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Románico: ciudades, catedrales y monasterios
IV. Arquitectura civil y militar: La ciudad: introducción
         
 
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  IV. ARQUITECTURA CIVIL Y MILITAR  
  La ciudad  
Introducción
Francia
Península Ibérica
Italia e Inglaterra
  Palacios Imperiales  
  Obras de defensa  
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  GLOSARIO  
       Como demuestran numerosos ejemplos de España y Francia, las ciudades medievales se formaron, en su mayoría, a partir de un núcleo antiguo que, por norma general, solía respetarse. En el mundo mediterráneo, el peso de la estructura urbana clásica resulta primordial. En el norte del continente, sin embargo, las excavaciones realizadas tras las destrucciones de la Segunda Guerra Mundial han aportado una nueva perspectiva sobre el funcionamiento de la ciudad medieval septentrional. Sin olvidar la idea que tenemos de la vida en el campo, podemos afirmar con rotundidad que en la época del románico se vivía en las ciudades.
     Las ciudades medievales contaban con un barrio judío, cuyo nombre variaba según el lugar y la época. La densidad de esta zona urbana no excluía la presencia de judíos en otros barrios. Normalmente estaba situado en la periferia del núcleo urbano y disponía de sus propias instalaciones comunitarias, como el hospital, los talleres, etc. El barrio judío de Perpiñán, el Call, constituye un buen ejemplo de este fenómeno de concentración, aunque data ya del siglo XIII. En 1243 se ofreció un barrio a los judíos de la localidad, a pesar de que si lo deseaban podían seguir viviendo en otras zonas, hasta que en 1251, Blanca de Castilla, regente durante la minoría de edad de su hijo Luis IX y bajo la presión de las reivindicaciones populares, les impuso la orden de residir en ese barrio. En otros núcleos como Carpentras (Francia) se produjo, al contrario, un fenómeno de dispersión a cambio, sin duda, de un pago. El reagrupamiento voluntario de la población judía en una localidad se suele explicar por la necesidad de estar cerca de los edificios religiosos judíos; incluso cuando se trataba de una concentración obligatoria, las razones invocadas también eran religiosas. La sinagoga era el edificio más importante del barrio. A pesar de los múltiples testimonios escritos sobre las sinagogas de Francia, apenas se conservan algunos vestigios.
     El descubrimiento en Ruán de una sinagoga en 1976 ha permitido un mejor conocimiento del arte judío del periodo que nos ocupa. Esa construcción muestra una estructura semejante a la de los palacios normandos, pero su identificación se ha conseguido gracias a los grafitos de los muros y a su posición. Fechada hacia el año 1100, esta sinagoga presenta planta rectangular [FIGURA 1], y el exterior de sus muros aparece reforzado por contrafuertes y flanqueado por columnas [FIGURA 2]. La luz entraba en la sala a través de cuatro ventanas de doble abocinado, rasgo poco común en esta región, y el nivel superior se iluminaba de la misma manera. Su decoración era magnífica, aunque de la escultura exterior sólo se conservan las bases, las cuales nos permiten evaluar la calidad del trabajo [FIGURA 3]. Por último, la decoración de motivos geométricos y vegetales se asemeja a la de otros edificios normandos contemporáneos, como en San Jorge de Boscherville. No existe, en cambio, resto alguno de ornamentación interna, lo que confirma aún más la identidad del edificio.
 
     
 

SINAGOGA DE RUÁN

 
 

FIGURA 1

 

FIGURA 2

 

FIGURA 3

 
 
SINAGOGA DE RUÁN
 
SINAGOGA DE RUÁN
   
 

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GERONA: BAÑOS

FIGURA 4

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FIGURA 5

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       Por lo que respecta a los baños públicos conservados en territorio cristiano, los baños árabes de Gerona constituyen uno de los mejores ejemplos que han llegado hasta nuestros días. Se concluyeron en 1194 y presentan una planta muy parecida a la de las antiguas termas y, por tanto, a la de algunos baños árabes occidentales. El frigidarium muestra un alzado con corredor anular y columnas que sostienen el tambor central, bajo el cual se halla una piscina con forma de octógono [FIGURAS 4 y 5].
     La circulación en torno a la ciudad era de suma importancia. El uso de los transportes rodados iba en aumento gracias a un mejor aprovechamiento del caballo, que a partir de entonces se empezó a herrar y enganchar con más facilidad. Las puertas de la ciudad, los muros, la creación y reparación de las vías y la construcción de puentes se cuentan entre las grandes y prestigiosas obras urbanas de la época. Los puentes romanos, poco numerosos o en estado deplorable, fueron sustituidos por otros nuevos con pilares de piedra [FIGURA 6].
     Un canónigo de Saint-Salvi describió, poco después de 1402, la construcción del puente de Albi. Como esta obra la reclamaban los ciudadanos y los habitantes del burgo, de los castillos y las aldeas vecinas, así como los obispados de Nimes, Cahors y Rodez, el puente se financió con el alodio de Saint-Salvi, situado a orillas del Tarn, y los peajes del trasbordador. También cabe mencionar el puente de Châtellerault sobre el río Vienne (anterior a 1060), el de Mâcon (anterior a 1077), el de Lyón sobre el Saône (hacia 1077) y el de Grenoble (1100). A partir de mediados del siglo XII, esta arquitectura manifestó una fuerza mayor; por ejemplo, en Ruán (1144-1145), Aviñón /1177-1185) —puente sufragado únicamente con las limosnas—, e incluso Narbona, donde, a principios del siglo XIII, un puente nuevo sustituyó el de la época romana. El aumento de los portazgos permitió, además, la mejora de la red viaria. Arquitectos famosos, como el maestro Mateo de Santiago de Compostela o Petrus Deustamben de León trabajaron en estas obras.
     Este desarrollo importante de los caminos estuvo acompañado de la creación de un sistema de parroquias rurales. Se produjeron múltiples ocasiones de intercambio entre el campo y la ciudad, a partir de entonces interdependientes.
 
 

FIG. 6: Puente Valentré

 
   
 

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