Las pinturas murales de Bonampak
 
Pinturas murales Bonampak
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     Descubierto por exploradores americanos en 1946, los frescos que adornan las paredes de un palacio de Bonampak, a unos 50 km al sur de Yaxchilán, constituyen un hallazgo de importancia considerable: los artistas mayas dominaban las técnicas pictóricas y las aplicaban con notable destreza.
     En tres habitaciones consecutivas, los muros y las bóvedas, tras haber sido estucados con esmero, fueron pintados con colores fuertes, representando complicadas escenas en las que figuran un soberano de Bonampak con su corte, guerreros, «nobles» y sacerdotes. Se trata de un acontecimiento histórico: relata la batalla y las ceremonias que siguen a la victoria de las fuerzas de Bonampak, en el 790. En particular, asistimos al triunfo del Señor Chan-Muan, que subió al trono en el 776 y cuya esposa era natural de Yaxchilán. Estas pinturas no sólo muestran las procesiones de los altos dignatarios, con sus abanderados, guerreros y músicos; también a los enemigos prisioneros y torturados, así como los sacrificios humanos perpetrados en honor a los dioses.
     Por desgracia, los frescos originales de Bonampak se han visto terriblemente afectados por la humedad tras llevar siglos protegidos por las masas de tierra y vegetación que obstruían las puertas del palacio. En cuanto entraron en contacto con el aire empezaron a decolorarse. Afortunadamente, Agustín Villagra y Rina Lazo hicieron reproducciones que hoy están expuestas en un edificio idéntico, en el Museo de Antropología e Historia de México.
     El valor de esta pintura clásica, llena de vida y esplendor, supera en muchos aspectos el arte de la cerámica descriptiva, independientemente de la calidad de las escenas que adornan los laterales de los jarrones y de los vasos policromados. En Bonampak hay una monumentalidad y un sentido del espacio que constituyen la prolongación de la arquitectura. Así como los frescos medievales o renacentistas de Occidente muestran la piedad o la pompa de aquellas sociedades, las pinturas murales de Bonampak son un reflejo fiel de la existencia fastuosa y beligerante de las tribus mayas. Aún más que los bajorrelieves, las estatuas de estuco o las estelas describen fiestas, ritos, ceremonias, ornatos, telas y armas. Son la expresión de la vida diaria en la corte de los soberanos del período clásico. Ayudan a imaginar los espacios palaciegos en todo el brillo de su viva policromía, y confieren a los monumentos mayas un esplendor que las ruinas descubiertas por los arqueólogos no habrían permitido sospechar siquiera.
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