<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Tribuna Libre &#187; Violencia en la escuela</title>
	<atom:link href="http://www.almendron.com/tribuna/etiqueta/violencia-en-la-escuela/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.almendron.com/tribuna</link>
	<description>Revista de Prensa: Tribuna Libre</description>
	<lastBuildDate>Thu, 09 Feb 2012 21:17:57 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-es</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.1</generator>
		<item>
		<title>Para frenar el acoso escolar</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/23569/para-frenar-el-acoso-escolar/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/23569/para-frenar-el-acoso-escolar/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 14 Jan 2009 21:41:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=23569</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Elzo</strong>, catedrático emérito de Deusto (EL PERIÓDICO, 14/01/09):</p>
<p>Tal vez ustedes, como yo, hayan tenido ocasión de ver recientemente en la televisión una grabación, hecha en junio del 2006 por uno de los alumnos del Colegio Suizo de Madrid, en la que se aprecia cómo durante un recreo varios estudiantes se burlan de un menor (de 10 años) y le golpean. Según leo en la prensa, &#8220;hasta 21 veces con la mano y un estuche blando en la cabeza, las piernas y la espalda&#8221;.<br />
La Audiencia de Madrid ha condenado al centro, sosteniendo que hay un &#8220;nexo &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/23569/para-frenar-el-acoso-escolar/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Javier Elzo</strong>, catedrático emérito de Deusto (EL PERIÓDICO, 14/01/09):</p>
<p>Tal vez ustedes, como yo, hayan tenido ocasión de ver recientemente en la televisión una grabación, hecha en junio del 2006 por uno de los alumnos del Colegio Suizo de Madrid, en la que se aprecia cómo durante un recreo varios estudiantes se burlan de un menor (de 10 años) y le golpean. Según leo en la prensa, &#8220;hasta 21 veces con la mano y un estuche blando en la cabeza, las piernas y la espalda&#8221;.<br />
La Audiencia de Madrid ha condenado al centro, sosteniendo que hay un &#8220;nexo causal&#8221; entre el daño moral al menor y &#8220;la falta de atención, vigilancia y respuesta inmediata y contundente del centro&#8221;, revocando una resolución anterior de un juzgado de Alcobendas que había absuelto al colegio argumentando que las imágenes captaban un altercado &#8220;aislado&#8221;. El padre de la víctima, satisfecho con la sentencia, arguye la importancia de la filmación, aunque dos tribunales distintos han emitido, dos años después de los hechos, juicios radicalmente distintos al respecto.<br />
Yo no soy jurista y no voy a entrar en los vericuetos de dos sentencias tan dispares. Pero, más allá del episodio del colegio de Madrid, como padre, como profesor muchos años y como sociólogo que ha estudiado estos temas, me permito trasladarles algunas reflexiones.</p>
<p>CIERTAMENTE, hay acoso escolar. Aunque haya descendido, según refieren varios estudios realizados por equipos científicos diferentes, hay una proporción importante de escolares que sufren <em>bullying</em> (o maltrato escolar): acoso reiterado de sus compañeros, al menos una vez a la semana, con intención de hacer daño. De entre ellos, algunos lo pasan muy mal. Entre el 2% y 4% en este elevado nivel de gravedad.<br />
Una gran proporción de padres y profesores no se enteran. En no pocos casos, porque los propios escolares victimizados lo ocultan, añadiendo, así, dolor al dolor. He reflexionado mucho sobre este tema y me permito reenviar a mi reciente libro, <em>El silencio de los adolescentes,</em> en el que consagro un capí- tulo al tema del miedo en la escuela. En los estudios en los que he participado personalmente, en el País Vasco, Catalunya y en toda España, he podido comprobar esta realidad. Es particularmente sangrante en los menores de 10 y 11 años, a veces con un defecto o minusvalía mínima, indefensos ante matones que los han tomado como chivos expiatorios de sus juegos y de sus propias debilidades. Pero la minusvalía de las víctimas, a veces física, otras veces psicológica, hace que oculten su situación. Así, a un problema de presión externa, el maltrato padecido por sus compañeros, se añade el ahondamiento del sufrimiento por incapacidad interna de externalizarlo. Quizá, incluso, nutriendo en el interior un sentimiento de culpa, obviamente inexistente.<br />
Sostengo firmemente que la vía judicial no es la mejor formula para resolver estos problemas, salvo en situaciones extremas. No estoy en condiciones de decir si los hechos del Colegio Suizo cabe calificarlos de extremos, pero sí sé que, para los padres, lo que sucede con nuestros hijos pequeños es fácil que nos parezca extremo. No hay que olvidar que antes del <em>caso </em>Jokin apenas se hablaba de <em>bullying,</em> salvo entre los que lle- vábamos años trabajando estos temas sin que nos atendieran. Tras la aplicación de protocolos de seguimiento de casos de acoso escolar, hay un desmesurado aumento de señalizaciones de estos por parte de los centros docentes que no se corresponde con un aumento de episodios de maltrato. A veces, para curarse en salud. Tras la sentencia del Colegio Suizo, crecerán aún más, y me temo que tendrá el efecto perverso de no distinguir lo anecdótico de lo grave, tapando, así, auténticos casos de <em>bullying.</em></p>
<p>PORQUE, insisto, el <em>bullying</em> existe. No lo erradicaremos totalmente nunca. Pero hemos de procurar que sea lo menos frecuente posible y lo menos dañino posible. Para ello, además de tomar conciencia del problema, lo que ya se da en la mayor parte del sistema educativo (es ejemplar el plan andaluz <em>Escuela: espacio de paz</em>), hay que aplicar, con discernimiento, los protocolos ya existentes y, sobre todo y muy prioritariamente, una colaboración entre los padres, los profesores y la dirección de los centros, que a día de hoy es muy deficitaria. Si, además, padres y profesores estuvieran enfrentados, lo pagarán sus hijos y alumnos.<br />
El recurso a la vía judicial es un indicador evidente de que tal colaboración no se ha dado y, con ra-zón, diferentes asociaciones de padres y madres, tanto de centros públicos como concertados, han abogado, tras conocer la segunda sentencia del centro suizo, por la necesidad de reforzarla. La justicia está para dirimir culpables, no para resolver conflictos. Entre otras razones, porque actúa cuando los hechos ya han pasado. Recuérdese el caso de la madre sordomuda de Jaén a la que la justicia separó de su hijo, también sordomudo, por haberle propinado un bofetón&#8230; dos años antes. ¿A quién ha beneficiado esa intervención judicial? En el caso del Colegio Suizo el chaval ya llevaba dos años en otro centro docente. Si el centro recurre contra la sentencia, la gane o la pierda, ¿quién saldría beneficiado? El problema no debería haber salido del sistema educativo. Para eso están los inspectores, digo yo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/23569/para-frenar-el-acoso-escolar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Violencia juvenil y nuevas tecnologías</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/22332/violencia-juvenil-y-nuevas-tecnologias/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/22332/violencia-juvenil-y-nuevas-tecnologias/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 01 Oct 2008 16:35:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nuevas Tecnologías]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia juvenil]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=22332</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong>, investigador de Analistas Socio-Políticos y profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (EL MUNDO, 01/10/08):</p>
<p>Los sucesos acontecidos hace unos días en un instituto de Finlandia, que desembocaron en el asesinato de una decena de personas y el suicidio del asesino, un joven de 22 años, vuelven a traer a la discusión pública el problema de la violencia juvenil, sus causas y los modos de prevenirla o paliarla. Cuando se trata de una matanza cometida con un arma de fuego, el reflejo condicionado de muchos políticos, periodistas y ciudadanos del común es poner &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/22332/violencia-juvenil-y-nuevas-tecnologias/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong>, investigador de Analistas Socio-Políticos y profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (EL MUNDO, 01/10/08):</p>
<p>Los sucesos acontecidos hace unos días en un instituto de Finlandia, que desembocaron en el asesinato de una decena de personas y el suicidio del asesino, un joven de 22 años, vuelven a traer a la discusión pública el problema de la violencia juvenil, sus causas y los modos de prevenirla o paliarla. Cuando se trata de una matanza cometida con un arma de fuego, el reflejo condicionado de muchos políticos, periodistas y ciudadanos del común es poner en cuestión la regulación de la tenencia de armas en el país en el que han ocurrido los hechos. Como en bastantes ocasiones estos asesinatos tienen lugar en Estados Unidos, pronto se producen denuncias de su permisiva legislación sobre armas como la causa de la tragedia. En esta ocasión, la masacre se ha producido en Finlandia, y no es la primera de estas características en tiempos recientes, pues un hecho similar tuvo lugar en noviembre de 2007. Coincide también que la tenencia personal de armas está bastante extendida en el país nórdico, y ya se oyen voces en Finlandia proponiendo una legislación de armas más restrictiva.</p>
<p>No me ocupo de esta suerte de reflejo condicionado de la discusión pública, muchos de cuyos partícipes reaccionan pidiendo medidas urgentes para atajar las supuestas causas de un problema, en este caso, la regulación de los permisos para llevar armas. No, me interesa otro, cada vez más resaltado, relacionado con las circunstancias previas al asesinato, en las que resulta característico el uso de internet o alguna otra nueva tecnología de la comunicación y la información. El joven finlandés había colgado en YouTube varios vídeos mostrando su afición a las armas cortas y, aparentemente, había avisado, de manera genérica, de sus mortíferas intenciones. En noviembre de 2007, el asesino y suicida había mostrado claramente en YouTube su voluntad de asesinar. Y en abril de 2007, el estudiante coreano responsable de la matanza en Virginia Tech, en Estados Unidos, en la que murieron 33 personas -incluyendo al homicida-, también utilizó medios audiovisuales para explicar su visión de los terribles hechos que iba a protagonizar, aunque esta vez los difundió como un DVD enviado por correo a un medio de comunicación.</p>
<p>En una escala, obviamente, muy inferior, pero también con bastante difusión mediática, se cuenta una colección creciente de casos de acoso escolar o maltrato entre adolescentes grabados con la cámara del teléfono móvil por los perpetradores o sus cómplices. Estos, después, los difunden mediante mensajes a otros móviles, o, incluso, los cuelgan en YouTube, procurando la difusión de sus odiosas acciones, de las que, aparentemente, se sienten orgullosos.</p>
<p>En realidad, es de esperar que cada vez sea más frecuente que determinados casos, graves o no tanto, de violencia de adolescentes y jóvenes (y de personas más adultas, claro) aparezcan vinculados, de un modo u otro, al uso de internet o los teléfonos móviles o, incluso, a los videojuegos. No sería de extrañar, pues cada vez más ámbitos de la vida, desde el cultivo intelectual personal hasta la diversión, pasando por el comercio o las relaciones de amistad o de compañeros, transcurren parcialmente por esos nuevos canales. Sin embargo, no son pocos los partícipes en la discusión pública que enfatizan el vínculo entre nuevas tecnologías y violencia, alertando de lo dañino de aquéllas, especialmente porque puedan alentar en adolescentes y jóvenes una mayor agresividad y un mayor grado de conductas nihilistas. Así, no es raro leer o escuchar a expertos, reconocidos o no, advertir de las negativas consecuencias de la utilización de videojuegos violentos o de la frecuentación de según qué páginas en internet, o alertar de la despersonalización de las relaciones humanas que implican las comunicaciones por el messenger o los chats. Algunos han llegado a afirmar que el hábito de operar en mundos virtuales puede llevar a muchos jóvenes a no considerar a los demás como seres humanos, sino como cosas. Y otros, sobre la base de consideraciones similares, apuntan a un futuro más violento para nuestros jóvenes.</p>
<p>Obviamente, ambas cuestiones, la de la violencia o la agresividad juvenil y su relación con las nuevas tecnologías, no admiten respuestas sencillas. Sin embargo, sí conviene afrontar su discusión, siquiera en el nivel habitual en el que ha de manejarse un público medianamente atento, a partir de datos e informaciones que contribuyan a formarnos una imagen más cabal de los problemas. Veamos un par de ellos.</p>
<p>Por lo pronto, es difícil saber si acciones violentas como la de Finlandia están aumentando o no, pues, por su carácter extraordinario, es muy complicado fijar tendencias. Lo que sí podemos medir para algunos países, de modo aproximado, es si está aumentando la delincuencia juvenil o no, o si lo hace la más violenta. El panorama que ofrecen los datos es mixto. En Estados Unidos, el país por antonomasia de las matanzas con armas de fuego (y de las nuevas tecnologías), la tasa de jóvenes de 10 a 17 años detenidos por delitos violentos (asesinato, homicidio involuntario, robo con coacción, violación, entre otros) aumentó bastante en la segunda mitad de los años 80 del siglo pasado, hasta alcanzar niveles máximos hacia 1994, pero después cayó hasta niveles inferiores a los de la primera mitad de los 80. Por ejemplo, los detenidos por asesinato alcanzaron un máximo de 14 por 100.000 en 1993, pero en 2005 se situaron en 4 por 100.000, mientras que los detenidos por violación pasaron de 22 a 12 por 100.000 en las mismas fechas. En Finlandia también parece observarse una reducción de la delincuencia juvenil en la última década, a pesar de casos como los mencionados más arriba. Por el contrario, en otro país también muy tecnificado, Japón, a la caída de las tasas desde una primera cima a comienzos de los 80 le ha sucedido una tendencia al alza desde finales de los 90.</p>
<p>No contamos con buenas cifras para España, debido a rupturas de las series por cambios en la legislación, a lo reciente de la recogida continuada de datos y, sobre todo, a un factor que dificulta la comparación diacrónica, la creciente presencia de adolescentes y jóvenes extranjeros, quienes, por término medio, muestran una tasa de delincuencia bastante superior a la de los españoles. Los fragmentarios datos sugieren, si acaso, una tendencia a la baja. Sin embargo, sí podemos hacernos una idea de cómo ha evolucionado recientemente una de las formas de violencia juvenil más discutidas, el acoso escolar. Dos encuestas homologables entre sí, ambas para el Defensor del Pueblo, llevadas a cabo en 1999 y 2006, apuntan a que el nivel de acoso escolar, no tan alto como se suele pensar, se mantiene o tiende a la baja, según el indicador que se use.</p>
<p>Que la evolución de la delincuencia juvenil, también la más violenta, sea dispar en cuatro países en los cuales se ha extendido mucho el uso de internet, móviles y videojuegos sugiere que es dudosa la existencia de una relación entre el uso de nuevas tecnologías y las inclinaciones o conductas agresivas o violentas. También apuntan a ello los estudios que han intentado medir dicha relación directamente. Es habitual escuchar afirmaciones tales como que quienes más aficionados son a los videojuegos son más agresivos. De hecho, esto se ha comprobado en algunas encuestas. Sin embargo, es difícil de establecer la dirección de la causalidad, de haberla: ¿los videojuegos vuelven a los adolescentes agresivos o son los adolescentes más agresivos los que más gustan de jugar con videojuegos? En estudios de índole experimental se han constatado aumentos temporales de los niveles de ciertos indicadores de agresividad, justo tras jugar con la consola o el ordenador, pero no está claro que tengan consecuencias a más largo plazo. De hecho, una revisión bibliográfica muy reciente de toda esta temática ha concluido que el uso de los videojuegos no está asociado con conductas más agresivas, sino, curiosamente, con algunos efectos cognitivos positivos. También se han encontrado a veces asociaciones entre consumo televisivo y agresividad, pero quienes han llevado las investigaciones de más calado no se han atrevido a establecer inferencias de causalidad sólidas.</p>
<p>Es decir, no se observa un patrón de aumento de la violencia juvenil en sociedades tecnificadas ni se comprueba una asociación clara entre consumo de tecnologías como los videojuegos y la agresividad. Ello no quiere decir que el uso, sobre todo excesivo, de nuevas tecnologías por parte de adolescentes y jóvenes no pueda tener efectos perjudiciales. De hecho, en La adolescencia, sus vulnerabilidades y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, Víctor Pérez-Díaz y yo hemos mostrado algunas asociaciones negativas, como las existentes entre un peor rendimiento escolar y el uso de aparatos como la videoconsola y el teléfono móvil. A lo que apunto al recordar ese par de informaciones es a la conveniencia de plantear una discusión pública sobre problemas como la violencia o la delincuencia juvenil de modo distinto a lo que a veces parece habitual, esto es, como una sucesión de reflejos condicionados, de resortes que saltan ante acontecimientos extraordinarios. Más bien, conviene la pausa y la reflexión, la ponderación de la dimensión de los fenómenos y las tendencias en curso, así como el conocimiento aquilatado que vamos acumulando sobre ellos, que suele recordarnos la complejidad de esos problemas y de sus causas. Está bien que salten las alarmas, pero también lo está empezar la conversación una vez que su ruido se ha apagado.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/22332/violencia-juvenil-y-nuevas-tecnologias/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Wanted President!</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15541/wanted-president/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15541/wanted-president/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 19 May 2007 12:58:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Armas]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15541</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pedro González-Trevijano</strong>, rector de la Universidad Rey Juan Carlos (ABC, 19/05/07):</p>
<p>He dejado pasar un tiempo, antes de desbrozar estas reflexiones sobre la matanza en el Virginia Tech, situada en la ciudad de Blacksburg, en la que eran asesinados treinta y dos estudiantes, y se hería a otros veintinueve. La escena debió de ser dantesca. Alumnos que saltaban por las ventanas, se arrastraban por el suelo, improvisaban barricadas o se hacían los muertos, mientras un profesor -superviviente de los horrores del Holocausto-, perdía la vida, al tratar de bloquear las puertas. Y lo he hecho de forma premeditada, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15541/wanted-president/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pedro González-Trevijano</strong>, rector de la Universidad Rey Juan Carlos (ABC, 19/05/07):</p>
<p>He dejado pasar un tiempo, antes de desbrozar estas reflexiones sobre la matanza en el Virginia Tech, situada en la ciudad de Blacksburg, en la que eran asesinados treinta y dos estudiantes, y se hería a otros veintinueve. La escena debió de ser dantesca. Alumnos que saltaban por las ventanas, se arrastraban por el suelo, improvisaban barricadas o se hacían los muertos, mientras un profesor -superviviente de los horrores del Holocausto-, perdía la vida, al tratar de bloquear las puertas. Y lo he hecho de forma premeditada, pues deseaba asegurarme de si mi primigenio análisis seguía pareciéndome correcto. Pues bien, mi criterio no ha variado; lo más, la presencia de las oportunas posteriores matizaciones.</p>
<p>¿Cómo se puede explicar lo acontecido en el campus universitario de un país ejemplar en tantos y tantos ámbitos: en lo económico, en el mecenazgo, en la investigación, en lo cultural y, por supuesto, en lo universitario? ¿Cómo es conciliable la elogiable sensibilidad ciudadana y política para impulsar la creación y el apoyo a algunas de las universidades de indiscutible referencia internacional -sirvan los ejemplos de Harvard, Yale o Stanford-, mientras no se pone coto al uso indiscriminado de las armas? ¿Cómo se puede comprender que una nación sea capaz de acoger en sus universidades a los más aventajados representantes del conocimiento -desde el físico Albert Einstein al jurista Hans Kelsen- y sufrir simultáneamente semejante lacra?</p>
<p>Hay un principal responsable: la desafortunada presencia de las armas en la vida americana. Recuerden los magnicidios de Abraham Lincoln (1865), James Abram Garfield (1881), William MacKinley (1901) y John F. Kennedy (1963), sin contar los complots e intentos frustrados contra los presidentes Andrew Jackson (1835), Theodore Roosevelt (1912), Franklin Delano Roosevelt (1933), Harry S. Truman (1950), Richard Nixon (1974), Gerald Ford (1975), Jimmy Carter (1979), Ronald Reagan (1981) y Bill Clinton (1994); o los asesinatos del senador Bob Kennedy y el reverendo Martin Luther King (1968). Así que las cosas no son diferentes, por inconcebible que parezca, en la universidad, lugar referencial del saber y la tolerancia.</p>
<p>Un horror con demasiados antecedentes: la muerte de dieciséis personas en la Universidad de Texas en 1966; el asesinato de cinco niños en el patio de una escuela en Stockton (California) en 1989; la muerte de un profesor y tres alumnos en un colegio de secundaria en Olivehurst (California) en 1992; el asesinato de tres estudiantes en Kentucky y de una pareja en un colegio de Mississipi en 1997; la muerte en una escuela de Jonesboro (Arkansas), donde dos niños, ¡de once y trece años!, mataban a otros cuatro compañeros y a una profesora en 1998; el sangriento episodio en el Instituto Columbine, en Littleton (Denver), en el que dos alumnos acribillaban a un profesor y a doce compañeros en 1999; el crimen de tres personas en la Facultad de Derecho de los Apalaches de Virginia y de otras tres en la Universidad de Tucson en 2002; el tiroteo por un alumno de seis compañeros y una profesora en la reserva de Red Lake (Minnesota) en 2005; y las muertes en una escuela de Nickel Mines (Pensilvania), donde un hombre mataba a seis personas en 2006. Lo peor: que tales actos ya no sorprenden, mientras son cada vez más sangrientos, a causa de armas más mortíferas y de sencillo acceso.<br />
Entre tanto, la Asociación Nacional del Rifle (NRA), con cuatro millones de miembros, sigue imponiendo su poderoso lobby en un país con doscientos millones de armas, y en el que sesenta y seis millones de personas (un veintidós por ciento de su población) las porta generalizadamente. Su organización, trabajo y sus elevadas donaciones a favor de la causa explican su pujanza. La mejor prueba de lo dicho, la celebración, ¡un día después de la matanza!, de una feria en el American Center de San Louis, con la celebración de seminarios, tan ejemplares, como los dos siguientes: «Rechaza ser una víctima» o «Dispara por diversión y para potenciar aptitudes», y actos paralelos tan edificantes como la firma por el gobernador de Missouri de una ley que garantiza la no confiscación de las armas incluso en casos de emergencia nacional. Y qué decirles de la Asociación de Propietarios de Armas de América, que han declarado que la matanza no se habría producido de haber portado armas los profesores y alumnos. Sin comentarios.</p>
<p>La respuesta política no puede ser la timorata contestación del Presidente Bush: «Este es un día de tristeza para la Nación entera». Ni la de su apesadumbrado rector: «Una tragedia de proporciones monumentales». Se requiere mucho más. Se necesita encontrar un Presidente, con talla de estadista, que ponga fin a esta enloquecida carrera. Así que ya saben, Wanted President Reward&#8230;! Esta gran Nación ha tenido destacadísimos hombres de Estado, que ligaron sus políticas a hacer más grande su país: su bondadoso y omnipresente fundador, George Washington; el tenaz Abraham Lincoln, con su defensa a ultranza de la Unión; el presidente Woodrow Wilson, que auspició la entrada de Estados Unidos en la I Guerra Mundial; el emprendedor Franklin D. Roosevelt y su política del New Deal; el presidente Harry S. Truman y la ayuda del plan Marshall en la Europa de la postguerra; o la ilusión colectiva despertada por el Presidente Kennedy.</p>
<p>Es verdad que tales obras son conductas de perturbados mentales, pero también que dichas acciones reflejan una enfermedad que encuentra adecuado desarrollo en un contexto favorable y multiplicador por la facilidad de medios para hacerlas posible. Y en ello desempeña un papel muy nocivo la permisiva legislación sobre compra y tenencia de armas. Un país donde quien carezca de antecedentes penales puede obtener casi cualquier clase de armas: desde una simple pistola o revólver, hasta un rifle de alto rendimiento o una ametralladora capaz de disparar cientos de proyectiles por minuto. No es suficiente pues con una drástica restricción en la concesión de las licencias, sino que hay que dar el paso definitivo: la proscripción de las armas y la eliminación de un vestigio anacrónico -todavía no existía ni el Ejército federal ni la Guardia nacional- que hoy no tiene nada que ver con la proyección del derecho a la libertad de sus primeros pioneros. Ni tampoco vale la argumentación de que tales conductas son la inevitable explicitación de la «grandeza y servidumbre de su educación», ni consustanciales a la «cultura de la frontera» y al american way of life.</p>
<p>No basta así con cambiar las específicas normativas de los Estados, sino que es perentoria una reforma constitucional que derogue la enmienda segunda de la Constitución de 1787, de 1791, avaladora de la actual situación: «Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se restringirá el derecho del pueblo a poseer y portar armas». Hacen falta más que peticiones al Congreso, como la de Bill Clinton en 2004, para elevar la edad de tenencia (de 18 a 21 años). Tampoco la aprobación de moratorias, como la del también presidente demócrata en 1994 sobre cierta clase de armas, y hoy dejada expirar por la Administración Bush. El resultado está a la vista: cuarenta y tres Estados no exigen ni licencia ni registro, mientras otros cinco, ni siquiera prevén una edad límite para poseerlas. Los políticos y el pueblo americano deben hacer algo. Y aquí, puestos a la invocación de la segunda enmienda, yo abogo por recordar la mismísima Declaración de Independencia de 1776: «en el caso de que la forma de gobierno se volviera destructiva&#8230; es derecho del pueblo modificarla o abolirla o instituir un nuevo gobierno». El «dejadles tener armas», que exclamaba Thomas Jefferson en 1787, hoy carece de todo sentido.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15541/wanted-president/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Making a Killing</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15290/making-a-killing/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15290/making-a-killing/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 02 May 2007 21:45:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15290</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Mike White</strong>, the screenwriter of “School of Rock” and, most recently, “Year of the Dog” (THE NEW YORK TIMES, 02/05/07):</p>
<p>THE first movie I ever made was called “Death Creek Camp.” It told the age-old story of a group of teenage guys who set out on a fun-filled wilderness excursion only to be stalked and murdered by a psychopath disguised in a hockey mask and a blue kimono. It was no masterpiece of cinema.</p>
<p>Most of the scenes played out the same way — one of the fresh-faced hikers would get separated from the group. He would hear &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15290/making-a-killing/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Mike White</strong>, the screenwriter of “School of Rock” and, most recently, “Year of the Dog” (THE NEW YORK TIMES, 02/05/07):</p>
<p>THE first movie I ever made was called “Death Creek Camp.” It told the age-old story of a group of teenage guys who set out on a fun-filled wilderness excursion only to be stalked and murdered by a psychopath disguised in a hockey mask and a blue kimono. It was no masterpiece of cinema.</p>
<p>Most of the scenes played out the same way — one of the fresh-faced hikers would get separated from the group. He would hear a noise in the bushes. “Bob? Jerry, is that you? Charlie?” Suddenly, from behind a tree, the stalker would pounce and blood would fly.</p>
<p>Why the killer wore a blue kimono was never explained nor why he wanted these nice campers dead. He was a deranged monster and that’s what monsters do. As the filmmaker, I was more interested in how the ketchup would drip off the victim’s cheek and where to plunge the retractable knife. I was 12.</p>
<p>The inspirations for this home movie (and the centerpieces of many Saturday night sleepovers) were slasher films like “Friday the 13th,” “Halloween” and “Terror Train.” My friends and I would eat junk food, drink soda and watch these cinematic bloodbaths until we dozed off, visions of gore and mayhem dancing in our heads.</p>
<p>Even though we all came from religious families — my father was a minister — it was rarely questioned whether our adolescent minds should be exposed to this kind of gruesome material. And clearly, we were the intended audience. My parents never sat and watched, nor did my sister, for that matter. The movies were titillating, shocking and dumb — and we teenage boys thought they were<span class="italic"> so </span>cool. We devoured them and they, in turn, juiced us up.</p>
<p>After the horrific events at Virginia Tech, the relationship between violence in our movies and violence in our realities is being examined once again. Was Seung-Hui Cho inspired by a movie (the South Korean revenge flick “Oldboy”) when he murdered 32 of his classmates and teachers? Was Mr. Cho a deranged predator in a horror film, or was he a lost kid who could have been reached?</p>
<p>Hollywood and defenders of violent films dismiss Virginia Tech as a “unique” event, arguing that Mr. Cho was profoundly alienated from our culture, not at all a product of it. They assert that there are law-abiding, sane American moviegoers who love the thrill of a visual bloodletting, and then there are mentally disturbed people like Mr. Cho, constitutionally wired to do damage — and never the twain shall meet.</p>
<p>These commentators insist there’s no point debating which came first, the violent chicken or her violent representational egg, since no causal link has ever been proven between egg and chicken anyway. Besides, violent images can be found everywhere — on the news, in great art and literature, even Shakespeare!</p>
<p>For those who believe that violence in cinema consists of either harmless action spectacles or Martin Scorsese masterpieces, I might suggest heading down to the local multiplex and taking a look at some of the grotesque, morbid creations being projected on the walls. To defend mindless exercises in sadism like “The Hills Have Eyes II” by citing “Macbeth” is almost like using “Romeo and Juliet” to justify child pornography.</p>
<p>The notion that “movies don’t kill people, lunatics kill people” is liberating to us screenwriters because it permits us to give life to our most demented fantasies and put them up on the big screen without any anxious hand-wringing. We all know there’s a lot of money to be made trafficking in blood and guts. Young males — the golden demographic movie-makers ceaselessly pursue — eat that gore up. What a relief to be told that how we earn that money may be in poor taste, but it’s not irresponsible. The average American teenage boy knows the difference between right and wrong and no twisted, sadistic movie is going to influence him.</p>
<p>My own experience as a teenager tells me otherwise. For my friends and me, movies were a big influence on our clothes and our slang, and on how we thought about and spoke to authority figures, our girlfriends and one another. Movies permeated our fantasy lives and our real lives in subtle and profound ways.</p>
<p>It’s true nobody ever got shot in the face in my backyard, but there were acts of male bravado performed in emulation of our movie anti-heroes that ranged from stupid to cruel. And there were plenty of places where guys my age <span class="italic">were</span> shooting one another all the time. There still are. Can we really in good conscience conclude that the violence saturating our popular culture has no impact on our neighborhoods and schools?</p>
<p>The calamity at Virginia Tech is unfortunately not as unique an event as we’d like to think, but the sheer number of victims has grabbed our attention and inspired some collective soul-searching. As responsible Americans put their heads down on their desks and reflect, should the scribes of popular entertainment be excused to the playground? We screenwriters may be overgrown teenagers who still want to be cool, but we aren’t 12 years old anymore. Maybe we’re not responsible for Mr. Cho’s awful actions, but does that abrogate our responsibility to the world around us?</p>
<p>Most of us who chose careers in this field were seduced by cinema’s spell at an early age. We know better than anyone the power films have to capture our imaginations, shape our thinking and inform our choices, for better and for worse. At the risk of being labeled a scold — the ultimate in uncool — I have to ask: before cashing those big checks, shouldn’t we at least pause to consider what we are saying with our movies about the value of life and the pleasures of mayhem?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15290/making-a-killing/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Talk to the Chos</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15243/talk-to-the-chos/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15243/talk-to-the-chos/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 27 Apr 2007 16:53:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15243</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Dave Cullen</strong>, who is writing a book about the Columbine killers (THE NEW YORK TIMES, 27/04/07):</p>
<p>A JUDGE ruled this month that depositions by the parents of the gunmen in the 1999 Columbine school shootings would remain sealed until 2027. It would be tragic to also have to wait 28 years to hear from the family of Seung-Hui Cho, the killer at Virginia Tech. But the tense legal standoff that led to the Columbine ruling is likely to repeat itself in Virginia if we don’t quickly devise an alternative.</p>
<p>In the Columbine case, as in Virginia Tech, the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15243/talk-to-the-chos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Dave Cullen</strong>, who is writing a book about the Columbine killers (THE NEW YORK TIMES, 27/04/07):</p>
<p>A JUDGE ruled this month that depositions by the parents of the gunmen in the 1999 Columbine school shootings would remain sealed until 2027. It would be tragic to also have to wait 28 years to hear from the family of Seung-Hui Cho, the killer at Virginia Tech. But the tense legal standoff that led to the Columbine ruling is likely to repeat itself in Virginia if we don’t quickly devise an alternative.</p>
<p>In the Columbine case, as in Virginia Tech, the killers’ families went into seclusion and released statements of regret and bewilderment. Parents of mass murderers have their own grieving to do. When the Chos resurface, a ravenous press corps will stalk them, and the public will be hungry for answers. The questions will grow increasingly belligerent and accusatory.</p>
<p>Eventually the parents of the Columbine killers, Eric Harris and Dylan Klebold, appeared willing to speak, but the threat of lawsuits drove them to silence. The families reached an impasse: the killers’ parents would talk only if the victims disavowed legal action, but the victims would waive lawsuits only if the parents spoke.</p>
<p>The Cho family’s troubles may intensify again when Virginia’s statute of limitations for civil suits expires. At the moment Littleton braced for the first Columbine anniversary, more than a dozen families filed suits. The victims weren’t after the money; they wanted answers — for themselves, for the public, and most of all for any psychiatric expert who could help prevent the next catastrophe. And the Harrises and Klebolds were looking for a measure of security. Everyone lost.</p>
<p>Like Eric Harris and Dylan Klebold, Seung-Hui Cho left voluminous writings and videos to explain himself. But those rants have to be measured against an objective reality. Was Mr. Cho bullied or sneered at by the rich brats he railed against? Or was he responding to voices in his head? When did he first experience difficulty socializing? Did those troubles lead to withdrawal, or was he already a loner? How did his parents respond? Was anything successful?</p>
<p>We know Mr. Cho demonstrated symptoms consistent with autism and Asperger’s syndrome, but these can also be signs of schizophrenia. Experts are eager to interview the Cho family to tease out the differences. If Mr. Cho experienced outright psychotic episodes, they might have been mystifying to acquaintances but painfully obvious to his family. When did the Chos first observe such episodes, how often and with what intensity? How was he treated, and what were the results? A deeper understanding of Mr. Cho’s pathway to murder can help us predict dangerous behavior and respond better to warning signs.</p>
<p>The Harrises and Klebolds settled their last lawsuits in 2003. Their homeowners’ insurance had already agreed to pay $1.6 million, but five holdout families demanded information. The killers’ parents were deposed in a closed federal courtroom, to which the plaintiffs gained access by agreeing to a gag order. Fourteen days before Mr. Cho opened fire at Virginia Tech, a district court judge ruled that the transcripts of these meetings would remain sealed for 20 more years.</p>
<p>It was an ugly compromise. The victims got answers, at the price of hiding them from experts and the public. The Harrises and Klebolds endured eight years of vilification and legal action.</p>
<p>If Columbine has taught us anything, it is that we should avoid a similar stalemate in the Virginia Tech massacre. The Chos’ lawyers should broker a deal with psychiatric experts before trust is eroded. The psychiatrists can offer medical privilege and the hope of authentic scientific advancement in exchange for openness from the family. They should promise to divulge their conclusions to the public, but to work with the Cho lawyers to withhold any details likely to land the family in court.</p>
<p>There are risks in this for the Cho family, but inaction presents the greater risk — of lawsuits and of never finding answers. The questions that plague the victims’ families weigh just as heavily on those who loved the perpetrators.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15243/talk-to-the-chos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Un cisne negro en Virginia</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15157/un-cisne-negro-en-virginia/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15157/un-cisne-negro-en-virginia/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 23 Apr 2007 09:08:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Armas]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15157</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Niall Ferguson</strong>, profesor de Historia Laurence A. Tisch de la Universidad de Harvard y miembro de la junta de gobierno del Jesus College de Oxford. Traducción: José María Puig de la BellacasA (LA VANGUARDIA, 23/04/07):<br />
Era previsible. Cho Seung Hui era un taciturno solitario, de humor cambiante, inestable. Cuatro de sus profesores habían mostrado su preocupación a la vista del contenido de sus trabajos académicos o de su conducta en clase. Tras las quejas de dos alumnas, los servicios de seguridad del campus y un consejero de los servicios psicológicos del instituto politécnico de Virginia (Virginia Tech) hicieron &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15157/un-cisne-negro-en-virginia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Niall Ferguson</strong>, profesor de Historia Laurence A. Tisch de la Universidad de Harvard y miembro de la junta de gobierno del Jesus College de Oxford. Traducción: José María Puig de la BellacasA (LA VANGUARDIA, 23/04/07):<br />
Era previsible. Cho Seung Hui era un taciturno solitario, de humor cambiante, inestable. Cuatro de sus profesores habían mostrado su preocupación a la vista del contenido de sus trabajos académicos o de su conducta en clase. Tras las quejas de dos alumnas, los servicios de seguridad del campus y un consejero de los servicios psicológicos del instituto politécnico de Virginia (Virginia Tech) hicieron gestiones para internarle en una institución psiquiátrica. Sin embargo, un médico se mostró en desacuerdo con el juez en el sentido de que representara un peligro para los demás. En Estados Unidos es fácil adquirir armas (aunque están prohibidas en el campus de Virginia). En fin, 32 personas están muertas.</p>
<p>Los esfuerzos de la prensa para explicar la matanza del politécnico de Virginia ilustran una de las cuestiones que aborda el nuevo libro del analista y ensayista de la aleatoriedad Nassim Nicholas Taleb, <em>El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable </em>(Penguin/ Allen Lane)<em>.</em>Los seres humanos, en caso de vernos sorprendidos por un hecho inopinado, somos inmejorables a la hora de <em>predecirlo </em>de modo retroactivo. Pero Cho era lo que Taleb llama un &#8220;cisne negro&#8221;. ¿Por qué un cisne negro? El punto de partida de Taleb es lo que los filósofos llaman el problema de la inducción, o inferencia que parte de casos individuales o concretos para determinar conclusiones generales y que no escapa al planteamiento de posibles problemas a la hora de valorar los conocimientos obtenidos inductivamente. Supongamos que ustedes han pasado toda su vida en el hemisferio Norte y sólo han visto cisnes blancos. Pero visiten Australia &#8211; donde los cisnes son negros- y verán su teoría por los suelos. Un cisne negro es algo que nos parece &#8211; debido a nuestra reducida e incompleta experiencia- imposible.</p>
<p>Como profesor de universidad, he tenido ocasión de ser testigo presencial de la conducta de estudiantes taciturnos y de temperamento variable. Muchos de ellos han tenido dificultades con las chicas. Algunos han precisado tratamiento psicológico. He pensado en el riesgo de que alguno de mis alumnos depresivos se suicidara. Pero ¿en el riesgo de que uno de ellos enloqueciera y matara a 32 personas? Nunca.</p>
<p>¿Por qué &#8211; inquiere Taleb- tendemos a confundir improbabilidad con imposibilidad? En parte &#8211; sugiere-, por el hecho de que la evolución no favoreció un tipo de pensamiento complejo y probabilista. Lo cierto es que &#8211; agudizada nuestra mente por siglos de caza y recolección- somos prestos a adoptar decisiones instantáneas apoyados en un mínimo fundamento y en teorías superficiales y carentes de solidez, tal vez porque quienes divisaban un león y echaban a correr por presuponer que todos los animales salvajes siempre comen seres humanos tenían más probabilidades de sobrevivir que quienes preferían poner a prueba tal hipótesis de manera experimental. Claro que hay leones de talante amistoso &#8211; como hay cisnes negros-, pero es preferible ser prudente y cauteloso de antemano que sufrir más tarde las consecuencias.</p>
<p>Nuestra imperfecta mentalidad constituye asimismo un eco de la evolución de la filosofía occidental, ciencias sociales e historia occidentales. La escuela platónica nos animó a preferir la teoría clara, directa y comprensible a la desordenada y compleja realidad; por otra parte, nos inclina asimismo a seleccionar únicamente los hechos que encajan en nuestras teorías. Taleb, sobre todo, abomina de la tendencia de los economistas a suponer que todo se conforma a lo que suele calificarse de distribución normal o de Gauss, por el nombre del matemático alemán Carl Friedrich Gauss. Naturalmente &#8211; dice Taleb- un cuadro o gráfico de la totalidad de los estudiantes podría reflejar, por ejemplo, la estatura de todos ellos según esta conocida distribución (campana de Gauss)&#8230; pero constituye un error funesto buscar por todas partes campanas de Gauss. La distribución estadística de seísmos, las crisis económicas, las guerras y las ventas de libros, por ejemplo, siguen leyes y reglas muy distintas (que se conocen también como distribución fractal).</p>
<p>En cada caso, al trazar un gráfico puede observarse una agrupación mucho menor de datos en torno a la media, en tanto que un número mucho mayor de datos se acusa con claridad en dirección a los extremos. En comparación con la curva de campana estándar, estas curvas presentan colas anchas y marcadas en cada extremo: hay muchos más seísmos notables, accidentes, guerras y éxitos de ventas de los que cabría esperar según la distribución normal. Dicho de otra forma, ¡hay muchos gigantes y muchos enanos! Y me imagino que nos encontraríamos con el mismo esquema si pudiera trazarse el cuadro de todos los incidentes violentos que han tenido lugar en universidades estadounidenses en el último medio siglo. Un puñado de episodios representaría una gran proporción del total de las muertes violentas.</p>
<p>El factor más atinado es la crítica de Taleb a la historiografía tradicional. Desde Tucídides &#8211; cabe afirmar-, los historiadores nos han animado a explicar desastres de baja probabilidad (como las guerras) a posteriori. Esta clase de discurso nos ayuda a dotar de sentido a una catástrofe fortuita. Y también a atribuir las culpas. Generaciones enteras de historiadores se han esforzado por explicar así los orígenes de grandes desastres como, por ejemplo, la Primera Guerra Mundial, construyendo elegantes y atractivas series de causas y efectos y vituperando a este o aquel estadista.</p>
<p>No obstante, tal proceder es cuestionable y resulta en lo que Taleb califica de <em>distorsión retrospectiva</em>.Porque tales series causales difícilmente eran observables a ojos de los coetáneos de los hechos, para quienes el estallido de la guerra llegó de improviso. Hubo crisis balcánicas antes de 1914 que no desembocaron en aquel conflicto. Como en el caso de Cho Seung Hui, el asesino de Sarajevo, Gavrilo Princip, era un cisne negro, sólo que mucho mayor.</p>
<p>El mismo error es evidente en cuanto se dice ahora de la matanza en el politécnico de Virginia. Si podemos ver ahora las causas del violento y demente comportamiento de Cho, ¿por qué no se previó en su momento? La negligencia no es la única posibilidad susceptible de considerarse. La realidad es que por cada Cho que enloquece, existen cientos de miles de estudiantes depresivos y retraídos que no lo hacen.</p>
<p>El factor clave según la perspectiva de Taleb, por tanto, estriba en que los seres humanos estamos demasiados influidos por el instinto, la historia, Platón y Gauss. Suponemos que el mundo entero se sitúa en el área dominante de la campana de Gauss mientras que, en realidad, amplias porciones de él se sitúan en las zonas de los extremos de la campana.</p>
<p>El inconveniente radica en que ¡es mucho más difícil vivir con esta conciencia y conocimiento del asunto que sin ella!</p>
<p>Saber que pueden producirse un par de guerra mundiales por siglo es como saber que un estudiante puede enloquecer más o menos una vez por decenio. No permite predecir qué crisis diplomática o individual será una crisis letal. Por razones prácticas, resulta que los seres humanos preferimos funcionar con previsiones y predicciones, aunque casi siempre se revelan equivocadas. Como ha tenido ocasión de comprobar el presidente Bush, cuando uno trata de evitar que sucedan cosas malas no suele verse recompensado, precisamente porque si triunfa en su empeño no suceden. Desde este punto de vista, al fin y al cabo, no ha habido otro 11-S (clásico episodio tipo cisne negro). Y Sadam Husein no volverá a invadir Kuwait. Pero ¿se ve por ahí mucha gente agradecida? Ni el propio Bush puede estar seguro de que una estrategia preventiva diga mucho a su favor por un fiasco.</p>
<p>La más sugestiva idea de Taleb es, tal vez, que el mundo, a instancias de la globalización y las comunicaciones, va más hacia los extremos que hacia el centro&#8230; Los desastres (cuando sobrevienen) son de mayor magnitud. No acabo de decidirme del todo en la cuestión de si la matanza de Virginia abona esta hipótesis. Pero, desde luego, es sugestivo afirmar que Cho imitaba la conducta de los asesinos de Columbine superando a un tiempo la cifra de víctimas. Tal circunstancia apunta en dirección a una posibilidad realmente escalofriante: la de más y mayores cisnes negros.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15157/un-cisne-negro-en-virginia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>On Campus, A Wary Sadness</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15138/on-campus-a-wary-sadness/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15138/on-campus-a-wary-sadness/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 21 Apr 2007 22:03:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15138</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>David S. Broder</strong> (THE WASHINGTON POST, 22/04/07):</p>
<p>On the campus of the University of Memphis, where I was visiting for part of last week, the news of the Virginia Tech <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-srv/metro/vatechshootings/">mass killings</a> struck with special force. Not only were these students, like those in Blacksburg, Va., attending a large public university with a big commuter population, but they still recall the scars of the assassination of the Rev. Martin Luther King Jr., who was gunned down in this city 39 years ago this month.</p>
<p>Meeting with students at the journalism school, I was reminded that no campus these days &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15138/on-campus-a-wary-sadness/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>David S. Broder</strong> (THE WASHINGTON POST, 22/04/07):</p>
<p>On the campus of the University of Memphis, where I was visiting for part of last week, the news of the Virginia Tech <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-srv/metro/vatechshootings/">mass killings</a> struck with special force. Not only were these students, like those in Blacksburg, Va., attending a large public university with a big commuter population, but they still recall the scars of the assassination of the Rev. Martin Luther King Jr., who was gunned down in this city 39 years ago this month.</p>
<p>Meeting with students at the journalism school, I was reminded that no campus these days is free from violence. Just two weeks ago, the student newspaper reporters said, a female graduate student was stabbed in the leg by a man who was trying to steal her purse. Several of the women in the class described the precautions they take, for example, always trying to find companions when they are walking on campus at night.</p>
<p>&#8220;You always want to be looking around, staying alert,&#8221; one older female student said. &#8220;Don&#8217;t be looking down. Don&#8217;t be talking on your cellphone. If you seem to be distracted, you&#8217;re more likely to be a target.&#8221;</p>
<p>I see the crime reports posted regularly on the Web site of the University of Maryland, where I teach a once-a-week seminar, and I know that College Park, a seemingly placid suburb, is no more tranquil than Memphis. Any campus is a target because parked cars are not always locked and because the banks, restaurants and bars that crowd the neighborhoods close to campuses are places where people come and go with purses and wallets containing cash.</p>
<p>College campuses place no triple-strand barbed-wire fences on their perimeters. They are, instead, open to thousands of people coming and going freely every day. The campus police forces, often orphans in budget-making, do their best with limited resources but frequently are lacking in numbers and in training. The buildings, sidewalks and grassy areas on campus are as open to interlopers as their classrooms are to freely expressed ideas. The notion of closing down either the campus or the expression of ideas goes against the grain. It violates the whole spirit of the place.</p>
<p>And yet, listening to the students here, there was a definite, persistent sense of unease about the situation. One student, a mother of four, said that on hearing the first reports from Virginia Tech, she thought about what would happen to her children if she happened to be in a classroom when a killer burst in firing his weapon.</p>
<p>The tall, young male athlete seated next to her said, &#8220;I know martial arts. I wondered what I would do. I know the right moves to make to disarm a man, but I don&#8217;t know if I could have reacted quick enough in those circumstances.&#8221;</p>
<p>The conversation moved on to the topic of the missed signals about the <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/04/18/AR2007041800162.html">strange personality</a> of Seung Hui Cho, the 23-year-old Virginia Tech student who <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/04/16/AR2007041600533.html">killed</a>32 students and faculty members. Fellow students and some teachers had recognized clear signs of isolation, depression, anger and worse in his behavior and in his writing. He had had minor run-ins with the law. But no one recognized the potential danger in his presence, and no one tried seriously to intervene.</p>
<p>The Memphis students could come to no agreement on when or how such situations should be dealt with by campus officials, and most of them said that they felt that little would change. One young man argued for tighter gun laws but agreed that neither Tennessee nor Virginia is likely to enact them.</p>
<p>In the end, these students said they felt they would simply have to adjust their own lives to deal with this risk, along with all the other uncertainties of the external world. &#8220;I just made up my mind,&#8221; one young woman said, &#8220;never to go to sleep angry with someone important to me. You never know what day will be your last. Those Virginia Tech students, when they got up Monday morning to go to class, didn&#8217;t know it was the day they would die. You don&#8217;t want to leave bad feelings behind you.&#8221;</p>
<p>That was about as positive a thought as could be mustered on a typical American campus in the sad spring of 2007.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15138/on-campus-a-wary-sadness/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Quite how did this advance human understanding?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15132/quite-how-did-this-advance-human-understanding/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15132/quite-how-did-this-advance-human-understanding/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 21 Apr 2007 20:06:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15132</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Marina Hyde</strong> (THE GUARDIAN, 21/04/07):</p>
<p>In the wake of the Virginia Tech shootings, the spectacle of principled folk feeling the need to reassert their principles has not been uniformly edifying. Had all the students been armed, stated one rifle lobbyist on Monday, the massacre would never have happened. From NBC, who opted to air the material mailed to them by Cho Seung-hui, there were the thoughts of network president Steve Capus. &#8220;This is, I think, as close as we will ever come to being inside the mind of a killer,&#8221; he posited.</p>
<p>Writing in the conservative National Review, self-styled &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15132/quite-how-did-this-advance-human-understanding/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Marina Hyde</strong> (THE GUARDIAN, 21/04/07):</p>
<p>In the wake of the Virginia Tech shootings, the spectacle of principled folk feeling the need to reassert their principles has not been uniformly edifying. Had all the students been armed, stated one rifle lobbyist on Monday, the massacre would never have happened. From NBC, who opted to air the material mailed to them by Cho Seung-hui, there were the thoughts of network president Steve Capus. &#8220;This is, I think, as close as we will ever come to being inside the mind of a killer,&#8221; he posited.</p>
<p>Writing in the conservative National Review, self-styled &#8220;resident chickenhawk&#8221; John Derbyshire was frothingly bemused. &#8220;Where was the spirit of self-defence here?&#8221; he demanded. &#8220;Why didn&#8217;t anyone rush the guy? It&#8217;s not like this was Rambo, hosing the place down with automatic weapons. He had two handguns for goodness&#8217; sake &#8211; one of them reportedly a .22. At the very least, count the shots and jump him reloading or changing hands. Better yet, just jump him. Handguns aren&#8217;t very accurate, even at close range. I shoot mine all the time at the range -&#8221; who&#8217;d have guessed it? &#8220;- and I still can&#8217;t hit squat &#8230; Didn&#8217;t the heroes of Flight 93 teach us anything?&#8221; You mean, apart from the fact that you get killed either way?</p>
<p>Others were even less trammelled by self-restraint. Staff at the store at which Cho purchased his guns confirmed that they have received several death threats, a reaction of such crystalline logic that it calls to mind some of the placards that featured in global demonstrations sparked by the Pope&#8217;s alleged inadvertent insult to Islam last year. Footage from Lahore showed one bearing the slogan: &#8220;Behead those who insult the peace of Allah.&#8221;</p>
<p>The Virginia tragedy&#8217;s aftermath is playing out with all the unpredictability of a medieval mystery play. So slavish is the perpetrator&#8217;s and the media&#8217;s response to the established templates that the moronic business of establishing which cultural influences can be held responsible has already begun. It was the singer Marilyn Manson wot dunnit in Columbine, you may recall, and someone has this week unearthed a violent Korean film which depicts a character adopting a similar pose to one of Cho&#8217;s. Should its maker require a distraction from the pending death threats, he is directed to a Chris Rock stand-up routine following Columbine.</p>
<p>&#8220;Everybody wants to know what the kids was listening to,&#8221; he noted. &#8220;What kind of music was they listening to? Or what kind of movies was they watching? Who gives a fuck what they was watching? Whatever happened to crazy? What, you can&#8217;t be crazy no more? Did we eliminate &#8216;crazy&#8217; from the dictionary? Fuck the records! Fuck the movies! They was crazy!&#8221;</p>
<p>Still, the investigation continues, and one can only marvel at the speed with which 32 corpses &#8211; or 33, depending on the perimeters of your humanity &#8211; have been made standard bearers for every principle out there. Do let&#8217;s count NBC&#8217;s ratings as a principle.</p>
<p>Yet even those who doubt the network&#8217;s decision to air the footage was commercial should be spared the absurdity of Mr Capus&#8217;s suggestion that to do so was an invaluable contribution to criminal psychology. This is total nonsense. Events in Blacksburg might be judged to tell us plenty of things &#8211; how total the disconnection of those who disconnect from American society can be, for instance &#8211; but the video adds absolutely nothing to the obvious fact that the gunman was exceptionally disturbed. But what titillation. What notoriety the inevitable copycats can count on.</p>
<p>The Columbine killers (who were cited in Cho&#8217;s dispatch, naturally) made 20 hours of video footage detailing preparations for their massacre, which the police chose not to release except in excerpts which might aid their investigation. Eight years on, there seems to be a whole industry dedicated to explaining why it took NBC a few short hours to decide to air the Cho tape, from editors&#8217; blogs to camera-friendly standards-and-practices executives. Ah yes, standards. As NBC&#8217;s viewers discovered, you can screen a murderer spitting vitriol while wielding guns which would later go on to take 32 innocent lives, but God forbid you&#8217;d force people to hear unbleeped expletives.</p>
<p>Knowledge is power, shriek some, and should be shared with everyone, and they can make up their own minds. But is this principle always preferable? Sit in on a rape or murder trial and you will hear horrors which do not find their way into television and newspaper reports, though the information libertarians seem oddly silent on this point.</p>
<p>To place Cho Seung-hui in some new, Web 2.0 category of killer is absurd. He didn&#8217;t upload his madness to YouTube. He sent a single copy of it, via what&#8217;s known as snail mail, to NBC, who could have prevented its ever seeing the light of day, having made the civilised, reasoned judgment that it adds precisely nothing to the sum of human understanding.</p>
<p>It&#8217;s done now, of course, and media outlets, including this newspaper, have been filled with soon-to-be-iconic images of a murderous madman. The decision was a mistake. And in the circumstances, one that can hardly be ameliorated by saying better luck next time.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15132/quite-how-did-this-advance-human-understanding/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Lost on Campus</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15116/lost-on-campus/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15116/lost-on-campus/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Apr 2007 05:14:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Armas]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15116</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Eugene Robinson</strong> (THE WASHINGTON POST, 20/04/07):</p>
<p>If people noticed anything at all about Cho Seung Hui, it seems, they were struck by his silence. He wouldn&#8217;t respond in class. He wouldn&#8217;t talk to his roommates. Making his way across the Virginia Tech campus, he was quiet as a ghost.</p>
<p>But when he was alone, at a keyboard or in front of a camera, he had volumes to say. &#8220;You have vandalized my heart, raped my soul and torched my conscience,&#8221; he proclaimed in the video he mailed to NBC News between Act One and Act Two of his rampage. &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15116/lost-on-campus/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Eugene Robinson</strong> (THE WASHINGTON POST, 20/04/07):</p>
<p>If people noticed anything at all about Cho Seung Hui, it seems, they were struck by his silence. He wouldn&#8217;t respond in class. He wouldn&#8217;t talk to his roommates. Making his way across the Virginia Tech campus, he was quiet as a ghost.</p>
<p>But when he was alone, at a keyboard or in front of a camera, he had volumes to say. &#8220;You have vandalized my heart, raped my soul and torched my conscience,&#8221; he proclaimed in the video he mailed to NBC News between Act One and Act Two of his rampage. &#8220;You thought it was one pathetic boy&#8217;s life you were extinguishing. Thanks to you, I die like Jesus Christ, to inspire generations of the weak and the defenseless people.&#8221;</p>
<p>Who knew the silent man was holding such rage inside? His writing teacher, poet Nikki Giovanni, had more than an inkling; Cho&#8217;s work was so disturbing and his interactions with female students so creepy &#8212; taking pictures of their legs with his cellphone &#8212; that she had him removed from her class. Lucinda Roy, co-director of the creative writing program, was so concerned about Cho that she alerted campus authorities.</p>
<p>Both women have told reporters that as soon as they heard the perpetrator of Monday&#8217;s mass shooting described as Asian, they thought of Cho.</p>
<p>Yet it is hard to describe this tragedy as an instance in which the system failed. Giovanni and Roy did everything they could to sound the alarm about a student who seemed profoundly disturbed. In late 2005, when female students complained about &#8220;annoying&#8221; e-mails and text messages from Cho, campus police interviewed the silent student and had him committed to a psychiatric hospital.</p>
<p>He was quickly released. He was not considered a danger to anyone except, possibly, himself &#8212; and, for all we know, that assessment may have, at the time, been accurate. His mental illness might have been at an earlier stage.</p>
<p>The system seems to have worked pretty much the way it was designed to work. It&#8217;s just the wrong kind of system.</p>
<p>Eventually there will be many lessons from the tragedy at Virginia Tech, but here is one that already seems clear: Colleges and universities urgently need to reevaluate the way they monitor and care for the mental health of their students.</p>
<p>Early adulthood is the stage at which a number of psychiatric illnesses, including schizophrenia and bipolar disorder, are most commonly diagnosed. Campus counseling services encounter students suffering from depression, attention-deficit disorder and anxiety. On some high-pressure campuses, such as the University of Chicago, students get a day off from classes to learn about suicide prevention.</p>
<p>The day you drop your son or daughter off at college for the first time is, in many ways, the real moment of separation &#8212; the moment at which a child begins to lead his or her life independently. But a college freshman, an adult as far as the law is concerned, is really more of a proto-adult whose development will be substantially influenced by the experiences of the next four years.</p>
<p>There&#8217;s a fine line that has to be walked. College students need to be independent to have the freedom to experiment and discover who they are. The vast majority thrive when given the chance to make their own decisions, forge new relationships and discover hidden talents.</p>
<p>Some get into trouble, though. And when they do, all that independence works against them.</p>
<p>No one will make you talk to your roommates if you don&#8217;t want to. No one will make you keep your appointments with a counselor if you don&#8217;t want to. And because of privacy rules, no one will tell your parents that you&#8217;re sinking unless you do something that&#8217;s clearly beyond the pale.</p>
<p>On every campus there are students who don&#8217;t talk very much, who don&#8217;t seem to have any friends, who don&#8217;t go on dates or show up at parties &#8212; students who spend most of their time alone. Only a few of these students suffer from serious mental illnesses, and fewer still pose any danger to themselves or others. But which ones?</p>
<p>Teachers and administrators at Virginia Tech at least were able to identify Cho as deeply troubled. But school policies, state laws and the ethic of unfettered, independent self-exploration &#8212; for most students, one of the great things about American universities &#8212; in this case conspired to let a sick, dangerous man deteriorate to the point where he became a mass murderer. The evidence so far suggests that Cho Seung Hui was not mentally competent to decline the help he so desperately needed.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15116/lost-on-campus/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Premeditated and Preventable</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15114/premeditated-and-preventable/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15114/premeditated-and-preventable/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Apr 2007 05:13:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15114</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>David Chartrand</strong>, a freelance writer, who is completing a book on how American communities and schools have dealt with mental illness and depression among children (THE WASHINGTON POST, 20/04/07):</p>
<p>When it comes to school gunmen (and, yes, they&#8217;re usually male) what may seem like random acts of madness are usually premeditated.</p>
<p>&#8220;The most frequent motive was revenge,&#8221; the Secret Service <a href="http://www.secretservice.gov/ntac/ssi_final_report.pdf">concluded</a> in a 2002 <a href="http://www.secretservice.gov/ntac_ssi.shtml">study</a> of 37 school shootings. As part of the Safe Schools Initiative it undertook with the Education Department after the 1999 Columbine killings, agents reviewed cases and interviewed 10 school shooters. They found that &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15114/premeditated-and-preventable/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>David Chartrand</strong>, a freelance writer, who is completing a book on how American communities and schools have dealt with mental illness and depression among children (THE WASHINGTON POST, 20/04/07):</p>
<p>When it comes to school gunmen (and, yes, they&#8217;re usually male) what may seem like random acts of madness are usually premeditated.</p>
<p>&#8220;The most frequent motive was revenge,&#8221; the Secret Service <a href="http://www.secretservice.gov/ntac/ssi_final_report.pdf">concluded</a> in a 2002 <a href="http://www.secretservice.gov/ntac_ssi.shtml">study</a> of 37 school shootings. As part of the Safe Schools Initiative it undertook with the Education Department after the 1999 Columbine killings, agents reviewed cases and interviewed 10 school shooters. They found that school assassins send clear warnings and that &#8220;[i]nformation about these attackers&#8217; intent and planning was potentially knowable before the incident.&#8221;</p>
<p>None of this suggests that assassins deserve public sympathy or that all mentally ill people are dangerous. But many such tragedies are preventable &#8212; assuming people take steps to prevent them. A good place to start is where young people spend most of their time: school.</p>
<p>For decades, schools and universities have ignored the recommendations of mental health experts that they set up screening programs for students. They have also largely ignored the advice of school psychologists to develop formal protocols and training programs that teach students, faculty members and counselors how to recognize warning signs and what to do when they identify someone who is mentally ill or suicidal.</p>
<p>The Associated Press reported in September that many colleges expel suicidal students rather than offer counseling. Ironically, Virginia passed legislation in February barring this practice on its state campuses.</p>
<p>Scott Poland, a Florida school psychologist and a leading authority on school crises and the prevention of adolescent suicide, estimates that less than a fifth of American schools have installed the suicide prevention programs and mental health protocols recommended by the National Association of School Psychologists.</p>
<p>Schools have access to 20 years of guidelines on handling mentally ill students and data on youth violence, suicide and attempted suicide. But when schools or agencies adopt safety policies and protocols, they can be held legally responsible for tragedies they fail to prevent. (A trial scheduled to begin this summer in Kansas involves a mother&#8217;s claim that poorly trained school personnel inadvertently caused the suicides of her two teenage sons in 2003. Rather than refute the claims, the defense is arguing that schools have no obligation to protect suicidal students or their families.)</p>
<p>And when teachers, parents and school boards refuse to talk openly about depression and suicide, children get the message: No one wants to listen. It&#8217;s no great leap for them to take matters into their own hands.</p>
<p>The Secret Service investigation found that while most shooters had never had a mental health evaluation, most had a history of suicide attempts. More than half had a &#8220;documented history of feeling extremely depressed or desperate.&#8221; What the study didn&#8217;t explain is who knew all this ahead of time. Parents? Teachers? Close friends? If alienated students reached out for help, did anyone reach back?</p>
<p>How many dead children will it take before America seriously discusses mental health screening for children and mandatory suicide prevention programs for students, teachers and counselors? The President&#8217;s New Freedom Commission on Mental Health endorsed such reforms in 2003 because schools &#8220;must be partners in the mental health care of our children.&#8221;</p>
<p>A child with an untreated mental illness becomes a teenager with an untreated mental illness &#8212; and may become an angry adult with access to weapons.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15114/premeditated-and-preventable/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Building a Better Lockdown</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15113/building-a-better-lockdown/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15113/building-a-better-lockdown/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Apr 2007 05:12:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15113</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Christopher Whitcomb</strong>, the chief executive of a security company. He was a sniper on the F.B.I.’s hostage rescue unit and the author of two novels, “Black” and “White” (THE NEW YORK TIMES, 20/04/07):</p>
<p>I WAS at my desk at the F.B.I.’s Critical Incident Response Group on April 20, 1999, when a colleague ducked his head into my office and asked if I’d heard the news. A school shooting in Colorado. Some place called Columbine. At least 10 dead. Columbine, I remember thinking as I clicked on the bank of TVs on the far wall. Where in God’s name &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15113/building-a-better-lockdown/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Christopher Whitcomb</strong>, the chief executive of a security company. He was a sniper on the F.B.I.’s hostage rescue unit and the author of two novels, “Black” and “White” (THE NEW YORK TIMES, 20/04/07):</p>
<p>I WAS at my desk at the F.B.I.’s Critical Incident Response Group on April 20, 1999, when a colleague ducked his head into my office and asked if I’d heard the news. A school shooting in Colorado. Some place called Columbine. At least 10 dead. Columbine, I remember thinking as I clicked on the bank of TVs on the far wall. Where in God’s name is that?</p>
<p>After 13 years as an F.B.I. agent, I’d become somewhat inured to violence: bank robberies, murders, Waco, Ruby Ridge, Oklahoma City. Death had become my business. Yet these images were appalling. Teenagers were dying in a public high school. Almost as disturbing, I saw panic: people running, blue uniforms and black-garbed SWAT officers with rifles pointing at a threat no one yet understood. Confusion. Crisis. Dismay.</p>
<p>Such confusion may have been understandable eight years ago. But that was before a 16-year-old boy killed five students, a teacher and a guard in a Minnesota school; before a recently expelled student turned a gun on officials and students at Appalachian School of Law, killing three; before a truck driver shot 10 girls (killing five) at an Amish schoolhouse in Pennsylvania.</p>
<p>It was before the F.B.I.’s National Center for the Analysis of Violent Crime held a symposium of 160 educators, law enforcement professionals and mental health experts from 18 universities in Leesburg, Va., and issued a comprehensive report on causes, mitigation strategies and security considerations of school shootings.</p>
<p>It was before this country’s 18,000 law enforcement agencies revised training procedures and adopted crisis-response protocols to deal with similar threats; before the release of dozens of relevant books, academic studies, television programs and documentaries; before high schools, colleges and universities made uniformed security guards a part of campus life.</p>
<p>So how did we end up here, yet again? Why are we still asking how a calamity like the deaths at Virginia Tech could happen?</p>
<p>The most obvious reason, and one that’s been widely discussed in the days since the shootings, is complacency. Well, we can wring our hands all we want, but to some extent complacency is unavoidable: it’s what sneaks in after all the blame has been handed out, the news media have disappeared, the critics have taken their shots and the political knees have stopped jerking.</p>
<p>There’s also a psychological reason for letting our guard down: we all want to return to day-to-day business and focus on things that are most likely to affect us. Deeper down, there is a natural instinct in all of us to block out the idea that anything so unthinkable could happen to us. To stay alert means to acknowledge that horror is just around the corner, and that runs against human nature.</p>
<p>And, to some extent, complacency is a rational response: major crises like Columbine and Blacksburg are statistically unlikely ever to directly involve any of us. Federal agencies like the F.B.I. and Department of Homeland Security try to maintain focus, dumping hundreds of millions of dollars each year into crisis management programs, but most other agencies are loath to spend hard-fought tax dollars on “frivolous” equipment and training they are unlikely ever to use.</p>
<p>Outside major metropolitan areas, high-level police officers won’t face anything even remotely like Blacksburg during their careers. It simply makes better sense to finance anti-gang operations and drug eradication programs in schools than to pay SWAT operators to sit around waiting for 16-year-old assassins. The solution doesn’t lie in blaming complacency for these events, but in finding a level of preparedness that, for local jurisdictions and large institutions, makes sense in terms of risk and expense.</p>
<p>A far less discussed reason we find ourselves facing another massacre is inexperience. Law enforcement is a noble profession, filled with men and women who devote their lives to protecting our communities; but crisis resolution in most departments is a career path that administrators and those with hopes for promotion avoid like the plague.</p>
<p>Why volunteer for the chance to make split-second choices under the worst possible circumstances, knowing you are going to be second-guessed and perhaps blamed every step of the way? The F.B.I.’s Critical Incident Response Group had to develop a computer-based training program because field office commanders resisted larger interagency training conducted by real people. These people knew that poor performance in simulations could damage their careers for real.</p>
<p>So, how do we move forward and prevent another nightmare like Blacksburg?</p>
<p>For starters, we have to assign blame where it belongs: on those who commit these heinous acts. Then our schools, businesses, hospitals, other institutions and communities must take the simple, commonsense decisions that countless studies recommend. Sure, the sorts of precautionary steps and community awareness being promoted in the wake of the Virginia Tech shootings are important, but all the profiling and counseling in the world will not stop every attack. We need to prepare for and deal with the attack itself.</p>
<p>•</p>
<p>Every institution should have a crisis response plan. The scope and complexity will of course depend on factors like population, square footage and the presence of hazardous materials, but most don’t have to be expensive. Often small businesses can get away with simply taping a sheet of paper next to the copier that identifies exits, emergency contacts and safe areas inside the building. Most large corporations and institutions will need to find professional advice. (As someone who provides such advice, I admit it doesn’t come cheap. But the cost of preparation will pay off should disaster strike.)</p>
<p>•</p>
<p>While each plan will be different, the fundamentals remain the same. All should insure that potential victims are able to maintain two-way contact with law enforcement and emergency medical providers. Many people feel that crisis-call stations, which have long been staples at universities and in some communities, are no longer necessary in the age of cellphones. That’s wrong: these brightly marked, well-lighted phone towers not only provide communications when cellular networks are overloaded, but their very presence can deter attackers.</p>
<p>•</p>
<p>Whenever written emergency directions are posted, they should include understandable symbols for foreign-language speakers, children and the visually impaired. That may seem obvious, but I can’t tell you how many “emergency plans” I’ve seen that bogged down in unnecessary verbiage, directed people to nonexistent stairwells and failed to consider non-English speakers.</p>
<p>•</p>
<p>All emergency plans should prominently list a “check in” number that every employee or student should be asked to call in the event of emergency. Even if you feel you are safe, rescue experts need to know where you are and how many people are in the area. (It will also provide relief to your family if the situation drags on.)</p>
<p>•</p>
<p>Large institutions should compile detailed, easily available “site surveys” of buildings and campuses that rescue and law-enforcement officials can use to plan their strategies in a crisis. Site surveys should include blueprints of all buildings and infrastructure, videotapes of interior spaces, lock information, charts of surveillance camera coverage, notes on access to tunnels and other information.</p>
<p>•</p>
<p>I recommend to my clients that they get a professional risk assessment of all their current policies that can, for example, point out improvements to exterior lighting and in their ability to “lock down” all buildings.</p>
<p>•</p>
<p>While the police and medical professionals will eventually take charge, every institution should have set response protocols for its security personnel and employees who will manage the initial stages of the crisis. Where possible, planners should build and hire security staff for safe zones that these people can operate from, and where potential victims can take refuge.</p>
<p>•</p>
<p>And because all threats — natural, criminal or terrorism-related — eventually require evacuation, employers should make sure their people know where and under what circumstance they should move from “bunkering in place” to trying an escape. Often it is safer to find cover where you are than to expose yourself by running away. Helping your workers understand how to make the right decision can mean the difference between life and death.</p>
<p>As I reflect on the Blacksburg shootings and think about ways to keep it from happening again, I look back to that April afternoon in 1999 and the important project I was trying to finish. It was a paper on crisis management — one of the last requirements I needed for the master’s degree I soon received. From Virginia Tech.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15113/building-a-better-lockdown/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Gun Law Pragmatism</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15115/gun-law-pragmatism/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15115/gun-law-pragmatism/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Apr 2007 05:10:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Armas]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15115</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>E.J. Dionne Jr.</strong> (THE WASHINGTON POST, 20/04/07):</p>
<p>Why do we have the same futile argument every time there is a mass killing?</p>
<p>Advocates of gun control try to open a discussion about whether more reasonable weapons statutes might reduce the number of violent deaths. Opponents of gun control shout &#8220;No!&#8221; Guns don&#8217;t kill people, people kill people, they say, and anyway, if everybody were carrying weapons, someone would have taken out the murderer and all would have been fine.</p>
<p>And we do nothing.</p>
<p>This is a stupid argument, driven by the stupid politics of gun control in the United &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15115/gun-law-pragmatism/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>E.J. Dionne Jr.</strong> (THE WASHINGTON POST, 20/04/07):</p>
<p>Why do we have the same futile argument every time there is a mass killing?</p>
<p>Advocates of gun control try to open a discussion about whether more reasonable weapons statutes might reduce the number of violent deaths. Opponents of gun control shout &#8220;No!&#8221; Guns don&#8217;t kill people, people kill people, they say, and anyway, if everybody were carrying weapons, someone would have taken out the murderer and all would have been fine.</p>
<p>And we do nothing.</p>
<p>This is a stupid argument, driven by the stupid politics of gun control in the United States.</p>
<p>In other spheres, we act reasonably when faced with new problems. When Richard Reid showed that nasty things could be done with shoes on airplanes, airport security started examining shoes. When liquids were seen as a potential danger, we regulated the quantity of liquids we could take on flights. We barred people from carrying weapons onto airliners long ago.</p>
<p>If we can act pragmatically in the skies, why can&#8217;t we be equally practical here on the ground?</p>
<p>In its zeal to defend our inviolable right to bear arms, is the National Rifle Association going to argue for concealed carry on airplanes? If not, won&#8217;t the organization be violating its core principle that all of us should be free to be armed at all times?</p>
<p>No one pretends that smarter gun laws would prevent all violence. But it&#8217;s a disgrace that we can&#8217;t try to learn from tragedies such as this week&#8217;s Virginia Tech massacre and figure out whether better laws might at least modestly reduce the likelihood of such horrific events happening again.</p>
<p>Our country is a laughingstock on the rest of the planet because of our devotion to unlimited gun rights. On Thursday, an Australian newspaper carried this headline: &#8220;America, the gun club.&#8221;</p>
<p>John Howard, the solidly right-wing Australian prime minister closely allied with President Bush, bragged this week that when a mass killing took place in Australia in 1996, &#8220;we took action to limit the availability of guns, and we showed a national resolve that the gun culture that is such a negative in the United States would never become a negative in our country.&#8221; No doubt the NRA will mount a boycott of Foster&#8217;s beer.</p>
<p>Any reasonable measures are blocked because most Republicans are opportunists on the gun issue and Democrats have become wimps. Republicans have exploited support from the NRA for years, and Democrats, eyeing rural congressional seats, are petrified of doing anything that offends the gun lobby.</p>
<p>The Politico newspaper, using figures from the Center for Responsive Politics, reported that in the 2006 elections, pro-gun groups gave $962,525 in contributions and groups considered &#8220;anti-gun&#8221; gave $49,090. Republicans received 166 times as much money from pro-gun groups as from anti-gun groups. Democrats received three times as much from pro-gun as anti-gun groups. Who owns Congress?</p>
<p>But it&#8217;s not just money. It&#8217;s also how the gun issue has been &#8220;distorted and how it has been turned into a hot-button cultural issue,&#8221; Rep. David Price (D-N.C.) said in an interview Wednesday.</p>
<p>&#8220;You&#8217;re either for or against the issue, and that&#8217;s kind of code for being &#8216;one of us&#8217; or not, of being in tune culturally,&#8221; he added. &#8220;And that&#8217;s the end of the issue,&#8221; meaning that it&#8217;s difficult to deal with gun regulation &#8220;in a rational, measured way.&#8221;</p>
<p>Price said that when he confronts voters in his district who criticize him for being &#8220;for gun control,&#8221; he asks whether they favor background checks for gun buyers, a ban on assault weapons and greater efforts to trace guns used in crimes &#8220;to check out gun dealers who supply guns.&#8221; In large numbers, he says, such voters agree with him and reject the positions taken by the gun lobby.</p>
<p>The key, Price argues, is to propose &#8220;specific and well-targeted&#8221; measures aimed at keeping guns out of the wrong hands.</p>
<p>Okay, let&#8217;s be specific. What would the NRA&#8217;s objection be to a law requiring gun dealers to establish whether a potential buyer is a student and, if so, to inform (or even get permission from) the student&#8217;s high school or college before any weapons could be sold? What about raising the minimum age for purchasing a gun to 25 or 30? Why not renew the ban on the sale of assault weapons?</p>
<p>Why not create a national bipartisan commission that would propose ways &#8212; including, but not limited to, sane gun laws &#8212; to push back our culture of violence?</p>
<p>One more question: Why are our politicians still cowering before the gun lobby after Virginia Tech?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15115/gun-law-pragmatism/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Our Worst Nightmare</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15110/our-worst-nightmare/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15110/our-worst-nightmare/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 19 Apr 2007 19:04:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15110</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Stephen Joel Trchtenberg</strong>, president of George Washington University (THE WASHINGTON POST, 19/04/07):</p>
<p>The horrifying killings at Virginia Tech on Monday leave us grieving and troubled. They also leave us &#8212; especially those like me who lead colleges and universities &#8212; with difficult questions to ask and, then, to try to answer.</p>
<p>The most complex and emotional question is: Could this massacre have been prevented by getting Cho Seung Hui into counseling &#8212; or, as some have suggested, by removing this young man from Virginia Tech&#8217;s campus? This is a university administrator&#8217;s nightmare.</p>
<p>GW was in the news last &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15110/our-worst-nightmare/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Stephen Joel Trchtenberg</strong>, president of George Washington University (THE WASHINGTON POST, 19/04/07):</p>
<p>The horrifying killings at Virginia Tech on Monday leave us grieving and troubled. They also leave us &#8212; especially those like me who lead colleges and universities &#8212; with difficult questions to ask and, then, to try to answer.</p>
<p>The most complex and emotional question is: Could this massacre have been prevented by getting Cho Seung Hui into counseling &#8212; or, as some have suggested, by removing this young man from Virginia Tech&#8217;s campus? This is a university administrator&#8217;s nightmare.</p>
<p>GW was in the news last year for its attempts to serve the best interests of a student who had sought mental health treatment, while also considering the well-being of all of our students. Ultimately, the university decided that an interim involuntary leave was the best course of action to protect a life. We were sued by the former student, and the media and others were quick to fault the university. (The case has been settled.) Had the student stayed at GW and hurt himself or others, it&#8217;s likely the criticism would have been that the university should have done even more. We probably still would have faced a lawsuit. In this case, we stand by the result that a life may have been saved. And we needed to have been thoughtful in our adjudication process.</p>
<p>For Virginia Tech, no amount of armchair quarterbacking will explain why Cho did what he did or how this tragedy might have been prevented. Why didn&#8217;t treatment help? Could administrators have taken different action based on Cho&#8217;s creative writing and the threats now perceived in those writings? Could his parents have done more?</p>
<p>First, you can&#8217;t force someone to continue treatment. Second, under federal and local laws and regulations, a university must identify a direct threat of harm by an individual to himself or to others before taking defined administrative or judicial actions. We do not have sufficient information to pass judgment on Virginia Tech, nor would I commit such an unfair act. Media reports and expert consultants offer black-and-white solutions to these complicated issues, which require nuanced professional judgments. Finally, local, state and federal authorities also are limited in how they can respond to perceived threats. A potentially abusive, violent or homicidal person must make a legally plausible threat or act before security enforcement officials can respond. The choices available create conflict, anxiety, criticism and, unfortunately, sometimes casualties.</p>
<p>Now to those who express surprise that Virginia Tech did not &#8220;lock down&#8221; its campus after the first murders. What does &#8220;lock down&#8221; mean? Is it possible, or even imaginable, to lock down a rural campus covering 2,600 acres or, for that matter, an urban institution such as the George Washington University, which covers 20 city blocks? Does a lockdown provide protection or expose students, faculty, staff and visitors to other unknown threats? Would an evacuation be appropriate? How do you communicate and effect such decisions, and how quickly can this be done?</p>
<p>It is important now to state an obvious truth: When news of a murder arrives, no one I know could possibly be prepared for it. No matter what plans we have made for catastrophes, there is going to be some period of confusion, emotional dizziness and a legitimate questioning of the reliability of the news.</p>
<p>No one wants to take severe action when it could turn out that the news was inaccurate. No one wants to cry wolf and cause panic, which can unleash its own devils. This means that a deliberative pause is inevitable &#8212; and to think otherwise is naive and unjust.</p>
<p>To the communication issue, an editorial yesterday on the opposite page addressed the viral nature of information sharing. Whether news arrives by text message, cellphone call, e-mail, blog, a social networking site such as Facebook, television or radio, it spreads quickly &#8212; but it may be incomplete. The selective nature of these communications presents myriad challenges for university administrators. We can push messages via a combination of channels, yet people still must take an active role in this process. GW has a recorded information line and a Campus Advisories Web site ( <a href="http://www.gwu.edu/%7Egwalert/index.cfm">http://www.gwu.edu/~gwalert</a>), where anyone can go for information during an incident. We also participate in Alert DC, a free service through the District of Columbia that allows subscribers to select how they would like to receive emergency alerts and notifications. But technology is merely the channel, not the message. The timely decision-making dilemma remains: How do we share accurate information during a crisis and address the desire for immediacy, two things that are often in conflict as a situation unfolds.</p>
<p>The killings at Virginia Tech, like the atrocity of Sept. 11, did not come with advance warning. But they have put us on notice. We need to understand that no place, however noble or sacred we believe it to be, is exempt from violence. We must continue a reasoned national dialogue based on awareness and understanding rather than anger and fear.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15110/our-worst-nightmare/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>The Killer in the Lecture Hall</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15109/the-killer-in-the-lecture-hall/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15109/the-killer-in-the-lecture-hall/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 19 Apr 2007 19:04:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15109</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Barbara Oakley</strong>, a professor of engineering at Oakland University and the author of the forthcoming “Evil Genes: Why Rome Fell, Hitler Rose, Enron Failed and My Sister Stole My Mother’s Boyfriend” (THE NEW YORK TIMES, 19/04/07):</p>
<p>THE sticky note on my door was wiggling. It was a gift from a student.</p>
<p>Glued to the middle of it was a cockroach.</p>
<p>Don’t get me wrong. It wasn’t that I was an unpopular professor. To the contrary — according to student evaluations, I might as well have had a sign on my forehead that said “Kindly.”</p>
<p>I was told later &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15109/the-killer-in-the-lecture-hall/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Barbara Oakley</strong>, a professor of engineering at Oakland University and the author of the forthcoming “Evil Genes: Why Rome Fell, Hitler Rose, Enron Failed and My Sister Stole My Mother’s Boyfriend” (THE NEW YORK TIMES, 19/04/07):</p>
<p>THE sticky note on my door was wiggling. It was a gift from a student.</p>
<p>Glued to the middle of it was a cockroach.</p>
<p>Don’t get me wrong. It wasn’t that I was an unpopular professor. To the contrary — according to student evaluations, I might as well have had a sign on my forehead that said “Kindly.”</p>
<p>I was told later that the cockroach was a symbol of love from — well, let’s call him Rick. Rick had recently moved into the lab across the hall from my office, where he spent the night in a sleeping bag under one of the benches.</p>
<p>Rick, who had been a student for more than a decade, sometimes whiled away his time discussing guns and explosives with some of the more munitions-inclined faculty members. He admitted that he kept his basement stocked with a variety of “armaments.”</p>
<p>Sometimes I wished I had an armament, although, like Virginia Tech, my university does not allow firearms on campus. I wished that because, not only did Rick attach love-cockroaches to my door and live across the hall from my office and possess a small armory, but Rick watched me all the time. Sometimes he followed me out to my car — just to make sure I was safe.</p>
<p>When I complained about Rick to the dean of students, I was told there was nothing to be done — after all, “students have rights, too.” Only after appealing to that dean’s boss and calling a raft of fellow professors who had also come to fear Rick’s strange behavior was I able to convince the administration to take grudging action; they restricted his ability to loiter in certain areas and began nudging him toward the classes he needed to graduate.</p>
<p>In a strange way, I could see the administration’s point. Rick looked fairly ordinary, at least when away from his sleeping bag and pet cockroaches. It must have seemed far more likely that Rick could sue for being thrown out of school, than that I — or anyone else — could ever be hurt. The easiest path, from their perspective, was to simply get me to shut up.</p>
<p>Many professors have run across more than their share of Ricks. At least one Virginia Tech professor noticed that Cho Seung-Hui, who killed 32 people on campus on Monday, was potentially dangerous and did her best to warn the administration and the police. (So did at least two female students.) But there is only so much a teacher can do — “students have rights, too.”</p>
<p>It’s a simple fact that, for every deranged murderer like Mr. Cho there are thousands more oddballs just below the breaking point. I know one quasi-psychopathic incompetent, for example, who remained on the campus payroll for over a dozen years simply because his supervisor was afraid of being killed if he was fired.</p>
<p>It’s long been in fashion to believe that people are innately good, and that upbringing and environment are responsible for nasty personalities. But research is beginning to show that mean, sometimes outright evil behavior has a strong genetic component. Some of us, in other words, are truly born bad.</p>
<p>Researchers at King’s College London have recently determined that if one identical twin shows psychopathic traits, the other twin, who coincidentally shares precisely the same set of genes, has a very high probability of having the same psychopathic traits. But among fraternal twins, who share only half their genes, the chance that both twins will show psychopathic traits is far smaller. In other words, there is something suspiciously psychopath-inducing in some people’s genes.</p>
<p>What could it be? Medical images of the brain give tantalizing clues — the amygdala, the “fight or flight” decision-making center of the brain, may be smaller than usual, or some areas of the brain may glow only dimly because of low serotonin levels. We may not know precisely what set Mr. Cho off, but we are beginning to home in on the unusual differences in certain neurochemistries that can make people act in bizarre and dysfunctional ways.</p>
<p>Still, the Virginia Tech shootings have already led to calls for all sorts of changes: gun control, more mental health coverage, stricter behavior rules on campuses. Yes, in a perfect world, there would be no guns, no mental illness and no Cho Seung-Huis. But the world is very imperfect. Consider that Britain’s national experiment with gun-free living is proving to be a disaster, with violent and gun crime rates soaring.</p>
<p>In other words, most of the broad social “lessons” we are being told we must learn from the Virginia Tech shootings have little to do with what allowed the horrors to occur. This is about evil, and about how our universities are able to deal with it as a literary subject but not as a fact of life. Can administrators and deans really continue to leave professors and other college personnel to deal with deeply disturbed students on their own, with only pencils in their defense?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15109/the-killer-in-the-lecture-hall/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Terreno abonado para otra masacre en la Universidad</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15104/terreno-abonado-para-otra-masacre-en-la-universidad/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15104/terreno-abonado-para-otra-masacre-en-la-universidad/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 19 Apr 2007 10:52:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Armas]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15104</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Juan A. Herrero Brasas</strong>, profesor de Ética Social en la Universidad del Estado de California, EEUU (EL MUNDO, 19/04/07):</p>
<p>La espantosa matanza que, a manos de un estudiante, ha tenido lugar en una Universidad del Estado de Virginia (Virginia Tech) hará que se intensifique el debate sobre la libre venta de armas en Estados Unidos, instalado nuevamente en los medios. A preguntas de los periodistas, el portavoz de la Casa Blanca ha respondido que éste no es el momento de entrar en tal asunto, sino de pensar en las víctimas y acompañar en el dolor a sus familiares.&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15104/terreno-abonado-para-otra-masacre-en-la-universidad/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Juan A. Herrero Brasas</strong>, profesor de Ética Social en la Universidad del Estado de California, EEUU (EL MUNDO, 19/04/07):</p>
<p>La espantosa matanza que, a manos de un estudiante, ha tenido lugar en una Universidad del Estado de Virginia (Virginia Tech) hará que se intensifique el debate sobre la libre venta de armas en Estados Unidos, instalado nuevamente en los medios. A preguntas de los periodistas, el portavoz de la Casa Blanca ha respondido que éste no es el momento de entrar en tal asunto, sino de pensar en las víctimas y acompañar en el dolor a sus familiares.</p>
<p>No se conocen los motivos que han llevado a Cho Seung-Hui -un estudiante surcoreano de origen humilde, criado en Estados Unidos- a cometer este asesinato masivo. Al parecer, estaba en tratamiento por depresión y ha dejado escrita una nota poco coherente en que manifestaba su rabia hacia los «niños de papá», «despilfarradores» y «cotillas». Ese tipo de rabietas y despechos surgen habitualmente en cualquier grupo de personas que se ven obligadas a convivir. Lo extraño es que el joven no fue a buscar a esos «niños de papá» y «despilfarradores», sino que se puso a disparar a diestro y siniestro, sin importarle a quien alcanzaran sus balas. Más aún, un par de horas antes de entrar a las aulas donde cayeron la mayoría de sus víctimas fue a buscar a quien posiblemente era su mejor amiga, y a ella fue a la primera que se cargó.</p>
<p>También sabemos que no se trató de un arrebato repentino, sino que, como en el recordado caso del instituto Columbine, la acción había sido probablemente planeada a lo largo de al menos un mes, a juzgar por la fecha de compra de una de las pistolas. Además, parece que había colgado una nota en internet avisando de que pensaba liarse a matar gente.</p>
<p>Todos estos datos apuntan, probablemente, a un mero desequilibrio mental. Pero, a falta de información más concreta, estamos ante la pura especulación. Sea cual sea la causa profunda, estas explosiones de violencia masiva por parte de un individuo han ocurrido en los últimos años, en mayor o menor escala, además de en Estados Unidos, en países muy dispares, incluido alguno de la UE. La diferencia es que, a causa de la facilidad con la que se puede comprar armas en EEUU, el resultado suele ser allí mucho más grave.</p>
<p>No me cabe duda de que si en España, por ejemplo, se permitiera la libre venta de armas, también se producirían incidentes de ese tipo. Contrariamente a lo que generalmente se cree, el trato social es en nuestro país mucho más hostil y agresivo que en Estados Unidos, como sabe cualquier persona que haya tenido la experiencia de conducir por las carreteras de ambos países o que haya vivido en los dos un periodo suficientemente extenso.</p>
<p>Los motivos últimos que han llevado a esta tragedia bien podrían revelarse en última instancia como puramente triviales, tales como el deseo de fama y notoriedad (tal fue uno de los motivos declarados en las grabaciones que dejaron los adolescentes que llevaron a cabo la masacre del instituto Columbine), o incluso un fenómeno de copycat, es decir, una acción mimética, un mero acto imitativo de lo que habían hecho otros y a base de lo cual consiguieron ser célebres (nótese que esta masacre se ha producido en el mismo mes y casi el mismo día que la matanza del Columbine, ocurrida el 20 de abril de 1999).</p>
<p>Sin más conocimiento de datos, es arriesgado especular sobre los motivos psicológicos o psicosociales que puedan haber influido en el joven surcoreano para cometer esta locura y después suicidarse. La vida universitaria a veces conlleva un gran estrés. El sistema educativo norteamericano es extraordinariamente competitivo. Frecuentemente, la tensión provocada por una gran rivalidad en las aulas se combina con cuestiones personales, lo que eleva la presión a la que están sometidos los alumnos a niveles máximos.</p>
<p>Es bastante habitual el caso de estudiantes extranjeros que viven bajo la amenaza de tener que volverse a sus países de origen -en muchos casos estados en los que hay conflictos bélicos- si no mantienen una determinada nota media, aunque no era tal la situación de Cho Seung-Hui. En otros casos, puede haber una potencial tensión en las relaciones entre estudiantes de diferentes procedencias sociales, geopolíticas o raciales. El presente semestre, por dar un ejemplo personal, yo imparto clases en una misma aula a varios ex-soldados israelíes junto con estudiantes árabes (uno de ellos iraquí), iraníes y marines estadounidenses que han estado destinados en Irak.</p>
<p>Pero ni en esa situación ni en otras de fuerte tensión que he vivido ocasionalmente en las aulas a lo largo de mis ya numerosos años de profesor en una universidad pública norteamericana se me ha pasado por la imaginación la posibilidad de que un estudiante pudiera sacar un arma y liarse a tiros en la clase. No se respira ese temor. Cuando tal cosa ocurre, se trata de algo absolutamente excepcional, y pienso que no tiene sus raíces en condiciones específicas de la vida universitaria.</p>
<p>La cuestión a tratar es, por tanto, la libre venta de armas. Puesto que las armas facilitan la realización de estos asesinatos masivos es lógico preguntarse si tales tragedias no se podrían evitar, bien por completo o al menos mitigar su gravedad, prohibiendo o restringiendo al máximo la venta.</p>
<p>Visto desde España, causa perplejidad el que, dada la periodicidad con que ocurren estas masacres en Estados Unidos, no se prohíba la libre venta de armas. Pero estamos hablando de una cultura que se rige por parámetros diferentes de la española. En la estadounidense, hay ciertas cuestiones de libertad personal que se ven como fundamentales. El derecho a portar armas es una de ellas, pero no la única. Por poner un ejemplo, en Estados Unidos no se ha planteado en ningún momento seriamente el obligar a los ciudadanos a portar un documento nacional de identidad, y habría una fuerte reacción negativa si tal asunto se planteara a nivel legislativo. Y, por dar un ejemplo más, tan trascendental se vio la decisión de abolir el servicio militar obligatorio en aras a la libertad individual, allá por 1970, que a partir de ese momento las fuerzas armadas pasaron a denominarse The All-Volunteer Force (AVF), es decir, Fuerza Exclusivamente Voluntaria, con objeto de subrayar el carácter estrictamente voluntario del reclutamiento.</p>
<p>La tradición imperante en el pensamiento político estadounidense no es la del Estado paternalista, como en Europa continental, sino la tradición puritana de libertad, responsabilidad y castigo. El ciudadano puede comprar libremente un arma para defenderse y defender su propiedad si llega el caso, pero si lo utiliza para delinquir ello le puede acarrear la pena de muerte o la cadena perpetua sin posibilidad de redención. Ni lo uno ni lo otro existe en Europa.</p>
<p>Sin embargo, a estas cuestiones culturales también subyacen intereses económicos. La National Rifle Association (Asociación Nacional del Rifle) constituye un poderosísimo lobby que ejerce una fuerte presión sobre los legisladores para que no se restrinja la libertad de comprar armas. Aun así, sería erróneo pensar que la razón que explica la venta libre de armas en Estados Unidos se reduce exclusivamente a la presión de grupos de interés. Al igual que ocurre con la pena de muerte, también el mantenimiento de la libertad para adquirir armas cuenta con un fuerte apoyo popular.</p>
<p>De todos modos, poco a poco va ganando terreno entre la opinión pública la idea de que hay que restringir la venta de armas, y, de hecho, se van imponiendo ciertas restricciones, como la impuesta en el Estado de California, donde desde hace ya algunos años está prohibida la venta de ametralladoras.</p>
<p>No se negará que es un cierto avance.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15104/terreno-abonado-para-otra-masacre-en-la-universidad/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>My Town&#8217;s Pain</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15097/my-towns-pain/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15097/my-towns-pain/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Apr 2007 21:59:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15097</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Madelyn Rosenberg</strong>, a freelance writer in Arlington (THE WASHINGTON POST, 18/04/07):</p>
<p>I wasn&#8217;t born in Blacksburg, Va., but I lived there most of my life. If my husband hadn&#8217;t dragged me to a bigger city &#8212; &#8220;where something actually happens and restaurants serve more than hamburgers&#8221; &#8212; I&#8217;d be there still.</p>
<p>Your home town defines you. It helps make you what you are. Now that this thing, this massacre, has defined my home town, I wonder if my definition is going to change, too.</p>
<p>Last August, when a gunman committed a double murder in Blacksburg, people said the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15097/my-towns-pain/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Madelyn Rosenberg</strong>, a freelance writer in Arlington (THE WASHINGTON POST, 18/04/07):</p>
<p>I wasn&#8217;t born in Blacksburg, Va., but I lived there most of my life. If my husband hadn&#8217;t dragged me to a bigger city &#8212; &#8220;where something actually happens and restaurants serve more than hamburgers&#8221; &#8212; I&#8217;d be there still.</p>
<p>Your home town defines you. It helps make you what you are. Now that this thing, this massacre, has defined my home town, I wonder if my definition is going to change, too.</p>
<p>Last August, when a gunman committed a double murder in Blacksburg, people said the town had lost its innocence. Ridiculous, hyperbolic swill, I thought. Transplants. Commentators. What did they know? It was awful, yes, especially for the families of the people killed. It would scar the town. But the scar would fade.</p>
<p>What happened in Blacksburg this week will not fade.</p>
<p>I feel for the families whose loved ones died. I feel for the students who eventually will have to go back to Norris Hall and for the professors who will have to teach as if life just goes on. I feel for the staff members who will have to paint those once-white walls.</p>
<p>And I feel for the town.</p>
<p>When I heard the first news reports, I wanted to get in my car and drive home. It was as if I needed to visit an ailing relative, to tell her one more time that I loved her. But my kids had school, and my husband had work; I settled for e-mails and phone calls to loved ones.</p>
<p>My last memory of Blacksburg, then, is from two weeks ago: redbuds bursting along the highway and in my mother&#8217;s front yard. My children watching as the painted turtles sunbathed at Pandapas Pond. The fresh-mowed grass, filled with the promise of spring.</p>
<p>I smiled a lot and ate chicken and lentils at a new Ethiopian restaurant and marveled at the changes. It is law in a real home town that its children forever marvel at its changes. That is why I can walk along Main Street and still be shocked that the arcade where I played Caterpillar and flirted with Tim Harrison is now a college bookstore.</p>
<p>But no one who is thinking about Blacksburg now is thinking about the redbuds.</p>
<p>The gray stone of the campus buildings conjures the gray stone of a cemetery, and the maroon of a college sweatshirt is the color of dried blood.</p>
<p>My inclination is to write an obituary, though my home town isn&#8217;t dead. It is survived by a lot of friendly, caring people.</p>
<p>And if they can survive, the town can survive, too, even as people talk about death. Even as people across the country watch TV and see someone else&#8217;s town, someone else&#8217;s school.</p>
<p>Say what you will about the end of innocence. But remember that just the other day, Blacksburg was a beautiful small town in America. Like yours.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15097/my-towns-pain/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Shelter&#8217;s Limits</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15099/shelters-limits/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15099/shelters-limits/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Apr 2007 21:59:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15099</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Roy Ferri</strong>, a teacher and coach at  Centreville High School (THE WASHINGTON POST, 18/04/07):</p>
<p>My daughter, Colette, never had a babysitter. My wife and I wouldn&#8217;t leave her in the care of a stranger &#8212; or with her grandparents, all of whom live within 10 miles of us. For years we sacrificed vacations, trips to the movies and even church. We were the couple with the screaming kid on the airplane and in restaurants. Our daughter was as protected from the world as any two parents could possibly manage.</p>
<p>Before we knew it, 18 years had flown by. &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15099/shelters-limits/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Roy Ferri</strong>, a teacher and coach at  Centreville High School (THE WASHINGTON POST, 18/04/07):</p>
<p>My daughter, Colette, never had a babysitter. My wife and I wouldn&#8217;t leave her in the care of a stranger &#8212; or with her grandparents, all of whom live within 10 miles of us. For years we sacrificed vacations, trips to the movies and even church. We were the couple with the screaming kid on the airplane and in restaurants. Our daughter was as protected from the world as any two parents could possibly manage.</p>
<p>Before we knew it, 18 years had flown by. Our little girl grew up and applied to the one college she had her heart set upon &#8212; Virginia Tech. She went to a small high school, so she wanted to attend a big university. Tech is a beautiful school, nestled at the southern end of the Shenandoah Valley, with an excellent academic tradition. I was thrilled with her choice. It satisfied my desire to keep her sheltered and safe.</p>
<p>Four years ago, I loaded up a rental van and delivered my daughter to the doorstep of her heart&#8217;s desire. In 90-degree heat, I carried garbage bags stuffed with clothes up seven flights of stairs.</p>
<p>Up went the television, DVD player, mini-fridge, microwave and boxes overflowing with everything else imaginable. Five-plus hours later, it was time for my wife and me to leave our beloved daughter behind in her dorm cell, in the care of strangers. It was a proud moment for our family, but that didn&#8217;t stop my wife from crying all the way home. Letting go was wrenching. Ours was a leap of faith beyond what most parents faced. Others had gradually begun letting go years before we did.</p>
<p>When my wife called me Monday, it was through choking tears. A gunman had opened fire and killed two people in the same dorm whose steps I climbed four years ago. He moved on to a classroom building and fatally shot at least 30 more.</p>
<p>Our daughter is safe, and she will graduate in three weeks. But dozens of her peers will never get that chance, and my heart goes out to their families.</p>
<p>I don&#8217;t know why she was spared and others were not. I don&#8217;t know if anything could have prevented this massacre. I have learned that I can&#8217;t guarantee her safety or anyone else&#8217;s. All I can do is be thankful that she wasn&#8217;t in the line of fire and appreciate every moment I have had with her and all the moments ahead.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15099/shelters-limits/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Beyond Reason</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15098/beyond-reason/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15098/beyond-reason/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Apr 2007 21:59:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15098</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Eugene Robinson</strong> (THE WASHINGTON POST, 18/04/07):</p>
<p>Don&#8217;t try to make sense of the <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-srv/metro/vatechshootings/">horrific killings</a> at Virginia Tech, at least not yet. Don&#8217;t try to make those involved into archetypes &#8212; the gun-wielding <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/04/17/AR2007041700563.html">loner</a>, the valiant young heroes, the <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/04/16/AR2007041601873.html">dithering</a> college officials &#8212; and fit them into a familiar, comfortable narrative. Don&#8217;t rush to draw lessons about guns or alienation or funding for mental health services. Not yet.</p>
<p>This shattered community hasn&#8217;t even had time to learn what happened, let alone why. It&#8217;s understandable that authorities would be cautious in releasing the names of the 32 students and &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15098/beyond-reason/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Eugene Robinson</strong> (THE WASHINGTON POST, 18/04/07):</p>
<p>Don&#8217;t try to make sense of the <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-srv/metro/vatechshootings/">horrific killings</a> at Virginia Tech, at least not yet. Don&#8217;t try to make those involved into archetypes &#8212; the gun-wielding <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/04/17/AR2007041700563.html">loner</a>, the valiant young heroes, the <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/04/16/AR2007041601873.html">dithering</a> college officials &#8212; and fit them into a familiar, comfortable narrative. Don&#8217;t rush to draw lessons about guns or alienation or funding for mental health services. Not yet.</p>
<p>This shattered community hasn&#8217;t even had time to learn what happened, let alone why. It&#8217;s understandable that authorities would be cautious in releasing the names of the 32 students and faculty members slaughtered by Cho Seung Hui, but the result is that every student I&#8217;ve talked to has spent hours calling around and taking an inventory of friends.</p>
<p>Students appear dazed and unbelieving. Unlike outsiders, they don&#8217;t enjoy the luxury of being able to look at the Big Picture. They have to live in the here and now.</p>
<p>Monday night, student Philip Kempton was working his bellhop shift at the Inn at Virginia Tech, part of a sprawling conference and alumni center complex that has been given over to crisis management.</p>
<p>The alumni wing had been converted into a teeming media center; scores of satellite trucks filled the parking lots. Another part of the complex was being used for grief counseling, and a steady flow of students streamed in to talk about what they had seen.</p>
<p>Kempton lives in West Ambler Johnston, the dormitory where the first shooting took place. &#8220;I was just waking up, and I looked and the place was surrounded by cop cars,&#8221; said Kempton, who is from Columbia, S.C. &#8220;I don&#8217;t know. I don&#8217;t even know who in my dorm got hurt.&#8221;</p>
<p>He knew of one friend who had been wounded at Norris Hall, the second and bloodier crime scene, but the injury was not serious. &#8220;It&#8217;s just unbelievable,&#8221; he said. &#8220;I don&#8217;t know how somebody could do that. Blacksburg is a safe place. And to have Virginia Tech known as the university that had a massacre, that&#8217;s, that&#8217;s painful, too.&#8221;</p>
<p>Brad Johnson, a sophomore from Leesburg, stopped me yesterday morning as I was walking across campus to take a look at Norris Hall. He said &#8220;friends of friends&#8221; had been killed in Cho&#8217;s rampage, but no one he knew personally. He said he had written a few words that might be appropriate for someone to read at the convocation that afternoon, and he wanted to know if I could point him to the right people to talk to. I was sorry, but I couldn&#8217;t.</p>
<p>&#8220;It&#8217;s probably too late, anyway,&#8221; he said.</p>
<p>The event was three hours away, President Bush was coming, anyone with authority was unreachable. I had to tell him that, yes, I thought it was too late, but I encouraged him to attend the service, anyway.</p>
<p>Norris Hall, a Gothic-looking classroom building near the center of campus, was sealed off by a perimeter of yellow police tape that fluttered like ribbon in the stiff breeze.</p>
<p>Near Harper Hall, the dormitory where Cho lived, freshman Timothy Johnson was surrounded by a swarm of reporters and camera crews. When Johnson, who also lived in Harper, disclosed that he remembered Cho, the swarm became a self-replenishing horde.</p>
<p>The horde wanted to know what Cho was like, whether he had friends, whether there was anything odd or strange about him. Johnson, who is from Annandale, told them that Cho was just a guy he used to see in the hallway. As one group of reporters finished their interrogation and wandered away, another group pushed to the front and asked the same questions, to which Johnson patiently gave the same answers: just a guy who lived in the dorm.</p>
<p>That&#8217;s not a satisfying answer, because it doesn&#8217;t advance the story we&#8217;re so anxious to tell ourselves. We want this tragedy to prove something. We want it to fit some recognizable template. We want it to make sense because, if there is logic to what Cho Seung Hui did, there should be a logical way to keep such a thing from ever happening again.</p>
<p>An element of randomness and unpredictability is part of any event. What if university officials had shut down the campus after the first murders at West Ambler Johnston? Would Cho have been caught? Or would he have gone off campus to a mall or a school and found others to kill?</p>
<p>One reporter kept pressing Johnson. Was there anything, anything at all, that was unusual about Cho?</p>
<p>Johnson deadpanned that anyone who would gun down dozens of people in cold blood was obviously unusual.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15098/beyond-reason/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>In the Reach of Madmen</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15100/in-the-reach-of-madmen/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15100/in-the-reach-of-madmen/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Apr 2007 21:59:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Armas]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15100</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Richard Cohen</strong> (THE WASHINGTON POST, 18/04/07):</p>
<p>In my day, Fort Dix, N.J., billed itself as the home of the Ultimate Weapon. That weapon, depicted by a heroic statue at the front gate, was the lowly infantryman armed only with his rifle and appearing to shout something like &#8220;Follow me!&#8221; This was the Army&#8217;s way of countering the glamour of the other services, particularly the Air Force. It took boots on the ground &#8212; not planes overhead &#8212; to really win a war. It took, in short, the ultimate weapon. No one could kill better.</p>
<p>Now from <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-srv/metro/vatechshootings/">Blacksburg, Va.</a>, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15100/in-the-reach-of-madmen/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Richard Cohen</strong> (THE WASHINGTON POST, 18/04/07):</p>
<p>In my day, Fort Dix, N.J., billed itself as the home of the Ultimate Weapon. That weapon, depicted by a heroic statue at the front gate, was the lowly infantryman armed only with his rifle and appearing to shout something like &#8220;Follow me!&#8221; This was the Army&#8217;s way of countering the glamour of the other services, particularly the Air Force. It took boots on the ground &#8212; not planes overhead &#8212; to really win a war. It took, in short, the ultimate weapon. No one could kill better.</p>
<p>Now from <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-srv/metro/vatechshootings/">Blacksburg, Va.</a>, comes additional evidence that there is nothing as dangerous as a single man and nothing as unpredictable as the mind of man. The man who is said to be responsible for all those <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/04/16/AR2007041600533.html?nav=hcmodule">killings</a>, 32 in all, will be examined down to microscopic detail. But no matter what anyone says, <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/04/17/AR2007041700563.html?hpid=topnews">Cho Seung Hui</a> was just mad. Other terms will be applied to him and, of course, he&#8217;s already being called a loner, but the simple fact is that he was mad &#8212; maybe not for long, but when it mattered, long enough.</p>
<p>The mind of man lags. Our machines are wonderful. Our toys are thrilling. Our clothes and foods are sophisticated. But our minds are stuck in the antediluvian past. If something happens to these minds &#8212; often we don&#8217;t know what &#8212; they act bizarrely, react strangely, go just plain mad. Maybe it helps to say that someone like Cho Seung Hui is evil, but in the end the word is empty of meaning. After all, he did not seek to enslave someone or rob someone or rape anyone or conquer their country. He wanted only to do something totally mad. Maybe evil is just another name for madness.</p>
<p>Soon, the talk will turn to gun control. Or the lack of it. That&#8217;s appropriate. Madmen should not have easy access to guns. But then, people who already have guns sometimes go mad. And sometimes people who go mad know people who aren&#8217;t and they are the ones who have the guns. A parent, for instance. A friend, for instance. Maybe the gun is kept in the house just for protection. By a little old woman. You can see how these things can happen.</p>
<p>Here again, though, we have something very worrisome: madness combined with technology. The guns are awesome. They can get off so many shots. They do not break down. They are steady in the hand and easy to aim. The Founding Fathers stand corrected. The Second Amendment comes from a different time, one when madmen could do limited damage.</p>
<p>To our minds, the Sept. 11 terrorists were mad &#8212; every single one of them. Osama bin Laden is mad as well. Look what they did. They harnessed technology, the power of the airplane, and killed almost 3,000 people in a morning&#8217;s work. Hitler was probably always mad, but when he got to be dictator of Germany, he could exploit the technology and organizational ability of the most advanced nation in Europe to murder people without reason. Yes, of course, he had his reasons &#8212; but they were mad. Pol Pot was mad and Stalin was mad and so was Idi Amin, but without as much expertise. A good thing, too.</p>
<p>I think the Soviet threat during the McCarthy period made America a touch mad. And we went more than a bit crazy after Sept. 11 and approved the war that now confounds us. Tell us again how we got in? Tell us, please, how to get out. Madmen had killed Americans in New York, Washington and that field in Pennsylvania. Saddam Hussein was mad, supposedly working on nuclear and other weapons. Madness had to be taken into account. Madness met madness. It&#8217;s hard now to give another explanation for the war.</p>
<p>The madmen of history must have been a frustrated lot. They could do only what was technologically feasible. Now, the sky&#8217;s the limit. Think of Iranian President Mahmoud Ahmadinejad. Is he mad? Possibly. Is he developing nuclear weapons? Possibly. Is it then possible that a madman could have nuclear weapons? Yes. Should we worry? You bet. Should we worry that we will become mad in turn? Yes. Yes, indeed.</p>
<p>Increasingly, we are in reach of madmen. We can move and they can find us. They fly planes into our buildings and drive cars into markets and come onto the campuses, not as strangers but as fellow students. Each of these events scares us, triggers the oldest parts of the brain &#8212; makes us a bit mad. We are the Ultimate Weapon, the ultimate threat, too. Virginia hurts.</p>
<p>God help us all.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15100/in-the-reach-of-madmen/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Emotions run high as the web responds to a massacre</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15093/emotions-run-high-as-the-web-responds-to-a-massacre/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15093/emotions-run-high-as-the-web-responds-to-a-massacre/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Apr 2007 21:58:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Nuevas Tecnologías]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Internet]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15093</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Bernhard Warner</strong>, formerly Reuters&#8217; internet correspondent in Europe and senior  editor for The Industry Standard Europe. He writes about technology, the  internet and media industries (THE TIMES, 18/04/07):</p>
<p>On April 12, an 18-year-old blogger with the handle ntcoolfool posted a brief,  unexceptional tribute to the deceased American novelist Kurt Vonnegut, for  which he received three equally unexceptional responses. On Monday,  ntcoolfool’s <a href="http://ntcoolfool.livejournal.com/" target="_blank">blog</a> became a scrolling newsreel, providing harrowing details, replete with  photos and video footage, of a massacre unfolding below his window. The  Virginia Tech university student, identified on his website as Bryce Carter,  began reporting in real-time, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15093/emotions-run-high-as-the-web-responds-to-a-massacre/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Bernhard Warner</strong>, formerly Reuters&#8217; internet correspondent in Europe and senior  editor for The Industry Standard Europe. He writes about technology, the  internet and media industries (THE TIMES, 18/04/07):</p>
<p>On April 12, an 18-year-old blogger with the handle ntcoolfool posted a brief,  unexceptional tribute to the deceased American novelist Kurt Vonnegut, for  which he received three equally unexceptional responses. On Monday,  ntcoolfool’s <a href="http://ntcoolfool.livejournal.com/" target="_blank">blog</a> became a scrolling newsreel, providing harrowing details, replete with  photos and video footage, of a massacre unfolding below his window. The  Virginia Tech university student, identified on his website as Bryce Carter,  began reporting in real-time, portraying a quiet campus thrust into a mini  war zone.</p>
<p>In a post entitled &#8220;Safe and rather scared?,” Mr Carter wrote:</p>
<p>“I walked with my friend to his dorm to get his stuff as an omniscient  announcement echoed across campus: ‘This is an emergency. This is an  emergency. Take shelter in doors immediately. Stay away from windows and  remain inside.’ Right on cue, I heard several faint gunshots from across  campus&#8230; The announcement repeated as the campus emptied and police ran  across campus. I saw snipers on the library.”</p>
<p>Then, further down, he writes: “Rumor has it the first shooting took place at  7am. It took them 3 hours to shut down campus since then? I went to class at  9. Wtf.”.</p>
<p>Not your typical Monday morning on campus.</p>
<p>Before the world’s media could converge on the university town of Blacksburg,  Virginia, student blogs, message boards, Facebook and MySpace pages went  into action, delivering emotional, first-person, blow-by-blow reportage of  Monday’s rampage that left 33 students and teachers dead. And this wasn’t  soppy stuff. Armed with little more than a Nokia N70 camera phone, a  classroom notebook, and a reliable net connection (evidentally, that’s all  you need these days to get on <a href="http://www.youtube.com/watch?v=ZZ5WMW3ELpc" target="_blank">CNN</a>,  or better, YouTube), these students produced incredibly lucid, brazen  journalism.</p>
<p>And after the CNN trucks pack up, and the newspaper reporters put away their  laptops, heading for the next news story, these forums will continue to  chronicle the emotion and anger that has ripped apart this little community.</p>
<p>Within hours, the world’s netizens flocked by the tens of thousands to social  network sites such as Facebook and MySpace to offer their condolences, share  their grief and memories of the deceased, and vent. On thousands of blogs,  little black ribbons emblazoned with the school letters “VT” appeared  overnight, tender, ten-kilobit tributes, a perfectly natural expression of  solidarity for a generation that finds so much solace in a keyboard and  mouse.</p>
<p>And, this being the web, these forums have also become a place to swap  conspiracy theories (a lone gunman killing 32? He must have had help, is one  common hypothesis), to make sweeping generalisations about the violent  nature of American culture (“Americans love killing”, reads one YouTube  posting), and to make amateur psychoanalytical assessments of the gunman,  Cho Seung Hui , all hiding behind anonymous nicknames.</p>
<p>At its ugliest, this free-flowing forum gave rise to vigilantism. Wayward  cyber sleuths combed blogs in the hopes of unmasking the killer in the hours  before we knew his name. Working with details emerging from the early press  accounts – male, Asian, guns, and little more – they fingered the <a href="http://blog.wired.com/27bstroke6/2007/04/internet_names_.html" target="_blank">wrong  guy</a>, a Virginia Tech student whose biggest crime is that he likes to  pose with rifles. Oops.</p>
<p>The web, so reliable in helping us track down a florist who delivers at the  weekend or some obscure fact about Frederick II, is a natural venue for us  to turn as we seek explanations for the senseless acts of others. It  sometimes seems odd that we cannot plug “Why do kids kill?” into Google or  Yahoo! and find a satisfactory explanation. Undeterred, we continue to  search, using the collective observations and theories from around this  little world to fill in the pieces of the puzzle.</p>
<p>Who was Cho Seung Hui? Why drove him to kill? Some clues are trickling in, but  we’ll never know for sure. But thanks to the likes of ntcoolfool and the  outpouring of emotion expressed by his peers, today we have a clearer  glimpse of this digitally-savvy generation, one that is not afraid to tell  it like it is.</p>
<p>This is the first tragedy of this magnitude to strike the Facebook generation,  and they have responded by letting us into their world, constructing an  enduring web-based tribute for all the world and all the ages to see.  Undoubtedly, it will not be enough to put an end to America’s string of  school shootings, but it does establish an important dialogue between a  college town in rural Virginia and the rest of the world. In doing so,  perhaps we can arrive at some answers.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15093/emotions-run-high-as-the-web-responds-to-a-massacre/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Tragedy will not decide gun control debate</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15094/tragedy-will-not-decide-gun-control-debate/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15094/tragedy-will-not-decide-gun-control-debate/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Apr 2007 21:57:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Armas]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15094</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Bronwen Maddox</strong> (THE TIMES, 18/04/07):</p>
<p>Not everyone concludes that tighter gun controls might prevent more gun  deaths, although this has been the common conclusion on this side of the  Atlantic. As the fatal shooting of 32 people at Virginia Tech sent the US  into new analysis of one of its most controversial personal freedoms, some  American commentators argued that if only students had been allowed to take  their own arms into classrooms, they could have fought back.</p>
<p>Michelle Malkin, a well-known conservative blogger, attacking   <em>The New  York Times</em>’s call for tighter gun laws, declaimed that “apparently it’s  creepy &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15094/tragedy-will-not-decide-gun-control-debate/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Bronwen Maddox</strong> (THE TIMES, 18/04/07):</p>
<p>Not everyone concludes that tighter gun controls might prevent more gun  deaths, although this has been the common conclusion on this side of the  Atlantic. As the fatal shooting of 32 people at Virginia Tech sent the US  into new analysis of one of its most controversial personal freedoms, some  American commentators argued that if only students had been allowed to take  their own arms into classrooms, they could have fought back.</p>
<p>Michelle Malkin, a well-known conservative blogger, attacking   <em>The New  York Times</em>’s call for tighter gun laws, declaimed that “apparently it’s  creepy to call attention to legislative efforts that prevent students from  arming themselves in self-defence on campus, but there’s nothing creepy  about the   <em>Times</em> jumping the gun on gun control”.</p>
<p>That is just one reflection of the persisting bitterness between the rival  camps in the US’s perpetual debate about its citizens’ right to own firearms  — and their capacity to champion completely contradictory solutions to the  US’s gun homicide record. No surprise, given the passions, and the political  power of the lobbies on either side, that the White House chose to duck the  debate, for now. White House spokeswoman Dana Perino said that “today is not  the day”.</p>
<p>But it will be hard to postpone a new round of the debate, even if it is  inconclusive. In 2004, the gun-related homicide rate was nearly 11,000,  according to the Federal Bureau of Investigation, and the total number of  victims from firearm incidents was 477,000 in 2005, the Department of  Justice said.</p>
<p>The total number of deaths in the US from guns (including accidents and  suicides) has been running at more than 25,000 a year, according to lobby  groups, nearly 40 times the rate in England and Wales.</p>
<p>The philosophical positions of the rival camps, derived from clashing  interpretations of the Second Amendment to the US Constitution, are well  marked out. The gun-rights lobby, led by the powerful National Rifle  Association, holds that the Second Amendment’s prescription that “the right  of the people to keep and bear arms shall not be infringed” means just that.  Opponents argue that the constitutional right is really a collective one,  asserting the states’ right to maintain militias to protect their freedom  against central government — and it is out of date, they add. The American  Civil Liberties Union, despite calling itself neutral on gun control,  eloquently puts the case for gun control, arguing that “the Second Amendment  does not guarantee an individual’s right to own bazookas, missiles, or  nuclear warheads, yet these, like rifles, pistols and even sub-machineguns,  are arms”. It believes that the Constitution does not prohibit “reasonable  regulation of gun ownership”, and the level of that regulation is for  Congress to decide.</p>
<p>Congress has not found it easy. In the past two decades, particularly after  unusually shocking attacks, there have been efforts to tighten some aspect  of gun control, from the power of the weapons to the criminal and mental  checks that may be performed on those buying them.</p>
<p>But the power of the lobbies has largely prevented systematic examination of  the rules. The NRA, the largest of about a dozen lobby groups, has more than  3 million members who contribute an estimated $100 million a year and  targets legislation on Capitol Hill that might curtail gun rights. It won a  notable victory in 2005 when the Republican-controlled Congress passed a  Bill shielding gun manufacturers from lawsuits; although this campaign, and  elections, have sometimes strained its finances, members of Congress regard  it as one of the most influential lobby groups.</p>
<p>It has been helped because, in the past decade, a sharp fall in inner-city,  gang-related shooting has brought down the total number of deaths and  drained some of the heat from the debate. But the mood may now be changing.  Rural areas are experiencing a sharp increase in gun-related attacks, not  just the southern states, which have traditionally had more gun crime.</p>
<p>The brisk rise of the US population — now 300 million and heading for 420  million by 2050, according to government projections — may also begin to  play an important part, as America simply becomes more crowded. It is one  thing to defend gun rights when the sentimental image of the pioneer still  has some truth, if only in the north woods of the Appalachians. It is  another when the pioneers have carved up the country into small suburban  lots and cannot escape the neighbours.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15094/tragedy-will-not-decide-gun-control-debate/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>The Blacksburg tragedy is not the sign of a sick society</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15091/the-blacksburg-tragedy-is-not-the-sign-of-a-sick-society/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15091/the-blacksburg-tragedy-is-not-the-sign-of-a-sick-society/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Apr 2007 21:55:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Armas]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15091</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Simon Jenkins</strong> (THE GUARDIAN, 18/04/07):</p>
<p>The global image of the American school was once of wholesome youths laden with books and cheerleader pompoms. More recently it has become one of over-armed and overweight policemen racing to take up firing positions while students run screaming with terror.My first response to Monday&#8217;s horror at Blacksburg, Virginia, was please, let it not be an Arab. The particular would instantly have become general and a madman a terrorist. Such is the degradation of public response to violence these days that nothing is allowed to be what it probably is, the random act of &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15091/the-blacksburg-tragedy-is-not-the-sign-of-a-sick-society/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Simon Jenkins</strong> (THE GUARDIAN, 18/04/07):</p>
<p>The global image of the American school was once of wholesome youths laden with books and cheerleader pompoms. More recently it has become one of over-armed and overweight policemen racing to take up firing positions while students run screaming with terror.My first response to Monday&#8217;s horror at Blacksburg, Virginia, was please, let it not be an Arab. The particular would instantly have become general and a madman a terrorist. Such is the degradation of public response to violence these days that nothing is allowed to be what it probably is, the random act of a mind deranged. It must be a sign of war and subject to the language of war.</p>
<p>Even so, the response of many who wish America ill will have been gratuitous schadenfreude. They see a people who live by the gun also dying by it, be they marines in Anbar province or students in Virginia. The rifle lobbyist who said on Monday that the college massacre would not have happened if all the students had been armed embodied the macho ethos which George Bush is seen as willing on the world. How can American soldiers disarm Iraqi families of their weapons in Baghdad yet claim the right to arm themselves to the teeth back home?</p>
<p>Britons whose links with America are long and close (and in my case familial) always find themselves pleading the same cause. First, we scrupulously proclaim the standing of America as a world exemplar of political freedom, though this has become a sort of Hail Mary, recited before yet another pro/anti-American argument. Then we beg Americans to step outside their continent and see themselves as others do.</p>
<p>At the moment of the Blacksburg massacre, a broadcast interview with the former US ambassador to the UN, John Bolton, asked by what right America imposed its &#8220;values&#8221; by force on foreign states. Bolton did not even try to answer. He jeered, &#8220;Try and stop us.&#8221; I am sure, like his neoconservative confreres, he thought the reply smart and macho. Such people seem blind to the damage their arrogance does to America&#8217;s image, interest and, ultimately, security abroad. It feeds those who react to Blacksburg, as to 9/11, with &#8220;America had it coming&#8221;.</p>
<p>Whenever I see incidents such as Blacksburg I try to apply the doctrine of proportional response. They are exceptionally rare and unpredictable. Britain&#8217;s tough gun control did not prevent the Hungerford or Dunblane massacres. More American children (some 3,000) may die by gunfire each year than the death toll on 9/11, far more than in any other developed country. This may be a function of a migratory society or an unstable community, though it is hard to dissociate it from lax gun laws. But it remains America&#8217;s choice and America&#8217;s business.</p>
<p>Meanwhile, Britain would do well to contemplate the soaring use of guns and knives on its streets. If the image of the American school is of armed policemen, that of Britain&#8217;s inner cities is of grieving mothers and weeping girls laying wreaths on pavements. British policy on alcohol and drug abuse is more catastrophic in its consequences than in any other country, and is more lethal than America&#8217;s gun laws. Barely a week passes without a report condemning the government&#8217;s refusal to repeal the 1971 Misuse of Drugs Act, largely because of Tony Blair&#8217;s fear of the press. His failure lies at the root of urban crime, social dislocation and prison overcrowding. The unregulated drugs market is ruled by violence as ruthlessly on the streets of London as in the fields of Helmand. Yet all Blair can do is tell the black community to &#8220;own up&#8221; to it.</p>
<p>The truth is, we are better at lecturing others than reforming ourselves. The spectacle of both military occupiers of Iraq making such a hash of law and order in their own backyards plays into the hands of anti-western propaganda. Those seeking to radicalise Islam watch television. Their communities may have their problems, but they can fall back on a degree of piety and social cohesion that puts most westerners to shame. Most Islamic states may not have signed Magna Carta or the Declaration of Independence, but that is their choice. Very few either seek or are remotely able to impose their values on the west. The west, in the shape of Britain and America, not only desires to impose its values on them but is doing so by force. It is no surprise they cheer when we get a bloody nose.</p>
<p>The result has created a dire moral equivalence. Blair&#8217;s &#8220;values crusade&#8221; is depicted as paralleling al-Qaida&#8217;s jihad. The suicide car bomb is &#8220;the poor man&#8217;s F-16&#8243;. A kidnapped journalist answers Guantánamo Bay. Britain&#8217;s Trident legitimises Iran&#8217;s nuclear enrichment. It is no good analysts protesting that such parallels are trite. The one choice the strong cannot deny the weak is that of facile comparison. International relations since 9/11 have suffered a debased rhetoric drained of sensible meaning. Violence deratiocinates political debate.</p>
<p>This week the development secretary, Hilary Benn, pleaded for linguistic arms reduction. In particular, he wants to ban the &#8220;war on terror&#8221; as elevating disparate gangs and giving them political credibility as part of some notional global movement. Benn, who comes late to this insight, might have turned his attention to home. Treating criminals as terrorists and mobsters as warriors flatters not just their egos but also those of ministers. Modern government has been polluted by the language of war. Blair&#8217;s ministers have declared as many wars as his generals, against terrorism, drugs, truancy, knives, poverty and homelessness. For the hard grind of social policy, ministers can waffle about tsars, campaigns, trumpets and drums. Inflating the problem excuses the failure to solve it.</p>
<p>The tragedy at Blacksburg, like those in London and other cities assaulted by bomb, bullet and knife, was apparently the manifestation of a distorted soul unable to live at peace with the world. Such evil is incurable, which is why such tragedies will continue to happen. The least we owe them and their victims is not to exaggerate their significance by implying that they are signs of a sick society or, worse, that they are wars against which armies can be mobilised.</p>
<p>The most present threat to the &#8220;homeland security&#8221; of urban Britons is specific. It is the collapse of discipline in their immediate neighbourhoods and the growth of gangs and drug-related violence worse than anywhere else in Europe. That does not mean war. As at Blacksburg, it means that when politicians lack courage, policy goes wrong and someone dies. It is as simple as that.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15091/the-blacksburg-tragedy-is-not-the-sign-of-a-sick-society/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La matanza</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15083/la-matanza/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15083/la-matanza/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Apr 2007 09:30:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Armas]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15083</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Pello Salaburu</strong> (EL CORREO DIGITAL, 18/04/07):</p>
<p>Cada vez que sucede una matanza indiscriminada como la que ha tenido lugar en la Universidad Politécnica de Virginia se alude a la enorme permisividad que existe en EEUU con respecto a la posesión de armas por parte de personas particulares, así como a los intereses de la industria armamentística para que las cosas sigan igual. Eso, sin lugar a dudas, es así, pero no sé si eso sólo explica el hecho de que a algún venado le dé de vez en cuando por coger un rifle y emprenderla a tiros contra los &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15083/la-matanza/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Pello Salaburu</strong> (EL CORREO DIGITAL, 18/04/07):</p>
<p>Cada vez que sucede una matanza indiscriminada como la que ha tenido lugar en la Universidad Politécnica de Virginia se alude a la enorme permisividad que existe en EEUU con respecto a la posesión de armas por parte de personas particulares, así como a los intereses de la industria armamentística para que las cosas sigan igual. Eso, sin lugar a dudas, es así, pero no sé si eso sólo explica el hecho de que a algún venado le dé de vez en cuando por coger un rifle y emprenderla a tiros contra los estudiantes.</p>
<p>A los extranjeros siempre nos llama la atención esa especie de veneración por el arma que tienen muchos americanos. Un amigo cercano nos enseñaba en su casa, tras una cena larga, un magnífico revólver (si los revólveres pueden ser magníficos) y estaba empeñado, además, en que fuésemos al monte algún día a pegar unos tiros. Desde luego, se trata de una persona pacífica donde las haya, a quien nunca he visto discutir o perder los papeles en una discusión. Recuerdo también el párking del instituto en donde estudiaba nuestro hijo, en una ciudad del oeste americano. Tanto por las mañanas como por las tardes llegaban las familias con unos coches desmedidos a dejar o recoger a los suyos. En muchos de los vehículos las armas estaban a la vista, sin disimulo alguno: unos rifles marrones encajados entre los dos asientos delanteros y apuntando al cielo, con un conductor rechoncho que escondía su privilegiada cabeza debajo de un sombrero de fieltro. Era un espectáculo un poco surrealista para nosotros, pero completamente natural y realista para ellos. En otra ocasión, en un largo viaje, paramos en una especie de museo de minerales (en realidad, la tienda de un particular de desmedida barriga, en donde vendía piedras que recogía por los montes&#8230; ¿y monedas romanas!), nos mostró con orgullo la habitación en donde vivía, presidida por una Kelvinator de manivela y una televisión llena de colores y voces: no faltaba un revólver en la mesilla y un rifle en la pared. Bueno, tampoco faltaba una enorme serpiente pitón en su cama.</p>
<p>La cultura de la conquista, el canto a los pioneros que llegaron hasta tan lejos, está muy presente en la historia norteamericana, porque, al fin y al cabo, tampoco ha pasado tanto tiempo desde que llegaran, sobre todo al extremo oeste, cargándose a todos los nativos que fueron encontrando por el camino. Aún hoy los indios viven confinados en reservas miserables (el consejero Madrazo no sabría por dónde empezar allí) y no es raro encontrarte a cada paso con esa filosofía tan enraizada en la población y en la Administración, situada en las antípodas del Estado protector. &#8216;Arréglese como pueda&#8217; es una de las máximas más consagradas en la convivencia diaria. Y eso se traduce también en las inmensidades salvajes y bellas de su propia geografía: carreteras, malísimas en muchas ocasiones, que parecen no tener fin; autopistas que cruzan ciudades en todos los sentidos, metros urbanos que parecen pasar al lado de la ventana del vecino del quinto, amplias zonas en donde sus habitantes parecen no haber visto un extranjero en su vida, etcétera. Y esas vías de comunicación que de repente aparecen cruzadas por un enorme cartel que dice: &#8216;At your own risk&#8217;. Como diciendo: a partir de aquí puede continuar, siga si le apetece, pero asuma las consecuencias de lo que le pueda ocurrir, porque la Administración no responde para nada de este camino, no responde del asfaltado, ni de los baches, ni de los agujeros de dos metros con los que se pueda encontrar. Ni de un río fuera de su cauce. Ni de, puestos a ello, algún pirata tuerto y con pata de palo. Todo esto está plenamente vigente en algunos Estados. Arréglese como pueda.</p>
<p>Así que no es extraño que ese arréglese como pueda incluya también el hecho de las armas: si usted quiere tener armas, es su problema. Arréglese como pueda. Y enseguida viene la justificación: son para la defensa propia. Aunque la historia de EE UU se caracterice mucho más por el ataque que por la defensa. La banalidad de la muerte está muy enraizada en la cultura americana, basta ver la alegría con la que se invadió Irak. La pena de muerte se aplica de la forma más aséptica posible: serán capaces de cuidar del reo si enferma, de darle de comer para que engorde un poco, lo atenderán con esmero si se rompe un brazo al resbalarse en el corredor de la muerte, y sólo después le aplicarán la inyección, con profesionalidad, con bata blanca y mascarilla, y ante la más absoluta indiferencia de la población, quitando algunos pocos grupos contrarios a la salvajada. Y eso aunque, en ocasiones, no haya tenido un juicio justo, se hayan fabricado pruebas en su contra o los testigos hayan inventado la mitad de la historia. Que lo hubiera pensado antes.</p>
<p>En efecto, la compra de armas está regulada en cada Estado, mediante normas que no suelen ser muy estrictas. En algunos Estados las armas deben portarse a la vista de forma obligatoria (como John Wayne) y no se pueden esconder bajo la ropa. En muchas casas existen armarios con armas relucientes. En los institutos estudian, con uniforme diferente, quienes se quieren integrar en el ejército, que empezarán la jornada izando la bandera y cantando el himno, y la policía del propio centro patrulla en bici vigilando a los estudiantes con prismáticos; en las universidades una policía musculosa y con cara de pocos amigos pasea por el campus en sus coches de colores y con el revólver colgado al cinto, mientras los estudiantes asisten a un concierto de jazz o de música clásica, o terminan su último &#8216;paper&#8217; en la biblioteca. Vaya, que muchas de las cosas que se ven en las películas suceden tal cual. Las armas son un elemento más de la vida. Y de la muerte, como en esta ocasión.</p>
<p>Ahora le ha tocado al Virginia Polytechnic Institute, una buena universidad pública. Se encuentra entre las cien mejores de EE UU, y es una de las 200 mejores de todo el mundo, según distintas clasificaciones. Esa forma de entender la vida como un arreglo permanente y solitario con la misma tiene aspectos positivos, eso es evidente. Pero tiene también muchos aspectos negativos: una persona solitaria atormentada con problemas que sólo puede rumiar en el garaje puede decidir comprar un rifle en lugar de un chupachup, y puede decir que allá voy a ver si les arreglo la tarde a étos. Otros prefieren tomar un café o a jugar con una máquina o ligar con un alemán por Internet. Supongo que alguna explicación debe haber en todo esto, porque aunque haya otras muchas personas por el mundo con armas, estos ataques, y con tanta reiteración, sólo se producen allí.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15083/la-matanza/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>A Black Day in the Blue Ridge</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15067/a-black-day-in-the-blue-ridge/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15067/a-black-day-in-the-blue-ridge/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 17 Apr 2007 13:42:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15067</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Lucinda Roy</strong>, a co-director of the creative writing program at Virginia Tech, and the author, most recently, of the novel “The Hotel Alleluia” (THE NEW YORK TIMES, 17/04/07):</p>
<p>A FEW months ago, when I returned from a trip to Sierra Leone, a country I lived in for years and one still reeling from the effects of a brutal civil war, I was filled with relief to be returning to a crime-free place like Blacksburg. As usual, I was welcomed by the Blue Ridge Mountains, and by the friends I’ve grown to love during my 22 years on the &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15067/a-black-day-in-the-blue-ridge/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Lucinda Roy</strong>, a co-director of the creative writing program at Virginia Tech, and the author, most recently, of the novel “The Hotel Alleluia” (THE NEW YORK TIMES, 17/04/07):</p>
<p>A FEW months ago, when I returned from a trip to Sierra Leone, a country I lived in for years and one still reeling from the effects of a brutal civil war, I was filled with relief to be returning to a crime-free place like Blacksburg. As usual, I was welcomed by the Blue Ridge Mountains, and by the friends I’ve grown to love during my 22 years on the faculty at Virginia Tech.</p>
<p>It’s a quiet place. The town is full of turkeys — statues of our mascot, the Hokie Bird, painted in garish colors — as if being a Hokie were not a sports metaphor but a way of life. There’s a 5-foot-tall turkey just outside the bank; one near the police station; another in the parking lot of a Cleaner World, where I take my clothes. We have a sense of humor in Blacksburg — it’s part of our charm.</p>
<p>Blacksburg is a misnomer, of course. It’s the whitest town I’ve ever lived in. And although I’m not white, I’ve grown used to the fact that we can, for the most part, live in relative harmony — black and white, town and gown, young and old together. It’s a place that lulls you into believing you can predict what will happen next.</p>
<p>Apart from the gusty, frigid weather, the campus was enjoying another typical spring. Classes were winding down — graduation was fast closing in. Then, this month, we had two bomb threats on the campus. Still, people took it in stride: when classes in Torgersen Hall were canceled, the faculty grumbled and the students rejoiced. A $5,000 reward was offered if we could find the culprit. Back then, in the era before the slaughter, this seemed significant.</p>
<p>Monday morning, I was preparing for class at home; my husband, Larry, a computer engineer in the chemistry department, was at work on campus. I’d woken up with a sense of dread. I put it down to the visions I was having of the massacres in Sierra Leone, where I’d left behind people I cared about. Nervously, I kept flicking the TV on and off for news. In spite of my agitation, when I saw a map of Virginia on CNN with the name “Blacksburg” highlighted, I didn’t initially associate it with my Blacksburg.</p>
<p>The statistics that ran along the bottom of the CNN ticker were, at first, merciful: one death. My friends and I called each other and said reassuring, clichéd things. We knew how to handle this.</p>
<p>We’d had a similar scare at the beginning of the academic year when an escaped prisoner had been on the loose, armed. There were two fatalities in that event — a police officer and a security guard — twice what they were reporting today. Once again, we’d need to pull together as a community and grieve, but it seemed manageable.</p>
<p>When a local TV news reporter first uttered the phrase “more than 20,” I knew she had made an obscene error. This was Blacksburg, not Freetown. When the CNN ticker turned brutal, and the numbers tore across the bottom of the screen like bullets, faculty and staff called one another in disbelief. “Oh my God!” we said, struggling to find words that would guide us back to a recognizable place.</p>
<p>My husband returned a few minutes later. As if proximity were too risky an option, we spoke on separate phones to family and friends in nearby Culpeper and distant London. Whenever our paths crossed, we’d begin sentences that went nowhere. All over Blacksburg, all over Virginia, there were others like us, wandering around absentmindedly — trying to find what was lost.</p>
<p>Hours have passed, and now we know that there was — as a friend of mine put it when she called saying she was safe — “a massacre in that classroom.”</p>
<p>But Blacksburg isn’t a place of massacres — Blacksburg is my home in southwest Virginia. It’s boring — that’s why I like it. We are Virginia Tech, the fighting gobblers, the ones who wear the funny turkey hats and plant tasteless turkey sculptures all over town. We are not the stuff of massacres.</p>
<p>As I write this I am being flooded with e-mail from friends asking if I’m O.K. How do you answer them? What can you say when so many — so many of our young — were slaughtered?</p>
<p>I hit “Reply” — try to type the phrase “I am fine,” but it seems ridiculous to type that. I substitute “safe” for “fine” — another lie, for none of us is safe as long as there are angry young men who yearn to blast a hole in the world.</p>
<p>I think of the parents hurtling down to Blacksburg on Interstate 81, praying for miracles. My son is safe in Atlanta; their grief will dwarf mine. How do we begin to comprehend absolute loss?</p>
<p>A friend, another woman of color, says, “Everybody’s gonna need everybody”; and when another friend, a white man not prone to sentiment, tells me, “We’ll need to act like a family,” I want to believe them both. Those of us who have borne witness to suffering in the past will need to help those who cannot believe that healing is possible.</p>
<p>Two students called me today. They were recently accepted into our graduate creative writing program; I have never met them.</p>
<p>“This hasn’t changed my mind about coming,” the first, a young woman, assures me.</p>
<p>“I still plan to come and join you guys,” the other, a man, says in a confident, strong voice. I tell them we will welcome them. We will.</p>
<p>And when the parents — our bereft sisters and brothers — come to mourn their lost children, we will find a way to speak to one another over the din of despair.</p>
<p>A bomb exploded today in a classroom on a campus in a community I love. It wasn’t an empty threat after all.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15067/a-black-day-in-the-blue-ridge/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Only the names change. And the numbers</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/15065/only-the-names-change-and-the-numbers/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/15065/only-the-names-change-and-the-numbers/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 17 Apr 2007 13:22:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Moliné Escalona</dc:creator>
				<category><![CDATA[América del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Armas]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=15065</guid>
		<description><![CDATA[<p>By <strong>Gerard Baker</strong> (THE TIMES, 17/04/07):</p>
<p>By the desensitising standards of routine American gun violence, yesterday’s  shootings at Virginia Tech university were shocking only in their scale.  Over more than 20 years, Americans have got grimly used to a ritual that  plays out on the cable news every few months. The initial news is sketchy,  reports of shots fired at a campus or in a schoolyard. Then, the first  confused images of students running terrified from classrooms, black-clothed  Swat teams gingerly pressing into doorways; the press conference in which  some dazed school principal or university president mutters the first  incomplete &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/15065/only-the-names-change-and-the-numbers/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By <strong>Gerard Baker</strong> (THE TIMES, 17/04/07):</p>
<p>By the desensitising standards of routine American gun violence, yesterday’s  shootings at Virginia Tech university were shocking only in their scale.  Over more than 20 years, Americans have got grimly used to a ritual that  plays out on the cable news every few months. The initial news is sketchy,  reports of shots fired at a campus or in a schoolyard. Then, the first  confused images of students running terrified from classrooms, black-clothed  Swat teams gingerly pressing into doorways; the press conference in which  some dazed school principal or university president mutters the first  incomplete details, with casualty estimates and emergency phone numbers for  worried relatives to call.</p>
<p>Finally, as the horror gradually dawns in its fullness, someone finds some  photograph of the gunman, pulled from a high-school yearbook or holiday.  Sometimes he is a fresh-faced, American-as-apple-pie-looking young man who  friends say would never harm an insect. Other times, in that first image,  the brooding face is already a sad window into a soul that is well on the  way to its ultimate destination of murderous and suicidal mayhem.</p>
<p>It’s so familiar you could write the script yourself. Only the names change —  Jonesboro, Columbine, Lancaster County and now Virginia Tech. And the  numbers.</p>
<p>Yesterday’s death toll of more than 30 handed Virginia Tech, a proud college  with a strong academic record and a famous sporting pedigree, the unwanted  title of worst shooting in US history. There is something slightly  unsettling about the way news reporters seize on these landmarks with the  kind of statistical excitement with which you would announce a new sporting  record. You can’t blame them. It is the only thing that really distinguishes  one of these events from another in the public’s mind.</p>
<p><!--#include file="m63-article-related-attachements.html"--> And the truth is that only an optimist would imagine Virginia Tech will hold  the new record for very long. Surely in a year or two the news networks will  be replaying the same footage from another college, with only the numbers  different.</p>
<p>Perhaps of all the elements of American exceptionalism – those factors,  positive or negative, that make the US such a different country,  politically, socially, culturally, from the rest of the civilised world –  it is the gun culture that foreigners find so hard to understand.</p>
<p>The country’s religiosity, so at odds with the rest of the developed world  these days; its economic system which seems to tolerate vast disparities of  income; even all those strange sports Americans enjoy – all of these  can at least be understood by the rest of us, even if not shared.</p>
<p>But why, we ask, do Americans continue to tolerate gun laws and a culture that  seems to condemn thousands of innocents to death every year, when  presumably, tougher restrictions, such as those in force in European  countries, could at least reduce the number?</p>
<p>The truth is, not all Americans do oppose such measures. The US of course, is  a vast, federal nation, with different laws and cultures in different  states. In Virginia, scene of yesterday’s shootings, they passed a law a few  years ago that did indeed restrict gun purchases – to a maximum of one  per week. In the neighbouring District of Columbia, on the other hand, the  law bans the possession of all guns.</p>
<p>DC’s draconian measure highlights one reason tighter gun control is difficult  in the US. The federal courts recently ruled that the ban violates  Americans’ right to bear arms, as protected by the Second Amendment to the  Constitution.</p>
<p>But the constitutional question is not, in fact, settled. The final legal  status of gun control rests at least in part on the composition of the  Supreme Court and can, and has, changed, over the years.</p>
<p>Those on the Left like to think that the reason guns remain so available lies  with the famed power of the National Rifle Association, the body that  promotes the interest of gun owners. The NRA is deemed to be so influential  that it can force members of congress or state representatives to support  permissive gun laws, for fear of losing the association’s useful financial  support at election time.</p>
<p>But this is overblown. The NRA is certainly a powerful body but cannot on its  own outweigh the views of millions of ordinary Americans.</p>
<p>The simple truth is that Americans themselves remain unwilling to take drastic  measures to restrict gun availability. This is rooted deep in the American  belief in individual freedom and a powerful suspicion of government.  Americans are deeply leery of efforts by government to restrict the freedom  to defend themselves. A sizeable minority, perhaps a majority, believe the  risk that criminals will perpetrate events such as yesterday’s is a painful  but necessary price to pay to protect that freedom.</p>
<p>The sheer scale of the carnage yesterday may after all make the Blacksburg  killings truly unique in American history. That will doubtless lead to more  self-examination and perhaps calls for new restrictions on firearms. But it  won’t change America’s deep-rooted and sometimes lethal commitment to its  own freedoms.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/15065/only-the-names-change-and-the-numbers/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Fortalecer la profesión docente</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/12884/fortalecer-la-profesion-docente/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/12884/fortalecer-la-profesion-docente/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 26 Nov 2006 12:17:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=12884</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Álvaro Marchesi</strong>, catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid (EL PAÍS, 26/11/06):</p>
<p>Posiblemente ahora hay más violencia en los centros docentes que hace unas décadas o, al menos, así se percibe. Tal vez porque hay más alumnos que estudian durante más tiempo, por fortuna para ellos y para la sociedad, y porque los cambios sociales se producen ahora de forma vertiginosa, de manera que tienden a difuminarse los referentes morales. No se vislumbra en el futuro un cambio de esta situación. Más bien da la impresión de que estas tendencias, lejos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/12884/fortalecer-la-profesion-docente/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Álvaro Marchesi</strong>, catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid (EL PAÍS, 26/11/06):</p>
<p>Posiblemente ahora hay más violencia en los centros docentes que hace unas décadas o, al menos, así se percibe. Tal vez porque hay más alumnos que estudian durante más tiempo, por fortuna para ellos y para la sociedad, y porque los cambios sociales se producen ahora de forma vertiginosa, de manera que tienden a difuminarse los referentes morales. No se vislumbra en el futuro un cambio de esta situación. Más bien da la impresión de que estas tendencias, lejos de detenerse, se van a incrementar, por lo que no debe extrañarnos que las dificultades vayan en aumento. ¿Qué hacer, entonces?</p>
<p>Conviene, antes de plantear algunas líneas de actuación, pensar brevemente sobre los alumnos violentos. Los estudios realizados apuntan su escasa autoestima, sus dificultades en las relaciones sociales y en la empatía con los otros, su falta de comprensión y control de la conducta y su desvinculación de los objetivos escolares. La descripción de estos alumnos se mueve habitualmente entre dos polos: son alumnos que hacen daño, a veces demasiado daño, pero también son alumnos que sufren. El énfasis en uno o en otro polo orienta las preferencias en las iniciativas educativas: el castigo y la sanción frente a la ayuda pedagógica y psicológica. Ambas, sin duda, deben combinarse con el objetivo de lograr, en la medida de lo posible, la recuperación del alumno para proseguir su formación.</p>
<p>Existen diversas estrategias que pueden reducir la violencia en las escuelas: favorecer la participación de los alumnos, avanzar en la capacidad de decisión de los centros -con la supervisión de la comunidad escolar y de la Administración educativa-, impulsar la cooperación de las familias, trabajar por un mayor compromiso social con la educación y fortalecer la profesión docente. Esta última es la que considero fundamental para mejorar la enseñanza y la que puede otorgar coherencia y dinamismo al resto de las iniciativas.</p>
<p>El fortalecimiento de la labor de maestros y profesores supone una acción en varios ámbitos interrelacionados: mejorar sus competencias profesionales y su preparación, cuidar su equilibrio emocional, situar la profesión docente en la dimensión moral que le corresponde y velar por el prestigio de la profesión.</p>
<p>La gestión adecuada de los comportamientos disruptivos o violentos de determinados alumnos es una dura exigencia para los profesores y les obliga a disponer de diferentes competencias y habilidades: mantener la autoridad, demostrar seguridad y confianza, dialogar, negociar, comprender, exigir. Hace falta formación suficiente y un carácter firme y equilibrado para lograrlo.</p>
<p>La acción educadora exige una estrecha y confiada relación personal entre el profesor y los alumnos. El mérito de la actividad docente es que este vínculo impuesto se convierta en una relación constructiva, en la que la confianza, el afecto y el respeto mutuo sean sus elementos constitutivos. Para ello es imprescindible que el profesor cuide su dimensión emocional, un cuidado del que deberían también ser responsables las Administraciones educativas.</p>
<p>El profesor debe mantener el buen ánimo, la sensibilidad por la formación de sus alumnos y la preocupación por ellos a pesar del desgaste que tanto esfuerzo personal supone. ¿Cómo se logra? En gran medida por el convencimiento de que enseñar a los otros es una tarea que merece la pena, que conecta con lo más noble del ser humano y sitúa a los profesores en el lugar adecuado para promover el bienestar de las nuevas generaciones. De alguna manera esa intuición desvela el carácter moral de la profesión docente y la necesidad de descubrir su valor y su sentido para ejercerla con rigor y vivirla con satisfacción. La consideración del trabajo docente como una profesión moral adquiere desde esta perspectiva toda su fuerza motivadora y permite comprender cómo el olvido o la falta de cuidado de esta dimensión conduce a la &#8220;desmoralización&#8221; de los docentes.</p>
<p>Además, los profesores deberían sentir que forman parte de una profesión respetada y valorada ya que gran parte de la identidad profesional depende de la consideración social percibida. El sentimiento de pertenencia a una colectividad contribuye a la autoestima. Por ello, las Administraciones educativas tendrían que contribuir a que los profesores se sientan orgullosos de ser profesores. No es una tarea sencilla si tenemos en cuenta que la mayoría de los profesores considera que ni la sociedad ni la propia administración educativa los valora.</p>
<p>Una encuesta reciente realizada por la Fundación SM constató que el 81% de los profesores creen que la sociedad no los valora y el 67% opina lo mismo de su Administración educativa.</p>
<p>La tarea de reforzar la identidad profesional de los docentes conduciría a que las administraciones educativas defendieran el establecimiento de una carrera profesional incentivadora y exigente. Pero también deberían apoyar las distintas formas de representación colectiva de los profesores. Entre ellas, además de los sindicatos y de las asociaciones de profesores, podría tener su lugar un Consejo General de la Profesión Docente que fuera un referente ante la sociedad por sus iniciativas para mejorar la situación del profesorado y la calidad de la enseñanza.</p>
<p>No sería justo atribuir a los profesores la responsabilidad exclusiva de su acción educadora. De nuevo hay que insistir en que la capacidad de los profesores para enseñar adecuadamente a todos sus alumnos, crear un clima de convivencia y reducir los comportamientos violentos tiene mucho que ver con las condiciones en las que se enseña, con los apoyos disponibles, con el número de alumnos con dificultades de aprendizaje que hay en cada aula, con el ambiente sociocultural de los centros, con la cooperación de las familias y con el apoyo social recibido. El compromiso de los profesores depende en gran medida del compromiso de la sociedad con la educación y ambos se apoyan mutuamente para lograr una enseñanza mejor.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/12884/fortalecer-la-profesion-docente/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Una nueva ley que no tolere ni ejerza la violencia</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/12883/una-nueva-ley-que-no-tolere-ni-ejerza-la-violencia/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/12883/una-nueva-ley-que-no-tolere-ni-ejerza-la-violencia/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 26 Nov 2006 12:15:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=12883</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Ricardo Moreno Castillo</strong>, profesor del Instituto Gregorio Marañón, profesor asociado en la Universidad Complutense y autor del <em>Panfleto antipedagógico</em> (EL PAÍS, 26/11/06):</p>
<p>Para resolver un problema se ha de averiguar su causa, y la de la violencia en nuestras aulas no está, dígase lo que se diga, ni en los cambios sociales, ni en la televisión, ni en la presencia de inmigrantes. Está, sencillamente, en que nuestro sistema educativo no educa, es un sistema perverso porque ejerce la violencia y la tolera.</p>
<p>La ejerce sobre los que quieren estudiar, y no pueden por culpa de quienes boicotean la &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/12883/una-nueva-ley-que-no-tolere-ni-ejerza-la-violencia/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Ricardo Moreno Castillo</strong>, profesor del Instituto Gregorio Marañón, profesor asociado en la Universidad Complutense y autor del <em>Panfleto antipedagógico</em> (EL PAÍS, 26/11/06):</p>
<p>Para resolver un problema se ha de averiguar su causa, y la de la violencia en nuestras aulas no está, dígase lo que se diga, ni en los cambios sociales, ni en la televisión, ni en la presencia de inmigrantes. Está, sencillamente, en que nuestro sistema educativo no educa, es un sistema perverso porque ejerce la violencia y la tolera.</p>
<p>La ejerce sobre los que quieren estudiar, y no pueden por culpa de quienes boicotean la clase. La ejerce sobre los que quisieran aprender un oficio para llegar a la edad laboral profesionalmente cualificados, y están encerrados en un aula escuchando cosas que ni entienden ni les interesan. En una misma clase, bajo el cuidado de un profesor al cual se ha despojado de toda autoridad, hay alumnos con todas las asignaturas del curso anterior aprobadas y otros que no han aprobado ninguna, alumnos que desean progresar y otros que se dedican a molestar. Unos y otros están frustrados. ¿Es de extrañar que un ambiente de general frustración degenere en violencia? Si un alumno repite porque suspende ocho asignaturas sabe que no va a repetir de nuevo aunque las vuelva a suspender, por lo cual nada le estimula a estudiar. ¿Es para sorprenderse que un alumno completamente ocioso se porte mal?</p>
<p>El desprecio por el conocimiento (se puede terminar la ESO sin saber la tabla de multiplicar ni distinguir un nombre de un verbo) y la falta de hábito de trabajo generan seres inmaduros, y en consecuencia, propensos a la violencia. Una persona madura no necesita agredir a un semejante para sentirse alguien.</p>
<p>La madurez, además, tiene que ver con la responsabilidad, y hoy los alumnos raramente tienen que responder. Si no aprenden, la culpa es del sistema, que no les motiva. Si son zafios y maleducados, es que están inadaptados. Si no estudian, algo les pasa, porque ya se sabe que los chicos tienen una inclinación natural hacia el trabajo, y a la vagancia se la conoce a menudo como &#8220;dificultades de aprendizaje&#8221;. Hay una tendencia por parte de algunos educadores paternalistas a considerar los defectos como patologías, pero madurar significa reflexionar sobre los propios defectos, a fin de superarlos, y si los defectos se consideran patologías, se bloquea toda capacidad de mejorar.</p>
<p>Hay un cuento de Gogol, intercalado en su novela <em>Las almas muertas,</em> que narra la historia de un profesor severo, que exigía un buen rendimiento, porque consideraba que estudiar es la obligación de los alumnos. Éstos le querían, porque un profesor exigente es el que valora a sus discípulos. El que se conforma con poco está tratándolos como si fueran idiotas, y nadie aprecia a quien lo trata como un idiota. Los alumnos se portaban bien. Ocupados en estudiar, tenían poco tiempo para hacer travesuras. Pero he aquí que este profesor se muere y llegan otros con ideas novedosas: lo importante no es el saber, sino el comportamiento (en la jerga actual, lo decisivo no son los contenidos). Y como el saber no era importante, dejaron de estudiar, y así tuvieron tiempo para hacer diabluras. En cuanto se empezó a despreciar el saber frente al comportamiento, no sólo decayó el saber, también decayó el comportamiento. Y de este cuento podemos sacar una segunda moraleja. Gogol murió en 1852, lo cual quiere decir que algunas de las sandeces pedagógicas que él satiriza, ya se decían hace mucho tiempo. Una idea no por parecer novedosa es buena, pero además puede suceder que ni siquiera sea novedosa.</p>
<p>Los resultados de la LOGSE no han sorprendido más que a los ingenuos, y la actual LOE no va a resolver absolutamente nada, por mucho que se financie. Un error no deja de serlo por estar mejor financiado.</p>
<p>Los problemas de la violencia en las aulas y de la falta de autoridad de los profesores no tienen solución dentro de la legislación vigente. Urge pues una nueva ley de educación, consensuada por todas las fuerzas políticas, y elaborada con el asesoramiento de profesores (no de pedagogos ni sindicalistas) escogidos por su valía (no por su militancia política). Y esa ley habría de contemplar lo siguiente:</p>
<p><strong>1.</strong> La protección de los que sí quieran estudiar, proporcionándoles el ambiente de tranquilidad en el aula que necesitan para ello.</p>
<p><strong>2.</strong> Escolarización obligatoria no significa enseñanza común hasta los 16 años. Mantener encerrados en los institutos a los chicos mayores de 12 que deseen prepararse laboralmente es hacerles entrar en el mercado de trabajo a los 16 como mano de obra barata. Aunque pueda parecer una edad demasiado temprana, un alumno que no quiera estudiar no sólo no va a estudiar, sino que también impedirá aprender a los demás. Muchos estudiantes potencialmente buenos se malogran por culpa de los boicoteadores. Así, por no dejar decidir a un muchacho sobre su futuro, se le deja decidir sobre el futuro de los demás.</p>
<p><strong>3.</strong> Valorar el saber y la excelencia. Bajar el nivel para no discriminar a los alumnos menos trabajadores frente a los más trabajadores es un acto de barbarie contra los segundos que en nada beneficia a los primeros. Despreciar el saber crea una juventud más ociosa y más inculta, en consecuencia más inmadura y más violenta.</p>
<p><strong>4.</strong> Que se castiguen las faltas de disciplina, y se admita sin rodeos que quien manda en la clase es el profesor, igual que admitimos que quien manda en un avión es la tripulación, y que esto no significa ser fascista ni autoritario.</p>
<p>Cuando los hechos contradicen las ideas podemos negar los hechos o rectificar las ideas. Mientras los creadores de la reforma sigan negando los hechos, el desastre educativo irá en aumento. Ya va siendo hora de que rectifiquen sus ideas.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/12883/una-nueva-ley-que-no-tolere-ni-ejerza-la-violencia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Algo más que educación</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/12748/algo-mas-que-educacion/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/12748/algo-mas-que-educacion/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 19 Nov 2006 19:04:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=12748</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Joan J. Queralt</strong>, catedrático de Derecho Penal de la UB (EL PERIÓDICO, 19/11/06):</p>
<p>El fiscal jefe de Catalunya va a perseguir las agresiones contra maestros y médicos como delitos de atentado, es decir, como si de guardias o alguaciles se tratara. La Fiscalía General del Estado presta un apoyo más bien matizado a esta iniciativa. Por su parte, la presidenta del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya no comparte esta medida y considera que la solución está en la educación. Situados así los términos del enfoque judicial de la violencia escolar y hospitalaria no parece que se vaya &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/12748/algo-mas-que-educacion/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Joan J. Queralt</strong>, catedrático de Derecho Penal de la UB (EL PERIÓDICO, 19/11/06):</p>
<p>El fiscal jefe de Catalunya va a perseguir las agresiones contra maestros y médicos como delitos de atentado, es decir, como si de guardias o alguaciles se tratara. La Fiscalía General del Estado presta un apoyo más bien matizado a esta iniciativa. Por su parte, la presidenta del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya no comparte esta medida y considera que la solución está en la educación. Situados así los términos del enfoque judicial de la violencia escolar y hospitalaria no parece que se vaya a ganar mucho.<br />
Si, a efectos penales, maestros y médicos son funcionarios y, por tanto, susceptibles de ser protegidos como los demás empleados públicos, ¿supondrá que, si un chaval se niega a hacer los deberes o un paciente a tomarse las píldoras, habrá que proceder contra ellos por desobediencia? O, ¿si se dicta mal una clase o se diagnóstica erróneamente, se procederá contra enseñante o galeno por prevaricación administrativa?<br />
Quizá sea por estas y otras inadmisibles consecuencias que Conde-Pumpido ha suavizado la intención del fiscal Mena. Y no le falta razón. En efecto, un maestro o un médico, cuando realizan su función técnica, no pueden ser considerados funcionarios a efectos penales, pues no ejercen ni cumplen con una potestad pública. Amén de que ello solo cubriría a quienes ejercieran sus funciones en centros públicos &#8211;no concertados ni subvencionados&#8211; y su nómina la emitiera un ente plenamente público.<br />
La propuesta del ministerio público catalán parte, con acierto, de que la respuesta legal habitual no resulta la más adecuada. En la vía disciplinaria, expulsar a un alumno un par de días, no digamos ya 15 o cambiarle de centro, es una tarea ímproba que, si culmina, tiene pocas probabilidades de no ser anulada por los tribunales. Curiosamente, la vía penal es más directa, pero no más eficaz. La protección penal de la integridad física (lesiones) y moral (amenazas, coacciones, injurias) resulta por miserable incalificable: atizarle a alguien unos puñetazos, con el resultado de media docena de puntos y una par de visitas al médico vale tanto como hurtar una camiseta de un afamado diseñador. Si, además, la infracción la comete un menor de edad penal, lo que en la escuela no será infrecuente, o no nace responsabilidad penal alguna o, si tiene más de 14 años, se dictará una medida educativa con apenas carácter sancionador. Y así ha de ser.</p>
<p>DESDE LUEGO, hace falta algo más que esperar a que todos alcancen una esmerada educación y aprendan a contener sus instintos. Sin embargo, ante inadecuadas previsiones legales o deficientes aplicaciones de las mismas, no cabe forzar el radio de acción de la norma; esta dilatación comporta efectos perniciosos o intentar cubrir lagunas que solo al legislador compete saciar.<br />
En este campo acudir al juzgado solo resulta eficaz ante los ataques más graves. Quedan sin respuesta satisfactoria en esta vía la mayoría de agresiones. Siendo como son estas más frecuentes en el ámbito escolar, los instrumentos disciplinarios y participativos (profesores, alumnos y padres) son los adecuados para reprimir tales anomalías, impidiendo que se creen zonas de impunidad. Implicar a los condiscípulos del agresor es capital.<br />
De todos modos, como siempre que se clama más dureza, aunque sea solo retóricamente, conviene saber si disponemos de arsenal punitivo suficiente. En mi opinión, sí. Sucede, lamentablemente, que ponerlo en marcha resulta farragoso. A la vista de algunos resultados puede ser hasta disfuncional y engallar aun más al matón de pasillo. Urge, pues, un cambio de procedimientos disciplinarios y de actitud en su aplicación en todas las fases.<br />
No solo eso: ha de cambiar la mentalidad social sobre la escuela y la asistencia médica. Los facultativos no son ni brujos ni supermanes: las consultas y los hospitales no son máquinas de salud ni, menos aún, el paciente, tiene derecho al tratamiento que él entiende conveniente o necesario. Si uno no se considera bien atendido, existen cauces de reclamación, aunque no menos prolijos que los disciplinarios y trufados de corporativismo. No obstante, no cabe justificar agresión alguna.</p>
<p>En cuanto a la escuela, ese lugar a donde se envía a los hijos para que en no poca medida los guarden y los ocupen durante más horas de las que permitiría la más laxa regulación del trabajo de adultos, basta con haber asistido a una reunión de una AMPA para saber que no hay mejor director pedagógico que el padre o madre más culturalmente pintoresco. Por ello, una queja nada injustificada está desde hace lustros en boca de los maestros: la familia abdica de su función y entrega en pleno a sus retoños al sistema educativo.<br />
Este peculiar modo de colectivismo escolar confunde educación y formación; esta podrá impartirse en clase, pero aquella entra por ósmosis parental y familiar. Lo que quiere decir que la mala educación entra por idéntica vía.<br />
En fin, la escuela no puede ser muy diferente a como es el núcleo familiar de los alumnos ni el marco social general. Darles a los niños todo lo que quieren, fomentado su insaciabilidad, o creer que el médico es el ungüento curalotodo o un dispensador de rectas y otros papeluchos es la antesala de los males actuales, que ni todas las querellas del mundo van a poder cambiar.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/12748/algo-mas-que-educacion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La insensatez de los hijos-amigos</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/12568/la-insensatez-de-los-hijos-amigos/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/12568/la-insensatez-de-los-hijos-amigos/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 09 Nov 2006 17:55:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=12568</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Andrés Montero Gómez</strong>, presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia (EL CORREO DIGITAL, 09/11/06):</p>
<p>Que un adolescente pegue a un profesor tiene mucha relación con la fallida educación proporcionada por sus padres. Un alumno propina una paliza a un compañero en el colegio o le acosa o amenaza a un profesor y enseguida pensamos que se trata de un problema educativo, un problema escolar. De hecho, se utilizan las denominaciones de acoso o violencia escolar. Pues, en realidad, es un problema que se manifiesta en la escuela, sí, pero que se genera en las familias.&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/12568/la-insensatez-de-los-hijos-amigos/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Andrés Montero Gómez</strong>, presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia (EL CORREO DIGITAL, 09/11/06):</p>
<p>Que un adolescente pegue a un profesor tiene mucha relación con la fallida educación proporcionada por sus padres. Un alumno propina una paliza a un compañero en el colegio o le acosa o amenaza a un profesor y enseguida pensamos que se trata de un problema educativo, un problema escolar. De hecho, se utilizan las denominaciones de acoso o violencia escolar. Pues, en realidad, es un problema que se manifiesta en la escuela, sí, pero que se genera en las familias.</p>
<p>Enseguida encontrarán un argumento para rebatir esta afirmación. Dirán que la violencia escolar no se gesta en las familias, que se trata de amistades poco recomendables de los niños, que les influyen, o de la televisión o la sociedad que transmiten a nuestros infantes unas ideas de competitividad y estrés que les convierten en niños agresivos. En definitiva, con tal de negar que, generalizando, son los padres los mayores responsables del comportamiento antisocial de los niños, recurriremos a toda suerte de excusas y justificaciones exculpatorias. Eso no cambiará la realidad. Continuaremos engañándonos, igual que lo hace el padre o madre que acude al colegio a reprocharle agresivamente al profesor que reprimiera a su niño un día que, el pobre, quemó un cuadernito en clase porque estaba estresado. Usaremos nuestras propias justificaciones para engañarnos sobre la realidad, pero la realidad continuará expresándose tozuda hasta que le prestemos la adecuada atención.</p>
<p>Y prestar atención adecuada a la violencia escolar pasa, inexorablemente, por cambiar el estilo educativo de algunas familias. Ya es hora de que situemos el foco en el centro del problema. Después ya habrá que exigirles modificaciones a las leyes educativas y a las consejerías de Educación.</p>
<p>El mayor activador de la violencia que actualmente practican muchos niños y niñas en las aulas de España es la educación permisiva que reciben de sus padres. Existen tres estilos educativos principales que un núcleo familiar medio puede adoptar: el autoritario, el permisivo y el autoritativo. De este último no se habla mucho, o sea, no se habla nada. Los dos primeros son exactamente igual de nefastos y suelen producir los mismos efectos, aunque con distinto collar.</p>
<p>Después de décadas de estilo autoritario en lo familiar y de dictadura en lo social, España ha basculado hacia lo permisivo en las familias. Desde una concepción erróneamente &#8216;progre&#8217; de la educación, muchos padres adoptaron desde los años ochenta una concepción del hijo como un amigo. Lo moderno es ser amigo de los hijos. Hasta esa amistad, los padres habían venido siendo máquinas de imposición de la autoridad. Incluso se les hablaba de usted. Los niños crecían reprimidos, contenidos, faltos de libertad y, a menudo, con identidades del tamaño de un guisante. En cuanto esos hijos se convertían en padres, después de haber pasado España a la modernidad, los nuevos progenitores se lanzaron a educar a sus retoños de otra manera, haciendo que se realizaran y desarrollaran en libertad, con comunicación, haciéndoles partícipes de las decisiones. Lo malo, de lo que se están dando cuenta ahora, es que los niños de quince años toman muy mal las decisiones, que el ego del tamaño de guisante que generaba la educación autoritaria es ahora una identidad de volumen planetario gracias a la permisividad, y que son amigos de sus papás en la medida en que consiguen esclavizarlos. La educación permisiva crea niños dictadores.</p>
<p>Es muy sencillo. Un niño de quince años no puede tomar decisiones porque no es capaz de afrontar sus consecuencias. Algunos educadores creen que es necesario enseñar a los niños a adoptar decisiones y muchos niños creen que tomar decisiones, y fumar o beber alcohol en paralelo, los prepara para ser adultos. Todos se equivocan. Lo complicado del vivir no es tomar decisiones, sino prepararse para afrontar las consecuencias que siempre, siempre, se derivan de las decisiones tomadas. Con el modelo permisivo de educación, los niños toman las decisiones y los papás afrontan las consecuencias. El resultado: niños con descomunal ego pero desprovistos de habilidades instrumentales para articular sus incipientes vidas.</p>
<p>El ego descomunal de los hijos-amigos les conduce a los senderos de la imposición. Los niños, que han crecido sin límites, intentarán imponer su voluntad a unos y otros. La violencia no es más que la conducta instrumental asociada a la actitud totalitaria. No reconocen autoridad porque ese concepto no existe para ellos. No les ha sido transmitido. El papel funcional de los padres en el terreno educativo no es trabar amistad con los hijos, sino confeccionar un mapa de límites, de referentes, contra el cual los seres humanos en pleno desarrollo social comiencen a construir su identidad. La identidad de un adolescente se estructura por contraste con unos límites externos. Sin hoja de ruta, la identidad de un niño, en plena convulsión en la adolescencia por cierto, crecerá desbocada. Encontramos un símil perfectamente significativo en el cerebro.</p>
<p>El cerebro de alguien que acaba de nacer tiene la fisonomía de un bosque salvaje, sin podar. Millones y millones de neuronas están desorientadas en el cerebro en busca de conexiones. Necesitan una ruta para poder desarrollarse. La experiencia sensorial, primero, y la social, después, contribuyen a podar ese ramaje, a configurar el mapa de la ruta neuronal. El resultado es que, al final, en la juventud, tendremos un cerebro más o menos ordenado, un mapa de carreteras que lleva a alguna parte. Con la identidad y con su hermana mayor, la personalidad, ocurre exactamente igual y una socialización adecuada debe establecer el mapa de carreteras para una personalidad sana, equilibrada en su inserción social interpersonal.</p>
<p>La socialización está concentrada en las familias y completada en las escuelas, los grupos de pares (niños y niñas de la misma edad) y otros agentes de socialización como la televisión. Los padres deben ser los traductores de códigos de aquello que los niños reciben del exterior. La comunicación es el vehículo, no la amistad. El niño necesita que los padres iluminen para ellos el camino de referentes que los chicos tendrán que utilizar en el mapa de ruta de su identidad. Los padres son quienes ponen los símbolos adecuados en el mapa y también los que los iluminan. Con sólo iluminación, pero sin símbolos (educación permisiva) o con sólo símbolos pero poca iluminación (educación autoritaria), los niños crecerán con minusvalía identitaria.</p>
<p>La educación autoritativa -que no autoritaria- es aquélla que combina la administración de referentes y límites educativos claros con comunicación fluida y mucho, mucho amor. Además de nutriente, el niño tiene que recibir tres cosas de sus padres: un mapa de referentes para la inserción social, amor y comunicación, y apoyo en la resolución de problemas. Los amigos ya los encontrarán en la calle.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/12568/la-insensatez-de-los-hijos-amigos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Crisis de la autoridad y la ilusión educativa</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/12478/crisis-de-la-autoridad-y-la-ilusion-educativa/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/12478/crisis-de-la-autoridad-y-la-ilusion-educativa/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 04 Nov 2006 10:00:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Profesorado]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=12478</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Agustín Domingo Moratalla</strong> (ABC, 04/11/06):</p>
<p>EL vídeo de la agresión a un profesor en un instituto de Alicante ha vuelto a remover los cimientos de la comunidad educativa. Realizado por una compañera del alumno agresor con una intención que desborda lo puramente lucrativo, las imágenes difundidas describen una situación que sin ser alarmante está empezando a ser preocupante. Y lo más curioso de las imágenes no se encuentra en la vulnerabilidad del profesor cuando intenta escapar sino en la actitud del alumno agresor que culpa al profesor dando a entender que actúa en legítima defensa.</p>
<p>Probablemente este alumno y &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/12478/crisis-de-la-autoridad-y-la-ilusion-educativa/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Agustín Domingo Moratalla</strong> (ABC, 04/11/06):</p>
<p>EL vídeo de la agresión a un profesor en un instituto de Alicante ha vuelto a remover los cimientos de la comunidad educativa. Realizado por una compañera del alumno agresor con una intención que desborda lo puramente lucrativo, las imágenes difundidas describen una situación que sin ser alarmante está empezando a ser preocupante. Y lo más curioso de las imágenes no se encuentra en la vulnerabilidad del profesor cuando intenta escapar sino en la actitud del alumno agresor que culpa al profesor dando a entender que actúa en legítima defensa.</p>
<p>Probablemente este alumno y sus padres estarán bien asesorados legalmente, casi con toda seguridad y con una pequeña cuota mensual tendrán los servicios de un gabinete jurídico que les atenderá durante 24 horas los 365 días al año. Igual que ya sucede en las urgencias hospitalarias, estas urgencias educativas son ocasiones privilegiadas para el laberinto de las demandas y las querellas donde el triunfo de las sentencias no coincide con el triunfo de la virtud. Cuando a los leguleyos se les abren, tan fácilmente, oportunidades de negocio ante estas situaciones, es porque algún tipo de cáncer se ha instalado en el sistema educativo.</p>
<p>La LOCE de la anterior legislatura popular intentó tímida y acomplejadamente atajar este cáncer asociando la calidad educativa con el esfuerzo de los alumnos, la voluntad de aprendizaje y la responsabilidad de los protagonistas. La LOE de la actual legislatura socialista no sólo se desentiende de estas patologías dándole el alta al enfermo, sino que evita cualquier diagnóstico que suponga esfuerzo para conseguir la salud. De hecho, se hace una apología de la diversidad, de la diferencia, de la tolerancia y del casi todo vale que no tienen parangón en ningún país europeo. Las imágenes serían expresión de una alteración del clima educativo del centro, causado por alguna frustración infantil del alumno y alguna depresión no resuelta de un profesor que practica una pedagogía autoritaria.</p>
<p>Aunque la terapia no está clara, sí está claro que asistimos a una crisis de la autoridad educativa. Y no sólo de los maestros o profesores, sino también de los padres. Quienes hoy ejercemos el funesto e incómodo oficio de educar, comprobamos que la autoridad educativa es un tema políticamente incorrecto en los claustros, en las asociaciones de padres, en los sindicatos, en las oposiciones a la función pública y en las administraciones.</p>
<p>Hubo una época donde los padres decían a los maestros: «A mi hijo, no le pase usted ni una». Soplaban vientos de sociedad cerrada donde educaba toda la tribu y, aunque pasara hambre el maestro, poseía una autoridad indiscutida. Los padres sabían que el único camino para el ascenso social dependía del aprendizaje escolar. No querían que los hijos se emplearan, como ellos, en oficios que eran fruto de la necesidad, del destino y del hambre. Como querían que sus hijos fueran más libres y tuvieran oportunidades, estaban dispuestos a confiar ciegamente en el maestro y la escuela.</p>
<p>Cuando estos hijos se convirtieron en padres no quisieron reproducir el modelo de escuela donde ellos se habían formado. Ya vivían en una sociedad abierta y habían desaparecido todos los símbolos de la tribu, el nuevo estado democrático avalaba una sociedad pluralista y liberal donde los maestros no eran autoridades sino parte de la función pública. La sindicalización de la docencia y el traslado del lenguaje de la mala política a las prácticas educativas han transformado a los maestros en «trabajadores de la enseñanza», su magisterio ha quedado reducido a simple «función pública». Los padres acuden al centro para recibir un servicio educativo que pagan mediante sus impuestos y han desmitificado el valor de los estudios. Se genera una nueva relación de naturaleza contractual donde el maestro está al servicio del padre para cuidar al hijo, no para exigirle o educarle sino para instruirle y acompañarle en el desarrollo madurativo prescrito curricularmente.<br />
Este modelo contractual se expresa cuando oímos que un padre dice «se va a enterar este muerto-de-hambre hasta dónde puedo llegar», «no sabe con quién se la está jugando». Si a ello añadimos el desarrollo de toda una cultura de los derechos y los deberes donde los alumnos y los padres reducen la educación a un simple «derecho» donde el maestro es dispensador de servicios educativos, entonces comprobamos que esta crisis de autoridad era una crisis anunciada.</p>
<p>A pesar de lo lamentable que está siendo la difusión de estas imágenes, con ellas se ha conseguido que la sociedad visualice que la educación es una profesión de alto riesgo. No hace falta que acudamos a los sindicatos de la educación para comprobar cómo el número de bajas por depresión ha aumentado de forma alarmante durante los últimos años. ¿Para qué corregir a un alumno si ello ocasiona problemas? ¿Para qué elaborar un régimen disciplinario en un centro si las autoridades educativas no refuerzan jurídicamente la figura del docente? ¿Para qué dedicarse a la dirección de un centro si además de estar mal pagada es una fuente de problemas? No olvidemos que las administraciones públicas de algunas comunidades están teniendo serios problemas para encontrar quien dirija los centros.</p>
<p>El problema no se va a resolver prohibiendo los móviles en los centros, de hecho los padres tendrían que ser los primeros en exigir que sus hijos dejen en casa los móviles, los mp3 o cualquier otro tipo de artilugio distractor. Es un problema que sólo se resolverá cuando toda la comunidad educativa se organice en clave de responsabilidad y no en clave de impunidad. A pesar de toda la cosmética de la «Educación para la ciudadanía» con la que el Ministerio pretende apuntalar la convivencia en las aulas, el discurso educativo sigue estando presidido por la impunidad, por la reglamentación, por la burocracia, por el normativismo y por la demora administrativa en la solución de los problemas.</p>
<p>En lugar de aumentar el número de normas, directrices y reglamentos, las administraciones deberían promover una nueva alianza educativa donde las familias se implicaran más en la educación de sus hijos y lo hicieran confiando en el profesor, no sospechando de él y su palabra. No basta con una simple movilización educativa, es necesaria una revolución educativa basada en el reconocimiento del mérito, la autoridad y la excelencia. Sin ellas, vemos cómo la candela de la ilusión, el entusiasmo y la vocación del maestro se apaga, leve, lenta y lamentablemente.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/12478/crisis-de-la-autoridad-y-la-ilusion-educativa/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>A los 117 &#8216;Jokin&#8217;</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/11926/a-los-117-jokin/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/11926/a-los-117-jokin/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 05 Oct 2006 09:41:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=11926</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Iñaki Piñuel</strong>, psicólogo y profesor de la Universidad de Alcalá (EL CORREO DIGITAL, 05/10/06):</p>
<p>Ante la revelación de los datos preliminares del <a target="_blank" href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2006/8815.pdf">Estudio Cisneros X &#8216;Violencia y Acoso escolar&#8217;</a> el pasado 18 de septiembre, se ha producido una alarma social que los miembros de nuestro equipo de investigación estimamos que no es correcta ni buena para reflexionar con la debida calma sobre la incidencia del fenómeno de la violencia en las aulas. Contra el rigor científico y metodológico de los datos (aún tan sólo preliminares) que hemos dado a conocer, algunas autoridades educativas han ofrecido un argumento muy &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11926/a-los-117-jokin/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Iñaki Piñuel</strong>, psicólogo y profesor de la Universidad de Alcalá (EL CORREO DIGITAL, 05/10/06):</p>
<p>Ante la revelación de los datos preliminares del <a target="_blank" href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2006/8815.pdf">Estudio Cisneros X &#8216;Violencia y Acoso escolar&#8217;</a> el pasado 18 de septiembre, se ha producido una alarma social que los miembros de nuestro equipo de investigación estimamos que no es correcta ni buena para reflexionar con la debida calma sobre la incidencia del fenómeno de la violencia en las aulas. Contra el rigor científico y metodológico de los datos (aún tan sólo preliminares) que hemos dado a conocer, algunas autoridades educativas han ofrecido un argumento muy poco sólido. Aseguran que en la Comunidad Autónoma Vasca &#8216;tan sólo&#8217; existen 117 casos de acoso escolar. Tan sólo aquéllos que se han denunciado ante la Consejería de Educación y sus órganos dependientes.</p>
<p>Es una equivocación que se utilice el recurso a los datos de las denuncias formales como indicador de la realidad de un problema, cualquiera que sea éste. Esto sólo puede confundir a la opinión pública. Ya ocurrió anteriormente con las cifras del maltrato doméstico, reducidas a tan sólo las decenas de mujeres que eran asesinadas; o con el &#8216;mobbing&#8217;, cuya prevalencia real algunos &#8216;observatorios&#8217; socialmente miopes distorsionan presentando tan sólo el dato de las denuncias formalizadas ante los juzgados de lo social. Según este tipo de estadística serían solamente víctimas de la violencia doméstica las mujeres que la hubieran denunciado en los juzgados. O quizás más restrictivamente aún sólo habría que contar en las estadísticas oficiales los casos de las mujeres que ya hubieran fallecido asesinadas a manos de sus maridos. Todos sabemos que la realidad del sufrimiento de las víctimas de la violencia no oficialmente computada es muy diferente y en cualquier caso mucho más amplia.</p>
<p>Muchos padres, antiguas víctimas del maltrato psicológico y físico en la escuela, trivializan y banalizan el maltrato que el niño les relata al llegar a casa. &#8216;Ya nos pasó a nosotros antes&#8217;. &#8216;Eso es normal&#8217;. &#8216;Así es la vida&#8217;. &#8216;Aprende a defenderte&#8217;. &#8216;Eso te hace un hombre&#8217;. A otros padres no les suena raro que el niño refiera en el colegio las violencias que ellos mismos padecen en sus trabajos: &#8216;¿Mejor que vaya acostumbrándose a lo que le espera en la vida adulta!&#8217;. Son muchos los que todavía hoy nos refieren en la evaluación del acoso psicológico en el trabajo que &#8216;mi jefe me insulta, me humilla, me grita &#8230; lo normal&#8217;.</p>
<p>Otros, afortunadamente los menos, adoptan ante la violencia escolar posiciones cercanas a la psicopatía social, recomendando a sus hijos que &#8216;en todo caso sean ellos los que machaquen y estén encima del otro en la pelea&#8217;. Con ello van transformando a sus hijos en personas que aprenden a ser violentas como forma de defenderse de la violencia de otros. La mayoría de los niños violentos en la escuela nos señalan como razón prioritaria de su conducta que &#8216;el otro le provocó&#8217;. Al abandonar a los &#8216;casos Jokin&#8217; y a sus familias, esperando a que presenten situaciones límite o al borde del precipicio, y entonces tratando a las víctimas como puros enfermos mentales, se les victimiza secundariamente.</p>
<p>Desde la responsabilidad política y social no se puede despachar el problema de la violencia en las aulas diciendo que ¿en Euskadi, &#8216;tan sólo&#8217; hay 117 casos de violencia y acoso escolar! Buscar la eliminación de los portadores de malas noticias no es una buena estrategia para hacer desaparecer un problema que aflora ya hace tiempo por debajo de las alfombras rojas oficiales y de sus corifeos. Algunos de ellos se han lanzado a modo de verdaderos &#8216;hooligans&#8217; a descalificaciones previas realizadas sin el conocimiento exhaustivo necesario de los datos de un informe final al que no han accedido. Han pretendido silenciar el mensaje intentando matar al mensajero.</p>
<p>Frente al rigor metodológico de un estudio serio y frente a la contundencia de sus datos (aún preliminares) se han aportado vagas descalificaciones, que pretenden desviar la atención sobre los portadores de la mala noticia y no sobre la misma mala noticia de la violencia en las aulas. ¿Qué estudios ha realizado Educación para poder desmentir nuestros datos con tanta rapidez y superficialidad? ¿Dónde están? ¿Quién los ha publicado? Si son secretos, ¿por qué no se divulgan? ¿Considera Educación como datos oficiales los que ofreció el señor Sierra del Instituto Vasco de Evaluación e Investigación Educativa, quien en Radio Euskadi &#8216;redujo&#8217; el pasado martes la tasa de acoso a &#8216;tan sólo&#8217; el 18% de los niños vascos, no sabemos aún a partir de qué estudio? ¿Le parece a Educación una cifra suficientemente adecuada o políticamente correcta ante la que podamos dormir tranquilos? ¿Le parecen pocos los 54.000 niños que según su propia agencia de evaluación educativa (señor Sierra dixit) padecen violencia escolar a diario como para dormir tranquilos por la noche ?</p>
<p>Sin entrar en el falso debate de cifras que hurta el verdadero debate, hay que recordarle a Educación que el enemigo no es la verdad de los datos, sino la violencia existente en nuestras aulas. Y que para derrotarlo nos tiene a su lado. El síndrome de negación institucional, un fenómeno típico ante las violencias de diferente género, no le llevará muy lejos al Departamento de Educación. La ausencia de sensibilidad ante un problema como la violencia escolar equivale a ponerse junto a aquéllos que miran a otro lado ante la violencia y el maltrato doméstico banalizándolo (&#8216;mi marido me pega lo normal&#8217;) o ante el acoso laboral o &#8216;mobbing&#8217; (&#8216;mi jefe me humilla lo normal, me acosa lo normal, me chilla lo normal, me insulta lo normal&#8217;). Mensajes de trivialización del maltrato psicológico tan frecuentemente señalados por las mujeres y los trabajadores que les llevan a pensar que el acoso psicológico va incluido en el matrimonio o en el sueldo.</p>
<p>Los trivializadores y banalizadores de la violencia son los decisivos cómplices de la violencia y son la causa decisiva de que la violencia y el maltrato psicológico sean cada vez más frecuentes en nuestra sociedad y en nuestras escuelas. ¿Cuántas veces hay que humillar y ridiculizar a un niño en el colegio para que se le incluya en las estadísticas oficiales? ¿Es necesario que un niño esté ya gravemente dañado por el estrés postraumático o sea un pre-suicida para que se le pueda incluir en la estadística de los 117 casos &#8216;oficiales&#8217;?</p>
<p>Debe abrirse el debate científico riguroso, con datos obtenidos de investigaciones serias, pero no desde la actitud defensiva y los intentos de desviar la atención del verdadero problema, que no son las estadísticas oficiales sino el caso de muchísimos (siempre demasiados) niños que sufren en silencio y frente a la indiferencia de muchos cada día en sus colegios. La contabilidad social creativa basada en el número de denuncias es perversa y victimizadora de muchos niños y niñas vascos que desde luego no constan en ellas.</p>
<p>Desgraciadamente son nuestras autoridades públicas las que dan los primeros y más decisivos malos ejemplos de violencia verbal y de acoso psicológico contra el adversario político. No hay más que ver el espectáculo de violencia verbal, descalificaciones personales y técnicas de verdadero y auténtico &#8216;mobbing&#8217; político y mediático que ofrecen a diario a nuestros hijos a través de los medios de comunicación para comprender que, por desgracia, no podremos contar excesivamente con su ayuda como modelos a seguir a la hora de erradicar el fenómeno violento en la escuela.</p>
<p>Por nuestra parte y como equipo de investigación especializado desde hace años en la evaluación de la violencia y del acoso psicológico, nos ponemos a disposición de aquéllos que, desde el rigor y la verdad de los datos que ofrece la realidad y a través de programas efectivos, quieran hacer frente en serio al problema de la violencia en nuestras aulas.</p>
<p>Nos jugamos en la escuela de hoy el futuro de una sociedad que, banalizando la violencia en las aulas, propicia que nuestros hijos aprendan el sometimiento al más violento, y la subyugación a manos de los que impunemente se dedican a hacer la vida imposible a los demás. No hacer frente a tiempo a la violencia en las aulas puede convertir a muchos niños en seres anticipadamente derrotados por la convicción de que han venido a nacer en un mundo que es, a fin de cuentas, una selva en la que los más violentos y poderosos depredan a los más vulnerables en medio de la indiferencia de la mayoría. Una mayoría de indiferentes que, eso sí, luego se escandalizará hipócritamente ante el terrible final de los 117 &#8216;casos Jokin&#8217;.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/11926/a-los-117-jokin/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Violencia en la escuela</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/11821/violencia-en-la-escuela/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/11821/violencia-en-la-escuela/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 29 Sep 2006 13:14:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=11821</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Josep-Maria Terricabras</strong>, catedrático de Filosofía de la Universitat de Girona (EL PERIÓDICO, 29/09/06):</p>
<p>Acaba de salir un informe sobre acoso y violencia en las escuelas, que ha causado un gran impacto: trata un tema de gran preocupación social y extrae unos resultados muy negativos. Los estudios sociológicos tienen un atractivo extraordinario, pero son peligrosos cuando se toman como si fueran una ciencia exacta. Trabajar con cifras y porcentajes da, es cierto, una pátina de objetividad y de rigor que a menudo se rompe si se rasca un poco la superficie. Eso es lo que le pasa, me temo, &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/11821/violencia-en-la-escuela/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Josep-Maria Terricabras</strong>, catedrático de Filosofía de la Universitat de Girona (EL PERIÓDICO, 29/09/06):</p>
<p>Acaba de salir un informe sobre acoso y violencia en las escuelas, que ha causado un gran impacto: trata un tema de gran preocupación social y extrae unos resultados muy negativos. Los estudios sociológicos tienen un atractivo extraordinario, pero son peligrosos cuando se toman como si fueran una ciencia exacta. Trabajar con cifras y porcentajes da, es cierto, una pátina de objetividad y de rigor que a menudo se rompe si se rasca un poco la superficie. Eso es lo que le pasa, me temo, al <a target="_blank" href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2006/8815.pdf">informe Cisneros</a> sobre violencia y acoso escolares.</p>
<p>Consideraciones antes de la lectura del informe. Un documento como este no es nunca neutral ni inocente. Y eso enseguida lo vemos. Fue presentado en Madrid el día 18 de septiembre al mediodía, pero a medianoche el equipo de investigadores ya había hecho una nota de prensa rectificando el error de algunas agencias de prensa que atribuían al texto la afirmación de que los alumnos que acosan a otros cometerán algún delito antes de los 24 años. Esta no es una afirmación del documento, sino de un estudio noruego. Pese a todo, días después, algunos medios aún lo repetían.</p>
<p>EN LOS DÍAS siguientes aparecieron dos notas de &#8220;apoyo al informe&#8221;: el día 19, la de &#8220;las asociaciones (de hecho, cuatro) contra el acoso escolar y laboral del País Vasco y Navarra&#8221;; el día 20, la de &#8220;las asociaciones (de hecho, seis) contra el acoso escolar y del movimiento contra la intolerancia&#8221;. Mientras, responsables políticos, pedagogos y líderes sociales también se habían manifestado sobre el informe, a menudo con reservas, al menos desde Catalunya. Ahora, que haya grupos que, sin haber intervenido en el informe, lo &#8220;apoyen&#8221; es una novedad mundial en el terreno de la sociología científica.</p>
<p>En definitiva, indica que el tema es llamativo y que se aprovecha ideológicamente. ¿O es solo una casualidad que los malos resultados del trabajo se detecten en 14 comunidades, y que no se estudien La Rioja, la Comunidad Valenciana, las Baleares y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, todas ellas gobernadas pel PP? ¿Es una afirmación científica o ideológica la que hace Iñaki Piñuel, uno de los redactores del informe, cuando el 21 de septiembre, tres días después de publicarlo, escribe en el diario <em>Abc,</em> entre otras cosas, que las sucesiva reformas educativas han dejado al profesorado &#8220;indefenso ante la violencia&#8221;?</p>
<p>Porque, ¿qué hace el informe? El informe evalúa a más de 25.000 alumnos de entre 7 y 18 años, de más de 1.150 aulas, que han contestado el &#8220;autotest Cisneros&#8221; a su aire. Según los autores, el resultado es &#8220;la fotografía del estado del problema del acoso y la violencia escolares durante los meses de mayo-junio del 2006 en los centros educativos de toda España&#8221;. De hecho, ya hemos visto que no se hace en &#8220;toda España&#8221;. Si los autores solo quieren que sea una fotografía de dos meses, el estudio resulta muy poco significativo. Sin embargo, las reacciones que ha provocado indican que el trabajo tiene más pretensiones y quiere tener más proyección: quiere dar <em>la</em> situación del acoso escolar en España.</p>
<p>¿QUÉ DICE el informe? En resumen: casi un 25% de los niños y jóvenes de entre 7 y 18 años sufren acoso físico o verbal en las aulas; entre los niños de primaria, los acosados superan el 40%. Andalucía es la comunidad que peor queda (27,7%), Aragón la que queda mejor (18,20%) y Catalunya se mueve en la media. Entre los agresores, también hay profesores (casi un 4%). Pero aún hay más: un tanto por ciento muy elevado de jóvenes y niños tienen estrés postraumático, y el 50% de las víctimas acaban teniendo depresiones. Los resultados son tan malos que sorprenden a todo el mundo. Algunos medios catalanes hablaron de &#8220;datos alarmantes&#8221; y de &#8220;cifras aterradoras&#8221;.</p>
<p>Francamente, a mí las cifras me parecen ridículas y mal elaboradas. Entiendo que el informe tenga en cuenta no solo la violencia física, sino también la psicológica. Lo que no entiendo es que se ponga al mismo nivel &#8220;criticar, dejar de hablar o insultar&#8221;, como si fueran formas igualmente graves de acoso. Con los criterios del estudio, ¿no resultará que cualquier humano es un acosador? Y, si bien se dice que el maestro a menudo es culpable porque somete a los peores alumnos a burla pública, con lo que anima a reírse de ellos, también se afirma &#8211;sin explicar cómo encaja todo&#8211; que los agresores eligen víctima de forma &#8220;aleatoria&#8221;, sin motivo aparente, ya que tanto pueden maltratar al más despierto y la más guapa &#8211;obsérvese el machismo científico del trabajo&#8211;, como se pueden cebar con el más miedica.</p>
<p>En su alarmismo no explica por qué en tercero de primaria hay un 43,6% de acoso y en primero de bachillerato, un 11,4%. Ni se plantea qué tipo de sociedad es la que alimenta tantos monstruos. ¿De dónde sale toda esta chiquillería desenfrenadamente impresentable? Por entender algo, ¿no se tendrían que poner en relación estos resultados con la violencia social o la violencia machista, que últimamente ha crecido en Catalunya un 41%? Este informe me parece en sí mismo una agresión: a la corrección metodológica y a la finura intelectual. Seguramente servirá, sin embargo, para confirmar los prejuicios más negativos y más indiscriminados que mucha gente tiene hoy de la escuela, de los maestros y de los jóvenes. He aquí un pésimo servicio.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/11821/violencia-en-la-escuela/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¿Naturaleza o entorno?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/9702/%c2%bfnaturaleza-o-entorno/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/9702/%c2%bfnaturaleza-o-entorno/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 23 Jun 2006 12:41:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=9702</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Espantaleón Peralta</strong>, profesor de Sociología Política en la Universidad de Granada (EL PAÍS, 23/06/06):</p>
<p>El problema de la violencia es que no se sabe reconocerla: no se la identifica siempre ahí donde está, y tampoco se sabe aceptarla en alguna de sus formas. Difícilmente se puede considerar la violencia como un hecho aislado del todo social. Hoy la sociedad toda está bajo el signo de lo excesivo. Revela en todo caso una tendencia agresiva, en estado de pulsión pura, que también se da en el ámbito escolar: son conocidos los casos de agresiones físicas en centros educativos &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/9702/%c2%bfnaturaleza-o-entorno/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Antonio Espantaleón Peralta</strong>, profesor de Sociología Política en la Universidad de Granada (EL PAÍS, 23/06/06):</p>
<p>El problema de la violencia es que no se sabe reconocerla: no se la identifica siempre ahí donde está, y tampoco se sabe aceptarla en alguna de sus formas. Difícilmente se puede considerar la violencia como un hecho aislado del todo social. Hoy la sociedad toda está bajo el signo de lo excesivo. Revela en todo caso una tendencia agresiva, en estado de pulsión pura, que también se da en el ámbito escolar: son conocidos los casos de agresiones físicas en centros educativos de Andalucía, así como la remanencia de castigos corporales, humillaciones en las prácticas de algunos enseñantes. Estas actuaciones revelan una tensión muy fuerte dentro del medio escolar que algunos colectivos de profesores han denunciado y que podemos plantear como violencia institucional, ya que es generada por las propias estructuras educativas y también proviene del ambiente familiar y social.</p>
<p>Paralelamente la genética está alumbrando resultados realmente reveladores de los orígenes de algunas conductas. Ginés Morata, especialista en genética del desarrollo ha declarado: &#8220;Yo sospecho que el ambiente tiene poco que decir en aspectos sustanciales de nuestra conducta (&#8230;) A los que somos progresistas y más o menos de izquierdas no nos gusta decir que la cultura influye poco (&#8230;) desgraciadamente, hay personas que les vienen unas características genéticas que no sólo les hacen ser más guapos o más inteligentes, sino incluso mejores personas. En fin, el problema social que adviene con todo esto es tremendo. Si uno tiene unas características genéticas que lo predisponen a la violencia, y que no ha elegido, y lo meten de pequeño en algún lugar donde se cultive el fanatismo, que tampoco ha elegido, pues ya me dirá usted qué pasa con la responsabilidad individual&#8221;.</p>
<p>Estos avances genéticos que explica detalladamente Matt Ridley en <em>Qué nos hace humanos </em>demuestran que el riesgo es en esencia masculino aunque puede atemperarse gracias a la cultura. Es importante conocer estos procesos para poder entender algunas de las conductas humanas siempre en permanente conflicto, ya que en ocasiones tenemos la tentación de hacer reduccionismo social cuando intentamos explicar fenómenos tan cotidianos, como lo es el ahora de moda llamado violencia escolar. Colegir relaciones de causalidad cuando se produce un conflicto o tensión en un aula es fácil haciendo abstracción de los hechos sociales pero si de verdad queremos entender por qué hay agresividad en un centro educativo, debemos de estudiar la naturaleza humana en el largo proceso histórico y acudir, en los tiempos actuales, a la genética que establece nuevas vías, antaño rechazadas en el viejo debate entre nativistas y ambientalistas sobre la conducta humana y el fenómeno de la violencia.</p>
<p>La violencia es un signo de todos los tiempos. Como constatación de este principio general baste destacar las reconocidas posiciones de pensadores como Maquiavelo, Hobbes o Freud. En general, los teóricos aludidos fundamentan sus ideas en una concepción del hombre como un individuo más bien egoísta, de mente estrecha y ansioso de poder. Para Hobbes, la naturaleza humana no cambia el vivir en sociedad. El comportamiento puede cambiar, pero su personalidad o sus impulsos son anteriores a la sociedad y permanecen inalterados en ella. Los estudios genéticos confirman algunas de estas afirmaciones siempre que se equilibren razonablemente, con la incidencia del entorno que también tiene culturalmente su importancia. Todo el tejido social está impregnado de una violencia polimorfa que responde al actual desarrollo de las sociedades modernas.</p>
<p>Por lo tanto, que se manifieste en el interior de los recintos escolares es tan habitual como que los protagonistas, en el 80% de las agresiones sean los varones y sólo en un 20% mujeres. El riesgo, como dice Ridley, es masculino, y la genética es clarificadora para estas conductas. Las estadísticas que ha ofrecido el Consejo Escolar de Andalucía sobre este fenómeno lo confirma: ocho de cada diez agresiones las realizan los chicos en los espacios educativos. Una estadística que sólo se puede combatir con más cultura y usos democráticos a sabiendas de que nunca se erradicará, pues como señaló Isaac Berlin los mejores valores son contradictorios entre sí. Me gustaría finalizar con un consejo que daba Fernando Savater haciendo referencia a la queja del profesorado cuando expresa que con los alumnos no se puede. Él le comentó a Juan Arias &#8220;que con lo que no se puede es con los tigres de Bengala. Se puede, sentenciaba, mientras seas una persona razonable que no esté imponiendo lo absurdo&#8221;.</p>
<p>Para finalizar esta reflexión habría que destacar que la dinámica social resulta de una tensión entre orden y desorden y, que posiblemente hay una desproporción entre violencia real y violencia representada. Lo que queda por saber es si los medios actúan como espejo de la demanda colectiva -en materia de violencia en general- o si se adelantan a ella y la suscitan.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/9702/%c2%bfnaturaleza-o-entorno/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¿Qué motiva la violencia escolar?</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/9365/%c2%bfque-motiva-la-violencia-escolar/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/9365/%c2%bfque-motiva-la-violencia-escolar/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 08 Jun 2006 14:51:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=9365</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Eduard Bonet</strong>, catedrático de la URL en Esade (LA VANGUARDIA, 08/06/06):</p>
<p>Desgraciadamente los medios de comunicación nos informan con más o menos frecuencia de actos muy graves de violencia escolar, cometidos dentro o fuera de los centros de enseñanza, y sospechamos que muchos más no llegan al conocimiento público. Si los comparamos con los de violencia de género, raza y origen, que se producen constantemente, tendremos una idea de la extensión y la brutalidad inquietante que ha adquirido el fenómeno que llamamos <em>bullying</em>.En el contexto actual, la violencia escolar, que en un grado u otro ha existido &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/9365/%c2%bfque-motiva-la-violencia-escolar/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Eduard Bonet</strong>, catedrático de la URL en Esade (LA VANGUARDIA, 08/06/06):</p>
<p>Desgraciadamente los medios de comunicación nos informan con más o menos frecuencia de actos muy graves de violencia escolar, cometidos dentro o fuera de los centros de enseñanza, y sospechamos que muchos más no llegan al conocimiento público. Si los comparamos con los de violencia de género, raza y origen, que se producen constantemente, tendremos una idea de la extensión y la brutalidad inquietante que ha adquirido el fenómeno que llamamos <em>bullying</em>.En el contexto actual, la violencia escolar, que en un grado u otro ha existido siempre, es mucho más extensa que en otras épocas. Sin embargo, creo oportuno presentar el caso de violencia descrito en una novela que ahora cumple cien años.</p>
<p>En 1906, el escritor austriaco Robert Musil, uno de los novelistas en lengua alemana más importantes del siglo XX, publicó <em>Las tribulaciones del estudiante Törless</em>, que fue llevada a la pantalla por el director Schloendorf en los años sesenta y traducida al castellano en el año 1970. En aquella época, tuve la oportunidad de comentar largamente con el poeta Gabriel Ferrater la tesis central de la novela sobre la racionalidad, la irracionalidad y la enseñanza de las matemáticas, pero podemos guardar este tema para otro momento. La celebración del centenario de esta obra nos permite recordar a Robert Musil, un autor muy olvidado, y a reflexionar sobre sus enseñanzas.</p>
<p>La acción tiene lugar en una escuela internado de cadetes de Moravia, donde se formaban los hijos de la aristocracia y la burguesía austriaca. En ella estudió el propio Musil y unos años antes el poeta Rilke. Un grupo de amigos de Törless descubre que un estudiante ha robado dinero y, con el chantaje de esta información, lo humillan y maltratan hasta límites increíbles. Más allá de la violencia física y psicológica, las razones que los agresores comentan sobre su comportamiento son muy preocupantes y dicen cosas muy graves, como las siguientes: si lo denunciamos a la dirección, lo expulsarán pero no lo formarán. Nosotros vamos a encargarnos de su educación. Además, tendremos una oportunidad para ver hasta qué punto podemos manejarlo como un objeto. Para nosotros es un aprendizaje para la vida que tendremos después de la escuela.</p>
<p>Por la época en que fue escrita y por la edad de los estudiantes, la novela corresponde a la generación de Hitler y de los hombres que hicieron posible que tomara el poder. Por esta razón se ha considerado como un estudio premonitorio y un análisis del ambiente en que se formó el nazismo. Naturalmente, el Führer no estudió en aquella escuela, pero su mentalidad y la del grupo de cadetes es la misma.</p>
<p>Podemos pensar que relacionar el nazismo con la violencia escolar actual es muy exagerado. Dejemos por un momento las ideologías y sus nombres y consideremos algunos hechos. Grupos de alumnos graban en sus móviles sus agresiones y las caras de terror de sus víctimas y después, con sus amigos, y algunos con sus padres, se ríen de ellas. Creo que debemos preguntarnos, como se han preguntado muchos profesores y responsables de la educación: ¿qué motivaciones y valores tienen estos estudiantes? ¿Qué tipo de sociedad estamos creando? ¿Qué se está haciendo? ¿Qué podemos hacer? Se trata de un problema muy grave que requiere una respuesta decidida de toda la sociedad.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/9365/%c2%bfque-motiva-la-violencia-escolar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>No lo eduques, dale la pastilla</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/9360/no-lo-eduques-dale-la-pastilla/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/9360/no-lo-eduques-dale-la-pastilla/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 08 Jun 2006 14:34:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=9360</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Iñaki Piñuel</strong>, psicólogo. Profesor de la Universidad de Alcalá (EL CORREO DIGITAL, 08/06/06):</p>
<p>Pese a quien pese, el fenómeno de la violencia en los centros educativos no hace sino aumentar en España en los últimos años. Como parte de un equipo de investigación especializado desde hace años en medir y evaluar la violencia física y psicológica en las organizaciones sociales, me he encontrado frecuentemente con las reacciones adversas de aquéllos que, intentando mantener el pacto de silencio en torno a la violencia que se practica habitualmente en sus organizaciones, han pretendido &#8216;matar al mensajero&#8217; (en este caso a &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/9360/no-lo-eduques-dale-la-pastilla/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Iñaki Piñuel</strong>, psicólogo. Profesor de la Universidad de Alcalá (EL CORREO DIGITAL, 08/06/06):</p>
<p>Pese a quien pese, el fenómeno de la violencia en los centros educativos no hace sino aumentar en España en los últimos años. Como parte de un equipo de investigación especializado desde hace años en medir y evaluar la violencia física y psicológica en las organizaciones sociales, me he encontrado frecuentemente con las reacciones adversas de aquéllos que, intentando mantener el pacto de silencio en torno a la violencia que se practica habitualmente en sus organizaciones, han pretendido &#8216;matar al mensajero&#8217; (en este caso a los investigadores), antes que tener que tomar en serio los datos que arroja la evidencia.</p>
<p>Así, se han sucedido duros mensajes descalificadores con ocasión de haber investigado la existencia de violencia y acoso (&#8216;mobbing&#8217;) en sectores &#8216;tabú&#8217; de nuestra sociedad: la sanidad, los profesores universitarios, los funcionarios de la Administración pública del Estado&#8230; Sin embargo, jamás habíamos encontrado la sensación de amenaza que han provocado en el sector educativo nuestros dos últimos estudios en materia de &#8216;Violencia y Acoso Escolar&#8217; (Cisneros VII) y de &#8216;Violencia contra los profesores&#8217; (Cisneros VIII).</p>
<p>Y es que si bien es verdad que en general la violencia en nuestros grupos sociales permanece clandestina y silenciada, la revelación de su existencia en el entorno educativo parece haber tocado y amenazado la &#8216;clave de bóveda&#8217; de todo el sistema educativo. Dicha &#8216;clave&#8217; nos permite comprender el despliegue y expansión de esos fenómenos violentos a los demás órdenes sociales.</p>
<p>Son así nuestros niños más pequeños, los alumnos de Primaria, los que primero deben aprender a desenvolverse en un entorno escolar psicosocialmente tóxico en el que impera la impunidad de la violencia entre iguales y la ley del más fuerte. El resultado de años de exposición a esta atmósfera educativa nociva configurará a unos niños, los más dañados, como futuras víctimas, más vulnerables a otros fenómenos de victimización en la vida adulta como son el maltrato doméstico o el acoso laboral. A otros niños, los que salen reforzados debido a la impunidad de sus comportamientos de violencia y acoso, los años escolares les habrán servido para especializarse en el arte de dominar, subyugar y reducir a sus iguales. Es así como nuestra escuela actual es capaz de configurar personalidades violentas, especializadas en acosar y en amilanar a aquéllos que les resulten amenazantes o simplemente que les estorben en su escalada social y profesional.</p>
<p>El caldo de cultivo de todo este fenómeno es la escolarización durante años en medio de la anomia educativa y de una atmósfera de impunidad (ante la violencia no pasa nada, no ocurre nada) que los habrá transformado en verdaderos psicópatas funcionales para los que no hay más norma que ellos mismos y sus deseos y ambiciones crecientes de poder y notoriedad social.</p>
<p>El estudio recién presentado Cisneros VIII &#8216;Violencia contra profesores&#8217; revela una realidad tóxica diaria para más de cien mil profesores víctimas de actos violentos en los centros públicos. Tres de cada cuatro profesores apuntan a los alumnos y uno de cada tres a padres de alumnos como autores de los actos violentos.</p>
<p>En un 90% de los 237 centros públicos que han participado en el estudio los profesores reconocen la existencia de actos violentos con mayor o menor frecuencia. Un 57% de los profesores señalan haber sido testigos de actos violentos contra otros profesores. Con todo, los grupos de profesores más expuestos a la violencia presentan índices graves de estrés postraumático, depresión y ansiedad. El riesgo de suicidio de los más expuestos a la violencia se multiplica por diez y la tasa de abandono profesional alcanza a uno de cada tres. Toda una realidad de un entorno laboral psicosocialmente tóxico que alcanza sus mayores cotas en los centros de Secundaria, verdadero &#8216;territorio comanche&#8217; de la violencia contra los profesores.</p>
<p>Querer presentar la violencia contra los profesores como un mero conflicto individual entre profesor-alumno o profesor-padre es falsear la realidad y desconocer lo que ocurre en verdad en los centros educativos en materia de vandalismo, amenazas, chantajes, coacciones, intimidación, insultos, vejaciones, agresiones, etcétera. La violencia contra los profesores no puede entenderse como un mero conflicto a resolver entre partes enfrentadas.</p>
<p>Por ello la interposición de mediadores es tan buen remedio para la contención de la violencia como la recomendación de seguir la &#8216;dieta mediterránea&#8217;.</p>
<p>La violencia en las aulas hace referencia a un fenómeno que se quiere ocultar pero que los mismos profesores afectados desvelan como la causa fundamental de sus males: el abandono de la tarea educativa por parte de las familias.</p>
<p>Es un hecho que para muchos padres de hoy en día tener un hijo no pasa de ser una nueva especie de &#8216;commodity&#8217;. Un bien de lujo que no se adquiere de la misma manera que otros bienes, pero que finalmente viene a ser conceptualizado de la misma manera que otras cosas que compramos y de las que pronto nos aburrimos, hastiados.</p>
<p>No resulta extraño que muchos padres estén de manera muy temprana cansados o aburridos de unos hijos a los que hace tiempo han dejado de prestar atención, encargándoselos a cuidadoras, canguros, abuelas, etcétera, utilizando para ello muchos y variados pretextos.</p>
<p>Si los padres no los establecen, los niños pequeños terminan por no conocer límites a sus deseos o caprichos y los adolescentes quedan huérfanos en una etapa madurativa crucial de la introyección de la norma social de convivencia y respeto.</p>
<p>Es así como después se produce ese choque de trenes en las aulas con los profesores como víctimas de la violencia de unos adolescentes anómicos (sin normas) que necesitan un padre sustitutivo contra el que oponerse para crecer, o de la violencia de los padres de niños pequeños convertidos en intocables mascotas que llegan hasta la agresión verbal o física cuestionando sistemáticamente las decisiones del educador.</p>
<p>Para completar este desolador panorama del abandono educativo por los padres, una sociedad moralmente corrupta ha optado por inventar nuevos síndromes para bordear la realidad y mirar a otro lado ante la absoluta necesidad de la especie humana de socializar a los jóvenes desde la familia. Con creciente facilidad se extiende una misteriosa epidemia de niños y jóvenes diagnosticados como hiperactivos o deficitarios en atención que de repente son millones. ¿Y no nos habíamos dado cuenta!</p>
<p>Una cómoda victimización secundaria que convierte al niño abandonado por sus padres en un niño con presuntos déficits o patologías hiperactivas, cuya solución, por supuesto más fácil que tomar el toro por los cuernos, es administrarle ya durante años o de por vida la pastilla que lo recupere para la sociedad y la educación. A los niños dejados de la labor educativa de sus padres es mejor diagnosticarlos como patologías y después darles la pastilla. La pastilla de &#8216;portarse bien&#8217;.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/9360/no-lo-eduques-dale-la-pastilla/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La violencia en la escuela</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/403/la-violencia-en-la-escuela/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/403/la-violencia-en-la-escuela/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 31 Jan 2006 17:18:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=403</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>José Antonio Marina</strong>, filósofo y autor de <em>La inteligencia fracasada</em> y <em>Por qué soy cristiano</em> (EL MUNDO, 31/01/06):</p>
<p><span class="cuerpo">El último número de Le Monde de l&#8217;education titula estrepitosamente en portada: «Violencia. El planeta escolar movilizado». Se acaba de celebrar en Bordeaux la Tercera Conferencia Mundial sobre la Violencia en la Escuela, presidida por Eric Debarbieux, director del Observatorio InterNacional de la Violencia Escolar. El problema preocupa en todos los países desarrollados, que son los que, al menos en teoría, tienen mejores sistemas educativos. Con frecuencia, los periódicos nos conmueven o asustan con noticias trágicas o alarmantes, pero conociendo </span>&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/403/la-violencia-en-la-escuela/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>José Antonio Marina</strong>, filósofo y autor de <em>La inteligencia fracasada</em> y <em>Por qué soy cristiano</em> (EL MUNDO, 31/01/06):</p>
<p><span class="cuerpo">El último número de Le Monde de l&#8217;education titula estrepitosamente en portada: «Violencia. El planeta escolar movilizado». Se acaba de celebrar en Bordeaux la Tercera Conferencia Mundial sobre la Violencia en la Escuela, presidida por Eric Debarbieux, director del Observatorio InterNacional de la Violencia Escolar. El problema preocupa en todos los países desarrollados, que son los que, al menos en teoría, tienen mejores sistemas educativos. Con frecuencia, los periódicos nos conmueven o asustan con noticias trágicas o alarmantes, pero conociendo el poder amplificador de los medios y de los miedos, tenemos que preguntarnos: ¿cuál es la gravedad real del problema? ¿Sabemos qué hacer para atajarlo?¿Lo estamos haciendo?En España, el problema es grave, pero se vive con una angustia sobreañadida porque se meten en el mismo saco fenómenos distintos, que necesitan tratamientos diferentes. Los modales se han encanallado en la escuela y fuera de ella. Hace tiempo que Umbral comentó que estábamos copiando estéticas carcelarias. Todo el mundo grita, insulta, y escandaliza. Basta escuchar en el metro cómo los chicos -y las chicas, que en agresividad verbal son muy agudas- hablan de sus compañeros y compañeras: «Le dije, eres un gilipollas que me has jodido la tarde, so cabrón» o «esa tía no tiene cojones para quitarme a mi chico». Esta falta de urbanidad -que es el conjunto de normas para vivir en la ciudad, en la urbe- es desagradable, en sentido estricto no es violencia, pero colabora a un clima inhóspito. Tampoco son estrictamente violencia lo que ahora llamamos «conductas disruptivas en el aula», lo que en lenguaje políticamente incorrecto se llamarían «faltas de disciplina». No lo son, pero fomentan un ambiente proclive a la violencia. Es, posiblemente, lo que más preocupa e intranquiliza a los docentes, porque se da dentro del aula, y es un gran obstáculo para la eficacia de la enseñanza. Son comportamientos que alteran el orden de la clase, que exigen un agotador esfuerzo del profesorado, y que impiden el estudio. Por último, está el problema de la violencia física o psíquica en sentido estricto, el acoso, bullying o como queramos llamarlo. Hay un deseo de hacer daño, y una desigualdad de fuerzas entre el agresor o agresores y la víctima. Su comportamiento se ve facilitado por la pasividad de los demás. Son actos que pueden provocar efectos trágicos, como nos indicó la muerte de Jokin. El problema no alcanza entre nosotros la misma gravedad que en otros países desarrollados, pero acabará por tenerla si no adoptamos las medidas adecuadas ahora. A esto se añaden conductas vandálicas, inciviles o gamberras, sobre todo los fines de semana, protagonizadas por jóvenes.</p>
<p>Debemos tener conciencia de la gravedad del problema, y también de que estamos aún a tiempo de atajarlo. De las dos cosas a la vez, porque, de lo contrario, nos moveremos entre la inconsciencia y la impotencia. Muchos padres y docentes quitan importancia al asunto, o incluso lo ocultan, por vergüenza o porque si lo reconocen tendrían que tomar medidas, y eso les da pavor. Muchas veces no es desinterés lo que les inhibe, es que no saben qué hacer, o no se atreven a hacerlo. Las excusas que dan para no intervenir son siempre las mismas: es sólo una broma inofensiva, los niños deben aprender a soportar esos conflictos, todo ello forma parte del crecimiento, tienen que aprender a «librar sus propias batallas», las víctimas pueden salir curtidas, todos hemos pasado por situaciones parecidas.</p>
<p>Como todas las excusas, éstas tienen un punto de verdad en un océano de falsedad. Las conductas violentas se han hecho más graves. La sociedad contemporánea tiene menos mecanismos de protección que la antigua. En general, ha habido un endurecimiento de la convivencia y sus problemas. Por ejemplo, Javier Elzo ha encontrado una correlación clara entre el consumo de hachís y alcohol en la adolescencia y la frecuencia de actos violentos. La televisión, los juegos de ordenador, la crisis de la familia, la quiebra del capital comunitario, y un fallo de la urdimbre educativa de la sociedad intensifican las dificultades.</p>
<p>¿Y qué podemos hacer? En primer lugar, reconocer el problema.Después, saber que los problemas educativos son complejos, y que es una estupidez peligrosa pensar que un problema complejo tiene una solución simple. Por ejemplo, una ley -sea la LOGSE, la LOCE o la LOE- es una solución simple, y por eso no resolverá ningún problema complejo. Sucede algo parecido en el problema de la droga. Se mezclan influencias sociales, psicológicas, económicas, culturales. Ni la actuación de la Policía -imprescindible- ni la actuación de Sanidad -imprescindible también- van a resolver el problema. Y lo mismo podría decirles del fracaso escolar, o de los embarazos de adolescentes, o de la falta de civismo.Algunos municipios -Barcelona, Valladolid y Sevilla, por ejemplo- están embarcados en campañas para promover las conductas cívicas y reprimir las incívicas. En Estados Unidos hay toque de queda para adolescentes en algunas ciudades. Tony Blair acaba de presentar el Plan Respeto de medidas contra las acciones inciviles. El Plan contempla la posibilidad de expulsar de sus casas durante tres meses a los vecinos antisociales, que pasarían temporalmente a viviendas de castigo. También prevé sanciones que pueden ser de cárcel para los padres cuyos hijos en edad obligatoria no vayan a la escuela. Piensa multar con 1.480 euros a los padres de alumnos que cometen actos de violencia en la escuela. Estas medidas coactivas pueden ser necesarias, pero producirán también muchas víctimas inocentes, porque hay muchos padres que no son responsables de la conducta de sus hijos. De poco servirán esas medidas si no consiguen el apoyo de mucha gente: escuelas, padres, medios de comunicación, médicos, políticos, jueces, educadores de calle, asistentes sociales, jardineros, policías municipales, funcionarios de la administración, conductores de autobuses, taxistas, maestros, conserjes, camareros, cocineros, notarios, escritores, poetas, directores de orquesta. Es decir, de todos.</p>
<p>Hemos olvidado que a lo largo de la Historia siempre ha sido la sociedad quien ha educado. Confería autoridad especial a padres y docentes, que hacían surf en la ola educativa social. Eran los adelantados de un movimiento de fondo que los mantenía e impulsaba. Ahora las cosas han cambiado, vivimos en culturas heterogéneas, desvinculadas y competitivas, por las que circulan mensajes contradictorios. Esto hace que, por primera vez en la Historia, padres y docentes tengan la impresión de que no educan en nombre de la sociedad, sino contra la sociedad, y se sientan solos e impotentes. como ante un tsumani. De ahí la necesidad de restaurar la urdimbre educativa de la sociedad. Todos educamos, es decir, influimos en el comportamiento, los afectos y las creencias de los demás, queramos o no queramos. Pero lo hacemos bien o mal. Y de lo que se trata es de hacerlo bien. Para despertar esta responsabilidad educadora, intento promover una movilización educativa de la sociedad. El lema es muy sencillo. «Para educar a un niño, hace falta la tribu entera». Quien desee recibir información puede mandarme un correo a movilizacioneducativa@telefonica.net.</p>
<p>Volvamos a la violencia escolar. No es ni complicado ni caro poner en práctica un plan contra la violencia en los centros de secundaria, que son los más conflictivos. En un año, según las estadísticas de otros países, podríamos reducirla en un 65%.En España hay buenos especialistas en este asunto: Rosario Ortega, María José Díez Aguado, Isabel Fernández, Juan Carlos Torrego, José Melero, Fuensanta Cerezo y otros. Estamos en condiciones de poner en práctica soluciones eficaces para resolver el problema.Tendrán que colaborar todos: autoridades educativas, profesores, asociaciones de madres y padres, iglesias, servicios sociales.Pero tenemos que dejar de quejarnos y ponernos a trabajar. Se nos va la fuerza por la boca y, en el fondo, creo que nos hemos instalado cómodamente en un sistema de excusas para tranquilizar la conciencia sin hacer nada: los padres echan la culpa a la escuela, la escuela a los padres, todos a la televisión, la televisión dice que ella depende de los espectadores, y que si mejoramos a los espectadores ella mejorará los programas, por fin todos nos dirigimos al Gobierno, y el Gobierno hace una ley. Y vuelta a empezar.</p>
<p>¿Y si nosotros, los profundamente interesados en resolver el problema, nos decidiéramos a mejorar la suerte de nuestros hijos, trabajando desde abajo, por capilaridad, con ese optimismo tenaz que ha salvado a la Humanidad? Sin duda, conseguiríamos transfigurar la realidad educativa. Aprovechando las soluciones más eficaces que otros países han puesto en práctica, mis colaboradores y yo hemos elaborado un protocolo para solucionar el problema de la violencia en los centros de secundaria. En él se recogen unas tareas concretas para los padres, los consejos escolares, los directores de los centros y el claustro. Son medidas sencillas y efectivas. Se ha demostrado, por ejemplo, la utilidad de que haya en cada escuela o instituto un tutor de convivencia, especialmente formado en estos temas, encargado de centralizar la información, aconsejar a sus compañeros, comprobar que las medidas se ponen en práctica, y estar en relación con otros centros, con expertos externos, con los servicios sociales, con los padres y con las autoridades educativas. Formar en cada comunidad a 50 tutores, que a lo largo del año pudieran a su vez formar a 100 tutores cada uno, supondría tener en un año una red de 85.000 docentes preparados para comenzar a enfrentarse con este problema. Tenemos una red de centros de profesores y recursos, que está infrautilizada, y que podrían tutelar y apoyar esos proyectos. No necesitamos más leyes. Necesitamos gestión educativa. Estar a pie de obra.Animar a la gente. Buscar colaboraciones. Organizar, concienciar, premiar, criticar, ayudar. Hacer leyes educativas es toreo de salón.</p>
<p>Por mí, que no quede. El plan de que les hablo está a disposición de todo el mundo en www.joseantoniomarina.net. Junto con la bibliografía correspondiente, resumida y puesta al alcance de todos.</p>
<p>Tenemos un sistema educativo muy poderoso, pero que a veces parece un diplodocus dormido. Y así va a seguir a no ser que todos ayudemos a despertarlo. La escuela necesita de la sociedad tanto como la sociedad necesita de la escuela. Dicho todo esto, la pregunta importante es: y usted, ¿qué está dispuesto a hacer?</p>
<p></span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/403/la-violencia-en-la-escuela/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El prestigio de los necios</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/6704/el-prestigio-de-los-necios/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/6704/el-prestigio-de-los-necios/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 06 Jun 2005 02:36:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=6704</guid>
		<description><![CDATA[<p><a target="_blank" href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2571.pdf">El prestigio de los necios</a>. <strong>Rafael Argullol</strong> es escritor y filósofo (EL PAIS,  				06/06/05).&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/6704/el-prestigio-de-los-necios/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a target="_blank" href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2571.pdf">El prestigio de los necios</a>. <strong>Rafael Argullol</strong> es escritor y filósofo (EL PAIS,  				06/06/05).</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/6704/el-prestigio-de-los-necios/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Jokin y los matones</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/2967/jokin-y-los-matones/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/2967/jokin-y-los-matones/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 23 May 2005 20:11:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=2967</guid>
		<description><![CDATA[<p><a target="_blank" href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2522.pdf">Jokin y los matones</a>. <strong>Vicente Molina Moix</strong> es escritor (EL PAIS, 23/05/05).&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/2967/jokin-y-los-matones/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a target="_blank" href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2522.pdf">Jokin y los matones</a>. <strong>Vicente Molina Moix</strong> es escritor (EL PAIS, 23/05/05).</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/2967/jokin-y-los-matones/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Los estragos del acoso escolar</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/6706/los-estragos-del-acoso-escolar/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/6706/los-estragos-del-acoso-escolar/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 02 Apr 2005 02:37:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=6706</guid>
		<description><![CDATA[<p><a target="_blank" href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2246.pdf">Los estragos del acoso escolar</a>. <strong>Luis Rojas Marcos</strong> es profesor de Psiquiatría de la Universidad  				de Nueva York (EL PAIS, 02/04/05)&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/6706/los-estragos-del-acoso-escolar/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a target="_blank" href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2246.pdf">Los estragos del acoso escolar</a>. <strong>Luis Rojas Marcos</strong> es profesor de Psiquiatría de la Universidad  				de Nueva York (EL PAIS, 02/04/05)</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/6706/los-estragos-del-acoso-escolar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Convivir dentro y fuera del aula</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/1585/convivir-dentro-y-fuera-del-aula/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/1585/convivir-dentro-y-fuera-del-aula/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 03 Mar 2005 22:52:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=1585</guid>
		<description><![CDATA[<p><a target="_blank" href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2392.pdf">Convivir dentro y fuera del aula</a>. <strong>Jaume Funes</strong>, psicólogo y adjunto al Síndic de Greuges para  				los menores (EL PERIODICO, 03/03/05).&#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/1585/convivir-dentro-y-fuera-del-aula/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a target="_blank" href="http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2392.pdf">Convivir dentro y fuera del aula</a>. <strong>Jaume Funes</strong>, psicólogo y adjunto al Síndic de Greuges para  				los menores (EL PERIODICO, 03/03/05).</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/1585/convivir-dentro-y-fuera-del-aula/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Crear matones y cómplices</title>
		<link>http://www.almendron.com/tribuna/1668/crear-matones-y-complices/</link>
		<comments>http://www.almendron.com/tribuna/1668/crear-matones-y-complices/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 10 Oct 2004 15:47:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia en la escuela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.almendron.com/tribuna/?p=1668</guid>
		<description><![CDATA[<p>Por <strong>Rosa Regás</strong>, escritora (EL PERIODICO, 10/10/04):</p>
<p>La noticia de que el pasado 21 de septiembre se suicidó un adolescente 14 años en Hondarribia es de por sí escalofriante. Pero lo es más aún cuando se conocen los motivos que lo han llevado a quitarse la vida: la supuesta presión y marginación de que ha sido objeto por parte de los compañeros de instituto. &#8220;¡Ya se sabía!&#8221; Esta frase escrita en las tarjetas que acompañaban los ramos de flores amontonados ante el muro desde el que se había lanzado ratificaba el calvario en el que había vivido Jokin. La &#8230; <a href="http://www.almendron.com/tribuna/1668/crear-matones-y-complices/" class="read_more">Seguir leyendo</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Rosa Regás</strong>, escritora (EL PERIODICO, 10/10/04):</p>
<p>La noticia de que el pasado 21 de septiembre se suicidó un adolescente 14 años en Hondarribia es de por sí escalofriante. Pero lo es más aún cuando se conocen los motivos que lo han llevado a quitarse la vida: la supuesta presión y marginación de que ha sido objeto por parte de los compañeros de instituto. &#8220;¡Ya se sabía!&#8221; Esta frase escrita en las tarjetas que acompañaban los ramos de flores amontonados ante el muro desde el que se había lanzado ratificaba el calvario en el que había vivido Jokin. La habían escrito algunos de sus compañeros que debían conocer la tragedia que se cernía sobre su amigo, pero que como él callaron amedrentados por la prepotencia y el poder de los ocho muchachos acusados.</p>
<p>JOKIN vivió una historia en la vida escolar que no les gustó a los matones y que les llevó a acusarlo de chivato y a propinarle tres palizas en los días anteriores al suicidio, palizas que fueron confirmadas en la autopsia, y una serie de vejaciones a las que, según ciertos medios, se sumó una profesora. No se ha demostrado pero lo que sí se sabe es que la clase entera conocía la situación. Y si la clase entera la conocía lo lógico es que los maestros la conocieran también, pero tanto si la conocían y no hicieron nada por evitarlo como si no la conocían, claro está que algo fallaba en esta escuela, en este sistema de docencia.</p>
<p>¿En qué brutal desesperanza y abandono se encontraba Jokin que ni siquiera se atrevió a acusar, a pedir ayuda, ni al parecer a hablarlo con nadie? No es difícil imaginar la situación de una clase dominada por esos malvados y poderosos gamberros que le encuentran placer a torturar física y psicológicamente a quien les parece más débil, y más placer aún en sentirse poderosos frente a los alumnos e inmunes frente al profesorado. Y sin embargo éste no es un hecho aislado, y nos dice mucho sobre la sociedad en que vivimos. Porque si bien los chicos son responsables del suicidio y culpables de su comportamiento, también es cierto que son los frutos directos de una sociedad extraordinariamente permisiva con los niños desde el mismo momento en que nacen. Un niño hoy es el rey absoluto del hogar haga lo que haga, rompa lo que rompa, chille lo que chille, y a medida que va creciendo aumenta su prepotencia cada vez más convencido de que no hay límite para sus caprichos. El niño así se convierte en un adolescente adusto y maleducado en familia y matón y maleducado en la escuela.</p>
<p>Se dice que estos niños reciben poca atención de la familia y tienen lazos afectivos débiles; y se ha dicho también que no han sido educados en valores morales sólidos. Lo que se ha perdido, creo yo, es la conciencia de padres y educadores de que la educación y la formación consisten en enseñar al niño a que poco a poco forme su criterio sobre las cosas, vaya elaborando respeto por los demás, y adquiera conocimiento de lo que es la libertad que irá practicando más y más a medida que crezca. Sin embargo el reinado de un niño que ha crecido rodeado de todos los caprichos que sus padres se pueden y no se pueden permitir, no es un reinado feliz, sino un reinado en el que el niño al que nada le sacia y sólo ejerce el poder que ha adquirido desde la cuna. Frente a él y a su voluntad ni padres ni maestros osan oponerse.</p>
<p>ANTE ESTA situación los padres se enfrentan a los maestros acusándolos de débiles y los maestros no tienen respuesta porque bastante tienen con soportar las gamberradas de estos matones imparables que crean en su entorno un grupo de adictos cuyo silencio exigen ante los actos de salvajismo. De ahí que la violencia a la que se dedican como grupo haya alcanzado en ciertas escuelas unos límites absolutamente inquietantes. Mofas, burlas, palizas, a veces no compartidas, son<br />
10/10/2004 &#8211; Página 1 de 2</p>
<p>sistemáticamente ocultadas y silenciadas de tal forma que la violencia no hace sino crecer y la lucha contra ella se demuestra imposible.</p>
<p>¿Por qué callan los demás niños? Primero, nadie les ha enseñado que el silencio es cómplice, es decir, que el que calla ante una agresión es coautor de la misma; segundo, los chicos tienen miedo a pasar por chivatos y sufrir las represalias del grupo, y tercero, viven en un mundo en el que un niño, un muchacho que no sea un &#8220;machote&#8221; es digno de las mayores burlas y afrentas. ¿No es acaso así el mundo de los mayores y del que ven en la televisión? Es de &#8220;niñas&#8221;, les vienen a decir unos y otros, no resistir, no solidarizarse con el culpable, no aguantar los posibles golpes de remordimiento y emoción que puedan provocarle las torturas al débil de la clase.</p>
<p>Los padres, que tan poco atentos están al comportamiento violento de sus hijos achacándolo a &#8220;cosas de la adolescencia&#8221; que siempre han ocurrido y siempre ocurrirán, no saben que un adolescente violento será una persona violenta, y un adolescente incapaz de denunciar tampoco sabrá hacerlo cuando sea mayor. Es más, el adolescente que ha sido vejado y torturado, o bien se retira del ruedo porque no lo puede resistir y se suicida &#8211;hay muchas formas de suicidio&#8211; o se convierte a su vez en un torturador violento. Y ninguno de ellos, esté del lado que esté y presuma de lo que presuma, escapa a una de las causas mayores de infelicidad y de conflictos del comportamiento: la falta de autoestima. La violencia nace en muchos casos de ella, y la vejación y marginación la crean. El fenómeno es creciente y alarmante. Según estudios recientes, el 48% de los escolares españoles entre 9 y 14 años ha padecido o padece violencia por parte de uno o varios compañeros. Más de la mitad sufre acoso psicológico y un 18% también físico incluso con arma blanca y el 2,5% mediante abusos sexuales.</p>
<p>Pero los padres no nos damos cuenta de lo que ocurre o no queremos darnos cuenta o pensamos que no haciendo caso de las quejas, heridas o moratones que los niños muestran o se les descubre cuando llegan a casa, los educamos en la fortaleza frente a los matones que de todos modos los encontrará el niño durante toda su vida. Mientras tanto los maestros, amedrentados también por unos chicos violentos que tienen el apoyo de los padres, callan. Por supuesto que no todos lo hacen, pero sí los suficientes, padres, alumnos y maestros, como para que consideremos que nos encontramos frente a un problema gravísimo que además, va en aumento.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.almendron.com/tribuna/1668/crear-matones-y-complices/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

