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Ségolène Royal y la condición femenina

Por Araceli Medrano, doctora en Psicología y profesora de la UNED (EL CORREO DIGITAL, 17/04/07):

Ségolène Royal nació en Dakar, Senegal, el 22 de septiembre de 1953. Su padre, Jacques Royal, militar y coronel de artillería, era un hombre conservador, autoritario y machista, que no creía en los derechos de las mujeres a la educación, hasta el punto de que, a los 19 años, Ségolène le demandó ante los tribunales: su negativa a conceder la manutención a los hijos le impedía realizar sus estudios. Ganó el proceso y empezó una prometedora carrera universitaria que culminaría, sucesivamente, como licenciada en Ciencias Económicas (Universidad de Nancy) y Políticas, y miembro de la promoción Voltaire (1980) de la elitista Escuela Nacional de Administración (ENA). En 1994 pasó el concurso de abogada en la oficina de París y entró en el bufete Teitgan.

Ségolène Royal anunció hace más de un año que aspiraba a convertirse en la candidata socialista a la presidencia de Francia. Una decisión que mereció, por parte de los llamados ‘elefantes’ del Partido Socialista (PS), una pregunta, «¿Quién cuidará de los niños?», y una afirmación: «Las elecciones no son un concurso de belleza». Una retrógradas reacciones relacionadas con su condición femenina que se han trasladado a la valoración de sus cualidades políticas: los pesos pesados del partido la han acusado de ser una ‘populista’ sin ideas propias y la han calificado de ‘ignorante’ en cuestiones de política interior y exterior. El diputado socialista Eric Besson fue más lejos y la definió como una mujer «muy peligrosa para el país», que actúa motivada por ambiciones narcisistas y empeñada en defender una política que conducirá a la ‘catástrofe económica’. A Royal se la ha intentado ridiculizar calificándola como «la nueva heroína rosa» o la «princesa socialista». Expresiones, todas ellas, que muestran el retraso cognitivo (mental) de quien las formula y que ponen en evidencia la necesidad de cierta renovación ideológica de algunos hombres de la izquierda francesa.

Marie France Irigoyen, psiquiatra y psicoanalista, relaciona las críticas a Ségolène Royal con sus cualidades físicas: es una mujer ‘guapa’. «Si fuera gorda, vieja y fea, la aguantarían mucho mejor», afirma. Lo que algunos políticos de su partido no soportan es que una mujer bella (objeto de admiración de la mirada masculina) compita con ellos y pueda obtener supuestamente beneficios de su rasgo físico diferencial. Sus opositores incluso la consideran mal preparada para convertirse en la próxima jefa de Estado y estar a la ‘altura de las circunstancias’. Unas críticas que han reforzado la figura de Ségolène Royal, ya que para sus seguidores representa un símbolo de mujer que triunfa por sus capacidades y por encima de un machismo caduco y oportunista.

Ségolène Royal ganó las elecciones primarias del Partido Socialista para designar a su candidato a las presidenciales del próximo fin de semana con el 60,62% de los votos, desbancando a Laurent Fabius (18,66%) y Dominique Strauss-Kahn (20,69%). Si en un primer momento se la atacó por el lado de la feminidad y responsabilidad materna, después de ganar las primarias se atribuyó maliciosamente su éxito al impacto producido por sus cualidades femeninas

Así se han dicho estupideces del orden de que su ‘sonrisa cautivadora’ ha sido un arma secreta para conseguir el éxito y que su figura esbelta, su belleza y elegancia la han ayudado a triunfar y a derrocar a sus contrincantes. Alguna de sus cualidades se ha definido en relación a una contraidentificación respecto a los valores transmitidos por el modelo paterno: independiente, sindicalista, feminista y cónyuge sin acta matrimonial. En determinados círculos sociales se la quería reconocer fundamentalmente por ser la compañera sentimental de François Hollande, secretario general del Partido Socialista francés. Es más, algunos hombres amnésicos se llegaron a preguntar: ‘¿De dónde ha salido esta desconocida y bella mujer?’. Ségolène Royal ha tenido que recordar que ha sido tres veces ministra, cuatro diputada, que preside la región de Poitou-Charentes y que con este currículum a ningún hombre se le cuestionaría su legitimidad para aspirar a la presidencia de la República Francesa. También se le reprocha que, como ministra de Enseñanza escolar, Familia e Infancia, permitió la distribución de la píldora postcoital, y que en 1999 instauró la regulación del PACS, registro donde las parejas homosexuales pueden inscribirse para acceder a desgravaciones fiscales. Ante estas críticas, la candidata ha mostrado su ‘savoir faire’, al no responder en público a sus oponentes, aunque sus ataques se acrecentaran.

El gran mérito de Ségolène Royal ha sido triunfar en un país en el que el panorama político ha estado dominado por los hombres. Aunque Francia tiene una de las tasas de ocupación femenina más altas de Europa, no destaca por la representación de las mujeres en la vida política (14%). Asimismo, existe un 20% de diferencia salarial a favor de los hombres, lo que demuestra que las leyes contra la discriminación laboral no son suficientes para eliminar los prejuicios y acabar con las injusticias.

Ségolène Royal ha anunciado que las próximas elecciones legislativas tendrán por primera vez listas paritarias entre hombres y mujeres. Y ha afirmado que mientras las desigualdades continúen la democracia «está inacabada» y que el hecho de cambiar la relación de fuerzas producirá un efecto positivo en el bienestar de todos. En el reciente libro ‘Maintenant’, la candidata socialista ha manifestado, con relación a las críticas hacia su condición femenina y el lugar que ocupa, que para algunos políticos supone una revolución ver a una mujer en la cúspide del poder y que, ante ello, el consejo que se ha dado a sí misma es acudir a las elecciones y ganar.


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