. Ce que l&#8217;Occident a célébré comme une victoire de la démocratie a été ressenti par Vladimir Poutine comme un encerclement idéologique et géopolitique.</p>
<p>Depuis, ce dernier s&#8217;est montré déterminé à stopper et, si possible, à inverser la tendance pro-occidentale qui se manifeste sur ses frontières. Il cherche non seulement à empêcher la Géorgie et l&#8217;Ukraine de rejoindre l&#8217;OTAN, mais aussi à les replacer sous le contrôle de la Russie. En outre, il entend se tailler une zone d&#8217;influence à l&#8217;intérieur de l&#8217;Alliance atlantique, au prix de la sécurité des pays qui bordent les flancs stratégiques de la Russie. Voilà la principale motivation qui explique l&#8217;opposition de Moscou à l&#8217;installation de systèmes antimissiles américains en Pologne et en République tchèque.</p>
<p>L&#8217;INFLUENCE DE LA RUSSIE</p>
<p>L&#8217;offensive contre la Géorgie fait partie de cette grande stratégie. Vladimir Poutine ne se soucie pas plus des quelques milliers d&#8217;Ossètes du Sud que des Serbes du Kosovo. Les revendications de solidarité panslave sont des prétextes visant à aviver le puissant nationalisme russe à l&#8217;intérieur du pays et à étendre l&#8217;influence de la Russie à l&#8217;étranger. Il semble malheureusement que des tactiques de ce genre soient encore efficaces. Alors que les bombardiers russes attaquent les bases et les ports géorgiens, les Européens et les Américains, y compris de hauts fonctionnaires de l&#8217;administration Bush, reprochent à l&#8217;Occident d&#8217;exiger trop de la Russie, sur de trop nombreux points.</p>
<p>Il est vrai que la plupart des Russes sont sortis humiliés par la façon dont s&#8217;est achevée la guerre froide, et Vladimir Poutine en a convaincu beaucoup que Boris Eltsine et les démocrates russes étaient les responsables de la capitulation face à l&#8217;Occident. Un tel climat n&#8217;est pas sans évoquer l&#8217;Allemagne d&#8217;après la première guerre mondiale, lorsque les Allemands déploraient le &#8220;honteux diktat de Versailles&#8221; et critiquaient les politiciens corrompus qui avaient poignardé la nation dans le dos.</p>
<p>Aujourd&#8217;hui, comme alors, on manipule ces sentiments-là pour justifier l&#8217;autocratie à l&#8217;intérieur et pour convaincre les puissances occidentales que la conciliation &#8211; ou pour utiliser une expression autrefois respectable : l&#8217;apaisement &#8211; est la meilleure politique.</p>
<p>C&#8217;est donc bien la Russie qui a fait monter la pression et nullement l&#8217;Occident ni la petite Géorgie. C&#8217;est la Russie qui a fait des difficultés au Kosovo, où elle n&#8217;avait aucun intérêt tangible sinon une solidarité panslave proclamée. C&#8217;est encore la Russie qui a décidé de transformer un petit déploiement de quelques missiles en Pologne, bien incapable de contrebalancer le vaste arsenal russe, en une confrontation géopolitique. Et c&#8217;est toujours la Russie qui a précipité une guerre contre la Géorgie en encourageant les rebelles d&#8217;Ossétie du Sud à faire monter la tension avec Tbilissi en formulant des revendications inacceptables pour tout dirigeant géorgien.</p>
<p>Si Mikheïl Saakachvili n&#8217;était pas tombé dans le piège de Vladimir Poutine cette fois-ci, le conflit aurait été déclenché autrement. Les diplomates européens et américains estiment que M. Saakachvili a commis une erreur en envoyant des troupes en Ossétie du Sud. Peut-être. Mais sa véritable et monumentale erreur consiste plutôt à être président d&#8217;une petite nation, démocratique pour l&#8217;essentiel, et farouchement pro-occidentale tout en se trouvant à la frontière de la Russie de M. Poutine.</p>
<p>Les historiens en viendront à considérer le 8 août comme un tournant tout aussi capital que le 9 novembre 1989, date de l&#8217;effondrement du mur de Berlin. L&#8217;offensive de la Russie sur le territoire géorgien souverain a marqué le retour officiel de l&#8217;histoire, et même le retour à un style de rivalité entre grandes puissances inspiré du XIXe siècle, sur fond de nationalisme débridé, d&#8217;affrontement pour les ressources naturelles, de bataille pour la délimitation des sphères d&#8217;influence et les territoires, et même de recours à la force militaire à des fins géopolitiques.</p>
<p>La mondialisation, l&#8217;interdépendance économique, l&#8217;Union européenne et les autres efforts visant à édifier un ordre international meilleur vont bien sûr se poursuivre. Mais ces efforts se heurteront aux dures réalités internationale qui perdurent depuis des temps immémoriaux, et qui les submergeront parfois. Mieux vaut que le prochain président américain soit prêt à les affronter.</p>
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		<title>Russie-Georgie: la vraie raison de cette guerre</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Aug 2008 21:59:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Bernard Guetta</strong>, ancien correspondant du Monde à Moscou, chroniqueur à France Inter et à Libération, membre du conseil de surveillance de Libération (LIBERATION, 14/08/08):</p>
<p>Mikhaïl Saakachvili n’est pas le seul coupable. Ses responsabilités sont immenses. Il s’est lancé à la reconquête de l’Ossétie sécessionniste sans penser le coup d’après, sur un coup de dés,sans être certain que l’Occident l’appuierait face à l’inéluctable réaction russe. Il a créé une crise internationale de première ampleur et mené son peuple à une défaite assurée, mais la profondeur même de cette aberration dit qu’elle ne peut pas relever de sa seule erreur.&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21539/russie-georgie-la-vraie-raison-de-cette-guerre/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Bernard Guetta</strong>, ancien correspondant du Monde à Moscou, chroniqueur à France Inter et à Libération, membre du conseil de surveillance de Libération (LIBERATION, 14/08/08):</p>
<p>Mikhaïl Saakachvili n’est pas le seul coupable. Ses responsabilités sont immenses. Il s’est lancé à la reconquête de l’Ossétie sécessionniste sans penser le coup d’après, sur un coup de dés,sans être certain que l’Occident l’appuierait face à l’inéluctable réaction russe. Il a créé une crise internationale de première ampleur et mené son peuple à une défaite assurée, mais la profondeur même de cette aberration dit qu’elle ne peut pas relever de sa seule erreur.</p>
<p>Ces trois jours de guerre, ces destructions, ces morts inutiles sont aussi le fruit de l’incohérence de l’Europe et des Etats-Unis face à la Russie, de leur constante volonté de la contrer sans en avoir les moyens ni, surtout, de vraies raisons de le faire. Dans ce conflit, le problème de fond est que, depuis qu’elle a rebâti un Etat, repris le contrôle de ses matières premières et rompu avec l’alignement diplomatique d’Eltsine sur les Etats-Unis, la Russie inquiète Washington et l’Europe centrale.</p>
<p>L’Amérique craint que son ancien adversaire de la guerre froide ne redevienne un rival, fort de son immensité, de son pétrole, de son réarmement et, donc, de sa capacité à peser sur les affaires du monde. Malgré leur entrée dans l’Union européenne, les Etats baltes et les anciens satellites soviétiques vivent, eux, dans l’angoisse d’un retour de l’impérialisme russe et, surtout, d’une alliance entre la «vieille Europe» et le Kremlin dont ils se voient déjà victimes, sacrifiés sur l’autel énergétique par Paris, Rome et Berlin. Nourries par la brutalité avec laquelle Poutine a brisé la rébellion tchétchène et imposé une régression autoritaire à son pays, ces peurs ont conduit l’Alliance atlantique à vouloir s’étendre jusqu’aux frontières russes en intégrant l’Ukraine et la Géorgie.</p>
<p>L’Allemagne et la France ont freiné le mouvement au printemps, au sommet de l’Otan, mais ce projet reste sur la table et c’est dans ce contexte que Mikhaïl Saakachvili a cru pouvoir forcer le destin. Il voyait déjà les Occidentaux voler à son secours, en brandissant la menace d’une intervention militaire ou de représailles économiques, mais ils l’ont laissé seul face aux Russes. Les Américains n’ont pas bougé. La France s’est posée en médiateur, au nom de l’Union dont elle assure la présidence, et l’on peut maintenant tirer deux conclusions opposées de cette crise.</p>
<p>La première consisterait à voir dans la foudroyante efficacité avec laquelle la Russie a mis la Géorgie à genoux la preuve qu’il faut bel et bien encercler le plus grand pays du monde en élargissant l’Otan au plus vite. C’est le sentiment dominant en Europe centrale. Il s’exprime également aux Etats-Unis malgré la prudence observée par Bush mais peut-on s’étonner, et s’indigner, que l’ours sorte ses griffes lorsqu’on lui mord les mollets ? La Russie savait que si elle se retirait d’Ossétie du Sud sans réagir, elle ouvrirait immédiatement les portes de l’Otan à ses voisins ukrainien et géorgien, ce dont elle ne veut pas plus que les Etats-Unis ne voudraient d’une adhésion du Mexique et du Canada à un pacte militaire dominé par Moscou. La riposte russe a été d’autant plus immédiate que la Tchétchénie et les républiques russes du Caucase du Nord auraient vite posé des problèmes au Kremlin s’il n’avait pas montré sa force. C’est l’embrasement d’une région charnière qui menaçait non seulement la Russie, mais aussi l’Europe et le monde.</p>
<p>Ensuite, si cette crise a prouvé une chose, c’est que la politique russe de l’Alliance atlantique n’est ni tenable ni justifiée. Elle n’est pas tenable car les Occidentaux &#8211; on vient de le voir &#8211; ont trop besoin de la Russie pour se l’aliéner, beaucoup moins en raison de son pétrole que des défis géopolitiques posés par le monde arabo-musulman et, bientôt, la Chine. En ce début de siècle, l’Occident a besoin du soutien russe, d’un front commun sur la scène internationale qui ne sera pas facile à articuler mais auquel la Russie aspire car ses élites se sentent européennes et qu’elle est au contact direct des troubles de l’Islam et de l’affirmation chinoise.</p>
<p>C’est cette entente qu’il faut aujourd’hui bâtir, en commençant par réunir les quatre conditions d’un règlement de la crise actuelle : l’ouverture d’une perspective d’adhésion de l’Ukraine et de la Géorgie à l’Union européenne ; l’abandon de l’élargissement de l’Otan ; le retrait des troupes russes de tout le territoire géorgien et l’octroi à l’Abkhazie et l’Ossétie du Sud d’une pleine souveraineté dans le cadre d’une Géorgie fédérale. Le reste n’est que course à l’abîme.</p>
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		<title>La route de l’Ossétie du Sud passe par le Kosovo</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Aug 2008 21:58:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Par <strong>Charles Urjewicz</strong>, professeur des universités à l’Inalco (LIBERATION, 14/08/08):</p>
<p>La tragédie que vivent aujourd’hui Géorgiens et Ossètes du Sud est à l’aune du drame yougoslave et des bouleversements territoriaux qu’il a entraînés.</p>
<p>Que s’est-il passé dans le palais présidentiel de Tbilissi le soir du 7 août, lorsque Mikhaïl Saakachvili décida d’en finir avec les «séparatistes» de Tskhinvali ? Le président géorgien s’est-il lancé à corps perdu dans une aventure dont il n’envisageait pas les conséquences ? Avait-il pris la mesure des terribles dégâts collatéraux que des bombardements nocturnes provoqueraient au sein de la population civile, élargissant encore le &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21541/la-route-de-l%e2%80%99ossetie-du-sud-passe-par-le-kosovo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par <strong>Charles Urjewicz</strong>, professeur des universités à l’Inalco (LIBERATION, 14/08/08):</p>
<p>La tragédie que vivent aujourd’hui Géorgiens et Ossètes du Sud est à l’aune du drame yougoslave et des bouleversements territoriaux qu’il a entraînés.</p>
<p>Que s’est-il passé dans le palais présidentiel de Tbilissi le soir du 7 août, lorsque Mikhaïl Saakachvili décida d’en finir avec les «séparatistes» de Tskhinvali ? Le président géorgien s’est-il lancé à corps perdu dans une aventure dont il n’envisageait pas les conséquences ? Avait-il pris la mesure des terribles dégâts collatéraux que des bombardements nocturnes provoqueraient au sein de la population civile, élargissant encore le fossé entre Ossètes et Géorgiens ? Serait-il tombé, comme le laissent entendre certains, dans un piège délibérément tendu par Moscou : on lui aurait laissé entendre que la Russie était excédée par l’extrémisme des dirigeants de Tsinkhvali qui multipliaient les affrontements avec les forces géorgiennes de sécurité ?</p>
<p>Beaucoup d’observateurs notent la «naïveté» de dirigeants géorgiens, enfermés dans l’illusion d’un ferme soutien des Etats-Unis, qui n’ont pas évalué les changements de la donne politique : guerre d’Irak, nucléaire iranien, une présidence américaine déconsidérée et en fin de course. Reste que si, comme le dit l’adage, gouverner c’est prévoir, les responsables géorgiens ont commis une terrible erreur d’appréciation en réveillant la bête d’un nationalisme russe qui guette avec gourmandise chacun des faux pas d’un voisin «arrogant».</p>
<p>Alors que Pékin déployait ses fastes en présence de Vladimir Poutine et de George Bush, Tbilissi pensait avoir trouvé le moment opportun de faire sauter le verrou ossète. En décembre, l’Otan doit à nouveau examiner la candidature de la Géorgie… Mikhaïl Saakachvili veut forcer la porte de l’Otan tant que l’administration Bush est aux affaires. Que fera le nouveau président des Etats-Unis élu en novembre ? Ceux qui, au sein de l’Organisation, s’étaient déjà opposés à cette candidature font valoir qu’il est dangereux d’intégrer un pays confronté à des conflits avec des territoires sécessionnistes. Pour les Géorgiens, à défaut de pouvoir s’emparer immédiatement de l’Abkhazie qui partage le littoral de la mer Noire avec la Russie, la petite et fragile Ossétie du Sud, séparée de la Fédération de Russie par une haute barrière montagneuse, semblait une proie plus accessible.</p>
<p>Par ailleurs, alors que le pays est confronté à une situation économique difficile, singulièrement aggravée par la hausse des matières premières, le retour de Shida Kartli (nom géorgien de l’Ossétie du Sud) au sein de la nation aurait permis au président Saakachvili, que ses opposants accusent de dérive autoritaire, de redorer un blason singulièrement terni depuis la brutale répression des manifestations de l’automne 2007. Retour d’autant plus important que le président géorgien a promis solennellement à son peuple de lui rendre les territoires perdus dans les plus brefs délais ; il en va d’une part non négligeable de sa légitimité.</p>
<p>L’impatience géorgienne avait d’autres causes. La présence à ses frontières d’une Russie de plus en plus riche et puissance, et dont le pouvoir d’attraction est d’autant plus grand qu’elle avait complaisamment octroyé la citoyenneté aux habitants des territoires sécessionnistes, Abkhazie et Ossétie du Sud, inquiète fortement la république de Géorgie. On y craint une intégration rapide de ces territoires dans la Fédération de Russie, accusée de menées annexionnistes. De fait, la perspective des Jeux olympiques de Sotchi, en 2014, pourrait accélérer l’absorption des républiques séparatistes dans le tissu économique russe, rendant leur retour dans l’Etat géorgien difficile, voire impossible.</p>
<p>Pour la Russie de Poutine &#8211; en allait-il différemment lors de la présidence de Boris Eltsine ?-, marquer son statut de grande puissance dans le Caucase russe est essentiel, d’autant plus qu’elle déclare aujourd’hui avoir «stabilisé» la Tchétchénie. Au Caucase du Sud, depuis déjà plusieurs années, les relations russo-géorgiennes étaient exécrables, la Géorgie était en butte à un blocus qui empêchait l’entrée de ses exportations traditionnelles en Russie. A l’automne 2006, l’arrestation d’officiers russes accusés d’espionnage, que les autorités géorgiennes avaient exhibés aux médias, avait alors provoqué la fureur d’un Vladimir Poutine qui cachait mal son humiliation. Le Kremlin avait bandé les muscles, tandis que les médias officiels lançaient, l’espace de quelques jours, une campagne de dénigrement dont le million de Géorgiens qui résident en Russie était la cible.</p>
<p>En février, la proclamation de l’indépendance du Kosovo, avait plongé la Géorgie dans l’inquiétude face à ses deux provinces sécessionnistes. Moscou, de son côté, dénonçait un précédent dangereux qui ouvrait la boîte de Pandore, en particulier au Sud-Caucase. Aujourd’hui, Moscou prend enfin sa revanche sur l’année 1999, lorsque Belgrade était bombardée par l’aviation américaine au grand dam de Russes qui se sentaient directement atteints. L’indépendance du Kosovo, proclamée le 17 février, a marqué une rupture ouvrant une voie royale à la Russie. Le Kremlin s’inscrit désormais dans une logique «humanitaire» : il est venu à la rescousse du peuple ossète victime d’un «génocide» de la part de Tbilissi, à la mesure de celui qu’ont subi les Bosniaques à Srebrenica. Son instigateur, Mikhaïl Saakachvili, devrait, selon le Kremlin, à l’instar de Radovan Karadzic dont on découvre incidemment à Moscou la culpabilité, rendre des comptes devant un tribunal international. Terrible retour de l’histoire que le peuple géorgien, et que dire des Ossètes du Sud, ne méritait certainement pas.</p>
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		<title>Una rosa con demasiadas espinas</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Aug 2008 21:40:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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<p>Los acontecimientos de días pasados en Georgia y Osetia del Sur han sorprendido, por varias razones. Pero sobresale una en particular: ¿dónde está el sentido real de un conflicto tan explosivo? Por mucho que se haya intentado echar tierra sobre el asunto, todo empezó cuando tropas georgianas, equipadas y entrenadas en parte por norteamericanos, europeos e israelíes, se lanzaron a invadir o castigar al territorio de Osetia del Sur, que desde hace tiempo se autoproclamó independiente de Georgia y cuenta con el apoyo de Rusia. El &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21531/una-rosa-con-demasiadas-espinas/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Francisco Veiga</strong>, profesor de Historia Contemporánea en la UAB (EL PAÍS, 14/08/08):</p>
<p>Los acontecimientos de días pasados en Georgia y Osetia del Sur han sorprendido, por varias razones. Pero sobresale una en particular: ¿dónde está el sentido real de un conflicto tan explosivo? Por mucho que se haya intentado echar tierra sobre el asunto, todo empezó cuando tropas georgianas, equipadas y entrenadas en parte por norteamericanos, europeos e israelíes, se lanzaron a invadir o castigar al territorio de Osetia del Sur, que desde hace tiempo se autoproclamó independiente de Georgia y cuenta con el apoyo de Rusia. El ataque comenzó por sorpresa y en fuerza el mismo día de la inauguración de los Juegos Olímpicos, cuando los principales mandatarios mundiales estaban en Pekín.</p>
<p><em>A priori,</em> la operación militar georgiana no tenía sentido, porque hubiera implicado limpieza étnica de población osetia y era de esperar una contundente respuesta militar rusa. Y Moscú lo hizo, con ganas. Desde su misma llegada al poder en virtud de la denominada <em>Revolución de la Rosa,</em> en noviembre de 2003, el presidente Saakashvili fue un peón de la Administración de Bush. Por su parte, los norteamericanos respaldaron la candidatura de Georgia a la OTAN y con pasión.</p>
<p>La iniciativa formaba parte de la reactivación de un viejo proyecto diseñado por el presidente y caudillo polaco Józef Pilsudski en los años veinte del pasado siglo: un cinturón de estados antirrusos de Europa oriental, con centro en Polonia y compuesto además por los países bálticos, Ucrania y Georgia; la nueva versión siglo XXI parece tener la marca del muy influyente analista norteamericano, de origen polaco: Zbigniew Brzezinski</p>
<p>Y sin embargo, los mismos norteamericanos, comenzando por su presidente, quedaron descolocados ante lo sucedido estos días en Osetia del Sur. Es dudoso que esperaran una acción como la desencadenada por Saakashvili y mucho menos, que la alentaran. Llegados a este punto, y ante lo sucedido en Osetia del Sur y Georgia, cabe hacerse la obligada pregunta clarificadora: <em>¿qui prodest?</em> ¿a quién beneficia?</p>
<p>Aparentemente, a los rusos, quienes se han sacado una espina que llevaban clavada desde 1991: han dado una respuesta simbólica bien contundente al asunto de Kosovo y en los mismos términos en que lo planteó Washington en su día. Y de paso han dejado malparados los planes para la ampliación de la OTAN por las repúblicas ex soviéticas, que iniciaron las denominadas <em>revoluciones de colores</em> entre 2003 y 2005. Por otra parte, Moscú ha cedido un protagonismo diplomático a Bruselas que le ha negado a Washington, lo que consolida una tendencia en el acercamiento Europa-Rusia ya anticipada por el analista francés Emmanuel Todd hace más de un lustro.</p>
<p>Pero la partida también se ha jugado desde otras mesas. Aunque la prensa occidental pasó de puntillas sobre el asunto y las instituciones diplomáticas mucho más que eso, Turquía y Armenia buscan desde hace meses un acercamiento que llevaría a la reconciliación entre ambos países, arreglaría el contencioso de Nagorno-Karabaj con Azerbaiyán y de paso estabilizaría el Cáucaso en su función de corredor energético entre el mar Caspio y Europa.</p>
<p>Esos tanteos se llevan en el mayor de los secretos, aunque es sabido que se han producido reuniones importantes, entre representantes armenios, georgianos, azeríes y turcos. Uno de los asuntos más delicados de esas negociaciones son los acuerdos sobre los corredores energéticos que unirán al Caspio con Europa.</p>
<p>De momento, el oleoducto BTC es la pieza más importante de ese dispositivo que debería ser una alternativa al suministro de energía desde y en manos rusas, dado que su recorrido transcurre por Azerbaiyán, Georgia y Turquía. Sin embargo, se ha podido comprobar que desde 1991, fecha de su independencia, Georgia ha sido un compendio de problemas más que de soluciones: inestabilidad política, guerra civil, separatismos. Además, tiene frontera con Chechenia y una tortuosa conexión con su conflicto a través del Valle del Pankisi. Pero sobre todo, el BTC hace un largo recorrido extra por el hecho de pasar por Georgia&#8230; evitando Armenia. Lo cual, además, lo deja muy expuesto a conflictos.</p>
<p>Hasta el momento, el hecho de que esta república fuera un satélite de Rusia y estuviera enfrentada a Turquía, la excluyó de los negocios energéticos en la zona. Pero las cosas cambiaron, y quien se convirtió en estorbo para casi todos fue el volátil presidente georgiano, Mijaíl Saakashvili. La insistencia de Bush en apadrinarlo hasta el final, incluso le estaba creando problemas a algunos países de la UE, cuyas compañías petrolíferas son accionistas importantes en el BTC.</p>
<p>Además deben añadirse los desencuentros entre Bruselas y Washington por los numerosos errores estratégicos de la Administración de Bush, y otros problemas de gran calado, como es el origen de la actual crisis económica internacional. Por lo tanto, si dentro de unos meses el BTC fuera rediseñado, atravesando Armenia, la situación cambiaría radicalmente en la zona: menor recorrido y más seguro, estabilización del Cáucaso contando con Armenia y alejamiento de la presión de Washington en esos muy delicados asuntos europeos. Eso es un <em>qui prodest</em> respondido. Ahora falta saber la verdad de cómo y por qué Mijaíl Saakashvili se metió en la boca del lobo aquel 7 de agosto de 2008.</p>
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		<title>Georgia y Kosovo, tan lejos, tan cerca</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Aug 2008 21:30:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Rupérez</strong>, embajador de España (ABC, 14/08/08):</p>
<p>Abogaba yo en estas mismas páginas hace pocos días -ABC, 21 de julio, 2008- por la entrada de Georgia y Ucrania en la OTAN, accediendo a los deseos de los dos países expresados en ese sentido. A la vista de los trágicos acontecimientos que en este momento están teniendo lugar en Osetia del Sur, parte del territorio de Georgia, lo menos que cabe argüir es que si la OTAN hubiera sido sensible a esas demandas, ni las tropas georgianas habrían intervenido contra el territorio secesionista ni las tropas rusas habrían invadido &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21525/georgia-y-kosovo-tan-lejos-tan-cerca/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Rupérez</strong>, embajador de España (ABC, 14/08/08):</p>
<p>Abogaba yo en estas mismas páginas hace pocos días -ABC, 21 de julio, 2008- por la entrada de Georgia y Ucrania en la OTAN, accediendo a los deseos de los dos países expresados en ese sentido. A la vista de los trágicos acontecimientos que en este momento están teniendo lugar en Osetia del Sur, parte del territorio de Georgia, lo menos que cabe argüir es que si la OTAN hubiera sido sensible a esas demandas, ni las tropas georgianas habrían intervenido contra el territorio secesionista ni las tropas rusas habrían invadido el espacio georgiano.</p>
<p>A primera vista, la decisión del presidente de Georgia de poner fin por las armas a la secesión oseta aparece como un grosero error de cálculo. La historia de tensiones entre Tiblisi y Moscú desde que la República del Cáucaso accedió a la independencia es larga y prolija, y suficientemente conocida la interferencia constante de las autoridades rusas en los asuntos georgianos. El mantenimiento de las rebeldías en Abjasia y Osetia del Sur ha contado abiertamente con el beneplácito y apoyo de Rusia y los líderes secesionistas de los dos territorios no han ocultado nunca sus simpatías por el Kremlin moscovita. Una acción militar de los georgianos contra los osetos habría de desembocar necesariamente en un enfrentamiento con los herederos de la URSS. Y no hace falta ser un experto en capacidades militares para saber dónde se encuentra la auténtica realidad del poder.</p>
<p>Si el ataque georgiano ha sido calculado para coincidir con el comienzo de las Olimpiadas en Pekín, esperando con ello que la inexistente tregua olímpica impidiera la reacción rusa, o desencadenado con la esperanza de encontrar ayuda en Occidente, la visión no puede haber sido más miope. Los rusos no están dispuestos a templar gaitas en el Cáucaso y el Occidente, más allá de las canónicas expresiones de solidaridad, no prevé la participación de sus efectivos militares en un conflicto que tenga por objetivo la reintegración territorial de Georgia. Es por otro lado patente la irritación con que las capitales europeas han recibido la noticia de los recientes enfrentamientos, no tanto por el recordatorio que contienen sino por la molestia que consigo traen.</p>
<p>Y en efecto Mijail Saakashvili, el presidente de Georgia, puede haberse equivocado en el desencadenamiento de las hostilidades, en la selección del momento escogido para las mismas, en los motivos que le han llevado a tomar la grave decisión o en el cálculo de las consecuencias. Y seguramente muchos estarán dispuestos a echárselo en cara. Todos aquellos que cerraron los ojos a los conflictos latentes en Georgia y en otras partes del Cáucaso, esperando que el tiempo, cuan ungüento mágico, ayudara a su pacífica resolución.</p>
<p>En donde el presidente georgiano no se ha equivocado es la reclamación de su integridad territorial. Las secesiones de Osetia del Sur y de Abjasia, sistemáticamente alentadas por los rusos, han contribuido a desestabilizar la existencia independiente de Georgia. Lo mismo puede decirse de Nagorno Karabaj, el enclave armenio en Azeirbajan y de Trasnistria, la banda oriental de Moldova, en su momento escogida por los militares rusos para su retiro y desde hace años conservada por Moscú como feudo particular. Las innumerables tareas mediadoras llevadas a cabo por la OSCE para acabar con esos focos de tensión han tropezado sistemáticamente con la intransigencia de Moscú. No es de extrañar ahora o en el futuro que los legítimos detentadores de las respectivas soberanías nacionales intenten imponer por la fuerza lo que les es negado por la razón y el derecho. Sin olvidar, y ello es muy patente en Georgia, las provocaciones manifiestas y continuas de Rusia en la prosecución de sus intereses y en la desestabilización del adversario. Hace todavía pocos días que Tiblisi denunciaba, y los observadores internacionales constataban, las continuas violaciones del espacio aéreo georgiano por aviones rusos. Saakashvili no parece ser un prodigio de contención diplomática, pero cabe preguntarse quién podría mantenerla con vecinos tan hoscos y agresivos.</p>
<p>Si la OTAN hubiera mostrado en su momento una disposición favorable a la entrada de Georgia en el club, la decisión georgiana de emplear las armas en Osetia del Sur no hubiera tenido lugar. Los mecanismos internos de consulta y decisión en el seno de la Alianza hubieran puesto sordina a las impaciencias del pro americano presidente de la República caucásica. Y, naturalmente, los rusos hubieran debido tener en cuenta los costes derivados de una agresión a un miembro de la Alianza. Todo ello queda ahora arrojado al pozo sin fondo de las oportunidades perdidas.</p>
<p>Y Osetia del Sur, con toda probabilidad, quedará anexionada «de facto», si no «de jure», a la soberanía rusa e integrada con el Norte de la misma República. La manifiesta y grosera violación por parte de Rusia de las fronteras y de la integridad territorial de un Estado soberano, miembro de la ONU y de la OSCE, servirá para muchas recriminaciones, no pocas sesiones baldías del Consejo de Seguridad, un significativo aumento de la tensión internacional en la zona, y nada más. ¿Está alguien en Occidente dispuesto a morir por la integridad territorial de Georgia? Y además, ¿quién creerá en las reclamaciones a favor del retorno a esa integridad territorial cuando hace pocas semanas los mismos que hoy la exigen no tuvieron empacho ni vergüenza en negársela a Serbia al reconocer la independencia de Kosovo?</p>
<p>Rusia no acaba de conformarse a la pérdida de la dimensión territorial de la URSS y los países occidentales no acaban de tomar la medida a las consecuencias del síndrome post imperial. Washington se empeña en tratar con Moscú como si Stalin -georgiano él, por cierto- siguiera mandando en el Kremlin y los europeos occidentales oscilan entre el temor al malhumorado oso y el halago ante el poderío energético. El resultado es una política equivocada -la independencia de Kosovo nunca debió ser reconocida- y vacilante -Georgia y Ucrania, como en su momento Letonia, Lituania y Estonia debieran haber sido aceptadas como miembros de la OTAN-. Hoy, cuando las tropas rusas están en Georgia, es ya demasiado tarde para otra cosa que no sea el intento de recomponer los graves descosidos. Y procurar que la tensión no alcance el punto de no retorno.</p>
<p>La política internacional no ha sido nunca un dechado de coherencia, y en ello no es demasiado diferente a la historia de cualquier humano. Pero los riesgos a que conducen los desaciertos de los que la controlan y practican suelen traer consigo calamidades de consideración. Todo suele empezar por pequeños errores de cálculo, improvisaciones nimias, vacilaciones e indecisiones. Un día es el error Kosovo. Otro, la negativa a incluir Georgia, Ucrania y Macedonia en la OTAN. Quizás más tarde el mostrenco rechazo a que Turquía sea miembro de la UE. Un poco antes, la creencia inmatizada de que los jefes de los servicios de inteligencia -qué ironía- saben todo, incluso el número de armas de destrucción masiva que el enemigo posee. Y así, paso a paso, nos encontramos con las tropas rusas a sesenta kilómetros de Tiblisi. Entre la cacofonía, nadie se encarga de recontar los muertos. Pero es que la vida, como bien decía Macbeth, «es una historia contada por un idiota, llena de ruido y de furia, que nada significa». A lo mejor convendría que en Bruselas, Washington y Moscú volvieran a leer a Shakespeare. Antes de que sea demasiado tarde.</p>
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		<title>Aprendices de brujo</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Aug 2008 21:23:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Francesc de Carreras</strong>, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB (LA VANGUARDIA, 14/08/08):</p>
<p>La madrugada del pasado jueves, las tropas de Georgia atacaron por tierra y aire Tsjinvali, capital de Osetia del Sur, de forma imprevista y brutal. A las pocas horas, Rusia pasaba al contraataque con todo su potencial militar. Poco más tarde, Abjasia se sumaba a la defensa de Osetia enfrentándose a Georgia. Con facilidad, las tropas rusas pasaron a controlar la situación en Osetia, traspasaron la frontera de Georgia y acosaron Gori, la segunda ciudad del país y muy cercana a Tiflis, la capital. Ante &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21523/aprendices-de-brujo/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Francesc de Carreras</strong>, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB (LA VANGUARDIA, 14/08/08):</p>
<p>La madrugada del pasado jueves, las tropas de Georgia atacaron por tierra y aire Tsjinvali, capital de Osetia del Sur, de forma imprevista y brutal. A las pocas horas, Rusia pasaba al contraataque con todo su potencial militar. Poco más tarde, Abjasia se sumaba a la defensa de Osetia enfrentándose a Georgia. Con facilidad, las tropas rusas pasaron a controlar la situación en Osetia, traspasaron la frontera de Georgia y acosaron Gori, la segunda ciudad del país y muy cercana a Tiflis, la capital. Ante tan contundente reacción, Georgia declaró el alto el fuego pero Rusia siguió penetrando &#8220;preventivamente&#8221; en territorio georgiano hasta que aseguró sus posiciones de retaguardia y, poco antes de recibir en Moscú a Sarkozy como presidente de la UE, también declaró el alto el fuego mediante una tregua provisional.</p>
<p>En plena &#8220;paz olímpica&#8221;, de entrada resultó desconcertante el inesperado ataque de Georgia contra Osetia del Sur. El viernes, horas después de desencadenarse la conflagración, Putin y Bush no sabían muy bien qué decirse en Pekín cuando coincidieron en la apoteósica ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, es muy improbable que el ataque de Georgia a Osetia del Sur fuera decidido autónomamente por el insensato presidente Saakashvili, un fiel peón de Bush en la zona. Aunque los cálculos del ataque todavía no están del todo claros, todo lleva a pensar que el propósito era tantear la capacidad de respuesta de Rusia a una provocación en el Cáucaso tras haber perdido su influencia en los Balcanes. Lo que se ha demostrado, al fin, es que la Rusia de Putin y Medvedev no es la de Yeltsin: su actual capacidad de reacción e inteligencia política en defensa de sus específicos intereses es mucho mayor. Lo más probable es que se trate, por el momento, del último error de Bush en política exterior y de la primera actuación positiva, valiente y autónoma de la Unión Europea en esta materia. Ya era hora que empezara a utilizar su real peso específico en una zona donde debe ejercer influencia.</p>
<p>De todas formas, más allá de la tregua, circunstancial o no, la zona del Cáucaso es potencialmente explosiva. Precisemos algunos aspectos históricos que pueden servir para comprenderlo. Los osetios son un pueblo caucásico, étnicamente distinto a los georgianos, que ha tenido tradicionalmente una buena relación con Rusia, gozando de autonomía desde los tiempos zaristas. Con la independencia de Georgia tras la desintegración de la URSS en 1991, los osetios del sur &#8211; los del norte forman parte de Rusia como provincia autónoma- quedaron como un enclave en territorio georgiano. Ello provocó un conflicto militar que acabó en un acuerdo precario mediante el cual Osetia del Sur, bajo tutela rusa, se constituía de facto como un territorio independiente de Georgia. Los abjasios, también en territorio de Georgia pero étnicamente distintos a los georgianos y de religión musulmana, quedaron en una posición similar, lo cual contribuyó a ampliar un poco más la estrecha franja de salida al mar Negro que le quedó a Rusia tras la independencia de Ucrania.</p>
<p>A todo ello hay que añadir que desde el 2006 transcurre por Georgia el único oleoducto de petróleo que no pasa por Rusia, proveniente de los yacimientos de la zona del mar Caspio, el norte de Iraq y los estados ex soviéticos al norte de Afganistán. Por este motivo, Georgia ha pasado a ser un enclave estratégico en el control occidental del petróleo en aquella zona. En la última cumbre de la OTAN, celebrada en abril pasado, Georgia y Ucrania fueron candidatos a formar parte de la alianza militar occidental. Por presiones de Rusia no fueron admitidas. Por otra parte, Rusia no ha forzado hasta ahora la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, dejando su situación en el incierto limbo jurídico de una independencia de facto. No obstante, el ministro de Asuntos Exteriores ruso anunció este invierno que el reconocimiento de Kosovo como Estado independiente tendría repercusiones en la situación de Osetia del Sur y otros territorios del Cáucaso. Tras los acontecimientos bélicos de estos días, algunos observadores se han preguntado: ¿por qué Kosovo sí y Osetia del Sur y Abjasia no? El precedente jurídico que suponen los diversos incumplimientos del derecho internacional en los Balcanes es un factor más del conflicto. Téngase en cuenta, además, que otros países de la zona &#8211; Daguestán, Chechenia, Ingushetia, Azerbaiyán, Alto Karabaj, Armenia- son también notorios focos de inestabilidad. En este sentido, los Balcanes son un tema menor si los comparamos con el Cáucaso.</p>
<p>Por tanto, los ingredientes del conflicto están servidos: etnias, religiones y nacionalismo, para excitar al pueblo; petróleo y política energética como factores económicos reales; salida al mar Negro de Rusia y límites a la zona controlada por la OTAN, como factores geoestratégicos de fondo; cercanía relativa a zonas de guerra (Afganistán e Iraq) o de conflicto (Irán y Oriente Medio), como centros de interés militar. Por tanto, jugar a la guerra en el Cáucaso es jugar con fuego. Esperemos que estos breves y trágicos días hayan servido de lección a ciertos aprendices de brujo.</p>
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		<title>¿SOS Georgia?, ¡SOS Europa!</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Aug 2008 21:10:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>André Glucksmann</strong> y <strong>Bernard-Henri Lévy</strong>, filósofos franceses (EL MUNDO, 13/08/08):</p>
<p>No crean que estamos ante un asunto puramente local. Se trata probablemente del momento más decisivo de la historia europea desde la caída del Muro de Berlín. Lo demuestran fehacientemente los gritos procedentes de Moscú. «Genocidio», acusa Putin, que no se dignó a pronunciar esa misma palabra durante la conmemoración del 50 aniversario de Auschwitz. «Múnich», evoca el tierno Medvedev, insinuando que Georgia, con sus 4,5 millones de habitantes, es la reencarnación del III Reich.</p>
<p>No seremos nosotros los que subestimemos las capacidades mentales de ambos dirigentes. Lo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21492/%c2%bfsos-georgia-%c2%a1sos-europa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>André Glucksmann</strong> y <strong>Bernard-Henri Lévy</strong>, filósofos franceses (EL MUNDO, 13/08/08):</p>
<p>No crean que estamos ante un asunto puramente local. Se trata probablemente del momento más decisivo de la historia europea desde la caída del Muro de Berlín. Lo demuestran fehacientemente los gritos procedentes de Moscú. «Genocidio», acusa Putin, que no se dignó a pronunciar esa misma palabra durante la conmemoración del 50 aniversario de Auschwitz. «Múnich», evoca el tierno Medvedev, insinuando que Georgia, con sus 4,5 millones de habitantes, es la reencarnación del III Reich.</p>
<p>No seremos nosotros los que subestimemos las capacidades mentales de ambos dirigentes. Lo que adivinamos es que, simulando indignación y jugando a fondo esa carta, manifiestan su voluntad de asestar un gran golpe. Está realmente claro que los spin doctors del Kremlin han revisado los clásicos de la propaganda totalitaria: cuanto mayor es mi mentira, más efecto tiene.</p>
<p>¿Quién fue el primero en disparar esta mañana? La pregunta es obsoleta. Los georgianos se retiraron de Osetia del Sur, territorio que la legislación internacional -conviene recordar- coloca bajo su jurisdicción. También se retiraron de las ciudades vecinas. ¿Es necesario que se retiren igualmente de su capital? La verdad es que la intervención del Ejército ruso fuera de sus fronteras, contra un país independiente y miembro de la ONU, es una novedad desde hace varias décadas. Más en concreto, desde la invasión de Afganistán precisamente por parte de los rusos. En 1989, Gorbachov se negó a enviar los tanques soviéticos contra la Polonia de Solidarnosc. Cinco años después, Yeltsin se cuidó mucho de permitir a las divisiones rusas entrar en Yugoslavia para apoyar a Milosevic. El propio Putin no asumió el riesgo de enviar a sus tropas a sofocar la Revolución de las Rosas (Georgia, 2002) ni la Revolución Naranja (Ucrania, 2004). Pero hoy, toda esa praxis se está viniendo abajo. Y corremos el riesgo de que, ante nuestros ojos, aparezca un mundo nuevo, con nuevas reglas.</p>
<p>¿A qué espera la Unión Europea y Estados Unidos para detener la invasión de Georgia, su país amigo? ¿Veremos a Mijail Saakashvili, líder prooccidental, democráticamente elegido, expulsado del país, exiliado y reemplazado por un fantoche o ajusticiado con una cuerda al cuello? ¿Va a reinar el orden en Tiflis como reinó en Budapest en 1956 y en Praga en 1958? A estas sencillas preguntas sólo cabe contestar con una respuesta. Hay que salvar, aquí y ahora, a una democracia amenazada de muerte. Porque no se trata sólo de Georgia. El caso afecta también a Ucrania, a Azerbayán, a Asia Central, a Europa del Este y, por lo tanto, a Europa. Si dejamos que los tanques y los bombarderos arrasen Georgia, les estamos diciendo a todos los vecinos, más o menos cercanos a la Gran Rusia, que jamás los defenderemos, que nuestras promesas son papel mojado, que nuestros buenos sentimientos se los lleva el viento y que, por lo tanto, no pueden esperar nada de nosotros.</p>
<p>Nos queda poco tiempo. Comencemos, pues, por denunciar claramente al agresor: la Rusia de Vladimir Putin y de Dmitri Medvedev, ese «liberal» famoso y desconocido que se suponía que iba a suavizar el nacionalismo de Putin. A continuación, rompamos con el régimen de la tergiversación y de las mentiras vendidas como verdades: los 200.000 muertos de Chechenia; la suerte del Cáucaso Norte como un «asunto interno»; Anna Politkovskaya, una suicida; Litvinenko, un ovni&#8230; Y admitamos, por fin, que la autocracia putiana, nacida por obra y gracia de los oscuros atentados que ensangrentaron Moscú en 1999, no es un socio de fiar y, mucho menos, una potencia amiga.</p>
<p>¿Con qué derecho esta Rusia, agresiva, amenazadora y con mala fe, sigue siendo miembro del G8? ¿Por qué se sienta en el Consejo de Europa, institución dedicada a defender los valores de nuestro continente? ¿Para qué mantener las grandes inversiones, especialmente alemanas, del gasoducto bajo el Báltico para beneficiar sólo a Rusia, cuyo objetivo es cortocircuitar los que pasan por Ucrania y Polonia? Si el Kremlin persiste en su agresión caucásica, ¿no es conveniente que la Unión Europea reconsidere el conjunto de sus relaciones con su gran vecino? Porque Rusia necesita más vender su petróleo que nosotros comprárselo. A veces, es posible cazar al cazador. Si Europa encuentra audacia y lucidez, es fuerte. De lo contrario, es una Europa muerta.</p>
<p>Los dos firmantes de este artículo conminábamos públicamente, en una carta fechada el 29 de marzo de 2008, a Angela Merkel y a Nicolas Sarkozy a no bloquear el acercamiento de Georgia y de Ucrania a la OTAN. Una decisión positiva, escribíamos entonces, que «convertiría en un santuario a los dos países. Y el gas seguiría llegando. Y la lógica de la guerra, que tanto hace temblar a algunos, se encasquillaría de inmediato. De lo contrario, estamos convencidos de que nuestro rechazo enviaría un signo desastroso a los nuevos zares de la Rusia nacional-capitalista. Les demostraría que somos débiles y veletas, que Georgia y Ucrania son tierras a conquistar y que nosotros las inmolamos sin rechistar en el ara de sus ambiciones imperiales redivivas. No integrar, o más exactamente no pensar en integrar, a estos países en el espacio de la civilización europea desestabilizaría a toda la región. En definitiva, cediendo ante Vladimir Putin, sacrificando nuestros principios ante él, reforzaríamos, en Moscú, el nacionalismo más agresivo». Era imaginarnos lo peor, sin querer creerlo demasiado. Pero lo peor ha llegado. Para no disgustar a Moscú, Francia y Alemania pusieron su veto a esta perspectiva de integración. Y Putin recibió el recado y, como agradecimiento, desencadenó su ofensiva.</p>
<p>Es hora de cambiar de método. Los europeos asistieron, impotentes por estar divididos, al sitio de Sarajevo. Vieron cómo se destrozaba Grozni, impotentes por ciegos. ¿Va a obligarnos la cobardía, también esta vez, a contemplar, pasivos y timoratos, la capitulación de la democracia en Tiflis? El Estado Mayor del Kremlin jamás creyó en una «Unión europea». Pofesa, más bien, que, bajo las buenas palabras de las que Bruselas es sumamente pródiga, bullen las rivalidades seculares entre soberanías nacionales, manipulables a conveniencia y mutuamente paralizadoras. El test georgiano es la prueba de la existencia o no de Europa. La Europa que se construyó contra el telón de acero, contra los fascismos de antaño y de hoy, contra sus propias guerras coloniales, la Europa que festejó la caída del Muro y saludó la Revolución de Terciopelo, se encuentra hoy al borde del coma. ¿Veremos sellar el final de nuestra breve historia común en las olimpiadas del horror del Cáucaso?</p>
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		<title>Bush rebuking Russia? Putin must be splitting his sides</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Aug 2008 18:43:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Simon Jenkins</strong> (THE GUARDIAN, 13/08/08):</p>
<p>One thing is for sure. This week&#8217;s operation in Georgia has displayed the failure of the west&#8217;s policy of belligerence towards Vladimir Putin&#8217;s Russia. The policy was meant to weaken Russia, and has strengthened it. The policy was meant to humiliate Russia with Nato encirclement, and has merely fed its neo-imperialism. The policy was meant to show that Russia &#8220;understands only firmness&#8221; and instead has shown the west as a bunch of tough-talking windbags.</p>
<p>Georgia, a supposed western ally and applicant to Nato, has been treated by Russia to a brutal lesson in power &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21486/bush-rebuking-russia-putin-must-be-splitting-his-sides/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Simon Jenkins</strong> (THE GUARDIAN, 13/08/08):</p>
<p>One thing is for sure. This week&#8217;s operation in Georgia has displayed the failure of the west&#8217;s policy of belligerence towards Vladimir Putin&#8217;s Russia. The policy was meant to weaken Russia, and has strengthened it. The policy was meant to humiliate Russia with Nato encirclement, and has merely fed its neo-imperialism. The policy was meant to show that Russia &#8220;understands only firmness&#8221; and instead has shown the west as a bunch of tough-talking windbags.</p>
<p>Georgia, a supposed western ally and applicant to Nato, has been treated by Russia to a brutal lesson in power politics. The west has lost all leverage and can do nothing. Seldom was a policy so crashingly stupid.</p>
<p>Putin would die laughing if he read this week&#8217;s American newspapers. The president, George Bush, declared the Russian invasion of Georgia &#8220;disproportionate and unacceptable&#8221;. This is taken as a put-down to the vice-president, Dick Cheney, who declared the invasion &#8220;will not go unanswered&#8221;, apparently something quite different. Bush says that great powers should not go about &#8220;toppling governments in the 21st century&#8221;, as if he had never done such a thing. Cheney says that the invasion has &#8220;damaged Russia&#8217;s standing in the world&#8221;, as if Cheney gave a damn. The lobby for sanctions against Russia is reduced to threatening to boycott the winter Olympics. Big deal.</p>
<p>Every student of the Caucasus has known since the fall of the Soviet empire that this part of the world was an explosion waiting to happen. The crisscrossing fault lines of ethnicity, religion and nationalism, fuelled by gas and oil, would not long survive the removal of the Red Army and communist discipline. There were too many old scores to settle, too much territory in dispute and too much wealth at stake &#8211; rivalries brilliantly portrayed in Kurban Said&#8217;s classic novel of Edwardian Azerbaijan, Ali &amp; Nino.</p>
<p>In every crisis the west craves goodies and baddies. The media finds it impossible to report a modern conflict without taking sides. In Yugoslavia, where a similar clash of separatist minorities occurred in the 1990s, coverage was so biased that Kosovo is still &#8220;plucky little&#8221; and the Serbs can still do no right.</p>
<p>In South Ossetia both sides appear to have committed appalling atrocities, and can thus generate a sense of outrage in front of whatever camera is pointed at them. Georgia&#8217;s government claimed the right to assert military control over its two dissident provinces, South Ossetia and Abkhazia, even if they were openly in league with Russia. Equally, Russia felt justified in stopping the consequent evictions and killings of its nationals in these provinces, in which it had a humanitarian locus as &#8220;peacekeeper&#8221;.</p>
<p>The difficulty is that entitlement and good sense are rarely in accord. Georgia may have been entitled to act, but was clearly unwise to do so. Russia may have been entitled to aid its people against an oppressor, but that is different from unleashing its notoriously inept and ruthless army, let alone bombing Georgia&#8217;s capital and demanding a change in its government.</p>
<p>What is clear is that the Georgian president, Mikheil Saakashvili, is a poor advertisement for a Harvard education. He thought he could reoccupy South Ossetia and call Russia&#8217;s bluff while Putin was away at the Olympics. He found it was not bluff. Putin was waiting for just such an invitation to humiliate a man he loathes, and to deter any other Russian border state from applying to join Nato, an organisation Russia had itself sought to join until it was rudely rebuffed.</p>
<p>Saakashvili thought he could call on the support of his neoconservative allies in Washington. Tbilisi is one of the few world cities in which Bush&#8217;s picture is a pin-up and where an avenue is named after him. It turned out that such &#8220;support&#8221; was mere words. America is otherwise engaged in wars that bear a marked resemblance to those waged by Putin. It defended the Kurdish enclaves against Saddam Hussein. It sought regime change in Serbia and Afghanistan. As Putin&#8217;s troops in South Ossetia were staging a passable imitation of the US 101st Airborne entering Iraq, Bush was studiously watching beach volleyball in Beijing.</p>
<p>The truth is that the world has no conceptual framework for adjudicating, let alone resolving, these timeless border conflicts. Where poverty is rife, it takes only a clan war and a ready supply of guns for hostilities to break out. The only question is how to stop them escalating.</p>
<p>Once such conflicts could be quarantined by the United Nations&#8217; requirement to respect national sovereignty. That has been shot to pieces by the liberal interventionism of George Bush and Tony Blair. The result has reinvigorated separatist movements across the world. Small-statism is not an evil in itself: witness its quadrennial festival at the Olympics. But the process of achieving it is usually bitter and bloody.</p>
<p>The west&#8217;s eagerness to intervene in favour of partition, manifest in Yugoslavia, Iraq and Sudan, is more than meddling. It encouraged every oppressed people and province on earth to be &#8220;the mouse that roared&#8221;, to think it could ensnare a great power in its cause.</p>
<p>The parallels are glaring. If we backed Kosovo against the Serbs, why not back South Ossetia against the Georgians? But if we backed the Kurds against the Iraqis, why not the Georgians against Russia? Indeed, had Nato admitted Georgia to full membership, there is no knowing what Caucasian horror might have ensued from the resulting treaty obligation. Decisions which in Washington and London may seem casual gestures of ideological solidarity can mean peace and war on the ground.</p>
<p>I retain an archaic belief that the old UN principle of non-interference, coupled with a realpolitik acceptance of &#8220;great power&#8221; spheres of influence, is still a roughly stable basis for international relations. It may on occasions be qualified by soft-power diplomacy and humanitarian relief. It may demand an abstinence from kneejerk gestures in favour of leaving things to sort themselves out (as in Zimbabwe). But liberal interventionism, especially when it leads to military and economic aggression, means one costly adventure after another &#8211; and usually failure.</p>
<p>The west has done everything to isolate Putin, as he rides the tiger of Russian emergence from everlasting dictatorship. This has encouraged him to care not a fig for world opinion. Equally the west has encouraged Saakashvili to taunt Putin beyond endurance. The policy has led to war. If ever there were a place just to leave alone, it is surely the Caucasus.</p>
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		<title>Conspiración en Georgia</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Aug 2008 16:02:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Taibo</strong>, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma y colaborador de BAKEAZ (EL CORREO DIGITAL, 13/08/08):</p>
<p>Muchos analistas se preguntan estos días por las razones que han podido conducir al presidente georgiano, Saakashvili, a lanzar en Osetia del Sur una ofensiva militar que parecía inequívocamente condenada al fracaso. Si cualquier conocedor de lo que se dirime hoy en el Cáucaso hubiera dado inmediatamente por descontado que la ofensiva en cuestión estaba llamada a provocar una inmediata réplica rusa, el sentido común recuerda, por añadidura, que la acción armada georgiana ha tenido que gozar, por fuerza, del &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21476/conspiracion-en-georgia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Carlos Taibo</strong>, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma y colaborador de BAKEAZ (EL CORREO DIGITAL, 13/08/08):</p>
<p>Muchos analistas se preguntan estos días por las razones que han podido conducir al presidente georgiano, Saakashvili, a lanzar en Osetia del Sur una ofensiva militar que parecía inequívocamente condenada al fracaso. Si cualquier conocedor de lo que se dirime hoy en el Cáucaso hubiera dado inmediatamente por descontado que la ofensiva en cuestión estaba llamada a provocar una inmediata réplica rusa, el sentido común recuerda, por añadidura, que la acción armada georgiana ha tenido que gozar, por fuerza, del beneplácito, y en su caso del apoyo logístico, norteamericano.</p>
<p>Aunque soy poco amigo de las explicaciones conspiratorias, por una vez me dejaré llevar por una de ellas. En algo recuerda -lo confesaré- a un argumento que se esgrimió con profusión cuando llegó el momento de explicar la anexión iraquí de Kuwait, en el verano de 1990. Entonces se sugirió que Estados Unidos le tendió una trampa a Sadam Hussein a través de eventuales garantías en el sentido de que una ocupación del emirato por Irak no tendría mayor respuesta norteamericana. Conforme a la interpretación dominante, del lado de la Casa Blanca el propósito oculto habría sido, claro, disfrutar de una oportunidad de oro para deshacerse de un régimen molesto que disputaba a EE UU, con manifiesta osadía, la hegemonía en Oriente Próximo y Medio.</p>
<p>El recordatorio de lo ocurrido en el Golfo Pérsico casi cuatro lustros atrás viene a cuento porque -parece- bien pueden invocarse circunstancias parecidas en el escenario georgiano de estas horas. Reseñemos por lo pronto que merece poco crédito la explicación que apunta que el presidente Saakashvili se lanzó el viernes pasado a una dudosa operación militar en Osetia del Sur para acallar críticas internas y desviar la atención con respecto a los numerosos problemas que plantea su gestión política. Nuestro hombre ha pasado en los últimos tiempos por tesituras mucho más delicadas que la de este verano y nadie parece sostener en serio la apreciación anterior, tanto más cuanto que, por sí sola, conduce inequívocamente a un escenario más bien suicida.</p>
<p>La observación que se impone llama la atención, antes bien, sobre un eventual engaño estadounidense a Saakashvili. Según esta percepción, la diplomacia norteamericana habría garantizado al presidente georgiano que Rusia, consciente de lo delicado que es cruzar la frontera de un Estado soberano y recelosa de la perspectiva de una confrontación abierta con EE UU, en modo alguno respondería militarmente a una ofensiva en Osetia del Sur. Georgia recuperaría así en plenitud, y con gloria, el control sobre esa república y la credibilidad del Kremlin quedaría en entredicho. De la mano de este ardid, la Casa Blanca le habría puesto en bandeja a Saakashvili un triunfo que vendría a consolidar definitivamente su posición.</p>
<p>El lector razonable se preguntará inmediatamente, claro, qué es lo que Washington ganaría de la mano de una apuesta tan delicada, que -no lo olvidemos, y merced a una reacción rusa muy diferente de la anunciada- podría dar al traste con el poder del aliado Saakashvili y trastabillar muchos de los esquemas de presión norteamericanos en el Cáucaso. La única respuesta solvente a ese interrogante señala que, de resultas de la intervención militar rusa -el horizonte más probable-, y tanto más cuanto que ésta no parece se haya caracterizado por mesura alguna, los &#8216;halcones&#8217; de la Casa Blanca podrían insuflarle un aire nuevo a la alicaída confrontación con Moscú y reabrir de esta forma una tensión que vendría como anillo al dedo a sus intereses. La proximidad de las elecciones presidenciales estadounidenses le otorgaría valor añadido, en fin, a la jugada que nos ocupa, al amparo de argumentos interesantes para demonizar la aparente laxitud de las propuestas de Barack Obama.</p>
<p>No deseo ignorar que la hipótesis que expongo, como todas las que tienen un resuello conspiratorio, arrastra problemas no menores y obliga a acometer un notable ejercicio de imaginación. Quien se quede con esta legítima conclusión hará bien, eso sí, en proponer alguna explicación alternativa para la sorprendente conducta de la que han hecho gala en los últimos días los gobernantes georgianos.</p>
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		<title>A Path to Peace in the Caucasus</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Aug 2008 21:14:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Mikhail Gorbachev</strong>, the last president of the Soviet Union. He was awarded the Nobel Peace Prize in 1990 and is president of the Gorbachev Foundation, a Moscow think tank. A version of this article, in Russian, will be published in the Rossiyskaya Gazeta newspaper tomorrow (THE WASHINGTON POST, 12/08/08):</p>
<p>The past week&#8217;s events in South Ossetia are bound to shock and pain anyone. Already, thousands of people have died, tens of thousands have been turned into refugees, and towns and villages lie in ruins. Nothing can justify this loss of life and destruction. It is a warning to &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21450/a-path-to-peace-in-the-caucasus/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Mikhail Gorbachev</strong>, the last president of the Soviet Union. He was awarded the Nobel Peace Prize in 1990 and is president of the Gorbachev Foundation, a Moscow think tank. A version of this article, in Russian, will be published in the Rossiyskaya Gazeta newspaper tomorrow (THE WASHINGTON POST, 12/08/08):</p>
<p>The past week&#8217;s events in South Ossetia are bound to shock and pain anyone. Already, thousands of people have died, tens of thousands have been turned into refugees, and towns and villages lie in ruins. Nothing can justify this loss of life and destruction. It is a warning to all.</p>
<p>The roots of this tragedy lie in the decision of Georgia&#8217;s separatist leaders in 1991 to abolish South Ossetian autonomy. This turned out to be a time bomb for Georgia&#8217;s territorial integrity. Each time successive Georgian leaders tried to impose their will by force &#8212; both in South Ossetia and in Abkhazia, where the issues of autonomy are similar &#8212; it only made the situation worse. New wounds aggravated old injuries.</p>
<p>Nevertheless, it was still possible to find a political solution. For some time, relative calm was maintained in South Ossetia. The peacekeeping force composed of Russians, Georgians and Ossetians fulfilled its mission, and ordinary Ossetians and Georgians, who live close to each other, found at least some common ground.</p>
<p>Through all these years, Russia has continued to recognize Georgia&#8217;s territorial integrity. Clearly, the only way to solve the South Ossetian problem on that basis is through peaceful means. Indeed, in a civilized world, there is no other way.</p>
<p>The Georgian leadership flouted this key principle.</p>
<p>What happened on the night of Aug. 7 is beyond comprehension. The Georgian military attacked the South Ossetian capital of Tskhinvali with multiple rocket launchers designed to devastate large areas. Russia had to respond. To accuse it of aggression against &#8220;small, defenseless Georgia&#8221; is not just hypocritical but shows a lack of humanity.</p>
<p>Mounting a military assault against innocents was a reckless decision whose tragic consequences, for thousands of people of different nationalities, are now clear. The Georgian leadership could do this only with the perceived support and encouragement of a much more powerful force. Georgian armed forces were trained by hundreds of U.S. instructors, and its sophisticated military equipment was bought in a number of countries. This, coupled with the promise of NATO membership, emboldened Georgian leaders into thinking that they could get away with a &#8220;blitzkrieg&#8221; in South Ossetia.</p>
<p>In other words, Georgian President Mikheil Saakashvili was expecting unconditional support from the West, and the West had given him reason to think he would have it. Now that the Georgian military assault has been routed, both the Georgian government and its supporters should rethink their position.</p>
<p>Hostilities must cease as soon as possible, and urgent steps must be taken to help the victims &#8212; the humanitarian catastrophe, regretfully, received very little coverage in Western media this weekend &#8212; and to rebuild the devastated towns and villages. It is equally important to start thinking about ways to solve the underlying problem, which is among the most painful and challenging issues in the Caucasus &#8212; a region that should be approached with the greatest care.</p>
<p>When the problems of South Ossetia and Abkhazia first flared up, I proposed that they be settled through a federation that would grant broad autonomy to the two republics. This idea was dismissed, particularly by the Georgians. Attitudes gradually shifted, but after last week, it will be much more difficult to strike a deal even on such a basis.</p>
<p>Old grievances are a heavy burden. Healing is a long process that requires patience and dialogue, with non-use of force an indispensable precondition. It took decades to bring to an end similar conflicts in Europe and elsewhere, and other long-standing issues are still smoldering. In addition to patience, this situation requires wisdom.</p>
<p>Small nations of the Caucasus do have a history of living together. It has been demonstrated that a lasting peace is possible, that tolerance and cooperation can create conditions for normal life and development. Nothing is more important than that.</p>
<p>The region&#8217;s political leaders need to realize this. Instead of flexing military muscle, they should devote their efforts to building the groundwork for durable peace.</p>
<p>Over the past few days, some Western nations have taken positions, particularly in the U.N. Security Council, that have been far from balanced. As a result, the Security Council was not able to act effectively from the very start of this conflict. By declaring the Caucasus, a region that is thousands of miles from the American continent, a sphere of its &#8220;national interest,&#8221; the United States made a serious blunder. Of course, peace in the Caucasus is in everyone&#8217;s interest. But it is simply common sense to recognize that Russia is rooted there by common geography and centuries of history. Russia is not seeking territorial expansion, but it has legitimate interests in this region.</p>
<p>The international community&#8217;s long-term aim could be to create a sub-regional system of security and cooperation that would make any provocation, and the very possibility of crises such as this one, impossible. Building this type of system would be challenging and could only be accomplished with the cooperation of the region&#8217;s countries themselves. Nations outside the region could perhaps help, too &#8212; but only if they take a fair and objective stance. A lesson from recent events is that geopolitical games are dangerous anywhere, not just in the Caucasus.</p>
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		<title>L&#8217;avertissement géorgien</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Aug 2008 20:57:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Safet Kryemadhi</strong>, historien à la Haute école libre de Bruxelles (LE MONDE, 12/08/08):</p>
<p>Le sommet de l&#8217;OTAN à Bucarest, en avril, avait différé les candidatures de l&#8217;Ukraine et de la Géorgie à rejoindre le plan d&#8217;action préalable à l&#8217;adhésion. Plusieurs pays, menés par la France et l&#8217;Allemagne, inquiets de la réaction russe, s&#8217;étaient opposés à la volonté américaine favorable à Kiev et Tbilissi en invoquant la fragilité de ces nouvelles démocraties. Moscou avait en effet prévenu que l&#8217;entrée de ces deux pays dans l&#8217;Alliance euro-atlantique <em>&#8220;serait une grande erreur stratégique qui aurait les conséquences les plus sérieuses pour </em>&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21472/lavertissement-georgien/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Safet Kryemadhi</strong>, historien à la Haute école libre de Bruxelles (LE MONDE, 12/08/08):</p>
<p>Le sommet de l&#8217;OTAN à Bucarest, en avril, avait différé les candidatures de l&#8217;Ukraine et de la Géorgie à rejoindre le plan d&#8217;action préalable à l&#8217;adhésion. Plusieurs pays, menés par la France et l&#8217;Allemagne, inquiets de la réaction russe, s&#8217;étaient opposés à la volonté américaine favorable à Kiev et Tbilissi en invoquant la fragilité de ces nouvelles démocraties. Moscou avait en effet prévenu que l&#8217;entrée de ces deux pays dans l&#8217;Alliance euro-atlantique <em>&#8220;serait une grande erreur stratégique qui aurait les conséquences les plus sérieuses pour la sécurité en Europe&#8221;</em>.</p>
<p>L&#8217;avertissement a pris la forme d&#8217;une guerre ouverte dont l&#8217;Ossétie du Sud est le prétexte et le déclencheur. Cette épine dans le territoire géorgien (3 900 km<sup>2</sup> pour 75 000 habitants) est, avec l&#8217;Abkhazie sécessionniste, un instrument de déstabilisation permanent de la petite république caucasienne de 70 000 km<sup>2</sup>. Pour rappel, les Ossètes ont toujours été loyaux et fidèles à Moscou depuis la conquête tsariste au XIX<sup>e</sup> siècle.</p>
<p>Staline, dont la mère était ossète, voyait dans la création de cette région, autonome en 1922, un moyen d&#8217;arrimer la Géorgie récalcitrante au pouvoir bolchevik. C&#8217;est aussi à Mozdok, dans le territoire russe d&#8217;Ossétie du Nord qu&#8217;est installé l&#8217;état-major des forces russes chargées de mettre au pas la Tchétchénie rebelle, pour laquelle Vladimir Poutine n&#8217;a pas eu la même sollicitude.</p>
<p>Les régions séparatistes d&#8217;Abkhazie où stationnent 2 500 soldats russes et d&#8217;Adjarie amputent encore Tbilissi des deux tiers de sa façade maritime sur la mer Noire et de ses deux principaux ports (Soukhoumi et Batoum). Durant ces dernières années, les sujets de tensions et les escarmouches avec la Géorgie se sont succédé. Tbilissi était accusée de ne pas surveiller suffisamment les gorges sauvages du Pankissi par où passaient matériel militaire et partisans tchétchènes. Contrainte d&#8217;abandonner ses bases militaires en Géorgie, dont les deux dernières devaient être évacuées à la fin de cette année, Moscou a enfin perdu son interlocuteur privilégié après la <em>&#8220;révolution des roses&#8221;</em> de décembre 2003. Le président démissionnaire Edouard Chevardnadze avait été le dernier ministre des affaires étrangères de l&#8217;URSS et en comprenait donc parfaitement la grammaire. Surtout, la construction de l&#8217;oléoduc Bakou-Tbilissi-Ceyhan (en Turquie), entré en activité en mai 2005 et chargé d&#8217;acheminer le pétrole du Caucase vers la Méditerranée en évitant l&#8217;Arménie, a représenté un véritable affront à la stratégie énergétique russe dans l&#8217;<em>&#8220;étranger proche&#8221;</em> de Moscou. Cela, malgré la multiplication des foyers de tensions et de guerre dans ce que l&#8217;expert américain Zbigniew Brzezinski nomme les <em>&#8220;Balkans eurasiens&#8221;</em>.</p>
<p>Car le tracé des nouvelles routes du gaz et du pétrole est au coeur de ce conflit rien moins qu&#8217;imprévisible. Possédant les plus grandes réserves mondiales de gaz (27 % du total), la Russie assure 40 % des importations européennes. La dépendance européenne croissante au gaz russe varie toutefois largement d&#8217;un pays à l&#8217;autre (Allemagne 43 %, France 26 %, Italie 30 %, et de presque 85 à 100 % pour certains des nouveaux Etats membres). Moscou joue habilement de ce facteur qui entrave une politique énergétique commune des pays de l&#8217;Union européenne.</p>
<p>La Russie a en effet programmé le redéploiement de son réseau de distribution gazier à destination de l&#8217;Europe. Le gazoduc Northstream (partenariat Gazprom-BASF-Ruhrgaz) reliera la Russie à l&#8217;Allemagne par la mer Baltique en évitant ainsi les Etats baltes et la Pologne. Le gazoduc Southstream, auquel participe le géant italien ENI, traversera la mer Noire pour atteindre la Bulgarie et se scinder en deux tronçons. C&#8217;est une riposte directe au projet euro-américain Nabucco, qui partirait d&#8217;Erzurum (Turquie), en communication avec les gazoducs de Géorgie et d&#8217;Iran, vers la Bulgarie et l&#8217;Europe centrale. Ces deux itinéraires maritimes enclaveraient en même temps l&#8217;Ukraine, noeud de l&#8217;ancien réseau de distribution soviétique, afin de peser sur les tentations atlantistes de Kiev.</p>
<p>Vladimir Poutine avait piloté pendant ses années au Kremlin une rude mise au pas des oligarques et une concentration des grands groupes gazier et pétrolier russes. Ils sont désormais en ordre de bataille et servent une politique extérieure de retour à la puissance. Privilégiant les accords bilatéraux, Vladimir Poutine sape insensiblement le partenariat énergétique européen. Les premières réactions diplomatiques à la guerre avec la Géorgie illustrent l&#8217;éparpillement européen. Il ne faut pas désespérer Moscou, semble-t-on signifier.</p>
<p>Le premier ministre russe poursuit résolument avec les moyens militaires les objectifs géopolitiques et énergétiques fixés par l&#8217;ancien président russe. Pour le malheur des peuples du Caucase.</p>
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		<title>Brutality to Make a Point</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Aug 2008 20:49:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Richard Cohen</strong> (THE WASHINGTON POST, 12/08/08):</p>
<p>It would have been an easy thing for the Russians to throw the Georgians out of the two disputed enclaves of South Ossetia and Abkhazia. Russia is mighty; Georgia is not. Russia is huge; Georgia is tiny. The whole thing is a mismatch from the word go, and the Georgians &#8212; when it is appropriate to do so &#8212; have to be reminded that you do not poke a sleeping bear with a stick. Little nations ought to know their place.</p>
<p>But the bombing, including areas near the Georgian capital of Tbilisi, is &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21447/brutality-to-make-a-point/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Richard Cohen</strong> (THE WASHINGTON POST, 12/08/08):</p>
<p>It would have been an easy thing for the Russians to throw the Georgians out of the two disputed enclaves of South Ossetia and Abkhazia. Russia is mighty; Georgia is not. Russia is huge; Georgia is tiny. The whole thing is a mismatch from the word go, and the Georgians &#8212; when it is appropriate to do so &#8212; have to be reminded that you do not poke a sleeping bear with a stick. Little nations ought to know their place.</p>
<p>But the bombing, including areas near the Georgian capital of Tbilisi, is not merely disproportionate, it is purposely, studiously, coldly atrocious. It is meant to punish &#8212; not as a deterrent, the Israeli approach to such things, but as a way to show the world that the old Russia is reasserting itself. This is the Russia that looks at Georgia no differently from the way the czars did or, for that matter, the way of that most infamous of Georgians, Stalin himself. This is a Russia that wants a friendly leader on its border. It wants Georgian President Mikheil Saakashvili to go.</p>
<p>The Russian invasion of Georgia is a breath of dank air from the rancid past. It reeks of spheres of interest and Metternichian understandings of how the world works and how power is exercised. It is also a refreshing reminder that sprinkling BMW dealerships hither and yon in this or that country does not, in the end, change the culture all that much. Russia, as my grandmother could have told George W. Bush, always fights dirty.</p>
<p>The reality of old has been greeted as shockingly new in Washington. The Bush administration&#8217;s policy has been to seek NATO membership for Georgia and Ukraine, another former Soviet republic. This is yet another example of policy disconnected from national interests, not to mention reality. Russian bombs have rained down on Georgia. Would we go to war to stop that? No way. But that is the very reason for NATO. You hit one of our guys and we&#8217;re going to hit you back. Britain? You bet. France? Certainly. Germany? Yes, indeed. Georgia? Give us some time to think about it.</p>
<p>World War I, whose origins are still open to debate, started in the Balkans, a remote region of Europe that was not worth even a minor war. The Caucasian region is similarly remote, another ethnic hodgepodge. It would make no sense to turn the Caucasus into a latter-day Balkans, and it makes no sense, either, to demonize Russia for doing what it has always done. The United States needs Moscow to continue its cooperation on Iran. In addition, we have to bear in mind what we would do under similar circumstances. In a way, the Caucasus is Russia&#8217;s Latin America &#8212; a sphere of influence asserted by its own version of the Monroe Doctrine.</p>
<p>The recognition of reality does not for a moment mean that Russia has to be given free rein. Although it is loath to admit it, Moscow needs the West &#8212; for trade, certainly, but also for approval. Peter the Great built his capital to face Europe, and Putin, don&#8217;t forget, was mayor of St. Petersburg. He likes the West. But he ought to be reminded that the West no longer likes him. That, too, is reality.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Rusia se pasa de la raya</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Aug 2008 20:47:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Georgia]]></category>
		<category><![CDATA[Osetia del Sur]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Richard C. Holbrooke,</strong> embajador de EE UU ante la ONU en el Gobierno de Clinton, y <strong>Ronald D. Asmus</strong>, director ejecutivo del Centro Transatlántico del German Marshall Fund de EE UU. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 12/08/08):</p>
<p>En los últimos tiempos, hemos afirmado que Rusia estaba llevando a cabo una política de cambiar el régimen de Georgia y a su presidente prooccidental y democráticamente elegido, Mijaíl Saakashvili. Predijimos que, a falta de una intervención diplomática fuerte y unida de Occidente, se avecinaba una guerra. Ahora, trágicamente, la escalada de la violencia en Osetia del Sur &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21468/rusia-se-pasa-de-la-raya/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Richard C. Holbrooke,</strong> embajador de EE UU ante la ONU en el Gobierno de Clinton, y <strong>Ronald D. Asmus</strong>, director ejecutivo del Centro Transatlántico del German Marshall Fund de EE UU. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 12/08/08):</p>
<p>En los últimos tiempos, hemos afirmado que Rusia estaba llevando a cabo una política de cambiar el régimen de Georgia y a su presidente prooccidental y democráticamente elegido, Mijaíl Saakashvili. Predijimos que, a falta de una intervención diplomática fuerte y unida de Occidente, se avecinaba una guerra. Ahora, trágicamente, la escalada de la violencia en Osetia del Sur ha culminado en una invasión declarada de Georgia por parte de Rusia. Occidente, especialmente Estados Unidos, podría haber prevenido esta guerra.</p>
<p>No está claro del todo qué ocurrió en Osetia del Sur la semana pasada. Cada bando contará su propia versión. Pero sí sabemos, sin ninguna duda, que Georgia reaccionó ante las repetidas provocaciones de los separatistas de Osetia, controlados y financiados por el Kremlin. No se puede decir que Georgia deseara esta guerra; creía que estaba ganando poco a poco terreno en Osetia del Sur mediante una estrategia de poder blando. Sean cuales sean los errores del Gobierno de Georgia, no pueden justificar las acciones de Rusia. El Kremlin ha invadido un país vecino, y eso es un acto de agresión ilegal que vulnera la Carta de Naciones Unidas y los principios fundamentales de cooperación y seguridad en Europa.</p>
<p>Iniciar una guerra bien planificada (que incluye la guerra cibernética) al mismo tiempo que se inauguraban los Juegos Olímpicos infringe la antigua tradición de la tregua olímpica. El deseo de Rusia de crear una zona de guerra a 40 kilómetros de la ciudad de Sochi, en el mar Negro, que acogerá los juegos de Invierno en 2014, no es precisamente prueba de su compromiso con los ideales olímpicos. El objetivo de Rusia no es sólo, como dice, restablecer el <em>statu quo</em> en Osetia del Sur. Busca el cambio de régimen en Georgia. Ha abierto un segundo frente en el otro territorio georgiano en disputa, Abjazia, justo al sur de Sochi. Pero su propósito fundamental es sustituir a Saakashvili -un hombre al que Putin desprecia- por un presidente más sujeto a la influencia del Kremlin.</p>
<p>Como destacó el sábado el ministro sueco de Exteriores, Carl Bildt, la justificación de Moscú para invadir tiene paralelismos con los capítulos más oscuros de la historia de Europa. Después de suministrar pasaportes a decenas de miles de abjazios y osetos, Moscú asegura ahora que tiene que intervenir para protegerlos, una táctica que recuerda a otra utilizada por la Alemania nazi al comenzar la II Guerra Mundial.</p>
<p>Rusia quiere hacer retroceder los avances democráticos en sus fronteras, destruir cualquier oportunidad de nueva ampliación de la OTAN y la UE, y restablecer una esfera de hegemonía sobre sus vecinos. Moscú envía el mensaje de que, en esa parte del mundo, tener lazos estrechos con EE UU y Occidente no sirve de nada. Tal vez nos encontramos en Europa ante el fin de una era en la que se suponía que había que sustituir la <em>realpolitik</em> y las esferas de influencia por unas normas de cooperación y el derecho de un país a escoger su propio camino. Habrá que revisar las esperanzas que había de que Rusia fuera más liberal con el presidente Dmitri Medvédev. La conducta de Rusia es un reto directo al orden europeo e internacional.</p>
<p>¿Qué puede hacer Occidente? En primer lugar, Georgia merece nuestra solidaridad y nuestro apoyo. Occidente debe conseguir que se interrumpan los combates y conservar la integridad territorial de Georgia dentro de sus fronteras internacionales actuales. Tan pronto como terminen las hostilidades, es preciso que haya un gran esfuerzo transatlántico coordinado para ayudar a Tbilisi en la reconstrucción y la recuperación.</p>
<p>Segundo, no debemos pretender que Rusia es una fuerza neutral de pacificación en los conflictos que se producen en sus fronteras. Rusia es parte del problema, no la solución. Hace demasiado tiempo que Moscú aprovecha los mandatos internacionales para perseguir políticas neoimperialistas. Occidente debe renegar de esos mandatos e insistir en que haya unas fuerzas internacionales verdaderamente neutrales, a las órdenes de la ONU, para vigilar un futuro alto el fuego y servir de mediadoras.</p>
<p>Tercero, Occidente necesita contrarrestar las presiones de Rusia sobre sus vecinos, especialmente Ucrania, que es seguramente el próximo objetivo de Moscú. EE UU y la UE deben señalar que no se va a relegar a una zona gris a Ucrania y Georgia.</p>
<p>Por último, EE UU y la UE deben aclarar que este tipo de agresión afectará a las relaciones y el prestigio de Rusia en Occidente. Aunque no hay que pensar en una intervención militar occidental en Georgia -nadie quiere una nueva guerra fría en el siglo XXI-, no es posible ignorar las acciones rusas. Y hay que advertir al Kremlin de que su propio proyecto para adquirir prestigio -los Juegos Olímpicos de Sochi- se verá afectado por sus actuaciones.</p>
<p>La debilidad de la diplomacia occidental y la falta de unidad transatlántica han hecho que fuera imposible prevenir una guerra evitable. Sólo una unidad transatlántica fuerte puede detenerla y empezar a reparar los inmensos daños causados. De no ser así, podremos añadir una cosa más a la ya larga lista de fracasos en el exterior del Gobierno de Bush.</p>
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		<title>Guerra abierta en el corazón de Europa</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Aug 2008 20:28:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Europa]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Gustavo de Arístegui</strong>, diputado por Zamora y portavoz de Exteriores del PP en el Congreso (EL MUNDO, 12/08/08):</p>
<p>Me resulta chocante que el pacifismo de tantos sea tan terriblemente selectivo. Nadie se acuerda de Ruanda o de Burundi, las guerras olvidadas de Africa no sacuden ya las conciencias de los occidentales antioccidentales, Darfur parece interesar sólo a algunos en Europa y a pocos más en Estados Unidos, quizá se deba al gancho de George Clooney, hasta para esto somos frívolos. Hay conflictos terribles que cierta progresía conoce de memoria: datos, detalles y hasta las estadísticas muchas veces infladas &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21461/guerra-abierta-en-el-corazon-de-europa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Gustavo de Arístegui</strong>, diputado por Zamora y portavoz de Exteriores del PP en el Congreso (EL MUNDO, 12/08/08):</p>
<p>Me resulta chocante que el pacifismo de tantos sea tan terriblemente selectivo. Nadie se acuerda de Ruanda o de Burundi, las guerras olvidadas de Africa no sacuden ya las conciencias de los occidentales antioccidentales, Darfur parece interesar sólo a algunos en Europa y a pocos más en Estados Unidos, quizá se deba al gancho de George Clooney, hasta para esto somos frívolos. Hay conflictos terribles que cierta progresía conoce de memoria: datos, detalles y hasta las estadísticas muchas veces infladas y siempre blandidas como afiladas espadas contra el adversario. Si no que se lo pregunten al flamante vicesecretario general del PSOE, que recurre a ellos constantemente. Me resulta curioso que a la hora de redactar estas líneas no hayamos visto ninguna declaración significativa del PSOE, pero que esta guerra, que en pocas horas, muy pocas, ha causado más de 3.000 muertos entre la población civil, no merezca declaración alguna de nadie, me resulta cuanto menos sorprendente.</p>
<p>En estos días de serpientes de verano y plácidas matinées olímpicas, las primeras páginas de los periódicos y las horribles imágenes en televisión de Osetia del Sur y de Georgia ya no conmueven a casi nadie, quizás es que no hay rédito político que sacar de este espantoso conflicto. La invasión del giga-Goliat contra un micro-David, sorprende por su dureza e implacabilidad, parece que se quiere dejar el trabajo bien hecho antes de que la comunidad internacional despierte de su indolente letargo estival. Pero hay varios aspectos de esta crisis que conviene analizar lo más desapasionadamente posible:</p>
<p>1º No podemos permitir que se produzca una reedición de la Guerra Fría, una vez que Rusia ha logrado superar su crisis política, económica y hasta de identidad tras la implosión de la URSS. Es indudablemente positivo que Rusia haya logrado la estabilidad y consolidar sus instituciones postsoviéticas, y que la revisión de su historia haya sido tan fluida como en apariencia ha sido. Ya sabemos que desde el final de la Guerra Fría ha habido algunas tentaciones nacionalista cuyos excesos, normalmente, se han desvanecido en la bruma de la compleja política rusa.</p>
<p>2º Rusia siempre ha mostrado una profunda desconfianza e indisimulada irritación ante cualquier desplazamiento de las antiguas repúblicas soviéticas hacia las posiciones occidentales de sus otrora enemigos jurados. En este sentido, siempre se opuso a que, por ejemplo, las Repúblicas Bálticas se integrasen en la OTAN o en la UE. El pretexto fue, como lo es ahora con Osetia del Sur, la presencia de una minoría rusa y la defensa de sus derechos e identidad. La diferencia radica en que en alguna República Báltica la proporción de población rusa llegaba a casi el 30%, mientras que en Georgia es de apenas unas decenas de miles de personas que escasamente llegarían al 7% de la población.</p>
<p>3º Rusia ha querido marcar con claridad su área de influencia, oponiéndose frontalmente a la instalación del escudo antimisiles estadounidense en Europa, cuando resulta evidente, ante su despliegue y número, que el objetivo no son los misiles de medio y largo alcance rusos, sino los que eventualmente puedan venir de Oriente Medio y Asia Central. Moscú volvió a enseñar los dientes en la Cumbre de la OTAN de Bucarest, cuando Ucrania y justamente Georgia quisieron ingresar en la Alianza Atlántica. Esta vez Europa se arrugó y cedió.</p>
<p>4º Rusia ha jugado con habilidad su carta energética: es uno de los primeros productores mundiales de petróleo y de gas y ha sabido presionar políticamente con enorme eficacia, si bien con nulo estilo versallesco, abriendo y cerrando el grifo de oleoductos y gasoductos según le conviniese.</p>
<p>5º Existe una manifiesta contradicción entre quienes se opusieron a la independencia de Kosovo y hoy invaden Osetia del Sur para promover el secesionismo de una parte de Georgia, incluso si sus habitantes de etnia rusa no desean formar parte de Rusia. Los hechos consumados y la violencia nunca han sido el camino. Yo me opuse firmemente a la independencia de Kosovo, me sigue pareciendo un atropello a la soberanía e integridad territorial de Serbia y a la legalidad internacional. Igual que en el caso de Osetia del Sur. Quienes promovieron esos polvos de la ilegal e irresponsable independencia kosovar, son corresponsables de estos sangrientos lodos, conviene que no lo olviden.</p>
<p>6º Nadie habla del tema, pero hay otro asunto de la máxima gravedad que afecta a Georgia: se trata de la región de Abjasia en el noroeste del país, de mayoría musulmana, y en la que los fanáticos islamistas radicales son una minoría, pero extraordinariamente activa, y donde las organizaciones terroristas yihadistas más sanguinarias tienen fuerte implantación. No olvidemos que para las más crueles de entre ellas, como Al-Qaeda, ese territorio se ha convertido en uno de los principales frentes de batalla de su «yihad global y total» para imponer su ideología en el mundo entero, pero, sobre todo y ante todo, a los musulmanes moderados, aplastantemente mayoritarios, que son sus principales víctimas. Este conflicto debilita a Georgia y, en consecuencia, fortalece de forma exponencial las posiciones yihadistas en esa región, lo que no viene bien a nadie, especialmente a Rusia, que tiene que enfrentarse a ese mismo fenómeno en Chechenia y en otros lugares de la geografía de la Federación.</p>
<p>Las conclusiones no pueden ser más inquietantes. Primero, Europa corre el riesgo de mostrar, una vez más, lo peor de sí misma. Capaz de dar lecciones de democracia y estabilidad en el mundo e incapaz de resolver sus propias y sangrientas crisis, antes los Balcanes y ahora el Cáucaso; triste, casi patético.</p>
<p>Segundo, son los intereses geoestratégicos de Europa en su conjunto los que están en juego. Por buena que sea la relación con Estados Unidos, por coincidente que sea la posición con nuestros aliados de allende el Atlántico, por coordinados que lleguemos a estar en esta crisis, Europa en su conjunto, y no sólo la UE, debe tomar medidas urgentes, y tomar conciencia de que esta crisis de hoy tendrá consecuencias indelebles para nuestro futuro común si no tenemos el coraje y la firmeza que la situación exigen. Nuestra credibilidad y, sobre todo y más importante, nuestra estabilidad y bienestar futuro, están en juego.</p>
<p>Tercero, hay un sector ideológico (las izquierdas más radicales) que no sólo perdona cualquier cosa a sus afines ideológicos, sino que se las perdonan a cualquiera que no forme parte de su catálogo de bestias negras. Si la ofensiva de Rusia en Georgia la hubiese protagonizado Estados unidos, Israel, el Reino Unido, Francia o hasta cualquier otro país occidental y con una fracción de las víctimas civiles, hoy tendríamos las calles de buena parte del mundo inundadas de manifestantes pacifistas exigiendo el fin de las hostilidades. Es evidente que ante estos protagonistas, prefieren seguir de vacaciones.</p>
<p>Cuarto, a nadie se le escapa la evidente, hasta imprescindible, diría yo, necesidad de llevarse bien con Rusia, de reconocer su influencia y su legítimo orgullo nacional, pero eso ni puede ni debe significar que claudiquemos de los principios que defendemos enérgicamente en otros lugares del mundo y que defendamos, con la prudencia y la sensatez necesarias, nuestros intereses, nuestra estabilidad, la paz, y la defensa de la democracia desde el pleno respeto a los derechos y libertades fundamentales. Rusia es un actor fundamental en el mundo, nadie debe querer aislarlos o alienarlos, pero debe actuar de forma responsable. Rusia es un actor global y no puede actuar como una pequeña potencia regional que defiende intereses meramente coyunturales. En el siglo XXI, su papel seguirá siendo fundamental. Pero son actuaciones como ésta las que van a debilitar su posición, su prestigio y su credibilidad. Medvedev y Putin deberán recordar la máxima de Bismarck y elegir entre una y otra: «El político se preocupa de las siguientes elecciones, el hombre de Estado se preocupa de las siguientes generaciones». Que se apliquen urgentemente el cuento.</p>
<p>Estos deben ser los parámetros de actuación de las democracias más avanzadas del mundo. La pusilanimidad, la cobardía, la laxitud frente a la presión o el ser acomodaticios ante los intereses cortoplacistas, debe ser desterrado del modus operandi democrático. La tragedia de Osetia del Sur debería convertirse en una señal de alarma que despierte a Europa de su letargo suicida. Nuestro futuro en común está en juego.</p>
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		<title>De vuelta en la URSS</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Aug 2008 20:21:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>John O´Sullivan</strong> (ABC, 12/08/08):<br />
Las chicas ucranias me vuelven loco de verdad<br />
Dejan Occidente a la zaga<br />
Y las chicas de Moscú me hacen cantar y gritar<br />
Que Georgia siempre está en mi mente.<br />
He vuelto a la URSS<br />
No sabéis cuánta suerte tenéis, chicos,<br />
De vuelta en la URSS<br />
<em>John Lennon &#38; Paul McCartney</em></p>
<p>No son sólo los osetios del sur los que han vuelto a la URSS esta mañana. Otros georgianos, países del «extranjero cercano» a Rusia, desde el Cáucaso hasta el Báltico, «minorías nacionales» como los chechenos, e incluso los propios rusos, se enfrentan ahora a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21458/de-vuelta-en-la-urss/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>John O´Sullivan</strong> (ABC, 12/08/08):<br />
Las chicas ucranias me vuelven loco de verdad<br />
Dejan Occidente a la zaga<br />
Y las chicas de Moscú me hacen cantar y gritar<br />
Que Georgia siempre está en mi mente.<br />
He vuelto a la URSS<br />
No sabéis cuánta suerte tenéis, chicos,<br />
De vuelta en la URSS<br />
<em>John Lennon &amp; Paul McCartney</em></p>
<p>No son sólo los osetios del sur los que han vuelto a la URSS esta mañana. Otros georgianos, países del «extranjero cercano» a Rusia, desde el Cáucaso hasta el Báltico, «minorías nacionales» como los chechenos, e incluso los propios rusos, se enfrentan ahora a un país y a unos líderes políticos corruptos, autoritarios, militaristas, y a los que no les preocupa excesivamente dónde acaban sus fronteras. Otra cosa es lo afortunados que debemos sentirnos (ellos y nosotros) a este respecto.</p>
<p>En los últimos años, el Estado ruso ha asesinado en Londres a un exiliado con ciudadanía británica; expropiado inversiones extranjeras en nombre de una empresa de energía controlada por él mismo; cortado los suministros energéticos a países como medio de intimidación política; ayudado a los rebeldes secesionistas de los países vecinos para desequilibrar a los gobiernos recientemente independientes; y este fin de semana —se acabaron las contemplaciones— invadido y bombardeado el país soberano de Georgia.<br />
A veces estas acciones han llevado el frágil disfraz de la aplicación de las leyes tributarias o del «mantenimiento de la paz» (aunque no el asesinato de Londres). La «democracia» ha sido un disfraz similar para un sistema político autoritario en el cual el poder y la riqueza están cada vez más concentrados en manos del ex presidente Vladimir Putin y otros siloviki (o ex burócratas de los servicios secretos).</p>
<p>Es más, este sistema parasitario ha sido exportado de manera muy rentable a las regiones «secesionistas» a las que el Kremlin afirma estar protegiendo. Como señala Yulia Latinina de Novaya Gazeta: «Osetia del Sur no es una región, ni un país, ni un régimen. Es una empresa conjunta entre generales siloviki y bandidos osetios para ganar dinero en un conflicto con Georgia». Casi todos los altos cargos del «Gobierno» de Osetia del Sur son ex funcionarios rusos. El «ministro del Interior», por ejemplo, sirvió antes en el Ministerio del Interior de la Osetia del Norte rusa.</p>
<p>Es este régimen marioneta —que existe para darles dinero a los siloviki y desestabilizar a la Georgia pro occidental— el que provocó la breve guerra la semana pasada al disparar incesantemente contra las aldeas georgianas cercanas y bombardearlas. Ahora está ocupado por «fuerzas de paz» rusas y, si Putin cumple lo que dice, pronto será reincorporado a Rusia. O «de vuelta a la URSS».</p>
<p>Todo lo que a los diplomáticos recién llegados les queda por establecer es si el retrazado de las fronteras internacionales por parte de Putin acabará ahí. ¿Podría ayudar ahora a los secesionistas de Abjasia? ¿O incluso atacar la zona central de Georgia para bloquear el único oleoducto que transporta la energía de Asia Central a Occidente sin atravesar territorio ruso?</p>
<p>Esta completa victoria rusa ha llevado a casi todos los analistas a la conclusión de que Saakashvili, el presidente de Georgia, cayó en una trampa rusa cuando lanzó una operación militar para recuperar Osetia del Sur. Es algo difícil de cuestionar. Pero ésta era una trampa con dos puertas. Si Georgia no hubiera tomado medida alguna, Rusia habría incorporado gradualmente la provincia secesionista. Putin ya había concedido pasaporte ruso a los residentes en Osetia del Sur. Las dos puertas de la trampa conducían al mismo resultado: la expansión rusa y el castigo a Georgia por atreverse a ser aliado de Occidente.</p>
<p>Moscú esperaba que su brutal invasión del territorio de otro país pudiera disfrazarse de operación de «paz» para evitar el «genocidio» y la «limpieza étnica» por parte de los georgianos. Su gobierno y sus medios amaestrados dirigieron una compleja operación de prensa para popularizar esta mendaz «historia». Inicialmente encontró cierta acogida entre algunos analistas occidentales para quienes cualquier enemigo de George Bush y sus amigos debe de tener razón.</p>
<p>Muchos alegaban, por ejemplo, que el reconocimiento de Osetia del Sur por parte de Putin era una respuesta al reconocimiento de la independencia de Kosovo por parte de Estados Unidos y la UE. Dado que Rusia lleva 16 años ayudando a los secesionistas, esto convertiría la respuesta rusa en un acontecimiento único en la historia del universo: la primera ocasión en la que una consecuencia precediese a su propia causa.</p>
<p>Otra excusa empleada para suavizar las críticas contra Rusia es que Saakashvili había enojado a Putin al pretender entrar en la OTAN. Este argumento es una particular aplicación de la premisa general de que, como irónicamente dice el filósofo Roger Scruton, «defensa igual a agresión». Lo que la semana pasada ha demostrado es que Saakashvili tenía razón al buscar la protección que la pertenencia a la OTAN le proporcionaría frente a la agresión rusa. Si se le hubiera concedido, al menos le habría dado al Kremlin una razón seria para evitar la escalada de esta semana.</p>
<p>En conjunto, esta combinación de compleja campaña de los medios rusos y masoquismo cultural de la opinión pública occidental podría haber convencido a Occidente de que se tragase este avance ruso, emitiese algunas protestas, y después siguiera como si nada. Eso todavía puede ocurrir: la opinión pública alemana es especialmente sensible a dichas tentaciones. Pero ante ese apaciguamiento se levantan ahora tres obstáculos.</p>
<p>El primero es la visión de los tanques rusos avanzando por territorio georgiano. En el trigésimo aniversario de la invasión de Checoslovaquia, despertaba todos los viejos recuerdos de la brutalidad soviética. El segundo es que los secesionistas abjazios, animados por Moscú, están ahora ampliando el conflicto y amenazan con desmembrar Georgia todavía más. Eso debilita seriamente el cuento ruso de las «fuerzas de paz». Y en tercer lugar, los ex satélites soviéticos ahora pertenecientes a la OTAN y a la Unión Europea forman un grupo de presión permanente a favor de que se establezca una defensa fuerte contra Rusia. El sábado, Polonia y los países del Báltico emitían un llamamiento conjunto para que ambos organismos se opusieran a la agresión rusa.</p>
<p>Pero, ¿cómo puede hacerlo occidente? Rusia tiene un predominio estratégico aplastante en la región. Quizás lo mejor que los diplomáticos occidentales puedan lograr a nivel local sea recongelar el conflicto de una forma que permita a Rusia conservar Osetia del Sur pero detenerse ahí. Entonces, sin dar formalmente el visto bueno a la anexión de Moscú, Georgia estaría de acuerdo en establecer su estatus futuro por vías exclusivamente pacíficas. Dada la actual beligerancia de Rusia (aún sigue bombardeando Georgia central), dicho acuerdo podría verse casi como un logro.</p>
<p>A largo plazo la cuestión es diferente. Si existe un riesgo de que Rusia se convierta en otra URSS, entonces Occidente debe demostrar que la estructura internacional posterior a la Guerra Fría va a seguir siendo la misma, tanto en el Cáucaso como en cualquier otro lugar.</p>
<p>Por ejemplo, si los centroeuropeos, enfadados por la crisis en Georgia, anunciasen que ahora aceptan las defensas de misiles a las que se ha opuesto Putin, su ataque a Georgia habría sido contraproducente desde el punto de vista estratégico. De manera similar, una nueva invitación a ingresar en la OTAN (quizás con un programa de oleoductos mejorado) demostraría que castigar a Georgia con excesiva dureza no sirve más que para empujar al país a una alianza más estrecha con Occidente. Y una decisión conjunta de los países occidentales de rechazar como no válidos los pasaportes rusos portados por ciudadanos de Osetia del Sur, tal vez sanciones en el enclave, dejaría al Kremlin con la gestión de un empobrecido enclave.</p>
<p>Estas políticas son menos peligrosas de lo que parecen porque Rusia es más débil de lo que parece. Su éxito económico actual se debe casi por entero a unos precios energéticos elevados que probablemente sufrirán grandes fluctuaciones en el futuro. Su mercado bursátil está sufriendo caídas debido a las aventuras militares y a la prudencia de los inversores. Sufre una seria disminución de la población. Y, en parte como consecuencia, recluta a los miembros de su ejército, de manera desproporcionada, entre los chechenos y otras minorías nacionales.</p>
<p>De forma que a Rusia le conviene evitar las aventuras militares, especialmente en el Cáucaso, garantizar las inversiones occidentales y los mercados abiertos y, en general, mejorar su imagen actual de «oso con la cabeza alta». Occidente puede ofrecer lo que Rusia necesita; también puede advertir al país que, si reacciona violentamente ante cualquiera de las políticas antes propuestas, puede imponerle todo un conjunto de sanciones económicas como respuesta, empezando por su expulsión del G-8.</p>
<p>Por supuesto, Rusia dispone de su propia sanción económica: cortar su suministro de energía a Occidente y dejar a los europeos sumidos en la oscuridad. Pero si esto entra dentro de lo posible, ¿no es mejor que lo sepamos antes de que sea demasiado tarde?</p>
<p>De otra forma, puede que los georgianos no sean los únicos a los que se invite a cantar este estribillo final:<br />
«Muéstrame tus montañas de cumbres nevadas<br />
allá en el sur;<br />
llévame a la granja de tu padre;<br />
déjame oír el sonido de tu balalaica;<br />
ven y dale calor a tu camarada.<br />
He vuelto a la URSS.<br />
No sabéis lo afortunados que sois, chicos;<br />
de vuelta en la URSS».</p>
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		<title>Russia Blames the Victim</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Aug 2008 19:21:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cáucaso]]></category>
		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto territorial]]></category>
		<category><![CDATA[Georgia]]></category>
		<category><![CDATA[Osetia del Sur]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Svante E. Cornell</strong>, the research director of the Central Asia-Caucasus Institute at Johns Hopkins University’s School of Advanced International Studies (THE NEW YORK TIMES, 12/08/08):</p>
<p>Russia is portraying its war in Georgia as a legitimate response to Georgia’s incursion last week into its breakaway region of South Ossetia. Many in the West, while condemning the disproportionate nature of Russia’s response, are also critical of Georgian President Mikheil Saakashvili for his attempts to bring South Ossetia back under Georgian rule, and of the United States for supposedly encouraging Mr. Saakashvili’s risk-taking by pushing NATO membership for Georgia.</p>
<p>But the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21428/russia-blames-the-victim/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Svante E. Cornell</strong>, the research director of the Central Asia-Caucasus Institute at Johns Hopkins University’s School of Advanced International Studies (THE NEW YORK TIMES, 12/08/08):</p>
<p>Russia is portraying its war in Georgia as a legitimate response to Georgia’s incursion last week into its breakaway region of South Ossetia. Many in the West, while condemning the disproportionate nature of Russia’s response, are also critical of Georgian President Mikheil Saakashvili for his attempts to bring South Ossetia back under Georgian rule, and of the United States for supposedly encouraging Mr. Saakashvili’s risk-taking by pushing NATO membership for Georgia.</p>
<p>But the truth is that for the past several months, Russia, not Georgia, has been stoking tensions in South Ossetia and another of Georgia’s breakaway areas, Abkhazia. After NATO held a summit in Bucharest, Romania, in April — at which Georgia and Ukraine received positive signs of potential membership — then-President Vladimir Putin of Russia signed a decree effectively treating Abkhazia and South Ossetia as parts of the Russian Federation. This was a direct violation of Georgia’s territorial integrity.</p>
<p>It came after years of growing Russian efforts to assert control over these regions, for example, by distributing Russian passports to citizens and arranging the appointment of Russians to the territories’ governments. Mr. Putin, who is now Russia’s prime minister, oversaw a build-up of Russian “peacekeeping” forces in Abkhazia, which was clearly intended to provoke Georgia into a military response.</p>
<p>Yet Georgia showed restraint — in large part because Mr. Saakashvili understood that military adventurism would harm his NATO prospects. Moscow, in turn, transferred its efforts to South Ossetia, where pro-Russian rebels carried out attacks on Georgian forces and villages, finally provoking the response that Moscow had sought as a pretext to intervene.</p>
<p>Now Moscow has sent out the Black Sea fleet to Georgia’s coast and broadened the war into Abkhazia and Georgia proper, showing that Moscow’s war is not just about South Ossetia. In any case, Moscow’s own treatment of separatism — killing tens of thousands of Chechens over the past decade — says volumes about its claims that it is just trying to protect a minority population.</p>
<p>This war is about making an example in Georgia, about the consequences post-Soviet countries will suffer for standing up to Moscow, conducting democratic reforms and seeking military and economic ties with the West. No Eurasian country has come so far as Georgia in recent years in terms of democratization and reform. Georgia has the third-largest contingent of forces in Iraq, and before this crisis it had pledged to send forces to Afghanistan.</p>
<p>If Georgia is allowed to fall, governments across Eurasia will certainly take note, especially those — such as Azerbaijan, Kazakhstan and Ukraine — that have built ties with the West and sought closer integration in European institutions, drawing Moscow’s ire.</p>
<p>Should we allow Russia to occupy Georgia or even just depose the Saakashvili government, the implications for America’s standing in Eurasia would be dire. We would risk losing the support of the post-Soviet states of Central Asia that are cooperating with the American mission in Afghanistan, along with hopes of westward exports of more Central Asian energy.</p>
<p>Many who might agree with this analysis nonetheless shrug their shoulders over solutions. Indeed, we have no real military options against Russia. But we can put together a meaningful comprehensive reaction, attaching real costs to Russia for its policies.</p>
<p>America must hit where it hurts: Russia’s international prestige, an obsession of Mr. Putin’s. To begin with, we must do everything possible to see Russia’s membership in the Group of 8 industrialized nations be suspended (something the Republican presidential hopeful John McCain called for even before this crisis).</p>
<p>Once the fighting is over, America must step up its campaign for NATO membership for Georgia and Ukraine. Should European countries reject the idea, America could designate them “major non-NATO allies,” along the lines of Israel and Pakistan. This would involve more American military trainers in Georgia, intelligence-sharing, joint exercises and other steps, if not a full pledge by Washington to defend the country in case of attack.</p>
<p>Finally, in a measure of fitting symbolism, America must note that Russia started this war on the opening day of the Olympics, while it plans to hold its own Winter Olympics only a dozen miles from the victim of its aggression. America should seriously consider announcing a boycott of the 2014 Sochi Olympics. We owe our Georgian allies nothing less.</p>
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		<title>Another battle in the 1,000 year Russia-Georgia grudge match</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Aug 2008 18:07:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Simon Sebag Montefiore</strong>, the author of <em>Young Stalin</em>. His latest book is a novel, <em>Sashenka</em> (THE TIMES, 12/08/08):</p>
<p>The Russian tank columns rumbling into Georgia reveal the anger of a tiger finally swatting the mouse that has teased it for years. South Ossetia may seem as distant, trivial and complicated as the 19th-century Schleswig-Holstein question but Russia&#8217;s fury is about much more than the Ossetians. The Caucasus matters greatly to the Russians for all sorts of reasons, none greater than the fact that it now also matters to us.</p>
<p>The troubles in Georgia are not the equivalent &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21422/another-battle-in-the-1000-year-russia-georgia-grudge-match/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Simon Sebag Montefiore</strong>, the author of <em>Young Stalin</em>. His latest book is a novel, <em>Sashenka</em> (THE TIMES, 12/08/08):</p>
<p>The Russian tank columns rumbling into Georgia reveal the anger of a tiger finally swatting the mouse that has teased it for years. South Ossetia may seem as distant, trivial and complicated as the 19th-century Schleswig-Holstein question but Russia&#8217;s fury is about much more than the Ossetians. The Caucasus matters greatly to the Russians for all sorts of reasons, none greater than the fact that it now also matters to us.</p>
<p>The troubles in Georgia are not the equivalent of an assassinated archduke in Sarajevo. But historians may well point to this little war, beside the spectacular Olympic launch of resurgent China, as the start of the twilight of America&#8217;s sole world hegemony. If the new Great Game is for the oil of the Caucasus and Central Asia, the West may be in the process of losing it.</p>
<p>I&#8217;ve been visiting Georgia since the fall of the Soviet Empire in 1991. I&#8217;ve known all three Georgian presidents since independence, and witnessed the wars and revolutions of the Caucasian tinderbox. In 1991 the chief of the Georgian partisans in the first Ossetian war, a dentist turned warlord, drove me up to villages around Tskhinvali, highlands of lusciously green beauty, where a vicious war between Georgian and Ossetian farmers was being waged with the ferocity of intimate neighbours, using comically armoured tractors instead of tanks.</p>
<p>My Georgian hosts leant their guns against a tree and took me to an open-air feast at a table stacked with delicacies in honour of a local boy killed that day. During the long drunken banquet I asked where the boy was buried. “He hasn&#8217;t been buried,” replied my host, “he&#8217;s under your feet.” Paling, I looked and there he lay, stretched out under the table, cradled with bouquets of flowers.</p>
<p>To understand this week&#8217;s events, we must travel back a thousand years: long before Russia existed, Georgia was a Christian-warrior kingdom. The Caucasus was the natural borderland of the three great empires of the Near East: the battlefield between Orthodox Russia, the Islamic Ottomans and Persians. In 1783 the embattled King Eralke II was forced to claim the protection of Prince Potemkin, Catherine the Great&#8217;s partner-in-power. Between 1801 and 1810 Russia swallowed the last Georgian principalities. In 1918 Georgia enjoyed independence for three years before Stalin seized it back for Moscow.</p>
<p>No one understood its ethnic complexity and strategic significance like Stalin, that Georgian romantic turned Russian imperialist, who had been born in Gori, the town that has been overrun by Russian forces and where a marble temple now stands over the hut where he was born. The Ossetians who straddled the border had early sought Russian alliance, earning Georgian disdain. Hence Stalin was accused by his enemies of being an Ossetian: his father was of Ossetian descent, though long since Georgianised. Stalin drew the borders of the Soviet republics to ensure Georgia contained autonomous ethnic entities, South Ossetia, Abkhazia and Adzharia, through which Moscow could keep Georgia in order.</p>
<p>When that proud, cocky bantam, Georgia, became independent in 1991, the Russian double-headed eagle was humiliated. Ever since, Russian interference and skulduggery has bedevilled Georgia. Russia encouraged southern Ossetia to establish a statelet within Georgia, whose inept, insane first President, Zviad Gamsakhurdia, had inflamed ethnic tensions. As Ossetians fought Georgians who themselves rebelled against Gamsakhurdia, I sat in his office: he was a Shakespearean scholar and quoted King Lear to me.</p>
<p>Gamsakhurdia was either murdered or committed suicide. In 1993, his successor Eduard Shevardnadze, the former Soviet Foreign Minister and Politburo member, lost Abkhazia in another bloody Russian-orchestrated war. But Shevardnadze won the peace. Georgia, which had longed to be part of Europe, embraced Western democracy and US friendship. Yet Shevardnadze recognised the limits of Georgian defiance, once telling me as we flew in 1993 in his plane to make peace with the Kremlin: “The destiny of Russia is reflected in the Caucasus like the rays of the sun are reflected in a drop of water.”</p>
<p>Old, autocratic Shevardnadze was toppled in the Rose Revolution of 2003 by an energetic and decent if impulsive US-educated lawyer, Mikhail Saakashvili, who hoped to escape Moscow for ever by joining the EU and Nato &#8211; as did Russia&#8217;s huge neighbour, Ukraine. This prospect of encirclement by triumphant America infuriated Russia. Imagine if newly independent Wales cockily joined the Warsaw Pact.</p>
<p>Russia is no longer the spineless giant of the Nineties: Vladimir Putin&#8217;s musclebound, oil-fuelled authoritarian regime has aggressively reinvigorated Russia. He had already shown his ruthless determination to master the Caucasus by crushing Chechnya. Nato in Georgia would have made that meaningless. The Kremlin has used its clients, Abkhazia and Ossetia, as Trojan Horses to ruin Tbilisi&#8217;s independence &#8211; recently raising the tension by offering Russian passports to all Ossetians and testing Georgian resolve with cross-border skirmishing: the trap of a practised imperial power.</p>
<p>Georgia is not guiltless: most Georgians I know care little about Ossetia even though it is part of sovereign Georgia. But in order to join Nato, President Saakashvili wanted to settle Georgia&#8217;s instability by reclaiming Ossetia and Abkhazia. By seizing Tskhinvali, he took one hell of a gamble that Russia wouldn&#8217;t intervene. Georgia is paying a high price for this. To finish this vicious circle, Russian attacks show how badly Georgia needs EU/Nato protection, yet Georgia will never get it while embroiled in fighting.</p>
<p>The retaking of Ossetia is a minor part of the Russian campaign. More significant is the attack on Georgia proper, which reasserts Russia&#8217;s hegemony over the Caucasus, assuages the humiliations of the past 20 years, subverts Georgian democracy &#8211; and defies and defangs American superpowerdom. The swaggering arrival of Vladimir Putin, now the Prime Minister, across the border, macho in his tight jeans and white leather jacket, shows he, not President Medvedev, remains Russia&#8217;s paramount leader.</p>
<p>This war is really a celebration of ferocious force in the realm of international power, a dangerous precedent. The West must protest with unified resolve; Russia both despises Western hypocrisy and craves Western approval. Georgian democracy and sovereignty matter. So do our oil supplies: the West built a pipeline to bring oil from Azerbaijan and Central Asian across Georgia to Turkey, free of Russian interference.</p>
<p>Russia&#8217;s clumsy ferocity could ignite a Caucasian tinderbox that even Moscow cannot extinguish. But faced with Western outrage, the Kremlin might toss Stalin&#8217;s words back at President Bush: “How many divisions has the Pope?” None: Washington and London are not sending the 101st Airborne or the SAS.</p>
<p>Russia, which appears to be pushing its tanks into Georgia to overthrow its democratically elected president, has demonstrated gleefully the limits of US power and Moscow&#8217;s historic destiny as regional hegemon and restored 21st-century superpower. The Empire has struck back and shaken the order of the world.</p>
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		<title>Black Sea Watershed</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Aug 2008 21:38:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Ronald D. Asmus</strong>, a deputy assistant secretary of state in the Clinton administration and executive director of the Brussels-based Transatlantic Center of the German Marshall Fund of the United States and <strong>Richard Holbrooke</strong>, U.S. ambassador to the United Nations in the Clinton administration who writes a monthly column for The Post (THE WASHINGTON POST, 11/08/08):</p>
<p>In weeks and years past, each of us has argued on this page that Moscow was pursuing a policy of regime change toward Georgia and its pro-Western, democratically elected president, Mikheil Saakashvili. We predicted that, absent strong and unified Western diplomatic involvement, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21390/black-sea-watershed/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Ronald D. Asmus</strong>, a deputy assistant secretary of state in the Clinton administration and executive director of the Brussels-based Transatlantic Center of the German Marshall Fund of the United States and <strong>Richard Holbrooke</strong>, U.S. ambassador to the United Nations in the Clinton administration who writes a monthly column for The Post (THE WASHINGTON POST, 11/08/08):</p>
<p>In weeks and years past, each of us has argued on this page that Moscow was pursuing a policy of regime change toward Georgia and its pro-Western, democratically elected president, Mikheil Saakashvili. We predicted that, absent strong and unified Western diplomatic involvement, we were headed toward a war. Now, tragically, an escalation of violence in South Ossetia has culminated in a full-scale Russian invasion of Georgia. The West, and especially the United States, could have prevented this war. We have arrived at a watershed moment in the West&#8217;s post-Cold War relations with Russia.</p>
<p>Exactly what happened in South Ossetia last week is unclear. Each side will argue its own version. But we know, without doubt, that Georgia was responding to repeated provocative attacks by South Ossetian separatists controlled and funded by Moscow. This is a not a war Georgia wanted; it believed that it was slowly gaining ground in South Ossetia through a strategy of soft power.</p>
<p>Whatever mistakes Tbilisi has made, they cannot justify Russia&#8217;s actions. Moscow has invaded a neighbor, an illegal act of aggression that violates the U.N. Charter and fundamental principles of cooperation and security in Europe. Beginning a well-planned war (including cyber-warfare) as the Olympics were opening violates the ancient tradition of a truce to conflict during the Games. And Russia&#8217;s willingness to create a war zone 25 miles from the Black Sea city of Sochi, where it is to host the Winter Games in 2014, hardly demonstrates its commitment to Olympic ideals. In contrast, Moscow&#8217;s timing suggests that Putin seeks to overthrow Saakashvili well ahead of our elections, and thus avoid beginning relations with the next president on an overtly confrontational note.</p>
<p>Russia&#8217;s goal is not simply, as it claims, restoring the status quo in South Ossetia. It wants regime change in Georgia. It has opened a second front in the other disputed Georgian territory, Abkhazia, just south of Sochi. But its greatest goal is to replace Saakashvili &#8212; a man Vladimir Putin despises &#8212; with a president who would be more subject to Moscow&#8217;s influence. As Swedish Foreign Minister Carl Bildt pointed out Saturday, Moscow&#8217;s rationale for invading has parallels to the darkest chapters of Europe&#8217;s history. Having issued passports to tens of thousands of Abkhazians and South Ossetians, Moscow now claims it must intervene to protect them &#8212; a tactic reminiscent of one used by Nazi Germany at the start of World War II.</p>
<p>Moscow seeks to roll back democratic breakthroughs on its borders, to destroy any chance of further NATO or E.U. enlargement and to reestablish a sphere of hegemony over its neighbors. By trying to destroy a democratic, pro-Western Georgia, Moscow is sending a message that, in its part of the world, being close to Washington and the West does not pay.</p>
<p>This moment could well mark the end of an era in Europe during which realpolitik and spheres of influence were supposed to be replaced by new cooperative norms and a country&#8217;s right to choose its own path. Hopes for a more liberal Russia under President Dmitry Medvedev will need to be reexamined. His justification for this invasion reads more like Brezhnev than Gorbachev. While no one wants a return to Cold War-style confrontation, Moscow&#8217;s behavior poses a direct challenge to European and international order.</p>
<p>What can we do? First, Georgia deserves our solidarity and support. (Georgia has supported us; its more than 2,000 troops are the third-largest contingent in Iraq &#8212; understandably those troops are being recalled.) We must get the fighting stopped and preserve Georgia&#8217;s territorial integrity within its current international border. As soon as hostilities cease, there should be a major, coordinated transatlantic effort to help Tbilisi rebuild and recover.</p>
<p>Second, we should not pretend that Russia is a neutral peacekeeper in conflicts on its borders. Russia is part of the problem, not the solution. For too long, Moscow has used existing international mandates to pursue neo-imperial policies. We must disavow these mandates and insist on truly neutral international forces, under the United Nations, to monitor a future cease-fire and to mediate.</p>
<p>Third, we need to counter Russian pressure on its neighbors, especially Ukraine &#8212; most likely the next target in Moscow&#8217;s efforts to create a new sphere of hegemony. The United States and the European Union must be clear that Ukraine and Georgia will not be condemned to some kind of gray zone.</p>
<p>Finally, the United States and the European Union must make clear that this kind of aggression will affect our relations and Russia&#8217;s standing in the West. While Western military intervention in Georgia is out of the question &#8212; and no one wants a 21st-century version of the Cold War &#8212; Moscow&#8217;s actions cannot be ignored. There is a vast array of political, economic and other areas in which Russia&#8217;s role and standing will have to be reexamined. Moscow must also be put on notice that its own prestige project &#8212; the Sochi Olympics &#8212; will be affected by its behavior.</p>
<p>Weak Western diplomacy and lack of transatlantic unity failed to prevent an avoidable war. Only strong transatlantic unity can stop this war and begin to repair the immense damage done. Otherwise, we can add one more issue to the growing list of this administration&#8217;s foreign policy failures.</p>
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		<title>Putin Makes His Move</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Aug 2008 21:32:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Robert Kagan</strong>, a senior associate at the Carnegie Endowment for International Peace who writes a monthly column for The Post. His most recent book is <em>The Return of History and the End of Dreams</em>. He served in the State Department in the Reagan administration (THE WASHINGTON POST, 11/08/08):</p>
<p>The details of who did what to precipitate Russia&#8217;s war against Georgia are not very important. Do you recall the precise details of the Sudeten Crisis that led to Nazi Germany&#8217;s invasion of Czechoslovakia? Of course not, because that morally ambiguous dispute is rightly remembered as a minor part &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21387/putin-makes-his-move/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Robert Kagan</strong>, a senior associate at the Carnegie Endowment for International Peace who writes a monthly column for The Post. His most recent book is <em>The Return of History and the End of Dreams</em>. He served in the State Department in the Reagan administration (THE WASHINGTON POST, 11/08/08):</p>
<p>The details of who did what to precipitate Russia&#8217;s war against Georgia are not very important. Do you recall the precise details of the Sudeten Crisis that led to Nazi Germany&#8217;s invasion of Czechoslovakia? Of course not, because that morally ambiguous dispute is rightly remembered as a minor part of a much bigger drama.</p>
<p>The events of the past week will be remembered that way, too. This war did not begin because of a miscalculation by Georgian President Mikheil Saakashvili. It is a war that Moscow has been attempting to provoke for some time. The man who once called the collapse of the Soviet Union &#8220;the greatest geopolitical catastrophe of the [20th] century&#8221; has reestablished a virtual czarist rule in Russia and is trying to restore the country to its once-dominant role in Eurasia and the world. Armed with wealth from oil and gas; holding a near-monopoly over the energy supply to Europe; with a million soldiers, thousands of nuclear warheads and the world&#8217;s third-largest military budget, Vladimir Putin believes that now is the time to make his move.</p>
<p>Georgia&#8217;s unhappy fate is that it borders a new geopolitical fault line that runs along the western and southwestern frontiers of Russia. From the Baltics in the north through Central Europe and the Balkans to the Caucasus and Central Asia, a geopolitical power struggle has emerged between a resurgent and revanchist Russia on one side and the European Union and the United States on the other.</p>
<p>Putin&#8217;s aggression against Georgia should not be traced only to its NATO aspirations or his pique at Kosovo&#8217;s independence. It is primarily a response to the &#8220;color revolutions&#8221; in Ukraine and Georgia in 2003 and 2004, when pro-Western governments replaced pro-Russian ones. What the West celebrated as a flowering of democracy the autocratic Putin saw as geopolitical and ideological encirclement.</p>
<p>Ever since, Putin has been determined to stop and, if possible, reverse the pro-Western trend on his borders. He seeks not only to prevent Georgia and Ukraine from joining NATO but also to bring them under Russian control. Beyond that, he seeks to carve out a zone of influence within NATO, with a lesser security status for countries along Russia&#8217;s strategic flanks. That is the primary motive behind Moscow&#8217;s opposition to U.S. missile defense programs in Poland and the Czech Republic.</p>
<p>His war against Georgia is part of this grand strategy. Putin cares no more about a few thousand South Ossetians than he does about Kosovo&#8217;s Serbs. Claims of pan-Slavic sympathy are pretexts designed to fan Russian great-power nationalism at home and to expand Russia&#8217;s power abroad.</p>
<p>Unfortunately, such tactics always seem to work. While Russian bombers attack Georgian ports and bases, Europeans and Americans, including very senior officials in the Bush administration, blame the West for pushing Russia too hard on too many issues.</p>
<p>It is true that many Russians were humiliated by the way the Cold War ended, and Putin has persuaded many to blame Boris Yeltsin and Russian democrats for this surrender to the West. The mood is reminiscent of Germany after World War I, when Germans complained about the &#8220;shameful Versailles diktat&#8221; imposed on a prostrate Germany by the victorious powers and about the corrupt politicians who stabbed the nation in the back.</p>
<p>Now, as then, these feelings are understandable. Now, as then, however, they are being manipulated to justify autocracy at home and to convince Western powers that accommodation &#8212; or to use the once-respectable term, appeasement &#8212; is the best policy.</p>
<p>But the reality is that on most of these issues it is Russia, not the West or little Georgia, that is doing the pushing. It was Russia that raised a challenge in Kosovo, a place where Moscow had no discernible interests beyond the expressed pan-Slavic solidarity. It was Russia that decided to turn a minor deployment of a few defensive interceptors in Poland, which could not possibly be used against Russia&#8217;s vast missile arsenal, into a major geopolitical confrontation. And it is Russia that has precipitated a war against Georgia by encouraging South Ossetian rebels to raise the pressure on Tbilisi and make demands that no Georgian leader could accept. If Saakashvili had not fallen into Putin&#8217;s trap this time, something else would have eventually sparked the conflict.</p>
<p>Diplomats in Europe and Washington believe Saakashvili made a mistake by sending troops to South Ossetia last week. Perhaps. But his truly monumental mistake was to be president of a small, mostly democratic and adamantly pro-Western nation on the border of Putin&#8217;s Russia.</p>
<p>Historians will come to view Aug. 8, 2008, as a turning point no less significant than Nov. 9, 1989, when the Berlin Wall fell. Russia&#8217;s attack on sovereign Georgian territory marked the official return of history, indeed to an almost 19th-century style of great-power competition, complete with virulent nationalisms, battles for resources, struggles over spheres of influence and territory, and even &#8212; though it shocks our 21st-century sensibilities &#8212; the use of military power to obtain geopolitical objectives. Yes, we will continue to have globalization, economic interdependence, the European Union and other efforts to build a more perfect international order. But these will compete with and at times be overwhelmed by the harsh realities of international life that have endured since time immemorial. The next president had better be ready.</p>
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		<title>The west can no longer stand idle while the Russian bully wreaks havoc</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Aug 2008 20:58:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>By <strong>David Clark</strong>, a former government adviser and chairman of the Russia Foundation (THE GUARDIAN, 11/08/08):</p>
<p>EU foreign ministers meeting in emergency session today to discuss the situation in Georgia should begin by asking why it took the outbreak of war to focus their attention. They had no cause to be surprised. The warning signs had been apparent for at least a year, and the Georgian government had made strenuous efforts to raise the alarm. This time last summer a Russian jet violated Georgian airspace and dropped a missile north of Tbilisi in what appeared to be a botched &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21381/the-west-can-no-longer-stand-idle-while-the-russian-bully-wreaks-havoc/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>David Clark</strong>, a former government adviser and chairman of the Russia Foundation (THE GUARDIAN, 11/08/08):</p>
<p>EU foreign ministers meeting in emergency session today to discuss the situation in Georgia should begin by asking why it took the outbreak of war to focus their attention. They had no cause to be surprised. The warning signs had been apparent for at least a year, and the Georgian government had made strenuous efforts to raise the alarm. This time last summer a Russian jet violated Georgian airspace and dropped a missile north of Tbilisi in what appeared to be a botched attack on a Georgian radar installation. Russia denied involvement, but two separate independent investigations found otherwise. Despite this, Georgia&#8217;s plea for diplomatic support fell almost entirely on deaf ears.</p>
<p>Whether or not the incident was planned in order to test international reactions to an escalation of Russian military action in Georgia, Moscow clearly took encouragement from the absence of a response. With western governments preoccupied elsewhere &#8211; not least with Iran, where they need Russian support for a negotiated solution on the nuclear issue &#8211; Russian strategists evidently concluded that they enjoyed a free hand in their &#8220;near abroad&#8221;. In April, Vladimir Putin announced that Russia would be strengthening official links with Georgia&#8217;s two breakaway regions, Abkhazia and South Ossetia, including opening formal relations with their political bodies and strengthening trade ties.</p>
<p>This only confirmed what had been apparent for several years &#8211; that Russia is actively supporting secessionist forces instead of respecting its mandate and behaving as an honest broker. But it ripped away the final pretence that its role in Georgia is one of peacekeeping. Other steps of escalation quickly followed. Russia moved 400 troops into Abkhazia under the pretext of working on a railway project. Russian planes started shooting down Georgian aerial drones. There was an increase in armed attacks by Russian-backed forces in South Ossetia, including a roadside bomb that injured six Georgian policemen and an attempt to assassinate the head of the pro-Tbilisi provisional administration of South Ossetia.</p>
<p>None of these incidents received much coverage outside the region, so the impression has been created that Georgia initiated the current fighting with an unprovoked assault on South Ossetia. This is quite false. It has surely been a big misjudgment on Georgia&#8217;s part, but resort to offensive operations came at the end of a long period of rising tension in which Russia had done everything it could to stir up trouble and provoke a reaction.</p>
<p>The history behind Georgia&#8217;s &#8220;frozen conflicts&#8221; is long and complex, and there is certainly fault to be found on all sides. The wars that followed Georgia&#8217;s independence were brutal affairs in which members of all communities were to be found among the victims and perpetrators. It is therefore understandable that Abkhazians and South Ossetians are suspicious of Tbilisi and want guarantees about their security. It is also true that Georgia&#8217;s president, Mikheil Saakashvili, has turned out to be something less than the model democrat he first seemed. Many former admirers have been shocked at his increasingly authoritarian leanings.</p>
<p>But complexity is no excuse for abdicating moral judgment in situations of this importance. If responsibility for the conflict is not a black and white matter, the picture is not uniformly grey either. By any reasonable measure, the impact of Russian policy has been uniquely destructive in generating instability and political division in the Caucasus. The events of the early 1990s notwithstanding, Georgia&#8217;s treatment of minorities that have remained under its rule has been generally good. Whatever his faults, Saakashvili is no Milosevic &#8211; and wild Russian allegations of genocide have no independent support. Under approp-riate international supervision, it would be perfectly possible to turn his offer of autonomy for Abkhazia and South Ossetia into a workable constitutional settlement that guaranteed the security and fundamental rights of people living those territories.</p>
<p>The problem is that considerations of this nature form no part of Russia&#8217;s vision for the region. It talks about defending the people of South Ossetia, but the Kremlin&#8217;s aims are geopolitical rather than humanitarian. It seeks to restore the sphere of influence it regards as Russia&#8217;s birthright, which it lost with the collapse of the Soviet Union (a &#8220;major geopolitical disaster&#8221;, according to Putin). There is no place for an independent Georgia (or Ukraine or Moldova) in this mental picture. When Russian leaders talk about the benefits of &#8220;sovereign democracy&#8221;, they are talking exclusively about their own sovereignty and not at all about democracy. The countries on their borders have no right to foreign policies of their own if they conflict with Russia&#8217;s. This is especially true of energy supplies, where Georgia&#8217;s role in maintaining the only east-west pipeline route free of Russia&#8217;s monopolistic grip causes double offence. This is about the Kremlin&#8217;s attitude to us, too.</p>
<p>So how should western countries respond? The question arises most immediately in relation to Nato, where Georgia hopes to take a step closer to joining by securing a membership action plan. Sceptics within Nato, like Germany, will see the conflict as evidence that Georgia is an unreliable partner best kept at arm&#8217;s length. This is entirely the wrong way of looking at it. Georgia&#8217;s security concerns are real, and Russia is the cause. The onus should therefore be on Russia to reduce the security fears that drive the desire for Nato membership by withdrawing unwanted troops and becoming part of a political solution to the frozen conflicts. If it will not do this, it has to accept the consequences.</p>
<p>Beyond this, everything depends on what happens next. There are troubling signs in some of the victory statements coming out of Moscow yesterday that Russia may feel emboldened to impose a punitive settlement, perhaps by annexing territory. This is not something that the EU and its allies should be prepared to tolerate. As so often with bullies, the Russian government&#8217;s behaviour disguises deep insecurity and a craving for respect. This makes it more susceptible to our opinions than we often think. Further aggressive steps against Georgia would certainly be a reason to reconsider whether Russia should continue to enjoy the prestige that comes with membership of the G8.</p>
<p>Another possible response ties in nicely with our current Olympic obsession. Russia is due to host the Winter Olympics in 2014 at Sochi and hopes to use the event, like the Chinese, as an expression of its power on the world stage. There would be very good grounds for asking the International Olympic Committee to consider whether a country that was actively working to dismember a neighbour only a few kilometres from Sochi was an adequate standard-bearer for the Olympic ideal.</p>
<p>Too often European governments succumb to the fatalism of believing that Russia is beyond influence. That is perhaps the real reason why they chose to ignore the warning signs in Georgia until it was too late.</p>
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		<title>Primer aviso caucásico</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Aug 2008 20:05:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Georgia]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Daniel Reboredo</strong>, historiador (EL CORREO DIGITAL, 11/08/08):</p>
<p>Era un acontecimiento anunciado. Georgia y más concretamente sus dos repúblicas separatistas de Osetia del Sur y Abjasia son una caldera hirviendo en la que EE UU y Rusia están echando un pulso de incierto resultado. Incertidumbre que desaparece al considerar los sufrimientos que el enfrentamiento bélico traerá y que son una obviedad como en cualquier conflicto cuando las armas son las que mandan. Las escaramuzas constantes de los aviones espías, las declaraciones más o menos incendiarias y el espíritu de enfrentamiento han dado lugar al bombardeo días atrás de la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21397/primer-aviso-caucasico/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Daniel Reboredo</strong>, historiador (EL CORREO DIGITAL, 11/08/08):</p>
<p>Era un acontecimiento anunciado. Georgia y más concretamente sus dos repúblicas separatistas de Osetia del Sur y Abjasia son una caldera hirviendo en la que EE UU y Rusia están echando un pulso de incierto resultado. Incertidumbre que desaparece al considerar los sufrimientos que el enfrentamiento bélico traerá y que son una obviedad como en cualquier conflicto cuando las armas son las que mandan. Las escaramuzas constantes de los aviones espías, las declaraciones más o menos incendiarias y el espíritu de enfrentamiento han dado lugar al bombardeo días atrás de la capital de Osetia del Sur, Tsjinvali, por aviones georgianos, a modo de preludio de la inmediata invasión terrestre de la república separatista que incluye las zonas montañosas de las regiones históricas georgianas de Imereti, Racha y Shida Kartli en las que se instalaron osetas procedentes del Cáucaso norte.</p>
<p>La historia reciente de Osetia del Sur (República Autónoma de Osetia en 1918 y región autónoma de Osetia del Sur en 1922) nace el 10 de noviembre de 1989 cuando el Congreso de Diputados Populares de la región la proclamó República Autónoma dentro de Georgia, lo que el Parlamento de Georgia declaró anticonstitucional. Diez meses más tarde, el 20 de septiembre de 1990, los osetas anunciaron la creación de la República soberana de Osetia del Sur, algo que el Parlamento de Georgia rechazó el 10 de diciembre para iniciar, un día más tarde, los enfrentamientos y el estado de excepción en la república. Estos enfrentamientos dieron paso a una verdadera guerra, desde enero de 1991, en la que murieron casi dos mil personas y en la que los separatistas manifestaron su deseo de unirse a Osetia del Norte y a Rusia, lo que el referéndum de 13 de noviembre de 2006, declarado ilegal por Georgia, ratificó con unos porcentajes del 99%.<br />
El Acuerdo de Dagomis (14 de julio de 1992), entre Georgia y Rusia, autorizó el despliegue en la zona de fuerzas de paz, iniciándose un período en el que los osetas crearon un ejército similar y equiparable al georgiano. La calma, a pesar de las habituales escaramuzas entre las partes, se ha roto después de lo acaecido en los pasados días. El imparable avance georgiano y su rápida llegada a Tsjinvali ha obligado a los osetas (dirigidos por Eduard Kokoiti), todos con ciudadanía rusa, a pedir ayuda a Rusia que, a través del presidente del Parlamento, Borís Gryzlov, ha manifestado que protegerá a sus compatriotas. Mientras tanto, voluntarios rusos de Osetia del Norte y de Abjasia se han sumado a las fuerzas armadas osetas para contrarrestar la operación militar georgiana, cuya finalidad es «restaurar el orden constitucional», tal y como manifestó el presidente de Georgia, Mijail Saakashvili.</p>
<p>Aunque la República de Georgia no parece tener una gran importancia global (percepción errónea), EE UU ha invertido miles y miles de dólares en adiestrar y armar a su ejército, a la par que apoya sin duda alguna a un autoritario presidente que es una pieza clave para que el anillo de hierro de la OTAN cierre aún más a Rusia. Desde la disolución del Pacto de Varsovia en 1991, todos sus antiguos miembros y ex Estados de la URSS han sido tentados para formar parte de la organización militar occidental. Pero el interés no es sólo militar, ya que la región es de gran interés para los norteamericanos, al igual que para Rusia, al ser un enclave estratégico de primer orden y al pasar por allí importantes rutas de transporte energético (oleoducto caspio anglo-estadounidense desde Bakú en Azerbaiyán, pasando por Georgia al puerto turco de Ceyhan; gasoducto Bakú-Tbilisi-Erzurum que tantos beneficios da a Azerbaiyán).</p>
<p>Todo el Cáucaso está en los planes de control de Eurasia que estadounidenses y rusos quieren desarrollar y, por supuesto, protagonizar. Pero el problema secesionista de Osetia del Sur y de Abjasia no se resuelve a cañonazos, ni echando gasolina al fuego. Claro que cuando observamos comportamientos como los que han llevado a la independencia a Kosovo, entendemos lo que es la política internacional y su doble rasero. EE UU, gran paladín kosovar, podría hacer lo propio con Osetia del Sur y Abjasia. Sería igual de justo o de demencial. ¿Por qué un caso sí y los otros no? Rusia no siempre tiene la culpa de todo, aunque vele también por sus intereses que, en la mayoría de los casos, están más alejados de nosotros que los norteamericanos. En cualquier caso, las reflexiones anteriores nos sirven para recordar que estamos en el primer capítulo de lo que podríamos denominar de forma grandilocuente &#8216;las nuevas guerras caucásicas&#8217;, en las que repúblicas como la hoy olvidada Chechenia, Daguestán e Ingushetia pueden ser protagonistas de la tensión en el Cáucaso.</p>
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		<title>A Threat Explodes In Georgia</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Aug 2008 21:50:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cáucaso]]></category>
		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto territorial]]></category>
		<category><![CDATA[Georgia]]></category>
		<category><![CDATA[Osetia del Sur]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>By <strong>Anne Applebaum</strong> (THE WASHINGTON POST, 09/08/08):</p>
<p>For the best possible illustration of why Islamic terrorism may one day be considered the least of our problems, look no farther than the BBC&#8217;s split-screen coverage of yesterday&#8217;s Olympic opening ceremonies. On one side, fireworks sparkled, and thousands of exotically dressed Chinese dancers bent their bodies into the shape of doves, the cosmos and more. On the other side, gray Russian tanks were shown rolling into South Ossetia, a rebel province of Georgia. The effect was striking: Two of the world&#8217;s rising powers were strutting their stuff.</p>
<p>The difference, of course, is &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/21339/a-threat-explodes-in-georgia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Anne Applebaum</strong> (THE WASHINGTON POST, 09/08/08):</p>
<p>For the best possible illustration of why Islamic terrorism may one day be considered the least of our problems, look no farther than the BBC&#8217;s split-screen coverage of yesterday&#8217;s Olympic opening ceremonies. On one side, fireworks sparkled, and thousands of exotically dressed Chinese dancers bent their bodies into the shape of doves, the cosmos and more. On the other side, gray Russian tanks were shown rolling into South Ossetia, a rebel province of Georgia. The effect was striking: Two of the world&#8217;s rising powers were strutting their stuff.</p>
<p>The difference, of course, is that one event has been rehearsed for years, while the other, if not a total surprise, was not actually scheduled to take place this week. That, too, is significant: The Chinese challenge to Western power has been a long time coming, and it is in a certain sense predictable. As a rule, the Chinese do not make sudden moves and do not try to provoke crises.</p>
<p>Russia, by contrast, is an unpredictable power, which makes responding to Moscow more difficult. In fact, Russian politics have become so utterly opaque that it is not easy to say why this particular &#8220;frozen&#8221; conflict has escalated right now. Russian sources said yesterday that Georgia had launched an invasion of South Ossetia, aiming to pacify the breakaway region. Georgia, meanwhile, said that its troops entered the South Ossetian &#8220;capital&#8221; in response to escalating attacks, which have been intensifying for a week &#8212; and have been taking place for years, really &#8212; as well as the Russian aerial bombardment of Georgian territory.</p>
<p>But there are other players involved &#8212; paramilitaries, provocateurs, even (Russian) peacekeepers, some of whom have apparently been killed &#8212; and a complicated chain of events with myriad possible interpretations. Previous tensions, both in South Ossetia and Abkhazia, the other piece of Georgia that has <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2008/05/05/AR2008050502067.html">declared sovereignty</a>, have somehow been resolved without a war. Someone, clearly, wanted this one to go further.</p>
<p>Both sides have deeper motives for fighting. The Russians want to prevent Georgia from joining NATO, as Georgia, a Western-oriented democracy &#8212; George Bush has called the country a &#8221; <a href="http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/article520811.ece">beacon of liberty</a>&#8221; &#8212; has long wanted to do. In this, they will almost certainly succeed: No Western power has any interest in a military ally that is involved in a major military conflict with Russia.</p>
<p>The Georgian leadership, by contrast, had come to believe that the constant pressure of Russian aggression, coupled with the West&#8217;s failure to accept Georgia into NATO, compelled them to demonstrate &#8220;self-reliance.&#8221; President Mikheil Saakashvili has indeed been buying weapons in preparation for this moment. Those who know him say he believed a military conflict was inevitable but could be won if conducted cleverly. As of last night, with Russian soldiers fighting in South Ossetia &#8212; only a few dozen miles from Tbilisi, the Georgian capital &#8212; it seemed as though he might have miscalculated, badly. Russia has not sent 150 tanks across that border in order to lose.</p>
<p>Still, the bottom line is this: Georgia should have stepped back from the brink &#8212; and should still do so if it has a chance &#8212; but Russia&#8217;s deployment of such a large and carefully prepared force, not only in South Ossetia but in the rest of Georgia as well, is totally unacceptable. The other indisputable conclusion? Wherever the blame for this week&#8217;s escalation is finally laid, the West has very little influence on the outcome. Saakashvili&#8217;s appeals for help and moral support &#8212; &#8221; <a href="http://edition.cnn.com/2008/WORLD/europe/08/08/georgia.ossetia/?iref=mpstoryview#cnnSTCVideo">This is not about Georgia</a>,&#8221; he told CNN, &#8220;this is about the basic values the U.S. has always preached&#8221; &#8212; aren&#8217;t going to amount to much unless Russia wants them to.</p>
<p>Everyone is trying very hard, of course: Even as I write this, a dozen or more diplomats and heads of state are crowding the telephone lines between Beijing and the Caucasus, trying to get both sides just to stop fighting now and to worry later about who started it. Perhaps they&#8217;ll succeed &#8212; or perhaps those who wanted this battle to start also want it to continue.</p>
<p>In any case, the time to deal with this conflict is not now but was two, or even four, years ago. For a very long time it has been clear that there was a security vacuum in the Caucasus; that this vacuum was dangerous; that war was likely; that Georgia, an eager ally of the United States, would not emerge well from a confrontation; and that a successful invasion of Georgia, a country with U.S. troops on its soil, would reflect badly on the West. Cowardice, weakness, lack of ideas and, above all, the distraction of other events prevented any deeper engagement. And now it may be too late.</p>
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