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Los Mayas: palacios y pirámides
Características arquitectura Puuc
         
 
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  VI. EL ESTILO PUUC  
Dzibilchaltun
Características Puuc
Apoteosis de Uxmal
Juego de Pelota
Casa del Gobernador
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FIGURA 1

Figura 1

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Estos comienzos, sin embargo, son relativamente modestos comparados con los excepcionales logros que proporcionará el arte Puuc que, al final de la época clásica, se extenderá al noroeste de Yucatán. Sobre un área que cubre unos 65 Km. de norte a sur y de este a oeste (o sea, 4000 kilómetros cuadrados), la arquitectura maya conocerá un florecimiento admirable. Además de la calidad de los edificios, hay que señalar su organización urbanística, que se inscribe dentro de un programa muy elaborado. Los monumentos están distribuidos en una serie de construcciones complejas. Los grandes palacios —esos «bloques» horizontales donde se suceden decenas de habitaciones— se alternan con las pirámides, y sobre todo se combinan entre sí formando grandes cuadriláteros, generalmente dispuestos sobre plataformas artificiales, hechas por el hombre.

Ya se trate de palacios aislados o de cuadriláteros formando plazas o patios, todas estas construcciones destinadas a vivienda de la «casta» en el poder se basan en un único principio: las habitaciones que las constituyen no son otra cosa que «chozas petrificadas», tal y como indican, por otra parte, las representaciones de viviendas tradicionales techadas con paja que se observan encima de algunas puertas, así como en los grandes frisos que rematan la fachada de los palacios.

En efecto, tal y como hemos subrayado al comienzo de este estudio, la sala con bóveda de hormigón representa la unidad de la vivienda, y no es otra cosa que la transposición en fábrica del espacio interno de la tradicional choza. Por tanto, la arquitectura popular es la que rige el programa de construcción de los grandes edificios palaciegos, destinados al soberano y a sus «nobles», que suelen ser sacerdotes o guerreros. Esta continuidad entre la choza y el palacio demuestra la cohesión de la sociedad maya, a pesar de las clases sociales que la componen.

Por el contrario, en su aspecto externo, los edificios «oficiales» se distinguen notablemente de las chozas populares. En la fachada, el friso de piedra, adornado con abundantes relieves [FIGURA 1], destaca su grandiosidad: ensalza el poder de la clase dominante que vive en estas construcciones de hormigón suntuosamente revestidas de piedra.

Pero esta ornamentación sigue siendo tributaria de las fuentes tradicionales: por no mencionar otra vez la choza, citemos los motivos cruzados del encañado y los enrejados de madera. Lo mismo ocurre con las hileras de barrotes, a modo de «balaustres» que rematan las puertas, o con los modelados de las cornisas, cuyo perfil no es más que una transposición de las lianas y de los almohadillados de paja de la casa popular, hecha con materiales perecederos.

 

 

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